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EL SALTERIO MICROCOSMOS SIMBOLICO (1 de 2)

He traducido para nuestros visitantes el siguiente capítulo del monumental


comentario a los Salmos del hoy eminentísimo Cardenal Gianfranco Ravasi: Il
Libro dei Salmi. Commento e Attualizzazione.
(Ed. Dehoniane, Bologna 19851-19884, 3 Ts. 916,1066 y 1018pp.)

El capítulo que aquí y en la próxima entrada traduzco lo he tomado del tomo


primero páginas. 30-31

Los Salmos son poesía


Los salmos - escribe G. Ravasi - son ante todo poesía. La oración tiene un "pre-
texto" que está anclado no sólo en el Sitz im Leben [= Lugar en la vida] de las
formas literarias sino también en el Sitz im Mensch, [= Lugar en el ser humano]
esto es en la humanidad misma, en sus estructuras simbólicas, imaginarias,
poéticas.
La lírica de los salmos es también un canto radical del hombre y del espíritu con
sus exhuberantes repertorios simbólicos, verdadero "jardín de la imaginación"
(Th. Eliot).

"La vocación del espíritu - escribía C. Lévi Strauss - es insubordinación a la


existencia y a la muerte; la fantasía y la fe lo guían en esa revuelta". La
verdadera teología de los salmos no debería ignorar la fuerza provocativa de los
grandes ejes simbólicos, alrededor de los cuales se organizan los arsenales
metafóricos y poéticos de cada salmo; léase por ejemplo, la cascada de símbolos
"enlazados" libre y espontáneamente entre sí, presente en el Sal 58, o, en
cambio, examínese el riguroso equilibrio entre paisaje simbólico-cósmico y
paisaje psicológico-cósmico del Sal 69,2-4.

Escribía justamente C. Geffré: "Si por dogmática se entiende la inteligencia de


la fe, sería necesario quizás dejar de pensar que solamente el lenguaje formal es
"serio" en teología. Idealmente una teología simbólica debería recoger en un
discurso hermoso las referencias simbólicas, la reflexión especulativa y la
presencia del debate contemporáneo".

En este "festival de las imágenes", presente en el salterio, es difícil poner orden


a la manera "occidental": presenta problemas de traducción, de filología, de
montaje, de análisis comparado; está la gnoseología semítica ligada a un tipo de
conocimiento que Maritain llamaba acertadamente "sabrosa, afectiva y
operativa"; está la imprevisibilidad de las relaciones por asonancia fonética
propia de la estilística hebrea; están las acumulaciones vertiginosas, la libertad
del "razonamiento" semítico; está la renovada importancia atribuida al mito y
al símbolo por la moderna filosofía (P. Ricoeur, E. Cassirer, A. Durand, J.
Cazeneuve, M. Eliade, M.L. Ramlot, etc.).

Nosotros buscaremos en la lectura de cada salmo, delinear las respectivas


tramas simbólicas que constituyen casi el cuerpo vivo y poético. Numerosos
han sido los intentos de catalogación global de la simbólica de todo el salterio,
en busca de un sistema coordinador que sea la verdadera macro-estructura del
planeta de los símbolos sálmicos.
Una de las propuestas más originales es la elaborada por L. Monloubou sobre
la base de las geniales teorías de G. Durand. La imaginación simbólica (Roma
1977) y Les structures anthropologiques de l'imaginaire (Paris 1969). La tesis
de Durand es simple: "Existe una estrecha concomitancia entre los gestos del
cuerpo y las representaciones simbólicas" (Structures anthrop. p.61). El cuerpo,
fuente escondida y profunda, es el punto de partida primordial sobre el cual el
hombre construye sus representaciones del mundo, de la sociedad, de Dios.

Tres son las categorías fundamentales.


La primera es la línea vertical erecta, ascensional o discensional (el hombre de
pie), un proceso de elevación de los grandes "risvolti" culturales y sociales:
piénsese en el símbolo del cetro (Sal 2,9; 45,7; 60,9; 108,9), en el templo sobre
la colina (Sion), o en la colina (ziggurat), en el esclavo que "levanta los ojos
hacia la mano de su señor" (Sal 123,1), en el Dios `Elyon, "Altísimo", o
Shadday, "Montaña", en Yahweh-altura (Sal 92,9; 93,4; 102,20).

