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siglo veintiuno editores,sa
cEr¡o oEt AGUA 2¿8, MEXICO 20, D F

siglo veintiuno_deespañaeditores,sa
c/Pta¡a 5, MAofto 33, €SPAXA

sigloveintiunoargentinaeditores,sa
sigloveintiunode colombia,ltda
Av. 30. 17-73 Pn¡ ER PISO. ¡OGOIA, D.t. COIOTAüA

traducción del inglés de gabriel iriarte núñez


portada de feüpe valencia

primera edición en español, abril de 1988


@ siglo XXI editores de colombia ltda.
ISBN 958-606-016-0

preparación litográfica, impresión


y encuadernación
tercer mundo editores

impreso y hecho en colombia


printcd and made in colombia
,,gl-Eg/gf
PREFACIO A LA EDICION EN ESPAÑO

CAPITULO I: HISTORIOGRAFIA LATI


MOVIMIENTO OBRERO

CAPITULO 2: CHILE
Singularidad de la historia chilena,4T; e
ra del salitre, 50; La vida y el trabajo en
ción obrera en el norte, 76 ; cristalizació
ta,90; trayectoria de la izquierda chilena
toria de Chile, 108

CAPITULO 3: ARGENTINA
El enigma de la historia de Argentina, 11
dor, 116 ; la promesa del desamollo econó
moülización obrera, 136; el curso anóm
obreros de la carne y el ascensodel pero
mo,224

CAPITULO 4. VENEZUELA
Historiografla de un pasado turbulento,
creación de un proletariado petrolero, 260
un pals,273; fundación de un orden liber
temporánea de Venezuela, 319

CAPITULO 5: COLOMBIA
Orlgenes de un sistema polltico partidist
cat'etera,349 ; los trabajadores del café
ro,367; la Violencia y la civilización caf
contemporánea de Colombia, 430

CAPITULO 6: ACERCA DE LOS LIMITES


MESA DEL ENFOQUE

t7l
CUADROS

2.L. Propiedad de las compañlas productor


1878, 1895 y 1926
3.1. Indicadores del crecimiento económico
3.2. Valor de las exportaciones argentinas
años. 1900-1954
3.3. Superficiedetierra dedicada a la produc
3.4. Indice de salarios reales en Buenos Ai¡e
3.5. Indice de obreros empleados en la ciuda
3.6. Porcentaje estimado de desempleo obr
l9l4-30
4 . 1 . Valor de las exportaciones petroleras de
4.2. Participación del ingreso petrolero en
de Venezuela, 19l?-63
5.1. Propiedades cafeteras clasificadas segin
les departamentos productores de café
5.2. Propiedadescafeteras clasificadas segrin
ca y Toüma, 1932y 1939
5.3. Número y producción de fincas cafetera
6.4. Porcentaje de fincas productoras de café
tración y tamaño, 1955
o.o. Muertes atribuidas a la Violencia en Colo
ra, 1955, segrln departamento
5.6. Muertes atribuidas a la Violencia en Col
to
o . I . Parcelas abandonadas a causa de Ia Vio
departarnento

GRAFICOS

2.t. Exportaciones chilenas de nitrato y obr


nitrato, f880-f934
3.1. Inmigración neta a la Argentina, 1860-
4 . 1 . Producción de petróleo crudo en Venez
en la industria peürolera, 1922-77
5.1. Exportaciones cafeteras de Colombia y
mercado de Nueva York. 187G1970
h#":tl"";J,;'i1** dirwrio, cuya reputación ya hnbría qu
I un especialista en estudias europeos
Muy pocos historia.dores de izquie
segrln nacionalidad' ra tan certera y poderosa la economía
65
r20 tro del contex,to del desanollo del ca
. 1880-1913
en Pelodos de cinco Los cuatro poíses trotados aporta
131
134 auténtico aruílisis cornparotiuo, algo
en la PamPa,1930'1954150
contrar en lns estudios latinoamerica
1914'39 1ó0 nes históricas y culturales cor¿unes
uáos nires,
Aires'
i"'"it¿"¿ de Buenos 151
La.boratorioideal para el uso del méto
253 estudios es, a su rnanera, ¿z tour de
'i5',lffi*oernamental estructura económica a las fuerzas s
254 política con percepciones culturales y
de árboles en los PrinciPa' tratnas de nouelas, pbnteamientos d
354
.3l?i'it3' timonios, mouimientos de precios mu
encundinamar-
356 de un tango. El espíritu que unifica t
195ó 35? profundo por el intnenso coraje y Ia.te
rs según tamaño'
admrnrs' sos contingentes de trabajadores lati
segtln tiPo de
368 en medin de las pqores aduersidades.
cafete'
194&6?,Y Producción 426 Bergquist explica sus objetiuos y
plar. Esta es uno historia teóricament
1968'66,según dePartamen' 421
fuentes ("aruilisis del sistema eeonóm
segln jo" y aruilisis económico cepalino), pe
en Colombia, 194&66' 428
diente que produce una síntesis sui ge
erudición y a la uez ex,cepcional por s
jores sentidos de la palabra. Ber{quis
industria del tniso con el soci.alismo, y sus raíces,
emPleados en la 64 algún día estudios corrro éste lleguen a
t24 'rnas,
para quienes- han sido escritos
emPleados
, 1918'?8,Y obreros 262
en el
del café colombiano 361 .te
fnense terratenicntes, cop italis tos, o b
rediseñaeI escenorio,redefine lr,spa
obro -un siglode historía la.ünoame
togonistas,los productores directos,l
trabajadores, guienescon suséxitos,
l¿sdiuersas uariantes nacíanolesde I
tina-
¿Por qué, entonces, ese consuetud
obréros?EI autor comí,enzadeli¡nitan
tnosdenominor bs prisiones intelectu
rrollo historiognifico del tema^ Se re
perturbad,ores qlte hon tenido los mo
tendenciashistóricas del capitolismo
subrayacórnosu erpansün continua
tó una capapidad tol de osimila,ció
obrero y ae ta." fuerzas polítícas de i
torse la, ¡nuerte del marxisrno, a nom
coexistenci.apacífica del capital y e
miento fueron traspla,nta.dosde mane
o pesar de que b aparentenente ilimi
cía uíabl,e sola con bose en uno sobr
ria- En segundo lugor, se nuestro c
ceptualcs europeos los que institucio
biosade la close obrero latinoamerica
los trabojadores del sector industri,a
das las connotacianes de lo "modem
agrc-ex,por.-rdor,dzpositoríos d¿ todo
"iradicíonal". Ccmo tercer foctor ex
protogónbo real d.e tos trobo,ia.dare

t1
espejismoante fenómenoscolno el recesogeneralizadade Ia.econorníaca
pitalísta, el crecimí.entodel desempleoy el colnpso d,ela,spolfticas euro
peos del Wellfare State. Estas nueuas reaüdades, concluye, le estón
abriendopaso al reencuentrod,elmoui¡níento obrero con otros gruposy
mouimientossocial¿s,! por sobre todn, con su propia uocatíónreuolucio
naria,y dc¡nocrotizadora de Ia soci.eda.d..
Frente al segundopunto, el de la
parcelacün del moui¡nicnto obrero, Bergquist postul.a y rescata Ia uni-
dad de la clase obrera como tal y dedica la.mayor parte del libro a argu-
rnentar precisamente que Laexclusün, conscíenteo ingenua, de las traba-
jadores uinculados o Ia estructura eÍ,portadora equiuale no sola a una
mutiladón de buerwparte de l,ahistoria de Ia clase en Améríca Latína -
Ias últimas décadasdel siglo XIX y las tres primeras del presente, por Ia
rnenos-, sino que, a.derruis,nospriua de la posibiltdad de descifrar el pa-
pel estratégico dc estos trabqjod,oresen el desanollo económicoy político
de bs cua.tropoíses estudiados, a saber, Chile, Argentina, Venezuelay
I
Colo¡nbía^Esto es lo desafíante tarea del libro.
Dentrc de esta nueuoperspectiua,la "externo" se canuierteen factor
ii, decisiuode estructuración del ord,enínterno, no tanto por el tipo d,ecla
trl:, sesdominantes que engend.ro,aunque las rela,cionescon éstas tampoco
se rnenosprecían,sino por la especificidad de cosmovisiones obreras que
se ua.nteji.end.oen sus intrinca.d,osredes y que el autor reconstruye con
gron erudicün y perspicacia a Io Inrgo del terto. Se reitera así Ia tesis
central: hon sido las trabajadores quienes con su impulso, sus límitacio-
nes o equívocacíones,con su debilidad o con su fuerza, le han imprirnido
su portícularídad a la.sdíferentes formaciones socíaleslatinoamericanas.
Con esto nueua óptica, lo mirad,ode Bergquíst no se detíene exclusi-
uonente en las condiciones materiales de uida dc los trabajadores en los
centros de prod,ucción, sino que la exti.end,ea todas las facetas de la coti-
dianidad Y l"acotidia.nidad.del obrero es no solo Ia del sitío de trabajo, o
euentualrnentela del portid,o, sus formas organizatiuas y la prensa pro-
pía, síno tambíén Ia de la.casa, la del bar, le del centro d,erecreación,la
del lcnguaje, Ia,de su sexualídad, Ia de sus experiencíasy percepciones
nombs exporta.dorosen las estructuros socio'lesy polltico
nente, toles como el despegue industrial deriuodo o corn
nipída urbankación, el fortalccímíento de las recursos e
pliación de las redesde comuníarcün, y muchos otros que
e ilustradps con obu¡\dante acopío de informacün por pa
que constituyen temas bien conocí.dospor quienes esté
con Ia historio moderna latinoomericono Quisiera subra
portir del sugestiuo texto fu Bergquist, las porticularida
ral.esque se tejen en esenudo de relacíanes.
En Chil,e,par@tonar el orden dc exposícün d'el antt
geognifico y ocupacíonol de las obreros dcl salitre, prime
después; Io dispersión de las instala'cíonesminetws y de
bre los tnistnas; osí como las crisis clclicas de los produ
dos, creoron uno cultura obrera nomádica, de ímplicacion
Por un lado, su condíción de trashumantes los lncía, ,ne
disciplino de lospotronos y mós erigentes en las contrata
otro lodo -forasteros en todas partes- no tenla,notra
construir su unidad y su autonomía de clasea partir d'esí
cicron inuentóndase audaces formos de sociabilidad, y
cohesionaroninicialmente en torno a socíedadesde ayuda
m,onn filarmónicas; posaron luego por otras mós sofísti
comunalest eue a.dquiri.eroncel,ebri'd'adcontinental con
Iquíque en 1907; y, desernbocaronfinalmente en las form
salesde organízacün gremíaly polltica,los sindícatos y lo
buidos de un tniütante naciana.üsmo,coracterístico de los
ros, conquistaron un sólído presügia en otros sectoresd.e
su capocidodde mouiliza¿ión y en el resto de América La
tura polítíco. Los condicíonesad,uersasde su surgimient
transformarona éste enuno d.elas mouimientos obwos
t mente articulad.osa niuel nacíanal. Se m.antuuieronen "e
iI trófiao" con eI capital hosta la gron trugedía de 1978.
I El rumbo de Io close obrera en Argenüna fue mucho
!t,
\
1
{
dustrio exportadara dc lana, cereal¿sy especialrnente carnes, alH, con
excepciónde bs zonas costetu,sen dande seprcdujeron olgunos destel
reuolucia nario s (Alco rta, 19I 2 ; P atag onia, rc2A-2I ), eI desgarrotnien
tf cultural se haplo aún mós potétíco, puesto que coeristfan conflíctíu
f,
IF rnente dos tipos de situaciones, La primero era Ia. de una capa sígnifi"
tíua compuesta tonbíén d,eobwos inmígrantes no calífícadns,con es
sa copací.d,ad orgonizotiuo y reiuind,icatiua,y por tanto, fócilmente sus
tuiblcs por vornpehuelgasd¿ Estados Unidos, Australia, y Nueua Zela
# da. La segunda situa.ción era la que cobijoba tanto a los obrercs na,c
fl nales califrcadas, uínculados al ernpaque de cames o a su procesamíen
/frigortficos), como a los trabajadores rurahs, dispersosen Ia potnpa, d
iii dos bs métodos e*tensiuos habituales en Ia crío d.egonados. Los trab
ja.dores d,eeste úIümo conjunto, nacional¿scalíftcodos y rurales, solf
iil' serlnstibs o los inmigrontes (apodadas "golandrinas"), refroctarios a
i occión colcctiva y con Htnites objetivos infranqueables para forjarse u
1ir
uisün autónomo de Ia sociedad.Se refugíaron en lo que podrí.atnoscan
terízor corno uno cultura gaucha, mezcla,de una mentaüdnd indiuidu
listo y compeüüua. con un nacionalísmochauuínísta.
De esto contraposicün entre a¿¿ cultura obrera cosmopoliüay u
cultura obrera gauch4 se deríuoron consecuencíasperdurables para
socíedad,argenüna: desde eomícnzosdel siglo, su unid.ad.interna esta
roto- Este dramoínteríor es el que se expresapopularmente en Ia mela
colla y el fotolismo del tango. En el pl,anopollüco se expresóparadígrr
ticamente en el peronistno, cuyo ascensoy consolídacíón tuvo como s
pofte fundomental, según Bergquíst, Ias obreros de Ia carne. Su conc
sün, segurarnente muy Tiotémica"es la, d,eque el peronísmo bloqueó
pnoyecto polltico burgu.ésd,eIo postguerra, pero ol mísrno tíempo frustú
el potenciol socíaüstade Ia claseobrera^En este mouitniento pendular,
míIitorísmo surgü corno meconísmorecurrente de reuersíóndel ínestab
equilibrio o favor de b cb.sedominonte.
En Venezuel4 país que desde las albores d.elsigla se lnbla. erigida e
el principol exportodor d,epetúl,eo del mundo, y que Io síguíó síendo ln
cr¡ltura obrera del petróleo que, en un s
le carnes,ollí, con-n tor, pero fundados en su oruihsis, no
Án oryunosd'estellos complcjo artiaulada de por Io menos
-ol- fi, el áesgort'omiento a' discutibl¿ sensibiüdad a la dependenc
i ó,*¡ t tía'n conf lictiu rodicalismo gremial que se rnueue den
:;L-d; caPasignifica' miso entre el copitol y el traboio, es d
",* esco'
'i",lli,
lr, * calíficados'con porticipación; y, finalrnente, una ocep
P"t!T":.t:
;:f:. pitalísta, en las términos que Ie han sid
;;;;;"t;; Y Nueuazetolt' Democnitica
tontoo losobrercs"Y:: Por últitno, resulto porticulormente
o a su
";:;;;;;;,i.taProcesamiento
,l"i
nomno'
pnoponeel autor del caso colambíano.
' -(.o'
L.os trab
s'-
iguol que en los onteriares, Bergquíst p
rfr't-ionoito
" ernergede la llomada fose dc crecitníen
'r;;J; : v'Y*f:L::t:i:
rlur"rñi el polo de consoli.d.acünde uru, econo
s o la
refra,ctorin
¡,"
una de ln expansíón cofetero d.efincs del s
l,r;obtesPora foriarse sente.El hilo conductor del anólisis so

*xtr#xr:;:rm ury
autor engloba bajo la.categoría genéri
de pequeños propietorios independien
jornolcros, todos ellas dotodas, por la d
oUr.t" cosmoPolitaY cidad paro soportor las crisis cíclicas
',," p"¿u'ábt" P"::-Y
i"t¡^ t dinl. Dos tesis centtwles organízon el
taba
il íí¡a"¿ interna es la'n- con el pnoceso de colonízacün y Ia' co
n
e,e lo e
; "pú";"nt ó arodi ^ms rui'- uertiente", estipula, que la conquísta
:ait:"; ; ; p r es P demognifica contpronetícron o la mas
so.-
liisotidncü n tuuo^como conctu' ñalada, en un enfrentomíento sangrien
";;; ;;b|arne' su
uecescon los terrotenicntes. Como re
Ti,í",10;;;*
ry"!!n::!,1
:;"";í"i'ii a"*Pofrustú'
eso especiede hobbesianismo social, h
tneconismode resístencioa la proletari
Pend"Y?::I¿
irt í, liii ¿*ienrc ¡osos, en cuanto híci.ercnuoler su con
;;;;;;;ún áet inestob
lo botol,la,estratégíco por la transform
quedar sumidas en Ia peor otomízaaió
dct sigloselnbía ?ñ54'o mización surgid,a d.eesto plrrica uictor
;;;;; 'iguió sicndatws' la, retwuada rnasa d.epequeños produ
"
biMades de su ¡nodelo,y le índica en qué otros c@sos podria. tener fecu
dos oplícocíones,en cu.ólcsestorla sujeto a modificatíones sustanciales
en cud.lessímplemente tw tendtí.a ualídez alguna Un admirable sentid
crltíeo, Ttocousual en los medios académíeos,y que reuela al mis¡no tí,e
po utr.ogrun seguríd.ad, en Io que se ltace. Bergquist tiene Io uno y lo ot
porque se equipó de monera ínmejoroble paru realkar esa larga march
por América Lotina"
Urw empresa intelectuol de estas dimensianes requiere, en efecto, d
Ia oprcpbcün crítíco" efectíuamente lngroda,,de las auances del cono
micnto en por lo menos tres planos intenelnaíonados. El prírnero es el d
los auances d¿ b modemo histori.a social, y de la laboral en particula
cuyos te¡nos constituyen los preocupacionescenttales del libro: Laform
cün de una concíencíaobma; el desmonte de cierto culto o Ia product
uidad.y al d.eterminismotecnológico; las luchas obreras por la recupe
cün del contrcl sobre el procesoptoductiuo y sobre suspropí.asuidns. E
toda esto problcmúüco es posibla reconocerla influencia de antecesor
twtablcs, cornoE.P. Thompson y Eric Hobsbawm, en Inglnterra, o D
uü Montgomery y Hury Brauerman, en Norteamérica, quienes no so
lnn hecho hístoría sirw que han cambiada nuestro modo de hacerla^Ha
que onotor quc se trato, sígníficaüuoÍnente, de autores que han estad
uinculados, en algún nwmento, a la miütancia,polltica, e.toreas educa
uas en centtps obreros y eventualmente, Ins dos últimos, d,eautores qu
han trobojada ellos tnismos corno obreros, ol igual que la hízo Bergquís
ontes d.ededicorseprofesionalmente o la hístoría"
El segundo ouonae, e&pWcüomenteasimilada en este libro, y que
lector íd,entifbaú, mó,sffuilmente, es el de las teoña,ssobre el funcíon
micnto d.elsistemo económícomundial, mejor conocídaseorno teorfas d
lo dependcnciq que configuron lo ruis notabl,ey uniuersalrnente ace
ta.d¿eontribución de América Latina a las ci.enciassocinlcs.
El tercerc es el d¿ bs üferencia.dos d.esarrcllasde la.shistoriografla
nacionales, tw sob con respecto oI terna especlfíco d.el mouimient
obrero, sino con nespectoa Ia euolucün globol de las sociedad.esaquí tra
|i todos.
I
Bog
casos Podia' tener.fecun'
s sustancia'les, Y
trooniÁne
'" Úi od'rn¡rablesentídn
ái, reueloal mismo tíem-
ío"¡tt tiene lo uno Y Ia otro
liál¡"o, esalarga marcho

nesrequiere,en efecto' de
de lns-ouancesdel con?c!'
el de
Áo¿ot. El Prirnero es
a"-to U\orál en Particulnr'
lenttalcs dettibro: la forma'
íi i¡'rn" culto a la Producti'
ws obreras Por Ia' recuPer@-
En
Tiai susProPiosvidns'
Io influencia d'eontecesores
en Inglaterra, o Da'
{uienes no 29Io
ñ Áoao hacerla HaY
áe
áLáuror"t que han e-stadP
tareos. eiluc11i;
irr-p itm" o @-
que
dos últimos, de autores
lii"l q"r la hizo Bergquist'

-IÁ en este libro, Y que el


teortot sobreel funciorn'
de
ior cottocidoscorno teorlns
y uniuersolmenteaceP'
cicnciassocinl¿s'
JlÁut" de lr¿shistoriograflas
esoeclfrcod'el movimi'ento
I í,, ui sociedad'esoqul ta'
alterado de manera fundamental tant
sarrollo económicode los países de la
Esta afirmación, tesis del presente
da lo que me enseñaron l¡aexperienci
juventud en Estados Unidos en las dé
asimismo el grueso de Ia üteratura de
mico en Latinoamérica en el siglo XX
ptro, a medida que mi experiencia s
gresaba y las tendencias intelectuale
influenciaban mipercepcióny compre
Me crié en los años cuarentas y c
ciudad de la Costa Pacífica de Estad
medida todavía lo es, una especie nu
empresa gigante, la Boeing, Ia burocr
combinaron para fomentar la produ
Había una gran demanda de trabajo,
como para empleados y profesionale
los cuarentas y cincuentas seguían e
cuando la legislación Taft Hartley, q
movimiento obrero clasista del país, c
co y político de los obreros organizado
purgado de los militantes de izquierda
sa por organizar la industria básica d
En la Seattle de mi juventud incluso
movimiento obrero que habia enfrenta
meras décadas del siglo estaba prácti
cia popular. Muy pocos sabían de las
Industriales del Mundo, fWW, en pro
los valientes y explosivos esfuerzos d
restales por organizarse y construir s

Ile
del
sión ideolósi"", ,rrr;ienorancia casi total del papel central
del mundo occidental. Hice mi especia-
to obrero en la histáiá moderna
latinoamericanos, con lo que aprendí una
lización doctoral en estudios
uñor, que el movimiento obrero latinoamericano
tesis de moda
"" "rár
era prepon¿eranteÁLttt" .oí.L*ador, capita_neadopor una élite pasiva
radical v re-
á" truU^:u¿o.", inánrtiiales que había perdido su vocaciÓn
volucionaria.
y educación for-
Fue asi como, mediante la experiencia concreta la
u a"r""¿á, et papei de los trabajadores en la historia del
-ui
moderno. Pero al mismo tiempo me iban influenciando las gentes
-"tiaó"pr.rr¿i
de cómo ellos tra-
trabajadoras que me rodeaban. Ahora me doy cuenta
clase desprovista
taron de inculcarme los valores más profundos de una
fe democráti-
de organización social y conciencia poütica autónoma: una
un sentido 99
ca en las capacidaá"r i"t"f"ctuales de todos los hombres;
capital y del
ia e"plotaci6" v rul":usticia social; un recelo profundo del
gobierno, y una comirensión elemerttal del poder de las fuerzas materia-
y antes de con-
les en la historia. eprendi el oficio de mi tio, un techador,
historiador enl972, me gané la vida desempeñando
seguir empleo
,rrrá g.u" "o-á
variedad de oficios. Fui techador, operario -en una pequeña
de enlata-
i-prénta, chofer a" t*i y ambulancias, obrero _enuna.fábrica
de produótos agricolas, fumigador de insectos, cartero y
áor,
En ning;unode esos puestos tuve contacto
"o"""ttero directo ni con tra-
estibador.
partidos de izquierda'
uu¡uaor"* sindicaíizados ni con-militantes de los
Ia mayoríade
Tal hecho no debe causar extrañeza. Durante estos años
de las grandes
los trabajadores ri"ái"utirudos se limitaba a los confines pa-
del sector industrial. Y la izquierda, gracias a la ofensiva
"-pr".u, estatal, ui político áel macartismo, había sufrido un
;;;;"iy
"r"árd"lo de la épocade Vietnam' ha durado
*fipt".uti totai,lue,
"on "*"Lpción
hasta nuestros dlas.
concepción
Debe ,", oblriJirre los valores de cada cual, o mejor, su
r" determinan directamente por su situación de cla-
social del mundo,
"á que vender su propia fuerza de
;;, ;.t el hecho, verbigracia, de tener
capitalista. No. La comprensión
I
ioUu:o para sobrevivirln una sociedad
{
I
$i
No obstante, aun en circunstancias desfavorables com
res, es posible progresar hacia la comprensión del funciona
sociedad capitalisüa. Cuatro factores contribuyeron a hacer
te de esta verdad social: mi experiencia en Latinoaméric
como miembro de los Cuerpos de Paz asignado a un pueblo
luego como investigador académico en varios de los pais
srón-, donde las fallas del sisüemacapitalista y sus mecan
plotación social se reveliancon más claridad de lo que suele
las naciones ricas, de capitalismo avanzado, como Estado
trabajo de posgrado con John Johnson, el primer historiad
dense en ofrecer una interpretación global y materialista de
lítico latinoamericano a lo largo de este siglo; la influencia
sobre mí el análisis marxista, que primero llegó a mi conoc
épocade la movilización universitaria en oposición a la inte
teamericana en la guerra de Vietnam y, finalmente, mi inte
Ias circunstancias que rodearon el asesinato de César Ca
a\umno mio enDuke University, organizador sindical y act
tido Comunista de los Trabaiadores (Communist Workers
fue muerto, junto Concuatro de sus compañeros' a manos
del Ku Klux Klan y el Partido Nazi Americano, en la ciud
boro, Carolina del Norte, en noviembre de 1980.
De esta manera personal y particular, aspectos de la
posguerra han impaétado mi formación poliüicae intelectua
t¿ó aleún detalle porque, según lo evaluarán los dive
""
simultáneamente actúan pára inspirar y limitar cada aspe
que sigue.
Aparte estas consideracionesideológicas, que influyen
ción áe los datos historicos y mi análisis del material, el
otros aspectos, tanto positivos como negativos, relacionad
de desairollo de los eÁtudioshistóricos latinoamericanosy
de la metodologia comparativa. Aunque estoy convencido
desarrollada a lo largo del libro constituye una paliancapo
interpretación de la hisüoria l¡atinoamericana,los capitulo
que coadyuvaron a
literatura existente entorno de ella. Los espeeiaüstas
el manuscrito, me
üo¡".rtación de miinvestigacióny luego comentaron
permitieron atenuar, no superar, este problema' -- junto
sin embargo, el suúdesarrollo mismo de la historiografia,
con liaslimitacione;q"" "" ;;n sobre la investigación de la historia labo-
;;i; 6 q"" para justificar intentos globales de interpretación
de la tarea que
en las presentes circuristantias' Debido a la magnitud
"" "o-Uitiu
afrontaelpequeno*nodehistoriadoresquetrabajansobreAmérica que
;;ti""l iaslmplicaciónes politicas de toda investigación, no creo
prioridades, a investigar al
nos podamos " dar ;i1ot ü proceder, sin
sea de Eranera
urur. nrp"ro en tal r"rriido que este estudio sirva, aunque
prioridades y fomentar
,rr.rypur"iul, para estimulaiel debate sobre esas
Espero ¿sirnism!
ulteriores investigaciones sobre el movimiento obrero.
q""1" ri.iO" a"f pu"uáo, resenada de manera imperfecta en estas pági-
y por part'e
iur, u itrrpiát.rttá actividad política inteligente eficaz
orden s<rcialmás
clase obrera, en su lucha incansable por forjar un
de la"y"á"
humano en el mundo. (en el año acadé-
Gracias a Ue"r, á"1Social ScienceResearchCouncil
Council (durante los meses de
mico de lg77-7gl Vá"f O"f." University
investigación en los archivos
verano de lg?9 v f"g80)p"á" adelantar ósta en
¿" Cftii"'y Argentina, Venezuela y Colombia. Después,
;;ibü;t D'C' y del Nationa
1980y 1981, ";r becasaet Witson Center en Washineton
permitieron dedicanne a
Humanities center en carolina del Norte me
y a la redacción del li-
una lectura detallada de la Iiteratura secundaria
Deseo agrade
bro. Muchas personas comentaron partes del manuscrito.
David Bushnell, Tulio
cer especialmente a John Johnson, John Wirth,
HalperínDonghi,¡ot,tWo-"ck,PaulDrake'JohnLombardi'Richard
Ellner' Sandra McGee
Wuit"r, Gonzalo Sátt"tt",, Ariel óorfman' Steve
Ronald Newton, Emilia vio
Tico Braun, catrrviecrurrd, Daniel James,
Gonzalo Fallabela, David
tti da costa, ¡or"pi T\rlchin, James Barrett,
mis colegas de Duke quiero
ó;ili"t, Stanley Stlin y Brooke Larson. Entre Geref
;;;á;;;t a J;hn T;iáJ", cu'ol-Smith, Art¡rry Valenzuela' Gary y
John Celi, Bill Reddy, Jim Epstein Dick
fi, Larry Cood*.vr, gi'ólrlf",
Mayo de 198?

I
l
muy disímiles trayeetorias ideológicas y políticas de los
mientos obreros de América Latina: marxistas en alguno
fascista por lo menos en uno, y überales, al menos hasta e
otros. Ambas deficiencias tienen una raíz común: el no ad
su profundidad, las implicaciones sociales provocadaspo
formas de integración de l¡as economías latinoamerican
1880, al proceso de desarrollo del sistema capitalista m
entonces, la maduración de las sociedadesindustrializada
del Atlántico Norte generó cuantiosos recursos tecnológic
e imperativos sociales y políticos internos, que impulsaro
ción masiva del capital europeo al resto del mundo. En A
\ las élites sociales supieron aprovechar estas circunstanc
I formar sus propias sociedades.Una a una, las naciones de
1; na fueron especializándoseen la producción de uno o va
primarios de exportación.
\
Humanistas y antropólogos latinoamericanos de la
I
! años treintas fueron los primeros estudiosos que advirtier
la importancia de esta transformación orientada por la ex
\ embargo, fueron los economistas estructuralistas, vincula
t sión Económica para América Latina, CEPAL, quienes
t mayor profundidad sus implicaciones para lo que ellos d
desarrollo económico dependiente, o reactivo, de la regió
décadasque siguieron a la Segunda Guerra Mundial, con
\ logias sistemáticas de las economíasexportadoras y, de m
cida, delinearon las implicaciones que cada una de eüas c
el desarrollo económico nacional de la periferia latinoame
tema capitalista mundial. Entre tanto, otros científicos so
riadores latinoamericanos analüaban l¡asdimensiones soc
y culturales provocadas por la transformación económic

\
[261
zados, relativamente poderosos. Durante las décadassiguientes se con-
virtieron en importantes receptores de la inversión extranjera en la
manufactura en los países subdesarrollados.Incluso a medida que el
sector manufacturero de estos países iba opacandoel sector primario, la
mayoría de los estudiososlatinoamericanos insistía en que los trabaiado
res del sector industrial constituían una fuerza insignificante para la
transformación historica de la región. Alegaban que estos trabaiadores
representaban un gxupo privilegiado en los mercados nacionales del tra-
bajo. Sostenían que los trabqiadores industriales, vencedores entre un
exóedente de trabajadores urbanos que competían por un reducido nú-
mero de empleos generados, dentro de la industria manufacturera, por
una expansión muy lenta en capital intensivo, conformaban una aristo
cracia óbt"ta, conservadorapolíticamente y conformista en lo social. Tal
noción fue desarrollada sistemáticamente por los latinoamericanistas
durante la década de los sesentas (2) y persistió hasta bien avanzada la
década de los setentas. Fue confirmada por Ia mayor parte de los contri-
buyentes a una importante reseña de estudios sobre el movimiento labo
ral regional publicadaen f977 (3).

1, De todos los trabajos publicados por estos cientiñcos sociales humanistas, el ensayo del antro-
pólogo cubano fern¿ndo Ortiz, Contrapunto cubano del tabaco y el azrícar, Nueva York, 1947,
pubñcado originalnente en 1g40, es el-más importante. Ios übros clÁsicos de los economistas
estructurales latinoamericanos son: Celso f\rrtado en lhe Economic llevelopment of L¡ti¡
America, cambridge, Inglaterra, 19?0, y osvaldo sunkel, con la colaboración de Ped¡o Paz' El
eubde¡arrollo y la teoríalel deearrollo, México, l9?1. De los otros trabajos a los que se hace
referencia, los de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Falleto, Dependencia y deearrollo en
América l,atina, (México, 19?9, pubücado originalmente en 1969, y de Tulio Halperin Donghi'
Historia c{nt€nporónea de Améric¡ Latina, Madrid, l9?0, son los mÁs importantes.
2. Ias influyentes formulaciones de esta poeición correeponden a u! P$ de übros de Claudio Vé-
lez, ObeLclee to Change in Latin America, lpndres, 1965, y lbe Politice of Conformity iD Lati¡
I America, Ipndres, f96?, y a las contribuciones de Henry landsburger, especialmente "The
' r 'ip-
Labor Eüte: Is it Revolutionary?' , en Ditee in Latin Americ¡, editado por Seymour Martin
II set y Aldo Solari, Lond¡es, fSé2. Ios trabajos de Robert Ale¡ander consütuyen la ercepción
."gL. D""d" su perspectiva überal y anüicomunista, ingiste permanentemente en Ia importan-
a la
I
cia-del movimi.oto en los dessroüos históricos modernos de la región.
I 3. Rubén Katzman y José "iodi"dLuis Reyna, editores, Fuerza de trabaio y movinieníoe laboralee en

t
se con- condicionescada vez más rígidas para r
en la tos, adoptaron mecanismos de austerid
que el principalmentepor la clasetrabajadora
rio, la Esa solución, que también era la má
trabdado tas nacionales, condujo gradualmente a
para la obrera y el Estado, revitalizó la izquie
abiertos tipicos de los principales país
del tra- de la posguerra, frustró la efectividad
entre un Lejos de superar los problemas suscit
nú- nuevas restricciones muy pronto ame
por todo el proceso de expansión económico
derrumbamiento de los sistemas políti
\ür aristo presión masiva del movimiento obrero
Tlcial.Tal
ftbnistas últimamente comprometieron el impuls
pada la ma. Este proceso ya era discernible a m
cuentas y sieuió su curso durante los s
Scontri- tas en las sociedadesmás avanzadasde
fs,labo dos de los ochentas, amenazabacon afe
lt' cionestan importantescomo México, C
Por ende, la clase trabajadora se e
centro mismo de Ia crisis del desarrollo
Latina en la posguerra. Sin embargo, e
entre los estudiosos sobre l¡arelativa fa
to obrero y su naturaleza conservadora
traron sus esfuerzospor explicar la situ
en la clase trabajadora. Hubo destacad
$l
L Améric¡ Latin¡, Mérico, f9??. Las ercelentes con
I
t
t Juan Ca¡los Tone a esta obra, conforman lae exce
\, apuntan hacia las revaluaciones que siguem.
i 4. EI manuscrito inédito de Paul W. Drake, "Joumey
bor Movements Under Authoritarian Regimes in
constituye un buen análisis y un resumen de la li
\ impücaciones para el movimiento siüdical.
toria regional era extremadamentedébil y limitado (7).
Las causas del desfase entre los desarrollos históricos y la teoría de
las ciencias sociales son por si mismas dignas de investigación. ¿Refleja
ba acasola sociologíade las ciencias sociales latinoamericanas las condi-
ciones cadavezmás represivas que se presentaban en el ámbito de I¡a
investigaciones en América Latina? ¿Las prioridades de las entidades
que financiaban dichas investigaciones? ¿O el peso y prestigio de los
progxamas investigativos y teóricos que se producian en los paises in-
dustrializados?
Parece ser que la última hipótesis ha sido particul¡armenteimportan-
te. Para una generación de analistas de la posguerra en Occidente, la
debilidad e irrelevancia del movimiento sindical resultaba una suposi
ción plausible. Al finalizar la guerra, los movimientos obreros combati-
vos y de orientación mamista que se habían fortalecido en todo Occiden
te durante una décaday media de crisis en el orden mundial fueron rápi-
damente contenidos. País por país, los sindicatos fueron transformados
en organizaciones relativamente dóciles, complacientes y burocráticas
integradas plenamente, bajo el ojo supervisory regulador del Estado, a
la vida legal y politica de las respectivas sociedades.El éxito de la ofen-
siva general del capitaüsmo contra el movimiento sindical obedeció en
gran medida a la abierta represión ejercida contra la izquierda, a la Mbil
manipulación del nacionalismo a medida que la rivaüdad entre los prin-

5. Guiüermo O'Donnell, Modernización y autoritariemo, Berkeley, 1973.


6. Authorit¡¡ianism ard Corpor¡tivi¡m in L¡ti¡ Aneric¡, James Malloy, editor, Pittsburgh, 19?7
da una buena visión general de esta posición.
7. Hobart Spalding, Organized lrbor iD Latin America, Nueva York, 1977. f¡ obra de Spalding, e
t mejor y más reciente estudio sobre la historia del moviniento obrero de América Iatina, difiere
fundamentalmente del enfoque de eete übro. Hace énfasis en la forma como los cambiantes
vínculos externos, internacionales, afecdanla erperiencia común de los movimientos obreros de
la región, al contrario de mi insistencia en el significado de la ¡li¡Ámica interna de las socieda
des latinoamericanas para el movimiento obrero. Se c€ntra en la cohesión rel¡tiva de las clases
I dominantes más que en la erperiencia de los obreros para explicar las diferencias de los moü-
mientos obreros de América Latina. Más importante aún, subraya la rclaüva falta de influencia
I
de los obreros en la higtoria nacional, a tiempo que yo añmo su irnportancia decisiva.
I

{
l
I
en Estados Unidos y gran parte de América Latina, o imp
como en Europa Occidental y algunos países de América Lat
tivo de la transformación socialista y se plegó a la lógica cap
revolución permanente de las fuerzas productivas. Particu
movimiento obrero cedió terreno en la cuestión del control d
zaciiln del trabajo a cambio de una mayor participación en la
De este modo, el capital eliminó el obstáculo principal y má
para su expansión durante el período de la posguerra. Do
movimientos obreros poderosos y conflictivos que amenaza
nar el proceso de acumulación capitalista. En efecto, el cap
al sindicalismo en su socio. Los sindicatos se unieron a los ad
res para disciplinar a los obreros y para regular y reprimir lo
industriales. A cambio, los trabqjadores organizados cons
sindicatos y vieron incrementar sus salarios reales y benefic
les (9).

8 . l¿ restauración de la hegemonia cultural überal después de la guerra fue un r


delconflicto, delcualsdieronvictoriososlospoderes capitalistas überales. Pe
través de las concesiones ñlogóñcas y sociales que ee hicieron a lqs fuerzas pop
cas engendradas durante la crisis mu¡dial. Y que Karl Polanyi identiñcó en lh
form¡tion, 1944. I¡ mÁs importante de todas fue el compromiso con el movinie
Io cual se habla más adelante. Al igual que las iniciativa¡ laborales, las contra
de todas Ias insütuciones sociales del Eetado capitalista de bienestar se han he
y su futuro es incierto.
9 . Ias perspectivas de la importancia de este compromiso son desarrolladas por
quien destaca que una "ideologia de la productividad" ha sido la $ria princip
intemacional de Estados Unidos para restaurar el orden capitalista en Europ
guena, y por David Montgomery, quien an¡li"¿ la importancira del control del
en las luchas de los trabajadores en la historia del movimiento obrero de Estado
les Maier, "IVo Postwar Eras and Conditions for $abüty in Twenüieth-C
Europe", en Americ¡n Hiotoricd R¿view, No. 86, abril 1981, pp. 327-52; Dav
lüorlers' Conhol in Aneric¡, Cambridge, Inglaüerra, 1979. La relación del
organización del trabajo y la lógica del desarrollo capitalista s6¡ ¡n¡lizad¿s -Á
Harry Braverman, L¡bor ¡nd Monopoly Capital Nueva York, l9?4. El concept
es desa¡rollado en el sugesüvo enlrayo de Giovanni A¡righi, "The l¡bor Mov
tieth Century Western Europe", en L¡bor i¡ the World Socid Structure, Inm¡¡u
editor, Beverly Hills, 1983, con el ñn de erpücar la transformación de loe movi
er¡¡opeos.
tía el logro de la segunda. Las repercusiones económicas nacidas del
compromiso con los movimientos sindicales en las sociedadesdesarrolla-
das y con altos niveles salariales, obligó al capital a trasladar la base de
sus operaciones de producción hacia economíasde bdos salarios en el
extrarf ero (10). Los efectos de ese proceso, que en última instancia dete-
rioró tanto el crecimiento económico como el compromiso con los traba-
jadores en los paises desarrollados, no se manifestaron durante muchas
décadas.Las sociedadesdesarrolladas, beneficiarias de los mecanismos
de acumulación de capital e intercambio desigual dentro del sistema in-
ternacional (11) v capacesde desarrollar industrias productivas y de ser-
vicios intensivas en capital y de tecnología altamente sofisticada en una
división mundial del trabqio ya modificada, experimentaron un creci-
miento económico impresionante a lo largo de los años sesentas. EI cre-
cimiento fue particularmente acelerado en las economías desaroll¡adas
de Europa Occidental y en algunas parües de Asia Oriental, donde los
salarios eran mucho más bqios que en Estados Unidos y espectacular el
flujo de inversión norteamericana en la producción manufacturera. Sin
embargo, ya en los años setentas los efectos estructurales del masivo
desplazamientode la inversión productiva en el sistema mundial comen-
zaron a revelarse en los países desarrollados, primero en la principal
economíacapitalista y luego en las restantes. A medida que la industria
manufacturera se trasladaba al extranjero y las industrias nacionales
perdían su capacidad de modernización y se tornaban menos competiti-
vas en el mercado internacional, las sociedades desarrolladas de Occi-
dente vieron caer las tasas de crecimiento económico, surgieron los pre
blemas crónicos en I¡asbal¡anzasde pagos y aumentaron el desempleo y
la inflación.

f0. Alejandm Portes y John Walton, Labor, Clere ¡nd the Inten¡tion¡I Sy¡tem, Nueva York,
1981.
11. PaulBaran,LaecononJapolfticedelcrecinipnto,Mé¡ico, 1959;SamirAnin,t¡acumulacil¡
¡ esl,¡ mu¡di¡|, Mérico, 1974; Arghiri Enmanuel, B interc¡nbio deaigu¡|, Méúco, 1972.
escuelas de capacitación para dirigentes sindicales extranjeros h
guerras internacionales de gran envergadura. Aunque el costo de s
jantes iniciativas no minó seriamente la hegemonía política e ideol
del capital en Estados Unidos, cada una agravó significativament
problemas económicosderivados del traslado de Ia industria produ
al exterior. Actualmente, es el legado de ese proceso económico e
está generando los problemas socialesy politicos más severos en los
ses desarrollados de Occidente. Por su parte, el movimiento sindic
visto disminuido el número de sus activistas y menguado seriamen
poder económico y político. En años recientes, los terminos del com
miso histórico en la industria básica se han roto por completo. Aunq
movimiento obrero en su conjunto no ha reevaluado aún el compro
de la posguerra con el capitalismo, se ha sumado a una coalición de
pos sociales en procura de la protección industrial y de políticas qu
centiven la compra de productos nacionales. Obviamente, dichas p
cas representan una amenazatanto para los mecanismosde acumula
capitalista en el sistema internacional como para la teoria überal d
ventaja comparativa en el comercio mundial sobre la que descans
sistema.
No obstante, es preciso hacer notar que los problemas que aqu
actualmente a los paises capitalistas desarrollados surgieron muy le
mente. Hoy en dia son más evidentes, gracias a la mirada retrospe
que se ha aguzado por las presiones sociales y políticas desencaden
con el colapso del compromiso entre el capital y el trabajo, y el esta
miento general de la economia de los países desarrollados. Durante
muy dichosas décadas, la viabilidad del compromiso con el movimi
obrero, su inevitabilidad, fue endosada por la opinión pública y aco
con alborozo por las principales corrientes teóricas de las ciencias s
les. Los estudiosos reclamaban Ia "muerte a la ideologia" y proscr
la lucha de clases en sus teorías sobre el desarrollo en el mundo mo
no(12).
12. Ver Cha¡les Bergquist, Altcr¡¡tive Approocbee to the Problen of Developnent: A Se
¡¡d Annot¡üed Bibüo$aphy, Du¡ham, f97E.

E 9*¿-a' -ñ
J.i*'
obvio: el movimiento
ggerTa en los países más importantes de la región. Sin embargo, esta
ievaluación no ha conducido aún a una revisión teórica de las nociones
tradicionales acerca del papel que desempeña el movimiento obrero en
la histc¡riadel siglo XX (f4).
Los latinoamericanistas hemos desconocido la importancia historica
del movimiento obrero, en Sran parte porque la hemos buscado en un
lugar equivocado. Hemos aplicado, de manera acrítica, enfoques mar-
xistas y liberales ortodoxos a la historia del movimiento obrero' que son
-ar upropiados para el desarrollo histórico de las sociedadescentrales
del sistema capitalista mundial. Hemos aceptado una dicotomÍa en los
estudios sobre la clase trabajadora, que planteaba una serie de suposi-
ciones radicalmente distintas acerca del comportamiento social y las ac-
titudes políticas de los obreros rurales, eonsideradoscomúnmente eomo
"campésinos tradicionales", y para los obreros industriales, el "proleta-
riado moderno". De esta ¡nanera se separaba conceptualmente y se ex-
cluía a los trabajadores rurales del "movimiento obrero"; los trabqiade
res urbanos -artesanos y proletarios de la industria manufacturera- se
convirtieron en el objeto de la historia del sindicalismo. Sin embargo, la
torpeza de dicha dicotomía aplicada a los estudios latinoamericanos era
evidente para muchos. ¿Cómo clasificar, por ejemplo, a los trabajadores
de los complejos azucarerosrurales de Cuba? ¿O a los mineros de la sie-
rra del Peru, quienes entraban y salían de la agricultura tradicional?
Solo si se áeja de lado esta dicotomia conceptual tan artificial en el
enfoque de la historia obrera de los países periféricos y se remplace por
una nueva categorla de análisis, empezará a manifestarse plenamente el
I
i 13. Ibomas E, Skidmore, "Workers and Soldierg: Urba¡ I¡bor Movementg and Elite f,esponses
inTrrentieth4entury tatin Am€rbs", en Virginia Bemha¡d (ed.) Elit¿¡, Ma¡¡e¡ ¡¡d Moder'
niz¡Étronin Lrti¡ Anc¡tc¡. l860'l$m' Austin' l9?9.
f4. Hobaú Spalding (Véage l¡ noüo ?l; Peter Winn, "Oral lfistory and tbe factory Study: New
Approachea to l¡bor History", y charles Bergquist, "wht is Beiag Done? some Becent

t,
t
Sh¡dies of the Urban Worli¡g Cta¡s and Orga¡ized f¿bor in l¡tin A¡oerica", en l¡tin Aneri'
c¡¡ Bce¡¡cü B¿vicv, Vol. 16, No. l, 1980;Vol. 14, No. 2, 1979;Vol' 16, No' 2, 1981'

I
I
mientos obreros nacionales de la región. A mediados de siglo, y
antes en países como Chile y México, esa trayectoria ya se habia
L
v
cionalizado dentro de los sindicatos y partidos del movimiento
dentro del patrón de las relaciones laborales sancionadaspor el
En la mayoría de paises, siendo Cuba una notable excepción, la t
I
I
ria de los movimientos obreros nacionales, establecida a med
siglo, persiste hasta nuestros dlas. De ahí que el destino de la
$ obreras de la primera mitad de siglo haya influido profundamen
I patrón mediante el cual sus sucesoresde la posguerra han afe
vida política e institucional de Ios diferentes Estados nacional
región.
Resulta fácil demostrar liavalidez de estas aseveracionesen t
lógicos, pero aún requiere ser confirmada por medio de estudios
cos detallados. Los economistas estructurales latinoamericanos
traron ampliamente Ia enorme importancia del sector e:rportado
salud económica y el desarrollo capitalista en la periferia latinoa
na a partir de 1880. Dicho sector ofrecía las mejores oportunida
la acumulación de capital. Determinaba el volumen de entrada
sas y, por ende, la capacidad de una economíacualquiera para a
la imporüaciónde bienes manufacturados, capital y tecnología.
ba, directa o indirectamente, el gn¡eso de los ingresos tributarios
namentales y, por consiguiente, su influencia era decisiva en
miento y el poder del Estado. Esta importancia de gran magnitud
longó incluso hasta el período de industrialización en gran escala
por algunos países de América Latina a mediados del siglo XX.
veer divisas vitales, el sector exportador creaba condiciones p
industrialización por sustitución de importaciones, en remplazo
industria de bienes de capital.
Obviamente, no existían dos economías exportadoras iguale
cesidades tecnológicas, de capital y de fuerza de trabqio. Algu
mostraron ser más vulnerables que otras a las fluctuaciones del
internacional. En algunas, los medios de producción eran de pr
extranjera, altamente concentrada; en otras, la propiedad era na
zación durante la crisis del orden capitalista mundial y el colapso parcial
de la división internacional del trabqio entre 1930 y 1945. Por último,
mostraron cómo estas diferencias estructurales continuaron incidiendo
en el éxito de la industrialización nacional dentro del marco de la división
internacional del trabaio, ya modificada, que se coru¡olidóen la posgUe-
rra.
Resulta claro que este tipo de análisis histÓrico estructural puede
convertirse fácihénte en un análisis economista. Al estudiar el desarre
llo económicoseparándolo de las fuerzas humanas que tda transforma-
ción material desencadena-clases sociales, ideas, partidos políticos-,
los economistas estructurales latinoamericanos no solo tendieron a sim-
plificar en demasía el proceso, sino que también, en últimas, fueron in-
de explicar adecuadamenteel problema que s9 habian propues-
to resolver: por qué algUnas sociedades latinoamericanas alcanzaron
"upr"""
más éxito que otras en el logxo de su desarrollo económicoa medida que
el sigloXX avanzaba(15).
L]as dificultades que los economistas estructurales encontraron aI
explicar el desarrollo económico de la Argentina mderna constituyen
ntta prueUa fehaciente de lo anterior. Según sus análisis, la economía
ugró*pottadora de ganado y cereales que surgió en-Argentina desde
fégO fu} extraordinariamente propicia para el desarrollo económico na-

nor-
15. He ercluido de esta discusión los influyentes estudios de loe economistas neomanistas
y Gun-
teamericanos paul Bara¡, Tbe Political Econony of Grwth, Nueva York, 196?, And¡é
que surgleron por.la
der Frank, Capitalieio y eubde¡¡¡ollo en Amdrica Lctina, Méico, 19?8,
misrna época qo" de los economi.stas egtructu¡ales. Estos autores, con razón, insis-
congÉnita del capitaliono periférico e hicieton contribucionee fundamen-
"qo"ú*
tían en ta ¿eUiti¿a¿
de las
tales a la comprensión de los mecanismos a través de los cuales el erc€dente es eúrafdo
Pero en su
sociedades pe-riféricas y canalizado hacia el centro indugt¡ial del sisteDa mundial.
y
pr.o"op""id" pot a"-órt"at el fracaso del degarrollo capitalista en Anérica Latina su i¡sis-
ineütabüdad de la revolución socialists, demoetra¡on 8er no meDos eco-
L"cia mec¿"¡ca en la
oo-¡"t t y detcrministaa que los egfucturales. Al negar las oportunidades de
de d8¡
¿.otroUo a""t o Aa capiüüsDo l¿tinoamericano, loe neomanigtas fueton ircapacee
y diversidad de la historia l¡tinoamericana, de tal ma¡rera que sus
cuenta de la complejida-d
trabajos son de poca uülided en el estr¡dio de esas sociedades'
nómico, el conflicto social y la crisis política que
nifestaron a mediados de siglo. Tal como verem
llo de Argentina solo está indirectamente relac
de exporüación;es una crisis que debe ser compr
en términos de un movimiento obrero poderos
estructura que, desde 1945, ha obstaculizado el
capitalismo argentino y ha obligado a los grupo
por la borda, una y otravez,los principios liberal
Aunque el estructuralismo latinoamericano d
inadecuadopara esclarecerel desarrollo económ
nistró herramientas conceptuales fundamental
combinarse con las premisas marxistas tradicion
desempeñala lucha de clases en el cambio histó
confrontación entre capital y trabqjo en la era mo
tas se convierten en un poderoso respaldo para
desarrollo económico de América Latina, sino
moderna.
En primer lugar, los economistas estructural
la abrumadora importancia de los trabajadores d
el conjunto de la clase trabqiadora latinoamerica
pietarios de los medios de producción en el se
trab4iadores poseían un enortne poder económi
da entre ambas clases sociales constituye un tem
I¡atinoamericanade principios de siglo y tuvo gran
de cambio económico y político que se fue crista
glo.
En segundo lugar, al señalar las variables qu
miento económico, los estructuralistas, sin nota
de factores que alentaban o inhibían el desarrollo
cia y la organización de la clase trab4jadora. En e
mo se conjugaban una variedad de factores. La l
las condiciones climáticas no solo afectaron el
vinculos sociales y culturales entre los trabdado
identificaron rápidamente como enemigo de clase a un trust internacie
nal que manipulaba al gobierno a su antojo. La intensidad del capital y la
sofisticación tecnológica de la producción y el procesamiento del sector
exporüadorinfluyeron en l¡aorganización de los trabqiadores y ayudaron
a determinar el tamaño, la concentración, la calificación y el nivel sala-
rial de la fuerza de trabajo. En Colombia, por ejemplo, las módicas nece-
sidades de capital y la simplicidad de las tecnicas de producción emplea-
das en el cultivo y pr@esamiento del café les permitió hasta hace poco a
los pequeños productores competir exitosamente con los grandes capita-
listas cafeteros y mantener un control significativo sobre los medios de
producción y el procesode trabqio. La mayor o menor dependencia de la
producción exporüadoray los salarios ante los ciclos de temporada o las
fluctuaciones de la demanda y los precios internacionales no solo afecta-
ba seriamente el bienestar material de los obreros, sino que moldeaba su
sentido de justicia y la racionalidad de las relaciones sociales que los
rodeaban. Tales condiciones, fueron las que sentaron las bases para Ia
organización de la clase obrera cubana del sector azucarero. Todas estas
variables afectaban la capacidad del capital para controlar y "discipü-
nar" a la fuerza de trab4jo, aprovechando a los desempleadosy trabaja-
dores marginales dentro y fuera del sector exporüador,durante los perío
dos de militancia sindical. Así, resultaba fácil para la administración de
las plantas empacadorasde carne del gran Buenos Aires remplaz¿¡ ¿ les
obreros en huelga, puesto que había oleadasde inmierantes y trabajado-
res subempleados disponibles para ocupar los empleos no calificados.
Por último, la composición étnica y la nacionaüdad de los obreros del
sector exportador afectaban sus esfuerzos por lograr la unidad interna
como clase y determinaban en gran medida su capacidad para conciliar
los sentimientos nacionalistasy patrióticos con sus percepcionesde cl¡ase
en el marco de una lucha colectiva por mejorar sus vidas.
El nacionalismo también influyó considerablemente en la relación
que mediaba entre los obreros del sector exportador y el resto de los tra-
bajadores y otros grupos sociales. En aquellos lugares donde la produc-
un desarrollo sostenido v
roso.
Donde las condiciones estructurales se invertían, esto es, dond
producción exportadora comprometia capital nacional y fuerza de trab
extranjera o al menos étnicamente distinta, era más fácil inculcar se
mientos patrióticos y nacionalistas en contra de los trabqjadores. En
les casos, cuyo ejemplo más extremo es el de Argentina, y hasta ci
punto el de todas las economías exportadoras de América Latina do
el capital era mayoritariamente nacional, la dicotomía entre clasesy
cionalidad presente en el sector exportador se invirtió al nivel aná
del sistema internacional; y la posibilidad de alianzas anticapitali
entre los trabajadores del sector exporüadory otros gxupos y clases
ciales se redqjo apreciablemente. Dichas aüanzas se hacían aún m
improbables si la economía de exportación fomentaba directament
desarrollo económiconacional.
Sin embargo, de todas estas características estructurales, las nec
dades de capital para la producción exportadora eran las que primab
Allí donde las necesidadeseran altas, el capital extranjero resultaba
vorecido sobre el capital nacional en la lucha por el control de los me
de producción, las relaciones eapitalistas de producción tendian a pre
minar sobre las precapitalistas y las unidades de producción concen
das prevalecían por lo común sobre las dispersas. Por ende, las varia
estructurales que definen las economíasde exporüacióne influyen en
capacidad para promover el desarrollo económico tienden a combina
en forma normativa. Y dado que esas mismas variables estructur
condicionan la organización de la clase obrera en el sector exportad
las alianzas de clase entre estos obreros y otros g¡upos, casi siempre
fluyen en el desarrollo de los diferentes movimientos obreros nacion
de manera predecible. Así pues, condiciones estructurales como Ia p
piedad extranjera y la producción concentrada, que favorecen el desa
llo de una autonomia cultural obrera y de organizacionessindicales a
capitalistas entre los trabajadores del sector exportador, tienden, a
vez, a inhibir el desarrollo vigoroso de Ia economíanacional. Y el frac
largo de un continuo, definido la estructura de
cual el potencial para un desarrollo económicovigoroso sea inversamen-
te proporcional al existente para la organización sindical y la fuerza de la
izquierda marxista. Las economlas de exportación, cuyas características
estructurales las tornan menos idóneas para estimular el crecimiento y la
diversificación económica nacionales, se encontraúan a la izquierda del
continuo; a la derecha se situarlan aquellas que tienden a fomentar el
desanollo económiconacional. Un país, cuya economiade exportación lo
empde hacia la izquierda del continuo, debería presentar también un
movimiento obrero anticapitalista e históricamente fuerte; pero el gue se
halle ala derecha tendrla un movimiento históricamente débil e ideolóÉ
camente dependiente. Dicho de otra manera, los países ubicados por su
economía de exportación a la izquierda del continuo, poseerán una iz-
quierda política fuerte y sus posibilidades de transformación socialista
serán más grandes. Este crudo conjunto de relaciones y predicciones
parece tener, en efecto, bastante poder explicativo. Los lectores familia-
rizados con la historia de los principales países de América Latina reco-
nocerán que Cuba, Chile, Bolivia y Venezuela, y quizá México (16), se
encuentran históricamente a la izquierda del continuo, mientras que
Argentina, Uruguay, Brasil y Colombia se hallan a la derecha.
El anterior ejercicio es útil como un primer paso del análisis. Sin
embargo, por varias razones oculta tanto como revela acerca de los movi-
mientos obreros de América Latina y su influencia en el desarrollo de sus
respectivospaíses. En primer lugar, a pesar de que las variables estruc-
turales que definen las economías de exportaciÓntienden a agxuparse,
dicho agnrpamiento no es absoluto en el mundo real. Por ejemplo, la
propiedad extranjera y los altos requerimientos de capital y tecnologia,
factores intenelacionados que obstaculizan la acumulación de capital

16. Eeta interpretación de la historia mexica¡¡ no es obyia, mr¡cho menoe aceptada en general,
pero véase el eggostivo enfoque soble l8 lovoluci¡ln Me¡ic¡na de Frangoia-)kvier G¡erra,
i.I¿ Révoluüon mé¡ic¡ine: D'¡bord une évolution miniére?", en A¡n¡le¡ E.S.C., No. 36,
sep.-oct. l98l, pp. ?8ffi1{. Vuelvo a tonar erte punto en la Co¡clusión.
nacional. La economía cafetera colombiana se aproxima basta
t patrón.
En segundo lugar, una economía de exporüaciónpuede r
racterísticas especiales de tan abrumadora imporüancia, que
cia previsible de su impacto en el desarrollo económico y el m
obrero, aunque siempre latente, se ve continuamente supera
nomia petrolera venezolianailustra bastante bien lo anterior
I nos de Ia mayoría de las variables mencionadasantes, dicha e
asemejabastante a la del salitre y el cobre de Chile. Sin emlar
rencia de las exportaciones mineras de Chile, cuya demanda
cio a nivel internacional han fluctuado intensamente y por lo g
declinado en el trascurso de este siglo, el precio de las ex
petroleras de Venezuela aumentaron, hasta hace poco, en
casi geométrica. Inicialmente, el movimiento obrero venezo
sarrolló bajo un liderazgo mamista y pronto cimentó una am
antimperialista con otros gnrpos sociales. No obstante, los
vieron truncados después de 1945, y nuevamente a comienz
cada de los sesentas, por reformistas liberales que despué
apreciables concesionesde las compañías petroleras, las utili
asegurar y preservar el compromiso con el movimiento sind
implantar significativas reformas sociales.
Finalmente, el hecho más importante radica en gue las do
dependientes derivadas de la estructura de exporüación -el
Ir para el desarrollo económico, de un lado, y para la organizac
I y el crecimiento de la izquierda, del otro- interactúan históri
I formas tan complejas e inesperadas que de hecho pueden lleg
?
t tir la dirección de la conexión causal inicial, transformando
I
i
I
independiente en una variable dependiente. La sutil y con
If trágica ironía de desarrollos históricos tan paradójicos solo
It, apreciada plenamente dentro del marco de un análisis histór
i
do.
{
t

1
ne claramente.
sarrollos anteriores a 1930, mienlras que los dedicados a Argentina,
verreruela v cotom¡ia el período que va hasta mediados de si-
glo. "rt*utr
"-- que los de
Los análisis sobre Colombia y Argentina son más extensos
de-
chile y venezuela. Esto no refleja principalmente consideraciones
mográficas, Argentina y boiombia, cuyas poblaciones respecti-
son
'aJen lg83 eran de aproximadamente 28 millones de habitant€s,
"orqr"
y Vene-
-ár o menos dos veces-másgrandes que Chile, con 12 millones,
piofundidad en el tratamiento refleja primor-
,""fu, con lG millones. La
países' La
áiur*""t" el estado de la üteratura existente sobre los cuatro
y poca atención le ha prestado al
historia sindical de Ñgentina Colombia
este estudio: los trabajadores
sector de la clase obreia qrr" ré destaca en
exporüador'
de la producción y las plantas de procesamiento del sector
y ha eludido la
Más aún, Ia historiogruhu g""""1áe Argentina Colombi¿
del mo-
iÁp.tt"""ia de los oir".o, d"l sector exportador en la.evolución
los estudios
vimiento obrero y la historia nacional. Por el contrario, en
y
históricos chilenos, recientemente en los venezolanos, se ha prestado
y
una corrsiderableaténciOna los trabajadores del sector exportador -se
ha reconoci¿o su influentia en el curso de la vida nacional'
"*pfia-ente por
AI centrar mi investigación en los cuatro países' agrupándolos
y
pur"ju" para darles un tráhmiento comparativo secuencial, he tratado
esbozada
á" it rrt*t el poder y el alcance de la estructura interpretativa
y Argenti-
en este capítulo intróductorio. En aspectosimportantes, Chile
Esto
,rr re apoiiman a tipos pol¡aresdentio del contexto latinoamericano'
como'
es válido tanto ett ló qué respecta a las estructuras de exportación'
eco-
hasta hace poco, a hLvolución política del siglo XX. El Chile, cuya
de salitre y cobre ha pertenecido al capital extranje-
y ideología
ro, el movimiento sindical evolucionó bajo la dirigencia la
"á"riu "*poitudora
pasó a ser Ia más poderosa de América Latina'
márxistas. La izquierda
economía aSroexportadora ha perte-
Por el contrario, en Argentina, cuya
,recido al capital áomé-stico,el movimiento sindical tomó una dirección
y la
corporativista, tanto en los niveles directivos como en la ideología,
popular y derecNsta de
d¿bil izquierda fue eclipsada por el nacionalismo
parte por razones diferentes, a un atolladero social y político que fue
"resuelto", aI menos temporalmente, mediante la imposición de regí-
menes militares auto¡itarios, la represión del movimiento sindical y Ia
adopción de politicas económicas liberales neoclásicas.Existe un fuerte
elemento de convergencia en estos desarrollos. Tal y como Guillermo
O'Donell (1?) y otros lo han demostrado,los paísesmás Srandesy desa
rrollados de América Latina han venido enfrentando desde los años cin-
cuentas y sesentasuna serie de problemas económicosy políticos comu-
nes, generados por el agotamiento de la etapa "fácil" de la industriaü-
zacibnpor sustitución de imporüaciones. Sin embargo, el énfasis en los
mecanismos de convergencia contemporánea no debe ocultar el legado
de una continua divergencia histórica. Dicha divergencia ayuda a expü-
car las enormes.diferencias en cuanto a éxito y funcionamiento de los
regimenes autoritarios en ambos países y ha influido decisivamente en
el curso de sus transformaciones actuales.
Las economíasde exporüaciónde Venezuela y Colombia divergen en
la misma dirección que }as de Chile y Argentina, pero cada una reviste
caracteústicas especialesque atemperan y complican su influencia en e
movimiento sindical y en la evoluciÓneconómicay politica. Por lo tanto,
en un continuo definido por |a estructura de exporüacióny por la evolu
ción politica del siglo XX, Chile y Argentina tienden hacia los polos, en
tanto que Venezuela y Colombia se encuentran más hacia el centro, aun
que en lados opuestos. La economía petrolera venezolana,de propiedad
extranjera, ha experimentado un crecimiento estable, contrariamente a
otras economías de exportación minera, especialmente la de Chile, y
desde sus comienzos,en las primeras décadasde este siglo, ha generado
ingresos c davez urayores al gobierno. La economíacafetera de Colom
bia, de propiedad nacional, ha presentado, a üferencia de las otras ecg
nomías agroexportadoras latinoamericanas, incluida la de Argentina,

1?. Véase Mi¡derniz¡cih y ¡utoritrri¡no, citado en la ¡ota número 6.


de la denominada iiolencia. l,o" compteiosBrocesos
minaron de esra -;;;;;;"aiua* áet risl,o en ambos países tuvieron
profundas i-pticaJoi"t putu el futuro' En ambos países desembocaron
reivindicaciones primordial-
en movimie"tr, ;;;;;-org."iruao" poüticos dg izquierda o de dere-
"ott
mente económicas,sin los compronusos y
cha de Ios movimiJ"ár de C-hile Argentina' La debilidad de
la izquierdu p"i,"", más extremada en Colombia que en Vene-
"i"¿i"ates
u.,to, -f,i"¿"-entalmente
"r,
zuela, ha contrib"iJá al mantenimiento de regíme-
en la posg'e''a'
,r"" Uf"tufes desarrollistas relativamente amplios

en glal medida al pre


Los marxistas ya habrán notado que al igporar
para el anáüsis de la historira
Ierariado industriil];;ñ;i.u¿i"io"ut
m" podria acusar de haber
del movimiento oúleiá tuii"o.-ericano, só
A lo largo de la discusión
arrojado de la bañera al bebé junto con "i uguu' Lacaracteústica
sobre Ia estructura de exportación poco he mencionado
exportaciÓn de
quizámás imporü;tt Ñ" distingue una economía de
otra, a saber, f" o no dé relaciones capitaüstas de producción
"*irt""iia trabajadores asalariados
totalmente desarrolladas y la existencia o no de
porque que
considere -punto este aspecto carece^de
libres. y lo he hecho no
un de peso que con fre-
importanciu, ,irro páiqfoá i""riu destacar
latinoamericana de tendencia
cuencia es obviadJ;;; 1uÉirto¡u sindical
mandsta ortodoxa.
activistas sindicales
Los marxistas latinoamericanos, muchos de ellos
ypolíticosafiliadosalospartidoscomunistas,hanescritomuchos,yal-
gunos de los -"¡oi"r.óiudios sobre la historia del movimiento obrero'
estos activistas mili-
A diferencia de sus colegas del mundo académico,
conflicto de clases y la
tantes jamás p"rJi"-tt Je vista la relevancia del
aún, y de nuevo a di-
importancia histórica del movimiento obrero. Más intui-
ferencia de sus académicos,muchos de ellos reconocieron
""flg"t
tivamente fu i-pá.tI"cia que tienen los trabaiadoresdel sector exporta-
dor para obrero y el desarrollo histórico de sus
"t ",rrrfiáI-*Ññi""to
marxista en la organización de estos trabqiadores, en el desarrollo de los
movimientos obróros nacionales y en su influencia sobre el curso de la
historia nacional. Ello ha obedecido er¡,parüea la carencia de un enfoque
que
comparativo en sus trabaios, una especie de tara ocupacional en la
incurren los organizadores y activistas, que dependen de conceptos ana-
líticos desarrollad6¡ por otros y, en esüecaso' por individuos qienos a sus
ptopiur sociedades.Los activistas trabaiaban con la noción simplista del
'*uoi"-o
ortodoxo de que el capitalismo engendra un proletariado gue'
bajo la dirección del partido comunista, adquiere Sradualmente la con-
ciéncia necesaria pata d.tto"ar a sus opresores capitalistas y asi estable-
ger confir-
cer un orden socialista. Cuando dichos desarollos parecían
-uao" por el curso de la historia nacional, como en el caso de Chile, los
marxistas ortodoxos se felicitaban, satisfechos y sin asomo de sentido
crítico. cuando los acontecimientos no se adecuaban a dichas prediccie
nes, como en Argentina, los mamistas tendlan a atribuir el fracaso a la
tactica y a la diriiencia, a las conspiraciones de la clase dominante o a la
ióot"ti"iu de h óhse obteta. No exist'e ningún otro tipo de actitud posi-
ble si el aspecto principal para determinar la trayectoria de los movi-
mientos obieros dó Am¿¡ca Latina es la existencia de relaciones capita-
listas de producción. Sin embargo, de hecho tales relaciones se han de-
sarroiladó más en Argentina que en Chile a lo largo de este siglo.
Como veremos, páÉiculsrrnente en el caso de Colombia, las relacio
nes sociales de producción en una economía de exportación son funda-
mentales para eianÉüisis de la historia del movimiento obrero y del pape
desempeiado por la izquierda en América I¿tina. No obstante, dada la
existericia del t-rabqioasalariado libre, son las diferencias en la estructu-
ra de exportación las que mejor explican la extraordinaria disparidad de

y
18. I¡g trsbqios de Elfas l,8ferüe, vtd¡ de u¡ comunbt¡, santi¡8o' 1961; Joeó Peter, Hl¡tori¡
Lr"U." ¿" oUn"-" de b cure, Buenos Ai¡es, 194?; Joeé Peter, Cbfufo.s prolota¡i¡l' Buenos
^li""r, fS68, y Xodolfo Quintero, La cultura del peü,d|leo,h' 9:, 19f6' son ejemploe
gubsiSrrientea son tratodoo máe en
relevrntes áé e*os bistoriadore¡ sindicales' En capttuloe
detalle.
e-¿ti"u Latina del siglo XX. Al situar al movimiento obrero en el centro
y
del análisis histórico, el estudio suscita interrogantes conceptuales
metodológicos importantes para Ia interpretación 49 la historia moderna
de otras incluso las del mundo desarrollado'
"ociedades,
La construcción de modelos abstractos del tipo que se ha planteado
en este capitulo puede arudar a orientar la investigación y a proveer a
los historiadores de elementos que les permitan seleccionar casos de
estudio apropiados para los análisis comparativos. sin embargo, la cons-
trucción áe modelos por si sola resulta ser un ejercicio puramente mecá-
nico, abstraido artificialmente de la vida Y, Por ende, incapaz de alcanzar
y conmover a su temática humana.
Con razbnlos historiadores se impacientan ante modelos como éstos
porque, más que la mayoría de los científicos sociales, aprenden por
medio del entrenamiento y la experiencia a apreciar la compleiidad y el
desorden de la realidad y el cambio sociales. Los científicos sociales
aprenden a cortar la vida social en porciones fáciles de manejar.y a espe-
para
ciiicar de la manera más precisa cómo varios factores se combinan
influir en ella por medio áe patrones construidos. Por el contrgrio, Ios
historiadores comparten más plenamente la convicción de que tales frag-
por
mentos no pueden ser comprendidos por sepafado. !1 diferencia es'
supuesto, una cuestión de Sirado,pero conduce a tradiciones metodolÓgi-
bi"n distintas. Los historiadores han desarrollado métodos de análi-
sis y modalidades de exposición que, aunque imperfectos, deberian ser
".,
que
entóndidos como respuestas a la magnitud de la labor comprensiva
se,,han impuesto. Los historiadores tratan de mantener la experiencia
humaná cóncreta como centro de sus análisis, compromiso que expüca
y
,., ."uá."rrcia por las fuentes primarias en los estudios monográficos su
confianza en el método historiográfico para realizar trabajos interpretati-
*. g"rr"rules. Tal método, usado extensivamente en este estudio com-
p.ratirro, toma como punto de partida no las exiSlenciassimétricas abso-
iutat d" un modelo, en ptocuta de confirmarlas con datos históricos, sino
más bien el dominio crílico del conjunto de la literatura histórica, escrita
sobre un lugar y un tiempo dados. Los historiadores intentan escribir de
car, en términos accesiblesa todos, estos aspectoshistoriográficos, muy
diferentes entre sí, por medio de énfasis común en la experiencia huma-
na de los trabajadores del sector exportador.
el chileno, brotando una faz aguerrida".

s.-br."df;S::Hi:ll:
1955
Santiago,

SINGT'LARIDAD DE LA HISI1ORIA CHILENA

Es costumbre iniciar los estudios sobre Chile destacando su singUlari-


dad. su geog¡afia es única y SFandiosa.con más de 4 mil kilómetros de
largo, el pais tiene en promedio menos de 180 kilómetros de ancho. Su
ecología,de gran variedad, va desde el árido desierto de Atacama, en el
norte. a través del clima mediterráneo del Valle Central (en donde habita
la mayoria de los chilenos), hasta los bosques lluviosos del sur. Rodeado
por el mar y el desierto, Y Por la Sran masa de los Andes, en el este, Chi-
ie es el país latinoamericano más alejado de los centros de civilización
occidental del Atlántico Norüe.No obstante, entre todas las naciones lati
noamericanas Chile parece haber experimentado la evolución política
que más se aproxima a los patrones establecidos en las naciones indus-
trializadas del área del Atlántico Septentrional.
De ahí el segundo rasglodistintivo de Chile, destacadocontinuamen-
te, al menos hasta hace poco, por los observadores tanto chilenos como
extranjeros: su sistema político estable y democrático. A diferencia de
las nuevas nacionesdel resto de Hispanoamérica, Chile pronto se estabi-
Iizó políticamente después de la Independencia, y durante el siglo XD(
desarrolló un Estado relativamente fuerte y un viSlorososistema parti-
dista. Se efectuaban eleccionesperiffiicas y se establecieron reglas para
la trasferencia pacífica del poder político. Este proceso politico continuó
en el siglo XX. Mientras el sufragio se extendió lentamente, Chile desa-
rrolló un amplio espectro de partidos políticos con cierto apoyo popular y

f 47l
L924aI932.
De hecho, aunque suene paradójico, lo que es realmente único en la
historia politica de Chile obedece en gran par0e a una importante carac-
terística del desarrollo social chileno, compartido por todas las naciones
latinoamericanas:su dependencia,desdeel siglo XD(, de las exportacio
nes de bienes primarios a los paísesindustrializadosdel Atlántico Norte.
Es esta característicacomún,junto al legado de la cultura occidentaly el
colonialismo ibérico, lo que justifica hablar de toda América Latina como
una unidad analítica en la época moderna y determina en buena parte
cuáles elementos de la cultura occidental (tales como un Estado fuerte y
un vigoroso sistema partidista) crecieron y se desarrollaron en Chile y
cuáles (como las estructuras económicasy sociales)permanecieron atro-
fiados o distorsionados.
De modo que, con todo lo que insista la historiografia chilena en el
papel que jugaron los grandes hombres y la temprana imposición de ins-
tituciones políticas centralizadas en la estabilidad politica y el crecimien-
to económicodel sislo XD( (1), la realidad es un tanto más prosaica. Pese
a que la herencia de la era colonial constituyó un factor importante, en
particular la relativa homogeneidad cultural y étnica de la sociedad chi-
lena y la ausencia de poderosos intereses regionales fuera de la zona
central, el determinante primordial de la estabilidad politica de comien-
zos del siglo XD( fue el hecho de que Chile, entre todos los países hispa-
noamericanos,fue el único en desarrollar una economía exportadora via-
ble entre 1830y 1860.Las crecientesexportacionesde plata, cobre y tri-
go apuntalaron la comunidad de intereses en el seno de la clase domi-

l' En interpretaciones culturales y raciales mÁs vulgareg, Ia eetabilidad poütica de Chile en el si-
glo XD(, el crecimiento económico del pais y sua loglos mi¡itares son regultado de una feliz mez-
cla de selectas va¡iedades regionalee de sangre y cultura eepañolas, una reducida y orgullosa
población indigpna a¡aucana, y los genes vigorosos y la concepción del mundo de los innigran-
tes de Europa septentrional. Ios descendientes bioculturales de esta dichosa unión se convi¡-
üeron en los "prusianoo" o loe "ingleses" de Suramérica.
Chile estuvo en capacidad de usar la fuerz
no desarrollo para proseguir, entre 1879
contra Peru y Bolivia, sus vecinos más dé
explotable base de recursos para la expo
del desierto de Atacama. Se registró ento
el valor de las exporüacioneschilenas y, au
de producción de la industria del salitre
después de la guerra, el Estado chileno
cuantiosos ingresos directa, mediante im
indirectamente, a través de las aduanas, d
por la producción de salitre. Entre tanto
industriales se beneficiaban generosame
los ingresos oficiales provenientes del nit
mulada por el crecimiento del sector mine
ografia chilena en el
La economíaexportadora de salitre tra
imposición de ins-
tica chilena. Discrepancias sobre el signif
olitica y el crecimien-
chileno sobre las propiedades salitreras
más prosaica. Pese
ingresos salitreros precipitaron el rompim
bctor importante, en nonnas constitucionales en la breve y sa
a de la sociedadchi- Pero la expansión de la economía salitrera
hles fuera de la zona dad y dio forma a los arreglos politicos q
d política de comien- Ejecutivo no desempeñaría un papel dire
iirdoslos paíseshispa- sión de los ingresos del nitrato, demasiad
bmía exportadoravia-
de plata, cobre y tri-
no de la clase domi- 2. No ge eetá alegando aqul que no eristiera¡ intereses e
tro de esta red -á" amplia de clases. Asuntos como el
desarrollo económico también dividian a la éüte socia
caron varios intentos de obviar las nomas constitucion
y ganar control sobre el gobierao. Mas tales division
polltica de Chile en el si-
como en otros paiees latinoamericanos, en especial los
resultodo de una feliz mez-
sia politica se desa¡rolló en Chile dentro de un amplio
u¡¡ reducida y orgullosa por la mayor legitimidad y la capacidad coercitiva del
del mu¡do de los innigran- pollticas distinüvag fueron fomentadas y mantenidae
üchoaa unión se convir-
cuestión s¿ s¡nmin¡ separadamente en cada uno de
i mnn¿¡¿ más gsneral en la conclusión.
1
i
'{
da. Las implicaciones de este acontecimiento son sistemáticamente igno
radas en l¡ahistoriografia liberal, pese a que es el rasgo que más decisi.
vamente aparta el país de sus vecinos latinoamericanos¡.El surgimiento
de un movimiento obrero de izquierda en los albores del presente siglo
destruyó la estabilidad política y provocó un rompimiento temporal del
sistema partidista en los años veintes. En los decenios que siguieron al
colapsode la economiadel salitre, en 1930,en un ambiente condicionado
por la explotación de un nuevo recurso mineral, el cobre, el movimiento
obrero chileno coadyuvó a reconstruir el sistema partidista y empujó
toda la política hacia la izquierda. Tal proceso no solo influenció decisi-
vamente el curso de la historia política de Chile, sino que alteró de ma-
nera fundamental el patrón del desarrollo económiconacional.
En suma, es el surgimiento de un movimíento obrero mamista, pode.
roso e institucionalizado, lo que más nitidamente distingue la historia
moderna de Chile. Si la temprana aparición de una economia exporüado
ra viable en el centro de Chile ayuda a explicar la singularidad política
del pais en el siglo xD(, las economías exportadoras de salitre y cobre
moldean dicho legado en el siglo XX. Es tomando el movimiento obrero
como punto de referencia que, por un lado, se torna clara l¡a compleja
relación entre la estructura exporüadoray el desarrollo económicoy polÍ-
tico de Chile y, por el otro, se revela el significado profundo de la ex-
traordinaria geog¡afia de Chile para la hisüoriahumana contemporánea"

ESTRUCTURA
DELA ECONOMIA
EXPORTADORA
DELSAI.TTBE

La acción de las frías corrientes de la Antártida, los vientos reinantes y


las elevadas temperaturas diurnas convierten en desierto una larga faja
de tierra de la costa central-occidental de Suramérica. En la zona más
seca de este desierto, los 700 kilómetros entre los 19 y los 26 grados de
Iatitud sur, está situada una vasta y elevada planicia o pampa. Cerca de
la superficie árida de la pampa, en un área distante entre 20 y 80 kilóme-
tros de la costa, se encuentran discontinuos Jr poco profundos depósitos
igno de El
qu" más decisi- aves, preservado en las islas secasy de fá
ir¡so nal del Perú, empezó a aprovecharseen lo
ho6. El surgimiento siglo pasado con el propósito de satisface
b'del presentesiglo que los abastecimientos se agotaban, la d
hhnüo temporal del y el conocimiento científico de la nutrición
ln que siguieron aI
cualidades fertilizadoras del nitrato de so
tiente condicionado
das. El salitre era mucho más costoso qu
hüe, el movimiento
inversiones de capital y la aplicación de n
Fidista y empujó
sistemas de producción y transporte hici
t;iRfluenciódecisi-
alüeróde ma- gran escala de depósitos de saütre en los d
via y el norte de Chile a partir de 1870. A
ción de nitrato se empleó siempre como fe
, Pde-
la historia satisfacer otro requerimiento de las naci
exportado suministraba la materia prima para la ela
política vos(4).
y cobre La economía exporüadorade salitre, a
obrero enérgica en 1880, influenció profundamen
ciedad chilena durante los siguientes 50 a
puede medirse estadísticamente. Las cifra
¡ poli-
la ex- la expansión y la naturaleza cíclica de la
fras sobre el empleo anual indican el núm
tt' bajadores involucrados en ella. Otros da
a) estimar la contribución de la industria
incidencia de tales ingresos en Laspolítica
quejar cómo evolucionó la estructura de

3. Véase Javier Gandarillag y Orlando Ghigliotto sala"


Senper y Miclele, Santiago, 1908. Se trata de una tra
mente ilugtrado de doe cientlñcoe enviadoe a Chile en
món y rrna organización de productores de aaicar de
F del salitre se e-¡min¡n concienzudamente en Ia obra
l editre desde eus orÍgenee haeta l¡ Guerra del Paclfic.o
4. Mi¡ko Lamer, Ihe world fertilizer econony, $anford,
t
rdr-
:i
r-1::, ,
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E!
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I\ #
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r Ydmiatoa

t Ca.t9OO
--- o $ roo ¿oKM.

