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TEMA 8
BILINGÜISMO Y DIGLOSIA. LENGUAS EN CONTACTO. LA NORMALIZACIÓN
LINGÜÍSTICA.

0. Introducción
1. Bilingüismo y diglosia
1.1. El bilingüismo: definición y tipos
1.1.1. El bilingüismo individual
1.1.2. El bilingüismo social
1.1.3. Las consecuencias del bilingüismo
1.2. La diglosia
2. Lenguas en contacto
2.1. Fenómenos derivados del contacto de sistemas
2.1.1. Interferencia, transferencia y convergencia
2.1.2. Préstamos, híbridos y calcos
2.2. Fenómenos derivados del uso de varias lenguas
2.3. Variedades derivadas del contacto de lenguas
2.3.1. Pidgins
2.3.2. Criollos
3. La normalización lingüística
3.1. El proceso de normalización lingüística
3.2. Las comunidades bilingües españolas
4. Conclusión

0. INTRODUCCIÓN
El ámbito de estudio en el que se abordan los aspectos tratados en el presente tema es la
llamada sociolingüística, que ha dedicado prácticamente desde su nacimiento un apartado especial
a lo que comúnmente se denomina “lenguas en contacto”. El estudio de las relaciones que
establecen las sociedades con su(s) lengua(s) o con otras comunidades con lengua(s) distinta(s) a la
suya es una preocupación de muchos lingüistas. Si bien desde el punto de vista sincrónico es un
fenómeno que estudia la sociolingüística, ya en el siglo XIX la coexistencia de lenguas era señalada
como uno de los motores de los cambios lingüísticos.
El enfoque que requieren estas cuestiones es multidireccional, ya que la naturaleza de ambas
realidades –las lenguas y las sociedades en que se emplean- es tan compleja que provoca
fenómenos muy diversos entre sí. En el presente tema se abordarán los procesos a que da lugar la
coexistencia de dos o más lenguas, en lo que respecta al conocimiento y uso de dos o más lenguas,
y las diferentes repercusiones lingüísticas que producen las lenguas en contacto. Posteriormente, se
analiza el proceso de normalización lingüística y su desarrollo en las comunidades españolas que
tienen lengua propia.
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1. BILINGÜISMO Y DIGLOSIA
1.1. EL BILINGÜISMO: DEFINICIÓN Y TIPOS

La definición del término bilingüismo (tomado del latín bi-lingüis ‘el que habla dos lenguas’)
no es homogénea en todos aquellos que han estudiado este aspecto, aunque puede decirse que la
mayoría de las definiciones reitera la idea de que el bilingüismo supone “el uso de dos lenguas por
parte de un hablante o comunidad”. En este caso, el problema se presenta en la comprensión
global de todos y cada uno de los elementos que intervienen en el fenómeno del bilingüismo, entre
los que destacan: factores individuales (como el aprendizaje de la lengua B o la dimensión
psicológica); factores sociales (relativos a las relaciones lengua/sociedad); bilingüismo
estable/inestable (en la medida en que se produce la convivencia de forma paralela sin que ninguna
lengua caiga en desuso o la situación inversa); la educación bilingüe; la existencia de comunidades
históricamente bilingües; la política lingüística y sus medidas ante el bilingüismo, etc.
La lingüista vasca Maitena Etxebarría, en su obra El bilingüismo en el Estado español -citada
por Javier Medina López (1997)- , considera bilingüe “al individuo que, además de su propia lengua,
posee una competencia semejante en otra lengua y es capaz de usar una u otra en cualquier
situación comunicativa y con una eficacia comunicativa idéntica”.
Siguiendo la exposición de Etxebarría, habitualmente se distinguen dos clases de bilingüismo:
a) Bilingüismo individual. Es el que afecta al individuo y a los condicionamientos psicológicos
que inciden sobre el mismo.
b) Bilingüismo social. Es aquel que se refiere a la sociedad en su conjunto, dentro de la cual
se integra el individuo.

1.1.1. EL BILINGÜISMO INDIVIDUAL

El estudio del bilingüismo individual diferencia los siguientes aspectos:


1. Según la relación entre lenguaje y pensamiento:
a) Bilingües compuestos: cuando se recibe un mensaje en la Lengua A o en la B, hay
mecanismos de adaptación del mensaje en la mente del hablante hacia la lengua
predominante.
b) Bilingües coordinados: si el mensaje es recibido en la Lengua A o en la B, se entiende en
cada una de esas lenguas. Además, la respuesta es en la misma lengua en que se ha
recibido.

2. Según el grado de conocimiento de la lengua:


a) Bilingües equilibrados: son aquellos que tienen un grado de conocimiento idéntico de
ambas lenguas.
b) Bilingües dominantes: se da cuando el grado de conocimientos es mayor en una de las dos
lenguas. Esto ocurre, generalmente, con la lengua materna.
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3. Según la edad de adquisición:


a) Bilingüismo de infancia: no se ha alcanzado la madurez y el bilingüismo corre paralelo al
desarrollo general del niño. Aquí se distinguen dos tipos: el bilingüismo precoz simultáneo,
que afecta a niños que aprenden dos lenguas maternas a la vez; y el bilingüismo precoz
consecutivo, que afecta a niños que adquieren una segunda lengua, a edad temprana, pero
después del aprendizaje de la lengua materna.
b) Bilingüismo de adolescencia: se aprende una segunda lengua entre los 10/11 años hasta
los 16/17.
c) Bilingüismo de edad adulta: aprendizaje o adquisición en etapas posteriores a las
señaladas.

4. Según las relaciones de estatus socio-cultural de las dos lenguas:


a) Bilingüismo aditivo: si las dos lenguas tienen una valoración positiva.
b) Bilingüismo sustractivo: cuando una las dos lenguas, la materna, por ejemplo, está
desvalorizada.

5. Según la pertenencia y la identidad culturales:


a) Bilingüe bicultural: cuando se reconocen y aceptan las dos realidades culturales de las
lenguas A y B.
b) Bilingüe monocultural: cuando se reconoce sólo la identidad cultural del grupo al que
pertenece el bilingüe.
Al tratarse el bilingüismo de la utilización alterna de dos o más lenguas, habría que examinar
el grado de competencia que en ambas lenguas tiene el individuo, es decir, los usos que el bilingüe
haga de cada lengua y bajo qué condiciones éstas se utilizan. Dependiendo del desarrollo de las
destrezas comunicativas (hablar, leer y escribir) que exigen un mayor conocimiento, Karmele
Rotaetxe (1990) distingue:
a) Bilingüismo de comprensión o en primera potencia, para el bilingüe que carece de
capacidad de expresión y sólo “piensa” en una de las lenguas.
b) Bilingüismo de comprensión y de expresión, o en segunda potencia, para el bilingüe que
alcanza los dos procesos, pero realiza la actividad mediadora a partir de una sola lengua.
c) Bilingüismo de comprensión, expresión y pensamiento: es el caso del bilingüe activo,
completo y coordinado. Esta capacidad requiere que el hablante diferencie las normas de
la vida socio-cultural que las lenguas particulares reflejan.

