Está en la página 1de 255

Santiago Mata

SILENCIO EN GARABANDAL
El precio pagado por la Virgen

freshbook.es

2
EL ORGULLO HERIDO

Yo he dudado de las apariciones, pero jamás he dudado del milagro. No sé por qué,
no parece normal, pero jamás he dudado del milagro ni del mensaje de la Virgen.

Quien afirmaba esto, hablando el 6 de mayo de 1980 con monseñor Francisco


Garmendia Ayestarán –obispo auxiliar de Nueva York– era Conchita González, una de
las cuatro niñas que, en el verano de 1961, dijeron ver a la Virgen en la localidad
cántabra de San Sebastián de Garabandal, y haber recibido de ella mensajes de gran
trascendencia para la Iglesia y el mundo.
El que unas niñas que afirmaron haber visto cientos de veces a la Virgen dudaran en
algún momento de que realmente fuera la Madre de Dios quien se les aparecía, sin duda
daña la credibilidad del fenómeno. En todo caso, el que se pueda dudar de unas
apariciones, pero no del mensaje por ellas transmitido, y en concreto de la promesa de un
gran milagro, añade complejidad al asunto.
Por si esto fuera poco, quien expresó esas dudas, Conchita, a quien podemos
reconocer el título de principal de las videntes, las llevó al extremo de una negación
expresada ante quien fuera párroco de la aldea de San Sebastián de Garabandal después
de terminadas las supuestas apariciones y hasta 1969.
El que entonces era un joven sacerdote, me relataba el 3 de marzo de 2018 que la
negación de Conchita afectaba a los dos principales mensajes transmitidos por la
aparición, y también a un pequeño milagro –al que Conchita llamaba milagruco,
pequeño en comparación con el gran milagro prometido para el futuro–, la supuesta
comunión que Conchita habría recibido de manos del arcángel San Miguel el 18 de julio
de 1962, cuando la aparición de una hostia en la boca de Conchita fue presenciada por
numerosos testigos.
En estos términos me relató el sacerdote José Olano aquella negación que Conchita
habría manifestado el 15 de agosto de 1966:

3
Me explicó que ella fue la que sacó la forma del sagrario. No me acuerdo si dijo que
todo fuera falso. Categórica, dicho de esa forma, que todo se lo hubiera inventado, no
fue. Conmigo estaba segura de que era mentira. Que no era verdad, que lo había
inventado, no que no hubiera visto nunca a la Virgen. Sí me contó cómo hizo el mensaje,
me parece que lo copió de un calendario. Que lo cogió, no sé de dónde lo cogió.

La afirmación de Olano, aun siendo imprecisa, parece dejar sin validez aquel milagro
que, según se había relatado, pidió Conchita precisamente como prueba para las otras
personas.
Pero el propio testimonio de Olano no está libre de sospecha; habida cuenta de que,
según él mismo me relató, su presencia en Garabandal tenía como objeto impedir que se
siguiera difundiendo el mensaje de las supuestas apariciones, sobre las que el obispo
Vicente Puchol había arrojado el calificativo de falsas:

De Garabandal sabía que empezó en 1961, pero yo no fui nunca ni tuve interés en
conocerlo. Fui por obediencia al obispo que me encargó que las cosas tuvieran un orden,
que no se propagaran porque ya la Iglesia a través del obispo anterior había hablado y
había dicho que allí no había nada sobrenatural y había que mantener una cierta
coherencia y evitar que se hicieran propagandas que no correspondían con lo que la
Iglesia estaba pidiendo.

¿Era realmente la opinión del obispo Vicente Puchol mera continuidad de lo


expresado por el obispo anterior? ¿O Puchol inclinó la balanza del lado negativo,
forzando el descrédito de las apariciones incluso antes de que fueran negadas por
Conchita?
Para que el lector entienda que la pregunta es pertinente me referiré al testimonio que
me dio, el 26 de marzo de 2018, el profesor norteamericano Ed Kelly, que a comienzos
de los años 70 del pasado siglo entrevistó a Julio Poo San Román, entonces periodista
del Diario Montañés (el más importante de Santander), extrañado porque en diversos
artículos presentara versiones contradictorias que supuestamente trataban de desacreditar
la veracidad de las apariciones:

En un artículo dijo sobre el mensaje [supuestamente recibido de la Virgen] que las


cuatro niñas escribieron varias versiones en la escuela y escogieron la mejor para
revelarla. En el otro artículo dijo que Conchita sola escribió el mensaje. Poo San Román
daba también distintas explicaciones para la comunión visible. En un artículo dijo una
cosa y en otro otra. Lo interesante es que no tuve que mostrarle los periódicos. Él me
dijo: señor, yo no escribí esos artículos. Los escribió el obispo [Puchol] y me dijo que los

4
firmara.

La seriedad del asunto, por estar en juego la posibilidad de haber faltado a la verdad,
por una parte, o de haber manipulado a unas menores de edad, por la otra, es evidente.
La duda sobre la honorabilidad de las personas, y más de las que han actuado desde un
cargo relevante, convierte Garabandal en una cuestión de orgullo personal, lo que,
tratándose de españoles, es casi garantía de fracaso, pues si algo puede darse por seguro
es que ninguna de las partes en conflicto rectificará.
Para un católico, es imposible concebir que un suceso inspirado por la Virgen –en el
caso de que las apariciones tuvieran algo de sobrenatural– o la actuación de la Jerarquía
–que sin duda ha ocurrido– tengan como objeto dividir al pueblo de Dios en dos bandos
enfrentados.
Si el enfrentamiento o al menos la división han ocurrido, y de ello parece caber poca
duda, alguna de las partes o las dos han debido cometer errores. Y, si tenemos algo de fe,
hemos de confiar en que estos errores son subsanables.
Que las cuatro niñas, en un momento dado, dudaran y llegaran a negar las
apariciones de Garabandal ha sido el principal motivo por el que llegó a parecer que la
Iglesia católica las daba por falsas.
Sin embargo, el matiz de que las supuestas videntes no afirmaran que todo era falso,
y que con el tiempo se reafirmaran en la realidad de sus visiones, ha hecho que la Iglesia
suspenda el juicio sobre el carácter sobrenatural de las apariciones de Garabandal. La
postura negativa ha sido sustituida por una postura hasta cierto punto neutral.
Aunque la autoridad diocesana –el obispo de Santander– haya suspendido el juicio
negativo de Puchol sobre las apariciones de Garabandal, el clero de esa diócesis, y en
particular la curia diocesana, sigue, en general, no solo pensando que son falsas, sino
manifestando abiertamente, con raras excepciones, esa opinión.
Buena parte de las personas que creen en la verdad de las apariciones de Garabandal,
piensa, en contrapartida, que la autoridad diocesana ha tratado injustamente a las
supuestas videntes y a quienes creen en la verdad de las apariciones.
No pienso que deba imponerse en el fuero interno de cada persona neutralidad
respecto a los hechos de Garabandal. En realidad, eso es casi imposible y es una
obligación que, en principio, solo compete a la autoridad eclesial mientras no tenga datos
definitivos. Los fieles, en cambio, pueden adoptar una postura a favor o en contra,
siempre y cuando respeten la postura contraria.
Esto es lo más sencillo de decir, pero lo más difícil de hacer, y también lo más
urgente. Para conseguirlo, es necesario conocer las razones de ambas posturas. Y, sobre
todo, aceptar que la caridad obliga a conocer y comprender las razones, o incluso las
sinrazones, de la postura opuesta, que no por ello convierte en contrario o enemigo a

5
quien siempre ha de ser mirado como hermano.
En todo caso las referencias que aquí haga podrán completarse con la documentación
que he publicado sobre los personajes de Garabandal y la bibliografía en la página web
https://garabandal.centroeu.com.

6
HOMBRES Y TIERRA BASTIANOS

El pueblo de San Sebastián de Garabandal irrumpió en la historia el 18 de junio de


1961, cuando cuatro niñas afirmaron haber visto un ángel, y a partir del 2 de julio
siguiente, a la Madre de Dios bajo al advocación de Nuestra Señora del Carmen.
Con apenas 60 casas y poco más de un centenar de habitantes, Garabandal era por
entonces una localidad a la que ni siquiera podía accederse en automóvil, en la montaña
de la entonces provincia de Santander y posteriormente Comunidad Autónoma de
Cantabria. El gentilicio de sus habitantes es bastiano, y no garabandalino, como podría
suponerse.
San Sebastián es solo una de las 12 aldeas que componen el término municipal de
Rionansa –con 1.045 habitantes en 2017–, cuya capital es Puentenansa. Lo separan cinco
kilómetros de camino montañero desde Cosío, que ya en el valle del Nansa dista solo dos
de Puentenansa.
En 1845, el Diccionario de Madoz registraba en Garabandal 143 habitantes, de ellos
33 niños, y 30 casas:
Y si en los grandes eventos está ausente Garabandal, tampoco hay demasiados de
alcance local sobre los que quede huella. Uno de ellos es la muerte, el 13 de junio de
1923, del párroco D. Ramón Toribio Obeso, con 83 años, que conocemos gracias a la
esquela publicada en el periódico La Atalaya el 21 de junio.
Menos de dos años después, el Domingo de Ramos 5 de abril de 1925, el nuevo
párroco, llamado Ángel Cosío, daba la Primera Comunión a los niños de la localidad y,
supuestamente por iniciativa del presidente de la Junta Vecinal, Serafín González –
abuelo materno de Conchita–, se plantaron nueve pinos en un repecho de la ladera del
monte situado al sur de Garabandal –490 metros sobre el nivel del mar en la iglesia
parroquial– hacia Peña Sagra, cuyo punto más elevado, el Cornón, alcanza los 2.048 m.
Cada uno de los nueve pinos debía ser plantado por uno de los niños que ese año hacían
la primera Comunión, entre los cuales había una hija de Serafín, llamada Antonia, de
mayor edad que Maximina y Aniceta González, según habría contado la primera a José

7
Ramón García de la Riva –quien lo publica en la p. 126 de sus Memorias–.
Los Pinos, que por tanto desde su origen están vinculados a la Eucaristía, están a una
altitud de 550 metros, en la ladera llamada Gustón, cuya cumbre, Tablada, supera los
860 m. Siempre hacia el suroeste, para llegar al Cornón, hay que pasar por Los Cuetos
(930 m.) y el Cueto de Laurizana (980 m.), bajar a los Invernales de Tánago (850 m.) y
emprender la subida al macizo principal.
En la fecha en que se plantaron los Pinos, ya contaba 16 años, Aniceta González
González: nacida el 19 de octubre de 1908, será la madre de la citada vidente Conchita, y
morirá con 81 años el 7 de marzo de 1990. Su futuro marido, Aniceto González Cuenca,
nacido en 1901, era por tanto siete años mayor y tenía 24 al plantarse los Pinos. Mucho
más jóvenes eran los que serían padres de otra de las videntes, Mari Loli: Ceferino
Mazón González –nacido en 1918, solo tenía siete años– y Julia González González que,
nacida en 1922, apenas tendría tres años.
Aniceto González y Aniceta González se casaron probablemente antes de 1933; en
todo caso su hijo Serafín nació el 26 de febrero de 1934, y el siguiente, Aniceto –
familiarmente conocido como Cetuco–, nacería en 1937, es decir, tras el estallido de la
guerra civil española, en la que la provincia de Santander permaneció en el bando
revolucionario que ya la dominaba desde las elecciones del 16 de febrero de 1936, a
pesar de que solo en la capital habían triunfado las fuerzas revolucionarias.
Terminada la guerra, Garabandal no se queda al margen de los planes del Servicio
Nacional de Obras Hidráulicas, que el 18 de junio de 1939 ordena la construcción de una
presa, orden que se publica el 16 de agosto en el Boletín Oficial de la Provincia de
Santander.
Año y medio después, el mismo boletín –23 de diciembre de 1940– nos confirma que
si por algo destaca el pueblo es por su madera, ya que para el 17 de enero de 1941 la
Junta de Garabandal anuncia una subasta de 600 árboles maderables: 249 hayas y 351
robles, seleccionados de primera calidad.
De la pobreza de la localidad da idea que el 1 de febrero de 1948, el Ayuntamiento
de Rionansa acuerde contribuir con 250 pts. a la suscripción para un vecino de Lamasón,
que perdió en un incendio una cabaña con 20 vacas y con 500 pts. “para idéntico fin” a
favor de Germán Mazón González de Garabandal.
En la misma línea, el año siguiente, el 6 de octubre es la Diputación de Santander en
sesión ordinaria la que acuerda ratificar una propuesta de subvención a la Junta Vecinal
de Garabandal para construir un camino a Cosío.
1949 será el año de nacimiento de tres de las cuatro niñas protagonistas de esta
historia: Conchita González González, hija de Aniceto y Aniceta –que además de a
Serafín y Cetuco habían tenido otro hijo, Miguel–, nacida el 7 de febrero y por tanto algo
más de dos meses mayor que Jacinta González González, una de los ocho hijos de Simón

8
y María, nacida el 27 de abril; solo cuatro días menor, es decir, nacida el 1 de mayo, era
Mari Loli Mazón González, segunda de los seis hijos de Ceferino y Julia. Pasado más de
un año, el 21 de junio de 1950, nacería Mari Cruz González Barrido, hija de Escolástico
y Pilar.
Las ayudas para la construcción del camino no se concretaron, dejando como se verá
en los lugareños la sensación de abandono. Todo lo más aparecerá en el Boletín
provincial, en fecha tan tardía como el 27 de agosto de 1956, una subvención de 750
pesetas de la Diputación “para ayuda de material escolar” en Garabandal. Menos de un
mes después, el 15 de septiembre de 1956, moría Aniceto González Cuenca, cuando su
hija Conchita contaba poco más de siete años y medio. Su hijo Miguel achaca la muerte
a un afección pulmonar:

Mi padre era más alto que mi hermano Serafín, murió de una enfermedad de pulmón
porque había mucho polvo en sus pulmones. La hierba seca que se pone en los establos,
cuando se saca durante el invierno suelta cantidad de polvo y mi padre trabajó en ello
durante toda su vida.

En ese mismo informe sin fecha publicado en garabandal.it, Miguel González habla
de la religiosidad de su hermano Aniceto y de su madre:

Mi hermano Aniceto, que murió en 1966, cuando tenía 28 años de edad, yo creo que
era el más religioso de todos nosotros. Cada noche iba a rezar el rosario con la gente del
pueblo en la iglesia.
Mi madre, no solamente era muy religiosa, sino también muy estricta con sus hijos.
A la noche, si yo estaba fuera, esperaba en la cocina hasta que volviese a casa. Cuando
no había misa en Garabandal, mi madre caminaba algo más de cinco kilómetros hasta la
iglesia de Cosío para ir a la misa de las seis de la mañana y después caminaba de vuelta a
casa y para el trabajo. Esto lo hacía lo mismo con tiempo bueno o malo, en verano o en
invierno.

Tras la muerte de su padre, Conchita marchó a Cabezón de la Sal, donde vivió con la
familia de su prima Lucía Fernández, circunstancia que esta me contaba así el 4 de
marzo de 2018:

Conchita tenía una fuerza de atracción. Estuvo ocho meses en mi casa cuando murió
su padre. Iba conmigo al colegio y cuando íbamos a casa todos los críos del pueblo
venían a mi casa porque los atraía ella, no sé qué tenía que tenía hervor. Y era fuerte,
sufrida hasta el límite. Una vez, jugando al tren, ella iba la última, tropezó contra el árbol

9
y se le metió por la pierna un trozo así de palo en la pierna. Mi madre decía: hay que
llevarla al médico, que estaba con pus. Pues ella hizo presión y lo sacó. Un palo gordo,
que aún tendrá la marca.
Quiero decir con eso que era muy sufrida, extremadamente sufrida. Estaba
acostumbrada, porque Aniceta era una madre muy austera, tremenda, y mi madre
también, eran hermanas, eran iguales. A mí mi madre me tenía así –como un palo–. 8
años tenía ella, al llevarla nosotros porque había muerto su padre, estuvo como 8 meses
en Cabezón de la Sal. En Garabandal estaba la casa de los abuelos, pero mi tío cantó
misa en Cabezón de la Sal y mi madre fue allí porque no tenía más familia, y entonces
mi abuelo compró una casa allí y mi madre ya vivía allí.

Para conocer a los cuatro personajes principales de los sucesos que harán famosa a
Garabandal, puede ser útil mencionar algunos rasgos de carácter y psicología que
anotaron tanto el psiquiatra Ricardo Puncernau como el jesuita polaco Józef
Warszawski. Puncernau dice en el folleto que publicó en 1968 (p. 14):

El examen neurológico de las niñas es normal. María Dolores y Conchita tienen unos
reflejos vivos. Jacinta y Mari Cruz, en cambio, lentos y apagados.

El psiquiatra catalán percibió una gradación de vivacidad mental, tanto en


inteligencia pura como en personalidad, que situaría en primer lugar a Conchita, seguida
por Loli, Jacinta y Mari Cruz. Todas ellas, a sus 12 y 11 años, en comparación con niñas
de ciudad, representaban “una edad mental menor”:

Mayormente Conchita y María Dolores [tienen], una inteligencia bien desarrollada,


de tipo intuitivo, con capacidad de concentración, juicio y memoria considerablemente
buenas. Tienen una afectividad noble y bien dirigida. Su sugestibilidad ha sido
explorada, sin encontrar que se diferencie notablemente de la normalidad.
Llama la atención, principalmente en Conchita, una imaginación rica y expansiva,
con una gran ideación y fantasía e incluso tendencia a la fabulación. Esta gran
imaginación se ha dado también en otras videntes. Así, por ejemplo, Santa Bernadette,
sor Lucia de Fátima, etc.
En conjunto son niñas perfectamente integradas. Son alegres y traviesas. Nunca
hemos observado estados de beatería patética, como se acostumbra a ver en los
histéricos, ni antes, ni después de los trances, ni en su vida ordinaria. No se les aprecia
ganas de exhibirse y de llamar la atención.

La capacidad de fabular, que Puncernau considera normal o incluso propia de

10
videntes que podríamos llamar ortodoxas, es el punto en el que Warszawski quiso
centrar su atención cuando el 30 de septiembre de 1965 interrogó a Conchita, quien
respondió negativamente a toda esta batería de preguntas del jesuita polaco:

− ¿No has estado nunca enferma? ¿No padeces dolores de cabeza? ¿No te duele
ahora? ¿No te dolía de niña?
− ¿Te gusta soñar? ¿Te molestan tal vez algunos pensamientos?, ¿o quizá sueños? Y
cuando llevas el ganado a pastar al campo, ¿no tienes visiones y fantasías? Por ejemplo:
Cuadros de las reinas de los cuentos; seguramente habrás leído algunos, vestidas con
bonitas ropas y acompañadas de grandes séquitos. ¿No sueñas con tu futuro? ¿Ves lo que
va a suceder?

Poco más de un mes antes de comenzar los sucesos que vamos a detallar, la
provincia y diócesis de Santander sufrió una fuerte sacudida: la muerte, el 6 de mayo de
1961, del que durante 32 años había sido su obispo, monseñor José María Eguino y
Trecu.

11
LAS APARICIONES DEL ÁNGEL

Cuatro niñas de 11 y 12 años se preparaban a fines de junio de 1961 para un visita de


la Virgen que, según ellas, les había anunciado un ángel. Aparte de los relatos de cientos
de testigos, la fuente más precisa para conocer lo que pasó es el Diario que Conchita
González escribió a partir del 1 de noviembre de 1962.
El 18 de junio de 1961 era domingo y en el pueblo se celebraba un baile –los
dominicales eran con pandereta, en la socarrena, cubierto normalmente usado para
almacenar carros, en el primer repecho que sube desde la plaza en la que está el
teléfono–, al que Conchita se refiere indirectamente al relatar (p. 15) que “nos
encontrábamos todas las niñas jugando en la plaza”:

De repente Mari Cruz y yo pensamos ir a coger manzanas y nos dirigimos


directamente allí, sin decir nada a nadie que íbamos a coger manzanas.
Las niñas al ver que nos alejábamos las dos solas nos preguntaron:
− ¿A dónde vais?
Nosotras les contestamos:
− ¡Por ahí!

Conchita González González y su amiga Mari Cruz González Barrido iban a coger el
fruto del único manzano que había en el pueblo, y que pertenecía al maestro que daba
clase a los niños de la localidad –a las niñas, aunque en el mismo edificio, hoy
desaparecido, frente a la iglesia, les daba clase la maestra Serafina Gómez González–.
Conchita había cumplido 12 años el 7 de febrero, mientras que a Mari Cruz le
faltaban tres días para cumplir los 11 años. Otras tres niñas percibieron la partida de las
dos amigas y las siguieron hasta el huerto del maestro, a las afueras en el lado izquierdo
de la callejuela o camino de piedra por el que se subía a los Pinos, zona que en el pueblo
se llamaba la campuca.
Se trataba de Mari Loli Mazón González y Jacinta González González, que tenían 12

12
años y casi la misma edad, ya que habían nacido respectivamente el 1 de mayo y el 27 de
abril de 1949. Jacinta era el nexo entre Conchita y Mari Cruz, con quienes ya había ido
una semana antes a coger manzanas, y Loli, según contó al jesuita padre Benac:

Dije a Loli:
− Me parece que van a estar donde el manzano porque el último domingo Conchita,
Mari Cruz y yo fuimos al manzano a coger manzanas.
Jacinta: Vimos a Conchita y Mari Cruz moviendo las ramas del manzano y les
gritamos:
− ¿Qué estáis haciendo?
Entonces ellas intentaron esconderse pero nosotras saltamos dentro del huerto desde
la pared de piedra que bordea la calleja y nos reunimos con ellas a comer las manzanas.

Solo Conchita anota que la quinta niña tenía nueve años y se llamaba Ginia (p. 16):

Al vernos coger manzanas exclamó Jacinta:


− ¡Ay Conchita, que coges manzanas!
− ¡Calla le contesté yo, que te oye la señora del maestro y se lo dice a mi mamá.
Yo me escondí entre las patatas y Mari Cruz echó a correr por las tierras.
Entonces Loli exclamó:
− ¡No corras Mari Cruz que te vimos, ya se lo diremos al dueño!
Entonces Mari Cruz vuelve a donde mí y salimos de nuestro escondrijo para
reunimos todas. Estando hablando llamaron a la cría que venía con Jacinta y Loli, y se
fue. Nos quedamos las cuatro solas y pensándolo mejor, volvimos las cuatro a coger
manzanas. Cuando estábamos más divertidas oímos la voz del maestro, quien al ver que
se movían tanto las ramas, creyó que eran las abejas y le dijo a su mujer Concesa:
− ¡Vete al huerto, que andan las abejas donde está el manzano!
Nosotras al oírlo, nos entró mucha risa. Cuando ya nos llenamos los bolsillos
echamos a correr para comerlas más tranquilamente en el camino, o sea en la calleja.

Comer las manzanas del maestro era una travesura, pero nada grave, según Plácido
Ruiloba, vecino de Santander, donde falleció el 8 de abril de 2016, que pronto se ganaría
la confianza de las niñas y sus familias. En un vídeo publicado en YouTube por Félix
Pascual el 12 de marzo de 2012, afirma Ruiloba:

Coger fruta no se consideraba un robo. Sí se consideraba un robo el ir a coger un


“brazao” de hierba.

13
Como se ve por el intento de denuncia de Loli, su grado de amistad con Conchita era
cuando menos escaso. A las 20,30 las niñas dijeron verse sorprendidas:

Estando entretenidas comiéndolas escuchamos un fuerte ruido como de trueno.


Y nosotras exclamamos a la vez:
− ¡Parece que truena!

Tras el susto llegó el arrepentimiento, y el recuerdo de lo que recientemente el


párroco les había enseñado sobre las tentaciones del demonio y la ayuda del ángel
custodio (p. 17):

Una vez terminadas las manzanas, digo yo:


¡Ay, qué gorda! Ahora que cogimos las manzanas, que no eran nuestras, el demonio
estará contento, y el pobre ángel de la guarda estará triste.
Entonces empezamos a coger piedras y a tirárselas con todas nuestras fuerzas al lado
izquierdo. Decíamos: ahí estaba el demonio.
Una vez cansadas de tirar piedras y ya más satisfechas empezamos a jugar a las
canicas con piedras.
De pronto se me apareció una figura muy bella con muchos resplandores que no me
lastimaban nada los ojos. Las otras niñas Jacinta, Loli, y Mari Cruz al verme en este
estado creían que me daba un ataque, porque yo decía con las manos juntas: “¡Ay! . . .
¡Ay! . . .” Cuando ellas ya iban a llamar a mi mamá se quedaron en el mismo estado que
yo y exclamamos a la vez: “¡Ay, el Ángel!”.
Luego hubo un cierto silencio entre las cuatro... y de repente desapareció.

En 1966, Conchita contó al jesuita polaco Józef Warszawski que el ángel apareció “a
la izquierda, lejos, en el aire. Luego estaba cerca”. Parecía un niño pequeño, de unos
nueve años, tal vez menos. Y estaba inicialmente enfadado, según la respuesta de la niña
cuando el sacerdote le preguntó si la cara del ángel era bonita:

− ¡Oh, no! ¡No, tenía una cara terrible y parecía como enfadado! Al principio las
otras niñas no veían nada, y cuando me vieron a mí se asustaron y empezaron a gritar.
Yo las indiqué la aparición y dije: ¡Allí, allí!

Aunque la transcripción del Diario da la impresión de que Conchita se quejaba,


lanzando ayes como si algo le doliera, el sacerdote polaco entendió que en vez de
interjección usó un adverbio indicativo para señalar a un ser que llevaba alas a ambos
lados “pequeñas, como en los dibujos –e indicó con la mano unos trazos ovalados

14
irregulares”, con las uñas de las manos bien cortadas y “con las palmas vueltas hacia sí y
hacia arriba”.
La aparición no habría dicho nada. Conchita hizo otra descripción del personaje en
1967 a la pintora Isabel Daganzo, transmitida por García de Pesquera (capítulo X de la 1ª
parte):

Representaba como nueve años, ojos negros, sonriente, alas desplegadas de color
fuego pálido, vestido azul claro. No le veíamos manos. No tocaba con el borde del
vestido la piedra que la gente ha dado en llamar la piedra del ángel: estaba sobre ella,
pero en el aire.

Conchita relata en su Diario (p. 18) que fueron en dirección a la iglesia, pasando
antes por el baile:

Entonces una niña del pueblo, que se llama Pili González nos dijo:
− ¡Qué blancas y asustadas estáis! ¿De dónde venís?
Nosotras muy avergonzadas de confesar la verdad le dijimos:
− ¡De coger manzanas!
Y ella dijo:
− ¿Por eso venís así?
Nosotras le contestamos todas a una:
− ¡Es que hemos visto al Ángel!
Ella dijo:
− ¿De verdad? ...
Nosotras: sí, sí... y seguimos nuestro camino en dirección a la Iglesia, y esta chica, se
quedó diciéndoselo a otras.
Una vez en la puerta de la Iglesia y pensándolo mejor nos fuimos detrás de la misma
a llorar. Unas crías que estaban jugando nos encontraron y al vemos llorar nos
preguntaron:
− ¿Por qué lloráis?
Nosotras les dijimos:
− Es que hemos visto al Ángel.
Ellas echaron a correr a comunicárselo a la señora maestra.
Una vez que terminamos de llorar a la puerta de la Iglesia, entramos en ella. En aquel
mismo momento llegó la señora maestra toda asustada y en seguida nos dijo:
− Hijas mías, ¿Es verdad que habéis visto al Ángel?
− ¡Sí señora!
− ¿A la mejor es imaginación vuestra?

15
− ¡No, señora, no! Hemos visto bien al Ángel.
Entonces la maestra nos dijo:
− Pues vamos a rezar una estación a Jesús Sacramentado en acción de gracias.

Doña Serafina se convirtió así en el primer adulto al que las cuatro videntes contaron
su versión. No tuvo mayor obstáculo en dar crédito a las niñas y les propuso rezar un
padrenuestro, un avemaría y un gloria, repetidos seis veces, en señal de adoración a
Jesucristo presente en la Eucaristía, añadiendo habitualmente un credo y una salve.
Al margen del hecho de que en su Diario Conchita siempre lo escriba con
mayúscula, nadie parece haber encontrado extraño que las niñas se refirieran a su visión
como el ángel y no un ángel. La explicación podría estar en que el habla montañesa
recurra con frecuencia al artículo definido y menos al indefinido o indeterminado.
Habían pasado las nueve de la noche y Conchita recordaba que su madre, doña
Aniceta, cuyo dulce tono de voz no disminuía la seriedad y rigor de una viuda capaz de
sacar adelante a su familia, le había advertido que volviera antes de caer la noche:

− ¿No te he dicho ya que a casa se viene de día?


Yo, toda asustada por las dos cosas: por haber visto aquella figura tan bella y por
venir tarde a casa, no me atrevía a entrar en la cocina y me he quedado junto a una pared,
muy triste, y le dije yo a mi mamá:
− He visto al Ángel.
Ella me respondió:
− ¡Todavía de venir tarde a casa me vienes diciendo esas cosas!
Yo le respondí de nuevo:
− Pues yo he visto al Ángel.
Ella me respondió lo mismo, pero ya más dudosa de que yo hubiera visto al Ángel.

Peor suerte tuvo Mari Cruz, a quien su madre Pilar –que no era de Garabandal, sino
pasiega, es decir de la comarca al sur de Santander, mientras que Garabandal está al
suroeste– trató cuando menos con dureza, según el texto que reproduce García de
Pesquera (p. 43):

Aquel día reñí mucho a Mari Cruz. No he pegado ni regañado a mi hija, al principio
sí.

Al día siguiente, lunes 19 de junio, las niñas se afirmaron en su relato, a pesar de que
la mayoría de la gente no las creyó (p. 19):

16
Fue un día que nada más hablaban de eso. A nosotras nos preguntaban que cómo era
y nosotras todas contentas de la bella figura que habíamos visto lo decíamos muy
seguras porque algunas personas dudaban de si sería verdad. Y nosotras les decíamos:
cómo era; cómo iba vestido . . . muy resplandeciente.
Pero la más de la gente se reía de nosotras, pero a nosotras lo mismo nos daba como
sabíamos que era verdad. Estas conversaciones se hablaron a las diez de la mañana,
cuando ya nos íbamos a la escuela.

Allí se encontraron de nuevo con la maestra dubitativa pero benevolente. La novedad


fue el primer interrogatorio del párroco, don Valentín Marichalar, que vivía en Cosío,
pero subió a Garabandal (p. 20):

Cuando salíamos de la escuela cada una se dirigió a su casa. Pero ese día Jacinta y
Mari Cruz salieron juntas y se encontraron con el Párroco del pueblo don Valentín
Marichalar, quien les dijo todo asustado lo siguiente: ¡A ver, a ver! ¿Es verdad que
vísteis al Ángel? Ellas le contestaron a la vez:
¡Sí, señor!
− ¡No sé, no sé si nos engañáis ..., les repuso.
Ellas sonriendo añadieron:
− ¡No tenga miedo que hayamos visto al Ángel! Y siguieron su camino hacia sus
casas.
El Párroco caminaba a ver dónde estaba yo, me encontró ya cerca de mi casa, llegó
todo nervioso y me dijo:
− ¡Conchita, sé sincera, ¿qué visteis anoche?
Yo le expliqué todo... Él me escuchaba muy atento y al final me dijo:
− Pues esta tarde si lo veis, le preguntaréis que quién es y a qué viene; a ver qué te
responde.
Le dije que así lo haría y el Párroco se marchó a casa de Loli a ver si coincidíamos
todas. Yo seguí mi camino para mi casa.
Loli contestó lo mismo que nosotras. Así, él estaba cada vez más impresionado,
porque coincidíamos las cuatro en todo. Finalmente dijo:
− ¡Bueno! vamos a esperar dos o tres días para ver qué os dice y ver si seguís viendo
aquella figura que decís ser un Ángel. Y agregó el Párroco:
− Entonces iré donde el señor Obispo.

Después de las clases de la tarde, Conchita fue a casa de la señora a la que


compraban la leche, quien le dijo (p. 21):

17
− Yo, a ti te conozco muy bien, sé que no mientes y creo que ves al Ángel, pero a las
otras niñas no las trato con frecuencia y no sé.
Entonces yo le dije:
− Pues lo hemos visto las cuatro, Loli, Jacinta, Mari Cruz y yo, y todas decíamos lo
mismo.
Ella ya no me contestó nada y yo me fui para mi casa con la leche. Cuando llegué a
casa le dije a mi mamá:
− ¡Mamá, me voy a rezar a la calleja!

En casa de los González estaba haciendo unas reparaciones el albañil Pepe Díez –
José Díez Cantero–. Según la tesis publicada en 2018 por Saavedra (Garabandal, p. 34-
35, citando a su vez la página 248 del libro de R. Pérez), el albañil recordaba haber
advertido a las niñas y discutido con el hermano mayor de Conchita, tras la decidida
respuesta de la niña:

Si seguís con eso, habrá que dar parte a la Guardia Civil; y ellos vendrán, tomarán
declaraciones, os someterán a interrogatorio… y a lo mejor termináis en la cárcel. ¿Y los
líos en que se verán metidas vuestras familias? Gastos, disgustos, vergüenzas… Ellas le
oían un poco asustadas, y sin replicar; pero al final dijeron que qué iban a hacer, que
ellas no habían inventado nada, y que no podían dejar de ir, por si volvía el Ángel.
Pues que nos lleven a la cárcel, y a mi papá y a mi mamá también [siendo huérfana
de padre, difícilmente pudo responder esto Conchita, a no ser que se refiriera a su
hermano]; pero nosotras hemos visto al Ángel. Y entonces el hermano de Conchita se
enfadó –cuenta Díez–, que no quería que hablarían nada de esto y dije: Oye, deja, que
parece que tu hermana y las otras no se han asustado por lo que yo he dicho, me parece
que no les importa o no comprenden lo que es ir a la cárcel.

En su Diario, Conchita solo anota que Pepe dijo riendo a Aniceto:

− ¿Van a dejar ir a rezar a Conchita?


Mi hermano repuso:
− ¡Conchita, no se te ocurra ir a rezar! la gente se reirá de ti y de nosotros, seguirán
diciendo que dices ver al Ángel y que eso es mentira! ¡No se te ocurra ir!
Pero yo, ¡claro! le insistía a mi mamá y cuando estaba en esto, llegaron las otras tres
niñas y me llamaron.
Mi mamá se puso nerviosa y dijo:
− ¡Ay Dios mío; en qué líos os habéis metido!
Nosotras le decíamos:

18
− ¡En ninguno!
Entonces mi mamá dudando si sería verdad y con tal que la dejara en paz, me
permitió ir; y muy contentas nos fuimos a ese lugar llamado Calleja (un trocito de Cielo).

En el Diario (p. 22) Conchita afirma ser ella quien dio ese apodo a esa calle, y
termina la jornada con el encuentro con la maestra y, en contraste con la ingenua
interpretación que esta hizo de la ausencia de visión, se completa con una inspiración o
locución interior que las niñas dijeron sentir:

− A ese sitio yo le puse la Calleja cuando llegamos a él, nos pusimos a rezar y la
gente, y los niños nos miraban, pero los niños se escondían tras la cerca o entre el maíz y
nos tiraban piedras. Nosotras les decíamos que no nos tiraran piedras, pero ellos se reían
y nos seguían tirando. Estuvimos allí rezando el rosario y nos quedamos un rato
esperando para ver si venía el Ángel. El cielo estaba muy nublado y había mucho cierzo.
Cuando ya se hizo tarde bajamos a la Iglesia, pero en el camino encontramos a la
señora maestra que nos preguntó:
− ¿Habéis ido hoy a la Calleja?
− Sí, le contestamos, pero muy tristes por no haber visto al Ángel.
Ella añadió:
− No os preocupéis. ¿Sabéis por qué no le habéis visto? porque está muy nublado y
por eso no viene.
Y eran las ocho y media de la noche. Fuimos a hacer una visita al Santísimo y cada
una nos fuimos para nuestras casas.
A mí, cuando llegué me preguntó mi mamá:
− ¿Has visto al Ángel?
Yo le dije que hoy no le habíamos visto. Luego me puse a hacer mis labores, como
siempre, cené, y me fui a dormir a las diez menos cuarto, pero como no podía dormir me
puse a rezar y oí una voz entonces que me dijo:
− NO OS PREOCUPÉIS QUE ME VOLVERÉIS A VER.
Esta voz, como me contaron al día siguiente las otras tres niñas, también la oyeron
ellas. Yo me quedé tranquila después de oír la voz y seguí rezando, con mucha duración,
hasta que me quedé dormida.

A diferencia del más famoso viento seco que encajonado en el valle del Ebro es de
componente noroeste, el cierzo cántabro es viento frío del norte, y con frecuencia causa
neblinas. El 19 de junio aparecía, pues, discretamente, un nuevo fenómeno: el de las
locuciones, con una sencilla frase que las niñas atribuyeron al ángel visto el día anterior.
Tampoco el martes 20 de junio afirmarán las niñas ver ningún ángel en la calleja,

19
donde estuvieron rezando solas, y eso gracias a que las otras tres arrancaron a doña
Aniceta permiso para Conchita; según ellas hubo, de todos modos, una señal luminosa
sobrenatural que se sintieron obligadas a comunicar al párroco (p. 24-25):

Terminamos y el Ángel no venía, decidimos ir a la Iglesia y cuando nos


levantábamos, pues estábamos de rodillas, vimos una luz muy resplandeciente que nos
rodeaba a las cuatro y no vimos más que esa luz y gritamos como con miedo. Entonces
desapareció aquel resplandor tan grande y nos fuimos a nuestras casas pues eran ya las
nueve y media y no fuimos a la Iglesia porque era muy tarde. En nuestras casas no
dijimos nada a nadie.

El miércoles 21 de junio, cumpleaños de Mari Cruz, supondría un vuelco,


convenciéndose la mayoría de la realidad de lo que las niñas dijeron ver después de
haber rezado el rosario más una estación (p. 26):

Nosotras le preguntamos que quién era y a qué venía, pero Él no nos contestó nada.
Terminada la aparición la gente estaba muy nerviosa y exclamaron:
− ¡Ay hijas mías, cuando volváis a ver al Ángel le decís que nos perdone por no
creer! Y algunas se pusieron a llorar. En especial, una señora llamada Clementina quiso
llamar a toda la gente del pueblo, pero iba a llamarla cuando el Ángel desapareció.
Entre esas personas había una tía mía a la cual otra señora le decía:
− ¿Tú has visto al Ángel?
Mi tía le contestó:
− Yo no le he visto, pero si vosotros no creéis en esto, no creéis en Dios.

El jueves 22 de junio fue el primer día en que se quedó el párroco a ver lo que
sucedía después de que las niñas rezaran el rosario. Ya habían pasado los dos o tres días
de plazo que el 19 se dio para ir a informar al obispo, pero no parece haber acudido.
También consta por primera vez la presencia de guardias civiles y de un profesor
forastero (p. 27):

Al vernos en éxtasis, la gente empezó a gritar y a decir que esto era cierto, estaba
también un profesor, su nombre es Manín. Algunos del pueblo decían que él era el que
nos preparaba y le querían meter a la cárcel y se lo repetían a los guardias que vinieron al
principio, ya que terminada la aparición nos llevaban a casa de un señor del pueblo, para
preguntarnos cómo habíamos visto al Ángel.

Del profesor Manín o Manuco, que algunos piensan es diminutivo de Manuel, y

20
otros de Germán, se sabe que iba a Garabandal a dar clases al hijo del indiano –
emigrante regresado de América– Eustaquio Cuenca González –Taquio–, quien a su vez
tenía una hermana llamada Daniela. Los guardias civiles, a los que mandaba el brigada
Juan Álvarez Seco, estuvieron dispuestos a detenerlo este día, por no saber que el
párroco le encargó tomar nota de lo que decían las niñas, según escribirá Seco en un
informe:

Este maestro tenía que estar pendiente de las niñas y acompañarlas durante las
apariciones para escuchar lo que decían y tomar nota. La gente empezó a decir que si las
hipnotizaba, que si les daba píldoras u otras cosas por el estilo. Cierto día, después de la
aparición, me avisa un compañero, sargento, que el maestro se ha llevado a Conchita a
casa del indiano, y que va a resultar verdad lo que la gente está diciendo. Me traslado
inmediatamente a la mencionada casa y me encuentro, efectivamente, al maestro con la
niña en una habitación; le pregunto el por qué de aquello, y me responde que lo hace por
encargo de don Valentín, para ir reuniendo datos que luego se presentarían en un
informe al señor obispo.

El citado brigada se había hecho cargo el 1 de abril de 1961 de la Línea –sección– de


la Guardia Civil en Puentenansa, y desde los primeros días envió al cabo José Fernández
Codesido para que le mantuviera informado sobre los sucesos. Álvarez Seco no redactó
un informe extenso sobre Garabandal hasta el 7 de marzo de 1969, a pesar de lo cual sus
recuerdos se mantenían tan vivos que en dicho informe aseguraría que “hoy cuando han
transcurrido siete y más años, continúo recordándolo día por día”.
El viernes 23 de junio, sin haber consultado con el obispo, el párroco se aventuró a
hacer una valoración positiva de los sucesos, por primera vez presenciados por mucha
gente “pues los del pueblo lo habían contado a los de Cosío, Puentenansa, Rozadío,
etc.”:

A las nueve menos cuarto vino el Ángel, la gente seguía muy impresionada tanto del
pueblo como los que habían ido de los pueblos vecinos. Cuando terminó la aparición
toda la gente nos besaba. Ese día los guardias no quisieron que el profesor nos llevara y
fuimos con el Párroco a la Sacristía, donde nos preguntó, llamándonos a una por una
para ver si coincidíamos.
Nosotras le decíamos cómo le veíamos.
Luego que terminó de preguntarnos salimos junto con él, el cual dijo a la gente:
− Hasta ahora todo parece ser de Dios, pues coinciden las cuatro.
Al oír esto la gente se puso muy contenta de que fuera de Dios.

21
El sábado 24 asistieron forasteros y todo el pueblo de Garabandal, con la
particularidad de que la aparición comenzó sin dar tiempo a rezar el rosario, y de que la
figura llevaba un cartel, de cuyo contenido dijeron las niñas no haber retenido más que
dos palabras (p. 28):

Ese día le vimos un letrero debajo de él que decía: HAY QUE ... y en la segunda
línea números romanos.
Nosotras le preguntamos que qué quería decir aquello. Él se sonreía pero no nos dijo
nada.
Cuando se terminó la aparición nos llevaron los mozos del pueblo en un carro para
que no nos atropellara la gente y no nos besaron. Nos llevaron a la Iglesia y ahí nos
metió Don Valentín, el párroco, una por una para que le dijéramos cómo era.

El domingo 25 las presuntas apariciones cumplían una semana. La novedad fue la


presencia de cinco sacerdotes y del maestro de Cosío, ninguno de los cuales daba crédito
a los sucesos; de al menos tres médicos –“muchos”, según Conchita– y de un primer
fenómeno extraordinario relativo al peso de esta niña; así como el estreno del artilugio
denominado cuadro, que servirá para proteger a las videntes. Saavedra (p. 40 de 2018),
considera que fueron los guardias civiles quienes lo colocaron “para delimitar una zona
de protección para las niñas durante los éxtasis. En aquel espacio solo se permitía entrar
a médicos, sacerdotes y familiares más allegados a las pequeñas”, lo que no fue óbice
para que algunos médicos u otras personas pincharan y clavaran sus uñas en las piernas
de las pequeñas, según el Diario (p. 29):

Cuando vino el Ángel, estuvo presente el maestro de Cosío pero ese día no creía y
decía que todo era comedia y a mi hermano se lo dijo:
− Qué bien lo hace tu hermana.
Pero mi hermano no respondió nada.
Ese día el médico nuestro de cabecera cuando yo estaba viendo al Ángel, me cogió a
mí, me levantó y me dejó caer de una altura como de un metro más o menos y al caer
mis rodillas sonaron como una calavera.
Mi hermano intentó quitarlo pero una fuerza interna lo echaba hacia atrás, de esto yo
no me daba cuenta, pero la gente me lo contó después. Terminada la aparición toda la
gente se veía muy emocionada y todos querían ver mis rodillas y yo no sabía para qué.
Entonces serían como las 8 y media de la noche. Nos fuimos a la Iglesia a rezar a
Jesús Sacramentado; luego nos llevaron a la Sacristía donde había muchos médicos y
sacerdotes. Nos hicieron muchas preguntas y algunos de los sacerdotes no lo creían,
otros sí. Pasado un buen rato nos miramos las piernas que estaban llenas de pinchazos,

22
pellizcos o de uñas que nos habían clavado pero no nos dolía, aunque sí estaban
marcadas.

Gustavo Morelos afirma haber oído “de un testigo autorizado que ha conversado con
el médico” –José Luis Gullón, responsable de Garabandal, vivía en Puentenansa– que la
altura de la caída “no pasó de los 75 cm. También es cierto que no la dejó caer
voluntariamente, sino que se debió a una especie de aumento de peso repentino en la
niña”.
Después de haber entrevistado al párroco, Ramón Pérez escribió que don Valentín
Marichalar fue al obispado “cinco o seis días después del primer éxtasis”, lo que lo
situaría entre el viernes 23 y el sábado 24; pero tanto esos días como el anterior –22– los
éxtasis fueron presenciados por Marichalar, lo que difícilmente se compaginaría con
viajar a Santander, mucho menos el domingo 25, lo que hace más plausible la fecha del
lunes 26 para el primer encuentro con el obispo. Sea como fuere, según transmitió a
Pérez, monseñor Doroteo Fernández no se tomó en serio los sucesos:

El obispo le respondió: Todo esto no es serio, ya verá; eso se apagará rápidamente,


no le preste atención… esté alerta por si acaso, pero sobre todo no se preocupe. Y volvió
de Santander –decía él– con las manos vacías.

En cuestión de días, sin embargo, “constituyó Mons. Fernández la Comisión de


estudios que reclamaba don Valentín”, en opinión de Saavedra (p. 40 de su libro de
2018), aunque tal constitución nunca se hizo pública, ni sus atribuciones, sino que
consistió supuestamente en un encargo al sacerdote Francisco Odriozola:

Odriozola en persona completó el grupo con tres sacerdotes y dos médicos. Los
sacerdotes eran Juan Antonio del Val –después Obispo de Santander–, José María Saiz,
profesor de reconocida formación teológica en la Diócesis, y Agapito Amieva –Provisor
del Obispado de Santander–, aunque la participación de este en los trabajos de la
Comisión fue menor. El médico principal de la Comisión fue el Dr. Luis Morales
Noriega, licenciado en Zaragoza en Neurología y Psiquiatría y avalado por el prestigio
de ser el Jefe de Salud Mental de Cantabria; el segundo, el Dr. José Luis Piñal Ruiz
Huidobro, con estudios en Medicina Psicosomática, Geriatría, Endocrinología y
Medicina Interna, pasando el tiempo sería Presidente de la Comisión de Deontología del
Colegio de Médicos de Cantabria. La Comisión se sirvió en ocasiones de peritos como,
por ejemplo, el Dr. Peláez, médico de Valladolid.

Francisco Odriozola nació en Santander el 11 de mayo de 1925, como primer

23
vástago del matrimonio celebrado el 26 de mayo de 1924 entre Francisco José de
Odriozola y Díaz de la Espina –9 de junio de 1897-13 de diciembre de 1981– y Josefa
Hipólita Argos Madrazo (22 de agosto de 1898-2 de mayo de 1969). Fue profesor de
enseñanza primaria desde 1944 y se diplomó en Sociología en 1950. En 1952 se licenció
en Teología y fue ordenado sacerdote en Comillas, pasando a atender la parroquia de
Santa Lucía y la propia catedral en Santander, y doctorándose en Derecho Canónico en
Comillas en 1957.
Odriozola, que se había ordenado a la edad relativamente madura de 27 años, tenía
36 cuando apareció por Garabandal. En cambio, el doctor Morales contaba 54, ya que
había nacido en 1907. Su padre y homónimo dirigía el Sanatorio Peña Castillo en
Cazoña, hoy un barrio dormitorio de Santander, 5 km al oeste de la playa del Sardinero –
y con un gran parque que lleva el nombre del Dr. Morales–, en el que estuvo internada
desde el 23 de agosto de 1940 la escritora y pintora surrealista británica –y luego
mexicana– Leonora Carrington (1917-2011), como más conocida paciente.
El hijo del director, Luis Morales Noriega, no solo se había licenciado en Zaragoza
(1930), sino que completada su formación en Alemania y Suiza, se estrenó como
director del Hospital, más tarde del Generalísimo, en San Sebastián, al poco de
conquistada la ciudad por los sublevados en 1936. A principios de la década de 1940
estuvo en plantilla en el llamado manicomio de Santa Isabel de Leganés, en Madrid, y
pronto destacó por sus aptitudes literarias.
En 1945, Morales publicó un libro de siete capítulos titulado Cómo son y cómo
piensan las mujeres, en el que afirmaba que la conducta femenina no es racional, pero no
por ello inferior, sino superior a la masculina (p. 11):

La intuición femenina, que es una defensa para no ser analizada y conocida, y que en
la mujer es también superior al raciocinio o a la forma de pensar del hombre. Las
mujeres no tienen la culpa; son tan solo víctimas de los hombres, que al perseguir
brutalmente las sensaciones materiales de todos sus instintos, se agotan en la misma
materia.

De hecho, habiendo afirmado la mayor sensibilidad femenina, Morales asigna a las


mujeres el papel de orientar a los hombres (p. 81):

Las mujeres sienten los problemas futuros, son a manera de barómetros que
barruntan la paz o la pérdida de un equilibrio familiar o colectivo; de una raza o de un
pueblo. De ellas parten siempre las protestas y denuncia de las necesidades; las mujeres
señalan a los hombres el rastro que ellos tienen que seguir con su inteligencia y
estructura psíquica, basada en el raciocinio, para la solución de los problemas que ellas

24
acusaron. Las mujeres exigen de las condiciones físicas humanas más resistentes –que
son las de los hombres–, la aportación material a las posibles soluciones de una
civilización. Son las mujeres las que como estaciones receptoras sintonizan, y las que
obligan al hombre a ampliar sus percepciones, limpiar las impurezas y a divulgar las
soluciones de lo que ellas captaron, en el mundo filosófico, psicológico o social.

Sin poder prever que le va a tocar examinar un fenómeno de masas relacionado con
la religión, descalifica como impropio de la religión todo lo que está motivado por la
curiosidad (p. 148):

Cuando la curiosidad se descubre quedando satisfecha, y no puede alimentar la vida


psíquica superficial, el público desaparece, y así se explica ese fenómeno de psicología
colectiva, de como el público olvida en unas horas o en días los hechos de un gran
hombre o los de un perverso del pueblo. Los seres humanos, agrupados solamente por
sentimientos cristianos, pueden formar una colectividad que se vea libre del peligro de
ser “público”. La religión no debe tener público, sino seres humanos que la siguen por
convicción. En cambio, a los toros, a un concierto, para adquirir un libro, acude el
público. Es de esperar que a la iglesia no acuda el público. Un torero tiene su público; la
religión no puede tener su público, sino hombres que se reúnen por el amor hacia ciertos
principios espirituales, conformes con la razón y a la Fe, pero no con una vida psíquica
emocional afectiva superficial. Los hombres, los cristianos, no deben decir que “hay
mucho público” en el culto divino, sino que hay muchos fieles.

Lo que sí aparece en este librito es una teoría sobre la unificación de las ciencias que
acompañará a Morales durante toda su vida, y que le lleva a mezclar consideraciones
espirituales, médicas y hasta filosóficas, sin preocuparse mucho de que las piezas
encajen, con tal de haber declarado la primacía de la fe (p. 225):

Mi pretensión es presentar, siquiera imperfectamente, los problemas, para que los


afortunados en el dominio de las leyes de Dios los interpreten y resuelvan. Para que
biólogos y médicos documentados, de Dios se acuerden y a la filosofía se asomen; para
que los filósofos no olviden que hay un mundo con mujeres, flirteos, automóviles y
aeroplanos, sin omitir la biología, sin olvidar a Dios.
Sé que los filósofos encontrarán pueril mi trabajo. Los médicos, incompleto. Los
biólogos, exagerado. Los hombres y mujeres saprofitas o parásitos del mundo, necio e
incómodo.
Si esto es así, y cada grupo desde su juego atiende el de los demás, mi fin se habrá
logrado.

25
En 1950, Morales publicó Antropología de la Muerte, recopilando en 47 páginas una
conferencia impartida en 1946 en la Academia de Ciencias de Barcelona. El 17 de mayo
de 1952, el psiquiatra se casó con María Jesús Ayuso Santiago, 20 años menor que él, en
la capilla del Sanatorio de Peña Castillo, acto anunciado en ABC el 27 de abril (p. 42).
En 1961 tenia su propia clínica en Santander.
En Garabandal, la siguiente semana no fue rica en fenómenos extraordinarios, según
el Diario (p. 30), pues solo hubo dos apariciones antes del sábado. Una de ellas fue el
miércoles 28, de 21 a 22 horas, con un ángel “más sonriente que nunca”, de modo que
para las niñas el fenómeno duró “un minuto o menos, estábamos muy contentas con Él”
(p. 31).
Respecto a la otra aparición dentro del mes de junio, en un momento Conchita dice
que fue el martes 27, pero un suceso hace suponer que probablemente fue el viernes 30,
o que hubo visión ambos días: ese día Jacinta –y solo ella, mientras las otras tres veían al
ángel– dijo haber visto a Jesucristo bajo la figura del Sagrado Corazón, según ella misma
relató al jesuita Francisco A. Benac:

Entonces, de repente, se me apareció el Sagrado Corazón de Jesús. Me impresionó


profundamente. Él no me habló pero su mirada penetró en lo más profundo de mi
corazón.
Sus ojos, su figura; una mirada que penetraba tan profundamente en mí que no lo
puedo explicar. Esta visión del Sagrado Corazón me impresionó más que la de Nuestra
Señora, aun cuando no le he vuelto a ver otra vez.
Tengo una fuerte sensación de ver a alguien muy querido cada vez que veo su
imagen. Cuando veo su imagen o hablo de Él, como ahora, siento algo dentro de mí que
no puedo explicar. Esta visión siempre ha permanecido viva en mi mente.
Recuerdo habérselo dicho a mi madre, cuando dudaba si había visto a la Virgen y al
Ángel. Pero de esta visión del Sagrado Corazón, aunque me fuese a morir, yo insistiría
en que fue verdad. Es algo de lo que nunca dudé.
Él no me habló pero mi corazón se sintió, desde entonces, cada día mucho más cerca
de Él.

El sábado 1 de julio todo cambió, incluso la hora:

Vino también mucha gente, muchos médicos, y subían al pueblo en coche y ese día
tuvimos la aparición muy temprano, a las 7 y media, claro, casi de día y la gente lo veía
muy bien.

26
La principal novedad, sin embargo, habría sido que el personaje habló, aportando un
anuncio de gran trascendencia, pero también bromeando sobre lo sucedido el primer día
con Conchita (p. 32):

− Vengo a anunciaros la visita de la Virgen bajo la advocación del Carmen, que se os


aparecerá mañana domingo.
Nosotras muy contentas le dijimos:
− ¡Que venga pronto!
Él se sonreía, entonces le dijimos:
¿Qué significa ese letrero que tú traes?
− Ya os lo dirá la Virgen.
Ese día nos habló de muchas cosas.
Le decía a Jacinta, a Loli y a Mari Cruz cómo el primer día iban a llamar a la mamá
de Conchita creyendo que le estaba dando un ataque.
Ellas se sonreían.
− Porque es que estaba no sé como ese día.
Estuvo dos horas y se nos hizo dos segundos. Después nos dijo:
− Volveré mañana con la Virgen. Y se marchó.
El Ángel tenía un vestido azul largo suelto, sin cinto, las alas rosas claras, bastante
grandes, muy bonitas, su carita ni larga ni redonda, la nariz muy guapa, los ojos negros y
la cara trigueña, las manos muy finas, las uñas cortadas, y los pies no se le ven.

Aunque Conchita no lo dice en el Diario, el personaje de esta aparición, además de


señalarles el lugar donde debían esperar a la Virgen, posiblemente respondió a la
pregunta sobre su identidad que planteaban por orden de don Valentín Marichalar,
respondiendo que era “el Arcángel San Miguel”.

27
LAS APARICIONES DE LA VIRGEN

El domingo 2 de julio de 1961, con una afluencia cada vez mayor –en la que
Conchita destaca (p. 33) a “10 u 11 sacerdotes, médicos, un Abad y muchos coches”– se
habría cumplido lo prometido en la aparición del día anterior, aunque sumando la
presencia de un segundo ángel y un signo de presencia divina; a la coloquialidad
mostrada por la aparición del sábado se añadía ahora el dato de llegar antes del rosario
para acompañar –enseñar, en el caso de las niñas– el rezo (p. 34):

Eran las 6 de la tarde. Nos fuimos a la Calleja a rezar el Rosario, sin llegar allá se nos
apareció la Virgen con un Ángel a cada lado.
Venían con Ella dos Ángeles, uno era San Miguel y el otro no sabemos. Venía
vestido igual que San Miguel, parecían mellizos.
Al lado del Ángel de la derecha, a la altura de la Virgen, veíamos un ojo de estatura
muy grande. Parecía el ojo de Dios.
Ese día hablamos con la Virgen mucho y Ella con nosotras. Le decíamos todo: que
íbamos todos los días al prao, que estábamos negras, que teníamos la hierba en morujos
[montones] etc. Ella se sonreía ¡como le decíamos tantas cosas!
Rezamos el Rosario viéndola a Ella y Ella rezaba con nosotras para enseñarnos a
rezarlo bien y cuando terminamos el Rosario dijo que se iba.
Entonces nosotras le dijimos, que estuviera otro poquitín, que había estado muy
poco. Ella se sonreía y nos dijo que el lunes volvería.
Cuando se fue, a nosotras nos dio mucha pena.
Nos llevaron a la sacristía y un Padre que se llama D. Francisco Odriozola nos
preguntaba a una por una y después decía a la gente lo que nosotras le habíamos dicho.

Conchita detalla en su Diario (p. 35) la apariencia de la figura que se le aparece,


después de dar un consejo ascético sobre la devoción a la Virgen:

28
Así se terminó el día 2, domingo, ¡día muy feliz! porque hemos visto por primera vez
a la Virgen. Con Ella estamos todos, siempre que queramos.
La Virgen viene con un vestido blanco, manto azul corona de estrellucas doradas, no
se le ven los pies, las manos estiradas con el escapulario en la derecha, el escapulario es
marrón, el pelo largo color castaño oscuro ondulado, la raya en el medio, la cara
alargada, la nariz alargada fina, la boca muy bonita con los labios un poquito gruesos, el
color de la cara es trigueño, más claro que el del Ángel, diferente a la vez, muy bonita,
una voz muy rara, no sé explicarla, no hay ninguna mujer que se parezca a la Virgen, ni
en la voz ni en nada.

La visión aparentaba “unos 17 años y es más bien alta”, según copiará en su informe
el brigada Álvarez Seco. A diferencia de las apariciones anteriores, para la del 2 de julio
las niñas fueron preparadas con lo que denominaban llamadas, en número de tres, según
explicaron al día siguiente a sus padres (p. 38 del Diario):

Nosotras se lo contamos: les dijimos que era como una voz interior, pero que no la
oíamos con los oídos, ni oíamos llamar con nuestros nombres: es como una alegría.
Son tres llamadas: la primera es una alegría más pequeña, la segunda ya es algo
mayor, pero a la tercera ya nos ponemos muy nerviosas y con mucha alegría Entonces ya
viene y nosotras íbamos a la segunda llamada, porque si íbamos a la primera teníamos
que esperar allí hasta muy tarde; porque de la primera a la segunda, tarda mucho.

El prologuista del Diario, Gustavo Morelos, añade siete precisiones –la 4ª y la 5ª


presuponen haberlas experimentado más de una vez– que habrían dado las videntes
sobre la finalidad de las llamadas:

1. Sirven para anunciar la venida de la Virgen pero no la del ángel.


2. Son un deseo intenso y una gran alegría.
3. Son una percepción interior llena de alegría.
4. No vienen precedidas de ninguna causa externa. Pueden venir a cualquier hora del
día o de la noche.
5. Cuando los éxtasis se suceden con frecuencia, por ejemplo, dos o tres en la misma
tarde o noche, sólo el primer éxtasis se hace preceder de las llamadas. La misma Visión
dice al despedirse: dentro de un rato o de media hora ... te volveré a ver.
6. De la primera a la segunda llamada pasa generalmente un rato largo. Entre la
segunda y la tercera el espacio es más corto. La tercera precede solo unos instantes a la
Aparición.
7. Jacinta ha tratado de traducir en palabras su impresión: “La primera llamada es

29
como si dijera ven; la segunda es como si dijera corre; la tercera es como si dijera corre,
corre, corre. Pero todo eso por dentro y sin palabras”.

Si la aparición resultaba novedosa por su forma de llegar –llamadas–, lo era aún más
por su aspecto, como habían hecho notar algunos presentes, por la cordialidad del trato y
por el hecho de rezar y enseñar a rezar.
Hablando de llamadas, y dado que eso significa la palabra vocación, conviene
mencionar lo que respondió Conchita al sacerdote Józef Warszawski el 1 de octubre de
1965, cuando este preguntó a la joven cuándo le surgió el deseo de hacerse religiosa (p.
38-39):

Cuando vi a la Virgen por primera vez. Después de verla todo parece insignificante;
es imposible pecar después de haberla visto. Y el deseo de entrar en el convento empezó
a crecer.

Dado que los devotos de la Virgen del Carmen esperarían verla aparecer con hábito
marrón, Morelos cita el caso de San Simón Stock, sexto prior general de los carmelitas,
apodado el ‘amado de María’, a quien según la tradición se habría aparecido en
Cambridge la Virgen rodeada de ángeles el 16 de julio de 1251, mostrándole el
Escapulario de la Orden y diciéndole:

Recibe, hijo Mío muy amado, el Escapulario de tu Orden, será como la Divisa de Mi
Confraternidad para ti y para todos los Carmelitas, un signo especial de Gracia;
quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno. Es la muestra de la
salvación, una salvaguardia en peligros, un compromiso de la paz y de la concordia.

En su estudio sobre la iconografía de la Virgen del Carmen, Ismael Martínez


Carretero asegura que la imagen más antigua de la Virgen del Carmen es la apodada La
Bruna de Nápoles, –por la pátina oscura dejada por el paso del tiempo– cubierta con
capa azul. Hay que tener en cuenta que el icono es obra de la escuela toscana del siglo
XIII, posiblemente anterior a la supuesta aparición a San Simón, pues la tradición
carmelita supone que ya la veneraban en el Monte Carmelo, cuando tuvieron que
abandonarlo en 1238; en todo caso el color azul no desentonaba. En siglos posteriores se
hicieron al menos 53 copias de La Bruna para venerarlas en conventos carmelitas.
La escultura más antigua de la Virgen del Carmen, y presuntamente también
procedente del Monte Carmelo, es la de Nuestra Señora de la Basílica de la Annunziata
de Trapani –Sicilia–, pequeña imagen de alabastro griego, de escuela pisana pero
probablemente fabricada en Chipre. La fecha del encargo sería 1352, por tanto un siglo

30
posterior a la aparición a San Simón Stock. En esa estatua predomina el color blanco,
aunque en la misma isla de Sicilia, la Madonna de Trapani que se venera en Mesina está
cubierta con un manto completamente azul.
En cuanto al hecho de que la supuesta aparición rezara en Garabandal el rosario, la
aparente contradicción de que la Virgen se alabara a sí misma puede matizarse si su
intención era enseñar a rezar bien y, como se verá, una vez que las niñas aprendieron a
hacerlo pausadamente, la aparición pasó a rezar solo el Gloria.
García de Pesquera (capítulo III) afirma haber hablado con Jacinta sobre la identidad
del segundo ángel, recibiendo una respuesta que pone en entredicho la suposición de que
desde el día anterior conocieran la identidad del primero:

Jacinta me ha dicho años más tarde, que ellas no supieron que el Ángel de sus
apariciones era el arcángel San Miguel hasta que se lo dijo la Virgen este día 2 de julio.
¿Y puedes decirme quién era el otro que acompañaba a la Virgen en dicha aparición?
− San Gabriel.
− ¿Estás segura?
− Segurísima.

El mismo autor cita la referencia del brigada Juan A. Seco sobre un detalle de trato
brutal por parte de un médico a Mari Cruz, a cuenta de la rigidez y lágrimas de las niñas
después de ver aparecer lo que llamaron El Ojo de Dios:

Poco después, se le oyó decir a Conchita: ¡Uy! Qué ojo. Este ojo misterioso debía de
estar enmarcado por una luz especialmente impresionante. Según el mismo testigo, las
niñas aparecían, seguramente por primera vez, con lágrimas en los ojos, mostraban
mayor rigidez que nunca y estaban muy pálidas, con cara de cera. La que más lloraba era
Mari Cruz, a la que un médico agarró por la mandíbula inferior para torcerle la cara y
que no mirara tan fijamente: no lo pudo conseguir, a pesar de la fuerza que hizo, que yo
oí como un chasquido y temí que le hubiera hecho daño a la niña.

Refiriéndose al lunes 3 de julio, Conchita da a entender que los padres de tres


videntes creían, con especial entusiasmo el padre de Loli, aunque el de Jacinta parecía el
que mayores consideraciones espirituales hacía, mientras que en el caso de Mari Cruz el
padre callaba y la madre era de opinión cambiante (p. 36-37):

Nuestros padres también, en especial el de Loli. Su padre Ceferino decía:


− ¡Cosa como ésta no la hay!
Lo mismo su madre, Julia. La mamá de Jacinta, María, y su padre Simón, mucho

31
más.
Si hacíamos alguna travesura el papá de Jacinta decía que los apóstoles hacían eso y
empezaba a explicar cosas. Todo lo que hacíamos a él, le parecía que estaba bien.
El papá de Mari Cruz, Escolástico, pues ése no va mucho a Misa y no parecía que
decía nada y su mamá Pilar, días lo creía y días no, según.
Mi mamá Aniceta sí lo creía, pero dudaba algo, porque, habíamos hablado mucho el
domingo 2. Mis hermanos, ellos creyeron desde que lo vieron, pero no solamente
creyeron, sino que les causó un gran bien espiritual, y así a muchos. Había gente que le
gustó lo del domingo y, a otra, no le causó emoción.

Nada se dice sobre si Odriozola estaba o no presente ese lunes, en todo caso fue el
párroco quien, a propuesta de varios desconocidos que no daban crédito a las visiones,
hizo el experimento de separar a las niñas cuando ya habían recibido la primera llamada
(p. 39-40):

Estábamos las cuatro juntas y había mucha gente. Algunos de ellos, de los que no
creían, o sea porque no habían venido nunca le decían a Don Valentín, el Párroco del
pueblo;
− ¿Por qué no pone a dos en casa de Loli y a otras dos en casa de Conchita, (mi
casa).
Don Valentín dijo:
− Pues bien pensado, vamos a poner a Loli y Jacinta en casa de Loli y a Conchita y
Mari Cruz en casa de Conchita.
Así se lo dijo a nuestros padres y hermanos.
Nuestros padres dijeron que sí y nos desapartaron en esta forma para ver si
coincidíamos las cuatro a la vez.
Después de media hora tuvimos la segunda llamada y coincidimos las cuatro, pues al
mismo tiempo estuvimos en el Cuadro a la vez y esto admiró mucho a la gente y se
preguntaban:
− ¿Cómo era posible que coincidiéramos?
Según llegamos al Cuadro se nos apareció la Virgen con el Niño Jesús, pero no
venían los ángeles. Ella venía muy sonriente y el Niño también. Nosotras lo primero que
le dijimos fue que dónde estaba San Miguel y el otro Ángel, y Ella se sonreía mucho.
La gente y padres que había nos daban objetos para que se los diéramos a besar y ella
lo besaba todo.
A nosotras, como nos gustaba hacer fiesta al Niño Jesús cogíamos piedras; yo las
metía en las trenzas, Loli en las mangas y Jacinta se las daba a Él pero no las cogía, sino
que se sonreía mucho. Mari Cruz le decía:

32
− Yo, si quieres, te doy caramelos que me han traído y si te vienes conmigo, te los
doy.
Pero Él no decía nada. Empezó la aparición a las siete y media y terminó a las ocho.
Cuando ya nos decía:
− Con Dios os quedáis y conmigo también; a nosotras nos daba mucha pena.
Le dijimos:
− ¡Adiós!
Por último nos dijo:
− Mañana me veréis también.

Dado que este fue el primer día que la visión incluía al Niño Jesús, es el momento de
añadir cómo lo describía Conchita inmediatamente después de retratar a la Virgen
(Diario, p. 35):

Algunas veces trae al Niño en brazos muy chiquitín como un nene recién nacido, una
carita redonda, parece el color como el de la Virgen, una boquita pequeña, el pelín un
poco largo, rubio, unas manos pequeñas, un vestido como una túnica azul.

En esta segunda aparición mariana aparece un nuevo rasgo sorprendente: el de besar


todos los objetos que se le presentaban, gesto para el que parece haber dos causas: el que
la gente quisiera tener recuerdos, y el que las niñas quisieran entretener al Niño Jesús –
hacerle fiesta–: cada una a su manera, metiendo piedras en la trenza, las mangas, o la
más atrevida, Jacinta, dándoselas; aunque para atrevimiento, el chantaje de Mari Cruz
ofreciendo chucherías al Niño a cambio de que se fuera con ella.
El martes 4 de julio las niñas esperaban la aparición rezando el rosario con una
llamada a las 18 horas en la iglesia llena de gente y con 12 sacerdotes en el altar,
marchando al cuadro, terminado el rosario y tras la segunda llamada, dándose el
fenómeno de que las niñas corrían más rápido que la gente, y colocadas por parejas de
amigas (p. 42):

Mari Cruz y yo nos quedamos un poco más arriba que Loli y Jacinta. Nosotras dos
en el mismo Cuadro y las otras dos no.
Decía la gente que nosotras, con todo lo que corríamos, no sudábamos y ellos sí
sudaban y llegaron todos cansados, y les extrañaba. Pero ¡como era la Virgen la que nos
llevaba!
La Virgen siempre sonriendo, lo primero que nos dijo fue:
− ¿Sabéis lo que quiere decir el letrero que tenía el Ángel debajo?
− No, no lo sabemos.

33
− Dice ella:
− Quiere decir un Mensaje que os voy a explicar para que el 18 de octubre lo digáis
al público.
Entonces nos lo dijo, y es el siguiente:
Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia, visitar al Santísimo, pero antes
tenemos que ser muy buenos y, si no lo hacemos, nos vendrá un castigo. Ya se está
llenando la copa y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande.
Esto es lo que quería decir aquel letrero del Ángel y el Mensaje que dijimos el 18 de
Octubre. Luego de decírnoslo se fue. Empezó a las seis y veinticinco minutos y se fue a
las siete. Ella nos dijo todo esto el primer día pero yo no entendí nada. Al día siguiente
nos dijo que Ella nos lo explicaría más tarde. Luego nos explicó qué quería decir el
Mensaje y cómo lo teníamos que decir. Nos indicó que lo teníamos que decir nosotras en
el portal de la iglesia y que el 18 de octubre se lo comunicáramos a Don Valentín, para
que lo dijera él, en los Pinos, a las diez y media de la noche.

El miércoles 5 de julio fue el primer día en que hubo varios éxtasis. Mientras
Francisco Odriozola tuvo protagonismo en Garabandal el 2 de julio, el día 11 la tuvieron
los médicos de la comisión supuestamente nombrada por monseñor Doroteo Fernández
en torno al 8 de julio, si bien tal nombramiento nunca apareció en el Boletín Oficial de la
Diócesis de Santander. El sacerdote José Ramón García de la Riva afirma que fue más
comisión de Odriozola que del obispo (p. 47):

La Comisión llegó a formarse a instancias de D. Francisco Odriozola, que presionó a


D. Doroteo con este fin, y del que recibió el encargo de realizarla, autoerigiéndose en
Secretario de la misma. Estaba integrada por dos médicos: D. Luis Morales –psiquiatra–,
el doctor Piñal –analista–, y tres sacerdotes: el canónigo D. José María Saiz, el canónigo
y monseñor D. Juan Antonio del Val y D. Francisco Odriozola. De todos ellos, en
palabras del doctor Ortiz, el que más veces subió a Garabandal lo haría unas cinco veces.
La Comisión no tuvo en cuenta en absoluto la opinión del Párroco D. Valentín, a pesar
de que informaba puntualmente al Obispado. Él mismo manifestó: Yo pintaba menos
que un cero a la izquierda.

Las notas que don Valentín, u otras personas por cuenta de él, iban tomando, y que el
padre Octavio Marcos Bueno recopilaría en tres Cuadernos de Datos y Diario fechados
en Gijón el 30 de octubre de 1971, constituyen la más fiel recapitulación de lo que
externamente se percibió en los éxtasis de las niñas.
Del padre Octavio Marcos existe un perfil biográfico firmado por Gerardo Alonso
Matías en una página web dedicada al Sanatorio Marítimo de Gijón, en el que el padre

34
Octavio residió desde octubre de 1962 a junio de 1983. Nacido en Villacidaler –
Palencia– en 1901, de un familia de agricultores con siete hijos, ingresó con 11 años en
el Colegio Apostólico de los hospitalarios en Ciempozuelos –Madrid– profesando en
1920 en Carabanchel Alto, y cambiando su nombre de Fidel por el de hermano Octavio.
Tras la profesión solemne en 1923 y la ordenación sacerdotal (2 de abril de 1927), en
1934 el padre Octavio es destinado al Sanatorio de Palencia hasta 1951. En Vigo
conversa en 1943 con el señor Alfageme, que dona los terrenos del Sanatorio Marítimo
de Gijón, donde pasará el padre Octavio el período más extenso de su vida. Su último
año lo pasó en Burgos, donde murió el 29 de mayo de 1984.
Los Cuadernos de Marichalar son, en muchos casos, notas tomadas para darle cuenta
de lo que ha sucedido en su ausencia, como afirma Plácido Ruiloba en la entrevista en
vídeo publicada por Félix Pascual en 2012, con un juicio algo duro sobre la escasa
formación religiosa de los niños en Garabandal:

Valentín no se preocupaba de nada. Lo conocí el primer día que subí. Él no iba todos
los días, porque tenía que ir a caballo. Preguntaba a la gente: Qué ha habido. Pasado
bastante tiempo empezó a escribir y le ayudaron. Su diario, para mí, mérito no tiene
ninguno. El diario que han entregado lo amañaron un poco entre Carmen Cabestany, que
fue la que tomó nota, Maquey Santamaría, Eduardo García de los Ríos –Marqués de
Santamaría, estuvo muy metido al principio, muy amigo mío, se le ve en una fotografía
con gafas y con una linterna–, porque él no escribía a máquina, era un cura de pueblo
muy de pueblo, como decía Félix, un funcionario. Conocía a las niñas igual que a todas
las del pueblo. Las habría bautizado a todas, pero tenía muy poco contacto, porque subía
los domingos a decir misa y después algún día entre semana, pero que yo sepa nunca
hubo catequesis ni nada.

Sobre julio de 1961 dicen estas notas:

Según las niñas se les apareció [la Virgen] los días 8, 9, 10, 11, 12, y siempre que ha
dicho el día con tiempo, siempre se ha cumplido. El martes 11 vinieron el doctor
Morales y el doctor Piñal. No sé la opinión científica de los doctores, lo que si sé es que
el doctor Morales dijo que el martes no sucedería nada, pues si las niñas estaban
sugestionadas, él las desugestionaría; cuando subían las niñas él estaba en el camino,
pasaron las niñas sin hacerle caso y estuvieron en el mismo estado unos 7 minutos. Al
otro día, me dijeron: ¿No decía el carmelita que hoy no veríamos al Ángel? –El doctor
Morales les había dicho que él era un carmelita–. Cuando llegué el día 9 a San Sebastián
acompañado de don Gilberto y don Liborio y un estudiante de Comillas, nos
encontramos con las niñas acompañadas de otras cerca del pueblo, vi a las niñas muy

35
contentas; había mucha gente, los sacerdotes les hicieron muchas preguntas; a las 8 y
media llegaron las niñas al sitio de costumbre y después de hacer la señal de la cruz las
vi en el estado de siempre, pero esta vez muy contentas, las vi sonreír a todas, decir con
la mano adiós varias veces, se las veía mover los labios como si estuvieran hablando y
para besar; duró 10 minutos, después las llevamos a la Iglesia, yo les pregunté una por
una, me dijeron que el Ángel les decía: ¿a ver que dientes más guapos tenéis? Y que él
también les enseñaba los suyos. Después mandé a los sacerdotes y a los padres que
pasasen a la sacristía y coincidían en lo mismo con ellos. Supongo que habría cerca de
mil personas, me dijeron que las había besado en la frente y en las mejillas, y ellas le
habían besado a él. El día 10 en la iglesia a las 4 me dijeron que tenían que decir el
secreto ellas en la iglesia, después que las llamé. Los días 11, 12, y 13 dijeron que
comulgaron.

La comunión era otra novedad, si bien en las primeras ocasiones habrían sido
entrenamientos; Conchita las fecha “al principio de las apariciones” (p. 62-63):

El Arcángel San Miguel al principio de las apariciones nos daba hostias sin
consagrar. Nosotras ya habíamos comido [por tanto el ayuno eucarístico, entonces de
tres horas, les impedía comulgar], y sin embargo Él nos las daba, pues no estaban
consagradas, era para enseñarnos a comulgar bien.
Un día nos mandó que fuéramos temprano a los pinos sin comer nada y que nos
acompañara una niña.
Nosotras las llevamos e hicimos lo que Él nos mandó. Cuando llegamos a los pinos
se nos apareció el Ángel con un copón como de oro y nos dijo:
− Os voy a dar la Comunión, pero ahora ya están consagradas las hostias. Rezad el
Yo Pecador.
Nosotras lo rezamos. Después nos dio la Comunión indicándonos que diéramos
gracias a Dios. Luego de dar gracias nos dijo que rezáramos con Él: el Alma de Cristo.
Nosotras lo rezamos. Al terminar esta oración, Él nos dijo:
− Vendré mañana a daros la Comunión. Después se fue.
Cuando le decíamos esto a la gente, no lo creían algunos y sobre todo los sacerdotes,
porque decían que el Ángel no puede consagrar.
Cuando volvimos a ver al Ángel le indicamos lo que la gente decía y Él nos contestó
que las hostias consagradas él las cogía de los Sagrarios de la Tierra.

