Está en la página 1de 19

Lo “imaginario” en Ciencias Sociales.

Reflexiones sobre las posibilidades de una noción ambigua *

Raúl Enrique Anzaldúa Arce **

Lo imaginario, una noción ambigua

A partir del desencanto intelectual y político por el marxismo, así como de las reiteradas

críticas a las visiones nomotéticas (que intentan la formulación de teorías generales y

universales sobre la sociedad); las ciencias sociales en la actualidad han mostrado un

creciente interés por las visiones ideográficas 1 , de carácter interpretativo, que centran su

análisis en aspectos particulares de los procesos sociales. En este contexto la categoría de

imaginario, que antaño era menospreciada y prácticamente se restringía a ciertos estudios

de antropología simbólica, en la última década ha cobrado gran interés.

A pesar de su creciente relevancia podemos afirmar que “lo imaginario” es una

noción en construcción. Si bien hoy en día existe una importante cantidad de trabajos, no

contamos con una teoría más o menos compartida en torno a lo imaginario. Las

investigaciones y los trabajos teóricos sobre el tema son sumamente heterogéneos: así como

hay producciones que sostienen concepciones semejantes sobre lo imaginario, hay otras

que son francamente divergentes; algunas podrían complementarse, pero otras incluso se

contradicen. La diversidad de aproximaciones a lo imaginario, provienen de casi todas las

*
Este trabajo tiene como base la Conferencia impartida en el 1er. Encuentro Internacional: Giros Teóricos en
ciencias Sociales y Humanidades, realizado en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional
de Córdoba, Argentina en noviembre del 2006.
**
Docente - Investigador de la Universidad Pedagógica Nacional (México). Responsable de la Línea de
Investigación: “Formación Docente y Prácticas Institucionales” del Doctorado en Educación. Miembro del
Cuerpo Académico: “Constitución del Sujeto y Formación”
1
La postura ideográfica sostiene que si los procesos sociales son históricos, particulares, dinámicos y cambian
continuamente, por lo que es difícil que se les pueda aplicar explicaciones generales y en todo caso al
hacerlo, tendríamos una comprensión parcial de los fenómenos.
disciplinas sociales, a partir de los más variados enfoques y ligado a múltiples temas

problemáticos como: la ideología, el mito, las representaciones sociales, los discursos, el

sentido de la acción, el poder y la identidad social. Esto no sólo muestra su relevancia, sino

también la dificultad para intentar un análisis de esta noción, a fin de contribuir al trabajo

de conceptualización que se requiere.

Veamos a continuación algunos autores y los temas que han abordado a partir de lo

imaginario, como una pequeña muestra de la diversidad de la que hablamos:

El sociólogo y antropólogo Jean Duvignaud (1982), señala que lo imaginario no es

una esfera excepcional de la vida de los sujetos, por el contrario forma parte de su

cotidianeidad. Para Duvignaud (1997) así como lo imaginario es susceptible de la

injerencia de las diversas formas de ejercicio del poder y del impacto de las relaciones de

producción, también es posible escapar de ellas y crear sentidos diferentes a los inducidos

en los procesos de sujetación.

Los juegos, los sueños, las obras de arte y los rituales 2 ponen de manifiesto esta

doble dimensión de lo imaginario: su carácter regulador de los comportamientos culturales,

pero también revelan su capacidad para poner en trance las formas de regulación social y la

creatividad para transformar la vida a partir de las ensoñaciones, las esperanzas y las

utopías.

Para algunos historiadores como Nilda Guliemi (1991), lo imaginario es

fundamentalmente un sistema de referencias en constante cambio, cuyo dominio es el

campo de las representaciones que van más allá de las comprobaciones de la experiencia y

2
Sobre estos temas pueden consultarse las siguientes obras de Jean Duvignaud. El juego del juego (1982),
Jean Duvignaud, Francoise Duvignaud y Jean Pierre Corbeaul. El banco de los sueños (1996), Jean
Duvignaud. Sociología del arte (1988), Jean Duvignaud (1990) Heregía y subversión.
que encuentran profundas relaciones con la fantasía, la sensibilidad y el sentido común de

cada época y lugar.