Mapa 2.1 Chile ( f 900). Explotacionee de nitrato y eua principales puertoe.


hasta la Primera Guerra Mundial. Las exp
mil toneladas métricas en 18?5, subiero
1890y a dos millones en 1908.En 1913,
ron a un máximo de 2.750.000toneladas.
seriamente el comercio de Chile con sus p
tacionescayeronverticalmenteen 1914y
tante, la demanda generada por la guerr
Estados Unidos, que habían sustituido a
cado del salitre chileno, llevó las exporta
la preguerra y para 1918llegaron a poco m
ladas. En el decenio siguiente la indust
demanda muy fluctuante, provocada por
mia mundial y por los violentos cambios
las importaciones estadounidenses. Las
804 mil toneladasen 1919,se recuperaro
y cayeronde nuevo durante la depresión
ron apenas 1.250.000toneladas anuales.
otraalzadramática, con exportaciones de
mo de tales años. Luego de disminuir otr
ron fuertemente en los dos años siguiente
nivel máximo de 1918 al final de la décad
la Gran Depresión la industria virtualmen
to cútico de la Depresión en Chile, hacia
tre solo alcanzaron 244 mil toneladas, o
1929(6). En cierta medida, sin embargo,

5. Buena parte de la infomación y el anáIisie ee toma


Ca¡iola y Osvaldo Su¡kel: "Chile", en Roberto Co
America: A guide to economic hietory, f$O-fgm, B
salitrera y transformaciones socio+conómicas en Chi
agradecer al señor Sunkel por enviarme egüetrabajo.
6. l¿ industria se recuperó lentamente luego de la Dep
ción llegú de nuevo a los dos millones de toneladae,
2.I
GRAFICO

EXPORTACIONESCHILENASDE SALTTRE (ENTONELADASMETR¡CAS)Y OB


EMPLEADOSEN LA INDUSTRIADEL SALTTRE(ENMILES)' I88O-I934

c
t:
5 2.5
z
It
Fl

2
tr:
z.o
F

trt

o
á 1.0

1885 1890 1895 l9o0 190á r9r0 1916 rv20

Fue¡te: Arthu¡ Lawrence Stickell, "Migration and Mining Labor in Northern Chile in the
Era, 1880-1930", disertación para Ph.D., I¡rdiana University, 1979,Apéndice A'
lizantes quimicos se expandió rápidamente. Por último,
siones poüticas y económicasde la primera guerra y a la
dial, primeroAlemania y después Norteamérica y otras
triales recurrieron a proveedores domésticos de nitróge
cer sus necesidades(7).
Las considerablesfluctuaciones en la demanda mun
cios del salitre llevaron a los mayores productores chile
1890, a conformar cárteles con el fin de limitar la produ
gananciasestables (8). A pesar de que estos esfuerzosc
intereses del Estado chileno, cuyos ingresos por el salitr
volumen y no del valor de Lasexportaciones, consiguiero
a corto plazo antes de Ia Primera Guerra Mundial. Pero
importancia de los fertilizantes sinteticos y la compet
por el cambio en las tecnologíasde procesamientoen el s
tria chilena -especialmente cuando el capital y la tecno
denses ingresaron a l¡aindustria en los años veintes-,
los productores por moderar las bruscas fluctuaciones
mundial fracasaron. No obstante que el gobierno chileno
do reservas en pr(rcura de neutralizar los efectos de la co
I
I
producción, fue solo con l¡allegada de l¡aGran Depresió
i la industria cuando el Estado decidió asumir un papel
I recto en la produccióny venta del nitrato.

Pero el nitrato jamás retomó su papel central en l¡ economla. Luchando p


participación en el mercado mundial de fertilizantes, la induetriia pudo co
I poco, p¡oporcionalmente, al comercio erterior y a los ingresos del gob
l mecanización recortó en la mitad las necesidadee de mano de obra.
I 7. CariolaySunkel, "Expansiónsalitrera" (Véase nota 5), Tabla 16, muest
cipación de Chile en el mercado mundial de fertilizantee entre log años d
World fertilizer ecolorny (Véase nota 4), p. 38, describe l¡ cambiante te
zantes quimicos.
8, Ios precios del salitre chileno corrieron paralelos a los cambios en la de
pués de los precios ercepcionalmente altoe del ñnal de l¿ kimera Guerra
lada métrica (en dólares norteamericanos de 1960) fluctuó entre loe US$
años subsigu.ientes. El más alto de todos loe tiempos fue de US$1,t4 en 1
''Erpansión salitrera" (Véasenota
5), Cuadro 9.
des de empleo en agricultura y manufach¡ra en el enclave del salitre, los
obreros despedidos pasaban a depender de parientes o amigos emplea-
dos o se concentraban en los puertos para aguardar nuevas posibiüdades
de trabqjo. En épocasde mayor depresión, decenasde miles de obreros
se veían obligados a abandonar el norte por completo y a buscar trabejo
en el centro del país. Pero como la actividad de todos los sectores de la
economíachilena, según veremos, se veía afectada por la suerüedel sali-
tre, los grandes descensosen la producción salitrera limitaban el empleo
en todo el país -en las obras púbücas, en la industria, en la producción
de carbón e incluso en la agricultura. El desempleonacional generalizado
y los recortes salariales durante estos períodos, facilitaban el recluta-
miento de obreros en el centro de Chile una vez que la demanda de tra-
bajadores revivia en el norte. Además, el reclutamiento se faciütaba a
medida que el desarrollo de los ferrocarriles y la navegación incrementa-
ron L¡amovilidad geográfica de los obreros. Los salarios reales eran más
altos en el enclave salitrero que en otros sectoresde la economía chilena,
y los obreros respondian con avidez a los esfuerzos de reclutamiento
adelantadospor las compañíasdel salitre.
El Estado chileno desempeñó un papel activo para garantizar el ft¡jo
laboral, suministrando transporte gratuito a los obreros y sus familias
que salían del norte durante las severas depresiones de la industria. Y a
medida que las fluctuaciones en la producción se agudizaban y la canti-
dad de personas implicadas aumentaba, el Estado empezó a proporcio
nar aümento y vivienda a los desempleadosen los puerüossalitreros y en
la capital del pais. Hacia 1913, el Estado se hallaba activamente empe-
ñado en reclutar obreros durante los auges para reubicarlos y emplearlos
durante l¡nscaidas.
Pero aunque el Estado estaba dispuesto a adoptar medidas que ase-
guraran l¡afuerza de trabajo a las compañias salitreras y que disolvieran
las tensiones sociales durante los tiempos dificiles, se rehusó, hasta
cuando aparecieron las reformas l¡aboralesde 1924, a aplicar mecanis-
mos que trasladaran parte de la carga social, producto de l¡asdepresie
nes, del trabajo al capital. Hasta el año indicado, no se les exigía a las
forma precipitada durante la depresión de la po
1922, cuando la fuerza laboral se redujo en más d
ese momento, el número de trabajadores fluctuó
pleo superó las 60 mil personasen 1925, cayba so
go se incrementó de nuevo, entre 1928y 1929,cua
59 mil al año. Tres años más tarde, en 1932,apen
trabajando aún en el enclave salitrero.
La inseguridad económica de la fuerza de tra
atada a los ciclos de auge y calda de la producción
por las politicas inflacionarios del gobierno duran
papel moneda fue introducido para financiar la G
tenido pese a un intento abortado por retornar a u
en metalico, en las postrimerías del siglo XD(. E
suministro de papel moneda de manera continua
veintes del presente siglo. Aunque los efectos e
ción, y los motivos que animaban a los grupos po
la política monetaria de Chile se debaten en la lit
plio acuerdo sobre las consecuenciasdepresivas d
da en los salarios reales de los obreros en todos lo
Las tasas de cambio fluctuantes y los salarios rea
caron algunas de las más significativas movilizac
larmente en el sector del salitre, en el período com
1925.
Al paso que se ampliaba la economía del salitr
riores a 1880, también lo hacian los ingresos del g
del estallido de la Guerra del Pacifico, las entrada
a menos de 20 millones de pesos anuales. A c
ochentasdicha cifra se había duplicado. Luego, de

9. La ortodoxia de que la inflación crónica de la era del salitre fue e


tica nonolftica de los te¡Tatenientes que controlaban el Estado
por Albert O. Hirschma¡, "lnflación en Chile", en Estudioo eob
úc¡ leti¡q Madrid, 196,4.
salitre y ydo, del procesamiento del salitre. Dicho tri-
"";"bnrJ*t" y, al comienzo de los
buto se cuadruplicó-dutattte la Guerra del Pacífico
l¡asrentas ordinarias del
años ochentar, .pJrüt-u utt"áu¿ot de ZOVode
siguientes años
;;bL;"". 1,. pu*i"rpu"io" aumentó rápidamente en.los
parte del período 1890-1917;
hasta representat ;J;150-% purula mayor
industria entró en un prolon-
luego disminuyÓ al4ovo o menos cuandola
gadoperiododecrisisyagt,du"fluctuaciones.e.nlademandaenlaetapa
de ingresos fue el
de posgrrerra (10). oira importante fuente directa
salitreras' Los ca-
i-p-"LJt" i"* "U"t ta adquisición de tierras
esterünas en
;iáñil ufit-.Uu"¡u. "*t"r invertidb 14 millones de libras
"r"udo
con una inversión
tales adquisiciones ha$ 1gl3; lo anterior, comparado y menos de tres
de solo cuatro *iÍ;;;; pu"tas de procesamiento
instalaciones portuarias (11)'
-iilorr", en ferrocarriles e
Además ¿" tiiUo"iott"s direótas al tesoro, ¡a expansión de la
""ü" "ot
industria a"r srrit[""-"ámurq eitrecimiento del comercio exterior' con Io
en forma
qüf"" i""t"s aduaneras pdr importaciones se incrementaron
mayores ingtresosde este
dramática. Hu"t iago eigobierno derivaba
saütrera que_de los impuestos sobre las
efecto indirecto ¿"ll"rpuñsión
exportaciones. y duranie La mayor parte del peúgdo, que llega hasta
1930,losi^po""to,uru'i*po'tacionessuministrabanentreunacuarta
;ñ hrcerá parte de los ingtresosordinarios delEstado'
Lasnuevasfuentesdeingresostransformaronl¡aestructuradelas
finanzas ertatarc"áüÁüh del salitre. Los impuestos sobre Lasven-
"-tu reducidos o eliminados en
tas interna", fu ft"r"""iu V ü p.opi"dad fueron

l0.ElvalordelaserportacioneschilenagsubiódeSlmilloneadepe{8en1890a525mill¡nesen perio-
eo y eQz" dei valor total durante ücho
I 1g20; las exportaciones de salitre aportaron entre
do. Ios datos de r.r"ññ;is,rü;"-""t"r"r
..irp'*"r0"-r"frtrera" (Véase
qr" É" ¿-
nota 5), ""
eetos pórrafos
Cuadroa6,7,22,25y
son
26'
tomados de

Cariola y Sunkel,
pt""enLdo. al eupremo gobierno de chile por
tI , 11. Manuel sata" r.".i,iiñ".ü;;;L["b"
ó-ti"go, 190S,;. 606. IPs pa8o6 por adouirgiciones de
terre-
l¡ conisión co"rUüii"i prerupuestarios de Chile;
".ri"l en loe registroJ
I
I
nos salitreros aparecen oomo ing¡ego
el ingreso
ertraorJi;fio
¿" ti]t"*t|lp""il¿t nadahasta
de virtualment¿
lr "ttoor¿iiliá-noÑ--o"uo
másáe h mit¿d delingreso ordinario'
t

1
gobierno encargado de preservar el orden interno. Empero, la n
pública se vio engrosada con cantidades considerablesde persona
nistrativo para atender las necesidades del sistema ferroviario e
los telégrafos y la educación. Tal hecho destaca los significativos e
zbs del Estado para invertir los ingresos del salitre en una infraes
ra que promoviese el desarrollo. Considerables sutltas se gastaro
bién en obras públicas, especialmente edificios Subernamentales.
Las politicas impositivas y de gastos del gobierno, así como
fluencia de la expansión salitrera en los mercados nacionalesy los
mas laborales, se conjugaron para promover cambios importantes
desarrollo de la agricultura y la industria chilenas. Durante la era
litre aumentó notablemente la tasa de urbanización. El auge del
alteró asimismo l¡aproporción de Ia población que habitaba en el
En 1805, de acuerdo con datos censales, solo una quinta parte
1.819.223chilenos vivía en núcleos urbanos de más de 2 mil habit
En los setenta años siguientes el ritmo de urbanización fue lento
18?5 apenas una cuarta parte de la población de 2.075.97L person
taba compuesta por habitantes urbanos. Sin embargo, cincuenta y
años más tarde, en 1930, casi l¡amitad de los 4.287.445chilenos v
áreas urbanas. Entre tanto, las dos provincias septentrionales de
to, las cuales, dada la naturaleza de la actividad económicaen el d
to, prácticamente deberían considerarse urbanas, más que duplica
participación en la población nacional, de 3.5Vo en 1885 a 7.7
1920(13).
La influencia de llaexpansión salitrera en el proceso de urbani
fue poderosa y compleja. Evidentemente, el incremento de la ac
económica en el norte, el crecimiento del comercio de importación
comercio costero, lo mismo que el flujo de ingresos del salitre a tra
una amplia burocracia estatal hacia obras púbücas y una infraestr

12. Brian lovema¡, Ctile, Nueva Yort, 1979, p. 230, Esta obn, la mejor interpretación
lumen de la historia de Chile, contiene un ercelente egtudio de l¡ era del sslitre.
13. Cariola y Sunkel, "E¡pangbn aalitrera" (Véase nota 6), 6\r¡dro 2.
tiado, pór el contrario, que durante el período, al me_noshasta 1920, la
agriculhrra creció y se diversificó, y aumentó la productividad laboral.
Tál proceso fue el resultado de tina serie de efectos ínümamente relacie
nados con la expansión del salitre. En primer término, la agricultura se
expandió geoe¡áfic"mente. El fortalecimiento del Estado y el desarrollo
dJredes de transporüecontribuyeron a empujar a los indígenas arauca-
nos más hacia el sur, y abrieron nuevas tierras al cultivo del trigo. En
segUndolugar, el crecimiento de los mercados urbanos en el centro de
CÑte y l¡asáreas mineras del norte estimul¡aronl¡adiversificaciÓn de la
I
agricultr¡ra en el Valle Central. Finalmente, la modernización de la so-
It en su conjunto fomentó la difusión de técnicas científicas y el
I "i"dud
I empleo de maquinaria aeúcola en el campo'
La tecnifieación y Ia mecanización pueden explicar en no poca medi-
da la mayor iroductividad laboral en Ia ag¡icultura, demostrada por Ca-
riola y Sunkel. Pero este incremento también puede obedecer en parte a
cambios en los sistemas de tenencia y de trabajo. La competencia labo
ral, generada por las oportunidades de empleo para los trabajadores
rurales en la zona saütrera, en la industria y en los servicios en las ciuda-
des grandes, pudo haber forzado a los terratenientes a adoptar reliacio-
,r"r á" producción más capitalistas o más extensivas en trabqjo. Se sabe
que muchos terratenientes pasaron de la ae¡icultura a la gAnadería en
lós comienzosdel siglo. Tal respuesta puede reflejar tanto el incremento
del poder de compra (y de consumo de carne) de aISUnossectores del
prolLtariado chileno, como la incapacidad de los terratenientes de rete-
ner, sindarconcesionesque no estabandispuestosa hacer, a sus traba-
jadores agricolas. En los primeros años del siglo el gobierno creó im-

14. Pero la demanda de cartón en la región salitrera misma no fue un esti¡nulo particularmente
g¡ande para el crecimiento de la producción doméstica. Ios barcos que transportaban salitre,
i -"ooáo empleaban el ca¡bór como las,he en sus viajes de regreso de Europa. A comienzos
del siglo XX cerca de una quinta parte del ca¡bón congumido en el norte era chileno. Era de
baja áüdad y con frecuencia mezcl¡do con carbón importado. Mientras avanzaba el siglo' el
petróleo importado te-plazó el ca¡'bón en la región salitr€ra.
li artesanal. En las décadassubskuientes, eI sector secundario se des
lló con rapidez y hacia l9l5 el número de personas que trabajaba
esüablecimientosmanufactureros con cinco o más empleados era de
53 mil. En 1924la cifra subió a 85 mil.
TaI proceso se derivó de la demanda de bienes manufacturados
mulada por la Guerra del Pacifico, de la expansión misma del sector
trero y su influencia sobre la tasa de urbanización, y del incremen
una infraestructura de comunicaciones que integró y amplió el mer

li nacional. Kirsch hace énfasis en el consumo de la clase media com


principal mercado para la industria chilena; sin embargo, sus d
muestran que las mayores ramas de la industria suministraban artic

iiii como azítcar, cerveza, vidrio, zapatos, ropa y fósforos para el con
urbano masivo. Kirsch demuestra que el ritmo de la expansión indus
estaba intimamente ligado al crecimiento y las fluctuaciones del s
exportador del salitre. Indica cómo las pocas industrias básicas qu
graron emerger en el periodo (cementos y locomotoras)encontraro

ilir mercadosen el sector minero o en la construcción de obras públicas


realización fue posible gracias a los ingresos del salitre.
Seeun Kirsch, las caracteristicas estructurales que definen la in
tria chilena en los decenios siguientes a 1930se perfilaron durante l

il del salitre. La industria nacional producía primordialmente biene


consumo ligeros y durables para un mercado doméstico protegido
competencia foránea. Las firmas ligadas a la producción industria

illl tornaron altamente concentradas y algunas prácticamente ejercían


nopolios. La mayoúa utilizaba tecnicas productivas intensivas en ca
y dependia de bienes de capital y materias primas imporüados. Mu
i pertenecian a extranjeros o eran financiadas por ellos. Asi, casi la m
i!t de los propietarios de las empresas manufactureras entre 1974 y

li había nacido en el extranjero y alrededor de un tercio de todo el ca


invertido en la industria era también foráneo.
il
15. lndu¡tri¡l developnent in a tr¡dition¡l ¡ociety, GaineeviUe, 1977.
que la agricultura e incluso que la mineria y el comercio. Kirsch no halló
evidencia de antagonismo estructural entre los intereses exportadores e
importadores nacionales y extranjeros, ni entre los agricultores y los
industriales. El autor demuestra cómo frecuentemente estas posiciones
estruch¡rales supuestamente distintas se combinaban en una misma
persona, famiüa o grupo financiero. Estas entidades usaban su control
del Estado para maximizar ganancias a corto plazo (16).
La expansión del salitre ejerció, de esta rnanera, una pderosa in-
fluencia sobre el desarrollo económicode Chile anüesde 1930.Mas dicha
influencia fue en gran parte indirecta, una consecuenciade los empleos
fi y la demanda que surgieron en el norüey de los proyectos oficiales paga-
; dos con ingresos del nitrato. A pesar de que el Estado consiguió captar
casi la mit¿d de las ganancias generadas por la producción de sali-
tre (17), el resto fue a parar en buena parüe a manos de capitaüstas forá-
neosy remitida al exterior. El campo de acción de la propiedad extra4je-
ra en la zona del nitrato socavó seriamente la contribución directa de Ia
producción de nitrato a la acumulación de capital en Chile.
Contrariamente a lo que era de esperarse, l¡aanexión de la zona de
saütre en 1880 no condqjo al control chileno sobre la producción. Al co
mienzo de la guerra, el gnreso de la producción estaba localizado en el
interior de Iquique, en fábricas (llamadas oficinas) de propiedad perua-
na. La política chilena en los territorios recientemente adquiridos fue
diseñada para fomentar una producción inintemrmpida y para maximi-
zar los ingresos de un Estado en guerra. Como resultado, las disposicio
nes legales que se establecieron para afrontar el problema de la propie-
dad de las compañias salitreras y las reclamacionesde tierra saütrera en

He suprimido de egta discusióu el injusüiñcado énfasis de Kirsch en loe defectos culturales de


los emptesarios chilenos para erplicar sst¡ di¡árrrica. Ile hecho, gua datos y anáüsie demues-
tran que los empresarioe ertranjeror ¡ctu¡ban como los chilenoe. Ambog respondian a las
oportunidades de m¡.imiza¡ gana¡cias que el control del Egtado brindaba a una éüte econó-
mica impedida de seguir pat¡ones de inverrión más comunee en las muy diferentes economias
de l¡ cuenca del Atlántico Norte.
t ? . Cariola y Sunlel, "Erpansión salitrera" (Véasenota 6), p. 2?.
y venta de las nuevas tierras de salitre. Las casascomercialesy los
talistas británicos, que habían financiado el transporte y comerc
ción del guano y el saütre peruanos, también se hallaban en una s
ción privilegiada. En muchos casos, especuladoresingleses comp
los muy depreciados bonos peruanos. Luego recunieron a sus con
nes en los mercados monetarios de Valparaíso y Londres con el f
satisfacer los fuertes requerimientos financieros del gobierno de
para legalizarlos. AHred T. North, el famoso "rey del saütre" brit
que dominó la producción y el transporte de la zona del salitre e
años ochentasy noventas, fue el más próspero de dichos especulad
Sin embargo, el dominio británico sobre la industria salitrera
1885 era no tanto el resultado de las adquisiciones hechas a comie
de los años ochentas, sino más bien una coru¡ecuenciadel accesoal
tal necesario para expandir y modernizar la producción. Un obst
potencial fue eliminado con la derrota politica de las fuerzas nacio
tas y partidarias del estatismo en la guerra civil de 1891.De ese mod
éxito de los británicos no se debió a supuestos defectos culturales
los empresarios chilenos ni a una exagieradaignorancia o falta de p
tismo por parte de los funcionarios chilenos que reorganizaron la in
tria luego de Ia Guerra del Pacífico. Por el contrario, fue el resultad
gico, de una parte, de suposicionesacerca de la mejor manera de fo
tar la explotación capitalista en la región salitrera y, de otra parte,
posición privilegiada de los empresarios britanicos en el mundo ca
lista a fines del siglo XD( (19).
18. El gobierno p€ruano, habiendo casi agotado el potencial generador de ingresoe de gus
vas de guano y muy preeionado por sus aceedores británicoe para que pqgara tos smpr
prlbücoe, habfa nacionalizado las oñcinas dentro de sus fronteras. Asimismo habl¡ fi¡ma
tratado secreto de defensa con Bolivia, t€meroao de Ia reacción de loo capitalietas chil
británicog. Estos inter€soa desempeñaron un papel importante en los eventoe que cond
a la ocupación de lquique por parte de Chile, lo que hizo estallar la guerra.
19. Est,eaaunto ha generado mucha conttoversia en la historiografia chilena. Una revisión
te del debate, que deearrolla la erplicacfuln -á¡ perauasiva y de s€ntido común del frac
los capitalistas chilenos por controlar los medios de producción del encl¡ve galitrero d
de la guena, es Itromas O'Brien, lhc ¡lbate lndusky a¡d Chile'¡ cn¡dal tr¡n¡ition:
1891,NuevaYork, 1982.
dustria no se dio en la provincia más septentrional de Tarapacá, donde
predominaba el capital inglés, sino en Antofagasta, donde los chilenos
ejercían más control. Además, la guerra sienificó la eliminación de la
propiedad alemana y aceleró el decaimiento de la hegemonía del capital
britanico en la economía mundial. Finalmente, la introduceión, en los
años veintes, de una nueva tecnología, intensiva en capital, para el pro,
cesamiento de minerales de baja gradación permitió al capital estadouni-
dense, en particular a los intereses de Guggenheim, capturar una apre-
ciable porción de la producción saütrera.
En cierto modo, sin embargo, el énfasis en la cuestión de la propie-
dad soslaya el grado de control que ejercieron los intereses foráneos y
especialmente britanicos sobre la economia del nitrato durante todo el
periodo. El capital inglés construyó y de hecho r4anejó la mayoúa de los
ferrocarriles e instalaciones portuarias del enclave salitrero y los barcos
britanicos dominaban el transporte de carga con Europa. Casas comer-
ciales alemanas e inglesas se encargaban de vender el salitre en el ex-
tranjero y financiaban la producción en Chile. Es más, empresarios y
tecnicos britanicos y de otras nacionalidades no solo administraban sus
propias oficinas salitreras, sino también muchas de las que pertenecian
a los chilenos(20).
El único sector de la industria del salitre netamente dominado por los
chilenos fue el de la mano de obra. Incluso antes de la Guerra del Pacifi-
co, cuando la zona zalitrera aún pertenecia a Peru y Bolivia, la mayor
parte de los obreros salitreros eran chilenos. La migración de los pobla-
dores rurales de Chile hacia la región del salitre fue parte de un patrón
histórico más amplio. Desde los tiempos coloniales, un gran segmento
de la fuerza de trabajo rural en Chile estuvo compuesto por trabajadores
migratorios, sin tierra, que iban detrás de las cosechasen el Valle Cen-

20. De nuevo, este predominio de administradores y técnicoa foráneoe refleja las realidades de la
dist¡ibución mundial del conocimiento técnico y comercial a fines del siglo )(D( y comienzos
del XX. En la década de los veintes habla muchos ¿rlministrsde¡ss y técnicos chüenos en las
oficinae.
Note Stickell hizo el desglose basándose en diferentes tipos de datos: capacidad productiva para
18?8;inversióntotalpara 1895;producciónrealpara 1926. Masapesa¡de los problemas de
comparación, y ciertas inconsistencias internas de la tabla original, su desglose sugiere en
general los patrones cambiantes de la propiedad nacional en la zona salitrera durante el pe
rlodo cubierto.

tral. Durante el siglo XD( los chilenos emigraron a Peru y Bolivia a traba-
jar en la construcción de ferrocarriles y en Ia industria del salitre, a Ar-
gentina a laborar en la industria del ganado y a California a emplearse
en los campos auriferos. Observadores en el siglo pasado, igual que en
el presente, enfatizaban las abyectas condiciones de los trabajadores
rurales, fueran éstos aparceros, arrendatarios o migrantes sin tierra.
Teniendo en cuenta semejante miseria, es comprensible la propensión
de los obreros rurales chilenos a miSrar a las ciudades y a las minas e
incluso más allá de las fronteras de su país en busca de mejores condicio
nes de vida. Asimismo se entiende mejor la alta incidencia de alcoholis
mo entre la clase obrera y la impresionante tasa de mortaüdad infantil de
Chile. Ya en los años veintes de este siglo, por cada mil niños que nacian
250 morian durante el primer año de vida. (Las cifras comparativas son
100para Argentina, 153para Venezuelay 159para Colombia)(21).
Arthur Lawrence Stickell ha estudiado concierzudamente la migra-
ción de los trabajadores chilenos a la zona del salitre. Sus datos revel¡a
que a pesar de los esfuerzos de los patrones por discriminar a los chile
nos y su predilección por reclutar boüvianos y peruanos, dispuestos a
trabajar por menos salario, los chilenos siempre constih¡yeron la mayG
úa de la fuerza laboral durante toda la era del salitre. Los extranjeros
estuvieron mejor representadosen la primera décadadel siglo XX, cuan
do abarcabanuna cuarta parte de la fuerza laboral salitrera (22l.La vas

2 L . Arnold J. Bauer, Chilea¡ rurd ¡ociety fuom the Sp¡ni¡h conqueat to 1930, Iondres, 1975
Nicoláe Sanches-Albonroz, The populatior of L¡ti¡ Amerlca, Berkeley, Calif ., 1974, p. 2ffi.
22. A¡thur Lawrence $ickell, "Migration and mining labor in northem Chile in the nitrate era
1880-f$0", disertación para Ph.D., fndiana University, 1979. Este rico estudio es una hif¡-
LA VIDA Y EL TRABAJOEN LA PAMPASALITRERA
consiste en
Laruzdel carácter üstintivo del movimiento obrero chileno (23)'
iu e"pe¡encia única de los trabqiadores en la producción de salitre
i.r de vida y de trabaio en la pampa del salitre eran muy
d9
diferentes de Ias que imperaban en-las otras economíasexportadolag
"ottdi"iones
la estructura de la propiedad,
América Latina. ta ubicaciÓndel nitrato,
y las_condi-
! iu d"-oerufia de la fuerza laboral, la naturaleza del trabaio
dá vida en las oficinas y en los puertos de norte, todo ello tuvo
ll ellos necesidades y
rl importantes efectos sobre los obreros y creó en!r9
"iorr".
cultura obre-
rl oportrrridudes extraordinarias. Su capacidadde definiruna
progresistas
l¡ ra autónoma y de construir instituciones socialesy politicas
i ;;;;r" clase, refleja no solo su determinación y creatividad, sino tam-
rl fi¿n el ambiente único en el que trabdaron y vivieron'
fue la movi-
It uno de los rasgos más sorprendentes de dicho ambiente parte,
ndaá geágráfica d--elos obrerós salitreros, consecuencia en buena
que escapaban a su control' La na-
," anotÓantes, de condiciones
"o-o después de 1914, fotzb a
irrr"t"ru ciclica de d industria, especülmente
la pampa y a veces el norte
¿e"".a, de miles de obreros salitreros a dejar
It
I
y gubernanenta-
ria social de Ios trabajadores del nitrato, baeado en registros empresariales
Sumi¡istra muÁ¿ informaclSn estadlstica sobre el re-
les hasta -o-"oío ¿"sconocidos.
"r" trgbeio del salitre, sobre salarios y precios en el
clutamiento y f" ¿"-ogtufrr ¿" ü-t""á¿e
y soUre hs faciliáJÁ sanitarias y la vivienáa en la panpa salihera' Stickeü se lamenta
norte,
que, debido a que la 9on{i-
de la radicalización de los obreros del nitrato y trata de demostra¡
dicho deearrollo se hubiese podido impedir' Sobre la
ción de los obreros ñ;;";;;"j"ró,
politica ¿" i*ig,""ióo d"iioUierno y.los programas de reclutamiento de las compa-
"úil"oo t'The enganche^in-the Chilean nitrate sec-
ñias salitreras, u¿r"" t"-Ui¿" MigUeI Monteón,
tor,,, Latin American perepecüvea, ?:3, verano áe 19?9, pp. 6&?9. Monteón exemina la res-
puesta de los oU*-" org";tados a los eefuerzos de las empreaas por socavar la unidad obre-
ia v la capacidu¿ a" estimulsndo la inmigración foránea y doméstica al norte.
""gilir"l¿" sectores del movimiento obrero
23. El argumento planteado aquí no niega la importancia de otros
dtr-iorrir rig"iñcado de desarollos snteriores, del siglo xD('
chileno. Tampoco *;;;;;; llamn l¿ atención sobre
"t obrera. Por el contrario,
en la organización y L" u"tit r¿", de Ia clase
q"" dirtir,guen la bistoria lsboral de Chile de la de ot¡os paises laüinoameri'
las caracteristicas
ca¡ros.
de no poder
y argumentaban que sus problemas provení
zos". Elaboraron ingeliosos erqu"-"" de
cr
requerían depósitos sobre las henamientas
en
los trabajadores haciéndoles costoso su
desp
solo se les pagaba.unave_zal mes y entre pago
ces crediticios en forma de retras b n"rr", q:ue
comida, vestido, herramientas y muchos otros
la compañía. Las empresas tesiringían la entta
teros y rutinariamente- esperaban que tur
s";;
sufragaran alrededor de tTVo de los costos la
nas tal porcentaje era mucho más alto. Espec
años, el recargo en los almacenes sobre ciertos
sico tales como el pan era hasta de 50 ó ffivo.
cambiar sus fichas por efectivo en determinada
descuenüo.No obstante, Ios fugadouirro,'¡r" q
a los obreros que deserüabansin saláa, sus cu
alto el número de obreros que cambiaba por efe
pañía, aun con el descuento, con el fin
de trasla
crediticios-y de pago, que buscaban retener
al
también al capital (24), fueron una fuente con
laboral y un blanco de ras protestas obieras
dura
Al moversede empleo en empleo, los obrero
serie de condiciones estructuratós eí la zona
d
septentrional, los capitalistas no podian aprove
una reserya de trabajadores desempleados y
;

24' Por ejemplo, el uso del vale y la e¡tersión


del crédito hacia
sumas de dinero en efectivo para pagar las
nóm¡.a"
sobre las herramientas,-que usuarmeñte *ur"pr""u"o "rr-la" jr-r
ban' especintmente en,las oficinas "r ca
st*a"q dportantes
-rl
libre de intere""t' ¡¡¡lment¿, ras .á"tricciáir*
jadores con buhoneroe com"trir"t *-"o.¡o-ü""r
v ü; p"bL.il;á;ü;;;.t:""rr
las oñcinas con frecuencia denunciaban " "o loi ¡Lorr-s
las condiciones en otras oficina" y com
" ¿Jdeas radicale
"o"á""to.
o las actividades urbanas marginales en esa región. Las gentes iban al
desierto del norte para hacer dinero; si fracasaban, solían regXesartan
pronto como era posible al lado de sus familias y amigns en el sur, en
donde !a vida era menos costosay las condicionesmás beniSnas.
Debido a que la mayoria de los obreros del saütre eran varones solte-
ros, tenían más libertad para protestar contra condiciones de trabajo in-
justas o intolerables y una rnayor voluntad de desplazarse en busca de
mejores condiciones. Tanto las compañias como, más tarde, los recluta-
dores del gobierno, trataron de enganchar hombres con familia. Dicha
politica apuntaba explícitamente a amalrar al trabajador a la oficina y a
reducir el valor de su principal carta de negociaciÓn,consistente en su
capacidad de desplazarsea otro lugar en procura de pagA y condiciones
mejores. A pesar de ofrecer incentivos de vivienda y transporte Sratuito
para las personas dependientes (termino que abarca aún más que la fa-
milia nuclear), tal politica solo tuvo un éxito limitado. La Asociación de
Productores del Salitre informó que en los primeros cinco a¡1osde su
operaciónde reclutamiento,entre 1901y 1905,habíatraido a 4.567 hom-
bres, ?51 mujeres y 276 niños al norte. Sitckell investigó cuidadosamen-
te la demograh.adel norüey concluyó que en promedio cerca de Ia mitad
de la población de Ias oficinas del salitre eran varones solteros y apenas
una quinta parte mujeres adultas. Así, toda la estructura demográfica de
las provincias salitreras, en los primeros años del sieloXX, fue distorsio
nada, con más o menos dos hombres por cada mujer. La preocupación de
los obreros del salitre por la compañía femenina y la g¡atificación sexual
halló expresión en un rico vocabulario regional. Andar al palo significaba
estar o andar sin mujer. Casarsese usaba sarcásticamenteen el sentido
de dormir con una mujer. Hacer la cosita rica se referia al placer de La
cópula. Hacer el favor expresaba la decisión de una mujer de tener rela-
ciones sexuales.Los mineros empleaban el verbo tirar en el sentido de
copular y carhrcho para referirse a la virginidad de una mujer. Los bur-
deles eran simplemente salones. El verbo capotear significaba violar a
arlos anteriores
en 1895,ll3 en 1908y un máximo de 137 en 1925.Despuésde la Prime-
ra Guerra la cantidad fluctuó considerablemente: 125 en 1919 y 53 du-
rante la depresión de 1922. La mayoría de las oficinas empleaba, des-
pués de 1900, a algunos cientos de obreros; solo al final del período una
que otra empleaba a algunos miles. La existencia de numeros¡osemplea-
dos compitiendo entre sí en un mercado laboral estrecho abría el campo
para luchar por mejores condiciones de trabajo y de vida, y limitaba asi-
mismo la capacidad de los propietarios de disciplinar a los obreros, quie-
nes protestaban, incumplian las normas o se unían con sus compañeros
para conseguir reivindicaciones.
La natr¡raleza difusa de la minería salitrera obedecíaen gran parüea
la geología de los depósitos de caliche, Düy dispersos y de riqueza y
tamaño variados. Hasta finales de los años veintes, cuando l¡asnuevas
tecnologías hicieron posible el procesamiento de depósitos de baja g¡a-
dación, las oficinas a menudo tenían que cenar o reubicarse tan pronto
como los depósitos más ricos se agotaban. Durante los periodos de baja
demanda mundial y bajos precios, los productores marginales simple-
mente cerraban y abrían de nuevo cuando el margen de ganancia lo per-
mitía. En ambos casos los obreros se encontraban temporalmente sin
trabqjo y se veían obligados a trasladarse en procura de empleo.
La dispersión de las instalaciones productivas condujo al rápido de'
sarrollo de redes de comunicación en Lapampa salitrera. Los ferrocarri-
les salitreros privados se extendian por cerca de 860 kilómetros en 1887;
en 1905 dicha cifra se había duplicado. Senderospara mulas y luego ca-

25. And¡és SobeUs, Senblanz¡ del noÉe cüileno, Santiagp, f 956.


26. Las firmas productoras de salitre por valor de nós de un millón de quintales abarcaban el 9%
del total de la producción en 1913 y 3@oen 1f129.Ioa produc.tores de entft) 500 mil y un miüón
aportaban el 21 % del total de la producción en l9l3 y el 3?% en 1929. Iaa enpreeaa media¡as
que producfan entr,e 100 mil y 5OOmil quintalee generaban el62% de la producción total en
1913, pero apenas el26% en 1929. Ios pequeñoe productores contribu¡¡n aolo con el 8% de la
producción total en 1913 y el 1Vo et 1V29. Stickell, "Migration and Mining l¿bor" (Véase
tota22l,pp.22Ly 219.
ciones de amigos, parientes y compadres a lo largoy ancho de la pampa,
y por medio de ella com¡mraban las condiciones en las diversas oficinas.
Pese a que las condiciones de trabajo y de vida, como veremos, no eran
buenas en ninguna oficina, la voz corria cuando mejoraban en alguna.
Los empleadores mantenían lo más bajos que podían los salarios y los
g;astoslaborales; no obstante, se veían impedidos a sobrepasar ciertos
límites minimos y eran mhy conscientes de la naturaleza competitiva del
mercado laboral. Los salarios en la región saütrera eran rel¡ativamente
altos y los obreros, especialmente los varones solteros, podían acumuliar
en poco tiempo suficientes ahortos como para buscar un empleo alterna-
tivo. Libres de obügaciones familiares, log obreros solteros podían em-
pacar sus vestidos y herramientas a la menor provocación, tan pronto
como se enteraban de mejores condiciones en alguna parte o simplemen-
te por capricho. Ellas Lafertte captó todas estas ideas en un pasaje parti-
cularmente luminoso:

"Por aquel tiempo, el fenómeno más caract€rístico de la pampa era precisañente el


de emigrar de una en otra oficina. Nadie echaba raíces en un sitio y era muy dificil
hallar, somo ocurre en los campos, a gentes que han envejecido en el mismo sitio.
No, los pampinos eran gente trashumante y vagabunda, que no duraba mucho en la
migma ofrcina. Afortunadanente había trabajo abundante y aunque las compañías
sabían a quienes se despedla por faltas gtaves, a los simplemente inquietos no se les
negaba el trabajo. La gente se iba por quftame allá unas pajas. Las oficinas abrlan,
se cerraban, volvfan a abrirse. Los pampinos se cambiaban por ganar unos pesos
más, porque les interesaba una mujer en una oficina a varios kilómetros de distancia,
porque hallaban mejores alojamientos o porque la comida era mejor en otra parte. Si
a alguien se le hubiera ocurido hacer una encueeta, seguramente se habrla asombra'
do de saber el número de oficinas que cada pampino conocla. Yo misno, a los veinte
años, habla trabajado en una larga cadena de centros salitr€ros" (27).

Los obreros del salitre expresaban colectiva-"ttÉ la dura realidad


del trabajo ciclico y la limitada independencia de la movilidad geográfica
en el termino que escogieron para la aetividad que dominaba sus vidas.

2?. Elias Lúfertte, Vida de ua conunistr, Santiage, f96f , pp. 388Ó.


típica era un poblado industriar ruidoso, contamin
malolienüe, incongxuentemente rocalizado en la serena inmensid
desierto de Aüacama.vista desde cierta disüancia,a la iu,
del dia,
cina debia parecer como una mancha insienificarrtr l¡avasüaexü
de pampa y cielo que la rodeaba. De nocÍe, "n ras luce
tricas y el estruendo de los trituradores del caucrre
"i; ";b;rgo,
po¿i'apercibirs
de grandes distancias a través del aire seco del desierto.
Entonce
desde lejos, la oficina proyectaba una imagen de poder e
importanc
El núcleo de la oficina salitrera era la-máq"i;;pl";h
de pr
miento, un negro laberinto metálico de chimán"u.,-tit"iudores,
ras, grandes tanques de procesamiento y bateas de secado. puü
avezado, la pila de escoria detrás de la máquina revelaba
la edad
oficina. Detrás de Ia planta de procesamiento estaba el
área para
cenar carbón y' cerca de alli, la 'naestranza o cuarto de
máquinas,
obreros calificados re¡araban el equipo pesado de procesamient
ferrocarril y afilaban las herrami"üi de mano d" ús ;;eros. un
más adelante estaba el cam¡ramentq unas viviendas
en forma de b
cas para los obreros de producción; y aún más uttu,
,"g¡"gadas d
edificaciones de los obreros, las mejór construidas viviJndas
del p
nal técnico y los administradores. La parte central de cada oficina
bién contenia la pulpería, o sea, el almlcén de la comp*iu.
eU,rna
cinas tenían asimismo un-restaurante y un ¡a, mnej^aJo, por
la em
sa, donde los solteros podian tomar su alimenta"ió;;G;ida.
otras

28. Ariel Dorfua¡ p¿ srrmini¡l¡{ est€ últimoEatiz de siga.ificado.


29' Aunquelas descripciones la üda y el trabajo lá p"-p.
!e salitrera soü nume¡oaaay
das, descubrl que las siguientes *atro fu"ot"e "o
anteriornente ait ¿"" fueron las -Ás
para la preparacióndg eatageccitn: h autobiograffa
d! fas ¡rr"rtt" tv!""e nota 2?)
fl6¡16r66nen¡¿r para fuüuroaempreearioaa"r '"ritrg.ag E
úp". tür"il; (véa.senoü
informe de la comisiónparlanentaria sobrel¡s conocio¡ee
e;a"""tli¡t dopor s¡
vaqui (véasenota rl), y l¡ dissrt¡ción inádita a" *¡*"u
iiJ;;;rr):
ot¡o i¡forme parlanentario, publlcado como ooml¡il¡ pri"-"ot"ni" También rs
l¡¡ nee¡id¡de¡ dc l'provirciar de Terapacl y Aatofag;b, de e
S""Urg", "l!."a"
ióü.

J.i-.. E 9*¿"a' á
luelo del desierto para sacarlo a la luz. Empleando una variedad de ba-
rras de hierro afiladas o en forma de cuchara, el barretero abrla un agp-
jero a través del depósito, lo suficientemente ancho como para que un
niño pudiera deslizaise y abrir una cámara en la roca debqio del caüóhe a
fin de colocar una carga explosiva. "Abrir" un depÓsito de caliche impli-
caba establecer una línea de avance para lueSo explotar una serie de car-
gas y abrir un raio o trinchera. Entonces el minero o parücular entraba
en la trinchera para separar, quebrar y cargar el caliche en un carro de
mulas que lo transportaba a la oficina. Allí se evaluaba la calidad del
mineral antes de llevarlo al triturador. Entre tanto, el balretero, 9ü€
arudaba a varios particrrlares, avanzaba alspnos metros y cavaba una
nueva línea de huecosparalela al rqio. Tan pronto como el particular ter-
minaba de remover el caliche expuesto por la detonación previa, coloca-
ba cargas en los nuevqt agqieros y el proceso de excavaciÓnem¡rezaba
de nuevo. Tanto los barreteros como los particulares eran dueños de
algUnas de sus herramientas y fieuraban entre loe obreros mejor paga-
dos de la oficina. Sus ingresos eran a destqio, con niveles que fluctuaban
de acuerdo con la dureza del suelo y la dificultad en la extracción del cali-
che. Eran frecuentes las üsputas entre estos trabqiadores y la adminis-
tración en torno a las tasas de remuneración y a la calidad y el peso del
mineral enviado a la oficina. Tener éxito en el agotador y peligroso tra-
beio de balreteros y particrrlares implicaba mucho conocimiento práctico
y considerable destreza en el manejo de los explosivos, Pgco fiables, que
se fabricaban en la oficina y se vendían a los mineros en el almacén.
Niños de diferentes edades, a menudo parientes de obreros adultos,
desempeñabanimportantes papeles en el proceso minero. Fuera de los
destrazadores, niños entre 8 y 10 años de edad que cavaban las cárnaras
para los explosivos, estaban los matasap(F, un poco mayores' que a¡ru-
daban a los particulares a romper pedazos de mineral demasiado gf,an-
des ¡mra ser levantados y cargados. Jóvenes adolescent€s trabqiaban
como herramenteroe, llevando las herramientas a lomo de mula. Ado
lescentes de más edad podlan cargar o conducir los canos, o empezar a
hacer el trabajo de minería de los adultos. Todos los obreros que trabaia-
se había secadocon el fin de remover las escorias, otros obreros vo
ban el polvo de salitre que se secabaal sol y lo metían en sacosde
llera tejidos por mujeres y niños Y, Por rlltimo, los cargndores llev
los increíblemente pesadossacoc¡de 139 kilos a los vagonespara ser
pachados(31). Casi todos los trabqiadores de la planta de procesam
eran también pagados a destqio; la destreza y la dificultad de la fa
así como la producción de la planta en su cor{unto, determinaba
monto del salario. Los ripiadores, cuya tarea debía llevarse a cabo a
velocidad y en condiciones de extremo calor, eran por lo general los
jor remunerados. La mayoría de las plantas de procesamientotrabqj
24 horas todos los días del ar1o,excepto el l8 de septiembre, fecha
Independencia de Chile. Los hrrnos eran de doce horas, con dos y m
reservadasa la alimentación y el descanso.En ocasioneslos obrero
la pl¡anta, quienes generalmente trabqiaban en cuadrillas encargada
tareas específicas beio la dirección de un cp¡pataz,laborabanun m
h¡rno adicional. Stickell descubrió que dichos obreros con frecuencia
bqiaban largas horas en auténticos arrebatos de varios días y lueg
maban un dia o más para descansar.La mayoría, sin embargo, trabq
un promedio de más de seis días a la semana.
En la pampa los horaric de trabqio y la supen'isiÓn eran menos
dos que en la planta, y los particulares eran más o menos libres de

30. Senper y Michels erplicaron: "Se ¡echazan de o¡din¡rio instdlcioD€s Eocánicas qu€ e
mizan brazoo, porque debido al ¡lto p¡ecio del carbén, no se obt€ndria ninguna econom
pecto al trabajo manual y porque en el Desieilo las inEt l¡cionos complicadas pueden d
ga¡ ¡ perturbaciones perjudicialee ¡ la ma¡cha del trabqio". U¡p,t¡ca¡on I¡ inte¡¡idad l
de las operacionee mineras en l¡ Eisms forma, añadiendo que lr naturatrezaexteneiva de
ceeo y la superfcie a menudo bland¡ del desierto dificultaban el novimiento de máq
Véage L¡ induetria del ealit¡e (en la not¿ 3)' p. 4? y pp. 80'81.
31. Sempery Michels anot¿ron que parte del é¡ito or$nizativo inicial de loe estibadorca d
que se derivó del simple hecho de que pocrosobr,eros podtan con el peoo de loa bultoe d
tre. Continúan afiroando que a conienzoe del giglo XX el peao de loo bultos fue reducido
tilo. lI¡ i¡duúir del selltrc, p. 90). En l9(X, si¡ emba¡gp, uncmité de trabqiadorea e
jaba a los investigadorea parlanentarioo que ninntn bulto peaaba menos de 120 kiloe
aleunoshasta 1ó0 (Sal¡sl¡vaqui, Tltbtios, p. 588).
debbtirse en medio del polvo pentranente de los trituradores, el fango
del proceso de disolución (Lafertte llamaba a los obreros de la planta de
procesamiento los embarradc), los vapores nocivos y el constante calor
de las calderas, las líneas de vapor y el sol del desierto. La maquinaria a
menudo estaba en rnalas condiciones de mantenimiento y las normas de
segpridad y mecanismos de protecciÓn casi no existían. Una comisión
parlamentaria enviradaen 1904 a invesügar la sitr¡aeiÓnen el norte halló
especialmente aterradoras las condiciones de seguridad y salud en las
oficinas viejas. Mientras que los mineros resultaban heridos primordial-
mente a causa de dem¡mbes y el manejo de explosivos de mala caüdad,
los que laboraban en las plantas mostraban tma alta incidencia de infec-
ciones pulmonares y con frecuencia eran mutilados o quemados al ope'
rar las máquinas. Los servicios hospita}arios y médicos eran muy escasos
en la pampa; en efecto, en toda la región del salitre solo exisüa un hospi.
üal en 1912. En dicho año atendió 1.026 pacientes, 326 de los cuales ha-
bían sufrido accidentesindustriales. De estos últimos, 83 eran particula-
rcs y 44 ripiadores. La rnayoría de los pacientes eran varones solteros
entre los l5 y los 40 años. Los accidentes laborales no se reportaban y
eran atendidos en primitivas instalaciones en las oficinas. Los obreros a
menudo tenían que contribuir con un peso al mes para tales servicios,
mientras que la compenÉ¡aciónde las empresas por accidentes era un
hechopoco común. Los trabajadores organizaron muy pronto sociedades
de aruda mutua a fin de sostener a los afiliados enfermos o heridos y de
manera consistente se opusieron a la tarifa de un peso que la administra-
cióndeducía de sus salarios.'La necesidad de una seguridad mínima, en
especial parrillas protectoras sobre los cachuchos, figuraba entre las pri-
meras exigencias colectivas de los obreros del salitre.
En sus horas libres los trabeiadores podían aspirar a muy poco. Vi-
vían confinados en las miserables viviendas construidas por las compa-
ñias. En el período inicial tales estructuras eran usualmente cuchitriles
sin ventanas hechosde piedra y escoria metálica. Más tarde, se hicieron
comuneslas viviendas construidas con hierro cormgado, mas dichas edi-
salitre se alimentaban mejor que la mayoría de los obreros chilenos
lo general consumían carne dos o tres veces al dla, y Semper y Mic
científicos alemanes que estudiaron la industria en 1903, creían qu
dieta era superior a la de los obreros de su patria.
Los trabqiadores del salitre dependian casi totalmente del ing
monetario para su subsistencia. Incluso a aquellos hombres con fa
les estaba vedada la posibilidad de cultivar una huerta, aunque alS
familias criaban gallinas y cerdos, que podían llevar consigo cuand
jaban la oficina. A menudo las mujeres suministraban la aümentac
los mineros solteros, pero casi siempre era pohtica de la empresa p
birles abrir una pequeña üenda o un bar. Todos los factores menc
dos contribuían al'nomadismo de los obreros. "No hay habitante
norte atados al suelo por la propiedad de casas, huertas u otras raz
que constituyen el amor por un lugar determinado", escribió el ge
de la OficfuraHumberstone en 1915. "En corx¡ecuencia,un obrero n
ne más razones que su conveniencia para f[jar su residencia en u
otra oficina" 1321.
A pesar de las duras condiciones de trabeio y de vida en la pa
los trabqiadores se las arreglaban para llevar una rica vida social. V
ban fuera de las oficinas para visitar a parientes y amigps, particip
en funerales y asisüan a reuniones políticas en los puerüos. En la
queñas poblaciones de la pampa, esparcidas a lo largo de las [nea
rreas cerca de l¡asgrandes oficinas, bebían, jugaban, visitaban pro
tas, compraban provisiones a los comerciantes y discutían sus nece
des comunes y aspiraciones. Era en tales pueblos donde muchos te
acceso a organizadores sindicales, con frecuencia no admitidos e
propiedades privadas de las oficinas.
En las oficinas también se desarrollaron imporüantes instituci
sociales. Lafertte adquirió -muchas de las capacidades que reque
como sindicaüsta en clubes de depor0e,teatro, música y danza. No
mos mucho acerca de-est6 clubes ni en qué medida participaban lo

32. CitadoenStickell,"Mi$ationand-i'i'8labor"(Véasenot¡22)'pp.296-296.
biente ruidoso y agotador, así como con la atmósfera estr,epitosa e incul-
ta de los bares y burdeles en donde buscaban escalmr de la dura realidad
de sus vidas. El alcohol estaba prohibido en las filamrónicas e incluso la
instrucción de danza entre hombres trascunía en un ambiente de gran
seriedad y formalidad. En 1904, un compasivo periodista de clase media
reaccionó con una mezcla de condescendencia y asombro a su baile con
'compañera'
un limpio y bien vestido miembro de una filarrrónica. "Mi
era extremadamente ceremoniosa,y de tan fuertes músculos, que en vez
de llevarla yo, me llevaba 'ellia' como una pluma" (33). Algunos de estos
clubes eran numeros(xr, con varios centenares de afiliados en l¡asoficinas
grandes. Los obreros contribuian con dos y hasta cinco pesos mensuales
a los fondos de aruda mutua, administradm por las filarmónicas y los
clubes de deporte y teatro. Tales fondos se empleaban en el sosteni-
miento de miembros lesionados'o enfermos, el pago de funerales y el
apoyo a las familias de los obreros por un corto período luego de la muer-
te del afiliado (34).
Las organizaciones de este tipo eran esencialmente defensivas. Va-
liéndose de ellas los obreros procuraban sostenerse espiritual y material-
mente en tan destructivas condiciones sociales de vida y trabqio. Muy
pronto, sin embargo, los obrerqt empezaron a foimar instih¡ciones que
buscaban cambiar su situación como clase. Dichas instituciones eran
bulliciosas, creativas y combativas, y dejaron una rnarca profunda en el
registro histórico.

OBRERAENELNORIE
LA ONGANIZACION
En toda América Latina, los intentos de los trabqiadores de los enclaves
exportadores por organizarse y mejorar su sihiración económica y social

33. Selashvaqui, Tlú.iorfféüemta ll], p.866.


34. Una orgrnizaciónobrerade Tocopiltasr¡minist¡abac'uid¡doy tratamientoa miembroslesiona-
dooo eaferuos en unas in*¡l¡ciones propia¡ que contabancon "vatiEE cam¡s" y por el año
l9(X atendlaebudedo¡& die¡ p*ientes d Dss.
mente exitosos (35).
Como en otras economías exportadoras laünoamericanas, en
los primeros trabqiadores que se organizaron y forzaron concesion
parüe de sus patronos no fueron los vincul¡ados directamente a la p
ción exportadora, sino los de la infraestruchrra de transporte que
crecido al servicio de l¡a economia de exportación (obreros maú
portuarios y fenoviarios). Generalmente éstos eran más califica
gozaban de una mejor situación rttaterial que la rnayoría de sus h
nos de cl¡ase. Adernás, eshrvieron expuestos relativamente pr
ideologías radicales de la clase obrera. Pero en Chile, al contrario
que ocurrió en muchos países, estos obreros del transporüeen bre

36. En egtE s€cción he r,ecurrido primordiaünente a I¡s siguiente¡ obra¡ publicadae: He


mtrez Necoche¡, Hborb del novlnlolto oblero, ¡lgb rrr, Santiagp, 19ó6, y Origer
cüln del Partüo Gomn¡i¡t¡ de 6tlle, Santi¡Up, 1.966;Julio @sa¡ Jobot, "Movimient
obrero", en Universidad de Cbile, De¡¡¡¡ollo de Ctlle en lr prlnen ntt¡d del ¡iglo
tiago,n.d., 1963;JulioCós¡¡Job€tetü,editore¡, Obne¡cbct¡¡dGI¡¡¡Emlltof,oc¡brr¡e
Santiago, 19f2; hris Vitale, IIiCorh dcl nwlnlcnto obrero, Santiago, 1912; Mich¡el
teón, Ctlle ln the nihrte er¡, Madison, Wicconcin, lg82, y Peter De Shezo, fJ¡'!¡¡
¡¡d l¡bor ¡nions ln Ctlle, ltüz-lfi¿7, Madiron, Wiaconain, 1S3. t¡ obra de R¡mlre
chea, Jobet y Vitale está b¡sed¡ en prenrpuedos maristaE clÁsicos ace¡ca de la tra
revoluciona¡i¡ de los obrcroo chilenoe; dmuegba la g¡an i¡Iluercia del novimiento
especialmente de loo trabajadorea del aalih,e, ea la bi¡toria chilena del aiglo XX. Pero
que, como sotüuve de ma¡era móa geueral en el Capltulo 1, talee ptcsupueetoo eatán
mente conoboradoc en la hi¡0ori¡ chilena y debido a que dichoe autores no ae preoc
loe patrores difsroDtes de otroc nwimientoe ob¡e¡oc de Amóric¡ l¡tin¡, no con€t
aupoeicionse a un ¡¡áli¡i¡ hidórioo crftico. I¡ obra de Monteón, a difere¡ci¡ de la mla
z¡ l¡ cultu¡a ' 'trarlidon¡l ' ' de loc obreros y la élite chilenoe por igual y denigra de loa
eatrateghs de la izquisrdE de Chile. I¡ refre*a¡te inveeti&ción prina¡i¿ de De Sba
de loe anarquirtee enel moviniento obrero urüano sirrre como correctivo ¡ log inforoeg
redoe del papel de loe tra\iadoree del salitre y de loo s(Eirlisto!, ¡re¡o no puede er
que tan drádicamente distingue el movimioto obrero chileno de otr,oscomo el de Ar
en el que el anarquioo fue tambión fuerte.
Clariücando mi propio ¡rEr¡nento, t¡mblfn b¡Iló de mr¡ch¡ utilid¡d la dicert¡ción d
nuel Valenzuela, "hbor mwement fomation and politica: lbe Ghilean a¡d trlench
oom¡rr¡ative per¡pective", Columbia Univeraity, l9?9. V¡bnzuel¡ erplica la trayec
quierdieta del novüniento obr¡¡o chile¡ro e trar¡ée de loa edrecboe lsnteE de la eetruct
tica y la teorla org¡niz¡cio¡al reberia¡a. $¡ argumento ss ¡n¡lir¡ q ¡¡ys¡ det¡lle e
{s.
de los muelles hasta los trasatlánticos, las mancomunales pronto incor-
poraron artesanos, empleados de los servicios porhrarios, ferrocarrile'
ras y lc obreros del salitre que laboraban en la pampa misma. Las rnan-
comunales también se ex¡randieron hacia el sur y se convirtieron en or-
ganizaciones poderosas y muy militantes en la zona carbonífera, cerca
de Concel¡ción. Todas las tqancomunales eran organizaciones regionales
que reunian obreros caüficados y no calificados de diferentes actividades
con el fin de unir recursos y coordinar acciones.
Las actividades huelguísticas de estas organizaciones miütantes han
recibido considerable atención en la historiografra laboral de Chile. Julio
CésarJobet, por ejemplo, ha elaborado un buen resumen de las huelgas
realizadas por las rnancomunales después de 1900, que culminaron con
la huelea general masiva de 190? en la zona salitrera (36). Esa huelga
terminó el2l de diciembre de ese año, en la masacre de lqr¡ique, la peor
de la historia sindical de Chile. En virtud de que la huelea de 1907 expre-
sa de manera tan cmda y dramñtica la naturaleza de las primeras luchas
laborales de Chile y la importancia del proletariado salitrero en el desa-
rrollo del movimiento sindical y de la izquierda, y debido a que se convir-
tió en el símbolo de la lucha del pueblo chileno contra el capital extrarÚe-
ro y las fuerzas domésticas conservadoras, ha inspirado un raudal de
artfculos periodísticos, historias, novelias y hasta partihrras musicales.
La masacre y la represión laboral generalizada que siSUieron a la huelga
de 190? virh¡almente destruyeron la organización sindical efectiva en el
norüe y pusieron fin a la era de la mancomunal propiamente dicha. Muy
pronto, sin embargo, instituciones estruchrralmente similares resurgie-
non en la pampa y en los puertos salitreros. Tales organizaciones tam-
bién realizaron huelgas, pero se concentraron aún más en las actiüdades
culh¡rales, ideológicas y orgAnizacionales que tan imFortante papel ha-
bian desempeñado en los esfuerzos de las primeras ¡nancomunales. Es-

g6, "I¡s primerao h¡cü¡s obrpra¡ en Chils y la Cmr¡n¡ de lquique", en Toqu¡to ü Tella (ed.),
Eúrc*o¡rs dDdc.lo!, Buenoe Airee, 19@, pp. 67-67.
nización v socializac_ión u',itorro*o, de orga_
que qiáLái"; p;;ó;üiürruru
dominanre chilena.L", or."io-u"ule" "lt ñ;;;ililorr"" de ra clase
cedieron en el norte, continuaron y que tessu_
ampliaron"rrrGrr"io"es de ayuda
mutua de las primeras organizaciones
o¡ie;;:-tr; uii^ü¿* contribuían
a diversos fondos para sosüenerse
a si mismos;;;;l" lesión o enfer_
medad y para paFar los costos de f"..t."""*!"";1"";r"hs
programas de educación for¡nar legales. Sus
incruian cüse;;;;;, de técnicas
elementalesy de tejido p"o 1"" t""¡"res.
Algunas ,iáL".iones fueron
más allá y constituyeron cooperativas
de conɡumo.El gnrpo socialista
Iquique planüeóla audaz ¡¿ea ¿e de
u"a coo-perativade producción y
mo y, durante seis meses, antes consu_
de su fo"r"o ¿"Uiáol u* guerra
de
frTj:X?mnT*iosint€rnos,sumini"tiá-s,ai;;¿derp;;;;;;:
Muchas actividades se ha[aban encaminadas
cavar los valores cultu-rales¿. específicamenüea se
ü ,oi"áil;ñ. #"É_*.
abordaban temasexpricitam"nt de teatro
parüepor anarquisüasespañotes.ii!"ürr"T" H; Escritasen s'an
Actvi"tu"-"rrii"-riüt"orrta¡an
ñasde prensay org¿¡¿uu"" rr""ioi"s campa-
púbücasy debaüespara desacre_
ditar a los capiraül!.q, , d";;lr;;;
conseryadores y
aprovechaban de laindiferen"l" a" *"gi;:. ñ;-#;lrlu..rrn a tralelesia. Se
na frente a la activüad reügios" i"*r"l y ra hispa-
clericalessancionada" t"Á¡il"ár"ür*"ooi"rrtes anti.
¿"'L *rtura domi¡ilit" el fin
estimulara los obrerosa "rdesechai
"T*rrá *h-"tol* de
blemasque afrontau"". rui ru-¡oi,ái".irüu" d";ú;ffi;a "on
para lospro
presenciade Ia Igtesiaen ta.pampa ;;;il'de l¿ limirada
*ut**áJ;;;;; se hmentaba
un comisionadoparlamentario, tossacerdote,;;"or,
sos". Aunquela mayoríade ló ti"Uai1g*9s muy esca_
albergaba "i"rl"t"
algrin sentimien_
to refuioso,muchosempezaron
a ¡¿i"uriái;'ilffiLmente. una
37' Tal era el peso de loe atequea-oontra
el ¡ec¡baneni¡no la¡zadoo en el eeno del partido
comu-
trf ÍjfiHil"ffiTff 1;1;tüüA"tt,a""ñr;;;ñ;séencr¡enrra¡'eah
capital foráneo, insistían, achraba de manera sistemática con "una
tica altanera y provocativa". A continuación ligaban sus intereses de
se con la cuestión del bienestar económicode Chile en el futuro.
"Es ¡rr hecho gue la p"'np¡ salitral debe a Chile arln nuchoe millones de peso
es¡¡eran ser atraldos y transportadoe al ertranjero, si u¡ra legistción patrio
pone reparo a los muchos desperfectos que privan al trabdador de obtener la
'
de egoscaudales, que ernigran sin traba alguna y muy rápidanente del país' (3

Los socialistas elaboraron y sistematizaron estas concelrciones


llevaron a sus lógicas conclusiones. En un debate con un periodista
sen'ador, en 1913ó 1914, en Iquique, el líder del naciente partido s
lista atacó a los capitalistas británicos que controlaban la economi
salitre y tildó de antipatriotas a lc empleados públicos corn¡ptos qu
oponían a los trabqiadores. Eran los obreros quienes producían la ri
za de Chile y los ingresos del Estado; ellos eran los verdaderos patri
concluyó. Apoyado por una audiencia repleta de obreros simpatizan
el sociralista,segúnLafertte, "ganó" el debate y fue sacadodel saló
hombros de obreros que lo ovacionqban.
En su p¡ensa, en manifestaciones públicas y en las reuniones s
nales de organización, anarquistas y sociraüstastraducían su opos
doctrinaria al capitalismo en términos que los obreros pudiesen ente
mediante su experiencia diaria. Hablaban del abuso del sistema de
con fichas y lo relacionaban con los males de la propiedad privada.
gnban por la abolición de las clases sociales mediante la reorganiza
de la producción en cooperativas controladas por los obreros. Los s
listas propugnaban la nacionalización de la economía del salitre y
ulanera mÁs inmediata, la redistribución del ingreso mediante imp
tos progxesivosy prog¡arnas de bienestar social. Tanto anarquistas
socialistas destacaban las cuaüdades espirihrales de una nueva soc
en la que el amor y la libertad prevaleceúan. El teatro y ,las canc

38. Sclas lavaqui, Trabric lVóare noüa I I ), p. 867.


39. lbiü, p.662.
¿é nis Emiüo Reca-barren, ei
hombre que emergió a comienzos de los años veintes como el más gran-
de [der del movimiento obrero chileno. Tipógrafo de profesión,
Recabarren llegó al norte como un joven liberal reformista a fundar"rr-1g0g
uno
de los primeros periódicos obreros que circuló en la región del saütre. su
experiencia en las mancomunales lo radicalizó y pasoll resto de su vida
fundando y editando periódicos obreros. .,Recabarren tenia la compul-
sión de fundar periódicos", escribió Lafertte, quien editó varios de ellos.
La lista de casi una docena incluye El rrabaio (Tocopilla, rg0g-05t ñi
Proletario (Tocopilla, rg04-05), El sociatist¡ iposteriormente El Comu-
nista; Antofagasta, tgt6-27) y Justicia (santiago, lgz4-271.u más siái-
ficativoy de mayor duración fue El Despertar de loe Trabaiadores (If,ui_
que, 1912-27l.El nomb¡e_levelasu propósito fundamentai.
El Des;er-
tar, como los demás periódicos obreros de la zona del salitre, suministra-
ba a los obreros de los puertos y las oficinas una fuente al0ernativa de
información, una visión üstinta der mundo. sus pásinas estaban reple
tas de denuncias de inaceptables condiciones ae vi¿i y de trabajo, intor_
mación sobre huelgas y actividades cultural"r y .ociul"s, trascri¡rciones
de texto,sde anarquistas europeos y pensadoreásociales, así como resú-
menes de los más imporüantesdiscursos de activistas chiienos que ataca-
ban los valores culturales y el monopolio político de la clase dominante.
Algunos historiadores han concluido que, dada la alta tasa de analfa-
betismo entre los trabajadores del salitre, el énfasis de los primeros acti_
vistas laborales en los periódicos estaba mal encamin¿do.io no creo que
lo estuviese. Muchos obreros del salitre sabían leer y los miütantes loca-
les leian envozalta a sus amigos o trasmitíatr r,ré propias palabras la
información que habían recogido en la prensa."trDebidb ai respeto que se
les inculca a las personas iletrada" o pobt"mente educadas por lapala-
bra escrita y por aquellos que pueden usarla, ,r* pr"*u obrera lierre
que haber sido üambiénun motivo de orgullo (40).

