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Apología de Noemí Escandell

Escandell nació en la ciudad de Cañada de Gómez en 1942. En 1960 se trasladó a Rosario


e inició sus estudios en el Instituto Superior de Bellas Artes de Rosario —por entonces de
la Universidad Nacional del Litoral— hoy, Escuela de Bellas Artes de la Facultad de
Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario. Durante la década de 1960
Escandell trabajó activamente, se vinculó con colegas y expuso en la ciudad y en Buenos
Aires. Experimentó con diversas propuestas materiales y estéticas. Desarrolló piezas que
adscriben a las propuestas del arte pop, y que progresivamente derivaron en indagaciones
geométricas: sus estructuras primarias y desplazamientos. A esta serie pertenece la pieza
Estructura primaria (1967/2013) exhibida actualmente el Museo Castagnino.
Participó de las exposiciones “Rosario 67” (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires) y
“Estructuras Primarias II” (Sociedad Hebraica Argentina), ambas en el contexto de la
Semana de Arte Avanzado (1967) organizada por Jorge Romero Brest desde el Instituto Di
Tella.
El año 1968 es clave para la historia del arte argentino: una vertiginosa sucesión de
exposiciones y acciones son protagonizadas por artistas de Rosario y Buenos Aires, entre
ellos Noemí Escandell.
En el Ciclo de Arte Experimental (julio de 1968) presenta su instalación “Pro-ser” en donde
pone en escena un serie de objetos que interpelan sobre los modos de construcción de la
historia argentina y reflexiona de modo crítico sobre las imágenes entronizadas de los
próceres nacionales. En esos meses trabaja conjuntamente con sus compañeros del Grupo
de vanguardia de Rosario (Boglione, Bortolotti, Carnevale, Elizalde, Favario, Fernández
Bonina, Ghilioni, Greiner, Lavarello, Maisonave, Naranjo, Renzi, Rippa y Puzzolo) en
acciones y manifiestos emblemáticos tales como “Asalto a la conferencia de Jorge Romero
Brest” y “Siempre es tiempo de no ser cómplices”, que tienen su culminación en la
exposición “Tucumán Arde”, celebrada en el local de la CGT de los Argentinos en Rosario
el 3 de noviembre. Esta experiencia asume con radicalidad el compromiso político e
incorpora a la información como insumo de la producción estética. “Tucumán arde” es uno
de los momentos más relevantes de la vanguardia a nivel internacional.
Entre 1969 y 1983, Escandell transita un período marcado por la reflexión y la investigación.
En este momento surgen sus primeros handing works: piezas gráficas pensadas para ser
repartidas antes que exhibidas. Debido a las sucesión de gobiernos dictatoriales Escandell
no exhibe públicamente, pero encuentra en su tarea docente (tanto en instituciones públicas
como en su propio taller) un espacio de intercambio y militancia social. Son numerosos los
artistas que han pasado por sus clases y que la reconocen como maestra.
Con el retorno de la democracia Escandell se incorpora al plantel docente de la Escuela de
Bellas Artes (UNR) continuando su tarea pedagógica en diversas materias. Durante estos
años sigue trabajando en pinturas, dibujos, objetos e instalaciones que exhibe en el país y
en el exterior.
En 2013 el Museo Castagnino + Macro le consagra su primer muestra antológica y edita el
primer volumen dedicado exclusivamente a su obra
(http://castagninomacro.org/archivos/editorial/25._noemi_escandell.pdf).
La ciudad cuenta en su patrimonio público con un grupo muy importante de obras de
Escandell que hoy forman parte de la colección del Museo Castagnino + Macro. Para más
información:
http://castagninomacro.org/page/obra/id/467/Escandell%2C-Noem%C3%AD/Vectores-y-
di%C3%A1metros
http://castagninomacro.org/page/obra/id/468/Escandell%2C-
Noem%C3%AD/Desplazamiento-blanco-
http://castagninomacro.org/page/obra/id/281/Escandell%2C-Noem%C3%AD/Estructura-
primaria http://castagninomacro.org/page/obra/id/352/Escandell%2C-
Noem%C3%AD/Manantial
http://castagninomacro.org/page/obra/id/307/Grupo-de-Vanguardia-de-
Rosario/Documentaci%C3%B3n-del-Grupo-de-vanguardia-de-Rosario-1966-1968
http://castagninomacro.org/page/obra/id/469/Escandell%2C-Noem%C3%AD/Y-otra-mano-
se-tienda%E2%80%A6

