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“18 Mundos

Hacia la Luz
de la
Mariposa”
D escansa, cierra los ojos y sueña. En el

momento de ir a ese lugar tan lejano como


una estrella y tan cercano como tu corazón,
donde una niña juega en su jardín, ¿ya la
viste?, esta sentada entre las flores e
imagina que es una princesa de largo
vestido, mientras sigue el vuelo de una
mariposa a su alrededor.

Ve como el pequeño ser se posa


delicadamente en una flor amarilla y con
deleite abre y cierra sus alas transparentes.
Erika no había visto unas alas así,
translucidas completamente. Se frota los
ojos y al abrirlos la mariposa le parece más

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grande. Arruga la frente y se inclina hacia
ella, hasta casi tocarla con la nariz.

Observa, sin parpadear, su lento aleteo, y en


cada movimiento las alas crecen más y más.
Los ojos de Erika también se hacen mas
grandes del asombro y con la respiración
suspendida camina hacia tras, mientras la
extraordinaria mariposa sigue extendiendo
sus inmensas alas de color cielo – mar
profundo.

Con la piel estremecida y el corazón


rebotando como pelota en su pecho, Erika
respira lo mas profundo que puede, pero lo
esta viendo y en su mente van y vienen ideas
que se entrelazan y mezclan, dejándola
inmóvil.
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-¡Mama! – intenta gritar, mas su voz es
apenas un silbido ahogado.

Sin dejar de respirar profundo, se sienta


despacio. Esta muy sorprendida, pero poco a
poco se da cuenta que no tiene miedo.
Aquella luz iridiscente es muy bella y le da
confianza. El aleteo de la enorme mariposa
se hace más lento cada vez, hasta que sus
alas quedan detenidas, completamente
abiertas, frente ella.

Algo más tranquila se pregunta que será


aquello. La luz pareciera venir desde el
interior de esas inmensas alas, como si
dentro tuvieran una lámpara iluminándolas.
Pero con el brillo que irradian apenas y
puede ver, así que entrecierra los ojos,
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tratando de encontrar de donde viene ese
resplandor.

El asombro se va volviendo curiosidad en


ella. Presiente que hay algo dentro de la
mariposa. Quisiera entrar pero sus
pensamientos la detienen. Y si allá adentro
esta vacío y me caigo, o ya no puedo
regresar; se pregunta. Más, no esta
asustada y su curiosidad crece haciendo las
dudas pequeñas.

Suspira. Mueve la cabeza de un lado a otro,


como no creyendo lo que va a hacer, y sin
pensarlo mas se pone de pie. Con pasos
inseguros se acerca lentamente hacia la luz,
hasta casi tocarla. Estira la mano con un

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dedo tembloroso la atraviesa, apretando los
dientes y cerrando los ojos al mismo tiempo.

Una vibración sacude todo su cuerpo. Retira


la mano instintivamente y ese hormigueo se
desvanece. Emocionada lo vuelve a intentar
y ahora mete toda la mano. La misma
sensación recorre su piel, mas ahora espera
y deja la mano dentro. Después de un
momento se hace más suave hasta casi
desaparecer.

Contare hasta 10 y entrare, decide de


pronto temblando de emoción. Traga saliva,
respira profundo, voltea un instante hacia
su casa, se muerde los labios y con todo el
valor que puede encontrar en su interior,
empieza la cuenta que la llevara al interior
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de la luz cielo – mar profundo de la enorme
mariposa.

- Uno, dos, tres- va diciendo los números


lentamente -, cuatro, cinco, seis – cada
numero la aumenta la ansiedad-, siete,
ocho, nueve…! – no dice diez, ve hacia la
mariposa luminosa, cierra los ojos y sin
dudarlo da el paso para entrar.

El brillo la envuelve, abre los ojos y se


estremece: ella flota en una inmensidad
azul. A su lado miles de luces se mueven en
una danza multicolor, suave y rítmica.
Acerca su rostro a una de ellas y ve entre
destellos a una criatura diminuta con alas.

- ¡Sooonnn hadassss!- grita, y su voz lanza


por el aire al pequeño ser, junto a
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cientos mas que la rodean, entre dulces
sonidos como de campanas cristalinas.

Las hadas ríen a más no poder, el aliento de


la niña les encanta. Se acercan de nuevo a su
boca y en coro le piden:

-¡Otra veeezzz otra veeezzz otra


veeeezz….! – con voces tan sutiles como el
amanecer.

A Erika la han gustado mucho sus risas de


cristal, así que prepara los pulmones, respira
todo el aire que puede y grita de nuevo
emocionada:

-¡Soooonnnnn haaadaaaassssss!

Las lucecitas vuelven a volar con sus risas


tintineantes en un remolino de amarillo,

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blanco, azul y rosa, y divertidas no tardan
en pedir:

-¡Otra veeeeezzzz, otra veeeeezzzz, otra


veeeezzzz…!

La niña suspira. Ya se prepara de nuevo


cuando uno de los pequeños seres llega
riendo hasta su rostro y se posa
delicadamente en su nariz:

-Gracias niña por alegrarnos tanto. Ahora es


tiempo de ir con Lilia, ella te espera hace
más de 100 años y le hará muy feliz verte.

-¿¡Mas de 100 años!? ¿Quién es Lilia? ¿Por


qué me ha esperado tanto?

-Esas preguntas son para ella, vamos, es


cerca, poco más allá de los girasoles.

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La pequeña mira sorprendida a la criatura:

-¿Y como voy? No tengo alas.

-No las necesitas, ya estas volando, ven,


vamos, es como si caminaras en el aire.

-Bueno –dice dudosa, dan un paso y siente


vacío en los pies, pero su cuerpo flota como
burbuja de jabón.

- Ya vez, es muy fácil, ahora sígueme, no hay


que hacer esperar a Lilia ni un suspiro más.

La hada se aleja y la niña camina – vuelve


tras ella, seguida de un firmamento de luces
que aparecen y desaparecen de su vista,
como estrellas fugaces.

-Por aquí – la llaman hacia una flor violeta. Al


acercarse sus pétalos se abren uno a uno
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hasta descubrir en su centro a una lucecita
titilando como un pequeño arcoíris.

-¡Yo conozco esta flor! –exclama la niña.

-¡Claro Erika, es la de tu jardín! –le dice Lilia


sonriendo.

-¡¿La flor de mi jardín?! ¡No es posible! Esto


no se parece en nada a mi jardín, ahí hay
mas flores… y pasto… y la cerca… y una
manguera para regar.

-Y todo esta aquí, solo que es diferente,


mira: esas delgadas líneas de luz que nos
rodean son las flores, el lago de resplandor
verde de abajo es el pasto, aquella que
parece una serpiente plateada es la
manguera, y por allá esta la cerca.

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Erika voltea hacia donde le señala Lilia y ve
varias barras luminosas de tono café
paradas una al lado de la otra.

-No entiendo, las cosas no son como en mi


jardín ¿Estas segura que seguimos aquí?

-Si, aquí estamos, solo estas viendo tu


jardín desde otro mundo.

-¡¿Otro mundo?! ¡Pero si dices que es mi


jardín!

-Pero no es tu mundo, es como cuando te


pones papel celofán de color amarillo en la
cara y ves a tu alrededor. Lo que observas
sigue siendo lo que es, pero lo percibes de
forma diferente. Igual es aquí, estas en

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nuestro mundo y miras distinto lo que hay en
el tuyo.

-Entonces por que yo no me veo… -Voltea


hacia abajo y suelta un grito que dobla la
flor amarilla y lanza a Lilia hacia la cerca.

-No tengo cuerpo! –Exclama la niña


viéndose asustada.

Lilia regresa riendo de su vuelo inesperado y


al ver que Erika esta como loquita va hasta
su oído y le susurra:

-No necesitas tu cuerpo, aquí eres solo


luz, mira: aquí están tus manos, tu pancita,
tus pies, aquí estas tu, solo eres diferente.

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Erika observa sus dedos, son cinco hilos
rosados, sus pies dos tubos celestes y su
pancita un lago de color purpura.

-¡Parezco un arcoíris! –dice emocionada.

-¡Eres un arcoíris! Siempre lo has sido,


desde hace mas de mil años – le confirma
sonriendo la hada.

-¿Mil años? Pero si yo tengo nada más


diez.

- Si, ahorita tienes diez, pero antes


vivías con nosotras, eras una hada… mas bien
eres una hada.

-¿¡Soy una hada!?

-Sip

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-Pero… tengo a mis papas, a mi hermano,
ellos son como los demás, no son hadas.

-Tú lo disidiste así, sentiste que era


necesario y naciste en el mundo diecisiete,
el Mundo Humano.

-¿Entonces no soy humana?

-Si, eres humana, pero también eres una


hada, y también un ser de agua.

-¡¿De agua?! –Exclama Erika cada vez


mas asombrada.

-Si, también has vivido en el mundo dos,


el Mundo de los Seres de Agua.

-Hayyy… esto es más extraño que la


comida que hace mi papa.

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La luz de Erika se apaga un poquito, dobla
sus piernas celestes y se sienta sobre el
lago de resplandor verde, se lleva las manos
rosas a la cara y ve con ojos azules a Lilia.

-¿Qué estoy haciendo aquí?

-Estas visitándonos, regresando para


recordad – le explica la hada, suspira y
continua despacio.

-Te voy a contar una historia que sabes


en tu corazón pero has olvidado en el
pensamiento.

Erika ve a Lilia y siente ganas de escuchar,


se recuesta sobre el lago de resplandor
verde y dice:

-¿Tiene un final feliz?

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-Yo creo que si – dice Lilia al sentarse sobre
uno de los pétalos de la flor-. Hace mucho,
mucho tiempo, nuestra Tierra era un
pequeño planeta recién nacido en el que todo
era fuego.

-Entonces no había personas –deduce


Erika.

-No, pero del fuego se crearon los


primeros seres que habitaron la Tierra y el
primero de los mundos.

-¡¿Seres de fuego?! Han de ser muy


raros – dice la niña mientras se imagina unas
flamas con pies y manos.

-¡Son extraordinarios! –Afirma Lilia-.


Después del fuego vino la lluvia y gota a gota

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se crearon los ríos, las lagunas, los mares, y
así nacieron los seres del Mundo de Agua.

-También me gustaría verlos.

-Ten paciencia, pronto llegara el día en


que veras a todos los seres y sus mundos.

-¡¿Podre verlos a todos?!

-A todos, a los 18 mundos que hay en


esta Tierra.

-¿18? ¡Son muchos! ¿Dónde están? Yo no


he visto ninguno.

-Lo que pasa es que cada mundo existe


por si mismo y están separados.

-¿Pero… si todos están en la Tierra, como


pueden estar separados?

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-Bueno, imagina que nuestro planeta es
como un repollo gigante, ¿has visto que los
repollos tienen varias hojas?

-Si

-¿Entonces te has dado cuenta que si


quitas una llegas a la otra, y si quitas esa
hay una mas abajo?

-Si, peor la Tierra no es un repollo.

-No, pero eso mismo pasa con la Tierra,


es un solo planeta pero tiene dentro de si
varios mundos, como esferas una dentro de
la otra.

-¿Y entonces por que estoy aquí, si los


mundos están separados como en los

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repollos? –Pregunta Erika viendo a su
alrededor.

-Ah, es que entre cada mundo hay


puertas que permiten ir de uno a otro.

-¡Como la luz de la mariposa en la entre!

-¡Así es! Son como pequeños agujeros que


una oruga gigante hubiera hecho por todo el
repollo. Por eso tiene forma de mariposa.

-¿Y por qué solo a veces se ven?

-Porque para abrirlos es necesario


encontrarse en el momento preciso, en el
lugar apropiado, el sentimiento deseado y la
dulce inocencia.
-¿Y eso que quiere decir?

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-Lo sabrás cuando lo sientas pequeña
niña.

-¡Erika! Ven a cenar, es hora de ir a la


cama –se escucha una voz de lejos

-¡Es mi mama!

-Si, es tiempo que regreses al Mundo


Humano, llegara otro momento preciso y
volveremos a vernos, aun hay algo que
necesito contarte.

-Pero yo no quiero irme… aquí me gusta.

-Claro, viviste en este mundo por muchos


años, es tu casa, pero ahora tienes también
otra casa, y es bueno que vayas, tu mama se
puede angustiar sino te ve.

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-Es cierto, una vez me perdí en la tienda
y se asusto bastante… mejor me regreso,
volver a venir, ¿verdad?

-Antes de lo que esperas. Ve, Titu te


llevara a la luz por la que entraste.

Y en ese momento vuelve desde el lago de


resplandor verde la hada que le dio la
bienvenida a la pequeña.

-Sígueme Erika, tu mama se acerca, y si no


te encuentra va a ser más difícil que
regreses a su mundo.

-¡Adiós Lilia, me gusto la historia! –alcanzo a


gritar Erika.

-Hasta al ratito –contesta sonriendo la


hada.

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La niña vuela-camina tan rápido como puede
hasta la luz por la que entro.

-Anda, es el momento preciso –la anima Titu.

Erika la ve y sonríe, infla los pulmones y


grita con todas sus fuerzas:

-¡Soooooooon hadaaaassssssssssss! –y de
nuevo sale dando vueltas Titu, junto con
muchas hadas mas que están cerca.

Y mientras oye sus risas de campanas


cristalinas, la niña entra en la mariposa
luminosa y regresa al Mundo Humano, justo
cuando su mama llega y la luz se disuelve en
el viento.

-¡Mama, mama, platique con una hada! –Le


dice a Isabel, mientras la toma de la mano.

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-¿Con una hada? Que interesante.

-¡Si, vive en nuestro jardín, entre por una


luz y luego me llevaron con Lilia, y todo era
muy distinto, el pasto era un lago verde y…!

-¿Lilia?, ¿Así se llama la hada?

-Si, me conto que fui una hada, y también


un ser de agua, y me platico de los 18
mundos…

-¿18 mundos? Creo que estuviste mucho


tiempo en el sol. Te voy a poner un trapito
con agua tibia en la cabeza antes de que te
duermas. Ahora ven a cenar, mañana hay que
ir temprano a la escuela.

-Pero mama, no fue el sol, de verdad fui


al Mundo de las Hadas.

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-Erika, no es bueno que creas tanto en lo
que inventas. Me gusta que tengas
imaginación, pero no pienses que es real,
¿esta bien hija?

-Bueno, pero de veras la vi –dice


resignada.

-Ven, mejor vamos a cenar y luego te


pongo el trapito en la frente.

Erika suspira y de la mano de su mama entra


a la cas, mientras voltea a ver hacia el
jardín buscando un resplandor entre las
flores.

Esa noche Erika sueña con Lilia. Ha cenado y


esta acostada. Su mama le pone el trapito
en la frente y después le canta despacio:

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-Pequeñaaa la noooche,

Luz de azaafraaan,
Duerme mi aaaangel,
Vuela en el maaarrr.
Arrullada, entra en sus sueños y se ve en la
cúspide de una deliciosa montaña de helado
de vainilla, de la que come y come sin parar.
Por fortuna, antes de reventar, una ardilla
se acerca brincando, llega hasta ella y con
voz aguda le dice:

-¡Hola Erika! Te dije que pronto


volveríamos a vernos.

-¡¿Lilia, eres tu?!

-Sip.

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-¿Pero… por que eres una ardilla?

-Porque estamos en un mundo donde todo


es posible, y a ti te dieron ganas de que
fuera así.

-¡¿A mi?!

-¡Si, tu me soñaste así!

-¿Y también puedo ser una ardilla?

-¡Claro que si! Es tu sueño y pasa lo que


tu quieras.

-Entonces quiero ser una ardilla –dice


Erika, mientras su cuerpo se transforma en
una ardilla color violeta.

-¿Y por qué soy violeta? –Pregunta


viéndose extrañada.

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-Porque así te estas soñando –le contesta
la hada sonriendo.

—Haaa… a ver… —y el color de Erika cambia de


violeta a un “café ardilla”. —Así está mejor, y
quisiera estar trepada en un gran árbol con… —
y al decirlo la montaña de helado se
transforma en un frondoso árbol con las dos
ardillas sentadas en una de sus ramas.

—¡Guauuuu! —Exclama Erika sorprendida—, de


verdad todo es posible. —Sí, aquí todo lo que tú
creas se hace realidad —le confirma Lilia,
cerrando los ojos.

—Pero hay algo que no entiendo, ¿cómo


entraste a mi sueño? Yo no te imaginé aquí.

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—Llegué igual que tú, me dormí para estar en
el Mundo de los Sueños y seguir platicando
contigo.

—Haaa, y fue cuando apareciste como


ardilla. —Síp. Y es que necesito contarte algo
que va a pasar en la Tierra, y que puede ser
algo triste, ¿Quieres escucharme?

Erika duda un momento, luego se acuerda de la


risa de las hadas y eso le da ánimos.

—Está bien, pero si no me gusta dejas de


contarme, ¿Sí?

—Bueno, me dices si ya no quieres, ¿sale?


Ahora cierra los ojos para que puedas imaginar
lo que te voy a platicar.

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Erika los cierra y Lilia empieza a recordar algo
muy antiguo:

—Los 18 mundos de nuestra Tierra son bellos


en si mismos, no hay un mundo mejor, no hay
uno bueno ni uno malo, todos tienen algo
especial y en cada uno la Tierra muestra una
parte de su ser. Todos son necesarios y los
seres que habitan en cada mundo son únicos,
han sabido de la existencia de los otros seres y
los han conocido a través de las puertas que los
comunican.

—Eso sí lo entiendo, ¿pero qué es lo que va a


pasar que puede volverse triste?— pregunta
Erika algo impaciente.

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—Es algo que ya ha pasado antes: cada 1818
años sucede en la Tierra un acontecimiento tan
maravilloso que sólo se creé estando ahí.

—¡¿Qué pasa, dime?!

—Pasa que todos los mundos se unen y están


juntos durante un día completo.

—¿En un sólo mundo? ¿Cómo puede pasar


eso? No dijiste que era como un repollo con
hojas.

—Sí, pero resulta que en este repollo cada


1818 años desaparecen sus hojas y se vuelve
una sola Tierra.

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—¡Una sola Tierra! —Dice Erika emocionada—
¿O sea que todos los seres de los 18 mundos se
podrán ver?

—Sí, eso precisamente es lo que sucede, por un


día los seres diferentes conviven en una gran
fiesta para celebrar la vida.

—Pero si eso va a pasar no es triste, porque


todos los humanos van a poder conocerte y a
los demás seres, y mi mamá ya no va a pensar
que me asoleo mucho, y no me va a perseguir
con su trapito. ¡Eso es bueno! —dice Erika
entusiasmada.

—Eso sí es bueno —le explica Lilia con calma—


el problema es que hay seres humanos que
piensan que su mundo es el único que existe, y
lo triste es que no entiendan lo que va a pasar.
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—¿Y cuándo va a pasar? —Pregunta Erika
ansiosa.

—Pronto, mañana el Corazón de la Tierra se


abrirá y se unirá al Mundo de los Seres de
Fuego.

—¿¡Mañana!? —Exclama Erika con ojos


sorprendidos.

—Sí, llegó el momento preciso para toda la


Tierra.

—¿Y por qué solo los seres de fuego? ¿Y los


demás?

—Los demás se integrarán uno cada día.


Mañana inicia el mundo uno y al siguiente día se
une el de los seres de agua, y al otro día el de
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los seres de tierra, y así, hasta que en18 días
todos los mundos sean uno solo.

—¡Entonces voy a poder conocer muchos seres


geniales!

—Sí, es algo muy emocionante, pero también


puede ser triste.

—¿Pero por qué Lilia? No entiendo que es lo


triste.

—Lo triste es que en esta ocasión los seres


humanos tienen armas muy poderosas. Antes
había seres humanos que celebraban con
nosotros el
Día de Todos los Mundos
.Hace casi 1818 años muchos seres humanos
creían en nosotros, principalmente los niños. No
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eran todos buenos, como no lo son ahora, pero
algunos sí se daban la oportunidad de soñar.
Gracias a eso el
Día de Todos los Mundos se pudo celebrar y
esos seres humanos lo recordaron por mucho
tiempo.

Lilia suspira, ve hacia las ramas del inmenso


árbol en el que están sentadas, cierra los ojos y
continúa:

—Y también había otros seres humanos que no


creían en nosotros y nos tenían miedo, y por su
miedo nos atacaron, pero lo hicieron con
espadas, palos y flechas, y claro que no
lastimaron a nadie. Pero ahora es diferente, los
gobernantes de sus países tienen armas
tan poderosas que pueden acabar con todos los
seres, sus mundos y la Tierra entera.
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Erika mira sorprendida a la hada - ardilla con
la respiración contenida:

—Pero eso quiere decir que nadie se va a salvar


—le dice asustada.

