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LA PERSONA JURIDICA

CONCEPTO.- El Código Civil Vigente no define a la persona jurídica.

FERNANDEZ SESSAREGO, señala que desde el punto de vista formal toda persona
jurídica es un centro unitario, ideal, de referencia de situaciones jurídicas, de
imputación de deberes y derechos. Ente susceptible de adquirir derechos o contraer
obligaciones, distintas a las personas naturales, su existencia, capacidad, régimen,
derechos y obligaciones, se determinan por el Código Civil.

ELEMENTOS:
Sus elementos son:
1. Cuenta con una estructura jurídica especial, de manera tal que tiene una
existencia distinta a la de sus socios, tanto en su actuar, obligaciones y
responsabilidades, así también como en su patrimonio, el que cuenta con
autonomía.
2. Dado que es un sujeto de derecho social, es dirigida, es dirigida por sus socios a
través de un representante quien actuó en nombre de la misma.
3. Cuenta con un fin común y duradero los que permiten la concreción de los
ideales y afinidades de las personas que la componen.

PERSONAS JURIDICAS INSCRITAS EN LA SUNARP

I. LA ASOCIACION
Características de la asociación.

La asociación se encuentra definida por el art. 80 del Código civil como una
organización estable de personas naturales o jurídicas, o de ambas, que a través de una
actividad común persiguen un fin no lucrativo.

La definición es importante, pero es necesario explicar algunos de sus elementos para


describirla adecuadamente.

Comencemos por decir que todas las personas jurídicas del derecho civil carecen de
fines lucrativos.

La consecución de fines no lucrativos se refleja a través de dos hechos. El primero es


que ninguna asociación (ni la fundación o el comité) distribuye las posibles utilidades
que obtenga en su actividad, entre sus miembros. Si existieran excedentes, ellos deben
aplicarse en el siguiente ejercicio económico. a los objetivos de la institución. En
segundo lugar, en el caso de disolución de una asociación, el patrimonio neto resultante
de la liquidación tampoco se restituye a los asociados, sino que es destinado a
propósitos análogos, como después se verá.

Los aportes de los asociados, por tanto, no se convierten en un crédito para ellos ni en
un débito para la asociación, mucho menos para exigir el pago de utilidades. Esto marca
una importante diferencia con las sociedades mercantiles, que además se refleja en
el balance y la contabilidad de estas últimas.

Los fines no lucrativos son de lo más variado: educativo, cultural, deportivo, religioso,
artístico, científico, recreativos, etc. y son éstos los que deben ser satisfechos por medio
de la asociación.

Los objetivos últimos no deben confundirse con las actividades que realicen cualquiera
de las organizaciones sin fines de lucro. Las actividades son medios o vías
instrumentales que les permiten a las asociaciones, fundaciones y comités generar
recursos o captarlos para poder cumplir sus fines. En esa medida, las actividades son,
por lo general, económicas, pero estas actividades, por no ser los fines últimos de estos
entes, no los convierten en lucrativos. Dada la actual tendencia de considerar que estas
personas jurídicas son formas organizativas de empresas, en la medida que producen
bienes y servicios, parece necesario reconocer esta diferencia.

La definición del Código civil hace referencia a una organización estable de personas.
La idea de organización es de suma importancia en la medida que se trata de un grupo
de personas, es decir, de seres humanos, que es el substrato material de cualquier ente
personificado (la personificación es el elemento formal) y que realizan una actividad en
conjunto en base a la distribución de roles y responsabilidades. Pero se trata de una
organización artificial, creada precisamente para perseguir los fines para los que fue
constituida. No es, por tanto, una organización natural de personas como ocurre, por
ejemplo, con la familia.

A la organización se le atribuye el carácter de estable, en decir, de ser permanente en el


tiempo. La calificación responde a la necesidad de la persona jurídica de perpetuarse
como un órgano vivo durante el tiempo que sea requerido para que pueda satisfacer sus
propósitos. Sin embargo, no es una nota que deba cumplirse siempre. Nada impide que
una asociación realice plenamente sus objetivos sin que deba tener una vida prolongada.
Pese a lo dicho, la nota adjudicada por el legislador responde a lo que suele ocurrir, por
lo general, en la experiencia, y es, adicionalmente, un dato de importancia para
distinguir a la asociación del comité que suele tener una vida efímera(9). Aunque
también la estabilidad debería señalarse respecto de la fundación, dato que no
encontramos en el concepto dado por el art. 99 del Código civil.

El aspecto que en la definición del Código caracteriza mejor a la asociación viene


constituido por la necesidad de realizar una actividad en común.
No se trata de que todos y cada uno de los asociados que la integren se ocupen
cotidianamente o asuman tareas de gestión de esta persona jurídica. En rigor de verdad,
lo común es la participación en las decisiones que adopten los asociados, así como en
los resultados una vez que la asociación alcance la finalidad que le dio origen.

Lo común, por otro lado, revela el temperamento asociativo de esta organización.


Entre la asociación y los asociados existe, recíprocamente, una especie de vínculo de
“pertenencia” o de “necesidad” en el sentido de que no puede haber asociación sin la
presencia de cuando menos dos asociados (10), lo que supone pluralidad de personas
entre las que existe ánimo de asociarse (affectio societatis)(11), a partir de lo cual es
posible hacer referencia a una organización. Y esta nota señalativa también puede
decirse respecto de la relación que debe mediar entre los asociados, en razón que una
sola persona es incapaz de poder dar vida a una asociación o de permitir que se
mantenga como tal. Esta es una diferencia, por ejemplo, con la fundación, conforme
explicaremos en su oportunidad.

A pesar de esta “necesidad”, la asociación no deja de ser un sujeto de derecho distinto


de los asociados, especialmente cuando adquiere personalidad jurídica con su
inscripción en el registro.

