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IDENTIFICACIÓN DE BALA Y CASQUILLOS

GENERALIDADES

HISTORIA

La identificación de las balas y los casquillos es una ciencia relativamente reciente. Los
primeros trabajos efectuados en Europa sobre esta materia fueron objeto de una
comunicación del Dr. Balthazard al 2° Congreso de Medicina Legal de lengua francesa
(Paris, 20 de mayo de 1912) y de dos artículos, uno referente a las balas, y otro, a los
casquillos, según Hatcher, se había publicado ya un articulo sobre este tema en Julio
de 1900. Pero este, escrito por el Dr. Albert Llewellyn Hall y publicado en el Ruffato
Medical Journal, fue poco conocido en los Estados Unidos y, en todo caso, no parece
haber tenido ninguna influencia de Europa.
Antes de los trabajos de Balthazard, el examen se refería únicamente al proyectil, y los
armeros no llegaban sino muy raras veces a una conclusión cierta. En este caso, se
necesitaba que el arma tuviese un efecto muy marcado. Así, en un estudio de M.
Gastine Rennete, existía en el proyectil de plomo un surco profundo, causado por la
extremidad del punto de mira, lavado tan profundamente en el cañón que rebasaba la
superficie interna de éste. Fuera de casos excepcionales, los expertos lograban, como
máximo, observar una concordancia de las rayas. Absolutamente incapaces de
diferenciar dos armas del mismo tipo, de la siguiente: “el proyectil ha sido disparado
por el arma del acusado o por otra semejantes, lo que no resultaba muy útil para la
investigación”
Cierto que con anterioridad se habían realizado identificaciones, pero sólo por el taco.
Así, en 1804 en el caso Cadoudal, tuvo lugar un tiroteo entre los gendarmes. Se
examinaron los restos de papeles que habían servido de taco, encontrados en el lugar
del hecho. En uno de ellos se leía el nombre de troche. Se averiguo que en Eu vivía un
relojero que llevaba precisamente aquel hombre. Orientada así la investigación, el
relojero confesó que su hijo había recibido el encargo de esperar a los conjurados en
el acantilado de Bivile.
La invención del cartucho no hizo desaparecer inmediatamente, al menos para las
municiones de caza, los tacos ocasionales, y , todavía durante largo tiempo, pudieron
ser identificados gracias a los restos de papel en el domicilio del culpable.
Actualmente, tales casos son muy raros en Francia; los cazadores prefieren comprar
las municiones preparadas, mejor dosificadas y mas regulares, y , cuando cargan ellos
mismo los cartuchos, utilizan al menos los tacos del comercio. Las revistas
especializadas señalan todavía de vez en cuando asesinatos resueltos, en países de
ultramar, gracias al papel utilizado como taco.
Balthazard sentó las bases de los métodos de investigación modernos. Fue el primero
en formular la nomenclatura de los diversos elementos del arma que imprimen su
huella en la bala o en el casquillo, y observó que, incluso en una fabricación en serie y
con el mismo utillaje, su aspecto varía hasta el punto de permitir la identificación. Los
métodos propuestos nos parecen ahora incompletos y rudimentarios, pero eran
suficientes en una época en que una fabricación menos cuidadosa y menos precisa
traía consigo particularidades de importancia.
En realidad, aquel sabio identificaba las balas únicamente por las señales debidas al
rayado del cañón y no tenía en cuenta las producidas por los macizos, que, no
obstante, se graban mucho mejor y, sobre todo, con más fidelidad. Si la teoría justifica
la actitud de Balthazard, la práctica demuestra que aquellas otras huellas son también
características y pueden servir muy bien para la identificación. Son incluso preferibles
a las precedentes, pues se encuentran en todos los casos, a despecho de las ligeras
variaciones de diámetro autorizadas a los proyectiles por la tolerancia de fabricación.
Por ello mereció Balthazard las criticas de Corin y Genonceaux. Según ellos, las
tolerancias en la fabricación de proyectiles tienen una influencia demasiado marcada
en la cantidad y la naturaleza de las estrías impresas por el rayado del cañón, para que
se pueda fundar en ellas una opinión. Actualmente, se da mayor importancia a los
macizos que labran, en la superficie de la bala, los «rayados» e imprimen en su
interior” estrías más constantes,
Balthazard estudió el origen de las huellas impresas por el arma en el casquillo.
Redactó una lista casi completa de los. elementos en cuestión. Mencionó incluso el
cierre del cañón, que tan importante papel había de desempeñar en los trabajos de
Meizger. Parece desprenderse de su artículo que Balthazard observo solamente la
forma y la posición relativa de cada mecanismo, sin distinguir sus finas huellas de
fabricación).
El Dr. de Recliter y el Teniente Coronel Mage reivindican la paternidad de este
descubrimiento que se sitúa en el origen de la moderna técnica, y demuestran la
importancia de las huellas' de fábrica de la recámara: «Ya en 1919, uno de nosotros (el
T. C. Mage), mientras realizaba un trabajo técnico sobre los casquillos, prestó atención
a los dibujos impresos en el culote del casquillo y en su cápsula de cebo... por la culata
fija o móvil de las armas, a consecuencia de la compresión sufrida por estos órganos,
debida al retroceso del casquillo en el momento del disparo. El hecho no tuvo más
publicidad que los debates judiciales... En junio de 1922, a raíz, de un gran proceso
criminal, reanudamos en común el estudio de estos dos problemas: identificación de
los casquillos e identificación de los proyectiles, y tuvimos la suerte de poder
completar el método que después publicamos.»

Principio De La Investigación De Balas y


Casquillos

A su paso por el arma, las balas y los casquillos entran en contacto con diversos
elementos de acero que imprimen su señal en el metal blando. La silueta general de
las huellas así marcadas varía según las marcas y modelos de las armas en cuestión, y
sus pequeñas irregularidades (huellas de fábrica o alteraciones sufridas ulteriormente)
son específicas de un arma dada y permiten distinguirla de todas las demás de igual
fabricación. Esta fórmula tan concisa requiere más explicaciones.

1° Huellas marcadas en las balas.

Las irregularidades del ánima del cañón se graban en el proyectil al paso de éste. Las
más visibles son las de los macizos y las «rayas», que se distinguen incluso a simple
vista en el interior del cañón, donde se desarrollan «en espiral”
a) Papel de las Rayas del Cañón
Los fusiles de guerra, las pistolas, los revólveres y, en general, todas las armas
modernas, han sido concebidas para disparar proyectiles alargados. Sólo para algunas
armas de salón, de mediocre calidad, se utilizan balas esféricas (munición de 9 mm. a
percusión anular para carabinas de cañón liso). Los proyectiles oblongos tienen una
mayor precisión y un alcance superior, a condición empero de que se les imprima
durante su recorrido un movimiento de rotación sobre su eje, que les da «estabilidad
girostática. En realidad, esta rotación no elimina radicalmente las oscilaciones del
proyectil, pero las disminuye en notable proporción, hasta el punto de que no son
perjudiciales. Sin este movimiento giratorio, la bala se ladearía muy pronto en su re-
corrido, presentado hacia delante su centro de gravedad. Y, al ladearse, el roce del
aire, repartido de un modo desigual en las paredes, haría desviar sensiblemente el
proyectil. La imprecisión de la trayectoria se agravaría con la falta de penetración: el
proyectil, al dar en el blanco no con la punta sino con el lado de la ojiva, y aun con el
flanco, se desviaría o incluso retrocedería antes de alcanzar el órgano previsto.
Para imprimir el movimiento de rotación requerido, los arneros han grabado en los
cañones rayas helicoidales que sigue la bala, guiada por los macizos, como si fueran
raíles. El rayado se justifica, pues, por razones balísticas, pero los criminalistas les han
otorgado un papel complementario: el de identificar los proyectiles disparados.
Es perfectamente posible disparar, con buenos resultados, un proyectil de forma
oblonga por el cañón liso de un fusil de caza ordinario, pero en este caso se requiere
un artificio.