1.1.2. EL BILINGÜISMO SOCIAL

El bilingüismo social también está regido por una serie de factores. Para empezar, se dice que
una sociedad es bilingüe cuando una parte más o menos importante de la sociedad lo es. Habría,
por tanto, una relación de causa efecto: hay sociedades bilingües porque existen individuos
bilingües o, por el contrario, el que existan varias lenguas en una comunidad trae como
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consecuencia la presencia de individuos bilingües. El bilingüismo individual y social, pues, están


íntimamente relacionados.
La historia de la Humanidad nos da sobradas muestras de situaciones en las que colectivos
humanos han tenido que ponerse en contacto con otros grupos de lenguas diferentes: invasiones a
gran escala en la Antigüedad, colonizaciones, las corrientes migratorias europeas desde el siglo XIX
en adelante; motivos laborales, etc. Entre las razones que se han apuntado para la existencia del
bilingüismo social destacan las siguientes:
1. La ocupación o colonización. El verdadero efecto bilingüe se advierte en la colonización,
que es mucho más duradera que la ocupación. En el ámbito hispánico el ejemplo más claro
es la colonización de América desde el siglo XVI.
2. El comercio. La necesidad de intercambiar productos y bienes de consumo puede llevar a
los hablantes monolingües a adoptar una segunda lengua. Hoy en día, la existencia de una
lengua comercial como el inglés es un factor determinante.
3. La superioridad demográfica. En aquellos territorios donde la Lengua A es la mayoritaria,
la población monolingüe (de Lengua B, minoritaria) se ve impulsada también a dominar la
Lengua A.
4. El poder y el prestigio. La riqueza, el poder y el prestigio social que representa cada uno de
los grupos se configuran como elementos claves para la necesidad de dominar la lengua
superior.
5. La expansión y ascendencia. La expansión por un territorio y el auge que una lengua
puede experimentar no parece que estén ligadas a la lengua en sí misma. En parte puede
argumentarse el número de hablantes, el poder político y económico, el poder de los
medios audiovisuales o la hegemonía cultural.
6. La educación. Este factor está ligado al anterior. Una lengua de cultura es enseñada en las
escuelas y universidades.
7. La influencia económica. La tendencia a la globalización en el siglo XXI es capital para el
dominio de amplios sectores. La lengua o las lenguas que están unidas al poder son, por
añadidura, las más solicitadas en los círculos internacionales.
8. La religión. Aunque hoy en día ha perdido el protagonismo que tenía siglos atrás, sin duda
ha jugado un papel importante en la expansión de una lengua. Uno de los casos más
conocidos puede ser el del Cristianismo, que favoreció la expansión del latín.
9. Los medios de difusión. Si antes se destacaba la influencia económica, no lo es menos la
importancia que han adquirido en las últimas décadas los medios de comunicación:
televisión, radio, cine, prensa escrita, comunicaciones informáticas o agencias de noticias
internacionales.
Dentro del bilingüismo colectivo, Hugo Baetens –citado por K. Rotaetxe- distingue tres tipos
de bilingüismo:
a) El bilingüismo horizontal. En este caso se encuentran el francés y el inglés en Quebec: se
trata de dos lenguas oficiales que tienen el mismo estatus cultural y en la vida familiar.
b) El bilingüismo vertical. En el segundo caso concurren el uso de una lengua oficial y el de un
dialecto con el que está emparentada. Se da en la Suiza germánica (schwyzertütsch y
alemán).
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c) El bilingüismo diagonal. En cuanto al tercero, ocurre en hablantes que usan un dialecto o


una lengua no oficial junto con una lengua oficial “genéticamente no relacionada”, como
ocurre en el estado de Louisiana, donde se hablan el inglés y el francés, aunque sólo el
primero es oficial.
La clasificación propuesta por Baetens se refiere al bilingüismo como fenómeno social y no
tiene en cuenta variables tales como si las prácticas lingüísticas en una lengua u otra están en
distribución complementaria o no, si la comunidad es toda ella bilingüe o si sólo lo es una parte, si
el llamado bilingüismo horizontal es estable o no, etc. Y no parece que puedan considerarse estos
aspectos y otros similares sin considerar previamente la noción de diglosia. Por ello, el término
“bilingüismo”, aplicado a una colectividad, resulta equívoco por insuficiente.

1.1.3. LAS CONSECUENCIAS DEL BILINGÜISMO

El interés por la adquisición de lo que, comúnmente, suelen llamarse “segundas lenguas” y la


importancia de investigar en estos procesos son hechos innegables que justifican el prestigio
mundial del “Centre Internacional de Recherches sur le Bilinguisme” existente en la Universidad
Laval de Quebec. Porque el bilingüismo no sólo es importante socialmente al permitir que los
individuos se conozcan mutuamente y se comprendan mejor; lo es también porque ayuda al
desarrollo de la inteligencia. Al menos desde 1962, E. Peal y W.E. Lambert han aportado pruebas
referidas a lo siguiente: los niños bilingües tienen una flexibilidad cognitiva mayor que los
unilingües. Los autores llegaron a concluir que, puesto que los bilingües tienen dos símbolos para
cada objeto, deben poder conceptualizar los acontecimientos de su medio según propiedades
generales, sin dependencia de los particulares símbolos lingüísticos, siendo por ello esos niños más
hábiles en conceptos y relaciones abstractas. En todos los casos se trataba de bilingües para
quienes las dos lenguas implicadas merecían el mismo respeto social y tenían el mismo valor en su
entorno. Así, saber francés e inglés en Quebec supondría para los niños canadienses anglohablantes
añadir una segunda lengua socialmente importante a su repertorio de habilidades. En ningún caso,
el aprendizaje de la segunda lengua llevaría consigo la lenta sustitución de la lengua materna, como
ocurriría con los hispanohablantes de Nueva York. Y esto es especialmente cierto cuando los
bilingües representan una minoría, y se encuentran enfrentados con miembros de una mayoría
unilingüe, que suele considerar “anormal” el fenómeno del bilingüismo. De hecho uno de los
mayores problemas derivados del ser o no ser bilingüe es el relacionado con lo que se llama
anomía, noción que puede ser definida como un sentimiento de desorientación personal, una
situación de ansiedad y de aislamiento social. El papel de la anomía en la vida de bilingües,
particularmente adolescentes, ha sido observado entre inmigrantes italianos en Nueva York.
No existe una opinión unánime al respecto, ya que muchas de las pruebas que se aducen para
avalar una práctica docente determinada pueden ser rebatidas con contraejemplos. En cualquier
caso, no podemos olvidar que, aparte de su dimensión individual, el bilingüismo atañe al estudio
social de las lenguas, por lo que el problema individual del bilingüismo es, en realidad, el del papel
que las lenguas (o la lengua) juegan en esa sociedad.

