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SOBRE LA OBTENCIÓN DE LA SAL

DE LAS PLANTAS

Los alquimistas atribuían a la fracción soluble de la Sal de las plantas notables


propiedades terapéuticas que diferían de unas plantas a otras, y esto a pesar de que
químicamente la composición de las cenizas de las plantas varía muy poco de unas
especies a otras. Alexander von Bernus dice al respecto: “los yatroquímicos no
sabían que la sal del tártaro –sal tartari- es el carbonato de potasio y que su
fórmula es K2CO3. Ignoraban que esta potasa carbonatada pura puede ser obtenida
tanto por desgrasado y calcinación de la lana de cordero, como por combustión y
lixiviación de cualquier planta, sin que su fórmula química sea diferente... No
sabían que la sal tartari obtenida por la calcinación del tártaro [tartrato ácido de
potasio] tenía la misma fórmula que la potasa proveniente de la combustión y
lixiviación de la corteza de roble o de cualquier otra planta (artemisa, romero,
etc.), pero sabían muy bien que la sal proveniente de las hojas y de los glandes de
las encinas es eficaz contra la hematuria, que la sal extraída del romero “fortifica
el corazón y da una buena digestión”, que la artemisa “es buena para las fiebres
persistentes, expulsa los cólicos, aumenta los orines y los sudores, y consume el mal
de estómago”, etc. Se ve que estas diferentes sales de plantas poseen, según Basilio
Valentín y los yatroquímicos, el mismo campo de acción que los constituyentes
orgánicos de las plantas enteras, bien que la fórmula química de la potasa siga
siendo K2CO3, cualquiera que sea la planta de la que provenga. La acción
fisiológica de las sales difiere en consecuencia según el dominio de eficacia de la
planta respectiva misma... La acción diferenciada y penetrante de las sales
sobrepasa a veces incluso a la del extracto de la planta entera. Para perfeccionar
una tintura es pues muy importante incorporarla la sal correspondiente”.

Tanto Alexander von Bernus como Manfred M. Junius transcriben la receta para
obtener las sales de las plantas que da Basilio Valentín bajo el epígrafe de “Cómo
extraer sus sales de todas las hierbas y substancias vegetales”: “Toma una hierba
de tu elección, redúcela a cenizas, haz una lejía con ellas con agua caliente, haz
coagular la lejía, y la sal quedará al fondo; disuélvela en espíritu de vino. Arroja el
residuo que se deposita, saca el espíritu de vino por destilación y disuelve tantas
veces como haga falta hasta que la sal devenga bien pura y límpida y no deje ya
residuo; entonces está lista. A condición de que se proceda correctamente para la
rectificación del espíritu de vino, se puede obtener de todas las hierbas sales bellas,
límpidas y puras que forman cristales transparentes como un salitre límpido, puro y
rectificado”.

Cualesquiera que sean los aspectos particulares y concretos del procedimiento


que cada operador utilice, el método general para preparar la Sal de una planta pasa
por la incineración y posterior calcinación de la misma. En el curso de una
operación espagírica con plantas, cuya finalidad sea por ejemplo preparar una
tintura o una esencia, las sales se prepararán a partir de los despojos vegetales que
quedarán después de haber extraído de la planta el Azufre y el Mercurio.

Aunque incinerar y calcinar los restos de una planta parezca una operación
simple, sin complicaciones, lo cierto es que a la hora de ponerla en práctica surgen
una serie de inconvenientes que hasta que no se ha acumulado algo de experiencia
serán los responsables de que la elaboración de un preparado espagírico se malogre
y haya que empezar de nuevo por el principio. Y, téngase en cuenta, que desde el
instante en que se proyecta una operación con una planta determinada hasta que el
preparado correspondiente queda completamente elaborado y guardado en un frasco
pueden pasar varios meses. Por esta razón conviene ensayar los procedimientos
experimentando con cualquier planta hasta que los hagamos funcionar sin
problemas.

En mi caso, las operaciones de incineración y de calcinación son las que más


trastornos me han dado. En primer lugar, porque me costó trabajo diseñar la
tecnología necesaria para llevarlas a cabo; en segundo lugar, porque tardé en llegar
a comprender la enorme relevancia de las sales en los preparados espagíricos de las
plantas y en el trabajo alquímico en general. Tras realizar numerosos ensayos
insatisfactorios he desarrollado un protocolo para la extracción de las sales muy
simple, fácil de poner en práctica, que precisa de materiales poco sofisticados que se
encuentran a mano en el mercado de forma barata, y seguro pues su puesta en
práctica no plantea problema alguno.
SOBRE LA FERMENTACIÓN
ALCOHÓLICA

La fermentación alcohólica es un fenómeno natural mediado por la actividad de


organismos unicelulares eucariotas denominados levaduras. Históricamente el
hombre descubrió antes el efecto de las levaduras que a ellas en sí mismas, de
hecho, se pierde en el tiempo el recuerdo de la primera vez que un humano se
percató de la transformación que experimentaban espontáneamente los zumos de las
frutas dulces en determinadas condiciones ambientales y de los productos que se
podían derivar de semejante proceso: la cerveza, el vino y sus derivados, los
aguardientes. Realmente nada se sabe de cómo el hombre adquirió el conocimiento
sobre la fermentación y siempre se podrá discutir si dicho descubrimiento fue una
cuestión casual o no.