Para los historiadores de las mentalidades como Evelyne Patlagean, el campo de

lo imaginario es definido como:

“El conjunto de representaciones que desbordan el límite trazado por los

testimonios de la experiencia y los encadenamientos deductivos que éstos

autorizan. Lo que significa que cada cultura, y por tanto cada sociedad e incluso

cada nivel de una sociedad compleja tiene su imaginario” (Patlagean,s/f:302)

Para esta concepción lo imaginario alude a los productos del campo de la

imaginación que están asociados a las condiciones humanas, desde lo más colectivo, hasta

lo más íntimamente personal. Se afirma que existe un límite variable entre lo imaginario y

lo real, el límite pasa por lo que para cada quien, de acuerdo a su cultura y su época, es

asignado en cada apartado.

Otro historiador Bronislaw Baczko (1991), sostiene que lo imaginario social es un

esquema de interpretación del mundo que interviene en la organización social del tiempo,

en la construcción de la memoria colectiva, en la producción de visiones de futuro (como

las utopías) y, a partir de estas representaciones, orienta los comportamientos y en ese

sentido facilita el ejercicio del poder.

Un autor importante y sumamente reconocido es Gilbert Durand, discípulo de

Gaston Bachelard y miembro del Círculo de Eranos (de inspiración Junguiana), funda y

coordina en 1966 el Centre de Recherche sur l’Imaginaire, que ha llegado a cobijar 43

centros de investigación en el mundo sobre este tema. Para Durand lo imaginario es “el
conjunto de todas las imágenes mentales y visuales posibles y su procesamiento”

(Durand,2000:10). Estas imágenes interrelacionadas constituyen el pensamiento humano y

permiten organizar y expresar simbólicamente, la vinculación del hombre y la sociedad con

su entorno. Las imágenes que conforman lo imaginario, se organizan y se expresan de

manera privilegiada en las narraciones míticas, en las diversas producciones simbólicas y

en las expresiones artísticas, que se convierten en objetos idóneos para el análisis de lo

imaginario.

Durand crea una propuesta antropológica para el estudio de lo imaginario a la que

denomina estructuralismo figurativo, que se empieza a gestar desde su famosa tesis

doctoral Las estructuras antropológicas de lo imaginario (2004 [1969]) y que encontrará

su expresión teórica y metodológica en una serie de propuestas a las que él denominó:

mitocrítica, mitoanálisis (durand,1993) y mitodología (Durand,2003).

La escuela de Durand ha generado una importante producción de estudios sobre lo

imaginario, especialmente a partir del análisis de mitos. También ha influido en diversos

autores de cierto reconocimiento como el sociólogo Michel Maffesoli.

Maffesoli aborda el tema de lo imaginario en su intento de elaborar una

interpretación sistematizada de los cambios de la sociedad posmoderna, caracterizada por la

primacía del presente y la fragmentación social en una multiplicidad de formas de

colectividades más restringidas, sin caer en el individualismo como a veces se supone, sino

en la conformación de nuevas comunidades, que se convierte en una suerte de referente

identitario (con una fuerte exaltación narcisista) como las denominadas tribus urbanas

(Maffesoli,2004 [1990]). En esta problemática el estudio de lo imaginario resulta esencial.

Para Maffesoli, lo imaginario, al igual que para Durand es el conjunto de imágenes,

incluidas y expresadas en el registro de lo simbólico, que a la par que sirve para la


legitimación de la dominación social apelando a las dimensiones mitológicas, también

puede alimentar la transformación social, a través de la utopía.

Lo imaginario para Maffesoli, sirve para condensar tanto las esperanzas humanas

como las formas de legitimación del orden social. El mundo imaginal Durand,2001) es la

autorrepresentación que un colectivo construye como soporte para la solidificación de un

sentimiento de comunidad compartido, a partir del cual se proporciona un referente de

identidad para sus integrantes.

