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E.S.R.N N°89 Dr.

Manuel Belgrano Lengua y Literatura

Monsanto en
Argentina

NOMBRE Y APELLIDO DE DOCENTES: Anabel Añiez y Mabel Cruz

NOMBRE Y APELLIDO DE ALUMNA: Agustina Rojas

AGRUPAMIENTO: 4° 1°

TURNO: Mañana

2019
E.S.R.N N°89 Dr. Manuel Belgrano Lengua y Literatura

Introducción

En este informe se cuenta de que manera la empresa multinacional Monsanto en complicidad con
los gobiernos locales venden sus productos a las plantaciones afectando el bienestar de la
población agrícola.

Desarrollo

La productora estadounidense en biotecnología ha convertido a la Argentina en el tercer


productor mundial de soja, pero los productos químicos que impulsan el auge no se limitan a la
soja y el algodón y los campos de maíz. Contaminan rutinariamente hogares y aulas y el agua
potable. Un coro creciente de médicos y científicos advierte que su uso no controlado podría ser
responsable del creciente número de problemas de salud a aparecer en los hospitales de la nación
sudamericana. En el corazón del negocio de la soja de Argentina, de casa en casa encuestas de
65.000 personas en las comunidades agrícolas encontraron tasas de cáncer de dos a cuatro veces
mayor que el promedio nacional, así como mayores tasas de hipotiroidismo y enfermedades
respiratorias crónicas.

La mayoría de las provincias de Argentina prohíben plaguicidas de pulverización y otros


agroquímicos próximos a los hogares y las escuelas, con las prohibiciones que van en distancia de
50 metros a tanto como a varios kilómetros de las zonas pobladas. Aunque se encontró muchos
casos de la soja plantada tan sólo unos metros de las casas y las escuelas, y de productos químicos
mezclados y cargados en tractores dentro de barrios residenciales. En los últimos 20 años, la
pulverización de agroquímicos ha multiplicado por ocho en Argentina, de 9 millones de galones en
1990 hasta 84 millones de galones de hoy. El glifosato, el ingrediente clave en los productos de
Round Up de Monsanto, se utiliza más o menos ocho a diez veces más por hectárea que en los
Estados Unidos. Sin embargo, Argentina no aplica las normas nacionales para los productos
químicos agrícolas, dejando a la elaboración de normas a las provincias y la aplicación a los
municipios. El resultado es una mezcolanza de regulaciones ampliamente ignoradas que dejan a la
gente peligrosamente expuesta.

El glifosato, el ingrediente clave en el popular marca de Monsanto Round up de pesticidas, es uno


de los herbicidas más utilizados del mundo. Se ha determinado que es seguro, si se aplica
correctamente, por muchas agencias regulatorias, incluidas las de los Estados Unidos y la Unión
Europea.

La pulverización se prohibió a 3 kilómetros de áreas pobladas en algunas provincias y tan poco


como 50 metros en otros. Alrededor de un tercio de las provincias no establece ningún límite en
absoluto, y la mayoría carecen de políticas detalladas de aplicación.

Una ley ambiental federal requiere aplicadores de sustancias químicas tóxicas de suspender o
cancelar las actividades que amenazan la salud pública «aun cuando el vínculo no se ha

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demostrado científicamente» y «sin importar los costos o consecuencias», pero nunca se ha


aplicado a la agricultura, el auditor general, encontró el año pasado.

Los funcionarios del gobierno insisten en que el problema no es la falta de investigación, sino la
desinformación que juega con las emociones de la gente.

En una declaración escrita, el portavoz de Monsanto Thomas Helscher dijo que la compañía «no
tolera el mal uso de pesticidas o la violación de cualquier ley de plaguicidas, reglamento o decisión
judicial.»

Argentina fue uno de los primeros en adoptar el nuevo modelo de agricultura biotecnológica
promovidos por Monsanto y otras empresas agrícolas estadounidenses.