De lo que no se puede dudar es de que los agentes de la fermentación, las


levaduras (principalmente Saccharomices cereviciae), y las transformaciones
químicas por ellas ocasionadas en los zumos de las uvas y de la cebada fueron
descubiertas durante el siglo XIX por uno de los padres de la Microbiología, de
grato recuerdo por los inestimables servicios que prestó a la Humanidad, el francés
y hombre universal Louis Pasteur. Desentrañó el misterio de la fabricación de la
cerveza cuando con su microscopio observó las levaduras y comprobó que si se las
forzaba a vivir en un ambiente anaerobio (carente de oxígeno) transformaban la
glucosa de los zumos y de las maltas en alcohol etílico, que se acumulaba en el
medio en el que las levaduras se desarrollaban, al mismo tiempo que emitían gran
cantidad de anhídrido carbónico (CO2). De hecho, este peculiar comportamiento de
las levaduras en condiciones anaerobias se llegó a denominar “Efecto Pasteur”.

En el campo de la Espagiria Vegetal la fermentación es una operación relevante


que conviene conocer y manipular debidamente. Ahora bien, para que un preparado
a partir de vegetales pueda llamarse espagírico no es condición indispensable que
haya sido obtenido a través de un proceso de fermentación.
Es más, en la mayoría de las ocasiones está contraindicado recurrir a la
fermentación porque destruye o elimina los componentes activos de muchas plantas.
Alexander von Bernus advierte reiteradamente acerca del efecto negativo de la
fermentación sobre las propiedades curativas de las plantas, en una ocasión dice
textualmente que “Por lo que respecta a las plantas medicinales, cualesquiera que
sean, no es ventajoso, ni siquiera recomendable, someterlas al tratamiento
espagírico, es decir, al procedimiento de la fermentación. En efecto, este
tratamiento hace perder más o menos a un gran número de estas plantas sus
constituyentes más activos”. En otra ocasión, refiriéndose al asunto transcribe el
siguiente texto extraído de la Pharmacopea spagyrica de Johann Rudolph Glauber:
“No hay muchos vegetales que tengan necesidad de esta corrección [la
fermentación], de suerte que se les puede preparar per se en sus esencias”.
Todavía, en otro lugar, vuelve a comentar: “Seguimos compartiendo esta opinión de
Glauber y quisiéramos todavía precisarla, enunciando el siguiente principio: sólo
las hierbas medicinales tóxicas, tales como Conium maculatum (cicuta), Nux
vomica (nuez vómica), Semen strichnii, etc., tienen necesidad del tratamiento
espagírico, mientras que, por ejemplo, ninguna de las plantas medicinales no
tóxicas que encierran principios amargos, como Chelidonium (celidonia), Lignum
quassiae, Taraxacum (diente de león), Cichorium intybus (achicoria amarga), etc.,
debe ser privada de este constituyente amargo por una fermentación, que estaría
aquí del todo contraindicada”. Refiriéndose al mejor método de preparación de
plantas medicinales escribe lo siguiente: “-a excepción de las plantas tóxicas que
deben ser sometidas a la fermentación-“. Finalmente, hablando del papel de la
fermentación como método para separar lo puro de lo impuro dice lo siguiente: “-y
este procedimiento primordial [la fermentación] es particularmente importante
desde el punto de vista medicinal, para extraer de las plantas tóxicas sus
constituyentes etéreos activos”.

Cuando alguien como Alexander von Bernus, poseedor de profundos


conocimientos sobre Alquimia y versado como pocos en el siglo XX en las
prácticas espagíricas de laboratorio, dice y repite que el método de la fermentación
está contraindicado en la preparación de remedios espagíricos vegetales a excepción
de aquellos casos en los que se utilizan plantas tóxicas pienso que debemos seguir el
principio enunciado por él, que a mí me gusta recordar como el “Principio de
Alexander von Bernus”.

Pues bien, atendiendo al Principio de Alexander von Bernus, jamás


emplearemos el método de la fermentación para elaborar preparados espagíricos a
partir de plantas medicinales. Del mismo modo, y esto es una seria y razonable
recomendación del autor de la presente obra a cualquier posible lector, jamás
emplearemos plantas tóxicas para elaborar, con o sin fermentación, preparado
espagírico alguno. Téngase en cuenta que las medicinas espagíricas poseen una
elevada potencia y siempre deben ser usadas para curar y en ninguna ocasión para
causar perjuicio. Sólo bajo la dirección de un auténtico espagirista experto en la
materia, y esto es muy pero que muy difícil de hallar, se pueden manipular las
plantas tóxicas con seguridad. Además, el lector queda advertido desde ahora que
los farsantes y charlatanes saben muy bien aparentar de peritos expertos, la cosa es
aún más antigua que el famoso cuento del astuto lobo disfrazado de manso cordero.

