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12/12/2019 noviembre 2019 – Pensamiento Pentecostal Arminiano

INTRODUCCIÓN

En la teología evangélica, se denomina “arrebatamiento de la iglesia” al evento en el cual Dios “quita”


o “arrebata” a los creyentes de la tierra para dar paso a Su justo juicio que será derramado sobre la
tierra durante el período de la tribulación. La doctrina del arrebatamiento (a veces llamado “rapto de
la iglesia”) no fue enseñada en el Antiguo Testamento, por lo que Pablo la llama un “misterio” ahora
revelado:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en
un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y
los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios
15:51-52).

Pablo consideraba al arrebatamiento la “esperanza bienaventurada” del creyente (Tito 2:13), el


glorioso evento que todos debemos anhelar. A través del arrebatamiento seremos totalmente libres de
pecado, y estaremos para siempre en la presencia de Dios. En el arrebatamiento, Dios resucitará a
todos los creyentes que han muerto, dándoles cuerpos glorificados, y después partiendo de la tierra
con aquellos creyentes que estén aún vivos, a quienes también les serán dados cuerpos glorificados (1
Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:50-54). El apóstol Pablo enseñó:

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios,
descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que
vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes
para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-
17).

Así pues, el arrebatamiento implicará una transformación instantánea de nuestros cuerpos para
adaptarnos para la eternidad:

“Sabemos que cuando él (Cristo) se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos
tal como él es” (1 Juan 3:2).

En algunos sistemas de interpretación, el arrebatamiento se suele distinguir de la segunda venida,


considerándosele un evento diferente o, cuando menos, la primera fase de un evento dividido en dos
fases: En el arrebatamiento, el Señor viene “en las nubes” para encontrarnos “en el aire” (1
Tesalonicenses 4:17), mientras que, en la segunda venida, el Señor desciende hasta la tierra para

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pararse en el Monte de los Olivos, resultando en un gran terremoto seguido de una derrota de los
enemigos de Dios (Zacarías 14:3-4). En esta, como en muchas doctrinas relacionados con los eventos
futuros, los cristianos manifiestan diversidad de opiniones.

EL ARREBATAMIENTO, UNA DOCTRINA QUE


MUCHOS HAN DISTORSIONADO

Tal vez ningún evento en la historia del mundo ha sido más anticipado que la Segunda Venida. Cada
generación de creyentes, incluyendo los creyentes en el Nuevo Testamento, ha creído firmemente que
Jesús regresará durante sus vidas. Incluso Pablo creía que él estaría vivo a la Venida del Señor:

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente
con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”
(1 Tesalonicenses 4:17)

Esta expectativa llevó a algunos a cometer grandes errores como vender sus propiedades creyendo
que el Señor vendría pronto y no necesitarían de sus bienes (Hechos 2:45; 4:32-36), otros se
desconectaron del mundo real, desatendiendo sus obligaciones familiares e incluso negándose a
trabajar (2 Tesalonicenses 3:6-15). La situación llegó a ser tan preocupante que Pablo tuvo que
escribirles a los creyentes de Tesalónica para exhortarles a ser equilibrados y no entrar en pánico
escatológico. En 2 Tesalonicenses 2:1-2 Pablo nos dice:

“Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, os
rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os
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conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de
que el día del Señor está cerca.”

Lamentablemente las cosas no han cambiado mucho entre los creyentes hoy en día. Muchos cristianos
viven atemorizados ante la posibilidad de quedarse en un futuro “rapto secreto” de la iglesia, de
modo que la “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13) se ha convertido para ellos en motivo de
turbación, miedo y angustia, temiendo no estar preparados para ese día (que podría ocurrir en
cualquier momento) y sufrir el abandono del Señor. Tal expectativa los lleva a vivir no solo una vida
de intranquilidad y desasosiego, sino a ignorar la gracia y sus implicaciones, así como a vivir un
legalismo autoimpuesto a fin de ser hallados “santos y preparados” para ese día.