El fracaso de Morales el martes 11 de julio lo cuenta también de la Riva (p. 51):

Se fue encerrando con las niñas, una por una, tratando de convencerlas de que tenían

36
que abandonar la idea de ir a la Calleja, pues se trataba solo de una manía. El señor
Morales, plenamente confiado en sus dotes persuasivas, creyó haber logrado su
propósito, al escuchar de las niñas la respuesta: Sí, señor, sí, haremos como usted dice.
Lleno de orgullo personal, creyéndose sus vanas hipótesis, marchó a La Calleja,
donde se daban tantos éxtasis, y dirigiéndose a la gente que allí esperaba alguna
aparición, les dijo autoritariamente:
Están ustedes perdiendo el tiempo. Hoy las niñas no vendrán aquí: esta farsa ha
terminado. Se lo asegura el doctor Morales. Ya se pueden marchar.
Acto seguido inició el descenso al pueblo con alguna persona acompañante; pero a
los pocos metros pudo comprobar que las niñas, en veloz carrera, acudían a la cita con la
Virgen.

El viernes 14 de julio, según explica él mismo, el párroco trató de nuevo de evitar un


supuesto fraude:

Estaban los tres sacerdotes en la casa de Conchita: don Pedro, el cura de Guernizo y
yo entreteniéndolas con idea de que no se pusieran de acuerdo, pero cuando llegó la hora
de las 9 se nos escaparon y los sacerdotes salieron corriendo detrás, llegando al sitio de
costumbre y quedando más o menos como siempre.

El sábado 15 de julio ya pedían las niñas un milagro para que la gente creyera, según
escuchó don Valentín:

Fueron como a las 9 menos cuarto, estuvieron unos siete minutos en el estado de
siempre, comenzaron luego a hablar bajo, yo me acerqué y les entendí lo siguiente:
Haznos un milagro; que la noche se convierta en día –lo dijo Mari Cruz–. Conchita
decía: Haznos un milagro, aunque sea chiquitín.

El domingo 16 de julio se celebró la festividad de Nuestra Señora del Carmen, pero


no consta que tuvieran aparición mariana; en cambio, hubo algo que tanto a don Valentín
como a doña Aniceta les hizo pensar en que la aparición podía ser diabólica. La caótica
redacción de los Cuadernos no permite saber si era porque el supuesto Ángel no fuera
severo al corregir a las niñas –acerca de juramentos o desobediencias–, o porque
comulgara –aunque solo estuviera mostrando a las niñas cómo hacerlo correctamente,
parece que ellas no hablaron al párroco acerca de esos entrenamientos–:

Vimos al Ángel como sonriente, cuando le preguntamos que nos dé una señal se
pone serio, pero enseguida se le pasa y nos dice que iban a ver al Ángel y a la Virgen del

37
Carmen el día 17 y 18. Le dijeron al Ángel que tenían un pecadín, dijo que juro como
hay Dios –efectivamente lo habían dicho por el día– y le dijimos que estaba enfadado
con nosotras porque estaba muy serio y se echó a reír. Me dicen que también
comulgaron y el copón era amarillo, más pequeño. También me dice que comulga él,
hasta ahora no me lo habían dicho –hasta aquí lo que me han dicho ellas–.
Cuando yo subí a las 5 me las encontré con 4 o 5 cadenas y medallas, 2 o 3 rosarios,
un reloj de pulsera, me enfadé un poco con Conchita y Loli, les quité todo y les dejé
nada más un rosario y una cadena de escapulario, les dije que tenían que obedecer al cura
y los padres y después me dijeron que les había dicho el Ángel que podían llevar las
medallas pero que tenían que obedecer, al cura y a los padres y hacer vida de niñas como
siempre. Hoy comenzó un examen de las niñas por el Doctor Piñal y Don Francisco. Me
parece que bien. No así me pareció el día que vino el Sr. Morales.
También cuando subí y les quité las medallas les dije algo enfadado que no sabía si
iba a ser cosa del demonio, y la madre de Conchita decía; estoy con usted, es cosa del
espíritu maligno. Después se lo preguntaron al Ángel. Y él se reía.

El lunes 17 de julio las niñas llamaban secreto al mensaje, según don Valentín:

Vieron al Ángel y a la Virgen del Carmen. Las separaron como siempre, Jacinta y
Loli en casa de Ceferino, Mari Cruz y Conchita en casa de Conchita. Les preguntamos si
el cura nos sacó el secreto, dijo el Ángel que no, y me dijeron que constaba de seis
palabras y 33 letras. Me dijeron que habían visto alrededor de la Virgen el secreto con
letras muy grandes y mayúsculas todas. Asistieron unos ocho sacerdotes, dos doctores y
600 personas fuera, todos los días no han bajado, pero ha habido días que había cerca de
3.000 personas en domingo; muchos vienen por curiosidad, después que ven a las niñas
cambian, he visto a hombres llorar.

No constan nuevas apariciones hasta el sábado 22 de julio, cuando por primera vez
las niñas fueron en éxtasis a distintos sitios. Al día siguiente, domingo 23, la aparición
fue en los Pinos, y las niñas anunciaron la frecuencia con que subirían allí: los martes a
los Pinos. De ese primer día en los Pinos los Cuadernos de Marichalar recogen buena
parte de lo que dijeron las niñas, de donde se entresaca el encargo de construir allí una
capilla dedicada a San Miguel. También hay enigmáticas alusiones a una posible
vocación carmelita de Mari Cruz, y un intento de preferir la obediencia a la visión antes
que a los padres:

No, no he desayunado; parecía que me traían arrastrando, no supe donde hasta llegar
aquí. ¿Por qué no trajiste al Niño? ¡Ay, que chiquitín!, ¿cuántos años tiene? Lo mismo

38
que un primo que tengo yo. ¿Tú, cuántos tienes? Como un hermano mío. Yo tengo 12.
¿Cómo se llama el Ángel? Sí, ya me lo dijo él, pero por si acaso te lo pregunto a Ti.
Entonces el Arcángel San Miguel lo mismo que un hermano mío; mi hermano solo se
llama Miguel sin San. ¿Cómo llevas el vestido? No, no puedo verlo, me tapa tu manto,
¡qué lindo! ¡Ay qué corona! Yo no sé como es. Déjamelo un poquitín, solo un poquitín
para llevarlo al pueblo, luego te lo vuelvo aquí. Entonces la capilla ha de ser aquí. El
secreto que nos diste no podemos decírselo a nadie, ¿a Lucía no?. ¿Entonces a Mari Cruz
te la llevas contigo? ¿Por qué no me llevas también a mí? Sufrir es lo de menos, lo
mismo da, pero yo quisiera más que me llevases contigo. ¿Se va carmelita? ¿Va a ir
vestida como tú? Tú no vistes como la otra. No, no, que no le vaya mal a Mari Cruz. Un
día no pude verte, no me dejaron subir. Sí, tenemos que obedecer, pero primero a Ti.
Bueno, pero a Ti también tenemos que obedecerte. ¿Por qué ayer no nos llamaste como a
las otras?. Tú me mandabas correr correr y yo no podía más, y quería tener alas para
correr mucho.

Junto a lo que dijeron las niñas, se recoge lo percibido desde fuera:

Loli dice que sintió la llamada hacia las 9. Estaba en casa, que fuera hacia los pinos.
Estaban las otras dos viendo al Ángel y a la Virgen del Carmen y dijeron que sí, y dicen
que vieron unas estrellas grandes con un rabo grande. Duró como unos 8 minutos.
Conchita vio al Ángel y a la Virgen del Carmen, el vestido es blanco con flores blancas y
el manto azul muy claro, nariz como la de la Virgen de la iglesia, los ojos negros y las
manos como las de aquí; estuvieron como 30 minutos y dice que la Virgen tenía el pelo
hacia atrás, suelto. No comulgaron. Mari Cruz dice lo mismo. Dicen que los martes a los
pinos, y que vaya Lucía y que vayan todos. Me dicen que el segundo secreto son 18
palabras y el primero seis. Desde ayer se aparece en sitios distintos y separados: hoy fue
en los pinos, Loli y Jacinta, y Conchita y Mari Cruz, en Prado de la fuente.

Del lunes 24 de julio anota D. Valentín de Marichalar que es la insistencia de las


niñas la que provoca que haya visiones diarias, pues los personajes de la aparición
querían acudir solo cada diez días o todo lo más, uno de cada dos:

Jacinta comulgó en la misa. Dice Conchita que a su parecer la Virgen tiene como
más mandó, más fuerza, dicen que la Virgen les dice cosas importantes, y me aseguran
que el mensaje o secreto del Ángel ya no lo dicen, que les dio otro la Virgen que es más
importante, la mitad más, [que lo dirán] el 18 de octubre. Dicen que les decían que iban a
venir un día si y otro no, pero ellas le decían que viniera todos los días y dijeron que sí.
Estando un día en los pinos les dijo la Virgen y el Ángel que iban a venir solo cada diez

39
días y ellas les dijeron que viniese todos los días que solo un día era poco. Comulgaron
en la iglesia y el Ángel no les dio la comunión.
Día 25. Les apareció en la Fuente, estuvieron como 15 minutos, ayer vieron al Ángel
y a la Virgen del Carmen con el niño y cantaron el Himno de San Miguel y el Ave
María; dicen que llevaban el compás con la cabeza y con la mano.

El miércoles 26 de julio, con 600 peregrinos, entre ellos 7 sacerdotes y un dominico


de Córdoba, hubo aparición matutina y vespertina. En la de las 20 h. la visión les dejó
tener en brazos al Niño. Ellas contaron cosas del pueblo y personales, como que a
Conchita le había reñido don Valentín por llevar el pelo suelto. Ella pidió permiso a la
Virgen para ir a Santander, pues los de la comisión querían separarla de las otras por
considerarla líder de una farsa. La visión no dijo nada y la madre de Conchita, al
entender que no lo prohibía, organizó el viaje para el día siguiente. Conchita lo relató en
su Diario (p. 45):

Como teníamos tantos deseos de saber quién era aquel Padre que venía con un hábito
blanco , se lo preguntamos a la Virgen, pero Ella no decía nada, no hacía más que
sonreír. Nosotras insistimos de nuevo y al cabo de mucho rato nos dijo:
− Es un Dominico. Entonces dije:
− ¿Un Dominicu?
Ella me respondió:
− Sí.
Ese mismo día le pregunté a la Virgen que si me dejaba ir a Santander y Ella no me
dijo que no. Este día duró la aparición una hora justa, pero a nosotras nos pareció un
minutín. Ella misma nos dijo que había estado una hora.

Los cuadernos de Marichalar añaden que Loli y Jacinta estaban a las 12 con una
llamada en la Calleja:

Comulgaron y vieron a la Virgen del Carmen y al Niño y al Ángel, dicen que otras
veces no traerá al Niño, que les dejó el Niño, primero a Jacinta y de ella a Loli; el Niño
tiene corona y el Niño es como de carne y tiene corona, envuelto con un manto.
Estuvieron como 18 minutos, rezaron una estación, cuando comenzaron a rezar le vieron
otra vez. Dicen que el manto es azul y el vestido blanco con flores blancas. Les dijo que
esta tarde fueran allí mismo a la campuca, cantaron el Himno de San Miguel y el Ave
María. Primero fueron Loli y Jacinta; estuvieron en la Calleja y me dijeron que habían
visto a la Virgen del Carmen y al Ángel, al principio estuvieron serias, se les vio algunas
lágrimas, después comenzaron a hablar, hacían que se ponían las coronas de la Virgen y

40
del Niño, también parecía que tenían a veces al Niño y hacían el ademán de [mecerle].
Duró como una hora y estuvieron hablando alto mucho tiempo; la conversación parecía
de niñas, sin cosa transcendental. Me dicen las niñas que a la Virgen parecía que no le
gustaba alguna cosa. Comulgaron Conchita y Mari Cruz en los Pinos, por la tarde no
comulgaron las otras dos. Conchita y Mari Cruz subieron a los Pinos, estuvieron como
unos 30 minutos muy serias, a veces se les vio lágrimas y después cuando bajaron se
volvieron a poner en el mismo estado abajo en la Calleja.

Marichalar fecha erróneamente el día 27 esta visión en la que la Virgen habría


aparecido vestida de marrón:

Después de la misa me dijeron que al mediodía les llamaba, y al mediodía fueron a la


Calleja y estuvieron como una hora, le preguntaron a la Virgen como traía el vestido
color marrón –esta pregunta la oí yo, y dicen que la Virgen contestó que podía traer los
vestidos de cualquier color–. Aun ahora, Conchita estaba como rígida y con los brazos
hacia adelante y le decía Loli, pon los brazos para abajo y Conchita dijo, ponme tú. y
Loli le bajó un brazo, entonces yo hice ademán de bajarle el otro. Estaba totalmente
rígida y al momento le bajó Loli el otro. Pusieron la corona de la Virgen; hoy no trajo el
Niño y le preguntaban por él. Comulgaron en la misa y en la Calleja no. Hoy al mediodía
duró una hora. Por la tarde a las 8 y media fueron al sitio de costumbre. Dicen que se
quedaron como metros más abajo, dicen que vieron a la Virgen del Carmen y al Ángel.
Estaba allí un dominico a quien ellas no habían visto y preguntaban a la Virgen quien era
aquel cura, como se llamaba. Anda dime como se llama. ¡Ah! ¿Sí, es dominico? Otra vez
le decía: Estate un poquitín más que no llevas nada más que un minuto. Parece ser que
entonces la Virgen le contestaba que llevaba una hora y cuarto –y ese tiempo es exacto–.

Sobre la insistencia de las niñas para prolongar las visiones, los Cuadernos de
Marichalar recogen sin fecha un ejemplo de fines de julio que hacía al párroco dudar:

Y le decía Conchita a la Virgen que se fuera a dormir a su cama y que ella se iría al
pajar y le preguntó Conchita donde estaba el padre del Niño, no sabemos la contestación,
pero la niña se puso a saltar de contenta, las niñas siempre decían a menudo: no te vayas,
otro poquitín, ¡ay no te vayas! Quieres que cantemos o recemos más, que quieres que
hagamos para que no te vayas. Luego rezaron de broma la letanía y decían: Santa
Conchita, Santa Loli, total que no puedo describir el contento extraordinario de aquellas
niñas aunque puede ser que fuera engaño y puede ser que hablasen con el Niño y con la
Virgen y fuera verdad los ademanes que hacían de colocarse la corona, que la de la
Virgen les estaba grande y no así la del Niño, que parecía solo les ocupaba un cuarto de

41
la cabeza.

42
CONCHITA EN SANTANDER Y EL PADRE LUIS
ANDREU

La marcha de Conchita a Santander e incluso que le cortaran el pelo para no llamar la


atención, era algo que había propuesto ya el sacerdote Luis González López, según
recuerda uno de los hermanos de la niña, Miguel, en un relato publicado sin fechar en la
web garabandal.it:

Un sacerdote me dijo que las niñas deberían cambiar de ambiente. Me dijeron que
convenía que Conchita fuese a la playa, a Santander, por unos días e incluso que
convenía cortarle las trenzas del pelo porque la hacían más reconocible para la gente y
llamaba más la atención. En Santander le cortaron las trenzas y en una ocasión, también
en Santander, según venía por la calle, tuvo Aparición y cayó en éxtasis.

El éxtasis de Conchita el jueves 27 de julio frente a la iglesia de la Consolación en


Santander congregó según Warszawski a 600 personas, por lo que se interrumpió el
tráfico y tuvo que intervenir la policía. A la misma hora las otras niñas tuvieron éxtasis
en los Pinos y se enteraron por la visión de lo que ocurría a Conchita en Santander. A
esta la llevaron después los miembros de la comisión a la sacristía y el doctor Piñal trató
sin éxito de hipnotizarla. El interrogatorio no parece haber asustado a Conchita, según su
Diario (p. 46-47):

Cuando se terminó la aparición me metieron en una oficina con un sacerdote y un


médico a preguntarme cosas. El sacerdote se llama D. Francisco de Odriozola y el
Doctor Piñal. Me decían:
− ¿Cómo es que haces esas cosas? ¿Qué, estás loca? ¿Cómo es que engañas al
mundo de esa manera?
Después el Doctor me dijo:
− ¡Ponte tiesa y mírame a la nariz que te voy a hipnotizar!

43
Cuando me decía: mírame a la nariz, me reía y entonces decía:
− ¡No te rías que no es cosa de risa!
Eso fue todo por ese día, y no me hicieron mas preguntas.

El relato de doña Aniceta –en una entrevista realizada en 1975 y publicada en


YouTube el 27 de noviembre de 2009 por Saint Joseph Publications– es mucho más
dramático:

Yo dije: seguramente que va a tener éxtasis. Dicen: no, no, no tiene éxtasis. Yo me
eché a tender un poco de ropa ahí en el balcón, que estábamos en la Consolación, es casa
rectoral. Yo estaba ya nerviosa. Termino de tender la ropa y vi que ya no estaba
Conchita ni don Luis, ni nadie. Bajo abajo y me encuentro aquello que no se podía entrar
de gente, y la policía allí. Conchita la tenían deformada, porque tenía la cabeza que casi
daba atrás con los castañares, me la cogían un médico por un lado otro por el otro. Yo
pedí allí que por favor, que por Dios y por la Virgen Santísima me la dejaran, que me la
iban a romper los huesos.

Lo sucedido en Garabandal lo sitúan los Cuadernos de Marichalar erróneamente el


día 28:

Se marchó Conchita a Santander de acuerdo con el Señor Obispo. Ella dijo que
quería más quedarse pero si la llevaban se iba tranquila. Por la mañana en misa
comulgaron las 3 y Mari Cruz se fue al prado, las otras dos a eso de la 1, fueron a los
pinos y estuvieron en ese estado como tres o cuatro minutos y preguntaron si las estaba
viendo Conchita, primero ya habían dicho a la Virgen que si ella también las veía y ellas
dijeron, ¡Ay, que gusto! Después rezaron el rosario y mandaron marcharse a todos y que
los padres y sacerdotes estuvieran a distancia, yo las vi como [un] minuto en ese estado y
después cuando nos acercábamos estaban tristes como si hubiesen llorado, dijeron que
tenían que llevar a dos hermanas más pequeñas. Por la tarde subieron a los pinos y
dijeron que no se acercase nadie, pero alejamos a la gente a una distancia prudente y
después nos acercamos y dijeron que habían visto a la Virgen y al Ángel y por la tarde, a
las 6 y media, le preguntaban si lo veía Conchita, y la Virgen dijo que sí. Duró la cosa
como una hora.

El viernes 28 de julio los médicos decidieron que Conchita se quedara en Santander


para distraerla y que dejara de tener apariciones. La niña lo resume así:

Al día siguiente me llevaron con unos médicos para ver si estaba enferma y fuimos

44
con un doctor que se apellida Morales y con varios más. Todos decían lo mismo, que
estaba bien y que esto de las apariciones era un sueño. Que me dejaran ahí en Santander
para que me distrajera, para que se me olvidaran todas las cosas que me habían pasado y
así no volvería a tener más apariciones. Entonces como mi mamá quedó tan convencida
de que no era nada lo que me pasaba, hizo lo que le dijeron los médicos, me dejó y se
marchó a Garabandal.
Unas sobrinas y una hermana del P. Odriozola me iban a buscar todos los días a casa,
para ir a la playa y a las ferias; lo que yo hasta el presente nunca había visto.
Como iba todos los días a la playa, no se me aparecía la Virgen.

El sábado 29 de julio, según los Cuadernos, parece haberse repetido la multiplicidad


de apariciones simultáneas, esta vez incluso dentro del mismo pueblo, por haber
separado su madre a Mari Cruz de las otras dos; además, ocurre un fenómeno en el que
está implicado el jesuita P. Luis María Andreu Rodamilans.
Nacido en Bilbao el 3 de julio de 1923, el padre Luis María tenía cinco hermanos, de
los cuales tres serían como él sacerdotes jesuitas: Alejandro, misionero en Sudamérica,
Ramón en California y Marcelino en Taiwan. Según un artículo publicado por Teresa
Tseu en garabandal.us, “como sus hermanos, el P. Luis había presentado su candidatura
como misionero voluntario y le habían destinado a China con Marcelino. Pero un jesuita
amigo de la familia, viendo que la madre de los Andreu se vería así separada de todos
sus hijos, intercedió ante el Superior Jesuita y obtuvo que Luis se quedara en la ciudad”
para estar cerca de su madre. Fue ordenado sacerdote en Oña el 30 de julio de 1955 y
Tseu aporta tres recuerdos de su hermano Marcelino.
El tercer recuerdo se refiere a la última carta que el padre Marcelino recibió de su
hermano:

Cuenta el P. Marcelino que en su carta el P. Luis cuenta de sus sufrimientos, de


cómo en el año transcurrido todo pareció ir en sentido exactamente opuesto a lo que él
esperaba, de que nunca había sufrido tanto. Y sin embargo, en ese último año, los que le
rodeaban nunca recogieron seña alguna de sus padecimientos, ya que él se mantuvo en
todo momento alegre, de buena compañía, siempre dispuesto a ayudar y pronto a la
broma. Bromeando estaba durante su primer viaje a Garabandal, diciendo: “Comamos
bien y en abundancia, puesto que dice San Ignacio que cuando están débiles la cabeza y
el cuerpo, somos más fácilmente engañados por el diablo”.

Lo que sucedió aquel sábado 29 de julio en Garabandal fue que, tras los éxtasis de
las tres niñas por la mañana y la comunión mística, hubo otro éxtasis a las 20 horas en el
que pidieron que solo sus padres y los sacerdotes subieran con ellas a los Pinos. Allí, de

45
nuevo en éxtasis, dijeron que Conchita –en Santander– les estaba viendo a ellas:

Estuvieron una hora y en un momento, Loli se quedó natural un minuto mientras la


otra seguía en el mismo estado, cuando volvió al éxtasis la otra, [preguntó] a la Virgen
por qué Loli se había marchado y parece que le entendió para que lo viera la gente y
creyera. Hicieron ademán de tener al niño en los brazos de besarle, varias veces, así
como la Virgen a ellas, se pusieron la corona, le pidieron varias veces que no se fuera,
desde hace unos días me dicen que dijo la Virgen que se les aparecerá donde quiera que
estén. Ayer dijeron que Conchita lo vio otra vez. A Mari Cruz se le apareció junto a la
casa, estuvo como 25 minutos.

Este éxtasis en los Pinos fue el primero que contemplaron los hermanos Ramón y
Luis Andreu. José Ramón María Andreu dirá en su informe que estuvo 13 días en
Garabandal y las circunstancias de este éxtasis las relatará sucintamente Conchita en su
Diario (p. 49) y el padre Morelos las ampliará con una entrevista a Ramón Andreu (p.
50-51). La versión de la niña es:

En los días que estuve yo en Santander, había en el pueblo dos Padres Jesuitas: el
Padre Ramón María Andréu y el Padre Luis María Andréu venían como muchos sin
creer nada.
Un día de estos en que estuvieron los Padres, Loli y Jacinta tuvieron una aparición en
los pinos. Esto fue durante el día. Estaban ahí estos dos Padres presentes y viéndolas a
ellas en éxtasis, creyeron. Cuando pasó un pequeño rato y las dos en éxtasis, el Padre
Ramón María pensó:
− Si todo esto es verdad que se le vaya a una de ellas.
Inmediatamente se le fue la visión a Loli; a los pocos minutos se le volvió a aparecer
la Virgen.
Los Padres esto lo admitieron como una prueba.

En su entrevista con Morelos, Ramón Andreu matiza que no empezó a creer, sino a
tomar en serio los sucesos:

Pregunta: ¿Podría darnos algunas precisiones sobre su actitud y su disposición el día


en que subió por primera vez a Garabandal?
El padre: Como puede suponer yo no pensaba en absoluto, cuando subí ese día a
Garabandal, que podía tratarse de fenómenos que tuvieran ningún interés. Cuando me
invitaron para subir la primera vez yo respondí que no tenía tiempo para perderlo en
apariciones. Generalmente yo estoy muy ocupado. Si por fin acepté en subir a

46
Garabandal, fue solamente por no hacer un feo a la insistencia de los buenos amigos que
me invitaban a ello y, también, porque me vendría bien un día de descanso después de
unas cuantas tandas de ejercicios que había dado seguidas.
Pregunta: Y su hermano, el P. Luis María, ¿creía?
El padre: No, de ninguna manera. No teníamos ninguna prueba por el momento.
Creo que ninguna persona inteligente puede creer en ello sin tener al menos un mínimo
de pruebas.
Pregunta:¿ Podría decirnos exactamente cómo tuvo lugar esto que nos cuenta
Conchita?
El padre: Con mucho gusto. Era, como les digo, la primera vez que subí a
Garabandal. Ya ese día habíamos visto algunos éxtasis, antes que sucediera lo que
Conchita nos cuenta. Cuando la tarde estaba avanzada nos encontrábamos en los pinos.
Loli y Jacinta estaban en éxtasis. Había muy poca gente junto a las niñas. Yo me
encontraba muy cerca de ellas. Les oía hablar con su Visión con esa voz baja y como con
sordina, que es característica en sus éxtasis. Entendía frases sueltas.
Al cabo de unos ocho o diez minutos, yo pensé que quizá se tratara de un caso de
hipnotismo. Reconozco que fue un pensamiento vulgar y desprovisto de toda
originalidad, pero fue así. Miraba a mi alrededor a fin de descubrir el autor de esta
hipnosis. Vi el rostro de D. Valentín, de Ceferino, de Julia, de otros que estaban
presentes, en ninguno encontré la solución. Todos tenían una expresión de sorpresa
admirativa. No estaba allí el hipnotizador. Ya para entonces había visto a las dos niñas
entrar y salir del éxtasis. Lo hacían a la vez. Daba la impresión como si no tuviesen más
que una sola alma. Lo que pensé en ese momento no me parece que tuviera mucho
sentido. Pero lo pensé así: Si una de las dos niñas volviera en sí y la otra quedara en
éxtasis.
En este mismo momento, Loli, que era la que estaba más cerca de mí, volvió
ligeramente la cabeza y me miró sonriente. Yo le pregunté:
− ¿Tú no ves a la Virgen?
Ella me respondió:
− No, señor.
− ¿Y por qué? insistí yo.
− Porque se me retiró.
Jacinta estaba todavía en éxtasis. Yo dije a Loli:
− Mira a Jacinta.
La niña la miró y sonreía al verla en éxtasis. Era la primera vez que veía a una de sus
compañeras en éxtasis, estando ella normal.
Yo le pregunté:
− Y ¿qué te dice la Virgen?

47
Iba a responder cuando quedó de nuevo en éxtasis. La cabeza hacia arriba. Y escuché
el siguiente diálogo entre las niñas y la Visión.
Jacinta: Loli, ¿Por qué te fuiste?
Loli: –Dirigiéndose a la Visión– ¿Por qué te me retiraste? Hubo una pausa.
Las dos –a la vez–: ¡Ah, entonces es por eso. Entonces es para que crea!
Al oír esto yo me volví a mi hermano el P. Luis y le dije:
− Ten cuidado con lo que piensas que aquí la transmisión de pensamiento es
fulminante.
Mi hermano me dijo:
− ¿Te ha sucedido algo?
− Sí, le respondí. Ya te lo contaré.
Pregunta: Padre, a partir de ese momento ¿creyó usted?
Padre: Indudablemente que todo esto llamó mi atención y me dio qué pensar.
Comprendí que no se trataba de una comedia o simulación, y que era un tema muy
interesante para un estudio más profundo. Caí en la cuenta de que nos encontrábamos
ante fenómenos que eran apasionantes tanto para médicos como para teólogos.
De ahí a creer, hay un paso que no se da fácilmente. Una cosa, sin embargo, es
cierta: tomando en conjunto todos los hechos a los que yo he asistido, incluso, de alguno
de ellos yo he sido sujeto, aún mirados con un cierto escepticismo y reserva, puedo
afirmar de nuevo que no se trata de ninguna comedia o simulación por parte de las cuatro
niñas. Claro que decir eso es casi como no decir nada. Plantearse el problema no es
todavía resolverlo. La pregunta es siempre la misma: ¿Cuál es la causa de estos
fenómenos a los que yo he asistido, que yo mismo he visto, y de los que éste que acabo
de referirles no es más que una mínima parte? A cuantas personas he hecho esta
pregunta, todas las veces que lo he preguntado, me he quedado sin respuesta.

El domingo 30 de julio, según relata García de Pesquera, (cap. VI, 3ª parte) el


sacerdote leonés Manuel Antón, que llegó acompañado de otros dos, convence a Loli de
que tiene autoridad para que le cuente todo y que es voluntad de Dios que le diga los
secretos. Cuando la niña intenta obedecer, sale de su boca un revoltijo de sonidos y de
tartamudeos que termina así: “¿Ve? La Virgen no quería que yo dijese esas cosas”.
Entretanto, ante la visión, las niñas seguían pidiendo un milagro –“que se haga de
noche en pleno día. Aunque sea un milagrín chiquitín, como que volemos”–, por lo cual
la aparición mariana se habría puesto seria, relatan los Cuadernos:

Después de misa se les apareció junto a la escuela, estuvieron 30 minutos menos


Mari Cruz que estuvo 15, le pedían un milagro aunque fuese pequeño. Parece que les
decía la Virgen: Ahora no, porque ellas preguntaban, ¿Por qué no lo haces ahora? Dicen

48
que vieron a la Virgen del Carmen con el Niño y el Ángel. También les entendí que la
comunión se la había dado yo, como así fue en la misa. Preguntaban si Conchita la veía
y después me dijeron que no lo podían decir. Por la tarde, a las 7, y duró 30 minutos;
después otra vez en el mismo balcón duró 15 minutos. No asistió ningún sacerdote.
Después fueron a la iglesia, rezaron el rosario muy bien, duró 15 minutos. Mari Cruz por
la tarde, a las 7 y media en el balcón, duró 30 minutos.

El lunes 31 de julio aparece un nuevo fenómeno al que se dará el nombre de marcha


extática: las niñas caminan de rodillas en éxtasis, sin cambiar de postura ni levantarse del
suelo. Loli se balancea, pero no llega a caer. Los Cuadernos no recogen este dato, pero sí
la presencia de los hermanos Andreu:

Después de la misa y comulgar en ella, estuvieron Loli y Jacinta en ese estado dentro
de la iglesia junto a la puerta, rezando una estación y la letanía; estuvieron un rato serias;
también besaban cosas otras veces. Después, cuando Mari Cruz llegó de casa quedó en el
mismo estado siete minutos, se santiguó y me dijo que había visto a la Virgen y al
Ángel. Por la tarde a las 9 tuvieron la aparición las tres junto a la casa de Ceferino, duró
hora y 20 minutos, Mari Cruz estuvo menos tiempo. Se cogieron datos los padres
jesuitas, el profesor de Oña de Teología Elemental y un hermano de él, y don Cipriano;
dijeron que rezó la Virgen delante.

El martes 1 de agosto hubo cuatro éxtasis a horas distintas, más uno independiente de
Mari Cruz. Para el martes 2 de agosto, los Cuadernos registran un éxtasis de Loli y
Jacinta en los Pinos con visión mariana, de un cuarto de hora, y otro independiente de
Mari Cruz.
El 2 de agosto aún estaba en Santander Conchita, que regresaría al día siguiente. No
está claro en cual de esos días tuvo lugar el desenlace, en el cual ante las amenazas del
Dr. Piñal, Conchita firmó que no veía a la Virgen, pero que las otras niñas sí la veían, y
que el mensaje, que aún no habían transmitido, era verdad. Luego dijo lo mismo al
obispo. A pesar de lo sufrido, Conchita consideraba que todos los agentes se portaron
muy bien, pero en su Diario mostró particular agradecimiento a quien facilitó su regreso
(p. 47):

Al cabo de ocho días un señor intervino para que fueran por mí. Mi mamá me fue a
buscar. El nombre de este señor es Don Emilio del Valle Egocheaga, ¡Ese nombre lo
tendré presente toda la vida!
El día que me trajeron fui con el Dr. Piñal para decirle que ya me iba, pero él se puso
muy enfadado y me dijo muchas cosas para que no me fuera. Entonces le dije que yo no

49
veía a la Virgen, pero que me parecía que las otras niñas sí la habían visto y que el
Mensaje sí era verdad. Entonces me dijo que lo firmara. Yo lo firmé. Después me dijo
que se lo fuera a decir al Sr. Obispo Don Doroteo. Y así lo hice. Todos se portaron muy
bien conmigo, después de todo.

Emilio del Valle Egocheaga era propietario de la Compañía Hullera Vasco-Leonesa.


Los guerrilleros republicanos que prolongaban la guerra civil en los montes –maquis–,
secuestraron hacia 1948 a un hijo suyo, que pudo ser liberado gracias al pago de un
rescate y a la intervención del entonces gobernador civil de León, Carlos Arias Navarro,
que se casó con una hija del empresario, Luz, y llegó a ser presidente del Gobierno en
los últimos años de vida del general Franco. Uno de sus sobrinos, Javier García
Egocheaga, fue vicepresidente del Gobierno Vasco presidido por Carlos Garaicoechea.
Sobre la estancia de Conchita en Santander, reconoce su madre en la entrevista de
1975 que le preocupaba que no se atendiera espiritualmente a su hija, pero que solo la
insistencia de sus hijos y del párroco –no menciona a Emilio del Valle– logró que
exigiera que se la devolvieran para llevarla al pueblo. Tampoco dice Aniceta saber lo que
un sacerdote diocesano escribió a García de Pesquera –quien a su vez lo menciona en el
cap. VI, 2ª parte de su libro–, que el descuido espiritual llegara al extremo de haber
llevado a Conchita a “casetas de nigromantes”:

Yo, como estaba con un sacerdote que es cuñado de un hermano mío, parecía y es
muy santo y muy bueno, pues yo pensaba: Cómo este don Luis, sabiendo el ambiente
que yo tengo con mis hijos, sabiendo que los echo todos los días al rosario, a misa, que
eran monaguillos, y que me la tenía allí sin echar a misa, sin confesar. Digo:
− Don Luis, cómo Conchita no va a comulgar, cómo Conchita no va a misa.
− Déjala, que hay que llevarla adonde un buen confesor.
− Pero don Luis, qué necesidad tiene Conchita de un tan buen confesor. Si con el que
se confesaba allí, se confesaba bien; con ese me confieso yo. Era don Valentín, a mí
siempre me gusta un sacerdote que me conociera, prefiero uno que me conozca siempre,
yo. Y Conchita puede confesarse bien con usted.
Pero era que me la querían trastornar, hacer un lavado bueno de cerebro. Como [en
efecto] le harían. A los seis días me dijeron que era un sueño, que qué se yo, que la iban
a meter en un colegio. Yo pensé: del mal, pues viene el bien. Si la meten en un colegio,
mejor es que no que esté arrastrada como anda su madre, pensé para mis adentros.
− En un buen colegio, y le vamos a cortar el pelo, para que no la conozca nadie.
El pelo no quería que se lo cortaran, pero bueno. Yo la peinaba siempre todos los
días.
Entonces cuando me dijo don Valentín: tú ahora vas a buscarla. Yo no voy, don

50
Valentín. Yo no me atrevía a ir, cómo me iba a atrever a presentarme allí, si la había
dejado allí ya para que la metieran en un colegio. Había dicho el señor obispo que todo
estaba hecho, que era un sueño, que era como si hubiera despertado de un sueño, nada
más. Bueno, pues yo me vine. Pero tanto insistieron los muchachos, eran muy buenos
[pero] resulta que entonces estaban de malas. Ya le cortaron el pelo, dice Serafín...
Me fui otro día a Santander con Maximina. Llegué a casa de donde estaba ella, un
sacerdote. Me trató de falsa, de traidora, de mentirosa, me puso como un trapo...
− Bueno don Luis, todo lo que quiera, pero ya a Conchita la llevo.
− Ahora mismo vamos al obispado.
− Donde usted quiera, pero a Conchita la llevo.
Yo en mi casa siempre hubo paz, y yo no quiero guerras. Ahora ya la tengo. Ahora
llevo a ella para que haya la paz que ha habido siempre.
− Pues ahora vamos donde los médicos.
− Pues vamos donde usted quiera, pero yo llevo a Conchita.
Fuimos donde los médicos. La miraron toda, con todos los aparatos, todo lo que
llevaban ahí, le dijeron que ellos no les costaba nada más que echar una firma y que tal
vez todos los familiares teníamos que ir a la cárcel. Que todo había sido una mentira y
que se pondrían locos, ellas y toda la gente, que aquí nunca pasó nada como pasa por
todos esos sitios. Como dijo que todos iríamos a la cárcel, dije:
− A mí no me importa, le dije yo: Conchita, tú no firmes, que a mí sin causa no me
importa ir a la cárcel. Lo importante es cuando te llevan con causa, pero sin causa no,
voy tranquila.
Pero Conchita se echó a llorar.
− Por lo mío, dice ella, no será verdad. Pero lo de las otras sí. Y el mensaje también.
Entonces le mandaron firmar. Firmó en blanco. ¡Pero bastante! Dijo don Luis:
− Ahora vamos al obispado. El señor obispo aquel era Beitia, don Doroteo Beitia me
parecía [Doroteo Fernández, en realidad]. Dice él:
− Pero cómo la lleva usted.
− Pues mire, usted sabe que soy viuda. Y yo con mis hijos vivía en paz, muy bien,
muy unidos, muy buenos. Y ahora en mi casa no hay paz porque no quieren [perderla] a
Conchita, y yo la tengo que llevar.
El señor obispo, muy amable:
− Entonces tú Conchita, qué quieres más, ¿quedarte en un colegio de señoritas aquí o
irte de ovejera ahí? [preguntó el obispo.]
− No, no, me quiero quedar más de señorita.
Y estaba deseando echar a correr Conchita, pero ella dijo eso.
− Bien, pero yo digo, yo la llevo.
Así que nos vinimos, y al salir de allí, todavía nos sacaron un montón de fotografías

51
y salimos con un canónigo de la catedral, en un coche del canónigo, y le dice Conchita al
entrar:
− Todavía ha de llegar un día que lo hemos de negar todas. Y nos hemos de
contradecir las unas a las otras.

El miércoles 3 de agosto, día del regreso de Conchita, es también el de la extensión


de las marchas extáticas a todo el pueblo y de las primeras caídas extáticas colectivas,
con una en los escalones del altar. El relato de los Cuadernos reconoce expresamente que
lo ha escrito “don Juan” por encargo del párroco. Mientras que en Santander la autoridad
eclesiástica parece solo interesada en acabar con el fenómeno, este día lo presencia en
Garabandal el Director General de Seguridad, que a la sazón era el ya citado Carlos
Arias Navarro (1908-1989), que ocupó ese cargo desde 1957 hasta el 5 de febrero de
1965. Loli y Jacinta tuvieron tres éxtasis, sin que participara Conchita en el último, a
pesar de que al parecer ya había regresado; con todo, lo más extraño para el relator es
que no participara Mari Cruz en los de la tarde, aunque tampoco por la mañana se la
menciona:

A la 1:07 subieron a los pinos Loli y Jacinta, rezaron la estación la Virgen delante,
dan a besar rosarios, ponen coronas, le dicen vuelve pronto, a qué hora, cuando nos
llames, terminó a la 1:17. Por la tarde comenzó a las 9:05, rezaron el rosario, al primer
Padre Nuestro se extasiaron, hablaron con el Ángel, le cantan a San Miguel, sucedió una
cosa extraña, las niñas cayeron de espaldas, a Jacinta la cogió su madre y a Loli el
Director General de Seguridad, estuvieron como 10 minutos, luego les preguntaron
quien las tumbó, terminó a las 10:20, dijeron que había que ir a rezar a la iglesia; al
primer Padre Nuestro cayeron de espaldas en la iglesia, estuvieron de rodillas en la
primera grada del altar como 12 minutos, preguntan por Conchita, está en casa, llegó
entonces; después que terminaron decían que quien las había tumbado, Jacinta tenía un
pequeño cardenal en el brazo y en el codo, volvieron a rezar el rosario, les mandé que
rezaran como siempre en la alfombra, se reían, les pregunté por qué no se habían puesto
en la alfombra, me dijeron que la Virgen les había dicho que aquel era el sitio de don
Valentín y que se pusieran a los lados. Mari Cruz no fue a misa, por la tarde no vio nada,
esto es la primera vez que pasa, aunque ella había dicho la noche anterior que sí la
tendría.

En los tres éxtasis del viernes 4 de agosto, por primera vez Jacinta y Loli recitaron el
Credo al bajar de los Pinos, donde hubo caídas hacia atrás y un nuevo fenómeno: que
unas palabras de la aparición fueron oídas por los presentes. Mari Cruz no apareció y
Conchita tuvo una locución:

52
Fueron Jacinta y Dolores. Duró 33 minutos. Cuando llegaron se quedaron en éxtasis
y comenzaron a mostrar rosarios y medallas. Hacían como que ponían la corona y
besaban al Niño. Luego se cayeron de rodillas para atrás, primero Jacinta y luego María
Dolores. A los 3 minutos se pusieron de rodillas otra vez. Jacinta le decía a la Virgen de
Conchita: ya vino y que le quitaron las trenzas y que está muy guapa como tú y morena
porque iba a la playa. A los 24 minutos María Dolores se puso natural y contemplaba
riéndose a Jacinta. De pronto se puso en éxtasis y se puso la corona del Niño, a la media
hora desapareció el éxtasis y como había un Director de Manicomio de Salamanca que
tenía un magnetofón comenzó a preguntarles qué habían visto, dijeron que la Virgen del
Carmen y el Ángel. Estando así enredando con el micro volvieron a caer en éxtasis y
María Dolores decía con mucho interés señalando al micro, anda habla tú para que la
gente crea, por qué no, anda si habla. Por la tarde fueron a los pinos las mismas, a las 8
dieron a besar rosarios, medallas, después cayeron hacia atrás, estuvieron 5 minutos, se
levantaron, dieron unos pasos a otro pino de la derecha, dijeron que la Virgen se había
pasado al otro pino y que las llamaba, y ellas decían que no podían pero fueron andando
sin caerse en ese estado. Terminó. Bajaron a la iglesia naturales, al llegar al altar mayor
cayeron de rodillas en éxtasis, se levantaron y retrocedieron de espaldas hasta el altar del
rosario rezando un rosario muy despacio y claro, letanía, Salve, Credo; parece que
alguien las acompañaba pues solo rezaban una parte; le pregunté dijeron que la Virgen.
Esta tarde Conchita dijo que había oído una voz que la llamaba y su madre Maximina
dijeron que les contó todo lo que [¿pasó?] en los pinos y en la iglesia. Estuvieron en misa
y comulgaron, Conchita también, pero sin ir a los pinos.

El padre Morelos dispondría de 12 testimonios firmados sobre la voz de la Virgen,


que al parecer por error fecha en el Diario el 5 de agosto (p. 48-49):

Unos forasteros habían llevado un magnetofón de pilas. Enseñaron su


funcionamiento a Loli y a Jacinta. Las dos niñas quedaron maravilladas pues nunca
habían visto una cosa parecida.
Durante uno de los éxtasis pudieron grabar algunas de las palabras que dijeron Loli y
Jacinta. Después se lo pusieron para que lo oyeran las niñas.
De pronto cayeron nuevamente en éxtasis las niñas. Una de ellas quedó con el
micrófono en la mano. Dirigiéndose a la Visión en un momento de este éxtasis, decía:
− Ha venido un hombre con una cosa que lo coge todo. ¿Por qué no hablas tú para
que te oigan? No es por nosotras, es por ellos para que crean. Habla, di algo para que
crean.
Terminado el éxtasis volvieron a poner el magnetofón para que las niñas escucharan

53
lo que habían hablado con la Visión. Cuando llegaron al momento en que las niñas
decían las palabras antes citadas: Habla, di algo para que crean la cinta magnética se
terminó. Y en ese mismo momento salió del aparato una voz que los testigos califican de
dulcísima y que dijo:
− No, no hablo.
Loli y Jacinta exclamaron a la vez:
− ¡Uy, si es la voz de la Virgen!
Como puede suponerse la impresión producida sobre los testigos fue muy grande.
Uno de ellos decía mientras bajaba de Garabandal:
− Yo me iría a la tumba con la seguridad de haber oído la voz de la Virgen.
En ulteriores veces que se puso esta cinta, la voz de la Virgen no se oyó más.

Respecto a que Conchita tuviera una locución y que contara a su madre y tía lo que
pasaba con sus compañeras de éxtasis, hay que añadir que, lo mismo que al salir de
Santander, repitió que las propias videntes dudarían de todo, según el testimonio de
Maximina que recoje García de Pesquera (cap. VII):

Aniceta estaba diciendo a Conchita: So bribona: ¿ves cómo no es verdad lo de tus


apariciones? ¿Por qué no te ha llamado hoy la Virgen como a las demás? La niña
contestó muy seria: ¿Quieres que te diga todos los éxtasis de las otras niñas? ¡Sí! –
exclamó Maximina–. Dilos, dilos, que vengo yo de verlos.
Entonces Conchita explicó detalladamente todo lo que había ocurrido, con los pasos
que habían dado las videntes, y las cosas que habían hecho. Maximina, al contar esto,
dice: Yo me ericé ,y dije: ¡Ay qué gorda! ¡Así mismísimo fue!
Entonces Aniceta me dijo: Pues aquí ha estado conmigo todo el tiempo, encerrada en
casa. Se volvió a Conchita y le preguntó: ¿Cómo ha sido eso?
Es que estando yo antes en la sala, sentí que me llamaba la Virgen por mi nombre y
me iba explicando todo lo que hacían las otras, y por dónde andaban.
Y sé más, que las otras no saben todavía, que me lo dijo la Virgen. Me dijo Ella que
habíamos de oír una voz, y que entonces habíamos de ir a donde nos llevara.
− ¡Ay, Dios mío! –exclamó Aniceta–. ¿Y si os lleva a tiraros de una peña abaju?
− ¡La Virgen nunca podrá hacer eso! La Virgen no lleva nunca por mal sitio.
También me dijo que han de llegar tiempos en que hemos de negar nosotras mismas,
porque vamos a dudar de todo, y va a llegar a dudar casi todo el mundo.

El sábado 5 de agosto, fiesta de la Virgen de las Nieves, se unió Conchita al grupo de


las dos videntes; recuperando como lugar de los éxtasis la iglesia, adonde bajaron desde
los Pinos por la mañana y volvieron al anochecer, rezando sendos rosarios y estaciones

54
al Santísimo:

A las 2 de la tarde llegaron más arriba de los pinos, se arrodillan Loli, Conchita, y
Jacinta, preguntan: ¿Nos vamos a donde, a la Iglesia? Y bajaron desde allí hasta la
Iglesia en éxtasis, fueron al altar mayor, estuvieron unos minutos, pasaron por detrás
cogidas y fueron al altar de la Inmaculada. Cayeron para atrás, las tuvieron las madres,
se levantaron, rezaron el rosario en ese estado muy bien, Conchita delante, las otras
contestaban, después una estación normal, duró hora y media. Por la tarde llegaron a la
Iglesia a las 9 y media hasta las 10 y cuarto. Estaba en el portal cuando llegaron, quise
pasarlas y no pude, llegaron al altar mayor; se pusieron de rodillas en éxtasis y
comenzaron a decir algunas palabras. Conchita pedía perdón por haber ido a la playa, al
cine y hacían mucho hincapié para que hiciera un milagro y así 15 minutos. Después
cayeron hacia atrás; estuvieron 12 minutos, se pusieron de pie, retrocedieron al altar del
rosario, rezaron el rosario Conchita delante, las otras detrás, Conchita lloraba, las otras
menos, terminó el éxtasis y rezaron una estación con la gente. Preguntaban que por qué
Mari Cruz no la veía.

El domingo 6 de agosto sigue sin asistir Mari Cruz al éxtasis, reducido al rezo del
rosario en la iglesia, que por la devoción que muestran impresiona al párroco:

Fueron a misa, comulgaron. Por la tarde a las 9 y cuarto llegó Conchita con un
minuto de adelanto de Loli y Jacinta, estaba cada una en su casa, nada más llegar se
pusieron en éxtasis, a las 9 y media cayó Conchita, a los 15 segundos Loli y, al
momento, Jacinta. A los tres minutos se ponen de rodillas las tres y enseñan rosarios y
medallas, se ponen de pie, van hacia el altar del rosario, lo rezan, una delante, las otras
detrás y, al terminar, termina el éxtasis a las 10:12. Después una estación en estado
natural, ¡Qué diferencia en el rezo!

La novedad del lunes 7 de agosto consiste en que las marchas se convierten en


carreras extáticas, pero sobre todo, según los Cuadernos, en el regreso de Mari Cruz:

Fueron las cuatro a la Iglesia, a las 2 –Mari Cruz hacia tres días que no veía nada, y
vino una tía de Madrid y la llevaba al Prado y le decían a la madre que estaba enferma, y
las otras también–. Vieron a la Virgen del Carmen. Llegaron al altar mayor, estuvieron
derribadas en el suelo, se levantaron y retrocedieron al altar del Rosario y estuvieron
derribadas hacia al lado de Conchita. Rezaron el Rosario, terminó a las tres y cuarto.
Después, la Estación.
Les dijo la Virgen que estuviesen en las casas separadas. A las 7 y media fueron a la

55
Iglesia, salieron todas de casa de Conchita, esta se quedó junto a la pila del agua bendita,
al comenzar a santiguarse hacia donde estaban, las otras salieron todas en éxtasis. Era
noche oscura, al llegar a casa de Conchita se arrodillaron unos minutos, donde atrás
tuvieron aparición. Después fueron al manzanar, se arrodillaron unos segundos, desde
allí a la calleja en la estacada, salieron y fueron a los pinos, se arrodillaron unos minutos,
regresaron a la Iglesia rezando, rosario, estación y escapulario, terminó el éxtasis de hora
y media. Volvieron a rezar otro rosario y estación, les pregunté y me dijeron que durante
su recorrido veían como si fuese de día. Loli perdió un rosario [posiblemente se refiera al
del padre Luis Andreu que perdió al día siguiente], le buscaron mucho y al otro día la
Virgen le dijo a Loli donde estaba, y lo encontró.

El martes 8 de agosto de 1961 coinciden en Garabandal y consideran sobrenaturales


los éxtasis el padre dominico y afamado moralista Antonio Royo Marín (Morella, 1913 -
Villava, 17 de abril de 2005) y los hermanos Andreu. Las cuatro niñas ven en su éxtasis
en los Pinos al padre Luis Andreu, que participa en la visión, y parece ver un milagro
que ellas no han visto. Con todo, Conchita parece dar más importancia al hecho de que
rezaran un Credo –incluso dice que es la primera vez que la visión les enseñaba a rezar–
y a la presencia de Mari Cruz, destinataria del empeño del personaje de su visión por que
rezara bien (p.-50-53):

Era de noche cuando se nos apareció ese día la Virgen. A la salida del rosario nos
pusimos en éxtasis las cuatro y empezamos a caminar hacía los pinos. Llegando allá, el
P. Luis María dijo: ¡Milagro, Milagro! y se quedó mirando hacia arriba. Nosotras le
veíamos bien, pues, en nuestros éxtasis no vemos a nadie, únicamente a la Santísima
Virgen. Al Padre Luis en esta ocasión lo vimos, y la Virgen nos dijo que él también la
veía y el milagro que se producirá.
La gente nos dijo que en los pinos habíamos recitado un Credo (esta fue la primera
vez que la Virgen nos enseñaba a rezar) y que después habíamos descendido hacia el
pueblo en el mismo estado. Cuando llegamos a la Iglesia la Virgen se fue para nosotras
tres, pero a Mari Cruz ya hacía varios días que no se le aparecía la Virgen, ella siguió en
éxtasis y entró en la Iglesia junto al altar de la Virgen del Rosario y de San Miguel,
empezando a rezar con la Santísima Virgen el Credo muy despacio. La misma Mari Cruz
decía que la Virgen iba rezando delante, para enseñarla a rezar despacio, muy bien.
Después del Credo, Mari Cruz dijo la Salve e hizo el signo de la Cruz lentamente y muy
bien, y hablando con la Santísima Virgen ella exclamaba:
− ¡Ay, qué bien que vino el Niño Jesús! ¡Cuánto hacía que no venía!
¿Por qué tardaste tanto en venir conmigo y con las otras tres vienes más?

56
En su comentario publicado en el Diario de Conchita, el padre Morelos se centra en
la figura del padre Andreu (p. -54):

Ese día D. Valentín le dio las llaves de la Iglesia porque él tenía que ausentarse de la
parroquia. Dijo su última Misa en Garabandal. Por la tarde del día 8 de Agosto hubo un
éxtasis de las cuatro niñas que comenzó en la Iglesia. Después las niñas salieron en una
marcha extática de larga duración. Se paraban en los sitios donde anteriormente habían
tenido algún éxtasis y rezaban allí. El P. Luis María siguió todo este éxtasis. Las niñas
subieron a los pinos. Con ellas subió también el P. Luis María. Estando en los pinos es
cuando el P. Luis María entró en el campo de visión de las niñas y cuando por cuatro
veces pronunció la palabra milagro. Las niñas han descrito cómo le vieron. Estaba de
rodillas, el sudor le caía por la cara, la Virgen lo miraba como diciendo: Muy pronto
estarás conmigo.
Un rosario que el P. Luis María había dejado a Loli para que la Virgen lo besara, se
perdió en el monte. El éxtasis terminó en la Iglesia. Vueltas en sí, le dijo Loli al padre:
− He perdido tu Rosario, pero la Virgen me ha dicho dónde está. Vamos a buscarlo.
Serían pasadas las 10 de la noche. Julia la Madre de Loli, dijo:
− No, ahora no. Mejor mañana con luz.
Y el P. Luis María dijo:
− Sí mejor mañana con luz. Y si lo encuentras no se lo des a nadie más que a mi
hermano, que aunque yo no vuelva, mi hermano sí que volverá. Así es como lo hizo Loli
al día siguiente y encontró el Rosario en el mismo sitio exactamente que con toda
claridad se lo había dicho la Virgen.

D. Valentín confirma que en su breve encuentro el padre Andreu le dijo que creía en
la sobrenaturalidad de los sucesos:

Estuvo el Padre Royo Marín y dijo en público: Yo no soy infalible, pero sí


especialista en estas materias y he visto cuatro puntos importantísimos, y creo que esto
es sobrenatural. –Pone que lo afirma, pero esto dijo el Padre no era cierto–. Estuvo
también el Padre Andreu, el teólogo, y dijo algo parecido; el padre Rodrigo dijo que el
haber llevado a Conchita a la playa era una gran imprudencia. Hablé con el Padre
Andreu en Cosío, a la una, estaba preocupado, le llamé estando en el coche y le pregunté
si estaba dormido, bajó del coche, me dijo poco más o menos lo de arriba y que para él
era cosa sobrenatural, pero que todavía no podía ni convenía decirlo, porque toda cautela
será poca en estas cosas por parte de la Iglesia.

La declaración de Royo Marín es mencionada también por el padre Ramón Andreu

57
en un anexo final a su informe, sobre el que no se indica fecha, pero que se ha publicado
en la web garabandal.it:

El P. Royo Marín estuvo en Garabandal el día 8 de Agosto. Aunque subió como


todos, escéptico, a la vista de lo ocurrido ese día, cambió de opinión y dijo repetidas
veces: Aunque no soy infalible, pero soy especialista en la materia, tengo cuatro notas
que no pueden fallar y que me hacen afirmar que esto es sobrenatural.

Morelos narra también (p. 55) lo que sucedió al padre Luis María Andreu en el
automóvil conducido por Rafael Fontaneda hasta que lo atendió en Reinosa el doctor
Vicente González, ambos nombres facilitados por Weber (p. 119):

Esa noche, el P. Luis María, bajó de Garabandal en jeep, hasta Cosío. Allí esperó a
los que bajaban andando. Estaba dentro del coche esperando sobre la una de la
madrugada, cuando llegó D. Valentín. Se acercó al coche para preguntarle algo y el P.
Luis le dijo:
− D. Valentín, lo que las niñas dicen es verdad, pero usted no lo diga todavía, porque
toda prudencia por parte de la Iglesia en estas cosas es siempre poca.
Camino de Aguilar de Campoo iba una caravana de unos cuatro coches y entre ellos
iba el P. Luis María. En ese coche había otras tres personas más. El P. Luis María
durmió durante un rato y al despertar dijo:
− Qué sueño tan agradable he tenido. Ya no estoy ni siquiera cansado.
Llegaron a Reinosa sobre las cuatro de la madrugada. Allí pararon todos los coches a
la entrada del pueblo en una fuente. Descendieron de los coches para beber agua
mientras el P. Luis permaneció en el suyo, con la puerta abierta, rodeado de las demás
personas que le hacían preguntas sobre lo que habían visto.
Al momento de salir quedó en el último lugar el coche en que viajaba el P. Luis
María. Dentro de Reinosa, todavía, el P. Luis dijo:
− Estoy pleno de alegría. Qué regalo me ha hecho la Virgen. Qué suerte tener una
madre así en el cielo. No hay que tener miedo a la vida sobrenatural. Las niñas nos han
enseñado cómo hay que tratar a la Virgen. Para mí ya no puede quedar duda. ¿Por qué
nos habrá elegido la Virgen a nosotros? Hoy es el día más feliz de mi vida. Al decir esto
levantó la cabeza. Como dejó de hablar le preguntaron:
− Padre, ¿le pasa algo? −y él respondió:
No, nada, sueño. Y diciendo esto bajó la cabeza.
El mecánico se volvió y al verle dijo:
− Ay, el Padre está muy mal. Tiene los ojos vueltos.
Allí mismo había una clínica. Nada se pudo hacer más que constatar la autenticidad

58
de su muerte. No se conocía en él enfermedad ninguna. Murió, podríamos decir, de
felicidad, sin agonía. Tenía en el rostro una leve sonrisa de felicidad.

Aunque el padre Luis María Andreu se convirtiera en protagonista involuntario de


esa jornada, estuvo presente el también jesuita padre Lucio Rodrigo, profesor de
Teología Moral en Comillas, que había visitado Garabandal por recomendación de un
sacerdote madrileño apellidado Gamazo, exalumno suyo. (García de Pesquera , cap. IX,
2ª parte).
El miércoles 9 de agosto de 1961 las niñas vieron a la Virgen sobre la segunda caña
del pino que, desde entonces, se llamó “de la Virgen”. Salieron de la iglesia andando
marcha atrás, según los Cuadernos:

Día 9 agosto 1961. Bajaron las niñas a la Iglesia, a las 10:20 se arrodillan, están unos
momentos ante el altar mayor y luego van de espaldas hasta la puerta, hacen el recorrido
por todas partes donde hubo apariciones. Tardan en regresar media hora y luego llegaron
a la Iglesia. Comenzaron a rezar rosario así, al segundo misterio quedaron derribadas
hacia adelante menos M. Cruz; así rezaron un misterio y luego se incorporaron las tres y
siguieron rezando el rosario de rodillas. Las 4 rezaron estación y término. Luego dijeron
otro [rosario estando] naturales, les pregunté que a quien habían visto y dijeron que a la
Virgen del Carmen y que ya hace tres días que no ven al Ángel.

El jueves 10 de agosto relata Marichalar que celebró misa en la que comulgaron las
videntes, salvo Mari Cruz que no asistió, y que tras el rosario parroquial de las 8,30,
llegaron las cuatro videntes a las 21.20 junto a la puerta de la iglesia cerrada:

Cayeron de rodillas junto a la puerta, estuvieron un minuto, regresaron en éxtasis


recorriendo los sitios del día anterior, llegaron a los pinos. Al llegar a la campuca, Loli
se adelantó y como las otras se hincaron unos segundos donde había habido otra
aparición días atrás, Loli, casi totalmente doblada hacia atrás, pues me dijo luego que si
no veía a la Virgen, y después regresaron a la iglesia a las 10 y cuarto rezando el rosario,
el Padre Nuestro por el Padre tan bueno que murió. Después otro rosario en estado
natural, luego les pregunté a quien habían visto[y] dijeron las cuatro que la Virgen del
Carmen, la iglesia estaba llena de forasteros; había cuatro sacerdotes.

La misma escena se repitió, según don Valentín, el viernes 11 de agosto, si bien la


llegada por la noche fue más tarde, a las 22.15, y parece que faltó Mari Cruz:

Loli y Jacinta estuvieron dos minutos, salieron paseando por el pueblo, y al minuto

59
de salir llegó Conchita, que estuvo un minuto en éxtasis en el altar mayor, luego salió
andando de espaldas, y fue a la Calleja donde se arrodilló, subió hacia arriba, antes del
llegar a la Campuca, regresó hacia el pueblo y junto a la casa de Cándido se encontró
con Loli y Jacinta que subían del pueblo; se abrazaron y subieron hasta los pinos,
volvieron a la iglesia siempre en éxtasis, llegaron a las 11, preguntaron por el padre
muerto, el padre tan bueno, que donde estaba –yo les pregunté después y me dijeron que
ya se lo diría a ellas la Virgen–, después estuvieron hablando hasta las 10:20. Rezaron un
rosario en ese estado y 6 Padres Nuestros por el Padre muerto; como siempre no se
confundieron y luego Salve y Credo. Terminó a las 12:20, después rezaron otro rosario
en estado natural por el Padre.

El sábado 12 de agosto, según los Cuadernos, sí estuvieron las cuatro desde las 22
horas:

Jacinta y Loli estuvieron dos minutos en el altar mayor, al minuto llegaron Mari Cruz
y Conchita; salieron todas de la iglesia, fueron por el pueblo, estuvieron en los sitios
donde ha habido aparición, volvieron a la iglesia y al entrar estuvieron unos segundos;
desde allí fueron a la Calleja donde está la estacada, entraron, se arrodillaron unos
minutos, se levantaron, regresaron a la iglesia, rezaron el rosario. Volvieron a salir, en
varios lugares lloran, dicen que vieron estrellas con rasgos muy grandes, siete estrellas
con esos rasgos.

El domingo 13 agosto la escena aumenta en emotividad y se adelanta, tras el rosario


parroquial, a las 21 horas:

Rezaron otro rosario en éxtasis y salieron así al pueblo, entraron y salieron muchas
veces a la iglesia, cuando se juntaban se abrazaban y se alegraban mucho; duró hasta las
10 y media.

El lunes 14 de agosto volvió el padre Lucio Rodrigo, profesor de Teología Moral en


Comillas, acompañado de Alberto Martín Artajo (1905-1979), que fue Ministro de
Exteriores de 1945 a 1957, elegido por Franco para ese cargo hasta cierto punto en
representación de la Acción Católica Nacional de Propagandistas (ACNdP), fundada a
partir de “un grupo de congregantes marianos de los Luises de Madrid, que reúne el día
4 de noviembre de 1908 el jesuita padre Ángel Ayala y Alarcó”.
Martín Artajo, una vez cesado como ministro, presidía desde 1959 y hasta 1965 la
ACNdP. Por tanto es de suponer que podría informar sobre Garabandal al que había sido
durante mucho tiempo guía espiritual de la ACNdP, el santanderino Ángel Herrera Oria

60
(1886-1968), obispo de Málaga desde 1947 y que en 1965 sería creado cardenal. Ese día
pudieron presenciar un éxtasis relativamente normal, según Marichalar, que dice haberse
acostado a medianoche, mientras que Ramón Andreu se quedó despierto hasta las 3 y
probablemente fue quien presenció la ronda que las otras tres videntes hicieron a Mari
Cruz:

Salieron del rosario en estado normal [a las] 9 y cuarto. Después salieron y Conchita
se puso en éxtasis junto a la fuente y Loli en su casa, así como Mari Cruz y Jacinta,
dieron vueltas por el pueblo; cuando se juntaban se abrazaban, se separaron, a una hora
llegó Jacinta sola a la iglesia preguntando donde se encontraban, salió hasta que se
encontraron. Al principio salieron juntas y se separaron, al terminar se iban quedando
cada una en su casa y al llegar al umbral de la puerta quedaban en estado normal.
Terminó cerca de las 11 y media. Estuvieron Martín Artajo, el Padre Rodrigo y mucha
gente. Me fui a la cama a las 12. El Padre Andreu se quedó hasta las 3, las niñas salieron
de casa de Conchita, Loli, y Jacinta. Mari Cruz se acostó, fueron hasta casa de Mari Cruz
cantando el rosario y al llegar a casa de Mari Cruz parece que decían a la Virgen: A ver,
a ver, repítalo otra vez. Y luego le cantaron lo que sigue: Levántate Mari Cruz que viene
la Virgen buena con un ramito de flores para la niña pequeña. Recoge las azucenas que
te trae la Virgen para que seas buena, niña hermosa, niña santa, eres muy cariñosa, pero
no te levantas –en estas dos falta un verso en cada una–. Dos veces repitieron, Mari Cruz
¿no te levantas ni aunque te cante?

El martes 15 aprovechó Marichalar para ir a Santander; no hubo aparición hasta la


madrugada del 16 y por esa parte empieza su relato el párroco:

Dicen las niñas que hablaron con el Padre muerto y que le dijeron a su hermano que
hiciera sacrificios. Yo fui a Santander el 15 por la tarde, estuve con la comisión y con
Pajares, al que encontré ecuánime como siempre, no así Piñal que parecía un
superdotado, me dio unos cuantos consejos y como me parecía que se sobrepasaba de su
misión le contesté que haría solamente lo que me mandase el señor Obispo. Dijo frases
de las niñas que no me gustaron, como que mentían, que cuando se ponían en trance se
ponían como una perra, etc. Me leyó la de Fontaneda, el diálogo que tuvieron con el
Padre Andreu, decían: Oigo una voz que no se dé quien es. ¡Ah sí! Del Padre Andreu, es
tu voz, pero más fina. ¡Ah sí!, hay otro señor Luis Gonzaga. Preguntaron: ¿Qué le
decimos a tu hermano? Ah sí, que haga sacrificios.

Conchita apunta en su Diario (p. 57) que el encuentro con el padre Andreu previsto
para el día 15 no tuvo lugar porque “hubo muchas excursiones y venían de juerga y

61
armando escándalo” y que tuvo visión en su casa a la hora en que había muerto el padre
Andreu, a las cuatro de la mañana:

Ya hoy no vendrá el Padre, pero vendrá mañana.

Esa visita anunciada fue el miércoles 16 a las 20 horas. El padre Luis María les
habría dado encargos para su hermano Ramón, enseñándoles palabras en francés, inglés
y alemán, así como a rezar en griego. Ramón Andreu estuvo junto a las niñas y el padre
Royo Marín lo calificó de “verdadera maravilla”. Conchita escribe una carta al padre
Ramón con lo que le dijo el padre Luis sobre su hermano.
Según el Diario, la visión anunció para el día siguiente una enigmática voz que no
debía ser diabólica o estar de alguna manera enfrentada a la visión que presenciaban las
niñas, ya que esta les dijo que la siguieran (p. 58-59):

Al día siguiente entre las 8 o 9 de la noche se nos apareció la Santísima Virgen muy
sonriente como de costumbre y nos dijo a las cuatro:
− Ahora vendrá y os hablará el Padre Luis.
Al poco rato vino y nos llamó a una por una, pero nosotras no le veíamos nada,
únicamente oíamos su voz. Era exactamente igual que cuando hablaba en la tierra
cuando nos daba consejos.
Nos hizo algunos encargos para su hermano el Padre Ramón María Andreu. Nos
enseñaba palabras en francés y aún a rezar en griego. También nos enseñó palabras en
inglés y en alemán.
Al cabo de un rato ya no escuchábamos su voz. Entonces se nos apareció la Virgen,
quien estuvo un momento más y se marchó.
Nos dijo la Virgen ese día:
− Mañana oiréis una voz, no os asustéis, pero seguidla.

El padre Ramón Andreu quiso irse, enfadado al saber que las niñas anunciaban que
iban a hablar con su hermano fallecido; pero se quedó e incluso permitió al padre
Morelos fotocopiar y publicar la carta de Conchita (Diario, p. 57-58):

Esto me decepcionó completamente y pensé que se trataba de un caso de fácil


sugestionabilidad de las niñas. En ese momento pensé ausentarme de Garabandal.
Pregunta: ¿Y por qué se quedó?
Respuesta: Porque aquellos con quienes había ido querían quedarse.
Pregunta: ¿Y qué sucedió después?
Respuesta: Que me quedé estupefacto al oír algunas de estas conversaciones. En una

62
de ellas las niñas iban repitiendo todo lo que el P. Luis María les contaba relacionado
con su muerte y con su entierro. Por ejemplo: cuando decían la manera cómo había sido
amortajado, repetían los nombres de los atuendos sacerdotales que le habían puesto.
También la manera de cómo había habido algunas variantes. Así que no le pusieron
bonete, que las manos llevaban el crucifijo en lugar del cáliz. También la razón de por
qué se hizo esto.
En otra de las conversaciones también oí cómo hablaban sobre el hecho de que mi
hermano había muerto sin haber hecho todavía la última profesión. A la vez hablaban de
cuando yo la hice, del sitio y de otro compañero que la hizo conmigo. Este era un tema
en el que yo no había pensado y por eso era verdaderamente asombroso para mi el oírlo
con tanta exactitud. También presencié y oí en boca de las niñas frases en diversos
idiomas así como el Ave María en griego, tal como Conchita lo cuenta en su diario.
Pregunta: Y qué piensa usted de todo eso?
Respuesta: Que no deja de ser una cosa muy asombrosa. Por lo demás yo me he
limitado a constatar la historia que allí he visto. Si ustedes se refieren en su pregunta a la
calificación de los hechos, he de decirles que en la Iglesia hay quienes tienen la
obligación de estudiarlos y calificarlos, y a mí me toca nada más que esperar esta
calificación.
Ponemos a continuación una carta que el Padre nos deja leer y fotocopiar y que se
refiere a algo que le hemos preguntado.
Sólo dos letras para decirte que he hablado con el Padre Luis y me ha dicho que te
dijera a Ud. que estabas haciendo las cosas muy bien y que él tiene ganas de que vengas
aquí, pero que tenías que seguir obedeciendo al Señor Obispo.
También me dijo cómo se llamaba Jacinta y Cruz en francés. Y me dijo cómo se
escribía. Me dijo que era así:
Loli − MARIE DES DOULEURS; Cruz − MARIE-CROIX.
Jacinta − JACINTHE; [Conchita] MARIE-CONCEPTION. Bueno no le pongo más
porque J’AI UN APPEL Reciba el cariño de Conchita González. Adiós. Y me dijo este
cantar en francés:
Espoir, Espoir. Au ciel étoilé,
Espoir et sourit Notre Mère.
Paraît et sourit Notre Mère.
Espoir, Espoir. Marie a parlé
Son FILS entend Notre prière.

Aunque no literalmente, estas palabras recuerdan según algunos el episodio del canto
de la canción Mère de l’Esperance –Madre de la Esperanza–, que compuso en plena
revolución de 1848 el canónigo Paul-Marie Prud’homme (1812-1882). Este cántico fue

63
entonado por las personas que acompañaban a cuatro niños que contemplaron una
aparición de la Virgen en el cielo el 17 de enero de 1871 en Pontmain, cerca de Laval, en
una Francia entonces invadida por Prusia. La aparición sonrió y acompañó el cántico con
el movimiento de sus brazos. El ejército prusiano no tomó Laval, el 26 de enero se firmó
el armisticio y los 38 jóvenes de Pontmain que habían sido movilizados regresaron sanos
y salvos.
Ya en la tarde de ese miércoles 16 de agosto, Marichalar precisa que el éxtasis fue a
las 22 horas:

Subieron al coro, se ponían en la reja del presbiterio y saltaban abajo. Oyeron la voz
de que hacia unos días habían sabido que oirían. Preguntaban quién era, Mari Cruz
lloraba, decía: Si no me dices quien eres me voy a casa. Saltaron en el coro de un banco
a otro, y en el altar mayor y en el de enfrente.

Para Conchita, la novedad fue que la aparición las besara, para compensar el susto
causado por la voz que les hablaba:

Se nos apareció la Santísima Virgen a las cuatro; estuvo unos minutos muy sonriente,
pero no nos dijo nada. A los pocos minutos se nos hizo de noche y oímos la voz que nos
llamaba. Entonces Mari Cruz exclamó:
− ¡Dinos quién eres, pues si no, nos vamos a casa!
Mientras oíamos esa voz estaba muy oscuro y no veíamos a la Virgen, pero después
venía Ella y se ponía muy claro y nos dijo:
− No os asustéis.
Después nos habló un momento. Precisamente esa noche fue la primera noche que
nos besó, una por una, y después se marchó.

El jueves 17 el personaje mariano les dirigiría el rezo del rosario para enseñarles, y
aunque Conchita no lo anota en su Diario (p. 60), se produjeron levitaciones
espectaculares:

Al día siguiente casi a la misma hora se nos volvió a aparecer la Santísima Virgen y
lo primero que nos dijo fue que recemos el Rosario.
Nosotras, claro, como nunca lo dirigimos, Ella nos dijo:
− Yo lo dirigiré y vosotras lo seguiréis.
Ella lo rezaba muy lentamente, diciendo:
− Santa María.
Y nosotras también decíamos:

64
− Santa María.
Luego rezábamos:
− Dios te Salve María, igual que cuando se reza el Rosario, pero todo muy despacio.
Al llegar a la Salve nos mandó cantarla y nosotras la cantamos. Cuando terminamos
de rezar el Rosario, Ella nos dio un beso y, antes de marcharse, nos dijo:
− Mañana volveré.

Después de rezar el rosario, a las 21, estando las cuatro en éxtasis a las puertas de la
iglesia, Loli y Jacinta se elevaron estando de rodillas y saltaron dos metros. A las 23
horas acabó el éxtasis. Marichalar relató los pormenores de esos fenómenos
extraordinarios, empezando por los éxtasis que estaban en curso cuando llegó al pueblo a
las 15 horas:

Estaban en éxtasis Loli y Jacinta, subieron a los pinos por separado, subían y bajaban
ligeras, a Loli no la podía seguir su padre, cuando yo llegué estaban en el pueblo, Jacinta
de rodillas junto a la casa de Granda, Loli iban y venía hacia la iglesia, anduvo de
rodillas, después estuvo Jacinta derribada unos 15 minutos, después llegó Loli, estuvo
derribada otros minutos, cuando llegaron Loli y Jacinta se reía, duró hasta las 5, al
terminar estaban como si nada hubiese pasado. Por la noche a las 9 después del rosario,
las cuatro [en] éxtasis Loli y Jacinta y Conchita y Mari Cruz. Vi a las dos primeras saltar
a la puerta de la iglesia de rodillas, como elevarse y dar salto de 2 metros, oyeron la voz
de hace tres días y contestaban a ella muy fuerte, rezaron la estación, el final del rosario,
otra estación con oración y Credo, Salve, tres Padre Nuestros. Loli decía la letanía,
esperando la contestación del Ora Pro Nobis. A las 11 terminaron y como si nada
hubiera pasado.

Los fenómenos extraordinarios se multiplicaron el viernes 18 de agosto, después de


que esa mañana fueran a misa y comulgaran las tres habituales, pues a Mari Cruz la llevó
su madre al prado:

A las 8 fue el rosario con mucho público de fuera, a las 9 en éxtasis las cuatro.
Venían Conchita y Mari Cruz juntas y Loli y Jacinta, estuvieron así hasta las 11, después
quedó sola Conchita, aseguran que a trozos iban en el aire, ella también lo asegura.
Desde casa de Chon hasta casa de Maximina elevada como medio metro. Estaba Loli
cenando y lavando los platos cuando de repente salió como una flecha, comenzó una
carrera extática y dicen que fue en el aire desde casa de Catalina hasta casa de Conchita;
aun ahora la vi yo que venía a todo correr, los muchachos no podían seguirla, se paró en
seco sin moverse, luego salió Jacinta, dio unas cuantas vueltas en éxtasis y dice que fue

65
en el aire desde la Socarrena hasta casa de Aniceta. Yo oí a mucha gente que lo vio y
decían impresionados que Conchita junto a su casa se elevó casi medio metro y lo
mismo al pasar el puente hacia la iglesia.

El sábado 19 de agosto Marichalar no registra nada extraño, salvo una referencia a


supuestos mensajes. Pero, tras un gran éxtasis de dos horas y media con dos rosarios, se
inauguran los éxtasis individuales en casa de las videntes. Para empezar, la misa fue
tarde, a las 11, excusándose el párroco en que “me encontraba mal”; solo asistieron y
comulgaron Jacinta y Loli, y Marichalar regresó a Cosío, por lo que lo anotado es por
referencias:

Después del rosario se quedaron en éxtasis las cuatro, rezaron dos rosarios, uno
cantando por el pueblo. También entraron en la iglesia y fueron a ratos separadas. Duró
dos horas y media. Parece que se les oyó algo de tres mensajes para tres años.

Según el Diario de Conchita (p. 60-61), en esta ocasión habrían pasado casi toda la
noche en éxtasis, y los éxtasis por separado casi podrían parecer una táctica de la
aparición para hacer más llevadero el apartamiento que, de forma voluntaria o derivada
de la oposición de sus padres, parecía producirse en Mari Cruz, a quien, quizá por eso
mismo, la visión trata con un afecto particular:

Al día siguiente como Ella lo anunció vino y nos dijo igual que el día anterior:
− Rezad el Rosario.
Así lo hicimos en esa noche.
Fuimos a los lugares en que se nos había aparecido la Santísima Virgen al principio.
La gente después nos dijo que en éxtasis, habíamos subido a los Pinos y que anduvimos
de pino en pino rezando de rodillas.
Hasta ahora en todos estos éxtasis hemos estado las cuatro juntas: Jacinta, Loli,
María Cruz y yo. Pero ya empezamos a tener éxtasis cada una por separado en nuestras
casas. Así nos llamaba la Santísima Virgen sin estar juntas sino separadas. Pero siempre
en éxtasis veíamos a la Santísima Virgen.
Como Mari Cruz había tenido ya la aparición primero y se había ido a la cama,
pedimos a la Virgen que nos enseñara unas canciones para cantarlas a Mari Cruz
discurriendo nosotras alguna palabra y Ella nos ayudaba con lo demás en la forma
siguiente:
Levántate Mari Cruz, /Que viene la Virgen buena /con un cestito de flores, /para la
niña pequeña. /Mari Cruz, Mari Cruz /qué pena nos da de ti. /Rézale mucho a la Virgen
/para que se vuelva donde ti. /Mari Cruz, Mari Cruz /¿No te huelen las azucenas? /te las

66
trae la Virgen /para que seas buena.
Esa noche estuvo la Santísima Virgen con nosotras desde las 9 de la noche hasta las
7 de la mañana. Esa noche jugamos a los tíos [al escondite] con la Virgen. Nos
escondíamos dos de nosotras y otras dos nos encontraban.

Para el domingo 20 de agosto registra Marichalar una estancia del padre Ramón
Andreu que es muy similar a la anterior y de la que en cambio no dice nada Conchita:

Llegó el Padre Andreu, recé el rosario a las 7 y media, comulgaron después del
rosario, éxtasis a las 9:10 hasta las 11, rezaron rosarios, cantados, estuvieron en la
entrada de la iglesia derribadas casi media hora. Hablaron de cosas pasadas en el día,
salieron sobre las 11 del éxtasis, volviendo Conchita en seguida. Dicen que estuvo
hablando alemán y francés, lo dijo el padre y un Fontaneda. Terminó a la 1, también
estuvieron así Jacinta y Loli. Me fui a la cama a las 2. Fueron a llamarme para que les
diera la llave, pues volvió Loli al éxtasis hasta las 5 de la mañana. Me dice el Padre
Andreu que Loli habló francés, alemán, y latín con su hermano el muerto. Él lo tenía
anotado. Anoche vio al Ángel, al niño y a la Virgen del Carmen.