A este respecto, creo necesario señalar algunas cuestiones adicionales. La idea de


“organización” que caracteriza a la asociación, fundación y comité dentro del Código
civil tiene suma importancia en la medida que éstas no siempre adquieren la condición
de persona jurídica. Empero, aun en esta hipótesis, no dejan de presentar una cierta
unitariedad como centro de imputación de derechos y deberes, en razón que el
legislador considera que estas organizaciones no inscritas son también “sujetos de
derecho”.

La importancia de que la asociación acceda al registro para convertirse en persona


jurídica tiene efectos en materia de responsabilidad, pues al producirse una radical y
definitiva separación de los patrimonios de la asociación inscrita respecto del
patrimonio de sus asociados, éstos (o quienes actúen en nombre de aquéllas) no
responden por las deudas de la organización.

Una característica de la asociación que no se refleja en la definición del Código civil


(que incide en “lo común”) es aquélla según la cual los fines que persigue dicha
organización deben beneficiar a sus asociados. Ello no ocurre, por ejemplo, ni en la
fundación ni en el comité, pero sí debe cumplirse en el caso de la asociación. En
relación con este aspecto, debe recordarse que la creación de una de estas
organizaciones responde a la imposibilidad de que las personas naturales puedan, por sí
solas, realizar determinadas tareas y obtener ciertos resultados. La asociación es
el expediente con el cual cuentan para aunar esfuerzos (nuevamente nos asalta la idea de
“lo común”), pero no desconoce que la finalidad (no lucrativa) debe ser en provecho de
quienes se sirven de esta figura(12).
Una característica adicional es que la asociación es una organización abierta a la
afiliación. En la medida que cualquier individuo tenga interés en pertenecer a ella, y
siempre que cumpla con los requisitos que el estatuto establezca, la asociación admite la
incorporación de nuevos integrantes(13), cuestión que, por ejemplo, no se presenta en el
caso de la fundación.

2. Los órganos de la asociación

La asociación tiene dos órganos principales: la asamblea general de asociados y el


Consejo directivo.

2.1. La asamblea general

La asamblea, como bien indica el art. 84 del Código civil, es el órgano supremo de la
asociación. Es, como se ha señalado, el órgano “dominante”, aquél que decide la vida,
el destino y todo cuanto tenga que ver con la actividad y fines de la organización.

Como órgano es el medio de expresión de la voluntad colectiva de los miembros de la


asociación y, a su vez, individual. Lo segundo en la medida que los asociados pueden,
en el seno de una asamblea, expresar su opinión particular respecto de los hechos que se
aborden; lo primero en razón que la decisión que adopte la asamblea es un acuerdo
colegiado (por ser un órgano “colegial”(14)) que obliga a todos los miembros del ente,
siempre que se cumpla con el quórum y las mayorías establecidos en el art. 87 para los
temas tratados en ella, pues estamos ante una instancia en la que se aplica el principio
mayoritario. (Nada impide la utopía de la unanimidad, si el estatuto así lo ha
contemplado. Empero, la experiencia demuestra que la unanimidad se puede convertir
en la “dictadura” de las minorías).

Es, además, un órgano de control(15). En efecto, la asamblea controla la gestión de sus


administradores reunidos en el denominado Consejo directivo y controla a los propios
asociados (sin perjuicio de las atribuciones a este respecto delegadas al Consejo).

Dada la gravitación que tiene este órgano en las funciones contraloras que ejerce, el
legislador no considera conveniente la creación de un organismo estatal administrativo
que se ocupe de su supervigilancia , como ocurre, en cambio, con las fundaciones. Ello,
sin embargo, no elimina la posible ingerencia del Estado cuando los fines o las
actividades de la asociación son contrarios al orden público o a las buenas costumbres,
en cuyo caso el Ministerio Público puede solicitar su disolución (art. 96).

Las principales funciones de la asamblea están dadas por la aprobación (o


desaprobación) del balance, cuentas y gestión de los administradores o directivos, la
elección de éstos y la modificación del estatuto. En general, resuelve todos los asuntos
que no sean de competencia de otros órganos, como señala el art. 86 del Código civil.
Sin embargo, dada su condición de máxima instancia, puede involucrarse en cualquier
aspecto.

2.2. El Consejo directivo

El segundo órgano es el Consejo directivo que reúne a los administradores de la


asociación.

Es, también, por esencia, un órgano colegiado y sus decisiones se adoptan por mayoría,
salvo que el estatuto establezca la unanimidad. Usualmente se integra por un número
impar de administradores.

El Consejo directivo es el responsable de la gestión y dirección de la asociación, de las


labores y actividades cotidianas de la organización, es decir, cumplen funciones
ejecutivas. No dejan de estar subordinados a las decisiones de la asamblea, sin perjuicio
de acatar lo dispuesto por las normas estatutarias. Además, cumple funciones
representativas o, al menos, así debería establecerse de manera inequívoca en el
Código.

No existe ningún impedimento para que quienes ocupen cargos directivos no sean
asociados.

Nada impide, tampoco, que en el estatuto se prevean otros órganos como, por ejemplo,
una gerencia o varias, así como comisiones especiales.

3. Los asociados: derechos y deberes

3.1. La condición de asociado

La condición de asociado es personalísima, ya que en línea de principio es inherente a la


persona que hace parte de una asociación y no se transmite, salvo que el estatuto
disponga lo contrario (art. 89).

La transmisión puede ser como consecuencia de la sucesión a título universal o bien a


título individual, o bien puede ser producto de un acto inter vivos que esté permitido por
la norma estatutaria.

Para ser asociado, el interesado debe ser admitido por el órgano al cual el estatuto haya
atribuido la responsabilidad de evaluar, calificar y afiliar a terceros que se integran en
un momento posterior a la constitución de la asociación.