—Sí, eso es lo triste que puede pasar, por eso


necesitamos tu ayuda.

—¿Mi ayuda?, pero soy una niña.

—Acuérdate que no sólo eres una niña, también


eres una hada y un ser de agua, y hace muchos
años que existes.
—¡¿Pero qué puedo hacer yo, mi mamá dice que
los presidentes no escuchan a nadie, cómo le
voy a decir que no usen sus armas…?! —Algunas
lágrimas tiemblan en los ojos de Erika.

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—No te angusties pequeña niña, no estás sola,
esta misma noche, en toda la Tierra, miles de
seres de todos los mundos han entrado a los
sueños de muchas niñas y niños para contarles
lo que te estoy diciendo a ti.

—¿Y por qué sólo a los niños, por qué no entran


en los sueños de los adultos y les dicen lo que va
a pasar? ¡Que ellos lo arreglen!

—Porque la mayoría de adultos no creen en sus


sueños, al despertar piensan que todo fue su
imaginación y lo olvidan después del
desayuno. —Pero entonces si no creen en sus
sueños, ¿cómo van a creernos cuando
les platiquemos que soñamos en ardillas
habladoras? —le pregunta algo molesta.

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—Porque son sus hijos. Esa es nuestra
esperanza, que ustedes puedan tocar el
corazón de sus padres para que crean. Muchos
adultos solo han escondido su inocencia, ya no
se dejan ser niños, porque desde muy chicos los
trataron como adultos y les estropearon su
capacidad de soñar. Por eso ahora en lugar de
sueños quieren tener solo dinero, en lugar de
abrazos carros lujosos, y en lugar de esperanza
televisiones de plasma.

—¡Mi mamá no es así! —interrumpe Erika.

—Lo sé, ni tu mamá, ni tu papá, ni otras


personas son así, pero hay quienes sí. Y la
mayoría de sus gobernantes sí son así, han
olvidado en el camino su niño y piensan que
creer en hadas son tonterías, y cuando vean a
los seres de los otros mundos, en lugar de
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celebrar con nosotros van a querer
atacarnos.

—Es verdad —se entristece Erika—, mi mamá


dice que a los presidentes no les importan las
personas.

—Y tiene razón, por eso necesitamos tu ayuda y


la de muchos niños y niñas más.

—¿Y cómo voy a saber que niños ya saben esto,


como voy a reconocerlos?

—No es necesario que los reconozcas, deja que


tu corazón te guíe y los encontrarás.

Erika queda viendo a Lilia, no entiende y está


asustada, ya se imagina la cara que pondrá su
mamá cuando le cuente todo eso. —Está bien si
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tienes miedo Erika, —la reconforta Lilia— no es
algo sencillo. En el Corazón de la Tierra
reflexionamos bastante para tomar la decisión,
no todos los seres estaban de acuerdo,
algunos propusieron dejarnos ver antes en el
Mundo Humano para tratar de evitar un
ataque…

—¡Esa es buena idea! Hagan algo ustedes, ¿por


qué nos dejan a nosotros eso? —la interrumpe
Erika.

—Porque a nosotros no nos escucharan los


adultos, ¿te imaginas a una ardilla tratando de
convencer a los presidentes? —No le harían
mucho caso —dice Erika sonriendo al imaginar a
una ardilla con traje hablando muy seriamente.

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—Así es, por eso la esperanza son los niños y
las niñas del Mundo Humano, ustedes, tú.

—¿Yo? —Dice Erika suspirando— ¿Nosotros?


¿Quiénes son los del Corazón de la Tierra? ¿Por
qué no nos preguntaron antes si queríamos
hacer esto?

—No dejes que el enojo te gane, respira,


escúchame por favor —Erika respira profundo
y da un suspiro—. ¡Muy bien! El Corazón de la
Tierra es donde nos reunimos los 7 Seres
Guardianes de cada uno de los 18 mundos;
somos 126 en total. — ¿Tú también eres de
ellos?

—Síp, y cuando nos dimos cuenta que la


esperanza estaba en las niñas y niños, pedimos
voluntarios de todos los mundos para nacer
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como humanos, aprender de ellos y ayudar a
convencer a los adultos de nuestra existencia.

—¡¿Y yo soy uno de esos seres voluntarios?! —


exclama Erika abriendo los ojos.

—Síp, decidiste que querías ayudar —dice Lilia


viendo serenamente a Erika con sus pequeños
ojos redondos.

—¿Y por qué no me dijiste antes? ¿Por qué


hasta ahorita que solo quedan pocos días para
que se unan los mundos?

—¿Te acuerdas lo que te dije sobre la luz en


forma de mariposa? Es necesario esperar el
momento preciso, el lugar apropiado, el
sentimiento deseado y la dulce inocencia.

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No podía ser antes, tampoco después, así que
confía en tu corazón, en tu ser niña, y en la
vida, que siempre encuentra la forma de seguir
sonriendo. Ahora debo irme, hay otros niños y
niñas a quien tengo que platicarles esto, espero
que no se enojen tanto como tú.

—Pero Lilia, no te puedes ir así, no sé qué voy


hacer, tengo miedo y… La hada ve tiernamente
a Erika y le dice con voz de arroyito:

—Sueña niña, sueña con una hermosa nube en


la que duermes profundamente, y veras que al
despertar sabrás que hacer.

—Pero estoy asustada Lilia, no puedo dormirme


ahorita, quiero saber que va pasar, que tengo
que hacer…

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—Ya sabes lo que necesitas saber, solo confía,
descansa, y sueña en un día de Todos los
Mundos
en paz y alegre.

—No puedo concentrarme en soñar eso, todo


lo que me dijiste me está dando vueltas en la
cabeza, mejor suéñame tu durmiendo.

—Yo no puedo soñar, solo los seres humanos


tienen ése don, ningún otro ser, de ningún otro
mundo puede hacerlo.
—¿¡Pero por qué!? —Pregunta Erika
sorprendida.

—Porque los sueños los crearon los seres


humanos.

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—¿Pero dijiste que cualquiera puede entrar a
este mundo si lo desea de corazón?

—Sí, pero solo los seres humanos pueden


decidir qué pasa en él, solo ustedes pueden
crear sueños hermosos, o pesadillas terribles.
Ése es su don, así como las hadas tenemos el
don de la alegría, ustedes tienen el don de
soñar. Por cierto, esa nube de allá arriba se ve
muy rica para dormir, ¡ven, vamos a probarla!

—Y tiene forma de cama, —dice la niña


bostezando. Cierra los ojos y al gran árbol le
crecen alas coloridas, antenas y patas, y el
lugar en el que están sentadas Erika y Lilia se
transforma en el cuerpo de una inmensa
mariposa que aleteando sube hacia esa nube tan
rica para dormir.

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—¡Esto es fantástico! — grita emocionada la
niña al verse volando por un cielo verde.

Al llegar las dos ardillitas se recuestan sobre la


nube. —¡Qué rica está! —dice Erika mientras
vuelve a bostezar, se acomoda en esa cama tan
suave, cierra los ojos y sonríe, mientras Lilia la
arropa con un pedacito de nube tibia, y la
duerme con una dulce canción de hadas.

—¡Erika… Erika! Es hora de levantarse mi


niña. La pequeña escucha a lo lejos la voz de
Isabel, siente como mueven su cuerpo, y muy
lentamente entreabre los ojos. —Un ratito más
mamá —dice adormitada.

Cuando de pronto se acuerda del sueño, se


sienta de un brinco sobre la cama, ve a su

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mamá quien la observaba sorprendida y dice de
prisa y casi gritando:

—¡Mamá, no queda tiempo, el mundo, los


mundos, se van a juntar… la Tierra va a ser un
solo repollo, y los gobernantes no van a
entender, y van a sacar sus armas… somos los
niños los que...!

Isabel se asusta y al mismo tiempo sonríe, le


parece muy raro lo que su hija dice, nunca la
había visto así, tan emocionada y tan loquita.

—¡Cálmate Erika! ¿De qué hablas? Por favor


dime despacio lo que sucede para que yo te
entienda.

—¡Pero mamá!, no hay tiempo, los mundos se


van a juntar, y los adultos ya no creen y no
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sueñan y todo se va a destruir… —sigue
diciendo Erika sobresaltada.

—Hija, no te entiendo, ¿Tuviste una pesadilla


en la que todo se destruía?

—¡No mamá!, no fue una pesadilla, me lo dijo


Lilia, ella es del Corazón de la… —…del Corazón
de la Tierra! —completa igual de emocionado
Sebastián, el hermano menor de Erika, que
acaba de despertar.

Isabel queda viendo a Sebastián como si fuera


un pequeño extraterrestre azul, hace un
momento estaba dormido y ahora completa lo
que Erika dice totalmente despierto.

—Y el Corazón de la Tierra decidió que


nosotros éramos los que teníamos que
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ayudar —sigue diciendo Sebastián ante la
mirada impresionada de su mamá y de su
hermana.

—¿También a ti te platicaron? —le pregunta


Erika.

—Sí, me platicó Olileo, un ser de metal,


también es del Corazón de la Tierra…

Isabel escucha sin entender y sin poder


articular palabra, con la boca y los ojos
abiertos.

—...y me mostró su mundo, está bien chido,


parece que fueran puros robots, pero los
seres de metal no son cuadrados, tienen unas
formas bien raras…
49
Al fin Isabel reacciona y puede decir algo:

—¿De qué están hablando? ¿Es una película que


vieron en la tele? ¿Qué es eso del
Corazón de la Tierra y los seres de metal?
Explíquenme, porque si no les voy a quitar la
tele un mes entero.

—¿Un mes? Pero por qué mamá, no es justo —


se queja Sebastián.

—Pero Sebastián —le dice Erika— no te das


cuenta que si no convencemos a mamá dentro
de un mes no habrá tele ni nada.

—¿Cómo que no habrá tele ni nada? —pregunta


Isabel ya enojada.

50
—¡Es verdad, no queda tiempo —dice con
angustia Sebastián— tienes que creernos para
que hables con los presidentes y no destruyan
la Tierra!

—Pero nadie va a destruir la Tierra hijos,


¿Quién les dijo eso? Haaa… de seguro fue
Carlitos, ese niño siempre anda inventando
historias para asustarlos.

—No mamá, no fue Carlitos —dice Erika—,


fueron los seres de los otros mundos, es que
mira mamá, hay 18 mundos en la Tierra, y
nuestro mundo es el mundo 17....

—¡¿18 mundos?! —repitió Isabel sin entender


nada.

51
—Sí mamá, el mundo uno es de los seres de
fuego, el dos es de… —comienza a explicarle
con un poco más de paciencia Erika.

—Buenos días hijos —los saluda Ernesto al


entrar a la habitación—, ¿De qué platican tan
animados?

—¡Papá, tú puedes hacer algo, tú conoces al


presidente, llámale por teléfono, dile que no use
sus armas! —le pide Sebastián jalándole el
pantalón.

—¿Al presidente? —pregunta Ernesto con cara


sorprendida—, pero el presidente de la
compañía no tiene armas, ¿de qué están
hablando Isa?

52
—Dímelo tú, llevo aquí cinco minutos tratando
de entender que les pasa.

—Pero si ya se los dijimos —asegura Sebastián


con impaciencia—, necesitan decir leal
presidente que no destruya a los seres de otros
mundos y tampoco a la Tierra.

—¿Destruir a la Tierra? ¿Quién les dijo eso


hijos? —pregunta Ernesto cada vez más
desconcertado.

—De seguro fue Carlitos, les inventa cada


historia — contesta Isabel ya segura.

—Pero no mamá, Carlitos no nos dijo nada,


fueron Lilia y… ¿cómo dices que se llama el ser
de metal? —le pregunta Erika a Sebastián.

53
—Olileo, se llama Olileo.

—¿Olileo? —repite Ernesto.

—Sí, Olileo, es así como un refrigerador


grandote en forma de triángulo, se mueve
despacio y su piel es muy dura.

—Aun no entiendo nada —dice Ernesto


mientras se sienta en la cama de Erika.

—Es muy sencillo papá —le explica Erika ya


desesperada—: son 18 mundos, se van a juntar,
y los presidentes van a querer destruir a los
seres de los otros mundos, y eso va a pasar en
18 días, ¡es muy simple!

—Haaa —exclama Ernesto— de seguro es


una película, últimamente han pasado algunas
54
muy raras en la tele, y dicen que son para niños
pero más bien parecen de adultos. Mejor ya no
van a ver esas películas hijos, no les hacen bien,
luego tienen pesadillas.

—Eso es lo que les dije —afirma Isabel—, de


seguro la vieron cuando no estábamos, yeso que
se los tengo prohibido. Yo creo que es mejor
que no vean tele unos días, para que entiendan
que algunas películas no son para ellos.

—¡NOOOO! —gritan al mismo tiempo los dos


niños.

—Es mejor así hijos —confirma Ernesto—,


¿qué les parece una semana y luego vuelven a
ver?

55
—¡NOOO! Deben de creernos, por favor —dice
Sebastián con lágrimas en los ojos.

Erika nada más ve a sus papás, recordando lo


que le dijo Lilia.

—No tiene caso Sebastián, no nos creen.

—Lo que creemos es que ya es tarde y si no se


apuran van a encontrar cerrada la escuela, así
que cámbiense rápido —les ordena Isabel
mientras ella y Ernesto se paran y salen de la
habitación.

Erika abraza a Sebastián que llora en silencio,


cierra los ojos y pide:

—Lilia ayúdanos, ¿qué hacemos?

56
Al llegar a la escuela Erika y Sebastián
comprenden al momento que la mayoría de sus
amigos y amigas saben lo mismo que ellos. No se
habla de otra cosa. Todos cuentan sus sueños,
se emocionan con los seres y los mundos que
han visto, entristecen cuando platican lo que
sus padres les dijeron, y repiten la misma
pregunta: ¿qué vamos a hacer?

Al menos Sebastián se consuela un poco cuando


se entera de que a ellos les fue bien con sus
papás. A unos de sus amigos les quitaron la tele
por un mes, y a otros los llevaron de urgencia
con el doctor y les hicieron tomar medicina que
sabía a leche descompuesta.

—¡Fúchila! ¿Para qué la tomaste? —le pregunta


Sebastián a Isidro, su mejor amigo.

57
—Es que mis papas se veían enojados o
preocupados o no sé qué, entonces me dio
miedo y mejor me la tomé —le contesta con
algo de tristeza.

—¿Y a ti qué ser te platicó?

—Fue uno de cristal. Son increíbles, sentía que


estaba hablando con un niño transparente —
recuerda Isidro. —¿Y te contó del Día de
Todos los Mundos y todo lo demás?

—Sí, y me dijo que queda muy poco tiempo…


¡oye…! ahorita ya debe estar unido el Mundo de
Fuego al
Corazón de la Tierra.

—¡Es cierto! —Dice emocionado Sebastián—,


ya empezaron las uniones —pero de pronto su
58
rostro cambia— ¿Y qué vamos hacer? Nuestros
papás no nos creen, ¿cómo vamos a evitar que
los gobernantes utilicen sus armas?

—No sé —le contesta Isidro también con un


rostro serio—, no se me ocurre nada —y los dos
quedan viendo hacia el cielo, como preguntando
a las nubes. La misma pregunta se hace Erika,
con Paulina y Rosi, sus mejores amigas. Y la
misma pregunta se oye entre los niños y
niñas de toda la escuela, de toda la ciudad,
de todo el país y de todo el mundo, dicha en
todos los idiomas,
¿Qué vamos hacer?, mirándose unos a otros
entre tristes y esperanzados.

Y la misma pregunta se hacen también sus


papás y mamás, al darse cuenta, incrédulos,
como sus hijos han tenido un sueño muy
59
parecido al de otros niños, cuando lo platican
con sus vecinos, compañeros de trabajo, amigos
y familiares. ¿Qué vamos hacer?, dicen y se
miran unos a otros entre serios y
desconcertados. No tarda en ocurrírsele a un
periodista, al que también su hijo le cuenta el
sueño, pasar la historia en la televisión, y de ahí
en pocas horas es el tema del momento en los
noticieros, periódicos y programas de radio:

¿Qué sucedió, como es posible que tantos niños


hayan soñado lo mismo en lugares tan lejanos?
Es la pregunta que no los deja en paz.

En poco tiempo hay un enjambre de


periodistas, psicólogos, pedagogos, pediatras y
otros adultos expertos en niños, buscando
como explicar uno de los fenómenos más
extraños que ha visto la humanidad. En millones
60
de hogares, de toda la Tierra, los niños
despertaron sobresaltados y contaron la misma
historia: existen 18 mundos que se van a unir y
todos los seres estarán juntos, por lo que es
necesario convencer a los presidentes para que
no ataquen a esos seres y no destruyan la
Tierra.

Algunos expertos se aventuran a explicar tan


inconcebible fenómeno, pero ninguna de sus
teorías da una respuesta convincente. Con la
vista hacia abajo, mueven la cabeza intrigados y
vuelven a revisan libros y formulas, y oprimen
teclas y más teclas en sus computadoras y
simplemente no pueden entender lo que ha
pasado. Tanto es el alboroto que provocan
queriendo encontrar una “explicación
razonable”, que en secreto, antes de dormir,
con las cobijas cubriéndoles el rostro, hay niños
61
que dudan y se preguntan si no estarán
imaginando todo, y en silencio, viendo hacia
dentro, buscan en el recuerdo de su sueño algo
que les ayude a seguir creyendo. Pero son
muchos más los niños que dicen una y otra
vez, día tras día, la verdad, sencilla y clara,
como sus miradas pidiendo que les crean. Más,
pocos son los papás, abuelitos, hermanos, tíos,
amigos o algún otro adulto, que escuchan
realmente el sueño y tratan de entender su
misterio, alcanzando a ver un poco más allá
de si mismos. La mayoría de los adultos están
más interesados en saber cómo fue posible tal
suceso, en encontrar una explicación que les
permita seguir teniendo la razón. El sueño de
los niños, los 18 mundos y sus seres no es lo
importante para ellos. Lo que quieren es
entender que pasó, si no es un enfermedad de
esas “raras” y como puede “curarse”.
62
Mientras los aprovechados hacen negocio con
la preocupación de los papás, ofreciendo
consultas, jarabes y hasta cascos para los niños
“enfermos”. Pero al pasar los días el interés por
el tema se desvanece en el vaivén de la rutina, y
los noticieros centran su atención en una vaca
que tuvo trillizos y el lanzamiento de una
película refrita.

Al final, hacen un videojuego en el que los seres


de los otros mundos atacan a los humanos y los
presidentes defienden y salvan el planeta con
sus armas, el cual es rechazado por las niñas y
niños, y solo puede venderse entre algunos
adultos ociosos. La película ya mejor ni la hacen,
al ver que el tema no es negocio. Después de
nueve días todo sigue tan normal como siempre,
ya es “noticia vieja” los sueños de los niños, los
papás dejan de intentar comprender lo que ha
63
pasado, guardan las preguntas para una mejor
ocasión, y se refugian de sus dudas diciendo:
así son los niños ,con tal de olvidarse de sus
propios sueños y de si mismos.

Pero Erika, Sebastián, Isidro, Paulina, Rosi y


millones de niños y niñas, recuerdan lo que
soñaron y se siguen haciendo la misma
pregunta: ¿qué vamos hacer?

Han tenido nueve días para platicarlo una y mil


veces, en las calles, en la escuela, en la casa...
hasta dormidos, más no han encontrado como
salvar a sus amigos.

Escucharon el escándalo que se armó entre los


adultos, vieron como sus papás pasaban de la
sorpresa a la preocupación, luego a la búsqueda
de explicación y finalmente al olvido. Ya
64
estaban cansados de decir una y otra vez lo que
iba a pasar, algunos hasta lo escribieron y lo
pegaron en la puerta de su habitación o en el
refrigerador, ¿qué más podían hacer?

—Tengo que volver a hablar con Lilia —les dice


Erika a sus amigos y hermano en la casa de
Paulina—, la he tratado de encontrar en mis
sueños y no está.

—También yo he querido ver a Olileo, pero en


mis sueños sólo veo a mis papás diciéndome que
me va a crecer la nariz —dice Sebastián,
tocándose el rostro para asegurarse de nuevo
que no es cierto.

—A mí me pasa lo mismo —comienza a


platicarles Paulina—, he buscado a
Trinidad pero quien sabe por...
65
—¡El jardín! —Grita Erika de pronto.

—¿Qué te pasa? —Le pregunta sorprendida


Rosi.

