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Walker, C. (2015). La rebelión de Túpac Amaru. Lima, Perú: IEP.

En su libro “La rebelión de Túpac Amaru”, el historiador norteamericano


Charles Walker vuelve a tocar una temática muy recurrente en buena parte de su
producción bibliográfica. Como resultado nos ofrece un panorama amplio y a la vez
detallado de diferentes personajes y acontecimientos que formaron parte de aquel
levantamiento que asoló el sureste del entonces virreinato del Perú. Con respecto al
contenido de los últimos cinco capítulos de la obra, podemos afirmar que en ellos
Walker analiza principalmente el desarrollo que tuvo la rebelión iniciada por Túpac
Amaru tras la captura y muerte de dicho personaje, siendo el punto culminante del
estudio la pacificación del área en conflicto, así como el ajusticiamiento de los que
tomaron la posta en el liderazgo de la insurrección.

Para empezar, conviene señalar que al ser apresado Túpac Amaru, la dirección
de su movimiento fue asumida por su primo Diego Cristóbal quien en un principio
buscó liberarlo, mas al no tener éxito decidió trasladarse a la zona circundante al lago
Titicaca y finalmente estableció su centro de operaciones en el pueblo de Azángaro.
Junto a él se hallaban también como líderes Andrés y Mariano Túpac Amaru, los cuales
eran sobrino e hijo del cacique de Tinta. Esto le mostró a los realistas que la rebelión no
había terminado pese a los horrendos castigos que sufrieron sus primeros dirigentes y
que podría seguir creciendo sino la detenían en ese momento.

En paralelo al levantamiento que lideraron Túpac Amaru primero y Diego


Cristóbal después, se habían venido desarrollando en la entonces región de Charcas
(hoy Bolivia) una serie de rebeliones. Es así que en la provincia de Chayanta los
hermanos Tomás, Dámaso y Nicolás Katari permanecían alzados desde comienzos de
1780. Por otro lado, Julián Apaza (Túpac Amaru) dirigía una rebelión con centro en la
provincia de Sica Sica. A su vez en Oruro surgió un movimiento que a diferencia de los
otros dos había logrado la participación de muchos criollos y mestizos. Los realistas
consiguieron derrotar tras varios meses a los alzamientos de Chayanta y Oruro, pero
Túpac Katari parecía indestructible, existiendo la posibilidad que pudiera hallarse con
Diego Cristóbal.

Walker considera que los movimientos de Túpac Katari y Diego Cristóbal


presentaban grandes diferencias entre las cuales se podrían mencionar las siguientes: la
rebelión tupamarista estaba integrada por indios quechuas, mientras que la katarista por
indios aymaras. En segundo lugar, los tupamaristas tenían como meta restaurar el
imperio inca, en cambio los kataristas veían a los incas como sus antiguos opresores. En
tercer lugar, los tupamaristas eran en teoría multiclasistas y buscaban sumar a su
movimiento gente de diverso origen, mas para los kataristas el enemigo eran todos los
ajenos al grupo indígena. Al parecer, fueron esas disonancias las que retrasaron una
alianza entre ambos bandos.

Para mediados de 1781, Diego Cristóbal logró tener casi el control total de las
provincias ubicadas en torno al Titicaca, llegando incluso a causar la evacuación
completa de la ciudad de Puno y amenazando con dominar el corredor entre Cusco y La
Paz. Fue por entonces cuando decidió por fin aliarse con los kataristas. Ello se produjo
en octubre de aquel año y los dos líderes rebeldes unieron sus fuerzas para tomar la
ciudad, empresa que Túpac Katari había intentado meses antes sin tener mucho éxito.
Para desgracia de los insurgentes, en esta ocasión tampoco se consiguió alcanzar el
objetivo y quienes resultaron victoriosos fueron los realistas, al punto que ello les sirvió
para iniciar la contraofensiva gracias al apoyo de miles de soldados llegados desde
Buenos Aires.

El frustrado intento de tomar La Paz marcó el fin de la efímera alianza entre


kataristas y tupamaristas, así como el principio del fin de ambos bandos rebeldes. En
noviembre de 1781 Túpac Katari es capturado y sentenciado a morir desmembrado por
cuatro caballos. Tras ello y para acabar de una vez por todas con la insurgencia los
realistas ofrecieron amnistía para todos los rebeldes que se rindieron. De acuerdo con
Walker, esta estrategia fue iniciativa de los “realistas moderados” y no recibió la total
aprobación de los “realistas duros”, siendo los representantes de uno y otro grupo el
obispo Moscoso y Areche respectivamente. Ahora bien, la propuesta de la amnistía fue
tomada en cuenta por Diego Cristóbal quien acordó un alto al fuego en diciembre de
1781, el cual se materializó en un acuerdo de paz en enero de 1782.

No todos los rebeldes tuvieron la misma actitud ante el acuerdo entre Diego
Cristóbal y los realistas. Unos decidieron entregar las armas, entre ellos Andrés y
Mariano Túpac Amaru, sin embargo otros prefirieron continuar con la lucha, siendo este
el caso de Pedro Vilca Apaza quien prosiguió con la rebelión hasta que fue
descuartizado en marzo de 1782. En los meses que vinieron después, la paz parecía
consolidarse, pero siempre bajo la sospecha mutua que alguno de los bandos traicionaría
pronto al otro. Para calmar ese ambiente de tensión el virrey Jáuregui invitó a Diego
Cristóbal, Mariano y Andrés Túpac Amaru a trasladarse a Lima, cosa que solo los dos
últimos aceptaron.

A lo largo de 1782, salvo sospechas, no se produjo un nuevo levantamiento y


todo transcurrió con normalidad, pero a comienzos de 1783 estalló una insurrección en
el pueblo de Marcapata. Los líderes fueron capturados pronto, lográndose obtener en sus
declaraciones información que vinculaba a Diego Cristóbal con el hecho ocurrido. Si
bien aquel lo negó una y otra vez los realistas determinaron su culpabilidad y llegando a
sentenciarlo a la horca en julio de 1783. Al mismo tiempo, Andrés y Mariano Túpac
Amaru fueron detenidos en Lima, debido a que unos indios conspiradores de Huarochirí
los acusaron de complicidad. Todos estos hechos acabaron finalmente con los
principales líderes del movimiento, tal y como habían querido desde un principio los
“realistas duros”. Como epílogo, Walker nos dice que Mariano y Andrés fueron
condenados a cumplir prisión en España, pero lamentablemente murieron en el trayecto.

En suma, podemos decir que la rebelión inaugurada por Túpac Amaru tuvo dos
fases, una dirigida por su iniciador y otra por el primo de este. Además, el movimiento
se dio en paralelo con otros que tuvieron como escenario la actual Bolivia. La alianza
entre dichos bandos insurgentes tardó mucho y solo se dio muy breve tiempo, tal vez
por las diferencias sustanciales entre ambas fuerzas. Al final, tras la derrota de los
kataristas el grupo tupamarista el grupo tupamarista se quedó solo, siendo su principal
enemigo el bando realista dentro del cual existían dos facciones, los moderados y los
duros. En principio se impusieron los moderados gracias a los cuales se dio la
pacificación, pero al final se dominaron los duros y tal como querían ellos se quitó del
escenario a los líderes rebeldes.