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ACADEMIA NA NAL

LA HIST A

HISTORIA
de la
NACIÓN
ARGENTINA
IO - LA ARGENTINA DEL SIGLO XX

PLANETA
La Academia Nacional
junta de Historia de la Historia
y Numismática -sucesora
Americana de la
que Funda­
ron en 1893 Bartolomé Mitre y otros destacados estudiosos—,
decidida a emprender en los años finales del siglo XX un
amplio esfuerzo de renovación historiográfica que contí­
nuase los realizados en la Historia de la Nación Argentina
(14 volúmenes publicados entre 1936 y 1950) y en la Histo­
ria Argentina Contemporánea (7 volúmenes, entre 1965 y
1967), dispuso en 1997 editar una obra orgánica y colectiva,
de alta divulgación: la Nueva Historia de la Nación Argentina.
Una comisión de académicos, encabezada por el presidente
de Ia entidad, elaboró el plan general que abarca, en diez
tomos, eI proceso histórico desde los tiempos prehispánicos
hasta nuestros días.
En ellos tienen cabida relevantes especialistas, procedentes
de distintos ámbitos y corrientes historiográficas, con el
propósito de realizar una obra integral, no sólo en el sentido
temático sino también con la idea de alcanzar un conjunto
coherente que supere la simple reunión de monografías sobre
diversas áreas. En cada parte se estudian el territorio y la
población, la dinámica de las sociedades, las instituciones, la
economía, la vida cotidiana y Ia cultura en sus más diversas
vertientes. Un tomo final, de gran valor instrumental y
didáctico, contendrá los índices generales.
Con el prestigio que le otorga su trayectoria de institución
señera en su disciplina, la Academia ofrece al lector este
nuevo y notable aporte que se diferencia de los dos ante­
riores por los enfoques y aspectos que sugiere el actual
movimiento historiográfico, circunstancia que, sin embargo,
no les resta vigencia como referentes en cuestiones que no
se tratan aquí desde Ia misma óptica.

ILUSTRACIÓN DE CUBIERTA: EX LIBRIS DEL ESCRITOR.


HISTORIADOR Y JURISTA RODOLFO RIVAROLA (1857-1942).
NUEVA HISTORIA
DE LA NACIÓN ARGENTINA
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

NUEVA HISTORIA
DE LA NACIÓN ARGENTINA

ToMo X

PLANETA
982 Nueva historia de la Nación Argentina: 1‘ ed. —
NUE Buenos Aires : Planeta, 2003.
v. 10, 480 p. ; 24x17 cm.- (Historia)

ISBN 950-49-1043-2

1. Historia Argentina

Grupo Editorial Planeta, S.A.I. C.


COORDINACION.’ Alejandro Ulloa

EDICION DE TEXTOS: Diego Arguindeguy


DISEÑO y MAQUETA DE INTERIORES: Osvaldo Gallese

COMPAGINACIÓN YARMADO.’ Adriana Martínez

CARTOGRAFÏA: Susana M ingolo


IMÁGENES YFOTOGRAFIA: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia:

Violeta Antinarelli, Ariel Otero Estrada y Gabriel Lerman

Derechos exclusivos de edición en castellano


reservados para todo el mundo:
© 1997, Academia Nacional de la Historia
Balcarce 139, Buenos Aires
© 2003, Grupo Editorial Planeta S.A.I.C.
Independencia 1668, C 1100 ABQ, Buenos Aires

l‘ edición: 3.500 ejemplares

ISBN de la Obra Completa 950-49-0214-6


ISBN del Tomo X 950-49-1043-2

Impreso en Gráfinor S. A..


Lamadrid IS76, Villa Ballester,
en el mes de marzo de 2003.

Hecho el depósito que prevé la ley l 1.723


Impreso en la Argentina
Los originales de las ilustraciones son de la
. , , _ Ninguna parte de esta publicación. incluido el diseño de la
coleccion de la Academm Naaonal de la cubierta. puede ser reproducida. almacenada o transmitida en
Historia o reln-oducciones de las manera alguna ni por ningún medio. ya sea eléckrico. químico.
, _ _ _ mecánico. óptico. de grabación o de fotocopia, sin permiso
publicaciones que se indican. pm“, ¿ei ¿duen
COMISIÓN ACADÉMICA ENCARGADA

DE LA DIRECCIÓN DE LA OBRA

DOCTOR VÍCTOR TAU ANzOATEGUI (PRESIDENTE)


PROFESORA BEATRIZ BOSCH

DOCTOR ERNESTO I. A. MAEDER


DOCTOR ROBERTO CORTÉS CONDE

DOCTOR CÉSAR A. GARCIA BELsUNCE

DOCTOR DARDO PÉREZ GUILHOU

DOCTOR EZEQUIEL GALLO

COORDINACION EDITORIAL

DOCTOR MIGUEL ÁNGEL DE MARCO


CUARTA PARTE

LA ARGENTINA DEL SIGLO XX


c. 1 9 1 4- 1 9 8 3

(Continuación)
IX. LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA
Y CULTURAL

(CONTINUACION)
S6. LAS CIENCIAS SOCIALES

Mario D. Serrafero

Describir el tránsito de las Ciencias Socia­ dejará, en casi todos los casos, otras sin men­
les en el siglo XX, en la Argentina, no es tarea cionar. Por razón de espacio, será inevitable la
sencilla ni menos aún exenta de riesgos. En omisión de autores e instituciones que tam­
primer lugar, se refiere a un área del conoci­ bién han realizado su aporte en las áreas disci­
miento que se fue institucionalizando y siste­ plinarias aquí tratadas. Por último, las referen­
matizando progresivamente. En segundo tér­ cias consignadas en este trabajo sólo incluyen
mino, brindar una radiografía completa es las obras publicadas hasta 1983.
prácticamente imposible por la dispersión
geográfica e institucional de la producción. En
tercer lugar, siempre quedarán afuera expre­ LA SOCIOLOGÍA COMO DISCIPLINA

siones que pudieran ser tomadas como cortes


arbitrarios en el análisis. El desarrollo de la Sociología como disci­
Por todas estas razones este trabajo da plina encuentra sus antecedentes en los escri­
cuenta, principalmente, del desarrollo de la tos de autores clásicos de la historia, la filoso­
Sociología y de la Ciencia Política y en referen­ fía y la política. Entre otros, no puede dejar de
cia a determinadas instituciones y produccio­ mencionarse a’ Nicolás Maquiavelo, Thomas
nes representativas del quehacer intelectual y Hobbes, John Locke, Charles de Montesquieu,
académico. Asimismo, se consignan las temá­ lean-Jacques Rousseau. Pero es en el siglo XIX
ticas que fueron centro de atención, análisis y y principios del XX cuando aparecerán los au­
tratamiento por los investigadores, recalando tores que le darán nombre, contenidos, objeti­
en algunos autores que tuvieron una impron­ vos y metodología a la nueva ciencia. Auguste
ta reconocida en el área de los estudios socia­ Comte, Herbert Spencer, Emile Durkheim y
les. Aun con estos criterios restrictivos, sólo se Max Weber desarrollarán los puntos de parti­
alcanzará a realizar un recorte que, si bien no da -desde distintos ángulos y enfoques— de la
abarcará todo el espectro, brindará un pano­ nueva disciplina, cuyo desarrollo principal se
rama amplio sobre el desarrollo de las Cien­ localiza en Inglaterra, Francia y Alemania. La
cias Sociales en gran parte del siglo XX. Asi­ cuenta por cierto estaría ostensiblemente in­
mismo, la referencia a alguna obra de un autor completa si no se agregaran, en esta primera 13
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

etapa, los nombres de Alexis de Tocqueville y drían aparecer, indistintamente, en una histo­
de Karl Marx, y sus estudios sobre la sociedad ria de los desarrollos de la Sociología Política
democrática y capitalista, respectivamente. o de la Ciencia Política.
El conocimiento se fue sedimentando y
acumulando nuevos aportes con las investiga­
ciones que provinieron de psicólogos sociales LA “PRESOCIOLOGÍÑ Y LA SOCIOLOGÍA

como George Mead, antropólogos como Bro­ ACADÉMICA

nislaw Malinowski y su funcionalismo, filóso­


fos como Ortega y Gasset, “sociólogos marxis­ Ninguna introducción a los estudios so­
tas” como Gyórgy Lukácks, y creadores de ciales, en la Argentina, puede prescindir de
nuevos paradigmas como Sigmund Freud y su ciertos nombres de ineludible cita. Son ellos,
psicoanálisis. al menos, Esteban Echeverría, Domingo F.
La lista de autores se integró, posterior­ Sarmiento y Juan Bautista Alberdi, quienes
mente, con importantes aportes de intelectua­ constituyeron -según Gino Germani- una
les europeos y norteamericanos. La “Escuela de suerte de pensamiento “presociológico”. Nom­
Frankfurt”, representante de la llamada “teoría bres ligados a la experiencia de los primeros
crítica”, se nutrió con los trabajos de Max círculos relevantes de debates de ideas sociales
Horkheimer, Theodor Adomo y Herbert Mar­ y políticas como fue la Asociación de la Ioven
cuse, en un intento interesante de combina­ Argentina convertida, más tarde, en la Asocia­
ción teórica entre marxismo y psicoanálisis. En ción de Mayo. Desde este grupo y como repre­
territorio norteamericano tuvieron gran in­ sentante del movimiento romántico, Echeve­
fluencia los trabajos -empírico-sistemáticos­ rría lanzó su conocido Dogma, que pretendió
de Talcott Parsons, el funcionalismo de Robert la “continuación de las tradiciones progresis­
Merton y la sociología crítica de Wright Mills. tas de la Revolución de Mayo” y la regenera­
La mención podría seguir en temáticas especí­ ción de la vida social que diera definitiva vuel­
ficas como, por ejemplo, los estudios sobre la ta de página a la época de la dominación
estratificación y movilidad social de Pitirirn imperial hispánica. En palabras de Echeverría
Sorokin, la sociología del conocimiento y los “política, filosofia, religión, arte, ciencia, in­
desarrollos de Karl Mannheirn, entre otros. dustria: toda labor inteligente y material debe­
Más adelante se tratará brevemente el de­ rá encaminarse al imperio de la democracia”.
sarrollo de la Ciencia Política, baste aquí seña­ Asociación, progreso, fraternidad, igualdad, li­
lar un campo de superposición con una rama bertad eran algunos principios que debían
de la sociología: la sociología política. Entre sustentar a una República en clave de demo­
Ciencia Política y Sociología Política existe cracia y libertad. Sarmiento -para algtmos el
probablemente algo más que vasos comuni­ primer sociólogo argentino—, en su Facundo,
cantes y temáticas comunes, hasta el punto de abrió inagotables surcos de reflexión sobre la
confundirse, no pocas veces, sus perspectivas y vida social, las costumbres y los comporta­
el resultado de sus hallazgos. Así, por ejemplo, mientos de una dicotomía magistralmente re­
los llamados “teóricos de las elites” -Gaetano sumida en un dilema: civilización o barbarie.
Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels— po­ En su prosa profunda, la geografia demarcaba
LAS CIENCIAS SOCIALES

la organización política y delineaba caracteres


y humanidades, allí el campo y la ciudad y sus
resultados políticos y sociales. Bajo su pluma
aparecieron una serie de personajes que eran
una muestra quizás inacabada de un rosario
de caracteres que pretendían ser objetivados:
el rastreador, el baqueano, el gaucho malo, el
cantor, el compadrito, el juez desalmado, etc.
Y, por cierto, el caudillo. La profusa literatura
social, jurídica y política de Alberdi dejó su
mejor impronta en un texto clásico de la Re­
pública: sus Bases y puntos de partida. Si, se­
gún algunos, Sarmiento fue un sociólogo
avant la lettre, no sería aventurado sostener
que Alberdi fue una suerte de “politólogo” de
su tiempo. Diseñó instituciones a conciencia
plena de que lo suyo excedía sobradamente la
mera yuxtaposición jurídica de un ejercicio
rutinario de derecho comparado. Propuso una
constitución como programa económico, ha­
bló de “transiciones”, puso en justo equilibrio l Alfredo Poviña.
las posibilidades de la trama legal en conso­
nancia con la materia social existente y los re­ una gelatinosa e inarticulada población, aleja­
cursos disponibles. Especial consideración da, todavía, de la más compleja trama civil que
merece su metodología institucional, que bajo daría forma a la ciudadanía.
el recurso instrumental de las transacciones y La reflexión social y política del siglo XIX
las transiciones apostaba por una república representada, entre otros, por los autores clá­
posible (la verdadera vendría luego), un fede­ sicos aludidos, con el tiempo, consolidará sus
ralismo-unítario (para equilibrar las dos tra­ ideas, contenidos y nuevos espacios institucio­
diciones antagónicas) y un rey con nombre de nales. Fue así que la Sociología académica
presidente (entre el Monarca del Ancien Régi­ —como señala Iuan C. Agulla- se va introdu­
me y el presidente democrático que se poster­ ciendo con los inicios del siglo XX y se va a
gaba). Instituciones que consideraba apropia­ instalar en las cátedras de algtmas universida­
das para una sociedad todavía inadecuada des del país, en las facultades de derecho o fi­
para manejarse dentro de los parámetros del losofía. La primera cátedra de Sociología se
self-government. El diseño institucional tenía crea en la Facultad de Filosofía y Letras de la
como materia prima una sociedad en forma­ Universidad de Buenos Aires en 1898, y se de­
ción y, paradójicamente en lo que hacía a su signa interinamente al profesor Antonio
inspiración liberal, daba al gobierno mayor Dellepiane, quien dicta su primero y único
fortaleza para compensar las debilidades de curso en 1899. En 1904, Ernesto Quesada es
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

designado profesor titular de Sociología y dic­ Europa del siglo XIX y de la historia, la psico­
ta su primer curso en 1905. Dos años más tar­ logía y la filosofía de la cultura, como también
de, en la Facultad de Derecho y Ciencias So­ las nuevas ideas que se iban produciendo. En­
ciales de la Universidad de Córdoba, se crea la tre estos pensadores cabe citar, por ejemplo, a
primera cátedra de Sociología y es designado Comte, Spencer, Durkheirn, Weber, Sirnmel,
el profesor Isidoro Ruiz Moreno, al año si­ Tarde, Toennies, Sombart y, también, las refe­
guiente es nombrado como profesor titular rencias a Le Bon, Spengler, Dilthey, Bergson,
Enrique Martínez Paz. La primera cátedra de Scheler, Ortega y Gasset, etc. Como represen­
Sociología en la Facultad de Derecho y Cien­ tantes de esta sociología cabe mencionar, entre
cias Sociales de la Universidad de Buenos Ai­ otros, los siguientes autores y algunos de sus
res se crea en 1908 y su titular fue Iuan Agus­ textos: Enrique Martínez Paz, Elementos de So­
tín García, quien también se hace cargo de la ciología (1911); Raúl. A. Orgaz, Estudios de So­
cátedra que se crea, en 1912, en la Facultad de ciología (1915), Principios de Sociología (1933);
Filosofia y Humanidades de la Universidad A. Poviña, Notas de Sociología (1935); Historia
Nacional de La Plata. En los años posteriores de la Sociología Latinoamericana (1941); Curso
se abrirían otras cátedras de sociología en dis­ de Sociología (1950), etc. Autores como Orgaz
tintas facultades y universidades del país. Y en y Poviña, especialmente, tuvieron una muy ex­
1940, Ricardo Levene creaba el primer Institu­ tensa producción académica y una actuación
to de Sociología en la Facultad de Filosofía y institucional destacada. Por cierto a la lista po­
Letras de la Universidad de Buenos Aires. Dos drían agregarse muchos otros autores relevan­
años después aparecía su primera publicación: tes como Emesto Quesada, quien publica, en­
el “Boletín de Sociología”. Levene —profesor ti­ tre otros trabajos, La Sociología: carácter
tular de Sociología, desde 1922, en la Facultad científico de su enseñanza (1905); Las doctrinas
de Filosofía y Letras de la Universidad de Bue­ presociológicas (1905); H. Spencer y sus doctri­
nos Aires- aportaba también estudios relati­ nas sociológicas (1907); A. Comte y sus doctri­
vos a la disciplina, entre otros, Notas sobre la nas sociológicas (1910); La evolución social de la
Escuela sociológica de Durkheim (1929) y su República Argentina (191 l); La Sociología rela­
Historia de las ideas sociales argentinas (1947). tivista spengleriana (1921), etcétera.
Este profesor de Sociología es —siguiendo Más allá de esta sociología enciclopédica y
el análisis de Iuan Carlos Agulla- una suerte de receptora de las ideas irnperantes en los países
“intelectual” formado en otra disciplina, que más desarrollados existieron estudios de carác­
ejerce su profesión liberal y en forma comple­ ter más empírico que pretendieron describir y
mentaria dicta su cátedra. Esta sociología re­ analizar socialmente al país. A comienzos del
cepta la obra de los autores europeos y va a siglo XX se realizaba un estudio sobre las clases
considerar sus contenidos como“leyes socioló­ obreras y la situación social, que constituía un
gicas" que se aplican automáticamente a la re­ verdadero estudio sociológico en busca del da­
gión y al país. Así aparecen en las primeras dé­ to empírico. Bajo la segtmda presidencia de Iu­
cadas textos de introducción a la Sociología o lio A. Roca, el entonces ministro del Interior
Principios de Sociología, que intentan sistema­ Joaquín V. González encargaba a Iuan Bialet
tizar los autores relevantes de la disciplina en la Massé el referido estudio. En el informe de Bia­
LAS CIENCIAS SOCIALES

let Massé, El estado de las clases obreras argenti­ ción de “las orientaciones teóricas y metodoló­
nas a principios de siglo (1904), se analizaba la gicas contemporáneas”. Hacia los años ciri­
situación de los obreros en distintas provin­ cuenta comienza, entonces, otra experiencia: la
cias, los indígenas, la inmigración, el trabajo de llamada Sociología científica. En realidad, el
la mujer y los niños, entre otros temas. Un no­ corte entre distintas etapas, estilos y momentos
table trabajo de historia social fue el de Juan de la sociología no fue tan abrupto. Tampoco
Agustín García, La Ciudad Indiana: Buenos Ai­ debe entenderse que lo producido antes no fue­
res desde 1600 hasta mediados del siglo XVII ra científico sino que la producción de conoci­
(1900), donde se estudiaban las campañas; la miento se sometía a reglas y métodos propios
vida familiar, comercial y administrativa de la de los estudios de cada época. Así fue que, en­
ciudad; la Iglesia; etc. El lector menos atento tonces, esta nueva etapa se caracterizó por un
descubriría en algunas conclusiones de García estilo y contenido distinto a la anterior. Se crea­
una radiografía demasiado semejante a la Ar­ ron en las universidades institutos o departa­
gentina de finales del siglo XX. Poco tiempo mentos de Sociología —o centros de investiga­
antes, García había publicado otra importante ciones sociológicas—, se receptaron las teorías
obra, su Introducción al estudio de las Ciencias empírico-sistemáticas -principalmente de los
Sociales (1899). Décadas más tarde, Alejandro Estados Unidos- y se desarrolló el perfil del so­
Bunge, en Una Nueva Argentina (1940), elabo­ ciólogo investigador. La Sociología aquí no só­
raba un trabajo de pretensión científica donde lo intentaba describir la realidad sino también
abordaba distintos aspectos de la Argentina so­ explicarla recurriendo a un bagaje teórico más
cial: la cuestión racial, la natalidad y la morta­ sistematízado y a metodologías que ponían en
lidad, la política poblacional, el desequilibrio el centro la obtención de datos a través de dis­
económico del “país abanico", el problema so­ tintos instrumentos. De acuerdo con Germani,
cial de la tierra y de la vivienda, las nuevas for­ el paso de la sociología tradicional a la sociolo­
mas sociales, la educación, etc. Convivieron, gía modema fue el paso de los estudios filosó­
así, la sociología de “cátedra” y sus leyes socio­ ficos a la investigación empírica. Pero esta so­
lógicas pretendidamente universales, estudios ciología moderna no era totalmente “aséptica”,
sociales que indagaban realidades nacionales y pues distinguía entre una derecha y una iz­
un ensayismo del cual se escribirá más adelan­ quierda representadas, principalmente, por las
te. Mientras tanto, estaba gerrninando una so­ llamadas “sociología norteamericana" y “socio­
ciología distinta. logía marxista”.
Algunos organismos internacionales vin­
culados con el tema del desarrollo favorecen es­
LA SOCIOLOGÍA CIENTÍFICA ta tendenda de cientificidad y aquí cabe citar el
importante papel de la CEPAL y la actuación
Germani distinguía distintas etapas por las central que en ella tuvo Raúl Prebisch. Así, la
cuales había transitado la Sociología. La prirne­ sociología de la modernización y la teoría del
ra era la positivista, luego le continuó la irracio­ desarrollo ocuparon un espacio singular en la
nalista antipositivista y, por último, la de su literatura de la región. La tarea de los sociólo­
propio tiempo, caracterizada por la incorpora­ gos se centró en los aspectos sociales del desa­
LA DIMENSION CIENTIFICA Y CULTURAL

rrollo en los procesos de planificación que se tos de las teorías en boga. La sociología adqui­
diseñaban en América latina. Era el momento rió estatus científico y la tarea del sociólogo se
del auge de las teorías de la modernización que profesionalizó. Por otra parte, la sociología
oponían como polos en una suerte de dicoto­ académica continuó su estilo y contenido en
mía a la sociedad tradicional versus la sociedad las cátedras de las facultades de derecho, prin­
modema. Desde esta teoría se aislaban los fac­ cipalmente. En forma lateral, otro tipo de so­
tores de resistencia al cambio vinculados al ciología también aportaba lo suyo a través del
modelo de sociedad tradicional y los elementos género del ensayo.
que estimulaban y favorecían el paso hacia la
sociedad modema. El punto de llegada por
cierto estaba dado segím los patrones de las so­ FIGURA Y APORTES DE GINo GERMANI
ciedades más avanzadas, pudiendo establecerse
como una serie de etapas en el desarrollo y se­ Germani había nacido en Roma en l9ll y
gún un proceso de tipo lineal. la sociología del emigrado de la Italia fascista en 1934 a la Ar­
desarrollo en América latina contó con gran gentina. Fue el representante más significativo
cantidad de estudios y especialistas de actua­ de la institucionalización de la sociología cien­
ción regional, por ejemplo, José Medina Echa­ tífica en el país. Estudió en la Facultad de Filo­
varría -tarnbién funcionario de la CEPAL-, sofia y Letras de la Universidad de Buenos Ai­
quien publicó, entre otras obras, Consideracio­ res y en 1957 fundó la primera carrera de
nes sociológicas sobre el desarrollo económico Sociología en tal universidad, fue director del
(1964). Los debates y discusiones se llevaron a Instituto de Sociología y organizó el Depar­
cabo en seminarios y congresos donde también tamento de Sociología. En 1966 emigró a los
aparecían las perspectivas de la llamada “teoría Estados Unidos y ejerció la docencia, durante
de la dependencia”, que agregaba una mirada diez años, en la Universidad de Harvard y, fi­
diferente al problema del subdesarrollo lati­ nalmente, transcurrió sus últimos años de
noamericano. Así, en un seminario organizado existencia en Italia. La obra de Germani fue
por el Centro Latinoamericano de Investiga­ notable, tanto en lo referido a la instituciona­
ciones en Ciencias Sociales —UNESCO— sobre lización científica de la Sociología como en sus
sociología del desarrollo, realizado en Río de aportes a la disciplina, que trascendieron el te­
Janeiro en 1968, Fernando Henrique Cardozo y rritorio argentino.
Enzo Faletto expusieron sus teorías acerca del Entre los estudios de Germani se destaca
desarrollo y la dependencia en América latina. su Estructura social de Ia Argentina (1955),
En el mismo seminario presentaban ponencias donde realiza un análisis empírico sobre la so­
investigadores de distintos países latinoarneri­ ciedad argentina utilizando la rigurosidad de
canos y europeos, entre otros, Manuel Mora y la metodología científica. Otra obra relevante
Araujo, Oscar Cornblit, Gomucio Granier, Bo­ fue Política y sociedad en épocas de transición
livar Lamounier, José Luis Reyna, Peter Heintz, (1962), en la cual se opone la sociedad tradi­
Torcuato Di Tella, etcétera. cional versus la sociedad moderna. Germani
Los resultados de esta sociología fueron se interna en el análisis de la estructura social
muy positivos más allá del acierto o desacier­ y el cambio desde la concepción de la unidad
LAS CIENCIAS SOCIALES

países de la región. También trata la proble­


mática de la transición específicamente en la
Argentina recorriendo el papel de la inmigra­
ción masiva y la modernización del país. Su
análisis de la transición política, en la Argenti­
na, presta atención al pasaje desde el fin de la
democracia limitada hasta la participación
política de las clases medias y, luego, de las
masas obreras. Especial interés resulta de sus
enfoques sobre el peronismo, reubicándolo
como un régimen “nacional-popular”. Sus
perspectivas sobre la movilización social, las
masas obreras y el peronismo alirnentaron fe­
cundos debates entre investigadores naciona­
les y extranjeros, aún hoy abiertos.
Como es sabido, Germani le dio vida a una
etapa singular del Instituto de Sociología. Ha­
cia 1958, en este centro se desarrollaban los
siguientes temas de investigación: “Efectos so­
ciales de la urbanización y la industrializa­
l Gino Gennani. ción”; “Estratificación y movilidad social en
Buenos Aires”; “Estratificación social en la Ar­
del mundo sociocultural que distingue las es­ gentina”; “Actitudes de las madres de diferen­
feras y niveles de la personalidad, la sociedad y tes clases sociales hacia la educación temprana
la cultura, siguiendo aquí la impronta dejada de los niños”; “Causas de abandono del estu­
por Talcott Parsons. Los conceptos de integra­ diante de la universidad”.
ción y anomia jugarán un papel importante
para describir los efectos de la dinámica del
cambio estructural. El proceso de cambio es LA PRODUCCION SOCIOLOGICA

visto por Germani como una transición desde Y sus AUTORES


los atributos de la sociedad tradicional —está­
tica e integrada- a una sociedad urbana, alta­ Otros investigadores se van sumando a la
mente diferenciada, con un elevado grado de tarea de Germani de ir engrosando los estu­
movilidad social vertical y horizontal, con de­ dios sociológicos en la Argentina, a través de
sajustes y un relativo grado de anomia. En Po­ un recorrido intelectual bastante similar: la
lítica y sociedad Germani realiza, entre otros formación de grado en una disciplina y el pos­
desarrollos, un útil análisis en torno de las grado en Sociología -o Ciencias Sociales- en
transiciones. Su modelo de las seis etapas en la universidades del exterior. Torcuato Di Tella
transición en América latina sirve aún para -ingeniero- realizó una Maestría en Sociolo­
encuadrar el desarrollo político y social de los gía en la Universidad de Columbia y estudios 19
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

de doctorado en la London School of Econo­ tudio que incursiona en la teoría de las elites y
mics and Political Science. En 1958, ya en la que analiza -de un modo no realizado hasta
Argentina, se incorporó al Departamento de entonces- quiénes fueron los que gobernaron
Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras la Argentina. Así recorre las carreras políticas y
y comenzó a colaborar con Germani y otros la formación de los presidentes, los gabinetes,
jóvenes investigadores. En el mismo año par­ los factores de poder —por ejemplo, la Iglesia y
ticipó en la Fundación del Instituto Di Tella las Fuerzas Armadas- y da, como otros soció­
que inauguró el Centro de Sociología Compa­ logos, su propia perspectiva sobre el futuro de
rada, dirigido por Germani. Di Tella, entre la clase política y dirigente del país.
muchos otros trabajos, publica El sistema polí­ Juan Carlos Agulla, abogado por la Uni­
tico argentino y la clase obrera (1964), donde versidad de Buenos Aires, se formó en las uni­
plantea una actitud de cooperación con el pe­ versidades de Munich y de Madrid, donde ob­
ronismo de las fuerzas progresistas. Ofrece tuvo sus doctorados. De vuelta a la Argentina
una perspectiva muy comprensiva de los mo­ trabajó en la Universidad de Córdoba y, luego
vimientos nacional-populares interpretando de 1976, continuó su labor de investigación en
que implican una suerte de representación pe­ Buenos Aires. Agulla tuvo una extensa pro­
culiar en los países latinoamericanos. Di Tella ducción que abarca la sociología de la educa­
desarrolla sus análisis sociales y políticos des­ ción, la teoría sociológica, la sociología políti­
de una mirada comparativa con el resto de los ca, y temáticas diversas, desde análisis sobre la
países latinoamericanos, situación poco fre­ estructura social hasta el desarrollo de teorías
cuente en el desarrollo de las Ciencias Sociales sobre las regiones y las generaciones. Especial­
en la Argentina. mente útiles y dignos de mención son sus es­
José Luis de Imaz, licenciado en Ciencias tudios acerca del desarrollo de la sociología en
Políticas por la Universidad del Litoral y doc­ la Argentina y la evolución de las ideas y las
tor en Derecho y Ciencias Sociales por la Uni­ ideologías políticas y sociales en el país. Sobre
versidad de Buenos Aires, realizó su forma­ teoría de las elites publicó Eclipse de una aris­
ción sociológica en el Departamento de tocracia (1968), que constituyó un análisis de
Sociología dirigido por Germani. A partir de la elite o clase alta de la sociedad de Córdoba.
1959 fue miembro del CONICET y desde los A sus trabajos sobre educación y, fundamen­
años sesenta tuvo como sede de trabajo la talmente, su aporte a la sistematización de la
Universidad Católica Argentina. Imaz realizó tradición y la teoría sociológica de los autores
investigaciones sobre sociología política, so­ clásicos sumó estudios sobre el desarrollo de
ciología de la cultura, teoría sociológica y te­ la disciplina en el país, que constituyen una
mas como el análisis de la estructura social o fuente ineludible para entender las distintas
la familia. Un aspecto importante —que em­ etapas de la sociología en la Argentina. Asi­
palma con el estatus científico de la socio­ mismo, Agulla realizó contribuciones útiles y
logía— es su persistencia en la necesidad de valiosas para comprender las variables socio­
recurrir y buscar los “datos” como material lógicas aplicadas a la Argentina en las temáti­
empírico de sus investigaciones. Un trabajo de cas de regiones y población, estratificación
20 cita ineludible es Los que mandan (1964), es­ social, elites e ideologías.
LAS CIENCIAS SOCIALES

Iosé Enrique Miguens, abogado y doctor En realidad, antes, durante y después de


en Derecho y Ciencias Sociales de la Universi­ Germani se fue desarrollando una produc­
dad de Buenos Aires y con estudios de posgra­ ción sociológica considerable. Una lista de
do en sociología en la Universidad de Har­ autores y temas encontraría, entre otros y a
vard, fue el fundador del Departamento de mero efecto ilustrativo, a Jacinto Oddone y su
Sociología de la Universidad Católica Argenti­ análisis sobre La burguesía terrateniente ar­
na. Miguens publicó numerosos trabajos en gentina (1930); a Sergio Bagú y su Evolución
variadas temáticas en sociología y política, en­ histórica de la estratificación social en la Argen­
tre otros, La otra versión: mitos, magza e ilusión tina (1969); a Norberto Rodríguez Bustamen­
revolucionaria (1978) donde se analizaba la te y sus estudios sobre G. Simmel, I. S. Mill, y
irracionalidad, la magia y el simbolismo en la La sociología en la realidad latinoamericana; el
vida política y Los neofascismos en la Argentina caso de Argentina (1979); a Francisco Suárez y
( 1983), texto que realizaba un recorrido críti­ sus trabajos La formación profesional en con­
co acerca de distintas ideologías, creencias y textos transicionales (1967); La política cientí­
prácticas políticas. fica (1971); Los economistas argentinos (1972);
Francis Korn se formó en el Departamen­ La organización técnica (1978), a Iuan Marsal
to de Sociología de la Universidad de Buenos y su Cambio social en América latina (1967) y
Aires, entre 1958 y 1961, bajo la dirección de una serie de investigaciones sobre intelectua­
Germani y luego realizó su doctorado en la les y ensayistas en la Argentina y América la­
Universidad de Ofiord. Realizó importantes tina. Desde el pensamiento de izquierda, Iosé
contribuciones en el campo de la metodología Aricó fue un estudioso de las ideas de Anto­
y epistemología de las ciencias sociales, en la nio Gramsci y de otros autores del marxismo
crítica al estructuralismo de Lévi-Strauss y en heterodoxo. Sus publicaciones aparecieron en
la historia social de la ciudad de Buenos Aires, la revista Pasado y Presente y, en los ochenta
entre 1895 y 1930. Así, cabe citar entre sus en La Ciudad Futura, cabe destacar sus libros
obras, Elementary Structures Reconsidered: Mariátegui y los orígenes del marxismo lati­
Levi-Strauss on Kinship (1973) publicado en noamericano (1979) y Marx y América latina
Londres y California y Buenos Aires: los hués­ (1980).
pedes del 20 (1974); y, como compiladora, Los trabajos y temáticas desarrollados por
Ciencias Sociales: Palabras y conjeturas (1978). los sociólogos aparecieron, muchas veces, en
Francisco Delich, abogado y doctor en Dere­ volúmenes colectivos que aunaban perspecti­
cho y Ciencias Sociales por la Universidad Na­ vas de historia, economía y política. Por
cional de Córdoba, realizó estudios en socio­ ejemplo, en una compilación de Torcuato Di
logia en la Escuela de Altos Estudios, París. En Tella y Tulio Halperín Donghi, Los fragmentos
la Argentina fue secretario ejecutivo de del poder (1968), Oscar Cornblít y Francis
CLACSO —centro que se tratará más adelan­ Korn analiza respectivamente la inmigración
te-, fundador y director de la revista Crítica y y el empresariado, y la asimilación de los in­
Utopía y publicó Crisis y protesta social (1972) migrantes.
y Crítica y autocrítica de la razón extraviado En cuanto a la sociología política cabría
(1977). mencionar, además y entre otros trabajos, los 21
LA DIMENSION CIENTIFICA Y CULTURAL

producidos hacia mediados y fines de los se­ vestigaciones en psicología cognitiva, mantu­
senta por José Nun, en torno de la crisis de he­ vo una insistente prédica y defensa de los as­
gemonía y el golpismo militar; el de Miguel pectos lógico-normativos en el campo de la
Murmis y Iuan Carlos Portantiero, Estudios metodología en las Ciencias Sociales. Otra te­
sobre los orígenes del peronismo (1971), investi­ mática abordada por los sociólogos fue la del
gación que enriqueció las perspectivas y los sindicalismo, el movimiento obrero y el mun­
debates en torno del fenómeno del peronismo do del trabajo. Iuan Carlos Torre produjo in­
y, también en relación con este movimiento vestigaciones significativas -por ejemplo, Los
político, las investigaciones de Ricardo Sidica­ sindicatos en el gobierno (l983)— en relación
ro sobre peronismo y clase obrera. con la democracia sindical en la Argentina, el
Junto a la producción teórica de las líneas poder sindical, el movimiento obrero y el pe­
mencionadas se desarrollaron algunas áreas de ronismo. Rubén Zorrilla analizó la estructura,
sociología aplicada en relación con sectores la dinámica y el liderazgo sindical argentino.
específicos de la sociedad. Así, por ejemplo, en Irene Vasilachis de Gialdino focalizó sus in­
sociología militar Benjamín Rattembach pu­ vestigaciones en el área del derecho y la socio­
blica Sociología militar. Contribución a su estu­ logía del trabajo. Otros sociólogos investiga­
dio (1958), I. Ochoa de Eguileor y Virgilio Bel­ ron sobre distintas áreas, por ejemplo y a sólo
trán, Las Fuerzas Armadas hablan (1968). En el efecto ilustrativo, Florial Forni, sociología ru­
campo de la Sociología del Derecho, también ral; Juan I. Llovet, sociología de la salud; Cata­
se van acumulando trabajos como los de Al­ lina Wainerman y Ana M. García de Fanelli,
fredo Ves Losada, El derecho como experiencia sociología de la mujer.
(1961); Victor Irurzun, Un ensayo sobre la con­ La producción sociológica y la tarea de los
ducta desviada (1964) y Sociedad y Derecho sociólogos se llevó a cabo en distintas universi­
(1966). Pedro David —desde la sociología cri­ dades, instituciones y centros de investigación.
minal—, Marcelo Aftalión y Felipe Fucito son Más adelante se mencionarán algtmos de estos
otros autores que producen obras en el terre­ centros donde se desarrolló la investigación en
no de la sociología del derecho. Los trabajos Ciencias Sociales, especialmente en los campos
de estos autores tuvieron amplia repercusión de la Sociología y de la Ciencia Política.
en la materia “Sociología” de los programas de
abogacía de las distintas universidades.
En cuanto a la metodología de la investi­ EL ENSAYO SOCIOLÓGICO

gación en Ciencias Sociales, a partir de los o LA “PARAsocIoLoGIA”


años sesenta realizan importantes contribu­
ciones, entre otros sociólogos, Francis Korn, El ensayista ha sido visto como una suerte
Manuel Mora y Araujo, Catalina Wainerman, de “intelectual”, aunque bajo este término se
etc. Gregorio Klirnovsky también tuvo una in­ incluye tanto a los profesores universitarios,
tensa actividad e influencia desplegadas en cuanto a periodistas, artistas e ideólogos. En
congresos, seminarios y jornadas. IGimovsky, relación con el intelectual —como apunta Juan
si bien fue un entusiasta analista de las visio­ Marsal- han existido distintas posiciones.
22 nes introducidas por el psicoanálisis y las in­ Desde el marxismo se los ha vinculado, no po­
LAS CIENCIAS SOCIALES

cas veces, como apéndices de la oligarquía o la En los años treinta aparecieron ensayos y
burguesía y desde posiciones nacionalistas co­ obras que configuraron auténticas aventuras
mo “intelligentzia” liberal o marxista ajena a ontológicas sobre el habitante nacional. Existía
las posiciones nacionales. Otra tendencia ha una suerte de necesidad de definir los produc­
señalado que los intelectuales están más allá tos de la vida social de las últimas décadas, sus
de las cuestiones clasistas y de poder y repre­ perfiles externos e interioridades. En 1930
sentan la verdadera conciencia de una socie­ Raúl Scalabrini Ortiz publicaba El hombre que
dad. Lo cierto es que, desde el estilo literario está solo y espera, un intento de construcción
del ensayo, algunos autores trataron cuestio­ arquetípica que daba soplo de vida al “Hombre
nes relativas a la sociología sin pretender ha­ de Corrientes y Esmeralda”. Un poco más tar­
cerlo en forma científica -o recurriendo al de, Ezequiel Martínez Estrada daba luz una
“método científico”-, pero sí intentando ex­ memorable y siempre vigente obra, su Radio­
plicar la realidad política y social. Así se des­ grafia de la Pampa (1933). Martínez Estrada
cribían e interpretaban comportamientos so­ repasaba viejos personajes y agregaba el listado
ciales desde una perspectiva sociológica -o de nuevos caracteres. Desfilaban, entre otros, el
social- que se combinaba con enfoques, según compadre, el gaucho, el caudillo, el guarango,
los casos, históricos, psicológicos y políticos. etc. Y, también, el político, cuyo papel era ha­
Estos ensayos tuvieron, no pocas veces, gran blar del porvenir con la seguridad de un profe­
difusión entre el público no especializado y ta, transmitiendo fe, empleando frases abstrac­
cumplieron distintas funciones, desde apoyar tas, pero sin arriesgar nada en el fondo. El
la actitud y el comportamiento político hasta párrafo final de su Radiografía constituye una
pretender explicar las raíces sociales de la rea­ vuelta de tuerca —¿final?- al fértil planteo de
lidad del país. Sarmiento y desde una suerte de temprana
Precediendo o conviviendo con la “socio­ aplicación de la fórmula psicoanalítica: recu­
logía académica” y antes en el tiempo de la perar lo que está en la región de la penumbra y
instauración de la “científica”, desde una suer­ aún perturba. Señala en su Radíografia. ..: “Lo
te de parasociología positivista cabría citar, que Sarmiento no vio es que civilización y bar­
entre otros, a Iosé María Ramos Mejía, Las barie eran una misma cosa, como fuerzas cen­
multitudes argentinas (1899), Agustín Álvarez, trífugas y centrípetas de un sistema en equili­
South America y a Carlos Octavio Bunge, brio". Como tantos otros, también acometió la
Nuestra América (1918). Ramos Mejía incur­ atrapante tarea de sumergirse en la “cuestión
sionaba en la psicología social, siguiendo las Buenos Aires” y produjo la obra La cabeza de
observaciones de Le Bon, como lo haría más Goliat (1940 ). Martínez Estrada fue un autor
tarde el propio Freud. Álvarez exploraba el pa­ singular que combinó la profundidad del pen­
sado y la influencia de las razas para explicar samiento con la estética de la palabra. El perfil
las causas de la política criolla, desde un opti­ del intelectual y el del artista se unieron en una
mismo propio del positivismo de principios extraña alquimia que fue no pocas veces in­
de siglo. A la lista podrían agregarse también comprendida y que, lejos de resultar contra­
los trabajos de José Ingenieros, por ejemplo su dictoria, dio resultados notables para la inago­
Sociología argentina ( 1908). 23
table tarea de repensar la Argentina.
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

estaban, dinámicamente, la inmigración no de­


seada, las clases medias en formación —y su
posterior pauperización-, el cabecita negra, el
obreraje, y los “mixtos” resultantes.
Desde la izquierda, se lanzaba también
una crítica que apuntaba a ciertos sectores so­
ciales en vinculación a una concepción de
identidad nacional. En 1963, Iuan José Her­
nández Arregui intentaba definir ¿Qué es el
ser nacional? Y así desgranaba los factores que
conformaban la “conciencia histórica de Ibe­
roamérica” y en su definición se incluía la his­
toria, las tradiciones, la lucha de ciertas clases
del pueblo contra el imperialismo. Caminos
paralelos recorrieron, desde la historia y la mi­
litancia, otros ensayistas como Iorge Abelardo
Ramos y Rodolfo Puiggrós.
Otro ensayista singular fue Iuan Iosé Sebre­
l Ezequiel Martínez Estrada. li. Polémico y desde posiciones de una izquier­
da heterodoxa que recurría a Hegel, Marx y la
Desde la “sociología del estaño” —como escuela de Frankfurt supo suscitar el interés del
acostumbraba decir—, Arturo Iauretche, en su gran público. Análisis sociológicos sobre la vida
obra EI medio pelo, trataba con humor, polémi­ cotidiana fueron los ejes de sus trabajos, entre
ca y mordacidad las perspectivas entrecruzadas otros, Buenos Aires: vida cotidiana y alineación
de política, sociedad y cultura. El autor analiza­ (1964) y Mar del Plata: el ocio represivo (1970);
ba las clases sociales y sus responsabilidades Fútbol y masa (1981). En relación con la políti­
históricas, en los distintos períodos de la Ar­ ca su obra Los deseos imaginarios del peronismo
gentina. Reivindicando el “pensamiento nacio­ (1983) incursionó en el complejo tema sobre la
nal” criticaba la “miopía” de los "profetas del li­ naturaleza del régimen peronista, al cual en al­
brecambio", los fracasos de la generación del gún momento había apoyado para desmarcar­
ochenta, la incomprensión ante los movimien­ se luego, como lo hizo también de distintas ex­
tos nacionales y populares, el desarraigo de la presiones de la izquierda.
clase alta y las paradojas de una burguesía que
no acertaba en convertirse en “nacional”. Todo
ello matizado con notables descripciones y pin­ EL CONTEXTO SOCIAL Y ms CIENCIAS

turas sociales, que enfatizaban escisiones fun­ SOCIALES

damentales y grupos que no encajaban ni cua­


jaban en la estática lectura que había realizado Toda tarea intelectual se enmarca dentro
una “intelligentzia” que se reproducía con dis­ de un campo general de ideas propias de la
24 época y de contextos que son reflejo o contra­
tintos nombres a través de las generaciones. Allí
LAS CIENCIAS SOCIALES

punto de sucesos políticos y sociales. Así, el das. Esta posición, si bien contó con el bene­
tránsito de las Ciencias Sociales convivió con plácito de una sociedad política y civil que pa­
épocas de progreso y prosperidad y, también, recía confiar en el progreso que vendría de la
con períodos de rupturas sociales y convulsio­ mano del saber científico, también desconfia­
nes institucionales ba de la tarea poco conocida —y un tanto sos­
Este contexto social debe tenerse en cuen­ pechosa- de los investigadores sociales
ta pues condicionó o influyó en la estructura y En los sesenta, el clima de ideas generales y
la dinámica de las Ciencias Sociales sea en los propios hechos que acontecían en la
cuanto al auge o declinación de determinados Argentina provocaron que esta línea de inves­
espacios institucionales, los temas de investi­ tigación perdiera el prestigio que había obte­
gación, las carreras académicas y el modo de nido en sus primeros años. Desde la interpela­
ejercer la tarea científica. Pero aquí no se brin­ ción del marxismo o las visiones populistas se
da una mera historia de contextos sino una re­ reclamaba un compromiso al cientista social
construcción de los rastros concretos de los que poco se compadecía con las investigacio­
diferentes trazos y registros de un camino que nes puntuales de determinadas problemáticas
no fue lineal y que tuvo distintas expresiones. sociales. El papel incrementado del pensa­
En el pensamiento político, por ejemplo, miento marxista en los claustros, los reflejos
liberalismo y nacionalismo libraron batallas de la Revolución Cubana, el conflicto latente
que produjeron escisiones en un terreno que que implica la “cuestión peronista” y los avata­
se complejizó con las distinciones -muchas res que sufría el cada vez más debilitado go­
veces difusas- entre derecha e izquierda, don­ bierno de Arturo Frondizi iniciarían un viraje
de se fueron acoplando, además, las vertientes hacia posiciones más “comprometidas”. Era
socialistas, populistas -de uno y otro signo— y una época en que las Ciencias Sociales, en
marxistas. En el campo académico es conoci­ América latina -y en casi todo el mundo- en­
da la disputa entre positivismo y antipositivis­ tendían que su papel era la transformación
mo; conviene, entonces, detenerse mínima­ más o menos radical de las estructuras políti­
mente en el contexto existente en el momento cas y sociales. Fue así que ciencia y política pa­
de la emergencia de la Sociología científica. recieron confundirse y con el advenimiento
Hacia 1957 —como señala Sidicaro- y a dos del régimen militar la convergencia se profun­
años del fin de la era peronista existe en la Ar­ dizó. La tarea de no pocos cientistas sociales se
gentina un clima proclive al advenimiento del politizó y gran parte de la producción acadé­
conocimiento social como producción de una mica se ideologizó. Las Ciencias Sociales se ti­
actividad científica. Es una época de auge de la ñeron de perspectivas que intentaron enfocar
sociología norteamericana y de apogeo del es­ el “gran problema”, quitando atención a temá­
tructural-funcionalismo. La sociología que se ticas más puntuales y específicas de investiga­
instaura bajo el liderazgo de Germani —como ción. A veces, los trabajos constituyeron ver­
se ha señalado- pretende diferenciar su tarea siones aguadas o empobrecidas de la teoría de
del papel del intelectual o el ideólogo y tratar la dependencia y otras mero proselitismo en
los problemas sociales bajo el prisma del mé­ clave de lo que fue llamado —más allá de arn­
todo científico y de las teorías más desarrolla­ bigüedades e imprecisiones- populismo. 25
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

La retirada del gobiemo militar y el adve­ Antes, existían la reflexión y la filosofia política
nimiento del peronismo, en 1973, no habían sobre temáticas tales como la soberanía, el Es­
calmado las aguas. La turbulenta experiencia tado, el ordenamiento legal, el gobiemo, etc.
del peronismo culminó con una nueva ruptu­ Los trabajos se volcaban más hacia lo filosófico
ra institucional y con la instauración del régi­ y tenían una impronta especulativa, o bien ha­
men militar denominado “Proceso de Reorga­ cia lo jurídico y se acentuaba el deber ser. Si
nización Nacional”. En los dos períodos de bien, como señala Pasquino, cabría diferenciar
gobierno militar el contexto político y el clima entre la tradición anglosajona que prestaba ma­
social tampoco fue favorable para un trabajo yor atención a los procesos sociales, las prácti­
fecundo en las disciplinas sociales. Pérdida de cas y costumbres del common law y la tradición
puestos académicos, exilio, cuando no perse­ continental más volcada hacia el análisis de las
cuciones fueron las consecuencias que sufrió estructuras estatales y el derecho.
parte de la comunidad académica del país. Se­ En 1903 se crea la Asociación Americana
rá sólo en el marco del nuevo contexto demo­ de Ciencia Política en paralelo con la distin­
crático donde aparecerán las condiciones de ción de la Ciencia Política de otras disciplinas.
mayor tolerancia y pluralismo necesarias para Como nueva disciplina no se variaba demasia­
la libertad en que debe desenvolverse toda ac­ do en lo que habían sido los análisis previos
tividad de investigación. acerca de las estructuras estatales, la indaga­
Más allá de los diferentes contextos, la pro­ ción sobre el buen gobierno, la reflexión sobre
ducción académica ha tenido también cierta los textos de la filosofia política clásica y los es­
autonomía y no todo lo realizado ha obedeci­ tudios que focalizaban los mecanismos legales
do puntualmente a los vaivenes de los avatares y jurídicos del Estado y sus agencias. En las dé­
políticos. Lo señalado respecto de los contextos cadas posteriores existirá un reclamo de algu­
sociales fue también marco y telón de fondo nos sectores para introducir nuevas perspecti­
del desarrollo de una nueva disciplina. vas metodológicas -usadas en la Historia, la
Antropología, la Sociología, la Psicología y la
Economía- al estudio de lo político, pero este
LA CIENCIA POLÍTICA COMO NUEVA ímpetu coexistirá con el predominio de las
DISCIPLINA perspectivas clásicas. Como afirma Battle, será
recién en los años cuarenta cuando se opone a
El pensamiento político giró, al menos des­ la perspectiva filosófica y legalista, la preten­
de Aristóteles, en tomo de las preguntas acerca sión de una Ciencia Política bajo el imperio de
del poder, aunque sus objetos de estudio espe­ la perspectiva lógica, empírica y explicativa.
cífico hayan variado con el tiempo centrándo­ En los años cincuenta se instala la llamada
se, por ejemplo, en el Estado y el orden político “revolución conductista”, que pone el foco en
en general y , más tarde, en el proceso de emer­ el estudio de los comportamientos reales de
gencia, decadencia, sustitución y circulación de los actores políticos y sociales. Bajo la influen­
las clases dirigentes. Pero la Ciencia Política re­ cia de la Psicología y la Sociología importa sus
cien aparece como disciplina autónoma hacia métodos de acercamiento al objeto de estudio
26 principios del siglo XX, en los Estados Unidos. y recurre al arsenal de instrumentos disponi­
LAS CIENCIAS SOCIALES

bles en tales disciplinas. Se establece así una escuela de la rational choice o public choice). El
pretensión de mayor cientificidad al elaborar­ nuevo enfoque implicará, esta vez, la influencia
se hipótesis que deberán sortear la prueba de de la Economía en la Ciencia Política, a través
la contrastación empírica, dejando a un lado del uso de algtmas ideas y principios metodoló­
el discurso anterior, jurídico o moralista. El gicos propios del análisis económico aplicado al
nuevo camino dejó abierta la posibilidad de tratamiento de los fenómenos políücos. El pun­
una ciencia más cuantitativa que se enrique­ to de partida de esta escuela es el individualismo
ció, además, con esquemas conceptuales y metodológico y el supuesto de la racionalidad
modelos teóricos con pretensión explicativa individual. Los fenómenos políticos y sociales se
de los problemas de la investigación científica. explican a partir de los comportamientos de los
El centro del análisis de la disciplina se ubica­ individuos, y a éstos se los concibe como sujetos
ba en el sistema político, según David Easton racionales que maximizan sus acciones. En
“un sistema de interacciones, abstraídas de la otros términos, los individuos tienen a su dis­
totalidad de los comportamientos sociales, a posición una gama de altemativas y se supone
través de las cuales los valores se asignan de que elegirán aquella que les reporte mayor utili­
modo imperativo para una sociedad”. dad, satisfacción o beneficios. Por otra parte, la
No tardó en llegar la reacción, desde el la­ racionalidad individual no supone una suerte
do de los filósofos, advirtiendo que no todos de racionalidad colectiva y, en este sentido, se
los capítulos de la vida política y, fundamen­ destacan las contradicciones y paradojas entre el
talmente, los nuevos fenómenos emergentes comportamiento individual y el de grupo. Esta
de una dinámica cambiante —por ejemplo, el perspectiva se aleja de los lineamientos conduc­
tema de las minorías—, podían ser tratados con ústas y su influencia sociológica y ha focalizado
las reducidas herramientas teóricas y los co­ gran parte de sus estudios en las instituciones
nocidos instrumentos metodológicos del con­ políticas surgiendo una suerte de “neoinstitu­
ductismo. cionalismo”, disfinto de aquel que hundia sus
Hacia finales de los cincuenta, Gabriel Al­ raíces en el análisis jurídico. Esta escuela ha re­
mond y Bingham Powell criticaban los estu­ cibido también críticas que denotan que su su­
dios politológicos por su excesivo provincia­ puesto no es tan categórico como afirman sus
lismo, descriptivismo y formalismo. Estos cultores. Por otro lado, también se ha sustenta­
autores, como muchos otros, ubicarán a la po­ do que el “viejo institucionalismo” también tie­
lítica comparada en el centro de la metodolo­ ne un papel que jugar frente a los desarrollos del
gía y los contenidos de la Ciencia Política. Los “neoinstitucionalismo”.
estudios comparados de los sistemas políticos Otro campo de la Ciencia Política empíri­
y sus subsistemas (partidos, grupos de pre­ ca —de notable crecimiento hacia los ochenta­
sión, etc.), y de los procesos políticos ocupa­ es el análisis de las políticas públicas (public
rán, entonces, un lugar estelar en el avance del policies). Desde este enfoque -como observa
conocimiento y las nuevas investigaciones. Pasquino- se analizan los procesos de toma de
Otra escuela comenzará a tener cada vez decisiones, las estructuras institucionales y su
mayor predicamento, en los sesenta y los seten­ influencia sobre tales procesos, la identifica­
ta: la teoría de la elección racional (la llamada ción de los participantes, la conformación de 27
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

coaliciones, etc. El riesgo de esta vía de análi­ prefiguran el contorno de lo que irá definien­
sis podría ser la poca atención prestada a las dose como una disciplina diferente de la Socio­
motivaciones ideológicas y a los factores es­ loga, la Historia y el Derecho. En realidad, los
tructurales y, además, el más reducido poder estudios políticos estuvieron ligados a visiones
de generalización teórica. más históricas, filosóficas y jurídicas. En este
A lo largo de su historia, como bien señala sentido, la Ciencia Política en la Argentina re­
Almond, la Ciencia Política ha mostrado sus producía, a su manera, el recorrido que había
diferencias internas en, al menos, dos ejes: el tenido en el mundo más desarrollado.
ideológico y el metodológico. En relación con Fue así que la institucionalización de la
el primero, se ha distinguido entre una dere­ Ciencia Política se fue desarrollando a través
cha y una izquierda con sus distintos matices. de un entramado de universidades -públicas y
Respecto del segundo eje, ha existido un sec­ privadas- e instituciones y centros privados.
tor de metodología “blanda” y otro de meto­ En los años treinta —como apunta Arturo
dología “dura”. Un rasgo de las izquierdas -en Fernández-, la Facultad de Ciencias Económi­
sus distintas versiones, sean marxistas, socia­ cas de la Universidad del Litoral, con sede en
listas, dependentistas, de teoría crítica- ha si­ Rosario, creó la Carrera de Diplomacia, que
do su concepción acerca de una Ciencia Polí­ daría origen posteriormente a la de Relaciones
tica comprometida, donde teoría y praxis no Internacionales. Sobre esta experiencia se
pueden disociarse. Entre ambos ejes, también montaría la Carrera de Ciencia Política de la
se observan las combinaciones posibles: por Facultad de Derecho de la Universidad Nacio­
ejemplo, una izquierda dura que recurre a la nal de Rosario, en 1968. La Universidad de
cuantificación metodológica de sus hipótesis y Cuyo, a principios de los cincuenta, creó la Es­
una derecha dura para la cual las metodolo­ cuela de Estudios Políticos y Sociales que otor­
gías matemáticas, la estadística y los diseños gó el título de Licenciado en Ciencias Políticas
experimentales representan la precondición y Sociales y el doctorado en las mismas mate­
de la Ciencia Política, en teoría y metodología. rias. En los años setenta se creó el Departa­
El panorama de la Ciencia Política, en rea­ mento de Ciencias Políticas en la Facultad de
lidad, presenta una multiplicidad de facetas, Ciencias Sociales de la Universidad de San
perspectivas, escuelas y temáticas que no se Iuan y, en Mar del Plata, se creó una Carrera
agotan en una línea que reivindique para sí, en de Ciencia Política.
forma exclusiva y excluyente, el patrimonio de En 1958, durante la presidencia de Arturo
la investigación científica en la disciplina. Frondizi se dicta la legislación que autoriza a
funcionar a las universidades privadas. Se
crean las carreras de Ciencia Política y de Re­
LA CIENCIA POLÍTICA EN LA ARGENTINA laciones Internacionales en distintas institu­
ciones: la Universidad Católica Argentina, la
La institucionalización de la Ciencia Políti­ Universidad del Salvador, la John F. Kennedy,
ca es aún más tardía en el tiempo que la de la la Universidad de Belgrano, la de Santiago del
Sociología y al igual que esta última aparecen Estero y la de La Plata, etc. Es de destacar el ni­
28 autores, temas y espacios institucionales que vel que adquirió la Ciencia Política en la Uni­
LAS CIENCIAS SOCIALES

versidad del Salvador durante la gestión de


Carlos Floria, quien supo atraer a politólogos
prestigiosos de la época. El mismo Floria fue el
encargado de organizar, en los ochenta, el
doctorado en Ciencia Política de la Universi­
dad de Belgrano que contó con figuras de no­
torio renombre en el medio académico local.
En 1971, Francisco Arias Pelerano fundaba la
Escuela de Ciencias Políticas en la Universidad
Católica Argentina. La característica principal
de esta escuela era su orientación filosófica ba­
sada en la tradición aristotélico-tomista, se­
gún la cual la Ciencia Política formaba parte
de la Ética.
Desde el mundo jurídico algunos aboga­
dos trataron problemas y temas desde la Cien­
cia Política o bien en paralelo al enfoque jurí­
dico incluyeron perspectivas politológicas. Así
pueden mencionarse, entre otros, a Iorge R.
Vanossi, Juan Carlos Rubinstein, Carlos Fayt,
Mario Iusto López, Germán Bidart Campos, l Mario Justo López.
Alberto Spota, Hugo Álvarez Natale, etc. Des­
de el derecho constitucional y bajo la influen­ años sus investigadores abordaron las siguien­
cia del prestigioso profesor Segtmdo Linares tes temáticas: la extensión de la participación
Quintana se fundó, en 1957, la Asociación Ar­ electoral en la Argentina (Darío Cantón);
gentina de Ciencia Política, que, cuatro años alianza de clases y orígenes del peronismo (Mi­
después, se afilió a la International Political guel Murmis); desarrollo económico, cambio y
Science Association (IPSA). Se comenzó a edi­ estratificación social en la Argentina (Ruth
tar en 1959 la Revista Argentina de Ciencia Po­ Sautu); migraciones internas e intemacionales
lítica y se organizaron congresos nacionales (Zulma Rechini de Lattes y Alfredo Lattes); es­
entre 1958 y 1966. tructura social de la Argentina (Germani y
Durante los años sesenta, setenta y princi­ Sautu); marginalidad en América latina (Iosé
pios del ochenta —como bien desarrolla Vessu­ Nun, M. Murmis y Juan Carlos Marín), comu­
ri- una serie de centros independientes consti­ nicación y neurosis (Eliseo Verón). El CIS tuvo
tuyeron un importante entramado en las una publicación de importante repercusión: la
Ciencias Sociales. El Instituto Di Tella —men­ Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales.
cionado anteriormente- contó en su seno con El Centro de Investigaciones en Adminis­
una serie de centros como el de Sociología tración Pública (CIAP) contó con la partici­
Comparada, llamado más tarde Centro de In­ pación inicial de Iorge Roulet, Iorge Sábato,
vestigaciones Sociales (CIS). En sus primeros Oscar Oszlak, Dante Caputo y Marcelo Cava­ 29
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

rozzi. Entre sus objetivos estaban el estudio de En los años setenta y principios de los
la teoría y las técnicas de la administración pú­ ochenta, dos desprendimientos del Di Tella al­
blica y la gestión de las empresas del Estado. canzaron gran dinamismo. El CEDES (Centro
En 1966 se fundó el Consejo Latinoarneri­ de Estudios de Estado y Sociedad) contaba, en­
cano de Ciencias Sociales (CLACSO), que fim­ tre sus investigadores, a G. O'Donnell, O. Osz­
cionó como un órgano coordinador de una lak, M. Cavarozzi, R. Frenkel, L. de Riz, A. Ca­
red de centros de Ciencias Sociales. Desde sus nitrot, E. Ielin, M. C. Feijó, I. Balán, etc. Y el
inicios tuvo su sede en Buenos Aires y cumplió CISEA (Centro de Investigaciones Sociales so­
una importante tarea de articulación y comu­ bre el Estado y la Administración), en el que
nicación entre los centros regionales y del exte­ participaron E. Groisman, O. Oszlak, I. Roulet,
rior. Desarrolló distintas actividades y progra­ D. Caputo, etc. La Facultad Latinoamericana
mas de investigación -algunos en cooperación en Ciencias Sociales, que se instala en la Argen­
con el PNUD y la UNESCO- e investigadores tina luego del golpe militar en Chile (1973),
que habían sido desplazados de sus puestos de fue un centro de reagruparniento de investiga­
trabajo por cuestiones políticas tuvieron aco­ dores y comenzó alli a dictarse una Maestría en
gida en su seno. También en 1966 y como con­ Ciencias Sociales. En cuanto a centros de Cien­
secuencia de la intervención -bajo el régimen cias Sociales —no específicamente de Ciencia
militar- al Instituto de Sociología de la UBA, Política— cabría agregar al CEUR (Centro de
un grupo de investigadores creó el Centro de Estudios Urbanos y Regionales) y el CENEP
Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO), (Centro de Estudios de Población).
de orientación marxista. Este centro tuvo una Otro espacio institucional de desarrollo de
gran actividad y abordó distintas temáticas la Ciencia Política ha sido el Consejo Nacional
—los militares y los sectores populares, los esta­ de Investigaciones Científicas y Técnicas, don­
llidos sociales, etc.-, pero fue objeto de la ac­ de los investigadores pertenecientes a la carre­
ción de los gobiemos autoritarios debiendo, ra, en distintos lugares de trabajo —universida­
algimos de sus miembros abandonar el país. des e institutos científicos-, han realizado un
Otra experiencia singular fue la Funda­ aporte sostenido en el campo de la investiga­
ción Bariloche, que contó con algunos apor­ ción en Ciencia Política, Sociología y Relacio­
tes privados —Fundación Ford- y financia­ nes Internacionales. En el listado no puede fal­
ción estatal. Su suerte corrió pareja con los ta por cierto la mención de un sitio de estudio
vientos políticos, lo que entorpeció su tarea. y análisis político que fue tradicional en la vi­
En 1967 se creó el Departamento de Ciencias da institucional del país. La Academia Nacio­
Sociales, que tuvo distintos programas de in­ nal de Ciencias Morales y Políticas abarcó en
vestigación, entre otros, estudios filosóficos y sus anales y publicaciones distintos temas de
políticos, movimientos laborales, sociología la teoría política y del acontecer nacional.
política, etc. Algunos de sus integrantes fue­ También debe mencionarse la labor del Insti­
ron Manuel Mora y Araujo, Edgardo Catter­ tuto Argentino de Estudios Constitucionales y
berg y Luis Aznar. En la época del Proceso Políticos, en Mendoza, integrado por un gru­
cambió de estructura organizativa y de líneas po de juristas -bajo la dirección de Dardo Pé­
30 de investigación. rez Guilhou— que desarrollaron trabajos insti­
LAS CIENCIAS SOCIALES

REVISTA RRGENTINH (SAAP), que, luego, obtuvo el reconocimiento


de la IPSA y organiza, cada dos años, el Con­
eIENems veLíïlens greso Nacional de Ciencia Política. En el ám­
bito de la universidades públicas y privadas se
DERFCI-Ó ADHINISTRLCION. ECOO%ÍA POLÍUCI. SOCIOLÉA
crearon nuevas carreras de Ciencia Política y
HISTORIA V EDUCÁCÚN en la Universidad de Buenos Aires se comenzó
a dictar la carrera a partir de 1986. Maestrías y
Fundador y Dlnctorn Dr. RODOLFO IIVRROLR
Sr-zunuzu- m: “ILDHLIÓSZ In. IIOIÏMZIO C. l|l\'.\lII)I..\
diversos posgrados complementaron un pa­
norama de notable crecimiento y expansión.

. “publicar... Mena». .
(una. u. uu.|I

LA PRODUCCIÓN ACADÉMICA
TOMO PIÏIIO

Una publicación será un mojón ineludible


en el trazado de su “prehistoria”: la Revista Ar­
gentina de Ciencia Política, creada en 1910 por
Rodolfo Rivarola. Bajo su dirección la revista
DIRECCION Y ADMINISTRACION
sos-Avanzan: ¡um-cos combinó temas de derecho público, derecho
BUENOS AIRES privado, economía, relaciones internacionales,
iD_l0
sociología, filosofía y discusiones que encaja­
ban en núcleos centrales de una disciplina aún
l Tomo inicial de la Revista Argentina de Ciencias Políticas.
por crear: la Ciencia Politica. Temas tales como
tucionales combinando el derecho constitu­ los partidos políticos, las relaciones intemacio­
cional con el análisis político. nales, la cuestión social, el sufragio y los siste­
Un lugar especial merece el Instituto de mas electorales, los regímenes institucionales y
Desarrollo Económico y Social, que, además la reforma política fueron nutriendo las pági­
de una intensa actividad académica, publicó nas de una publicación que congregaba a los
iuiuíerrumpidamente la revista Desarrollo “notables” de la teoría y el pensamiento políti­
Económico. Esta publicación, desde su apari­ co e institucional. Rivarola fue un brillante in­
ción a finales de los cincuenta, dedicó parte de telectual que fue prefigurando nuevos perfiles
su contenido a estudios de Sociología y Cien­ y contenidos del estudio de la política, a través
cia Política, publica importantes estudios e in­ de su obra y sus inquietudes.
vestigaciones del medio académico local e in­ Un trabajo que puede ser considerado pio­
ternacional. nero en el largo camino que iniciará la discipli­
Las postrirnerías del régimen militar ini­ na en fonnación es El gobierno representativo
ciado en 1976 y la reinstalación de la demo­ federal de la República Argentina (1910), escri­
cracia trajeron una atmósfera renovada a par­ to por Iosé Nicolás Matienzo. El autor deli­
tir de la cual la disciplina emprendió una neaba los rasgos del régimen político distan­
nueva etapa. En 1982, un grupo de politólogos ciándose de lo que habían sido los estudios
creó la Sociedad Argentina de Análisis Político más clásicos desde el Derecho -principalmen­ 3]
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

balance de lo acontecido en el país, en un re­


corrido que desnuda sus falencias y resalta sus
aciertos, más allá de la “ley de la discordia”
que tiñó las relaciones de los argentinos de di­
ferentes generaciones. Pocos años después,
Iuan Álvarez en Las guerras civiles argentinas
anuda política y economía para intentar ex­
plicar “científicamente” los conflictos y las
crisis del país.
Pero la impronta jurídica de los estudios
políticos pervivirá durante bastante tiempo.
La carrera de Derecho era un ámbito común
para aquellos que deseaban iniciar estudios
políticos y fueron las cátedras de Derecho Po­
lítico y Derecho Constitucional las vías de
transmisión de autores, ideas y especulaciones
de filosofía y de política práctica. Profesores
como González Calderón, De Vedia y Mitre,
Faustino Legón y Rafael Bielsa no eludían la
constelación de la política en sus obras y pro­
ducciones. También, bajo la temática del Esta­
l losé Nicolás Matienzo. Archivo General de la Nación.
do, asomaban escritos donde la perspectiva
te, el constitucional- y analizando las institu­ política se ubicaba en el centro de la escena, tal
ciones desde vectores más políticos que lega­ fue el trabajo de Arturo Enrique Sampay y su
les. Junto con la obra de Matienzo, en la prí­ tesis La crisis del estado de derecho liberal-bur­
mera y la segunda década del siglo XX, gués (1943).
aparecieron trabajos que intentan explicar la Un autor importante que prepara el pasa­
historia desde una perspectiva de análisis del je de los estudios del derecho político hacia la
régimen político de la época. Incluso un ex­ Ciencia Política fue Mario Iusto López. El de­
tranjero como Adolfo Posada, en su trabajo recho político se encontraba en un lugar de
La Constitución argentina y el régimen político bordes y límites, donde se aproximaban -entre
(1910), advertía la distancia entre la constitu­ otros campos- el Derecho, la Filosofia Política
ción formal del país y su vivencia concreta, el y la Ciencia Política. Desde allí escribió su In­
avance del desarrollo económico sobre el po­ traducción a los estudios políticos, cuyo primer
lítico, la influencia del caudillismo anárquico, volumen apareció en 1969 y, el segundo en
la ficción del Estado federal, el fuerte presi­ 1971. Otro estudio importante fue su obra
dencialismo imperante, la crisis de valores y la Partidos politicos, teoría general y régimen legal
clave de éxito hacia el futuro que vendría de la (1965), estudio que fue agregando nuevos te­
mano de la educación. El mismo año, Joaquín mas y nuevos autores en sucesivas reimpresio­
32 V. González, en El juicio del siglo, realiza un nes. A los autores citados entre otros, George
LAS CIENCIAS SOCIALES

Iellinek, Carl Friedrich, Herman Heller, Geor­ lítica y la historia, sobre el período de la Repú­
ges Burdeau, Maurice Duverger y Ranney y blica Liberal-Conservadora. El mismo autor
Kendall- agregaba politólogos de la talla de aporta un valioso e innovador trabajo en el
Iuan Linz y Giovanni Sartori. En relación con marco de las ideas políticas, La tradición repu­
su citada obra Introducción. .., cabe señalar blicana, donde recreaba, a través de lecturas
que hundía el análisis en la Teoría Política, la clásicas, un virtual dialogo —plagado de en­
realidad política y social y el conocimiento po­ cuentros y desencuentros- entre Alberdi y Sar­
lítico. El recorrido de los distintos capítulos miento. Desde el campo de la historia también
constituye una suerte de manual -o hasta tra­ cabe mencionar, como valiosos aportes, la ex­
tado— de un curso que cabalga entre la Filoso­ tensa obra de Félix Luna y las lúcidas reflexio­
fía Política, la Ciencia Política, el Derecho y la nes de Ezequiel Gallo sobre distintas temáticas
Historia. sociales y políticas y sobre la historia de las
Más cercano al análisis empírico, Darío ideas políticas. Gallo realizó también aportes
Cantón produjo un estudio importante en re­ específicos en la disciplina, como por ejemplo
lación con la teoría de las elites con su trabajo la investigación realizada con Silvia Sigal La
El parlamento argentino en épocas de cambio formación de los partidos contemporáneos. La
(1966), donde analizaba las diferentes caracte­ Unión Cívica Radical ( 1890-1916), publicada
rísticas sociales, económicas y educacionales en Desarrollo Económico, en 1963. Algunas
de los legisladores en tres momentos cruciales obras de investigadores extranjeros también
de la vida política del país: 1890, 1916 y 1946. nutrieron numerosos trabajos de Ciencia Polí­
Otra investigación posterior, Elecciones y par­ tica, por ejemplo las investigaciones sobre el
tidos políticos en la Argentin (1973), constitu­ poder militar y la política del historiador Ro­
yó un importante aporte por la recopilación bert Potash y las del sociólogo Alain Rouquié.
de datos y su sistematización en relación con La investigación recorrió temáticamente
la Argentina electoral y la emergencia y carac­ —como no podía ser de otro modo- los avata­
terísticas de las fuerzas políticas. res políticos que sufría la Argentina. Así, por
Desde la Historia también se fue nutriendo ejemplo, en relación al régimen militar ini­
lateralmente el contenido de la Ciencia Políti­ ciado en 1966 bajo el comando del general
ca. Así merece destacarse la obra de José Luis Onganía, se publicaba el mismo año del golpe
Romero Las ideas políticas argentinas (1946) y el trabajo colectivo La Revolución Argentina.
otros ensayos que versaron sobre temas de la Análisis y prospectiva (1966), donde juristas,
Argentina política. Otra obra de historia, de politólogos y sociólogos analizan el nuevo ré­
Carlos A. Floria y César A. García Belsunce, gimen a la luz de los antecedentes, la teoría
Historia de los argentinos (1972), incorporó mi­ política, la ideología y el sistema institucional;
radas desde la Ciencia Política incluyendo ma­ escriben, entre otros, Guillermo Lousteau He­
tices, perspectivas o comentarios que remonta­ guy, Alberto Castells, Iosé Luis de Imaz, Carlos
ban a la teoría política más cercana en el Floria, Mariano Grondona, etc. En el año de
tiempo. Cabe destacar también la investigación finalización de aquella experiencia de facto,
de Natalio Botana El orden conservador (1979), aparece El régimen militar 1966-1973 (1973),
que significó un abordaje desde la Ciencia Po­ una recopilación sistematizada de editoriales 33
LA IJIMENSIÓN (ÏIENTÍFICA Y CULTURAL

—principalmente de la revista Criterio- escri­ tares y recorridos fallidos de la democracia y


tos por Carlos Floria, Natalio Botana y Rafael las caídas en regímenes autoritarios. Dos años
Braun, que pasa revista de distintos hechos y antes, Liliana de Riz, abordaba la experiencia
aspectos de la experiencia de las administra­ política del peronismo y su vuelta al poder en
ciones de Juan Carlos Onganía, Roberto M. el texto Retorno y derrumbe (1981).
Levingston y Alejandro A. Lanusse. La producción académica también fue
También sobre el mismo régimen Guiller­ considerable y variada en el ámbito de los cen­
mo O’Donnell publica la obra 1966-1973. Es­ tros e institutos de investigación -referidos
tado Burocrático Autoritario (1982), que ad­ anteriormente- a través de documentos de
quiere una repercusión notable en los medios trabajo y distintas publicaciones. A finales de
local y extranjero. El trabajo de O’Donnell no los setenta y principios de los ochenta, en el
intentó una mera recopilación descriptiva o umbral del cambio de régimen, aparecen nue­
analítica del régimen sino la conceptualiza­ vos estudios que preludjan los tiempos por ve­
ción de un nuevo tipo de Estado existente en nir y sus necesidades. Los análisis sobre la
un período histórico determinado y con ca­ transición a la democracia, la cultura política
racterísticas distintivas que lo diferenciaban y el papel de los distintos actores sociales y po­
de otros estados autoritarios: el Burocrático líticos en este tipo de régimen ocuparán el in­
Autoritario. Años antes, otra obra de O’Don­ terés de los politólogos. Y una serie de ellos
nell había conseguido también notoriedad: realizaron también contribuciones con distin­
Modernización y autoritarismo (1972). tos artículos, trabajos o análisis políticos, entre
En los años setenta, en el área de los estu­ otros, Atilio Borón, Edgardo Catterberg, Ma­
dios institucionales, N. Guillermo Molinelli riano Grondona, Arturo Fernández, Eugenio
comenzaba renovados análisis y desarrollos de Kvaternik, Carlota Iackisch, etcétera.
las instituciones políticas y publicaba, entre
otros trabajos, El rol del Congreso en la inicia­
tiva legislativa (1972). En relación con el área LOS TEMAS Y EL TEMA DEL PERONISMO
de Ciencia Política y de la administración, Os­
car Oszlak publicaba La formación del Estado La lectura de las Ciencias Sociales en el si­
argentino (1982), comenzando una línea que glo XX muestra distintas temáticas alrededor
había estado rezagada en relación con otras te­ de las cuales giran las producciones de los au­
máticas de los estudios políticos. Más volcado tores. Algunos temas aparecen como recurren­
hacia una perspectiva de filosofía política, tes y recorren transversalmente todos los
Carlos Strasser publicó La razón política en po­ tiempos, desde lecturas donde predominan o
lítica y en sociología (1977) y artículos en la re­ confluyen distintas miradas y disciplinas co­
vista Desarrollo Económico acerca de la disci­ mo la Ciencia Política, la Sociología, la Psico­
plina. El sindicalismo fue tratado en algtmos logia Social y la Historia, y desde el trabajo de
trabajos; entre otros, Sindicatos y política en la rigor científico-metodológico o el ensayo po­
Argentina (1980) de Marcelo Cavarozzi. El lítico o social.
mismo autor publicó Democracia y autorita­ Un tema que reaparece a lo largo de todo
34 rismo (1983), texto que dio cuenta de los ava­ el siglo es la indagación acerca de la identidad
LAS CIENCIAS SOCIALES

argentina. Y es propio de la Sociología —y las miento nacional-popular, Di Tella lo ubicó


Ciencias Sociales- preguntarse sobre los orí­ también dentro de los populismos, otros auto­
genes de la sociedad nacional, su evolución y res —como Carlos Fayt- lo asirnilaron lisa y lla­
su destino. Perspectiva que engloba pasado, namente como un fascismo, Abelardo Ramos
presente y futuro en sintonía con una prome­ y Sebreli recurren a la imagen del bonapartis­
sa siempre presente y también incumplida: mo. En relación con el peronismo y la estruc­
cómo mejorar la vida de los individuos y gru­ tura sindical, también Germani dispara una
pos que componen el tejido social. No sor­ serie de debates y polémicas a partir de la
prende a nadie que la pregimta alcance una in­ cuestión acerca el apoyo que tuvo el peronis­
tensidad elocuente cuando se trata de mo en sus comienzos. Para Germani habían
sociedades de conformación multinacional. sido los migrantes internos la masa que fue
La búsqueda del ser nacional, la explicación de materia prima del peronismo. Murmis y Por­
la estructura social y el comportamiento de las tantiero señalan, en cambio, la importancia de
distintas clases, de los diferentes estilos de vi­ la estructura sindical vigente en la época, don­
da, de las costumbres y de los disímiles carac­ de confluyeron viejos y nuevos líderes. A este
teres que pueblan el paisaje humano, fueron debate se sumaron investigadores extranjeros
objeto de análisis y reflexión de los ensayistas como Peter Smith, Walter Little, Eldon Ken­
y cientistas sociales. Estos últimos a través de worthy, Louise M. Doyon y, desde el exterior,
hipótesis y metodologías engarzadas con dis­ argentinos como el historiador Tulio Halperín
tintas teorías explicativas. A estos temas habría Donghi. Y el debate aún sigue.
que agregar los que han aparecido a lo largo de
estas páginas, sea desde la perspectiva de la So­
ciología o de la Ciencia Política. PROBLEMAS Y OBSTACULOS DE LAS CIENCIAS

El peronismo fue otro tema de singular in­ SOCIALES

terés y, sin duda, merece un sitio especial. Es­


taba claro que su análisis resultaría insuficien­ El desarrollo de las Ciencias Sociales en la
te desde una lectura histórica de mero acopio Argentina ha tenido no pocos obstáculos y de
de hechos y sucesos. Había que desentrañar lo distinta índole. Un primer inconveniente ha
que aparecía como un fenómeno que no enca­ sido el político, esto es, la inestabilidad cróni­
jaba en la sucesión lineal de ideas y experien­ ca que ha sufrido la Argentina en el siglo XX.
cias políticas y sociales de la Argentina. Las Los golpes militares, especialmente, han teni­
Ciencias Sociales debían acometer la tarea y do nocivas consecuencias para una evolución
así lo hicieron a través de innumerables estu­ más pacífica y gradual de las disciplinas cien­
dios que pretendieron explicar la naturaleza tíficas. La intervención dispuesta por los mili­
del peronismo, su influencia en las estructuras tares a la Universidad de Buenos Aires, en
sindicales, su clasificación como régimen y co­ 1966, originó un éxodo masivo de investiga­
mo sistema de ideas, sus productos sociales, la dores de todas las áreas -no sólo las sociales­
impronta que su paso dejó en el sistema polí­ que se radicaron en distintos países del mun­
tico, etc. Así y en cuanto a su “naturaleza”, por do drenando así la futura capacidad científica
ejemplo, para Germani se trató de un movi­ de la Nación. La siguiente ruptura institucio­ 35
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

nal, en 1976, fue también motivo de desen­ cimiento —los países desarrollados- y su inten­
cuentro y exilio. Además de la pérdida de re­ to de aplicación directa a la realidad argentina,
cursos humanos que, obligados o por opción, cuando tales teorías tuvieron como base em­
dejaban el territorio nacional o sus puestos de pírica metodológica los datos de sus propias
trabajo en el país, las intervenciones implica­ realidades. Los científicos sociales tuvieron
ban la interrupción, momentánea o definitiva, cierta propensión a reflexionar en torno de
de proyectos de investigación en curso, cuan­ teorías más que de hechos, produciéndose, no
do no el desmantelamiento institucional. En pocas veces, resultados especulativos poco re­
estos casos, las instituciones privadas -tanto lacionados con el propio acontecer nacional.
universidades como institutos de investiga­ Otra barrera ha sido la poca conexión con
ción— sirvieron también como lugar de rein­ el marco regional en el cual la Argentina está
serción de científicos sociales que dejaban de inserta: América latina. La aludida irnporta­
actuar en las universidades nacionales. ción de teorías y la formación de investigado­
Otro inconveniente de contexto han sido res en los centros más desarrollados con poca
los escasos recursos económicos destinados a o ninguna vinculación con el resto de los cen­
la investigación en general y a las Ciencias So­ tros e instituciones académicas de los países de
ciales en particular, debido a una falta de con­ la región, descontextualizó a la Argentina de
sideración acerca del papel prioritario que la su enclave geográfico, desde donde, paradóji­
investigación ocupa en el desarrollo económi­ camente, fue vista siempre por los centros de
co, social y humano de un país. A esta con­ investigación de los países más desarrollados.
ciencia débil sobre el papel de la ciencia se fue­ No es casual que los contados intentos de lle­
ron sumando las crisis económicas y la var adelante centros de estudios latinoameri­
declinación del Estado, que originaron recor­ canos hayan tenido un relativo eco.
tes presupuestarios en las áreas de investiga­ Otra dificultad que ha estado siempre pre­
ción. En el marco institucional de las universi­ sente ha sido el escaso requerimiento del mer­
dades, tanto públicas como privadas, la falta cado laboral de los profesionales en Ciencias
de presupuesto dificultó la existencia de un Sociales. Más allá de la docencia y la investiga­
suficiente plantel de profesores-investigadores ción, no ha sido fácil el reconocimiento públi­
a tiempo completo. Esta falta de prioridad que co de la función de los sociólogos en distintos
ha tenido la ciencia en la Argentina motivó sectores de la vida del trabajo, la empresa y el
también la búsqueda de nuevos horizontes y Estado. Los egresados en Ciencia Política han
así fue historia común la de los jóvenes argen­ tenido, incluso, mayores obstáculos en ser vi­
tinos que, luego de concluir sus estudios de sualizados como profesionales aptos y necesa­
posgrado en los Estados Unidos o en Europa, rios para el servicio y la administración públi­
decidieron continuar en aquellos lugares sus ca, las organizaciones, etcétera.
carreras académicas por falta de condiciones Los inconvenientes y problemas de acceso
mínimas de desarrollo profesional en la Ar­ bibliográfico han sido muy importantes, co­
gentina. mo también la libre consulta de materiales de
Otro problema ha sido la importación de las oficinas públicas. Bibliotecas poco nutridas
36 teoría política y social de los centros de cono­ o desactualizadas fue el panorama común de
LAS CIENCIAS SOCIALES

las universidades o de los institutos de investi­ contrapuestas. El resultado fue un amplio y


gación. En el futuro, la situación mejoraría disírnil muestrario de concepciones, interpre­
gracias a la tecnología y la informática, con el taciones y explicaciones acerca de las cuestio­
acceso a publicaciones “on line” vía Internet. nes sociales y políticas del país, obras de nota­
ble calidad y rigurosidad y, también, recaídas
frecuentes en visiones ideológicas y produc­
A MODO DE CONCLUSIÓN ciones desparejas. En alguna medida, el reco­
rrido de las Ciencias Sociales fue reflejo del
En este recorrido autores e investigadores propio derrotero seguido por el país en el
fueron definiendo una tarea y una profesión, campo político y social. Un transitar donde el
sistematizaron el conocimiento y trataron de método de ensayo y error no dejó toda la en­
dar cuenta de los dilemas y problemas que señanza esperable y la vocación por la irnpro­
aquejaron a la sociedad argentina a lo largo visación jugó, no pocas veces, un papel más
del siglo. Así, los estudios enfrentaron cues­ importante que el deseable —como advertía
tiones tales como la inmigración y sus efec­ Martínez Estrada—, retrasando un tanto el lu­
tos sociales y políticos; las modificaciones de gar que las Ciencias Sociales deberían haber
la estructura social de la Argentina; la emer­ ocupado en el progreso de la Argentina. Así y
gencia de fuerzas políticas nuevas; los distin­ todo, lo hecho por las disciplinas aquí tratadas
tos tipos de regímenes políticos; el fenómeno arroja un resultado más que positivo si consi­
de la intervención militar; los problemas de deramos los inconvenientes y obstáculos, así
la democratización política y social; la tran­ como escasos incentivos, que ha tenido el de­
sición política hacia la democracia; el largo sarrollo de la investigación en el país y la tarea
recorrido del dilema de la identidad argenti­ incesante de intelectuales e investigadores. Es
na; etcétrera. que, más allá de los problemas, los aciertos y
Estos temas se abordaron no sólo desde desaciertos, ha existido siempre una suerte de
disciplinas afines pero distintas, sino también pasión en el cautivador oficio de pensar la Ar­
desde perspectivas y escuelas teóricas, a veces, gentina.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA

La principal orientación bibliográfica apa­ no, 1984. Un exhaustivo trabajo que analiza los
rece inserta en el propio texto de este trabajo. aportes más importantes de los investigadores
A continuación se amplía en relación con sociales en la segunda parte del siglo XX es
obras que tratan sobre ideas, instituciones o JUAN CARLOS AGULLA (compilador), Ideologías
producciones referidas en el capítulo. políticas y ciencias sociales. La experiencia del
En relación con la evolución de las Ciencias pensamiento social argentino (1955-1995), Ins­
Sociales y la Sociología en particular puede tituto de Derecho Público, Ciencia Política y
consultarse, IUAN CARLOS AGULLA, Dependencia Sociología de la Academia Nacional de Cien­
y conciencia desgraciada, Buenos Aires, Belgra­ cias de Buenos Aires, 1996. Otra bibliografía de 37
LA DIMENSIÓN CIENTIFICA Y CULTURAL

consulta es TORCUATO S. DI TELLA, “La crisis de 54, Dunken, Buenos Aires, 1999. Una obra que
las ciencias políticas latinoamericanas”, en De­ recopila trabajos acerca de la estructura social
sarrollo Económico, vol. ll, n° 41 ( abril-junio del país con amplias referencias a Germani es
de 1971); y "La sociología argentina en una IoRGE RAUL IORRAT y RUTH SAUTU (Compila­
perspectiva de veinte años”, en Desarrollo Eco­ dores), Después de Germani. Exploracíones so­
nómico, vol. 20, n° 79 (octubre-diciembre de bre estructura social de la Argentina, Paidós,
1980); RICARDO SIDIcARo, “Reflexiones sobre la Buenos Aires, 1992. En cuanto a la política de
accidentada trayectoria de la sociología en la investigación en Ciencias Sociales ver el texto
Argentina"; HORACIO GONZALEZ (Compila­ de ENRIQUE OTEIZA (director), La política de
dor), Historia crítica de la sociología argentina, investigación científica y tecnológica argentina,
Colihue, Buenos Aires, 2000; JUAN CARLOS Centro Editor de América Latina, Buenos Ai­
AGULLA, “Institucionalización de la Sociología res, 1992.
en la Argentina”, en MARTA FERNANDEZ y MARIO Para un panorama general de la evolución
SERRAFERO (editores), Los sociólogos y la Socio­ de la Ciencia Política puede verse: GIANFRAN­
logía, Documento de Trabajo, Facultad de Es­ C0 PASQUINO, “Naturaleza y evolución de la
tudios para Graduados, Universidad de Belgra­ disciplina”, en GIANFRANCO PAsQUINo y otros,
no, 2000; GINO GERMANI, La sociología en la Manual de Ciencia Política, Madrid,l99l; Ga­
América latina: problemas y perspectivas, Eude­ briel Almond, “Political Science; The History
ba, Buenos Aires, 1964; FRANCISCO DELIcI-I, Crí­ of the Discipline”, en Robert E. Goodin y
tica y autocrítica de la razón extravíada. Veinti­ Hans-Dieter Klingemann (edición) A New
cinco años de Sociología, El CID, Buenos Aires, Handbook of Political Science, Oxford, 1998;
(1977); ELISEO VERON, Imperialismo, lucha de David Easton, “Political Science in The United
clases y conocimiento (Veinticinco años de socio­ States”, en International Political Science Re­
logía en la Argentina), Tiempo Contemporá­ view, vol. 6, n° l (1985), págs. 133-152.
neo, Buenos Aires, 1974. En cuanto a la “para­ En relación con la Ciencia Política en la
sociología” consultar, l IUAN F. MARSAL, Argentina es importante el trabajo de ARTURO
“Significado de la para sociología argentina”, FERNANDEZ El desarrollo de la Ciencia Política
en H. Ernest Lewald, Argentina. Análisis y au­ en la Argentina, capítulo de libro en prensa.
toanálisis, Sudamericana, Buenos Aires, 1969; También puede verse MARIA CLELIA GUINAZU y
IUAN F. MARSAL, Los ensayistas socio-políticos de MARIA ALICIA GUTIERREZ, La Ciencia Política
Argentina y México (aportes para un estudios de en Argentina: de la inestabilidad a la transición,
sus roles, su ideología y su acción política), Docu­ en DOXA, n° 48 (1991); Gerardo Ancarola,
mento de Trabajo, Instituto Torcuato Di Tella, “Las tres etapas de la Ciencia Política argenti­
Centro de Investigaciones Sociales, 1969. SILVIA na”, en Academia Nacional de Ciencias Morales
SIGAL, Intelectuales y poder en la década del se­ y Políticas, Anales. Tomo XXII-l993, Buenos
senta, Puntosur, Buenos Aires, 1991. La historia Aires, 1995; del mismo autor sobre la figura de
del Instituto de Sociología se trata en HERNAN Rivarola puede consultarse Las ideas políticas
GONZALEZ BOLLO, El nacimiento de la sociología de Rodolfo Rivarola, Marirnar, Buenos Aires,
empírica en la Argentina: El Instituto de Sociolo­ 1975. En cuanto a la enseñanza de la Sociolo­
38 gía, Facultad de Filosofia y Letras (UBA), 1940­ gía y la Ciencia Política puede verse GINO GER­
LAS CIENCIAS SOCIALES

MANI y IORGE GRACIARENA, Enseñanza e investi­ Routledge, 1997; IoAN ANTON MELLÓN (edi­
gación de Ia Sociología, Ciencia Política y Eco­ tor), Ideologías y movimientos políticos contem­
nomia. La situación en la Argentina, Instituto poráneos, Madrid, Técnos, 1998. Acerca del
de Sociología de la Facultad de Filosofía y Le­ pensamiento político entre 1914 y 1983 pue­
tras, UB.A, 1958; FRANcIsco ARIAs PELERANo, den verse los trabajos de CARLOS A. EGÜES y
“La enseñanza de la política en la Argentina”, IUAN FERNANDO SEGOVIA en el Tomo 7 de esta
en Boletín de Lecturas Sociales y Económicas, obra. Algunos estudios sobre el positivismo y
año 8, n° 35, abril 2001, págs. 127-147. Un ín­ el ensayismo positivista son, OSCAR TERAN, Po­
dice cronológico, temático y de autores de la sitivismo y nación en la Argentina, Puntosur,
revista Desarrollo Económico muy útil para la Buenos Aires,l987; IORGE E. DoTTI, Las vetas
búsqueda bibliográfica aparece en el número del texto. Una lectura filosófica de Alberdi, los
160, Vol. 40, enero-marzo, 2001, de la citada positivistas, Juan B. Justo, Bs. A5., Puntosur,
revista. 1990; RICAURTE SOLER, B1 positivismo argenti­
La literatura sobre teoría e ideologías polí­ no, Paidós, Buenos Aires, 1968; RICARDO LEVE­
ticas, es por cierto muy abundante, cabe men­ NE, Historia de las ideas sociales argentinas,
cionar entre otros, KARL DIETRICH BRACHER, La Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1947.
era de las ideologías, Belgrano, Buenos Aires, El autor agradece a María Mora el apoyo
1989; STEPHEN ERIC BRONNER (editor), Twen­ bibliográfico brindado, que fue muy útil para
tieth Century Political Theory, Nueva York, la elaboración de este capítulo.