¿b' h mismo podrta deciree de la vegtimeatá de Recabaren y de otror


activietas, tan criticada por
Mont¿ón. No vesdan como mineros del saütre sino, al óntt"tio
{con la etcepción parciaf de
cuencia a caballo, con sus su
en la parüe trasera de la silla. A mediados de los años veintes, los vi{es
se hacían en automóviles que desplegaban gtrandesbanderas rojas. Por
entonces las manifestacionesse llevaban a cabo en la pampa abierüa,a la
entrada misma de las oficinas más importantes.
Con tales métodos, y sin duda cúr muchos otros que se han perdido
en el registro histórico, las instituciones obreras de la zona saütrera su-
ministraron gradualmente a numerosos obreros las herramientas cultu-
rales, las capacidades organizacionales y la confianza para comprome
terse en una acción colectiva encaminado a cañbiar sus vidas. La pro
fundidad del compromiso variaba. Casi todos los trab{adores, como la
mayoría de l¡aspersonas en cualquier parte, trataban de evitar los sacrifi-
cios y riesgos de una participación plena; sin embargo, lo que distingue
la historia de los obreros del saütre de la del resto de la clase obrera chi-
lena y de otras naciones es que surgieron significativas y crecientes le
giones de obreros comprometidos.
Una indicación irrecusable de la creciente autonomía culh¡ral de los
obreros del nitrato es la forma como reaccionabanlos patronos del centro
de Chile ante los trabqiadores del salitre que contrataban durante los
períodos de crisis de la industria. Las actitudes de los empleadores frerr-
te a los pampinoe quedaron registradas en lias quejas escritas que se
archivaban en la Oficina del Trabqio, la cual trató de reubicar a millares
de obreros salitreros en las obras públicas y en Ia agriculhrra después de
1914. Stickell eshrdió las carüas y descubrió que muchos patronos se

Iafertte, quien confeea su debüdad por loa eombreros finos), usaban modestoo vestidog
oscl¡¡os, indic¡üvos de educaclln y cultura. Cualquiera que haya visto fotograflae de obreroe
de aquella época en manüestaciones prlbüc¡g sabrá que todo obrtro que podia ge vestfa asf.
Tratar de vestirse como un miemb¡o de la cla¡e media edr¡c¿da significaba afi¡ma¡ su propia
dignidad. Se pueden halla¡ buen¡s fuenteg pa¡a fotografias de movilizacionee obreras en el
norte en la colección "Nogotros los chilenoe", eapecialnente Patricio Manns, Ias grandee
m¡sec¡es, Santiago, l9?2, y Mario Bahamond S., Pempinoe y ¡alit¡ero¡, Santiago, n. d, Véase
también Enrique Reyes N., El deaor¡ollo de b co¡cie¡ci¡ proletaria en Chile (el cido e¡litre-
ro), Santiago, n.d.
una alianza entre los obreros radicales del salitre y los miütantes sindica-
les de la capital (41).
Otro indicativo, aunque más problemático, de Lacreciente autonomia
culh¡ral y el inconformismo politico de los obreros del salitre es el pode-
rio expansivo de los partidos reformistas y de izquierda en el norüe. Es-
tos partidos -radicales, demócratas y evenhralmente socialistas-
hallaron más apoyo en el norte. Y pese a que la mayoría de los obreros
del salitre no podía votar y muchos de los que podían lo hicieron por can-
didatos izquierdistas radicales y demócratas, el Partido Socialista (Parti-
do Obrero Socialista), fundado en Iquique en 1912, logró elegir seis con-
sejeros municipales en l9l5 y dos diputados nacionales en 1921. Des-
pués de esta fecha, hasta la represión de lg26 y Lg27,la fuerza electoral
y parlamentaria del Partido Comunista (sucesordel Partido Socialista) se
expandió rápidamente. Buena parte del éxito se derivó sin duda de pac-
tos electorales con radicales y demócratas, que se suscribían en las loca-
lidades para ampliar el poder de cada partido en los diferentes distritos
electorales. No obstante, los datos comiciales apuntan a Laexistencia en
el norte de centenares de militantes mamistas hacia mediados de los
a¡1osveintes (42).
Por supuesto, es dificil para los historiadores descubrir en forma di-
recta lo que penÉ¡aba}a mayoría de los obreros del salitre acerca de sus
vidas y sus esfuerzof¡por mejorarlas. Aun en1927 elffiVo de los trabaja-
dores de la industria no sabía leer ni escribir. De todas rnaneras, a üfe-
rencia de sus antagonistas de clase en las oficinas, los obreros no pc
seian ni la tradición culh¡ral de registrar sus problenras y esperarrzas,ni
el tiempo necesario para hacerlo. Lo que más se aeerca a las memorias
de un obrero del salitre es la notable autobiograffa de EIías Lafertte. A
diferencia de las elaboradas autobiografias de los hderes sindicales
comunistas en otros países, el libro de Lafertte no intenta convertir la
experiencia de sus primeros años en la pampa salitrera en un recuento

4 1 . $ickell, "Migration and mining labor" (Véaoe nota 22), C. 4.


42. Arturo Valenzuela, Po[tic¡l brolere in Chile, I]urham, 1976.
gulo diferente, examinando lo que los obreros realmente hicieron para
mejorar sus vidas. Ya hemos discutido dos estratesias iniciales desarro
lladas por los trabqjadores de la pampa. Se desplazaban en procura de
mejores condiciones y organizaban sociedadesde ayuda mutua para en-
riquecer su vida intelectual y protegerse a si mismos y a sus familias de
las fuerzas naturales y humanas que escapabana su control. Ambas acti-
vidades implicaban un conjunto de valores culhrrales y actitudes que
empezaron a distinguir a los obreros del saütre de otros sectores del pre
letariado chileno, en especial de los trabdadores rurales, a quienes re

43. J. Samuel Valenzuela, "L¿bormovement formaüon", lleva este punto hasta el extremo. Para
él la trayectoria de un determinado movimiento obrero resulta de las estructuras pollticas y la
concatenación de eventos pollticos, producto, a su vez, de la voluntad de los obreroe y los llde-
res politicos. Ias impücaciones de dichag suposiciones para el a¡álisis bistórico se revelan cla-
ramente en la forma como trata el areglo de una importante huelga ferrovia¡ia en 190?, pp.
4L9-26. De acuerdo con su interpretación, la huelga fue un evento fundamental en la secuen-
cia poütica que condujo a la masacre de lquique a finalea de ese año y al eventual eclipse de la
dirección moderada socialdemócrata dentro del movimiento obrero chileno. Tales eventoe per-
mitieron que llderes y pa¡tidos mós radicdes e izquierdistae llenaran el "espacio organizati-
vo" creado por el surgimiento del movimiento obrero. Valenzuela critica a los lídereg refor-
mistas de la huelga ferroviaria por no baber t¡atado con fi¡meza gufciente de "vender" un
arreglo "favorable" a las basesde huelguistas. Dicho arreglo, que era mucho menoe de lo que
los huelguistas e¡igian y fue rechazado por la mayorla, lo coneidera f¡vorable porque en los
aüoe aubaiguie¡tes la tasa de cambio del peeo chileno con la übra esterlina eetablecida por el
acuerdo habrla mejorado loa aalarios reales de loe obreroe ferroviarios. Tal a¡gunento no eol¡-
mente es ahiatórico. Io nismo que toda la obra de Valenzuela, asume que Ia erperiencia pasa-
da de los otrreros,sus actuales concepcionesy sus expectaüivasfuturas fueron relativamente
s€cundarias para el desenlace; que los sacrificios y rieagos agumidos por los huelguistas pue.
den medirse y compensarse en términos en gran part€ económicos; que los sentimientos colec'
tivos de los obreros pueden ser fácilmente alteradoo por llderes inexpertos de una amplia gama
de sectores pollticos; y que los lfderes marzistas de la época no eetaban mejor equipados ideo
lógic¡ y polfticamente que Ios reformadores moderados para asumir los riesgos impücitos en
p€rlraneser en linea co¡ lae bases militantes. I.o explicación que da Vale¡zuela de la forma-
ción del movimiento obrero chileno corre paralela con au tratamiento del caeo argentino, pp.
3ffi9. Atribuye el cr¡¡ao fundanentalnente disüinto de la higtoria laboral argentina a un he-
cho poütico fortuito, el golpe de 19Í|0. Dicho evento no ee erpüca dentro del contexto de la his-
toriaeconómica y eocial argentina de comienzos del siglo XX, ni ee rel¡ciona con el problema
central, ütal p¡ra comprender l¡ formaclln del n¡vimiento obreto argentino, de las conple-
jae causas del curso anómalo del deganollo histórico argentino deepué¡ de 1930.
administradores de las oficinas, mientras que el primero, que era indivi-
duaüsta, enfrentó la decidida oposición de los capitaüstas. Como ya
hemos visto, los empresarios del salitre diseñaron esquenrasde pago y
de crédito -trabqjo a destqjo, pago mensual con fichas, depósitos de
herramientas y crédito en los almacenes de la compañía- con el fin de
restringir la movilidad de los obreros y el poder de negociacióny desafio
a la autoridad que ella implicaba. Empero, estos esquenrasadministrati,
vos nunca lograron plenamente su meta. Es más, cada uno üendíaa in-
tensificar el conflicto entre obreros y patronos y a transformar las exi-
gencias individuales obreras en protesta colectiva. Y aunque las socieda-
des de ayuda mutua parecian canalizar las energías de los trabqjadores
haeia objetivos culhrrales y sociales inocuos (a tiempo que asumían gran
parte de la carga de bienestar social que más tarde el capital se vería for-
zado a costear), las habilidades y la confiranzaen sí mismos y en los de-
más que los obreros adquirieron, les ayudaron a prepararse para el
momento en que empezarían a trabajar colectivamgnte a fin de superar
las condiciones sociralesque amenazaban su sustento y amargaban sus
vidas.
Los obreros del saütre se comprometieron en acciones colectivas en
gran escalaya desde 1890. Muchas de las huelgas de las siguientes cua-
tro décadas comenzaron como protestas espontáneascontra los procedi-
mientos que determinaban el pago, los descuentossobre las fichas (o la
tasa de cambio del peso chileno con la libra esterlina) y los precios o las
balanzasadulteradas de los almacenes de las compañías.Un historiador
calificó estas quejas de los obreros como expresiones de un "liberaüsmo
enfurecido", mas lo eran solo en un sentido superficial. En Ia fatídica
huelga de 190? los obreros exigían la abolición del sistema de vales y la
reducción inmediata de fichas, sin descuento, en todas las oficinas. De-
seaban asimismo que las fichas fuesen cambiadas a una tasa superior a
Latasa de cambio internacional oficial de las libras esterlinas y los pesos
chilenos. Pedían también "übre comercio", mecanismos adecuadosde
seguridad, escuelasnocturnas g¡atuitas y dos senranasde preaviso para
los obreros en caso de despido por cualquier razón. Por último, la lógica
fuerza laboral y socavaba el recurso de la inflación para disminu
gastos del capital en salarios, sino que violaba también el principio
ral del patrón internacional de oro. El libre comercio en la pampa
en peligro la capacidad de los capitalistas de recupenar, a través
alrnacenesde las empresas, parte de sus gastos en salarios. Tam
negaba al capital, como declaró el presidente de la Asociación de
ductores de Saütre ante la Comisión Parlamentaria de 1912, "el sa
derecho de propiedad que nos concede la Consührción Política".
documento, explicó, reconocía el derecho de los capitalistas a e
"pleno dominio [en] nuestras propiedades". Los mercaderes itin
tes, que vendían ücor, se dedicaban a la propaganda subversiva
cual son muy dados") o intentaban son͡acara los obreros de las of
hacia otros empleos, debian ser tratadut con dureza y expulsados
oficinas. Pese a que para los capitalistas resultaba diffcil negar pú
mente l¿ irnportancia de aparatos para evitar los accidentes industr
la capacidad de los obreros para decidir dónde y cuándo debían ins
se amenazaría la supreura autoridad de los propietarios de deci
mejor forma de invertir su capital'y dictar la manera como se debia
nizar el trabajo. En cuanto a las escuelas, éstas podrían suministra
discreción de cada empleador, pero en realidad eran problema del
do, y no de la empresa privada. Finalmente, la insistencia en la in
dad de los huelguistas y el reconocimiento de las organizaciones ob
desafi¡abael más fundamental de todos los principios: la "liberta
trab4io", que los capitalistas interpretaban como su exclusivo dere
comprar fuerza de trabqjo en el mercado y contratar como les par
con cada individuo por separado.
La lógica anticapitalista de lo que para una mentalidad de med
del siglo XX podria parecer como aspiraciones überales era inexo
Los capitalistas de inmediato se dieron cuenta de lo que estaba en j
Rehusaron hacer concesiónalguna por principio. Trataron de romp
organizaciones obreras a toda costa. Se valieron de espias y estab
ron listas negras. Impedían la entrada de los obreros a las oficin
cuando todo esto fallaba acudían a las fuerzas del Estado para pro
su situación contenían radicales
que amenazabanlas bases de la empresa capitalista. Diso ,.quiá", por-
que dados los inmensos riesgos implícitos en la protesta colectiva, los
obreros, asi como sus líderes, tenían que ser cautelososy prácticos. In-
dependientemente de lo que pensaran acerca de las implicaciones de sus
exigencias, debian envolver sus aspiraciones, inherentemente radicales,
en el lengude liberal de la cultura dominante. Tenían que conseguir lo
que pudieran sin perder sus trabqios, su übertad personal o sus vidas.
Aunque los obreros gradualmente lograron concesionesen las oficinas
mediante acciones de protesta individuales y colectivas, el grado de re
presión al que estuvieron expuestos a lo largo del período talvez desco
razonb a muchos. Pero radicahzó a muchos otros. El único documento
preparado por una organización obrera que fue publicado en el informe
de la comisión Parlamentaria de 1913, decl¡arabaque cinco minutos de
descargas de fusilería aprobadas oficialmente en contra de los pacíficos
huelguistas de Iquique en lg0?, habían hecho más para destruir su pa-
triotismoy su respeto por lla autoridad gubernamental que .,medio siglo
de propaganda sistemática de mil anarquistas" (44).
A pesar de la fuerza atrincherada y la atracción sutil y constante de
las concepcionesliberales, así como el considerable riesgo que significa-
ba parücipar en la política de izquierda, cantidades significativas de
obreros salitreros se volvieron anarquistas y socialistas. Lo hacían por-
que tales ideologias anticapitalistas coincidían con su percepción del
mundo y ofrecían soluciones significativas a sus necesidadesy aspiracio
nes personales. La sociedad en el norüe estaba dividida en dos cliases,
claramente distinguibles. Una mandaba, la otra trabqjaba. Una era rica,
la otra pobre. No sol¡amenteeran l¡asclases étnica y culturalmente distin-
tas, condición que también se daba en la agriculh¡ra y la industria chile-
nas, sino que el capital era extranjero, a tiempo que la fuerza de trabqio
era chilena. En el norte el capital explotaba sistemáticamente al trabqjo,

'14. El informe de la comisión so cit¡ en l¿ not¡ 29; las citas reproducidas aquf y aüróe son de laE
pp. 8l€2 y 13?.
ron las condicionesy los congfesistas debatieron reformas, la situa-
ción en la región salitrera cambió muy poco. A fin de cuentas, el capita-
lismo era irracional. Un mes habia demasiado trabajo; al siSUientb, mi-
llares de obreros estaban desempleados, sin vivienda, totalmente de-
samparados. Mas el capitalismo no solo era malo para los trab4jadores;
era malo para Chile. Los extranjeros se alzaban con la irremplazable ri-
queza del país, con enonne beneficio para sí mismos. Muy poco de lo
que los obreros observaban en el enclave pdia decirse que contribuía al
bienestar de la nación.
Era en torno a este úlümo punto, asi como al problema de la acción
política por recabar el apoyo del Estado para atender las necesidadesde
la clase obrera, donde chocaban las ideoloelas anarquista y socialista'
Mientras los anarquistas insistían en la unidad mundial del proletariado,
los primeros socialistas chilenos eran más propelrs¡osa enfatizar la uni-
dad entre l¡asaspiraciones de los trabajadores y las de otros chilenos pa-
triotas. Dicha posición permitió a los socialistas aprobar la colaboración
con sectores progtresistasde otras clases en esfuerzos por mejorar la si-
tuación de la clase obrera (45). Los socialistas se aliaban en coaliciones
electorales con partidos que tenían aspectos reformistas y nacionalistas
en sus progralnas. Buscaban promover soluciones legislativas para los
problemas de la clase obrera a nivel nacional. Por muy antitéticos que
fueran la ideología y los programas socialistas para los privilegios de la
clase dominante, sus tácticas electorales les permitían poner aI servicio
de los propósitOsde la clase obrera l¡asnormas sancionadaspor la cl¡ase
dominante. En los años veintes la estrategia sociaüstaparecia a los obre-
ros chilenos mucho más efectiva y mucho menos peügrosa que la actitud
intransigente de los anarquistas.
Loe anarquistas se oponían inexorablemente tanto a las solicih¡des al
Estado como a formar partidos politicos para competir por el poder esta-

45. Esto es cierto pese ¡ l¡ prohibicltn de realizar pac'toa con partidos "burgueeee" contenida en
la plataforma del Pa¡tido Obrero Soci¡ligta en 19f2. Quid dichs prohibicióu era un vano inten-
to por coniener lo que ya era uno tcndencia lógica, dadás la estrategi¿ electoral y la poaición
ideológica gobre el patriotismo en el eeno del partido.
de la acción directa, sumados al creciente éxito de la organización sindi.
cal y las estrategias electorales socialistas en los años veintes, llevó a
que lentamente la influencia anarquista cediera el paso a Ia de los mü-
tantes socialistas(46).
Si en el norüeel capitalismo hubiera conducido a un desarrollo econ&
mico diversificadoy al surgimiento de una compleja estructura de clases
intermedias; si hubiera patrocinado el aumento de los ingresos reales y
una general parüicipación de los obreros en la propiedad, l¡asnociones
liberales habrian podido ejercer una atracción más consistente. Los
obreros iban al norte a hacer dinero y a mejorar su posición en la vida.
Sus aspiraciones individualistas eran estimuladas por el sistema de pago
a destqjo y por los valores dominantes de la sociedad chilena. Pero la
economiaexporüadoradel saütre no llevó a la acumulación de capital ni a
una economia diversificada en el norte. Las ganancias se remitian al ex-
terior o se üstribufan en el sur a través del Estado. Todas las comisiones
oficiales que visitaron el norüeconcluían que muy poco de ese dinero se
invertia en mejoras en las provincias salitreras. Incluso en los grandes
puertos de la zona que albergaban las mansiones de los ricos y los lqjo
sos clubes sociales de la comunidad extrar{era, los servicios púbücos
como el acueducto, el alcantarillado, la asistencia médica y el sistema
educacional eran crasamente deficientes. En las oficinas los ahorros de
los mineros no podian invertirse en propiedades. Las oportunidades de
educación eran exiguas. Las crisis periódicas de la industria consumian
los ahorros de los obreros y los dejaban desamparados, desempleados,
víctimas de fuerzas económicasque escapabana su control.

46. I¡ inlluencia anarquieta fue mucho máa perdurable, eapecialmente entre loe a¡teeanos de los
egtablecimientos nanufactureros de Santiago. En varias induetrias, en particular en Ia de
zapatos, los anarquistas lograron crear organizaciones muy efectivas a nivel de planta. Aun-
que los gocialistas tuüeron algunos éxitoe organizando obreroe tefileros, de los tranvfas y de
la construcción, los anarquistas predominaron en el movimiento obrero urbano hasta el final
de la era del ealitre, cono I)e Shazo lo ha denoatrado con tanta eñcacia. J. Samuel Valenzue-
la, en "Iabor movement fomation", elabora las impücacionee poltricas del contragte entre la
organizacióD efectiva a nivel de planta en los sector€a de la minerla y la i¡dust¡i¡ manufactu-
rera en Chile.
mentar Lasviolentas convulsiones que radicalizaron todavía más a los
obreros y culminaron con el virtt¡al colapso de la producción de saütre
despuésde 1930. Por último, Lamayoria de Lasmejoras sobrevino en los
añoi veintes como resultado de la acción directa y la política miütante de
institueiones y partidos nacionalesde la clase obrera. El más importante
de estos órganos del movimiento obrero estaba dominado fisica e ideolG
gicamente por líderes socialistas cuya base de poder radicaba en el nor-
te. Dichas instituciones desempeñaron un importante papel en la insur-
gencia de los obreros del salitre y el transporte, así como de trabaiadores
urbanos, estudiantes y empleados, en el período que siSpió a la Primera
Guerra Mundial. La insurgencia obligó a la clase gobernante chilena a
hacer concesionesy a adoptar una nueva estrategia de control laboral.
Enl924, a costa del dermmbe total del sistema político, la cl¡asegober-
nante chilena fue la primera de Suramérica en abandonar la fracasada
politica de simple represión fisica de los obreros organizados' Trató, en
óambio, de contener el potencial revolucionario de los obreros por medio
de mecanismos legislativos, integrando sus sindicatos a la vida institu-
cional de la nación. Es a esta historia extraordinaria y a sus imprevistas y
trágicamente irónicas implicaciones para la vida del país a |as que pasa-
mos ahora.

DETTN
CRIS"TAUZACION MARXIS1TA
MOVIMMNTOOBRERO

Las fuerzas económicas e ideológicas desatadas por la Primera Guerra


Mundial afectaron profundamente la fort"alezay orientación de Ios movi-
mientos obreros nacionalesen todo el mundo. El conflicto por la domina-
ción mundial entre dos bloques de Srandes potencias capitalistas indus-
triales estimulóuna enonne demanda de máquinas, municiones, alimen-
tos y materias primas. Los obreros sacaron ventaja de las condiciones de
pleno empleo y las organizacionessindicales se expandieron rápidamen-
ie. Con el armisticio de 1918 la contenida demanda civil hizo subir los
precios con rapidez. Los salarios reales quedaron ala zagay los obreros
zaci6n" occidental, dedicadas a movilizar sus sistemas políticos libera-
les, su nueva ciencia, su tecnología y su poderio industrial para aniquilar
a sus adversarios. El comienzo de la lucha en Europa creó una crisis polí-
tica e ideológica en el seno del movimiento obrero mundial. l,a unidad
del proleüariado se rompió en virtud de exigencias y lealtades naciona-
les, en especial entre los partidos socialdemócratasáe h Segunda Inter_
nacional. Sin embargo, la guerra también permitió que en Rusia se con-
solidara la primera revolución socialista. A medida que socavabalas con-
cepciones liberales, el conflicto mundial suministró a los marxisüasden-
tro del movimiento obrero, incluidos inicialmente los anarquistas, inspi-
ración ideológica y renovada confianza en su capacidadde forjar un fuiu-
ro socialista.
Tan volátil mezcla de condiciones económicas favorables y fuerzas
ideológicas positivas en la inmediata posguerra se tradujo en una masiva
movilización de Ia izquierda. creó la conce¡rción,compartida igualmente
por los llderes obreros radicales y por la clase gobernante, de que Iarevo-
Iución social era inminente. A medida que los grupos revolucionarios en
el seno del movimiento obrero expérimentaban nuevas formas de lucha
para alcanzar dicha meta, las clases dominantes buscaban nuevos meca-
nismos para alejarla.
chile, mucho má,so¡re cualquier otra nación suramericana, participó
de este drama mundial de guerra y movilización obrera. su.economía
exportadora de saütre, como ya vimos, se vio íntimamente afectada por
-g"-
los cambios en el comercio, la demanda y la innovación técnic" qo"
neró la contienda. Luego de la severa depresión de lgl4 y lglb, ia pio,
ducción de salitre alcanzó un tope récord en el perlodo de 1916.a létg,
para luego caer en la desastrosadepresión de lglg-1923. En términos de
las fluctuaciones en la demanda de trab4jo, de la inflación de precios de
la posguerra y de la duración y severidad de la depresión, la economía
chilena fue lesionada por las fuerzas económicasmundiales más seria-
mente que la de cualquier otro país de Suramérica.
Debido a la estructura de la economia exporüadora de Chile y al rela-
tivo desarrollo del pensamiento anticapitalista y las organizacionesobre-

,f¿¿-.. 8. %*¿-a- -1,


en las postrimerías de la década de los diez y principios de los veintes.
Mucho más importante que las cifras absolutas de tales activistas, que
hacia 1920bien pudieron llegar a 20 mil más o menos, eran las masas de
trabajadores diez veces más grandes, que fueron movilizadas por los
militantes organizados en manifestaciones públicas y huelgas generales
en la épocade posguerra(47).
Todas las organizacionesobreras anticapitalistas crecieron en tama-
ñoy ampliaron su influencia sobre sectoresdel movimiento laboral chile-
no durante el período. Los socialistas dominaban las organizaciones
obreras en la región del salitre, los anarcosindicalistaspredominaban en
Santiago y la rama chilena de los Trabajadores Industriales del Mundo
(Industrial Workers of the World, fWW legó a ser preponderante en el
puerüode Valparaiso. Cada grupo ejercía, no obstante, considerable in-
fluencia en el área del movimiento obrero dominado por los otros. Y aun-
que anarquistas, socialistas y sindicalistas com¡retían entre sí para ex-
pandir su influencia entre los trab4jadores sindicalizadosy los no organi-
zados, todos cooperaban de manera excelente en la movilización de la
clase obrera en su corúunto, en manifestaciones públicas y huelgas ge-
nerales(48).
Pero fueron los socialistas quienes lograron institucionalizar su fuer-
za e influencia en organizaciones obreras y poüticas de carácter nacio
nal. Para esta tarea eran los mejor preparados por ideologa y experien-
cia. Años de lucha en la región salitrera habían convencido a los sociaüs-
tas de que la solución a los problemas de la clase obrera tendría que ser
nacional, mediante el accesoal poder del Estado. La imporüancia de la
producción de salitre para la economía nacional y la vida fiscal había sig-

4?. Tod¿s estes egtadlsticas, que van desde las cuentas oñcialee pubücadao por la Oñcin¿ del Tra-
bajo hasta posteriores estimativoa basadoe en habajos de investigadores oomo De Sh¡zo, es-
tán reunidas y cuidadosam6¡l¿ ¡n¡lir¿d¡¡ en J. Samuel Valenzuela, "I¿bor movement for-
m¡tion", C.7.
48. De Shazo, Urban sorlers (Véas€ nota 361, da una g!¡n cantid¿d de información sobre estos
t€m¿8.
carbón y, más allá, a los combativos enclaves de pastores de ovejas y
empacadoresde carne del sur de Chile.
El vehículo empleado por los socialistas para construir una organiza-
ción obrera nacional fue la Gran Federación de obreros de Chile. Esta
tímida y reformista organización, fundada por trabajadores fenoviarios
en 1909, gozaba de la tolerancia de los funcionarios oficiales y poseía
rudimentos de una organización nacional descentralizada. La creciente
combatividad entre los obreros de la base del sindicato, especialmente
en la regional de valparaíso, había conducido, en 1916, a una encarniza-
da huelga y a un cambio en la dirección nacional. Al año siguiente, la
FoCh reaüzó una convención nacionat y abrió sus filas a todos los traba-
jadores. Los delegados socialistas afiliaron las decenas de organizacio-
nes que controlabatr X, I lo largo de los siguientes años, la FOCh se
transformó en una organización combativa y revolucionaria y en la más
poderosa central obrera del país. Este gran avance fue potible por }a
fuerza numérica y la importancia nacional de las agrupaciones o6reras
de la región salitrera dirigidas por los socialistas; por los contactos, las
capacidadesorganizativas y la prominencia nacional de la dirección so-
cialista, y por el atractivo y la efectividad, dentro del contexto del siste-
ma politico de Chile, de las hicüicaselectorales socialistas.
En la convenciónde la Foch, de diciembre de lg2l, celebrada en
Rancagua, cerca de la nueva y gigantesca mina de cobre de propiedad
estadounidense,El reniente, los delegadosvotaron por afiliar L trldeta-
ción a la Internacional Roja y vincular politicamente a sus miembros al
Partido obrero Socialista. Al siguiente mes, representantes de ese mis-
mo partido aprobaron cambiar su nombre por el de partido Comunista
de Chile y unirse a la Tercera Internacional. La afiliación al movimiento
comunista internacional causó cierüa disensión, particularmente entre
los elementos reformistas en el seno de la FoCh. pero dada la trayecte
ria ideológica de los sociaüstasy el enorme prestigio de que disfrutaba el
experimento soviético por aquel entonces, la decisión probablemente era
inevitable. La defección más seria que sufrió h roch después de esta
reorganización fue la de los sindicatos ferroviarios; nras incluso estos
También encontró que las exigencias de las huelgas, más que en años
pasados,se centraban en meüdas para establecer y proteger }as orgAni-
zacionesobreras y controlar el medio en el que se laboraba y la organiza-
ción del trabaio. Al mismo tiempo, los elementos militantes dentro del
movimiento obrero empezAron a crear contactgs con otros grupos urba-
nos, especialmente los que habían sido golpeados por la dislocación eco-
nómica de la poseuerra y por ello eran potenciales simpatizantes de las
corrientes ideológicas de izquierda.
La segunda estrategia adquirió rnayor importancia después de 1919,
a medida que la economia del salitre desfallecía y, en particular después
de 1920, cuando la depresión de la posguerra principió en serio' El cre-
ciente desempleo en el sector privado y los recorüesen el gasto público
no solo erosionaban las posibilidades de negociación de los obreros in-
dustriales, sino que amenazaban también a empleados y profesionales.
La inflación de precios, estimulada por los avances de crédito en papel
moneda del gobiernó a los productores de salitre y por las emisiones de
pesos destinadas a recuperar para el fisco las pérdidas de ingresos prG
venientes del salitre, perjudicaba a todos los consumidores (50). A fina-
les de 1919, por iniciativa de la FOCh, los trabajadores organizados m6'
vilizaron una amplia coalición de Snrpos urbanos en un esfuerzo por pre-
sionar al gobierno a que redqjera los precios de los alimentos y llevara a
cabo reformas tributarias y educativas. Estos asuntos resultaban vitales
para un amplio espectro de sectores urbanos, los cuales se unieron en
masivas demostraciones caüejeras de 60 mil a 100 mil personas, que
sacudieron a Santiago a fines de 1919 y mediados de 1920. Si bien las
demandas inmediatas de estas coaliciones eran moderadas, los análisis
de la situación planteados por los oradores anticapitalistas que se diri-

49. En contraste con el argurnento aqul presentado, Valenzuela {"I¡bor movement formation")
coloca más énfasig en la influencia pereonal de Recabarren en la toma de la FOCh por el Parti-
do Obrero Socialists, mientras que Monteón (Ctile in tüe nitrete era) subraya el ca¡ácter divi-
sionista de las decisiones de afiliación.
60. lYank W. fetter, l¡inf¡cid¡ monet¡rl¡ en Chile, Santiago' 1937' C. 9.
estos obrerm y, a pesar de los denonados esfuerzos de los funcionarios
del gobierno y Ia poücía (y los informes de espíasdentro de los hostales),
los obreros servian de fuerza de choque en las acciones huelguísticas y
los mítines de protesta.
Aunque l¡asactividades de este tipo extendieron la concepciónradical
de anarquistas, sindicalistas y socialistas a otros sectores de la clase tra-
bajadora y a elementos de las cl¡asesmedias urbanas, el ahondamiento
de la depresión y l¡acreciente represión púbüca y privada gradualmente
minaron la fuerza de las instituciones obreras. El Congreso aprobó una
ley de residencia, en 1919, que autorizaba a los funcionarios del gobier-
no a negar la entrada o a expulsar a radicales extranjeros. Puesto que en
Chile, dada la limitada presencia de inmigrantes, había muy pocas de
tales personas, el gobierno recurrió principalmente a accionespolicivas,
poderes de estado de sitio y gnrpos paramilitares privados para encarce-
lar activistas sindicales, romper huelgas, silenciar la prensa obrera y
aterrorizar activistas obreros y estudiantiles.
Entre tanto, las organizacionesobreras, con coraje y creatividad, tra-
taron de defender los empleos de los trabajadores y preservar sus insti-
tuciones. Una enorme huelga portuaria en Valparaíso, que procuraba
mantener un innovador sistema de trabajo compartido, creado por el sin-
dicato afiliado a la IWW, fue rota finalmente por los esquiroles y la re-
presión oficial. Una prolongada e intermitente huelga del carbón para
impedir recortes salariales y despidos masivos en una industria profun-
damente afectada por Labaja en las compras de las oficinas de salitre y
otros sectoresde la economia, fue apoyada con fondos de ta FOCh y una
huelga general de solidaridad, pero finalmente fracasó. Los obreros saü-
treros despedidos de la Oficina San Gregorio en 1921 rehusaron la oferta
de la administración de un día de salario y el pasqje al sur y declararon
que ellos mismos manejarían la oficina. Cuando la poücía trató de expul-
sarlos, asesinaron al gerente y amenazaron a los agentes uniformados
con dinamita. Dos dias después, una operación miütar en gran escala,
organizada desde la costa, los obligó a someterse. Fueron despojadosde
mente menos los de la FOCh. La acüvidad huelguística revivió del
nadir de 1922para alcanzar niveles sin precedentes en 1926. Ia Oficina
del Trabajo contabilizó 19 huelgas en1922,86 en 1924y ll4 en 1925.
A juzgarpor su fuetza y sus actividades en la zona del saütre, el me
vimiento obrero fue más poderoso allí en 1924-25que incluso en el períe
do inmediato de la posguerra. En mamo de 1925 movilizaciones en gran
escala y una ola de huelgas en el norüedesembocaronen el primer con-
trato colectivo en la industria del salitre, que mejoró sienificativamente
la jornada laboral y los salarios, estableció condiciones de indemnización
altamente favorables para los obreros y reconoció h fOCh como el re-
presentante legal de los trabqiadores. Por vez primera los sindicatos
ganaron el derecho de celebrar reuniones dentro de las oficinas (51).
Entre tanto, la influencia ideológica de las organizaciones sindicales
clasistas penetraba a otros sectores de la sociedad. Los trabajadores de
cuello blanco de la industria privada, gue se habían organizado inicial-
mente en el norte, realizaron una convención nacional en 1924 y adopta-
ron unoÉ¡estatutos en que se definían como una "clase asalariada" y for-
mulaban un llamamiento a nacionalizar el comercio y la industria (52).
Un pas{e de dicho documento revela la clara influencia de ideas marxis-
tas: "El trabajo es la base del capital; la emancipación de los empleados
debe ser obra de los empleados mismos; el trabejo fisico y mental no
debe ser una simple mercadería; la explotación del hombre por el hom-
bre es un crimen" (53). Incluso organizaciones de médicos y maestros,
cuyos estatutos no eran formalmente radicales, ocasionalmente revela-
ban "una tendencia contraria a la organización lsocia| actual", advertía
el director de Ia Oficina Chilena del Trabajo en 1926.

51. El acuerdo, suscrito bajo los auspicios de funcionarioe del gobienro, fue pronto violado por la
adminigtración; en seguida sobrevino una masiva ofensiva del gobierno contra la FOCh. El
Conunistr(Antofagpstaf , aarzn2ly 26 de l!25; El Ile¡pert¡r de loe Tlabaiado¡ee (Iquique),
abril 19 de 1926.
52. R¿mirez Necochea, Origen y fotnrlln (Véas€ nota 35), pp. 102-3.
63. Egta cita y las siguientea aon tom¡das de Moi¡és Poblete Troncooo, Ir organlzaclln sinücd
en Chlle y otroe eetudios aode!e!, Santiagp, 1926, pp. óG62.
co, amenazas al control capitalista en los sitios de trabqio y un desafio
creciente a su hegemonía ideológica y polltica y sus medios de control
social, la clase dominante de Chile comenzó a buscar soluciones efecti-
vas a liainsurgencia obrera a principios de los años veintes. Los capitalis-
tas se organizaron más eficientemente en el frente económico estable-
ciendo, en 1921,la Asociación del Trabajo de Chile. La organizacióntenla
como propósito coordinar la resistencia y la propaganda contra los traba-
jadores radicales. El gobierno, por su parte, toleraba las actiüdades de
los grupos paramiütares antiobreros. El aparato represivo del Estado fue
fortalecido y sus poderes legales ampliados. Pero la simple represión
tenía sus límites. Cuando había de usarse repetidamenüey en tan grande
escalacomo en Chile en el período de la poÉ¡guerra,la represión surtía el
efecto de socavar la legitimidad de la clase dominante a nivel doméstico
y a deslustrar en el extranjero la imagen, cuidadosamenteconstruida, de
un Chile progresista y estable.
En los años veintes algunos líderes políticos influyentes empezaron a
considerar Ia posibilidad de encarar el problema obrero por medio de la
reforma. Ciertos miembros de los partidos tradicionales abogaron por
nuevas leyes que neutralizaran la amenaza económica y política repre-
sentada por los obreros organizados, por medio de concesionesmateria-
les e instituciones de control manejadas por el Estado. Otros procuraron
alcanzar el mismo objetivo a través de nuevos partidos reformistas que
aspiraban a ganar el apoyo de la clase media y los trab{adores. El más
importante de los nuevos partidos era la Alianza überal dirigida por
Arturo Alessandri. Logró el control de la cámara b4ia del Congreso en
1918 y la presidencia después de una violenta y popular campaña en
1920. Alessandri, llamado "el león de Tarapacá" por sus seguidores,
quienes provenian abrumadoramente de las provincias saütreras, apeló
concertadamentea los obreros durante la campaña de 1920. Y si el redu-
cido número de obreros que votó no definió su estrecha y fieramente dis-
putada victoria electoral, las manifestaciones populares callejeras en su
favor probablemente aseguraron su posesión. Alessandri hizo de la re-
buscaban ambas timitar el poder económico, la autonomía organizativa y
el potencial político revolucionario de los trabqjadores chilenos. Ambas
trataban de conseg¡ir esa meta otorgAndoa los obreros ciertas concesie
nes económicasy organizativas. Por ejemplo, ambas contemplaban códi-
gps para mejorai hJcondiciones de trabajo, prevelan la distribución de
y
Éanancias y reconocían el derecho de los trab{adores a organizarse
ú.""t huelsas. Las dos propuestas procuraban instih¡cionalizar el con-
flicto laborál a través de esquemas de conciliación y arbitraje. Y ambas
trataban de colocar los sindieatos bajo la estrecha supervisión y el con-
trol del Estado por medio de sistemas de inspección, límites legales al
empleo de los fondos sindicales y condiciones específicasa las huelgas
legales.
Sin embargo, los medios quecada propuesta planteaba para alcanzar
las metas comunes eran filosóficamente distintos y procedimentalmente
diferentes (55). La propuesta conseryadorase inspiraba en una filosofia
catóüca y corporativa, y favorecía abiertamente al capital. Los sindicatos
serían entidades corporativas formadas en cada empresa y podrían parti-
cipar de |as ganancias. Una vez que una determinada proporciÓn de
obr"ro, en un establecimiento votara por la formaciÓnde un sindicato, la
afiliación a éste sería obligatoria para todos. El voto para elegir dirigen-
tes sindicales seria calificado, teniendo los antiSuos empleados el doble
de votos que los nuevos. La conciliación, a cargo de dos representantes

54. I¡ apa¡ición
-un de estos partidos y grupos reformistae en Chile fue parte de un fenómeno regio-
nal, producto de una complejidad social más grande generad¡ por la erpansión intemacio-
nal del conercio, la inversión ertranjera, l¡ trasfersncia tecnológica y la inmigración erüopea
p""t¡t a" 1880. Todo el proceso ss Ánelizado y tratado conparaüivamente en el contefo lati-
"nümericano en el estudio clásico de John J. Johnson, Polttic¡I üange in Ldin A¡nerica: the
' 'Los
rise of the middle sector¡, Stanford, 1968. De la coalición de Alessand¡i, Johnson afir:na:
objetivoe de loe üderee variaban. Unos cuantos eran reformistas dedicados' Algunoe sentl¡n
q"" f,rUl" U"gado el momento en el cual era oportuno pollücamente tom¡¡ medidag reformis-
tas. Otros de;aban simplemente ganar puestos coneiguiendo máa vo'üooque l¡ a¡istocracia de
latie.traysu"aliadot.Ltpt"o"opibam.uypocoytenln¡pocafe-enels€c'torobrero" 1p'771'
55. Está discusión de loe proyectos liborales se halla en Jamee O. Morris, Eütes, inteIectusls snd
Gonsenaua,Nueva Yort, 1966.
Combinaba los principios individualistas
ba traslucir la transformación filosófica co
nónicorespondiaa las presionesdel siglo
tos seria voluntaria. Un sindicato podría
empleadosque desempeñaranlabores s
Se autorizaba la formación de federacio
contratacióncolectiva.A los empleadosp
prohibido organizar sindicatos. Los dirige
terceras partes de los afiüados. Los sind
el presidente del pais por las mismas raz
dora. La participación en las gananciasi
cato. La conciliación y el arbitramento e
huelga fuese legal, el sindicatotendría qu
cesode reunionesen que las alternativas
sopesadas.
Muchos observadores han comentad
forma laboral acordadapor un comité pa
I92I y aprobadacomo ley bajo presión de
1924.Es cierto que el resultado obtenido
liberales, pero lo que más sorprende es a
mente los aspectosmás restrictivos de ca
ginales. De este modo, los rasgos corpora
rio, el voto valorado de los obreros fnás a
torio y la prohibición de las federacione
propuesta conservadora, se combinaban
catos de empleadospúblicos, la división
tos separadosde obreros y empleados,y
las eleccionessindicales, las finanzas y
cos, de la propuestaliberal.
A pesar de lo oneroso de los contro
sobre los trabajadores establecía esüa re
cuales, de manera totalmente imprevista
organizativos de la izquierda en años su
medidas de bienestar social. Finalmente, en septiembre de 1924, los mi-
litares intervinieron y presionaron al Congreso para que aprobase la le-
gislación laboral.
Eran complejos los motivos de los oficiales que intenrinieron en poli-
tica en L924 y que, gradualmente, bajo el liderazgo de Carlos lbétñez,
consolidaron su control sobre el gobierno chileno después de 1925. Los
oficiales buscaban promociones individuales y mejor pa8a, equipo mo
derno y más prestigio para el ejército. Estaban escandalizados con la
comrpción y la ineficiencia del sistema político chileno. Pero fundamen-
talmente, se mostraban alarmados por el papel represivo que se veían
obligados a desempeñar con el fin de mantener aquel sistema y temian
que las organizaciones obreras dirigidas por mamistas destruyeran el
sistema social chileno y el monopolio de fuerza de los militares. Hacia
mediados de los años veintes, un general fiel a Ibárñezescribía que la in-
fluencia comunista, especialmente en la región salitrera, había conse-
guido pervertir "todas las conciencias obreras, despertando en ellas
sentimientos de codicia y venganza, removiendo los bajos instintos de
las masas populiaresy el proletariado chileno estuvo a punto de alzarse,
semejante al de Rusia, a derribar a sangxey fuerza el régimen social de
la República" (56). Resulta sintomritico de las preocupacionescolectivas
de los militares que fuera Carlos Ibérñezquien consolidara el control polí-
tico dentro del movimiento castrense después de f925. Ibanez estaba
íntimamente consciente del problema del control interno representado
por el movimiento obrero. Había dirigido la Escuela de Carabineros en
1918y dejó este puesto para servir como prefecto de Iquique entre 1919

56. Carlos Harme Espejo, Iae grendee problenre de l¡ zo¡¡ norüe de Ctile, Santiago, 1930,
p. 134. "Afortunadamente", continrla Eepejo, "la m"g.a reform¡ egtn¡ctural" de los gobier-
nos militares ha impuesto la cooperación entre el capital y el trabajo, deteniendo asf "el
carro de la nación en el borde mismo del precipicio, eüta¡¡do que cayera al abismo". Sobre la
ideologla de los militares chilenos en general, véage Ctena¡o Ani¡ga Herrera, El pensaniento
pollticode loe nilltereq Santisgp, n. d.
de el derecho legal de organización y de huelga, la
posibilidad de un sistema de deducciones salariales para sufragar las
cuotas sindicales, y la participación de los sindicatos en las ganancias
Sobre las respectivas actitudes del capital y de los trabajadores hacia la
nueva legislación, el director de la Oficina de Trabajo sostenía en 1g2G
que los propietarios estaban empezando a reconocer la necesidad de Ia
organización obrera. Existe un importante elemento, escribía, en favor
de nuevas leyes sociales, "especialmente del sindicato industrial, que
elimina, dentro de la industria, al sindicato semirrevolucionario y libre".
No obstante, anotaba, Ia actitud de los obreros era "curiosa", pues con-
tinuaban perteneciendo a los sindicatos semirrevolucionarios pero, al
mismo tiempo, apoyaban los sindicatos legales para obtener los benefi-
cios de la nueva legislación. En 1926, afirmaba, 200 nuevos sindicatos
habian sido organizados(59).
Los proponentes de la legislación laboral habian asumido que la
FOCh se opondria a ésta. En cambio, el Partido Comunista creó aüanzas
con grupos de empleados privados para presionar por una aplicación
selectiva de las nuevas leyes. Esta movilización y los éxitos electorales
izquierdistas posteriores contribuyen a explicar Laactitud represiva del
gobierno militar desde mediados de 1925. Durante los siguientes dos
años, a medida que el control del gobierno pasaba de manera más plena
a manos de Ibráñez,la represión contra los obreros y sus organizaciones
militantes por parte del ejército y la policia se hizo más sisternitica y
concienzuda.
La ofensiva contra el movimiento laboral mamista, la más severa y
eficaz hasta ese momento en Chile, empezó en la región del salitre en
junio de 1925 (60). Allí los obreros organizados en la FOCh amenazaron

67. Emesto Wurth Rdas, lbóúez: Ceudillo enigmdtico, Santiago, 1g68, p. 18.
58. hresto que erigte cierto debate eobre este punto, véaee El Deepertar de loe llabajedorce, ju-
nio 2 de Ll25,y Ju¡üci¡, marzo 2 de lg{12.
59. Poblete Troncoso, Organizaclfn ¡i¡dic¡l (Véase nota 63), pp. ?&,??.
60. Cono parte de los preparativos, el gobierno creó una Oñcin¿ Cenhal de Servicio de Informa-
cionee Sociales. El nuevo sent¡cio de inteligencia dio inst¡r¡ccioneg a loe funcionarios de poli-

I
I
ción laboral recurriendo a medios corporativos formales. Creó una cen-
tral obrera gobiernista, instaló amigos en las posiciones directivas de los
sindicatos controlados por el régimen e inüentó asegurarse la lealtad de
los üderes y de las bases otorgándoles beneficios maüerialespalpables.
Comparados con el alcance de similares esfuerzos realizados por Perón
en Argentina veinte años más tarde, los de Ibáñez parecen modestos y
carentes de entusiasmo (61). Pero en el ambiente creado por la represión
política y l¡aexpansión económica garantizada por los préstamos extran-
jeros, que hicieron de la inversión norteamericana en Chile la más gran-
de de Suramérica hacia 1930, la política laboral de lbáñez parecía ser
efectiva.
Para 1928 la izquierda había sido derrotada y sus otrora poderosas
organizacionessindicales y políticas virtualmente destruidas. Pocos hu-
biesen podido predecir que en el lapso de una década la izquierda crea-
ría una central sucesora de la FOCh aún más poderosa, construiria dos
partidos marxistas de masas cuya influencia sobrepasaúa la del Partido
Comunista a mediados de los años veintes y entraria a conformar una
coalición de centreizquierda llamada Frente Populiar, que lograría el
control del gobierno en 1938.

TNAYECTORIA
DELA IZQI'IERDACHILENA

Un repaso de las propuestas de reforma laboral de los años veintes, así


como de los tumultuosos doce años, entre 1919y 1932,en los que aqué-
Ilas fueron redactadas, combinadas, promulgadas e impuestas, revela

clas locales para que enviagen üstas de todag las organizaciones que participaran en "actos
sociales, huelgas o movimientos obrcros", aei como de todos los miembros y dirigentes de
tales organizaciones "con indicación erpreea de loe que sean ertranjerns y de los que se dedi-
quen a la propaganda de ideas contrarias al orden establecido haciendo indicación especial de
los sindicalistas revolucionarios, de loe anarquistas, sovietistas rusos y peruanos, etc.". El
Deepertar de los Trabaiadoree, mayo 14 y 31 de 1925.
61. René Montero Moreno, Confeeiooeapollticas, Santiago, 1959,pp. 53-54.
cada parte logró aprovechar elementos del acuerdo en pro
propia clase, cada una estaba comprometida en una forma
pondría en claro mucho más tarde.
Dos tendencias principales definen los cuatro decenio
económicachilena después de 1930, cada una profundamen
da por cambios acaecidosen el sistema capitalista mundia
ro, la depresión mundial y la guerra destruyeron la econom
y luego contribuyeron a consolidar en su lugar una nueva
portadora de minerales, estructuralmente similar, alreded
Segundo, la ruptura de la división internacional del trabqjo
de 1930 a 1945 estimuló el proceso de industrialización nac
le. Para el final de ese período, la manufactura se había con
sector más importante de la economia doméstica. Los dos c
lados ocurrieron dentro de un rnarco de estancamiento agr
racteristica de la economia chilena que daüade la década d
si no de antes. Durante los dos primeros decenios del pe
1950más o menos, el valor de la producción exportadora y m
ra se recuperó lentamente del nadir de la Gran Depresión.
producción y el consumo per cápita sobrepasaronfinalmen
canzadoen las postfimerías de los años veintes. En las do
guientes, entre 1950y 1970, en la medida en que la població
creciendo, la economia en su conjunto se estancó. Las exp
cobre se nivelaron y la industria manufacturera solo registró
cimiento. Tales tendencias revelaron la incapacidad de la e
lena para responder favorablemente a una nueva fase de la
sistema capitalista mundial (63). Después de la Segunda G

62. I.os cambios estructurales en el sistema económico mundial a parti¡ de 1930


sociales, poüticas e ideológicas que a nivel mundial los acompañamn- son
más sistemática en el capítulo sobre Argentina y, con ñÁs detalle, en los ca
t nezuela y Colombia. En estos palses el movimiento obrero del sector erpo
t, má¡ima influencia sobre el curgo de la vida nacional a partir de 1930.
Pa¡a la i¡formación económic¿ de egta sección me he basado en gran part€
tura material y humana que requerla el procesode desarrollo capitaüsta.
Por último, las exportaciones primarias sigUieron generando una parte
considerable de los ingresos públicos que permitían al gobierno expan-
dirse a fin de coordinar una economía cada vez más compleja y proveer
servicios socialesa una sociedad civil cada vez más urbana y organizada.
Las cuatro décadas pasteriores a 1930 definieron asimismo un com-
pleto periodo hisüorico en lia evolución del movimiento obrero chileno.
Toda la etapa se caracterizÓ por el resurgimiento de organizaciones
obreras marxisüasy por el creciente avance electoral de los partidos de
izquierda. Dichas tendencias poüticas fueron moldeadas por cambiantes
corrientes politicas e ideológicas en el seno del sistema mundial. Como
en la esfera económica, se desarrollaron en dos fases distintas, separa-
das por la línea divisoria histÓricade mediados del siglo.
En la primera fase, la organización obrera se extendió bajo las res-
tricciones y oportunidades de Ia compleja estructura institucional im-
plantada en Ios años veintes. En general, dicha estructura demostrÓser
efectiva para limitar eI poder econÓmicodel movimiento obrero chileno,
primordialmente a través de leyes que restrinSían, al nivel de empresas
individuales, Iia organización y Ia contratación colectiva, separaban a
obreros y empleados en diferentes tipos de sindicatos y limitaban el re-
curso legal de la huelga. Esta debilidad en la esfera económica privada
obligó a los trabajadores a buscar compensación en la esfera poütica
pública, una estrategia que se hizo cada vez más viable por los éxitos
ólectorales de los partidos de izquierda' Al mismo tiempo grupos organi-
zados de marxistas comprometidos en el seno del movimiento laboral
manipularon varios aspectos corporativos de la legislación laboral con el
fin de ampliar la base organizativa de los trabqiadores y asegurarse el
control delos sindicatos. La sindicalización obligatoria' una vez que hu-
biese votado a favor elííVo de la fuerza laboral en una planüadetermina-

Sl¡nta Cruz, Chile, un c¡¡o de dea¡r¡ollo Éustrado, Santiagp, 1969; y Ma¡&og J' l'{emal¡ki¡,
lte growtb and ¡tructu¡e olthe Gtilecn econon¡ New Haven, 1976.
energías y los recursos de los sindicatos, los tornaban dependie
pericia de los profesionales de clase media de los partidos m
favorecían el surgimiento de líderes reacios a innovaciones tale
control obrero. Esta última tendencia probó ser fatídica cua
mente hubo oportunidades para innovar bajo el gobierno mar
llegó al poder en 1970(64).
Entre tanto, consecuentescon las tendencias geopolíticas e
cas vigentes en el mundo después de 1930, los partidos ma
aliaron electoralmente con elementos de la burguesía naciona
ses medias. El programa del Frente Popular y sus inmediatos
giraba en torno al apoyo del Estado al crecimiento industrial y
sión de los serviciossociales.Durante una década, a partir de
partidos marxistas disfrutaron de una participación minorita
gobierno. Inicialmente, pudieron utilizar dicho accesoal poder
do para ampliar la base institucional de los trabajadores orga
promover el desarrollo de la industria nacional y el bienestar m
su electoradourbano de obrerosy elementosde la clasemedia.
rode sindicatosse elevó de cerca de 635 a 1.880entre 1935y 1
afiliadospasaronde 78 mil a 162mil en el mismo lapso. En 193
te Popular logró establecer una corporación de desarrollo
CORFO, para coordinar y promover el desarrollo económico. L
fue concebiday respaldada por la izquierda, mas la idea origina
recer la industria pesada y financiar la entidad con impuestos
fracasópor la oposición de Estados Unidos y financiación presta
Export-Import Bank. El apoyo gubernamental al alza de sal
ampliación de los servicios sociales para los sectores urbanos
expandir el mercado interno para la industria nacional durant
meros años de la década de los cuarentas.

64. Eeta evaluación de los efectos de la legislación sigue de cerca la de Alan Angeü,
ücoe y movinbnto ob¡ero e¡ Chile, Mérico, l9?4. Sobre el control obrero bajo e
h Unid¿d Popular véaee Jua¡ G. Eepinosay And¡es S. Zimbdist, Econonic dem
Ler partieipaüon in Chile¡¡ l¡duetry, 1yf0-1973, Nueva York, 1978.
ingreso empeoró en los años cuarentas. Esta fase culminó con la ofensi-
va poütica e ideológica del capitalismo a escala mundial en la posguerra
contra los trabajadores organizados y la izquierda. Dicha campaña divi-
dió las insütuciones sindicales y políticas marxistas de Chile y culminó
con la represiónsistemáticadel Partido Comunistaen 1949(65).
Durante el segundo peúodo, la izquierda reconstruyó su base institu-
cional y recuperó su impetu revolucionario en lo político y en lo ideolósi-
co. Modificó su compromiso con las limitantes legales del sistema de
relaciones laborales y las huelgas ilegales sobrepasaron con creces las
legales. Muchos empleados públicos fueron organizados, desafiando la
ley. La izquierda conservó su compromiso con la industrialización y el
camino electoral hacia el socialismo, pero se abstuvo de compromisos
fundamentales con los sectores dominantes del sistema capitalista. Ac-
tuó vigorosamente en procura de la organización del proletariado rural y
empezb a enfatizar Ia imporüancia de la transformación agrícola para
alcanzarsus metas desarrollistas y redistributivas.
La nueva combatividad de la izquierda chilena impidió el desarrollo
vigoroso del capitalismo dependiente, amparado por la inversión extran-
jera, después de 1950.Las compañíasde cobre de propiedad norteameri-
cana, enfrentadas a sindicatos manristas que constantemente incremen-
taban sus exigencias por salarios y beneficios complementarios, y aboca-
das a niveles cadavez más altos de impuestos estatales directos e indi-
rectos insistieron en un "nuevo trato" como condición para realizar nue-
vas inversiones. En'los años cincuentas, las políticas gubernamentales
tendientes a suavizar lia carga impositiva de las compañías del cobre se
convirtieron en un explosivo asunto público. En los sesentas, a medida

66. Mucha de la información polltica de esta sección es tomada del impresionante estudio de Paul
Drate, Socidi¡m and populiem in Chile, lg32-52, Urbana, 1978. Brian loveman, Struggle in
the countryeide, Bloomington, 19?6, desarolla el tema del sindicalismo rural con particular
intengid¡d. Una convincente slntesis de la ofeneiva de posguera-, dirigida por Estados Uni-
doe, contra el movimiento obrero ma¡¡igta en América l¿tina es Hobart Spalding, Organized
l¡bor i¡ l¡tin Anerica, Nueva York, 1977,C.6-
su dinero a otra par0e(66).
En Ia medida en que la combatividad de los obreros organizados y los
partidos marxistas ponía en peligro el desarrollo del capitalismo depen-
diente, aquéllos ganaban cada vez más respaldo para sus politicas entre
los trabajadores y el electorado. Durante los años sesentas,Ios marxistas
empujaron más hacia Ia izquierda todo el espectro político de Chile. En
1970dominaron la coalición de la Unidad Popular que consiguió elegir al
socialista Salvador Allende a la presidencia. Tal victoria les permitió lle-
var a la práctica muchos aspectos del programa estatista, nacionaüsüay
de bienestar social inicialmente formulado en los años treintas. Los mar-
xistas estimularon la sindicalización, sacaron adelante un alza significa-
tiva en los sal¡ariosreales y ampliaron considerablemente los servicios
sociales. Nacionalizaron el sector exportador de minerales, las grandes
empresas manufactureras y los bancos. Dichas medidas estimularon la
producción e incrementaron notablemente el bienestar material del
gnreso del pueblo chileno. Pero la demanda creciente superó la capaci-
dad productiva del país en la medida en que los capitaüstas locales y ex-
tranjeros sacabansu dinero o saboteaban la producción, y las exigencias

66. Un estudio realizado a ñnes de los años s€eentaa concluía que el estancamiento económico de
Chile a partir de 1950 no era principalmente el resultado de un mercado reducido, una severa
inflación, la falta de capital, el control de precios o las regulaciones bu¡ocráticas. Todos estos
factores contribuye¡on, p€ro la raíz del agunto era que "los hombres de negocios chilenos ac-
túan sobre Ia base de que el eistema de empreea privada (capitalismo) e¡td luchando por so-
breüvir". Stanley M. David, "The politics of organizational underdevelopment: Chile", en
Stanley M. Davis y louis Wolf Goodman, compiladores, !9orker¡ and managers in Loti¡ Ane-
rica" I¿rington , L972, p,286. Sobre los obreros del cobre véase eepeci¡lmente Jorge Barria
S., Loe sirdicstos de la grcn ninerl¡ del cobre, Santiago, 1970; sobre la polftica cuprifera véa-
se Theodore Moran, Multin¡üond cor¡roratione and the politice of dependence, Princeton,
19?4. El papel del movimiento obrero destacado en este párrafo está amplinmente documenta-
do en la üteratura contemporánea sobre Chile, aunque pocas veees ha sido expücitamente
reconocido. Hacerlo hubiera sido impoütico y hubiera implicado ¡omper un tabú implicito en
la Nstoriografia dominada por la izquierda chilena y sus sinpatizantes en el extranjero, quie-
nes han preferido culpar de manera exclusiva a log antagpnistas de clase del movimiento obre-
ro por el fracaso económico de estas décadas.
alü donde empezaron bajo el gobierno de Carlos IbÉrñez:la dictadura mi-
litar, la violenta represión a la izquierda y el retorno a las políticas econG
micas y socialesdel überalismo ortodoxo.

LA PARADOJA
DELA MODERNA
HISTORIA
DECHN,E
Una reseña de las tendencias económicas y poüticas desde 1930 nos
muestra, entonces, una paradoja central de la historia moderna de Chile.
Fue la fortaleza misma del sindicalismo marxistay de la izquierda lo que
engendró y nutrió su g¡an debiüdad: el compromiso con un orden legal e
institucional burgués y la creencia en una vía electoral al sociaüsmo. Los
términos de la paradoja estuvieron enmarcadospor las fuerzas humanas
que generó la estructura exporüadora.La economía del saütre permitió a
los obreros vinculados a la producción exportadora forjar una concepción
autónoma y clasista del mundo en el que vivían. Al mismo tiempo, dicha
concepción se hizo llamativa para otros sectores de la sociedad chilena.
Fue el atractivo de esta concepción, materializada en un poderoso e in-
surgente movimiento obrero, lo que obligó al capital a hacer imporüantes
concesionesy lo que provocó la restrucüuraciónde las instituciones polí-
ticas del país entre L924y 1925.Durante el siguiente medio siglo, el sin-
dicalismo marxista y la izquierda cifraron todas sus energias en voltear
ese compromiso histórico a favor de la clase obrera. Persistieron en este
formidable empeño porque, a pesar de todos los compromisosy todos los
reveses, finalmente lo lograron.
El éxito del sindicaüsmo marxista y de la izquierda dependió de su
capacidadde colocar al servicio de los intereses organizativos e ideológi-

6?. El gobierno de la Unidad Popular ha sido objeto de centena¡eg de libroe y artlculos, pero qui-
zás el más exitoeo en captar los logros, el estilo y las debüdades del rÉgimen fue uno de log
prineros: New Chile, publicado por el North A¡nerican Congress on latin Anerica, NACLA,
Berkeley, l$Jt. $us¡6g ¡náli¡is de los factores que rodearon el auge y ta cairla del gobierao se
halla¡ en Arturo Valenzuela y J. Samuel Valenzuela, ediüores, Ctile: Poüücs a¡d eociety, New
Brunewich, 19?6.
ción a la crisis, asi como un compromiso general con los principios de
estatismo, nacionalismo económico y bienestar social que adaptaron de
la filosofia y el programa de la izquierda. Entre tanto, los activistas e in-
telectuales de la clase media fundaron nuevos partidos "socialistas" de
izquierda y de derecha, algunos de los cuales se fusionaron en 1933 en
un nuevo partido político destinado a desempeñar un importante papel
en la historia de Chile. El Partido Sociaüsta adoptó una explícita ideolo
gia marxista y un radical prograrna de nacionalismo económico y refor-
ma social aunque, como Drake ha demostrado, fuertes corrientes ideolo-
gicas corporativas, y estilos y estrategias "popuüstas" caracterizaron a
la dirección del partido durante los años cuarentas. Movimiento de clase
media, en un principio, con respaldo significativo entre los militares, el
Partido Socialista amplió su base obrera apoderándosede muchos de los
sindicatos legales débiles que había formado Ibáñez y atrayendo a sus
filas a muchos lideres obreros anarquistas y comunistas desafectos. Des-
pués de 1950, a medida que la represión contra la izquierda se intensifi-
caba y la economia se estancaba, el partido derrotó a los elementos re-
formistas y corporativistas en su seno y adoptó una posición nr¡is consis-
tentemente marxista, lo que a menudo lo colocó a la izquierda del Parti-
do Comunista.
El colapso de la economía exporüadorade salitre provocó una consi-
derable radicalización del movimiento obrero chileno; socavó Ia legitimi-
dad y la viabilidad de los sindicatos legales y corporativos que Ibáñez
habia formado; arrojó a millares de radicalizados mineros a las explosi-

68. Pa¡a 1932 el valor de las erportaciones chilenas atcanzó r¡n octavo del nivel de 1929 y sus irn-
portacionea una quinta parte de dicho nivel. Solo el valor de lae erportacioneg de salitre cayó
de rrós ds mil millo¡ss de pesos (a 40 por übra esterlina) en 1929 a menog de 60 millones de
pesos en 1932. r+s exporüaciones de cobre, que habhn aumentado desde la Primera Guerra
Mundial hasta llegar a -ás de I¡ mitad del valor de las erportaciones de salitre a ñnes de los
años veintes, cayer¡on a comienzos de los años heintas a rrna cua¡ta parte de los niveles ante-
riores a la Depresión. Un cuidadoso estudio de l¿s tendenciss económicas, fiscales y noneta-
rias dwante la década de 1930 es P. T. Ellsworth, Chile: A¡ eorrnomy in traneiüon, Nueva
YorL, 19{5.
facturero. El primero de estos fenómenos reforuíla ideología radical y el
legado institucional de la era del salitre; el segundo amplió considerable-
mente la importancia del proletariado industrial urbano en la vida econG
mica y política de la nación. En muchos aspectos fundamentales la in-
dustria del cobre era estructuralmente similar a la del saütre. Muy inten-
siva en capital y dependiente de una tecnología altamente sofisticada
para procesar minerales de baja eradación, la industria del cobre estaba
aún más dominada por el capital extranjero que antaño Laproducción de
salitre. También se hallaba más concentrada. En los decenios posterie
res a 1930, tres minas de propiedad norüeamericanacontrolaban alrede-
dor de 9OTode las exporüacioneschilenas de cobre. En el mismo peúodo,
las exportacionesdel mineral aportaban más de la mitad de las divisas y,
directa o indirectamente, cerea de una cuarta paÉe de los ingresos del
gobierno. Luego de tenaces luchas dirisidas por la FOCh en los años
I
I
veintes y por los militantes socialistas y comunistas en los treinüas, los
l
obreros del cobre lograron organizarse en sindicatos poderosos, dirigi-
dos por marxistas. Desde fines de la década de 1930, los obreros del ce
bre han desempeñadoun imporüante papel en el movimiento obrero y en
la vida poütica del país.
Los partidos marxistas también usaron muy eficientemente la in-
fluencia radicalizadora de Laeconomia exportadora de cobre para llegar
a otros sectores. Al ieual que la economía del salitre, la del cobre consti-
tuía un casoclásico de enclave extranjero que extraia mineral, explotan-
do y exportando un recurso natural no renovable. Ejercía asimismo muy
escasainfluencia positiva y directa sobre el proceso de desarrollo econG
mico. Debido a su naturaleza intensiva en capital, a la propiedad extran-
jera y a una fuerza laboral relativamente reducida, no promovía la acu-
mul¡aciónde capital ni la diversificación económicade Chile. Lo que hubo
de acumulación de capiüaly diversificación económica se debió al grava-
men de las gpnancias de la industria por medio de esquemas tributarios
del gobierno, impulsados por las coaliciones poüticas influenciadas por
la izquierda. En vista de que el capital extranjero reaccionó a estas impo-
siciones sobre sus ganancias recortando la inversión y exigiendo conce-
a los obreros manufactureros y finalmente
movimiento obrero organizado. De esta manera la
ción de Trabajadores Chilenos, a finales de los año
rentas ligó a los mineros y a los transportadores con
ro del sector manufacturero en crecimiento. Por últim
tral Unica de Trabajadoresde Chile, fundada en 195
sos sindicatos de empleados, especialmente del sect
la organización en la minería y la industria manufac
sesentas,empezó a incorporar a los obreros rurales.
Los logros organizativos del movimiento obrero
1950,asi como los éxitos electorales de los partidos m
en parte al fracaso de la economía exportadora en p
rectamente, lia expansión capitalista y el desarrollo
que la producción exportadora se estancó y se alcan
la industrialización por sustitución de importaciones
directamente el poderío y los propósitos mamistas d
ro organizado y la izquierda, más y más grupos soc
puestos a compartir la concepciónmamista de los pro
Dichas percepciones fueron reforzadas por el crecie
del sector manufacturero de la economía chilena a p
resultado, cuando el gobierno de la Unidad Popular p
zaciiln de la industria del cobre como primer paso pa
trol nacional sobre la economía y fomentar el desa
consenso de respaldo al plan fue tan grande y amp
solo senador en una cámara todavía dominada por pa
que se atreviera a depositar un voto negativo. Y cuan
cedió a nacionalizar una parte sustancial del sector m
vo considerable apoyo popular.
Fue así como, después de 1930, la izquierda logró
promisos y concesionesinstitucionales de los años v
político de la clase obrera. En esta forma ¡ninó la he
miento económicoliberal y menguó el potencial del d
dependiente de Chile. Sin embargo, todo esto lo c
cionales, la Unidad Popular adoptó una
que retribuía materialmente a la clase obrera a costa de sumir en eI caos
el conjunto de la economía nacional. Las mismas preocupaciones, así
como i. *tg" de una burocracia partidista y sindical orgullosa de sus
logros y celosa de su poder, hicieron al gobierno mortalmente hostil a los
exlperimentos de participación y control obreros, especialmente en la
vital industria del cobre. En un sentido más profundo, sin embargo, ta-
les debilidades revelan el precio ideológico pagado por }a izquierda des-
de 1930: aceptaciónsin cútica de la ortodoxia mamista que sostenía que
el capitaüsmo, al engendrar al proletariado, inevitablemente asegpraba
la transformación sociaüsta de la sociedad. De hecho, como la historia de
otros países y de Chile, desde 19?3, lo demuestra tan claramente, esto
noes óierto, al menos en el corto lapso de tiempo en el que los activistas
politicos tienen que trabqjar. La visión mamista, que demostró ser tan
compatible con la experiencia de los obreros en la producción de minera-
les y tan atractiva para otros sectores de la sociedad chilena' no era un
t"rúltudo ni natural ni inevitable del desarrollo capitalista en sí. Fue la
consecuenciade percepciones sociales de un conjunto único de circuns-
tancias ecológicas, económicasy políticas condicionadas por el peculiar
desarrollo, orientado a la exportación, de Chile. En vez de probar el sig-
nificado cultural universal de tan exce¡rcionalexperiencia histórica y es-
forzarse por hacerlo comprender en la práctica a todos los obreros, la
izquierda simplificó las razones de su atractivo histórico y fue incapaz de
apieciar plenamente los costos de su éxito histórico. En este sentido, fue
una malainterpretación de su pasado lo que llevó a la izquierda a la tra-
gedia de 19?3.
sin embargo, al fracasar, la izquierda obligó al capital a echar por |a
borda el sistema überal en politica y relaciones industriales gue, a falta
de un desarrollo económicosostenido, era la principal fuente de legitimi-
dad de la clase dominante. Dio así un paso decisivo, aunque incierto, en
la consecuciónde la transformación social prevista por pequeños 8¡upos
de obreros miütantes del saütre en los primeros años del siglo. En sep'
tiembre de l9?3 quedó al desnudo, de manera trágica, la gran paradoja
como en el de su habilidad utilizar el
tural e institucional de los obreros de la era del salitre p
fuerzas económicasy políticas domésticas en beneficio d
úa del pueblo chileno. El éxito de este gran proyecto de
,t' te, al igual que en el pasado, de la salud y la estructura d
talista mundial. A comienzos del decenio de 1980, la sa
tema se ponia seriamente en duda, y las tendencias estr
convertido, en cierto modo, el conjunto de l¡a economia
empresa agobiada por las deudas, análoga en muchos s
claves minerales del pasado. Es en este sentido que, aun
tas ahistóricos y elitistas predicen un futuro desolado p
democráticosocialista de La clase obrera chilena y los
quierda, los estudiososde la historia del movimiento obr
contexto del sistema económico mundial se pueden p
optimistas(69).

69. Estas üneas, asl como eI grueso de este ensayo, fueron escritos en 19
"Exports, Labor, and the Left: An Essay on Twentieth-Century Chilea
Paper No. 9?, The Latin American Program, The Wileon Center, Washin
medida que la crisis económicamundial y chilena se profundizaban, los
varon a una ampüa coalición de gn:pos socialesa desafiar masiva y prlbü
ra miütar implantada en 1973.En momentos en que este libro va a la im
actual régimen castrense,con sus polfticas de ortodoxia económicaüber
repudiado al igual que la dictadura de Ibáñez media centuria atrás y qu
luego de otro prolongado eclipse, renacerá.
I CAPITUW 3. ARGENTINA

•• Sr. Buelde,.: Puesto que Argentina. anda en problemas, comienzo preguntándole:

¿hay algo, señor Borges, distintivamente argentino en tales problemas?

"Sr. Borges: Bueno. no sé. Conozco muy poco de polltica. pero pienso que ahora

tenemos el gobierno apropiado. un gobierno de caballeros, no de rufianes. No creo

que estemos maduros para la democracia todavia. Quizá en cien afi,os o más...

"Sr. Bueldey: ¿Por qué? ¿Es algo distintivo de los argentinos? ¿Distintivo del He­

millferio? ¿Distintivo de qué?

"Sr. Borges: No puedo declrselo, puesto que conozco mi propio Pals y estoy muy

desconcertado por él. Desearla comprender mi pala. Solo puedo f1IIl8rlo. Hago lo que

puedo por él. Pero no pretendo comprenderlo. No soy historiador" .

Entrevista en FiriDg Line.


Buenos Aires. febrero lo. de 1977
1
EL ENIGMA DE LA HISTORIA ARGENTINA

Dos grandes eniimas preocupan a los estudiosos de la·historia moderna


de Argentina. El primero radica en la paradoja del desarrollo económico
del pais: ¿Cómo y por qué la economía de mas rápido crecimiento y mas
desarrollada de América Latina a comienzos del siglo XX prácticamente
dejó de expandirSe a partir de los años cincuentas? El segundo concierne
a la evolucibn politica de Argentina. El enigma se expresa de diversas
maneras, pero siempre se pentra en los origenes y durabilidad del pero­
nismo. Este movimiento popular, corporativista y nacionalista de dere­
cha ha afectado todos los aspectos de la sociedad argentina desde los pri­
meros años de la décadá deJos cuarentas. El peronismo distingue de
manera radical la historia politica·de Argentina de las de todos los demás
paises latinoamericanos (y, en efecto, de -18, de Occidente, en su conjun­
to) en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Ambas cuestiones se hallan tan íntimamente interrelacionadas, que
ninguna de las dos puede ser comprendida por separado. Sostengo en
este ensayo que una plena comprensión de cada una, así como de los
vínculos que las unen, debe empezar con un examen de la evolución de
un movimiento obrero moldeado por la estructura única de la economía
exportadora del ganado y los cereales.