El lunes 21 de agosto los Cuadernos vuelven a registrar la presencia de Ramón


Andreu y un agitado éxtasis de apenas una hora:

Dije la misa a las 9. A las 11 el Padre [Arnau]. Vinieron Loli y Jacinta sin comulgar
por haber desayunado. Comulgaron en la del Padre. A la 1 y media salen de casa de
Ceferino en éxtasis Loli y Jacinta, vienen a la iglesia, cantan la estación, el Ave María,
entran salen de pie dos veces hasta terminar la estación. Rezan Salve y Credo, se
persignan, enseñan los rosarios, saltan de rodillas desde la puerta hacia dentro, hacia el
altar mayor, se levantan, se echan hacia atrás casi topando la cabeza con el suelo, una
aguanta a la otra, se cae para atrás acostada Jacinta, Loli sigue de pie, Jacinta pregunta
¿por qué no me llamaste anoche? Se levanta, va hacia atrás hasta la puerta, sale
corriendo, vuelve Loli, le pone una sandalia en el altar mayor a Jacinta, regresa Loli
andando y Jacinta de rodillas, a las dos, Jacinta sale del éxtasis, Loli sigue 15 minutos
más y hablaba del Padre Ramón que tenía una máquina de escribir, él lo anotó, terminó a
las 2 y media.

67
EL PRIMER CERROJAZO

El 22 de agosto de 1961 fue el tercer día de presencia notoria de miembros de la


comisión supuestamente encargada por el administrador apostólico, monseñor Doroteo
Fernández, de examinar los sucesos de Garabandal: el 2 de julio destacó la presencia del
secretario Odriozola; el día 11 el protagonismo fue de los médicos y esta vez sería la
definitiva.
Aquel martes hubo otro personaje que quedó vinculado a Garabandal: el sacerdote
asturiano José Ramón García de la Riva, que llegó por primera vez, movido “por un dejo
de curiosidad” y las referencias que le dio el sacerdote Manuel Antón. Hasta 2011 no
publicó en castellano sus Memorias de un cura de aldea.
En los Cuadernos relata Marichalar que tras el rosario, en un éxtasis que duró desde
antes de las 11 hasta las 12,22, las cuatro niñas anduvieron cogidas del brazo en éxtasis,
caminando por la calle, y más tarde entrando varias veces en la iglesia.
García de la Riva, que salvo a Jacinta había conocido a las niñas antes de entrar en
éxtasis, cuenta en sus Memorias (p. 45) que Marichalar le pidió que cerrara la iglesia
para evitar que, como había sucedido en días anteriores, la gente entrara
desordenadamente en ella. Pero se lo impidió Mari Cruz, “que entraba a la carrera la
primera, cayó a la entrada de la Iglesia, pero dentro de ella y a la vez las otras niñas
extáticas, cayendo en grupo unas sobre otras, sin embargo sus vestidos quedaron bien
colocados tapándoles hasta las rodillas. Quedaron formando como un cuadro escultórico,
más digno de ver y de admirar que de ser retratado”.
El sacerdote asturiano se quedó rezando dentro de la iglesia y pudo ver a las niñas en
éxtasis:

Las niñas rezaban ante el Santísimo y todo su porte externo era de una vistosidad
admirable. Rezaban en voz baja con la cabeza hacia atrás.

Particularmente le sorprendió lo que pasaba cuando Loli entraba sola en la iglesia (p.

68
46):

Llegaba hasta dentro del presbiterio, rezaba, se tendía a lo largo boca arriba, y
causaba admiración; pero su vestido quedaba bien colocado sin faltar al pudor. Llamaba
la atención por lo desacostumbrado, pero a la vez era agradable a la vista.

Cuando el 8 de abril de 2018 pregunté en persona en Garabandal a García de la Riva


por qué creyó que era verdad lo que decían las niñas sobre las apariciones, contestó:

Yo las veía, que aquello no era como ver cuatro chiquillas, tenían cara virginal, era
una cara especial, una cara en gracia, sin duda ninguna. Por eso desde el primer
momento las niñas para mí quedaron catalogadas como que la Virgen Santísima se valía
de ellas como instrumentos para lo que ella pretendía, que es que cada uno vaya poco a
poco avanzando en la perfección. Aquello no era de personas que no estuviesen tocadas
por el cielo. Nunca había visto otro tanto. Después jugaban como las demás, corrían de
un lado para otro, chillaban, y en la iglesia también iban a gran velocidad, como todos
los críos, pero cuando estaban en éxtasis y rezaban, la Virgen Santísima les iba
enseñando a ir despacio en las oraciones.

En el mismo lugar y fecha se topó García de la Riva con la comisión diocesana, si


bien observó que “los médicos no intervinieron” (p. 48):

El único que estaba con Conchita era ajeno a la Comisión. Se limitaron a lo


siguiente: Entró el Dr. Piñal en la Iglesia y dijo en alta voz:
− ¿Aún continúa esta farsa?
Estaba el Dr. D. Celestino Ortiz, pediatra que se haría mundialmente famoso por sus
actuaciones y estudios de las niñas videntes desde los comienzos de las Apariciones,
tomando las pulsaciones de la niñas. Conchita contestó:
− Aquí el único farsante es usted. No es este lugar a propósito para decir semejantes
cosas y mentir en público.
Uno de los sacerdotes de la Comisión, colocándose en el presbiterio de espaldas al
Santísimo y naturalmente frente a las niñas y a las gentes de la Iglesia, dijo en alta voz:
− ¡En esto no creo, pase lo que pase!

García de la Riva pudo incluso oír alguna deliberación de la comisión dentro del
templo (p. 49-50):

− Vamos a cerrar la iglesia al culto. A D. Valentín le vamos a mandar un mes de

69
vacaciones porque, como está nervioso, aceptará de buena gana. Al padre jesuita Ramón
María Andreu, al que confundían con su hermano Luis, que en los Pinos había dicho
¡Milagro!, ¡milagro!, le mandaremos marchar. Impediremos subir a sacerdotes. Y si esto
es de Dios se abrirá camino.

Del debate que hubo aquella noche en la pequeña sacristía, antes de las decisiones de
la Comisión, tenemos esta escueta referencia del doctor Ortiz:

Allí, en presencia del párroco, don Valentín Marichalar, del padre Andreu, S.J. y de
los que se decían de la Comisión, traté de demostrar a estos que estaban confundidos en
muchas de sus apreciaciones. Tuve que terminar diciéndoles que yo no había subido allí
para perder el tiempo discutiendo; que lo primero que había que hacer era observar con
todo detenimiento las cosas.

El viernes 23 le comunicó Marichalar a García de la Riva, en presencia de Andreu,


que la comisión había ordenado que los tres se fueran del pueblo; el asturiano dijo que ya
lo sabía y que no le parecía bien (p. 52):

Don Valentín se acercó al P. Andreu y hablaron unos momentos. Después se acercó


de nuevo a mí y me dijo: Pensamos otra cosa. Vd. se va a quedar hoy de párroco. Yo
tengo que ir al obispado a dar detalles de los acontecimientos de estos días.
Le indiqué al padre Andreu S.I. que me sentía animado a escribir una carta
certificada al Sr. Administrador Apostólico, comunicándole la mala impresión que me
había causado la Comisión. Le pareció bien y lo llevé a efecto.

En esa carta pedía que la comisión fuera sustituida por otra más ecuánime: “Sería
comisión si viniera a estudiar, pero una comisión que viene a destruir, no me cabía en la
cabeza. La comisión ya desde el principio no quería saber nada”, me explicó García de la
Riva el 8 de abril de 2018.
Esa misma tarde del 23 de agosto de 1961, Andreu le comunicó que “se había
recibido una notificación del Obispado, para que se les cerrara las puertas de la Iglesia a
las niñas cuando estuvieran en éxtasis” (p. 53), lo cual llevó a efecto García de la Riva
antes de que aparecieran en ese estado después del rosario:

Entonces Loli y Jacinta quedaron situadas de esta manera: Delante de la puerta de la


Iglesia cerrada, un servidor y, ya dentro del pórtico, frente a mí y delante, Loli y Jacinta,
y detrás de las niñas las personas que les acompañaban por el pueblo. Pues bien, estando
como digo las niñas delante de mí, Loli dijo con voz suave pero perceptible:

70
− ¿Por qué nos cierran las puertas de la Iglesia? Nosotras no venimos a hacer nada
malo en ella. Si no nos la abren, no volveremos a entrar en ella.
Yo por mi parte les dije –aunque no lo escuchaban–:
− Tenéis razón, pero hay que cumplir órdenes.
Soy testigo de excepción de este hecho y se puede comprobar cómo las niñas desde
ese día no volvieron a entrar en éxtasis dentro de la Iglesia, ni se extasiaron más dentro
de ella, para cumplir el precepto del Sr. Administrador Apostólico. Se limitaban en sus
éxtasis, cuando venían hacia la Iglesia, a rodearla con las personas que les acompañaban,
rezando el rosario o cantando la Salve, o recibiendo Loli y Conchita la Comunión
invisible en el pórtico de la Iglesia.

En los Cuadernos de Marichalar, ese último día de estancia de García de la Riva se


relata evitando decir por qué causa estaba la iglesia cerrada:

Conchita anduvo por todo el pueblo con las manos enlazadas en la nuca todo el
tiempo, y rezando el rosario con la aparición. Mari Cruz no tuvo aparición.
[Jacinta y Loli] se hacen la señal de la cruz en los pilotes y después avanzan hasta la
puerta, Jacinta dice: ¿Por qué no abren la iglesia? ¿Por qué no la abren?, quiero que la
abran. Loli no decía nada. Jacinta hace otra vez la señal de la cruz, oscilan una antes y
otra después, Jacinta se ríe, salen al llegar a la puerta de la casa de Loli. Jacinta se ríe y
Loli sonríe. A las 12:25, caen las dos ante la puerta.
Son las 12:59, a pesar del frío de la noche, tienen las manos calientes. A la 1:02
Jacinta se levanta y oscila arrodillada, a la 1:04 Loli se arrodilla con los brazos como la
Milagrosa, a la 1:05 se santigua, se levantan, andan hacia atrás cogidas de la mano,
esquivan una esquina muy cerca de ella, van a la iglesia, al llegar a los pilotes se paran,
se santiguan, se persignan, y siguen hasta la puerta de la iglesia. Jacinta dice: que abran
la iglesia, contesta Loli: está cerrada.
Salen hacia casa de Conchita llegan a la 1:29. Dice Loli: Despierta niña despierta,
mira que ya amaneció y la Virgen está aquí porque te quiere mucho.

El jueves ya no hay noticias de éxtasis a la salida del rosario del pueblo y se pasa a
un horario de madrugada. Ya ha comenzado el viernes 25 de agosto cuando el redactor
de los Cuadernos (supuestamente don Valentín) le da –dice que “de acuerdo con el cura
de Ribadesella y el cura asesor religioso de Instrucción Pública”– a la 1,15 un plazo de
“unos minutos” a Conchita –que había dicho tener dos llamadas– para que se vaya a
dormir:

Me dice ella: bueno como Ud. quiera. Me marcho, no hice más que salir y al minuto

71
cayó en éxtasis. Salió la niña, dio unas vueltas muy ligera, otras más despacio, rezó el
rosario y terminó el éxtasis. Vino a la Iglesia natural, a rezar otro que le mandó la Virgen
y al empezar a la puerta de la Iglesia se puso otra vez, rezó tres misterios, es la primera
vez que, en éxtasis, contesta el pueblo. Después siguió rezando con el pueblo el resto del
rosario, credo, salve y letanías. Terminó junto a su casa y salió del éxtasis a las 3. Las
otras dos –Loli y Jacinta– salieron de casa de Ceferino una hora antes, recorren varias
veces el pueblo y quedan junto a casa de Ceferino, Jacinta derribada y Loli de rodillas,
rezan el rosario, termina a la una. Cuando terminó le pregunte a Conchita qué había
dicho la Virgen de que la Iglesia estuviese cerrada. Dijo que había dicho que era mejor
que estuviese abierta pero que no le dieran importancia y obedecieran siempre a D.
Valentín.

El sábado 26 de agosto, el Administrador Apostólico dio a conocer una “Nota sobre


los sucesos de San Sebastián de Garabandal”, publicada en el Boletín Oficial de la
Diócesis de Santander, (BODS, 1961, VIII, p. 154), en la cual expresa su deseo de que ni
sacerdotes ni religiosos o religiosas acudan a Garabandal, y aconseja que tampoco lo
hagan los laicos, con lo cual se entiende que para los clérigos hay poco menos que una
prohibición o, cuando menos, necesidad de pedir permiso; no por negar la
sobrenaturalidad de los hechos, sino para no distorsionarla en caso de que existiera –pues
evitar la espectacularidad facilita que se vea la verdad, afirma al final–.
El tono de la nota intenta ser, por tanto, positivo: si no hay aún obligación de afirmar
la sobrenaturalidad de los hechos, puede haberla en el futuro. Pero quien hubiera visto
actuar a la comisión entendería que el juicio que se considera prematuro es el de la
sobrenaturalidad de los hechos, y que es el supuesto informe de la comisión el que frena
tal reconocimiento. El texto de la nota era:

Ante las constantes preguntas que se nos hacen acerca de la naturaleza de los sucesos
que vienen ocurriendo en la aldea de San Sebastián de Garabandal, y con el deseo de
orientar a los fieles en la recta interpretación de los mismos, nos hemos creído obligados
a estudiarlos detenidamente, a fin de cumplir con nuestro deber pastoral.
Con este fin nombramos una Comisión de personas de reconocida prudencia y
doctrina para que nos informasen, con toda garantía de objetividad y competencia,
acerca de dichos acontecimientos.
En vista del informe que nos ha sido presentado, creemos prematuro cualquier juicio
definitivo que quiera pronunciarse acerca de la naturaleza de los fenómenos en cuestión.
Nada, hasta el presente, nos obliga a afirmar la sobrenaturalidad de los hechos allí
ocurridos.
A la vista de todo esto, y condicionando el juicio definitivo a los hechos que se

72
produzcan en el futuro, manifestamos:
1. Es nuestro deseo que los sacerdotes, tanto diocesanos como extradiocesanos, y los
Religiosos de ambos sexos, aun los exentos, se abstengan por ahora de acudir a San
Sebastián de Garabandal.
2. Aconsejamos al pueblo cristiano que hasta que la autoridad eclesiástica no de su
dictamen definitivo sobre el caso, procuren no concurrir al mencionado lugar.
Con estas medidas provisionales no estorbamos ciertamente la acción divina sobre
las almas, antes al contrario, quitando el carácter espectacular de los hechos, se facilita
grandemente la luz de la verdad.

La actitud de la comisión quedó patente al padre Lucio Rodrigo cuando fueron a


visitarle a San Vicente de la Barquera algunos días después, “una de las primeras
mañanas de septiembre”, según García de Pesquera, que copia lo que le narró el jesuita
en el capítulo IX, 2ª parte. Estaban los tres sacerdotes –Sáez, del Val y Odriozola– a los
que había dado clase en la Universidad de Comillas y el doctor Piñal:

No me fue difícil entender –ha declarado el padre– que no buscaban precisamente mi


opinión, como elemento que les sirviese en orden a formar juicio: ellos venían ya con el
juicio vencido, en posición contra el posible signo sobrenatural de los sucesos.

El padre Rodrigo trató de animarles a buscar la verdad:

Ante sucesos como los de Garabandal, surgen en seguida dos posiciones muy
definidas: una, la de la gente devota y sin complicaciones, que pronto se emociona y
fácilmente los cree de Dios; otra, la de los sacerdotes y otras personas más o menos
intelectuales, que en principio siempre desconfían y fácilmente tienden a negar o a
encogerse de hombros, como si eso fuera lo más inteligente. Pero hay una tercera
posición, que es indudablemente la más acertada, y la única admisible cuando, como en
su caso, se tiene una grave responsabilidad sobre el asunto; y esta posición es la de
acercarse seriamente a los hechos, estudiarlos con toda imparcialidad, sin precipitaciones
y sin prevenciones, buscando la verdad, que es buscar a Dios, por encima de todo.

La impresión que Rodrigo transmitió a García de Pesquera era la de que sus


visitantes “andaban muy especialmente a la caza de datos o pruebas en contra”, pero
Sáez al menos apreció el consejo, acercándose discretamente al jesuita para decirle:
“Estoy con usted, P. Rodrigo”.
En Garabandal, el lunes 28 de agosto las niñas rezan el rosario por el pueblo, y
mientras don Valentín –que como se ve no es el redactor de los Cuadernos ese día– hace

73
un encargo piadoso, la madre de Jacinta hace otro para poner a prueba la naturaleza de la
visión:

Estábamos en la cocina, el padre de Loli, D. Valentín, una chica francesa de 19 años,


cuyos padres no querían que se bautizase, cuatro señoras, Jacinta, Loli, una hermana de
Loli, y yo. A las niñas se les pidió que dijesen a la Virgen que los padres de la francesa
la dejasen bautizarse. La madre de Jacinta dio a Loli un frasquito con agua bendita, para
que se la echase a la visión, por si era el demonio.
Cuando les preguntamos qué hacía la Virgen cuando ellas le echaban el agua bendita,
nos contestaron que se reía, y que decía, al decirla ellas que lo hacían porque había quien
opinaba que era el demonio: no lo soy, no.

El martes 29 de agosto Mari Cruz tuvo la visión en el balcón de su casa, porque su


madre se la llevó cuando parecía que iba a tenerla en compañía de Conchita, según
transcriben los Cuadernos:

Se puso en éxtasis Conchita a las 11 y le oí, preguntar: ¿Todos los sacerdotes son
buenos? E hizo un gesto como de admiración, luego le pregunté por qué hizo ese gesto, y
me dijo que no lo podía decir, y luego me añadió que la Virgen le había dicho que
efectivamente no todos los sacerdotes eran buenos. También preguntó por qué no venía
vestida como la Virgen del Carmen y dice le contestó que era igual, que Ella es María, y
que otro día vendría vestida distintamente. ¿Por qué dices Santa María, si tú eres María?
Y dice que le contestó que para enseñarlas a rezar. Pregunté: No habías dicho que si
estaba sola, no te volvería a ver? Y me contestó que cuando tuve la primera llamada
estaba allí Mari Cruz, y así era. Pero después de la primera llamada vino la madre de M.
Cruz y se la llevó. Estuvo derribada junto a casa de Loli y hablo algo que no puede
entender. Estuvo parada junto a la puerta de Loli y dijo: no entro porque es taberna.
Junto a la Iglesia habló del Sr. Obispo que no pude entender, estando a la puerta de su
casa el hermano mayor me preguntó que por qué había tanto público, que si la podía
meter en la casa, yo le dije que lo que quisiese y la cogió en brazos y metió en casa, le
pesó como 90 kilos, dejó la puerta abierta y la niña salió otra vez. Me dijo [que] tocó el
escapulario de la Virgen que no era ni de tela, ni de papel, ni de madera ni de metal ni de
carne. Que ella no sabe de qué era, que en el portal de la Iglesia, le mandó quitar un
pendiente que traía y le mandó abrir el escapulario que traía para besarlo. Terminó a las
11:45. Mari Cruz estuvo en su balcón a las 12, preguntaba: ¿Por qué no me besas?
Hablaba de las cosas del día. ¿Tampoco besaste a Conchita? ¿Vuelves mañana?

En la madrugada del miércoles 30 de agosto todas las niñas tuvieron éxtasis, pero

74
solo Conchita salió fuera de su casa, porque el padre de Loli impidió a esta salir en
compañía de Jacinta; motivo por el cual la aparición se enfadó, pero dijo que
obedecieran:

El padre les había dicho que no las dejaría salir fuera de casa; a la 1:27 entran en
éxtasis en el piso de arriba de la casa de Loli, bajaron la escalera en este estado y se
fueron directamente hacia la puerta, forcejean, intentan salir cosa que prohibió el padre
de Loli, dice Jacinta: ¿Te vas porque nos cierran? Ay qué pena, Y luego las dos: ¿Por
qué te vas? ¡Qué pena, qué pena! Se santiguan y se persignan. Dice Loli: Dame un beso.
Y Jacinta: ¿No quieres darme un beso? Ríen, dice Loli: Ríete anda, ríete un poquitín.
Luego dice Jacinta: Bueno, pues si te vas adiós. Y las dos salen del éxtasis. Dijeron
también que se iba la Virgen para que en ese espacio pidiesen a su padre que la dejase
salir si la Virgen luego se lo pedía. Él se mostró inflexible diciéndoles que no saldrían y
que dijesen a la Virgen que las apariciones fueran en casa. Yo les dije que preguntasen a
la aparición a quién tenían que obedecer, si a sus padres o a ella. Jacinta dijo: no nos
quería ni dar un beso, y Loli: se ha enfadado. Eran las 2:28 de la madrugada. Se
sonrieron y dijo Jacinta: no, tenemos que ir. Y Loli: ¿El qué? No abren. ¡Ah! Que
obedezcamos a lo que tú nos dices. En este momento Jacinta da una beso y Loli pone su
cara para recibir dos y da uno. Luego dice ¿Sí? y ríen las dos. Al acabar la visión nos
dijeron que la Virgen les había dicho que obedecieran a sus padres. Se les había pintado
en un papel una cara de Fidel Castro pues decían que se lo querían enseñar a la Virgen.
Por eso dijo Jacinta: ¡Ah, me pintaron a Fidel Castro! Fue donde él, cogió el dibujo, lo
mostró al revés, lo dio la vuelta y lo enseñó bien para que lo viese la aparición. Se rieron.
Loli tenía otro mas parecido que el de Jacinta de Fidel Castro. Loli: fíjate mató a todos
los curas. Jacinta: y a las monjas. Siguen a lo largo tumbadas. Jacinta: ¿Por qué te vas
tan luego hoy también? Loli se sienta, Jacinta repite: No te vaigas tan luego. Son las
3:20. Eran las 3:30 y Jacinta volvió del éxtasis. Loli siguió.

Por su parte, Conchita, a la que la visión al parecer descubrió el día anterior que no
todos los sacerdotes eran santos, descubre ahora otro tanto sobre los jesuitas, y aprende
los rigores de la obediencia clerical:

Salió Conchita de su casa a las 12:10, dio unas vueltas por el pueblo, junto a la
puerta de la Iglesia. Yo creí que todos los jesuitas eran buenos. Y sobre el obispo:
¿Todos los sacerdotes le tienen que obedecer? ¿No deja venir a sacerdotes? ¿Yo también
le tengo que obedecer? ¡Si yo no soy cura! ¡Puede mandar a tós! ¿Y también manda
cerrar la iglesia? Haz un milagro para D. Valentín, para que crea, pues a veces dice que
tiene miedo de que le engañemos. ¿Por qué no traes manto marrón? ¿Cómo te llamas?

75
Dio a besar medallas que llevaba.

No fue hasta el último día de agosto, jueves 31, cuando don Valentín se decidió a
desentrañar el misterio de que hubiera múltiples apariciones a la vez; de paso las niñas
desvelan que el mensaje que han de comunicar no es igual que el secreto de Fátima:

Mari Cruz no tuvo aparición. Conchita tuvo por la noche, ella sola. Jacinta y Loli la
tuvieron juntas en la casa de la abuela de la segunda; además tuvieron dos en este día;
una al mediodía y otra por la noche. Como se recordará ellas pidieron a la Virgen que
viniese de dos a tres. A las 2:25 entraron las dos a la vez en éxtasis, después de haber
rezado una estación. Cayeron de rodillas y oscilaron.
Estando Loli y Jacinta en éxtasis le dije a Conchita, que no lo estaba, que les
preguntase si la Virgen estaba en cuerpo y alma en la aparición y contestó Loli que no, y
le mandé que preguntara cómo estaba, y contestó Loli que como en una nube y que [no]
sabía explicarlo bien. Le mandé preguntar cómo se llamaban los padres de la Virgen,
dijeron Joaquín y Ana, también que cómo se llamaba Ella, dijeron que María, que es
esposa de San José, y también que si podían venir sacerdotes, dijo: que sí, pero que si el
Sr. Obispo no quiere, entonces hay que obedecer. Que si es necesario que esté el
párroco, contestó que es mejor que esté, pero que puede no estar.
Preguntaron a la Virgen si le molestaba que le preguntasen cosas, dijo que de esta
clase sí [podían preguntar], de cosas de Iglesia, pero no de cosas como la otra vez,
[refiriéndose a] un sábado, que yo estaba en Cosío por la noche, parece que el público
aquel día solo preguntó tonterías y fue cuando la Virgen dijo que preguntasen cosas de la
Iglesia. Las dos dijeron después que esas cosas que las estábamos preguntando por
medio de Conchita estaban bien porque eran cosas de la Iglesia. Preguntada sobre
cuando veríamos una señal de que todo lo que pasaba era cierto, contestó Loli: Ya nos lo
dirá cuando nos la de. Sobre si estaba bien que escribiésemos todo lo que decían y
hacían, dijo Jacinta: Que sí, pa que se lo enseñe [el párroco] por ahí y al Sr. Obispo.
Cuando se las preguntó que si el secreto que ellas sabían era el mismo que el de Fátima,
dijo Jacinta que no. Y Loli que el secreto no se podía decir. Y Jacinta: los secretos hay
que guardarlos. Les dijimos que había mucha gente que no creía en las apariciones.
Contestaron las dos que ya lo creerán. Loli rio.
Si Conchita preguntaba de palabra no lo oían las del éxtasis, tenía que ser
mentalmente y lo mismo pasó el sábado anterior, cuando Jacinta salió del éxtasis y Loli
siguió en él y Jacinta le preguntaba mentalmente. Jugaron al escondite con la Virgen.

El domingo 3 de septiembre, de nuevo solo con las niñas cuyos padres permiten que
salgan de noche, la aparición tiene una duración récord, comenzando con Jacinta a las

76
21,30 y terminando a las 6,45 del día siguiente –nueve horas y cuarto–. Es la primera vez
que se oye hablar a Conchita de un milagro:

A las 10 de la noche, aparece en casa de Conchita, Jacinta que había tenido la


aparición a las 9:30, llama a Conchita y sale corriendo. Conchita se queda riendo y entra
en la cocina y queda en éxtasis. Se ríe Conchita y sale corriendo hacia la Iglesia, al llegar
cae de rodillas y dirigiéndose a la puerta y con la cara pegada a la puerta dice: Señora,
¿qué llevo de malo? Instantáneamente a las 10:08 se despierta y dice: Ah sí, llevo una
pulsera. Salió corriendo para su casa y dejó la pulsera, vuelve a la Iglesia. Jacinta y Loli
se dirigen a la Iglesia. Se juntan a las 11:20 las tres, en el atrio. A las 12, Jacinta canta el
rosario. Continúan las carreras hasta la 1:08. Se levantan a las 3:05, se sientan y se
arrastran hacia adelante, sin que se les levanten las faldas. Se vuelven de cara a la puerta
de la Iglesia. Vuelven a caer las tres y Conchita dice: Qué bonito es el milagro. Cuánto
me gustaría que lo hicieras pro[nto]. ¿Por qué lo haces? Hazlo solo para los que creen, a
los que no creen les es igual. Dan a besar medallas y rosarios, y dicen en todas: Ay
Madre, bésalos. Terminaron la aparición a las 6:45 delante de la casa de Conchita, donde
entraron las tres y dijeron que no querían irse a dormir. Cosa que no hicieron hasta que
[sus] respectivos padres les obligaron, pero cada una en su casa estuvo despiertas las 8
horas. Loli dijo que ella había estado durmiendo y comiendo.

El éxtasis del lunes 4 de septiembre empezó a las 20,30, al parecer para rezar el
rosario ante la iglesia, y recomenzó a las 23 horas con actividades novedosas como
marcar cruces y subir por las casas:

Fueron cogiendo las manos de todos los presentes y hacían una cruz en la mano por
fuera. Después jugaron al escondite como la víspera. Salieron del éxtasis y volvieron a
las 2. Cantaron rosarios, la visión delante, pues cantaban una sola parte, cantaban una
Ave María en casa donde se vive, subiendo escaleras, rezaron rosarios comenzándolo en
la Iglesia y terminando en la puerta de la misma y de allí siguieron la letanía, credo, y
salve, al final terminaron, eran las 3. Dicen que rezaba el Padre Luís, delante.
Comulgaron y estuvieron en Misa.

El martes 5 de septiembre se cumplió la previsión de los martes a los Pinos; según


Marichalar, a quien sorprendieron entrando en la iglesia, pero desistiendo de permanecer
en ella en éxtasis. La novedad del día anterior se institucionaliza signando a las personas
y tomando un crucifijo para signar y dar a besar:

Subieron las cuatro niñas [probablemente se equivoca al incluir a Mari Cruz] a los

77
Pinos, estuvieron en éxtasis unos 10 minutos, dicen que vieron a la Virgen, después
bajaron en estado natural hasta el pueblo, pero muy rápidas y llegaron a la Iglesia; como
siempre cierro al anochecer y de día está abierta, entraron en la Iglesia y se quedaron en
éxtasis, derribadas junto a la pila de agua bendita, cuando llegaron mandé salir al público
y quedaron solas las niñas y sus padres y les dije, no sabiendo si me oían: De orden del
Sr. Obispo, tenéis que salir. A uno o dos minutos de decírselo, salieron del éxtasis dentro
de la Iglesia, les pregunté cómo habían entrado y me contestaron que les había mandado
la Virgen. Duró unos 15 minutos. Mari Cruz no estuvo en él, ni en los pinos ni en la
Iglesia, ya hace cinco días que no ve nada. A las 5 de la tarde se pusieron en éxtasis
Jacinta y Loli, nos hicieron la señal de la cruz a todos los que estábamos allí en la frente,
después salieron con un crucifijo, pequeño y fueron casa por casa dándole a besar a
todos, y al público que había. Terminó a las 6.

El miércoles 6 de septiembre Marichalar se entera de que en ocasiones la visión ha


llorado y, de paso, confirma que las niñas en éxtasis oyen el pensamiento de Conchita.
En medio de una tanda de preguntas, la visión anuncia que dirán el mensaje el 18 de
octubre:

Salió Loli de su casa, a las 9:30 fue a casa de Conchita y estuvo 14 minutos, estaba
esta [Conchita] natural, [y preguntó a Loli] que si la Virgen se reía o lloraba. Loli: ¡¡Lo
que dijiste!! Buena la has hecho. Conchita dijo que le pidiesen perdón. Loli: Sí, te
perdona. Conchita: ¡Que gusto! Loli: ¡Ay! Conchita, ¡que lo has vuelto a decir! Y volvió
Conchita a pedir perdón –por lo visto no se había dado cuenta–. De esto deduzco, que
han visto otras veces llorar a la Virgen pues si no Conchita no habría preguntado si se
reía o lloraba. A mí siempre que les he preguntado, me dicen si está seria o se ríe, pero
nunca que ha llorado. Le preguntó otra vez que si la perdonaba y se lo dijo a Conchita,
pero al oído. Mari Cruz: La Virgen no quiere que se hable al oído. Loli: Me lo ha
mandado ella. Jacinta estaba enferma en cama, estuvo 2 horas en éxtasis.
Cuando Loli estuvo en casa de Conchita, le mandé a Conchita preguntase a Loli, que
entre los santos, Juan, Antonio, Pedro, José y Luis, cual era, el que más veneración tenía.
Y contestó: San José. Añadimos la pregunta: ¿Y entre todos los santos de una Iglesia? El
patrón. Qué era mejor rezar, un rosario o una estación, en la calle o en casa. Contestaron:
El rosario en casa y la estación en la Iglesia. Qué era lo mejor en la Iglesia. Respuesta: El
Santísimo. Le pregunté también que le preguntase a la Virgen qué quería con esto, y me
dijo que el 18 de octubre lo veríamos. Estuvieron de puerta en puerta cantando rosarios,
luego se les pasó. Dieron a besar cristos a todos y subían donde había enfermos o
ancianos, terminó a las 3. Jacinta estuvo en la cama, decía: Te pido que sanes a esa
monja, para que crean de Santander y sobre todo Piñal.

78
El jueves 7 septiembre se repiten las escenas del día anterior, pero solo de 21,15 a 23
horas. Al decir Conchita y su madre que al día siguiente irán al médico “a la Salud, a
Puentenansa” y poner pegas doña Aniceta, la visión habría dicho a Conchita y Loli –
Jacinta seguía enferma y tuvo éxtasis durante media hora en cama–:

Si vuestros padres no quieren, tenéis que obedecer.

El viernes 8 de septiembre Marichalar provoca el enfado del personaje de la


aparición al pedir razón de los horarios, como si no estuviera claro que había una razón
de penitencia y que hacía rezar por las calles y casas por haber sido expulsada de la
iglesia:

Salió Loli de su casa, 7:30 fue a casa de Conchita, yo le mandé preguntar por qué
pasan estas cosas siempre de noche y dice que la Virgen se puso seria. Desde allí fue a
casa de Jacinta; allí estaban un rato, volvió a su casa y terminó. Salen otra vez las tres
[probable equívoco, ya que Jacinta seguía en cama] a la 1:30 rezan el rosario por las
calles un misterio en casa de Conchita, luego otro, ellas solo rezaban una parte, luego
fueron rezando por las calles. Termina a las 2:45.

El sábado 9 de septiembre Marichalar hace que Conchita, fuera del éxtasis, presente
a la aparición por medio de Loli –que llegó a su casa en éxtasis a las 23,30– un
cuestionario cuyas respuestas descubren que el mensaje es para todo el mundo, y que si
España ha sido elegida como lugar donde proclamarlo, puede ser porque es la nación que
mejor “cumple” con Cristo, sin ser por ello un “modelo”:

¿Por qué pecados la Virgen se siente más ofendida? Los mortales.


¿Qué es lo que urge más la Virgen a los españoles para enmendarse? Que confiesen
y comulguen.
¿Qué sacrificios pide a España? Que seamos buenos.
¿Qué pecados de los jóvenes, la hieren y ofenden más? No contesta.
De los pecados de los padres de familia, ¿cuál es el que más le ofende? Que riñan y
riñan, las desavenencias.
¿Cuál es el pecado social que más hiere al Corazón de Jesús? No contesta.
¿El mensaje es más transcendental para España o para el mundo? No hay respuesta.
¿Qué nación del mundo cumple mejor el mandato de Jesucristo? España.
¿Qué nación del mundo se puede poner de modelo para el pueblo fiel cristiano? No
hay respuesta.

79
¿El mensaje es para todo el mundo, o para España? Para todo el mundo.

Media hora después de medianoche, Jacinta, aunque pone objeciones por haber
estado enferma –“no me dejan, no puedo”–, va en busca de las otras dos:

Salieron las tres por el pueblo, se cambiaron de vestido y volvieron con otros más
largos; dicen las familias que buscaron los vestidos en éxtasis, le oí a Conchita decir:
Siempre debíamos traer los vestidos así de largos, sobre todo al venir a verte a ti. Luego
jugaron al escondite, Loli y Conchita entraron y salieron así tres veces, Jacinta estuvo
así, sin interrupción, hasta las 3 de la madrugada. Vino un señor mayor y por el camino
decía que era cuento, según me afirmaban personas serias, total que cuando las vio se
desmayó y estuvo así 15 minutos, hasta que poco a poco se fue recuperando.

A este juego del escondite se refiere María Herrero de Gallardo –Marichu Herrero–,
quien desde mediados de agosto fue testigo de los sucesos y según García de Pesquera
(cap. X, 2ª parte) envió por medio del padre Laffineur un informe sobre Garabandal al
Vaticano, fechado el 2 de febrero de 1968:

Las veía deslizarse cautelosamente, sobre la punta de los pies, procurando no hacer
ruido y pegándose de espalda las paredes, hasta la esquina de la calle. Allí, iban sacando
la cabeza poco a poco, en ademán de querer sorprender a alguien que se escondía de
ellas. De golpe, como si hubieran descubierto lo que buscaban a la vuelta de la esquina,
lanzaban gritos de alegría y echaban a correr en su seguimiento. Era de verdad
encantador contemplar este juego de las niñas: evidentemente allí había una Madre que
disfrutaba entreteniéndose con sus pequeñas.

El domingo 10 de septiembre hubo una serie de éxtasis de 20,15 a 4,15 de la


madrugada; a partir de la 1 se incorporó la cuarta niña a los éxtasis, por haberse
anunciado que Mari Cruz volvería el lunes. En la noche de ese 11 de septiembre, a partir
de las 11 y subiendo a los Pinos, la serie de éxtasis duró hasta las 5,20, según los
Cuadernos, entrando Jacinta en una ocasión en la iglesia, que estaba cerrada pero sin
llave:

Empujó y entró en ella, y los padres y yo le preguntamos por qué entraba si el Sr.
Obispo no quería que entrase, y al decirle eso se levantó y salió.

Además de rezar rosarios y dar a besar crucifijos, hubo adivinanza de nombres y


estado religioso:

80
Estuvieron por las calles y luego en casa de Conchita dos horas allí y rezaron el
rosario, llamaron a personas por su nombre, Carmen y a Margarita, y aunque no subió
dicen que dijo la Virgen que sí hay una Margarita. Dicen que había un dominico vestido
de paisano y Jacinta dijo que había un sacerdote. Cuando yo subí, dijeron: Ahora hay
dos, D. Valentín es uno. Y después cuando se marchó el dominico, dijeron: Ya no queda
más que D. Valentín. Al marcharse el dominico dijo a Simón y Celia que lo era en
efecto.

El martes 12 de septiembre, además de dar a besar el crucifijo a la gente e ir casa por


casa haciendo la señal de la cruz sobre la cama de los enfermos, y más tarde sobre los
coches, la principal novedad fue que las niñas devolvieron medallas, adivinando las que
ya estaban besadas o si el anillo se ponía en la mano izquierda, saliendo para ello del
éxtasis hasta en 47 ocasiones. Comenzaron a las 15,15 –Jacinta–. Loli y Conchita dieron
sendas lecciones de obediencia: la primera cuando le preguntaron si quería entrar en la
iglesia –“dice que no deja el Sr. Obispo”– y Conchita cuando se alejó junto con Loli un
kilómetro en dirección a Jaráiz –hacia Cosío–, y su madre le mandó recado de que
volviera. Se diría que doña Aniceta estuvo a punto de dar al traste con las apariciones:

Pues yo aquí [dijo Conchita] no obedezco a la Virgen. Comenzaron entonces a llorar


tanto las que iban en éxtasis como las que estaban normales y las del éxtasis dijeron:
¡Ay! Virgen, ¡no te vamos a volver a ver! Y entonces Aniceta les dijo por medio de
Jacinta que sí, que obedecieran a la Virgen y que fuesen donde quisiera la Virgen, y
fueron unos 100 metros más adelante. Y volvieron rezando el rosario. Yo les pregunté
como ellas habían oído a Aniceta, y ellas dijeron que se lo había dicho la Virgen y que lo
había hecho para probar a los padres. Esta noche se vio claramente varias veces que si
daban medallas a besar que ya había besado antes decían las niñas: ¡Ah! Ya están
besadas? Y las devolvían, y era cierto, se comprobó. Entre entradas y salidas de éxtasis
tuvieron 44, 46, o 47. Aquí vi como le dieron un anillo a besar y después se lo volvió a
poner en la mano izquierda y dijo: ¿Ah, no es aquí? Y se lo pasó a la otra mano, y así era
correcto, pues ella lo llevaba en la derecha, como es costumbre en Valencia de donde era
la dueña de dicho anillo matrimonial. También la vi sacar fotos con una máquina muy
antigua que traía un cura e hizo esta operación dos veces.

El cura en cuestión era José Ramón García de la Riva, según cuenta en sus Memorias
(p. 179-182):

Le entregué a Conchita mi máquina de fotografías metida en su funda y para que se

81
la diera a Loli [que], como movida por un resorte, dijo colocándola a sus ojos:
− Te voy a hacer una fotografía. Al momento dijo: -¡Qué máquina más rara. No te
veo!
Y como si hubiera recibido una advertencia, dijo: -¡Ah, que tengo que dar a un
botón! –La cámara estaba en su funda–. Buscó sin bajar la vista el botón y desenfundó la
máquina. Luego la volvió a colocar a la altura de los ojos y dijo:
− Ya te veo. Recibió órdenes y dijo:
− Ah, que tengo que dar un botón. –Mi cámara de entonces tenía fuelle–. Buscó el
botón, apretó y sacó el fuelle para poner de nuevo la cámara a los ojos. –Todo lo realizó
con mucha calma, pero se advertía que recibía explicaciones de la Visión–. Habló y dijo:
− Ah, que tengo que pasar el carrete. Buscó en la parte de debajo de la máquina y dio
vueltas al mando del arrastre del carrete para efectuar una nueva fotografía. De no
hacerlo hubiera montado una foto sobre la anterior. Al fin recibió indicación de bajar el
dispositivo para poder disparar y así lo hizo.
En todas las operaciones tardaba bastante tiempo, pero todas las ejecutaba
correctamente. Inmediatamente de bajar el dispositivo del disparador, disparó y volvió a
repetir –ahora con toda rapidez– dos fotografías más, sin montar una sobre la otra, con
mucha soltura, sin recibir nuevas indicaciones de parte de la Visión.
Como a los tres meses de aquella ocasión, Loli me dijo que se había acordado un día
de decírselo a la Virgen, y que Ella le contestó que sí que había salido; y hasta el lugar
donde estaba en la fotografía; y que al preguntarle por qué no había salido mejor, que
Ella había contestado que porque aunque hubiera salido mejor, no lo creerían más.
Esta historia de la fotografía tiene un interés desde luego –diría yo– de carácter
mecánico, en cuanto que la niña realizó todas las operaciones, despacio, sí, pero
exactamente. Tiene, pues, un valor técnico. Ella no sabía funcionar con la máquina.
Nunca la había tenido en mano. A propio intento lo he podido comprobar delante de su
padre Ceferino en su casa de entonces.
Podría añadirse a esta valoración un sentido más espiritual: Este hecho es un ejemplo
de cómo la Santísima Virgen, Reina de la Humildad, condescendía con las niñas hasta
jugar con ellas, permitiéndoles hasta ciertos límites. Su presencia no es reconocible en la
foto porque la fe que Dios nos pide no ha de basarse en un Milagro determinado. La
Virgen no accede por completo al deseo de la niña porque aunque hubiera aparecido
claramente visible en la foto, no por eso creerían más.

Entre los presentes ese día según Marichalar, estuvo el rey de los Belgas, Balduino, a
quien también se vio al menos en otra ocasión en compañía de su esposa Fabiola y del
exministro Martín Artajo –por lo que pudo ser el 14 de agosto anterior o, más
probablemente, el 17 de agosto de 1962–.

82
El miércoles 13 de septiembre empezó a efectos de apariciones con éxtasis en los
Pinos de 16,15 a 17,25 (Jacinta y Loli), con Mari Cruz subiendo en éxtasis desde casa de
Conchita a partir de las 19,45, y la propia Conchita, que acompañaba a su amiga,
entrando en éxtasis al bajar en la Calleja, terminando el último éxtasis de Mari Cruz a las
21,30.
El jueves 14 de septiembre Mari Cruz acude a los Pinos pero no tiene visión,
mientras que la novedad que extraña a Marichalar está en los gestos de Conchita:

Dicen que la Virgen les mandó rezar el rosario en los Pinos. Estuvieron en los pinos,
Jacinta, Loli, y Mari Cruz las dos primeros tuvieron éxtasis pero Mari Cruz no tuvo,
dicen vieron a la Virgen del Carmen. A las 7:30 se puso Conchita en éxtasis y como
asustada se levantó de pies y hombros, en este estado, estuvo derribada a la puerta de la
Iglesia, formando casi un arco con el cuerpo, dio a besar al público el crucifijo y terminó
a las 8:30. Luego volvió y sacó a Loli en brazos, a las 9 salió del éxtasis.

El viernes 15 de septiembre no consta la presencia de Conchita en los Pinos, donde


las dos que tuvieron visión fueron reñidas, supuestamente por vanidosas:

Rezaron el rosario normales, Jacinta y Loli y Mari Cruz en los Pinos, después de
unos momento tuvieron una aparición pequeña a las 17:15, primero Jacinta y luego Loli
y luego volvió Jacinta. Mari Cruz no tuvo, fue unos 15 minutos. Dice Jacinta que la riñó
porque llevaba las uñas pintadas y a Loli porque se había pintado los labios.

El sábado 16 solo constan breves éxtasis de Conchita y Loli en los Pinos, donde dan
algunos objetos a besar. El domingo 17, tras un éxtasis de las tres en los Pinos a las
17,30, de 19 a 20,30 dieron Loli y Conchita crucifijos a besar por las calles, en éxtasis, y
de nuevo en sus casas pasadas las 22 horas Loli –que intentó romperse el dobladillo para
estirar su vestido–, que subió a los Pinos, y Conchita –a quien tuvieron que ayudar con
agua y jabón para quitarse un anillo, elemento supuestamente vanidoso–, dando a besar
el crucifijo a unos 60 presentes, hasta que salió en busca de dos reticentes:

¡Ah! ¿Que hay dos que no quieren besar? Y sale a la calle con el crucifijo en la mano
y busca entre el público que estaba en la calle a esos dos y se lo da a besar.

El lunes 18 tiene Mari Cruz un éxtasis de 20 minutos de rodillas junto a la puerta de


la iglesia, quejándose al final:

¡Ay! ¿Por qué te vas tan luego?

83
Suceden también, según los Cuadernos, anécdotas en sendos éxtasis de Jacinta hacia
las 19 horas y de Conchita. A la primera se le cae una medalla y muestra saber quién la
ha cogido –“ella buscó un poco por el suelo y después dijo: Dámelo Marcelo”–, siendo
además esa medalla de una mujer venida de Llanes con un grupo de personas que se
fueron prematuramente, pero ella se quedó “diciendo que quería ver algo, esperaba”. A
Conchita, una de las presentes llamada Mercedes le dio “por curiosidad” un crucifijo que
ya había sido besado por la visión, sin decirlo:

Y al dárselo a la visión dijo [Conchita] ¡Ah! ¡Que ya está besado! Bueno, pero bésalo
otra vez. Luego nos contestó que la Virgen había dicho que estaba besado pero que lo
volvió a besar.

El martes 19 de septiembre estuvo un capellán castrense de aviación, vestido de


militar con graduación de capitán. Loli en éxtasis supo revelar su presencia a Marichalar
y Jacinta dijo su nombre. Fue entre las 18 y 20,30:

Se le preguntó a Loli que estaba en éxtasis por medio de Jacinta que no lo estaba y
esta última tampoco sabía que el militar fuera sacerdote, que cuántos sacerdotes había,
contestó que tres –solo se veían dos–. Luego le pregunté que en total en el pueblo
cuántos había –yo sabía que había otro en el pueblo– y contestó que cuatro, añadiendo
¡Ah! ¡Uno viene vestido con guardia! En casa de Conchita estuvieron en éxtasis
Conchita, Loli, y Jacinta. Conchita salió la primera y preguntó a Jacinta: ¿Cómo se llama
el militar? Y esta después de preguntarle a la visión dijo: Isidoro.

De los éxtasis del miércoles 20 de septiembre, resalta Marichalar que a Conchita le


pide la visión que tire el chicle que está mascando; que en varios casos se besan objetos
para dar a enfermos pidiendo que sanen; y que Mari Cruz tuvo la primera llamada
estando en el monte a cuatro kilómetros del pueblo, y que incluso no estando en éxtasis
no se cansaba al correr hacia los Pinos:

Venían con ella otras dos jóvenes mayores, más fuertes, pero se cansaban antes que
ella y le decían: ¿Tú no te cansas? A lo que ella contestaba: No, yo voy como si fuera
sentada. Al llegar a los Pinos quedó en éxtasis, estuvo 20 minutos y dice que vio a la
Virgen del Carmen.

Para el jueves 21 de septiembre había anunciado Conchita que estaría dos horas con
la aparición, pero tanto ella como Mari Cruz se fueron a la cama después de la segunda

84
llamada, por ser muy tarde. Loli y Jacinta sí tuvieron éxtasis después de rezar el rosario
en los Pinos, dando algunos objetos a besar. Al revés, el viernes 22 la única que tuvo
éxtasis –y de casi dos horas– fue Conchita, en su casa a partir de las 22 horas, mientras
que Mari Cruz, con dos llamadas, de nuevo se fue a dormir. El sábado 23 de nuevo hay
éxtasis de Conchita a la misma hora, con anécdota sobre un anillo:

Da a besar el anillo de Mari Carmen la mujer de Faito y se lo vuelve a poner. Se lo


pone a la izquierda y dice: ¡Ah! ¿Que se lo cambie? ¿Y que más da si se lo dejo a la
izquierda?

El domingo 24 fue Mari Cruz quien tuvo que adivinar la presencia de un sacerdote:

Subieron Conchita y Mari Cruz a las 7 de la tarde a los pinos. Se puso en éxtasis
Mari Cruz y decía: Hay un sacerdote de paisano. Luego llega a la puerta de la iglesia y
dice: ¡Ah! Que el sacerdote está junto a mi –efectivamente, el sacerdote de paisano se
llamaba Maximino Barrio del pueblo de Renedo de Valdavia, Palencia), luego dio a
besar los rosarios que el público le entregaba. Todo esto por medio de Conchita. Dice
Mari Cruz que le había dicho que las otras dos Loli y Jacinta dijeran siempre la verdad.

Es posible que esto último sea una referencia al motivo por el que Loli y Jacinta
estarían castigadas sin visión hasta el jueves. Hasta las 20,30 es el turno de Conchita
para el éxtasis y para el sacrificio en la oración:

Estando rezando Conchita el rosario se levanta a cada Ave María y cae muy fuerte de
rodillas. Le ponen una almohadilla y dice a la visión: Mira lo que me han puesto, se la
quita y sigue rezando.

En efecto, el lunes 25 Conchita hace una recriminación al pasar en éxtasis por


delante de casa de Loli; y sabemos que por entonces ya había luz eléctrica en las casas:

Aquí es donde está la mentirosa. Vuelve a su casa, enchufó una imagen de la Virgen
del Carmen, que tenía lamparita y decía: Mira qué guapa es, como tú. Al darla a besar a
la visión parece que le dio un calambre y decía: Tócalo, tócalo tú. Lo dijo cuatro veces.
Luego desenchufó y subió a su habitación. Cuando le dio el calambre se notó
claramente, pues hizo ademán de quejarse por el dolor.

A pesar del supuesto castigo, Jacinta y Loli tuvieron visión el martes 26 de


septiembre y las otras no. Cuando entró en éxtasis, don Valentín dudaba de su

85
autenticidad, así que le preguntó por medio de Loli cuántas personas había en su casa,
dónde estaban, contestando Jacinta un número:

De tu familia y de la mía y don Valentín que sube ahora, después saqué la libreta
desde un sitio donde no me podía ver y dijo: ya está don Valentín con la libreta. Después
me la quitó, se la presentó a la visión y yo me cambié de sitio, pero me buscó y me la
dio. Dice Loli que ese día notó que la besó dos veces. Las otras no tuvieron.

El miércoles 27 de septiembre Mari Cruz y Conchita se fueron a dormir tras la


segunda llamada, que tuvieron al mismo tiempo que Loli y Jacinta. Esta entró en éxtasis
de 21 a 21,30, siendo luego relevada por Loli, que terminó a las 22,05 horas , con
adivinanza de por medio:

Salió por el pueblo, una vez que le preguntaron quien está aquí contestó: los de ayer
y Juanito que sube por la escalera.

Un susceptible Marichalar escribe el jueves 28 de septiembre sobre Jacinta que “hace


algunos días que me da la sensación que algunos éxtasis de esta niña son fingidos. Al
menos parte de ellos”. Y eso que acaba de relatar que esa noche, en la que tampoco
tuvieron visión Conchita y Mari Cruz, pero sí Loli, Jacinta adivinó la presencia y color
de hábito de un sacerdote:

Da a besar al público el crucifijo, luego se lo pone a un Padre que estaba de paisano


diciéndole: Con lo bien que estaba usted vestido de blanco. Cuando terminó le dije:
Dime quién era ese señor. Un dominico. ¿Como va a ser un dominico?, le contesté.
¿Quién te lo ha dicho? Me dijo que la Virgen. Y era un dominico, Fray Faustino Varona.

El viernes 29 de nuevo tienen visión Jacinta y Loli, quien va a casa de Conchita, pero
se la encuentra ya dormida, por lo que llora. De igual forma sucedió el sábado 30 de
septiembre, pero aunque ya pasaba de la medianoche cuando llegó Loli a casa de
Conchita, al irse aquella cayó Conchita en éxtasis y después diría a Marichalar
enigmáticamente que “la Virgen le había dicho esa noche una cosa mucho más
importante que todo lo que yo había escrito”. En la noche del sábado 30 de nuevo
abundan los éxtasis de Jacinta y Loli, con besada y reparto de rosarios.
El mes de octubre de 1961 comenzó el domingo con éxtasis de Mari Cruz a la puerta
de la iglesia, en el que “se le notaba que había llorado”, aunque no porque lo estuviera
“la Virgen del Carmen, le preguntamos si estaba seria dijo que no, que se sonreía”.
Siguen éxtasis de Jacinta y Loli; en los de la primera se requiere la ayuda del párroco,

86
porque la niña en dos ocasiones, bajando escaleras marcha atrás, se deja caer hacia atrás,
y a duras penas consigue Marichalar, con ayuda de otras personas, evitar que se caiga.
El lunes 2 de octubre, el éxtasis de Jacinta empezó pasadas las 23 horas, después de
haberse ido unos excursionistas de Pedreña que habían avisado de que no podrían
quedarse más tarde, lo que hace suponer a Marichalar que “bien pudiera suceder que
estas cosas hubiesen sugestionado a las niñas”. Loli entró en éxtasis sin llamadas
previas, pidiendo por Conchita “porque está mala; a ver si la sanas” –en efecto, Conchita
tenía principio de tosferina y dormía–. El mismo párroco que ha dudado de que las niñas
puedan haberse puesto de acuerdo en la hora del éxtasis, constata que hubiera sido
imposible prever quién les daba los objetos a besar:

Las dos medallas que devolvió a su dueña esta noche se las había dado una amiga de
dicha señora a un hermano de Loli, éste se las dio Jacinta, y Jacinta se las dio a Loli
estando ya ésta en éxtasis. No cabe la menor probabilidad de que Loli conociese a esa
señora a quien luego se las entregó, todo ello ha sido afirmado y confirman por todos
aparte de que yo lo vi.

El martes 3 de octubre, hay éxtasis de las cuatro niñas, salida desde dentro de casa de
Loli en busca de un señor que no había besado el crucifijo, adivinación de medallas
besadas y de propietarios:

¡Ah! Que ya están besadas –así era en efecto–. Esta prueba la han hecho varias veces
y siempre el mismo resultado. Jacinto Ramos, de San Vicente de la Barquera, fue uno de
los que al devolverle las medallas le dijeron: No son para usted, son para un niño
paralítico.

El propio Marichalar hizo la prueba con Jacinta:

Le di mi rosario, con seguridad absoluta de que se lo había dado ya hacía días, se rio,
dijo que ya estaba besado. Uno de los sacerdotes que estaba en la cocina no besó el
crucifijo cuando se lo dio Jacinta, al poco rato ella volvió y se lo tuvo en la boca hasta
que lo besó. Le preguntó entonces Conchita por encargo mío, si de las cosas que le
habían dado a besar en casa de Mari Cruz, había algo ya besado, y contestó: el último
rosario. Así era. Le quité el crucifijo de las manos y nada dijo. Conchita le dijo que lo
tenía su dueña el crucifijo, pero ella aseguró que no era la dueña quien se lo había
quitado.

Ese día, Loli satisfizo los deseos del sacerdote aunque solo los pensara:

87
Las primeras veces que Loli cayó al suelo lo hizo en posición de firmes. Estaba yo
pensando que era una lástima que lo hiciese así y no en posturas tan bonitas como otras
veces. También pensé un momento que todo no era verdad por esa razón. Desde ese
momento todas las veces que cayó lo hizo en posturas escultóricas, como otras veces. Yo
no había dicho nada a nadie de mis pensamientos.

El miércoles 4 de octubre hay éxtasis a partir de las 20,20 horas para Conchita, Loli y
Jacinta. El jueves 5 solo tuvo aparición Loli –a las 23,21 horas y sin llamadas previas–,
ya que las demás se habían ido a la cama. Quedó en éxtasis en el piso de arriba de su
casa en distintas posiciones. Dio a besar algunos rosarios, bajó luego tumbada por la
escalera, sin que su falda quedase en ninguna posición inconveniente, y visitó las casas
de las otras tres videntes, despertando a Conchita.
El día 6 ninguna tuvo aparición, “a pesar de que lo esperaban impacientes”, según los
Cuadernos. El sábado 7 de octubre hay numerosos éxtasis de las cuatro. Hicieron cruces
con un crucifijo y con las manos en las ventanillas de un taxi. Marichalar menciona que
un sacerdote le dijo que no le habían dado el crucifijo a besar e inmediatamente bajó Loli
y se lo ofreció. No fue el episodio más llamativo:

Conchita preguntó a Loli que si en la cocina había algún familiar o amigo del Padre
Andreu y que si era así le diese la cruz a besar. Loli le dijo que lo había y dio a besar la
cruz a una prima de dicho Padre. Nadie sabía que estaba allí. Se repite la escena sobre
los familiares del P. Andreu teniendo en cuenta que Mari Cruz no había estado presente
cuando se hizo la misma prueba en casa de Conchita. Más tarde Conchita dijo: me ha
dicho la Virgen que tiene una cosa para mi sola, que no se lo puedo decir ni a ti ni a
nadie –se dirigía a Loli–. Se pusieron a cantar las tres canciones de otras veces. Y
además, esa del rosario y Santo Domingo, que lo ha fundado.

El domingo 8, Jacinta entró en éxtasis pasada la medianoche, cuando ya la habían


mandado a dormir, por eso duró solo seis minutos, suficiente para que el párroco tuviera
la siguiente experiencia:

Su madre me dijo que la pusiese derecha y fui incapaz de conseguirlo. Cambió otra
vez de postura en la misma cama tan bonita como la anterior. Salió hasta la puerta de la
cocina y volvió a entrar en su cuarto. Se sentó al borde de la cama y cayó hacia atrás. Se
santiguó, se persignó y salió del éxtasis.

El lunes 9 hubo éxtasis de las cuatro a partir de las 20,20 horas. Hicieron la señal de

88
la cruz en las ventanillas y carrocería de varios coches, con tiempo para un pequeño
susto:

Al salir Loli de la casa de Conchita dio un pequeño grito y al preguntarle Conchita


por qué había gritado le contestó: una estrella muy grandísima.

El martes 10 de octubre anota Marichalar que “hoy Conchita estuvo en su cocina en


el aire” y a continuación los nombres y dirección de 8 testigos –incluidos García de la
Riva y el doctor Ortiz– de esa levitación que “duró unos 30 segundos”. Loli y Conchita
“oscilaron” y quedaron como tumbadas pero apoyadas bien en los talones y brazos, bien
en la coronilla o la cintura. Mari Cruz no tuvo aparición. Conchita hizo trampas para
prolongar la despedida de la visión; y en un éxtasis posterior habló de un milagro; en
otra ocasión jugando a subirse para besarla, desataron la risa de la visión:

Se notaba que se santiguaba y persignaba mal a propósito, para hacer esperar a la


aparición, se reía mucho. La dijimos esto cuando volvió del éxtasis y nos dijo: es que si
lo hacia bien se iba.
Conchita se santiguó y persignó engañando un poco, se pone de puntillas, dice
Conchita: Ay qué pena, qué pena, ¿por qué te vas? Medio minuto. Cae como antes,
apoyada con la parte baja de la espalda y dijo: ¡Ay qué pena!, no te vayas, tres veces,
estate, estate, fíjate qué poquitín, solo dos horas. Se sentó en el suelo, dice: Un milagrucu
¿eh? Si, uno más grande.
Jacinta la dijo entonces que si la levantaba y Conchita la dijo que sí, Jacinta así lo
hizo con toda facilidad, intentamos separarla los pies del suelo un señor y yo y fuimos
incapaces de lograrlo; dijo entonces Conchita: pues cuando me levante, tienes que
levantarme; jolines. Se ríe. ¿Y te ríes de mi, Jacinta? ¿La oyes reírse? Se ríe mucho de
mi, ¿de qué te ríes? ¿De qué? A ver, salta tú. ¡Ay, te ríes de mi, eh! ¡Ay, cómo se ríe; si
tú vieras! Estas dos últimas frases las dijo cuando Jacinta comenzó a reírse al oírla decir
que la Virgen se reía mucho.

El miércoles 11 no tuvieron aparición ni Loli –que ya lo había comunicado con


tristeza el día anterior– ni Mari Cruz. Marichalar hizo la prueba de no besar un crucifijo,
por lo que Conchita lo persiguió hasta que lo hizo.
En alguna de las fechas anteriores a la fiesta del Pilar hay que suponer que sucedió
un fenómeno durante una caminata de Conchita –que lo consigna en su Diario (p. 61) y
Loli, a las que la visión dio a entender que era su vehículo:

En una de nuestras apariciones, bajamos Loli y yo de los pinos con mucha gente, y

89
vimos una cosa como fuego en las nubes que también lo vio la gente que estaba con
nosotras, y los que estaban ahí. Cuando pasó eso, se nos apareció la Virgen y le
preguntamos qué era aquello.
Ella nos dijo:
− En eso he venido.

El jueves 12 de octubre de 1961, Fiesta del Pilar, hubo otro fenómeno celeste que
Conchita resume así:

Estábamos Loli y yo viendo a la Virgen cuando se vio una estrella y un rastro muy
grande debajo de los pies de la Virgen. Estrella que vieron varios. Le preguntamos a la
Virgen que qué quería decir, pero no nos contestó.

El fenómeno lo describieron las propias niñas, según los Cuadernos de Marichalar,


en alguno de los numerosos éxtasis de las cuatro esa noche hasta las 2,15 horas:

Dijo Conchita: La Virgen dice que lo mandó ella. Yo tenía ganas de que se terminase
la raya porque tenía mucho miedo. Loli: era una raya muy grande que a veces se
acercaba y pasó junto a la Virgen. Volvieron a casa de Loli. Dentro dijo Conchita: como
un rabo muy grandísimo. Jacinta: quiero que se haga de día y es un milagrucu.

Después de hablar de la fiesta del Pilar, explica Conchita en su Diario (p. 61) que,
algunas veces, fingieron haber comenzado el éxtasis antes de tiempo, pero no por
vanidad o para justificarse ante el público asistente, y a sabiendas de que habría
aparición, por ser entre la segunda y tercera llamadas:

Algunas veces queríamos estar juntas las tres pero nuestros padres no nos dejaban
estar de noche fuera de nuestras casas, así, cuando salíamos del Rosario algunas veces y
teniendo ya dos llamadas hacíamos como si estuviésemos viendo a la Virgen y
mirábamos hacia arriba para poder estar reunidas. Entonces nos seguían nuestros padres
y la gente. Al final llegaba la Virgen.

Morelos añade que la aparición no estaba conforme con esta conducta:

Cuando se preguntaba a las niñas, por qué fingían en esta forma antes de tener el
éxtasis, respondían invariablemente: es porque deseábamos estar juntas. Algunas veces
ella nos reñía por hacer esto.

90
Según las Memorias de García de la Riva (p. 227), incluso en el caso de Conchita, no
parece que lo fingido fuera siempre tan inmediato a la tercera llamada, o bien pudo
complicarse si esta se retrasaba:

Por Conchita sé que algunos éxtasis los fingían sabiendo que iba a venir la Virgen,
porque les daba pena que la gente estuviese esperando tanto tiempo. Luego, en el éxtasis,
la Virgen les reprochaba este mal comportamiento. En una ocasión, bajando de los
Pinos, Conchita, que fingía estar en éxtasis, tropezó y se cayó, recibiendo un dolor tan
grande que se creyó que iba a morir de dolor. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para
ocultarlo.

A Jacinta y Loli les habría descubierto García de la Riva en éxtasis fingidos. Su


testimonio lo cita García de Pesquera al final del capítulo XII, 1ª parte:

Lo advertí, porque, acompañando a las dos niñas, iba con nosotros cierto joven de
muy buen humor, que de cuando en cuando soltaba frases que a todos hacían reír,
incluso a las videntes. Además, cuando él decía que las niñas, que iban por determinada
calleja, tirarían a la derecha –pongo por ejemplo– y yo decía lo contrario, las niñas
siempre me hacían caso a mí...; el chico estaba con gran admiración –no podía adivinar
que yo, en cambio, estaba lleno de pena–, y llegó a preguntarme: Pero ¿cómo lo sabe
usted? –Como lo sabrías tú, si te fijaras mejor, pensé para mis adentros.
Al salir del éxtasis, nos encontramos Loli, Jacinta y yo en casa de Mari Cruz, que
estaba en cama con gripe, aunque incorporada y descansando sobre la almohada. Cuando
ellas menos lo esperaban, les solté a bocajarro: Vosotras, hoy, habéis fingido algún
éxtasis. Loli se puso roja como una amapola y se tapó la cara con las manos,
inclinándose hacia adelante, con los codos sobre las rodillas; sólo supo decir: ¡Ay, qué
gorda! Jacinta rompió a llorar, mientras me decía: Ya se lo diré a mi mamá, que usted
tampoco cree que nosotras vemos a la Virgen.
− No es eso –les dije yo–; creo que sí veis a la Virgen, pero hoy fingísteis estar en
éxtasis cuando de verdad no estabais... Mirad: eso no tiene importancia para vosotras,
porque, a causa de la edad, no os dais cuenta del mal que podéis hacer. Pero suponed que
hoy o cualquier otro día viene un teólogo o un médico de importancia a estudiar con toda
atención estos hechos, y os sorprende como yo en un éxtasis fingido, y que no puede
volver más días..., ¿qué impresión llevará, y cómo será el informe que dé?
La madre de Mari Cruz también se lo afeaba vivamente.
Como unos tres meses más tarde, me encontré a solas con Loli en el pequeño
establecimiento de su casa, y le dije –ya por entonces estaba más averiguado que las
niñas habían fingido a veces–:

91
“Entonces, ¿qué?, ¿fingíais o no? Me contestó riendo: ¿Sabe usted qué dijo Jacinta
cuando usted salió aquel día de la casa de Mari Cruz? –¡Qué bribón! ¡Cómo nos pescó!

El sábado 14 de octubre no hay éxtasis hasta más allá de la medianoche, y duran


hasta las 3; acompaña a las niñas el padre Andreu, por cuya intención rezan, para que
sane. Sanó inmediatamente –y en presencia de los doctores Celestino Ortiz Pérez, de
Santander, y Renedo, de Burgos, y propició un gesto hacia el recién llegado ciudadano
alemán Máximo Förschler, que había tenido un grave accidente automovilístico 30
kilómetros antes de Cosío y que llegó a Garabandal a las 23 horas. Ambos se alojaban en
casa de Epifanía –Fania– y el relato de Förschler lo recoge García de Pesquera (cap. XI,
1ª parte):

A eso de las doce, el Padre se puso muy malo, con mareos, sudores fríos, fortísimos
dolores en el tobillo izquierdo, que aparecía muy inflamado. Los doctores diagnosticaron
que, aparte del evidente derrame, había probable fractura del tobillo, o seria fisura, como
mínimo. Le aplicaron un adecuado vendaje y una bolsa de hielo que se pudo encontrar, y
entre varios le llevamos en brazos a la cama: sus dolores eran horrorosos –no pudo ni
aguantar sobre el pie el ligerísimo peso de una sábana que le extendieron encima para
que no lo tuviera totalmente al descubierto–.
Después de muy largo rato –debían de ser ya las tres y media de la madrugada–
empezamos a oír ruido en la calle, y que la gente pedía a voces que la dueña de la casa
abriese la puerta, porque Jacinta estaba allí en éxtasis, queriendo entrar.
Bien pronto apareció en la habitación, se fue hacia el Padre y le dio a besar el
crucifijo diciendo a la Visión: El Padre está ¡mu malísimo! Cúralo. Que delira... cúralo.
En el mismo momento en que el Padre besaba el crucifijo que le tendía la niña, le
desaparecieron por completo los dolores. Pero él se cuidó muy bien de decirlo delante de
la gente que acompañaba a Jacinta –algunos habían venido hasta de Sevilla, Cádiz y
Jerez–, por miedo de que todo se debiese a la tremenda emoción del momento; el
hombre se dijo a sí mismo: Aquí, ¡todo, menos hacer el ridículo! Y te callas como un
muerto.
Empezaba ya la niña a tener ademanes o gestos como de despedida de la visión,
cuando de repente se para, hace una flexión hacia atrás, hacia donde yo estaba, y me da
también a mí el crucifijo a besar ¡por dos veces!
El Padre me confesó que había pedido muy de veras, en su interior, que la niña, antes
de marcharse, me diera también a mí a besar el crucifijo.

Förschler era protestante y se había casado en 1931 con una española. Esa noche, su
esposa pidió a Jacinta que preguntara a la visión si su marido creía en Dios. La respuesta

92
fue:

En Dios, sí cree; en la Virgen, muy poco. Pero ya creerá.

El domingo 15 de octubre, Conchita vuelve a tumbarse apoyada solo en la coronilla


y los pies o a caer formando un arco; por su parte, Loli baja varias escaleras de cabeza,
sostenida por Conchita. Las tres –Mari Cruz no tuvo visión– piden el milagro de hacerlas
volar “para que crean toos, toos, los que lo creen; lo creerán mucho más”; hablando
según el párroco de “algo más que no se puede copiar”:

El secreto no te lo digo, porque aunque lo esté pensando lo oye. Jacinta le dijo que
adivinas entonces lo que pensaba ella, y dijo Loli: Estás pensando que no sabes qué
pensar. Piensa la pregunta Jacinta; pregunta por qué pecado se ofende más a Dios. Pues
los pecados que más ofenden a Dios son los mortales, pero no me dice cuales. A los
padres, solo, lo podemos decir ya. ¿Al Padre también y a D. Valentín? Jacinta, moduló,
pidió a la Virgen que hiciese un milagro, que la llevase volando, porque esto ya sería un
milagro, añade: Yo quería que hicieras uno para los que no creen, que los que creen no
lo necesita. Y así, que pase y ya lo crean, pon una pierna a un señor que no la tiene, eso
de la pierna los médicos no lo pueden hacer…y además en medio minuto… –ir volando
hasta la casa de Cruz y volver–.

El lunes 16 de octubre es Mari Cruz la primera en tener éxtasis y pide a la visión que
haga un milagro:

El día 18 haces uno, que vaya un paralítico que esté muy malo. Lo tienen que ver
primero los médicos. O que sanes a una muda. Que hable yo menos cada día y que hablé
ella más cada día. ¡Que luego te vas! ¡Que qué pena! El tiempo que has estado, no coge
entre estas dos uñas, sobra de lo chico que es…Voy a dar un beso a la mujer –lo hace– a
quien más? Lo da a besar a una chica y después santigua con él a una muda. Después de
esto habló de un señor Fontaneda, dudando en el nombre. ¿Como es el nombre? Pepe.
¡Ah!, Pepe –no podía saber que se llamaba así–. ¿Por qué le llaman Fonti? De Pepe a
Fonti. ¿Me vas a decir cómo se llama la madre del Padre? Dice tres nombres a la
aparición para ver si son ¿Se llama Teresa? Después dijo el verdadero nombre. ¡Ay! ¡Sí!
El padre Luis; yo creía que hablaría conmigo esta noche.

Mari Cruz salió del éxtasis a las 2,18, entrando dos minutos después Jacinta, que
alterna con Loli hasta las 3,17; parece que sin que tuviera éxtasis Conchita.

93
EL PRIMER MENSAJE

El martes 17 de octubre de 1961, el comienzo de los éxtasis estuvo marcado por la


presencia de un padre que venía con su hijo enfermo, pidiendo a gritos su curación. Loli
le dio el crucifijo a besar.
Cuando salieron del éxtasis dijo Loli al padre del niño que la Virgen le había dicho
que no se preocupase; Jacinta dijo al padre de dicho niño, que éste quizá sanase, que
estuviese tranquilo, también se lo dijo por encargo de la Virgen.
En los días anteriores, como se ha visto, las niñas centraban su atención en pedir a la
Virgen un milagro para que la gente creyera, proponiendo ingenuamente que las hiciera
volar, y solo en alguna ocasión mencionando las curaciones. En cambio, cuando la
visión era interrogada, siempre aludía a la mejora personal y la lucha contra el pecado
como su interés y mensaje.
Las niñas incluso pedían que el milagro, para que la gente creyera fuera el 18, por lo
que, en la atención de muchos, el mensaje –que además se esperaba como si fuera un
secreto de especial trascendencia, a pesar de que la aparición había descartado que
tuviera que ver con Fátima– se había difuminado, pensando que se había prometido un
milagro para ese día. Debía ser el remate de las apariciones, como el 13 de octubre de
1917 lo fue en Fátima.
En todo caso, la organización del inminente evento solo salió a relucir en los éxtasis
de esa víspera.
Es un día en que vuelven a tener aparición las cuatro niñas, y Mari Cruz se luce
encontrando un escapulario:

Al rato de que se va Cruz de casa de Conchita, llega a su propia casa corriendo, sube
y allí da a besar unas cosas que tenía, un escapulario que no encontraba, lo dio a besar
después de haberlo encontrado por consultar a la aparición sobre dónde estaba.

Por su parte, el párroco encuentra a Conchita hablando con el difunto padre Luis

94
Andreu, pero nadie registra de qué hablaron. La lluvia intensa ese día en Santander y
toda la provincia no auguraba una jornada tranquila para el miércoles. Afortunadamente
para todos, el brigada Juan Álvarez Seco subió la víspera con 28 guardias civiles para
garantizar la seguridad.
Llegado el 18 de octubre, fiesta de San Lucas evangelista, hay en Garabandal una
multitud que Ramón Andreu evalúa en 5.000 personas, aunque pasados unos años su
compañero de orden Warszawski los reducirá a 500, sin que nadie le contradiga. En
cambio, el responsable de la fuerza pública multiplica por dos o tres la cifra de Andreu:

Calculé en Garabandal de unos doce mil a quince mil personas; y de ochocientos a


mil automóviles y sin accidente alguno, lo que fue para mí una gran sorpresa.

Entre los recién llegados hay un francés al que, lo mismo que sucedió el 22 de agosto
al padre García de la Riva, el rostro de las niñas –en su caso de una sola– bastará para
cautivarle. Es el cirujano plástico Jean Baptiste Caux, de cuyo “estudio estético” resalta
precisamente García de la Riva en sus Memorias (p. 105) estas palabras:

El 18 de octubre de 1961, día del primer mensaje, sobre las 20,30 de la noche de un
día lluvioso, mi esposa y yo estábamos entre la multitud de gente agrupada alrededor de
la puerta de una casa. De repente, entre la multitud de paraguas, apareció la cara
bellísima de Loli en éxtasis. Tomé a mi esposa de la mano y la seguí. Aquella belleza de
su rostro era la razón de ser de mi profesión de esteticista, de mí mismo; fue como ver
resuelta la incógnita de la verdadera belleza en un instante. Nunca he visto seres
humanos en tan perfecta armonía de movimientos como las niñas en éxtasis.

Según las instrucciones de la Virgen, el mensaje debían leerlo las niñas en el portal
de la iglesia y decírselo a don Valentín para que lo leyera en los Pinos a las 22,30. Lo
que sucedió lo tomo del relato de Marichu Herrero tal como ha sido publicado en la web
virgendegarabandal.com –creada por Rafael Jardón Mendez (1946-2011), hoy
gestionada por Santiago Lanús, gestor a su vez de pueblodemaria.com–:

Llegamos hacia la una y media de la tarde. Al llegar al pueblo y junto a la casa de


Ceferino, desde debajo del paraguas levanté los ojos y percibí a Loli detrás de su
ventana, en la planta de arriba. Nos miraba a todos con esa su mirada, tan transparente,
tan pura, y parecía no admirarse mucho de las multitudes que no cesaban de llegar.
Divisé a don Valentín el párroco; iba de un lado para otro, ajetreadísimo, nervioso.
En una de sus pasadas, me acerqué a él, y después de los saludos, se desahogó en
seguida: ¡Dios mío! No sé lo que va a pasar aquí. Estoy verdaderamente asustado de toda

95
esta multitud. ¡Y que no les va a gustar el mensaje!
− ¡Ah! Pero ¿usted ya conoce el mensaje?
− Sí, desde ayer por la tarde, que me lo dio Conchita.
− ¿Y qué dice?
− Hay que aguardar. Tienen que leerlo ellas esta tarde. Pero no sé, a mí me parece,
no sé, me parece como pueril, como de niño pequeño. Estoy muy preocupado, por la
gente, que no sé qué espera.
El cielo parecía ensañarse con nosotros. A la lluvia, constante y fuerte, empezó a
unirse un frío horrible, que culminó en una granizada y que hacia las cinco o seis de la
tarde se convirtió en agua-nieve.
El comportamiento del público no era uniforme. Había bastantes mujeres que se
portaban mal: bebían, estaban disipadas, sin espíritu de oración y algunas hasta se reían
de lo que pudiese suceder, quitándole importancia o atribuyéndolo al demonio. Los
hombres, en general, mostraban mayor respeto; y también los jóvenes, que se
encontraban allí en gran número.
Oscureció muy pronto; no sólo porque a mediados de octubre los días son ya
notablemente cortos, sino también porque el cielo estaba del todo encapotado. A eso de
las ocho, don Valentín ya no fue capaz de resistir más a las presiones de los
comisionados y fue en busca de las niñas, para hacer las cosas, no según las
instrucciones que ellas habían recibido, sino a tenor de lo que ellos acababan de acordar.
Se suprimiría lo del portal de la iglesia y todo se haría rápidamente en los Pinos.
La voz corrió en seguida por todos los grupos: ¡A los Pinos!, ¡A los Pinos!, y hacia
allá empezó a moverse la masa, bastantes estaban ya allí, bajo el terrible aguacero.
Al cabo de un rato, de improviso, entre una multitud que las envolvía, y protegidas
por varias parejas de guardias a caballo, aparecieron a cierta distancia las cuatro frágiles
siluetas de las niñas. Cuando ya estuvieron arriba, el agua-nieve que nos calaba y casi
cegaba, dejó de caer; las nubes negras y bajísimas empezaron a ser barridas por un
vendaval, y apareció la luna. Una luz pálida iluminó entonces los Pinos y al grupo de
guardias, niñas, sacerdotes, etc., que estaban bajo mi punto de observación. Confieso que
aquello me resultó de pronto verdaderamente impresionante.
Las niñas dieron a don Valentín el pobre papel del mensaje, estaba firmado por las
cuatro: Debajo del nombre, cada una había puesto su edad: Conchita González, doce
años. María Dolores Mazón, doce años. Jacinta González, doce años. Mari Cruz
González, once años, porque según las instrucciones de la Virgen, él debía ser quien lo
proclamara en los Pinos.
Pero don Valentín, dice Conchita en su diario, lo leyó para él solo, y después que lo
leyó, nos le dio a nosotras, para leerle; y le leímos las cuatro juntas.
Yo distinguí claramente la voz infantil de Conchita leyendo el mensaje. Después,

96
porque a las niñas no se les había oído bien, repitieron la lectura en voz alta dos
hombres:
“Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia, visitar al Santísimo, pero
antes tenemos que ser muy buenos. Y si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está
llenando la copa. Y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande”.
Durante las explicaciones del mensaje que la Virgen les fue dando a las niñas, se les
mostró una gran copa, dentro de la cual caían espesas gotas de tonalidad oscura, como de
sangre. Las gotas de sangre significan los pecados, las ofensas a Dios y el sufrimiento de
Dios por los pecados. Por ello la Virgen pide Oración, Penitencia y Reparación. Cuando
la Virgen hablaba de la copa y del castigo, se oscurecía su semblante y se apagaba
notablemente su voz.
Cuando acabó la lectura del Mensaje en los Pinos, mis amigas se empeñaron en
volver en seguida y de prisa a Santander, sin detenernos más en el pueblo y así me perdí
algo que por lo visto fue maravilloso: cuando las niñas bajaban de los Pinos, con la
Guardia Civil, y la multitud asediándolas, al llegar al cuadro, entraron súbitamente en
éxtasis; dándose la vuelta, empezaron a mirar hacia los Pinos, pues su visión venía de
allí, y andando hacia atrás bajaron al pueblo. Creo que todo acabó ante las puertas de la
iglesia; y me han dicho que fue de verdad maravilloso.
Yo bajé con la multitud, y como muchos, en parte descontenta y en parte
impresionada. Ya no se oía, como a la subida, a grupos que rezaban el rosario o cantaban
himnos.
Dos días después, el 20, se le oyó a Jacinta en éxtasis: Ya no nos cree nadie,
¿sabes?... Así que ya puedes hacer un milagro muy grandísimo para que vuelvan muchos
a creer... La respuesta de la Virgen fue sonreír y decirle: Ya creerán.