La segunda componente es la horizontal, el hombre sentado, signo de intimidad:


el verbo yshb, indica ya sea el "estar sentado" como el "habitar" (91,1), mientras
existe una constelación de preposiciones que sostienen esta dominante (be-,
"en"; beqéreb, "en medio de", "dentro"; 'et, "con", "en compañía de...", en Sal
140,14; lifné, "en presencia de...", en Sal 61,8).

A esta directriz pertenece pues, toda el área simbólica de la intimidad: la casa,


considerada a menudo no sólo como un lugar en el cual vivir, sino como un ser
vivo, personal ("mi casa/tu casa", frecuente en el salterio), un microcosmos
estable (26,8; 84,5; 101,7; 113,9) y exhuberante de bienes (92,13-15; 112,3;
113,9; 128,3); el templo, centro paradisíaco y cósmico, descrito con
infraestructuras simbólicas ostétricas, ginecológicas y maternas (los Salmos de
Sion y las "alas de refugio" en Sal 17,8; 57,2; 61,5; 63,8; 84,4; 91,3-4),
alimentarios (23,5) y militares (Sal 122 y el "refugio" en 27,5; 31,21; 32,7; 64,3;
91,1); la ciudad santa, refugio, ciudadela, roca, escudo (18,3; 62,3.7; 144,2);
Israel, viña fructífera (Sal 80).

Existen, pues, "dos grandes temas simbólicos, el primero que gravita alrededor
de los esquemas ascensionales y dia-airéticos (de separación) y que promueve
imágenes purificadoras y heroicas; el otro, en cambio, que se identifica en
imágenes de misterio y de intimidad, a la búsqueda obstinada del tesoro, del
reposo, de la nutrición" (Structures anthrop. p.306).

Pero hay una tercera componente, la dinámica y temporal del hombre en


camino: dérek, "camino", presente en el salterio unas 60 veces, es símbolo de
la existencia, del destino (49,14; es dominante en el Sal 119); la preposición 'el
indica orientación, en la geografía simbólica y espiritual del salterio.
Un movimiento espacial que puede convertirse en "subida" hacia Dios, "las
ascensiones" al templo (Sal 120-134) y el holocausto-`oláh, literalmente "lo que
sube" hacia Dios. Un movimiento temporal que se convierte en recuperación
del hombre en la esfera de lo eterno (Sal 16,10-11): Dios es señor del entero
arco del tiempo, el fiel que entra en comunión con él sobre todo en el culto
puede participar de alguna manera en su señorío.

A esta altura, y provisoriamente, buscamos también nosotros circunscribir una


cierta isotopía simbólica, para facilitar la sucesiva catalogación simbólica
presente en cada comentario de un salmo. El módulo que seguiremos es
sustancialmente estereométrico y cuaternario, sigue, en efecto los cuatro puntos
cardinales o los cuatro vientos cósmicos, unidos en el centro que es la
percepción humana.

a) Línea vertical-teológica. La primera figuración, tratándose de un libro de


oraciones, es la vertical y desemboca en el cielo, considerado el lugar de Dios
según una metáfora obvia de la trascendencia y de la omnisciencia.

Es natural entonces que se privilegie la simbología del "monte santo"


inaccesible (2,6; 3,5; 15,1; 24,3; 48,3; 87,1; 99,9), que se exalte la luz, la vida
(13,4; 49,20; 56,14), la paz (27,1; 97,11; 119,15), la salvación (27,1; 31,17;
67,2; 80,4.8.20),la obra divina (78,14; 104,2; 105,39; 136,7).

Se trata de símbolos que conjugan la trascendencia y la cercanía precisamente


porque es típico del símbolo la unidad dialéctica de los extremos.

Es natural también que se intente unir entre sí estas metáforas verticales: el


monte está unido a la luz en el Sal 43,3; el monte está unido al ala protectora de
Dios en los Sal 18,11 y 104,3; luz y palabra van unidas en el Sal 19 (sol y torah),
en el 29 (trueno y palabra), en el 119 (luz y torah); el fuego une trascendenca e
inmanencia de Dios en 18,11.16; 50,3; 97,3.
La línea vertical es trazada entre sus dos antípodas también con el verbo "ver":
la mirada perfecta de Dios desciende desde lo alto (33,13-15), la del hombre
sube hacia lo alto (121,1; 123,1).