—¡En mi jardín conocí a Lilia, ahí puedo


encontrarla!

—¿La conociste antes de tu sueño? —pregunta


asombrado Isidro.

—Sí, en mi sueño era una ardilla, pero en el


jardín era un hada, tengo que ir a verla — y al
decirlo se para y sale corriendo de la casa de
Paulina.

—¡Espera! —Gritan Isidro y Sebastián—


también queremos ir.

66
—Sí, espéranos —dicen Paulina y Rosi, pero su
amiga va ya lejos, y los cuatro corren para
alcanzarla.

Erika llega a su jardín en dos minutos y queda


agotada. Se arrodilla sobre el pasto para tomar
aire y al levantar la vista ahí está la luz en
forma de mariposa. Sus amigos y hermano
llegan un instante después y se quedan mudos.

—¡Aquí está —les dice—, vengan, hay que


entrar!

Los niños la ven con los ojos redondos,


redondos.

—No tengan miedo —les dice— yo ya he


estado ahí y no hay peligro.

67
—¿Segura? —pregunta Paulina con voz dudosa.

—Segura, vengan —y mientras dice esto cruza


la luz ante los ojos asombrados de los cuatro.

—¡Espéranos! —le gritan, pero Erika está ya en


el séptimo mundo.

Los niños se ven unos a otros y dudan por un


segundo frente a la luz, hasta que Paulina dice:

—Vamos— y da un paso hacia delante, y luego


la sigue Isidro, y a Isidro lo sigue Sebastián, y
a Sebastián Rosi.

Del otro lado Erika los espera impaciente.

—¡Vengan ya!

68
Pero sus amigos y hermano no se mueven, sus
bocas se abren al ver miles de puntos de luz
rodeándolos y oír como un arcoíris en forma de
niña les habla.

—¿Qué les pasa? —Pregunta Erika molesta, y


ve como los dedos de sus amigos, que ahora son
cinco líneas rosas, la señalan.

—Haaa, es que así somos en el Mundo de los


Seres de Luz, miren sus cuerpos.

Los cuatro ven sus cuerpos y los cuatro gritan


al mismo tiempo, lanzando a muchísimas hadas
por el aire.

—¡Otra veeezzz, otra veeezzzz, otra


veeezzz…! —Les piden los pequeños seres

69
mientras se acercan a los niños, con su risa de
campanitas cristalinas.

—¿Otra vez qué? —pregunta Paulina, que no


sabe si ver las lucecitas o como su cuerpo
también es un arcoíris.

—Quieren que otra vez griten para salir


disparadas, eso les encanta a las hadas —les
explica Erika.

—¿Hadas? ¿No son luciérnagas? —pregunta


sorprendido Isidro.

—Claro que no son luciérnagas, son hadas, ¿no


les ves el rostro?

70
Isidro acerca los ojos a una de las luces y
esforzando su vista alcanza a distinguir una
sonrisa.

—También somos luciérnagas Isidro, cuando


estamos en el Mundo Humano nos vemos como
luciérnagas, muy pocas personas nos pueden ver
en ese mundo como somos realmente.

—¡Vamos ya! —Los apresura Erika—, no sé


cuánto tiempo va a estar la luz en el jardín

—Estará hasta que sea necesario —asegura


una hadita volando hacia ellos.

—¡Titúuu! Tienes que llevarnos con Lilia, no


hemos podido hacer nada, nuestros papás no
nos creen y ya hay poco tiempo, ya es el día
nueve y ya deben de…!
71
Titú suspira y le dice con voz suave:

—Calma niña, calma. Respira profundo y


despacio… muy bien, ahora suelta el aire…muy
bien… estás lista para ver a Lilia, ella los
espera.

—¿Nos espera? —pregunta asombrada Paulina.

—¡Claro que los espera! —Exclama Titú—.


Vamos, síganme. — Crece, semilla, crece, en
la Tierra de la alegría.

La lágrima se abre como un huevito y de su


interior sale volando una pequeñísima hada, que
revoloteando se va a jugar entre los
girasoles.

72
—¡¿Cómo hiciste eso?! —pregunta emocionada
Rosi.

—Con un poquito de ternura —le explica Lilia—,


las hadas nacemos cuando las lágrimas de los
niños son tocadas con el corazón.

—¿Entonces todas mis lágrimas se han


convertido en hadas? —Los ojos de
Rosi brillan al imaginarse cuantas hadas han
nacido de su llanto.

—Muchas si Rosi, pero no todas, y es que a


veces son tantos niños llorando al mismo tiempo
en el mundo que no alcanzamos a tocar todas
sus lágrimas. Lo bueno es que hay algunos papás
que nos ayudan, y que cuando ven a sus hijos
llorar, también acarician sus lágrimas con
ternura.
73
—¿Y también nacen hadas cuando nuestros
papás hacen eso? —pregunta asombrado
Isidro.

—¡Claro que sí! Pueden ser sus papas, sus


amigos, sus hermanas, o su perrita, si las tocan
con su corazón de esas lágrimas nacerán hadas.

—¡Guaauuu! —Exclama Sebastián—, entonces


voy a llorar mucho para que nazcan muchas
hadas.

—Llora lo que necesite tu corazón —dice Lilia


suspirando—, si lloras de más no alcanzaremos
a tocar todas tus lágrimas, y si lloras de menos,
muchas hadas no podrán nacer. Lilia regresa a
su flor y Paulina, Rosi, Sebastián e Isidro se
sientan junto a Erika, quién dice:

74
—También me dan ganas de llorar Lilia, ¿Qué
vamos hacer? Ahorita ya se unieron 9 mundos,
y nuestros papás ya ni quieren oírnos.

—Confía Erika, confía en tu corazón.

—¡Pero Lilia, qué más podemos hacer, no nos


hacen caso!

—Es verdad, nos ven como loquitos —dice


Isidro algo molesto.

—¿Y qué les dice su corazón, niños?

—¡Haaaayyyy…! —suspiran los cinco.

—Ummm… están tristes.

75
—Sí —contesta Paulina—, no vamos a poder
salvar la Tierra, ni a las hadas, ni las cascadas,
ni... —de sus ojos empiezan a brotar gotitas
color púrpura, y al verla llorar también lo hacen
sus amigos.

Al instante, las hadas que los rodean vuelan


hacia cada una de sus lágrimas para tocarlas, y
un sin fin de lucecitas nacen riendo. Lilia
suspira de nuevo y ve dulcemente a los cinco
niños.
—Gracias por sus lágrimas —les dice—, eso
significa que aún hay esperanza, y cada vez que
su corazón se ponga chiquito por la tristeza,
llámennos. Cada niño y cada niña tiene una
Pequeña Hada Guardiana, siempre está ahí, lista
para ayudarlos. ¿Quieren que les enseñe como
llamarla? —¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!! —gritan los cinco

76
niños y hacen volar de nuevo a muchas lucecitas
de colores a su alrededor.

Lilia también vuela y riendo como campanita


cristalina regresa cerca de los niños para
decirles despacito: — Lucecita de mi
alma, Pequeña Hada Guardiana, ven a
acompañarme ven a cuidarme, ven a
entibiarme, y abrázame con tu luz.

Al terminar de oír estás palabras, Sebastián


suspira muy profundo y luego sonríe aliviado.

—Así es Sebastián, solo hay que suspirar


después de decirlo y ya nunca más volverán a
estar solos —al oírlo los demás niños suspiran
también.

—¡Gracias! —dicen animados los cinco.


77
Lilia les sonríe, los ve con cariño y les dice:

—En el Corazón de la Tierra sabíamos que era


difícil que sus papás les creyeran así nada más,
por lo que decidimos, desde hace tiempo, que si
al platicarles no les creían, sería necesario
hacer algo más para convencerlos.

—¿Pero qué más podemos hacer? ¿Ni modos


que los traigamos aquí para que te conozcan? —
bromea Paulina.

—Precisamente Pau, hay que traerlos a los


otros mundos. —¡¡¡¿Queeeeeé?!!! —gritan los
niños.

—Sí pequeños —sigue Lilia cuando termina de


dar vueltas en el aire— ¡Es tiempo de que abran
todas las luces de las mariposas!
78
Los cinco niños la ven con el entrecejo arrugado
y los ojos tratando de entender.

—Síp —les explica la hada abriendo sus


bracitos lo más que puede— las 119 luces que
comunican al Mundo Humano con el resto de los
mundos.

—¡Son muchas! —Exclama Isidro—, no nos va a


dar tiempo.

—No te preocupes y si, a cada niño le toca


abrir solo una luz. Por eso pedimos la ayuda de
muchas niñas y niños, para que las luces se
abran todas las veces que sea posible.

—¡Uffff… qué bueno! —exclama Isidro


aliviado.
79
—¿Y cómo vamos abrirlas? —pregunta Paulina.

— En el momento preciso, el lugar apropiado,


el sentimiento deseado y la dulce inocencia
—responde Lilia suavemente.

—¿Cómo? —pregunta de nuevo Paulina.

—Ya estoy entendiendo eso —contesta Erika—


, solo hay que confiar en que llegará
el momento preciso , y que cuando llegue
estaremos en el lugar apropiado , y tendremos
un sentimiento deseado
con nuestra dulce inocencia , ¿no?

—¡Así es Erika, ya lo has entendido! Se trata


solo de confiar, de creer, como ahora que es el
momento preciso para que regresen a su
mundo. Titú los acompañará.
80
—¿Y qué vamos hacer cuando abramos las
luces? —pregunta Rosi pensativa.

—Tendrán que hacer algo muy difícil:


convencer a sus papás de que entren en ellas.

—¡¡¿Queeeeeeeé?!! —gritan de nuevo los cinco


niños en coro y las hadas salen disparadas en un
enorme remolino de luz.

Cuando al fin dejan de reír, Lilia vuelve a la flor


y les explica:

—Si logran que sus papás entren en las luces, y


vean los otros mundos y los seres que los
habitan, habrá una esperanza de que crean en
nosotros y hagan algo para salvar la Tierra.

81
—Pero mi mamá no va a querer cruzar la
luz, ella no me cree nada de lo que le digo,
solo se va a enojar más conmigo —dice Rosi algo
asustada.

—No te preocupes Rosi, si tu mamá no quiere


cruzar el portal busca a otra persona adulta
que si quiera, convence a alguien, lo importante
es que lo intentes —afirma Lilia.

—Está bien, pero si nadie quiere entrar no es


mi culpa, ¿verdad?

—Claro que no, el creer o no creer es decisión


de cada ser, de cada corazón, y nadie puede
obligar a nadie a creer, y tampoco a no creer.
Ahora vayan, pequeños seres de luz, vayan y
confíen en el momento preciso… —… el lugar

82
apropiado, el sentimiento deseado y la dulce
inocencia —completaRosi.

—Síp —sonríe Lilia—, y acuérdense que ahí


estaremos acompañándolos, sólo tienen que
llamarnos.

—¿Lo prometes? —pregunta Sebastián.


—Se los prometo con risa de hada —contesta
Lilia sonriendo—. Ahora vayan.

Los cinco niños sonríen también, se ven unos a


otros y Paulina dice entusiasmada: —¡Hay qué
convencerlos!

Sebastián es el primero en encontrar la luz de


las mariposas. Está en el baño, lavándose los
dientes después de la comida, pensando una vez

83
más en qué lugar estará la luz por la que tiene
que entrar.

Ve hacia el espejo distraído y siente en los ojos


un brillo, detiene su mano y el cepillo queda
sobre sus muelas, la pasta le escurre por la
boca y casi se ahoga cuando intenta gritar: —
¡Ahí está! En el espejo ve la luz que surge en la
puerta de su baño. —¡Es la luz! —Vuelve a
gritar. Tira el cepillo, se pasa el brazo por la
boca y despacio voltea hacia la entrada: ¡Y
sí!¡Ahí esta! Es una luz hermosa, verde
esmeralda en forma de mariposa. Se acerca
lentamente y casi al tocar la luz siente un
poquito de miedo, duda un segundo, pero las
ganas de ver lo que hay del otro lado son más
fuertes y da el paso para entrar.

84
Su corazón late como tambor, sus ojos aún no
pueden distinguir nada, se los frota ansioso.
Despacio, con las manos aun tapándole, empieza
a ver a su alrededor: A unos pasos de él un
enorme Brontosaurio come tranquilamente de
un arbusto; más acá un Triceratops, de más de
tres pisos de altura, se afila los cuernos contra
una piedra; mientras en el cielo un Pteranodon
vuela en grandes círculos. Sebastián apenas y lo
cree, está en el mundo 6, el Mundo de los Seres
Gigantes.

Un Diplodocus con un larguiiiiiísimo cuello


acerca lentamente su cabeza hasta él, quien al
darse cuenta se queda inmóvil del susto. “Me va
a comer”, piensa. Ve como el Diplodocus abre su
gran boca, y ya no quiere saber lo que va a
pasar, así que cierra los ojos y…

85
—Hoooolaaaa Sebastiaaaaan —escucha que le
habla con una voz grave y lenta—,quueeee
bueeenoooo quueee yaaaa lleegaaaasteee,
teeee estaaaaabaaaa
espeeeraaaandooodeeessdeeee laa
mañaaaaaanaa.

Sebastián traga saliva, se anima a abrir los ojos


y ve como el Diplodocus le sonríe mostrándole
sus dientes tan grandes como portones.

—Noooo teeee aaasuuuusteeeees


Seebaastiiaannnnn, nooo tee
quiieeeerooocomeeeeerrr, yooo sooolooo
coomooo plaaantaassss, dee laaass máaaasss
veeeerrdeeesss, pooorrqueee soonnn laasss
máaass jugoooosaaaas —le dice riendo el
enorme dinosaurio.

86
Sebastián hace un esfuerzo por volver a
respirar, y a suspirar.

—¿Có…Cómo sabes mi nombre? ¿Y quién te


dijo que vendría?

—Liiiiiliaaaaaa meee diiijooo queee


vendríiiiaaaas, yyy taambiéeen mee diijoo
tuuunooombreeee, looo queee nooo meee
diijooo eees aa queee hooraaa veeendríaaas,
poor eesooo eeestooyyyy eesperaaandoteeé
deesdee laa maañaaaanaaa.

—¡Haaa, Lilia te dijo! ¿y también lo que tengo


que hacer?

—Siiii, meee diiiijoooo queeee traaaeeeríiiiasss


aa tuuusss paaapppaaasss

87
aacoooonnnnoceeeernnoooossss paaarraaa
queee creeeaaaannnn eeennn nosooootrooooos.

—¿Y eso no te da miedo? Capaz te quieren


atacar. Son un poco exagerados a veces.

—Siiiii meeee daaaaa uuuun


pooooqqquuuiiittttoooo, pppeeerrrrooo
eeessssnnneeecceeesssaaarrriiioooo
haaaaccceeerrrloooo, meeee daaaa
máaaasmiiiieeeeddddoooo peeeennnnssssarrr
looo queee pueeeeddeeeeee pppaaaasssaaarrr
sssiiituuuss paaapáaaas yyy looossss
oootroooossss ppaaaappaaaás noooo
creeeennnn eeennnnloooos ooootroooossss
muuunnndooossss.

88
—Tienes razón —asegura pensando
Sebastián—, entonces iré por ellos, espero que
quieran venir.

—Veeee Seeebaaassstiáaaannn,
traaaaeeélooosss, aaal
veeeernooosseennnteeennderaaaaán queeee
eessss bueeenoooo aaayuudaaaaarrrnooss.

—Sí —dice Sebastián, da la vuelta y entra de


regreso por la luz. Al salir al baño escucha que
alguien sube por las escaleras, ¡es su papá!

—¡Papá! —le grita—, ¡Papá ven! Ernesto termina


de subir las escaleras corriendo y algo
asustado.

—¿Qué sucede, estás bien? —dice al


acercarse al baño y ver a su hijo.
89
—¡Sí papá, ven, ahora si me vas a creer, mira!

—¿Pero qué…? —Ernesto ya no termina de


hablar, la luz lo deja sin aliento.

—¡Es la luz papá, ven a ver!

Ernesto sigue con la boca abierta y ve como


Sebastián cruza la luz, mientras le dice:

—¡Qué esperas papá, vamos…!

—¡Nooo, Sebastián, no entres ahí! —Le grita


cuando al fin reacciona, pero su hijo ya está del
otro lado de la luz.

90
Sin pensarlo un segundo lo sigue y de nuevo
vuelve a quedarse sin aliento al ver el mundo al
que entra.

—¡Mira, Diplodocus, él es mi papá…!

—¡¡¡Hooollaaaaaa pppaaapppaaa deeee


Seeeebbaaastiiiaaaan,
quuueeee buueeuennnoooo quuueeee
vviiiinnnoooo…!!!

Ernesto aún no consigue respirar dé la


impresión. Su boca se ha abierto tan gran de
como la de un dinosaurio hambriento.

—No tengas miedo papá, Diplodocus es bueno,


yo lo conozco, y es amigo de Lilia.

Ernesto sigue con la boca del mismo tamaño.


91
—¡Papá, papá! —Grita Sebastián mientras lo
mueve.

Al fin su papá respira de nuevo:

—¡Pero… qué… dónde… qué pasó…? —dice


viendo desesperado a todos lados.

—Cruzamos por la luz, papá, acuérdate, ahora


estamos en el Mundo de los Seres Gigantes.

—¡¿Seres gigantes?!—dice Ernesto con cara de


no entender nada

—Siiii pppaaapppaaaaá deeee


Seeebasssstiáaaan,
aaaaqquuuiiiiíviiiivviiiiimmoooosssss loooosssss
qquuueeeee
creeeeecciiiiimmoooooosssssmmmmuuuucchhho
92
ooo —se ríe diplodocus con su voz profunda y
lenta.

—¿Los que crecieron mucho? —repite Ernesto


todo desconcertado.

—¿Quiénes son ellos? —pregunta un


Spinosaurus que pasa por ahí.

—Soooooonnnnn
Seeeeebbbaaaassssstttiiáaaannnn yyy sssuuuuu
pppaaaappaaaaá — contesta Diplodocus.

—Hola —saluda Sebastián —¿tú eres un


Spinosaurus, verdad?

—Sí, pero de cariño me dicen Espinitas.

93
—Haaa, y a ti como te dicen de cariño
Diplodocus —se interesa Sebastián.

—Mmmiiiissss aaaammmiigggooossss mmeeee


llaaammmaaannnn Cccuuuussss.

—Y a mí me dicen Sebas.

Ernesto sólo escucha y ve a aquellos


gigantescos animales, de muchas casas de
altura, hablar con su hijo de cómo les dicen de
cariño.

—Yyyy aaaa uuuusssstteeeeddd


cccoooommmoooo llleeeee
dddiiiicceeeennnndddeeee caaaariiiiññoooo
ppppaaaappppaaaaá dddeeee
Seeeebbaaassttiiiaannn —le pregunta Cus.

94
—A mí me dicen Teto —contesta anonadado.

—¿¡Ahora si me crees, papá!? No eran


mentiras lo que te dijimos, existen otros
mundos.

Teto, para decirle de cariño, aún sigue


demasiado impresionado para poder
entender lo que está viviendo.

—Vveeeennnnggaaaannnn —los invita Cus—,


leeeessss vvvoooooyyyy
aaaammmooosssttrrrraaaar
nnuuueeessstttrrooo mmuuunnnddddoooo —
empieza a caminar hacia los árboles y con cada
pasó la Tierra se sacude como un tambor
gigante: pooommm, poooommm, poommm,
poommm, pommm...

95
Al noveno pooommmm Ernesto despierta, ve a
Cus seguido de Espinitas y sin decir ni una sola
palabra abraza a Sebas que va detrás de ellos y
corre desesperado hacia la luz por la que
entraron, la cruza, sale del baño de su casa y
choca con la pared.

—¡¿Qué hiciste papá?! —Grita Sebas


desconcertado.

—Te… te salve… de esos… dinosaurios… —le


contesta Ernesto jadeando por la carrera.

—¡No me iban a hacer nada, ellos son mis


amigos! —Sebastián se suelta de su papá y ve
hacia la luz que justo en ese momento se cierra.

—¡Mira lo que hiciste, ahora hay que esperar


otra vez, y quién sabe si se va a volver a abrir!
96
—Mejor si ya no vuelve a pasar hijo, esos
dinosaurios nos pueden hacer daño.

—¡No papá, ellos no hacen daño! ¿No viste lo


increíble que es ese lugar? Los dinosaurios
son amables, platicaron conmigo y Cus nos iba a
mostrar su mundo… y tú lo arruinaste —dice
Sebastián muy enojado mientras empieza a
llorar de tristeza.

—¡Hijo, yo sólo te protegí…yo sólo quería…!