1.2. LA DIGLOSIA
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En 1959, Charles A. Ferguson publicó un breve artículo titulado “Diglosia”, en el que acuñaba
este concepto -equivalente, con vocablos griegos, al “bilingüismo” latino- que estaría destinado a
hacer fortuna en la sociolingüística norteamericana.
Ferguson parte de la hipótesis de que hay una situación muy caracterizada en la relación que
se establece entre la lengua estándar y la coloquial –relación que él llamará diglosia- y que
intentará describir en sus características esenciales a partir del análisis de los rasgos comunes a
cuatro casos que considera que se encuentran en esta situación: las variedades del alemán hablado
en Suiza, el árabe, el criollo haitiano y el griego moderno.
Lo importante en la concepción de Ferguson es que se trata de dos variedades de una misma
lengua, lo que significa que un mismo hablante podría en un momento dado utilizar tanto la
variedad alta (A), empleada en situaciones formales, como la variedad baja (B), asociada a las
situaciones informales, dependiendo de unas circunstancias comunicativas específicas.
El fenómeno de la diglosia se caracteriza, según Ferguson, por nueve rasgos:
1. Función. La variedad A es usada en contextos formales (colegios, actos protocolarios,
literatura…) y la B es la modalidad de la familia, los amigos, el vehículo cotidiano de
comunicación.
2. Prestigio. La lengua de prestigio es la A y la de menor valoración es la B.
3. Herencia literaria. La literatura “seria” y “culta” se escribe en A. En B aparecen los
folletines y escritos de poca consideración literaria.
4. Adquisición. La variedad A se adquiere en la escuela, a través de los libros. La variedad B es
la lengua materna y, como tal, se habla en casa y con los niños.
5. Estandarización. La modalidad A tiene reglas para su funcionamiento (gramáticas,
diccionarios, tratados de pronunciación, libros de estilo, etc.). En la modalidad B la
ausencia de normas escritas es lo general.
6. Estabilidad. Durante siglos se han conformado las situaciones de diglosia. Este mismo
hecho ha regulado el uso de A y B.
7. Gramática. La modalidad A posee una gramática mucho más amplia y compleja. B tiene
una gramática más simple.
8. Léxico. El vocabulario, en más ocasiones de las que se piensa, es compartido por A y B,
aunque con variaciones de forma y diferencias de uso y significado. Los cultismos, por
ejemplo, están mayoritariamente en A.
9. Fonología. En el campo de la Fonología, dice Ferguson, hay más dificultades para ofrecer
una generalización de las relaciones entre A y B.
La variedad A tiene, por tanto, un mayor número de situaciones “formales” y sería más
conservadora, en tanto en cuanto en ella inciden unos factores que, a través del tiempo, la han
convertido en un vehículo de cultura y prestigio. Los cambios se producen cuando nos situamos en
B, en la lengua oral, la lengua en plena efervescencia: entre amigos, en el ambiente familiar, etc.
Aunque algunos aspectos de la propuesta de Ferguson pueden ser –de hecho lo han sido-
discutidos, su análisis de la diglosia abrió un debate muy intenso sobre varios aspectos de la
conducta humana en relación con las lenguas. Entre los autores que hicieron modificaciones están
John Gumperz y Joshua Fishman, que en varios trabajos publicados en los años sesenta y setenta,
matizaron algunos puntos de la teoría de Ferguson. Tanto Gumperz como Ferguson señalaron que
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el concepto de diglosia había que extenderlo a todas aquellas sociedades que tuvieran dialectos o
registros distintos o niveles lingüísticos funcionalmente diferenciados de la clase que sean. Con
posterioridad, Fishman vincula el bilingüismo y la diglosia. De su propuesta resultan cuatro posibles
relaciones entre una y otra dimensión:
1. Comunidades lingüísticas caracterizadas por la diglosia y el bilingüismo. Sería el uso del
español y el guaraní –lengua indígena- en el Paraguay.
2. Comunidad lingüísticas caracterizadas por la presencia de bilingüismo sin diglosia. Son
sociedades en las que se usan dos o más lenguas sin reglas fijadas y los límites entre las
fronteras del bilingüismo y la diglosia se han ido borrando.
3. Comunidades lingüísticas caracterizadas por la existencia de la diglosia sin bilingüismo.
Corresponde a comunidades muy marcadas socialmente en las que la clase alta habla una
variedad y la clase baja la modalidad popular. Fishman recurre al caso ruso en la época de
los zares, en la que el francés fue tomado como modelo del buen hablar.
4. Comunidades lingüísticas caracterizadas por no tener ni bilingüismo ni diglosia. Plantea
una situación casi “ideal”, pues se trata de sociedades muy pequeñas, aisladas y no
diversificadas.
Desde que apareció este término en sociolingüística, ha venido sufriendo cambios
significativos, unos exigidos por las necesidades de la investigación, otros por la necesidad de
acoplar esta noción a situaciones plurilingües muy diversas.
El carácter estático que la sociolingüística norteamericana atribuye a la diglosia ha sido
cuestionado por la sociolingüística catalana. La escuela catalana se ha replanteado la noción de
diglosia y la ha sustituido por la de conflicto lingüístico, elaborada primero por V. Aracil (1965) y
difundida por Rafael Ll. Ninyoles (1972), al prestar especial atención al equilibrio inestable que se
produce en las situaciones diglósicas. Define esta noción como una situación en la que dos lenguas
se enfrentan, una como políticamente dominante y la otra como políticamente dominada. Las
formas de dominación van desde las claramente represivas hasta otras más tolerantes en el plano
político, aunque su fuerza represiva es esencialmente ideológica. Esta polaridad crea el conflicto,
que puede dar lugar a dos situaciones distintas: se puede alcanzar la normalización de la lengua
dominada, mediante la estandarización, la ampliación de los ámbitos de uso y la valoración
prestigiosa, que en principio es lo deseable; en el caso contrario, el conflicto sólo puede terminar
con la desaparición de la lengua dominada.