39
5 7. LA FILOSOFÍA

Olsen A. Ghirardí

LA AGONÍA DEL POSITIVISMO simpatía hacia un evolucionismo, tanto en el


orden natural como en el social.
Las corrientes filosóficas son como algu­ Es imprescindible recordar, para una me­
nos ríos que aparentan secarse mientras fluyen jor comprensión, que en Buenos Aires, la
subterráneamente hasta que, en algún mo­ preocupación filosófica había quedado esti­
mento, vuelven a surgir para deslizarse serena­ mulada, especialmente desde la cátedra, a par­
mente en el curso sinuoso que enmarcan des­ tir del año 1895, en que se fundó la Facultad
dibujadas riberas. de Filosofía y Letras. Rodolfo Rivarola tuvo el
En la Argentina, el positivismo se mostra­ privilegio de ser el primer profesor de filoso­
ba agonizante hacia el comienzo de la Primera fía. Dado el predominio de las ideas de la épo­
Guerra Mundial, después de haber gozado de ca en la cual vivía, Rivarola fue tentado por el
gran esplendor a fines del siglo XIX y comien­ positivismo, aunque su actitud filosófica pue­
zos del XX. No obstante, arrojaría aún una vi­ de mostrar rasgos eclécticos. Pero no existe en
gorosa llamarada. Es, precisamente, en ese año él una verdadera preocupación metafísica. En
de 1914 cuando Iosé Ingenieros (1877-1925) verdad no era posible lograrla leyendo a Kant
preparaba la edición del primer número de la y a Spencer, pero no dejaba de aducir que, si
Revista de Filosofia, que habría de aparecer al bien la metafísica podía considerarse como la
año siguiente y de la cual sería su brillante síntesis de todas las ciencias empíricas, era
fundador. Así, con un amplio espectro, ella preferible poner el acento en la ética, que, no
nacía cuando comenzaba a declinar el positi­ obstante, quedaba reducida al estudio de los
vismo. hechos y actos humanos y a las costumbres.
El pensamiento de Ingenieros, médico que La influencia del positivismo de Augusto
cultivaba, especialmente, la psicología, la psi­ Comte en la Argentina puede calificarse como
quiatría, la criminologia y las ciencias biológi­ preponderante en el primer cuarto del siglo
cas, se inscribía en el carril que daba prioridad XX. Como prueba de este aserto es posible ci­
a los hechos, a las realidades concretas percep­ tar la opinión de I. Alfredo Ferreira (1863­
tibles por los órganos de los sentidos. Esa acti­ l938), quien llegó a afirmar que el pensador
tud incluía, simultáneamente, una especial francés fue la más alta inteligencia del siglo 41
LA DIMENSIÓN (Ill-INFÍFICA Y CULTURAL

XIX. Y como homenaje a las ideas que profe­ —con cierta ingenuidad- que se aproximaba
saba, fundó el Comité Positivista Argentino y un período en el que toda preocupación teo­
adhirió a un evolucionismo desde lo inorgáni­ lógica y metafísica iba a quedar superada. Su
co hasta la vida orgánica e incluso se permitió actitud es la de una afinada mentalidad, que
intentar, desde ese punto vista, una explica­ se cierra en un firme y convencido positivis­
ción para los fenómenos sociales y morales. mo, que rechaza toda problemática filosófica
También el prestigio intelectual de Floren­ y metafísica.
tino Ameghino (1854-1919), con su confiado Dentro de estas líneas positivistas pero con
optimismo cientificista, tuvo mucho peso en la un perfil extremadamente acentuado, Iuan B.
sociedad de la época. Su notoriedad internacio­ Justo (1865-1928) abrazó la ideología marxis­
nal fue extraordinaria a partir de la Exposición ta. Desde el punto de vista político, es un so­
Internacional de París de 1878, donde mostró cialista que adhiere al materialismo histórico y
su colección de fósiles. Si bien Ameghino no trata de explicar la evolución de la sociedad,
fue un verdadero filósofo adhirió fuertemente sustentando un darwinismo biológico que lo
a la concepción evolucionista, que Carlos Dar­ llevó a la creencia de que el socialismo debía
win había enunciado para todas las especies en ser, incluso, el sustituto moderno de toda reli­
1859 y que había extendido al hombre en 1861. gión. Las preocupaciones de Iuan B. Justo que­
Hombre inteligente, tuvo la virtud y la valentía daron plasmadas, principalmente, en dos de
de explicitar, a partir de los hechos que estima­ sus libros acerca de la teoría y práctica de la
ba científicamente probados, las premisas de historia y el realismo ingenuo.
un sistema, lo que se había concretado en el No hay duda alguna de que estas actitudes
año 1906. Ese sistema, que Ameghino denomi­ estimularon la preocupación por los proble­
nó Mi credo filosófico, incluía la adhesión a cier­ mas psicológicos y sociológicos, con lo que se
tos postulados indemostrables, como el de la bloqueó el ingreso a la verdadera especula­
eternidad del tiempo, de la materia y del movi­ ción filosófica.
miento, con lo que pretendía solucionar todos Puede parangonarse el itinerario de una lí­
los problemas científicos y con lo que obviaba nea ideológica de este tipo, como el de toda
toda metafísica y aun toda filosofía. Hay aquí corriente filosófica, con el despliegue de una
una metafísica implícita, pues las premisas que cadena montañosa, en la que todos los picos se
se aceptan como verdaderas no se discuten, ya diferencian en la cúspide, pero permanecen
que se afirman como tales. De ahí que sean unidos por el común denominador de las ba­
postulados y que su propio autor hable de su ses en que se asientan. Cada pensador, en defi­
credo. Se cree en ellos, razón por la cual no ha­ nitiva, es una atalaya solitaria con perfiles pro­
ce falta demostrarlos. pios, pero comparte con los de su corriente un
Por entonces, Carlos Octavio Bunge (1875­ fondo de ideas comunes que los caracteriza
l918), graduado en Derecho, desarrolló sus genéricamente. Por eso, para explicar el itine­
tesis acerca de problemas jurídicos y de educa­ rario, se hace imprescindible atender a los in­
ción, tesis que pretendía resolver con especula­ dividuos que particularizan el sistema.
ciones psicológicas. Este pensador, como otros Volviendo la atención a Iosé Ingenieros —a
42 positivistas de esta época, creía firmemente quien algunos autores dan como nacido en
LA FILOSOFÍA

l Visita de José Ortega y Gasset (en el centro de la fotografía). Arribo al puerto de Buenos Aires en i916.

Buenos Aires, cuando en verdad nació en Pa­ Lo que es de destacar especialmente, en es­
lermo (Italia) y fue traído muy niño a la Ar­ te caso, es el hecho de que Ingenieros, si bien es
gentina-, es posible tener cierta claridad con todavía un positivista, ya comienza a sostener
respecto a las ideas que lo precedieron. Fue que es posible una filosofía científica que, al
dueño de una desbordante personalidad y tu­ mismo tiempo que sostenga hipótesis basadas
vo un enorme reconocimiento en toda Améri­ en la experiencia-pueda explicar los problemas
ca latina y aun fuera de ella. que aun permanecen fuera de ella. Es decir,
Sus obras tuvieron gran difusión. Se dis­ tiende a esbozar una vertiente del conocirnien­
tinguió desde el mismo momento en que hi­ to que vaya más allá de los hechos y que, al
zo conocer su tesis sobre la simulación de la mismo tiempo, sea una crítica del conocirnien­
locura. Arranca así su fuerte tendencia a im­ to científico adquirido. Es verdad que, con ello,
pulsar los estudios psicológicos, que se con­ no modifica su actitud monista, materialista y
solidó desde que ganó la cátedra de Psicolo­ evolucionista, pero permite avizorar una filo­
gía Experimental en la Facultad de Filosofía y sofía —o una metafísica- que muestre un siste­
Letras de la Universidad de Buenos Aires, lo ma de hiper-hipótesis, que parta de la expe­
que ocurrió en la primera década del siglo riencia para explicar aun lo que está más allá.
XX; en la siguiente, se volcó a los estudios so­ Ingenieros conocía perfectamente las ideas
ciológicos. de sus antecesores y las criticó. Sabía, por 43
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

ejemplo, que Ameghino había adoptado las prejuicios y dogmatismos sólo útiles para la
doctrinas de Lamarck, Darwin y Haeckel acer­ domesticidad e incapaz de pensar con ideas
ca de la evolución de las especies, en lo que propias y de forjarse ideales. Ingenieros invi­
atañe a los principios generales de esa co­ taba a admirar a los genios como Sarmiento y
rriente, que conducía hacia un naturalismo Ameghino y fustigaba, ya en aquel entonces,
panteísta, y supo comprender que el credo la política de las piaras y a los deshonestos que
del famoso indagador de los restos fósiles de­ ingresaban al Parlamento con su saco de co­
sembocaba en un monismo, que Haeckel ya rrupciones.
había explicado. Pero el argentino iba aún A su muerte, lo sucedió su discípulo Aní­
más lejos, pues profesaba la creencia de que, bal Ponce en la dirección de su Revista de Filo­
en el futuro, el transformismo sería conside­ sofía. Éste fue aún un positivista que, gran ad­
rado como una ciencia exacta y la zoología, mirador de la Revolución Rusa, el comunismo
con el auxilio de las ciencias matemáticas, go­ y el materialismo, prolongaría unos años más
zaría del privilegio de descubrir las leyes que su publicación. No obstante, pronto empeza­
regían la filogenia. rían a soplar otros vientos, otras ideas, otras
La impresión que el lector recoge no deja actitudes. Como se señaló al comienzo, la ago­
de advertir que Ingenieros ya no profesa el op­ nía no significa muerte, pero el momento del
tirnismo de Ameghino. Es mucho más cir­ positivismo había pasado y serían otras aguas
cunspecto y trata de encontrar una salida del las que en el futuro calmarían la sed filosófica.
laberinto; y, como se sabe, de todo laberinto se
sale por arriba.
Ingenieros tiene preocupaciones inmedia­ LA REACCIÓN ESPIRITUALISTA

tas. Existe en él una profunda conciencia del


problema moral, que, como es notorio, com­ En 1916, Buenos Aires recibió la primera
parte con su generación. Todavía el positivis­ visita de Iosé Ortega y Gasset, quien, poco an­
mo le hace pensar que la moral, en el fondo, tes, había formulado su famosa tesis filosófica,
no es sino un sistema de costumbres. Y, con traducida en estas palabras: “Yo soy yo y mi
este tema, escribe un libro que es extensamen­ circunstancia”, tesis que abrió una nueva ten­
te conocido y se reedita aún hoy. Por cierto, El dencia denominada perspectivismo. Esa acti­
hombre mediocre hizo impacto en la sociedad. tud y sus conocimientos sobre la filosofía ale­
Va dedicado especialmente a los jóvenes para mana de la época cautivaron a los profesores
que forjen sus ideales alejados de la rutina y la de filosofía que lo escucharon. El mundo, las
hipocresía. Propuso lo que él llamó —con un cosas y el hombre comenzaron a ser vistos con
léxico positivista- un “idealismo experimen­ otros ojos. El positivismo, aun en vida de Iosé
tal”; con ello quería significar que los ideales Ingenieros, iba quedando atrás.
de perfección debían renovarse permanente­ La preocupación filosófica atrapó enton­
mente y debían evolucionar al compás de la ces, muy especialmente, a un profesor de la
vida misma. Por el contrario, pintaba al hom­ Facultad de Filosofía y Letras de la Universi­
bre mediocre como un ser imitativo, adapta­ dad de Buenos Aires que había abandonado su
44 do para vivir en rebaño, rutinario, lleno de profesión de médico para dedicarse por ente­
LA FILOSOFÍA

ro a la filosofia. Alejandro Korn (1860-1936) concepto de ciencia positívista debía ser reno­
cultivó la filosofía pensada desde la cátedra. vado. Al comprender que la ciencia es siempre
Los nuevos aires se habían agitado con vigor una interpretación de la realidad y esto irnpli­
desde la visita de Ortega, al revelarse estrechos ca una teoría del conocimiento, encontró el ca­
los horizontes oteados desde el positivismo. mino hacia el idealismo. Ello lo condujo a me­
No todo es materia sujeta a experimentación, ditar sobre la actividad de pensar; lo impulsó a
para ser conocida mediante leyes rígidas e irn­ la necesidad de estudiar el papel que desempe­
permeables. ¿Dónde quedaba el hombre en ña el concepto en la actividad del conocer y a
esa actitud extrema, dónde la sociedad y dón­ una noción más amplia de lo que debe enten­
de la cultura? Korn, en sus libros, advierte so­ derse por experiencia. Paso a paso se fue acer­
bre las falencias del materialismo y del positi­ cando a una teoría de los valores. La valoración
vismo. Lee lo que otras corrientes habían fue definida como una reacción de la voluntad
aportado a la cultura y a la filosofía; no vacila humana ante un hecho. Es decir, los valores
en apreciar a Santo Tomás y a San Agustín y se nacen también de la experiencia y surgen de
muestra proclive a encontrar méritos en un exigencias biológicas, sociales y culturales. La
espiritualismo renovador. Tampoco despreció libertad creadora es el presupuesto de la pro­
a Kant, Schopenhauer, Dilthey y Bergson, Ric­ ducción de los valores. Dicha expresión es pro­
kert, Scheler y Brentano, citados a menudo en bable que tenga reminiscencias de Bergson, cu­
las incitantes conferencias de Ortega y recor­ ya obra titulada La evolución creadora había
dados por otra visita célebre, la de Eugenio aparecido ya en 1907. Korn se aplica a lograr
D’Ors (1920). una solución final y se encamina al encuen­
Korn hizo un penetrante estudio sobre el tro de lo absoluto, que podría ser encontrado
positivismo, en cuya evolución distinguió tres en la metafisica, pero, si bien avizora el proble­
etapas. La tercera —que es la que interesa aquí­ ma metafísico, se muestra pesimista respecto de
es la de los universitarios, que se prolonga has­ la posibilidad de su conocimiento, con lo cual
ta Ingenieros, quien no vacila en proclamar la metafísica se transforma en mera búsqueda
que la era de la filosofía científica había llegado permanente sin el consuelo de su hallazgo.
y cuyas primeras manifestaciones habían aflo­ En verdad, Korn fue un gran crítico del po­
rado con Florentino Ameghino. sitivismo. El primero de sus caracteres, esto es,
Según Korn, Ingenieros se muestra como la negación de toda metafísica, halló a un es­
el defensor de la última brecha del positivis­ merado censor, que abrió las puertas grandes
mo, elevado con él a la categoría de cientificis­ de los estudios filosóficos en la Argentina y fue
mo. Con claridad meridiana ya entrevió la ne­ quien, quizá por vez primera, se preguntó si
cesidad lógica de una metafísica, pues ambas podría existir una filosofía auténticamente ar­
-filosofía y metafísica- aparecían como los gentina, con definidos rasgos peculiares. No
complementos de la verdad científica. hay dudas -cualquiera fuere la respuesta- de
Los estudios acerca de la evolución del po­ que se está frente a una verdadera y profunda
sitivismo en el país, que Korn calificó como preocupación por el problema filosófico. Con
autóctono, lo colocan en una perspectiva am­ él se operó en el país la transición del positivis­
plia, que le permite apreciar que el estrecho mo cientificista a un espiritualismo naciente. 45
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

La llamada reacción antipositivista cobró


fuerzas definitivas con el conocimiento pro­
fundo de Kant, con el estudio de Hegel, Croce
y Gentile, sin olvidar a Nietzsche, Dilthey,
Scheler, Husserl y Heidegger. El pensamiento
de estos filósofos contribuyó a que se desvane­
ciera el horror a la metafísica que los positivis­
tas profesaban.
Hubo, además, dos acontecimientos dig­
nos de mención. El primero ocurrió en 1924,
al conmemorarse en Buenos Aires el bicente­
nario del nacimiento de Kant, hecho que tam­
bién tuvo ecos en el interior, como lo recuerda
en Córdoba Enrique Martínez Paz. El segundo
fue la visita de Albert Einstein, que también
conoció la provincia mediterránea.
Coriolano Alberini, en su trabajo La filoso­
fía alemana en la Argentina -precedido por un
elogioso acápite firmado por el mismo Eins­
tein-, decía, de manera contundente, que ya
con la creación de la cátedra de Introducción
l Alejandro Korn.
a la Filosofía en la Universidad de Buenos Ai­
Una generación más tarde apareció un filó­ res (1919) habían comenzado a plantearse,
sofo que ya vio con mayor claridad cómo fina­ con rigor científico, los problemas filosóficos
lizaba el predominio positivista, al mismo tiem­ que, tanto la filosofía clásica como la contem­
po que se afianzaba la corriente espiritualista. poránea, trataron y trataban en profundidad.
Se trata de Coriolano Alberini (1886- 1960). Los A esa cátedra siguieron las de filosofía con­
pensadores europeos que tuvieron su preferen­ temporánea y de historia epistemológica de la
cia no eran, en manera alguna, posiüvistas. Sus ciencia. Por lo demás, Alberini evidenció co­
cursos en Europa y en los Estados Unidos, a la nocer con prestancia los problemas de las
par de hacer conocer y difundir las preocupa­ ciencias naturales y estudió los debates de las
ciones filosóficas vernáculas, le permitieron to­ escuelas europeas que introdujeron el conflic­
mar contacto con filósofos de primer nivel. to entre psicologismo y logicismo.
Por otra parte, las visitas al país continua­ Tampoco le fue extraño el estudio de los
ron. A las de Ortega y D’Ors siguieron las de valores que tanto seducía a los pensadores de
Iacques Maritain, Manuel García Morente, la época; escribió un trabajo titulado Introduc­
Hans Kelsen, Driesch, Albert Einstein y Rodol­ ción a la axiogenia, que tuvo como objetivo re­
fo Mondolfo (este último permaneció en la Ar­ solver el problema de la génesis de los valores.
gentina y dictó cursos en Córdoba, Tucumán y El filósofo Luis Farré opina, enfáticamente,
46 Buenos Aires, recordados con nostalgia). que con este estudio de Alberini se supera la
LA FILOSOFÍA

actitud positivista y da comienzo otra época Por su parte, Alfredo Franceschi (1886­
con caracteres muy distintos. l942) se encamina hacia un realismo (realis­
La filosofía se cultiva, a partir de Alberini, mo crítico) que en Europa había entusiasma­
con rigor y con un nivel que la eleva a la con­ do a Hartmann, en una obra publicada por la
sideración de los principales pensadores del Universidad de La Plata con el título de Ensa­
mundo, sin que esta afirmación resulte exage­ yo sobre la teoría del conocimiento. En esta ac­
rada. Sus estudios sobre la evolución del pen­ titud, el problema ontológico y el gnoseológi­
samiento filosófico argentino y sus conferen­ co no se excluyen recíprocamente, pero tiene
cias en Europa, especialmente en Alemania, le prioridad el primero, con lo que se reivindica
dieron relieve universal. —en el terreno filosófico- la importancia de la
cosa y de la causa.
Sería, finalmente, Francisco Romero (1891­
LA CONSOLIDACIÓN DE LOS ESTUDIOS 1962) quien alcanzaría la primera cima de la fi­
FILOSÓFICOS losofía en el país. Había nacido en Sevilla y muy
joven se trasladó a la Argentina. Dejó la carrera
No debe pensarse, a esta altura, que la militar para suceder a Alejandro Korn en la cá­
preocupación filosófica se mostraba activa so­ tedra de metafísica de la Universidad de Buenos
lamente en el puerto. En el interior del país, en Aires. Con esa base se relacionó con un grupo
Tucumán aparece un filósofo, Alberto Rougés de estudiosos del país que lo tuvieron como el
(1880-1945) —no es el único caso, como se ve­ principal referente. Fue un arquetipo de filóso­
rá más adelante—, que se distinguió por un li­ fo, puesto que se preocupó pura y exclusiva­
bro titulado Las jerarquías del ser y la eterni­ mente por la problemática filosófica.
dad, cuyos tema y tratamiento implican una La generación del autor de este capítulo es­
actitud acabadamente espiritualista. tudió lógica (en el bachillerato) en la inolvida­
A su vez, en Córdoba, Saúl Taborda (1885­ ble y clarísirna obra Lógica y nociones de teoría
l945), si bien se ocupa principalmente de del conocimiento, escrita por Romero con la co­
cuestiones pedagógicas, en sus Investigaciones laboración de Eugenio Pucciarelli, cuya prime­
pedagógicas (1951) incursiona por temas filo­ ra edición es de 1938 y se multiplicó, por lo me­
sóficos, con preferencia en ámbitos de la filo­ nos, en diecisiete ediciones. Pero, quizá, su
sofía alemana, citando a Dilthey, Hartmann y problemática filosófica queda muy claramente
Max Scheler. expuesta en su Filosofia contemporánea (estu­
En la misma ciudad mediterránea, Enri­ dios y notas), que vio la luz en 1941 y que tuvo
que Martínez Paz (1882-1952) aborda temas prontamente dos ediciones más. Agrupa una
de derecho y de historia en general y, en parti­ serie de estudios donde expone con simpatía
cular, trata de una manera muy completa la el pensamiento de Hartmann, la filosofía de
problemática de la Filosofía del Derecho de la Husserl, el problema de los valores, la obra de
época, con una amplísima bibliografía. Estu­ Max Scheler, la actualidad de la Ontología y
dia a Kant y penetra en las estribaciones de la otras notas de igual importancia. Es preciso
metafísica cuando busca los fundamentos de destacar que, desde su perspectiva hartman­
las cosas y, por cierto, del derecho. niana, Romero resalta el hecho de que a la filo­ 47
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

l Francisco Romero dicta una conferencia. A su lado. Risieri Frondizi.

sofia de los sistemas había sucedido la hora de son términos inseparables. La esencia de la
la problematicidad. El filosofar contemporáneo humanidad cristaliza en la cultura y el hombre
se hace cada vez más problemático y menos sis­ se trasciende a sí mismo y se supera para apre­
temático a medida que avanza en su desarrollo. hender y comprender la realidad total.
Los problemas puntuales acucian, mientras que En consonancia con este tema se preocupó,
los sistemas envejecen. además, por los problemas de la historia de la
Otro tema que lo seduce es el de la persona filosofía y de las ideas y la filosofía de la historia.
vinculado con el problema de los valores, que Fue Romero un escritor bastante prolífico;
trata especialmente en Filosofía de la persona y desde la década de los años cincuenta hasta su
papeles para una filosofia. La persona trasciende muerte, escribió copiosamente y adquirió un
permanentemente hacia algo: hacia las cosas en enorme prestigio en el país y en el extranjero.
el conocimiento; hacia los valores siempre.
La nueva actitud, ya tan distanciada del po­
sitivismo, queda evidenciada cuando Romero EL PRIMER CONGRESO NACIONAL DE FILOSOFÍA

dice, en uno de sus trabajos, que el hombre, si


bien vive de pan, también vive de la metafísica. El Primer Congreso Nacional de Filosofia
Ella se halla siempre omnipresente, sin que de se realizó en Mendoza, entre el 30 de marzo y el
ordinario nos demos cuenta. 9 de abril de 1949. Este acontecimiento, pensa­
Cultivó también los problemas de la filo­ do como nacional, adquirió caracteres real­
48 sofía de la cultura. Para él, hombre y cultura mente internacionales. Su repercusión, sin te­
LA FILOSOFÍA

mor a exageraciones, fue mundial. Las Actas traron, en definitiva, la tolerancia en el ámbito
ocupan tres volúmenes (con 2.198 páginas) de un acontecimiento maduro e internacional.
editados por la Universidad Nacional de Cuyo. Es preciso, por otra parte, recordar los tó­
Es verdad que hubo algunas ausencias, picos de las sesiones para cerciorarse de la pro­
como las de Francisco Romero y Risieri Fron­ fundidad del pensamiento que se pretendió
dizi, pero en el orden nacional hubo una asis­ alcanzar. Así, hubo cinco grandes temas en las
tencia casi perfecta de las figuras más repre­ sesiones plenarias: la filosofía en la vida del es­
sentativas del pensamiento argentino y, en el píritu, en la que intervinieron los argentinos
internacional, hubo una concurrencia real­ Nimio de Anquín, Iosé Luis Guerrero y Ángel
mente excepcional, difícilmente igualada en Vasallo; la persona humana, en la que expuso
acontecimientos de esa índole en el resto del Octavio Nicolás Derisi; el existencialismo, en
siglo, en el país. En total, enviaron trabajos 227 la que actuó Carlos Astrada; la filosofía con­
relatores, de los cuales 105 eran extranjeros y temporánea y la ciudad humana, en la que in­
120 argentinos. Además, hubo miembros ad­ tervino Carlos Cossío.
herentes. Sería necesario citar, por lo menos, a Finalmente, en las sesiones particulares se
tres extranjeros que lo honraron con sus tra­ trataron los siguientes temas: Metafísica; si­
bajos: Maurice Blondel, Emile Bréhier y Hans­ tuación actual de la filosofía; Filosofía de la
Georg Gadarner, quienes hicieron conocer su existencia; Lógica y Gnoseología; Axiología y
pensamiento a través de sus comunicaciones, Ética; Psicología; Estética; Epistemología y Fi­
entre muchos otros. losofía de la Naturaleza, Filosofía de la Histo­
Ese congreso demostró la madurez de los ria; la cultura y la sociedad; Filosofía de la
estudios filosóficos en la Argentina y, por sí Educación; Filosofía del Derecho y la Política;
mismo, contesta, al menos en parte, la pregun­ Historia de la Filosofía y Filosofía argentina y
ta que se había formulado Alejandro Korn americana.
acerca de si los filósofos argentinos ya sabían No debe verse en estas extensas enumera­
dónde estaban, y fue una prueba fehaciente de ciones sólo lo cuantitativo; la jerarquía de los
una meditada preocupación sobrelos proble­ filósofos actuantes y lo completo de los temas,
mas fundamentales de la filosofía. aseguraron el éxito del congreso que tuvo su
Cabe señalar también -lo que es muy irn­ desarrollo en la Argentina, pero que habría
portante- que el congreso estuvo abierto, libre­ honrado a cualquier país europeo.
mente y sin cortapisas, a todas las corrientes del
pensamiento mundial. Desde el tomismo hasta
el materialismo histórico; desde el idealismo LOS FILÓSOFOS ARGENTINOS A MEDIADOS

hasta el realismo crítico y el existencialismo, y DEL SIGLO XX

desde la filosofía de los valores hasta el positi­


vismo lógico y el pragmatismo, todas esas ten­ A mediados del siglo XX, el país contaba en
dencias estuvieron representadas. su haber con una buena cantidad de pensado­
Hubo vitalidad, discusiones ríspidas den­ res de primer nivel y eso no ocurría sólo en el
tro de un marco de respeto, rozamientos inevi­ puerto sino también en el interior. Ocurre que
tables entre sectores antagónicos, que demos­ las facultades de Filosofía se habían multiplica­ 49
LA DIMENSIÓN (ÏIENTÍFICJX Y CULTURAL

l Rodolfo Mondolfo.

do. Para citar sólo un ejemplo, en el caso de y sostenido una clara actitud existencialista,
Córdoba -lo hizo también Tucumán-, sobre la calificada como humanismo de la libertad, y,
base de un Instituto de Filosofía, que se había por otra, Nimio de Anquín, profundo conoce­
fundado en la década de los años treinta, se dor del tomismo y de los pensadores alema­
procedió a constituir la Facultad de Filosofía y nes, especialmente de Hegel, sostuvo una acti­
Humanidades a mediados de los años cuaren­ tud que Alberto Caturelli califica como
ta. Esas circunstancias favorecieron, desde la “ontismo inmanentista”. Es decir, el existen­
cátedra, el cultivo del pensamiento filosófico. cialismo y el tomismo (el de Anquín, con ribe­
Por otra parte, terminada la Segunda Gue­ tes propios y singulares) son dos poderosas
rra Mundial, visitaron el país más pensadores corrientes que tienen sus genuinos represen­
del hemisferio norte, especialmente europeos, tantes en el país. Pero, como ocurrió en el si­
lo que motivó un riquísimo intercambio. Y, al glo anterior con Alberdi, nada de lo que asimi­
revés, muchos argentinos viajaron al exterior lan los argentinos es absorbido tal como se da
—algunos aun antes, esto es, en el período de en Europa. El filósofo argentino asimila y le da
entreguerras-, como fue el caso de Carlos As­ su toque auténticamente personal. Lo asimila­
trada y Nimio de Anquín. do es digerido con una impronta autóctona,
A mediados del siglo XX existían dos po­ como diría Alejandro Korn.
derosas corrientes claramente manifestadas. La Universidad de Córdoba, en 1926, ha­
50 Por una parte, Carlos Astrada había expuesto bía llamado a concurso para conceder becas a
LA FILOSOFIA

quienes desearan hacer y profimdizar sus es­


tudios en materias filosóficas en el extranjero.
Las obtuvieron dos estudiantes de Derecho
—que luego dejarían truncas estas carreras­
para dedicarse exclusivamente a la filosofía. Se
trataba de Astrada y de Anquín, quienes viaja­
ron a Alemania para sumar conocimientos y
experiencias.
Carlos Astrada (1894-1970), luego de su
estadía en el país germano, regresó a la patria
y se radicó posteriormente en Buenos Aires.
En Alemania había conocido profundamente
la filosofía que se profesaba en ese país. Así se
farniliarizó con Heidegger y Husserl, Scheler y
Nietzsche, Hegel y Marx. Sin duda, recibió in­
fluencias de todos ellos.
Astrada muestra su valía al ser uno de los
más activos participantes del Congreso de Filo­
sofía de Mendoza. En la sesión plenaria dedica­
da al existencialismo se debatieron su trabajo
l Carlos Astrada. Revista Mayoría, 1958.
sobre dicho tema y su tesis, que sostenía al exis­
tencialismo como la filosofía de la época. En se con el ente y expresarse en el orden moral
verdad había presentado dos comunicaciones como persona autónoma.
—arnbas abordaban asuntos sirnilares- y, en la Si bien el pensamiento de Astrada se desa­
segunda, trataba la relación del Ser con la Exis­ rrolla, en gran medida, al filo del de Heideg­
tencia. De tal forma que, para él, esta actitud, ger, trata de ir más allá de él y ensaya su críti­
defendida en esta corriente, era la única digna ca a este tipo de filosofía de la existencia y, con
de ser calificada como verdaderamente filosófi­ ello, se abre a horizontes hegelianos y marxis­
ca. El hombre concreto, según Astrada, debe ser tas. Expone con gran convicción su estudio
el punto de partida y de llegada de toda filoso­ sobre la finitud del hombre, a partir de la cual
fía que merezca realmente el nombre de tal. otea y valora la libertad. Y, a medida que avan­
Proclama que la filosofía es un módo de za y profundiza su pensamiento, a medida que
ser de la existencia humana. En la filosofía no progresa en su vida, se produce un acerca­
se tiende al objeto sino al modo de ser del su­ miento a Carlos Marx. Lo sugestionó el estu­
jeto que filosofa y se llega a su análisis profun­ dio de la técnica en cuanto pretende condicio­
dizando las líneas de la temporalidad, la fini­ nar al hombre y lo subyugaba investigar cómo
tud y la mundanidad. No le es ajeno el tema de se puede colmar el abismo entre la teoría y la
los valores como tampoco el problema de la li­ práctica. En suma, el inmanentismo de su
bertad. Ésta, que es absoluta espontaneidad, pensamiento existencial es la impronta funda­
metafísicamente permite al sujeto comunicar­ mental que califica su actitud. 51
LA DIMENSIÓN (IIENTÍFICA Y CULTURAL

Vale la pena consignar también que Astra­ quitectura a partir de la cual puede profundi­
da se plantea, como muchos filósofos argenti­ zarse la especulación filosófica. En ese sentido,
nos, el problema de la identidad nacional del es un tomista que va más allá del tomismo.
argentino y, en su caso, del americano. Esto es Fue significativa la impresión que produjo
una constante entre nosotros. Astrada hace en el Congreso de Filosofía de Mendoza su ex­
una interpretación especial con el estudio del posición Derelicti sumus in mundo, que sor­
gaucho Martín Fierro, exponente de la soledad prendió incluso a algunos pensadores euro­
pampeana. Este es un ingrediente peculiar que peos. Desde su actitud juzga al existencialismo
añade al sujeto la mundanidad de su entorno, y trata de demostrar sus limitaciones.
lo que implica a la soledad como el medio pai­ Nimio de Anquín había logrado su beca en
sajístico que acompaña al sujeto. el recordado concurso de 1926 realizado por la
Astrada es sólo uno -probablemente el Universidad de Córdoba, con un estudio sobre
más importante- de los representantes del el problema epistemológico de la filosofía ar­
existencialismo argentino. Debe mencionarse gentina de la época, cuyo análisis casi juvenil lo
también a Miguel Ángel Virasoro (1900-1966), revela como un talento agudo y fecundo.
quien se muestra como un sostenedor de cier­ Lo cautivó el tema antropológico, entre
to existencialismo, calificado como dialéctico, otros. Su meditación sobre la antropología de
que pasa de la angustia a la ansiedad, ansiedad los tres hombres históricos pone de relieve su
que se va definiendo como proyecto libre, que preocupación por el tema del hombre y, en el
supera la noción de libertad de Alejandro Korn caso, del hombre oriental, el judío y el griego,
y que revela su aspiración de trascendencia. La cada uno con una especial connotación y ca­
exposición que efectuó en el Congreso de racterística. Pero, quizá, sus especulaciones
Mendoza sobre el tema existencia y dialéctica, más profundas se ciernen sobre el problema
muestra sus diferencias con Heidegger y Hus­ del ser, tratado desde la perspectiva del Ente y
serl, aunque sus resonancias revelan las in­ el Ser. La proyección del pensamiento no olvi­
fluencias europeas recibidas, puesto que su fi­ da el tema del ser americano, que no puede
losofía se desarrolla a partir de ellas. negar influencias hegelianas en esa concep­
En esta corriente se puede aun mencionar ción de filosofia de la historia.
a Vicente Fatone, desde un ángulo místico y Como nota que lo define finalmente, cabe
religioso, y a Iuan Carlos Erro, con su inquie­ anotar su convicción acerca de la contradic­
tud por el universal criollo. Ambos, cumplida­ ción existente entre la fe cristiana y la filosofía
mente, la representan con matices especiales. en sentido estricto, opinión que vertía aun en
Por su parte, Nimio de Anquín (1896­ su cátedra con un tenaz convencimiento.
l978) es un pensador católico singular, pro­ Nimio de Anquín fue un verdadero meta­
fundamente conocedor de Hegel y, al mismo físico, quizás uno de los más grandes que ha
tiempo, de la filosofía escolástica. Acepta el producido el país. Pese a su no muy prolífica
pensamiento de Santo Tomás, como el más producción bibliográfica, pocos podían aven­
grande filósofo católico de la Edad Media, pe­ tajarlo en el conocimiento de Hegel y quizá na­
ro no se aferra a la estructura de su sistema co­ die, además, añadiera a ello el minucioso co­
52 mo si fuera algo definitivo, sino como una ar­ nocimiento de la escolástica.
LA FILOSOFÍA

En la década de los años cincuenta hubo anteriores y tuvo también una participación
otros filósofos que frisaban la cincuentena y muy especial en el Congreso de Mendoza. Se
que se destacaron. No todos se enrolaron en trata de Luis Juan Guerrero (1896-1956), a
una corriente determinada, tema que la inci­ quien no le fueron extrañas la filosofía exis­
piente historia aún no ha abordado en pro­ tencial ni la fenomenología, pero especial­
fundidad. Hubo alguien que, ya sea por su vo­ mente centró su atención en el problema de la
cación o por obra de las circunstancias, belleza y la estética. Su exposición sobre las es­
mantuvo al respecto una severa independen­ cenas de la vida estética es ciertamente origi­
cia. La filosofía asistemática facilitó esa orien­ nal, y lo conduce a sostener que la belleza es el
tación. Es el caso de Ángel Vasallo (1902­ esplendor del Ser puesto en obra. Existe una
1972), quien experimentó una atracción vinculación de la estética con el obrar huma­
especial por el sentido del filosofar. Se pregun­ no en un universal horizonte trascendental.
taba ¿Qué es la filosofías’, y para responder el
interrogante sugería que la respuesta debía
provenir de los mismos filósofos. Pensaba, por LOS FILÓSOFOS CATOLICOS

lo demás, que la pregunta debía obligar a bu­


cear en las formas principales que la filosofía La corriente filosófica de orientación cató­
asume en la historia y, finalmente, correspon­ lica ha tenido un fuerte arraigo en el país. Sus
día examinar el contenido de las filosofias pa­ antecedentes se encuentran ya en el período
ra ver y comprender las notas sustantivas y hispánico y sus preocupaciones, con algunos
universales que la definen. Muy conocedor de altibajos, se mantienen de manera permanen­
los filósofos modemos como Blondel y Marcel te, aun durante el período más agudamente
y de los que lo precedieron, como Descartes, positivista.
Pascal y Kant, y de los más lejanos en el tiem­ Una de las figuras más nítidamente repre­
po, como San Agustín, los temas de la inma­ sentativas en este aspecto, que actuó en pleno
nencia y la trascendencia, de la subjetividad y auge del positivismo, especialmente en el últi­
de la finitud lo sugestionaron. En algunas de mo cuarto del siglo XIX, fue Iosé Manuel Es­
sus obras se advierte que tanto la mística cris­ trada (l842- 1894). Se ha dicho que anuncia el
tiana como la metafísica francesa de la época, tomismo que está renaciendo. Insiste en la ex­
especialmente Blondel, lo marcaron, sin que periencia como el fundamento legítimo de to­
por ello dejara de mostrar aspectos originales. da doctrina filosófica, pero expresa que Dios
Es verdad que Vasallo no adhirió a una co­ es el problema fundamental de la experiencia.
rriente determinada, pero las preferencias de Sobre la base de tal argumento, combate al po­
los temas tratados evidencian que se halla cer­ sitivismo. En otro orden, sostiene que la inte­
ca de Pascal, Marcel y Blondel y que, cuando ligencia tiene por objeto la verdad. Y, como tu­
anuncia la presencia de la infinitud en la fini­ vo una destacada actuación política, se
tud, lo conmueve la intuición de la divinidad. planteó el problema de la moral, en cuya acti­
A fuer de justos, es necesario citar también tud sostuvo una postura decididamente to­
a un eximio pensador de los problemas estéti­ mista. Mas, en el ámbito de las ideas políticas,
cos. Pertenece a la misma generación de los prefirió la lectura de Suárez. S3
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Con el correr de los tiempos y, a medida que y resueltos de una manera armónica y cohe­
avanza y concluye el siglo, ya en el XX, resurge rente. El punto de partida, que sigue el derro­
de manera evidente y fuerte el tomismo. Por tero de los grandes pensadores, Aristóteles y
cierto, aquí también existen distintos matices. El Santo Tomás, es la experiencia, hincada en lo
resurgimiento de la filosofia escolástica en Bue­ concreto e individual y que, merced a la labor
nos Aires se produce, especialmente, con la de­ de la inteligencia, se eleva a la aprehensión de
dicación de Tomás D. Casares (1895- 1976). Fue, las esencias.
en verdad, el principal impulsor de los Cursos Se diría que, en ese pensamiento, existe
de Cultura Católica. Quizás el comienzo de la presencia e influencia de Gilson y Maritain.
agonía del positivismo obró como acicate pa­ Es harto conocido entre los filósofos cómo ha
ra que se produjera una consumada crítica a explicado Maritain la doctrina del conoci­
dicha corriente por parte de los pensadores miento de los tres grados de abstracción, doc­
católicos. En la década de los años veinte se trina que ha tenido aceptación entre muchísi­
fundó la revista Criterio. mos tomistas y que también Derisi ha
El espíritu tomista de Casares, en orden a la aceptado: ser material (primer grado), ser
filosofía general, se nutría especialmente de las cuantitativo (segundo grado) y ser en cuanto
lecturas de Mercier y Sertillanges y, en orden a ser (tercer grado). '
la filosofía del derecho -era abogado—, fre­ En la arquitectura del sistema la teoría hi­
cuentaba a Cathrein. Sostenía que la moral es lemórfica aristotélica y la teoría del acto y la
el fundamento del derecho y que la persona potencia son poderosas palancas para susten­
humana es el único sujeto posible de derechos. tar la explicación de los seres físicos y de todo
La década de los años cuarenta fue enor­ el mundo material, en un movimiento que se
memente fecunda en obras de filósofos católi­ encamina hacia la perfección y lo inmaterial.
cos. Entre ellos se cuenta Octavio Nicolás Deri­ Al orden especulativo sigue el orden prác­
si (1907). Hoy es ya un sacerdote de avanzada tico que se establece con la jerarquía de la me­
edad y de la más pura ortodoxia tomista. Ha si­ tafísica, a la que se subordinan la ética y la po­
do sumamente prolífico. Está absolutamente lítica. El bien, fundamento del orden moral, se
convencido de la legitimidad de la filosofía organiza sobre el modelo de la causa final. De­
cristiana, representada por un tomismo que, risi ha escrito sobre todos los temas irnportan­
desde el propio Santo Tomás, no ha hecho si­ tes que constituyen un sistema de filosofía y,
no descubrir un cuerpo de verdades, alrededor en cuanto a los que tienen relación con la me­
de las cuales se ha perfeccionado hasta hoy la tafísica, merecen conocerse sus estudios que
suma de todos los conocimientos, en los que la tratan la cuestión de los fundamentos, por
fe y la razón mantienen una estricta relación, cierto metafísicos, del orden moral. No dejó
siendo subalternante la primera y subalterna­ de explicar, además, el meollo de los princi­
da la segimda. En este punto, seguramente, pios fimdamentales del tomismo, que han si­
Nirnio de Anquín no concordaría con él. Es do tomados de la doctrina de la inteligencia de
evidente, por lo demás, que hay aquí todo un Aristóteles y del propio Santo Tomás, donde se
sistema y decir sistema significa que todos los despliega también la doctrina de la potencia y
54 grandes temas de la filosofía han sido tratados el acto y de la analogía del ente.
LA FILOSOFÍA

En este pensador tomista se encuentra, por eso, es una permanente búsqueda desde
además —no podía faltar en manera algtma—, una situación temporal hacia la verdad intem­
una filosofia de la persona. El estudio expresa poral. De ahí que el método reciba la denomi­
los caracteres de la persona, que enumera de nación de dialéctica de la inadecuación peren­
esta forma: unidad, inmanencia, libertad y su ne. Como era de esperar, Caturelli concede una
triple trascendencia. Las actividaderde la per­ enorme importancia al problema antropologi­
sona, a su vez, se detallan como metafísica, mo­ co y enuncia una actitud que es, ciertamente,
ral y cultural. Y, como fin de la reflexión, se in­ original. La pregunta a la cual se responde es la
fiere que la persona es esencialmente religiosa, de quién es hombre, ya que no es dirigida sola­
pues por su intencionalidad aspira a Dios. La mente al interlocutor sino que el que inquiere
crisis de la persona de nuestros días obedece a queda implicado en la interrogación. Sus tra­
la irreligiosidad, que la hace caer en el antropo­ bajos lo ubican siempre en actitud vigilante
centrismo, lo que conspira espiritualmente con una constante crítica al inmanentismo del
contra el humanismo que Derisi profesa. cual hace gala, generalmente, la sociedad de
Cabría agregar aún dos hechos de irnpor­ nuestros días y el actual hombre mediocre.
tancia: Derisi fimdó la revista tomista de filo­ No sería propio olvidar aquí que fue Al­
sofía Sapientia y, con Alberto Caturelli, orga­ berto Caturelli quien escribió las notas de los
nizó el Primer Congreso Mundial de Filosofía filósofos argentinos aparecidas en el Diction­
Cristiana, que se realizó en Embalse, provincia naire des Philosophes, editado por Presses Uni­
de Córdoba, en 1979. versitaires de France, bajo la dirección de De­
Entre los pensadores católicos de una ge­ nis Huisman. Su nombre figura también en la
neración posterior es inevitable la mención de Enciclopedia filosófica di Gallarate.
Alberto Caturelli (1927). Este filósofo cordo­ Es preciso añadir que los sacerdotes jesui­
bés, metafísico, que ha tratado los temas fun­ tas presentan una pléyade de pensadores cató­
damentales de la filosofía y que ha dedicado licos que por sí solos honrarían una corriente
muchísimas y minuciosas páginas a la historia filosófica. Aquí sólo hay espacio para mencio­
de la filosofía en el país y, específicamente, los nar a algunos de ellos, entre los cuales se cuen­
tres volúmenes dedicados a Córdoba, es un tan Ismael Quiles, Enrique B. Pita, Iuan Rosa­
trabajador infatigable y autor de una produc­ nas y Orestes Bazzano.
ción bibliográfica impresionante.
Su actitud, dentro del tomismo, con mati­
ces especiales, ha sido calificada como la de un OTRAS EXPRESIONES Y "TENDENCIAS
interiorismo realista. Ha frecuentado con mu­
cha simpatía la filosofía de San Agustín y, en­ Es un proceder habitual, del cual se abusa a
tre los filósofos actuales, ha encontrado en veces, cuando se hace mención de un pensa­
Michele Federico Sciacca un espíritu fraterno dor, tratar de ubicarlo dentro de un casillero
en las ideas y en el método para resolver los determinado, como si con ello todo quedase
problemas. dicho y resuelto. Pero eso no es sencillo ni sim­
Para Caturelli la filosofía comienza en mí y ple, sino un expediente cómodo para el crítico
ese quehacer es interno a la situación histórica; y el lector. La realidad muestra, por el contra­ 55
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

rio, autores que se resisten a una rápida ubica­ Otro pensador digno de mención fue Ma­
ción, ya sea por la diversidad de sus trabajos, nuel Gonzalo Casas (1911-1981). Nació en la
por la brevedad de ellos o por ciertos desliza­ provincia de Córdoba y ocupó la cátedra uni­
mientos en sus tendencias, que no encajan en versitaria en Tucumán y en su provincia natal.
corrientes claramente definidas. Fue tomista pero no estrictamente ortodoxo.
Se ha visto cómo el período se abre con el En su juventud, fue un entusiasta expositor de
positivismo, continúa con una reacción espiri­ Heidegger y más tarde tuvo especiales prefe­
tualista, se produce la consolidación de la rencias por Buber, como se refleja en sus escri­
preocupación filosófica y luego, con el Con­ tos. Mostró una gran inquietud por los temas
greso de Filosofía de Mendoza, se advierten ya políticos y sociales, internándose, en ocasio­
dos corrientes perfectamente estructuradas: el nes, por las sendas que inquietaron a algunos
existencialismo y el tomismo renacido. Pero existencialistas. Fue autor de una introducción
hay filósofos —algunos de los más importantes a los problemas de la filosofía que, publicada
que no sólo hablaron desde la cátedra, sino en España, alcanzó cuatro ediciones.
que se distinguieron más allá de ella- que tie­ Compartió con muchos pensadores ar­
nen perfiles especiales y cuya ubicación dentro gentinos el estudio del hombre concreto y del
de una corriente es difícil de establecer y que, hombre americano. Las meditaciones vertidas
si se lo hace, la decisión resulta polémica. Por en distintas conferencias fueron recogidas en
ejemplo, no es tarea fácil ubicar en un casille­ un libro que ilustró conceptualmente su pre­
ro a Nimio de Anquín, a quien ya se hizorefe­ dilección por la expresión pensamiento real,
rencia. A continuación se mencionarán algu­ que gustaba repetir en sus diálogos, como ca­
nos otros con características peculiares. lificación de su actitud filosófica.
El problema axiológico fue tratado por Por sus trabajos, que revelaban asiduas
más de un pensador argentino. Uno de ellos lecturas de la corriente existencialista y que,
fue Risieri Frondizi (1910-1983). Se interesó por otra parte, alternaba con las tendencias fe­
por el pensamiento norteamericano y el in­ nomenológicas, Emilio Estiú (1914) se distin­
glés, sin descuidar el francés y el alemán. Co­ guió por sus preocupaciones estéticas. En ese
mo una introducción a la axiología, se pre­ sentido, se lo puede considerar digno émulo
guntó: ¿Qué son los valores? Dada la polémica de Iuan Luis Guerrero. Fue director del Insti­
surgida entre los subjetivistas y los objetivis­ tuto de Filosofía de la Universidad de La Plata,
tas, intentó una tercera solución, luego de ha­ universidad de la que fue profesor y ocupó la
cer un análisis de esas corrientes. Si se llama cátedra de Historia de la Filosofía Moderna.
“situación” a las circunstancias, encuentra que Un filósofo que, radicado en Mendoza, se
los valores tienen existencia y sentido sólo preocupó especialmente por la historia del
dentro de una situación concreta y determina­ pensamiento argentino, fue Diego Pró (1915­
da. Es un filósofo que difícilmente pueda ser I999). Fundó la revista Philosophia en 1944,
ubicado dentro de una corriente, ya que guar­ de la que fue su director. Sus famosas fichas de
da una independencia muy particular. Fue los filósofos argentinos contribuyeron a hacer
profesor y rector de la Universidad de Buenos conocer a muchos cultores de la filosofia. Ade­
56 Aires. más, el anuario Cuyo fue un apoyo constante
LA FILOSOFÍA

en el sentido indicado. Pero su mérito no se Cabe aún mencionar en esta breve nómi­
agota sólo en esa tarea, ya que escribió tam­ na a Francisco García Bazán (1940), quien, na­
bién sobre temas de filosofía clásica e hizo per­ cido en Málaga (España), desde 1956 vive en
manente labor de investigación. la Argentina. Adquirió renombre internacio­
Las ideas de Francisco Romero, según las nal con sus estudios acerca de los primeros si­
cuales el período de la filosofía enunciada a glos del cristianismo y los gnósticos.
través de sistemas se está agotando, tuvieron Es indudable que aquí solamente se ha he­
su Continuador en Adolfo Carpio (1923), que cho una breve selección de filósofos y que,
nació en Buenos Aires, de cuya universidad muchos más, quizá tan importantes como los
nacional fue profesor. Su actitud filosófica se mencionados, merecerían ser incluidos.
hace contemplación de problemas puntuales
que surgen en cada época y, eventualmente, en
distintos lugares, lo que no implica el olvido OTROS CONGRESOS

de la naturaleza propia de la meditación filo­


sófica ni la historia de la filosofía sistemática. Además del ya citado de Mendoza, en el
Sus lecciones fueron recogidas luego en un li­ período estudiado hubo otros congresos. El
bro que, publicado en 1971, fue reeditado con Segundo Congreso Nacional de Filosofía tuvo
posterioridad con evidentes profundizaciones lugar en Alta Gracia (provincia de Córdoba),
y una mayor riqueza conceptual. impulsado por el decano de la Facultad de Fi­
Según se ha afirmado, Arturo García As­ losofía y Humanidades y respaldado, luego,
trada (1925) se ha aproximado a las últimas desde el rectorado de la Universidad Nacional
tesis de Nimio de Anquín. Profesó en la Uni­ de Córdoba.
versidad de Tucumán, donde dirigió la revista Alberto Caturelli hizo una excelente y ex­
Humanitas, y en la de Córdoba. Ha sostenido haustiva crónica de la preparación y desarro­
que la finitud de la existencia es culpa; y que, llo del citado congreso, que fue publicada en la
en definitiva, ella se reintegra a la unidad del revista Humanidades de la facultad menciona­
Todo en el cual tuvo origen. Reiteradamente da. Simultáneamente con la fecha de su reali­
queda afirmado que toda existencia retorna y zación (6 al 12 de junio de 1971), el mismo
se inserta en la Totalidad del ser. Caturelli publicó un libro sobre la situación de
La corriente de la filosofía analítica tiene la filosofía en la Argentina de ese momento y,
también sus seguidores en el país. El contacto además, otra obra en la que se mostraban cuá­
cada vez mayor de muchos pensadores argen­ les eran los temas más importantes de la filo­
tinos con el pensamiento norteamericano y sofía contemporánea; obras que tuvieron por
con la filosofía anglosajona lo pone en eviden­ objeto ilustrar a los extranjeros y, en su caso,
cia. Un representante de esa corriente es recordar a todos los concurrentes acerca de la
Eduardo Antonio Rabossi (1930). En los Esta­ situación de la filosofía en el país.
dos Unidos obtuvo su título de Master of Arts Habían pasado veintidós años desde el
y sus obras revelan una preocupación por el Congreso de Mendoza. En el ínterin había asu­
lenguaje en cuanto se relaciona con los pro­ mido otra perspectiva la polarización entre el
blemas éticos. tomismo y el existencialismo. Los críticos, en 57
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

general, reconocieron que nadie quedó exclui­ tranjero. Hubo otros que prefirieron el exilio
do del congreso. Los tomistas, con tonalidades interno, aun a riesgo de sus propias vidas. Las
diversas, hicieron notar su presencia, lo que universidades fueron intervenidas por perso­
también aconteció, en menor grado, con los nal militar y hubo quemas de libros. A tal ex­
existencialistas. Pero aparecieron también otras tremo llegó la gravedad de los hechos —con la
corrientes, como las de signos de izquierda y de consiguiente repercusión fuera del país- que el
afinidades con el marxismo. Hubo, como no presidente de la Federación Internacional de
podía ser de otra manera, algunos pensadores Sociedades de Filosofía de entonces, doctor Al­
que se mostraron eclécticos y otros muy de­ win Diemer, concurrió al Tercer Congreso Na­
pendientes de las ideas europeas. Este congreso cional de Filosofía, "realizado en octubre de
señaló una etapa nueva y más avanzada que la 1980, en Buenos Aires, con el objeto de conver­
de Mendoza en lo que se refiere a la madurez sar con algimos profesores que habían perdido
de los filósofos argentinos y a la investigación. sus cátedras y ofrecerles continuar su labor en
Participaron más de cuatrocientos filóso­ la costa oeste de los Estados Unidos.
fos. Diríase que, dado el horizonte político Precisamente, ese Tercer Congreso Nacio­
mundial y el propio del país, aparecen también nal de Filosofía, que se celebró conmemoran­
signos de la filosofía de la liberación para ter­ do el cuarto centenario de la fundación de la
ciar entre los polos tomismo-existencialismo. ciudad de Buenos Aires, fue organizado por la
Aquí es oportuno hacer algunas reflexio­ Facultad de Filosofía y Letras de la Universi­
nes sobre la importancia de la situación polí­ dad de Buenos Aires. Trabajaron activamente
tica en el país, que ha influido siempre en el en su realización Eugenio Pucciarelli y Merce­
pensamiento y en las ideas de los intelectuales des Bergadá. Fue un congreso en el que se
argentinos. Una actitud químicamente pura mostraron virtualmente todas las corrientes
en cuanto a tratar la evolución y el estado del filosóficas. Las deliberaciones se enmarcaron
pensamiento filosófico, haciendo caso omiso dentro del tema general, que fue el del sentido
de la realidad política y social, implica oculta­ y vigencia de la filosofia en el mundo actual. El
miento y falta de lealtad con el lector. congreso se clausuró con una exposición del
En la Argentina, en el siglo XX, hubo diver­ filósofo italiano, especializado en Filosofia del
sos movimientos de fuerza que quebrantaron Derecho, Sergio Cotta.
el orden institucional en 1930, 1943, 1955, Tres años después, en 1983, se realizó en
1966 y 1976. El ritmo se produjo, en esos casos, Salta el Cuarto Congreso Nacional de Filosofía,
con intervalos cada vez menores, sin contar al­ con el tema principal de Conocimiento y verdad,
gún otro remezón. Si bien los movimientos con menor número de participantes que los an­
siempre tuvieron algtma incidencia en la vida teriores, en el que se notó un predominio de la
de los filósofos, generalmente dependientes de filosofía analítica en las comunicaciones. No
sus cátedras para subsistir, el que se dio en concurrieron algunas figuras importantes de la
1976 tuvo una repercusión tremendamente filosofia nacional. El congreso se realizó en el
mayor que los anteriores. Muchos profesores año en que concluía el gobierno de facto y se
perdieron sus cátedras. Hubo quienes empren­ reanudaba la vida constitucional en el país, con
S8 dieron el camino del exilio y se fueron al ex­ la asunción de un gobiemo democrático.
LA FILOSOFÍA

LA FILOSOFÍA Y LAs DISCIPLINAS


PARTICULARES. Los NUEvos PROBLEMAS.
LA PRESENCIA ARGENTINA EN EL MUNDO

Hay una notoria presencia de filósofos ar­


gentinos dedicados al cultivo de la filosofía de
las disciplinas particulares. Así, por ejemplo,
en Filosofía del Derecho, se han destacado
mundialmente diversas personalidades. Quí­
zás el más conocido es el caso de Carlos Cos­
sio, autor de la llamada teoría egológica del
derecho. Gran polemista, tuvo un resonante y
prolongado debate con el célebre Hans Kelsen
y, en el país, polemizó también con Alfredo
Fragueiro. El filósofo francés Albert Brirnó,
cuando escribió su Panorama de la Filosofia
l Vicente Fatone.
del Derecho, le dedicó a Cossío nada menos
que ocho páginas. Cossío fue, además, tradu­
Hubo, además, otros congresos. Algunos de cido a diversos idiomas. Se ufanó muchas ve­
importancia. Cabe destacar, entre ellos, el Pri­ ces de que el lógico polaco Jerzy Wroblesky
mer Congreso Mundial de Filosofía Cristiana, hubiera aprendido español para poder leerlo,
organizado por la Sociedad Católica Argentina lo que pudo confirmar el autor de este capítu­
de Filosofía. En su realización trabajaron Octa­ lo por propia confesión de Wroblesky.
vio Nicolás Derisi y Alberto Caturelli. Se cele­ Fueron conocidos en el exterior, en la mis­
bró en Embalse (provincia de Córdoba), con el ma disciplina, entre otros, Enrique Martínez
tema principal La filosofía del cristiano, hay. Paz, Alfredo Fragueiro, Guido Soaje, Genaro
Concurrió una apreciable cantidad de pensa­ Carrió, Eugenio Bulygin, Carlos Alchourrón,
dores extranjeros. En él se advirtió una severa Ernesto Garzón, Roberto José Vernengo, Iuan
crítica al inmanentismo de la filosofía actual. Carlos Smith, Ricardo Guíbourg, Miguel An­
Desde una perspectiva particular, la Aso­ gel Ciuro Caldani y Carlos Massini. Se debe
ciación Argentina de Filosofía del Derecho aclarar que la Asociación Argentina de Filoso­
realizó el Primer Congreso Internacional de su fía del Derecho, afiliada a la IVR (organismo
especialidad en el año 1982, organizado por internacional que agrupa a las asociaciones
Juan Carlos Smith, en la ciudad de La Plata. nacionales), por la cantidad y la calidad de sus
Por otra parte, en Córdoba, se celebran miembros, se encuentra entre las primeras del
anualmente las Jornadas Nacionales de Filoso­ mundo.
fía desde finales de la década de los años seten­ En el orden de la Epistemología, la Argen­
ta. Abundan también reuniones a escala regio­ tina ha tenido cultores desde hace mucho
nal, generalmente centradas en Buenos Aires, tiempo. Entre los primeros se cuenta Nimio
Tucumán, Córdoba, Salta y Mendoza. de Anquín, que, con su trabajo publicado en 59
LA DIMENSIÓN (IIENTÍFICA Y CULTURAL

1927 en la Revista de la Universidad Nacional No es posible cerrar la nómina de estas re­


de Córdoba, ganó la beca que lo llevó al Viejo ferencias sin mencionar a Armando Asti Vera,
Mundo. En un tiempo más cercano, en una autor de temas de esta especialidad, infortuna­
línea tomista ortodoxa, existe una obra de damente fallecido a edad muy temprana.
Octavio Nicolás Derisi. Y, finalmente, en una Los filósofos argentinos se han ocupado
línea abierta y menos teórica, se encuentran también con preferencia de la ética y de los te­
los trabajos de Franco Murat y Gregorio Kli­ mas relacionados con ella. Cabe mencionar
movsky. aquí a Rafael Virasoro (1906-1984), quien se
La especialidad en Lógica es muy rica en ha preocupado por analizar y distinguir lo
estudios, desde las obras simplemente escola­ bueno de lo malo. Es bueno aquello que es de­
res hasta las de mayor especialización y pro­ bido, afirma, con la convicción del que siente la
fundidad. El francés Edmond Goblot, por necesidad de encontrar los fimdamentos de la
ejemplo, influyó y tuvo contactos epistolares moral. Con conocimiento de las obras de Max
con Raúl Martínez, ya desde 1924. Francisco Scheler, de Hartmann y de Husserl defiende la
Romero y Eugenio Pucciarelli, con alguna in­ objetividad de los valores y proclama que el
fluencia fenomenológica, publicaron una Ló­ hombre no puede ser realmente tal sin ellos.
gica que alcanzó varias ediciones. Existen, ade­ Por otra parte, en este período, se han per­
más, trabajos de Alberto Moreno, Juan Ramón filado nuevos problemas puntuales, pero no
Sepich, Jorge Roetti, Iorge Bosch, Vicente Fa­ por ello menos trascendentes para el hombre
tone, María Angélica Colacilli de Muro y Iuan y su biosfera, que han suscitado la atención in­
Luis de Angelis. cluso delos filósofos. Uno de ellos se roza con
En Filosofía de la Naturaleza existen bue­ la vertiente política: es el de los derechos hu­
nos trabajos de Iuan E. Bolzán, que siguen una manos. Existe una notoria preocupación al
línea neotomista, algunos de ellos sobre temas respecto, que, si bien viene de lejos, se ha acen­
históricos, otros que tratan de dar una visión tuado con los actos perpetrados por regíme­
panorámica de la materia y otros, en fin, que nes dictatoriales durante la Segunda Guerra
vinculan especialmente al hombre, a las cosas Mundial y, además, por ciertos gobiernos de
y al tiempo. fuerza y de otros que, sin ser de fuerza, no los
Sobre Filosofía de las Ciencias ya había lla­ respetaron ni los respetan.
mado la atención, en el Congreso de Mendoza Los avances de las ciencias también han
de 1949, la obra realizada por Raymundo Par­ traído, como contracara, diversas situaciones
do referida al tema de los integrantes raciona­ dignas de estudio. Es el caso, por ejemplo, de
les, en una actitud inmanentista y relativista. los procedimientos y métodos de la ingeniería
Pero el máximo representante es, sin duda, genética y de todos los aspectos de la técnica
Mario Bunge, que cosechó prestigio interna­ con respecto a la vida del hombre, a su gesta­
cional. Reside actualmente en el Canadá. En ción, a su desarrollo, a su forma de vida y a su
su vasta producción, que abarca también te­ muerte. La bioética, en este sentido, es una
mas epistemológicos, el lector puede encon­ disciplina que tiene ya una presencia indiscu­
trar respuestas acerca de la ciencia, de su mé­ tible, situación que se acrecentará a medida
60 todo y de la filosofía. que se avance en el tiempo.
LA FILOSOFÍA

l Eugenio Pucciarelli.

Los problemas ecológicos también rozan disciplinas filosóficas. Iosé Ingenieros, a su


con sus aristas las meditaciones filosóficas. Es vez, hizo conocer su pensamiento en los Esta­
el estudio de la actitud que tiene el hombre dos Unidos y tuvo el orgullo de ser traducido
frente a la naturaleza lo que afina la sensibili­ al francés, así como otros pensadores del pe­
dad de las conciencias. Tema muy digno para ríodo.
el filósofo, que tiene futuro asegurado para Coriolano Alberini dictó conferencias en
complejas elucubraciones. Alemania con las que hizo conocer las co­
En otro orden, es dable destacar la notoria rrientes filosóficas en nuestro país. En el año
y permanente presencia de los filósofos argen­ 1930 apareció en Berlín su trabajo sobre la fi­
tinos en el mundo, a través de los congresos, losofía alemana en la Argentina.
de las publicaciones, de los diccionarios espe­ Para no prolongar las citas puntuales con
cializados y de las revistas editadas en el ex­ que se pretende llamar la atención sobre este
tranjero y en el país, que llegan a los diversos tópico, cabe recordar que en 1983 se publicó en
centros universitarios y académicos. Francia un diccionario que contiene la nómina
Si se amplía con indulgencia el período mundial de los filósofos de todos los tiempos y,
aquí tratado, como antecedente de lo que en ella, figura una cincuentena de filósofos ar­
ocurrió al comienzo del siglo XX, es posible gentinos. La redacción, en lo que atañe al país,
citar, brevemente, el conocimiento que se tu­ fue encomendada a Alberto Caturelli, aunque
vo de los trabajos de Florentino Ameghino en la selección correspondió al director de la pu­
el extranjero —por cierto que dentro de su es­ blicación, D. Huisman. También el conocido
pecialidad-, pero con resonancias netas en las diccionario de filosofía de Ferrater Mora indu­ 6]
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

ye en su nómina y en su bibliografía a diversos materia, ya no Filosofía, sino Ideología y ter­


intelectuales argentinos. minó recomendando a sus alumnos la lectura
Por último, los principales congresos de fi­ del materialista barón de Holbach. Finalmen­
losofia que se realizan en el mundo, cuentan, te, Diego Alcorta, espíritu morigerado, conci­
frecuentemente, cualesquiera sean su sede de liador, médico por lo demás, enseñó la materia
realización y su temática, con filósofos argen­ por el francés Pierre Cabanis, médico también
finos e ideólogo de los primeros juntamente con
Destutt de Tracy. Cabanis pretendía explicar la
relación entre cuerpo y espíritu en el hombre,
LA FILOSOFÍA EN EL PAÍS problema y temática típicamente franceses, ge­
nerados por la meditación cartesiana.
Desde muy temprano, en el país, a medi­ Así las cosas, los jóvenes que integraron la
da que ha ido madurando el pensamiento fi­ generación de 1837 (especialmente, Iuan
losófico ha circulado el interrogante: ¿Existe Bautista Alberdi, Marcos Sastre y Juan María
realmente una filosofía argentina? No nos Gutiérrez, sin olvidar a quien fue como el her­
equivocaremos si respondemos afirmativa­ mano mayor de esa generación, Esteban Eche­
mente. Es decir, existe una filosofía en la Ar­ verría) habían bebido en las fuentes de la
gentina. De eso no cabe duda, como ya ha si­ Ideología.
do analizado hace tiempo. Más polémico sería Suele afirmarse que, desde 1837 hasta
decir que existe un pensar filosófico argentino 1880, predominan dos corrientes: el romanti­
propiamente dicho. Sin embargo, han existi­ cismo y el eclecticismo. No puede, en verdad,
do y existen intentos, al menos, para demos­ hablarse de filosofía romántica (el vocablo de­
trar que el pensamiento argentino tiene de­ biera reservarse para el movimiento literario).
terminada originalidad, o, en todo caso, La generación del ’37 fue más bien ecléctica en
alguna singularidad. filosofia y romántica en literatura. Pero, siem­
Para tener cierta perspectiva, es necesario pre y en todo caso, fue primordialmente deu­
dirigir la atención hacia los orígenes de las es­ dora del pensamiento francés y, a través de él,
peculaciones en el país, luego de los sucesos de hubo también influencia escocesa y alemana.
mayo de 1810. Se advierte de inmediato que De lo que no hay duda es de que Alberdi es el
existen dos vertientes: la enseñanza de la tradi­ máximo receptor de la filosofia europea en la
cional filosofía escolástica, y a poco andar, el Argentina, en la primera mitad del siglo XIX.
cultivo de la Ideología, actitud filosófica que en Tampoco es posible hablar del “positivismo”
Francia representó el ocaso de la Ilustración, de Alberdi, así bautizado por los positivistas,
que es expuesta, en primer lugar, por Juan Cri­ que sólo pretendieron enriquecer las raíces de
sóstomo Lafinur, en la cátedra de filosofía del su corriente.
Colegio Unión del Sud. Los pasos de la nueva Alberdi trata de ser original. Generalmen­
corriente fueron muy agitados, situación que te, lo que recibe es asimilado y no sale exacta­
empeoró con Juan Manuel Fernández de mente como ha entrado. Algo cambia, algo es
Agüero, que sucedió a Lafinur —ya fundada la modificado y es interpretado a través de la
62 universidad- y que fue quien denominó a la perspectiva de su tiempo y lugar. Cree en el
LA FILOSOFÍA

progreso, cree en la perfectibilidad indefinida liares, a la que se suma el interés por Hegel,
preconizada por Pierre Leroux; sigue en mu­ por obra de Nimio de Anquín, y, casi de in­
chas ideas a T. Iouffroy y tiene otras deudas, mediato, el resurgimiento del tomismo orto­
además, con otros pensadores franceses. Pero, doxo con Octavio Nicolás Derisi. En el me­
fundamentalmente, la generación del ’37 sabe dio de los dos polos se encuentra toda una
que tiene como misión urgente y principal or­ gama de filósofos, algunos independientes y
ganizar el país y se pregunta qué es el país, có­ otros que buscan afinidades con característi­
mo es el país y con qué se cuenta para ello. La ca propias.
hora de la espada concluyó, dicen a coro Eche­ La fenomenología no ha sido extraña y es
verría y Alberdi. Es menester pensar en la or­ que Husserl fue un autor muy leído en los
ganización. De manera que su filosofía pensa­ años cuarenta y cincuenta. Esa generación re­
da en Europa debe aplicarse a esta tarea ahora cuerda con cuánto entusiasmo era expuesto
y aquí. Los países europeos han pensado los por los maestros desde sus cátedras. Igual­
problemas para el tronco de la humanidad y mente ocurría con el tema de los valores, el de
dieron las soluciones universales. Correspon­ la antropología y el de la singularidad del pen­
de ahora aplicarlas aquí, en cuanto somos una sar filosófico argentino, que ocuparon mucho
rama de la humanidad. Por eso, no es extraño espacio en la mente de los pensadores.
que se busque la identidad de la patria y los Al meditar sobre este panorama, se obser­
valores autóctonos. va que el horizonte filosófico no ha cambiado
Luego vendrá, al aproximarse la culmina­ mucho desde Alberdi. Se ha receptado siempre
ción del siglo, el positivismo, que se prolonga­ la filosofía europea y se la ha cultivado perma­
rá hasta el período en que comienza este capí­ nentemente, a veces con originalidad, y otras,
tulo. Y, ya en la década de los años veinte, Iosé no tanto. Los sistemas filosóficos son auténti­
Ingenieros representará, con matices propios, camente europeos; los pensadores argentinos
el estado terminal del positivismo argentino. receptan y adaptan, critican y agregan, desde
Lo sigue la reacción antipositivista, un re­ una perspectiva argentina.
montar hacia el espiritualismo, y de ahí en Al promediar las tres cuartas partes del si­
adelante, a medida que se consolida el pensar glo )Q(, nuevas preocupaciones disputan el
filosófico en el país, la recepción de la filoso­ centro del pensar. La filosofía de la liberación
fía europea se hace notar cada vez más. Una y el problema de los derechos humanos, los
corriente aparece y otra resurge: el existen­ problemas de la naciente bioética, los proble­
cialismo y el tomismo. En un caso, especial­ mas ecológicos, del trabajo, los debates ideoló­
mente el estudio de Hegel, de Husserl y de gicos y los problemas puestos de manifiesto
Hartmann, de Scheler y de Heidegger, se pro­ por la ingeniería genética se hacen notorios a
fundiza cada vez más. Surge una corriente de­ medida que avanza el siglo.
cididamente fenomenológica y existencialista No obstante, la corriente neotomista se
como la de Carlos Astrada y sus seguidores. mantiene como una especie de avenida troncal
En el otro caso, se renuevan los estudios de los de la historia de la filosofía en la Argentina, que
antiguos, de San Agustín, de Santo Tomás y no pierde vigencia, no cesa de renovarse, ni ce­
reelaboran una escolástica con perfiles pecu­ ja en el tratamiento de los nuevos problemas. 63
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

La mentalidad argentina siempre se ha mos­ Quizás el hecho de que la filosofía sistemá­


trado atenta a las inquietudes y novedades del tica ceda el paso a una actitud más bien asiste­
hemisferio norte y, sin ser adalid notorio de mática, de problemas puntuales, favorezca la
nuevos sistemas, se encuentra presente de ma­ variedad y la multiplicación de los temas filo­
nera ostensible en el estudio de ellos desde una sóficos. Todo ello contribuye a que madure
especial perspectiva. Pareciera que la actitud de una floración de acercamientos hacia un pen­
Alberdi, de alguna manera, continuara vigente. samiento plural y planetario.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRAFICA

Para introducirse en la historia del perío­ gundo Congreso Nacional de Filosofía, editó
do tratado en este capítulo, si se quiere pro­ una obra de igual título, Buenos Aires, 1971.
fundizar su conocimiento, es aconsejable la Éste es un volumen de más de trescientas cin­
lectura de la obra de LUIS FARRE, Cincuenta cuenta páginas, con notas al final de cada capí­
años de Filosofía en Argentina, Buenos Aires, tulo, que dan la bibliografía más completa, así
1959. Tiene un hermoso prólogo de Coriolano como datos adicionales de real importancia.
Alberini. En sus aproximadamente 350 pági­ Tiene, además, un completo índice de autores
nas se puede contemplar un panorama bas­ y uno general que ubica al lector en el tema
tante completo, al mismo tiempo que una preferido. Como complemento, CATURJELLI ha
apreciable bibliografía. Por otra parte, Luis Fa­ escrito Presente y futuro de la Filosofía en la Ar­
rré, filósofo serio y equilibrado, hace un estu­ gentina, Córdoba, 1972. En forma más cir­
dio crítico de enorme valor para quien se ini­ cunscripta, publicó un trabajo de profunda in­
cia en el tema. FARRE ya había publicado su vestigación que tituló La historia de 1a Filosofía
artículo “Diez años de filosofía argentina”, Re­ en Córdoba, tres volúmenes, Córdoba, 1993, y
vista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos también su voluminosa obra Historia de Ia Fi­
Aires, enero-marzo de 1950, págs. 141-222. losofia en la Argentina, Buenos Aires, 2001.
Más recientemente, nuevamente LUIS FA­ Si se desea acudir ahora a una obra breve
RRE, con la colaboración de CELINA A. LÉRTORA para tener una noción del tema, se puede
MENDOZA, publica La Filosofía en la Argentina, consultar a HUGO EDGARDO BIAGINI, Panora­
Buenos Aires, 1981. La obra, relativamente ma filosófico argentino, Buenos Aires, 1985. Es
breve, abarca desde el período colonial hasta la muy informativa a través de diversas perspec­
época de la finalización de los años setenta. Es tivas: bibliografías, congresos, encuentros, so­
una buena guía, con un índice de autores, que ciedades, asociaciones, homenajes, revistas,
facilita la búsqueda. etcétera.
Pero, con ser buenas las obras señaladas, es Es también de utilidad el libro de I. C.
imposible prescindir de ALBERTO CATURELLI. TORCHIA ESTRADA, La filosofía en Ia Argentina,
Este filósofo tiene una vasta experiencia en el Washington, 1961, especialmente si se quiere
tema. Ha publicado La filosofía en Ia Argentina investigar el pensamiento filosófico argentino
64 actual, Córdoba, 1962, y con motivo del Se­ hasta la primera mitad del siglo XX.
LA FILOSOFÍA

A veces, un buen medio para encontrar en el siglo XIX, en los medios de orientación
datos que no suelen aparecer en otras obras es de la escolástíca tradicional.
acudir a un diccionario. En ese aspecto, puede Para quienes desean conocer los orígenes
ser de utilidad la consulta de la obra dirigida filosóficos en el país, GUILLERMO FURLONG ha
por DENIs HUIsMAN, Dictionnaire des Philosop­ escrito Nacimiento y desarrollo de la filosofia en
hes, dos volúmenes, París, 1983, que recoge el el Río de La Plata, Buenos Aires, 1952.
pensamiento filosófico de toda la humanidad Para profundizar el estudio de la enseñan­
y refleja cómo ven el panorama de la Argenti­ za y la recepción de la filosofía en la primera
na desde Europa. Es cierto que Alberto Catu­ mitad del siglo XIX, se puede acudir a OLsEN
relli ha escrito lo referido a los filósofos argen­ A. GHIRARDI, El primer Alberdi. La filosofía de
tinos (se citan casi cincuenta autores), pero la su tiempo, Buenos Aires, 1989, y del mismo
selección final se debe a la dirección de la edi­ autor, La filosofía en Alberdi, 2° edición, Cór­
ción. De igual manera, el trabajo de IOsE FE­ doba, 2000, y El derecho natural en Alberdi,
RRATER MORA Diccionario de Filosofía, Madrid, Córdoba, 1998.
numerosas ediciones (las últimas de ellas, en En el estudio de las corrientes filosóficas
cuatro volúmenes), contiene citas de autores y en particular, se han producido estudios de in­
obras de pensadores argentinos. dudable importancia que aportan no sólo una
Si se prefiere conocer la opinión histórica noticia al respecto sino que muestran, además,
de los pensadores argentinos, es posible reco­ un juicio de valor. Así, por ejemplo, para el
rrer algtmas obras que merecen ser leídas para positivismo se pueden leer: RICAURTE SOLER, El
juzgar la perspectiva que ellos tenían en su positivismo argentino, Buenos Aires, 1968; EN­
tiempo. Entre ellas, se pueden citar las de lOSÉ RIQUE EDUARDO MARI, Neopositivismo e ideolo­
INGENIEROS, La evolución de las ideas argenti­ gía, Buenos Aires, 1974; B. PERELsTEIN, El posi­
nas, Buenos Aires, 1963; ALEJANDRO KORN, In­ tivismo y el antipositivismo en la Argentina,
fluencias filosóficas en la evolución nacional, Buenos Aires, 1952; HUGO A. BIAGINI (compi­
Buenos Aires, 1983; CoRIoLANo ALBERINI, Pre­ lador), El movimiento positivista argentino,
cisiones sobre la evolución del pensamiento ar­ Buenos Aires, 1985. Para el existencialismo,
gentino, Buenos Aires, 1981; FRANCISCO ROME­ pueden consultarse los libros de MATILDE IsA­
RO, Filosofía contemporánea, Buenos Aires, BEL GARCIA LOSADA, La filosofía existencial. Sus
1950; del mismo autor, Sobre la filosofía en introductores, Buenos Aires, 1999, y de VICEN­
América, Buenos Aires, 1952, y IOSE LUIS RO­ TE FATONE, Introducción al existencialismo,
MERO, Las ideas en la Argentina del siglo XX, Buenos Aires, 1953. Para el estudio del tomis­
Buenos Aires, 1982. mo ortodoxo, nada mejor que la lectura de las
Hay, además, temas y detalles muy pun­ obras de monseñor OCTAVIO NICOLAS DERISI,
tuales. Para el caso se puede leer todo lo publi­ cuya nómina se puede consultar en la revista
cado por DIEGO PRO en Mendoza, especial­ Sapientia, n° 35, Buenos Aires, 1980.
mente en la revista Cuyo y en sus artículos y Si se desea consultar la opinión que ha
obras rescatadas del olvido, por ejemplo, los merecido Carlos Cossío en Francia, puede
Elementos de Metafísica del padre Buenaventu­ leerse de ALBERT BRIMO, Les grands courants de
ra Hidalgo, que ilustra la enseñanza impartida la philosophie du Droit et de l’état, París, 1968. 65
LA DIMENSION CIENTIFICA Y CULTURAL

Finalmente, las actas de los congresos y primero se cuenta con tres volúmenes, publi­
de las jornadas son siempre una buena fuen­ cados en Mendoza, 1949; del segundo, sus
te para quien desee profundizar los conoci­ Actas han sido editadas en Buenos Aires,
mientos, a la par que expresan el nivel que se 1973. Las actas del Primer Congreso Nacio­
ha alcanzado en cada caso. Para una visión nal de Filosofía Cristiana fueron publicadas
circunstanciada de los congresos argentinos con el título de La filosofia del cristiano, hoy,
de filosofía, pueden consultarse sus Actas. Del dos volúmenes, Córdoba, 1980.