Los asociados que otorgan el acto constitutivo suelen ser denominados asociados
fundadores, en tanto que los que se incorporan con posterioridad son calificados como
activos. La distinción es inútil, pues “activos” serán todos aquéllos que participen en la
vida de la institución y que, de no haber sido inhabilitados o excluidos, gozan de todos
los derechos que se reconocen a los integrantes del sujeto de derecho de asociación.
Además, los asociados fundadores, a diferencia de lo que puede ocurrir con los socios
fundadores de una sociedad anónima, no pueden reservarse derechos preferentes
respecto de los que ingresen en un momento ulterior. Y es que, si alguna persona
jurídica goza de mayor aptitud para practicar la democracia institucional, ella es la
asociación.

3.2. Derechos de los asociados

La ingerencia y grado de participación de los asociados en las decisiones que se adopten


al interior de esta persona jurídica no depende, como ocurre con las sociedades
mercantiles, de su permanencia en la organización (salvo que el estatuto establezca un
mínimo de tiempo para acceder a cargos directivos, mas no para adoptar decisiones al
interior de la asamblea), ni del mayor o menor número de aportes que hubieren
realizado en favor de la asociación. Sus aportes se consideran “perdidos” en favor de la
asociación, pues en caso de disolución no tienen derecho a ningún reembolso.

Los asociados participan con un solo voto. En nada importa el quantum de sus aportes.
Así lo señala el art. 88 del Código civil.

Entre sus prerrogativas se encuentran el derecho a participar en las asambleas para


opinar y votar respecto de los temas para los cuales aquélla es convocada.

En algunos casos, la norma estatutaria prevé la inhabilitación de los miembros de la


asociación para que no participen en la asamblea, fundamentalmente por razones de
incompatibilidad, oposición de intereses o también cuando no se encuentra al día en el
pago de un determinado número de aportes.

El asociado, asimismo, tiene derecho a elegir y ser elegido para los cargos que
corresponden a los diversos órganos de la asociación, excepto la asamblea.

También gozan, a pesar que el Código no lo señale, del derecho de solicitar


información respecto de las decisiones de los diversos órganos de la asociación, sobre
todo cuando se convoca a asamblea para adoptar algún acuerdo.

Asimismo, los asociados pueden impugnar los acuerdos de la asamblea si éstos


violan las disposiciones estatutarias o legales (art. 92). Desde la posición opuesta, los
miembros de la organización que se encuentran en favor de la decisión pueden, a su
costa, intervenir en el proceso en el que se discute la impugnación para defender la
validez del acuerdo de asamblea (art. 92).

Los miembros de la asociación pueden renunciar a ésta (art. 90), siempre que lo
soliciten por escrito. La formalidad parece ser solemne, consustancial a la solicitud de
renuncia. Sin embargo, ello no excusa al asociado del cumplimiento de las obligaciones
que tuviere pendiente frente a la persona jurídica.

3.3. Deberes de los asociados

El deber más resaltante de los asociados es el de pagar los aportes ordinarios y


extraordinarios que el estatuto señale.

También se considera un deber el participar en las elecciones que se realicen para la


designación de los administradores.

4. El patrimonio de la asociación. Su destino en caso de disolución

A diferencia de lo que sucede con la fundación, que no es posible constituirla sin un


simultáneo acto de dotación patrimonial, la asociación puede ser creada, al menos
teóricamente, sin un substrato patrimonial inicial.

Con el desarrollo, con la vida misma de la asociación, ésta irá formándose, de modo
paulatino, un patrimonio propio.

El patrimonio de la asociación está constituido por los aportes ordinarios y


extraordinarios de los asociados. Puede también adquirir otros bienes, ya sea mediante
la aplicación del fondo que constituye a partir de los aportes o por otros medios:
endeudamiento, prestación de servicios, especulación bursátil, etc., es decir, a través de
cualquier actividad económica que permita la generación o captación de recursos para
que el ente pueda cumplir sus fines.

Como ya se ha anotado, los aportes de los asociados pasan a ser parte del patrimonio de
la asociación y no son pasibles de restitución, ni aun en caso de disolución.

Tradicionalmente se ha señalado que uno de los elementos de las personas jurídicas es


su patrimonio, al extremo de considerarlo como un requisito de su existencia (p. ej.
Giorgi). Empero, como bien se ha dicho al menos para las asociaciones y comités, no
así, en nuestra opinión, para las fundaciones en respuesta a dicha postura, ello no es
verdad(19).

Lo cierto es, sin embargo, que ninguna organización puede sobrevivir ni menos cumplir
con sus fines si carece de medios. Se limitará a languidecer hasta que se disuelva.

Como se ha enfatizado líneas arriba, si una asociación tiene excedentes, ellos deben
seguir siendo parte de su patrimonio y ser utilizados en la consecución de sus objetivos.

Sin importar cuál sea la causa de disolución de la asociación, en caso ella se produzca,
debe aplicarse el art. 98 del Código civil, el mismo que dispone que el haber neto que
resulte de la liquidación sea entregado a las personas designadas en el estatuto, con
exclusión de los asociados. De no ser posible, será la autoridad judicial la que ordene su
aplicación a fines análogos en interés de la comunidad, dándose preferencia a la
provincia en donde tuvo su sede la asociación.

La flexibilidad de segunda parte de la norma permite que los jueces determinen a qué
otros fines se destinará el patrimonio resultante. No tiene por qué ser, necesariamente
otra asociación de propósitos similares. Es más, si existieran algunas otras
organizaciones con características semejantes, pero es posible beneficiar a la
colectividad de una manera diversa, se elegirá a ésta como destinataria. Así, si se
disuelve una asociación educativa, y su haber resultante está dado por una nutrida
colección de libros, es más evidente el beneficio de la comunidad si aquélla se transfiere
a una biblioteca municipal antes que a otra asociación de carácter educativo, que quizá
sólo satisfaga el interés de sus integrantes.

II. LA FUNDACION

5. Concepto y características

De las dos personas jurídicas reguladas en la legislación civil, la fundación es aquélla


que ha sufrido mayores transformaciones.