b) Características de clase.
Cada fabricante construye el cañón siguiendo normas que le son propias; por esto, al
reflejarse en el proyectil disparado, permiten diferenciar el origen de aquél.
Número de rayas. - Como ninguna regla balística impone un número determinado, éste
varía en la práctica entre 3 y 8. Generalmente es de 4 para las armas de guerra y de 6
para las restantes.
Los demás valores son mucho más raros.
Hay que advertir que las rayas impresas en el proyectil son producidas por los macizos
del arma, mientras que las eminencias que limitan aquellas depresiones son debidas al
rayado del cañón. Es ésta una noción que no hay que perder de vista si se quiere evitar
toda confusión.
Orientación del rayado. - El movimiento giratorio da estabilidad al proyectil, pero
ninguna regla balística impone la rotación en uno u otro sentido y, en la práctica, si
numerosos arquímeros imprimen- en su cañón una espiral que gira haclí4 la derecha,
hay también empresas importantes que lo hacen a la izquierda (Colt, por ejemplo;
también las pistolas Unique) están grabadas hacia la izquierda, y lo mismo puede
decirse de numerosas armas de fabricación española). La orientación del rayado se
advierte fácilmente en el proyectil disparado.
Inclinación del rayado. - La espiral grabada no da, naturalmente, una vuelta entera en
el interior del cañón; sin embargo, se llama «paso» de la espiral a la longitud teórica
necesaria para una revolución completa. Esta modalidad de fabricación se refleja en el
proyectil disparado, pero se aprecia difícilmente en una longitud tan pequeña. Por
esto se prefiere una característica análoga: la inclinación del rayado.
Generalmente se realiza la medición con ayuda de un microscopio provisto de un
ocular goniométrico. Se toma como señal el borde de la bala, o mejor aún, una de las
finas estrías paralelas producidas con el encamisado.
Anchura de las rayas. - Corresponde a la anchura de la cuchilla o de los dientes del
instrumento empleado para grabar el cañón, y su valor es diferente según la
fabricación. Estas marcas de fábrica corresponden a la anchura de la lengüeta que
separa las rayas adyacentes grabadas en el proyectil, pero, en criminalística, se
prefiere distinguir los diversos modelos de armas para la anchura de las rayas de la
bala.
Mathews utiliza para la medición un microscopio estereoscópico con ocular
reticulado. Orienta el proyectil de suerte que el borde de una raya se superponga
exactamente a la retícula y después lo desplaza lateralmente hasta que el otro borde
se sitúa en el lugar del primero. El valor del traslado sufrido por la bala indica la señal
buscada.

c) Particularidades.
Todas las características de clase que acabamos de mencionar: número, orientación,
inclinación y anchura de las rayas son características de una marca dada, y todas las
armas de la misma fabrltalti6ti las presenta Iguales. Pero cada arma posee también su
carácter propio que la diferencia de todas las otras de. la misma marca y de la misma
serie.
Algunas particularidades son de origen, producidas en el curso de la fabricación; otras,
por el contrario, se adquieren con 'Posterioridad, se suman a las anteriores y dan al
cañón una personalidad todavía más acusada.
La cuchilla que sirve para gravar las rayas presenta, en su filo, irregularidades
microscópicas que imprimen finas estrías en el metal. Al propio tiempo, se marcan los
rastros producidos por las virutas «embutidas» entre los dientes y que a .veces se
sueldan a éstos por efecto del calor. Incluso hay irregularidades, arrancamientos del
metal producidos durante el perforado, que subsisten en los macizos. En cuanto a las
características complementarias adquiridas con el uso del arma, son debidas a las
causas siguientes:
- Puntos de herrumbe o de corrosión, a los que se adhieren a veces partículas de
metal desprendidas del proyectil.
- Señales debidas a Limpieza intempestiva del arma con Instrumentos poco
adecuados
- Huellas marcadas en el metal por la mugre del cañón y en particular por granos
de arena expulsados al paso del proyectil.
2. Huellas marcadas en los casquillos.

a) Origen.
Para comprender el origen de cada huella, es necesario conocer exactamente lo que le
ocurre al cartucho a cada fase del tiro.
Tomemos, para fijar ideas, una pistola automática provista de su cargador. En primer
lugar, hay que hacer pasar un cartucho al cañón, o, más exactamente, a la recámara.
Para ello hay que echar hacia atrás, con la mano, la culata móvil, cuyo cierre no tarda
en rebasar la primera munición del cargador. Después se suelta la culata, que, por su
propio impulso, vuelve hacia delante, empujando con el cierre el cartucho hasta la re-
cámara. Esta operación ha grabado en el cartucho dos clases de huellas: dos surcos
paralelos impresos en las paredes del estuche por los labios del cargador, y un
aplastamiento en el borde anterior del rodete, producido por el cierre a impulso de la
culata * Estos dos tipos de huellas se imprimen, pues, antes del disparo.
Por la acción del gatillo, el percutor, proyectado violentamente contra el cubo, lo
hunde, aplastando el fulminante contra el yunque y haciéndolo explotar. El culote del
cebo se amolda a la recámara por efecto de la explosión, e incluso, si ésta es lo
bastante fuerte, se produce una «hernia de reflujo» en la parte libre del vacío en que
circula el percutor. En esta fase del tiro, se imprimen, pues, en el culote del cebo, las
huellas del percutor, de la recámara y, a veces, del alojamiento del percutor.
La detonaci5n del fulminante es causa de la deflagración de la pólvora impulsora
contenida en el estuche. Los gases calientes producidos, de volumen notablemente
superior a su continente, ejercen presión en todas direcciones. Impulsan el proyectil
hacia delante y éste es el fenómeno más visible, pero también dilatan, lateralmente el
estuche y, además, lo proyectan con fuerza hacia atrás, contra el cierre de la culata
móvil, a la que empujan. En su movimiento de retroceso, el estuche «hinchado»
contra las paredes de la recámara se desprende de ésta, no sin quedar marcado con
las irregularidades de su superficie, que imprimen en el latón microscópicas estrías
paralelas. Al propio tiempo, el culote del estuche, fuertemente apretado contra la
recámara, recibe la huella de ésta.
Al llegar a un cierto punto de su retroceso, el casquillo choca con su culote en una
pieza fija del armazón, el expulsor o tope, Como, por lo demás, el casquillo es solidario
de la culata sostenida en un punto por la garra del extractor, aquél gira alrededor de
su eje y es expulsado fuera del arma por la ventana de -expulsión, que a la sazón está
abierta. Expulsor y extractor imprimen así su huella en el casquillo, el uno sobre el
culote y ,el otro en la garganta o en la cara anterior del rodete.
Cuando, expulsado el estuche, la culata se cierra hacia delante, el cierre, empuja el
cartucho siguiente, sacándolo del cargador e introduciéndolo en la recámara. La
alimentación, que antes se obtenla con una maniobra del tirador, es ahora
automática. La nueva munición queda colocada en posición, dispuesta -a ser percutida
y a seguir la suerte de la precedente

