Está en la página 1de 10

Análisis filosófico del Programa para el desarrollo de la competencia del

juicio moral, del profesor George Lind1

Philosophical analysis of the Program for the development of the competence of


moral judgment, by Professor George Lind

Autor: José Antonio Valdivia Morales


Filiación institucional: Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA)
– Departamento académico de Filosofía
Correo: jvaldiviam@unsa.edu.pe

Resumen

Nuestra investigación tiene los siguientes objetivos:

- Profundizar argumentativamente algunos elementos conceptuales del


Programa para el desarrollo de la competencia del juicio moral del profesor
George Lind, evidenciando la relación estrecha entre la filosofía y el programa.

- Describir y analizar el Programa para el desarrollo de la competencia del


juicio moral del profesor George Lind, determinando algunos elementos
filosóficos explícitos o implícitos, que serán el objetivo del ejercicio y
enriquecimiento argumentativo.

De esta forma, el problema de investigación se puede formular en la siguiente


pregunta: ¿con qué argumentos y con qué otros pensadores se pueden enriquecer
algunos elementos filosóficos del Programa para el desarrollo de la competencia

1
Esta ponencia es una introducción a una investigación más profunda que se está realizando para que el
autor opte su grado de maestro en filosofía.

1
del juicio moral del profesor George Lind, evidenciando la relación estrecha entre
la filosofía y el programa?

Los resultados del análisis del Programa para el desarrollo de la competencia del
juicio moral del profesor George Lind son comunes a la filosofía y al programa
mismo, y, consisten en contribuir a las reflexiones y praxis sobre la convivencia
humana en una sociedad democrática.

Palabras claves:

Análisis, ética, principios, competencia, educación

Analysis, ethics, principles, competence, education

Introducción

La reflexión por nuestra convivencia es parte de la historia de nuestro pensamiento


occidental; en el caso de la filosofía corresponde, incluso, a gran parte de sus
tradiciones; por otro lado, en la educación, en democracia, es uno de sus fines. Al
parecer la convivencia es una de nuestras principales preocupaciones. El resultado
es un universo de ideas, teorizaciones y prácticas.

En el caso de nuestro trabajo de investigación nos interesamos por la búsqueda de


situaciones prácticas que complementen nuestra preocupación especulativa.
Hemos encontrado que hay experiencias, que de forma muy rica, interrelacionan el
campo educativo, psicológico y filosófico. De ahí que concluimos que es posible
contribuir a la convivencia humana y no solo pensarla.

En medio de éste ánimo práctico encontramos diversidad de experiencias; también


nos atraen, pero no son el propósito inmediato de esta ponencia, las que emanan
de la literatura; muchas tienen un largo camino recorrido.

Consideramos pertinente citar a este ejemplar de las humanidades, la literatura,


porque nos permite ir delimitando nuestro interés investigativo, en tanto que
suponemos que son la palabra, su sentido y la argumentación muy útiles para las

2
experiencias prácticas a las que nos referimos. Solo para ejemplificar, mencionamos
a la narradora cubana Haydée Arteaga, de cuyo trabajo se dice:

Su mayor aporte a la cultura cubana lo ha hecho a través de la narración oral,


en la que ha formado a varias generaciones de niños cubanos durante más
de siete décadas. Es popularmente conocida como la Señora de los cuentos.
(CiberCuba, 2019)

Lo que nos motivó para incluirla como ejemplo introductorio a las experiencias para
este trabajo fue que, en la isla, se le reconoce como un elemento importante para
la formación de las generaciones, es más, será incluida en el documental Century
of women, del cineasta alemán Uli Gaulken. Pero por algo más, y es que por encima
de estos aspectos, a Arteaga se le considera como un agente activo de lucha contra
el egoísmo:

En un mundo lleno de egoísmo, es bonito retratar a alguien que piensa en los


demás, es una mirada a una vida como la de Haydée lo que nos da esperanza
y señala un camino para vivir como una humanidad y nos puede inspirar.
(CiberCuba, 2019)

Estas percepciones del trabajo de Arteaga nos conduce a formularnos esta


interrogante: ¿desde las letras podemos contribuir a la convivencia?, ¿por qué y
cómo podrían contribuir?

Programa para el desarrollo del juicio moral del profesor George Lind

Ahora sintéticamente explicaremos el Programa para el desarrollo del juicio moral


del profesor George Lind, al que llamamos una experiencia práctica, el cual sostiene
que en la educación básica, al trabajar con la argumentación en la discusión de
dilemas, logramos ciudadanos preparados para vivir en democracia, esto es,
ciudadanos con alta capacidad para convivir.

