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“DESAPARICIÓN FORZADA”

“Las autoridades apuestan al olvido ante la desaparición


forzada, eso no ocurrirá, porque un hijo nunca
sale del corazón de una madre. Va a buscarlo
hasta el final del mundo”

Leonardo Boff

SUMARIO: I. RESUMEN. II. ABSTRACT. III. INTRODUCCION. IV.


ANTECEDENTES V. DESAPARICIÓN FORZADA. VI. DESAPARICIÓN
FORZADA EN EL PERÚ. VI. ANÁLISIS DEL DELITO. VII. CONCLUSIONES.
VIII. REFERENCIAS.

Palabras clave: Desaparición forzada, análisis histórico, tipificación.

I. RESUMEN

En las últimas décadas se ha evidenciado una creciente preocupación por una


adecuada protección de los derechos humanos, es así que se han generado
instrumentos y mecanismos para su defensa; empero existen distintas
violaciones entre las cuales encontramos el delito de desaparición forzada, el
cual es considerado un crimen de lesa humanidad. Este delito ha adquirido una
mayor importancia, dado los acontecimientos que se han suscitado en todo el
mundo y el impacto que este tiene en la sociedad, en las víctimas y en sus
familias. A través del trabajo de distintas organizaciones internacionales se ha
buscado velar por el respeto de los derechos humanos y la no impunidad de
quien ha cometido el ilícito, es así que con el transcurso del tiempo de ha
generado políticas y conformado entidades para realizar dicha tarea.
II. ABSTRACT
In recent decades there has been increasing concern for the adequate protection
of human rights, so that instruments and mechanisms for their defence have been
generated; However, there are various violations, including the crime of enforced
disappearance, which is considered a crime against humanity. This crime has
assumed greater importance, given the events that have taken place around the
world and the impact it has on society, the victims and their families. Through the
work of various international organizations, efforts have been made to ensure
respect for human rights and the absence of impunity for the perpetrator of the
offence, so over time it has generated policies and formed entities to carry out
this task.
III. INTRODUCCIÓN

Para nadie es ajeno que durante la primera y segunda guerra mundial, se


suscitaron masacres inhumanos que acarrearon innumerables víctimas, entre
ellas: muertos, heridos, desaparecidos, etc. y son, precisamente, estos hechos,
los cuales conllevan a un rechazo, repudio y reprochabilidad mundial, es así que
se busca poner fin a la impunidad, amenazas y perpetración de nuevos crímenes
que atentan directamente contra los Derechos Fundamentales de la persona, es
entonces, que surgen así, los llamados “delitos o crímenes internacionales”.
(Blanc, 1990, p. 335)

El Estatuto de Roma crea la Corte Penal Internacional y la faculta para que ejerza
jurisdicción sobre los crímenes más grandes de trascendencia Internacional, es
decir, la Corte tendrá un carácter complementario de las jurisdicciones penales
de los Estados que suscriban el Estatuto. Dentro de los delitos que legisla se
encuentran: el crimen de genocidio (art. 6), crímenes de lesa humanidad (art. 7),
crímenes de guerra (art. 8).

Se entiende por genocidio a la destrucción total o parcial de un grupo nacional,


racial, étnico o religioso, por otro lado los crímenes de guerra son,
esencialmente, las violaciones o transgresiones a reglas, costumbres y
convenios que por lo general se deben respetar durante un conflicto armado.
(Villavicencio, 2006, p. 8). Finalmente, los crímenes de lesa humanidad abarcan
una serie de delitos como: asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o
traslado forzoso de población, encarcelación u otra privación grave de la libertad
física en violaciones de normas fundamentales de derecho internacional, tortura,
desaparición forzada, entre otras; que se cometen como parte de un ataque
generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimientos del
mismo.