2. LENGUAS EN CONTACTO
La expresión lenguas en contacto, difundida por Uriel Weinreich en 1953, da cabida a todo
tipo de fenómenos originados por la coexistencia de dos lenguas en una comunidad. El bilingüismo
y la diglosia caen dentro de este epígrafe; sin embargo, en un sentido más restringido, se habla de
lenguas en contacto para describir la influencia que, desde el punto de vista lingüístico, ejerce una
lengua sobre otra, y los fenómenos y creaciones a que da lugar. Estos fenómenos normalmente se
manifiestan individualmente, pero, una vez que se generalizan, pueden provocar cambios en el
sistema. Los factores sociales, como las actitudes de los hablantes, los dominios de uso o las
situaciones comunicativas, son los que provocan estos cambios.
Francisco. Moreno (1998) propone la siguiente clasificación de los fenómenos derivados del
contacto de lenguas:
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1. Fenómenos derivados del contacto de sistemas.


2. Fenómenos derivados del uso de varias lenguas.
3. Variedades derivadas del contacto de varias lenguas.

2.1. FENÓMENOS DERIVADOS DEL CONTACTO DE SISTEMAS

La lingüística histórica ha empleado los conceptos de sustrato, superestrato y adstrato,


formulados a finales del siglo XIX, para clasificar los posibles contactos entre lenguas.
a) El sustrato es el influjo de una lengua perdida sobre otra que se ha impuesto. Surge del
abandono y sustitución de una lengua (el ibérico) por otra (el latín), en la que la lengua
precedente deja ciertas huellas. Ejemplos de este proceso se hallan en el castellano,
procedentes de las lenguas prerromanas.
b) El superestrato alude al influjo que una lengua conquistadora ejerce sobre la lengua de la
población conquistada, a la que no llega a sustituir. También para el castellano se habla del
superestrato germánico y árabe, sobre todo en el léxico y en la onomástica.
c) El adstrato es el influjo recíproco entre dos lenguas vecinas. En la supuesta influencia
español-portugués no basta el hecho de que exista una frontera, sino que en los hablantes
debe existir el conocimiento, aunque sea parcial, de ambas lenguas.
De estos tres tipos de situaciones derivan las interferencias y los préstamos.

2.1.1. INTERFERENCIA, TRANSFERENCIA Y CONVERGENCIA

Se suele hablar de interferencia/transferencia o convergencia cuando una Lengua A (la


receptora) comienza a mostrar signos (fonéticos, léxicos, gramaticales o sintácticos) que la alejan
de las estructuras propias de su norma para tomar o asimilar estructuras propias de la lengua de
contacto, es decir, de la Lengua B. En el caso de la interferencia el resultado es el de una estructura
agramatical, no aceptada por la norma estándar o culta de la lengua receptora. Así, Weinreich
(1953) define la interferencia como “casos de desviación con respecto a las normas de cualquiera
de las lenguas que concurren en el habla de los individuos bilingües como resultado de su
familiaridad con más de una lengua”.
Algunos autores prefieren el término transferencia por considerar que el de interferencia
tiene connotaciones más negativas, pues de alguna manera interferencia supone un mal uso del
bilingüismo, lo que acarrea para las lenguas un estado de “deterioro” y “contaminación”. En el caso
de la convergencia también se registra un influjo de la Lengua B sobre la A pero, al contrario que en
la interferencia, no se dan resultados gramaticales y se emplea para referirse a la generalización o
intensificación de unos esquemas ya existentes en la lengua receptora como, por ejemplo, el
aumento de frecuencia de la pasiva pura en español en detrimento de la pasiva refleja por influjo
del inglés. Estos fenómenos afectan normalmente a los niveles más estructurados de la lengua –
como el fonológico-, en los que provoca reajustes del sistema. En el caso de los niveles menos
estructurados, como el léxico, se habla de préstamos.
En el nivel fonológico, Weinreich distingue los siguientes fenómenos:
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a) Subdiferenciación de fonemas. Dos fonemas de la lengua receptora se confunden porque


son equivalentes en la lengua de contacto. Es el caso de la confusión de las vocales /e/-/i/
por influjo del árabe en el español hablado en el norte de África (tinía ‘tenía’).
b) Superdiferenciación de fonemas. Se imponen en la pronunciación de la lengua receptora
distinciones fonológicas que funcionan en la lengua de contacto como, por ejemplo, la
distinción en castellano de s sorda y s sonora por influjo del catalán.
c) Reinterpretación de fonemas. Se distinguen fonemas en la lengua receptora mediante
rasgos que, siendo redundantes en esta lengua, son pertinentes en la lengua de contacto.
Los hablantes bilingües de finés y español aplican la distinción vibrante simple/múltiple a
sus consonantes vibrantes sin valor fonológico.
d) Sustitución de fonemas. Se da entre fonemas similares de ambas lenguas, pero con
pronunciación distinta. Por ejemplo, el uso de la r uvular del francés en español en lugar de
la vibrante múltiple.
En el nivel morfosintáctico hay transferencia en los cambios que afectan al orden de
palabras, las funciones sintáctico-semánticas, la desaparición de categorías o la pérdida de
oposiciones gramaticales, etc. Cuestiones como la pérdida del género en adjetivos del español
hablado en Los Ángeles o el mantenimiento de la preposición de con valor partitivo por influencia
del valenciano (Si tienes tomates, dame tres de maduros) son casos de transferencia.