George Lind es investigador en psicología educativa, profesor de psicología y


pertenece al Departamento académico de psicología de la universidad de Konstanz,
Alemania. Su trabajo tiene más de treinta años. Un detalle importante de su
trayectoria investigativa es que compartió proyectos con Lawrence Kohlberg. Lind,
3
actualmente es director de varios proyectos de capacitación en México, Colombia y
recientemente en Chile.

El proyecto del desarrollo del juicio moral, conforma lo que él llama el Método de
Konstanz de discusión de dilemas o, también conocido como El teatro de la
discusión. Subrayamos que el interés por el juicio moral se inicia en Jean Piaget, tal
cual él mismo lo señala en su obra El criterio moral en el niño:

En esta obra no se encontrará ningún análisis directo de la moral infantil


como se vive en la escuela, en la familia, o en las sociedades de niños. Lo
que nos hemos propuesto estudiar es el juicio moral y no las conductas o
los sentimientos morales. (Piaget, 1987, pág. 7)

Antes de caracterizar el trabajo de Lind, es útil citar la teoría sobre los componentes
de la moralidad: cognitivo, el afectivo o emocional y el conductual. El primero es la
capacidad de razonamiento sobre lo bueno o malo. Respecto a lo afectivo o
emocional corresponde a las “autovaloraciones que hace el individuo y que resulta
en orgullo de sí, autosatisfacción o autorrespeto si se hace lo que cada uno
considera correcto, o bien, resulta en culpa si se hace lo incorrecto” (Barba, 1997)

Finalmente el conductual, “sobre el cual se basa muy a menudo el juicio de que una
conducta “sea moral”. Se consideran en esta clase “los actos observables que
muestran lo que una persona cree que es correcto o incorrecto, bueno o malo”
(Barba, 1997, pág. 74)

Terminada la cita de los elementos de la moralidad, que nos servirá más adelante
para entender con mayor detalle el aporte de Lind, exponemos la primera
característica del programa de Lind, la cual corresponde a la democracia; según
Lind: “toda democracia incluso la más avanzada, comienza hablando de lo que
realmente nos importa, así como escuchando a aquellos que puedan estar en
desacuerdo” (Lind, 2011, pág. 27).

El “expresarse y escuchar al otro” son actos que pueden estar enmarcados en un


contexto de oposición, de contraposición, pero a pesar de esa situación, deben
desarrollarse: “la esencia misma de la democracia es resolver nuestros conflictos

4
mediante discusiones basadas en principios morales compartidos –tales como la
justicia y el respeto mutuo- en lugar de recurrir a la fuerza bruta” (Lind, 2011, pág.
27).

De lo anterior se desprende la característica de la competencia democrática. El


término “competencia” tiene hoy, en el mundo empresarial, organizativo y educativo,
suma relevancia y utilidad. En el caso de la competencia democrática, que es un
aspecto teórico fundamental en la propuesta de Lind, tiene sus raíces en los
estudios del psicólogo y educador Lawrence Kohlberg; este pensador e investigador
fue quien acuñó “la competencia del juicio moral”, definiéndola como esa capacidad
para decidir y hacer un juicio moral, esto es, que el juicio se base en principios
morales, y así se actúe concordantemente a esos razonamientos (Lind, 2011, pág.
28).

Parte del planteamiento de Lind es que para formar ciudadanos con un


comportamiento democrático no es suficiente educarlos en el conocimiento
declarativo. Entonces, su problematización gira en torno a cómo la educación
formal ayuda a la formación de los ciudadanos para vivir en democracia. Lind
incorpora en esta parte del problema lo siguiente: más ayuda a un futuro
comportamiento democrático, si formamos al ciudadano en la competencia
democrática. Esta radica, como ya se explicó líneas arriba, en la capacidad para
enfrentar conflictos a través del uso de argumentos bajo un discurso que se
desenvuelve bajo principios morales. Entonces, la educación deber hacer esto, no
solo la enseñanza o comunicación de los conocimientos declarativos, sino la
práctica democrática a través de la argumentación, del expresarse y el escuchar al
otro, esto es, la competencia democrática; en alguna medida la competencia nos
asegura un comportamiento democrático.

Sobre este aseguramiento, Lind y otros investigadores animados por su propuesta


han hecho múltiples trabajos en diferentes partes del mundo, obteniendo
interesantes resultados. Al respecto, muestran que las personas que han recibido
una formación en función al programa difícilmente pierden las competencias
logradas, a lo largo del tiempo.

5
El método de Konstanz consiste en la discusión de dilemas. La riqueza de este
método radica en que el estudiante, o futuro ciudadano como le llama Lind, se
enfrenta a situaciones “semi reales” que exigen al estudiante su participación. Para
Lind este aspecto corresponde al principio constructivista del método: “al enfrentar
al estudiante con un dilema moral “semi real y “educativo”, él o ella es estimulado a
desarrollar muchas de las capacidades necesarias para confrontar un dilema
semejante en la vida real” (Lind, 2011, pág. 37).