66
58. LA HISTORIOGRAFÍA

Beatriz I. Moreyra

El objetivo de este capítulo es ofrecer un ba­ una evolución sintética del recorrido historio­
lance de la historiografía argentina, poniendo gráfico. No obstante, el lector encontrará un
énfasis en los temas vinculados a la profesiona­ análisis más detallado de los procesos históri­
lizadón e institucionalización de la disciplina, cos que han sido motivo de reflexión historio­
las perspectivas teóricas y metodológicas pre­ gráfica en los distintas partes, tomos y capítulos
valecientes, las temáticas y líneas interpretativas que integran la obra y en sus correspondientes
más sobresalientes y los problemas vinculados orientaciones bibliográficas.
a las condiciones de producción y difusión del
conocimiento histórico. Al abordar esta visión
de conjunto es necesario señalar las lirnitacio­ LA PROFESIONALIZACIÓN
nes inherentes a este balance de la evolución no Y LA INSTITUCIONALIZACIÓN

lineal y compleja de la historiografía del siglo DE LA HISTORIA. LA NUEVA ESCUELA

XX hasta 1983. En primer lugar, éste no impli­ HISTÓRICA

ca una descripción exhaustiva de la historio­


grafía argentina, descripción que hubiera sido Durante el siglo XX, los estudios humanos
no sólo imposible por las características y ex­ e históricos, en particular, estuvieron fuerte­
tensión de este capítulo sino, además, porque la mente influidos por discusiones metodológi­
simple descripción del corpus historiográfico cas -debidas a las innovaciones en su lógica,
no permite brindar una reflexión crítica sobre en sus esquemas conceptuales, en sus orienta­
las formas de construir los relatos históricos y ciones- y por los problemas derivados de la
sus diversas interpretaciones. En segundo lugar, investigación empírica. Ello explica que toda­
esta visión casi secular adolece de una dosis vía hoy subsista un considerable desacuerdo y
consciente de esquematismo —que no implica un amplio espectro de opinión sobre las cues­
simplificación- y que explica que los matices, tiones relacionadas con la delineación y expli­
las reformulaciones cambiantes y la especifici­ cación de la realidad histórica.
dad de algunas expresiones individuales de las Entre 1870 y 1930, la historia se convirtió
diferentes perspectivas historiográficas queden en una disciplina profesional autónoma por
a veces opacadas ante la necesidad de ofrecer derecho propio. El tema fundamental del que­ 67
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

hacer historiográfico fue la evolución admi­ rico en dos fases: la recogida y preparación del
nistrativa y constitucional del Estado-nación y material, donde prevalecían los supuestos po­
sus relaciones militares y diplomáticas, privi­ sitivistas, y la interpretación y presentación de
legiando el estudio de las elites. Es el período, los resultados, en los que las facultades intuiti­
además, donde los problemas de las fuentes y vas y la personalidad del historiador ocupaban
de los métodos garantizaban el estatus cientí­ un lugar de privilegio.
fico y la identidad profesional. La Historia era Por otra parte, esa etapa de la conforma­
documento y crítica y existía, además, un cla­ ción de la historia como ciencia estuvo estre­
ro divorcio entre historiadores y científicos so­ chamente relacionada con el proceso de profe­
ciales. Por otra parte, la gran controversia me­ sionalización, cuya meta era aglutinar los
todológica se daba entre el positivismo y las historiadores que compartían el mismo rigor
corrientes hermenéuticas o idealismos con­ científico y crítico. Pero, paralelamente, este
temporáneos cuya decisiva prevalencia ocupó proceso no estaba en contradicción con la
el espacio historiográfico hasta casi la tercera función social de la disciplina. En este sentido,
década del siglo XX. La corriente positivista en la investigación y la enseñanza de la historia
historia privilegiaba un modelo de conoci­ eran consideradas como elementos decisivos
miento como representación del pasado a tra­ de la consolidación del Estado nacional y co­
vés de una relación de inmediatez con el dis­ mo garantes de su identidad.
curso de la documentación y un claro La Argentina no permaneció al margen de
individualismo metodológico. Las tradiciones este fenómeno mundial de profesionalización,
herrnenéuticas o neo-idealistas rechazaron de institucionalización y debate metodológico
plano la autonomía de los hechos y el progra­ disciplinario. Durante la primera década del
ma formalista de la tradición anterior y lo siglo XX, se sitúan los inicios de la constitu­
reemplazaron por "un enfoque histórico, socio­ ción de un campo intelectual e historiográfico
lógico y relativista de la explicación. Estas co­ y fue también el origen de la historia profesio­
rrientes hermenéuticas, aunque amplias y dis­ nal. Esta preocupación congregó a un grupo
pares, negaban la posibilidad de una ciencia escogido de historiadores, a los que en 1916
causal empírica de la acción y la sociedad y Juan A. García denominó la Nueva Escuela
conceptualizaban que la tarea del investigador Histórica, un conjunto de profesionales agru­
histórico era entender las intenciones de los ac­ pados a partir de 1905 que reclamaban un
tores con miras a interpretar el fenómeno so­ nuevo comienzo para la historiografía argen­
cial en términos de los motivos y significados tina, un replanteo apoyado fundamentalmen­
que las estructuras sociales tenían para los ac­ te en principios metodológicos y que hacía
tores. Es decir, este enfoque se concentraba en hincapié rigurosamente en la faz crítica. Este
la elucidación de los complejos de significado grupo estaba integrado por Luis María Torres,
subjetivos y culturales. A pesar de las diferen­ Rómulo Carbia, Ricardo Levene, Diego Luis
cias esenciales en los dos paradigmas, al finali­ Molinari, Emilio Ravignani, Roberto Levillier,
zar el siglo XIX se llegó a un compromiso en­ Enrique Ruiz Guiñazú. Con excepción de To­
tre positivistas e intuicionistas. Esta dificil rres, compartían un mismo horizonte genera­
68 síntesis se resolvía dividiendo el trabajo histó­ cional, lo que significaba que un mismo clima
LA HISTORIOGRAFIA

de ideas caracterizó sus años formativos y que la influencia de Emesto Quesada, cuya inter­
también integraban redes de relaciones inter­ pretación del pasado argentino parecía más
personales superpuestas. neutral que la de los estudiosos del siglo XIX y
La denominación Nueva Escuela Histórica cuyas dimensiones generalizantes o tipologí­
aludía a una profunda renovación en los estu­ zantes eran vistas como menos apegadas al
dios históricos que reconocía fuentes de inspi­ culto de los héroes.
ración europea, pero también locales. En rela­ Desde el punto de vista metodológico, la
ción con el cuadro de referencias europeas, la Nueva Escuela Histórica es una tendencia his­
influencia metodológica alemana fue especial­ toriografica originada y difundida inicial­
mente importante. Pero también se incorpo­ mente en núcleos universitarios —Facultad de
raron aquellos nuevos historiadores que pro­ Derecho y de Filosofía y Letras de Buenos Ai­
ponían una forma de trabajo diferente -del res y de Humanidades de La Plata- y que se
Croce invocado por Carbia y Ravignani al caracterizaba fundamentalmente por la rigu­
Henri Berr integrado por Levene-, sin encon­ rosa aplicación de los principios metodológi­
trar en ello motivos de contradicción. La una­ cos diftmdidos en Europa en la segunda mi­
nimidad se hacía alrededor del manual de Ber­ tad del siglo XIX, en una concepción nacional
heirn y del breviario de Seignobos. En una y americanista de la historia argentina. Cuc­
palabra, se basaban en un programa de estric­ corese destaca que las características centrales
to rigor metodológico. de la nueva perspectiva eran erudición histo­
En cuanto a las influencias locales, la Nue­ riográfica, heurística en función documental,
va Escuela presentaba una precisa filiación investigación metodológica desde la génesis
historiográfica consistente en el renacimiento del proceso histórico, concepción integral de
de los estudios históricos a partir de las reglas la historia enfatizando los factores económi­
de la crítica histórica y de las disciplinas auxi­ cos y sociales y espíritu nacionalista. La
liares en las que Mitre había sido el precursor. importancia que las cuestiones del método te­
Por otra parte, el tipo de historia propuesto nían para los nuevos historiadores se exterio­
por Mitre aparecía como valorizable en rela­ riza en la crítica a Paul Groussac. Para Carbia,
ción con su compatibilidad con la imagen de la retórica, y la abundante adjetivación pro­
tarea científica que proponían los modelos pias del literato y el involucramiento personal
historiográficos y profesionales externos esco­ de Groussac obstaculizan el logro de la obje­
gidos como norte por la nueva generación, tividad en el trabajo histórico. Además, tam­
que se orientaban a valorizar una historia eru­ bién aludía a la inadecuación de la recopila­
dita, ético-política y organizada en forma na­ ción bibliográfica y documental, lo que, junto
rrativa y a mirar con desconfianza las relacio­ con la descontextualización de las circunstan­
nes con las ciencias sociales, así como la cias analizadas, conducía a una interpretación
exploración de terrenos alejados de esa histo­ errada de los acontecimientos que describía.
ria de una nación que se identificaba con la Esta apelación a la rigurosidad metodológica
historia de sus elites, que la sociedad parecía denotaba la fuerte filiación con la historiografla
imponer como deber cívico al historiador. Pe­ positivista. Según las corrientes metodológicas
ro aparte del modelo mitrista, hay que señalar en boga, la práctica profesional comprendía 69
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

dos momentos: el análisis y la síntesis, pero posibilite el presunto agotamiento del tema y
concedía prioridad al primero como la com­ el enfoque de los detalles.
binación de procedimientos críticos aplicados Para 1930, Ricardo Levene se transformó
al documento. Según esta lógica, “trabajar” en en la figura central de esta perspectiva histo­
historia era asistir a la produccion de los he­ riográfica. Cuando elaboró sus obras de los
chos, estar en contacto directo con la materia años veinte, tenía la convicción de que estaba
prima y la variable interpretativa aparecía co­ realizando una nueva historia, se sentía im­
mo más reticente. La redefinición del saber pulsado a una obra de ampliación panorámi­
histórico a fines del siglo XIX afectó también ca y de renovación de contenido. Ello apunta­
a la epistemología de la historia y, en este sen­ ba claramente hacia la superación de una
tido, subyacía la voluntad de determinar las mera crónica de los acontecimientos políticos
reglas de una epistemología práctica de la y militares para orientarse a una historia inte­
historia. gral que analizara la sociedad desde lo econó­
La búsqueda de lo nacional era otro rasgo mico y jurídico hasta sus más brillantes ex­
común de la labor intelectual, explicable en presiones culturales y científicas. Esta idea ya
relación con el papel central que se le asigna­ asomaba en su Ensayo histórico de 1920 y en
ba a la historia y a los historiadores como ga­ sus Investigaciones sobre la historia económica
rantes de la identidad nacional. Sus integran­ del Virreinato del Río de la Plata. Levene reco­
tes compartían el convencimiento profundo ge de la historiografía positivista parte de sus
de que era posible a la vez un conocimiento logros, como su preocupación metódica, la
imparcial del pasado y lograr la utilidad de ese compulsa y depuración minuciosa de las
conocimiento para fortalecer el destino de la fuentes y su propósito crítico, pero su aspira­
propia comunidad-nación. ción, en cambio, era alcanzar metas muy su­
Desde el punto de vista temático, se colo­ periores a una simple historia descriptiva o
caba el centro de interés en la Revolución de narrativa. Por otra parte, la expresión historia
Mayo; pero el análisis genético empujaba ha­ integral era para Levene no “la suma o yuxta­
cia el pasado hispánico en el más amplio esce­ posición sino síntesis de las descripciones la­
nario americano. En este sentido, Levene, ad­ terales”. El mismo sentido le daba Carbia
virtió que el marco nacional no resultaba cuando afirmaba que la Nueva Escuela perse­
suficiente para explicar y comprender el pasa­ guía “el panorama integral de lo pasado”. Si
do argentino y de ahí que expandiera su visión bien la temprana expresión de Levene de
hacia el mundo americano entroncado con historia integral fue luego abandonada, la
España. En síntesis, heurística documental, vi­ ' idea que la animaba persistió, aunque los vo­
gilancia crítica, arraigo de la concepción gené­ cablos sustitutivos -usados en el Manual de
tica y fortalecimiento de la idea nacional eran Historia del Derecho Argentino de 1952- no
los pilares que orientaban la labor de recons­ lograron transmitir la misma vivacidad. Hay
trucción objetiva de la historia nacional. pues en Levene, a pesar del transcurso del
Con respecto a la organización textual, se tiempo y del abandono de aquel vocablo, un
adopta la forma monográfica estructurada en impulso permanente hacia esa concepción de
70 torno de una narrativa de secuencia lineal que historia integral. En este particular se denota
LA HISTORIOGRAFÍA

cuenta años después, al aproximarse el Quinto


Centenario del Descubrimiento, publicó su
Nueva historia del descubrimiento de América,
donde completaba sus trabajos colombinos
con nuevos aportes y documentación. La his­
toria, en la concepción gandiana, era pensa­
miento y acción, y esa concepción la plasmó en
la Historia de las ideas políticas en la Argentina.
En su dilatada producción, el descubrimiento
de América, Colón y Vespucio, la Revolución
de Mayo, la acción política de Martín de Alza­
ga, la gesta americana de Iosé de San Martín, la
entrevista de Guayaquil y tantos otros temas
conformaron parte de las polémicas que man­
tuvo a lo largo de su vida como historiador.
Con respecto al soporte de la nueva expre­
sión historiográfica, esta generación hizo del
control institucional la piedra de toque de su le­
gitimación. Ricardo Levene y Emilio Ravignani
dieron a la Nueva Escuela su más fructífera pro­
l Ricardo Levene. Academia Nacional de la Historia. yección institucional. A partir de la década del
veinte, ella entró en la fase de consolidación y
la aceptación de ciertos principios de la es­ sus representantes ocuparon notables funcio­
cuela francesa de síntesis, la síntesis científica nes en el campo profesional. Como muestra
en la terminología de Henri Berr. de esa consolidación institucional, Ravignani
Otro de los genuinos historiadores hispa­ fue designado director de la Sección Historia
noamericanos fue Enrique de Gandía, quien de la Facultad de Filosofía y Letras de la Uni­
trabajó junto a Levene en la Academia Nacio­ versidad de Buenos Aires, poco después
nal de la Historia. Hijo de un español nativo de convertida en Instituto de Investigaciones
Orduña, en el País Vasco, y de una italiana de Históricas, y Levene se desempeñó como vice­
Génova, Enrique de Gandía nació en Buenos presidente primero de la Iunta de Historia y
Aires y desde su niñez vivió y estudió en Euro­ Numismática Americana y estuvo al frente de
pa, donde fue incansable lector en bibliotecas e dos escuelas, una con sede en el Instituto de
investigador en archivos documentales. Como Historia del Derecho de la Facultad de Dere­
un estudioso del período hispánico e indepen­ cho de Buenos Aires y otra en la Facultad de
diente, se interesó tanto por los protagonistas Humanidades de La Plata, que prohijaba tra­
del proceso conquistador y colonizador como bajos de historia político-administrativa de la
por las ideas políticas sostenidas en los prime­ provincia.
ros tiempos de la emancipación. En 1942 escri­ Una de las tareas principales de la Sección
bió su primera biografía sobre Colón. Casi cin­ Historia y del Instituto de Investigaciones His­ 71
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

tóricas fue la publicación de documentos; es Archivo General de Indias y otros fondos do­
decir, los propósitos de heurística editorial ya cumentales españoles. La labor era comple­
se encontraban presentes en la institución des­ mentaria de la realizada en los archivos pro­
de sus orígenes. El plan se remontaba a la épo­ vinciales argentinos, en los que a partir de
ca hispánica y en esta característica puede ad­ 1921 se intensificó la consulta, lo mismo que
vertirse el progresivo arraigo de la concepción en la Biblioteca Nacional de Chile y en los ar­
genética, que obligaba a remontarse al princi­ chivos brasileños. Toda esta acción se reflejó en
pio delos acontecimientos y de las institucio­ el incremento de sus publicaciones, que alcan­
nes, y al mismo tiempo, el fortalecimiento de zaron a 62 en 1930, entre las que se contaban el
las ideas nacionalistas que se orientaban hacia Boletín del Instituto, que apareció regularmen­
la búsqueda de las raíces hispánicas e indíge­ te desde 1922 hasta 1945 y cuya segunda serie
nas. A partir de 1911 comenzó la publicación se reanudó en 1956.
de las primeras series documentales, basadas Los proyectos editoriales de la Sección de
en las fuentes recopiladas por Larrouy y por Historia comprendían la elaboración de una
Ravignani, quien en 1909 había sido enviado a historia argentina integral. El fm inmediato
los archivos de Paraná para investigar sobre la desde entonces fue, además de reunir la docu­
organización constitucional. Ese mismo año mentación necesaria, elaborar los trabajos mo­
se lanzó la serie Documentos relativos a la orga­ nográficos a partir de los cuales se intentó al­
nización constitucional de la República Argenti­ canzar el enfoque integral de la historia
na y en 1912, Documentos para la historia del nacional.
Virreinato del Río de la Plata. Asimismo, se La Iunta de Historia y Numismática Ame­
editó Documentos relativos a los antecedentes ricana, creada en 1893, surgió como el primer
de la independencia argentina. Las tareas to­ anclaje institucional en el que se desarrollará
maron mayor forma institucional a partir de la vertiente erudita de la historia argentina. El
la designación de Luis M. Torres como direc­ Centenario marca un hito importante en la
tor de la sección y de Ravignani como encar­ historia institucional; el Congreso Nacional le
gado de investigaciones. En 1914 comenzó la encomienda la reimpresión de la Gaceta de
publicación de la monumental y sistemática Buenos Aires (1810-1821); se trataba no sólo
obra Documentos para la historia argentina, de la extemalización de la labor de la Iunta si­
que habría de continuar en forma más o me­ no de su vinculación con los poderes públicos,
nos regular hasta 1937, fecha en que se publi­ de los que a partir de entonces se constituirá
có Asambleas constituyentes argentinas (1813­ en referente a lo largo de un proceso gradual
1898), que reúne los debates de dichos cuer­ que alcanzará su más alta expresión a partir de
pos constituyentes y los textos legales ilustrati­ 1930. El otro hecho notable es el estableci­
vos y básicos que explican cómo se formaron miento de relaciones interinstitucionales con
la unidad y la estructura política argentinas. el exterior, como con la Sociedad Hispánica de
En el plan de ediciones documentales, la labor Nueva York, que designó a la Iunta como
en los archivos europeos era un anhelo que miembro honorario, actuando ésta en reci­
comenzó a ser realidad con el envío de José procidad. Se recibió la visita de intelectuales
72 Torre Revello a trabajar sistemáticamente en el extranjeros, entre ellos Rafael Altamira, desta­
LA HISTORIOGRAFIA

cado catedrático español, cuyas influencias


historiográficas resultan innegables. Con mo­
tivo del centenario de la independencia se le
encomendó la reimpresión de las Actas secre­
tas del Congreso de Tucumán.
Los años treinta resultaron indudable­
mente los más pródigos en realizaciones de
envergadura. Tres iniciativas marcan el tono
del período: la creación del sistema de juntas
filiales y adheridas, la edición de la Historia de
la Nación Argentina y la transformación de la
Iunta en Academia Nacional de la Historia. A
través de las filiales, se expandieron las redes
interinstitucionales a escala nacional; a través
de su proyecto editorial se construyó la ver­
sión de consulta obligada de la historia argen­
tina y su transformación en Academia Nacio­
nal de la Historia en 1938 le posibilitó ejercer
un predominio en el campo historiográfico
desde el punto de vista institucional. El ameri­
canismo fue, además de la historia argentina,
la temática predominante en los estudios his­
l Emilio Ravignani. Caricatura de Valdivia. Caras y Caretas.
tóricos y en la actividad editorial. Desde 1929,
en que Levene propuso la publicación de la Bi­ traducción a la Historia del Derecho Indiana
blioteca Histórica Argentina y Americana, apa­ continuaron la Introducción a la Historia del
recieron doce volúmenes y otro tanto ocurrió Derecho Patria (1942) y una serie de publica­
con la Biblioteca de hombres representativos de ciones que culminaron con la Historia del De­
la historia argentina. recho Argentino, obra en once tomos apareci­
Otros núcleos de irradiación ubicados dos entre 1945 y 1958. En 1949, Levene fundó
dentro del ámbito universitario fueron dos la Revista del Instituto, de larga existencia.
instituciones creadas por Levene: el Instituto Los estudios históricos tuvieron también
de Historia del Derecho Argentino, creado en una fuerte raigambre en la Universidad Nacio­
1936, y el Instituto de Sociología de la Facultad nal de La Plata, desde el inicio de la Sección Fi­
de Filosofía y Letras, a los que se sumó la es­ losofía, Historia y Letras en 1909. Desde los
cuela histórica de La Plata. El primero fue una años veinte, se incorporó a la Nueva Escuela
verdadera escuela de docencia e investigación. Histórica por influencia de Ricardo Levene. El
Sus publicaciones se convirtieron en clásicos resultado de ese accionar fue la creación de la
de la literatura de la historia jurídica. En 1939 Facultad de Humanidades y Ciencias de la
salió el primer tomo de la Colección de Textos Educación en 1920, de la cual Levene ejerció el
para la Historia del Derecho Argentino. A la In­ primer decanato ese año. Desde esa función 73
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

impuso reformas profundas en la orientación ses firmes. Pero los ambiciosos planes enun­
y el contenido de las materias históricas y en ciados en principio fueron limitándose con el
los métodos de enseñanza. Fundó la revista correr del tiempo. El plan heurístico, demasia­
Humanidades y la Biblioteca Humanidades y do extenso y proyectado a muy largo plazo,
propició la creación del Archivo de la Provin­ sólo se ejecutó parcialmente, por motivos pre­
cia de Buenos Aires, que funcionaría estrecha­ supuestarios, institucionales y por nuevos
mente ligado a la Facultad de Humanidades proyectos. Aunque aspiraba alcanzar la sintesis
en la tarea de formación de investigadores, de la historia nacional, con mucha frecuencia
apuntando a la consolidación de una sólida se quedó en la historia de acontecimientos,
base heurística para sus indagaciones. En el se­ que manifestaba rechazar por considerarla un
no de la escuela histórica de La Plata se forma­ nivel inferior de investigación. Además, con­
ron discípulos como Enrique M. Barba, An­ tribuyó, a través de la enseñanza de la historia,
drés Allende, Joaquín Pérez y Carlos Heras, a la divulgación de los nuevos principios me­
quien acuñó la conceptualización de una es­ todológicos y técnicos de la escuela alemana y,
cuela histórica de La Plata. con posterioridad, los de la escuela francesa de
La Nueva Escuela no era un grupo homo­ síntesis. Por otra parte, cimentó y expandió la
géneo sino que presentaba matices y diferen­ red institucional necesaria que posibilitó el
cias internas, movimiento horizontal que progreso y acrecentamiento de los estudios
comprendía las impugnaciones entre los pa­ históricos en el país. Finalmente, encaró la
res, que reflejaban las pugnas por el estableci­ gran empresa de elaborar la primera historia
miento de la hegemonía al interior del nuevo integral de la Nación.
campo historiográfico. En ocasiones, el espíri­ Con sus méritos y falencias, que deben ser
tu polemista fue abierto, como en el caso que comprendidos en el marco del contexto políti­
enfrentó a Levillier y Carbia; otras veces, ex­ co, cultural e historiográfico de su concreción,
plícito pero unilateral, como en el caso de Mo­ las corrientes que Levene promovió siguieron
linari contra Levene en la revista Nosotros, y en siendo predominantes y a lo largo de medio
otros casos, larvado, como cuando Levene siglo, hasta la década de 1980, han sufrido mo­
contesta a Molinari no en notas críticas sino a dificaciones menos profundas de lo que cabría
través de sus propias obras. Ello obedeció a la SUPOHCI‘.

emergencia de un campo historiográfico con


sus correspondientes ámbitos institucionales y
la convergencia temporal y temática de las in­ LA INSTITUCIONALIZACION
vestigaciones; pero para la década de 1920, es­ Y PROFESIONALIZACION DE LA DISCIPLINA

tos historiadores consiguieron instalarse con EN EL INTERIOR EN LA PRIMERA MITAD

éxito en el centro del aparato académico insti­ DEL SIGLO xx


tucional y con ello disminuyó el tono polémi­
co de la década anterior. La historiografía del interior se caracterizó
La Nueva Escuela Histórica contribuyó a en la primera mitad del siglo por la coexisten­
un conocimiento más acabado y completo del cia de dos vertientes: la no especializada y la
74 pasado y cimentó la crítica histórica sobre ba­ profesional, que logrará recién consolidarse en
LA HISTORIOGRAFÍA

la segunda mitad del siglo. Por otra parte, el bunales, que, junto con la documentación de
proceso de institucionalización de la discipli­ Gobierno, Cabildo, Legislatura y Curia Ecle­
na se canalizó a través de la creación de las siástica, le permitió analizar períodos poco
juntas provinciales de historia, que se incor­ frecuentados como el hispánico, el indepen­
poraron al campo historiográfico con sus pro­ diente e incluso el precolombina. La sistema­
pias publicaciones periódicas, alguna de ellas tización temática de sus publicaciones consti­
de corta vida. tuye un repertorio ordenado de la vida de la
En el Noroeste, el quehacer historiográfico ciudad y campaña de Córdoba, sobre la cultu­
estaba representado por una generación for­ ra, religiosidad, acciones militares, situaciones
mada por Miguel Ángel Vergara y Teófilo Sán­ políticas y cuestiones económicas. A su muer­
chez de Bustamante en Iujuy, Atilio Cornejo te, dejó una nutrida biblioteca y un valioso ar­
de Salta, Alfredo Gargaro y Oreste Di Lullo en chivo, que fue adquirido por la Universidad
Santiago del Estero, Manuel Lizondo Borda en Nacional de Córdoba. Sobre esa base se creó el
Tucumán y Ramón Rosa Olmos en Catamar­ Instituto de Estudios Americanistas (1936),
ca. Todos ellos iniciaron su formación en los cuyo primer director fI.1e Enrique Martínez
años treinta y fueron investigadores vocacio­ Paz, asistido por Raúl Orgaz, Carlos Melo,
nales que llegaron a la historia desde otros Francisco Silva y Luis Roberto Altamira. Mar­
quehaceres profesionales. Su denominador tínez Paz reconstruyó el pasado de Córdoba
común era el rigor informativo basado en la no sólo a través de períodos clave sino tam­
compulsa de fuentes y un interés temático ce­ bién en torno de figuras representativas con el
ñido al marco provincial. Predominaba un único propósito de poner de relieve el predica­
afán erudito, siguiendo las pautas marcadas mento de sus biografiados y su contorno cul­
por Ricardo Rojas y Antonio Larrouy. Ade­ tural. Por su parte, Orgaz escribe trabajos dis­
más, tuvieron mucho que ver con el empeño persos sobre asuntos generales de historia,
de institucionalizar la actividad historiográfi­ temas de la vida colonial argentina, además de
ca merced a su iniciativa o activa colabora­ otros relacionados con la historia de la cultura.
ción. Para esta época se constituyeron las Iun­ Otro nombre ineludible es el del padre Pedro
tas históricas de Catamarca (1936), Salta Grenón, quien desde 1916, año de su primera
(1937), Santiago del Estero (1940) y La Rioja publicación, hasta su muerte, escribió folletos
(1940). En Tucumán funcionaba la Iunta y libros relacionados con la vida politica, mili­
Conservadora del Archivo Histórico y el Insti­ tar, religiosa, cultural y cotidiana de Córdoba.
tuto de Historia dependiente de la Facultad de Cuyo no estuvo ausente de la corriente
Filosofía y Letras. surgida en la década de los veinte que fructifi­
La historiografía cordobesa reconoce co­ có en la creación de juntas de historia en el in­
mo antecedente más próximo la publicación terior del país. En Mendoza se manifestó a
de una serie de fuentes documentales que fue­ partir de 1923; en San Iuan, en 1932 y aunque
ron utilizadas por Ignacio Garzón para publi­ San Luis se incorpora tardíamente, muestra
car la Crónica de Córdoba y en especial, por un fuerte movimiento cultural desde la revis­
monseñor Pablo Cabrera. El fue el primero en ta Ideas publicada por Víctor Saá (1932). Estos
explorar la documentación del Archivo de Tri­ grupos convergen en el Primer Congreso de 75
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Historia de Cuyo, en 1937, cuyos resultados se titud revisionista refutó conceptos propalados
dieron a conocer en los Anales, que reflejaron por la que denominó la “historia oficial”. Tal
un indudable trabajo heurístico. En la década fue el espíritu de muchas de sus obras, como
del cincuenta, los grupos que respondían a las Estanislao López y el federalismo del Litoral.
Juntas de Historia se consolidaron y ello se
evidencia en numerosos tomos publicados
por la Iunta de Estudios Históricos de Mendo­ HISTORIA Y CONTRAHISTORIAZ
za. Simultáneamente se inicia la renovación de UNA APROXIMACIÓN AL REVISIONISMO
la vertiente universitaria con la creación de la HISTÓRICO Y su EVOLUCIÓN

Universidad Nacional de Cuyo en 1939. Los es­


tudios históricos en Mendoza fueron organiza­ La única impugnación sustantiva a la com­
dos por Roberto H. Marfany y Iuan Draghi Lu­ prensión de la historiografía de la Nueva Es­
cero, con el asesoramiento de Ricardo Levene y cuela Histórica durante la primera mitad del
Ricardo Rojas. siglo XX, la constituyó la denominada corrien­
En los estudios históricos en Santa Fe, ade­ te revisionista, consolidada durante los años
más de Manuel Cervera, autor de la Historia treinta al calor de la mayor complejidad de la
de 1a ciudad y provincia de Santa Fe, quien ha cultura de derechas que los gobiernos conser­
sido su mejor representante fue Iuan Álvarez, vadores favorecieron. La crisis del liberalismo
un renovador en materia historiográfica al agudizó la reflexión que un sector de intelec­
plantear una historia desprovista de genios y tuales vinculados al nacionalismo venía reali­
héroes. Aspiró a mostrar la vida real del pue­ zando desde décadas antes. Este es el origen del
blo, mostró los efectos de los fenómenos eco­ revisionismo histórico, una versión diversa de
nómicos sobre los políticos y sin ser marxista la historia argentina, la que asume explícita­
explicó el alzamiento de la montonera a causa mente un carácter instrumental y pragmático.
de las modificaciones en el sistema de trabajo Fundamentalmente, el revisionismo tomó el
rural. Se centró en la historia de Santa Fe sin compromiso de revelar las verdaderas causas
descuidar la nacional. Otro historiador de esta de la postración argentina. Textos como los de
primera época fue el jesuita Guillermo Fur­ los hermanos Irazusta, Carlos Ibarguren, Er­
long, cuya extensa obra se prolongó hasta su nesto Palacio y, más tarde, Iosé María Rosa es­
muerte en 1972. Sus principales aportes a la tatuyeron un conjunto de discursos en oposi­
investigación se centran en el período de do­ ción ideológica a la historia tradicional, a la
minación española en el Nuevo Mundo, en cual irnpugnaban por un incorregible liberalis­
numerosos temas que se relacionan con la cul­ mo, y, en cambio, asumían la revalorización de
tura colonial. Ha realizado además variadas Rosas. Pero la reivindicación de Rosas tuvo sus
contribuciones a disciplinas como la cartogra­ antecedentes y modalidades antes de la década
fía y la geografía, efectuando una importante del treinta. Si en la memoria liberal la condena
tarea de recopilación de fuentes aisladas y dis­ a la época rosista era evidente de por sí, la po­
persas en diferentes archivos de América y de sibilidad de estudiarla quedaba intacta. Eso ex­
Europa. Finalmente, Iosé Luis Busaniche plica que hacia fines del siglo XIX dos obras, la
76 ahondó el proceso político litoraleño y en ac­ de Adolfo Saldías, Historia de la Confederación
LA HISTORIOGRAFÍA

Argentina, y la de Emesto Quesada, La época de nar el orden existente y para suscitar adhesiones
Rosas, se erigieran como un esfuerzo de com­ a otra formulación de la nacionalidad. De esta
prensión que pretendía ir más allá de las pos­ manera, el revisionismo como grupo específico
turas partidistas. Con la democratización de la nació en el clima político cultural que se extien­
vida política argentina, las posibilidades de es­ de desde los prolegómenos de la experiencia
tudiar el pasado y particularmente la época de uriburista hasta los desencantos que rodearon
Rosas se desarrollaron y se volvieron inclusive la firma del tratado Roca-Runcirnan. En ese pe­
un programa de trabajo. La nueva legitimidad ríodo, la corriente apareció siempre vinculada
política que ve la luz con los gobiernos radica­ de manera privilegiada con los grupos naciona­
les provoca una nueva percepción del pasado listas, aunque su sistema de relaciones intelec­
argentino. De un lado, historiadores afiliados tuales incluyera a hombres de diversas proce­
al partido radical creen llegado el momento de dencias.
ofrecer una visión menos maniquea del pasado El propósito de los revisionistas no es ex­
rosista y de realizar en la historiografía la rnis­ plorar la estructura y el ritmo de la historia ar­
ma integración nacional que el radicalismo es­ gentina sino individualizar en una etapa de ella
taba permitiendo en la vida social y política. un modelo para el presente y el futuro que se
Aparte de la tendencia yrigoyenista, otras voces ofrezca como altemativa al que ha guiado las
ayudarán a crear un clima de cuestionamiento etapas más recientes de la vida nacional. Esa fi­
y de desacuerdo con las ideas recibidas de la in­ nalidad política contemporánea es una cons­
terpretación historiográfica liberal. Es posible tante del revisionismo argentino. La explora­
distinguir claramente al menos tres de estos fo­ ción del pasado nace entonces como una
cos. En primer lugar, las publicaciones de la tentativa de ofrecer el aval de la historia para la
Editorial América, dirigida en Madrid por el crítica de la Argentina del presente, en particu­
venezolano Rufino Blanco Fombona, que reu­ lar, el repudio a la democratización política,
nía autores de diferentes filiaciones políticas al­ que había entregado el destino del país a diri­
rededor de la defensa del hispanismo y del ame­ gentes que no conservaban solidaridad con los
ricanismo; el periódico La Nueva República, intereses de la Nación y la denuncia del modo
dirigido por un grupo de jóvenes intelectuales de inserción de la Argentina en el mundo, es­
profundamente inspirados en las ideas maurra­ pecialmente el vínculo desigual con Gran Bre­
sianas, y los escritores o críticos de fuerte perso­ taña, que lejos de ser la causa de la gran expan­
nalidad, que contribuyen con sus escritos a sión, le había impuesto modalidades cuyas
cuestionar el pensamiento liberal; entre ellos, consecuencias catastróficas se hicieron eviden­
Manuel Gálvez, Carlos Ibarguren, y Ramón tes luego de 1929. Por otra parte, la experiencia
Doll. Pero, en un primer momento, la revisión política vuelca a los revisionistas a una activi­
de los maurrasianos argentinos es más anuncia­ dad historiográfica cada vez más intensa en la
da que realizada y se limitan a hacer, ante todo, medida misma que crece su marginalidad po­
política. Recién en la década de 1930 se confor­ lítica, después del derrumbe de la república,
man las bases de un movimiento de contrahis­ dada la solución política impuesta por Justo. El
toria de contomos definidos y se declara así que revisionismo imagina una regeneración moral
la historia es el arma privilegiada para cuesüo­ de la Argentina y de los argentinos a partir del 77
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

discurso histórico. En este sentido, los revisio­


nistas, del mismo modo que sus enemigos libe­
rales, hacen dela historia la disciplina pedagó­
gica por excelencia. En ese contexto preciso se
produce el encuentro entre los que comienzan
a definirse como revisionistas históricos y la
reivindicación de la época de Rosas; en espe­
cial, la capacidad de Rosas de crear un fuerte li­
derazgo por encima de las clases y grupos y su
política con las potencias extranjeras. En ese
clima de ideas se sitúa la primera obra signifi­
cativa de la corriente revisionista, La Argentina
y el imperialismo británico, publicada en 1934,
de Julio y Rodolfo Irazusta. La breve obra es
parte de una severa condena del pacto Roca­
Runcirnan, que ha consolidado la Argentina en
relación con Gran Bretaña. Se trata de la pri­
mera versión sintética de una contrahistoria
donde el pasado y el presente se iluminan mu­
tuamente. En este sentido, la obra es un libro
fundador, que establece una relación entre his­ l Iulio Irazusta. Academia Nacional de la Historia.
toria y política que se convirtió en una cons­
tante del discurso revisionista. ción política inmediata. Con la politización ex­
La declaración de principios redactada por trema del discurso histórico, los revisionistas
Ramón Doll en ocasión de la creación del Ins­ perdieron de vista una de las características
tituto de Investigaciones Históricas Iuan Ma­ más importantes del quehacer historiográfico:
nuel de Rosas y el artículo programa de Ernes­ la verdadera investigación de los hechos del pa­
to Palacio, La historia oficial y la historia, sado. Por otra parte, la estrecha relación entre
condensan la postura revisionista. En primer historia y política llevará a los revisionistas a
lugar, la acusación mayor que se le hace a la his­ incursionar en la cuestión del antiimperia1is­
toria académica es presentar una visión obsole­ mo. Entre la derecha antiimperialista y la iz­
ta del pasado argentino y haber tenido como quierda nacionalista, el revisionismo histórico
objetivo “la justificación de la oligarquía y del se presentará como un puente capaz de unifi­
partido de la civilización”. En sus formulacio­ car criterios. Los debates con los intelectuales
nes positivas, la historia revisionista como por­ del Partido Socialista y del Partido Comunista
tadora de otro proyecto político conlleva una terminaron ganando adeptos a la causa revisio­
nueva visión de la historia del país. Esta estre­ nista en el espectro de la izquierda. El revisio­
cha y utilitaria relación entre historia y política nismo histórico pudo albergar así bajo el mis­
tenía como resultado un gran desprecio por to­ mo techo a contestatarios de izquierda y de
78 da actividad intelectual desprovista de utiliza­ derecha, marginados de la vida política.
LA HISTORJOGRAFÍA

En lo estrictamente metodológico, los su­ LAS REFORMUIACIONES CAMBIANTES


puestos centrales que subyacen a esta corrien­
te son: apriorismo ideológico, carácter ensa­ El revisionismo no fue una tendencia ho­
yístico y debilidad heurística de sus trabajos, mogénea sino más bien una suma de grupos
extremada simplificación de la complejidad divergentes, cuya imagen de unidad deriva
histórica y escasa familiaridad con la investi­ más de poseer los mismos adversarios que de
gación empírica original, mostrando que, en sus peculiaridades historiográficas, metodoló­
realidad, muchos de los revísionistas estaban gicas o ideológicas. Por el contrario, despertó
más interesados en reinterpretar la historia ar­ la simpatía de ideologías a primera vista
gentina que en dedicar ingentes esfuerzos a es­ opuestas. El carácter moralizador y terapéuti­
tudiarla cuidadosamente. co dio al movimiento revisionista su aspecto
La obra de Iulio Irazusta Vida política de abiertamente movilizador, lo que hace difícil
[uan Manuel de Rosas a través de su correspon­ su clasificación en categorías de derecha o de
dencia, en 1941, toma como modelo la que izquierda.
Carlyle dedicó a Cromwell, y la Historia de la En 1938, todos comparten el credo nacio­
Argentina de Ernesto Palacio se inspira casi nalista. En el plano internacional significa una
abiertamente en la Histoire de France de Iac­ antipatía profunda por los partidos comunis­
ques Bainville, sin tener presentes los avances tas; una clara simpatía por la España antirre­
más significativos de la historiografía france­ publicana; una admiración declarada por la
sa del siglo XX. derecha europea, y muy particularmente por
La versión del revisionismo de influencia Maurras, a la vez que una mirada benévola y a
marxista tampoco modifica los planteos me­ menudo entusiasta hacia la experiencia políti­
todológicos. Es decir, la ampliación del con­ ca inaugurada por Mussolini y por Hitler.
texto ideológico-político en que se movía el Frente a la situación nacional, sus posiciones
revisionismo no aportó ningún progreso en el son un poco menos uniformes. Manifestaban
plano estrictamente historiográfico, en el cual retrospectivamente interés por Yrigoyen, algu­
la corriente había sido desde el comienzo no­ nos se habían afiliado al partido radical y re­
toriamente débil. En este sentido, es impor­ pudiaban la política del fraude patriótico y no
tante destacar que la producción revisionista tenían prácticamente afinidades con la demo­
no hizo suyos los cambios metodológicos de cracia parlamentaria. Pero en el interior del
las tendencias renovadoras que penetraron en movimiento nacionalista las diferencias eran
el espacio historiográfico a partir de 1955. En tan importantes como los puntos de acuerdo.
este sentido, Las dificultades de la historia cien­ Esa etapa transcurre en el período de la so­
tífica de Irazusta denota las preocupaciones lución neoconservadora, donde, juntamente
metodológicas vigentes durante la primera con el revisionismo del modelo de la derecha
mitad del siglo, como la objetividad y el méto­ francesa, se encontrarán otros cuyo naciona­
do. Todavía en 1968, Iosé María Rosa sostenía lismo respondía a la integración de la proble­
haber aprendido a reconstruir críticamente mática antiimperialista, como el caso de Raúl
los hechos históricos con el método objetivo Scalabrini Ortiz, que arrastra una deuda no
de Ranke. confesada con Lenin, y de Iosé María Rosa, 79
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

que, a] tomar del lenguaje fascista los motivos riográfica y política que es su reacción a la cri­
derivados de la crítica del imperialismo, colo­ sis del régimen neoconservador. Ella se mani­
ca sus reconstrucciones históricas muy cerca fiesta en la creación, en 1938, del Instituto de
de las de Scalabrini Ortiz. La integración de Investigaciones Históricas Iuan Manuel de
esos aportes de inspiración ideológica tan di­ Rosas, en la publicación de la Revista, donde
versa con los del primer revisionismo plantea­ predominan los artículos de polémica, y en la
ba -en el plano estrictamente historiográfico­ apertura de locales revisionistas parecidos a
menos dificultades de lo que habría podido comités políticos. El instituto revisionista nace
esperarse. En este aspecto eran, sobre todo, las bajo la doble forma de una contraacademia y
comunes insuficiencias las que daban cohe­ de una contramemoria. Las diferentes activi­
rencia a esas corrientes que ahora venían a dades del instituto están marcadas por una
confluir. Los primeros revisionistas se habían clara voluntad militante: conferencias, cursos
negado a otorgar relevancia a la dimensión para estudiantes secundarios y universitarios,
económica del lazo con Gran Bretaña y al con­ debates, asambleas, actos callejeros, conme­
texto social en que éste se consolidó; los nue­ moraciones con forma de peregrinaje, utiliza­
vos, aunque se la reconocían, no la sometían a ción de folletos y afiches como medios de pro­
un análisis adecuado. Así, el libro de Scalabri­ paganda. La actividad del instituto se justifica
ni Ortiz sobre los ferrocarriles no examina có­ si se tiene en cuenta la débil inserción de los
mo la reestructuración del sistema de trans­ revisionistas en la universidad, a excepción de
porte impuso la de la economía y la sociedad la larga presencia de Carlos Ibarguren en la
argentinas. Lo que éste proporciona es una Facultad de Filosofía y Letras.
minuciosa reconstrucción de los manejos fi­ La irrupción del peronismo consumó la
nancieros de las empresas ferroviarias y la quiebra de la tradición política contra la cual se
alianza entre ingleses y políticos locales co­ había elevado el revisionismo, pero con moda­
rruptos; es una condena más moral que eco­ lidades que no fueron recibidas por sus parti­
nómico-social, muy cercana a la del primer re­ darios con aprobación unánime. Por otra par­
visionismo. Esa perspectiva se profundiza en te, si el nuevo régimen político debilitó el
La política británica en el Río de la Plata de influjo de la historia oficial, ello no significó
1940. Iosé María Rosa, en Defensa y pérdida de que la historia revisionista se irnpusiera como
nuestra independencia económica, no ofrece una historia oficial e institucionalizada. El éxi­
ningún análisis serio de realidades econórni­ to más tangible de los revisionistas se sitúa en
cas, concentrándose en el campo político. Por el plano de la divulgación, sobre todo en la me­
el contrario, la integración de la corriente ins­ dida en que se benefician cada vez más del con­
pirada en el catolicismo integralista, que en­ trol de prensa instaurado por el peronismo. Los
contraba el polo de positividad en la colonia y escritores revisionistas colaboran ampliamente
reconocía a Rosas sólo una positividad subor­ en la prensa peronista, en los diarios Tribuna,
dinada en cuanto ve en él al restaurador del El Líder y Democracia y en la revista Hechos e
orden colonial, fue más dificultosa. Ideas, así como en la experiencia de nacionali­
En ese contexto más complejo, el revisio­ zación de La Prensa. En las publicaciones uni­
80 nismo se lanza a una agitación a la vez histo­ versitarias de la época peronista, la versión re­
LA HISTORIOGRAFIA

visionista del pasado apenas si estaba presen­


te. Si bien hay historiadores revisionistas en el
campo de la historia argentina en la Facultad
de Filosofía y Letras (Diego Luis Molinari, Io­
sé María Rosa, Gabriel A. Puentes), su ense­
ñanza no es seguida por ninguna publicación
oficial. El Boletín del instituto deja de aparecer.
Como consecuencia del alineamiento de
muchos de sus miembros detrás de la política
peronista, el Instituto Juan Manuel de Rosas
perderá a Iulio Irazusta. Su renuncia no fue
sólo por la línea demasiado peronista del ins­
tituto sino porque esos métodos de divulga­
ción popular le parecían contrarios al verda­
dero trabajo historiográfico. Iosé María Rosa
tendrá muchos menos escrúpulos en su tarea
revisionista y será el instigador de una peroni­
zación del instituto; asimismo, reclutará nue­
vos miembros más dotados para la agitación
que para la investigación histórica.
Pero lo importante de resaltar es que en ese l Guillermo Furlong. Academia Nacional de la Historia.
contexto de neutralidad relativamente benévo­
la en el campo historiográfico, al decir de Tulio La caída del peronismo marcó un hito
Halperín Donghi, la historia se convirtió en un importante en la historia del revisionismo.
refugio más permanente y los revisionistas Entre 1955 y 1975 se produjeron la apropia­
abordaron por fin obras historiográficas de ción y la reformulación parcial del revisionis­
mayor aliento que los concisos ensayos inter­ mo por parte del peronismo. Algunas de sus
pretativos en constante vaivén entre el presen­ propuestas más duras —como la impugnación
te y el pasado. En ese clima, los revisionistas al modelo agroexportador, la recusación de la
obtuvieron gran repercusión pública con sus tradición política liberal y la denuncia contra
escritos y redactaron obras de síntesis de gran el imperialismo- se integraron a la visión del
aliento, aunque limitadas al esfuerzo indivi­ mundo que portaba el peronismo, que, a su
dual, como la Historia Argentina de Ernesto vez, reencontraba sus impulsos más popula­
Palacio, que tuvo catorce ediciones entre 1954 res y jacobinos en la proscripción. El revisio­
y 1986; Vida política de [uan Manuel de Rosas a nismo se expandía, así, a través del peronis­
través de su correspondencia de Julio Irazusta, mo, que lo convertía en su interpretación
de ocho volúmenes y con tres ediciones entre “oficial” de la historia nacional. Naturalmen­
1941 y 1970, y la Historia de la Argentina en te, este proceso de difusión no fue un movi­
diez volúmenes de Vicente D. Sierra, la princi­ miento en una sola dirección sino que el re­
pal obra de conjunto de esta vertiente. visionismo asumió activamente gl encuentro. 81
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

Esta expansión se desenvolvió a través de la argentinas que el revisionismo había combati­


publicación de los números de la Revista del do y la vertiente revisionista tuvo su consagra­
Instituto, del Boletín y por medio de editoria­ ción en la incorporación de Julio Irazusta a la
les como Theoria, Sudestada, A. Peña Lillo, Academia Nacional de la Historia.
Pampa y Cielo y, a su izquierda, Coyoacán y Pero a esa versión se sumaba el revisionis­
Octubre. Estas últimas estaban vinculadas a mo socialista o neorrevisionismo revoluciona­
las organizaciones partidarias que conforma­ rio, que colocaba la problemática del irnperia­
ron la izquierda nacional y apelaban a la ven­ lismo en el núcleo de discusiones sobre los dos
ta de ediciones baratas, algunas de colecciones últimos siglos argentinos. Entre los revisionis­
periódicas como “La Siringa”, de Peña Lillo, tas veteranos, sólo José María Rosa acompañó
que publicaba trabajos de Jorge Abelardo Ra­ con entusiasmo esa ampliación de la base hu­
mos, Arturo Iauretche, Fermín Chávez, mana e ideológica del revisionismo. A él se su­
Eduardo Astesano y José María Rosa; llegó a maron los neorrevisionistas formados en déca­
reeditar La historia falsificada de E. Palacio. das de producción historiográfica bajo signo
Por otra parte, varias de las obras de los revi­ marxista como Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo
sionistas se convirtieron en grandes éxitos edi­ Puiggrós y Eduardo Astesano. La identificación
toriales. Tanto la Historia Argentina de Iosé más completa con las clases populares y el im­
María Rosa, entre 1963 y 1969, como los tra­ pacto de la represión condujeron a una defini­
bajos de Juan José Hernández Arregui resultan ción altemativa del peronismo como un movi­
buenos ejemplos. Este proceso provocó disi­ miento revolucionario en sus medios y en sus
dencias entre los revisionistas y, en este senti­ fines. Esta versión marxista del revisionismo
do, la etapa posperonista también exhibió ex­ desplazaba irremisiblemente el foco de aten­
presiones revisionistas disímiles, expresadas ción del conductor que se situaba por encima
en la formulación de Irazusta y en el neorrevi­ de las clases para subordinarlas a una empresa
sionismo revolucionario con la integración de política común a esas clases mismas. Pero, aún
la perspectiva marxista. En el primer caso, caí­ más, el papel central de Rosas en la visión
do el peronismo, Julio Irazusta va a redefinir el histórica propuesta por ese neorrevisionismo
revisionismo, al que se proclama fiel como revolucionario se vio pronto todavía más
una disidencia sólo parcial frente a la historia efectivamente socavada que en la del neorrevi­
oficial, culpable de haber falsificado no sólo la sionismo conservador, a través de la revalo­
imagen de Rosas sino también la de los funda­ rización de los caudillos provinciales cons­
dores del orden constitucional, que estuvieron tituidos en rivales de Rosas. A través del
muy lejos de ser los precursores de los gobier­ desplazamiento de Rosas por Peñaloza y Varela,
nos de fraude, corrupción y servilismo frente el neorrevisionismo de izquierda se identificaba
al extranjero. Ello se exterioriza en 1963 en La con la historia de las clases oprimidas. Con ello,
influencia económica británica en el Río de la esta nueva perspectiva disuelve, sin advertirlo
Plata, una reformulación del libro de 1934, siempre del todo, el vínculo entre revisionismo
donde colocaba a Rosas en el centro de una y tesis decadentista; para el neorrevisionismo
constelación de héroes positivos. La reconci­ revolucionario, la edad de oro de la República
82 liación entre las tradiciones historiográficas Argentina se encuentra en el porvenir.
LA HISTORJOGRAFÍA

Si bien en los años posteriores continua­ La historiografía argentina no fue ajena a


ron funcionando instituciones y publicacio­ estos virajes. Lo que se ha denominado etapa
nes de esta corriente, su declinación como de renovación historiográfica no implicó un
interpretación del pasado puede ubicarse a proceso de ruptura radical y, por ende, no sig­
mediados de la década del setenta. Las causas nificó la sustitución de tradiciones preceden­
que motivaron esa declinación fueron, entre tes ni la emergencia de un nuevo paradigma
otras, la difícil recepción de la radicalización hegemónico. Más preciso sería hablar de una
de los planteos revisionistas, la desaparición década de cambios y permanencias; en otras
de las figuras centrales que habían animado palabras, de una dualidad historiográfica en­
la prédica revisionista y su arcaísmo metodo­ tre la Nueva Escuela Histórica y los historia­
lógico, que aparecía como extemporáneo dores sociales.
frente a las nuevas propuestas de la historio­ Desde mediados de la década del cincuen­
grafía mundial y a las preguntas que la co­ ta, en la Argentina se produjo el intento de una
munidad de historiadores consideraba deci­ verdadera renovación en el campo de las cien­
sivas para la comprensión de la historia cias sociales. El impulso para esta renovación
argentina. provino del período de apertura ideológica y
cultural que sobrevino al derrocamiento del
peronismo, la influencia de la Revolución Cu­
NUEVAS CORRIENTES HISTORIOGRÁFICAS bana y los impulsos provenientes de una déca­
(1955-1966). CONTINUIDADES Y RUPIURAS da de expansión económica que benefició de
un modo muy directo a las ciencias sociales y
Una nueva tensión creativa experimentó que, aunque de una manera efímera, también
el mundo historiográfico a partir de la terce­ se hizo sentir en la Argentina. Esta transfor­
ra década del siglo XX. Durante el período mación implicó la conformación de una co­
de entreguerras comenzó a primar una his­ munidad académica en las ciencias sociales
toria estructural que puso el acento en la na­ que paulatinamente fue construyendo sus re­
turaleza relacional de la totalidad, en una na­ glas de validación y reconocimiento y sus pro­
tural orientación a minimizar el papel del pios espacios. Ello iba a permitir, por una dé­
individuo y la acción y propició, por ende, cada, una renovación en los supuestos básicos
un holismo metodológico que privilegiaba de la vida cultural argentina y una tentativa de
una aproximación al problema de la explica­ actualización historiográfica. Los historiado­
ción desde el todo social. Es la etapa del res no fueron ajenos a los cambios que impli­
eclipse del acontecimiento, del auge de los pa­ có la década del sesenta en el campo intelec­
radigmas macrohistóricos y del consiguiente tual. En este caso, la renovación también tuvo
enfoque sociológico de la explicación histórica, sus centros en las universidades, especialmen­
características reconocibles en la historio­ te en las de Rosario, Córdoba y Buenos Aires,
grafía francesa, en la tradición marxista an­ y se articuló en torno a figuras como la de Io­
glosajona, en la historiografía social nortea­ sé Luis Romero en Buenos. Aires y la de Cefe­
merícana y en la historia social de la política rino Garzón Maceda en Córdoba, quienes se
en Alemania. convirtieron, de diferentes maneras, en los 83
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

principales impulsores de la renovación de los Los historiadores renovadores tuvieron un


estudios históricos en la Argentina. enorme peso en la política de la facultad y el
El Instituto de Investigaciones Históricas acceso de Romero al decanato en 1963 fue una
de Rosario fue el centro por excelencia, defini­ nueva prueba de ello; pero las cosas fueron al­
do en sentido renovador y capaz de ofrecer go diferentes en el Departamento de Historia,
orientación a una escuela y a una carrera. La fi­ donde apelaron a la creación de nuevas mate­
gura de Iosé Luis Romero, en su carácter de rias —como Historia Social General, a cargo de
prestigioso historiador renovador y político Romero, o luego Historia Social Argentina, a
socialista, fue un inevitable eje de referencia cargo de Halperín Donghi—. El hecho de que
para el movimiento rosarino. La sugerencia de ellas no ocuparan una posición central en la
los nombres de una larga lista de jóvenes inte­ curricula revela en toda su dimensión la lenti­
lectuales que cubrieron las vacantes en la uni­ tud de la penetración de los historiadores re­
versidad provino del Centro de Estudios de novadores. No diversamente ocurrió en el ám­
Historia Social. En 1963, con el ascenso a la di­ bito de la investigación, donde la pervivencia
rección del Instituto de Investigaciones Histó­ de los institutos existentes en manos tradicio­
ricas de Nicolás Sánchez Albomoz, se afianzó nales promovió la creación de un nuevo espa­
el influjo de un grupo de historiadores que in­ cio, el Centro de Historia Social. La imagen no
tegraron, entre otros, Roberto Cortés Conde, es tampoco diferente en el área de las publica­
Haydee Gorostegui, Ezequiel Gallo, Reyna Pas­ ciones de historia de la facultad, donde a la
tor y Alberto I. Plá. Ellos concibieron a la histo­ edición de siete volúmenes del Boletín del Ins­
ria en correlación con las ciencias sociales e in­ tituto —luego de 1955, rebautizado “Emilio Ra­
tentaron, sobre la base del recurso cuantitativo vignani”- se agregó la continuidad en la pu­
orientado principalmente hacia lo demográfi­ blicación de documentos como la serie Mayo
co, aumentar el grado de rigor de la disciplina. Documental y los Cuadernos de Historia de Es­
La renovación de los estudios históricos en paña o los de Historia Antigua y Medieval;
la Facultad de Filosofía y Letras de la Univer­ mientras que el Centro de Historia Social edi­
sidad de Buenos Aires constituyó un ejemplo tó sólo dos números en el mismo lapso.
claro de que la ruptura de 1955 no implicó la Por otra parte, los historiadores tradicio­
hegemonía de una tradición historiográfica si­ nales podían beneficiarse de esa red extensa
no la existencia de una dualidad y una cohabi­ que el instituto había creado en la época de
tación entre los representantes de la Nueva Es­ Ravignani y del apoyo oficial para la realiza­
cuela y el grupo de historia social. El proyecto ción de congresos como los internacionales de
de renovación enfrentó desde el comienzo una historia de América en 1961 y 1966 organiza­
sólida relación de competencia historiográfica dos por la Academia Nacional de la Historia.
y profesional. Es el caso del retomó a una po­ Sin embargo, la lenta penetración insti­
sición central del principal discípulo de Ravig­ tucional no quitó protagonismo a los histo­
nani, Ricardo Caillet-Bois, lo que implicaba el riadores renovadores, cuyo dinamismo se ex­
control por la Nueva Escuela Histórica de to­ teriorizó en el impacto que ejerció la materia
da el área docente de las historias argenüna y Historia Social General, en las actividades
84 americana. del Centro de Historia Social, que se benefi­
LA HISTORIOGRAFIA

Otro núcleo renovador fue el dirigido por


Ceferino Garzón Maceda, quien tuvo una in­
serción algo mayor en las estructuras de la
Universidad de Córdoba al acceder en 1956 a
la Dirección del Instituto de Estudios Ameri­
canistas de la Facultad de Filosofía y Humani­
dades. Sin embargo, su cátedra de Historia
Económica formaba parte de la Facultad de
Ciencias Económicas y aun en el Instituto su
base propia se localizaba en la nueva sección
de investigadores en historia económica y so­
cial. La renovación no sólo abarcó a los traba­
jos sobre la Argentina independiente sino que
fue destacada su influencia en el área de la his­
toria colonial. En este sentido, fue en Córdoba
y en Rosario donde se percibió con mayor ni­
tidez la abundancia y calidad de las fuentes co­
loniales disponibles para una historia serial.
Garzón Maceda abrió un nuevo cauce que vi­
no a ampliar las tareas de investigación con
l Iosé Luis Romero. Archivo General de la Nación. trabajos que significaron aportes fundamenta­
les, como el de Economía del Tucumán. Econo­
ciaba de esa relación privilegiada con los An­ mía natural y economía monetaria. Siglos XVI,
nales, lo que le posibilitó el financiamiento XVII, XVIII, cuya estructura se ofrece como un
para algunos proyectos e intercambio de modelo y cuyas conclusiones trazan un cuadro
profesores, y en el proyecto montado en co­ muy completo con profunda perspectiva.
mún con el Departamento de Sociología so­ Garzón Maceda orientó a sus estudiantes a
bre el impacto de la inmigración masiva en el la búsqueda y explotación de las fuentes que se
Río de la Plata. Por otra parte, la publicación encontraban en los repositorios cordobeses.
de los Estudios Monográficos de Historia So­ Uno de sus discípulos, Carlos Sempat Assadou­
cial, entre 1961 y 1966, contenía trabajos de­ rian, se abocó al estudio de la serie protocolos,
dicados a la moneda y los precios, temática de la que surgieron posterionnente sus trabajos
central de Annales. Además, los historiadores sobre el comercio de esclavos en Córdoba en
sociales lograron una importante protago­ 1965 y su importante estudio sobre los circui­
nismo en otras estructuras organizativas, co­ tos mercantiles en el espacio peruano, en espe­
mo la Asociación Argentina de Historia Eco­ cial el comercio de mulas durante el siglo XVII.
nómica, y establecieron relaciones con La renovación adquirió matices particula­
Horacio Bliss y los historiadores económicos res en la Universidad Nacional de La Plata.
de la Universidad Nacional de Tucumán y de Con la caída del régimen peronista, se asistió
Córdoba. al reemplazo de sus autoridades y a la reorga­ 85
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

nización del cuerpo docente con la reincorpo­ expansión de las ciencias sociales y con auto­
ración de profesores cesanteados por el pero­ res jóvenes egresados de la misma universidad
nismo y a la presencia de nuevas figuras del re­ o de las instituciones del interior del país.
formismo. Entre los primeros se destacaron El movimiento renovador en los términos
las reincorporaciones de Iosé Luis Romero y de investigación y en el debate académico, si
de Enrique M. Barba. La Nueva Escuela Histó­ bien encontró su núcleo en las universidades,
rica se arraigó en el área de historia argentina también se exteriorizó fuera de los ámbitos
y las renovaciones se dieron en otras áreas de oficiales. En este sentido, la creación del Insti­
la historia y la sociología con la presencia de tuto Di Tella, del Instituto de Desarrollo Eco­
Tulio Halperín Donghi, Nicolás Sánchez Al­ nómico y Social de la revista Desarrollo Eco­
bornoz y Gino Germani, entre otros. Pero en nómico fue signo característico de la época. En
los años sesenta se produjo el deterioro de cambio, para 1955, la orientación auspiciada
aquel consenso antiperonista y afloraron dife­ por Levene conservó plena vigencia en el Ins­
rencias de enfoque y de propuestas. Ello con­ tituto de Historia del Derecho de Buenos Ai­
dujo al alejamiento de la Facultad de Humani­ res y en el Instituto de Investigaciones Histó­
dades local de los reformistas modernizadores ricas “Emilio Ravignani”, que no lograría
como Romero, Halperín Donghi, Germani y recuperar el lugar central que Ravignani le ha­
Nicolás Sánchez Albornoz. La continuidad bía asegurado.
con la tradición platense la encamaron desde El programa renovador surgió estrecha­
entonces sus egresados, principalmente Barba, mente ligado a las ciencias sociales, que tuvie­
junto con Carlos Heras, Andrés Allende acom­ ron una expansión vertiginosa, y a la interna­
pañado por un cuerpo de profesores, entre cionalización creciente de la actividad
otros, Joaquín Pérez, Horacio I. Cuccoresse, historiográfica; es decir, los renovadores se
José Panettieri y María Amalia Duarte, quie­ convirtieron en los interlocutores de pleno de­
nes definieron ese perfil humanista tan parti­ recho con los historiadores de otros horizon­
cular de la escuela histórica de La Plata. Esta tes y ello ayudaba a compensar la debilidad de
expresión historiográfica dirigida con particu­ la presencia institucional en la universidad ar­
lar empuje por Barba, sus colegas y sus discí­ gentina. La perspectiva de los años sesenta
pulos, tomó un camino alternativo en el avan­ planteó una renovación de los ámbitos insti­
ce del conocimiento histórico. Sin romper tucionales académicos, propició nuevos te­
institucional ni historiográficamente con la mas, enfoques, técnicas y métodos y propuso
tradición originada en el trabajo de Ricardo una interpretación global de ciertos procesos
Levene, incorporó los nuevos elementos surgi­ históricos que arüculaba matrices conceptua­
dos a la luz de los avances de las ciencias socia­ les bien definidas. Sin embargo, la coherencia
les y las diversas perspectivas historiográficas. de este nuevo enfoque devenía más de su ras­
En este sentido, en Trabajos y Comunicaciones go opositor a las perspectivas hasta entonces
se asistió, a partir de los sesenta, a una progre­ prevalecientes que de su homogeneidad inter­
siva incorporación de nuevas líneas de investi­ na. En este sentido, la renovación fue una ten­
gación: historia demográfica, emigración, eco­ dencia con cierto grado de imprecisión, fruto
86 nomía agropecuaria y otras, vinculadas con la de una múltiple influencia: la de los Annales
LA HISTORIOGRAFÍA

franceses, la de la sociología funcionalista, la periencia acerca de América latina como re­


de la economía del desarrollo y la de la histo­ sultado de su participación en la misión fran­
riografía anglosajona, a lo que se sumaba el cesa destinada a montar la Facultad de Letras
carácter intrínseco del programa de Annales de la Universidad de San Pablo y además, in­
caracterizado por ser heterogéneo y poco doc­ cluía entre sus específicos intereses profesio­
trinario. De allí que un problema adicional es nales la historia latinoamericana. Su visita fue
precisar en qué consistió la renovación. Uno fructífera en el nivel de las relaciones informa­
de los signos más fuertes de su identidad fue la les que anudó con historiadores argentinos.
existencia de un grupo que se veía a sí mismo Los contactos involucraron a la Academia Na­
como renovador frente a los enfoques predo­ cional de la Historia, a un antiguo colabora­
minantes de la Nueva Escuela y el revisionis­ dor de Annales, Claudio Sánchez Albornoz, y,
mo histórico. En ese contexto, los Annales fun­ sobre todo, al grupo de estudiosos alejados de
cionaron como modelo de múltiples maneras. la universidad oficial que se nucleaba en torno
En primer lugar, como ejemplo de ruptura a Iosé Luis Romero. Las afinidades de Annales
con una tradición. En segundo lugar, como de la segunda posguerra y el grupo de Iosé
modelo de renovación metodológica que pro­ Luis Romero son inmediatamente identifica­
ponía la historia problema, la historia serial o bles. En primer lugar, ambos eran sectores
la de la larga duración como herramientas úti­ marginales en sus respectivos mundos acadé­
les de transformación. Finalmente, como un mico y, aunque era mucho más visible en el
ejemplo de renovación temática que permitía caso argentino —que estaba llanamente fuera
tomar distancia de una historia política difícil­ de los cuadros institucionales y en conflicto
mente diferenciada de la crónica y privilegia­ abierto con el poder político peronista-, no es
ba los desarrollos económicos y sociales. menos cierto que Braudel se percibía en los
Con relación a la escuela francesa, Fernan­ años de la inmediata posguerra en los bordes
do Devoto considera que todo el problema de la corporación. Esas relaciones adquirieron
puede verse menos como la influencia de An­ mayor relevancia a partir de 1957, cuando la
nales sobre la historiografía argentina que co­ colaboración entre el Centre de Recherches
mo distintos episodios, entre sí autónomos, de Historiques y el Centro de Historia Social di­
relaciones entre sucesivas generaciones y gru­ rigido por Romero fue mucho más intensa
pos franceses y argentinos. De allí que existie­ que en períodos anteriores y contempló inter­
ran distintos momentos y efectos de la difu­ cambio de profesores de ambas partes, una
sión de Annales en la universidad argentina. presencia destacada de artículos de historia­
Uno de ellos era la utilización en las cátedras dores argentinos en la revista de Annales y un
de la Apología de Bloch, de los Combates de apoyo financiero significativo, a través de la
Febvre, pero especialmente de la Historia y Asociación Marc Bloch Argentina, al principal
ciencias sociales de Braudel. La llegada a Bue­ proyecto de investigación de los historiadores
nos Aires de Fernand Braudel inauguró una sociales, titulado Materiales para el estudio del
etapa de contactos más estrechos entre Anna­ progreso económico y social en la República Ar­
les y la historiografía argentina. Ante todo, se gentina. En segundo lugar, ambos buscaban
trataba de un historiador con muy buena ex­ resolver esa marginalidad a través de una fuer­ 87
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

te estrategia de internacionalización que com­ Tella y T. Halperín Donghi, Los fragmentos del
pensara las debilidades políticas o institucio­ poder, de 1969.
nales internas. En tercer lugar, ambos propo­ En Buenos Aires, en un marco institucio­
nían una forma de hacer historia que desafiaba nal menos sólido, la misma ambición se volcó
al ejercicio clásico de la profesión. Sin embar­ en un estudio serial de las variables básicas de
go, en este punto hay que señalar que los An­ la economía argentina en el último siglo, que
nales —hasta Braudel- proponían interpreta­ contó con los auspicios de instituciones fran­
ciones renovadoras a partir del respeto al dato cesas orientadas por la escuela de los Annales.
erudito y no desde su negación. En cambio, los En el marco de este proyecto se iba a comple­
historiadores argentinos se enfrentaban mu­ tar la serie homogeneizada y corregida a valo­
cho más radicalmente con las premisas de la res de mercado de un siglo de exportaciones
historia erudita. argentinas, llevada adelante por Cortés Con­
En el campo de las realizaciones historio­ de, Gorostegui de Torres y Halperín Donghi,
gráficas concretas, las influencias de los Anna­ que permanece inédita.
les eran más evidentes y más elusivas. En prin­ Además de la influencia de la historia se­
cipio, porque esa influencia estaba mediada rial y demográfica, otros aspectos más centra­
por el periodo que el grupo renovador había les de Annales -como la noción de historia to­
elegido para realizar sus investigaciones: los tal, de estructura y de larga duración- son
procesos de cambio de la sociedad argentina también perceptibles en los trabajos del grupo
de la segunda mitad del siglo XIX. Los ejem­ renovador, pero más como orientaciones ge­
plos de influencia más concretos tuvieron que nerales que como lineamientos de un progra­
ver con los intentos de realizar una historia ma preciso de investigación. Con respecto a la
que se aproximara a los modelos provistos por historia total, además de alguna referencia ex­
la historia serial o la historia demográfica. Esa plícita en algtmos trabajos, es sobre todo visi­
tarea sistemática se emprendió en el Instituto ble en la reticencia a la excesiva parcelación del
de Investigaciones Históricas de Rosario. Va­ campo historiográfico, como consecuencia de
rios volúmenes sucesivos del Anuario reflejan la proximidad a las conceptualizaciones de las
los resultados de ese esfiierzo colectivo en el ciencias sociales.
campo de la historia de los tráficos mercanti­ Las nociones de estructura y larga dura­
les y, sobre todo, de la demografla y más espe­ ción son, en realidad, o bien demasiado espe­
cíficamente, el método de reconstrucción de cíficas, o bien demasiado genéricas debido a
familias de Henry y Fleury, presente en la la­ que las investigaciones se centraron en buena
bor dirigida por Nicolás Sánchez Albornoz. medida en el vertiginoso cambio estructural
Probablemente donde se ejemplifican de la Argentina del siglo XIX, y como tales op­
mejor las nuevas tendencias es en la renova­ taron por un modelo que enfatizó más las
ción temática. Los mejores ejemplos son las transformaciones que las continuidades. En
recopilaciones de trabajos que se encuentran esa perspectiva, la longue durée no resultaba
en la obra editada por Torcuato S. Di Tella, un concepto o categoría plenamente operable.
Gino Germani y I. Graciarena, Argentina, so­ La tendencia renovadora se nutrió tam­
88 ciedad de masas, de 1965, y en la de T. S. Di bién de las ciencias sociales; concretamente, de
LA HISTORIOGRAFÍA

la influencia de la sociología y de la economía


que buscaba recuperar esa dimensión históri­
ca. Un ejemplo paradigmático de ello es la
vinculación entre el Instituto de Sociología de
la Universidad de Buenos Aires dirigido por
Germani y el Centro de Historia Social dirigi­
do por Iosé Luis Romero. A estas dos influen­
cias se agregaba la del marxismo de algunos
integrantes del grupo renovador, pero su in­
fluencia fue más difusa y la lectura de los tra­
bajos de la época no sugiere que la presencia
marxista haya sido en ningún caso decisiva en
el sentido de que los historiadores marxistas
europeos contribuyeran de forma marcada en
el diseño del programa de investigación del
grupo. Los trabajos de Maurice Dobb, Pierre
Vilar —especialmente Crecimiento económico y
análisis histórico- y Witold Kula son citados en
oposición a la influencia sobresimplificadora
de los modelos de crecimiento, que por otro
lado, tuvieron sí una fuerte influencia sobre el
i Enrique M. Barba. Academia Nacional de la Historia.
grupo. En este sentido, la fuente de inspira­
ción temática, conceptual y metodológica de rio de Política y sociedad en una época de tran­
los trabajos sobre historia argentina más típi­ sición. En este sentido, es factible ver en el mo­
cos e influyentes del período provino del análi­ delo de modernización el rasgo más típico de
sis fimcionalista de los procesos de moderniza­ la historiografia de los años sesenta sobre la
ción propuesto por Germani, quien formulaba Argentina. Así, si Annales fue una matriz pro­
desde la sociología un verdadero programa de fesional para los historiadores, el mundo con-­
investigación que abarcaba a la historia. La ceptual en el que inscribieron sus preocupa­
problemática germaniana contribuyó a for­ ciones se hallaba profundamente marcado por
mular una forma de ver la historia argentina, la sociología germaniana.
planteó algtmos de los problemas básicos por Por otro lado, la problemática de la mo­
abordar y proveyó la buena parte del instru­ dernización se hallaba íntimamente vinculada
mental conceptual para hacerlo. La tensión ar­ con la preocupación por el desarrollo. Una de
gumental decisiva era la dicotomía entre tradi­ las presentaciones más representativas de esta
ción y modemidad y de allí mismo provino problemática fue la que hicieron Guido Di Te­
también la preferencia temática. Así, La forma­ lla y Manuel Zymelman, aplicando estricta­
ción de la Argentina moderna resume un grue­ mente el modelo rostowiano a la Argentina,
so núcleo de la preocupación historiográfica vinculando el desarrollo y la modernización
del momento y es un programa complementa­ con la industrialización. También el pensa­ 89
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

miento de Raúl Prebisch marcó muy proftm­ la introducción de la noción de proceso histó­
damente las interpretaciones del pasado ar­ rico como totalidad, y llevó a otorgar preemi­
gentino. El espíritu de época, dominado por el nencia en la explicación a los factores econó­
desarrollismo, permitió la articulación de un mico-sociales, por sobre los institucionales. En
conjunto variado de modelos conceptuales en este esquema, lo político no se explica por sí
una lógica dominada por aquél. mismo; el individuo, actor político central en
Pero la renovación temática también tuvo el enfoque tradicional, pierde entidad y se des­
lugar entre los estudiosos de historia argenti­ dibuja. Los actores son básicamente sujetos so­
na integrados en las corrientes dominantes ciales y la práctica política es producto, en el
desde antes de 1955. Ello ocurrió en el campo nuevo enfoque analítico, de un complejo juego
de la historia colonial, donde Levene había es­ de intereses que conjugan los distintos frag­
bozado el deslizamiento de la historia institu­ mentos del poder. Se trazó así un lazo indiso­
cional a la socioeconómica y las tentativas luble entre sociedad y política para hacer inte­
orientadas en la misma dirección entre los es­ ligible el proceso. Este modo de abordaje llevó
tudiosos nucleados en el Instituto de Historia a la introducción de métodos sociológicos y
del Derecho, donde José M. Mariluz Urquijo cuantitativos en el estudio de la política. Por
ofreció trabajos de historia mercantil e indus­ otra parte, la incorporación de la teoría llevó a
trial porteña de indudable nivel y sólidamente que la historia nacional perdiera su aislamien­
documentados. También merecen citarse el to, al subsumirse en un marco de análisis ma­
centro mendocino y los trabajos de Pedro yor, que fue el modelo occidental o el marco la­
Santos Martínez sobre la historia económica tinoamericano. Finalmente, la renovación
de Mendoza durante el Virreinato y sobre las también se expresó en el modo de escribir la
industrias en ese mismo período. Por su parte, historia; de allí que el rasgo más notable de es­
el Instituto de Desarrollo Económico y Social ta perspectiva, desde el punto de vista de la or­
iba a albergar las primeras jornadas convoca­ ganización textual, fue el deslizamiento de la
das por la Asociación de Historia Económica y narración al análisis, deslizamiento que incor­
Social en 1966 y las segundas, en 1969. poró el bagaje conceptual y metodológico que
Es importante destacar que, si bien la expe­ provenía fundamentalmente de la sociología.
riencia renovadora significó la apertura a nue­ El grupo renovador no subsistió como em­
vos campos, fundamentalmente el económico presa más allá del derrumbe de 1966 y es a par­
y social, ello no implicó el abandono de la his­ tir de los espacios no oficiales donde es posible
toria política sino más bien su replanteo con rastrear algima continuidad luego de ese año. A
un perfil interdisciplinario. En este campo, la vez que el grupo perdió envergadura institu­
también fue decisiva la influencia de Germani, cional, paradójicamente se hizo más visible a
porque fueron precisamente la teoría de la mo­ través de publicaciones más nutridas: La Histo­
dernización y la de los ciclos políticos latinoa­ ria Argentina que tenía como editor a Halperín
mericanos la base inicial de un acuerdo que Donghi, La población de América latina de Sán­
otorgó unidad y sistematicidad a esta tenden­ chez Albornoz y Iosé Luis Moreno, La forma­
cia. Esta nueva mirada de lo político implicó el ción de Ia Argentina moderna de Cortés Conde
90 abandono de la historia de acontecimientos y y Ezequiel Gallo, y Nacionalismo y liberalismo
LA HISTORIOGRAFÍA

económicos en la Argentina 1860-1880 de Iosé C. supuesto que atravesaron los ámbitos de gene­
Chiaramonte. Estas obras llevaban a término ración del pensamiento social a partir de 1966
trabajos encarados en la etapa anterior, demos­ y que provocó en muchas coyimturas una acti­
trando que la renovación no había sido estéril. vidad investigadora ciertamente asistemática
En síntesis, la perspectiva renovadora bus­ en las universidades y su concentración, en no
có instaurar un nuevo estilo profesional, pro­ pocos casos, en espacios no oficiales.
pició un paradigma caracterizado por influen­ Las características de este capítulo tornan
cias múltiples, renovó los temas, los métodos y imposible un análisis pormenorizado de la
las interpretaciones del pasado, pero no logró, abundante y a veces dispersa producción his­
por su marginalidad institucional y por la toriográfica relativa a los distintos aspectos de
inestabilidad de la vida política y cultural ar­ la realidad histórica; por lo tanto, el análisis se
gentina, una posición predominante en el es­ limita a destacar ciertos ejes temáticos que en­
pacio historiográflco. cuentran su pleno desarrollo histórico en los
capítulos de esta obra.
En el campo de la historiografía económi­
LA EXPANSIÓN Y LA ESPECIALIZACIÓN ca, si bien la inclinación a buscar claves econó­
HISTORIOGRÁFICAS micas y sociales para explicar los procesos po­
líticos del pasado nacional data desde Mitre y
En los años posteriores, la historiografía Vicente Fidel López, Iuan A. García, Paul
nacional, en consonancia con las orientaciones Groussac y Iuan Álvarez, sin embargo, no se
de la historiografía europea y norteamericana, había constituido una escuela historiográfica
pero a un ritmo más lento y laxo, se caracteri­ que abordara con alguna sistematicidad estos
zó por una expansión de su campo de estudio temas. Ni la Nueva Escuela Histórica ni el re­
y por una coexistencia no uniforme de pers­ visionismo clásico disponían de un arsenal
pectivas de abordaje, características que refle­ conceptual específico que les permitiera abor­
jan con claridad un recorrido historiográfico dar los temas de historia económica.
caracterizado por permanencias, rupturas y re­ En este campo, en la segunda mitad del si­
surgimientos. El proceso de expansión del ob­ glo XX, la historiografía fue significativa sobre
jeto de conocimiento, que involucró otro de es­ tres períodos: la primera mitad del siglo XIX,
pecialización, no afectó de la misma manera y el período de la gran expansión agropecuaria
con la misma intensidad a todas las áreas de in­ hasta 1930 y finalmente, la etapa más contem­
vestigación histórica y hasta la década de 1980 poránea hasta 1983. Para el primer período, el
se exteriorizó con más fuerza en el ámbito de la libro de Miron Burgin aporta una síntesis di­
historia económica, social, política y demográ­ fícilmente superable para la comprensión de
fica, siendo menos perceptibles los virajes hacia los problemas económicos de la etapa.
los nuevos enfoques socioculturales en boga en Un debate central que dio lugar a una pro­
los noventa. Por otra parte, esta expansión de la ducción historiográfica considerable fue la
producción historiográfica se produjo a pesar presión ejercida por las provincias para lograr
de las tensiones entre democracia y autoritaris­ que Buenos Aires protegiera los productos re­
mo y entre institucionalización y falta de pre­ gionales, en ciertos casos imponiendo la pro­ 91
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

hibición absoluta de importar los que compi­ modelo desarrollista-germaniano comenzó a


tieran con ellos. La etapa del crecimiento eco­ ser paulatina y sistemáticamente revisado en el
nómico y agrario, en particular entre 1850 y cuarto de siglo siguiente. Cortés Conde ha de­
1930, fue otro de los ejes temáticos que gene­ nominado a este giro la reacción neoclásica. En
ró fructíferos debates que dieron lugar a una el nuevo marco, la teoría de la modemización
significativa producción. perdió rápidamente lugar y los condicionantes
La interpretación de ese crecimiento eco­ netamente económicos más que los factores
nómico fue dispar y la discusión enfrentó a institucionales adquieren un papel más central
quienes defendían un modelo de economía en la explicación de los procesos económicos.
abierta, con aquellos que sostenían que no ha­ Un clásico de esta tendencia fue el libro de
bía otro desarrollo beneficioso fuera del merca­ Carlos Díaz Alejandro Ensayo sobre la historia
do intemo. Para los años sesenta, la influencia económica argentina, de 1973. Iunto a esos es­
de la economía del desarrollo, que había alcan­ tudios aparecieron otras corrientes cuya in­
zado mucha difusión en los países occidentales fluencia fue considerable; especialmente, la
después de la Segtmda Guerra Mundial, se con­ historiografía económica sobre los Estados
virtió en la línea argumental predominante pa­ Unidos y el Canadá. La utilización por algtmos
ra interpretar el caso del crecimiento argentino. historiadores de la teoría del bien primario ex­
Dentro de esta corriente, aparte de la obra de portable -staple theory- se hizo presente en va­
Aldo Ferrer y del trabajo de la CEPAL, Análisis rios de los trabajos que contribuyeron a mar­
y proyecciones del desarrollo económico argenti­ car ese cambio de rumbo. En 1970, Ezequiel
no, se cuenta con el de Sergio Bagú, “La estruc­ Gallo había publicado La agricultura en el pro­
turación económica en la etapa formativa de la ceso de industrialización, afirmando que no ha­
Argentina modema”, que apareció en Desarro­ bía oposición entre el crecimiento de la econo­
llo Económico, los trabajos de inmigración que mía basada en las exportaciones agrícolas y la
publicaron el Instituto de Sociología y el Cen­ industrialización sino que ésta había sido la
tro de Historia Social y algimos de los que consecuencia de aquélla. Por otra parte, Guido
aparecieron en la antología Argentina, socie­ Di Tella se apartó de su tesis primitiva, dirigi­
dad de masas. Fueron también muy impor­ da por Rostow, y propuso la economía de los
tantes el libro de Chiaramonte, Nacionalismo y espacios nuevos siguiendo la versión de la sta­
liberalismo económicos en la Argentina 1860­ ple theory. Por su parte, Cortés Conde utilizó
1880; el de Gallo y Cortés Conde, La formación los esquemas de Balwin, North y Watldns en
de la Argentina moderna; varios artículos de la Hispanoamérica: la apertura al comercio mun­
antología Los fragmentos del poder de Torcua­ dial, en 1974. A ellos se sumaron el ensayo in­
to Di Tella y Halperín Donghi —entre ellos, el terpretativo de Lucio Gellner sobre la teoría
de Cortés Conde, “El boom argentino, una del bien primario exportable —criticando la
oportunidad desperdiciada”-, y finalmente, la versión del libro de Cortés y Gallo, La forma­
interpretación de Iames Scobie del desarrollo ción de la Argentina modema- y El caso argen­
agrícola. tino de Vázquez Presedo, donde se siguieron
La crisis institucional de 1966 marcó tam­ los mismos lineamientos. En 1979 se publicó
92 bién un giro en las líneas interpretativas y el El progreso argentino, en el que se discutían va­
LA HISTORIOGRAHA

rias tesis tradicionales de la historiografía eco­ cional y la falta de contraposición entre em­
nómica argentina vinculadas al patrón moder­ presarios agrarios e industriales.
no, la propiedad de la tierra y las condiciones En el campo de la historiografía política, el
de vida de los sectores populares en el proceso interés por el período revolucionario y posre­
de crecimiento. volucionario hasta 1870 motivó varias histo­
La historiografia económica para el perío­ rias generales que abordan los procesos políti­
do posterior a 1930 continuó motivada por la cos del período; entre ellas, la obra de
búsqueda de las causas de la frustración del de­ Halperín Donghi, De la Revolución de inde­
sarrollo argentino. La historia agraria se fue pendencia a la Confederación rosista -síntesis
consütuyendo en una especialidad propia y del período, donde el autor logra articular los
ello no es casual si se tiene en cuenta que el sec­ fenómenos políticos, económicos, sociales y
tor agropecuario constituye uno de los sectores culturales—; en la colección de historia publi­
más dinámicos de la economía y que el proble­ cada por La Bastilla se encuentran los trabajos
ma del crecimiento a largo plazo estuvo siem­ de Carlos S. A. Segreti sobre La Aurora de la
pre estrechamente vinculado al comporta­ Independencia, donde se caracteriza a la Revo­
miento interno y externo del sector primario. lución de Mayo como una revolución popular,
Otra línea de investigación y debate vincu­ y los de López Rosas y de Romero de 1976. En­
lada también al problema macroeconómico tre las historias políticas destinadas específica­
sobre la incapacidad de la economía argentina mente al período 1800-1830, una de las más
para mantener un crecimiento sostenido fue relevantes es la de Halperín Donghi, Revolu­
la de la industrialización. En las interpretacio­ ción y guerra, de 1972. El hilo conductor a par­
nes más típicas de la década del sesenta, preva­ tir del cual se analizan las repercusiones que el
leció la idea de que el crecimiento industrial proceso revolucionario tuvo en la estructura
en el período 1880-1930 fue limitado e insatis­ política colonial es la formación de una elite
factorio debido a la hegemonía política de los política generadora de un centro de poder au­
grandes terratenientes, cuyos intereses son tónomo. Por otra parte, Investigaciones y Ensa­
presentados como opuestos al desarrollo in­ yos, a partir de 1966, y los congresos naciona­
dustrial. Esta interpretación clásica sobre el les e internacionales de la Academia Nacional
proceso de industrialización argentina tuvo su de la Historia brindan un amplio espectro so­
expresión en las obras de Adolfo Dorfman so­ bre los distintos aspectos del proceso revolu­
bre la evolución industrial argentina. Pero a fi­ cionario. Dentro de esta línea, se destacan los
nes de aquella década comenzó a conformarse trabajos de Zorraquín Becú que proponen, so­
una visión alternativa, revisionista, que reva­ bre la base de un análisis jurídico-institucio­
lorizaba una serie de factores que habrían nal, una doble lectura de la Revolución de Ma­
contribuido al desarrollo industrial, entre los yo como momento de ruptura y al mismo
que se destacaban el marco institucional que tiempo, como continuidad de poderes, insti­
contemplaba garantías a la propiedad privada tuciones e ideas tradicionales.
y fomento a la inversión, el proceso de eslabo­ En cuanto al período que abarca la crisis
namiento hacia atrás y hacia adelante por la del año ‘20 y la formación de los Estados pro­
expansión agropecuaria, el proteccionismo ra­ vinciales, se destaca El país disuelto de Carlos 93
LA DIMENSION ClENTÍFlCA Y CULTURAL

El período rivadaviano mereció una serie


de investigaciones destinadas a destacar dis­
tintos aspectos provinciales y nacionales de
esa experiencia, desde la clásica y docurnenta­
da obra de Ricardo Picirrilli de 1960, hasta las
investigaciones de Bagú y Galmarini que, des­
de una perspectiva socioeconómica, intentan
explicar el régimen de Rivadavia.
Con respecto a los sistemas de gobierno e
instituciones políticas, los trabajos realizados
giraron en torno de tres cuestiones. Los inten­
tos de organización nacional, dentro de los
cuales el conflicto entre unitarismo y federa­
lismo ocupa un lugar central. En este sentido,
se destacan los trabajos de Barba y Bagú en la
Revista de Historia del segundo trimestre de
1957. La segunda cuestión se relaciona con las
investigaciones monográficas que analizan la
estructura y el funcionamiento de algtmas ins­
tituciones, como la bien documentada tesis de

I Ricardo Zorraquín Becú. Academia Nacional de la Historia.