—¡Tú sólo tuviste miedo! —le grita Sebastián


mientras sale corriendo para irse a encerrar en
su habitación.
Ernesto escucha el portazo y se queda ahí,
recargado sobre la pared, durante más de
una hora, tratando de entender lo que ha
pasado.
97
Paulina esta en el supermercado con su tía
Nora, y anda también piense y piense cuando
será el momento preciso y el lugar apropiado,
mientras decide el tipo de cereal que quiere: de
chispas de chocolate o de muchas formas de
colores. Ve una caja, piensa en la luz, ve la otra,
y vuelve a pensar. —Ya Pau, compra la que más
se te antoje —le dice Nora empujando su
carrito hacia ella.

—Es que los dos me gustan mucho tía —le


contesta mientras ve de nuevo las dos cajas de
cereales.

—Bueno, pues llévate las dos, y vamos ya, que


tu mamá me dijo que tienes que regresar para
la cena.

98
—¡Yujuuuú! —Grita Paulina—, ¡gracias tía! —y
brinca sobre Nora para abrazarla.

—A ti gracias por acompañarme, sabes que me


gusta salir contigo. Ahora vámonos, ya casi son
las 8.

Paulina se sube de un salto al carrito que


empuja Nora y en unos momentos están
haciendo fila en la caja número 2.

—Tía, cuando lleguemos a mi casa podemos… —


Paulina no termina la frase, una luz azul—cielo
al final de la caja la deja congelada.

—¿Podemos qué, Pau? —le pregunta su tía


volteando hacia ella.

99
Paulina no contesta, sigue mirando fijamente
hacia la caja.

—¿Qué tienes Pau? ¿Pau, qué tienes?


¿Contéstame? —le dice su tía mientras se
agacha y la mueve suavemente de los hombros.

Paulina sigue viendo la luz en forma de mariposa


y no se da cuenta de que Nora ya está
asustada.

—¡Pau, Pau, qué tienes! —le grita su tía a quien


ya rodean varias personas.

—¡La luz! —grita de repente Paulina y sale


corriendo.

100
—¡Espera! —le grita Nora en el momento que
Paulina cruza la luz y desaparece del
supermercado.

—¡Pau! —grita de nuevo Nora mientras


corre tras de ella, haciendo a un lado a
las personas de la fila—, ¡Paulina! —y cruza la
luz desapareciendo también ante 46 ojos de23
personas que se quedan mudas por más de
cinco minutos viendo hacia el final de la caja
2.

—¡Ven tía, ven, mira! —le grita Paulina al verla


entra por la luz.

Nora voltea hacia donde Paulina señala y ve lo


más sorprendente de toda su vida: una inmensa
cascada cayendo desde las nubes a pocos
metros de ellas.
101
—Briennn vreenidass allrr Mundor delr
Agrua —las saluda la cascada con voz
de burbujas—, lars estarbarmos esrperandor.

—¡Hola!, soy Paulina y ella es mi tía Nora, ¿tú


cómo te llamas?

—Horrlar Paurrlirnar, horlar tíar Norar —


les dice amable la inmensa cascada—,
yor sory Arguarrcanrrtardar, guardiarrnar
delr mundor dosrr.

—¡Mundo de los Seres de Agua! —grita


emocionada Paulina.

—Sir, erserr esr nuesrrtrorr munrrdor.

—¡¿Seres de agua?! —repite la tía Nora con la


vista perdida en donde nace Agua cantada.
102
—Sirr, nuesrrtror cuerrporr esrr derr
arguarr, irrguarrl querr elrr surryorr.

—¡Es cierto! —Exclama Paulina muy fuerte


al ver como su cuerpo es una gran bolsa
transparente con mucha agua adentro—, ¡soy
de agua!

La tía Nora también ve su cuerpo y también


grita, pero no tan emocionada, más bien muy
asustada.

—¡¿Qué nos hicieron? ¿Dónde está nuestro


cuerpo?! —pregunta con voz preocupo
enojada.

—Arhírr errstár sur cuerporr Tíarr Nonrar


—le contesta Aguacantada—, narrdierr
ser lor ar quirtardorr, sorlorr querr enrr
103
esrrter munrrdor errs tranrrsssparrenterr
yr verrmosr elr arrguar quer hayrr enr élr.

—¡Sí tía, mi mamá siempre dice que por dentro


somos casi pura agua! —completa Paulina
mientras observa el líquido recorrer su cuerpo
en miles de ríos grandes y pequeñitos.

—¡¿Pero cómo es posible?! Esto es un sueño —


y la Tía Nora se da un tremendo pellizco en el
cachete que la hace gritar más fuerte aún.

—¡Me vas a dejar sorda! —le dice Paulina.

—¡Y a mí me van a dejar loca! Es que esto no es


posible, tenemos que encontrar la salida —y
empieza a ver por todas partes desesperada.

104
Al voltear hacia su izquierda ve algo que la hace
gritar más fuerte aún: a unos pasos de ella una
pequeña lagunita se acerca rodando por el suelo
y sonriendo.

—Hola Agua cantada, ¿son ellas?

—Horrlarr Lirrirrs, sirr sorn erllarrs… arl


firrn llergarrorrn.

—Pero… ¿Quién eres tú? ¿Quiénes son


ustedes? ¿Por qué nos estaban esperando?
— pregunta Nora abrumada.

—¿De seguro Lilia les avisó, no? —pregunta


también Paulina mientras se acerca a Liris.

—Síp —contesta Liris—, ella nos dijo que


vendrían a conocer nuestro mundo.
105
—¿Y qué otros seres de agua hay?

—Sí claro, —grita Paulina mientras la atraviesa


corriendo, y hace reír tremendamente a la
cascada, ondulando de un lado a otro.

—¡Paulina, espera! —le grita la tía Nora


demasiado tarde—, ¿y ahora qué hago?

—Crerror querr lor úrrnircorr querr terr


querrdarr por harrcer Tiar Norrarr
esrr crurzarr ar trarrvésrr derr mir, nor
terrmasr, torrdor esrrtarrárr bienrr.

La tía Nora suspira, la mira de arriba a abajo y


dice resignada:

—Bueno, si tú lo dices.

106
—Perrorr derrsparcirrtor porr farrvor.

—De acuerdo —dice Nora, avanza hasta la


cascada y comienza a cruzarla muy despacio.

—Perrorr norr tanrr desrrparrciorr —grita


Aguacantada —tamrbiérrn mer
darrnmurrchasrr cosrrquirrllasr arsírr.

—Pero… —dice la tía Nora sin saber qué hacer.

—¡Arpurrarrter porr farrvorr! —le grita de


nuevo retorciéndose de la risa.

Nora termina de atravesarla corriendo


mientras escucha las grandes carcajadas de la
cascada.

107
Al salir se frota los ojos y se pone más
transparente de lo que ya está. Lo que ve es tan
fantástico que las palabras apenas y pueden
describirlo: frente a ella se recuesta un valle
casi redondo, y realmente se recuesta porque
esta algo cansado de cargar a todos y bosteza
somnoliento. Rodeándolo varias montañas
platican alegremente y de algunas de ellas salen
rojas lenguas de fuego que también conversan.
Por el valle juegan alegres cientos de pequeños
seres de viento que se persiguen unos a otros, y
varias plantas pequeñas y grandes están en la
hora de la comida, entretenidas buscando en el
suelo su alimento. Entre ellas un río se abre
paso cantando feliz hasta meterse entre dos
montañas.

108
—Es bonito ¿verdad? —pregunta tiernamente
Liris mientras ve con ojos coquetos hacia el río,
quien también la mira sin pestañar.

—¡Es fantástico! —grita Paulina y sale


corriendo a perseguir a los pequeños seres de
viento.

—Esto es bellísimo Liris —dice la tía Nora


suspirando.

—¡Sí, es bellísimo! —repite Liris también


suspirando y sin dejar de ver hacia el río, que
casi enmudece de gusto al oírla.

—¡Tam
-

109
Tam – tam - bien – bien - biennn e – e -
eresss mu – mu - muyyy li – li – linda – da – da
-
daaaa! —canta el río a Liris, quien al oírlo
cambia de color sus aguas a un escarlata
diluido.

—¿Tú crees? —contesta mientras hace todo lo


posible para que sus aguas vuelvan a ser
transparentes.

—Cla – cla – cla – ro – ro - roo que lo cre – o


– o - o, lo estoy – toy - toy bien – bien – bien –
do – do - do — le canta de nuevo el río y Liris
se vuelve a poner roja, roja, como salsa de
tomate.

110
—Este… no quisiera interrumpir pero… —dice
dudosa Nora—, ¿qué se supone que debo hacer
ahora?

—Creer en la belleza que estás viendo —le


contesta Liris sin dejar de ver hacia el río,
quien tiembla en olas profundas al oírla.

—Ya creo en ella, y realmente es hermosísima


—afirma Nora.

—¿Sí – si - si ve – ve – verda – da - daddd? —


canta el río suspirando hacia la lagunita, y esta
sin poder evitarlo pone sus aguas de un lila
encendido. Nora comprende que es mejor dejar
solos a esos dos enamorados y se va a buscar a
Paulina que sigue persiguiendo a los seres de
viento.

111
—¡No puedes atraparnos…! —le dicen en
coro, mientras salen corriendo fuera del
alcance de sus manos.

—¡Van a ver que si los voy a atrapar! ¡Tía,


ayúdame! —le pide ansiosa a Nora al ver la
cerca.

—Pero… y si… está bien, qué más da, esto de


por si ya es muy raro —y sale corriendo
también detrás de los pequeños seres de
viento.

—¡No nos pueden atrapar! —Les siguen


diciendo—, ¡son muy lentas porque son de
agua! —se burlan de ellas.

112
—¿¡Muy lentas!? Ahorita van a ver —les dice la
tía Nora que ya se está enojando— ¡Ven Paulina,
tápales por aquel lado!

Y Paulina va por ese lado para rodearlos, se


acercan despacio, y casi tienen encerrado a uno
cuando el muy tramposo se deja caer al suelo y
se escurre entre sus piernas.

—¡Eso no se vale! —grita Paulina. —Sí es cierto,


no se vale —la apoya una enorme Ceiba que las
ve jugar—, no hagas trampa pequeño Ilfo, si no
le voy a decir a tu mamá.

—Pero señora Antela, eso no lo dijimos al


principio, hay que decirlo al principio para que
sea trampa —se defiende Ilfo.

113
—Pero eso ya lo sabes Ilfo, eso en todos los
mundos se sabe —dice un pequeño fueguito que
juega a rodar de una montaña a otra. —¡Sí es
cierto! —apoyan en coro muchas plantitas que
viven a la orilla del río.

—Está bien, está bien —dice Ilfo resignado—,


ustedes ganan, me atrapaste niña de agua.

—¡Niña de Agua!, me gusta cómo se escucha,


ahora voy a ser “¡Paulina, la Niña de Agua!”.

—Y yo seré “¡Nora, la Tía de Agua!”.

—¡Nissssñosssss!, dósssndesss esssstánssss,


esss hosssrasss dess irsss asss
desssscansssarss —se escucha decir a una gran
voz que sale detrás de Antela.

114
—Es su mamá, niños, vayan con ella —les pide la
ceiba a los pequeños seres de viento.

—¡¡Tu mamá Paulina!! —Se sobresalta Nora—


¿Quién sabe qué hora es? Debe
estar preocupadísima.

—¡Pero tía! apenas y estamos aprendiendo a


atrapar a los seres de viento.

—¡Sí tía! —Dicen Ilfo y sus hermanos con voz


quejumbrosa—, apenas estamos empezando a
jugar.

En eso, detrás de Antela surge una gran


corriente de viento cálido.

—Niñosss, porsss quésss nosss messs


conssstessstansss, lesss disssgosss ques yas
115
essshossrasss dess irss ass dessscansssarss,
yss tamssbiénss esss buessnoss quess
dessjenssdessscanssssarss as Prusnosss, hanss
esssstassdoss jussganssdos sosbress elsss
tosssdossels díass —ordena con voz
zigzagueante la mamá de Ilfo.

—Por mí no te preocupes Silfa, me alegran tus


pequeños —aclara Pruno, el valle casi redondo
sobre el que juegan.

—¡Vámonos Pau!, si no tu mamá me va a dejar


de hablar por un mes entero.

—¡Pero tía!

—Tiesssness raszónss tuss tíasss, Pasusss,


lasss masssmáss yss losss passpáss
nossss preossscussspasssmossss porsss
116
nuessstrossss hisssjossss —dice Silfa—,
asssíssss quessvassssmosssnossssss
nissssñosssss.

—¡Pero mamá...! —suplican Ilfo y los demás


seres de viento.

—Losss siensstoss, pesssrosss esssstasss


vezsss sussss “pesssrossssllossssrossssossss”
nosss tensssdránsss efecssstosss,
vasssmosnosss —y envolviéndolos ensu cuerpo,
Silfa se lleva a sus pequeños.

—¡Adiós Paulina! —alcanza a gritar Ilfo.

—¡Adiós Ilfo!

117
—Vámonos Pau, se está haciendo más tarde —
dice la tía Nora desesperada tomando a su
sobrina de la mano.

—Está bien —dice Pau con voz quejumbrosa y


luego grita con todos sus pulmones — ¡¡¡Adiós a
todos!!!

—¡¡¡Adiós!!! —le responden las montañas, el


valle, las plantas, los seres de viento y los seres
de fuego.

Paulina y la tía Nora caminan de la mano hasta


donde están Liris y el río. —¿Liris, nos
podrías…? —empieza a decir la tía Nora pero no
termina la frase al ver que la lagunita juega con
el río a salpicarse.

—Vamos Pau, creo que sé por dónde es.


118
Y ambas cruzan de nuevo a través de la gran
cascada.

—¿Yarr serr varrn? —les pregunta


Aguacantada riendo al sentirlas cruzar.

—Sí, tenemos que irnos —dice Nora.

—Sí, aunque yo no quiero —se queja Paulina.

—Norr ter ponrgasr trisrrter Paurrlirrnar


—la anima Aguacantada—, norrsvererrmosrr
pronrrtor, denrrtrorrr derr porrcorss
díasrrr nuesrrtrosrr munrrdos
serrránrr unor solorr.

—¡¿Cómo?! —exclama Nora.

119
—Sí tía, dentro de siete días nuestro mundo se
unirá a los demás.

—¡Pero eso es imposible…!

—De seguro lo mismo pensabas de


Aguacantada y ahora estás platicando con ella.

—¡Entonces tenemos que avisarles a tus papás,


a tus abuelitos, a todos!

—Eso es lo que nos dijo Lilia, que teníamos que


convencerlos que ellos existen ¿me vas ayudar?

—Pues sí, vamos, ojala nos crean —duda Nora.

—¡Adiós Aguacantada! —se despide Paulina.

120
—Arrdiorrs Paurrlirrnarr, suerrterr conrr
tusr parrpásrr, torrdosrr
nerrcerrsirtarrmosrr querr ter creanrr.

—Adiós Agua cantada —se despide también


Nora—, sigue protegiendo este mundo, es muy
bello.

—Grarrciasrr tíarr Norrrar, harrrérr lorr


quer puerrdar, perrorr usrrterdesrr
puerrdenr harrcerrr másrr, asírr querr
varryanrrr yar.

Paulina y Nora caminan tomadas de la mano


hacia la luz por la que llegaron, voltean hacia
Aguacantada, se miran y con una sonrisa
cómplice cruzan hacia su mundo.

121
Isidro juega con su bicicleta cuando encuentra
la luz. Ya va para su casa, cuando la cadena se
zafa y tiene que detenerse a arreglarla. Esta
tan concentrado en ponerla que nove surgir un
brillo ambarino entre dos árboles a la orilla de
la calle. Cuando al fin puede arreglarla, se sube
a la bicicleta y avanza un poco, pero la llanta
delantera brinca en una piedra y lo
desequilibra, cae al suelo y rueda hacia la
banqueta, justo enfrente de la luz en forma
de mariposa.

Siente el brillo en sus ojos y levanta la vista


poco a poco, ve la luz y se queda un ratito
recostado en la calle, emocionadísimo y al
mismo tiempo temblando, sabe lo que eso
significa: ¡tiene que entrar!, pero no sabe lo que
va a encontrar del otro lado. Al fin toma ánimo,
respira profundo y se levanta despacio hasta
122
quedar parado delante de la luz. De nuevo
tiembla y vuelve a dudar, está solo, y nadie le
ayudara si se encuentra con algo feo del otro
lado.

Más, las palabras de Lilia suenan en su corazón:


Lo prometo con risa de hada, y eso lo decide.
Ve de nuevo hacia la luz y cerrando los ojos da
el paso para cruzarla. Lo primero que siente es
una ráfaga de viento helado en la cara. Aún no
abre los ojos, pero el frio le dice en donde
esta: ¡el Mundo de los Seres de Nieve!

Cuando al fin ve, confirma lo que ya ha sentido


con el cuerpo. Hacia todos los lugares donde
voltea hay pequeños o grandes seres de nieve,
moviéndose despacio o parados platicando.
Varios voltean a verlo cuando entra por la luz y
uno de ellos, que parece muñeco de nieve, con
123
ojos de naranja y nariz de zanahoria, lo saluda
alegre:

—¡Hola! tú debes ser Isidro, me da gusto


conocerte —le dice caminando hacia él.

—Hola —contesta tímido Isidro—, ¿cómo


sabes mi nombre?

—Lilia nos avisó que venías. ¿Y tus papás?, nos


dijo que los traerías.

—¡Haaa sí, mis papás! —Exclama Isidro


acordándose—, ¡Voy por ellos! —cruza
corriendo la luz, se sube a su bicicleta y casi
vuela hacia su casa. —¡Con calmaaaaa! —intenta
gritarle el muñeco de nieve pero Isidro ya está
lejos.

124
La pobre bicicleta tiembla por la velocidad a la
que va. Llega a su casa y se baja de ella sin
detenerse, y la bicicleta sigue su camino sola
hasta que choca con la pared y cae al suelo con
las dos ruedas dando vueltas.

—¡Papá, mamá! —Grita Isidro al entrar en


su casa—, ¡Papá, mamá, vengan!—, y los papas
y el abuelito de Isidro casi se atragantan con
las salchichas que cenan.

—Pero Isidro, ¿qué sucede? —Le pregunta su


bisabuelito Chilo cuando lo ve entrar al
comedor— Parece que acabas de ver un
elefante con alas.

—¡Ya la encontré, ya la encontré abuelito… la


luz!

125
—¿Qué luz? —pregunta su papá sorprendido.

—¡La luz papá, recuerdas que les platique lo que


nos dijo Lilia, que íbamos a encontrar una luz en
forma de mariposa, ya la encontré, vengan a
verla!

—Hijo, ya estoy cansado de esas historias, ya


no tienen gracia.

—Tu papá tiene razón Isidro, casi nos


ahogamos con tus gritos. Ven a cenar y olvídate
de esos cuentos —completa el regaño su mamá.

—¡Pero no son cuentos, de veras, acabo de


entrar en la luz y vi a un muñeco de nieve que
me dijo que viniera por ustedes para que me
creyeran!

126
—Pero no te creemos Isidro, y no vamos a ir a
buscar a un muñeco de nieve en pleno verano —
le contesta fríamente su papá—, si no quieres
cenar vete a tu cuarto de una vez.

—Pero si ni siquiera han visto, ¿por qué no me


creen? —casi llora Isidro.

—Yo sí te creo Isi —asegura con voz pausada


su bisabuelito—. Vamos a conocer a ese muñeco
de nieve que te tiene tan emocionado.

—¡Pero abuelito! —Dice la mamá de Isidro—, si


le das por su lado va a seguir inventando esas
historias.

—Yo no creo que las esté inventando hijita, así


que voy a ver con mis propios ojitos que es lo
que está pasando.
127
—¡Pero Chilito…! —le dice el papá de Isidro.

—¡Nada de Chilito!, confíen en mis 89 años que


por algo los he vivido, vámonos Isi.

—¡Gracias abuelito! —exclama Isidro


emocionado—. ¡Ven, es aquí cerca!

—Está bien Isi, pero espérame, ¡no puedo


correr como tú!

—Es que se puede cerrar abuelito, tenemos


que ir rápido —lo apresura Isidro.

—Está bien, está bien, iré lo más rápido que me


dejen mis años.

Salen los dos de la casa medio caminando -


corriendo, Isidro lo jala de la mano y Chilo
128
trata de ir al paso apresurado de su
bisnieto. —¡Aquí es abuelito… mira! —le señala
Isi la luz antes de llegar a ella.

—Espera, espera Isi, que pueda respirar otra


vez —jadea Chilo.