Hechas estas advertencias nosotros sí que emplearemos la fermentación porque


nos permitirá obtener lo que hemos llamado el “portador del mercurio” o alcohol
etílico. Nuestro principal autor moderno de referencia, Alexander von Bernus, dice:
“Existen naturalmente numerosos métodos para separar lo sutil de lo grosero, y
varían según la naturaleza de la materia que debe someterse a este tratamiento.
Destilación, sublimación y fermentación ocupan el primer lugar, y la aplicación de
este último método está lejos de limitarse a las substancias de origen vegetal. La
fabricación de la cerveza presenta el ejemplo de un proceso alquímico real, uno de
los pocos que son mantenidos. En cuanto al vino, se puede decir que es un producto
espagírico natural: separación de lo puro, de lo impuro, por la fermentación...”. En
el reino vegetal lo grosero o impuro no es otra cosa que la materia orgánica, la
“carne” de las plantas, mientras que lo puro está representado por los principios
constituyentes de las plantas, el Azufre, el Mercurio y la Sal.

SOBRE LOS PRINCIPIOS


CONSTITUTIVOS DE LAS
PLANTAS

Como antes se ha dicho, el trabajo del espagirista vegetal consiste en separar y


purificar los principios constituyentes de las plantas para más tarde volverlos a
reunir dando lugar a lo que se denomina un magisterio. Cabe preguntarse qué son
estos llamados principios constituyentes de los vegetales.

Según la Teoría de los Tres Principios de Paracelso todos los cuerpos orgánicos
o inorgánicos son el resultado de la combinación en proporciones diversas de tres
sustancias o principios básicos que él denominó Azufre, Mercurio y Sal. Como
veremos, estos tres principios no coinciden con lo que se entiende por azufre,
mercurio o sal en el mundo moderno.

Desde el punto de vista de la Espagiria las plantas como el resto de los seres se
encuentran integradas por tres principios o substancias: Mercurio, Azufre y Sal. Al
respecto de estos tres principios dice Alexander von Bernus: “Los tres principios
originales, o más bien substancias originales, descubiertas por la vía de la
imaginación, y que pueden siempre volverse a encontrar por la misma vía,
substancias que están en la base de todo el universo de las representaciones
alquímicas, se llaman: Sal, Sulphur et Mercurius.... estas tres substancias están sin
embargo lejos de ser idénticas a la sal, al azufre y al mercurio; ... La alquimia
enseña que todo el universo material toma su origen de los tres principios: Sal,
Sulphur et Mercurius, y según que un cuerpo haya recibido más o menos de una u
otra de estas energías (por recurrir a la terminología actual) es más o menos
volátil, refractario o combustible. La sal da la fijeza, el azufre vuelve combustible, y
el inestable mercurio confiere volatilidad. En el sentido de una inteligencia
superior, el mercurio es, sin embargo, también la quintaesencia espiritual de todas
las cosas, el espíritu universal o Spiritu mundi.”

El Mercurio representa la energía de vida o vitalidad de las plantas, lo que en la


tradición hindú se denomina prana, es la Quinta Esencia o fuerza vital de todos los
seres vivos orgánicos e inorgánicos, constituye el principio pasivo o femenino de la
planta. El Mercurio es el mismo en todo el reino vegetal y es soluble en alcohol
etílico por lo que a este compuesto se le suele denominar el “portador del mercurio”
o simplemente “mercurio”. Cuando se desea obtener el Mercurio de una
determinada planta, cualquiera que sea la especie, siempre se realiza mediante una
extracción alcohólica con mercurio (alcohol etílico), nunca con otro tipo de alcohol.
Aunque los nombremos de la misma forma no debemos confundir el Mercurio
(principio constituyente de las plantas) con el mercurio (alcohol etílico). El
mercurio o alcohol etílico se obtiene por el proceso de la fermentación de la que
hablaremos en breve.

El Azufre representa el alma de la planta, el principio activo o masculino de


todo vegetal. El Azufre a diferencia del Mercurio varía de una especie vegetal a otra
y se encuentra contenido en su mayor parte en los aceites esenciales. Pero, existe
una parte del Azufre que se encuentra contenido en las llamadas “sales del Azufre”.
Por tanto, en el Azufre distinguiremos dos fracciones:
o La fracción volátil del Azufre, contenida en los aceites esenciales de la
planta los cuales son extraíbles mediante destilación. Esta fracción del
Azufre posee propiedades medicamentosas. Hay que destacar que estos
aceites aromáticos son muy solubles en mercurio o alcohol etílico.

o La fracción fija del azufre, contenida en la sal que se obtiene secando y


luego incinerando y posteriormente calcinando los restos de plantas y el
residuo que permanece en el matraz de evaporación del destilador después
de haber separado el mercurio mediante el proceso de destilación. A su vez
esta sal se compone de dos fracciones, una soluble y otra insoluble en agua,
que habrán de ser separadas y purificadas. La fracción soluble en agua
contiene cualidades medicinales propias de la planta en cuestión.