El desarrollo de la discusión de dilemas en clases se hace bajo principios: el del


respeto mutuo y del discurso moral libre en el aula. Esto que nos puede sonar trillado
y desgastado es ampliamente útil porque convierte al aula es un escenario real de
democracia, puesto que cada uno de los participantes manifiesta libremente sus
valoraciones aprendidas en sus contextos personales. Pero, a la par que se
manifiestan, comprenden que el otro tiene también el derecho a manifestarse. En
esa comprensión se pone en práctica el respeto mutuo a pesar de las diferencias,
lo cual es un componente importante de la democracia y que cada estudiante
aprenderá a regular en su estructura cognitiva.

En síntesis, el estudiante respecto al dilema moral manifiesta su juicio moral que


implica su posición y valoración, pero esforzándose en mostrar fundamento
argumentativo e incluyendo un principio mayor que es el del respeto por la posición
contraria. Este cuidado por expresarse y escuchar la posición del otro, es ya el
ejercicio de convivir en democracia, fortaleciendo en él su desempeño competente
para la solución de conflictos en una democracia.

¿Esta experiencia realmente tiene resultados en la convivencia?

Para responder a esta pregunta, citamos las apelaciones que hace Lind a la
categoría del conocimiento tácito de Michael Polanyi.

Michael Polanyi tiene una postura crítica respecto al positivismo. Por ello, intenta
demostrar en su obra, sobre todo la final, que el conocimiento no es solo ese
producto positivo, enunciado, verificado. Polanyi sostiene que aceptar una verdad
implica un porcentaje de conocimiento tácito. Este conocimiento reposa en la

6
personalidad, la interioridad, la morada del ser humano. Esto es importante subrayar
para seguir entendiendo por qué Lind lo refiere al hablar de la competencia
democrática genuina, al plantear que justamente es genuina si implica el plano
tácito, trascendiendo el declarativo.

Para nosotros esto significa que en la práctica de la discusión de dilemas vamos


generando un conocimiento tácito, que fortalecerá la competencia puesto que
ponemos en ejercicio la comprensión del otro a través de la discusión.

Polanyi (1966) también relaciona el conocimiento tácito con los planos tanto de
comprensión de lo humano como el estético; para esto cita a Dilthey y a Lipps,
señalando:

Dilthey enseñó que la mente de una persona solo puede entenderse


reviviendo su funcionamiento. Y Lipps representó la apreciación estética
como una entrada en una obra de arte y, por lo tanto, reside en la mente de
su creador. Creo que Dilthey y Lipps describieron aquí una forma
sorprendente de conocimiento tácito aplicado a la comprensión del hombre y
de las obras de arte, y que tenían razón al decir que esto solo podía lograrse
mediante la morada. (págs. 16-17)

Otra interesante razón de por qué este método contribuiría a la convivencia, a través
de la práctica del juicio moral, es el concepto de Estructura cognitiva, desarrollado
por Jean Piaget.

En efecto, en el año de 1970, Jean Piaget se presentó a la sesión plenaria de la


Asociación Americana de Psicoanálisis, con la ponencia El inconsciente afectivo y
cognitivo. En la primera parte de este trabajo, que corresponde al problema de las
estructuras, Piaget concluye que la estructura cognitiva es el sistema de conexiones
que el individuo puede y debe usar, que de ninguna manera puede reducirse a los
contenidos del pensamiento consciente. Así, Piaget sostiene que, el inconsciente
cognitivo consistiría en un conjunto de estructuras y funciones desconocidas por el
sujeto excepto en sus resultados.

7
Entonces, la práctica de la discusión de dilemas ayudaría a fortalecer mediante el
ejercicio de la discusión las estructuras cognitivas, por ejemplo las lógicas que,
posteriormente, en una situación real de discusión de algún contenido explícito,
serían condición necesaria. En suma, tanto la categoría del conocimiento tácito
como la de estructura cognitiva son desarrolladas en el programa, a través de la
discusión de dilemas y que, según el programa, da a los futuros ciudadanos la
competencia para discutir sus problemas, y evitar las soluciones a través del uso de
la violencia. Esto es más útil para la formación del estudiante que solo informarles
declararles lo importante que es convivir.