Otros erróneamente (al igual que los primeros cristianos) renuncian a sus metas personales y a
proseguir con sus vidas ante la inminencia de la Venida de Cristo (¿Por qué casarme? ¿Por qué seguir
estudiando? Si de todos modos el fin se acerca…). Muchos falsos maestros han sabido utilizar esta
devoción enfermiza por lo escatológico en el pueblo evangélico. Algunos maestros de la Biblia han
hecho predicciones acerca de cuándo ocurrirá “el Rapto” y la Segunda Venida. Todos se han
equivocado. La Biblia declara:

“Pero el día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.” (Mateo
24:36).

De manera que, debemos anticipar la Segunda Venida, pero tener una comprensión bíblica de ella. No
debemos poner fechas y tiempos. Ese ha sido el error de grupos como los adventistas del séptimo día,
los testigo de Jehová y otros grupos.

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En sentido contrario al grupo de los “expectantes”, muchos otros dudan de que la Segunda Venida
ocurrirá alguna vez y se dicen a sí mismos y a otros:

“¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres
durmieron, todas las cosas permanecen, así como desde el principio de la creación” (2 Pedro
3:4).

Así que debemos evitar los dos extremos: (1) Vivir aterrorizados ante la inminencia de la Segunda
Venida (lo cual nos expone a los falsos profetas y a la manipulación), y (2) vivir confiados y en apatía
espiritual, creyendo que la Segunda Venida nunca ocurrirá (lo cual nos expone a la apostasía, el
materialismo y la frialdad espiritual).

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TEORÍAS QUE DESCARTAN EL REGRESO DEL


SEÑOR

El hecho de que Jesús regresa a la tierra es claro en las Escrituras. Los evangélicos en general aceptan
Hechos 1:11 como certeza de su retorno personal y visible. Sin embargo, han surgido varias teorías
que tratan de descartar esto. Entre ellas podemos mencionar:

1. RETORNO EN PENTECOSTÉS: Algunos dicen que Cristo volvió en la persona del Espíritu
Santo en el día de Pentecostés. Sin embargo, el Cristo exaltado estaba a la diestra de Dios
Padre, y desde el cielo él derramó el Espíritu Santo en esa ocasión (Hechos 2:32-33).

2. RETORNO EN LA CONVERSIÓN: Otros dicen que la Segunda Venida de Cristo ocurre


cuando entra en el corazón del creyente en el momento de la conversión (con frecuencia citan
Apocalipsis 3:20), pero las Escrituras enseñan que los que le reciben entonces esperan su
venida (Filipenses 3:20; 1 Tesalonicenses 1:10).

3. RETORNO A LA MUERTE: Otros dicen que su retorno se cumple cuando él viene por el
creyente cuando este muere. Es más, esto llegó a ser casi la única expectación de la Iglesia
Católica Romana. Sin embargo, tanto los muertos como los vivos serán «arrebatados»
cuando él aparezca (1 Tesalonicenses 4:17).

4. REGRESO EN EL AÑO 70 DESPUÉS DE CRISTO: En base a pasajes tales como Mateo


10:23; 16:28; 24:34; Marcos 9:1; 13:30 y 14:62, algunos conectan el retorno de Jesús con la
destrucción de Jerusalén y su templo por parte de los romanos en el año 70 d.C., trayendo así
a su fin el sistema sacrificial del Antiguo Testamento. Dicen que Cristo estaba invisiblemente
presente trayendo ese juicio, tal vez como un paso en una serie de juicios en el que la
presencia de Cristo (gr. parusía) trae victorias continuas. Los que sostienen esta opinión
basan parte de su argumento en la presuposición de que el libro de Apocalipsis con su noción
de un futuro regreso fue escrito antes del año 70 d.C. Sin embargo, la gran mayoría de
eruditos bíblicos antiguos y modernos fechan Apocalipsis durante el reinado de Domiciano,
alrededor del 95 d.C. (Es también obvio que las glorias del reino futuro y el reino personal de
Cristo en la tierra no siguieron a los eventos del año 70 d.C.). Lucas 21:20-24 no se refiere
específicamente a la caída de Jerusalén. Los siguientes versículos indican que después que se
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cumplan los tiempos de los gentiles, señales en el sol, la luna y las estrellas causarán angustia
y perplejidad en las naciones de la tierra. «Entonces verán al Hijo del hombre venir en una
nube con poder y gran gloria» (Lucas 21:27). Marcos 13:14-26 suplementa esto «desde el
mismo punto de vista fundamental». George Beasley-Murray destaca que la destrucción de
Jerusalén y el templo se relacionan al retorno de Cristo, no debido a que ambos eventos
ocurren al mismo tiempo, sino debido a que los eventos del año 70 d.C. fueron parte de una
larga serie de castigos de Dios que preparan el venidero fin de la edad. Jesús no reveló el
lapso de tiempo entre la destrucción de la ciudad y su retorno, tal como los profetas del
Antiguo Testamento no revelaron el lapso de tiempo entre la primera y Segunda Venida de
Cristo. Jesús estaba más preocupado por declarar el poder y la gloria de su retorno.

