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Curso de magia rúnica

Durante tres semanas del mes de noviembre de 2018, el Misionero gnóstico internacional

William Cortez , facilitó, a la luz de la


Gnosis, el curso de Magia rúnica en dos sedes alternas de Gnosis Guatemala: los días
lunes y jueves, propició aprendizajes en el Centro de cultura holística “Argos”; asimismo,
los días martes y viernes, medio sus conocimientos en el tema en el espacio de cultura
alternativa “El Portal”.

El misionero Cortez, inició los estudios gnósticos en la ciudad de San Miguel, El


Salvador. Se formó como misionero gnóstico en Guadalajara, México donde tuvo
oportunidad de recibir enseñanzas directas del Kalki Avatar, así como de la maestra
Litelantes. Desde entonces, en su labor misional, ha aportado sus saberes y comprensión a
múltiples estudiantes en interesados en saber Qué es Gnosis, en Monterrey, México, así
como en diferentes escuelas gnósticas en Guatemala, en especial, en el Movimiento
Gnóstico Cristiano Guatemalteco y la entonces, AGEACAC, donde entre otras labores,
fungió como Abad, de su Monasterio. Ha realizado misión en Paraguay, Uruguay,
Argentina, Brasil, Colombia y en El Salvador.

Durante los días de realización del curso de Magia rúnica, se aprendió acerca de las
grafías del proto-Futhark o Futhark iniciático, de 18 caracteres, así como del Futhark,
antiguo de 24 letras, runas o símbolos rúnicos usados antiguamente en Europa, en
especial por los nórdicos (pueblos germánicos y escandinavos); pero también por otros
pueblos de América, en particular, los mayas del sureste de México, Honduras y
Guatemala; así como por pueblos de Asía y África.

Se aprendió sobre el significado y simbolismo de cada runa, su gimnasia esotérica,


asociada a oraciones y mantras, posturas sagradas, aprovechamiento de energías cósmicas
e internas; tal como se enseña en las escuelas gnósticas, asimismo enseñó a realizar la
danza de las runas y realizó talleres prácticos con los asistentes. Trasladó sus saberes
acerca de los talismanes rúnicos y, en el campo de la ciencia de las predicciones y el Arte
ciencia de los oráculos, explicó el método de predicción nórdico, el oráculo vikingo u

oráculo rúnico, con principios similares a


las cartas del tarot, la Cábala, las piedras del oráculo hebreo, conocidas como Urim y
Tummin de las cuales hay abundante registo en el Antiguo Testamento, los goralot
hebreos ampliamente expuestos en la Biblia, el tzité maya, el I Ching, chino, la

interpretación de sueños; entre otros.

A lo largo del curso se hizo una excelente correlación holística entre la Gnosis eterna y
universal, las enseñanzas de Samael Aun Weor, Huiracocha y otros autores
especializados en la magia de las runas, así como con la cosmovisión de los pueblos
nórdicos , sus libros sagrados y tradiciones, su relación con la Cosmovisión gnóstica y
otras cosmovisiones. Derivado de los aprendizajes, se elaboraron y afinaron textos de
estudio de cada una de las runas sagradas, mismos que serán publicados oportunamente
en el presente blog. Conclusión: ¡Un potente y extraordinario curso!

Publicado el 13 diciembre, 2018Autor adminCategorías Antropología, Cábala y ciencias


de predicción, Ciencia, Develaciones esotéricas, Esoterismo, Gnosis, Gnosis
Guatemala, Noticias, Sin categoríaDeja un comentario en Curso de magia rúnica

Los goralot hebreos y la tradición de echar suertes


En publicaciones anteriores, nos hemos referido a diferentes métodos hebreos para
predecir el futuro, para anticipar y prever acontecimientos del porvenir y que por su
medio, elegir la mejor opción. En este blog, hemos dado ya una introducción general a
los métodos de predicción en la entrada titulada El arte ciencia de los oráculos. Además,
hemos realizado un estudio preliminar a la ciencia hebrea de la Cábala. El arte ciencia de
la Cábala se relaciona con el Tarot. Predice y explica acontecimientos y fenómenos
asociados a números, letras, nombres y formas geométricas. Del segundo método de
predicción, ya nos referimos también. Son las piedras Urim y Tummim las piedras del
oráculo en la Biblia que usaron profetas, reyes y rabinos. En los estudios gnósticos,
constituyen métodos de predicción de especial interés, junto a los utilizados por otros
pueblos, como el Tzité de los mayas de Guatemala y el I Ching chino; entre otros.

Ya hemos explicado que los rabinos tienen tres tipos de libros complementarios entre sí.
El primero es la Biblia o más bien dicho, el Antiguo Testamento: el Tanaj, que incluye la
Torá o Pentateuco. Es decir, los primeros cinco libros de la Biblia: Bereshit o Génesis,
Shemot o Éxodo, Vayikrá o Levítico, Bemidbar o Números y Devarim o Deuteronomio;
así como Nevi’im o Los Profetas, que incluye los libros de los diferentes profetas, como
Isaías, Jeremías, Ezequiel y los profetas menores; junto con los libros de Jueces y Reyes.
También forma parte del Tanaj, los Ketuvim, es decir, Los Escritos, que incluyen Salmos,
Proverbios, el libro de Job, el Cantar de los Cantares, los libros de las mujeres de la Biblia,
como Rut y Ester; entre otros. Otros dos libros sagrados entre los hebres, pero poco
conocidos, son el Talmud y el Zohar que contiene la Cábala y que a la vez, es el espíritu
de la doctrina. Como bien dice la escritora, esoterista y cabalista británica Violet Mary
Firth Evans (1890-1946), más conocida como Dion Fortune, en su magnífica obra: “La
Cábala mística”: “Esta antigua tradición mística de Los hebreos poseía tres escrituras: los
Libros de la Ley y Los Profetas, que se conocen como el Antiguo Testamento; el Talmud,
o colección de comentarios eruditos sobre aquél y la Cábala, o interpretación mística del
mismo. De estos tres libros, Los antiguos rabís decían que el primero era el cuerpo de la
tradición, el segundo su alma racional y el tercero su espíritu inmortal. Las personas
ignorantes pueden leer con provecho el primero y Los eruditos pueden estudiar el
segundo, pero Los sabios son Los que meditan sobre el tercero. Es realmente muy extraño
que el Cristianismo no haya buscado las claves del Antiguo Testamento en la Cábala”.

Nosotros diremos que es lamentable que el Cristianismo haya olvidado la Cábala y el


Tarot, y en consecuencia, no haya reencontrado los antiguos métodos de predicción de
los hebreos, entre ellos, el derivado del uso consciente de las piedras sagradas de Urim y
Tummim o el método de “echar suertes” al que nos referiremos a continuación; a pesar
que fue el utilizado por los apóstoles para decidir quien sustituiría a Judas Iscariote o
Judas de Cariot, entre los dos candidatos: José, llamado Barsabás, quien tenía por
sobrenombre Justo y a Matías. “Y orando dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones
de todos, muestra cual de estos dos has escogido”. (Hch 1:24) “Y les echaron suertes, y
la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”. (Hch 1:26)

En esta ocasión, dedicaremos este espacio al Goral o Goralot (Goralót), un antiguo


sistema que en sus formas degeneradas y burdas; así como mal traducido del Antiguo
Testamento, se asocia con lotería y “echar suertes”. La sagrada tradición del goral o
goralot, se usaba para para tomar una decisión o elección, por mandato de Jehová en
relación con un sino, destino o karma futuro y ante la imposibilidad de poder discernir
mediante la razón, cuál sería la decisión correcta en caso de una gran encrucijada,
controversia o indecisión. Por eso se lee en Proverbios: “La suerte pone fin a los pleitos,
y decide entre los poderosos”. (Pr 18:18) Goral, en singular, goralot (goralót), en plural.

En varios pasajes del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana o del Tanaj, según el
Judaísmo, se hace referencia al goral o goralot. Así en Levítico 16, se hace una
descripción del famoso ritual hebreo relacionado con el sacrificio del macho cabrío y que
en la tradición popular da origen al famoso dicho del “chivo expiatorio” que se enviaba
al desierto, durante el sagrado día de la Expiación, el día de Quippúr, más conocido como
Iom Quippúr (Iom Kipur o Yom Kipur), en la tradición hebrea y que se relaciona también
con El misterio del Bafometo. Corresponde a uno de los días relacionados con el Año
Nuevo Judío y a los “diez días terribles”, dedicados al arrepentimiento. Es el día más
santo y solemne del calendario judío. Es un día de ayuno y espiritualidad, abstinencia y
de reposo total, en el que ni siquiera se permite el aseo corporal; por lo que no es laborable
y no se debe ingerir bocado alguno, ni se bebe ninguna clase de líquidos. Todo el día está
dedicado a prepararse para recibir el perdón de HaShem (Dios). Durante toda la
ceremonia el Sumo Sacerdote debe conservar su pureza desde siete días antes del sagrado
día.

Es la conmemoración del perdón, y del arrepentimiento del corazón. Es el día en el que


con base en mucha reflexión y oración, se busca la total misericordia divina, así como la
reconciliación con el Creador y el perdón por los errores cometidos. Es el tiempo en el
que mediante la profunda introspección y meditación se debe adquirir un compromiso
serio para realizar cambios de conducta. Para el día de Kippúr, los judíos acostumbran
vestir ropa blanca y limpia llamado kitel, similar a la mortaja que se coloca a los fallecidos
antes de la sepultura. Resulta oportuno reflexionar en que es una ceremonia de descargo,
similar en alguna medida a la confesión cristiana y al pratimokcha budista y está asociada
con el trabajo en la muerte mística.

Pero en esta ocasión, nos interesa analizar no tanto el Día de la Expiación, sino un aspecto
casi ignorado de dicho ritual. La ceremonia del goral o de echar suertes. Veamos lo que
dice la Biblia: “Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la
reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos y los
presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes
Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y
hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá
en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará
vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al
desierto. (Lv 16: 6-10). Este mismo pasaje, en la Vayikrá (versión judía de Levítico, en
la Torá o Toráh), sigue más o menos la misma historia con, al menos, un cambio
significativo y es que cambia el nombre de Jehová por Adonai.

En los Haftarot del libro de Levítico (Vayikrá) con traducción, supervisión y selección
exegética del rabino Marcos Edery, publicado por Editorial Sinai de Tel Aviv, se explica
que: “En cuanto a las suertes “goralót”, eso se hacía para distinguir claramente entre los
grupos por quienes se haría la expiación, a saber: los cohaním y el pueblo de Israel”.
(Vayikrá, 130)

En Números, cuando Jehová da la orden para repartir la tierra, se lee: “Pero la tierra será
repartida por suerte; y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán. Conforme a
la suerte será repartida su heredad entre el grande y el pequeño”. (Nm 26: 55-56) En los
Haftarot del libro de Números (Bemidbar) se explica el procedimiento para el reparto:
“Pues antes de repartir toda la tierra en cincuenta y siete partidos –acorde al número de
los jefes de familia- había que repartir en doce zonas o provincias, acorde al número de
tribus. Se procedía de la siguiente manera: se inscribían los nombres de las doce
provincias o zonas en doce tablillas que se depositaban en una segunda urna. El
encargado, después de mezclar las tablillas de cada urna, sacaba con una mano una tablilla
correspondiente al nombre de la tribu, y con la otra, una correspondiente al partido que le
sería asignado”. (Bemidbar, 215). En forma similar en la definición de límites y
repartición de Canaán, se lee: “Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; a
los muchos daréis mucho por herencia, y a los pocos daréis menos por herencia; donde le
cayere la suerte, allí la tendrá cada uno; por las tribus de vuestros padres heredaréis”. En
el Haftarot del libro de Números (Bemidbar)el comentarista Abarbanel, explica lo
siguiente: “Mi opinión es que el “goral” –suerte- indicaba en qué región del país se
asentaría cada tribu…”. Esa ordena se sigue ya en tiempos de Josué para la repartición de
la tierra: “solamente repartirás tú por suerte el país a los israelitas por heredad, como te
he mandado”. (Jos 13:6). “Por suerte se les dio su heredad, como Jehová había mandado
a Moisés”. (Jos 14:2). “Y yo os echaré suertes aquí delante de Jehová nuestro Dios”. (Jos
18:6).

En el estudio que se hizo del Urim Tumim se hace mención a la petición del rey Saúl en
la que no fue favorecido con la suerte (1 S 14:41-42). En forma similar, se lee en el libro
de Jonás, cuando él no quiere obedecer a Jehová que vaya a predicar a Nínive para que
se arrepienta de sus pecados, se sube a una barca que ya en el viaje está a punto de
hundirse. “Y dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos suertes, para que
sepamos por causa de quién nos ha venido este mal. Y echaron suertes, y la suerte cayó
sobre Jonás”. (Jon 1:7).

En el Salmo 22, el Salmo profético de la Pasión del Señor, donde está escrito el papel a
representar por los diferentes personajes del Drama Cósmico en los acontecimientos
finales de Semana Santa en Viernes Santo. Así se lee: “Repartieron entre sí mis
vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes” (Sal 22:18), tal como se narra en los cuatro
Evangelios canónicos. “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos,
echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis
vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. (Mt 27:35)

Diversos cabalistas afirman que la ceremonia del goral o goralot, ha sido mal interpretada
como lotería o un simple acto de “echar suertes” de una manera mundana o vulgar; como
también derivado del acto de echar suertes a las ropas del Señor, se percibe como una
práctica perversa e indigna; cuando en realidad, se refiere a la búsqueda del sino, destino
o karma. Se busca de esta manera, la intervención divina, cuando no es posible una
respuesta racional, donde la mente no puede discernir entre el bien y el mal. En tal sentido
lanzar el goral implica una respuesta más allá de la razón, lo que nos lleva a las formas
más elevadas del conocimiento: la imaginación, la inspiración y la intuición. La
imaginación es la capacidad de ver el ultra de las cosas, lo invisible, los mundos internos.
Es la maravillosa facultad de la clarividencia. La inspiración es la capacidad de sentir con
la emoción superior las verdades ocultas. La intuición es la capacidad de captar el hondo
contenido de la verdad encerrada en un fenómeno. Es la Gnosis Kardias de los místicos
del Cristianismo primitivo, la voz del corazón, la voz del Padre interior, del Dios interior,
el Ser, Atman o Chesed.

