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MIGUEL ÁNGEL AGUIRRE MIRALRÍO

RESUMEN DE LAS ORIENTACIONES PASTORALES SOBRE


MÚSICA SAGRADA PROMULGADAS POR
LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO (CEM)
APROBADAS POR LA LXII ASAMBLEA PLENARIA
Abril, 1997

Esta nueva edición revisada de las orientaciones pastorales parte en su presentación con esta frase:
“Alaben al Señor que la música es buena, nuestro Dios merece una alabanza armoniosa”. (Sal 147,1)

En la introducción se nos dice principalmente que la “Iglesia no solo actúa, sino que se expresa también
en la liturgia, vive de la liturgia y saca de ella las fuerzas para la vida” (D. C.13), y por eso mismo la
Iglesia se preocupa por dar normas adecuadas, estimular el canto, intervenir para evitar desviaciones y
corregir abusos. Nos recuerda también que, según la carta “Tra le sollecitudini”, el objetivo general de
la música Sagrada es la gloria de Dios y la santificación y edificación de los fieles, ayuda a aumentar la
belleza y esplendor de las ceremonias, su función es revestir el texto litúrgico y su finalidad es motivar a
la devoción.

El primer apartado está dedicado a presentar la situación actual sobre la música sagrada en México y nos
dice que, positivamente, después de 30 años del Concilio hay una mayor compresión y adaptación de la
liturgia, el pueblo sabe y gustosamente canta, hay la presencia de coros juveniles, se han preservado y
fundado escuelas de música sacra; pero, que, negativamente, falta preparación litúrgica, técnica y
cristiana en compositores, músicos y en el pueblo, algunas veces el coro impide la participación de la
comunidad, hay poco valor religioso y artístico de las composiciones, y falta promover la música sacra
en la lengua y cultura de los pueblos autóctonos.

El segundo apartado nos habla de las condiciones de la música litúrgica. La primera es el texto, el cual,
debe expresar y estimular la fe en Cristo, no usar textos de tinte político o social sino bíblico o inspirado
en la S.E. (Salmos o Evangelios) y en la Tradición de la Iglesia, razón por la que esos textos nunca deben
ser sustituidos, reducidos o glosados; el texto de los cantos debe corresponder a la finalidad de cada uno,
y es preferible utilizar la lengua latina a la vernácula. La segunda es la melodía, la cual, no importa el
género que sea, debe alimentar la oración y profundizar en el misterio de Cristo, finalidad que tanto el
canto gregoriano como la polifonía sagrada antigua y moderna mejor cumplen; la melodía deberá ser
siempre bella, aún en su sencillez, nunca profana, y debe estar acorde con el texto y el momento
celebrativo.

Una tercera condición son los coros y los músicos diciendo que, el coro o capilla musical o “schola
cantorum” deben dar opción a la participación del pueblo con melodías sencillas; siempre debe haber un
coro tanto en las iglesias mayores como en las más modesta, según las posibilidades; debe evitarse el
exhibicionismo y protagonismo sobre todo en los coros juveniles, y por ello, a todo ministro del canto y
de la música, debe formársele en tres dimensiones: formación cristiana para que tengan coherencia entre
su fe y su vida diaria, formación litúrgica para que junto a la comunidad celebren y vivan su fe,
formación técnica de la voz e instrumentos para que expresen con auténtica belleza la fe que celebran.
Nos habla también de ayudar a los grupos de cantores y músicos elegidos ocasionalmente a seleccionar
verdadera música litúrgica; que hay que proporcionar a los coros inexperimentados partituras y buena
música grabada; hay que cuidar el lugar que ocupa el coro como parte y al servicio de la asamblea, así
como su comportamiento y vestimenta; y que la finalidad del coro es apoyar el canto del pueblo y nunca
impedir la participación de éste, para lo cual nos recomienda finalmente los ensayos con el pueblo para
que se vaya formando un repertorio popular de real participación.
Otra condición son los instrumentos, cuya finalidad es apoyar y estimular el canto de los fieles, facilitar
su participación y unificar a la asamblea, por ello todo instrumento debe callar cuando un ministro habla
en voz alta un texto; el órgano es el instrumento musical más propio para la liturgia, sin embargo
también se pueden utilizar otros teniendo en cuenta la aceptación popular y que cumpla con los fines
litúrgicos; cuando se trata de conjuntos musicales que suelen acompañar música popular como el
“mariachi”, habrá que tener en cuenta la sensibilidad religiosa del pueblo para ver su conveniencia; por
último dice que usar discos o cintas grabadas está totalmente excluido de los actos litúrgicos, aunque se
tolera su uso antes de las celebraciones para fines de ensayo o ambientación.