Prosigamos con la lista de las huellas que se graban en el estuche:


Se imprimen en la pared de éste:
- Dos grandes surcos producidos por los labios del cargador paralelos al eje
mayor del estuche y distante de la separación de aquellos labios;
- Una serie de pequeñas estrías, más o merlos bien marcadas, paralelas a las dos
anteriores, debidas a las irregularidades de superficie de la recámara.
Se imprimen en la cara anterior del rodete:
- Una aplastamiento en forma de gran arco de círculo, correspondiente al cierre
del cañón;
- Una huella mucho más pequeña, de roce o de frotamiento, debida a la garra del
extractor. Este mecanismo deja en algunos casos una serie de estrías en el
fondo de la garganta e incluso ,en el cono que la une a las paredes del estuche.
Se imprimen en el culote del casquillo-
- La señal del percutor;
- La de la recámara y, a veces, la del alojamiento del percutor;
- La del expulsor.

Algunas de estas marcas son rastros (cargador, recámara); otras, por el contrario, son
moldeados más o menos ricos en detalles (percutor, recámara); otras, por último,
tienen un carácter mixto (cierre del cañón, extractor, expulsor). Es decir, no todas
tienen el mismo valor para la identificación. Las huellas moldeadas, las más fieles, se
imprimen sensiblemente siempre de la misma manera -habida cuenta, naturalmente,
de la dureza del metal-: las otras, por el contrario, cambian de aspecto según la
posición del «útil» con respecto al objeto, debido al modo en que se presente el
casquillo. Así, pues, no es raro que, en estuches del mismo origen, las huellas del
extractor o del expulsor difieran hasta el punto de no mostrar nada en común.

b) Características de clase.
La forma general y la posición relativa de los diversos elementos que im.,rimen su
marca en el casquillo varían según las marcas de las armas, lo cual nos permite definir
las características de clase, igual que hemos hecho más arriba con las balas.
Existencia y forma del expulsor.- Hemos ya mencionado que ciertas armas,
desprovistas de expulsor, arrojan el estuche vacío por medio de los labios del cargador
o bien por medio del propio percutor. Otras poseen un expulsor cuya sección redonda,
cuadrada o rectangular, produce una huella en forma de arco de círculo, de triángulo,
de cuadrado o de rectángulo. En la pistola Beretta, se marcan los cuatro lados del
rectángulo -muy alargado-, produciendo una huella en forma de bastoncillo.
Posición relativa expulsor-ex tractor. - Esta posición varía según la fábrica.
Generalmente, el ángulo formado por estos dos elementos y el centro de la recámara
se aproxima a los 1800, pero puede presentar valores inferiores, de hasta 900.
Además, ciertas armas arrojan el estuche vacío hacia la derecha (el caso más
"recuente); otras, hacia lo alto, y otras, en fin, hacia la izquierda (el caso más raro).
Estos tres modos de. expulsión se distinguen en el casquillo, al reconstituir la posición
de éste en el cañón, gracias al aplastamiento producirlo por el cierre en la cara
anterior del rodete.

En su artículo sobre la determinación de los sistemas de armas, Metzger menciona seis


tipos de huellas de expulsión:
Tipo 1 ; huella triangular con expulsión a la derecha.
Tipo 2: huella triangular con expulsión a la izquierda.
Estos dos tipos se subdividen según la posición relativa M expulsor y el extractor.
Tipo 3: huella rectangular, sea cual fuere su posición.
Este tipo se subdivide según la posición de la huella y el ángulo que forma con la señal
del extractor.
Tipo 4: huella redondeada.
Tipo 5: expulsión. por los labios del cargador: huellas de dibujo anguloso.
Tipo 6: expulsión por los labios del cargador: huellas redondeadas.
El diámetro del alojamiento del percutor varía también mucho según la fabricación Por
esto su huella sobre el cebo constituye un excelente medio de selección.
A menudo, esta huella es incompleta. Metzger, para resolver las dificultades de
medición que de ello resultan, propone la operación siguiente:
Examínese el culote del casquillo sobre el cristal deslustrado de un aparato fotográfico
dispuesto para una ampliación de diez diámetros. Colóquese sobre el cristal
deslustrado el instrumento de medición. (Consiste, en este caso, en una plaquita de
vidrio en la que se han grabado una serie de círculos de diámetro conocido.)
Pruébense sucesivamente las diversas curvaturas hasta que una de ellas coincida
perfectamente con la huella. La aproximación obtenida será de 1/2 mm. para la
ampliación, o sea 1/20 de min. para el original.
El cierre del cañón produce, en la cara anterior del rodete del casquillo, un
aplastamiento importantísimo para determinar el tipo de arma de que se trata. Dicho
con mayor exactitud, las interrupciones del aplastamiento señalan las partes vacías
del corte posterior. del cañón: rampa de alimentación, alojamiento del extractor y, en
ocasiones, alojamiento de las diversas espigas de acoplamiento. Ya liemos visto, más
arriba, que, gracias a la rampa (le alimentación, es posible reconstituir la posición que
tenía el cartucho en el cañón, y deducir de ello el modo de expulsión. En algunas
armas, el vaciamiento por el alojamiento del extractor, poco grueso, no llega hasta el
ánima del cañón. Entonces se marca un aplastamiento en el casquillo, como si aquel
alojamiento no existiera.
Metzger distingue ocho tipos de huellas producidas por el cierre del cañón (que él
llama Patronenlagergrundform), pero tres de ellos son particularmente importantes:
Forma n° 1: el aplastamiento del rodete representa un semicírculo completo. Ninguna
porción de cierre del cañón separa la rampa de alimentación y el alojamiento del
extractor. El arma expulsa a la derecha, según el tipo clásico.
Forma n° 2: una pequeña porción de cierre del cañón separa el alojamiento del
extractor y la rampa de alimentación. La huella de aplastamiento se divide en dos
partes muy desiguales.
El arma expulsa también a. la derecha, según el tipo clásico.
Forma n° 3: la figura presenta la forma de dos arcos simétricos: rampa de alimentación
y extractor están diametralmente opuestos. El arma expulsa hacia arriba.
Metzger precisa que, en ciertas marcas de pistola, la recámara el demasiado corta, y
entones son los labios del estuche y no el rodete los que chocan contra el cañón. En
este caso faltan las huellas de aplastamiento.

c) Particularidades de fabricación.
La superficie de cada elemento no está perfectamente pulimentada, sino que
presenta, por el contrario, diversas irregularidades producidas durante la elaboración
de la pieza (torneado, limado, fresado) o incluso durante el acabado del arma. Se trata
generalmente de un conjunto de estrías, rectilíneas o concéntricas, de tamaño y
situación variables, a las que se añaden a veces, y en diversos puntos cavidades
irregulares debida a arrancamientos de metal. Las aristas corresp9nd.entes a la
intersecci6n de dos planos de fabrícaci6n (en la garra del extractor, en el expulsor, en
el alojamiento del percutor) presentan muy a menudo encajes o salientes
absolutamente característicos.
Todas estas particularidades dan a los diversos elementos su particularidad y permiten
diferenciar el arma a que pertenecen de todas las demás de la misma fabricación. El
desgaste, la oxidación y la limpieza intempestiva aumentan todavía más su
personalidad. Estas particularidades, originarias o adquiridas, se imprimen en el
casquillo y permiten identificar el arma que lo ha percutido.