La palabra Goralot, nos recuerda también a Lot, el sobrino de Abraham, de quien se habla
en los capítulos 11 al 14 del Génesis, así como en la historia de Sodoma y Gomorra
narrada en el capítulo 19. Los filólogos afirman que Lot, etimológicamente, Lot tiene los
siguientes significados: el de rostro cubierto, sobre, cubierta y en consecuencia: envuelto,
oculto, cubierto, velado, escondido, de color oscuro. Otros dicen que significa piedra o
piedrecita. La piedra oculta. De allí, el significado de Goralot que se da a las piedras,
piedrecitas, guijarros o trozos de madera que, en la antigüedad, diferentes pueblos
semitas, entre ellos, caldeos e israelitas echaban en una vasija. En las piedras habían
escrito previamente un asunto a decidir, el nombre de una persona a elegir o cualquier
consulta específica. Las piedras las revolvían en la vasija en movimiento y luego sacaban
una de ellas, conforme la decisión a tomar. Previo a la “echada de suertes”, “lots” o
“goralot”; pedían a Dios su dirección para elegir la piedra correcta. De allí, vendrá la
palabra lote, como sinónimo de la parte procedente de la división de algo que se ha de
distribuir entre varias personas, ya sea dinero, objetos , una parcela procedente de la
división de un terreno y la palabra lotería, un sorteo tradicional, así como aquellos asuntos
cuyo resultado depende de la suerte. Sin embargo, en términos sagrados, Lots o goralot
significa heredad, parte, porción que se obtiene por voluntad divina, Dharma o buen
karma. Así, en en Proverbios, se lee: “La suerte se echa en el regazo; más de Jehová es la
decisión de ella”. (Pr 16:33).

En Crónicas, se narra la distribución de las funciones sacerdotales que tendrían los


descendientes de Aaron. “Los repartieron, pues, por suerte los unos con los otros”. (1 Cr
24:5). “La primera suerte tocó a Joiarib, y la segunda a Jedaías, la tercera a Harim, la
cuarta a Seorim, la quinta a Malquías, la quinta a Mijamín…(1 Cr 24:7-17). “Estos
también echaron suertes, como sus hermanos los hijos de Aarón, delante del rey David, y
de Sadoc y de Ahimelec, y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas;
el principal de los padres igualmente que el menor de sus hermanos”. Es notorio que el
acto de “echar suertes”, no era, en ningún sentido, un pasatiempo, un acto trivial, un
deporte, un entretenimiento, una lotería en el sentido profano actual o un juego de azar;
ni implicaba apuestas para obtener ganancias o pérdidas, ni perseguía el enriquecimiento
de alguien; sino una ceremonia a la que se le daba el debido respeto. Similar condición se
observa en la distribución que hicieran el rey David y los jefes de su ejército en la elección
de músicos y cantores “para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos”, como se
narra en el capítulo 25 del libro primero de Crónicas. “Y echaron suertes para servir por
turnos, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo”. (1 Cr
25:8). En otro pasaje del citado libro de Crónicas; se narra el uso del mismo
procedimiento para la distribución de porteros: “Echaron suertes, el pequeño con el
grande, según sus casas paternas, para cada puerta”. (1 Cr 26:13)

En Nehemías, también se narra el uso del método del goralot para el servicio de leña en
el templo. “Echamos también suertes los sacerdotes, los levitas y el pueblo, acerca de la
ofrenda de la leña, para traerla a la casa de nuestro Dios, según las casas de nuestros
padres, en los tiempos determinados cada año, para quemar sobre el altar de Jehová
nuestro Dios, como está escrito en la ley”. (Ne 10:34); como también para decidir quién
viviría en Jerusalén: “Habitaron los jefes del pueblo en Jerusalén; mas el resto del pueblo
echó suertes para traer uno de cada diez para que morase en Jerusalén, ciudad santa, y las
otras nueve partes en las otras ciudades”. (Ne 11:1)

En forma similar, hay un hermoso, significativo y profundamente simbólico pasaje


narrado en el primer libro de Samuel, relativo al rey Saúl y de su heroico hijo Jonatán; en
la guerra contra los filisteos. Saúl ha advertido a su pueblo que no deben comer nada, sino
hasta caer la noche y haber vencido a sus enemigos. (1 S 14:24) Sin embargo, Jonatán
había tomado la iniciativa y se había lanzado al combate mucho antes de que se diese tal
orden (1 S 14:1-15), por lo que la desconocía y cuando todo el pueblo llegó a un
bosque “Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y
alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó
su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos” (1 S 14:27) Luego viene la victoria sobre
los filisteos y el pueblo hebreo come carne con sangre (1 S 14:32), por lo que ha
transgredido la ley de Moisés. Ante tal situación, “dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da
suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre”. (1 S 14:41).
Luego, por mediación del pueblo, Jonatán salió libre (1 S 14:45) No podemos dejar de
hacer un breve análisis del simbolismo oculto tras estos relatos. Es claro que el pueblo de
Israel, es el pueblo que sigue los misterios de Isis y Ra, los misterios de Él, el Ser, el
Padre. Los filisteos, a los que hay que vencer y aniquilar, representan a nuestro querido
Ego, a los elementos indeseables de conducta que en nuestro interior cargamos, nuestros
defectos de carácter, viva personificación de nuestros errores. La vara de Jonatán, es la
vara de los profetas, de Mosiés y de Aarón, el báculo de poder, la varita mágica que
representa la columna vertebral donde se encuentran ocultos los poderes que divinizan.
La miel ese maravilloso producto alquímico elaborado por las abejas, representa el soma,
el Prana, el chi, el ens seminis, la energía creadora. La abeja, nos recuerda a Débora, la
jueza y profetiza del Antiguo Testamento, mujer de Lapidot (que encierra en su nombre
el sagrado IAO) y que recuerda la piedra, la lápida funeraria símbolo ineludible de la
muerte del querido Ego, del sí mismo, del mí mismo; Débora, quien acostumbraba
sentarse bajo una palmera, símbolo de la columna vertebral por donde sube la energía
creadora. Débora, por quien los hijos de Israel subían a consultarle y a someterse a su
juicio. El nombre de Débora significa “abeja” o “avispa”. Las abejas, esas pequeñas e
incansables obreras, capaces de hacer grandes construcciones geométricas (la gran Obra).
Para los antiguos egipcios, la abeja, simbolizaba el alma y estaba asociada a Ra (el Sol).
Para san Bernardo, las abejas… son imagen de las almas que saben y pueden elevarse con
las alas de la contemplación, que se separan, por decirlo así, de sus cuerpos, igual que el
industrioso insecto abandona su colmena para volar hasta el jardín de las celestiales
voluptuosidades. Allí encuentran reunidas todas las flores como el más rico de los tesoros,
y saborean sus ricas delicias.

La miel de abejas, aparte de sus maravillosas propiedades como alimento sagrado, fue
utilizada antiguamente en ceremonias iniciáticas. Así en el culto a Mitra, los sacerdotes
daban a probar miel a los iniciados y les hacían lavar las manos con miel. Para los antiguos
persas, la miel era parte de la composición del celeste Soma (la bebida sagrada, símbolo
de la energía creadora). En el Rig Veda las abejas ofrecen su miel a los Ashwins, y
Krishna lleva una abeja azul en la frente. En la mitología de Creta, el dios supremo nacido
de la Diosa Madre (Deméter Ceres) fue alimentado en una gruta por una princesa cretense
con la leche de Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa (cuyo significado también es
abeja). El nombre de Débora, también tiene como raíz la palabra hebrea ‫( דבר‬Dabar) que
significa palabra, aconsejar, cosa, anunciar, añadir, declarar, someter etc.

Entendido el profundo simbolismo de la miel, se explica el motivo por el cual todo el


pueblo judío, todas las masas humanas. no se atreven a probar de esa miel sagrada y en
consecuencia mantienen la mente turbada y confundida. Solo los valientes como Jonatán,
son capaces de alimentarse con ese manjar exquisito y solo a ellos se les aclara la visión.
Por eso, en el diálogo de Jesús y la mujer samaritana, el Señor explica: “Si conocieras el
don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías, y él te daría agua
viva” (Jn 4:10) y la manda a llamar a su marido, porque ese santo alimento, se obtiene en
pareja: “Ve, llama a tu marido, y ven acá”. (Jn 4:16) Solo mediante, la no fornicación y
el sabio aprovechamiento de la energía creadora, se comprende el texto referente a los
ríos de agua viva: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos
de agua viva”. (Jn 7:38) Así como la visión de Ezequiel sobre las aguas salutíferas: “Y
toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá”. (Ez
47:9) y en la profecía de Zacarías: “saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas
hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno”.
Es claro que la Jerusalén celestial es la nueva ciudad interior, donde una mujer o un
hombre auténticos, se habrá liberado de la tiranía del Ego. Esos dos ríos, esas dos aguas;
son los mismos ríos con los que Hércules limpia los establos de Augias en la mitología
clásica. Son también “las dos olivas, los dos testigos ante el trono del Señor representados
en el caduceo del dios Mercurio, símbolo de la medicina universal.

Después de este paréntesis, con la lectura de todos los párrafos en los que se hace
referencia a los goralot, inferimos que este método de “echar suertes”, lots o goralot
constituye una ceremonia sagrada, un ritual de teúrgia o “magia blanca superior”, que
requería o requiere del uso del poder de la oración, de la oración consciente, de la atención
dirigida, de recuerdo de sí o sensación plena de uno mismo, del tercer estado de
conciencia, de cierta interiorización, concentración y conexión con el Ser, con el Íntimo,
con el Padre interno, con las partes superiores de uno mismo e invocar la voluntad del
Padre para obtener la respuesta correcta, cuando el intelecto falla y nos acuerdo posible
entre personas.

Así se infiere de la lectura del siguiente pasaje del libro de Ester: “En el mes primero, que
es el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Asuero, fue echada Pur, esto es, la suerte,
delante de Amán, suerte para cada día y cada mes del año; y salió el mes duodécimo, que
es el mes de Adar”. (Est 3:7) Algunos estudiosos afirman que Pur, viene del Asirio y
también significa piedra.Es decir, un método de echar suertes, pero no con el
consentimiento de Jehová, tal como se lee en “La fiesta de Purim: “Porque Amán hijo de
Hamedata agagueo, enemigo de todos los judíos, había ideado contra los judíos un plan
para destruirlos y había echado Pur, que quiere decir suerte, para consumirlos y acabar
con ellos. Mas cuando Ester vino a la presencia del rey, él ordenó por carta que el perverso
designio que aquél trazó contra los judíos recayera sobre su cabeza; y que colgaran a él y
a sus hijos en la horca”. (Est 9:24-25)

Los cabalistas explican que “Adar”, viene de la palabra “Aderet”, que significa manto tal
como está escrito acerca de Elías (Reyes I 19:19): “y echó sobre él su manto”. “Adéret”
es “Adéret Sear” (cabellera), que se discierne como Searot (cabellos) y Dinim (juicios),
que son los pensamientos extraños e ideas que surgen a lo largo del trabajo, y que lo
distancian a uno del Creador; se cierran los ojos y con ello se nubla el razonamiento para
abrir la puerta de la Gnosis o conocimiento por iluminación y revelación divina. En
conclusión, el uso del goral, era en tiempos antiguos, uno de los variados procedimientos
usados en Israel para conocer el destino en relación con una toma de decisiones donde la
razón se nubla y queda ciega.

Fuentes:

http://www.kabbalah.info/es/biblioteca/baal-hasulam-art%C3%ADculos-de-shamati/33-
las-suertes-en-yom-kipurim-y-con-ham%C3%A1n

http://www.mercaba.org/DicTF/TF_judaismo.htm

http://www.judaismovirtual.com/nombres/1_valor_nombre.php

https://lascronicasdelmesias.org/2013/04/16/urim-y-tumin-profetas-y-profecia-parte-
cuarta/
https://es.wikipedia.org/wiki/Or%C3%A1culo

http://www.angelfire.com/ns2/publicaciones/meditaciones/GORAL.htm

https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/1200002775

La Santa Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento. Antigua versión de Casiodoro de reina


(1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602). (1960. Sociedades bíblicas unidas.

Levítico (Vayikrá) y Haftarot en versión castellana con traducción, supervisión y


selección exegética del rabino Marcos Edery. 1994. Tel Aviv. Editorial Sinai.

Génesis (Bereshit) y Haftarot en versión castellana con traducción, supervisión y


selección exegética del rabino Marcos Edery. 1994. Tel Aviv. Editorial Sinai.

Publicado el 19 junio, 2017Autor adminCategorías Arte, Cábala y ciencias de


predicción, Ciencia, Develaciones esotéricas, Esoterismo, Gnosis, Tradiciones
esotéricasDeja un comentario en Los goralot hebreos y la tradición de echar suertes

Urim y Tummim las piedras del oráculo en la Biblia


En los estudios gnósticos, resulta de especial interés el estudio del Arte ciencia de los
oráculos ya que por sus diferentes métodos de predicción, se puede acceder a la Gnosis
o “conocimiento intuitivo de las cosas divinas” o conocimiento de Dios mediante una
“visión”, “revelación”, “gracia”, “carisma” o aprehensión de una verdad mediante la
experiencia mística. Este es el caso de uno de los métodos de predicción o consulta poco
conocidos y que utilizaban profetas, reyes y rabinos hebreos. Otro es el método del goral
o goralot; del que se hace un estudio aparte.

En el Antiguo Testamento, específicamente en Éxodo, en todo el capítulo 28, se hace


referencia a un antiquísimo método de oráculo, predicción o consulta a la divinidad para
discernir la voluntad divina: la consulta a la divinidad medinte las piedras de Urim y
Tummim. En la versión hebrea del Éxodo (Shemot) o segundo libro del Pentateuco o
Toráh (Torá), se lee: “Y harás el pectoral de juicio, labor de entretejedor, como la labor
del efod lo habrás de hacer: de oro, de púrpura violácea, de púrpura escarlata, de carmesí
y de lino fino de hilo torzal lo habrás de hacer. Cuadrado habrá de ser, plegado. Un palmo
de longitud y un palmo de anchura (Ex 28: 15-16) Y portará Aharon los nombres de los
hijos de Israel en el pectoral de juicio, sobre su corazón, al entrar él al Santuario, por
remembranza ante Adonai, siempre. Y pondrás en el pectoral de juicio los Urim y los
Tummim y estarán sobre el corazón de Aharon al entrar él ante Adonai y portará Aharon
el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón, ante Adonai, siempre”. (Ex 28:29-30)

Urim y Tumim se traducen generalmente como luces y perfecciones y de manera más


amplia se refiere a las piedras de la revelación y la verdad. Los vocablos se asemejan a
los babilónicos urtu y tamitu que significan oráculo e instrucción.