Desde el punto de vista medicinal el Azufre es el principio que imprime a una


especie vegetal su peculiar carácter medicamentoso.

La Sal representa el “cuerpo” de la planta. Mas, se trata de una esquematización


de lo que nosotros entendemos por cuerpo de un vegetal ya que la Sal está formada
por los restos incombustibles que resultan de incinerar y después calcinar los
despojos de la planta de los cuales, previamente, han sido extraídos el Azufre y el
Mercurio, es decir, por las cenizas de la planta. Dentro de la Sal o cenizas completas
de la planta se distinguen dos porciones:

o Una porción soluble en agua que suele denominarse sal salis y es muy
apreciada en la práctica espagírica dado que posee un gran valor medicinal.
Esta fracción habrá de ser añadida a las tinturas y esencias si se quiere que
éstas sean un magisterio completo de la planta. Las sales solubles se pueden
cristalizar, mediante la evaporación del agua en la que se encuentran
disueltas, dando un polvo blanco muy higroscópico que debe ser
almacenado en un recipiente de vidrio o porcelana muy bien cerrado para
que no absorban la humedad atmosférica adquiriendo de esta forma un
aspecto delicuescente.

o Una porción insoluble en agua, usualmente denominada caput mortuum,


que se puede separar de la anterior mediante la disolución en agua de la sal
salis y posterior filtración a través un papel de filtro, las sales solubles serán
disueltas y arrastradas por el agua mientras que el caput mortuum quedará
atrapado en el papel de filtro. Las sales insolubles, una vez que han sido bien
lavadas con agua destilada y puestas a secar, no son higroscópicas y se
pueden guardar en cualquier recipiente bien tapado, porque de ellas no es
posible extraer nada y carecen de importancia medicinal. No obstante, hay
quien añade a las tinturas la Sal completa de la planta correspondiente.

No hay que confundir la Sal o “cuerpo” de una planta en sentido espagírico con
lo que usualmente entendemos por cuerpo de una planta. Cotidianamente, para
nosotros, el cuerpo de la planta no es otro que la forma visible del vegetal
constituida mayoritariamente por materia orgánica, lo que podríamos llamar la
“carne” de la planta. Pues bien, desde el punto de vista espagírico alquímico esa
“carne” o materia orgánica no es más que una impureza, un estorbo que impide que
se manifiesten con todo su esplendor y energía las cualidades medicinales que casi
todas las plantas poseen en su interior. Las potencialidades de las plantas se hallan
atrapadas, encarceladas y oscurecidas por la materia orgánica que forma el cuerpo
visible del vegetal, de la misma forma que nuestra alma está atrapada en el
sarcófago de la materia orgánica de nuestro cuerpo físico y sólo se libera cuando
éste se descompone al final de la vida. La sustancia orgánica que da forma física al
vegetal no viene a ser más que el material aglomerante, el cemento, que mantiene
unidos en un mismo cuerpo físico los tres principios esenciales constituyentes de los
seres vivos mientras dura la existencia terrestre.

Por todo ello la labor de la Espagiria consiste básicamente en separar los tres
principios constituyentes de las plantas (Azufre, Mercurio y Sal) purificándolos al
máximo para, una vez limpios de impurezas, volverlos a reunir constituyendo un
magisterio en forma de tintura o esencia que manifieste las potencias curativas de la
planta en cuestión de manera superlativa.

La mejor forma de eliminar las impurezas de materia orgánica es mediante la


acción del fuego. Para ello, como veremos en detalle, los restos de las plantas serán
en primer lugar incinerados y seguidamente calcinados hasta que queden reducidos
a un montón de cenizas (Sal) de color grisáceo claro. Así, el auténtico cuerpo de la
planta, la Sal, habrá sido desnudado de la materia orgánica, la cual se dispersará en
la atmósfera como anhídrido carbónico (CO2) para eventualmente incorporarse de
nuevo al cuerpo de otro vegetal gracias a la fotosíntesis.

Las energías curativas que los tratamientos espagíricos hacen aflorar son
energías sutiles de origen solar que se encuentran ocluidas en la materia orgánica e
inorgánica que constituye el organismo viviente de los vegetales. Se trata de
energías solares mucho más delicadas, intangibles y potentes que aquellas que se
manifiestan en forma de fuego visible o de calor, estas últimas no son más que
energías bastante físicas cuya función es mantener el orden y estructurar la materia
orgánica del cuerpo visible durante la vida terrestre, siendo emitidas al término de
dicha existencia al mismo tiempo que el cuerpo visible se desorganiza y los tres
principios se liberan y separan. Una vez que la Sal de la planta ha sido purificada, es
decir, totalmente desprovista de la envoltura orgánica por acción del fuego, es
imprescindible separar, limpiar y cristalizar su fracción soluble (sal salis) para que
esas energías sutiles ocluidas en su estructura cristalina puedan aflorar.