La última condición que nos menciona es a cerca de los cantorales, diciéndonos que existe un gran
número de éstos, pero, debemos distinguir en ellos los cantos verdaderamente litúrgicos de aquellos que
sólo tienen un tema religioso; hay que respetar los textos tanto bíblicos como los de antiquísima
tradición (Kyrie, Gloria…); hay que destacar con nombre y cita los Salmos y cánticos bíblicos, así como
no presentar como supletorios del salmo responsorial los llamados “cantos de meditación”.

El tercer apartado trata sobre la preparación de las celebraciones y de la selección y preparación de los
cantos bajo los siguientes criterios: El canto debe hacer notar el tiempo litúrgico y el sentido especial de
cada celebración dominical y demás fiestas eclesiales; los días ordinarios, aunque con mayor sencillez,
también requieren del canto; hay partes especiales del Ordinario de la Misa que necesitan especialmente
del canto.

Además, cada canto debe corresponder al momento celebrativo y se destacan particularmente: el canto
de Entrada que acompaña la procesión de los ministros, ayuda a formar el sentido de comunidad y a
responder a la llamada de Dios a fin de celebrar la Pascua de Cristo; no debe prolongarse después que ha
terminado la entrada de los ministros. El Salmo responsorial, que es la respuesta del pueblo a la Palabra
de Dios proclamada en la primera lectura, pide que ordinariamente sea cantado, al menos el responsorio.
La aclamación antes del Evangelio (Aleluya) pide también el canto pues se trata de una aclamación
festiva, con un versículo evangélico y no un canto con estrofas que terminan en aleluya. El canto durante
el saludo de la paz, no es litúrgico; será mejor no darle cabida, en todo caso, no debe dañar el canto
inmediato del Cordero de Dios, que si es litúrgico y acompaña la Fracción del pan. Para el canto de
postcomunión debe elegirse aquel que sustituya dignamente el silencio prolongatorio después de la
comunión, aunque lo normal es el silencio.

Estas prenotadas ya mencionadas de determinados cantos no sólo aplican a las celebraciones


eucarísticas, sino también en los demás sacramentos y ejercicios piadosos y devociones, así como en las
celebraciones que por ser de tinte social requieren mayor cuidado, como los quince años y matrimonios.
En éste último, los párrocos y demás rectores deberán orientar a las parejas y vigilar los programas
musicales que se les presentan para eliminar los que no sean convenientes.

El cuarto apartado está dedicado a los grupos étnicos con un lenguaje musical propio, ya que además de
todo lo ya mencionado, también vale para ellos lo siguiente: En donde ya existan cantos y melodías
litúrgicas autóctonas aprobadas fomentase su uso; impulsen los pastores la composición de nuevos
cantos y melodías, aptos para la liturgia; téngase cuidado, al hacer las traducciones de los textos
litúrgicos a las nativas, de respetar la fidelidad al contenido del texto.

Por último, en la conclusión, se recomienda a los superiores y formadores de seminarios e institutos de


vida consagrada a dar una formación musical a los futuros pastores tanto en la línea teórica como
práctica, igualmente a las Escuelas de Música Sacra a dar a sus alumnos una preparación cristiana,
litúrgica y técnica cada vez mejor, a las Comisiones Diocesanas de Música Sagrada a cumplir con su
deber, y a todos a contribuir a una mejor expresión de nuestra fe cristiana en el corazón de la Iglesia que
es la liturgia.

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