B. Díaz sobre los juzgados de paz de campaña
de 1959, el trabajo de Levaggi sobre las comi­
Segreti, donde el autor construye una cohe­ sarías de campaña de 1976 y la investigación
rente explicación del estallido general de 1820, de Zorraquín Becú de 1983 sobre el papel del
en la que analiza la conformación de fuertes cabildo en la primera década revolucionaria.
hegemonías locales, expresadas por liderazgos La tercera cuestión alude a los estudios sobre
y alianzas de frágil equilibrio, basadas más en el problema de la génesis del Estado nacional.
relaciones personales e intereses económicos Entre ellos cabe mencionar el de Víctor Tau
que en coincidencias ideológicas, en un marco Anzoátegui, quien considera el paulatino
signado por sucesivos intentos de reunir un avance de la provincia de Buenos Aires como
congreso para organizar constitucionalmente la gestación de la unidad nacional.
el pais. Con relación a la historiografia sobre la
En 1983, Iosé C. Chiaramonte concibe al Confederación rosista, los planteos renovadores
Estado autónomo provincial no como pro­ se inician con Enrique M. Barba. Sus primeros
ducto de una disgregación de una nación estudios sobre la época de Rosas aparecieron en
preexistente sino como un punto de partida la Historia de la Nación Argentina de la Acade­
de una organización política estatal cuyos lí­ mia Nacional dela Historia a fines de la década
mites serán, por un lado, provinciales, mien­ del cuarenta, donde buscó la explicación del fe­
tras que al mismo tiempo se gestan los proyec­ nómeno desde variadas facetas tanto políticas
94 tos de unidad mayor. como económicas, sociales e incluso culturales,
LA HISTORIOGRAFIA

metodología que siguió profundizando en sus y la época de Avellaneda, investigada por Car­
ulteriores obras, como Correspondencia entre los Heras, además del aporte de Guillermo
Rosas, Quiroga yLópez; Unitarismo, federalismo, Gassio y Cristina San Román en La conquista
rosismo; y Cómo llegó Rosas al poder. del progreso (1874-1880), y La renovación pre­
En cuanto a los aspectos jurídico-políticos sidencial de 1880 de Lía E. Sanucci.
de la Confederación rosista, existen varios tra­ Un tema crucial en el proceso político del
bajos que estudian el sistema de pactos, la su­ período fue la cuestión capital y la federaliza­
ma del poder, las facultades extraordinarias y ción de Buenos Aires, problemática que fue
el encargo de las relaciones exteriores; entre abordada por Susana Ratto de Sambucetti y
ellos, el de Tau Anzoátegui, Formación del Es­ por Carlos Segreti, y las posiciones de destaca­
tado federal argentino (1820-1852). dos personajes son analizadas, entre otros, por
El período que se abre a partir de 1852 Edith Debenedetti en Carlos D’Amico en el
suscitó dos clásicos estudios, el de Scobie, La proceso de federalización de Buenos Aires y Bea­
lucha por la consolidación nacional, y el de Bea­ triz Moreyra en Valorización de dos posiciones
triz Bosch, Urquiza y su tiempo. sobre la federalización de Buenos Aires. El caso
Otra línea de análisis que contribuyó al particular de la provincia de Buenos Aires fue
conocimiento de los aspectos políticos de este investigado por F. Armesto en Mitristas y alsi­
período fueron las biografías históricas indivi­ nistas y por el libro de Fernando Barba, Los
duales o familiares. Dentro de este género es­ autonomistas del 70.
tán las biografías de Emilio Cartilla sobre Con respecto la la historiografía política
Marco Avellaneda, que incluye desde las ideas del período correspondiente a la consolida­
políticas de Avellaneda hasta un análisis de la ción del Estado nacional hasta 1930, la pro­
Liga del Norte; La Juventud de Felix Frías de ducción predominante de los años sesenta y
Ambrosio Romero, que analiza la militancia setenta —etapa signada por el predominio de la
política del secretario de Lavalle y la cruzada historia económica y social y por la margina­
revolucionaria de 1839-1841; la biografía de ción de la historia política- se caracterizó, co­
Facundo Quiroga de Silvestre Peña y Lillo; la mo acertadamente ha expresado Ezequiel Ga­
de Salvador María del Carril de Carlos Melo; llo, por una reacción mimética y se reflejó en
la de Marcial Quiroga, Manuel Moreno, minis­ una serie de investigaciones alrededor de te­
tro plenipotenciario de Rosas, y la del inglés mas como las precondiciones políticas del cre­
Iohn Lynch, Iuan Manuel de Rosas. En el ám­ cimiento económico, por la aplicación de mo­
bito de las biografías familiares se destacan los delos provenientes de la teoría sociológica y
trabajos de Andrés Carretero y Juan Iosé Se­ por la participación de especialistas en cien­
breli sobre los Anchorena y el de Ricardo Pic­ cias sociales y de investigadores extranjeros in­
cirilli sobre los López. teresados en algunas dimensiones de la vida
El período de las presidencias fimdaciona­ política argentina. Concordante con esa evo­
les no mereció una obra de conjunto sino tra­ lución, el abordaje de la historia política se ex­
tamientos particulares, como el caso de Mitre teriorizó en un grupo de trabajos que estuvo
analizado por Carlos Heras; la presidencia de estrechamente relacionado con preocupacio­
Sarmiento, estudiada por Iosé S. Campobassi nes referidas al crecimiento económico, la 95
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

modernización y la movilidad social y a fenó­ y específicas y estudios realizados sobre va­


menos singulares más específicamente argen­ riantes provinciales del radicalismo, como
tinos como la inmigración masiva. Entre los son el libro de C. Rodríguez sobre Cuyo y los
aportes más relevantes y novedosos del pro­ artículos de M. I. Wilde, R. Ferrero y C. Páez
grama de investigación se encuentran una vi­ de la Torre sobre Santa Fe, Córdoba y Tucu­
sión totalizadora de la generación del 80, un mán. La única tentativa general en esta época
análisis con fuerte preponderancia social de fue la del libro de David Rock, que si bien pre­
los orígenes del radicalismo y una visión más senta un estudio muy detallado para el primer
matizada y compleja de la década del treinta, gobierno de Yrigoyen, es más genérico y su­
el papel de las Fuerzas Armadas, la trayectoria perficial para el período anterior a 1912 y el
y los cambios en el Congreso y el papel de los posterior a 1922.
empresarios en la política. En la historiografía política referida al pe­
A partir de los setenta, algunos historiado­ ríodo que se extiende desde la caída de Yrigo­
res políticos reaccionaron ante la situación de yen hasta la restauración democrática en 1983,
dependencia en que se encontraba su discipli­ las diferentes constelaciones del poder -el po­
na y asumieron la defensa de la especificidad der político e ideológico, el militar, el sindical y
de la vida política, con el consiguiente rechazo el empresarial-, el fenómeno peronista, la ines­
a considerarla como dependiente de los desa­ tabilidad civil y militar y la creciente violencia
rrollos económicos y sociales. Surgió así la en sus diversas formas de expresión y costos, se
preocupación por analizar la lógica propia de constituyeron en problemáticas centrales, al
los fenómenos políticos. Dentro de las nuevas margen de la existencia de obras aisladas dedi­
orientaciones se destacan El orden conservador cadas a asuntos disímiles.
de Natalio Botana, algunos trabajos sobre as­ El período 1930-1980 se encuentra fuerte­
pectos parciales, como los análisis del Poder mente marcado por las influencias ideológicas
Legislativo de N. G. Molinelli, de las relaciones y un ingrediente fundamental es el nacionalis­
entre el Legislativo y el Ejecutivo durante el mo, los nacionalistas y los nacionalismos, se­
primer gobierno radical, de A. M. Mustapic, y gún las varias versiones. En este sentido, la
de la federalización de Buenos Aires, de Ruiz obra clásica de Enrique Zuleta Álvarez no só­
Moreno. lo estudia el nacionalismo sino que también
Un panorama similar, promisorio pero profundiza sobre la historia ideológica y cul­
con algunas lagunas, ofrecen los estudios so­ tural de la Argentina. El primer enfoque histó­
bre los partidos políticos. El Partido Socialista rico del movimiento lo hicieron María Inés
ha sido objeto de algunos buenos trabajos, co­ Barbero y Fernando Devoto. Otro trabajo de
mo los de R. Walter y D. Weinstein y el libro de envergadura documental y rigor conceptual
H. Sanguinetti sobre los socialistas indepen­ fue el de Christian Buckrucker, Nacionalismo y
dientes. Sobre el radicalismo, si no hubo un peronismo. Este autor disintió con la califica­
estudio de relevancia, hay algunos ensayos ge­ ción del nacionalismo por Zuleta Álvarez, pe­
nerales como los de P. Snow, E. Passalacqua, ro completó el tema en sus relaciones con el
H. Clementi y F. Sabsay y R. Echepareborda, a peronismo en un marco de proyecciones in­
96 los que se suman contribuciones más parciales ternacionales.
El peronismo fue uno de los fenómenos
sociopolíticos que ha ejercido una atracción
especial en la historiografía argentina, y uno de
los temas más convocantes de la producción
histórica del período fue la temática de su sur­
gimiento. En este aspecto, Germani buscó la
¡unn m: umnnu r nruisutnm AUEMCAN\

NACION ARGENTINA
HISTORIA
I». IA
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LA HISTORIOGRAFÍA

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clave interpretativa del peronismo en las difi­


(DESDE LOS ORÍGENES IIISIA LI 0lfillIlIflu\ DIHIIIIII I.‘ H6?)
cultades de integración de las nuevas masas al
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medio urbano e industrial. Hacia fines de los V H nutun run Ll Jl \I\ nl nuronu v n Illblluu \ ¡“Llllnnn
Ill!‘ Ll PIlL!II'lI"f'.I\ DI‘ llull!!!) LTÏIÑI

años sesenta, una nueva generación de intelec­


tuales inició una vasta revisión de las pers­
pectivas heredadas en las más diversas áreas.
Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero rees­ Vol. I
‘Ha-p- hounh-uu y Iniollnfilnl
cribieron la historia del período que precedió
al ascenso del peronismo y señalaron la pro­
gresiva acumulación de demandas insatisfe­
chas como el punto de fiisión entre los traba­
jadores de origen extranjero, sus descendientes
Ill l.\(|> \IHI,>
nativos y los nuevos trabajadores provenientes nan-nn u n. ¡‘unan-n­
"¡to
del interior, y asociaron a unos y a otros en el
apoyo de la política de reformas sociales y po­ I Portada de la Historia de la Nación Argentina (1936).
líticas de Perón. Esta versión revisionista se
completó con la rehabilitación de la participa­ desgarramientos del tejido social en la década
ción de las antiguas conducciones sindicales en del setenta. La investigación de Guillermo
el acercamiento de las masas a Perón. O’Donnell fue la obra de mayor envergadura
Los primeros gobiernos peronistas fueron sobre las nuevas formas de dominación que
materia del libro de Ricardo del Barco que des­ emergieron en América latina a partir de los
cribe el repertorio de interpretaciones sobre el años sesenta. El Estado burocrático autoritario
peronismo, el desarrollo del partido y el movi­ reconstruye la confluencia de crisis, temores y
miento y la ecuación Juan y Eva Perón. Peter esperanzas sobre las que los actores políticos
Waldmann esclarece falencias y demandas que fueron optando por la violencia como única
estaban presentes en la realidad argentina des­ alternativa de futuro.
de la década del treinta y que, de alguna mane­ La década de 1970 concentró la más nutri­
ra, el gobierno peronista interpreta y modifica, da bibliografía. Algunos estudios destacables
sin olvidar Perón y su tiempo de Félix Luna. intentan claves interpretativas sobre los años
Para el período posperonista, Marcelo Ca­ 1973-1976, señalando que la muerte de Perón
varozzi arriesga claves interpretativas en Auto­ frustró un proyecto de peronismo renovado y
rítarismo y democracia, analizando las trans­ que los conflictos entre tendencias habrían
formaciones políticas que se operaron a partir desbordado Ia capacidad de maniobra del lí­
der y de los gobiernos que se sucedieron. En 97
de 1955 y el proceso que lleva a los profundos
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

tal dirección se encuentra la obra de Guido Di “obsevatorio autónomo”, propicia un retorno


Tella que considera a Perón cercado por dos a la valoración de la dimensión social y al diá­
posiciones extremas. Liliana de Riz, en Retor­ logo con los historiadores.
no y derrumbe, explica el deterioro guberna­ Otras entidades que han hecho su aporte a
mental como resultado de la tensión entre las la disciplina fueron el Instituto de Historia del
fuerzas de restauración y de ruptura. En la Derecho de Córdoba, que tuvo como figura
misma línea se ubica Oscar Landi en La terce­ principal a Roberto Peña; el Instituto de la
ra presidencia de Perón. Historia del Notariado en la ciudad de la Pla­
El tránsito a la democracia fue acompaña­ ta y el Instituto Argentino de Estudios Consti­
do de obras como las de Alain Rouquié y Ro­ tucionales y Políticos de Mendoza, dirigido
bert Potash dedicadas a analizar la relación por el doctor Dardo Pérez Guilhou, dedicado
militar y el poder político en la sociedad ar­ a investigar y difundir el Derecho Constitu­
gentina. Por otra parte, diversos estudios cional, el Derecho Administrativo, la Historia
avanzan en el conocimiento del proceso mili­ del Pensamiento Político, Institucional y Iurí­
tar, la resistencia a éste y las múltiples secuelas dico argentinos, con una visión que ahonda
de la transición democrática. en fuentes nacionales, americanas y europeas,
En la historia del Derecho, el desenvolvi­ pero con una mirada propia de hombres de
miento no quedó reducido al pasado estricta­ provincia.
mente nacional sino que tuvo una proyección Los estudios histórico-sociales se confor­
hispanoamericana, sobre todo para el derecho maron como un campo de fronteras irnprecisas
vigente durante la colonización española, de­ y móviles y la historiografía social argentina es
sarrollo que tuvo una íntima conexión con los una clara muestra de ello. Si bien existe una
estudios liderados por Rafael Altamira en Ma­ gran variedad de temas y abordajes diferencia­
drid. Tanto Levene como Altamira buscaron dos, la producción histórica del período presen­
siempre atender a la dimensión social del fe­ ta todavía innumerables vacíos temáticos, tem­
nómeno jurídico. porales y regionales que sólo han comenzado a
En los años sesenta también se produjo en ser abordados a partir de la década del noventa.
el campo de la historia jurídica una renova­ En el marco de esta visión de conjunto, los tra­
ción, cuyo artífice fundamental fue el español bajos referidos a distintos aspectos de la historia
Alfonso García Gallo, quien propugnó un en­ social colonial, los debates sobre la inmigración
foque más jurídico, y a mediados de los seten­ en la conformación de la Argentina moderna y
ta también se hace sentir la influencia de las los estudios sobre sectores populares son repre­
reflexiones metodológicas del alemán Helmut sentativos de los avances disciplinarios.
Coing. Ni los Annales braudelianos ni el mar­ En la historiografia destinada a estudiar la
xismo ejercieron atracción intelectual, dado sociedad rioplatense colonial, la etapa ftmda­
que ambos mostraron indiferencia ante el fe­ cional —que abarca la década del sesenta- se
nómeno histórico-jurídico. Un nuevo viraje caracterizó por un desarrollo local y relativa­
renovador es perceptible en los años ochenta, mente autónomo de la historia social colonial,
a través de un enfoque que, sin despojar al fe­ todavía muy ligada y en estrecha dependencia
98 nómeno histórico-jurídico de su condición de de la demografía histórica. José Luis Romero,
LA HISTORIOGRAFIA

Tulio Halperín Donghi, Nicolás Sánchez Al­ teoría del “crisol de razas”. En oposición a esa
bornoz y Ceferino Garzón Maceda impulsa­ visión del proceso inmigratorio se despliega
ron los nuevos estudios. El trabajo pionero de el enfoque que sostiene que el proceso de in­
Iosé Luis Moreno —que a partir del análisis de­ corporación de los inmigrantes a la sociedad
mográfico del censo de 1778 trataba de re­ argentina respondió más al modo de pluralis­
construir la estructura social de la Buenos Ai­ mo cultural que al “crisol de razas”; es decir,
res virreinal- implicó el paso de la demografía cuestiona las ideas de fusión, amalgama e hi­
al estudio de la sociedad. bridación y sostiene aquellas que subrayan la
La segunda etapa —que comprende hasta la perduración de identidades étnicas, de lími­
década del ochenta- está caracterizada por los tes, y propone la imagen de una sociedad co­
aportes extranjeros, especialmente estadouni­ mo mosaico cultural. Surge así una variedad
denses, a través de los trabajos de Susan Soco­ de estudios de casos que se focalizan en los di­
low sobre los comerciantes de Buenos Aires y versos grupos étnicos asentados en diferentes
la tesis sobre los artesanos de Lyman Iohnson. regiones del país, analizando la constitución
Grupos y estratos sociales de la sociedad colo­ sociodemográfica de cada grupo en particu­
nial argentina fueron estudiados a partir de la lar, sus formas de asociacionismo y los dife­
metodología y las fuentes puestas a punto por rentes patrones de comportamiento que los
los más recientes trabajos de historia social. caracterizaron.
Otra línea innovadora y de debate dentro Esta renovada mirada al proceso inmigra­
de la historia social fueron los estudios sobre torio ha contribuido de manera decisiva a
la inmigración. El análisis de esta temática en destacar la dimensión étnica en la historia de
la década del sesenta se insertó dentro de es­ la conformación de la sociedad y ha permiti­
tudios macrosociales que analizaban la con­ do repensar dicho proceso, en tanto cuestiona
solidación de la Argentina moderna y donde la disolución de las identidades parciales, a la
el fenómeno migratorio era considerado co­ vez que postula la pluralidad como un mode­
mo un factor clave en dicha modernización. lo deseable.
De acuerdo con esa vertiente historiográfica, Con respecto a los sectores populares y al
los estudios se caracterizaron por analizar la movimiento obrero, el recorrido historiográfi­
inmigración como un todo, sin tener en cuen­ co va desde la historia militante hacia el en­
ta la heterogeneidad interna de la masa mi­ foque sociológico característico de los años
gratoria; a la vez, se utilizaron métodos cuan­ sesenta, hasta una producción histórica preo­
titativos que buscaban establecer tendencias, cupada por capturar la concreta experiencia
mediciones y comportamientos promedios, histórica de los trabajadores y su significado
basándose en fuentes censales y estadísticas. para los actores en términos de identidad.
Los estudios más representativos son las obras En la historia militante existen cuatro his­
de Gino Germani, Iosé L. Romero, Torcuato torias escritas por sendos representantes de las
Di Tella, Francis Korn. Este tipo de análisis se principales corrientes que animaron la primera
unía a una visión exitosa y optimista del desa­ época del movimiento obrero: Diego Abad de
rrollo argentino y del papel de los extranjeros Santillán, Iacinto Oddone, Sebastián Marotta y
en ese desarrollo; en este contexto surgió la Rubens Iscaro. Cada una de estas obras se pro­ 99
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

ponía reivindicar una determinada línea ideo­ tó a los hechos vitales y la falta de coordina­
lógica en el seno del movimiento obrero orga­ ción y complementación de los resultados en
nizado, pero sobre todo apuntaron a recortar un cuadro coherente. En cambio, el panorama
una cierta identidad entre los trabajadores. de los estudios monográficos, ya sea de perío­
A partir de 1955, en el contexto de la reno­ dos, regiones, o fuentes estadísticas, ofrece
vación historiográfica en torno del Instituto de verdaderos progresos y una creciente atención
Sociología y el Centro de Estudios de Historia por parte de los historiadores.
Social dirigidos por Germani y Romero, surgió En relación con la demografia histórica re­
una serie de trabajos realizados por sociólogos, ferida a los tiempos posteriores, a la etapa esta­
politólogos, antropólogos que se concentraban dística, un aspecto básico son los esfuerzos para
en los sindicatos como agentes sociales de la corregir y ajustar la información demográfica.
modemización, la relación entre organizacio­ Por otra parte, una característica de los estudios
nes sindicales y estrategias políticas o los mo­ demográficos de este período —que lo distingue
delos de incorporación política de la clase del anterior- es un tratamiento de las tasas vita­
obrera. Un ejemplo de ello son algunos traba­ les en forma más sistemática.
jos de la compilación de Torcuato Di Tella Es­ En este proceso de expansión y especiali­
tructuras sindicales, de 1969. Más contemporá­ zación temática, la reflexión sobre la teoría y el
nearnente y por la influencia de la llamada método histórico, si bien fue menos cultivada,
historia desde abajo y sobre todo de los trabajos adquirió presencia entre las obras de Antonio
de Eric Hobsbawm y Edward Thompson, se Pérez Amuchástegui, especialmente en Intro­
empezó a atender a los trabajadores mismos, a ducción a la Historia. Del Epos a la Historia
sus experiencias y condiciones de vida. científica: una visión de la historiografia a tra­
La historia demográfica argentina es otro vés del método y en Algo más sobre la Historia:
campo de indagación que ha denotado avan­ teoría y método sobre la investigación histórica
ces notables a partir de la segimda mitad del (ambas en colaboración con Jorge Luis Cassa­
siglo XX. Con anterioridad a la década del se­ ni), que se constituyeron en referentes inelu­
senta, los trabajos propiamente históricos o dibles sobre los problemas teóricos metodoló­
retrospectivos son escasos, pero en los años gicos e historiograficos.
posteriores se advierte un cambio importante,
exteriorizado no sólo en el aumento del nu­
mero de trabajos, sino también en la diversifi­ LAS HISTORIOGRAFÍAS PROVINCIALES
cación temática.
Con respecto a la producción de conjunto En este lapso, la historiografía del interior
referida a los tiempos anteriores a 1869, los hizo significativos avances en su proceso de
progresos en lograr una visión de conjunto profesionalización e institucionalización y de
fueron muy limitados y ello deriva en gran paulatina renovación temática y metodológi­
parte de la falta de monografías de base y de la ca. Las juntas de estudios históricos vieron re­
limitada difusión de la bibliografía de detalle cortado su campo de acción con la creación de
que fue acumulándose en estas décadas. A ello los departamentos de historia en las universi­
100 hay que añadir la escasa atención que se pres­ dades en todas las provincias.
LA HISTORIOGRAFÍA

En el Noroeste, la importante gestión en realizaron labor historiográfica sin tener for­


beneficio de las historias provinciales desa­ mación profesional específica y la segunda, in­
rrollada por la generación del treinta tuvo tegrada por los historiadores profesionales.
continuidad con el quehacer de una nueva ge­ Ejemplos notorios de quienes contaban con
neración que comenzó a manifestarse biblio­ una formación universitaria en Derecho son
gráficamente a partir de los cincuenta. Esta ge­ los doctores Carlos Melo y Carlos Luque Co­
neración se distinguía por una mayor lombres. Al primero se le debe una historia de
presencia de egresados universitarios con for­ la provincia que constituye uno de los capítu­
mación especializada y su producción se desa­ los de la Historia argentina contemporánea pu­
rrolló a partir de los años cincuenta y se pro­ blicada por la Academia Nacional de la Histo­
longó por lo menos hasta fines de la década ria en 1967, un esfuerzo de síntesis desde una
del ochenta. Son trabajos donde predomina­ preeminente perspectiva política e institucio­
ban las temáticas políticas, culturales, institu­ nal. Tampoco se puede omitir la introducción
cionales y eclesiásticas. Por otra parte, en varios a su obra Constituciones de la provincia de Cór­
de estos autores se comprueba una adscripción doba, publicada en 1950, donde expone el ori­
a la corriente revísionista, preocupada por la gen y desarrollo de las instituciones políticas
reivindicación de los caudillos federales repre­ de la provincia a partir de 1776. Las dos obras
sentativos del Noroeste: Heredia, Ibarra, Peña­ traslucen el conocimiento prolijo del Derecho
loza, Varela. Esta generación completa la tarea público. Luque Colombres fue un minucioso
de formular las historias provinciales como la investigador de la historia colonial y en espe­
Historia de La Rioja de Armando R. Bazán, la cial de la provincia. Es imposible prescindir de
Historia de Jujuy de Emilio Bidondo, la Histo­ sus investigaciones al abordar los inicios de la
ria colonial de Catamarca de Gaspar Guzmán, ciudad de Córdoba y las primeras etapas del
la Historia del Tucumán de Carlos Páez de la proceso colonizador. Su obra más representa­
Torre y la Historia de Santiago del Estero de tiva, Orígenes históricos de la propiedad urbana
Néstor Achával. (siglos XVI Y XVII), se publicó en 1980. En
En la historiografía del Noroeste se advierte cinco capítulos, cada uno de los cuales irnpor­
una renovación temática y metodológica en los ta un corte horizontal -1600, 1625, 1650, 1675
últimos años. En 1959, Horacio Bliss fue el ini­ y 1700-, el autor presenta a través de cada
ciador de la investigación especializada en histo­ manzana y cada solar la evolución urbana de
ria económica, que tomó forma con la creación la ciudad.
del instituto respectivo en la Facultad de Cien­ Dentro del grupo no especializado se des­
cias Económicas de Tucumán. Ramón Leoni taca, además del padre Pedro Grenon, Efraín
Pinto, desde su preocupación metodológica, Bischoff, cuya producción se mueve entre la
produjo verdaderos aportes a la historiografía evocación y la narración lineal y abarca desde
tucumana. Otra linea de trabajo fue la de la his­ el artículo periodístico hasta libros. Sus temas
toria regional exteriorizada principalmente en son preferentemente políticos y culturales a
la Historia del Noroeste argentino de Bazán. partir de la época de la Revolución de Mayo.
La historiografía de Córdoba reconoce dos En épocas más recientes se conformó una
vertientes. La primera, integrada por quienes generación de profesionales, la mayoría de 101
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

ellos nucleados en torno a Carlos Segreti en el cundo Arce con Entre Ríos en los albores de Ia
Centro de Estudios Históricos, autores de tesis Revolución de Mayo, Beatriz Bosch con Urqui­
doctorales y de investigaciones que abordaron za y su tiempo y Manuel Machi, autor de Ur­
diversas temáticas, desde la historia colonial quiza el saladerista. Hubo un predominio de la
hasta los procesos económicos y sociales del historiografía política, pero no se descartó el
siglo XX. También la Iunta Provincial de His­ estudio de otros sectores. Así, en 1966, se edita
toria reúne a investigadores e historiadores el libro Historia de la instrucción pública en En­
con distinta formación, cuyas producciones se tre Ríos y en 1978, Historia social y económica
condensan en la Revista publicada desde 1960 de Entre Ríos 1600-1854 de Oscar F. Urquiza
y en la serie Cuadernos de Historia. Almandoz. Desde el punto de vista de la cons­
La historiografia cuyana se caracterizó por trucción del conocimiento histórico, predomi­
la culminación de la labor historiográfica ini­ na el modelo erudito con un tratamiento lineal
ciada en la primera mitad del siglo XX y por la del tiempo, cuya duración está en relación di­
gradual incorporación de temáticas y de nue­ recta con la documentación disponible. La na­
vas metodologías. El Segundo Congreso de rración del episodio militar, la Semblanza bio­
Historia de Cuyo, en 1961, fue propicio para el gráfica del personaje y la crónica del hecho son
intercambio de ideas, originando vínculos en­ materia de interés recurrente.
tre sectores con preocupaciones comunes y En los años inmediatamente anteriores a
alentando la investigación en temas regionales. 1983, diversos autores santafesinos se ocupa­
Algunas de las contribuciones de este encuen­ ron en estudiar distintos aspectos de la histo­
tro quedaron plasmadas en Trabajos y Comuni­ ria provincial a través de trabajos monográfi­
caciones de La Plata. En Mendoza, varios egre­ cos de variada importancia. En el aspecto
sados de la universidad completaron sus político cabe. mencionar a Leoncio Gianello
estudios en España, .trabajando sus tesis sobre (Historia de Santa Fe, Historia de López, Histo­
temas regionales pero con fuentes del Archivo ria del Congreso de Tucumán) y Miguel Angel
General de Indias; entre ellos, Edberto Oscar De Marco (Orígenes de la política santafesina e
Acevedo y Pedro Santos Martínez. Jorge Coma­ Historia de Rosario, éste en colaboración con
drán Ruiz presentó el primer trabajo de perio­ Oscar Luis Ensinck); en la faz económica, del
dización de la época hispánica; Martínez incur­ autor mencionado en último término, traba­
sionó en temas no convencionales en Historia jos sobre moneda, bancos, desarrollo de la
económica de Mendoza durante el Virreinato y agricultura y'la ganadería; en historia eclesiás­
Acevedo indagó sobre las actitudes mentales en tica, Américo A. Tonda. La Iunta Provincial de
la época de la Revolución de Mayo. De modo Estudios Históricos, a través de su antigua y
que la historia político-militar fue complemen­ prestigiosa revista, y el Instituto de Historia de
tada por el análisis socioeconómico, incorpo­ la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales,
rando fuentes importantes para la historia de mediante su serie Monografías y Ensayos, ade­
Cuyo, como los archivos chilenos. más de la revista Res Gesta, dieron notable irn­
La historiografía de Entre Ríos estuvo re­ pulso a la investigación.
presentada por un grupo de historiadores que la historiografía del Nordeste surge en la se­
102 la representan paradigmáticamente, como Fa­ gunda mitad del siglo y el factor que más incidió
LA HISTORJOGRAFÍA

en ello fue la creación de la Universidad del Nor­ Con respecto a la historiografía patagóni­
deste y de su Departamento de Historia, que ca, la institucionalización y profesionalización
desde 1958 recibe a un grupo de profesionales de la disciplina se produjo con la aparición de
procedentes fundamentalmente de Buenos Ai­ instituciones de carácter universitario o de ni­
res. En 1967 se creó —en la Facultad de Humani­ vel terciario que provocaron una profunda
dades con asiento en Resistencia- el Instituto de transformación en la forma de investigar, en­
Historia, entidad que desde entonces y hasta señar y difundir la historia, entre ellas, la Uni­
1983 fue dirigida por Emesto I. A. Maeder. La la­ versidad Nacional del Sur.
bor del instituto se volcó fundamentalmente a la En cuanto a la producción, no existe una
reconstrucción de la historia regional, al releva­ historia patagónica integral. Se cuenta con al­
miento bibliográfico y a la heurísüca documen­ gunos intentos de bosquejar una historia del
tal, surgiendo de ello Compilaciones de fuentes, todo continental, estudios históricos sobre su­
índices bibliográficos y trabajos monográficos bregiones, territorios y provincias, y trabajos
referentes a distintos aspectos. En 1979, por un específicos sobre pueblos o algunas temáticas
convenio celebrado con el CONICET y la Fun­ particulares. Dentro de la historia colonial pa­
dación para el Desarrollo del Nordeste, fue crea­ tagónica, la temática más extendida es la refe­
do el Instituto de Investigaciones Geohistóricas, rida a la navegación, el descubrimiento y las
con el objetivo de promover el desarrollo de di­ exploraciones en el Atlántico Sur. Sobre la
chos estudios de la región, formar investigado­ problemática del mar, se destaca la Historia
res y técnicos y prestar asesoramiento a institu­ marítima argentina, editada por una comisión
dones oficiales y privadas en el área de su presidida por Laurio Destefani. Dentro de la
competencia. El aspecto escogido preferente­ historiografía patagónica de la época hispáni­
mente como objeto de investigación fue el pro­ ca también se encuentran los trabajos de Her­
ceso de poblamiento y ocupación del espacio en nán Silva, especialmente La economía pesquera
el Nordeste argentino. Pero también se elabora­ en el Virreinato del Río dela Plata. Con respec­
ron trabajos sobre aspectos económicos, sociales to a las subregiones, Rosario Güenaga aborda
y culturales de las provincias de la región, así co­ la expansión hacia‘las regiones australes, los
mo Compilaciones documentales que se dieron ciclos económicos, los conflíctos limítrofes, la
a conocer a través de sus diferentes series docu­ inmigración y la demografía. Por su parte, la
mentales. El instituto desarrolla sus actividades zona norpatagónica ha recibido también es­
en coordinación con el Instituto de Historia de fuerzos interpretativos por un equipo del De­
la Facultad de Humanidades. Ambas entidades partamento delHistoria de la Universidad del
publicaron algimos de los trabajos realizados en Comahue. Muchos trabajos vinculados a te­
la revista Folia Histórica del Nordeste, que se ini­ mas específicos, como la Conquista del De­
ció en 1975. En este período también se escribie­ sierto y el poblamiento, o a aspectos políticos
ron algunas historias generales de las provincias y particularmente sociales y económicos de
de la región. El más importante aporte estuvo Río Negro y Neuquén, se vinculan entre sí pa­
dado por las que integran el plan de la Historia ra mostrar procesos que superan las lirnitacio­
argentina Contemporánea editada por la Acade­ nes provinciales. Sin embargo, pese a la pre­
mia Nacional de la Historia. sencia de estos tipos de estudios, la mayoría de 103
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

la producción se encuentra limitada por la cionales, la evolución social, el derecho preté­


configuración territorial o provincial rito, las corrientes espirituales e ideológicas, el
arte antiguo y las estructuras económicas del
pasado. El Boletín del Instituto de Historia Ar­
ALGUNAS OBRAS GENERALES gentina "Dr. Emilio Ravignani", en su segunda
Y REVISTAS serie, continuó editándose de 1956 a 1973, con
un número discontinuo en 1980, con preemi­
Es importante destacar que esta diversifi­ nencia de la historia política y del siglo XIX y
cación temática, temporal y espacial de la pro­ un importante protagonismo de los discípulos
ducción histórica fue posible gracias a la ex­ de la Nueva Escuela Histórica, siendo funda­
pansión institucional y editorial. En este mental la presencia de Ricardo Caillet Bois.
período se multiplicaron las obras generales, Res Gesta, vocero del Instituto de Historia de
los institutos y revistas especializadas, produc­ la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de
to de iniciativas privadas y oficiales. Con res­ la Pontificia Universidad Católica Argentina,
pecto a las primeras, a las ya mencionadas en dirigida por Miguel Ángel De Marco, reúne
las páginas precedentes, merecen citarse la ya los aportes de los miembros del instituto y
referida Historia argentina contemporánea también de otros investigadores argentinos,
1862-1930, editada por la Academia Nacional incluyendo artículos de arquitectura, arte, his­
de la Historia; la Historia argentina dirigida toria europea, americana y argentina, diplo­
por Roberto Levillier, integrada por cinco vo­ macia, derecho; historia eclesiástica, de la edu­
lúmenes y destinada no sólo a especialistas si­ cación, económica, política, militar, social,
no al público lector hispanoamericano y que historiografía y teoría de la historia. La Revis­
contó con destacados colaboradores como Ri­ ta de Historia ‘Americana y Argentina del Insti­
cardo Caillet Bois, Enrique de Gandía, Leon­ tuto de Historia de Ia Facultad de Filosofía y Le­
cio Gianello, Ricardo Zorraquín Becú y Bea­ tras de Ia Universidad Nacional de Cuyo fue
triz Bosch, entre otros, y la Historia de los creada por Edberto Oscar Acevedo en 1956 y
argentinos de Carlos Alberto Floria y César A. los aportes incluyen problemáticas de la pre­
García Belsunce, que ofrece una síntesis con historia, la paleografía, la historia política, mi­
amplia base documental del proceso histórico litar, social, económica y del pensamiento en
desde la conquista hispánica hasta la caída de las áreas de historia americana y argentina. El
Perón. Anuario de la Sociedad de Historia Argentina
La cantidad de revistas especializadas se —organismo no universitario cuya figura cen­
incrementó, y se destacan algunas por su per­ tral fue Abel Chanetón- se publicó entre 1940
manencia y representatividad institucional. y 1947 con una temática variada, predomi­
Investigaciones y Ensayos, publicación de la nando los trabajos referidos a la época hispá­
Academia Nacional de la Historia, que se su­ nica. El Boletín del Instituto de San Felipe y
mó al Boletín de la Academia que aparecía des­ Santiago de Estudios Históricos de Salta consti­
de 1924, incluye, desde su primer número en tuye una publicación provincial de sostenida
1966, trabajos referidos a la historia política, duración desde 1938, con una línea temática
104 institucional, militar, a las relaciones interna­ política, militar e institucional.
LA HISTORIOGRAFÍA

Por último, un aspecto no menor en la pretérita. Este estilo hizo de Todo es Historia
evolución de la historiografía atañe a la divul­ una tribuna libre, seria, entretenida y garante
gación y recepción del discurso histórico. En de lia identidad y cultura nacionales.
este sentido, una vez constituido y consolidado Esta expansión y especialización del campo
el campo profesional, un imperativo era lograr historiográfico delineada se profundiza con la
que los avances, las perspectivas y los debates apertura cultural y la fluidez de los contactos
sobre el conocimiento histórico trascendieran con los mundos académicos centrales que si­
los círculos y publicaciones estrictamente aca­ guieron a los años de la restauración democrá­
démicos y fueran accesibles al público lector. tica en la década del ochenta y con la adopción
En este sentido, la aparición de Todo es Histo­ de los enfoques microanalíticos y culturalistas,
ria, bajo la acertada dirección de Félix Luna, al mismo tiempo que la originaria aspiración
fue una respuesta adecuada a esa demanda de al conocimiento de la totalidad, a través de las
la sociedad y su expresión más paradigmática. macrointerpretaciones, sucumbía también en
Desde la aparición de su primer número en medio de la fragmentación y la llamada crisis
mayo de 1967, sus páginas abordaron, en un de los grandes relatos e interpretaciones.
clima de apertura y tolerancia, los más diversos Como conclusión de esta trayectoria casi
temas, desde la prehistoria hasta las problemá­ secular, la historiografía argentina del siglo XX
ticas más contemporáneas, permitieron un se caracterizó por una profunda transforma­
mayor conocimiento de todo el país y no de ción, metamorfosis que involucró, en un pro­
sus distritos privilegiados e hicieron posible la ceso no lineal y regionalmente desigual, las te­
reconstrucción no sólo de los espacios y acto­ máticas, las perspectivas metodológicas y las
res públicos sino también de la vida cotidiana líneas interpretativas, así como los problemas
de hombres y mujeres anónimos como actores vinculados a las condiciones de producción y
históricos de la compleja y cambiante realidad difusión del conocimiento histórico.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA

La historiografía argentina cuenta con especial en la de las últimas décadas y en las


una nutrida producción desde los inicios del producciones regionales, por lo cual se sugie­
período abordado; sin embargo, en esta breve re al lector la consulta directa de las obras, te­
orientación es necesario realizar un impor­ niendo en cuenta la orientación global aporta­
tante recorte de ésta. Por esta razón es que se da por este capítulo.
incluyen sólo las obras de consulta ineludible Entre las obras generales y precursoras de
a la hora de encarar la temática historiográfi­ la historiografía, cabe citar a ROMULO D. CAR­
ca, y algunos artículos que pueden resultar BIA, Historia de la historiografía argentina, La
interesantes para profundizar problemas no Plata, 1925. El autor se introduce desde el
suficientemente desarrollados en el capítulo. principio en el problema del conocer históri­
Es importante aclarar, además, que existen co, adscribiendo al pensamiento de Benedetto
ciertos vacíos en la historiografía argentina, en Croce y realizando un estudio exhaustivo de 105
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

las escuelas básicas que hasta el momento se específico que los anteriores, aunque las con­
habían desarrollado en la Argentina. Estas es­ tribuciones allí reunidas responden a la auto­
cuelas son agrupadas en cuatro grandes con­ ría de diferentes historiadores de renombrada
juntos: los historiógrafos providencialistas, los trayectoria. El primer tomo centra su atención
positivistas, los románticos y la Nueva Escuela en los orígenes de la Junta de Historia y Nu­
Histórica, que apenas logra esbozar, debido a mismática Argentina hasta la conformación
que se encontraba en su etapa formativa al de la Academia Nacional de la Historia, pasan­
momento de la edición del libro. Todo el tra­ do revista a las diferentes etapas y orientacio­
bajo goza de una descripción detallada de los nes del desarrollo de la institución. La segun­
autores como también de un análisis teórico­ da parte de este tomo se aboca al análisis
metodológico muy minucioso. Hay dos edi­ particular de la Nueva Escuela Histórica, la
ciones posteriores, de 1939 y 1940. Escuela Histórica de La Plata, el revisionismo
Otra publicación general que se puede con­ de los años veinte y treinta, y otras tendencias
sultar es el trabajo de HORACIO JUAN CUCCORE­ destacadas hasta 1938. El segundo tomo con­
sE, Historia crítica de la historiografía socioeco­ grega la historiografía de las provincias y las
nómica argentina del siglo XX, La Plata, 1975. relaciones de la historia con otras disciplinas
Esta obra, de mayor actualidad que la anterior, como la política, la sociología, el derecho, la
toma como centro del análisis la historiografía geografía, el arte, la antropología, el folklore,
económico-social del siglo XX, señalando las la literatura, la filosofía y las ciencias duras,
grandes orientaciones y volcándose al estudio para culminar con varios capítulos abocados a
de las personalidades paradigmáticas de cada la proyección de la historiografía en la socie­
una de estas corrientes. Así, por ejemplo, abor­ dad. Gran parte de esta importante obra está
da la trayectoria de Iuan Agustín García, Iuan referida a los aspectos institucionales que sen­
Álvarez, Iuan B. Iusto, José Ingenieros, Ricardo taron las bases de las diferentes escuelas. Asi­
Levene, Emilio Coni, Raúl Scalabrini Ortiz y mismo, el texto brinda no sólo un panorama
Ricardo M. Ortiz. A cada uno de ellos los inser­ general de la producción historiográfica ar­
ta dentro del contexto general de la corriente gentina en el período señalado sino un análi­
que representan, para luego analizar su concep­ sis teórico-metodológico de las obras y su va­
ción de la historia, la opinión que despertaron loración a la luz de las nuevas tendencias.
en sus contemporáneos y el juicio crítico ac­ Una producción abarcativa y de consulta
tual. Este último apartado reúne profundas ob­ obligatoria es la editada por el COMITE INTER­
servaciones metodológicas y teóricas sobre los NACIONAL DE CIENCIAS HIsToRIcAs, COMITÉ AR­
autores, que son ejemplificadas con detalles y GENTINO, Historiografia Argentina (1958­
citas concretas de los trabajos analizados. 1988). Una evaluación crítica de la producción
La obra de la ACADEMIA NACIONAL DE LA histórica argentina, Buenos Aires, 1990. Este
HISTORIA, La Iunta de Historia y Numismática libro tiene la ventaja de reunir el quehacer his­
Americana y el movimiento historiográfica en Ia toriográfico desde 1958 hasta 1988, bajo la mi­
Argentina (1893-1938), dos tomos, Buenos Ai­ rada analítica y reflexiva de destacados histo­
res, 1996, es otro aporte importante y de ca­ riadores, que en cada uno de los capítulos
[06 rácter general. El período considerado es más tratan una especialidad, teniendo en cuenta
LA HISTORIOGRAFÍA

los diferentes enfoques y tendencias del perío­ que puede resultar de gran utilidad a la hora
do: historia del derecho y de las instituciones, de encarar un estudio más profundo de cual­
historia colonial, regional, del arte y la arqui­ quiera de las problemáticas abordadas.
tectura, económica, medieval, política, social, En esta misma línea, pero tomando un pe­
moderna, agraria, de las ideas, de las relacio­ ríodo más acotado, se encuentra el trabajo de
nes internacionales y demográfica. La publica­ HUGO BIAGINI, HEBE CLEMENTI y MARILÚ Bou,
ción representa un esfuerzo de recopilación, Historiografía argentina: La década de 1980,
sistematización y análisis que refleja la expan­ Buenos Aires, 1996. Este libro, de característi­
sión temática en el campo de la historia. cas similares a la obra de Bagú, pasa revista a
En esta misma linea, aunque poniendo el la historiografía argentina e incluso extranjera
centro de atención en las diferentes escuelas o de la década del ochenta, agrupándola en
tendencias historiográficas, se ubica la compi­ grandes períodos, como historia colonial, de la
lación dirigida por FERNADO Dsvoro, La histo­ independencia a la caída de Hipólito Yrigo­
riografía argentina en el siglo XX, dos tomos, yen, golpes de Estado y redemocratización,
Buenos Aires, 1994. El primer tomo se aboca a etc. Su carácter, más acotado que la obra de
la indagación del período de institucionaliza­ Bagú, le permite realizar una valoración ma­
ción de la disciplina en la Argentina, el surgi­ yor de las publicaciones señaladas, atendiendo
miento de la Nueva Escuela Histórica y el re­ por momentos a su contexto de producción o
visionismo histórico. El segundo indaga a ciertos aspectos metodológicos y teóricos.
centralmente la historiografía profesional en­ No obstante, no se trata de un libro que bus­
tre 1955 y 1966, período fundamental en que que el estudio detallado de cada obra sino que
las nuevas propuestas apuntaron a sustituir el tiende a brindar un mapa orientativo de la
paradigma erudito. Se analizan los aspectos de historiografía de los ochenta.
la renovación en el campo de la historia eco­ Estas obras de carácter general se comple­
nómica y social y en los diferentes espacios mentan con otras que, con objetivos menos
institucionales. El volumen cierra con la histo­ ambiciosos, pretenden analizar la producción
riografía profesional posterior a la renovación histórica dentro de temáticas, períodos o re­
democrática de 1983. giones específicas. Su principal ventaja es que,
Junto a las publicaciones mencionadas por su mayor recorte espacial, temporal o te­
conviven otras de carácter más bibliográfico mático de la realidad, pueden profundizar más
que crítico, como la de SERGIO BAGÚ, Argenti­ ampliamente en la historiografia argentina.
na 1875-1975. Población, economía, sociedad. Entre los artículos centrales que se abocan
Estudio temático y bibliográfico, Buenos Aires, a la Nueva Escuela Histórica, se puede citar el
1983. Esta contribución aporta un panorama de VICTOR TAU ANZOATEGUI, “Historia, dere­
general, agrupando las grandes temáticas co­ cho y sociedad. En torno a la concepción his­
mo población, economía y sociedad. El análi­ tórico-jurídica de Ricardo Levene”, Investiga­
sis delas obras es, sin embargo, escaso y poco ciones y Ensayos, n° 35, Buenos Aires, julio de
detallado. El valor del libro no reside en su 1983-junio de 1984, págs. 87-120. El autor in­
aporte teórico-metodológico sino en la com­ tenta rescatar, a lo largo de este artículo, los
pilación y sistematización de la bibliografia aportes de Ricardo Levene a la historia del De­ 107
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

recho, destacando la actualidad de su pensa­ gráfica; sin embargo, es importante señalar cier­
miento en los debates y problemáticas con­ tos aportes de ineludible consulta como el de
temporános. Por su parte, NORA PAGANO y DIANA QUATTROCCHI-WOISSON, Los males de la
MARTHA RODRIGUEZ indagan en la etapa de memoria. Historia y política en la Argentina,
profesionalización y consolidación de la disci­ segunda impresión, Buenos Aires, 1998. Este
plina histórica, pero particularizando más en profundo estudio del revisionismo histórico
los debates centrales dentro de la Nueva Es­ parte de la producción historiográfica para ana­
cuela Histórica que en el pensamiento de cada lizar las diferentes etapas de su desarrollo, los
uno de sus integrantes. El ensayo de dichas au­ contextos de producción que le han dado ori­
toras, “Las polémicas historiográficas en el gen, sus facetas institucionales y los aspectos es­
marco de la profesionalización y consolida­ pecialmente ideológicos subyacentes. Cada uno
ción de la disciplina histórica”, Estudios Socia­ de los rasgos distintivos del revisionismo, tales
les, n° 17, segundo semestre, 1999, págs. 35-47, como su espíritu reivindicador, moralizador y
es relevante y de carácter interpretativo. nacionalista, quedan plasmados en el análisis de
Para ahondar en la etapa de institucionali­ las obras concretas y de los autores particulares.
zación de la disciplina en las diferentes pro­ Por su parte, desde un enfoque menos de­
vincias o regiones, puede consultarse la obra tallado pero sí profundo y esencialmente inter­
ya citada de la ACADEMIA NACIONAL DE LA HIS­ pretaüvo, TUIIo HALPERIN DONGHI propone en
TORIA, y algunos artículos destacados, como Ensayos de historiografía, Buenos Aires, 1996,
los de ARMANDO RAUL BAzAN, “La historiogra­ un espacio dedicado al revisionismo en la Ar­
fía riojana, desde Sarmiento a David Peña”, In­ gentina. En el mismo volumen puede consul­
vestigaciones y Ensayos, n° 29, Buenos Aires, ju­ tarse su trabajo sobre el pensarninento y la
lio-diciembre de 1980, págs. 113-154; RAMÓN producción. historiográfica de Iosé Luis Rome­
LEONl PINTO, “Historiografía de Tucumán ro. Tanto este trabajo como otro del mismo
(1880-1950). Autores, obras y problemas”, en autor, “Un cuarto de siglo de historiografía ar­
AUTORES VARIOS, Antonio Pérez Amuchástegui. gentina, 1960- 1985”, Desarrollo Económico, vol.
(1921-1983). In memoriam. La Historia como 25, n° 100, Buenos Aires, 1986, págs. 487-520,
cuestión, Buenos Aires, 1995, págs. 53-88. Es­ constituyen un esfuerzo de interpretación más
tos artículos atienden al estudio concreto de que de compilación de las temáticas tratadas.
las diferentes producciones locales en el perío­ En ambos estudios, el objetivo es realizar un
do señalado, pero mientras Leoni Pinto agru­ balance analítico que apunte a contextualizar
palos trabajos teniendo en cuenta las diferen­ cada tendencia historiográfica, a la vez que ob­
tes generaciones, Bazán lo hace tomando servar sus peculiaridades, aportes y falencias.
como punto de partida y eje del trabajo el es­ Para el período de la renovación historio­
quema histórico sarmientino, para luego se­ gráfica que se produce en las décadas del cin­
ñalar sus repercusiones en la historiografia cuenta y sesenta, puede apelarse a diferentes
riojana y las diversas refutaciones que ha sufri­ artículos. La repercusión de la escuela de los
do en etapas posteriores. Annales en la Argentina ha sido considerada
El revisionismo histórico, por su parte, ha por FERNANDO Dsvoro, “Itinerario de un pro­
108 dado lugar a una amplia producción historio­ blema: Annales y la historiografía argentina
LA HISTORIOGRAFÍA

(1929-1965)”, Anuario IEHS, n° 10, Tandil, de la renovación en la revista Trabajos y Co­


1995, págs. 155-175; IUAN CARLOS KOROL, “Los municaciones, resulta de utilidad el artículo de
Annales y la historiografía argentina” y HEBE TALIA VIOLETA GUTIERREZ Y ADRIAN GUSTAVO

PELOSI, “Imágenes de los Annales en la histo­ ZARRILLI, “Trabajos y Comunicaciones. Singu­


riografía argentina del siglo XX”, los dos últi­ laridad de una expresión editorial en los estu­
mos en un número especial de la revista Esla­ dios históricos de La Plata, 1949-78”, Trabajos
bones, n° 7, enero-junio de 1994, págs. 12-30 y y Comunicaciones, Segunda época, n° 25, La
82-93. De estos tres autores, es Fernando De­ Plata, 1999, págs. 11-41.
voto el que adopta una opinión marcadamen­ Para obtener un balance de algimas de las
te divergente, observando que los encuentros obras más importantes de historia política es
entre los distintos historiadores de Annales y destacable el trabajo de ENRIQUE ZULETA ALVA­
las personas o grupos argentinos constituye­ REZ, “El nacionalismo argentino: veinte años
ron más momentos específicos y singulares, después (1975-l995)”, en ACADEMIA NACIONAL
que una influencia rotunda y global de Anna­ DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA,

les sobre la historiografía argentina. El autor Historia y evolución de las ideas políticas y filosó­
se aboca a explorar las relaciones entre las su­ ficas argentinas, Córdoba, 2000, págs. 347-372.
cesivas generaciones y grupos de franceses y Los debates importantes de historia económica,
argentinos. así como algunas de los trabajos más valiosos de
Sobre la vertiente sociológica de la disci­ la segunda mitad del Siglo XX, han sido trata­
plina histórica y el movimiento intelectual dos adecuadamente por ROBERTO CORTÉS CON­
impulsado por Gino Germani en la década de DE, “Historia económica: nuevos enfoques”, en
1950, puede consultarse: IORGE RAÚL IORRAT y OSCAR CORNBLIT (compilador), Dilemas del co­
RUTH SAUTU, Después de Germani. Exploracio­ nucmiento histórico, argumentaciones y contro­
nes sobre la estructura social de la Argentina, versias, Buenos Aires, 1992, págs. 123-140. El
Buenos Aires, 1992. En este libro se examina el debate sobre la industrialización en la Argenü­
pensamiento de Gino Germani y los concep­ na está extensamente tratado en varios artículos
tos que vertebran su obra: la modernización, contenidos en el número 13 del Anuario IEHS.
la movilización y la marginalidad, nociones Autores de la talla de Ezequiel Gallo, Roberto
que han contribuido a comprender y a expli­ Cortés Conde, Iorge Schvarzer, Femando Roc­
carla Sociedad argentina del siglo XX. chi y María Inés Barbero desarrollan diferentes
En lo relativo a la expansión temática de la aspectos y facetas del problema. MARIA INES
segunda mitad del siglo XX, las obras de histo­ BARBERO, particularmente, adopta un enfoque
riografía son más dispersas que para las etapas historiográflco realizando un balance de las di­
anteriores. Ya se mencionó, como libro central ferentes perspectivas y controversias que ha
para este período, la compilación realizada despertado el tema en la Segunda mitad del Si­
por el COMITE INTERNACIONAL DE CIENCIAS glo XX: “El proceso de industrialización en Ar­
HISTORICAS; a ella pueden agregarse trabajos gentina: viejas y nuevas controvercias”, Anuario
particulares sobre las diferentes temáticas his­ IEHS, n° 13, Tandil, 1998, págs. 131-143.
tóricas. Para un estudio más profundo de la La historia social de esta etapa ha sido espe­
escuela histórica de La Plata y la repercusión cialmente fructífera en la indagación de la pro­ 109
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

blemática obrera, a cuyo balance puede arri­ dios rurales en la Argentina durante el siglo
barse a través de MARIA CECILIA CANGIANO, XX”, en NORMA GIARRAccA (coordinadora),
“Pensando a los trabajadores: la historiografía Estudios rurales. Teorías, problemas y estrate­
obrera contemporánea argentina entre el dog­ gias metodológicas, Buenos Aires, 1999, págs.
matismo y la innovación”, Boletín del Instituto l-40. Este trabajo concede especial importan­
de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio cia a los aportes teóricos y metodológicos de
Ravignani”, Tercera serie, n° 8, Buenos Aires, las investigaciones analizadas, a los principales
segundo semestre de i993, págs. 117-132; debates del momento y a la influencia de los
LEANDRO GUTIÉRRFJ y LUIS ALBERTO ROMERO, avatares institucionales en la producción his­
“Los sectores populares y el movimiento obrero tórica de los procesos agrarios y mundos rura­
en Argentina: un estado de la cuestión”, Boletín les de la Argentina.
del Instituto de Historia Argentina y Americana Finalmente, DIEGO ARMUS, “Diez años de
“Dr. Emilio Ravignani”, Tercera serie, n° 3, Bue­ historiografía sobre la inmigración masiva a la
nos Aires, 1° semestre de 1991. En esta misma Argentina", Estudios Migratorios Latinoameri­
línea, pero destacando más específicamente la canas, año 2, n° 4, Buenos Aires, diciembre de
influencia del pensamiento de Hobsbawm y del 1986, págs. 431-455, proporciona un balance
marxismo en la historiografía argentina de los detallado de la bibliografía producida entre
sesenta, se cuenta con el trabajo de HILDA SABA­ los inicios de la década del setenta y mediados
‘ro, “Hobsbawm y nuestro pasado”, Punto de de los ochenta sobre la inmigración masiva
Vista, n° 46, Buenos Aires, agosto de 1993, págs. que vivió la Argentina entre 1870 y 1930. Este
13-17. trabajo tiene no sólo la ventaja de señalar y va­
Los estudios rurales, desde sus orígenes y lorar las obras centrales de la problemática
en particular durante el período de renova­ migratoria sino también la de observar los va­
ción, son ampliamente tratados por NORMA cíos y deficiencias que ha dejado la historio­
GIARRACCA, “Las ciencias sociales y los estu­ grafia del período.

ll0
S 9. LA LITERATURA

Antonio Requeni

Según el historiador británico Eric Hobs­ tos de renovación producidos en Europa y los
bawm, el siglo XX empezó en 1914, con el esta­ Estados Unidos. A ese período —los años vein­
llido de la Primera Guerra Mundial, y terminó te- pertenece la más brillante promoción poé­
en 1989, con la caída del Muro de Berlín. De ser tica argentina. Sus representantes, la mayoría
así, los 75 años que median entre uno y otro muy jóvenes entonces, prolongaron su activi­
acontecimiento habrían sido pródigos no sólo dad (modificando, con el tiempo, sus posicio­
en episodios decisivos para el porvenir de la nes iniciales) hasta bien entrada la segunda
humanidad sino en la irrupción de movimien­ mitad del siglo. Mientras tanto, fueron ocu­
tos y estilos literarios que, en cierta medida, tu­ pando la escena literaria sucesivos grupos ge­
vieron relación con dichas circunstancias his­ neracionales como los del cuarenta, del sesen­
tóricas. La literatura argentina no fue ajena a ta y posteriores, casi todos con matices más o
las corrientes que se originaron en los más irn­ menos comunes, aunque siempre existieron
portantes centros culturales del llamado Occi­ dentro del conjunto poetas que se apartaron
dente (Europa y los Estados Unidos) y ella mis­ de la homogeneidad. Es sabido que el enca­
ma, a su vez, generó voces propias -Iorge Luis sillamiento en generaciones ayuda a la expo­
Borges, Julio Cortázar— que repercutieron tam­ sición didáctica pero no debe tomarse de
bién en otros ámbitos geográfico-literarios. manera estricta. Cada poeta es una individua­
lidad que sigue los dictados de sus propios
temperamento, sensibilidad e inclinaciones
LA POESÍA estéticas. No obstante, por compartir las mis­
mas inquietudes, el clima espiritual y las ten­
En poesía, tras el modernismo rubenda­ dencias de la época, los integrantes de cada
riano, llega el turno del llamado posmoder­ generación suelen reaccionar de modo pareci­
nismo, que pronto se dividió en distintas ver­ do y presentan, por lo tanto, rasgos afines al
tientes: el neorromanticismo, el sencillismo y margen de sus estilos personales.
formas precursoras de la vanguardia. Esta úl­ Dicho esto, se pueden retomar las últimas
tima cobró vigencia a comienzos de la década líneas del capítulo que el profesor Pedro Luis
posterior, coincidentemente con movimien­ Barcia dedicó a la actividad literaria entre lll
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

1810 y 1914 (véase el capítulo 44 de la tercera de ellos, Rafael Alberto Arrieta (1889-1961),
parte, en el tomo VI de esta misma obra), no Pedro Miguel Obligado (1892-1967) y Alfre­
sin señalar que algunos de los autores por él do Bufano (1895-1950), vienen del modernis­
tratados en el final de su trabajo continuaron mo de Darío (los dos últimos influidos, tam­
desarrollando su labor poética más allá de bién, por Amado Nervo); Arrieta, con un
1914. Entre los considerados por Barcia en la esteticismo elegante, intimista, recatado, y
primera década del siglo y los años inmediata­ Obligado y Bufano con un sentimentalismo
mente posteriores, se debe tener en cuenta que neorromántico que hallará eco en otros poe­
Carriego murió en 1912 yAlmafuerte en 1917, tas de su generación. Iuan Pedro Calou (1886­
y que Banchs dejó de publicar libros a partir 1923) es un heredero de Almafuerte pero me­
de 1911. Leopoldo Díaz (1862-1947), Arturo nos grandilocuente, y Ricardo Güiraldes
Capdevila y algunos contemporáneos siguie­ (1866-1927), con El cencerro de cristal, se eri­
ron produciendo pero sin alcanzar el relieve y ge en uno de los precursores de la renovación
al prestigio de poeta nacional del que ya goza­ de los años veinte. Otro precursor había sido
ba Leopoldo Lugones. Más aún: Lugones es­ Lugones con su Lunarío sentimental y lo será
cribió con posterioridad a 1914 algunos de sus también el Vizconde de Lascano Tegui (Emi­
mejores poemarios: El libro de los paisajes, en lio Lascano Tegui, 1887-1966) con La sombra
1917; Las horas doradas, en 1922; Romancero, de la empusa.
en 1924; Poemas solaríegos, en 1927, y Roman­ Casos aparte son Arturo Marasso (1890­
ces del Río Seco, publicado el mismo año de su 1970), cuyos poemas exhiben un lirismo cós­
suicidio, en 1938. En dichos libros se alejó de mico, de pánica identificación con la naturale­
la retórica modernista para asumir una expre­ za; Ezequiel Martínez Estrada ( 1895-1964),
sión más llana y apegada a la tierra. Su varie­ saludado por Borges como “nuestro mejor
dad y riqueza de registros hizo decir a Borges poeta contemporáneo”, y Alfonsina Storni
que “en Lugones se cifra toda la literatura ar­ (1884-1938), primera mujer que se impone
gentina". Lugones siguió siendo, más allá de con perfil propio en el panorama de la poesía
1914, un poeta notable aunque siempre discu­ argentina. Romántica, con excesivo sentirnen­
tido por sus vaivenes ideológicos. Conviene talismo en sus primeros versos y después lúci­
destacar, sin embargo, que nunca medró con da, valiente, a ratos sombría, su poesía es tra­
sus ideas. A pesar de haber redactado el mani­ sunto de una vida vivida con intensidad hasta
fiesto del golpe militar del 6 de septiembre de el trágico desenlace de su muerte. Una actitud
1930, no aceptó cargos públicos y continuó vi­ opuesta será la de Baldomero Fernández Mo­
viendo de su modesto sueldo de director de la reno (1886-1950), poeta enamorado de su
Biblioteca del Consejo Nacional de Educa­ ciudad, a la que observa con cordialidad y ter­
ción. Esa conducta ennoblece su personalidad nura. Es el creador del sencillismo, modalidad
por encima de los disensos que sus volubles poética consistente en decir las cosas de siem­
opiniones políticas pudieron suscitar. pre, con las palabras de siempre, y que parez­
Dentro del decenio que va de 1910 a 1920, can nuevas. Parece fácil, pero no lo es. Fernán­
debe mencionarse a algunos poetas que pu­ dez Moreno tuvo irnitadores, pero ninguno
112 blican sus primeros libros en ese período. Tres consiguió equiparársele.
LA LITERATURA

Los años veinte inauguran en el mundo


una nueva etapa. Las repercusiones de la Re­
volución Rusa y el predominio de los Estados
Unidos tras la victoria aliada en la Primera
Guerra Mundial, el impacto de las teorías de
Einstein y Freud, la mayor liberalización de las
costumbres, llegan acompañadas por corrien­
tes estéticas renovadoras tanto en la pintura y
la música cuanto en la poesía. El surrealismo y
el dadaísmo en Francia, el futurismo en Italia,
el imaginismo en el orbe de la lengua inglesa,
son movimientos de ruptura que se inician
unos años antes pero que alcanzan su apogeo
en la década del veinte.
En la Argentina, la vanguardia es introdu­
cida por el joven Jorge Luis Borges (1899­
1986) a su regreso de Europa, en 1921. La in­
novación que Borges aportó fue el ultraísmo,
que tiene puntos de contacto con el creacio­
nismo del chileno Vicente Huidobro. El ul­
I Alfonsina Storni.
traísmo procedía del expresionismo alemán y,
como las demás corrientes de vanguardia, se los nombrados es el único que, con el paso de
proponía escandalizar, romper con la tradi­ los años, mantuvo su actitud transgresora; los
ción y, en cuanto a lo específicamente litera­ demás, Borges incluido, abjuraron años más
rio, la reducción de la lírica al uso audaz de la tarde de su aventura vanguardista. La actitud
metáfora, la abolición de la rima y de otras de estos jóvenes, conocidos como los de Flo­
convenciones retóricas. rida, tuvo el respaldo de dos escritores ma­
Borges es, en la historia literaria argentina, yores: Ricardo Güiraldes y, a través de Borges,
el único escritor que por la originalidad de su el inclasificable Macedonio Fernández (1874­
estilo conquistó trascendencia internacional, l952). Frente a ellos surgieron los poetas de
pero más por su prosa que por su poesía, mo­ Boedo, originándose una pugna que sirvió
tivo por el cual, en este capítulo, se deja su ca­ para estimular la atención del público, hasta
racterización para lo referido a la narrativa. entonces indiferente hacia la literatura local.
Los poetas ultraístas más representativos, Los autores de Boedo, apoyados por el editor
además de Borges, fueron (en sus primeros li­ de Claridad, Antonio Zamora, fueron Álvaro
bros) Francisco Luis Bernárdez (1900-1984), Yunque (Arístides Gandolfi Herrero, 1889­
Eduardo González Lanuza (1900-1984), Ri­ 1982), César Tiempo (Israel Zeitlin, 1906­
cardo Molinari ( 1898-1997), Leopoldo Mare­ 1980), Gustavo Riccio (1900-1927), Iosé Sebas­
chal (1900-1970), Jacobo Fijman (1901-1967) tián Tallon (1904-1954), Aristóbulo Echegaray
y Oliverio Girondo (1891- 1968). El último de (1904-1986) y Iosé Portogalo (Pablo Ananía, 113
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

Pedroni (1899-1967), Iuan L. Ortiz (1897­


l978), Lysandro Z. D. Galtier (1902-1985),
Fermín Estrella Gutiérrez (1900-1989), Caye­
tano Córdova Iturburu (1899-1977), Ignacio
B. Anzoátegui (1907-1978), Osvaldo Horacio
Dondo (1902-1962), Iuan Enrique Ramponi
(1907-1977) y Ulyses Petit de Murat (1907­
1983), entre los principales.
Aparte de Borges, la Argentina no dio un
poeta de la talla de Darío, Neruda o Vallejo,
pero ningún otro país de América puede os­
tentar un grupo de voces poéticas de tan ele­
vada calidad, en su conjunto, como las que
surgieron en la década del veinte. Muchos de
ellos merecerían una caracterización más de­
tallada, pero la limitación de este capítulo lo
impide.
Arturo Carnbours Ocampo (1908-1990)
teorizó años después sobre una “Novísima Ge­
neración" compuesta por poetas que empeza­
ron a publicar alrededor de 1930, pero la ma­
yoría dejó de escribir o derivó hacia otros
Francisco Luis Bernárdez. Caricatura de Valdivia. Cams y
Caretas.
géneros, como Marcos Victoria (1902-1975),
Juan Oscar Ponferrada (1908-1990), Joaquín
1904-1973). Todos ellos venían del anarquis­ Gómez Bas (1907-1984) y el propio Cam­
mo o del socialismo y propiciaban ya no “la bours Ocampo.
revolución en el arte”, como los de Florida, si­ Carlos Mastronardi dijo algtma vez que la
no “el arte para la revolución”. suya había sido “la generación de los últimos
A la generación de los años veinte pertene­ hombres felices”. Esa felicidad sería empanada
cieron algunos de los mejores poetas argenti­ para quienes llegaron más tarde por los dolo­
nos del siglo. Iunto con Borges y los que ya se rosos acontecimientos que sacudieron el
han mencionado, preciso es destacar los nom­ mundo (la Guerra Civil Española, la Segunda
bres de Carlos Mastronardi (1901-1976), Raúl Guerra Mundial) y, en el plano doméstico, por
González Tuñón (1905-1974), Conrado Nalé la experiencia política del peronismo, que se­
Roxlo (1898-1971), Luis Franco (1898-1988), paró a muchos escritores. Los hombres y mu­
Francisco López Merino (1904- 1928), Gonzá­ jeres de la generación del cuarenta no cultiva­
lez Carbalho (1899-1958), Roberto Ledesma ron, como sus predecesores, la bohemia, la
(1901-1967) Luis Cané (1897-1957), Horacio transgresión y la travesura literaria. Fueron
Rega Molina (1899-1957), Nicolás Olivari generalmente serios, ensirnismados, melancó­
114 (1900-1966), Amado Villar (1899- 1956), Iosé licos, y se refugiaron en la belleza de las formas
LA LITERATURA

clásicas. Habría que nombrar a Horacio Arma­ rica en espléndidas y sugestivas construccio­
ni (1925), Miguel Angel Gómez (1911-1959), nes verbales, y Alberto Girri (1919-1991),
Arturo Horacio Ghida (1907-1988), Alfonso propulsor de una actitud intelectual -la poe­
Sola González (1915-1975), César Fernández sía ya no como expresión de belleza sino co­
Moreno (1919-1985), Ana María Chouhy mo búsqueda de conocimiento— cuyo voca­
Aguirre (1918-1945), David Martínez (1921­ bulario neutro, despojado de elementos
I993), María Granata (1923), Iosé María Cas­ sensuales, se inscribe en la línea de la moder­
tiñeira de Dios (1920), César Rosales (1915­ na poesía anglosajona. Cabe destacar, asimis­
I973), Guillermo Etchevehere (1917-1975), mo, el talento y la gracia de María Elena
Roberto Paine (1916), Fernando Guibert Walsh (1930), que derivó luego hacia la poe­
(1912-1983), Iorge Vocos Lescano (1924­ sía infantil y la canción; la obra austera y rigu­
1989), Ángel Mazzei (1920-1997),_ Héctor rosa, caracterizada por una visión escéptica,
Ciocchini (1922), Emma de Cartosio (1926), de Joaquín Giannuzzi (1924) y la experiencia
Betina Edelberg (1921) y Iuan Rodolfo Wil­ verbal de Roberto Iuarroz (1925-1995), iden­
cock ( 1919-1978), entre otros. tificado con la teoría poética de Gastón Ba­
Dentro de este grupo hubo poetas nacidos chelard y devoto lector del gran aforista Anto­
en el interior que, sin poder considerarse “re­ nio Porchia (1886-1968), que buscó en la
gionalistas”, se mostraron proclives a celebrar poesía una vía distinta de percepción, una
el propio espacio geográfico, como Vicente forma de acceso a lo esencial.
Barbieri (1903-1956), Iuan G. Ferreyra Basso Al promediar el siglo surgen otras corrien­
(1910-1984), León Benarós (1915), Iorge tes, una de nítida orientación surrealista: Aldo
Eduardo Bosco (1913-1943) y Miguel Etche­ Pellegrini (1903-1973), Edgar Bayley (1919­
barne (1915-1973) en la provincia de Buenos 1990), Iuan Iacobo Bajarlía (1919), Iulio Lli­
Aires; Jorge Calvetti (1916) y Raúl Galán nás (1929) y Francisco Madariaga (1927­
(1912-1963) en Jujuy; Manuel Castilla (1918­ 2000), entre otros, y el grupo Poesía Buenos
1979) y Raúl Aráoz Anzoátegui (1923) en Sal­ Aires, impulsado por Raúl Gustavo Aguirre
ta; María Adela Agudo (1912-1952) en Santia­ (1927-1983), que se propuso “poner al día la
go del Estero; Nicandro Pereyra (1914-2001) poesía argentina” asirnilando y difundiendo
en Tucumán; Edgar Morisoli (1930) en La voces de otras latitudes —como las de René
Pampa; Américo Cali (1910-1982) en Mendo­ Char, Henri Michaux, Eugenio Montale, Cesa­
za; Aledo Luis Meloni (1912) en Chaco; Carlos re Pavese, Constantin Cavafis o Fernando Pes­
Alberto Alvarez (1917-1986) en Entre Ríos; Ir­ soa-. Se integraron en este movimiento, Ma­
ma Cuña (1932) en Neuquén y Antonio Este­ rio Trejo (1926), Iorge Enrique Mobili (1927),
ban Agüero (1917-1970) en San Luis. Rodolfo Alonso (1934), Nicolás Spiro (1930),
Con todo, los de mayor peso específico Rubén Vela ( 1928), Elizabeth Azcona Cranwell
por los rasgos personales de su evolución pos­ (1933), Ramiro de Casasbellas (1934-1999) y
terior, fueron Enrique Molina (1910-1997), una poeta metafísica, de obra singular y breve
con raíces en el surrealismo y creador de una pero fulgurante trayectoria: Alejandra Pizar­
fértil y vigorosa imaginería; Olga Orozco nik (1936-1972). Un surrealista tardío será
(1920-1999), que expuso su propensión oní­ Iuan Iosé Ceselli (1909-1982). 115
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Otra vertiente lírica es la que Luis Ricardo (1937), Alberto Szpunberg (1940) y Jorge
Furlan (1928), poeta él mismo, denominó Boccanera (1952), entre otros. Tres autores
“neohumanista”; en ella se encuentran Héctor que maduraron en el destierro español su vi­
Miguel Angeli (1930), Miguel Angel Viola sión poética y desarrollaron una original ela­
(1927-1987), Alejandro Nicotra (1931), Mario boración lingüística son los salteños Santiago
Jorge De Lellis (1922-1966), Ana Emilia Lahit­ Sylvester (1942) y Leopoldo Castilla (1947) y
te (1923), Alberto L. Ponzo (1916), Néstor el correntino Iuan Iosé Folguerá (1940). A
Groppa (1928), Máximo Simpson (1929), Gra­ ellos hay que añadir los que dentro de una línea
ciela Maturo ( 1928), Hugo Acevedo (1927), Ra­ intelectual y metafisica, no exenta de tersura
fael Vázquez (1930), Lucas Moreno (1929), expresiva, comienzan a publicar también en los
Fulvio Milano (1928), Nélida Salvador (1930), años sesenta y realizan en el país una reco­
Héctor Viel Temperley (1933-1987), Héctor Ya­ nocida labor creadora. Los más importantes
nover (1930), Oscar Hermes Villordo (1928­ son Rafael Oteriño (1945) y Horacio Castillo
I994) y quien escribe estas líneas (1930). (1934), ambos nacidos en La Plata, a los que se
Dos poetas incluídos por Furlan, Alfredo debe agregar los también platenses Osvaldo Ba­
Veiravé (1928-1992) y Amelia Biagioni (1916­ Hina (1942), Horacio Preler (1939) y Néstor
2000) -esta última integra, junto con Olga Mux (1945), así como Iorge Paita (1934), Ro­
Orozco y Alejandra Pizarnik, la más brillante dolfo Modem (1923), Rodolfo Godjno (1936),
trilogía femenina de la segunda mitad del si­ Hugo Padeletti (1939), Leonardo Martínez
glo—, trascienden esa clasificación como con­ (1937), Juan I. García Gayo (1938), Raúl Vera
secuencia del nuevo sesgo que imprirnirán Ocampo (1935), Paulina Vinderman (1944),
años más tarde a sus planteos poéticos y a su María Victoria Suárez (1941), Diana Bellessi
particular tratamiento del lenguaje. (1946), Arturo Carrera (1948) y Néstor Per­
Las generaciones suelen irrumpir cada longher ( 1949-1992).
veinte años. A la del cuarenta siguió la del se­ A los poetas del sesenta deberían seguir, de
senta, caracterizada por una mayor preocupa­ acuerdo con la convencional simetría de las
ción por la realidad sociopolítica y, desde el generaciones, los del ochenta. Efectivamente,
punto de vista estilístico, por una dicción co­ a principios de ese decenio y alrededor de las
loquial. Sus representantes serán, una década editoriales último Reino, Botella al Mar y Li­
después, los más castigados por las “desapari­ bros de Tierra Firme, principalmente, así co­
ciones” y el exilio durante el autodenominado mo de diversas revistas y talleres literarios
Proceso de Reorganización Nacional . El poe­ —que empiezan entonces a proliferar-, se reú­
ta emblemático de este grupo es Juan Gelman nen los representantes de las nuevas promo­
(1930). Otros nombres del sesenta -poetas ciones. Como prácticamente ocurre en todas
exiliados o víctimas de la represión ilegítima­ las épocas, estos jóvenes se manifiestan por lo
fueron: Roberto Santoro (l943-¿l976?), Mi­ general con actitud rebelde, contestataria, a
guel Angel Bustos (l934-¿l976?), Francisco través de códigos estéticos generalmente aleja­
Urondo (1930-1977), Horacio Salas (1938), dos de la línea romántica y sentimental, del
Iuana Bignozzi (1937), Leonidas Lamborghini coloquialismo y del barroquismo surrealista.
116 (1927), Ramón Plaza (1937-1991), Hugo Gola Pero todavía falta perspectiva para establecer
LA LITERATURA

rasgos y tendencias comunes. El tiempo, su­ NARRATIVA


premo antólogo, irá separando, como decía
Antonio Machado, las voces de los ecos. Sería En la sección “La narrativa”, del apartado
prematuro intentar ahora esa decantación. “Realismo, naturalismo, criollismo”, así como
Lo que puede afirmarse, sin embargo, es en “El modernismo” y “El postmodernismo"
que la poesía argentina, a lo largo del siglo (en el capítulo 45, tomo VI de esta obra), Pe­
XX, vivió momentos de indudable esplendor. dro Luis Barcia se refirió ya a algunos escrito­
Cierto es que en los últimos tiempos dismi­ res de principios de siglo que continuaron
nuyeron considerablemente los lectores del proyectándose en el género de la narración
género (aunque éste nunca fue mayoritario), más allá de 1914, como Leopoldo Lugones,
pero no mermó el fervor creativo, la frecuen­ Roberto I. Payró, Enrique Larreta, Ricardo Ro­
temente olvidada presencia de esos empeci­ jas y Alberto Gerchunoff. No es necesario in­
nados interrogadores de la vida que son los sistir, pues, en ellos. En cambio, sí cabe señalar
poetas. que después de la corriente naturalista inicia­
Cabría agregar que durante el siglo XX da en Francia por Emilio Zola y representada
surgieron poetas de inspiración popular -mu­ en la Argentina por Eugenio Cambaceres y Iu­
chos de ellos letristas de tangos- que, aun uti­ lián Martel, surgieron algunos narradores cu­
lizando el vocabulario jergal del lunfardo, yas personalidades ofrecen características co­
trascendieron lo superficial y pintoresco. En el munes, especialmente por sus convicciones
prólogo de la Antología poética argentina, de nacionalistas y religiosas. Ellos son Manuel
1941, Borges decía: “En un porvenir quizá no Gálvez (1882-1962), Carlos Alberto Leumann
lejano deplorarán que las antologías argenti­ (1886-1952) y Hugo Wast, seudónimo de Gus­
nas de 1942 no incluyan el menor fragmento tavo Martínez Zuviría (1883-1962). Los tres
de la vasta epopeya colectiva que suman las le­ alcanzaron una repercusión que raramente
tras de tango". Cabe anotar, entre los autores habían conocido autores de otras épocas. Po­
que pertenecen a esta categoría, a Carlos de la dría decirse que con ellos empieza a cobrar
Púa, seudónimo de Carlos Muñoz del Solar forma en la Argentina la figura del “escritor
(1898-1950), Enrique Santos Discépolo profesional”.
(1901-1951), Homero Manzi, seudónimo de Manuel Gálvez es el más importante de los
Homero N. Manzione (1907-1951), Catulo tres. A lo largo de su múltiple creación nove­
Castillo (1906-1975), Francisco García Gimé­ lística trató de ahondar en las vidas de seres
nez (1899-1983), Enrique Cadícamo (1900­ representativos de las diversas capas sociales y
1999), Daniel Giribaldi (1930-1984) y Luis Al­ de trazar un fresco de la vida argentina. En sus
posta (1937), así como los letristas de música novelas, La maestra normal, EI mal metafísica,
folldórica Atahualpa Yupanqui, seudónimo de Nacha Regules y Hombres en soledad, entre
Héctor Roberto Chavero (1908-1992), Jaime otras, se encuentra una visión realista en la
Dávalos (1921-1981) y Armando Tejada Gó­ que cabe la lúcida indagación psicológica. El
mez (1929- 1992), entre otros. interés de Gálvez por la historia quedó refleja­
do en vividos relatos sobre la guerra del Para­
guay y los tiempos de Rosas, así como en las 117
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

biografías noveladas de Sarmiento, Fray Ma­


merto Esquiú e Hipólito Yrigoyen.
En esa época, la novela social, realista, y
aun la nativista o regional, dominaban la esce­
na literaria. Fue entonces cuando apareció
Adriana Zumarán, un relato en el que su au­
tor, Carlos Alberto Leumann, realizó un sutil
análisis de la psicología femenina, especial­
mente de la mujer porteña de la alta y media­
na burguesía. El libro resultó un éxito inespe­
rado y rotundo que agotó diez ediciones en un
año. Leumann publicó, además, La vida victo­
riosa, El empresario del genio, Trasmundo y Los
gauchos a pie.
Otro novelista que, contemporáneamente,
conquistó grandes masas de lectores fue Hugo
Wast. Alegre, Flor de durazno, La casa de los
cuervos y Desierto de piedra, entre muchos
otros, son libros que tuvieron grandes tiradas
y se tradujeron a catorce idiomas. Algunas de
sus novelas fueron llevadas al cine. Como Ma­
I Ricardo Güiraldes.
nuel Gálvez, Hugo Wast incursionó también
en el relato histórico. son Ricardo Güiraldes (1886-1927) y Benito
Cabe recordar aquí a dos novelistas bas­ Lynch (1335-1951).
tante olvidados, Atilio Chiappori (1880­ Ya se ha visto cómo Güiraldes, admirador
I947), autor de Bordeland, tardío prosista del de las letras de Francia, fue uno de los precur­
posmodernismo, y Francisco Sicardi (1856­ sores de la vanguardia poética con su libro El
l927), autor de El libro extraño, en cinco to­ cencerro de cristal, de 1915. En esos versos, así
mos, donde recreó el ambiente del suburbio como en Cuentos de amor y de sangre, publica­
porteño y sus típicos conventillos. do el mismo año, mostró, juntamente con su
Iunto a los narradores que ambientan sus devoción por los sirnbolistas franceses, su ca­
argumentos y personajes en una Buenos Aires riño por los paisanos y las labores del campo,
en tránsito hacia la pujante megalópolis pero que frecuentó desde la niñez en la estancia fa­
todavía con un sabor y pintoresquismo pecu­ miliar de San Antonio de Areco. Producto lite­
liares, están los novelistas del paisaje rural. El rario de esa atracción humana y de sus predi­
crítico Luis Emilio Soto (1902-1970) escribió lecciones librescas sería Don Segundo Sombra,
que “el hombre de campo es visto ahora por novela publicada en 1926, un año antes de su
ellos (los escritores) desde otros ángulos, más muerte en París. Allí desarrolla una suerte de
allá de la técnica naturalista y postmodernis­ narración lírica donde la fuerza de lo telúrico
ll8 ta”. Quienes más se destacarán en este sentido adopta una función metafórica. El resero
LA LITERATURA