En relación con este asunto Alexander von Bernus transcribe el siguiente


párrafo de una obra de Max Retschlag aparecida en 1926: “Nuestros conocimientos
sobre la constitución del cuerpo, la estructura de las células y de las entidades
vivientes más pequeñas, así como sus funciones, hacen perfectamente posible que se
pueda encontrar un cierto remedio, constituido de energía latente y concentrada,
que actúe por ello como remedio universal para todas las enfermedades. Como la
fuerza vital es una fuerza electromotriz, este remedio debe estar constituido de
cuerpos capaces de liberar una energía eléctrica concentrada, tras su disolución en
los humores del cuerpo humano, del mismo modo que existen en las pilas
galvánicas ciertas sales cuya disolución produce una corriente más o menos
constante entre los bornes. De innumerables alusiones hechas por los antiguos
maestros herméticos, se deduce que son igualmente ciertas sales las que entran
como material de base en la preparación del elixir de la vida. Estas alusiones se
vuelven a encontrar igualmente entre los pitagóricos, entre los esenios y en todas
las escuelas filosóficas cuyos maestros habían adquirido el más alto grado de la
iniciación egipcia, tales como Pitágoras y Moisés.

La sal, en tanto que término colectivo que engloba todo lo que se cristaliza, es,
según los antiguos maestros, el primer ente, pues toda materia se deja reducir a
una forma salina. Es la palabra de Dios devenida materia; en una sal particular,
un agente celeste, hijo del divino fuego solar, se une a una terrestreidad, para dar
una encarnación salina”. Y más adelante comenta: “... y la verdadera alquimia es
la Halquimia, la ‘cocción de la sal’ (χνω, yo fundo, yo cuezo)”. Al respecto el
mismo Alexander von Bernus dice lo siguiente: “En la sal (comprendida en el
sentido más vasto), la luz es retenida mágicamente cautiva. Liberarla de nuevo,
esto es la halquimia, y esta sal nacida de nuevo es el fuego secreto de los Adeptos.

La luz mágicamente aprisionada en la sal y que se quiere liberar de ella: ¡he


aquí sin duda una noción aberrante para el físico de hoy en día! Y sin embargo, es
así”.
Pero para que esa energía latente en el interior de la sal soluble de las plantas se
exprese al exterior manifestando con fuerza las propiedades curativas propias de la
planta de la que se extrajo es necesario someter la sal al procedimiento de
‘apertura’, que relaja la estructura de la materia cristalina permitiendo la salida de
esas fuerzas vitales sutiles, de esa luz, de origen solar. De nuevo es Alexander von
Bernus quien transcribe un párrafo de una obra de finales del siglo XVIII de autor
incierto que se refiere a la ‘apertura’ de las sales, dice así: “La Sal sacada de las
cenizas tiene una gran potencia y hay muchas virtudes ocultas en ella, pero Basilio
Valentín escribe que la sal no es buena para nada si su interior no es puesto en el
exterior e invertido. Pues es solamente el espíritu quien da la fuerza así como la
vida; el cuerpo por sí solo no tiene aquí ningún poder; si puedes encontrar aquél,
tienes entonces la sal de los maestros y verdaderamente el aceite incombustible.”.
Este comentario se refiere concretamente a la sal secreta de los filósofos, pero se
puede aplicar a cualquier otra sal y por supuesto a la sal de la sal (sal salis) de las
plantas.

SOBRE LA PALABRA ESPAGIRIA

Aunque, como he comentado, el contenido de esta obra es esencialmente práctico


son imprescindibles ciertos conceptos teóricos sobre los que se sustenta la praxis.

El término Espagiria, introducido en el lenguaje alquímico por Paracelso,


compuesto por dos raíces griegas una de las cuales significa separar (span) y otra
unir (ageyron), expresa claramente la labor básica del espagirista vegetal
consistente en separar y purificar los principios constituyentes de las plantas para
más tarde volverlos a reunir dando lugar a lo que se denomina un magisterio. Por
magisterio se entiende un preparado alquímico elaborado a partir de una planta, u
otro material, que contiene todos los principios esenciales constituyentes de la
misma y del cual se han eliminado todas las impurezas presentes en el cuerpo de la
planta viva.