INTERES DEL EXAMEN DE LAS BALAS


Y DE LOS CASQUILLOS

Se cree generalmente que el examen de las balas y de los casquillos presenta


únicamente interés cuando se descubre el arma del delito. Esto significa menospreciar
en gran manera la importancia de un examen que debería realizarse lo antes posible.
1° En primer lugar, la comparación entre sí de todos los proyectiles y de todos los
casquillos de la agresión permite conocer el número de armas utilizadas. Este examen
indica en definitiva el número de agresores o precisa el papel desempeñado por cada
uno de ellos
No se puede, ciertamente, demostrar que un casquillo y una bala proceden de la
misma munición, pues las huellas dejadas en el proyectil por los labios del estuche, ya
apenas discernimos, son completamente borradas durante el paso de aquél por el
cañón. Pero, si todas las balas recogidas son idénticas, y si lo propio ocurre con los
casquillos, se puede admitir con plena lógica que estos dos elementos de la munición
tienen el mismo origen. ¿Cómo cabría suponer, en efecto, contra toda verosimilitud,
que se han encontrado en el lugar del suceso todos los casquillos expulsados por un
arma y todas las balas disparadas por otra?
2° Se puede también comparar las balas y los casquillos correspondientes a diversas
agresiones, a fin de determinar si estas últimas son imputables a la misma arma y, por
ende, al mismo delincuente.
3° A falta de toda sospecha precisa, es interesante conocer la marca y el modelo del
arma en cuestión.
Diversos estudios han sido realizados, en este terreno. El trabajo más interesante de
todos los que conocemos es el de Metzger, Heess y Haslacher. Estos sabios, varios
años antes de la guerra de 1939-1945, redactaron una lista comprensiva de unos 250
modelos de armas, consignando minuciosamente sus características de clase.
Confeccionaron tablas indicadoras de la marca y el modelo de las pistolas según los
tipos de huellas estampadas en una bala o en un casquillo desconocidos:

Pero los trabajos de Metzger y sus colaboradores, con toda su importancia,. resultan
aún incompletos. Ya en su tiempo, sólo figuraba catalogada una parte de la producción
mundial, y, posteriormente, han aparecido nuevos modelos. Además, hay que tener
en cuenta numerosas consideraciones comerciales, tales como: fabricación bajo
licencia y, sobre todo, bajo marca, e incluso venta con la marca del -comerciante. El
propio Metzger, así como sus colaboradores, reconocieron que la solución propuesta
en su obra representaba sólo una probabilidad más 0 menos grande, pero no una
certeza.

Las conclusiones del técnico deben ser, pues, prudentes cuando debe indicar a los
investigadores la marca y el modelo del arma que deben buscar. En efecto, jamás
puede estar seguro de que, además de la solución propuesta por Metzger, no exista
otra, que puede ser precisamente la que interesa.

Si, por el contrario, el investigador sospecha de un arma de marca determinada, el


experto puede, siempre que ésta figure en el atlas, comprobar si sus características de
clase corresponden realmente a las impresas en las piezas de convicción (balas ,o
casquillos).
4° Finalmente, cuando se descubre un arma sospechosa, se puede saber, mediante
disparos de comparación, si es efectivamente la que ha disparado las balas y
expulsado los casquillos encontrados en el lugar del crimen.
DETERMINACION DEL TIPO
DE ARMA EMPLEADO

Los trabajos de Metzger, Heess y Haslacher a los fines de ,identificar la marca del arma
empleada, por las características de clase impresas en las balas y en los casquillos, se
remontan a 1931. Sólo fueron objeto de este estudio las pistolas de los calibres 6'35
mm., 7’65 mm. corto y 9 mm. corto.
Para las balas, aquellos sabios efectuaron una primera distinción tomando en cuenta:
el calibre del proyectil, el número y la orientación de las rayas. A base de esto,
confeccionaron nueve tablas:

Tabla n° 1 : balas de 6'35 mm. con 6 rayas a la derecha,


1a = balas de 6'35 mm. con 6 rayas a la izquierda,
2 = balas de 6'35 mm. con 4 rayas a la derecha,
3 = balas de 6'35 mm. con 5,7 u 8 rayas a la derecha,
4 = balas de 7'65 mm. con 6 rayas a la derecha,
4a = balas de 7’65 mm con 6 rayas a la izquierda,
5 = balas de 7'65 mm. con 4 rayas a la derecha,
6 = balas de 7'65 mm. con 5 rayas a la derecha,
7 = balas de 9 mm. Corto (sea cual fuere el número 4, 6 o 7 y la orientación a la
derecha o a la izquierda de las rayas)

En cada tabla están clasificadas las marcas de armas siguiendo un orden creciente de
inclinación de las rayas. Además de este ángulo, se indica la longitud del rayado de
cada arma.
En lo que atañe a los casquillos, dichos sabios emplearon dos sistemas distintos de
clasificación. En el primero se tiene en cuanta el alojamiento del percutor. Su
diámetro, muy variable, permite en efecto una discriminación sencilla de los tipos de
armas, desgraciadamente, no siempre se imprime en el cebo.
Para el caso de que falte esta huella los referidos autores establecieron un segundo
sistema de clasificación fundado en el aplastamiento producido, en el borde anterior
del rodete, por el cierre del cafi6n.
Las tablas 8 a 12 se emplean cuando puede medirse el diámetro del alojamiento del
percutor:

Tabla n° 8: casquillos de 6’35 mm con huellas producidas por el expulsor,


9: casquillos de 6’35 mm sin huellas de espulsor (expulsión por el
percutor o los
labios del cargador),
10: casquillos de 7’65 mm con huella de expulsor,
11: casquillos sin huella de expulsor,
12: casquillos de 9 mm. corto, sea cual fuere su modo, de expulsión.

Cada tabla se divide a su vez en dos partes, según si existe o no huella de expulso; y las
marcas se catalogan según el diámetro creciente del alojamiento de su percutor.
También se menciona la forma fundamental del sistema de expulsión.

En teoría, 11,1 casquillo o una bala presentan características de clase suficientemente


diferenciadas para indicar la marca del arma correspondiente. Pero el diagnóstico es
en realidad mucho más preciso si se funda a la vez en la bala y en el casquillo
IDENTIFICACION DE LAS BALAS
Y DE LOS CASQUILLOS

1° Disparos De Referencia.