El Art. 27 del Estatuto de la Corte, en conformidad con la resolución 3074 del


XXIV período de sesiones de la ONU y el Protocolo I de 1977 adicional a los
cuatros Convenios de Ginebra establece que:
Los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad, dondequiera y
cualquiera que sea la fecha en que se hayan cometido, objeto de una
investigación y las personas contra las que existan pruebas de su culpabilidad
en la comisión de tales crímenes serán buscadas, detenidas, enjuiciadas y, en
caso de ser declaradas culpables, castigadas.

Para Gil & Manzur (2017), los crímenes de lesa humanidad se diferencian de
otros principalmente porque reúnen ciertos requisitos:

(i) Son actos generalizados, perpetrados contra una gran cantidad de


víctimas.
(ii) Son actos sistemáticos, es decir que están realizados de acuerdo a un
plan del Estado o con su apoyo, o con particulares que actúan por
instigación de dichas autoridades o con su tolerancia, ayuda o
complicidad. (p. 50)

Están dirigidos contra la población civil por motivos sociales, políticos,


económicos, raciales, religiosos o culturales.

En la presente investigación, se tratará la desaparición forzada de las personas


que es la aprehensión, la detención o el secuestro de personas por un Estado o
una organización política, o con su autorización, apoyo o aquiescencia, seguido
de la negativa a informar sobre la privación de libertad o dar información sobre
la suerte o paradero de esas personas, con la intención de dejarlas fuera del
amparo de la ley por un periodo prolongado.

IV. ANTECEDENTES

La figura de la desaparición forzada de personas como estrategia para la


eliminación de oponentes políticos aparece por primera vez en el “Decreto de
noche y niebla” (Nacht und Nebel Erlass) de Adolf Hitler del 7 de diciembre de
1941. El decreto disponía que toda persona que, en territorios ocupados por
Alemania, amenazara la seguridad del Estado alemán o de las fuerzas
ocupantes, debía ser transportada secretamente a Alemania en donde, sin más,
desaparecía. Complementariamente, quedaba estrictamente prohibido entregar
información sobre la suerte de estas personas creando así una situación de
desesperación e incertidumbre entre los familiares de la persona desaparecida
pero también sobre el conjunto de la población (Werle, 2005).

En una carta de diciembre de 1941, el responsable de la implementación del


decreto, Wilhelm Keitel, afirmaba que el envío a prisión, incluso la pena de
trabajos forzados de por vida para quienes atentaban contra el Estado alemán
en territorios ocupados era una demostración de debilidad del régimen. Por ello,
una intimidación eficiente y duradera sólo podía lograrse a través de la pena de
muerte o de medidas por las que los familiares de los prisioneros y la población
no supieran absolutamente nada sobre la suerte de las personas detenidas. El
uso de esta estrategia fue analizado en los juicios de Núremberg.

En el acta de acusación, el fiscal señaló que los malos tratos y las muertes
producidos en aplicación del “Decreto de noche y niebla” eran contrarios a las
Convenciones Internacionales, en particular, el artículo 46 de la Convención de
la Haya de 1907, las leyes y usos de la guerra, y los principios del derecho penal.

En su sentencia, el Tribunal encontró responsable a Wilhelm Keitel de la


implementación del decreto, y se convirtió así en la primera persona condenada,
implícitamente, por un tribunal internacional por el delito de desaparición forzada.
Como en aquella época todavía no había sido aceptado que las desapariciones
forzadas formaban parte del concepto de crímenes contra la humanidad, el
tribunal de Nuremberg le declaró culpable de crímenes de guerra (Ambos, 2004).

El segundo antecedente lo encontramos en 1947, a comienzos de la Guerra


Fría, se creó en los EE.UU. el Consejo de Seguridad Nacional para el desarrollo
de la doctrina de seguridad nacional. Esta doctrina, y su componente para la
represión de disidentes, fue la base del adiestramiento impartido a oficiales de
los ejércitos de diversos países de América del Sur en la Escuela de las
Américas en Panamá y la US Special Warfare Center & School de Fort Bragg
(Carolina del Norte), muchos de los cuales llevarían al extremo esta doctrina
represora en varios países.