Según la tradición rabínica, se dice que los Urim y Tumim iluminaban la palabra y por su
medio salía la perfección de las palabras. El Exégeta hebreo Rashban dijo acerca de las
piedras de Urim y Tumim: “Si a las naciones paganas sus oráculos les hablaban a través
de un espíritu impuro y de magia, salvando las enormes diferencias, la santidad puede
expresarse”. (Toráh, 269)

El procedimiento de consulta permitía tomar decisiones sobre la base de preguntas


específicas, que permitieran una respuesta afirmativa o negativa, un sí o un no. Según se
entiende, las piedras brillaban o no y en tal sentido se obtenía la respuesta. Si brillaban la
respuesta era afirmativa; si daban sombra o permanecían opacas, la respuesta era
negativa. En alguna medida como consultar a los dados o a la moneda y obtener la
respuesta según dé cara o cruz (escudo) o como ocurre con el I Ching. Por ese motivo, se
lee en el Salmo 80: “Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.
(Sal 80:3). En tal sentido, la consulta de los Urim y los Tumim se clasifica dentro del tipo
de arte ciencia de predicción denominada cleromancia.

El sumo sacerdote usaba estas piedras para averiguar cuál era la voluntad de Dios con
respecto a asuntos de dudosa posibilidad, que tenían que ver con el bienestar de la nación.
Así se lee en Números: “Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el
cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar,
y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. Y pondrás de
tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca. Él
se pondrá delante del sacerdote Eleazar, y le consultará por el juicio del Urim delante de
Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él y todos los hijos de
Israel con él, y toda la congregación”. (Nm 27:18-21). Asimismo, en Levítico, se lee que
“Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. Y puso sobre
él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo
ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. Luego le puso encima el pectoral, y puso
dentro del mismo los Urim y los Tumim”. (Lev 8:6-8). En Nehemías, hay otro versículo
alusivo a los Urim y Tumin: “Y les dijo el gobernador que no comiesen de las cosas más
santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim”. (Neh 7:65).

En el primer libro de Samuel, se hace referencia implícita a la consulta a la divinidad


mediante este tipo de oráculo. Así se lee que Saúl hizo consulta a Jehová “Da suerte
perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre. Y Saúl dijo: Echad
suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán (1 S 14:41-42). Como
también David “Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl
trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los vecinos
de Keila en sus manos? ¿Descenderá _Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de
Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá”. (I S 23:10-11).
“Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por
profetas”. (I S 28:6)

Al igual que con otros oráculos, se requería de preparación espiritual especial para recibir
la respuesta, es decir, elevados estados de conciencia, intuición y clarividencia. En este
sentido, es importante ampliar la explicación acerca de los oráculos usados antiguamente
por los profetas, rabinos y reyes registrados en el Tanaj o Antiguo Testamento. Todos
ellos usaban las piedras del Urim y Tumin, además de la Cábala de predicción,
interpretando el significado astral de los números y formas geométricas, así como la
interpretación onírica (los sueños proféticos, altamente simbólicos) y la Gnosis o
conocimiento por intuición y revelación. Además, como se infiere en el versículo ya
anotado de Nehemías, el oficiante debía comer cosas santas y habría de ser una persona
piadosa: “A Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim sean para tu varón piadoso”. (Dt 33:8)

En el capítulo titulado Pkude, en El Zohar, se lee: “R. Abba era un visitante frecuente de
R. Simeon. Una vez le dijo: Respecto de los Urim y Tumim que se debían poner en el
pectoral, hemos aprendido que se los llamaba Urim (luces) porque sus palabras eran una
clara y directa respuesta que se les dirigía; y Tumim —tamim, perfecto, completo—
porque sus palabras se cumplían a la perfección. Y bien, parece que hubiera algo más por
conocer acerca de este recóndito asunto. R. Simeon dijo: Seguramente es así. El pectoral
y el efod corresponden a los Urim y Tumim, y estos, a su vez, a las filacterias (te f ilim) y
al lazo de las filacterias. li. Simeon citó aqui el versículo: “Y verás mi espalda, mas mi
rostro no será visto” 3985. Dijo: Esto significa que el Santo, Bendito Sea, hizo que Moisés
viera el lazo de las filacterias, pero no las filacterias mismas. “Mi rostro” señala las
filacterias que contienen el sublime misterio del Nombre Divino, mientras que “mi
espalda” incluye el misterio contenido en el lazo de las filacterias. Como saben los
Compañeros, el primero designa el brillante espejo, y el segundo designa el espejo opaco.
Así, en correspondencia, Urim significa las palabras iluminadas, mientras que Tumim
señala las palabras en su cumplimiento. La misma correlación mística se encuentra entre
“voz” y “lenguaje”: pues la voz ilumina al lenguaje a pronunciarse, mientras que el
lenguaje trae el acabamiento de la palabra, y los dos están indisolublemente fusionados
entre sí. Concluyo: El pectoral y el efod corresponden, así, respectivamente, al “rostro” y
a la “espalda”, siendo los dos uno e inseparable”.(Zohar, pp 889-.890)

Más adelante, se lee: “está escrito: “y pondrás dentro del pectoral del juicio el Urim y el
Tumim”. El término Urim (literalmente, luz, iluminación) significa el espejo luminoso,
que consistía en cl grabado del Nombre Divino compuesto de cuarenta y dos letras por
las que el mundo fue creado; mientras que el Tumirn consistía del no luminoso espejo
hecho del Nombre Divino según se manifiesta en las veintidós letras. La combinación de
ambos se llama Urim y Tumim. Observad que por el poder de estas letras hundidas, las
otras letras, es decir, las letras levantadas formaban los nombres de las tribus, ya
iluminados, ya oscurecidos. Las letras del Nombre Divino abarcan el misterio de la Tora,
y todos los mundos son una proyección del misterio de estas letras”. (ibid, 898)

Un pasaje muy interesante del Zohar, relativo a los Urim y Tummin, hace referencia a la
necesidad del matrimonio para todo sacerdote. “A un sacerdote que no tiene mujer le está
prohibido efectuar el servicio, como está escrito, “Y el hará expiación por sí y por su
casa”. R. Isaac dijo que la razón es que la Schejina no mora con uno que no es casado, y
el, sacerdote en especial debe ser uno con quien mora la Schejina. Junto con la Scheiina
se posa sobre los sacerdotes Teced (Gracia) Y se los llama Jasidim, (dotados de gracia),
v como tales corresponde que bendigan al pueblo. Asi la Escritura dice: “Y tus santos
(jasi= lita) te bendecirán”: también “Tus Tumin v tus Urim estarán con tu santo (jasid)”.
(op. Cit 1067)

En este sentido es oportuno hacer una aclaración importante. En el Cristianismo y


Judaísmo se advierte de no consultar con adivinos; pero no se dice lo contrario de la
consulta con profetas. Así, en Zacarías, se lee: “Porque las imágenes han hablado vanidad,
y los adivinos han visto mentira, y han hablado sueños vanos, en vano consuelan. Por lo
cual se fueron ellos como ovejas, y fueron humillados porque no tuvieron pastor”. (Vers.
2. Cap. 10. ZACARÍAS).
Es imprescindible hacer diferenciación entre los adivinos y los profetas. Eliphas Levi,
dice lo siguiente: “Adivino viene de la palabra divinaris, divinus, que significa ejercer la
divinidad”. Pero se le olvidó al Abate Alfonso Luis Constant la partícula A, que precede
a la palabra divino. Sin embargo, la Gramática dice lo siguiente: A, preposición que
denota separación, alejamiento, Vg. Teo, significa Dios, pero si le anteponemos la
partícula A, formamos la palabra ATEO, con el que denominamos al que no cree en Dios.
Adivino, representa precisamente lo contrario de lo divino, es decir, lo diabólico.
Apolítico, significa un individuo no político. Si leemos la Biblia cuidadosamente, no
encontramos una sola palabra a favor de los adivinos.

Cuando el rey Nabucodonosor mandó a llamar magos, astrólogos, adivinos y


encantadores para que le adivinaran el sueño de la estatua, no hubo un solo adivino que
revelase al rey este arcano, solo un profeta de Dios respondió delante del rey y dijo. “El
misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos, lo pueden
enseñar al rey”. “Mas hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y Él ha hecho
saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer al cabo de días”. Esto es textual del
capítulo segundo del Libro de Daniel, e invita a meditar Daniel el profeta del Dios vivo,
fue el único que pudo revelarle el sueño a Nabucodonosor.

Los adivinos son videntes tenebrosos, son magos negros o en todo caso médiums,
charlatanes o farsantes. Los profetas son videntes de la luz, son magos blancos. Los
adivinos ven las imágenes del abismo, y sueñan sueños del abismo, con los cuales
pronostican acontecimientos que pueden fallar, porque no todas las veces cristalizan en
el mundo físico las imágenes tenebrosas del abismo. Las escenas tenebrosas del abismo,
son realmente en el abismo, pero no siempre cristalizan en el mundo físico. Los profetas
son videntes de la luz, varones y mujeres de Dios iluminados por el Espíritu Santo, y sus
pronósticos son exactos porque sus glándulas pineal y pituitaria están totalmente
iluminadas por el fuego sagrado.

Los chelas de la fraternidad blanca son aprendices, son discípulos de los profetas, y por
ello pueden servir de mensajeros de los profetas, y hablar palabra de los santos Maestros
a los hombres. Para ser profeta se necesita recibir el Espíritu Santo. Empero, los discípulos
de la Logia Blanca, que viven conforme al sendero óctuple del Budismo (recto sentir,
recto pensar, recto actuar, entre otros); son fieles al Cristo y viven en castidad; son
mensajeros de los profetas y discípulos de los profetas.

Publicado el 25 abril, 2017Autor adminCategorías Cábala y ciencias de predicción,


Ciencia, Develaciones esotéricas, Esoterismo, Gnosis, Gnosticismo antiguo, Sin
categoría, Tradiciones esotéricasDeja un comentario en Urim y Tummim las piedras del
oráculo en la Biblia

El arte ciencia de los oráculos


“que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad

lo que aún no era hecho; que digo:

Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”

(Is 46:10)
Un oráculo es un pronóstico o predicción de algo que ocurrirá en el futuro. Es una
respuesta de la divinidad dada por sacerdotes, sacerdotisas, pitias o pitonisas (sacerdotisas
de Apolo), canalizadores, profetas o expertos. Estos sirven de mediadores entre el
consultante y la divinidad (el Ser, el Íntimo, Chesed, Atman, el Padre interno, Dios en
nosotros) mediante la intuición o voz del corazón.

La persona que sirve de intermediaria, ya sea sacerdote o sacerdotisa, pitia o pitonisa,


sibila, profeta, gurú, guía espiritual o simplemente una persona con conocimientos
prácticos relativos a las claves del oráculo; ha desarrollado las tres formas de
conocimiento interior, como lo son la imaginación creadora, la inspiración y la intuición.
La Teomancia, el don de la profecía a través de los auténticos oráculos y métodos de
predicción permitidos por la divinidad, constituye motivo de aprendizaje, reflexión y
práctica en los estudios gnósticos. El don de la profecía mediante la interpretación de
oráculos, forma parte de los principios y vida cotidiana en la cosmovisión gnóstica y
constituye una amalgama de arte y ciencia esotéricas, una sabia combinación holística y
transdisciplinar de saberes.

La interpretación de oráculos, no debe confundirse con el trabajo de adivinadores,


prestidigitadores o magos de espectáculo o con médiums y personas que para dar sus
respuestas consultan a los ídolos del Antiguo Testamento, al Ego o entidades negativas
del submundo o bajo mundo astral. En toda la historia ha habido también adivinaciones
de este tipo, como las que realizaban los habitantes de Siria y de Judea mediante
sacrificios humanos repugnantes; auténticos trabajos de magia negra

En la antigüedad varios pueblos, entre ellos, los griegos y romanos buscaban la respuesta
de la divinidad ante una consulta, generalmente, a través de un intermediario y en un lugar
sagrado. Fue famoso el oráculo de Apolo en Delfos, el de la Sibila de Cumas, el de
Heliópolis y el de Amón Ra en el oasis de Siwa, en el antiguo Egipto. Hay múltiples y
variados oráculos. Incluso animales, plantas o piedras, pueden servir de intermediarios,
como una bastante curiosa y singular en la actualidad descrita por Jesús Iglesias Janeiro,
en su Cábala de predicción, acerca de los cocodrilos, en las islas del lago Victoria
Nyanza. Platón, menciona a los oráculos en varios de sus Diálogos. Así, en el Fedro, pone
en labios de Sócrates que “los sacerdotes del santuario de Júpiter en ‘Dodona’ decían que
los primeros oráculos salieron de una encina”. En dicho diálogo, el gran sabio, hace
mención al oráculo de Ammón. Platón en La República, cita el oráculo dado al último rey
de Lidia, Creso: escapa a lo largo del Hermo pedregoso sin miedo a que alguno le llame
cobarde.

Platón, vuelve a citar el oráculo de Ammón, en el Segundo Alcibíades, en relación con


una consulta que hicieran los atenienses, quienes no entendían por qué los lacedemonios
(espartanos), siempre les vencían en batalla, a pesar que los atenienses
frecuentemente ofrecían a los dioses grandes procesiones, ofrendas y sacrificios.
Sócrates, narra y explica ampliamente la respuesta breve del oráculo: “He aquí lo que
Ammón responde a los atenienses: que estima más las bendiciones de los lacedemonios
que todos los sacrificios de los atenienses. El profeta no dijo más. Por estas bendiciones
de los lacedemonios entendía, a mi juicio, sus oraciones, que en efecto difieren de las de
los demás pueblos; porque todos los otros griegos, ya ofrezcan toros con sus cuernos
dorados, o ya consagren ricas ofrendas, piden en sus oraciones todo lo que les sugieren
las pasiones, sin averiguar si son bienes o males. Pero los dioses que oyen sus blasfemias,
no agradecen sus procesiones ni sus sacrificios suntuosos. Se necesita, a mi parecer,
mucha precaución y mucha atención para saber lo que se debe decir y lo que se debe
callar. En Homero encontrarás un ejemplo semejante al precedente: Mientras construían
un fuerte, dice, los troyanos ofrecían a los inmortales grandes hecatombes, y los vientos
llevaban de la Tierra al Cielo un olor agradable; y sin embargo los dioses se negaron a
gustarlo, porque tenían aversión a la ciudad sagrada de Troya, a Príamo y al pueblo de
este rey hábil en el manejo de la lanza. Y así, en vano era hacer sacrificios y ofrecer dones
a los dioses, que les aborrecían; porque no es posible, dada la naturaleza de los dioses,
dejarse corromper por presentes como un codicioso usurero; y seriamos unos insensatos,
si pretendiéramos por este medio hacernos más agradables a sus ojos que los
lacedemonios”.

Son muchas las referencias históricas en los distintos pueblos, en los que se habla de un
anuncio, un destino manifiesto, una nabia, profecía u oráculo de algo que acontecerá, de
ciertos signos que aparecerán en determinado momento. Tal es el caso de la peregrinación
mexica y el oráculo de Aztlán, en el que se encontrarán con el águila sobre el nopal,
devorando una serpiente.