Aunque diversos autores afirman que Marichalar actuó coaccionado por la comisión
diocesana, no hay testigos que hayan dado nombres ni de uno solo de sus miembros que
estuviera presente aquel día. García de Pesquera (cap. XI, 2ª parte) no cita para nada a la
comisión al preguntarse por los cambios introducidos:

¿Fue acaso respeto humano? ¿Tuvo miedo de hacer el ridículo? No creo que su
actuación en esa noche se le pueda poner en cuenta para gloria. Pero ¿quién puede
juzgarle?

Queda por anotar, que, según las niñas, el éxtasis en el cuadro sirvió para
comunicarles que el Padre Ramón María Andreu estaba dudando y lo que pensaba hacer.
En sus palabras y tal como las cita García de Pesquera (cap. XI, 2ª parte):

97
Luego, con lo que estaba pasando en los Pinos, mi estado de sufrimiento interior no
hizo más que empeorar. Creo que jamás, a lo largo de mi vida, he conocido una tal
desolación... Sentí violentas ganas de marchar, ¡lejos!, a América. Y me decía: ¿Qué
haces tú aquí? Esas niñas no son más que unas pobres enfermas. Y todo esto, una triste
comedia de aldeanos retrasados.

El sacerdote se encontró con Amalia, hermana pequeña de Loli, que le mandaba


recado de ir a su casa, donde la vidente le preguntó:

Siéntese usted. Me señalaba una especie de camastro. Le obedecí como un autómata,


y ella vino a sentarse a mi lado. La conversación que siguió, confidencial, creo que no se
me olvidará en la vida:
− De ustedes tres hay uno que no cree... ¿Sabe usted quién es?
− Sí, lo sé. ¿Lo sabes tú también?
− Ciertamente. La Virgen me lo ha dicho.
− ¿Cuándo?
− Hace muy poco: cuando bajábamos de los Pinos.
− Pues a ver: dínoslo.
− No me atrevo. Si fuera uno de los otros dos...
− Sí, yo soy; ya no creo en nada.
En los ojos tan infantiles de Loli brilló una sonrisa comprensiva:
− Nos dijo la Virgen: El Padre duda de todo, y sufre mucho. Llamadle y decidle que
no dude más, que ciertamente soy yo, la Virgen, quien se aparece aquí. Y para que os
crea mejor, le diréis: Cuando subías, subías contento; cuando bajabas, bajabas triste.
Me quedé estupefacto, mirando a la niña.
Ella añadió:
− A Conchita le ha hablado mucho de usted.
Me levanté; veía confusamente que aún no había llegado la hora de los adioses...
Tomé el brazo a los dos amigos, que me miraban sin comprender y me preguntaban:
Pero ¿qué es lo que ha dicho?, ¿qué pasa?, y les empujé hacia la puerta, diciendo:
¡Vamos en seguida a la casa de Conchita!
A pesar de lo intempestivo de la hora, Aniceta nos recibió.
− ¿Puedo estar con Conchita?
− Ya está acostada; pero usted puede subir, si quiere.
Subí con los dos amigos. Conchita estaba en la cama con su prima Luciuca, un año
menor que ella. Tan pronto como me vio, sin esperar a que yo hablara, me dijo sonriente:
− ¿Estará contento, no? ¿O es que está triste todavía?
− Casi no lo sé. Loli me ha dicho que la Virgen te ha hablado mucho de mí.

98
− ¡Lo menos un cuarto de hora!
− ¿Y qué te ha dicho?
− Aún no se lo puedo decir.
− Entonces me quedo igual que antes.
Conchita sonrió.
− Bueno, algo sí que le puedo decir. Cuando subía, subía contento; cuando bajaba,
bajaba triste... Ella me ha dicho todo lo que usted estaba pensando...Y dónde lo estaba
pensando... Y qué pensaba: Ahora me voy a América. Y en otro sitio pensaba: Ya no
quiero saber más de fulano y de fulano.. Y usted sufría mucho. Me ha encargado que se
lo diga y que le advierta que todo esto le ha pasado para que en adelante, acordándose de
todo ello, no vuelva a dudar más.
Como cualquiera puede comprender, yo me quedé sin habla.

La sensación de fiasco para Marichalar debió ser enorme, hasta el punto de que
suspendió la redacción de sus Cuadernos, que no vuelven a reflejar nada hasta el 27 de
enero de 1962. En ese ambiente se dio a conocer el 24 de octubre la segunda nota oficial
de monseñor Doroteo Fernández –publicada en el BODS, noviembre de 1961, (páginas
214-215)–:

Amadísimos hijos:
Por lo que respecta a los sucesos que vienen ocurriendo en San Sebastián de
Garabandal, pueblo de nuestra Diócesis, debo deciros que en cumplimiento de nuestro
deber pastoral, y para salir al paso de interpretaciones ligeras y audaces de quienes se
aventuran a dar sentencia definitiva donde la Iglesia no cree aún prudente hacerlo, así
como para orientar a las almas, venimos a declarar lo siguiente:

1. No consta que las mencionadas apariciones, visiones, locuciones o revelaciones


puedan hasta ahora presentarse ni ser tenidas con fundamento serio por verdaderas y
auténticas.
2. Deben los sacerdotes abstenerse en absoluto de cuanto pueda contribuir a crear
confusión entre el pueblo cristiano. Eviten, pues, cuidadosamente, en cuanto de ellos
dependa, la organización de visitas y peregrinaciones a los referidos lugares.
3. Ilustren a los fieles con sobriedad y caridad acerca del verdadero sentir de la
Iglesia en estas materias. Háganles saber que nuestra fe no necesita de tales apoyos de
supuestas revelaciones y milagros para sostenerse. Creemos lo que Dios nos ha revelado
y la Iglesia nos enseña: a esta categoría pertenecen los milagros claros y auténticos de
Jesucristo. Él nos los dio como prueba de su doctrina, a la que ya nada hay que añadir. Si
Él por Si o por medio de su Santísima Madre tiene a bien hablarnos, atentos debemos

99
estar para escuchar sus palabras y decirle como Samuel: Habla, Señor, que tu siervo
escucha.
4. Inculquen igualmente a sus feligreses que la mejor disposición para oír la voz de
Dios es la sumisión perfecta, completa y humilde a las enseñanzas de la Iglesia, y que
nadie puede oír con fruto la voz del Padre que está en los cielos si rechaza con soberbia
la doctrina de la Iglesia Madre, que nos acoge y santifica en la tierra.
5. En cuanto a vosotros, amados fieles, no os dejéis seducir por cualquier viento de
doctrina. Escuchad dóciles y confiados las enseñanzas de vuestros sacerdotes, puestos a
vuestro lado para ser maestros de verdad de la Iglesia.

El mensaje, aunque rodeado de una serie de consideraciones, era esencialmente el


mismo que el del 26 de agosto de 1961: no consta por ahora que las apariciones sean
verdaderas. No hay sentencia definitiva, porque la Iglesia no considera aún prudente
dictaminarla.
La nota contiene, si cabe hacer un análisis elemental, una seria contradicción que
consiste en reconocer que los hechos no han terminado, pero que ni se ha realizado un
estudio de ellos en profundidad, ni se piensa hacer en el futuro, pues ni se menciona –
como sí se había hecho el 26 de agosto– que exista una comisión de estudio.
Se produjo así en muchos la sensación de que había un juicio negativo, y que este
juicio era definitivo, o lo que sería prácticamente lo mismo, que los sucesos no
merecerían el esfuerzo de estudiarlos y por una serie de elementos accidentales, como el
perturbar la tranquilidad –si cupiera achacar tal efecto a los sucesos de Garabandal– o
pretender añadir algo a la Revelación –sobre lo que tampoco se menciona que haya
pruebas–, pudieran considerarse contrarios a la doctrina de la Iglesia.
No hay en la nota episcopal ni una sola referencia a la causa auténtica que lleva a
postergar el juicio de la Iglesia sobre unas apariciones, a saber, que “las exigencias de
una investigación científicamente crítica hacen más difícil o casi imposible emitir con la
debida rapidez aquel juicio” definitivo. Así lo afirman en su apartado II.1 las Normas
para proceder en caso de presuntas apariciones y revelaciones, que la Congregación para
la Doctrina de la Fe envió a los obispos en 1978, pero que no se hicieron públicas hasta
el 29 de mayo de 2012.
Podría decirse que monseñor Doroteo Fernández no conocía estos criterios, pero
también puede decirse, como él hacía al referirse a las presuntas apariciones, que
tampoco las normas de la Santa Sede suponen novedad, sino que solo ponen orden,
resumen y recuerdan algo ya sabido. El administrador apostólico siguió en esencia esas
normas, pero añadió unos comentarios que, para la mayoría equivalía a una
descalificación que se pretendía definitiva al no mencionar ni comisión ni estudios
pendientes.

100
En Garabandal continuaron los éxtasis, y García de Pesquera sitúa con posterioridad
al 18 de octubre uno “durante el cual las niñas bajaron escaleras, de espaldas y casi
cabeza abajo... y de rodillas se metieron por los charcos de agua que había en las calles,
sin mojarse lo más mínimo, como pudieron comprobar bastantes testigos oculares” (cap.
XII, 2ª parte).
Plácido Ruiloba sitúa en el otoño de 1961 y con posterioridad al mensaje los
fenómenos que presenció, en el contexto de las dudas que tenía “por alguna cosa
negativa que había visto” (García de Pesquera, final de la 1ª parte del cap. XII):

Y pensar que, si esto fuera mentira... ¡Cuantísimo mal podría hacer! Señora: para que
yo acabe de ver que es tuyo todo esto que ocurre, te pido que, aun estando tan apartado
como estoy, venga una de las niñas, desde donde esté, a darme a besar el crucifijo.
Desde el recoveco donde me había metido, detrás de la fuente, yo podía observar, sin
ser advertido, bastantes cosas de las que estaban ocurriendo; y así me di cuenta de que
las niñas habían cesado en sus éxtasis: sólo seguía extática Conchita, a quien vi venir
hacia su casa, próxima al lugar de mi escondite. Vi perfectamente cómo entraba en ella...
y sufrí en aquel momento una tremenda decepción, al ver que mi oración no había sido
escuchada, y que en consecuencia mis dudas tenían fundamento.
Estaba saboreando amargamente esto, cuando de repente vi que la gente que había
entrado en la casa, empezaba a salir rápidamente, y detrás, la niña, todavía en éxtasis:
aquello me sobresaltó, intuyendo cuál podría ser el motivo. Conchita, en efecto, vino
derecha hacia mí, manteniendo como siempre la cabeza inverosímilmente vuelta hacia
arriba, lo que le impedía del todo ver lo que tenía delante o alrededor; llegó al recoveco
donde yo me había escondido, se paró ante mí, y ¡por tres veces me dio a besar el
crucifijo!
Otro día –me acuerdo que era una noche malísima y llovía torrencialmente– Jacinta
cayó de pronto en éxtasis, y yo me presté a acompañarla solo: pensaba que iba a tener así
ocasión de hacer nuevas e interesantes experiencias. Una señora del pueblo me dejó uno
de esos grandes paraguas que llaman familiares: lo abrí sobre la cabeza de Jacinta, y
seguimos los dos solos por las calles embarradas... El brazo con que yo sostenía el
paraguas, pasaba por encima de los hombros de la niña, apoyándome suavemente en
ellos: parecía tenerla totalmente a merced mía, y se me presentaba así la mejor ocasión
para hacer nuevas pruebas sobre la realidad de aquellos trances, en torno a los cuales no
dejaban de asaltarme las más diversas dudas.
“Me puse al intento de llevarla yo, no dejar que me llevara ella: la cosa parecía bien
fácil, pues la niña no podía ver por dónde caminaba, a causa de la postura de su cabeza,
de la noche cerrada y del paraguas, que yo mantenía bajo para que cerrase toda
perspectiva. Repetidas veces, y haciendo fuerza con el brazo que le había echado por

101
encima de los hombros, procuré llevarla en esta o en la otra dirección... Todo fue inútil:
sin violencia ninguna, era ella la que me llevaba irresistiblemente a mí. Era evidente que,
con su mirada hacia arriba, a pesar de la noche, de la lluvia y del paraguas, ella veía de
continuo algo que no podía alcanzar ni impedir, algo maravilloso que la arrebataba y la
llevaba...”.
“El éxtasis se prolongó mucho, los caminos estaban intransitables, y llegó un
momento en que, verdaderamente cansado, no podía ya casi con el paraguas; entonces lo
cerré, aunque seguía a todo llover. Pero no tuve valor para dejar sola a la niña... No
mucho después de cerrar el paraguas, yo me sentía ya tan completamente calado, que el
agua me salía hasta de los zapatos. Al pasar bajo una pequeña bombilla –por las calles
del pueblo había poquísimas–, me pareció advertir que la niña iba completamente seca;
lleno de asombro, le pasé tres veces la mano por los hombros y el pelo: tan de verdad iba
completamente seca bajo aquel aguacero, que pasándola por su pelo se me secó la mano,
que yo tenía bien fría y mojada”.

Otro fenómeno sucedió en un éxtasis de Jacinta, Loli y Conchita:

Esta última marchaba entre las otras dos, y de pronto el crucifijo que llevaba en las
manos, sobre el pecho, se le cayó... No obstante, la marcha de las tres continuó, como
unos 25 o 30 metros más; entonces se oyó a Conchita: ¡Ah! ¿Que lo recoja? ¿Que me
dices tú dónde está? Sin cambiar de postura, fueron retrocediendo las tres hasta el punto
donde había caído el pequeño crucifijo.
Conchita, sin dejar de mirar hacia arriba, empezó a agacharse, con el brazo extendido
hacia abajo. Detuvo este movimiento cuando su mano estaba como a medio metro del
suelo... y todos los que estábamos allí pudimos ver, estremecidos de emoción, cómo el
crucifijo salía del barro y subía hasta la mano de la niña; ésta lo apretó, y lo llevó de
nuevo a la altura del pecho, manteniéndolo allí, fervorosamente, entre las dos manos.
Luego reemprendieron su marcha.
Tan pronto como acabó el éxtasis, yo me puse a mirar detenidamente las manos de
Conchita: y puedo afirmar que ni en sus manos, ni en el crucifijo pude descubrir la
menor señal de barro.

Al margen de que se dejara o no de registrar si había más o menos éxtasis, es posible


que se añadiera mayor exigencia penitencial por parte de la visión, ya que Conchita
escribe en su Diario (p. 63) que como sacrificio les pedía madrugar para rezar:

La Santísima Virgen nos mandó a las cuatro: Loli, Jacinta, Mari Cruz, y yo ir a rezar
el Rosario al Cuadro.

102
Algunos días íbamos a las 6 y otros más tarde. Jacinta y Mari Cruz iban a las 7 de la
mañana y Loli no tenía hora fija. Pero como a Mari Cruz no le venía bien levantarse tan
temprano decidió ir mejor a las 8. Jacinta iba a las 6 acompañada de su madre y gente
del pueblo que siempre nos acompañaba. A mí por Semana Santa me mandó que fuera a
las 5 de la mañana, como lo hice –pues la Santísima Virgen quería que siempre
hiciéramos penitencia–.

Si bien la petición a Conchita de ir más temprano es de la Semana Santa de 1962 –el


Domingo de Ramos fue el 22 de abril–, según García de Pesquera, el comienzo de estos
rosarios de la aurora fue el 4 de noviembre, y su horario habitual las 8 de la mañana, si
bien Maximina, tía de Conchita, señala en carta del 19 de noviembre a la familia de
Ramón Pifarré –que también transcribe García de Pesquera– que madrugaban dos horas
más:

Las apariciones siguen lo mismo, aunque ahora son más suaves, es decir, las niñas no
corren tanto en ellas. Las niñas, ¡con lo que les gusta dormir!, ya llevan una temporada
levantándose a rezar el rosario, ¡a las 6 de la mañana!, junto a los Pinos. Si no fuese cosa
de la Virgen, no se levantaban tan listas.

Con todo, al poco tiempo, el 18 de noviembre –al mes de la lectura del mensaje–, la
aparición se despedía de las niñas anunciándoles que ya no la verían con la misma
frecuencia, indicando a cada una la fecha de su siguiente encuentro.
También hay nuevo ritmo en la atención pastoral, ya que el obispo mandó a
Marichalar tomarse unas vacaciones a partir del 28 de octubre, sustituyéndolo por el
sacerdote Amador Fernández González. Este cambio es criticado por José Ramón García
de la Riba, quien aporta una carta de Mari Cruz y algunas consideraciones espirituales al
respecto en sus Memorias (p. 229):

Tuvo que ser escandaloso para niños y mayores que en la parroquia despachasen a D.
Valentín porque lo creían a favor, y que los sacerdotes tuviesen que llegar de incógnito
al pueblo. En la carta que el 9 de noviembre de 1961 me dirigió Mari Cruz, se quejaba de
eso:
Don Valentín no está aquí, y ahora va a venir otro. Se fue porque le echaban la culpa;
decían que él nos preparaba a nosotras. Eso lo dice la gente mala porque don Valentín
era muy bueno y lo creía.

García de la Riva cita las consideraciones del claretiano Joaquín María Alonso en su
libro Fátima, España, Rusia sobre los peligros a que están expuestos los videntes:

103
Después de las apariciones acontece un fenómeno que afecta a los videntes: el
problema del ambiente maravillosista con que las gentes piadosas les rodean. Es el
momento del gran peligro, en que los videntes pueden comprometer su misión.
Es también el momento de una grave responsabilidad para dirigentes, jerarcas y
directores espirituales que están en contacto con ellos. Los videntes necesitan ser
preservados y educados, no solo contra las buenas gentes que les llenan de elogios y los
ensalzan con todos los inciensos de la admiración o veneración, sino principalmente
contra sí mismos, ya que la Gracia de su carisma es principalmente en orden a los demás,
y no precisamente para ellos, y están expuestos, como todo ser humano, al peligroso
juego de una voluntad sometida a los más fuertes halagos.

García de la Riva comparte la opinión de quienes piensan que con las niñas de
Garabandal no se supo actuar con la prudencia demostrada en Fátima (p. 231):

Los responsables de aquí no han sabido proceder con la sabiduría y espíritu que
demostraron los de allá. Las videntes de este pueblecito español no solo quedaron
abandonadas a sí mismas, sino que fueron asediadas de mil maneras para que ellas
mismas destruyesen con palabras y conductas que no estuvieran a tono toda la posible
verdad de aquello en que habían actuado como protagonistas.

Ajena o resistiendo de momento esas tentaciones, Conchita elogiaba al sustituto del


párroco en carta del 25 de noviembre a García de la Riva:

A la vista parece muy bueno, y nos da catequesis todos los días; juega mucho con
nosotras.

En esa carta decía Conchita que tuvo la anterior visión el 17 de noviembre y la


siguiente sería el 8 de diciembre –un intervalo de 21 días o, si se prefiere, tres semanas–
y luego el 27 de enero –siete semanas después–.
La madre de Mari Cruz da testimonio, en una carta que transcribe García de Pesquera
(segunda parte, capítulo II), de que el nuevo sacerdote facilitaba dentro de lo posible –
contrarrestando la oposición de la madre– a esa niña el cumplimiento de lo que
consideraba su deber respecto al personaje de la aparición:

Una mañana se lo dije así a mi hija, que no fuese a las seis a rezar, que había dicho
don Amador que fuese, si quería, a otras horas.
Un día, sin más, no la dejé ir; y ella estaba nerviosa en la cama... y luego me dijo:

104
Bueno, mamá: yo no te mando que vayas conmigo; si no quieres ir, no vayas, nadie te
obliga; pero yo debo ir.
Al día siguiente fui a buscar a don Amador, que acababa de regresar de un viaje, y le
dije: Mire, don Amador, a mí me pasa esto con la chica: que me dice que si yo no voy,
va ella sola. Me contestó: Déjala, déjala.

Jacinta tuvo aparición el 16 de noviembre –según escribía el día 27 a García de la


Riva– y pasaría sin ella un mes hasta el 16 de diciembre; eso sí, decía, “todos los días
rezamos unos cuantos rosarios, para ver si la Virgen hace un milagro para que todo el
mundo crea”.
Loli estaba convocada para tener visión el 13 de enero, según escribía el 13 de
diciembre de 1961 Mari Cruz en carta a García de la Riva –que lo transcribe en sus
Memorias, (p. 223)– que ella se pasaría más de un mes sin aparición –y lo que llevara
antes de escribir–:

El día de la Concepción solo vio a la Virgen Conchita. Yo, como ya le digo, no la


veré hasta el 16 de enero. Quisiera verla siempre, siempre; pero cuando Ella no me
concede ese don es que no lo merezco; así que me resigno con su Santa Voluntad.

Parece que el calendario no sé cumplió exactamente; en todo caso Loli tuvo éxtasis
el 18 de diciembre, según el testimonio escrito por Josefa Lueje que recoge García de
Pesquera:

Ya de madrugada, alrededor de las 4, Loli pegó un salto de donde estaba sentada y


cayó de rodillas sobre el suelo, haciendo un ruido impresionante; pero esto no era nada,
al lado del cambio de su rostro..., porque el rostro de la pequeña, regordete y digamos
aldeano, se transformó y afinó de forma indecible, hasta parecer un ángel.
Salió luego por el pueblo, acompañada de su padre y de todos nosotros. Subió a una
casa donde había, nos dijeron, un anciano casi moribundo, inconsciente desde hacía
varios días; cuando Loli le santiguó con su crucifijo, el hombre recobró el conocimiento
y reconoció a sus hijos –así nos dijeron–; la vimos luego bajar por aquella escalera,
desigual, pendiente, sin barandilla, con la cabeza totalmente echada hacia atrás, y no nos
explicábamos como no caía y se mataba...Nos llevó luego al pórtico de la iglesia, donde
rezamos un rosario, como creo no haber rezado otro en la vida.
Cuando ya volvíamos para casa, nos cruzamos con Jacinta y su padre, que iban a
rezar el rosario al cuadro, como todas las madrugadas... Era impresionante ver a aquellas
criaturas, tan desabrigadas, de rodillas sobre la nieve y soportando unas temperaturas
bajísimas aún en plena noche... En el Garabandal de entonces, había verdadero fervor y

105
se hacía penitencia de verdad.

Mientras las niñas rezaban para que se produjera un milagro que confirmara la
autenticidad de las apariciones, un pobre pastor de Garabandal sería protagonista de un
fenómeno cuya génesis quedó durante mucho tiempo sin aclarar, y cuya causa desde
luego sigue estándolo a día de hoy.
El personaje es Ramón González Gómez, de 20 años entonces y amigo de Mari Cruz,
conocido como Ramonín, residente en Cosío pero que pastaba un rebaño de ovejas
charras en Garabandal. El propio Ramonín me confirmó el 8 de abril de 2018 en
Garabandal haber sido quien encendió, en circunstancias increíbles, en noviembre de
1961, un fuego que permanecería ardiendo hasta febrero de 1962. Ramonín no llegó a
ver el final de esa peculiar fogata, ya que debido a su grave enfermedad estuvo ingresado
en el hospital desde la fiesta de Reyes de 1962.
La vida de Ramonín y de sus ocho hermanos fue durísima. Sus padres eran tan
pobres que en ocasiones los mantenían durante días en cama, asegurándoles que seguía
siendo de noche, por no tener nada para darles de comer. Esas duras circunstancias no
endurecieron su corazón, sino que fueron ocasión para que ejercitara su generosidad.
Así, por ejemplo, cuando había un huevo para comer, cada uno de los hermanos tenía
derecho a mojar un trozo de pan en la yema y Ramonín, sin que los demás se dieran
cuenta, aunque hacía el ademán, no mojaba su trozo de pan, de modo que sus hermanos
pudieran comer más huevo.
En una ocasión en que las niñas salían de sus casas a los Pinos, con gran gentío,
Ramonín deseó algo que pensó le ayudaría a creer mejor en las apariciones: que en vez
de dar la cruz a besar desde abajo, como solían hacer, empezaran en lo alto de los Pinos,
y que él fuera el primero a quien se la dieran. Las niñas subieron de corrido el monte, sin
dar la cruz a nadie entre una gran multitud. Se la dieron primero a Ramonín y bajaron el
monte andando de espaldas a gran velocidad, incluso tumbadas o de rodillas. “Eso que vi
era natural y terrible a la vez. Por mucha sabiduría que haya, eso no hay quién lo haga”,
comenta.
Una de las noches que estaba con el ganado en los Pinos en el mes de noviembre de
1961, habiendo transcurrido los éxtasis de las niñas con una nevada inmensa, Ramonín
cuidaba a las ovejas y no pudiendo dormir, le pidió a un amigo el mechero para hacer
fuego porque no soportaba el frío ni tenía alimentos para calmar el hambre. Era la una de
la madrugada y su amigo le aseguró que no lograría encender fuego. Pero Ramonín
escarbó hasta encontrar leña seca y prenderla. Hubo un éxtasis y dejaron el fuego para
estar con las niñas.
Pues bien, el fuego que Ramonín prendió en los Pinos estuvo ardiendo durante tres
meses. Ramonín no vio todo el proceso porque fue ingresado en el Hospital. Mientras se

106
recuperaba, los niños subían a los Pinos con calderos de agua, los echaban sobre el fuego
y este no se apagaba. Los adultos tampoco lograban apagar el fuego, a pesar de haber
hecho una cadena humana desde el pueblo con ese fin. Hubo una nevada de varios días,
pero aun estando todo nevado, volvió a salir el fuego. A Ramonín le dieron el alta y
desde su casa en Cosío veía el fuego.
A pesar de conocer a Ramonín y ver también desde Cosío el fuego, don Valentín de
Marichalar desconocía quien lo encendió, como muestra una carta de Marichu Herrero
escrita el 24 de septiembre de 1962 que recoge García de Pesquera (2ª parte, cap. IX):

Algunos de los visitantes no tuvieron reparo en hacer fuego bajo los Pinos, para
cocinar o para calentarse. Ellos marcharon, creyendo dejar el fuego apagado; pero
pasaban los días, y aquel fuego no acababa de extinguirse, a pesar de que se hizo lo
imposible por conseguirlo... Yo misma, al llegar al pueblo por esas fechas, pude advertir
el extraño resplandor que había allí arriba en los Pinos. Fue por eso por lo que le
pregunté al señor cura. Y don Valentín me explicó el origen de aquel fenómeno y lo que
se había hecho para acabar con él; añadió que la cosa duraba ya semanas, y que, vista
desde lejos, parecía durante el día una columna de humo, y por la noche un difuso
resplandor. No faltan entendidos en geología –concluyó sonriendo con cierta gracia
socarrona– que se empeñan en dar con una explicación para el fenómeno. Ya veremos.
Por de pronto, se han llevado unas muestras de esa tierra que quema, para examinarlas
en un laboratorio.

Mientras este fuego ardía en Garabandal, en Roma el papa san Juan XXIII, que el 25
de enero de 1959 había expresado su intención de convocar un concilio ecuménico,
materializaba ese propósito el día de Navidad de 1961, por medio de la constitución
apostólica Humanae Salutis, el Concilio Vaticano II, que inauguraría sus sesiones el 11
de octubre de 1962. El objeto del concilio era, según el punto 3 de dicha constitución,
infundir “en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del
Evangelio” haciendo frente a “un orden temporal que algunos han querido organizar
prescindiendo de Dios” y que se disfrazaba de progreso pero tenía tres graves defectos:

La indiferencia por los bienes inmortales, el afán desordenado por los placeres de la
tierra, que el progreso técnico pone con tanta facilidad al alcance de todos, y, por último,
un hecho completamente nuevo y desconcertante, cual es la existencia de un ateísmo
militante, que ha invadido ya a muchos pueblos.

El sábado 27 de enero reaparecen las notas de los Cuadernos atribuidos a Marichalar


–en alguna ocasión, como el 31 de enero, firma el brigada Álvarez Seco–, explicando los

107
éxtasis que tuvieron desde las 18,30 Mari Cruz y Loli en el cuadro, desde donde van a la
iglesia, a casa de Mari Cruz y de Conchita dando a besar un crucifijo. A la misma hora
tuvo éxtasis Conchita en su casa y presentó a la visión las medallas y rosarios que le
habían entregado; después de besados los devolvió, sin equivocarse, a sus dueños.
Estuvo en éxtasis hasta las 20,20.
Mari Loli tuvo otra aparición de 2 a 2,30 de la madrugada. Durante el día le habían
dicho que estaba en el pueblo un pintor apellidado Calderón y que quería pintar a la
Virgen. Se le oyó decir: “Hay aquí un pintor que te quiere pintar; pero con lo guapísima
que Tú eres, qué fea te va a sacar”.
El domingo 28 de enero tuvieron éxtasis las cuatro niñas entre las 19 y las 21,50,
cantando el rosario por las calles. El lunes 29 de enero, Loli y Conchita recorrieron el
pueblo en éxtasis desde las 19,20 y fueron a cantarle canciones a Mari Cruz, que estaba
en cama. El martes 30, Conchita y Loli tuvieron un éxtasis vespertino, y Loli de nuevo a
partir de medianoche. El miércoles 31, Conchita fue a rezar el rosario al cuadro a las 8 de
la mañana, quedó en éxtasis y al bajar al pueblo cayó hacia atrás en la fuente, pero no se
hizo daño. Esa tarde, de 20 a 21 horas, tuvieron éxtasis Loli y Conchita, dando a besar
estampas. El brigada que toma las notas recoge una alusión al fuego, que no está claro si
puede ser el de Ramonín, y la extraña reacción de un abuelo de Jacinta:

Conchita en la misma forma, por la calle iba hablando o sea contándole a la Virgen
que se quemó un poco el monte bajo y que ella había participado en ello y se echaba a
reír cuando en el preciso momento le decía la Jacinta dale una estampa al Brigada.
Después fueron a casa de un abuelito de Jacinta para darle la Cruz a besar y rezar
junto a él, sin poderlo lograr por espacio de una hora. Y allí mismo volvieron en si, y se
sentaron en la cama y le decían por qué no lo quería besar; si lo besaba la Virgen le
podía volver la vista y el abuelito decía: pa qué quiero yo la vista.
Una de las dos medallas donadas por el Pintor Calderon a los niños a besar, María
Dolores las dio a besar a la Virgen y le dijo: qué fea te han puesto; tan guapa como tú
eras.

El jueves 1 de febrero solo tuvo éxtasis Loli (tres). El viernes 2 estuvieron en éxtasis
Mari Cruz y Loli de 19 a 20 horas, y Loli tuvo otros dos, a las 23 horas y a las 2,30 de la
madrugada, cuando la pusieron a prueba:

Le dieron en una casa un juguete que representaba al demonio y lo tiró. Y después le


dieron un juguete que representaba al Ángel de la Guarda y lo cogió, y lo llevó por todo
el pueblo.

108
El sábado 3 de febrero tuvieron éxtasis Loli, Conchita y Mari Cruz. Una persona hizo
llegar a Conchita, por medio de otra, una medalla que la niña devolvió directamente a la
dueña, añadiendo que no era suya sino de su madre, y la dueña dijo que era verdad.
En la tarde del domingo 4 de febrero estuvieron en éxtasis Mari Cruz, Conchita y
Loli. El lunes 5, entre las 20,45 y las 22, Loli subió tres veces en éxtasis a los Pinos “por
lo más difícil, sin seguir el camino, con facilidad y sin caerse. Los que la seguían
caminaban casi a gatas y se agarraban a los brezos del camino para no caerse”. El martes
6 hubo éxtasis de Conchita y Mari Cruz, seguido de otro de Loli. Esta había contado que
tendría visión a las 3 de la mañana del miércoles 7, por lo que no se acostó, y así fue. A
las 20 tuvo éxtasis Conchita, a la que acompañaban Mari Cruz y otras niñas. Al revés, el
jueves 8 fue Mari Cruz quien tuvo éxtasis a las 19 horas, seguido por otro de Loli a las
21 horas. El viernes 9 tuvieron visión las mismas niñas.
El sábado 10 de febrero hubo éxtasis de Loli, Conchita y Mari Cruz. El domingo 11
lo tuvo Conchita durante el rosario que rezaba a las 8 de la mañana en el cuadro y Loli a
las 19 horas. El lunes 12 fue Loli quien quedó en éxtasis al terminar el rosario que rezaba
en el cuadro a las 6 de la mañana, repitiendo dos éxtasis de una media hora a las 17,20 y
a las 21,30, y siendo relevada con un éxtasis semejante Conchita a partir de las 22 horas.
El martes 13 hubo éxtasis de Conchita en el rosario matutino, de Loli –que devolvió
algún objeto “a su dueño, que antes le había entregando otra tercera persona”– y de Mari
Cruz. El miércoles 14 hubo éxtasis de Loli a las 21 horas, mientras que el jueves 15 le
precedió Mari Cruz con un éxtasis de solo 15 minutos a las 19 horas, y el de Loli duró
media hora a partir de las 21.
El sábado 17 hubo sendos éxtasis de 15 minutos, primero de Mari Cruz y luego de
Conchita. El domingo 18, éxtasis de Loli con Jacinta –que no tenía aparición desde el 18
de enero y había anunciado que la tendría este día– rezando el rosario a las 6 de la
mañana; las dos repitieron a las 18 horas en los Pinos y a las 20 horas tuvo éxtasis
Conchita hasta las 21,30. El lunes 19 repiten éxtasis en el rosario de las 6 Loli y Jacinta,
devolviendo rosarios y medallas “a sus dueños directamente aunque muchos de los
objetos se los habían dado terceras personas”; repitiendo éxtasis ambas a las 18 horas en
los Pinos.
Ese día la visión señaló a Loli dónde se encontraba en una foto que la niña le hizo el
12 de septiembre de 1961 con la cámara de José Ramón García de la Riva, según cuenta
este en sus Memorias (p.-181):

Un amigo hizo una experiencia colocando, sin ser visto, una copia de la foto que
ahora se llama vulgarmente de la Virgen, entre un montón de estampas que Loli tenía en
casa para dárselas a besar en el momento de la Aparición. –Desde luego que las niñas no
lo sabían–. Al caer en éxtasis Loli y dar a besar el montón de estampas, al llegar a la foto

109
se detuvo y en diálogo con la Visión dijo: ¡Ah, que es donde estás Tú!

El martes 20 de febrero tuvieron Loli y Jacinta éxtasis en los Pinos, de donde bajaron
de espaldas. Por la tarde hubo éxtasis de Jacinta, Conchita y Loli, quien perdió un
medalla y, a requerimiento de Jacinta, preguntó a la visión dónde estaba y la encontró en
el barro. Siguieron éxtasis de Mari Cruz y Conchita, que marchó luego de viaje a León.
El miércoles 21 tuvieron éxtasis Loli, Jacinta y Conchita durante su viaje a León a
casa de Emilio del Valle, que quería pagar los gastos de escolarización de las niñas, pero
los padres no quisieron. El jueves 22 tuvieron éxtasis de media hora o menos las tres
niñas que habían quedado en el pueblo. Lo mismo sucedió el viernes 23, con la
peculiaridad de que Mari Cruz hizo dos veces ademán de coger al Niño, que venía con la
aparición, diciendo: “anda, déjamele que no le tiro”. De nuevo repitieron las tres el
sábado 24, avisando Mari Cruz que no volvería a tener éxtasis hasta el martes. El
domingo 25 hubo éxtasis de Jacinta y Loli, y el lunes 26 solo de Loli, que bajó dos veces
de espaldas desde el cuadro y volvió a subir a los Pinos.
El martes 27 se registra la última anotación en los Cuadernos, con una referencia
vaga a los días anteriores, y no hay más hasta el 11 de marzo.
El sábado 3 de marzo recibió Conchita una carta que decían era del Padre Pío de
Pietrelcina, el capuchino italiano Francesco Forgione (1887-1968), que desde septiembre
de 1918 tenía los estigmas de la Pasión de Cristo visibles, que tuvo también dones
extraordinarios de discernimiento de espíritus y bilocación, y que fue beatificado por san
Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999 y canonizado el 16 de junio de 2002.
La biografía de san Pío en la web del Vaticano resume en un breve párrafo su actitud
en la época en la que se le limitó el contacto con los fieles (1920-1934):

Cuando tuvo que sufrir investigaciones y restricciones en su servicio sacerdotal, todo


lo aceptó con profunda humildad y resignación. Ante acusaciones injustificadas y
calumnias, siempre calló confiando en el juicio de Dios, de sus directores espirituales y
de la propia conciencia.

La segunda parte de ese párrafo, se refiere a las acusaciones –sobre todo de tipo
económico, pero también moral– vertidas desde 1960 contra su fama desde dentro de la
orden capuchina de Padua, que pretendía compensar las pérdidas que tuvieron al
hundirse la banca Giuffré, con el dinero que los fieles habían dado al Padre Pío para el
hospital que fundó en 1956. El papa san Juan XXIII envió a San Giovanni Rotondo,
donde vivía el santo, el 30 de julio de 1960 a monseñor Carlo Maccari para investigar.
Las difamaciones no terminarían hasta que el Padre Pío nombrara a la Santa Sede como
heredera universal de todos sus bienes el 11 de mayo de 1964.

110
En sus Memorias (p. 431), José Ramón García de la Riva dice haber tenido en sus
manos la carta en italiano, sin firma ni remitente, de la que en el momento de recibirla el
maestro de la escuela de Garabandal, Félix López, antiguo alumno del Seminario Mayor
de Derio –Vizcaya–, opinó que “por su estilo, bien podría ser del Padre Pío”. El texto de
la misiva era:

Queridas niñas: A las nueve horas de esta mañana, la Santísima Virgen me ha dicho
que os diga: ¡Oh, benditas niñas de San Sebastián de Garabandal! Yo os prometo que
estaré con vosotras hasta el fin de los tiempos, y vosotras estaréis conmigo en el fin del
Mundo, y después, unidas a Mí, en la Gloria del Paraíso.
Os mando copia del Santo Rosario de Fátima, que la Virgen me ha ordenado os
mande. Este Rosario ha sido dictado por la Santísima Virgen y debe ser propagado para
salvación de los pecadores y preservación de la Humanidad de los peores castigos ,con
que el buen Dios está amenazando.
Solo os doy un consejo: REZAD y HACED REZAR, porque el Mundo está sobre el
comienzo de la perdición.
No creen en vosotras, ni en vuestros coloquios con la Blanca Señora… Creerán
cuando sea demasiado tarde.

Al rato de recibirla, Conchita entró en éxtasis, según García de la Riva (p. 432) y al
salir del éxtasis le preguntó Félix López:

− ¿Preguntaste a la Virgen si la carta era del Padre Pío?


− Sí, y me dio una respuesta secreta para enviarle.

Según una entrevista grabada el 9 de febrero de 1975 por la revista Needles y


publicada en garabandal.it, Conchita habría escrito al Padre Pío “una carta diciéndole
que me gustaría verle cuando visitase mi país. Él, entonces, me envió una pequeña carta
diciendo: ¿Crees que puedo subir por la chimenea?”, bromeando sobre la imposibilidad
de salir del claustro. Así pues, tuvo que ser Conchita quien visitara al capuchino, cinco
años después.
Retomando la información de los Cuadernos, sabemos que el domingo 11 de marzo
de 1962 tuvieron éxtasis Conchita, Jacinta y Loli, yendo estas dos a pedir perdón al
maestro por una travesura que habían hecho, y preguntando Conchita a la visión a quién
quería más de las naciones, y recibiendo por contestación que a todas:

Me dijo que la Virgen le había dicho que quería más a España por su fe, pero que las
otras naciones hacían más sacrificios.

111
El lunes 12 de marzo Loli, en éxtasis, tiene un largo diálogo con el difunto padre
Luis María Andreu. Le dice que tiene ganas de que les visite su hermano Ramón, que
hace ya seis meses que no va:

Qué triste te pondrías tú si nos fuéramos a un colegio, porque ya no podríamos ver a


la Virgen. El Padre Luis me ha dicho que le diga a su hermano que se cumplirá lo que él
está pidiendo.

El martes 13 de marzo, a pesar de haber tenido aparición de madrugada, Loli va de


nuevo con Jacinta a rezar el rosario a las 6 a la calleja, donde entra en éxtasis Jacinta. El
redactor de los Cuadernos entra en escena pasadas las 22,20:

Yo pienso, si esta niña ve a la Virgen que me de a besar el crucifijo. Nada más


pensarlo se gira y me lo da a besar, solo a mí.

También tuvieron éxtasis Conchita y Loli, por quien sabemos que el redactor es
casado:

Loli estando en su cocina mirando un anillo de mi esposa, la coge por el dedo anular
y la sube a los Pinos. Allí se santigua y bajan las dos de espaldas hacia la iglesia,
corriendo.

Poco antes de medianoche, Mari Cruz va a la calleja con una carta en un sobre que le
ha dado su madre; ella no conoce el contenido, pero es de un sacerdote de Villaviciosa
“que le decía que le pagaba pensión y estudios en un colegio con la condición de que no
volviera a ver a la Virgen, ya que esto le podría causar quebraderos de cabeza con el Sr.
Obispo de Oviedo”. Ya en éxtasis se oye a la niña:

¿Qué le digo? ¿Que te seguiré viendo? ¿Que es un sitio bueno, pero que te seguiré
viendo?

El miércoles 14 de marzo Mari Cruz fue la única que no tuvo éxtasis. A las 2,30 de la
madrugada del jueves 15 tiene Loli un éxtasis –Jacinta se lo pierde porque sus padres
olvidaron avisarla– en el que trata de que la visión le deje al Niño:

¿Cómo Mari Cruz te ve tan poco? ¿Por qué no dejas el Niño? ¿Porque es chiquitín?
Y además ¡viene tan poco el Niño! Además hace mucho que nació y qué chiquitito ¡y

112
fue grande! Y hace más de mil años. Y tú también, tan joven y hace también mucho, que
yo no me acuerdo. Yo querría que hablara el Niño. No me dice ná. Además cuando yo
hablo, Él se ríe. ¿Me lo dejas? No te lo tiro. Sí, déjamele, anda. ¿Por qué no me lo dejas?

Conchita tiene éxtasis a las 4 de la mañana y Loli de nuevo a las 23,35:

Hace mucho que no veo a San Miguel. Llámale y que venga; que hace mucho que no
veo a San Miguel. Llámale y que venga; que hace mucho que no viene.

A las 2 de la madrugada del viernes 16 de marzo de 1962, Loli da a entender que


sabe que habrá un milagro visible en el cielo:

Sana a esa, a la madre de Alicia que de un ojo ya no ve y no verá el milagro que


hagas en el cielo.

El sábado 17 de marzo de 1962, diez días después del comienzo de la Cuaresma –el
día 7 fue Miércoles de Ceniza–, reapareció en Garabandal Máximo Förschler, el
protestante alemán que había presenciado en la madrugada del 15 de octubre de 1961 la
curación del padre Ramón Andreu. Este le había invitado a unos ejercicios espirituales
que impartiría en Loyola a partir del lunes 19 de marzo. Förschler viajaba con varios
amigos, su mujer y un hijo, buscando una señal que le confirmara si debía presentarse en
Loyola:

Vimos un primer éxtasis a las nueve de la noche, de Mari Loli, y observé que estaba
casi por entero dedicado a mi señora, a mi hijo y también a mí.

Ese día también tuvieron éxtasis Mari Cruz y Jacinta, quien decía “Pido por la madre
del padre Ramón que hoy ya es monja” –sor María Luisa tomó el hábito de Salesa el 19
de marzo de 1962–, y de nuevo dio a besar el crucifijo solo al redactor de los Cuadernos
cuando este lo pidió con el pensamiento.
El domingo 18 Conchita tuvo éxtasis de madrugada. Förschler se encontró con
Jacinta, apenada porque llevaba cinco días sin contemplar la aparición, y el alemán le
confió:

− Pues yo he pedido en el santo rosario que tú tengas visión esta misma noche; tengo
que marcharme mañana por la mañana y necesito una prueba grande de la Virgen, y
precisamente por tu medio.

113
A las 21,30, Loli fue en éxtasis a casa de Jacinta y le comunicó que tendría visión a
medianoche. Al terminar ese trance, dijo al redactor de los Cuadernos –que en este caso
es sacerdote pero no el párroco– que había rezado por “la de Madrid que esta mala y por
un muchacho de no se donde que está mal del corazón”. Ese día había subido dos
sacerdotes de paisano, uno de ellos el padre José Silva, fundador de la Ciudad de los
Muchachos de Orense, trayendo a “un muchacho joven que tiene una gravísima
enfermedad del corazón y tiene los días contados según los médicos”.
Lo que sucedió con Loli ya en la madrugada del lunes 19, fiesta de San José, fue
decisivo para Förschler:

La niña salió a la calle, en marcha extática, y cada diez metros nos daba la cruz a
besar a las ocho o diez personas que la seguíamos. Yo me separé luego del grupo y la
niña fue hasta la iglesia, donde rezó; y allí mismo volvió al estado normal.
Como a mí no me había pasado nada de particular, creí que mi destino no era Loyola.
Pero Jacinta anunció que iba a tener de nuevo visión, a las tres de la madrugada. Y
yo, esperando todavía, allá me fui, a su casa. A las tres en punto comenzó el trance y,
como de costumbre, salió a la calle. Yo la acompañé durante un trayecto; pero al fin me
separé del grupo y me metí en la casa de Loli, que tienen taberna. Pero hacia las tres y
treinta entra allí Jacinta, en éxtasis, y entre las muchas personas que había, se abre paso
hacía mí, me da la cruz a besar y me signa con ella tres veces. Nadie más tuvo la dicha,
en aquella ocasión, de besar la cruz. Para mí, estaba bien clara la prueba que había
pedido.

El domingo 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, por primera vez las niñas –


Conchita, Jacinta y Loli– en éxtasis rezan el rosario cantado, que la aparición pide que
acompañe la gente. Al principio eran pocos, pero al final debía de estar todo el pueblo.
Duró desde las 21,30 hasta las 12. El padre de Jacinta, Simón, muy emocionado,
comentó al Dr. Ortiz:

Yo sentía una alegría inmensa, pues conozco bien a mi hija y sé lo vergonzosa que
es; por eso pensaba dentro de mí: Algo muy grande tiene que estar viendo para cantar
como canta… Fue tan grande mi gozo y emoción en ese día que, de no ver a la Virgen,
no lo cabía mayor.

114
EL MENSAJE INTERMEDIO Y LA COMUNIÓN
VISIBLE

Si un personaje destaca entre los que acudieron a Garabandal en la Semana Santa de


1962, es la escritora Mercedes Salisachs, que, después de un tiempo de duda tras la
muerte de su hijo Miguel –de 21 años– en accidente de automóvil el 30 de octubre de
1958, se había visto reafirmada en su fe gracias a la devoción mariana. Su testimonio ha
sido publicado en virgendegarabandal.com:

Llegamos a Cosío el Viernes Santo [20 de abril de 1962], a la hora exacta de


mediodía, y allí conocí al párroco de Garabandal, don Valentín Marichalar. Mientras
esperábamos el vehículo que debía subirnos al pueblo, tuve ocasión de charlar con él.
Pese a sus comprensibles reservas, acabó confesándome que, en el fondo, estaba
convencido de que los hechos que allí ocurrían eran sobrenaturales, y que las niñas eran
muy a propósito, por su inocencia, para recibir las visitas de la Virgen.
Aquella misma tarde entregué a Jacinta unos objetos para que los diera a besar a la
Virgen y, tanto a ella como a las otras tres, les hice la misma súplica: Cuando veáis a la
Virgen, preguntadle por mi hijo. Creo que fue Jacinta la que indagó:
− ¿Y qué le pasa a su hijo?
− ¡Está muerto!, le contesté.
Durante la Vigilia Pascual, las mujeres del pueblo, siguiendo una antigua costumbre,
iniciaron un rosario cantado por las Calles. A pesar de mi cansancio, me vi impelida a
seguirlas. La devoción que allí se respiraba, era realmente impresionante. ¡No recuerdo
haber vivido una Pascua más fervorosa que aquella!
Debíamos de ir por el tercer misterio, cuando ocurrió lo inesperado. Alguien me dio
un golpecito en la espalda. Al volverme, me encontré con Rosario Santa María, que iba
del brazo de Mari Loli; me dijo en tono confidencial:
Dice Mari Loli que tiene un encargo para ti. De momento quedé desconcertada, sin
ocurrírseme de qué podía tratarse. Había tenido ya muchas decepciones y no esperaba

115
nada. Pero Rosario Santa María añadió:
− Se trata de algo que la Virgen le dijo ayer sábado, pero con encargo de que lo
tuviera callado hasta después de la una de la noche.
Mari Loli, algo avergonzada, iba repitiendo: Luego, luego se lo diré. Yo, aturdida e
intrigada, no sabía qué partido tomar. Pero Rosario, que había vivido de cerca mis malos
ratos, intervino:
− Nada de luego; se lo vas a decir ahora mismo, no puedes tener más tiempo a esta
señora con semejante inquietud.
Entonces Mari Loli y yo nos apartamos algo de la comitiva; yo me incliné hacia ella,
y ella, al oído, pero con voz clarísima, me dio el mensaje:
− Dice la Virgen que su hijo está en el Cielo.
El resto del rosario fue como un subir al cielo. Recuerdo que le entregué mi bastón a
Rosario Santa María y me así del brazo de Mari Loli; jamás en la vida me había sentido
tan ligera ni tan segura. Llorando aún, continuamos el recorrido del rosario, calle
adelante, camino de la madrugada. Creo que yo rezaba más con los ojos que con los
labios, pues Mari Loli iba repitiéndome:
− No llore, no llore; pero me era imposible hacerle caso.
Hacia las tres de la mañana, entrábamos en la taberna del padre de Loli, Ceferino,
comentando las cosas ocurridas aquella noche memorable. Yo, aturdida aún por lo que
me había sucedido, vi que Rosario cuchicheaba con Loli. Poco después vino a mí:
− Dice Mari Loli, que el mensaje que te ha dado es incompleto; pero como te has
puesto a llorar tan pronto, no ha podido continuar diciéndotelo.
Entonces la niña me confió lo que faltaba, y con aquello me dejó aún más perpleja.
− Me ha dicho también que su hijo es muy feliz, felicísimo, y que está con usted
todos los días. Yo ya sabía que su hijo estaba en el cielo; lo sabía desde ayer, en que me
lo dijo la Virgen. Pero lo tenía callado porque Ella me dijo: No se lo digas a esa señora
hasta mañana, después de la misa de Pascua.
A partir de aquel momento, todo cambió respecto a mí. Bastó que la niña cayera
nuevamente en éxtasis, para demostrarme que aquel juego de silencio de los días
anteriores estaba concluido. Inmediatamente vino a mí y aplicó el crucifijo a mis labios,
una, dos, tres veces; luego, haciendo con él la señal de la cruz en mi frente, en mis labios
y en mi pecho, volvió a darlo a besar la Virgen y, como para sellar definitivamente todo
cuanto acababa de confiarme, de nuevo me lo ofreció a mí. Después, sin darlo a besar a
nadie más, salió a la calle.
Ya fuera de casa, Ceferino, el padre de la niña, me hizo señas para que me acercara.
Está hablando de usted con la Virgen, me dijo. Efectivamente, así era:
− Yo ya le decía que no llorase, que tenía que estar contenta, pero no me hacia caso.
¿Y si vuelve a llorar cuando se lo cuente?

116
Tan pronto como hubo acabado el éxtasis, Mari Loli vino hacia mí y me comunicó
por lo bajo que tenía otro mensaje. Esperó a que nos quedáramos solas, y en seguida me
dijo:
− Cuando yo estaba hablando con la Virgen, vi que se sonreía mucho, y que miraba
hacia arriba; al preguntarle yo por qué se sonreía tanto, me ha contestado que al mismo
tiempo que Ella me hablaba, él estaba viéndola a usted y que su alegría era muy grande.
− ¿A quién te refieres, Mari Loli?, ¿A mi, ... él... ?
No llegué a pronunciar abiertamente su nombre, pero ella me atajó:
− ¡Eso!, Miguel. Me ha dicho la Virgen: Dile sobre todo a esa señora que mientras
hablo ahora contigo, Miguel la está viendo a ella, y que es felicísimo, que está muy
contento, muy contento.
− ¡Dime, Mari Loli!. ¿Cómo sabes tú que él se llama Miguel?
− Porque yo he preguntado a la Virgen: ¿Quién es Miguel? y Ella me ha contestado:
El hijo de esa señora.

Por una carta de Maximina –la tía de Conchita– que reproduce García de Pesquera,
parece que el 24 de abril, martes de Pascua, la aparición anunció a las niñas que el ángel
volvería a darles la Comunión todos los días cuando no hubiera misa en el pueblo. Y
según la carta que el mismo personaje escribía el 4 de mayo a la familia Pifarré, la
seriedad del momento no impedía que a Conchita se le escapara algún comentario
gracioso:

A la que todavía no se la da es a Mari Cruz: no sé por qué será. Hoy, Loli y Jacinta
comulgaron a las seis de la mañana, y Conchita, a las ocho. Miren, es una preciosidad
verlas llegar a la puerta de la iglesia: allí les da el éxtasis, se arrodillan y rezan el Yo,
pecador..., y terminan con la estación. A mí me emociona verlas. Le decía Conchita al
ángel:
Desde el año pasado no has engordado ni crecido nada...

Con la pascua, llegó a Santander un nuevo obispo, en concreto el sábado 5 de mayo,


poniendo fin a la situación de provisionalidad de la diócesis. El relevo de monseñor
Doroteo Fernández comenzó al nombrar el Papa san Juan XXIII como obispo de
Santander a Eugenio Beitia Aldazábal el 27 de enero de 1962.
Nacido el 13 de julio de 1902 en el barrio bilbaino de Solokoetxe, perteneciente al
distrito de Ibaiondo, Beitia estudió las tres carreras eclesiásticas –Filosofía, Teología y
Derecho Canónico– en la Universidad de Comillas y fue ordenado sacerdote el 25 de
julio de 1927. Durante diez años fue vicario general de la por entonces única diócesis
vasca –Vitoria– y después de la guerra civil fue auditor del Tribunal de la Rota –que

117
decide sobre la validez o nulidad de causas matrimoniales– en Madrid y publicó tres
libros: Círculos de estudios sociales (1936), Apostolado de los seglares (1939) y
Personalidad y comunidad (1957). Nombrado obispo titular de Badajoz el 30 de octubre
de 1954, recibió la consagración episcopal el 30 de enero de 1955.
En Santander, Beitia destacará como promotor de la escuela periodística de El
Debate –además de profesor, fue miembro de la junta de gobierno de La Editorial
Católica, de la revista Ecclesia y de La Gaceta del Norte–, y, en el ámbito diocesano, de
la Acción Católica, Cáritas, la catequesis, la Acción Social y la administración
económica. Renunció a la diócesis el 23 de enero de 1965 por enfermedad,
probablemente la diabetes crónica de la que murió el día de Navidad de 1985. Además
de ceguera casi total, la insuficiencia circulatoria había obligado previamente a
amputarle las dos piernas.
Los Cuadernos del párroco de Garabandal retoman la actividad el sábado 12 de mayo
citando la Comunión mística de Conchita a las 8 y, previamente, el éxtasis de Loli a las 2
de la madrugada. En la noche del domingo 13 hay éxtasis de Loli y Jacinta, que es
puesto en duda por un médico militar de Madrid llamado Pedro Suárez:

Las niñas iban poco extáticas y dice que él vio como María Loli, cuando bajaba de
espaldas, iba a tropezar con un carro y que el padre la desvió. Según él no tiene nada de
sobrenatural y es una cosa de fantasía de las niñas.

Conchita estuvo una hora en éxtasis a partir de la una de la madrugada del lunes 14
de mayo, a la 1 salió Conchita, rezó el rosario, dio a besar el crucifijo y duró una hora;
por la noche, salió media hora en éxtasis Jacinta. El martes 15 de mayo tuvo un breve
éxtasis Loli de madrugada y Conchita los tuvo al comulgar por la mañana y por la tarde
en la calleja, donde también lo tuvo Mari Cruz. El miércoles 16 de mayo la comunión de
Conchita fue en los Pinos a las 9; la de Jacinta en su casa; Mari Cruz tuvo aparición, que
se despidió de ella hasta el 19. El jueves 17 tuvieron éxtasis Loli y Jacinta, y el 18
ninguna.
El sábado 19 de mayo un claretiano pudo comprobar la capacidad de identificación
del personaje con quien hablaba la niña –ese día tuvo Conchita dos éxtasis de 70 y 90
minutos, y visitó a tres enfermos–, pero que no le iba a ahorrar poner los medios para
curarse la herida que tenía en la pierna desde ocho días antes:

Una de las niñas decía: ¡Ah!, ¿que no es jesuita? Es del Corazón de María –solo es
diferencia en el modo de poner la faja– y me dijo que una cosa sola se podía explicar,
pero el conjunto de las cosas que pasan es muy difícil de explicar humanamente. Este
Padre era de Segovia. Tiene una herida en la pierna y dice que le ha dicho la Virgen que

118
ella no la cura, que tiene que ir a ver un médico.

En la madrugada del lunes 21 de mayo, Loli tuvo un éxtasis de media hora a partir de
la una, en el que un médico zaragozano llamado José Hernández le estudió los ojos y
dijo que el reflejo de extensión –antigravitatorio– no existía. En realidad, el redactor de
los Cuadernos pudo tener la sensación de que el médico observara los ojos, pero el
comentario del médico no debía referirse a ellos, ya que la tensión para contrarrestar la
gravedad se mide en los músculos extensores, que tienen el reflejo de estiramiento más
desarrollado.
El jueves 24 de mayo fue de nuevo Loli quien salió en éxtasis a medianoche. El
viernes 25 tuvieron aparición Jacinta y Loli a la una de la madrugada. A modo de señal
de la afluencia de visitantes, se menciona que había en Cosío ocho turismos, entre ellos
dos de Santander, dos de Córdoba y dos de Barcelona. El sábado 26 Conchita y Loli
salieron a las 23 horas rezando el rosario y fueron al cementerio. Jacinta tuvo el éxtasis
dos horas más tarde y solo por el pueblo. De Mari Loli se dice que lleva 15 días sin
aparición y que anteriormente había estado sin ella 17 días. El éxtasis de Jacinta y Loli el
domingo 27 fue en los Pinos. El lunes 28 hubo éxtasis llegada la medianoche, de Loli.
El redactor de los Cuadernos muestra su suspicacia al referir que el martes 29, salvo
un éxtasis de Conchita en los Pinos, el de medianoche de esta niña y los de Loli y Jacinta
fueron breves y en sus casas:

¡Ojo! ¿Qué pasa? Pues cuando hay forastero dura más la aparición y salen por el
pueblo y cuando no, dura muy poco y no salen de casa. Esta observación es para Jacinta
y María Loli, pues las otras dos tienen menos apariciones y duran más.

El miércoles 30 de mayo Jacinta y Loli visitaron en éxtasis la casa de Clementina,


donde había un ciego y dos profesores del Seminario de San Sebastián, durante media
hora a partir de las 23. Se repitió al día siguiente y el viernes 1 de junio el éxtasis y visita
fue solo de Loli.
El sábado 2 de junio hubo éxtasis de Conchita, Loli y Jacinta. Un médico joven de
Valladolid manifestó que él no veía nada que pudiera oponerse a ser considerados
hechos sobrenaturales, y que si se razonara sin prejuicios sería muy difícil decir lo
contrario. Estaba convencido de que hay que ser sencillos para aceptar que estos
fenómenos no son normales. Del 3 al 6 de junio tuvieron aparición las tres habituales –
salvo el lunes 4, que Conchita no tuvo– y para el jueves 7 el redactor muestra no ser de
la localidad, al rozar la irreverencia en el comentario a la aparición vivida por Jacinta y
Loli:

119
Fueron por el pueblo. Subieron a casa de un muerto –no resucitó– y dice Claudio que
entraron empujando a la gente, después rezaron por el pueblo y duró una hora.

El viernes 8 se menciona un éxtasis de las tres habituales desde las 23 a las 24 horas.
El sábado 9 de junio el redactor, sacerdote, se muestra en cierto sentido indiscreto:

Ayer no comulgó Conchita en la misa funeral de Beba y después de misa me dice su


madre que le diera de comulgar. No quise porque por la tarde no se puede dar. Hoy por
la mañana tuvo aparición y dice que le dijo el Ángel que podía comulgar sin confesar.
Comulgó –qué raro es todo esto–. Tuvieron aparición Conchita y María Loli, a las 11 de
la noche, estuvieron por el pueblo, dieron a besar los anillos de unos matrimonios
catalanes y se los devolvieron a cada uno. Estuvieron cuatro monjas de Valladolid con
40 niñas y se fueron muy impresionadas.

El domingo 10 de junio tuvieron aparición María Loli y Jacinta, a las 10 de la noche


y posteriormente Conchita a las 23 y Loli a las 2,30 un éxtasis breve. El lunes 11 tienen
éxtasis a las 23 horas Jacinta y Loli, que anuncia a Mari Cruz que tendrá aparición al día
siguiente; la esperó el martes 12, aunque en realidad la tuvo ya pasada la medianoche –lo
cual dado el avance del horario español sobre la hora sola, no obsta para que el día
natural durara una hora más–. Ese día, Loli visitó en éxtasis a otra enferma agonizante,
Rafaela. Jacinta también tuvo aparición.
El miércoles 13 tuvieron aparición las cuatro: Conchita, convaleciente de una herida
en la pierna, la tuvo en su casa. Mari Cruz visitó a la agonizante. Jacinta y Loli salieron
juntas en éxtasis desde medianoche. El jueves 14 solo tuvieron aparición Loli y Jacinta,
y el viernes 15, ninguna, a pesar de que Mari Cruz la había anunciado; en cambio,
Conchita habría dicho a su madre: “verás como Mari Cruz no tiene aparición”. El sábado
16 tuvieron éxtasis todas menos Mari Cruz.
En la víspera del primer aniversario de la aparición del ángel, domingo 17 de junio,
tuvieron aparición las cuatro. En un éxtasis de Loli y Jacinta, un señor de Palencia pensó
que creería si le volvían a ofrecer el crucifijo a besar, y una niña se dio la vuelta y entre
la gente, fue a buscarlo. Francisco Coca Gregorio, llegado de Barcelona con su esposa y
residente en la calle Craywinckel 18, según escribió; puede ser el que fue alcalde de Sant
Sadurní d’Anoia de 1942 a 1945, relató lo sucedido con Conchita:

A través de una tercera persona le hice entregar mi anillo-alianza antes del éxtasis,
sin decirle que era mío, sino haciendo ver que era de la citada tercera persona. Durante el
mismo cogió la alianza y dijo: Me dijo que era suyo y no lo es. Y entonces dirigiéndose
a mi me lo colocó en un dedo. También le confiamos dos estampas de la Santísima

120
Virgen y mi esposa, la cadena y medalla-escapulario. A pesar de la gran profusión que
llevaba encima, a cada persona le devolvió lo suyo correspondiente. Presencié también
un éxtasis de María Dolores, en el que ocurrieron hechos similares al anterior, viendo
como la niña hablaba extasiada. Como detalle impresionante fue una caída de rodillas
desde la altura de un escalón de unos 20 cms al suelo, sin lesión aparente alguna, ni
caída ni signo de dolor.

De nuevo tuvieron éxtasis las cuatro el lunes 18 de junio, si bien solo Jacinta y Loli
dijeron haber visto al ángel en el cuadro. El martes 19 Conchita recibió la comunión
invisible. Pero este día pasará a la historia como la Primera Noche de los Gritos, y por el
mensaje que firmaron Loli y Jacinta.
Mientras que Conchita no salió de su casa porque su madre no le dejaba –para que se
curara la herida que tenía en la pierna– las otras tres niñas, a la vista de lo que
escribieron dos de ellas inmediatamente, contemplaron en los Pinos el eventual castigo
que la Virgen dijo en el primer mensaje que vendría si el mundo no cambiaba. Aunque
nunca se ha utilizado, que yo sepa, esta expresión, se trataba de un auténtico mensaje
intermedio con el que se señalaba que el castigo estaba más cercano, porque el mundo
seguía sin mejorar.
Las niñas no solo contemplaron el posible castigo, sino que quisieron ofrecerse para
que recayera sobre ellas en vez de sobre las personas que veían sufrir. La visión duró 50
minutos, según los Cuadernos:

A las diez y media –de la noche– estaban Jacinta, Mari Loli y Mari Cruz en el
Cuadro... –Antes habían ido Loli y Jacinta, corriendo, y al llegar, quedaron en éxtasis, y
dicen que vieron al ángel, y les dijo que volvieran al Cuadro a las diez y media; entonces
ellas bajaron al pueblo y luego subieron con Mari Cruz...–
Las niñas lloraban y decían:
¡No nos digas eso! Llévanos a nosotras... ¡Que se confiesen... que se preparen!

García de Pesquera (segunda parte, cap. IV) afirma que lo que escribieron se lo
comunicó el ángel y que –según unas declaraciones hechas en 1978 por el que entonces
ya era esposo de Jacinta– lo que vieron fue el Aviso, algo de lo que hasta el momento no
había noticia, y no el Castigo. Pero el texto que redactaron dos de las tres protagonistas
no deja lugar a dudas de que el personaje al que vieron, lo identificaron con la Virgen y
que les transmitió un mensaje que añadía algo referente a lo que en el primer mensaje se
llamó Castigo. Así lo entiende García de la Riva en sus Memorias (p. 185):

Una testigo del momento, doña Eloísa de la Roza, manifestó que las niñas daban

121
unos gritos impresionantes y decían: ¡Espera! ¡Espera! ¡Que se confiesen todos! ¡Ay!
¡Ay!
Las niñas pidieron que la gente confesara porque sintieron que el Castigo estaba
cerca. Parece ser que es normal en este tipo de fenómenos que el místico se confunda en
la apreciación del tiempo.
La nota [transcrita del original fotocopiado] dice:
San Sebastián, a 19 de junio de 1962
La Virgen nos ha dicho que no esperamos el Castigo; pero sin esperar vendrá porque
el Mundo no ha cambiado, y ya lo ha dicho con esta dos veces; y no la atendemos
porque el Mundo está peor y hay que cambiar mucho y no ha cambiado nada. Preparaos,
confesad, que el Castigo pronto vendrá y el Mundo sigue igual. Y lo digo: que el Mundo
no ha cambiado nada. Qué pena que no cambie. Pronto vendrá el Castigo muy grande si
no cambia.
María Dolores Mazón. Jacinta González.

Tras el éxtasis que tuvo Conchita en su casa, no escribió este mensaje, sino unas
contestaciones a tres personas, que según los Cuadernos, las escribió a oscuras y
“escribía sobre el papel sin apoyarlo en ninguna parte”.
El miércoles 20 de junio llegó a Garabandal, llamado por el párroco, el padre Félix
Larrazábal, superior de los franciscanos de San Pantaleón de Aras –situado al sur de
Santoña, y, por tanto, a casi 120 kilómetros de Garabandal–, para celebrar al día
siguiente la fiesta del Corpus en el pueblo. Fue a casa de Conchita pero no encontró a
nadie, pues ella esperaba recibir la Comunión de manos del ángel en los Pinos. Al ser
vista la figura de este sacerdote desde los Pinos, bajó Conchita con su madre y comulgó
por la tarde en la misa del P. Larrazábal. Los Cuadernos relatan la Segunda Noche de los
Gritos, que vivieron ya juntas las cuatro niñas en el cuadro a las 22,30:

Dijeron que habían visto al Ángel que les había dicho que la Virgen volvería luego y
que la gente no pasase de la última casa y así lo hizo la gente. Estaba un Padre
Franciscano [Larrazábal] y este parece que iba a salir al Cuadro y Ceferino se lo impidió
con esta frase: Aquí todos somos iguales –¡que barbaridad!–. Después parece que a las
niñas se les oyó llorar mucho y bajaron diciendo que se confesara la gente, que iba a
venir un castigo muy grande porque el mundo no se enmendaba. Esto terminó como a las
2 y media. Y las niñas y mucho público estuvo hasta las 6 de la mañana en la calleja,
rezaron varios rosarios.
–Confesó casi todo el pueblo–.

Sobre lo que vieron las niñas esa segunda noche, remite García de Pesquera a dos

122
fuentes. Una sería Marichu Herrero, a la que el 7 de octubre de 1962 habría dicho Loli:

Aquello era horrible de ver. Nosotras estábamos totalmente espantadas y yo no


encuentro palabras para explicar aquello. Veíamos ríos que se convertían en sangre,
fuego que caía del cielo. Y algo mucho peor aún, que yo no puedo revelar ahora.
La Virgen pidió a todos que se confesaran y comulgaran.

El segundo texto habría sido transmitido por Loli al padre Morelos cuando visitó
España en 1964, y por este a la norteamericana Carmela Saraco, quien tendría una
versión inglesa que García de Pesquera vertió de nuevo en castellano:

A pesar de que seguíamos viendo a la Virgen, empezamos a ver también una gran
multitud de gente, que sufría mucho y gritaba con la mayor angustia.
La Santísima Virgen explicó que aquella gran tribulación –que no será aún el
Castigo– vendría porque llegaría un momento en que la Iglesia daría la impresión de
estar a punto de perecer; pasaría por una terrible prueba.
Nosotras preguntamos a la Virgen cómo se llamaría a esa prueba, y Ella nos dijo que
comunismo.
Después nos hizo ver cómo el gran Castigo vendrá luego para toda la Humanidad, y
que viene directamente de Dios.
En un cierto momento, ni un solo motor o máquina funcionará; una terrible ola de
calor se abatirá sobre la tierra y los hombres empezarán a sentir una grandísima sed;
buscarán desesperadamente el agua, pero ésta, con tanto calor, se evaporará. Entonces se
apoderará de casi todos la desesperación y buscarán matarse unos a otros; pero les
fallarán las fuerzas, e irán cayendo por tierra:
Será el momento de que entiendan que ha sido Dios quien justamente ha permitido
todo esto.
Vimos finalmente una multitud de gente envuelta en llamas. Corrían a tirarse en los
mares y en los lagos; pero al entrar en el agua, ésta parecía hervir y, en vez de apagar las
llamas, era como si las hiciese arder aún más.
Era tan horrible, que yo pedí a la Santísima Virgen que se llevase a todos nuestros
niños [sus hermanos pequeños] con Ella antes de que llegase aquello. Pero la Virgen nos
dijo que, cuando ocurra, todos serán ya mayores.

En resumen, la aparición les hizo ver dos cosas, que no eran el Aviso y el Castigo,
sino una gran persecución de la Iglesia provocada por el comunismo, y el Castigo. No
hay ninguna fotografía de las niñas tomadas en las Noches de los Gritos, aunque sí
algunas en las que tienen gestos de contrariedad, y que se hacen pasar por fotos tomadas

123
esa noche.
Mari Cruz fue la única que, según los Cuadernos, tuvo aparición en la fiesta del
Corpus, el jueves 21 de junio:

Fue Mari Cruz al Cuadro. Iba natural y al llegar se arrodilló y quedó en éxtasis. No
habló nada, tenía los ojos muy vueltos. Solo se veía lo blanco. Duró 25 minutos.

El 23 de junio Loli y Jacinta firmaron un nuevo mensaje que añade el dato de que
pocos verán a Dios y subraya la pena de la Virgen, que transmiten tanto García de
Pesquera como García de la Riva (Memorias, p. 188):

La Virgen nos ha dicho: que el mundo sigue igual, que no se ha cambiado nada; que
pocos verían a Dios; son tan pocos, que a la Virgen le da mucha pena. ¡Qué pena que no
cambie! La Virgen nos ha dicho que está llegando el Castigo. Como el mundo no
cambia, la copa se está llenando.
¡Qué triste estaba la Virgen! Aunque a nosotros no nos lo dé a ver, porque la Virgen
nos quiere tanto; Ella lo sufre sola, porque es tan buena. ¡Sed buenos todos, para que la
Virgen se ponga contenta! Nos ha dicho que pidamos los que somos buenos por los que
son malos. Sí, pidamos a Dios por el mundo, por los que no le conocen. Sed buenos,
muy buenos todos.
María Dolores Mazón, 13 años.
Jacinta González, 13 años.

Al día siguiente de la fiesta del Corpus, el viernes 22 de junio de 1962, Conchita dijo
que el arcángel San Miguel, en el momento de darle la comunión, le explicó en qué iba a
consistir el milagro que debía fomentar que todos creyeran en las apariciones. El nuevo
obispo Beitia debía ser, lógicamente, uno de los destinatarios de este esfuerzo.
Lo cuenta García de la Riva en sus Memorias (p. 196-197):

− ¿Y qué va a ser? El Arcángel le respondió:


− Que cuando Yo te dé la Sagrada Comunión se te verá en la lengua la Sagrada
Forma.
Conchita se creía que eso ya ocurría en las habituales comuniones místicas. S.
Miguel le explicó que no era así, a lo que Conchita le dio su espontánea opinión:
− Pero es chicu –es pequeño el Milagro–. Dice Conchita que el Ángel se rio por este
comentario.
Al día siguiente vuelve S. Miguel a dar la Comunión a la niña, que aprovecha para
preguntarle la fecha del Milagro. S. Miguel le contesta que la Virgen le dará la fecha; y

124
así ocurre ese mismo día por la noche. Al ser preguntada por Conchita, [ese mismo día
por la noche] la Virgen le contestó:
− El viernes 29 oirás una voz que te lo dirá. Y estando en los Pinos escuchó una voz
que le comunicó la fecha: el 18 de julio, añadiendo: El Milagrucu, como tú dices.

Del 23 al 27 de junio tuvieron aparición Jacinta, Loli y Conchita, sin mayor novedad.
El 28 solo la tuvieron Jacinta y Loli. El Ángel habría dicho a Conchita que podría
comunicar la fecha 15 días antes, en algún momento antes del 2 de julio, cuando se lo
contaron las niñas a García de la Riva, y Loli a su padre.
Conchita escribió cartas comunicando la fecha, entre otras personas al obispo Beitia
y a Odriozola. Lo recuerda en su Diario (p. 65):

Don Valentín que dudaba sobre el milagro, me indicó que no escribiera más cartas:
− ¡A la mejor no sucede!, me dijo.
Había en el pueblo un señor llamado Eustaquio Cuenca que me decía lo mismo que
Don Valentín: que no escribiera más cartas. Pero yo les respondí que me había mandado
la Virgen y el Ángel, que anunciara el milagro, pero que a pesar de eso, la gente del
pueblo no lo creería.

En las notas del diario, Morelos transcribe el tenor de una de esas cartas, firmada por
Conchita el 6 de julio:

Sólo dos letras para decirle una gran noticia para mí y yo creo que para Ud. también.
Me dijo el Ángel que iba hacer una prueba y esa prueba es que cuando esté comulgando
que se me vea la Forma. Es pronto, en este mes, el 18. A mí, claru, no se me hace
milagro, como creo que me la ven siempre. ¿Lo creerán entonces?

Desde el obispado enviaron a Regino Mateo, abogado de la Diputación de Santander.


Plácido Ruiloba explica por qué este delegado no se quedó a ver lo que sucedía y por
qué, en su opinión, no asistió Odriozola:

D. Francisco Odriozola había acordado conmigo subir a Garabandal. Pero unos días
antes, el señor Obispo fue aconsejado por D. Antonio Solano Polanco (sacerdote de gran
influencia en el Obispado), sobre la inconveniencia de tal asistencia. Los argumentos
esgrimidos por persona de tanta influencia en los ambientes eclesiásticos eran de índole
personal y en todo ajenas a los hechos de Garabandal. Así pues, monseñor Beitia
prohibió a Odriozola subir a Garabandal, después de haberle referido lo sucedido. Y
Odriozola, me comunicó lo acontecido.

125
La desconfianza del Obispo de Santander hacia los fenómenos de Garabandal, queda
de manifiesto en la siguiente anécdota de la que fui testigo:
El día 18 de julio, encontrándonos numerosas personas en el piso superior de la casa
de Conchita, recibí un aviso del hermano de esta. Me dijo que un señor venía de parte
del Obispo y quería verme. Le rogamos que subiera. Se trataba de D. Regino Mateo,
abogado de la Diputación. Se presento como enviado del Obispo y me pidió que le
presentase a Conchita. Como esta se encontraba a mi lado, toda mi intervención
consistió en decir: Conchita, este señor quiere hablar contigo.
Seguidamente D. Regino Mateo se dirigió a ella en estos términos: Que desistiese de
lo que había anunciado, que el milagro anunciado no se iba a producir, que dejaría mal a
su familia, que por parte del Obispo tendría el más amplio perdón, aconsejándola que se
fuera a Santander, que él mismo la llevaría. Mientras Conchita escuchaba en silencio, el
marqués de Santa María cortó la arenga de D. Regino, a quien ya conocía, entablándose
una fuerte discusión entre ambos. Después de un expresivo silencio, salió de la
habitación sin despedirse de nadie.