Frente a la laxa y escueta definición del art. 64 del Código Civil de 1936 que la
concebía como un patrimonio afectado a un fin especial se erige una nueva definición
que contempla una serie de modificaciones y que, a la postre, rescata la verdadera
naturaleza y propósitos de las fundaciones.

En efecto, el Código derogado concedía, absurdamente, personalidad jurídica a un


patrimonio, lo cual representa un contrasentido en la medida que ese expediente sólo
puede ser concedido a los seres humanos que se organizan para desarrollar una
actividad en conjunto.

El art. 99 destaca por la referencia a la organización instituida por el fundador a través


de la afectación de bienes para realizar fines de interés social.

En primer lugar, con ello se descarta la concesión de la personalidad a los bienes


aportados por el fundador. En verdad, la fundación es un acto de organización para la
administración del patrimonio afectado. De esta manera el patrimonio pasa a tener un
fin instrumental y no un papel primordial como se creía, poniéndose énfasis sobre el
elemento personal que da vida a este ente. Por ello no se puede centrar la definición de
la fundación en la masa patrimonial sino en la concurrencia de los hombres que se
encargan de la gestión y aplicación de los bienes entregados a ella.
Otro cambio de suma importancia en la conceptuación de la fundación, y que la
caracteriza de modo adecuado, es la asignación de fines de interés social. Como bien se
ha señalado, el Código de 1936 apenas se limitaba a señalar que cumplía fines
especiales, lo cual podía dar pie a que ella cumpliera cualquier fin particular, del más
variado tipo, individual, familiar o social.

El art. 99 del Código precisa, sin lugar a dudas, que el fin debe ser de interés
social, proscribiendo, en consecuencia, la consecución de objetivos individuales o
familiares, para los cuales el ordenamiento arbitra otros medios (p. ej. fideicomiso). Ese,
por lo demás, fue el sentido de creación de una figura como la fundación en la historia.

Luego veremos los aspectos vinculados con el acto de constitución de la fundación y las
características de su patrimonio. Por ahora nos interesa señalar alguna de sus
características.

Una nota importante es que la fundación carece de titulares. En efecto, a diferencia de


lo que sucede con la asociación en la que los asociados son los que, reunidos en
asamblea, definen todo lo concerniente a dicha organización, en el caso de la fundación
no existen titulares que puedan disponer de ella o de su patrimonio a su libre
albedrío(33). En estricto, la fundación es un nuevo sujeto de derecho distinto del
fundador que administra, a través de la organización creada, el patrimonio aportado por
el fundador y, en consecuencia, se desvincula de éste, quien queda al margen de
ella(34).

Otra característica de la fundación es que carece de miembros(35). En realidad, la


fundación tiene órganos que se encargan de su administración, ya sea individual o
colegiadamente, pero no tiene integrantes por ser una persona jurídica cerrada a la
afiliación. Siendo así, es claro que la única integración a ella se da a través de la
asunción de las tareas del administrador.

Con relación a los fines de la fundación, ella se caracteriza por ser una organización
que realiza objetivos que favorecen a terceros que no son ni el fundador ni los
administradores. No son concebibles, al menos en nuestro ordenamiento, fundaciones
que persigan objetivos que beneficien a quien la ha creado o a quienes la administran.
Usualmente se ha señalado que se debe conseguir resultados en favor de categorías
indeterminadas de personas, no con otro sentido que el de precisar que los beneficiarios
no pueden ser sujetos individuales o señalados. La fundación, por ser producto de un
acto de liberalidad, de desprendimiento, de preocupación del entorno, de los problemas
que afectan a grupos o categorías concretas de la población, cumple un evidente fin
social que no puede disolverse en motivaciones particulares. Como bien se ha dicho,
una razón que puede encontrarse en su creación es realizar una buena acción en
beneficio de los demás, queriendo compartir el bienestar propio con las necesidades de
otros, intentando. nivelar así las desigualdades sociales. Quienes crean fundaciones
pueden estar movidos por razones como el amor, la solidaridad o el deseo de ayudar a
los demás(36). Así lo demuestran las actividades en las cuales se desempeñan estas
instituciones(37).

6. El acto constitutivo de la fundación y sus características.(38) Diferencias con la


donación

Es interesante anotar que la fundación es una excepción, en el derecho civil, a la regla


que exige pluralidad de seres humanos para constituir una persona jurídica.

La fundación, en este sentido, nace de un negocio jurídico unilateral que puede ser
otorgado por uno o más sujetos. En el caso en que se constituya por más de una persona,
dado que los fundadores quedan al margen de la fundación, entre ellos no se constituye
ninguna relación contractual o asociativa(39).

Cuando es así, el acto con el cual se formaliza la creación de esta organización contiene
diversas declaraciones que coinciden en cuanto a su contenido y objetivo (salvo en
cuanto al patrimonio que aporta cada cual), pero todas esas manifestaciones de voluntad
no dejan de ser negocios unilaterales.

El acto de creación, además, tiene diversas aristas.

Es, en primer término, y como bien dice Galgano, un acto de creación de un nuevo
sujeto de derecho. En efecto, con la decisión de los fundadores se da vida a un nuevo
individuo (formal) distinto a ellos.

Es, adicionalmente, un acto de dotación(40), pues con él se afectan bienes,


generalmente de modo perpetuo, a la consecución de fines sociales. No es concebible
una fundación sin un patrimonio inicial(41) (42), a diferencia de lo que puede ocurrir
con la asociación. Por lo demás, la fundación, una vez constituida, puede realizar todo
tipo de actividad que le genere recursos para cumplir con sus objetivos, aun cuando esas
actividades sean económicas o lucrativas (actuando como empresa), pues el fin es
distinto al medio y su obtención no significa que los excedentes deban distribuirse entre
sus administradores sino que deben ser aplicados a los motivos últimos de su
creación(43) (44).