2.1.2. PRÉSTAMOS, HÍBRIDOS y CALCOS

Esta categoría engloba a todos aquellos tipos de préstamos que aportan una nueva lexía a la
lengua receptora. Al ser el préstamo léxico la categoría más numerosa, resulta imprescindible una
clasificación a partir de la modificación formal que sufren las unidades desde la perspectiva de la
lengua modelo.
a) La importación o préstamo integral es el tipo más elemental de préstamo y consiste en
incorporar a la lengua receptora una lexía extranjera, con su forma y su significado, sin más
alteración que intentar adaptarla en cierta medida a las pautas fonológicas, gráficas y
gramaticales de la lengua receptora, de lo cual surge la borrosa distinción entre
extranjerismo (software) y préstamo (parqué < parquet). En general, sucede cuando se
importa junto con el término un nuevo ente de la realidad.
b) Los híbridos son unidades polimorfemáticas (compuestos y derivados) en las que parte del
modelo es importado y parte de él es sustituido o calcado. En todos estos casos se habla
de “sustitución”, fenómeno que viene originado por causas varias como el mayor prestigio
de la lengua modelo, una mayor expresividad o capacidad de llamar la atención por lo
novedoso. Existen dos variedades principales, como podemos ver en los siguientes
anglicismos del español: radical importado y afijo sustituido, es decir, derivados híbridos:
footballer > futbolista; boxing > boxeo; y lexías complejas híbridas o compuestos híbridos:
música country < country music; club campestre < country club.
c) Los calcos léxicos, un tipo especial de préstamos léxicos, consisten en la sustitución de un
compuesto nominal de la lengua modelo por medio de morfemas o lexías simples, ya
existentes en la lengua receptora, de manera que la unión de estos elementos dé lugar a
una lexía compleja desconocida antes en esta lengua como, por ejemplo, rascacielos, calco
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del inglés sky-scrapper. Esto constituye, además, el criterio decisivo para la distinción entre
el calco léxico y el calco semántico, ya que este último se limita a añadir un nuevo
significado a una palabra ya existente en la lengua receptora. Es el caso de asistente
<assistant con el significado de ‘ayudante’.
Las categorías que son más frecuentemente objeto de préstamo son los sustantivos, lo que
está, sin duda, motivado por su capacidad referencial. En este sentido, Hudson (1981) señala que se
puede establecer una escala de accesibilidad al préstamo, en la cual la morfología inflexional y el
vocabulario básico (como los números) serían los menos accesibles, y el vocabulario científico y
técnico sería el más accesible.

2.2. FENÓMENOS DERIVADOS DEL USO DE VARIAS LENGUAS

Una manifestación más de las lenguas en contacto es la que se denomina intercambio de


códigos. Tal nomenclatura (del inglés code-switching) viene a suponer que un hablante llega a
alternar ciertas lenguas en un mismo acto de habla. La complejidad de este tipo de
comportamiento lingüístico radica en analizar los mecanismos y pautas que cada individuo tiene
para emplear de forma aparentemente desordenada dos lenguas. Los estudios realizados vienen a
demostrar que el cambio de código está regido por una serie de elementos y que son los bilingües
más equilibrados (quienes mejor conocen cada una de las lenguas) los que más practican la
alternancia de códigos. Silva-Corbalán (1989) señala los siguientes factores:
a) Factores externos. Entre otros están el entorno físico, los participantes, el tópico de la
conversación y la identificación étnica.
b) Factores lingüísticos. A pesar de las dificultades para su descripción, razones estilísticas y
metafóricas reguladas podrían señalar este proceso. Son algunos mecanismos propios de
la cadena hablada como la codificación de citas y el discurso indirecto, las repeticiones, las
interjecciones, el estilo personal subjetivo o la función retórica.
El cúmulo de algunas de estas circunstancias haría posible la aparición de mensajes (casi
siempre en el plano de la lengua hablada) en los que se alternan estructuras de L1 y L2. La
alternancia de códigos español-inglés puede darse en distintos niveles: cambios intraoracionales
(dentro de la misma oración: Vendía arroz ‘n shit. Ave María, which English?), interoracionales
(entre una oración y otra/s: It’s on the radio. A mí se me olvida la estación. I’m gonna serve you
another one, right?) y de etiqueta (suelen ser muletillas y elementos expresivos que pueden
aparecer en cualquier lugar del discurso: ¡Oh my God, qué horror!).

2.3. VARIEDADES DERIVADAS DEL CONTACTO DE LENGUAS

Como producto del contacto de lenguas, en ciertos territorios geográficos –y bajo algunas
circunstancias que luego se verán- se han creado algunas lenguas que se denominan pidgins y
criollos. Según López Morales (1980), su formación es el caso más extremo del contacto de lenguas.

2.3.1. PIDGINS
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Suele haber unanimidad entre los especialistas en señalar que el pidgin es una variedad
creada a partir de dos o más lenguas con el fin de satisfacer necesidades comunicativas entre
individuos y grupos que no poseen ninguna variedad en común. Estas variedades han sido creadas,
por tanto, con propósitos muy prácticos e inmediatos. De hecho los pidgins se han creado muchas
veces como lenguas de comercio. Es el caso del Tok Pisin (del inglés pidgin talk), también conocido
como neo-melanesio, basado en el inglés y usado en Nueva Guinea y varias islas próximas.
Buscar las razones del nacimiento de un pidgin no es tarea fácil, si se considera que,
generalmente, no existe una única causa. En muchos casos hay que remontarse siglos atrás y seguir
la ruta expansionista que determinadas comunidades europeas llevaron a cabo desde el siglo XV en
adelante, lo que explicaría los pidgin de África, Asia y América. A veces ha resultado de la
agrupación forzosa de gentes de diferentes orígenes. Un caso histórico es el que se produjo con el
tráfico de esclavos africanos llevados a América. Tal circunstancia provocó que los pidgins quedaran
asociados a lenguas habladas por esclavos y con poca reputación y que, como consecuencia del
propio aislamiento, fueron usándose como sistemas de comunicación cada vez en más ocasiones.
Poco a poco, por tanto, adquirieron un estatus de lengua criolla.
Su aprendizaje debe ser lo más simple posible, por lo cual el vocabulario suele basarse en la
lengua del grupo dominante. Esto puede comprobarse en los pidgins que hay repartidos por todo el
mundo, donde la presencia de lenguas europeas es una constante: inglés, francés, portugués,
español y holandés. Por esa necesidad de facilitar el aprendizaje, la fonética y la sintaxis
corresponden a la de las variedades subordinadas. En cuanto a la morfología, se reducen las
diferencias de tiempo, número y caso, que suelen marcarse mediante la adición de partículas.
El hecho de que las lenguas pidgin no sean nunca usadas como medio de identificación del
grupo hace que no exista una presión para mantener unificado y estable el sistema, de modo que
en general presentan una gran variabilidad.