Antonio Solano Polanco. Ordenado sacerdote jesuita en Comillas en 1925, vivió en


Salamanca, Santiago de Compostela, Vigo, Oviedo y, al ser disuelta la Compañía de
Jesús en 1931, en Curía, diócesis de Coimbra –Portugal–. En la guerra civil, se enroló
como capellán del crucero Canarias. Posteriormente vivió en Orense y Santander, donde
preparaba a jóvenes para los estudios de Derecho.
El 18 de julio en Garabandal era la fiesta local, por traslado de la de San Sebastián.
García de la Riva calcula que habría una multitud de entre 2.000 y 3.000 personas, entre
ellos “el P. Justo, franciscano, de Madrid; el P. Bravo, jesuita de Comillas, el P.
Etelvino, dominico, de Asturias”. La casa de Conchita era el centro de atención del
pueblo.
García de la Riva (p. 198) oyó contar a doña Aniceta “que la primera llamada la tuvo
su hija esa noche del 18 de julio de 1962 a las 10:30 de la noche, y que antes del éxtasis
mandó que todas las personas salieran de su casa excepto los sacerdotes, que hubiera
cuantos más mejor. También manifestó su madre que Conchita sufrió lo indecible esa
noche, a medida que pasaban las horas y la noche avanzaba sin ocurrir el Milagro
anunciado”.
Entre los testigos de este suceso, está uno de los hermanos de Conchita, Miguel,
quien en el testimonio sin fecha publicado en garabandal.it habla poco antes de un
suceso que le hizo dar credibilidad a las apariciones, si bien es probable que sucediera en
julio de 1961 y no de 1962:

El suceso que me dio una gran prueba de la verdad de las apariciones fue poco antes

126
del 18 de Julio de 1961, día del Milagro de la Comunión visible de Conchita. Me dice
Conchita : ¿tienes una medalla o cadena? Le dije: no, debo haberla perdido. Me dio una
nueva medalla y me dijo: cuando venga un sacerdote, pídele que te la bendiga.
Más adelante, una tarde que tuvo Aparición en la cocina, ella tenía muchos rosarios,
cadenas y escapularios en su mano para darlos a besar a la Virgen; yo estaba en la
habitación, en la esquina, algo apartado de la gente. Ella estaba de rodillas y se levantó
para dar a besar lo que llevaba a la Virgen. Pensé: ¿por qué no le di mi cadena para que
se la diese a besar a la Virgen? No había terminado de pensar esto cuando Conchita,
todavía con el brazo en alto, se volvió, anduvo unos pasos hacia mí, me sacó la medalla
del cuello y se la dio a besar a la Virgen. Después me puso de nuevo la cadena con la
medalla en el cuello.
La noche en que Conchita recibió la Comunión visible de manos del Ángel fue de
gran alegría para mí. Mucha gente pensó que si había baile no vendría la Virgen ese día.
Un muchacho preguntó a Conchita: ¿está bien que haya baile hoy? Conchita dijo:
con baile o sin él, el milagro ocurrirá esta noche.
Pasadas las once de la noche cerré la puerta y dije a Conchita: me voy a la cama
porque esta noche no va a suceder nada. Conchita me suplicó: espera un poco más, que
dentro de poco voy a salir. Creo que ya tenía una llamada. Una hora después, Conchita
subió a su habitación donde estaban algunos parientes y más gente. A la tercera llamada
salió de casa, pasó a través de la muchedumbre que estaba allí. Con dificultad pude
seguirla y llegué justo a tiempo cuando ya ella estaba de rodillas. Hizo la Señal de la
Cruz, rezó el acto de contrición. Todo esto me quedó completamente grabado en la
mente. Sacó la lengua, y poco después, en un instante, de repente, apareció la Hostia en
su lengua. Estuvo así más de un minuto. Luego de comulgar hizo la señal de la Cruz, se
levantó y se alejó.

Sigue Conchita en su Diario (p. 66):

Al llegar las diez de la noche ya tenía una llamada, y a las doce otra; después se me
apareció el Ángel en la habitación de mi casa cuando estaba acompañada de mi mamá
Aniceta, de mi hermano Aniceto, de mi tío Elías y mi prima Luciuca, así como una joven
de Aguilar de Campoo, María del Carmen Fontaneda. El Ángel estuvo poco conmigo y,
como en otras ocasiones, me dijo:
− Reza el yo pecador, y piensa a Quién vas a recibir.
Así lo hice. Después me dio la Comunión, recomendándome que rezara el Alma de
Cristo y que diera gracias manteniendo la lengua afuera con la Sagrada Forma hasta que
él se retirara y la Virgen llegara. Así lo hice. Cuando vino la Virgen me dijo: Todavía no
creen todos.

127
Según García de la Riva (p. 200), una vez terminado el baile a la una de la
madrugada, el éxtasis comenzó entre la 1.30 y 1.40 horas. El mismo autor transcribe el
testimonio de la esposa del pediatra D. Celestino:

La vi bajar con las manos juntas ante el pecho, la cabeza echada hacia atrás, la boca
un poco entreabierta, y una expresión de felicidad ¡maravillosa! Juntamente con doña
Paquita de la Roza Velarde, salió de la cocina para ver Vicente el P. Bravo, profesor de
la Universidad de Comillas, especialista en materia de espiritualidad; ante aquella
criatura transfigurada solo acertó a repetir: ¡Qué maravilla! ¡Qué maravilla!
− A la pregunta de si había suficiente luz, el P. Etelvino contestó: Sí, había luna llena
y además muchas linternas en torno a la niña, aun antes de aparecer en su lengua el
objeto del pronóstico.
− Él –Miguel– sujetaba a Conchita por un brazo y Pepe Díez por el otro, cuando ella
cayó de rodillas para la Comunión –declara Serafín al P. Laffineur, hablando de la
autenticidad del Milagro–.

Las tres personas recién citadas serían los “tres testimonios que me parecen más
importantes y definitivos, para Benjamín Gómez, vecino de Pesués, quien se consideraba
curado por la Virgen de Garabandal:

Se curó milagrosamente de una grave enfermedad, que le impidió comer y beber


durante 38 días, salvo un poco de caldo de gallina en los últimos 20. En ese tiempo hubo
momentos en que entró en coma y todos esperaban la noticia de su muerte; sin embargo,
contaba –y se emocionaba al hacerlo– que un día vio a la Virgen de Garabandal por
encima de los pies de su cama, que Ella le curó y pudo levantarse al instante y comer y
hacer vida normal.
Otra gracia mística fue ver cómo sufría en el Purgatorio el alma de un conocido; y no
fue casual que Benjamín muriese cuando llegó a su pueblo la Virgen Peregrina de
Fátima. Reconocía su mala vida: Llevaba 23 años sin confesarme… De Dios no me
preocupaba, como no fuese para “mentarlo” –blasfemar–. Por eso decía: Esta pobre
Madre ha hecho conmigo cosas que no puedo menos de llorar.

García de la Riva transcribe el testimonio de esta persona (p. 201-202):

Pregunta: ¿Vio usted bien a la niña?


BG –Benjamín Gómez–: Perfectamente. Estaba muy cerca de mí.
P: ¿Estaría a un metro de distancia?

128
BG: No, qué va. Mucho menos. A un palmo escaso.
P: ¿Vio usted cómo sacaba la lengua?
BG: Sí, vi cómo llegó, cómo se arrodilló con las manos extendidas hacia abajo. Vi
cómo sacó la lengua. Y ahí quiero decir una cosa. La lengua la sacó limpia, vacía. Yo me
sorprendí y miré. Pude mirar muy bien, porque como les digo estaba muy cerca, a menos
de un palmo. Miré su boca, tranquilamente, todo iba bien sin prisas. Miré arriba y nada.
Miré abajo y nada.
En esto, una prima mía que estaba detrás de mí me tocó en el hombro para que me
retirase y le dejase ver. Yo giré un momento la cabeza, lo que se dice un momento, y
cuando volví la cabeza, ya tenía la Forma en la lengua.
P: ¿Y cómo era la Forma?
BG: ¡Ah! Eso… es muy difícil de decir. Era blanca. Pero de un blanco que no es de
este Mundo. A veces he querido buscar una comparación y no encuentro más que una
cosa que se le parece, pero de lejos. Es como cuando… ha nevado y sale el sol y se
refleja en la nieve; pero entonces hace daño a la vista y este blanco no lastimaba.
P: ¿De qué tamaño era?
BG: Aquí quiero decir una cosa: Por poner una comparación era como dos monedas
de veinticinco pesetas una sobre otra.
P: ¿Cree usted que la niña la pudo poner con la mano?
BG: De ninguna manera. Lo hubiéramos visto. La niña no se movió.
P: ¿Cree usted que la tenía oculta en la boca y hábilmente la cambió sobre la lengua?
BG: No pudo hacer eso. Yo miré bien dentro de su boca y allí no había nada de nada.
Al fin, ella cerró la boca y marchó de allí y siguió en éxtasis.

También transcribe García de la Riva el testimonio firmado en Barcelona en enero de


1963 por Alejandro Damians, que grabó 70 fotogramas de 8 mm en blanco y negro, con
la cámara del amigo de un primo suyo (p. 204-207):

Cerca de la una de la madrugada del día 19, cuando algunos habían emprendido el
regreso a sus puntos de origen, como un reguero de pólvora se extendió la noticia de que,
según la hora solar y la situación geográfica del pueblecito, el día 18 no terminaría hasta
las 1,25 de la madrugada.
Intenté mantenerme cerca de Conchita, pero cinco o seis filas de personas se
interponían entre nosotros; a veces, la distinguía aunque con escasa claridad. Dobló a la
izquierda, pasó por el pasadizo que forma la fachada lateral de la casa con un muro bajo,
volvió a torcer a la izquierda, y en el centro de aquella callejuela –relativamente ancha–
cayó de repente de rodillas.
Fue tan inesperada su caída, que el alud de gente, por su propia inercia, la sobrepasó

129
por los costados rebasándola; al librarme de esta suerte, de los que me precedían y
separaban de Conchita, quedé inesperadamente a su derecha y a medio metro de su
rostro.
Conchita tenía la boca abierta y la lengua fuera, en la clásica actitud de comulgar.
Estaba más bonita que nunca. Su expresión, su gesto, lejos de provocar risa o presentar
un aspecto vulgar e incluso ridículo, era de un misticismo impresionante y conmovedor.
De pronto, sin saber cómo, sin darme cuenta, sin que Conchita hubiese cambiado lo
más mínimo la posición, la Sagrada Forma apareció en su lengua. Fue totalmente
inesperado. No dio la impresión de estar depositada allí, sino que más bien podría
decirse que brotó a velocidad superior a la de la percepción de la mirada humana.
Más tarde tuve conocimiento de que Conchita permaneció unos dos minutos
reteniendo inmóvil, sobre la lengua, la Hostia hasta tragarla normalmente y besar el
Crucifijo que llevaba en su mano.
Colgada de mi brazo llevaba mi máquina de filmar; sin hacer caso de las protestas
que surgían a mi alrededor, sin recordar casi las instrucciones recibidas de mi primo,
saqué el tomavistas de su estuche, apreté el disparador y filmé los últimos instantes de la
comunión de Conchita.

García de la Riva copia el testimonio de Pepe Díez del libro de García de Pesquera:

Cuando yo he visto que ella sacaba la lengua, y allí no había nada de nada, he tenido,
creo, el peor momento de mi vida. ¡Ay, Dios mío! –dije para mí–. ¡Esta sí que es gorda:
si aquí no se ve nada! Y al decirme esto, yo iluminaba con mi linterna todo el interior de
la boca… De pronto, sin que la niña hubiera movido en absoluto su lengua, de la forma
más inexplicable, apareció sobre ella, como si brotara repentinamente, una cosa blanca y
redonda, que parecía crecer… No sé lo que duró aquello, tal vez dos o tres minutos.

También transcribe (p. 208) el interrogatorio del hermano mayor de Conchita,


Serafín, al menor, Miguel, días después:

− ¿Qué pasó con el milagro de la Forma?


− Te juro que fue verdad. Yo lo vi. Vi perfectamente cómo sacó la lengua limpia, sin
nada; y sin meterla para adentro, le brotó de pronto una Hostia blanca.

Otro personaje de esa noche era Jean Baptiste Caux, que ya estuvo el día del primer
mensaje y quería presentar en el Congreso de Estética de 1962 una película titulada
“Éxtasis y belleza” sobre la influencia de la belleza interior en la exterior. Le
acompañaba su esposa y un equipo para filmar una película en color. No pudo

130
conseguirlo, a pesar de haber sido invitado por Conchita y tener permiso del obispo (p.
209):

Este día, un 18 de julio de 1962, yo tenía el mejor equipo para producir un


documental en color y sin embargo por un motivo superior me fue imposible.
El Milagro de la Comunión visible dejó impresiones indelebles en mi alma. La
Hostia visible en la lengua de la niña era más hermosa que un lirio… más blanca que la
nieve… más viva que un recién nacido en su cuna… Conchita, de rodillas, con la cara
hacia el Cielo; su rostro parecía sublimarse mirando al Creador; una Comunión real con
la Divinidad y la Humanidad de aquella Hostia Santa. Todo en medio de un grito de
¡Milagro! entre la gente que lo veía.
Cuando Conchita se levantó no pude seguirla. La impresión de lo vivido en mi alma
me hizo quedarme solo, meditando en mi propia situación de conciencia. En Garabandal,
la Estética del Alma era más importante que la estética del cuerpo. Los hechos de ese día
cambiaron completamente mi vida.

A ese cambio se refirió Jean Caux el 15 de agosto de 1963 en conversación con


Alejandro Damians, cuando ya se había anunciado otro gran milagro (p. 210-212):

− Dr. Caux: Permítame ahora una pregunta que deseo hacerle desde hace mucho
tiempo: ¿Sintió usted en aquel momento una alegría tan enorme, tan fuera de este
Mundo, que no podrá usted compartirla con nadie, que no la cambiaría por nada, ni por
mil millones de pesetas, por ejemplo?
− Sr. Damians: He aquí una pregunta que me he hecho yo más de una vez, y casi con
las mismas palabras. La felicidad que yo sentí en aquellos momentos no la cambiaría,
ciertamente, ni por mil millones de pesetas, ni por nada del Mundo. Era una alegría tan
intensa, tan honda, que ni la puedo explicar, ni podría compartirla con nadie. ¡Algo fuera
de serie! Algo por lo que daría mi vida, y que no me dejó luego ni seguir el éxtasis de la
niña, ni ir con mi mujer, ni con nadie; solo pude refugiarme en un rincón y llorar en
silencio.
− Dr. Caux: ¡Me encanta oírle esto! De veras, pues es lo que yo pensaba. Aún me
quedan dos cosas que me gustaría muchísimo saber: Por qué era tan grande su alegría, y
si usted entonces se encontraba en estado de Gracia. Perdone mi atrevimiento; si no
quiere, no me conteste.
− Sr Damians: Le contesto muy gustoso. Yo estaba en Gracia de Dios; y mi enorme
emoción me la produjo no el Milagro en sí, no el ver a la niña con una cosa blanca en la
lengua. Le voy a decir algo grande: lo que yo vi, o de lo que tuve tremenda impresión,
fue de encontrarme con Dios Vivo y Verdadero. Por eso, aquello no lo cambiaría por

131
nada en el Mundo. Por eso, si Dios quiere que vea el Milagro que se anuncia, me
encantaría; pero si no es así, ¿qué quiere que le diga? Veo difícil que ya nada en el
Mundo pueda producirme una impresión como esa que tuve de “verle a Él” en aquel
solemne y grandioso momento de mi vida.
− Dr. Caux: No sabe usted cuán feliz me hace, por un lado, y cuán desgraciado por
otro. ¡Yo sentí lo mismo que usted, pero al revés!
Fíjese bien: yo llevaba todo preparado para filmar, lo tenía todo a punto como nunca,
y todo se me puso mal y no pude filmar nada. Solo en el último instante, en la última
fracción de segundo, alcancé a ver la Hostia, que ya desaparecía, tragada por la niña. En
ese momento ¡tuve la impresión de un dolor espantoso, horrible, que me ahogaba! El
dolor de un Dios que llegué a entrever y que se me iba.
En ese momento solo pensé que yo estaba en pecado mortal. Lloré, como usted,
¡pero de dolor! Comprendí lo que era el pecado y el Infierno. Fue inútil que mi mujer
tratara de consolarme; ni yo le podía explicar nada, ni ella me hubiera comprendido.
Aquello era algo demasiado grande, en dolor, para compartirlo o para recibir consuelo.
Por eso, creo que solo si Dios me permite ver el Milagro, ahora que procuro estar
siempre en su Gracia, se me quitará del todo ese dolor tan hondo que creí me iba a matar
y que aún sigue punzando mi corazón. Aquella noche en Garabandal tuve incluso la
impresión de que el pueblo me esquivaba. ¡Como si vieran mi pecado!

A pesar de tanta evidencia, la comisión diocesana habló de fraude (p. 213):

Contaba el Apóstol de la Salette y de Garabandal, señor Corteville, en su informativo


L’Impartial nº 30 de 1970, que uno de los testigos del Milagro se encontró en Santander
con el sacerdote secretario de la comisión, y le comunicó su extrañeza porque no hubiera
estado presente en aquel día, tan importante para clarificar los acontecimientos.
La contestación del “secretario” fue que había hecho bien en no asistir porque había
sido un fraude: Conchita, con el pretexto de cambiarse de falda o vestido, había
aprovechado para meterse unas formas en la boca y luego hacer la comedia. El testigo,
asombrado, le recriminó: ¿Cómo puede usted afirmar así tal cosa, si no estuvo presente?
Por toda respuesta, el señor Odriozola dio media vuelta y se largó.

Con todo, parece ser que el obispo Eugenio Beitia Aldazábal se interesó por la
película tomada aquella noche y escribió a Damians solicitando una copia de la misma
ya que “podía ser de gran interés y servicio para la Iglesia” (p. 214). Pero, respecto a
Odriozola, en mayo de 1963, un francés que había estado acompañando al Dr. Caux
volvió a Santander y al encontrarse con el secretario, este le dijo:

132
El milagro de la Forma fue puro fraude. Conchita salió de su casa llevando ya sobre
la lengua un pedazo de pan que había preparado.

François Henri pasó 6 días en Garabandal a principios de mayo de 1963 y se lo contó


a Conchita, quien le escribió una carta para entregar en persona a Odriozola:

Yo fui a cambiarme de falda y estaban allí presentes, en todo lo que yo estuve arriba,
mi mamá, mis dos hermanos, una prima, un tío y una de Fontaneda; y estaría arriba un
cuarto de hora, y se me apareció el Ángel, y después salí a la calle con mucha gente y
sacerdotes. ¡Y no es cierto que yo puse sobre mi lengua una forma! ¡Qué responsabilidad
para mí delante de Dios! ¿No le parece que yo ya tengo algo de conocimiento para
pensar en eso? Y, además, podía pensar que la gente me lo notaría, y yo no sería tan
inteligente para hacer –con éxito– una cosa así.
Así que el Ángel San Miguel es el que me puso sobre mi lengua una Forma visible
para la gente; y yo ese día no he fingido el éxtasis tampoco. Y también estoy cierta que
el Milagro vendrá, porque la Virgen me lo ha dicho, y también se la fecha del Milagro y
el contenido del Milagro que la Virgen hace para el Mundo. Estoy tan cierta que va a
venir el Milagro como que 2 y 2 son 4.
Firmado: Conchita González.

133
EL MILAGRO Y LAS NEGACIONES

Si la fiesta del pueblo fue la ocasión para hacer visible una comunión mística, una
semana después la fiesta nacional, el miércoles 25 de julio de 1962, solemnidad de
Santiago Apóstol patrón de España, sería ocasión para otro suceso extraordinario.
Las niñas se encontraban en éxtasis en los Pinos, en presencia de una veintena de
personas entre las que estaba don Valentín Marichalar. Era ya cerca de la medianoche
cuando los presentes tuvieron una visión que el párroco relató a María Herrero de
Gallardo y que transcribió García de Pesquera (Segunda parte, cap. VI):

Yo contemplaba a veces el cielo, un hermoso cielo de verano, brillante de estrellas.


De pronto –¡yo lo vi con estos ojos!– y también lo vieron las personas que digo, apareció
nuestro Santo Patrón Santiago, sobre hermoso caballo blanco, tal como nos lo muestra la
Tradición histórica española. Por unos minutos pareció hacer la ruta celeste,
desapareciendo a veces detrás de alguna nube y volviendo a aparecer de nuevo. Era, de
verdad, admirable.

Don Valentín retoma los Cuadernos y apunta de su puño y letra que el martes 31 de
julio tienen aparición las cuatro niñas; que a las 23 horas del miércoles 1 de agosto,
Conchita fue en éxtasis y de espaldas desde el cuadro a la iglesia, marchando luego al
cementerio; que el jueves 2 de agosto tiene aparición Loli, lo mismo que el viernes 3 de
agosto, cuando devuelve objetos a sus dueños.
El sábado 4 de agosto hay una innovación, ya que al rezar el Ave María, las niñas
decían “Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra”. Bajaron de espaldas hasta la
iglesia. Entre los peregrinos había dos profesores de San Sebastián y algunos sacerdotes;
entre estos se encontraba el padre Alba de Barcelona, y el padre José Ramón García de la
Riva.
José María Alba Cereceda había nacido el 17 de octubre de 1924 en Vargas –
Cantabria, al este de Torrelavega y a poco más de 60 kilómetros de Garabandal–, se hizo

134
jesuita el 16 de octubre de 1943 y fue ordenado sacerdote el 30 de julio de 1958. Tenía
por tanto 37 años cuando fue a Garabandal. Participó en la Hermandad Sacerdotal
Española, fundada por el padre Miguel Oltra en julio de 1969. Él mismo había fundado
el 26 de junio de ese año la Unión Seglar de San Antonio Mª Claret y en 1984 fundará el
Colegio Corazón Inmaculado de María en Sentmenat –Barcelona–. Murió el 11 de enero
de 2002, con 77 años.
El 22 de agosto de 1962, el padre Alba firmará un informe –publicado en
garabandal.it– en el que afirma que “según la valoración de los médicos es impensable
una explicación psicológica o anormal, como tampoco algo comercial interesado,
propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo”:

Creo que hay fundamento serio y más que suficiente para poder creer en la realidad
de las apariciones de la Virgen María a las cuatro niñas de San Sebastián de Garabandal.
De todo el conjunto de datos negativos y positivos podemos extraer una certeza
moral, humana suficiente.
Los criterios de discernimiento tanto subjetivos como objetivos –nos fijamos sobre
todo en los “signos”– abonan la misma certeza.
Creer pues en tales apariciones y obrar conforme a ellas y al mensaje del 18 de
octubre del 61 es razonable y a nadie le puede parecer tal como están hoy las cosas como
algo imprudente.

De vuelta a los Cuadernos, Marichalar cuenta que solo hubo aparición de Loli y
Jacinta, y que Conchita “llegó a Misa después del Sanctus, y se acercó a comulgar; yo
como había perdido la Misa y era día de fiesta, no se la di y lo mismo hice con la
catalana” –¿Salisachs?–. El sacerdote se muestra aún más sorprendido el lunes 6 de
agosto al saber que, no habiendo ido a misa ese día Conchita, dijo haber recibido la
comunión del ángel en los Pinos.
El martes 7 de agosto el sacerdote señala ser responsable de que Mari Cruz se pierda
algunas apariciones –como ese día, en que solo tuvo Loli– porque no solo aconseja, sino
manda a las madres que no mantengan a sus hijas en vigilia:

Hoy me había dicho M. Cruz que tendría aparición y no ha tenido. –La madre
cuando llegan las 11 la encarga se vaya a la cama –como yo se lo he pedido– y en esto la
madre de M. Cruz es la única que me obedece–.

El miércoles 8 de agosto solo hay éxtasis de Conchita, que dice a un sacerdote de


San Sebastián que deje de tomar medicinas porque le curará la Virgen; por su parte, el
padre Retenaga, formador del seminario de San Sebastián, pide a Conchita que cuando

135
esté en éxtasis le pida objetos para dar a besar a la aparición, y así lo hace. Conchita y
Loli tienen éxtasis el jueves 9 y en la madrugada del viernes 10. Durante el éxtasis de
Loli el sábado 11, un padre del Corazón de Jesús no logró levantarla; ella, por su parte
“puso las alianzas a un matrimonio”. El domingo 12 hubo aparición matutina de Loli y
Conchita y vespertina de todas, menos Mari Cruz.
El 10 de agosto, el obispo Beitia pedía un informe sobre el presunto milagro de la
comunión visible al padre Etelvino González López, dominico que estuvo en casa de
Conchita el día de la comunión visible, rogándole que contestase un cuestionario que
había elaborado la Secretaría de la Comisión.
Etelvino González López nació el 7 de octubre de 1937 en la aldea de Valbúcar, en
la parroquia de Amandi –Villaviciosa, Asturias–. Licenciado en Teología por la
Universidad de Barcelona y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la
Complutense, después de secularizarse colaboró desde 1977 con el PSOE, de cuya
federación madrileña fue el primer secretario de formación. Premio Ortega y Gasset de
Ensayo (1993) y Asturiano Predilecto de Madrid (2008), desde 2012 es miembro del
Real Instituto de Estudios Asturianos. El 3 de junio de 2017 fue nombrado hijo
predilecto de Villaviciosa. Ha editado el Diario íntimo de Unamuno, biografiado al
dominico mártir padre Gafo y traducido al bable el Evangelio de San Juan.
De las 42 preguntas, Etelvino González contestó 23, que transcribe García de
Pesquera (Parte segunda, cap. V, 2ª parte). Las precedía una consideración general:

La triste impresión que me produjo el ver a Conchita rodeada en su casa de regalos, y


cercada por gentes adineradas, que allí acuden al parecer con frecuencia, y que daban la
sensación de haber hecho de Garabandal su feudo del espíritu. No fui el único en
lamentarlo; entre sacerdotes y fieles se ha comentado muy desfavorablemente,
llegándose a veces a conclusiones definitivas nada favorables. Sin que caigamos en ese
extremo, creemos que la circunstancia a que me refiero impide ver con claridad lo que
pueda haber en el fondo de estos hechos, que cada vez parecen más desconcertantes.
− ¿Cuál era la situación anímica de la pequeña?
− La tónica general, durante las horas en que la vi, fue de seguridad en el
cumplimiento del pronóstico y de cuidado en prepararse espiritualmente para ello,
rezando y haciéndonos rezar.
− ¿Qué efectos produjo aquello en usted?
− Distingo tres momentos:
A) Estando de espaldas a la niña, al oír el griterío de “¡La forma! ¡Milagro!”, me
vuelvo sin creer que fuera cierto.
B) Al verlo con mis ojos, quedo impresionado y por completo atento en el examen de
la “forma”.

136
C) Finalmente intenté imponer silencio y un poco de reverencia –de tal modo era
evidente la presencia de aquel cuerpo blanco, de características semejantes a una forma
de comunión–.
− ¿Es verdad que Conchita, ya de vuelta en su casa, se sonreía, evitando las
preguntas? ¿Estaba atolondrada?
− Estaba serena cuando yo la vi... Hablaba con serenidad y gozosa.

El entonces dominico dejó sin responder todas las preguntas sobre posibles trampas
que hubiera podido hacer Conchita, y solo respondió a las últimas:

− ¿Es verdad que Conchita y su prima Luciuca Fernández González no cesaban de


reír nerviosas y juguetear con las manos? ¿A eso de las doce de la noche la vio escribir
unas letras a un tío suyo, llamado Elías González Cuenca? ¿Es verdad que en el dorso
del escrito dibujó dos figuras femeninas? ¿Las identificó usted como Luciuca y
Conchita? ¿Es verdad que en el dibujo Luciuca llevaba la mano a la boca de Conchita?
¿Es verdad que Conchita esquivaba el ser acompañada de los sacerdotes allí presentes?
A eso de la 1,20, ¿le dijo su madre que si por fin se cambiaba de falda? A raíz de ello,
¿subió Conchita al piso superior? ¿Quiénes estaban allí? ¿Qué finalidad pudo tener esa
subida? ¿Cuánto tardó en bajar? Al descender, ¿volvió a entrar en la cocina? ¿Bajaba ya
en rapto? ¿Llevaba cerrada la boca? ¿Se la tapaba con el crucifijo? ¿Advirtió en su boca
algo extraño?
− ¿Cupo la posibilidad de un fraude?
− No es imposible, creo.
− La “forma”, ¿podría ser un recorte de cartulina, una tortita de harina, un producto
farmacéutico?
− No he visto cartulina de aquel grosor. Más bien podría semejarse a una tortita de
harina.

El lunes 13 de agosto de nuevo muestra Marichalar perplejidad en sus Cuadernos


porque –tras las apariciones de madrugada para Loli y Conchita– esta faltó a misa por no
oír las campanas, y cuando el cura la buscó para darle la comunión, ya se la había dado
el ángel. El canónigo archivero de Oviedo vio a Loli en éxtasis en su casa “y dijo que
aquello era fingido”. El martes 14 de agosto de nuevo tuvieron aparición Conchita y
Loli, y el miércoles 15 también la tuvo Jacinta. El jueves 16, solo Loli, lo mismo que el
viernes 17, día en que estuvo Martín Artajo, pero no esperó al éxtasis. Sí se quedaron el
hermano del exministro –Javier–, un hijo de Carrero Blanco y otro del exalcalde de
Madrid, conde de Santa Marta de Babio, amén de otras 200 personas.
El sábado 18 de agosto hubo éxtasis de todas menos Mari Cruz. En uno de ellos,

137
Conchita se muestra a la vez teóloga y caritativa:

¡Tú eres muy rezadora! ¿A quién rezas? ¿A Jesús le rezabas tú? Pues si era tu Hijo,
¿cómo era Dios? ¡Ah!, ¿un solo Dios? ¿Por qué no te dejas ver a M. Cruz? Mira que está
muy triste. Estate conmigo la mitad del tiempo y la otra mitad con ella.

El domingo 19 agosto hay éxtasis de las tres habituales; el lunes 20 solo de Loli, el
martes 21 de Conchita y Loli, el miércoles 22 de las cuatro, curando aparentemente Mari
Cruz a una enferma de una pierna, llamada Daniela, al darle a besar el crucifijo. El
jueves 23 se comprueba que esa curación no fue real, y hay éxtasis de Jacinta y Loli. El
viernes 24 tuvieron éxtasis Mari Cruz y Loli, y tanto el sábado 25 como el domingo 26,
las cuatro. El lunes 27 solo lo tiene Mari Cruz, y el martes 28 Conchita y Loli comulgan
con el ángel y tienen más éxtasis.
El miércoles 29 de agosto una inglesa anglicana muestra deseo de hacerse católica
tras presenciar un éxtasis de Loli; también tuvo aparición Conchita. El jueves 30 solo
hay aparición para Loli y el viernes 31 termina agosto con un breve éxtasis de Loli.
Saavedra en su tesis de 2018 (p. 131) afirma que no se puede saber en qué día de
septiembre de 1962 recibió Conchita el anuncio de un gran milagro futuro cuya fecha
solo ella sabe, y sobre el que habla por primera vez en su Diario, (p. 69) tras decir que la
gente dudaba después de la comunión visible, y en concreto de un sacerdote franciscano
llamado Justo, que la había negado y después se arrepintió de ello:

La Virgen Santísima me ha anunciado un milagro que Dios Nuestro Señor hará por
su intercesión.
Como el castigo es muy, muy grande, como lo merecemos, el milagro es también
inmensamente grande como el mundo lo necesita.
A mí me ha dicho la Virgen la fecha del milagro y en qué va a consistir. Debo
decirlo ocho días antes a la gente para que venga. El Papa lo verá desde donde esté, lo
mismo el Padre Pío. Los enfermos que asistan a él, sanarán y los pecadores se
convertirán. Los que vean este gran milagro, que Dios Nuestro Señor hará por
intercesión de la Santísima Virgen, no dudarán. Y ahora todos esperando ese gran día del
milagro, para ver si el mundo cambia y el castigo no viene.

Por lo que hace al ritmo de apariciones, nada parece de momento nuevo, según los
Cuadernos: el sábado 1 de septiembre de 1962 tienen éxtasis las cuatro niñas; el
domingo 2 solo Jacinta y Conchita; sobre el 3 no se escribe y el martes 4 los hay de
Conchita y Loli después de recibir la comunión mística. A partir de la una de la
madrugada del 5 y con más de un centenar de asistentes, graban a Conchita hablando con

138
la visión sobre un milagro, probablemente del estilo de la comunión visible:

¿Que tú dijiste que iba a haber un milagro? Y que el milagro iba a ser. ¿Y se verá la
Virgen? ¿Y cuándo? ¿Y tan luego? Conmigo sola no, no quiero, que no le hagas. Hazle
con las cuatro.

Ese miércoles la inglesa Bárbara “emocionada, estaba seguro de que todo era obra de
la Virgen y volvió a manifestar su deseo de hacerse católica. Había gente de Madrid,
Barcelona, Bilbao, Sevilla y Santander” en ese éxtasis de Loli, quien da pistas de que
también a ella el cura la presionaba para que se fuera a dormir y no hubiera aparición:

María Dolores tuvo una llamada a las 10 de la noche, a las 2 de la mañana tuvo la
segunda, y a las 4 cayó en éxtasis. Antes de caer en éxtasis, yo le había dicho a Loli que
era muy tarde y que a lo mejor no tendrá aparición, pero me dijo que las llamadas eran
inconfundibles y que tenía que tener aparición; –aunque estaba medio dormida– por
tanto no se quería ir a la cama.

El jueves 6 de septiembre de 1962 Loli comulga con el ángel, pero Conchita no,
porque lo había hecho con don Valentín “en misa de 6 al terminar su aparición”. Hubo
gente de Cádiz, Sevilla, Palencia, Burgos y Segovia, con episodios emotivos:

Un capitán de la Guardia Civil cayó de rodillas llorando al ver que Loli cogía su
alianza y después de dársela a la Virgen, se la puso en el dedo. El día anterior hubo una
francesa que quedó muy preocupada porque su cruz no la había dado a besar, le insistía
en que se la diera otra vez la niña el día siguiente, que era hoy, la llevaba puesta al
cuello, se acerca a la francesa, se quita la cadena, que llevaba entre otras muchas; se la
pone, cae al suelo la francesa emocionada, la niña la levanta y le pone la cruz, lloraba la
francesa y todos los que había allí.

Explicando las llamadas, escribe el redactor de los Cuadernos:

Nunca se quieren ir a dormir porque les ha dicho la Virgen que tienen que esperar y
hacer sacrificios.

El viernes 7 de septiembre solo tuvo aparición Loli; de nuevo el redactor parece


primerizo:

Había 60 personas, nos dio a todos la cruz para besar, la niña de rodillas recorrió uno

139
por uno todos los que había, algunos les iba devolviendo sus propias medallas, a mi me
dio mi rosario que colgaba a su cuello. Las mesas donde la gente dejó los objetos para
dar a besar, siempre están llenas de cosas, a veces en tal cantidad que no se puede ni
contar, por eso resulta emocionante que en medio de aquellos montones a unos cuantos
les entregue en propia mano lo de ellos, aun cuando casi siempre dan todo a besar y lo
van separando de lo no besado. Hay veces que no dan nada a besar y veces que dan
pocas cosas. Las niñas dicen que dan a besar lo que la Virgen les pide. Ellas cuando
ponen las cadenas o se las entregan en mano a la gente nunca saben a quien ponen
porque la Virgen les dice: coge esto, pon esto, les guía adonde están las personas. Esta es
la explicación que ellas dan y por eso al volver a su estado normal si se les dice: me has
dado esto o me has puesto esto, ellas no saben nada de nada. Eso sí, recuerdan lo que les
dice la Virgen y que solo besa anillos de boda. Durante el éxtasis no ven a nadie excepto
a la Virgen, con una claridad que parece de día. Es como un sol que ni quema ni daña la
vista. Mientras esperamos la aparición se rezan rosarios, estaciones, había un dominico
que llevaba el rosario y Ángelus. La mayoría de la gente viene con fe y vuelven
contentos.

También al comentar el éxtasis de Loli y Conchita a las 4 de la madrugada del


sábado 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen, el redactor escribe con
emoción, lo que sugiere que no es Marichalar:

Al terminar el éxtasis, las niñas ponen sus caras para que las bese la Virgen; sus
caras son impresionantes y cambia la expresión de su rosto durante el éxtasis, sobre todo
en los momentos de despedirse, en que se aprecia cómo besan y son besadas.

Jacinta se marchó con sus hermanos a la ermita de la Virgen de la Luz, a seis horas
de camino por las montañas, “iba llena de alegría, hacia este sacrificio” para pedirle a la
Virgen la gracia de verla pronto. Mari Cruz también acudió a otra ermita con la misma
petición, “entre ellas no se cuentan los sacrificios que hacen”:

Es asombroso como desenredan las muchas cadenas que tienen y que acaban
haciéndose un nudo y cogen siempre la que la Virgen les indica. Había anillos de boda
como siempre. A un matrimonio se los puso a los dos y estaban cada uno en un extremo
del cuarto y en su dedo correspondiente. Cuando cantan la Salve en estado normal lo
hacen bastante bien, pero en éxtasis es tan perfecto que tres chicas que las vieron rezar y
cantar en éxtasis decían no sabemos lo que es esto, pero nosotras hemos aprendido a
rezar bien, y es la impresión de la mayoría de la gente. Yo saqué la misma impresión la
primera vez que fui, admirándome de cómo se santiguaban y persignaban, qué

140
reverencia, qué bien colocan las manos y los dedos. Ese día había 200 personas, un padre
dominico, un párroco de Palencia, el dominico dicen que se fue entusiasmado.

La peregrinación de Jacinta fue eficaz, y el domingo 9 de septiembre tuvo éxtasis


junto con Loli y Conchita, lo que se repitió en la madrugada del lunes 10; y nuevo
éxtasis de Loli en la madrugada del martes 11. Ese día Loli y Conchita tuvieron
comunión mística y de nuevo éxtasis en la madrugada del miércoles 12. Esa tarde hay
éxtasis más tempranos –20,30– de ambas, pero también en la madrugada del jueves 13,
con grabación de unas palabras:

Se grabó de Loli que nos dijo que no volvería a ver a la Virgen hasta el viernes.
Virgen Santísima que no te abandone, que te quiera, toda la vida. Que yo nunca te deje,
que te quiera siempre más hasta la muerte. ¡Virgen Santísima, no nos desampares!

El jueves, en efecto, Loli fue a Reinosa y no hubo apariciones. El viernes 14 de


septiembre de 1962, Conchita y Loli tuvieron comunión mística y en la madrugada del
sábado 15, éxtasis de Loli y comunión mística de las dos. Pero ese día, a pesar de estar el
francés Jean Baptiste Caux con un equipo para grabar a las niñas, no solo no hubo
éxtasis –hubo que esperar a las 7,10 del domingo 16–, sino que las niñas estuvieron
tristes y hubo gresca:

Hubo más de 200 personas. Este día las niña lloraban en lugar de sonreír como las
demás veces. Seguía el capellán del Cardenal [argentino] que encantado de aquello, se
había quedado. Al final hubo un incidente desagradable con motivo de que el francés
insistía para hacer películas a las niñas, siendo retirado de mala manera por el padre de
Loli y el señor Ortiz. El Padre Anzizu aprobó esta prohibición, pues dice que la
masonería aún trabaja para hacer mentira las apariciones de Lourdes y Fátima, contando
de otros casos que existen en la actualidad semejantes. La gente se extrañaba que en
sábado las niñas no tuvieron visión. Algunos pensaban si sería para que el francés no
hiciese fotos ni cine. Al final el pueblo desaprobó la conducta del padre de Loli y del
doctor Ortiz, que interpretaban mal las intenciones de este pobre señor, cuando incluso
habían cogido un palo para pegarle, lo cual hizo que el padre de Loli y el doctor Ortiz se
fueran muy enfadados. Yo me acerqué al pueblo intentando explicar que el francés
quería sobornar a los padres de las niñas y les vi preparar focos y máquinas dejándolas
ocultas –Conchita no deja de decir que quiere mucho a este francés que se llama el Dr.
Caux, no cabe duda que antes de hablar conviene siempre informarse bien–; porque aún
haciendo esto es posible equivocarse, no digamos juzgando por las apariciones [sic, por
apariencias]. Este día no se pudo grabar.

141
El domingo 16 de septiembre tiene lugar un éxtasis entrañable, en el que Conchita y
Mari Loli visitan varias casas; entre ellas la de Alfonso El loco; “hicieron una cruz
también en su almohada y al pasar junto a él le dieron a besar varias veces la cruz. El
loco quedó de rodillas”:

Un hombre medio loco que hay en el pueblo que hace tonterías que pueden ser muy
mal juzgadas por la gente que va, y que no conoce su estado anormal. Es un hombre que
ha estado un año en el manicomio y ahora le ha dado por estar aquí. Resulta molesto y
pesado a veces, juega con los chiquillos, pero le pegan y le desprecian. Habría que
enviarle fuera. Por la noche el Padre Anzizu nos comentó: qué lección de caridad nos
han dado las niñas; sobre todo su secretario, que había incluso pensado negarle la
comunión, estaba aplanado del todo. Y decía: yo comprendo que la Virgen nos ha dado
una lección. Luego el P. Anzizu preguntó a Conchita por qué había ido donde el loco y
le había dado tantas veces Cristo a besar. Ella contestó: La Virgen nos ha dicho, vosotras
le despreciáis, pero yo le quiero. Esta contestación terminó de afirmar nuestra poca
caridad dejándonos totalmente aplanados.

En la mañana del lunes 17 de septiembre Conchita y Loli reciben la comunión


mística, y en la madrugada del martes 18 solo Loli tiene éxtasis:

A mi una señora viuda me dio ese día sus alianzas pues llevaba la del marido
también. Los 6 anillos que me entregaron los puse en mi dedo y sin dar ninguna
explicación le pedí un dedo a Loli y se los metí; tenía 10 alianzas en sus dedos. Según
las iba dando a besar, fue colocando algunas en el dedo de sus dueños, algunas las volvía
a meter en sus dedos. Daba todas a besar una por una. De pronto coge dos y las da
juntas. Eran las de la viuda. Al día siguiente le pregunta sobre ese detalle, dice que la
Virgen le pidió los anillos y le iba diciendo: dame uno, otro; y le dijo de repente: ahora
dame dos y luego siguió uno, uno.

En la mañana del martes 18 también tienen Loli y Conchita comunión mística y al


preguntar a Loli –no en éxtasis– por qué no la recibían Jacinta y Mari Cruz, dijo no
saberlo, “que a lo mejor eran mejores que ellas y no lo necesitaban”. Conchita habló con
la visión al parecer de una posible vocación religiosa:

¿Se lo puedo decir mañana a don Valentín? ¿En confesión? ¿A quién se lo puedo
decir, al Sr. Obispo? ¿Se lo dijo a Loli el P. Andreu? ¿Si quiere irse de monja? Que
quiere estar más cerca de Dios. ¿Aquí damos gloria a Dios? ¿Más gloria? ¿Se lo digo?

142
¿Que no? ¿Cuándo…sí?

El miércoles 19 de septiembre de 1962 las dos niñas fueron de nuevo a casa de


Alfonso el loco. Ese día Mari Cruz escribe un carta a García de la Riva, mostrando su
inquietud porque desde el 1 de septiembre no tiene apariciones, lo que ahonda una
situación que ve como marginación. El doctor Puncernau publicó esa carta autógrafa,
respetando la defectuosa ortografía, en su folleto de 1967:

Querido Padre en nuestro Sr Jesucristo. Llo le doy a utd muchisimas gracias, por
todo lo que utd se alcuerda de mí y por las estampas tan bonitas que utd me manda pues
yo también hubiera ido bien contenta con Loli a verle, pero a mi la Sra Marquesa no me
dijo nada, a las otras les dijo que si querian pero a mi no, es que no queria llevarme. Es
que a mi la jente no me quiere por que yo beo menos a la Virgen, pero eso nada importa,
yo quiero mucho a La Virgen y yo quiero lo que ella quiera.
Lla hace 18 días que no la veo, pero yo la quiero como cuando la veía.
Y sin más por hoy me despido de utd y pido perdon por todas mis faltas. Maria Cruz.

El jueves 20 de septiembre solo Loli tuvo comunión mística, ya que Conchita había
marchado a Liébana. En el éxtasis de la madrugada del viernes 21 alguien puso a prueba
a Loli:

Un señor le volvió a poner sobre la mesa algo ya besado para hacer la prueba. La
niña lo subió como las demás cosas, al llegar el turno de esta cosa se la oyó decir: ¡Ah!
¡Ya lo besaste! Volviendo hablaba con la Virgen: No me lo cree nadie, ni papá tampoco.
Dímelo anda para decírselo, y algo para mi papá. Andan dímelo, mira que no cree nada,
nada, nada.

El viernes 21 de nuevo tienen las dos niñas comunión mística y en el éxtasis de Loli
en la madrugada del sábado 22 asiste el doctor Puncernau:

Va a reconocer a las niñas, pues aunque está convencido, quiere conocer y hablar de
todos los términos médicos. Es la tercera vez que viene ya. Parece ser que en Barcelona
va a dar algunas conferencias sobre los hechos de Garabandal. Es presidente de la obra
de ejercicios espirituales. Con él venía don Francisco García Milá, vicepresidente de
dicha obra. El Padre Aguilar S.J. y el Párroco de San Cucufate. Llevaban la información
para el Obispo de Barcelona.

El sábado 22 de septiembre de 1962 tiene Conchita comunión mística y éxtasis muy

143
tarde en la madrugada del domingo 23: Conchita a las 5, Loli a las 6. “El doctor
Puncernau me asegura que las niñas son completamente normales”; Conchita parece
hablar de un milagro para mediados de octubre que no quiere que sea con ella sola:

Las niñas guardan ayuno hasta la hora que reciben la comunión como el ayuno
antiguo. Este día a Loli la hizo comer su padre, y por eso no fue a la comunión. El P.
Aguilar se impresionó muchísimo pues fue la primera vez que vio la comunión de
Conchita. El Dr. Puncernau reconoció a Conchita las plantas de los pies ya que había ido
todo el tiempo descalza y quedó asombrado al ver que, después de tanto recorrido
descalza, no tenía ni un solo rasguño; cosa muy extraña conociendo las calles del pueblo,
no podía salir de su asombro, había más de 200 personas.
¿Dentro de tres semanas? Que no sea solo conmigo, que sea con todas. Lo que es
curioso es cómo instantaneamente queda en la más absoluta normalidad, sin la menor
muestra de cansancio, sueño, etc., etc.

El redactor de los Cuadernos solo habla el lunes 24 de un éxtasis en la madrugada, en


el que Loli da a besar el crucifijo a su padre, que experimenta “una gran mejoría ese
mismo día” en un flemón de muelas. Además, muestra su asombro porque la vida de las
niñas no se vea afectada:

Las niñas llevan una vida de verdadero sacrificio. La madre de Conchita me dijo que
ya dormía mejor en la silla que en la cama y es que se pasa la vida sentada, esperando la
aparición con todos nosotros. En efecto duerme apoyándose la cabeza en la pared. Y al
día siguiente marcha al trabajo; también las niñas trabajan, friegan, limpian, van al rio a
lavar, vida normal. Los domingos juegan en la calle con las demás chicas del pueblo.
Los días de trabajo se las ve muy poco. Están fuertes y hermosas. No dan la sensación de
dormir poco. Son muy distintas de carácter y de manera de ser. Les pregunté si eran
amigas entre ellas, me dijeron que igual que de las demás chicas del pueblo. De lo que
más me impresiona es cómo cambian sus caras cuando están en éxtasis.

El miércoles 26 de septiembre los éxtasis fueron por separado y después de pasar


toda la noche en vela; Conchita habló del Concilio. Los Cuadernos dicen que no se le
entendió, pero García de Pesquera transcribe lo que se oyó decir a Conchita, sin precisar
la fuente (2ª parte, cap. IX):

− El Concilio, ¿es el más grande de todos?... ¿Será un éxito?... ¡Qué bueno! Así te
conocerán mejor, y estarás más contenta... ¿Cómo es que te pintan tan fea, siendo tan
hermosa?

144
El jueves 27, tras otra noche en vela, tuvo Loli dos éxtasis a las 5 y las 7,30 de la
madrugada; se anota que estaba Mercedes Salisachs. El viernes 28, también hubo solo
éxtasis de Loli a las 5 de la mañana.
Para el día siguiente, viernes 28 de septiembre de 1962, contamos con el testimonio
de Luis Navas Carrillo, abogado y cursillista de cristiandad palentino, que frecuentaba
Garabandal desde fines de junio (www.virgendegarabandal.net/mita66.htm). En esta
ocasión, fue testigo de una aparente contradicción, pues por un parte Conchita se
lamentó de los sacrificios que vivir las apariciones le suponía, y por otra añoraba los
tiempos en que las visiones eran más frecuentes:

Le decía a la Virgen:
− ¿Por qué no me has dejado cenar? Antes me quitabas de dormir, ahora también de
comer. En el Cielo, claro, no se necesita comer, ¡con ver a Dios! Pero yo, como no veo a
Dios, necesito comer.
Esto lo dijo porque, a veces, la Virgen venía justo cuando estaba comiendo.
Y sin embargo, pasadas las Apariciones, Conchita dice:
− ¡Quién viviera en aquellos tiempos que veíamos a la Virgen tantas veces! ¡Aunque
tuviéramos que quedarnos sin dormir, no nos importaba! ¡Éramos muy felices!
Eran felices del todo y recuerda que cuando salía del éxtasis:
− Salía como del Cielo, con muchas ganas de amar a Jesús y a María, y de decir de
Ellos a la gente, ya que eso es lo único que nos puede alegrar: hablar y escuchar de la
Virgen.

Los Cuadernos dan un salto de nueve días sin datos hasta el 7 de octubre de 1962, el
mismo día en que el nuevo obispo emitió su primera nota –que hacía el número tres
después de las dos de monseñor Doroteo Fernández– sobre Garabandal, en vísperas de
su partida para participar en la primera sesión del Concilio Vaticano II –del 11 de
octubre al 8 de diciembre–.
La nota, publicada en el Boletín Oficial de la diócesis en noviembre (p. 242) decía:

La COMISIÓN ESPECIAL, que entiende en los hechos que vienen sucediendo en la


Aldea de San Sebastián de Garabandal, nos ha remitido el correspondiente informe, con
fecha 4 de octubre del año en curso. Se ratifica la citada COMISIÓN en sus anteriores
manifestaciones, juzgando que tales fenómenos carecen de todo signo de
sobrenaturalidad y tienen una explicación de carácter natural.
En consecuencia y en nuestro deseo de que nuestros diocesanos estén debidamente
informados y todos cuantos tuvieren alguna relación con los hechos tengan una

145
orientación segura, en cumplimiento de nuestro deber pastoral y haciendo uso de
nuestras facultades:
1. CONFIRMAMOS en todas sus partes las NOTAS OFICIALES de este Obispado
de Santander, fechadas los días 26 de agosto y 24 de octubre de 1961.
2. PROHIBIMOS A TODOS LOS SACERDOTES, tanto diocesanos como
extradiocesanos y a todos los religiosos aun exentos, el concurrir al mencionado lugar,
sin expresa licencia de la autoridad diocesana.
3. REITERAMOS A TODOS LOS FIELES la advertencia de que deben abstenerse
de fomentar el ambiente creado por el desarrollo de estos hechos y que por tanto, deben
abstenerse de acudir a la citada aldea con este motivo.
En cuestión de tanta gravedad esperamos de todos vosotros el puntual cumplimiento
de estas disposiciones.

La nota incurre en una contradicción entre lo que podríamos llamar su parte


deliberativa y su parte dispositiva. Las tres reglas que componen esta última son, como
dice la primera, una confirmación de la anterior normativa, al prohibir, tanto a los
sacerdotes y religiosos –punto 2– como a los laicos, dos cosas distintas: ir a Garabandal
y “fomentar el ambiente” de las apariciones.
La prohibición resulta algo confusa, ya que a los sacerdotes y religiosos se les
prohíbe absolutamente “concurrir al mencionado lugar”, mientras que a los laicos solo se
les prohíbe si van con “motivo” de “fomentar el ambiente”. Por una parte es lógico que
se aplique la norma más estrictamente a los clérigos, pues si se prohibiera subir en
absoluto a los laicos sería pecado vender pan en Garabandal, pero deja en el aire la duda
de si los eclesiásticos solo tienen prohibido subir a Garabandal, y en cambio sí pueden
difundir el mensaje de las supuestas apariciones. A buen entendedor, se supone que lo
que se prohíbe a los laicos se prohíbe también a los que están más obligados a obedecer,
pero el lenguaje es impreciso.
Con todo, las normas no hacen más que endurecer lo dicho anteriormente. Pero lo
que se afirma en las consideraciones previas no es, ni de lejos, una mera confirmación de
las notas anteriores, que se limitaban a afirmar que no había de momento pruebas de la
sobrenaturalidad de los hechos de Garabandal. Ahora, por una parte se resucita la
comisión, que había desaparecido en la segunda nota, y de la que ahora se dice que ha
emitido un informe el 4 de octubre. Pero, sobre todo, se afirma categóricamente que los
hechos no son sobrenaturales.
El absurdo consiste en decir que con esa afirmación, la comisión “se ratifica en sus
anteriores manifestaciones”. Nunca antes se había manifestado que los hechos tuvieran
una explicación natural. Por supuesto, monseñor Beitia nada dice de qué explicación sea,
y nunca se publicó el informe para saber cuál era esa explicación.

146
El periodista Juan Poch Soler de la revista Por qué se referirá en una entrevista con
el doctor Puncernau fechada el 29 de marzo de 1967, que el psiquiatra recoge al año
siguiente en un folleto (p. 7-8), a la contradicción entre la afirmación del obispo y “el
testimonio dado por verdaderas eminencias médicas que han estudiado detenidamente el
caso de las cuatro niñas”:

Ninguno encontró una explicación científica de los hechos que fuera total y
satisfactoria. Todos los médicos dijeron que lo que en Garabandal ocurría es algo
humanamente inexplicable que merece atención y respeto. Y añadían: Una cosa es
indiscutible para todos: las niñas no mienten y estamos ante unos hechos sobre los que la
ciencia no puede dar una explicación hoy.

Poch Soler mencionaba a un especialista en enfermedades de los niños, cuyo nombre


no aporta, y que habría afirmado:

1. Las cuatro niñas, desde el punto de vista pediátrico-psiquiátrico, han sido siempre
y continúan siendo en la actualidad completamente normales.
2. Sus éxtasis no pueden encuadrarse dentro de ninguno de los cuadros fisiológicos.
3. Dado el tiempo que llevan produciéndose estos fenómenos si hubieran tenido
carácter patológico de cualquier tipo hubieran determinado estigmas fácilmente
demostrables.
4. Dentro de la psicología infantil, tanto normal como patológica, no encuentro
explicación alguna que pueda reflejar como hechos naturales unos fenómenos que a
todas luces escapan de lo natural.

Otra de las autoridades que Poch Soler mencionaba para contradecir al obispo era
Puncernau:

La verdad es que no se encuentra una explicación natural que comprenda en conjunto


todos estos hechos, por lo que desde un punto de vista rigurosamente científico no se
puede negar, por lo menos hasta hoy, la posibilidad de una causa sobrenatural en la
realización de todos estos fenómenos.

Por último invocaba Poch Soler a los doctores Alejandro Gasca Ruiz –jefe provincial
de Sanidad de Zaragoza desde el 13 de enero de 1965– y Celestino Ortiz González –
doctor de Santander–, quienes habrían manifestado:

Callar por nuestra parte sería una verdadera cobardía científica…; no encontramos

147
explicación científica convincente que pueda explicar tales fenómenos. Otros médicos,
ante el milagro anunciado por las niñas, prefieren esperar escudados en su duda o en su
impotencia para explicar los fenómenos. Pero no olvidemos que las dudas encierran
muchas veces una forma trágica de creer.

Mientras tanto, según los Cuadernos, en Garabandal, después de haber pasado toda la
noche en vela, ese domingo y fiesta de la Virgen del Rosario, Conchita tuvo éxtasis a las
7 de la mañana y Loli más tarde. Jacinta, que llevaba 20 días sin visiones, la tuvo el
lunes 8, y también los días 9, 13 y 14. Mari Cruz, que llevaba desde el 1 de septiembre
sin visiones, siguió sin tenerlas.
La primera consecuencia de la prohibición episcopal de fomentar el ambiente de las
apariciones fue que Marichalar dejó de anotarlas pormenorizadamente, aunque el ritmo
no disminuyó. Resumió el mes de octubre diciendo que Conchita tuvo aparición los días
9, 10, 13 y 14 y que Loli las tuvo todos los días, precisando que el sábado 13 la tuvieron
las tres niñas juntas. No dijo nada sobre qué gente subió al pueblo –si es que subió
alguien– ni de nada que se hiciera en las apariciones, aparte de andar marcha atrás o
cantar el rosario.
Condena de Garabandal el día 7, inauguración del Concilio el día 11. Por si aquel
octubre de 1962 no estuviera ya bastante cargado de eventos, las niñas movieron ficha y
anunciaron dos milagros: El día 10 hablaron Jacinta y Loli de uno al que se dio en poner
el nombre de las dos, que sería inminente y cuya finalidad sería ayudar a creer en las
apariciones. En torno al día 22, Conchita habló del otro gran Milagro, que aunque
sucediera en Garabandal no estaba destinado a dar credibilidad a las apariciones, o no
directamente, pues su objetivo era fomentar la conversión de las personas a Dios y evitar
así el Castigo que amenazaba a la humanidad. Este Milagro lo comunicó Conchita al
obispo de Santander el 3 de noviembre.
García de Pesquera (2ª parte, cap. IX) lo recoge comenzando por lo que el 25 de
octubre escribió Loli a García de la Riva, semejante a lo que el día 30 escribirían las
niñas a sus padres sobre el milagro de Jacinta y Loli:

Ya sabemos la fecha del milagro; pero no puedo comunicársela; cuando pueda, ya se


lo diré.
Este día 30 han dado a sus padres una estampa escrita, donde les anuncian en qué va
a consistir el milagro que va a hacer la Virgen. Ya hace días que están hablando de él.

Una carta de Maximina a la familia Pifarré revela que habían comenzado a hablar de
él el 10 de octubre:

148
Hoy mismo ha llegado la noticia de que se lea en todas las iglesias de esta diócesis,
que no venga ningún sacerdote ni religioso al pueblo; un relato puesto por el señor
obispo de que esto no es cierto.
Y fíjese qué coincidencia, que tal como hoy escribió el señor obispo y tal como
mañana dijeron Jacinta y Loli que iba a venir el milagro muy pronto. Y ellas no sabían
que el obispo había dado ya esa orden; Jacinta hacía más de un mes que no tenía
aparición, y eso del milagro no se le había dicho más que a Conchita... dicen que va a ser
muy pronto, que seguro dicen el día: ¡a ver si no me da tiempo para avisaros! Yo, según
me enteré, os lo digo... ¡Qué falta hacía que viéramos todos el milagro bien claro!

Sobre el Milagro grande, escribe Maximina el 22 de octubre:

Conchita me dijo que el Milagro de Loli y Jacinta que iba a ser muy pronto; para ver
este milagro hay que ver también a las niñas; pero el Milagro de Conchita es distinto: va
a ser muy grande, y todo el que esté aquí lo verá, aunque no la vea a ella... Las otras dos
me dijeron que el suyo a lo mejor no tardaba ya ni un mes.
El día 2 de noviembre, viernes y día de los difuntos, en casa de Conchita comentaron
que el señor obispo había vuelto a Santander. Entonces intervino Conchita:
− Me ha dicho la Virgen que el milagro se lo puedo decir al señor obispo, a don
Valentín y a mi madre.
− ¿Se lo has dicho ya al señor obispo?
− No... pero... ¿Se lo quieren llevar ustedes?
Los presentes se miraron con cierta indecisión. Al fin dijo Plácido:
Sí, yo se lo bajo, ¿por qué no?
Y efectivamente, 3 de noviembre, don Plácido Ruiloba se presentaba en el obispado
de Santander con el sobre, bastante abultado, que le había confiado Conchita; quiso
dárselo al obispo en propia mano, mas por no esperar demasiado ni molestar, acabó
dejándoselo al secretario particular, don Diego, para que él se lo pasara.

Fiel al criterio de no decir nada acerca de si alguien presenciaba las apariciones, la


siguiente referencia de los Cuadernos del párroco es para anotar que las tres niñas
tuvieron éxtasis simultáneos los días 30 y 31 de octubre y que el primer día “dieron a los
padres una estampa escrita donde les anunciaban en que consistía el milagro que va a
hacer la Virgen”. Conchita seguía teniendo éxtasis de hora y media con subida a los
Pinos y rezo del rosario todos los martes, miércoles, sábados y domingos; mientras que
Loli los tenía todos los días y además comunión mística –cuando no estaba Marichalar–;
y hasta “Jacinta también sigue con apariciones”.
El lunes 5 de noviembre, Marichalar da detalles en el comienzo del tercero y último

149
de sus Cuadernos del éxtasis que tiene Loli a las 3,20 –Conchita tuvo otro una hora más
tarde– porque fue “curioso” –aunque se nota que el párroco está enternecido–, y comete
la indiscreción de admitir que había personas presentes, si bien la que cita no fomentaba
el ambiente de las supuestas apariciones:

Fue a coger la ropa que su madre había tendido en la calle. Como había mucho
viento, su madre le mandó meter la ropa en casa y se disponía a salir cuando cayó en
éxtasis con la linterna encendida en la mano. Se santigua varias veces en casa, da la cruz
para besar y sale a la calle, volviendo a casa con la ropa recogida. Inmediatamente
después se le pasó el éxtasis. Hay otro aspecto interesante, mientras esperábamos la
aparición, se habló ante María Dolores de que existen muchos fenómenos extraños de
tipo visionario –telepatía, profecía, apariciones de difuntos a los que están a punto de
morir– y una de las personas que estaban presentes, francesa, demostró que tales
fenómenos pueden admitir una explicación puramente natural o científica. Después de
esta charla le preguntamos a Loli, si lo que se le había dicho sobre estos fenómenos la
hacía dudar de que ella viese a la Virgen, Loli afirmó categóricamente que estaba
totalmente segura de que veía a la Virgen. No manifestó la menor inquietud al respecto.
Después de la aparición en que recogió la ropa, Loli explicó por qué lo hizo en éxtasis.
Cuando su madre le mandó recogerla no se atrevía a hacerlo porque le daba miedo ir al
lugar donde estaba tendida, ya que había mucha oscuridad –todos observamos que sentía
este miedo tan natural a su edad–. Dijo Loli que la Virgen se le apareció para que no
tuviera miedo de ir a recogerla.

El martes 6 de noviembre Loli de nuevo tiene éxtasis a las 2,30 y comunión mística,
y el miércoles 7 su padre participa en un intento de boicot a la aparición, que fue a las
4,15 –seguido de comunión mística; a continuación fue el éxtasis de Conchita y su
comunión mística–:

Antes de la aparición se había hablado delante de ella de que si su éxtasis era


puramente natural y de que se le podría hacer terminar soplándole a ella en los ojos.
Cuando entró en éxtasis Loli, su padre la sopló varias veces en los ojos y con fuerza, y lo
único que observamos es que inmediatamente después de soplarle se le bajaban los
párpados abriéndolos de nuevo enseguida. En el momento en que su padre le soplaba,
Loli se reía porque dice que la Virgen le contaba qué estaba ocurriendo y le decía que, a
pesar de los esfuerzos de Ceferino, el éxtasis continuaba.

El jueves 8 solo tuvo éxtasis Loli a las 5 de la madrugada y por lo que se le oyó, se
supo que el ángel parecía enfadado:

150
Antes de la aparición se le preguntó qué es lo que sentía cuando besaba [a] la Virgen.
Ella dijo que no notaba que besaba una cara. No sentía el calor de la Virgen; su única
sensación era que sus labios no podían ir más allá del rostro de la Virgen; había algo que
se lo impedía. Cuando iba a terminar la aparición, Loli recibió como siempre un beso de
la Virgen y a su vez ella besó para despedirse. Entonces Loli se echó a reír y le contó a la
Virgen lo que ella nos había dicho antes acerca de lo que sentía al besar a la Virgen.
Acabada la aparición fue Loli a la iglesia. En la puerta recibió la comunión. Cuando iba
a terminar este éxtasis, Loli bromeando le preguntó al Ángel a ver si no le decía nada
porque estaba enfadado.

En las notas de los días 9 y 10 de noviembre, Marichalar muestra mayor aprecio por
Conchita que por Loli, sospechando en esta simulación y alabando la elegancia de la
primera. El viernes 9 dirá del éxtasis de Loli –a las 5,45 horas–:

Se le notó movimientos más precipitados que de costumbre. Se acercó a la mesa en


que había más estampas y al ir a recogerlas bajó en un rápido movimiento los ojos
dirigiendo su mirada hacia la mesa, poco después tuvo un golpe de hipo, o un
movimiento somático simulado lo suficientemente fuerte para que se le cayera uno de
los objetos que tenía en la mano.

En cambio, el párroco apenas disimula su admiración por Conchita al decir que Loli
tuvo el sábado 10 un éxtasis de 10 minutos y la otra niña otro más duradero:

Lo de costumbre se observa en Conchita: mayor lentitud, mayor majestuosidad que


en las demás videntes. Da la sensación de que el éxtasis la coge con más fuerza, sus
movimientos son elegantes.

Precisamente ese 10 de noviembre de 1962: está fechado el Informe psiquiátrico de


Puncernau que no se ha publicado, pero del que puede ser resumen la entrevista que
publicó en su folleto de 1968 (p. 3-4) que resumo salvo en un punto referido a Mari Cruz
que mencionaré más tarde, y en la pregunta final que corresponde conocer en el
momento en que Juan Poch Soler publicó esa entrevista en la revista Por qué –4 de mayo
de 1966–. En honor del periodista que lo entrevistó, calificado como “todo un maestro de
la información urbana”, se otorga en el restaurante barcelonés Can Soteras un premio
que en 2018 iba por su 13ª edición.
En la entrevista, Puncernau comienza por relatar cómo fue a Garabandal por primera
vez:

151
Fue algo casual. Un corredor de productos farmacéuticos muy buen amigo mío, que
había estado en aquel pueblecito, me hablaba una y otra vez de lo que allí ocurría. Me
costó mucho, porque tenía la idea de que me iba a encontrar con un grupo de histéricos,
en el sentido clásico peyorativo que damos a la palabra, haciendo una representación
teatral. Cuando pude examinar los hechos de cerca, me di cuenta de que aquello era algo
completamente fuera de serie y digno de estudio.

El primer punto que constató el psiquiatra era que aquello no podía ser simulación
histérica:

Ni siquiera los enemigos de Garabandal aceptan esta solución. Las niñas no tenían en
absoluto los estigmas típicos del carácter histérico, ni fisiológicamente ni psíquicamente.
Me atrevería a decir lo contrario. Habíamos pensado, de acuerdo con otros colegas, en
una histeria profunda, con fenómenos de autohipnosis y heterosugestión de Conchita, la
principal protagonista, sobre las demás. Una alucinación colectiva, con el mismo
contenido exacto, como se deducía de los interrogatorios por separado inmediatamente
después de los éxtasis, y la misma exactísima expresión emocional de la cara y
cambiando además simultáneamente, como se puede apreciar en las fotografías y los
films recogidos, exige algo que una a las cuatro niñas.

Un posible vínculo de unión entre las niñas podría ser la hipnosis llevada a cabo por
otra persona:

Pero ¿dónde está este hipnotizador? Allí seguro que no estaba… Un médico amigo
mío dice que sí, que estaba, que era la propia Virgen…

Puncernau enumera a continuación los fenómenos que no pueden atribuirse a


hipnosis, que queda por tanto descartada como solución:

La heterohipnosis no lo es, no lo puede ser. Además, hay toda una serie de hechos,
dejando aparte la intensidad y la autenticidad de los estados de trance, de tipo
parapsicológico, como fenómenos de telepatía instantáneos, a veces a gran distancia y a
veces en personas ignorantes de los hechos, fenómenos de clarividencia, de hierognosia.
Vivencias impuestas de autenticidad en personas, que se iban dudando, a veces al cabo
de unos días de la partida, y en momento en que estaban completamente olvidadas de lo
de Garabandal. Fenómenos conativos obligados, físicos y psíquicos a la vez, cambios en
lo más íntimo del “yo” y en las estructuras noéticas, etc., que sobrepasan en mucho el

152
fenómeno puramente de histeria-hipnosis y sus aledaños.

En conclusión, a la pregunta del entrevistador sobre si las niñas “pueden ser locas”,
responde:

No, no lo son. Son completamente sencillas y naturales. Normales del todo.

Los Cuadernos de Marichalar registran para la madrugada del domingo 11 de


noviembre de 1962 sendos éxtasis de Conchita y Loli, seguidos de comuniones místicas.
Lo sorprendente es que ese día no hubiera misa en el pueblo. El lunes 12 solo tiene
éxtasis Loli a su hora habitualmente más tardía –7,25–, con una duración de solo cinco
minutos, más comunión mística. El martes 13 tienen aparición Jacinta y Loli. El
miércoles 14 lo tiene Loli a la hora anunciada –2,10–. Conchita lo tuvo de 6 a 7 y ambas
tuvieron comunión mística, “a pesar de que la tratamos de engañar diciéndole la hora
que era con media hora de retraso”:

Dentro del éxtasis le preguntó a la Virgen por qué había avisado antes de lo
prometido. La Virgen le explicó nuestro truco –por eso vino antes, según Loli–.

Lo mismo sucedió el jueves 15, y el 16 no hubo aparición de la Virgen –“cosa rara”,


apunta Marichalar–, pero sí comunión mística para ambas niñas. El sábado 17 ambas
tuvieron aparición a última hora “sin nada extraordinario”, como si una aparición de la
Virgen fuera lo más normal del mundo; y el domingo 18 tuvieron éxtasis las tres niñas
tras la misa de las 18 horas, bajando de los Pinos unos metros de rodillas, a pesar de la
nieve. El lunes 19 de noviembre hubo comunión mística para las dos habituales.
El martes 20 de noviembre Marichalar apunta un éxtasis de hora y cuarto de las tres
niñas –el miércoles 21 lo tendrán solo las dos habituales–, que suben a los Pinos “pese a
la nieve muy abundante”, rezan el rosario y van al cementerio. El jueves 22 de
noviembre, día en que asesinaron a Kennedy, tuvo Loli éxtasis a las 7 y comunión
mística, mientras que Conchita solo recibió la comunión. Dos días más tarde, el sábado
24, Loli y Jacinta van en un éxtasis matutino al cementerio, y después tiene éxtasis
Conchita.
El domingo 25 de noviembre hay un éxtasis de Jacinta y Loli pero sobre todo es el
día en que Conchita da algunos datos sobre el Milagro para evitar el Castigo, recogidos
por el redactor de los Cuadernos, sin embargo, lo confunde con el milagro de
continuación tras el de la comunión visible, que estaba pidiendo Conchita, y lo asocia a
ella, a pesar de que incluso para tal milagro ella no quería protagonismo:

153
Hemos de anotar que en las primeras horas de esta mañana ha tenido Conchita un
éxtasis en el que dijo que su milagro se realizará a las 8:30 de la tarde. La misma hora en
que produjo el primer éxtasis con el Ángel. (18-6-61 a las 8:30). También ha dicho que
durante el milagro se producirán curaciones de enfermos.

García de Pesquera recoge datos más detallados:

En la noche del 24 al 25 hubo varios éxtasis, que el señor Ruiloba recogió en su


magnetófono. En el último de Conchita, a las siete de la madrugada, había cosas sobre el
milagro, que luego confirmó la niña en estado normal:
Que el milagro sería a las 8,30 de la tarde, como la primera aparición.
Que tendría la duración de un cuarto de hora.
Que se vería en el cielo, y tan claro, que no habría duda de que venía de Dios.
Que sanarían los enfermos que subieran ese día con fe.

En carta a la familia Pifarré el 25 de noviembre, Maximina González precisaba que


no haría falta estar en el pueblo para presenciar el Milagro:

Hoy, a las 7 y media de la mañana, tuvo Conchita aparición, y le dijo la Virgen que
será el Milagro a las 8 y media de la tarde, y que sanarán los enfermos y que veríamos el
Milagro todos los que estemos en el pueblo, aunque estemos por las afueras, siendo que
estemos a la vista del pueblo, porque el Milagro de Conchita, como ya te he dicho, se
verá en el cielo.
Después del éxtasis –dice don Celestino–, la niña estaba radiante de alegría.
Insistimos para que nos diese la fecha del milagro; pero nos dijo que no había llegado el
momento, que tuviéramos paciencia; sólo podía decir la fecha ocho días antes, pero el
milagro venía de seguro, porque lo había dicho la Virgen, y Ella no puede mentir.

El lunes 26 de noviembre hay nuevo éxtasis de Loli y Jacinta, seguido de uno de


Conchita. Los días 27 y 28 tienen aparición las tres niñas juntas, en los dos días
siguientes solo tiene Loli un día, y el sábado 1 de diciembre de nuevo las tres, lo que se
repite los dos días siguientes. El lunes 3, el redactor se dedica a observar el andar
sincronizado de las videntes:

Se observa una total sincronización del movimiento de sus pies. Las tres llevan
perfectamente el paso como en un desfile militar. Únicamente lo pierden cuando hay
algún obstáculo difícil, o cuando tropiezan, pero en seguida lo recuperan. Da la
sensación incluso, de que Loli, que al parecer por tendencia natural, camina con pasos

154
más cortos que Jacinta y Conchita, y por ser más pequeña que ellas también, hace un
esfuerzo por adaptarse al paso de las otras.

El martes 4 de diciembre la aparición fue vespertina y afectó a Conchita después del


rosario y a Jacinta a las 21,30. El miércoles 5 el éxtasis de Conchita es a las 6,45 y el de
Jacinta a las 22,30. El jueves 6 de diciembre hay éxtasis de Loli y en el de Conchita se
aportan algunos datos del Milagro futuro que se sigue asociando solo con ella:

1. Un día, poco antes del milagro de Conchita, ocurrirá algo que traerá como
consecuencia que mucha gente deje de creer en las apariciones de Garabandal. Estas
dudas no se deberán a un excesivo retraso del milagro.
2. El día del milagro de Conchita desaparecerá la nota que ella firmó en Santander
asegurando que las apariciones de Garabandal son falsas.

Los días 7 y 8 de diciembre no hay apariciones, y el domingo 9, al reproducir lo


grabado en el éxtasis de Conchita “aparece varias veces una voz extraña”. Los tres días
siguientes hay apariciones y el relator apostilla paradójicamente: “Nada extraordinario”.
El jueves 13 de diciembre, los que debían cuidar de las niñas pero más bien parecían
querer experimentar con ellas, recordando que una vez Mari Cruz quiso confesarse con
el ángel y este le dijo que no tenía tal poder, convencen a Loli de que puede confesarse
con la Virgen, si bien los pecados mortales luego debe decirlos al sacerdote:

Muy contenta por lo que acababa de oír, Loli dijo que se confesaría con la Virgen en
la primera ocasión. Poco después cayó en éxtasis y le pidió a la Virgen que la confesara.
La Virgen le dijo que no podía, entonces Loli quedó extrañada ya que había confiado en
nuestra palabra. La Virgen le explicó después que había sido un truco nuestro. Durante la
aparición le ha pedido Loli a la Virgen con insistencia que se le aparezca a Mari Cruz,
incluso le ha dicho que la deje a ella sin aparición [o a las tres,] Conchita, Loli, y Jacinta.

El viernes 14 de diciembre tuvieron aparición las tres, el sábado 15 Conchita –“dijo a


Mercedes Salisachs que un señor que está totalmente paralítico se curará el día del
milagro”– y Loli, y el domingo 16 solo Loli. El lunes 17 tuvieron las tres y a las
personas de Colunga que asistieron les devolvieron sus medallas, “a cada una la suya”.
En este punto terminan los Cuadernos de Marichalar, justo a tiempo para no tener
que relatar la profecía que anunció Conchita el 20 de diciembre de 1962 y la discordia
surgida inmediatamente después entre las videntes. Respecto al primer punto, lo que no
escriben los Cuadernos, pero sí detalla profusamente García de Pesquera (Tercera parte,
cap. I) es que la aparición aseguró ese día a Conchita que después de Juan XXIII habría

155
tres papas más y luego “el fin de los tiempos”, pero que en cambio no tendría lugar la
tercera guerra mundial que por entonces se temía –la crisis de los misiles de Cuba había
terminado el 28 de octubre, pero el 22 de noviembre Kennedy fue asesinado–.
Según su tía Maximina, aquel 20 de diciembre Conchita “traía un diálogo con la
Virgen, se veía que precioso. Dijo también, no recuerdo en qué planetas o astros, que
había gente; me parece que dijo en dos”. Sobre este punto, al padre Rodrigo –según carta
de este a Ramón Andreu el 13 de noviembre de 1963– le dijo Conchita que “como se
hablaba de los viajes a los espacios, yo le pregunté a la Virgen si había por allí
habitantes, y ella me contestó: Sí; pero no añadió más”.
Esta serie de profecías se completó el 25 de diciembre, día en que Conchita habría
anunciado que “antes del Milagro, el Obispo que esté en Santander, recibirá una prueba
personal para que dé permiso Oficial a los Sacerdotes de subir y en esas fechas se
retirarán todas las notas negativas.”
Parece claro que fue Mari Cruz la que primero negó las visiones y le siguieron
Jacinta y Loli. También parece que pretendían quitarse de en medio un problema, o dejar
de ser ellas mismas un problema para sus familiares; pero ninguna fue capaz de negarlo
todo.
Alguno ha supuesto que en las negaciones pudiera haber envidia de Mari Cruz por
tener menos éxtasis que las otras –García de la Riva, p. 221 y 223–:

Ella tenía menos porque su madre no quería que la niña estuviera fuera de casa a esas
horas de la noche, porque era delicada de salud, debilucha. La Santísima Virgen
respetaba el sueño de las niñas, si, habiendo dicho que vendría a ellas a tal hora, las
encontraba dormidas. Sólo las despertaba si estaban fuera de la cama, esperando en la
cocina o sobre una banqueta; pero consideraba como sacrificio esperarla a Ella fuera de
la cama.
Al tener menos éxtasis la gente no iba a su casa y no le hacían regalos como a las
otras, que los tenían con más frecuencia. Esto provocó, sin duda, envidia en la madre y
en la niña, y se llegó a extremos conocidos y lamentables. Por otra parte, la Santísima
Virgen les había dicho que debían obedecer a sus padres y al Párroco don Valentín antes
que a Ella; es decir, respetaba la decisión de la madre de Mari Cruz.
Algunos –que habíamos oído que las niñas negarían los hechos y que sus familias se
llevarían mal– procurábamos evitar esto y quisimos mantener un trato cordial con las
familias de las cuatro videntes, como es fácil de comprobar en las cartas que inserto.
La consecuencia inmediata es que, si Mari Cruz tenía menos apariciones, pudo caer
pronto en la tentación de fingir éxtasis, máxime cuando alguna vez todas ellas habían
prefabricado alguno.