Cuando al fin puede levantar la cabeza, Chilo ve


hacia donde le dice Isidro. Por unos segundos
se queda inmóvil con los ojos entrecerrados
observando la luz, hasta que su rostro se
ilumina con una gran sonrisa.

—¡Lo sabía! —Grita entusiasmado dando


brinquitos de un lado para otro— ¡sabía que no
estaba loco!

—¿De qué hablas abuelito? —le pregunta


Isidro muy sorprendido.
129
—¡Del mundo donde los animales hablan!, yo
estuve ahí cuando era niño y hablé con un
Leopardo.

—¿Entonces tú encontraste una luz? ¿Cuándo?

—Eso no importa Isi, hay que entrar antes de


que se cierre, ven apúrate —y diciendo

—Haaa, entiendo... —se queda en silencio un


momento—, entonces voy a ver si es posible
ayudarlo —y al decir esto Humus camina hacia
donde están varios seres de nieve, todos de
formas y tamaños diferentes, y algunos tan
duros que más bien son de hielo.

—Tal vez ellos conocen al Leopardo —trata


Isidro de animar a su abuelito.

130
—Ojala Isi, me haría muy feliz poder hablar de
nuevo con ese animalito.

Humus tarda un rato hablando con los


demás. Parece que no se ponen de acuerdo,
algo dice Humus sobre lo importante que es
convencer a Chilo y algo le contestan los otros
de lo importante que es respetar las luces y los
mundos. Mientras, Isi y Chilo ven el fantástico
paisaje que los rodea: a lo lejos se aprecian
grandes bloques de hielo del tamaño de
montañas. Más cerca varias bolas de nieve
sirven como casas a los seres de ese mundo.
Algunas de esas bolas son de puro hielo, pero la
mayoría tienen las paredes de hielo y los techos
redondos de nieve, así que parecen bolas de
helado de todos los colores sobre un cubo de
hielo. Algunas son tan grandes como edificios y
otras pequeñitas como bicicletas. Y entre las
131
casas van y vienen los seres de nieve que las
habitan, con cuerpos de formas fascinantes.

Al fin, después de un buen rato regresa Humus


y con voz algo seria les explica a Chilo e Isidro.

—Hemos tenido que pedir permiso al Corazón


de la Tierra, por eso tardé un poco, pero ya
está arreglado, en unos instantes podrá usted
hablar con ese Leopardo.

—¡Muchas gracias! —le dice Chilo con la voz


entrecortada de la emoción—, esto es muy
importante para mí.

—Lo entendemos así, por eso quisimos


ayudarlo. Ahora vengan, es poco el tiempo
que tenemos —y Humus los guía hacia una de
las casas de hielo y nieve que hay cerca.
132
Al llegar a ella se detiene, le sonríe a Chilo y
toca la puerta con la punta de sus dedos de
ramitas. Una luz amarillo - flor se abre como
las alas de una mariposa.

—Es por aquí, vayan, el Leopardo los espera —


les indica Humus. Y Chilo e Isidro cruzan la luz
y entran al mundo dieciséis, el Mundo de los
Animales.

—¡Hola amigo! ¡qué gusto volver a verte! —los


saluda al salir un enorme Leopardo que se ve
igual o más anciano que Chilo.

—¡Hola viejo amigo! ¡Qué alegría! Pensé que


nunca volvería a platicar contigo —le
contesta Chilo, y se acerca al Leopardo para
darle un gran abrazo. —¡Mira nada más Chilo

133
cómo estás! ¿Qué te ha pasado? ¿No comes
bien?

—Pues tú no te ves esbelto y fuerte como


antes, creo que también para ti han pasado
algunos añitos.

—Algunos nada más. ¿Y quién es este pequeño?


Me recuerda mucho a ti cuando nos vimos por
primera vez.

—Él es mi bisnieto Isi. —¡Bisnieto, guaaauuu!


—se sorprende el Leopardo—, ¡Hola Isi ! ¿Ya te
platicó Chilo de mí?

—Este… la verdad… no… —contesta Isi


confundido.

134
—Ahorita le platico de una vez: cuando era
niño, tal vez como de tu edad, era yo muy
tímido y casi ni hablaba…

—¡¿Tú casi ni hablabas?! —interrumpe Isidro


sin poder creerlo. —¡Sí, yo casi ni hablaba! —
sigue contando Chilo—, me llamaban “el mudo”
porque ni media palabra salía de mi boca cuando
me preguntaban algo, y los otros niños
se burlaban a cada rato, diciéndome cosas feas,
igual que las que dicen ahorita los chamacos
esos que no tienen respeto, y como no sabía
defenderme más lo hacían. Por dentro sentía un
coraje de perro rabioso, pero tenía miedo de
hacer algo y así vivía todo el tiempo. En uno de
esos días en que me hicieron llorar de tanto que
me molestaron, fui corriendo hacia la arboleda
que había detrás de la casa, y sentado debajo
de un gran pino me puse a chillar y a chillar, y
135
así estuve un buen rato hasta que oí algo que
me dejó callado de golpe.

—¡Déjame contarle lo demás! —se emociona


Leopardo. —¡Seguro!

—Lo que tu bisabuelito había escuchado era


uno de mis rugidos: justo en el árbol en el que
se sentó hay una entrada hacia nuestro mundo,
y pues era el momento preciso, el lugar
apropiado… —…el sentimiento deseado y la
dulce inocencia —completa Isidro.

—¡Exactamente! Cuando tu bisabuelito dejó de


llorar gracias al susto, me acerqué todo lo que
pude y le pregunté que le pasaba. Al verme
Chilo le crecieron tanto los ojos que pensé
que le iban a explotar, y del puro miedo que me
empieza a platicar. Fue muy gracioso, el “mudo”
136
con el susto se puso a contarme apresurado
todo lo que le sucedía. Así fue como me enteré
de su problema con las palabras y de cómo eso
era pretexto para que lo lastimaran. Entonces,
después de escuchar su triste historia, le dije
que atravesará la luz, que no tuviera miedo y
que yo le ayudaría. —¡Y así fue! —afirma Chilo.

—Después de dudar un poco entró a


nuestro mundo —continua Leopardo—. Se
asombró muchísimo al conocerlo y se asombró
aún más cuando le dije que sacará su voz
interna y enfrentara a esos niños. El no
entendía nada, y me decía que no podía, ¿pero
sabes cómo logré que sacara su voz interna? —
¿Cómo?

—Lo puse a rugir como Leopardo un buen rato.


Al principió parecía un gato con hambre, pero
137
después de varios cientos de intentos su rugido
ya era bastante respetable, y Erika encuentra
la luz donde menos lo espera. Acompaña a su
mamá a la estética y regresan en el auto. Esta
aburrida y piensa por centésima vez como le
hará para que sus papás entren a la luz
cuando la encuentre. En eso ve por la
ventana, ¡y ahí está!, la puerta trasera del
coche tiene un brillo inconfundible.

—¡Mamá! —grita con todas sus fuerzas, e


Isabel asustada apenas y puede estacionarse.

—¡Hija, que te sucede, por poco chocamos! —


exclama volteando hacia ella.

Pero Erika no espera, gatea sobre el asiento


trasero y entra en la luz rosa—violeta ante el
rostro impresionado de Isabel que ve a su hija
138
desaparecer. Al salir de la mariposa, Erika llega
a un pequeño campo rodeada de casitas
diminutas tan altas como una guayaba. Su
admiración es interrumpida por la voz lejana de
su mamá llamándola.

—¡Hija! —Grita Isabel desde el lado humano de


la luz— ¿Dónde estás?

—¡Aquí mamá, entra en la luz…!

—¿Dónde, en qué luz…?

—Aquí mamá —le repite Erika y se asoma al


Mundo Humano para que pueda verla.

Pero su mamá no la ve porque está afuera


del coche. Se bajo cuando su hija
desapareció por la puerta y la busca en la calle
139
desesperada. Al comprender Erika lo que pasa
sale de nuevo al mundo 17, se baja del carro y
le dice:

—¡Aquí estoy! —al verla Isabel casi se desmaya


de alegría, y corre a abrazarla y a regañarla.

—¿¡Pero donde te metiste Erika!? Me asusté


mucho, pensé que te habían robado.

—¡Es que encontré la Mariposa mamá! Está aquí


en el auto, ven a verla —y Erika vuelve a entrar
y le muestra a Isabel la luz que hay en la otra
puerta.

—¡Ya ves que sí es cierto…!

140
—¿Qué es eso hija? —Isabel se ha puesto
tensa y mira con desconfianza el brillo de la
mariposa.

—Es la luz para ir al Mundo de los Seres


Pequeños… ¡ven, te voy a mostrar! —Erika
intenta entrar pero su mamá la agarra de la
mano.

—¡No entres ahí hija!

—Pero mamá, Lilia me dijo que tenías que


entrar para que creyeras; ven por favor.

—¿Quién es Lilia?

—Lilia, la hada mamá, te platiqué de ella la otra


noche —contesta mientras trata deliberar su
mano.
141
—¡Una hada! Hija, creo que estás enferma, de
nuevo estuviste mucho tiempo en el sol, ahorita
llegando a la casa te voy a poner un trapito con
agua para… —pero Erika ya no termina de
escuchar, jala rápido la mano y antes de que su
mamá pueda volver a agarrarla entra en la luz.

—¡Erika! —grita Isabel molesta y de inmediato


entra también para alcanzarla.

—¡Cuidado mamá! —Exclama Erika cuando


ve entrar a Isabel gateando—, vas aplastar
una casa.

—¡¿Pero… qué… qué casa?! —Isabel muy


confundida baja la vista hacia sus pies, y ve
como de una pequeña casita de madera salen
corriendo varios seres diminutos agitándolas

142
manos y gritándole algo que no alcanza a
escuchar.

—¡¡Ratones!! —Grita Isabel poniéndose de pie y


dando saltitos para un lado y para el otro,
mientras señala con un dedo a los minúsculos
seres y sigue gritando —¡¡Ratones!!

—¡No son ratones! —dice Erika mientras se


agacha para protegerlos con sus manos

—¡Claro que no somos ratones! —grita con una


vocecita bien aguda y lo más fuerte que puede
uno de ellos— ¡Somos Pitis!

—¡¿Pitis?! —pregunta emocionada Erika.

—¡¿Pitis?! —pregunta asustada Isabel.

143
—¡Sí, Pitis! —les repite gritando el ser
diminuto —¿Y ustedes quienes son, por que
quieren aplastarnos?

—Discúlpenos señor Pitis, nosotros no...

—¡No soy señor Pitis!, ¡soy un Pitis y mi nombre


es Nilsu! —aclara más molesto.

—Haaa… discúlpanos Nilsu —termina de decir


Erika—, no queremos aplastarlos.

—¡¿Entonces no son ratones?! —pregunta


Isabel sin dejar de dar saltitos.

—¡Pero que no somos ratones! ¿Acaso


parecemos ratones? —exclama también muy
molesto Arni, otro de los pequeñitos que salió
corriendo de la casita de madera.
144
—No, pero… —intenta explicar Isabel dando
saltitos cada vez más pequeños.

—¡Ya mamá, mira, no son ratones, son seres


pequeñitos!

—¿Pequeñitos? —pregunta Isabel ya sin dar


saltitos.

—Sí... te acuerdas que te platiqué de los


mundos.

—Sí me acuerdo, pero la verdad hija yo pensé


que eran inventos tuyos para no ir a la escuela.

—No mamá, son reales, mira…

Isabel alza la vista hacia donde Erika le señala


y su boca crece y crece: más allá de sus pies
145
hay un valle pequeñito lleno de vida: casitas
diminutas, calles delgaditas como cuerdas,
vacas del tamaño de su pie, montañas que le
llegan a la cintura y un río tan grande como la
manguera de su jardín. Y Pitis, muchos Pitis
caminando de un lado a otro, platicando, riendo,
jugando. Los Pitis niños parecen pequeños
saltamontes brincando de aquí a allá. Todos se
están acercando a ellas, algunos corriendo y
otros despacio porque tienen un poco de miedo.
En un momento quedan rodeadas de cientos de
seres que las ven entre asustados y
asombrados.

—Esto no es real —dice Isabel sacudiendo la


cabeza—, estoy soñando.

146
—No mamá, el Mundo de los Sueños es el 18
—Erika empieza a temer que su mamá no va a
creer en lo que sus ojos ven.

En eso llega a toda prisa, pasando entre los


Pitis, un caballito levantando un delgado hilo de
polvo, y de él baja apresurada una pequeñita
vestida de vainilla.

—¡Hola…! —les dice, doblando su cuerpecito y


tratando de respirar—, disculpen que llegue
tarde pero Lilia me avisó por la mañana y es un
viaje muy largo desde mi casa.

—¿Entonces tú sabías que vendrían? —le


pregunta Arni molesto.

—Sí —contesta la Pitis más recuperada—, pero


ya no pude avisarle a nadie.
147
—¡Cómo es posible! Casi nos aplastan y no nos
avisaste —le reclama Arni muy enojado.

—No se enoje, señor Pitis, de seguro hizo todo


lo posible, ¿verdad? —interviene Erika.

—No soy señor Pitis, soy Arni…

—Y yo Inma, guardiana del Mundo de los Seres


Pequeños —se presenta ya del todo repuesta—,
bienvenidas a nuestro mundo —dice y se inclina
en una reverencia elegante.

—Y todavía les das la bienvenida, si nos iban


aplastar —le vuelve a reclamar Arni.

—No seas grosero Arni —lo regaña Inma—, no


ves que de ellas depende que nuestro mundo
siga existiendo.
148
—¡¿De nosotras?! —pregunta Isabel que ha
escuchado impaciente para ver si puede
entender que sucede.

—¿Te acuerdas que los mundos se están


juntando y que en poco tiempo van a ser uno
solo? —le pregunta Erika despacio.

—Me acuerdo hija, ¿pero eso que tiene que ver


con nosotras?

—Pues que sino convencemos a los presidentes


que no usen sus armas, van a atacar a Arni,
Nilsu, Inma y todos los demás seres de otros
mundos —y al decir esto, se escucha entre los
muchos Pitis que las rodean exclamaciones de
preocupación.

149
—¿Pero qué podemos decirles a los
presidentes?, no nos van a creer, yo todavía no
lo creo… para mí que estamos imaginando todo
esto… ¡tal vez fue la comida hija! —asegura
Isabel tocándose la frente para ver si no tiene
fiebre.

—¡Hay mamá! —Suspira Erika—, ¿si lo estás


viendo por qué no lo crees?

—¡Crea en nosotros por favor! —le pide con


sentimiento Inma.

—No sé, no sé qué hacer —contesta


confundida Isabel—, esto es tan increíble…

—¡Ya sé! —Grita Erika de repente—, ¿Y si


vienen con nosotros y hablan ustedes con los

150
presidentes? Tienen forma humana así que tal
vez les crean.

—¡¿Queeeeeé?! —gritan al mismo tiempo Nilsu,


Arni, Inma y los demás Pitis.

—¡Eso no es posible Erika! —le explica Inma


sobresaltada—, si vamos a tu mundo sabemos
cómo nos irá, nos atraparán y nos meterán
en cajas de fierro para estudiarnos, y ahí
moriremos de tristeza y soledad… ya ha pasado
antes… hace años, un Pitis quiso conocer su
mundo, se llamaba Iro, cruzó la luz una mañana
muy emocionado, nos dijo que para la tarde
estaría de vuelta y que nos contaría todo lo
que viera, y la tarde llegó pero Irono
regresó. Esperamos toda esa noche y al día
siguiente pedimos ayuda al Mundo de los seres
invisibles. Ellos fueron a buscarlo y después de
151
varias lunas encontraron a Iro en un edificio
grande, dentro de una caja de fierro, muy flaco
y triste… no pudimos hacer nada para
ayudarlo.

Inma no puede continuar, las lagrimitas caen de


sus ojos como recuerdos dolorosos. Al verlas
Erika se agacha y con la punta de su dedito
chiquito las toca con mucha suavidad, y
pequeñisisisimas haditas nacen volando hacia el
cielo.

—Gracias Erika —suspira Inma—, yo quería


mucho a Iro, era mi hermano.

—Perdón por recordártelo.

—No te preocupes, estaré bien, es bueno


recordar a los que amamos.
152
—¡La luz! —grita en ese momento Arni,
señalando con su dedito.

—¡La luz se cierra! —exclama sorprendida


Erika.

—¡Tenemos que irnos…! —grita Isabel.

—Es el momento preciso — les dice Inma—,


vayan, y por favor, no se olviden de nosotros,
nosotros no las olvidaremos.

—¡No me quiero ir! —Dice Erika—, ¿Me puedo


quedar con ustedes?

—¡No te puedes quedar hija! Vámonos ya —


exclama Isabel preocupo enojada.

153
—Es mejor que vayas Erika —le aconseja
Inma—, nos volveremos a ver pronto, ¿te
acuerdas?

—¡Es cierto!, dentro de pocos días.

—Vámonos ya hija, esa luz es cada vez más


pequeña y no vamos a caber —le ordena Isabel
mientras la toma de la mano.

—¡Está bien mamá, ya voy! —le responde Erika


molesta—. Adiós Inma, adiós Nil su, adiós Arni,
adiós a todos, les prometo que no los voy a
olvidar.

—Adióssssss, le contestan los Pitis en coro.

—Adiós Erika, recuerda confiar en tu corazón


y encontraras las respuestas —le pide Inma.
154
—Sí, lo haré.

—Adiós Isabel, recuerde su niña, ella sí cree


en nosotros.

—Trataré de hacerlo —alcanza a contestar y


jalando a su hija de la mano cruzan agachadas
la luz, ante los pequeños ojos esperanzados de
los Pitis.

Rosi camina por el boulevard con su cajita de


chicles en la mano. En eso trabaja por las
tardes hasta casi las nueve de la noche: vende
chicles a los carros que se paran en el
semáforo, mientras Estela, su mamá, les ofrece
tortas y refrescos.

155
—¡Hija! —le grita Estela al ver que se queda
parada cuando el semáforo ha cambiado a
verde.

Rosi brinca como puede hacia el camellón y aun


siente el aire de un auto que pasa a pocos
centímetros de ella.

Su mamá llega corriendo y se hinca para verle


el rostro. —¿¡Estás bien hija, no te paso nada!?
—le pregunta sobresaltada.

—Sí mamá, no te asustes.

—¿Pero en qué estas pensando? —inicia el


regaño—, has estado así toda la tarde.

—En… —titubea Rosi, al tiempo que el


semáforo cambia de nuevo a rojo.
156
—Quédate aquí, ahorita vengo —le ordena
Estela y se va a ofrecer otra vez tortas y
refrescos entre los autos.

Rosi la ve ir de un carro a otro, luego ve su


cajita de chicles y después el semáforo.
Mientras las lágrimas le brotan despacio de sus
ojos color miel, deja caer la cajita, y se sienta
sollozando sobre el pasto del camellón.

El semáforo cambia de nuevo a verde, su mamá


regresa, y al encontrarla llorando le dice en voz
alta.

—¡Ahora que te sucede! Casi me matas de un


susto y luego te pones a chillar así nomás, como
si no tuviera suficientes problemas…

157
Rosi se seca rápido los ojos con la manga de su
suéter, levanta su cajita y se para apresurada.

—Ya estoy bien mamá, no te enojes por favor…

—¡¿Pero cómo quieres que no me enoje?! Ya es


muy tarde y casi no hemos vendido nada y para
acabarla de fregar tú estás como loca.

—No te enojes mamita —le suplica Rosi— ya


estoy bien, ya voy a… —pero no termina la
frase, ahí, detrás de Estela, ve a una pequeña
mariposa salir del pasto, volar y crecer y
crecer hasta ser una gran luz verde - marina.

—¡La luz! —Grita Rosi soltando su cajita de


chicles—, ¡La luz mamá!

158
—¡Pero otra vez, ya te dije que no vuelvas a
decir esas tonterías…! —le grita Estela alzando
al mismo tiempo la mano para darle una nalgada.

Rosi ve que su mamá no le cree, pero en


lugar de cerrar los ojos y esperar como las
otras veces, sale corriendo hacia la luz y en un
instante la atraviesa. Estela queda inmóvil por
la sorpresa, alcanza a voltear y ver como
desaparece en la mariposa y sin pensarlo cruza
tras ella. Una luz amarilla cálida envuelve
completamente a Rosi, se frota los ojos e
intenta abrirlos, pero hacia donde volteé el
brillo es demasiado y no la deja ver.

De pronto, escucha la voz de su mamá que grita


muy cerca de ella.

—¡Rosi, Rosi! ¿Dónde estás?