La vertical es celebrada también a través del audaz abordaje del


antropomorfismo. Por un lado el uso de la imagen humana "heroica" dice
trascendencia. He aquí, por ejemplo, el arcaico y monumental "Te Deum" real
del Sal 18, en el que Dios cae sobre la tierra aplastando y demoliendo (vv.9-20),
librando batalla revestido de su panoplia (vv. 21-50) hecha de lanza (v.35), de
espada (v.17,13; 78,62-64), de escudo y coraza (35,2).

O bien Dios es representado como un general que pasa revista (66,7; 94,7-1) o
como un instructor militar (18,34-39) revestido de una armadura cósmica
(18,9.13.14; 29; 31,3; 46).

La más audaz y "semítica" con-figuración de Yahweh héroe es el Sal 79,65-66


en el que aparece como un gibbór, un militar ebrio y brutal, que estaba dormido
y se ha despertado, pronto a hacer beber hasta las heces el vino drogado
destinado a sus enemigos (75,9).

A propósito de estos símbolos, San Agustín decía: "Nullus hoc de Deo dicere
auderet, nisi Spiritus eius!" ("Nadie se habría atrevido a decir esto acerca de
Dios, sino su propio Espíritu", PL 35,1005).

Pero contemporáneamente el antropomorfismo tiene su nadir que dice cercanía


y trata a Dios a imagen del hombre, según el título de una obra de F. Michaeli
(Neuchâtel 1959).

Aparece así la descripción tradicional del "organismo" de Dios (rostro, nariz,


labios, brazo, pie, mano, ojo, dedo, oreja, vísceras) y de su "psicología" (gozo,
ira, venganza, indignación, arrepentimento, amor, tristeza...).
Aparecen los arquetipos "psicoanalíticos paterno y materno (27,10; 103,13;
131,2; 139,13-15).

Aparecen símbolos cósmicos benéficos como el del labriego divino que prepara
los campos y con las lluvias de primavera los riega (65,10-12) o como sus dedos
que dibujan el esplendor de las constelaciones (8,4).

EL SALTERIO MICROCOSMOS SIMBÓLICO (2 de 2)

Continúo y termino la traducción


del escrito de Mons. Gianfranco Ravasi, hoy Cardenal de la Iglesia,
en el que explora el mundo simbólico de los Salmos.

b) Línea horizontal antropológica.


Si para cifrar el misterio de Dios se usaba el otro extremo, e.d. el hombre, para
definir el del hombre se usa a menudo el animal.

El primer campo simbólico horizontal es, por lo tanto, zoomorfo y, en la


variante "demoníaca", teriomorfo (fieras y monstruos). En el salterio existe un
verdadero y propio bestiario coloreado como en ciertas miniaturas medievales:
como modelo puede valer el Sal 104.
Pero los animales son a menudo metáforas para designar la experiencia humana:
la cierva que brama de sed (42,2) o que corre veloz (18,334), las golondrinas y
su amor por el nido (84,4), la grey (23), el águila (103,5), la sombra de las alas
(36,8-9), la ignorancia torpe del hipopótamo (73,22), la soledad del buho y del
pelícano (102,7).

También símbolos inferiores respecto del animal apuntan al hombre. Es el caso


del segundo campo simbólico horizontal, el ilemórfico, e.d. tomado de la
naturaleza material.

Dominante es la metáfora vegetal de matriz sapiencial que representa al justo


como árbol verdegueante (1,3), palma o cedro (92,13-15), mientras que los
árboles típicos del paisaje medterráneo, el olivo y la vid, se convierten en
símbolos de la familia ideal (128,3). El aceite del ceremonial levítico anima el
salmo de la fraternidad, el 133 (v.2), mientras la brutalidad de la imagen del
lavado de pies en la sangre de los enemigos (58,11; 68,24) se inspira en el pisado
de las uvas en la vendimia.