Todos estas interpretaciones se toman grandes libertades para espiritualizar declaraciones bíblicas
sencillas y se olvidan de que no tenemos nuestra esperanza todavía, sino que «con paciencia lo
aguardamos» (Romanos 8:25, RVR). El retorno personal de Jesucristo a la tierra es la única manera en
que recibiremos la plenitud de la esperanza que tanto anhelamos. Debemos estar esperando un
retorno inesperado y visible de Cristo (Mateo 24:27, 30,44; Marcos 13:26; Lucas 21:27; Hechos 1:11;
Filipenses 2:10-11) quien repentinamente nos transformará y nos hará partícipes de su gloria
(Romanos 8:18-23; 1 Corintios 15:51-52), haciéndonos posible regresar con él en gloria (Colosenses
3:4).

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TEORÍAS SOBRE EL ARREBATAMIENTO Y LA


SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Jesús enseñó que Él regresaría a la tierra. Él cuidadosamente advirtió a sus discípulos que necesitaban
estar constantemente preparados para esto (Mateo 24:42-51; 25:1-13; Marcos 13:37; Lucas 12:37). Ellos
entendieron que la era actual terminará con su venida (Mateo 24:3). La garantía de su venida era una
de las verdades con las que Él consoló a sus seguidores antes de su muerte (Juan 14:2,3). En el
momento de la ascensión de Cristo, dos ángeles vinieron al grupo de los discípulos que estaban
reunidos para repetir la promesa de que Él regresaría. Ellos declararon que Él vendría de la misma
manera que se había ido (Hechos 1:11). Esto claramente significa que su segunda venida será literal,
física, y visible.

Las epístolas del Nuevo Testamento se refieren frecuentemente a la segunda venida, y a través de los
pasajes de las Escrituras que tratan de este tema recurre la idea de la inminencia. Aunque habrá un
período de tiempo entre la primera y la segunda venida (Lucas 19:11), todas las enseñanzas acerca del
regreso del Señor enfatizan que acontecerá repentinamente y sin previo aviso; que los creyentes deben
estar siempre en un estado de preparación continua (Filipenses 4:5; Hebreos 10:37; Santiago 5:8,9;
Apocalipsis 22:10). Los creyentes en los primeros días de la Iglesia vivían en un estado de expectación

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(1 Corintios 1:7; 1 Tesalonicenses 1:9,10). Cuando Pablo usa la forma “nosotros” en 1 Corintios 15:51 y
1 Tesalonicenses 4:17 muestra que él tenía la esperanza de que todavía estaría vivo cuando Jesús
regresara.