159
—¡Aquí estoy mamá… aquí…! —siente como la
mano de Estela le toca el rostro.

—¿Eres tú Rosi?

—Sí mamá.

—No puedo verte hija, no puedo abrir los ojos.

—Yo tampoco, tengo miedo.

—No te asustes, aquí estoy —le dice Estela al


mismo tiempo que la abraza fuerte.

Se quedan un momento así, abrazadas y en


silencio, rodeadas de calidez. Solo se escucha
el viento que sienten pasar por su cuerpo
suavemente. Rosi aprieta más fuerte a su
mamá, y con su calor recuerda las palabras que
160
Lilia le enseñó para llamar a su hada. Despacito
dice:

— Lucecita de mi alma, pequeña hada


guardiana, ven a acompañarme, ven a cuidarme,
ven a entibiarme, y abrázame con tu luz.

Al terminar suspira hondo y espera quietecita.


Poco a poco el brillo amarillo cálido se hace
menos intenso, hasta desvanecerse casi por
completo.

—Creo que ya podemos abrir los ojos —dice


Estela y despacio entreabre los párpados. Al
ver donde están grita angustiada y los cierra
de nuevo más asustada que antes.

—¡¿Qué pasa mamá?! —pregunta Rosi quien


salta con el grito…
161
—¡Estamos en el cielo hija!

—¡¿En el cielo?! ¡¿Estamos muertas?!

—No creo que estén muertas, yo las veo muy


vivas… —escuchan una voz a su lado.

—¿Quién está ahí? ¡Váyase, no nos toque…! —


exclama lo más fuerte que puede Estela.

—Abran los ojos y verán quien soy.

—Los vamos abrir solo si promete no hacernos


daño.

—Se los prometo por la risa de la hadas.

—¡Lilia! —grita Rosi abriendo los ojos. —Sí, soy


yo pequeña, escuche que me llamabas —
162
contesta la hada quien le sonríe desde una
nube.

—¿Quién es Lilia? —pregunta su mamá


mientras abre despacio los ojos.

—¡La hada mamá!, te acuerdas que te platique


de ella, aquí está, mírala, ¿ahora me crees?

Estela ve a Lilia con la cabeza de lado por unos


momentos, mientras el viento mueve sus
cabellos y las pupilas le brillan tiernamente,
luego voltea hacia su hija y en un susurro le
dice:

—Te creo. Perdón por pegarte, de verdad no


quise hacerlo —en ese momento dos lágrimas
nacen de sus ojos.

163
—Te quiero mamá, —Rosi la abraza emocionada
y al instante nacen dos pequeñas haditas de los
ojos de Estela, que vuelan alegremente hacia
Lilia.

—Gracias por darles vida a mis hermanitas —le


sonríe Lilia.

—¿Yo les di vida? —pregunta sorprendida.

—¡Sí mamá! Es que si lloras y tus lágrimas son


tocadas con ternura nacen hadas…¿verdad
Lilia?

—Así es mi niña.

—Eso es muy bonito… pero… ¿dónde estamos?


¿Qué pasó con la calle? ¿Nos atropelló un carro
y llegamos al cielo?
164
—Sí están en el cielo, pero no en el que usted
cree, están en el mundo once, el Mundo de los
Seres de Nubes.

—¿Qué es eso?

—Es esto… —y Lilia señala hacia la inmensidad


que las rodea.

Las dos siguen el dedito de la hada hacia el


horizonte, lleno de increíbles nubes con miles
de formas y colores diferentes hasta donde
sus ojos alcanzan. Es un pueblito hecho de
nubes, con sus casas, sus grandes bosques, sus
puentes y sus parques. Y entre nube y nube,
pequeños y grandes seres de hermosas
formas se mueven, transformándose a cada
momento.

165
—Son los seres de nubes —les explica Lilia, y
este es su mundo.

—¡Es muy bello…! —exclama Estela—,


¿entonces no estamos muertas?

—No mamá, solo venimos al cielo por la luz que


pasamos.

—Así es. Vengan, las voy a presentar.

Pero al querer caminar para seguir a Lilia,


Estela ve hacia abajo, pega otro tremendo
grito y se abraza fuertemente a su hija: las
nubes debajo de sus pies se han movido, solo
queda una delgadita y transparente, a través
de la cual ven lo lejos que están del suelo.

166
—No se preocupe, en este mundo ustedes son
tan ligeras como el vapor, casi no pesan, así que
es imposible caer hacia abajo, en todo caso
puede que se caigan para arriba.

—¿Está usted segura? —pregunta sin dejar de


abrazar a su hija.

—Claro que sí, tan segura como que al rato va a


llover.

—Vamos mamá, no tengas miedo, yo te cuido —


Rosi la jala de la mano y ambas empiezan a
caminar por esa nube translucida. Pronto se
dan cuenta que su andar es más bien un
flotar: apenas tocan la nube y se elevan
dando pasos por el aire hasta que otra vez uno
de sus pies roza una nube y vuelven a caminar -
flotando.
167
—¡Es fantástico! —se emociona Rosi.

—¡Sí hija!

—Vengan por aquí —les pide Lilia, señalando


hacia varias nubes reunidas en un semicírculo.
Al llegar ahí la hada las presenta:

—Queridos seres de nubes, ellas son nuestras


invitadas, Rosi y Estela.

—¡Hola! —saludan desenvolviéndose sobre si


mismos—, bienvenidas a nuestro mundo.

—Hola —saluda tímidamente Estela—, es un


gusto conocerlos.

—¡Hola, qué lindos son! ¿Nacen así? —les


pregunta Rosi.
168
—Sí, pero muy pequeñitos —contesta Velbon,
un ser esponjoso color turquesa, de grandes
ojos y boca sonriente.

—¿Qué tan pequeñitos? —quiere saber Rosi.

—Del tamaño de una gotita de vapor. Esa


gotita busca una más para juntarse y entre las
dos buscan a otra y así, hasta que son miles y
millones de gotitas las que forman nuestro
cuerpo.

—¿Como el vapor que sale cuando cocinamos en


mi casa?

—Sí, y como el vapor del mar cuando es tocado


por el sol.

—¿Y son muchos? —se interesa Estela.


169
—Huyyy, muchísimos, tantos como estrellas
en el cielo.

—¿Y cuándo… —quiere saber Rosi pero a lo


lejos se oye un grito alarmado:

—¡Cuidadoooooo! —y al instante todos los seres


de nubes se envuelven sobre si mismos,
cubriendo a Rosi, Estela y Lilia, y ruedan por el
cielo hacia otro lugar, justo a tiempo para no
ser embestidos por un avión que pasa
revolviéndolo todo.

Y así como llega de rápido, así se va. Poco a


poco los seres de nubes se desenvuelven las
dejan libres de nuevo, más asombradas que
asustadas.

170
—¿Que fue ese ruido tan fuerte? —pregunta
Estela viendo hacia todos lados.

—Fue un avión, pasan seguido por acá


destruyendo nuestras casas, nuestro hogar
— contesta Velbon con voz enojada y triste.

—Parecía un monstruo —dice Rosi aún


sobresaltada.

—Son como monstruos para nosotros pequeña


—le explica Velbon—. En todos los mundos
sufrimos por las maquinas de los humanos, sus
líquidos y gases. Los seres de agua, los de
viento y nubes, los seres de tierra, los más
grandes y los más pequeños, todos tenemos que
cuidarnos cada día para no ser destruidos por
esos “monstruos” que los humanos han
inventado.
171
—¿Cómo ese avión que pasó? —pregunta Rosi.

—Sí —le confirma Velbon—, por suerte no


daño a nadie, solo dejó humo con olor a
sinsabor. ¿Pero te imaginas lo que sufre un río
cuando lo contaminan con sustancias tan feas
como sus nombres; o una montaña sintiendo que
la abren en dos para sacarle los metales que la
sostienen; o un ser de viento sobreviviendo
entre los humos grises que sueltan las
ciudades? ¿O imagínate a un ser de sonido, tan
delicados como son, teniendo que sobrevivir
entre el escándalo de las fabricas?

—Ya no quiero que pasé eso —decide Rosi con


firmeza.

—Yo tampoco —la apoya su mamá—. ¿Qué


podemos hacer?
172
—Pueden hacer mucho —les contesta Lilia
convencida—, tan solo con creer en la vida que
hay en los otros mundos ya nos ayudan, nos dan
fuerzas para resistir. Y ahora su creer es más
necesario, para evitar que los presidentes nos
ataquen con sus armas. En este momento eso es
lo urgente.

—¡Yo los voy a convencer!, les voy a decir… —


en ese instante la luz amarilla cálida surge de
nuevo entre los seres de nubes, y mamá e hija
contemplan algo que muy pocos seres humanos
han visto: Arriba de ellas hay una gran nube
blanca que las cubre, pero con el viento se
deshace lentamente, permitiendo a los rayos de
sol llegar más fuerte, rebotando de una nube a
otra, dándoles un color diferente a cada una. Es
una lluvia de sol bañándolas con luces amarillas,

173
celestes, rosas y violetas, tibias y agradables,
en un abrazo inmenso.

—¡Parece una casa de luces mamá…! —exclama


Rosi muy emocionada.

—Sí, es una casa bellísima —suspira su mamá—.


Ojalá pudieran verla tus hermanos.

—Creo que llego el momento preciso , el sol se


oculta y la luz se va —les avisa Lilia— , cierren
sus ojitos porque en unos segundos el brillo se
hará más intenso en la cúspide del atardecer.

—¿No podemos quedarnos un poco más? Aquí


me siento bien —pregunta Ros entristecida.

—Es mejor que regresen a su mundo,


necesitamos su ayuda y el tiempo se está
174
agotando. Ya habrá oportunidad para que
vengan de nuevo después de que salvemos a
todos los mundos. Ahorita mejor vuelvan y
hagan lo que puedan por nosotros.

—¿Pero cómo vamos a regresar con los ojos


cerrados? —quiere saber Estela.

—No se preocupe, nosotros las llevaremos —le


ofrece Velbon.

Y al oír esto sienten como algo muy suave las


envuelve alzándolas despacio.

—Rosi, ¿dónde estás?

—¡Aquí! Me llevan los seres de nubes… es como


volar.

175
Flotando en tres seres blancos y esponjosos,
rodeadas por las luces del atardecer y
sintiendo el viento acariciarles, las dos son
llevadas por el cielo.

—Gracias queridos seres de nubes.

—Siempre es un gusto Lilia —responde Velbon


en el momento en que dejan a Rosi y Estela
paradas en frente de la luz por la que
entraron—. Adiós pequeñas, gracias por su
ayuda, es muy valiosa para nosotros.

—Adiós Velbon —dicen al mismo tiempo Rosi y


su mamá—. ¡Gracias por mostrarnos tu mundo!
—agrega Estela emocionada.

—¡Y a ustedes gracias por mostrarnos su


corazón! —contesta Velbon sonriendo.
176
—Aquí es pequeñas, la mariposa está frente a
ustedes, solo tienen que dar un paso para
cruzarla —las anima Lilia.

—¿Y no nos podemos quedar otro ratito…? —


vuelve a insistir más triste Rosi.

—No mi niña, es el momento preciso, ya


vivieron lo necesario en este mundo,
ahora pueden contarles a todos que existe.

—¿Y si no nos creen?

—Inténtenlo y si nadie les cree al menos


ustedes sigan creyendo. Ahora es tiempo, den
el paso y cuídense mucho.

—Adiós Lilia —dice ya muy triste Rosi—, ¿nos


volveremos a ver?
177
—Antes de lo que te imaginas —responde con
alegría.

—Adiós Lilia, y muchas gracias por esto, es lo


más hermoso que me ha sucedido en la vida —
dice Estela con una lágrima en los ojos.

—Agradécele a tu hija, ella fue la que siempre


creyó en ti —le explica la hada mientras toca su
lágrima para dar vida a un nuevo ser.

Estela abraza muy fuerte a su hija, sonríen y


juntas dan el paso que las hace entrar flotando
en el Mundo Humano.

Al salir de la luz, Rosi y Estela ven aquel


boulevard donde tantas noches han trabajado.
Ahora para las dos ese lugar es diferente y las
preocupaciones de la comida diaria y el frío son
178
menos importantes, porque han estado en el
cielo y tienen algo valioso que hacer: salvar a la
Tierra y sus 18 mundos.

—¿Cómo vamos a convencer a los presidentes?


—se pregunta Estela mientras caminan rumbo a
su casa.

—Lilia dice que confiemos en nuestro corazón


—recuerda Rosi viendo hacia al cielo, buscando
una hada entre las estrellas que empiezan a
aparecer—, solo que no sé cómo escuchar mi
corazón.

—Tu abuelita me contó una vez que el corazón


no habla con palabras, y que para escucharlo es
necesario aprender su lenguaje, sus latidos… el
corazón habla con latidos, algunos más fuertes,

179
y otros más suaves… la verdad nunca lo creí… a
veces nos volvemos tan sordos.

—¡¿Y si vamos con mi abuelita?! —se emociona


Rosi—, ella nos puede ayudar.

—¡Es buena idea hija, vamos!

Caminan juntas las 26 cuadras hasta la casa de


la abuelita Tita, y llegan cansadas y con sueño.
Al abrir la puerta la abuelita se sorprende
bastante, ya está entrada la noche y no
esperaba que su hija y nieta llegaran a verla.

—¿¡No me digas que otra vez te peleaste con


tu marido!? —le pregunta la abuelita a Estela.

—No mamá, él está en la estación, lo que pasa


es que nos ocurrió algo muy extraño.
180
—¡Sí abuelita, fuimos al Mundo de los seres de
nubes, es muy bonito! ¿Verdad mamá? —
asegura Rosi emocionada.
—Sí, es muy bello —asiente Estela, con algo de
pena al hablar de eso con su mamá.

—¿Seres de nubes?, cuéntenmelo todo porque


así no les entiendo nada —les pide la abuelita
Tita viéndolas con ojos curiosos, mientras se
sienta en el sofá. Las escucha en silencio, con
las pupilas cada vez más brillantes, mientras
Rosi y Estela le platican todo lo que han pasado.
Cuando terminan suelta un suspiro con la boca
entreabierta, como muy cansada, y despacio les
dice:

—Entonces es cierto.

—¿Sí nos crees mamá? —se sorprende Estela.


181
—Sí. Anoche también soñé algo raro: volaba
sobre un mundo que no era este, estaba
habitado por seres de cristal. Conmigo volaba
uno de ellos, era como un gran pájaro todo
transparenté, muy hermoso. Él me contó de los
mundos, y del Día de Todos los Mundos .Pensé
que solo era un sueño, pero ahora veo que es
cierto.

—¡Entonces eres una niña también! —Exclama


entusiasmada Rosi—, porque Lilia me dijo que
solo los niños tendrían ese sueño.

—No se hija, tal vez estoy tan viejita que me


estoy haciendo otra vez chiquita.

Escuchan en ese momento tocar a la puerta y


Estela se para a abrir.

182
—¡Hija, que haces aquí! —le pregunta el
abuelito Tavo sorprendido.

—Buenas noches papá, venimos a buscarlos…

—¡Octavio, es verdad lo que te conté! —


interrumpe la abuelita Tita—, los otros mundos
existen y dentro de poco van a estar todos
juntos.

—¿De qué hablas mujer? —pregunta el


abuelito con cara extrañada.

—Del Mundo de Cristal, no te acuerdas, hoy en


la mañana te conté que había soñado con un ser
de cristal y es cierto, Rosi y Estela ya
estuvieron en otro mundo.

183
—¿Otro mundo? ¿Qué pasa aquí hija? ¿Está
bien tu mamá?
—Mejor siéntate papá —le pide Estela—, lo que
pasa es que… —y le cuenta a su papá de los
mundos mientras él voltea a ver a la abuelita
Tita, a Rosi y de nuevo a su hija, con un rostro
lleno de perplejas arrugas.

—Me están diciendo que hay seres muy


extraños y vienen de otros mundos, ¿entonces
son extraterrestres?

—No abuelito, no vienen de otro planeta, sus


mundos están aquí en la Tierra… ahorita te voy
a mostrar… —dice Rosi y corre hacia la cocina a
buscar un repollo.

184
Por suerte encuentra uno, aunque ya partido, y
regresa igual de rápido para explicarle a su
abuelito:

—La Tierra es como un repollo que tiene hojas.


Ves, aquí están las hojas y cada una de esas es
un mundo.

—¿Y si es cierto por qué no los vemos?

—Porque solo podemos verlos si cruzamos una


luz en forma de mariposa —le aclara Estela.

—O en un sueño —completa la abuelita Tita.

—Para mí que todo se lo imaginaron, no es


posible que existan otros mundos, simplemente
no es posible, ya los hubieran encontrado los
científicos —asegura el abuelito con voz seria.
185
—Es que para entrar en esos mundos es
necesario el momento preciso, el
lugar apropiado, el sentimiento deseado y la
dulce inocencia —le explica Rosi.

—¿La dulce inocencia, qué inventos son esos?

—No tiene caso hijita, tu abuelito no nos va a


creer —se resigna la abuelita Tita.

—Pero tienes que creernos abuelito, si no


todos los mundos se van a destruir —le suplica
Rosi.

—Pero hijita, eso que cuentan está muy raro; lo


siento mucho pero no les creo. Rosi ve a su
abuelito con la mirada encendida y le dice:

186
—Pues no me importa si no me crees, yo voy a
salvar a Lilia porque ella es buena y no es justo
que nadie… —ya no puede terminar de decir lo
que siente, las lágrimas de coraje le escurren
despacio por el rostro mientras solloza
suavemente. Su mamá la abraza y su abuelita se
arrodilla ante ella para decirle:

—Tranquila mi niña, yo te voy ayudar y tu


mamá también —mientras con suavidad toca
sus lágrimas con un dedo tembloroso, y en ese
instante tres pequeñas hadas nacen y vuelan
hacia el abuelito Tavo, quien asustado las
ahuyenta con las manos.

—¡No abuelito, déjalas, son hadas! —grita tan


fuerte Rosi que su abuelito se queda quieto,
viendo a una hadita volar hasta su rostro y
pararse en sus bigotes.
187
—No la toques Octavio, la puedes apachurrar
con tus de dotes —le ordena la abuelita Tita y
acerca despacio su mano hacia la hadita recién
nacida, que ahora se columpia feliz en uno de
los bigotes del abuelito.

—¡Pero me está jalando el bigote!

—Aguántate y no te muevas, te la voy a quitar


—y la abuelita toca con su dedo a la hadita y
ella, juguetona, vuela y se cuelga ahora en una
de sus pestañas.

—¡Ahora está en mi ojo! —grita el abuelito,


mientras ve sin poder creerlo como
una pequeñísima criatura se balancea sonriendo.

—¡Está bien, está bien, ya les creo! Ahora


pueden decirle a este bicho que se vaya.
188
—No son bichos —le explica Estela—, son
hadas papá.

—Ya sé cómo se va a ir abuelito, agáchate —y


el abuelito se inclina lo más que puede hasta
quedar a la altura de Rosi.

—¡Soooooon haaaadaaaaasssss! —grita Rosi de


pronto en su cara y la pequeña hada sale
volando hacia el techo, riendo como campanita
de cristal.

—¿Ya se fue? —pregunta el abuelito, quien con


el grito termina sentado en el suelo.

—Ya papá, se fue con sus amigas, mira —y el


abuelito voltea hacia arriba y ve como tres
haditas niñas juegan encantadas alrededor del
foco de la sala.
189
—¡De verdad son hadas! —exclama el abuelito
suspirando.

Esa misma noche, Rosi, su mamá y abuelitos,


salen a buscar a quien contarle su historia. Al
principio su abuelito no quiere, dice que nada
más van a perder el tiempo, pero entre las
súplicas de Rosi y los regaños de la abuelita
Tita, logran convencerlo. El abuelito Tavo dice
que si alguien puede escucharlos es un
periodista, a ellos les interesan las cosas más
raras. Después de ir a tres periódicos
diferentes, al fin consiguen que alguien los
atienda. El reportero, con ojos desvelados y
cara mustia, los oye mientras revisa varias
hojas y habla por teléfono. Rosi le cuenta su
sueño, su mamá lo que vio en el Mundo de las
Nubes, su abuelita sobre los seres de cristal, y

190
su abuelito de las haditas que reían como
campanitas.

Cuando terminan los ve un momento, y con voz


fastidiada y cara de burla les dice:

—Ya no sigan fumando cualquier cosa. Váyanse


a otro lado con sus mentiras —y se mete a una
oficina sin despedirse.

—No son mentiras señor… —insiste Rosi.

—Vámonos hijita, no nos va a creer —le dice su


mamá abrazándola.