Igualmente, el acto constitutivo es un acto de “organización”, en la medida que el


fundador asigna a la administración de los bienes un conjunto de personas que, reunidas
de manera colegiada, se encargan de la aplicación del patrimonio afectado(45).

Finalmente, es importante destacar que el acto de constitución es un acto de asignación


a fines de relevancia social, sin cuya precisión es imposible hablar de una fundación.
También se dice que es un acto de determinación(46). Es más, el patrimonio inicial debe
ser adecuado para los fines perseguidos(47).
En cuanto a la forma que debe seguirse, para que ella sea persona jurídica debe la
constitución ser otorgada por escritura pública o por testamento e inscribirse en el
registro. No interesa qué clase de testamento sea.

En cuanto a las diferencias entre el acto de constitución de una fundación y la


donación, Cocca ha sentado algunas muy agudas distinciones(48) que reseñamos
seguidamente.

En primer lugar, la donación se hace en favor de una persona determinada, en tanto


que la fundación tiene un destinatario general, integrado por sujetos indeterminados. En
la donación, por ende, se requiere de la determinación del donatario, sobre todo porque
su individualización reviste interés para el donante.

En segundo término, en la donación se precisa de la aceptación, no así en la


fundación(49).

La donación, además, es un acto aislado. La fundación, dado que implica un acto de


organización, exige una esmerada administración permanente, para cumplir con sus
fines.

A ello agregamos que la donación es un contrato. La fundación es un negocio jurídico


unilateral.

Igualmente añadimos que la donación puede tener fines egoístas. La fundación,


no(50).

Finalmente, la donación es revocable por las mismas razones que motivan la indignidad
para suceder y la desheredación. La fundación, una vez inscrita, no(51).

7. Organos de la fundación

Siquiera brevemente debemos precisar que la fundación es dirigida por un grupo de


administradores que se reúnen en una Junta.

Como bien ha dicho Galgano, comparando lo que acontece entre una asociación y una
fundación, en esta última los administradores no son un “órgano dominante”, como en
cambio lo es la asamblea de asociados en la primera de las nombradas.

La Junta de Administradores, al no ser titular de la fundación, pues, solamente, es el


órgano que gestiona el patrimonio aportado por el fundador para el cumplimiento de los
fines de la institución, es un “órgano dependiente” de la voluntad del fundador
expresada en el acto constitutivo. A tal grado llega su sujeción que los administradores
no pueden disolver la organización (la que solicita al Poder Judicial el Consejo de
Supervigilancia de Fundaciones, en caso de imposibilidad de cumplimiento de sus fines,
art. 109 del Código civil) ni pueden, tampoco, ampliar o modificar sus fines, pues en
este caso, además de la solicitud del órgano contralor, debe mediar autorización judicial
(art. 108 del mismo Código).

La razón de estas limitaciones obedece a que, como regla general, el fundador, una vez
creada la fundación, queda al margen de ella. Los administradores, al ser terceros, y al
estar obligados a la prosecución de fines en favor de otros sujetos, deben quedar
sometidos al control de un organismo (estatal) que vele por el cumplimiento de los fines
propuestos por el fundador. Inclusive esta regla es válida en el caso que los fundadores
se reserven la condición de administrador de la fundación, pues tarde o temprano, ya sea
con su alejamiento o con su muerte, la fundación pasará a ser administrada por otros
individuos.

Inclusive, a fin de evitar una gestión interesada en la administración de una fundación,


la ley contempla que los administradores, así como sus parientes hasta el cuarto grado
de consanguinidad y segundo de afinidad, no pueden celebrar contratos con aquélla,
salvo que medie expresa autorización del Consejo de Supervigilancia de Fundaciones.
La prohibición se hace extensiva a las personas jurídicas de las cuales sean socios tanto
el administrador como sus parientes en los grados señalados (art. 108 del Código
civil)(52).

Por otro lado, nada impide que la fundación cuente con otros órganos, como puede ser
una gerencia.

En torno a este tema, debo recalcar una propuesta sumamente sugerente de Javier de
Belaúnde, que fue recogida en el Anteproyecto de Ley de Fundaciones elaborado por
una Comisión Oficial, integrada por especialistas(53).

En opinión del autor mencionado, existen casos en que el fundador desea participar en
la vida institucional pero sin asumir tareas propias de un administrador. Para esta
posibilidad, de Belaúnde planteó la creación de una Junta de Fundadores que estaría
integrada por los fundadores en vida y que tendrían ingerencia en la vida de la
fundación, especialmente para velar por el cumplimiento de sus fines y controlar la
actuación de los administradores. De aprobarse su propuesta, es evidente que la labor
del Consejo de Supervigilancia de Fundaciones sería, al menos durante el tiempo de
vida de los fundadores o mientras integren dicha junta, mejor cumplida dada la
intervención de los propios creadores de la fundación.

8. Control de las fundaciones

Como bien ha sido señalado, en la fundación la administración de los bienes corre a


cargo de personas que no han contribuido a la formación del patrimonio de la
organización y que no son beneficiarios de ella. El fundador, generalmente, no tiene
ingerencia en las decisiones. Además, la fundación puede ser creada por testamento, en
cuyo caso se presenta la imposibilidad de la participación del fundador dada su
inexistencia al instituirse la fundación. A ello se añade que los beneficiarios de la
fundación no tienen intervención en la administración de la fundación(54).

Estas razones abonan en pro de la necesidad de la existencia de un organismo que


controle las labores cumplidas por los administradores de las fundaciones.

A este respecto, debe señalarse que desde octubre de 1955 nuestra legislación
contempla la presencia del ahora denominado Consejo de Supervigilancia de
Fundaciones, CSF: Esta instancia, actualmente dependiente del Ministerio de
Justicia(55), se encarga de las funciones establecidas tanto en el Código civil como en
los Reglamentos aprobados por Decretos Supremos Nºs 00394JUS y 00494JUS.

