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Inclinaciones, tendencias y pasiones

Ángel Rodríguez Luño


Ética general

EL DESEAR HUMANO

✤ El deseo o impulso es la forma en que se manifiestan las necesidades del hombre en su


diálogo con el mundo.
✤ Los deseos constituyen un principio de selección de los objetos significativos y, por
tanto, un principio configurador del propio mundo del hombre.
✤ La Psicología emplea el concepto de tendencia para describir el dinamismo de base
que anima la conducta humana.
✤ Las tendencias son las direcciones del desear humano hacia determinados bienes.

Clasificación de las tendencias


✤ Existen autores que proponen una concepción monotemática de las tendencias, pues reducen
toda la dinámica finalista de la vida anímica humana a un único motivo fundamental,
✤ que constituiría en último término la explicación y el denominador común de todos
los fenómenos de la esfera tendencial: ésta es la función que desarrolla, según Freud,
el impulso sexual; las concepciones hedonistas defienden, por lo general, una idea
monotemática de las tendencias humanas.
✤ Como ejemplo de una concepción politemática que consideramos suficientemente completa,
nos referiremos brevemente a la propuesta por Lersch.
✤ Este autor distingue tres grupos de tendencias.

✤ Las tendencias de la vitalidad (el impulso a la actividad, la tendencia al goce,


la sexual y el impulso vivencial);
✤ las tendencias del yo individual (instinto de conservación, la tendencia a la
posesión de lo necesario para la expansión de la vida individual, el deseo de

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poder, la necesidad de estimación por parte de los demás, el afán vindicativo,
el deseo de autoestimación); y
✤ las tendencias transitivas (las tendencias del estar-con-otro y las del ser-para-
otro, las tendencias creadoras, el deseo de saber, la tendencia amatoria, las
tendencias normativas, las tendencias trascendentes).
✤ Tendencias de la vitalidad

✤ La tendencia a la actividad busca la actividad por su propio valor funcional,


es decir, en cuanto que en ella la vida se desarrolla.
✤ Esta tendencia va disminuyendo conforme aumenta la edad,
especialmente cuando llega la vejez.
✤ En su intensidad existen notables diferencias individuales: hay
personas más bien pasivas, y personas incapaces de permanecer
inactivas.
✤ La tendencia al goce va cambiando su temática en el curso del desarrollo, y
adquiere una modalidad deforme en la actitud hedonista, para la que el goce
es el fin último de la vida.
✤ El hedonista no acepta vínculos ni responsabilidades, busca la
comodidad, evita el esfuerzo y la exigencia, es inconstante y se siente
interiormente vacío.
✤ La tendencia sexual es una forma básica del impulso vital, que se distingue de
la anterior por su objetiva referencia a la transmisión de la vida y, por tanto, a
su conservación.
✤ El impulso vivencial es el deseo de vivir y revivir interiormente lo que
hacemos o lo que nos sucede.
✤ Adquiere notable fuerza cuando llega la pubertad y, en algunas
personas y culturas, se deforma como un afán insaciable de
experiencias cada vez más fuertes.
✤ Tendencias del yo individual

✤ El instinto de conservación individual se refiere a la existencia biológico-


corporal del individuo y a los medios necesarios para defenderla y asegurarla.
✤ La tendencia a la posesión está relacionada con la anterior, pero se diferencia
de ella en que se manifiesta ante el peligro o la concurrencia representada por
otros hombres, y no por elementos naturales.

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✤ Por eso a veces es caracterizada como «egoísmo», que oscila entre lo
que impropiamente podría llamarse «sano egoísmo» y la «egolatría»,
con la que se relaciona la avaricia, el desmedido afán de lucro, la
tendencia a imponerse a los semejantes.
✤ El ególatra es frío e indiferente ante los demás, fácilmente envidioso,
excesivamente preocupado por la propia seguridad.
✤ La egolatría tiende a inhibir el desarrollo de las tendencias transitivas.

✤ El deseo de poder tiene puntos de contacto con las dos tendencias anteriores,
pero se caracteriza por buscar la certeza de la propia superioridad sin que ésta
se presente como necesaria para la conservación o la seguridad individual.
✤ La necesidad de estimación mira a conquistar el reconocimiento, el aprecio y
la buena valoración por parte de los demás que, sobre todo en la etapa
infantil, son necesarios para la sana constitución y desarrollo de la propia
personalidad.
✤ El afán de notoriedad es su manifestación exagerada: da lugar a
personas que buscan ante todo reforzar el propio yo mediante las
apariencias, y que son intransigentes, obstinadas y susceptibles; fácil-
mente se aíslan, con lo que su vida social es frecuentemente muy
pobre.
✤ El afán vindicativo se manifiesta como un deseo de compensar la lesión de
las propias aspiraciones (legítimas o ilegítimas) causando un daño al
responsable de la ofensa.
✤ Otras veces se manifiesta como resentimiento.

✤ Si está bien ordenado es fácilmente compatible con la generosidad y


el perdón.
✤ El deseo de autoestimación responde al sentido del propio valor, necesario
para la normal constitución de la personalidad y para las relaciones con los
demás.
✤ Su exageración da lugar a figuras negativas y a veces cómicas, pero
los efectos de su ausencia son bien conocidos por las tipologías
criminológicas.

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✤ Tendencias transitivas

✤ La tendencia social, es decir, la tendencia a estar-con-otros.