—Pero mamá, qué va a pasar con Lilia —dice


Rosi triste y cansada, mientras salen ala calle
desconsolados para ir a su casa, a dormir un
poco antes del amanecer.
191
Mas, el corazón de Rosi está inquieto,
preguntándose cómo les habrá ido a sus amigos.
Espera despierta y ansiosa el amanecer. Al
empezar la claridad se viste de prisa para ir a
buscarlos. Es sábado, así que de seguro
llegaran al parque. Sentada en una banca,
con un poco de frío, los espera impaciente
desde muy temprano.

Al verlos llegar presiente lo que ha pasado. Sus


rostros son transparentes y dejan ver la
desilusión que sienten. En silencio se reúnen
bajo un árbol viejo, y ahí se miran un buen rato.
Los cinco saben que para los demás la historia
ha sido parecida, y no tienen ánimos de contar
lo que ellos han vivido.

192
—Hicimos lo que pudimos —dice al fin Isi,
tratando de convencerse a si mismo—.Solo
somos niños.

—Pero no está bien —le contesta Erika—, algo


más tenemos que hacer.

—¿Pero qué? —pregunta Isidro—, yo ya me


cansé de estar pensando, y a mi abuelito Chilo
lo quieren llevar a un asilo porque creen que ya
se volvió loco. Hasta le dieron vitaminas para
que piense bien las cosas, y ya no le dicen
“Chilito” de cariño. —Mi papá desde el principio
no me creyó —les platica molesto Sebas—, tuvo
miedo.

—Cuando vio los Pitis mamá sí me creyó, pero


al otro día dijo que era mejor ir al doctor,

193
porque la comida nos había dañado el cerebro, y
fue por eso que nos dieron esa cosa verde.

—Yo creo que papá le dijo que no era cierto. Lo


que pasa es que él tiene mucho miedo, por eso
mejor dice que no es verdad.

—Tal vez sí, porque mamá sí me había creído.

—Con mi tía Nora fuimos a contarle a mi mamá,


pero ella pensó que le estábamos haciendo una
broma y nos dijo que dejáramos de jugar así.
Como le seguimos insistiendo regañó bien
fuerte a mi tía, le dijo que ella tiene 19 años y
que a esa edad ya no se juega como chamaquito.
Casi la hizo llorar y se fue bien enojada —
recuerda con tristeza Paulina

194
—Con mi mamá y mis abuelitos caminamos
mucho para encontrar quien nos oyera — les
cuenta Rosi mirando sus manos— pero solo
nos cansamos, ni siquiera nos escucharon —
suspira, triste, viendo fijamente hacia
adelante. Los demás voltean hacia ella y
comprenden su mirada, suspiran también y sé
que dan en silencio. Esa misma mirada está en
los ojos de muchos niños y niñas, quienes sin
hablar se reúnen y tratan de encontrar alguna
esperanza en los ojos de sus amigos.

Desde Guatemala hasta Checoslovaquia, en


casas sencillas o muy lujosas, escuelas grandes
o pequeñas, en parques con un columpio o
cientos de juegos divertidos, una historia
parecida viven los miles de niños y adultos que
han cruzado la luz.

195
En toda la Tierra los niños les han mostrado los
17 mundos a sus papás, tíos, amigos, abuelitos y
demás adultos. Algunos con carita de ángel y
ojos tiernos, otros con explicaciones y más
explicaciones, los desesperados con cara de
“¡ya créeme!”, y unos cuantos de plano enojados,
todos han intentado que los adultos crean en lo
que han visto.

Más, pocos han creído. A muchos les ha dado


miedo, otros han pensado que era una ilusión, y
algunos hasta que han soñado despiertos. En
muchas casas, pobres y ricas, se ha repetido la
misma escena: adultos tratando de entender lo
que ha pasado al entrar en aquella luz, y niños
muy tristes al ver sus dudas.

Solo en aquellas casas, donde la confianza en


los demás les ha dado fuerza para apoyarse
196
unos a otros, la historia ha sido diferente. Los
adultos han creído en los niños y han hecho un
esfuerzo más allá de sus dudas para intentar
convencer a los demás. Algunos papás han
hablado con la policía y les han dicho que hay
una gran emergencia en toda la Tierra. Pero los
policías se han burlado y les han advertido que
si vuelven a llamar dormirán esa noche en la
cárcel por estar alarmando sin razón. Otros
adultos han hablado con sus amigos, y les han
explicado con calma que hay 18mundos en la
Tierra y que pronto se unirán, por lo que es
necesario hacer algo para que los presidentes
no los destruyan. Sus amigos los han escuchado
hasta el final, pero se han disculpado diciendo
que no tienen tiempo para ayudarlos, o que
están enfermos, o alguna otra mentira,
mientras por dentro han decidido mejor
alejarse de ellos. Unos más han intentado
197
hablar con alguna autoridad: con el presidente,
algún diputado o senador o con el gobernador,
pero todos, todos les han dicho que están muy
ocupados, y que con gusto los recibirán para el
próximo mes.

Así, en todo el Mundo Humano, las luces se han


abierto infinidad de veces, y miles de niños y
adultos han creído en las maravillas de los otros
mundos. Más, aunque han pasado días y noches
tratando que los demás también crean en los
seres extraordinarios que han visto, se han
enfrentado a un abismo de incredulidad que no
han podido atravesar.

¿Qué más podían hacer? Solo resignarse,


respirar profundo, y guardar juntos la
esperanza, papás e hijos, abuelitas y nietos,
amigos y amigas, tías y sobrinos, en uno de esos
198
lugares secretos del corazón, donde la duda
nunca llega y la certeza de que la vida seguirá
siendo hermosa continúa palpitando.

Es una de las noches más tristes que ha visto la


Tierra. Todos los seres saben lo que pasa en el
Mundo Humano: no se ha logrado lo que se
esperaba; los pocos que han creído no pueden
hacer creer a los demás y nadie sabe que más
hacer. En todos esos mundos los niños ya no
juegan y los grandes se miran en silencio.

El día catorce de la unión está por amanecer y


los seres Invisibles estarán de nuevo con los de
fuego, agua, tierra, viento, cristalinos,
vegetales, animales, metal, madera, nieve,
nubes, gigantes y pequeñitos que ya están
juntos. Dentro de tres días el Mundo Humano
se unirá también y empezará el miedo de los
199
presidentes con sus armas. Cada ser busca con
quien acompañarse, con quien darse un abrazo.
La esperanza de sobrevivir es muy pequeñita,
tanto que algunos ya no la sienten. El Corazón
de la Tierra se reúne esta noche y platican
más allá del amanecer. Ninguno de los 126
Guardianes delos Mundos quiere tomar esa
decisión, pero todos saben que es lo mejor que
pueden hacer. Después de apoyarse unos a
otros, en el Corazón de la Tierra deciden que
esta vez los seres de los 18 mundos no
utilizarán sus cualidades y fuerzas para
defenderse, mostrando así que no es su
intención hacer daño a los seres humanos.
Saben que si se defienden provocarán que los
ataques sean más fuertes, y al final las armas
de los humanos destruirán todo, incluidos a
ellos mismos. También deciden que los seres
más grandes protejan a los pequeños, con la
200
esperanza de que la humanidad se dé cuenta a
tiempo de lo absurdo de sus miedos, y detengan
el ataque antes de lastimar a los niños y niñas
de todos los mundos.

La decisión es conocida ese mismo amanecer en


toda la Tierra. Lilia, y muchos seres más, van al
Mundo de los Sueños y le explican con calma a
cada niño lo que está ocurriendo.

—¿De verdad no van a pelear? —le pregunta


Sebastián a Cus, quien llegó a su sueño para
platicar con él.

—Nnnnooooo Ssseeebbaasss, ssssiiiii


pppeeeellleeeeaaaammmooossss vvvvaaannnaaa
dddeeeecciirrrr qqquuueeee
sssoooommmooossss mmmaaaallllooooss,
yyyyvvvvaaaannnn aa sssseegguuuuiiiirrr
201
aaaattaaccaaaaaandoooo haaaasssstaaaa
qqqquueeeennnoooo qquuueedddeee
nnnnaaadddiiieeee.

—Entonces yo los voy proteger —decide


Sebastián y se sueña con una capa de super
héroe.

—Grraaaccciiaasss Ssseeebbbaaassss,
pppeeerrrrroo ssiiii nnoooosss
aaatttaaccaaannvvvaaa aaaa sssseeeerrrr
cccoonn aaarrrrmmaaasss
mmmmuuyyyy ppeeelllliiigggrrrooosssaaasss.

—A mí no me van a lastimar Cus, soy humano,


solo les van a disparar a ustedes porque son
raros.

202
—Oooojjjaaallllaaaá ssseaaa aaasssiiií
Ssseeebbbassss, ooojjjaaallla
susssggoooobbeerernaaanteees
taaammmbbbiiiiéeeen ssseee
aaaccuuueerrrdddeeennnqqquuueee
uuusssttteeedddeeesss ssoooonnn
hhhuuummaaaaannoosssss.

—Yo no quiero que te ataquen Cus —la voz de


Sebas se quiebra por un sollozo que se está
aguantando desde hace rato.

—Nnnnoooo llllloooorrrreeeessss
Ssseeebbbaasss,
ttttoooddaaaavvviiiiíaaaaeeesssstttooooyyy
vvviiivvvvoooó yyyy sssooyyy
mmmuuuyyyygggrrraaannndddoooottteeee
ppppaaarrrraaaa qqqquuueeee
mmmmeeeemmmmaaaatttteeeennnn
203
tttooooddddiiiittoooo —ríe Cus y toca
suavemente a Sebas con la nariz.

—Pero si pueden destruir ciudades pueden


matarte todito —dice Sebas ya llorando.

—Ttteeee ppprrrooommmmeeetttoooo
qqquueeeee mmmeeee vvvoooyyyy
aaaaccccuuiiidddaaarrrr, dddeeessdddeeee
laaaa ccccooolllliiitttaaa hhhaassstttaaaaa
mmmiiiicccaaaabbbeeezzzaaa —ríe Cus de
nuevo, mientras Sebas lo abraza de la nariz con
todassus fuerzas.

—Yyyoooo tttaaaammmmbbbiiieeeénnnn
ttteee qqquuuiiiieeerrrrooo.

Por la nariz del diplodocus resbala una lágrima.


Al verla Sebas la toca con ternura y una gran
204
hada nace riendo y vuela hacia el cielo, mientras
los dos la miran con una pequeña sonrisa entre
los labios.
Es de noche. Erika, Sebas, Isi y Rosi están en la
casa de Pau y esperan despiertos para ver salir
el sol. Tienen mucho sueño, pero la emoción de
ver su mundo unido a los otros es más fuerte y
resisten hasta el amanecer. Pegados a la
ventana y viendo el reloj a cada rato, entre
todos se ayudan para no quedarse dormidos.

Al fin, la aurora se ilumina entre las montañas y


el milagro ocurre: el primer rayo de sol llega a
la Tierra, la toca y en un instante regresa al
cielo, para unirse con un rayo más, y vuelven a
bajar al suelo y a subir entre las nubes,
uniéndose en cada ir y venir del cielo ala Tierra
con otro y otro y otro rayo más, creando un
inmenso tejido de luz. Una pequeña mariposa
205
blanca, que da vueltas por ahí, es atraída por la
intensidad del brillo y vuela juguetona hacia él.
Al tocarlo empieza a crecer y crecer,
expandiéndose en una infinita luz cristalina en
forma de mariposa, que va uniendo de nuevo,
con cada aleteo, a los seres humanos con todos
los mundos de la Tierra.

Los niños sienten como su cuerpo se estremece


con un sonido de cristal vibrando. La casa
parece temblar y un viento inmenso lo envuelve
todo. Se tienen que frotar los ojos, la fuerza
de la luz los ha deslumbrado. Despacio los
abren de nuevo y lo que ven los hace tragar
saliva: un pie enorme del tamaño de un camión
está frente a ellos. Cuando vuelven a respirar
se asoman despacio por la ventana, y ven a un
gigante tan alto como 14 casas puestas una
sobre otra. Esta quieto y escuchan su
206
respiración profunda y vasta. Pero por más que
doblan la cabeza no lo alcanzan a ver completo,
y sin pensar lo corren a la calle para
encontrarse con él.

A penas distinguen la cara del enorme ser


desde abajo, pero parece enojado y pronto se
dan cuenta porque: unos pequeños seres de
viento juegan con su cabello y lo alborotan todo.
El gigante trata de asustarlos con las manos,
pero no puede y los vientecitos le siguen
revolviendo y enredando el cabello, hasta que el
gigante molesto les grita:

—Yyyaaaaa déeejjjeeeennnmmmeeee —y
retumban todas las casas a su alrededor.

Varias personas en piyama salen a la calle


corriendo, pensando que es un temblor, y al ver
207
al gigante también gritan, pero no enojadas,
sino muy asustadas y se meten casi desmayadas
otra vez a sus casas.

Al oír todos aquellos gritos el gigante también


se asusta, pues es muy sensible y le da miedo,
se enoja, se alegra o llora muy fácilmente, y los
vientecitos, al verlo temeroso, continúan
molestándolo.

—¡No nos atrapas, no nos atrapas…! —se burlan


los muy traviesos, y ya están a punto de hacerlo
llorar cuando una gran ventisca llega y envuelve
a los vientecitos de un jalón.

—¡Cosssmosss loss ssssienssstosss


Tossstusssmss, esssstooossss missss hijosss
nossassprenssdenss, pessrosss asshosssrass
sisss sess gasssnassronss quessdarsssesss enss
208
lassscuesssvasss porsss losss messsnossss
ussssnasss ssssemasssnasss…!

—¡Pero mamá nosotros no…! —quieren explicar


los vientecitos.

—Nassdass desss pesssrossss, ysss sisss


sisssguensss resssclasssmandosss
losssssensssssciesssrrosss unsss asssñosss.

—Nnnoooo Feeeslaaa, nooo looosss


caaaastttiiigguueeees asíiiii —pide Totum
convoz tierna, lenta y profunda—, eeesss
vvveeerrrdddaadd qqquuueee aaahhooorrraa
sssiiimmmeee hhhiiiccciieeerrrooonnn
eeeennoojjjaaarrrr, ppeeerrrooo
sssooonn bbuuueeennooosss ccchhiiicccoooss,
ssooolllloo qquuuiiieeerrreennn jjjjuuuggaaarrr.

209
—Hayss Tossstumsss, noss losss
consssciensstassss, nosss vessss quess
porssessssosss luesssgosss… —en el aire un
helicóptero se acerca. Al verlo Fesla voltea
hacia Totum para decirle con tristeza:

—Passressces ques ass llessgasssdos lass


hossrasss.

Totum la quedo viendo con sus grandes ojos


color gris temblando de lágrimas, y dice muy
bajito…

—Yyyooo nnooo quiiieeeeroooo…

El helicóptero da dos vueltas alrededor del


gigante, pasando sus hélices muy cerca de su
rostro, que en ningún momento se mueve. Al fin

210
se va y Totum también comienza a caminar
hacia las afueras de la ciudad.

Paulina, Rosi, Sebastián, Erika e Isidro han


visto todo y también tiemblan lágrimas en sus
ojos. Parece que solo los niños pueden entender
lo maravilloso de este amanecer. En pocos
minutos confirman su sentimiento: la mamá de
Rosi, los papás de Sebas y Erika y el papá de
Isidro llegan apresurados a la casa de Paulina
para llevarse a sus hijos. Todos parecen estar
muy preocupados, casi no hablan y sus rostros
son serios y ausentes. Aun así Isidro intenta
decirle a su papá:

—Ya viste que sí es verdad papá, existen los


seres de los otros mundos y son...

211
—Sí, ya lo vi, pero eso no importa, ahorita
tenemos que protegernos hijo, quien sabe que
van a querer hacernos —lo interrumpe
secamente su papá.

—No van a hacer nada papá, yo platique con...


—pero el papá de Isidro lo mira con unos ojos
que dan miedo, así que Isi mejor se calla y
camina tras de él.

El impacto en los seres humanos al unirse con


los otros mundos es inmenso. La mayoría se
asusta al verlos, muchos creen que están
alucinando y otros que aún no han despertado.
Encontrarse con aquellos seres tan extraños
los impresiona profundamente, casi ni los dejan
hablar, se encierran en sus casas y llaman
alarmados a la policía. Las estaciones de policía
no saben qué hacer. Son muchas las llamadas
212
pidiéndoles auxilio, ya sea porque su perro está
hablando, o porque una planta de su jardín se ha
cambiado de lugar, o porque el fuego de su
estufa les dice que con gusto calentará la
comida, o porque el valle donde viven ha
bostezado y les ha dado los buenos días.

Los propios policías están viendo en las calles, a


cientos y cientos de seres fantásticos caminar
de un lado al otro, y algunos hasta los saludan.
Empiezan a pedir desesperados instrucciones a
sus jefes, quienes también piden a sus jefes
que les digan que hacer, y los jefes de los jefes
hablan con los alcaldes, y estos a los
gobernadores y presidentes.

La noticia ya es mundial en pocos minutos y


mucha gente se entera antes de que en su
ciudad amanezca. En todos los canales de
213
televisión, las estaciones de radio, la internet, y
los periódicos, de lo único que se habla es de la
“Invasión Extraterrestre”, como le han puesto
en los medios de comunicación para llamar la
atención.

Sin dudarlo un segundo, los periodistas inician


una competencia entre ellos para ver quién da
la noticia más alarmante: en la televisión pasan
un reportaje en el que se ve a un niño quemado,
y acusan a un “extraterrestre de fuego” de
hacerlo intencionalmente. En el internet
aparecen fotos de una señora golpeada por una
“piedra teledirigida” que sin ninguna razón la
atacó en el parque. El titular de un periódico de
medio día dice: “Monstruos de Agua Atacan
Colonia” y ponen abajo una foto en la que se ven
algunos muebles flotando en una calle inundada;
y para colmo, en la radio inventan entrevistas
214
con supuestos “Invasores del Espacio”, que
dicen con voz agresiva que van a conquistar la
Tierra.

Así, gracias a las mentiras de los noticieros,


la desconfianza hacia los seres de los otros
mundos, se vuelve rechazo y miedo en muchos
seres humanos, que de verdad creen que la
Tierra y su vida están en peligro por “La
Amenaza Extraterrestre”, y en lugar de mirar
lo que pasa con sus propios ojos, se encierran
en sus habitaciones a ver la televisión.

Pocos recuerdan el sueño que los niños han


tenido hace apenas 17 días. Más pocos
entienden que los seres de los otros mundos no
son malos, y no quieren hacer daño. Menos aún
se atreven a platicar con ellos y preguntarles
qué pasa, y solo algunos de los millones de seres
215
humanos creen en sus palabras y tratan de
hacer algo para ayudarlos.

Muchos niños y niñas gritan todo lo que pueden


para convencer a sus papás de que las noticias
son puras mentiras, que sus amigos de los
otros mundos no dañan a nadie, y que si
quieren comprobarlo vayan a la calle y vean
como aquellos seres que son mostrados
tan peligrosos en la televisión, realmente
buscan estar en paz con los humanos. Pero la
mayoría de los adultos vuelven a ignorar a los
niños, les dicen que no tienen edad para
entender lo que está ocurriendo, que mejor se
vayan a hacer otra cosa y dejen que ellos los
protejan de ese “gran peligro”. Los niños,
cabizbajos, más tristes que enojados, suspiran
y cansados se sientan a esperar que algo pase.

216
Al medio día se realiza una reunión nunca antes
vista, a la que casi todos los presidentes de
cada país asisten. En las noticias informan que
se han reunido para enfrentar juntos “la gran
invasión”, acompañados del general de su
ejército y los encargados de los medios de
comunicación. Rodeados de miles de reporteros
inician la discusión.

Los generales están de acuerdo en que la


Tierra es invadida por “Seres Extraterrestres
Mutantes”, que pueden tomar formas
conocidas para los seres humanos, como el
agua, olas plantas, para así “camuflajearse” y
poder atacar fácilmente. Por lo tanto, piden
dejar el asunto en sus manos, y otorgarles
todos los recursos, armas, maquinas, satélites y
soldados necesarios, para preparar una

217
estrategia militar que termine con esa
amenaza.

Y quienes se dedican a manejar la imagen de los


presidentes, aseguran que es urgentísimo
hacer algo, porque las personas en todo el
mundo quieren que sus autoridades resuelvan
rápido esta situación, y los “salven” de los
invasores, según sus últimas encuestas.
Sugieren una campaña por todos los medios
para capitalizar a su favor este fenómeno,
realzando la “inteligencia” y “valentía” de los
gobernantes del mundo.