Otra característica importante en la discusión de dilemas de Konstanz es que están


presentes los elementos cognitivo y afectivo de la moralidad. Cuando se discute,
bajo las reglas del método de Konstanz, se ejercita el elemento cognitivo al
argumentar y fundamentar su posición. Se supone que este proceso es también una
defensa de aquellas valoraciones que hemos aprendido, que compartimos y por las
que guardamos afecto. Pero, el afecto por esas valoraciones no evita que
reconozcamos la calidad del argumento contrario. Convirtiéndose en un interesante
aspecto práctico de convivencia, al equilibrar el uso de ambos elementos de la
moralidad.

¿Hay filosofía subyacente en el programa de desarrollo del juicio moral?

Sí hay una filosofía subyacente, tanto por la temática como por los resultados del
programa. Consideramos que, a manera de un embudo, el programa va de la
amplitud de teorías a una propuesta práctica.

Aquí Aristóteles es pertinente citarlo, porque una de las conclusiones de la Ética a


Nicómaco es la propuesta de una buena vida, una vida práctica, la vida en la virtud.
Para nosotros esta virtud aristotélica es coincidente con la “competencia” del
programa de Lind. Un aspecto más es la conjunción de los aspectos afectivos y
racionales que están presentes tanto en la virtud aristotélica como en la
argumentación del juicio moral de Lind.

8
En ese mismo sentido, y también basándose en Aristóteles, Victoria Camps es una
pensadora que coincide ampliamente con el programa de Lind y que en su libro El
gobierno de las emociones fundamenta también apelando a las neurociencias2:

¿Por qué es tan difícil que la ley moral dirija efectivamente nuestras vidas?
¿Por qué, entre las numerosas razones que condicionan la conducta, las
razones éticas cuentan tan poco? Hay una respuesta sencilla y rápida a estas
preguntas y es la siguiente: no basta conocer el bien, hay que desearlo; no
basta conocer el mal, hay que despreciarlo. Si la respuesta no es equivocada,
de ella se deduce que el deseo y el desprecio, el gusto y el disgusto son tan
esenciales para la formación de la personalidad moral como lo es la destreza
en el razonamiento. (Camps, 2012)

En la ética, la comprensión y la defensa de la utilidad de esa competencia


democrática, la encontramos en Jurgen Habermas en su Teoría de la ética
comunicativa; Lind nos señala:

En efecto, Habermas extendió el concepto en un sentido muy importante, al


afirmar que un discurso genuinamente democrático debe estar libre de toda
violencia, la fuerza o el poder social y restringido solo por principios éticos
universales. La “razón moral”, asevera Habermas, implica borrar aquellas
relaciones de poder que vienen incluidas, de modo invisible, en las
comunicaciones, y que mediante barreras intrapsíquicas e interpersonales
impiden una solución consciente y consensuada de conflictos. (Lind, 2011,
pág. 29)

El mismo Platón escribe su obra filosófica bajo el título de Diálogos. La filosofía


ejemplifica ese ánimo de conversación, de discusión de temas que nos tocan, que
nos invitan a decir, a manifestarnos. El Programa de Lind es el fondo una práctica
filosófica, cuya praxis conlleva la formación de ciudadanos competentes para
discutir dilemas, manifestando su juicio moral con argumentos y no con violencia.

2
Apelación a la ciencia que Lind también hace.

9
Conclusiones

Primera. El ejercicio de la palabra a través de la discusión argumentada, en el


Método Konstanz de Lind, ayuda a la convivencia en tanto que desarrolla un
conocimiento tácito, fortalece las estructuras cognitivas, y relaciona los elementos
cognitivos y afectivos de la moralidad, de tal forma que en situaciones reales de
discusión, emergerán.

Segunda. El programa del desarrollo del juicio moral es una contribución importante
a la educación en democracia y coincide, ampliamente, con argumentaciones y
teorizaciones filosóficas.

Referencias

Barba, B. (1997). Educación para los derechos humanos. México D.F. : Fondo de cultura
económica.

Camps, V. (2012). El gobierno de las emociones. Barcelona : Paidós.

CiberCuba. (14 de septiembre de 2019). CiberCuba. Obtenido de


https://www.cibercuba.com/noticias/2019-09-14-u1-e43231-s27315-narradora-haydee-
arteaga-contara-su-historia-documental-mujeres

Lind, G. (marzo de 2011). Promoviendo las competencias morales y democráticas: expresarse y


escuchar a otros. Postconvencionales(3), 26-41.

Piaget, J. (1987). El criterio moral en el niño. Barcelona: Martínez Roca.

Piaget, J. (11 de noviembre de 2007). Blog de Susana Frisancho. Obtenido de


http://blog.pucp.edu.pe/blog/SusanaFrisancho/2007/11/30/inconsciente-cognitivo-e-
inconsciente-afectivo/

Polanyi, M. (1966). The Tacit Dimension. Chicago: Doubleday Broadway.

10