156
En su diario, Conchita sitúa en enero de 1963 las contradicciones y negaciones que la
aparición les habría vaticinado y que llevaron a que el padre de Loli llamara a los
médicos (p. 70-71):

A nosotras cuatro: Loli, Jacinta, Mari Cruz y yo, desde el principio nos había dicho
la Santísima Virgen que nos íbamos a contradecir unas con otras. Que nuestros padres no
andarían bien y hasta llegaríamos a negar el haber visto a la Virgen y al Ángel.
Todo esto nos extrañaba mucho a nosotras —¡Claro!— de que nos dijera todas estas
cosas. Pero en el mes de enero de 1963 todo lo que la Santísima Virgen nos había dicho
desde el principio se ha cumplido.
Primero nos hemos llegado a contradecir unas y otras, y hasta hemos negado haber
visto a la Virgen.
Hasta un día hemos ido a confesarnos. Pero en nuestro interior teníamos la
convicción de que el Ángel y la Santísima Virgen se nos habían aparecido, pues Ella
traía a nuestra alma una paz y alegría muy profunda y muchas ganas de amarla más, su
hablar y su sonrisa nos hacen querer y amar más a la Virgen y entregarnos,
completamente a Ella.
Nosotras pues, nos hemos ido a confesar, pero sin pensar ni creer que eso era pecado.
Si fuimos a confesarnos, fue porque el Párroco nos dijo que lo hiciéramos. Nosotras
dudamos un poco, pero en una forma de duda que más bien parecía que el demonio
quería que negáramos a la Virgen.
Lo mismo hicimos delante de nuestros padres a quienes hemos dicho que no
habíamos visto a la Virgen, pero que las llamadas y el milagro de la Sagrada Forma eso
sí era cierto.
Yo quedaba extrañada en mi interior de decir esas cosas cuando mi conciencia estaba
completamente tranquila de que sí había visto a la Santísima Virgen. El Párroco, Don
Valentín Marichalar, nos ha dejado de penitencia diez rosarios y cinco Padres Nuestros.
Después de transcurridos unos días, se nos volvió a aparecer la Virgen.
Entonces fue cuando el padre de Loli, Ceferino, mandó traer una comisión de
médicos cuyos nombres son: Alejandro Gasca, Félix Gallego y Celestino Ortiz.

Morelos apostilla que Alejandro Gasca era médico de la Penilla y director del centro
de Reinosa; Félix Gallego, médico de Requejada-Polance; y Celestino Ortiz Pérez,
médico de Santander. Continúa Conchita:

La misma tarde que llegaron, esta comisión preguntó a Mari Cruz, Jacinta, Loli y a
sus padres, el motivo por el cual ellas decían no haber visto a la Virgen. Ignoro lo que
esos médicos hayan creído pero lo que sí sé es que decían que todo aquello, referente al

157
milagro de la Hostia lo había hecho yo, explicándolo a su manera. ¡Claro! en esos ratos
en que no se sabe lo que se dice y se dejaron dominar algo del demonio.

Según García de la Riva, la primera consecuencia de las negaciones fue dejar de


tener éxtasis (p. 223-224):

Jacinta y Mari Loli dejaron de tener apariciones entre el 8 y el 16 de enero. Para este
día ya habían negado los acontecimientos. Mari Loli dijo al sacerdote sevillano Enrique
López Guerrero que los éxtasis eran fingidos, que habían empezado como si se tratase de
una broma y que llegaron a un estado de dudas en el que no sabían si lo que habían visto
era real o imaginario.

Que Jacinta no dudaba de todo quedó de manifiesto el 13 de enero de 1963, cuando


Plácido Ruiloba vio de 5 a 6 de la mañana que la niña subía a los Pinos a rezar y, tras
preguntarle qué sentido tenía rezar si no se le aparecía la Virgen, le animó a irse a
Santander a casa de su hermana “asegurándole que se le ayudaría”, a lo que la niña
habría contestado (Memorias de García de la Riva, p. 224):

No, la Virgen nos ha dicho que no salgamos de aquí.

En el caso de Mari Cruz, García de la Riva admite que pudiera estar resentida ante su
apartamiento, pero insiste en que sería por culpa de un deficiente cuidado pastoral (p.
231):

Las primeras negaciones místicas de Mari Cruz pudieron verse reforzadas con cierto
rencor debido a la marginación a la que le parecía ser sometida por la gente, en parte
debido a que, como en el Cielo respetaban la voluntad de los padres, tenía menos
comunicaciones. En este plano de cosas, la venganza puede traer el deseo de reducirlo
todo a la nada: no ha habido apariciones. Todo ha sido mentira. Esto habría sido una
ciega tentación personal, pero entra dentro de lo posible. Además, Mari Cruz sabía que
en ocasiones habían mentido. Claro que es injustificable tomar la parte por el todo.
Estoy convencido de que al llegar 1963 no se habría producido el escándalo de las
negaciones si desde el primer momento la Jerarquía, en lugar de perseguir las
Apariciones y a los sacerdotes que en ellas creían, les hubiera provisto a las cuatro de un
guía pastoral constante: el párroco o algún sacerdote escogido para velar por la santidad
de las niñas, en lugar de buscar la forma de enterrar los acontecimientos.

El doctor Puncernau, al terminar su folleto de 1967 con la carta autógrafa que Mari

158
Cruz escribió a García de la Riva lamentando su situación, opina que la ausencia de
visiones es prueba de que no eran artificiales:

Estas líneas demuestran hasta qué punto la niña deseaba tener la Visión y no la tenía.
¿Hubiera sido este su comportamiento si se tratara solo de un inocente juego de niñas?

También con este tema termina Puncernau la entrevista publicada el 4 de mayo de


1966 en la revista Por qué, cuando Juan Poch Soler le pregunta si Mari Cruz miente (p.
5):

No es una mentirosa, pero no dice la verdad. Ella dice que todo se lo hacían venir
ellas mismas, y esto es absolutamente imposible.
Este hecho, a mi manera de ver, valora todavía más Garabandal. Sobre todo no
habiéndose hundido como tenía humanamente que haber sucedido. Desde un punto de
vista teológico, parece ser que si Dios lo permite, esta pérdida de fe en sus propias
visiones, ya se ha dado en otros místicos.

Pero este no es el tipo de consideraciones que parece haberse hecho el obispo Beitia.
La negación de Mari Cruz pudo ser anterior al juicio del obispo, cuya descalificación
pudo basarse en el convencimiento de que buena parte de los éxtasis, si no todos como
afirmaba Mari Cruz, eran falsos, negaciones que “fueron muy difundidas por el diario de
Santander Alerta”, perteneciente a la prensa del Movimiento, es decir, controlado por
falangistas (p. 226):

Es cierto que Mari Cruz fingió un éxtasis delante del Sr. Obispo Dr. Beitia, para
demostrarle que los que habían hecho habían sido realizados por ellas, pero esto no
quiere decir ni es prueba de que fueran falsos todos los que se han dado en Garabandal
en tiempos de las apariciones. Conchita habla en su diario de que no todos los fingíamos,
luego si los había fingidos, también los había ciertos.

García de la Riva no exculpa, sin embargo, de responsabilidad a las niñas por la


rivalidad que crearon al exigir milagros:

Después del Milagro de la Forma el 18 de julio de 1962, en los meses siguientes, se


hablaba en Garabandal de nuevos milagros: por una parte Conchita hacía referencias a
un Gran Milagro futuro, mientras Jacinta y Loli anunciaban otro milagro –“el Milagro de
Loli y Jacinta”– con tal frecuencia y proximidad que la gente esperaba verlo antes de que
terminase el año. Pretendían estas niñas ignorantes forzar a la Virgen a que hiciera otro

159
milagro, creídas de que así todo el mundo creería.

A fin de cuentas, si se han de tener en cuenta los pronósticos vertidos en las propias
apariciones, como recuerda el mismo autor, “se trataba de un aviso que sorprendió a las
mismas niñas” (p. 220):

Asistí a un éxtasis de Loli y le escuché decir: ¿Cómo vamos a decir que no Te hemos
visto, si Te estamos viendo? No obstante, sucedió a pesar de lo dicho por Loli a la
Visión en mi presencia. Comunicación que también habían recibido de la Santísima
Virgen las otras videntes.

La negación de las apariciones por tres de las cuatro videntes abría una situación
nueva que el periodista Juan Poch Soler trató de dilucidar entrevistando de nuevo al
doctor Puncernau en un artículo titulado precisamente Las negaciones que se publicó el
29 de marzo de 1967 en la revista “Qué pasa” (p. 9-11 del folleto de Puncernau de
1968).
Comentando en primer lugar la nota episcopal del 7 de octubre de 1962, Puncernau
dice que cuando explicó a Beitia que en sus conferencias sobre Garabandal trataba de
decir la verdad, le contestó el obispo:

<>Haga lo que usted quiera, doctor.

Respecto a las negaciones, le parecen burdas por basarse en un punto que ningún
opositor a Garabandal había tomado en serio:

No veo clara la explicación que dan las niñas en la actualidad. Hasta las negaciones
de las niñas, todos estábamos de acuerdo en que no podía tratarse de simulación de
fraude. Así opinaban los propios médicos de la Comisión y así salía reflejado en las
anteriores notas del Obispado de Santander en las que se reiteraban: “Dejando aparte
toda simulación y fraude”.

Ejemplo de ello es Warszawski, a quien o bien el doctor o el periodista adjudican un


cargo que no tenía, nada menos que el de enviado del Vaticano, si bien es cierto que
trabajaba en la radio papal:

Igualmente Mn. José Warszawski, Delegado del Santo Oficio que solicitó una
entrevista al regreso de su viaje de inspección y estudio de Santander y de Garabandal,
me dijo al concluir: Esto solo puede ser de Dios o del diablo. Pero lo que nadie aceptó

160
nunca fue que pudiera tratarse de un inocente juego de niñas.

Según el psiquiatra, las niñas que niegan contradicen una realidad contrastada:

En primer lugar, era evidente que las niñas no tenían los éxtasis cuando ellas querían,
sino “cuando les venía”. Esto ha sido reiteradamente controlado.

Este dato lo probaría la carta de Mari Cruz queriendo ver, y otros ejemplos que
excluyen el deseo de notoriedad:

No es lógico tampoco, entre muchas otras cosas, el que al principio se encontrara a


veces en el monte a una niña sola en éxtasis. Ni que en pleno invierno, sin visitantes, se
levantara sola a media noche para acudir a la cita de la Virgen en las afueras del pueblo.
Hace pocos días, estas últimas Navidades, me explicaba la madre de Jacinta que una vez
no llamaron a su hija a la hora que les había pedido para acudir a la cita de la Virgen.
Pues bien, la niña estuvo un mes sin visión, quedó triste, perdió el apetito y parecía un
“alma en pena”, hasta que al cabo de un mes volvió a tenerla.
Otro fenómeno importante es la simultaneidad de las expresiones emocionales de la
cara de las cuatro niñas en éxtasis. Este cambio idéntico y simultáneo no tiene
explicación. Por más que hubieran ensayado. Mi punto de vista es que la explicación que
dan las niñas de un juego, es decir, de una simulación y de un fraude, podría explicar
alguna parte de los hechos, pero desde luego no de todos.

Puncernau dice haber estado en un viaje a Garabandal siete horas reunido con el
secretario de la comisión tomando nota de los hechos negativos:

Sin embargo no se podía considerar que derrumbasen Garabandal. Tanto es así que
fuimos al día siguiente conjuntamente con otros miembros de la comisión a ver al vicario
general (pues el obispo estaba en el Concilio), para pedir que se nombrara una nueva
comisión, “con los correspondientes abogados del ángel y del diablo”. El vicario dijo
que lo transmitiría al obispo. Pero por entonces “dada la gravedad del asunto” se había
ya decidido traspasarlo a Roma, y quedó esta posibilidad en el aire.

También para el psiquiatra es importante tener en cuenta que las negaciones habían
sido vaticinadas:

Ellas mismas habían predicho desde el año 1962 estas dudas y contradicciones; el
que ellas nieguen ahora no quita el gran peso de la realidad de los hechos de Garabandal.

161
Como dice la gente del pueblo, “lo que hubo, hubo, y eso no lo quita nadie”.

En medio del revuelo por las negaciones y mientras algunos pensaban que se trataba
de un “milagrucu” más, el 15 de enero señaló Conchita que el Ángel le había dado la
fecha del Milagro. Según García de Pesquera (Tercera parte, cap. I), hay una cinta
magnetofónica, grabada por Plácido Ruiloba en Garabandal el 16 de enero de 1963 en la
que se le pregunta a Conchita por una carta que la niña decía haber escrito al obispo:

− ¿Le ponías la fecha del milagro?


− No, porque entonces no la sabía.
− ¿Y desde cuándo la sabes, desde la semana pasada?
− No, desde ésta.

A ello se añade la carta de Maximina del 15 de enero de 1963 que dice:

Conchita me dijo que hoy le dijo el Ángel la fecha del milagro. Lo sabe ella y el
hermano mayor nada más.

Lo que sabía Serafín no era la fecha, sino una pista que le había dado Conchita:

− Para que veas que todo ha sido verdad, la Virgen me ha dicho que yo te diga esto...

Y le habló del Milagro, y le explicó en qué va a consistir. Conchita se lo puso luego


brevemente por escrito, al dorso de una estampa del Niño Jesús. Le dijo que ocurrirá
cuando se produzca un determinado acontecimiento en la Iglesia, que también le explicó.
Sólo en este sentido supo Serafín la fecha del Milagro.
En medio del dolor por el final de las apariciones, al igual que había pasado con el
desaliento tras la lectura del primer mensaje, quedó para Conchita una luz que mantenía
la esperanza, pues cuanto menos certeza tenía de haber visto a la Virgen, más confiaba
en la promesa del milagro. Y un nuevo fenómeno, las locuciones, vino a mantener viva
esa esperanza. Con esa novedad pone Conchita fin a su Diario (p. 72-73):

Ellas, desde ese día, ya no volvieron a tener más apariciones; yo sí, esa misma noche,
hasta el día 20 de enero, después ya no he vuelto a verla.
Yo también he dudado un poco de que el milagro venga. Un día, estando en mi
habitación, oí una voz que me decía:
− Conchita, no dudes que mi Hijo hará el milagro.
Esta voz la sentí en mi interior, pero tan clara, como si fuera con los oídos, mejor aún

162
que si fuera con palabras, me dejó una paz y una alegría tan profunda, mayor que cuando
veía a la Virgen.
Se puede llamar también voz de alegría, voz de felicidad, voz de paz. Desde
entonces, no he vuelto a dudar.
Transcurrieron los días y no he vuelto a oír esa voz, lo que me ha dado mucha pena.
Pero comprendía que Dios no me iba a dar tanta felicidad tan a menudo, sin merecerlo.
Me han hecho mucho bien las locuciones. Es como si la Santísima Virgen estuviera
dentro de mí ¡Qué felicidad!
Después de un mes he vuelto a oír esa voz de felicidad interior, sin palabras, en la
iglesia.
Prefiero esas locuciones a las apariciones porque en las locuciones la tengo en mí
misma.
¡Ah, qué felicidad que la Santísima Virgen esté dentro de mí y qué vergüenza ser tan
mala en este mundo!
Me gusta tener más a Jesús dentro de mí. Jesús quiere darme la Cruz para
purificarme. ¡Ojalá con más cruces pueda hacer algo por el mundo!
Con la ayuda de Dios, pues yo sola soy nada.
Una oración que digo a Jesús es:
¡Ay, Jesús Mío!

163
EL FIN DE LAS APARICIONES Y EL ÚLTIMO
MENSAJE

El 13 de febrero de 1963 decía Conchita en carta a García de la Riva:

Es verdad que en el pueblo ahora hay un ambiente muy distinto al que había cuando
estaba usted. No cree casi nadie. Mi mamá nada, mi tía Maximina tampoco y así todo el
Pueblo; pero eso a mí lo mismo me da, que yo como la vi no me van a hacer creer lo
contrario. Del Milagro yo estoy como usted, esperándole. Como hace unos días que no la
veo, no sé nada.

Del 22 al 24 de febrero de 1963, con permiso del obispo Beitia, visitaba Garabandal
el sacerdote Luis López Retenaga, natural de Rentería –Guipúzcoa–, donde fue ordenado
con otros cuatro renterianos el 14 de agosto de 1955.
Retenaga dará cuenta de su visita en un informe al obispo, citado por García de
Pesquera (2ª parte, cap. X), que resume el ambiente enrarecido que encontró el
sacerdote:

Es la cuarta vez que visito esta aldea montañesa... Cuando mi anterior visita, en los
meses finales del pasado año, supe de rumores que corrían acerca de la realización,
bastante inminente, de un milagro anunciado por Loli y Jacinta. No me fue posible en
aquellas circunstancias comprobar personalmente la autenticidad de tales anuncios...
Pero sé que al entrar el mes de enero del presente año, viendo que la esperanza del
milagro anunciado por las dos niñas no cristalizaba en realidad, las ilusiones de muchas
personas se vinieron abajo. Tanto los familiares como la mayor parte del pueblo se
sintieron entonces defraudados y humillados. Sujetos a los cambios bruscos y las
actitudes extremas, características de las masas, aquellas gentes trocaron la admiración
que sentían por las niñas, en una actitud de repulsa y desconfianza hacia ellas,
convirtiéndolas en objeto continuo de sus murmuraciones. Tal actitud iba dirigida

164
principalmente contra Conchita, a quien siempre se la ha considerado como la más
responsable, o culpable, de las cuatro.

Conchita afirmó que su propio carácter bromista, al fomentar fantasías ideadas por
sus dos compañeras de éxtasis, habría terminado por crear en Loli la ilusión de que se
produciría un milagro:

Me refiere Conchita, que regresando ella un día de Cabezón de la Sal, Loli y Jacinta
le hablaron de un milagro, que se les había ocurrido, y que consistía en enterrar una
imagen de la Virgen, para decir después a la gente, cuando estuvieran en éxtasis:
Cavad ahí y encontraréis una Virgen.
Conchita tomó aquello a broma, y siguiendo en la misma línea de bromear, ella habló
de unos polvos mágicos, que tenían la virtud de suspender en el aire a quien los tomaba...
Las tres niñas probaron entonces de los maravillosos polvos, que no eran sino unos
vulgares polvos dentífricos. Únicamente Loli, quizá por la mezcla de lo maravilloso y de
lo ingenuo en que venía estando metida desde hacía año y medio, parece que tomó en
serio la cosa y siguió probando de aquellos polvos, con la esperanza de verse suspendida
en el aire.

Jacinta aseguraba en cambio a García de Pesquera que incluso la idea de enterrar una
Virgen fue de Conchita, que llevó la broma del dentífrico demasiado lejos:

Porque me dice que fue Conchita la verdadera inventora de aquel proyecto de


enterrar una imagen, etc., a cuya realización quiso arrastrar a las otras dos, quedándose
ella muy listamente al margen; y si Loli y Jacinta no llevaron adelante el proyecto, fue
por el miedo de una posible presencia o intervención final del demonio.
Y en cuanto a lo de los polvos, me temo que no haya sido tan inocente broma como
Conchita quiso hacer creer al P. Retenaga... Las otras dos, por lo menos, se lo tomaron
tan en serio, que Loli llegó a enfermar del estómago, a causa de las repetidas dosis que
ingirió, con la esperanza de elevarse por los aires.

Conchita tuvo al menos la honradez de no ocultar sus travesuras, que aparecen en


carta que el 18 de febrero escribió a la hija de Eloísa de la Roza:

Ya sabrás lo que ha pasado..., pues es un lío lo que hay aquí ahora; algunos de los
que creían en las apariciones, ahora ya no creen nada, de lo que hace de este lío que hubo
en esos días. Y, además, ¿sabes por qué se revolvió esto? Por unos polvos de perborato
que yo les di a Loli y Jacinta, y les dije que eran para elevarse.

165
Retenaga constata la menor frecuencia de sacramentos de Mari Cruz:

Durante esta mi última estancia en San Sebastián de Garabandal, me ha llamado


poderosamente la atención que, mientras Conchita, Loli y Jacinta han confesado y luego
comulgado estos días, Mari Cruz no ha confesado ni comulgado.

En 1966, M. Laffineur, en el libro anónimo L’Étoile dans la montagne, llegará a ver


en la actitud de Mari Cruz en marzo de 1963 un tono de enajenación (p. 128-129):

Un día de marzo de 1963, estábamos en la pequeña tienda o comercio del pueblo


acompañados de un amigo español, abogado. De pronto llega Mari Cruz. Parándose en la
puerta, nos dirige una mirada que parece tener no sé qué de tristeza.
Ya ha cumplido trece años. Su cara es pálida, alargada; la frente, huidiza, como de
criatura que estuviese habitada por un ser distinto de ella misma. Hablamos... Ella repite:
No, yo no he visto jamás a la Virgen.
No hace un solo movimiento y su voz, monótona, parece venir de otro mundo.
Inútilmente nuestro amigo español, durante un buen rato, la asedia con preguntas y
observaciones: no le saca nada..., fuera del No, yo no he visto jamás a la Virgen, que ella
repite una y otra vez, siempre en el mismo tono, con una voz que parece venir de lejos.
Al fin, ella se marcha sin saludarnos siquiera, lo que resulta muy extraño en este
pueblo de Garabandal, donde la gente se muestra siempre tan cortés. Nuestro amigo el
abogado, no puede callarse este desahogo:
Acabamos de ver un fantasma. No es ella quien nos ha hablado.

Según García de la Riva (p. 226), “Mari Cruz fingió un éxtasis delante del Sr. Obispo
Dr. Beitia”. Después de tanto poner a prueba, hasta extremos ridículos, las apariciones,
el dato de que una niña sabía fingir un éxtasis ¿pudo ser suficiente para descalificarlos
todos?
A fuerza de poner en tela de juicio las apariciones, restando valor a lo extraordinario
que se hacía cotidiano –hasta el extremo de considerar que si no se superaba cada día
con una novedad, no pasaba nada extraordinario–, hasta las niñas pudieron banalizarlas.
Pero en ellas, al parecer, ni la duda era profunda, ni lo eran sus desavenencias, según una
carta de Maximina, fechada según García de Pesquera “en esas mismas fechas” –
febrero–, a Eloísa de la Roza:

Por aquí, mientras no vuelvan a verse apariciones, no hay nada de particular. Yo


llegué a dudarlo todo, por completo; pero hoy estoy ya otra vez convencida de que aquí

166
algo hubo. Ya sabe usted, con todos los líos que hubo entre las crías, pues ellas están
ahora animadísimas; se las ve, al parecer, que se quieren. Por aquí pasan en este
momento corriendo, tan satisfechas y tan contentas.

Las relaciones se restablecieron, pero las apariciones no volvieron, y Conchita fue


arrastrada también por el desánimo, según la carta del 7 de marzo que reproduce García
de la Riva en sus Memorias (p. 224-225):

Como ahora no veo a la Virgen, pues no sé qué ponerle. Le diré que han venido
padres y el viernes piensa venir un Padre para las confesiones. Le echo mucho en falta a
usted. ¿Qué tal cree usted? Pues yo no creo nada. ¿Qué le parece?

Mientras en Garabandal unos negaban y otros dudaban, un joven norteamericano


llamado Joey Lomangino, que había perdido el olfato y la vista en un accidente en 1947,
visitaba en febrero de 1963 al Padre Pío en San Giovanni Rotondo. Había nacido en
Brooklyn, de familia italo-norteamericana, el 27 de junio de 1931 y ya había visitado la
residencia del famoso capuchino en 1961. Esta vez, además de confesarse y
supuestamente recuperar el olfato, a pesar de seguir teniendo el correspondiente nervio
seccionado, preguntó al Padre Pío si era cierto que en Garabandal se aparecía la Virgen,
y si pensaba que debía visitar ese remoto pueblo español:

Sí, es verdad. La Virgen se aparece en Garabandal.

El relato de lo que le había dicho el capuchino, y la propia llegada del ciego


neoyorkino en marzo de 1963 fue, según las Memorias de García de la Riva (p. 225),
“providencial para dar calor a este enfriamiento”. En adelante y hasta su muerte el 18 de
junio de 2014, Lomangino sería el mayor difusor del mensaje de Garabandal nacido en
el continente americano.
El 18 de mayo de 1963 Conchita visitó Lourdes. El 20 de julio, dijo tener una
locución que Morelos copia al publicar el Diario (p. 81-83) indicando que toma el texto
de la página 226 del libro de Sánchez-Ventura titulado Garabandal. Las apariciones no
son un mito. Conchita la aprovechó para pedir “una Cruz”, cosa que se le prometió, y
para preguntar por su vocación, acerca de lo que no recibió confirmación.

Estando yo dando gracias a Dios, y estando pidiendo cosas, Él me contestaba.


Yo le pedía que me diera una Cruz, que estoy viviendo sin ningún sufrimiento nada
más que con el sufrimiento de no tener Cruz; y Jesús, cuando yo se lo estaba pidiendo
me contestó:

167
− Sí, te daré la Cruz.
Y yo con mucha emoción le iba pidiendo más y le decía: ¿Para qué viene el milagro?
¿Para convertir a mucha gente? Y El me contestó:
− Para convertir al mundo entero.
− ¿Se convertirá Rusia?
− También se convertirá, y así todos amarán a Nuestros Corazones.
− ¿Y vendrá después el castigo?
Y Él no me contestó.
− ¿Por qué vienes a mi pobre corazón sin merecerlo?
− Si no vengo por ti, vengo por todos.
− ¿El milagro, va a ser como si yo sola fuera la que he visto a la Virgen?
Y Él me contestó:
− Por tus sacrificios, tus aguantes, te dejo ser la intercesora para hacer el milagro.
Y yo le dije:
− ¿No es mejor que sea con todas, y si no, no pongas, a ninguna como intercesora?
Y Él me dijo: No.
− ¿Iré yo al Cielo?
Y me respondió:
− Amarás mucho y rezarás a nuestros Corazones.
− ¿Cuándo me das la Cruz?
Y Él no me contestó:
− ¿Qué seré yo?
Y no me contestó. Sólo me dijo que en cualquier parte y en lo que sea tendré mucho
que sufrir.
Y yo le dije:
− ¿Me voy a morir pronto?
Y El me dijo:
− Tendrás que estar en la tierra, para ayudar al mundo.
Y yo le dije:
− Yo soy poca cosa. No podré ayudar nada.
Y Él me dijo:
− Con tus oraciones y sufrimientos, ayudarás al mundo.
− ¿Cuando se va al Cielo, se va muerto?
Y Él me dijo:
− No se muere nunca. –Yo creí que no íbamos al Cielo hasta resucitar–. Le pregunté
si estaba San Pedro en la puerta para recibirnos. Y me dijo que no.
Cuando estaba en esta oración o conversación con Dios, me sentía fuera de la tierra.
Jesús también me ha dicho que ahora hay más que aman a su Corazón. A mí de los

168
sacerdotes, me ha dicho que tenía que rezar mucho por ellos, para que sean santos y
cumplan bien con sus deberes, y hagan a otros mejores. Que a los que no me conocen
hagan conocerme, y a los que me conocen y no me aman, que hagan que me amen.

Medio mes después, el 3 de junio de 1963, moría Juan XXIII, y Conchita, que se
enteró estando con su madre, recordaba la profecía que había recibido a fines de
noviembre, según recoge García de Pesquera (Tercera parte, cap. I):

− Escuche: ¡Tocan las campana! –exclama de pronto la hija.


− Será por el Papa –dice la madre.
− Seguramente... Pues, ¡ya no quedan más que tres!
Aniceta levanta sorprendida la cabeza:
− ¿Qué es lo que estás diciendo?
− Lo que oye. Que ya sólo quedan tres Papas.
− ¿Y de dónde sacas tú eso?
− No lo he sacado yo; me lo ha dicho la Virgen.
− Entonces, ¿quiere decir que viene ya el fin del mundo?
− La Virgen no me dijo fin del mundo, sino fin de los tiempos.
− ¿No es lo mismo?
− Pues no lo sé.

Al celebrarse en Garabandal el funeral por Juan XXIII, Conchita habría vaticinado


ante Paquina de la Roza Velarde, esposa del doctor Ortiz, la continuación del Concilio
Vaticano II, que muchos pensaban que sería clausurado por el nuevo Papa dada la
confusión que se estaba creando en torno a esa magna asamblea. Según García de
Pesquera, la niña afirmó:

− Otro Papa vendrá y el Concilio seguirá.


− Muy segura pareces estar de eso; pero yo no lo veo tan seguro, bien puede ocurrir
de otra manera.
− Os digo y repito, que otro Papa vendrá y el Concilio seguirá; y os digo también que
ya sólo quedan tres Papas.

Entre los que trataron de sacar beneficio de la confusión producida en torno a


Garabandal está el sacerdote cismático Michel-Auguste-Marie Collin, que en 1935 fundó
una comunidad para la que dijo haber sido consagrado obispo directamente desde el
cielo, por lo que fue suspendido en 1951 y excomulgado en 1961. Tras la muerte de Juan
XXIII acababa de fundar la llamada Iglesia renovada de Cristo, proclamándose papa con

169
el nombre de Clemente XV.
Vestido con sotana blanca y solideo, Collin apareció en Garabandal con dos
acompañantes uniformados el 22 de agosto de 1963, según carta que Conchita escribió al
día siguiente al padre Laffineur y que recoge García de Pesquera (Tercera parte, cap. I),
combinando el relato con el de Marichu Herrero:

Venía diciendo que él era el Papa escogido por Dios, que Pablo VI está elegido sólo
por los cardenales. También decía que desde hace 35 años él ve a la Virgen y también a
Dios, que es quien le ha dicho de venir aquí.
Me dijo que venía a visitar Garabandal por encargo del fallecido Juan XXIII, quien
le había confiado la misión de investigar los hechos ocurridos allí... Yo, entonces, logré
dejarle por unos momentos y me fui donde estaba, apartado del barullo de la gente, el
cura de Barro, don José Ramón García de la Riva; le transmití aquellas declaraciones, y
él me dijo:
Vaya y pídale que muestre el documento que seguramente traerá de Roma.
Cuando se lo pedí, él me contestó:
No, no traigo ningún documento; la orden me la dio Juan XXIII en forma verbal.
Fui a comunicárselo a don José Ramón, y él me dijo:
Esto me da mala espina: ¡sabe Dios quién será este tipo! Yo, desde luego, no quiero
saber nada de este asunto; no quiero líos. Y se largó de allí.
Clemente XV manifestó a Margarita otro deseo: verse con las niñas de las
apariciones. En seguida fue alguien a buscarlas; pero éstas, por lo que fuera, porque
alguien las hubiera ya advertido de lo sospechoso del personaje, no quisieron acudir.
Entonces me rogó que le buscase una casa donde poder cenar y dormir. En fin, se
fueron a dormir. Y a la mañana siguiente, muy de madrugada, en su gran coche,
abandonaron el pueblo.
Aquella marcha precipitada tuvo su explicación. La tarde precedente, tan pronto
como llegaron a oídos de don José Ramón los rumores de que aquel tipo quería hacerse
pasar nada menos que por el auténtico Papa, él se fue donde Ceferino, que era el alcalde
del pueblo, para decirle que la estancia allí de tal sujeto iba a traer no pocos líos y
disgustos a todos... Entonces Ceferino se presentó ante Clemente XV para hacerle saber
que, si no salía inmediatamente del pueblo, daría parte al comandante de la Guardia Civil
de Puente Nansa.
El aviso surtió efecto. Clemente XV, sin ningún aire pontifical, le rogó que no
hiciera nada, que marcharían en seguida, que les permitiera sólo descansar allí aquella
noche.

El 29 de septiembre de 1963 empezó la segunda sesión del Vaticano II, que duraría

170
hasta el 4 de diciembre. Mientras tanto, Loli y Conchita seguían recibiendo visitas orales
–no visuales– de quien decía ser la Virgen, cada mes, tan puntualmente que Conchita
anunciaba el 28 de noviembre de 1963 a María Herrero de Gallardo:

Me dices que te diga cosas de la Virgen: ¿qué te voy a decir, si ahora no la veo? Sólo
que hablo –con Ella– una vez al mes; en este mes, todavía no he hablado con Ella;
mañana o pasado me hablará.

La interlocutora, Marichu Gallardo, anota:

Al día siguiente, 29 de noviembre, tuvo la locución que estaba esperando.

El año 1964 sería para Conchita un tiempo profético por lo que se refiere a las
locuciones. El 19 de marzo, fiesta de San José, tuvo una en cual la Virgen le habría dicho
que Joey Lomangino recibiría ojos nuevos el día del Gran Milagro, o más precisamente
“que verá el día mismo del Milagro”, y que la voz que había oído en 1947 era la de la
Santísima Virgen, cuando el 16 de julio –fiesta de Nuestra Señora del Carmen– despertó
tras tres semanas en coma después del accidente en que perdió la vista y el olfato. Como
Lomangino murió en 2014, fue preciso atenerse a un “verá” que no signifique estar
materialmente presente.
El día 18 de julio de 1964, Conchita afirmaba en su diario:

El día del Milagro, el cuerpo del Padre Luis Andreu será sacado incorrupto de su
sepulcro.

La explicación de esta anotación la escribió el día 2 de agosto en carta al Padre


Ramón Andreu:

El 18 de julio de 1964 tuve una locución en la que se me dijo que al día siguiente del
Milagro sacarán a vuestro hermano de la tumba, y encontrarán a su cuerpo incorrupto.

El Padre Luis Andreu había sido enterrado el 9 de agosto de 1961. Quince años
después, es decir, a principios de 1976 el Seminario donde se encontraba su tumba fue
transformado en Sanatorio Psiquiátrico, por lo que tuvo que ser exhumado el cuerpo del
Padre Luis y trasladado al Cementerio Jesuita del Santuario de San Ignacio de Loyola.
Se encontró en estado de esqueleto. Lo mismo que en el caso de Lomangino, este
anuncio profético resulta complicado de interpretar, pues exige no mantener incorrupto
un cuerpo, sino devolverle a tal estado partiendo de una descomposición o desaparición

171
casi completa.
Los últimos meses de 1964 contemplaron el desarrollo de la tercera sesión del
Concilio Vaticano II, del 14 de septiembre al 21 de noviembre. Terminada esa sesión
conciliar, Conchita tuvo una locución el 8 de diciembre, donde le fue anunciada la visita
de un viejo amigo, el arcángel San Miguel, que se le aparecería el 18 de junio de 1965.
García de Pesquera transcribe (3ª parte, cap. III) lo que Conchita habría escrito al padre
Laffineur el 12 de enero:

El día de la Inmaculada, la Virgen me ha felicitado por ser el día de mi santo, y me


ha dicho que el 18 de junio próximo veré al ángel San Miguel.

Entretanto, el 1 de enero, Conchita había vuelto a tener aparición en los Pinos, según
relataría en esa misma carta del 12 de enero:

La Virgen parecía tener la misma edad que la primera vez que la vi (el 2 de julio de
1961), la misma que en estos pasados años: como unos dieciocho años.
Llevaba un vestido blanco y un manto azul cielo.
Una luz prodigiosa, que no hacía daño a los ojos, salía de su cuerpo y la envolvía por
completo.
Ignoro si, aparte de ésta que voy a tener el 18 de junio, las apariciones volverán a
empezar, sea para mí, o para las cuatro.
La Virgen dará un nuevo mensaje, porque ha dicho:
Del otro –el del 18 de octubre de 1961–, no se ha hecho apenas caso. La Virgen va a
dar, pues, un último mensaje.

Por lo que se ve, Conchita tenía claro que el del 18 de junio de 1965 sería el último
mensaje de la aparición, y que no habría más mensajes por la poca atención que se había
prestado al primero. Todo eso, será parte del mensaje. Lo que no pareció captar
Conchita, pues pensaba que ese día vería a la Virgen, era que la misma aparición le había
anunciado –el 8 de diciembre de 1964–, que el 18 de junio vería a San Miguel. Es
posible que pensara que vendría, como antaño, acompañando a la Virgen.
Conchita recibió en esa aparición también, sin saberlo o sin caer en la cuenta, una
parte de lo que sería el mensaje final: la necesidad de meditar la Pasión de Cristo. Así lo
afirma el 11 de diciembre de 1965 en carta al “grupo de Barcelona del padre Alba”,
transcrita por Morelos en el Diario (p. 87-90), donde la joven da a entender que quieren
ser monjas –supuestamente las cuatro videntes– aunque, al escribir con posterioridad al
mensaje final, pudo mezclar lo que oyó el 1 de enero con dicho mensaje.
Tras pedirles oraciones “para que seamos muy humildes y le demos a Jesús lo que

172
nos pida, y que lleguemos un día a ser unas monjas, nada más para servicio de Dios, y
para ayudar a los humanos que lo necesiten, esto es nuestro deseo, pero somos muy
débiles y necesitamos nos ayuden”, cita:

La Virgen me ha dicho el 1 de Enero del año 1965, que los Cristianos Católicos, que
no pensamos en el otro mundo, en el cielo ni en el infierno, que debemos de pensarlo, y
así nuestra vida estará más unida a Cristo, y que debemos de pensar y meditar más en la
Pasión de Jesús. Debemos de hacerlo, pero no sólo hacerlo, sino hacer que otros lo
hagan. Ya veremos entonces cómo nos sentiremos más a las puertas de la felicidad de
Dios; y nuestras Cruces, las aceptaremos con alegría y amor por Dios.

En la misma carta, escribe una postdata interpretando ese mensaje:

–Esto lo digo yo– , de nada nos sirve el creer en las apariciones, si no cumplimos el
mensaje, mejor dicho si no cumplimos con lo de la Santa Madre Iglesia. Como sabemos
todos, la Virgen aquí ha dicho lo mismo que en Lourdes y Fátima, no ha dicho ninguna
cosa nueva. Y el milagro viene para que cumplamos el mensaje, no importa creer en
ellas [en las apariciones] es una gracia que Dios nos hace. Es una gracia que nos la da Él.
Debemos de pedir mucho por los hermanos que todavía no conocen a Dios, creo es un
deseo de la Virgen. Y también por los que reciben gracias de Dios y de la Virgen, y no
se lo agradecen.

En una carta firmada por Conchita el 2 de junio –citada en


www.virgendegarabandal.com/familiaandreu.htm– aparece la expresión “últimos avisos”
que veremos en el mensaje final, pero sobre todo la afirmación de que la visión anunció
a Conchita el 1 de enero que el Milagro iría precedido de un Aviso. En palabras de
Conchita –confusas al definirlo como un castigo–:

Antes del milagro, me ha dicho la Virgen el día 1 de Enero, habrá un aviso para que
el mundo se vaya enmendando. Y ese aviso es como un castigo. Es muy temeroso, para
buenos y para malos. Para los buenos para acercarlos más a Dios. Y para los malos para
avisarles que viene el fin de los tiempos. Y que son los últimos avisos. Es muy largo, no
se puede decir por carta. Esto ya no la quita nadie de que venga. Es seguro. No sé el día
ni nada de fecha.

Según otra cita que aparece en el libro de Sánchez-Ventura, ni siquiera Conchita sabe
cuándo será (p. 247):

173
La Virgen me lo dijo el primero de enero de 1965, en los Pinos. No puedo decir en
qué va consistir, pues Ella no me ha ordenado decirlo. Y ¿cuándo será?, no me lo ha
dicho, así que no lo sé. Si sé que será visible para todo el mundo; será obra directa de
Dios y tendrá lugar antes del milagro. Yo no sé si morirán personas. Únicamente pueden
morir, al verlo, de impresión.

Por lo tanto, desde el punto de vista profético, Garabandal gira en torno a un


Milagro, que habría sido visto por el padre Luis María Andreu, pero no por las niñas, el
8 de agosto de 1961. Las cuatro videntes debieron tener una experiencia semejante en la
noche del 3 al 4 de septiembre de 1961 en un éxtasis récord, con una duración superior a
nueve horas, en el que se oyó a Conchita decir: Qué bonito es el milagro.
La finalidad del Milagro es facilitar la conversión de las almas, que de otro modo
tendrán que sufrir la ira de Dios manifestada en el Castigo, del que las niñas tuvieron
visión durante dos noches consecutivas, la del 19 y la del 20 de junio de 1962. Por
último, solo a Conchita se le habría mostrado, el 1 de enero de 1965, que el Milagro iría
precedido de un Aviso mediante el cual cada persona sería plenamente consciente del
mal cometido en toda su vida, con vistas a facilitar que cada uno se prepare lo mejor
posible para recibir el Milagro.
La madre de los Andreu hizo la profesión religiosa de votos perpetuos el 19 de
marzo de 1965. Pablo VI quiso que sus tres hijos jesuitas salieran de sus misiones para
acompañarla, y financió el viaje del P. Marcelino desde Taiwan, enviando a la hermana
Luisa María Rodamilans una especial bendición y felicitación en la que mencionaba el
alma sacerdotal que las madres pueden transmitir a sus hijos.
El 22 de marzo de 1965, Conchita escribió al norteamericano William A. Nolan una
carta en la que se refería a las negaciones con la tranquilidad de quien asume algo que
tenía que pasar (Diario, p. 111):
Además del Mensaje, Ella nos ha dicho otras muchas cosas. Ella nos ha dicho
también que habría muchas contradicciones entre nosotras.
El domingo 13 de junio, a solo cinco días de la fecha anunciada para el último
mensaje, Conchita enferma con 39 grados de fiebre. Sin embargo se repondrá. Entre
quienes asistieron, había laicos que desafiaban la advertencia de abstenerse de fomentar
el ambiente de las apariciones expresada por el obispo Beitia en su nota del 7 de octubre
de 1962. Habría también sacerdotes y religiosos que desafiaban lo que para ellos en la
misma nota se convertía en prohibición. Pero otros acudían tras haber pedido permiso,
como era el caso de algunos habituales, particularmente el sacerdote José Ramón García
de la Riva, quien me explicaba en Garabandal (el 8 de abril de 2018) cómo Beitia le
había dicho que con tal de que no hicieran propaganda de las supuestas apariciones, los
sacerdotes que creían en ellas, podían ir a Garabandal:

174
Yo al obispo le escribía una carta con anticipación, 15 días o lo que fuese, para venir
después aquí. Le decía que no me contestasen si me dejaba subir. Una vez que no pude
escribirle la carta fui al obispado y estaba allí el secretario. Le dije:
− Yo quería hablar con el señor obispo. Me contestó:
− El señor obispo está en su pueblo de vacaciones.
− Sí, pero yo quiero hablar directamente con él.
Y me dio el teléfono. Hablé con Beitia:
− Soy uno que le escribí varias cartas porque voy a Garabandal unos días y le
preguntaba si me daba permiso. Y dice:
− Ustedes los que suben con frecuencia a Garabandal procuren no hablar
públicamente de esas apariciones.

El periodista Juan Poch Soler cuenta en la entrevista que hizo el 29 de marzo de 1967
al doctor Puncernau (y que este publicó en 1968 en la p. 7 de su folleto), que fue uno de
los presentes el viernes 18 de junio de 1965:

Yo formaba parte de una expedición de Barcelona. Reconozco que iba, más como
periodista que como creyente. Cuando llegué a Garabandal me mezclé con las cerca de
mil personas que habían llegado procedentes de Francia, Italia, Norteamérica, Inglaterra,
Alemania… Los franceses constituían el grupo más numeroso. Los españoles éramos
pocos.

Lo que se pudo presenciar aquella noche fue un éxtasis que duró 13 minutos a partir
las 23.45 horas, y que fue grabado por la RAI italiana y el NODO español. García de
Pesquera (3ª parte, cap. III) elige como mejor resumen el del sacerdote zaragozano Luis
Jesús Luna Guerrero y el del periódico francés Le Monde et la Vie.
El 5 de septiembre de 1963, Domingo Martínez Benavente daba cuenta en Diario de
Burgos (p. 6) de que el padre Luna era coadjutor en la parroquia y basílica zaragozana de
Santa Engracia, y que había asistido a un congreso de Apicultura en Praga, y contaba ya
con los permisos necesarios para asistir a otro en 1965 en Rumanía. Pero a este no
asistió, según cuenta el propio Luna en un libro que no vio la luz comercialmente –y del
que ni siquiera hay título, pero sí algunas páginas publicadas en la web
http://virgendegarabandal.com/Padre_Luna.htm–.
Nacido hacia 1913, –tenía por tanto unos 52 años en 1965– Luis Jesús Luna resumía
en él cómo, estando destinado en la parroquia de Saint Philippe de París, supo de
Garabandal en el mismo verano de 1961.
Pero no se interesó por Garabandal hasta octubre de 1964, cuando el padre Ramón

175
Andreu dio una charla en una casa particular en Zaragoza, “sin llegar a convencerme”.
Por fin en junio de 1965 se decidió Luna “a ir y ver si aquellas manifestaciones eran del
Cielo”. Ni siquiera la charla con Conchita le dejaría huella, sino lo que vio en el éxtasis:

Me impresionó aquella belleza sobrehumana del rostro de la niña hablando sin


pestañear, entre torrentes de luz de focos, cámaras y linternas. Me sobrecogió verla llorar
como hasta entonces nunca había visto. De sus ojos brotaban lagrimones que se juntaban
en hilillo, y tras llenar la concavidad de la oreja izquierda –única visible para mí en aquel
momento–, caían al suelo como el agua de un grifo mal cerrado. La oí decir con voz
entrecortada y jadeante:
− ¡No, no! ¡Todavía no! ¡Perdón, perdón!
Luego la vi elevarse unos sesenta centímetros con la mano derecha en alto y sin
apoyo alguno; para caer, segundos más tarde, dándose con las rodillas contra la peña
viva y produciendo un escalofriante chasquido. Luego decía como repitiendo:
− Sacerdotes… obispos… dos de julio…
La vi santiguarse con majestuosa lentitud y súbitamente se llevó las dos manos a la
cara en protección de sus ojos deslumbrados por los potentes reflectores. El éxtasis había
terminado.
En este relato del P. Luna [sigue Ruiloba] falta un detalle, del que nos hablan los
informadores franceses:
Conchita ha permanecido inmóvil como unos doce o trece minutos, en coloquio con
su misterioso interlocutor. De pronto, siempre en éxtasis, se pone de pie, blandiendo
hacia arriba en su mano derecha un crucifijo –que ella diría después haber sido tocado
entonces por el ángel–, cae nuevamente de rodillas y acerca sus labios al crucifijo con
una extraordinaria expresión de amor.
Luego, Conchita, sin poder darse cuenta en absoluto de lo que había a su alrededor,
sin cambiar para nada la inmovilidad de su rostro ni la fijeza de su mirada, fue dando a
besar el crucifijo a tres personas, precisamente tres franceses: un viejo sacerdote que se
encontraba a su lado, un padre de familia, residente en España desde hacía tiempo, y un
profesor cristiano de Mauléon –Bajos Pirineos– [el padre Pel, el señor Mazure y el señor
Piqué].
Y la cosa resultó sorprendente por partida doble, pues nadie se explica cómo
pudieron llegar ellos cerca de Conchita en aquellos instantes, ni cómo ésta pudo darles a
besar el crucifijo, sin verles y dando de lado a otras personas que estaban más próximas.
Después de signarse y santiguarse con extraordinario cuidado, ella bajó la cabeza y,
sonriente, sin muestra de fatiga alguna, se levantó.

Esta vez no fue Conchita sino el padre Luna quien leería a mediodía del día

176
siguiente, sábado 19 de junio, y antes de que un grupo de franceses saliera del pueblo en
autocar, el mensaje que supuestamente había transmitido San Miguel a la joven, por
entonces de 16 años.
Leyó primero el texto original español; luego lo dio en francés. Otro sacerdote hizo a
continuación la traducción al inglés; y parece que también se dijo seguidamente en
italiano.
El 17 de mayo de 2011, como contribución a los 50 años de los sucesos, Conchita
enviaba al párroco de Garabandal el texto del mensaje, de su puño y letra:

Como no se ha cumplido y no se ha hecho conocer mi mensaje del 18 de Octubre, os


diré que este es el último. Antes la Copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Los
Sacerdotes, Obispos y Cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos
llevan muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia.
Debemos evitar la ira de Dios con nuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras
almas sinceras, Él os perdonará. Yo, Vuestra Madre, por intercesión del Arcángel S.
Miguel os quiero decir que estáis en los últimos avisos.
Pedidnos sinceramente y Nosotros os lo daremos.
Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús.

Es de notar que Conchita suprime el “mucho” que aparece en otras versiones del
mensaje:

Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer…

Plácido Ruiloba comentó en diciembre de 1997 el mensaje del 18 de junio


(http://www.adecabi.org/P/mensaje.htm). Comenzaba tratando de adivinar de dónde
procedía la inclusión de obispos y cardenales a continuación de la mención a los
sacerdotes, ya que esas dos palabras no estaban en el texto que fue leído:

En Garabandal. El pueblo habla –Ediciones Resiac– de D. Ramón Pérez, se


reproduce el mensaje solamente con referencia a sacerdotes, aunque aclara textualmente:
Si el texto leído ese 18 de Junio de 1965 no habla más que de los sacerdotes, se ha
establecido hoy día que se trataba de la tercera copia o redacción del texto original, en
que se mencionaban sacerdotes, obispos y cardenales.

En el libro Dios en la sombra. Estudio de un Teólogo sobre los hechos de


Garabandal, de D. José María de Dios [Julio Porro], también se publica el mensaje solo
con la mención exclusiva de sacerdotes. No obstante, dedica el capitulo 118 de dicho

177
libro a aclarar que algunos testigos presentes, oyeron preguntar a Conchita: ¿los obispos
también? a lo que el Ángel parece que respondió:

Sí Conchita, sí, los obispos y cardenales también.

Ruiloba recuerda la aclaración de Conchita afirmando que “los obispos y cardenales


son también sacerdotes y había creído innecesario transcribir la frase completa”, pero por
su parte asegura que nunca se mencionaron durante el éxtasis y los considera un añadido:

A pesar de ser testigo presencial cercanísimo, en ningún momento del éxtasis se


oyeron las palabras, obispos y cardenales. Además, la única cinta magnetofónica de la
que tengo constancia que existe –en la que no ha habido ningún empeño en hacer
desaparecer, pues he repartido bastantes copias– no reproduce ni con claridad ni sin ella,
absolutamente ninguna pregunta acerca de obispos y cardenales.
Por tanto, si aparecen dichos obispos y cardenales en el mensaje, o en alguna de sus
copias posteriores, quede bien claro que durante el éxtasis no se hace mención alguna a
ellos en absoluto, por lo cual, parece necesario pensar que surgen a posteriori.

Ruiloba refiere a continuación las impresiones del padre Laffineur, que usaba el
apodo de doctor Bonance, sobre el 18 de junio, que transmitió el jueves 24 al obispo y la
comisión de Santander:

Subí a Garabandal con permiso expreso del Sr. Obispo de Santander. Conchita estaba
en cama, enferma, con 39 de fiebre. El jueves, víspera del día de la aparición, le
prescribió el médico aún seis días más de quietud en casa. Durante diez horas seguidas,
el viernes, habéis visto como yo, a esta joven de 16 años, asediada por la multitud,
sonriente, humilde, discreta, incansable, aparentemente curada. Durante el éxtasis en que
estuve junto a ella me dediqué exclusivamente a los exámenes de rigor en esta materia.
Todos los signos externos eran iguales a los de los anteriores éxtasis de Conchita o Loli,
Jacinta y María Cruz. Para mí no hay duda: el éxtasis ha sido sobrenatural como otras
veces.
Evidentemente, Conchita, que vive en su pequeña aldea ignora, en cuanto a su saber
personal, las acciones de gracias hechas hoy día a toda prisa, la desaparición de los
Sagrarios en los altares de las Iglesias, la supresión de los actos en Honor al Santísimo,
de las Visitas, de las adoraciones diurnas o nocturnas, de los Jubileos de las Cuarenta
Horas, de las procesiones públicas, etc., etc.
Pero lo que sí sabe ya, son las reacciones de los sacerdotes del Sector de
Puentenansa, a cuyo Municipio pertenece Garabandal. El primer día dijeron: se trata de

178
nosotros. Al día siguiente eran más: se trata de todos los Sacerdotes. Al tercero o cuarto,
iban –me han asegurado– a protestar ante el Obispo de Santander.
No veo quién podría sentirse ofendido con este Mensaje, y no agradecerlo, lleno de
ternura, a nuestra Madre del Cielo.

Si el primer mensaje de Garabandal, leído el 18 de octubre de 1961, a pesar de que


no pudiera decirse que iba dirigido contra nadie, implicó una respuesta inmediata de la
Jerarquía –la nota del administrador apostólico fechada el 2 de noviembre– para congelar
el entusiasmo en torno a las supuestas apariciones –si es que quedaba alguno después de
aquella tormentosa velada–, a pocos podía caber duda de que un mensaje final que
contenía una alusión directa a muchos de los encargados de velar por la transmisión de la
fe, no iba a quedar sin respuesta.
Para decirlo con las palabras con que me lo resumió el 8 de abril de 2018 el padre
José Ramón García de la Riva, la mención de muchos sacerdotes, obispos y cardenales
“fue para ellos, creyesen o no creyesen, como un baldón [injuria o afrenta]: que la
Virgen no podía venir en ese plan. Y la Virgen tenía que venir en ese plan porque hubo
una gran confusión”, la gran crisis en torno al Concilio Vaticano II y después del mismo,
imperceptible a ojos humanos en aquella aldea, pero cuyas claves de solución pretendía
incluir el mensaje.

179
JUICIOS EPISCOPALES Y NEGACIONES DE
CONCHITA

La situación de la diócesis de Santander al producirse el último mensaje de


Garabandal repetía, curiosamente, la misma interinidad en la que se produjo el primero.
Si en octubre de 1961 regía la diócesis quien había sido obispo auxiliar de su titular, en
espera de nombramiento de quien relevara al fallecido monseñor José María Eguino y
Trecu, ahora era el sucesor, monseñor Eugenio Beitia Aldazábal, quien había dimitido el
23 de enero de 1965 por razones de salud y regía la diócesis en calidad de administrador
apostólico, en espera de sucesor.
En lugar de los 15 días que pasaron entre el 18 de octubre de 1961 y la nota del 2 de
noviembre, esta vez Beitia dejó pasar 19 días –desde el 19 de junio en que se conoció el
mensaje– antes de publicar el 8 de julio la siguiente nota, que aparecería en el Boletín
Oficial de la diócesis, (p. 180-182):

Escribimos esta NOTA por imperativo de nuestro deber Pastoral. El nombre de


GARABANDAL y los hechos que en esa pequeña aldea de montaña de nuestra Diócesis
se han producido durante estos años, han llegado, por todos los medios de comunicación
social, mas allá de nuestra Patria y de nuestro continente europeo.
El Obispado de Santander ha recogido amplísima documentación durante estos años
de todo cuanto allí ha acontecido. No ha cerrado su carpeta en este asunto. Recibirá
siempre agradecido todos los elementos de juicio, que se le remitan. Han sido TRES las
NOTAS oficiales que hasta el momento han aparecido tratando de orientar el juicio de
los fieles. Esta NOTA será la cuarta. Y su conclusión hasta el presente, la misma que las
precedentes. La Comisión, que entiende en la calificación de los hechos, no ha
encontrado razones para modificar el juicio ya emitido, opinando NO CONSTA la
sobrenaturalidad de los fenómenos, que ha examinado cuidadosamente.
En consecuencia procede que esta autoridad diocesana renueve las oportunas
providencias para que artificiosamente no se fomente un ambiente de confusión, por una

180
propaganda masiva al margen de la letra y el espíritu de los sagrados cánones, por medio
de noticias, artículos periodísticos o de revistas, informaciones graficas, reseñas de
itinerarios y otras medidas semejantes.
Suplicamos a todos los fieles cristianos que se abstengan de fomentar con su
presencia en San Sebastián de Garabandal el ambiente creado en torno a estas
apariciones y comunicaciones espirituales, haciendo sin embargo constar que no hemos
encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina, ni en las
recomendaciones espirituales, que se han divulgado en esta ocasión, como dirigidas a los
fieles cristianos, ya que contienen una exhortación a la oración y al sacrificio, a la
devoción eucarística, al culto de Nuestra Señora en formas tradicionalmente laudables y
al santo temor de Dios, ofendido por nuestros pecados. Repiten simplemente la doctrina
corriente de la Iglesia en esta materia. Admitimos la buena fe y el fervor religioso de las
personas que acuden a San Sebastián de Garabandal y merecen el más profundo respeto,
y queremos apoyarnos precisamente en este mismo fervor religioso, para que confiando
plenamente en la Iglesia Jerárquica y en su Magisterio, cumplan con la mayor exactitud
nuestras recomendaciones reiteradamente publicadas.
En cuanto a los sacerdotes, por la especial importancia que su intervención puede
tener, tanto en su forma de activa participación y colaboración en el desarrollo de los
hechos, cuanto en la forma de simple presencia como espectador, PROHIBIMOS de
manera explícita y formal su asistencia sin expresa licencia, particular y en cada caso, de
la autoridad diocesana, declarando que quedan suspendidas, ipso facto las licencias en
esta Diócesis de Santander, para cuantos contravinieran esta nuestra formal advertencia.
La Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio ha tomado contacto con la Diócesis
de Santander para obtener la debida información en este grave asunto.

Lo que Beitia deja para el final podría haber sido el dato más trascendental, pues
según Warszawski el 7 de julio el Santo Oficio habría pedido explicaciones al obispo de
Santander sobre lo que sucedía en Garabandal. Esto obligó –de ahí el “imperativo”
pastoral con que comienza Beitia– a publicar un comunicado en la prensa el 28 de julio y
a que Beitia publicara la propia declaración del Santo Oficio en Diario Montañés el 8 de
agosto de 1965.
Frente a los lógicos temores de un endurecimiento de la situación por el hecho de
que el mensaje de Garabandal mencionase a los pastores de la Iglesia, la nota del 8 de
julio de 1965 suponía una vuelta a la neutralidad –el non constat– de las notas emitidas
por el primer administrador apostólico –26 de agosto y 2 de noviembre de 1961–, que
había sido abandonada por Beitia con la nota del 7 de octubre de 1962.
Beitia va más allá y por primera vez expresa, aunque no en latín, un nihil obstat, es
decir una aprobación que roza la alabanza, hacia el contenido de los mensajes de

181
Garabandal, que considera coherentes con la tradición católica. Hay una contradicción
menor entre no percibir defecto doctrinal y seguir prohibiendo que se haga propaganda
de los mensajes; pero es difícil saber en qué medida tenía que sopesar el obispo su
opinión personal y las indicaciones que pudo recibir de Roma –incluso puede que la
situación fuera al revés, que el obispo mantuviera la postura crítica manifestada en 1962
y fuera Roma quien le pidiera mayor apertura–.
Otro aspecto importante es que, al expresar que no constaba la sobrenaturalidad de
los hechos, esta vez el obispo reconocía que la cuestión –la “carpeta”– permanece
abierta, corrigiendo así los términos empleados en 1962, cuando él mismo descartó de
forma aparentemente definitiva toda posible sobrenaturalidad.
Sabemos que Beitia tuvo manga ancha y que autorizó siempre los viajes de los
sacerdotes bienintencionados, como García de la Riva o Retenaga, y como será el caso
del padre Luna en el momento de emitirse esta nota episcopal, según él mismo relata:

El día primero de julio conseguí entrevistarme con el Sr. Obispo de Santander, D.


Eugenio Beitia, que me concedió permiso para quedarme en el pueblo una semana. El
día 7 volví a pedirle prórroga, que también me fue concedida sin plazo y con el encargo
de atender la parroquia durante mi estancia para que D. Valentín Marichalar no tuviera
que subir los domingos desde Cosío.

Y esa es la razón por la que Luna no acudió al congreso de apicultura en Budapest.


En lugar de estudiar a las abejas, pudo contemplar la dispersión de las videntes de
Garabandal:

A fuer de sincero, confieso que desde el 18 de junio había dado mi adhesión a la


verdad de las apariciones: pero no tenía aún certeza absoluta. Me basaba en motivos
sensibles que no excluían ciertas dudas.
Jacinta y Loli pasaron el curso 1965-66 en Borja, atendidas por las Hermanas de la
Caridad de Santa Ana, cuya provincial de entonces, M. Victoriana Modrego, abonaba
mensualmente los gastos de pensión y extras con tal discreción que solamente la
Superiora, M. Carmen Guatas, supo de qué colegiales se trataba.

Para entonces, y desde el 2 de agosto, ya había sido designado un nuevo obispo para
la sede santanderina: Vicente Puchol Montis. Nació en Valencia –16 de enero de 1915–,
era el hijo mayor de los Marqueses de La Bastida, María de la Concepción Montis y
Moragues y José Puchol i Miquel.
Después de realizar los primeros estudios en su ciudad natal, Puchol estudió en
Madrid Ingeniería de Minas de Madrid, pero dejó los estudios a punto de terminar para

182
ingresar en el Seminario de Valencia, ordenándose sacerdote el 30 de marzo de 1945.
Posteriormente estudió Filosofía en Lovaina y se doctoró en la Universidad Gregoriana
de Roma en Teología.
Fue párroco en Oliva –Valencia– y rector-fundador del Seminario de Vocaciones
Tardías en Salamanca; catedrático de dogmática y director del seminario de Valencia en
1947, y rector del Colegio Sacerdotal San Pío X de Roma entre 1952 y 1954. Asistió a la
Escuela de Perfeccionamiento Pastoral, fundada por el Cardenal Herrera Oria en
Maliaño –Cantabria–.
En 1958, siendo Rector del Convictorio de Valencia, el obispo de Menorca le
encargó dirigir las primeras convivencias sacerdotales en esa diócesis. Hasta su
designación como obispo de Santander, fue secretario de la Comisión Episcopal de
Seminarios.
El 15 de agosto de 1965, fiesta de la Asunción de la Virgen, le consagró obispo en
Santander el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Antonio Riberi.
En agosto llegó a Garabandal el padre Gustavo Morelos, que se quedará tres meses –
regresó a su país el 7 de noviembre–. Por su parte, Luna expuso a Puchol el plan de
formación que para las videntes tenían sus padres:

A finales de agosto me había ofrecido al nuevo obispo de Santander, D. Vicente


Puchol, para ponerle en contacto directo con las niñas. Iban a marcharse a los colegios.
Él llevaba apenas dos semanas en la diócesis. Me dijo que no juzgaba necesario y ni
siquiera prudente conocerlas. Aseguró estar muy enterado y me confió su plan:
encargaba el pueblo a un sacerdote joven y las niñas debían permanecer allí. Le
manifesté que me parecía excelente idea enviar un sacerdote elegido; pero que en cuanto
a las niñas, ni él ni yo teníamos autoridad para disponer dónde debían estar, ya que
Aniceta había autorizado a su hija el ingreso en Pamplona y los padres de Loli y Jacinta
también consentían en que marcharan a Borja. Recuerdo que me preguntó: ¿Por escrito?,
y le contesté: Sí, señor Obispo, sí, por escrito. Tengo firmados los permisos. Mari Cruz
no salió del pueblo aquel año porque sus padres, ya mayores y enfermos, no podían
quedarse solos.

Luna confió al obispo el “secreto” de que estaba gestionando que las niñas fueras
recibidas en Roma por el Papa, a lo que Puchol “sonrió ampliamente, con aquel
optimismo que le caracterizaba”. Según Luna, “hubo filtración de la noticia y los
trámites se entorpecieron” –la filtración solo podría haber sido obra de Puchol– hasta
que a mediados de diciembre una mujer llegó de Roma con una carta del cardenal
Ottaviani, proprefecto del Santo Oficio, que desde el 7 de diciembre se llamaba
Congregación para la Doctrina de la Fe, pidiendo:

183
Con permiso del señor Obispo o sin él, tráigame a las niñas.

Mientras tanto, Conchita predicaba la sumisión a la autoridad de la Iglesia, según una


entrevista realizada el 14 de septiembre de 1965, que cita Ruiloba en su web y en la que
le preguntaron qué decir a los “creyentes de Garabandal ansiosos por difundir el
mensaje”:

− Eso es bueno para la Virgen, que quiere que trabajemos por el mensaje y es su
deseo, pero Ella quiere de nosotros sobre todo la obediencia a la Iglesia, pues esto dará
mayor gloria a Dios. Ella ya dará tiempo para que se extienda el mensaje con el permiso
de la Iglesia.

Ese mismo 14 de septiembre comenzó la cuarta y última sesión del Vaticano II, a la
que asistió Puchol, y que terminó el 8 de diciembre. El 29 de septiembre de 1965 llegó a
Garabandal el jesuita polaco Józef Warszawski y en la noche sale a su encuentro una
mujer que no es otra que Mercedes Salisachs.
Aunque el recién llegado sacerdote trabajaba en Radio Vaticana y Puncernau hablará
de él como de un enviado del Santo Oficio, Warszawski afirmará en su libro que iba por
mera curiosidad milagrera (p. 13):

Quería, al igual que todos los que habían peregrinado durante más de cuatro años,
tocar el milagro; tocar aunque solo fuese el último rastro de sus pasos entre nosotros.
Todo mortal lo desea. ¿Cómo podía yo ser distinto de los demás en algo tan esencial
para la vida del hombre, como es la existencia y la actuación de lo extranatural?

Desde el principio, Warszawski se muestra irónico, más que crítico, al comentar que
en casa de Conchita “sonaba claramente una música alegre y vivaz. Como para una casa
de revelaciones, muy interesante, se me ocurrió maliciosamente”. Descubrió que se
celebraba el cumpleaños de Conchita, a quien quiso entrevistar manteniendo su nombre
desconocido para el resto de los presentes (p. 17).
El 30 de septiembre de 1965, Conchita respondió negativamente a todas las
preguntas que el jesuita traía aprendidas en español –lengua que no hablaba pero
comprendía relativamente– desde Madrid, menos la última, y que dan a entender que el
propósito de Warszawski era examinar a Conchita en su supuesta fantasía (p. 19):

− Y antes de estas visiones de la Virgen, no tuviste otras visiones? ¿Y podrías tú


misma provocar visiones semejantes? ¿Ya no las tienes de esta clase? ¿No volverás a

184
tenerlas nunca?

Solo a esta pregunta contestó Conchita que no lo sabía “ya que aquello no dependía
de ella, sino de la Virgen” (p. 20).
Cuando le preguntó si podía ser el diablo causante de las visiones, contestó Aniceta:

− Oh, no, Padre… Yo también pensaba así, pero enseguida pedí que me aconsejaran
qué hacer, y me aconsejaron: El diablo no teme a la Cruz, pero sí al agua bendita. Así
que cuando Conchita entró en éxtasis cogí un vaso de agua bendita y la vertí sobre ella;
pero no sucedió nada.

Por entonces ya no estaba el padre Luna en Garabandal, sino el nuevo párroco


Amador Fernández González, de unos 30 años (p. 22):

El obispo de Santander observaba una actitud negativa respecto a los hechos, y esa
fue la razón de enviar a un sacerdote joven en sustitución de don Valentín, limitándole
en sus funciones.

Siguiendo las normas vigentes desde el principio de las apariciones, el cura prohibió
decir misa a Warszawski (p. 23):

Me indicó un impreso expuesto en la sacristía. Yo le hice observar que la firma de la


prohibición no era la del obispo actual, sino la de su predecesor.

Pero por no causar problemas, el polaco se resignó. Aunque ese día no consiguió
hablar a solas con Conchita, recogió una serie de testimonios. Como el del chófer de una
de las señoras presentes, llamado José, que había visto levitar a Conchita (p. 27):

Esta niña Conchita tenía entonces unos 11 o 12 años. La vi en éxtasis tumbada en el


suelo. ¿Qué podía entender un hombre simple como yo de todo aquello? En la cara de
los que me rodeaban veía arrobamiento y fe. Pero yo no era como ellos. De pronto se me
ocurrió una idea: Ya que está aquí, me dije, mira a ver si es verdad que esta niña no está
tumbada en el suelo, como creen todos, o sí lo está.
Así que me agaché y pasé la mano –me mostró su mano derecha, un verdadera
manaza– por debajo de ella. Era de noche y los demás no se dieron cuenta. Como si me
hubiera quemado, retiré la mano: No está tumbada sobre el suelo, me dije. Pero aquello
me parecía imposible; después de un rato, cuando me pareció que nadie me miraba, me
agaché otra vez y volví a pasar la mano por debajo, pero esta vez lo hice muy despacio,

185
desde la cabeza a los pies. ¡No tocaba el suelo!
Me estremecí y me dije: Puesto que no está tumbada, sino suspendida en el aire, voy
a ponerla de pie.
Me situé al lado de su cabeza y –era pequeña– la cogí de los hombros y, ¡aúpa! No lo
pude creer. ¡No se movía! Me preparé para intentarlo por segunda vez; afirmé bien los
pies y empecé a tirar de ella con todas mis fuerzas.
¿Creerá usted, Padre, que no pude moverla ni un centímetro? Me puse de pie, estaba
sudando. Contemplé a la niña tumbada en éxtasis. No podía quitarle los ojos de encima.
Y entonces me dije una y otra vez: Esto no lo hace la niña por sí misma.

Una de las mujeres presentes, la condesa de Juncadella, persona joven y muy seria, le
contó lo sucedido con una polvera después de que la Virgen la besara (p. 29):

La gente se enfadó. Empezaron a gritar: ¡Qué clase de Virgen es esta! ¡Si fuera una
verdadera Virgen sabría distinguir lo que le ofrecen para besarlo! ¡No es decoroso besar
objetos de lujo!
Una vez pasado el primer enfado empezaron a discutir en grupos y decidieron
ordenar a Conchita que preguntase a la Virgen en la próxima aparición por qué había
besado la polvera y si no sabía lo que era.
Conchita, obediente, aunque no entendía la importancia del asunto, cumplió con lo
ordenado. Cuando la Virgen volvió a aparecerse y pidió objetos para besar, la niña le
preguntó directamente: ¿Por qué besaste esa polvera? ¿Es que no sabías lo que era? La
aparición, en vez de enfadarse, sonrió y contestó con voz agradable: Porque es de mi
Hijo.

Otra señora, mayor y pariente de los Juncadella, contó al jesuita polaco lo que pasó
cuando Mari Loli vertió el agua bendita de “un recipiente” (p. 31):

La muchacha contestó que la Virgen se limitó a sonreír aún más complacidamente.


Entre los asistentes se encontraba una joven judía de unos 20 años. A pesar de que no
era católica, había estado otras veces en Garabandal. Pudo haber sido una coincidencia,
pero el agua arrojada por Mari Loli a la Virgen no cayó directamente al suelo, tal como
debía ocurrir según las leyes naturales, sino que, formando un arco inexplicable, fue a
alcanzar a aquella joven, lo cual admiró a todos. La judía lo consideró como una señal
del Cielo y al volver a su casa, pidió ser bautizada.

No todos los personajes con los que Warszawski se topó en su primer día eran
creyentes incondicionales, así, se encontró con el alemán Alfred Weber (p. 37):

186
Pero incluso él tenía sus dudas y me las confió, esperando la respuesta del sacerdote.

Weber terminaría escribiendo un libro elogiado por Juan Pablo II y cuyas


conclusiones serían distintas a las de Warszawski. El 1 de octubre, por fin, el jesuita
pudo preguntar a a Conchita por su vocación religiosa (p.38).

Entraría en el convento ahora mismo, sino que mamá no me deja aún, porque dice
que soy muy joven y que la vocación tiene que ser madura; pero me ha prometido que el
año que viene sí me dejará.

Con toda naturalidad la joven relataría al polaco cómo el ángel les llevaba al lugar
donde estaban plantados los nueve Pinos (p. 43):

Sí, pero nosotras no lo sentíamos, aunque dicen que a veces incluso corríamos. A
veces el Ángel nos hacía volver atrás. Primero nos llevaba arriba, luego hacia abajo,
después a un lado del camino o a través del pueblo hasta la iglesia, y luego de nuevo
arriba. Nosotras no nos cansábamos nada, la gente sí.

Sin embargo, quedaba claro que llamar la atención no era un valor para Conchita,
según lo que respondió cuando Warszawski le preguntó por qué haría eso el ángel (p.
44):

No lo sé. Tal vez para hacer penitencia.


Este es el árbol de las apariciones. Yo siempre me ponía aquí. Y fue aquí donde se
nos apareció la Virgen. Aquí mismo nos enseñó a rezar con devoción el Padrenuestro, el
Avemaría y todo el Rosario. También era aquí donde le entregábamos objetos de
devoción para que los besara ,y también las cartas escritas a la Virgen y desde aquí
bajábamos al pueblo las cosas que había besado la Virgen.

Warszawski tenía que irse a Madrid y tratando de sacar provecho de cualquier


anécdota, refiere cómo le chocó que Conchita aceptara bromas, en concreto de uno del
pueblo que le tiró el sombrero y dijo a la niña: ¡Eres un diablo! (p. 45):

Vaya contraste, me dije. ¡En la misma hora comportarse de forma tan diferente:
hablar de visiones y gastar bromas! ¡Pero así es la vida!

El polaco preguntó a Conchita por “la gran señal”, es decir, el Milagro (p. 46):

187
Será más grande que la de Fátima. Lo ha dicho la Virgen. Tendrá lugar un jueves; en
la festividad de un santo mártir que murió por la Eucaristía. También me dijo la hora. Le
he escrito al obispo de Santander diciéndole todo esto, pero él no contesta mis cartas.

Incluso se atrevió a preguntar si faltaba mucho:

− Diría más bien que no.

Y si lo vería el Papa:

Sí, esté donde esté lo verá. Y los pecadores se convertirán y los enfermos curarán. Y
entonces podrán venir aquí los sacerdotes. Todo esto me lo ha dicho la Virgen.

Para sorpresa de Warszawski, Conchita le habría arrebatado la iniciativa


preguntándole:

− ¿Usted cree?

A lo que el polaco respondió que creía en Dios y en lo que dice la Iglesia, y le


preguntó si ella creía en lo mismo que él:

− ¡Oh, sí, Padre! –afirmó enseguida–. Pero también es verdad lo que dijo la Virgen.
Y aún no me ha fallado.

Recaló Warszawski sobre la manida cuestión de los tres papas (p. 47):

La Virgen me dijo que solo habrá ya tres Papas. El actual, Pablo VI, y dos más.
Después no habrá ningún Papa. Sí, me lo ha dicho la Virgen. La Virgen no dijo que
vendrá el “fin del mundo”, sino “el fin de los siglos”.

“Y con esta respuesta di por finalizada mi entrevista con Conchita”, asegura


Warszawski, quien se pasó apresuradamente por casa de Loli, una casa que “servía de
todo: vivienda, alcaldía, taberna y tienda” (p. 48-49):

Era morena, al igual que Conchita. Me pareció psíquicamente muy distinta: callada y
encerrada en sí misma, resultaba más bien tímida en su comportamiento.
La saludé diciéndole que venía simplemente a verla y que Conchita ya me lo había

188
contado todo: que yo comprendía su situación y que había que tener mucho cuidado.
No contestó nada. Se limitó a mirar a todas partes con sus grandes ojos, como si no
supiera qué hacer. Como no disponía de tiempo me despedí de ella y, al salir, expliqué a
sus padres el motivo de mis prisas. Casi corriendo me dirigí a casa de Jacinta, la tercera
de las videntes; estaba muy cerca. Jacinta, que era rubia, me pareció semejante a Mari-
Loli en cuanto al tipo psíquico: igual de silenciosa y retraída. Le dije más o menos lo
mismo que a Mari-Loli y su reacción fue similar. Tal vez se debiera a lo inesperado de
mi visita; se sentían cohibidas en mi presencia, pero aquellas niñas de once años de las
fotografías parecían alegres y desenvueltas.
Al conocer a Mari-Loli y a Jacinta me convencí de una cosa: Conchita era el jefe de
las cuatro videntes. Algo había oído de eso y también lo había leído; ahora lo verificaba
personalmente. Sin embargo, el hecho no disminuía en nada su participación en las
apariciones, sobre todo en nada mermaba su valor moral. Supe más tarde que durante
algún tiempo todas habían llevado cilicios y que, a pesar de ello, aparecían siempre
sonrientes. También se las elogiaba por su laboriosidad. Me enteré igualmente de que
durante las apariciones hubo veces en que no durmieron durante días y días, sin quejarse
nunca.
Mari-Cruz, la cuarta de las videntes, no estaba en Garabandal. Decían de ella: Se ha
hecho más mundana; ha empezado a vestirse; e incluso va a bailes.

En el viaje de regreso, Warszawski (p. 54) compartió coche con Mercedes Salisachs
y con su confesor, el padre Buedo, que estaba “enfadado de verdad” y daba “rienda
suelta a la amargura que le invadía” porque, supuestamente la aparición había señalado
que él debía ser director espiritual de las videntes, y no se había cumplido:

Esto fue hace dos años y no solo no soy su confesor, sino que ni me está permitido
subir a Garabandal. ¿Qué clase de visión es esa? ¿Cómo se puede seguir creyendo?

Así que cuando Warszawski expuso su teoría de que los sucesos extraordinarios de
Garabandal lo mismo podían proceder “de un espíritu del bien o de un espíritu del mal”
(p. 63), Buedo lo vio perfectamente razonable. Un espíritu del mal que se dedica a
predicar la penitencia y el rezo del rosario. En virtud de la existencia de supuestas
profecías ininteligibles, el jesuita polaco tomaba partido por adjudicar Garabandal al
diablo (p. 143):

Los datos siguientes, más importantes, que denuncian en el espíritu de Garabandal al


espíritu de la confusión son sus tres profecías: La gran señal, el número de Papas y el fin
de los tiempos.

189
El 22 de octubre de 1965 Marichu Herrero habló durante dos horas con Conchita,
quien le explicó los tres aspectos proféticos de Garabandal, según puede oírse en un
vídeo publicado por edisluxmundi en YouTube el 25 de septiembre de 2008:

El Aviso es para todos igual. No te sirve de nada meterte debajo de la cama, porque
lo sentirás dentro de ti, tendrás un verdadero arrepentimiento de todos tus pecados, verás
claramente todo el mal que has hecho, te arrepentirás de todo. Y me agarró del brazo y
me dijo: Pero luego vas a querer a Dios muchísimo más. Esto me quedó grabadísimo,
porque lo dijo con una gran alegría, cogiéndome del brazo, como diciendo: Estás de
enhorabuena, todo merece la pena, pasar por el Purgatorio y todo. A continuación digo:
¿Y el castigo? Y responde: ¡Ay, el castigo! Deja el Castigo, porque antes viene el
Milagro. ¡Y eso sí que va a ser!, como diciendo: único. Quitando la Eucaristía, es el
mayor milagro. Esa salvedad la ha hecho tanto ella como su madre. La Eucaristía, el
mayor milagro de Dios; el segundo, el de Garabandal.

Aun separadas y en ambientes colegiales, las jóvenes tuvieron experiencias místicas.