Sombra no puede compararse con el trágico y Lucero (1896-1994), con sus Mil y una noches
bravío Martín Fierro y sus estampas campesi­ argentinas; el porteño Bernardo González
nas se alejan también de la concepción poéti­ Arrili (1892-1987), con La Venus calchaquí y
ca hernandiana. La novela de Güiraldes pare­ Protasio Lucero. Se podría aquí incluir al sacer­
ce cerrar el ciclo de la narración gauchesca; es, dote Leonardo Castellani (1899-1981), autor
a la vez, una exaltación y una elegía. de las narraciones Campera, Historias del norte
Pero quien se acerca más a un campo sin bravo, así como de versos gauchescos y ensa­
resabios literarios y hace sentir la proximidad yos, que con el seudónimo de Jerónimo del
de la tierra y el olor del pasto es Benito Lynch, Rey, publicó también novelas policiales (Los
escritor que acertó como ningún otro a descri­ papeles de Luis Bermúdez).
bir de manera realista y sensible la belleza de la La Argentina produjo notables cultores del
llanura bonaerense y los conflictos de sus mu­ cuento. El origen del género se remonta aquí a
jeres y sus hombres. El inglés de los güesos, Los El matadero de Esteban Echeverría, pero se
caranchos de la Florida y De los campos porte­ afirmó durante las primeras décadas del siglo
ños son relatos que aseguran la permanencia merced a varios cuentistas arquetípicos. El
del autor en el panorama de la narrativa ar­ primero es Horacio Quiroga (1880-1937),
gentina del siglo XX. uruguayo arraigado desde joven en la Argenti­
El antecedente más directo de Lynch fue na. Si bien publicó una novela, Historia de un
Guillermo Enrique Hudson (1841-1922), es­ amor turbio, sus mayores cualidades literarias
critor y naturalista de habla inglesa que nació se hallan en sus relatos cortos Cuentos de
en la Argentina, donde vivió hasta los 33 amor, de locura y de muerte, Cuentos de la sel­
años. Desde entonces y hasta su muerte, resi­ va, Anaconda y Los desterrados. Su estilo es ce­
dió en Inglaterra. Allí escribió una serie de re­ ñido, sobrio, capaz de crear atmósferas aluci­
latos donde evocó el paisaje de su juventud nantes con muy pocos elementos descriptivos.
con una prosa llena de seducción y naturali­ Parte de su vida transcurrió en la selva misio­
dad; Días de ocio en la Patagonia, El ombú y nera, cuyo recio paisaje incorporó a su pro­
Allá lejos y hace tiempo son libros que hicieron ducción narrativa; una obra cuyos personajes
decir a Ioseph Conrad: “Escribe como crece la oscilan por lo general entre la fantasía y una
hierba”. atormentada realidad.
No se debe olvidar algunos nombres que Un cuentista de muy distinto cuño es Ar­
enaltecieron la novela o el cuento regional, co­ turo Cancela (1892- 1956). Esencialmente por­
mo el salteño Juan Carlos Dávalos (1887­ teño, es dueño de un espíritu cordial e irónico,
1959), con El viento blanco; el jujeño Daniel con un humor que hunde su raíz en algunos
Ovejero ( 1894-1964), con Cuentos del terruño; autores ingleses y un esprit de finesse que pro­
Mateo Booz, seudónimo de Miguel Ángel Co­ cede, naturalmente, de esa Francia cuyas letras
rrea (1881-1943), con Santa Fe mi país; el tu­ deslumbraban entonces a muchos escritores
cumano Pablo Rojas Paz (1896-1956), con El argentinos. Sus Tres relatos porteños satirizan
patio de la noche y Los cocheras de San Blas; el la burocracia y otros rasgos del habitante de
catamarqueño Carlos B. Quiroga (1890-1971), Buenos Aires. También El burro de Maruf e
con Raza sufrida; el mendocino Iuan Draghi Historia funambulesca del profesor Landermy. 119
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

ción impone al verso, Borges se buscó a sí mis­


mo en el ensayo y después en el cuento. Una
misma ráfaga de lirismo recorrió todos esos
géneros (...) Sobre todo, sus cuentos le asegu­
ran el más alto lugar en la literatura contem­
poránea”. Los libros de Borges EI jardín de sen­
deros que se bifurcan (1941), Ficciones (1944),
El aleph (1949) y los de la última etapa, El in­
forme de Brodie (1970) y El libro de arena
(1975), contienen cuentos perfectos y deslum­
brantes. Anderson Imbert señaló como sus
mejores relatos: “Tlón, Uqbar, Orbis Tertius”,
D (l
“Funes el memorioso , La muerte y la brúju­
,7 l!
la”, “El muerto , Las ruinas circulares” y “La
biblioteca de Babel" (se podrían agregar, por
lo menos, “Hombre de la esquina rosada” y “El
aleph”) y añadió: “Poderosa inteligencia que
va y viene sin perderse por los laberintos de la

l Iorge Luis Borges.


sofística. Poderosa metafísica que queda en
buena postura al enfrentarse con los proble­
Un humorismo singular, excéntrico y me­ mas del Caos, la Conciencia, el Tiempo. Pode­
tafísico, fue el que practicó Macedonio Fer­ roso don de expresión verbal que nuestra len­
nández, cuya personalidad -más que sus li­ gua no había tenido desde los barrocos del
bros— fascinaría a Borges. Cabe recordar No siglo XVII”.
toda es vigilia la de los ojos abiertos, de 1928, y Adolfo Bioy Casares (1914-1999), que es­
Papeles de Recienvenido, de 1930. cribió cuentos en colaboración con Borges
Iorge Luis Borges es, sin duda, el prosista con el seudónimo común de H. Bustos Do­
más notable de la Argentina y de la lengua es­ mecq, es un reconocido representante de lali­
pañola en el siglo XX. Algtmos de sus cuentos teratura fantástica -género que siempre tuvo
no son únicamente piezas irnperecederas de la excelentes cultores en el país- a partir de su
literatura argentina sino que forman parte de novela La invención de Morel. Publicó luego
las letras universales, tanto por el enfoque más de veinte libros, entre ellos El sueño de los
conceptual cuanto por la brillante originali­ héroes y Diario de la guerra del cerdo. En su
dad de su estilo y los juegos de su inteligencia. madurez recibió, igual que Borges y Ernesto
Borges concibe el espacio y la conciencia co­ Sabato (l9ll), el premio Cervantes, que con­
mo laberintos de los que la mente puede eva­ cede España a los mejores escritores hispanoa­
dirse a través de la palabra poética. Según En­ mericanos. Silvina Ocampo (1909-1993), es­
rique Anderson Imbert (1910-2000), “en posa de Bioy Casares, cultivó también el
Borges la metafísica y la lírica son una misma género fantástico y escribió poemas y cuentos;
120 cosa. Insatisfecho de los límites que la tradi­ entre estos últimos, Autobiografia de Irene es
LA LITERATURA

un verdadero clásico. Un novelista que perte­ llea, en consideraciones éticas o divagan sobre
neció al círculo íntimo de Borges y los Bioy fue sus destinos o el destino del país mientras to­
Manuel Peyrou (1902-1974). Comenzó escri­ man el té o se encuentran en exposiciones de
biendo relatos policiales (La espada dormida, pintura. Son, por el contrario, seres a menudo
El estruendo de las rosas) con fuerte influencia marginales, truhanescos, que sueñan o con­
de Chesterton, y al final de su vida dio a la es­ vierten en actos su amoralidad cuestionadora,
tampa una serie de novelas de carácter realista el sufrimiento de unas vidas enfrentadas al
en las que trazó un crítico retrato de los años caos de un mundo que los excluye.
del peronismo. Se debe agregar otro amigo de Arlt fue heredero del pensamiento de Boe­
Borges y Macedonio Fernández; el autor de los do, grupo literario en el que también hubo na­
maravillosos relatos fantásticos de La muerte y rradores preocupados por describir vidas hu­
su traje, Santiago Dabove (1889-1951), así co­ mildes como Leonidas Barletta (1902-1975),
mo a un solitario que desde su retiro de Río Roberto Mariani (1893-1946), Elías Castel­
Cuarto, en Córdoba, escribió originales relatos: nuovo (1893-1982), Álvaro Yunque; Enrique
Juan Filloy (1894-2000). González Tuñón (1901-1943) y Lorenzo Stan­
Novelistas de rasgos opuestos entre sí, pe­ china (1900-1987), a los que podría agregarse,
ro de insoslayable valor, fueron Eduardo Ma­ por la naturaleza de su temática, Fernando Gi­
llea (1903-1982) y Roberto Arlt (1900-1942). lardi (1899-1968), con Silvano Corujo.
Ambos expresaron en sus ficciones distintos Autores representativos de ambientes so­
aspectos de la realidad social del país. Mallea, ciales más refinados y de intención más in­
serena y refinadarnente, aunque con íntima trospectiva fueron Norah Lange (1906-1972);
angustia, se reveló con Cuentos para una ingle­ Carmen Gándara (1900-1977); Iosé Bianco
sa desesperada y Todo verdor perecerá y produ­ (1908-1986); Luisa Mercedes Levinson (1909­
jo luego novelas como La ciudad junto al río 1988); Silvina Bullrich (1915-1990) y, espe­
inmóvil y La bahía del silencio, en las que pro­ cialmente, Manuel Mujica Lainez (1910­
curó indagar en la soledad del habitante de l984), autor de una obra caracterizada por la
Buenos Aires dentro del ámbito de la alta y la elegancia del estilo y su seductora amenidad.
mediana burguesías. Las novelas Aquí vivieron, Los ídolos, La casa y
Roberto Arlt, más cerca de los ambientes muchos de sus cuentos reviven el esplendor de
populares y fuertemente influido por los no­ la belle ¿poque porteña con una actitud entre
velistas rusos y la literatura folletinesca, des­ nostálgica e irónica. Detallistas y sugestivas
plegó su vehemencia creadora en las novelas son también sus reconstrucciones históricas
El juguete rabioso, Los siete locos y Los lanzalla­ como El escarabajo, El unicornio y, sobre todo,
mas, así como en obras de teatro, con prosa a Bomarzo, novela del Renacimiento italiano
ratos desaliñada pero con un vigor que no al­ convertida en ópera por Alberto Ginastera.
canzó ningún otro novelista argentino. Arlt En 1926 se fundó la Sociedad Argentina de
creó inolvidables personajes en el escenario Escritores, que presidió Leopoldo Lugones, y
tumultuoso y sombrío de lo que dio en lla­ en 1931, la Academia Argentina de Letras, pre­
marse “la década infame” (los años treinta). sidida por Calixto Oyuela (1857- 1935). En los
Sus criaturas no se explayan, como las de Ma­ decenios del treinta y el cuarenta se instalaron 12]
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

en Buenos Aires varias editoriales creadas por (1900-1962), Francisco Romero (1891-1963),
españoles exiliados como consecuencia de la María Rosa Oliver (1898-1977), Héctor P.
Guerra Civil. Otras empresas editoras, impul­ Agosti (191 1- 1984), Carlos Albero Erro (1903­
sadas por argentinos, como Sur, de Victoria l968), Alvaro Yunque, Alfredo Varela (1912­
Ocampo (1891-1979), y Rueda, de Santiago 1984), Dardo Cúneo (1914) y Mario Bunge
Rueda, dieron a conocer a importantes auto­ (1919), entre otros. Tras el derrocamiento de
res extranjeros. En las primeras décadas del si­ Juan Domingo Perón, quienes habían sirnpati­
glo habían surgido Marcel Proust, Franz Kaf­ zado con su gobierno padecieron, a su turno,
ka, James Joyce, Thomas Mann y William una suerte de ostracismo interior, como Leo­
Faulkner, quienes en mayor o menor medida poldo Marechal, brillante poeta y autor teatral
ejercieron una suerte de magisterio. Además, que en la década del cuarenta publicó su nove­
cabe señalar la influencia que sobre la literatu­ la arquetípica: Adán Buenosayres.
ra tuvo la estructura cinematográfica, un arte Otros narradores de ese período son Au­
en continua expansión. El genero narrativo gusto Mario Delfino (1906-1961), Estela Can­
fue incorporando nuevas experiencias y pro­ to (1919-1994), Gloria Alcorta (1916), Roger
cedimientos, acentuando el interés por lo psi­ Pla (1912-1982), Juan Goyanarte (1901-1967)
cológico. Un ejemplo: en la misma época (co­ y Martín Alberto Noel (1919-2001). Algunos
mienzos de la década del cuarenta) aparecen poetas tratados como tales en líneas anteriores
tres excelentes novelas que abordan el tema de escribieron obras narrativas que por su cali­
la crisis de la adolescencia, Álamos talados, de dad no deben ser omitidas: Ezequiel Martínez
Abelardo Arias (1908-1991), Es difícil empezar Estrada (Tres cuentos sin amor, La inunda­
a vivir, de Bernardo Verbitsky (1907-1979), y ción), Luis Franco (Cuentos orejanos), Conra­
Áspero intermedio, de Silverio Boj, seudónimo do Nalé Roxio (Las puertas del Purgatorio, Ex­
de Walter G. Weiland (1914-1996). traño accidente), Nicolás Olivari (El almacén),
Entre los cuarenta y los cincuenta, la pre­ Ulyses Petit de Murat (El balcón hacia la muer­
sencia del peronismo marca la vida de los ar­ te), González Carbalho (La ventana entrea­
gentinos al promover cambios sociales y polí­ bierta), Roberto Ledesma (]uan Sinruido), Vi­
ticos que gravitan, inevitablemente, en el cente Barbieri (EI río distante), Jorge Vocos
ámbito cultural. El autoritarismo del régimen Lescano (El tiempo más hermoso), María Gra­
suscita entre los intelectuales una generalizada nata (Los viernes dela eternidad), Enrique Mo­
repulsa. Algunos optaron por el exilio, como lina (Una sombra donde sueña Camila O’Gor­
Raúl González Tuñón, en Chile; Ulyses Petit de man) y Olga Orozco (La oscuridad es otro sol).
Murat, en México; Enrique Anderson Imbert Al promediar la mitad del siglo empieza a
(1910-2000), Raimundo Lida (1908-1979) y publicar Ernesto Sabato (1911), intelectual de
María Rosa Lida (1910-1962), en los Estados formación científica, comunista en su juven­
Unidos, y Julio Cortázar (1914-1984), Juan tud, hombre comprometido con un humanis­
Rodolfo Wilcock (1919-1978) y Héctor Bian­ mo que rechaza las presiones alienantes de la
ciotti (1929), en Europa. Otros intelectuales sociedad tecnológica o tecnocrática. Es uno de
opositores sufrieron prisión, como Victoria los escritores argentinos más influidos por el
122 Ocampo, Enrique Banchs, Vicente Fatone pensamiento existencialista de posguerra. En
LA LITERATURA

su primera novela, El túnel (1948), hay puntos llardo (1936-1988), Syria Poletti (1919-1991),
de coincidencia con la obra de Albert Camus, Iorgelina Loubet (1928-1998), María Esther
quien medió para la traducción de dicha no­ de Miguel (1929), María Esther Vázquez
vela en Francia. Su producción novelística se (1934) y Elvira Orphée (1930). Las obras lite­
completa con Sobre héroes y tumbas (su libro rarias no tienen sexo, pero sí quienes las escri­
más conocido) y Abbadón el exterminador. En ben. Como puede apreciarse, en esa etapa
la parte dedicada al ensayo se volverá a este es­ irrumpió gran cantidad de mujeres escritoras.
critor que muchos han querido oponer a Bor­ El más importante narrador de ese perío­
ges teniendo en cuenta sus disímiles ideas y do es Iulio Cortázar. Así como la prosa litera­
temperamentos. ria argentina se divide en un antes y un des­
En esa etapa cronológica, la novela y el pués de Borges, el cuento tiene un antes y un
cuento se enriquecen con obras que conti­ después de Cortázar. Muchos cuentistas de los
núan líneas ya trazadas anteriormente, pero últimos años lo imitaron y siguen irnitándolo.
cada vez con más complejidad y libertad ex­ Entrañablemente argentino —a pesar de su na­
presiva. En el relato fantástico sobresale Enri­ cimiento accidental en Bruselas y de haber
que Anderson Imbert, tan notable en la inven­ transcurrido la mitad de su vida en París—, el
ción de situaciones (El grimorio, El gato de autor de Bestiario trascendió los límites de la
Cheshire) como en el ensayo y la historiografía escritura nacional. Creó sus propias leyes lite­
literaria. En el género realista se destacan Ber­ rarias y desafió el sentido común mezclando
nardo Kordon (1915-2002) con Alias Gardeli­ lo realista con lo fantástico, haciendo natural
to; Enrique Wernicke (1915-1968) con La ri­ el absurdo, enfrentando constantemente al
bera; Arturo Cerretani (1907-1986) con El lector con el misterio de la condición humana.
deschave; Ernesto L. Castro (1902-1979) con Fue un revolucionario en el cuento y en la no­
Los isleros, y Joaquín Gómez Bas (1907-1984) vela (Rayuela) y convirtió el género narrativo
con Barrio gris. Dado a conocer con la novela en una sucesión de imprevistas y fulgurantes
Rosaura a las diez, Marco Denevi (1922-1998) metáforas. Cuentos como “El perseguidor”,
)) (C
es también cuentista y autor de libros miscelá­ “Casa tomada , La autopista del sur”, “Cartas
I’) ll
neos en los que reveló una singular capacidad de mama , Todos los fuegos el fuego”, “La no­
de fabulación y brillantes recursos estilísticos. che boca arriba”, “La continuidad de los par­
Hierba del cielo (1973) es uno de los mejores ques”, son piezas literarias perfectas, a las que
libros de cuentos publicados en el país en la no se les puede quitar o agregar una palabra.
segunda mitad del siglo. Con algo más de edad que los autores del fa­
Simultáneamente surgen Beatriz Guido moso boom de la narrativa latinoamericana,
(1925-1988), Iuan Iosé Manauta (1919), Al­ Cortázar fue identificado con dicho grupo
berto Rodríguez (1926), Héctor A. Murena (Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa,
(1923-1975), Jorge Riestra (1926), Hellen Fe­ Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante,
rro (1919), Adolfo Pérez Zelaschi (1920), Luis Iosé Donoso, entre otros) a pesar de su defini­
Mario Lozzia (1922), Andrés Rivera (1920), da personalidad de porteño cosmopolita, rea­
Federico Peltzer (1924), Iulio Ardiles Gray cio a todo barroquismo, como el del realismo
(1922), María Angélica Bosco (1909), Sara Ga­ mágico. 123
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

1992), así como David Viñas (1929) y Vicente


Battista (1940), vivieron en España, mientras
Pedro Orgambide (1929), Alberto Constantini
(1924) y Mempo Giardinelli (1947) lo hicieron
en México y Tomás Eloy Martínez (1934), en
Venezuela. Un autor exiliado, pero menos por
motivos políticos que por decisión personal,
fue Manuel Puig (1932-1990), cuyos relatos
Boquitas pintadas y La traición de Rita Hay­
worth, entre otros, se destacan por la diestra
utilización de especies literarias secundarias (el
folletín, la radionovela) con las que acertó a
realizar obras de singular valor literario.
Cultores destacados de la novela en este
período son también Abel Posse (1935), em­
parentado con el realismo mágico a través de
Perros del Paraíso y autor, posteriormente, de
Iulio Cortázar. Fotografía de Sara Facio. Clarín. El libro del
50° aniversario. una hermosa novela que obtuvo en España el
premio del Quinto Centenario del Descubri­
A esa generación, o a la inmediatamente miento de América: EI largo atardecer del ca­
posterior, pertenecen novelistas y cuentistas minante; Marcos Aguinis (1935), el primero
que, como algunos poetas antes mencionados, en recibir el codiciado premio Planeta, de Es­
serían víctimas del gobierno militar que asu­ paña, con La cruz invertida; Marta Lynch
mió el poder en 1976. El mendocino Antonio (1929-1985), Eduardo Gudjño Kieffer (1935),
Di Benedetto (1922-1986), que desarrolló una Germán Rozenmacher (1936-1971), Angélica
original estructura narrativa en su novela Za­ Gorodischer (1928), Ricardo Piglia (1940),
ma, fue encarcelado, torturado, y, como conse­ Eduardo Belgrano Rawson (1943), Alicia Du­
cuencia de la presión internacional se exilió jovne Ortiz (1940), Luisa Valenzuela (1938),
tras su liberación en España. Notables creado­ Germán L. García (1944), Iuan Martini
res de ficciones como Haroldo Conti (1925­ (1944), Rodolfo Rabanal (1940), Héctor Las­
¿l976?) y Rodolfo Walsh (1927-1977) fueron tra (1943), Néstor Sánchez (1934), Luis Gus­
asesinados, mientras que otros marcharon al mán (1944), Alina Diaconú (1945), Alberto
destierro. Entre estos últimos cabe recordar a Laiseca (1941) y Rodolfo Fogwill (1941),
Juan Iosé Saer (1937), reconocido por una obra nombres que no agotan la larga lista de narra­
que no elude los intentos experimentales, y Os­ dores aparecidos en ese período.
valdo Soriano (1943-1997), periodista y autor Asimismo, en el cuento descuellan Abelar­
de una lograda novela, Triste, solitario y final, do Castillo (1935), también autor teatral; Isi­
ambos exiliados en Francia. Dos importantes doro Blaisten (1933), Juan José Hernández
novelistas del interior, el jujeño Héctor Tizón (1930), Ernesto Schoó (1927), Ángel Bonomi­
124 (1929) y el riojano Daniel Moyano (1930­ ni (1926-1977), Rodolfo Modern (1923), Li­
LA LITERATURA

liana Hecker (1943) y Hebe Uhart (1936), en­ plo- cuyos personajes exponen en sus diálo­
tre otros cultores de un género que siempre gos las inquietudes del autor sobre el ser na­
tuvo buenos representantes en la Argentina. cional, se escriben también ensayos, como los
A partir de los años ochenta habría que de Martínez Estrada, que más allá de sus plan­
nombrar a novelistas que comenzaron a susci­ teos conceptuales, abundan en rasgos de ca­
tar el interés de la crítica, como César Aira rácter literario. Esto hace del ensayo en la Ar­
(1949), Ana Maria Shúa (1951), Silvia Iparra­ gentina un género ambiguo, de algún modo
guirre (1947), Marcelo Cohen (1951), María híbrido, que debe ser tratado sin fijar límites
Rosa Lojo (1954), Liliana Díaz Mindurry excesivamente rígidos.
(1953), Guillermo Saccomano (1948), Jorge Leopoldo Lugones fue, además de poeta y
Torres Zavaleta (1951), Rodrigo Fresán (1963), narrador, un ensayista de obra vasta y riguro­
Esther Cross (1961), Guillermo Martínez sa. El payador es un libro necesario para la
(1962) y Pablo de Santis (1963), entre otros. comprensión del gaucho ensalzado poética­
Antes de cerrar este apartado, se debe seña­ mente por Iosé Hernández. Otros textos suyos
lar que, al igual que en el resto del mundo, la que pertenecen al orbe ensayístico son El im­
ficción ha sido y sigue siendo en la Argentina el perio jesuítico e Historia de Sarmiento. Asimis­
género literario que muestra mayor vitalidad. mo, Eleuterio F. Tiscornia (1879-1945) fue
uno de los primeros en reivindicar el Martín
Fierro en sus trabajos sobre literatura gauches­
EL ENSAYO ca. Otro contemporáneo es Iosé Ingenieros
(1877-1925), sociólogo, psiquiatra y crirninó­
Mientras la imaginación es el principal in­ logo. Desde 1915 dirigió la colección “La Cul­
grediente de la poesía y la narrativa, la investi­ tura Argentina”, consagrada a la divulgación
gación y la reflexión son elementos insoslaya­ de asuntos literarios, sociológicos y científicos.
bles del ensayo. Durante el período al que se Su obra más importante es La evolución de las
ajusta este capítulo, hubo en la Argentina una ideas argentinas, en dos tomos, así como dos
considerable cantidad de hombres de letras libros muy difundidos en los que glosó sus
dedicados a pensar el país y meditar, asirnis­ ideales humanistas: El hombre mediocre y Las
mo, sobre aspectos históricos, políticos, filosó­ fuerzas morales. Su discípulo y biógrafo Aníbal
ficos, sociales, científicos y literarios o artísti­ Ponce (1898-1938) fue, también, un destacado
cos. Por la naturaleza del presente capítulo, estudioso de los temas sociopolíticos.
sólo se debería abordar el ensayo literario; sin Manuel Ugarte (1878-1951) es un ensayista
embargo, este aparece vinculado frecuente­ polémico que ensanchó el campo de sus refle­
mente con la indagación de nuestra identidad. xiones más allá de las fronteras del país al preo­
No pocos poetas y novelistas manifestaron en cuparse por el destino de América. Entre sus
forma directa o implícita (a través de ensayos obras merecen citarse La patria grande, El arte
propiamente dichos o bajo la forma velada de de la democracia y La joven literatura hispanoa­
la ficción) su preocupación por descifrar las mericana.
claves de la idiosincrasia argentina. Y así como Ricardo Rojas (1882-1957) trató de conci­
hay novelas -las de Eduardo Mallea, por ejem­ liar en toda su obra europeísmo e indigenis­ 125
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

mo. Eurindia, Blasón de plata y El país de la sel­ estudiantes y amantes de la literatura. Del pri­
va son testimonios de ese pensamiento con­ mero, ponderado comentarista, traductor e
vertido en verdadera pasión. Cabe destacar su “iluminador” de textos, cabe recordar sus es­
valiosa Historia de la literatura argentina, en tudios sobre Iosé Hemández, Esteban Echeve­
nueve tomos, y sus biografías de San Martin y rría y Rubén Darío y los libros El prosista en su
de Sarmiento. prosa y El poeta en su poema. Castagnino escri­
Dentro del ensayo literario hay que anotar bió importantes obras exegéticas sobre la his­
el nombre de Roberto F. Giusti (1887-1976), toria del teatro nacional y sobre técnicas e in­
director durante más de treinta años —con Al­ terpretación del discurso literario.
fredo Bianchi ( 1882- l942)— de la revista Noso­ Dentro de esta generación de ensayistas,
tros, donde escribió muchas páginas sobre au­ cabe señalar el nombre de Ricardo Sáenz-Ha­
tores y obras nacionales. Integran su yes (1888-1976), autor de vastos saberes y pul­
bibliografía Crítica y polémica, Nuestros poetas cro estilo que dedicó un exhaustivo libro al
jóvenes, Literatura y vida, Ensayos, y un libro creador del ensayo moderno, Montaigne, y pu­
de memorias, Visto y oído, donde describe un blicó además De Stendhal a Gourmont, Blas
largo período de las letras argentinas. Otros Pascal y otros ensayos, Miguel Cané y su tiempo
ensayistas estrictamente literarios han sido y Cada día con su afán. Espíritu refinado y
Rafael Alberto Arrieta, director y coordinador dueño de una rica cultura universal fue, asi­
de una Historia de la Literatura Argentina, en mismo, Iorge Max Rhode (1892-1979), a cuya
seis tomos, y autor de Dickens y Sarmiento, La obra principal, Las ideas estéticas en la literatu­
literatura argentina y sus vínculos con España, ra argentina, debe añadirse un conjunto de li­
Florencio Balcarce, y de volúmenes donde vol­ bros en los que estudió a diversos autores (An­
có sus conocimientos y fervor de bibliófilo: La gel de Estrada, Iuan María Gutiérrez). Otro
ciudad y los libros y El encantamiento de las importante ensayista es Gregorio Weinberg
sombras. Asimismo, Carmelo Bonet (1886­ (1920).
l977) expuso su amplia versación en Las fuen­ Al abordar la obra de quienes cultivaron el
tes de la creación literaria, Escolios y reflexiones ensayo e iniciaron la publicación de sus libros
sobre estética literaria y Apuntaciones sobre el en las décadas del veinte y del treinta, es nece­
arte de juzgar. sario nombrar en primer término, por su irn­
Uno de los grandes ensayistas literarios ha portancia, a Ezequiel Martínez Estrada. Autor
sido, sin duda, Arturo Marasso. Notable erudi­ que incursionó en todos los géneros con pare­
to y maestro de la literatura comparada, escri­ ja intensidad y vigor mental, resalta en dicha
bió una obra aún no justípreciada fuera de los producción su labor de ensayista. En Radio­
reducidos círculos académicos: La invención grafía de la pampa, libro de 1933, inicia su
del Quijote, Rubén Darío y su creación poética y búsqueda de las claves del país y formula una
El pensamiento secreto de Mallarmé. Otros ex­ crítica moral. Es un ensayo preñado de origi­
celentes analistas de la literatura fueron Angel nales reflexiones y metáforas entre poéticas y
I. Battistessa ( 1902-1993) y Raúl H. Castagni­ metaflsicas. Pero no le van a la zaga La cabeza
no (1914-1999), ambos con una extensa can­ de Goliat, Muerte y transfiguración de Martín
126 tidad de libros de indispensable consulta para Fierro, Sarmiento y Nietzsche. Años más tarde,
LA LITERATURA

Iuan Iosé Sebreli (1930) lo irnpugnó por con­ no carente de humor y resignada melancolía.
siderar que su óptica era excesivamente subje­ Otro ensayista atento a los temas sociopolíti­
tiva y fatalista; reproche al que adherirían cos y fuertemente polémico ha sido Arturo
otros intelectuales; pero más allá de toda con­ Iauretche (1901-1974).
troversia, es imposible negar a ese epíritu in­ Los ensayos de Borges son de distinta ín­
quisitivo y cuestionador que fue Martínez Es­ dole. Más preocupado por lo literario y lo me­
trada la fuerza de un pensamiento henchido tafísico que por lo social, sus libros El tamaño
de intuiciones iluminadoras. Otros ensayos en de mi esperanza, Inquisiciones, Discusión e His­
los que expuso sus apasionadas meditaciones toria de la eternidad, entre otros, deslumbran
acerca del momento político que le tocó vivir por su brillante estilo, hecho de una adjetiva­
son ¿Qué es esto? y Cuadrante del pampero. ción tan precisa como original y por sus fasci­
Algunos autores extranjeros —como Waldo nantes disquisiciones sobre la eternidad, el in­
Frank, Herman Keyserling, Iosé Ortega y Gas­ finito y otros conceptos abstractos con los que
set, George Sirnmel y Oswald Spengler— gravi­ jugó sutilmente en toda su obra.
taron por su obra o su presencia en algunos Notable cultor del ensayo, así como de la
ensayistas argentinos. Una de ellas sería Victo­ poesía y el cuento, fue Luis Franco, escritor
ria Ocampo, que con su serie de Testimonios que muestra una singular y convincente fuer­
practicó una mezcla de ensayo, diario personal za expresiva en El otro Rosas, Hudson a caballo,
y miscelánea literaria que seduce por su estilo El general Paz y los dos caudillajes y Pequeño
muy argentino y a la vez universal. Eduardo diccionario de la desobediencia. Carlos Alberto
Mallea, escritor ya considerado como novelis­ Erro (1903-1968) fue, asimismo, el autor de
ta con amagos ensayísticos dentro de sus fic­ un libro celebrado por Waldo Frank, Medida
ciones, publicó libros de indagación y análisis del criollismo, y de Tiempo lacerado; mientras
ajenos a los frecuentes sectarismos ideológi­ que Romualdo Brughetti ( 1912), también
cos. En Historia de una pasión argentina sostu­ poeta, se reveló como apasionado expositor de
vo la teoría de una Argentina visible convi­ ideas en Descontento creador y Prometeo. Autor
viendo con una Argentina invisible cuya de ensayos literarios y sobre temas argentinos
demora en manifestarse representa nuestra es Máximo Etchecopar (1912).
mayor asignatura pendiente. Otros ensayos de Ernesto Sabato ha manifestado en el ensa­
Mallea, El sayal y la púrpura y Meditación de la yo su actitud crítica frente a las contradiccio­
costa, proponen el imperio de una ética —vista nes e injusticias de nuestro tiempo. Uno y el
a la vez como estética- que sirva de modelo a universo, Heterodoxia y El escritor y sus fantas­
una sociedad espiritualmente enferma. mas son libros en los que subyace lo que se ha
Desde una perspectiva política nacionalis­ denominado “una razón ardiente”. La labor
ta, Raúl Scalabrini Ortiz (1896-1959) escribió ensayística de este humanista urgido por la
ensayos sobre aspectos económicos relaciona­ necesidad de una apelación moral y un recla­
dos con la defensa de la soberanía, pero el li­ mo admonitor ha tenido vasta repercusión,
bro que cirnentó su fama es El hombre que es­ especialmente entre los jóvenes.
tá solo y espera, breviario del porteño medio Inmediatamente después de la primera
cuyos rasgos psicológicos retrató con agudeza etapa peronista, los hermanos Ismael y David 127
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Viñas, Adolfo Prieto (1928), Noé Iitrik (1928),


Oscar Masotta (1930-1979) y Iuan José Sebre­
li se agruparon alrededor de la revista Contor­
no para impulsar la revisión y el debate, desde
una óptica prioritariamente sociológica, de la
literatura nacional. Con similar fervor, Héctor
A. Murena (1923-1975) polemizó desde las
páginas de Sur y La Nación con esos escritores
que, a su criterio, examinaban las letras argen­
tinas con parcialidad obnubiladora. Murena
publicó libros de poemas, novelas y los volú­
menes ensayísticos El pecado original de Amé­
rica, Ensayos de subversión y Homo Atomicus.
Otros ensayistas preocupados por desen­
trañar las claves sociales del hombre argentino
a través de sus escritores fueron Dardo Cúneo,
Julio Mafud (1928-1992), Rodolfo Kusch
l Bernardo Canal Feijoó.
(1922-1979) yVíctor Massuh (1924), autor es­
te último de La Argentina como sentimiento y uno de los más importantes críticos; José Ed­
Cara y contracara: ¿una civilización a la deriva? mundo Clemente (1919), Iosé Luis Lanuza
Un notable ensayista, también poeta y dra­ (1903-1976), Pablo Rojas Paz (1896-1956), lo­
maturgo, es el santiagueño Bernardo Canal sé María Moner Sans, Ángel Rosenblat (1902­
Feijoó (1897-1982), autor de una importante l984), Alberto Salas (1915-1995), Fryda
obra orientada hacia la indagación antropoló­ Schultz de Mantovani (1912-1978), Raimun­
gica y la teoría de la cultura. Teoría de la ciu­ do Lida, María Rosa Lida, Adolfo de Obieta
dad argentina, De la estructura mediterránea y (1912), Antonio Pages Larraya (1918), Emilio
La expresión popular dramática son algimos de Carilla (1914-1995), Iuan Carlos Ghiano
sus libros. En la linea de la investigación de las (1920-1990), Florencio Escardó (1904-1992),
raíces folldóricas sobresalió también Augusto Bernardo Ezequiel Koremblit (1915), Ofelia
Raúl Cortázar (1910-1974), formador de una Kovacci (1927-2001), Ana María Barrenechea
pléyade de estudiosos, algimos de los cuales (1923), Carlos Alberto Ronchi March (1922) y
son autoridades en la materia, como Olga Fer­ Oscar Tacca (1926).
nández Latour de Botas (1935). Otros investi­ Entre los ensayistas más notorios del últi­
gadores de la literatura vernácula, así como re­ mo tramo del siglo XX se puede mencionar a
copiladores de coplas y cuentos populares, Santiago Kovadloff ( 1942), quien con Una cul­
han sido Iuan Alfonso Carrizo (1895-1957), tura de catacumbas y El silencio primordial re­
Berta Vidal de Battini (1900-1984), Orestes Di veló ser un pensador lúcido y brillante, así co­
Lullo (1898-1983) y Félix Coluccio (1911). mo Tomás Moro Simpson (1929), también
Ensayistas más concentrados en lo especí­ poeta como Kovadloff, autor de un libro sin­
128 ficamente literario fueron Luis Emilio Soto. guiar, Dios, el mamboretá y la mosca, v Beatriz
LA LITERATURA

Sarlo (1942), que ha trabajado sobre literatura abordó el drama, la comedia, el sainete y hasta
y cultura de masas. A ellos hay que agregar los la revista. Pedro E. Pico (1882-1945), realista e
nombres de Enrique Pezzoni (1926-1989), Pe­ incisivo, escribió excelentes comedias y retrató
dro Luis Barcia (1940), Iosefina Delgado algunas picardías de la política criolla en Las
(1942), Iosé Isaacson (1922), Iorge Cruz rayas de una cruz. Alberto Novión (1881-1937)
(1930), Cristina Piña (1949), Haydee Iofre Ba­ fue autor de una obra de éxito, Bendita seas, y
rroso (1928), Tomás Abraham (1946), Josefina Rodolfo González Pacheco (1882-1949) se des­
Ludmer ( 1939), Ivonne Bordelois (1936), Ior­ tacó con Hermano lobo y Las víboras.
ge Panesi (1947), Alberto Manguel (1948) y Párrafo aparte merece Vicente Martínez
Enrique Valiente Noailles (1960), entre otros. Cuitiño (1887-1961), autor sumamente culto
e inquieto que trató de incorporar a su obra
las experiencias de dramaturgos europeos co­
TEATRO mo Ibsen, Pirandello y Lenormand, logrando
así piezas tan interesantes como Horizontes y
En las primeras décadas del siglo, la litera­ Servidumbre. Escritores de menor nivel creati­
tura teatral se enriqueció con el aporte de va­ vo pero diestros en la urdimbre de la comedia
liosos autores. El sainete costumbrista, inicia­ Costumbrista fueron Nicolás de las Llanderas
do años antes con gran repercusión popular, (1888-1938) y Arnaldo Malfatti (1893-1968),
mantuvo sostenida vigencia y adoptó una mo­ con Así es la vida, y la pareja de Camilo Dart­
dalidad, el grotesco, a través del cual sus crea­ hés (1889-1974) y Carlos Damel (1890-1974)
dores reflejaron la vida y los hábitos de una con Los chicos crecen.
sociedad en la que criollos -generalmente Francisco Defilippis Novoa (1889-1931)
porteños- e inmigrantes (españoles, italianos, fue un innovador que procuró ahondar en los
árabes o judíos) protagonizan episodios risue­ conflictos psicológicos y avanzar en los recur­
ños o dramáticos pero caracterizados siempre sos técnicos de la puesta en escena. Otros nom­
por el pintoresquismo. El representante más bres: Iosé LeónPagano (1875-1964), reconoci­
conspícuo fue Armando Discépolo (1887­ do además en la crítica de arte; Alejandro
1971), cuyas obras Mateo, Stefano y Relojero Berruti ( 1888-1964), Emilio Berisso (1878­
son verdaderos clásicos del género. Otros, co­ 1922), Iosé María Moner Sans y Román Gó­
mo Alberto Vacarezza, ya tratado, Carlos M. mez Masía (1903-1944), Edmundo Guibourg
Pacheco (1881-1924), Iosé González Castillo (1893-1986), Roberto Tálice (1901-1998) yAr­
(1885-1937) y Federico Mertens (1886-1960), turo Berenguer Carisomo (1905-1998), tam­
siguieron ofreciendo coloridas escenas del bién docente e historiador de la literatura. No
ambiente popular porteño. se debe olvidar el teatro histórico, que tuvo
En esa época empezó a perfilarse un teatro cultores de la talla de Paul Groussac, con La di­
menos esquemático, más ambicioso, sin aban­ visa punzó; Ricardo Rojas, con Ollantay, y En­
donar en la mayoría de los casos la temática rique Larreta, con Santa María del Buen Ayre.
nacional. Enrique García Velloso (1881-1938), Hay un nombre que representa lo mejor
autor de Mamá Culepina y Eclipse de sol, es uno de la literatura dramática entre los decenios
de los más completos e imaginativos, pues del veinte y del cuarenta y cuya obra se exten­ 129
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

dió hasta más allá de la primera mitad del si­ mitos clásicos como en Antígona Vélez y en
glo. Se trata de Samuel Eichelbaum (1894­ Don Juan. También debe ponerse de resalto la
1967), creador de un teatro en el que consi­ magnifica epopeya teatral de Bemardo Canal
guió fundir lo realista con lo psicológico, la Feijoó Pasión y muerte de Silverio Leguizamón y
observación Costumbrista con los conflictos otra obra inspirada en la literatura gauchesca
de conciencia. Eichelbaum describió senti­ de un autor que pertenece, asimismo, a las filas
mientos con elocuente sutileza y sus diálogos del ensayo: Santos Vega el payador, de Antonio
revelan un examen profimdo de los persona­ Pagés Larraya.
jes. Un guapo del 900 y Un tal Servando Gómez A fines de los años cuarenta y comienzos
son sus piezas más conocidas. de los cincuenta se produce en Buenos Aires —y
En 193 l, Leonidas Barletta funda el Teatro se proyecta luego hacia el interior— un movi­
del Pueblo y cuatro años después se crea el Tea­ miento teatral que se aparta de los tradiciona­
tro Nacional de Comedia, que dirigirá durante les circuitos comerciales. Grandes masas de
años Antonio Cunill Cabanellas. Estos dos público, preferentemente joven, llena las pe­
acontecimientos impulsan la expansión de una queñas salas donde actúan los que antes eran
actividad a la que el público dio auspiciosa res­ llamados “cuadros filodramáticos” y ahora son
puesta. El Teatro del Pueblo, juntamente con el grupos de actores fervorosos, formados en la
Teatro Juan B. Iusto, El Tinglado Libre Teatro, frecuentación de las nuevas teorías teatrales
la Organización Latinoamericana de Teatro —Brecht, Stanislavski, Strasberg— y de autores
(OLAT) y otros de intención más artística que modernos a los que se proponen dar a conocer.
comercial, presentaron obras clásicas y moder­ El movimiento independiente fue una reacción
nas, entre ellas de autores argentinos que llega­ contra el teatro conformista que invadía en­
ban al teatro desde la poesía, la narrativa o el tonces las carteleras. 1a Máscara, Nuevo Tea­
ensayo. Uno de los más significativos fue Ro­ tro, Fray Mocho, Los Independientes, el IFT y
berto Arlt, quien volcó en las originales situa­ el Teatro Florencio Sánchez, herederos del en­
ciones de Trescientos millones, Saverio el cruel y tusiasmo de Leonidas Barletta, Ricardo Passa­
El fabricante de fantasmas el talento y el vigor no (1893-1973) y Enrique Agilda (1902-1990),
creativo expuesto ya en sus novelas. Brillante representaron un borrón y cuenta nueva en la
comediógrafo resultó el poeta Conrado Nalé vida teatral porteña y sirvieron de estímulo a
Roxlo, con La cola de la sirena y El pacto de conjuntos del interior del país. Obras de Sófo­
Cristina, así como autores tratados al conside­ cles, Ben Johnson, George Bernard Shaw, Eu­
rar otros géneros practicados con mayor dedi­ gene O’Neill, Bertolt Brecht, Antón Chejov,
cación: Ezequiel Martínez Estrada, Raúl Gon­ lean Anhouil, Arthur Miller, Harold Pinter y
zález Tuñón, Alvaro Yunque, Nicolás Olivari, Arnold Wesker alternaban en sus carteleras con
César Tiempo, Arturo Cerretani, González las de nuevos dramaturgos argentinos.
Carbalho, Eduardo González Lanuza, Vicente En 1949 es estrenó la obra El puente, de
Barbieri y Carlos Carlino (1910-1981). Entre Carlos Gorostiza (1920), un hito del teatro in­
todos ellos se destaca Leopoldo Marechal, que dependiente. Gorostiza, uno de los dramatur­
incursionó en el teatro trágico y poético re­ gos más talentosos surgidos en ese período, es­
130 creando y trayendo a la época contemporánea cribirá posteriormente Marta Ferrari, El pan de
LA LITERATURA

la locura y El patio de atrás, entre otras celebra­


das piezas. Muchos nombres irrumpen enton­
ces; Iuan Carlos Ferrari, seudónimo de Enrique
Grande (1917-1989), Luis Ordaz (1912), Iuan
Oscar Ponferrada, Pablo Palant (1914-1975),
Atilio Betti (1922-1993), Aurelio Ferretti
(1907-1963), Iulio Imbert (1918), Andrés Liza­
rraga (1919-1982), Iulio Mauricio (1919­
l99l), Alberto Rodríguez Muñoz (1915), Iuan
Carlos Ghiano, Agustín Pérez Perdella (1920),
Agustín Cuzzani (1924-1987), Osvaldo Dra­
gún (1929), Sergio De Cecco (1931-1986), Gri­
selda Gambaro (1928), Roberto Cossa (1934),
Carlos Somigliana (1932-1987), Jacobo Langs­
ner (1927), Eduardo Pavlovski (1933), Ricardo
Talesnik (1935), Ricardo Halac (1935) y Oscar
Viale (1932-1994).
Estos autores impusieron una temática
vinculada con la búsqueda o el análisis de la
identidad argentina y el propósito de reflejar
inquietudes y preocupaciones unánirnes me­
diante una exposición entre Costumbrista e in­
telectual. Simultáneamente llegan de los Esta­
dos Unidos y de Europa piezas representativas
de una dramaturgia iracunda y exasperada, así
como el llamado “teatro del absurdo”, que mo­
difican las carteleras tradicionales. Las últimas
tendencias conquistaron adeptos, pero tarn­
bién el rechazo de espectadores menos inquie­
tos que preferían quedarse en sus casas frente
a la pantalla del televisor. En los años setenta
aquella eclosión del teatro independiente ya
había perdido fuerza y disminuyó la asistencia
del público a las salas teatrales, motivo por el
cual los empresarios trataron de volver a cap­
tarlo con piezas banales e intrascendentes.
Con todo, el fenómeno no logró desalentar a
los buenos autores. Más aún, nuevas camadas
se sucedieron y algunas obras consideradas in­ Leopoldo Marechal en España, 1926. Capítulo. La historia
quietantes o perturbadoras fueron estrenadas dela literatura argentina, 1967. 131
LA DIMENSION CIENTIFICA Y CULTURAL

inclusive durante el gobierno del “Proceso” llermo Gentile (1942), Ricardo Monti (1944),
militar. Como una suerte de desafio a la repre­ Jorge Paolantonio (1947), Mauricio Kartún
sión, se realizó en 1981 un memorable ciclo (1946), Eduardo Rovner (1942), Jorge Gol­
denominado “Teatro Abierto” en la sala El Pi­ demberg (1950), Nelly Femández Tiscomia
cadero de la ciudad de Buenos Aires, donde (1939-1995) y Jorge Accame (1956), entre
debían representarse veinticinco piezas de au­ otros. Un caso aparte ha sido el de Raúl Nata­
tores nacionales. La madrugada del 6 de agos­ lio Damonte Taborda (1939-1987). Hijo del
to, un incendio -luego se comprobaría que fue político Raúl Damonte Taborda y nieto de Na­
intenciona1- destruyó el edificio, pero no lo­ talio Botana, creador del diario Crítica, vivió
gró interrumpir el ciclo, que se trasladó a otras muchos años en París, donde se dedicó al di­
salas céntricas. bujo humorístico y escribió con el seudónimo
Para entonces, nuevos escritores habían de Copi algunas obras teatrales de estilo ex­
hecho su entrada en la literatura teatral: Gui­ céntrico y provocativo.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA

Se enumeran en primer término algunos en ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, Histo­


libros de consulta que abarcan los distintos gé­ ria Argentina Contemporánea, volumen II,
neros literaríos; después, los vinculados con el segimda parte, Buenos Aires, 1966. ENRIQUE
género poético, así como antologías en cuyos ANDERSON IMBERT es autor de Historia de la li­
prólogos se encontrarán útiles referencias. Se­ teratura hispanoamericana, dos tomos, Méxi­
guirán los estudios sobre narrativa, ensayo y co, 1966; de JUAN CARLOS GHIANO es la obra
teatro. Se omiten, para no extender excesiva­ Constantes de la literatura argentina, Buenos
mente este repertorio bibliográfico, los traba­ Aires, 1953, y de FERMIN EsTRELLA GUTIERRFZ,
jos dedicados a un solo autor (por ejemplo, Corrientes y obras más importantes de la litera­
Lugones, Arlt o Cortázar), aunque en ellos tura argentina, Santiago de Chile, 1970.
también es posible hallar datos orientadores Esclarecedores comentarios sobre la litera­
acerca de su época y sobre otros escritores de tura entre 1920 y 1950 o 1960, se encuentran
su generación. en: LUIS EMILIO SOTO, Crítica y estimación, Bue­
Libros importantes para el conocimiento nos Aires, 1954; ANGEL J. BATnsTEssA, Pasado y
de quienes se interesan por autores de los pri­ presente de Ia literatura argentina, dos tomos,
meros lustros —los que empezaron a publicar Buenos Aires, 1977-1979; ARTURO BERENGUER
entre 1915 y 1940, aproximadamente- son los CARISOMO, Literatura argentina, Buenos Aires,
seis volúmenes dirigidos por RAEAEL ALBERTO 1970; JUAN PINTO, Breviario de literatura argen­
ARRIETA, Historia de la Literatura Argentina, tina, Buenos Aires, 1958; ENRIQUE PEZZONI, Li­
Buenos Aires, 1958-1960, que avanzan crono­ teratura argentina 1930-1960, Buenos Aires,
lógicamente respecto de la obra monumental 1961; GUILLERMO ARA, Introducción a la litera­
del mismo título de RICARDO ROJAS; también, tura argentina, Buenos Aires, 1966; EMIR RO­
132 “La vida literaria argentina entre 1862 y 1930", DRlGUEZ MONEGAL, El juicio de los parricidas.
LA LITERATURA

La nueva generación argentina y sus maestros, res composiciones de los respectivos poetas si­
Buenos Aires, 1956, y NOE IITRIK y SUSANA CE­ no que incluyen prólogos y estudios críticos.
LI.A, Historia crítica de la literatura argentina, Existen muchas selecciones de ese carácter. Las
irrupción de la crítica, Buenos Aires, 1999. más representativas son las siguientes: PEDRO I.
De carácter enciclopédico, ilustrada con VIGNALE y CESAR TIEMPO, Exposición de la ac­
cuadros Sinóptícos y material iconográfico, es tual poesía argentina, Buenos Aires, 1927, don­
la Historia de la literatura argentina, en seis to­ de cada poeta escribió su propia Semblanza,
mos, publicada por el Centro Editor de Améri­ por lo general en clave de humor; IULIO NOE,
ca Latina, Buenos Aires, 1980- 1982. Asimismo, Antología de la moderna poesía argentina,
referencias puntuales sobre autores y fechas de Segtmda edición, Buenos Aires, 1930, GONZA­
edición de sus libros pueden consultarse en los LEZ CARBALHO, Índice de la poesía argentina
muchos trabajos de ordenación bibliográfica contemporánea, Santiago de Chile, 1937; JORGE
que realizó HORACIO I. BECCO, entre ellos, LUIS BORGES, SILVINA OCAMPO y ADOLFO BIOY
Fuentes para el estudio de la literatura argentina, CASARES, Antología poética argentina, Buenos
Buenos Aires, 1968, y Bibliografía de bibliogra­ Aires, 1941; DAVID MARTÍNEZ, Poesía argentina
fias argentinas, Washington, 1972. También AL­ (1940-1949), Buenos Aires, 1950, y Poesía ar­
FREDO ROGGIANO, en su excelente Diccionario gentina actual, Buenos Aires, 1961; LUIS SOLER
de la literatura latinoamericana, Washington, CAÑAS, La generación poética del 40, dos tomos,
1961; PEDRO ORGAMBIDE y ROBERTO YAI-INI son Buenos Aires, 1981, con un completo análisis
autores de la Enciclopedia de la literatura argen­ al que acompañan muchos textos poéticos;
tina, Buenos Aires, 1970. Otra vez PEDRO OR­ HORACIO ARMANI, Antología esencial de la poe­
GAMBIDE, con SILvANA CASTRO, Breve diccionario sía argentina, Buenos Aires, 1981; LUIS R. FUR­
biográfico de autores argentinos del siglo XX, LAN, Generación poética del 50, Buenos Aires,
Buenos Aires, 1999. WASHINGTON L. PEREYRA 1974; DANIEL FREIDEMBERG, La poesía del 50,
recopiló La prensa literaria argentina, tres to­ Buenos Aires, 1981; HORACIO SALAS, Genera­
mos, Buenos Aires, 1993-1996, con el registro ción poética del 60, Buenos Aires, 1973; NELIDA
de periódicos y revistas literarias, así como la SALVADOR, La nueva poesía argentina, Buenos
reproducción de sus tapas, desde 1890 a 1939. Aires, 1969; RAUL GUSTAVO AGUIRRE, Antología
Otra interesante fuente de consulta es un de la poesía argentina, tres tomos, Buenos Ai­
libro editado por el FONDO NACIONAL DE LAS res, 1979; MIRIAM GOvER DE NASATSKY, Poesía
ARTES, en 1985, donde Se recogen en forma argentina del siglo XX, Buenos Aires, 1981, y los
facsimilar los números de la revista Martín trece tomos antológicos, con comentarios y
Fierro, publicada durante la década del veinte declaraciones de cada uno de los autores Selec­
(a partir de 1924) con colaboraciones de los cionados, que conforman la obra dirigida por
principales representantes de ese movimiento CARLOS ALBERTO DEBOLE, Poesía argentina con­
literario. temporánea, Buenos Aires, 1978-1987.
Respecto del género poético, para la con­ Ya no antologías sino estudios sobre deter­
sulta de autores y obras que surgieron a partir minadas corrientes poéticas, son los de EDUAR­
de 1920, o unos pocos años antes, son útiles las DO GONZALEJ LANUZA, Los martinfierrisras,
antologías en las que no sólo se leen las mejo­ Buenos Aires, 1961; CORDOVA lTURBURU, La re­ 133
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

volución martinfierrista, Buenos Aires, 1962; naz propulsor y divulgador cordobés de esa
LEONIDAS BARLETTA, Boedo y Florida, una ver­ especie literaria, autor de El cuento argentino,
sión distinta, Buenos Aires, 1967; LUIS R. FUR­ Buenos Aires, 1963, así como todos los núme­
LAN, Los poetas del medio siglo, Buenos Aires, ros de la revista Puro Cuento, que dirigió
1996; RICARDO HERRERA, La hora epigonal, en­ MEMPO GIARDINELLI durante varios años, a
sayos sobre poesía argentina contemporánea, principios de la década del noventa, publica­
Buenos Aires, 1991, y Espera de la poesía, ensa­ ción dedicada a la teoría del cuento y la difu­
yos sobre poesía argentina, Buenos Aires, 1996; sión de la mejor cuentística nacional y extran­
GRACIELA [MATURO] DE SOLA, Proyecciones del jera. No Se deben olvidar las antologías de
surrealismo en la literatura argentina, Buenos cuentos, precedidos de prólogos y semblanzas
Aires, 1967, y el extenso “Estudio preliminar” ilustrativas: IORGE LUIS BORGES, SILvINA OCAM­
de CRISTINA PINA a los tomos I y II de Poesía ar­ PO y ADOLFO BIOY CASARES seleccionaron la
gentina de fin de siglo, seleccionada por LIDIA Antología de la literatura fantástica, Buenos Ai­
VINcIGUERRA, Buenos Aires, 1996. res, 1965, donde, entre piezas magistrales de la
Una bibliografía sobre la narrativa de la literatura universal, figuran relatos breves de
época que abarca este capítulo deberá incluir: los compiladores y otros autores argentinos.
JUAN CARLOS GHIANO, Testimonio de la novela NICOLAS COCARO publicó Cuentos fantásticos
argentina, Buenos Aires, 1956, y del mismo au­ argentinos, Buenos Aires, 1960, que, como el
tor: La novela argentina contemporánea (1940­ título lo indica, recoge únicamente relatos de
l960), Buenos Aires, sin fecha de edición. autores nacionales; MARIO MAGGIO DE TABOA­
Véanse, asimismo: GERMAN GARCIA, La novela DA realizó una selección, con introducción y
argentina, Buenos Aires, 1952; ALFONSO SOLA notas, titulada Cuentos del interior, Buenos Ai­
GONZALEZ, Capítulos de la novela argentina, res, 1985, y VIVIANA PINTO DE SALEM es autora
Mendoza, 1959, y JORGE LAFFORGUE, Nueva no­ del prólogo y las notas de Cuentos regionales
vela latinoamericana; la narrativa argentina ac­ argentinos, Buenos Aires, 1983.
tual, Buenos Aires, 1972, que considera la na­ Ensayos literarios hay muchos, algimos re­
rración en la Argentina frente al llamado boom feridos a la poesía y a la narrativa ya han sido
de la literatura latinoamericana de principios mencionados, pero lo que no abunda son en­
de los años sesenta. Consúltense también, de sayos sobre el ensayo. Para un encuadre gene­
NELIDA SALVADOR, Novela argentina del siglo XX, ral pueden verse: IAIME REST, “Panorama del
Buenos Aires, 1994, y de SERGIO G. COLAUTTI, ensayo", en Capítulo. Historia de la literatura
Apuntes sobre la narrativa argentina actual, argentina, tomo I, Buenos Aires, 1981. En el
Buenos Aires, 1992. NOE IITRIK y ELSA DRUcA­ tomo IV de dicha obra se puede consultar, de
ROFF coordinaron Historia crítica de la literatu­ RODOLFO BORELLO, “El ensayo 1930-1970”.
ra argentina. La narración gana la partida, Bue­ Precedido por una esclarecedora “Teoría del
nos Aires, 2000, donde se analiza la narrativa ensayo”, de JOSE EDMUNDO CLEMENTE, El ensa­
entre los años sesenta y ochenta desde una yo, Buenos Aires, 1961, recoge textos ensayísti­
perspectiva menos estética que sociológica. cos de Borges, Mallea, Arrieta y Alberto Salas.
Entre los estudios sobre el cuento, se reco­ La Dirección de Relaciones Culturales del Mí­
134 mienda la lectura de CARLOS MASTRANGELO, te­ nisterio de Relaciones Exteriores y Culto edi­
LA LITERATURA

tó, de BERNARDO EZEQUIEL KOREMBLIT, El ensa­ se encontrará información sobre autores de


yo en la Argentina, Buenos Aires, 1969, bastan­ la primera mitad del siglo. En los últimos
te documentado a pesar de su brevedad. Para años se publicaron obras que abarcan un pe­
un enfoque particular referido al ensayo de in­ ríodo más vasto y que son de obligada con­
dagación nacional, consúltese: MARTIN STABB sulta: LUIS ORDAZ, Historia del teatro argenti­
(editor), América latina en busca de su destino, no, Buenos Aires, 1999, enriquecida con gran
Caracas, Venezuela, 1969. El capítulo VI inclu­ cantidad de documentación fotográfica, y
ye “La búsqueda de la identidad en la Argenti­ OSVALDO PELLETTIERI, Cien años de teatro ar­
na”. También JAIME REST analiza este tema en gentino. De Moreira a Teatro Abierto, Buenos
los capítulos “Martínez Estrada y la interpre­ Aires 1994. Véanse también: ALFREDO DE LA
tación ontológica, Roberto Arlt y el descubri­ GUARDIA, El teatro contemporáneo en la Ar­
miento de la ciudad” y “Iorge Luis Borges y el gentina, Buenos Aires, 1947; ARTURO BEREN­
ensayo especulativo” en la colección Sociedad y GUER CARISOMO, Las ideas estéticas en el teatro
literatura, Buenos Aires, 1982. Para una ubica­ argentino, Buenos Aires, 1947; ANGELA BLAN­
ción del aporte del ensayo argentino en el CO AMORES DE PAGELLA, Nuevos temas en el
marco de Hispanoamérica, Véanse PETER CAR­ teatro argentino, Buenos Aires, 1965; DOMIN­
VE y ROBERT MEAD IR., Historia del ensayo his­ GO F. CASADEVALL, La evolución de la Argenti­
panoamericana, México, 1975, capítulos VI al na vista por el teatro nacional, Buenos Aires,
VIII, y de GABRIEL TABOADA, Antología del en­ 1965, y RAUL H. CASTAGNINO, Esquema de la
sayo latinoamericano, tres tomos, Buenos Ai­ literatura dramática argentina, Buenos Aires,
res, 1994. 1950, libro breve pero sumamente ilustrativo.
Para el estudio del teatro en el lapso tra­ Dos obras recomendables no sólo por su in­
tado en este capítulo, existe una considerable formación sino también por la amenidad de
cantidad de obras. Se sugieren, por la riqueza su lectura son las de ENRIQUE GARCIA VELLO­
de su información: TITO LIvIo FOPPA, Diccio­ SO, Memorias de un hombre de teatro, Buenos
nario teatral del Río de la Plata, Buenos Aires, Aires, 1942, y de FEDERICO MERTENS, Confi­
1942, y ERNESTO MORALES, Historia del teatro dencias de un hombre de teatro, Buenos Aires,
argentino, Buenos Aires, 1944. En estos libros 1948.

135
60. EL LIBRO Y sus ÁMBITOS

Alejandro E. Parada

Desarrollar la historia del libro y sus di­ del siglo XX. Esta situación propició la apari­
versos mundos en la Argentina del siglo XX ción y el crecimiento de un amplio y comple­
implica, inequívocamente, un proceso de de­ jo ámbito popular, pautado por un público
licada selección. La cultura impresa argenti­ lector de masas. El libro, inmerso en este cli­
na, durante el período 1914-1983, fue de tal ma social, no sólo aumentó su grado de ubi­
riqueza y complejidad que su aproximación cuidad y diversidad de formas y funciones si­
histórica siempre presentará un sesgo parcial no que además generó una variedad de
y una sintesis incompleta. No obstante, es prácticas y apropiaciones de la lectura desco­
posible presentar una visión panorámica del nocidas hasta entonces, ámbitos lectores que
tema. Este acercamiento requiere, inevitable­ trascendieron las pautas y particularidades
mente, de una serie de aproximaciones sucesi­ que había establecido el público culto o eru­
vas a los distintos ámbitos en los cuales el libro dito. De este modo, el período se caracterizó
dejó su impronta; impronta, por otra parte, por la amplificación y democratización pro­
eminentemente social, comunitaria y hetero­ gresivas del libro como objeto e instrumento
génea. de lectura.
La cultura impresa se caracteriza por su Es necesario, entonces, abordar el aporte
dispersión, su heterogeneidad, sus insólitas de estos ámbitos desde diversas ópticas o di­
relaciones tanto económicas como cultura­ mensiones. En este sentido, se estudiarán, a
les, sus vicisitudes sociales y políticas, y por partir de una selección entre las diversas y po­
su característica aún más definida: sintetiza sibles temáticas de la cultura impresa, los tópi­
la riqueza, ambivalente, dúctil e insondable, cos siguientes: la industria editorial y la “edad
de todo aquello que es capaz de manifestar el de oro” del libro argentino; la lectura y los lec­
hombre gracias a la escritura y el fenómeno tores; las bibliotecas; las imprentas, editoriales
de la lectura. A todo esto deben agregarse va­ y librerías; la bibliografia; la bibliotecología; la
rios elementos que pautaron el desenvolvi­ bibliofilia y los libros mejor impresos; y otros
miento del país durante esa época; especial­ ámbitos del libro.
mente, los procesos de alfabetización y
urbanización, característicos en la Argentina 137
LA DlMENSlON CIENTÍFICA Y CULTURAL

LA INDUSTRIA EDITORIAL Y LA "EDAD para la industria editorial: la 11.588 (promul­


DE oRo” DEL LIBRO ARGENTINO gada en 1932 y luego perfeccionada por la ley
11.672), que derogaba los derechos de irnpor­
El desarrollo del libro no fue ajeno, en lí­ tación del papel destinado a la impresión deli­
neas generales, a las distintas situaciones que bros, diarios y otras publicaciones (norma que
afrontó el país en esa etapa. La historia de la lamentablemente no siempre estuvo vigente);
cultura impresa se encuentra íntimamente y la ley 11.723 de Propiedad Intelectual
vinculada a los procesos sociales y políticos; (1933), que permitió, gracias al depósito legal
acontecimientos y procesos que pautaron y de las obras, el conocimiento estadístico y el
condicionaron su desarrollo o su estanca­ control de la industria editorial.
miento. Estas vicisitudes, tanto de bonanza Esta etapa inicial de la industria gráfica ar­
como de crisis, hicieron que el libro argentino gentina se caracterizó por dos particularida­
conociera momentos de esplendor, de estabili­ des bien definidas: en primera instancia, por­
dad y de franco y sostenido retroceso. que en ella la elaboración artesanal del libro
En grandes rasgos, tomando como base la alcanzó su máximo esplendor, pues, poco
periodización establecida por Eustasio Anto­ tiempo después, la explosiva aparición del “li­
nio García en su obra Desarrollo de la industria bro de masas” influiría drásticamente en los
editorial argentina, es posible distinguir tres medios de producción editoriales; y por otra
etapas. Un período inicial, de lento pero signi­ parte, porque el período fue un ámbito de ex­
ficativo crecimiento, desde fines del siglo XIX perimentación y aprendizaje en torno del
hasta mediados de la década de 1930, en el mundo de la cultura impresa, ya que a media­
cual dicha industria, a partir de la Primera dos de la década del treinta la Argentina ya po­
Guerra Mundial, comenzó un proceso de mo­ seía una fortaleza gráfica similar a España, el
dernización y moderada expansión. Aunque el principal país proveedor de obras en castella­
libro de origen español aún dominaba el mer­ no hasta ese momento.
cado, las editoriales e imprentas nacionales se Fue precisamente ese crecimiento lento y
multiplicaron y comenzaron a competir con sostenido el que proyectó el país a un papel de
aquél. En 1914, el país contaba con 323 im­ liderazgo en la producción de libros en espa­
prentas y litografías; y hacia 1935, superaba los ñol. Liderazgo que sobrevino, además, gracias
2.000 establecimientos, que ocupaban a a circunstancias externas: la Guerra Civil Es­
20.181 operarios. Si bien el libro de texto se pañola y el posterior advenimiento de la Se­
editaba en gran cantidad debido a su venta se­ gunda Guerra Mundial. Estos dramáticos con­
gura, los editores, cada vez con mayor deci­ flictos detuvieron la exportación del libro
sión, empezaron a apoyar al libro literario y, europeo a América latina. España no pudo
por ende, a la incipiente literatura nacional abastecer sus mercados ultramarinos y, gra­
que reclamaba por el espacio negado hasta en­ dualmente, también fue disminuyendo su
tonces. Durante este período se alcanzó una mercado interno.
cifra máxima de aproximadamente ochocien­ Es, pues, en esta circunstancia, que la Ar­
tos títulos anuales. En esta etapa también se gentina sustituyó a una España ya debilitada; y
138 sancionaron dos leyes de amplia trascendencia en un breve período, durante los años entre
EL LIBRO Y sus ÁMBITOS

1936 y 1947, se convirtió en el principal pro­ de desarrollo de la industria gráfica durante es­
ductor y exportador de libros en castellano. A ta década: el país abastecía el 30 por ciento de la
esta década brillante de la cultura impresa na­ totalidad del área idiomática castellana y aún
cional se la conoció con el nombre de edad de en 1953, el 60 por ciento de la producción na­
oro del libro argentino. Algunas estadísticas co­ cional se exportaba a otras naciones.
rroboraron este momento único. En 1938, las Pero esta situación de optimismo cambió
obras publicadas superaron los 1.700 títulos; en las postrirnerías de la década del cuarenta.
en los años siguientes, esta cifra sufrió un im­ A partir de 1948, la fuerza editorial disminuyó
portante incremento, ya que en 1943, 1944, hasta retroceder y estabilizarse en niveles de
1945 y 1946, dicho monto fue respectivamen­ producción menores, comenzando así una
te de 4.904, 5.323, 5.098 y 5.186 títulos por tercera etapa que llega hasta la década de 1980.
año; es decir, la producción editorial argentina Es así como España, luego de la finalización de
se había casi triplicado. Puede afirmarse que el la Guerra Civil, recuperó su liderazgo interna­
año 1938 representó el punto de partida in­ cional y nuevamente conquistó sus mercados
dustrial de las artes gráficas del país; el eje de de América latina. Los países europeos, una
inflexión que pautó el pasaje de una concep­ vez repuestos de la contienda mundial, tam­
ción artesanal del libro hacia la rápida madu­ bién comenzaron a competir con el libro espa­
ración de éste como industria alternativa. ñol. A todo esto debe agregarse la aparición de
El libro argentino amplió entonces su cam­ México como franco productor y competidor
po de acción, pues, además de ser un instru­ de la Argentina en el área de la industria irn­
mento material para la lectura o un soporte pa­ presa. A pesar de cierto florecimiento en los
ra trasmitir conocimiento e información, fue años 1960-1969, en los que se incrementaron
una mercancía de intercambio intelectual den­ las editoriales y aumentó el número de libros
tro de la concepción moderna y occidental del impresos, la Argentina ya no recuperó su po­
libro. También aumentó el número de editoria­ sición hegemónica en el mercado latinoameri­
les; en 1941 existían 62 y en los años 1942, 1943, cano; recesión, por otra parte, que se acentua­
1944, 1945, 1955, 1965, 1970 y 1977 fileron, res­ ría aún más en los años setenta, con la
pectivamente, 81, 90, 86, 89, 156, 105, 135 y aparición de Colombia y Venezuela como
256. Por otra parte, el período 1946-1947 cons­ nuevos y pujantes productores editoriales. De
tituyó el bienio con mayor exportación. En este modo, la producción del libro en la Ar­
1946, a modo de ejemplo ilustrativo, se expor­ gentina decayó significativamente. Las obras
taron 622.983 kilos de libros (2.076.600 ejem­ publicadas en 1955 fueron 2.617; en 1962,
plares). También en este período, gracias al 3.323; en 1968, 4.185; en 1974, 4.906; en 1976,
aporte de los exiliados españoles, se sentaron 6.674; en 1978, 4.606; en 1982, 4.946; y en
las bases de tres importantes editoriales: Losa­ 1985, 3.607. No obstante, creció el número de
da, Emecé y Sudamericana. En esta época, e in­ imprentas, pues en 1950 había 2.772 talleres
cluso hasta finalizar la década del cincuenta, la tipográficos y en 1977, 4.203.
Argentina producía más del 30 por ciento de Existieron, además, dos leyes cuya tras­
todas las obras publicadas en América del Sur. cendencia es menester consignar; por un lado,
Otros guarismos demuestran, además, el grado la llamada del Libro Argentino (ley 20.380), 139
LA DIMENSIÓN CIENTIFICA Y CULTURAL

promulgada en 1973 durante el gobiemo de quisitivo de las bibliotecas argentinas y la ine­


facto de Alejandro A. Lanusse; y por otro, la xistencia de una legislación que apoye abierta­
22.399, sancionada en 1981, que instituyó la mente la producción editorial nacional. Por
obligación del sistema de numeración unifor­ otra parte, es importante señalar que la edi­
me de libros (ISBN). El ISBN comenzó a ser ción de libros se concentró casi exclusiva­
asignado por la Cámara Argentina del Libro, mente en la ciudad de Buenos Aires y en el co­
hecho de gran importancia para la industria nurbano bonaerense, en detrimento de la
editorial. estructura federal del país. Algtmas ciudades
Otra periodización de la historia editorial del interior, como Rosario, Santa Fe, Córdoba,
en la Argentina es la que realizó Pierre Lagar­ Mendoza y Tucumán, y aquellas localidades
de a fines de la década del setenta. Esta clasifi­ que tenían importantes universidades tam­
cación, en grandes rasgos, coincide con la pre­ bién contaron con una indpiente industria
sentada, aunque tiene el interés de aportar la editorial, confirmando así el carácter marca­
visión extranjera sobre esta temática. Lagarde damente urbano de dicha industrialización.
contempló las etapas siguientes: la gran opor­
tunidad (1936- 1947), una estabilidad precaria
(1948-1955), el período liberal de estanca­ LECTURA Y LECTORES

miento (1956-1960) y la renovación optimista


(1960-1969). Es importante señalar, aunque La evolución de los hábitos de lectura en la
escapa a los límites cronológicos de este capí­ Argentina durante el siglo XX se caracterizó
tulo, que el período 1991-1998 señalará tam­ por la presencia de diversas y complejas ver­
bién un interesante crecimiento de la indus­ tientes, tanto por la participación activa en el
tria editorial, demostrando nuevamente que universo de lectura de sectores antes posterga­
dicha industria se ha caracterizado por sus dos como por el constante intercambio y cru­
constantes altibajos. zarniento de las prácticas lectoras. Desde este
No obstante, es en la esfera intema donde punto de vista, y debido a la ausencia de estu­
deben buscarse muchas de las causas de la in­ dios sistemáticos y panorámicos, poco se sabe
movilización dela industria gráfica durante el de los modos, usos y técnicas de apropiación
período 1950- 1983. Algunas de ellas son las si­ del mundo impreso argentino. No obstante,
guientes: la ausencia de una industria papele­ dentro de estas significativas limitaciones, es
ra altamente desarrollada, los constantes au­ posible trazar un esbozo histórico sobre qué se
mentos infiacionarios, la existencia —salvo leía y el tipo de lectores durante el período.
escasas excepciones- de maquinarias gráficas En primera instancia se impone una ada­
obsoletas y la falta -acaso la causa más negati­ ración de alcance terminológico. Si bien la di­
va— de una planificación editorial a escala na­ visión entre ámbitos de lectura letrados o cul­
cional y de una política federal del libro. A to­ tos, en contraposición a los populares o
do esto deben agregarse otras causas no iletrados, pauta la aproidmación a esta temáti­
menos importantes y de significativa inciden­ ca, ésta es de significación práctica, pues el
cia, tales como la ausencia de una mayor po­ universo de la lectura posee una complejidad
140 blación de lectores, el paupérrimo poder ad­ que excede esta división. Las modos de apro­
EL LIBRO Y SUS ÁMBITOS

piación, pues, del universo del libro, durante el


siglo XX, alcanzaron una heterogeneidad de
dificil estudio. En realidad, en las prácticas lec­
toras de la modernidad sólo es posible hablar
de tendencias u orientaciones, ya que el com­
portamiento de éstas es más bien laberíntico
que lineal.
En el siglo XD(, los sectores cultos de la so­
ciedad argentina inclinaron sus gustos hacia el
libro de origen europeo, especialmente fran­
cés. Según las circunstancias históricas y socia­
les, los hábitos de lectura oscilaron. de distintas
maneras. Así, durante la década de 1810, las
obras predominantes fueron de índole política
e histórica; y luego, a partir de 1820, lentamen­
te, aunque en forma creciente, la inclinación
por las obras literarias se instaló con firmeza.
En cuanto a los sectores populares, sus lectu­
ras, siempre de complejo discernimiento, osci­
laron entre los primeros folletines literarios,
los catones de lectura y catecismos de doctrina
Mujer con libro. Escultura en piedra de José Fioravanti.
cristiana, los almanaques, los periódicos y ho­ 1937.

jas sueltas, y los versos gauchescos y criollos.


Dos autores inauguraron, inequívocamente, Las lecturas de la Argentina de 1910 se ca­
los primeros éxitos populares: Iosé Hemández, racterizaron por la incorporación de elemen­
con El gaucho Martín Fierro (1872 y 1879) y las tos típicos de la modernidad. Los usos y las
novelas de Eduardo Gutiérrez. Estos títulos al­ prácticas de lectura se manifestaron, especial­
canzaron amplia difusión en ámbitos donde el mente en las ciudades, por su variedad y ex­
libro era prácticamente desconocido, pues su traordinaria versatilidad en las apropiacíones
distribución fue tan aceptada que aun los sec­ de la cultura impresa; prueba de ello fue la
tores analfabetos accedieron a ellas gracias a la amplia difusión de impresos cuyo discurso
lectura grupal y en voz alta. Posteriormente, apuntaba a una compleja red de intereses y de
durante el período 1880-1910, la literatura prácticas lectoras, tales como la ávida lectura
criolla ocupó la preferencia de los sectores po­ de los catálogos comerciales, la proliferación
pulares, convirtiéndose en un fenómeno de de los carteles y avisos publicitarios callejeros,
aceptación masiva de dificil superación. No las conferencias orales y escritas, los libros en
obstante, hacia 1910, los temas gauchescos y venta en la vía pública, imponiéndose así una
criollos declinaron frente al notable proceso de cultura impresa en la vida cotidiana. El libro,
urbanización y asimilación de los primeros sin perder su carácter “sacralizado” y debido al
descendientes de los inmigrantes. creciente urbanismo y al incremento de la al­ 141
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

fabetización, se convirtió en un bien cultural Lorenzo I. Rosso y destinada a un público me­


que garantizaba la movilidad social. Esta ca­ dio y popular.
racterística sería, en definitiva, la dominante En 1905 se publicó Stella de César Duayen
durante la primera mitad del siglo XX. El uso (seudónimo de Ema de la Barra), la novela que
del libro, pues, fue marcadamente utilitario y alcanzó mayor éxito de librería de la época y
pragmático, no obstante, se afirmó otro aspec­ que fue ampliamente leída en distintos esta­
to: el crecimiento de la lectura de entreteni­ mentos sociales. Sin embargo, entre los años
miento y evasión en el ámbito privado e inti­ 1917 y 1930 se produjo el mayor aconteci­
mista de los sectores medios y populares. Estas miento en el ámbito de la cultura popular irn­
dos variables, inherentes al libro moderno, presa: la aparición de la novela semanal. La ca­
convivieron en una rica y compleja relación lle y los quioscos se llenaron, literalmente, de
durante el período estudiado. esta clase de publicaciones, tales como El
Desde 1901 y hasta 1920 se publicó la pri­ Cuento Ilustrado (1918), La Mejor Novela
mera gran colección de libros económicos, (1928-1929), La Novela Argentina (1921­
destinados, fundamentalmente, a lectores de l922), La novela del día (1918-1924), La Nove­
clase media: la Biblioteca de La Nación, debi­ la Nacional (1920-1922), La Novela Semanal
da a las iniciativas de Emilio Mitre, Roberto I. (1917-1925), La Novela Universitaria (1921­
Payró y José María Drago. La Biblioteca, rica l922), entre otras. También el teatro tuvo una
en traducciones y en literatura de entreteni­ notable difusión popular a través de dos publi­
miento, alcanzó una enorme difusión y conti­ caciones: La Escena (1918-1933) y Bambalinas
nuidad, y llegó a los 875 títulos, aunque tuvo (1918-1934), que si bien eran “revistas teatra­
un antecedente, de menor trascendencia, cuya les”, de hecho, siempre publicaron obras unita­
mención es fundamental: La Biblioteca Popu­ rias e independientes, superando, cada una,
lar de Buenos Aires, dirigida por Miguel Nava­ los novecientos títulos.
rro Viola. En estos años también comenzó a Las novelas semanales se editaron por mi­
consolidarse, lentamente en el ámbito edito­ llares (algimas alcanzaron los 200.000 ejem­
rial, la emergente literatura argentina, con au­ plares) y, debido a su bajo precio, llegaron a un
tores tales como Almafuerte, Leopoldo Lugo­ público lector que habitualmente no compra­
nes, Enrique Larreta, Atilio Chiáppori, Hugo ba libros. Su notable auge estaba estrechamen­
Wast (Gustavo Martínez Zuviría), Manuel te vinculado al desarrollo de la cultura barrial
Gálvez, Horacio Quiroga, Ricardo Güiraldes, en las grandes ciudades argentinas. Fueron las
Ricardo Rojas, Enrique Banchs, y otros mu­ lecturas predilectas de mujeres adolescentes y
chos. En 1915, dentro de un esquema de lectu­ jóvenes, debido a su abundante temática arno­
ra culta y nacionalista, apareció la Biblioteca rosa, aunque también contaron con una fran­
Argentina, dirigida por Ricardo Rojas y edita­ ja significativa de público masculino. Su im­
da por la Librería La Facultad, de Iuan Roldán. portancia como fenómeno de lectura social se
En el período 1915-1925 comenzó a publicar­ encontraba, además, en los heterodoxos mo­
se La Cultura Argentina (luego La Cultura Po­ dos de acceso a la novela semanal, ya que tam­
pular), fundada por Iosé Ingenieros y Severo bién eran leídas en grupos y circularon, de
142 Vaccaro, estampada en los Talleres Gráficos de mano en mano, en el ámbito familiar.
EL LIBRO Y sus AMBITOS

AIO V [VINOS Alli! ll NOVIEIIHI ¡fill IIII. ¡IO dicaron a la edición de libros baratos durante
‘ ¡\r"4;2':" «se. .( e; - l.- ". a;_ -». o- .raA.»
»- . .’ c“ .
37 «4 "í N «ÉÏÉL- ‘VJ-Ïfïï e >“ l el período 1920-1945. Las más importantes
fueron las siguientes: Tor, fundada por Iuan
Torrendell, de orientación más comercial; Cla­
AAÚÑUVELASlï CANAL ridad, creada por Antonio Zamora, con inte­
reses culturales; y la Editorial Sopena Argenti­
na, con su famosa y difundida Biblioteca
Mundial. Con la aparición del libro económi­
co se desarrollaron otras temáticas herederas
del folletín, la novela de aventuras y la novela
policial o de misterio que cobraron notable
auge. La narración policial alcanzó irnportan­
tes niveles de divulgación, abarcando tanto a
los sectores letrados como populares. En la dé­
cada del treinta, Tor publicó numerosos títu­
los de aventura y misterio, destinados a un pú­
blico sin mayores exigencias intelectuales; en
cambio, en 1944, Emecé comenzó a editar su
famosa colección El Séptimo Círculo, dirigida
por Iorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares,
LA CUACHA destinada, indudablemente, a lectores con ma­
rec-R
C. MÏÏZIO SAENZ PENA yores exigencias.
Ma.“
y a; N,’..“ma”
«- m”.
PRIMERA Y UNICA PUBLICACION EN SU GENERO Pero aún restaba un hecho revolucionario
PRECIO: 10 Caninos-lla ¡la 250.000 personas ln leen
e innovador en la historia de la cultura impre­
sa y de la lectura en el siglo XX: la explosiva
Portada de una de las ediciones populares de La novela
semanal. aparición del libro de bolsillo o de masas. Pre­
sentado en 1935 por la editorial británica Pen­
Este acontecimiento tuvo múltiples ante­ guin, poco tiempo después, a partir de la déca­
cedentes, de complejo y difícil discernimiento. da del cuarenta, tuvo notable divulgación en el
Además de la urbanización barrial y la intensa paperback de los Estados Unidos. La Argenti­
escolarización, la aparición de publicaciones na, que entonces vivía su “edad de oro” edito­
tipo magazines a fines del siglo XIX y comien­ rial, no permaneció al margen de ese suceso.
zos del XX, tales como Caras y Caretas y PBT, Entre las numerosas experiencias gráficas que
fue determinante en los hábitos de lectura, so­ se instrumentaron en la composición del libro
bre todo en la difusión periódica de cuentos y de bolsillo argentino, las más importantes, por
folletines. De este modo, el mundo masivo de su impecable ejecución y seriedad comercial,
lecturas y lectores se amplió por un nuevo fe­ fueron la Colección Austral de Espasa-Calpe, y
nómeno editorial: el rápido desarrollo del li­ la Biblioteca Contemporánea y también la Bi­
bro económico y popular. Surgieron así varias blioteca Clásica y Contemporánea, ambas de
editoriales, algunas de vida efímera, que se de­ editorial Losada. 143
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

a
ICO
Co.
I l I QIII0.0.0.0‘ IGO‘
I do abordadas. En 1936, la Biblioteca Nacional
iuna
A 0 0aa O IIUCC 0o
.OÏO‘I CO O_
c a‘¡¿
editó un pequeño opúsculo titulado Los 2.600
JUAN MARAGALL libros más pedidos en la Biblioteca Nacional.
Este folleto permite acceder a otros mundos