Recientemente el filósofo y politólogo inglés Charles Taylor, publicó el libro

Imaginarios sociales modernos (Taylor,2006) donde concibe lo imaginario social como el

modo en que las colectividades imaginan su existencia social. Este imaginario se manifiesta

a través de historias, imágenes y leyendas, compartidas por un grupo amplio de personas, a

partir de las cuales se generan ciertas expectativas, prácticas y formas de relación, dentro de

un sentimiento compartido de legitimidad.

Taylor sostiene que a lo largo de la historia han existido múltiples formas de

modernidad y a cada una, corresponde un imaginario social. Los imaginarios sociales

modernos son formas culturales animadas por la representación un orden moral basado en

el beneficio mutuo.

El autor señala que los imaginarios sociales dotan a los colectivos de

autorrepresentaciones que no tienen el grado de elaboración de las teorías sociales, pero que

en la medida en que son compartidas funcionan como contexto de la vida social,

permitiendo la comprensión implícita de un amplio repertorio común en el cual se

organizan los actos de habla 3 y las diversas formas de relación social.

3
John Austin y John Searle son un referentes importantes de la explicación de cómo operan los imaginarios
sociales en los planteamientos de Taylor.
Como puede apreciarse con esta pequeña muestra de producciones teóricas, en la

actualidad no contamos con una teoría de lo imaginario, sino más bien con una serie de

aproximaciones teóricas de múltiples disciplinas sociales que abordan la temática a partir

de preocupaciones particulares.

Sin duda uno de los autores que ha venido cobrando cada vez más importancia por

la riqueza de sus planteamientos en torno a lo imaginario, es Cornelius Castoriadis, quien

merece un análisis más detallado de sus tesis.

Lo imaginario en Cornelius Castoriadis

Para Castoriadis, lo imaginario son significaciones, construcciones de sentido, que

se producen en dos órdenes o dominios irreductibles uno al otro, que denomina: el dominio

de la psique y el dominio histórico social. Lo imaginario “no es la imagen de algo”, sino la

creación incesante e indeterminada de figuras, formas, imágenes, que actúan como

significaciones, en tanto que a partir de ellas las cosas, los hechos, los procesos, etc. cobran

sentido:

“Llamamos imaginarias a estas significaciones porque no corresponden por

referencia a elementos ‘racionales’ o ‘reales’ y no quedan agotadas por

referencia a dichos elementos, sino que están dados por creación”

(Castoriadis,1998:68)
La significación imaginaria no se trata de algo percibido o representado (no es

representación de algo en lugar de otra cosa), sino que se refiere a aquello a partir de lo cual

las cosas son (significan), pueden ser “presentadas” (o re-presentadas) y ser objeto de

discursos que pueden conformar una multiplicidad de sentidos. Beatriz Ramírez Grajeda

sostiene que lo imaginario es un esfuerzo de construcción de sentido:

“Lo imaginario es la fuerza creadora que permite que, entre la percepción de

la realidad y la expresión de su experiencia, coagule una forma de interpretación”

(Ramírez Grajeda,2003:292)

Las significaciones imaginarias son creadoras de objetos que se presentan y re-

presentan para los sujetos y las sociedades, de manera que organizan su mundo y lo dotan

de sentido.

Lo imaginario se manifiesta de manera diferente en cada uno de los dos dominios

del hombre, de manera tal que Castoriadis decide denominarlos de manera distinta en cada

uno: En el dominio de la psique, lo imaginario es denominado como imaginación radical.

Mientras que en el dominio histórico social, se lo nombra como imaginario social.

La imaginación radical es la capacidad de la psique de crear un flujo incesante de

representaciones, intenciones (deseos) y afectos, que se producen ex nihilo, que no están en

lugar de nada, ni son delegadas de nadie. La denomina como radical porque alude a la

creación (originaria), a la raíz, a la fuente de la creación. Se trata de un flujo de creación de

representaciones-intencioes-afectos y no de una combinación o repetición de

representaciones previas (aunque la imaginación puede recurrir a las combinaciones y las

repeticiones, estas no son sus características principales, sino la creación).


