Está en la página 1de 9

“CETIS 107”

NOMBRE DEL ALUMNO:


Pavel Ríos León

NOMBRE DEL PROFESOR:


OSCAR MORENO

MATERIA:
Ciencia, Tecnología, Sociedad y Valores

Tema-Subtema:
“SALUD”: (“cáncer de hígado”)
NUM. DE EQUIPO:
“1”
CUL. SIN. 29-
septiembre -2010
¿Qué es el cáncer en el hígado?

El hígado es un órgano sólido de color marrón situado en la parte


superior derecha del abdomen, escondido detrás de las costillas.
Fundamentalmente se encarga de destruir, transformar y eliminar
muchas sustancias del organismo, sobre todo la bilirrubina y otros
pigmentos, y de fabricar gran cantidad de elementos. La eliminación
de las sustancias se realiza por los conductos biliares hacia el
intestino o por liberación de las sustancias metabolizadas al torrente
sanguíneo. Recibe sangre de la arteria hepática y sobre todo de la
vena porta (por la que sale casi toda la sangre procedente del
intestino).

El cáncer es la proliferación descontrolada y generalmente agresiva,


de un grupo de células malignas, que por lo común se organizan
formando uno o más tumores y que tienen tendencia a invadir otros
tejidos sanos y a diseminarse por el organismo por vía sanguínea,
linfática o por mera contigüidad, formando así metástasis.

El hígado se puede afectar por el cáncer de


2 formas distintas:

• Tumores que se originan en el hígado (cáncer primario del


hígado)

• Tumores 'procedentes' de otros órganos. El hígado es uno de


los órganos más afectados por metástasis de cánceres de otras
localizaciones. Este hecho, que puede ocurrir prácticamente en
cualquier órgano del cuerpo, cobra especial importancia en el
caso del hígado, pues las metástasis son 3 veces más
frecuentes que los tumores primarios.

El cáncer primario de hígado puede tener fundamentalmente dos


orígenes: las células propias del hígado o hepatocitos y los conductos
por los que pasa la bilis. Hablaremos entonces de hepatocarcinoma
en el primer caso y de colangiocarcinoma en el segundo.

En el hígado pueden aparecer metástasis de prácticamente todos los


tipos de cánceres que existen en el hombre, pero sin duda los que
con más frecuencia metastatizan en este órgano
son los tumores abdominales, sobre todo los de
colon (con diferencia sobre el resto) estómago y
páncreas. De los órganos no abdominales, los cánceres que con más
frecuencia afectan al hígado son los de mama y de pulmón.

¿Cómo se produce el cáncer en el hígado?


El hepatocarcinoma es un tumor que afecta fundamentalmente a
pacientes que sufren algún tipo de enfermedad crónica del hígado,
sobre todo, la cirrosis hepática (alcohólica o no) y las hepatitis
crónicas virales B y C. Otras situaciones en las que aumenta el riesgo
de hepatocarcinoma son la ingestión de aflatoxinas (sustancias
tóxicas de un hongo), la hemocromatosis y el déficit de alfa-uno-
antitripsina. Este cáncer es mucho más frecuente en los países del
Lejano Oriente que en nuestro medio, y es probable que su incidencia
(número de casos que aparecen al año en una población) disminuya a
medida que se extienda la vacunación contra el virus B de la
hepatitis.

El colangiocarcinoma es más frecuente según avanza la edad y, como


el anterior, su incidencia aumenta mucho en los países orientales.
Aunque normalmente aparecen de forma espontánea, sin que existan
en los pacientes factores de riesgo, en el caso de los pacientes con
colangitis esclerosante (una enfermedad inflamatoria de los
conductos biliares) el riesgo está aumentado al quíntuple. El
colangiocarcinoma se puede presentar tanto en los conductos biliares
que hay dentro del hígado como en los que están fuera.