La tradición esotérica relativa a los oráculos es antiquísima. Samael Aun Weor, en su


obra Curso Zodiacal, explica que: “En la Atlántida existieron siete oráculos importantes
en el mundo físico, donde los hombres estudiaban la sabiduría de las estrellas y
consultaban a los dioses siderales. Los guardianes de esos misterios eran grandes
iniciados. En el oráculo de Marte se enseñaba el ocultismo marciano; en el oráculo de
Júpiter, la religión jupiteriana; en el oráculo de Venus, las artes, sabiduría venusina; en el
oráculo de Saturno, la sabiduría de Saturno; en el oráculo de la Luna, el ocultismo lunar;
en el oráculo de Mercurio, la sabiduría mercuriana; y en el oráculo solar, nuestra sabiduría
gnóstica. Los antiguos sacerdotes enseñaban a sus discípulos a interpretar las señales del
firmamento; esas señales se interpretan basándonos en la ley de las analogías filosóficas”.

Es frecuente el lenguaje simbólico, alegórico, en clave, de los oráculos para que quien
“tenga el entendimiento, que entienda”. Es mediante el lenguaje de la intuición, de la
Gnosis Kardias, la Gnosis del corazón, que se expresan e interpretan los oráculos. En este
sentido, Pedro Ouspensky, en su obra Un Nuevo modelo del Universo cita a Oswald
Wirth, quien en su libro Le Symbolisme Hermetique, habla del lenguaje de los símbolos
de una manera muy interesante:

“Un símbolo puede estudiarse siempre desde un número infinito de puntos de vista, y
cada pensador tiene el derecho de descubrir en el símbolo un significado nuevo de
acuerdo con la lógica de sus propias concepciones. En realidad la finalidad de los
símbolos es la de despertar ideas que duermen en nuestra conciencia. Despiertan un
pensamiento por medio de la sugestión y hacen que la verdad que se encuentra oculta en
lo profundo de nuestro espíritu salga a la luz. Para que los símbolos puedan hablar, es
esencial que tengamos en nosotros mismos los gérmenes de las ideas, cuya revelación
constituye la misión de los símbolos. Pero no es posible ninguno revelación si la mente
se encuentra vacía, estéril e inerte. “Por esta razón los símbolos no llegan a todo el mundo,
no pueden hablar a todas las gentes. Rehúyen especialmente a las mentes que se precian
de ser positivas y que basan su razonamiento solo en inertes formulas científicas y
dogmáticas. La utilidad práctica de estas fórmulas no puede discutirse, pero desde el
punto de vista filosófico son la expresión solo del pensamiento estático, artificialmente
limitado, inmóvil a tal grado, que parece estar muerto en comparación con el pensamiento
vivo, indefinido, complejo y móvil, que se refleja en los símbolos. “Queda perfectamente
claro que los símbolos no han sido creados para expresar aquello a lo que se llama
verdades científicas. “Por su propia naturaleza los símbolos deben permanecer elásticos,
vagos y ambiguos, como los designios de un oráculo. Su papel es descubrir misterios,
dejando a la mente toda su libertad”.

Volviendo a la predicción mediante la consulta a la encina y a las piedras, el ocultista


francés Alphonse Louis Constant, más conocido como el abate Constant o Eliphas Levi,
en su obra: El libro de los esplendores, cita al sueco Emanuel Swedenborg, “ese místico
admirable, sostenía que el Universo es, en realidad, un hombre inmenso, con cabellos
luminosos, brazos y piernas estrelladas; que este hombre está hecho tan inmenso y tan
brillante que ningún ojo humano puede verle. Aun en nuestros días, los mormones se
imaginan que el Universo es limitado, y que Dios, bajo la forma de un hombre gigantesco
que ocupa el centro, está sentado sobre una colosal Urim-Thumin, es decir, sobre dos
piedras talladas en innumerables facetas, en las que ve reflejarse cuánto pasa en los
mundos. En tal sentido no son más progresivas que los escandinavos, quienes sientan a
Odín sobre una encina, por cuyo tronco una ardilla sube y baja sin cesar para decirle al
oído cuánto ocurre en el Universo”.

Respecto de las piedras que funcionan como oráculo, el Kalki Avatar, en su obra Las tres
montañas, anota lo siguiente: “Incuestionablemente las «piedras animadas» que en la
antigua Arcadia modificaron radicalmente la forma de pensar del sabio Pausanias
(historiador y geógrafo griego), pueden ser clasificadas en dos clases: ophites y siderites,
la «piedra-serpiente» y la «piedra-estrella». Eusebio, especialmente, nunca se separaba
de sus ophites que llevaba en su seno, y recibía oráculos de ellas, proferidos por una
vocecita que se parecía a un tenue silbido. Arnobio cuenta que siempre que encontraba
una piedra de estas, no dejaba de dirigirle alguna pregunta que ella contestaba con una
vocecita clara y aguda”.

El Presidente fundador de las instituciones gnósticas, amplía la explicación de las


“piedras parlantes”, en su obra Mensaje de Navidad 1968-69, La Magia de las runas: “En
los antiguos tiempos existieron gigantescas piedras que andaban, hablaban, pronunciaban
oráculos y hasta cantaban. La “piedra de Cristo”, la “roca espiritual” que, seguía a Israel,
escrito está que se convirtió en Jupiterlapis devorado por su padre Saturno bajo la forma
de un pedernal. Si no hubieran existido gigantes que moviesen rocas tan colosales, jamás
hubieran tenido realidad, un Stonehenge, un Carnac (Bretaña), y otras semejantes
construcciones ciclópeas. Si en los tiempos idos, no hubieran existido sobre la faz de la
Tierra, la verdadera y legítima ciencia mágica, jamás hubiera habido tantos testimonios
de piedras, “oraculares y parlantes”. En un poema atribuido a Orfeo, estas piedras son
divididas en ophites y siderites, la «piedra-serpiente» y «piedra-estrella».

La ophites es áspera, dura, pesada, negra, y tiene el don del habla; cuando uno va a tirarla,
produce un sonido semejante al grito de un niño. Por medio de esta piedra fue como
Heleno predijo la ruina de Troya, su querida patria”.

“Antiquísimos documentos sagrados afirman que Eusebio jamás en la vida se separaba


de sus ophites y que recibía oráculos de ellas, proferidos por una vocecita que se a un
tenue silbido, el mismo que escuchó Elías o Elijah después del terremoto en la boca de la
cueva. La famosa piedra de Westminster era llamada Laifail, la “piedra parlante ” y solo
elevaba su voz para nombrar al rey que debía ser elegido. Esa piedra tenía una inscripción
borrada ahora por el polvo de los siglos que decía: ni fallat fatum, scoti quocumque
locatum invenient lapidem, regnasse tenenturibiden. Suidas, habla de un hombre, que
podía distinguir de una ojeada, las piedras inanimadas de las que estaban dotadas de
movimiento. Plinio menciona piedras que se apartaban cuando una mano se aproximaba
a ellas. Las piedras monstruosas de Stonehenge eran llamadas antiguamente chior-gaur
o el “baile de los gigantes”.

“Varios autores muy eruditos hablando sobre las ruinas de Stonehenge, Carnac y West
Hoadley, dan informes maravillosos sobre este asunto tan especial. En esas regiones se
encuentran inmensos monolitos, pesando algunos sobre 500 000 kilogramos. Fueron los
“gigantes” de los antiguos tiempos quienes pudieron un día levantar esas moles,
colocarlas en forma simétrica perfecta, y asentarlas con tan maravilloso equilibrio que
parece que apenas tocan el suelo, y que aun cuando el contacto más ligero de un dedo las
pone, en movimiento, resistirían, sin embargo, la fuerza de veinte hombres que intentasen
desplazarlas. Fueron “gigantes” los que transportaron las piedras para la construcción de
las pirámides de Egipto. La “piedra oscilante”, fue un medio de adivinación usado por los
gigantes, pero ¿por qué oscilan? Las más enormes de ellas son, evidentemente, reliquias
de los atlantes; las más pequeñas, como las “rocas de Brimham”, son piedras giratorias
en su cúspide, son copias de los lithoi más antiguos”.

Los escritos clásicos abundan en referencias a los oráculos. Así, en la tragedia de


Sófocles: Edipo rey, se lee el siguiente canto: “¡Oh dulce oráculo de Zeus! ¿Con qué
espíritu has llegado desde Pito, la rica en oro, a la ilustre Tebas? Mi ánimo está tenso
por el miedo, temblando de espanto, ¡oh Dios, a quien se le dirigen agudos gritos, Delios,
sanador! Por ti estoy lleno de temor. ¿Qué obligación de nuevo me vas a imponer, bien
inmediatamente después del transcurrir de los años? Dímelo, ¡oh hija de la áurea
esperanza, palabra inmortal! Sabido es que el oráculo de Apolo anunció la tragedia de
Edipo, quien mataría a su padre y se casaría con su madre. De esa cuenta, la ciudad
fue castigada con un extraño karma y resultó sacudida por una peste. Edipo envía a su
cuñado, Creonte a consultar “a la morada Pítica de Febo, a fin de que se enterara de lo
que tengo que hacer o decir para proteger esta ciudad.” Es decir, lo envió a consultar al
oráculo de Apolo en Delfos.

En labios de Creonte, se escucha la respuesta del oráculo: “Diré las palabras que escuché
de parte del dios. El soberano Febo nos ordenó, claramente, arrojar de la región una
mancilla que existe en esta tierra y no mantenerla para que llegue a ser irremediable…
Con el destierro o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta sangre es la
que está sacudiendo la ciudad”. El oráculo manda entonces castigar al asesino de Layo,
el anterior rey. Piden al clarividente Tiresias que devele el misterio. Tiresias le explica a
Edipo que el mismo soberano es el azote impuro de esa tierra, por ser el asesino del rey
anterior y porque. ha estado conviviendo muy vergonzosamente, sin advertirlo, con los
que le son más queridos.

Yocasta, madre y esposa de Edipo le narra el oráculo que fue revelado a Layo, su primer
esposo y la forma en que le dieron muerte: “Una vez le llegó a Layo un oráculo -no diré
que del propio Febo, sino de sus servidores- que decía que tendría el destino de morir a
manos del hijo que naciera de mí y de él. Sin embargo, a él, al menos según el rumor,
unos bandoleros extranjeros le mataron en una encrucijada de tres caminos. Por otra parte,
no habían pasado tres días desde el nacimiento del niño cuando Layo, después de atarle
juntas las articulaciones de los pies, le arrojó, por la acción de otros, a un monte
infranqueable”.
Edipo, narra a la vez, su propia historia y cómo, huyendo del oráculo, vino a cumplir el
destino manifiesto. “Mi padre era Pólibo, corintio, y mi madre Mérope, doria. Era
considerado yo como el más importante de los ciudadanos de allí hasta que me sobrevino
el siguiente suceso, digno de admirar, pero, sin embargo, no proporcionado al ardor que
puse en ello. He aquí que en un banquete, un hombre saturado de bebida, refiriéndose a
mí, dice, en plena embriaguez, que yo era un falso hijo de mi padre. Yo, disgustado, a
duras penas me pude contener a lo largo del día, pero, al siguiente, fui junto a mi padre y
mi madre y les pregunté. Ellos llevaron a mal la injuria de aquel que había dejado escapar
estas palabras. Yo me alegré con su reacción; no obstante, eso me atormentaba sin cesar,
pues me había calado hondo. Sin que mis padres lo supieran, me dirigí a Delfos, y Febo
me despidió sin atenderme en aquello por lo que llegué, sino que se manifestó
anunciándome, infortunado de mí, terribles y desgraciadas calamidades: que estaba fijado
que yo tendría que unirme a mi madre y que traería al mundo una descendencia
insoportable de ver para los hombres y que yo sería asesino del padre que me había
engendrado. Después de oír esto, calculando a partir de allí la posición de la región
corintia por las estrellas, iba, huyendo de ella, adonde nunca viera cumplirse las
atrocidades de mis funestos oráculos”.

“En mi caminar llego a ese lugar en donde tú afirmas que murió el rey. Y a ti, mujer, te
revelaré la verdad. Cuando en mi viaje estaba cerca de ese triple camino, un heraldo y un
hombre, cual tú describes, montado sobre un carro tirado por potros, me salieron al
encuentro. El conductor y el mismo anciano me arrojaron violentamente fuera del camino.
Yo, al que me había apartado, al conductor del carro, le golpeé movido por la cólera.
Cuando el anciano ve desde el carro que me aproximo, apuntándome en medio de la
cabeza, me golpea con la pica de doble punta. Y él no pagó por igual, sino que,
inmediatamente, fue golpeado con el bastón por esta mano y, al punto, cae redondo de
espaldas desde el carro. Maté a todos. Si alguna conexión hay entre Layo y este
extranjero, ¿quién hay en este momento más infortunado que yo? ¿Qué hombre podría
llegar a ser más odiado por los dioses, cuando no le es posible a ningún extranjero ni
ciudadano recibirle en su casa ni dirigirle la palabra y hay que arrojarle de los hogares?
Y nadie, sino yo, es quien ha lanzado sobre mí mismo tales maldiciones. Mancillo el lecho
del muerto con mis manos, precisamente con las que le maté. ¿No soy yo, en verdad, un
canalla? ¿No soy un completo impuro? Si debo salir desterrado, no me es posible en mi
destierro ver a los míos ni pisar mi patria, a no ser que me vea forzado a unirme en
matrimonio con mi madre y a matar a Pólibo, que me crio y engendró. ¿Acaso no sería
cierto el razonamiento de quien lo juzgue como venido sobre mí de una cruel divinidad?
¡No, por cierto, oh sagrada majestad de los dioses, que no vea yo este día, sino que
desaparezca de entre los mortales antes que ver que semejante deshonor impregnado de
desgracia llega sobre mí!”

Entre los himnos homéricos, en el Himno a Apolo, se lee: “Tenga yo la cítara amiga y el
curvado arco, y con mis oráculos revelaré a los hombres la verdadera voluntad de Zeus”.