Así Loli dijo haber tenido, el 24 de octubre, una locución en la que “la Virgen le anunció
un periodo de dudas”, según el Diario de Conchita (p. 111):

Ella me ha dicho que tenía que sufrir mucho en este mundo, que tendría muchas
pruebas, que dudaría de todo lo que he visto y que esto me haría sufrir más que todo.

El lunes 8 de noviembre de 1965, Conchita tuvo una locución que se transcribe en la


página 92 de su Diario, en la que la Virgen le habría dicho:

El sábado ven a los Pinos y allí me verás y me traes muchos objetos religiosos y yo
todos los besaré, para que tú los repartas y Mi Hijo por mediación de ellos haga
prodigios.

Ese sábado 13 de noviembre de 1965, estando en la Iglesia, Conchita tiene una


locución que le anuncia la última aparición de la Virgen en los Pinos. El relato de la
aparición está en su Diario (p. 96-99):

Yo estaba con grandes deseos de que llegase ese día, para volver a ver a quien ha
sembrado en mí la felicidad de Dios: a la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos.
Estaba lloviendo, pero a mí no me importó. Subí a Los Pinos y llevaba conmigo
muchos rosarios que hacía poco me los habían regalado para repartirlos, y yo, como me

190
había dicho la Virgen en la locución, los llevé para que los besara.
Subiendo sola a los Pinos iba diciéndome, como muy arrepentida de mis defectos,
que yo no caería más en ellos, porque me daba apuro presentarme delante de la Madre de
Dios sin quitarlos.
Cuando llegué a Los Pinos empecé a sacar los rosarios que llevaba y estándolos
sacando, oí una voz muy dulce, la de la Virgen, que se distingue entre todas, y me
llamaba por mi nombre. Yo le he contestado: ¿qué? Y en ese momento la he visto, con el
Niño Jesús en brazos. Venía vestida como siempre y muy sonriente.
Yo le he dicho:
− Ya he venido a traerte los rosarios para que los beses.
Y Ella me ha dicho:
− Ya lo veo.
Yo traía masticando un chicle, pero cuando la estaba viendo dejé de masticarlo y lo
he puesto en una muela. Y Ella se conoce que ha notado que lo traía y me ha dicho:
− Conchita, ¿por qué no dejas tu chicle y lo ofreces como un sacrificio por la gloria
de mi Hijo?
Y yo con vergüenza, me lo he sacado y tirado en el suelo. Después me ha dicho:
− ¿te acuerdas de lo que te dije el día de tu santo de que sufrirías mucho en la tierra?
pues te lo vuelvo a decir. Ten confianza en nosotros y lo ofrecerás con gusto a nuestros
corazones, por el bien de tus hermanos, porque así estarás más unida a nosotros.
Yo le he dicho:
− Qué indigna soy, oh Madre nuestra, de tantas Gracias recibidas por Vos, y todavía
venir hoy a mí para sobrellevar la pequeña cruz que ahora tengo.
Ella me ha dicho:
− Conchita, no vengo solo por ti, sino que vengo por todos mis hijos, con el deseo de
acercarlos a nuestros corazones.
Y me ha pedido:
− Dame, para que pueda besar todo lo que traes.
Y se lo he dado todo.
Llevaba conmigo una Cruz y la ha besado, y después me ha dicho:
− Pásala por las manos del Niño Jesús.
Y yo lo he hecho y Él no ha dicho nada. Yo le he dicho:
− Esta Cruz la llevaré conmigo al convento, pero no me ha dicho nada.
Después de besarlos me ha dicho:
− Mi Hijo por medio de este beso que yo he dado aquí, hará prodigios. Repártelos a
los demás.
− Claro, yo así lo haré.
Después de esto me ha pedido que le diga las peticiones para los demás, que me

191
habían encomendado. Y yo se las he hecho. Y me ha dicho:
− Dime Conchita, dime cosas de mis hijos; a todos los tengo bajo mi manto.
Yo le he dicho:
− es muy pequeño, no cabemos todos.
ella se ha sonreído.
− ¿sabes, Conchita, por qué no he venido yo el 18 de junio a darte el mensaje para el
mundo? Porque me daba pena decíroslo yo, pero os lo tengo que decir para bien vuestro
y gloria de Dios si lo cumplís. Os quiero mucho y deseo vuestra salvación para reuniros
en torno del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¿Verdad, Conchita, que tú me
responderás?
Y yo le he dicho:
− Si estuviese siempre viéndote, sí, pero si no, no lo sé, porque soy muy mala.
− Tú pon de tu parte todo y nosotros te ayudaremos, como también a mis hijas, Loli,
Jacinta y Maricruz.
Ha estado muy poco, también me dijo:
− Será la última vez que me veas aquí, pero estaré siempre contigo y con todos mis
hijos.
Después añadió:
− Conchita, ¿por qué no vas a menudo a visitar a mi Hijo al Santísimo? ¿Por qué te
dejas llevar por la pereza, no yendo a visitarle cuando os está esperando de día y de
noche?
Como ya he escrito, estaba lloviendo mucho y la Virgen y el Niño Jesús no se
mojaban nada. Yo, cuando los estaba viendo, no me daba cuenta de que llovía, pero
cuando dejé de verlos estaba mojada.
Yo le he dicho:
− ¡Ay qué feliz soy cuando os veo! ¿Por qué no me llevas contigo ahora? Y me ha
contestado:
− Acuérdate de lo que te dije el día de tu santo. Al presentarte delante de Dios tienes
que mostrarle tus manos llenas de obras hechas por ti en favor de tus hermanos y para
gloria de dios, y ahora las tienes vacías.
Y nada más. Se ha pasado ese feliz rato que he pasado con mi Mamá del Cielo y mi
mejor Amiga, y con el Niño Jesús. Los he dejado de ver, pero no de sentirlos.
De nuevo han sembrado en mi ánimo una paz y una alegría y unos grandes deseos de
vencer mis defectos para conseguir amar, con todas mis fuerzas, a los Corazones de
Jesús y de María, que tanto nos quieren.
Anteriormente la Virgen me ha dicho que Jesús no mandaba el castigo para
fastidiarnos, sino para reprendernos de que no le hacemos caso y por ayudarnos. Y el
aviso nos lo manda para purificarnos, para hacernos ver el milagro con el cual nos

192
muestra claramente el amor que nos tiene y por eso el deseo de que cumplamos el
mensaje.
El aviso se verá y pasará en todas partes y lo sentirá cada persona, es como un
castigo. Se verá lo que hemos causado nosotros con nuestros pecados. Yo pienso que nos
vendrá muy bien, pues será para nuestra santificación.

Cuando, a mediados de diciembre de 1965, el padre Luna recibió carta de Ottaviani


pidiéndole que llevara a las niñas de Garabandal a Roma, solicitó a la portadora del
mensaje que leyera la carta al obispo. La copia se entregó al vicario Javier Azagra
Labiano, nacido el 24 de enero de 1923 en Pamplona y sacerdote desde el 23 de julio de
1950, que sería obispo auxiliar de Cartagena desde el 17 de julio de 1970 y titular de la
misma diócesis desde el 23 de septiembre de 1978 hasta su retiro en 1998 –murió el 16
de noviembre de 2014–. Cuando Luna y Conchita regresaron de Roma, el obispo dijo
que no se la habían entregado.
Del 12 al 19 de enero de 1966, Conchita y su madre estuvieron en Roma,
acompañadas por el padre Luna y por Cecilia María de Borbón-Parma –nacida el 12 de
abril de 1935–, hermana de Carlos Hugo de Borbón-Parma (1930-2010), pretendiente
carlista que con toda su familia sería expulsado de España por el gobierno de Franco el
20 de diciembre de 1968.
Conchita visitó al Padre Pío en San Giovanni Rotondo, según el relato recogido en
garabandal.it, aprovechando un día libre antes de la reunión en la Congregación para la
Doctrina de la fe:

Como Conchita tuvo que esperar un día antes de su reunión con el Cardenal
Ottaviani, el Profesor Medi sugirió que, ya que tenían algo de tiempo libre, fueran a San
Giovanni Rotondo a ver al Padre Pío.

La propia Conchita resumió esa visita para la revista Needles en 1975:

Todos estábamos de acuerdo, así que salimos para el Monasterio en el coche


alquilado del Profesor Medi. Llegamos como a las nueve de la noche y nos dijeron que
no podríamos ver al Padre Pío hasta la mañana siguiente en su Misa de cinco.
Antes de Misa, el Padre Luna y el Profesor fueron a la sacristía. El Profesor me contó
más tarde lo que ocurrió allí. Dijo que el Padre Luna había dicho al Padre Pío que la
Princesa de España estaba allí para verle. El Padre Pío dijo entonces al Padre Luna: No
me siento bien y no podré verla hasta más tarde hoy. El Profesor Medi dijo entonces:
Hay otra persona que quiere verle también. Conchita quiere hablar con usted. Padre Pío
dijo entonces: ¿Conchita de Garabandal? Vengan a las ocho de la mañana.

193
Al llegar, fuimos conducidos a un pequeño cuarto, una celda, que tenía una cama,
una silla y una pequeña mesita. Le pregunté al Padre Pío si este era su cuarto y si él
dormía ahí, a lo cual respondió: Oh, no. No pueden ver mi cuarto. Este es un cuarto rico.
En ese momento no sabía la clase de hombre santo que era el Padre Pío, como ahora lo
sé. Entonces yo era muy joven; tenía sólo 16 años.
Recuerdo que tenía el crucifijo besado por Nuestra Señora, y que dije al Padre Pío:
Esta es la Cruz besada por la Santísima Virgen. ¿Quiere besarla? El Padre Pío tomó
entonces el Cristo y lo colocó en la palma de su mano izquierda, sobre el estigma. Tomó
entonces mi mano, que colocó sobre el crucifijo, cerrando los dedos de esa mano sobre
mi mano; con su mano derecha bendijo mi mano y la cruz. Lo mismo hizo con mi madre
cuando ella le dijo que por favor bendijera su rosario, también besado por la Virgen. Yo
estuve de rodillas durante todo el tiempo que estuve ante él. Me tomó de la mano, con la
cruz, mientras que me hablaba.

Luna relata así el examen de Conchita por Ottaviani:

Dos horas y media estuvo Conchita presentando declaración ante tres monseñores de
la Curia Romana. El Cardenal salió varias veces a manifestarnos la buena impresión que
cuanto Conchita decía le causaba. Recuerdo que me dijo y más tarde me repitió:
Traigame a las otras niñas; traigamelas. Si Jacinta y Loli no acudieron a Roma fue
porque se negaron sus respectivos padres; y en su derecho estaban. Aunque también fue
porque alguien influyó en ellos; y no estaba en su derecho. Parecía contento el Cardenal.
Entre la veintena de apariciones de la Santísima Virgen en estudio por entonces allí en el
Santo Oficio, las de Garabandal le parecían molto interessanti.
Al día siguiente, nos dijo que, puesto al corriente el Padre Santo, había manifestado
deseo de recibirnos. Vayan, nos dijo, al Palacio Apostólico y pidan día y hora en la
secretaría de audiencias. Así lo hicimos, pero habían llegado consignas y nos oímos
espetar: El Papa no les recibe; ni les recibirá.

Ottaviani nada podía hacer en un discasterio que no era el suyo. Según R. Pérez (p.
173), Conchita le habría revelado la fecha del Milagro.
Luna agradece en su escrito las gestiones de Cecilia de Borbón-Parma y sobre todo
del profesor Enrico Medi, que al detener la silla gestatoria de Pablo VI durante una
audiencia general el 19 de enero de 1966, permitió que el Papa bendijera a Conchita:

Pablo VI, al corriente de todo y a pesar de los pesares, bendijo a Conchita con estas
trascendentales palabras: Yo te bendigo y te bendice conmigo toda la Iglesia. El Papa
está con nosotros. ¿Qué más podemos pedir si la actuación de muchos, tanto en

194
Garabandal entonces, [como después en algún lugar o momento que borra, dejando el
hueco] fue y sigue siendo tan fatal y desorientadora para los respectivos Prelados?

Luna termina su escrito lamentando que alguien “inventara circunstancias y detalles


falsos de un viaje tan logrado”. A consecuencia de las críticas que por esas falsas
informaciones persiguieron a Luna, este dejó de colaborar con los allegados a las niñas, a
pesar de que el padre Laffineur fuera a Zaragoza “en la primavera de 1967 a pedirme con
fraternal insistencia que me reintegrara al trabajo y volviera a hacerme cargo de las
niñas”. Se apartó de los gestores, pero no de las apariciones:

Ni un instante he dudado de la realidad histórica de las apariciones de la Santísima


Virgen en Garabandal desde la noche del 18 de junio de 1965. Dígalo mi carta notarial
del 16 de octubre de 1968 a Monseñor Cirarda, Obispo a la sazón de Santander. Seguí en
disponibilidad confiada hasta que el Señor, graciosamente, me encaminó desde la
Montaña hacia la tierra que llaman de María Santísima.

Con la última frase, Luna se refiere a su implicación en las supuestas apariciones de


El Palmar de Troya, como veremos. Por su parte, Conchita resumía la experiencia el
último día de enero de 1966:

El viaje a Roma fue muy bien, mejor no cabe; pero me han prohibido decir nada de
lo de allí, así que a obedecer y Dios hará. Todos se han portado muy bien.

Entretanto, apareció un nuevo personaje favorable a las apariciones: El jesuita


navarro Xavier Escalada (Pamplona 1934-México 2006), que hizo avanzar las
investigaciones sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe hasta el punto de que
lleva su apellido el códice de 1548, el documento más antiguo sobre esas apariciones.
En febrero de 1966, junto con el superior general de los jesuitas, padre Arrupe,
Escalada fue recibido por Pablo VI, quien según García Inza, había leído la historia de
Laffineur-Pelletier, las circulares del Dr. Bonance (Laffineur) y el informe de Ottaviani,
comentando a Escalada:

Es necesario dar a conocer esos mensajes.

Al decir Escalada que muchos se oponían, el Papa habría levantado la voz:

No importa, diga a esas gentes que es el Papa el que lo dice, que es urgente dar a
conocer al mundo estos mensajes. Es la historia más hermosa de la humanidad desde el

195
nacimiento de Cristo. Es como la segunda vida de la Santísima Virgen en la Tierra, y no
hay palabras para agradecerlo.

Aunque nadie ha publicado en qué fecha tuvieron lugar tales declaraciones, se


publicaron en una carta firmada por Ramón María Andreu en Valladolid el 13 de abril de
1967. A Lanús (p. 179) se las confirmó una pariente del padre Morelos en México, que
conoció al padre Escalada.
Entre los estudiosos que han hablado sobre Garabandal, René Laurentin, fallecido el
10 de septiembre de 2017, expresaría asombro (p. 244) por “la abundancia de hechos
extraordinarios que tuvieron lugar en Garabandal de 1961 a 1965”. En su diccionario de
2007 hace notar que han sido aprobadas apariciones semejantes por la cantidad de
visiones: Akita (1973-1981), Betania (1976-1984) y Kibeho (1981-1983). De hecho para
Lucas Francisco Mateo-Seco, (p. 133) lo característico de las apariciones
contemporáneas es la “extraordinaria multiplicación de los signos”.
El 21 de enero de 1966 Conchita estaba ya en Garabandal, y el 7 de febrero ingresó
en el Colegio Aspirantado de Carmelitas Misioneras –Vedrunas– de Pamplona. Ese día
cumplía 17 años, y consigue de su madre la promesa de permitirle hacerse monja.
A pesar de su deseo de ponerse a disposición de Dios en la vida religiosa, ninguna de
las videntes llegaría a ser monja. Loli tuvo otra locución, preguntó a la Virgen si debía
hacerse monja y no recibió respuesta.
Al sexto día en el colegio, Conchita tuvo también una locución después de comulgar,
en la que supuestamente Jesús le aconsejó vivir en estado laical. Su texto aparece en el
Diario (p. 107-108):

El Domingo 13 del mes de Febrero en el momento de dar gracias a Dios, después de


Comulgar, he recibido a la vez una grande alegría y a la vez una tristeza mayor y una
desilusión. He oído la voz de Cristo que me decía así: Conchita, tu has venido aquí al
colegio para prepararte para ser mi esposa y dices que a seguirme. ¿No me dices,
Conchita, que quieres cumplir con mi voluntad? Pues tú ahora quieres cumplir la tuya y
¿quieres seguir así toda tu vida? Te he elegido a ti en el mundo para que te estés en él,
enfrentándote con las muchas contrariedades que por Mí hallarás. Todo esto lo quiero
Yo para tu santificación, y lo ofrezcas por la salvación del mundo. Debes hablar al
mundo de María. Acuérdate de que en Junio me has preguntado si serás monja. Te he
dicho: en cualquier parte hallarás la Cruz, el sufrimiento, te lo vuelvo a decir ahora.
Conchita, ¿has sentido Mi llamada para ser mi esposa? No, porque no te he llamado.
Yo le he preguntado: ¿Y cómo se siente tu llamada para ser monja? Y me ha dicho:
No te preocupes de esto, tú no la sentirás. Le he dicho: ¿entonces no me quieres, Jesús?
Me ha dicho: Conchita, ¿tú me preguntas eso? ¿Quién te ha redimido? Cumple mi

196
voluntad y encontrarás mi amor. Examínate bien. Piensa más en los demás, no te
importen las tentaciones; si eres fiel a mi amor, vencerás las muchas tentaciones. Sé
inteligente en lo que te he dicho, inteligente espiritualmente, no te tapes tú misma los
ojos del alma, no te dejes engañar por nadie. Ama la humildad, la sencillez, nunca
pienses que lo que has hecho es mucho, piensa en lo que tienes que hacer y en lo que
debes de hacer, no para ganar el Cielo, sino para el mundo, que cumpla mi divina
voluntad; que toda alma se prepare. Quien tenga su alma dispuesta para oírme, sabrá que
es mi voluntad.
Quiero decirte, Conchita, que antes del Milagro sufrirás mucho, pues habrá pocos
quienes te crean; tu misma familia creerá que les has engañado. Todo esto lo quiero Yo –
ya te lo he dicho–, para tu Santificación, y para que el mundo cumpla el Mensaje. Quiero
prevenirte que el resto de tu vida será un continuo sufrimiento; no te acobardes, en el
sufrimiento, estoy Yo y María, a quien tú tanto quieres.
Yo le he preguntado si en Roma también me dejarían de creer, y me ha dicho:
No te preocupes si te creerán o no te creerán. Yo lo haré todo; pero también te daré el
sufrimiento; quien sufre por mí, yo estaré con él.

Diez días después, el 23 de febrero de 1966, empezó la Cuaresma con la que se


abriría para Conchita el período de dudas más difícil de su vida. Periodo que se habría
agudizado, según el comentarista del Diario (p. 112-113), al comienzo de la Semana
Santa, el 3 de abril de 1966 –Domingo de Ramos–:

Esto comenzó por fuertes tentaciones contra la fe en la presencia real de Jesucristo en


la Eucaristía. Esto no era la primera vez. Pero, al comienzo de la Semana Santa, estas
tentaciones llegaron a ser tan violentas que Conchita dejó de comulgar.
Las religiosas que se ocupaban en la educación de la niña en el Colegio la
persuadieron de sobreponerse a esas tentaciones y volver a la práctica de la Comunión
diciéndole que la tentación en sí no es un pecado. Conchita entonces consintió en
continuar con su práctica de la Comunión diaria, pero entonces principió a sentir como
una fuerza que le impedía acercarse; ella debió hacerse violencia para perseverar.
− Me parecía que me daban simplemente un pedacito de pan.
Estas tentaciones contra la fe fueron seguidas de dudas sobre la realidad objetiva de
sus Visiones. Conchita se preguntaba si no habría sido todo juego de su imaginación o si
hubiera sido víctima de alguna turbación psíquica o mental. En la misma época, Loli y
Jacinta en distintos lugares y a kilómetros de Conchita sufrían el mismo fenómeno
angustioso interior sobre la realidad de sus apariciones.
Estas dudas fueron en aumento en los siguientes meses. Posteriormente, las tres niñas
se encontraron en Garabandal. A mediados del mes de agosto, ellas decidieron ir a

197
comunicar sus dudas y temores al señor cura.

García de la Riva asegura en sus Memorias (p. 64) que cuando Conchita regresó en
vacaciones de Semana Santa a Garabandal, donde se habría encontrado “con Loli que
comienza con sus dudas” –aunque es menos plausible que las dos niñas confiaran el
asunto al nuevo párroco, José Olano, pues este niega haber tenido trato con las niñas–:

Acabadas las vacaciones regresa al Colegio para dar fin al último trimestre del curso.
Trae consigo las dudas sobre las apariciones, en cierto modo contagiadas por Loli. Al
llegar participa en los ejercicios espirituales que dirige un joven sacerdote de la ciudad,
incrédulo como la superiora del Colegio en el tema de Garabandal. Ingenuamente
Conchita abre su conciencia a este cura desconocido que después de escucharla en el
confesonario, le dice: Si no prometes decir en el pueblo y a los que allí suben que los has
engañado, te rehúso la absolución… Y prohíbe a la niña que hable de sus dudas con su
familia o con personas favorables a Garabandal.

El nombre de este sacerdote lo revela Julio Porro en el libro que publicó bajo el
seudónimo José María de Dios (p. 153):

El otro sacerdote, con más sagacidad que el cura del pueblo, somete a Conchita a la
violencia máxima que pueda hacerse a un alma de Dios: le niega la absolución
sacramental si no niega las apariciones de Garabandal, y desengaña al mundo del
inocente juego que ellas han realizado en Garabandal; así se comportó su confesor en el
colegio de Pamplona, don Emiliano Murillo.

“A mi parecer –me dijo García de la Riva el 8 de abril de 2018– ese capellán desde
luego cometió una grave imprudencia al decirla que no le daba la absolución si no decía
que aquello era mentira. Eso es tremendo”. Según me comunicó el 8 de mayo de 2018
Teresa Alzugaray, del Archivo Diocesano de Navarra, Emiliano Murillo Unciti nacido
en Otazu (Navarra) el 11 de octubre de 1923, fue ordenado sacerdote el 18 de septiembre
de 1948 y falleció el 13 de noviembre de 2005, con 82 años y 57 de sacerdocio.
Por su parte, según las Memorias de García de la Riva, el padre Luis López Retenaga
hizo un nuevo informe para el obispo, el 6 de abril de 1966, sobre la situación de Mari
Cruz, en quien los padres habían hecho imposible seguir el ritmo de las apariciones (p.
225):

Meses antes de la situación confusa que se produjo en enero último, era ya un sentir
bastante común que a esta niña se le impedían las apariciones. Y es que todo signo que

198
tenga su origen en el Cielo no puede venir a destruir la Ley, sino a perfeccionarla. Por
eso, las apariciones no podían sobreponerse a la exigencia de que las niñas obedezcan a
sus padres.

Mari Cruz se aferró con más fuerza que las otras a la versión de que todo habían sido
bromas de Conchita:

Se lo inventó todo Conchita, que siempre estaba organizando bromas. Lo hizo sin
mala intención, pero se montó tal jaleo que tuvimos que seguir. Yo temía que si decía la
verdad la iban a tomar con nosotras.

Retenaga comprueba que Mari Cruz no es capaz de negar que lo que experimentaron
no era artificio:

− Más de una vez, después de los éxtasis, el señor Párroco, con otros sacerdotes y
algunos médicos os han tomado declaración a las cuatro, una por una, separadamente;
todas coincidíais con exactitud en los detalles que dabais acerca de la visión. ¿Cómo
explicas esto, si ahora dices que no has visto nunca a la Santísima Virgen?
–Silencio total–.
− Si no has visto a la Virgen, como dices ahora, entonces las cuatro os pondríais de
acuerdo para fingir aquellos falsos éxtasis, y ensayaríais muchas veces, para hacerlo tan
bien como lo hacíais, ¿no?
− No, señor, nunca hicimos eso.
− Bien. Otra cosa: ¿Has tenido miedo de ir a la cárcel por decir mentiras?
El rostro de la niña se contrae en una risa nerviosa y prolongada; al fin, dice:
− Sí, señor... Nuevos titubeos, y concluye, con visibles ganas de evadirse:
− Yo tenía miedo, porque decía mentira y nos podían descubrir.

En el momento (4 de mayo de 1966) en que la revista Por qué publicaba una


entrevista de Juan Poch Soler con el doctor Ricardo Puncernau, seguramente este
desconocía lo que le pasaba a Conchita, pero era otro ejemplo de que las dudas asaltaron
incluso a las personas que habían visto muy de cerca los sucesos:

Cuando Conchita me decía: ¿Todavía no cree, doctor?, yo le contestaba: Cinco


minutos sí, cinco minutos no.
− ¿Qué dice ahora?
− Mire, yo creo que tal y como dice la niña, lo mejor es cumplir el Mensaje que han
dado, que en esto sí que no hay ningún mal, porque en el fondo es puro Evangelio. Y

199
esperar. Garabandal, como dice Sánchez-Ventura en su pequeña pero magnífica
biografía, está puesto en un callejón sin salida. Está anunciado un gran milagro del que
quedará constancia y en el que habrá curación de enfermos humanamente incurables,
conversión de los incrédulos, fenómenos superiores todavía a los de Fátima, visibles por
todos los que estén allí. Si esto ocurre, si llega el milagro y lo puedo comprobar, o tengo
motivos suficientes para creerlo, entonces creeré cinco minutos sí, y cinco minutos
también.
Y así terminamos la entrevista con el Dr. Puncernau, que nos da la impresión de que
sabe más de lo que dice y cree más de lo que aparenta.

Poco después, el 18 de junio de 1966, el doctor Puncernau impartía una conferencia


pública sobre Garabandal en el Palacio de la Música de Barcelona, que titulaba “El
esquema científico-médico” y cuyo texto publicaría en un folleto en 1968. Analizaba en
ella varias hipótesis para explicar con la ciencia humana los sucesos de la aldea cántabra,
empezando por la “Primera hipótesis: simulación consciente” (p. 12):

No se ve posible, si se examinan los hechos en conjunto. Estos fenómenos duraron


más de año y medio, con una gran profusión e intensidad. Hubo veces en que algún
estado extático o de trance duró unas siete horas.
La transformación de las niñas durante los éxtasis es inimitable. El cambio
simultáneo de expresión emocional de la cara, en décimas de segundo y con la misma
exactísima expresión, descarta la posibilidad de simulación, por más ensayos que
hubieran hecho. Nadie acepta, ni siquiera los que no creen, la simulación. Es curioso el
hecho de que las únicas que aceptan o por lo menos lo dicen, esta solución, son algunas
de las niñas, cuando han negado la autenticidad de sus visiones. Dicen que se lo hacían
venir ellas mismas. Una ha hablado de intervención diabólica. No de que su visión fuera
el demonio. Sino que había intervenido, o que estaba interviniendo todavía.

La segunda hipótesis explicativa que presenta Puncernau es la “Simulación


subconsciente” o “Histeria clásica”, que pudiera suponerse presente cuando hubo
choques o caídas (p. 13):

La cabeza de la niña rebotaba de una manera escalofriante contra los pedruscos del
suelo. Sin embargo, la niña se levantaba suavemente sin perder el estado de trance, y sin
el más leve síntoma de dolor o susto. (…) La luz potente de los flashes, que
normalmente produce un movimiento rápido de oclusión palpebral, no produce ningún
cambio en las niñas a pesar de que, como hemos dicho, los reflejos pupilares son
normales.

200
En los éxtasis de las niñas de Garabandal había, según Puncernau, algunas posiciones
similares a histeria charcotiana:

Sin embargo no se producía un verdadero “arco de círculo”. Por lo menos yo no lo


he visto nunca.
La forma de desarrollarse los trances es con ausencia de tempestad de movimientos y
cambios espasmódicos. No hay tampoco el condimento desagradable de llantos,
suspiros, dramas o beaterías patéticas.
La vuelta a la normalidad es instantánea. El rostro de las niñas es sonriente, apacible.
Todo transcurre con una especie de orden y de calma serena.

Anota el psiquiatra catalán que la musculatura de las niñas en éxtasis recordaba la


“flexibilitas cerea”, pero con aumento de la elasticidad muscular. También era chocante
el hecho de que las niñas, que supuestamente contemplaban la misma visión, no miraban
al mismo sitio:

Hay que hacer notar que en realidad se trataría de visiones internas o intelectuales.
Aunque se les tape los ojos, ellas continuarían teniendo exactamente la misma visión.

Otro dato interesante era que las visiones no dependían de que hubiera público para
verlas, ni del deseo que las niñas tuvieran de experimentarlas (p. 14):

Los éxtasis se inician con frecuencia en momentos en que la atención del público se
ha relajado y han abandonado el lugar. A veces se ha encontrado a una sola niña, en
estado extático, sola en el monte.
Es de observación clara también que las niñas desean tener la visión. Sin embargo,
esta no viene cuando ellas quieren, sino cuando viene.
Las niñas no defienden con argumentos sus aseveraciones; se limitan a decir y a
repetir que la Virgen se lo ha dicho. Aun en casos en que sería relativamente fácil buscar
una explicación que las hiciera quedar bien, en algún supuesto hecho contradictorio. Es
decir, en general, la vidente dice lo que sabe, aunque a veces no sabe exactamente lo que
dice.
Todo este contenido y manera de ser apartan estos hecho y a las niñas de la típica
neurosis histérica y de la personalidad histérica.

Pasa entonces Puncernau a estudiar una “Tercera hipótesis: alucinación” (p. 15):

201
Nos encontraríamos que solamente habría un trastorno de la percepción muy grave y,
en cambio, el resto psíquico de las niñas normal. Las alucinaciones complejas en las
psicosis acostumbran a ir siempre acompañadas de deteriorización psíquica global.

Contrasta el psiquiatra el caso de las niñas de Garabandal con los intentos de


hipnotizar a tres o cuatro niñas para hacerles sentir visiones agradables o desagradables:

La expresión emocional de la cara era parecida. Pero ni se conseguía su identidad, ni


su simultaneidad, al revés de lo que ocurría en Garabandal.
El estado extático, en definitiva, es lo que podríamos llamar reverso del estado
hipnótico.

Según Puncernau, el éxtasis saca de la conciencia hacia afuera, mientras la hipnosis


lo vuelve hacia dentro; apunta el éxtasis hacia el meta-consciente, la hipnosis hacia el
sub-consciente; en la hipnosis hay inmovilidad, inexpresividad, en contraste con la
vivacidad de la expresión en los éxtasis de Garabandal:

Por otra parte, es imposible, de un manera natural, en un grupo de cuatro personas,


ver entrar y salir en el mismo fenómeno instantáneamente y verlo reproducirse
exactamente al mismo tiempo, durante el mismo tiempo y con las mismas variaciones
simultáneas. Nos encontraríamos con un fenómeno de tal manera inexplicable que,
según el doctor Etienne de Greef, habría derecho a pensar en un milagro.

La cuarta hipótesis por la que se pregunta Puncernau es la “Histeria profunda con


obnubilación histérica autohipnótica”, una sugestión creada por una vivencia de
culpabilidad, que dice es improbable en este caso, como lo sería lograr no ya que un niño
entrara en un trance extático por querer ver a los Reyes Magos, sino que eso le sucediera
a cuatro a la vez.
Por último examina Puncernau tres hipótesis: la heterohipnosis, imposible por lo
largo de los acontecimientos, que hubiera hecho imposible prever las variaciones
circunstanciales. Le sigue como sexta hipótesis la de una psicosis, que considera haber
descartado en explicaciones anteriores, y la séptima hipótesis es que fueran hechos
parapsicológicos. En este punto dice que puede ser, pero no define en qué consisten. En
definitiva y a modo de conclusión, escribe Puncernau (p. 17):

La verdad es que no se encuentra una explicación científica natural que abarque el


conjunto de todos estos extraordinarios fenómenos.

202
Terminado el curso en Pamplona, Conchita vuelve a casa y el lunes 4 de julio de
1966 escribe al padre Morelos y se atreve a comunicarle que, por la emoción del ingreso
en el convento, dio al padre Ramón Andreu el crucifijo besado por la Virgen que le
había prometido, pero no le dice nada sobre la voz que le recomendó no entrar en el
convento y que echaba por tierra su proyecto de entrega a Dios:

No sé si le daré un pequeño disgusto, pero ha sido a mi pesar. Cuando llegué al


colegio me acompañó el P. Andreu, y me ha dicho si le regalaba algo besado por la
Virgen y no tenía nada más que el Cristo, [se lo di] emocionada con mi entrada en el
convento, que no me importaba nada más que servir a Dios.

Ante las dudas de Loli y Jacinta, el 10 de agosto de 1966 el jesuita Lucio Rodrigo
escribía desde Comillas a José Ramón García de la Riva (Memorias, p. 227) una carta
con el ruego de que se la diera a leer al padre Ramón María Andreu, en previsión de que
también Conchita terminara por negar lo vivido. Morelos reproduce una versión
ligeramente distinta en el Diario de Conchita (p. 117-118), donde da por supuesto que,
aparte de Mari Cruz, en ese momento “Loli y Jacinta llegaron al momento álgido de sus
dudas”:

Por lo tanto, si nuestras conclusiones y nuestra creencia en la sobrenaturalidad de los


fenómenos de Garabandal no se han fundado sobre lo que las niñas han dicho en la
época de las Apariciones, sino sobre los hechos concretos y reales constatados por mí y
por otros muchos testigos, atenuarlas simplemente por lo que en la actualidad o en estas
Apariciones nadie tiene razón de destruirlas o aún de [lo que en] el futuro puedan las
niñas decir. Ellas estarían en una ilusión, pero no nosotros.

El 15 de agosto de 1966 también Conchita lleva a cabo una negación parcial de las
apariciones. Para unos sería la única forma de recuperar la paz, ante la presión a que fue
sometida por Emiliano Murillo en Pamplona. Pero la versión del párroco José Olano
Ortiz es diferente.
Ordenado sacerdote en 1964, Olano era natural de Cerdigo, cerca de Castro Urdiales,
y su primer destino como sacerdote fue Polaciones. El obispo Puchol le encargó ir a San
Sebastián de Garabandal, donde estuvo cuatro años, pasando después a Tanos, cerca de
Torrelavega, donde trabajó durante dos años, para ser después formador durante un
quinquenio en el seminario de Corbán. De allí pasó a Roma, donde durante cuatro años
estudió psicología de la educación. Luego fue párroco de Montes durante 16 años y por
fin en la parroquia santanderina de Santa Lucía. Fue vicario episcopal durante 20 años y,
después incluso de su jubilación, permaneció como delegado diocesano de Cáritas, cargo

203
que desempeñaba cuando lo entrevisté el 3 de marzo de 2018:

De Garabandal se sabía que empezó en el 61, pero yo no fui nunca ni tuve interés en
conocerlo, [salvo] por obediencia al obispo que me encargó que las cosas tuvieran un
orden, que no se propagaran porque ya la Iglesia a través del obispo anterior había
hablado y había dicho que allí no había nada sobrenatural y había que mantener una
cierta coherencia en lo que se refiere a la vida de la parroquia y evitar que se hicieran
propagandas que no correspondía con lo que la Iglesia estaba pidiendo.

Como se ve, las instrucciones manifestadas por Puchol a Olano se correspondían con
la nota del 7 de octubre de 1962, pero no con la del 8 de julio de 1965. Dejemos sin
embargo que continúe su relato el sacerdote:

Me sorprendió [el encargo] por ser cura joven [que prefería un lugar más dinámico],
pero estuve allí como párroco, conecté con la gente del pueblo, no tuve ningún
problema, con la juventud es con la que más trabajé, quedé satisfecho desde ese lado.
Era una época, 65-66, [en la que] en los pueblos no había televisión, hicimos, por mi
iniciativa, un teleclub que todavía está allí, cerca de la iglesia, teníamos obras de teatro,
actuaciones, con la colaboración de la gente, pusimos la televisión, que entonces solo
había en alguna casa aisladamente. Hubo un vacío, cuando murió el obispo [en mayo de
1967 y después] vino Cirarda y dije que mi misión allí había terminado, que quería un
cambio porque siendo sacerdote joven, [prefería] ir a donde pudiera realizarme.
Había terminado porque el obispo que me mandó no existía, el que viene yo le pasé
un informe y decía lo que había hecho según las directrices del anterior y creo que mi
misión estaba ya cumplida. No veía que tuviera que estar ahí más tiempo, en un pueblo
aislado, un cura joven quiere expansión, más actividad que estar ahí de guardia.

Al pedirle que defina cuáles son las pruebas de no sobrenaturalidad de Garabandal,


Olano da singular importancia a las negaciones:

Las pruebas tienen que ser de sobrenaturalidad. Los informes están en el obispado.
No se hace público, la Iglesia no tiene que dar explicación. Ya se dijo. Entre otras cosas
están las propias negaciones de las crías, sobre todo de la principal, la que es la líder, las
otras no pintaban nada.
Si no son las negaciones, ¿cuál puede ser la prueba? Y encima la negación me la dice
a mí, que soy el primero, y me dice cómo han sido las cosas: Lo he hecho yo. Está en el
informe. El milagro de la forma, me explicó que ella fue la que sacó la forma del
sagrario. Entonces le dije: si has sacado la forma del sagrario, tú no vas a comulgar de

204
momento. Me responde: Y qué va a decir la gente. Le digo: Y qué importa qué diga la
gente. Si dices las cosas con sinceridad y con verdad. Para eso no se le presionó. A mí no
me puede decir nadie que yo he presionado a ninguna de ellas. Y menos a Conchita, que
tenía prohibido hablar conmigo.

Al pedirle que concrete cómo fue la negación de Conchita, expone Olano:

Ella fue a hablar conmigo el 15 de agosto [de 1966], que estaba yo con los jóvenes
de la parroquia pasando la tarde. Me extrañó que dijera que quería hablar conmigo.
Como eso lo ha dicho [ella] no falto a [secreto]. Quiso confesarse conmigo, [pero]
cuando vi por dónde iba dije: Confesar no, hablamos, así tengo total libertad para contar
lo que tú me digas, porque si no, no puedo decir nada. Hablamos, me fue contando, yo le
fui tranquilizando: No te preocupes, si dices la verdad no tienes por qué tener miedo,
ahora bien, todo esto que me dices lo tiene que saber el señor obispo, como no está,
porque está de vacaciones en agosto, de momento te digo, [ten] paz y tranquilidad,
porque con la verdad no tienes por qué tener miedo. De manera cautelar, como no podía
aplaudirle, dije: de momento no te acerques a comulgar; y fue cuando me dijo: Y qué va
a decir la gente. Contesté: Hija mía, a ti no te importe lo que diga la gente, tú tienes que
mirar si quieres actuar con honradez y con limpieza, es lo que tienes que mirar.
Cuando vino el obispo se lo conté. La habían llevado a Pamplona, claro, tenía que ser
religiosa, tenía que ser monja porque lo decía el padre Rodrigo, porque lo decía Andreu,
¿por qué? La camarilla que estaba más cerca.

Según Olano, Conchita le habría dado “dos datos más” para corroborar la falsedad de
las apariciones:

Estaban en éxtasis, no oían nada y en un momento dado dice: ¡Ay!, nada más que
llevamos media hora… Ella me dijo que oyó decir que había pasado media hora, dejó
pasar un tiempo y lo dijo. Revela bastante ese dato. Otro dato, conocía a los sacerdotes,
en esa época se iba con sotana, y los conocía aunque no llevaran sotana. ¿Cómo? Dicho
por ella: cuando uno lleva el alzacuellos y se lo quita, le queda una marca blanca en el
cuello, ¿sí o no? Todo eso está dicho por ella y explicado por ella, lo cual quiere decir
que era, y eso es lo que más sorprendió a don Vicente Puchol, una chica muy inteligente,
que dominaba toda la situación y jugaba. Aunque era de pueblo, tenía esas dotes.

Olano facilitó la entrevista entre la vidente y el obispo; el mismo que no quiso que se
la llevaran un año antes, hizo el viaje para conocerla:

205
Yo le dije a ella que tenía que hablar con el obispo para decírselo. El 16 de agosto
bajé a hablar con el secretario y seguramente él llamó rápidamente al obispo. El obispo
fue a Pamplona. Ella se ratificó en lo que me había dicho a mí. No me acuerdo si dijo
que todo fuera falso; dicho de esa forma, que todo se lo hubiera inventado, no. [Dijo]
que no era verdad, que lo había inventado, no que no hubiera visto nunca a la Virgen.
Me contó cómo hizo el mensaje, me parece que lo copió de un calendario, no me
acuerdo de detalles pero está en el informe, lo pasé al obispado y ahí está, no tengo nada
personal de San Sebastián de Garabandal. Imagino que también el segundo mensaje se lo
inventaría pero no me acuerdo. No le di importancia, cumplí mi misión [y no recuerda
más].

Asegura Olano que la Iglesia no está cerrada a las pruebas de sobrenaturalidad, pero
que no se han presentado:

Si hubiera curaciones, la Iglesia lo estudiaría, lo admitiría o lo negaría, pero que yo


sepa no se ha presentado ninguna curación.

En cuanto a si en Garabandal vio aspectos que favorecieran la inclinación a rechazar


las apariciones, Olano asegura que los había, de orden ideológico:

Todo lo que ves, todo lo que rodea, todo lo inmediato no era nada que fuera
favorable a que fuese sobrenatural. Yo era un hijo, como era normal, del Concilio, [y
veía] que todo iba en contra del concilio, todos lo que lo promovían eran contrarios
acérrimos; yo hablaba con ellos y veía cómo pensaban… Lo que el Concilio dice de
libertad religiosa. Yo tenía unas ganas de una Iglesia que fuese otra cosa, más joven, más
viva, y claro, hicimos toda la reforma litúrgica, [partiendo] desde el latín, [cuando era]
todo de espaldas al pueblo, todo el oscurantismo.

Conchita volvió el 28 de agosto de 1966 al colegio de las Carmelitas Misioneras en


Pamplona. El 30 de agosto tuvo lugar la visita del obispo Puchol:

Estuvimos cuatro, el obispo, el vicario general Javier Azagra, que luego fue obispo
de Murcia; don Agapito Amieva, que era vicario judicial, e hizo de notario, iba tomando
nota de todas las cosas que el obispo iba preguntando. Fue el mismo tono familiar, no se
la presionó en ningún momento. Fueron como tres horas más o menos y sé que, de
entrada, la superiora nos dijo: ha llamado la madre, se había enterado que íbamos, y
[dijo] que no permita hablar con ella. Pero la superiora, con sensatez, dijo: cómo no, si es
una cosa de este tipo, yo no puedo impedirlo. Conchita ya tenía 18 años.

206
En realidad Conchita no cumplió los 18 años hasta el 7 de febrero de 1967, y aún así
civilmente no tuvo la mayoría de edad hasta los 21 años, en 1970. Pero Olano reconoce
que no se consideraban obligados a pedir permiso a la madre:

Porque es el obispo y es un tema [de su incumbencia]. No se planteó si era mayor de


edad.

Enterada Aniceta de que se habían desobedecido sus órdenes, subió a un taxi junto
con su hijo Serafín y fue a recoger a Conchita al colegio de Pamplona, al que nunca
volvería.
Según Félix Ochayta Piñeiro (canónigo magistral de la catedral de Sigüenza,
fallecido el 30 de julio de 2015; en su estudio de 2001, p. 22), Puchol entrevistó cinco
veces a las niñas, los días 2, 7 y 27 de septiembre y el 11 de octubre; creyó de buena fe
que con su negación de haber visto a la Virgen hacían una “retractación espontánea” y
así se lo comunicó por escrito al estudioso de apariciones René Laurentin, que lo
menciona en su libro de 1999 (p. 243).
Por el contrario, Saavedra en su obra de 2015 (p. 244) afirma que “hoy poseemos
datos que permiten afirmar que aquellas retractaciones estuvieron lejos de ser
espontáneas”. Uno de esos datos pueden ser las amenazas referidas, según García de
Pesquera (2004, p. 302) por Jacinta:

Si no negábamos, nos dijeron que nos descomulgaban.

Conchita, en cambio, según el comentario de Morelos en el Diario de la joven (p.


115), no consideró abusiva la entrevista, que duró siete horas, “dos en la mañana y cinco
en la tarde”:

Conchita quedó muy contenta de la forma como la trató el Señor Obispo. Ella
declaró que todo lo que había escrito en su diario era verdad excepto el hecho de haber
visto a la Virgen y al Ángel.
Ella explicaba todo lo que había hecho durante los años de Apariciones como una
serie de coincidencias asombrosas. Decía también que lo de las llamadas sí eran verdad,
pues recordaba perfectamente su sensación.

Según Morelos, en una entrevista posterior con Puchol en Santander, Conchita “tuvo
la intención de decir al Prelado la fecha del Milagro anunciado” (p. 116-117):

207
Pero, al momento de querérsela decir se le olvidó totalmente y tan pronto como
atravesó los umbrales del Palacio Episcopal, bruscamente la fecha del Milagro volvió
con toda claridad a su mente.
Estas entrevistas de Conchita con el Obispo de Santander se terminaron pidiendo el
Obispo que firmara sus declaraciones. No así los padres de las niñas, quienes algunos de
ellos dijeron no poder firmar tales declaraciones hasta que se les explicase qué cosa
había sido aquellos fenómenos que observaron en sus hijas durante los tres años. Esta
actitud de los padres de las niñas es muy explicable debido a que son gente ruda de
montaña, acostumbrada a ver las cosas con toda claridad.

En cuanto al contenido de las negaciones, Félix Ochayta dice haber visto fotocopias
de las respuestas firmadas por las niñas, la más larga de las cuales sería la de Conchita,
con un máximo de 7 folios:

Reconoce que fue cosa de ellas, pero a veces habla con naturalidad de las visiones,
mensajes… la de Jacinta es aún más titubeante, pues dice que, si no fueron verdad para
las otras, tampoco lo habrán sido para ella.

Como vimos, incluso cuando afirma en el Diario que “dudamos un poco, pero en una
forma de duda que más bien parecía que el demonio quería que negáramos a la Virgen”,
Conchita apostilla (p. 71): “menos las llamadas y el milagro de la sagrada forma, eso sí
era cierto”.
Para quien tenía que juzgar los hechos, se diría que reconocer haber dicho una o
varias mentiras –incluso si una de ellas fuera afirmar la falsedad de las apariciones–,
bastaba para descalificar no solo a las videntes, sino a la supuesta aparición. Así las
cosas, rectificar no serviría más que para confirmar la falsedad, según Olano, que dice no
saber que las videntes se retractaron de las negaciones:

¿Han vuelto a decir [que vieron a la Virgen]? Del 61 al 2002 se puede andar mucho.
No es serio. Yo no he dicho que sea el diablo, [pero] las cosas son serias siempre, no [se
puede decir] ahora una cosa, después otra. Si a los 13 años dice que ha visto a la Virgen
y a los 18 o 19 dice que no, [y luego se arrepiente,] entonces ve a hacer un análisis de la
personalidad.

Olano no sabe siquiera que haya acontecimientos profetizados en el futuro:

Pero ya han pasado, los que eran pendientes en esa época y no se realizaron. La
mayor muestra es el gran milagro del 18 de octubre. ¿Dónde está? Estaba anunciado.

208
El que fuera párroco de Garabandal parece confundir el Milagro futuro con uno
imaginado por quienes esperaban el primer mensaje en 1961; y aporta una anécdota
relativa a una prueba que hizo con Pablo VI para comprobar si se interesaba por aquella
pequeña localidad cántabra, con motivo de la visita ad limina del obispo de Santander en
1977:

Nos recibía el Papa, con nuestro obispo, en audiencia privada, el Papa iba saludando
y cada uno le iba diciendo quién era. Yo quería saber si tiene eco Garabandal; le voy a
decir que soy el párroco de San Sebastián de Garabandal, a ver si hay alguna reacción de
alguna forma. Era una estrategia mía, personal. Pasamos y le dije quién era: párroco de
San Sebastián de Garabandal… ni una mueca. A ver si le sonaba, era una estrategia
psicológica. Ni una mueca.

Olano asegura haber visto a Conchita en Nueva York en los primeros años del siglo
XXI y que nada había cambiado:

En Nueva York se mantenía en eso, lo que pasa es que notaba por otro lado que ella
estaba ya dentro del círculo en el cual se deja querer, pero en Nueva York no se retractó,
reafirmó lo que me había dicho a mí. Hablamos en ese sentido, que se ratificaba en lo
mismo, yo no vi en ella un cambio, pero vi que estaba dentro del juego este de la gente
que la apoyaba y que se sentía a gusto. Yo le dije: eso tienes que seguir manifestándolo,
porque si no la gente está pensando lo contrario; ella decía: Bueno, sí… [Pero.] Se
dejaba querer, yo eso es lo que veía, que ella se dejaba querer, le venía bien.

209
LA ESPERA DEL MILAGRO

En el período entre las entrevistas del obispo Puchol con las niñas y la redacción y
envío del informe diocesano a Roma se produce un milagro, según escribe Julio Porro en
el libro que firma con el seudónimo José María de Dios (p. 156):

El 18 de septiembre de 1966, el niño Alberto Gutiérrez Orena –Prolongación de


Floranes, 71, 5º, Santander–, en un accidente de coche había quedado ciego, sordo y
mudo; curó instantáneamente en el momento de imponerle una medalla al cuello de las
besadas por la Virgen, al mismo tiempo que invocaban exclusivamente el auxilio de la
Virgen de Garabandal de esta manera: Cúrale ahora mismo, para probar al mundo que te
apareciste en Garabandal. En Valdecilla es conocido por el personal del pabellón-
hospital en que estuvo internado como el resucitado.

Quizá el mejor resumen del estado anímico de Conchita tras haber negado las
apariciones, y por analogía posiblemente de las otras videntes, lo haría ella misma en una
fecha indeterminada de “los meses siguientes”, en un texto que recoge García de
Pesquera (p. 302 de la edición de 2004):

Ya solo tengo un deseo: que llegue la fecha del Milagro, no por el mismo Milagro,
sino para ver de una vez si esto es verdad o no. Si ha sido la Virgen, el Milagro se
realizará, porque siempre se cumplió lo que Ella dijo. En cuanto a mí, que se cumpla el
Milagro, que no se cumpla, ya para siempre quedaré mal. ¿Por qué?, le pregunta la
madre Nieves, su guía espiritual. Si la cosa es verdad, por haberme portado mal, negando
y no siendo generosa. Y si no lo es…, pues ¡por todo!

Según Ochayta (volumen V de sus Estudios sobre Garabandal no publicados, p. 4),


Jacinta será la primera en retractarse de las negaciones, seguida por Conchita, Loli y
Mari Cruz.

210
El 13 de octubre de 1966 Conchita escribe a Morelos sobre lo sucedido (Diario, 114),
comenzando por alabar la difusión del mensaje de Garabandal que hacen en México, lo
cual sería contradictorio con pensar que dicho mensaje no era del Cielo:

Ya sé por Víctor Manuel lo que ahí hacen, me parece muy bien, pues todo lo que se
haga por la Virgen, por Dios, o por las almas, está muy bien hecho.
Por dicho señor sé que ya está más o menos enterado de lo que pasa. Yo le diré un
poco, bueno, todo.
A partir del 15 de agosto he sentido unos remordimientos de conciencia, de haber
engañado al mundo de que había visto a la Virgen y era mentira. He sentido deseos de
decírselo a alguien y se lo he dicho al párroco, pidiéndole se lo dijera al Obispo, que
quería también hablar yo con él.
Después de algunos días me he marchado al colegio y a los dos o tres días, llegaron
el Señor Obispo, el Vicario, el Secretario y mi párroco. A todos, mejor dicho, al Señor
Obispo delante de otros tres sacerdotes, le he dicho que todo era mentira, incluso lo he
firmado. Todo esto ha sido porque estaba convencida de que lo tenía que decir, y lo sigo
estando. ¿Qué le parece?

En la postdata dice que probablemente “este lunes me voy a un colegio de monjas”,


pero que no es seguro “porque –en– mi familia no están muy conformes”. En efecto,
ingresó en el colegio de las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza en la calle
Miranda 11, en Burgos, cuya directora, María Nieves García, ofreció a la niña escuchar
sus confidencias y darle consejo, a lo cual se acogió Conchita ese curso e incluso durante
el verano siguiente voluntariamente.
A lo largo de los años, además de mantener la amistad con Conchita, la Madre
Nieves ha recopilado abundante documentación y se ha ocupado de animar a las cuatro
videntes, lo cual ha supuesto en contrapartida que estas le hayan escrito dando
testimonio de su agradecimiento por haber sido testigos de apariciones de la Virgen.
García de Pesquera publica como apéndice de su libro las conversaciones que la
madre Nieves tenía con Conchita, entre el 23 de octubre de 1966 y el 18 de octubre de
1967. Muchas de esas conversaciones contienen referencias a sucesos sin fechar, pero
relevantes. Por ejemplo, la mención que hizo el 1 de noviembre a que las niñas llevaban
cilicio como instrumento de mortificación, pero que la aparición les manifestó que
prefería los sacrificios derivados del cumplimiento de los deberes ordinarios:

Un día, en una aparición de la Virgen, nosotras llevábamos puesto el cilicio, aunque


muy flojo, y para que Ella se diera cuenta de que lo llevábamos –lo teníamos en la
cintura–, nos lo palpábamos de cuando en cuando. Nos dijo: Sí, ya sé que lo lleváis; pero

211
no es eso precisamente lo que pido de vosotras, ni lo que más me agrada, sino la
fidelidad en la vida ordinaria.

En noviembre de 1966, Conchita escribió una carta que cita Morelos en el Diario de
la joven, denominando retractaciones a lo que se viene en llamar negaciones, y
asociándolas con la cruz personal que debía llevar, pues se consideraba sujeto pasivo (p.
117):

Continúo pensando lo mismo respecto a mis retractaciones y acepto todo esto como
una Cruz que me envía Nuestro Señor. Por momentos pienso: si todo esto no ha sido
verdad, entonces no es ni una Cruz, ni nada.

En la Navidad de 1966, el psiquiatra Puncernau habría podido constatar que


Conchita ya no negaba las apariciones, y así terminaba la entrevista que Juan Poch Soler
publicó el 29 de marzo de 1967:

En mi último viaje a Garabandal, esta última Navidad, pude hablar con Conchita. Y
sin ninguna coacción de ninguna clase, de una manera espontánea la niña ya no negaba,
sino que estaba más bien en un estado de confusión, de dudas, que ciertamente no encaja
dentro de ninguna enfermedad.
Finalmente le diré que la niña me repitió espontáneamente también varias veces: Yo
lo he firmado, pero no lo he jurado; yo lo he firmado, pero no lo he jurado.

Morelos anota en el Diario de Conchita cómo la siguiente vez que las vio, en enero
de 1967, tres de las muchachas ya creían de nuevo en las apariciones, como quedó claro
al mostrar a Conchita una imagen que había hecho un pintor mexicano (p. 116):

Al verla, Conchita hizo un gesto de gusto y tomándola en sus manos principió


detalladamente a hacerle al Padre algunas observaciones, por ejemplo: Que no traía
corona, que las estrellas que circundaban su cabeza se iban como entrelazando formando
lo que ellas llamaban corona. Que no traía cíngulo a la cintura, que la cara la mantenía
erguida, que el escapulario lo traía sobre la derecha y en forma de manípulo… Al día
siguiente, el padre Morelos acompañó a Loli y Jacinta a sus respectivos colegios y
teniendo la misma imagen sobre su escritorio, Loli se llegó a él para consultar al Padre:
la tomó en sus manos y le dijo:
− Padre, la Virgen que nosotros hemos visto no traía corona, no tenía la cabeza hacia
un lado, no tenía cíngulo y el escapulario lo traía en la derecha en forma de manípulo.
Estas observaciones hechas por distinta niña y a kilómetros de distancia son una

212
prueba elocuente de que las niñas en pleno período de dudas y negaciones, en su interior
llevan muy bien grabada la Imagen de la Santísima Virgen que captaron sus sentidos, y
en especial su consciencia.

En este punto reproduce Morelos una entrevista con Conchita con la paradójica
afirmación de que ni mentía cuando afirmaba, ni mentía en ese momento al negar, pero
que tenía más paz cuando afirmaba (p. 117):

Pregunta: -¿Cuándo tú decías que veías a la Virgen, mentías?


Conchita: -No, decía la verdad.
P: -¿Y ahora que tú dices que no la has visto, mientes?
C: -No, digo la verdad.
P: -¿Tienes la conciencia tranquila actualmente a este respecto?
C: -Sí.
P: -¿Y cuando tú decías que veías a la Virgen, también tenías la conciencia
tranquila?
C: -Sí, claro que sí.
P: -¿En qué momento de estos dos tuviste la conciencia más tranquila?
C: -Cuando decía que yo veía a la Virgen. Tenía entonces la conciencia
completamente en paz. Ahora, claro la tengo en paz, pero tengo a la vez “algo en el
interior profundo de mi conciencia”.
P: -¿Por qué dices tú ahora que no has visto a la Virgen?
C: -Solo la Santísima Virgen sabe por qué. Ella hace las cosas así…

Mientras tanto, seguían relatándose fenómenos atribuidos a la Virgen de Garabandal.


El padre Lucio Rodrigo contó que un rosario besado por la Virgen al que se había
arrancado una cuenta para enviarla a un enfermo, apareció con la cuenta repuesta. La
carta de Rodrigo lleva fecha del 29 de enero de 1967 y el suceso tuvo lugar en Sevilla el
17 de ese mismo mes, siendo la donante del rosario María Josefa Caballero. El mismo
padre Rodrigo redactó la siguiente reflexión que copia Ruiloba:

Siempre pensé, y creo poder seguir pensando, que el juicio definitivo sobre la verdad
sobrenatural de orden divino de los mensajes de Garabandal debía quedar pendiente de
la realización, o no realización, en el futuro del MILAGRO anunciado por Conchita
como prometido en sus apariciones en confirmación de tal carácter sobrenatural; y todo
ello siempre a salvo de los pronunciamientos de la Iglesia acerca de todo este asunto.

Mientras tanto, confiado en las declaraciones que había tomado, el obispo Puchol

213
anunciaba a la Santa Sede su inmediata intervención, a lo que el 7 de marzo de 1967 le
respondía Ottaviani dando por buena su actuación, en una carta publicada por el
Obispado de Santander en el folleto Declaraciones oficiales (p. 33):

Esta cuestión ha sido examinada y decidida por V.E., no hay razón para que esta
Sagrada Congregación intervenga en ella.

El juicio de Puchol se publicó con fecha 17 de marzo en el Boletín Oficial de la


Diócesis, (I-III, p. 35):

En los días 30 de agosto, 2, 7 y 27 de septiembre y 11 de octubre de 1966, Nos


mismo, acompañado del Sr. Vicario General, del Provisor del Obispado y del Párroco de
San Sebastián de Garabandal, y a petición de las interesadas, hecha al referido Párroco,
hemos procedido a tomar declaración a Conchita González González, Mari Loli Mazón
González, Jacinta González González y Mari Cruz González Madrazo, sobre los hechos
acaecidos en San Sebastián de Garabandal, a partir del día 18 de junio de 1961.
De las declaraciones de las interesadas resulta:
1. Que no ha existido ninguna aparición, ni de la Santísima Virgen, ni del Arcángel
San Miguel, ni de ningún otro personaje celestial.
2. Que no ha habido ningún mensaje.
3. Que todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen explicación natural.
Al dar la presente Nota no podemos menos de felicitar al Clero y fieles de la diócesis
de Santander, que en todo momento y con filial obediencia han seguido las indicaciones
de la Jerarquía. Lamentamos que este ejemplo no haya sido seguido por otras personas
que han sembrado con su imprudente conducta la confusión y la desconfianza hacia la
Jerarquía, impidiendo con una tremenda presión social que lo que había comenzado
como un inocente juego de niñas pudieran desvanecerlo las mismas autoras.
Una vez más es bueno recordar que los verdaderos mensajes del cielo nos vienen a
través de las palabras del Evangelio, de los Papas y Concilios y del Magisterio Ordinario
de la Iglesia.

La publicación de la nota episcopal se vio reforzada por dos artículos de prensa que
el obispo ordenó publicar, según revela Ed Kelly en su libro de 2017 (p. 282). Se trataba
de un artículo del 21 de marzo de 1967 en El Diario Montañés y otro del 9 de abril en
Gaceta Ilustrada:

Ambos llevaban la firma del reportero santanderino Julio Poo San Román, quien,
cuando yo le mostré esas afirmaciones contradictorias, me dijo repetidamente que él no

214
había escrito los artículos, que lo hizo el obispo, y que el obispo le dijo que los firmara.

Kelly supone que el precio de no haber firmado habría sido para Poo San Román
perder su empleo, y enumera algunas contradicciones. Según Gaceta Ilustrada, para
fabricar los mensajes, las niñas se encerraban escribiendo varias versiones hasta dar con
la correcta. El del 18 de octubre de 1961 habría tenido cuatro versiones. En cambio, en
El Diario Montañés se afirmaba que Conchita escribía sola los mensajes, en la escuela.
Para la comunión visible, Gaceta Ilustrada suponía que Conchita fabricó una forma
y se la colocó en el cielo de la boca, tapando esta con un crucifijo, y en el momento
adecuado no tuvo más que sacar la lengua con la forma. La explicación de El Diario
Montañés era distinta.
Puchol, que aun pudo visitar San Sebastián de Garabandal para impartir el
sacramento de la Confirmación, falleció el día 8 de mayo de 1967 en accidente de tráfico
en la carretera de La Coruña, regresando de Madrid. Según el relato de Agapito Arrieva
en La Vanguardia, se durmió al volante. En ABC precisaron (10 de mayo, p. 84) que el
arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, visitó la capilla ardiente antes del traslado de
los restos mortales a Santander.
La Madre Nieves me relató el 1 de abril de 2018 la reacción de Conchita al conocer
la muerte de Puchol:

Estando conmigo en Burgos, vino Sánchez-Ventura:


− Vengo a darte una noticia.
Vi que ella se quedaba triste, callada, le cayó una lágrima y en voz baja dijo:
− Ahora se habrá enterado.

Poco después, el citado Sánchez-Ventura llevó a cabo el proyecto de dedicar una


capilla a San Miguel, aunque no fue en los Pinos, donde supuestamente lo había pedido
la aparición, sino en la “campuca” a media altura, en la que Mercedes Salisachs había
comprado un terreno.
El escritor zaragozano reseña la inauguración, el 29 de septiembre de 1967 con un
folleto conmemorativo. Para no contradecir la prohibición episcopal de rezar o celebrar
ceremonias allí, los congregados se fueron a rezar a los Pinos:

En el pasado mes de agosto, una vidente situada a muchos kilómetros de distancia y


que nunca había oído hablar de Garabandal, recibió determinadas instrucciones, mientras
vivía los fenómenos místicos de la Pasión de Cristo, para transmitir a ciertas personas la
necesidad de levantar la capilla.
El día 23 de septiembre colocaron la primera piedra y el 29 del mismo mes,

215
festividad de San Miguel, quedó inaugurado el edificio. Como el día 24 fue domingo, en
realidad la capilla se construyó en el plazo record de cinco días.
Desde Barcelona llevaron la imagen bendecida del Santo en un autocar con cincuenta
peregrinos, y otras muchas personas acudieron en automóvil desde diferentes puntos de
España y del extranjero. A las tres de la tarde se inició desde Cosío la subida penitencial.
Rezando el rosario llegó la procesión al pueblo y trepó por la pendiente hasta los Pinos.
El Obispado de Santander había enviado, previamente al cura de Garabandal, un
oficio donde se decía en términos textuales: “Prohibimos en ese edificio toda clase de
culto y que si no obstante pese a nuestra prohibición se celebrare en él algún acto
piadoso, como sería el rezo del Santo Rosario, lo consideraremos como desobediencia
formal a lo dispuesto por Nos y que los que así obren se atendrán a las consecuencias
jurídicas que de su desobediencia se les puedan seguir”.
El Oficio fue leído y difundido a través de un micrófono por el Párroco del pueblo,
desde las escalinatas de la nueva capilla. Y todos los peregrinos, que habían pasado la
noche en viaje, alimentándose con bocadillos y que llegaban cansados del esfuerzo que
representaba la ascensión a pie por el duro camino de Garabandal, obedecieron
puntualmente , sin manifestar su disgusto y, colocando la imagen de San Miguel en su
pedestal, continuaron su ascensión hasta los Pinos. Allí pronunció unas palabras el señor
Sánchez-Ventura y otras el señor Miranda, leyéndose después los exorcismos a San
Miguel redactados por el Papa León XIII. Seguidamente se rezó el primer Rosario ante
el cuadro de la Virgen de Garabandal, que ha sido pintado siguiendo las indicaciones de
las videntes. Y se organizaron turnos entre los peregrinos para rezar el Rosario
ininterrumpidamente hasta las once de la noche. A dicha hora comenzaron las siete
Horas Santas, una por cada año que componen la historia de estos supuestos hechos
milagrosos. Y a las seis de la mañana, se organizó, como colofón de la función religiosa,
el Rosario de la Aurora, que acabó ante las puertas cerradas de la iglesia.

En la página 6 de ese folleto aparece Sánchez-Ventura con Salisachs, Conchita y


algunas monjas. El escritor dirigió una oración a la Virgen (p. 11-12):

Madre, gracias por haber venido y por manifestarte dispuesta a escuchar nuestras
pobres oraciones. Quisiéramos aprovecharnos de tu sorprendente presencia entre
nosotros para pedirte muchas cosas; para pedirte en primer lugar por todos los aquí
reunidos, pobres pecadores, por nuestros intereses espirituales y materiales; para pedirte
que no cejes en tu apostolado y tengas paciencia ante el escepticismo, la indiferencia y la
actitud fría y resistente, adoptada por muchos de tus hijos frente a tus mensajes de
salvación;

216
También intervino un personaje apellidado Miranda, presidente del centro
Garabandal de Barcelona, quien reconoció que iban desanimados al darles cuenta en
Cosío de la prohibición, pero se les hizo la luz al saber que podían rezar en los Pinos (p.
22):

Esta noche debe ser histórica. Esta noche venimos por primera vez a Garabandal un
grupo de españoles en viaje de penitencia y oración. No venimos a hacer fotografías, ni a
coleccionar autógrafos, ni a entrevistar a las videntes, ni a traer regalos a las niñas.
Venimos a regalar a la Madre. Venimos a obsequiar a Aquella de la que tantas veces, los
que hemos subido aquí, nos hemos ingratamente olvidado. Y entonces tenemos el deber
de proclamarlo así y asegurar que Ella estuvo en este lugar, que hay un mensaje que
debemos cumplir y dar a conocer, que debemos visitar más el Santísimo y pensar en la
Pasión de Jesús y rezar por las almas consagradas, hoy de forma tan escalofriante
asediadas por el enemigo de la santidad.

La instalación de esa capilla fue calificada por Ruiloba de “monumento a la


desobediencia”, según expresión que dice tomada de Juan Antonio del Val. Ruiloba
recuerda que el lugar y tiempo donde se instaló no eran los previstos en las apariciones,
ya que según el libro Garabandal, el pueblo habla de Ramón Pérez (p. 99), Conchita
dijo al padre Laffineur que “se construirá una capilla en honor de San Miguel, después
del Milagro”.
También García de Pesquera (p. 151 según cita Ruiloba), menciona que se preguntó
a Conchita cuando había de ser levantada esa capilla, y la niña respondió: “cuando la
Iglesia lo permita”. Existe una curación inexplicable vinculada a esta capilla y relatada
en la Hoja del Lunes de Burgos, el 12 de noviembre de 1973 (p. 12), por Aniano
Fontaneda Ibáñez.
El artículo, titulado “El guardián de la ermita”, aporta nombres y lugares, pero no
fechas:

Joaquín Durango trabajó largos años en Reinosa, pero enfermó de los bronquios y
fue baja por enfermedad, durante 17 años. Un buen día, y en bicicleta, a través del Saja y
Cabuérniga y en plan de broma, subió a San Sebastián de Garabandal. Él no creía en las
apariciones, pero se le ocurrió: si es verdad, quede yo curado. Y así fue, llegando hacia
Cosío y allí andando por el camino pendiente y lleno de piedras llegó a Garabandal y a
los pinos y a la ermita de San Miguel sin notar cansancio alguno y sí cierto bienestar.
Hizo la promesa de subir todos los domingos allá, cosa que ha cumplido; primero en
moto y más tarde en automóvil. Los vecinos le dieron la llave de la ermita, pues ellos no
quieren saber nada. Él encendía las velas de cera que allí dejaban y debajo del altar

217
arrastró una piedra grande –donde se dieron los éxtasis de las videntes– y poco a poco
iba dando piedras a los peregrinos extranjeros, como recuerdo; después, estampas y
medallas que le entregaron y, durante más de tres años, no ha dejado de subir ni un solo
domingo.
Se presentó en la fábrica a reconocimiento y le dijo el médico: Estás completamente
curado, si no lo veo, no lo creo, esto ha sido un verdadero milagro. Y su promesa aún
continúa en pie.

En medio del siguiente curso escolar, Conchita vuelve a Roma. Julio Porro afirma en
el libro que firma con el seudónimo José María de Dios que fue un viaje fructífero (p.
157):

Durante el mes de febrero de 1968, de nuevo Conchita va a Roma y es nuevamente


examinada por la Sagrada Congregación, más detenidamente que lo fuera en enero de
1966. El impenetrable secreto impuesto nos impide averiguar sobre qué cuestiones ha
sido preguntada. Lo cierto es que Conchita y su madre han permanecido en Roma quince
días y si en la primera ocasión vino muy contenta, en la segunda aún más satisfecha.

Es posible, sin embargo, que por lo que respecta a la opinión pública, la fama de
Garabandal se viera perjudicada, si bien no inmediatamente, por lo que sucedió en torno
a unas nuevas supuestas apariciones. El 30 de marzo de 1968, cuatro niñas: Ana García,
Rafaela Gordo, Ana Aguilera y Josefa Guzmán, de 12 y 13 años, dijeron que se les había
aparecido la Virgen María en la finca de La Alcaparrosa, a un kilómetro de la aldea de El
Palmar de Troya, una pedanía de Utrera, en la provincia de Sevilla.
Las supuestas apariciones comenzaron junto a un lentisco –especie de arbusto
resinoso de fruto comestible para las aves– y las cuatro niñas pronto desaparecerían,
eclipsadas por otras personas que decían ver a la Virgen: Rosario Arenillas (11 de abril);
María Marín (20 de mayo); María Luisa Vila (6 de junio), y luego, en ese mismo año,
otros muchos, mientras que Clemente Domínguez, el que acabaría sacando un cisma de
esas supuestas apariciones y proclamándose papa, tuvo que esperar a tener su primera
visión el 30 de septiembre de 1969. Para colmo de males, el que se pretenderá papa
Clemente XV visitará en ocasiones Garabandal, tratando de pescar en el río revuelto de
la desobediencia.
Otro mensaje alentador que recibió Conchita venía del padre Pío. Iba en una carta
firmada el 22 de agosto de 1968. Pero como ella no la recibió hasta el 17 de octubre, la
mencionaré después de hablar del primer comunicado sobre Garabandal emitido el 9 de
octubre de 1968 por el nuevo obispo de Santander, José María Cirarda Lachiondo.
Nacido en Baquio –Vizcaya– el 23 de mayo de 1917, Cirarda se licenció en Filosofía

218
y Teología en Comillas y fue ordenado sacerdote el 5 de julio de 1942, dando clase y
ejerciendo el sacerdocio en Vitoria los siguientes 17 años. Por su supuesta ideología
nacionalista vasca, Franco lo rechazó al menos tres veces como obispo, y Pablo VI
recurrió a nombrarlo obispo auxiliar, para lo cual no se requería el consentimiento del
Jefe del Estado español.
Así, Cirarda fue consagrado obispo auxiliar de Sevilla el 29 de junio de 1960. Fue el
único obispo español que tomó la palabra para intervenir en tres sesiones del Vaticano II,
donde fue portavoz del Episcopado Español ante los medios de comunicación. Su
nombramiento para Santander llegaría en julio de 1968; el 30 de agosto entró
solemnemente en la sede que había estado vacante más de un año y en noviembre de ese
año tuvo que compaginar el cargo con el de administrador apostólico de la diócesis de
Bilbao.
El 4 de diciembre de 1971 fue trasladado a la diócesis de Córdoba y el 9 de enero de
1978 tomaba posesión de la de Pamplona, de la que se retiró el 15 de mayo de 1993.
Murió en Vitoria el 17 de septiembre de 2008.
El 9 de octubre de 1968, la secretaría del obispado de Santander publicaba una “Nota
oficial”, la sexta sobre Garabandal, que no llevaba firma, aunque invocaba el “mandato
del Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo D. José María Cirarda Lachiondo”.
Tras mencionar las “cinco intervenciones” de las que afirma que “han expresado el
pensar de la Jerarquía”, especificaba en el tercer punto en qué medida ese pensar era
equiparable a un juicio. Así, para las intervenciones de los obispos Fernández y Beitia,
se dice que “coincidieron” en un juicio que se supone basado en “la Comisión instituida
para su estudio” y que se resume en la frase “no consta de la sobrenaturalidad de los
fenómenos que ha examinado cuidadosamente”.
Sobre el obispo Puchol, se afirma que “después de haber tratado todo el asunto con la
Santa Sede, afirmó que todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen una
explicación natural”.
En cuarto lugar se afirmaba que “siguen en vigor las disposiciones dictadas por
Mons. Beitia” en la página 181 del Boletín Oficial del Obispado de 1965, es decir, solo
la prohibición de subir sin permiso para los eclesiásticos.
En quinto lugar, la nota afirmaba “que es de alabar la filial obediencia con que el
clero y los fieles de la Diócesis de Santander han seguido las indicaciones de sus
Prelados en esta materia”, y particularmente el párroco de Garabandal, que “no hace sino
cumplir lo que tiene ordenado, cuántas veces prohíbe celebrar la santa Misa o tener
cultos especiales a quienes pretenden una u otra cosa en sus visitas a dicha parroquia”.
Por el contrario, en el punto sexto considera “muy de lamentar” que se promuevan
“campañas publicitarias”, se erijan “Centros de Garabandal” o bajo el mismo nombre se
celebren “congresos”, se organicen “visitas al lugar de los sucesos” y se haya llegado a

219
“levantar allí un templo, que se construyó contra el querer de la Jerarquía diocesana”:

Todo ello entraña una rebelde contradicción con el sentir de la Iglesia y es claro
contrasigno de la pretendida sobrenaturalidad de dichos sucesos de San Sebastián de
Garabandal y del ambiente creado en torno a ellos, salva la buena fe de quienes,
ignorando las disposiciones de la Jerarquía, acudan a dicho lugar.
El Señor Obispo de Santander espera de todos los fieles que cumplan con la mayor
exactitud las disposiciones de sus predecesores, reiteradamente publicadas y que
continúan todas en pleno vigor.

Cirarda implícitamente hacía suya la negación de la sobrenaturalidad establecida por


Puchol, interpretando además que el difunto obispo la había consultado con la Santa
Sede.
El 17 de octubre de 1968, Conchita recibió en Lourdes –adonde fue acompañada de
su madre y del sacerdote Alfred Combe– una carta y un regalo del Padre Pío. La carta se
redactó el 22 de agosto, algo más de un mes antes de que muriera (el 23 de septiembre)
el santo capuchino. La firmaba Fray Pellegrino y la entregó Fray Bernardino Cennamo.
Su texto decía:

Para Conchita.
El Padre Pío dice: “Pido a la Santísima Virgen que la reconforte y la guíe hacia la
santidad. Yo la bendigo con todo mi corazón”.
Fdo. P. Pellegrino”.

Fray Cennamo entregó también a Conchita, de parte del Padre Pío, el velo que cubrió
el rostro del santo tras su muerte, según garabandal.it:

La forma en que el Padre Pío se involucró en los eventos de Garabandal fue en parte
la causa de que le hubiese sido concedido un privilegio que tan sólo a otra persona [el P.
Luis Andreu] le había sido concedido. Vio el gran Milagro antes de morir.
Una de las profecías de Nuestra Señora en Garabandal en relación con el Milagro fue
que el Santo Padre lo verá desde cualquier sitio donde esté, y que el Padre Pío lo vería
también. Al morir el Padre Pío en 1968, Conchita quedó perpleja, preguntándose por qué
la profecía aparentemente no se había cumplido. Un mes más tarde fue tranquilizada,
recibiendo además un regalo precioso.
El Padre Cennamo dijo a Conchita que no había creído en las apariciones de
Garabandal hasta que el Padre Pío le pidió darle el velo que cubriría su cara después de
su muerte. El velo y la carta fueron entregados a Conchita, la cual preguntó al Padre

220
Cennamo: ¿Por qué la Virgen me dijo que el Padre Pío iba a ver el Milagro y ha muerto?
El Padre le respondió: Él vio el Milagro antes de morir, me lo dijo él mismo.

Al regresar a casa, Conchita decidió escribir sobre el incidente a un amigo en


Madrid. Se publicaría en la entrevista de Needles, de 1975:

Tenía el velo ante mis ojos mientras escribía cuando, de repente, toda la habitación
se llenó con una fragancia. Había oído sobre las fragancias del Padre Pío, pero nunca les
había dado mayor importancia. El cuarto entero olía a un perfume tan fuerte que
comencé a llorar. Era la primera vez que experimentaba esto. Ocurrió después de su
muerte.