[ 115 ]
116 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

ARGENnNA ANTES DEL AUGE EXPORTADOR


El área que se convertiría en el corazón de la moderna economia exporta­
dora de Argentina -la plana y fértil pampa que se extiende hacia el
interior desde el puerto de Buenos Aires por cerca de 500 kilómetros
(Véase Mapa3.1)- no fue colonizada hasta finales de la época colonial.
Durante millones de años la acción del viento y de las aguas depositó
lentamente el sedimento -en Buenos Aires con más de 300 metros de
profundidad- que cubrió la base graIÚtica de una de las más antiguas Tucu
masas de tierra del planeta y fonnó la vasta planicie sin árboles que los
españoles "descubrieron" en el siglo XVI (1). Habitada solo por peque­
ños grupos de indígenas combativos y nómadas, y por las manadas de ARGEl
caballos salvajes y cabezas de ganado cimarrón descendíentes de los ani­
males traídos al Nuevo Mundo en los barcos españoles, la pampa resistió
Córdo
las débiles incursiones de los hispanos hasta fines del siglo XVIll. La
colonización española se limitó durante el período colonial a lo que hoy
constituyen las provincias noroccidentales de Argentina. Alli crecieron
granjas y poblados que suministraban alimentos, mulas y manúfacturas
para las minas de plata del Alto Perú. Tan solo cuando la economía mun­
dial pasó del capitalismo mercantil al industrial, a comienzos del siglo
xvm, con los reajustes geopolíticos que dicha transición produjo, la re­
gión central de Argentina se tornó estratégicamente importante para los
europeos. A medida que el poderio comercial y marítimo de Inglaterra
socavaba el mercantilismo español en el Nuevo Mundo, el puerto de
Buenos Aires, situado en la desembocadura de la cuenca del Río de la
Plata, se benefició del reordenamiento de las rutas comerciales. Entre
tanto, las regiones del interior respondían al creciente mercado mundial
de productos ganaderos (2). Tan importantes cambios económicos halla­
.~
ron exp~esión política, primero, cuando la corona española decidió en
1776 crear el Virreinato de la Plata, con Buenos Aires como su centro
administrativo, y segundo, cuando los importadores y exportadores del
puerto aprovecharon la declaración de Independencia en 1810, y la pro­
longadá guerra que resultó en el establecimiento de la hegemoIÚa britá­
nica sobre toda la economía del Atlántico a partir de 1815 (3).
Después de la Independencia, el poder económico y político de los
exportadores e importadores liberales de Buenos Aires demostró ser

1. Una buena introducci6n a la geografía argentina, asi como a la de otros países reseñados en
estellbro, es el estudio clásico de Preston James, Latin America, 3a. ed., Nueva York, 1959.
2. Entre éstos se destacaban pieles y sebo, despachados a las economías industriales del Atlántico
Norte, y carne cecina para alimentar a los esclavos que producian azúcar en Brasil y el Caribe
para los mereados europeos. Mapa 3.1. Argentina. Ubi
3. Para el impacto del reordenamiento de la economía mundial en el siglo xvm y comienzos del cerca de Buenos Aires.
XIX en las colonias iberoamericanas en general y en el virreinato de La Plata en particular, véa­
se Tullo Halperín Donghi, Historia contemporáDea de Latinoamérica, Madrid, 1970¡ y Richard
Graham, Independence in Latin America, Nueva York, 1972.
ARGENTINA 117

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le Mapa 3.1. Argentina. Ubicación del territorio de la pampa y la zona de los frigoríficos
cerca de Buenos Aires.
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118 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

insuficiente para ejercer control sobre el resto del antiguo virreinato. Las teras del norte no C(
áreas periféricas se separaron y se convirtieron en las naciones indepen­ político para cumpl
dientes de Paraguay, Uruguay y Bolivia. En el área restante, la Argenti­ estaba inicialmentE
na moderna, las diferentes economías regionales entraron en un largo y especulativa. Solo e
penoso período de ajuste a los imperativos y oportunidades de la econo­ do en la nación cap:
mía capitalista mundial, que poco a poco tomaba forma bajo la hegemo­ sarrollo tecnológico
nía británica. La pérdida de los tradicionales mercados del AltoPeru y la posible el desarrolll
competencia de importaciones de manufacturas baratas canalizadas a según palabras del
través de Buenos Aires desde el Atlántico Norte, sumieron el noroeste y ghi, hubo' 'una larg
el centro de Argentina en un prolongado período de decadencia econó­ Desde mediados
mica, dislocación social e inestabilidad política que convulsionó el país con creciente rapide
hasta mediados del siglo. Las luchas políticas y mílitares no se resolvie­ potencial exportado]
ron completamente sino con la nacionalización del puerto de Buenos escenario de un pro
Aires, en 1880 (4). cedentes en cuanto I
El complejo, prolongado y a menudo sangriento proceso del reajuste so transformó la estl
político de Argentina al nuevo orden mundial, en la primera mitad del país. Modificó elle]
siglo, contrasta agudamente con la consolidación relativamente suave condiciones estructl.
del consenso entre las clases dominantes y de un gobierno estable y cen­ grande movimiento 4
tralizado que se operó en Chile en el mismo período. En la base de este
proceso político, ,que el gran polemista liberal argentino del siglo XIX,
Domingo Faustino Sarmiento, inmortalizó como una lucha épica entre LA PROMESA DEL DES
las fuerzas de la "civilización" y la "barbarie" por el control del destino Durante ochenta añe
de la nueva nación (5), habiados rasgos estructurales de la economía po­ mentó un período de
lítica argentina que no se dieron en Chile. El primero fue la existencia de
ción, con muy pocos 1
una economía regional en el interior, incompatible con la división inter­
obra Essays on the 1
nacional del trabajo que surgía en la economía mundial; el segundo fue
fuente más importar.
la incapacidad de la economía costera, atada al nuevo orden, para desa­
rrollar la capacidad exportadora de Argentina en la primera mitad del gentina moderna, esl
siglo XIX. La integración de la economía argentina y el fortalecimiento la media centuria qu
de la hegemonía cultural y política de una clase dominante unificada dial, el producto nací
sobre el resto de la sociedad dependian del desarrollo de una economía anual de 5 % o más ('
exportadora dinámica. Mas dicha economía tendría que aguardar a que agregadas confiables
evolucionaran los mercados y sistemas de transporte del Atlántico Nor­ Cortés Conde ha acUl
te, se materializaran las trasferencias masivas de capital, tecnología y tructura de la expans
irregularmente en laB
mano de obra desde Europa, y surgiera un fuerte Estado liberal capaz de
nas de cueros, sebo, 1
preservar el orden interno y cumplir con las obligaciones financieras in­
ternacionales. Después de la Independencia, los comerciantes y los pro­
ductores y procesadores de ganado de Buenos Aires y las provincias cos­ 6. La frase es el título del Ca
7. Carlos Díaz Alejandro, &
1970, pp. 2-3. La dimensi.
mulante y rica. Constituy.
4. Estos procesos, descritos de manera muy general aquí, son cuidadosamente analizados en pos coloniales hasta los ro
obras especializadas por Myron Burgin, Economic Asped8 of Argentine Federalism, 1820· do M. Ortiz, Historia ecol
1852, Cambridge, USA, 1946, YTullo Halperín Donghi, Politics, Economics, and Society in the tiene una introducción crll
Revolutionary Period, Cambridge, Inglaterra, 1975. en Roberto Cortés Conde 3
5. En Facundo, Santiago, 1845. tory, 1830-1930, Berkeley,
ARGENTINA 119

teras del norte no contaban ni con los recursos materiales ni con el poder
político para cumplir con tarea tan formidable. Es más, Gran Bretaña
estaba inicialmente interesada solo en los mercados y en la inversión
especulativa. Solo cuando el proceso de industrialización hubo madura­
do en la nación capitalista dominante, la acumulación de capital, el de­
sarrollo tecnológico y la reorganización de la economía interna hicieron
posible el desarrollo del potencial exportador de Argentina. Mientras,
según palabras del eminente historiador argentino Tulio Halperin Don­
ghi, hubo "una larga espera" (6).
Desde mediados del siglo, sin embargo, primero lentamente y luego
con creciente rapidez e ímpetu, Argentina comenzó a realizar su enorme
potencial exportador. La "Civilización" triunfó y la pampa argentina fue
escenario de un proceso de crecimiento económico y desarrollo sin pre­
cedentes en cuanto a alcance y duración en América Latina. Dicho proce­
so transformó la estructura económica, demográfica, social y política del
pals. Modificó el lenguaje y la cultura del pueblo argentino. Y creó las
condiciones estructurales para el desarrollo, en el siglo XX, del más
grande movimiento obrero organizado de América Latina.

LA PROMESA DEL DESARROLLO ECONOMICO ARGENTINO

Durante ochenta años, a partir de 1850, la economía argentina experi­


mentó un periodo de crecimiento económico, dinamizado por la exporta­
ción, con muy pocos paralelos en la historia. Carlos Díaz Alejandro, cuya
obra Essays on the Economic History of the Argentina Republic, es la
fuente más importante de información y análisis sobre la economía ar­
gentina moderna, estima que durante la parte más dinámica del periodo,
la media centuria que precedió el estallido de la Primera Guerra Mun­
dial, el producto nacional bruto pudo haber crecido a una tasa promedio
anual de 5% o más (7). Infortunadamente no se dispone de estadísticas
agregadas confiables. Pero el historiador económico argentino Roberto
Cortés Conde ha acumulado información que indica la magnitud y la es­
tructura de la expansión antes de 1914. Después de crecer muy lenta e
irregularmente en las décadas de 1820 y 1830, las exportaciones argenti­
nas de cueros, sebo, lana y carne empezaron a expandirse rápidamente a

6. La frase es el titulo del Capitulo S de su BJs10ria contemporánea, citada en la nota 3.


7. Carlos Diaz Alejandro, E_J.on ibe Economic Hi8tor:v of ibe Argentine Republie, New Haven,
1970, pp. 2-3. La dimensión económica de este capitulo se basa mucho en la obra citada, esti­
mulante y rica. Constituyen útiles reseñas del desarrollo económico argentino, desde 108 tiem­
pos coloniales hasta los modernos, Aldo Ferrer, La economía argentina, México, 1963, y Ricar­
do M. Ortiz, Historia económica de la Argentina, Buenos Aires, 1974. Tullo Halperin Donghi
tiene una introducción critica a la literatura sobre la historia econÓmica del periodo 1850-1930,
en Roberto Cortés Conde y 8tanley J. Stein, editores, Latin America: A guide to Economic His­
tory, 1830-1930, Berkeley, 1977, pp. 44-162.
120 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
ARGENTINA

fines del decenio de los cuarentas y comienzos de los cincuentas. Luego, res contemporáne<
entre 1854 y 1874, las exportaciones totales, casi todas representadas en ductiva estuvieron
derivados del ganado, aumentaron siete veces. A partir de 1880, cuando pequeño de famiJ.ú
las expediciones militares limpiaron la pampa de indigenas hostiles y vincia de Buenos A
ampliaron considerablemente la superficie disponible para la explota­ terra y que abarca
ción, el veloz ritmo del crecimiento exportador se mantuvo y dio un salto parte de la tierra p
cualitativo. Entre 1880 y 1913 el valor de las exportaciones argentinas se
milias (lO). Las cal
incrementó nueve veces. Entre tanto, la participación de los bienes agri­
colas en tales exportaciones (trigo y maíz, yen menor medida lino) creció guen todavía en de
en más de 10% en 1883, más de 25% en 1890 y más de 40% en 1913. a fuerzas geográ!i(
Tan sorprendente crecimiento se vio acompañado de una rápida expan­ resultado de las IW
sión de la red ferroviaria, muy altos niveles de inmigración extranjera, efectivamente el pI1
inversiones foráneas públicas y privadas en grande escala y el creci­ a medida que la tri
miento y consolidación del Estado argentino (8). El Cuadro 3.1 brinda posiciones no son 4
relativa, parece ciel
una idea de la velocidad y el alcance de tales cambios.
la tierra, asi como b
deros (algo que se E
CUADR03.l
antes de la gran ex
INDICADORES DEL CRECIMIENTO ECONOMICO DE ARGENTINA, 1880-1913 Dicho patrón ha con
Indicador 1880 1890 1902 1913

Exportaciones (pesos oro) 58.381.000 100.819.000 179.487.000 519.156.000 significativo de subdivi


Importaciones (pesos oro) 45.536.000 142.241.000 103.039.000 496.227.000 de 1901. Sin embargo,·
Ingresos del gobierno (pesos oro) 19.594.000 29.144.000 62.404.000 153.692.000 tercambia los iérminoe
Deuda externa pública (pesos oro) 17.388.000 161.391.000 381.083.000 308.855.000 1916-17, Vol. 6, p. Iv.
Población 2.493.000 3.778.000 4.872.000 7.482.000 extranjeros de unidade
Area cultivada (has) 1.156.000 2.996.000 9.115.000 24.091.000 pequefias unidades; en:
del área poselda. Véarui
10. Jacinto Oddone, La bw
Fuente: Adaptado de Roberto Cortés Conde, The First Stalles of Modemization in Spanish Ame· 69.
rica, Nueva York, 1974, Tablas 6-20 y 6·21, pp. 145-46. 11. Estas dos posiciones va
la éJite latifundista arp
sados en adquirir tiemI
En términos estructurales, la economía exportadora de trigo y pro­ para favorecer sus ínter
ductos ganaderos era el polo opuesto de la economía minera de Chile en el hbro citado en la l1i
descrita en el capitulo anterior. La principal diferencia radicaba en la rra de buena calidad y •
siglo XIX. Sostiene que
nacionalidad de propietarios y trabajadores en la producción exportado­ ble la ganaderia en gnm
ra. Aunque la propiedad de la tierra en manos de extranjeros no era in­ da posición. Cortés Con
reforzarlo con detallada
significante en la pampa, e incluso, probablemente aumentó al comienzo tino, Buenos Aires, 197!
del siglo, los argentinos poseían la gran mayoría de las enormes estan­ na a la agricultura en 11
cias que producían el grueso de las exportaciones del país. Los censos unidadeedeproducción
argentinos no contribuyen mucho a elucidar la nacionalidad de los pro­ dencia para demostrar u:
alguno de estos proceso
pietarios de las haciendas ni arrojan mucha luz sobre el problema de la largo del periodo.
concentración de la propiedad (9), pero todos los estudiosos y observado­ 12. Véanse loscu:idadoeosy
jarano, Haydée Goroste,¡
8. Roberto Cortés Conde, The First Stages of Modemization in Spanish Ameriea, Nueva York, lio Halperln Donghi, edil
1974, pp. 121, 123. de Gallo tiene que ver 00
9. Por ejemplo, el director del Censo Nacional de 1914 dijo que el censo ganadero reveló un grado vamente difuso de la pn:
disidente. que S08Üene q
ARGENTINA 121

res contemporáneos coinciden en que enormes porciones de tierra pro­


ductiva estuvieron concentradas en manos de un número relativamente
pequeño de familias argentinas durante los siglos XIX y XX. En la pro­
vincia de Buenos Aires, cuyo tamaño tisico es casi el doble del de Ingla­
terra y que abarca más de la mitad de la pampa, cerca de una tercera
parte de la tierra pertenecia, en 1928, a un poco más de un millar de fa­
milias (lO). Las causas de tan extremada concentración de la tierra si­
guen todavia en debate. Algunos historiadores económicos la atribuyen
a fuerzas geográficas y económicas impersonales. Según otros, fue el
resultado de las maquinaciones de la élite terrateniente que controlaba
efectivamente el proceso legal de distribución y venta de tierras públicas
a medida que la frontera se expandia durante el siglo XIX (11). Tales
posiciones no son contradictorias. Cualquiera que sea su importancia
relativa, parece cierto que el patrón de concentración de la propiedad de
la tierra, asi como la subordinación de los intereses agrícolas a los gana­
deros (algo que se examinará más adelante), se estableció muy pronto,
antes de la gran expansión de la producción exportadora de la pampa.
Dicho patrón ha continuado hasta hoy sin cambios fundamentales (12).

significativo de subdivisión de la tierra y un ereeimiento de los pequeños propietarios a partir


de 1901. Sin embargo, una lectura atenta de su interpretación de los datos muestra que él in­
tercambia 108 términOlt propiedades y explotadODeL Tercer Cenao Naekmal, Buenos Aires,
1916-17, Vol. 6, p. Iv. Los datos del censo revelan cantidades considerables de propietarios
extranjeros de unidades de producción ganadera, asi como un incremento en el número de
pequefías unidades; empero, no correlacionan la nacionalidad de la propiedad con el tamafto
del área poseida. Véanse pp. 677-91 del mismo volumen.
10. Jacinto Oddone, La burpesía terrateuieme argeDtina, 2a. OO., Buenos Aires, 1975, pp. 167­
69.
11. Estas dos posiciones van más allá del énfasis inicial en los valores culturales tradicionales de
la élite latifundista argentina, que supuestamente hacia a los grandes propietarios más intere­
sados en adquirir tierra y estat.us que en tomar dec;isiones económicas y politicas racionales
para favorecer sus interese económicos. La primera posición, desarrollada por Cortés Conde
en el libro citado en la nota 8, atribu)llna evolución de la gran hacienda a la abundancia de tie­
rra de buena calidad y a la esc:aael,.de capital y fuerza de trabajo durante la mayor parte del
siglo XIX. Sostiene que esta eombinación de factores racionalizó e hizo virtualmente inevita­
ble la ganaderla en gran escala. Jacinto Oddone es el más destacado proponente de la segun­
da posición. Cortés Conde ba afirmado su argumento en una forma más extrema e intentado
reforzarlo con detallada investigación de primera mano en su reciente libro El progreso argeD­
tino, Buenos Aires, 1979. Dicba obra arroja mucba luz sobre el desplazamiento de la ganada­
rla a la agricultura en la provincia de Buenos Aires, y sobre el crecimiento de las pequeñas
unidades de producción explotadas bajo contrato de arrendamiento. También suministra evi­
dencia para demostrar un vigoroso mercado de tierras a fines del siglo XIX. No demuestra que
alguno de estos procesos baya difundido considerablemente la concentración territorial a lo
largo del perlodo.
12. Véanse los cuidadosos y detallados estudios históricos de Tullo Halperln Donghi, Manuel Be­
jarano, Haydée Gorostegui de Torres y Ezequiel Gallo en la Parte I de Torcuato Di Tella y Tu·
Iio Halperin Do,oghi, editores, Loe fragmentos del poder, Buenos Aires, 1969. La contribución
de Gallo tiene que ver con la princlpaly transitoria excepción a la regla, o sea, el patrón relati­
vamente difuso de la propiedad de la tierra en la provincia de Santa Fe. Para una concepción
disidente, que sostiene q~ en la pampa la propiedad de la tierra se hizo menos concentrada y
122 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA

Aunque los estancieros argentinos poseian los medios de producción


del sector exportador, los capitalistas extranjeros ejercían u~ control
dominante pero no exclusivo, sobre el transporte, el procesarmento y la
comercia~ción de los productos de exportación. El capital británicocapital
había construido y poseía la mayor parte de la extensa red ferroviariabritánico.
que comunicaba la pampa con la costa. El capital extranjero habia finan­Negocio
ciado y era propietario de muchas instalaciones y plantas de procesa­de la
miento que elaboraban los productos argentinos y los empacaban para lacarne.
exportación. El control foráneo fue especialmente pronunciado, a partir
de 1900 en el procesamiento de la carne, cuando enormes y modernas
plantas 'de empacado, llamadas frigorífICOS en Argentina, desplazaron
los saladeros y graserías, más pequeños y menos eficientes, que habían
procesado los productos ganaderos para la exportación durante el siglo
XIX. El capital extranjero controlaba el embarque y la distribución inter­
nacional de la mayoria de los bienes de exportación, participaba en el
lucrativo comercio de importación, invertía en los sistemas de alumbra­
do público y comunicaciones, establecía bancos y entidades asegurado­
ras y, en la medida en que el desarrollo avanzaba, invertí~ en la in~us­
tria manufacturera. La penetración en gran escala del capItal extrallJero
en la economía argentina implicó una considerable salida de excedentes
hacia el Atlántico Norte. No se dispone de buenas estadísticas sobre este
importante asunto. Diaz Alejandro estima que a finales de los años ~ein­
tes casi una décima parte de todo el ingreso -exceptuados los salanos­
se remitía al extranjero.
No obstante, el capital argentino también desempeñaba un papel
importante en la mayoría de las actividades económicas no rurales. Par­
ticipaba en menor medida incluso en la industria intensiva en capital del
empacado de carne, controlaba una porción sustancial del procesamien­
tode granos y el comercio de importación y dominaba la banca. La salu­
dable participación del capital argentino en estas actividades fue posible
gracias al control nacional sobre el proceso primario de acumulación de
capital en la economía de exportación. Al contrario de Chile, la apropia­
ción argentina de excedentes generados en la producción exportadora se
logró principalmente no por medio de los impuestos estatales, sino con
los mecanismos normales del mercado capitalista. Pese a que un porcen­
taje considerable de esta riqueza se dilapidó ostensible y notoriamente
en consumo suntuario por parte de la clase dominante argentina (13),

la producci6n más diversificada en la primera mitad del siglo XIX, véase Jonatban C. Brown,
A Socioeoo1lomie HIa*ory of Arge1ltiDa, 1776.1860,Cambridge,lDglaterra, 1979.
13. A comienzoa del siglo, los europeos acuiiaron la frase "tan rico como un argentino" para des­
cribir a quien tuviera una gran riqueu personal y hábitos de p~. Por su p~, los
argentinos imitaban a la aristocracia europea. En la pampa apareclan mcongruentes cop~ de
mansiones rurales inglesas y floridos chalets 8\lizos; un revoltijo de lujosas casas veramegas,
construidas en los más heterogéneos estilos arquitectónicos, testimoniaban la riqueu y el
lA ARGENTINA 123

ln buena parte fue reinvertida en el sector exportador y en empresas co­


~ol merciales y financieras. Mientras tanto, el Estado argentino se limitaba
la a gravar el creciente volumen de importaciones generadas por el desa­
co rrollo exportador. Empleaba tales impuestos, que golpeaban más fuerte­
da mente a los consumidores de las clases obrera y media y representaban
¡n­ más de la mitad del total de los ingresos estatales, para sufragar los
5a... enormes empréstitos públicos extranjeros que contrataba con el fin de
,la construir ferrocarriles y otras obras públicas, y financiar una creciente
tir burocracia civil, especialmente del sector educativo, y militar.
laS Sin embargo, si bien el capital en la producción exportadora era ar­
~on gentino, una proporción muy alta de los obreros, de nuevo en contraste
lan con Chile, eran extranjeros. Al comienzo del auge exportador, la pobla­
glo ción argentina se hallaba muy dispersa. El crecimiento económico y la
er.. diversificación generados por la expansión exportadora crearon cientos
t el de miles de empleos, muchos ocupados por inmigrantes. La producción
~ra'" ganadera, especialmente la cria de ganado, requeria muy pocos trabtija­
d~ dores, pero a partir de 1880, con la gran expansión de la producción ce­
.us... realera en la pampa y el desarrollo de las nacientes economías urbanas
ero de la costa, la corriente de inmigrantes se convirtió en una inundación.
ttes Entre 1857 y 1930 Argentina recibió una inmigración neta de quizá tres y
!ste medio millones de personas. Antes de la Primera Guerra Mundial más
!lin­ de la mitad eran italianos y cerca de una cuarta parte españoles. En
15­ 1914, en la mayor parte de la pampa los extranjeros superaban a los ar­
gentinos en una proporción de dos a uno. En el mismo año, tres cuartas
lpel partes de la población adulta de la ciudad de Buenos Aires había nacido
Par­ en el extranjero (14).
¡del El Gráfico 3.1 muestra la inmigración anual neta a Argentina entre
ien­ 1860 y 1970 Ycomprueba la sensibilidad de los inmigrantes potenciales a
alu­ los cambios en las condiciones económicas de Argentina y a las tenden­
iible cias y las crisis del sistema capitalista mundial. Las caídas se dieron en
tl de periodos de depresión internacional (fines del decenio de 1870 y comien­
.,ia­ zos de 1930), durante las crisis de la economía doméstica de Argentina
ia se (1890-91 e intermitentemente a partir de 1950) y durante las dos guerras
'con mundiales. Los aumentos ocurrieron en periodos de expansión de las
ben­
ente gusto de la burguesla argentina en el centro turlstico de Mar del Plata. La escala y la solidez
:13), de los edificios públicos y privados, erigidos durante los aAos dorados del crecimiento econó­
mico de Argentina, todavla dan el tono arquitectónico de la ciudad de Buenos Aires. Las fotos
de las mansiones de la élite latifundista adoman las lustrosas páginas de la mamotrética. Enci­
clopedia eomereial, publicada por la Cámara de Comercio Británica y Latinoamericana. Lon­
dres, 1922. Sobre Mar del Plata, véase Juan José Sebrelli, Mar del Plata, el ocio represivo,
_des­ Buenos Aires, 1970; sobre Buenos Aires, puede empezarse con James R. Sobie, BuellOS
18,108 Aires, del ceDtro a los barrios, 1870-1910, Buenos Aires, 1977.

C!~
14. James R. Scobie. AqeDtiDa, 2&.. ed. Nueva York. 1971. Este libro, abundante en información

pel

social y económica. es la mejor historia del pala en un volumen, desde los tiempos coloniaJes
basta el presente.
124 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

economías argentiIl
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MILES DE INMIGRANTES
1ó. José Luis Romero, A m.
ARGENTINA 125

economías argentina y mundial: 108 años ochentas del siglo XIX, la déca­
da que precedió a la Primera Guerra Mundial, los años veintes y el lustro
posterior a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que la mayoría de los
inmigrantes que llegaban al país eran hombres, en Argentina hubo
mucho más varones que mujeres entre 1860 y 1960. La fuerte inmigra­
ción entre 1880 y 1930 también significó que la estructura de edades se
vio distorsionada en favor de los adultos productivos, circunstancia que
benefició el desarrollo económico.
Resulta difícil exagerar la influencia de la inmigración sobre la socie­
dad argentina durante lo que el historiador e intelectual argentino José
Luis Romero apropiadamente denominó la "Era Aluvial" (15). Aunque,
por ejemplo, el número absoluto de inmigrantes a Estados Unidos antes
de 1930 fue mucho más alto, la importancia relativa de los inmigrantes,
dada la reducida población inicial de Argentina, fue aproximadamente el
doble de grande. Aún más, los datos sobre inmigración no expresan ple­
namente la naturaleza del proceso migratorio. Por cada inmigrante que
permanecia en Argentina otro retornaba a Europa luego de una estadía
de semanas o años. La economía exportadora de Argentina atrajo a cien­
tos de miles de obreros temporales (golondrinas) de Europa meridional,
primordialmente durante los meses de verano en el Hemisferio Sur. Mu­
chos trabajaban unas cuantas semanas o meses en la cosecha de granos
para regresar luego a Europa. El predominio de inmigrantes en la fuerza
de trabajo de la producción exportadora y las econonúas urbanas de la
costa durante las primeras décadas del siglo XX influenció todos los as­
pectos de la sociedad argentina y afectó de manera decisiva el desarrollo
del movimiento obrero.
La estructura de la economía exportadora argentina también difería
de la de Chile en otros sentidos. Mientras que la producción de salitre
estaba confinada a un enclave, bastante apartado del centro del país, la
pampa argentina se convirtió en el centro efectivo del país. Fuente de
prácticamente todas las exportaciones argentinas, la pampa contenía
asimismo la gran mayoría de los ferrocarriles de la nación y sus indus­
trias manufactureras y de servicios. Hacia 1914, la pampa albergaba dos
terceras partes y la provincia entera, incluida la ciudad de Buenos Aires,
e146% de la población.
La concentración de la actividad económica yde la población en la
pampa y sus puertos reflejaba la importancia de lo que los economistas
llaman "vínculos delanteros" de la economía exportadora argentina: el
transporte, el procesamiento y los servicios relacionados con el embar­
que de los productos para ser enviados al exterior. Díaz Alejandro ha es­
timado que tales actividades representaban más o menos dos terceras

16. José Luis Romero, A 1&*017 of A.qeDt.iDe Politieal Tboullht, Sta:nford, 1963.
126 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA

partes del valor agregado de las exportaciones argentinas (16). La econ(}­


mía exportadora argentina fue menos exitosa en promover •• nexos trase­
ros y horizontales": la producción de los bienes necesarios para la pr(}­
ducción agrícola y ganadera y la satisfacción de la demanda de bienes
manufacturados por parte de los consumidores. A lo largo del período de
la eXPansión exportadora, hasta 1930, con la excepción parcial de los
años de la guerra mundial y la depresión de posguerra, la economía ar­
gentina mostró una gran propensión a importar sus bienes manufactura­
dos. Sin embargo, aun antes de 1914 el desarrollo de la industria manu­
facturera en Argentina ya era significativo. El crecimiento fue más nota­Industria
ble en la confección y los muebles, asi como en la elaboración de mate­manufac
riales de construcción, donde para 1913 el país satisfacía alrededor deturera
tres cuartas partes de su consumo. En 1913 cerca del 37 % de los alimen­
tos procesados consumidos porlos argentinos se producía en el país. Sin
embargo, salvo unas pocas grandes empresas empacadoras de carne y
textileras, la mayor parte de la industria argentina estaba a cargo de
pequeños establecimientos, muchos de los cuales empleaban menos de
diez personas y se clasifican más apropiadamente como artesanales. En
1913 el censo reportó 48.779 establecimientos manufactureros que,
sumados, empleaban a 410.201 personas. Más de la mitad de estas em­
presas y sus trabajadores estaban localizados en la ciudad y la provincia
de Buenos Aires (17).
El pobre historial de la sustitución de importaciones en Argentina
antes de 1913, o si se quiere antes de 1930, no puede ser explicado, como
si puede serlo en el caso de algunas econolIÚas exportadoras de América
Latina, por falta de capital nacional o demanda insuficiente. La propie­
dad nacional de los medios de la producción exportadora aportaba sufi­
ciente capital para la inversión industrial. Las relaciones capitalistas de
producción en la pampa, la estructura salarial relativamente alta de la
economía argentina, cuya existencia se muestra indirectamente por el
alto nivel de inmigración internacional temporal y permanente, y el
número creciente de consumidores urbanos empleados en el transporte,
las actividades de procesamiento y las labores de la construcción pública
y privada se conjugaron para· crear un gran mercado interno para bienes
manufacturados. Que la industria doméstica no se expandiera para satis­
facer estas necesidades fue una consecuencia de un profundo y bien fun­
damentado consenso entre la mayoría de los consumidores argentinos,
·10 mismo propietarios que obreros: que en la economía argentina de al­
tos salarios las manufacturas extranjeras eran más baratas y de mejor
calidad que los productos nacionales artificialmente protegidos. La falta

16. Diu Alejandro, Eaeay.... , Cuadro 22, p. 423.


17. AdoHo Dorfman, EvoIud6a iDduatrIaIu¡e.tbaa, Buenos Aires, 1942, pp. 11-23.
ARGENTINA 127

relativa de protección para la industria argentina durante la era clásica


del liberalismo económico en la economía mundial no fue simplemente,
como muchos han sostenido, la expresión de los intereses de clase de los
terratenientes, quienes monopolizaron la política nacional hasta 1916.
Tampoco obedeció primordialmente a la limitada influencia política de
los empresarios inmigrantes que dominaban las filas de la burguesia
industrial. Incluso los partidos Radical y Socialista, que se apoyaban en
la clase obrera urbana y consiguieron una parte considerable del poder
político a partir de 1912, adhirieron firmemente a una posición de libre­
cambio. Y los anarcosindicalistas, que lograron el respaldo de millares
de trabajadores urbanos organizados a comienzos del siglo XX, guarda­
ron silencio en tomo a la cuestión del proteccionismo industrial. Los sin­
dicatos no apoyaron la protección de la industria nacional sino a fines de
los años treintas. Todas las clases sociales de la pampa se beneficiaban,
como consumidores, de la posición comparativamente ventajosa de Ar­
gentina en la división internacional del trabajo prevaleciente hasta 1930.
Los costos inherentes al patrón de desarrollo económico de Argentina,
aunque numerosos, no deben imputarse al fracaso del desarrollo indus­
trial antes de 1930.
Una característica distintiva final de la economía exportadora de
Argentina se halla relacionada con su relativa inmunidad a las fluctua­
ciones violentas en la demanda mundial. Al contrario de las exportacio­
nes chilenas de minerales, las exportaciones ganaderas y cerealeras de
Argentina contaron con una demanda relativamente alta y estable, inclu­
so durante la Gran Depresión. Aunque la demanda y los precios de bie­
nes individuales fluctuaban como resultado de los cambiantes gustos y
necesidades de Europa, de los incrementos en la tecnología de la pro­
ducción y el transporte, y de los ciclos económicos y desarrollos políticos,
los productores argentinos fueron capaces de adaptarse a tales cambios.
La producción de lana fue la coyuntura que permitió el crecimiento
sostenido de la economía ganadera a partir de 1860. Antes de esa fecha
la carne cecina se exportaba a las economías esclavistas de la América
tropical, mientras que los cueros y el sebo se enviaban a las economías
industriales de Europa en expansión. A partir de mediados del siglo, sin
embargo, el crecimiento de las industrias de alfombras y tejidos en Fran­
cia y Bélgica crearon un mercado en aumento para la lana, y la cria de
ovejas pronto se convirtió en la principal actividad económica en las pro­
vincias costeras de Argentina. A mediados del siglo había apenas cerca
de cinco millones de ovejas en la zona costera de la pampa; para 1875
solamente la provincia de Buenos Aires poseía alrededor de 46 millones
de ovejas. Las exportaciones de lana durante el mismo lapso pasaron de
un promedio anual de 6 mil toneladas en los años cuarentas a 120 mil
toneladas en los ochentas. En esta última década la lana representó más
de la mitad del valor de las exportaciones argentinas.
128 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

Sin embargo, fue tan solo con la revolución en el transporte, el desa­ producción de la carne 1

rrollo de la tecnología de la refrigeración y la expansión de la demanda sumidor británico. La ru


europea de alimentos, a partir de 1880, como la producción de la pampa la subordinación de la al
adquirió su forma moderna. La producción ganadera se adaptó, a partir ción rural. Al mismo ti.
de aquel año, a la creciente rentabilidad de las exportaciones de carne a vida y el acceso limitadl
Europa. En un principio los embarques de ovejas y reses vivas y de cor­ los trabajadores rurales
dero congelado dominaron el mercado de la carne; empero, a comienzos nidades económicas era:
del siglo XX la carne de res congelada se había convertido también en un La expansión de la el
importante articulo de exportación. Pocos años después el chilled beef, o pida solo temporalment4
carne de res refrigerada, mucho más atractiva para los consumidores la contienda redujo la 1
británicos que compraban casi todas las exportaciones de carne de Ar­ volumen de las exportac
gentina, se convirtió en el artículo de más rápido crecimiento en el co­ do descenso de la econo
mercio exportador argentino. la migración internaciol
El giro hacia las exportaciones de carne, especialmente la carne de para la guerra y decenal
res, exigió una revolución en las técnicas de cría y engorde, y cambios Para 1917, no obstante,
drásticos en el uso de la tierra y los sistemas de trabajo en la pampa. Se manda bélica. Las expo
importó ganado de pura sangre de Europa con el fin de mejorar los reba­ gentina empezó a vende
ños, la pampa fue surcada con alambre de púas, y pastos artifi~iales de lana a los Aliados. La gu
superior calidad remplazaron los pastos naturales. Tales cambIOS estu­ ciones y promovió el cre
vieron relacionados con el crecimiento de la agricultura de la pampa. en la industria. Pero la E
Como se anoro anteriormente, las exportaciones agrícolas, principal­ durante la Segunda Gue
mente trigo y maíz, aumentaron rápidamente a partir de 1880, para al­ y materias pritnas indusl
canzar en 1913 casi la mitad del valor total de las exportaciones. Pero el Después de la contiel
desarrollo agrícola siempre estuvo subordinado a los intereses de los tinuó y su estructura pe
grandes terratenientes y productores de ganado, especialmente vacuno. los años veintes el valO]
En los decenios de 1880 y 1890 los latifundistas empezaron a ceder par­ niveles de la preguerra.
tes de sus enormes haciendas a arrendatarios inmigrantes, que las dedi­ que apenas alcanzó la n
caron a la producción de granos. Los términos de los contratos limitaban conflicto. La construcciól
seriamente la diversificación agrícola y la tenencia de tierra por parte de nueva inversión extranj
los arrendatarios. Por norma general, a las familias de arrendatarios les expansión física de la Sl
era permitido sembrar cereales (se les prohibía estrictamente cultivar portadora en la pampa;
otrOs productos) en grandes pedazos de tierra durante tres años. Al final nante poder económico y
se les exigía déjar la tierra sembrada con alfalfa y luego abandonarla. En economía argentina bab
un principio, muchos de los contratos eran arreglos de aparcería, pero a manufacturero siguió CI
comienzos del siglo se generalizaron los contratos con pago en dinero. importaciones. Un hecho
Casi la mitad de las necesidades de mano de obra se satisfacia de la
manera indicada; la fuerte demanda de fuerza temporal de trabajo para
la cosecha se resolvía con trabajadores migrantes provenientes de las 18. Las etapas de la producción
ciudades costeras y las poblaciones de la pampa, así como del sur de anteriores, se describen en O
clos económicos, 1876-1952, l
Europa. Por medio de este sistema de contratos temporales de arrenda­ dos económkos argentln08, 1
miento y mano de obra migratoria, los terratenientes argentinos estaban de primera mano, sobre la ti
en capacidad de participar en las ganancias de la agricultura, evitar la Aires a partir de 1880 es Corf
plicaciones sociales y cultura:
pérdida de una tierra que incrementaba velozmente su valor y transfor­ bajo que surgieron en la p8Jl
mar gradualmente sus tierras incultas en pastizales apropiados para la RevolutioD OD tbe Pampas, Al
roRIA
r ARGENTINA 129

desa-
anda
I
i
producción de la carne vacuna de alta calidad que tanto gustaba al con­
sumidor británico. La naturaleza extensiva de la producción ganadera, y
IUllpa la subordinación de la agricultura, retardaron el crecimiento de la pobla­
¡mrtir ción rural. Al mismo tiempo, las condiciones onerosas de trabajo y de
,mea vida y el acceso limitado a la propiedad de la tierra tendían a empujar a
e cor­ los trabajadores rurales hacia las ciudades costeras, en donde las oportu­
emos nidades económicas eran mejores y la calidad dé la vida superior (18).
en un La expansión de la economía exportadora de Argentina fue interrum­
eef, o pida solo temporalmente por la Primera Guerra Mundial. El comienzo de
dores la contienda redujo la navegación internacional y afectó seriamente el
ie Ar­ volumen de las exportaciones e importaciones argentinas. El pronuncia­
el co­ do descenso de la economía invirtió la dirección del flujo de capital y de
la migración internacional a medida que los británicos se aprestaban
ne de para la guerra y decenas de miles de trabajadores retornaban a Europa.
mbios Para 1917, no obstante, la economía principió a beneficiarse de la de­
;>8. Se manda bélica. Las exportaciones de carne crecieron rápidamente y Ar­
reba­ gentina empezó a vender bienes manufacturados tales como mantas de
les de lana a los Aliados. La guerra también estimuló la sustitución de importa­
. estu- ciones y promovió el crecimiento de unidades productivas más grandes
Ilmpa. en la industria. Pero la expansión industrial se vio limitada, al igual que
lcipal­ durante la Segunda Guerra Mundial, por la escasez de bienes de capital
U'8. al­ y materias primas industriales en un mundo en guerra.
·ero el Después de la contienda, la expansión exportadora de Argentina con­
de los tinuó y su estructura permaneció básicamente intacta. Hacia finales de
lcuno. los años veintes el valor de las exportaciones casi había duplicado los
~r par­ niveles de la preguerra. La inmigración en gran escala revivió, pese a
, deru­ que apenas alcanzó la mitad del nivel logrado en el decenio anterior al
itaban conflicto. La construcción de ferrocarriles disminuyó, así como el flujo de
lrte de nueva inversión extranjera. Ambas tendencias reflejaban el fin de la
!ios les expansión física de la superficie de tierra dedicada a la producción ex­
ultivar portadora en la pampa; hasta cierto punto también revelaban el decli­
II final nante poder económico y financiero de la metrópoli británica, a la cual la
tla. En economía argentina habia estado tan estrechamente ligada. El sector
¡pero a manufacturero siguió creciendo, mas no se vio mucha sustitución de
~ro. importaciones. Un hecho nuevo fue el surgimiento en los años veintes de
l de la
lO para
;de las 18. Las etapas de la producción rural argentina durante el siglo XIX, resefiadas en los párrafos
anteriores, se describen en Ortiz, HIstoria ecoDÓmica (Véase la nota 71. Los datos sobre los ci­
sur de clos económicos, 1876-1952, están resumidos en Guido Di Tella y Manuel Zymelman, Loe ci·
renda­ clos ecoDÓmicos argentinos, BueDOs Aires, 1973. Un análisis detallado, basado en materiales
ataban de primera mano, sobre la transformaciÓn de la producción rural en la provincia de Buenos
ritar la Aires a partir de 1880 es Cortés Conde, El progre80 arlentino... El estudio clásico de las im·
plicaciones sociales y culturales de los patrones de tenencia de la tierra y los sistemas de tra­
ansfor­ bajo que surgieron en la pampa con el advenimiento de la agricultura es James R. Scobie,
para la Revolutionon ibe Pampas, Austin, 1964.
130 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

una industria petrolera dirigida por el Estado. Pero hasta los años trein­ ta 1929, su notable es
tas, la tendencia de la economía argentina a importar bienes complejos, ción a partir de 1940.
como maquinaria, e incluso algunas manufacturas relativamente sim­ Contrariamente a
ples como las textileras no cambió significativamente. tas y peronistas, la De
En 1930, al final de los 80 años de crecimiento económico orientado a recuperación, basada
las exportaciones, Argentina era una de las sociedades periféricas capi­ el dinamismo del sect4
talistas más desarrolladas en el mundo. En verdad, el desarrollo argÉmti­ tenida. Si Chile fue e
no siguió un patrón histórico de desarrollo capitalista distinto al de Euro­ por la Gran Depresió
pa Occidental: lo más sorprendente era la ausencia de un sector indus­ leves. El Producto Int
trial grande e integrado; Pero comparada con otras sociedades periféri­ 14 % entre 1929 y 193:
cas, incluidos otros países de reciente colonización como Australia y que en 1929. En palalJ
Canadá, la Argentina de 1930 se veía bastante bien. Sea que se tomen en pondió "muy elegante
cuenta indicadores económicos como el ingreso per cápita, o los niveles La recuperación eB
salariales, o indicadores sociales como el alfabetismo y la mortalidad fuerzos gubernamental
infantil, para 1930 Argentina había tomado una considerable ventaja a dos la devaluación de
sus vecinos latinoamericanos, excepto Uruguay, y se hallaba no muy le­ tranjeras y el aumento
jos de Canadá y Australia. Buenos Aires, que el británico Lord Bryce lización. A partir de 1!
describía en 1912 como una feliz mezcla del bullicio y el dinamismo eco­ crecimiento de la indt
nómico de Chicago y el refinamiento de París, se había convertido en importaciones, fue im]
una de las grandes ciudades del orbe. Sus amplias avenidas estaban re­ propiedad extranjera,
pletas de automóviles, sus teatros presentaban las más recientes óperas bienes de consumo d\l
y obras de teatro, y sus innumerables restaurantes, almacenes y salones dad nacional, produc~
de té se colmaban con elegantes clientes. Aunque la mayoría de los ar­ argentino Adolfo Dorf
¡. " gentinos no disfrutaba de estas comodidades, la distribución del ingreso de establecimientos in
probablemente no era mucho más desigual que en sociedadescapitalis­ esta última fecha y 193
tas industriales como Estados Unidos, y la clase media argentina era la de trabajo industrial ti
más grande de Latinoamérica. En 1930 la clase obrera urbana gozaba incorporadas entre 191
probablemente de un nivel de vida, especialmente con relación a la die­
ta, superior al de la mayoria de los trabajadores de la Europa continen­
tal, aunque en términos de vivienda y comodidades materiales sin duda CUADRO 3.2
se encontraba por debajo de sus colegas de Estados Unidos, Canadá y
Australia (19). VALOR DE LAS EXPORT
POR PERIODOS DE CINC
La crisis del capitalismo mundial, a partir de ·1930, y la ruptura de la (en dólares de 1950)
división internacional del trabajo que ella trajo consigo, detuvieron el
crecimiento de la economía exportadora de Argentina pero no la llevaron Período VaIoI
expol
al colapso. Al contrario de lo sucedido en Chile, en Argentina el volumen ~ ...... _-......
de las exportaciones permaneció casi en los niveles anteriores a la De­ 1900-1904 583
presión; y aunque los ingresos por exportaciones declinaron rápidamen­ 1905-9 807
te hasta 1932, aumentaron significativamente a partir de entonces. El 1910-14 896
1915-19 920
Cuadro 3.2 muestra el incremento de los ingresos por exportaciones has­ 1920·24 1.278
1925·29 1.582

19. Diaz Alejandro. EIi88y5. ..• presenta alguna evidencia cuantitativa sobre muchos de estos pun­ Fuente: Comisión Económil
tos comparativos. Ciudad de México,
ARGENTINA 131

ta 1929, su notable estabilidad durante la Gran Depresión y su disminu­


ción a partir de 1940.
Contrariamente a lo que afirmaron tiempo después muchos marxis­
tas y peronistas, la Depresión en Argentina fue relativamente suave y la
recuperación, basada en la continuada viabilidad de las exportaciones y
el dinamismo del sector manufacturero a partir de 1935, fue rápida y sos­
tenida. Si Chile fue el pais latilloamericano más fuertemente golpeado
por la Gran Depresión, Argentina salió de ella quizá con heridas más
leves. El Producto Interno Bruto real de Argentina declinó en cerca de
14% entre 1929 y 1932, para luego rebotar; para 1939 era 15% más alto
que en 1929. En palabras de Díaz Alejandro, la economía argentina res­
pondió •• muy elegantemente" a la Depresión.
La recuperación estuvo dirigida por el sector manufacturero. Los es­
fuerzos gubernamentales por sortear la crisis económica general, inclui­
dos la devaluación de la moneda, las restricciones al uso de divisas ex­
tranjeras y el aumento de las tarifas aduaneras, estimularon la industria­
lización. A partir de 1935 y hasta el comienzo de la guerra, en 1939, el
crecimiento de la industria, casi siempre con base en la sustitución de
importaciones, fue impresionante. La gran industria, en buena parte de
propiedad extranjera, empezó a producir considerables cantidades de
bienes de consumo durable. Proliferó la pequeña industria, de propie­
dad nacional, productora de bienes ligeros de consumo. El economista
argentino Adolfo Dorfman ha demostrado que mientras que el número
de establecimientos industriales creció en 1.400 entre 1914 y 1935, entre
esta última fecha y 193Tse incrementó en 8.700. El aumento de la fuerza
de trabajo industrial fue un poco menos impactante: 204 mil personas
incorporadas entre 1914 y 1935; y 144 mil entre 1935 y 1937. Tan pronto

CUADRO 3.2

VALOR DE LAS EXPORTACIONES ARGENTINAS PROMEDIADAS


POR PERIODOS DE CINCO A~OS, 1900-1954
(en d6lares de 1950)
---

Periodo Valor de las Periodo Valor de las


expon.ciones exportaclones

1900-1904 583.000.000 1930-34 1.481.000.000


1905-9 807.200.000 1935-39 1.479.400.000
1910-14 896.000.000 1940-44 1.192.500.000
1915-19 920.300.000 1945-49 1.180.100.000
1920-24 1.278,600.000 1950-54 937.100.000
1925-29 1.582.700.000

Fuente: Comisi6n Econ6mica para América Latina, El desarrollo económico de la Argentina,


Ciudad de México, 1959, Parte 1, Cuadro 14, p. 115.
182 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

como estalló la guerra, los problemas familiares propios de aquellos consumo poPular ber
tiempos volvieron a afectar la industria argentina. Sin embargo, ésta volumen de las expor
continuó creciendo, aunque más lentamente, y para 1945 aportaba cerca so de divisas, vitales
de una cuarta parte del Producto Interno Bruto, sobrepasando a la agri­ En tercer lugar, E
cultura y a la ganaderia combinadas (20). impacto de la crisis SI
De esta manera, en contraste con la violenta crisis económica y social to era relativamente 1
experimentada por Chile a partir de 1930, el impacto de la Depresión en avanzaba la recupera
Argentina fue relativamente suave en términos económicos. Y la adapta­ cional, mas las oporb
ción del pals a las oportunidades industriales presentadas por la crisis ciudades costeras fui
mundial fue impresionante. Tan afortunada respuesta se vio condiciona­ deprimidas del interi4
da por cuatro clases de circunstancias, cada una íntimamente relaciona­ nas,quenopertened
da con la naturaleza de la economía exportadora que impulsó el desarro­ se convirtieron en im]
llo argentino antes de 1930. La primera fue la demanda internacional de Por último, y del
alimentos argentinos, que se mantuvo incólume. La conservación del Argentina, a diferenc
complejo económico que giraba alrededor de las exportaciones aseguró mente al desarrollo d
una continua acumulación de capital, sostuvo la mayoria de los empleos sar de sus imperfecc¡
y generó, aunque a niveles levemente reducidos, las divisas vitales para antes de la crisis siro
la capacidad importadora del país. Dicha capacidad era crucial, a su vez, unificado para la ind1J
para expandir la industria de sustitución de importaciones. Es cierto que reras y de servicios, e
los exitosos esfuerzos de la élite terrateniente, particularmente los pro­ la exportación, que gl
ductores de ganado, por preservar la participación argentina en un mer­ tos salarios, pudieron
cado británico de carne en proceso de reducción implicaron concesiones se importaba. Las ca,
al capital inglés que en cierto modo obstaculizaron el desarrollo de la alto nivel de educació
industria argentina. Como se verá más adelante, sin embargo, el princi­ mía más compleja e ií:
pal efecto de tales acciones en el curso del desarrollo econbmico de Ar­ "hacia afuera" de Ar.
gentina fue de carácter político y a largo plazo. Se reveló solo con .el as­ de América Latina, hil
censo al poder de los peronistas, después de la Segunda Guerra Mun­ Uo industrial ., hacia a4
dial. Pero el éxito de la
En segundo lugar, a diferencia de Chile, ·Argentina consumía los en los treintas y cuare
mismos productos que exportaba (21). Antes de la crisis mundial los exportador. En las dé(:
argentinos consumían casi la mitad de la carne de vaca y el trigo del nos poco a poco empe:
país, y dicha proporción aumentó después de 1930. El consumo domésti­ dera. Dicha tendencia
co de una cuota importante de la producción disponible para exportar área dedicada a la agl
actuó a modo de tapbn contra la crisis en el sector exportador y sirvió hacia un uso más exte)
para estimular la recuperación económica de los años treintas. Esta ven­ fracasados esfuerzos ¡:
taja se tornó en un arma de doble filo con las políticas de redistribución de ganado, explica en
del peronismo, en los años cuarentas, pues aunque la ampliación del ción rural argentina el

20. Dorfman, EvollldOn. .. , p. 148; Di Tella YZymelman. Loa cldo8. ..• p. 285, n. 2. 22. El pobre desempeiio de Al
21. La carne de res '1 el trigo eran los art1cuIos básicos de la dieta argentina. En los años veintes '1 Comisión Económica para
treintas los argentinos conlJUDÚall alrededor de 250 libras de carne por habitante cada año. En de México, 1959. Véase 98J
Estados Unidos las cifras comparables del consumo total de carne, no solo de res, era de 150 tina para aumentar la pm
libras por habitante. cada año. Otros productos ganaderos y agricolas, particularmente cueros José Alfredo Mutinez de
y lana, eran absorbidos por la industria argentina. 1860, Buenos Aires, 1967,
ARGENTINA 133

consumo popular benefició considerablemente a la clase obrera, limitb el


volumen de las exportaciones, especialmente de came,.y redujo el ingre­
so de divisas, vitales para el esfuerzo industriaJúador de los peronistas.
En tercer lugar, el recorte de la inmigración internacional suavizó el
impacto de la crisis sobre la clase obrera argentina. El desempleo abier­
to era relativamente bajo a comienzos de los años treintas. A medida que
avanzaba la recuperación, volvió a darse una modesta migración interna­
cional, mas las oportunidades de empleo en las nuevas industrias de las
ciudades costeras fueron aprovechadas por migrantes de las regiones
deprimidas del interior, en su mayoria mujeres. Muchas de estas perso­
nas, que no pertenecían a partidos políticos ni a sindicatos establecidos,
se convirtieron en importantes seguidores del régimen peronista.
Por último, y de manera más general, la economía exportadora de
Argentina, a diferencia de la chilena, contribuyó directa y muy amplia­
mente al desarrollo del centro económico y demográfico del país. A pe­
sar de sus imperfecciones, la impresionante red ferroviaria construida
antes de la crisis sirvió,a partir de 1930, para crear un mercado nacional
unificado para la industria doméstica. Todas las actividades manufactu­
reras y de servicios, estimuladas por un patrón de desarrollo orientado a
la exportación, que generaron una sociedad urbana de consumo con al­
tos salarios, pudieron adaptarse para producir y distribuir lo que antes
se importaba. Las capacidades de la gran fuerza urbana de trabajo y el
alto nivel de educación del pueblo facilitaron la adaptación a unaecono­
mia más compleja e industrializada. Fue así como el éxito del desarrollo
.• hacia afuera" de Argentina antes de 1930, éxito sin paralelo en el resto
de América Latina, hizo más fácil su ajuste a una nueva fase de desarro­
llo industrial •• hacia adentro' 'en los años treintas y cuarentas.
Pero el éxito de la industrialización por sustitución de importaciones
en los treintas y cuarentas no corrió a la par con la expansión del sector
exportador. En las décadas que siguieron a 1930, los estancieros argenti­
nos poco a poco empezaron a poner más énfasis· en la producción gana­
dera. Dicha tendencia se acentuó a partir de 1940 y continuó a costa del
área dedicada a la agricultura, como lo ilustra el Cuadro 3.S.Este giro
hacia un uso más extensivo y menos productivo de la tierra, sumado a los
fracasados esfuerzos por incrementar la productividad agricola y la cria
de ganado, explica en gran parte el virtual estancamiento de la produc­
ción rural argentina en décadas recientes (22). Tal estancamiento, en el

22. El pobre deeempefto de Argentina en este campo recibe sostenida atención en el informe de la
Comi.l!IÍÓn Económica para América Latina, El cIesarroDo ec!OIIÓJDkO d. la AJ'xentiDa, Ciudad
de Méxieo, 1959. Véase especialmente Parte 1, Cuadro 21, p. 23. El fracaeo relativo de Argen­
tina para aumentar la productividad de granos y bienes pecuarios exportables es tratado en
José Alfredo Martinez de Hoz; La agricultura '1 la ganaderia arpntma en el período 1931).
1960, Buenos Aires, 1967, C. 6.
134 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

CUADRO 3.3 que la concentracibl


SUPERFICIE DE TIERRA DEDICADA A LA PRODUCCION la eficiencia de la pI
DIRECTA EN LA PAMPA, 193()"1954 que la productividac
internacionales, inc:
Periodo Apicultura Crúa de 'lIDado veintes. ¿Por qué, e
camente en la prod1
1980-84 15.149 31.572 partir de la Depresi
1935-39 16.013 32.373
1940-44 15.056 84.360 mente dos: el impac
1945·49 13.058 36.570 bienes rurales, en l(
1950·54 11.524 39.336 nencia de la tierra el
..... _ _.... no argentino por SUIl
Fuente: Comisión Económica para América Latina, El dealllTOUo económieo de Ar,entina, antes, yen especial e
Ciudad de México, 1959, Parte 11, Cuadro 11, p. 16 Ambas explicacic
ambas son convincel
mo y el fracaso de ro
contexto de una población en crecimiento y, en ciertos periodos, de altos cibn de la produccib!
niveles de consumo doméstico, ha representado una disminución cuanti­ las variables exbgen
tativa de las exportaciones y menos divisas. Desde los años cincuentas, hallan directamente
las limitaciones cambiarias han obstaculizado la capacidad de la eeo,no­ exportadora cuya for
núa argentina para importar bienes de capital y materias primas indus­ Mundial. Estudiar ~
triales necesarios para lograr el desarrollo de la sustitución de importa­ sobre el movimiento,
ciones y de la industria básica. Se ha constreñido por consiguiente la mo es materia del n
tasa de crecimiento del conjunto de la economía y ha habido muy peque­ mente cómo contnbll
ños incrementos, pese a las reducidas tasas de crecimiento demográfico, los servicios técnicoe
del Producto Interno Bruto per cápita. El problema imp)
En la literatura sobre el desarrollo económico argentino se acepta que antes del ascens.
casi al unisono que el fracaso del sector rural por expandir la producción no. Incluso durante I
es la base· del lamentable desempeño económico de Argentina en déca­ que representaba ml
das recientes. Pero existe acuerdo sobre las causas del estancamiento controlaba el Ejecutr
rural. Carlos Diaz Alejandro recurre a la teoria económica neoclásica y a merosos en el Conp
un cuidadoso empleo de la información económica histórica para recha­ ideolbgico para sabO!
zar las explicaciones culturales, sociales y económicas que predominan rurales de tenencia di
en la literatura. La evolución de la gran hacienda, sostiene, fue una fun­ hasta la Primera GUf
ción natural de las fuerzas del mercado que operaban en el contexto de la rias, tarifarias, mone1
geografla argentina. Según él, el cuadro de una clase terrateniente moti­ clusivamente los inteJ
vada por valores culturales tradicionales, más interesada en la renta de reses no movilizaran
la tierra y el estatus social que en utilizar racionalmente los recursos eco­ cos para fomentar la
nómicos y los métodos empresariales, no concuerda con los hechos. La ganadería y los servic:
élite argentina respondió acertadamente a las oportunidades económicas
que se presentaron por la cambiante demanda europea de productos
rurales. Si prefirieron la hacienda y las actividades financieras a las 23. Diaz Alejandro, ...,., (
empresas industriales fue porque, dada la ventaja comparativa de Ar­ anaJitica que conduce a D
gentina en una econonúa mundial de libre comercio, la explotación de la do por Martmez de Hoz e:
torial argentina Sur, Aq;
tierra ofrecía el mayor retomo del capital invertido. A los alegatos de do en el tibro citado en la:
ARGENTINA 135

que la concentración de la tierra y los sistemas de trabajo perjudicaban


la eficiencia de la producción rural, Diaz Alejandro demuestra con datos
que la productividad argentina se equiparaba con la de sus competidores
internacionales, incluido Estados Unidos, por lo menos hasta los años
veintes. ¿Por qué, entonces, se rezagb Argentina tan rápida y dramáti­
camente en la productividad rural y el crecimiento de la producción a
partir de la Depresión? Las respuestas de Diaz Alejandro son básica­
mente dos: el impacto de las politicas peronistas en los precios de los
bienes rurales, en los sistemas de trabajo rural y en los arreglos de te­
nencia de la tierra en el período de la posguerra; y el ftacaso del gobier­
no argentino por suministrar servicios técnicos a los productores rurales
antes, yen especial después, de 1930 (23).
Ambas explicaciones del estancamiento en el campo sonpoliticas. Y
ambas son convincentes hasta cierto punto. Pero el ascenso del peronía­
mo y el fracaso de los gobiernos argentinos por fomentar la moderniza­
ción de la producción rural a lo largo del presente siglo no constituyen
las variables exógenas que Diaz Alejandro supone. Por el contrario, se
hallan directamente relacionadas con la naturaleza de una economia
exportadora cuya forma básica fue definida antes de la Primera Guerra
Mundial. Estudiar cómo esta estructura exportadora, por su influencia
sobre el movimiento obrero, contribuye a explicar el ascenso del peronia­
mo es materia del resto de este ensayo. Aquí puede esbozarse breve­
mente cómo contribuyó a contener la modernización agrícola, incluidos
los servicios técnicos del gobierno -para el productor rural.
El problema implicito en la explicación de Diaz Alejandro radica en
que antes del ascenso del peronismo la élite terrateniente era el gobier­
no. Incluso durante el período de 1916-30, cuando el Partido Radical,
que representaba mucho más que los intereses de los terratenientes,
controlaba el Ejecutivo, y los diputados socialistas y radicales eran nu­
merosos en el Congreso, la élite de la tierra poseia el poder poJíticoe
ideológico para sabotear todos los intentos por modificar los sistemas
rurales de tenencia de la tierra y de trabajo. Durante el periodo que va
hasta la Primera Guerra Mundial, el gobierno aplicó politicas tributa­
rias, tarifarías, monetarias, crediticias y laborales que beneficiaban ex­
clusivamente los intereses de los grandes terratenientes. Que estos inte­
reses no movilizaran ni siquiera modestas cantidades de dineros públi.
cos para fomentar la investigación científica sobre la agricultura y la
ganadería y los servicios técnicos de extensibn, mientras ponian en mar­

23. DIaz Alejandro, EMay8, C. 3. Este resumen DO puede hacer justicia a la riqueza informativa y
anaUtiea que eonduce a DIaz Alejandro a estas conclusiones. Vn diagnóstico similar fue logra­
do por Martinez de Hoz en un ensayo publicado por vez primera en un volumen de la casa edi­
torial argentina Sur; ArlenÍÚYi,lt30-1980, BueDOB Aires, 1961, pp. 189-210; Y luego amplia­
do en el libro citado en la nota 22.
136 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

cha costosas politicas públicas como el subsidio a la construccibn de fe­ el liderazgo de los a
rrocarriles, se explica no por su supuesto tradicionalismo cultural, que la Segunda Guerra 1
Díaz Alejandro descarta correctamente, sino por el hecho de que no se rativista y Dacionali
encontraban bajo una efectiva presibn econbmica, social, ideolbgica o rbn. Ambos periodc
politica para modernizar la produccibn. Los impuestos sobre la tierra y años. A partir de 19
aun sobre la riqueza eran núnimos. La organizacibn sindical del campo, su autonomia ideol6
como veremos, se veía entrabada, y las fuerzas politicas nacionales, an­ ciones restantes má
tes de Perbn, nunca pusieron en peligro la posicibn de clase de la élite orden social y econl
rural. vitalidad inicial, no 1
El fracaso de las fuerzas populares por ejercer una presibn significa­ institucionales de la
tiva sobre la élite latifundista antes del advenimiento de Perbn explica institucional muy po.
en gran parte la ausencia relativa de modernizacibn y el estancamiento la segunda época de
de la produccibn rural. El espectacular crecimiento de la econonúa ar­ moderna de Argentil
gentina dependib de la expansibn, hasta la Primera Guerra Mundial, en co que domina hasta
las tierras virgenes y por lo general ricas de la pampa. Aunque hubo fundamente en toda 1
algunos progresos técnicos, tanto en la cria y el levante del ganado como La trayectoria de]
en la agricultura, las relaciones sociales de produccibn que subordina­ mentalmente distinú
ban la agricultura a la ganaderia y le negaban a la fuerza de trabajo mi­ movimiento obrero pl
gratoria la seguridad en la tenencia no podian sostener ni hacer avanzar antimperialista de su
el proceso de modernizacibn rural. El aumento de la produccibn agrope­ trb más y más grupos
cuaria continub hasta los años veintes y probablemente hubiera prose­ la solucibn socialista
guido por un tiempo mayor de no haber intervenido la depresibn mun­ trario, el más grande
dial. Mas el fracaso modernizador antes de Perbn, como queda ilustrado ~ a comienzos delsii
con la negligencia frente a la investigacibn y los servicios técnicos para CIO como una fuerza iI
los productores rurales, era congénito a la estructura de la econonúa ra de un movimiento
exportadora de Argentina. Quienes trabajaban la tierra no teman opor­ asunúa la armonia de
tunidades ni incentivos para modernizar y los que la poseían no necesita­ den capitalista.
ban hacerlo. Es alrededor de es
La ironia de la historia argentina ha querido, dado el poder de las f?sis ideolbgica que gi
fuerzas humanas generadas por la produccibn exportadora, que los mis­ rm del movimiento ob
mos rasgos estructurales que demostraron ser tan conductivos para el influencia y la fortalez
desarrollo econbmico capitalista en la primera mitad del siglo XX alber­ po, explicar la fragilid
garan implicaciones políticas tan destructivas para el desarrollo econb­ de esta primera gran II
>, ,
mico de la segunda mitad. La historia del movimiento obrero argentino, explicar dos decenios (
~
al que nos referiremos ahora, une las tramas del desarrollo econbmico y e inactividad colectiva
la evolucibn politica. Al hacerlo, revela las dimensiones plenas de la cri­ recer la rápida moviJjz¡
sis que ha paralizado no solo la econonúa de la nacibn sino el conjunto de lidad con la que se 8.CE
la sociedad argentina desde mediados del siglo. inst.itucional que, en ti
los mtereses fundamel
resulta una tarea simp
LA PRIMERA GRAN MOV1LlZACION OBRERA tos apenas empieza y e
La historia del movimiento obrero argentino en el siglo XX comprende polémica (24). En esta I
dos periodos diferentes de movilizacibn de masas y fuerza organizativa.
El primero alcanzb su apogeo al final de la Primera Guerra Mundial bajo 24. He recurrido primordiaJme
ARGENTINA 137

el liderazgo de los anarcosindicalistas. El segundo se desarrolló durante


la Segunda Guerra Mundial y fue canalizado hacia un movimiento corpo­
rativista y nacionalista de derecha. acaudillado por Juan Domingo Pe­
rón. Ambos periodos estuvieron separados por un intervalo de veinte
años. A partir de 1920. el movimiento obrero pronto perdió su ímpetu y
su autonouúa ideológica. La organización obrera decayó y las organiza­
ciones restantes más grande~ y efectivas aceptaron la legitimidad del
orden social y económico. El primer movimiento obrero. con todo y su
vitalidad inicial. no pudo obtener importantes concesiones ideológicas e
institucionales de la clase dominante. Dejó una impronta ideológica e
institucional muy poco profunda en la vida de la nación. Por el contrario.
la segunda época de la movilización obrera cambió el curso de la historia
moderna de Argentina. Dejó un legado pol1tico. institucional e ideológi­
co que domina hasta hoy el movimiento obrero argentino e influye pro­
fundamente en toda la vida nacional.
La trayectoria del movimiento obrero argentino es. entonces. funda­
mentalmente distinta de la de su contraparte en Chile. En este país. el
movimiento obrero pronto forjó una concepción clasista. anticapitalista y
antimperialista de su posición en la sociedad. A lo largo del siglo arras­
tró más y más grupos sociales hacia la concepción marxista del mundo y
la solución socialista a los problemas nacionales. En Argentina. al con­
trario, el más grande movimiento obrero anticapitalista de Latinoaméri­
ca a comienzos del siglo XX se atrofió a partir de 1920. Cuando reapare­
ció como una fuerza importante de la vida nacional. lo hizo bajo la bande­
ra de un movimiento popular antimarxista unido a una ideologia que
asuuúa la armonía de clases y aceptaba las instituciones básicas del or­
den capitalista.
Es alrededor de este patrón de desarrollo discontinuo y de metamor­
fosis ideológica que giran los problemas anaJiticos centrales de la histo­
ria del movimiento obrero argentino. Hay que elucidar la considerable
influencia y la fortaleza inicial del anarcosindicalismo y, al mismo tiem­
po. explicar la fragilidad. la rápida declinación y el permanente eclipse
de esta primera gran movilización de la clase obrera argentina. Hay que
explicar dos decenios de conformismo ideológico. debilidad organizativa
e inactividad colectiva del movimiento laboral y, al mismo tiempo. escla­
recer la rápida movilización de comienzos de los años cuarentas y la faci­
lidad con la que se aceptó -y se ha defendido- un orden ideológico e
institucional que, en términos marxistas, se contrapone teóricamente a
los intereses fundamentales de los trabajadores como clase. Hacerlo no
resulta una tarea simple. La investigación académica sobre estos asun­
tos apenas empieza y el grueso de la literatura existente es descriptiva y
polémica (24). En esta sección y en la siguiente hago un repaso de la his­

24. He recurrido primordialme~te a narraciones escritas por activistas de la época Yque represen­
138 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

tona en las dos fases del movimiento obrero argentino moderno. He tra­ La principal excel
tado de demostrar cómo muchos de los enigmas que pesan sobre el de­ pa fue la zona merídi
sarrollo del movimiento obrero argentino pueden clarificarse en el marco rurales de protesta Sl
de las tendencias económicas y sociales reseñadas en la sección anterior. caron ventaja de la h
Sostengo que el precoz desarrollo del movimiento obrero argentino, su ríos inmigrantes, qui,
foco urbano, su composición social y tendencias ideológicas, su tenue la provincia entre 187
fortaleza en la posguerra y su colapso súbito, todo ello refleja las espe­ hacia un patrón de ca
"
ciales caracterlsticas estructurales del veloz crecimiento de la sociedad cia agricola capitalistl
periférica capitalista de Argentina en las décadas posteriores a 1880. taba con una població
cialmente en el cultiv(
mayor pluralismo ens
nes de la pampa.
Alli, cerca de la pO
A diferencia de sus compañeros de Chile, los trabajadores argentinos rios efectuaron el mov
del sector exportador enfrentaron obstáculos virtualmente insuperables na del siglo XX (27). J
en sus esfuerzos por forjar instituciones obreras y una concepción autó­ ternacionales de los gJ
noma de la sociedad. Los métodos extensivos de producción, inherentes la renta de la tierra, y 1
a la crla de ganado e impuestos por los grandes terratenientes a una tración provincial de C4
fuerza de trabajo inmigrante en el cultivo de cereales, impidieron el de­ ron a exigir rentas máI
sarrollo de comunidades rurales estables y socavaron el potencial orga­ agricultores capitalista
, ,
nizativo de los trabajadores del campo. Aislados en la vasta pampa, pri­ ros italianos, consiguiE
vados de la propiedad sobre la tierra o sin acceso permanente a ella, los mediaríos que vendían
obreros rurales no podían construir ni siquiera instituciones rudimenta­ otorgaban crédito. LleJ
rias de vida colectiva. Como lo demostró James Scobieen una obra clási­ Santa Fe y sus líderes
ca, el desarrollo de escuelas e iglesias,e inclusQ de pequeñas aldeas, fue llegado a 100 mil antes
impedido en la pampa ganadera y cerealera (25). Tal anemia institucio­ a la mediación gubern
nal reviste una importancia fundamental. Fue mediante este tipo de ins­ terratenientes. La orga
tituciones como otros trabajadores rurales, por ejemplo, los de Estados Fe, la Federación Agra
Unidos, crearon poderosas instituciones obreras y sostuvieron movi­ vieron a la huelga y COI
mientos agrarios masivos capaces de influir y amenazar las instituciones agrarias moderadas en ;
económicas y políticas de grandes Estados nacionales (26). Fue en esta Inisma J
donde los trabajadores
rurales de orientación
,1
, . tan cada una de las principales corrientes ideológicas en el desarrollo del movimiento obrero
argentino. Dichas obras, todas las cuales muestran los puntos fuertes y débiles discutidos en
el primer capitulo, incluyen Diego Abad de SantillAn, La roRA, Buenos Aires, 1933 (anar·
que se extendió a lo larg
ral de 1~19. La huelga,
quista,; Sebastián Marotta,El movimiento siDdieal 8I1Ieatlno, 3 Vola., Buenos Aires, 1960,
1961, 1970 (sindicalista); Jacinto Oddone, Gremialismo proletario 8J1I8DtIno, Buenos Aires, terrateruentes como de
1949 (socialistal; Rubén Isearo, Origen y desarroUo del movimiento sindical argentino, Bue­
nos Aires, 1958 (comunista'. Las contribuciones peronistas se anotan más adelante. Los inten­
tos de los especialistas por explicar los principales puntos de ~e en la historia del movi­ 27. Estas observaciones sobre el
miento laboral argentino se discuten a medida que el análisis avanza. de la rica pero retorcida bisc
25. Scobie, Revolution on tile Pampas•.. Siguen el cuidadoso examen
26. Lawrence Goodwyn ha desarrollado estas ideas en una importante revaloración del movimien­ AnIhal Arcando, "El conflie
to populista de Estados Unidos a fines del siglo XIX,Tbe Populist Moment, Nueva York, 1978. oct.-die. de 1980, 351·381. e
Carl Solberg aporta mucha información acerca de la fragmentación y la vida abyecta de la cia­ en los afios subsiguientes en
se obrera rural argentina en "Fann Workers and the Myth of Export-Led Development in tina, 1912-1930", en Iouroa
Argentina", en Tbe Americas21:2, octubre de 1974, pp. 121-138. 1971, pp. 18-52.
ARGENTINA 189

La principal excepción a este patrón de organización social en la pam­


pa fue la zona meridional de la provincia de Santa Fe. Los movimientos
rurales de protesta surgidos en esta región a comienzos del siglo XX sa­
caron ventaja de la herencia social y política de los pequeños propieta­
rios inmigrantes, quienes se establecieron como productores de trigo en
la provincia entre 1870 y 1890. Pese a que la región habia evolucionado
hacia un patrón de concentración de la propiedad territorial y de tenen­
cia agrícola capitalista típica de la pampa, a comienzos del siglo XX con­
taba con una población más de.nsa, una agricultura más intensiva, espe­
cialmente en el cultivo del maiz,una estructura social más compleja y un
mayor pluralismo en su estructura politica partidista que las otras regio­
nes de la pampa.
AUi, cerca de la población de Alcorta, en junio de 1912 los arrendata­
rios efectuaron el movimiento agrario más exitoso de la historia argenti­
na del siglo XX (27). Apremiados por la inestabilidad de los precios in...
ternacionales de los granos, las cosechas irregulares y el·incremento de
la renta de la tierra, y alentados por la reciente elección de una adminis­
tración·provincial de corte reformista radical, los arrendatarios se lanza­
ron a exigir rentas más bajas y contratos a largo plazo. Estos pequeños
agricultores capitalistas, la mayoría de los cuales al parecer eran·aparce...
ros italianos, consiguieron foIjar una alianza con los comerciantes inter­
mediarios que vendian su grano a las grandes firmas exportadoras y les
otorgaban crédito. Llevaron. su movimiento más allá de la provincia· de
Santa Fe y sus líderes aseguraban que el número de huelguistas había
llegado a 100 mil antes que el paro de dos meses fuese arreglado gracias
a la mediación gubernamental y a ciertas concesiones hechas por los
terratenientes. La organización fundada por los arrendatarios de Santa
Fe, la Federación Agraria Argentina, y su periódico, La Tierra, sobrevi­
vieron a la huelga y continuaron agitando consignas en pro de reformas
agrarias moderadas en los años diez y veintes.
Fue en esta misma región y en el sur de la provincia de Buenos Aires
donde los trabajadores sin tierra, organizados en incipientes sindicatos
rurales de orientación anarcosindicalista, realizaron una gran huelga
que se extendió a lo largo y ancho de la pampa durante la agitación labo­
ral de 1919. La huelga, sin embargo, enfrentó la oposición tanto de los
terratenientes como de los otrora radicales miembros de la Federación

27. Estas observaciones sobre el movimiento agrario que se inició en Santa Fe en 1912 se derivan
de la rica pero retorcida historia de Plácido Grela, El Grito de AIoorta, Buenos Aires, 1956,1
siguen el cuidadoso examen de las condiciones estructurales que precipiCa1'on·la protesta en
An1bal Arcando, "El conflicto agrario argentino de 1912", en Desarrollo Eeooómieo, 20:79
oct.-dic. de 1980, 351-381. Carl Solberg esboza los términos del conflicto agrario en la pampa
en losl1Ílos subsiguientes en su articulo pionero "Rural Unrest and Agrarian Policy in Argen­
tina, 1912-1930", en "ouma! 01 Interameriean St0die8 and Wodd Affairs, No. 12, enero de
1971, pp. 18-52.
140 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

Agraria Argentina, y fue violentamente reprimida por parte de la policía En vez de fomel
provincial luego de cinco semanas de lucha. Durante los años veintes, la ciales de producciÓl
pequeñoburguesa F AA se inclinó rápidamente hacia la derecha. Según jar a los obreros ha,
lo ha demostrado Carl Solberg, La Tierra simpatizaba con las iniciativas sostenido de la indu
agrarias de Mussolini y atribuia la situación de los jornaleros sin tierra a las actividades bur
la indolencia de los individuos. En 1928 estalló en la provincia de Buenos impresionante desa
Aires y en el sur de Santa 'Fe otra huelga de trabajadores sin tierra que manuales, los oficiJ
buscaban reconocimiento a su organización y aumentos salariales. Esta inmigrantes europe
vez la F AA también se opuso y el movimiento fue rápida y brutalmente que faltaban en el ~
reprimido por parte de las tropas despachadas por el gobierno radical. en una economía dE
Fue más allá de la pampa, en los lejanos parajes de la Patagonia, ban a sí mismas (29
donde entre 1920 y 1921 los anarquistas dirigieron la otra gran huelga vestir, dar techo y (
rural de la historia moderna de Argentina. Organizada por artesanos necesidades de tran
urbanos del puerto de rio Gallegos, movilizó la fuerza de trabajo predo­ la exportación de VI
minantemente chilena de las grandes estancias ovejeras del territorio de miles de empleos pa
Santa Cruz. La huelga fue finalmente aplastada por el ejército, que eli­ pa y en especial en :
minó sistemáticamente a cientos de trabajadores rurales y los sepultó en sumaba casi medio I
fosas comunes. Osvaldo Bayer, quien inmortalizó la huelga en su histo­ La estructura ec
ria de tres volúmenes Los vengadores de la Patagonia trágica, revela desarrollo exportad(
cuán diferentes eran las condiciones organizativas en la Patagonia y en la que aparecióCU81
el centro de la econonúa agroexportadora. En las vastas, áridas y poco dustriales del centr
pobladas planicies de la Patagonia, los capitalistas no disponían tan fá­ urbano argentino el.
cilmente de esquiroles ni del aparato coercitivo del Estado. Sus trabaja­ obreros industriales
dores, principalmente varones solteros, vivían en barracas comunales en ducción y progresiVll
cada rancho. Durante la catastrófica depresión de la posguerra en la'eco­ la ejecución del trah
nonúa internacional de la lana, estos obreros no tenían literalmente a portantes concentra(
donde ir, ni alternativa alguna de trabajo en las estancias ovejeras para porte, la mayoria de
ganar su sustento. En la Patagonia los obreros vivían aislados de las empleados en la COI
principales instituciones culturales de Argentina, en una estructura so­ manufactureros, qUE
cial compuesta por dos clases, sin grupos intermedios. Su capacidad veer de mercancías 1
para identificar a sus antagonistas de clase y adelantar acciones colecti­ cados de la construc
vas exitosas quizá también se veía favorecida por el hecho de que la albañiles, herreros, 1
mayoria eran chilenos, mientras que los propietarios eran capitalistas tores de tranvía, pa
argentinos o europeos ausentistas (28). movimiento obrero o;
Estas notitbles movilizaciones de trabajadores. rurales en el sector
exportador, reseñadas esquemáticamente aqui, constituyen las excep­
ciones. En la vasta pampa, núcleo de la econonúa exportadora, las condi­ 29. El bRel'CUlbio deaipal
mento te6rico e históricx
ciones estructurales levantaron formidables obstáculos para una efectiva las economias perifériet
organización laboral. El) la pampa la naturaleza de los sistemas de te­ mente alta.
30. Recientes estudios euro
nencia y de trabajo tendía incluso a limitar la concentración de las gentes demostrado convincenÚl
y a sofocar el desarrollo de formas rudimentarias de vida comunitaria. es la resistencia a la pn
exp.Jica la dinámica de la
se carece de estudios 8ÍI
protesta laboral anarqui
28. Osvaldo Bayer, Los vengadores de la PatalJonia trágica, 3 Vols., Buenos Aires, 1972-74. décadas del siglo XX.
ARGENTINA 141