En el otro polo del horizonte está el hombre verdadero y propio, figurado de


acuerdo a un tercer campo simbólico específico: el fisiológico. Dada la
profunda unidad psico-física de la simbología bíblica, el cuerpo es un
compendio alusivo al entero ser humano: los huesos que arden como brasas en
la fiebre y en el sufrimiento (102,4), los ojos que se consumen de llanto (6,8);
los días que son sombras que se estiran y declinan (102,12), el latido del corazón
(55,5), la llagas purulentas y fétidas (38,6), las vísceras que se estrujan, el vigor
sexual debilitado (31,10-11), etc.
c) Línea horizontal-cosmológica.
Los dos extremos de esta línea son la nada y lo creado.
La congénita incapacidad semítica para la abstracción induce a los autores
bíblicos a construir símbolos "monstruosos" para definir la idea de la "nada" y
de anti-creación. Rahab y Leviatán se convierten entonces en metáforas para
celebrar la victoria del orden cósmico, conservado providencialmente por Dios
contra los atentados del caos (74,13-14; 89,10-11; 104,26).
Pero junto a estas "máquinas" monstruosas se extiende la naturaleza
contemplada con pasión y con amor y vista como el compendio cifrado de las
perfecciones divinas.

Un mundo bipartito en tierra y mar, cantado en páginas insuperables, libres de


todo animismo panteísta oriental (Sal 8; 19A; 29; 104; 139), pintado en su
milagroso sucederse temporal de luz y tiniebla (Sal 19A; 104), en la sucesión
de las estaciones (primavera: Sal 65; otoño e invierno: Sal 126; 147), un mundo
cuyos horizontes, centrados sobre Jerusalén, se extienden hasta fuera de
Palestina, hasta el Hermón, las cataratas del Jordán, las islas de Tarshish, un
mundo que puede ser descifrado como silenciosa palabra de Dios (Sal 19,2-5).

d) Línea vertical-infernal.
En las antípodas de Dios, bajo la línea horizontal del cosmos, está el Sheol,
nombrado en el salterio con una treintena de vocablos simbólicos diferentes.

Es un no-tierra, una ciudad de espectros, una masa de aguas devastadoras y


oscuras (18,17; 32,6; 42,8; 46,4; 66,12; 69,2-3; 88,18; 93,4; 124,4; 144,7), es
una especie de "hueco negro" cósmico.

La imagen más frecuente es la de una "fosa" hacia la cual "se desciende"


irreversiblemente (16,10; 28,1; 30,4.10; 35,6; 40,3; 44,20; 88,5.13; 107,10.14;
143,7); pero se asocian también símbolos de silencio (115,17), de polvo (22,16;
119,25), de monstruos (74,13; 91,13; 104,26; 148,7).

El Sheol tiene su anticipación terrestre en el sepulcro y en las realidades


negativas que, sobre todo en las súplicas, se incluyen bajo el nombre de enemigo
(o mal).
Los esquemas simbólicos del Adversario (que algunas veces es la muerte
personificada) son tomadas a menudo en imitación o préstamo de lamentaciones
sumero-acádicas.

Pero "los salmistas de Israel tienden más que sus similares babilonios, a
dramatizar su caso, o a radicalizar el problema; la dificultad que ellos deben
afrontar asume el aspecto de una lucha contra las fuerzas del mal" (Beaucamp).

Se pasa de una visión mágico-demoníaca a otra impostación, teológica. La


descripción del mal es confiada a un sistema simbólico muy articulado.

Está primero, la simbología bélica: guerra (27,3; 35,1), arco-flechas (7,14; 11,2;
37,14-15), escudo (3,4; 7,11), espada (17,13; 22,21), ejército acampado al
asedio (3,7; 27,3), feroces agresores (55,19; 56,2). Está después la simbología
venatoria: la presa (el orante) es "perseguida, alcanzada, volteada a tierra,
pisoteada, revolcada en el polvo" (7,6) o atrapada en el lazo tendido (31,5; 35,7-
8; 57,7; 140,6).

Está también la simbología teriomorfa: el hombre es abandonado a las fauces


de un león que quiere despedazarlo (7,3; 22,14), un león implacable (10,9;
17,12; 34,11; 58,7) de fauces abiertas (35,21) y de dientes que "desgarran las
carnes" (27,2).

También hay una simbología cósmica negativa: lo nocturno, que el Talmud


atribuirá a Adán y Eva como signo de su creaturalidad ("vieron con terror a la
noche cubrir el horizonte y al horror de la muerte invadir sus corazones
temblorosos") y que los salmos pintan como signo infernal (18,29; 22,3; 23,4;
91,5-6; 104,20-21; 139,11-15).
Está por fin una simbología psico-física en la cual la enfermedad es considerada
como el primer girón de Sheol (6,3; 30,3; 32; 38; 41; 88; 103,3-4; 107,12-22;
118,17-18; 130).

BIBLIOGRAFIA
(Ravasi, I,31 nota 39)

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