“Aprende por esto la Alquimia, que lleva también el nombre de Espagiria que
enseña el arte de separar lo falso de lo verdadero. Así es la luz de la naturaleza”.
De estas palabras de Paracelso [Felipe Teofrato de Hohenheim (1493-1541)] parece
desprenderse que Espagiria es sinónimo de Alquimia. Sin embargo, se impone la
idea de otros autores de que la Espagiria es la aplicación de la Alquimia a la
preparación de medicinas extraídas de plantas oficinales mientras que, aún otros,
dan una definición algo menos restrictiva y afirman que son medicinas espagíricas
las preparadas a partir tanto de vegetales como de minerales. Podemos entonces
distinguir una Espagiria Vegetal, aunque, la cuestión de si la Espagiria es o no
sinónimo de Alquimia está lejos de quedar clara y parece depender del autor al que
se haga referencia. Así, Alexis Maleg, en el prefacio de la edición francesa de la
obra Alquimia y Medicina de Alexander von Bernus, comenta que la separación
entre Alquimia y Espagiria fue consagrada por Fulcanelli y sus discípulos y, de
hecho, leyendo el último y al parecer definitivo libro de Fulcanelli (Finis Gloriae
Mundi, 1999) se puede constatar que sitúa el arte espagírico al nivel de los que él
llama “boticarios”, en una posición inferior y bastante alejada de la verdadera
Alquimia.

La Espagiria Vegetal se puede considerar la antesala de la verdadera Alquimia,


por donde deben empezar todos aquellos que hayan decidido dedicar su tiempo a
comprender este intrincado mundo del conocimiento y del espíritu.

Como ya se ha dejado dicho, en esta obra únicamente se hablará de Espagiria


Vegetal y más concretamente de las prácticas de laboratorio más habituales y
básicas. Debe quedar claro que los aspectos astrológicos, espirituales y anímicos
inseparablemente relacionados con los procedimientos espagíricos los ha de buscar
el lector interesado por sí mismo en las obras de autores cualificados. Porque la
forma de abordar dichos asuntos depende grandemente de la estructura mental-
anímica y de las creencias religiosas de cada individuo. Desde luego, a las personas
materialistas y descreídas les digo a dios ya desde este mismo instante.
A MODO DE INTRODUCCIÓN

Mi interés por la Espagiria deriva de la fascinación que siempre he sentido por


el mundo vegetal y por la Botánica. Para mí, que soy un profesional con bastante
tiempo libre y que ya he recorrido una parte considerable de mi vida, la Botánica
representa mi afición y una pasión irrefrenable, una forma de acercarme al mundo
natural y de disfrutar de la Naturaleza, un conjunto de conocimientos que permiten
al paseante sacar el mayor jugo posible a un buen día de campo. Por tanto, estoy
hasta cierto punto en sintonía con Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) quién
consideraba la Botánica no como una ciencia por derecho propio con importantes
aplicaciones prácticas y beneficios para la Humanidad, sino como poco más que un
divertimento y modo maravilloso de aproximarse a la Naturaleza disfrutando al
mismo tiempo. Sin embargo, no es mi intención colaborar al desprestigio social y
científico de la Botánica como parece, que en su día y durante muchos años
después, causó Rousseau con sus frívolas opiniones sobre la ciencia de las plantas,
aunque para mí se trate de una diversión que ocupa todo mi tiempo libre ha de
quedar claro que considero a la Botánica como una de las grandes ciencias clásicas
tanto por sus principios fundamentales, como por su metodología, como por los
enormes beneficios que ha reportado a la sociedad humana en su categoría de
ciencia práctica o útil que tan estimada fue en su día por los sabios ilustrados.

Cuando uno se sumerge en profundidad en el conocimiento de las plantas,


siendo como el autor alguien que no se dedica expresamente a la investigación
botánica en la Universidad, llega un momento que el saber sobre el mundo vegetal
le resulta vacío y algo monótono, uno llega a conocer las plantas de la comarca
donde vive, sus aplicaciones y algo más, parece que ya no puede aprender nada más
sobre ellas pero, de alguna forma, intuye que todavía hay algo por conocer que se
oculta detrás del teatro de lo visible, de otra forma el mundo sería aburrido. Cada
vez es más fuerte la sensación de que existe algo no contado por la historia oficial
de las plantas, por la Botánica.

La Espagiria me ha abierto la puerta a ese otro mundo del conocimiento vegetal


no contado por la ciencia oficial de corte materialista. Comprendo que a cualquier
botánico en sentido estricto, quiero decir universitario, le avergonzaría reconocer
que cree ciertos los presupuestos sobre los que se cimenta la Espagiria. Pero, de
cualquier forma, este libro va dirigido no a los botánicos s.str., sino a los amantes de
las plantas, llamémosles botanófilos, aunque creo posible que algún botánico sea al
mismo tiempo un amante de las plantas.

La Espagiria proporciona una visión del mundo vegetal que no por formar parte
de una antigua tradición deja de ser nueva en los tiempos que corren para las
personas que se interesan por ella y que, como todos nosotros, han sido educadas
siguiendo los cánones de las enseñanzas racionalistas y materialistas características
de la civilización occidental actual.