Las metástasis hepáticas se producen cuando el tumor ha pasado a la


sangre en su punto de origen y se ha trasladado por los vasos
sanguíneos depositándose en el hígado. La lógica hace pensar que
cuando un tumor ha pasado a la sangre se puede depositar en el
hígado y en otros muchos lugares, pero esto no siempre es así. De
todas formas sí que indica que esté donde esté el tumor original,
ahora es un tumor avanzado y que requerirá de algo más que la
cirugía del tumor primario para su tratamiento. Las metástasis en el
hígado se pueden detectar a la vez que se diagnostica el tumor en su
origen (y a veces es el motivo por el que se detecta el tumor) o en
las revisiones pasado un tiempo tras el tratamiento del foco primario
de tumor.

¿Cuáles son los síntomas del cáncer en el hígado?

Inicialmente los síntomas serán los mismos independientemente del


tipo de tumor de que se trate, es decir, ninguno. Generalmente estos
tumores se diagnostican por alteraciones en los análisis o en
revisiones, bien de un tumor ya tratado o bien de una cirrosis o
hepatitis.
Hasta que los tumores no alcanzan un tamaño considerable no
empiezan a dar síntomas. Al principio puede haber una sensación de
pesadez en el lado derecho, acompañada de pérdida de apetito y de
peso. Luego puede aparecer dolor por estiramiento de la envoltura o
cápsula que envuelve al hígado, o el paciente se puede empezar a
poner amarillo (ictérico) por obstrucción de los conductos de la bilis o
por destrucción de las células encargadas de eliminar la bilirrubina.
Finalmente, cuando la destrucción del hígado es mayor se va
afectando la consciencia, pudiendo entrar en coma. Otras
alteraciones posibles son las náuseas, los escalofríos y las
alteraciones de la coagulación.

Aparte de estos síntomas también pueden aparecer otros por


aparición de metástasis en otras localizaciones. Metástasis que
pueden derivar tanto de los tumores primarios del hígado, como
pueden ser otras metástasis del tumor que las originó en el hígado.

¿Cómo se diagnostica el cáncer en el hígado?

En la historia clínica el médico recogerá los antecedentes del paciente


sobre la posibilidad de hepatitis crónica o cirrosis, los antecedentes
de tumores u otros síntomas que puedan orientar el diagnóstico. En
la exploración física a veces se puede palpar un agrandamiento
irregular del borde inferior del hígado, se puede encontrar un tinte
amarillento en los ojos o se pueden encontrar otros datos de
enfermedad hepática o del origen de las metástasis (bultos en el
abdomen o en la mama, alteraciones en la auscultación, sangre en el
recto...).

Es frecuente que aparezcan alteraciones en el análisis de sangre. Las


transaminasas se suelen elevar (si es que no lo estaban previamente
en los enfermos del hígado) por destrucción de células del hígado por
el tumor. Puede aparecer aumento de la bilirrubina en distinta
intensidad por obstrucción de los conductos biliares o por falta de
células hepáticas. Una anemia puede apuntar a un tumor en el tubo
digestivo como origen de metástasis.

La ecografía es la prueba más utilizada para el estudio inicial del


hígado y, por lo tanto, suele ser la prueba con la que se detectan los
tumores en el mismo. Con la ecografía se puede comprobar el
número, la localización y el aspecto (ecográfico) de los tumores
hepáticos. También aporta información sobre la posibilidad de
enfermedad crónica del hígado, sobre una posible obstrucción de los
conductos biliares y puede apuntar un posible origen si es un tumor
metastásico.

El escáner o TAC abdominal es la prueba de mayor valor para


establecer el diagnóstico y para planear el tratamiento. Es más
sensible que la ecografía para encontrar tumores. Aporta información
sobre la localización de los tumores y, por tanto, sobre la posibilidad
de extirparlos. Además, se puede utilizar de guía para realizar una
punción y obtener una biopsia. Utilizado con una sustancia de
contraste (que realza las imágenes) llamada lipiodol aumenta su
rentabilidad diagnóstica en el caso del hepatocarcinoma.

Luego, en función de los resultados obtenidos en estas pruebas, se


puede considerar necesario completar el estudio con otras
exploraciones como endoscopia, colonoscopia, arteriografía,
laparoscopia, etc.

