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ANTI RAMON DIAZ MINAYA 17-8164

Pago de las deudas


El Pago, solutio, consiste en la ejecución de la obligación, tenga ella por objeto una
datio o un hecho. Es la ejecución de la prestación debida por el deudor, cual que sea el
objeto, ya se trate de una suma de dinero, o de la entrega de mercancías, o la
ejecución de un trabajo. La obligación no puede existir después del pago, puesto que
ya carece de objeto: queda extinguida de pleno derecho con todos los accesorios, que
eran nada más que la garantía de su ejecución y que ya no tienen razón de ser, tales
como la prenda, la hipoteca, la fianza.
Es la causa de extinción más natural y de más frecuencia, la que las partes tienen
precisamente en vista cuando contratan; el deudor cumple lo que está obligado a
hacer, y el acreedor recibe lo que se le debe. Ya emané del deudor principal o del
fiador, el pago íntegro de la deuda libera a todos los coobligados. Produce igualmente
su efecto extintivo absoluto en caso de correalidad: hecho por uno de los deudores a
unos de los acreedores, extingue la obligación respecto de todos. Pero, para que el
pago produzca su efecto, es indispensable que sea válido. Contrariamente, la
obligación no se extingue, y el acreedor conserva su acción contra el deudor.
El pago debe consistir en una ejecución completa de la obligación. Debe coincidir con
el contenido de la obligación. Si la obligación consistía en la entrega de una cosa
determinada y ésta se hubiese deteriorado sin culpa del deudor, el acreedor debe
aceptarla en el estado que se encuentre. Sin embargo, el deudor puede cumplir con
una protección distinta siempre que el acreedor de su consentimiento. A esta
modalidad de pago se le llamó dación en pago. (datio in solutio). Ante ésta pregunta, el
pago debe hacerse tal cual se estipuló en el contrato. Ejemplo en dinero, además en
especie, así debe hacerse. Hay casos en que el deudor realiza el pago, sin coincidir
con lo estipulado hoy día en materia de derecho privado no es común. Pero en materia
pública se prestan cláusulas de datio in solutiom.

Inmuebles con hipotecas


La hipoteca inmobiliaria es una hipoteca sobre un inmueble y por tanto un derecho
real de garantía, para asegurar el cumplimiento de la obligación de pago del crédito
hipotecario. La hipoteca inmobiliaria es la hipoteca por antonomasia y se formaliza
mediante un contrato por el que se adquiere una obligación y se consigue
un crédito con el que hacer frente al pago del precio de la vivienda más los
correspondientes intereses estableciendo como garantía el inmueble hipotecado -
vivienda, local, edificación- cuyo valor responde en todo o en parte del riesgo
del impago ante el acreedor -habitualmente el banco-, lo que depende en todo caso de
la legislación hipotecaria de cada país y en concreto de la regulación de la dación en
pago, en cuyo caso la deuda, de existir, quedaría completamente cancelada con la
entrega de la vivienda.34
No debe confundirse la obligación garantizada (préstamo o crédito) con la propia
garantía (hipoteca) que es la que asegura la devolución del préstamo. Aunque vayan
unidos, el crédito hipotecario y la hipoteca son negocios jurídicos distintos. Así, con
independencia del préstamo, siempre se podrá ejecutar y realizar su valor (venta
forzosa), sin tener en consideración al dueño de la cosa hipotecada, o al titular del
derecho real hipotecado.
La hipoteca inmobiliaria es un derecho real, pues recae inmediata y directamente sobre
una cosa inmueble, o sobre otro derecho real, y siempre se podrá ejecutar y realizar su
valor (venta forzosa), sin tener en consideración al dueño de la cosa hipotecada, o al
titular del derecho real hipotecado.
Como derecho de realización de valor, la hipoteca está concebida para permitir el
resarcimiento económico del acreedor hipotecario frente al deudor que no cumple. Con
este fin, el art. 12 de la Ley Hipotecaria exige que para constituirse la hipoteca deberá
hacerse constar el importe de la obligación garantizada y de sus intereses, hasta un
máximo de cinco años, así como el valor en que se ha tasado para subasta la finca o
derecho objeto de hipoteca.

Efectos de la partición
Al analizar esta definición es posible afirmar que el efecto esencial de la partición
consiste en poner fin a la comunidad hereditaria, de modo tal, que se logre reemplazar
el derecho indeterminado que cada partícipe tenía antes de la división sobre una cuota
de la comunidad, por un derecho concreto sobre aquellos bienes o derechos
determinados.
No obstante, es importante resaltar que desde el punto de vista doctrinal existen
dos concepciones sobre los efectos de la partición. La primera de estas la concibe como
un acto traslativo de propiedad en virtud del cual cada partícipe o heredero de la
sucesión, transmite a sus coherederos la parte de sus derechos que originalmente le
pertenecían sobre los bienes adjudicados, con el objetivo de que éstos posteriormente
procedan a ceder dichos derechos. Es decir, que esta primera noción asimila al acto de
partición como una especie de cesión o permuta.
Este primer criterio es propio del derecho romano, pero de manera universal su uso
ha desaparecido por completo ya que el mismo implica una serie de inconvenientes, pues
teóricamente hablando cada heredero posee diversos causantes con relación a los
bienes puestos en su lote, sin embargo, la calidad de heredero no puede ser
fragmentada. Así también, desde el punto de vista práctico los actos realizados por los
coherederos se consideran subsistentes respecto a los bienes que posteriormente se
adjudican a otros ya que en el momento en que fueron realizados existía un derecho de
copropiedad sobre dichos bienes (específicamente subsisten los actos de prendas,
servidumbres, hipotecas, etc.)

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