Lo fundamental de las atribuciones asignadas al CSF radica en velar por la adecuada


aplicación de los recursos de la fundación a sus fines institucionales.

En esta perspectiva, el CSF toma conocimiento de los planes y presupuestos de las


fundaciones, aprueba sus balances, cuentas y memorias, dispone las auditorías que
considere necesarias, puede impugnar los actos o acuerdos contrarios a la ley o al
estatuto de la fundación, etc.(56)

Asimismo, en el caso de las fundaciones constituidas mortis causa, en las que basta el
acto de dotación patrimonial y la determinación de los fines, el CSF puede dar nombre y
domicilio a la fundación, designar a sus administradores, establecer su régimen
económico y administrativo, etc. En síntesis, en estos casos puede otorgar la norma
estatutaria de la fundación (ver arts. 103 a 105 del Código civil).

Adicionalmente, dado que los administradores se encuentran sujetos a la voluntad


fundacional y no son ni titulares ni aportantes, y por ende carecen de la capacidad para
ampliar o modificar los fines de la fundación, así como de la atribución de darle término
a su existencia, estas vías son sólo posibles si media autorización judicial obtenida en
base a una solicitud del CSF (arts. 108 y 109 del Código civil).

Para concluir, baste señalar que el incumplimiento de cualesquiera de los deberes de los
administradores puede dar lugar a que el CSF solicite su remoción al Poder Judicial (art.
106 del Código civil).

9. Disolución y destino del patrimonio

Como ya hemos anotado, la fundación no puede ser disuelta por los administradores. En
verdad tampoco podría ser extinguida por voluntad del fundador.
Para que se disuelva una fundación es indispensable que ella no pueda cumplir sus
fines. Lo contrario sería atentar contra la estabilidad de las funciones de interés social
que aporta a la colectividad.

La disolución, además, es necesariamente judicial y sólo es conocida por el Poder


Judicial a instancia del CSF (art. 109 del Código civil). En no pocos casos la solicitud
del CSF es consecuencia del pedido de los administradores. Para saber si tiene o no
sustento, el CSF debe ordenar una auditoría o bien realizar las indagaciones que
corresponda.

Si el Poder Judicial ordena la disolución debe designarse a los liquidadores para que,
cubiertas las obligaciones de la institución, destinen el haber neto resultante al fin
previsto en el acto constitutivo. Si ello no fuera posible, se destina, a propuesta del CSF,
a incrementar el patrimonio de otra u otras fundaciones de finalidad análoga o, en su
defecto a la Beneficencia Pública de la localidad en la que la fundación tuvo su sede,
para satisfacer propósitos similares (art. 110 del Código civil).

III. EL COMITE

10. Definición y características

El artículo 111 del Código civil define al comité como la organización de personas
naturales o jurídicas, o de ambas, dedicada a la recaudación pública de aportes
destinados a una finalidad altruista.

El comité es una de las novedades que trajo el Código al ser promulgado. La ley de
1936 no lo contemplaba como una de las personas jurídicas del derecho civil.

El legislador se inspiró en el Codice civile italiano de 1942 para introducir esta figura;
sin embargo, le dio un alcance distinto dado que en Italia el comité no es una persona
jurídica sino un ente no personificado(57). (58)

El Código de 1984 concibe de una manera más amplia al comité, sobre todo porque le
acuerda la posibilidad de adquirir personalidad jurídica. Es más, prevé un régimen
especial para los comités no inscritos.

El comité tiene características muy bien definidas. Es, en primer lugar,


una organización de temperamento asociativo, al igual que la asociación. En esa
medida, su constitución exige la presencia de cuando menos dos personas, entre las que
se crea, al igual que entre ellas y el comité, un vínculo de “necesidad”. Es, en este
aspecto, tan similar a la asociación que en los países que no tienen un tratamiento
especial se denomina a los comités como asociaciones de hecho o asociaciones
temporales.
Sus miembros también realizan actividades en común, pareciéndose, nuevamente, a la
asociación. No obstante, la participación excede ampliamente la actuación de quienes
hacen parte de él, pues el fondo de aportes que se forma es producto de la solidaridad
comunitaria, gracias a las contribuciones del público en la colecta que se lleva a cabo.

También se asemeja a la asociación (y se distingue, por ende, de la fundación) por ser


una organización abierta a la afiliación. Cualquier persona puede integrarse a ella
siempre que cumplan con las previsiones estatutarias para la admisión de nuevos
miembros.

El comité se distingue de las demás personas jurídicas por su existencia


efímera. Después de la recaudación de fondos del público y de aplicar los recursos
captados a un fin altruista, se disuelve. Se organiza para una colecta pública y nada más.

Por ello, para facilitar el recurso a este expediente, el legislador ha sido flexible en
su forma de constitución, pues puede ser creado por medio de un documento privado
con la firma legalizada por notario, que es suficiente para su inscripción en el registro.
Nada impide que sus fundadores opten por instrumentar el acto en escritura pública; sin
embargo, ello desvirtúa la concesión de la ley.

Los objetivos del comité son caracterizado como fines altruistas. ¿Cómo se diferencian
los fines de un comité con los de una fundación, que son de interés social?. Intentemos
una respuesta.

Digamos, en principio, que todo fin altruista es de interés social, pero no siempre los
fines de interés social son altruistas.