La Espagiria ofrece al interesado la posibilidad de elaborar mediante


procedimientos sencillos preparados que contienen las cualidades curativas de las
plantas de manera más completa y poderosa que las simples tinturas o infusiones de
la farmacopea convencional. Paralelamente permite aprender por uno mismo,
mientras que el mundo interior del laborante se enriquece. A diferencia de la ciencia
convencional la Espagiria es una disciplina no sólo física e intelectual, sino también,
y muy especialmente, espiritual en la que las manipulaciones realizadas en el
laboratorio deben estar acompañadas de una cierta preparación espiritual y pureza
interior del ejecutante. Antes de cada sesión de laboratorio el espagirista se
enconmienda a Dios para que lo guíe en su trabajo, le ayude a aprender y a
conocerse a sí mismo. Además, todas las manipulaciones deben realizarse de
acuerdo con las influencias astrológicas que rigen la planta con la que se trabaja.

En el presente escrito me centraré en explicar detalladamente las técnicas y


rutinas más básicas del laboratorio espagírico que son los primeros problemas con
los que se enfrentará cualquier persona que decida pasar a la acción y poner en
práctica los métodos que se leen en los libros dedicados al tema. Las enseñanzas
referentes a los aspectos espirituales y astrológicos que, como digo, deben necesaria
e imprescindiblemente acompañar al trabajo práctico en el laboratorio las debe
buscar el lector en maestros incomparablemente más adelantados y doctos que este
humilde aprendiz de espagirista. Sería comprometido por mi parte dirigir al lector
hacia alguno de esos maestros y por otra parte creo que si el lector ha encontrado
este libro entre la ingente cantidad de bibliografía sobre el tema puede
perfectamente dar con los autores adecuados que le resuelvan las cuestiones de tipo
espiritual y astrológico que tenga planteados.
A lo largo del siglo XX han visto la luz una serie de publicaciones en las que se
desarrollan las diferentes técnicas empleadas en el laboratorio alquímico para la
elaboración de preparados medicinales a partir de plantas. Pero, cuando uno intenta
seguir las prácticas de laboratorio descritas en las mismas se encuentra, por una
parte, con numerosas lagunas, explicaciones oscuras y directrices ambiguas
expresadas no pocas veces en un lenguaje que parece caduco y arcaico para los
tiempos en que vivimos; por otra parte, el aprendiz tropieza continuamente con
problemas e inconvenientes que debe ir resolviendo con paciencia e ingenio hasta
que finalmente consigue depurar una serie de protocolos adaptados a sus propias
circunstancias y disponibilidades que le permiten producir tinturas y esencias a
partir de las plantas elegidas.

El autor, que ha tratado de reproducir por sus propios medios los procedimientos
e instrucciones descritas por autores contemporáneos como Alexander von Bernus,
Albert Richard Riedel (Frater Albertus) y Manfred M. Junius, y también por otros
más antiguos como Paracelso o algo más modernos que este último, como Johann
Rudolph Glauber; ha debido superar una serie de pequeños problemas a la hora de
realizar ciertas maniobras de laboratorio y de encontrar el material necesario para
llevarlas a cabo, en muchas ocasiones recipientes e instrumentos de uso
convencional adaptados a nuevas necesidades. Además, a veces ocurre que las
instrucciones no están claras porque los autores dan por sobreentendido que el lector
posee ciertos conocimientos o simplemente olvidan o no desean aportar los datos
precisos, es necesario entonces realizar pruebas y tanteos hasta determinar con
exactitud la manera de actuar. Paso a paso he llegado a establecer diversos
protocolos que permiten dirigir de forma clara y segura los pasos del laborante, no
sin antes haber gastado considerable cantidad de dinero, tiempo y esfuerzo, a la par
que haber realizado numerosos intentos fallidos de producir tinturas y esencias
correctamente.
Alexander von Bernus (1880-1965) nacido en Lindau, a orillas del lago Constanza,
se dedicó primero a la poesía, más tarde, a raíz de su amistad con Rudolph Steiner,
se despertó en él una fuerte atracción hacia la ciencia esotérica y decidió estudiar
química y medicina; en 1921 funda los laboratorios de preparados espagíricos que
luego llegarían a denominarse “Laboratorios Soluna”. Personaje de una gran cultura
y muy versado en las prácticas espagíricas de laboratorio fue el autor de la obra
titulada Alquimia y Medicina aparecida por primera vez en 1936 que, aunque no es
una obra práctica, es un libro de lectura reiterada que contiene una serie de
indicaciones de enorme importancia para el trabajo con plantas además de
muchísimas otras informaciones de gran interés para el principiante.