Para la psique lo que “es”, es producido por la imaginación radical. La imaginación

es el origen de lo que puede ser figurado, presentificado, pensado, representado, deseado y

en relación a lo cual se despliegan los afectos.

“Es imposible que haya vida psíquica si la psique no está capacitada para

hacer surgir representaciones, y , ‘en el punto de partida’, una ‘primera’

representación que, de alguna manera, tiene que contener en sí la posibilidad de

organización de toda representación –debe ser un constituido – constituyente, una figura

que luego será germen de los esquemas de figuración- [...] de los elementos

organizadores del mundo psíquico”. (Castoriadis, 1983b:193)

La imaginación radical es disfuncional, pues es un flujo irrefrenable que hace

aparecer lo nuevo incesantemente, como parte de la autoalteración inherente al devenir

psíquico del sujeto.

En el dominio histórico-social prevalece lo imaginario social, que está constituido

por producciones de sentido, sistemas de significación social, cuya consolidación y

reproducción permite mantener unida a la sociedad (Castiriadis,1983a), gracias a la

institución de normas, valores y concepciones que hacen que una sociedad sea visualizada

como una unidad .

“Toda sociedad es un sistema de interpretación del mundo [...]. Toda sociedad

es una construcción, una constitución, creación de un mundo, de su propio mundo.

Su propia identidad no es otra cosa que ‘ese sistema de interpretación’, ese

mundo que ella crea (imaginario social).” (Castiriadis,1998: 69)


Dentro del imaginario social, Castoriadis distingue dos dimensiones: el imaginario

radical y el imaginario efectivo. El imaginario radical “es la capacidad de hacer surgir

como imagen algo que no es” (Castiriadis,1983a: 220), es la capacidad creativa (río abierto

del colectivo anónimo) de la invención y del desplazamiento de sentido para crear nuevas

significaciones. Es la dimensión instituyente del imaginario social. El imaginario efectivo,

se refiere a los productos, a lo imaginado, a las significaciones instituidas de una sociedad.

La sociedad en su proceso de devenir, de autoalteración histórica, requiere para

existir la instauración de instituciones a través de crear significaciones imaginarias, que

instituyen un mundo de normas, valores, lenguaje, formas de representar – decir social

(Legein), así como de instrumentos, procedimientos y métodos de hacer social (teukhein).

La institución imaginaria de la sociedad se rige por estos sistemas simbólicos sancionados,

condiciones identitario – conjuntista (Castiriadis,1983b: 314), que constituyen un mundo de

instituciones que tiende a la “clausura”, a formar un cerco de significaciones que sirva de

referencia identitaria para la sociedad y sus sujetos (aunque tal intento de clausura sea

constantemente trastocado por el mismo proceso histórico de autoalteración de la sociedad).

El imaginario social requiere para manifestarse de las producciones simbólicas con

las que se liga, estableciéndose entre ambos un vínculo sumamente estrecho: “el

simbolismo supone la capacidad de poner entre dos términos un vínculo permanente

(significación imaginaria) de manera que uno ‘represente’ al otro [...] significante,

significado y su vínculo se mantienen simultáneamente unidos en una relación a la vez

firme y flexible” (Castiriadis,1983a: 254). El vínculo que une significante y significado es

la significación (lo imaginario): “algo ‘inventado’ -ya se trate de un invento ‘absoluto’ [...],

de un desplazamiento de sentido en el que unos símbolos ya disponibles están investidos


con otras significaciones que las suyas ‘normales’ o ‘canónicas’” (Castiriadis,1983a: 219).

El simbolismo (que lo imaginario carga de significación) emplea elementos históricos (y/o

naturales) para su construcción y su permanencia. Las producciones simbólico -

imaginarias, se sostienen fundamentalmente a través de dos mecanismos:

1. Repetición insistente de la significación de los símbolos, a través de discursos y

de la práctica reiterada de ceremonias y costumbres. La cultura, como producción

simbólica, repite estos discursos y rituales que apoyan, reproducen e instituyen a la

sociedad 4 .