Comparar directamente las huellas impresas en los proyectiles y en los estuches. con
los diversos mecanismos del arma sospechosa, sería operación extraordinariamente
complicada y muy poco precisa, Es :mucho más sencillo efectuar disparos de
comparación y cotejar- las balas y casquillos de estos últimos con los que se pretende
identificar.
Elección de las municiones. - Las diversas empresas emplean para sus municiones
aleaciones muy diferentes. Por esto, algunos cartuchos, particularmente blandos,
registran todas las particularidades del arma, mientras que otros, mucho más duros,
apenas si son marcados, o bien «entierran» los detalles. Esta diferencia es sobre todo
sensible en los casquillos, tanto en el estuche propiamente dicho como en el cebo.
Hay que notar también que, en igualdad de las otras circunstancias, la huella de
percusión varía según la profundidad del yunque en relación con el culote del cebo De
este modo, la misma arma puede producir una depresión profunda, moldeando la
punta y el tallo del percutor, o, por el contrario, un hundimiento muy débil,
acompañado de una hernia que dibuja el alojamiento del percutor. La diferencia de
aspecto entre estas dos percusiones es tal, que la comparación se hace difícil y, a
veces, resulta incluso ilusoria; por esto es preferible elegir, para los disparos de
referencia, cartuchos idénticos a los de autos, de la misma marca y, si es posible, de la
misma serie de fabricación.
La solución óptima consiste en utilizar las municiones que restan en la pistola
sospechosa, las cuales es muy probable que se encuentren en el mismo estado de
conservación y posean las mismas cualidades balísticas que las del crimen. En tal caso,
las huellas estampadas son fácilmente cotejables.
Para saber la marca de un cartucho, basta con leer, estampada en el culote, la sigla del
fabricante, que, a veces, va acompañada de otras inscripciones: calibre y, para las
municiones de guerra, fecha de fabricación.
Número de municiones. - Un solo cartucho es francamente insuficiente para una buena
comparación; tres parece el mínimo admisible, y muchos técnicos recomiendan mero
superior.
La primera bala disparada por un cañón enmohecido no asimila las características de
éste, sino que sirve más bien para la limpieza. Por el contrario, los proyectiles
sucesivos muestran mucho mejor las particularidades del arma y son más fácilmente
comparables al proyectil sospechoso. Además, durante su trayecto por el interior del
cañón, toda bala encuentra necesariamente cuerpos extraños de varia naturaleza que
marcan su huella en el rneta1 maleable: polvo silicoso, restos de pólvora de disparos
anteriores, virutas metálicas desgajadas del mismo proyectil o del anterior. Estas
huellas ocasionales varían de un disparo a otro, no presentan ningún interés para la
identificación; pero es preciso poderlas reconocer. Disparando varias balas de
referencia, se logra distinguir las huellas constantes, e únicas que reflejan las
particularidades del arma.

El examen de los casquillos requiere también varios cartuchos, pues las huellas
marcadas en el estuche percutido no son todas imputables al arma. Algunas son
anteriores al disparo -producidas en el curso de la fabricación de la munición, o incluso
por una manipulación descuidada-; otras son posteriores (por ejemplo, cuando el
estuche ha sido hundido en el suelo y aplastado por los investigadores al buscar las
piezas de convicción, etcétera). Estas marcas « suplementarias », sin interés para la
identificación, no deben confundirse con las impresas por el arma. Varios casquillos de
referencia permiten una distinción fácil: sólo las huellas constantes son imputables al
arma, y, en los casos positivos, deben encontrarse en los estuches sospechosos.
Existe todavía otro argumento en apoyo de los disparos múltiples: las siglas e
inscripciones diversas estampadas en el culote del casquillo representan una gran
superficie que no se encuentra en contacto. con la recámara para tomar su huella. Un
solo casquillo no registra, pues, todas las particularidades del arma; se necesitan
varios, colocados sin previa preparación, para permitir la síntesis de todos los
elementos de identificación.

Una recámara -sucia o manchada de grasa solidificada puede conservar


excepcionalmente en esta masa plástica la huella de las inscripciones que figuraban en
el culote del último cartucho. Entonces se mira si, entre los estuches encontrados en
el lugar del suceso, figura alguno que presente las mismas siglas. La recámara cubierta
de una capa de grasa que evita su contacto directo con el casquillo, produce una
huella de mala calidad. Se necesitan, pues, dos series de disparos de referencia, una
anterior y otra posterior a la limpieza del arma. Después se compara cada grupo de
estuches así obtenidos con los sospechosos.
Cuando se ocupa una pistola, sin tener sospechas bien definidas sobre una agresión
determinada, hay que disparar municiones de dureza diferente, que mostrarán los
diversos aspectos de las huellas estampadas por el arma según los casos. Su com-
paración con los cartuchos aún no identificados, recogidos en el lugar del suceso,
ofrecerá entonces el máximo le garantía.
Recuperación de las balas.- La recuperación del estuche percutido no requiere
ninguna precaución; pero no ocurre lo propio con los proyectiles. Precisa, en efecto,
recogerlos intactos, sin ninguna deformación ni erosión, que borrarían las estrías
marcadas por el cañón. Se han propuesto diversos métodos para detenerlas en su
caminó, a poca distancia y sin ningún desperfecto.

Spderman recomienda el empleo de un tubo metálico vertical, de un diámetro interior


de una veintena de centímetros y de una altura de 13 a 2 metros, lleno de agua hasta
unos pocos centímetros del extremo superior. El disparo se efectúa verticalmente, de
arriba a abajo, en la dirección del eje del tubo. Las balas, frenadas rápidamente por el
agua, caen al fondo, en una pequeña cesta metálica dispuesta al efecto y que se saca
tirando de un cordel para recoger el proyectil. También se puede volver el tubo,
después del disparo, para vaciarlo del agua: entonces los proyectiles caerán al suelo.
Este método del tubo presenta, empero, varios inconvenientes: en primer lugar, la
presión de la bala sobre el líquido puede desoldar o hacer estallar el aparato. Además,
y sobre todo, cada disparo provoca un abundante surtidor que moja el arma y obliga al
operador a mantenerse apartado y disparar en posición forzada. Por último, el
procedimiento sólo es utilizable para armas de poco calibre.
La proyección de agua se evita empleando un tubo análogo al anterior pero de
diámetro muy superior (1 metro, aproximadamente) Entonces es indispensable una
reja metálica para sacar el proyectil disparado.