ELOGIOS de la lectura en la Argentina de la década del


treinta, al de los lectores movilizados por inte­
reses disímiles, en los cuales convivían, en una
9,ofv.c 1
rica relación dinámica de intercambios y cru­
I
0O
fl‘ '.¡,',‘,'«..
zamientos, el libro de texto, el de entreteni­
;o'u'
miento y las obras de consulta. Las obras de
referencia más solicitadas fueron la Enciclope­
3 .u,i.o_9 ago o m a.o'
dia universal ilustrada europeo-americana (En­
o ‘ nun‘
ciclopedia Espasa) y el Diccionario Enciclopédi­
_-_0_v_t: ¡‘o a fu‘ co Hispano Americano.
A partir de 1950, aproximadamente, suce­
dió otro cambio de importancia en los hábitos
de lectura: la aparición en el mercado editorial
ESPASA « un: ARGENTXNA,
Buïwos Ames — M EX'lC Ü mundial del best-seller. Estas novelas tenían co­
mo particularidad común su extraordinario
éxito a escala internacional, lo cual confirmaba
a los editores locales una segura distribución
l Sobrecubierta de un libro de la Colección Austral. masiva en el país. Sus características fundamen­
tales fueron y son: rápida ganancia económica,
La literatura nacional comenzó a conquis­ éxito efimero y calidad intelectual dudosa.
tar, aunque moderadamente, a un amplio sec­ Compitieron y compiten, en franca desigual­
tor del público letrado. Se impusieron nuevos dad, con la producción de autores nacionales.
autores, antes desconocidos, que a partir de Han apuntado al lector culto medio, pero su
1935 alcanzaron varias ediciones, tales como dispersión excede, inequívocamente, dicho ám­
Eduardo Mallea, Leopoldo Marechal, Silvina bito. Tanto su carácter masivo como su rédito
Bullrich, Manuel Mujica Lainez, Beatriz Gui­ económico fueron de tal magnitud durante la
do, Manuel Puig y tantos otros. Tres escritores década del sesenta y del setenta, que la apari­
transcendieron el ámbito nacional y fueron ción de un nuevo best-seller constituía un even­
reconocidos intemacionalmente: Iorge Luis to editorial.
Borges, Ernesto Sabato y Julio Cortázar. Durante el período 1914-1983, los hábitos
No obstante los datos conocidos, es poco de lectura sufrieron una serie de complejas
lo que se sabe sobre los hábitos de lectura fue­ evoluciones. En primer término, a comienzos
ra del ámbito comercial y de los análisis mera­ de siglo, se tuvo una concepción sacralizada
mente estadísticos. Las aproximaciones cuali­ del libro, en la cual el mundo impreso estaba
taúvas, sobre todo en estamentos populares y fuertemente circunscripto a la cultura letrada,
medios, salvo contadas excepciones, no han si­ aunque la irrupción de la literatura criolla ha­
EL LIBRO Y sus ÁMBITOS

bía demostrado, a fines del siglo XIX, que la


cultura impresa también podía ser un fenó­
meno eminentemente popular. Luego, debido Áx A
si a
a la urbanización y alfabetización de amplios
sectores, el libro perdió parte de su sacraliza­
ción para ser un elemento funcional de movi­
lización social, pues gracias a su posesión y
lectura era posible avanzar en la escala social.
Sin embargo, con las crisis económicas que
pautaron las décadas del sesenta y del setenta,
esta concepción perdió vigor y, si bien no de­
sapareció, disminuyó su impulso inicial. Por
otra parte, con el advenimiento de la radio, el
cine y luego la televisión, los modos de lectu­
ra fueron cambiando. La radio recuperó el
ámbito oral de la escritura impresa, la capaci­
dad de escuchar en grupo y anónirnarnente;
en tanto que el cine y la televisión incorpora­
ron un nuevo elemento poco conocido hasta
entonces: la lectura de la imagen como texto,
con carácter masivo e instantáneo.
A lo largo del siglo XX, las lecturas adqui­ Paul Groussac. director de la Biblioteca Nacional entre
rieron un notable grado de heterogeneidad y 1335 y 1929. Fotografia de 192o.
complejidad, pues la cultura impresa fue per­
diendo sus fronteras tradicionales y sus meca­ ción, el 16 de marzo de 1812, de la Biblioteca
nismos de apropiación ya no fueron fácilmen­ Pública de Buenos Aires, que en 1884 se con­
te identificables; situación que ha demostrado virtió en la actual Biblioteca Nacional. En
la insuficiencia de las clasificaciones tradicio­ cuanto a los hombres que sentaron las bases
nales de los lectores, ya que los procesos de lec­ de las bibliotecas argentinas, tanto desde el
tura, luego de 1970, apuntaron hacia una dis­ punto de vista teórico como del práctico, dos
persión cada vez mayor de sus prácticas. fueron excluyentes: Domingo Faustino Sar­
miento y Paul Groussac. Al primero siendo
presidente de la República, y a su ministro de
Las BIBLIOTECAS Instrucción Nicolás Avellaneda, se debió, la
sanción de la ley 419, del 23 de septiembre de
La estructura bibliotecaria heredada del si­ 1870, por la cual se creaba la Comisión Protec­
glo XIX fue rica en ideas y en algtmas realiza­ tora de Bibliotecas Populares; en tanto que
ciones trascendentes, aunque no definitorias Groussac fue el primero en intentar la organi­
ni sistemáticas. El acontecimiento biblioteca­ zación moderna de la Biblioteca Nacional, ba­
rio más importante consistió en la inaugura­ sada en conocimientos técnicos. Estas dos fi­ 145
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

guras descollantes sentaron las bases inequí­ bliografía nacional, la tendencia a convertirse
vocas de aquello que debía entenderse como en una biblioteca pública más que en un repo­
desarrollo bibliotecario. Por un lado, el éxito sitorio nacional y la imperiosa necesidad de
de las bibliotecas dependía de su estrecha rela­ mudarse a un nuevo edificio (hecho que recién
ción con la educación popular; y por otro, es­ se dio en 1992). No obstante estas limitaciones,
tas instituciones (auténticas agencias sociales) la Biblioteca Nacional se enriqueció con el in­
necesitaban de una organización racional y greso de importantes bibliotecas particulares,
profesional. De este modo, el seguimiento o la tales como las de Ángel Justiniano Carranza,
falta de instrumentalización de estos dos as­ Amancio Alcorta, Ezequiel Leguina, Raymond
pectos fundamentales fueron, en lineas gene­ Foulché-Delbosc, Pedro Denegri, Pastor Obli­
rales, los que determinaron el desarrollo de las gado, Félix Frías, Félix Buxareo Uribe, entre
bibliotecas durante el período 1914-1983. otras. Hacia 1983, gracias además al depósito
Es posible trazar, en una aproximación legal —cuyo cumplimiento ha sido parcial-,
preliminar, un breve panorama de los princi­ constituía el principal elenco de libros del país.
pales tipos de bibliotecas que se desarrollaron Otra gran biblioteca de características simila­
en la Argentina durante el siglo XX, tales co­ res ala precedente es la del Congreso de la Na­
mo la Biblioteca Nacional, las escolares, las ción (1859), de carácter enciclopédico y legis­
públicas y populares, las universitarias y las es­ lativo. Un hecho de gran importancia para la
pecializadas, entre otras. historia de la lectura en ámbitos bibliotecarios
La Biblioteca Nacional tuvo un significati­ públicos fue la inauguración, en 1974, de su
vo -aunque insuficiente- incremento de su nueva sala de lectura, con una capacidad para
fondo bibliográfico, pues hacia 1980 poseía un ciento veinte usuarios.
acervo de aproximadamente 1.500.000 volú­ En cuanto a las bibliotecas vinculadas a la
menes. La gestión bibliotecaria más irnportan­ enseñanza, tanto escolares como secundarias,
te, en cuanto a su organización y control, fue la pese a algunas importantes excepciones, su or­
de Paul Groussac, de 1885 a 1929, y prueba de ganización y desarrollo durante el período
ello fue la edición de los “catálogos metódicos” 1914-1983 se caracterizó por su pobreza y au­
de una parte relevante de su acervo. Otra di­ sencia de inserción social. A pesar de contar a
rección importante en cuanto a realizaciones comienzos de la década del ochenta con más
fue la de Gustavo Martínez Zuviría entre 1931 de 23.000 escuelas, eran pocas las que poseían
y 1954. Las gestiones administrativas siguien­ bibliotecas totalmente organizadas y con un
tes (Jorge Luis Borges, Vicente Sierra, José Ed­ papel de primera importancia en la dinámica
mundo Clemente, Horacio H. Hernández, pedagógica. Uno de los mayores inconvenien­
Gregorio Weinberg, Dardo Cúneo, entre otros) tes que han aquejado a este tipo de institucio­
debieron enfrentarse a un conjunto de situa­ nes fue la falta de coordinación entre los pla­
ciones de compleja solución: presupuesto in­ nes educativos y la función de la biblioteca
suficiente, escaso apoyo de los sucesivos go­ escolar; asimismo, la ausencia de un trabajo
biernos y ausencia de personal profesional. mancomunado y solidario entre bibliotecas
Tres problemas, por otra parte, pautaron su públicas y escolares ha sido un escollo de difí­
146 historia: la falta de apoyo para elaborar la bi­ cil superación. Sin embargo, en varios lugares
EL LIBRO Y sus AMBITOS

ochenta ya existía una red de bibliotecas y un


catálogo centralizado de sus existencias.
La creación de la Comisión Protectora de
Bibliotecas Populares (1870) posibilitó la difu­
sión de numerosas instituciones en toda la ex­
tensión del territorio nacional. Es importante
señalar que, a diferencia de las municipales, las
bibliotecas populares surgieron por iniciativas
particulares (principalmente de vecinos) y
que con posterioridad obtuvieron el apoyo de
fondos oficiales, provenientes de dicha comi­
sión. Luego de un período de incertidumbre a
fines del siglo XIX, estas agencias sociales to­
maron nuevo impulso en 1908, en la presiden­
cia de Iosé Figueroa Alcorta, durante la cual se
restableció la ley 419. Su evolución, en un pri­
mer momento, fue vertiginosa; de las 191 bi­
bliotecas populares que existían en el país en
Gustavo Martínez Zuviría. Director de la Biblioteca
1910, ya totalizaban, en 1926, 1.177 estableci­
Nacional entre 1931 y 1954. mientos. En 1954, las bibliotecas populares su­
peraban las 1.600 unidades, con un fondo bi­
del país, tanto en las grandes ciudades como bliográfico de casi 7.000.000 de libros y con
en pequeñas localidades provinciales, aunque más de 5.000.000 de lectores al año. En 1977,
en forma no sistemática y gracias a la iniciati­ según datos recopilados por la UNESCO, as­
va de autoridades y bibliotecarios, se lograron cendían a 1.230, con alrededor de 10.000.000
desarrollar algunas bibliotecas escolares y se­ de volúmenes. Este número de bibliotecas, por
cundarias con un grado satisfactorio en la diversas situaciones institucionales, económi­
prestación de servicios. cas y sociales (quiebra del orden democrático,
La biblioteca pública se manifestó en la Ar­ falta de presupuesto y menor participación
gentina a través de dos instituciones: las muni­ popular), sufrió algunas fluctuaciones, arri­
cipales y las populares. En 1926 se fonnó, a ins­ bando así, en la década del setenta, a un perío­
tancias de la intendencia de Buenos Aires, la do de estancamiento. Posteriormente, gracias
Comisión Honoraria de Bibliotecas Públicas a la ley 23.351 (1986), tendrían nuevo e im­
Municipales (luego Dirección), y a partir de su portante impulso.
labor, en 1927 se fundó la primera institución Una mención especial por su importancia
de estas características, denominada “Miguel merecen las bibliotecas universitarias, tanto
Cane”. A partir de esa fecha, entre los años públicas como privadas, pues sus colecciones,
1927 y 1983, se inauguraron, en distintos ba­ en constante aumento, figuran, a escala nacio­
rrios porteños, más de una veintena de estos nal, entre los acervos bibliográficos de mayor
establecimientos y a mediados de la década del envergadura. A comienzos de la década de 147
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

1980 erdstían veintiséis universidades estatales peos. En 1983 existían alrededor de ochocien­
que agrupaban aproximadamente a unas tas bibliotecas especializadas en todo el terri­
docientas bibliotecas; dichas universidades, des­ torio nacional. Estas instituciones alcanzaron
de 1964, fonnaron la Junta de Bibliotecas Uni­ gran importancia en las décadas de 1960 y
versitarias Nacionales Argentinas (IUBIUNA), 1970, a consecuencia del rápido desarrollo del
con el objeto de promover las actividades bi­ Consejo Nacional de Investigaciones Científi­
bliotecarias en el ámbito universitario. En cas y Técnicas (CONICET). Una unidad per­
1941 se fundó el Instituto Bibliotecológico, teneciente a este Consejo, el Centro Argentino
cuyo objetivo ha sido coordinar las diferentes de Información Científica y Tecnológica
bibliotecas de la Universidad de Buenos Aires. (CAICYT), lleva desde entonces la confección
Su tarea más relevante fue la confección de un de un importante catálogo colectivo de la to­
catálogo centralizado, el cual, hacia 1983, cu­ talidad de las publicaciones periódicas recibi­
bría alrededor de 2.800.000 de volúmenes; se das en las bibliotecas especializadas del país. A
convirtió, por entonces, en el más grande e partir de la década de 1970, las bibliotecas es­
importante del país. En general, las bibliotecas pecializadas comenzaron a trabajar conjunta­
universitarias se han caracterizado por su satis­ mente según temáticas afines y formaron va­
factoria organización en comparación con rías redes y sistemas de información de
otro tipo de bibliotecas, aunque a partir de importancia, si bien aún parciales y de.alcance
1966 sus colecciones comenzaron un proceso limitado. En la década de 1980, esos sistemas
de progresiva desactualización, debido a la fal­ se incrementaron de modo significativo.
ta de un presupuesto acorde con las necesida­ Es importante señalar otros tipos de bi­
des modemas de la enseñanza universitaria. bliotecas también presentes en la Argentina,
Por otra parte, en muchas provincias, las bi­ las bibliotecas particulares y las especiales. Las
bliotecas de las universidades estatales fueron primeras alcanzaron una destacada presencia
las que prestaron mejor servicio a sus usuarios. durante el siglo XIX, cuando se carecía prácti­
A lo largo del período estudiado, las bi­ camente de un sistema bibliotecario. Entonces
bliotecas especializadas lograron un mejor erdsüeron importantes bibliotecas, tales como
grado de organización en el cuadro de situa­ las de Bartolomé Mitre, Andrés Lamas, Ma­
ción del sistema nacional. Esta clase de institu­ nuel Ricardo Trelles, Ángel Justiniano Carran­
ciones comprende a bibliotecas dependientes za y Vicente G. Quesada. Esta tradición de ri­
del gobierno nacional o provincial y a una cos acervos particulares continuó durante el
gran cantidad correspondiente al sector priva­ siglo XX, aunque lamentablemente, la mayo­
do; de este modo, han representado a distintas ría de las colecciones fueron desmanteladas y
áreas del quehacer del país: bancos, industrias, vendidas en sucesivas subastas públicas. Entre
hospitales, academias, distintos ámbitos de la los fondos bibliográficos más interesantes del
ciencia y la tecnología, etc. A partir de la déca­ período estudiado, además de los menciona­
da de 1960, muchas de estas unidades evolu­ dos en lo referido a los bibliófilos, se deben ci­
cionaron hacia centros de documentación e tar las bibliotecas de Enrique Peña, Pedro N.
información, tomando como referencia, en lí­ Arata, Francisco P. Moreno, José Antonio Pi­
148 neas generales, los modelos de países euro­ llado, Baldmar F. Dobranich, Iuan A. Farini,
EL LIBRO Y SUS AMBITOS

Estanislao S. Zeballos, Enrique Arana, Cle­ década de 1940, desaparecieron o se convirtie­


mente P. Fregeiro, Iuan Canter, Agustín P. Ius­ ron en bibliotecas populares, una vez que de­
to, Pedro Denegri, Féliz Outes, Francisco Apa­ cayó este movimiento. El acontecimiento,
ricio, Milcíades Alejo Vignati, Ricardo de pues, debe recordarse en la historia de las bi­
Lafuente Machain, Armando Braun Menén­ bliotecas argentinas como un fenómeno de
dez, Iorge M. Furt, Iorge Beristayn, I. C. Ahu­ participación popular, en el cual las bibliote­
mada, Ricardo Olivera, Alberto Dodero, Car­ cas adquirieron notable presencia como enti­
los A. Mignacco, Marcelo Schlimovich, Oscar dades sociales dinámicas.
E. Carbone, Pablo Arndt, Alfredo Hirsch, Ri­ La República Argentina presentó, enton­
cardo Cranwell, Rafael Fresco, Carlos A. ces, una importante actividad bibliotecaria.
Moncaut, Miguel Lermon, Antonio Carrizo, Sin embargo, ésta se ha caracterizado por su
Federico Vogelius, y tantos otros. Entre las bi­ falta de estructuración sistemática y, en mu­
bliotecas especiales en la Argentina, cabe men­ chas ocasiones, los éxitos parciales obtenidos
cionar la Biblioteca Argentina para Ciegos, de fueron el resultado de iniciaüvas individuales
destacada labor. Otras bibliotecas de este tipo, que carecieron por ello de continuidad en el
aunque modestas y escasas, han sido las que se tiempo. En la década de 1980, las bibliotecas
desarrollaron en hospitales y unidades carce­ aún no habían logrado su plena inserción en
larias y penitenciarias. la sociedad argentina. Las autoridades políti­
A la par de este interesante —aunque no es­ cas y gobemantes no promovieron su desarro­
tructurado- proceso de fundación de bibliote­ llo con una sabia legislación, tal como lo había
cas, existió un movimiento bibliotecario de vi­ hecho Sarmiento en el siglo XIX. Al inaugu­
tal trascendencia: el representado por rarse en 1983 el nuevo período democrático,
bibliotecas de las sociedades de fomento. En las expectativas se centraban en dos puntos
las décadas de l920 y 1930, gracias a las inicia­ fundamentales: la necesidad de desarrollar
tivas de particulares y vecinos, la cultura ba­ una eficaz estructura bibliotecaria en toda la
rrial alcanzó un notable desarrollo. En la ma­ extensión del país y la vocación política y so­
yoría de los barrios de las grandes ciudades cial para llevar a cabo esta tarea.
argentinas, principalmente en Buenos Aires,
se fundaron innumerables bibliotecas en clu­
bes deportivos y en sociedades de fomento. IMPRENTAS, EDITORIALES Y LIBRERÍAS

Muchas de ellas fueron propiciadas por socia­


listas y otras por elementos activos de la Igle­ El último tercio del siglo XIX se caracteri­
sia. Sin embargo, la actividad particular de los zó, en líneas generales, por el rápido y disper­
vecinos fue la que hizo posible esta realidad de so desarrollo de las actividades vinculadas al
las bibliotecas como verdaderas agencias so­ mundo del libro. Las imprentas, editoriales y
ciales. La acción de estas instituciones fue fre­ librerías, especialmente en Buenos Aires y en
nética, pues en ellas se realizaba todo tipo de las grandes ciudades del interior, crecieron
actividades: cursos, conferencias, lecturas co­ tanto en magnitud como en calidad. No obs­
lectivas, manualidades, concursos, etc. Mu­ tante, ese pujante y a menudo caprichoso cre­
chas de estas bibliotecas barriales, luego de la cimiento fue más bien de índole artesanal que 149
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

propiamente industrial, llevándose a cabo, en


la mayoría de los casos, a consecuencia de em­
prendirnientos particulares y familiares más
BLINGENIOSO
que por empresas privadas vinculadas con la HIDALGO
industria. Ya en el siglo XX, principalmente a
partir de 1910, la producción del libro se ca­
racterizó por su acentuada, aunque paulatina,
industrialización. La cultura impresa, en esos
años, abandonó la etapa inicial artesanal para
convertirse, lentamente y con varios altibajos,
en una industria productora de bienes cultu­
rales, pautada, aún con cierta modestia, por la
oferta y demanda que ocasionaba la novedosa
presencia de un público masivo urbano de lec­
(Ïïnfivnú avr
tores, antes casi inexistente. Esta industrializa­
ción significó, en definitiva, la base indispen­
snvxnogmní
sable para la profesionalización de los diversos
ámbitos del libro en la Argentina.
El crecimiento de las imprentas fue nota­
ble. En 1879, la Argentina sólo poseía 33 im­
prentas en su vasto territorio; en 1895, 212; en Portada de una edición de Emecé: el “Don Quijote"
1941 los establecimientos gráficos eran alrede­ ilustrado por Salvador Dalí.
dor de 2.500; en 1950, éstos superaban los
2.700 y en 1977, sumaban 4.203. Algunos de larse la labor desempeñada por la Imprenta
los establecimientos gráficos más importantes del Congreso de la Nación, cuando estuvo ba­
del período estudiado -muchos fundados en jo la dirección de Juan Alfredo Trasande; de
el siglo XIX y otros en la primera mitad del hecho, funcionó como una imprenta estatal o
XX- fueron los siguientes: Fernando A. Coni, central y fue, por entonces, un establecimien­
Guillermo Kraft, Jacobo Peuser, Colombatti, to modelo en su tipo.
Talleres Gráficos I. L. Rosso, Antonio Busnelli, Las editoriales no sólo aumentaron en nú­
sólo por citar unos pocos de una vastísima lis­ mero (en la década de 1940 alcanzaron una
ta; algunos importantes talleres del interior media anual de 90 firmas y en 1977 totalizaron
fueron los de A. Assandri (Córdoba), Jorge más de 250 establecimientos) sino que su prin­
Best (Mendoza), Emilio Fenner (Santa Fe) y la cipal caracteristica, a medida que avanzaba el
imprenta de la Editorial Castellví (Santa Fe). siglo XX, fue la lenta pero sostenida especializa­
Una mención especial merecen dos irnpreso­ ción temática. Surgieron empresas abocadas al
res: Francisco A. Colombo y Gino Fogli, cuyos libro literario, jurídico, infantil, religioso, di­
trabajos fueron, sin duda alguna, los de mayor dácúco, científico y técnico, manifestando esta
calidad en la industria gráfica argentina. Den­ tendencia una incipiente madurez editorial. In­
150 tro de la administración pública, merece seña­ cluso muchas de estas firmas, especialmente
EL LIBRO Y SUS ÁMBITOS

entre los años 1938 y 1952, debido a su dinámi­ firmas comerciales que funcionaban en la ca­
ca política de exportación, lograron imponer pital al promediar el siglo, se puede mencio­
sus productos en el mercado latinoamericano. nar, como ejemplo ilustrativo, debido a su
Muchas fueron las editoriales que se destacaron magnitud y trascendencia, a la librería El Ate­
por su actividad durante la primera parte del neo. Por otra parte, basta recordar que a co­
siglo XX; entre ellas cabe mencionar a las si­ mienzos de la década de 1970 existían alrede­
guientes: librería y editorial La Facultad (de dor de 400 librerías en el país.
Iuan Roldán), El Ateneo (de Pedro García), Existió, pues, una extraordinaria variedad
Ediciones América Latina (de Lorenzo Rosso), de comercios libreros, destacándose los dedi­
Tor (de Juan Torrendell), Kapelusz, Ángel Es­ cados al libro americanista, al jurídico y litera­
trada, Librería del Colegio, Atlántida, Manuel rio, y al libro de viejo o de ocasión. Los comer­
Gleizer, Babel (de Samuel y Leonardo Glus­ ciantes porteños dedicados a libros valiosos,
berg), Claridad (de Antonio Zamora), Emecé, agrupados en la Asociación de Libreros y An­
Sudamericana, Losada, y tantas otras, cuya ticuarios de la Argentina, editaron una intere­
enumeración excede el presente capítulo. Una sante revista, Alada. Además, fueron famosas
mención especial merecen tres notables edito­ en Buenos Aires las librerías al aire libre o en
res que iniciaron sus actividades en el siglo XIX plazoletas, en las cuales no sólo era posible ad­
y que, por la calidad de sus ediciones, desempe­ quirir obras agotadas a bajo precio sino tam­
ñaron un papel de primera importancia en la bién raras ediciones de libros antiguos; algu­
historia editorial argentina, cuyas empresas nas de ellas, muchas aún vigentes, fueron los
fueron continuadas por sus herederos; ellos quioscos de venta de libros instalados detrás
son: Pablo Emilio Coni, Guillermo Kraft y Ia­ del Cabildo durante el período 1941-1960, y
cobo Peuser. las actuales ferias en Tribunales y en el Parque
En cuanto a la evolución de las librerías ar­ Rivadavia. A partir de la década de 1970, sin
gentinas, en general, éstas han seguido el com­ embargo, comenzó una lenta pero sostenida
portamiento de la industria editorial, pues el crisis, debido a la constante devaluación de la
mayor número se concentró en las grandes moneda y a la falta de poder adquisitivo de
ciudades del país, tales como Buenos Aires, aquellos sectores sociales que habitualmente
Mendoza, Paraná, Rosario y Tucumán. Su pre­ compraban libros; en forma tal que, en pocos
sencia fue escasa en las localidades lejanas de años, cerraron sus puertas varias librerías que
los centros urbanos, aunque la inauguración habían trabajado durante décadas.
de varias universidades nacionales durante el
siglo XX alentó la presencia de ellas en el inte­
rior. No obstante, el “reino” de las librerías se BIBLIOGRAFIA

dio, inequívocamente, en Buenos Aires, donde


su riqueza y variedad llegó a grados superlati­ La bibliografia nacional comenzó en el si­
vos. Muchas librerías se especializaron tem­ glo XIX gracias a los trabajos realizados por el
pranamente, proceso comenzado por aquellas napolitano Pedro de Angelis. Fue precisamen­
que se encontraban en las proximidades de los te durante dicha centuria cuando la bibliogra­
centros de enseñanza. Entre las innumerables fia argentina presentó las contribuciones más 15]
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

importantes en esta temática, pues en esa épo­ go denominado Boletín Bibliográfico Nacional
ca descollaron como notables bibliógrafos las (1951-1963), el cual estuvo a cargo de distin­
figuras de Antonio Zinny, Bartolomé Mitre, tas entidades oficiales. A estos intentos debe
Juan María Gutiérrez y los hermanos Alberto agregarse una publicación de corta vida: Poli­
y Enrique Navarro Viola. Fue, inequívoca­ biblon (1947), dirigida por Carlos V. Penna,
mente, la “época de oro” de la bibliografía ar­ revista que incorporaba los materiales depo­
gentina. Este promisorio comienzo, sin em­ sitados en el Registro de la Propiedad Intelec­
bargo, no continuó con la intensidad y calidad tual. Dentro de este pobre panorama, es im­
técnica inicial durante el transcurso del siglo portante señalar la aparición en 1959 de la
XX, ya que a comienzos de la década de 1980 Bibliografia argentina de artes y letras, editada
la Argentina aún no contaba con una biblio­ por el Fondo Nacional de las Artes y dirigida
grafía nacional retrospectiva ni corriente. por Augusto Raúl Cortazar, sin duda algima,
La situación, pues, ha sido tan precaria en la obra de mayor calidad bibliográfica en el si­
este campo que es necesario recurrir a esfuer­ glo XX; lamentablemente, tal como lo indica
zos parciales, aislados e incompletos para tener su nombre, sólo cubría el sector de humani­
una idea del estado de la bibliografia en el pe­ dades. Esta importante publicación dejó de
ríodo 1914-1983. Existieron, empero, irnpor­ aparecer en 1975.
tantes contribuciones dentro de este limitado No obstante esta escasez de repertorios bi­
panorama. En primer término cabe mencionar bliográficos, es oportuno recordar algunas pu­
la existencia de dos bibliograflas de bibliografia; blicaciones periódicas donde se registraron o
argentinas, la de Narciso Binayán (1919) y la reseñaron obras argentinas, tales como: Bi­
realizada, varios años después, por Abel Rodol­ bliograma (1953), publicada por el Instituto
fo Geoghegan (1970). Estos trabajos tienen el Amigos del Libro Argentino; el Fichero Biblia­
mérito de demostrar la riqueza incalculable de gráfico Hispanoamericano (1961), editado por
nuestros estudios bibliográficos, señalando así Bowker; Biblos (1941), publicada por la Cá­
la imperiosa necesidad de futuras compilacio­ mara Argentina del Libro; Señales (1949), diri­
nes más sistemáticas y exhaustivas. gida por María Esther de Miguel; la Bibliogra­
A fines de la década del veinte y comienzos fía argentina (1961), de carácter selectivo y
del treinta aparecieron dos serios intentos de editada como sección de la Revista de la Uni­
control bibliográfico nacional, aunque, la­ versidad de Buenos Aires; el Boletín bibliográfi­
mentablemente, de vida muy efimera. Ellos co de obras inscriptas (1973), compilado por la
fueron: el Anuario bibliográfico: letras, historia, Dirección Nacional del Derecho de Autor, y
educación y filosofia (1927-1930), editado en muchas otras publicaciones de menor interés
La Plata por el Instituto Bibliográfico de la Fa­ bibliográfico.
cultad de Humanidades y Ciencias de la Edu­ Otras fuentes de significativa importancia
cación; y la Bibliografía general argentina para el control bibliográfico del período estu­
(1931-1933), compilada por Fortunato Men­ diado son las siguientes: el Handbook of Latin­
djlaharzu, Manuel Selva y Lorenzo I. Rosso. American Studies, en el cual aparece registrada
En esa época también comenzó a editarse desde 1936 una selección de la bibliografia ar­
152 el Boletín Bibliográfico Argentino (1937), lue­ gentina en el campo de las humanidades y
EL LIBRO Y sus ÁMBITOS

ciencias sociales, y el Catálogo de materiales


argentinos en las bibliotecas de la Universidad L|BROS ARGENTINOS
de Buenos Aires (1980), editado en varios volú­
menes por la prestigiosa casa G. K. Hall de
Boston.
Por otra parte, es oportuno mencionar a
un conjunto de instituciones que se dedicaron
parcial o plenamente a esta tarea, tales como el
Instituto Bibliotecológico de la Universidad de
Buenos Aires (1941 ), el Departamento de His­
toria de la Facultad de Humanidades de la
Universidad Nacional del Nordeste (1958, Re­
sistencia), el Instituto de Bibliografia del Minis­
terio de Educación de la Provincia de Buenos
Aires (1960, La Plata), el Centro de Investiga­
ciones Bibliotecológicas de la Facultad de Filo­
sofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires
(1967), el Instituto Bibliográfico “Antonio
Zinny” (1972), el Centro de Investigaciones CAMARA ARGENTlNA DEL LIBRO
Bibliográficas de la Universidad Nacional de
Mar del Plata (1977) y el Centro Bibliográfico
Edición del ISBN. compilado por la Cámara Argentina del
de la Universidad Nacional de Cuyo (1982). Libro.

Finalmente, también es importante seña­


lar la contribución a la bibliografia nacional Collegii Maximi Cordubensis Societati Iesus.
que se inició a principios de la década del Durante el siglo XIX, estos antecedentes se in­
ochenta con la asignación del ya mencionado crementaron con nuevas iniciativas, tales como
ISBN, compilado por la Cámara Argentina del la organización de la Biblioteca Pública de Bue­
Libro, aunque dicho número, lamentablemen­ nos Aires (1812) y los aportes, en varias contri­
te, no refleja la totalidad de los libros impresos buciones, de Domingo Faustino Sarmiento. A
en la Argentina. esto deben agregarse los estudios de Vicente G.
Quesada, con su libro Las bibliotecas europeas y
algunas de la América latina (1877); y el pri­
BIBLIOTECOLOGÍA mer trabajo profesional bibliotecario en la Ar­
gentina: el Catálogo Metódico de la Biblioteca
Los antecedentes de la bibliotecología en la Nacional (1893), con un lúcido ensayo intro­
Argentina se remontan al año 1757, fecha en la ductorio de Paul Groussac._
cual los jesuitas de la ciudad de Córdoba con­ Estos parciales esfuerzos se incrementaron
feccionaron el catálogo de su importante bi­ durante el siglo DC, gracias a las actividades de
blioteca y las normas adoptadas para su uso, un conjunto de hombres y mujeres que consi­
bajo el título de Index Librorum Bibliothecae deraron la necesidad de organizar sistemática­ 153
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

mente los estudios bibliográficos y biblioteco­ Iosé Federico Finó y Carlos Víctor Penna. Es­
lógicos. Se mencionan, entre otros, los aportes ta nueva etapa, ahora influida por concepcio­
de Federico Birabén, Pablo Pizzurno, Iuan nes anglosajonas, señala el comienzo en la Ar­
Túmburus, Pedro B. Franco, Santiago M. gentina de la bibliotecología moderna. En
Amaral, Francisco Scibona, Ernesto Nelson, breve tiempo la Escuela contó con un plantel
Raúl Cisneros, Hanny S. de Simons, los que de brillantes profesores y su fama y prestigio
abarcaron, en su totalidad, el período 1904­ se extendió por América latina, a tal grado
1934. Por entones, los bibliotecarios eran inte­ que dicho período se conoce como la época
lectuales, en el mejor de los casos, que organi­ dorada de la enseñanza de la bibliotecología
zaban las bibliotecas guiados por una en la Argentina.
mentalidad pragmática y empírica, es decir, Augusto Raúl Cortazar presentó, en 1949,
sin pauta profesional alguna. El modelo de ad­ un nuevo plan de estudios que actualizó la ca­
ministración que irnperaba era el europeo y el rrera de bibliotecarios en la Facultad de Filo­
encargado de la biblioteca debía tener un per­ sofia y Letras; y en 1957 se inauguró, en la Bi­
fil erudito. Además, la influencia del positivis­ blioteca Nacional, la Escuela Nacional de
mo exigía, justamente, esa tonalidad pragmá­ Bibliotecarios. Lentamente, pero con continui­
tica y utilitaria de la biblioteca. Por otra parte, dad y perseverancia, fueron surgiendo, aún en
la Argentina fue pionera en organizar los pri­ condiciones modestas y precarias y con distin­
meros estudios bibliotecológicos de nivel uni­ tos grados de formación, varias escuelas de bi­
versitario en América latina. Por iniciativa del bliotecarios en el interior del país. En 1979, la
decano de la Facultad de Filosofía y Letras Argentina contaba con trece escuelas de biblio­
(UBA), doctor Ricardo Rojas, en 1922 se creó tecología, tanto nacionales como provinciales y
en dicha casa de estudios la Escuela de Archi­ privadas, aunque eran insuficientes debido a su
veros y Bibliotecarios. No obstante, este acto concentración en áreas urbanas y padecían la
fundacional respondió más a una formalidad falta de homologación en sus materias básicas.
académica que a la realidad. Se trataba de un En 1953, luego de varios intentos, se cons­
curso ajeno a la formación profesional del bi­ tituyó la Asociación de Bibliotecarios Gradua­
bliotecario, impregnado por orientaciones li­ dos de la Capital, que a partir de 1958 se deno­
terarias e históricas que, lamentablemente, minó Asociación de Bibliotecarios Graduados
languideció por falta de alurrmos. de la República Argentina, abarcando así a to­
Recién en 1937 se dictó el primer curso de dos los profesionales del país. Además de velar
biblioteconomía (1937-1942) con caracterís­ por los intereses profesionales, ha organizado,
ticas realmente profesionales, aunque aún en numerosas ocasiones, el Congreso Nacional
muy modestas. Esta nueva experiencia se lle­ de Bibliotecarios. También en el interior del
vó a cabo en la Escuela del Servicio Social del país se fundaron otras asociaciones, tales como
Museo Social Argentino y Manuel Selva fue el la Asociación de Bibliotecarios de Córdoba
responsable de inaugurar el curso. Poco tiem­ (1957), la Asociación Chaqueña de Biblioteca­
po después, en 1943, este primer intento de rios (1961), la Asociación de Bibliotecarios de
formación de bibliotecarios fue sustituido Jujuy (1980), la Asociación de Bibliotecarios de
154 por la Escuela de Bibliotecología, a cargo de Entre Ríos (1983), entre otras.
EL LIBRO Y sus ÁMBITOS

Tanto la investigación como la literatura sional y la irnpostergable necesidad de crear un


bibliotecológica se han caracterizado, salvo al­ Sistema Nacional de Bibliotecas, estructura
gunos aportes, por su escasez y dispersión. No fundamental para asegurar el acceso democrá­
obstante, algunas obras argentinas alcanzaron tico e igualitario a la información.
prestigio en América latina e incluso interna­
cionalmente. Prueba de ello son los libros si­
guientes: Manual de bibliotecología para biblio­ LA BIBLIOFILIA Y LOS LIBROS MEJOR
tecas populares ( 1951), obra colectiva del IMPRESOS

plantel de profesores de la Escuela de Bibliote­


cología del Museo Social; Catalogación y clasi­ Una de las particularidades del libro mo­
ficación de libros (23 edición, 1964), de Carlos derno es su extraordinaria adaptabilidad para
Víctor Penna; Diccionario de Bibliotecología circular en los ámbitos más disímiles. El libro
(23 edición, 1976), de Domingo Buonocore; y es, por naturaleza, escurridizo, polifacético e
fundamentalmente el Manual de fuentes de in­ indefiníble; su estudio excede, en ciertas oca­
formación (33 edición, 1978) de Iosefa E. Sa­ siones, las diferencias sociales y se enlaza con
bor. Asimismo, si bien existieron algunas re­ complejas formas de apropiación y lectura. Si
vistas de bibliotecología durante el siglo )O(, bien el hecho fundamental de la cultura
dos títulos ya desaparecidos deben mencio­ impresa durante el siglo XX fue su expansión
narse por su calidad profesional: Documenta­ social y su constante abaratamiento, aban­
ción Bibliotecológica (Bahía Blanca) y Bibliote­ donando así su exclusividad en sectores privi­
cología y Documentación (Buenos Aires). legiados, el libro como objeto de arte diferente
Hacia principios de 1980, indudablemen­ y propio de minorías alcanzó en la Argentina
te gracias a denodados esfuerzos de varias dé­ una expresión artística importante, similar a
cadas de trabajo, ya existía un plantel de las mejores producciones europeas.
bibliotecarios con correcta formación profe­ Aunque existieron durante el siglo XIX al­
sional, aunque en escaso número para cubrir gunas ediciones de carácter bibliofílico, éstas
las necesidades del país. Dos causas funda­ fueron expresiones aisladas e independientes.
mentales determinaron, entonces, la modestia El nacimiento formal e institucional de la bi­
de ese desarrollo bibliotecario: la ausencia de bliofilia en el país se remonta al año 1928, con
prestigio social que ha padecido la profesión a la fundación de la Sociedad de Bibliófilos Ar­
lo largo del siglo XX en la sociedad argentina, y gentinos. Esta corporación, de carácter exclu­
la falta de apoyo por parte de las autoridades y sivo y formada por cerca de un centenar de so­
el poder político sobre la importancia del desa­ cios, fue la encargada de dictar las normas que
rrollo bibliotecario. Lamentablemente, esta debería cumplir un impreso de lujo; debe ser
alarmante situación ocasionó que muchas bi­ bello tanto en su forma intelectual como en su
bliotecas carecieran de personal con estudios impecable ejecución gráfica, confeccionado
profesionales. Ante este hecho, los biblioteca­ con papeles fabricados artesanalmente y de
rios argentinos procuraron impulsar, a partir notable calidad, con grabados e ilustraciones
del último tercio del siglo XX, dos temas de vi­ originales y editado en tiradas reducidas, para
tal importancia: la sanción del estatuto profe­ lograr de este modo un libro de impecable ca­ 155
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Raúl Veroni; Cuentos santafesinos (1969) de

BlBlOS Mateo Booz, ilustrado por Enrique Femández


Chelo; Una excursión a los indios ranqueles
(1974 y 1977) de Lucio V. Mansilla, con agua­
fuertes de Roberto I. Páez; y Don Segundo
Org/duo Oficial de la. Sombra (1979) de Ricardo Güiraldes, con ilus­
(Entero argentina del libro
traciones de AídaiCarballo.
Otra institución vinculada al libro artísti­
co fue la Asociación Amigos del Arte (1924).
Esta sociedad editó, entre otras obras de cali­
dad, dos libros de realización tipográfica nota­
ble: el monumental Martín Fierro (1930) de
José Hernández, con ilustraciones de Adolfo
Bellocq, y Fausto (1932) de Estanislao del
Campo, con litografías de Héctor Basaldúa.
SUMARIO Además de estas iniciativas institucionales,

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AÏINTAR CONTRA LA A
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LDITOMAL: UNA POUTWA CULTURAL AXEIXCANA —» TUVO SINCULAI WPOUTANGA
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existieron otras vinculadas con la actividad co­
mercial o privada. Fueron famosas, por su ele­
gancia y cuidado, las ediciones de “El Bibliófi­
lo”. Entre sus numerosas contribuciones a la
bibliofilia argentina, se mencionan, sólo a títu­
lo ilustrativo, Iuvenihh (1930) de Miguel Cané y
Portada de uno de los primeros números de la revista
Biblos. Santos Vega (1933) de Rafael Obligado, ambos
con ilustraciones de Alfredo Guido, y Las alego­
lidad tipográfica. La bibliofilia, pues, presenta rías de “Salomé” (1937) de Mariano de Vedia y
al libro como un objeto de arte, en el cual de­ Mitre, con dibujos de Iorge Larco. Una men­
be reinar una equilibrada armonía entre el ción especial merece la labor que desempeñó
contenido y el continente. en el arte del libro doña Elvira Suffem Arteaga
Algunos de los libros editados por la So­ de San Martín, cuyo taller “La Prensa del To­
ciedad de Bibliófilos Argentinos fueron los si­ rreón” fue modelo tipográfico de dificil supera­
guientes: el Facundo (1933) de Domingo F. ción; sus ediciones, tales como las Parábolas
Sarmiento, con aguafuertes de Alfredo Guido, (1929) de José Enrique Rodó, Prometeo (1931)
probablemente la primera obra argentina que de Esquilo y El héroe (1935) de Gracián, son
cumplió con todas las reglas del libro artístico; piezas únicas en la bibliofilia nacional.
Romances del Río Seco (1938) de Leopoldo Lu­ Esta ingente tarea se debió, principalmen­
gones, con dibujos de Alberto Güiraldes; El te, al arte consumado de dos maestros impre­
matadero (1944) de Esteban Echeverría, ilus­ sores: Francisco A. Colombo (1878-1953) y
trado por W. Melgarejo Muñoz; Diálogo de las Ghino Fogli (1892-1954). Colombo fue el im­
sombras (1947) de Emilio Becher; El fantasma presor de las obras de Ricardo Güiraldes, el
156 (1957) de Roberto I. Payró, con litografias de ejecutor de las ediciones de la Sociedad de Bi­
EL LIBRO Y SUS ÁMBITOS

bliófilos Argentinos y el delicado tipógrafo de A. Pueyrredón, Antonio Santamarina, Matías


los más importantes libros de lujo argentinos. Errázuriz, Alejo B. González Garaño, Osvaldo
Fogli, en su prestigioso Estudio de Artes Grá­ Viviano y tantos otros.
ficas Futura, cumplió, a la par del primero, Hubo también varios aportes teóricos y
una labor similar. También se destacaron en prácficos que se incorporaron a la literatura na­
esta actividad otros talleres gráficos, tales co­ cional sobre bibliofilia y arte gráfico del libro,
mo Coni, López, Platt, Amorrortu, etcétera tales como la Apología de la bibliofilia y vituperio
Las sociedades que se caracterizaron por de la errata (1945) de Pablo Carlos Etchart, El
producir tiradas de calidad durante las déca­ encantamiento de las sombras (1926 y 1946) de
das del cuarenta y del cincuenta fueron las Rafael Alberto Arrieta y las importantes contri­
editoriales Peuser, Guillermo Kraft, Emecé, buciones de Abel Cháneton, Raúl M. Rosarivo,
Viau y Poseidón, entre otras. A éstas debe
fiillermo Kolterjalm y Raúl E. Lagomarsino.
agregarse la Asociación Amigos del Libro, que,
entre otros impresos, publicó Campaña en el
Ejército Grande (1956) de Sarmiento, con lito­ OTROS AMBTTOS DEL LIBRO

grafias de W. Melgarejo Muñoz. En cuanto a


los escritores que se dedicaron a cuidar artísti­ A medida que avanzaba el siglo XX, los
camente sus impresiones, se debe señalar los ámbitos propios del libro fueron creciendo en
nombres de Iorge M. Furt y Ricardo E. Moli­ complejidad y en organización institucional y
nari, cuyas obras constituyeron un modelo de gremial; es así como surgió un conjunto de
elegancia y cuidada tipografia. asociaciones que se dedicaron tanto a la defen­
Deben agregarse al presente listado de sa y promoción del libro como a la agrupación
obras mejor impresas en la Argentina durante de distintos sectores vinculados a las artes grá­
el período 1914-1983, los títulos siguientes: La ficas. Muchas de estas agrupaciones fueron
gloria de don Ramiro (1929) de Enrique Larre­ gestándose según necesidades empresariales e
ta, con ilustraciones de Alejandro Sirio; La co­ industriales, en una rica relación de intereses
rrespondencia de Fradique Méndes (1929) de comunes. Algimas de estas iniciativas tuvieron
Eca de Queiroz, editado por Ediciones Los corta vida y otras fueron evolucionando y
Cuatro Amigos; El motín de los artilleros cambiaron su nombre al fundarse nuevas aso­
(1934) de Armando Braun Menéndez, con di­ ciaciones. Dentro de este amplio espectro de
bujos de Manuel A. Pacheco, El gaucho Martín agrupaciones, se encuentran instituciones de­
Fierro (1937) de Hernández, con dibujos en dicadas a la enseñanza de las artes gráficas, cá­
camafeo de Tito Saubidet. maras industriales, y organismos públicos y
Existió, por otra parte, un selecto grupo de privados. A lo largo del período estudiado se
bibliófilos argentinos bajo cuyos auspicios y fundaron, entre otras, las siguientes entidades:
motivaciones se editó la mayoría de los libros Sociedad Tipográfica Bonaerense, Sección Ar­
de lujo nacionales, tales como Enrique Ruíz tes Gráficas de la Unión Industrial, Cámara de
Guiñazú, Eduardo I. Bullrich, Carlos M. Ma­ Industriales Gráficos de la Argentina, Cámara
yer, Alejandro E. Shaw, Alberto E. Uriburu, Argentina de Librerías, Papelerías y Afines,
Enrique García Mérou, Teodoro Becú, Carlos Cámara Argentina de Publicaciones, Cámara 157
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Argentina del Libro, Dirección Ñacional del


Derecho de Autor, Dirección Nacional del Li­
bro y Patrimonio Cultural, Federación Argenti­
na de la Industria Gráfica y Afines, Federación
Argentina de Librerías, Papelerías yActividades
Afines, Fundación El Libro, Academia Argenti­
na de Letras, Fundación Gutenberg, Sociedad
Argentina de Escritores (SADE), Sociedad Ge­
neral de Autores de la Argentina (Argentores),
Sociedad Argentina de Autores y Compositores
de Música (SADAIC). Esta importante prolife­
ración de instituciones determinó, además, q
muchas de ellas publicaran boletines y revistas
en los que se divulgaban sus actividades, tales
como Boletín de la Sociedad Tipográfica Bo­
naerense, Gutenberg, Éxito Gráfico, Páginas
Gráficas, Artes Gráficas, Argentina Gráfica, Ga­
ceta Gráfica, Biblos, LEA (Libros de Edición Ar­
gentina), entre muchas otras.
Otro ámbito de delicado contexto para la
l Afiche de la Primera Exposición Nacional del Libro.
supervivencia de la cultura impresa fue la re­
lación que se estableció, en determinados mo­ obras de referencia bibliotecológica, tal como
mentos institucionales del país, entre el libro y la Lista básica de obras para bibliotecas públicas
la censura; vínculo indudablemente nefasto y (1978), compilada por Raúl Gustavo Aguirre y
de dramáticas consecuencias para el desarro­ Miguel Luis Tomán; además, la aparición de la
llo del mundo impreso. En varias oportunida­ autocensura fue tan nociva como la prohibí­
des, durante el siglo XX, se ejerció la censura ción de muchas obras.
sobre los medios gráficos, tanto en la edición Es oportuno recordar, además, aconteci­
de libros como en la prensa. Ya en 1910, en los mientos que mucho hicieron por la difusión
festejos del Centenario, fueron atacadas varias de la cultura impresa en la sociedad: las ferias
imprentas y bibliotecas socialistas, anarquistas del libro. La Argentina contó con varios ante­
y judías. Sin duda alguna, fue durante los go­ cedentes, tanto formales (auspiciados por el
biernos de facto cuando la censura se estruc­ Estado) como informales (vinculados a la ini­
turó con mayor incidencia sobre el libro. En ciativa particular y al comercio librero). El
1973, un decreto del presidente provisional primer emprendimiento significativo fue la
Lastiri limitó sensiblemente la difusión del li­ Primera Exposición Nacional del Libro
bro. El grado máximo de censura existió du­ Argentino (1928), que contó el día de su inau­
rante el gobiemo militar de 1976-1983, en el guración con la presencia de Marcelo T. de Al­
cual se prohibieron sistemáticamente, además vear, presidente de la República. Posterior­
158 de obras políticas, libros de literatura y hasta mente, a comienzos de 1932, se realizó otro
EL LIBRO Y sus ÁMBITOS

importante evento de características sirnila­ rrollo; puntualmente, los intensos procesos de


res: la Feria del Libro Argentino. Pese a estos alfabetización y urbanización que impulsaron
antecedentes, la Primera Feria del Libro Ar­ el advenimiento al mundo de la lectura de arn­
gentino (Buenos Aires), organizada en abril plios sectores sociales; hombres y mujeres, por
de 1943 por la Cámara Argentina del Libro, otra parte, que antes habían permanecido aje­
constituyó el suceso más importante en mate­ nos a esta práctica, favoreciendo, de este modo,
ria de exposiciones editoriales, tanto por su aunque indirectamente, la movilidad social y la
magnitud como por la calidad gráfica alcan­ amplificación de la cultura. Sin embargo, esta
zada. Otro evento de gran interés en su mo­ situación de aparente bienestar sufrió cisuras y
mento fue la Exposición del Libro (1940), or­ arnputaciones determinantes a partir de la dé­
ganizada por el Ministerio de Iusticia e cada de 1960, en la cual el libro perdió parte de
Instrucción Pública para conmemorar el s, aura intocable como elemento esencial para
Quinto Centenario de la Invención de la Im­ 15 superación personal y colectiva, debido a la
prenta, cuyo catálogo constituyó un hito en la inestabilidad política y económica. De tal mo­
historia del libro argentino. En 1975, final­ do que ese proceso de “laicización” de la cultu­
mente, se inauguró la exposición que ha teni­ ra impresa se detuvo y, en ocasiones, sufrió un
do mayor continuidad y apoyo por parte del retroceso significativo, produciendo escisiones
público: la Feria Internacional del Libro de y fracturas en todos sus ámbitos. Por otra par­
Buenos Aires - “El libro, del autor al lector”, te, uno de los temas pendientes al finalizar la
auspiciada por la Fundación El Libro. centuria, cuyo emprendimiento se presenta co­
Puede decirse, al cerrar este capítulo, que el mo urgente e insoslayable, es la imperiosa nece­
libro y sus diversos ámbitos presentaron una ri­ sidad de estudiar el mundo de lo impreso den­
queza y complejidad acordes con la moderni­ tro una dimensión que comprenda —con mayor
dad, en la medida en que la cultura impresa en intensidad y amplitud- la historia cultural y so­
la Argentina del siglo XX asumió prácticas, re­ cial de los libros y sus lecturas.
presentaciones y apropiaciones propias de ese El arribo de la democracia en 1983, traerá,
complejo y abigarrado cuerpo social y comuni­ entre otras optimistas expectativas, la ilusión
tario que constituye el universo del libro y la de un cambio importante y feraz en este cua­
lectura. Varios hechos deben destacarse como dro de situación. Pero lo que sucedió desde
señales indicativas e inequívocas de ese desa­ entonces, ya escapa a esta obra.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁHCA

La bibliografia existente sobre la historia impresa. A ello debe agregarse la ausencia (ca­
del libro y la lectura en la Argentina durante si total) de trabajos modernos sobre la histo­
el siglo XX, en líneas generales, se caracteriza ria de la lectura y los lectores. No obstante, es
por su escasez, dispersión y heterogeneidad. posible enumerar -sin ánimo de ser exhausti­
Se carece, en esta temática, de un estudio glo­ vos en cuanto a las fuentes- una serie de estu­
bal, panorámico y actualizado de la cultura dios y contribuciones que permiten recons­ 159
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

truir provisionalmente el universo del libro y bro en Hispanoamérica: origen y desarrollo, Ma­
sus ámbitos. drid, 1986; RUBEN OSCAR MOGUILANSKY, El li­
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de oro” del libro en la Argentina, es posible 1997; ARTURO PEÑA LILLO, Los encantadores de
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EL LIBRO Y sus AMBITos

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co L. ROMAY y LEONCIO GIANELLO, Diccionario Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad
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Aires, 1953-1955, págs. 451-457; MAX VELAR­ FINO y LUIs A. HOURCADE, “Evolución de la bi­
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imprenta argentina: sus origenes y desarrollo, gráficos y bibliotecológicos en la Argentina”,
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En lo que se refiere a la bibliografía, cabe 58; JOSEFA E. SABOR, Manual de fuentes de infor­
citar: TEODORO BECÚ, La bibliografía en la Re­ mación cit.; MARIA ÁNGELES SABOR RIERA, Con­
pública Argentina, Buenos Aires, 1945; Do­ tribución al estudio histórico del desarrollo de los
MINGO BUoNOcoRE, “El libro y los bibliogra­ servicios bibliotecarios de la Argentina en el siglo
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LIBRO, ISBN 1982, Buenos Aires, 1983; ROBER­ 65-71; REINAI_DO IOSE SUAREZ, La problemática
162 TO COUTURE DE TROISMONTS, Estado actual de bibliotecaria argentina, Buenos Aires, i990.
EL LIBRO Y SUS ÁMBITOS

Sobre la bibliofilia y los libros mejor im­ En el cincuentenario de la Sociedad de Bibliófi­


presos, pueden consultarse: RAFAEL A. ARRIETA, los Argentinos, Buenos Aires, 1978.
El encantamiento de las sombras, Buenos Aires, Finalmente, con respecto al tópico sobre
1946; El arte del libro, Buenos Aires, 1954; DO­ otros ámbitos del libro, son de interés: TEO­
MINGO BUONOCORE, El mundo de los libros, DORO BECÚ, Catálogo de la Exposición del Li­
Santa Fe, 1955; DOMINGO BUONOCORE, “Bi­ bro, Buenos Aires, 1940; ROBERTO CASTIGLIO­
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Apología de la bibliofilia y vituperio de la erra­ RIS FERNANDEZ, “Historia de las instituciones
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bibliofilia en la Argentina”, Argentina Gráfica, ca, año 37, n° 250, Buenos Aires, 1974, págs.
año 8, n° 89-90, Buenos Aires, 1943, págs. 61­ 1-52; STELLA MARIS FERNANDEZ, Las institucio­
64; CARLOS A. PUEYRREDON, Bibliófilos y libre­ nes gráficas argentinas y sus revistas (1857­
ros anticuarios, Buenos Aires, 1958; CARLOS A. 1974), Buenos Aires, 2001; IOsE LUIS TRENTI
PUEYRREDON, Sobre libros viejos, Buenos Aires, ROCAMORA, “La ‘Primera Feria del Libro Ar­
1945; MANUEL SELVA, “Bibliófiios argentinos”, gentino”, Boletín de la Sociedad de Estudios
en El libro de arte en España, Buenos Aires, Bibliográficas Argentinos, n° 6, Buenos Aires,
1933, págs. 51-58; HORACIO ZORRAQUIN BECÚ, 1998, págs. 87-96.

163
6 1. LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL
Y POLÍTICA

Diana Quattrocchi-Woisson

A lo largo del siglo XX se publicaron en el cutivos y que podían considerarse revistas de


territorio argentino muchísimas revistas de opinión, es decir revistas que combinaban el
opinión. Cuantificarlas sigue siendo una tarea debate y el combate de ideas. Revistas que to­
pendiente. Sólo de las que fueron denomina­ maban en cuenta no sólo los problemas litera­
das “revistas literarias” publicadas en la Argen­ rios o especificos de una profesión intelectual
tina entre 1893 y 1967, la exhaustiva guía he­ sino aquellas que buscaban interrelacionar los
merográfica de Lafleur y Provenzano arroja temas y las disciplinas de las ciencias humanas
casi seiscientos títulos. Según los datos del Re­ y sociales. A la hora de acotar este corpus, en
gistro Nacional de Propiedad Intelectual con­ vistas a la publicación de una obra de referen­
sultados por Jorge Rivera, el conjunto de pu­ cia, la selección terminó concentrándose en só­
blicaciones periódicas habría alcanzado un lo trece revistas. Entre estos extremos numéri­
pico al acercarse la década del cincuenta, lle­ cos puede inferirse la dificultad de ofrecer aquí
gando a los casi 3.000 títulos. Si se ponderasen un panorama de las principales revistas argen­
estas cifras llevando el cómputo hasta las pos­ tinas que actuaron durante el siglo XX. En este
trimerías del siglo XX, y si se tomasen también capítulo se tratan sólo aquellas publicaciones
en cuenta las revistas emanadas de institucio­ que se pueden considerar más representativas
nes y corporaciones nacionales y provinciales para el estudio de la intersección entre vida in­
(academias, bibliotecas, universidades, etc.), telectual y vida política.
no parece arriesgado afirmar que pudieron
haberse publicado en el territorio argentino, a
lo largo de todo el siglo XX, más de 2.000 títu­ MODELOS FUNDADORES
los de revistas culturales.
Para el tema de este capítulo, la intersec­ Es fácil advertir que, en relación con las
ción entre cultura y política, la autora había tres grandes tradiciones políticas que marca­
elaborado con Noemí Girbal de Blacha un re­ ron a sangre y fuego el siglo XX (liberalismo,
pertorio de 180 títulos, y sólo habían compu­ nacionalismo y socialismo), la Argentina fue
tado las publicaciones que contaban con una un escenario original donde surgieron tradi­
periodicidad de por lo menos tres años conse­ ciones como el radicalismo (y sus divisiones: 165
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

yrigoyenismo, alvearismo, frondicismo), el NOSOTROS


conservadorismo y el peronismo. Del mismo
modo, el militarismo y el catolicismo presenta­ A diferencia de Caras y Caretas, la revista
ron características que permiten asirnilarlos a Nosotros no se sitúa en el terreno de la divul­
una tradición política. Desde todas estas tradi­ gación y presenta una vocación intelectual
ciones asomaron intelectuales interesados en mucho más definida. Con sus escasos mil
desarrollar una actividad que los legitimara ejemplares, su objetivo declarado era el de
en el campo específicamente cultural; una ac­ convertirse en la expresión de la nueva elite
tividad que requería cierta autonomía de las intelectual argentina e incluso americana, y
estructuras partidarias y que significaba al buscaba llegar a un público, si no numeroso,
mismo tiempo un modo singular de interven­ al menos selecto y versado. La revista Noso­
ción en los asuntos públicos. Estas iniciativas tros. Revista mensual de letras, artes, historia,
encontraron siempre en la publicación re­ filosofia y ciencias sociales buscaba convertirse
gular de una revista el modo más evidente de en la tribuna unitaria de todos aquellos escri­
expresarse. tores y pensadores que comenzaban a percibir
La primera de estas publicaciones, la que en el marco de los festejos del primer Cente­
inaugura el género, es sin lugar a dudas la re­ nario su pertenencia a un campo cultural y
vista Nosotros, con 393 números publicados profesional, el de esas “clases intelectuales”
entre 1907 y 1943. Otros estudiosos prefieren para las que había sido creada la Facultad de
situar los comienzos en el lanzamiento de la Filosofía y Letras de Buenos Aires en 1897. Y
revista Caras y Caretas que se editó en Buenos precisamente, los dos directores de Nosotros
Aires entre 1898 y 1939. Tanto Jorge Rivera habían forjado la sólida amistad que los
como Lafleur y Provenzano consideran que se acompañó durante todas sus vidas en las au­
trata de la primera revista argentina de con­ las de la nueva facultad.
cepción moderna y masiva (con una tirada de Al crearse una facultad consagrada a las
100.000 ejemplares). Este semanario ilustrado humanidades en 1896 -percibida como des?
“festivo, literario, artístico y de actualidades” provista de “utilidad” inmediata frente a las
combinaba el comentario de actualidad con la consagradas carreras de Derecho o Medicina-,
sátira política y la información científica y so­ fue imaginada como el lugar de formación
cial al alcance de todo el mundo y contó con por excelencia de las “clases intelectuales” de la
los mejores escritores y dibujantes de la épo­ sociedad argentina, como lo expresaba en
ca. Con 2.139 números publicados, Caras y 1913 Alejandro Korn, profesor de la por aquel
Caretas es además la primera revista argenti­ entonces “pequeña facultad”. Los obstáculos
na que logró existir durante 41 años ininte­ encontrados para la plena realización de esta
rrumpidos, atravesando por lo menos tres tarea son por demás evidentes y exceden el ob­
grandes períodos de la vida política argentina, jeto de este capítulo. Frente a la fragilidad y la
la república conservadora, los gobiernos radi­ precariedad del sistema político, con varias
cales, el golpe de Estado de 1930 y la restaura­ rupturas mayores en la vida político-institu­
ción conservadora. cional del siglo XX, el desarrollo de la intelli­
166 gentsia argentina presenta un itinerario ator­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

mentado, repleto de frustraciones y de cami­


nos malogrados. Debe destacarse que quienes
apostaron inicialmente a este desarrollo, como
los animadores de la revista Nosotros, lo hicie­
NOSOTROS uñlïtïl .\'l).\ ¡ÍPOCAI

ron bajo signos optimistas y unitarios.


Si la “emergencia de un campo intelectual
diferenciado”, en términos de Altamirano y ÍJu-r. turn:

Sarlo, exige debates y clarificaciones, la revista ÁI/rnlo BÍanr/IÍ - Rain-rm Cíuuf


Nosotros, fundada por dos jóvenes de ideas so­
cialístas,_inaugura un modo de intervención y
un estilo específico: unitario y pluralista. Esta
modalidad del ejercicio intelectual se verá
AXUI . ÏUMOI
amenazada con el correr de los años. Los em­
bates de una vida política cada vez más faccio­
sa repercutirán seriamente en los estilos cultu­
rales e intelectuales. Si hubiese que pensar una
cronología específica para el tema aquí estu­
diado, no habría duda en afirmar que el siglo BUENOS AIRES
¡.56
XX de las revistas argentinas es un “siglo lar­
go” que comienza con la revista Nosotros en
1907. La amistad entre sus dos jóvenes direc­
l Primer número de la segunda época de Nosotras. i936.
tores —Bianchi tenía 25 años y había nacido en
la Argentina, Giusti tenía 20 y había nacido en Socialista Independiente desde su creación en
Italia- era también un símbolo de la época y 1927. No hubo intelectual argentino que no
de las características de la empresa: “poner en publicase en Nosotros, fueran cuales fuesen sus
comunión en sus páginas las viejas firmas ideas políticas: radicales, socialistas, liberales,
consagradas con las nuevas ya conocidas o por católicos, nacionalistas, comunistas, escritores
conocer”. Frente a la soledad de quienes inten­ comprometidos con algún partido político,
taban profesionalizar el campo intelectual, pero también profesionales sin partido y sin
Nosotros se destinaba a ser una tribuna y un intereses políticos definidos.
puente de unión: “Nada de más urgente nece­ La larga vida de la revista Nosotros estuvo
sidad que la creación de sólidos vínculos entre ritmada por la realización y la publicación de
los aislados intelectuales sudamericanos”, co­ encuestas sobre temas importantes de la vida
mo rezaba el primer número. El pluralismo de nacional e internacional: el nivel cultural de la
la revista Nosotros -“nosotros” eran todos por mujer respecto del hombre, el valor del Mar­
aquel entonces- no se quebrantó ni siquiera tin Fierro, la guerra europea y sus consecuen­
cuando sus directores pasaron a militar en dos cias, la música y el folklore argentinos, la lite­
facciones diferentes del Partido Socialista: ratura hispanoamericana en el juicio de los
Bianchi se quedó en el viejo tronco fundado autores españoles, la nueva generación litera­
por Juan B. Iusto y Giusti integró el Partido ria, la reforma del Himno Nacional, la in­ 167
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

fluencia italiana en la cultura argentina, la au­ cribir a ninguna tendencia política, filosófica o
tovaloración de los escritores que se iniciaron literaria, desechando el espíritu de círculo”, tal
entre 1900 y 1914 y, la última, “América y el vez allí radicó la debilidad de la empresa. En
destino de la civilización occidental”. En la en­ todo caso, si la “bandera de la tolerancia” había
cuesta de 1932, al cumplirse las bodas de plata sido el estilo y el combate de Nosotros, esta
de la publicación, la dirección de Nosotros se bandera se hizo insostenible con el correr de
dirige a quienes habían iniciado su vida inte­ los años.
lectual entre 1900 y 1914, pidiéndoles que opi­ Las dos épocas de Nosotros —de 1907 a
nen sobre strpropia generación. Entre las cin­ 1934 y de 1936 a 1943- son algo más que un
cuenta respuestas de escritores y artistas, se accidente de recorrido. No es una interrup­
destaca la de un miembro de la redacción de la ción por problemas económicos pasajeros, co­
revista, Julio Noé, doctor en Jurisprudencia y mo ocurrió en otras ocasiones (resueltos casi
crítico literario: “Ha nacido nuestra genera­ siempre gracias a la intervención de la Socie­
ción en el otoño del liberalismo cuando ya se dad Anónima Cooperativa Nosotros, creada
había apagado el fervor de sus comienzos y en 1912). La interrupción de la revista duran­
aún no había nacido el fervor antiliberal. Ha te casi dos años fue el resultado del desaliento
llevado su tibieza a todos los partidos, y es por de sus directores y de muchos de sus colabora­
eso, que en esencia, apenas se distinguen los dores frente a los cambios vertiginosos en el
unos de los otros”. Iulio Noé concluye que to­ panorama político nacional e internacional.
dos ellos, por entonces, se movían dentro del Estos cambios ponían en tela de juicio la esen­
“centro liberal”. Y precisamente es esta tibieza cia misma de la empresa Nosotros. Para enca­
en las posiciones, que poco permite distinguir rar los graves problemas políticos, económicos
los unos de los otros, lo más característico de y sociales de los años treinta, la revista “debe­
la empresa cultural Nosotros. rá tomar forzosamente partido en estos días
En lo político, Nosotros saludó a la Ley de definiciones, cuando no de facciones, y al
Sáenz Peña como instrumento de la regenera­ tomarlo, dejará de ser lo que fue para ser otra
ción cívica del país, inclinándose a ver mayor cosa”, decían sus directores a modo de despe­
coherencia programática en el socialismo que dida, en el número 299-300. Al cerrar la revis­
en el radicalismo. Si bien Nosotros apoyó el ta explicando que se negaban a tomar partido
golpe de septiembre de 1930 como tantos en una época de “definiciones” y de “faccio­
otros sectores de la vida argentina, también nes”, los directores de Nosotros estaban confe­
manifestó dudas con respecto a la legitimidad sando la inadecuación de esta empresa cultu­
de un gobierno militar, reclamando que la in­ ral a los nuevos tiempos políticos, marcados
tervención de los militares desembocase en un por una gran polarización ideológica. En efec­
nuevo proceso electoral. to, ¿cómo modificar la línea de conducta de
A lo largo de más de 35 años de existencia, “puertas abiertas, conciliación de generacio­
la revista Nosotros reivindicó haber sido “un nes, presencia equilibrada en todo aconteci­
testigo lúcido de la vida del país”. Si la tarea miento de importancia social, política o litera­
primordial de Nosotros era “tomarle el pulso al ria”?, como lo indica Aurora Ravina en su
168 mundo que la rodeaba, con tolerancia, sin ads­ estudio de la revista Nosotros. Alfredo Bianchi
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

falleció el 23 de noviembre de 1942, y en pala­ vista despertaba sus carcajadas, a pesar de que
bras de Giusti, “su muerte le restó a Nosotros el se burlasen en ella de su propio personal polí­
alma”. En octubre de 1943, Giusti, como tan­ tico. El sentido de humor de los martinfierris­
tos otros profesores, fue declarado cesante en tas, con sus famosos epitafios y su estilo irreve­
sus cátedras del Instituto Nacional del Profe­ rente, se relaciona con la escritura de Oliverio
sorado y del Colegio Nacional Manuel Belgra­ Girondo. En las páginas de Martín Fierro se de­
no. Fue el tiro de gracia. nunció que su obra mayor, Veinte poemas para
Las encuestas y las polémicas de Nosotros, ser leídos en el tranvía, había sido silenciada por
tan corteses, tan tolerantes, tan integradoras, “revistas anquilosadas”, “magazines cursis”, así
tan pluralistas, tuvieron el defecto de su prin­ como por la “estupidez” e “hipocresía” de los
cipal virtud. Las tomas de posición quedaron grandes diarios. Se enfatizó también el “carác­
a menudo diluidas en estas voces plurales. Las ter netamente argentino” de esta obra, por su
encuestas que la revista patrocinaba indican “franqueza gaucha mezclada con rudeza y des­
los temas en debate, pero no permiten sacar plante indígena (...) al arrojar palabras como
conclusiones sobre la correlación de fuerzas boleadoras (...) con una guapeza toda argenti­
entre las diferentes posiciones. A lo sumo, las na, nativa, ancestral”. Esta toma de posición es­
encuestas de Nosotros informan que un deba­ tética y política quedó resumida en el famoso
te se había abierto en la sociedad argentina y manifiesto publicado en el cuarto número de
que Nosotros no podía ni pretendía cerrarlo. Martín Fierro. Escrito por el poeta más trans­
La prudencia y moderación de los animadores gresor de los que habían publicado hasta el
de Nosotros encontrará al filo de los años algu­ momento, el manifiesto atacaba por igual al
nos detractores y no pocos emuladores. “honorable público” y a la “funeraria solemni­
dad del historiador y del catedrático que mo­
MARTÍN Emma mifica cuanto toca”, anunciando que Martín
Fierro inauguraba una “nueva sensibilidad”,
Frente al estilo intelectual inaugurado por una manera inédita de ver al país y a sus gen­
Nosotros, la aparición de la revista Martín Fie­ tes, gracias a una generación que pretendía
rro en febrero de 1924, bajo la dirección de cuestionar lo establecido y lo aceptado. Se ha
Evar Méndez -seudónirno de Evaristo Gonzá­ dicho que este manifiesto, repartido también
lez-, pudo parecer una verdadera revolución. como volante en las calles de la ciudad, tuvo
Era la tercera vez que una publicación argenti­ una “repercusión exagerada”, pero que logró
na reivindicaba en su título al poema de Iosé así nuclear a la juventud artística de vanguar­
Hernández (en 1904, una publicación anar­ dia. También se indicó que los martinfierristas
quista y en 1919, una publicación antiyrigoye­ ignoraron a los surrealistas, pero irnítaron en
nista). Evar Méndez, poeta y periodista, ejercía cambio el manifiesto futurista italiano. El espí­
funciones de bibliotecario en la Casa de Go­ ritu de imitación, reflejo típico de las intelec­
bierno y era amigo personal del presidente tualidades periféricas, atravesó muchas empre­
Marcelo T. de Alvear. En el segundo número de sas culturales argentinas; sin embargo, algimas
Martín Fierro aparece una carta del Presidente imitaciones fueron más novedosas y creativas
de la República señalando que el estilo de la re­ que otras en cuanto a sus adaptaciones y efec­ 169
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

tos locales. Así, por ejemplo, la defensa deno­ Como queda indicado en el análisis de Al­
dada del idioma argentino y de su especifici­ tamirano y Sarlo, la aparición de la vanguardia
dad fonética fue toda una novedad en aquella estética martinfierrista implicaba la existencia
época. Como la utilización del voseo en la len­ más o menos desarrollada de un espacio cultu­
gua escrita, que tardaría muchas décadas en ral cuyas formas e ideologías esta vanguardia
imponerse en los sectores cultos: “Martín Fie­ venía a cuestionar. En ese espacio cultural, la
rro tiene fe en nuestra fonética, en nuestra vi­ revista Nosotros era el órgano por excelencia de
sión, en nuestros modales, en nuestro oído, en consagración y de difusión cultural. Por ello,
nuestra capacidad digestiva y de asimilación”. en Martín Fierro, se llegó a solicitar el cierre de
El enfrentamiento entre el grupo “Florida” la revista Nosotros invocando una disposición
de los martinfierristas y el grupo “Boedo” de municipal que “prohibía tener cadáveres en
los escritores ligados a las revistas Los Pensa­ exhibición” (sic). A pesar de la irreverencia y de
dores y Claridad —-acusados por Martín Fierro la iracundia que la distinguían, o de la utiliza­
de ser la izquierda política y la derecha litera­ ción del “escándalo como modalidad típica­
ria- generó tal vez mayores rupturas a poste­ mente vanguardista”, se ha afirmado que la re­
riori, cuando el campo cultural argentino, vista no significó ni un quiebre en el sistema
profundamente dividido, necesitó legitimar cultural argentino ni un cuestionamiento al
sus orígenes. Sobredimensionada o no, lo cier­ orden social vigente. Para Altamirano y Sarlo,
to es que la experiencia de la revista Martín el “moderantismo” y “la superficialidad com­
Fierro dejó huellas en la vida cultural argenti­ bativa” de Martín Fierro tienen que ver con la
na, aunque muchas de sus polémicas no fue­ época y su bonanza económica y social. Así
sen más que escaramuzas entre escritores liga­ por ejemplo, si Martín Fierro criticaba al inten­
dos por lazos de amistad y que fraternizaban dente de Buenos Aires por su papel en la atri­
en la bohemia literaria de estos años de pro­ bución de premios literarios, era para reclamar
greso material. que esos premios pasasen a la órbita del Minis­
En cuatro años de “vida irregular y espas­ terio de Instrucción Pública.
módica”, Martín Fierro fue un “periódico lúdi­ Más importante para el tema aquí tratado
co y travieso, típico de cachorros”, segím La­ es que la clausura de Martín Fierro estuvo
fleur y Provenzano. Ese humor martinfierrista marcada por un claro conflicto político, y este
alegre y desprejuiciado ya no volverá a encon­ dato merece ser tomado en cuenta y no relega­
trarse por muchos años en las revistas cultura­ do a lo meramente anecdótico. Iorge Luis Bor­
les. Los famosos epitafios donde se burlaron ges había fundado el “Comité Yrigoyenista de
de casi todos, incluidos ellos mismos, siguen Intelectuales Ióvenes” para adherir a la segun­
siendo recordados aún hoy por los escritores da candidatura presidencial del caudillo radi­
argentinos. El humor de las publicaciones na­ cal. Los postulados de este comité y la lista de
cionalistas adoptará posteriormente otro ca­ firmantes (Leopoldo Marechal, Macedonio
riz: un humor corrosivo, ácido, pero funda­ Fernández, Roberto Arlt y los hermanos Enri­
mentalmente grave como el telón de fondo de que y Raúl González Tuñón, entre otros) se
la época en la que les tocó actuar, posterior a publicaron en el popular diario Crítica. El al­
170 la crisis del treinta. vearismo de Evar Méndez se veía así contra­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLITICA

riado y el director de Martín Fierro publicó


entonces una declaración de prescindencia en
las páginas de la revista. Ese fue el último nú­
CLARIDAD
mero de Martín Fierro, el 44-45 del 15 de no­
viembre de 1927. La mayoría de los escritores
que apoyaban a Yrigoyen decidió entonces de­
jar de colaborar con la revista y Evar Méndez
cerró definitivamente la publicación que ha­
bía llegado a tener, en sus mejores momentos,
una tirada de 20.000 ejemplares.
Martín Fierro criticaba el realismo literario
de Boedo, así como la sensibilidad y-los “bajos
gustos de un público semianalfabeto”; denun­
ciaba el carácter mercantil de la ediciones po­
pulares, y reclamaba pureza lingüística contra
el cocoliche de los inmigrantes, bautizados de
“plebe ultramarina”. El criollismo era la divisa
del martinfierrismo, y para la afirmación de la
argentinidad, el héroe de Hernández era el ob­
jeto más argentino disponible. Pero en esta
particular combinación de vanguardismo y l Portada de la revista Claridad.
criollismo ya aparecía una tensión que luego
todos los intentos renovadores de la vida cul­ bres”. Los temas de literatura, filosofía, artes
tural argentina atravesarán inevitablemente: la plásticas e historia, muy presentes en los pri­
tensión entre lo particular y lo universal, esas meros tiempos, fueron reduciéndose para pri­
largas batallas entre nacionalismo y cosmopo­ vilegiar los acontecimientos de la vida política,
litismo o la tensión entre una cultura para po­ social y sindical.
cos, pero de alto nivel, y una cultura tosca y Su mentor, el inmigrante español Antonio
masificada, que dio lugar a esas no menos lar­ Zamora (1896-1976), había pasado del anar­
gas batallas entre elitismo y populismo. quismo al socialismo; admirador de Iusto y de
los fundadores del Partido Socialista Argenti­
CLARIDAD no, Zamora contribuyó a nuclear —gracias al
carisma de su persona y a la independencia fi­
La revista Claridad, con 225 números pu­ nanciera que le otorgaban su editorial y su
blicados en los quince años transcurridos en­ propio taller de imprenta- a casi todos los ex­
tre 1926 y 1941, se definió abiertamente como ponentes de la izquierda argentina y america­
una revista de izquierda y antiimperialista. na. Contribuir a la construcción de un mun­
“Tribuna del pensamiento izquierdista” fue su do nuevo era la principal divisa de Claridad, y
subtítulo hasta 1937, para pasar luego a consi­ para ello era necesario luchar —“la manse­
derarse “Revista americana de los hombres li­ dumbre envejece y envilece”— y despojarse de l7l
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

todo lo aprendido —“lo primero que has de kistas, pero contando siempre con la figura de
hacer es vomitar todo lo que te han inculcado árbitro convocante de Antonio Zamora. Clari­
en la escuela”—. Particular atención se le con­ dad fue blanco de la represión luego del golpe
cedió en esta lucha a la tradición historiogra­ de 1930 —golpe que, sin embargo, había apo­
fica argentina: “nuestra historia es inflada; ha yado al igual que Nosotros- y su director ter­
carecido de documentación; se ha inventado minó expulsado del territorio argentino, aun­
una historia con héroes que no son tales, en que la expulsión y la prohibición hayan tenido
beneficio exclusivo de una casta privilegiada”. corto alcance temporal. Claridad y su director
Según los artículos editoriales, más que a los volvieron a la lid y no pretendieron ser eco de
héroes fundadores, la nacionalidad argentina nada, sino abordar todos los temas sin eufe­
debería estarle agradecida a la mano de obra mismos, declarándose en “rebelión anárquica
inmigrante. La lucha de Claridad era contra la contra la cursilería y la mojigatería”, ufanán­
Iglesia (“regresión y barbarie”), contra el Es­ dose de su libertad —“nos sentimos libres, no
tado (“el entronizamiento de unos pocos pensamos a sueldo de ningún diario”-, que­
aprovechados”), contra el Ejército (“refugio riéndose sumar a todos aquellos que “nacie­
de criminales repugnantes”), contra el cura ron para revolucionar el mundo”; la política
(“porque mira a la mujer como instrumento terminó absorbiendo la cultura. Al finalizar la
del pecado, cuando ella es la vida y el irnpul­ década del treinta, ya la narrativa se había re­
so del universo”). ducido para dejar cada vez más espacio a los
Privilegiando una concepción pedagógica, ensayos políticos, económicos y sociales.
la de llevar la luz de la inteligencia a los sectores El papel del intelectual que concibe Clari­
populares, la primera tarea de la editorial de dad es el de un pedagogo cuya misión consis­
Zamora fue la traducción al castellano de gran­ te en educar a los sectores populares a través
des pensadores universales, poniéndolos a dis­ de la palabra escrita. Esta “confianza hiperbó­
posición de un público amplio y de pocos re­ lica en los textos” como instrumento para
cursos. Precursor de la literatura de bolsillo, cambiar la mentalidad de un pueblo no obtu­
como lo pone de relieve la tesis doctoral de Flo­ vo siempre los resultados esperados. En esta
rencia Ferreira de Cassone, la idea de “ganar ambición de “educar al soberano”, las afinida­
poco para ganar mucho” fue la divisa de Zamo­ des con el proyecto liberal sarmientino son
ra, apuntando exitosamente no sólo al mercado tan evidentes como las dificultades en orientar
nacional sino también al latinoamericano. políticamente a ese pueblo soberano que no
La obligación de los intelectuales, según la siempre es capaz de elegir en el sentido preco­
revista Claridad, era la de estar más cerca de nizado por sus ilustres pedagogos. Si el pro­
las luchas sociales que de las manifestaciones yecto de Claridad de organizar el “ala izquier­
puramente literarias, afirmando que para el da de la intelectualidad” opuesta a la “prensa
porvenir de la humanidad, “las luchas sociales rica, el teatro industrializado, las academias y
tienen más utilidad que las grescas literarias”. los jurados oficiales, la docencia y la intelec­
Las diversas sensibilidades de izquierda no de­ tualidad burocrática” se reveló de dificil reali­
jaron de enfrentarse en las páginas de la revis­ zación en la Argentina, ¿no habría que buscar
172 ta, anarquistas, socialistas, comunistas y trots­ algún indicio de este fracaso en la actitud mo­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

ralista de la izquierda “esclarecida” frente al no. Pero antes de que floreciese el período pe­
“mal gusto” de los sectores populares? El desa­ ronista, otras revistas argentinas de capital irn­
grado de la revista Claridad ante los homena­ portancia en la vida cultural harán su apari­
jes fúnebres rendidos por ese pueblo a un ído­ ción y otras, no menos importantes, dejarán
lo tan “sospechoso” como Carlos Gardel y su de publicarse.
repudio a ciertas formas de sensibilidad popu­ Claridad fue atemperando la virulencia de
lar como el tango, el fútbol o las carreras de sus posiciones iniciales al calor de los aconte­
caballos, denunciados como “enemigos de una cimientos internacionales. Su inequívoco apo­
correcta conciencia social y política”, pueden yo al campo republicano durante la guerra ci­
haber provocado efectos contrarios. Algo si­ vil española fue dando paso a posiciones más
milar ocurrió con la crítica feroz a los gobier­ moderadas. Frente al ascenso del fascismo y la
nos radicales surgidos del sufragio universal. inminencia de la contienda mundial, Claridad
Así, en plena campaña contra el segundo go­ tomó partido por la alianza continental pro­
bierno de Yrigoyen, puede leerse en las pági­ puesta por Roosevelt. De este período data la
nas de Claridad que “el pueblo no a elegido a modificación del subtítulo de la revista, iden­
sus representantes sino a los sirvientes del más tificada ahora con los “hombres libres de
hermético de los caudillos que el país ha teni­ América”. La prédica antiimperialista fue per­
do. Si el sufragio popular, secreto y libre con­ diendo intensidad, aunque en las páginas de
tinúa dando tan ‘excelentes’ resultados, habrá Claridad se siguiera discutiendo sobre los al­
que cambiar el procedimiento para acabar con cances y los límites de la democracia y de la re­
3))
gobiernos tan ‘ejemplares Consecuentes con volución, se analizase la posibilidad de convo­
esta política, saludaron al golpe de Estado de car a un “Congreso Latino Americano de
1930 porque “nunca creímos ni en la virtud ni Izquierdas”, o se concediese mucha atención al
en la capacidad de los hombres que desquicia­ proyecto del aprismo peruano proponiendo
ban el país envalentonados porque el pueblo una versión americana del socialismo marxis­
había cometido el error de elegirlos y, por lo ta, el “socialismo indoamericano”.
tanto, aplaudirnos el movimiento que los ha El agotamiento de la experiencia aparece
barrido por completo. Ha caído la peor de las muy estrechamente ligado a los problemas
oligarquías que ha tenido el país: la oligarquía económicos y políticos que trajo la Segunda
de los incapaces y los ladrones”. Y como lógico Guerra Mundial. Aunque la editorial Claridad
corolario de esta posición, desde las páginas continuó sus actividades, Antonio Zamora
de Claridad se enjuició severamente a los inte­ decidió dejar de publicar la revista -que había
grantes del “Comité Yrigoyenista de Inte­ alcanzado tiradas de 10.000 ejemplares- y el
lectuales Jóvenes” por estar al servicio de la estudio de Florencia Cassone pone de relieve
“mala política del Klan Radical”. Este desen­ las dificultades en el abastecimiento de papel
cuentro entre las posiciones de la izquierda y prensa como factor determinante, señalando
las preferencias populares se tematizará años que para la misma época dejaron de aparecer
más tarde a partir de posiciones francamente otras importantes publicaciones periódicas
antiintelectuales y cristalizará en uno de los argentinas como las revistas P.B.'IÏ, Caras y
repertorios preferidos del populismo argenti­ Caretas, Fray Macho, Nosotros, El Hogar, Mun­ 173
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

Intelectuales en un café de Boedo. Entre otros Edmundo Guibourg. Samuel Eichelbaum e lvonne Lardy. Banco dela Nación
Argentina. Acción, presencia y testimonio en Ia construcción del país.

do Argentino, Vea y Lea, Hechos e Ideas, así co­ Claridad. La desaparición de esta revista dejó
mo los diarios El Mundo, Crítica, Noticias un vacío que ningún otro emprendimiento
Gráficas y La Época, o semanarios como Ar­ logró llenar: la dispersa izquierda argentina
gentina Libre, Tribuna Demócrata y La Van­ no volverá a encontrar un vocero político—cul­
guardia. Cabe precisar aquí que, en muchos de tural que la congregue más allá de sus nume­
estos casos, la fecha divisora de aguas fue la de rosas facciones.
1943, como resultado de la intervención mili­
tar del 4 de junio, y que las dificultades en el SUR
abastecimiento de papel no afectaron del mis­
mo modo a todas las publicaciones argenti­ La tradición liberal logró, en cambio, so­
nas. En el caso del cierre de Claridad, cuyo úl­ breponerse a muchas peripecias económicas y
timo número apareció en diciembre de 1941, políticas. Así, por ejemplo, la revista Sur, que
la distancia que Zamora había tomado respec­ se publicó regularmente entre 1931 y 1970. Si
to de las posiciones del Partido Socialista Ar­ Sur pudo nacer y prosperar en tiempos difíci­
gentino merecería una mayor indagación. Así les y polarizados es porque ocupó un lugar
como el hecho de que luego del ataque a Pearl que se encontraba vacío, al menos en el terre­
Harbor, en diciembre de 1941, la defensa in­ no de las definiciones liberales. Sur -una de las
condicional de los Estados Unidos pudiese revistas argentinas mejor conocidas y estudia­
174 plantearle algunas dificultades al director de das, a partir de la excelente tesis doctoral de
LAS REVISTAS EN LA VIDA lNTELECTUAL Y POLÍTICA

Iohn King- había comenzado a editarse como hermandad universal de escritores con ideas
lujosa revista trimestral, con más de 150 pági­ afines sino ante las consecuencias de un mun­
nas y fotografias que luego se suprirnieron por do desgarrado y dividido. Se afirmó entonces
ser muy costosas. Los gastos de publicación un proyecto cultural según el cual las elites in­
eran altos y la circulación reducida, y aunque la telectuales ejercerían primordialmente una
fortuna personal de Victoria Ocampo (1891­ función de árbitros del buen gusto rechazan­
1979) fuese el respaldo primordial, la revista do toda “contaminación ideológica” frente a
recién se regularizó con apariciones mensuales los “males del siglo” (nacionalismo, autorita­
a partir de 1935. La fimdación de la editorial rismo, fascismo, comunismo). Se ha inferido
Sur, en septiembre de 1933, ayudó a consolidar erróneamente que a partir de esta posición
la empresa, siguiendo el ejemplo de la Revista Sur preconizó un acendrado apoliticismo. No
de Occidente dirigida por el filósofo español fue así, la revista creada por Victoria Ocampo
José Ortega y Gasset. tuvo a lo largo de su historia claros y contun­
El autor de La rebelión de las masas, obra dentes pronunciamientos políticos. Del mis­
publicada en 1930, había sido uno de los men­ mo modo es necesario no perder de vista que
tores espirituales de la revista Sur. El postulado el cosmopolitismo de Sur -luego tan denosta­
orteguiano de “que un grupo de iguales preser­ do—, como el de tantos otros intelectuales ar­
ve la continuidad de la civilización ante la cul­ gentinos, implicaba la necesidad casi irnperio­
tura de masas” será la divisa de Victoria Ocam­ sa de romper con el provincialismo cultural.
po y de sus amigos y colaboradores. A partir de El compromiso personal de Victoria Ocam­
los trabajos del norteamericano Waldo Frank, po con su revista fue muchas veces señalado, así
otro mentor de la revista, los primeros núme­ como su inagotable energía organizando confe­
ros tratarán de los problemas planteados por la rencias, debates, celebraciones, viajes y visitas.
cultura americana. Dando preferencia a los en­ Al construir una férrea red de alianzas naciona­
sayos sobre cultura general y a la relación de los les e internacionales alrededor de la figura in­
intelectuales con sus sociedades, en los prime­ sustituible de Victoria Ocampo, con puentes
ros tiempos Sur publicó también artículos de tendidos hacia el mundo de la prensa y la edi­
escritores nacionalistas como Julio Irazusta o ción, y gracias a una constelación intemacional
Ramón Doll, o comunistas como Elías Castel­ de colaboradores que ostentaban, salvo excep­
nuovo, quien analizó la situación de los escri­ ciones, un gran nivel intelectual, Sur logró nacer
tores rusos al regreso de su viaje a la Unión So­ y consolidarse en tiempos agitados. Pero Sur fue
viética en 1932. algo más que la criatura dilecta de su fundado­
Con la Guerra Civil Española, y luego del ra. En esta revista de ideas basada en la expe­
agitado congreso del Pen Club realizado en riencia literaria de sus principales colaborado­
Buenos Aires en 1936, las aguas se dividieron. res se afirmó una concepción del intelectual que
Cuando en este congreso el fascista Filippo luego será severamente cuestionada: quienes es­
Martinetti atacó públicamente a Victoria taban capacitados para leer y escribir la buena
Ocampo, quedó en evidencia que los intelec­ literatura estaban particularmente calificados
tuales del “Sistema-Sur”, según la definición de para ocuparse de historia, de política, o de todo
Emilia Zuleta, ya no se encontraban ante una tema con resonancias morales o sociales. 175
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