De los oráculos caldeos, la ocultista y escritora inglesa Violet Mary Firth Evans; más
conocida como Dion Fortune, en su obra: La sacerdotisa del mar, cita la siguiente frase:
“así dicen los oráculos caldeos: “El hombre sabio mira hacia la Naturaleza y contempla
en ella el rostro luminoso del Eterno, y la naturaleza humana —me contaba— es una parte
de la Naturaleza, y se aprende bastante sobre ella, la Naturaleza y los dioses si lo
estudias”.
Platón, en la Apología de Sócrates narra que Jenofonte acudió a Delfos y se atrevió a
preguntar a la pitia si habría en Atenas hombre más sabio que Sócrates, a lo que la pitia
respondió que no había nadie más sabio. Muy oportuno resulta citar nuevamente a Platón,
quien en el Primer Alcibiades, pone también en labios de Sócrates, las siguientes palabras
acerca de Delfos y la Gnosis: “Así, mi querido Alcibiades, sigue mis consejos, y obedece
al precepto que está escrito en el frontispicio del templo de Delfos: Conócete a ti mismo”.
Frase que repite en el Protágoras: consagraron a Apolo, como primicias de su sabiduría,
estas dos sentencias que están en boca de todo el mundo y que hicieron que se fijaran en
la portada del templo de Delfos: Conócete a ti mismo y nada en demasía. ¿Por qué os he
referido todo esto? Es para haceros ver que el carácter de la filosofía de los antiguos
consistía en cierta brevedad lacónica. (Platón, 129)

Virgilio, en la Narración de los viajes de Eneas, en el libro III de su Eneida, al narrar el


éxodo de los sobrevivientes troyanos a la guerra con Grecia, en búsqueda de la tierra
prometida, narra cómo Eneas y su tripulación en su viaje divisan la isla del oráculo de
Delfos. “En medio del mar, se alza una frondosa isla, tierra sagrada, gratísima a la madre
de las Nereidas y a Neptuno egeo; errante en otro tiempo por los mares de playa en playa,
el dios flechador, compadecido, la fijó entre Micón y la alta Giaro, concediéndole que
permaneciese inmoble y arrostrase el furor de los vientos. Allí vamos a parar, aquella
apacible isla nos recibe, fatigados navegantes, en su seguro puerto. Ya desembarcados,
saludamos con veneración la ciudad de Apolo, Anio, rey de aquellos pueblos y al mismo
tiempo sacerdote de Febo, ceñidas las sienes de la real diadema y del sacro laurel, nos
sale al encuentro y reconoce a su antiguo amigo Anquises; nos damos las manos en señal
de hospitalidad y le seguimos a su palacio. Voy luego a adorar a Apolo en su templo,
labrado de vetustas piedras. «Concédenos», le dije, «¡oh Timbreo! morada propia…»”
(Virgilio, 35, 36)

El Avatar de la Era de Acuario, en su obra Mensaje de Navidad 1968-69 –La magia de


las runas, comenta la consulta que hicieran Eneas y los troyanos sobrevivientes a la guerra
de Troya: “Reverendísimo lugar al que llegó Eneas: ¡Delos! Lugar de arcaicas leyendas
hiperbóreas que se esconden como piedras preciosas en el fondo profundo de todas las
edades. Y protestando en tierra, mordiendo el polvo de los siglos, invocó dentro del
sagrado recinto a Apolo, el dios del fuego, suplicándole con su adolorido corazón que
protegiera a la ciudad que iba a fundar, la segunda Pérgamo troyana. Dice la historia que
este ínclito varón, consultó a Apolo sobre el lugar que le designaba para establecerse.
Entonces la tierra tembló espantosamente. El héroe y su gente, agazapados y abrazados
al suelo, poseídos de un misterioso temor, escuchó y escucharon todos, la terrible voz de
Febo Apolo que decía “¡Fuertes descendientes de Dárdano! Para estableceros de modo
perdurable habéis de buscar la tierra de donde sois originarios; la primera que os ha
llevado en su seno. Ahí la estirpe de Eneas dominará todo el país, y los hijos de sus hijos,
y los que nazcan de aquellos”. Cuenta el épico líder, que después de escuchar el Oráculo
de Apolo, lleno de preocupación, pensaba en cuál podía ser la tierra más remota de su
origen…” Es entonces, cuando Anquises, su anciano padre confunde la profecía y los
motiva para asentarse en Creta.

El Buda Maitreya comenta de esta manera, cómo tiempo después el héroe llegó la
correcta interpretación del oráculo: “En la mente de Eneas, furibunda, se desató la
tempestad del pensamiento, y desesperado como un náufrago, agarrado a la roca cruel,
pensó en regresar al santuario de Apolo, el Dios del Fuego, para consultar el oráculo
nuevamente. Pero aquélla misma noche, en esas horas deliciosas en que el cuerpo duerme
y el alma viaja por los mundos superiores fuera del organismo físico, se encontró Eneas
con sus dioses penates; los genios tutelares de su familia, los jinas o ángeles de Troya. Y
hablaron los señores de la llama: “No es necesario, hijo, que regreséis navegando a donde
está el oráculo de Apolo, interpretasteis mal la profecía. Vuestra patria de origen no es
Creta, sino Hesperia, la antigua tierra que ahora llaman Italia. De ahí salieron los antiguos
fundadores de la raza de Troya, el héroe dárdano y su antepasado Jasio. Anda y relátale a
tu padre esta noticia”.

“Y sorprendido su padre recordó entonces a Casandra, la profetisa troyana, esa pobre


mujer que había dicho lo mismo antes de la destrucción de la soberbia llión, y a quien
nadie hizo caso pues Apolo la tenía castigada. Esa noble mujer que se llamaba Casandra,
tan adorada y bendecida pagó un tipo de karma muy singular, por mal uso de sus divinales
facultades en vidas anteriores. Y cuenta la leyenda de los siglos, que Eneas y su gente,
sin perder más tiempo se hizo nuevamente a la mar, rumbo a las tierras del Lacio”. En la
Eneida, se encuentran las siguientes palabras del anciano Anquises: “Hijo mío, trabajado
por los adversos hados de Ilión, Casandra era la única que me presagiaba estos sucesos y
ahora recuerdo que presagió a mi linaje la posesión de un imperio, al que unas veces daba
el nombre de Hesperia, otras el de Italia; pero ¿quién habría de creer que los teucros irían
a las playas de Hesperia? O ¿a quién entonces hacían fuera los vaticinios de Casandra?
Rindámonos a Febo, y persuadidos de su oráculo, sigamos mejores rumbos”. (Virgilio,
38)

Respecto de la relación entre Platón y los sacerdotes egipcios, Eliphas Levi, en su


Historia de la magia, apunta lo siguiente: “La doctrina de Platón hizo época en la historia
del género humano, pero él no la inventó, pues, comprendiendo que fuera de la religión
la verdad no existe, acudió para consultar a los sacerdotes de Memfis y obtener la
iniciación en sus Misterios. Incluso se le acredita un conocimiento de los libros sagrados
judíos. En Egipto, su iniciación pudo ser solo imperfecta, porque los sacerdotes de
entonces habían olvidado el significado prístino de los jeroglíficos, como lo indica la
historia de aquel sacerdote que pasó tres días descifrando una inscripción hierática de la
tumba de Alcmene, enviado por Agesilao, rey de Esparta. Cornufis, que sin duda era el
más erudito de los hierofantes, consultó las viejas recopilaciones de signos y caracteres;
al fin descubrió que la inscripción estaba hecha en la escritura de Protheus, que es el
nombre griego del Libro de Thoth, consistente en jeroglificos móviles, capaces de
variaciones tan numerosas como combinaciones posibles de caracteres, números y figuras
elementales. Pero el Libro de Thot, al ser la clave de los oráculos y la obra elemental
sobre ciencia, no hubiera implicado tan prolongada indagación antes de ser identificados
sus signos, si Cornufis hubiese sido realmente experto en el arte sacerdotal. Otra prueba
de que las verdades prístinas no eran claras en este período radica en el hecho de que los
oráculos que registraban sus afirmaciones sobre el particular tenían un estilo que ya nadie
entendía”.

“Luego de regresar de Egipto, Platón viajó con Simmias hasta los confines de Caria donde
unos hombres de Delos que le encontraron le rogaron que interpretase un oráculo de
Apolo. Este oráculo declaraba que para terminar con las aflicciones de Grecia la piedra
cúbica debía ser doblada. Se hizo un intento con una piedra del templo de Apolo; pero la
tarea de doblarla por todos lados dio por resultado un poliedro de veinticinco caras; para
restaurar la forma cúbica tenían que aumentar veintiséis veces el volumen original de la
piedra, mediante un proceso de dobleces sucesivos. Platón envió emisarios al matemático
Eudoxo, diciendo que el oráculo aconsejaba el estudio de la Geometría. Si este no
entendió el hondo sentido del símbolo o desdeñó revelarlo a los ignorantes son cuestiones
que deben quedar libradas a la conjetura; pero lo cierto es que la piedra cúbica y su
multiplicación explica todos los secretos de los números sagrados, incluido el misterio
del movimiento perpetuo, ocultado por los adeptos y perseguido por los necios bajo el
nombre de cuadratura del círculo. Mediante esta aglomeración cúbica de veintiséis cubos
en torno de un solo cubo central, el oráculo indicaba a los delios no solo los elementos de
la Geometría sino también la clave de las armonías creadoras, explicada mediante la
interrelación de las formas y los números”.

Acerca del oráculo de Apolo, Iglesias Janeiro, dice lo siguiente de la historia del último
rey de Lidia y la conquista Persa: “Si Creso cruza el Halys será destruido un gran imperio”
—contestó el oráculo cuando el rey de Lidia lo consultó acerca de si debía avanzar, contra
Ciro. El oráculo se cumplió, aunque no en el sentido que supuso Creso, pues el imperio
destruido fue el suyo”.

Acerca de la predicción como ciencia sagrada, Iglesias Janeiro explica lo siguiente: “Los
datos más antiguos acerca de la predicción presentan esta ciencia como un atributo de la
divinidad, que se manifiesta en los templos erigidos para ese objetivo cuando el fervor
religioso de las multitudes que acudían a ellos para ese propósito hacía propicio el
oráculo. Los medios empleados para emitir el augurio eran muy variados, existiendo el
directo y el indirecto en el primer caso, manifestándolo la misma deidad, como dice
Homero que ocurría en el Templo de Dolona, en el que el propio Zeus la pronunciaba,
oyéndose su voz en el murmullo que producían las hojas de la encina sagrada que existía
en su recinto; el indirecto tenía lugar a través de sacerdotes o sacerdotisas, a los que se
consideraba inspirados por la gracia divina, unas veces por la preparación religiosa que
habían recibido, y otras por virtud de nacimiento, emitiéndose, asimismo, por intermedio
de animales, fenómenos de la Naturaleza o cosas inanimadas, por ejemplo, el silbido de
una serpiente, el mugido de un toro, las columnas de humo que se formaban al arrojar
incienso en el fuego sagrado o, cual ocurría en el templo de Venus, en Aphaca, arrojando
diversos objetos al lago que rodeaba el oráculo y notando la forma en que sobrenadaban
o se hundían”.

“Así como podía manifestarse el atributo divino a través de distintos medios, la solicitud
del conocimiento que se deseaba obtener también se hacía de múltiples maneras. Es
tradición que en los buenos tiempos del oráculo de Ammón, en que acudían grandes
multitudes desde tierras lejanas en busca del consejo del dios, los sacerdotes iniciaban la
marcha precedidos de una barca dorada, armada con múltiples páteras de plata que
pendían a sus costados y seguidos de una numerosa comitiva de matronas y vírgenes, que
cantaban himnos especiales para la ocasión y ejecutaban danzas sagradas. En otros
templos, en cambio, la ceremonia era sumamente sencilla, reduciéndose en algunos a
depositar la consulta por escrito y recibir la respuesta en igual forma. Aunque todos los
oráculos tuvieron su época de esplendor, los que adquirieron mayor fama fueron los
directos, esto es, aquellos en que la propia deidad daba al consultante la respuesta que
este pedía. ¿En qué forma se producía el fenómeno? De múltiples maneras: unas veces
moviéndose el brazo de la estatua que representaba al dios, otras declarando este de viva
voz lo que se le solicitaba, algunas haciendo movimientos afirmativos o negativos con la
cabeza, muchas moviendo uno o ambos ojos, las más combinando los gestos y los
movimientos, y todas proporcionando una respuesta explícita a lo que se le pedía”.
“Es fama que Ammón, de viva voz declaró a los habitantes de Morea y de Apis que eran
egipcios y no libios; de viva voz también advirtió a Mykerinos que solo viviría seis años,
y de viva voz dijo Latona a Psamético que sería vengado por hombres de color bronce,
todo ello cumplido a su tiempo. De viva voz, el mismo Ammón ordenó a Hatshopsuitus
que enviase una expedición a reconocer la tierra de Puanit, y palabras pronunciadas de
viva voz por dicha deidad son las que componen el augurio conservado en la estela
encontrada en Karnack indicando a Tutmosis III las tierras que este faraón debía
conquistar y las victorias que obtendría en sus luchas. Célebre es el veredicto dado por el
mismo Ammón en el proceso que se siguió a Tutmosis por malversación de fondos
mientras desempeñaba el cargo de tesorero real, esta vez, sin embargo, no de viva voz,
sino por un movimiento de su brazo, escogiendo tres veces seguidas, en presencia del
faraón y de los jueces, el escrito en que se declaraba la inocencia del acusado, inocencia
que se comprobó más tarde al ser hallado el verdadero culpable. Por un movimiento del
brazo de Ammón, se designaba también al nuevo soberano, para lo cual se reunían los
hermanos reales en el templo de Yebel Barkal y desfilaban, uno a uno, ante el dios, siendo
proclamado el que Ammón tocaba con su mano al pasar. Oráculos de respuesta directa se
consideraban, asimismo, las inspiraciones por sueños, en las que el consultante hacia la
petición a la deidad y esperaba que esta le diese la respuesta mientras dormía. De sueños,
inspirados se servía Path para indicar a sus sacerdotes lo que debían hacer y revelarle el
porvenir, y se dice que fue por virtud de una de esas inspiraciones que el sumo sacerdote
de Ammón predijo la decadencia de Persia y la entrega, sin lucha, de Babilonia,
detallando con riqueza de pormenores las conquistas de Alejandro y la época en que se
efectuarían siglos más tarde”.

Iglesias Janeiro, explica más adelante que “Aunque en la actualidad los pueblos incultos
que habitan en diversas regiones recurren al empleo de animales en la predicción,
haciendo suponer que lo mismo debió ocurrir en tiempos lejanos a los que hoy son
civilizados, los oráculos más famosos de Egipto, Persia, Grecia, México, Perú, Roma,
etc., se servían únicamente de seres humanos, hombres unas veces, mujeres otras, en
algunos casos una mujer como médium inspirado y un hombre como intérprete, casi en
todos actuando en presencia del consultante, pero en cada uno después de una preparación
especial”.