En vez de fomentar el desarrollo social del campo, las relaciones so­


ciales de producción en el centro del sector exportador tendían a empu­
jar a los obreros hacia las ciudades. Allí, gracias al crecimiento rápido y
sostenido de la industria manufacturera y de construcción, los servicios y
las actividades burocráticas y profesionales, todos estimulados por el
impresionante desarrollo de la producción exportadora, los trabajadores
manuales, los oficinistas y los pequeños empresarios, muchos de ellos
inmigrantes europeos, hallaron las oportunidades económicas y sociales
que faltaban en el campo. En la medida en que el mercado urbano crecía
en una econoIlÚa de salarios altos, las actividades urbanas se alimenta­
ban a sí mismas (29). Surgió una gran econoIlÚa urbana para alimentar,
vestir, dar techo y divertir a las clases urbanas del pals. Asimismo, las
necesidades de transporte y procesamiento de una econoIlÚa basada en
la exportación de voluminosos artículos ganaderos y agricolas crea'JOn
miles de empleos para obreros, principalmente en los puertos de la pam­
pa yen especial en Buenos Aires. En 1914, la clase obrera de la capital
sumaba casi medio millón de personas.
La estructura económica de Argentina durante la época dorada del
desarrollo exportador moldeó, así, una estructura de clases diferente de
la que apareció cuando el capitalismo se extendió en las econoIlÚas in­
dustriales del centro del sistema mundial. El núcleo del proletariado
urbano argentino en los inicios del siglo XX no estaba cqruormadopor
obreros industriales divorciados de la propiedad de los medios de pro­
ducción y progresivamente despojaaos del control sobre la concepción y
la ejecución del trabajo (30). Exceptuando las considerables y muy im­
portantes cQncentraciones de obreros en el empaque de.came y el trans­
porte, la mayoría de .los trabajadores manuales del pals eran artesanos
empleados en la construcción urbana y en pequeños establecimientos
manufactureros, que utilizaban materias primas domésticas paOl pro­
veer de mercancías baratas el mercado doméstico. Los artesanos califi­
cadosde la construcción y la manufactura, organizados en gremios de
albañiles, herreros, tipógrafos, carpinteros, sastres, ebanistas, conduc­
tores de tranvia, panaderos, zapateros, etc., formaban el grueso del
movimiento obrero organizado a comienzos del siglo XX. Tales artesanos

29. El lD~io desigual, de Arghiri Emmanuel, México, 1972, desarrolla un poderoso argu­
mento te6rico e histórico para demostrar el potencial de desarrollo capitalista diversificado de
las economias periféricas que, como la de Argentina, poseen una estroctura salarial relativa­
mente alta.
30. Recientes estudios europeos y norteamericanos sobre la historia del movimiento obrero han
demostrado convincentemente, al contrario de las concepciones marxistas tradicionales, que
es la resistencia a la proletarización, y no las consecuencias de BU realización, lo que mejor
explica la dinámica de la protesta obrera en Europa y Estados Unidos en el siglo XIX. Aunque
se carece de estudios sistemáticos, dicha resistencia probablemente está en la esencia de la
protesta laboral anarquista y sindicalista de Europa Meridional y Argentina en las primeras
décadas del siglo XX.
142 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

lograron movilizar apreciables cantidades de trabajadores no calificados, En este marco social


quienes hacían las labores pesadas y sucias en una economía urbana en to de la economía export
que las herramientas de mano y el trabajo fisico aún no habian empeza­ obrero en los inicios del I
" do a ser remplazados por la maquinaria y los combustibles fósiles (31). dades latinoamericanas,
Solo hacia el final del primer periodo de movilización obrera se unieron a para protegerse a si mis
estas organizaciones los trabajadores sindicalizados del transporte, los des de ayuda mutua, orl
empleados de los servicios y los jornaleros. Los obreros maritimos y de la fuerza de trabajoil
,., ferroviarios lograron un notable grado de organización efectiva luego de XIX y su cantidad, sus 11
una serie de huelgas prolongadas y duramente luchadas, entre 1916 y velozmente a principios (
1918. valioso estudio sobre el t
l'
'¡ La naturaleza de la clase media moldeada por la expansión exporta­ les de la clase obrera en
dora de Argentina a partir de 1880 también se aparta del patrón clásico anota que en su apogeo
que surgió a medida que la industrialización avanzaba en el Atlántico mutua agrupaban en sus
Norte. El desarrollo económico fortaleció en Argentina a la clase terrate­ capital, 255.534 perSOD8l
niente, no a una burguesia industrial. El gran conglomerado de rentis­ de once millones de peSO!
tas, profesionales, empleados de cuello blanco y propietarios de estable­ les en beneficios (33).
cimientos manufactureros que se consolidó en Buenos Aires en los dece­ Al lado de estas instit
nios posteriores a 1880 se mostró más interesado en la democratización zaron a organizar colectiv
poJitica y en el acceso a.la educación y a la burocracia estatal que en bus­ que combinaban las funci
car una concepción organízativa, social y económica diferente de laque v?luntad de lanzar huelge
defendian la clase dominante argentina y los capitalistas foráneos alia­ SIn embargo, a diferencü
dos con ella. Las aspiraciones de estos sectores medios, la mayoria de sociedades de resistencia,
cuyos integrantes, con excepción de los industriales, habia nacido en por artesanos urbanos cali
Argentina, presentaban a la élite de la tierra un serio desafio poJitico, ron de combinar su fuel'Zl
aunque no social. Como veremos, la solución a dicho reto, queabriria el medio de huelgas de soli
sistema poJitico a todos los ciudadanos varones adultos a partir de1912, concepciones obreras del
tuYO importantes consecuencias para el desarrollo del movimiento obre­ de teatro y periódicos pro
ro y para la evolución poJitica de la nación durante el siglo XX (32). del capitalismo, daba a COl
tía entre si para promover I
cas a los problemas que afJ
31. Jacinto Oddone. GremialieDlo, ..• pp. 276-77. trae una ilust.raclón gráfica de quiénes eran estos En desarrollo de todas
trabajadores en su lista de organizaciones obreras de la capiial. representadas en la conferen­
cia de fusión de los sindicatos anarquistas y socialistas efectuada en Buenos Aires en 1906. lación a la ideolOgía y las
Aquéllos inclulan talabarteros, marmoleros. mo2lO8, carpinteros de ribera, gráficos, herrado­ gran parte compuesto por
res, escultores en madera, pintores, torneros en madera lrepresented by Oddonel. obreros del
puerto, fundidores tipográficos, mosaiquistas, maquinistas de calzado, modistas, conductores
de carros, conductores de veh1culos, propietarios de 1 y 2 carros. galponistas y escaleristas, desarrollados por Rock. Véanse f
a.yucIQtes y peones de cocina, fundidores y modelistas, IIUtl'es, planchadores, constructores los partidos politicos contemporj
de carruajes. cortadores de calzado. maquinistas, pechereros. plateros, metalúrgicos rurales, gentiDa, lIOdedad de DIUM, BD
vidrieros. obreros ferrocarrileros. obreros en construcción. empleados de tranvia, herreros de asuntos de la historia argentina
obra, electricistas, dependientes de comercio, albalWes, conductores de carros; empleados, Latina, Buenos Aires, 1961, C. 6.
fotógrafos. tabaqueros, zapateros, fraguadores, obreros de frigorlfic¡os, escoberos, sombrere­ 3S. Roben E. Shipley, "On the Out.
ros, mecánicos. aJ.palgateros, moldeadores, domésticos, obreros navales, peones de comercio, ring the Golden Age of Argentinf
horneros, empapeladores, panaderos y aserradores. University, 1977, pp. 233-84. MI
32. Las tendencias politicas de la clase media, en especial las que se evidenciaron en las relacio­ parte de la información cuantital
nes del Partido Radical con el movimiento obrero, son cuidadosamente examinadas en David argentiDa. Documentos para 1111 I
Rock, PoUtice in Argentina, 1890~1930. Cambridge.lnslaterra, 1975. El trabajo pionero de los ducción a la historia del moviml
historiadores y cient1ficos sociales argentinos presagiaba muchas de las ideas y conceptos documentos de primera mano qUI
.AHISTORIA ARGENTINA 148

calificados, En este marco social y político, condicionado por el rápido crecimien·


lurbana en to de la economia exportadora, se desenvolvió la historia del movimiento
anempeza­ obrero en los inicios del siglo XX. Como sucedió en Europa y otras socie­
1ósiles (31). dades latinoamericanas, los obreros argentinos se organizaron primero
e unieron a para protegerse a si mismos de la enfermedad y la muerte. Las socieda­
lSporte, los des de ayuda mutua, organi.tadas a menudo siguiendo las líneas étnicas
l8.l'itimos y de la fuerza de trabajo inmigrante, ya eran numerosas a fines del siglo
va luego de XIX y su cantidad, sus miembros y sus recursos de capital aumentaron
rltre 1916 y velozmente a principios del siglo XX. Robert Shipley, quien ha escrito un
valioso estudio sobre· el tamaño, la estructura y las condiciones materia·
bn exporta­ les de la clase obrera en la ciudad de Buenos Aires durtUlte el perlodo,
trbn clásico anota que en su apogeo, alrededor de 1913, las sociedades de ayuda
~I Atlántico mutua agrupaban en sus filas a cerca de la mitad de la clase obrera de la
a.se terrate­ capital, 266.634 personas. Para entonces reportaban un capital de mis
i) de rentis­ de once millones de pesos y distribuian casi tres millones de pesos anua­
de estable­ les en beneficios (33).
tn los dece­ Al lado de estas instituciones defensivas, los obreros también empe­
)Cratización zaron a organi.tar colectividades denominadas sociedades de resistencia,
¡ueen bus­ que combinaban las funciones de las sociedades de ayuda mutua con la
ade laque voluntad de lanzar huelgas a fin de arrancar concesiones a los patronos.
ineos alía­ Sin embargo, a diferencia de las m&neomunales del norte de Chile, las
mayorla de sociedades de resistencia estaban divididas por gremios, principalmente
I nacido en por artesanos urbanos calificaqos. Los obreros argentinos también trata­
lo político, ron de combinar su fuerza y coordinar las actividades de resistencia por
!e abrirla el medio de huelgas de solidaridad y de centrales sindicales. Difundian
tir de 1912, concepciones obreras del mundo a través de mitines de masas, grupos
dento obre­ de teatro y periódicos propios. La prensa obrera denunciaba los males
(32). del capitalismo, daba a conocer. la visión obrera de las noticias y compe­
tía entre si para promover diversas tácticas y aportar soluciones ideológi­
cas a los problemas que afrontaba la clase trabajadora.
kIes eran estos En desarrollo de todas estas actividades, pero especialmente con re­
~ laeoaferen­ lación a la ideología y las tácticas, el movimiento obrero argentino, en
!\ires en 1906.
~, herrado­ gran parte compuesto por inmigrantes, reflejaba la poderosa influencia
". obreros del
" conductores
r escaleristas, desarrollados por Rock. Véanse especialmente Ezequiel Gallo y Silvia Sigal, "La formación de
icoDatructores los paxtidos poIitieos contemporáneos: Lavea (1890-1916)", ~n Torcuaio Di TeDa et al., Ar·
1Ii~ rurales, ,entiDa, IOdedad de mlUlU, Buenos Aires, 1966, pp. 124-76. La evaluación clásica de estos
~, herreros de asuntoll de la historia argentina es John J. Jolmson, La Ú'IUlsformación poIídea en América
,¡empleados, LatiDa, Buenos Aires, 1961, C. 6.
.; sombrere­ 33. Robert E. Shipley, "On the Outside Looking In: A Social Hiatory of the Portefto Worker Du­
tdecomercio, ring the Golden Age of Argentine Development, 1914-1930", disertación para Pb.D., Rutgers
Vniversity, 1977, pp. 233-34. Me hé apoyado extensamente en esta disertación para buens
lilas relacio­ parte de la información cuantitativa de esta sección. Hobart Spa.I.diDg, La cIaM trabajadora
liasen David argenUaa. Documentos para su bistoria, 1890·1912, Buenos Aires, 1970, es una buena intro­
ioaelO de los ducci6n a la historia del movimiento obrero durante este periodo y reproduce decenas de
rl eoneeptos documentos de primera mano que expresan la tónica del movimiento sindical antes de 1912.
JiQf

LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

de Europa. Predominaban tres corrientes ideolbgicas. Una era el socia­ táculos y oportunidad
lismo, que en Argentina aceptó inicialmente la idea marxista de la lucha lidad de la vida, la ID8
de clases e hizo hincapié en la necesidad de la organizacibn en el lugar si no irrelevantes, la il
de trabajo, pero que pronto se desvib hacia una estrategia reformista y En Argentina los I
electoral. La segunda era el anarquismo, que abogaba por la accibn es­ nes capitalistas de pr
pontánea de masas en pro de reivindicaciones y aspiraba a destruir el que creara normas de
orden capitalista explotador y la tiralÚa del Estado por medio de una ra una jornada labora
gigantesca huelga general. La tercera era el sindicalismo, que, sin re­ dos. Los socialistas tal
" nunciar a la concepcibn de los anarquistas, empezb a subrayar la impor­ adquisitivo de los obn
tancia de la organizacibn no sectaria en el lugar de trabajo a fin de conse­ libre comercio y se o¡
guir tanto la destruccibn del capitalismo como la construccibn de una "artificial". En 1904 I
nueva sociedad de productores libres en donde prevalecerian la libertad, CongreSO, pero fue a i
la abundancia y la igualdad social (34). ron un buen número d
Aunque desde .1890 los socialistas ganaron influencia entre pequeños electorales y legislath
grupos de obreros calificados, en el siglo XX no pudieron desarrollar una vas acciones en ellugl
base obrera de masas. Los anarquistas, por otro lado, lograron movilizar cialistas, anarquistas
a los obreros urbanos en acciones masivas contra empresas individuales, siglo, pudieron cristali
asi como en grandes huelgas generales; por más de una década, a partir jornada laboral, trabe
de 1900, dominaron el movimiento obrero argentino. No obstante, a par­ demostrado que cuan(
tir de 1915, los sindicalistas ganaron el control de la principal central en 1925, el obrero pr(
obrera argentina y fueron ellos quienes dirigieron las huelgas claves que día de trabajo llgel'8lru
llevaron al movimiento obrero a un cJimax en los tumultuosos años que Por 10 que sabemOE
siguieron a la Primera Guerra Mundial. de los resultados eled
El atractivo de la ideología anarquista y sindicalista para los obreros claro que el Partido So
argentinos en este periodo se atribuye con frecuencia a los origenes calificados y los emp
europeo-meridionales de numerosos inmigrantes. Esta explicacibn, cul­ derrotó al Partido Rad
tural y difusionista, es correcta hasta cierto punto. Empero, deja de lado conservadores en los d
las condiciones estructurales concretas que hicieron aparecer la ideolo­ costado meridional de :
gis anarcosindicalista especialmente atractiva a los ojos de los obreros ra y casi todos los innl
en los primeros años del siglo XX. Los trabajadores argentinos, al igual pequeña porcibn de im
que sus colegas de Europa meridional, hallaron en el anarquismo, y pos­ ciudadalÚa argentina; 1
teriormente en el sindicalismo, una visibn del mundo y un programa de a hacer dinero para lu
transformacibn social que validaban y explicaban su experiencia diaria y que se quedaban tal v
encarnaban sus necesidades y aspiraciones. En cambio, dados los obs­ argentina, particularm
ciones tales como el sel
84. Todos estos grupos tenian estrechos vineuloa con movimientos europeos similares: los socia­ litaban el proceso buro
listas con los socialdemócratas franceses y alemanes; los anarquiaias con los anaJ'quiatas los extranjeros se les I
espafloles e italianoa; loa sÍDdieaJistas con obreros afines en estos últimoa paises y en Francia. Buenos Aires, en 1917,
Muchoa militantes argentinoa eran inmigrantes que hablan sido ad.iviatas en Europa. Loe li­
deres anaJ'quistas, especia1mente, tra~ban en amboa lados del AtJántieo. Aceres de la ron aprovechar la oport
cuestión general de las influencias ideológicas europeas durante la formación del movimiento
obrero en América Latina, véase Hobart Spalding, 0rpaJzed Labor ID lAtiD Ameriea. Nueva
York, 1977, C. I. Sobre los anarquistas argentinoa y sus conexiones con Europa, Wanse Ri­ 85. Con la apertura del sistem
chard A. Yoaat, "The Development of Argentine Anarchiam: A Soclo-Ideologic AnaIysia", fuerza electoral muy imporl
disertaci6n para Ph.D., University of WiacoDSÍD, 1975, y Iaacov Oved, El anaJ'quJamo ea el principalmente de la cla.ae (
movimieaw obrero ea AqentiDa, Ciudad de Mézico, 1978. fuerza electoral socialista ei
ARGENTINA 146

a­ táculos y oportunidades que afrontaban en su empeño por mejora!" la ca­


la lidad de la vida, la mayoría de los obreros argentinos hall6 inadecuadas,
IU' si no irrelevantes, la ideología y la táctica de los socialistas.
Y En Argentina los socialistas abogaban por la reforma de las relacio­
s­ nes capitalistas de producci6n. Luchaban por conseguir una legislaci6n
el que creara normas de seguridad, compensara los accidentes, establecie­
la ra una jornada laboral más corta y regulara el trabaijo de mujeres y ni­
~ ños. Los socialistas también procuraron con tes6n salvaguardar el poder
r­ adquisitivo de los obreros urbanos. En forma consistente defendieron el
e­ libre comercio y se opusieron a la creación de una industria doméstica
i& "artificial". En 1904 loS' socialistas habían logrado una diputaci6n en el
d, Congreso, pero fue a raíz de la reforma electoral de 1912 cuando eligie­
ron un buen número de funcionarios públicos. Mediante estos esfuerzos
os electorales y legislativos, pero, más importante aún, lanzando combati­
tia vas acciones en el lugar de trabaijo y huelgas generales dirigidas por so­
Ir cialistas, anarquistas y sindicalistas, duranté las primeras décadas del
IS, siglo, pudieron cristalizarse una serie de leyes de corte reformista sobre
tir jornada laboral, trabajo de mujeres y niños y pensiones. Shipley ha
11'­ demostrado que cuando fue convertida en ley la jornada de ocho horas,
ti en 1925, el obrero promedio en Buenos Aires ya había conquistado un
tle día de trabaijo ligeramente más corto.
Ile Por lo que sabemos de los sindicatos baijo su control y por los análisis
de los resultados electorales de Buenos Aires a partir de 1921, resulta
claro que el Partido Socialista gozaba de gran respaldo entre los obreros
calificados y los empleados nacidos en Argentina. Sistemáticamente
derrotó al Partido Radical y les sac6 aún más ventaija a varios partidos
conservadores en los distritos obreros que se concentraban alrededor del
costado meridional de Buenos Aires. Empero, el grueso de la clase obre­
ra y casi todos los inmigrantes eran abstencionistas. En 1914 solo una
pequeña porci6n de inmigrantes, un poco más del 2% , había adoptado la
ciudadanía argentina; la mayor parte de los inmigrantes iba a Argentina
a hacer dinero para luego regresar a su país de origen. Muchos de los
que se quedaban tal vez pensaran que los beneficios de la ciudadanía
argentina, particularmente el derecho a votar, eran menores que obliga­
ciones tales como el servicio militar. Los funcionarios argentinos no faci­
.­...

lis
litaban el proceso burocrático de la naturalización, pero incluso cuando a
los extranjeros se les permiti6 votar en las elecciones municipales de
Buenos Aires, en 1917, apenas algo más de 11 mil inmigrantes decidie­
tH­ ron aprovechar la oportunidad (35).
,la
lito

36. Con la apertura del sistema politieo a partir de 1912, los socialistas se convirtieron en una
fuerza electoral muy importante en la ciudad de Buenos Aires. Los vot.os IlOciaIistas provelÚall
principalmente de la clase obrera. Un. buen estudio cuantitativo de la dimensión clasista de la
fuerza electoralllOcialistaen la capital en el periodo 1916-22 es Richard Walter, "Elections in
146 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

Por el contrario,el pensamiento y las tácticas de los anarquistas reso­ colectivas como la lib
naban profundamente en el seno de la clase obrera argentina. Los anar­ de la legislación repl
quistas organizaron y dirigieron la mayoría de los sindicatos de la cons. particulares por la 01.
trucción, la industria y los servicios, que dominaron el movimiento obre. de trabajo en determ
ro del país a comienzos del siglo XX. Los sindicatos anarquistas solo con­ El éxito de dichas tác
taban en este período con varios miles de miembros, mas tales trabaja­ tanto por la expansiÓl
dores y sus lideres consiguieron movilizar decenas de miles de obreros por el aumento del sa
en grandes huelgas generales, especialmente en 1902 y 1909. Por último, el anarqu:
De acuerdo con el estado actual de la investigación, solo podemos carnada en la lucha re
especular acerca de las razones de la generalizada influencia del anar­ relaciones sociales de
quismo (36). El activismo anarquista prometía la comunidad, mejoras y racionales, a una ch
materiales inmediatas y retribuciones espirituales extraordinarias para tas, mantenía su patri
una clase obrera marginada de las instituciones tradicionales de control significativo controls(
social. Ni la familia, la Iglesia o la escuela, ni los partidos politicos tradi­ Al principiar el sig
cionales ejercían gran influencia sobre una clase obrera urbana en la que tas fue víctima de una
predominaban los varones inmigrantes solteros, muchos de ellos vetera­ violenta. Si bien la 1'1
nos de las luchas anarquistas en Europa. Los anarquistas destacaban la muchos militantes en
solidaridad revolucionaria internacional y el carácter cosmopolita del del poder bajo el caP]
proletariado contra una clase capitalista nativa que antes de 1912 deten­ dualmente el atractivCl
taba el control del gobierno. A los obreros que hablan venido a América grimió decretos repl'eE
con el fin de hacer rápidamente dinero, el anarquismo también les ofre. Defensa Social, de 191
cía acciones laborales eficaces. Las tácticas anarquistas - basadas en al movimiento obrero (
huelgas de solidaridad y paros generales de masas para conquistar las vos. Tales medidas fue
demandas de los trabajadores- demostraron su efectividad en el marco de estado de sitio; con
de la veloz expansión económica y la inmigración masiva. Aun en condi­ ra, disolvía mitinesde
ciones de pleno empleo, el número creciente de inmigrantes recién lle­ vistas. Los grupos paJ
gados, que buscaban desesperadamente trabajo, amenazaba el éxito de por los funcionarios de
las huelgas lanzadas en un solo sitio de trabajo. Esa táctica, frecuente­ sión oficial. Bandas de
mente utilizada por los socialistas, solo era eficaz entre obreros altamen­ Esta acción, sumada a
te calificados. Las movilizaciones generales de masas, en cambio, con­ puesta a la huelga gell
tribuian a intimidar y a persuadir a los esquiroles. Y las huelgas de gran del centenario de la Ind
envergadura organizadas por los anarquistas no solo estaban diseñadas cia de la actividad sindi
para promover la unidad del proletariado, fortalecer el movimiento obre­ La masiva represiÓll
ro por medio de "gimnasia revolucionaria" y lograr reivindicaciones con el trastorno econÓD:
la Primera Guerra Mu
1915 y creció con fuelZl
theCity of Buenos Aires". en Hispanie AmerieaD HiBtoric:a1 Revlew, 68:4, nov. de 1978, pp. causa de la guerra y lal
596-624. Del mismo autor. The SociaJist Pariy of ArlJeáibul, Austin, 1977. es un estudio espe­ anarquista se vio eclipe
cializado en tomo al desarrollo del partido. Grem1eu.....o, de Jacinto Oddone, cubre el mismo
campo desde la perspectiva de un activista socialista. La evolución filosófica de los fundadores El sindicalismo combiru
y las figuras principales del partido puede seguirse en Dardo Cúneo, editor, Obras de Juan B. socialistas militantes y I
Juto, Buenos Aires, 1947. Una critica izquierdista properonista del partido es Jorge Spilim­
bergo, Juan B. Juto., el socialismo cipayo, Buenos Aires, 1974.
36. Un grupo de jóvenes historiadores 8Ociales, 8.IIOCÍado con el Programa de Estudios de Historia
Económicay Social Americana en Buenos Aires, está investigando la cultura popular que acla­ 87. Diego Abad de Santillán. I
rará esta cuestión. huía 191_, Buenos Aires,
ARGENTINA 147

colectivas como la libertad para los activistas encarcelados y el rechazo


de la legislación represiva. También concatenaban las luchas obreras
particulares por la organización y la mejora de salarios y las condiciones
de trabajo en determinados oficios y establecimientos manufactureros.
El éxito de dichas tácticas resultaba evidente para los obreros urbanos,
tanto por la expansión y la creciente efectividad de los sindicatos como
por el aumento del salario real durante la primera década del siglo XX.
Por último, el anarquismo ofrecía una visión de la dignidad humana en·
carnada en la lucha revolucionaria. Predicaba la libertad individual y las
relaciones sociales democráticas, así como valores seculares, científicos
y racionales, a una clase obrera que aún poseía sus propias herra:tnien·
tas, mantenía su patrimonio sobre las destrezas industriales y ejercía un
significativo control sobre el proceso de trabajo (37). '
Al principiar el siglo, el movimiento obrero dirigido por los anarquis­
tas fue víctima de una represión gubernamental permanente y a menudo
violenta. Si bien la reacción estatal inicialmente pareció confirmar a
muchos militantes en las concepciones anarquistas sobre la naturaleza
del poder bajo el capitalismo, su alcance y efectividad socavaron gra­
dualmente el atractivo de las tácticas de acción directa. El gobierno es­
grimió decretos represivos -la Ley de Residencia, de 1902, y la Ley de
Defensa Social, de 1910- con el propósito de decapitar periódicamente
al movimiento obrero deportando a extranjeros supuestamente subversi­
vos. Tales medidas fueron complementadas con frecuentes declaratorias
de estado de sitio; con base en ellas la policía silenciaba la prensa obre­
ra, disolvía mitines de trabajadores y encarcelaba a centenares de acti­
vistas. Los grupos paramilitares de derecha, con frecuencia tolerados
por los funcionarios del gobierno y la policía, complementaban la repre­
sión oficial. Bandas de civiles aterrorizaron los distritos obreros en 1910.
Esta acción, sumada a la persecución generalizada del gobierno en res­
puesta a la huelga general organizada por los anarquistas en vísperas
del centenario de la Independencia, desembocó en una abrupta decaden­
cia de la actividad sindical y huelguística a partir de aquel año.
La masiva represión politica del anarquismo en 1910 coincidió pronto
con el trastorno económico y el declive de la emigración precipitados por
la Primera Guerra Mundial. Cuando el movimiento obrero revivió en
1916 y creció con fuerza en 1917 por la creciente demanda de trabajo a
r. causa de la guerra y la caída drástica de los salarios reales, la influencia
~ anarquista se vio eclipsada por el éxito organizativo de los sindicalistas.
El sindicalismo combinaba en Argentina la ideología y las tácticas de los
"l.
11
socialistas militantes y de los anarquistas pragmáticos. En teoría respal­

37. Diego Abad de Santillán, El DlOYImieDto uuquiata ea la ArpatiDa (Deede • • eomie_


h8IIia 191., Buenos Aires, 1930.
T
148 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

daba la concepción anarquista de la revolución social, mas perseguia notable movilización ~


dicha meta por medio de organizaciones poderosas establecidas en los Buenos Aires subió a :
lugares de trabajo y la unidad obrera amplia y sin sectarismos, concreta­ mitad de 1919. En 191
da en una central nacional de trabajadores. Los sindicalistas también capital; en 1918 lo hic
asumieron una posición pragmática con relación al gobierno en la cam­ FORA pasó de ser en
biante situación política que siguió a las reformas electorales de 1912. El con algo más de 21 mil
gobierno radical que llegó al poder en 1916 buscó apoyo tanto de la clase su mejor momento, 19
media como de la clase obrera. Los líderes sindicalistas se mostraron de 68 mil miembros (
dispuestos a negociar con el nuevo gobierno y procuraron ganarse la miembros bien puede I
ayuda del Estado, o asegurarse al menos la neutralidad estatal, en la
,',.
lucha entre el capital y el trabajo.
la cantidad de miembrc
se disolvió. El número
La estrategia sindicalista y su relativo éxito parecen reflejar dos cam­ más de 300 mil en 1919
bios estructurales en la composición de la clase obrera organizada. El 1921, para caer a solo 4.
primero fue la organización de los trabajadores del transporte. En 1917, Algunos remanente:
luego de ganar trascendentales huelgas bajo la guia de los sindicalistas, vivieron en los años ve
los trabajadores ferroviarios se convirtieron en el rector más numeroso dirigidas por socialistas
del movimiento obrero argentino, mientras que los trabajadores marlti­ trolar el movimiento ob)
mos empezaron a mostrarse como los más efectivos. Estos sindi~tos de auge bien pudo habE
serian la columna vertebral de la central obrera orientada por los sindi­ bajo masculina de Buen,
calistas, la Federación Obrera Regional Argentina, FORA, la más pode­ tenecía a sindicatos (39)
rosa confederación de trabajadores antes de los años cuarentas. El se­ obreros ferroviarios, dir
gundo cambio fue demográfico y cultural. En los años veintes, las perso­ nización sindical no cre(
nas nacidas en Argentina, muchas de ellas hijos e hijas de inmigrantes poco frec,!!entes. En 19:
que habían estado afluyendo desde los años ochentas del siglo pasado, argentino estuvo al bord
conformaban un destacamento numeroso entre los obreros. La interrup­ Tan extraordinaria II
ción del flujo de inmigrantes y el retomo de muchos trabajadores tempo­ so. parecen estar relacio:
rales a Europa durante la guerra aceleró el·proceso. A diferencia de sus el desempleo. En el Cual
padres, esta segunda generación estaba compuesta de ciudadanos deci­ larios reales en Buenos
didos a permanecer en el pals y muchos habían asistido a escuelas públi­ salarios reales cayeron d:
cas argentinas. Como grupo, se hallaban más integrados que sus padres forma continua hasta la 1
a la sociedad argentina y eran más susceptibles a la influencia de las ins­ primera parte del perlod
tituciones y los valores culturales. El jefe de la FORA al final de la Pri­ ciudad disminuyó tamM
mera Guerra Mundial, Sebastián Marotta, personifica y simboliza estos pleo se incrementó rápid
dos cambios acaecidos en el movimiento obrero argentino. Hijo de inmi­ de la posguerra 0919-22:
grantes italianos, era pintor de vagones ferroviarios (38). partir de 1922, el índice
Bajo la dirección de los sindicalistas, el movimiento obrero alcanzó. hasta casi el final de la dé
un dramático clímax en el periodo de la posguerra. David Rack ha reco­
Las estadfsticas reveh
> , •
pilado estadfsticas que indican la magnitud y el rápido colapso de esta tinos a las tendencias ecO]
rra y la posguerra. Entr~
38. Las ideas contenidas en este párrafo son de88.1'l'Olladal: con gran claridad en Samuel L. Baily,
Lafior, NailoDaliam, IIIld Polities iD Ar,enihla, New Bnmswick, 1967. Baily también anota que 89. Todos estos estimativos son to
a fines de la década de 1910, aunque con muy irregular fortuna, grupos de obreros de cuello 6, p. 160.Rock se basa en la in¡
blanco (empleados de la banca y el comercio, trabaJadores de los telégrafos y los correos) tra­ ciale•• Lo mismo que con dato
taron de organizarse en sindicatos. b~JDIl81u tendencias son di
RIA ARGENTINA 149

:uía notable movilización de los obreros urbanos. El número de huelgas en


los Buenos Aires subió a 138 en 1917, a 196 en 1918 y a 259 en la primera
¡rt,a.. mitad de 1919. En 1917, 13S mil obreros participaron en huelgas en la
lién capital; en 1918 lo hicieron 133 mil y en 1919 309 mil. Entre tanto, la
im· FORA pasó de ser en 1915 una modesta organización de 50 sindicatos
, El con algo más de 21 mil miembros cotizantes, a una central obrera que en
lase su mejor momento, 1920, contaba con 734 sindicatos afiliados con más
lI'on de 68 mil miembros cuyas cuotas estaban al dia (el número real de
ela miembros bien puede haber sido el doble). ~mpero, trascurrido un año,
nla la cantidad de miembros cayó en más de 50% ya fines de 1921 la FORA
se disolvió. El número de huelguistas en Buenos Aires disminuyó de
~. más de 300 mil en 1919 a poco más de un tercio de dicha cifra en 1921 y
l.El 1921, para caer a solo 4. 737 en 1922.
917, Algunos remanentes importantes de la otrora poderosa FORA sobre­
iJias, vivieron en los años veintes, a tiempo que pequeñas centrales rivales,
Iroso dirigidas por socialistas, anarquistas y comunistas, contendian por con­
uit¡' trolar el movimiento obrero. Pero mientras que la FORA en su momento
~tos de auge bien pudo haber abarcado una cuarta parte de la fuerza de tra­
iDdi· bajo masculina de Buenos Aires, en 1922 apenas una vigésima parte per­
1Ode-­ tenecía a sindicatos (39). Con excepción de un sindicato reformista de los
:1se-­ obreros ferroviarios, dirigido por socialistas, en los años veintes la orga­
erso­ nización sindical no creció de manera significativa y las huelgas fueron
lOtes poco frecuentes. En 1922 y por mucho tiempo, el movimiento obrero
mdo, argentino estuvo al borde del colapso.
rrup­ Tan extraordinaria movilización, como también el catastrófico colap­
ropo­ so, parecen estar relacionados con las tendencias en los salarios reales y
e sus el desempleo. En el Cuadro 3.4 se muestran datos ilustrativos de los sa­
,deci­ larios reales en Buenos Aires. Estos indican que después de 1914 los
)úbli­ salarios reales cayeron drásticamente hasta 1918, para después subir en
adres forma continua hasta la Depresión. El Cuadro 3.5 revela que durante la
s iDs· primera parte del periodo, entre 1914 y 1917, el nivel de empleo en la
a Pri· ciudad disminuyó también considerablemente. Luego, elnivel de em­
¡estos pleo se incrementó rápidamente hasta 1919, cuando la suave depresión
,mm¡. de la posguerra (1919-22) la hizo estabilizar y luego declinar un poco. A
í partir de 1922, el indice de trab~adores empleados creció velozmente
canzó. hasta casi el final de la década.
¡retO­ Las estadisticas revelan la notable sensibilidad de los obreros argen­
~esta tinos a las tendencias económicas básicas durante los periodos de la gue­
rra y la posguerra. Entre 1914 y 1921 los trab~adores percibieron de

,. JIaily,
_que 39. Todos eatosestimativ08son tolUdos de Rock, Politiea iD ArpntiDa. .. , especialmente Cuadro
, cuello 6, p. 160. Rock se basa en la información obtenida en diversas publicaciones oficiales y no ofi­
IIOIltra- ciales. Lo mismo que con datossimi.1ares de Chile, las cifra.a absolutas pueden ser cuestiona­
bJes,. mas las tendencias son claras.
¡;
il
I.i 150 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA
1I

i
l' CUADRO 3.4 da por la información 80
1', cia de altas tasas de dt1
1,· INDICE DE SALARIOS REALES EN BUENOS AIRES, 1914·39
11 (1929: 100) toda la guerra y la pos"
I~; del Departamento del T
AIo ludice Afto ludica A60 ludlce
1; nivel'de desempleo en 1
,
producen en el Cuadro
l' . 1914
1915
68
61
1923
1924
86
85
1932
1933
104
96 pero aun si los cuidad05
I •
I 1916 57 1925 89 1934 99 queos cruzados de difel
L': 1917 49 1926 90 1935 101
errores, otras evidench
1918 42 1927 95 1936 95
1919 57 1928 101 1937 96 huelgas, confirman que
1920 59 1929 100 1938 96 alto durante el periodo.
1921 73 1930 91 1939 97
1922 84 1931 98
CUADRO 3.6
Fueute: República Argentina, Ministerio del Interior, Departamento Nacional del Trabajo,
División de Estadistica, Iuvestigaciones Sociales, Buenos Airee, 1940, p. 38. PORCENTAJE ESTIMADO DJ
BUENOS AIRES, 1914-30

1 CUADRO 3.5 Afto Porceat. de


" desempleo
_
..
..
INDICE DE TRABAJADORES EMPLEADOS EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES,
1914·39 1914 15.3% :
1915 18.0 1
" (1929: lOO)
1916 24.8 1
AIo Afto Indica A60 Indlce 1917 30.1 1
1918 20.8 1
1919 17.5 1
I""i 1914
1915
72
70
1923
1924
80
86
1932
1933
94
98
I
~ ~, 1916 66 1925 86 1934 104 Fuente: Robert E. Shipley, "On I
1917 61 1926 88 1935 113 During de Golden Age ,
1918 70 1917 96 1936 120 Rutgera University, 197
1919 74 1928 101 1937 126
1920 75 1929 100 1938 130
1921 76 1930 101 1939 132
1922 75 1931 98 U n recuento de las pr
lucha entre el capital y e.
obrero argentino de comi
Fueate: República Argentina, Ministerio del Interior, Departamento Nacional del Trabajo,
División de Estadistica, Investigaciones SocIales, Buenos Aires, 1940, p. 46. cía de un gran contingeft'
pobladas áreas costeras e
lantadas por los trabajadc
manera correcta su situación objetiva en la cambiante economía del país. ambos vitales para la sal
Tan pronto como los niveles de empleo favorecian su lucha, los obreros sarrollo económico del PI
se lanzaban a recuperar el poder adquisitivo perdido. Una vez que los fueron inicialmente exi~
niveles de empleo se volvían en su contra y los salarios reales continua­ nización más allá del nt
ban aumentando, desistían de la costosa batalla por mejorar su situación manufacturera y de los Si
a través de acciones laborales colectivas. miento obrero anarquista
Mas ¿cómo puede explicarse la continuada inactividad del movimien­ los obreros de la carne en
'. to obrero durante la expansión económica del resto del decenio? Una de la economía argentina
hipótesis consiste en enfocar una debilidad estructural básica, oscureci­ el éxito inicial de los trahll
ARGENTINA 151

da por la información sobre los cambiantes niveles de empleo: la existen­


cia de altas tasas de desempleo en la ciudad de Buenos Aires durante
toda la guerra y la posguerra. Robert Shipley ha utilizado las estadísticas
del Departamento del Trabajo, reunidas con otros fines, para calcular el
nivel de desempleo en la ciudad entre 1914 y 1930. Sus hallazgos se re­
producen en el Cuadro 3.6. Dichos estimativos son sumamente altos,
pero aun si los cuidadosos procedimientos de Shipley, que incluían che­
queos cruzados de diferentes conjuntos de datos, dejan pasar algunos
errores, otras evidencias, en particular la historia de las principales
huelgas, confirman que el nivel de desempleo en Buenos Aires·fue muy
alto durante el periodo.

CUADRO 8.6

PORCENTAJE ESTIMADO DE DESEMPLEO OBRERO EN LA CIUDAD DE


BUENOS AIRES, 1914-30
.. ---.
~••..
~--

PorceDt. de
desempleo
AAo POlCent.de
desempleo
Afto I Porceut.de
desempleo

1914 15.3% 1920 16.8% 1926 16.5%


1915 18.0 1921 18.2 1927 11.7
1916 24.8 1922 20.6 1928 9.2
1917 30.1 1923 17.5 1929 11.6
1918 20.8 1924 15.1 1930 15.6
1919 17.5 1925 17.1
I
Fuente: Robert E. Shipley, "On the Outside Looking In: A Social History of the PorteAo Worker
During de Golden Age of Argentine Development, 1914-1980", disertación para Ph.D.,
Rutgers University, 1977, Apéndice 111. pp. 846-53.

Un recuento de las principales huelgas muestra que la dinámica de la


lucha entre el capital y el trabajo, e inclusive el destino del movimiento
obrero argentino de comienzos del sigloXX, giraba en torno a la existen­
cia de un gran contingente de obreros desempleados en las densamente
pobladas áreas costeras de la pampa. Las más importantes fueron ade­
lantadas por los trabajadores del transporte y los empacadores de carne,
ambos vitales para la salud del sector exportador que impulsaba el de­
sarrollo económico del país. Las huelgas de los obreros del transporte
fueron inicialmente exitosas, lo que permitió a la FORA ampliar la orga­
nización más allá del núcleo de trabajadores urbanos de la industria
manufacturera y de los servicios, que habían formado la base del movi­
miento obrero anarquista. en la primera década del siglo. Las luchas de
los obreros de la carne en el sector industrial más moderno e importante
de la economía argentina terminó siendo, no obstante, un fracaso. Tanto
el éxito inicial de los trabajadores del transporte como la amarga derrota
, ' 152 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

de los obreros de la carne obedecieron a una dinánúca definida por la La alianza fue m
gran debilidad estructural del movinúento obrero argentino en esta épo­ en el caso de los fel'l
ca: su vulnerabilidad ante la amenaza del esquirol~e. ros altamente califica
La organización masiva de los obreros del transporte después de las pados en el níant.eniJ
exitosas huelgas de 1917-19 fue posible gracias a una tenue alianza entre reparación, ya era t:
trab~adores calificados y no calificados. Grandes cantidades de obreros huelga contra la Arg.
ferrocarrileros y marítimos no calificados y senúcalificados, dirigidos por ros y fogoneros habíl
sindicalistas revoluciBnarios, formaron alianzas con grupos pequeños y dicato pequeño, mod
cohesivos de obreros más conservadores, altamente calificados y por lo nidad. El grueso de
tanto imprescindibles en esas mismas industrias. En el caso de los traba­ campaña organizativ.
jadores ferroviarios, estos últimos eran ingenieros y fogoneros; en el de formar la poco estruCl
los marítimos se trataba de capitanes de barco, oficiales y técnicos. Los ría, FOF. Las friccioll
frutos organizativos de tales alianzas se vieron reforzados en parte por la sas cuando la presión
neutralidad inicial del gobierno radical recientemente elegido. Preocu­ dentro de la FOF llev
pado por su futuro electoral y vagamente comprometido con la justicia una huelga ambiciosa
social y la armonía de clases, este primer gobierno elegido popularmente tiembre de 1917.
en Argentina rehusó en un conúenzo emplear la policía y el ejército para La importancia dE
,> quebrar las actividades de los sindicatos y proteger a los rompehuelgas. propietarias de los mE
Sin embargo, el régimen siempre fue hostil a las tendencias revoluciona­ dora de Argentina, pI
",
.
rias anarquistas y sindicalistas en el seno del movinúento obrero. Y en la
medida en que la presión del capital organizado aumentó tanto sobre el
causaron una gran pre
to, que se extendió del
, t
gobierno como sobre los trabajadores, y el movinúento obrero se expan­ Buenos Aires, los obre
dió en la etapa de posguerra, las autoridades se lanzaron decididamente para bloquear el tráfK
a reprinúr a los elementos revolucionarios y a fortalecer la dirección sin­ carga. Pararon trenes I
dical refornústa. y los hicieron salir de le
En el caso de los trabajadores marítimos, la alianza entre obreros ca­ tánico de un tren expre
lificados y no calificados fue más sólida y la tolerancia del gobierno más asesinado por los hueq
duradera. Luego de ganar la extraordinaria huelga de 1916, la Federa­ trataba de "un repre~
ción Obrera Marítima, FOM, pudo ejercer un riguroso control sobre el dantes del ejército, qu~
mercado de trabajo en su jurisdicción. Los trab~adores organizados por trolar la situación ' con
la FOM comprendían no solo marinos mercantes y capitanes, sino esti­ .
lDlento de impotencia fl
badores y otros obreros en los principales puertos argentinos. B~o la oficial notificó a sus su
combativa dirección de los sindicalistas, la FOMse dedicó con gran dis­ más. La huelga se torDl
ciplina y sacrificio a ampliar la organización sindical durante todo el pe­ fueron incendiados seÍl
ríodo de la posguerra. Su arma más eficiente era el boicot de solidaridad, guistas continuaron cm
una poderosa herramienta en una economía tan dependiente del comer­ incendiando cañerlas
cio exterior. Pese a que la FOM perdió una importante huelga portuaria les. (oo.) El número de' s
en mayo de 1921, no fue sino en 1924, después que el movimiento obrero des. No bien la tropa ha
núlitante hubo sido quebrado y la FORA dispersada, cuando la alianza do otros ocupan de inm
entre trabajadores marítimos calificados y no calificados fue destrozada todo el tiempo sobre las
definitivamente y toda resistencia de la FOM a los rompehuelgas se
derrumbó (40).
tanda electoral que para el J
to obrero de La Boca, en Bue
40. Shipleyenfatiza el éxito de la FOM por controlar el mercado laboral; Rock subraya la impor- 41. La información de este pám
!tIA ARGENTINA 163

da La alianza fue menos sólida y la neutralidad del gobierno más corta


po­ en el caso de los ferroviarios. La cooperación entre ingenieros y fogone­
ros altamente calificados y los miles de obreros semi o no calificados ocu­
las pados en el mantenimiento de vías, en las estaciones y en los talleres de
ltre reparación, ya era tirante incluso antes de su resonante victoria en la
~ros huelga contra la Argentine Central Railroad en agosto de 1917. Ingenie­
por ros y fogoneros habían estado organizados por mucho tiempo en un sin­
)s y dicato pequeño, moderado y altamente centralizado, llamado La Frater­
Ir lo nidad. El grueso de los obreros ferroviarios, luego de una prolongada
lba­ campaña organizativa por parte de los anarcosindicalistas, acababa de
1de formar la poco estructurada pero combativa Federación Obrera Ferrovia­
Los ria,FOF. Las fricciones entre los socios de·la alianza se tornaron inten­
)rla sas cuando la presión de las bases militantes y los lideres revolucionarios
ocu­ dentro de la FOF llevaron a la recién confoi'mada alianza intersindical a
licia una huelga ambiciosa que involucró toda la industria ferroviaria en sep­
ente tiembre de 1917.
;lara La importancia de estas huelgas contra las compamas británicas,
gas. propietarias de los medios de transporte claves de la economía exporta­
ona­ dora de Argentina, provocaron una intensa participación del público y
mla causaron una gran preocupación al gobierno. Durante la huelga de agos­
re el to, que se extendió desde Rosario, el segundo puerto de· la pampa,hasta
pan­ Buenos Aires, los obreros echaron mano de todos los medios disponibles
.ente para bloquear el tráfico. Descarrilaron y prendieron fuego a trenes de
:sin­ carga. Pararon trenes de pasajeros, pusieron en ridículo a los ocupantes
y los hicieron salir de los vagones. En una ocasión, el único pasajero bri­
8 ca­ tánico de un tren expreso entre Buenos Aires y el distrito de El Tigre fue
más asesinado por los huelguistas quienes', según se dijo, declararon que se
lera­ trataba de "un representante del imperialismo británico". Los coman­
Ire el dantes del ejército, que habiansido llamadós por el gobierno para con·
B por trolar la situación, con órdenes de no abrir fuego, expresaron su senti­
estí­ miento de impotencia frente a la movilización masiva de los obreros. Un
do la oficial notificó a sus superiores: "Ahora debe haber 12 mil hombres o
(dis­ más. La huelga se torna más sediciosa con cada hora que pasa. Anoche
,1 pe­ fueron incendiados seis vagones de ferrocarnl y esta mañana loshuel­
ldad, guistas continuaron con su labor de destrucción, levantando earrileras,
mer­ incendiando cañerlas, apedreando estaciones y destruyendo seña­
wia les. (... ) El número de soldados es insuficiente para cubrir las necesida·
nero des. No bien la tropa ha desalojado de las lineas a los huelguistas, cuan­
ilDZa do otros ocupan de inmediato su lugar (... ) y mujeres y niños duermen
Mda todo el tiempo sobre las carrileras" (41). Los anarcosindicalista.s revolu­
iB se
tancia electoral que para el Partido Radical tenian éstos trabajadores concentrados en el distri·
to obrero de La Boca, en Buenos Aires,
41. La información de este párrafo proviene principalmente de Heidi Goldber. "Railroad Unioni·
r
154 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA I
i ARGENTINA

,:ionarios ,lograron conse~ir apoyo popular para estas huelgas y, al fina­

tres décadas anteriores


lIzar septIembre de 1917, mformaron con gran desparpajo al ministro del

ceptivos a las oportunid


Interior que si las compañías no negociaban, la FOF estaba dispuesta a

les de Perón. Debido a


conducir los trenes por su cuenta. Finalmente las compañias fueron obli­

economía argentina, Sl
gadas a someter el conflicto a la mediación del gobierno. Pero en los tér­

t grandemente en el desl
l.", minos del arreglo, el gobierno recompensó hábilmente a los elementos

dos períodos de moviIizl


conservadores de la dirección sindical y contribuyó a desacreditar a los siglo.
sindicalistas revolucionarios. Ingenieros y fogoneros. consiguieron una
reforma de los códigos de trabajo muy atractiva para ellos y fue así como La industria empaca
La Fraternidad se apresuró a levantar la huelga. Los líderes de la FOF de 1890. Durante la prin
f
~;
fueron e~cluidos de las negociaciones finales y, luego de tratar desespe­ competidores de Argen1
t radamente de prolongar la huelga a fin de conquistar.mayores,concesio­ creciente mercado britá
asumieron la importancl
". i nes, fueron forzados a capitular y a aceptar un moderado aumento de
~, del país hasta los años (
I .; salarios. Después de la ruptura de la alianza, la FOF, aliada con la
masiado distantes como
F~::)RA:, realizó otras huelgas, cada una de las cuales enfrentóunarepre­
~

SIon VIolenta por parte del gobierno y se vio condenada al fracaso. A Pat:­ taciones desde Estados 1
tir de 1919, el sindicato fue incapaz de evitar los despidos de centenares nico antes de 1900, est
de sus miembros más combativos y el mayor afiliado de la FORA fue demanda interna. He aq1
reducido gradualmente ala impotencia. Argentina de las grande
mo Swift, Armour, Mon
E~t~e los obreros,de ~ c~rne~ la·alianza de trabajadores calificados y
empacadoras argentinas
no calIfIcados fue mas dlfícIl de lograr que entre los marítimos y ferro­
carrileros. Pese a la heroica huelga que abarcó las plantas empacadoras ron. En 1914 controlaban
carne. Las empresas em
de carne más c.ercanas a Buenos Aires entre 1917 y 1918, los obreros no
lograron conquistar ni siquiera concesiones mínimas y temporales de los en la que el capital naci
~atronos. Tampoco podrían alcanzarlas después. Los fracasos organiza­
modernizaron y extendie:
tlVOS de los obreros de la carne constituyen un aspecto esencial, aunque embargo, en 1914 las em
ol~idado, de la historia del movimiento obrero argentino (42) . Estos .tra­
de las e~portaciones de C1
baJadores afrontaron en forma extrema los obstáculos estructurales que tinos retenían apenas ell
impedían la organización de otros sectores del movimiento obrero urba'­ A comienzos del sigltl
no a co~~nzos del siglo XX. Su fracaso revela la debilidad congénita de sentaba formas de organi
un mOVImIento obrero que no pudo desarrollarse más allá de los sectores en otras industrias con el
manufacturero y del transporte durante la época dorada del desarrollo do de acuerdo con una lit
exportador. Como veremos en la siguiente sección, los obreros de la car­ vi día sistemáticamente el
ne desempeñaron un papel central, en la segunda gran movilización de pIes y repetitivas. En Chi
los trabajadores argentinos que llevó a Perón al poder al final de la Se­ d~ tal sistema al principio
gunda Guerra Mundial. Su incapacidad para organizarse durante las cIentes plantas construidJ
. . meros años de la centuria.

' .. zation in Argentina, 1912-1929: The Limitations of Working-C1ass AIIiaDce" disertación para
Ph.D., Yale Univenity, 1979. La cita es de lap.170y hasidoretní.ducidaale~paftol.
43.~demas de Ortiz, HisWria ecc¡
42. ~ gran ~uelga de los ~~eros de la came en 1917~18 es prácticamente ignorada en las histo­ mdustria argentina de la carn
na~ c:ornentes del movumento obrero argentino. Ello se debe en parte a que los historiadores
1918¡ Sociedad Rural Argentin
actiVlStas prefieren presentar una crónica de éxitos progresivos del movimiento obrero. El fra­
caso de la huelga de 1917-18 y el desalentador balllnce de los subsiguientes esfuerzos de los Tro~bri~ Critchell y J088ph ]
obreros de la came por organizarse y lograr concesiones del capital hace de éstos y de sus de­ La histona del mas exitoso de 1
rrotas huelguisticas un tema poco atractivo. San.sinensl "La Negra" ell 811
Tomquist fue el primer preside
ARGENTINA 155

tres décadas anteriores a los años cuarentas los hizo eSpeCialmente re­
ceptivos a las oportunidades y ventajas que ofrecían las políticas labora­
les de Perón. Debido a la importancia de los obreros de la carne para la
economía argentina, sus esfuerzos por construir sindicatos incidieron
grandemente en el desenlace de las luchas laborales y políticas de los
dos períodos de movilización obrera en la historia argentina del presente
siglo.
La industria empacadora de carne se expandió rápidamente a partir
de 1890. Durante la primera década del siglo XX, cuando los principales
competidores de Argentina demostraron su incapacidad para proveer el
creciente mercado británico de carne vacuna, las plantas de empaque
asumieron la importancia capital que mantendrían en la vida económica
del país hasta los años cincuentaS. Australia y Nueva Zelanda eran de­
masiado distantes como para sacar ventaja de dicho mercado; las expor­
taciones desde Estados Unidos, que habían abastecido el mercado britá­
nico antes de 1900; estaban siendo eliminadas debido a la creciente
demanda interna. He aqUÍ la razón principal de la súbita expansión hacia
Argentina de las grandes firmas empacadoras de carne de Chicago, co­
mo Swift, Armour, Moms y Wilson. Estas empresas adquirieron casas
empacadoras argentinas ya existentes, las modernizaron y las amplia­
ron. En 1914 controlaban casi el 60 % de las exportaciones argentinas de
carne. Las empresas empacadoras británicas, y una firma empacadora
en la que el capital nacional logró conservar una posición dominante,
modernizaron y extendieron la producción durante el misDlo período. Sin
embargo, en 1914 las empresas británicas solo aportaban: cerca de 30%
de las exportaciones de carne del país, a tiempo que los intereses argen­
tinos retenían apenas el 10% (43).
A comienzos del siglo XX, la industria de empaque de carne ya pre­
sentaba formas de organización de la producción que se tomarían típicas
en otras industrias con el paso del tiempo. El trabajo estaba racionaliza­
do de acuerdo con una línea continua y mecánica de desmontaje que di;.
vidía sistemáticamente. el proceso laboral en grupos de operaciones sim..:
pIes y repetitivas. En Chicagoya se había logrado el perfeccionamiento
de tal sistema al principio del siglo y se exportó a las más modernas y efi­
cientes plantas construidas en Argentina por Swlft y Armour en los pri­
meros años de la centuria.

43. Además de Ortiz, Hiséoria eoonÓmiea. .• se hallan útiles reseftÚ de la evolución inicial de la
industria argentina de la came en Antonio M. Poz Costra, Loe friaorifleoa, Buenos Aires,
1918; Sociedad Rural Argentina, Comercio exterior de carDes, Buenos Aires, 1927; y James
Tronbridge Critchell y Joseph Raymond. A History of Che Frozen Meat Trade, Londres, 1912.
La historia del más exitoso de los pr:i:lneros frigorlficos argentinos puede leerse en (Compaiúa
Sansinena) "La Nepa" en IUS cincuenta &608, 1891·1941, n.p., n.d. El banquero Ernesto
Tornquist fue el primer presidente de su junta directiva.
156 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

, .' El eminente historiador sindical norteamericano, John R. Commons, Tal fue el desenlace
describió el proceso de trabajo en el empaque de carne y destacó sus carne en Estados Unido
implicaciones para la organización laboral luego de una fracasada huelga cadas del siglo XX. En
en Chicago en 1904: oleadas de inmigrantes
obreros de la came en 1
"Seria dificil hallar otra industria en donde la división del trabajo haya sido tan inge­
" niosa y microscópicamente elaborada. El animal ha sido examinado y extendido utilizados para que hie.
como un mapa, y los hombres han sido clasificados en más de treinta especialidades los polacos y los lituan08
y niveles salariales, que van desde los 16 hasta los 50 centavos por hora. Los que irlandeses. Después de
ganan 50 centavos están reservados para utilizar el cuchillo en las partes más delica­ ron mano de negros y po
das de la piel o el hacha para romper .el espinazo. Y, dondequiera que un hombre ticas tendientes a prom
menos calificado pueda introduciree por 18, 18 1/2, 20, 21, 22 1/2, 24 6 26 centavos, obreros en el trabajo y el
se le encuentra un lugar y se disefia una ocupaci6n. Solo para trabajar la piel existen
:f nueve posiciones, con ocho diferentes sala:rlos. El de 20 centavos arranca la cola, el de poJiticas amenazaban co
22 1/2 se encarga de quitár otra parte en donde la piel salga fáci1mente y el euchiUo da en los sitios de trabaj
del hombre de 40 centavos corta una textura diferente y posee un 'tacto' diferente del mas. Durante las huelg¡
hombre de 50 centavos. Las habilidades se han especializado de acUerdo con la anato­ esquiro!es a sus empreBI
mia. sureños. Los esquiroles I
Así, en Qll grupo de 230 hombres, que dan muerte a 106 cabezas de ganado por hora, des empacadoras. El cal
apenas hay alrededor de once hombres que devengan 50 centavos la hora, y tres con
45, mientras que los de 20 centavos y más son 86 y los que ganan menos de 20 centa­ Pinkerton y llamaba a la.
vos son 144". piquetes y reuniones sin
de espio~e en las plaDti
Commons continuó explicando lo que ganaba el capital con estadivi­ que solo eran reembolss<
sión del trabajo. "Hombres más baratos '- fuerza de trabajo no caUfica,;. do en actividades huelgui
da e inmigrante- podian ser empleados en grandes cantidades' , . Entre tuno al separarse de la 00
tanto, a los obreros calificados se .les podía garantizar salarios altos y
empleo permanente. "Si la compañia hace deseables estos empleos cali­ !Dés de la organizaeilm "mOda
ficados y vincula a los hombres a ellos, bien puede volverse indepen­ ne prefiguraron otras tendera:i
.> diente de los cientos que laboran en trabajos no calificados". El capital escala mundial 108 sistemas de
y, periódicamente, se dividían
también obtenía más trabajo y más rápido de una fuerza laboral que reci­ consumo de lineas de productc
bia menos salario en su co:qjunto. Commons citó el ejemplo típico de los un principio desconocidas o iuI
. ,, encargados de romper el espinazo. "Enel año de 1884, cinco de ellos en la qulmica para conservar la ca
los párpados de los cerdos hasI
un grupo determinado recibían 800 animales en 10 horas, osea, 16 por mad08 en cientos de sustancia
hora para cada uno, con un salario de 45 centavos. En 1894habia aumen­ comestibles de e&me que fonw
tado la velocidad, de modo que. cuatro obreros reciblan 1.200 en 10 ho­ cuartas partes de las ventas &Qt¡
45. Estas tActieas IOn descritas eu
ras, o sea, 30 por hora para cada uno, un incremento de casi 100% en 'Ihe Ne8J'O in tIle Slaughtermr .
diez años. Los salarios, con excepción de contados obreros calificados, James &gen Ho1comb, "Th&
.. '
fueron reducidos a 40 centavos por hora". El aumento de la velocidad de
la producción fue, de acuerdo con Commons, la causa primordial de la
Ph.D., University of Dlinois 1S
Chicago a partir de 1917. ~ ~
cual se desbarató a causa de la e
huelga de 1904. Esta fue derrotada cuando los trabajadores calificados miento obrero anticapitalista dt
'.
se pusieron del lado de la administracibn y cuando los esquiroles del ciente trabajo organizativo de 1cI
enorme contingente de obreros inmigrantes no calificados de Chicago teamerican08 consiguieron el "
., remplazaron a los huelguistas (44) .
eaIariales y en las condiciones el
fueron parte de la gran moviliza
t ~ ,.
laciónlabora} del New Dealens
en el decenio posterior a 1936. 11
44. Job R. Commons, "Labor Conditions in Meat Packing and the Recent Strike", en The Qaar· elsindkato de 108 obreros de la
terIJ.JournalofEeonomies, No. 19, nov. de 1904,1-82. Í.ucita88Ol1delaspp. 3,4, tiy7. Ade- del movimiento laboral norteaml
ARGENTINA 161

Tal fue el desenlace de todo intento por organiar a los obreros de la


carne en Estados Unidos y Argentina a lo largo de las primeras tres de­
cadas del siglo XX. En' Estados Unidos el capital se aprovech6 de las
olQadas de inmigrantes para quebrar los 'impulsos."organizativos de los
obreros de la came en 1886, 1894, 1904 Y 1917-18. Los irlandeses etan
utilizados para que hicieran esquirolaje contra los carniceros alemanes;
los polacos y los lituanos para romper las huelgas de obreros alemanes e
irlandeses. Después de la Primera Guerra Mundial las empresas echa­
ron mano de negros y por último de mexicanos y perfeccionaron SUB poli­
ticas tendientes a promover la animosidad racial 'a fin de dividir a los
obreros en el trab.go y en las comunidades donde vivían. Cuando dichas
politicasamenazaban con derrumbarse ante la solidaridad obrera forja­
da en los sitios de trabajo, los ·empresarios recurrieron a medidas extre­
mas. Durante las huelgas prolongadas, contrataban ttenespara traer
esquiro!es a sus empresas directamente de Ellis Island o de los estados
sureños. Los esquiroles eran alojados y alimentados dentro de las gran­
des empacadoras. EI.capitalempleaba ejércitos privados de detectives
Pinkerton y llamaba a la policia y al ejército con el prOpbsitode romper
piquetes y reuniones sindicales. Estableció, además, un eficu·sistema
de espionaje en las plantas y reteníadepbsitos de dinero de los obreros,
que solo eran reembolsados en caso de que éstos no hubiesen participa­
do en actividades huelguisticas y simlicales, y hubiesen dado aviso opor­
tuno al separarse de la compañía (45).

más de la organización "mOdema~'del trabajo que adoptaron, las firmas em~ de car­
ne Pl'I'~ otras tendencies en'la evolución de la empresa tapitaliata.· M~ a
escala mundiallna sistemas de producción 1 ~buci6n de la eame18W!,prod~dmivados
y, periódicamente, se divi.d1an el mercado entre si. Empleaban la publicidad para p~ el
consumo de Uneas de productos (salchichas de Frankfiut, jamones y carnes en'~rva), en
un principio desconocidas o inaeept.ablee para la maTOña de10e eoDawnidores.AProveeba:ron
la qu1mica para conservu la carne y aaear ventaja de eada una de las partes delanim4l, desde
loa párpados de loa cerdos huta las peZll1ia8 de las reses. Artlculos como élltoBelWltransfor­
mados en cientos de 8U8tancias y productOs, muchos de elloa muy remotos de los productos
comestibles de came que formaban el núcleo de las operaci&nea de empaque y generaban tres
cuanu parte8.de las ventas totales.
4&. Estas táctieas son descritas en forma exhaustiva por Alma Herbst en BU monosrafla.cljsica
The Nepo In ibe Slaughterlng 8lld Meai·PaekIng IndWlÚ'JIa Chkago, Cambri<fge, 1964, Y en
James RogeraHolcomb, "Thé UDion Policles of Mea&Paekere, 1929-1948", dis8rtaclónpara
Pb..D., U~veraüy of IlIinois, 1957. Lqs obreros de la carn& ~ una granorgeni"""*,, en,
Chicago a partir de 1917, bajo el liderazgo del elndieali~ de la 1WW, WilIiam~. Foster, ,la
cual se desbarató a causa de la depresión de la posguerra y el Hnico Rojo que aplaStó el movi­
miento obrero anticapitalista de Estados Unidna. Finalmente, luego de varios aftos de un pe­
clent8 trabajo organizativo de lna comunistas en loa dos treintas, loa obreros de la carne nor­
teamericanos consiguieron el reconocimiento de las empresas, as1 como importantes mejoras
salariales y en lascondiclones de trabajo, durante la Sepnda Guerra Mundial. Estas victorias
fueron parte de la gran movilisaclón obrera que bajo la cUrecci6n de la CID apróVec:hó la legis­
lación laboral del New Deal en BU lucha por organizar lalndWlCria btsica de los Estados Unidos
en el decenio posterior a 1936. Después de la guerra y de la purp del ala kquiei:da de la eIO,
el sindicato de los obreros de la carne adoptO la poeiei6n de pan., mantequfllá earac:terIstica
del movimiento laboral norteamericaDo en el periodo de la p08I11erra. .
------------ -_.- .- .- ._­

,
\,. 168 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

Cada una de estas tácticaS antisindica1es fue empleada también en beradas para profundi
Argentina. En las populosas provincias costeras de Buenos Aires, Santa extrarUeros no califia
Fe y Entre Ríos, como en Chicago y Kansas City, los empresarios apro­ grupos menos favorec
vecharon el gran contingente de obreros inmigrantes no calificados para disticas de .las primer
renovar su fuerza de trabajo durante las huelgas. Enfrentado a la solida­ neos, especialmente'·
ridad de los obreros de la carne y los sectores organizados del movimien­ de todos los Balcanes
to obrero urbano, el capital reclutaba obreros en los conventillos y en las Oriente. Estas persODl
poblaciones rurales y trata esquiroles de Uruguay. Las compañias de­ rantes entre la clase 01
pendian de las fqerzas del gobierno para proteger a estos· trabajadores (europeos del Este prc
de los piquetes de huelga y recurrian a la caballerla para disolver reunio­ estaban presentes en L
nes y manifestaciones sindicales. Antes de las huelgas, las compañias los obreros eran segrel
empacadoras trasladaban hamacas y grandes cantidades de comida a las ceso de producción; pe:
plantas, de modo que los esquiroles no tuvieran que aventurarse por las ción de latas y embutid
barriadas obreras cercanas.a las empresas. Las compañías elaboraban las cámaras frias. Tale
listas negras y sistemas de espionaje. En 1921, si no antes, Swift usaba pos de trabajadores y d
un contrato en por lo menas una de sus pIRntas, en el remoto rio Galle­ nizaciones a nivel de pI
gos, que obligaba a los obreros a depositar en la compañía 30 pesos men­ zación efectiva era el fu
suales, cerca de una semana de paga. Si el trabajador renunciaba o era cialmente los que exigl
despedido por cualquier razón, osi contribuía ,. directa o indirectamente por nativos. Mientras e
a disturbios u obstaculizaciones·del trabajo", cedia por derechas a la habilidades artesanale:
compañía todo el dinero depositado. El trabajo era estacional en esta mayor parte de las mm
planta: solo abria para atender el sacrificio de ovejas durante los meses siglo XX, los obreros lUl
de verano (46). za de trabajo rural ded
Al igual que sus compañeros de Estados Unidos, los obreros argenti­ siglos, pQdian dominar:
nos de la carne eran particularmente vulnerables a las tácticas antisindi­ Es tal vez comprens
cales debido al alto porcentaje de trabajadores no calificados, muchos de munerados desaproban
ellos inmigrantes, mujeres y niños. El censo de 1914 muestra que dos mal pagos y no simpatil
terceras partes de la fuerza de trabajo en la industria eran inmigrantes. nes laborales. Tales ae
Sintomático delcrecido número de empleos no calificados en las plantas trabajo, eran cultivad~
era el hecho de que I8s mujeres y los niños, ambos con· salarios· mucho res culturales divulgadl
más bajos que los hombres, comprendian casi una sexta parte de la fuer­ Los inmigrantes, se &fu.
za de trabajo en 1914. Con el tiempo este porcentaje aumentó, de modo de los conflictos laboralE
que en 1935 más de una cuarta parte de los obreros empacadores de car­ valores del legendario g¡
ne eran mujeres y niños menores de lB años (47). cuchillo al cinto, a quieI
La organización del trabajo en el empaque de carne abria unaconsi­ en la quintaesencia del
derable brecha entre' obreros calificados y no calificados, que la adminis­ dominaban el trabajo eJ
tración podía explotar por medio de pagos diferencialés y políticas deli­ para la acción laboral. ]
proceso productivo y si,
" lizaba. Si se negab~n a Il
46, En Bayer. Lon_lradores de IaPaíqODla trágiea. ... VoI.2. a partir de la p. 96, ae reproduce dad muy amplia entre lo
una copúulel contrato usado en la planta de Swüt en Rio Gallegos. El contrato tal vez no era
Upico: Swift afrontaba aerios problemas para controlar a sus trabe,jadores en la remota y poco
habitada patagonia. 48. Tal como ae indica en la sigl¡
47. República Argentina, Tercer CeJUlO NadoaaJ, Buenos Aires, 1916-17, Vol. 7. p. 353; Repúbli­ cional. los dirigentes de los o
ca Argentina. Ministerio de Hacienda, CeD80 induatriaI de 1935, Buenos Aires, 1935, p. 58. trabajadores que "por su PIJ
ARGENTINA 169

beradas para profundizarlas düerencias étnicas. Muchos de los obreros


extralijeros no calificados en los frigorlficos eran reclutadose~tre los
grupos menos favorecidos de la comunidad inmigrante. Crónicas perio­
distieas de las primeras huelgas enfatizan· el papel de activistas forá­
neos, especialmente "turcos", término genérico que incluía inmigrantes
de todos los Balcanes e integrantes del Imperio Otomano en el Medio
Oriente. Estas personas eran consideradaalas más indeseables e igno­
rantes entre la clase obrera argentina. Italianos, españoles y "eslavos"
(europeos del Este provenientes de Rusia, Polonia y Lituania) también
estaban presentes en las plantas en cantidades considerables. A menudo
los obreros eran segregados según criterios étnicos y sexuales en el pro­
ceso de producción; por ejemplo, laS.mujeres trabajaban en la elabora­
ción de latas y embutidos, y los polacos se localizaban con frecuencia en
las cámaras fria¡. Tales divisiones impedían la comunicación entregru­
pos de trabajadores y dificultaba a los activistas la construcción de orga­
nizaciones a nivel de planta. Quizá el obstáculo más serio para laorgani­
zación efectiva era el hecho de que numerosos empleos calificados, espe­
cialmente los que exigían gran destreza con el cuchillo, eran ocupados
por nativos. Mientras que los inmigrantes europeos a menudo pOSeían
habilidades artesanales e industriales que les permitían dominar la
mayor parte de las ramas de la manufactlH'a argentina de comienzos del
siglo XX, los obreros nativos, herederos del legado cultural de una fuer­
za de trabajo rural dedicada a la producción gaDadera por más de dos
siglos, podían dominar los puestos calificados en el empaque de carne..
Es tal vez comprensible que muchos de los obreros Dativos bien re­
munerados desaprobaran alos trabajadores extranjeros no calificados y
mal pagos y no simpatizaran con los esfuerzos organizativosy las accio­
nes laborales. Tales actitudes, resultado lógico de la organizaciÓn del
trabajo, eran cultivadas por la administración y reforzadas por los va.lo­
res culturales diwlgados por las principales institúciones . ·'argentinas.
Los inmigrantes, se afirmaba, eran responsables de la agitación social y
de los conflictos laborales; la fuerza de trabajo criolla debiaaspirar a los
valores del legendario gaucho, el vaquero independiente Y~eguro, con el
cuchillo al cinto, a quien íos Dacionalistas culturales buscaban convertir
en la quintaesencia del argentino. Los obreros calificados nativos que
dominaban el trabajo en las playas de matanza resultaban '~stratégicos
para la acción laboral. Estaban a cargo del animal en el comienzo del
proceso productivo, y si suspendian el trabajo, toda la operación se para­
lizaba. Si se negaban a parar, era dificil cerrar la planta sin una solidari­
dad muy amplia entre los demás obreros (48) .

