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LITERATURA RABÍNICA

La oposición del Evangelio al legalismo de los fariseos y la actitud de Pablo hacia la Ley en la carta a los
Romanos han dado ocasión a que los cristianos tengan una visión unilateral e incorrecta de las inmensas apor-
taciones espirituales y religiosas que el estudio de la Ley ha hecho al judaísmo. La Ley ha sido fuente de vida
para el judaísmo. La Ley evoluciona en cada sociedad cuando ésta se enfrenta con nuevas situaciones.
La Torá es un fenómeno literario, cuya redacción fue finalizada presumiblemente por Es-
dras, cuyo lineamiento es ser santos porque Dios es santo. A este respecto, propone una
ley. Ahora bien, la Torá envejece: en la medida en que pasa el tiempo es menester acomo-
darla a las diversas circunstancias. La ley genera jurisprudencia, es decir, la aplicación de
la ley a nuevas situaciones no previstas por el redactor (¿ej: no trabajar en sábado es no
cocinar para alimentar a mis hijos?). Esta jurisprudencia es la LEY ORAL o TRADICIÓN.
En la época que ahora nos interesa, desde la conclusión del Pentateuco en tiempos de Esdras (400 a.C.) hasta
la terminación del Talmud (500 d.C.), el judaísmo pasó por diferentes coyunturas: la helenización, la conquis-
ta de Roma, la herejía cristiana y la supervivencia como pueblo errante en los imperios romano y sasánida. El
desarrollo de la Ley en este período es casi una crónica del judaísmo y una notable prueba del vigor del pue-
blo que Dios.
En el Pentateuco, la ley está unida a las narraciones, que son normativas. Toda la ley está
aunada acá. Por lo tanto, la Torá contiene leyes y relatos. La tradición oral se da, entonces,
a partir de estas dos. Las leyes generan las HALAKAH y los relatos las HAGADAH. Es
un proceso donde se van generando lentamente. Ambas surgen en el ámbito de los escribas,
que eran los capacitados.

Leyes → halakah (caminar). Refiere a la conducta, es lo que tengo que hacer en relación a
un precepto. Ésta es la jurisprudencia. Cada escriba interpreta y responde a cuestionamien-
tos, va teniendo discípulos y, por zonas, va rigiendo la halakah de tal o cual maestro. Esto
conforma las denominadas tradiciones halákicas. Los discípulos de los escribas aprendían
hebreo, aprendían la Torá de memoria y la halakah de memoria también, la cual estaba ab-
solutamente prohibido poner por escrito. El discípulo será nombrado escriba y, cuando
muere su maestro, a él consultan. De este modo, la tradición se va ampliando.
A partir de los desastres de los 70 y del 135 dC, se va reconfigurando el judaísmo: ya no
hay Templo ni sacrificios, de modo que se va estableciendo en torno a la Torá. A estos su-
cesos, se suma que el movimiento cristiano está poniendo por escrito sus textos sagrados.
Para esta época, de hecho, la Torá había ido creciendo considerablemente. Así, en torno al
200 dC, el judaísmo toma la decisión de poner por escrito su Tradición Oral: MISHNÁ.