Albert Richard Riedel (1911-1984), nacido en Alemania, escribió, entre otras, una
obra titulada Manual del Alquimista (1960) en la que aborda el trabajo alquímico
con plantas en el laboratorio. La primera vez que la leí me pareció una obra
interesante y creo que sigue siéndolo, aunque yo mantengo cierta desconfianza
hacia el contenido de la misma por lo que voy a relatar a continuación. Este
personaje, más conocido como Frater Albertus, al que en no pocos foros se le aplica
el apreciadísimo tratamiento de “Maestro”, fue el fundador allá por 1960 de la
Paracelsus Research Society de Salt Lake City, Utah (EE.UU.), pocos años después
transformada en el Paracelsus College. Hace algo más de veinte años, tras la lectura
del libro que acabo de indicar, mi curiosidad innata me llevó a suscribirme durante
algún tiempo a una publicación periódica editada en inglés por el mencionado
Paracelsus College cuyo título era nada más y nada menos que Essentia. Journal of
Evolutionary Thought in Action, y cuyo contenido me defraudó profundamente
porque básicamente consistía en artículos de culto hacia el fundador de la
institución, catálogos de los supuestos preparados espagíricos producidos por los
laboratorios de la institución, publicitaba los cursos internacionales y muy caros
impartidos en las diferentes sedes del College y, de cuando en cuando, aparecían
artículos con títulos tan estrambóticos como el que sigue: Living Organism Created
in the lab. Evidentemente era la típica trampa para incautos destinada a enriquecer a
vividores y farsantes, y yo con mi irrefrenable curiosidad había caído en ella como
un pardillo. Por todo lo dicho me comprenderá el lector cuando digo que mantengo
cierta desconfianza hacia la obra de Riedel.

Manfred M. Junius (1929-2004), también nacido en Alemania, fue profesor de


biología, y vivió durante muchos años en la India donde realizó estudios sobre la
medicina tradicional y la música india, espagirista practicante, fue director de
preparados espagíricos de cierto laboratorio farmacéutico y director de la Australian
School of Ayurveda en Adelaida. Escribió un libro titulado Introducción a la
Alquimia de las Plantas Medicinales (1981) en el que expuso de forma bastante
clara los procedimientos básicos y las bases teóricas de la Espagiria Vegetal.

Para terminar con esta presentación he de advertir que estoy convencido de que
con lo escrito en este libro no hago público nada que deba permanecer secreto.
Únicamente trato de adaptar a las posibilidades de nuestro mundo moderno una
serie de técnicas y manipulaciones que tienen siglos de antigüedad.
MIS LIBROS PREFERIDOS
Ayer me referí a un par de libros que para mí han sido y siguen siendo muy
importantes. Primero, el escrito por Manfred M. Junius, INTRODUCCIÓN A LA
ALQUIMIA DE LAS PLANTAS MEDICINALES, este fue mi introducción en el
mundo de la espagiria vegetal.

Pero, fue ALQUIMIA Y MEDICINA de Alexander von Bernus el que más ha


influido en mi trabajo porque contiene una serie de indicaciones de enorme
importancia para el trabajo con plantas. Ahora bien, es un libro de lectura repetida,
en el mismo encontrará el lector referencias a la volatilización de las sales de tártaro
que podrá aplicar a la volatilización de la sal salis de las plantas, también hallará
consejos para el tratamiento espagírico de las plantas tóxicas.
Actualmente no son libros fáciles de localizar porque deben estar descatalogados.

Asís Caballero

PRESENTACIÓN
Estoy interesado en la espagiria vegetal y especialmente en las manipulaciones de
laboratorio. La idea con la que he abierto este blog es encontrar personas que tengan
aficiones similares y que hayan desarrollado algún trabajo práctico. Creo que el
principal problema que tenemos los que nos movemos en este campo es el no poder
hablar con otras personas para intercambiar conocimientos, experiencias,
aspiraciones, dudas e ideas en general. Yo me siento aislado y a veces llega un
momento que no sé si continuar porque por otra parte todas las manipulaciones de
laboratorio son caras y muy muy lentas.
He escrito un pequeño librito contando mis experiencias de laboratorio con la
esperanza de encontrar alguien con quien compartir conocimientos y vivencias. La
verdad, con muy poco éxito.

Durante muchos años sólo he obtenido información de dos autores que me parecen
fidedignos el primero que conocí fue Manfred M. Junius. Al mismo tiempo que este
autor leí un libro titulado Alquimia y Medicina escrito por Alexander von Bernus,
sin embargo, tardé bastante tiempo en darme cuenta de la importancia de este autor
y este libro. Después de muchas lecturas repetidas decidí seguir las indicaciones que
Alexander von Bernus da en su libro y he terminado basando todo mi trabajo en el
laboratorio espagírico en su enseñanza. Me resulta extraño el escaso predicamento
que Alexander von Bernus ha tenido porque en mi opinión es el único espagirista
auténticamente serio que conozco en el siglo XX, sin embargo, me da la impresión
que nadie le presta la debida atención. Aunque a veces uno lee cosas que
evidentemente están inspiradas en sus ideas y principios sin que se le cite
debidamente como fuente.

En fin, espero que este blog me sirva para desbloquear mi trabajo, conocer a otros
amantes de la espagiria vegetal y compartir y adquirir nuevos conocimientos.

Asís Caballero

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