2.3.2. CRIOLLOS

La idea más aceptada es la de considerar que un criollo es un pidgin que ha evolucionado lo


suficiente en su estructura lingüística como para dejar de ser una segunda lengua y convertirse en
lengua materna de una comunidad. Una vez llegado a este punto, el criollo irá desarrollándose
según las necesidades comunicativas de la comunidad que lo emplea. Esto no quiere decir, no
obstante, que todos los pidgins lleguen a ser criollos, ni que todos los criollos se conviertan en
lenguas maternas, como ocurre con el Tok Pisin.
Se ha señalado que la mezcla cultural y el componente racial son un factor de primer orden
en la formación de criollos. Sin embargo, autores como Humberto López Morales indican que lo
verdaderamente importante son las barreras que se establecen entre hablantes y variedades. El
mestizaje cultural a gran escala no produce ni pidgins ni criollos, tal y como ocurrió en la zona del
Caribe insular. España consideró sus posesiones de ultramar como provincias, lo que propició el
mestizaje masivo y, en consecuencia, la ausencia de lenguas criollas; en cambio, Francia, Holanda e
Inglaterra los consideraron simplemente como factorías, por lo que el mestizaje está prácticamente
ausente y abundan las lenguas criollas. Si hay coincidencia geográfica, el criollo puede perder parte
de sus estructuras o características a favor de la lengua dominante en ese territorio, circunstancia
que puede llegar a hacerlo desaparecer. Es, por ejemplo, lo que está ocurriendo con el llamado
“inglés vernáculo” en los Estados Unidos, que está cediendo terreno al inglés estándar. A este
proceso se le denomina descriollización.
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El criollo, en definitiva, supone una compleja y heterogénea red de situaciones de variada


índole a las que el individuo y la comunidad al completo se ven sometidos: la adquisición de
hablantes nativos, lo que supone el aprendizaje de una primera lengua y la ampliación del número
de relaciones contextuales en las que el criollo puede emplearse. Ahora ya no es una lengua de
contacto más o menos superficial, sino que se emplea en una variada gama de situaciones
domésticas, laborales, comerciales, culturales, institucionales, etc. Caso especial de lengua criolla es
el papiamento de Curazao e islas inmediatas (Donaire y Araba), pertenecientes a Holanda a partir
de 1634. A una base criolla africano-portuguesa se han añadido abundantes hispanismos como
consecuencias de haberse instalado en Curazao gentes numerosas procedentes de las Antillas
españolas y de Venezuela. Finalmente, el holandés, lengua oficial en los tres siglos y medio últimos,
ha dejado también su huella. El papiamento, nombre que deriva de papear (‘parlotear, charlar’,
verbo corriente en portugués) se ha extendido a todas las clases sociales curazoleñas, cuenta con
prensa y tiene cultivo literario.
Tanto los pidgins como los criollos están expuestos a una gran dinámica lingüística y social. La
principal diferencia que se establece entre pidgins=lengua aprendida y criollo=lengua adquirida
dejaría de ser poco nítida si el fenómeno se viera como dos partes integrantes de un único proceso
comunicativo que ocasiona múltiples situaciones de contacto lingüístico.

3. LA NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA
3.1. EL PROCESO DE NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA

La normalización lingüística, entendida como la extensión del uso de una lengua a todos los
ámbitos de la vida de una comunidad, constituye un proceso que tiene, entre otros objetivos, el de
superar las situaciones de diglosia en comunidades plurilingües. Los desequilibrios provocados por
la desigual distribución de los usos de varias lenguas en contacto o por cuestiones de prestigio o
lealtad lingüística requieren la intervención de instancias externas, sean de carácter político o
académico, que regulen el uso de las variedades lingüísticas, sea entre dos lenguas distintas o entre
variedades de una misma lengua. En este sentido, la normalización lingüística constituye uno de los
fines de la planificación lingüística.
Rotaetxe define el término planificación lingüística como “las distintas formas de
intervención consciente sobre una lengua”. Tal manipulación es consciente porque precisamente
procede de una comprobación y de una evaluación de la situación de la lengua. Cuando los
resultados de tal evaluación no son todo lo satisfactorios que se desearía, se prevén medidas para
que cambie. Asimismo, se plantean unos objetivos: los que debe alcanzar una lengua en sus
funciones sociales. En el caso de lenguas minoritarias o dominadas el objetivo principal de una
planificación no puede ser sino mejorar la situación de las mismas dentro de la comunidad que las
practica. Así pues, la planificación lingüística, aun manipulando la lengua misma, como veremos,
persigue siempre un objetivo dentro de la sociedad, al asumir que toda lengua es un instrumento
social que tiene un papel social y que, en sí misma, es vehículo de valores sociales, además de
simbólicos.
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El término planificación lingüística tiene un cuarto de siglo desde que Einar Haugen –citado
por K. Rotaetxe- lo empleó por primera vez. Haugen propuso en 1966 un modelo de planificación
estableciendo una distinción entre las cuestiones relacionadas con lo que llama “forma” lingüística
(políticas lingüísticas) y las que afectan a lo que llama “función” (“cultura de la lengua”). En 1983 lo
ha retocado diferenciando cuatro aspectos:
1. Elección de la norma. Se decide cuál de las variedades existentes debe constituir la base de
la lengua estándar, o bien si ésta puede ser una amalgama de distintas variedades.
2. Codificación de la norma. La variedad seleccionada debe ser sometida a un proceso de
estandarización que afecta a todos los niveles lingüísticos (ortografía, sintaxis, léxico) y que
compete a determinadas instituciones especializadas, creadas para ese cometido, como
son las academias. Se trata de fijar unas normas que determinen lo que es o no correcto y
de divulgarlas en forma de diccionarios o gramáticas.
3. Implantación. Una vez normativizada, la actividad educativa debe encargarse de
establecer las medidas institucionales y proporcionar los medios prácticos que permitan su
difusión y aprendizaje entre los miembros de la comunidad. Esa generalización conlleva,
asimismo, la ampliación de funciones y ámbitos de utilización, que aparecen regulados en
disposiciones legales como son las leyes de normalización lingüísticas promulgadas en las
diversas comunidades autónomas del Estado español.
4. Modernización de la lengua. La rapidez con que cambia la sociedad en todos los aspectos
(culturales, técnicos, científicos…) exige que la lengua estándar tenga una gran capacidad
de adaptación y flexibilidad. Para ello, es necesaria la constante evaluación de la norma en
términos de eficacia y adaptabilidad, en la que intervienen no solo las Academias, sino
también organismos específicos ocupados de crear y revisar terminologías, valorar las
posibilidades de expansión de la lengua, así como de promover el desarrollo de la función
estilística y de su cultivo literario.
De este planteamiento se deduce que la planificación actúa sobre dos aspectos: uno de
carácter lingüístico, que se concreta en la codificación y la modernización (planificación del corpus),
y otros de carácter social y funcional (planificación del estatus) en la elección e implantación. En el
caso de las lenguas minoritarias la planificación debe tener como objetivo una normalización
lingüística que favorezca el aumento del número de hablantes y su prestigio social hasta igualarse a
la lengua con la que contiende. Esta tarea es llevada a cabo desde el poder político mediante el
reconocimiento de la oficialidad de las lenguas y la promulgación de leyes que determinen los
ámbitos de uso y las medidas para la implantación.