Hoy en día, sin embargo, los creyentes están divididos en cuanto al tiempo y la forma en que dicho
suceso tendrá lugar. Para algunos, el arrebatamiento de la iglesia y la segunda venida de Cristo son un
único evento, ambas ocurren simultáneamente. Para otros, son dos eventos diferentes o, al menos, un
mismo evento dividido en dos fases distintas pero complementarias. Para aquellos que aceptamos la
realidad de una Segunda Venida literal de Cristo a la tierra, esto ha dado lugar a tres teorías
principales:[1]

1. PRETRIBULACIONISMO: Creen que el arrebatamiento ocurrirá tras la manifestación del


Anticristo y antes de la Gran Tribulación (2 Tesalonicenses 2:1-4). Después de este periodo
ocurriría la segunda venida de Cristo para reinar en la Tierra físicamente por mil años
literales. Después del milenio acontecería el juicio final y tendrá lugar el «nuevo cielo» y la
«nueva Tierra». De acuerdo con los eruditos, esta doctrina es relativamente reciente (de hace
poco más de un siglo). Desde 1832 formó parte de las tesis dispensacionalistas de John
Nelson Darby, quien se refería al arrebatamiento como «el misterio del rapto». Fue
incorporada a la Biblia de Referencia Scofield en 1909. Tras la publicación del libro de Hal
Lindsey La agonía del gran planeta Tierra en 1970 y la difusión de varias películas, hoy se ha
convertido en una doctrina muy popular en el seno de muchas Iglesias evangélicas, entre
ellas la Iglesia Metodista Pentecostal, la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular, las
Asambleas de Dios y la mayoría de las Iglesias pentecostales.

2. POSTRIBULACIONISMO: Creen, de acuerdo con 2 Tesalonicenses 2:1-4, que el


arrebatamiento ocurrirá tras la manifestación del Anticristo y al término de la Gran
Tribulación. Los postribulacionistas ven el arrebatamiento como un suceso que sucederá en
un mismo evento con la Segunda Venida de Cristo. En opinión de muchos eruditos e
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historiadores eclesiásticos, esta fue la doctrina sostenida por los escritores paleocristianos y
los reformadores protestantes de la Edad Media. Muchas Iglesias evangélicas y protestantes
sostienen esta interpretación.

3. SEMITRIBULACIONISMO O MEDTRIBULATIONISMO: Consideran que la Iglesia


pasará los primeros 42 meses en la Tierra y que el arrebatamiento ocurrirá aproximadamente
a la mitad de la semana 70 (semana de 7 años bíblicos de 360 días de duración, mencionada
en la profecía de las Setenta Semanas escrita en Daniel 9:24-27). Los semitribulacionistas
creen que el arrebatamiento ocurrirá a la mitad de los siete años, luego de los primeros tres
años de paz ficticia bajo el anticristo, que es cuando verdaderamente tendrá lugar la Gran
tribulación, que dura los últimos 42 meses finales de la semana 70 (Mateo 24:20-21 y
Apocalipsis 13:5). A la mitad de la Tribulación, el Anticristo se convertiría en la
«abominación de la desolación», por la profanación del Tercer templo de Jerusalén, que
habrá de ser construido.

EL PRETRIBULACIONISMO

Según los defensores del pretribulacionismo, una comparación de los pasajes de las Escrituras
relacionados con la segunda venida muestra que algunos hablan de un acontecimiento visible a toda
la humanidad que implica el juicio de los pecadores. Otros describen una venida conocida solo por
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los creyentes y que resulta en su redención de la tierra.

La segunda es conocida como “el rapto” (o arrebatamiento). Esta palabra, sin embargo, no se
encuentra en la Biblia, pero se emplea a menudo en círculos evangélicos para traducir la palabra
“arrebatados” de 1 Tesalonicenses 4:17. Los pretribulacionistas consideran que las palabras de Jesús
acerca de que su venida resultaría en situaciones donde un individuo sería llevado de un lugar,
mientras el otro individuo sería dejado, indica un traslado repentino de los creyentes de la tierra,
mientras los no creyentes quedan aquí para enfrentar la tribulación (Mateo 24:36-42).