Mishná (repetición o doctrina). La llevan adelante los rabinos Tanaítas. Esta generación es
la del s. II. En ella queda consignada toda la halakah, de todas las tradiciones, siendo todas
válidas porque eran todas de escribas reconocidos. Para cuando son puestas por escrito, ya
estaban establecidas las academias de Galilea y de Babilonia.
III. Período de los Tannaím (formación de la Mishnah: 1-200 después de Cristo). Pronto se advirtió la nece-
sidad de coleccionar las decisiones orales de los grandes maestros. Estas decisiones se transmitían por repeti-
ción: los estudiantes debían repetir de memoria las decisiones de los maestros. Tanna’îm eran los que enseña-
ban mediante la repetición; Mishnah [mišnâ] significa “repetición”. Es posible que hubiera colecciones desde
tiempos de Hillel, pero la destrucción del templo (el año 70) y el fracaso de la segunda revolución judía (el
135) sirvieron de catalizador con vistas a una colección escrita de la ley oral.
Durante los años 70-130, el Sanedrín dirigió desde Yabné los destinos del judaísmo. Tras el fracaso de la
segunda revolución, el centro del judaísmo se trasladó de Yabné a Galilea, donde se establecieron escuelas de
enseñanza rabínica. Esto dio pie a una codificación más científica, hasta que a fines del siglo Rabí Judá el
Príncipe (ha-Nasí) hizo la codificación oficial (en la línea de Aqiba y Meír) de la ley oral de los siglos prece-
dentes: La Mishnah. Hubo otras colecciones o “mishnahs”, pero no alcanzaron la importancia de la de Rabí
Judá, de modo que el término “Mishnah” designa actualmente su obra. La Mishnah vino a ser para el judaís-
mo una especie de segundo Pentateuco y se convirtió en objeto primario del estudio rabínico.
Con la Mishná pasa algo parecido que a la Torá escrita, generándose nuevas jurispruden-
cias. Acumuladas las tradiciones, son recopiladas por los amoraítas en el siglo III, sur-
giendo la GUEMARÁ (complemento), tanto en Palestina como en Babilonia.
IV. Período de los Amoraím (maestros talmúdicos: 200-500 después de Cristo). Durante el tiempo que sepa-
ra a Rabí Judá de la conclusión del Talmud, las escuelas se dedicaron a comentar la Mishnah. Las escuelas
palestinenses continuaron su actividad. Además, escuelas babilónicas. Cada una ‒palestinense y babilónica‒
tenía su propia tradición y sus propios maestros. De este modo, las escuelas de Babilonia y Palestina, traba-
jando simultánea e independientemente, consagraron sus esfuerzos a comentar la Mishnah y terminaron por
formar con sus comentarios dos grandes colecciones: los Talmudes. El TALMUD PALESTINENSE fue
puesto por escrito en el período 375-425. No se llegó a terminar. El TALMUD BABILÓNICO fue redactado
entre 400-500 y a él se alude normalmente cuando se habla del Talmud sin más.
A partir de estas dos tradiciones se confecciona el TALMUD. En el s .IV en Palestina y
en s. V en Babilonia. En ella están también los baraytót, que no habían entrado en la
Mishná. Para su confección, se fueron haciendo procesos de sucesivas redacciones, que-
dando fijo en los s. IV y V, y terminado de confeccionar entre los s. VIII y XI.
Cada Talmud consta de dos partes: 1) La Mishnah, que es sustancialmente la misma en ambos. 2) La Gue-
mará (“complemento”) o comentario a la Mishnah. Dado que la Guemará recoge las tradiciones de las escue-
las de Palestina y Babilonia, respectivamente, esta parte difiere en los dos Talmudes.
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La ley escrita genera también TARGUM, que es la traducción parafrástica aramea de
los textos sagrados del judaísmo, que se usaban fundamentalmente en las sinagogas. Estos
se desarrollan primero de forma oral, y luego se van poniendo por escrito: targumín.
Se trata de un fenómeno literario que se da tanto en Palestina como en Babilonia debido a
que no se entendía el hebreo, que es el idioma en que se debían leer las Escrituras. En la
sinagoga, cuando se leía la Torá, se acercaba uno capaz de leer en hebreo. Tenían ciclos de
tres años de lectura. El lector leía tres versículos seguidos en hebreo. Al no entenderlo, co-
mienza el fenómeno de traducir el texto para uso sinagogal, que debía ser oral. Así, inme-
diatamente, se acercaba un METURGUEMAN, un traductor, y decía el mismo texto pero
en arameo. Ahora bien, el texto hebreo, sagrado, no podía ser modificado. El meturguemán,
en cambio, lo parafraseaba, ya sea para aclarar palabras difíciles, ya sea para embellecerlo.
Es una traducción parafrástica amplificada. Éste es el targum. Estos traductores tienen
la tendencia a leer los textos en clave escatológica y mesiánica. Era, efectivamente, lo que
la gente repetía y recordaba.
Por supuesto, estaba prohibido escribir estas traducciones, las cuales surgían de las escuelas
de los escribas, quienes aprendían la tanaj y la tradición oral. Influídos también por la mi-
drash, en el s. II se ponen por escrito: TARGUMÍN, tradición acuñada en Palestina y
Babilonia, por lo que hay un targumín de cada uno de estos lugares.
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Con el tiempo se originan las HAGADAH, que son el recuento de las narraciones. Por
ejemplo, el discípulo le pregunta al maestro cómo se aparece YHWH a Abraham en Gn 12,
y éste le responde que igual que como en Gn 17. Se forma tradición: MIDRASH. Éstas
son las formas de comprender, es el comentario a un libro bíblico.
La hagadah (recontar) es un proceso de comprensión que va generando nuevos relatos, los
cuales semantuvieron en forma oral hasta el 200, en que se van poniendo por escrito: mi-
drash (comentar).
II. Período de los escribas (Sopherîm: 400-270 a.C.). Acá, los escribas, fieles al espíritu de Esdras, estudia-
ron cuidadosamente y comentaron las leyes del Pentateuco. La enseñanza de la ley y de la sabiduría legal
adoptaba con frecuencia la forma de comentario seguido al texto bíblico: el midrash. El midrash subsistió
como una forma viva de la literatura judía hasta después del año 1000 d.C., y los más antiguos midrashim
llegados hasta nosotros datan, al menos, del siglo II d.C. Sin embargo, la práctica midráshica se remonta al
período que estamos considerando y está relacionada con la técnica del pésher característica de Qumrán. Es
costumbre distinguir dos tipos de midrashim: 1) Midrash haláquico: exposición del texto bíblico –el Pentateu-
co- encaminada a establecer principio jurídicos y destinada al uso legal. 2) Midrash haggádico: exposición del
texto bíblico orientada a la práctica de la moral y la devoción. Muchos de los relatos de la tradición popular
judía pertenecen a este tipo de midrash.
En el s. IV se ponen por escrito comentarios a todos los libros de la Torá: MIDRASHIM
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Todo esto denota la importancia de la Tradición en la religión judía. Lo importante no es la
repetición. Al contrario, la tradición es una búsqueda de comprensión.
* * *
Así como hay grupos que aceptan sin dificultades las ampliaciones, no fue aceptado por los
saduceos y los qumramitas, que sólo aceptaban la Torá como Palabra de Dios.

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