El altruismo del propósito se revela a través de acciones de corte humanitario,


filantrópico. El comité es una muestra del interés de quienes se juntan con el objeto de
hacer participar a los demás, al público, en un fondo de aportes, en tómbolas, rifas, etc.,
que servirán para paliar alguna situación ajena que espera una demostración de
solidaridad, muchas veces con relativa urgencia. Por lo general, quienes se encuentran
atravesando determinadas circunstancias derivadas de su escasez de recursos, de un
sismo o hecho fortuito, no se encuentran en aptitud ni espiritual ni económica de
emprender, por sí mismos, la tarea de organizarse y solicitar ayuda a la colectividad.
Inclusive el pedido formulado por los propios afectados suele ser visto, egoístamente,
con desconfianza. Es, entonces, cuando surge la acción solidaria de los demás, de
quienes están dispuesto a entregar su esfuerzo y tiempo para apelar a la cooperación
ciudadana(59) (60).

Una fundación que, por ejemplo, se constituye para la investigación de las bondades de
una especie vegetal y su posible aplicación a terapias curativas tiene un fin abiertamente
social, mas no filantrópico.
Dadas estas características, es claro que el comité persigue fines en bien de
terceros, que no son ni en favor de sus instituyentes y miembros, ni de aquéllos que lo
administran, diferenciándose así de la asociación y asemejándose a la fundación(61).

11. Patrimonio del comité. Destino del patrimonio en caso de disolución.

Al comité no le importa tanto tener un patrimonio propio formado por los instituyentes
(promotores) y miembros del mismo, cuanto recaudar dinero u otros bienes del público.

En verdad, su patrimonio proviene del público y se destina a un fin altruista, aspecto


que lo diferencia de la asociación por cuanto en ésta es formado en base a los aportes de
sus integrantes y es aplicado a satisfacer fines de ellos mismos(62).

En principio, una vez captada la recaudación prevista y planificada por el comité y


aplicados los fondos obtenidos a la finalidad motivadora, éste debe disolverse por
acuerdo de los miembros de la persona jurídica. Se entiende que los recursos resultantes
de la colecta, rifa, tómbola, etc., son enteramente destinados a los objetivos
promocionados. Ocurrido ello, ha de exinguirse el comité haciendo de conocimiento del
Ministerio Público las cuentas finales y balances.

No obstante, puede ocurrir que, después de haber pagado las deudas sociales y aplicado
los recursos entregados por los erogantes, de la liquidación realizada resulte un
remanente. En estos raros casos, y en la medida que el Ministerio Público no objete los
balances, el haber neto se adjudica a los erogantes, es decir, se distribuye entre quienes
contribuyeron a la formación del fondo de fin altruista. Dado que ello no es usualmente
posible, el art. 122 del Código civil establece que dicho haber neto resultante de la
liquidación ha de ser entregado a la Beneficencia del lugar en el cual tuvo su sede el
comité. La misma solución ha de aplicarse si el comité se disuelve y liquida por no
poder satisfacer sus propósitos, según se desprende del art. 121 del mencionado Código.

12. Organos del comité

El comité presenta algunos rasgos similares con la estructura orgánica de la asociación,


en cuanto cuenta con una asamblea y un Consejo Directivo.

El Código se ha cuidado en no señalar que se trata de una asamblea de “asociados”.


Pese a ello se trata del órgano máximo del comité que está integrado por los promotores
y por quienes se integren con posterioridad.

La asamblea del comité no goza de las mismas libertades de las que puede gozar la
asamblea de una asociación. La limitación más importante que colorea y condiciona sus
decisiones es que sus integrantes no tienen, en conjunto, la capacidad para transformar
al comité con el objeto que persiga otros fines diversos a los propuestos (una vez
realizada la colecta o la obra prevista), dado que los erogantes o contribuyentes han
destinado parte de su patrimonio al comité, salvo que sea imposible que se pueda
alcanzar el objetivo. Y es que, como bien ha sido señalado, el comité, a través de sus
administradores, se convierte en una suerte de gestor de los fondos recibidos del público
para su aplicación al fin anunciado(63). De modo que aunque esta obligación recaiga
fundamentalmente en los administradores, ello impide a la asamblea tomar decisiones
que alteren el sentido de su creación.

En la acertada concepción originaria del Código civil, de la lectura del art. 121 se
desprendía que la asamblea general del comité carecía de la facultad de aprobar las
cuentas y balance por la labor realizada por los administradores(64). Para ello, debían,
según dicha norma rendir cuentas judicialmente. Era evidente que se requería de la
intervención de un tercero (distinto a los promotores y gestores del comité, así como de
los beneficiarios) que se encargase de velar por la exacta y fiel asignación de los
recursos a los fines publicitados(65), con conocimiento del Ministerio Público.

Cuando se promulgó el nuevo Código Procesal civil, esta norma introdujo cambios
sustanciales en el Código civil, bajo el insostenible argumento de que sólo modificaría
normas de orden procesal contenidas por este último.

A riesgo de ser considerada una posición intolerante, y exceptuando las reformas de las
normas procesales indebidamente recogidas por el Código civil, debo confesar que
quienes convinieron en plantear la modificación del art. 121 desconocían abiertamente
la esencia del comité y la realidad de las cosas.

El nuevo texto del art. 121 eliminó la rendición judicial de las cuentas e introdujo
implícitamente la facultad de la asamblea del comité para aprobar sus resultados. El
único paliativo a esta inaceptable solución fue conceder (también implícitamente, en
una serie de errores evidentes de técnica legislativa) al Ministerio Público la posibilidad
de aprobar, con su silencio, las cuentas del comité y, en caso contrario, solicitar la
desaprobación judicial de aquéllas, tal como fluye del también reformado (por obra del
Código Procesal civil) art. 122 del Código civil.

Entre los hombres de derecho sabemos, por duro que parezca, que la intervención del
Ministerio Público en estos menesteres es mínima, por no decir nula. De modo que
esperar la posible acción del Ministerio Público para solicitar la desaprobación judicial
de las cuentas del comité se ha convertido en una vana seguridad. El silencio de este
ente después de treinta días de que el comité le hubiere presentado las cuentas se
convertirá en una aprobación inatacable.