✤ Es la necesidad de vivir en sociedad, de comunicar y de compartir


con los demás la conciencia del mundo.
✤ Se diferencia del instinto gregario de algunos animales en que el
animal «no vive como yo individual del mismo modo que el hombre,
pues es absorbido por su mundo circundante y vive inmerso en lo
colectivo.
✤ La razón de ello reside en que no es capaz de lenguaje».

✤ La sociabilidad humana presupone la individuación y la trasciende


sin anularla.
✤ Introversión y extroversión representan diferencias individuales en el
desarrollo de esta tendencia.
✤ La tendencia a ser-para-otro supone una mayor unión y dedicación a los
miembros de una comunidad vital (familia, estirpe) que genera un vivo
sentido de participación.
✤ Las tendencias creadoras se manifiestan en el deseo de «dejar huella», de
enriquecer el propio ambiente con los frutos del trabajo y de la inventiva
personal.
✤ Es un secreto impulso a aportar algo de valor a la sociedad.

✤ El deseo de saber es la tendencia a ampliar el propio horizonte vital a través


del conocimiento.
✤ No es un simple saber como poder, que habría que relacionar más
bien con las tendencias del yo individual, sino saber como búsqueda
de sentido.
✤ «En la satisfacción del deseo de saber es como si el ser se nos
manifestase como creación de un Logos legislador y ordenador.
✤ Lo que nos impresiona y maravilla es realmente el ser y el
modo de ser, en los que se manifiesta la fuerza creadora de
un fondo metafísico.
✤ Naturalmente, sólo tardíamente se transforma el impulso al
saber en la pureza de esta temática.

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✤ Parece ser que genéticamente se aspira al conocimiento,
primero como instrumento de la conservación individual y de
la tendencia a lograr superioridad, para hacerse después
plenamente independiente».
✤ La tendencia a amar y a ser amado representa el interés más radical del
hombre.
✤ El amor puede existir bajo diversas formas: amor de concupiscencia,
amor de benevolencia, que se llama amistad cuando es recíproco,
amor como donación.
✤ Las tendencias normativas se dirigen a ideas o valores abstractos, como la
verdad, la justicia, la solidaridad, etc., y representan la capacidad humana de
trabajar y entregarse en favor de la afirmación y promoción de tales valores,
que son vistos como algo cuyo fundamento está «más allá del hombre».
✤ Si son rectamente interpretadas, estas tendencias expresan una capacidad de
auténtica trascendencia.
✤ Las tendencias trascendentes buscan en el mundo una esfera del ser que
supere a la relatividad y fugacidad del yo individual y le sustraiga a ella.
✤ Aquello que aquí se busca y se investiga es, pues, siempre un absoluto.

✤ Puede manifestarse como impulso artístico, como aspiración metafísica y


como búsqueda religiosa.
✤ Nos limitamos a señalar el significado del tercer grupo de tendencias o tendencias transitivas.

✤ Con palabras de Lersch, «es evidente que la experiencia de la individuación provoca


por sí misma la aparición de un nuevo grupo de tendencias que son las de estar-más-
allá-de uno mismo, las de trascender el yo.
✤ Se hallan dirigidas a la participación en el mundo, pero no en el sentido de la
posesión, del querer-tener, sino de la dependencia del yo individual respecto
del mundo, con lo cual encuentra un contrapeso la conciencia de la
individuación.
✤ Desde el punto de vista genético la experiencia de la individuación es la
condición necesaria para que el hombre empiece a preguntar y buscar más
allá de sí mismo.
✤ Pero este preguntar y buscar tienen su temática propia y original, pues ahora
ya no se trata de valores de significado ni que se refieran a la conservación y
seguridad de la existencia, o a la utilidad, poder o estimación.

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✤ En las tendencias supraindividuales o transitivas el hombre es más bien
atraído por algo que se halla allende del yo individual» (Lersch).
✤ La existencia de una tendencia a estar con los otros y a ser para los otros
ilumina el fundamento antropológico de la justicia y de la solidaridad y, más
en general, de la ética social y política.
✤ El hombre es capaz de reconocer a sus semejantes como iguales a él, y de
promover el bien de ellos en cuanto tal, y no sólo porque ello redunde en el
bien propio.
✤ La capacidad de autotrascendencia permite superar el inútil rompecabezas de
querer fundamentar la ética social exclusivamente en el interés propio (self-
interest).
✤ La autonomía de las tendencias transitivas respecto a las tendencias del yo individual
muestra la importancia autónoma del ejercicio de la inteligencia encaminado a la
captación del sentido del mundo y de la vida, así como de la búsqueda del Absoluto.
✤ Este ejercicio de la inteligencia, que podríamos llamar sapiencial, no puede
quedar reducido ni suplantado por la razón instrumental, es decir, por el
ejercicio de la inteligencia, ciertamente necesario, dirigido a dominar y a
explotar la naturaleza en orden a la seguridad y expansión del yo y de sus
necesidades individuales (afán de tener, de seguridad, de autoafirmación,
etc.).
✤ El deseo de conocer la verdad representa, desde el punto de vista
antropológico, la tendencia más importante en orden al bien humano global.
✤ La coordinación e integración de las diversas tendencias no es algo ya dado de
manera inmodificable.
✤ Está condicionado por las diferencias caracteriológicas individuales y por las
concepciones de la vida que se afirman en las diversas sociedades y culturas.
✤ Cada temperamento individual y cada cultura representa un punto de partida
parcialmente diverso desde el que se ha de emprender la marcha hacia el
equilibrio y la integración requeridas por un género de vida adecuado al bien
de la persona.
✤ La regulación y encauzamiento de las tendencias en cada individuo es
tarea propia de las virtudes éticas.

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