En cuanto a las tomas de posiciones polí­ gozar del apoyo de las autoridades argentinas
ticas, tras una pequeña confusión inicial, Sur en este período. En cambio, a lo largo de toda
defendió la causa republicana a lo largo de la la guerra, Sur se benefició con la política esta­
Guerra Civil Española y sus colaboradores dounidense de estimular el desarrollo de elites
ayudaron a organizar la solidaridad y a dar re­ intelectuales modernas en varios países del he­
fugio a intelectuales españoles, entre ellos a misferio. Nelson Rockefeller organizó la Ofici­
Rafael Alberti. La publicación en Sur, en agos­ na de Coordinación de Asuntos Interamerica­
to de 1937, del artículo de Jacques Maritain nos en 1940. María Rosa Oliver, gran amiga de
“Sobre la guerra santa”, desató la ira de la re­ Victoria Ocampo y colaboradora de la revista,
vista católica Criterio, que acusó a la revista di­ trabajó en la Oficina del Coordinador durante
rigida por Victoria Ocampo de tener una dos años, de 1942 a 1944. En diciembre de
“orientación francamente de izquierda”. ¡Iz­ 1941, después del ataque a Pearl Harbor, Sur
quierdista no!, respondieron los acusados, ¡li­ publicó un número titulado “La guerra en
beral y democrática! América” y declaró su apoyo a los Estados Uni­
Se ha afirmado que el liberalismo argenti­ dos y al concepto de panamericanismo, preco­
no perdió toda oportunidad de ser identifica­ nizando “una América indivisible desde el es­
do con la democracia después del golpe del trecho de Behring hasta el cabo de Hornos”.
treinta. El régimen de la Concordancia (alian­ Aparece allí una crítica muy abierta al gobier­
za del partido conservador, una fracción del no argentino por no abandonar la neutralidad.
partido radical y un grupo minoritario de so­ La identificación de Sur con los Aliados fue to­
cialistas, el Partido Socialista Independiente) tal, desde el apoyo a los Estados Unidos hasta
sólo pudo legitirnarse electoralmente median­ el homenaje a Winston Churchill; aunque el
te la política del fraude. ¿Sur apoyó esa época hogar espiritual de la revista siguiera siendo
de democracia restringida y fue entonces la ex­ París, como quedó demostrado en el número
presión cultural de la “década infame”? Esta vi­ dedicado a la “Liberación”, aparecido en octu­
sión de los procesos históricos, que gozó de bre de 1944. Del mismo modo, el número es­
tantas simpatías en tiempos aún no lejanos, pecial consagrado al Brasil, en septiembre de
parece hoy un tanto mecánica y reductora. Así, 1942, aparece ligado a la visita oficial de María
por ejemplo, en el terreno de la política inter­ Rosa Oliver, pero este “Homenaje al Brasil” no
nacional, Sur se opuso a la política oficial del es sólo un homenaje a su literatura sino tam­
gobierno argentino al declarar expresamente bién a las iniciativas políticas del régimen bra­
su apoyo a la causa aliada durante la Segunda sileño: se publicó en este número de Sur el dis­
Guerra Mundial. Las expresiones culturales de curso de Getulio Vargas anunciando la entrada
la izquierda argentina también podían com­ del Brasil en la contienda y exhortando al con­
partir las opiniones de Sur sobre la Guerra Ci­ tinente americano a mantenerse unido contra
vil Española y la Segtmda Guerra Mundial. la amenaza común.
Durante el período de la guerra, y a pesar de las A partir de la Segunda Guerra Mundial, la
dificultades en el suministro de papel, la publi­ distancia que los miembros de la revista fue­
cación de Sur no fue interrumpida. Sin embar­ ron tomando respecto del gobierno argentino
l76 go, la revista de Victoria Ocampo no pareció no fue suficientemente subrayada. En 1942,
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

Colaboradores de Sur, 196i. Parados: Enrique Pezzoni. Eduardo González Lanuza, Silvina Ocampo, Alberto Girri. Adolfo Bioy
Casares, Victoria Ocampo. Alicia Jurado y Héctor Murena. Sentados: María Luisa Bastos, Guillermo de Torre. Carlos Alberto
Erro, Iorge Luis Borges y Eduardo Mallea.

por ejemplo, Borges no obtuvo el premio nacional concentraba el esfuerzo y la atención


anual ofrecido por la Comisión Nacional de de Sur, la situación interna de fraude y escán­
Cultura, a pesar de la voluntad de sus amigos, dalos que ritmaron esta época no encontraron
y los premios fueron entregados a dos escrito­ nunca en las páginas de la revista motivo para
res menores: Eduardo Acevedo Díaz y César la denuncia o para la reflexión.
Carrizo. Por esta razón, en julio de 1942, Iosé
Bianco -secretario de redacción de la revista
desde 1938- organizó un “Desagravio a Bor­ TIEMPOS POLÍTICOS Y TIEMPOS CULTURALES.

ges”. En las páginas de Sur se publicaron en­ EL PERONISMO

tonces notas de los principales colaboradores


expresando su apoyo a la antología “agravia­ ¿Es posible detectar una cronología de la
da”: El jardín de senderos que se bifurcan. Aso­ vida cultural argentina independiente de la
ciar a la revista Sur con el régimen de la res­ cronología política, tan estrechamente ligada,
tauración oligárquica remite a una visión muy a su vez, a las frecuentes rupturas de legitirni­
simplista de los procesos culturales y de su im­ dad política e institucional? Frente a la fragili­
bricación con las realidades políticas. Pero dad y precariedad del sistema político argenti­
también es innegable que si la situación inter­ no del siglo XX, ¿las empresas culturales 177
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

lograron márgenes de autonomía y estabili­ En el terreno de las opciones políticas, Cri­


dad? En el caso específico de las revistas, a la terio preconizó una “tercera vía entre el libera­
sorprendente longevidad de algunas publica­ lismo capitalista y el comunismo ateo”, pero
ciones se opone la existencia muy coyuntural cuando se hizo necesario precisar esta tercera
de otras. Es posible identificar un tiempo cul­ vía en el territorio nacional, las cosas se com­
tural propio en la vida de algimas de estas em­ plicaron, hasta el punto de que este camino se
presas culturales, mientras que en otras se ha­ convirtió en una “senda entre abismos”. La
ce por demás visible el determinismo de los prédica antitotalitaria que Criterio había desa­
tiempos políticos. Nosotros logró permanecer rrollado en sus páginas frente a los fenómenos
durante largos treinta y cinco años, Claridad europeos encarnados por Stalin, Hitler o Mus­
apareció durante un lapso de quince años, Sur solini —diferenciándolos de los regímenes au­
se publicó sin interrupciones durante cuaren­ toritarios encabezados por Franco o Salazar,
ta años y Criterio batió todos los récords por­ que gozaban de las simpatías de la revista-,
que, iniciada en 1928, aún sigue publicándose, ¿cómo se traduciría a la hora de interpretar la
aunque haya perdido la fuerza de atracción de aparición en la política criolla de un coronel
sus épocas doradas. En muchos casos, la lon­ ovacionado por los “descamisados” y que de­
gevidad de una revista aparece directamente cía encarnar una tercera posición entre el ca­
relacionada con el voluntarismo y la tenacidad pitalismo y el comunismo?
de sus fundadores. Sería en vano buscar la respuesta a estos
El caso de Criterio es, a todas luces, excep­ interrogantes en las páginas de la revista Crite­
cional, ya que logra mantenerse cambiando va­ rio. Porque en verdad, ante el surgimiento del
rias veces de director: monseñor Gustavo I. peronismo, como durante los años de su go­
Franceschi desde 1932 hasta 1957, y el presbíte­ bierno —hasta la ruptura entre el peronismo y
ro Jorge Mejía desde entonces hasta 1978. La la Iglesia en 1954-, Criterio “redujo ostensible­
matriz confesional de Criterio, el férreo refe­ mente la frecuencia de sus editoriales políti­
rente católico, logró hacer de esta empresa una cos", como lo señaló Carlos Floria, quien sigue
fortaleza capaz de resistir a todas las contingen­ siendo uno de los principales animadores de
cias del mundo temporal argentino y de su la revista. A pesar de la clara antipatía que Pe­
convulsionado siglo XX. Esta publicación, fun­ rón despertaba en el director de Criterio, Gus­
dada por laicos y dirigida desde 1932 hasta tavo Franceschi, el brillante polemista católico
1978 por dos sacerdotes, supo mantener cierta nacido en París se abstuvo de abrir una brecha
autonomía económica y jurídica de la jerarquía en el frente católico.
eclesiástica, pero careció de capacidad crítica
frente a ésta. Aun en las épocas en que la revis­ HECHOS E IDEAS
ta supo distanciarse de la Iglesia argentina, esta
disidencia no fue más que “un escozor prurigi­ El peronismo vino a modificar todas las
noso en el flanco de la autoridad eclesiástica”, reglas de juego del tablero político. Si en el pa­
como lo pone de relieve el estudio de Marcelo sado la Guerra Civil Española había dividido a
Montserrat, quien fue durante varios años se­ la opinión argentina, anticipando los dos
178 cretario de redacción de la publicación. campos que se enfrentarían al desencadenarse
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

la Segunda Guerra Mundial —los aliadófilos y


los germanófilos—, la tajante linea de división
que ahora se perfilaba con epicentro en el pro­
pio territorio nacional produciría unas cuan­
HIÏCHÜS
tas novedades en el mundo de las empresas
culturales y de las tradiciones políticas. Es sig­
nificativo que, en este clima de rupturas, la re­
e IDIÏÁ
DEVISTA RADICAL
vista Hechos e Ideas (1935-1941, 1947-1955) Director- ENRIQUE EDUARDO GARCIA

haya podido pasar, con armas y bagajes, de


una época a la otra. Esta dinámica empresa in­
SUMARIO
DIRECCION
telectual, ligada en sus orígenes al partido ra­ i..." nm... (msnm
Clau‘ polis-uu
Lil \0ÍI\l|lA\ dd 51ml! Clnlul
ÍJtIIDI ¿‘l VÁLLE l: una» Cinu [Moral y n Efinno
dical, emigró al campo del peronismo, per­ lílnnio C MÏATTI Ln bush: llu-ngonnnn
Dm. orru. Gnancrr .-- .5. "m... ‘una...
diendo en el camino la riqueza de sus Ttóluln A MEANA lvl ¡ndnnlnnmn J: Suma Fr
F .\' OUTEÜÁ KÍÍLÍCH Ánlt Li Iluloua
interrogantes: se convirtió en una publicación Mlnïlo Ï Jr ÁLVEAR
lkmndimv C IIÜRNÍÉ
ïngovm. en al 1‘ Jllvfiuno Ja u ¡num
La lev ¡Ir rumlounmón ¡guru ¡k Enm lio­
Hllluln ÁCOSTÁ
monolítica, repleta de certezas e incondicional (¿Juno SÁLVEMÍNÍ
Pmnlngin al nulo plinm ¡orul ¡quinua
lil upnnl r el Iuhap m l: Iulu Innnu
ÍIÁDÁCCÍON Nm» nonvmun
de la nueva experiencia gubernamental y del .\ lux-r- ¿r1 ¡III-do
SIR lla-Ion.» tlrl ¡aduslumo a uni: d: un ¡[avisaron
“líder de los descamisados”. lnhluogníín
Dnlvnpu ¡lr JUAN VERONA

Hechos e Ideas aparece como un ejemplo \\x‘ 1

notable y excepcional de continuidad formal ¡Uuoms suenos AIRES ¿‘OÜWTAVW


—el mismo director, Enrique Eduardo García,
la misma tapa, el mismo formato- y de cam­
l Revista Hechos e Ideas en su primera época.
bio de estilo: del debate y la interrogación so­
bre el rumbo que la política y la economía de­ tores de Hechos e Ideas. Pasar del radicalismo
bían adoptar luego de la crisis de 1930, a una al peronismo no era cambiar de etiqueta para
convicción unívoca de defensa de la obra gu­ quienes tanto habían discutido, desde 1935,
bernamental peronista. Sin embargo, el equi­ sobre la necesidad de reformular la democra­
po de dirección de la revista insistió en pre­ cia liberal gracias a una intervención decidida
sentar este cambio como una continuidad de del Estado. El reclamo de una democracia so­
la empresa. Las numerosas “Glosas Políticas” cial que permitiese sustituir la lucha de clases
de la segunda época se refieren con insistencia por la armonía entre el capital y el trabajo, la
al programa que Hechos e Ideas había esboza­ creación de un Ministerio de Trabajo y de
do en su época radical y que el peronismo ha­ Previsión Social, la instauración de organis­
bría llevado al terreno de las realizaciones. Lo mos paritarios entre el Estado, los patrones y
notable de esta revista en su época peronista los obreros, la conciliación y el arbitraje en los
no es únicamente el esfuerzo de propaganda conflictos laborales, el salario mínimo y las
de los actos de gobierno sino la preocupación vacaciones pagas constituyen un programa
constante por comparafy valorar el antes y el que los intelectuales del radicalismo propu­
ahora, el ayer y el hoy en la vida política ar­ sieron en las páginas de Hechos e Ideas, pero
gentina. El peronismo fue mucho más que que el partido radical no pudo llevar adelan­
una “divina sorpresa” para los principales ac­ te. Según esta lectura, las “ideas” puestas en 179
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

circulación en los años treinta habrían sido cerían aquí un lugar destacado. Para un estu­
convertidas en “hechos” contundentes por el dio de conjunto del accionar de las fuerzas na­
peronismo en los años cuarenta. En la empre­ cionalistas cabe remitir a los imprescindibles
sa Hechos e Ideas se hace tangible el camino re­ trabajos del profesor Enrique Zuleta Álvarez.
corrido por muchos radicales que vieron en el El mayor aporte realizado por el nacionalismo
peronismo la continuidad de las ideas yrigoye­ argentino se sitúa en la construcción de los lla­
nistas. Esta revista, que surgió para suscitar un mados “artefactos culturales”. Y la más original
debate capaz de otorgar nueva identidad a una y eficiente de estas construcciones fue, sin lu­
tradición política bastante jaqueada después gar a duda, la empresa de contrahistoria mili­
del golpe de Estado de 1930, no dudó en reco­ tante denominada revisionismo histórico. Pa­
nocer en el peronismo la capacidad de pro­ ra llevar adelante tan ambicioso cometido, el
ducir esa “renovación”. Y, en este punto, el revisionismo histórico también necesitó do­
itinerario de la revista Hechos e Ideas es se­ tarse de publicaciones periódicas: la Revista y
mejante al camino recorrido por los radicales el Boletín del Instituto Iuan Manuel de Rosas.
forjistas. Desde enero de 1939 hasta agosto de 1971, los
revisionistas lograron publicar regularmente
REVISTAS NACIONALISTAS veintitrés números de la Revista y veintinueve
números del Boletín.
Cuando se exploran los cruces entre his­ Las revistas nacionalistas de debate y de
toria cultural e historia política es evidente combate tuvieron su hora de gloria en el clima
que no existen compartimentos estancos ni instaurado por la Segunda Guerra Mundial.
líneas definidas de una vez y para siempre. Las de mejor nivel intelectual fueron Sol y Lu­
Los itinerarios político-culturales -los colec­ na (1938-1940), dirigida por Iuan Carlos Go­
tivos y los individuales- suelen ser muy lábi­ yeneche; Nueva Política, creada por Marcelo
les y presentan una gran permeabilidad. Así, Sánchez Sorondo, y Nuevo Orden, fimdada
por ejemplo, el peronismo supo nutrirse de por Rodolfo y Iulio Irazusta y Ernesto Palacio.
muchos elementos pregonados por los católi­ La revista Nueva Política, publicada mensual­
cos argentinos, pero convirtiéndolos en algo mente entre 1940 y 1943, dejó de editarse lue­
propio donde -al igual que ocurriría con go del golpe militar de junio de 1943, pero no
otras tradiciones políticas- no todos pudie­ por razones de proscripción. Como ocurrió
ron reconocerse. Desde las páginas de las em­ con otras publicaciones nacionalistas, al ocu­
presas culturales ligadas al catolicismo, el na­ par algunos miembros de su equipo funciones
cionalismo o el radicalismo de los años gubernamentales -en el quehacer educativo,
treinta es posible detectar elementos anun­ cultural o diplomático—, se suspendió su pu­
ciadores de lo que sería el peronismo en los blicación. Los nacionalistas de Nueva Política
años cuarenta. podían interpretar junto a su director que es­
En cuanto a los grupos nacionalistas que taban asistiendo a la “necesaria revolución" re­
habían surgido a fines de 1927 con la publica­ clamada desde las páginas de su revista. Preci­
ción de La Nueva República, muchas de las samente, la mayoría de las contribuciones y
180 empresas culturales por ellos encaradas mere­ artículos editoriales de Marcelo Sánchez So­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

rondo fueron editados en 1945 con el título La el terreno cultural, limitándose a ser meros
revolución que anunciamos. La derrota del Eje instrumentos de propaganda gubernamental.
privó a los nacionalistas argentinos de su prin­ A lo sumo, Continente sería digna de ser recor­
cipal referencia internacional, ubicándolos en dada a modo de catálogo retrospectivo, por
el campo de los derrotados. Es sabido que Pe­ sus excelentes reproducciones de obras plásti­
rón los llamó los “piantavotos”, pero que no se cas de artistas argentinos y latinoamericanos.
privó ni de la compañía ni del consejo de mu­ Financiada por el gobernador de la provincia
chos de ellos. Pero si hubo nacionalistas que, de Buenos Aires, el coronel Domingo Mercan­
como Ernesto Palacio, acompañaron con en­ te, la revista Continente logró mantenerse lue­
tusiasmo la experiencia peronista —en el terri­ go de la ruptura entre Mercante y Perón, ocu­
torio preferido para ejercer una vocación inte­ rrida en 1951.
lectual, el de la cultura y la educación—, los Ahora bien, ¿todas las publicaciones liga­
intelectuales ligados a la revista Nueva Política das al peronismo fueron meras propagandas
miraron con desdén la “fatalidad” tumultuosa oficiales? Es un hecho suficientemente consta­
y plebeya que adquiría la revolución por ellos tado que el primer peronismo no logró atraer
“anunciada”. ni a la clase media ni a la gran mayoría de los
intelectuales argentinos. Que su partida de na­
CONHNENTE Y DE FRENTE cimiento haya estado tan indisolublemente li­
gada a la movilización de los sectores obreros,
En sintonía con los nuevos tiempos del pe­ le dio al peronismo ese bautismo de fuego ple­
ronismo, la revista Continente (1947-1955) beyo que tanto repercutió en su historia, en
—cuya vida coincide con las dos presidencias sus realizaciones y en sus limitaciones. Pero si
de Perón- privilegiaba los temas argentinos y el análisis de la revista Continente confirma
latinoamericanos, presentando sus análisis que el dinamismo del peronismo no vino pre­
editoriales bajo la forma del anonimato. Esta cisamente de sus logros intelectuales, el análi­
característica de no firmar los artículos fue sis de la revista De Frente depara algunas sor­
una práctica habitual en las publicaciones del presas. En sus escasos dos años de publicación
primer peronismo, como si los individuos in­ —desde diciembre de 1953 hasta enero de
telectuales tuviesen que eclipsarse frente a la 1956-, con 95 números publicados, la especi­
“masa de los trabajadores” y, obviamente, an­ ficidad de esta revista cultural claramente
te el más destacado de entre ellos, el general identificada con la familia peronista reside en
Perón. El anonimato pudo también ser una que se propuso ser popular sin dejar de ser
práctica impuesta por las circunstancias: evi­ culta. A partir de esta difícil doble exigencia,
tar los nombres de desconocidos y cubrir así la De Frente prefigura y anuncia una modalidad
notoria ausencia de firmas de peso intelectual que muchas de las empresas culturales de los
en las publicaciones peronistas. El análisis de años sesenta intentarán plasmar.
los cien números de la revista Continente pa­ Creada y dirigida por el polémico dirigen­
rece confirmar algo ya conocido: que durante te peronista Iohn William Cooke, la revista De
este período, las publicaciones identificadas Frente, de publicación semanal, tuvo como
con el gobiemo peronista poco aportaron en modelo a la norteamericana Time. Combi­ 181
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

nando, en una dosis inédita, erudición, defen­ Frente en 1953 permitió a Cooke —quien se ha­
sa del peronismo y crítica de buen nivel en to­ bía alejado voluntariamente de las funciones
dos los terrenos de la cultura —cine, teatro, ra­ políticas al finalizar su mandato como diputa­
dio, música, bibliografía, deporte—, pero do y no había aceptado la dirección del diario
siempre identificada con los “logros de la re­ Democracia- seguir interviniendo en la vida
volución peronista”, De Frente intentó distan­ política y ser escuchado por el propio Presi­
ciarse de la apología y la hagiografía tan difun­ dente -Perón recibía personalmente cada nue­
didas durante el régimen peronista. Lo hizo a vo número de la revista—. Por otra parte, De
través de ese rasgo distintivo de otros empren­ Frente no parece haber sufrido ningún tipo de
dimientos culturales peronistas: el anonimato. censura y su director se jactaba de seguir man­
Las notas y colaboraciones que, como en el ca­ teniendo relaciones fluidas con el poderoso
so de Continente, casi nunca aparecían firma­ secretario de informaciones del gobierno pe­
das, generaron algunas campañas notables, ronista, Raúl Apold.
como aquella contra la práctica inhumana del De Frente tuvo juicios sumamente negati­
boxeo —deporte tan popular por aquellos vos hacia la manera en que el peronismo con­
años—. Precursora del tratamiento “sociológi­ ducía los asuntos universitarios y culturales;
co” reservado al fútbol y reflejando en sus pá­ por ejemplo, el mal funcionamiento de la Bi­
ginas la movilidad social experimentada du­ blioteca Nacional, que recibió el poco hala­
rante la experiencia peronista, la revista se güeño título de “cultura para ratas”. La publi­
ocupó extensamente de temas relacionados cación criticó también la imposición de una
con el aumento y nuevas pautas de consumo organización oficial para estudiantes y la into­
de los sectores populares. Alejándose del este­ lerancia hacia la oposición parlamentaria. En
reotipo y del estigma de bajo nivel cultural las cuestiones políticas, culturales y económi­
que aquejaba a las publicaciones peronistas, cas, como la campaña de oposición al contra­
las incursiones en el terreno específicamente to petrolero con la Standard Oil, De Frente de­
político de la revista De Frente apuntaban a cía querer ubicarse en un espacio propio, a
modificar el rumbo autoritario y burocrático igual distancia de los “contreras” y de los “adu­
del gobierno. lones". Logró sobrevivir apenas cuatro meses
Este “peronismo crítico” de la revista de al colapso del gobierno, pero fue la única pu­
Cooke, ¿es asimilable a la prehistoria de la iz­ blicación peronista que logró hacerlo. Su di­
quierda peronista o del “peronismo revolucio­ rector fue encarcelado en octubre de 1955 y la
nario”, como reconstrucciones ulteriores han revista De Frente fue clausurada por el gobier­
buscado identificar? La posición de la revista no militar en enero de 1956; ambos acusados
al criticar a los “adulones” y a los “burócratas”, de “traición a la patria”.
pero preservando siempre a la figura de Perón,
tendrá herederos en el campo peronista; pero REALIDAD E IMAGO MUNDI

en el contexto de la época, estas críticas no sig­


nificaban aún ruptura alguna. La radicaliza­ Los sectores culturales identificados con el
ción ideológica y política vendrá después. Al liberalismo vivieron días aciagos en la Argen­
182 contrario, el lanzamiento de la revista De tina peronista. Quienes vibraron con la derro­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

ta del fascismo y del nazismo en Europa y cre­ ta Sur y de la Sociedad Argentina de Escritores
yeron que el triunfo de las naciones aliadas -cuya oposición al gobierno peronista no era
anticipaba su propio triunfo en la tan extra­ un secreto para nadie—, con dieciocho núme­
vertida realidad argentina, atravesaron horas ros publicados entre 1947 y 1949, en edición
amargas, hasta el punto de que la “Nueva Ar­ bimestral, Realidad fue una revista de alto ni­
gentina” se les hizo por momentos no sólo in­ vel intelectual, con más de 350 páginas por en­
sostenible sino, peor aún, incomprensible. Pe­ trega. El estudio de Rosana Guber pone de re­
ro si los intelectuales ligados a la tradición lieve que no fueron dificultades materiales las
liberal pasaron por momentos de desaliento que determinaron el cierre de la revista. El de­
durante los años peronistas, pudieron, en saliento de sus animadores frente a una “reali­
cambio, concentrarse en tareas de preserva­ dad” refractaria a sus ideas terminó irnposibi­
ción que prepararan su eventual regreso a la litando la tarea de analizar y comprender el
cúspide del campo cultural y educativo luego fenómeno peronista. Como afirmaba uno de
de la caída del régimen. sus colaboradores, Carlos Alberto Erro, la apa­
Surgieron así empresas sumamente ambi­ rición de una nueva fuerza organizada para
ciosas que fueron vistas retrospectivamente enfrentar la contienda electoral, el desplaza­
como una suerte de “universidad en las som­ miento de los viejos partidos políticos o “la
bras”. Revistas de alto contenido intelectual, llegada de las modernas masas al poder” se ha­
que en el territorio de las humanidades venían bían convertido en temas “tabú” que nadie lo­
a enfrentar la mediocridad que reinaba en los graba comentar ni analizar “con espíritu y mé­
claustros universitarios y muy particularmen­ todo científicos”.
te en la Facultad de Filosofía y Letras de la La interrupción, anunciada como tempo­
Universidad de Buenos Aires. Con la filosofía raria, de la revista Realidad fue definitiva, pe­
como disciplina convocante primero y con la ro sus miembros volvieron a congregarse en la
historia después, Francisco y Iosé Luis Rome­ revista Imago Mundi, lanzada por el historia­
ro generaron espacios de confluencia intelec­ dor Iosé Luis Romero, gracias al apoyo finan­
tual publicando dos revistas de corta dura­ ciero de un empresario del calzado, Alberto
ción, pero de importancia capital, porque la Grimoldi. Llevando como subtítulo “revista
mayoría de sus actores ocupará un lugar des­ de historia de la cultura", Imago Mundi publi­
tacado en la modernización universitaria pos­ có doce números entre 1953 y 1956. Pero, a di­
peronista, al menos en ese decenio moderni­ ferencia de lo ocurrido con Realidad, la revis­
zador y dinámico que va de 1956 a 1966. ta de José Luis Romero se clausuró luego de la
Francisco Romero, luego de presentar su re­ caída del régimen peronista, cuando su direc­
nuncia a las cátedras universitarias donde tor asumió responsabilidades de primera línea
ejercía la docencia desde 1931, lanzó la revista en la renovación universitaria (como inter­
Realidad, revista de ideas destinada a “de­ ventor-rector de la Universidad de Buenos Ai­
sentrañar desde el mirador argentino la vasta res prirnero y como decano de la facultad de
realidad contemporánea”. Sostenida financie­ Filosofía y Letras después). ¿Tuvo el equipo de
ramente por prestigiosas editoriales -Suda­ Imago Mundi una posición que no fuera “ta­
mericana y Losada- y con el apoyo de la revis­ bú” frente al peronismo? El estudio dt Oscar 183
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Terán destaca que si esta empresa pudo oficiar mer lugar, porque Perón había ganado limpia­
como “universidad alternativa”, su vocación de mente las elecciones, clausurando la época del
oficiar también como “universidad de relevo” fraude electoral erguido en sistema desde 1930.
se vio empañada por “una visión fantasmagó­ Y en segundo lugar, porque los problemas de la
rica del peronismo”, la misma que hizo decir a sociedad argentina de la posguerra poco tenían
un redactor de Imago Mundi que los largos que ver con los de la sociedad italiana o alema­
años de gobierno peronista sólo podían expli­ na de los treinta.
carse como “un estado de locura colectiva”. Sur, “revista de minorías”, no desdeñó to­
mar posición contra el régimen de las mayo­
LA PERSISTENCIA DE SUR rías. Su directora y sus principales colabora­
dores habían sostenido abiertamente a la
Aunque el peronismo impuso un férreo Unión Democrática en la contienda electoral.
control de la prensa escrita, la revista Sur si­ Por eso en las páginas de Sur se comentó am­
guió publicándose. Es conocido el modo en pliamente el mitin opositor del 12 de octubre
que el peronismo aprovechó la radio y la pren­ de 1945 y se ignoró, en cambio, la concentra­
sa, poniendo bajo control estatal a casi todas ción de Plaza de Mayo del l7 de octubre del
las emisoras privadas. Se ha dicho que Perón mismo año, esa jornada mítica y fundacional
no estaba interesado en la cultura de elite. Es para los peronistas. En las páginas de Sur, el
probable que ni Sur ni otras revistas de la elite escritor Iorge Luis Borges, recién despedido de
liberal parecieran una amenaza en contraste su puesto en la Biblioteca Municipal “Miguel
con órganos culturales más masivos -prensa y Cane”, se declaró contra el nuevo régimen en
radios intervenidas o sometidas a una estricta agosto de 1946: “Las dictaduras fomentan la
censura, cuotas de papel para los diarios de la opresión, el servilismo, la crueldad, más abo­
oposición que debieron reducir por decreto el minable es el hecho de fomentar la idiotez”.
número de sus páginas-. La universidad tarn­ Las tomas de posición antiperonistas también
bién mereció mayor “atención”: cerca de la se concretaron a través de la literatura con al­
tercera parte del cuerpo docente fue obligado gunos cuentos memorables, desde “Casa to­
a renunciar o fue despedido. mada” de Julio Cortázar, publicado en no­
La revista Sur, según los propios términos viembre de 1946, hasta “Fragmentos de los
de Victoria Ocampo, era una “revista de mino­ anales secretos” de Murena, publicado en no­
rías”. Con ese tono de cruzada civilizadora que viembre de 1948, donde se parodia al régimen
siempre la caracterizó, con una actitud de so­ peronista como un sangriento partido de fút­
berbia estetizante de quienes se consideran y bol en el que el árbitro es asesinado, o el cuen­
se saben los mejores, Sur desempeñó un papel to de Adolfo Bioy Casares publicado en julio­
consagratario en la vida cultural argentina. agosto de 1954, pero más prudentemente
Reuniendo en su seno a intelectuales de peso, ubicado en la época de Rosas.
su cruzada contra los totalitarismos en el te­ Sur pudo continuar educando al lector de
rritorio internacional se convirtió en cruzada minorías, aunque no fuese un secreto para na­
antiperonista en el territorio nacional. Y aquí die que Victoria Ocampo y su revista eran fer­
184 las cosas comenzaron a complicarse. En pri­ vientemente antiperonistas. Ni la revista ni la
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

editorial fueron amenazadas de clausura. Por


supuesto, nunca se hicieron referencias a Eva
Perón en las páginas de Sur, ni siquiera des­
pués de su muerte en 1952. No hubo nota ne­
crológica, pero sí una pequeña franja negra
colocada en la tapa del número 213-214 de ju­
lio-agosto de 1952, obedeciendo al decreto
que exigía guardar luto nacional. Aunque pu­
diese operar cierto grado de autocensura,
Victoria Ocampo no se privaba de publicar
artículos contra el régimen denunciando sus
ataques a las libertades civiles, en una campa­
ña constante aunque indirecta contra Perón.
Así, en 1950, por ejemplo, el número de ho­
menaje al general San Martín estuvo consa­
grado a la defensa de los derechos del hombre.
Es sabido que Victoria Ocampo fue una de las
casi mil personas detenidas en abril de 1953,
l Victoria Ocampo en su mesa de trabajo.
luego del estallido de una bomba en un acto
peronista y de las violentas represalias en que teligencia frente a los grandes problemas na­
se incendiaron el Iockey Club y los locales de cionales. Se ha indicado que la revista Sur ya
los partidos opositores. La solidaridad de sus no podrá desempeñar el papel de faro y guía
amigos en Europa, los Estados Unidos y Amé­ intelectual en esa hora identificada como de
rica le valió una pronta libertad, pero la direc­ “reconstrucción nacional”. Pero si la revista
tora de Sur se abstuvo de narrar esta experien­ fundada por Victoria Ocampo ya no tuvo la
cia en las páginas de su revista, haciéndolo en fuerza de atracción de antaño, ¿es pertinente
cambio en el número en que se saludó la caí­ culpar a Sur de lo que aparece como el balan­
da del régimen, el célebre número intitulado ce más negativo de la tradición liberal argenti­
“Por la reconstrucción nacional” de noviem­ na? Si la opción política incontestable de Sur
bre-diciembre de 1955. fue antifascista, antiperonista y anticomunis­
La ruptura de los años cincuenta entre el ta, el polo positivo de esta elección, los valores
peronismo y los intelectuales -resumida en democráticos y liberales que la revista decía
esa frustrante consigna de “alpargatas sí, libros defender, no lograron imponerse política­
no”- fue una tragedia para todos y cada uno mente -al menos, de modo satisfactorio- en la
de los sectores involucrados. Ni bien destitui­ Argentina posperonista. Y esto privó a la cons­
do el gobierno peronista, esa problemática se­ telación del “sistema-Sur” de un sustento de
rá un tema casi obsesivo tanto para los intelec­ referencias político-morales que ya sólo podía
tuales antiperonistas como para aquellos que, ubicar en el pasado de la historia argentina,
reivindicando la experiencia de la “Nueva Ar­ como quedó de manifiesto en 1960 durante el
gentina”, denunciaban la “deserción” de la in­ sesquicentenario de la Revolución de Mayo. 185
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

DESPUÉS DEL PERONISMO. Los “Anos tutelar había pesado de modo tan grave sobre
DE PLOMO" los acontecimientos argentinos, como para los
destinos colectivos del país y de su gente.
Con la caída del peronismo se abrió una Los “años de plomo” alcanzaron su punto
etapa histórica que es necesario definir de más alto cuando, luego de haber fracasado to­
conjunto para poder hacerla inteligible. Se ha das y cada una de estas tentativas, se instaló un
denominado “años de plomo” a la lógica de sistema de terror destinado a extirpar toda ve­
guerra que comenzó a imponerse en la vida leidad disidente en la sociedad argentina. La
política argentina desde las postrimerías del metodología empleada para acabar con cual­
régimen peronista -y que el bombardeo de la quier resabio disidente y contestatario fue la
Plaza de Mayo en junio de 1955 grafica trági­ más feroz de la que se tenga memoria. El saldo
camente—. Esos “treinta años de desencuen­ trágico es conocido, la bancarrota del poder
tro” cubren un largo período histórico fatal­ militar también. Se utiliza entonces la expre­
mente signado por la incapacidad del sistema sión “años de plomo” para definir estos casi
político para digerir pacíficamente el “fenó­ treinta años de historia argentina en los que se
meno peronista”. Comienza cuando la elite construyó un tipo de cultura política que
dirigente se convence de que es necesaria una adoptó el lenguaje de las armas como árbitro
cirugía radical para extirpar el “cáncer” pero­ fundamental. Una cultura política donde el
nista y se desarrolla durante los casi treinta matar y el morir fueron constituyéndose ine­
años en que fracasan todas las tentativas de xorablemente como los únicos reguladores
desperonización. Fracasan las tentativas repre­ posibles de la vida colectiva.
sivas, pero también las de democratización
restringida con la prescripción del peronismo. CONTORNO

Fracasa la tentativa de superación del peronis­


mo a través de la creación de un “nuevo movi­ ¿Qué papel pudieron desempeñar las em­
miento nacional”, ese gran fiasco que significó presas culturales en el contexto de los años de
el “desarrollismo”. También fracasan las tenta­ plomo? ¿Existieron publicaciones periódicas
tivas de controlar al peronismo a través del que buscaran alejarse de esta lógica guerrera?
propio peronismo —el peronismo sin Perón- y Es reconfortante constatar que sí. Aquí sólo se
los intentos de ir más lejos, tratando de radi­ señalarán algunas publicaciones que, mante­
calizar al movimiento peronista. Fracasa, niendo el interés por la intersección entre cul­
igualmente, el retorno del peronismo al go­ tura y política, buscaron encontrar "remedios”
bierno. Desde la oposición obstinada a levan­ a los males que aquejaban ya tan gravemente y
tar la veda sobre la candidatura del propio Pe­ tan mortalmente a la sociedad argentina. La
rón —retrasando aún más lo inevitable—, al primera de estas publicaciones se ubica como
regreso final del “líder de los descamisados” una bisagra entre dos épocas, entre las postri­
como efectivo presidente de casi todos los ar­ merías del gobierno peronista y los años in­
gentinos, había transcurrido ya demasiado mediatos a su posterior caída. Sin común pro­
tiempo. Ya era bastante tarde, tanto para el porción con la dimensión cuantitativa de la
186 destino individual del hombre cuya presencia empresa -apenas diez números de la revista
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLITICA

entre los simples y los dobles y un breve apén­ se reveló como un gran fiasco, uno más de los
dice de dos Cuadernos—, la revista Contorno tantos que ya había acumulado la historia del
(1953-1959) ha suscitado el interés de los es­ siglo XX argentino. El pasaje del entusiasmo al
tudiosos porque con ella comienza una nueva desengaño fue tematizado por los contornistas
manera de situarse de la intelectualidad argen­ como “la traición de Frondizi”. Si Perón “trai­
tina. Inaugurando una franja crítica y de de­ cionó” ayer a los obreros, Frondizi “traiciona­
nuncia diferente de las ya que habían ejercido ba” ahora a los intelectuales de izquierda. Y una
las tradiciones socialistas o nacionalistas, los vez más, los itinerarios políticos y culturales se
jóvenes de Contorno también se habían cono­ revelan lábiles y permeables. La “opción” Fron­
cido en la Facultad de Filosofía y Letras de dizi pudo entusiasmar tanto a los nacionalistas
Buenos Aires y habían colaborado con la re­ y filofascistas nucleados alrededor de la revista
vista Centro, publicación del Centro de Estu­ Dinámica Social (1950-1965) como a los mar­
diantes de dicha facultad. La revista Contorno xistas sartreanos de Contorno.
es el mejor ejemplo, en el terreno cultural, de En el terreno literario, Contorno acusó a
los cambios fundamentales e irreversibles que los escritores del “sistema-Sur” por su falta de
el peronismo había generado en la vida argen­ compromiso, lo que fue tematizado como la
tina. En todo caso, es una prueba contunden­ “traición de los hombres honestos” (Borges,
te de la pérdida de atracción para las nuevas Mallea, Mujica Lainez). Al buscar modelos en
generaciones -aun para quienes se habían ini­ los “hombres vivos” y no en las “sombras ilus­
ciado como opositores al gobierno peronista­ tres”, en las páginas de Contorno se rehabilitó a
de esa tradición liberal y democrática tan de­ escritores como Roberto Arlt, Manuel Gálvez
nostada por el nacionalismo y el peronismo. o Ezequiel Martínez Estrada. Calificados de “la
En las postrimerías del gobierno peronista, generación de los parricidas argentinos” por la
la revista dirigida por los hermanos David e Is­ revista uruguaya Marcha, los contornistas
mael Viñas produjo una novedosa revisión de buscaron especializarse en la “dramática ocu­
la historia de Ia literatura argentina. Teniendo pación de ejercer la denuncia” y produjeron
como modelo a la revista de lean-Paul Sartre, una saludable revisión de la historia de la lite­
Les Temps Modernes, pero obsesionados por la ratura argentina. Si al descreer de la especifici­
realidad argentina, los animadores de Contor­ dad de lo literario se alejaron de la rigidez aca­
no trataron de dar forma en el territorio nacio­ démica imperante en los estudios literarios, Io
nal al ideal sartreano del intelectual compro­ cierto es que la preocupación literaria y cultu­
metido. Abrevando en fuentes de un marxismo ral terminó siendo completamente absorbida
ecléctico e irreverente, fuertemente teñido por por las batallas políticas e ideológicas, como lo
el existencialismo y el psicoanálisis, la revista demuestra la temática misma adoptada en los
Contorno inicia un nuevo estilo de interven­ dos números finales de la revista, uno consa­
ción crítica y de denuncia. Pero a la hora de de­ grado al peronismo y el otro, al frondicismo.
finir una alternativa política que fuese capaz de En esto, las semejanzas con la primera genera­
superar la impasse liberal y la ‘encrucijada’ pe­ ción revisionista son evidentes, aunque los
ronista, la apuesta al desarrollismo frondicista, críticos no hayan prestado atención a este pa­
que tanto sedujo a los redactores de Contorno, ralelismo. Si los revisionistas encontraron en 187
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

la historia la disciplina ideal para ocuparse de bién deslindar posiciones con los sectores que
hacer política y para formular un nuevo pro­ desde la izquierda tradicional -la del Partido
grama político, los contornistas encontraron Socialista y la del Partido Comunista- busca­
en el estudio de la literatura argentina, del pa­ ban capitalizar la orfandad y el descontento de
sado y del presente, un territorio de predilec­ los obreros peronistas. En el vocabulario mar­
ción para elaborar un nuevo proyecto político: xista de los hombres de Contorno, esos obreros
el de una “nueva izquierda argentina” que ya ya eran claramente identificados con el “prole­
empezaba a adquirir los “contornos” de lo que tariado” sin el cual ningtma “revolución” sería
muy pronto sería la “izquierda nacional”. posible. Con una prosa ágil y desenfadada,
En el terreno propiamente cultural y lite­ buscando diferenciarse del encorsetado voca­
rario, Contorno buscó distanciarse tanto de la bulario académico, los contornistas utilizaron
generación martinfierrista como de la revista fórmulas muy sugestivas, como aquella de “las
Sur, cuestionando abiertamente a su directo­ izquierdas, esas solteronas” o del “estrabismo”
ra, Victoria Ocampo, “señora de la Cultura”, y en la vida cultural y política argentina. Es difí­
a su revista, a la que calificaban de “triste ca­ cil no compartir la idea de Marcela Crocce se­
terva de intelectuales” que se presta a “los más gún la cual, si la revista hubiese seguido publi­
viles menesteres”, poniéndose al servicio del cándose, el próximo número hubiese estado
“antiperonismo colonialista”. La común dedicado al castrismo o al guevarismo.
oposición al régimen peronista, que había
mantenido unida a la casi mayoría de los sec­ LA INFLUENCIA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA
tores intelectuales, comenzó entonces a res­
quebrajarse seriamente. Si ese frente unitario Si el peronismo, ese “hecho maldito” de la
aparece delineado en el famoso número 237 historia argentina, había significado una ver­
de la revista Sur, fechado en noviembre-di­ dadera división de aguas —que se hizo más ta­
ciembre de 1955, el número 7-8 de la revista jante aún después de su caída—, la Revolución
Contorno consagrado al peronismo, que lleva Cubana ejerció una influencia que merece no
por fecha julio de 1956, es el mojón visible de ser desestimada. Esa primera “revolución en
esa ruptura. Los artículos de este número castellano”, que había nacido bajo signos al co­
pueden leerse aún hoy con interés por el es­ mienzo equívocos —hasta el punto de que la
fuerzo intelectual y conceptual que muchos elite liberal comparó la caída de Batista con la
de sus autores estaban realizando para eluci­ de Perón, viendo en ambos acontecimientos la
dar el “fenómeno peronista”. Así, por ejemplo, clausura de una época de regímenes dictato­
el artículo de Tulio Halperín Donghi, “Del riales-, generó entusiasmos masivos y no po­
fascismo al peronismo”, que inaugura una cas condenas y contribuyó a agudizar un en­
preocupación que ya no abandonará nunca a frentamiento en el que la cultura quedaría
su autor y que originó una obra imprescindi­ cada vez más subsumida por la política. Se tra­
ble para entender no ya al peronismo sino a ta de una época que Sur, “revista de minorías”,
toda la historia argentina del siglo XX. ya no podrá comprender. El desplazamiento
Para construir un nuevo proyecto cultural de una cultura elitista a una cultura de masas
188 y político, la revista Contorno necesitaba tam­ —comenzada ya durante la década peronista­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLITICA

encontrará en la expansión y modernización bre del 1960 y noviembre de 1961-, cuyo títu­
de los sesenta un clima de época muy particu­ lo es ya demasiado tributario de una agenda
lar, estudiado en los trabajos de Oscar Terán, que va perdiendo en el camino las urgencias
Silvia Sigal y Federico Neiburg. Son los años culturales.
en que una revista como Primera Plana, diri­ La enorme popularidad que despertaban
gida por el periodista Jacobo Timerman, in­ en la juventud latinoamericana la causa cubana
fluía sobre la política hasta el punto de que se y la figura emblemática del Che Guevara des­
le adjudicó la caída del gobierno de Illia, concertaba e indignaba a la directora de la re­
orientaba los gustos literarios y cinematográ­ vista Sur. La atribución de premios literarios
ficos del público de clase media y difundía el que Cuba realizaba a través de La Casa de las
psicoanálisis y el boom de la literatura latinoa­ Américas ejerció un poderoso atractivo entre
mericana esa literatura que la revista e institu­ los escritores latinoamericanos, convirtiendo a
ción cubana Casa de las Américas apoyaba y la pequeña isla en una especie de “Roma anti­
promocionaba y que Sur seguía ignorando. llana”, según la fórmula de Halperín Donghi.
Un símbolo de este aumento general del con­ No es para nada anecdótico que esta institu­
sumo cultural fue la creación de la Editorial ción cubana haya provocado la primera crisis
Universitaria de Buenos Aires, EUDEBA, con digna de ese nombre en la larga vida de la revis­
publicaciones que se vendían por millones de ta Sur. José Bianco había sido invitado a Cuba a
ejemplares en los quioscos de diarios y revis­ tomar parte en actividades culturales organiza­
tas. Esta época de efervescencia cultural y de das por la Casa de las Américas. El escritor in­
liberalización de las costumbres se producía sistió en que iba como persona privada y no co­
en el marco político de la Guerra Fría y con un mo representante de Sur, pero Victoria
peronismo que crecía al calor de las proscrip­ Ocampo publicó una declaración afirmando
ciones. A pesar de la rigurosa veda política que que la revista rechazaba la iniciativa. Bianco se
intentaba irnponérsele, el peronismo seguía encontró en una situación intolerable y presen­
siendo la fuerza que más pesaba electoralmen­ tó su renuncia como jefe de redacción, después
te. En esta época de omnipresencia devorado­ de haber desempeñado el cargo durante vein­
ra de lo político se producirá el agotamiento titrés años. La indignación y las perplejidades
lento pero inexorable de la revista Sur. de la directora de Sur irían en aumento, como
La primacía de la política tuvo durante el lo indica su comentario ante el éxito editorial
laboratorio desarrollista una publicación am­ de algunos autores argentinos que habían cola­
biciosa, la revista Qué, financiada por el em­ borado en su revista y que ahora se pronuncia­
presario Rogelio Frigerio, hasta el punto de ban a favor de la Revolución Cubana: “Al mis­
que por aquellos años se la llamó “la biblia”; mo tiempo, hecho insólito, el vulgo compra las
aunque Contorno, identificada también con la obras de Cortázar (tan luego de Cortázar) y se
apuesta frondicista, la haya criticado acerba­ pasea con sus libros en Torino o en subte o en
mente. En el territorio de las revistas de opi­ colectivo. Sin embargo, Cortázar es netamente
nión, el castrismo y el guevarismo se materia­ un autor para minorías, no para lectores a quie­
lizaron tempranamente con la publicación de nes ha de aburrir fabulosamente, porque no es­
la revista Che —dieciséis números entre octu­ tán preparados para digerirlo y saborearlo”. 189
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Los acontecimientos políticos argentinos porar como temas prioritarios de sus agendas
también resultaron desconcertantes para la re­ las cuestiones culturales y nacionales. Dentro
vista Sur. En 1970 cesó la aparición regular de de la ortodoxia y el dogmatismo comunistas,
ésta. La revista comenzó entonces a narrar su con un mundo de referencias culturales es­
historia, publicando números anuales o se­ trechamente limitado a la traducción de auto­
mestrales que reeditaban lo mejor de su pro­ res rusos, la obra de Héctor Pablo Agosti
pia producción. Las palabras de Victoria —apoyándose en la traducción al castellano de
Ocampo para explicar el cierre de Sur “des­ los escritos del comunista italiano Antonio
pués de cuarenta años” son patéticas: “En toda Gramsci- produjo una renovación que algu­
mujer se oculta un ama de casa que ejerce su nos no dudaron en calificar de “revolución
vocación de fregona en los más variados me­ cultural”. Sin embargo, Agosti logró mantener
nesteres (...) Barramos pues el piso, enjuague­ su iniciativa dentro del cauce partidario. Este
mos los platos (...) apaguemos las luces, abra­ intelectual comunista estaba dotado de un
mos las ventanas para ventilar”. No existieron particular sentido del equilibrio, el mismo que
muchas revistas argentinas dirigidas por mu­ le permitió dirigir desde 1950 hasta su muer­
jeres y Sur fue durante este período una nota­ te, en 1984, la revista Cuadernos de Cultura, fi­
ble excepción. Que su directora —quien tam­ nanciada por el Partido Comunista Argentino,
bién había fundado la Unión Argentina de que alternaba en sus páginas la ortodoxia de
Mujeres- anunciase su cierre con la metáfora un Ghioldi o un Codovila y las polémicas agi­
del regreso a los quehaceres domésticos, po­ tadas de jóvenes militantes fascinados por las
dría hacer perder de vista -bajo el impulso de lecturas de Gramsci. Pero las ambiciones inte­
una irrefrenable incredulidad- la dimensión lectuales de Agosti no eran las mismas que las
desesperada de tal acto: Victoria Ocampo es­ de sus jóvenes discípulos y la divergencia de
taba renunciando a la vocación de hacedora y itinerarios se hizo entonces inevitable.
mediadora cultural que había sostenido toda Cuadernos de Cultura se había iniciado en
su vida. Más que por la enfermedad o la vejez, los tiempos del peronismo como una publica­
esta renuncia aparece signada por un gran de­ ción materialmente modesta, casi artesanal.
saliento frente al rumbo que iban adoptando En 1952, sus animadores crearon la Casa de la
los acontecimientos nacionales e internacio­ Cultura Argentina reuniendo a intelectuales
nales. Y este desaliento no era privativo de la de otros horizontes políticos. En 1958, si­
directora de Sur. guiendo la orientación del Partido Comunis­
ta, la revista apoyó al candidato Arturo Fron­
REVISTAS COMUNISTAS dizi. Pero el presidente elegido terminó
clausurando por decreto la revista Cuadernos
La radicalización y el cimbronazo que de Cultura así como la Casa de la Cultura Ar­
afectaron a grandes sectores de la sociedad ar­ gentina. Combinando períodos de legalidad y
gentina llegaron hasta las filas del propio Par­ de clandestinidad, la revista comunista festejó
tido Comunista. Los intelectuales ligados a es­ sus veinticinco años de existencia en 1975,
ta formación política también sintieron el contando en su haber con 128 números publi­
190 impacto del peronismo y comenzaron a incor­ cados. Cuadernos de Cultura logró ser un im­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLITICA

portante referente intelectual para muchos noraria de la revista. El título mismo de la pu­
lectores y no sólo para los militantes comunis­ blicación —y de la editorial- es un homenaje al
tas preocupados por los temas culturales. Per­ libro homónimo que el poeta comunista había
manentemente tironeado entre la necesidad escrito para dar cuenta de su experiencia du­
de autonomía que todo intelectual necesita rante la Guerra Civil Española. Las críticas al
para ejercer su vocación y las exigencias de la director de Cuadernos de Cultura son similares
dirección partidaria que financiaba la revista, en ambos grupos disidentes: se le reprocha a
Héctor Pablo Agosti, “el primer gramsciano Agosti su obediencia al mandato político de
argentino”, generó un espacio de debate que, Victorio Codovila. Pero también son coinci­
con la grilla interpretativa del comunista ita­ dentes los elogios retrospectivos de sus heréti­
liano, también buscaba comprender los pro­ cos discípulos: se rescata su aporte en temas
blemas de la sociedad argentina después del culturales y fundamentalmente que haya sido
“tembladeral” peronista. Cuadernos de Cultura el introductor del pensamiento de Gramsci en
abrió incluso un debate interesante con los la Argentina. El índice de los nueve números
“peronistas de izquierda” (Arturo Iauretche, de La Rosa Blindada indica claramente que los
Juan Iosé Hernández Arregui) y en las páginas temas culturales —incluso las artes plásticas- y
de esta revista, Agosti pudo elaborar las tesis los temas políticos —aun los más radicalizados
de sus principales libros. sobre Cuba o Vietnam- podían coexistir ale­
Dentro de esta matriz iniciada desde la or­ gremente en las páginas de la revista. Aunque
todoxia del Partido Comunista, algunos discí­ el final de esta publicación aparezca estrecha­
pulos de Agosti produjeron escisiones que, al mente ligado al clima político inaugurado por
calor de la radicalización de los años sesenta, el golpe militar de junio de 1966, lo notable es
darán lugar a la creación de dos nuevas revis­ que la editorial La Rosa Blindada continuó su
tas político-culturales: Pasado y Presente actividad y, aunque editó libros de “adoctrina­
(1963-1965), publicada en Córdoba por el miento revolucionario”, también siguió publi­
grupo que dirigía Iosé Aricó, y La Rosa Blinda­ cando incansablemente libros de poesía. En el
da (octubre de 1964-septiembre de 1966), edi­ estudio preliminar a la publicación del índice
tada en Buenos Aires bajo la dirección de Iosé —y a la reedición de algtmos artículos— de La
Luis Mangieri y Carlos Alberto Brocato. Am­ Rosa Blindada se afirma, no sin pertinencia,
bas publicaciones son la causa por la que sus que “la poesía para esta editorial seguía siendo
animadores y colaboradores (Iuan Carlos Por­ primordial, aun cuando toda la cultura argen­
tantiero, Iosé Carlos Chiaramonte, Oscar del tina se había blindado como la rosa de Raúl”.
Barco, Iuan Gelman, y Andrés Rivera, entre
otros) fueron expulsados del Partido Comu­ Los ¿nos SETENTA
nista Argentino, acusados de “desviacionismo
izquierdista”. Pero si el grupo de Pasado y Pre­ Paradójicamente, si la “iglesia” de los ateos
sente se autopercibía como parte “de una ge­ argentinos no dudaba en excomulgar a quie­
neración que no reconoce maestros”, los parti­ nes se iban acercando ineluctablemente a pro­
cipantes de La Rosa Blindada habían dado al puestas cada vez más radicalizadas, la Iglesia
poeta Raúl González Tuñón la dirección ho­ Católica impulsó desde su propio seno esa ra­ 191
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

dicalización. La experiencia del Concilio Vati­ Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos


cano II fue retomada por la publicación ar­ Aires. De su diálogo con los marxistas sartrea­
gentina que mejor representó ese camino: nos de Contorno y con el ex director de la re­
Cristianismo y Revolución, con treinta núme­ vista De Frente, John William Cooke, radicado
ros publicados entre septiembre de 1966 y en Cuba, extrajo conclusiones y enseñanzas
septiembre de 197 l. El Concilio Vaticano II de que lo llevaron a crear y a dirigir la revista
1965 y los documentos emanados de él dieron Cristianismo y Revolución hasta su muerte ac­
forma a una nueva orientación para los cató­ cidental en 1970. La revista comenzó a publi­
licos. Se condenaba allí “la pobreza, la injusti­ carse apenas tres meses después de la instala­
cia y la explotación”, se denunciaba “el afán ción del régimen militar de Onganía y en sus
humano de poder y riquezas”, se incitaba a los páginas se recusó frontalmente el “cristianis­
cristianos a “luchar por la igualdad y contra la mo” de esa autodenominada “revolución”
injusticia”. Y si en esta lucha la violencia no fue que, para Elorrio y sus discípulos, no era ni
preconizada de modo oficial, la excepción que verdaderamente “cristiana” ni remotamente
dejaba abierta era ya demasiado susceptible de “revolucionaria”.
interpretaciones apasionadas. Los sacerdotes Son ya conocidas la radicalización y la pe­
obreros se habían anticipado en la práctica a ronización de amplios sectores de las clases
estas ideas, pero la creación en 1967 del “Mo­ medias durante estos años. La recordada “no­
vimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo” che de los bastones largos” en la Universidad
y de los “Obispos del Tercer Mundo”, así como de Buenos Aires llevó a la renuncia y al exilio
la famosa conferencia de Medellín del episco­ a muchos docentes. El espacio posible para
pado latinoamericano en 1968, dieron a esta una “tranquila” instalación académica fue re­
iniciativa católica un sesgo que sus autores ya duciéndose hasta casi desaparecer. Si el pero­
no pudieron controlar. Esta “teología de la li­ nismo seguía teniendo un peso indiscutible en
beración” encontró en las páginas de la revis­ el mundo obrero, gracias a las estructuras sin­
ta Cristianismo y Revolución, dirigida por Iuan dicales, y aun a pesar de la división de esas es­
García Elorrio, un modo de debatir los pro­ tructuras sindicales, la radicalización y la pe­
blemas políticos y culturales que era inversa­ ronización de amplios sectores de las clases
mente proporcional al estilo que seguía propi­ medias llevaron por momentos a puntos de
ciando la revista católica Criterio. Así, por encuentro muy significativos entre militantes
ejemplo, el primer número de Cristianismo y peronistas y escritores o intelectuales, como
Revolución indicaba, en la pluma de su direc­ en la experiencia de la CGT de los Argentinos,
tor, que “la revolución no sólo está permitida dirigida por Raimundo Ongaro, cuyo influ­
sino que es obligatoria para todos los cristia­ yente periódico fue concebido y realizado por
nos”. Y esta revolución tenía que ser, en el con­ el escritor Rodolfo Walsh, hoy desaparecido.
texto argentino, “popular y nacional”, es decir, Signo de la época, si la revista Sur concluía
peronista. Originario de una familia católica que ante este panorama sólo quedaba el pru­
conservadora, García Elorrio había renuncia­ dente y amargo recurso del refugio en la inti­
do a su carrera eclesiástica, realizado el iniciá­ midad hogareña, los sectores intelectuales que
192 tico viaje a Cuba y frecuentado la Facultad de ya podían identificarse como pertenecientes a
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

esa “izquierda nacional” que se venía gestando gobierno militar, la audacia no logró ir más
desde 1955, se veían en cambio embargados allá de agosto de 1976.
por el mayor optimismo. A veces excesivo, co­ Es importante destacar que aun en aque­
mo cuando festejaron el 25 de mayo de 1973, llos temas en los que la revista Crisis tenía una
y despidieron en la Plaza de Mayo al general posición indeclinable, como frente al revisio­
Lanusse y a su equipo al grito de “no volverán”. nismo histórico, nunca desdeñó la confronta­
El optimismo político de este sector llevó a la ción con las opiniones contrarias. Así, por
creación de una empresa cultural cuyo título ejemplo, la tendenciosa encuesta “¿Se enseña
parecía, sin embargo, albergar ya pocas ilusio­ en la Argentina la historia real del país?” apa­
nes sobre la posibilidad de solucionar los pro­ recida en diciembre de 1973, en la que se pu­
blemas argentinos en esos tiempos cada vez blicó la opinión de quince especialistas. No es
más agitados y más violentos. Si la Í‘revolu­ sorprendente que sólo uno de los encuestados
ción” era una causa que ganaba cada vez más respondiera afirmativamente. Lo significativo
adeptos, el retorno del peronismo al gobierno es que no dudaran en darle la palabra al histo­
no parecía poder frenar esa lógica de guerra riador Enrique de Gandía, miembro de la
que ya se había instalado dentro de las filas del Academia Nacional de la Historia, quien afir­
propio movimiento. Sin embargo, la necesi­ ma desde las páginas de la revista Crisis que
dad de generar nuevos espacios culturales se “algunos problemas de la historia argentina
empecinaba en existir. La revista que mejor lo son utilizados por los nazis y los comunistas
expresó en los pocos años de retorno del pero­ en defensa de sus totalitarismos”. Si la opinión
nismo fue Crisis, dirigida por Federico Voge­ de los historiadores revisionistas aparece am­
lius y Eduardo Galeano. El primer número de pliamente representada y es mayoritaria, Cri­
ésta apareció en mayo de 1973 declarando que sis no deja por ello de solicitar la opinión de
su objetivo no era el de “reproducir los esque­ historiadores menos propensos al maniqueís­
mas de las revistas tradicionales”. Los anirna­ mo, como Félix Luna o Iosé Luis Romero,
dores de Crisis anuncian que van a ocuparse quienes también se explayan ampliamente en
de los procesos literarios y de la revisión histo­ las páginas de la revista, pero para fundamen­
riográfica, pero que pretenden también “ana­ tar una posición alejada tanto de la versión li­
lizar los problemas de la infraestructura cultu­ beral como de la interpretación revisionista.
ral, recoger los testimonios más escondidos y Aunque represente un modelo de politización
marginados de la cultura popular, atender a absoluta, la revista Crisis es un buen ejemplo
las formas masivas de comunicación e infor­ de que aun en una época histórica “terminal”,
mación”. Hasta marzo de 1976 se habían pu­ como la de aquellos años del gobierno de Ma­
blicado 35 números de la revista Crisis y unos ría Estela Martínez de Perón, las preocupacio­
cuantos números temáticos de los Cuadernos nes culturales siguieron intentando, desespe­
de Crisis. Incluso luego del golpe militar del 24 radamente, ocupar un lugar en el mundo de
de marzo, el equipo de la revista intentó con­ los argentinos.
tinuar la publicación bajo la nueva dirección Si se comenzó este capítulo señalando que,
de Vicente Zito Lema. Aunque probaron en lo que hace a las revistas culturales argenti­
adaptarse a la censura previa impuesta por el nas, el siglo XX se inicia con la publicación de 193
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

Nosotros, huelga preguntarse ahora cuál es la tir de 1983. La instalación exitosa en el mun­
publicación más representativa para cerrar el do universitario y científico del período de­
ciclo aquí estudiado. Cabe inclinarse por la re­ mocrático otorgó a sus principales colabora­
vista Punto de Vista, que aún sigue publican­ dores una legitimidad académica que amplió
dose y cuyo primer número fue lanzado en el círculo de lectores de Punto de Vista. Sin
pleno régimen militar. La historia de esta embargo, desde el título mismo de la publica­
aventura, narrada por su propia directora, ción -poco ambicioso, por cierto- ya se estaba
Beatriz Sarlo, es altamente representativa de la reconociendo que el “punto de vista” de los di­
voluntad obstinada de un grupo de intelectua­ námicos animadores de la empresa estaba des­
les. Estapbstinación por crear espacios pro­ tinado a no ser más que eso: una opinión en­
pios de poder y de comunicación llevó a Bea­ tre muchas otras.
triz Sarlo, Carlos Altamirano y Ricardo Piglia
a imaginar el modo de continuar la experien­
cia de dirección que habían compartido en la A MODO DE CONCLUSIÓN

revista Los Libros, fundada en 1967 por Héctor


Schmucler y clausurada por los militares en Desde aquel título inclusivo y totalizador
mayo de 1976. Lo insólito es que para hacerlo del “Nosotros somos todos” a este otro más
recurrieran al apoyo financiero de un peque­ modesto, o en todo caso resignado a no abar­
ño partido de izquierda que, aunque no pre­ car ninguna totalidad, que se limita a ofrecer
conizaba la lucha armada, acababa de ser de­ un Punto de Vista, se dibuja una larga trayec­
clarado ilegal por el gobierno de Videla. El toria histórica, tal vez la de una especie en vías
primer número de Punto de Vista fue publica­ de extinción, que no es privativa del único es­
do en marzo de 1978, aunque muy pocas per­ cenario argentino. La especialización acadé­
sonas lo hayan leído o se hayan enterado de su mica, la valorización de una estricta división
existencia: “quedamos literalmente cubiertos entre las disciplinas, las dificultades -aun en
de sobrantes”, recuerda su directora. Peor aún, un mundo globalizado e informatizado- de
mientras preparaban el tercer número de la sintetizar el conjunto de los conocimientos,
revista, toda la dirección del grupo político sumadas en el caso argentino a las numerosas
que oficiaba de mecenas fue objeto de una fe­ frustraciones de la vida política, con el resul­
roz represión. Pero el hecho no logró socavar tado casi siempre decepcionante del com­
la voluntad de los editores: “discutimos si ce­ promiso político de los intelectuales, ya dejan
rrarla definitivamente y concluimos que la poco espacio para las revistas que sepan com­
publicación era tan invisible que no parecía binar en sus páginas vida cultural y análisis
completamente insensato arriesgarse a seguir político. En todo caso, esta función parece
editándola. Reafirmamos el pacto de guardar hoy primordialmente ejercida por empresas
en absoluto secreto el vínculo inicial de la re­ periodísticas rentables, pertenecientes a gran­
vista con los políticos desaparecidos”. Tal deci­ des grupos de la industria de la información.
sión dejó a este pequeñísimo grupo en inme­ El voluntarismo de un director, ese compro­
jorables condiciones para ocupar un espacio miso militante con una empresa cultural, ya
194 acorde con sus ambiciones intelectuales a par­ no ocupa en este tipo de publicaciones el pa­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

pel motor y determinante que ocupó en todas cances sigue siendo una tarea difícil, por no
las revistas aquí estudiadas. Que estas revistas decir imposible. No hubo proyecto cultural o
hayan podido existir y desarrollarse, aun en político que no necesitara expresarse en una
períodos políticos muy poco favorables, su­ publicación periódica. Dilucidar la influencia
giere que no es posible establecer una relación que estas revistas ejercieron en la masa de lec­
mecánica entre los hechos culturales y los he­ tores, la manera en que influyeron en sus há­
chos políticos. Pensar en la interrelación de bitos colectivos, e incluso su capacidad —o
éstos permite detectar la primacía de uno u no- de generar a su vez hechos políticos —y no
otro campo en cada momento histórico, sin solamente de registrarlos o de sufrirlos-, si­
caer en determinismos establecidos a priori. gue siendo una tarea pendiente. Al servir de
Si toda revista cultural es hija de su propio guía para intentar una mirada de conjunto de
tiempo y difícilmente pueda abstraerse de las este largo siglo XX argentino, las revistas que
circunstancias políticas y sociales que la ro­ supieron interesarse por la cultura y por la
dean, las empresas culturales, como los itine­ política oficiaron también como agradable
rarios individuales y colectivos, son lábiles y compañía. El viaje fue menos amargo porque
permeables. a través de esta constelación de tinta y de pa­
Aunque el corpus aquí presente sea muy pel fue dibujándose un país en el que muchas
acotado -las publicaciones evocadas no son generaciones de hombres y mujeres demos­
más que la punta del iceberg—, el papel que traron obstinadamente que, a pesar de tantas
desempeñaron las revistas en la vida cultural y sucesivas decepciones políticas, la Argentina
y en la vida política de este siglo parece, re­ podía seguir siendo un territorio donde valía
trospectivamente, muy importante. Sin em­ la pena vivir, trabajar, pensar y, obviamente,
bargo, una valoración de sus verdaderos al­ publicar una revista.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁHCA

El estudio de las revistas se fue irnponien­ Mucho más tardíamente, los historiadores se
do como una necesidad en la historiografía in­ fueron haciendo cargo del fabuloso mundo aún
ternacional de los últimos quince años. Tanto en nebulosa constituido por esas publicaciones
para la renovación de la historia cultural co­ periódicas “a mitad de camino entre el carácter
mo de la historia política las revistas aparecie­ de actualidad de los diarios y la discusión grave
ron como fuentes insoslayables y hasta enton­ de los libros”. Así, por ejemplo, el Comité Argen­
ces poco auscultadas. En el caso argentino, el tino del Comité Intemacional de Ciencias I-Iis­
impulso pionero fue dado por los estudiosos tóricas consagró sus sextas jornadas, realizadas
de la literatura, con una síntesis de envergadu­ en 1996, a Las revistas y la historia. Las ponencias
ra, cuya primera edición es de 1962: HECTOR presentadas en dichas jomadas fueron publica­
RENE LAFLEUR, SERGIO D. PROVENZANO y FER­ das en la revista Clio, n°4, Buenos Aires, 1997.
NANDO P. ADONSO, Las revistas literarias argen­ La creación, en 1986, del Institut Mémoi­
tinas 1893-1967, Buenos Aires, 1968. res de l’Edition Contemporaine (de aquí en 195
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

adelante, mencionado como IMEC) significó bre revistas argentinas, que fueron reunidas en
un impulso decisivo para el estudio de las re­ el libro La cultura de un siglo: América latina
vistas francesas y de otras regiones del mun­ en sus revistas, Buenos Aires, 1999.
do. Gracias a esta inspiración e incitación del La reflexión llevada a delante por el Insti­
IMEC se realizaron en París dos importantes tut Mémoires de l’Edition Contemporaine fue
encuentros internacionales consagrados al de capital importancia para el estudio sobre
estudio de las revistas latinoamericanas del las revistas argentinas. Su director, Olivier
siglo XX: los coloquios del CRICCAL de 1988 Corpet, realizó un trabajo tenaz de fomento
y 1990, cuyas actas fueron publicadas como de los estudios sobre revistas y ayudó a definir
Le discours culturel dans les revues Latino­ el estatuto particular de estas publicaciones en
Américaines, 1940-1970, París, 1990, y Le dis­ el mundo de la prensa periódica: “la prensa in­
cours culturel dans les revues Latino-Américai­ tenta informar y la revista debatir. La prensa se
nes de Pentre-deux-guerres, 1919-1939, París, escribe en modo afirmativo y la revista en mo­
1990. do reflexivo”. Según Corpet, cada revista pue­
Es fácil percibir que por sus propuestas, de ser considerada como “la expresión de una
sus objetivos y sus alcances, las revistas desem­ pasión” individual o colectiva. Y si cada una de
peñan un papel irremplazable y único en el ellas “busca abrir un espacio de sociabilidad li­
mundo intelectual y en la vida cultural. Entre teraria e intelectual desde donde se organicen
1996 y 1998, en el marco de un convenio de in­ intercambios y confrontaciones”, al ser porta­
vestigación entre el Centre National de la Re­ voces de los ideales y las ilusiones de una gene­
cherche Scientifique (CNRS) y el CONICET, ración, cada nuevo emprendimiento puede
que tuvo como sede argentina a la Academia parecer “la organización de un complot”. En la
Nacional de la Historia, se interrogó sobre la afirmación y delimitación de territorios, así
posibilidad de ir más lejos y de explorar la in­ sean éstos generacionales, estéticos, morales o
tersección entre la vida política y la vida cultu­ ideológicos, las revistas de ideas comportan
ral a través de las revistas de opinión. Las re­ siempre grandes desafíos: “Ligadas a grupos, a
vistas que combinaban el debate y el combate movimientos de ideas, reunidas en torno a
de ideas parecieron un corpus por demás esti­ fuertes personalidades, las revistas de ideas
mulante para elaborar una historia de la inte­ son ante todo revistas de intelectuales com­
lectualidad argentina. El resultado de este tra­ prometidos cuya ambición es desarrollar una
bajo se encuentra en la obra codirigida por reflexión sobre todos los fenómenos de la vida
DIANA QUATTROCCHI-WOISSON y NOEMI GIR­ social y cultural, promoviendo debates sobre
BAL DE BLACHA, Cuando opinar es actuar. Revis­ las cuestiones políticas, ideológicas, sociales o
tas argentinas del siglo XX, Buenos Aires, 1999. éticas”. Algo similar afirmaba el escritor Paul
Contemporánea de esta iniciativa fue la reu­ Valéry, en su discurso de recepción en la Aca­
nión internacional organizada por SAUL Sos­ demia Francesa, cuando decía que las revistas
NOWSKI en Buenos Aires con el objeto de cele­ eran “verdaderos laboratorios donde se cal­
brar los primeros veinticinco años de su dean los ánimos y se experimentan numerosas
revista Hispamérica. En dicho encuentro se tentativas, audaces e incluso irnprudentes hi­
196 presentaron muchas ponencias novedosas so­ pótesis que permiten avanzar a las ciencias y a
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

las artes con un entusiasmo renovador”. Véa­ ción sine qua non en el lanzamiento de una re­
se OLIVIER CORPET, “La revue”, en Histoire de vista, a tal punto que una revista es a menudo
Droites en France, tomo 2, París, 1992, y del la historia de una aventura personal y de una
mismo autor, “Les revues d’idées” y “Revues obstinación individual. Sin embargo, y a pesar
littéraires”, en Encyclopaedia Universalis, París, de ese acendrado individualismo que las ca­
1990. racteriza, algunas revistas logran trascender
Es indudable que la decisión de crear una estos límites y convertirse en canal de una ex­
revista responde a un imperativo en el que se presión colectiva. Si toda revista responde a
cruzan necesidades individuales y colectivas. una estrategia de poder individual o grupal,
La aparición y la publicación regular de una las redes que se tejen alrededor de una empre­
revista permiten a sus directores y colabora­ sa de estas características, entre directores y
dores crear una esfera de influencia nada des­ colaboradores, entre redactores y público,
preciable en el terreno de las actividades inte­ constituyen una zona de influencia cuyos al­
lectuales. Tanto para la creación literaria o cances no siempre es posible cuantificar, ni
artística, como para las disciplinas que hoy se predecir. Si su tirada y permanencia en el
han dado en llamar ciencias humanas y socia­ tiempo pueden dar algunas indicaciones, no
les —la historia, la filosofía, la política o la crí­ se agota allí la capacidad de influencia de una
tica literaria-, la revista es un instrumento publicación.
muy adecuado en toda estrategia de poder in­ Para el estudio de las revistas argentinas es
telectual. No hay actividad profesional ligada de suma utilidad el repertorio pormenorizado
al pensamiento que no necesite poseer su pro­ de WASHINGTON LUIS PEREYRA, La prensa litera­
pio canal de expresión y es fácil detectar el re­ ria argentina 1890-1974, cuatro volúmenes,
flejo corporativo en el surgimiento de toda Buenos Aires, 1993-1998. También la ASOCIA­
publicación especializada. En una revista se CIÓN ARGENTTNA DE EDITORES DE REVISTAS co­

promocionan libros, autores, cursos, confe­ menzó a ocuparse del estudio de algunas publi­
rencias; en ella se consagran cánones estéticos caciones periódicas a partir de la muestra
o epistemológicos aexpensas de otros cánones realizada en la Biblioteca Nacional en 1994: Ca­
estéticos y epistemológicos. Los climas de épo­ tálogo de la muestra: Los primeros 100 años de las
ca y los fenómenos de moda no son desprecia­ revistas argentinas, 1837-1937, Buenos Aires,
bles, pero lo que es constante en estos proyec­ 1994; Historia de las revistas argentinas, dos to­
tos es la ambición de poder que signa la mos, Buenos Aires, 1997. Una historia general,
empresa. Para fundar una revista hay que estar amena y bien documentada es la de CARLOS
convencido de tener algo original para decir y ULANOVSKY, Paren las rotativas. Historia de los
comunicar. El mensaje que intenta enviarse a grandes diarios, revistas y periodistas argentinos,
un público determinado pareciera justificar el Buenos Aires, 1997. Un trabajo más amplio y
emprendimiento, pero hay otros móviles, que, erudito es el de BOYD G. CARTER, Historia de la
sin ser ocultos, no son siempre conscientes en literatura hispanoamericana a través de sus revis­
quienes identifican la necesidad de una activi­ tas, México D. E, 1988. El papel desempeñado
dad cultural de esta índole. La presencia de por los intelectuales españoles en la prensa y en
una personalidad fuerte y decidida es la condi­ las revistas argentinas ha sido estudiado por 197
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

EMILIA DE ZULETA, Relaciones literarias entre Es­ análisis y de interpretación para muchos de
paña y la Argentina, Madrid, 1983. los períodos y de las revistas aquí menciona­
El lamentable deterioro del sistema biblio­ das: CARLOS ALTAMIRANO y BEATRIZ SARLO, Lite­
tecario argentino, que en algtmos períodos lle­ ratura y sociedad, Buenos Aires, 1983, y Ensa­
gó a ser el mejor de América latina, hoy no yos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia,
permite siquiera disponer de lugares de con­ Buenos Aires, 1997.
sulta donde se encuentren colecciones com­ Para la constelación de las revistas comu­
pletas de las revistas más importantes. La dis­ nistas. véanse: HECTOR P. AGOsTI, Nación y cul­
persión es la regla. Si la Biblioteca Nacional o tura, Buenos Aires, 1982; IOsE ARICO, La cola
la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Le­ del diablo. Itinerario de Gramsci en América la­
tras de la Universidad de Buenos Aires dispo­ tina. Buenos Aires, 1988, y NESTOR KOHAN, “La
nen aún de fondos importantes, la posibilidad Rosa Blindada. Una pasión de los ‘60”, Buenos
de conservarlos en buen estado y de ofrecerlos Aires, 1999.
a la consulta parece presentar una contradic­ La revista Sur contó con el trabajo pione­
ción insalvable. Además, a causa de los dife­ ro de JOHN KING, “Sur, estudio de la revista li­
rentes períodos de veda política o de repre­ teraria argentina y de su papel en el desarrollo
sión, hay títulos que son prácticamente de una cultura, 1931-1970”, México D. F., 1989
inhallables en los repositorios argentinos. (su primera versión en inglés: Cambridge,
Fundaciones privadas y coleccionistas intenta­ 1986). Una excelente biografía de Victoria
ron suplir estas falencias, dándose el caso muy Ocampo es la de LAURA AYERZA DE CASTILLO y
singular de Washington Pereyra, quien a tra­ ODILE FELGINE, Victoria Ocampo, París, 1990,
vés de su fundación Bartolomé Hidalgo orga­ así como las obras de BLAS MATAMORO, Genio
nizó un repertorio pormenorizado y un espa­ y figura de Victoria Ocampo, Buenos Aires,
cio de consulta muy completo de revistas 1986, y OscAR HERMES VILLORDO, El grupo Sur,
argentinas y americanas. una biografía colectiva, Buenos Aires, 1993.
Para una visión social y políüca de las cues­ Para la revista Martín Fierro, se remite a los
tiones culturales y literarias siguen mereciendo estudios de C. CORDOVA ITURBURU, La revolu­
un lugar destacado los tres volúmenes de la His­ ción martinfienista, Buenos Aires, 1962; EDUAR­
toria de la Literatura Argentina, editados por el DO GONZALEZ LANUZA, Los martinfierristas, Bue­
Centro Editor de América Latina; así como los nos Aires, 1962; ADOLFO PRIETO (selección y
estudios de IORGE RIVERA, El auge de la industria prólogo), “El periódico Martín Fierro”, Buenos
cultural (1930-1955), Buenos Aires, 1968, y El Aires, 1968, yAntología de Boedo y Florida, Cór­
periodismo cultural, Buenos Aires, 1995. El pre­ doba, 1964; BEATRIZ SARLO (antología y prólo­
cursor de este tipo de análisis es DAVID VIÑAS, Li­ go), Martín Fierro (1924-1927), Buenos Aires,
teratura argentina y realidad política, Buenos Ai­ 1969.
res, 1964 (existen ediciones posteriores), y su Para la revista Caras y Caretas es sumamen­
más reciente Literatura argentina y política De te útil el estudio de JORGE RUFFINELLI, “La revis­
Lugones a Walsh, Buenos Aires, 1996. ta Caras y Caretas”, Buenos Aires, 1968. La re­
Los estimulantes trabajos de Carlos Alta­ vista Nosotros cuenta con un impresionante
198 mirano y Beatriz Sarlo aportan elementos de trabajo bibliográfico, editado por el FONDO NA­
LAS REVISTAS EN LA VIDA INTELECTUAL Y POLÍTICA

CIONAL DE LAS ARTES, Bibliografia de la revista mo fuentes privilegiadas y que se interesan por
Nosotros 1907-1943, Buenos Aires, 1959. La re­ los cruces entre la vida intelectual y la vida polí­
vista Claridad fue objeto de una documentada tica, tanto durante el período peronista como
tesis doctoral, la de FLORENCIA FERREIRA DE durante los años sesenta: ALBERTO CIRIA, Política
CAsss0NE, ”Claridad y el intemacionalismo y cultura popular: la Argentina peronista, 1946­
americano”, Buenos Aires, 1998. La revista Con­ 1955, Buenos Aires, 1983; Cultura y Política en
torno posee un último y estimulante estudio, el los años ‘60, Buenos Aires, 1997; DIANA QUAT­
de MARCELA CROCCE, ”Contorno: izquierda y TROCCHI-WOISSON, Los males de la memoria.
proyecto cultural”, Buenos Aires, 1996. Historia y política en la Argentina, Buenos Aires,
Para las revistas nacionalistas, siguen sien­ 1997 (primera edición en francés, 1992); SILVIA
do imprescindibles los trabajos de ENRIQUE SIGAL, Intelectuales y poder en la década del se­
ZULETA ALVAREZ, El nacionalismo argentino, senta, Buenos Aires, 1991; PABLO SIRVEN, Perón
Buenos Aires, 1975, e Historia, cultura, nación, y los medios de comunicación (1943-1955), Bue­
Buenos Aires, 1995. nos Aires, 1984; OSCAR TERAN, En busca de la
Finalmente, merecen destacarse algunos es­ ideología argentina, Buenos Aires, 1986, y Nues­
tudios más amplios, que toman a las revistas co­ tros años sesenta, Buenos Aires, 1991.