Explica además Iglesias que “los oráculos estaban situados en lugares cuyo clima,
topografía, orografía, geología, etc., eran propicios. El de Delfos, por ejemplo que fue
uno de los más famosos en tiempos relativamente recientes, se hallaba en Krisa, al pie del
monte Parnaso, sobre una fuente cuyas aguas despedían vapores que incitaban el delirio
y muy cercano a una laguna de aguas corrompidas, que la leyenda consideraba antigua
morada de Pitón, el dragón hembra, monstruo que diera a luz Hera un día de cólera y que
asoló la comarca hasta que Apolo le dio muerte a fin de que, en agradecimiento, los
hombres le levantasen un templo y le rindiesen culto. Teniendo esa fuente por estrado, y
por trono el brocal de un profundo pozo sobre el que se apoyaba el trípode de la Pitonisa,
rodeado todo ello por las aguas sagradas y recibiendo las emanaciones que subían de lo
profundo del pozo, la joven que actuaba de augur preparaba su ánimo por medio de
abluciones y purificaciones, machacando hojas de laurel, tomando agua de la fuente y
sentándose en el trípode profético en estado extático, sin conocimiento de lo que hacía o
decía, totalmente ajena a lo que ocurría a su rededor…”

Respecto de las características del oráculo de Delfos, Helena Petronila Blavatsky (HPB),
explica en el tomo I de su obra Isis sin Velo que: “Según Plutarco, Jámblico, Lamprías y
otros filósofos, las pitonisas eran jóvenes delicadamente sensibles, de costumbres puras
y familia humilde, que estaban adscritas a su respectivo templo, donde se les destinaba
habitación rigurosamente aislada del mundo, en la que solo podían entrar los sacerdotes
y los videntes; de modo que la vida de las pitonisas superaba en ascetismo a la de las
actuales monjas de clausura. Para ejercer su ministerio se sentaba la pitonisa en un trípode
de bronce, colocado sobre una grieta del suelo que comunicaba con un subterráneo, en
donde se quemaban ciertas drogas cuyos vapores subían por la grieta hasta envolver a la
pitonisa en una atmósfera excitante que determinaba el frenesí mántico; y en tal estado
daba el oráculo. También llamaban a la pitonisa ventrilocua vates o sea profetisa
ventrílocua. (En el Glosario teosófico, se da la cita de Aristófanes, en Vœstas, I, reg. 28
y se explica que por esa razón es su voz de estómago).Los brahmanes colocaban la
conciencia astral (yuch’) en el ombligo, y lo mismo creyeron Platón y otros filósofos. El
versículo cuarto del segundo himno del Nâbhânedishtha dice así: “Oíd, ¡oh hijos de los
dioses!, al que habla por su ombligo (nâbhâ) y os saluda en vuestras viviendas”. Muchos
orientalistas convienen en que esta es una de las más antiguas creencias induistas. Los
modernos fakires, lo mismo que los antiguos gimnósofos, concentran su pensamiento en
el ombligo y permanecen inmóviles en la contemplación para identificarse con Átmân y
unirse a la Divinidad”.

En el Glosario teosófico, se amplía la explicación con el siguiente texto: “Los autores


antiguos situaban el alma del hombre (el manas inferior) o su conciencia personal, en la
boca del estómago. Así encontramos en el verso cuarto del segundo himno nâbhânedichta
de los Brahmanas: “Escuchad, ¡oh hijos de los dioses!, a uno que habla por el ombligo
(nâba), porque os llama en vuestras moradas”. Este es un fenómeno de sonambulismo
moderno. El ombligo era considerado en la antigüedad como “el círculo del sol”, el
asiento de la divina luz interior. Por esto, el oráculo de Apolo estaba en Delphi, la ciudad
de Delphus, matriz o vientre, así como el asiento del templo era denominado omphalos,
ombligo. Como es bien sabido, un gran número de sujetos mesmerizados pueden leer
cartas, oír, oler y ver por dicha parte de su cuerpo. Aun hoy día existe en la India (y
también entre los parsis) la creencia de que los adeptos tienen en el ombligo llamas que
aclaran para ellos todas las tinieblas y quitan el velo del mundo espiritual. Entre los
zoroastrianos se les da el nombre de lámpara de Deshtur o “sumo sacerdote”, y entre los
indos, “luz o esplendor del Dikchita (iniciado)”. Se explica además que Delfos,
significaba útero u ombligo. Todos sus símbolos eran femeninos y de significación lunar.

De la literatura renacentista, es famoso el Oráculo manual y arte de la prudencia escrito


por el jesuita Baltasar Gracián (1601 – 1658), que contiene 300 aforismos, de los cuales,
el consultante puede formular una pregunta y mediante dados u otro procedimiento al
azar, buscar la respuesta en el número correspondiente.

En la actualidad, muchas personas consultan sus decisiones leyendo al azar un versículo


de la Biblia. Sin embargo, los antiguos rabinos, reyes y profetas hebreos disponían de
varios sistemas de predicción, entre ellos, la interpretación de sueños, como es el caso de
la interpretación de los sueños de Faraón, por parte de Josué y los de Nabuconodosor por
parte de Daniel. Además usaban la Cábala, el Pectoral del juicio, junto con las dos piedras
Urim y Tummim; así como los goralot. Asociado a la Cábala está el Tarot y sus arcanos
mayores y menores. Otros pueblos, como los nórdicos desarrollaron la predicción
mediante las runas, los chinos el I Ching y los mayas el tzité, entre otros.
Referencias

Blavatsky, Helena. Isis sin velo.T I.

Levi, Eliphas. El libro de los esplendores. México. Gómez Gómez hnos.

Levi, Eliphas. Historia de la magia. Buenos Aires. Kier. 1988.

Gracián, Baltasar, Oráculo manual y arte de la prudencia. México. Alamah clásicos.


2002.

Iglesias Janeiro, Julio, Cábala de predicción. Buenos Aires. Kier. 1984.

Platón. Diálogos. México. Porrúa. 1976.

Samael Aun Weor. Cuso Zodiacal. México. Rena Ser. 2010.

Samael Aun Weor. Magia rúnica. México. Rena Ser. 2010.

Samael Aun Weor. Las tres montañas. México. Rena Ser. 2009.

Virgilio. Eneida Geórgicas + Bucólicas. México. Porrúa. 1978.

Publicado el 16 febrero, 2017Autor adminCategorías Cábala y ciencias de predicción,


Ciencia, Develaciones esotéricas, Esoterismo, Gnosis, Gnosticismo antiguo, Sin
categoría, Tradiciones esotéricasDeja un comentario en El arte ciencia de los oráculos

La Ciencia de las predicciones (Tercera Parte)


Continuamos con el estudio de la Ciencia de las predicciones, preparado por César
Owen. En esta ocasión, relacionamos distintos temas de los estudios gnósticos, con
diferentes números. Relaciones que pueden ser explicados con ayuda de la Cábala, que
nos da el significado esotérico de los números.

Los diferentes niveles o modos de Ser

En nuestra vida interna somos tres, siete y legión: los “Tres Traidores” (demonios de
la mente, del deseo, de la mala voluntad), los “Siete Pecados Capitales” y sus múltiples
facetas.

De manera antitética: Las Tres Fuerzas Primarias de la Naturaleza y del Cosmos


(Padre, Hijo y Espíritu Santo), generando emociones superiores, pensamientos
inteligentes y la voluntad consciente). Los siete fuegos serpentinos desarrollando
cuerpos, virtudes, poderes, fuerzas, etc. Y también, las múltiples partes del Ser
autónomas y auto-conscientes.

Todo esto ya sea en lo positivo o negativo y que pertenece (en la santa Cruz) a la línea
vertical o del Ser, expresando sobre la otra línea o línea de la vida, nos da un modo o
nivel de Ser y un rasgo psicológico característico particular, que nos es otra cosa que el
punto matemático donde las dos líneas hacen cruz.

Los cuatro pilares de la sabiduría

Hemos hablado del equilibrio del Ser y el Saber, y justamente de allí va surgiendo en
nosotros la sabiduría. Podemos decir que la sabiduría es inmanente al hombre, es
universal, pero también decir que no es transmisible por medio de conceptos, ideas o
palabras, sino que cada uno tiene que vivenciarla, evocarla, realizarla dentro de sí
mismo.

Cuando a dos grandes hombres (Buda y Jesús) se les preguntó qué es la verdad, uno se
quedó callado y el otro dio la espalda y se fue. Por ejemplo, si yo no he probado una
fruta, nadie me podrá transmitir su sabor diciéndome que es dulce, amarga o ácida, para
saberlo realmente tengo que probarla, comerla, gustarla.

La sabiduría se expresa a través de cuatro pilares: Ciencia, Arte, Filosofía y Religión.


En todo conocimiento, en toda ciencia, en toda filosofía, en todo arte y en toda religión
se utilizan símbolos y leyes que se hace necesario conocer para poder ejercerlas. Son los
elementos de abstracción que hablan directamente a la conciencia.

La Ley de Tres o Santo Triamazikamno

Toda ciencia se fundamenta en tres principios: Esta Ley es creadora en un ciento por
ciento. Si existiese sólo el Uno, habría inmovilidad, infecundidad, muerte, estática,
quietismo; si existiese sólo el Dos, habría conflicto, antagonismo, muerte. El Tres es
reconciliación, creación, producción, multiplicación.

Veamos algunos ejemplos de la Ley de Tres expresándose en la Naturaleza:


Padre, Hijoy Espíritu Santo; Brahma, Visnú y Shiva; Osiris, Horus e Isis. Raxa
Huracán, Caculhá Huracán y Chipi Huracán; Soplo, Sangre y Agua; Ying, Yang y Tao;
Positivo, Negativo y Neutro; Masculino, Femenino y Amor; Neutrón, Electrón y
Protón; Azufre, Mercurio y Sal; Supra-mundo, Mundo e Infra-mundo; Absoluto,
Eternidad y Tiempo; Sol, Luna y Mercurio; Ain, Ain Soph y Ain Soph Aur; Zohar,
Talmud y Biblia; Mundo celular, Mundo molecular y Mundo electrónico; Leyes de
Medida, Peso y Número:

Asimismo la encontramos en los tres posibles destinos del desencarnado: retorno,


vacaciones en los mundos superiores o descenso a las infradimensiones. También en la
imaginación, inspiración e intuición; en las tres divisiones del sistema nervioso:
simpático, parasimpático y sistema nervioso central o cerebro espinal; en la anatomía:
hemisferio derecho, hemisferio izquierdo y cerebelo; cabeza, tronco y extremidades;
brazo, antebrazo y mano; carpo, metacarpo y dedos; falange, falangina y falangeta.

Así como en la tradición esotérica, en los regalos de los reyes Magos: incienso, mirra y
oro; en los cordones ganglionares: idá, pingalá y sushumná; en las Tres Montañas:
iniciación, resurrección y ascensión; en los tres factores de la revolución de la
conciencia: nacer, morir y sacrificio por la humanidad; en el círculo esotérico,
mesotérico y exotérico; en la evolución, involución y revolución; en la esencia, ego y
personalidad, en la mente sensual, mente intermedia y mente interior.
Los Tres Traidores de Cristo

En la leyenda de Hiram Abif: Sebal, Orteluk y Stokín. En el libro de Job: Eliphas,


Bildad y Sophar; en la vida de Quetzalcoatl: Ihuimicatl, Toltecatl, Tezcatlipoca; del
padre de Quetzalcoatl: Zolton, Cuilton y Apanecatl; de Osiris: Apopi, Hai y Nebt; de
Jesús: Judas, Pilatos y Caifás; de Thor: Juvelon, Juvelz y Luveloz; de Moisés: Coré,
Dathán y Abiram.

Asimismo, en el esoterismo gnóstico: los tres clavos de la cruz, las tres purificaciones,
las tres negaciones de Pedro, los tres días en que fue descrita la Ley, los tres días en el
sepulcro y los tres días de Jonás en el vientre de la Ballena; los tres pasos hacia arriba y
hacia abajo que da el Logos, las tres caídas del Viacrucis, los tres testigos, los tres
traidores, los tres guardianes del Umbral y los tres Logos.

Por: César Owen/España

Publicado el 30 enero, 2011Autor adminCategorías Cábala y ciencias de predicción,


Ciencia, Gnosis1 comentario en La Ciencia de las predicciones (Tercera Parte)

La ciencia de las predicciones (segunda parte)


¿Por qué se acierta o se yerra?

Desde los antiguos tiempos han existido los adivinos y profetas, las profecías y
pronósticos, los oráculos y los diversos métodos de predicción. Pero a la par, también
hemos visto aciertos y yerros en lo que se ha predicho, y por eso nos preguntamos: ¿Por
qué se acierta o se yerra?

Hoy en día, en que los paranoicos y enajenados mentales, los estafadores y


embaucadores, pseudo -videntes y pseudo-profetas abundan como la mala hierba, y
aparecen en televisión llenando la página de sucesos policiales por estafa, o
convirtiéndose en el hazmereír del público televidente, radioyente, etc., se hace urgente
responder a esta pregunta. Veamos algunas anécdotas que nos
permitirán ilustrar este punto.

Todo general romano, al llegar de alguna empresa fuera de Roma, debía licenciar su
ejército en las orillas del río Rubicón, so pena de ser llamado traidor y condenado a
muerte. Cuando César avanzaba sobre Roma con la decisión de desobedecer la ley y
apoderarse de Roma, al llegar a las márgenes del río se detuvo, un paso más significaría
la victoria o la muerte, se sintió indeciso:

¿Debía cruzar el río y avanzar sobre Roma? ¿Debía licenciar su ejército en obediencia a
la ley? ¿Si hacía lo primero triunfaría? ¿Era el momento de hacerlo? ¿Qué hacer?

En el instante en que estaba preguntándose qué hacer, tres pajarillos vuelan sobre su
cabeza en dirección a Roma, y entonces dijo con alegría: La suerte está echada, y
cruzó decididamente el río.

Algo similar le sucedió a El Cid: salía desterrado y pobre, sin saber a dónde dirigirse y
unas abubillas le indicaron el camino del triunfo. Suerte anuncian las abubillas por la
derecha, dijo a los pocos que le acompañaban, y tomando resueltamente el camino
agregó: Arriba los corazones y ¡adelante!

¿Pueden realmente el vuelo y la dirección que tomen unos pájaros decidir tan grandes
empresas y presagiar victorias? ¿Qué fue lo que realmente animó a estos paladines a
definirse por un camino u otro? ¿Alguna percepción de un algo interior? ¿Por qué
acertaron en su decisión?

Pero veamos otro caso: Cuando Alejandro invadió Persia, Darío, seguro de su poder le
envío una mensaje en son de mofa: Una cajita de oro muestra de la gran riqueza que
poseía; un puñado de semillas de lirio, símbolo del numeroso ejército que Alejandro
tendía que vencer; una bola, diciéndole que era para que el mozalbete jugara con los
bandidos que le acompañaban; y un látigo para que se vapuleara a sí mismo y a los
consejeros que lo animaron en tan temeraria empresa.

Al recibirlo Alejandro contestó a Darío: “Acepto el oro como primicia anticipada de


las riquezas que muy pronto te arrebataré; las semillas como adelanto de las partes en
que dividiré el Imperio persa; la bola como símbolo del poder universal de que
disfrutaré en breve; y el látigo para castigar tu insolencia y hacerte comprender la
fragilidad de las cosas humanas”. Como se sabe Darío erró y Alejandro acertó.