2. Se instituyen universos de significaciones, que establecen lo que ‘es’ y debe ser

cada sujeto y su mundo. Estableciendo, además, formas de comportamiento ligadas a la

identidad, que cada sujeto define dentro de su contexto y dentro del universo de

significaciones que le preceden.

“Toda sociedad debe definir su ‘identidad’ [...]. Sin las ‘respuestas’ a estas

‘preguntas’( ¿quiénes somos?, ¿qué somos los unos para los otros?, ¿dónde

estamos?, ¿qué deseamos?, ¿qué nos hace falta?), sin estas ‘definiciones’, no hay

mundo humano, ni sociedad, ni cultura [...]. El papel de las significaciones

imaginarias es proporcionar a estas preguntas una respuesta”(Castiriadis,1983a: 254)

A través del imaginario social, la sociedad se instituye, creando significaciones que

“operan como organizadores de sentido de los actos humanos” (Fernández,1993:73)

estableciendo que es lo lícito y lo ilícito, lo permitido y lo prohibido, lo bello y lo feo, etc.


Los mitos sociales son producciones culturales cuya eficacia simbólica radica en

“cristalizar el sentido” (Fernández,1993:77), fungiendo como organizadores de

significaciones, que ayudan a sostener lo instituido5.

“No hay sociedad sin mito [...]. El mito es esencialmente un modo por el que la

sociedad catectiza (carga) con significaciones el mundo y su propia vida en el mundo, un

mundo y una vida que estarían de otra manera, evidentemente privados de sentido”

(Castoriadis,1998:71)

Los mitos y en general la mayor parte de las significaciones imaginarias, en tanto

creencias ilusorias anudan el deseo al poder.

“Más que a la razón, el imaginario interpela a las emociones, voluntades,

sentimientos, sus rituales promueven formas que adquirirán sus comportamientos

de agresión, de temor, de seducción que son las formas en que el deseo se anuda al

poder” (Fernández,1993:72)

4
“La ‘institución’ de las instituciones de una sociedad y su continuidad, es posible no sólo por las condiciones
materiales económicas que la producen sino por la eficacia simbólica de sus mitologías, emblemas y rituales
que la reproducen” (Fernández, 1993: 77).
5
Algunas de las características de estos mitos son las siguientes: 1. Se sostienen y reproducen a través de la
repetición de sus narrativas y rituales. 2. Instituyen significaciones morales y totalizadoras en sus enunciados
que se hacen pasar por principios “universales”, que tienden a homogeneizar a los sujetos de una cultura
violentando la diversidad, que es vista como algo ajeno que se contrapone a sus principios. 3. Instituyen
exaltaciones y negaciones a través de sus narrativas creando jerarquías entre los diferentes aspectos de una
realidad. Intentan instituir las significaciones del mito como la “realidad”. 4. Organizan las formas de los
lazos sociales institucionalizan tanto las relaciones materiales como la subjetividad de las personas . 5. Tratan
de hacer invisibles las contradicciones que pueda haber entre el mito y la realidad. 6. Producen sistemas de
significación que hacen posible la producción de consensos (Fernández, 1993: 78).
La elaboración simbólica de lo imaginario se enlaza, generalmente, con el deseo,

ofreciendo al sujeto: objetos de deseo y significaciones catectizadas, que alimentan, a su

vez, la ilusión de la satisfacción del deseo. La creencia en esta ilusión es lo que anuda al

sujeto al poder6, a lo instituido (imaginario efectivo) , aunque también puede enlazarlo a lo

instituyente (la búsqueda de la creación de un nuevo sentido, a partir del imaginario

radical).

La identidad es una de esas creencias alimentada por significaciones imaginarias,

que constituye uno de los mecanismos privilegiados en la búsqueda del control de las

acciones posibles de los sujetos. Las naciones requieren para reproducirse de la

construcción de una identidad para sí y para sus sujetos, y de esta manera “se presentan

como una ‘comunidad imaginada’, invisible y anónima [....] y concretada en cada caso por

un peculiar ‘símbolo de masas’” (Giménez,1993:13), que les permite percibirse diferente de

otras, distinguirse e integrarse en torno a una cultura y a una identidad cultural.