3.2. LAS COMUNIDADES BILINGÜES ESPAÑOLAS

España reconoce en su Constitución de 1978 que es un país plurilingüe y que serán las
distintas Autonomías las que regulen el uso, desarrollo y fomento de las lenguas o modalidades
lingüísticas propias de cada región. A continuación veremos algunos aspectos sociolingüísticos de
las diferentes Comunidades autónomas que tienen una lengua propia.
a) Galicia es considerada una comunidad bilingüe en la que se da o se ha dado una situación
diglósica en tanto en cuanto el gallego es la lengua empleada para los registros no formales y el
español el usado en los círculos cultos. Además, durante mucho tiempo, el gallego se ha
relacionado con ambientes rurales, pobres e incultos. Este hecho va cambiando en los últimos años.
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En Galicia se ha pasado, según palabras de Rojo –citado por Javier Medina López- , de un proceso
de “castellanización” en amplias capas rurales y populares, a una no “castellanización” y
“galleguización” en ciertos sectores económica y culturalmente elevados de la sociedad. Esto
permite hablar de una cada vez más alta consideración social del gallego y una más que productiva
vida como lengua de comunicación habitual en los estratos sociales y situaciones contextuales
antes reservados al español. Los esfuerzos de los partidos nacionalistas –o de corte estatal pero con
reivindicaciones nacionalistas- y amplios sectores comprometidos de la vida intelectual y cultural de
la vida gallega han favorecido este cambio de actitud hacia la lengua vernácula.
Como lengua oficial que es, el gallego es empleado en la Administración Pública autonómica,
junto con el castellano, en todas sus disposiciones, aspectos estos que, sin duda, han ayudado a la
revalorización de esta lengua. Por otro lado, el gallego es hoy en día enseñado en toda la
Comunidad autónoma en escuelas, colegios, institutos y universidades. Los medios de
comunicación están jugando también un papel importantísimo en el prestigio del gallego en los
últimos años.
Como conclusión podemos señalar que el grado de comprensión del gallego es altísimo en
Galicia y que, como consecuencia de la recuperación de los valores lingüísticos que esta lengua
representa, se da un proceso múltiple de “galleguización”, alentado, en buena parte, por las
favorables circunstancias políticas, educativas, culturales de la Comunidad y el nacimiento de un
sentimiento popular autonómico que da primacía a los valores de la región.
b) En el País Vasco, sin olvidar la pérdida de la lengua en ciertas zonas geográficas como
Álava y Navarra, el conocimiento del euskera por parte de la población ha sido difícil por varias
razones: la propia tipología de la lengua, tan diferente al resto de las lenguas vecinas, la presencia
del castellano como lengua estándar y la presión política ejercida durante mucho tiempo, la
compleja dialectalización motivada por ser básicamente una lengua de transmisión oral, la ausencia
de escritura hasta prácticamente la época moderna, el haber sido una lengua arrinconada a medios
rurales y círculos cerrados, así como la carencia de una norma lingüística estándar.
Hoy en día, sin embargo, y gracias al esfuerzo de estudiosos y especialistas, se cuenta con una
modalidad estándar o euskera unificado que se denomina euskera batua. Gracias a éste, se puede
usar el euskera como lengua general en los medios de comunicación, en los centros de enseñanza,
en las disposiciones, leyes, edictos, bandos y pronunciamientos gubernamentales y políticos. En
definitiva, la supervivencia y aprendizaje del euskera depende mucho del nuevo estándar que se ha
ido creando especialmente a través de la escritura. Por otro lado, el euskera batua es un intento
también de que la lengua se acomode a la realidad de nuevos tiempos y pueda recoger todas las
nociones de la vida cultural, de la ciencia y de la técnica. Al frente de esta labor ha estado la
Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca), institución que ha publicado gramáticas,
diccionarios, léxicos específicos, etc.
El euskera hoy en día está en pleno desarrollo. Junto a los hablantes que viven en los
tradicionales “caseríos” rurales, ahora hay que sumarle la cada vez más importante masa de
población que desde las ciudades y zonas modernizadas está asumiendo el aprendizaje del euskera
como un vehículo más de comunicación y un signo claro de referencia cultural. La labor política de
la Administración autonómica (aunque la lengua mayoritaria sigue siendo aquí el castellano), el
peso de la enseñanza regulada y de los medios de comunicación, la influencia ejercida por los
ambientes culturales, así como el trabajo de las editoriales, sin duda están ayudando a que esta
milenaria lengua sea reclamada como símbolo de identidad de un pueblo y haya cada vez mayor
interés en su conocimiento.
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c) La Comunidad Foral de Navarra pertenece cultural y lingüísticamente, una parte al menos,


