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Hola a todos.

Me gustaría aprovechar la oportunidad de esta primera intervención para expandir algunas cuestiones de la
segunda conclusión al final del tema, que por los límites impuestos no he podido más que esbozar en el
trabajo. ¿Era necesaria la crucifixión para nuestra salvación? ¿Hasta qué punto buscó Jesús ser torturado y
asesinado?
Somos conscientes de que, en un determinado punto de su vida, Jesús anticipó y aceptó su muerte violenta.
Según Guardini fue en la Transfiguración. Veía su vida y su ministerio asentados en cierta manera en la
continuidad con los antiguos profetas, hasta Juan, cuya trágica muerte sabía. La recepción de los profetas de
Israel no fue muy positiva, y no se caracterizaron por tener destinos fáciles ni felices. Jesús era bien consciente
de esto; cuando se le aparecieron Moisés y Elías, no podía esto sino significar que su destino no iba a ser
distinto: iba a tener que sufrir y morir para completar su misión. Por otra parte, se asoció al tema tan judío del
justo sufriente que es posteriormente restituido y justificado por Dios; Jesús tenía la confianza de que su
misión, de alguna manera, no iba a acabar con la muerte.
No es la cruz en sí misma la salvación. No es el sufrimiento en sí mismo el Sentido. Si así fuera, sé de algunas
torturas de Mengele o de los sicarios de Pablo Escobar que habrían tenido más valor que la crucifixión.
¿Quería ser crucificado Jesús? ¿Fue una muerte premeditada y buscada, en tanto única manera posible de traer
el Reino? Entonces, ¿fue como un suicida a Jerusalén con el propósito de provocar el escándalo, para que las
autoridades lo asesinasen? No parece el caso después de una lectura atenta: al contrario, parece que fue a la
capital para hacer un último esfuerzo en hacer que la gente recapacitase, y a celebrar la Pascua como cualquier
otro judío de su tiempo. No quiso ser traicionado, no quiso ser apresado: fue su lealtad, su completa entrega a
su vocación, a la voluntad del Padre, lo que le impediría escapar, aún a sabiendas que esto le llevaría a una
cruenta muerte. Él quiso su muerte porque la aceptó, bebió libremente de la copa que se le fue ofrecida, no
porque deliberadamente planease su entrega y se entregase a ella.
Por ello, decimos que la crucifixión no es condición necesaria para la salvación, sino consecuencia natural de
la venida al mundo de uno que sí es absolutamente bueno y absolutamente inocente, en contraste a nosotros.
Nosotros crucificamos a Jesús porque ese es el destino que tienen todos los buenos en este mundo.