Días después de publicar la nota, el último domingo de octubre, fiesta de Cristo Rey,
Cirarda prometió a su clero ir a Roma “para resolver de una manera definitiva y para
siempre el asunto de Garabandal” (Porro, 158). Antes, el 15 de octubre, escribía una
carta a los obispos españoles asegurando que en el obispado consta que “las cuatro
pretendidas videntes han confesado en espontáneas y coincidentes declaraciones que
todas las cosas que la gente llamaba prodigios o decía que adivinábamos, eran cosas que
hacíamos nosotras” (Porro, 402).
Cirarda cumplió su promesa en 1969 y obtuvo una nota de la Sagrada Congregación
para la Doctrina de la Fe. El 10 de marzo, el croata Franjo Šeper, que había sucedido al
mártir Stepinac como arzobispo de Zagreb en 1960 y recién en 1968 había sido puesto al
frente del antiguo Santo Oficio, se limitó a rechazar la petición, expresada por Cirarda en
carta del 31 de enero anterior, de que “fueran sancionados por la autoridad suprema los
argumentos expuestos” en un informe sobre Garabandal que adjuntaba, en el cual no
todo debían ser afirmaciones, ya que “formulaba preguntas sobre apariciones en el
pueblo de Garabandal” que quedarían sin responder ya que, “no habiendo hallado
elementos nuevos, no parece haber motivo para que la S. Congregacion Pro Doctrina
Fidei se inmiscuya directamente en el asunto”.
La negativa a satisfacer a Cirarda no era en absoluto un rechazo de su postura, al
contrario, se afirmaba que las declaraciones emitidas en Santander eran “argumento
suficiente [para] los Ordinarios de lugar para disuadir a sus fieles de peregrinaciones y
actos de piedad motivados por las referidas supuestas apariciones y mensajes”.
En este año aparece un nuevo personaje, Miguel González-Gay Domenech, que
publica reportajes sobre Garabandal en la revista ¿Qué pasa?, en la que había escrito el
franciscano Eusebio García de Pesquera.
Anteriormente relacionado con Garabandal, el padre Luis Jesús Luna Guerrero
apareció en El Palmar de Troya el 15 de septiembre de 1969, según el texto publicado

221
por Pedro Sagrario el 1 de octubre de 1976 en el diario castellonense Mediterráneo (p.
16):

Nuestro cura zaragozano, avisado por una devota garabandalista andaluza de los
acontecimientos de El Palmar, decide venirse al lugar de las supuestas apariciones a ver
qué pasa.
El 15 de septiembre de 1969 llega el padre Luna a El Palmar y estando de visita y
oración en el domicilio de la vidente María Marín, esta entró en éxtasis y en una visión
con la Virgen exclama: ¡Madre mía! ¡Qué hermosa vienes! ¡Ya te esperaba! Y cogiendo
el breviario del cura aragonés lo levantó hasta el cielo. El sacerdote, ante este hecho
maravilloso al parecer, escribe: Y un efluvio inefable de confusión y de dicha me
inundó.
A causa del hecho del breviario, un nuevo y acérrimo defensor palmarino entra en
escena, después de los fracasos que muchos le han atribuido en el asunto de Garabandal.
Acude cada día quince a El Palmar y pese a la prohibición de oficiar misa, que ya pesa
sobre los sacerdotes por parte del arzobispado de Sevilla, el padre Luna consigue
autorización del cardenal para celebrar el santo sacrificio en las tapias que guardan la
entrada al lugar de las supuestas apariciones.
Al final consigue que Bueno Monreal reciba a María Marín a quien acompaña el
padre Luna. Al final de la entrevista, relata el sacerdote aragonés, “María Marín entregó
al cardenal un escapulario besado por la Virgen que ella misma le ofreció. El cardenal,
cuando despedía a sus visitantes, se lo llevó a los labios”.
Luna se va haciendo dueño de la situación y sus llegadas a El Palmar coinciden
extrañamente con grandes prodigios que logra fotografiar y captar en cinta
magnetofónica. Entre los más espectaculares –al afirmar del zaragozano– están
comuniones visibles, acunar al Niño Jesús, tener en las manos el Corazón de Jesús y
¡cortarle un rizo al Niño Jesús!, hecho jamás conocido en la historia de la Iglesia ni en la
de todos los prodigios conocidos. Todo esto realizado por la vidente María Marín.
El padre Luna se va haciendo con la dirección espiritual de los devotos, videntes
estigmatizados y mensajeros de las voces celestiales. Pero… no cuenta con Clemente
Domínguez, que camino de convertirse en pater videntibus no va a aceptar enrolarse en
las filas lunistas. La primera de las escisiones palmarianas comienza a gestarse con la
aparición de este clérigo aragonés garabandalista trasplantado al sur.

Para complicar más las cosas, Francisco Sánchez-Ventura, según lo relata


precisamente en un libro sobre El Palmar, recibió el 1 de abril de 1970 la llamada del
antes citado González-Gay para comunicarle, de parte de Clemente Domínguez, que la
Virgen proclamaba desde El Palmar de Troya la “verdad” de Garabandal.

222
González-Gay publicó en la revista María Mensajera de 1 de Enero de 1971 un
artículo titulado “Mis experiencias de un viaje“, referido al que realizó a los lugares de
Ladeira y el Palmar de Troya, que según él “siguen en pie“, narrando repetidos éxtasis
de varios videntes y de Clemente Domínguez.
En los años 80, González-Gay redactará un via crucis para leer en Garabandal, como
los que pueden verse en YouTube (20 de marzo de 1983, 27 de enero de 1985). Con
Sánchez-Ventura, González-Gay fundará los cursillos de La Pardina en 1984 –en
Sabiñánigo, Huesca–: El primer cursillo de la Pardina fue del 23 al 25 de noviembre de
1984.
De vuelta al año 1970, el cardenal Šeper escribía una nueva carta, contestando al
arzobispo de Nueva Orleáns, Philip M. Hannan, en la que se decía que la Congregación
para la Doctrina de la Fe no necesitaba pronunciarse porque sobre Garabandal existía un
juicio negativo y definitivo de la diócesis de Santander, aunque “los promotores del
movimiento de Garabandal han tratado de minimizar las decisiones y la jurisdicción del
obispo de Santander”, se entiende que injustificadamente:

Esta Sagrada Congregación hace constar que a solicitud de varios Obispos y fieles,
siempre se ha negado a definir el carácter sobrenatural de los acontecimientos de
Garabandal. Después del juicio negativo definitivo emitido por la Curia de Santander,
esta Sagrada Congregación, después de un examen atento enviado a esta oficina acerca
de las investigaciones , con frecuencia ha elogiado la prudencia que caracteriza el
método seguido en el examen, y por lo mismo ha decidido dejar la responsabilidad
directa de la cuestión al Ordinario del lugar.
La Santa Sede no ha aprobado ni siquiera indirectamente el movimiento de
Garabandal, nunca ha alentado o bendecido promotores o centros de Garabandal. La
Santa Sede lamenta el hecho de que ciertas personas e instituciones persistan en
fomentar el movimiento en evidente contradicción con las disposiciones de la autoridad
eclesiástica y así difundir la confusión entre la población.

La nota negaba que se hubiera enviado un investigador de la Santa Sede, pero el


rumor no carecía totalmente de fundamento, pues José Ramón García de la Riva afirma
haber recopilado en 1971 información sobre las Apariciones a pedido de Don Gabino
Díaz Merchán, Arzobispo de Oviedo, quien a su vez la envió a quien se la había pedido:
la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.
Las campanas sonaron también para despedir, en mayo de 1970, a Mari Cruz
González, la primera de las videntes en casarse, con solo 19 años de edad, con Ignacio
Caballero. Marcharon a vivir a Avilés, donde tuvieron cuatro hijos.

223
LOS OBISPOS SILENCIOSOS

El 11 de diciembre de 1971, tras cinco meses sin obispo después de que Cirarda
fuera destinado a Córdoba el 3 de julio, fue nombrado obispo de Santander un sacerdote
que había formado parte de la comisión diocesana encargada de los sucesos de
Garabandal.
Juan Antonio del Val Gallo, nacido el 13 de junio de 1916 en Basconcillos del Tozo,
Burgos, estudió como su predecesor Filosofía y Teología en Comillas, ordenándose el 23
de julio de 1944. Después de 10 años de párroco rural, en 1954 fue nombrado canónigo
de la catedral, en 1963 vicario de religiosos y entre 1968-69, vicario general. Profesor de
psicología y pedagogía en el seminario de Corbán, el 10 de abril de 1969 Pablo VI lo
nombró obispo auxiliar de Sevilla. En Santander sería obispo casi 20 años, ya que
renunció en 1991 por razones de salud y Juan Pablo II le aceptaría la renuncia el 23 de
agosto de ese año. Murió en Santander el 13 de noviembre de 2002.
Según relata en su libro de 2017, (p. 277) Kelly se entrevistó el 4 de enero de 1973
con el obispo Juan Antonio del Val, quien le contó que las niñas de Garabandal, poco
antes de la supuesta visión del ángel del 18 de junio de 1961, habían recibido una lección
de catequesis del párroco sobre los ángeles, y que eso provocó una “sugestión” como
causa de los sucesos, y que luego la enorme afluencia de visitantes “impidió que las
niñas dejaran de actuar”.
Del Val siguió dando al visitante una explicación naturalista, que asumía
personalmente con afirmaciones como “yo estaba ahí y no pasó nada”, pues incluso
cuando las niñas caminaban de espaldas o se dejaban caer de rodillas, lo hacían porque
conocían el terreno como la palma de sus manos y estaban habituadas a un trabajo rudo y
a darse golpes en consecuencia. Esto, unido a la historia de una sugestión semejante a la
de un niño que espera ver a los Reyes Magos, hizo que Kelly “no creyera que estaba
oyendo eso de una persona educada”, pues como ya afirmó Julio Porro, al expresar esas
teorías, “el obispo estaba indirectamente calificando como imbéciles a los que mantenían
que los sucesos eran sobrenaturales”. Con todo, Kelly asegura que del Val terminó

224
creyendo en las apariciones, llevando así a plenitud la profecía expresada por Conchita el
día de Navidad de 1962, acerca de que antes del Milagro el obispo creería y levantaría
todas las prohibiciones.
Al tiempo que aparecían nuevos personajes, desaparecían algunos de la primera hora,
como el padre Lucio Rodrigo, que falleció el 30 de marzo de 1973, hablando poco antes
con Juan Antonio del Val y diciendo a varios de quienes fueron a visitarle –por ejemplo
el doctor Ortiz, que se lo relató a García de Pesquera– en esa última hora que poco antes
de su fallecimiento tuvo una aparición de Jesucristo:

Nuestro Señor le confirmó que lo que presenció en Garabandal era verdad; que su
Santísima Madre se había aparecido allí.

El 26 de mayo de 1973, Conchita se casó con Patrick J. Keena en Long Island –


Nueva York–. Tuvieron cuatro hijos: María Concepción, Fátima Miriam, Ana María
Josefa y Patrick Joseph María. Patrick, que era más de nueve años mayor que Conchita,
falleció el 31 de octubre de 2013, recién cumplidos los 74 años.
Sobre la vida de Conchita, menciono algunos datos que me proporcionó la madre
Nieves García, en una conversación que mantuvimos el 1 de abril de 2018:

Una de las cosas que admiro en Conchita es no manifestarse, no querer aparecer en


nada. Conchita, cuando fue a Nueva York, que no fue por su voluntad, cuando ella va y
se casa, sigue la voluntad de Dios [que le dice]: te quiero ahí. Ella me dijo:
− Yo no quiero casarme con un rico.
Y se casó con Patrick, que fue un santo. Así como a ella la quitaron de aquí y la
llevaron para allí, donde quisieron… Ella en Nueva York trabajaba a favor de la vida
espiritual, de ayudar a los pobres, de ayudar a las monjas en la misión que tenían. Ahí la
conoció Teresa de Calcuta, que varias veces fue a ver a Conchita, porque ya tenía ese
trato con las monjas de su congregación para trabajar. Cuando se murió la madre de
Conchita, Teresa de Calcuta se enteró y fue a verla a Nueva York y esa vez le dijo,
echándole los brazos al cuello:
− Conchita, desde ahora tu madre soy yo.
Conchita conoce a Teresa de Calcuta por su trabajo con las monjas. Como Teresa de
Calcuta la conoce y la quiere, le dice eso.
Conchita ha sufrido que la llevaran de un sitio para otro, tenerse que hacer monja,
luego venir aquí y allá. Casarse, cumplir como una mujer, estar hasta la muerte de su
marido, o la muerte del tío Hugo, que era un amigo de Teresa de Calcuta, y cuando yo la
llamo la noche en que estaba ya muriéndose, le digo que no puede hacerlo ella sola todo.
− No, lo puedo hacer, me basta. Estoy en paz porque estoy haciendo la voluntad de

225
Dios.
Y me dice esto, que nunca le pregunté nada:
− He sentido, en un momento, una alegría tan grande.
Como diciendo que no sabía expresar lo que le había pasado, de tan grande que era.
¿Y eso no es nada? ¿Habiendo sufrido tanto y en soledad?
Cuando el marido de Conchita se quedó sin trabajo, Teresa de Calcuta pensó que le
podía ayudar un amigo suyo que se llamaba Hugo. Cuando el tío Hugo fue, ya el marido
había recuperado su empleo, pero se hizo amigo de ellos hasta ser como de la familia. Y
ella estuvo sola cuidando de los dos cuando murieron.

La siguiente en casarse fue Loli, que lo hizo en Massachusetts –EE.UU.– en 1974


con Francis –Frank– Lafleur. Tuvieron tres hijos: Francis, María Melanie –Johnston– y
María Dolores –Rosati–. Durante siete años, Loli padeció un lupus eritematoso,
enfermedad autoinmune del aparato respiratorio, que se agravó hasta causarle la muerte
el 20 de abril de 2009, a la edad de 59 años, en Haverhill –Masachusetts–.
Por último, Jacinta se casó con Jeffrey Moynihan, de California –EE.UU.–, el 21 de
febrero de 1976 en Garabandal. Tienen una hija, María, y viven a las afueras de Los
Ángeles, California. De esta boda dio cuenta en la Hoja del Lunes burgalesa (1 de
marzo, p. 3) el cronista de Aguilar de Campoo, Aniano Fontaneda, quien además da
cuenta de que Garabandal ya tiene carretera y de los prejuicios contra la santidad del
matrimonio en la España de esa época. Al señalar que el esposo era súbdito
norteamericano residente en Rota, estaba dando pistas para reconocer que era marino:

El pueblo indignado decía ¿si han visto a la Virgen, por qué se casan? Los designios
de la Providencia nadie los sabe.
Yo en días pasados, decía, más bien preguntaba, a una jerarquía de la Iglesia
palentina: ¿Cuál es el estado perfecto del hombre, la castidad o el matrimonio? Y él me
contestó que los dos eran perfectos yendo por la misma senda que Dios les tiene
trazados. Los dos son Sacramentos, tanto el del Orden, como el del Matrimonio, según
Él nos llame, pero que la verdadera vocación, según San Pablo, era el celibato, bien
llevado conforme a las normas de castidad cristiana.

El 14 de Junio de 1977, el entonces Obispo de Santander, D. Juan Antonio del Val,


exponía en carta dirigida a D. Manuel Alba Gamía –México–, su conocimiento de que
“los seguidores del Palmar de Troya que hay en esta diócesis, tienden a apoderarse de
Garabandal. Y han pronosticado traer a Lefebvre a Garabandal“.
Bien fuera por presión desde Roma, o de los acontecimientos, o por convicción
propia, parece que había llegado el momento de ceder el protagonismo a la Santa Sede

226
en cuanto al juicio de Garabandal. Sea como fuere, ningún obispo de Santander volvería
a emitir una nota al respecto, y el 21 de diciembre de 1977, en su primera visita pastoral
a la aldea, el obispo del Val recordaba la opinión de sus predecesores (Weber, p. 129):

Que lo que aquí pasó no es de origen sobrenatural. He respetado la opinión de mis


predecesores, pero ahora quiero comunicaros que la Santa Sede nombrará una comisión
oficial en Roma, que comprobará detalladamente lo que aquí sucedió. Yo mismo enviaré
a la Santa Sede con afecto y respeto todos los testimonios que se han tomado con
seriedad y responsabilidad.

Ese mismo año, el doctor Morales cambiaba de opinión. Su mujer María Jesús
Ayuso falleció el 1 de diciembre de 1977 con 50 años –era 20 más joven que el doctor–,
tras presenciar no la curación, pero sí un cambio en su esposa, que refiere Marichu
Herrero (http://virgendegarabandal.net/mita25.htm):

Durante el último mes de vida, recuperó la paz interior por medio de un Crucifijo
besado por la Santísima Virgen en Garabandal, recibió los Santos Sacramentos y murió
con una gran paz.
Este crucifijo de Marichu Herrero, se lo dejó también a D. Antonio Francisco Bonín
Cavero que también estaba enfermo de un cáncer terminal al mismo tiempo que la
esposa del Dr. Morales. Cuando todo ya estaba en un proceso terminal para Antonio, el
médico que hacía las últimas pruebas exclamó “lo que está sucediendo a Antonio es un
milagro”. En efecto, Antonio fue curado milagrosamente y poco después ya estaba de
vuelta en su casa. Ambos sucesos conmovieron profundamente al Dr. Morales, que fue
testigo de ellos.

El 3 de septiembre de 1978, durante una visita de unas dos horas, el doctor Morales
dijo al P. Francisco A. Benac S.J., misionero jesuita en la India y propagandista de
Garabandal:

− Ahora veo la realidad existencial de Nuestra Señora en Garabandal. Considero a


Garabandal, como a Fátima, un don de la Providencia para la Humanidad. Garabandal
es, en verdad, un regalo de Cristo para nosotros a través de la Madre. Garabandal ha sido
una manifestación de la Divina Gracia.

De momento, al no hacer público ese cambio, Morales no reparaba el daño de que le


acusaba, por ejemplo, García de la Riva, según me relató el 8 de abril de 2018:

227
Yo le dije: usted no creía, y contestó:
− Yo siempre creí.
− No, usted no creía.
Ese señor recibió ese palo mío. Además, creían en él, la comisión de los sacerdotes
no creían más que en él. Pero estaban de acuerdo en que ellos, los médicos, decían que
no había nada aquí. Con él no tuve nada más que esa intervención. Sí que me chocó ese
cambio, porque viene a decir que le doy la razón y le digo que no, que desde el principio
se apoyaban en él –para negar–.

El 23 de junio de 1979, Ed Kelly se entrevistó de nuevo con el obispo Juan Antonio


del Val, según resumió en su libro de 2017 (p. 279), encontrando que su postura seguía
incluyendo contradicciones. El obispo evaluó correctamente el cambio producido entre
la nota de Beitia de 1962, que abandonaba la neutralidad, y la de 1965, que volvía a
recuperarla, afirmando además la ortodoxia de los mensajes de Garabandal. Del Val no
tuvo reparo en calificar la nota de 1965 como “mejor” que la de Puchol en 1967.
El obispo se refirió también a la nota que había publicado en abril de 1978
refiriéndose a lo que en diciembre de 1977 dijo al visitar Garabandal. Precisó que repetir
que no se consideraba probada la sobrenaturalidad de los sucesos no implicaba estar de
acuerdo con todo lo dicho por sus predecesores. Respecto a promover Garabandal, del
Val dijo (p. 280) “que cada cual haga lo que le dicte su conciencia” y cuando Kelly
preguntó si las notas de los obispos le prohibían hacer propaganda de Garabandal, o
siquiera le aconsejaban no hacerla, respondió que no.
Sin embargo, cuando Kelly recordó a del Val que la carta del cardenal Šeper al
arzobispo Hannan deploraba que se hiciera propaganda contra las disposiciones de la
autoridad eclesiástica, el obispo se quitó las gafas y se inclinó para advertirle:

Ahora no vaya publicando que el obispo de Santander dice que se debe promover
Garabandal. Eso no es lo que estoy diciendo.

Del Val reconoció saber de las dos curaciones inexplicables de que se benefició
Menchu Álvarez, pero cuando Kelly le preguntó si la curia, o la comisión diocesana,
había tratado de que esos hechos no se conocieran –algo que el norteamericano sabía
porque el padre de Menchu le contó que se lo habían pedido Odriozola y otro sacerdote–,
“sospechó que su respuesta fue uno de los pocos momentos en que evadió la cuestión”:

La comisión ya no funciona y de hecho ahora no hay comisión.

Cuando Kelly preguntó a del Val cuál de las versiones que en 1967 se publicaron en

228
la prensa para calumniar a las niñas era la verdadera, también se mostró perplejo (p.
283):

Quien los escribió es quien debería corregirlos.

Kelly insistió en que aquellos artículos habían surgido del despacho de Puchol o del
de su vicario general Azagra, por lo que del Val sugirió al profesor norteamericano que
escribiera al Vaticano para subrayar las “imprecisiones” de las notas de Puchol, de la
carta de Cirarda en 1970 a los obispos del mundo, y de los artículos citados,
escribiéndole incluso la persona y dirección a la que escribir. Al sugerir Kelly que sería
mejor que fuera el obispo de Santander quien divulgara la corrección, del Val opinó (p.
284) que eso causaría mucho daño al “movimiento de Garabandal”, insistiendo en que
debía corregirlo “quien lo escribió”, refiriéndose a Cirarda.
En esa ocasión, del Val reconoció que los miembros de la comisión investigadora del
obispado no habían sido sometidos al pertinente juramento canónico, y cuando Kelly
concluyó que eso implicaba que no se había seguido el procedimiento estipulado por la
Iglesia, “no defendió el trabajo de la comisión y añadió que si él hubiera estado al cargo,
habría hecho las cosas de forma diferente”, empezando por sustituir a don Valentín
Marichalar “por el sacerdote y pastor más cualificado de la Diócesis”, ya que don
Valentín no se apresuró a informar al obispo Doroteo Fernández; y el que este fuera
administrador apostólico también dificultó una buena investigación.
En esta entrevista (p. 286), del Val dijo no saber que el doctor Morales hubiera
cambiado de opinión, y reconoció que en la visita Ad limina de 1977 pidió al Vaticano
cooperación para manejar el asunto, porque “Garabandal sobrepasa la capacidad de
resolver de esta diócesis”.
Por fin, el doctor Morales rectificó públicamente mediante una conferencia pública,
en el salón de actos más grande de Santander el 30 de mayo de 1983. En realidad, es
difícil hablar de rectificación, porque el doctor dijo que siempre había pensado igual y
que siempre había tenido una impresión positiva de las apariciones.
Entre lo poco claro que puede extraerse de sus intervenciones, está la afirmación de
que nunca existió la comisión de que se dice que él formó parte, que las niñas eran sanas
y sus éxtasis positivos claramente diferenciables de los enfermizos –si bien usa una
críptica expresión para definirlos, que supone que eran un trastorno, aunque como
reacción a una situación–, y que está convencido de que las niñas se comunicaban con la
Virgen, bajo cuyo manto, manifiesta, quiere vivir lo que le reste de vida.
Respecto a este último punto, Ruiloba afirma que el doctor Morales murió el 12 de
octubre de 1987. En cuanto a los conceptos vertidos en su conferencia, aporto unos
brochazos de la noticia y de la entrevista en El Diario Montañés, del resumen de la

229
conferencia titulada “Acotaciones” que hace Ruiloba, y de la repetición de esta
conferencia en Ohio en 1984, que puede verse en YouTube.
La pretensión de que la conferencia contara con autorización de monseñor del Val
fue desmentida por este, según ABC, el 24 de agosto de 1983, p. 4:

Las supuestas apariciones de la Virgen en el pueblo santanderino de Garabandal, que


tuvieron lugar entre los años 1961 y 1965 a cuatro niñas han vuelto a la actualidad por
una serie de conferencias pronunciadas por el doctor Luis Morales Noriega, que ha
presentado sus intervenciones como aprobadas por el obispo de la diócesis, monseñor
Del Val. El prelado, sin embargo, ha declarado a este periódico que el doctor Morales
habla por cuenta propia y, aunque el hecho de ofrecer unas conferencias cuenta con mi
permiso, en modo alguno sus palabras reflejan la opinión del obispo de la diócesis.

La primera noticia apareció en El Diario Montañés el 31 de mayo de 1983, (p. 2):

El Ateneo batió el récord de asistencia, con un lleno impresionante


El doctor Morales defendió las apariciones de Garabandal
“Si hoy estoy aquí y he hablado de la Virgen de Garabandal, ha sido porque ella ha
hecho cambiar los aspectos, y lo hago con permiso de la jerarquía eclesiástica.
El salón de actos del Ateneo estaba totalmente lleno. El salón inferior totalmente
lleno. Totalmente llenos también el salón cafetería y el de juegos, lo mismo que el portal
y las escaleras de acceso a la docta casa. Entre este público, muchos sacerdotes, jóvenes
en su inmensa mayoría, religiosas y médicos.
Dijo que la aparición de la Virgen a los niños no fue solo un milagro, sino un hecho
providencial, una cuña incrustada en el mundo para proporcionar mayor espiritualidad.
Se refirió a las apariciones de la Virgen a los santos, y también las de Lourdes y
Fátima, para llegar a Garabandal y a los mensajes que son las mismas, subrayando que
los tozudos de Garabandal tienen que estar seguros que la Virgen se apareció a las niñas,
y que gracias a Garabandal se ha actualizado una senda nueva de vida y de metodología
de la ciencia.
Finalizó pidiendo que los años que aún le quedan de vida tenga misericordia de él la
Virgen de Garabandal.

La noticia más extensa, y entrevista a cargo de Julio Poo San Román aparece el 1 de
junio de 1983 en la página 9:

La conferencia del doctor Morales ha puesto sobre el tapete la revisión de los sucesos
de 1961

230
Garabandal parece salir del silencio oficial
Julio POO SAN ROMÁN
Quien esto escribe tuvo la suerte, entonces, de ser quien primero trató el tema con
toda amplitud, no solo en la prensa provincial, sino nacional e internacional. Después
vino el silencio oficial, que no ha sido obstáculo para que se crearan Asociaciones de
Garabandal en diversas partes de España y de otras naciones en los cinco continentes.
Así hasta ahora, en que la noticia nos llega de la mano del doctor Morales resucitando el
tema con esta conferencia.
− ¿Qué le ha llevado a usted a pensar de nuevo en ello?
− El entusiasmo mariano del Papa cuando vino a España en noviembre, y más aún
cuando estuvo en el Santuario de Guadalupe que dijo poco más o menos que no
comprendía cómo había estado primero en una Guadalupe de México y ahora en esta de
España.
− Y, ¿qué consecuencias ha extraído de esta revisión?
− Presento el problema para que cada cual interprete lo que quiera, pero en el
mensaje de Garabandal lo de menos son las apariciones o lo que dijeran las niñas. Es la
actitud que la Virgen nos ha regalado para una nueva metodología de interpretar los
hechos en esta era atómica que comenzamos, ya sean políticos, económicos, etc.
− ¿Qué significa esto?
− La primera enseñanza es que nos hace sentir y palpar la trascendencia de la
humildad, sin la cual no hay sabiduría posible, aunque haya cultura.
− ¿Entonces, cómo ve usted el fenómeno de Garabandal?
− Para mí, en concreto, Garabandal es lo mismo que Lourdes o Guadalupe, es decir,
que son expresiones vitales existenciales y racionales, que desde un sentido unitario de la
ciencia demuestran que la sociedad y el hombre actual tiene vital y racionalmente
hambre de trascendencia. Garabandal es un faro, para orientar las singladuras que nos
lleven hacia una civilización que no sea etología y ecología animal, porque somos
personas de naturaleza intelectual, no meros objetos vivientes.
− ¿Y en cuanto a los milagros?
− Mire usted, ni Bernadette [fue canonizada el 8 de diciembre de 1933] ni Jacinta son
santas. Ni hace falta que lo sean, como tampoco lo son las niñas de Garabandal. Para mí,
Garabandal me ha provocado rememorizar y presentizar el pretérito del siglo XVI de San
Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jesús, o el siglo XVII de San Pablo de la Cruz y de
San Alfonso María de Ligorio. Para entender de una vez la diferenciación que hay entre
espasmos, convulsiones y crisis histeroides patológicas, y la inhibición o un éxtasis de la
unión funcional con Cristo o la Virgen, digamos que son fenómenos las primeras
aclaraciones entrópicas [relativas al desorden o a la parte de la energía no utilizable para
el trabajo], y las segundas sintrópicas [tendentes al orden, la belleza, la felicidad plena],

231
según nos abre los ojos la moderna interpretación de la astrofísica.
− Y, ¿cómo cataloga usted a las niñas?
− Normales y vulgares. En suma, que la Virgen que se apareció a estas niñas en
Garabandal ha actualizado una nueva senda de vida –oración, sacrificio, humildad...– y
de metodología de la ciencia. Por eso termino como en mi conferencia de ayer, pidiendo
a la Virgen de Garabandal que los años que aún me quedan de vida transcurran a su
sombra, y que Ella me acoja después en su seno.

Del texto conservado por Ruiloba también pueden extraerse algunos retazos
inteligibles de la conferencia:

El entonces Sr. Obispo, el Ilmo. Sr. Don Doroteo Fernández, tras un cambio de
impresiones con nosotros, que era en aquella época Jefe de Salud Mental de la Región,
me indujo a visitar el pueblo de San Sebastián de Garabandal, para poder verificar el
valor de las apariciones.
Tras haber sido testigo personal, un día hacia las 7 de la tarde, de lo que las cuatro
niñas caían en éxtasis, veían y hablaban con la Virgen alcancé la conclusión de su
carácter psicógeno [trastorno psíquico] reactivo situacional [de respuesta o adaptación a
una situación] en unas niñas sanas y normales.
Este juicio primitivo nuestro que comuniqué al Sr. Obispo, fue en que los años
posteriores germinó aquello que si pertenecía a una comisión, de la que jamás formamos
parte, y que era el origen de la desconfianza de la Jerarquía en el milagro de las
Apariciones. Las gentes me preguntaban que no entendían mi actitud al decir que las
niñas eran sanas y normales para, seguidamente, no inclinarme a calificar de
sobrenatural lo que en Garabandal ocurría. Añadía que para mi debía dar gracias a Dios
de lo que en Garabandal se desarrollaba, al permitir la Providencia dichos fenómenos
que servían de un formal toque de atención a las autoridades Eclesiales y Escolares.
Me llegaban noticias de grupos peregrinos de todos los lugares que llegaban a
Garabandal. Yo no hacía comentario alguno al no ser solicitado. Algunas veces presté
atención a sacerdotes católicos, nacionales y extranjeros, con esperanza mariológica en
Garabandal. Todo ello tras algún tiempo de sedimentar ideas, me permitió
científicamente comprender, lo constructivo que era Garabandal para la sociedad
descubriendo la realidad de la Virgen en su intimidad con posibles de transferencia en
Ella dentro de la libertad y sana personalidad.
En las místicas orientales, la espiritualidad es de signo contrario, lejos de fomentar la
libertad y personalidad activa, se está pasivo en un sosiego, desamoroso, cómodo,
virtualizador de la libertad y a manera del sueño invernal de ciertas especies zoológicas.
La comunicación de las inocentes niñas con la Virgen, fue siempre directa y finalista

232
regalo directo de la Providencia a través de la Virgen en, y no de Garabandal, Fátima o
Lourdes.
En Garabandal el mensaje de octubre de 1961 era el mismo y uniforme en las cuatro
niñas, lo que descarta que pudiera ser delirante o delusivo –locura o histeria–.
Fenomenológicamente, el mensaje era lógico, sin haber motivación dependiente del
orgullo y resentimiento. El objetivo del mensaje es regir el pensamiento en su procesal
curso hacia tener hambre y ansia de un orden natural que es el moral.
De la comunicación posible con la Virgen desde la transferencia, en este caso las
niñas con la Virgen en Garabandal, la angustia desaparece y la inocencia de ellas, hace
que su unión funcional con la Augusta Señora, proyecte sensiblemente los deseos de Ella
–ven y oyen a la Virgen–.
La recepción en los inocentes hijos de la Virgen de su decisión, será por necesidad
existencial sensiblemente proyectada en el Mensaje de palabra, plástico, musical, etc.,
formalmente bello, verdadero y bueno.
Y siempre unas inocentes niñas por el medio, con la Santísima Virgen en unión
funcional, que la ciencia llama Transferencia, por las que Ella proyecta sus deseos de
Madre en intuiciones sensibles, visionarias, auditivas y cenestésicas.

De la ronda de preguntas que, tras leer esta conferencia en Ohio en 1984 –en
presencia de Loli y Jacinta–, se hizo al doctor Morales, se pueden colegir también
algunas de sus ideas:

Al obispo yo le he dicho muchas veces: yo no pude ver los éxtasis ni de santa Teresa,
ni de san Juan de la Cruz, ni de san Pablo de la Cruz, pero he tenido la suerte de haber
visto en éxtasis a las niñas de Garabandal, y como médico, saber diferenciar la éxtasis
enferma de la éxtasis de comunicación. Porque hablan ustedes de éxtasis, señor obispo y
otros, sin haber visto nunca éxtasis, ni sanos ni enfermos. En los éxtasis de los enfermos,
vamos a llamarlos éxtasis por no decir otra cosa, no se acuerdan para nada de lo que pasó
y de lo que dijeron y cómo actuaron. En cambio, en nuestros místicos, o en nuestras
niñas, igual en Bernadette que las de aquí, nuestra resultante de la comunicación, tienen
el gozo y por eso comunican después. Cuentan el contenido, luego no se les ha olvidado
lo que pasó. Pero lo cuentan sencillamente, como si fuesen nada más la recadista, sin
participar ellas para nada.
La comisión es una cosa que han inventado los periodistas. Nunca existió tal
comisión. A mí me han dicho que era de la comisión y nunca fui de ella. Ni sabía que
existía. Hay que tener mucho cuidado con los periodistas sensacionalistas.

Hablando de periodistas sensacionalistas, y dando un salto de tres años, el de 23 de

233
marzo de 1986, Jesús Delgado exponía en El País la noticia de que no se construiría un
convento para benedictinas en terreno cedido por Mercedes Salisachs:

El ‘milagro’ de Garabandal se queda sin convento


San Sebastián de Garabandal, en el umbral de los Picos de Europa, acaballado sobre
las cuencas de los ríos Nansa y Deva, fue, hace ahora 25 años, el símbolo de la llamada
Fátima, cántabra, a causa de las presuntas apariciones de la Virgen y el arcángel san
Miguel a unas niñas del pueblo en un bosquecillo cercano. Entre aquellos árboles y la
aldea, las monjas salesas de la Visitación de Santa María adquirieron a principios de esta
década una finca de casi 3.000 metros cuadrados por apenas dos millones de pesetas, con
idea de construir un convento de clausura que exigía un presupuesto cercano a los 100
millones. Pero ha pasado el tiempo y el sueño está cada vez más lejos de ser realidad.
El prelado de la diócesis, Juan Antonio del Val, ha sido muy riguroso al afirmar que
no pondrá su firma para la autorización “porque supondría aceptar como auténticas las
apariciones de Garabandal”.
De las cuatro videntes, tres residen en EE UU con sus maridos norteamericanos y
con sus hijos. Sólo Mari Cruz González, de 36 años, vive en España, casada con un
obrero, asentados con sus hijos en una industriosa ciudad del norte. Ella fue
posiblemente la primera de las cuatro niñas que en Santander se atrevió a negar los
hechos ante la comisión investigadora creada por el obispo. Hoy observa un riguroso
desdén sobre una época de su existencia que quiere olvidar a toda costa. “Sólo pretendo
vivir en paz y proteger a mis hijos de la secuela que mi protagonismo en aquella comedia
pudiera ocasionarles. Me rebelo contra el fanatismo”.

Donde unas monjas se iban, otras llegaban, y así aparecieron en Garabandal las
Siervas del Hogar de la Madre –y los Siervos–, cuya historia resume Nieves Bolado en
El Diario Montañés el 1 de noviembre de 2015:

Las 30 ‘Siervas del Hogar de la Madre’ asentadas en Zurita no están aceptadas por el
obispado. La fundadora de esta congregación fue una belga que llegó en 1988 a
Santander y se afincó en Cantabria inspirada por las apariciones de Garabandal.
Las 30 novicias y monjas que viven en Cantabria forman un corpus de tal fuerza que
les permitió plantear en 2001 la construcción de una basílica en la aldea de las
apariciones –Garabandal–, capaz de albergar a 5.000 personas.
En Santander encontraron cobijo, y por eso vino a vivir a la ciudad en 1988 Mamie –
Elisabeth Van Keeberger– una desconocida y poliédrica mujer belga, inspiradora de esta
controvertida obra.
En Garabandal tienen además una casa alquilada, donde viven media docena de estas

234
monjas, a pocos metros de la parroquia de San Sebastián, donde el Obispado –y por
carta, para que no quede duda– le ha advertido al párroco que no pueden colaborar
oficialmente en ninguna actividad pastoral.
Visten hábito blanco, toca en la cabeza, una cruz pectoral de madera y, a veces,
túnica azul, color netamente mariano.
El integrista obispo de Cuenca José Guerra Campos (1920-1997), franquista confeso
y procurador en las Cortes de la dictadura hasta su disolución en 1977, fue quien dio
carta de naturaleza a las Siervas del Hogar de la Madre. En julio de 1988 Rafael Alonso
Raymundo, catedrático de Geografía e Historia, se trasladó a Santander con permiso
escrito de su obispo, el de Toledo, para dar clases en un instituto de la capital cuya plaza
en propiedad había ganado.
En el Obispado cántabro no quieren ni oír hablar de las monjas de Zurita, o azafatas,
como las define una de las voces más críticas, aunque no entran a comentar
públicamente los motivos. Además de haber desaparecido de Torrelavega, también
tienen prevención sobre las siervas en Garabandal.
A finales de la década de los años 80, las monjas se habían reunido en torno a
Elisabeth Van Keerbergen, de la que sus acólitos llegaron a decir que era “la encarnación
de la Madre ( de Dios) en la tierra”. De esta unión surgió la maternidad espiritual de
Mamie con muchos sacerdotes e incluso con el obispo Monseñor Guerra campos.
Aunque nunca las llegó a reconocer el Obispado de Santander, lo cierto es que quien
entonces era vicario general de la Diócesis, Carlos Osoro Sierra, actual arzobispo de
Madrid y antes de Valencia, y el padre Jeremías, quien las trajo a Cantabria, celebraron
la Misa y reservaron el Santísimo en el piso al que se habían trasladado provisionalmente
en el centro de la capital.
Si bien la Iglesia cántabra las ha apartado de la vida diocesana y pastoral de la
región, Osoro, siendo ya arzobispo de Valencia, encomendó a los Siervos del Hogar de
la Madre la parroquia de San Dionisio y San Pancracio de Valencia.
Lo que a estas monjas les trae de la mano de Mamie a Cantabria fue la mística
garabandalista. Las ‘siervas’ trabaron amistad con la escritora catalana Mercedes
Salisachs (Barcelona 1916-2014), ferviente garabandalista, quien las ayudó
económicamente a pergeñar su sueño de hacer en la aldea cántabra una gran basílica.
Salisachs tiene una historia muy ligada a Garabandal.
Salisachs hizo de Garabandal su segunda casa, al menos la espiritual, y compró
propiedades –una vivienda y varias fincas– que mantuvo durante décadas; alguna de las
fincas fue donada a las monjas de Zurita. Salisachs dejó a las monjas propiedades,
aunque finalmente dicen que algo desencantada se desligó de Garabandal y vendió su
vivienda a un holandés.

235
Dejando de lado esta cuestión, volvamos al anuncio de del Val de que el Vaticano
instituiría una comisión. Desde cierto punto de vista, puede verse como iniciativa del
obispo a la vista de que los obispos españoles no iban a permitir que se aprobaran unas
apariciones de la Virgen. Es algo que habría dicho el propio del Val hacia 1990 al
escritor Francisco Sánchez-Ventura cuando este propuso llevarse la capilla de San
Miguel que había instalado en Garabandal a la sede de La Pardiña en Sabiñánigo. La
respuesta de del Val, que el escritor publicó en internet en la revista María Medianera,
fue categórica:

Con el Excmo. Sr. Obispo, D. Juan Antonio del Val, me entrevisté en dos ocasiones,
concretamente en el último año de su ejercicio en el cargo como titular, y le pedí
permiso para trasladar la capilla de San Miguel, dada la circunstancia de ser
desmontable, a Sabiñánigo –Huesca–, pero me contestó con estas palabras que juro ante
Dios, solemnemente, que son ciertas: No puedo autorizar la capilla, porque llevaría
inherente la aprobación de unas apariciones –las de Garabandal–, cuando hemos tomado
el acuerdo todos los Obispos españoles de no reconocer ninguna, pero le ruego que no se
la lleve, porque me consta que está haciendo mucho bien.

Saavedra, en su libro de 2018 (p. 196-198) sitúa la actuación de la nueva comisión


entre 1987 y 1991, gracias a la documentación que pudo consultar el difunto magistral
de Sigüenza, Félix Ochayta. El anuncio de 1977 se vio respondido en febrero de 1978
por la afirmación vaticana de que las competencias seguían estando en Santander.
En 1987, habiendo sido Pablo VI sucedido por Juan Pablo II, y sin que podamos
saber si fue por ese cambio circunstancial, o por otros como las conferencias del doctor
Morales, se constituyó la comisión. Pero, a pesar de lo anunciado en julio de 1988 por el
párroco de Garabandal, Francisco Juan Gómez, nunca hizo aparición en el pueblo para
entrevistar a los testigos.
Después de hacer un estudio en que ningún investigador tomaba contacto con otro
del grupo, ni estudiaba la cuestión sobre el terreno, y evitando la influencia de personas
que creyeran en las apariciones –el obispo del Val decía a su colaboradora Maru Torón
que no hablara con los investigadores, “porque me los convences”–, la comisión tuvo
una única reunión tras la cual se redactó el 26 de abril de 1991 un dictamen para enviar a
Roma, según el cual no consta el carácter sobrenatural de los sucesos de Garabandal.
El 16 de abril de 2018, la citada Maru Torón me aseguró que algunos de los
miembros de la Comisión eran partidarios de reconocer el carácter sobrenatural de las
apariciones de Garabandal, pero que prevaleció la opinión negativa de la teresiana
navarra María Ángeles Irurita –supuestamente la historiadora María Ángeles Irurita
Lusarreta, nacida en Pamplona el 26 de junio de 1928–.

236
El material fue enviado a Roma ya por el siguiente obispo, monseñor Vilaplana, el
12 de noviembre de 1991. Para entonces, el propósito habría sido el contrario al de del
Val, pues, según Saavedra, “monseñor Vilaplana esperaba de Roma una condena
definitiva de las apariciones”.
José Vilaplana Blasco, nacido en Benimarfull –Alicante– el 5 de diciembre de 1944,
estudió en el seminario de Valencia y fue ordenado sacerdote el 25 de mayo de 1972,
pasando luego a estudiar a la Gregoriana de Roma. El 20 de noviembre de 1984 fue
nombrado obispo auxiliar de Valencia, el 23 de agosto de 1991 fue trasladado como
obispo titular a Santander y el 17 de julio de 2006 a Huelva.
El resultado del envío de la nueva documentación a Roma fue una carta firmada por
el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y
futuro papa Benedicto XVI, en la que afirmaba claramente que era la diócesis la que
debía publicar el non constat:

La Congregación para la Doctrina de la Fe, después de haber examinado atentamente


la citada documentación, no considera oportuno intervenir directamente, sustrayendo de
la jurisdicción ordinaria de V. Excelencia un asunto que le compete por derecho. Por lo
tanto, este Dicasterio le sugiere que, si lo estima necesario, publique Ud. una declaración
en la cual reafirme que no consta la sobrenaturalidad de las referidas apariciones,
haciendo propias así las unánimes posiciones de los precedentes Ordinarios de esa
Diócesis y, en particular, el parecer expresado el 26 de abril de 1991 por la Comisión
presidida por S.E. Mons. del Val Gallo.

Esta carta de Ratzinger aparece citada, por ejemplo, en la carta que el 23 de agosto
de 2001 envía Vilaplana al investigador británico Mr Donal Foley, de Nottingham,
anunciándole que no considera oportuno hacer una nueva declaración. Exactamente lo
mismo escribió el 7 de noviembre de 2001 a Richard Paul Salbato, residente en Fátima.
Una nueva declaración no parecía conveniente tampoco para los que, no
considerando sobrenaturales los sucesos de Garabandal, sabían que el papa Juan Pablo II
los miraba con simpatía, hasta el punto de haber enviado una carta de felicitación a
Alfred –redactada por su secretario Stanislaw Dziwisz– Weber, que la publicó a modo de
prólogo en la segunda edición (año 2000) de su libro (p. 19):

Que Dios le recompense por todo su trabajo. Especialmente por el profundo amor
con que está dando a conocer los sucesos relacionados con Garabandal. Que el mensaje
de la Madre de Dios sea acogido en los corazones antes de que sea demasiado tarde.
Como expresión de gozo y gratitud, el Santo Padre desea impartirle su bendición
apostólica.

237
En el período de sede vacante tras la marcha de Vilaplana a Huelva, el administrador
apostólico y arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, futuro arzobispo y cardenal de Madrid,
hizo a título particular declaraciones elogiosas respecto a las supuestas apariciones de
Garabandal, en carta a Ed Kelly fechada el 7 de mayo de 2007, tras haber autorizado “a
los sacerdotes para que suban a Garabandal y celebren allí la Eucaristía en la parroquia a
la hora que lo deseen, y puedan administrar el sacramento de la reconciliación a cuantas
personas lo deseen allí”:

Estoy seguro que el próximo obispo promoverá los estudios para que se examinen
con mayor profundidad los sucesos de Garabandal y enviarlos a la Congregación para la
Doctrina de la Fe, en Roma.
Respeto las apariciones y he conocido conversiones auténticas. Ante estos sucesos
¡Cómo no sentir siempre la necesidad de abrir el corazón a nuestra Madre María para
decirla que necesitamos de su protección, de su ayuda, de su ánimo, de su ilusión, de su
fe, de su esperanza y de su amor! Les animo a seguir manteniendo esa devoción hacia
nuestra Madre.

El siguiente obispo, monseñor Vicente Jiménez Zamora (9 de septiembre de 2007 a


21 de diciembre de 2014), visitó la parroquia de Garabandal el 6 de junio de 2012, pero
ni él ni nadie habló en público sobre las supuestas apariciones en esa ocasión.
El 18º obispo de Santander, monseñor Manuel Sánchez Monge, en el cargo desde el
30 de mayo de 2015, ha explicado en carta dirigida a cuantos le preguntaban por
Garabandal que no quiere que se hable del tema. Así lo manifestó en el sexto punto de la
carta firmada en Santander el 24 de junio de 2015 y destinada a “orientar a los fieles”, en
el que daba por supuesto que las declaraciones de sus predecesores habían sido “claras y
unánimes”:

No he creído oportuno hacer una nueva declaración pública para evitar dar
notoriedad a unos hechos demasiado lejanos en el tiempo.

En el siguiente punto, ponía una limitación que Osoro no hizo al autorizar las misas
en la parroquia de Garabandal:

Solo admito que se celebren en la iglesia parroquial sin referencia a las supuestas
apariciones y con la autorización del Párroco actual, que goza de mi confianza.

Mientras tanto, todas las videntes de Garabandal habían vuelto al recuerdo afectuoso

238
y la fe en las apariciones, si es que alguna vez dejaron realmente de creer. Así lo
manifestó el 5 de mayo de 2005, Mari Cruz González al responder a un cuestionario que
le envío la madre Nieves García Matilla, con la intención de “que sirva para que la
Virgen de Garabandal sea conocida por el mundo y sean conocidos los hechos que
sucedieron en el 61-64”, deseo que reiteró en 2012 al autorizar que se divulgaran sus
respuestas a la madre Nieves (publicadas en
http://virgendegarabandal.com/testimonioMariCruz.htm):

− Entonces tuve bastantes apariciones. Lo que me quedó de Ella, su imagen grabada


en mi retina, dejándome un gran cariño y un amor muy grande a Ella. Ahora me siento
como cerrada, con gran pena de no haber hecho algo por la Virgen.
− ¿Alguien te forzó a fingir éxtasis o visiones?
− Eso no es verdad, nadie nos forzó. Alguien dijo que nos dirigía un indiano, pero
eso, repito, no fue verdad.
− ¿Inventaste aquellos fenómenos?
− ¿Cómo lo íbamos a inventar nosotras, si éramos unas niñas ignorantes?
− ¿Es verdad que la Virgen os anunció las negaciones en enero de 1963?
− A mí la Virgen no me lo dijo, se lo anunció a Conchita.
− Algunos testigos dicen que tú declaraste no haber visto nunca a la Virgen.
− Sí, negué haber visto a la Virgen. Mi madre se ponía muy nerviosa con lo que
ocurría, tan nerviosa que enfermó del estómago, teniendo que ir al médico. Negué por
ella, me aparté por ella, pero yo no quería echar la culpa a mi madre. Sentí y siento
remordimiento por haber negado.
− ¿Alguien te presionó para negar?
− No, nadie, nunca.
− ¿Qué recuerdas especialmente de todo aquel periodo de tu vida?
− Siento un recuerdo muy agradable, que me conforta. Me ha quedado algo dentro de
mí que no sé explicar, no podría expresarlo bien.

En cuanto a las múltiples cábalas sobre cuándo pueda ser el Milagro, a partir de 2007
el traductor bíblico Ronald L. Conte difundió que sería el 13 de mayo de 2010. En
España, el geólogo Antonio Yagüe hizo campaña en pro de la fecha del 13 de abril de
2017, pero también pasó sin que se produjeran ni el Aviso ni el Milagro. La siguiente
fecha propuesta es el 11 de abril de 2019.
Mientras tanto, la elaboración de la película titulada “Garabandal, solo Dios lo sabe”,
a cargo de los Siervos del Hogar de la Madre, ha supuesto un aumento de la presión a
favor de una supuesta reapertura del caso de Garabandal.
Junto con los testimonios históricos, los promotores de la película divulgan el caso

239
más reciente de curación, correspondiente a Monserrat Moreno, que “sufría una
enfermedad degenerativa de la columna de larga evolución. Tras su última estancia en el
hospital, los médicos la habían concienciado de la necesidad de empezar a usar una silla
de ruedas. El 15 de agosto de 2012, en San Sebastián de Garabandal, fue curada de una
forma total y sorprendente. Su traumatóloga solo pudo decir: Esto es material y
científicamente imposible” (garabandal.it y peliculagarabandal.com).
Aunque para quienes desconocen el caso puede ser ilustrativa y edificante, la
película –que se plantea además como una represión de los creyentes por los
eclesiásticos, que no creen– tiende a crispar contra ella a quienes han hecho un juicio
negativo, con o sin causa. Es el caso de José Olano, quien opinaba sobre la película
“Garabandal, solo Dios lo sabe”:

− ¿Los que han hecho la película, el Hogar de la Madre, son integristas? No, son
superintegristas. No están reconocidos aquí en la diócesis, eso ya es un dato. Aquí no
están aceptados en la diócesis. Ni los aceptó en Toledo ya don Marcelo, que no era
sospechoso… por integrismo. Supongo que se puede dialogar, eso se parece a lo de
Cataluña en relación a España: si hubiera habido diálogo, no habríamos proclamado la
independencia. Es buscar tres patas al gato, si dices que las condiciones son estas y, si
no, no se dialoga. Si lo dice la Virgen eso vale más que lo que diga el Papa, claro, y
cuando no se aceptan normas en la diócesis, cuando no se acepta esa congregación, algo
habrá.
− ¿Pero si hay gente que se entrega a Dios, el Hogar de la Madre es un fruto
sobrenatural?
− Depende qué forma de entregarse a Dios. No todo es válido. Aquí también entra en
juego la psiquiatría. En la Iglesia hay muchos desequilibrios. Hay mucha propensión, lo
ves a veces en el caso nuestro, de sacerdotes. La Iglesia para todas las personas con
problemas es un refugio, una seguridad. Aquí la Iglesia, que es la que tiene que velar por
la pureza de la doctrina, es la que ha dicho lo que ha dicho: que no están reconocidos.

Para comprender que una postura considerada como desobediencia desde el obispado
obnubila la capacidad de considerar la cuestión con equilibro, termino esta exposición
con un resumen de mi conversación, el 9 de abril de 2018, con el vicario judicial de la
diócesis de Santander, el dominico Crescencio Palomo Iglesias.
Por su cargo y por haber formado parte de la comisión que emitió su dictamen en
1991, cabría suponer que el padre Crescencio distingue entre el no consta, la suspensión
de juicio por falta de datos o por no ser estos concluyentes, y el juicio negativo,
descalificador de las apariciones en este caso. Como se verá, no es así:

240
Del Val no fue el promotor de esa comisión. Fue el que por mandato buscó... porque
le indicaron en Roma. La comisión es de Roma. Roma se lo tuvo que pedir, porque si
Roma no se lo pide, él no lo hace. Alguien se lo pidió a Roma, pudo ser el obispo o pudo
no ser el obispo. En esa comisión interdisciplinar iban dos por cada materia, sin
conocernos; porque una de las cosas que trataron fue que no hubiese ninguna influencia,
que fuese totalmente neutral. Yo por lo menos no conocía a la otra persona, solo la he
visto un día. El día de la reunión.
Roma nos mandó hacer un dictamen bajo secreto. Fue a finales de los 80 y principios
de los 90. Todos éramos de distintos sitios, sin conocernos física ni epistolarmente. Nos
reunió del Val en las Operarias Diocesanas, para que pusiésemos nuestro dictamen por
escrito. Lo llevábamos todos por escrito. Del Val lo único que hizo fue escuchar y
mandar que se levantase acta. Esa tarde cada uno llevábamos por escrito nuestro
dictamen secreto y lo entregamos confidencialmente, después de leerlo y discutirlo. La
discusión fue poca, pero se discutió. Falló uno, de sociología, que no lo tenía hecho y se
excusó. Los demás todos. La decisión nuestra fue unánime. Todos, sin conocernos,
coincidimos, en distintas material, en que no había nada sobrenatural.
Y Roma, después de un tiempo, le contestó a del Val diciendo que estaba de acuerdo.
A mí del Val me dijo:
− Ya Roma me ha dicho que está de acuerdo con lo que habéis decidido. Están de
acuerdo en que no hay nada sobrenatural. Qué alegría tengo, porque yo quería que esto
estuviese resuelto antes de irme, de jubilarme.
Pero él no recibió las órdenes [sobre] qué tenía que hacer. La ejecución le tocó a don
José [Vilaplana]. Roma le mandó publicar lo que está publicado en el Boletín de la
Diócesis. El obispo tiene que obedecer.
El decir no consta en la Iglesia es que no lo ve, y si no lo ve, no lo autoriza. Todo lo
tiene el obispo en un archivo secreto. A nosotros nos dio los libros, de una parte y de la
otra; porque ahí grabaron muchas cintas magnetofónicas, tenían todas transcritas; a mí
me tocó leerlas todas, y a los demás también; a favor y en contra. Lo nuestro era una
pericia, una consulta bajo secreto pontificio. Todos expusimos nuestro parecer y fue
unánime de que no veíamos.
A Roma se le envió todo el material que habíamos tenido nosotros para que buscasen
otros peritos que nosotros no conocemos. Pero sin duda son especialistas
Roma sabía ya cuándo del Val iba a cesar y a lo mejor lo retuvo unos días más para
que lo conociese. Ya vieron que él no podía hacer frente a lo que podía venir después,
porque lo iban a quitar. Y podía darse hasta el rumor de que lo habían quitado porque no
lo había hecho bien.
En el pensamiento, la Iglesia deja libertad, ahora bien, si hay una herejía, ciertamente
la corrige. Ir contra la Santa Sede es ir contra la comunión de la Iglesia. Cuando la Santa

241
Sede se define, porque aquí se ha definido. Al decir no consta lo sobrenatural, es que no,
¡es no!
SM: Entonces, si yo creo que se ha aparecido la Virgen en Garabandal, ¿estoy fuera
de la Iglesia?
CP: Sí, cuando se ha definido Roma, no tiene comunión. No es que esté fuera, no
tiene comunión, ha roto la comunión. La comunión es la unión. La Iglesia es jerárquica y
el que se aparta de la Jerarquía cuando la Jerarquía lo define, ya se hace...
SM: ¿Usted pretende que la gente que cree que la Virgen se apareció en Garabandal
no está en comunión con la Iglesia?
CP: No está, está sui generis. En comunión no está. Porque no obedece al Papa, a la
Jerarquía. Una cosa es que esté excomulgado. El que no [obedece] será una Iglesia fuera,
pero no es la Iglesia.
La Iglesia lo ha definido. No es una definición dogmática, ojo, pero es una clase de
decir: no consta, y si no consta es que la Iglesia no lo admite. Y el que no admite eso no
está en comunión con el Papa.
SM: Si usted fuera el obispo, que de alguna manera lo es porque es vicario, si yo
estuviera hablando con el obispo, ¿me diría: es mejor que no vaya usted a Garabandal a
rezar?
CP: No le diría el obispo que vaya, le diría que no vaya.
SM: Yo sigo creyendo que no consta no significa afirmar que no hay nada
sobrenatural.
CP: No consta significa que no tienes que creer en las apariciones. Tú reza a la
Virgen, pero no a esas apariciones. Usted vea que también sacaron fotografías las niñas,
y los milagros predichos, ¡cuántos milagros! En la Iglesia no ha habido tantos milagros
como con las niñas, y además llamando a la gente para que vean el milagro. ¡Y no lo
veían!

El 11 de abril comenté al vicario judicial que a pesar de lo que decía no veía que
Vilaplana hubiera publicado nada:

CP: Se ha publicado en el Boletín. En el Boletín tiene que estar el decreto.

El padre Palomo me confirmó en esa segunda conversación su opinión de que las


negaciones de las niñas eran clave para descartar la sobrenaturalidad de las apariciones:

Lo sobrenatural se prueba por hechos, y si una niega detrás de otra, tiene que haber
algo falso, porque si negaran a la vez podrían decir que tenían una orden sobrenatural.
Pero la mentira, aunque sea fingida, no la puede decir alguien que tenga algo

242
sobrenatural. Los cristianos cuando han tenido eso, han ido hasta el martirio. Yo tengo
en curso 80 mártires y todos han preferido dar la vida antes que claudicar. Sacerdotes
que les brindaban ya salir y ellos decían: no quiero abandonar a mis fieles, aunque me
maten. ¡Escrito, eh!, por ellos mismos. Hay una consecuencia lógica, que están
dispuestos a defender su fe por encima de todo, hasta la muerte. En cambio, si se
contradice, mala cosa. Nunca he visto yo en unas apariciones, en un fenómeno
sobrenatural, que haya contradicciones.
A Santa Teresa la hicieron sufrir, y ella firme en su fe, nunca se contradijo. Y los
demás lo mismo. Daban su vida antes de negar el hecho o contradecirse. Incluso
llegaban a decir: si la Iglesia me lo pide, yo tengo que obedecer al Papa, y no hay un
santo que no sea obediente al Papa y a la Iglesia. Eso son los fenómenos sobrenaturales.
La obediencia es clave porque hay que seguir a Cristo, que fue obediente hasta la muerte
de Cruz. No se van a contradecir Cristo y la Virgen, y tampoco van a estar forzados por
el capricho de una persona, o porque una persona se lo pide. Una gracia se puede pedir, y
te la puede dar o no. Pero tanto, tanto, tanto, y que tú programes. A la Virgen no se la
programa.

En cuanto a la actuación de los Siervos del Hogar de la Madre –SHM–, la opinión de


Crescencio Palomo el 9 de abril de 2018 fue:

CP: En la Iglesia no pueden actuar. No solo hay mujeres, hay también sacerdotes. Lo
que tiene la potestad del obispo no se la pueden tomar ellos, porque cuando un sacerdote
ejerce de forma habitual, eso ya no está en comunión con el obispo. No le digo con
Roma, no está en comunión con el obispo.
SM: ¿Esos sacerdotes pueden celebrar misa y pueden confesar en la diócesis de
Santander?
CP: No pueden porque no tienen licencia. Los que están en eso de Garabandal y en
La Presilla, no tienen autorización de la diócesis. Cuando uno llega a una diócesis, lo
primero que tiene que hacer es ir al obispo a pedirle permiso. No solo [la misa y la]
confesión, hasta enseñar catequesis, enseñar religión, es el obispo el que tiene la
potestad, y aquellos a quienes se la da.
Y el obispo, reiteradamente, no solo este, todos los obispos, les han negado el
permiso. Ahora dicen que tienen como una cofradía, una asociación de fieles. Aquí solo
hacen propagar lo de Garabandal, es lo único que hacen. Y esas monjas propagan lo de
Garabandal. Y la Iglesia ha dicho que no consta. Y estas están ¡de rondón!, ellas y ellos
están de rondón en la diócesis. Se han metido para esto y nada más que para esto. Y no
tienen permiso del obispo, por tanto no pueden enseñar, no pueden predicar, que es
enseñar, no pueden confesar en la diócesis. Y las monjas no pueden dar catequesis.

243
Sobre este mismo tema, completaba su opinión el 11 de abril de 2018:

CP: En cada diócesis el obispo puede admitir a los que quiera. Aquí no están
admitidos. Eso compete al obispo. Para fundar una casa hay que tener permiso del
obispo. A lo mejor no lo han pedido. Vagos se llama a los que no tienen oficio, pueden
tenerlo en Alcalá, pero cuando pasa a otra diócesis y establece casa sin estar incardinado,
tiene que pedir permiso. Cuando no se lo han dado, supongo que no lo han pedido. Yo le
pregunté a uno de ellos y no me quiso responder. ¿Ustedes cómo están aquí? No me
quiso responder. Le pedí los estatutos, nada, no me los quiso dar, para que vea usted
cómo se portan. No creo que una congregación deba tener sus estatutos en secreto,
cuando deben ser públicos. Qué más prueba quiere de que andan con fingimiento y no
andan con franqueza. Toda institución tiene que tener estatutos públicos y todo sacerdote
tener permiso. Lo único que me dijeron es que estaban aprobados como asociación
privada de fieles, pública pero no universal, eso lo puede hacer quien quiera, cualquier
cristiano puede reunirse. Están como si hacen una cofradía, pero hasta para sacar una
procesión hay que tener permiso y no lo tienen. Aquí no veo en los del Hogar de la
Madre una franqueza, cuando no te quieren dar los estatutos. El que no da la cara es
falso. Por ahí tiene usted que ir, cuando uno se contradice, mala cosa, ya no sabes a qué
atenerte.

Ese mismo día llamé al padre Gabriel García-Alfageme, secretario particular del
obispo de Alcalá de Henares:

SM: El vicario judicial de Santander me dice que los Siervos del Hogar de la Madre
tienen aprobación en Alcalá pero en Santander los consideran curas vagos y no los
reconocen, ni a las monjas, quería consultar si esto lo sabe el obispo de Alcalá.
GG: Usted tranquilo de esas cosas, él sabe todo. Lo que le haya dicho el padre
Saavedra [sacerdote de los SHM] es lo correcto. ¿Qué le dijo el padre?
SM: Que ellos tienen aprobación de Alcalá. El del obispado de Santander dice que
les había pedido los estatutos y no se los habían querido enseñar, por tanto consideraban
que les estaban engañando y que por tanto no les autorizaban ni a celebrar misa ni
confesar ni nada, para entendernos, que los consideran en rebeldía o en cualquier caso
vagos. ¿El obispo de Alcalá no les podrá decir a estos señores que regularicen su
situación?
GG: Usted tranquilo, lo que le dijo el padre Saavedra [es lo correcto], los de
Santander que hagan lo que quieran, como le ha dicho el padre Saavedra, están aquí
aprobados y punto.

244
SM: Pero están en una situación irregular. Me extraña que haya discrepancia entre
los obispos.
GG: Sí, vale, perfecto, pues yo tomo nota. Si hay algo, ya se lo comentaré a los
Siervos.

245
HIJO, AHÍ TIENES A TU MADRE

No sería, razonable atrincherarse en un debate sobre la aprobación o condenación de


las supuestas apariciones de Garabandal, habida cuenta que sus mensajes, al margen de
la realidad de las apariciones, ya fueron aprobados por el obispo Beitia el 8 de agosto de
1965, porque –incluso con la aparente crítica a los pastores de la Iglesia que iban por mal
camino– “contienen una exhortación a la oración y al sacrificio, a la devoción
eucarística, al culto de Nuestra Señora en formas tradicionalmente laudables”.
Las personas que creen en la realidad de las supuestas apariciones de Garabandal,
por tanto, deberían estar ante todo interesadas –como el propio personaje de la supuesta
visión– en divulgar ese mensaje que la Iglesia ha alabado y a cuya difusión no pone
ningún obstáculo. Quienes no creen en ella, deberían también respetar la difusión de su
mensaje y saber que el juicio provisional de la Iglesia acerca de que no consta la
sobrenaturalidad de las apariciones, es suficiente garantía para evitar que se den
fenómenos de devoción o culto indebidos.
Parece que sería deseable que se explicara en la diócesis de Santander, y
particularmente al clero, que el no consta significa que la Iglesia no sabe y permanece
neutral respecto a la sobrenaturalidad de las apariciones, y que no se debe confundir esta
postura con un rechazo, como actualmente sucede.
Por el otro lado, el de los convencidos de la sobrenaturalidad de las apariciones o al
menos simpatizantes de su mensaje, también parece oportuno que asuman y acepten
plenamente la autoridad de la Iglesia, sin pretender –como de hecho sucede– presionar a
favor de una aprobación que, quien tiene fe, confía en que llegará cuando tenga que
llegar, si es que tiene que llegar en caso de que la alabanza al mensaje no sea suficiente
garantía de que se difundirá como conviene.
Por decirlo lisa y llanamente: quienes participan en las actividades del Hogar de la
Madre, principal institución que hoy día se arroga la innecesaria tarea de presionar a la
Iglesia para que apruebe la realidad sobrenatural de las apariciones, aparte de llevar a
cabo muchas otras tareas seguramente laudables, tienen la grave obligación moral de

246
someter esas actividades en la diócesis de Santander a la autoridad del obispo. Y no lo
están haciendo.
En un tercer plano, quienes se acercan a Garabandal deberían saber también
distinguir el mensaje, cuyo contenido es conveniente conocer y difundir, de las opiniones
acerca de aspectos secundarios acontecidos, anunciados o profetizados con los matices
que corresponda. Hay asuntos sobre los que no se dio explicación, como la voz que las
niñas oyeron el 16 de agosto de 1961, otros referidos al futuro, como cuántos papas
habrá o qué signos habrá en el fin de los tiempos, etc., que pueden dar pie a discusiones
interminables que no deberían llevarse a cabo, y mucho menos fomentarse, en el marco
de la difusión de un mensaje religioso. Porque, además, hay cuestiones que nada tienen
que ver con la fe, y por tanto quedan a la libre discusión –fuera del marco de las
actividades y sedes de actividades religiosas– como si va a haber o no una guerra
mundial o si vive gente en otros planetas.
Es lamentable que algunos aprovechen la presencia en Garabandal de personas que
buscan respuestas a sus inquietudes religiosas, para difundir mensajes sobre cuya
inutilidad, perniciosidad o por lo menos complejidad la Iglesia ha advertido, como los de
la supuesta vidente Vassula Rydén, los de los libros de la Divina voluntad, etc.
Volviendo a la otra parte del dilema, esta situación no puede terminar mientras la
autoridad diocesana no asuma Garabandal de forma pacífica y acepte que es posible y
conveniente difundir su mensaje, a pesar de la indudable dificultad de hacerlo
manteniendo la neutralidad sobre el reconocimiento de la sobrenaturalidad de las
apariciones.
El ideal ante un fenómeno que puede ser sobrenatural difícilmente es la neutralidad,
pero cierta ecuanimidad es deseable.
El mensaje de oración y penitencia que se escuchó en Garabandal no contiene nada
contrario a la fe católica, según dictaminó en 1965 el obispo Beitia. Recordar y aceptar
la llamada a la penitencia, a ser mejores, a adorar la Eucaristía y meditar la Pasión de
Cristo, es algo siempre beneficioso y aconsejable.
El mensaje de Garabandal es, pues, útil y necesario. Se puede difundir, se puede
meditar sobre él y se puede vivir, sin peligro de caer en ningún sectarismo. Esta es la
principal propuesta a la que se debería llegar, dejando desde luego para cada cual la
consideración sobre si necesita algún aditamento milagroso en particular para creer que
ese mensaje le concierne.
En segundo lugar, hay que evaluar las pruebas a favor y en contra de si el personaje
que propuso ese mensaje venía del Cielo o no. Muchos vieron prodigios y eso les
convenció. Otros vieron aspectos extraños que les hicieron sospechar: entre esos,
Warszawski opinó que las apariciones son obra del diablo porque no le parecían
correctas las profecías sobre el Milagro, los Papas y el fin de los tiempos.

247
Pero la tesis de Warszawski ya estaba descalificada cuando se publicó, porque el
diablo no puede predicar mensajes que promuevan la fe católica, y Beitia ya confirmó
esa coherencia de los mensajes de Garabandal con la fe en 1965.
La mayoría de los reacios a creer en Garabandal, dentro de la Iglesia católica, no
consideran sin embargo que las supuestas apariciones fueran obra del diablo, sino de un
grupo de farsantes, y basa ese juicio negativo en el hecho de que las niñas negaran, en un
momento determinado, haber visto a la Virgen.
Por poca disposición que se tenga a estudiar los sucesos de Garabandal, debería ser
fácil de comprender que un suceso en el que una persona, según los médicos que
estudian el fenómeno, es paciente –por estar en extremo abstraída, en éxtasis–, no es
responsabilidad de quien no lo ha desencadenado.
De sobra era evidente para quienes vieron esos éxtasis, adivinaciones, levitaciones,
etc., que provocar y llevar a cabo esos fenómenos estaba muy por encima de la
capacidad de las niñas que los experimentaban. Y, sin embargo, la fácil explicación de
que todo era un montaje se aceptó sin rechistar. Y sin tener en cuenta que para aceptarla
habría que tratar de explicar en qué consistía el montaje, cosa que jamás se ha hecho.
Eso por no decir que una supuesta prueba obtenida de forma fraudulenta no debe ser
considerada válida en un juicio. Y ese fraude en la obtención de las pruebas tuvo lugar
en las negaciones de tres de las jóvenes, que se obtuvieron mientras las niñas eran
menores de edad, interrogándolas sin permiso de los padres y, en el caso de la cuarta,
porque los padres querían que no tuviera apariciones. –Mari Cruz, que escribió sobre su
madre: “Negué por ella, me aparté por ella”–.
Si el mensaje –o, en plural, hasta tres, dejando claro que hay uno intermedio, en las
llamadas Noches de los Gritos, al que hasta ahora no se ha denominado nunca mensaje–
es importante, la esencia de Garabandal está en el anuncio y espera del Milagro. El
Aviso es una preparación para él y el Castigo es una consecuencia en caso de que no
haya arrepentimiento de los hombres después de producirse dicho Milagro.
Quienes piensen que sería fraudulento o incompleto decir que el permiso de difundir
el mensaje y la alabanza del mismo es bastante, porque lo que importa es creer en el
Milagro, se equivocan en mi modesta opinión. Lo que el Milagro pide –o lo que se pide
respecto a él en las supuestas apariciones de Garabandal– no es fe, sino esperanza.
Hemos de confiar en que Dios pondrá remedio a los males de las almas, que premiará a
los buenos y castigará a los malos. Sabemos que lo hará, y eso es parte importante de la
fe, pero el cómo lo haga es un milagro que esperamos para el futuro.
Por tanto el que cada cristiano espere que eso suceda de una u otra forma, es algo que
queda a la libre decisión de cada cual y sobre lo que no cabe suponer que vaya a
pronunciarse la Iglesia. Confiar en que suceda el Milagro anunciado en Garabandal es
lícito, como lo es confiar en que las cosas sucedan de cualquier otra manera, y no tiene

248
sentido que los cristianos nos peleemos por esta cuestión.
Sobre el Milagro, naturalmente, se puede especular y discutir, pero la actitud que se
pide en Garabandal es la de esperar pidiendo su realización y que resulte beneficioso
para el mayor número de personas. En este punto, tan lejos del camino están los que se
toman a broma la posibilidad del Milagro como aquellos que parecen solo interesados en
adivinar su fecha.
En el drama que desde 1961 se ha desarrollado en Garabandal destacan cuatro
figuras: las de las niñas que dijeron ver a la Virgen, pero que no por ello se
ensoberbecieron, sino que sometieron su experiencia al juicio de la Iglesia.
Con estas niñas se ha cometido, en mi modesta opinión, una grave injusticia, pues
era y es patente que no fue su intención engañar a nadie ni han sacado provecho de las
supuestas apariciones. El que sea deseable que se agradezca a estas mujeres que
participaran en la difusión de un mensaje que la Iglesia ha alabado, no quitaría ya verdad
a la advertencia que recibieron de que habrían de sufrir mucho, cuando la supuesta
aparición les pidió que aceptaran ese sufrimiento por el bien de las almas al que venía a
servir quien se presentaba como la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra
Señora del Carmen.

249
BIBLIOGRAFÍA

· Anónimo: Reseña del acto celebrado en Garabandal el día 29 de septiembre de


1967, con motivo de inaugurarse la capilla dedicada a San Miguel. Editorial Círculo,
Zaragoza, 1967, 24 páginas.
· Antonio María Artola Arbiza: ¿Qué pasó en Ezkioga? Pequeña historia de las
apariciones. Euzko Etxea Arantzazu, Lima, 2016, 95 páginas.
· Amado de Cristo Burguera y Serrano: Los hechos de Ezquioga ante la razón y la fe.
Casa Martín, Valladolid, 1934, 797 páginas.
· William A. Christian Jr.: Las visiones de Ezkioga. La Segunda República y el Reino
de Cristo. Ariel, Barcelona, 1997, 515 páginas.
· José María de Dios (seudónimo de Julio Porro): Las apariciones de Garabandal
¿Sin interés? Círculo, Zaragoza, 1972, 442 páginas.
· José Ramón García de la Riva: Memorias de un cura de aldea : Garabandal 1961-
2011, 2ª edición, 2016, 447 páginas.
· Eusebio García de Pesquera, OFM: Se fue con prisas a la montaña. Los hechos de
Garabandal. Zaragoza, Círculo, 1972. Reeditado en 2004 por Copisan, 592 páginas.
· Juan García Inza: “Garabandal, Pablo VI y Juan Pablo II (III)”. En Religión en
Libertad, 25 de febrero de 2013 (https://religionenlibertad.com/garabandal-pablo-vi-y-
juan-pablo-ii-iii-27863.htm).
· Conchita González: Diario de Conchita de Garabandal, con 92 notas explicativas y
12 documentos anexos. Lindenhurst, Nueva York, 1967, 136 páginas.
· Ed Kelly: A Walk to Garabandal. A Journey of Happiness and Hope. Goodbook,
Corpus Christi, Texas, 2017, 335 páginas.
· M. Laffineur: L’étoile dans la montagne. 1966 (edición anónima). 2013, 370
páginas, Nouvelles Éditions Latines (NEL Éditions).
· René Laurentin: Apariciones actuales de la Virgen María, 1991, Rialp, Madrid,
264 páginas.
· Santiago Lanús: Madre de Dios y Madre nuestra: Fátima, Ámsterdam y

250
Garabandal. San Román, Madrid, 2013, 322 páginas.
· Dictionnaire des apparitions de la Vierge Marie. Fayard, París, 2007, 1.432
páginas.
· Valentín Marichalar: Cuadernos (Datos y Diario). Parte 1:
http://stjosephpublications.com/book_manuscripts_pages/Fr_Valentins_Journal_1.htm
· Parte 2:
http://stjosephpublications.com/book_manuscripts_pages/Fr_Valentins_Journal_2.htm
· Parte 3:
http://stjosephpublications.com/book_manuscripts_pages/Fr_Valentins_Journal_3.htm
· Ismael Martínez Carretero: “La advocación del Carmen. Origen e iconografía”.
Páginas 771-790 de Advocaciones Marianas de Gloria, actas del Simposium del Instituto
Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas, San Lorenzo del Escorial 2012.
· Lucas Francisco Mateo-Seco: “Fe y visiones en la literatura espiritual del siglo de
Oro Español.”, en Estudios Marianos, 75, 2009, 131-144.
· Benito Mendía y Antonio María Artola Arbiza: La Venerable Madre María de
Jesús de Ágreda y la Inmaculada Concepción. El proceso eclesiástico a la “Mística
Ciudad de Dios”, Ágreda, 2004. Segunda edición modificada: 2015, Pontificia
Academia Mariana Internationalis, Ciudad del Vaticano, 518 páginas.
· Obispado de Santander: Declaraciones oficiales de la Jerarquía sobre Garabandal,
Santander, 1970, 46 páginas.
· Félix Ochayta Piñeiro: Estudio sobre Garabandal, Sigüenza, 2001. Estudios sobre
Garabandal, 2004, en el Archivo de la Fundación del Hogar de la Madre (AFHM).
· Ricardo Puncernau: Entrevistas con el Dr. Ricardo Puncernau con motivo de los
extraordinarios hechos de San Sebastián de Garabandal. Folleto de 17 páginas, 1968.
· Ramón Pérez: Garabandal. El pueblo habla. Burgos, Gumiel de Izan, 1991, 447
páginas.
· Christiane Roman-Bocabeille: El misterio de las apariciones de Garabandal.
Sopena, Barcelona, 1987, 127 páginas.
· José Luis Saavedra: Garabandal. Mensaje de esperanza. Gráficas Copisán,
Santander, 2015 (2ª edición ampliada, 2016), 282 páginas.
· Garabandal. 1961-1965. Gráficas Copisán, Santander, 2018, 247 páginas.
· Francisco Sánchez-Ventura: La verdad sobre las apariciones de Garabandal.
Fundación María Mensajera, 1998, 347 páginas.
· Las apariciones no son un mito: el interrogante de Garabandal. Editorial Círculo,
Zaragoza, 1965, 250 páginas.
· Józef Warszawski: El mito de Garabandal, Studium, 1973, 248 páginas. Título
original: Garabandal: objawienie Boże czy mamienie szatańskie? (Garabandal:
¿revelación de Dios o trucos satánicos?), edición del autor, 1970, 294 páginas.

251
· Albrecht Weber. Garabandal. Der Zeigefinger Gottes. 2ª edición aumentada, Weto,
Meersburg, 2000, 258 páginas.
· Antonio Yagüe: Garabandal, 50 años después. Arca de la Alianza, 2011, 186
páginas.

252
SANTIAGO MATA
Santiago Mata, vallisoletano de 1965, doctor en Historia y licenciado en Periodismo,
es profesor de Religión y trabaja como asesor en el Centro Territorial de Innovación y
Formación (CTIF) Madrid-Sur. Está casado y tiene tres hijos. Ha trabajado en
universidades y medios de comunicación en España, Eslovaquia y Austria. En 2007
destapó el robo de patrimonio subacuático español cometido por los cazatesoros de

253
Odyssey.

Autor de síntesis en castellano sobre historia naval y aérea de la Segunda Guerra


Mundial como Tormenta de fuego, el bombardeo estratégico (2005), U-Boote, el arma
submarina alemana (2015) y Kriegsmarine, la Flota de Hitler (2017). En 2006 publicó
la biografía El hombre que demostró el cristianismo. Ramon Llull y, en 2015, las obras
Monseñor Óscar Romero, pasión por la Iglesia y El Yunque en España. Sobre historia
de España ha publicado El tren de la muerte (2011), Holocausto católico (2013) y El
sueño de la Transición (2014). En 2017 descubrió que la llamada Gripe Española de
1918 comenzó en realidad en Estados Unidos en 1917, publicando las pruebas en Cómo
el Ejército Americano contagió al mundo la Gripe Española (2017).

254
Índice
SILENCIO EN GARABANDAL 2
EL ORGULLO HERIDO 3
HOMBRES Y TIERRA BASTIANOS 7
LAS APARICIONES DEL ÁNGEL 12
LAS APARICIONES DE LA VIRGEN 28
CONCHITA EN SANTANDER Y EL PADRE LUIS ANDREU 43
EL PRIMER CERROJAZO 68
EL PRIMER MENSAJE 94
EL MENSAJE INTERMEDIO Y LA COMUNIÓN VISIBLE 115
EL MILAGRO Y LAS NEGACIONES 134
EL FIN DE LAS APARICIONES Y EL ÚLTIMO MENSAJE 164
JUICIOS EPISCOPALES Y NEGACIONES DE CONCHITA 180
LA ESPERA DEL MILAGRO 210
LOS OBISPOS SILENCIOSOS 224
HIJO, AHÍ TIENES A TU MADRE 246
BIBLIOGRAFÍA 250
AUTOR 253

255