¿Por qué Darío envío precisamente ese mensaje y esos objetos y no otros? (Ya que
anticiparon lo que iba a suceder). ¿Por qué Alejandro se decidió y le dio otro valor a los
mismos objetos?

Hay otra anécdota del mismo Alejandro que resulta interesantísima para este análisis:
Antes de una de sus grandes batallas, Alejandro consultó a los augures acerca de lo que
debía hacer para alcanzar la victoria: Sacrifica al primer ser que veas al salir del
Templo, fue la respuesta.

Al salir vio un campesino montado en su asno y decidió sacrificar al hombre en


obediencia al mandato de los augures; pero el hombre arguyó que la cabeza del
pollino precedía a la suya y que debía sacrificar al jumento. Aceptó Alejandro el
razonamiento del campesino y sacrificó al animal, encontrando entre las grasa del
vientre, un mensaje que el general enemigo enviaba a un jefe de su ejército y que al no
llegar éste, pudo ser desarticulado y vencido por Alejandro.

¿Como sabía el Augur que Alejandro se decidiría por sacrificar el pollino y no al


hombre? Y no digamos ya, ¿cómo supo que venía ese mensaje allí? ¿Fue simple
casualidad? Y Alejandro, ¿cómo se decidió por el animal y no por el campesino? ¿Por
qué aceptó su argumento?

Se dice que los sacerdotes de Ammon arreglaron los libros proféticos para halagar al
Macedonio, hijo de Filipo e inclinarlo en su favor, pero en esos libros se mencionaba
que Asia sería vencida por Europa, especificando fecha, edad y carácter del vencedor,
haciendo una detallada relación de los territorios que conquistaría.

Pero lo cierto es que esas profecías mal podían los sacerdotes acomodarlas. Primero,
porque databan de centenares o de miles de años antes, y además, ciudades como
Babilonia y otras, abrieron sus puertas, y sus ejércitos se rindieron sin luchar porque así
lo decían los libros antiguos y era inútil oponer resistencia.

Los aztecas e incas recibieron órdenes por medio de sueños y visiones de dónde debían
asentarse, y esas profecías hechas por sus divinidades y percibidas por sus sacerdotes, se
cumplieron en todas sus partes.

De igual manera, entre los mayas, incas y aztecas fue profetizada con mucha
antelación la llegada de hombres blancos y barbados que castigarían el proceso
degenerativo de las edades de Oro de esas grandes Culturas.

“No escuches la voz de la Malinche, aconsejaba la Princesa Papantzin a su hermano


Moctezuma, emperador de México. “Si la oyes una sola vez, serás encantado por ella y
todos pereceremos y tú el primero”.

Y también resulta curioso que el nombre de CUAUHTEMOC (Aguila que desciende o


cae) fuese el nombre del último emperador mexicano.

Huaina Capac recibió el consejo de su sacerdote de dividir su gran Reino (el


Tahuantinsuyo), entre sus hijos Huáscar y Atahualpa, para evitar una guerra civil,
dada la rivalidad entre los dos hermanos.

Más tarde Huáscar, al ser arrojado al río Andamarca, por orden de Atahualpa, dijo:
Los blancos vengaran mi muerte dentro de muy poco y mi hermano morirá de mi misma
muerte pero en terreno seco.

El sacerdote le dijo a la esposa de Atahualpa: es inútil que entreguemos el oro de


nuestros templos para rescate del Inca, cuando quería enviar a Cajamarca cargamentos
del precioso metal ofrecido a Pizarro como rescate y liberación del prisionero, con oro
o sin oro su suerte será la misma, y le mostró en el espejo mágico cómo moría
ahogado en terreno seco.

Casandra gritaba angustiada a los troyanos: prended fuego a ese caballo fuera de las
murallas. No lo introduzcáis en Troya, pues nos abrazará a todos.

Si Creso cruza el Hayls será destruido un gran Imperio. Contestó el Oráculo al rey
de Lidia. El oráculo se cumplió pero no en el sentido que supuso Creso, ya que el
imperio vencido fue el suyo cuando avanzo contra Ciro. “Naces rey pero no morirás
rey”, dicen que predijo una pordiosera al nacer Alfonso XII. “Mi muerte anuncia la del
Zar”, dijo Rasputín a los nobles que lo asesinaron. “Todos los aquí reunidos tendrán
una cita con la misma dama”, dijo Sant Germain a unos nobles en un banquete antes de
la revolución. (La dama fue la guillotina). “No desdeñes al abogadillo si quieres ser la
Primera dama en la Casa Blanca”, le dijo su abuela a la que luego fue esposa de
Abraham Lincoln.

Con los anteriores ejemplos, los que nos faltarían por contar y los del sabio vidente
escritor de “Las Centurias”, se llenarían volúmenes, pero siempre nos estarían
indicando una especie de percepción instintiva en estado incipiente o desarrollada en
todos esos casos.
Los escritos sagrados de Hermes, dicen: La imagen de todo ya está hecha, sólo falta la
materia que la llene. Por otra parte, en el libro de “Eclesiastés” leemos:
“Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que
se hará; y nada hay nuevo bajo el sol”. (Ec. 1: 9).

“El Azar no existe; somos los artífices de nuestro propio destino”, dicen los más sabios
maestros. Nihil novum sub sole, subraya el arcaico adagio. En la Creación nada hay
librado al azar. ¿Sería posible la maravillosa armonía universal si en los millones de
mundos que se mueven a velocidades vertiginosas en el espacio hubiese algo cuya
presencia o existencia dependiese del acaso? Lo que se llama “azar” no es otra cosa
que la manifestación objetiva de un proceso que desconocemos, y lo que
consideramos imposible es un mero exponente de las fronteras que limitan nuestra
comprensión y percepción.

Pero volvamos a preguntarnos, sobre el por qué se acierta o se yerra

Se cuenta que Colón, por ejemplo, en Santo Domingo logró impresionar a los
aborígenes prediciendo con precisión un eclipse, pero erró tiempo después al querer
hacer lo mismo en América Central. La ciencia, el hombre y el fenómeno eran los
mismos en ambos casos, pero en el segundo la diferencia de latitud imponía variantes
que, al no ser tomadas en cuenta, dieron por resultado que ciencia, científico y
espectadores quedasen frustrados.

Lo mismo sucede en las predicciones, pronósticos o profecías, cuando faltan elementos


de predicción, cálculo, percepción, Comprensión e interpretación, se puede errar.

De ahí se deriva la importancia, no sólo del estudio y conocimiento de la ciencia de las


Predicciones o anticipaciones, sino del sujeto que trabaja como antena receptora de
esos sucesos que están por acontecer, que se procesan desde los mundos de causa y
que no son más que la progresión matemática del resultado de nuestros actos.

Por: César Owen/España

Publicado el 5 diciembre, 2010Autor adminCategorías Cábala y ciencias de predicción,


Ciencia, Gnosis1 comentario en La ciencia de las predicciones (segunda parte)

La ciencia de las predicciones


Introducción

Nosotros queremos abordar el estudio del Tarot y la Cábala con absoluta seriedad,
tratando de buscar el camino secreto que conduce a la realización de nuestras infinitas
posibilidades, a la Auto Realización Íntima del Ser. El Tarot y la Cábala señalan la
ruta, la vía iniciática que el aspirante debe recorrer por sí mismo, contando para ello
con la ayuda de ideas trascendentales y de fuerzas
superiores a la mente.

¿Cuáles son esas ideas arquetípicas o trascendentales que el Tarot y la Cábala plantean?
Y ¿cómo podremos obtener el auxilio de las fuerzas superiores a la mente?
Eso es, precisamente, lo que nos proponemos conocer y estudiar a fondo con este Curso
Esotérico; y si este objetivo se cumple, nos daremos por bien servidos y nuestros
corazones se inflamaran gozosos con la alegría de vuestra dicha…

Para cambiar es necesario saber, para saber hay que aprender y para aprender hay
que hacer grandes sacrificios Samael Aun Weor

El equilibrio entre el ser y el saber

El Alma que sabe algo se consume en el deseo de saber más. La que vislumbra a Dios
se consume en el anhelo de llegar a él. Torah.

En su obra «Educación Fundamental», el Maestro Samael nos enseña que, cuando el


ser se desarrolla más que el saber, no hay equilibrio, y esa persona, además de estar en
la posibilidad de cometer graves errores por la falta de cultura intelectual, se convierte,
además, en un “santo estúpido”.

Por otra parte, si se desarrolla más el saber que el ser, entonces se anquilosa y petrifica
la mente con un cúmulo de teorías que, además de no dejar pasar la luz del Ser, nos
convierte en astutos, perversos y orgullosos “bribones del intelecto”, dice él, con la
predisposición a cometer gravísimos errores, por falta de ética revolucionaria, de una
espiritualidad consciente. De nada sirve la sabiduría sin amor. Por eso señala: “es
necesario estudiar mucho y adquirir conocimientos, pero es también urgente desarrollar
en nosotros el ser espiritual”.

La predicción como necesidad natural

¿Qué es predecir y por qué se predice? Es anticipar, prever los resultados de un acto y
anunciar sus consecuencias. Se predicen o pronostican muchas cosas en la vida:

“¡Sabes vencer Aníbal!”, le dijo al general cartaginés, su amigo Maharbal, cuando


después de la victoria de Cannas decidió invernar en Capua en vez de sitiar a Roma.
“Sabes vencer, pero no sabes sacar provecho de tus victorias”.

El tiempo, el movimiento de los astros, los flujos de las mareas, la abundancia de las
cosechas, el curso de las enfermedades, la evolución de los acontecimientos, el éxito en
los negocios, las consecuencias de lo que obramos, la utilidad del saber que adquirimos,
en fin, los probables efectos de cuanto hacemos o dejamos de hacer.

Hay que saber prever los acontecimientos, advertir las probables derivaciones que tal
acción pueda tener y en suma, mirar desde hoy lo que traerá mañana; no sólo es poseer
el conocimiento que permite predecir los sucesos, sino prepararnos para confrontarlos.

Diferencia entre profecía, predicción y pronóstico

En la predicción se anticipa y se prevé los resultados de un acto anunciando sus


consecuencias. Ya sea por medio de revelación, ciencia o conjetura. El pronóstico es la
previsión de algo por medio de una progresión matemática de los datos con que se
cuenta. En la profecía se predice sobre las cosas por venir, sean mediatas o inmediatas,
en virtud del don de la profecía, el cual consiste en conocer por inspiración divina.
Esta última tiene datos más amplios para realizar su progresión matemática y realizar su
predicción, porque el que los percibe, los recibe, directamente, desde los mundos de
causa y efecto.

César Owen/España

Publicado el 21 noviembre, 2010Autor adminCategorías Cábala y ciencias de


predicción, Ciencia, Esoterismo, GnosisDeja un comentario en La ciencia de las
predicciones

Cábala
Significado y origen

El DRAE da dos definiciones para el concepto más serio de Cábala. Son las acepciones
2 y 3 del diccionario y que transcribimos a continuación: “en la tradición judía, sistema
de interpretación mística y alegórica del Antiguo Testamento”. “Conjunto de doctrinas
teosóficas basadas en la Sagrada Escritura, que, a través de un método esotérico de
interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretendía revelar a los iniciados
doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo”. Estas son las acepciones que mejor
corresponden con el sentido que damos en los estudios gnósticos a la ciencia de la
Cábala. Las otras tres acepciones no tienen nada que ver con esta ciencia esotérica.

En Wikipedia, se explica que el término Cábala o Qabbaláh, es de origen hebreo y “es


una de las principales corrientes de la mística judía. La base estructural de este estudio
consiste en el análisis del Árbol de la Vida. Entre los judíos, es
la tradición oral que explica y fija el sentido de la Sagrada Escritura, y por tanto
entiéndase por Cábala al conocimiento en cuanto a las cosas celestiales mediante el
ejercicio del estudio y cumplimiento de preceptos y reglas superiores”.

Entre los significados de la palabra Cábala, para algunos, significa “recibir” o


“aceptar” y para otros, significa: “clave”. Otras formas como, usualmente se escribe la
palabra Cábala son: Cabalah, Cabbalah, Kábala, Kabalah y Kaballah.

Para muchos estudiosos, no esoteristas, la Cábala surge en el Medioevo, sin embargo,


los grandes tratadistas de la Cábala Hermética, afirman que es mucho más antigua. El
gran mago y ocultista francés: Alphonse Louis Constant, el abate Constant, más
conocido como Eliphas Levi, en “El libro de los Sabios” anota que

El sacrificio de Abraham, Rembrandt el origen de los


misterios de la cábala se halla en el patriarca Abraham. Explica además que la “Torah,
los profetas y el Talmud son ininteligibles sin la Cábala. Afirma además que los “libros
sagrados son la propia Cábala escrita en jeroglíficos hieráticos, es decir, en imágenes
alegóricas. La escritura es un libro cerrado sin la tradición que la explica y la tradición
es la Cábala”.

Más adelante explica que: “La Biblia tiene un sentido oculto cuya ciencia tradicional se
llama Cábala entre los hebreos. Esta ciencia era conocida por el apóstol San Juan y por
los padres más sabios de la primitiva Iglesia”.

Asimismo, la gran escritora británica de ocultimo: Violet Mary Firth Evans, más
conocida como Dion Fortune, en su obra: “La Cábala Mística“, profundiza en las
razones por las cuales, los investigadores no esoteristas, creen equivocadamente que la
Cabala surge en el Medievo: Sólo hacia el siglo XV, cuando el

Eliphas Levi poder de la Iglesia comenzó a


debilitarse, algunos se atrevieron a escribir algo sobre la sabiduría tradicional de
Israel. Los eruditos declaran que la Cábala fue fraguada en la Edad Media, porque no
pueden descubrir retrospectivamente la sucesión de la serie de manuscritos primitivos,
pero todos los que conocen la manera de trabajar de las fraternidades esotéricas saben
perfectamente que toda una cosmogonía o psicología puede ser transmitida por medio
de algún jeroglífico que no signifique absolutamente nada a los no iniciados.

Estas antiquísimas cartas o imágenes podían ser transmitidas de: generación en


generación, dándose la explicación necesaria solo verbalmente, de manera que la
verdadera interpretación no se perdiera jamás. Cuando existía alguna duda en la
aplicación de algún punto oscuro, se hacía
referencia al jeroglífico sagrado, y al
meditar sobre él se despertaba todo lo que la meditación de las generaciones anteriores
había encerrado en él. Es muy sabido por Los místicos que si una persona medita en un
símbolo con el cual hayan sido asociadas ciertas ideas en el pasado, obtendrá acceso a
dichas ideas, aunque ese jeroglífico jamás le haya sido explicado por Los que han
recibido la tradición de labios a oído.