Otro método de recuperación consiste en emplear una caja de madera confeccionada


especialmente al objeto, de una longitud aproximada de un metro y dividida por una
serie de cartones en una decena de compartimientos transversales. Estos están llenos
de algodón, bien comprimido, que servirá de freno. En la cara anterior de la caja,
existe un orificio de unos diez centímetros, que permitirá el paso de la bala sin ningún
deterioro de la misma ni de la caja. El proyectil, en su trayecto, se reviste de una capa
de algodón que lo frena con mucha rapidez. Para recuperarla, se levanta
sucesivamente cada cartón, partiendo del primero que ha encontrado en su trayecto,
y se busca en el compartimiento delimitado por el último cartón perforado y el
primero que no lo está. Se retira el algodón de este departamento, se palpa
cuidadosamente y se tarda poco en encontrar un cuerpo duro: el pelotón de algodón
que envuelve el proyectil. Con este procedimiento se logra recuperar, sin ninguna de-
formación, las balas disparadas con pistola o pistola ametralladora, pero no las de las
carabinas o fusiles de guerra.
Se han propuesto diversas variantes de este sistema.
M. BISCLLOFF, en su libro La Police Scientifique, propone, en vez del algodón, el serrín
mojado y comprimido. Otros sabios instalan la caja de recuperación sobre ruedas.
Parte de la energía cinética del proyectil es absorbida por el desplazamiento de, la
carretilla.
Finalmente, se ha preconizado que los disparos se efectúen en una solución de
glucosa, materia viscosa transparente, en un recipiente de material plástico
transparente (plexiglás). La bala se retira por medio de una simple varilla provista en
su extremo de una especie de cuchara. Seguidamente se lava con agua templada, que
disuelve la capa de glucosa.

2° Comparación de los proyectiles.

Las balas sospechosas aparecen a menudo manchadas de sangre, de fragmentos de


carne, etcétera. En tales casos se necesita una buena limpieza: generalmente basta
con agua hirviendo.
Después se comparan las características de clase, tanto de los proyectiles sospechosos
como de los de comparación. Una diferencia notable en uno de ellos excluye la
identidad de origen. Por el contrario, una concordancia no indica necesariamente que
el tiro haya sido disparado por la misma arma, y sólo la comparación de las finas
estrías impresas en la superficie de los proyectiles permite hacer el diagnóstico.
Pero, y esto complica el examen, las particularidades están repartidas sobre una
superficie cilíndrica. Se han propuesto diferentes métodos para transformarla en una
superficie plana, en la cual puedan verse todas las marcas simultáneamente.

En 1922, Balthazard preconizó el desarrollo de la bala sobre una lámina de estaño o de


plomo en la que se imprimen todas las estrías: «Se coloca la bala sobre la lámina de
estaño, con la base apoyada en una regla plana de dibujo. Entonces se puede hacer
rodar fácilmente la bala en sentido rectilíneo empujándola con la cara plana de un
pedazo de madera (al menos cuando la bala no está excesivamente deformada).» En
el mismo artículo, el autor precisa la manera de hacer las comparaciones. «Después de
repetir las mismas operaciones con la bala disparada con el arma sospechosa, se
fotografían las huellas dejadas en la lámina de estaño, y se amplian 5 o 6 veces las
imágenes obtenidas. Entonces la comparación de las estrías existentes en el estuche
de las dos balas resulta facilísima, si se procura superponer las huellas semejantes.»

Este método es delicado, y ocurre a menudo que la bala resbala en el curso de su


desarrollo. La concordancia no se encontrará en todo el conjunto del desarrollo, sino
únicamente en una sucesión de regiones desencajadas unas de otras. El aparato
imaginado por Ueflinge para facilitar el dominio y el desarrollo de la bala no ha
suprimido del todo este inconveniente.

Otro método, propuesto ya en 1928 por el Dr. Béroud, ha sido adoptado por el Prof.
Giraud, del Laboratorio de Medicina Legal de Argel, el cual ha patronizado una tesis
sobre este tema. Consiste en seccionar la bala y extender su camisa en una superficie
plana.
En primer lugar, el operador secciona la ojiva, o, dicho con mayor exactitud, la
decapita en parte, y después la separa ligeramente. Entonces sierra el cilindro de la
camisa en un punto ,en que no exista ninguna estría interesante para la identificación.
Después funde el plomo, lima el reborde inferior de la camisa, despliega
delicadamente con la mano la superficie cilíndrica y, finalmente, la extiende y la aplana
con un martillo de madera. Las estrías, en modo alguno alteradas por esta -operación,
aparecen entonces repartidas en una superficie plana.

Pero este método también tiene sus inconvenientes. En primer lugar, se destruye la
pieza de convicción, o al menos se altera fuertemente. Además, el técnico que utiliza
este modo de examen obliga a seguirlo al eventual contra-experto. En fin, esta técnica
no es aplicable a los proyectiles de plomo corto. Pero, ,a pesar de estos
inconvenientes, es el único método concebible, para un proyectil con vaina
fuertemente deformado, al estallar, por ejemplo, en el choque con un cuerpo duro.
Una variante utilizada por ciertos expertos evita la destrucción de la pieza de
convicción. Consiste en producir sobre el proyectil un depósito electrolítico de cobre,
que se secciona, se desprende de su soporte y se extiende como si se tratase de la
camisa de la propia bala.

Algunos aparatos fotográficos han sido especialmente construidos para fotografiar


sucesivamente las diversas generatrices del cilindro de la bala. El proyectil gira
lentamente alrededor ,de su eje ante un objetivo fijo, y su rotación está
perfectamente acoplada al movimiento de traslación del chasis porta-película. Una
hendidura, al nivel de la emulsión sensible, permite la inscripción de cada sector del
proyectil y nos da finalmente una imagen que representa el desarrollo fotográfic9 de
la pared.
Este método, que parece extraordinariamente Seductor a primera Vista, presenta
empero cierto número de dificultades técnicas: en primer lugar, el centrado perfecto
del proyectil; después, el acoplamiento exacto de los dos movimientos, o sea, rotación
del objeto a fotografiar y desplazamiento del chasis.. Por último, el método requiere
un proyectil en perfecto estado' sin ninguna deformación, que podría producir una
imagen falsa y absolutamente inútil.
Todos los procedimientos indicados tendían a mostrar simultáneamente toda la pared
de la bala; pero hay otros que permiten el examen y la comparación raya por raya.
Así, Balthazard operaba al principio de la manera siguiente: «Después de un examen
con lupa, que nos permite advertir las huellas al parecer idénticas, fijamos las balas a
comparar, una al lado de la otra, valiéndonos de cera blanda y orientándolas
cuidadosamente. Después se fotografían directamente los proyectiles a tamaño doble
del natural y con iluminación oblicua.»

Obtenidas de este modo las fotografías, «utilizamos un calco sobre el cual


reproducimos las principales particularidades visibles en una de las balas, y lo
trasladamos sobre la fotografía de la otra bala, con un movimiento igual al de doblar
una hoja. En caso de identidad de las dos balas, la superposición es perfecta. También
se puede recurrir a la superposición de las dos balas fotografiadas en película
transparente».
Este método no es ya concebible, dados los procedimientos de fabricación actuales, y
las distorsiones de la imagen debidas a la diferencia de situación de las balas al
tomarse la vista impedirán una superposición absolutamente exacta.