48. Tal como se indica en la siguiente sección, en 1939, en una peticl6n diricida al CoagreIO Na­
cional,loe dirigentes de los obreros de lacame denunciaron la táctica empresarial de emplear
trabajadores que "por su poco conocimiento .461 idioma aceptan más fácilmente condiciones
160 LOS TRABAJADORES EN LkHISTORIA ARGEN'J'INA

: .,t- A pesar de tan formidables obstáculos para la organización. los tra­ Para ser un Carpintero,
bajadores de la carne lanzaron importantes acciones colectivas tendien­ en las manos una gad
tes a mejorar las condiciones en que laboraban. Diversas fuentes dan explicaba:
cuenta de huelgas en frigoríficos individuales en 1894, 1915, 1917-18,
1920, 1921, 1925, 1928 Y 1932. De todas, la más prolongada, poderosa y "Efectivamente, alli no 111
promisoria ocurrió entre 1917 y1918. Abarcó cuatro de los cinco grandes nada llUÍs. Llegaban las ti
frigoríficos cercanos a Buenos Aires. Se trataba de las enormes plantas uniendo aquellas tablas, 1
Swift y Armour en Berisso, cerca de la capital provincial de La Plata. si­ clavaban matemátic:a:mell
trabajo que el de cuidar ql
tuada a unos 60 kilómetros de Buenos Aires, "La Blanca" (de Moms­ Aquello era un trabajo de
Armour) y "La Negra" (de Sansinena, una compañía de capital argenti­
no y extranjero), ambas ubicadas en Avellaneda, el suburbio industrial En los frigoríficos oc
situado al sur de la ciudad de Buenos Aires. Por la época de la huelgade actividad creadora y los
1917-18, cerca de 11 mil obreros estaban empleados en las plantas de turnos. Debido a la form
Berlsso, y unos 4.500 en las de Avellaneda. Las exigencias de los obreros raleza de la tarea, las lal
durante la huelga ayudan a comprender las bases de la solidaridad pro­ más duras,súcias,monl
letaria en el sector del empaque de carne. La evolución misma de la a la naturaleza irregular
huelga demuestra con cuánto sacrificio y energia creativa trataron estos montaje y procesamient
obreros de superar los tremendos obstáculos que se atravesaban en su joven en las plantas eml
camino(49). de construir durante do
Cualquiera que fuera su paga o función en el proceso de trabajo, ro­ describió luego lo desag
dos los obreros de la carne compartían la experiencia común de laborar pequeñas, algunas sucia
en empresas capitalistas avanzadas. Un personaje de una novela sobre dores en línea a una misr:
trabajadores de la carne, un carpintero calificado, describía lo que' era
ejercer su oficio en la cajonería de las plantas de empaque. "1 Recorchos! "Sucede a menudo que epa
mé,s cuidado que se tenga
capa de piel que los ~bre ~
bochomOllll8 .,.re. el trabajo". En consecuencla,.1as empre888 hadan "~r al t:rabe,iador
exb'm:Qero como utI enemigo del trabajador nativo" e iinpedlan la OrpDizácl6n en las plantas.
ojos, y hay tiempo a~i
CáDwa de Diputados, Diario de fIé8icmes de 1939, VoL 3, ppdl8-21:'La bnportancia de la es.a materia repugnante. Al
eiDic:idad en la orglUlizacjón del trabajo en 10lJ t'rigotifkoe ~stá doc:uulelltada, para comienzos bunda y asquerosa, en un al
del siglo XX, en la lIlOI1o¡rafia de HerblJt, op.cit.• Yen el revelador clásico de Vpton SiDclair mones con el aire infecto ~
The JUDgle, Cambridge. 1971, 1a.ed., 1904. Aquélla fue confirmada para la Argentinll¡ de 108 sis" (51).
dos euaréntas por entrevistas que'reaJicé con obreros de la eame en 1978. La iinportaJícla de
las concentra.cionea étnicas en lastli.venas partelt del proeellO productivo para la organizaci(m.
obrera en general se examina enPeter Friedlander, The "qeace oh U4W. Local. 1938­ 50. BernardoGonzálezArrili, to.,
1939, PiUaburlfh; 1975. La importancia estratégica de los obreroscalificadOlJ en las playaS de 51. Peter, Cróaicu Proleíarias. ..•
matanza está bien documen&ada en la Hteratutaestadounldense y confirmada para Argentina de Sinclairsobre l08rieagos yi
en José P.r"CJróaIcM proletaria8,Buenos Aitee, ·1_.p. 39.Ladiripnte aibdieal Stella los c:amic:eros y loa enearpdoe
Nowicki describió, a comienzos de los dos cuarentas, UI\&lsitu8ción en la planta de Annour. en Dos que usaban euc:hillos, llpIiIl
t ,.' Chic:ago que se aparta de la tipic:a'historia argentina. Alli•. UD grupo fuertemente uqldo de
obreros negros éalificad08 de la playa de matanza usabo !!jl poder paradismiDuir el ritmo o

pues continuamente la base del


ne conla c:uaJ. el operario preak
parar la produc:ei(m, buscando impulsar las demandas del sindicato. Véase Stella Nowic:ki.
(... 111OteJúan 1dIas. bah_del
' .. "Beck of the Yarda", en Alic:e Lynd y Staughton Lynd, (ed.), RaDk 8DdF1le. Boaton, 1973,
ehados que los dedos se eliencl
p.87. c:ocinu, en medio del vapor '1'
49. La información sobre la huelga de 1917-18 proviene de la lectura de la prensa obrera (La Vo· gérmenes de la tuberculosis poi
pulldiay La Protesta) y del periódico en len¡ua inglesa The Bevlew ofthe River PIste 'loa tres hora. (, .. 1 Habia quienes trabaj
publicados en Buenos Airesl. El recuento más detallado de la huelga basta ahora publicado es reumatismo. (... 1Estaban 108811
1tock. PoIltle& ID Aqentina. ..• Apéndice S. toa obreros del tercer frigOr1fic:o de Avellaneda, el ya que la piel de las ovejas ~
"ADgIo" ,perteneciente a Wilsonl mmc:a se unieron a la huelga. El personal de una segunda debla ser arrocada con las mau
planta SanaiDena,1Jituada en el puerto meridional de BahI8: BJanca, silo hiZo. tada; sus moos también estaba
ARGENrINA 161

Para ser un carpintero aquí no hace falta saber cepillar, ni haber tenido
en las manos una garlopa nunca. ¿Carpinteros? ¡Ja, ja!" El novelista
explicaba:

"Efectivamente, alH no se trabajaba la madera ni poco ni mucho; se haclan cajones y


nada más. Llegaban las tablas cortadas, cepilladas f••• } en fardos. A máquina se iban
uniendo aquells;ls tablas, unas maquinitas que pareclan relojes por lo exactas, y que
clavaban matemáticamente sus cinco clavos sin que el que la manejara tuviera otro
trabajo quee1de cuidar que las tablas fueran quedando 'a escuadra' bajo el martillo.
Aquello eta un trabajo de chiquillos" (50).

En los frigoríficos ocurria lo mismo. El trabajo estaba desprovisto de


actividad creadora. y los obreros repetían la misma tarea a lo largo de sus
tumos. Debido a la forma como estaba organizado el trabajo y a la natu­
raleza de la tarea, las labores en el empaque de carne figuraban entre las
más duras, sucias, monótonas y peligrosas. Parte del problema obedecía
a la naturaleza irregular y orgánica de la materia prima sometida a des­
montaje yprocesamiento "científicos". Jose Peter, quien ingresó muy
joven en las plantas empacadoras, ya entrados los áftosveintes, y trató
de construir durante dos décadas una organización obrera comunista,
describióluego.lo desagradable del trabajo. Alli, las ovejas grandes y
pequeñas, algunas sucias y llenas de espinas, pasaban .ante los trabaja­
dores en línea a una misma e intolerable velocidad.

"Sucede a menudo que aparecen animales con tumores y granos llenos de pus, y por
más cuidado que se tenga, es dificil evitar que el· filo del cuchillo traspase esa fina
capa de piel que los cubre, y con frecuencia ese pus salta a la cara, toca la boca y los
ojos, y hay tiempo apenas para pasuse la mano ensangrentada y sucia.para apartar
esa materia rtlpugnante. Al cansancio, a los dolores, se agregá esa materia nausea­
bunda y asquerosa,e1i un ambiente cargado de malos olores que se meten en los pul­
mones con el aire infecto de microbios de toda clase, de tuberculosis, de brucelo­
sis" (51).

60. Bernardo González Arrlli, Los cblll'C08 rojos. Buenos Aires. 1927. p. 76.
61. Peter. CróDieu prvIeiariu. ..• pp.5fi-57. CompÁreSe la descripción de Peter con la discusión
de Sinclairsobrelos riesgos y las enfermedades ocupacionales en TIte JUDgIe, p. 98: "Entre
los camieeros y los encargados delsacrifieio, los deshuesadoretl ydesbutadores y todos aque­
llos que WIIlban cuchillos. apenas podia hallarse una perflOfta que pudiera emplear su pulgar.
pues continuamente la b8se del dedo sufrla cortadas hasta quedar reducido a una masa de car­
ne con la cual el operario presionaba el cuchillo para sostenerlo. Las manos de estos hombres
(... ) no tenian ufias, habiandesaparecldo arrancando las pieles; sus nudillos estaban tan hin­
chados que los dedos se extendian como un abanico. Habla individuoá que trabajaban en las
cocinas. en medio del vapor y los 01ore8 nauseabundos, con luz artificial; en estos sitios los
gérmenes de la tuberculosis podian vivir hasta dos dos. mas el suministro era renovado cada
hora. i ... ) Habla quienes trabajaban en lo. cuartos frioe.· cuya enfermedad más común era el
reumatismo. (... 1Esiaban los esquiladore. de lana, cuyas manos estaban hechas pedazos. i ... )
ya que lá piel de las ovejas tema que ser impregnada de ácido para soltar la lana que luego
debla ser arrancada con las manos. i ... ) Estaban los que hadan la hojalata para la came enla­
tada; SUB mano. también estaban llenas de cortadas y cada cortada representaba el peligro de
162 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA

Fotografias del interior de las plantas, tomadas a principios. del siglo,


confirman las descripciones de Peter. Muestran a obreros~harapientos,
manchados de sangre y descalzos hacinados en las húmedas y sanguino­
lentas playas de matanza o trabajando, mal vestidos, en las cámaras
frías y en los congeladores (52). Entre las primeras demandas de los
obreros de la carne figuraban el suministro de agua potable fresca y ade­
cuadas facilidades para que los trabajadores se lavaran, asic6moprovi­
sión de camisas, mantas e impermeables Pllra usar en las faenas. En
1917 los huelguistas también pedían un día de paga para los obreros le­
sionados en el trabajo. Si un operario resultaba incapacitado, exiglan
que fuera compensado con una pensión equivalente a la mitad del salario
diario promedio devengado en las dos semanas anteriores. al acciden­
te (53).
Todos los obreros sufrían asimismo con el ritmo del trabajo, el abuso
de los capataces enatrgatios de los niveles de producción y las exaccio­
nes de las multas aplicadas para garantizarla" disciplina". en el lugar de
trabajo y prevenir daños a la materia prima. En 1917 los huelguistas ex¡"
glan mayor respeto de los capataces y, en un esfuerzo por ganarse a los
operarios calificados de las playas de matanza para la causa del paro,
solicitaban poner fin a las multas y a los despidos de carniceros que mar­
caran o cortaran las pieles. En 1917 dicha táctica fue evidentemente exi­
tosa. Trascurridas tres semanas de la huelga, 170 obreros de la Swift,en
Berisso, que procesaba ganado vacuno, enviaron una reveladora decla­
ración a la prensa socialista. Afirmaban su apoyo pleno a t(Kbu; las exi­
genciasde la huelga y anotaban con placer que "la completa unión y la
solidaridad que existe actualmente en nuestro gremio resta todo valor a
las cartas que en un momento de inexplicable confusión le fueron dirigi­
das aisladamente por varios compañeros; los que hoylarnentan haber
obrado asi, en prueba de lo cual firman la presente"(54). '.
El salario de las diferentes categorías en el sector de la carne era
comparable al de otras industrias urbanas, pero las labores en las plan-

envenenamiento de la $8DI'l'$••• " Al evaluar estas descripciones deben teaenNt en t:UeDta el


e8t.ilo e:uJtado de Siuclair y la naturaleza de IIWJ compromilloe polWtos .,loII ü,Pet.er. Ea Quizá
revelador del tono diferente de la vida politica y 80cial deArgentiDa el queninguDa novela
ugentina iul.ya alean.zapo la notorie4ad y el. impadode.la. flunoaa dénUDGia de Sinclair. Empe­
ro, cualesQuiera Que ~ 8QS mériWs literarios, la no.vela oort.a de Gom:ále$ Auili sobre una
de las primerashuelgu en 1011 frigorIficos de Avellaneda {citado en·.nokl5O.).p,re8entaa 1011
obreros de la carne con mayor sutileza y IlUS vidall ~n máII complejidad Que ..... JaqIe•.
52. La parte 3 de la edición de pasta dura de Rubén Isearo,...... del~tQ lIÜuIieal¡eBue­
DOII Aires. 1973, contiene reveladorall fotografias de las p!antu y de los obreros durante este
periodo.
53. Lu demandas de la. huelga no eran ell:8Ctamente las mismas en las diferentes plantas en con­
flicto en 1917-18. Las flue formularon.loll trabajadores.de Swift y Armour aparecen en La Van­
¡puIrdia. nov. 27 de 1917,p. 3; las de los obreroe de "La Blanca" Y "La.Negra", en Avellane­
da, en La Protesta, diciembre 16 de 1917.
54. La VanguanIia. diciembre 17 de 1917, p. 2.
lA ARGENTINA 163

lo, tas eran confrecuencja irregulares. Aunque el empaque de carne en


18, Argentina no sufrla de grandes fluctuaciones estacionales, como sucedía
lo­ en Estados Unidos, la demanda y el suministro vanabanoonsiderable­
'as mente y los.obreros eran reclutados a menudo sobre una base diaria. A
los veces los trabajadores hacían el viaje hasta la·planta solo para encontrar­
le­ se con que no eran necesarios o con que solo podían trabajar unas pocas
vi­ horas. Las demandas huelguisticas sistemáticamente pedian salarios
En más altos y. en 1917, exigían incrementos porcentuales mucho mayores
le­ para los obreros peor pagados, la abolición del embargo de sueldos y la
an eliminacibn de la práctica de contratarlos por solo un cuarto de dia. Todo
no trabajador empleado por cualquier parte de la jomada debía recibir un
~n- mínimo de medio dia de paga. Los huelguistas de 1917 también propo­
manque cuando no hubiera suficiente trabajo en las plantas, éste debe­
rla rotarse entre todos los.obreros. Al menos desde 1916, cuando una
gran huelga sacudió por vez primera el frigorlfico de la Swift en Berisso,
los obreros de la carne ventan demandando la jomada de ocho horas, rei­
vindicación que en 1917 también fue primordial, sumada a la insistencia
en un salario y medio por tiempo extra y dominicales, así como el esta­
blecimiento del lo. de mayo como feriado remunerado.
En todas las huelgas de los frigorlficos, hasta los años cuarentas, la
demanda más sensible era el reconocimiento de los sindicatos y la rein­
corporación de lQ8 organizadores y militantesdespedid()S anteriorme.nte
por las compañías. Pero Jos patronos se mostraron intransigentes. En
1917, en Swift, la compañía empacadora más poderosa desde el punto de
vista económico,: los representantes de la administración sencillamente
hicieron pedazos la petició~ en la cara de lOs (ielegados obreros yse ne­
garon a discutir con éstos durante la huelga. Los ejecutivos de ArmQUr
se mQtitraron más dispuestos a escuchar las demandQS de los trabajado­
res en esa misma huelga. Tan pronto como los obreros cerraron práctica­
mente la nueva ,planta de la compañia en Berisso por casi tres semanas,
la administración ofreció tentativamente algunas concesiones .económi­
cas siempre y cuando los obreros retornaran al trabajo. Sin eQlbargo" los

...

:'
» funcionarios de la empresa fueron inflexibles y rehusaron someterse a la
1..1
exigencia del comité de huelga de .que los términos del proyectado
1/1"1& acuerdo estuviesen sujetos a la redacción y la firma de los representan­
1Ue­
_lUla tes de la compañía y el sindicato (66).
~Ios Hasta los años cuarentas, el desenlace de las huelgas en los frlgorifi­
14' cos dependió de los esquiroles. Los obreros de la carne entendian mejor
!iIJI¡e­
~,eate
que cualesquier otros lo que significaban los .rompehuelgas para la lucha
colectiva. Ellos, al igual que todos los obreros argentinos, llamaban a los

55. En Estados Unidos las compai'úas también se negaron a reconocer los sindicatos. Los grandes
yeftmeros logros de 1917-18 se dieron gracias a la intervenc:i6n de UD gobierno preocupado
por la producción en tiempos de guerra.
164 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

esquiroles borregos y carneros. Tales términos poseen una aplicación y ordenaba salir del tren
universal, pero tenían un significado especial en una economia exporta­ policía requisaba a todOl
dora de productos pecuarios, particularmente para quienes laboraban en obligaban a los emplead~
las plantas empacadoras. En los frigorificos las ovejas abandonaban la vivas a la huelga (57).
lucha por la vida con una ingenuidad colectiva y una docilidad mistica Los militantes tambi
incomprensible para los seres humanos racionales. El ganado, con sus obreras, quienes figurat
cráneos hechos añicos por los golpes de martillo de la •• aldaba". caía peor pagados. Eran las m
dando coces y bramando en las playas de matanza. Los cerdos sacudian citadas para sobrevivir s.
,;,'t
las paredes con su atroz protesta mientras eran transportados mecánica­ del 40% de operarios qu
mente, suspendidos de una pata, hacia el hombre encargado de cortarles mour en Berisso al final
el pescuezo. Las ovejas, en cambio, como lo indica un novelista, eran mujeres. Los perló
mujeres a las manifestac
"eran la antitesis de los barulleros cerdos. Las tomaban de las cuatro patas y coloca" los mitines, las acciones E
ban boca arriba en unas arqueadas tarimas de hierro, con la cabeza suspendida sobre frontaciones con la policÍI
una canaleta de latón. En esta posición quedaban como sesenta o setenta. animalitos, bre las mujeres decidiero
sin que se quejara ni uno. Tres hombres iban colocándolos. y uno solo degollándolos.
Se dejaban degollar b1blicamente: sin chistar. Movían unos minutos sus paUtas Berisso para promover la i
. mientras se desangraban y miraban con ojos de dulce sorpresa a los hombres que las Durante la huelga de ]
mataban. Eso era todo. Al instante estaban sobre otros taburetes, siempre patas yo de la FOM y la FOF, 8!
arriba, sin piel, dejándose revisar por 108 veterinarios" (561. jadores maritimos de la F
Buenos Aires y por lo me:
Durante el cese de 1917-18, los huelguistas dedicaron toda su ener­ cIutados en Montevideo
gía creativa a derrotar a los rompehuelgas. Calcularon la hora cero de la los alojaron en sus salo~E
huelga, declarada en Berisso el 28 de noviembre y en Avellaneda el 6 de empleo o retornar a casa. 1
diciembre, de modo que coincidiera con la disminución del contingente traban combustible a los Íl
de desempleados en las ciudades a raiz del comienzo de la cosecha ce­ transportaban carne a los
realera en la pampa. Recurrieron a mitines de masas para conseguir y rroviarios contribuyeron el
mantener la solidaridad con la huelga. En BerisBo y Avellaneda, millares de los obreros de la carne.
de obreros se reunían casi a diario en lotes desocupadas, en los salones movimiento obrero argenl
de otros sindicatos y ocasionalmente en teatros públicos para deliberar para conseguir dinero des
sobre las peticiones y estrategias, compartir información y aplaudir y cri­ tas despedidos y sus famiJj
ticar las concepciones revolucionarias y las estrategias huelguisticas Todas estas manifestae
expuestas por orádores sindicalistas, anarquistas y socialistas que rivali­ vamente en la prensa obn
zaban entre si. Desplegaban cientos de piquetes de huelga para intimi­ barberos sindicalizados qtl
dar y ridiculizar a los esquiroles. Realizaban campañas en los vecinda­ tas, eran honrados en list.
."
rios obreros con elfin de conseguir respaldO para la huelga y educar a ciantes locales que donaba
rompehuelgas potenciales. Descarrilaban y desenganchaban trenes que taso Otras listas denunciab
1 •

.. transportaban obreros y ganado a las plantas. Ello. de diciembre, cerca cioneros" que suministrab
de Berisso, una muchedumbre de huelguistas abordó un tren de pasaje­ comerciantes eran blanco
"
ros e hizo salir a los administradores, los contadores y "otros altos fun.;. obreros organizados, y enl
". cionarios" que viajaban hacia las plantas. Cuando los empleados se re­
husaban y los trabajadores procedian a expulsarlos, la policía intervenía
se negó a suministrar pan

57. Revie", oribe B1ver PIate, dicleIl


58. La Vanguardia, diciembre 5 de :
56. La cita es de González Arrili. Los charcos.... pp. 80-81. p.2.
tIA ARGENTINA 165

ión y ordenaba salir del tren a todo el mundo. En la plataforma, mientras la


ta­ policía requisaba a todos los pasajeros en busca de armas, los obreros
en obligaban a los empleados a quitarse el sombrero y unirse a ellos en los
tia vivas a la huelga (57).
jea Los militantes también dedicaban especial atención a las mujeres
~us obreras, quienes figuraban entre los trabajadores menos calificados y
sia peor pagados. Eran las más vulnerables al esquirolaje y las menos capa­
ían citadas para sobrevivir sin trabajo. La prensa socialista informaba que
,ea­ del 40% de operarios que aún estaban trabajando en la planta de Ar­
'les mour en Bemso al final de la primera semana de huelga, la mayorla
eran mujeres. Los peri6dicos obreros destacaban la asistencia de las
mujeres a las manifestaciones, los discursos de oradores femeninos en
oca­ los mítines, las acciones ejempláres y heroicas de las obreras en las con­
,Me frontaciones con la policía y los rompehuelgas. A comienzos de diciem­
ltos. bre las mujeres decidieron organizar una Sección Femenina especial en
)l!ls. Berisso para promover la solidaridad femenina con la huelga (58).
;itas
9las Durante la huelga de 1917-18, los obreros de la carne lograron el apo­
atas yode la FOM y la FOF, asi comO de otros afiliados a la FORA. Los traba­
jadores marltimos de la FOMcontrolaban el ingreso de rompehuelgas a
Buenos Aires y porlo menos en una ocasión interceptaron a obreros re­
:leÍ'­ clutados en Montevideo, los convencieron de sus deberes proletarios y
eJla los alojaron en sus salones sindicales hasta cuando pudieron conseguir
nie empleo o retomar a casa. La FOM boicoteó a las compafiias que suminis­
~nte traban combustible a los frigorlficos y se negaron a pilotear barcazas que
I te­ transportaban carne a los trasátlánticos refrigerados. Los sindicatos fe­
tfty rroviarios contribuyeron con grandes sumas de dinero al fondo de huelga
ares de los obreros de la carne. La FORA, por primera vez en la historia del
mes movimiento obrero argentino, expidió bonOs de huelga a sus afiliados
erar para conseguir dinero destinado a contribuir a alimentar a los huelguis­
l!tri­ tas despedidos y sus familias.
leas Todas estas manifestaciones de solidaridad eran reseñadas exhausti­
~áli­ vamente en la prensa obrera. Quienes contribuian a la causa, como los
ltm­ barberos sindicalizados que ofrecian afeitadas, gratuitas a los huelguis­
lm­ tas, eran honrados en listas públicas. Lo mismo ocurria con los comer­
~ra ciantes locales 'que donaban viveres u otorgaban crédito a los huelguis­

c:lie­
tas. Otras listas denunciaban a ,los esquiroles y a los comerciantes ,. trai­
cioneros" que suministraban provisiones a las plantas empacadOras. Los
comerciantes eran blanco de boicots declarados por consumidores y
iuJi-' obreros organizados, y en un momento dado, el sindicato de panaderos
wfe­ se negó a suministrar pan a los comerciantes infractores. Incluso parte
lnia
57. Revlewofíhe IUver PIaie, diciemb,., 7 de 1917, p. 1896.
58. La Vanguardia, diciemb,., 6 de 1917, p. 1; diclemb,., 6 de 1917, p. 1; diciembre 18 de 1917,
p.2.
166 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA
,. '. del personal de supervisión de los frigorlficos declaró su respaldo a la mente causadas por
lucha de los trabajadores. El 16 de diciembre, el periódico socialista La parlamentario social
Vanguardia informó sobre una segunda reunión de supervisores, capata­ que.protestaban por
ces y empleados de las plantas de Berisso, quienes ratificaron una reso­ los firmantes, asevel
lución en el sentido de "no hacer, en el actual conflicto, causa común con dos en Beriaso, son (
los capitalistas y evitar ponerobstáculos al logro de las aspiraciones pro­ nen nada que ver con
letarias" . Con este apoyo del movimiento obrero organizado y elementos A medida que pr
de la clase media, las tácticas huelgulsticas de los trabajadores de la car­ presiones de la adm
ne empezaron a dar frutos. Para la segunda semana de diciembre, los ganaderos y la prens¡¡
obreros hablan conseguido detener virtualmente la producción en Bens­ jo" (60). Lascompañi
so y Avellaneda. y trasladar sus operac
Los obreros alcanzaron esta meta pese a la hostilidad del gobierno s~bre la amenaza que
radical. Tan pronto como los trabajádoresvotaron el cese de actividades, clonal. y la Review o
el gobierno despachó escuadras de policia, la cabal1erla del ejército y complot de agentes aL
unidades de la marina a proteger las plantas. Técnicos del ejército ayu­ de los Aliados. Para u
.~, J
daron a mantener en funcionamiento los equipos de enfriamiento con el ción de la estabilidad
fin de conservar la carne almacenada en los frigorlficos. Personal de la fuente de presión resí.
marina piloteó y remolcó las barcazas que transportaban la came proce­ carne a la región del (
sada a los trasatlánticos refrigerados. Bajo la protección de la fuerza Negra", el mayor prov
pública, las empacadoras y sus pequeñas comunidades de esquiroles gro en un telegrama al
residentes fueron convertidas en campos armados. La policía y los solda­ nador temporal de la p
dos se unieron a las fuerzas de seguridad de las compaftias e instalaron gobierno, insistia de~
ametralladoras en .las ventanas y reflectores en los techos. La tropa a trabajar. "De m~oQ1
caballo dispersaba los piquetes, disparaba sobre los obreros que ataca­ sagrados.derechos prO(
ban a los camioneros cuando tratan ganado a las plantas e irrumpía en rá que sea necesario ce
las sedes sindicales y en las. manifestaciones, hiriendo con· sus sables a rna, cuyas consecuend
decenas de trabajadores y a miembros de sus familias. numerosos centros de .
Los hechos más violentos .se presentaron en Swift·la noche del 3 de Federal, no pueden e~
diciembre. La administración y la prensa liberal informaron que los cia" (61).
obreros primero habían cortado los cables eléctricos del distrito de Beris­ ~n un esfuerzo por (
so. Luego, en medio de la oscuridad, centenares de huelguistas asalta­ radIcal, la FORA exigió
ron la planta. La carga, de acuerdo con los reportes, había sido dirigida oficial en la huelga, bE
por un hombre a caballo que tocaba una corneta. La prensa obrera negó
vigorosamente dicha versión y sostuvo que la administración y la policia
hablan fabricado la historia para encubrir una operación destinada a 59. Review 01 the JUver PlaCe di
sembrar el terror en los vecindarios obreros que rodeaban la planta. Lo 60. ~l desbrozador estudio d~ p,
que si parece ser cierto es que hubo un apagón y una descarga de fusile­ tiene mucha infOrmación 801
durante la Primera mitad de
" rla desde la planta y que la policla invadió los barrios obreros. Sacaron a ensayo para la obtenclónde
la fuerza a decenas de obreros con sus familiares, los apiñaron en recin­ de la carne. Acerca de la hIlE
tos cercados de la planta y los interrogaron durante horas antes de pa­ 61. Renew 01 ihe River PlaCe, e
espaíiol. En el mismo perióc
sarlos a los militares y a los jueces para ser procesados. Incluso la proca­ larga li8ta de las camiceriu
pitalista Review of the River Plate publicó una versión obrera de los he­ bién vendfan una parte sigl
chos, la cual sostenia que de las 101 personas arrestadas (la mayorlade ~rtó acerca de la posibilidt
ción con.la de exportación, p
ellas "decían ser turcos"), 67 tenian heridas de sable o daga supuesta- la orgaJ1í.Zación obrera en ~
IllA ARGENTINA 167

mente causadas por policías y marinos durante los interrogatorios. Un


parlamentario socialista instauró una demanda suscrita por 23 personas
que protestaban por la brutalidad policial durante estos eventos. Todos
los firmantes, aseveraba el congresista, "excepto dos ciudadanos naci­
dos en Berisso, son de nacionalidad rusa o turca. Varios de ellos no tie­
nen nada que ver con los frigorificos: son comerciantes" U;'9).
A medida que progresaba la huelga, el gobierno radical sufria las
:ar­ presiones de la administración de las plantas, los terratenientes, los
Ios ganaderos y la prensa liberal para que garantizara la •'libertad de traba­
ris­ jo" ~60). Las compañias empacadoras amenazaron con cerrar sus plantas
y trasladar sus operaciones a Uruguay y Brasil. La Sociedad Rural alertó
rno sobre la amenaza que representaba la huelga para toda la economía na­
les, cional. Y la Review oí the River Plate insistía en que la huelga era un
Oy complot de agentes alemanes encaminado a· trastornar el esfuerzo bélico
lyu­ de los Aliados. Para un gobierno radical comprometido con la preserva­
11 el ción de la estabilidad social y preocupado por su futuro electoral, otra
ela fuente de presión residia en la potencial interrupción del suministro de
lee­ carne a la región del Gran Buenos Aires. El gerente del frigorifico "La
'lIZa Negra" , el mayor proveedor de carne para la capital, aludió' a dicho peli­
IHeS gro en un telegrama al interventor nacional, quien actuaba como gober­
lda­ nador temporal de la provincia de Buenos Aires, el 15 de diciembre. El
!J.'on gobierno, insistía, debe dar protección adecuada a aquellos que desean
Il.a trabajar. "De modo que, al mismo tiempo que se harán efectivos los
Ka­ sagrados derechos proclamados por la Constitución, Su Excelencia evita­
• en rá que sea necesario cerrar nuestro establecimiento, una medida extre­
J!tla ma, cuyas consecuencias, tan graves para él suministro de carne a los
numerosos centros de población de la Provincia como para la Capital
Federal, no pueden escapar a la inteligente comprensión de Su Excelen­
cia" ~61).
En un esfuerzo por contr&rrestardichas presiones sobre el gobierno
radical,la FORAexigió públicamente que se·pusierafin a la parcialidad
oficial en la huelga, basándose en una· votación de sus afiliados. La

59. Reviewoftbe RiYerPlate, diciembre 8de 1917, p. 1463; La Vuguardla, diciembre 11 de 1917.
60. El desbrozador estudio de Peter Smitb, PoHda _d Beefin ArtentiDa, Nueva York, 1969, con­
tiene mucha información sobre las fuerzas politicas que actuaron en la economia exportadora
durante la primera mitad del siglo XX. Me he apoyado en la obra de Smith a lo largo de este
enasyopara la obtención de mucha de la información sobre la poRtica nacional y la industria
de la carne. Acerca de la hueJgade 1917·18véansepp~ 72-73.
61. Review 01 tbe RiVef Plate, diciembre 21 de 1917, p. (a) 1529. La cita ha sido retraducida al
español. En el mismo periódico, enero 4 de 1918, p. 9, aparece, en un aviso publicitario, una
larga lista. de las carnicerías locales suministrada por •'La Negra". Los otrosfrigorificos tam­
bién vendian una parte significativa de su producción en Argentina. Albert Hirschman me
alertó acerca de la posibilidad de que la prodUcción para el COJlSWtlo doméstico, en combina­
ción con la de exportación, pudiera haber tenido importantes consecuencias para el destino de
la organización obrera en Argentina.
168 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

FORA notificaba que, si el hostigamiento a los piquetes pacificos y el La evaluación·he


apoyo técnico de la fuerza pública en las plantas y las barcazas no termi­ una circular enviada
naban, organizarla una huelga nacional en respaldo a los obreros de la nificado de la derrotE
carne. Cediendo temporalmente a esta presión, el gobierno se reunió na, la huelga de los j
con delegados de la FORA y a finales de diciembre ordenó el retiro de cionantes episodios é
plantas y barcazas, del ejército y la marina, y dio instrucciones a la poli­ todo género de enem
cía para que mantuviese una actitud neutral y circunspecta frente a los industria en conflict<
huelguistas. que domina econóDlÍl
Sin embargo, en pocos días, el gobierno renunció a este compromiso. actores la más brutal
Sea que este cambio obedeciera a. la creciente presión de la Sociedad Pero fue la ReVÍe1
Rural y BUS aliados extranjeros, como sostiene Peter Smith, o a la preo­ a fines de diciembre
cupación del gobierno por su futuro electoral, como afirma Rock, la los obreros de los ~t:
anunciada huelga general de la FORA no se materializó. Aunque la di­ rápidamente. Swift ti
rección de la Federación jamás ofreció una explicación satisfactoria, su trabajando, un contin¡
incapacidad para organizar la huelga general reflejaba el debilitamiento te ha tenido que emp
del paro y la consecuente escalada de divisiones entre partidarios de sin­ brazos empleados en.
dicalistas, anarquistas y socialistas entre los líderes de la huelga (62). En dos de haber podido c,
la última semana de diciembre, los esquiroles ya habían derrotado vir­ el artículo, "que las el
tualmente la huelga en Berissoy, tan pronto como estas grandes plantas mour son las mismas (
reanudaron la producción, la huelga en Avellaneda se vio seriamente Entre 1917 y 1918
comprometida. Pese a que el paro continuó durante un mes más en este "enemigos" mucho 1
último sitio, a finales de enero los huelguistas, desesperados y desilusio­ demás sectores de la c.
nados, empezaron a regresar por centenares al trabajo. las firmas empacadore
Cuando culminó el movimiento, incluso los anarquistas, quienes su enorme experienci
regularmente atribuían las derrotas obreras a la falta de valor y compro­ Estados Unidos; la SO(
miso de los trabajadores individuales, rindieron tributo a los huelguis­ na, cuya influencia y p
tas. nos hasta los años treiJ
Smith; y el gobierno a
"Cincuenta y siete dlas de pelea contra la avaricia burguesa y sus aliados, hizo que ante la amenaza de hu
los trabajadores se rindieran ya en .el frlgorifico 'La Blanca'. La resistencia fue impo­ evitar que las empacad
sible por más tiempo. {... ) Hablar de esta derrota da rabia y vergüenza; yo la siento. policia para proteger a:
camaradas, pero es asi. , .. ~) Sin embargo, he de decirlo, no fue por cobardes o porque
se hayan traicionado a si mismos; cayeron vencidos por impotencia, bajo la fuerza
obreros sin empleo el q
brutal de la reacción burguesa. Eso es todo" (63). va. Los obreros de la
este obstáculo estructu
mismo que la mayor P8
incapacidad para frenal
62. Véanse la vaga discusión en Marotta, El movimiento aiDdieaI. ... (citado en nota 241. Vol. 2,
p. 213, Yla historia de la huelga. escrita por José Ellas NicJison, un inspector del Departamen­
" to Nacional del Trabajo, en el Boleiín del DepartameDto Nacicmal del Trabajo, No. 40. febrero
de 1919, y No. 41, Clbrilde 1919. 64. BoIeUb del Departamento I
63. La Protesta, enero 29 de 1918, p. 3, Pocos dlas después, el mismo escritor evocó la capitula­ 65. Review of ibe River PIafe (
ción de los huelguistas que hablan laborado en "La Negra": "La Negra": "Escribo bajo la 66. También puede ser ci~ (
impresión de la derrota. Vi cómo se rindieron vencidos, este grupo de leones. C.. ) Fueron ciéll llegados, tenían meno
momentos en que el alma de la multitud allí reunida pareda romperse. Ni una queja. Ni una
llar recursos financieros en
voz. Solo después he visto llorar de rabia y dolor. Eran hombres". La Protesta, febrero 3 de da. Esta consideración pul
1918, p. 2. Avellaneda, una comunidac
ARGENTINA 189

La evaluación hecha por los sindicalistas de la FORA, contenida en


una circular enviada a sus afiliados, entraba más en detalles sobre el sig~
nificado de la derrota. "En la historia de la lucha de clases en la Argenti­
na, la huelga de los frigoríficos se destacará como uno de los más emo­
cionantes episodios de la vida sindical. Los obreros tuvieron en su contra
todo género de enemigos. Y es que esta huelga, debido a la índole de la
industria en conflicto, ligada intimamente a los intereses de una clase
que domina económica y pol1ticamente al país, ha provocado contra sus
actores la más brutal de las reacciones" (64).
Pero fue la Review of the River Plate la que señaló, sin proponérselo,
a fines de diciembre, la causa estructural de la derrota. "Las huelgas de
los obreros de los establecimientos de Swift y Arm(~Jr están fracasando
rápidamente. Swift tiene en este momento entre 4 mil y 4.500 hombres
trabajando, un contingente más o menos normal, aunque ocasionalmen­
te ha tenido que emplear hasta 6 mil hombres. ( ... ) La mayoria de los
brazos empleados en las factorlas Armour son nuevos y están encanta~
dos de haber podido conseguir trabajo. Es significativo saber" , concluia
el articulo, "que las condiciones de trabajo tanto en Swift como en Ar­
mour son las mismas de antes de la huelga" (65).
Entre 1917 y 1918 los obreros de la carne enfrentaron una cauda de
"enemigos" mucho más poderosa que la que se atrincheraba en los
demás sectores de la clase obrera urbana. El frente del capital agrupaba
las firmas empacadoras internacionales, con su gran poder económico y
su enorme experiencia en las técnicas rompehuelgas, aprendidas en
Estados Unidos; la Sociedad Rural, el gremio más poderoso de Argenti­
na, cuya influencia y participación de alto nivel enlos diferentes gobier­
nos hasta los años treintas ha sido ampliamente documentada por Peter
Smith; y el gobierno radical mismo, el cual, aunque vaciló brevemente
ante la amenaza de huelga general, utilizó alas fuerzas armadas para
evitar que las empacadoras sufrieran pérdidas económicas y empleó a la
policia para proteger a los esquiroles. No obstante, fue el contingente de
obreros sin empleo el que infundió a estos" enemigos" su fuerzacolecti­
va. Los obreros de la came combatieron valerosamente para superar
este obstáculo estructural ante el que eran trágicamente vulnerables, lo
mismo que la mayor parte de los obreros urban.os de Argentina (66). Su
incapacidad para frenar la marea de esquiroles presagiaba la derrota, al

64. Boletúl del Departamento Nacional del Trabajo, No. 41, abril de 1919, p. 63.
65. Reviewoftbe lUverPlate, díciembre28 de 1917, p. 1569.
66. También puede ser cierto Que debido a que muchos obreros de la came eran extranjeros re­
cién llegados, tenlan menos posibilidades Que la mayoria de los trabajadores urbanos de ha­
llar recursos financieros entre la familia Y la comunidad para mantener una huelga prolonga­
da. Esta consideración puede ayudar a explicar la mayor resistencia de los huelguistas de
Avellaneda, una comunidad más antigua y establecida Que BerisllO.
170 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

igual que la de todo el movimiento obrero argentino en el periodo de la Centenares de obrero


posguerra. dos. Cuando empezó h
Pocos meses después de su victoria sobre los obreros de la carne, los las fuerzas gubername
capitalistas se organizaron con el fin de aprovechar la masa de trabaja­ sindicales, periódicos
dores desempleados de una manera más racional y eficiente. El objetivo, sos. El restablecimien
quebrar el espinazo de todas las organizaciones obreras militantes. En pusieron fin a la reprel
mayo de 1918, un prominente estanciero y magnate naviero citó a los derecha, el gobierno iJ
capitalistas extranjeros y nacionales a una reunión respaldada por la So­ 'lrrestar y deportar a ~
ciedad Rural y que se efectuó en la Bolsa de Valores de Buenos Aires. especialmente anarqu~
Entre los asistentes figuraban representantes de las empacadoras de Tal como a principi
carne, los ferrocarriles, el transporte maritimo y los exportadores de gra­ obrero en el periodo dE
no. De la reunión surgió una organización denominada Asociación Na­ los trabajadores organi
cional del Trabajo, cuyo propósito consistía en frustrar la posibilidad de vista. Ya en 1902, lueg'
una huelga general y proteger la "libertad de trabajo". Con fondos de quistas ese mismo año,
las organizaciones afiliadas (cada una debía contribuir con el 1 % de su dicho fin. Redactada pe:
nómina total), la asociación creó una Bolsa del Trabajo, destinada a su­ dor, J oaquin B. Gonzál~
ministrar obreros a las empresas que necesitaran fuerza laboral sumisa. alcance e intenciones l
Shipley ha documentado la magnitud de las actividades de la Bolsa en 1925. Hubiera establecí
los años subsiguientes. Decenas de miles de obreros eran colocados a las condiciones de traba
través de sus oficinas y muchos contratados para remplazar a los militan­ los obreros. Los sindica
tes despedidos por actividades sindicales. Todas las industrias se vieron tos diseñados para gall
afectadas por los servicios de la Bolsa del Trabajo, que logró destruir la das, serian reconocidOll
base militante de la FOF y, luego, romper el control de la FOM sobre el del gobierno a fin de me
mercado laboral del sector maritimo (67). miembros. Las huelgas
A tiempo que los capitalistas extranjeros y domésticos se organiza­ mientos de mediación y
ban de manera tan eficiente para manipular en provecho propio el mer­ trados por cortes labora]
cado laboral, también contribuían a orquestar una amplia ofensiva políti­ capital, el gobierno y lo~
ca e ideológica contra el movimiento obrero y la izquierda. Tan pronto se castigaba con multas
como la movilización obrera de posguerra alcanzó su nivel más alto, esti­ mental de las condicione
mulada por una severa inflación doméstica, las noticias de la Revolución laba indemnizaciones p<
Bolchevique en Rusia y los rumores acerca de huelgas masivas en Euro­ código laboral de Gonzá
pa Occidental, se intensificaron la represión oficial y las actividades nos, los capitalistas y 101
antiobreras de los grupos derechistas paramilitares y propagandísticos. debatió en el Congreso.
A comienzos de enero de 1919, cuatro obreros metalúrgicos fueron aba­ lamento por elementos
leados por la policia, lo cual desencadenó motines en gran escala en Bue­ también recibió el apOY4
nos Aires. La FORA llamó a la huelga general para protestar por el inci­ por el movimiento obre]
"-J-'tf
dente, mas los acontecimientos pronto escaparon a su control. Durante oleada de huelgas de la ¡:
•, varios días bandas de obreros anarquistas y jóvenes trabajadores no
organizados combatieron contra la policía y las tropas y saquearon alma­
':." cenes. Estos disturbios, conocidos como la semana trágica, desemboca­ 68. Una buena narración que en
Julio Godio, La Semana Trál
ron en la peor represión obrera vista hasta ese entonces en A:gentina. civil en Argentina", en De.
165-215, resalta la debilidad (
69. Iscaro, Bistona.•. , parte 3, PI
Politiea in Argentina. .•, p. 1
67. Shipley. "On tbe Outside Looking In". C. 10. Obl"ll8 completas, Buenos Air
lA ARGENTINA 171

la Centenares de obreros fueron muertos o heridos y millares encarcela­


dos. Cuando empezó la represión, grupos civiles de derecha se unieron a
los las fuerzas gubernamentales para asolar distritos obreros y atacar sedes
la- sindicales, periódicos obreros e inmigrantes, especialmente judíos ru­
'0, sos. El restablecimiento del orden público y el arreglo de la huelga no
En pusieron fin a la represión. En los meses siguientes, bajo presión de la
tos derecha, el gobierno invocó las leyes sobre extranjeros y sedición para
So· lrrestar y deportar a centenares de activistas sindicales sospechosos,
es. ¡~specialmente anarquistas (68).
de Tal como a principios del siglo, la exitosa represión del movimiento
fa­ obrero en el período de la posguerra hizo innecesarias las concesiones a
~a­ los trabajadores organizados a través de una reforma laboralcorporati­
de vista. Ya en 1902, luego de la gran huelga general dirigida por los anar­
de quistas ese mismo año, se había propuesto una legislación encaminada a
su dicho fin. Redactada por el ministro del Interior del gobierno conserva­
su­ dor, Joaquín B. González, la reforma laboral propuesta era similar en su
isa. alcance e intenciones a las leyes promulgadas en Chile entre 1924 y
en 1925. Hubiera establecido las bases legales para la regulación oficial de
ISa las condiciones de trabajo, los sindicatos y los conflictos entre el'capital y
an­ los obreros. Los sindicatos cuyos estatutos se atuviesen a los lineamien­
ron tos diseñados para garantizar actividades no revolucionarias y modera­
da das, serían reconocidos legalmente y elegibles para obtener subsidios
eel del gobierno a fin de mejorar la educación y el bienestar material de sus
miembros. Las huelgas debían ser manejadas mediante. unos procedi­
iza­ mientos de mediación y un arbitraje prolongados y complejos, adminis­
aer­ trados por cortes laborales tripartitas compuestas por representantes del
fliti­ capital, el gobierno y los obreros. El incumplimiento del arreglo arbitral
Jnto se castigaba con multas. La legislación preveia la inspección guberna­
~sti­ mental de las condiciones de trabajo y seguridad en las plantas, y estipu­
¡:ión laba indemnizaciones por accidentes y planes de pensiones. Aunque el
uro­ código laboral de González fue respaldado por dos presidentes argenti­
tdes nos, los capitalistas y los obreros organizados lo repudiaron y nunca se
COSo debatió en el Congreso. En 1919 una reforma similar fue llevada al Par­
lba­ lamento por elementos del Partido Radical. Pese a que esta iniciativa
~ue­ también recibió el apoyo del presidente, fue rechazada de igual modo
Inci­ por el movimiento obrero y pronto cayó en el olvido, cuando cedió la
linte oleada de huelgas de la posguerra (69).
!Ino
bna­ 68. Una buena narración que enfatiza el componente insurrecciona! anarquista de la huelga es
m­ Julio Godio, La Semana Trágica de enero de 1919, Buenos Aires, 1972; David Rock, "Lucha
Una. civil en Argentina", en Desarrollo Económico, Nos. 42-44, julio de 1917-marzo de 1972, pp.
165-215, resalta la debilidad de la organización obrera en su análisis de los hechos.
69. Iscaro, Historia. .. , parte 3, pp. 123-24, 185-86; Spalding, La clase trabajadora. .. , p. 554; Rock,
PoUtic8 iD Argendna. .. , p.I98. El texto de la legislación aparece en JoaquiD V. González,
Obras completas, Buenos Aires, 1955, Vol. 6, pp. 401-578.
172 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

No obstante, los gobiernos radicales de los años veintes sí se enten­ de elementos del Partid
dieron por separado y en una forma corporativista con aquel sector del tinada a refrenar el pote
movimiento obrero que habia alcanzado significativos éxitos.organizati­ éste, en forma corporat
vos y demostrado su importancia estratégica y su potencial revoluciona­ nación, no fue sino en •
rio: los obreros ferroviarios. A raíz del arreglo de la gran huelga nacional cuando dicha legislaciÓII
de 1917, el gobierno promovió asiduamente el liderazgo reformista en Resulta obvio, enton
los sindicatos ferroviarios y concedió beneficios legales y materiales, a ción obrera en Argentin
cambio de la disciplina obrera y la moderación politica. Tales iniciativas la de Chile. El contrastA
fueron posibles gracias al nuevo espíritu de compromiso de los propieta­ ran, la naturaleza progl
rios y administradores de los ferrocarriles, calmados ya por la magnitud reaccionario de la clase I
de sus pérdidas durante las huelgas de 1917 y 1918 Y alarmados ante la debilidad congénita del·
perspectiva de una dirección revolucionaria en un sindicato nacional. Las A pesar de su precoz de:
iniciativas recibieron eventualmente buena acogida entre las bases obre­ se extendió a los sector.
ras, en parte por la eficacia de la continuada represión oficial a partir de obrera nunca amenazó ~
1917 y por el éxito de los patronos, con la ayuda de la Bolsa del Trabajo, capitalista en la produce
en la destrucción de la base militante de la FOF. minante. Tampoco pudo
Las anteriores condiciones consolidaron un nuevo sindicato reformis­ industria de la economia
ta de obreros ferroviarios, la Unión Ferroviaria. Esta se benefició de un samiento de carne. Dun
típico intercambio corporativista, cuidadosamente analizado en estudios excepción parcial y temp
complementarios por Paul Goodwin y Heidi Goldberg. Gracias a inicia­ ción sindical se vio conñ
tivas gubernamentales, los ferroviarios gradualmente consiguieron me­ secundaria para la econOl
jores salarios, pensiones, vacaciones, pago por enfermedad y represen­ de los sindicatos era innE
tación legal ante las empresas y los grupos especiales de arbitramento obrera en su conjunto fm
del gobierno. Las compañías ferroviarias, con la aquiescencia del gobier­ rasgos estructurales de 1
no, fueron autorizadas para descargar en el consumidor los nuevos cos.. logró manipular con éxit<¡
tos laborales. Asimismo se beneficie ron de una fuerza de trabt:ijo disci­ Este repaso histórico e
plinada por el mismo sindicato, que logró destruir la toma de decisiones veintes ha hecho énfasis E
descentralizada y la discusión libre y vigorosa que tanto había cuidado la de la fuerza laboral susc
vieja dirección anarcosindicalista de la FOF. La Unión Ferroviaria impu­ misión en la sociedad y e
so funcionarios de tiempo completo pagados con cuotas sindicales obli­ sas. A falta de posibilida(
gatorias, estrictos procedimientos burocráticos, control sobre las comu­ tadora, los trabt:ijadores u
nicaciones internas, censura del periódico sindical, castigos para los movimiento obrero. Pero
disidentes y una centralización extrema en la toma de decisiones. Disfru­ mia urbana para los m.ij¡
tando de su estatus legal y en capacidad de conceder beneficios materia­ afluían a las dinámicas ciu
les tangibles a los obreros, la Unión Ferroviaria aumentó el número de jos relativamente bien reD
sus miembros cotizantes a 70 mil a mediados de los años veintes. A fina­ este sector de la clase obn
les del decenio, sus afiliados comprendían casi dos terceras partes de Pero la combatividad p
toda la fuerza de trabajo organizada de Argentina (70). ra urbana también estabal
La legislación para los ferroviarios fue, sin embargo, una excepción
dentro de la ley laboral del país. Pese al continuado compromiso formal
71. Alfredo N. Morrone, El dereeh
70. Paul Goodwin explora con cuidado la cambiante relación entre los sindicatos ferroviarios, el mentaba de la falta de dicha le¡
gobierno radical y las compañias ferrocarrileras inglesas en su Los ferrocarriles británicos y la que rija las organizaciones gran
UCR, Buenos Aires, 1974. La historia institucional de Goldberg, op. cit., sigue la transforma­ mla propia, peculiar de estas II!II
ción desde el interior de los sindicatos ferroviarios. Yresponsabilidad".
n'ORIA ARGENTINA 173

enten­ de elementoiS del Partido Radical con una legislación laboral amplia des­
tor del tinada a refrenar el potencial clasista del movimiento obrero e integrar a
lDÍZati­ éste, en forma eorporativista. a la estructura legal e institucional de la
tciona­ nación, no fue sino en los años cuarentas, bajo el liderazgo de Perón,
lcional cuando dicha legislación se hizo realidad (71).
ista en Resulta obvio, entonces, que la respuesta institucional a la organiza­
ales, a ción obrera en Argentina fue, a comienzos del siglo XX, muy distinta de
iativas la de Chile. El contraste no ilustra, sin embargo, como algunos quisie.­
opieta­ ran, la naturaleza progresista de la élite politica chilena o el carácter
19nitud reaccionario de la clase dominante argentina. Por el contrario, revela la
ante la debilidad congénita del movimiento obrero argentino en sus comienzos.
181. Las A pesar de su precoz desarrollo, el movimiento laboral argentino jamás
lB obre­ se extendió a los sectores más vitales de la economia. La organización
mir de obrera nunca amenazÓ seriamente el proceso primario de acumulación
~abajo, capitalista en la producción exportadora rural presidido por la clase do­
minante. Tampoco pudo crear organizaciones duraderas en la principal
iormis­ industria de la economia exportadora, las plantas extranjeras de proce­
bde un samiento de carne. Durante las dos primeras décádas del siglo, con la
~Btudios excepción parcial y temporal de los obreros del transporte, la organiza­
l inicia­ ción sindical se vio confinada a las actividades urbanas de importancia
ron me­ secundaria para la economia nacional. Alli, el vigor y la fuerza numérica
presen­ de los sindicatos era innegable; perola permanencia de la organización
'amento obrera en su conjunto fue profundamente socavada en virtud de ciertos
gobier­ rasgos estructurales de la sociedad argentina· que la clase dominante
vos cos­ logró manipular con éxito para mantener su abrumadora ventaja.
io disci­ Este repaso histórico del movimiento obrero argentino hasta los años
cisiones veintes ha hecho énfasis en la debilidad especifica de aquellos elementos
idado la de la fuerza laboral susceptibles de forjar una visión autónoma de su
la impu­ misión en la sociedad y de construir organizaciones colectivas podero­
les obli­ sas. A falta de posibilidades organizativas en la producción rural expor­
#i comu­ tadora, los trabajadores urbanos constituyeron la columna vertebral del
¡NU'tllos movimiento obrero. Pero debido al atractivo que representaba la econo­
¡ Disfru­ mia urbana para los migrantes trasatlánticos e intemos,gentes que
materia­ afluian a las dinámicas ciudades costeras de la pampa en busca de traba­
IBero de jos relativamente bien remunerados, incluso el potencial organizativo de
; A fina­ este sector de la clase obrera se hallaba fatalmente comprometido.
Jrtes de Pero la combatividad politica y la autonomia cultural de la clase obre­
ra urbana también estaban minadas por aspectoiS culturales y materiales
¡cepción
pformal
71. Alfredo N. Morrone, El dereeho obrero 1 el Presidente Yrigoyen, Buenos- Aires, 1928, se la­
bViarios. el mentaba de la falta de dicludegislaclón (pp. 110-11): "Es notoria, la aUBencla de un estatuto
láDieoIy la que rija las organizaciones gremiales entre nosotros. No hay una ley, que (,lOIltemple la fisoDo­
ransforma- m1a propia, peculiar de estas asociaciones... (No hay unaley] que les dé autoridad, personeria
y responsabilidad" .
174 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

más generales. Aunque los obreros de las grandes ciudades costeras vi­ miento argentino. ha]
vian segregados como una clase distinta en vecindarios miserables, esta­ controlar la nueva se
ban rodeados por la impresionante evidencia fisica del progreso material dear, aplaudia el clál
del país. Tenian acceso a instituciones culturales y a periódicos obreros, crito en 1911, La Ar,
pero a diario eran bombardeados por la información, los análisis y los capacidad de convert
valores propagados por la prensa liberal, las escuelas públicas y la Igle­ Al parecer, el único e
sia Católica. Los obreros argentinos luchaban por la subsistencia en una me, antipatriótica y r
economía urbana plagada de desempleo crónico; pero las familias em­ lo, en nombre del pa,
prendedoras podian invertir sus ahorros en finca raíz, comercio y servi­ dominantes de Argel
cios. En esta economía en continua expansión resultaba factible la movi­ ción una poderosa y e
lidad social que, por ejemplo, era casi inexistente Em el norte de Chile. A En suma, el creciJ
menudo los obreros argentinos eran despedidos 'por trasgredir indivi­ dida ininterrumpidos
dual o colectivamente las •'prerrogativas" del capital; mas en Argentina cultural e ideológica
las caídas cíclicas nunca fueron severas y se podia hallar trabajo, no éxito obvio de su dire
importa qué tan desagradable, en las vastas y diversificadas economías cal nunca desafió los
urbanas de la costa. La vulnerabilidad colectiva de los obreros en un dos por la clase domir.
mercado capitalista irracional, tan obvia en la zona salitrera de Chile y, la reforma laboral y h
por extensión, en toda la sociedad chilena, se atemperaba en Argentina. ante la presión de los j
El infortunio individual, por lo tanto, podia explicarse plausiblemente en la cual no contaban lo
términos de desadaptación personal. Esta era precisamente la explica­ las organizaciones obl
ción sobre la que insistía la cultura doIninante. querer universalizar SI
A tiempo que se esforzaba por racionalizar y legitimar su posición alcanzaron cierto éxik
creando y manipulando valores culturales ampliamente compartidos, la nacionales más ampli
clase dominante argentina se apropiaba del concepto de patriotismo y que sus ,acciones ame!
lo volvía contra la clase obrera revolucionaria, en su mayoría inmigrante. nacional, o' 'matar la ~
Carl Solberg ha demostrado cómo, a diferencia de lo que ocurrió en Chi­ logista del statu quo. Ji
le, en Argentina el nacionalismo se desenvolvió siguiendo lineas cultura­ ción anticapitalista de
les en vez de econóInicas. En Argentina los grupos establecidos y ciertos tivo para otros elemenl
elementos de la clase media culpaban a los extranjeros por todos los La dependencia cu
males sociales que dañaban la imagen del desarrollo y el progreso del estructura y el éxito di
pals. Tales acusaciones se volcaron sobre el moviIniento obrero. El esta­ en la ideología reform.
blecimiento argentino contemplaba a los trabajadores revolucionarios pro de los consumidol'l
con estudiada incredulidad y' agresivo patriotismo. Los obreros anticapi­ socialistas chilenos, q
talistas eran irracionales, irresponsables, antiargentinos, pues gozaban argentinos se separara
de oportunidades virtualmente ilimitadas. Su inconformidad revolucio­ nacional. Fue la mayo
naria era una herencia de los problemas sociales de Europa y de ideolo­ control del principal su
gías inadecuadas para la realidad de Argentina. En Chile, ya en las pri­ tes, la Unión FerroviaI
meras décadas del presente siglo ciertos elementos de la clase dominan­ recién formado Partid(
te y de la clase media publicaron libros - por ejemplo, Nuestra inferiori­
''1< dad económica, Santiago, 1912, por Francisco Encina; y Chuquicamata,
estado yankee" Santiago, 1926, por Ricardo Latcham- que cuestionaban 72. Cad Solberg, Inmipdicm
el patrón y la viabilidad futura del desarrollo económico y social de Chile Gladys S. Onega, La inm.ig
y hacían hincapié en los peligros y abusos que representaba el capital una masa de información I
económico y social argentú
extranjero para los trabajadores del sector minero. Aunque el estableci- por la clase obrera en los d~
A ARGENTINA 175

miento argentino había empezado a dudar de su propia capacidad para


!l- controlar la nueva sociedad que sus políticas habían contribuido a mol­
al dear, aplaudía el clásico libro del expresidente Carlos A. Pellegrini, es­
s, crito en 1911, La Argentina en el siglo XX. Según él, el país poseia la
)S capacidad de convertirse en •'una de las grandes naciones de la Tierra" .
e­ Al parecer, el único obstáculo que se oponía al progreso era la inconfor­
la me, antipatriótica y revolucionaria clase obrera inmigrante. Para salvar­
Il­ lo, en nombre del patriotismo y el progreso material continuo, las élites
ti­ dominantes de Argentina hallaron en las leyes sobre extranjeros y sedi­
ri.. ción una poderosa y eficaz herramienta (72).
A En suma, el crecimiento y desarrollo espectaculares y en buena me­
,¡.. dida ininterrumpidos de la economía argentina reforzaron la hegemonía
na cultural e ideológica de la clase dominante. Resultaba difícil criticar el
no éxito obvio de su dirección. La clase media no lo hacíá. El Partido Radi­
as cal nunca desafió los principios de la economía política liberal defendi­
¡¡n dos por la clase dominante y sus aliados extranjeros. Sus impulsos hacia
J, 18 reforma laboral y la justicia social fueron bien pronto dejados de lado
la, ante la presión de los capitalistas y la realidad de la política electoral, en
en 18 cual no contaban los votos de la clase obrera insurgente. Pero incluso
:1- las organizaciones obreras revolucionarias tropezaron con dificultades al
querer universalizar su condena del capitalismo. Los obreros ferroviarios
ón alcanzaron cierto éxito temporal al proYectar sus exigencias en términos
18 nacionales más amplios, pero aun ellos eran vulnerables a la critica de
.y que sus acciones amenazaban con alterar la suave marcha del desarrollo
te. nacional, o •'matar la gallina de los huevos de oro", como afirmó un apo­
m­ logista del statu quo. Es decir, debido a razones estructurales, la concep­
m­ ción anticapitalista de la clase obrera revolucionaria ofrecía escaso atrac­
t.os tivo para otros elementos de la sociedad.
los La dependencia cultural de los obreros argentinos, reforzada por la
del estructura y el éxito de la economia exportadora, se percibe fácilmente
ta­ en la ideología reformista y en las actividades del Partido Socialista en
ios pro de los consumidores. Es significativo, y en agudo contraste con los
¡pi- socialistas chilenos, que solo una pequeña fracción de los socialistas
l8ll argentinos se separara del partido en 1918 y se uniera a la Tercera Inter­
do­ nacional. Fue la mayoria reformista socialdemócrata la que heredó el
do­ control del principal sindicato argentino que sobrevivia en los años vein­
,ri- tes, la Unión Ferroviaria. Y fue el reformista Partido Socialista. y no el
~n­ recién formado Partido Comunista,' el que, hasta cierto punto sobre la
¡,ri·
lia,

,an 72, Carl Solberg, I:nmigratlon aDd Nationali8lP, ArgentiDa aDd Chile, 1890-1914, Austin. 1970.

úle Gladys S, Onega, La inmigración en la literatura argentiDa, Buenos Airee, 1969. Shipley reúne

una masa de información cuantitativa para ilustrar la brecha entre el "mito" del desarrollo
ital económico y social argentino y la realidad de las condiciones materialee y sociales afrontada
~i- por la cJase obrera en los decenios anteriores a 1930.
176 LOS TRABAJADORES EN LA lUSTORIA

base del voto obrero, se convirtió en la mayor fuerza electoral de Buenos


Aires durante dicha década.
En la evolución del tango, la más famosa expresión de la cultura
popular porteña del Río de la Plata, se pueden hallar pistas sobre la de­
pendencia cultural de la clase obrera. El tango ha conservado los ritmos
y algo de la instrumentación de las formas originales que los trabajado­
res crearon en bares y barriadas desde principios del siglo. Cuando su
letra empezó a ser escrita y grabada después de la Primera Guerra Mun­
dial, el tango preservó también, a menudo en forma altamente poética,
el dialecto de la clase obrera, el lunfardo, que italianos y demás inmi­
grantes habían creado, con base en el español, para expresar sus valores
y percepciones colectivas. El tango nunca perdió el aura de melancolia
que llevó a Enrique Santos Discépolo, su más grande compositor, a defi­
nirlo como' 'un pensamiento triste que se baila". Pero la letra de los tan­
gos, a diferencia de la del jazz, música con la que son comparados a
menudo, revela escasamente la conciencia de los obreros como clase.
Los temas del tango han conservado una preocupación por la madre y la
amante, el significado de la vida y la muerte, la perfidia humana y la
venganza. Exudan una nostalgia por el lugar y el tiempo, y por la otrora
incomparable vida nocturna de Buenos Aires. Todos estos temas tienen
que ver, al menos en parte, con la experiencia de la comunidad de inmi­
grantes, compuesta principalmente por varones solteros, que se asentó
en las grandes ciudades de Argentina y Uruguay y creó la música de tan­
go. Pero el tema del trabajo y la percepcibn de clase se halla virtualmen­
te ausente. El tango es pesimista acerca de la condición humana y fata­
lista en torno al desenlace de los problemas sociales. Al menos en su le­
tra, a partir de 1920 el tango refleja la emasculación de la clase obrera
urbana de Argentina: sus formas proletarias finalmente apropiadas y
adaptadas por las clases alta y media después que hubieron sido previa­
mente aprobadas en París; su más grande intérprete, Carlos Gardel,
exhibido como una especie de Horacio Algar musical (78).

73. La literatura sobre el tango -después de la carne V8C11D.ll, el más famoso producto de exporta­
ción argentino- es vasta. La preocupaci.6n argentina por el tango, lo mismo que por el gau­
cho, constituye en si una medida de una cultura nacional profundamente fragmentada. Quizá
el mejor ensayo sobre la materia es Ernesto SAbato. Togo, diseuaióu J dPe. Buenos Aires,
1963. Darlo Cantón clasifica los temas de los tangos de Gardel en "El mundo de 108 tangos de
Gardel", en Revista LatiDoamerieana de Sociología, 69:3, noviembre de 1969, pp. 341-362.
Los tangos de· Discépolo están a la mano en Enrique Sotes Diacépolo c:aDcloDero, Buenos
Aires, 1977. Hasta ahora los historiadores no han querido explorar la relaci6n entre el tango y
la cultura Y la polltica de la clase obrera. Judith Evans sugirió las posibilidades de tal análisis
en una estimulante presentación oral en la Reunión Anual de la American HistoricaI Associa­
tion, Washington, D.C., 1980.
!!'ORlA ARGENTINA 177

uenos

ultura
Ja de­ La historia del movimiento obrero argentino entre 1900 y 1930 es única y
¡itmos especifica, pero sus rasgos, evidentes en la década de 1920, no son ex­
lijado­ cepcionales. En otras sociedades capitalistas, como Estados Unidos, la
Ido su etapa "heroica" de la movilización obrera fue seguida, luego de la re­
Mun­ presión de la inmediata posguerra, por un período de relativa inactividad
>ética, sindical y de aparente conformismo ideolÓgico con relación a los valores
inmi­ culturales dominantes (74). En sociedades como la argentina, donde
alores después de la guerra se vivió un vigoroso crecimiento económico y donde
¡ncolía la izquierda era débil, los gobiernos liberales lograron contender con la
a defi­ amenaza del sindicalismo apelando a paulatinas reformas corporativis­
)8 tan­ taso En dichas sociedades el movimiento obrero no forzó una ruptura de
idos a las instituciones políticas o de la estabilidad y no consiguiÓ mayores con­
cJase. cesiones institucionales. En Suramérica, Chile fue la principal excepción
rey la a esta norma antes de 1930 .
.. y la Sin embargo, con el comienzo de la Gran Depresión surgieron por
otrora vez primera indicios de la excepcionalidad histórica de Argentina y, en el
tienen curso del siguiente medio siglo, un patrón de eventos históricos dejó al
~ inmi­ país al margen de las corrientes dominantes del sistema capitalista mun­
asentó dial. La excepcional historia argentina a partir de 1930 está cargada de
le tan­ ironía y culmina en una tragedia. El movimiento obrero desempeña el
lilinen­ papel principal.
., fata­
uu le­
:obrera EL CURSO ANOMAW DE LA HISTORIA ARGENTINA
adas y
previa­ A partir de 1930, la evolución política de Argentina no guardó relación
liardel, con las tendencias básicas del sistema capitalista mundial. En los años
treintas, los gobiernos capitalistas en todo el orbe se vieron obligados a
abandonar formalmente los principios del Iaissez faire de la economía
política liberal y a otorgar concesiones a la clase obrera (75). En América
Latina llegaron al poder nuevas coaliciones po1íticas que representaban

I exporta­
~elpu­ 74. Hobart. Spalding ha demostrado las similitudes generales entre el desarrollo del movimiento
... Quizá obrero en Europa, Estados Unidos y América Latina en el siglo XX. El ténnino "heroico" es
f,OI Aires, suyo. A pesar de las diferencias fundamentales en la estructura y la funci6n econ6micas en el
I&nPde sistema capitalista mundial, Estados Unidos y Argentina compartlan dos importantes caracte­
··341-362. rIsticas en el periodo de expansión capitalista anterior a 1930: un dramático desarrollo econ6­
L Buenos mico y social y una gran inmigraci6n extranjera a la fuerza de trabajo. Ambas caracteristicas
minaron el desarrollo de la conciencia de la clase obrera y su organización sindical efectiva.
'taDgoy
dauálisis 75. Tal como se anotó en el primer capitulo, Karl Polanyi fue el primero en recónocer el alcance y
~Associa- en desarrollar las implicaciones culturales de este cambio crucial. Véase Tbe Great Traasfor·
matioD, Nueva York, 1944.
178 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

grupos e intereses sociales más amplios que los representados por la re­ salarios reales y con las '
ducida élite exportadora e importadora, predominante en la política an­ Ha" en una economia cal
tes de 1930. Los nuevos regimenes se deshicieron gradualmente de los tales arreglos. Pero en la
principios del libre comercio y la ventaja comparativa. Progresivamente gimenes conservadores e
trataron de solucionar la crisis domésticá en lo económico y. social me­
cionadas en años anteriOI
diante programas de bienestar social e intervención estatal en la econo­
mente contra los militant4
mía a fin de promover el desarrollo iñdustrial. Aunque en la práctica los Los reaccionarios prO(
gobiernos argentinos de los años treintas no fueron inmu?es a nin~n!l argentinos en los años tn
de estas tendencias, particularmente en la esfera econóIIl1ca, sus polítI­ rado intento de los intere
cas formales, en especial con relación a las cuestiones políticas y sOCIa­ los acuerdos económicos i
les, marcharon decididamente en contra de la corriente histórica de Oc_o tacular desarrollo económ
cWe~. •
Depresión. La piedra an~
La crisis económica mundial y la naturaleza de las políticas del go­ man de 1933, buscaba COI
bierno argentino a partir de 1930 desataron la segunda gran moviliza­ na argentina haciendo ex!
ción obrera e influenciaron considerablemente su dirección ideológica y glés. Las manufacturas y 1
política en los años cuarentas. La forma que asumió la integración del so preferencial al mercad
movimiento obrero a la vida nacional bajo Perón, precisamente en la les otorgaron garantías y
segunda posguerra, aseguró, a su vez, que Argentina participaría solo compromiso formal con la
de manera marginal en la gran expansión del capitalismo mundial en los desvirtuado por otro tipo
decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El sindicalismo pe­ proteger y promover interl
ronista obstruyó el proyecto capitalista de la posguerra impulsado por la mundo en crisis. Políticas
clase dominante de Argentina y sus aliados foráneos. Pero, al mismo valuación de la moneda, el
tiempo, frustró el potencial socialista de la clase obrera: ~l resultado, y la extensión de crédito
dolorosamente evidente en los años sesentas, fue un VICIOSO estanca­ constituian respuestas prá
miento presidido por la fuerza militar.
vir a los intereses de la él
La comprensión del último medio siglo de la historia argentina debe transformar la estructura (
empezar con el golpe civico-militar de septiembre de 1930, el cual depu­ so de industrialización POI
so al gobierno radical yen breve devolvió el poder político, por primera cimiento de la industria ar¡
vez desde 1916, directamente a aquellos que controlaban la economía cuarentas condujo a una ro
exportadora. En aspectos muy importantes tales acontecimientos hicie­ tó la importancia y la inflm
ron retroceder el reloj de la evolución política y social del país. Con el les y extranjeros (76).
propósito de mantenerse en el poder, en los años treintas, los regimenes
conservadores se vieron forzados a recurrir al fraude electoral en gran
escala. Durante casi veinte años, antes de 1930, miembros de la clase 76. El Roca-Runciman es analizad(
en Jorge G. Fodor y Arturo A. e
media urbana utilizaron el poder electoral del Partido Radical en un Es­ mera mitad del siglo XX", en [
tado democrático para influir sobre algunas áreas de la política pública. ensayo estimulante, "CrecimieI
Más aún usaron el voto con el objeto de ganar acceso a puestos guber­ Miguel Murmis y Juan Carlos P
dado protección a los intereses I
namentaies, en una burocracia que el partido se esforzaba por ampliar latifundista. dichos productores
constantemente. A partir de 1930 este acceso a la política fue cortado de politica de industrialización. La i
raíz. También fue negado a la clase obrera urbana, que comprendia por contribuiría a la salud general y;
esa época cientos de miles de ciudadanos argentinos y votantes. Más la crisis mundial. La principal o
fundistas y los productores de g2
significativo para los obreros fue, no obstante, el impacto de las políticas las concesiones hechas a los briC
sociales del régimen, en una era de crisis económica. Muchos trabajado­ aparece en sus Estudios sobre ),
res, que en los años veintes hablan aprendido a contentarse con mayores aqui una importante pista que ce
nalista del liberalismo cosmopo
---------------- ------ -

USTORIA ARGENTINA 179

JOr la re­ salarios reales y con las ventajas del sindicalismo de "pan y mantequi­
itica an­ lla" en una economia capitalista en expánsión, ahora veian amenazados
~ de los tales arreglos. Pero en la medida en que crecia la incoformidad, los re­
vamente gímenes conservadores desempolvaron las medidas represivas perfec­
lCial me­ cionadas en años anteriores y empezaron de nuevo a aplicarlas vigorosa­
a econo­ mente contra los militantes obreros.
lctica los Los reaccionarios procedimientos politicos y sociales de los gobiernos
ninguna argentinos en los años treintas se vieron complementados con un desca­
us pol1ti­ rado intento de los intereses exportadores e importadores por mantener
,y soMa­ los acuerdos económicos internacionales que habian impulsadoel~espec­
:a de Oc-' tacular desarrollo económico de Argentina en las décadas anteriores a la
Depresión. La piedra angular de tales esfuerzos, el Pacto Roca-Runci­
s del go­ roan de 1933, buscaba conservar el mercado británico para la carne vacu­
moviliza­ na argentina haciendo extravagantes concesiones oficiales al capital in­
ológica y glés. Las manufacturas y los combustibles británicos recibieron un acce­
ación del so preferencial al mercado argentino, y a los inversionistas ingleses se
ate en la les otorgaron garantías y oportunidades· especiales. En realidad, este
laria solo compromiso formal con la antigua división internacional del trabajo fue
lial en los desvirtuado por otro tipo de pol1tic~s gubernamentales que buscaban
lismo pe­ proteger y promover ..intereses económicos argentinos más amplios en un
ldo por la mundo en crisis. Pol1ticas tales como .e,l abandono del patrón oro, la de­
al mismo valuación de la moneda, el establecimiento de tasas de cambio múltiples
'esultado, y la extensión de crédito para la diversificación agrícola e industrial
I estanca- constituían respuestas prácticas a la depresión mundial tendientes a ser­
vir a los intereses de la élite pampeana. Pero también contribuyeron a
,tina debe transformar la estructura de la economia argentina al promover el proce­
~aldepu- so de industrialización por sustitución de importaciones. El notable cre­
11' primera cimiento de la industria argentina en los años treintas y comienzos de los
'economía cuarentas condujo a una migración rural-urbana en gran escala y aumen­
il.tos hide­ tó la importancia y la influencia de los intereses manufactureros naciona­
ls. Con el les y extranjeros (76).
regimenes
uen gran 76, El Roca-Runciman es analizado dentro del amplio contexto del comercio británico-argentino
le la clase en Jorge G. Fodor y Arturo A. O'Connell en "La ~entina y la economla atlántica en la pri­
en un Es­ mera mitad del siglo XX". en Desarrollo Económico, 13:49, abril-junio 1973, pp. 3-66. En un
a pública. ensayo estimulante, "Crecimiento industrial y alianza de clll8es en la Argentina, 1930-1940".
Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero sostienen que una vez que el Roca-Runciman hubo
tos guber­ dado protección a los intereses básicos de los ganaderos más poderosos en el seno de la clase
~r ampliar latifundista, dichos productores utilizaron el control del Estado para promover una moc!esta
~rtadode política de industrialización. La industria ayudarla a levantar el sector exportador deprimido y
contribuiría a la salud general y al buen funcionamiento de todil la economla nacional durante
iendía por la crisis mundial. La principal oposición a estas iniciativas surgió inicialmente entre los lati­
BteS. Más fundistas y los productores de ganado provinciales, cuyos intereses no estaban protegidos por
El pol1ticas las concesiones hechas a los británicos para proteger el mercado de carne fria. Dicho ensayo
aparece en sus Estudios sobre los orígenes del peronismo, Buenos Aires, 1971, pp. 3-55. He
trabtijado­ aquí una importante pista que conduce a los orígenes sociales y económicos de la crítica nacio­
11 mayores nalista del liberalismo cosmopolita hecha por los conservadores disidentes (entre ellos, los
180 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

