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La protesta social en redes sociales: los “likes” en la

humanidad apática.
Por: Camila Natib Román

Dado los acontecimientos recientes que se han presentado en los países latinoamericanos, la
protesta social se ha vuelto el foco en las tendencias de discusión en las redes sociales, que
con el paso de los años han ido cambiando la forma en cómo los humanos se informan y
tienen un lugar dentro de las discusiones ante las crisis sociales, económicas y políticas de
los diferentes países. Estas plataformas han proporcionado un medio de opinión que en un
inicio abre la posibilidad de analizar desde todos los puntos de vista una situación, pero a la
vez se presta para la saturación de información, el odio, y la transformación de la protesta
en una etiqueta de moda.

Desde la creación de SixDegrees hasta nuestra cada vez más virtual actualidad, han pasado
22 años de evolución de las redes sociales en el mundo de internet. La necesidad de
interacción del ser humano llevó a que diferentes plataformas se construyeran con
determinados fines de comunicación y un público específico. Inevitablemente la
información que los usuarios dejan cada día en sus redes sociales (entendidos como
metadata) servirían para fines de mercadeo y publicidad que cada día se vuelven más
sofocantes, a la vez que más intrusivos y persuasivos, aludiendo especialmente a los casos
políticos, como se pudo evidenciar en unos de los escándalos recientes más polémicos:
Cambridge Analytica.

Está claro que la privacidad en la actualidad ya no existe, que mientras más tecnológico se
vuelva todo, más hackeable será, incluidas nuestras propias mentes, aunque estas últimas
(para nuestra desfortuna) son más vulnerables que cualquier máquina.
El poder de la palabra dentro de las redes sociales, ambiguo como la palabra misma ha
servido para reflexionar sobre distintos temas dentro de las diferentes plataformas.

Actualmente dada la crisis de los países latinoamericanos gracias a la deficiente


administración de sus gobiernos, como también los atentados a la democracia por parte de
los intereses políticos de los diferentes partidos, han llevado a que las personas se enteren
casi en tiempo de real de los acontecimientos que suceden tanto en su entorno, trabajo,
universidad, ciudad, país, y continente. Se produce entonces la relación entre las nuevas
tecnologías y la autonomía, decía Isabel Duque Franco reseñando el libro Redes de
Indignación y Esperanza de Manuel Castells: “Esta idea de la autonomía está relacionada
también con la noción de la ‘autocomunicación de masas’, basada en redes horizontales, en
las que se procesan mensajes de muchos para muchos y sobresalen rasgos como la
autoconvocatoria, la cooperación, la instantaneidad o el dinamismo.” (Franco, 2013)

“Además de la enorme velocidad a la que se produce el intercambio de información,