En la sociedad hay significaciones imaginarias centrales que son “creadoras de

objetos ex nihilo y organizadoras del mundo” (Castoriadis,1983a:316). El ejemplo que

Castoriadis pone de este tipo de significaciones imaginarias centrales es “Dios”, pues es

una creación ex nihilo que no tiene ningún otro referente de significación y que a su vez

crea una multiplicidad de objetos y nuevas significaciones, a las que denomina

significaciones imaginarias segundas o derivadas (que de ningún modo deben considerarse

como menos importantes). Estas significaciones segundas se crean como agregadas a la

6
Las concepciones de Foucault sobre el poder, podrían ayudardarnos a pensar este “anudamiento” del deseo
al poder: “El ejercicio del poder [...] es es un conjunto de acciones sobre acciones posibles; opera en el campo
de la posibilidad o se inscribe en el comportamiento de los sujetos actuales: incita, induce, seduce, facilita o
dificulta,[...]vuelve más o menos probable [...] El ejercicio del poder consiste en conducir conductas y en
arreglar probabilidades” (Foucault,1988:238-239). ¿Las significaciones imaginarias no serían acaso una
forma de estructurar un campo de posibilidades de acción, de inducirlas incluso, ofreciendo al sujeto objetos
de deseo y significaciones catectizadas que pueden incitar o seducir acciones?
significación central, conforman una serie de significaciones instituidas y pueden hacer

surgir otras de carácter instituyente.

Paradojas de lo imaginario

Lo imaginario en Castoriadis (al igual que en muchos otros autores con

concepciones un tanto distintas) es una noción ambigua que cursa en su complejidad, de

una serie de paradojas que la tornan muy complicada, pero que sin embargo resulta

sumamente rica en sensibilidad y dinamismo, que supera a sus concepciones cercanas

(como las expuestas al inicio de este trabajo). Analicemos algunas de estas propuestas

paradójicas de esta importante noción:

1. Lo imaginario es in-definido e in-definible, es decir no se le puede dar una forma de-

finida, limitada o de-terminada, porque es la fuente de todas las formas y figuraciones,

además de que de-finirla (encontrarle: fin, frontera, límite, clausura) sería algo

contradictorio y limitaría su enorme potencial para el análisis y la interpretación. Al

respecto Emmánuel Lizcano señala:

“lo imaginario no es suceptible de definición. Por la sencilla razón de que es la

fuente de las definiciones. La imposibilidad de su definición es una imposibilidad

lógica [...]. Pero su in-definición no traduce un defecto o carencia, sino, al contrario, un

exceso o riqueza. Lo imaginario excede cuanto de él pueda decirse pues es a partir de él

que puede decirse lo que se dice” (Lizcano,2003:15).


2. Una de las paradojas fundamentales sobre lo imaginario es que irremediablemente sólo

podemos hablar de él y tratar de comprenderlo, partiendo de la lengua y las

significaciones imaginarias instituidas para la sociedad a la que cada uno pertenece:

“Sólo se puede hablar de los magmas en el lenguaje ordinario. Esto implica

que sólo se puede hablar de ellos utilizando la dimensión conjuntista- identitaria

de ese lenguaje [...] Pero la situación se agravará en la medida en que al tratar de hablar

de una manera rigurosa, tendré que apelar a términos y conceptos que pertenecen a la

lógica y a las matemáticas constituidas [...] Se trata no sólo de un ‘círculo vicioso’, sino

además de una empresa que podría calificarse de antinómica e inconsistente.

Utilizaremos el lenguaje y en cierta medida los recursos de la lógica conjuntista-

identitaria para definir, esclarecer y hasta justificar la posición de algo que

sobrepasa la lógica conjuntista-identitaria y hasta la viola. Valiéndonos de los

conjuntos intentaremos describir los magmas. E idealmente, partiendo de los magmas,

deberíamos tratar de describir los conjuntos como ‘inmersos en’ los magmas”

(Castoriadis,1998:199-200)

3. Para escapar del reduccionismo del lenguaje de la lógica conjuntista-identitaria,

únicamente podemos aproximarnos a tener una idea de lo imaginario a través de

metáforas y analogías (magma, río abierto, flujo, etc.) que permiten aludir de manera

indirecta y aproximada a lo que es, sin determinarlo.