Más adelante, Dion Fortune explica que varios de los profetas, como Isaías, Ezequiel y
diferentes rabís de la edad media dieron muchas

Dion Fortune claves cabalísticas, pero


que el autor de la Cábala fue el Arcángel Metratón.

Eliphas Levi, en el prefacio de “El libro de los Esplendores”, explica que: “En efecto,
los hebreos poseen una ciencia que San Pablo sospechaba sin conocerla, y San Juan
iniciado por Jesús, ocultaba y revelaba a la vez con jeroglíficos gigantescos en el
Apocalipsis, tomados en su mayoría de las profecías de Ezequiel. Existe, entre ellos, un
libro místico y maravilloso que se llama El Zohar o Esplendor. Libro inmenso, más
importante que el Talmud, que sólo es el desarrollo de una teogonía
San Juan evangelista en Patmos - Hans Burgkmair en
algunas páginas, que se denomina SIPHRA DZENIUTTA”.

Con más propiedad, en el Prólogo de su: “Curso de Tarot y Kábala”, el Kalki Avatar,
Samael Aun Weor, explica que: La Cábala se pierde en la noche de los siglos, ahí
donde el Universo se gestó en el vientre de Maha Kundalini, la Gran Madre. La Cábala
es la ciencia de los números. El autor del Tarot fue el Ángel Metratón. Es el jefe de la
sabiduría de la culebra y fue el profeta Enoch, del que nos habla la Biblia. El Ángel
Metratón o Enoch nos dejó el Tarot en el cual se encierra toda la sabiduría divina, éste
quedó escrito en piedra. También nos dejó las 22 letras del alfabeto hebraico. Este
gran Maestro vive en los mundos superiores, en el mundo de Aziluth, en un mundo de
felicidad inconcebible, según la Cábala en la región de Kether, un Sephirote bastante
elevado. Todos los cabalistas se fundamentan en el Tarot, es necesario conocerlo y
estudiarlo a fondo. El Universo está hecho con la Ley del Número, Medida y Peso; las
Matemáticas forman el Universo, los números vienen a ser entidades vivientes.

Objeto de estudio
Dion Fortune en el primer capítulo de la obra citada, establece una relación entre el
Yoga y la Cábala, hace un bello recorrido por las fuentes del esoterismo occidental y
explica que: esta antigua tradición mística de Los hebreos poseía tres escrituras: los
Libros de la Ley y Los Profetas, que se conocen como el Antiguo Testamento; el
Talmud, o colección de comentarios eruditos sobre aquél y la Cábala, o interpretación
mística del mismo. De estos tres libros, Los antiguos rabís decían que el primero era el
cuerpo de la tradición, el segundo su alma racional y el tercero su espíritu inmortal.
Las personas ignorantes pueden leer con provecho el primero y Los eruditos pueden
estudiar el segundo, pero los sabios son Los que meditan sobre el tercero. Es realmente
muy extraño que el Cristianismo no haya buscado Las claves del Antiguo Testamento
en la Cábala.

Abraham y Melchizedeck - Rubens

La Cábala es una ciencia esotérica que busca el significado del mundo y la verdad.
Algunos estudiosos afirman que “concentra la atención del misticismo judío hacia la
naturaleza de la divinidad, la creación, los comienzos del alma y el destino, y el lugar
del hombre en este mundo”. Es una ciencia de predicción y de interpretación de
verdades cósmicas, de símbolos o claves desarrolladas por el Circulo Consciente de la
Humanidad, como también por las partes superiores del Ser. El método del
conocimiento para la interpretación cabalística es la intuición, esa facultad de
comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad del razonamiento y, que en la
Gnosis, constituye la forma más elevada del conocimiento superior, por encima de la
inspiración y la imaginación. De hecho, cuando el neófito empieza a investigar qué es
Gnosis, se encuentra que una de sus definiciones más conocidas es: “conocimiento
intuitivo de las cosas divinas”.
Por ese motivo, el Avatara de la Era de Acuario, Samael
Aun Weor, afirma en su obra “Curso Zodiacal” que: “existen dos clases de cabalistas:
los cabalistas de la razón y los cabalistas de la intuición. La razón es una
insubordinación y delito de lesa majestad contra el Maestro interno. Afirma además el
Venerable Maestro que: “Los grandes cabalistas intuitivos no razonan, comprenden por
percepción directa y escuchan la voz del silencio cuando observan alguna lámina del
sagrado Tarot”.

Eliphas Levi, en el capítulo titulado: “Los Elementos de la Cábala, de “El libro de los
Esplendores”, explica que: Cabala o ciencia tradicional de los hebreos, podría
denominarse las matemáticas del pensamiento humano. Es el álgebra de la fe. Resuelve
con sus ecuaciones todos los problemas del alma, despejando las incógnitas. Da a las
ideas la sencillez y la rigurosa exactitud de los números; sus resultados son para la
mente la infalibilidad (siempre relativa en la esfera de los conocimientos humanos) y la
paz profunda para el corazón.

Más adelante, En el capítulo titulado: La Religión


Pitágoras de “El libro de los Esplendores”, Levi explica
que: “La Cábala es la fórmula cifrada de la hipótesis divina. Los misterios son los
teoremas de su álgebra. Es simple como dos y dos son cuatro, clara como las cuatro
reglas de la aritmética y oscura para los ignorantes como la tabla de logaritmos o el
binomio de Newton”.

También Dan Brown, en su obra: “El Código Da Vinci”, da una interesante explicación
del objeto de estudio de la Cábala y explica lo siguiente: Las enseñanzas místicas de la
Cábala se basaban fundamentalmente en anagramas en los que mediante la alteración
del orden de palabras hebreas se obtenían nuevos significados. Los reyes franceses del
Renacimiento estaban tan convencidos de que los anagramas tenían propiedades
mágicas que contaban con anagramistas reales que les ayudaban a tomar las
decisiones más acertadas mediante el análisis de las palabras de los documentos
importantes. Los romanos daban al estudio de anagramas la categoría de ars magna —
arte mayor.

El Presidente fundador de las instituciones gnósticas de la actualidad, Samael Aun


Weor, explica además en el capítulo XXV de su curso de Tarot y Kábala, que: En
Cábala todo es número y Matemáticas. El número es santo, es infinito, en el Universo
todo es medida y peso. Dios es un geómetra para los gnósticos. Las Matemáticas son
sagradas. En la escuela de Pitágoras no se admitía a nadie que no supiera
Matemáticas, música, etc. Los números son sagrados.

El Maestro Samael, explica además En el capítulo 22 de su obra: “Manual de Magia


Práctica” que: “todas las Ciencias del Universo se reducen a la Kábala y a la Alquimia”.

Cábala y esoterismo
El esoterismo, es el conjunto de doctrinas secretas, reservadas a un número limitado de
discípulos. En Occidente, desde hace varios siglos, muchas escuelas esotéricas han
recibido influencia de la Cábala. Entre ellas, están la Masonería y el rosacrucismo.

Es por ello que En el capítulo titulado: La Cábala no escrita, de su obra: La Cábala


Mística, Dion Fortune explica que: la interpretación de la Cábala no se encuentra entre
Los rabís del Israel externo, Los que son hebreos solamente según la carne y la sangre,
sino entre el pueblo elegido según el Espíritu; en otras palabras, entre los iniciados. La
Cábala, tal como la conocemos, tampoco es un sistema puramente hebraico, porque ha
sido completado durante el Medioevo por muchísimos conocimientos alquímicos y por
la íntima asociación y fusión que tuvo con ese maravilloso sistema simbólico como el
Tarot.

Fortune, explica además en dicho capítulo que: para utilizar la Cábala no se necesita
absolutamente ningún conocimiento externo del idioma hebreo antiguo; todo lo que se
requiere es poder leer y escribir las letras hebreas. La Cábala moderna se ha
naturalizado en los idiomas occidentales, pero retiene,y debe retener siempre, todos sus
nombres de poder en hebreo, que es el idioma sagrado del Occidente, así como el
sánscrito lo es del Oriente. Hay quienes se oponen al libre empleo de términos
sánscritos en la literatura oculta, y sin duda alguna, también se opondrán al empleo de
las letras hebreas; pero su uso es inevitable porque cada letra hebrea es también un
número, y la suma resultante de las letras de cada palabra, o nombre, es una clave
importante de su significado. Además, pueden emplearse para indicar las relaciones
existentes entre Las distintas ideas y potencias.

Samael Aun Weor, en el capítulo de Virgo de su Tratado de Astrología Hermética, va


más lejos, al explicar que “la Cábala es la ciencia de la Vaca; leyendo las tres sílabas de
Cábala a la inversa, tenemos La-va-ca. La piedra de la Kaba en la Meca leída a la
inversa Vaca o la Piedra de la Vaca”. De esta manera, vincula a la Cábala, con
profundos conocimientos esotéricos en la religión del Islam y de la India. De este
último, explica que la ciencia de la Cábala es un tipo de conocimiento superior,
relacionado con el Maha Vidya.
Libros y ramas de la Cábala

Los principales y más antiguos libros cabalísticos, son el Zohar o libro del Esplendor,
escrito por Simeón Ben Yojai, así como el Séfer Ietzirá o Libro de la Formación o de
la Creación, atribuido al patriarca Abraham. Es importante, además, para el estudio de
la Cábala, el Salmo más largo de todos los salmos de la Biblia, el Salmo 119 que
contiene las 22 letras del alefato hebreo, entre ellas: Alef, Bet, Guimel, Dálet, He, Vau,
Yod y Tau.

Entre las ramas de la Cábala, se encuentra la Gematría, el Notaricón y la Temurá.


Asimismo, en la Cábala dogmática, se encuentra la ciencia de la Merkabá y la ciencia
de Bereshit.

En la Gematría se busca el valor númerico de las palabras, en el Notaricón, las letras


iníciales o finales de las palabras, se organizan en forma parecida a un acróstico. En la
Temurá, se transponen las letras de una palabra y surgen otras palabras, en un
procedimiento similar al de los anagramas.

En la cuarta lección de Cabala, de “El libro de los Esplendores”, Eliphas Levi, explica
que: Bereschith quiere decir génesis; Mercavah significa carrito, por la alusión a las
ruedas y a los animales misteriosos de Ezequiel. El Bereschith y la Mercavah resumen
la ciencia de Dios y del mundo.

Explica además Levi en la cuarta lección del libro citado que: esto es lo que se obtiene
por la Gematría y la Temurá, que son las matemáticas de las ideas. La Cabala tiene su
geometría ideal, su álgebra filosófica y su trigonometría analógica. Así es como obliga
en cierto modo a la naturaleza a revelar sus secretos.

El Árbol de la Vida, los sefirotes y los arcanos

El Árbol de la vida es el símbolo cabalístico por excelencia. Se compone de 10 esferas


y 22 senderos. Las esferas corresponden a los sefirotes, las emanaciones divinas o
principios anímicos y espirituales del ser humano. Los primeros tres sefirotes son:
Keter, Chokmah, Binah, que en la terminología cristiana se corresponden con la
Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los otros siete sefirotes, se corresponden con el septenario teosófico o con los cuerpos
internos y la Mónada: Es así, como el cuarto sefirote: Chesed, se corresponde con el
Maestro interno, el Íntimo, el Espíritu o el Ser. Los otros sefirotes son: Geburá,
Tiferet, Netsaj, Hod, Yesod y Malkut. Los 10 sefirotes, se relacionan también con los
planetas del Sistema Solar.

Dion Fortune explica que: El curioso sistema simbólico que conocemos como Árbol de
la Vida es una tentativa para poner en forma diagramática cada una de las fuerzas y
factores del Universo Manifestado y el Alma Humana, para correlacionar una con
otras y revelarlas como en un mapa, mostrando las posiciones relativas en que puede
considerarse cada unidad y las relaciones entre ellas. En pocas palabras, el Arbol de la
Vida es un compendio de Ciencia, Filosofía, Psicología y Teología.
En el capítulo titulado: La Cabala, objeto y método, de “El libro de los Esplendores”,
Eliphas Levi explica que: toda la Cabala está contenida en lo que los maestros
llamaron las treinta y dos vías, que son treinta y dos ideas absolutas y reales, unidas a
los diez números de la aritmética y a las veintidós letras del alfabeto hebraico.

Explica además Levi en el capítulo titulado: La Gloria cristiana de su obra: El libro de


los Esplendores que: los cabalistas referían las ideas absolutas al valor numeral y
jeroglífico de las veintidós letras del alfabeto primitivo, que suponen haber sido el de
los hebreos. A cada una de estas letras se le asignaba un genio; cada letra es un ser
viviente, un ángel. Los que están familiarizados con la poesía oriental comprenderán
este lenguaje figurado. Pero lo propio del vulgo es tomar todo al pie de la letra y
materializarlo; ahora bien, entre estas letras, hay dos que representan la divinidad a
saber la primera y la última alef y tau, en griego alfa y omega, y en latín a y z, de donde
se ha formado el nombre Azoth, que en la filosofía oculta es la expresión de lo absoluto.

Asimismo, en la séptima lección de “El libro de los Esplendores”, Levi afirma que: los
diez primeros números, las veintidós letras del alfabeto y los cuatro signos
astronómicos de las estaciones, resumen toda la Cabala. Veintidós letras y diez
números las treinta y dos vías del Sepher Jetzirah, cuatro representan la mercavah y el
shemanphorah. Es sencillo como un juego de niños y complicado como los más arduos
problemas de las matemáticas superiores. Es ingenuo y profundo como la verdad y la
naturaleza. Esos cuatro signos elementales y astronómicos son las cuatro formas de la
esfinge y los cuatro animales de Ezequiel y de San Juan. Todo por vosotros en la
sagrada ciencia”.

Comprender los principios cabalísticos encerrados en los 10 sefirotes, permite un mejor


entendimiento de la religión en general y de la Biblia en particular. Para explicar más
claramente lo anterior, acudimos nuevamente a Dion Fortune quien explica el origen
cabalístico de la fórmula final del Padre Nuestro: Porque tuyo es el Reino, el Poder y la
Gloria. “la cláusula final del Padre Nuestro es cabalismo puro. Malkuth el Reino; Jod,
el Poder, y Nazareth, la Gloria, forman el triángulo básico del Arbol de la Vida, con
Yesod, el Fundamento, o receptáculo de Las influencias, como punto central. El que
formuló esa oración conocía la Cábala.

Finalmente, el Buda Maitreya, explica en el capítulo de Sagitario del “Curso Zodiacal,


que: haciendo una liquidación de todos los millones de volúmenes kabalísticos que
ruedan por el mundo. Llegamos a la conclusión, de que toda Kábala se reduce a los 22
arcanos mayores del Tarot y 4 ases, que representan los cuatro elementos de la
Naturaleza.