Sin embargo; tan importantes cambios econbmicos y sociales no se tos indirectos que grava
vieron reflejados en reformas politicas e institucionales complementa­ el crecimiento de la bur1
rias. A este respecto, las politicas gubernamentales argentinas de los largo del prolongado pel
años treintas se convirtieron en una anomalia en el mundo occidental. Muchas funciones de la I
En otros países, los regimenes politicostuvieron que capear la frustra­ la socializacibn de la ju
cibn popular con soluciones de origen estatal para la crisis social y politi­ directamente a los inter~
ca del orden capitalista. Dichas soluciones, nominalmente liberales, les no amenazaran los in
como en Estados Unidos, o formalmente corporativistas, como en los mbdicas alusiones a la re
regimenes fascistas de Europa, entrañaban concesiones reales a los tra­ rrogativas de los inversic
bajadores organizados, y encontraron eco en los principales países lati­ ca petrolera, en especia
noamericanos, excepto en Argentina. Allila clase dominante recurrib parecib posible); mientra
cada vez más a la accibn del Estado para promover sus propios intereses co y mantuviera a raya
econbmicos. Por ejemplo, creb juntas reguladoras con el objeto de limi­ muy eficazmente en los 1
tar la produccibn de bienes rurales y elevar el precio doméstico de la car­ era tolerado por la clase e
ne, los cereales, el azúcar y el vino. Mas en todo momento se abstuvo de ra un partido "reformistl
hacer mayores concesiones ideolbgicas, politicas o sociales a las fuerzas gitimar el sistema POliti4
populares a lo largo de la crisis mundial. aquél dirigia. Y la separ81
Esa actitud no era clnica ni recalcitrante. Por el contrario,reflejaba la tasy la corrupcibn de la p
indiscutida hegemonía ideolbgica y politica de una clase que habia presi­ tigio ideolbÍPco y social.
dido el fenomenal desarrollo de la economía periférica de Argentina an­ Empero, con el advenj
tes de 1930. Tal hegemonía permanecib intacta durante los años treintas dades de los terratenientl
debido a la dependencia ideológica y a la desbandada institucional de en blanco de la frustraci<
las fuerzas populares al inicio de la crisis, reforzada por la continuada Resulta significativo que
viabilidad y adaptabilidad de la economía exportadora argentina durante del gobiern.o radical; no il
la Depresibn. econbmicos liberales que I
Una medida de la debilidad ideolbgica e institucional de las fuerzas lIo de Argentina antes de
populares argentinas antes de 1930 es la suerte del Partido Radical, tes­ radicales. La crisis exigia
tamento del precoz desarrollo del país. Su ascenso al poder, en 1916, de los ingresos del gobier
separb a Argentina de las demás naciones latinoamericanas. Su compo­ reaccionb con su acostum
sicibn social, basada en la clase media, atestigua la creciente diferencia­ politica e inercia burocrát
cibn de la sociedad urbana argentina, fomentada por la expansibn de la pÚblica al gobierno las lb
economía exportadora. Su ideología y sus politicas defend1an formas po­ clientelista del partido, fuE
liticas democrático-liberales, pero revelaban una estudiada renuencia a
desafiar los valores e intereses fundamentales de la clase dominante. 77. Estas consideraciones ayudan.
A partir de 1916 el Partido Radical actub principalmente como ve­ seni.lidad del presidente radical
biculo de acceso de los profesionales urbanos y los empleados a una bu­ número especial de la Re'rista I
'" rocracia estatal en expansibn. Financiado primordialmente con impues­ son los articulos de Roberto Etcl
40, Y de Ricardo Ortiz, "El as¡:
Smith descarta el impacto ecoll!
tica en Argentina and the Faihl
proUficos hermanos lrazusta) y demócratas progresistas (cuyo vocero era Lisandro de la To­ ?ómica y fiscal fue significatiVl
rre). El nacionalismo económico de derecha de los conaervadores, que halló su inspiración en unportante. El valor de las expc
el pensamiento corporativista católico, es desarrollado de manera convincente en la influyente 614.104.180 en 1930; las impori
obra de Julio y Rodolfo lrazusta, La Argentina '1 el imperiaUsmo británico, Buenos Aires, en el mismo periodo (Gran BretI
1934. La valiente cruzada parlamentaria de De la Torre contra lo que él veÚl como la alianza the Argentine Republic. 1931, 1
impÚl tras la organización del mercado de la carne está resumida en su libro Las carnes argen­ federales aumentaron en 22 % e:
tinas '1 el monopoHo eItrujero, Buenos Aires, 1947. 10% en el mismo periodo; el res
roRIA ARGENTINA 181

no se tos indirectos que gravaban fuertemente el consumo de la clase obrera,


lenta­ el crecimiento de la burocracia fue tolerado por la clase dominante a lo
le los largo del prolongado periodo de prosperidad económica anterior a 1930.
ental. Muchas funciones de la burocracia civil y militar, sobre todo su papel en
Ilstra­ la socialización de la juventud y la represión del descontento, servían
politi­ directamente a los intereses del capital. Mientras las iniciativas radica­
rales, les no amenazaran los intereses básicos de los terratenientes (las espas­
:m los módicas alusiones a la reforma agraria no lo hacían), o afectaran las pre­
lStra­ rrogativas de los inversionistas extranjeros (solo en el campo de la politi­
:S lati­
ca petrolera, en especial en las postrimerías de los años veintes, ello
eurrió pareció posible); mientras el gobierno radical conservara el orden públi­
ereses co y mantuviera a raya a los obreros organizados, tarea que aprendió
~ limi­ muy eficazmente en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial,
la ear­ era tolerado por la clase dominante. En efecto, el hecho de que goberna­
lvode ra un partido "reformista", "popular" y "democrático", ayudaba a le­
uerzas gitimar el sistema político y los arreglos sociales del capitalismo que
aquél dirigia. Y la separación relativa de la élite económica de las dispu­
jaba la tas y la corrupción de la política cotidiana contribuía a preservar su pres­
, presi­ tigio ideolÓg¡co y social.
itla an­ Empero, con el advenimiento de la crisis mundial en 1929, las necesi­
reintas dades de los terratenientes cambiaron y el gobierno radical se convirtió
mal de en blanco de la frustración social general provocada por la Depresión.
inuada Resulta significativo que dicha frustración atacara la ineficacia política
lurante del gobierno radical; no implicó una revaluación critica de los principios
económicos liberales que con tanta fortuna habian promovido el desarro­
fuerzas llo de Argentina antes de 1930 bajo gobiernos tanto conservadores como
:al, tes­ radicales. La crisis exigia una acción concertada para enfrentar la caida
n 1916, de los ingresos del gobierno y de las exportaciones. El gobierno radical
compo­ reaccionó con su acostumbrada falta de claridad ideológica, confusión
trencia­ política e inercia burocrática. Y a medida que aumentaba la oposición
In de la pública al gobierno, las limitaciones presupuestarias socavaban la base
nas po­ clientelista del partido, fuente de su apoyo tradicional (77) .
~ncia a
Ilte. 77. Estas consideraciones ayudan a explicar la controversia sobre el supuesto personalismo y la
lino ve­ senilidad del presidente radical Hipólito Yrigoyen. La mejor introducción al golpe en si es el
número especial de la Revista de HiBtoriadedicado a éste, 8, 1958. Particularmente valiosos
1na bu­ son los articulos de Roberto Etchepareborda, "Aspectos pollticos de la crisis de 1980", pp. 7­
IIlpues­ 40, Y de Ricardo Ortiz, "El aspecto económico-social de la crisis de 1980", pp. 41-72. Peter
Smith descarta el impacto económico y fiscal de la Depresión a favor de una explicación poli­
tica en ArgentiDa and the Fallure 01 Democracy, Madison, 1947. Sin embargo, la crisÍs eco­
,de la To­ nómíca y fiscal fue signíficativa y la oposición de la Sociedad Rural al gobierno radical fue
Izaeión en importante. El valor de las exportaciones argentinas cayó de 953.748.939 pesos oro en 1929 a
Ifluyente 614.104.180 en 1980; las importaciones disminuyeron de 861.997.355 pesos oro a 739.182.744
lD8.Ahes, en el mismo periodo ¡Gran Bretaña, Departament of Overaeas Trade, Economic Conditions iD
Jaalianza ihe Argentine Republic, 1931, Londres, 1932, Apéndice V, p.l40). Mientras que los gastos
1tII1Il1en· federales aumentaron en 22% entre 1928 y 1980, los ingresos gubernamentales declinaron en
r 10% en el mismo periodo; el resultado fue un creciente déficit presupuestal: 214.9 millones de
182 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

Entonces, a diferencia de lo sucedido en la mayorla de los paises lati­ trovertida, su contenido


noamericanos, en Argentina la crisis mundial debilitó y desacreditó a un circunstancias de la cris.
partido supuestamente reformista de clase media y no a los tradicionales cionales y contrarias al d
vehlculos conservadores de una clase dominante que controlaba la ec~ Pero el establecimiel
nomía exportadora. La hegemOIúa cultural y política de la clase domi­ en que el conjunto de la I
nante argentina sobrevivió intacta al golpe inicial de la Depresión. El estrecho lente de los in
Partido Radical fue desacreditado y obligado a cargar con la culpa de la capacidad de adaptación
crisis internacional. Cuando los radicales caYeron del poder la clase d~ protegió inicialmente al
minante no tuvo que afrontar mayores obstáculos en su camino para re­ por preservar, a costa di
cuperar el manejo político directo de la sociedad argentina. económica. Mas la 1ógia
Ningún elemento del movimiento obrero estaba en capacidad de fuerzos pusieron finalme
ofrecer una resistencia efectiva a las políticas antidemocráticas y a las teoda económica liberal J
medidas económicas liberales de la élite argentina durante los años En contraste con lo qt
treintas. El Partido Socialista, al igual que los radicales, protestaron con­ obrero el que llevó a cab<l
tra la represión política y las medidas sociales de los gobiernos conserva­ trayectoria política indeJl
dores. Sin embargo, ambos partidos eran prisioneros ideológicos de los destruidas a comienzos d
principios cosmopolitas del liberalismo económico, que seguian siendo dirigidas por socialistas ,
eficientemente utilizados durante los años treintas para justificar las p~ pe de 1930 para formar u
líticas de los gobiernos conservadores. Los principios liberales -la neral de Trabajadores, e
creencia en la ventaja comparativa de Argentina y en su potencial ec~ del decenio de los treinta:
nómico ilimitado en una división c~pitalista mundial del trabajo, asi~ en la vida del país. Domir
como la fe en los beneficios que para la nación representaba el flujo inin­ sindicalistas de las organ
terrumpido de capital, de fuerza de trabajo y de tecnologia extranjeros­ var los logros organizativ4
coincidian plenamente con los intereses de clase de los terratenientes tes por medio de un acome
argentinos y sus aliados foráneos. Pero el crecimiento de la economía ro cuando cesó la constru(
exportadora de carne y cereales había promovido asimismo el rápido con el automóvil y el cami
desarrollo económico de la sociedad argentina y mejorado gradualmente despedir empleados dural
las condiciones materiales de la mayorla de sus miembros. Era tan am­ memente enconchada en
plio y profundo el consenso en tomo a los principios económicos libera­ economista se desmoronal
les, que ningún sector social fue capaz de desafiar los fundamentos ide~ cal fue forzado a aceptar Ul
lógicos de los gobiernos reaccionarios a comienzos de la década de 1930. de la mayor parte de las ba
y en tanto la validez de la teorla económica liberal siguió siendo incon­ cuarentas la dirección sioo
de la CGT. A pesar de la
nuevos afiliados, muchos d
pesos en 1929 y 357.0 en 1930 (República Argentina, Dirección General de FinaDzas, El ajuste más combativos, ellideraf¡
de losresuHados fiIlanclerosde losejereiclos de 1928 a 1936, Buenos Aires, 1937, p. 351. Enla
apertura de la exposición ganadera anual de la Sociedad Rural, el 31 de agosto de 1930, el
rante la Depresión polítical
ministro radical de Agricultura fue saludado con sUbidos y rechiflas y no pudo terminar SIl dis­ ejército de los obreros indl
curso. Una de las razones de esta hostilidad era la resistencia del gobierno radical a nombrar tral contribuía a contener 1
embajador en Estados Unidos, en momentos en que los intereses ganaderos tenían grandes seno del movimiento obrer
esperanzas en desarrollar el mercado estadounidenae para la came argentina. Estos asuntos
pol1ticos y económicos generales existian por encima del papel más concreto, mas aún borro- . CGT, los activistas revoluc
so, que desempeñaron en el golpe los intereses petroleros norteamericanos y sus aliados entre represión oficial. Además (
los conspiradores argentinos. Un agudo análisis reciente, apoyado en nuevas investigaciones zaciones sindicales militan
sobre este problema es Carlos A. Mayo, Osvaldo Andino y Fernando Garcia Mollna, Diploma­
cia política y petróleo en Argentina, Buenos Aires, 1976. Véase también Carl Solberg, Petró­ miento de líderes-, los !!
leo y DaCionatismo en la ArgendDa, Buenos Aires, 1982. sobre extranjeros y sedicióI
RlA ARGENTINA 183

ati­ trovertida, su contenido de clase permaneció oculto y, en las cambiantes


un circunstancias de la crisis mundial capitalista, sus implicaciones antina­
lles cionales y contrarias al desarrollo fueron disimuladas.
~o­
Pero el establecimiento argentino no podía confiar por mucho tiempo
mi-
en que el conjunto de la sociedad argentina viera la crisis mundial con el
El estrecho lente de los intereses de la clase dominante. En realidad, la
ela capacidad de adaptación de la economía exportadora a la crisis mundial
do­ protegió inicialmente a las élites dominantes de ser criticadas a fondo
.re­ por preservar, a costa de un gravoso esfuerzo para el país, su posición
económica. Mas la lógica de dicha adaptación y la naturaleza de los es­
fuerzos pusieron finalmente en entredicho la hegemonía ideológica de la
~ de
teoría económica liberal y dejaron al descubierto su contenido de clase.
: las En contraste con lo que pasó en muchos países, no fue el movimiento
mos
obrero el que llevó a cabo esta crucial tarea. Su autonomía ideológica, su
con­ trayectoria politica independiente y su fuerza organizativa habían sido
,rva­
destruidas a comienzos de los años veintes. Pese a que facciones rivales
dos dirigidas por socialistas y sindicalistas se unieron poco después del gol­
mdo
I po­
pe de 1930 para formar una nueva central obrera, la Confederación Ge­
-la neral de Trabajadores, CGT, dicha organización desempeñó, a lo largo
eco­ del decenio de los treintas, un papel secundario y claramente defensivo
, asi, en la vida del país. Dominada por la dirección moderada de socialistas y
inin­ sindicalistas de las organizaciones ferroviarias, la CGT trató de preser­
'os­ var los logros organizativos y materiales conquistados en los años vein­
lntes tes por medio de un acomodamiento entre los patronos y el gobierno. Pe­
omÍa ro cuando cesó la construcción de ferrocarriles, aumentó la competencia
lpido con el automóvil y el camión, y las compañías ferroviarias empezaron a
lente despedir empleados durante la Depresión, la acomodaticia dirección fir­
tam­
memente enconchada en la Unión Ferroviaria vio cómo su estrategia
bera­ economista se desmoronaba como un castillo de naipes. El liderato sindi­
ideo­ cal fue forzado a aceptar una concesión tras otra hasta perder el respaldo
1930. de la mayor parte de las bases. No obstante, hasta comienzos de los años
!leon­ cuarentas la dirección sindical ferroviaria siguió dominando las politicas
de la CGT. A pesar de la progresiva actitud crítica de algunos de sus
nuevos afiliados, muchos de ellos dirigidos por socialistas y comunistas,
re)ute más combativos, el liderato moderado de la CGT se negó a adoptar du­
l. Enla rante la Depresión politicas agresivas con el fin de organizar el creciente
~,el ejército de los obreros industriales. Entre tanto, la dirección de la Cen­
_día· tral contribuía a contener la expansión de las ideologías marxistas en el
.oorar
rudes seno del movimiento obrero. Privados del apoyo material y moral de la
~tos CGT, los activistas revolucionarios fueron víctimas propiciatorias de la
Porro- . represión oficial. Además del continuo hostigamiento contra las organi­
¡8I'ltre
dones zaciones sindicales militantes -cierre de sedes sindicales, encarcela­
ploma. miento de lideres-, los gobiernos conservadores aplicaron las leyes
Petró·
; sobre extranjeros y sedición para deportar hasta 400 activistas obreros al
184 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

año a mediados de los treintas. Solo hacia el final del decenio, los decidi­ nes de· la clase obrera i:
dos esfuerzos de las organizaciones militantes, en especial las dirigidas del nacionalismo econl
por los comunistas, comenzaron a dar frutos organizativos (78). puso al descubierto UIlI
¡ A diferencia de lo ocurrido en Chile durante la crisis mundial, en
Argentina los graduales compromisos ideol6gicos e institucionales que
enChile.
A diferencia del na

~.
pusieron fin a la movilizaci6n obrera después de la Primera Guerra Mun­ marxista entre otros SE
dial conspiraron contra los esfuerzos de los lideres sindicales y los parti­ XX, el que surgi6 lenta
dos marxistas en los años treintas. Mientras que la izquierda chilena pitalista. No emergi6 d.
cápitalizó las leyes laborales corporativistas de la década de los veintes y los sindicatos y los pal
las puso al servicio de la clase obrera, los dirigentes sindicales marxistas sucedi6 en Chile. E11U
:· de Argentina afrontaron una ardua lucha contra una legislación nacional
que de manera eficaz represaba sus esfuerzos organizativos y contra una
critica no en la base S<l
legitimidad de la oligru
t. '·,·. ·.; .'
, , direcci6n sindical oportunista que se negaba a respaldarlos. politico sobre la socieda
1. ,~
,
Las barreras institucionales enfrentadas por la izquierda argentina amplia tradici6n del n

~~
fueron tan efectivas por causa de las restricciones estructurales, econ6­ popular e influyente fuE
j:r;"",
.. '
.
•..
.•

.
'."'

" micas e ideol6gicas, que se levantaban contra los organizadores sindica­ desafectos de la clase n
, ,¡ les marxistas. Aunque el problema del desempleo no era tan grave como
,
les que éstos fundaron ¡:
en Chile al comienzo de la Depresi6n, gracias en parte a la suspensi6n convertirlo en un velúcu
temporal de la inmigraci6n de obreros extranjeros a causa de la crisis, la influencias extraIÚeras (
caída de la actividad econ6mica y el consecuente desempleo conspiraban El nacionalismo ecor
efectivamente contra las acciones laborales. No fue sino con la recupera­ de los acontecimientos p
ci6n de la actividad econ6mica, a mediados del decenio y, en particular, sentaba las necesidade:
en los años de auge de la demanda de guerra y de inflaci6n posbélica, marginada de la polltica,
que la actividad huelguistica alcanz6 de nuevo proporciones considera­ para otros, sectores socu
bles. principales clases de la
Dificil de medir, pero quizá más importante que el fracaso de los es­ arrogantes políticas de b:
fuerzos organizativos e ideol6gicos de los marxistas, fue la vigente hege­ logias alternativas y orgl:l
moma de los valores liberales, que pesaban sobre la clase media y buena
parte del movimiento obrero y condenaron al fracaso los intentos de los
activistas politicos y sindicales por crear las alianzas de clase vitales para 79. Sobre la cuestión general del
la lucha de los trabEÓadores. Mientras que en Chile importantes sectores nes culturales y corporativist
varro Gerassi, Los naciollllli8
de empleados y profesionales llegaron a adoptar una concepci6n antica­ nacioaalismo argentino, 2 vol
pitalista de los problemas nacionales, en Argentina tales grupos perma­ Irazusta y sus seguidores al p
necieron cautivos de los valores culturales de la clase dominante y de la explora el atractivo social e id
1930 en "The Social Origins ,
economia politica liberal. Antes de 1930, en Argentina algunos miem­ Ph.D., University of Florida.
bros de estos sectores se mostraron receptivos al nacionalismo cultural se unió en 1935 alrededor dI
de derecha; sus frustraciones sociales y sus sentimientos patri6ticos no FORJA. El recuento que sigu,
co de este grupo se basa más
se encauzaron hacia una evaluaci6n critica de la sociedad capitalista sino Nationalism on the Eve of Per
que se enfilaron contra las perturbadoras y anticapitalistas organizacio­ de la FORJA, Arturo JaUllltc.t
grupo en su libro FORJA 1la
caciones que escribió en las d
78. Buena parte de este aDálieis está basada en 108 detallado8 estudios de Horosehi Matsushita, ció al grupo fue el novelista, J
Movimiento obrero argeDtino 1930-1945, Buenos Aires, 1983, y David Tamarin, "The Argen­ tu que sentia en los inicios dE
tine Labor Movement in an Age of Transition. 1930-1945", disertación para Ph.D.• University 1 espera, Buenos Aires, 1931
of Washington, 1977. El estimado de deportaciones aparece en Tamarin, p. 166. rriles argentinos, Buenos .Air1
1965.

ARGENTINA 185

nes de la clase obrera inmigrante. A partir de 1930, el creciente atractivo


del nacionalismo económico entre ciertos elementos de la clase media
puso al descubierto una düerencia más sutil con desarrollos comparables
~n enChile.
A düerencia del nacionalismo económico düundido por la izquierda
marxista entre otros sectores de la sociedad chilena a lo largo del siglo
XX, el que surgió lentamente en Argentina no era una ideologia antiea­
pitalista. No emergió de la lucha de la clase obrera ni fue propagado por
los sindicatos y los partidos políticos del movimiento obrero, tal como
sucedió en Chile. El nacionalismo económico argentino concentraba su
critica no en la base social del poder de la clase dominante, sino en la
legitimidad de la oligarquía cosmopolita liberal que ejercía el dominio
político sobre la sociedad. Varias corrientes se desarrollaron dentro de la
ina amplia tradición del nacionalismo económico argentino, pero la más
nó­ popular e influyente fue articulada en los años treintas por intelectuales
iC8.­ desafectos de la clase media y difundida por las organizaciones cultura­
IDO les que éstos fundaron para revitalizar el programa del Partido Radical y
món convertirlo en un velúculo capaz de forjar una Argentina nueva, libre de
t, la influencias extranjeras (79).
Dan El nacionalismo económico de Argentina expresaba el curso anómalo
ua­ de los acontecimientos políticos durante la década de los treintas. Repre­
lar, sentaba las necesidades sicológicas y materiales de una clase media
jea, marginada de la política. Su creciente atractivo para esta clase, asl como
~ra- para otros sectores sociales, reflejaba la gran düerencia de poder de las
principales clases de la sociedad argentina durante la Depresión. Las
1e8- arrogantes políticas de la clase dominante, libres del contrapeso de ideo­
Ilge­ logías alternativas y organizaciones populares, aportaron al nuevo nacio­
lena
~los
79. Sobre la cuestión general del naciona.lismo de derecha en Argentina, incluidas sus expresio­
tmra nes culturales y corporativistas anteriores a 1930, véase la excelente smtesis de Marysa Na­
¡ores varro Gerassi, Loe nacionalistas, Buenos Aires, 1968. El libro de Enrique Zuleta Alvarez, El
ítiea­ nacionalismoargendDo, 2 vola., Buenos Aires, 1975, enfatiza la contribución de los hermanos
lrazusta y sus seguidores al pensamie:pto y la politica naclona.li¡!tas de derecha. Sandra McGee
nna­ explora el atractivo social e ideológico de las organizaciones nacionalistas de derecha antes de
ie la 1930 en "The Social Origina of Counterrevolution in Argentina, 1900-1932", disertación para
~em­ Ph.D., University of Florida, 1979. La comente nacionalista sobre la que se hace énfasis aqui
se unió en 1935 alrededor de la Federación de Orientación Radical de la Joven Argentina,
tural FORJA. El recuento que sigue acerca de los orlgenes sociales, la ideologla y el impacto politi­
)1 no co de este grupo se basa más que todo en el sofisticado estudio de Mark Falcoff, Argentine
lO

sino Nationalism on the Eve of Peron", disertación para Ph.D., Princeton University, 1970. Ellider
ado­ de la FORJA, Arturo Jauretche da una muestra de las actitudes, las actividades y el estilo del
grupo en su libro FORJA '1 la década infame, Buenos Aires, 1962, una de las numerosas pu'i)li­
caciones que escribió en las décadas de 1960 y 1970. El intelectual mAs distinguido que se aso­
ció al grupo fue el novelista. luego convertido en historiador, Raúl Sealabrini Ortiz. El males­
tar que sentia en los inicios de los años treintas se exprese en su obra El hombre que está eoIo
'1 espera, Buenos Aires, 1931; sus libros de historia más famosos son Historia de los ferroca­
rriles argendDos, Buenos Aires, 1940 y Política británica en elRio de la Plata, Buenos .mes,
1965.
186 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA
ARGENTINA

nalismo económico su materia prima y sus ideas más penetrantes. La


controlaban sectores
subordinación ideológica y la debilidad organizativa de la clase obrera la menguó notablemen1
libraban de competidores populares y le permitían ignorar al·movimien­ entre los obreros jla
to obrero en su plan de reorganización nacional. da con éxito contra le
Impulsados por su percepción de la realidad política argentina en los cos, los nacionalistas
años treintas, los nacionalistas económicos de la clase media crearon una nales y contrarias al d
interpretación muy sofisticada del desarrollo del país. Para ellos éste fue largo de todo el perlo
fundamentalmente distorsionado por la integración histórica a un siste­ consecuencias infortu
ma capitalista mundial como productor de bienes primarios. Dicho pra­ cos de Estado, sino el
ceso, sosteIÚan. había atado al país a la producción agropecuaria y atro­ les entregaron el país
fiado el desarrollo industrial; había conducido a una dependencia extre­
económicas de los rel
ma del capital foráneo. el cual repatriaba el excedente económico' habia
instalado en el poder a terratenientes vendepatria y cipayos ~tivos nacionalistas económ
subordinados al capital extranjero, corrompiendo así el proceso dem~ confirma este análisis
crático; habia pervertido la cultura criolla; habia ignorado las legitimas el tratado Roca-Runc~
reivindicaciones sociales de la mayoría del pueblo argentino; habia em­ nicos a raíz de su rene
pobrecido las provincias en beneficio de Buenos Aires; habia echado a dieron al capital inglé
perder, en suma, el gran potencial del pais para convertirse en nación estatales de finanzas
líder de América Latina. Depresión; y los acu~r
Esta reinterpretación fundamental de la historia argentina desafiaba inexplicablemente COlJ
la hegemoIÚa ideológica liberal de la clase dominante. Como en forma lidades portuarias y lo
tan elocuente y convincente racionalizaba y universalizaba la situación Por último, los nae:
vismo hispánico de los
de la clase IUedia, resultó especialmente atractiva para estudiantes, inte­
cionaria, antidemocrál
lectuales, profesionales, militares y empleados. Pero en últimas también tranjeros. Aunque, la ,
ganó adherentes entre otros grupos sociales: terratenientes y hombres pensadores de los nací
de negocios que no se beneficiaban directamente de las políticas guber­ ideas del corporativisu
namentales, en una economía que estaba sufriendo un cambio radical rativistas y nacionalist
pero que crecia muy lentamente; trabajadores desilusionados con la efi­ en los orlgenes amerie
cacia de las tácticas oportunistas o de confrontación de sus líderes.
En la lucha por el dominio ideológico sobre la sociedad argentina ~l dad con la filosofía del
nacionalismo económico de la clase media disfrutó de ventajas conside­ ban el nacionalismo po
rables. No desafió en forma directa la ideología capitalista de la clase y a diferencia de la roa;
dominante sino s?lo aquellos aspectos del liberalismo cosmopolita que prescripCiones política
se habían convertIdo en blancos vulnerables durante la crisis del sistema supremacía teórica de
mundial. Tampoco era susceptible al cargo -infatigable y efectivamen­ en lecciones deducidas
te manipulado por el establecimiento contra la izquierda marxista- de Los nacionalistas ec:
que se trataba de una ideología foránea, importada por inmigrantes anti­ más afortunados en Cl
patrióticos y agentes soviéticos, inapropiada para la realidad argentina. predominio de la econl
Los nacionalistas económicos de clase media esgrimieron esta acusación conservador que en orf
para desacreditar tanto a la izquierda marxista como a Jos elementos li­ grama para una nueva
berales y los fascistas de la derecha. Dada la adhesión del Partido Comu­ nes callejeras, en perill
su concepción nacional
nista Argentino a las violentas oscilaciones políticas del Comintern en
ca en reformar el Partí
los años treintas -y el hecho de que luego de la invasión alemana a la
el cual sufrieron una e
Unión Soviética ésta se alió con las potencias liberales capitalistas que
en 1935 el partido PUS<J
~RIA ARGENTINA 187

¡es. La controlaban sectores vitales de la economia argentina-, esta acusación


J,'era la menguó notablemente el atractivo ideológico de la izquierda comunista
imien­ entre los obreros y la clase media argentinos. Empero, también fue usa­
da con éxito contra los liberales mismos. En detallados estudios históri­
:.en los cos, los nacionalistas económicos rastrearon las implicaciones antinacio­
onuna nales y contrarias al desarrollo de las políticas cosmopolitas liberales a lo
ste fue largo de todo el período nacional. Afirmaban que tales políticas no eran
lsiste- consecuencias infortunadas del pensamiento equivocado de hombre éti­
110 pro­ cos de Estado, sino el resultado de un proceso venal en el que los libera­
'yatro­ les entregaron el país en beneficio propio. El escrutinio de las políticas
l extre­ económicas de los regímenes de los años treintas -el período que los
, había nacionalistas económicos popularizarían como la "Década Infame"­
I8tivos, confirma este análisis histórico. ¿De qué otra forma podría interpretarse
demo­ el tratado Roca-Runciman; las nuevas concesiones otorgadas a los britá­
gítimas nicos a raíz de su renovación en 1936; las políticas complementarias que
)Ía em­ dieron al capital inglés desmesurada influencia en las nuevas entidades
iliado a estatales de finanzas, comercio y control de cambios, creadas durante la
nación Depresión; y los acuerdos firmados por los gobiernos conservadores que
inexplicablemente concedían monopolios a los extranjeros sobre las faci­
safiaba lidades portuarias y los servicios públicos?
l forma Por último, los nacionalistas de la clase media criticaron el corporati­
wación vismo hispánico de los nacionalistas culturales como una ideología reac­
~, inte­ cionaria, antidemocrática y racis~ inspirada en modelos fascistas ex­
IIlmbién tranjeros. Aunque, la verdad sea dicha, algunos de los más prominentes
~mbres pensadores de los nacionalistas económicos tomaron prestadas no pocas
t guber­ ideas del corporativismo europeo, y siempre se aliaron con activos corpo­
(;radical rativistas y nacionalistas económicos de derecha, se cuidaron de insistir
n la efi­ en los orígenes americanos de su pensamiento. Decían tener una afini­
l. dad con la filosofía del nacionalista peruano Haya de la Torre y admira­
Itina, el ban el nacionalismo popular del régimen mexicano de Lázaro Cárdenas.
;onside­ Ya diferencia de la mayoría de sus contendores ideológicos, basaban sus
>la clase prescripciones políticas para la futura grandeza de Argentina no en la
tita que supremacía teórica de un modelo abstracto de organización social, sino
sistema en lecciones deducidas del análisis concreto de la historia argentina.
ivamen­ Los nacionalistas económicos de la clase media, sin embargo, fueron
lta- de más afortunados en crear las herramientas ideológicas para socavar el
tes anti­ predominio de la economia política liberal y la legitimidad del régimen
Jentina. conservador que en organizar un mecanismo politico que aplicara su pro­
~sación grama para una nueva Argentina. En cientos de conferencias y reunio­
antos li­ nes callejeras, en periódicos, panfletos y estudios históricos, propagaron
)Comu­ su concepción nacionalista. Entre tanto, concentraron su actividad políti- .
itern en ca en reformar el Partido Radical y conquistar su dirección, esfuerzo en
ana a la el cual sufrieron una amarga decepción. Fiel a su trayectoria histórica,
Itas que en 1935 el partido puso fin a la abstención electoral que había proclama­
188 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

do luego del golpe de 1930 y se convirtió en socio menor de las fraudu­ politicas. El movim
lentas políticas de la restauración conservadora. El grueso de la direc­ guir en la posguerra
ción del partido nunca abandonó su compromiso ideológico con los prin­ de reformas económ
cipios cosmopolitas de la economía politica liberal. A comienzos de los ca liberal del orden
años cuarentas, cuando las esperanzas de los nacionalistas por influir en mundial, la naturale
el curso del Partido Radical se desvanecieron, muchos empezaron a fijar base del apoyo obre]
su atención en el ejército, otra institución de la sociedad argentina recep­ un régimen neofasci
tiva a las tribulaciones de la clase media. Alli, especialmente entre la historia mundial. N(
mediana y la baja oficialidad, su propaganda encontró una audiencia ronismo constituia II
entusiasta. Cuando en junio de 1943 los militares decidieron poner fin a nismo anterior: el ti]
la era de la restauración conservadora, los elementos más cohesionados años treintas. El des
y dinámicos del nuevo régimen, .encabezados por Perón, compartían los interpretativas para I
preceptos del nacionalismo económico. En efecto, muchos de losintelec­ ción dialéctica entre .
tuales que habian articulado y difundido esta nueva concepción de la so­ so de la nación a pa
ciedad argentina, ocuparon importantes posiciones de poder en el nuevo historia mundial y ql
gobierno. meno difícil de desel
Los nacionalistas económicos de la clase media suministraron asi las minar la suerte com
herramientas culturales que socavaron la legitimidad de la clase domi­ bajo industrial, los ol:
nante argentina y bosquejaron el programa del régimen militar que tomó Los trabajadores j
el poder en junio de 1943. Los acontecimientos mostrarían, sin embargo, proletariado industr~
que mientras dicha herramienta no estuviera firmemente colocada en la estructural e histbricc
poderosa mano de un movimiento obrero en pie de lucha,la destrucción de los obreros de las
del viejo orden liberal sería temporal y el proyecto de los nacionalistas tución de importaciOI
para una nueva Argentina se malograría. Entre 1943 y 1945, un resur­ al comenzar la décad
gente movimiento obrero obligb a los nacionalistas de la clase media a comienzos y mediado
incorporar importantes reformas laborales y sociales a su programa por diferente del que eXJ)4
una nueva Argentina. A su vez, sin embargo, el movimiento obrero fue vas del país durante E
llevado a respaldar una ideologia y un programa originalmente diseña­ de la economía export
dos para satisfacer las necesidades de otra clase. Aunque los obreros poder económico y J)(J
argentinos lograron modüicar esa ideologia y ese programa en beneficio de la clase obrera indt
de sus intereses inmediatos, lo hicieron comprometiendo su indepen­ la importancia simból
dencia ideológica y politica y su potencial estratégico para transformar la nalistas opuestos al CI
sociedad. chas organizativas de
recta los intereses del
sus aliados extranjero
LOS OBREROS DE LA CARNE YEL ASCENSO DEL PERONISMO
doras y controlaban e.
pía" que habia perpe1
A mediados de los años cuarentas un renaciente movimiento obrero con.~ la responsabilidad de
solidó el patrón de la excepcionalidad argentina, que se habia hecho evi­ cionarias de la "Déca
dente por vez primera a partir de 1930. Si la debilidad de los trabajado­ enfrentaban a la punt
res permitió a las élites dominantes llevar adelante las politicas liberales cio de los nacionalista;
y oponerse a las reformas nacionalistas populares durante la crisis del rrollo nacional por má
capitalismo mundial, el creciente poder del movimiento obrero a comien­ En consecuencia, 1
zos de los años cuarentas consolidó la reacción nacionalista contra dichas etapa que va de 1943 t
ISTORIA ARGENTINA 189

fraudu­ políticas. El movimiento obrero obligó a los gobiernos argentinos a se­


l direc- guir en la posguerra un camino de concesiones a las fuerzas populares y
00 prin­ de reformas económicas nacionalistas que reñían con la economía políti­
I de los ca liberal del orden mundial de la posguerra. Desde una perspectiva
fluir en mundial, la naturaleza del gobierno peronista que llegó al poder sobre la
ll.afijar base del apoyo obrero en 1945-46 aparece como un curioso anacronismo,
lrecep­ un régimen neofascista y desarrollista nadando contra la corriente de la
~ntre la historia mundial. No obstante, para la mayoría de los argentinos, el pe­
lCliencia ronismo constituía una progresista respuesta nacionalista a un anacro­
!Sr fin a nismo anterior: el liberalismo no reconstruido de los regímenes de los
ionados años treintas. El desarrollo del movimiento obrero suministra las claves
tían los interpretativas para comprender ambos anacronismos y sintetiza la rela­
intelec­ ción dialéctica entre ellos. Cómo el movimiento obrero determinó el cur­
le la so­ so de la nación a partir de 1945, que la llevarla en contramarcha de la
,lnuevo historia mundial y que culminarla en un callejón sin salida, es un fenó­
meno difícil de desentrañar. El enfoque más adecuado consiste en exa­
11 así las minar la suerte corrida por el más importante sector de la fuerza de tra­
e domi­ bajo industrial, los obreros de la carne.
uetomb Los trabajadores de la carne eran a la vez un destacamento típico del
'llbargo, proletariado industrial argentino en los años cuarentas y, en un se.ntido
da en la estructural e histórico, el sector más importante. Al igual que la mayorla
tt'ucción de los obreros de las nuevas y pujantes industrias surgidas con la susti­
fnalistas tución de importaciones, los obreros de la carne no estaban organizados
n resur­ al comenzar la década. La historia de su movilización y organización, a
media a comienzos y mediados de los años cuarentas, revela un proceso no muy
lma por diferente del que experimentaron los trabajadores en las industrias nue­
rero fue vas del país durante el mismo perlodo. Pero debido a su posición dentro
. diseña­ de la economía exportadora, los obreros de la carne poseían un inherente
obreros poder económico y político, mucho más grande que el de otros sectores

eneficio de la clase obrera industrial. Dicho poder se veía reforzado asimismo por

Ddepen­ la importancia simbólica que estos obreros representaban para los nacio­

~rmar la nalistas opuestos al control extranjero de la sociedad argentina. Las lu­

chas organizativas de los obreros de la carne desafiaban de manera di­

recta los intereses del sector más privilegiado de la clase terrateniente y

sus aliados extranjeros, los capitalistas que poseían las plantas empaca­

doras y controlaban el comercio de la carne. Combatian la "alianza im­

pía" que había perpetrado el tratado Roca-Runciman, y que cargaba con

ero con­ la responsabilidad de toda la panoplia de políticas antínacionales y reac­

!ello evi­ cionarias de la "Década Infame". En suma, los obreros de la carne se

~bajado­ enfrentaban a la punta de lanza de las fuerzas antiargentínas que, a jui­

~berales cio de los nacionalistas económicos, habían pervertido el curso del desa­

risis del rrollo nacional por más de un siglo.

¡comien­ En consecuencia, no resulta sorprendente que a lo largo de la crucial

adichas etapa que va de 1943 a 1946 la historia de las luchas organizativas de los

190 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

obreros de la carne se encuentre íntimamente ligada a los acontecimien· y, sin embargo, necesi
tos políticos del país y al destino histórico del régimen nacionalista de rales que cerraban fiJa
Perón·. Los trabajadores de la carne desempeñaron un papel fundamen­ vista. De tiempo en ti.
tal en el proceso mediante el cual el movimiento obrero insurgente obli­ lentes líderes peronist
gó a los nacionalistas económicos argentinos a adoptar el programa de riales, mucho más gra:
reformas sociales y laborales que convirtió a la facción peronista en el Que los peronistas ent
elemento preeminente dentro del gobierno militar (junio de 1943 - octu­ deció más al poder dE
bre de 1945), salvó luego el experimento peronista de la destrucción por guerra mundial y a la
parte de la reacción liberal (octubre 17 de 1945), y finalmente consolidó cuarentas que a un de
el dominio peronista sobre la vida política del país (febrero de 1946). bilidad inherente de la
Mientras tanto, las organizaciones de los obreros de la carne, así como libertad que estas coyu
'. o otras del movimiento laboral, fueron primero despojadas de su liderato daban, los dirigentes IJ
,1 f
; '"
"t

marxista, un desenlace que culminó a principios de 1945, y luego lenta­ fuertemente para que (
mente privadas de su independencia ideológica y política, un doloroso y al movimiento obrero.
prolongado proceso que solo vino a cristalizar al final de la década. social que decían profe
Los trabl\iadores de la carne, al igual que otros obreros argentinos, que casi siempre ejer
prestaron estos indispensables servicios al gobierno peronista a cambio agente que llevó a los p
de un efectivo apoyo estatal a sus esfuerzos colectivos por mejorar los El ascenso y consol
salarios y las condiciones de trabajo, así como la calidad de sus vidas plista en buena parte e
fuera de las fábricas. A tiempo que combatían por lograr estas metas, gran hombre, concebi~
manipulaban las herramientas ideológicas disponibles para concebir una nado y por la oposición
visión nacionalista y radicalmente reformista para toda la sociedad ar­ También se explica COIl
gentina. Trataron de utilizar su nuevo poder y su acceso al Estado para de los inmigrantes de (J
sacar avante esa visión. La historia de su fracaso pone de relieve la inca­ que se congregaron bl\i
pacidad congénita de la solución nacionalista y corporativista del pero­
nismo para solucionar los problemas del desarrollo del país. Y, al mismo 81. Tales asuntos se discuten d~
tiempo, reseña la emasculación de la clase más progresista de la socie­ 82. Por ejemplo, la interpretacic
dad argentina. tido PeroDista, El movimie.
La historia de la organización de los obreros de la carne contradice nSn, preparación de una vid
fueron abrumados con una
asi las explicaciones comunes acerca del proceso por medio del cual el cincuentas; entre las más in
movimiento ol,>rero argentino fue organizado, institucionalizado y "pero­ York, 1951, y George 1. Blan
nizado" en los años cuarentas. Hasta hace poco, casi toda la historiogra­ 83. Esta visión es desarrollada I
teamiento maduro por su m
fía del período -peronista, marxista y liberal- hacía énfasis en el acti­ miento del peronismo: El rol
vo papel de la dirección peronista en el proceso y l~ función esencialmen­ mico, 13:51, oct.-dic. 1973, i
te pasiva de las masas obreras (80). No hay duda de que los líderes pero­ Labor, Nationalism, lUld Po
recientes han desafiado efee
nistas aspiraban a sacar partido del poderío latente del movimiento obre­ grantes internos en el aseen
ro en beneficio de un proyecto político más amplio y que se sirvieron exi­ lo fundamental intactas. Est
tosamente del poder estatal para alcanzar dicho objetivo. Perola historia los no organizados se convú;
victorias electorales de éste
de la crucial etapa de 1943-46 nos muestra más bien una dirección pero­ establecidos que de los recié
nista débil ya menudo vacilante. Prisioneros de una filosofía social reac­ sushita, Movimiento obrero.
cionaria, los peronistas temían el poder independiente de la clase obrera polltica de los sindicatos fer
treintas los más prestigiosos
tica más nacionalista que la.
predominio de las solucione
80. Murmis y Portantiero, "Crecimiento industrial", rompen decididamente con esta tradición. obrera. Una transformación
:nA
ARGENTINA 191

en­ y, sin embargo, necesitaban de él para superar las potentes fuerzas libe­
de rales que cerraban filas en contra de su proyecto nacionalista y corporati­
en­ vista. De tiempo en tiempo los obreros forzaron a los tímidos y ambiva­
:>li­ lentes lideres peronistas a otorgarles concesiones organizativas y mate­
de riales, mucho más grandes de lo que el peronismo juzgaba conveniente.
1 el
Que los peronistas entregaran tanto, sin mayor perjuicio para ellos, obe­
:tu­ deció más al poder de la economía nacional en las postrimerías de la
por guerra mundial y a la bancarrota del liberalismo argentino en los años
idó cuarentas que a un decidido compromiso con la justicia social o a la via­
16). bilidad inherente de la economía politica corporativista (81). Con toda la
mo libertad que estas coyunturales condiciones económicas e ideológicas les
'ato daban, los dirigentes peronistas a menudo tuvieron que ser presionados
Ita­
fuertemente para que otorgaran concesiones institucionales y materiales
10y
al movimiento obrero. Hubieron de ser forzados a practicar la filosofía
social que decían profesar y a tomar el poder que decían ambicionar pero
lOS,
que casi siempre ejercieron con timidez. Los trabajadores fueron el
Ibio agente que llevó a los peronistas a asumir tales posiciones.
los El ascenso y consolidación del perorusmo se explica de manerasim­
das plista en buena parte de la historiografía argentina como la obra de un
tas, gran hombre, concebido por los peronistas como un nacionalista ilumi­
una nado y por la oposición como un inescrupuloso politico oportunista (82).
af­
También se explica como consecuencia de la tradicional cultura politica
lafa
de los inmigrantes de origen rural, convertidos en obreros industriales,
lca­ que se congregaron bajo la bandera peronista (83). Pero ninguna de es­
ero­
smo 81. Tales asuntos se discuten de manera sistemática en la sección final de este ensayo.
~cie- 82. Por ejemplo,la interpretación peronista está ilustrada en las siguientes obras tempranas: Par­
tido Peronista, El movimiento perODista. Buenos Aires, 1964, y Enrique Pavón Pereyra. Pe­
rón, preparación de una vida para el mando, 9a. OO., Buenos Aires, 1963. Los lectores ingleses
dice fueron abrumados con una serie de interpretaciones antiperonistas a comienzos de los aflos
uel cincuentas; entre las más influyentes figuran Robert J. Alexander, Tbe Peronlst Era, Nueva
ero­ York, 1961, y George I. Blankston, Perón's Argentina, Chicago, 1953.
83. Esta visión es desarrollada ampliamente en la obra de los investigadores liberales. Un plan­
~­ teamiento maduro por su más influyente y recursivo exponente es Gino Germani, "El surgi­
reti­ miento del peronismo: El rol de los obreros y de los migrantes internos", en Desarrolló Econó­
len­ mico, 13:51, oct.-dic. 1973, pp. 435-489. El impresionante estudio histórico de Samuel Baily,
Labor, Nationalism, and PoUtics, tiene la misma suposición cultural. Estudios revisionistas
ero­
,re­ recientes han desafiado efectivamente la insistencia de Germani en la importancia de los mi­
grantes internos en el ascenso del peronismo, pero han dejado sus suposiciones culturales en
exi­ lo fundamental intactas. Estos estudios han mostrado que tanto los obreros organizados como
los no organizados se convú:1;ieron en decididos partidarios del peronismo y que las primeras
bria victorias electorales de éste en realidad dependieron más de los votos de los distritos obreros
n-o­ establecidos que de los recién formados. La reseiia más sistemática de esta literatura es Mat­
lac­ sushita, Movimiento obrero... El último estudio, como el de Tamarin, está enfocado hacia la
era polltica de los sindicatos ferroviarios y de la COT y demuestra que hacia finales de los ai\os
treintas los más prestigiosos lideres sindicales hablan adoptado una actitud económica y poli­
tica más nacionalista que la de sus predecesores e ido más allá del énfasj,s sindicalista en el
predominio de las soluciones económicas sobre las politices para los problemas de la clase
obrera. Una transformación similar de las politicas de los dirigentes de varias organizaciones
5l:.
192 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

tas explicaciones puede esclarecer a cabalidad la dinámica de los aconte­ de los frigoríficos. Las e
cimientos. Los obreros argentinos y no un gran hombre fueron quienes huelga eran básicamente.
hicieron la historia de aquellos años cruciales. Lo hicieron como seres tegro de los trabajadores
humanos realistas y racionales que trataban de solucionar los viejos pro­ cimiento del sindicato; m
blemas organizativos, culturales y materiales que afrontaban como cla· rios no calificados; y paga
se. No es necesario asumir los valores culturales premodernos de los llamados a presentarse 8
inmigrantes rurales para explicar la "peronización" de los trabajadores mismos obstáculos estruC1
argentinos. La gran debilidad·cultural del movimiento obrero no radica.. su organización: los esqui
ba en supuestos defectos culturales de los inmigrantes llegados del cam­ guistas; la·policia rompió
po, sino, paradójicamente,en los modernos valores capitalistas y libera­ ciones callejeras, cerró a
les inculcados a los obreros, tanto rurales como urbanos, desde cuando arrestó a cientos de m.ilita
fueron destruidas, a comienzos del siglo XX, la autonomia cultural y la se derrumbó muy pronto.
fuerza organizativa del movimiento obrero. La historia del ascenso y con­ por" perfeccionar" la or81
solidación del peronismo se concibe mejor como la lucha de los obreros ras hacian ~specialmente
por reconquistar la autonomía y la fuerza perdidas. Ningún grupo ilustra de destruir la agremiación
mejor todo el proceso que los trabajadores de la carne, ni contribuye tan· malmente introducidos en
to a su resolución. centaje de mujeres en la f¡
En vísperas del golpe mílitar de junio de 1943, luego de más de un años censales de 1914 y 1!
cuarto de siglo de fracasos colectivos, los obreros de la carne parecían dos nuevas exigencias que
estar a punto de lograr un avance organizativo espectacular. Parecían sición de la FOIC durante .
estar a punto de consolidar, bajo la dirección del Partido Comunista, igual y eliminación delsis1
poderosos sindicatos en la industria. Antes de 1930, el Partido Comunis­ bajo a destajo y primas COl
ta había sido una fuerza menor en el seno del movimiento obrero argen­ ritmo de trabajo (84).
tino y un organizador poco atractivo para los trabajadores de la carne. A partir de 1935 los co
Creado en 1919 a raíz de un desgajamiento minoritario del Partido Socia­ moderada en sus esfuerz(
lista, el partido se unió a la Tercera Internacional y luchó infructuosa­ tiempo que la FOIC difUl
mente durante los años veintes contra las facciones más numerosas de entre los obreros en asade
socialistas, sindicalistas y anarquistas por el control del quebrantado queñas mejoras en las COl
movimíento obrero argentino. Sin embargo, en 1932 la Federación Obre­ campaña nacional, basada
ra de la Industria de la Carne, FOIC, orientada por los comunistas, orga­ vencer a la opinión pública
nizó y dirigió la huelga más importante que se lanzó en las plantas em.pa· la dirección de· la CGT de
cadoras desde el fracaso de 1917·18. Dicha huelga cerró la más grande y obreros en los frigoríficos.
,; ... moderna planta empacadora de carne del mundo, el Frigorífico Anglo, mente a la moderada direc
"
que los británicos habian construido en Avellaneda en 1927. A pesar de zara prioritariamente a los
que se extendió brevemente a las otras plantas de Avellaneda y algunos dio el paso sin precedente!
obreros pararon en Berisso, la huelga se vino abajo en menos de quince lucha por poner fm a los al
días.
El paro de 1932 puso al descubierto una vez más la magnitud de los
problemas organizativos que enfrentaban los sindicalistas en la industria 84. Las demandas están reprodueKl
tancia de los obreros extranjelO4
esfuerzos por conseguir apoyo
obreras se demuestra en Joel Horowitz, "Adaptation and Change in the Argentine Labor magnitud de la represión policú
Movement, 1930-1943: A Study of Five Unions", disertación para Ph.D., University ofCali· Aires, La Nación, mayo 24 de U
fornia, Berkeley, 1979. Dicha transformación, parte de un proceso histórico mAs amplio anali­ el recuento de Peter en CróDicít¡
zado en este ensayo, hizo más fácil que los obreros organizados aceptaran las iniciativas de los rificos incluidos en el censo mdt:
peronistas . tlÍAos menores de 18 años. CeJU
troRIA ARGENTINA 198

~te­ de los frigoríficos. Las exigencias expresadas en las peticiones ·de la


tienes huelga eran básicamente las mismas de la gran huelga de 1917-18: rein­
¡Seres tegro de los trabajadores despedidos por actividades sindicales; recono­
lB pro­ cimiento del sindicato; mejores salarios, especialmente para .los opera­
lO c1a­ rios no calificados; y paga de medio dia garantizada para quienes fueran
!lelos llamados a presentarse al trabajo. Los huelguistas fracasaron por los
ldores mismos obstáculos estructurales que quince años antes habían obstruido
lídica­ su organización: los esquiroles ocuparon pronto los puestos de los huel­
Icam­ guistas; la policía rompió los piquetes, dispersó reuniones y manifesta­
fibera­ ciones callejeras, cerró a la fuerza las oficinas centrales de la FOIC y
Dando arrestó a cientos de militantes sindicales. El respaldo de la clase obrera
~yla se derrumbó muy pr.anto. Los continuados esfuerzos de los empresarios
!ycon­ por' 'perfeccionar" la organización del trabajo en las plantas empacado­
breros ras hacían 'especialmente vulnerables a los obreros frente a todo intento
ilustra de destruir la agremiación sindical. Los principios tayloristas fueron for­
,e tan- malmente introducidos en las plantas a fines de los años veintes y el por­
centaje de mujeres en la fuerza laboral creció sustancialmente entre los
¡de un años censales de 1914 y 1935. Tales cambios desembocaron en 1932 en
¡recian dos nuevas exigencias que se convertirían en la piedra angular de la po­
¡recian sición de la FOIC durante el resto del decenio: salario igual para trabajo
Ilnista, igual y eliminación del sistema !' estándar" que utilizaba cuotas de tra­
Itnlnis­ bajo a destajo y primas con el fin de incrementar en forma constante el
argen,. ritmo de trabajo (84).
,carne. A partir de 1935 los comunistas adoptaron una posición táctica más
íSocia­ moderada en sus esfuerzos por organizar las plantas empacadoras. A
ctuosa­ tiempo que la FOIC difundia pacientemente su mensaje organizativo
~asde entre los obreros en asados y picnics, buscaba y a veces conseguía pe­
aotado queñas mejoras en las condiciones de trabajo. Además, orquestó una
~Obre­ campaña nacional, basada en moderadas demandas legalistas,· para con­
~ orga­ vencer a la opinión pública argentina, a los funcionarios del gobierno y a
'empa­ la dirección de la CGT de la necesidad de mejorar la situación de los
lIffide y obreros en los frigOríficos. En 1939 la F,OIC logró comprometer formal­
Anglo, mente a la moderada dirección socialista de·la CGT para que·se organi­
~arde zara prioritariamen,te a los obreros de la carne. Ese mismo año, la FOIC
¡lgunos dio el paso sin precedentes de solicitar ayuda al gobierno nacional en la
;quince lucha por poner fin a los abusos contra los trabajadores en los frigorífi­

.de los
84. Las demandas están reproducidas en La Van8Wll'fÜ" mayo 23 de 1932. La continuada il:npor­
dustrla tanda de los obreros extranjeros ("polacos y lituanos"), el papel central de las mujeres enlos
esfuerzos por conseguir apoyo para la huelga, el fracaso de las huelgas de solidaridad y la
iné Labor magnitud de la represión policial se encuentran en el reportaje del principal diario de Buenos
:tofCali­ Aires, La Nación, mayo 24 de 1932, p. 5,Sobre el sistema "standa,rd" y la huelga en sl, véase
;ijoanali­ el recuento de Peter en Crórdea.s proletaria&. .. , pp. 143-11. De los 23.200 obreros de los frigo.:.
~delos rlflCOS incluidos en el censo industrial dé 1935, 4.9'78, más de una quinta parte ,eran mujeres o
niños menores de 18 años. CeIUlO indllltrlal de 1936, p. 58.
194 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA_
ARGENTINA

coso Apoyada por la representacibn parlamentaria. del Partido Socialista


Sin embargo, las táCl
y redactada por el secretario general de la FOJC, José Peter, la peticibn,
adoptaron en su esfuerz·
llevada a la Cámara de Diputados en 1939, se proponía mostrar la situa­
fines de los años treintas
cibn de los trabajadores de la carne como una desgracia nacional. Peter
la organizacibn tan pron
partía de la premisa de que "todo cuanto se refiere a la produccibn e
ces, al contrario de los a
industrializacibn de la carne ( ... ) se vincula con las cuestiones econbmi­ histbrico de los inmigran
cas, sociales y políticas más profundas de la Argentina". La forma como
frigorificos indudableme
las compañías empacadoras extranjeras se burlaban de la ley resultaba sos del periodo ya no di
un caso ilustrativo. Sus tácticas antisindicales violaban la Constitucibn nacionalidad, el virtual c
Nacional, cuyo Artículo 14 concedía a los argentinos la libertad de aso­ na al comienzo de la de¡:
ciacibn. Sus prácticas laborales incumplían la legislacibn nacional que
cibn rural-urbana, había]
regulaba el trabajo de mujeres y de ~os (Ley 11, 317), estipulaba horas
nes nacionales y lingüist
de ~rabajo y sa~rio por tiempo extra (Ley 11, 544) y establecia compen­
saclO~es ~or aCCidentes y enfermedades industriales (Ley 9, 688). Resul­
dores de la carne. Más
durante la guerra y el SU]
taba ubmco,anotaba Peter, que no obstante la considerable importancia
de los obreros de la carne para la salud econbmica del país, éstos se en­ dejado de lado el mayor
frigorificos: la existencia
contrasen entre los asalariados peor pagados y menos saludables. Los
dos en las populosas pr(J
frigorificos extranjeros también se negaban a acatar la legislacibn sobre
ciencia popular· sobre la
indemnizacibn por despido, vacaciones anuales y licencia por enferme­
dad (Ley .11,729). Empero, aseveraba Peter, "quizás por sus caracteris­ conservadoras de los afi
amplias en respaldo a1a~
ticas, ninguna otra industria obligue tanto, por su sistema de trabajo, al
goce de vacaciones, y la licencia en caso de enfermedad". Por último pitalistas foráneos que ce
Peter afirmaba que las mismas políticas contractuales que minaban lo~
guerra también permitie:
cuantiosas ganancias qUj
intentos organizativos de los obreros de la carne lesionaban los intereses
los Aliados, se tornaran]
econbmicos de la nacibn en su conjunto.
da que· progresaba la c(
"Las empresas ocupan a obreros extranjeros especiahnente seleccionados entre
entre los dirigentes sind:
aquellos que por su poco conocimiento del idioma y del pats aceptan más fácihnente estadounidenSes: los dO!
con~ciones bochornosas p~a el trabajo. Con esto hacen aparecer al trabajador ex­ cibn ininterrumpida de 1
tranJe:o (... ) como un enemigo del trabajador nativo, ya que pareciera ser el causante los Aliados. Durante 194
de la disminución de los salarios y la desmejol'8 de las condiciones de trabajo. Asf es res de los operarios. de b
creada una odiosa y artificial división entre los 'criollos' y los 'gringos' que constitu­
presibn empresarial cont
ye un ele~~~ de p~rturbaci~. Per:o lo más grave es que para conseguir tan mezqui­
nos? perJudiCiales fmes, los frigorlflCOS han restado a nuestra agricultura centenares liados a las organizacion4
y md~ de braz?s aptos, ya que ca~i todos esos trabajadores extranjeros que ocupan, Todos estos factores 4
han Sido expenmentados campesmos en sus paises de origen" (85). obreros de la carne y a fu
ta importante y dio salídJi
varios meses de negocia
NO es sorprendente que la Cámara dominada por los conservadores
simpleme~te a~chivara la legislacibn socialista que tenía como propbsito
tratar las mquletudes expresadas en las peticiones de los trabajadores
de la carne. 86. Más tarde Peter dijo mucho 11
de trabajo quincenales para e
ranos que desempeiiaban trI
85. Cámara ~e Diputados, Diario de sesiones de 1939, Vol. 3, pp. 118-21. El proyecto presentado las empresas. José Peter, H
por l~s diputados socialistas para encarar las condiciones planteadas en la petición aparece en pp. 68-69. La diligencia de la
el IIUBmo volumen, pp. 49-53. sindicato en este periodo no'
competencia con los 8indieatc
ARGENTINA 195
,ta
Sin embargo, las tácticas moderadas y legalistas que los comunistas
>n,
adoptaron en su esfuerzo por organizar la industria de los frigoríficos a
la­ fines de los años treintas les permiti6 aprovechar el nuevo ambiente para
ter la organizaci6n tan pronto como empez6 la guerra mundial. Para enton­
1e
ces, al contrario de los alegatos formales de Peter, el disociador asunto
ni­ histórico de los inmigrantes extrarUeros dentro de la fuerza laboral de los
:no frigoríficos indudablemente había perilido importancia. Aunque los cen­
,ba sos del período ya no discriminan la fuerza de trabajo industrial según
Ión nacionalidad. el virtual cese de la inmigraci6n internacional a la Argenti­
go­
na al comienzo de la depresi6n mundial y más de una década de migra­
[ne
ción rural-urbana, habían disminuido quizá la importancia de las divisio­
ras nes nacionales y lingüisticas, si no étnicas y culturales, entre los trabaja­
m­ dores de la carne. Más aún, la gran demanda para las exportaciones
ul­ durante la guerra y el surgimiento de nuevas industrias en el país habían
cía dejado de lado el mayor obstáculo histórico para la' organizaci6nen los
m-
frigoríficos: la existencia de grandes cantidades de obreros desemplea­
.os dos en las populosas provincias del litoral. Por último, la creciente con­
)re
ciencia popular sobre las implicaciones antinacionales de las políticas
le­
conservadoras de los años treintas habia' creado la base para alianzas
lS­ amplias en respaldo a las luchas de los obreros de lacame contra los ca­
,al
pitalistas foráneos que controlaban los frigoríficos. Las condiciones de la
no, guerra también permitieron que los empresarios, ávidos de cosechar las
los cuantiosas ganancias que implicaba el cumplimiento de los contratos con
ses los Aliados, se tornaran más conciliatorios con los trabajadores. A medi­
da que progresaba la contienda, se desarro1l6 una inc6moda sociedad
entre los dirigentes sindicales comunistas y los capitalistas británicos y
!tre
ínte estadounidenses: los dos grupos estaban comprometidos en la produc­
'ex, ción ininterrumpida de un bien que era vital para el esfuerzo bélico de
íBte los Aliados. Durante 1941 y 1942, la FOIC logr6 remediar quejas meno­
hs res de los operarios de las plantas; asimismo, en tales años cedi6 la re­
itu· presi6n empresarial contra las actividades sindicales y el número de afi­
aui• liados a las organizaciones creci61entamente (86).
~
l' .'
Todos estos factores estucturales actuaron en favor de la lu.cha· de los
obreros de la carne y a fines de 1942 la FOIC obtuvo su primeraconquis­
ta importante y dio salida a una de sus viejas reivindicaciones: Luego de
varios meses de negociaciones, las compañías aceptaron acogerse a la
~s

loo
'es
86. Más tarde Peter dijo mucho más: que él sindicato consiguió una garantia efectiva de 60 horas
de trabajo quincenales para cada obrero, aumentos salariales, leche gratis para aquellos ope­
rarios que desempei1aban trabajos insalubres y alguna ropa de protección suministrada por
las empresas. José Peter, Historia y luebasde loe obrel'Oll de la came, Buenos Aires, 1947,
~o pp. 68-69. La dirigencia de la FOIC sostendrla luego que la cooperación de la compaftia con el
len
sindicato en este perlodo no fue lo suficiente como para mantener la lealtad de las bases en la
competencia con los sindicatos pro-peroDistas.
196 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

legislación nacional y otorgar vacaciones pagadas. El lo. de.enero de fos, sus avances orgal1Í2i
1943 Peter se unió a millares de obreros, funcionarios empresariales y los de sus rivales, fueron
representantes del gobierno provincial de Buenos Aires en una gran ce­ David Tamarin ham
lebración pública por este logro, acto que tuvo lugar en Avellaneda., cer­ organizaciones sindicale
ca del nuevo· frigorífico ., Anglo", en el Muelle Sur. Dicho evento coronó el número de miembros (
más de una década de lucha de la rOIC luego de la desastrosa huelga de 18% entre 1936 y 1941,
1932 y marcó el inicio de una nueva era. De un solo golpe el sindicato, obreros industriales casi
cuyos afiliados, según estimativos de la misma rolC, apenas represen­ ron cuenta de la mayorPl
taban en 1942 el 20% de la fuerza de trabajo de los frigoríficos, demostró tro más importantes sind
a la masa obrera su efectividad y consiguió el reconocimiento tácito de contribuyó con cerca del!
los funcionarios de las empresas y del gobierno (87). cal entre 1936 y 1941. A
El prestigio y la fuerza crecientes de las organizaciones comunistas dian la tasa de crecimiel
en la industria de la carne eran típicos de los avances marxistas en el indican las tendencias qt
movimiento obrero argentino a fines de los años treintas y comienzos de saba la guerra mundial.
los cuarentas,.; A partir de 1935, las tácticas de frente popular del partido gobierno, la dislocación E
y el resurgimiento de la economia argentina se conjugaron para favore­ por el estallido de la guer
cer el éxito de las acciones sindicales dirigidas por los comunistas. En cales y huelguísticas, ent
diciembre de ese año los comunistas organizaron y dirigieron una impor­ y huelguistas registrado
tante huelga en la industria de la construcción de Buenos Aires. Respal­ también neutralizarla la i

dada por un cese general de actividades que paralizó la ciudad durante contra la izquierda comu
dos días, en enero de 1936, la huelga triunfó. Esta victoria dio mucho así lo exigía.
prestigio a los comunistas entre los trabajadores e inició un proceso que, En la medida en que
en pocos años, los convertiria en la fuerza más dinámica del movimiento trabajadores de la constn
obrero. tos, los socialistas extend
Durante esta etapa, los cOlllunistas, al igual que .sus colegas de la cados y empleados. Dichc
CIO en Estados Unidos. adoptaron nna agresiva política de sindicalismo a conformar, en lnarzo d.
de industria, concentrando sus esfuerzos en los obreros de las ramas de ción moderada de la CGT
alimentos, textiles y metalurgia. La federación que tratar,on de construir obrera resultó infructuos(
entre los obreros de los alimelltos ilustra el alcance de sus planes y de en dos organizaciones sep
sus esfuerzos organizativos. La fe<!eración iba a ser organizada alrede­ los líderes moderados y 1
dor de un núcleo de obreros de la caTne e incor,poraría los sindicatos en central obrera de Argenti
los molinos, las cervecerías y las panaderías. Es~ sindicatos industria­ mento institucional que SE
les se ligarían, a su vez, con organizaciones de obreros rurales del sector ta en el movimiento obrer,
agroexportador y de las industrias nacionales de azúcar y vino. Aunque tar de junio de 1943, coaU
los comunistas estuvieron muy lejos de conseguir tales objetivos, con­ daban a los Aliados contJ:'l
quistaron una reputación de sacrificio y dedicación por la causa obrera micas del pros (89).
que sobrepasó a la de sus adversarios ideológic~. Los comunistas orga­ Las explicaciones sobl
nizaron y dirigieron prácticamente todas las huelgas que hubo en el pais ral se centran en la proful
entre 1936 y 1943 y, a pesar de que fueron más las derrotas que los triun­
88. Tamarin, "The Argentine Lát
nos en los aftos inmediatameJ!
87. El significado de la victoria de la rOlc está enfatizado en la prensa comunista contemporánea mis y Portantiero, "El movim
yen infonnes posteriores de miembros del partido: La Hora, enero 10 de 1943; Iscaro, Histo· los orígenes del peronismo, PI
ria, parte 4, p. 69; Peter, CróDlc:a8 prole*-rias..., pp. 198-99. La evidencia del creciente presti­ 89. Tamarin, "Tbe Argentine Lal
gio de la rOlc se aprecia en los acontecimientos de 1943, tratados más adelante. nes y desenlace de la diviswn ,
ARGENTINA 197

fos, SUs avances organizativos, especialmente ,cuando se comparan con


los de sus rivales, fueron impresionantes.
David Tamarinhareunido información que ilustra los logros de las
organizaciones sindicales comunistas durante el periodo. Mientras que
el número de miembros de las organizaciones obreras creció en cerca de
18% entre 1936 y 1941, el número de afiliados a sindicatos entre Jos
obreros industriales casi se duplicó; Las agremiaciones comunistas die­
ron cuenta de la mayor parte de dicho avance. El crecimiento de los cua­
tro más importantes sindicatos de industria dirigidos por los comunistas
contribuyó con cerca del 95 % de la expansión total de la afiliación sindi­
cal entre 1936 y 1941. Aunque estos logros organizativosapenas exce.­
ruan la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo industrial del país,
indican las tendencias que se tornaron explosivas a medida que progre­
saba la guerra mundial. No obstante la severidad de la represión del
gobierno, la dislocación económica y el creciente desempleo precipitado
por el estallido de la guerra, todo lo ,cual dificultaba las actividades sindi­
cales y huelguísticas, entre 1939 y 1942 se duplicó el número de huelgas
y huelguistas registrados en las estadisticas oficiales (88). La guerra
también neutralizarla la oposición y 18 represión de la clase dominante
contra la izquierda comunista, ya que el esfuerzo bélico de los Aliados
así lo exigía.
En la medida en que la organización comunista avanzaba entre los
trabajadores de la construcción, los textiles, la metalurgia y los alimen­
tos, los socialistas extendían su influencia en gremios de obreros califi­
cados y empleados. Dichos avances alentaron a socialistas y comunistas
a conformar, en marzo de 1943, una coalición para combatir a la direc­
ción moderada de la CGT. El intento por hacerse al control de la central
obrera resultó infructuoso y precipitó un gran cisma que dividió la CGT
en dos organizaciones separadas. Sin embargo, rompió el predominio de
los lideres moderados y pasivos de la Unión Ferroviaria en la principal
central obrera de Argentina. Fue así.como se eliminó el mayor impedi­
mento institucional que se oponia a la expansión de la .influencia marxis­
ta en el movimiento obrero. Ello significó que en visperas del golpe mili­
tar de junio de 194,3, coaliciones de socialistas y comunistas que respal­
daban a los Aliados controlaban las organizaciones sindicales más diRá..
micas del país (89).
Las explicaciones sobre el golpe militar de junio de 1943 por lo gene­
ral se centran en la profundidad de la crisis ideológica y politica del régi­

88. Tatnarin, "The Argentine Labor Movement", p. 243. La movilización de los obreros argenti­
nos en los años inmediataménte anteriores al golpe de junio de 1943 está subrayada en Mur­
mis y Portantiero, "El movimiento obrero en los orígenes del peronismo". en Estudios sobre
los origeDeIl del peronismo, pp. 59-126.
89. Tamarin, "The Argentina Labor Movem.mt". suminisira unreeuento detallado de los. oríge­
nes y desenlace de la división de la CGT.
198 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA,

men conservador en un mundo en guerra. Una década de abiertadomi­ Perón en octubre de 194
nación de clase, denunciada implacablemente por los nacionalistas eco­ ral (91). "Anhelo para 1
nómicos, había socavado sin remedio la legitimidad del gobierno. El ali­ corazón, que la lucha de
neamiento de las grandes potencias en la guerra· mundial colocó a la cla­ ellas". Tal objetivo PodJ
se dominante argentina ante un angustioso dilema que dividió a los sec­ zante de "el capitalisll
tores conservadores que manejaban el Estado. Si bien los tradiCionales vastos recursos de Arge
lazos económicos y culturales de los latifundistas hacían que éstos se in­ tativamente entre el pu
clinaran hacia la causa de los Aliados liberales y capitalistas, su posición embargo, un ataque COl
social y política reaccionaria los hacía simpatizar con el proyecto fascista monio legítimamente a(
de los poderes del Eje. Entre tanto, el curso inicial de la contienda, que Por el contrario, la proI
parecía apuntar hacia una victoria del Eje, alentó a ciertos elementos del paro del Estado". "No 1
ejército argentino, quienes compartian la ideología militarista, naciona­ argentina sea presa del
lista, corporativista y desarrollista de las potencias fascistas, a tomarse ya un llamado a su COI1
el poder político (90). Los conspiradores contaron con el apoyo de diver­ fomentar sus disolvenú
sos sectores civiles no pertenecientes a la clase obrera, unidos por el alma de los argentinos, s
repudio a las políticas económicas liberales cosmopolitas y a las fraudu­ los traidores a la patria
lentas prácticas electorales de la restauración conservadora. vaga advertencia acerca
No obstante, estas explicaciones dejan de lado un elemento de la po­ rativistas no se aplicaba
lítica argentina, crucial para entender el golpe y el patrón de los eventos crecer el odio en el cora:
subsiguientes. A juzgar por las políticas iniciales de la junta militar, el que consienta gobiernos
temor a un insurgente movimiento obrero de orientación marxista cons­ distributiva! ¡ Pobre del j
tituyó una poderosa fuerza motivadora en la mente de los conspiradores. ducir hacia la buena ann~
Pocos días después de haber tomado el poder, clausuraron las sedes de Lo que Perón afirmab
los sindicatos comunistas· y arrestaron y encarcelaron a los principales en víspera$ del golpe mi:
sindicalistas comunistas. Pero la represión del sindicalismo de izquierda detalles en un discurso p
no pudo contener la movilización obrera y la capacidad de las agremia­ mara de Comercio de BUI
ciones marxistas para lanzar costosas y masivas huelgas. El alcance de do Perón, "no cuenta con
las políticas laboralescorporativistas fonnuladas en los meses siguientes res para que piensen en
por la facción peronista'dentro de la junta militar debe ser comprendido argentinas, y cuál podría
a la luz de este hecho. A su turno, el éxito de dichas' políticas consolidó a porcentaje se encontraba
Perón en el poder y dio al pals las instituciones y el alineamiento político militar, afirmó Perón, sel
que hicieron tan excepcional su historia en la posguerra. Fuera del mar­ ra el poder que las fuer.!
co de un movimiento obrero insurgente bajo una tenue direcciónmarxis­ obrero estaban planeand(
ta, la lógica de esta secuencia de sucesos, y la renuente aceptación de su dió la huelga y ahora estal
desenlace por parte de la clase dominante argentina, resulta difícil de tra el capitalismo y el 0004
entender. consigo de manera inevitl
El mismo Perbn nunca ocultó su temor a un movimiento obrero con minar el "grave peligro"
conciencia de clase; y fue muy honesto con los trabajadores en torno a la con el pueblo en las can
naturaleza corporativista de su filosofía y al significado de su programa.
Resumió sucintamente sus puntos de vista en el primer número delórga­
no de la Secretaría de Trabajo y Previsión, la agencia establecida por 91. La agencia fue establecida ~
que habla ayudado a impleJDeI
enfoque sobre el movimiento
90. Un sesudo estudio de la politica de 10$ militares durante este Periodo es Robert A. Potash, El Buenos Aires, 1943.
ejército y la política en la Argentina: de Yrigoyen a Pel'ÓJI, Buenos Aires, 1971. 92. Revista de Trabajo y Prevjsicl
ARGENTINA. 199

Per6n en octubre de 1943 con el fin de llevar a la práctica su política labo­


ral (91) .• ,Anhelo para mi patria, con los más vehementes de.seos d~ mi
corazón, que la lucha de clases sea .sustituida por la armonia entre todas
ellas" . Tal objetivo podía conseguirse evitando la influencia deshumani­
zante de "el capitalismo tentacular internacional", desarrollando los
vastos recursos de Argentina y distribuyendo la nueva riqueza más equi­
tativamente entre el pueblo. Ninguna de estas políticas implicaba, sin
embargo, un ataque contra "el esfuerzo acumulado en forma de patri­
monio legitimamente adquirido, esencia viva de la propiedad privada".
Por el contrario, la propiedad privada necesitaba "el más decidido am­
paro del Estado". "No permitiremos, advertía a los obreros, que el alma
argentina sea presa delcomunismo". "A los extraviados ( ... ) he hecho
ya un llamado a su coraron. A los recalcitrantes, a cuantos aspiran a
fomentar sus disolventes teorías y pretenden seguir envenenando el
alma de los argentinos, se les hará sentir el rigor con que la ley castiga a
los traidores a la patria". Per6n concluía este planteamiento con una
vaga advertencia acerca de lo que podría suceder si sus políticas corpo­
rativistas no se aplicaban exitosamente: "¡Pobre del pals que permita
crecer el odio en el coraz6n de las masas trabajadoras! i Pobre del país
que consienta gobiernos que no cuiden de la administraci6n de la justicia
distributiva! j Pobre del gobierno que abandone el tim6n que ha de con­
ducir hacia la buena armonía entre el capital y .eltrabajol" (92).
Lo que Per6n afirmaba que estaba sucediendo de hecho en Argentina
en VÍsperas del golpe militar de junio de 1943, lo especific6 con lujo de
detalles en un discurso. pronunciado el 25 de agosto de 1944 ante laCá­
mara de Comercio de Buenos Aires. qEl pueblo por Si'f, comenz6 dicien­
do Per6n, "no cuenta con dirigentes. Y yo llamo ala reflexi6n a los seño­
res para que piensen en manos de quiénes estaban las masas obreras
argentinas, y cuál podría ser el porvenir de esa masa, que en un crecido
porcentaje se encontraba en manos de comunistas". La policia secreta
militar, afirmó Per6n, se enter6 tres meses antes de que el.ejército toma­
ra el poder que las fuerzas revolucionarlas en el seno del movimiento
obrero estaban planeando una huelga .general. El gobierno militar impi­
di6Ia huelga y ahora estaba en condiciones de enfrentar la amenaza con­
tra el capitalismo y el orden social que el fin de la guerra mundial traería
consigo de manera inevitable. Solo había un método adecuado para eli­
minar el ' 'grave peligro" , continu6 Per6n, puesto que tener que pelear
con el pueblo en las calles "repugna", "cosa que.solamente se hace

91. La agencia fue establecida bliQo la orientación de José Figuerola, un ideólogo oorporativista
que habla ayudado a implementar la pol1tiea laboral de Primo de Rivera. Figuerola resumió su
enfoque sobre el movimiento obrero en su libro lA eolaberadón lIOdaI ea lbipaaoamériea,
Buenoe Aires, 1948. .
92. Revista de Trabajo y Previsión, 1: 1, 1944, pp. m-xi.
·~ ... _­

',o

¡, 200 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

1, cuando no hay más remedio y cuando la gente quiere realmente la gue~ la huelga. Por primera"
I
I rra civil' Ese método consistia en que el Estado organizara a las masas ron cerrar de manera efe
y aplica} .... un programa real de justicia social, sin dar demasiado, ya que so. El gobierno militar d.
ello causarla un cataclismo económico, ni muy poco, lo cual conducirla a defender la "libertad de
un cataclismo social. La autoridad del Estado podrla, entonces, controlar tados y decenas de piqu
a las masas "para que cuando estén en su lugar nadie pueda salirse de adelante y la producción
él, porque el organismo estatal tiene el instrumento que, si es necesario, septiembre, Perón pudo
por la fuerza ponga las cosas en su quicio y no permita que salgan de su autorizaran a traer a PetE
cauce". "Se ha dicho, señores", prosiguió Perón, "que yo soy un ene~ En el arreglo alcanza
migo de capitales, y si 'ustedes observan lo que les acabo de decir no ción de la FOJC, e13 de o
encontrarán ningún defensor, diriamos, más decidido qué yo". Una conseguir lo que en real
: -, semana más tarde Perón leyó el mismo discurso en una reunión de dele· antagónicos. A cambio d
gados sindicales. Añadió que si los capitalistas se oponían a él; tal como rechos del sindicato y de
lo estaban haciendo,no retrocederla ni una pulgada en su programa so­ compañías, la FOIC acep
cial (93). dos libros en los que reca:
Entre los sindicatos marxistas que más preocupaban a los peronistas ral argentina; empero, el
en la junta militar se hallaban los de los trabajadores de la carne. Asi llevaron a la FOJC a toma
como otros sindicatos comunistas y Socialistas afiliados a la CGT marxis· mentada por los fracasos
ta, la FOIC fue ilegalizada de inmediato por el nuevo gobierno castrense. capacidad para sostener
En menos de una s.emana sus sedes sindicales de Avellaneda y Berisso directamente de las em)
fueron allanadas y clausu.radas y arrestados sus más prominentes lide. constreñida por la posicili
res, encabezados por Peter. Peter fue desterrado a Neuquén, una remo­ nar la economia argentin
ta aldea del interior, donde permaneció hasta cuando se inició la gran dos. Sea como fuere, el ae
huelga general de los frigorificos, en septiembre de 1943. FOIC. Los acontecimienk
La huelga fue cuidadosamente preparada por los militantes de la las debilidades estructure
FOIC. En julio organizaron una serie de manifestaciones de masas en DÍZación de los obreros de
Avellaneda, Berisso y Rosario con el propósito de plantear las quejas de las bases fueran a la huel
los obreros y formular las exigencias de la huelga. Estas inc1uian liber· lectivas. Si la FOJC no dir
tad para los dirigentes sindicales,respeto a las actividades de los sindi· rlan con o sin el apoyo de ]
catos, aumento general de salarios, pago igual por trabajo igual y treinta
horas garantizadas de trabajo semanal para todos los trabajadores. Las
compañías se negaron a negociar y finalmente, a mediados de septiem~ 94. Los libros de Peter son 108 <;ita;
los obreros de la came. El rela
bre, la FOIC se consideró suficientemente fuerte como para conv«ar a •,Asamblea General ExtraordiJ:
de las seguridades dadas por e
el4 de octubre para facilitar la i
cuarto intermedio para coneid~
98 . .Juan Domingo Perón, El pueblo quiere sal;er de qUé le trata, Buenos Aires, 1944, pp. 157-69. 3' Mantener constituidOllIOll CCl
No es verdad, como múeboe han 808tenido. que PelÓn era simplemente un oportl:ilWlta que done el conflicto. 4) Nombrar u:
decia cosas distintas a grupos diferentes. Como cualquier buen pollt.ioo. enfatizaba diferentes presidida por el compañero JOII
partes de su programa para atraer a distintos grupos sociales: justicia social a los obreros; nos de mejoras". Que la direcc
fuerza militar al ejército; desarrollo manufacturero a los industriales; la amenaza del movi­ nes en aras de la solidaridad ca
miento obrero manista a los capitalistas; antimperialismo a los nacionalistas econ6micos. sentantes diplomáticos norteam
Pero el corporativismo y el antimarxismo integrales que daban el fundamellto·flloe6fieo· a su cales en la clandestinidad. Para
pensamiento y a su programa se expresaban en pr6cticamente todos ilU8 diaeursoe importan­ de los poderosos sindicatos de :
tes. ApaIte cuán diferente fuera su base social de la de loe regúnenea fuclstas europeos clési­ desesperadamente por todos los
cos, el peronismo encuadra dentro de la tendencia filoaófica hacia el fueiamo. tal como lo defi­ minio politico sobre la nación. E
ne la obra capital de Emellt Nolte, Three F.... 01 PueIsm, Nueva York, 1986. Estado norteamericano: "Paree
ARGENTINA 201

la huelga. Por primera vez desde 1917-18, los obreros de la carne logra­
ron cerrar de manera efectiva las grandes plantas de Avellaneda y Beris­
so. El gobierno militar declaI:ó ilegal la huelga y recurrió a la policía para
defender la "libertad de trabajo". Más cuadros de la FOIC fueron arres­
tados y decenas de piquetes llevados a la cárceL Pero la huelga siguió
adelante y la producción en las plantas se paralizó. Por último, a fines de
septiembre, Perón pudo convencer a sus colegas del gobierno de que lo
autorizaran a traer a Peter a Buenos Aires para negociar.
En el arreglo alcanzado entre losperonistas del régimen y la direc­
ción de la FOIC, el3 de octubre., cada parte trató de utilizar a la otra para
conseguir lo que en realidad eran objetivos organizativos e ideológicos
antagónicos. A cambio de las promesas del régimen de respetar los de­
rechos del sindicato y de respaldarlo en próximas negociaciones con las
compañías, la FOIC aceptó levantar la huelga. Más tarde Peter publicó
dos libros en los que recapituló esta crucial coyuntura de la historia labo­
ral argentina; empero, en ningún momentose refirió a los motivos que
llevaron a la FOIC a tomar aquella determinación. Quizá la FOIC, escar­
mentada por los fracasos anteriores, abrigaba serias dudas acerca de su
capacidad para sostener una huelga prolongada y obtener concesiones
directamente de las empresas. Más probablemente, la FOIC estaba
constreñida por la posición del Partido Comunista y renuente a trastor­
nar la economia argentina e interrumpir los envíos de carne a los Alia­
dos. Sea como fuere, el acuerdo demostró ser un desastre táctico para la
FOlC. Los acontecimientos que siguieron revelaron que a fines de 1943,
las debilidades estructurales que en el pasado habían impedido la orga­
nización de los obreros de la carne ya no eran suficientes para evitar que
las bases fueran a la huelga en procura de sus históricas demandas co­
lectivas. Si la FOIC no dirigía la lucha, militantes.independientes lo ha­
rían con o sin el apoyo de los peronistas (94).