199
62. LAS ARTES PLÁSTICAS

Rodrigo Gutiérrez Vzñuales


Elisa Radovanovic

Si en buena medida el imaginario creado terminante de la ciudad capital como centro


por los artistas desde tiempos remotos ha te­ consagrador.
nido una presencia decisiva como fuente do­ Este capítulo se propone presentar una
cumental para la construcción de la historia, síntesis de algunos de los procesos históricos
no es menos cierto que el arte, no ya como que jalonaron el ámbito de las artes de la Ar­
medio sino como fin, ha alcanzado un interés gentina. No encontrará el lector largas nómi­
científico que lo ha situado como una de las lí­ nas de artistas como se ha estilado en otras
neas de investigación histórica que más ha ocasiones, cuyas trayectorias individuales son
evolucionado. de público reconocimiento; algunas de ellas
La construcción de nuevas lecturas sobre tendrán lugar ocasionalmente en el desarrollo
el arte argentino ha traído consigo desafíos tan del discurso. Se ha optado por hacer una selec­
significativos y categóricos como la necesidad ción de temas y realizar sobre ellos un acerca­
cada vez mayor de alcanzar una rigurosidad miento conceptual que permita enlazar ciertos
documental que evite al máximo ligeras rein­ hechos artísticos con la evolución histórica del
terpretaciones. Asimismo, se hace menester, ya país durante el siglo XX. En definitiva, no en­
en el terreno de los análisis, romper ciertas es­ contrará aquí el lector ni todos los temas ni to­
tructuras que se han mantenido inalterables y dos los nombres que hicieron al arte argentino
que el tiempo y la indiferencia, a la hora de del siglo XX, pero sí algunos medios y claves
discutirlas o enriquecerlas con nuevos aportes, para acercarse a su comprensión.
han terminado por asentarlas con comodidad.
Es este el caso de las “historias del arte argen­
tino" que han restringido su campo de miras a LA PINTURA DE PAISAJES Y DE COSTUMBRES,
las producciones culturales de Buenos Aires, PARADIGMAS DE UN “ARTE NACIONAL”

obviando casi siempre por completo la exis­


tencia de otros focos artísticos —que los ha ha­ Cronológicamente, el presente capítulo se
bido y los hay, y de importancia para sus me­ inicia en un punto crítico de la historia inter­
dios- en el interior del país, sin que esto nacional, con la declaración de la Primera
signifique poner en tela de juicio el papel de­ Guerra Mundial, que señaló un punto de in­ 201
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

flexión con el liberalismo que venía poten­ sionismo francés, el “manchismo” italiano, el
ciando una visión optimista y sin fin del pro­ naturalismo, el simbolismo y otros muchos
greso. Fue el momento en que la Argentina se “ismos” que llegaban desde Europa traídos,
ubicó como “granero del mundo”. por lo general, por los propios artistas que re­
En lo que a la cultura respecta, la guerra tornaban tras estudiar en los grandes centros
europea significó para los países americanos el como París y Roma.
poner en tela de juicio la validez de un mode­ La mirada de los americanos sobre su pro­
lo intocable como paradigma cultural casi ex­ pia historia y realidad, en buena parte poten­
cluyente. Los cimientos políticos, económicos ciada por la crisis del modelo cultural europeo
y culturales de Europa, que hasta entonces se ya señalada, llevó a muchos artistas a fijar su
habían creído firmes, mostraron su fragilidad atención en el habitante del continente, en sus
y los cuestionamientos no tardaron en llegar. tradiciones, sus costumbres y en el paisaje en
De esto ya había dejado constancia el difundi­ el que estaba inmerso, consolidando en forma
do libro de Oswald Spengler La decadencia de gradual un imaginario básico para la afirma­
Occidente. ción de la “identidad nacional" y la creación de
En forma paralela, se acentuaron los deba­ una conciencia americana.
tes en torno de la propia identidad. En esta Las temáticas autóctonas contaron con el
mirada introspectiva, fueron banderas la recu­ beneplácito oficial, manifestado con claridad
peración de las formas artísticas de los perío­ en las sucesivas ediciones del Salón Anual de
dos precolombino y colonial, que habían sido Bellas Artes, a partir de su creación en 191 l.
relegados a un segundo plano. La evolución Cupertino del Campo, redactor del reglamen­
del pensamiento nacionalista y americanista to de aquél afirmó que “el artista es libre de
de figuras como Ricardo Rojas se mostró en elegir el tema que más cuadre a sus gustos y
plena efervescencia. Producto de sus reflexio­ tendencias [pero] el arte sólo será nuestro,
nes en tal sentido, fueron proyectos como la verdaderamente nuestro, cuando lleve en la
creación de una Escuela de Artes Indígenas en entraña algo del aliento viril y poderoso de la"
la Universidad de Tucumán, en 1914, con pre­ pampa”.
tensiones de instituto de artes decorativas, ins­ La situación señalada se evidenció en la
pirado en la estilización de modelos regionales concesión de los premios, marco en el cual se
y en las imágenes de la arqueología indígena, mostró la preferencia por las obras de “temáti­
pero adaptando todo ello a las necesidades de ca nacional”. Esto era consecuencia, también,
la industria y de la vida modernas. de cierta reacción contra las críticas que ha­
En lo que a la pintura respecta, si bien se bían surgido durante la Exposición del Cente­
consolidaron las normativas dictadas por las nario (1910) declarando que, en comparación
academias, a principios del siglo XX se inició con las escuelas europeas, la pintura argentina
una reacción, lenta pero firme, hacia nuevos carecía de un “arte nacional”.
horizontes estéticos. El paisaje y las escenas de En la Argentina, el costumbrismo tuvo co­
costumbres, con presencia en el siglo XIX en la mo principal protagonista a la figura del gau­
obra de los viajeros y de los costumbristas po­ cho. El máximo exponente del género fue Cesá­
202 pulares, fueron contaminados por el impre­ reo Bemaldo de Quirós, autor durante los años
LAS ARTES PLASTICAS

l Florencio Molina Campos, Pa’tocar en el baile. Colección Zurbarán Galería. Buenos Aires.

veinte de la monumental serie Los Gauchos, con parte, autor de una peculiar obra, donde tuvo
la que alcanzó reconocimiento internacional. cabida la religiosidad popular de la región nor­
Florencio Molina Campos interpretó al hombre teña. Los pueblos de la Quebrada de Huma­
de campo en clave humorística, y alcanzó una huaca acogieron, a su vez, la actividad de nota­
popularidad sin precedentes en el arte argenti­ bles artistas. Tilcara fue lugar de encuentro del
no, a través de la difusión, en los años treinta y ya citado Bermúdez con Iosé Alberto Terry y el
cuarenta, de las láminas de los almanaques de peruano Iosé Sabogal; en todos ellos latía la in­
Alpargatas por él realizadas. Fue, además, uno fluencia estética del español Ignacio Zuloaga,
de los escasos artistas que se impuso antes en el prisma bajo el cual representaron los paisajes y
interior que en la propia Buenos Aires. costumbres del lugar. Sabogal, notable xilógra­
En lo que toca al costumbrismo, debe seña­ fo, fue la figura más sobresaliente de la pintura
larse el papel de relevancia que jugaron las pro­ indigenista del Perú en los años veinte.
vincias del Noroeste argentino como foco irra­ La pintura de paisaje alcanzó su consolida­
diador de vocaciones artísticas que, inspiradas ción y llegó a ser la manifestación más destaca­
en temáticas autóctonas, tuvieron presencia en da del arte en la Argentina. El impulso decisivo
las galerías porteñas. Se puede citar como se produjo a partir de 1916, con el estableci­
ejemplo al santiagueño Ramón Gómez Comet, miento de Fernando Fader en las sierras cordo­
cuya exposición de 1921 en la Galería Chand­ besas, y más precisamente, luego de su instala­
ler de Buenos Aires, tras retornar de Europa, ha ción en lschilín, su “verdadera obsesión
sido a menudo considerada como uno de los pictórica”, tal como confesó el artista en 1921.
hitos de la renovación artística en el país. El tu­ La provincia de Córdoba se convirtió en para­
cumano Alfredo Gramajo Gutiérrez fue, por su digma del “arte nacional”, en aquella “pampa" 203
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

l Fernando Fader. “Sendero florido", 1918. Museo Municipal de Bellas Artes “Juan B. Castagnino", Rosario.

donde se “refugiaba el carácter nacional”, al de­ talmente su puerto, factor de comunicación


cir de Cupertino Del Campo. El prestigio de indivisible de la historia de la ciudad, tuvo un
Fader condujo a ese espacio serrano a numero­ lugar prominente. En este apartado, dada su
sos artistas que persiguieron como intención el vinculación al puerto, es posible incluir a la es­
emular a aquél, viendo en este camino una po­ cuela marinista, en la que se destacó, a princi­
sibilidad para consagrarse en Buenos Aires y, pios de siglo, Justo M. Lynch, seguidor del
en buena medida, captar la atención de los co­ gran precursor en el género, Eduardo De Mar­
leccionistas. Dentro de este esquema puede si­ tino. Lynch, a su vez, supo transmitir su afi­
tuarse la obra de Luis Aquino, Luis Tessandori, ción al joven Oscar Vaz, engendrando así una
ciertas obras de Atilio Malinverno o el primer nueva generación que mantuvo vivo el interés
Antonio Berni. Nacidos en aquella provincia, por los motivos del mar y del puerto. Obvia­
sobresalieron como paisajistas Antonio Pedo­ mente, no fueron los únicos en una rama en la
ne y Iosé Malanca, este último viajero incansa­ que también sobresalieron Benito Quinquela
ble por el continente americano. Martín, figura principal de la llamada “Escue­
Aun sin alcanzar la fortuna que tuvo el la de la Boca”, y Cleto Ciocchini, “el Sorolla de
campo como motivo pictórico en la Argenti­ América”, como llegó a denominárselo, pintor
na, el paisaje urbano, en especial el de Buenos de los hombres del puerto y sus tareas en la
204 Aires, con sus plazas, sus calles y, fundamen­ ciudad de Mar del Plata.
LAs ARTES PLASTICAS

LA BÚSQUEDA DE UNA "MODERNIDAD circulación de estampas japonesas permitía


AMERICANA": ARTES APLICADAS otra de las fuentes esenciales del arte contem­
Y DECORATIVAS poráneo, abriendo infinitas posibilidades pa­
ra incentivar el empleo de los arabescos y las
Al igual que ocurrió en la arquitectura, en líneas ornamentales. Las escenografías reali­
cuanto al rescate de las manifestaciones de la zadas para los ballets rusos puso a disposi­
época colonial americana y al surgimiento y ción de varios jóvenes ávidos de exotismo un
consolidación del estilo “neocolonial” (que conjunto singular de herramientas que les
tuvo en Martín Noel y en Ángel Guido sus ayudaron a romper moldes y buscar nuevos
más conspicuos cultores), las artes aplicadas y caminos.
las artes decorativas vivieron una Edad de Dado este panorama en el que la moda
Oro en las primeras décadas del siglo XX. Los consistía en la búsqueda de “lo primitivo”, no
años veinte marcaron el punto culminante de había de extrañar que muchos artistas fijasen
esta tendencia en la Argentina, cuya génesis su atención en el arte ancestral de América. En
firme había tenido lugar en 1918, con motivo tal sentido, el grupo de artistas argentinos es­
del Primer Salón Nacional de Artes Decorati­ tablecidos en París en torno al pintor español
vas. En él, la Medalla de Oro fue otorgada a Hermenegildo Anglada Camarasa, quien los
Alfredo Guido y Iosé Gerbino por un Cofre es­ incentivó a bucear en las colecciones de arte
tilo incaico. Era el reflejo de un proceso que se precolombino del Museo del Hombre, tuvo un
había consolidado en Europa desde el XIX, te­ papel determinante en este movimiento, ha­
niendo como marco fundamental a las expo­ ciendo de la “Ciudad Luz” una prolongación
siciones universales, acontecimientos que se espiritual de América y fraguando el despertar
constituyeron en símbolos del progreso y americanista que haría eclosión en los años
marcaron el nacimiento del diseño industrial. veinte. Así, no es casualidad que dos artistas
Se fue acentuando en forma gradual la nece­ americanos vinculados a Anglada, el escultor
sidad de un “arte industrial” que aunara belle­ argentino Gonzalo Leguizamón Pondal y el
za y utilidad; las artes decorativas (término mexicano Adolfo Best Maugard, fueran pro­
que sellaba el final del antagonismo entre ar­ pulsores de la enseñanza artística basada en
te e industria) se erigieron en un puente di­ los lenguajes prehispánicos en sus respectivos
recto para la integración de las artes, propi­ países. El primero publicó 10's Cuadernos Vira­
ciada sobre todo por los movimientos cocha, en 1923, mientras que Best Maugard, en
modernistas. el mismo año, hizo lo propio con su Método de
El creciente interés por la recuperación dibujo. Tradición, resurgimiento y evolución del
de las formas y lenguajes del arte prehispáni­ arte mexicano.
co, y su reinterpretación a través de las artes En los salones de artes decorativas de Bue­
contemporáneas, pueden señalarse como un nos Aires participaron activamente otros dis­
eco de movimientos que se estaban afirman­ cípulos de Anglada en París y Mallorca, como
do en París. En la capital francesa, el arte afri­ Alfredo González Garaño y Rodolfo Franco,
cano brindaba a Picasso y a tantos otros ar­ quienes fueron inclinándose decididamente
tistas constantes motivos de inspiración; la hacia los diseños escenográficos, con claro in­ 205
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

l Alfredo Guido y Iosé Gerbino. Pormlibros y cofre de estilo indígena, 1919.

flujo de los ballets rusos. El primero de ellos LA CREACIÓN DE IMAGINARIOS VISUALES


exhibió, en 1917, un notable trabajo de docu­ DE DIFUSIÓN MASIVA
mentación compuesto por cuarenta y seis lá­
minas, destinado al decorado del ballet Caa­ Una de las parcelas más determinantes
porá, obra que Ricardo Güiraldes realizó dentro del quehacer artístico argentino, cuyos
inspirándose en una leyenda guaraní. En 1923 estudios van despertando paulatinamente el
se presentó en el Teatro Colón de Buenos Ai­ interés por parte de los investigadores, es la re­
res, patrocinada por la Comisión Nacional de ferida a la difusión del arte y a su presencia en
Bellas Artes que dirigía Martín Noel, la Com­ los medios. En los últimos años se han realiza­
pañía Peruana de Arte Incaico, que puso en es­ do trabajos tendientes a analizar aspectos has­
cena Ollantay. Franco efectuó, a la sazón, un ta ahora bastante abstractos, como el del “pú­
cartel muy ponderado, mientras que los pin­ blico de arte” y sus verdaderas injerencia y
tores Jorge Bermúdez y Pío Collivadino reali­ participación. Lo mismo puede decirse acerca
zaron las decoraciones. de las revistas de arte y su alcance real como
Además de los salones de artes decorati­ objeto de consumo.
vas, en los años veinte se consolidó una nueva Entre las revistas más populares de cuan­
iniciativa a través de la ejecución de las Expo­ tas circularon en Buenos Aires a principios de
siciones Comunales de Artes Aplicadas y De­ siglo, debe señalarse a Caras y Caretas, que,
corativas, en las que los diseños de raigambre aun sin ser específicamente de arte, incluyó en
indígena se consolidaron como modelos a tra­ sus páginas noticias de los sucesos artístico­
vés de la creación de mobiliario, textiles, al­ culturales del momento, reproduciendo colo­
fombras, objetos de uso cotidiano, cerámicas ridas imágenes con obras de artistas argenti­
206 decorativas, juguetes de madera, etcétera. nos y europeos.
LAS ARTES PLAsncAs

Caras y Caretas, dirigida por españoles al Salón de la Sociedad de Acuarelistas o el ya


igual que Plus Ultra, de notable calidad edito­ consolidado Salón de Otoño de la ciudad de
rial, contó entre sus diseñadores con el asturia­ Rosario (Santa Fe), que siguieron a la cabeza
no Nicanor Álvarez Díaz, conocido popular­ en cuanto a la consideración del público de ar­
mente como Alejandro Sirio, quien había te en la Argentina.
llegado a Buenos Aires en 1910, pasando a co­ En lo que respecta a la producción gráfica
laborar al año siguiente, y hasta 1924, en dicha de aquellos años, sin duda el arte del cartel o
revista, de donde decidió salir por desavenen­ afiche alcanzó un sitio de relieve, respondien­
cias con los responsables. En ese año fue con­ do a aquella euforia económica que se desa­
tratado por el diario La Nación, donde tuvo a rrolló en forma paralela al auge constructivo
su cargo la dirección artística del suplemento el crecimiento industrial y comercial que tra­
de los domingos. Sirio mostró una_particular jeron consigo el nacimiento de la publicidad.
afición por la representación de escenas calle­ Todo tipo de productos, cada vez más nume­
jeras con aglomeraciones y accidentes, motivos rosos, derivados de la nueva industrialización,
portuarios en los que el principal protagonista reclamaron una propaganda que permitiera
era, frecuentemente, el inmigrante, hallando difundirlos y venderlos fácilmente. Buenos Ai­
allí la mejor fuente para expresar su buen hu­ res tuvo significativos precedentes, como los
mor e ironía. Probablemente el trabajo más concursos organizados en 1900 y 1901 para
importante realizado por Sirio fueron las ilus­ proveer de carteles anunciadores a los cigarri­
traciones para el libro La gloria de don Ramiro llos París. El segundo de ellos, de carácter in­
de Enrique Larreta, tarea que le demandó tres ternacional, con 555 participantes, fue el cer­
años y medio. En los años treinta sus dibujos tamen de carteles más importante de cuantos
llenaron las páginas de la revista El Hogar y de se realizaron en el mundo.
numerosos libros que ilustró por encargo. La caricatura y el cartel gozaron de una in­
En Caras y Caretas también colaboraron el tensa divulgación gracias justamente a revistas
gallego Juan Carlos Alonso, quien habría de como Caras y Caretas y Plus Ultra. Como se
llegar a ser director de esta revista y de Plus Ul­ señaló, ambas estaban en manos de españoles,
tra, y el peruano Iulio Málaga Grenet. Se in­ lo cual propició la circulación de reproduccio­
corporaron, asimismo, Ramón Columba y nes de obras artísticas peninsulares. Compe­
Juan Carlos Huergo, Eduardo Álvarez, el boli­ netradas con las ideologías hispanistas en bo­
viano Víctor Valdivia y los españoles Federico ga, no lo fueron menos con respecto a las de
Ribas y Luis Macaya. La mayoría de estos crea­ tinte americanista, apoyando en sus páginas,
dores mostró una decidida inclinación por la sobre todo la segunda, aquellas manifestacio­
caricatura, propiciando que a partir de 1923 se nes del arte basadas en raíces autóctonas.
diera inicio a la realización anual de un Salón En el sentido señalado, resulta digno de
de Humoristas -ya habían existido intentos mencionarse el hecho de que se incorporaran
como los de 1917 y 1918, organizados por Co­ en su diseño tipográfico figuras geométricas
lumba y Pelele-, aunque su repercusión fue lí­ de claro influjo de las culturas incásicas. Simi­
mitada con respecto a los otros certámenes lar característica pueden apuntarse muchas
más tradicionales, como el Salón Nacional, el otras revistas culturales y artísticas de la épo­ 207
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

dia como el conocido periódico Martín Fierro


(en el que críticos como Alberto Prebisch se
mostraron inflexibles contra lo establecido),
no estuvo cerrada a los aires nuevos. La presen­
cia en sus páginas de artistas como Rafael Ba­
rradas, Alfredo Guttero, Norah Borges, Alfredo
Bigatti o Emilio Pettoruti así lo demuestran.
Prebisch, quien se inclinaba por apoyar al gru­
po de artistas argentinos residentes en París,
manifestó a menudo su “disconformismo for­
mal” por las obras que se presentaban año tras
año en los salones nacionales, y combatió las
artes decorativas —de notable divulgación en
Áurea—, denominándolas “arte falso”.
Realidades como éstas abren paso para
comprender las tensiones que el campo artís­
tico argentino experimentó ante la irrupción
de las llamadas vanguardias y la dificil convi­
vencia de éstas con el “arte establecido”, esto es
el “arte nacional” caracterizado por la pintura
Juan Carlos Huergo. Publicidad de Cigarrillos 43. De la
de paisajes y temáticas costumbrístas. El con­
revista Plus Ultra, febrero de 1918. flicto se manifestó con fuerza a mediados de
los años veinte y se distendió a medida que los
ca, como Orientación, Áurea o la Revista del grupos innovadores fueron creciendo en nú­
Círculo, que los hermanos Guido promovie­ mero y hallando espacios de expresión y legi­
ron en Rosario. Otra publicación, Augusta, timación.
aun respondiendo al modelo de la inglesa The El año 1924 estuvo cargado de hechos sig­
Studio, fue uno de los órganos propulsores del nificativos, principalmente por la aparición en
diseño indigenista y del arte español. En lo escena de Pettoruti, combatido por un sector
que respecta al arte del cartel y el dibujo, tam­ de la prensa tradicionalista y apoyado por los
bién la huella del art nouveau quedó patenti­ miembros del periódico Martín Fierro -apare­
zada en varias de las mencionadas revistas. cido también ese año—, publicación que en sus
páginas se animaba a afirmar su posición
“frente a la ridícula necesidad de fundamentar
CONFLICTO Y CONVIVENCIA nuestro nacionalismo intelectual, hinchando
ENTRE TRADICIÓN Y VANGUARDIA valores falsos que al primer pinchazo se desin­
flan como chanchitos”. Fue también la tempo­
La revista Áurea, bajo la dirección del ar­ rada en que se inauguraron las salas de Amigos
quitecto Francisco T. Gianotü, si bien no asu­ del Arte, en las que en octubre se presentó la
208 mió en principio una postura tan de vanguar­ primera gran retrospectiva de Femando Fader.
LAS ARTES PLASTICAS

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‘4 ‘¡arfiáfixfi/¿Víg V,
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Alejandro Sirio. Portada para el libro Cada cual de Antonio Pérez-Valiente de Moctezuma. Colección particular, Granada,
España.

Asimismo, 1924 marcó la aparición de Eu­ En la otra vereda, Emilio Pettoruti daba un
rindia, conjunto de ensayos que el escritor Ri­ paso adelante en el proceso de renovación del
cardo Rojas había ido publicando en los años arte argentino, con sus obras de influjo cubis­
anteriores en las páginas de La Nación. En ella ta y futurista, ampliando el campo de debate
llegaba Rojas al punto culminante de sus teo­ crítico. Este artista, originario de La Plata, de
rías y a su más definitiva posición respecto de cuyo Museo de Bellas Artes habría de ser di­
la presencia de lo español y lo autóctono en el rector entre 1930 y 1947, contó con el apoyo
“alma nacional” argentina. Allí proponía una de un sector de la intelectualidad de “Florida";
doctrina basada en la conciliación de teorías años más tarde sería uno de los motores del
europeas “con la argentinidad, con el indianis­ Salón del Cincuentenario de La Plata, realiza­
mo y con la conciencia de lo continental. En do en 1932 con un significativo conjunto de
esa fusión reside el secreto de Eurindia. No re­ obras “renovadoras”. Otro artista peculiar, Xul
chaza lo europeo: lo asimila; no reverencia lo Solar (nombre adoptado por Alejandro
americano; lo supera”. Dentro de esta concep­ Schultz Solari), quien había escrito sobre Pet­
ción tenían cabida obras como la Chola desnu­ toruti en Martín Fierro, fue autor de una obra
da de Alfredo Guido, que ese mismo año fue plástica consecuente con una formación euro­
premiada en el Salón Nacional; en este lienzo, pea en el terreno de las ciencias ocultas, las re­
que representaba una suerte de “Venus incai­ ligiones asiáticas y las técnicas de meditación,
ca”, se unían el tema americano con modelos expresándose a través de formas y símbolos
estéticos europeos; en este caso, de clara filia­ geométricos, en algunos casos ¡omados de las
ción hispánica. culturas prehispánicas. 209
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

l Xul Solar. Mundo. 1925. Colección Rachel Adler Gallery, Nueva York.

En Martín Fierro, la mirada de Alberto cuanto a las ideas de someter un cuadro “al
Prebisch como crítico se orientó en otro senti­ ritmo de un edificio” o las de investigar sobre
do. Para mediados de los veinte acababa de re­ las leyes compositivas del clasicismo como
tornar de París, donde se había vinculado al oposición al diseño invertebrado.
grupo de artistas argentinos que componían Prebisch hacía alusión a la necesidad de
esencialmente los pintores Horacio Butler, formar “hombres modernos”, con mentalidad
Héctor Basaldúa, Aquiles Badi y el escultor Pa­ moderna y preparados para recibir y asimilar
blo Curatella Manes, a quienes habría de apo­ la propuesta de buscar y entender las purezas
yar incondicionalmente en sus escritos, per­ formales de la geometría expresada a través de
mitiéndoles una mayor presencia en el ámbito los objetos producidos por la industrializa­
porteño a pesar de residir en Europa. Estos ar­ ción, más allá de sus virtudes puramente utili­
tistas se habían formado en torno a maestros tarias. Las ideas plasmadas por Prebisch en es­
como André Lothe, un practicante tardío del te sentido tuvieron cabida dentro de los
cubismo, profesor y teorizador principal del postulados que Oliverio Girondo había pre­
“retorno al orden” clásico, a la armonía, al sentado a manera de “Manifiesto” en el núme­
equilibrio y a la geometría, o Emile Othón ro 4 de Martín Fierro, en donde se hacía eco de
Friesz. El aporte de Lhote a la formación de los la existencia de “una nueva sensibilidad y una
210 argentinos fue altamente significativo en nueva comprensión”, para redondear diciendo
LAS ARTES PLASTICAS

que “Martín Fierro se encuentra (...) más a


gusto en un transatlántico moderno que en un
palacio renacentista”.
En la capital francesa se perfeccionaron
también otros artistas argentinos como Alfre­
do Guttero, Raquel Forner, Pedro Domínguez
Neira y el escultor Alfredo Bigatti, quienes
fimdaron en Buenos Aires, a fines de los vein­
te, el Taller Libre, que se convirtió en uno de
los centros de irradiación de las tendencias de
vanguardia en Buenos Aires. De los artistas ci­
tados quizá quien más llegó a sobresalir fue
Forner —Guttero murió en 1932-; se destacan
sus obras del período 1936-1939, coincidente
con la Guerra Civil Española, acontecimiento
que fue objeto de sus más dramáticas compo­
siciones expresionistas, demostrando la pre­
sencia que aquella conflagración, lo mismo
que la Segtmda Guerra Mundial, tuvo en la
Argentina.
Otros artistas que estuvieron en París du­
l Raquel Forner. Claro de luna, 1939.
rante los veinte y principio de los treinta fue­
ron Iuan Del Prete, precursor del arte abstrac­ En 1930 retornó desde París Antonio Ber­
to en la Argentina, y Lino Enea Spilimbergo, ni, quien dos años después realizaría una
eximio dibujante y autor de una de las obras muestra individual en Amigos del Arte, pre­
pictóricas más notables de cuantas se realiza­ sentando obras de corte surrealista. El surrea­
ron en el país, en la que cabían las leyes del cu­ lismo tendría en Claudio Lantier a uno de sus
bismo y las tradiciones del clasicismo italiano, iniciadores en el país y en Iuan Batlle Planas, a
tal como se aprecia en su serie de “terrazas”, en uno de sus más interesantes intérpretes, sobre
las que se disponen desnudos y estáticas figu­ todo a partir de las Radiografías paranoicas
ras de gran solidez. Deudor del arte italiano (1936). El Grupo Orión, que integraban, entre
contemporáneo fue Raúl Soldi, creador de un otros, Luis Barragán, Leopoldo Presas, Bruno
lenguaje propio caracterizado por la presencia Venier, Orlando Pierri y Vicente Forte, afianzó
de la figura femenina, los personajes de circo y esta corriente con sus dos exposiciones reali­
de teatro, motivos tamizados por un palpable zadas en 1939 y 1940. Como afirmaba uno de
sentimiento poético. Soldi desarrolló, además, sus participantes, Ernesto B. Rodríguez, el ar­
una importante labor como muralista, que in­ te abstracto “aspira a obrar sobre el espacio
cluyó los frescos de la iglesia de Santa Ana de exterior, sobre la realidad de fuera, como el su­
Glew (1953) y la decoración de la cúpula del perrealismo aspira a reflejar la realidad de
Teatro Colón (1966). dentro, de dentro del ser”. 2ll
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

En 1933, Berni participó del “Ejercicio tonces tendrán continuidad las celebraciones
Plástico" que, bajo la orientación del muralis­ anuales de éste, más adelante bajo la deno­
ta mexicano David Alfaro Siqueiros, reunió en minación de Sociedad de Acuarelistas y Gra­
la quinta de Natalio Botana a Lino Enea Spi­ badores.
limbergo, Enrique Lázaro y Juan Carlos Cas­ Con esta institución coexistió al principio
tagnino. El interés por el muralismo en la Ar­ otra Sociedad de Grabadores, nacida en 1916
gentina se reflejó en la creación del Taller de y de efímera duración, que dirigió hasta su fa­
Arte Mural en 1944, del que tomaron parte es­ llecimiento en 1918 el maestro Sívori. Esta
tos artistas (a excepción de Lázaro), además de agrupación editó la revista El Grabado, que in­
Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Este cluyó en sus páginas numerosas xilografías. En
grupo realizó, en 1946, las decoraciones de las su primer número figuraba una suerte de ma­
Galerías Pacífico de Buenos Aires, donde late nifiesto en el que expresaban, con carácter fe­
la impronta de la aún fresca Segunda Guerra deralista, que “nuestras exposiciones no serán
Mundial y sus devastadoras consecuencias hu­ tan lujosas como las que de tiempo en tiempo
manas. Fue una de las más notables manifes­ nos brinda la calle Florida; tampoco nos va­
taciones de arte de tinte social de cuantas se mos a limitar al grupo selecto que forman las
produjeron en la Argentina, vertiente que tu­ ciudades capitales; iremos también a los pue­
vo en el grabado una de sus expresiones más blos de campaña más perdidos, más ajenos a la
acabadas. causa de la civilización y el progreso”.
En la acera de enfrente, y surgido al ampa­
ro de los movimientos político-sociales que
LA ESTAMPA Y SU CONTENIDO SOCIAL devinieron tras la Primera Guerra Mundial y
cuya influencia en las artes plásticas fue noto­
La historia de la estampa contemporánea ria, en 1918 irrumpió en el plano artístico na­
en la Argentina tuvo sus primeros ensayos en cional el grupo conocido como los Artistas del
las obras realizadas a finales del XIX por Pueblo, que, a diferencia de los artistas “de la
Eduardo Sívori y Emilio Agrelo, aunque co­ calle Florida", basaban su arte no sólo en los
menzó a tener una presencia más relevante aspectos estéticos sino en el mensaje social que
tras la nacionalización de la Academia de Be­ pudiera contener y el compromiso con la rea­
llas Artes en 1905. A partir de 191 l, año en que lidad circundante, inclinándose hacia las rei­
se inauguró el primer Salón Anual de Bellas vindicaciones del proletariado. José Arato,
Artes, se abrió en el marco de la Academia un Abraham Vigo, Guillermo Facio Hebequer y
pequeño taller de grabado a cargo de Pío Co­ Adolfo Bellocq compusieron este grupo, que
llivadino, con lo que este arte tomará un ca­ ya llevaba un lustro de actividad, y las técnicas
rácter autónomo con respecto a las manifesta­ de expresión que utilizaron fueron la xilogra­
ciones de más envergadura. fía, el grabado sobre metal y la litografia, esta
El año 1915 marcará la creación de la So­ última, de larga tradición en el país desde la
ciedad de Acuarelistas, Pastelistas y Aguafuer­ acción de César Hipólito Bacle en el siglo XIX.
tistas, cuyo primer salón se lleva a cabo en el Fueron, sobre todo, los inmigrantes con­
212 Retiro en mayo de ese año. A partir de en­ centrados en los centros urbanos quienes ins­
LAS ARTES PLÁSTÏCAS

l Lino Enea Spilimbergo. Paisaje en San Juan. 1929. Colección Banco de la Nación Argentina.

piraron a los Artistas del Pueblo a abordar te­ cuya visión estética estuvo ligada al discurso
máticas referidas a las condiciones de vida del marxista y la prédica anarquista, fue el creador
obrero, el paisaje barrial, el mundo del subur­ del grupo Los Nuevos en 1919 y organizó con
bio, donde se alojaron, y el movimiento de las Leonidas Barletta el Teatro del Pueblo. En sus
fábricas. Este grupo de pintores vivió el am­ series litográficas hizo alusión a la “mala vida”,
biente revolucionario de la época, relacionán­ a los conventillos, a los compañeros de lucha y
dose con la actividad de la editorial Claridad, a los símbolos del comunismo, exponiendo su
ubicada en la calle Boedo. obra en clubes, bibliotecas, locales obreros, fá­
El grupo de Boedo asumió postulados ar­ bricas y sindicatos, como un modo de ilustrar
tísticos con un carácter militante, ya que sos­ al proletariado agitado por las huelgas y des­
tenía que la función esencial del arte debía ser contento ante la acción conservadora del Esta­
la de erigirse en instrumento para la acción do.
política y social. Estos hombres que venían de En otro orden de cosas, en 1923 comenzó
las filas del anarquismo, del socialismo y del su andadura la Escuela Superior de Bellas Ar­
comunismo se inspiraron en la literatura de tes, derivada de la Academia. La estampa co­
autores rusos -Kropotl<in, Tolstoi, Guyan y bró allí un impulso decisivo recién en 1932,
Plejanov-, cuyas ideas estaban marcadas por cuando se hizo cargo de la dirección de la Es­
un fuerte contenido social. Facio Hebequer, cuela el rosarino Alfredo Guido, con una larga
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

trayectoria en el campo del grabado y el agua­ ticas similares, aunque también fue creador de
fuerte; sus obras referidas al altiplano perua­ un mundo de imágenes simbólicas y de ciertos
no-boliviano tuvieron reconocimiento inter­ tintes surrealistas. Otra figura notable fue Víc­
nacional en los años veinte. Guido propició el tor Delhez, quien orientó a partir de 1939 la
surgimiento de nuevas voluntades en el géne­ Academia de Bellas Artes —después Escuela
ro, conformándose en la institución un irn­ Superior de Artes Plásticas- de la Universidad
portante acervo de aguafuertes, xilografías y de Cuyo, en Mendoza, institución que cuatro
litografías de sus discípulos. Promovió tam­ años más tarde se enriqueció con la incorpo­
bién la ilustración de libros, a la que era tan ración de Sergio Sergi, maestro de la xilografía
afecto, surgiendo lujosas ediciones para bi­ argentina. En San Iuan, en 1930 había surgido
bliófilos. el grupo Tribu, compuesto por Santiago y Ne­
En varias provincias, la estampa tuvo una llo Raffo y Iosé María Pineda, autores de una
presencia destacada, generada principalmente vasta labor.
por figuras de nivel nacional que fomentaron En líneas generales, y en lo que hace direc­
las escuelas de bellas artes y talleres particula­ tamente a la producción, la estampa fue un
res. En tal sentido puede mencionarse la labor medio de expresión ligado a “lo popular”. Por
de Rodolfo Franco, deudor del notable graba­ ello, una proporción importante de las obras
dor español Ricardo Baroja, en la Escuela Su­ argentinas se volcó a las temáticas urbanas y
perior de Bellas Artes de La Plata; Octavio rurales, con irnbricaciones sociales. Téngase
Pinto y, sobre todo, Alberto Nicasio, ambos en en cuenta que la estampa fue el medio ideal
Córdoba; en la provincia de Santa Fe, el graba­ para producir obras en serie y a bajo costo,
do fue uno de los medios de que se valieron siendo una de las finalidades su difusión ma­
los pintores para buscar horizontes propicios siva, aspecto que las otras manifestaciones ar­
para la creación; Iosé Planas Casas en Santa Fe tísticas no podían proporcionar. Aun cuando
y Gustavo Cochet en Rosario fueron dos de las fueron aquellos Artistas del Pueblo los que
figuras más notables, manifestando este últi­ más fama alcanzaron, son incontables los cul­
mo particular interés por las temáticas políti­ tores del grabado de tinte social, donde las
co-sociales. imágenes del proletariado y los marginados
A partir de 1948, el grabado tuvo particu­ (borrachos, mendigos, niños abandonados,
lar estímulo en la Universidad Nacional de Tu­ desprotegidos, etc.) fueron las más habituales,
cumán, al crearse en su marco el Instituto Su­ generando una cuantiosa producción de gráfi­
perior de Arte. Los reputados Víctor Rebuffo y ca política y social que tuvo cierta decadencia
Pompeyo Audivert fueron los encargados de hacia mediados del siglo DC.
regir los destinos de la sección de grabado. Hay que remarcar aquí la presencia sirn­
Ambos artistas se consideran figuras sobresa­ bólica de la mujer en las imágenes gráficas, co­
lientes de la estampa en la Argentina; el pri­ mo señala Alfredo Benavídez Bedoya, en el
mero, autor de xilografias a las que incorporó papel de compañera sacrificada, madre harn­
el color, se destacó por sus imágenes de la brienta que arnarnanta a sus hijos, la madre
opresión social, el trabajo y la pobreza, con obrera o víctima de la explotación sexual. En
214 gran acento dramático. Audivert siguió temá­ este sentido, no es casual que la figura de la
LAS ARTES PLÁSTICAS

prostituta haya tenido una presencia determi­ y El Hogar realzaron sus noticias con fotogra­
nante en la producción gráfica y, a veces, has­ fías; La Mujer reproducía obras de arte en
ta pictórica de artistas de la talla de Adolfo Be­ cromos de alto costo. El Gráfico apareció en
llocq, Lino Enea Spilimbergo y Antonio Berni. 1919 como revista de interés general, para
El primero de ellos ilustró con cerca de seten­ transformarse luego en exclusivamente de­
ta xilografías la Historia de arrabal de Manuel portiva. El fútbol, las carreras hípicas y auto­
Gálvez en 1922, donde la protagonista central movilísticas alcanzaron auge con la nueva
era una prostituta, Rosalinda Corrales. Spi­ cultura de masas.
lirnbergo fue el autor de la serie Breve historia En los diarios se exhibían la vida y los
de la vida de Emma, conjunto de monocopias acontecimientos de las altas esferas sociales y
creadas entre 1935 y 1936, en las que narra la de los sectores populares y marginados. El pe­
trayectoria de una joven prostituta hasta su riodismo gráfico preparó el terreno a las con­
suicidio. Personaje más conocido fue la tam­ cepciones de la fotografía como arte. Las to­
bién prostituta Ramona Montiel de Antonio mas eran realizadas por profesionales del
Berni, de quien se valió este artista -junto a su retrato, quienes formaron los primeros gru­
otro personaje, Iuanito Laguna- para denun­ pos de reporteros gráficos que ilustraron las
ciar las miserias de la sociedad contemporá­ acciones cotidianas y emplearon, asimismo,
nea a partir de los años sesenta. recursos de fotomontaje para reconstruir es­
cenas dramatizadas; por ejemplo, de acciones
policiales. Un tema inquietante resultó la foto
LA FOTOGRAFÍA. SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA del difunto ataviado con su traje, realizada
con tono evocativo para los deudos, hasta al­
La fotografía, desde el siglo XIX, ha sido canzar las más escabrosas, que mostraron crí­
una fuente documental que sirvió para reflejar menes, accidentes, guerras, revoluciones y re­
la realidad cultural de los pueblos, logrando presiones. La foto de gran formato caracterizó
alcanzar, ya en el siglo XX, un lugar meritorio a la prensa sensacionalista que circulaba en las
entre las artes visuales. Si bien la pretensión de ediciones de Crítica (1913) y Noticias Gráficas
la cámara fotográfica fue, en su origen, obte­ (1931).
ner un registro objetivo de lo real, la interven­ El fotógrafo, a través de la cámara, supo
ción del fotógrafo tuvo un valor de selección, registrar también con habilidad costumbres y
de recorte de la realidad, a la que aportó su tipos populares; lugares, edificios históricos
propia visión, sus creencias, valores o prejui­ -desde los palacios hasta los conventillos-,
cios del ámbito en el que se hallaba inserto. plazas y parques, calles, esquinas, sitios aleja­
En la Argentina, la imagen fotográfica dos que acercaron la imagen de las provincias
acompañó desde principios del XX las noti­ a la capital cosmopolita, con su mirada puesta
cias de revistas y diarios. Desde 1898 y hasta siempre en Europa, en el tiempo de las gran­
1939, Caras y Caretas empleó la información des transformaciones. Tal fue el caso de Fer­
gráfica; a ella siguieron Fray Macho y PBT, las nando Paillet, en Santa Fe quien fotografió
que registraron escenas de la vida pública y durante cuarenta años la cultura colonizadora
privada, mientras que Atlántida, El Magazine de Esperanza. El ojo sagaz del fotógtafo supo 215
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

examinar los diversos sectores que accedieron preferido por los artistas plásticos; Juan Di
al poder político en este proceso de recambio Sandro reflejó vistas de Buenos Aires y perso­
de los sectores aristocráticos desplazados por najes, y Annemarie Heinrich retrató la danza y
los sectores medios, la clase administrativa y el paisaje. Éstos elevaron la fotografía a la cate­
comercial. Los grupos familiares fueron retra­ goría de arte visual, la que incluso comenzó a
tados hasta las primeras décadas del siglo XX; comercializarse en el mercado de arte. Además
estudios como Witcomb y Van Riel reconocie­ de las técnicas usuales, otros recursos acerca­
ron una encumbrada y selecta clientela en la ron las fotos al arte de la pintura, empleándose
que no estuvieron ausentes los personajes más bromóleos, heliograbados y fotos sobre metal,
representativos del poder político, artistas e al mismo tiempo que los autores comenzaron
intelectuales. a firmar sus obras. La fotografia artistica ilus­
La foto cumplió un papel educativo, al ser tró los suplementos dominicales de los perió­
incorporada como auxiliar en los libros esco­ dicos y también asumió un papel mediático a
lares, como ocurrió en 1917, cuando sirvió de través de la presentación y exhibición de esa
apoyo visual al texto Lecciones de historia ar­ producción creativa.
gentina de Rómulo Carbia. Los paisajes y cos­ Sara Facio y Alicia D’Amico reconocen
tumbres de la Argentina fueron difundidos que los grandes temas del siglo XIX fueron el
desde 1900 a través de numerosas reproduc­ retrato y los acontecimientos de la vida social;
ciones de tarjetas postales. Ya en 1914, Peuser recién en el siglo XX la fotografía abriría nue­
presentó la “Muestra restrospectiva y moder­ vos campos de interés. Al ingresar en el terre­
na” de fotografía histórica en Witcomb. Al año no del arte, la realidad como soporte de la
siguiente apareció la revista La Fotografía y sus obra fotográfica se ha ido transfigurando a
Aplicaciones. En 1930 se realizó, en la Asocia­ través de nuevas técnicas, penetrando en len­
ción Amigos del Arte, el Primer Salón Interna­ guajes expresivos característicos de las últimas
cional de Arte Fotográfico de Buenos Aires, vanguardias.
destacándose el alto nivel artístico. Los álbu­
mes de la Sociedad de Fotógrafos Aficionados
de la Argentina y los de Witcomb permiten re­ Las VANGUARDIAS DE LOS AÑOS CUARENTA.

componer —en parte- la historia nacional, a la ARTE CONCRETO INVENCION. ARTE MADÍ,
que se suman los archivos de empresas públi­ PERCEPTISMO

cas y privadas que reconstruyen el imaginario


visual de todo el país. La década de los cuarenta significó un mo­
Entre otros, sobresalen los nombres de Ho­ mento de profundos cambios en las estructu­
racio Coppola, que puso de relieve las grandes ras sociales, con el creciente desarrollo de los
transformaciones urbanas de los años treinta y sectores populares y el triunfo del régimen pe­
cuarenta; ejemplo de ello son las obras de ronista. Al bienestar económico siguió el cre­
construcción del Obelisco, que compartió con cimiento de la pequeña y mediana industria,
Grete Stern, dedicada también a la foto publi­ mientras que la postura de la clase intelectual
citaria. Manuel Gómez Piñeiro registró la ar­ asumió un carácter crítico. Desde el punto de
216 quitectura modema; Anatole Saderman fue el vista estético se produjo una profunda reno­
LAS ARTES PLÁSTICAS

vación asociada al arte concreto, término que


designó al arte abstracto surgido en 1930 en
Europa, que fue empleado por el holandés
Theo Van Doesburg, y retomado más adelante
por el suizo Max Bill. El grupo Abstraction­
Creation desarrolló su acción entre 1931­
1936; algunas de sus preocupaciones eran la
misión social del arte, la receptividad del pú­
blico y las exigencias crecientes de la nueva so­
ciedad tecnológica; estos artistas unieron el
empleo de nuevos materiales a conceptos ma­
temáticos —rit.mos, relaciones y leyes— para
fundamentar sus obras.
En la Argentina, Pettoruti y Iuan Del Prete
habían prenunciado la no figuración. La apa­ %

É
rición del grupo de artistas concretos fue una
creación del “espíritu del tiempo”, que tuvo
con aquel movimiento europeo un carácter
relativamente sincrónico. El único número
publicado de la revista Arturo, en 1944, susci­
tó las inquietudes plásticas y literarias, y fue
Rhod Rothfuss. Composición madí, 1947. Colección
clave en cuanto a la propuesta de “no copiar, privada, Buenos Aires.
no reproducir, inventar”. Nelly Perazzo afirma
que con esta revista, cuya cubierta estuvo a por primera vez públicamente en el Salón
cargo de Tomás Maldonado, se desencadenó la Peuser, y difundió el “Manifiesto Invencionis­
no figuración de base geométrica en la Argen­ ta”, que afirmó que “la era artística de la fic­
tina, postulando la invención contra el auto­ ción representativa toca a su fin”. Varias déca­
matismo, la expresión y el simbolismo. das después, Iommi afirmaría que “el grupo
Maldonado fue el teórico más destacado Concreto tuvo la visión: la imagen de un cua­
del movimiento Arte Concreto Invención, in­ drado, un plano, un color, líneas puestas en el
tegrado, entre otros, por Manuel Espinosa, campo espacial de una tela, todos estos ele­
Lidy Prati, Antonio Caraduje, Enio Iommi, mentos flotando en el plano. Porque la inven­
Iorge Souza, Alberto Molemberg, Simón Con­ ción era el resultado de tales problemas”.
treras, Oscar Núñez, Raúl Lozza, Prirnaldo También en 1946, el grupo Arte Madí rea­
Mónaco y Claudio Girola. El grupo comenzó liza su primera exposición en el Instituto
a reunirse en 1945 en residencias particulares,‘ Francés de Estudios Superiores. Se lanza el
para presentar estas nuevas formas de expre­ “Manifiesto Madí”, que en su declaración de
sión, las que marcaron uno de los más decidi­ principios asume la ludicidad y pluralidad co­
dos encuentros entre arte y ciencia. En 1946, la mo valores expresivos, asociados al dibujo, la
Asociación Arte Concreto lnvención expuso pintura, la escultura, la arquitectura, la músi­ 217
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

ca, la poesía, el teatro, la novela, el cuento y la americano, procurando reconstruir un mun­


danza. En su declaración de principios, Madí do nuevo, la crítica oficial los acusó de seguir
confirmaba “el deseo del hombre de inventar una tendencia “morbosa y perversa” y de rea­
objetos al lado de la humanidad luchando por lizar una pintura dedicada a círculos cerrados
una sociedad sin clases que libera la energía y de iniciados, caracterizándolos como snobs.
domina el espacio y el tiempo en todos los Mientras tanto, ya comenzaba a debatirse en la
sentidos, y la materia en sus últimas conse­ prensa el surgimiento de un nuevo arte.
cuencias”. Entre sus participantes se contaban
Gyula Kosice, Carmelo Arden Quin, Martín
Blaszko y Rhod Rothfuss. Madí, al igual que la MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS
Asociación Arte Concreto Invención, se fue EN EL INTERIOR

escindiendo en forma gradual.


En 1947, Raúl Lozza postuló el perceptis­ Queda aún por determinar con certeza el
mo, estudiando el tema de la función coplana­ papel de las provincias en el concierto del arte
ria que se daba entre la pintura y el contexto argentino, en el sentido de concatenar las pro­
espacial que la contenía, dando al muro el va­ ducciones de las diferentes regiones entre sí y
lor de fondo de la obra y plasmándose ahora la con respecto a Buenos Aires como centro. En
realidad en el plano color. De este modo fue­ los últimos años se han hecho aportes signifi­
ron tratadas nuevas problemáticas como la re­ cativos a través de exposiciones y publicacio­
lación de elementos, colores, formas y líneas nes que persiguen entre sus finalidades, el sal­
regidas por normas matemáticas y el marco dar las deudas con el interior. Asimismo, la
recortado de contorno irregular, que abando­ superación de ciertos complejos de inferiori­
na el tradicional cuadro surgido en el Renaci­ dad por parte de algunos ámbitos provinciales
miento como ventana abierta al mundo. La ha mostrado una cara positiva, en la medida
experiencia de Lozza representó una de las en que la propia revalorización de las produc­
posturas más radicales del arte concreto. ciones locales ha permitido una autoestima
Al reconstruir las experiencias de artistas con respecto a las actividades que en dichos es­
constructivos y concretos, los realizadores pacios se vienen desarrollando. En esto, lógica­
aportaron nuevos elementos, como las estruc­ mente, algo tiene que ver la difusión de las ten­
turas coplanarias y la pintura escultura articu­ dencias modernas del arte, a través de los
lada. Este arte incitaba a la invención; era un medios de comunicación, que han ido permi­
arte presentativo, que se declaró contrario a la tiendo una “puesta al día” con las creaciones de
“nefasta polilla existencialista o romántica”. los centros neurálgicos del arte internacional,
Las obras concretas, aunque propiciaban un incorporando lenguajes de moda, muchas ve­
arte colectivo, un arte universal, dirigido con­ ces a partir de tradiciones arraigadas que han
tra las elites, no fueron comprendidas en el permitido mantener acentos de originalidad.
ambiente local y encontraron fuerte resisten­ Ya se ha señalado la importancia del No­
cia en el público. Mientras los artistas renova­ roeste y de la provincia de Córdoba como pa­
dores se declararon provenientes de las ten­ radigmas de “lo nacional”, en especial a través
218 dencias más progresistas del arte europeo y de las costumbres y el paisaje, respectivarnen­
LAS ARTES PLÁSTICAS

terior en cuanto a la organización “oficial” de

lll
las artes. Vino después la época de oro del pai­
sajismo, con Fernando Fader como abandera­
do, y la legión de seguidores que, emulándolo,
permitieron que las miradas apuntaran a la
provincia, convertida en motivo pictórico na­
asignada‘

cional por excelencia.


Córdoba se convirtió en la tierra elegida
por destacados artistas para radicarse y conti­
nuar su producción en ella. Unquillo fue el
bastión de Lino Enea Spilimbergo entre los
años cuarenta y cincuenta. En este mismo
pueblo habría de instalarse, en 1981, uno de
sus discípulos más conspicuos en la Universi­
dad de Tucumán, el mendocino Carlos Alon­
so. Miguel Ocampo, tras su consagración in­
ternacional y su experiencia neoyorquina,
optó en 1978 por establecerse en La Cumbre,
QÓQQÓQÓQÓQÉQÓ donde el paisaje serrano marcó las produccio­
nes de su madurez como artista. Entre los he­

Pompeyo Audivert. Carátula para la portada de la revista


chos destacables que sucedieron en Córdoba,
Ressorgimem. De la revista Áurea, julio de 1928. debe señalarse la realización de los primeros
salones de arte IKA y las bienales americanas,
te, y la repercusión que tales situaciones tuvie­ como podrá verse más adelante.
ron en la capital. A continuación se trazará un Ya se ha mencionado la presencia de Spi­
panorama sintético de hechos artísticos de re­ limbergo en la Universidad de Tucumán, don­
levancia que se produjeron en el interior du­ de, en el año 1948, se creó el Instituto Superior
rante el siglo XX, caracterizándolos según las de Artes, que contó con su presencia y con el
distintas regiones. concurso de reconocidas figuras de diversas
En este recorrido, se puede partir desde el disciplinas, como el escultor chileno Lorenzo
centro mismo del país, desde la provincia de Domínguez —especialista en la talla directa so­
Córdoba. Aparecen allí los tempranos intentos bre piedra—, los grabadores Pompeyo Audivert
de organización de las bellas artes a partir de la y Víctor Rebuffo, y pintores locales como Ti­
acción de los reputados maestros Genaro Pérez moteo Navarro y Luis Lobo de la Vega. Duran­
y Emilio Caraffa, a finales del XIX, y la creación te el primer lustro, las actividades del instituto
de la Escuela Provincial de Bellas Artes en 1896, gozaron de un nivel de excelencia que se fue
del Museo Provincial de Bellas Artes en 1914 y perdiendo en forma gradual a medida que los
de un sistema organizado de becas artísticas maestros partieron hacia otros horizontes. Fue
en 1923, que en conjunto responden al mode­ un centro aglutinador de vocaciones artísticas
lo impuesto desde Francia durante el siglo an­ de la región norteña. 219
LA DIMENSIÓN CIENTTHCA Y CULTURAL

A Tucumán concurrieron en aquellos net, Francisco Bernareggi, Víctor Delhez y Lo­


años, desde Iujuy, dos pintores representativos renzo Domínguez para regir los destinos de la
de aquella provincia, el español Francisco Ra­ educación artística de la provincia. Se reunie­
moneda, activo en Humahuaca, y Medardo ron así cuatro lenguajes de reconocida madu­
Pantoja, instalado en su Tilcara natal, herede­ rez; el primero, en el tratamiento de la figura;
ros de la tradición Costumbrista que en déca­ Bemareggi, en el paisaje de tintes postimpre­
das anteriores habían consolidado artistas co­ sionistas sobradamente ejercido durante déca­
mo Bermúdez y Terry. Siendo el Noroeste la das en Mallorca; Delhez, en la estampa y el chi­
región del país de mayor vinculación a1 mun­ leno Dominguez, como se señaló, en la talla
do indígena americano en su conjunto, no es sobre piedra. Al mismo tiempo, la radicación
de extrañar que las creaciones posteriores a es­ de Abraham Vigo en Mendoza propició el sur­
tos artistas, inclusive en la actualidad, hayan gimiento de un interés por el realismo social
basado en buena medida sus temáticas en re­ que marcó una parcela importante de las artes
ferencias a los mitos, la religiosidad popular, mendocinas en décadas posteriores.
las ceremonias rituales, el paisaje, la presencia La experiencia de la Academia mantuvo
indigena, los diseños geométricos de raigam­ un nivel de primera calidad hasta 1948, en
bre prehispánica o los exvotos, sin necesidad que, por ran-ones de intolerancia, Bernareggi y
de que ello haya supuesto caer en folldorísmos Dominguez se marchan; el primero, de regre­
estáticos, sino que más bien mostró la utiliza­ so a la isla mediterránea y el segundo, a Tucu­
ción de estos elementos como medios para mán. Así, la decadencia de Mendoza coincidió
crear una obra de lenguaje universal. con el inicio del apogeo arüstico tucumano.
En la región de Cuyo, Mendoza es otro Un alumno de la Academia, Carlos Alonso,
centro de actividades artísticas de renombre. A que habría de tener destacada trayectoria, si­
la temprana presencia de Fader en la primera guió el mismo camino, atraído por la presen­
década de siglo, exaltando el paisaje mendoci­ cia de Spilimbergo en el Norte.
no, seguirán hechos como la creación de la Es­ Para aquellos años, también se había con­
cuela de Dibujo y Pintura, que, en 1918, orga­ solidado como “región artística” la Patagonia,
nizó el Primer Salón de Bellas Artes. En los que en los años veinte había sido motivo de
años veinte se irá consolidando una “escuela inspiración para Angel Domingo Vena y Amé­
regional de pintura”, reflejo de las pautas que rico Panozzi, precursores en la representación
el ámbito artístico de Buenos Aires y, sobre to­ de los lagos del Sur, entre otros motivos. Sus
do, el éxito de Fader iban marcando. En este obras se caracterizan por una llamativa lumi­
sentido, debe destacarse la obra de Antonio nosidad. Ambos pintores fueron condecora­
Bravo, Fidel De Lucía y Roberto Azzoni. En dos en el Salón de Bellas Artes de la Patagonia,
esos momentos, Spilimbergo produce, antes celebrado en la Sociedad Rural en 1941. La
de su viaje a Europa en 1925, su serie Cuyo. realización de este evento marcaba la impor­
Las artes en Mendoza tuvieron un período tancia que la Patagonia estaba adquiriendo en
de esplendor a partir de 1939, fecha en la que forma gradual, en especial gracias a su singu­
se creó la Academia de Bellas Artes, que contra­ lar proyección como destino turístico. En este
220 tó a artistas de la talla de Ramón Gómez Cor­ marco, debe mencionarse la expansión de Ba­
LAS ARTES PLÁSTICAS

l Manuel Ángeles Ortiz. Sin titulo, 1940-1943. Colección IVAM, Valencia, España.

riloche, con las obras del Centro Cívico y del cuenca del Nahuel Huapi, donde producirá
conocido Hotel I..lao Llao. Este proceso atrajo una serie de obras de las más notables de su
el interés de varios artistas residentes en Bue­ trayectoria. También acometieron el paisaje de
nos Aires y en las provincias, otorgando a la la región Rodrigo Bonome y Iuan Antonio Ba­
región un sitial de relevancia en lo que Ro­ llester Peña.
mualdo Brughetti denominar-ía, en 1948, la Para la misma época y en el mismo sitio
“geografía plástica argentina”. que Pronsato, aunque sobre todo a orillas del
Entre los nombres que exaltaron el paisaje lago Mascardi, desarrollará una tan interesante
sureño en esos años, debe destacarse a Do­ como olvidada labor Manuel Ángeles Ortiz,
mingo Pronsato, perfeccionado en Italia en los exiliado español radicado en la Argentina entre
años treinta e influido por la obra de Carlo 1939 y 1948. Ángeles Ortiz, a partir de piedras
Carrá y otros contemporáneos. Tras su retor­ y maderas que recogió en sus periplos, realizó
no a Bahía Blanca, su ciudad natal y centro un conjunto de singulares “construcciones”
irradiador de sus actividades, Pronsato queda que llevaron a Eduardo González Lanuza a
subyugado por las mutaciones de la naturale­ afirmar que representaban dioses primitivos,
za patagónica, que le abren un abanico de po­ figuras totémicas e ídolos indígenas, caracteri­
sibilidades a sus intenciones de colorista. En zando al español como “el tardío imaginero de
1940 se instala durante una temporada en la una religión ya desaparecida”. 221
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

En la región del Litoral es necesario dete­ de estos artistas se expresó en las temáticas se­
ner la atención en dos de los centros más irn­ ñaladas, es decir, el río como motivo central,
portantes de producción artística de la Argen­ los pescadores, los arenales y los ritos cotidia­
tina, las ciudades de Rosario y Santa Fe. En la nos. López Claro, aún activo, a partir de los
primera de ellas, hechos de relevancia fueron años cincuenta dirigió su mirada hacia el con­
la celebración del Primer Salón de Bellas Artes tinente americano, permaneciendo inalterable
en 1913 y la creación, en 1917, de la Comisión en su pintura el compromiso político-social
de Bellas Artes del Rosario. Propulsor de ésta que lo caracteriza.
fue el doctor Fermín Lejarza, quien tomó de­ Por último, en la región del Nordeste, el
cisiones hoy históricas, como fueron la adqui­ punto de confluencias artísticas más notables
sición, en dicho año, de la conocida serie de fue sin duda Resistencia, la capital de la pro­
ocho lienzos titulada La vida de un día (obra vincia del Chaco. En ello, el papel determinan­
cumbre de Fernando Fader, que pasaría a en­ te le cupo a una singular institución surgida
grosar el acervo del Museo Municipal de Be­ en torno a 1944, el Fogón de los Arrieros, crea­
llas Artes “Iuan B. Castagnino”, inaugurado en da por el escultor Juan de Dios Mena, autor de
1937), y el incentivar la carrera de un muy jo­ originales tallas en madera de curupí, que ex­
ven Antonio Berni. presaron una visión con tintes humorísticos
En los años veinte, otro ente que marcó —que lo emparienta con Florencio Molina
rumbos en la ciudad fue el Círculo de Bellas Carnpos- de personajes autóctonos como el
Artes, desde cuyo órgano difusor, La Revista del gaucho, el indio, el campesino y el habitante
Círculo, los hermanos Alfredo y Ángel Guido, del interior chaqueño. La citada institución
junto con Fernando Lemmerich Muñoz, de­ fue ganando en importancia y prestigio nacio­
fendieron las manifestaciones artísticas de rai­ nal en los años que siguieron a su estableci­
gambres autóctonas tarnizadas por lenguajes miento; artistas de reconocida trayectoria hi­
renovadores. Los nombres de Manuel Musto, cieron donación de obras, y en forma gradual
Augusto Schiavoni, Luis Ouvrard, Julio Vanzo se constituyó un importante acervo de arte
o Leónidas Garnbartes, autor de una obra de contemporáneo que, en parte, se conserva aún
gran originalidad a partir de raíces americanis­ en Resistencia. Artistas como Demetrio Urru­
tas, son otros de los muchos nombres que jalo­ chúa, César Fernández Navarro, Víctor Mar­
naron el quehacer artístico rosarino. chese o Raúl Monsegur realizaron en la nueva
En la capital de la provincia, Santa Fe, los y definitiva sede, inaugurada en 1953, notables
años cuarenta estuvieron marcados por los murales.
pintores de la “escuela del Litoral”, cuyo ele­ El Fogón de los Arrieros encaró, a partir de
mento de unión fue la vinculación temática al los años sesenta, un notable “plan de embelle­
paisaje y al habitante de las riberas del Paraná, cimiento” de la ciudad, consistente en dotar a
por la cual buscaron dar una fisonomía artís­ las calles y espacios públicos de Resistencia de
tica a la región a través de la geografía. Pueden obras escultóricas y murales. Uno de los em­
citarse los nombres de César López Claro, Ri­ plazamientos másdestacados fue el conjunto
cardo Supisiche, Matías Molinas, Jorge Planas de murales titulado Génesis del Chaco, realiza­
222 Viader y Miguel Flores. La proyección plástica do por Monsegur en 1961 para ser instalado
LAS ARTES PLASTICAS

ENTRE LOS AÑOS CINCUENTA Y SESENTA.


MULTIPLICIDAD DE TENDENCIAS Y APERTURA
INTERNACIONAL

En 1950, el crítico Julio Payró expresó en


la revista Sur que el panorama de la creación
artística argentina se presentaba poco alenta­
dor. La difícil coyuntura histórica no impidió,
sin embargo, el inicio de un período de expe­
rimentación y búsqueda de nuevos plantea­
mientos artísticos que señalan un anticipo de
la eclosión de las vanguardias de gran creativi­
dad que actuaron en los años sesenta. Se gene­
raron movimientos de renovación que alcan­
zaron notoriedad, mientras se proyectaron
sensiblemente en el país las últimas tendencias
europeas y norteamericanas.
En este período se organizaron nuevos
grupos y asociaciones encaminados a generar
formas originales en torno de la abstracción
lírica y surrealista, además de irrumpir el in­
Raúl Monsegur. Génesis del Chaco, mural en Resistencia.
Chaco, 1961. formalismo y la nueva figuración. Aparecieron
revistas como Perceptismo, editada entre 1951
en la Plaza 25 de Mayo. En 1963 se inauguró, y 1953 por Raúl Lozza y Alberto Molemberg, y
en el interior de la Casa de Gobierno, el mural Nueva Visión, publicada bajo la dirección de
Empuje, obra de Emilio Pettoruti. En cuanto a Tomás Maldonado y considerada como un hi­
los escultores cuyas obras se dispusieron en es­ to en la nueva gráfica argentina. Propulsada
pacios públicos de la ciudad, puede nombrar­ por el crítico Aldo Pellegrini, en 1955 se origi­
se a Gonzalo Leguizamón Pondal, Lucio Co­ nó la Asociación Arte Nuevo. Ese mismo año,
rrea Morales, Luis Falcini, Luis Perlotti, Libero el crítico Jorge Romero Brest fundó la Asocia­
Badii y Lucio Fontana, lo cual da una idea de ción Ver y Estimar. A esto se sumó la creación,
la calidad de obras que hoy son orgullo de Re­ en 1956, de la Asociación Amigos del Museo
sistencia. Los años ochenta trajeron consigo la Nacional de Bellas Artes; en 1957, la del Mu­
realización anual de los Concursos de Escultu­ seo de Arte Moderno por Rafael Squirru, y en
ra organizados por la Fundación Urunday en 1958, las del Fondo Nacional de las Artes y del
la Plaza, certámenes que marcan una conti­ Instituto Di Tella, hechos todos que fueron
nuidad del movimiento iniciado en los sesen­ perfilando un futuro promisorio para la plás­
ta, y la presencia de notables escultores como tica argentina.
los hermanos Fabriciano Gómez y Humberto En lo que atañe a los concretos, de gran ac­
Gómez Lollo, y Walter Sotelo. tividad en los cuarenta, se reunieron como 223
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

l Ricardo Supisiche. La tormenta. 1949.

Grupo de Artistas Modernos de la Argentina Cañas y el escultor Leo Vinci. A finales de la dé­
en 1952; a ellos se sumaron los “independien­ cada, Alberto Greco y Mario Pucciarelli antici­
tes” Antonio Femández Muro, Sarah Grilo, pan el informalismo, tendencia que surge aquí
Miguel Ocampo y Hans Aebi. El grupo realizó tardíamente y que intentaba superar las disi­
dos exposiciones internacionales de enverga­ dencias entre abstractos y concretos, retoman­
dura, una en el Museo de Arte Moderno de do criterios del movimiento inidado en 1944
Río de Janeiro y otra en el Stedelijk Museum en Francia, con gran predominio de la materia
de Amsterdam (1953), antes de disolverse en pictórica que se denominó manchismo y que
1954 por la marcha de Tomás Maldonado a llegó a los Estados Unidos como action pain­
Alemania. Los abstractos argentinos habían ting. El uso de espátulas y otros procedimientos
comenzado a trascender las propias fronteras. para acentuar la calidad de la materia, subraya­
En 1958 se publicó la revista Boa, de Iulio da por negros y colores neutros, y el empleo de
Llinás, a quien le cupo la organización de la cemento y arpilleras insinuaban un nuevo mo­
Primera Confrontación Internacional de Arte do de concepción artística.
Experimental, celebrada en la galería Van Riel. En 1959, el Movimiento Informalista ya
De ella participaron artistas no figurativos de nucleaba a un grupo de artistas, que dos años
tendencia surrealista. En 1959 se creó el Grupo después irrumpieron en una célebre exposición
del Sur, de decidida actitud hacia la exploración llevada a cabo en Buenos Aires; ésta titulada
de nuevos caminos de expresión, y del cual for­ “Arte destructivo”, presentó extraños objetos
224 maron parte, entre otros, Mario Loza, Carlos desechables que no eran más que elementos de
LAS ARTES PLÁSTICAS

la vida cotidiana en estado de desintegración. La Argentina participó en las Bienales His­


Entre estos artistas sobresalió Kenneth Kemble, panoamericanas de Arte, promovidas por la
cuyo objetivo, afirmaba, era “mostrar que los España del franquismo. La primera edición se
materiales más humildes y despreciables po­ llevó a cabo en Madrid en 1951 -el mismo año
dían tener capacidad expresiva y comunicar de celebración de la Primera Bienal de Arte de
una emoción estética, echando por la borda la San Pablo—, y el conjunto enviado se caracteri­
hegemonía de las vacas sagradas de la técnica”. zó por el predominio de la pintura paisajística
Otra figura singular fue Alberto Greco, quien y figurativa, en detrimento de las aperturas
primero entroncó con el informalismo, para modernas. De los argentinos, fueron premia­
luego dedicarse a un arte de transgresión con dos tres artistas de las provincias: el entrerria­
acciones callejeras. En él se conjugaron vida y no Cesáreo Bernaldo de Quirós, con el Gran
arte, como lo confirma el cartel “fin” con el que Premio de las Provincias Españolas; el rosari­
selló su suerte en 1965 en Barcelona. Ya en no Alfredo Guido, con el Gran Premio de Gra­
1956, en la muestra “Qué cosa es el coso”, lleva­ bado, y el arquitecto mendocino Daniel Ra­
da a cabo por Jorge López, Jorge Martín, Nico­ mos Correa, con el Premio del Ayuntamiento
lás Rubió, Mario Valencia yVera Zilzer en la So­ de Madrid por la remodelación arquitectónica
ciedad Estímulo de Bellas Artes, se anticipó el y paisajística del monumento al Ejército de los
desarrollo del arte de objetos que tendría gran Andes en el Cerro de la Gloria, Mendoza.
resonancia en los años sesenta, y los artistas se El envío argentino no fue el deseado, dado
interrogaron acerca de estas nuevas categorías que numerosos artistas, contrarios al régimen
de arte expresado en objetos de uso cotidiano. franquista, se abstuvieron de participar. Inclu­
Para ese entonces, en torno de la calle Flo­ sive algunos de ellos, como Antonio Berni,
rida se movilizaba el circuito comercial de ga­ Iuan Carlos Castagnino, Alicia Penalba y Da­
lerías como Van'Riel, Wildenstein, Müller y monte Taborda concurrieron a París, a la
Witcomb, que fueron creando un ámbito pro­ “contrabienal” organizada por Picasso y otros
picio al mercado de arte. A ellas se sumarían, artistas españoles exiliados. También se cele­
entre otras, Viau, Peuser, Kraft, Velázquez, braron “contrabienales” en Caracas y México,
Plástica, Rioboo, Antígona y Galatea. Lirolay, promovidas ambas por artistas españoles re­
bajo la dirección de Germaine Derbecq, casada publicanos. En Buenos Aires, alcanzó similar
con Curatella Manes, se convirtió en un nuevo carácter de boicot la exposición de artistas es­
espacio para propulsar el arte de vanguardia, al pañoles de la Escuela de París (Oscar Domín­
igual que Bonino, que abrió además de su local guez, Pedro Flores, Grau Sala, Iosé Palmeiro,
en Buenos Aires, una sucursal en Río de Ianei­ Ginés Parra, Joaquín Peinado y Hernando Vi­
ro y otra en Nueva York. La galería Krayd exhi­ ñes) llevada a cabo en la galería Velázquez en
bió la obra de muchos abstractos de línea geo­ octubre de 1951.
métrica. En este período se registró un A finales de los cincuenta, el movimiento
creciente número de exposiciones de arte lati­ cultural en la Argentina se agiliza, experimen­
noamericano en Europa y los Estados Unidos, tándose una nueva sensación de prosperidad.
donde muchos argentinos exhibieron sus En dicha década, la instalación de la empresa
obras. Kaiser en la provincia de Córdoba promovió 225
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

la producción automotriz y transformó a este los principales movimientos innovadores, a


sector en un polo de crecimiento único. La través de la exposición de artistas argentinos y
ciudad de Córdoba fue el punto de encuentro extranjeros, cursos y conferencias que poten­
de los Salones de Arte que se realizaron entre ciaron una renovación de las artes plásticas, la
1958 y 1961, organizados por las Industrias música y la danza. También la intervención en
Kaiser de Argentina (IKA). La ciudad medite­ las bienales de San Pablo, Venecia y Cracovia
rránea competiría en este evento con el polo hizo reconocer el nivel alcanzado por el arte
centralizador del arte de Buenos Aires. En el argentino en el mundo. Esta pretensión de in­
primer encuentro fueron invitados artistas lo­ ternacionalismo, no obstante, no alcanzó el
cales vinculados a la pintura, el grabado, el afi­ grado que en principio esperaba el cerebro de
che y la fotografía. El segundo salón incluyó a aquel Centro, Iorge Romero Brest.
representantes de dieciséis provincias ubica­ En lo que hace a las producciones artísticas
das en las regiones Centro, Norte, Cuyo y Lito­ de los sesenta, frente al informalismo, se fue­
ral. Las muestras luego tuvieron repercusión ron imponiendo el pop art, las tendencias vi­
en otras ciudades como Buenos Aires, Tucu­ suales puras que desarrollaron el concretismo
mán, Rosario, Santa Fe y Entre Ríos. y el constructivismo, y la nueva figuración. El
Al éxito de los salones siguió el intento de arte pop, expresión de una sociedad de consu­
extender la propuesta a “enaltecer la cultura de mo de los países más industrializados, repro­
América”. En 1962 se realizó la Primera Bienal dujo los objetos seriados y empleó los medios
Americana de Arte, experiencia que tuvo con­ masivos de comunicación. Si bien la sociedad
tinuidad en la Segunda de 1964 y la Tercera de argentina no tuvo en este período el mismo al­
1966, contando con la participación de artis­ cance consumista de los Estados Unidos, el pop
tas del continente. En su intento de colocar el encontró un espacio en el circuito del Institu­
arte argentino en el mundo, las obras de las to Di Tella y en las galerías de vanguardia. Do­
Bienales siguieron un itinerario, que las llevó minó esta tendencia el empleo de nuevos ma­
del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires a teriales en los que predominaron originales
una gira por los Estados Unidos. Como las carteles, afiches, señalizaciones urbanas y la
obras presentadas se mantuvieron un tanto al recurrencia a los medios radial y televisivo, en
margen de las últimas experiencias desarrolla­ tanto que semanarios de divulgación general
das en Buenos Aires, y pertenecían a una “mo­ como Primera Plana mostraban estos intentos
derada” vanguardia, la presencia de una bienal renovadores con la intención de acaparar la
de carácter paralelo -en la que intervinieron atención y el asombro del espectador.
porteños, rosarinos y cordobeses ligados a las Esta actitud respondía en buena medida a
tendencias pop, happenings y el arte concep­ un intento de conciliar al público masivo con
tual— puso en tela de juicio el papel desempe­ el arte moderno y con la gente del ámbito ar­
ñado por la propuesta cordobesa. tístico contemporáneo, tras la progresiva
En el Centro de Artes Visuales del Institu­ acentuación del abismo que entre ambos se
to Di Tella se suscitó el interés en los grandes venía experimentando. Pablo Suárez, uno de
concursos nacionales e internacionales reali­ los actores en esa escena de los sesenta, afirma
226 zados entre 1960 y 1967. Allí se concentraron que “lo que se intentó fue quitarle toda solem­
LAS ARTES PLASTICAS

nidad al hecho [artístico], pero sin entender ro en sus afirmaciones: “Yo no viví el Di Tella,
que había que tomar de la realidad ciertos me­ aunque haya ganado un premio en el acto
canismos como para que el público empezase inaugural de ese instituto en la calle Florida”.
a participar como quien va a una fiesta (. . .) es También aseveró: “Respecto de Romero Brest,
el momento en el que surge con mucha fuerza que tuvo una gran actividad como animador
el objetismo, se empiezan a producir instala­ cultural, irnbuido en su rol de Papa del templo
ciones, se intenta establecer nuevas formas de del desparpajo, creo que se exageró a sí mismo.
comunicación que hicieran eficaz la posibili­ Decía sobre los artistas: ‘Cuando los mejores se
dad de lectura”. estereotipan, los dejo y paso a otros’. El Di Tella
En definitiva, se apuntaba a una participa­ inventó una estética del deterioro: se consume
ción activa del espectador, de tal manera que una cosa y enseguida hay que cambiarla por
éste se sintiera parte misma de la obra. En tal otra”. Luis Benedit, por su parte, no dudó en
sentido, en 1965, Marta Minujín y Rubén San­ hablar de los “fuegos artificiales” del Di Tella.
tantonín asombraron y desconcertaron con un En lo que respecta al arte constructivo o
happening titulado “La Menesunda”, en el cual, geométrico, que ya había alcanzado un desa­
entre otros aspectos, el público visitante convi­ rrollo intenso, en los años sesenta derivó hacia
vía con situaciones tan disímiles como el ser nuevas experimentaciones ligadas a efectos
objeto de maquillaje por parte de profesiona­ ópticos, el movimiento y la luz como una irn­
les, pasar por una habitación donde una pare­ presión de valor estético. En tal sentido, fue
ja aparecía acostada en una cama matrimonial, importante la exposición de las obras del hún­
sufrir temperaturas bajo cero o verse en panta­ garo Victor Vasarely, llevada a cabo en 1958 en
llas de televisores especialmente instalados. el Museo Nacional de Bellas Artes, dado que
Minujín, Santantonín, Dalila Puzzovio, muchas de ellas mostraban sus experimenta­
Juan Stoppani, entre otros, lucharon contra la ciones en el campo de la cinética, derivación
solemnidad en un intento por desacralizar el del constructivismo que se inclinaba a inte­
arte. A menudo el grupo de artistas vinculado grar en él una sensación visual de movimien­
con el Instituto Di Tella ha figurado en los to. En la Argentina, el arte cinético surgió de
anales de la historiografía del arte argentino las experiencias del mendocino Julio Le Parc,
como sinónimo “ideológico” de los sesenta, lo quien, becado en París y tras vincularse de
que ha tenido cuestionamientos de peso en la manera directa a Vasarely, creó en 1960 el
década de los noventa, cuando aquellos años Groupe de Recherche Visuel (GRAV). La
se convirtieron casi en una obsesión como te­ muestra realizada en 1964 en el Museo Nacio­
ma de investigación. Es evidente que el clima nal de Bellas Artes de Buenos Aires, titulada
de esperanza y libertad que se respiraba en el “Inestabilidad”, demostró el empleo de esta
instituto poco tenía que ver con el pensar y tendencia: juego de luces y agua, bandas,
sentir artístico de quienes hacían, por ejem­ transparencias y placas de metal, los que mo­
plo, arte de tinte social. vilizaron la dinámica relación entre el especta­
Artistas como Luis Felipe Noé, a quien se ha dor y la obra. Hacia exploraciones cinéticas
vinculado a dicha institución por el hecho de también se orientaron Oscar Capristo y Roge­
haber ganado el Premio Di Tella en 1963, es cla­ lio Polesello. 227
LA DIMENSION CIENTÍFICA Y CULTURAL

gurosas, yuxtapuestas y superpuestas en ór­


denes seriales.
Frente a estas tendencias abstractas reac­
cionaría la nueva figuración, en la que los ar­
tistas adoptaron el retorno a las formas del
realismo, esta vez, sometidas a una áspera crí­
tica social. En la Argentina, el grupo central
estuvo formado por Luis Felipe Noé, Ernesto
Deira, Iorge de la Vega y Romulo Macció. En
Latinoamérica, este movimiento alcanzó no­
table arraigo durante los años sesenta, marca­
do por la insatisfacción estética y social, que se
manifestó en gran medida como una reacción
de los artistas contra el sistema impuesto por
los gobiernos autoritarios extendidos a lo lar­
go del continente. En lo que a las técnicas se
refiere, puede decirse que la libertad en el uso
de materiales no convencionales alcanzado en
el desarrollo del informalismo sirvió como ba­
se para el retorno a lenguajes figurativos.
Antonio Berni descolló en el empleo de
materiales de desecho industrial, y con sus re­
conocidos personajes Iuanito Laguna y Ramo­
na Montiel supo interpretar los modos de vi­
Antonio Berni. Juanito Laguna remonrando su barrilete,
1973. Colección particular. Buenos Aires. da marginales. El compromiso social como
medio y como fin fue asumido por otros pin­
Dentro de la corriente abstracta o cons­ tores como Carlos Alonso, quien desarrolló
tructivista, Alejandro Puente y César Pater­ una figuración de carácter expresionista. Tam­
nosto desarrollaron un arte ligado a los pos­ bién el grupo Espartaco se pronunció desde
tulados de la tradición constructivista del 1959 por un arte “revolucionario latinoameri­
uruguayo Ioaquín Torres García, que fue de­ cano”, buscando representar las figuras con
nominada por el crítico Aldo Pellegrini como una visión voluminosa casi escultórica, y te­
“geometría sensible”. Ambos artistas, lo mis­ niendo como uno de sus basamentos la fuerte
mo que Pérez Celis, mostraron inclinación a impronta del muralismo mexicano. Las imá­
los lenguajes geométricos que les proporcio­ genes creadas por Ricardo Carpani fueron lue­
naba el arte prehispánico americano. Otra go empleadas en la gráfica política, trabajando
tendencia de la abstracción fue la pintura ge­ con la CGT dirigida por Raimundo Ongaro.
nerativa, en la que se destacaron Eduardo En el campo de la escultura, a partir de los
Mac Entyre, Ary Brizzi, Miguel Ángel Vidal. cuarenta habían sido notables los intentos de
228 Estos pintores emplearon líneas circulares ri­ los artistas concretos por renovar el concepto
LAS ARTES PLASTICAS

l Ricardo Carpani. Desocupados. i959.

de reproducción irnitativa de la realidad y su­ pleó, para sus esculturas policromadas, resina
plantar el uso de materiales tradicionales, desde poliéster y esmalte; sus formas impregnadas en
las búsquedas hidroespaciales de Kosice, hasta color revelan la naturaleza del sufrimiento hu­
nuevas formas que invaden el espacio dando mano. Norberto Gómez usa piroxilina o laca
lugar a ambientaciones, instalaciones, objetos y acrílica que revela las viscerales formas del
experimentaciones. El empleo de nuevos mate­ hombre. Aldo Paparella realiza en 1971 la serie
riales pasó a ser una de las características de de Monumentos inútiles, inspirados en los vesti­
mayor significación, lo que quedó reflejado en gios romanos en ruinas, ligando esta idea a la
obras como las que realizó Noemí Gerstein del “hombre de hoy, el hombre destrozado” co­
usando tubos de bronce soldados, o las de En­ mo él mismo afirmara. Estos Monumentos fue­
rique Romano, construidas con materiales de ron realizados con materiales de desecho.
desecho.
Libero Badii se inclinó por la realización de
grandes figuras escultóricas matizadas por pla­ ARTE Y SOCIEDAD A PARTIR DE LOS SESENTA.

nos brillantes de color, para desarrollar luego LAS POLÍTICAS OFICIALES ENTRE DEMOCRACIA

obras policromadas inspiradas en el arte preco­ Y DICTADURA


lombino. María Iuana Heras Velasco, cultora
inicialmente de la abstracción, adhiere a mate­ En 1966, el festivo clima de la vanguardia
riales industriales. Juan Carlos Distéfano em­ llegó a su fin con el quiebre del orden consti­ 229
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

l Iorge de la Vega. Esquizobestia N° l, 1963. Colección Marta De la Vega, Buenos Aires.

tucional, hecho que implicó un retroceso en el tros universitarios y las sedes de organizaciones
campo cultural, provocando un éxodo de pro­ sindicales comenzaban a servir como espacios
fesionales. En 1969, el “Cordobazo” puso en altemativos a las galerías y museos para exhibir
crisis el proyecto autoritario del general Onga­ las expresiones artísticas y transmitir los mensa­
nía. Al espíritu de transgresión de la joven jes implícitos en ellas. La politización del arte
vanguardia ‘se sumaria luego el compromiso fue ascendiendo en forma gradual. La calle se
ideológico con la influencia del Mayo Francés convirüó también en territorio de expresión ar­
de 1968 y la repercusión de la Guerra de Viet­ tística y en Buenos Aires se produjeron mues­
nam. Buenos Aires y Rosario fueron los epi­ tras como las tituladas “Escultura, follajes y mi­
centros de este dinamismo renovador y, a la dos”, realizada en la Plaza Rubén Darío en 1970,
vez, contestatario y revulsivo. y “CAYC al aire libre. Arte e Ideología”, en la Pla­
En este contexto de cambio, los artistas plás­ za Roberto Arlt, dos años después.
ticos de la ciudad de Rosario se rebelaron con­ En el campo de las vanguardias fueron to­
tra el desmantelamiento de los ingenios azuca­ mando paulatina fuerza el arte de sistemas y
reros en la muestra experimental “Tucumán el arte conceptual, explorados desde finales
arde”, realizada en 1968 en la CGT de los Argen­ de los sesenta. El arte conceptual apuntó a
tinos de aquella ciudad y luego en la Federación desplazar al objeto artístico hacia el concepto,
Gráfica Bonaerense, en Buenos Aires. Para en­ a través del empleo de signos, palabras o dia­
230 tonces, sitios no tradicionales como los dans­ gramas matemáticos, prevaleciendo así la
LAS ARTES PLÁSTICAS

idea por encima de los materiales utilizados. lez Mir, con su instalación 25 jaulas (1977),
En Buenos Aires, estas expresiones se nuclea­ que contenía pájaros de madera en cautiverio,
ron en torno del Centro de Arte y Comunica­ aludía a los límites de la libertad.
ción (CAYC), que, regido por Iorge Glusberg, En 1976 se había producido la interrup­
intentó ocupar el espacio que dejó tras su cie­ ción del régimen constitucional y el adveni­
rre en 1970 el Centro de Artes Visuales del miento de los militares, situación que provocó
Instituto Di Tella. En tal sentido, como postu­ un efecto desolador sobre el desarrollo de las
lado de las nuevas estéticas, cabe mencionar artes plásticas, motivando el exilio de artistas
las exposiciones “Arte y cibernética” (1969), hacia otros países o aun el exilio interior. El ar­
con la que se presentó el CAYC, que perfilaba te se vio sometido a una realidad determinada
un nuevo tipo de relaciones entre arte y tec­ en buena medida por la imposibilidad de ma­
nología a través de la realización de acciones nifestar abiertamente opiniones contrarias al
interdisciplinarias, y “Arte de sistemas” régimen. Como bien señaló María Iosé Herre­
(1971) en el Museo de Arte Moderno. En el ra, “el arte se puebla de diversas metaforiza­
campo de lo conceptual, una de las muestras ciones de todo aquello que no se podía decir.
más recordadas fue la de Iuan Carlos Romero Un clima de opresión invade distintas vertien­
titulada “Violencia” (1973), en la cual el artis­ tes de la pintura figurativa, y temas como la
ta enfatizó a través de la reiteración de esa pa­ muerte y la ausencia se tornan recurrentes”.
labra, una realidad social marcada por las La represión, la falta de libertad y la desapa­
tensiones. En ese año se producía el regreso al rición de personas fueron denunciadas por ar­
poder del general Iuan Domingo Perón. tistas como Diana Dowek, con su serie Alam­
En el CAYC se formó el denominado “gru­ brados (1977) o los muñecos maniatados con
po delos XIII”. Entre ellos se contaban Clorin­ alambres de púa. César López Claro comenzó a
do Testa, Víctor Grippo, Luis Benedit, Alfredo gestar en silencio las setenta obras de Proceso al
Portillos, Iorge González Mir y Iacques Bedel, Proceso, alegato contra la represión militar, con­
quienes promovieron una sucesión de mani­ tra la destrucción del hombre, culminada en
festaciones experimentales. Bedel empleó resi­ 1984, coincidiendo con el retomo a la demo­
na poliuretánica para elaborar ruinas que res­ cracia. Esta serie fue expuesta entonces en Bue­
cataban lo grandioso del territorio argentino, nos Aires, hasta que una orden “de arriba” obli­
incluidos sus mitos y leyendas. Benedit trans­ gó al artista a descolgar su obra de las paredes a
formó sus obras a partir de la realización de la semana de ser inaugurada la muestra.
experiencias biológicas y fisioquímicas, y otras En 1982 se premió la trayectoria de Iuan
surgidas del campo de la botánica y de la zoo­ Carlos Distéfano; Norberto Gómez fue nom­
logía. La vinculación con América latina que­ brado “Artista del Año” y Guillermo Kuitca,
dó testimoniada en las obras de Alfredo Porti­ “Artista Revelación”. Irán surgiendo los nom­
llos, quien indagó en el fondo de las fábulas y bres de Gustavo López Armentía, Hernán
supersticiones del continente, y en las de Víc­ Dompé, Alfredo Prior, Remo Bianchedi, Er­
tor Grippo, que relacionó arte y ciencia en su nesto Bertani, Marcia Schwartz y Eduardo
serie de Analogías, empleando papas con el fin Medici. La vuelta a la democracia posibilitó
de exaltar su procedencia americana. Gónza­ una gran pluralidad de formas de expresión 23]
LA DIMENSIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL

que habrían de reflejar los complejos enfoques modo original nuevamente el arte con la his­
de la sociedad actual. La coexistencia de dis­ toria de la Argentina, acercamiento que re­
tintas vertientes creativas que replantean el plantea los vínculos entre los procesos históri­
lenguaje artístico y retornan a una recupera­ cos y la resignificación de la propia cultura
ción de la memoria y de los mitos, acercan de con sus continuidades y rupturas.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA

Para ampliar y completar el conocimiento Logró dar una visión de conjunto, a la vez que
sobre las artes plásticas argentinas en el perío­ una detallada relación biográfica de los artis­
do abarcado por el presente capítulo, se añade tas plásticos nacionales. Distingue cuatro mo­
una selección bibliográfica y hemerográfica mentos: el de los precursores, el de los organi­
que, en su mayoría, constituyó el corpus infor­ zadores, las aportaciones del plein air y las
mativo para su elaboración. En esta selección nuevas tendencias del arte moderno. La obra
se tienen en cuenta tanto estudios realizados paradigmática de Pagano cierra cronológica­
en la época en que se desarrollaron los aconte­ mente el estudio que sobre la producción his­
cimientos referidos en el texto, cuanto estu­ toriográfica del arte en la Argentina desarro­
dios posteriores, de carácter retrospectivo. llaron loss EMILIO BURUCÚA y ANA MARIA
En lo que respecta al panorama historio­ TELESCA, “El arte y los historiadores”, en ACA­
gráfico de las artes en la Argentina y su estado DEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, La Junta de
actual, la bibliografía existente es metodológi­ Historia y Numismática Americana y el movi­
camente variada, y los años noventa han sido miento historiográfico en la Argentina (1893­
decisivos en lo que respecta a los aportes, tan­ 1938), tomo II, Buenos Aires, 1998.
to en cantidad como en aproximaciones desde En la producción bibliográfica y hemero­
diferentes ángulos. gráfica de los años cuarenta y cincuenta, se
Los primeros ensayos que persiguieron co­ puede señalar la aparición y continuidad de
mo finalidad estructurar la historia de las artes los Anuarios Plástica, Buenos Aires, 1939­
argentinas a partir de 1914, se publicaron du­ 1948, que brindan una información de prirne­
rante los años veinte y treinta. Se destacan, en­ ra mano, absolutamente imprescindible para
tre otros, los de IosE MARIA LOZANO MOUJAN, quienes quieran abordar el estudio de las artes
Apuntes para la historia de nuestra pintura y es­ en todo el país durante ese período. En esos
cultura, Buenos Aires, 1922, y Figuras del arte años, la editorial Poseidón publicó la serie “Bi­
argentino, Buenos Aires, 1928; y de JOSE LEON blioteca de Arte Argentino” y Losada, sus “Mo­
PAGANo, El arte de los argentinos, Buenos Aires, nografías de Arte”, que propiciaron una intere­
1937-1940. Más moderado en cuanto al trata­ sante difusión de la obra de artistas nacionales
miento de las nuevas corrientes estéticas, Pa­ y extranjeros. Similar tarea le cupo en los se­
gano realizó este libro valiéndose en gran me­ senta a la serie publicada por Ediciones Cultu­
dida de sus artículos periodísticos publicados rales Argentinas, promovida por el Ministerio
232 en diferentes medios desde principios de siglo. de Educación y Justicia, y en los años ochenta,
LAs ARTES PLÁSTICAS

a la “Colección Pintores Argentinos del siglo Aires, 1954. Ingente tarea recopilatoria a la que
XX” publicada por el Centro Editor de Améri­ también se dedicaron, con ediciones actualiza­
ca Latina, todos ellos de Buenos Aires. das hasta el presente, VICENTE GEsUALDo y
La vasta tarea crítica y la comprensión del otros, Diccionario de artistas plásticos en la Ar­
medio artístico evidenciadas por ROMUALDO gentina, dos tomos, Buenos Aires, 1988.
BRUGHETTI comenzaron a cristalizarse con Entre los ensayos publicados en los años
fuerza en los cuarenta y cincuenta. Entre sus sesenta y setenta, se remite a: MARIA LAURA
obras se deben destacar: De la joven pintura SAN MARTIN, Pintura argentina contemporá­
rioplatense, Buenos Aires, 1942; Pintura argen­ nea, Buenos Aires, 1961. Es una de las obras
tina joven, Buenos Aires, 1947, y Geografia más significativas de cuantas han estudiado el
plástica argentina, Buenos Aires, 1958. En estas arte argentino del siglo XX, e incluye capítulos
obras, Brughetti, además de alentar sus teorías como “El movimiento contemporáneo en al­
sobre el arte naci