Se señala además que Jesús describió su venida como algo que ocurriría en un tiempo en que las
naciones de la tierra se lamentarían cuando lo vieran llegar (Mateo 24:30). Además, el apóstol Pablo
describe el regreso del Señor como un tiempo de juicio e ira para los impíos (2 Tesalonicenses 1:7-10).
Por otro lado, en 1 Tesalonicenses 4:13-18, el mismo Pablo considera un aspecto diferente de la
segunda venida. Para los pretribulacionistas este breve pasaje es la enseñanza más directa y clara
sobre el rapto en el Nuevo Testamento. Sólo habla de los creyentes, tantos vivos como muertos. No
dice que los injustos verán a Cristo en ese momento. Pablo describe la venida de Jesús en el aire, pero
no dice nada de que sus pies tocarán la tierra, como dice otro pasaje que acontecerá en su venida
(Zacarías 14:4). Según el pretribulacionismo ese es el momento cuando se cumplirá 1 Juan 3:2, y
seremos como Él.

Frecuentemente, los pretribulacionistas citan ejemplos bíblicos en los cuales la palabra “arrebatar” es
usada y que, además, parecen reforzar su postura de un “rapto” inesperado. Por ejemplo, la misma
palabra griega usada en 1 Tesalonicenses 4:17 para decir “arrebatado” se usa en Hechos 8:39 para
describir cuando Felipe fue “arrebatado” después de bautizar al etíope. El segundo versículo dice que
el Espíritu del Señor arrebató a Felipe – identificando el origen del poder que llevará a los creyentes de
la tierra en el rapto.

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Los pretribulacionistas a menudo señalan que el arrebatamiento sobrenatural de individuos piadosos


de la tierra no es algo desconocido en las Escrituras. El suceso destacado en la vida de Enoc fue su
desaparición milagrosa de la tierra después de caminar con Dios (Génesis 5:21-24). El autor de
Hebreos llamó esa experiencia un traspaso, evitando la muerte (Hebreos 11:5). El caso de Elías es
también citado a menudo como ejemplo. Aunque algunos aspectos del traspaso de Elías fueron
distintos del de Enoc, también implicó un arrebatamiento repentino de un creyente del mundo sin
experimentar la muerte (2 Reyes 2:1-13).

Los pretribulacionistas señalan además que algunos pasajes que corresponden al arrebatamiento
describen la venida del Señor por su pueblo, mientras que otros pasajes que se refieren a la revelación
de Cristo describen la venida del Señor con sus santos. Colosenses 3:4 trata de los creyentes que
aparecerán con Cristo en su venida. Judas 14 también prevé la venida del Señor con su pueblo para
ejecutar el juicio que muchos otros pasajes mencionan en relación con su venida pública. Puesto que
las Escrituras no se contradicen, los pretribulacionistas concluyen que los pasajes que describen la
venida de Cristo por los santos y con los santos indican dos fases de su venida. Creen, asimismo, que
es bíblico suponer que el intervalo entre los dos es el tiempo cuando el mundo experimentará la gran
tribulación, implicando el reino del Anticristo y el derramamiento de la ira de Dios sobre los injustos
(Daniel 12:1,2, 10-13; Mateo 24:15-31; 2 Tesalonicenses 2:1-12).[2]

A grandes rasgos, el pretribulacionismo sostiene los siguientes puntos:

(1.- El aumento de la apostasía en esta era (1 Timoteo 4:1-3.- 2 Timoteo 3:1-5).

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(2.- La resurrección de los muertos en Cristo, acompañada por la traslación de estos, juntamente
con los santos vivos, al cielo. Algunos denominan a este evento “el Rapto de la Iglesia” (1
Corintios 15:20-24.-35-50; 1 Tesalonicenses 4:13-18).

(3.- Durante los siete años de tribulación en la tierra (Apocalipsis 6:16), aquellos que resucitaron
y los que fueron raptados estarán con el Señor en el cielo. El tribunal de Cristo (1 Corintios
3:12-15) y las Bodas del cordero (Apocalipsis 19:7) tomarán lugar en el cielo durante mientras
los juicios de la tribulación son derramados sobre la tierra.

(4.- La batalla del Armagedón marcará el fin de la Gran Tribulación. Cristo vendrá con los suyos
a la tierra (Apocalipsis 19:11-16). Cuando Cristo llegue, Israel será congregado y juzgado
(Mateo 24:37 – 25:46). Las naciones gentiles también serán juzgadas (Mateo 25:31-46) por el
trato brindado a los seguidores que Jesús y a Israel durante la Gran Tribulación.