internet posee una gran característica: la casi total libertad de expresión, arena perfecta para
la reciente protesta en contra de las amenazas de muerte a cualquiera que se atreviera a
publicar una caricatura del profeta Mahoma, actividad prohibida para los practicantes del
Islam, llamada Draw Mohammed Day, o bien, ´El día de dibujar a Mahoma’…” (Bidault,
2010)
Para los países que no tienen censura de internet, como lo es Colombia, la libertad de
expresión ha favorecido a que los hechos que actualmente están sucediendo, ayuden a que
la gente se informe y deje la tan sufrida indiferencia que por años ha existido en el país, y
que a la vez los temas políticos lleguen a esa población (la mayoría del país) que nunca se
interesó por saber qué sucedía con las decisiones que los grandes mandos han tomado y que
han ido llevando a que el país se caiga sobre la apatía de las personas.
Los sucesos a los que se refiere el anterior párrafo son nada más y nada menos que el paro
nacional convocado para el 21 de noviembre del presente año, que fue el detonante de la
oleada de indignación por redes, ya que este no es el primer gran suceso de protesta en este
país que parece cada día querer superarse más en demostrar que la ignorancia es atrevida.
Después del asesinato de Dilan Cruz a manos de la policía, se formó la narrativa del suceso
a partir de los diferentes videos que circularon en la red del momento exacto en que el
policía disparó al joven estudiante −porque en este país y en el mundo: primero se tiene el
celular a la mano, luego se existe− , esta apreciación desde los diferentes ángulos (como
todo un ejercicio de montaje cinematográfico) se esparció por todas las redes sociales, lo
que llevó a la gente a continuar con la movilización y salir a las calles a hacerse escuchar en
un acto llamado el “cacerolazo”, que reforzó la protesta, tal y como lo menciona Isabel
Duque: “Además de la internet, los movimientos también viven y actúan gracias a la
comunicación cara a cara, a las redes sociales offline preexistentes y a la ocupación del
espacio urbano.”
Sin lugar a dudas, la información que circuló a través de todos los medios motivó a romper
la barrera que se forma en el llamado “activismo en redes” que se limita a compartir
opiniones desde la comodidad de algún lugar alejado. Inevitablemente también se hicieron
escuchar las voces de los ciudadanos que expresaron su desacuerdo frente a las
manifestaciones. Dentro del mundo digital se hizo más fácil poderse expresar y reaccionar
frente a las posturas del otro, y no precisamente por la inmediatez del medio, si no por la
opción de “anonimato” o la ausencia de identidad dentro de las plataformas.
Es preciso analizar lo que sucede en cada una de estas plataformas, comenzando por
Twitter, que pasó de ser una red de contenido enfocado en el público adolescente, a ser una
red de múltiples intereses y públicos que debatían o simplemente expresaban su odio. En
toda esa masa de caracteres, imágenes y videos, las crisis de los países de se volvieron una
tendencia, las opiniones sobre temas sociales, políticos y económicos empezaron a ser cada
vez más visibles ya que las personas del común se empezaron a interesar en lo que sucedía
con su propio país y los vecinos. Puede entenderse eso como un ejercicio de democracia el
poder conocer las diferentes opiniones y puntos de vista, “aquellos países que no tienen una
sociedad civil equipada con una plataforma digital son mucho menos propensos a generar
movimientos sociales a favor de la democracia; en esa medida pareciera establecer una
relación directa: a mayor acceso a la Internet, mayor democracia.” (Franco, 2013)
Tanto en Twitter como Facebook, Instagram y Whatsapp, la tendencia a la indignación
frente a las opiniones y comunicados nefastos y poco informados, aumentó en los días
siguientes al paro, demostrando que más allá del debate sobre los acontecimientos o el
significado de la protesta y lo que ella conlleva, se encontraba una búsqueda de
señalamiento y etiqueta de las personas. Se empieza a encontrar entonces una nueva fase
dentro de todo el caos de las manifestaciones y las redes: el silencio se ha vuelto crucial a la
hora de juzgar y señalar, en especial a esos individuos que actualmente se han denominado
“influencers”. En cierto modo ha sido favorable que esto suceda, ya que
desafortunadamente aquellos que cada día son vistos y escuchados por millones de
personas, jamás habían dado su punto de vista acerca de lo que sucede en su país o en el
mundo. Empujar a que estos personajes se pronuncien dio luz a que se dejara ver uno de los
pilares de los problemas que tiene esta sociedad: la apatía.
Ningún ser humano es obligado a dar su opinión, como tampoco a callarla, sin embargo, los
intereses que van más allá de la propia voluntad son mayores. En esta sociedad capitalista
todo tiene un precio, hasta las ideas, es por eso que las grandes voces siempre deben cuidar
sus palabras, por lo que salir a protestar contra un gobierno de derecha patrocinado por las
empresas que lideran a las empresas que contratan la imagen de las personas, es heroico.
Pero no siempre estos discursos de apoyo y rechazo hacia todo lo que está mal en el país
provienen de una voluntad de querer cambiar algo, también provienen de un interés porque
más público llegue al individuo que se está expresando, y por lo tanto al contenido que este
individuo aparentemente “culto y con voz y voto” vende. En este sentido mientras más
likes se tenga mejor, mientras más la gente apruebe y desapruebe a las personas, mayor será
el impacto, o más bien el oportunismo.
Finalmente, en medio de toda esta saturación de información que se vive cada día, los
hechos más influyentes destacan por ser el extremo violento al que no se quiere llegar.
¿Cuántos muertos en la ciudad se necesita para que la gente se indigne más? La memoria de
un joven se aviva por publicaciones y videos que definen el luto por la cantidad de likes o
reacciones que reciben, olvidando a los tantos muertos que la guerra ha dejado atrás, porque
en las redes también Colombia sigue siendo un país sin memoria, sin empatía, que cada día
se refresca eliminando el pasado.
Las redes han cumplido un papel fundamental dentro de la lucha por un país más justo y
por una vida que valga la pena vivir en medio de todo el exceso de realidad que conlleva la
condición del ser humano. A pesar de que el show mediático tiende a ser alimentado cada
día por un suceso diferente que termina en el olvido, lo que se vivió en este momento de la
historia en gran parte gracias al internet que sirvió como instrumento de acción, en la
medida que permitió movilizar, organizar, deliberar, coordinar y decidir, ha llevado a que
un gran número de personas se interesaran por saber qué era lo que estaba sucediendo,
escuchar y leer al otro frente a lo que muchas veces no es tan digerible, aquellos temas que
se prefiere no mencionar, o que simplemente no están a la luz. La censura y la
desinformación de los medios privados para fortuna de este país y el contexto actual, no ha
logrado sus objetivos, gracias a los mecanismos propios de las redes, a la facilidad en que la
información circula y a esas narrativas que inconscientemente las personas crean con los
contenidos audiovisuales, porque las imágenes siguen valiendo más que mil palabras.
Bibliografía
Bidault, P. (2010). Las redes sociales como plataforma de protesta. Foro Multidiciplinario, 25-27.

Franco, I. D. (2013). Reseña Redes de Indignación y Esperanza: Los movimientos sociales en la era
de internet. Revista Colombiana de Geografía, 273-276.

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