a lo que se denomina euskalherria, es decir, al conjunto de territorios donde se habla euskera (al
igual que el País Vasco y el país vascofrancés).
La situación lingüística de Navarra es compleja. El castellano es la lengua general, mientras
que el euskera se habla sólo en algunos territorios de zona norte, en el Pirineo. Frente a lo que
ocurre en el País Vasco, la cooficialidad del euskera queda reducida a una parte de la región. De
acuerdo con la “Ley Foral del Vascuence”, la zona vascófona, en la que el euskera y el castellano son
las lenguas oficiales, está constituida por 61 municipios que no superan los 10.000 habitantes. Los
hablantes de vasco se sitúan en torno al 73% de la población total de la zona.
El aumento del número de hablantes de euskera desde 1986 a 1991 ha sido escaso (1.07 %).
Hay que tener en cuenta, además, que Navarra atrae a su capital la mayor parte de la población,
con importantes corrientes migratorias, circunstancias que no hay que perder de vista si se desea
una recuperación lingüística del euskera.
d) Cataluña tuvo Estatuto de Autonomía ya en la época de la II República Española (1931-
1936), aunque el régimen de Franco supuso la ruptura con todo lo anterior, especialmente en
materia autonómica y lingüística. La lengua de los catalanes se ha mantenido, pues, de forma
notoria incluso en aquellos momentos en los que fue erradicada, a favor del castellano, o
perseguida por motivos políticos como síntoma de un sentir nacionalista y diferenciador.
Desde la primera Ley de normalización lingüística de 1983 la extensión del catalán ha sido
evidente en la mayor parte de la población, lo que sin duda ha contribuido a la llamada
normalización. Pero para las autoridades gubernativas catalanas era necesaria la colaboración de
una segunda Ley que regulara de forma más eficaz los usos públicos del catalán, así como que la
misma diera un marco legal más precisos en el que se amparara, promoviera y fomentara el uso
normal del catalán. Por eso se redactó en 1998 la conocida como “Ley del catalán”. Y esta extensión
de la lengua se hace evidente si observamos los datos publicados por el Institut d’Estadística de
Catalunya referidos a 1996 en el que el 94,95% de la población de Cataluña entiende el catalán; el
74,75% lo sabe hablar; el 71,37% lo sabe leer; el 45,37% lo sabe escribir y el 5,55 % no lo entiende.
La provincia de Barcelona es la que ofrece los índices más bajos de conocimiento del catalán. Éste
es mayoritario en las comarcas interiores, mientras que en Barcelona ciudad y comarcas cercanas
(Vallés o el Baix Llobregat) y más al sur en el área de Tarragona su conocimiento es menor, sin duda
debido a que ha sido en estas zonas donde se ha concentrado un mayor porcentaje de inmigrantes
de otras regiones españolas.
El uso del catalán se ha ido extendiendo cada vez más a todos los sectores: aumenta entre la
población joven, es la lengua más usada en la Generalitat y en toda la Administración autonómica y
local, lo que supone un avance en los índices de normalización lingüística. En el terreno de la
prensa, por el contrario, los periódicos escritos en catalán sólo representan el 14%, frente a los
periódicos escritos en español. La lengua catalana, como vínculo histórico, como manifestación de
cultura y tradiciones de todo un pueblo y de toda una comunidad lingüística mucho más amplia que
los límites estrictamente administrativos de Cataluña, ha vuelto a tomar su andadura como lengua
plena, independiente, en contacto con el español.
e) El valenciano –para la mayor parte de los lingüistas una variedad del catalán- presenta
frente a éste diferencias notorias en el plano fónico, gramatical y léxico. A pesar de que en el
Estatuto de Autonomía de Valencia se dice en su artículo 7.1 que “Los dos idiomas oficiales de la
Comunidad Autónoma son el valenciano y el castellano” y que “Todos tienen derecho a conocerlos
y usarlos”, el uso del valenciano ha estado siempre en un segundo plano, llegando incluso a
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hablarse de una situación diglósica frente al español. La Comunidad se divide, además, en dos zonas
claramente diferenciadas según la lengua predominante en cada una de ellas, división que arranca
de los tiempos de la conquista. La zona en la que predomina el valenciano es la más extensa y la
más poblada, pues en ella reside el 90 por ciento de la población de la Comunidad. No osbtante, la
menor presencia del valenciano en las grandes ciudades parece indicar una situación típicamente
diglósica en la que los sectores socioculturalmente elevados van abandonando progresivamente la
lengua.
f) El Parlamento balear, como ha ocurrido con las demás comunidades bilingües españolas,
ha elaborado una serie de leyes y disposiciones adicionales para el fomento y regulación de su
lengua. En este caso, la “Ley de Normalización Lingüística”, aprobada en 1986, tiene como
objetivos: hacer efectivo el uso progresivo y normal de la lengua catalana en el ámbito oficial y
administrativo; asegurar el conocimiento y uso progresivo del catalán como lengua vehicular en el
ámbito de la enseñanza; fomentar el uso de la lengua catalana en todos los ámbitos de la
comunicación social.
Algunos datos sobre el nivel de conocimiento del catalán en las Baleares –basados en las
encuestas del Censo de 1991- indican que los niveles de conocimiento de la lengua son similares a
los de Cataluña. Por otro lado, en contra de lo que ha ocurrido en la Comunidad Valenciana, el
nombre que se le da a la lengua –catalán “modalidad balear”-no ha ocasionado graves problemas
políticos ni ideológicos. No obstante, ciertas actitudes hacia la enseñanza de la lengua o la ausencia
de una tradición escolar hacen que la normalización lingüística en las Baleares se enfrente a todo
un conjunto de factores que es, cuando menos, complejo, en el dominio y prestigio de esta lengua
en el territorio insular. A ello se suma, con la llegada masiva del turismo a Baleares desde la década
de los sesenta, la afluencia numerosa de inmigrantes de otras regiones españolas y de población
extranjera.

4. CONCLUSIÓN
A partir de lo expuesto, se puede apreciar que las lenguas, como vehículos de comunicación
en las relaciones interpersonales y entre distintas comunidades, están ligadas a factores sociales y
de hegemonía política, económica o cultural. Asimismo, el hecho de que los hablantes de una
lengua se sientan partícipes de un mismo patrimonio lingüístico y cultural provoca un sentimiento
de cohesión entre ellos, pero, a su vez, puede ser una fuente de conflictos en relación con otras
comunidades de hablantes. La situación que se vive en la actualidad en España, donde conviven en
seis territorios autonómicos dos lenguas cooficiales –la vernácula y el español- ha provocado y
provoca actitudes dispares entre los mismos habitantes del país. En España se trata de un proceso
en el que han confluido y confluyen factores muy diversos, unos lingüísticos, otros políticos, y a
veces ciertas dosis de demagogia que distorsionan la realidad y alteran la serenidad de juicio. Por
ello, desde la educación se deben fomentar el conocimiento y el respeto hacia la diversidad
lingüística, subrayando lo que supone de enriquecimiento el contacto con otras lenguas y culturas.
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BIBLIOGRAFÍA

GÓMEZ CAPUZ, Juan (2004): Préstamos del español: lengua y sociedad. Arco/Libros. Madrid.
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LAPESA, Rafael. (1981) Historia de la lengua española. Gredos. Madrid.
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MEDINA LÓPEZ, Javier (1997): Lenguas en contacto. Arco/ Libros. Madrid.
MORENO, Francisco (1998): Principios de sociolingüística y sociología del lenguaje. Ariel. Barcelona.
ROTAETXE AMUSATEGI, Karmele. (1990): Sociolingüística. Síntesis. Madrid.
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WEINREICH, Uriel (1953): Languages in contact: Findings and Problems. Mouton. La Haya, 1963.

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