4. Lo imaginario es acto, potencia, verbo en lugar de sustantivo, es esfuerzo, trabajo.

creación de sentido; por lo tanto sus expresiones son sólo un efecto de su acción

incesante y en consecuencia no podemos decir que ahí se agote.


5. Lo imaginario en su doble dimensión: instituyente e instituida, es flujo incesante de

creación de significaciones, magma que se convierte en lava y que se petrifica,

conformando identidades. En lo imaginario, hay la permanente tensión entre lo nuevo

que se crea y las significaciones instituidas, que tratan de conservarse, para sostener el

mundo que han creado. Cuando se alude entonces a lo imaginario, habría que

contemplar esta doble dimensión, sin pretender que sólo una de ellas lo define.

6. Lo imaginario se encuentra unido inseparablemente a sus producciones (lo que ha

instituido) y a lo que instituye en cada acto de creación. Aún en los conceptos

científicos tan cuidadosamente construidos, precisados, depurados, claros y rigurosos,

lo imaginario en su doble dimensión late en ellos, como las metáforas que les dieron

origen. En todo lo que es late lo imaginario que lo creó y que lo puede transformar.

7. Si bien lo imaginario es el lugar de la creatividad, también es lo que marca el límite de

lo pensable y lo decible en una época y en una sociedad determinada. Lo imaginario

establece lo que es y lo que no es, se encuentra en la entraña misma de lo que se tiene

por realidad, mundo y verdad.

8. Lo imaginario se encuentra en el lugar de la autonomía, de la autocreación de la

sociedad instituyente, pero también es el espacio de la heteronomía del implacable

sometimiento a un poder ajeno que imposibilita la autocreación.

Si hemos de creerle a Castoriadis, que lo imaginario es así, la pregunta inevitable es

¿que hacer con él? ¿es posible estudiarlo o investigarlo? ¿qué relevancia puede tener para

las ciencias sociales? Las respuestas son variadas y van desde quienes sostienen que lo

imaginario, tal y como lo concibe Castoriadis es investigable en sus manifestaciones

(Fernández,2004), en las formas metafóricas en las que se presenta (Lizcano, 2003b y


2005), en las producciones de sentido instituidas; hasta quien, por el contrario, sostiene que

lo imaginario no puede ser un objeto de estudio, no hay algo que pueda aislarse o

construirse operativamente como “lo imaginario” (Mier, 2003), que espera a ser

descubierto, observado o comprendido. Cada una de estas posturas parten de

interpretaciones distintas de lo que, por ejemplo, Castoriadis ha planteado.

La postura que sostiene la posibilidad de investigarlo, seguramente no escapa a la

tentación de encontrarle una cierta esencia aislable que permitiría objetivarlo.

Para la otra postura, lo imaginario es una noción que puede jugar como una suerte

de concepto, que puede servir de elemento de análisis o como herramienta para pensar los

diversos proceso sociales.

Frente a la diversidad de concepciones sobre lo imaginario, la de Castoriadis es sin

duda la que ha venido prevaleciendo, por su riqueza y la capacidad de análisis que brinda.

Sin embargo no podemos dejar de señalar, que las lecturas y los usos de Castoriadis son

también muy variados.

Todo este panorama nos hace pensar que lo imaginario sigue siendo una noción en

construcción, su polisemia, la heterogeneidad en su empleo, la diversidad de enfoques

teóricos con que se articula y la dificultad para su investigación, hace que sea blanco de

cuestionamientos que habría que considerar para su enriquecimiento. Es por eso que es

importante deslindar la lectura de Castoriadis de otras versiones sobre lo imaginario para

establecer un serio debate sobre las diferentes aproximaciones al tema.

Lo imaginario está de moda, el debate está abierto, no hay que dejar de considerar

las paradojas que al menos desde Castoriadis le son inherentes, para optar por una postura.
Bibliografía

Baczko, Bronislaw (1991) Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas.