94. Ws libros de Peter son los citados anteriormente, Crónicas proletarias e Historia J lucba8 de
108 obreros de la carne. El relato de Peter en Crónicas reproduce el acuerdo aceptado por la
"Asamblea General Extraordinaria" de 108 obreros de la carne en Avellaneda. Alli, en vista
de las seguridades dadas por el gobierno, la asamblea resolvió (p. 207): "1) Volver al trabajo
el4 de octubre para facilitar la intervención del gobierno en la solución del conflicto. 2' Pasar a
cuarto intermedio para considerar la respuesta de las empresas al gobierno y a la FOIC.
31 Mantener constituidos los Comités de Huelga de los distintos frigoriflcos hasta que se solu­
cione el conflicto. 4) Nombrar una amplia Comisión de los obreros de los distintos frigoriflcos,
presidida por el compañero José Peter, para que intervenga en la consideración de los petito­
rios de mejoras" . Que la dirección de la FOIC contaba con que las empresas harían concesio­
nes en aras de la solidaridad con los Aliados fue confirmado a comienzos de 1945 por repre­
sentantes diplomáticos norteamericanos que m8ntenlan estrechos contactos con lideres sindi­
cales en la clandestinidad. Para entonces, dirigentes properonistas manteruan un firme control
de los poderosos sindicatos de las plantas empacadoras, y la misión estadounidense trataba
desesperadamente por todos los medios de detener a Perón en su intento por consolidar su do­
minio pol1tico sobre la naciÓn. Eduard Raed escribió, ello. de febrero de 1945, al Secretario de
Estado norteamericano: "Parecla suficientemente claro, desde un principio, que los lideres de
202 LOS TRABAJADORES EN LAHISTORIA ARGENTINA

Resulta más claro el razonamiento adoptado por los peronistas. Co­ mesas del gobierno. Re
mo nacionalistas corporativistas, querían demostrar a los elementos tra­ los líderes comunistas '
dicionales del ejército en el gobierno, así como a sus críticos liberales,
tanto la magnitud de la amenaza del movimiento obrero marxista como
relato de Peter, por ot;
que la misma tarde mil]
su propia capacidad para controlar y canalizar dicha amenaza. Haciendo de la FOJC en Berisso y
una evaluación retrospectiva, el negociador de Perón con los obreros de La verdad exacta de
la carne, coronel Domingo A. Mercante, declaró que el acuerdo con la cuencias dellevantamie
FOJC había sido "nuestro primer triunfo". Mercante asistió ala mani­ sindicato demostr6 ser
festación masiva convocada por la FOJC en el Muelle Sur, el3 de octubre negociaciones con el gol
de 1943, para conseguir el respaldo de las bases al acuerdo de levanta­ la FOJC rechazaron las (
miento del paro. Su descripción del evento enfatiza el tamaño y el entu­ sus sedes a cambio de D
siasmo de la multitud, as! como el gran prestigio de que disfrutaba Pe­ men militar desat6la m
ter. fa. El 22 de octubre, su
sus líderes encarcelados
"Cuando llegamos nos sorprendió la multitud. Alrededor de seis mil ooreros vivaban do dürante seis meses y
a Peter. lo abrazaban, lo apretaban, lo llevaban en andas. Peter tuvo que dar varias ber pasado más de año y
vueltas por la cancha para satisfacer las efusiones; después habló, y la huelga se le­ 1943, los fondos de la Fe
vantó alli mismo.
Aunque Peter no mencionó la circunstancia de que su libertad se debla a Perón, éste
bros disidentes que ant
fue un detalle que no escapó al conocimiento de los trabajadores. Yo caminé entre tanto, la lucha de los oh]
ellos, vestido con mi uniforme y nadie me molestó, pese a que me miraban con por la organizaci6n en le
odio" (95). direcci6n de Reyes y no e
zaron las huelgas masiva
nes mayores y, por últim
Cipriano Reyes, el hombre destinado a desempeñar un importante de la dirigencia peronist4l
papel en la organizaci6n de los obreros de la carne y en las relaciones con Al igual que Peter, Re
Perón, relató luego de manera muy distinta el desenlace de la huelga. cia y, lo mismo que Pete
Según él, los delegados de las plantas de Berisso se opusieron al levan­ jornalera agrícola itinera
tamiento de la huelga a cambio de la liberación de Peter y las vagas pro- británicos río arriba de B
se afilió al Partido Comw
lo largo de la Depresi6n ¡
la role estaban decididos a aprovecharse de las condiciones planteadas por la guerra para lle­ llaneda, Reyes pas6 la IDi
var a las empresas a negociar en tomo a la cooperación, lo cual seria equivalente al reconoci­
miento y un paso hacia el control sindical sobre la contratación del trabajo. También parecia tuosamente de dejar atrá
claro que, con la aparición de Perón con su esquema de dictadura, agregando al control del dista. Aprendi6 de su ma.
movimiento obrero el control de las fuerzas armadas, los lideres de la rolC tenian grandes dejaban las presentacionc
esperanzas de hallar a los empresarios menos tercamente opuestos a ellos. Pensaban que la
oposición a Perón seria algo que tendrian en común con los administradores de l ... ) las ofici­
en las aldeas de la pampl
nas matrices de los paises democráticos. Pensaban que la lucha contra los enemigos de las Guerra Mundial, siendo
democracias podria tomarse tan en serio como para hacer posible un frente común entre enos vida con sus propias man
y los adxninistradores de los frigorlficos, en oposición a los enemigos locales de las democra­
cias. Pronto se dieron cuenta de que para estos empresarios el esquema de Perón, aunque agrícola migrante, de las I
maligno, en realidad era el menor de los dos males". U.s. National Archives, Department of ro no calificado en un ~
State, 835.5045/2-145Ide ahora en adelante, USNAlDS). nales de los años veintes
95. El tan citado informe de Mercante fue publicado en una entrevista en PrImera Plana, No. 146,
agosto de 1965, pp. 24-30. Posteriormente, Mercante elevó su estimativo del tamaño de la
multitud ("20 mil o 30 mil personas") y amplió su evaluación del significado de la huelga ("el
comienzo de una huelga general contra el gobierno"). Félix Luna, El 45: CróBica de UD BAo 96. Cipriano Reyes, Yo hice ell;
decisivo, Buenos Aires, 1969, pp. 118-19. proletarias, p. 207.
ARGENTINA

mesas del gobierno. Reyes sostuvo que él mismo arrebatb el micrófono a


los líderes comunistas y exhortb a los obreros a continuar la huelga. El
relato de Peter, por otra parte, concuerda con el de Mercante. Afirma
que la misma tarde millares de trabajadores se reunieron frente a la sede
de la FOIC en Berisso y apoyaron la decisión de levantar la huelga (96).
La verdad exacta de tales testimonios importa menos que las conse­
cuencias del levantamiento de la huelga por parte de la FOIC. Cuando el
sindicato demostró ser incapaz de obtener concesiones en posteriores
negociaciones con el gobierno y las empresas, y cuando los dirigentes de
la FOIC rechazaron las ofertas oficiales de dinero y lujosos edificios para
sus sedes a cambio de cooperar con los planes gubernamentales, el régi­
men militar desató la más severa represión contra el sindicato comunis­
ta. El 22 de octubre, sus sedes sindicales fueron de nuevo allanadas y
sus líderes encarcelados. Peter fue mantenido virtualmente incomunica­
do durante seis meses y finalmente deportado al Uruguay luego de ha­
ber pasado más de año y medio en cárceles argentinas. En noviembre de
1943, los fondos de la FOIC fueron oficialmente trasferidos a dos miem­
bros disidentes que antes habían sido expulsados del sindicato. Entre
tanto, la lucha de los obreros de la carne por sus demandas colectivas y
por la organización en los frigoríficos siguió adelante. Pero fue bajo la
dirección de Reyes y no de la FOIC como los trabajadores de la carne lan­
zaron las huelgas masivas que forzaron a las empresas a hacer concesio­
nes mayores y, por último, consiguieron el apoyo cauteloso y condicional
de la dirigencia peronista.
Al igual que Peter, Reyes había nacido en un hogar pobre de provin­
cia y, lo mismo que Peter, de joven había trabajado en la pampa como
jornalera agrícola itinerante antes de hallar empleo en los frigoríficos
británicos río arriba de Buenos Aires. Pero a diferencia de Peter, quien
se afilió al Partido Comunista a finales de los años veintes y se dedicó a
lo largo de la Depresión a la lucha por organizar los frigoríficos de Ave­
llaneda, Reyes pasó la mayor parte de los años treintas tratando infruc­
tuosamente de dejar atrás la vida proletaria y establecerse como perio­
dista. Aprendió de su madre las primeras letras en los ratos libres que le
dejaban las presentaciones de un pequeño circo que manejaba su padre
en las aldeas de la pampa. Cuando el circo fracasó, durante la Primera
Guerra Mundial, siendo Reyes aún niño, se vio obligado a ganarse la
vida con sus propias manos. Pasó de aprendiz de carpintero a jornalero
agrícola migrante, de las cuadrillas de trabajadores de carreteras a obre­
ro no calificado en un frigorífico. Mientras tanto, siguió leyendo y, a fi­
nales de los años veintes, ya publicaba pequeños cuentos y poemas en

96. Cipnano Reyes, Yo hice el 17 de octubre, Buenos Aires, 1973, pp. 107-127; Pater, Crónicas
proletarias, p. 207.
204 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

periódicos locales. Con el tiempo descubrió salida a sus talentos comer­ narias en los años trein1
ciales y publicitarios, los cuales debió aprender al lado de su padre en los zar la amenaza de los e
días del circo. Por ejemplo, después de haber tomado un empleo en una también entendió pronl
panaderia de Castelli, un pequeño pueblo,a fines de los veintes, logró obstáculo para ganar e.
crearse una posición distribuyendo productos cocidos al horno en los al­ ello siempre recurrió a
rededores~ En 1930 se trasladó al puerto de Necochea, en donde escribió para presionar las petic
para el periódico local, apoyó una exitosa huelga de los trab~adores Iglesia Católica y de sus
marltimos y fundó un club de fútbol que pronto lo eligió como presiden­ cales con el fin de dar le
te. Algo más tarde, alcanzó un éxito notable como escritor de un periódi­ nizativos. Por último, R~
co provincial independiente que dedicaba la mayorla de sus páginas a las huelgas. Durante lal
cubrir eventos deportivos. Por último, fundó lo que él denominó •'Publi­ escondió con su máqui!
cidad Moderna" . Equipó una furgoneta con micrófonos y empezó a tra­ islas frente a Berisso. J
b~ar en las pequeñas poblaciones de la pampa presentando un espec­ las huelgas y distribuy~
táculo que combinaba la música con la publicidad para los comerciantes miento que ayudaron a .
locales. En 1940 partió para Buenos Aires con la esperanza de conseguir los perjudiciales infoIlllE
el patrocinio de un banquero porteño que había conocido durante sus Después de la repre
viajes. Esperaba emplearse en una revista importante o en una estación 1943, Reyes desempeñ6
de radio. Comoquiera que estos planes fracasaron, trabajó por un tiempo entre comunistas, milita
en calidad de ayudante de cámara de unjuez. Esa experiencia, dirla más por el control de las 00&
tarde, le creó amargura en contra de la burguesía porteña. Tiempo des­ militantes independientE
pués renunció al trabajo y se unió a unos parientes que habían migrado tas, triunfaron en la prÍl
al suburbio industrial de Berisso. Allí, a comienzos de los años cuaren­ costó mucho á todos los
tas, tomó un empleo en el frigorlfico Armour, donde pronto principió a fluencia de los comunistl
aplicar sus talentos especiales al problema -y el potencial- de la orga­ mente en Avellaneda. ]
nización de los obreros de la carne (97). sobrepasar a los militant
Reyes ingresó a la planta de Armour en momentos en que las condi­ las acciones laborales y I
ciones para la organización laboral se tornaban ideales y logró emplear organizativos en las reiv
sus habilidades organizativas y de comunicación para colocarse a la ca­ inicialmente en términos
beza de la gran movilización de los obreros de la carne entre 1943 y 1946. sindicatos independientE
Consiguió un trab~o en la planta eléctrica del frigorlfico, donde descu­ bases movilizadas, deme¡
brió lo que más tarde llamó el Huevo de Colón de las acciones laborales la huelga por demandas (
en las plantas empacadoras. Con la progresiva mecanización de los fri­ laboral argentina. Como 1
gorlficos después de la Primera Guerra Mundial, la planta eléctrica su­ pación de los comunista!
peró a las playas de matanza como talón de Aquiles de todo el proceso muy difícil en un comíel
productivo. Reyes se dedicó a construir el núcleo de la organización de ellos en realidad no eran
los obreros de la carne en tomo a estos estratégicos trabajadores. Tam­ mente se dieron cuenta (
bién fue uno de los primeros líderes sindicales de Argentina que com­ los militantes independie:
prendió el poder de las huelgas de brazos caídos y la disminución del rit­ catos independientes de 1
mo de trabajo para conquuistar las reivindicaciones obreras. El proleta­ conveniencia. A lo largo
riado industrial de todo el mundo empezó a usar estas técnicas revolucio­ maniobraron constantem
minio. Los peronistas del
97. La información sobre Is vida y actividades organizativas de Reyes en éste y los párrafos si­
mían, mimaban y constrej
guientes está tomada de su libro citado en la nota 96. Debe interpretarse con especial cuidado: pondían aplicando sus pr(
el talento de Reyes para autoPromoverse es evidente por todas partes. La amplia legislación 1
;IA ARGENTINA 205

~r­ narlas en los años treintas. Ambas tácticas teman la ventaja de neutrali­
os zar la amenaza de los esquiroles en las actividades huelguisticas. Reyes
na también entendió pronto que la ideología comunista era un importante
;ró obstáculo para ganar el apoyo público para las demandas obreras. Por
!l­ ello siempre recurrió a la retórica del nacionalismo y la justicia social
lió para presionar las peticiones de las huelgas. Consiguió el respaldo de la
es Iglesia Católica y de sus hasta entonces fracasadas organizaciones sindi­
cales con el fin de dar legitimidad y apoyo material a sus esfuerzos orga­
:li­ nizativos. Por último, Reyes captó el papel de la comunicación interna en
la las huelgas. Durante las grandes huelgas de Berlssoen 1944 y 1946, se
I ti- escondió con su máquina de escribir y su mimeógrafo en las· pequeñas
~a­ islas frente a Berisso. Así evitó ser arrestado, mantuvo la dirección de
~­ las huelgas y distribuyó un flujo constante de noticias acerca del movi­
;es miento que ayudaron a levantar la moral del sindicato y a contrarrestar
lir los perjudiciales informes de los diarios de circulación masiva.
,us Después de la represión de que fue víctima la FOIC en octubre de
ón 1943, Reyes desempeñó un papel central en la violenta lucha que siguió
po entre comunistas, militantes independientes y peronistas en el gobierno
tils por el control de las bases insurgentes del proletariado de la carne. Los
:lS­ militantes independientes, dirigidos por Reyes en aliaMa con los peronis­
do tas, triunfaron en la primera fase de la lucha. Su victoria no fue fácil y
costó mucho a todos loscontendores. Todavía bien entrado 1944, la in­
fluencia de los comunistas seguia siendo fuerte en las plantas, especial.
mente en Avellaneda. Los cuadros comunistas, obligados a tratar de
sobrepasar a los militantes independientes, apoyaban sistemáticamente
di­ las acciones laborales y procuraban introducir sus principios políticos y
~ar organizativos en las reivindicaciones que los independientes concebían
ta­ inicialmente en términos puramente económicos. Al mismo tiempo, los
16. sindicatos independientes, obligados a permanecer a la cabeza de las
ru­ bases movilizadas, demostraron una combatividad, una voluntad de ir a
les la huelga por demandas cada vez mayores,sin precedentes en la historia
tri.. laboral argentina. Como resultado de su propia militancia y de la partici­
"
lu­ pación de los comunistas en sus huelgas, para los independientes fue
Iso muy dificil en un comienzo convencer a la dirección peronista de que
de ellos en realidad no eran comunistas. Sin embargo, los peronistas final­
!n­ mente se dieron cuenta de que no teman otra alternativa que apoyar a
n- los militantes independientes. La alianza entre los peronistas y los sindi­
lt.­ catos independientes de los frigoríficos fue, entonces, un matrimonio de
i­ conveniencia. A lo largo del período entre 1943 y 1946 las dos partes
D- maniobraron constantemente por conseguir ventajas y lograr el predo­
minio. Los peronistas del régimen alternativamente estimulaban y repri­
mían, mimaban y constreñían a los sindicatos independientes. Estos res­
pondían aplicando sus propias presiones.
La amplia legislación laboral y social que los peronistas pusieron en
206 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

práctica para dar cuerpo a su plan corporativista en el movimiento obre­ nales garantizadas q\
ro estimuló a los independientes. También las politicas especificas dise­ ocho meses antes. Nc
ñadas especialmente para enfrentarlos a los problemas particulares de pendientes desencad~
los trabajadores de la carne. Los peronistas implantaron una maquinaria vas concesiones de lo
para reconocer y controlar las organizaciones laborales y otorgar impor­ ron con un paro en to
tantes beneficios a los sindicatos legales y a sus miembros. Los trabaja­ obligar a las compañíl
dores gozaban de libertad de organización mientras el objetivo de sus adicionales en las co
sindicatos no fuese "contrario a la moral, las leyes y las instituciones mediación del gobien
fundamentales de la nación" (98). De hecho, los sindicatos legales tam­ bajadores. Pero aquél
bién tenían que recibir la bendición de los peronistas que controlaban la para reducir los crecÍ€
Secretaria de Trabajo y Previsión. Los sindicatos legales calificaban para sindicales y responde)
descuento de cuotas sindicales, subsidios para construcción de sedes y do de manera concer
mediación del gobierno en los conflictos industriales. A través de sus despedir a 17 mil obn
sindicatos legales, los trabajadores podian tener acceso a programas de fuerza laboral. Era éS1
seguridad social y conseguir la aplicación de leyes relativas a cuestiones dicatos podian tolerar
como protección en caso de accidentes, pensiones e indemnización. Ade­ la sanción legal del g(J
más de esta legislación laboral y social, los sindicatos de obreros de la de empaque de carne «
carne oficialmente reconocidos conseguían del gobierno que sus huelgas siones para los trabaja
fueran declaradas legales, y de la policía la neutralidad e incluso el res­ yoría de los despidos,
paldo, lo mismo que una mediación favorable de los funcionarios en las gales que convulsiona!
negociaciones con las compamas empacadoras. Eventualmente, obte­ ros lograron la garantí
nían cuantiosas subvenciones gubernamentales para reponer los salarios incrementos salariales
que perdían en las huelgas y compensar a los obreros despedidos. De cámaras frías, mejoras
otro lado, la represión y la coacción de los peronistas contra sus aliados timenta protectora. Al
en los sindicatos independientes eran frecuentes y a veces agudas. Iban a los obreros de la car
desde el encarcelamiento de los lideres que se negaban a cooperar, las legales y a entregar tre
incursiones policiales contra sus sedes sindicales y sus piquetes, hasta operarios despedidos e
las exhortaciones públicas y privadas pidiendo moderación en las de­ Durante estas hueq
mandas y las tácticas de los trabajadores. siones de persuadir a le
Pero las presiones en el seno de la alianza de peronistas y sindicalis­ la· promesa de que arrE
tas independientes corrían en ambas direcciones. No fue sino mucho incumplia. aquéllos ata,
después de que los peronistas lograran el control total del Estado, des­ oficina nacional del trat
pués de las elecciones presidenciales de febrero de 1946, cuando éstos las exhortaciones radiO!
pudieron implantar, por medio de la coerción y de importantes concesio­ jo. Aunque el gobierno
nes adicionales, el dominio indiscutido sobre los sindicatos de los obre­ mantuvo hasta el2 de j¡
ros de la carne. Luego de que la intervención oficial les ayudó a solucio­ sas gubernamentales e:
nar en su favor una gran huelga en junio de 1944, los sindicatos indepen­ reorganizaron e impuls
dientes suscribieron un acuerdo con el gobierno, redactado en un len­ del ritmo de trabajo qu
guaje corporativista, en virtud del cual se abstenían de ir a la huelga por nes, presididas por Me
un año. A cambio obtuvieron aumentos salariales y las 60 horas quince­ de septiembre, tales nE
vención colectiva en la:
98. La cita es del decreto que regulaba las asociaciones "profesionales" , finnado a comienzos de
dicales y funcionarios d
octubre de 1946, y que gui6la politica laboral de la junta militar a lo largo de su administra­ ció procedimientos forn
ción. to y de la empresa (com
ORlA ARGENTINA 207

¡,bre­ nales garantizadas que la FOIC no había podido lograr de las compañías
dise­ ocho meses antes. No obstante, seis meses después los sindicatos inde­
~ de pendientes desencadenaron una oleada de huelgas que les valieron nue­
narla vas concesiones de los empresarios y el gobierno. Las huelgas comenza­
¡¡por­ ron con un paro en toda la industria, en enero de 1945, organizado para
baja­ obligar a las compañías a cumplir acuerdos previos y conquistar mejoras
• sus adicionales en las condiciones de trabajo. Las compañías aceptaron la
iones mediación del gobierno, que desembocó en nuevas concesiones a los tra­
taro­ bajadores. Pero aquéllas pronto contraatacaron con un plan coordinado
~la para reducir los crecientes costos laborales, deshacerse de los militantes
:~para sindicales y responder a los inciertos mercados de la posguerra. Actuan­
des y do de manera concertada, en marzo de 1945 las empresas decidieron
~ sus despedir a 17 mil obreros de la carne, cerca de una tercera parte de su
-.s de fuerza laboral. Era ésta una perspectiva que ni los peronistas ni los sin­
~nes dicatos podían tolerar. Estos últimos respondieron con una huelga, con
rAde­ la sanción legal del gobierno, en abril de 1945, que paralizó la industria
.de la de empaque de carne durante tres semanas y generó importantes conce­
¡elgas siones para los trabajadores. Los sindicatos no pudieron impedir la ma­
,1 res­ yoría de los despidos, pero en esta huelga y en posteriores acciones ile­
en las gales que convulsionaron la industria entre mayo y septiembre, los obre­
:obte­ ros lograron la garantía de 86 hQras de trabajo por quincena, grandes
darlos incrementos salariales, paga de ocho horas por seis de trabajo en las
~. De cámaras frías, mejoras en las condiciones sanitarias y suministro de ves­
liados timenta protectora. Al mismo tiempo, el Estado se comprometió a pagar
~ Iban a los obreros de la carne los días perdidos en actividades huelguísticas
ll",las legales y a entregar tres meses de compensación salarial para los 12.600
basta operarios despedidos entre enero y abril de 1945.
;S de- Durante estas huelgas la dirección peronista trató en repetidas oca­
siones de persuadir a los obreros para que regresaran a sus puestos con
~calis­ la promesa de que arreglaría sus problemas. Cada vez que el régimen
pucho incumplía, aquéllos atacaban de nuevo. Miles de obreros marcharon a la
~,
des­ oficina nacional del trabajo para presionar a los funcionarios y desafiaron
I éstos las exhortaciones radiodifundidas de Perón para que retornaran al traba­
!.Cesio­ jo.Aunque el gobierno declaró ilegal la huelga en mayo de 1945. ésta se
I obre­ mantuvo hasta el2 de julio, cuando fue levantada ante renovadas prome­
t)lucio­ sas gubernamentales en torno a la solución de las demandas. Luego se
lepen­ reorganizaron e impulsaron eficaces paros seccionales y disminuciones
ID len­ del ritmo de trabajo que forzaron a las empresas a aceptar negociacio­
ga por nes, presididas por Mercante en septiembre de 1945. Finalmente, el 22
lUÍDce- de septiembre, tales negociaciQnes abrieron el camino a la primera con­
vención colectiva en la industria de la carne, suscrita por delegados sin­
r dicales y funcionarios de las compañías. Con este acuerdo, que estable­
jenzos de ció procedimientos formales de quejas entre representantes del sindica­
hmústra­
to y de la empresa (comités paritarios) t los sindicatos de los obreros de la
208 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

carne obtuvieron reconocimiento legal de las compañías y formalizaron coalición antiperoni~


las conquistas que habían alcanzado durante los dieciocho meses previos cional entre las nací.
de lucha (99). munistas y socialista
De este modo, entre 1944 y 1945, la alianza entre los sindicatos no res tradicionales, COI
marxistas y los funcionarios peronistas del gobierno liquidó la influencia los representantes di
comunista entre los trabajadores de la carne. Las bases obreras compa­ objeto de derrocar a
raban los términos de la lucha y medían el alcance de los beneficios bajo económicos liberales
'el régimen militar dominado por los peronistas y bajo los gobiernos con­ 1943. Así, los partide
servadores que le precedieron. En la industria de la carne, así como en la denominaban sus te(
mayoría del sector manufacturero argentino, las organizaciones dirigi­ capitalistas extranjert
das por los comunistas fueron demasiado débiles, sus vidas demasiado se al programa nad
" cortas y los beneficios materiales demasiado modestos como para consti­ mo (lOO). Entre tanto,
tuirse en un competidor serio en la lucha por ganar la lealtad de las ba­ frente 'a la crisis del .
,
.' ses frente a sindicatos capaces de aprovechar el acceso de los peronistas años de la guerra que
al Estado y la cantidad de beneficios que éste brindaba. Pero allí donde traron a la defensiva u
los sindicatos comunistas se habían implantado con anterioridad, como frentes de batalla y en
en la construcción y, en menor medida, en los textiles, los sindicatos posguerra. A lo largo
peronistas tuvieron poco éxito antes de 1946. modar lo mejor que Pl
Una vez que los líderes y las bases de los sindicatos independientes den liberal de la POSgl
sellaron la alianza con el Estado peI'onista, la dinámica del acuerdo con­ accediendo finalmente
tribuyó a minar su poder independiente. Perón podía culpar a las empre­ a última hora la guem
sas cuando no lograba dar término a las huelgas y atribuirse el mérito integridad ideológica.
cuando conseguía hacerlo. Poco a poco los sindicatos independientes traciones públicas y uti
fueron avasallados por un aparato estatal expansivo y por las leyes que para desacreditar al ré
canalizaban los beneficios solamente hacia aquellos sindicatos que con­ zar la represión contra:
taban con la aprobación gubernamentaL Eliminada la alternativa mar­ cepciones liberales de .
xista, los sindicatos independientes aliados con los peronistas solo po­ 1946 fue la fecha fijada
dían presionar sus aspiraciones colectivas volviéndose más peronistas zaran el régimen milita
que los peronistas mismos: más nacionalistas, más distribucionistas, sieran en libertad a mw
más radicalmente reformistas. Llevaron a cabo esta fatídica estrategia tre 1943 y 1944. Arrastr
con determinaCÍóny éxito considerable a lo largo de 1945 y 1946. el mundo de la POSgueJ
Si a la larga la alianza entre los sindicatos independientes de obreros parecía estar a punto d,
de la carne y la dirección peronista resultó ser costosa para los primeros,
para los peronistas fue casi fatal a corto plazo, Su política laboral corpo­
rativista y el alcance de las concesiones a los trabajadores, indispensa­
bles para asegurar el éxito de aquélla, contribuyeron a consolidar una 100. Dustrativa de esta asociaci
der sindical comunista JOIl
den. Por solicitud del pres
"

, .
99. La censura gubernamental hace dificil seguir las huelgas de 1944 y 1945 en la prensa. Me he
basado primordialmente en el informe de Reyes y en los archivos laborales del Departamento
de Estado, Record Group 835.504. Los términos de la compénsación del gobierno a los obreros
norteamericano. Braden Il
bertad. Peter había sido dI
Estado, Buenos Aires, jun
de la came están detallados en el decreto 9.024 del 24 de abril de 1945 y ampliados y extendi­ 7-2445. Poco antes de regr
dos en los decretos 20.185 de agosto 31 de 1945 y 24.097 de octubre 5 de 1945, así como en el con Peter; y una vez en Es
decreto-ley 6.363 de febrero 28 de 1946. Véase Revisia de Trabajo y Previsión, No. 5. enero­ empresa podría tratar con
junio de 1945. pp. 162-65; Nos. 7-8. julio-diciembre de 1945. pp. 738-39, Y No. 9. enero-marzo catos oficiales properonist
de 1946, pp. 130-32. Estado. octubre 4 de 1945.

"
ARGENTINA 209

coalición antiperonista doméstica, tan extraña como la alianza interna­


cional entre las naciones capitalistas liberales y la Unión Soviética. Co­
munistas y socialistas unieron sus fuerzas con los partidos conservado­
res tradicionales, con el grueso de la dirección del Partido Radical y con
los representantes diplomáticos de Estados Unidos en Argentina con el
objeto de derrocar a los peronistas y restaurar los principios politicos y
económicos liberales que habian guiado el desarrollo del pais hasta
1943. As!, los partidos de izquierda se unieron con lo que ellos mismos
denominaban sus teóricos enemigos de clase, los terratenientes y los
capitalistas extraI\ieros responsables de la Década Infame, para oponer­
se al programa nacionalista, reformista y corporativista del peronis­
mo (100). Entre tanto, los peronistas, cuyo programa era más apropiado
frente 'a la crisis del capitlismo mundial en los treintas y los primeros
años de la guerra que a las condiciones de los años cuarentas, se encon­
traron a la defensiva una vez que los Aliados surgieron victoriosos en los
frentes de batalla y empezaron a diseñar los perfiles institucionales de la
posguerra. A lo largo de 1945 los peronistas se vieron obligados a aco­
modar lo mejor que pudieron sus politicas y principios al emergente or­
den liberal de la posguerra. Pero al obrar de esa manera, por ejemplo,
accediendo finalmente a las condiciones de Estados Unidos y declarando
a última hora la guerra al :Ede, comprometieron su prestigio politico y su
integridad ideológica. Cuando las fuerzas liberalesorgani2aron demos­
traciones públicas y utilizaron su control sobre los principales periódicos
para desacreditar al régimen, el gobierno militar se vio forzado a suavi­
zar la represión contra sus opositores politicos y a acomodarse a las con­
cepciones liberales de la politica argentina de la posguerra. Febrero de
1946 fue la fecha fijada por la junta para celebrar elecciones que rempla­
zaran el régimen militar de facto, levantaran la censura de prensa y pu­
sieran en libertad a muchos de los prisioneros políticos encarcelados en­
tre 1943 y 1944. Arrastrado por la corriente de un liberalismo en auge en
el mundo de la posguerra, en octubre de 1945 el experimento pet'onista
parecia estar a punto de expirar. E19 de octubre, oficiales liberales del

100. Dustrativa de esta asociación fue la estrecha relación de trabajo que se desarrolló entre el Ji­
der sindical comunista José Peter y el embajador estadounidense en Argentina, Spruille Bra­
den. Por solicitud del presidente del United Packing House Workers of America, el sindicato
norteamericano. Braden urgió a los funcionarios argentinos pára que pusieran a Peter en li­
bertad. Peter habla sido deportado a Uruguay el 21 de julio de 1945. Braden al Secretario de
Estado. Buenos Aires. junio 6 de 1945. USNAlDS 835.504/6-646, Yjulio 24 de 1945. 835.504/
7-2445. Poco antes de regresar a su pais. en septiembre de 1945. Braden tuvo una entrevista
con Peter; y una vez en Estados Unidos, sugirió al presidente de la Swift International que la
empresa podrta tratar con elUder comunista a fin de contrarrestar la influencia de los sindi·
catos oficiales properonistas en las plantas. Memorando de Conversación, Departamento de
Estado. octubre 4 de 1945. 835.00/10-445.
210 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

ejército forzaron la renuncia de Perón y lo pusieron bajo arresto. El adve­ peronistas para am
nimiento de un régimen liberal parecía inevitable (101). pero no se elabora]
Pero la clase obrera dijo la última palabra, el17 de octubre de 1945, properonistas,en~
en lo que resultó ser el principal punto de viraje de la historia argentina el comité ejecutivo e
del siglo XX. Ese dia, mientras un Perón indeciso vestido de pijama per­ neral que lograra la
manecía bajo arresto nominal en un hospital militar de Buenos Aires, y en dicha reunión
decenas de miles de obreros de los suburbios industriales de Avellaneda se ' . sobre'
ImpUSIeron
y Berisso abandonaron el trabajo y marcharon hacia la ciudad. Donde­ fijó para el 18. No oh
quiera que el gobierno bloqueaba las carreteras o erigía barreras, los las bases obreras ya
trabajadores se enfrentaban con la policía o hallaban otro camino. Por la calles. Un funcionari
tarde ya se habian paralizado el trabajo y el transporte en la capital. luó de manera precÍ!
Enormes multitudes de obreros, engrosadas por miles de simpatizantes nes de la CGT:
locales y por contingentes de trabajadores de Rosario y el interior, reco­
rrían las calles de Buenos Aires y se concentraban en lugares estratégi­
"Si este organismo ne:
cos: el hospital al que habia sido trasladado Perón; el principal centro de les que no podrá contE
transporte en la Plaza Once; y la sede principal de la política nacional, la sea, que si no encabe:
Plaza de Mayo, en donde se halla la residencia presidencial, la Casa obreros Bolo esperan Íl
Rosada. A medida que caía la noche, el poder y la determinación de los pero les aseguro que
ras" (104).
obreros parecían aumentar. Bajo la vacilante luz amarilla de miles de
improvisadas antorchas de papel periódico, los cánticos de quizá un
cuarto de millón de hombres y mujeres reverberaban por la ciudad, sa­ En efecto, ya el 1
cudiendo literalmente las paredes de los principales edificios del gobier­ de Berisso habían re
no (102). Finalmente, justo antes de la medianoche, los obreros consi­ en la que la idea de III
guieron su propósito: Perón fue liberado y se dirigió a la multitud. Una El 16 19s obreros ah:
fuerza nueva y poderosa habia hecho su debut en la política argentina. Avellaneda y, tentan(
La siguiente tarea de Perón consistia en tratar de controlarla. bajadores de la carne
Recientes evaluaciones del 17 de octubre hechas por especialistas tinos. habían disfruta
han subrayado la naturaleza espontánea de la acción colectiva de los el incremento de los
obreros (103). Ahora parece innegable que la cúpula de la dirección pe­ vez se sentían parte
ronista desempeñó un papel marginal. El mismo Perón aceptó su derrota bien lo que estaba en
,l· después del 9 de octubre. Yen el cautiverio concentró su atención en sus sindicatos y sus dirige
problemas personales. Planeaba limpiar su nombre y casarse con la ac­ zación, pero tuvieron
triz Eva Duarte, con quien había compartido su vida durante su ascenso bases.
al poder. Por su parte, Mercante se reunió con algunos líderes sindicales Luego de los cruci
sindicales properonis
mento capaz de traduj
101. Este Y el siguiente párrafo dependen de la cuidadosa reconstrucción de Félix Luna en El 45. en una fuerza política
102. Luna suministra este cálculo conservador del número de trabajadores implicados. anunciaron la formac
103. Por ejemplo, Luna, El 46, Y Tamarin, "The Argentine Labor Movement.". Estos estudiOlil tes, convirtieron el pe
contrastan con relatos anteriores y amaftados como el de Reyes, Yo hice, y Eduardo Colom,
El 17 de octubre, Buenos Aires, 1955. Angel Perelman, Cómo hicimos e117 de octubre, Bue­
ses después de su cre
nos Aires, 1961, y Alberto Belloni, Del anarquismo al perol1Í8mo, Buenos Aires, 1960, son re­ votos que llevaron a P
latos de participantes que subrayan la espontaneidad de la movilización. Sobre la creación del
mito de que Eva Peron desempeñó un papel importante en estos acontecimientos véase
Marysa Navarro, "Evita and the Crisis 0117 October 1945: A Case Study 01 Peronist and 104. Citado en Tamarin, "TI
Anti·Peronist Mythology", en Joumal ofLatin American Studies, 12:1, 1980, pp. 127-38.
publicadas en Pasado 1
ARGENTINA 211

peronistas para analizar la situaci6n, antes de ser arrestado el dia 13,


pero no se elaboraron planes concretos. Influyentes lideres sindicales
properonistas, entre los que se destacaba Cipriano Reyes, exigieron que
el comité ejecutivo de la CGT se reuniese para convocar una huelga ge­
neral que lograra lalibertad de todos los presos politicos, incluido Per6n.
Yen dicha reuni6n, celebrada el 16, los seguidores de Per6n finalmente
se impusieron sobre los delegados de la Uni6n Ferroviaria y la huelga se
fij6 para el 18. No obstante, cuando la CGT lanz6 su convocatoria al paro,
las bases obreras ya estaban resueltas a cerrar sus plantas y a salir a las
calles. Un funcionario sindical de los obreros de la carne en Rosario eva­
lu6 de manera precisa la situaci6n prevaleciente durante las deliberacio­
nes de la CGT:

"Si este organismo no se resuelve a convocar una huelga general, déjenme asegurar­
les que no podrá contener la huelga que resultará del volátil estado de los obreros. O
sea, que si no encabezamos este movimiento éste se dará de todos modos. (... ) Los
obreros Bolo esperan instrucciones de la CGT a fin de que se dé en forma coordinada;
pero les aseguro que si no votamos la huelga, en Rosario saldrán de todas mane­
ras" (104 l.

En efecto, ya ei 15 muchos obreros de la carne y otros trabajadores


de Berisso habían realizado una gran marufestación de apoyo a Per6n.
en la que la idea de marchar hacia la capital fue recibida con entusiasmo.
El 16 los obreros abandonaron sus puestos en el frigorífico Anglo en
Avellaneda y, tentando el agua, marcharon hacia Buenos Aires. Los tra­
bajadores de la carne, como la mayor parte de los demás obreros argen­
tinos, habían disfrutado con Per6n de los beneficjos de la organización,
el incremento de los salarios reales y la legislación social. Por primera
vez se sentían parte del proceso político nacional y comprendian muy
bien lo que estaba en juego con el inminente retorno al liberalismo. Los
sindicatos y sus dirigentes properonistas contribuyeron a guiar la movili­
zación, pero tuvieron que esforzarse por permanecer a la cabeza de las
bases.
Luego de los cruciales acontecimientos del 17 de octubre, los lideres
sindicales properonistas actuaron con rapidez en procura de un instru­
mento capaz de traducir el poder recién adquirido del movimiento obrero
en una fuerza política efectiva e institucionalizada. A finales de octubre
anunciaron la formación del Partido Laborista y, en los meses siguien­
tes, convirtieron el partido en una poderosa fuerza política. Cuatro me­
ses después de su creación, el Partido Laborista aportó la mayoría de los
votos que llevaron a Perón a la Presidencia de la República. La elección,

'104. Citado en Tamarin, "The Argentine Labor Movement", p. 93, de las minutas de la reunión
publicadas en Pasado 1 Presente, Nos. 2-3, julio-diciembre de 1973, pp. 403-423.
212 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

una de las más limpias de la historia de Argentina, dio también a los la­ caba forzar a las compa
boristas el control de las dos cámaras del Congreso. ciembre de 1945, que oC
El Partido Laborista estaba estructurado en tomo a los sindicatos proporcionales de salari
simpatizantes del peronismo. Su dirección estaba compuesta por funcio­ pués de un año de sem
narios sindicales y muchos de sus candidatos electorales también eran ción· parlamentaria para
hombres y mujeres vinculados a las organizaciones obreras. El partido tria de la Carne", que rt
adoptó una actitud de apoyo critico hacia el gobierno peronista y articuló dos los aspectos de las r
un programa radical de refonnas. Entre ellas figuraban la extensión de empacadoras: clasificaci
la previsión social; la nacionalización de las más importantes industrias, jubilación, traslados, del
el transporte y los servicios públicos, y una refonna agraria fundamen­ de indemnización.
tal. Los vigorosos e independientes sindicatos properonistas aportarían La huelga empezó es
la base de todos estos avances y desempeñarían un papel de primera de trabajo durante dos s
importancia en el manejo de las industrias y de la nación misma (105). los frigoríficos. A comien
Es verdad· que la filosofía y el programa del Partido Laborista eran un cierre patronal de la ÍI
aún vagos a comienzos de 1946, que su estructura organizativa era em­ poder de los propietarios
brionaria y débil y que las lealtades de la mayoria de quienes votaron por mó la opinión pública cOl
sus candidatos estaban más con la persona de Perón que con el partido. tido Laborista, encabeu
Sin embargo, las tendencias dentro de la dirección sindical del partido para presentar al CODgl'l
hacia refonnas económicas y sociales fundamentales, así como la idea de industria, que desató un
algunos dirigentes laborales de un sindicalismo que compartiera el po­ U na minoria parlamentar
der político y económico en el gobierno, fueron percibidas por los líderes rista y la facción del Partil
peronistas como una gran amenaza a su posición política y a sus planes Perón, respaldó el esqUel
corporativistas. Una vez que Perón hubo consolidado el control del go­ trabajadores de la carne El
bierno, se dedicó a emplear los recursos del Estado para eliminar la re­ fiar las políticas laboralel
cién creada fuerza organizativa independiente del movimiento obrero. rias del gobierno peronis
Lo que resulta extraordinario en la lucha que siguió no es que Perón tanto, fuera de los salonE
haya logrado su propósito, sino lo difícil y costoso de la victoria. frontaciones entre grupOl!
El papel decisivo de los trabajadores de la carne y de sus sindicatos sus funcionarios sindicale:
en los acontecimientos de octubre de 1945 se reflejó en su influencia so­ profundidad del desacuel1
bre el Partido Laborista. Reyes, quien ayudó a fundarlo, se convirtió en Perón al poder estuvo sim
su vicepresidente. De los 52 miembros del comité organizador del parti­ en las celebraciones sep81
do, cinco eran del sindicato de los trabajadores de la carne, la represen­ 17 de octubre. Reyes y UI
tación más fuerte de todos los sindicatos. Dado el tamaño del sindicato trabajadores de la carne €
de los trabajadores de la carne, su poder económico y su destacada re­ de Perón otra. Por último
presentación en el seno del Partido Laborista, no resulta· sorprendente do que concedía aumenU;~
que fuera en tomo a sus luchas económicas y a sus pretensiones políticas pleo a los obreros. Mientl
como se desarrollaran, en 1946, las más importantes confrontaciones sión del acuerdo maestro I
entre el sindicalismo independiente y el Estado peronista. Lo anterior rida al Senado para un ~
salió a flote durante la gran huelga de industria que se efectuó entre sep­ descubierto la debilidad dl
tiembre y noviembre de 1946. La huelga tenía un propósito doble. Bus­ que parlamentario del Pal

105. Walter Bevraggi Allen<le. El Partido Laborista, el fracaso de Perón y el problema argentino, 106. El bono extraordinario de fin~
Montevideo, 1954. etapa. Para muchos llegó a sim
'l'ORlA ARGENTINA 213

los la- caba forzar a las compañias a cumplir el decreto gubernamental de di­
ciembre de 1945, que otorgaba a los trabajadores de la carne aumentos
icatos proporcionales de salarios y estipulaba un mes adicional de pago des-'
IIncio­ pués de un año de servicio (106). Asimismo trataba de conseguir aproba­
tetan ción parlamentaria para un acuerdo maestro, el' 'Estatuto dé la Indus­
ílrtido tria de la Carne", que regularla, para satisfacción de los sindicatos, to­
!tieuló dos los·aspectos de las relaciones laborales e industriales en las plantas
Ibnde empacadoras: clasificación de empleos, jornada mínima, pago extra,
strias, jubilación, traslados,·dee.pidos, vacaciones, seguridad y procedimíentos
amen­ de indemnización.
tarían La huelga empezó espectacularmente con una disminucibn del ritmo
mera de trabajo durante dos semanas, que recortó en 90% la producción de
~5) . los frigorlficos. A comienzos de octubre, lascompañias respondieron"con
• eran un cierre patronal de la industria. El acto puso de relieve una vez más el
raem­ poder de los propietarios de la industria más importante del país e infla­
Dnpor mó la opinión pública contra las compañias. Los parlamentarios del Par­
trtido. tido Laborista, encabezados por Reyes} aprovecharon la oportunidad
li.ltido para presentar al Congreso un proyecto de nacionalización de toda la
clea de industria, que desató un violento debate dentro y fuera del Congreso.
el po­ Una minorla parlamentaria, compuesta por elementos del Partido Labo­
~deres rista y la facción del Partido Radical,que había apoyado la candidatura de
pl8.nes Perón, respaldó el esquema de nacionalizaciones y las demand8.s de los
lel go­ trabajadores de la carne en huelga, Y aprovecharán la ocasión para desa...
~ la re­ fiar las políticas laborales y las credenciales nacionalistas revoluciona­
>brero. rias del gobierno peronista y de sus seguidores en el Congreso. Entre
'Perón tanto, fuera de los salones del Parlamento estallaban sangrientas con­
frontaciones entre grupos de trabajadores de la carne que apoyaban·a
liícatos sus funcionarios sindicales y partidarios de Perón que se les oponían. La
lCia so­ profundidad del desacuerdo en torno al movimiento que había llevado a
roóen Perón al poder estuvo simbolizada, a medida que progresaba la huelga,·
Iparti­ en las celebraciones separadas que tuvieron lugar en elahiversario del
tresen­ 17 de octubre. Reyes y una buena parte de la· dirección sindical de los
I1dicato trabajadores de la carne efectuaron una manifestación y los seguidores
!Ada re­ de Perón otra. Por último, el9 de noviembre Mercante impuso un acuer­
hdente do que concedía aumentos salariales y garantizaba seguridad en el em­
oliticas pleo a los obreros. Mientras, la Cámara de Diputados. aprobó .una ver­
~iol'1es sión del acuerdo maestro, apoyada por los paronistas, yla ley fue trasfe­
1nterior rida al Senado para un mayor estudio. La solución del confliCto puso al
resep­ descubierto la debilidad de la facción dirigida por Reyes dentro del blo­
~. Bus- que parlamentario del Partido Laborista. Casi todos los diputados del

!lltDtiDo, 106. El bono extraordinario de fin de año o aguinaldo se concedió a numerososobreroB en esta
etapa. Para muchos llegó a simbolizar la generosidad de Pel'Ón para con los trabajadores.
214 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

partido adoptaron obedientemente la posicibn de compromiso dictada su vida. Finalmente fue


por Perbn. Empero, el poder independiente de los sindicatos estaba muy por un supuesto complo
lejos de ser des~ruido. En efecto, los trabajadores de la carne rechazaron hasta después de la caid
loStérmi~os del arreglo del 9 de noviembre y continuaron en huelga cin­ Sin embargo, Reyes
co días más, hasta que Mercante negocib términos un poco mejo­ tento de los obreros de
res (107) .. los años cuarentas, mili!
A lo largo de 1947 y 1948, los sindicatos de los frigorificos siguieron sobre los lideres peronú
trastornando la produccibncon el propbsito de asegurar el cumplimiento ros eran endémicos en
de los acuerdos anteriores, mejorar los salarios y las condiciones de tra­ salarios y nuevas mejora
bajo y presionar al gobierno la aprobacibn del acuerdo maestro y la na­ de asegurar el acuerdo 1
cionalizacibn de las empresas empacadoras extratVeras. Reyes utilizb su conflicto entre los funcio
base tradicional en los sindicatos de Berisso y su curul en el Congreso norma que garantizara e
para estorbar al gobierno y agitar la nacionalizacibn de la industria, asi adoptada en 1948 tamb:
como pará impulsar una reforma agraria. Durante la gran huelga de fi­ Finalmente, aunque los
nales de 1946, el personal diplomático de Estados Unidos estaba conven­ presionando la nacionali:
cido de que Reyes se hallaba en contacto con agentes de la Unibn Sovié­ tra los propietarios de l~
tica. Sea como fuere, durante 1946 y 1947, Reyes y sus partidarios esta­ Enfrentado al descon
blecieron una alianza con los restos de la FOIC, que desde su disolucibn gobierno peronista conci
a comienzos de 1945 habia ordenado a sus militantes "perforar desde los lideres de los sindics
adentro" los sindicatos oficiales properonistas. Ambos grupos impulsa­ seguir las directrices del
ban demandas radicales de los trabajadores y mantenían a la defensiva a proyectaron la idea de fo:
los lideres sindicales moderados fieles a Perbn. Por ese entonces los fun­ dos en las plantas. El ob;
cionarios peronistas quizá llegaron a compartir la evaluacibn de la perso­ ducir en los sindicatos ei
nalidad y las politicas de Reyes, registrada por un alto empleado de Es­ para frenar la militancia (
tados Unidos durante la huelga de 1946. "Lo que Reyes en realidad bus­ tes de los diferentes frig(J
ca es crear una especie de bloque laboral en la Cámara de Diputados. vamente por la Federacil
Usted (Spruille Braden) conoce suficientemente sobre Reyes y sus ante­ disidentes, con frecuenci:
cedentes como para que yo tenga que hacer comentarios especiales. Al final,
Cualquiera que sea la actitud de las gentes aquí con relacibn al gobierno,
. la Federacibn' C1
romzada" y dbcil CGT hl
incluso aquellos que se oponen a Perbn no desean que Reyes llegue a afiliada a la central obret
cop.trolar los sindicatos. El es quizá un individuo tan radical como cual­ posicibn independiente al
quiera en Argentina y fácilmente podria superar incluso a los comunis­ peribdico de la FederacibJ
tas" (1OS). En 1947 Reyes sobrevivib a por lo menos un atentado contra
109. En los primeros meses de 194
formó sobre cinco de tales int¡
107. El acuerdo final fue publicado en La Prensa, Buenos Aires, noviembre 20 de 1946. Los repre· dirigencia de la Federación, l
sentantes diplomáticos de Estados Unidos interpretaron la huelga como una lucha inconclusa mostraron una gran confonni
de poder entre Reyes y Perón por el control de los sindicatos de la carne. Uno óe ellos reportó la lucha en el seno del sindica:
que la embajada había sido informada, •• bajo la más estricta reserva" , por un funcionario de ta en "La tendencia peronistl
un frigorlficg, que Perón mismo habia dicho a las compañias que "si lograran no ceder ante ne", en Aportes, No. 19, ene!
las demandas de los obreros, el Gobierno aseguraba que la huelga fracasaría y las operacio­ 110. La mayor parte de la informa
nes normales podrían reiniciarse". Livingston D. Watrous al Secretario de Estado, Buenos este periódico, fundado bajo 1
Aires, octubre li y diciembre 13 de 1946, USNAlDS 835.504 y 112·1346. Las citas correspon­ doso dejó el periódico a comie
den al primer despacho. Polonia. Deseo agradecer al.
108. George S. Messersmith a Spruille Braden, Buenos Aires, octubre 28 de 1946, USNAlDS co, por presentarme a otros fI¡
836.50431 1()..2846. ras explicándome la naturalel
Í()RIA ARGENTINA 215

etada su vida. Finalmente fue silenciado en 1948 cuando el gobierno lo arrestó


!muy
por un supuesto complot para asesinar a Perón. Permaneció én la cárcel
Ulron hasta después de la caida de Perón, en 1955. '
tcin­ Sin embargo, Reyes apenas fue la expresión más visible del descon­
pejo­ tento de los obreros de la carne con las políticas peronistas. A fines de
los años cuarentas, militantes de la base continuaron ejerciendo presión
ieron sobre los líderes peronistas de los sindicatos de los frigorif~cos. Los pa­
¡ento ros eran endémicos en la industria y los obreros exigían ,aumentos de
e tra­ salarios y nuevas mejoras en las condiciones de trabajo. La imposibilidad
11 na­ de asegurar el acuerdo maestro se convirtió en un importante motivo de
Izó su conflicto entre los funcionarios sindicales peronistas. La ausencia de una
norma que garantizara el derecho de huelga en la Constitución peronista
Ifreso
a, así adoptada en 1948 también creó una gran crisis ideológica entre ellos.
de fi­ Finalmente, aunque los sindicatos de la carne y sus líderes continuaron
nven­ presionando la nacionalización de la industria, el gobierno no actuó con­
5ovié­ tra los propietarios de los más grandes frigorificos extranjeros.
resta­ Enfrentado al descontento de la mayoria de los obreros de la carne, el
jpción gobierno peronista concibió ingeniosos métodos para asegurarse de que
desde los líderes de los sindicatos de la carne fueran individuos dispuestos a
pulsa­ seguir las (lirectrices del régimen. Durante 194710s seguidores de Perón
I8iva a proyectaron la idea de formar sindicatos conjuntos de obreros y emplea­
í8 fun­ dos en las plantas. El objetivo, nunca revelado públicamente, era intro­
(.)erso­ ducir en los sindicatos elementos más conservadores de la clase media
¡leEs-­ para frenar la militancia de las bases. Entre tanto.. los líderes recalcitran­
dbus­ tes de los diferentes frigorificos eran a menudo sustituidos administrati­
tados. vamente por la Federación Nacional de Trabajadores de la Carne, y los
I ante­ disidentes, con frecuencia tildados de comunistas, eran purgados (109).
ciales. Al final, la Federación, cuya tradicional autonomía frente a la más •• pe­
liemo, ronizada" y dócil CGT había sido mantenida' hasta 1950, fue tomada y
.gue a afiliada a la central obrera. A partir de entonces,toda evidencia de una
~ cual­
posición independiente ante el gobierno desapareció de las páginas del
rnunis­ periódico de la Federación, El trabajador de la Carne (110),.
¡contra
.
109. En los primeros meses de 1948, el perl6dieo El Trabajador deJa Carne, de Buenos Aires, in­
formó sobre cinco de tales intervenciones. En julio de 1948 se efectuó una gran división en Ja
~repre­ dirigencia de la Federación, y los nuevos funcionarios que asumieron después de esa fecha
jc:onclusa mostraron una gran conformidad con las poUticas del gobierno. Walter I.Jttle ha examinado
!treportó la lucha en el seno del sindicato en torno a la cuestión del respaldo critico al régimen peronis­
~ode ta en "La tendencia peronista en el sindicalismo argentino: El caso de los obreros de la car­
liíder ante ne", en Aportes, No. 19, enero de 1971, pp. 107-124.
¡operado­ 110. La mayor parte de la información de este párrafo y el siguiente está basada en la lectura de
este periódico, fundado bajo la dirección de Eleuterio Cardoso, ello. de enero de 1948. Car­
" Buenos
Dr!'espon- doso dejó el periódico a comienzos de 1949 para desempefw el cargo de agregado laboral en
Polonia. Deseo agradecer al señor Cardoso por prestarme su colección personal del periódi­
co, por presentarme a otros funcionarios y miembros de su sindicato y por pasar muchas ho­
ras exp6cándome la naturaleza del trabajo en los frlgorificos y el atractivo del peronismo en
216 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA

En estos mismos años~ el flujo de beneficios materiales del Estado


hacia los obreros continuó. Es significativo, sinembargo,que los gran­
des incrementos en los salarios y mejoras en las condiciones de trabajo
logrados entre 1943 y 1947 no fueron superados en los años posteriores.
Los salarios de los trabajadores de la carne se quedaron rezagados con
relación al aumento del costo de la vida por largos periodos de tiempo,
los planes de distribución de ganancias fueron archivados y las nuevas
mejoras en las condiciones de trabajo no se materializaron. El gobierno
trató de apaciguar a los trabajadores de la carne y asegurar la lealtad de
sus lideres mediante programas extralaborales y subvenciones del Esta­
do. A fines de 1947, Mercante, actuando como gobernador de la provin­
cia de Buenos Aires,. abrió un crédito de dos millones de pesos para au­
ministrar atención médica El los trabajadores y sus familias. En 1950 és­
tos ya tenían acceso a un programa de "turismo social" que Mercante
haMa creado con la expropiación, según palabras del órgano de la Fede­
ración de Trabajadores de la Carne, de "una gran cantidad de chalets en
las zonas. balnearias", entregados a los sindicatos para que los obreros
pudieran ir de vacaciones "en lugares antes reservados para las clases
adineradas", Los subsidios gubernamentales y los préstamos con intere­
ses bajos de los bancos controlados por el régimen hicieron posible que
la Federación comprara un elegante edificio de siete pisos en el corazón
del distrito comercial de :Suenos Aires, donde funcionarian sus cuarteles
generales. Los sindicatos de 1& carne recibieron una ayuda similar del
gobierno para establecer sus respectivas sedes en los alrededores de los
principales frigorificos. Los dirigentes sindicales peronistas fueron invi­
tados a banquetes de gala ofrecidos por Mercante y Eva Perón para cele­
brar las pasadas victorias de los obreros de la carne. El 21 de octubre de
1949. por ejemplo, funcionarios sindicales reservaron el reluciente y
otrora coto cultural de la élite porteña, el Teatro Colón de Buenos Aires,
para rendir homenaje a Perón, Eva y Mercante. Originalmente habían
planeado invitar a las bases obreras, explicó a medias el Trabajador de la

los años cuarentas, y después entre los obreros de la carne. Cardoso empezó a trablijar en el
frigorlfico ,. Anglo" a comienzos de la década de 194Q siendo aÚD joven. Desempefió un acti­
vo papel en la gran movilización de los obrerolil de la carne a partir de 1943,1a cual se descri­
be en este ensayo. Con la caida de Parón, se convirtió en un destacado I1der de la reai$tencia
sindical a las politkas antiobrerasy antipero~tas de los s~bsi¡uientes gobierno~ ~s !
civiles. Como secretario general de la Federación de Trab8Jadorelil de la Carne, dirigió la últI­
ma gran huelga de la industria en 1962. Para entonces la industria.de exportación de carne se
hallaba en crisis y el número de empleos en la industria disminuia. La huelga de 1962 duró
cien dias y culminó con la capitulación del sindicato. En décadas recientes, los grandes trigo­
rificos integrados de Argentina, como los de Estados Unidos, han sido remplazados por plan­
tas dispersas geográficamente, ~ho más pequeñas y. especializadas. Desde los ados se­
sentas, los trabajadores de la carne han desempefiado un papel relativamente menor en el
movimiento obrero argentino.
ARGENTINA 217

Carne, pero desistieron cuando se dieron cuenta de que ., no existía un


lugar con capacidad para 60 mil o 70 mil obreros" .
Este cambio en la naturaleza de los beneficios concedidos a los obre­
ros de la carne y sus dirigentes a partir de 1947 fue típico de las politicas
laborales del peronismo durante el periodo y prefiguró las tendencias
que se tornarian más pronunciadas desde 1950. El gobierno peronista
recurrió progresivamente a medios simbólicos y rituales para perpetuar
su influencia y control sobre el movimiento obrero argentino. Esta estra­
tegia se encuentra ricamente documentada en las páginas del Trabaja­
dor de la Carne. A los obreros se les quiso hacer ver los logros alcanza­
dos en la lucha como un maravilloso regalo de Perón.

"Cuando nos detenemos a reflexionar acerca de la evolución experimentada en las


condiciones de vida y de trabajo del proletariado argentino en el último lustro y las
comparamos con las que regían los cinco años inmediatamente anteriores quedamos
sencillamente maravillados. Ha sido tan portentoso el cambio operado por la revolu·
ción justiciaüsta. tan profundas las reformas económicas y sociales y se han produci­
do tan rápidamente que a veces nos parece un suefio. (... 1(La Revoluciónl ha venido
a materializar la!> aspiraciones de las clases laboriosas como por arte de encantamien·
to, ya que se pasó sin transición de la os.curidad a la luz, sin el menor sacrificio, sin
haberles reclamado un esfuerzo extraordinario. Parece un milagro operado por la fe,
y quizá no sea otra cosa".

Se les exhortó a tener fe en una trinidad compuesta por Perón, Mer­


cante (' 'el dilecto amigo de los trabajadores de la carne") y la ., excelen­
tísima señora doña Eva Perón, incansable defensora de los intereses
gremiales". A mediados de 1952, cuando Eva Perón se encontraba al
borde de la muerte, la primera plana del periódico de los trabajadores de
la carne traía un dibujo que la mostraba en una pose que evocaba a la
Virgen Maria. El titular, que tenía el propósito de servir a modo de epi­
tafio oficial, también resumia de manera clara el empuje de la politica
laboral del peronismo: "Su infinita bondad, su amor por los humildes y
su pasión por la causa de Perón hacen que su nombre sea venerado". En
los años cincuentas la politica laboral del peronismo era una caricatura
de lo que había sido. Había transformado los independientes y vigorosos
sindicatos properonistas en pasivos instrumentos, obedientes a los dicta­
dos de Perón. Trató de sustituir el reformismo radical de un proletariado
con conciencia de clase por la lealtad mística a la persona dellider (111) .

111. Las citas de este párrafo y del anterior provienen de El Trabajador de la Carne, marzo de
1950, pp. 2 Y5, septiembre de 1949, p. 9, marzo de 1950, p. 5, enero de 1951, pp. 6-7 Yenero­
junio de 1952, p. 1. A medida que disminuia la independencia del sindicato con relación al
Estado y la burocratización y centralización de la autoridad en su interior aumentaba. el pe­
riódico era publicado con menos frecuencia. A partir de 1946 Eva Perón desempefió un papel
importante en la implementación de la polltica laboral del régimen. Dichas actividades com­
plementaban sus eficaces esfuerzos por organizar el ala femenina del partido peronista. Las
218 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

Los peronistas llegE


núa argentina babia el
Gobernaron, inicialmeI
de la guerra y la pOSgl
A mediados del siglo, la politica laboral peronista, y de hecho todo el precios altos para las el
experimento peronista, estaba en pleno desbarajuste. El gobierno se la industria nacional de
hallaba en una posición en la que ya no podía apoyar o incluso mantener lumen de las exportaci(
la continua expansión del nivel de beneficios materiales conquistado por valor se duplicó con C:f1
los trabajadores en los años cuarentas. Los .salarios reales, en especial producción industrial 9
'. ,
los de los obreros no calificados, que habían aumentado dramáticamente primeros años en el poo
entre 1947 y 1948, empezaron a caer sistemáticamente a partir de enton­ restringidas, reservas I
ces. En 1955, al derrumbarse el gobierno, habían alcanzado aproximada­ durante la guerra. Utili2
mente los mismos niveles de 1943, cuando los militares tomaron el po­ país, comprar los ferrO(
der (112). En la raíz de estos hechol;l estaba el comienzo de una crisis blicos de propiedad en
económica estructural, precipitada en buena medida por las politicas ayudar a financiar estos
económicas y sociales del gobierno mismo, de la cual el país no ha podi­ sufragar las amplias mel
do salir aún 35 años después. La crisis económica llevó a los peronistas a cieron el monopoliO' sobJ
abandonar la politica nacionalista, desarrollista y redistributiva que los ción. La IAPI, la agencu
había conducido al poder y que caracterizó sus primeros años de gobier­ polio, permitía al gobier
no. Desde 1950 el régimen empezó a sustituir la retbrica por la realidad ternacionales del mome
de sus politicas anteriores y a recurrir a la manipulación, la coerción y la to" pero mucho más baj
venalidad para mantener en el poder un gobierno originalmente estable­ beneficio, y emplear las
cido con el apoyo espontáneo y democráticQJie la mayoría del pueblo miento de los crecientes
argentino. nómico, los prograInaS s
La desnaturalización del peronismo no fue, en esencia, el resultado civil y militar (114).
de insolubles problemas económicos causados por las condiciones mun­ Al principio estas po]
diales después de la guerra, como ciertos apologistas han dicho. Tampo­ la viabilidad de la econo
co fue en lo fundamental, una consecuencia de los defectos personales gobierno lograra sus mel
de.un individuo, como muchos críticos liberales sostienen. Su fracaso era bución de la riqueza en fl!
inherente a la econonúa politica corporativista puesta en práctica por el de la clase dominante ni ~
peronismo. Basada en los mitos duales de la armoIÚa de clases y la viabi­ redistribución de la tique
lidad de un "tercer camino" entre los extremos del capitalismo y el so­ industrias argentinas y Pl
cialismo, la econonúa politica peronista se hundió en sus propias contra­ Todas estas politicas •
dicciones. les problemas de reajusl
cambiante economía capi
contradicciones entre el pensamiento y las actividades de Eva Perón han sido reveladas en mente la capacidad de COI
importantes estudios recientes: J. M. Taylor, Eva Perón, Mytlutof a Woman, Chieago, 1979,
y Nicholas Fraser y Marysa Navarro, Eva Perón, Londres, 1980. Los beneficios concedidos a
las mujeres por el gobierno peronista están destacados en Nancy Caro Hollander, "Si Evita 113. Estas cifras son tomadas de
viviera" • en Latín American Perspectives, 1:3, otofto de 1974, pp. 42-57. Peronism", en Rack (ed.I, )
112. Las cifras están adecuadamente resumidas en Spalding, Organized Labor... , Cuadros 17 y 221.
18, pp. 169 Y 175. Por supuesto, dadas la expansión de los programas de bienestar social fue­ 114. Para 1948 los oficiales del ej4
ra del trabajo y la mejorla en las condiciones laborales, en varios sentidos los obreros estaban tamaño del ejército fue redu
aún mucho mejor al final del régimen de Perón que al comienzo. Los obreros perdieron pro­ más que se doblaron entre 1!
porcionalmente mucho menos, después de 1948, que otros grupos sociales: su participación Marvin Goldwert, Democrae;
en el ingreso nacional aumentó en los años cincuentas. 1972,pp.l02-103y83-84.
ARGENTINA 219

Los peronistas llegaron al poder en un momento en el que la econo­


mia argentina había empezado a crecer a una tasa anual de casi 10 % .
Gobernaron, inicialmente, durante un periodo en el cual las condiciones
de la guerra y la posguerra en Europa y Estados Unidos determinaron
,1 precios altos para las exportaciones agropecuarias del país y protegieron
e la industria nacional de competidores foráneos. Entre 1945 y 1948 el vo­
ir lumen de las exportaciones permaneció más o menos constante pero su
Ir valor se duplicó con creces. Durante la misma etapa el volumen de la
II producción industrial se incrementó en una tercera parte (113). En sus
e primeros años en el poder, Perón pudo aprovechar las enormes, aunque
1- restringidas, reservas en libras esterlinas reunidas en Gran Bretaña
l­ durante la guerra. Utilizó tales fondos para cancelar la deuda externa del
r país, comprar los ferrocarriles británicos y los principales servicios pú­
is blicos de propiedad extranjera, y promover la industria nacional. Para
lS ayudar a financiar estos proyectos de desarrollo y generar ingresos para
i­ sufragar las amplias medidas de bienestar social, los peronistas estable­
a cieron el monopolio- sobre la venta de los principales bienes de exporta­
>S ción. La IAPI, la agencia estatal encargada de administrar dicho mono­
r­ polio, permitía al gobierno vender estos productos a los altos precios in­
ld ternacionales del momento, pagarles a los productores un precio "jus­
la to" pero mucho más bajo que de todas maneras les dejaba un pequeño
e­ beneficio, y emplear !as gigantescas ganancias del Estado en el cubri­
,lo miento de los crecientes gastos gubernamentales para el desarrollo eco­
nómico, los programas sociales y la numerosa y bien pagada burocracia
do civil y militar (114).
ill­ Al principio estas políticas económicas y fiscales parecían confirmar
lO­ la viabilidad de la economía política peronista. Hicieron posible que el
leS gobierno lograra sus metas nacionalistas e impulsara una gran redistri­
Ira bución de la riqueza en favor de la clase obrera, sin amenazar la posición
el de la clase dominante ni el principio de la propiedad privada. A su vez, la
bi­ redistribución de la riqueza estimuló la demanda interna para las nuevas
tO­ industrias argentinas y para sus productás de origen rural.
ra- Todas estas políticas eran en parte una respuesta racional a los difíci­
les problemas de reajuste económico enfrentados por Argentina en la
cambiante economía capitalista mundial. La guerra había afectado seria­
f mente la capacidad de compra de Gran Bretaña, el más importante y tra­
,en
J79,
tia a
rita 113. Estas cifras son tomadas de la p. 187 de la buena síntesis de David Rock, "The Survival of
Perorusm", en Rock led.), Argentína ín ibe Twentieib CeDtury, Pittsburgh, 1976, pp. 179­
1'1 y 221.
rue­ 114. Para 1948 los oficiales del ejército flI'gentino eran los mejor pagados del mundo. Aunque el
ban tamaño del ejército fue reducido bajo Perón, la policla fue expandida. Los gastos militares
pro­ más que se doblaron entre 1941 y 1946 hasta representar el 44% de los gastos del gobierno.
OOn Marvin Goldwert, Democracy, Militarism, andNationalismin Argentín,ll, 1930·1966, Austin,
1972, pp. 102-103 Y83-84.
220 LOS TRABAJADORES EN LA HISTORIA ARGENTINA

dicional cliente de Argentina. Al mismo tiempo, el país halló cada vez das partes, y con resuli
más dificil balancear su comercio con Estados Unidos, la nación líder en biernos trataron de usaJ
el sistema capitalista de la posguerra. Las exportaciones argentinas de tar la industria porsusti
grano competían en el mercado mundial con las de Estados Unidos, y los Las desastrosas impl
productores norteamericanos de carne cabildearon exitosamente contra a corto y largo plazo, n(
las importaciones de la mayoria de los productos de carne argentina.