A ello se debe añadir que, como luego veremos, en los hechos la mayoría de los comités
que se conocen públicamente son comités no inscritos, respecto de los cuales no se sabe
de acción alguna del Ministerio Público.
Es interesante anotar que la asamblea de los miembros del comité no tiene funciones
contraloras que agoten la fiscalización que se debe poner en torno a la gestión del
consejo directivo del mismo. El control corresponde, más bien, al Ministerio Público. Al
menos en la buena intención del legislador (art. 119).

Pasando a otro tema, debemos señalar que el comité es administrado por un Consejo
Directivo que, al igual que el de la asociación, tiene funciones de gestión y de
representación.

Pero, debido a que los administradores se encargan de la recaudación de aportes de los


erogantes y éstos son aplicados en favor de terceros, el legislador ha considerado que
los gestores responden solidariamente de la conservación y aplicación de los fondos
recaudados, estableciendo una excepción a lo dispuesto por el art. 78 del Código
civil(66).

Su responsabilidad, por ende, es mucho más severa que en el caso de la asociación,


dados los fines perseguidos por el comité.

PERSONAS JURÍDICAS NO INSCRITAS EN LA SUNARP

2.1 DEFINICIÓN

Es la agrupación de personas (Naturales o jurídicas), que actúan conjuntamente con


fines no lucrativos; pero que no han cumplido con la formalidad de inscripción
registral.

Son personas que se juntan con el objetivo de alcanzar un fin valioso pero que no
han cumplido con el requisito formal de inscribirse en el registro correspondiente,
sin embargo son regulados por nuestro ordenamiento jurídico y en algunos casos
pueden ser susceptibles de tener derechos y deberes como si fueran una persona
jurídica

2.2 TIPOS DE ORGANIZACIONES DE PERSONAS NO INSCRITAS

2.2.1 Asociación no inscrita

La asociación no inscrita es un conjunto de sujetos, el cual es no reconocido, como


persona jurídica, solamente en el sentido de que esta desprovisto de subjetividad
colectiva plena, esta asociación no inscrita es una organización que realizan esfuerzos
mancomunados en busca de una finalidad no lucrativa.
Esta asociación está dotada de cierta capacidad jurídica, los actos realizados por quienes
actúan en su representación se imputa a la asociación no inscrita en tanto sujeto de
derecho. Las relaciones de conducta intersubjetiva de las personas naturales integrantes
de la asociación no inscrita deben ajustarse a los acuerdos de los asociados, es así que el
ordenamiento interno y la administración de la asociación no inscrita se debe regular de
conformidad con la decisión de sus miembros, sin distorsionar los alcances y la
naturaleza de la asociación.

2.2.2 La fundación no inscrita

La fundación no inscrita es conceptualmente un sujeto de derecho autónomo, destinado


a la realización de un fin social, pero que no ha cumplido con la formalidad legal
respectiva, que consiste en su inscripción en los registros correspondientes. Se podría
decir que son muchas las circunstancias por las cuales una fundación no adquiere la
calidad de persona colectiva, es por esta razón que el código civil en su artículo 127, la
facultad del consejo de supe vigilancia de fundaciones, del Ministerio público o quien
tenga legítimo interés, para iniciar las acciones pertinentes para lograr su inscripción.

En este caso y en cualquier otro en el que se verifique la falta de inscripción de una


fundación, el art. 127 establece que corresponde al Consejo de Supervigilancia de
Fundaciones, al Ministerio Público o a quien tenga legítimo interés realizar las acciones
para lograr su inscripción.

Si la fundación ha iniciado sus actividades ese hecho es demostrativo de su actuación


real como sujeto de derecho en la experiencia jurídica y en la trama de relaciones
económicas. En este supuesto, pese a que no se encuentra inscrita como persona
jurídica, debe rechazarse la posibilidad de que el fundador tenga capacidad para revocar
el acto constitutivo.

2.2.3 El comité no inscrito

El comité no inscrito es aquella agrupación de personas que se organizan para recaudar


aportes del público y destinarlos a una finalidad altruista, pero que no ha cumplido con
la formalidad de inscribirse en el Registro

El comité es tal vez el caso más común de organización de personas no inscritas que se
presenta en la realidad social, en tanto satisface y canaliza necesidades humanas,
sociales de naturaleza altruista, frecuentemente sentidas. El comité no inscrito, en
cuanto a sujeto de derecho, es similar a aquel que por haber cumplido con el requisito
formal de su inscripción adquiere la categoría de persona jurídica, participa de las
mismas notas que caracteriza al comité inscrito.

El comité no inscrito se constituye por la libre iniciativa de una pluralidad de personas,


se rige por los acuerdos de sus miembros, la consecuencia patrimonial que genere este
tipo de organización, es que sus organizadores y gestores son solidariamente
responsables de la conservación de los aportes recaudados, su aplicación al fin fijado y
de las obligaciones a las cuales se han comprometidos.

El comité no inscrito a través de sus representantes debidamente acreditados puede


comparecer en juicios. Los organizadores y aquellos que tienen la gestión de los aportes
colectados son responsables de la aplicación a la finalidad propuesta y de las
obligaciones contraídas.

DIFERENCIAS ENTRE LAS PERSONAS JURIDICAS INSCRITAS Y NO


INSCRITAS EN LA SUNARP

la diferencia es que las personas jurídicas inscritas han cumplido con todos los
requisitos formales para que sean reconocidos incluyendo su inscripción, mientras que
las personas jurídicas no inscritas al carecer de inscripción no pueden realizar el proceso
de individualismo

Aunque las PJNE sean reconocidas como sujetos de derecho, tienen muchas diferencias
particularmente en la naturaleza del patrimonio y las responsabilidades en el
cumplimiento de las obligaciones adquiridas mientras obtiene su inscripción.

En el caso de organizaciones no inscritas, los autores son responsables solidariamente,


mientras que en las personas jurídicas la responsabilidad le corresponde a la persona
colectiva como sujeto de derecho.