Trad.: Pablo Betesh, Buenos Aires, Nueva Visión.

Castoriadis, Cornelius (1998) Los dominios del hombre, Barcelona, Gedisa.

Castoriadis, Cornelius (1983ª) La institución imaginaria de la sociedad. Tomo I, Barcelona,

Tusquets

Castoriadis, Cornelius (1983b) La institución imaginaria de la sociedad. Tomo II, Barcelona,

Tusquets

Duvignaud, Jean (1982) El juego del juego. Trad. Jorge Ferreiro, México, F.C.E.

Duvignaud, Jean (1997) El sacrificio inútil. Trad. Jorge Ferreiro, México, F.C.E.

Duvignaud, Jean (1988) Sociología del arte, Barcelona, Ed. Península.

Duvignaud, Jean, Francoise Duvignaud y Jean Pierre Corbeaul (1996) El banco de los

sueños, México, F.C.E.

Durand, Gilbert (2004). Las estructuras antropológicas de lo imaginario, México,

F.C.E.

Durand, Gilbert (2000) Lo imaginario, Barcelona, Ediciones del Bronce.

Durand, Gilbert (1993) De la mitocrítica al mitoanálisis, Barcelona, Ed. Anthropos –

UAM-I.

Durand, Gilbert (2003) Mitos y sociedad. Introducción a la mitidología, Buenos Aires, Ed.

Bilos.

Fernández, Ana Ma. (1993) “De lo imaginario social a lo imaginario grupal”. Ana

Ma. Fernández y Juan Carlos De Brasi (Comp.) Tiempo histórico y campo

grupal. Masas, grupos e instituciones, Buenos Aires, Nueva Visión.


Fernández, Ana María y otros (2004) “Los imaginarios sociales. Del concepto a la

investigación de campo” en Tramas, (México), UAM-X, Núm. 22, enero –

junio, pp. 145 -179.

Giménez, Gilberto (1993) “Apuntes para una teoría de la identidad nacional”.

Sociológica, (México), UAM-A, año 8 No. 21, enero-abril.

Foucault, Michel (1988) ”El sujeto y el poder” en H.Dreyfus y Paul Rabinow. Michel

Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica, México, UNAM.

Guliemi, Nilda (1991) Sobre historia de mentalidades e imaginario, Buenos Aires,

CONICET.

Lizcano, Emmánuel (2003a) “Castoriadis, la autonomía y lo imaginario colectivo: la

agonía de la ilustración”. Revista Anthropos, Barcelona, num. 198.

Lizcano, Emmánuel (2003b) “Imaginario colectivo y análisis metafórico”. Ana Ma.

Morales (Ed.) Territorios ilimitados. El imaginario y sus metáforas, México,

UAM- A/UAEM, pp. 3 – 26.

Lizcano, Emmánuel (2005) “La metáfora como analizador social” en Luis Castro,

Miguel ángel Castro y Julián Morales Metodología de las Ciencias Sociales. Una

introducción crítica, Madrid, Ed. Tecnos, pp. 137 – 171.

Maffesoli, Michel (2000) El tiempo de las tribus, México, Ed. Siglo XXI

Maffesoli, Michel (2001) “El imaginario social” en Abilio Vergara (Coord.)

Imaginarios: horizontes plurales, México, ENAH – BUAP.

Mier, Raymundo (2003) “Tiempos y espectros de lo imaginario” Ana Ma. Morales

(Ed.) Territorios ilimitados. El imaginario y sus metáforas, México, UAM-

A/UAEM, pp. 27 – 50.


Patlagean, Evelyne en Jacques Le Goff, Roger Chartier y Jacques Rever (Dir.) La

nueva historia, (s/f), Bilbao, Ed. Mensajero.

Ramírez, Beatriz (2003) “Imaginario y formación” . Ana Ma. Morales (Ed.)

Territorios ilimitados. El imaginario y sus metáforas, México, UAM- A/UAEM.

Taylor, Charles (2006) Imaginarios sociales modernos, Barcelona, ed. Paidós.