En 1925 fue fabricado, bajo la dirección de S8derman, el primer microscopio de


comparación, llamado hatoscopio, y antecesor de los aparatos modernos. Pero, si bien
se han añadido algunos perfeccionamientos al aparato primitivo, el principio a seguido
siendo el mismo. Se trata esencialmente de dos tubos de microscopio ordinario,
provisto cada uno de ellos de un objetivo de poco aumento, unidos óptimamente por
un dispositivo especial, un puente, cuyo único ocular muestra en posición contigua el
medio campo de cada objetivo.
Un sistema de contención permite manipular y orientar a voluntad cada una de las
balas. Se coloca una de ellas bajo uno de los objetivos, en una posición tal que su
rayado más característico por sus estrías aparezca en el medio campo que le está
reservado. Entonces se pone en posición la segunda bala y se comprueba si las estrías
de uno de sus rayados pueden colocarse de forma que sean prolongación de las de la.
otra. Después se hace girar cada proyectil: para traer al campo el rayado siguiente; en
caso de identidad; debe buscarse !a concordancia de las estrías... y así suces1vamente
para todos los rayados de los proyectiles.
Una cámara fotográfica se adapta al microscopio para registrar las concordancias
puestas de Manifiesto y justificar ante el Juez y ante el Jurado las conclusiones del
experto.
Sea cual fuere el procedimiento de examen, demuéstrase en todo caso la identidad de
origen de las dos balas cuando las estrías de una de ellas pueden ser prolongación de
las de la otra. Sólo las estrías debidas a una particularidad del cañón sirven para el
diagnóstico, ya que las producidas por la mugre o los granos de pólvora debidos al
disparo anterior varían en cada proyectil. Es necesario, pues, interpretar cada vez las
divergencias y las concordancias reveladas.

3° Comparación de los casquillos.

La identificación de los casquillos se efectúa también en dos tiempos. El experto


estudia en primer lugar las características de clase marcadas en cada estuche (una
concordancia indica el uso en ambos casos de un arma del mismo tipo, una
divergencia, demuestra una diferencia de origen). A continuación, compara las
particularidades, las huellas de fabricación y las alteraciones sufridas posteriormente
por el arma. Sólo una concordancia de estas particularidades demuestra la identidad
de origen.

En uno de los párrafos anteriores, «Principio de la investigación», hemos redactado la


lista de los elementos del arma que marcan su huella en el casquillo: labio- del.
cargador, cierre del cañón, cámara de tiro, percutor, recámara, expulsor y extractor.

Los labios del cargador y la recámara imprimen en la pared del estuche estrías poco
diferenciadas y difíciles de examinar a causa de su Posición en una superficie cilíndrica.
Por ello estos elementos no presentan generalmente ningún interés para las
diferentes fases de la identificación. Los otros elementos, por el contrario, estampan
huellas perfectamente utilizables.

El aplastamiento marcado sobre la cara anterior del rodete del casquillo por el cierre
del cañón no interviene generalmente mas que en la primera fase del examen. A
menudo imprime estrías características perfectamente explotables, pero su posición
hace ínc6moda la comparación.
La garra del extractor produce huellas de dibujo poco constante. A veces, origina un
aplastamiento en la parte anterior del rodete un moldeado; más o menos claro del
ancho, del cual muestra la forma, la dimensión e incluso las huellas de fábrica.
Pero, casi siempre, la señal toma el aspecto de un arañazo en el cono de igualación, en
la garganta y aun en el rodete. Entonces se trata de huellas por deslizamiento, con
estrías de dimensiones y reparto desiguales.

Sean estas señales de uno u otro tipo, permiten identificar el arma, a pesar de las
innegables dificultades técnicas de su examen. La situación de la huella, muy
incómoda, hace difícil una buena toma de vista, tanto más cuanto que, para que la
comparación sea eficaz, requiere una posición del «objeto» absolutamente idéntica en
ambos casos. A esta primera dificultad vienen a sumarse los cambios eventuales en el
aspecto de las huellas, según la oríentaci6n del casquillo con respecto a la garra del
extractor. Finalmente, y sobre todo, los cartuchos se introducen a menudo varías
veces en el cañón del arma antes dé ser percutidos. En este caso, el estuche muestra
múltiples huellas de extracción, entre las que hay que distinguir la correspondiente al
disparo. Muchas veces se la reconocerá por su aspecto brillante y por la circunstancia
de que no está recubierta por él depósito de humo producido por la combustión de la
pólvora. Podrá identificarse si no está superpuesta a otra huella producida
anteriormente.
La huella del expulsor proporciona un excelente medio de selección. Hemos
mencionado ya su papel en la determinación de la marca de arma en cuestión.
Generalmente se reconoce con facilidad la forma del mecanismo, según el dibujo,
redondeado o anguloso, de la huella marcada. Pero, a veces, esta última tiene forma
de cuña; entonces la cara anterior del expulsor es biselad¿,. En el interior de la huella
se distinguen las particularidades de fabricación del elemento y, más raramente, de su
desgaste.
Impresas en el culote del casquillo, estas huellas son de fácil examen.

La huella marcada por el percutor no está generalmente bien centrada, y esta


desviación, apreciada orientando el casquillo según una convención bien determinada,
nos da ya un primer punto de comparación. La forma de la depresión nos proporciona
el segundo: la mayor parte de las veces, la punta del percutor es hemisférica; en
algunas armas es abombado, plano, en coro truncado, o incluso puntiagudo. Las
particularidades son generalmente originarias, estrías concéntricas producidas a raíz
del torneado (en número, dimensión y separación variables). Más raramente, se trata
de particularidades adquiridas, de irregularidades imputables a una limpieza intempes-
tiva del arma o a incidentes del disparo.

La huella de percusión es a menudo muy característica, hasta el punto de permitir por


sí sola, en los casos más favorables, tina identificación cierta. Pero hay que advertir
que no siempre se imprime con la misma intensidad, pues ello depende de' la
naturaleza , del estado de conservación del cebo y, sobre todo, de In profundidad del
yunque..Por otra parte, el descentrado de la huella no es rigurosamente constante,
pues el percutor tiene a menudo un loco de juego, e incluso, en algunas armas, carece
de talón de guía y puede «girar» sobre sí mismo a cada disparo, o, después de
desmontado, colocado en una posición diferente.
La recámara se imprime en el culote del casquillo y del cebo. Generalmente, las
particularidades marcadas son huellas de fabricación, estrías circulares o rectilíneas
producidas por el torno, el cepillo e incluso la lima, a raíz del acabado. Los huecos
existentes para dar paso a algunos elementos, suelen marcar también su huella
(alojamiento del percutor, del expulsor, del indicador de carga [2J) y las
particularidades de su contorno son características.

Las tres últimas huellas que acabamos de indicar -del expulsor, del percutor y de la
recámara- desempeñan un papel privilegiado en la identificación. Al marcarse todas en
un mismo plano, el culote del casquillo, pueden ser examinadas y aun fotografiadas
simultáneamente. Esto supone tina gran ventaja práctica, pues, si la identificación de
los casquillos es posible, al menos en ciertos casos, por el simple examen visual, la de-
móstráci6n de la identidad requiere fotografías que ilustren, de un modo irrefutable,
la concordancia de las huellas estampadas.

La comparación fotográfica plantea algunos problemas part1culares. En primer lugar,


dos objetos idénticos sólo dan una Imagen comparable cuando la toma de vista se
efectúa estrictamente en las mismas condiciones de iluminación e incluso de poslel6n
del. objeto, conservando el aparato fotográfico una tirada constante.