Desde que supimos de la muerte de Noemí Escandell, amigos y colegas estamos


impactados. Se me disculpará por caer en lugares comunes: la muerte nos pone en el más
común de los lugares, nos deja perplejos y nos obliga a asirnos a expresiones vacías. Sin
embargo resulta desconcertante acostumbrarnos a que Noemí Escandell no vaya a estar
por aquí. Ella ha sido para muchos de nosotros un sujeto siempre presente, pero ante todo,
una de esas personas de pensamiento plenamente contemporáneo. Quiero decir con esto:
alguien que podía percibir con aguda inteligencia las tensiones del presente. Agamben
describe a este sujeto contemporáneo como “aquel que mantiene la mirada fija en su
tiempo, para percibir, no sus luces, sino su oscuridad”.
Hace algunos años, cuando preparábamos una exposición sobre el TAE (Taller de Arte
Experimental) —materia ya desaparecida de la currícula de la Escuela de Artes—
entrevistamos a Escandell. Ella había sido una de las docentes involucradas en esta
experiencia. El TAE había surgido en el contexto del cambio del plan de estudios
emprendido por profesores y alumnos en la posdictadura. En cierto momento de la
entrevista, en plena reflexión sobre lo que implicaba la eliminación de lo disciplinar en una
escuela de “bellas artes”, comenzó a argumentar brillantemente sobre la importancia de
Pepa Pig para comprender ciertas tensiones de la representación. Ese gesto de
contravención del libreto es plenamente escandelleano.
Su producción fue verborrágica, desinhibida y rigurosa. Exploradora tenaz de lenguajes
transitó la pintura, los objetos, las instalaciones, las acciones. Inventó una nueva categoría
los handings works —from hand to hand— [algo así como obras de manos —de mano a
mano]: pieza heredera de la tradición gráfica y hermana del volante político.
Algunas de sus obras son casi oraculares: proponen estrategias que solo podemos medirlas
desde la distancia. Su ejercicio cotidiano fue trasponer los límites, inventar territorios,
capturar para su práctica todo dispositivo. El repertorio es elástico y nos seguirá incitando
con el paso del tiempo. Deberemos seguir madurando para las obras de Escandell.
Sus proyectos, aún los que más explícitamente se vincularon a experiencias traumáticas,
conservan siempre una arista irreverente. Este sesgo —próximo al humor— es el que nos
habilita a la lectura en clave crítica: pone distancia al sentimentalismo y nos proyecta a
sentidos más complejos.
Esa apuesta vital de moverse a contrapelo, haciendo estallar toda estructura rígida, la hizo
una docente, maestra, profesora memorable. Escandell era ante todo una posibilidad de
libertad. De intuir como alumno —muchas veces por primera vez— que el trabajo en el arte
tiene que ver con una pulsión visceral. Pero entendiendo que ese impulso nos conecta
indefectiblemente con otros. Si existe un sentido en nuestra labor será el de construir
comunidades que nos agiten.
Ella participó de grupos de estudio, talleres compartidos e incluso de la experiencia
colectiva más internacionalmente célebre que alumbró esta parte del mundo. “Tucumán
Arde” es un tótem inmenso que cosecha más publicaciones en lengua extranjera que
reflexiones vernáculas que atraviesen su ya lustrosa superficie. Si logramos despejar las
refracciones de su luz y conectarnos con el sustrato donde se asienta, encontraremos
proyectos, acciones y gestos que tal vez aún tengan mucha más sustancia nutritiva de la
que intuimos.
Escandell encarnó con lucidez el binomio enseñanza y compromiso ideológico. Militó la
docencia. Ella relataba la sorpresa que le produjo que Juan Grela —en un momento que
estaba retirado de su espacio de enseñanza— le derivara algunos alumnos. Escandell no
había participado del taller de Grela ni había sido cercada a él. Creo que Grela presintió
que compartía con ella sus votos: la experiencia de taller como aprendizaje sensible y
político.

Los manuales de historia del arte hablan del fracaso de las vanguardias. El revés se asienta
en la imposibilidad de conjugar experiencia artística y vital. Sin embargo, tal vez sea desde
estas coordenadas geográficas, donde el alimento y el techo aún no se pueden dar por
ganados —hoy menos que nunca—, que la apuesta a explorar el mundo de las imágenes,
los objetos, los sentidos no tiene más chance de existir que en cotidiano revolcón con los
actos básicos de subsistencia y sociabilidad. Noemí Escandell intuyó esto luminosamente.