(5.- El Reino de Dios es instaurado. La tierra entera se convierte en una teocracia Tendrá mil
años de duración (Apocalipsis 20:1-6). Sin embargo, antes que comience, Satanás será atado y
echado al abismo (Apocalipsis 20:1). Luego del reino de los mil años Satanás será desatado por
un breve espacio de tiempo (Apocalipsis 20:7). Engañará a las naciones rebeldes y dirigirá una
revuelta contra Dios. Este será derrotado por Cristo y echado en el lago de fuego en donde
permanecerá para siempre (Apocalipsis 20:10).

(6.- Los perdidos de todas las edades aparecerán ante el gran trono blanco del Juicio Final
(Apocalipsis 20:11-15) y los que no tengan sus nombres escrito en el libro de la vida, serán
echados en el lago de fuego.

(7.- La creación de un nuevo cielo y una nueva tierra (Apocalipsis 21:1) tendrá lugar.

(8.- Una eternidad como seres glorificados será nuestro destino (Apocalipsis 22:1-6). El Reino
de Dios abarcará todo el universo.

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Bíblicamente, la postura pre-tribulacional tiene suficiente fundamento. Por ejemplo, la iglesia no está
destinada para ira (1 Tesalonicenses 1:9-10, 5:9), y los creyentes no serán alcanzados por el Día del
Señor (1 Tesalonicenses 5:1-9). Se le prometió a la iglesia de Filadelfia, que sería guardada de “la hora
de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero” (Apocalipsis 3:10). Nótese que la promesa no es
preservación a través de la prueba, sino liberación de la hora, esto es, por el período de tiempo de la
prueba.

El pretribulacionismo también encuentra apoyo en lo que no se encuentra en la Escritura. La palabra


“iglesia” aparece diecinueve veces en los primeros tres capítulos de Apocalipsis, pero,
significativamente, la palabra no vuelve a ser mencionada hasta el capítulo 22. En otras palabras, a lo
largo de toda la descripción de la Tribulación en Apocalipsis, la palabra iglesia está notablemente
ausente. De hecho, la Biblia nunca usa la palabra “iglesia” en un pasaje relativo a la Tribulación.

El pretribulacionismo es la única teoría que mantiene una clara distinción entre Israel y la iglesia y los
planes separados de Dios para cada uno. Los setenta “sietes” de Daniel 9:24, están decretados sobre el
pueblo de Daniel (los judíos) y la ciudad santa de Daniel (Jerusalén). Esta profecía deja en claro que la
semana setenta (la Tribulación) es un tiempo de purga y restauración de Israel y Jerusalén, no de la
iglesia. Así mismo, el pretribulacionismo tiene fundamento histórico. Considerando Juan 21:22-23,
parece que iglesia primitiva creía que el regreso de Cristo era algo tan inminente, que lo esperaban en
cualquier momento. De otra forma, no hubiera persistido el rumor de que Jesús regresaría cuando
Juan aún viviera. La inminencia, que es incompatible con las otras dos teorías del Arrebatamiento, es
un principio clave del pretribulacionismo. Además, la creencia pretribulacional parece ser la que más
se ajusta al carácter de Dios y Su deseo de librar a los justos del juicio sobre el mundo. Los ejemplos
bíblicos de la salvación de Dios incluyen a Noé, quien fue librado del diluvio universal; Lot, quien fue
librado de Sodoma; y Rahab, quien fue librada del ataque a Jericó (2 Pedro 2:6-9).

Una debilidad percibida en el pretribulacionismo, es su relativamente reciente desarrollo como


doctrina eclesiástica, no habiendo sido formulada en detalle hasta principios del siglo XIX. Otra
debilidad es que el pretribulacionismo divide el regreso de Jesucristo en dos “fases”, el
Arrebatamiento y la Segunda Venida, considerando que la Biblia no delimita claramente ninguna de
tales fases. Otra dificultad que enfrenta la creencia del pretribulacionismo, es el hecho de que
obviamente habrá santos en la Tribulación (Apocalipsis 13:7, 20:9). Los pretribulacionistas responden

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