Sin pensarlo mucho, los presidentes,


preocupados por aparecer ante sus pueblos
como “grandes líderes” y seguir teniendo el
control sobre lo que pasa, deciden en unos
minutos que es necesario “Eliminar la Amenaza
218
Global”, y dan instrucciones a sus generales
paraqué preparen un gran ataque contra los
“Seres Extraterrestres Mutantes”. Saben
que el ataque también afectará bastante a los
seres humanos, pero eso no es importante. Y a
sus medios de comunicación les ordenan que
expliquen a toda la humanidad la necesidad de
este ataque, poniendo énfasis en cuanto han
tenido que pensar y que fortaleza tienen al
hacerlo. Esa misma noche, un “Informe
Especial”, traducido a la gran mayoría delos
idiomas de la Tierra, es difundido
permanentemente por todos los canales de
televisión, las estaciones de radio, la internet y
los periódicos:

Se les avisa a todas las personas que los


presidentes del mundo, después de una
reflexión e investigación exhaustiva, han
219
decidido salvar a la Tierra del peligro de los
“Seres Extraterrestres Mutantes”. Por lo
tanto, con decisión y entereza, han ordenado se
inicie un inmenso ataque militar conjunto al
amanecer del día de mañana, nombrado „El Día
de la Paz‟. Se les pide a todas las personas
mantenerse en su casa y esperar nuevas
noticias.

Cubre a la Tierra un sentimiento inexplicable.


Los seres de todos los mundos se ven unos a
otros, no queriendo creer lo que está
sucediendo: después de los intentos hechos,
delas lágrimas y los esfuerzos, de la esperanza
y los sueños, los gobernantes humanos van
atacar al amanecer del día 18.

Un silencio conmovedor se extiende,


inundándolo todo, solo interrumpido de vez en
220
cuando por algún padre, de algún mundo,
diciendo al abrazar a sus hijos: “los quiero
mucho”; o un niño pequeñito preguntando a su
mamá, con toda su inocencia, qué es lo que pasa,
por qué todos se están despidiendo.

Entre tanta tristeza, Erika, Sebastián, Isidro,


Paulina y Rosi le piden a sus papás que los dejen
estar juntos, pero les contestan que es una
locura salir esa noche, que se quedarán en su
casa, que ellos los protegerán:

—Por favor mamá —insiste Erika—, ya viste


que todo es cierto, existen los seres delos
otros mundos y los van atacar, ¡por favor,
confía en mí ya!, déjame ir con mis amigos para
ayudarlos.

221
—No tiene caso que vayas hija, nada pueden
hacer, los ejércitos se están preparando, nadie
puede ya detenerlos. Ahora solo tenemos que
esperar a que el ataque termine y sea cabe el
problema.

—Pero mamá, van a lastimar a muchos seres


inocentes, ¿eso no te importa? —le reclama
entre lágrimas.

—Sí me importa Erika, pero no puedo hacer


nada para evitarlo, además, quién sabe si
realmente son inofensivos.

—¡¿Cómo puedes decir eso?! Tú los viste, no


hacen nada, son buenos, ellos solo quieren vivir
—el llanto inunda la voz de Erika y se deja caer
sobre la cama, inconsolable, mientras su mamá
la ve sin saber que más decirle.
222
Sebastián no intenta convencer a sus papás.
Esta muy enojado con ellos porque a pesar de
todo no le creen y le dicen que mejor se vaya a
dormir, que es muy chico para entender lo que
está pasando. Se encierra en su habitación y
ahí llora en silencio hasta quedarse dormido.

Isidro se va a dormir con su abuelito Chilo. No


hablan, solo se abrazan y comparten el calor
para disminuir el frío en su corazón.

Paulina habla por teléfono con su tía, sabe que


ella entiende lo que pasa. Sus papás están
pegados a la televisión, y cada vez que quiere
decirles algo la callan para poder escuchar las
últimas noticias sobre los preparativos del
ataque. Nora le pide que siga creyendo, que algo
pasará, que la vida no puede terminar así.

223
Rosi y su mamá se consuelan una a la otra. Ya es
muy noche y su papá no regresa. Les ha dicho
que de nada sirve preocuparse, que los
presidentes saben bien lo que hacen, que solo
pierden su tiempo llorando, y las ha dejado
solas.

—¿Verdad que se van a salvar mamá? —le


pregunta Rosi mirando por la ventana.

—Yo creo que sí hija, no tengas miedo, todo


esto va a pasar —la trata de animar Estela.

—Es que no puede ser mamá, por qué van


atacarlos, ellos no hacen daño.

—No lo entienden así hija, los presidentes y


muchas personas piensan que son peligrosos, ya
viste lo que pasan en la tele…
224
—¡Son puras mentiras! —interrumpe
molesta Rosi.

—Sí, yo sé que son mentiras hija, pero los


demás no.

—Tenemos que hacer algo mamá.

—Lo mejor que podemos hacer es esperar aquí


a que pase todo esto.

—No, no es lo mejor que podemos hacer,


tenemos que hacer algo más —exclama Rosi
mientras cierra sus ojos y una lágrima resbala
por su rostro. Estela, suavemente la toca con
un dedo, y un pequeñísimo ser nace divertido.

—¡Mira hija, una hada! —exclama mientras la


sube a sus piernas para abrazarla.
225
Rosi abre los ojos un poco, y entre sus lágrimas
ve la luz del pequeño ser que se acerca a ella.
Los cierra de nuevo y entre dormida y
despierta, recuerda las palabras de Lilia, y
alcanza a decir despacito: — Lucecita… de
mi… alma, Pequeña Hada… Guardiana, Ven a…
Ya no puede terminar, el cansancio la vence y
empieza a soñar. Está de nuevo en el Mundo de
las Nubes y siente otra vez aquella inmensa luz,
cálida y amarilla, que la entibia.

—¡Lilia! —exclama sorprendida al ver a la


hadita aparecer detrás de una nube que se
mueve.

—Oí que me llamabas pequeña, ¿cómo estás?

226
—¡Hay Lilia...! No sé qué hacer, ya casi no hay
tiempo... quisiera quedarme dormida y seguir
soñando para no saber nada del ataque.

La hada ve a Rosi con ojos profundos y le dice


suavemente:

—Te voy a platicar algo muy bonito para que te


animes, ¿Quieres?

—Sí, por favor.

—Bien. Hace muchos años, cuando los seres


humanos aún vivían en cuevas, e iban de un lado
a otro buscando comida, los niños tenían que
seguir a sus papás a todos lados, caminando
días y días, y a veces también en las noches.
Aunque se cansaban mucho tenían que
acostumbrarse para no quedarse solos. Pero
227
se aburrían toditos al estar camine y camine,
sin hacer otra cosa, sin poder jugar, o brincar,
o correr, o saltar, o nadar, o algo más.

—Eso me ha pasado a veces —recuerda Rosi—,


cuando mi mamá tiene que ir a un lugar lejos y
voy con ella, caminamos mucho sin parar y me
canso y me aburro y no sé qué hacer.

—Así les pasaba a esos niños —continua Lilia—,


no sabían qué hacer, y veían para todos lados
buscando con que entretenerse, pero solo se
distraían un ratito y luego se a aburrían de
nuevo. Fue cuando sucedió algo maravilloso: en
el interior de algún niño, o alguna niña, el deseo
de querer jugar y reír y saltar y vivir se hizo
tan grande, que empezó a crear con su corazón
un mundo nuevo mientras caminaba con sus
papás.
228
—¿En su corazón?

—Síp, los verdaderos sueños nacen del


corazón, así fue desde un principio: aquel niño, o
niña, deseo en su corazón tanto ir a jugar, lo
sintió con tantas ganas, que lo hizo realidad en
un mundo nuevo, en el Mundo de los Sueños…

—¿Pero si estaba despierto como pudo soñar?


—vuelve a preguntar Rosi sin terminar de
entender.

—Porque para soñar no es necesario estar


dormido, puedes soñar con los ojos abiertos,
mientras caminas o comes o juegas, y si son
sueños que nacen de tu corazón se hacen
realidad.

229
—Aun no entiendo Lilia —Rosi ve a la pequeña
hada con ojos de duda—, yo creía que para
soñar tenía que estar dormida y que soñaba con
mi cabeza, no con mi corazón.

—Eso es lo que han olvidado algunos seres


humanos, ahora creen que todo lo hacen solo
con su mente, que pueden vivir nada más de sus
pensamientos y no necesitan de sus
sentimientos. A veces hasta dicen que sentir
les estorba para lograr lo que quieren, por eso
se vuelven duros en su corazón y no lo dejan
latir como necesita. Con el tiempo sus
corazones se van quedando quietos poco a poco,
van perdiendo su fuerza para sentir, se van
durmiendo.

—¿Eso es lo que les pasó a los presidentes,


verdad? —intuye Rosi casi segura.
230
—Síp, a casi todos. Al ir creciendo les fueron
enseñando a no escuchar su corazón, ano sentir
sus latidos, a no soñar lo que sentían. Y
mientras su mente crecía y crecía, porque les
decían que pensar era lo importante, su corazón
se fue volviendo chiquito y sin fuerza para latir.

—Por eso no creen en los demás seres —


suspira Rosi.

—Síp, por eso. Y no solo les ha pasado a los


presidentes, hay muchos humanos que y ano
creen en sus sueños, que prefieren ver la
televisión, o leer las noticias, o comprar en
las tiendas, o trabajar sin parar para ser ricos,
o quejarse todo el día sin hacer nada, prefieren
eso a soñar, a buscar lo que sienten dentro, a
esforzarse por lo que realmente anhelan.
Porque al soñar desde su corazón los seres
231
humanos encuentran lo que en verdad quieren
vivir, lo que desean ser, lo que son.

De pronto, los ojos de Rosi se iluminan como


dos soles inmensos y grita emocionada: —¡Así
los salvaremos! —y su grito es tan fuerte que
llega al Mundo Humano y la despierta
sobresaltada.

—¿Estás bien hija? —le pregunta Estela


sorprendida al ver a Rosi despertarse en
sus brazos.

—¡Ya sé como salvarlos mamá! ¡Tenemos que


soñar que las personas no les tienen miedo a los
seres de los otros mundos y los presidentes no
los atacan!

—¿Soñarlo?
232
—¡Sí! En el Mundo de los Sueños todo es
posible si se desea con el corazón, todo Mamá,
podemos soñar que nada de esto está
ocurriendo, o que los ejércitos no pueden
atacar, o que mañana va a ser un día de fiesta…

—Pero hija, solo son sueños, no serían


realidad… — trata de convencerla Estela.

—Lo son si tú lo crees mamá... anda, ayúdame a


dormirme otra vez, tengo que ir a ver a mis
amigos y todos los niños que pueda... tengo que
avisarles que podemos soñar... por favor
arrúllame mamá para que me duerma otra
vez, por favor… En los ojos de su hija ve una
esperanza tan grande que Estela no puede
negarse, la abraza suavemente y despacito,
muy despacito le canta:

233
—Tieeeeeernaa priinnnceeesaa dueeeermee
yaaaa, has de volaaarrrr, has de reirrrrr, has de
bailaaaarrrr, has de soñaarrrr…

Al entrar al Mundo de los Sueños Rosi va con


Erika, quien está en su montaña de helado de
vainilla, y casi se atraganta al verla aparecer.

—¡Rosi…! —exclama asombrada.

—¡Erika, ya sé que podemos hacer!, ¡tenemos


que soñar!, esa es la solución, podemos salvar a
los otros mundos, solo tenemos que soñar que lo
logramos.

—¿Soñar? —pregunta Erika sin entender.

—¡Sí, soñar, aquí todo es posible!

234
—¡Es cierto…! —grita Erika—, Lilia me lo dijo.

—Vamos, tenemos que apurarnos, hay que


avisarles a todos los niños del mundo para que
sea un gran sueño y se haga realidad.

—Pero son muchos —duda Erika.

—No importa, aquí todo es posible, vamos,


avísale a tu hermano, yo voy a ir al sueño de
Paulina y les digamos a todos que nos vamos a
juntar antes del amanecer.

—Sale, voy avisarle a Sebas, y a todos los que


pueda, nos vemos al ratito—, alcanza a decir
Erika mientras se desvanece sobre la montaña
de helado de vainilla, y aparece en el sueño de
Sebas, quien juega con un gigante, una nave
espacial y muchas hormiguitas.
235
—¡Sebas…! —le grita Erika.

—Pero… —quiere decir su hermano asustado.

—Rosi me dijo como podemos parar todo esto,


hay que soñar que no atacan a los otros mundos,
tenemos que avisarles a todos los niños, nos
vamos a ver antes del amanecer. Ve al sueño de
Isidro y avísale, yo voy con Pau —y mientras
dice esto se vuelve a desvanecer.

—Pero… —intenta decir Sebas, y se queda


viendo hacia el lugar donde estaba su hermana.
Duda un instante, y al entender lo que está
pasando, desea ir al sueño de Isi y desaparecen
el gigante y las hormigas, y en su lugar
comienza a ver a su amigo, jugando ala cuerda
con su abuelito Chilo.

236
—¡Isidro…!

—¿Pero quién es este? —se asombra Chilo.

—Es mi amigo abuelito, ¿qué haces aquí Sebas?


Este es mi sueño.

—Lo sé, por eso vine, porque podemos soñar y


así salvar a todos los mundos.

—¿Soñando…? ¿Cómo vamos a salvarlos con


nuestros sueños…?

—Porque aquí nada es imposible…

—A ver —interrumpe Chilo—, explíquenme


porque me están mareando.

—Sí Don Chilo… —quiso decir Sebas.


237
—No me digas Don Chilo… soy nada más Chilo.

—Bueno Chilo —continua algo apenado Sebas—,


en el Mundo de los Sueños podemos hacer que
los ejércitos no ataquen a los otros mundos.

—Tiene razón abuelito —empieza a entender


Isi—, al soñar puedes hacer que ocurra
cualquier cosa, como ahorita que estábamos
jugando a la cuerda.

—Sí, y mañana nuestro mundo se va a unir al de


los sueños, y si soñamos que no hay ataque, que
pasa algo, no sé qué, pero no hay ataque, se
hará realidad en todos los mundos.

—¡Entonces tenemos que avisarles a todos! —


ahora si se entusiasma Chilo

238
—Sí, vayan a avisarles a los niños que conozcan
y pídanles que les digan a más y nos vemos
antes del amanecer.

—Sale —dice Isidro—, ahí nos vemos.

—Yo voy ir al sueño de tus papás Isi, a ver si


ahí me creen y me vuelven a decir “Chilito”.

E Isidro va al sueño de Pablo para avisarle, y


Pablo al de Carlos y Carlos al de su hermana
Tere y Tere al de Carmen, y de uno en una,
todas las niñas y los niños, y algunos no tan
niños como el abuelito Chilito y la tía Nora, se
enteran que tienen una oportunidad de salvar a
la Tierra y sus mundos.

La noche sigue avanzando y cada vez son más


los que quieren soñar juntos, hasta que antes
239
del amanecer en el polo sur, cuando la
madrugada es más oscura, muchos seres
humanos se sueñan en una reunión como no se
ha visto antes: millones de niños y niñas, y
algunos adultos, de todos los países, platican en
un mismo idioma.

Los hay de piel negra, amarilla, roja, blanca,


morena y de muchos colores intermedios.
Algunos son altos, otros muy altos, también hay
bajitos y medianos. Varios están sentados y
otros caminan de acá para allá inquietos. Unos
solo ven y otros hablan y hablan tratando de
convencer a los demás que es lo que tienen que
soñar para salvar a los mundos.

Hay muchas opiniones, muchísimas, tantas como


niños diferentes están reunidos. Algunos, entre
ellos Paulina, dicen que lo mejor es soñar que los
240
adultos se vuelven niños y así no pueden atacar
a nadie. Pero no a todos convence esta idea,
pues si todos son niños quien va a cuidarlos, y
para muchos tener a sus papás es bien
importante.

Otros, como Sebas e Isidro, quieren soñar


que los niños y niñas son superhéroes, y con
sus súper poderes, salvan a sus amigos de los
otros mundos. Pero tendrían que enfrentarse a
los ejércitos, y eso causaría bastante
destrucción, además de que podrían lastimarse,
por lo que tampoco están todos de acuerdo con
arriesgarse así.

Unos más, como Erika, gritan que quieren soñar


a todos los presidentes con orejas de burro y
nariz de elefante, para que se vean tan
ridículos que nadie les haga caso de atacar.
241
Pero tampoco esto es aprobado, pues dicen
algunos que los presidentes dirán que eso lo
hicieron los “Extraterrestres Mutantes”, y
será otro pretexto para atacar.

Pocos, entre ellos Rosi, ven en silencio a los


demás y buscan en su interior. Son muchos los
sueños, y cada niño quiere que su sueño se haga
realidad y no escucha a los demás. Sin darse
cuenta están ya discutiendo. Algunos gritan y
otros hacen tremendos berrinches. Varios se
sientan y se ponen a llorar y otros se enojan
tanto que casi va a iniciar una pelea. El
amanecer está a punto de llegar y parece que
no habrá un sueño que salve a la Tierra, cuando
un niño chiquito, de un país de esos que no
están en los mapas, toma todo el aire que
puede, y con todas las fuerzas de su pequeño
cuerpo grita:
242
—¡¡¡Yo quiero soñar que nos ponemos de
acuerdo en que vamos a soñar!!!

Y es tan grande el deseo en su corazón, que los


niños y niñas guardan silencio, se ven unos a
otros, se ríen de su discusión, y después de
unos cuantos minutos logran decidir que van a
soñar para salvar a todos los mundos, justo
antes de que el primer rayo de sol inicie el
tejido de luz entre la Tierra y los sueños.
Amanece, es el día 18. Al expandirse la luz
violeta en forma de mariposa por toda la
Tierra, el Mundo de los Sueños se une a todos
los mundos, con los niños y niñas soñando juntos
algo maravilloso: Chicos y grandes, hombres y
mujeres, negros y blancos, todos los seres
humanos cantan alegres una canción que se
hace realidad: Hoy es el día, no hay más que
243
esperar, nuestras voces se unen al alba
diciendo la verdad: la tierra es libre ya y
para siempre jamás.

Los presidentes ya no pueden atacar, porque


todas las armas han desaparecido, ¡todas
ellas!, desde las grandes bombas hasta las
resorteras. Los soldados ven como sus
modernas pistolas, se convierten en arados
sencillos y esparciendo las semillas, a
sembrar los campos se dedican.

Los marinos ven sus buques de guerra,


volverse barcos pesqueros y entusiasmados
agarran las redes, elevándolas alegres.

Los pilotos ven sus aviones lanzamisiles,


llenarse de miles de medicinas, y felices

244
suben y bajan para llevarlas a quienes más las
necesitan.
Los tripulantes de los submarinos
nucleares, ven su nave llenarse de niños y
contentos les muestran maravillas que solo hay
en el fondo marino. Los fabricantes de armas
ven sus máquinas transformarse en
fantásticos robots cibertrónicos que hacen
todo tipo de juguetes desde canicas, hasta
cohetes. La tierra está en paz y llena de
vida. Hay alegría en todos lados. Los seres
festejan y se abrazan. La tristeza ha
terminado.

Mientras cantan las mamás y papás lloran de


alegría, al darse cuenta que aún creen en las
hadas, y salen a la calle a brincar y correr y
patear pelotas con sus hijos e hijas,
disfrutando de la alegría de la vida. Gracias al
245
sueño de los niños el Día de Todos los Mundos
es una hermosa fiesta, con risas, juegos y un
mismo latir del corazón. Después de una
espera muy larga, de nuevo los seres de los
18 mundos se encuentran y abrazan,
reviviendo bellos lazos de amistad. La Tierra
florece llena de esperanza, una esperanza que
brilla en los ojos de Erika, al platicar con Inma
y su mamá, riéndose alegres de los saltitos de
Isabel cuando vio los “ratones”.

Y brilla también en los ojos de Isi, al visitar a


Leopardo con Chilo y sus papás, para conocer a
sus nietos y bisnietos, y escuchar la historia del
“mudo” y el rugido interno. Yen los ojos de
Paulina, al perseguir con su tía y su mamá, entre
risas y corajes, a los pequeños Ilfos, mientras
Liris y su río las miran tiernamente abrazados.

246
Y en los ojos de Sebas, al pasear con su papá
cabalgando sobre Cus, que riendo los lleva a
conocer su mundo, presentándolos con los
enormes seres que lo habitan. Y en los ojos de
Rosi, al ser llevada con su mamá y sus abuelitos
por los seres de nubes, a una casa cálida en el
cielo, hecha de infinidad de luces de todos los
colores.

247