¿Cómo se trata el cáncer en el hígado?

En general el mejor tratamiento es la extirpación quirúrgica. Para


esto es necesario que la lesión o las lesiones estén en una porción del
hígado que permita extirparlas todas sin sacrificar excesivo hígado
como para impedir la supervivencia. En ocasiones esto sólo puede ser
comprobado durante la intervención quirúrgica, teniendo entonces
que decidir si seguir adelante con la resección hepática (extirpación
de parte del tejido hepático incluyendo la lesión) u optar por otro tipo
de tratamiento.

Cuando los tumores no son extirpables se puede optar por otras


alternativas en función del tipo de tumor de que se trate, aunque en
general como tratamiento paliativo:

Metástasis

Pueden tratarse mediante quimioterapia intravenosa (por una vena


en el brazo o el cuello) o intra-arterial (aplicada directamente sobre la
arteria hepática) según la pauta adecuada para el tipo de tumor de
que se trate. En algún caso se ha conseguido que tras unos ciclos de
quimioterapia se puedan extirpar los tumores hepáticos.

¿Qué complicaciones pueden surgir?

La resección hepática es una técnica quirúrgica agresiva, lo que


conlleva importantes complicaciones y una mortalidad nada
despreciable (hasta alrededor de un 5%-10%). Sin embargo, con las
mejorías técnicas adquiridas a lo largo de los últimos años por
algunos grupos, se ha conseguido disminuir de manera importante la
mortalidad y la morbilidad (complicaciones) por resección hepática.
Las complicaciones más frecuentes son la infección, las
complicaciones respiratorias (atelectasias o colapsos pulmonares,
derrame pleural, neumonía) y las fístulas biliares. Sin embargo,
siendo menos frecuentes, la hemorragia y la insuficiencia hepática
postoperatoria son las más temidas, pues pueden condicionar la
supervivencia del paciente. Estas complicaciones son tanto más
frecuentes cuanto mayor es la resección a realizar y cuanto más
deteriorada está la función hepática.

La embolización de la arteria hepática también puede llegar a


condicionar una insuficiencia hepática. La quimioterapia intraarterial
puede dar complicaciones sobre el duodeno y el páncreas. Con la
crioterapia y la radiofrecuencia se han descrito pocas complicaciones,
pero la experiencia no es muy grande. La colocación de prótesis
biliares puede producir hemorragias e infecciones de la bilis.

¿Qué pronóstico tiene el cáncer en el hígado?

En general el pronóstico del cáncer en el hígado es bastante malo.

• Por un lado la existencia de metástasis hepáticas implica la


existencia de células tumorales en el torrente sanguíneo que
pueden dar lugar a nuevas metástasis tanto en el hígado como
en otras localizaciones. Aun así, la extirpación y la
quimioterapia han demostrado aumentar la supervivencia de
estos pacientes.

• Por el otro, los tumores primarios del hígado son bastante


agresivos desde el principio. Los colangiocarcinomas son
extirpables en un porcentaje mínimo de casos, que suele
referirse a los que afectan a la vía biliar por fuera del hígado.
Los hepatocarcinomas en cambio suelen tener más
posibilidades de resección, gracias sobre todo a los controles
que se realizan a los pacientes con hepatopatías. Sin embargo,
la deteriorada situación hepática de estos pacientes condiciona
tanto la resecabilidad de los tumores como la supervivencia.

¿Se puede prevenir el cáncer en el hígado?

Los siguientes consejos ayudan a prevenir el cáncer de hígado o a


diagnosticarlo tempranamente y, por tanto, a tener mayores opciones
de tratamiento:

• Vacunación contra el virus de la hepatitis B


• Abstinencia de alcohol

• Asistencia a controles rutinarios tras el tratamiento de algún


cáncer para poder diagnosticar tempranamente las metástasis.

• Efectuar análisis de rutina y aclarar las alteraciones que puedan


aparecer, fundamentalmente si se trata de aumentos de las
transaminasas o la bilirrubina.