A veces se' fotografía «en grupo» el culote de los estuches, para mostrar en la misma
placa los del mismo tipo y hacer resaltar a sí más cómodamente sus analogías. Pero la
distorsión Impide que las particularidades comunes muestren un dibujo
absolutamente idéntico.

Esto no supone ningún inconveniente cuando se trata de figuras de contornos bien


diferenciados o de grupos de estrías fáciles de distinguir, pues en estos casos el
aspecto de las huellas es por sí sólo característico. Pero, si nos hallamos ante estrías
paralelas, rectilíneas o concéntricas, parecidas entre sí, la identidad sólo puede
establecerse poniendo en concordancia las estrías homólogas. Las diversas pruebas
fotográficas. a yuxtaponer deben, en tal caso, obtenerse sin ninguna distorsión o, al
menos, con distorsiones rigurosamente idénticas. Para esto se requiere una toma de
vista separada de cada casquillo en condiciones absolutamente iguales.

Para demostrar la identidad de origen de dos o varios casquillos, lJueden emplearse


dos procedimientos:
- o bien anotar en cada fotografía las particularidades comunes, exactamente
igual que para una comparación de huellas dactilares,

- o bien yuxtaponer o superponer fragmentos de clisés de cada casquillo y


colocar las estrías homólogas de modo que sean prolongación exacta las unas
de las otras. Una variante de este procedimiento consiste en recortar ventanitas
en la prueba fotográfica de uno de los casquillos, que se ajusta sobre la otra
fijándola solamente por un lado con una tira de celecíana adhesiva a guisa de
charnela. La superposición de las dos pruebas muestra la concordancia perfecta
de las estrías, permitiendo asegurarse de la identidad de cada casquillo.
4° Algunos casos particulares de identificación.

1° Identificación de balas de plomo desnudo. - Las estrías marcadas en las balas de


plomo desnudo son en general mucho más profundas y más abundantes qué las de los
proyectiles blindados. En efecto, el plomo se moldea Fácilmente contra las paredes del
cañón y a menudo capta toda su superficie.
Aquí, naturalmente, resultan imposibles ciertas técnicas de comparación: el desarrollo
preconizado por Balthazard, el desdoblamiento según la técnica de Giraud, son
evidentemente inconcebibles. En cambio, el desarrollo fotográfico y, sobre todo, el
examen al microscopio de comparación, son perfectamente utilizables.

2° Identificación de balas muy deformadas. - Si una bala choca de lleno con un


obstáculo de frente, su ojiva se aplasta y el proyectil sufre una deformación «en seta».
La parte anterior del cilindro se ensancha y, a veces, incluso estalla la camisa. En tales
casos, sólo hay dos técnicas posibles:
- la extensión de la camisa (o, más exactamente, de lo que queda de ella) según
el método de Giraud,
- el examen, raya a raya, por medio del microscopio de comparación.
Y aún, muchas veces, el experto sólo puede fundar su diagnóstico en la porción de
rayado más próxima al culote del proyectil, que es la que menos deformaciones ha
sufrido.

3° Identificación de casquillos de revólver- Los casquillos percutidos por un revólver


permanecen generalmente en su sitio, en las cámaras del tambor; por esto es raro que
se encuentren en el lugar de una agresión. Para ello es preciso que el delincuente,
después de haber «vaciado» completamente su arma, haya querido cargarla con
nuevas municiones.
Las huellas impresas en el casquillo son, naturalmente, poco abundantes, puesto que
faltan: el aplastamiento producido por el cierre del cañón, la, huella de los labios del
cargador, las del extractor y el expulsor. Es excepcional que la cámara del tambor se
imprima en las paredes del estuche, y la cámara de tiro en el culote. En cambio, la
huella del percutor es a menudo característica.

4° Identificación de casquillos de un fusil de caza ordinario. - A menudo el problema es


delicado y sólo se marcan las huellas dejadas por el alojamiento de los ganchos
extractores y por el percutor. La cámara de tiro presenta una superficie lisa, o
excepción a veces de. arañazos producido! accidentalmente por el uso del arma.
La Identificación es más fácil en los fusiles de cañón fijo (tipo Charlin o Darrie, por
ejemplo), pues la cámara y la recámara presentan diversas características
suplementarias.

5° Identificación de casquillos a percusión anular. - Las municiones de este tipo son


relativamente poco potentes, y la deflagración de la pólvora dilata apenas el estuche
percutido, empujándolo sin mucha fuerza contra los diversos elementos del arma. Por
esto las huellas impresas en el estuche son poco marcadas; además, para evitar
posibles accidentes debidos a la brusca manipulación de los cartuchos, se da al metal
del culote un grosor superior al del cebo de las municiones de percusi6n central.
La única huella verdaderamente clara es la del percutor, mecanismo de forma muy
variable según las armas y en cuya superficie hay marcadas numerosas estrías de
fabricación, muy, características.

6° Identificación de balas y casquillos a falta del arma. - A veces, el arma del crimen no
puede ser descubierta. El malhechor la ha ocultado, la ha destruido o se ha
desprendido de ella para eliminar toda prueba contra él. Esta precaución no es
siempre eficaz, y, en muchos casos, se ha obtenido la prueba de la culpabilidad aun
faltando el arma.

Ya en 1913, en su artículo sobre la identificación de los proyectiles de armas de fuego,


cita Balthazard el caso Houssard (asesinato de Guíllotín). El revólver en cuestión había
desaparecido, pero Houssard había disparado una bala contra la puerta de su bodega.
La comparación de este proyectil con uno de los extraídos del cuerpo de la víctima dio
resultado positivo.

En 1948, en la Revue Internationale de Police Criminelle, el Dr. K. Simpson menciona


un caso de asesinato en que el culpable se había desprendido ulteriormente del arma.
Pero había hurtado la pistola a un amigo suyo, que había disparado varias veces con
ella y «conservaba un par de casquillos, uno de los cuales utili7aba para enrollar cinta
engomada». La comparación de estos casquillos con los del crimen permitió la iden-
tificación.

H.M. Robinson refiere un caso en que un delincuente, que tiempo atrás había
efectuado otro robo, mató al dueño de una villa que le sorprendió mientras estaba
operando. Un día, por pura casualizad, la víctima del primer robo reconoció sus
propias joyas en la persona de una tal señora Boccadoro. Estos objetos
comprometedores permitieron desenmascarar al marido de la dama y atribuirle el
primer robo, en el cual había sido también substraído un revólver. Se sospechó, pues,
con toda lógica, que este individuo era el autor del asesinato, pero sin tener de ello
pruebas concluyentes. Ahora bien, el dueño del arma recordó que, dos años antes,
había un día, por simple pasatiempo, disparado una bala. Esta fue encontrada y se
comparó con la extraída del cuerpo de la víctima. La concordancia resultó perfecta. Y
así pudo probarse el crimen de Boccadoro.
Técnicamente, se pueden asimilar estos casos a la comparación de casquillos y de
balas procedentes de agresiones diferentes. El examen es a menudo delicado, pues las
balas y los casquillos encontrados no constituyen piezas de comparación ideales. La
oxidación del metal producida ulteriormente hace las huellas menos visibles, y las
municiones, generalmente de naturaleza diferente a las del crimen, no aparecen
marcadas en los dos casos con la misma claridad.