En lugar de convertir la tierra vegetal, la pulverización de pesticidas y luego esperar a que el


veneno se disipa antes de la siembra, los agricultores siembran las semillas y después rocían sin
dañar los cultivos modificados genéticamente para tolerar los productos químicos específicos.

Este método toma mucho menos tiempo y dinero, los agricultores pueden cosechar más y
expandirse. Pero las plagas desarrollan resistencia, más aún cuando los mismos productos
químicos se aplican a los cultivos genéticamente idénticos a gran escala.

En 2006, una división del Ministerio de Agricultura de Argentina recomendó agregar etiquetas de
precaución instando a que las mezclas de glifosato y los productos químicos más tóxicos se
limitarán a zonas agrícolas lejos de los hogares y los centros de población. La recomendación fue
ignorada.

El biólogo molecular Dr. Andrés Carrasco en la Universidad de Buenos Aires, dice la carga de los
cócteles químicos es preocupante, pero incluso el glifosato solo podría significar un problema para
la salud humana. Él encontró que la inyección de una dosis muy baja de glifosato en embriones
puede cambiar los niveles de ácido retinoico, haciendo que el mismo tipo de defectos espinales en
las ranas y los pollos que los médicos cada vez más se están registrando en las comunidades donde
los productos químicos agrícolas son ubicuos. Este ácido, una forma de vitamina A, es fundamental
para mantener cánceres bajo control y activación de la expresión genética, el proceso por el cual
las células embrionarias se desarrollan en órganos y miembros.

Sus hallazgos, publicados en la revista Chemical Research in Toxicology en 2010, fueron refutadas
por Monsanto, que dijo que los resultados «no son sorprendentes dado su metodología y los
supuestos de exposición poco realistas.»

«El glifosato es menos tóxico que el repelente se pone en la piel de sus hijos», dijo Pablo Vaquero,
director de asuntos corporativos de Monsanto en Buenos Aires. «Dicho esto, tiene que haber un
uso responsable y bien de estos productos porque de ninguna manera le ponga repelente en las
bocas de los niños y no aplicador ambiental debe rociar los campos con un tractor o un plumero
de la cosecha sin tener en cuenta el medio ambiente condiciones y amenazas que se derivan de la
utilización del producto «.

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Conclusión

Monsanto es una empresa que produce pesticidas, hormonas y semillas genéticamente


modificadas, los cuales son utilizados en gran parte de los cultivos en Argentina, dañando el medio
ambiente, ya que contaminan el agua y el suelo, afectando a las personas que viven cerca con
enfermedades como cáncer o malformaciones, así como también a las personas que consumen
estos alimentos, presentes en el mas del 90% de los productos vendidos en los comercios
argentinos.
Además como a esta empresa no les alcanza con tener más de la mitad de la superficie cultivada
en argentina, ahora quiere instalarse físicamente en nuestro país con mayor presencia.
Construyendo una planta nueva de acondicionamiento de semillas de maíz (La más grande de
América Latina) en la localidad de Malvinas argentinas, provincia de Córdoba y dos estaciones
experimentales una en la misma provincia y la otra en Tucumán. Contando ya con tres plantas en
Buenos Aires, dos productoras de semillas híbridas y una química dedicada específicamente a la
producción de agroquímicos (1º planta de Monsanto en Sudamérica, fundada en 1956). Más una
estación experimental (planta de investigación, desarrollo de semillas y agroquímicos) y sus
oficinas centrales todas ubicadas en dicha provincia. Es decir que no nos venden solamente sus
productos sino que los producen aquí mismo desde hace años. Con el nuevo proyecto de ley de
Semillas y creaciones fitogenéticas de la República Argentina lo único que se busca es darles
mayor respaldo legal, creando condiciones propicias para la expansión de las empresas semilleras
transnacionales generando un monopolio del mercado, desplazamiento de los pueblos originarios,
concentración de las tierras, dejando de lado el desarrollo nacional de variedades vegetales y
provocando la pérdida de la biodiversidad.

2019

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