Con el antecedente regional de los crímenes del régimen de Maximiliano


Hernández Martínez en El Salvador en 1932 y los de la represión
en Guatemala tras el derrocamiento del gobierno de Jacobo
Arbenz entre 1963 y 1966, donde la práctica se fue configurando de manera
numerosa por primera vez, fue durante los años 1970 cuando, tras la
instauración de las dictaduras militares de Argentina y Chile, acontecieron los
más extremos y masivos casos de desapariciones, cuya denuncia por familiares,
asociaciones y personas relevantes de la lucha por los derechos humanos
llevaría posteriormente al desarrollo de una jurisprudencia internacional especial
y al reconocimiento del delito de lesa humanidad de desaparición forzada,
perseguido por el Tribunal Penal Internacional.

En otros países como Brasil, a través de la acción del Servicio de Inteligencia


Nacional (SIN) tras el golpe de Estado de 1964 o nuevamente en El
Salvador y Guatemala, mediante grupos paramilitares como la Organización
Democrática Nacional (ORDEN) fueron también denunciados casos de
desaparecidos hasta mediados de los años ochenta (Radbruch, 2002).

Según la Comisión de la Verdad de Panamá, durante la dictadura militar que


gobernó el país entre 1968 y 1989 se cometieron al menos 110 asesinatos y
desapariciones de opositores en distintos periodos, algunos de los cuales
ocurrieron incluso durante la invasión estadounidense de 1989. Otros casos de
desaparición que se han dado a conocer y perduran como objeto de denuncia
en tanto los procedimientos no se dan por cerrados hasta que se localizan los
restos o el paradero de las víctimas han tenido lugar
en Uruguay, Paraguay, Bolivia, Colombia, México y Perú.

Se podría afirmar, en consecuencia, que en América Latina el fenómeno resurgió


como política sistemática de represión estatal durante los años 60 cuando las
fuerzas de seguridad de Guatemala comenzaron a utilizar a las desapariciones
forzadas como parte de su campaña de lucha contra la insurgencia. Esta
estrategia fue recogida posteriormente por otros países del continente cuando
allí se instalaron regímenes militares en países. Fue a partir de este momento en
el que las desapariciones forzadas adquirieron trascendencia y atención
internacional.

4.1. La Resolución 33/173 de 1978

Adoptada por la Asamblea General el 20 de diciembre de 1978, en su artículo 1


incisos a) al c), llamó a los gobiernos a destinar los recursos necesarios para la
búsqueda de personas desaparecidas, a la aplicación de la ley y al respeto a los
derechos humanos de las personas. Asimismo, invitaba a cooperar con otras
naciones y organizaciones internacionales en esta materia. Además, caracterizó
este crimen como una “situación continua de grave y flagrante violación a los
derechos humanos”. Bergan & Clark (1982) consideran que es “lo más cercano
posible a un habeas corpus internacional” (p. 599).

4.2. La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas

A partir de las desapariciones forzadas ocurridas en Guatemala durante los años


sesentas y las ocurridas en Chile y en Argentina en los años setentas, que fueron
parte de una política gubernamental de represión extendida, este fenómeno
empezó a ser una preocupación a nivel internacional. La primera iniciativa para
atacar este problema fue impulsada por las delegaciones de Canadá y del Reino
Unido en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

4.3. El Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas o Involuntarias

Creado en 1980 por la Comisión de Derechos Humanos, se convirtió en el primer


mecanismo temático destinado a lidiar con este tipo específico de violación a los
derechos humanos ocurrido a escala global.

4.4. La Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra las


Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas de 1992

Es uno de los documentos más importantes en el reconocimiento de este crimen


como una especial y particular ofensa en contra de la humanidad. Aunque no
proporciona una definición exacta de este crimen, la Declaración antes
mencionada describe los elementos y las consecuencias de esta práctica.
También discute los derechos que son puestos en riesgo y eventualmente
vulnerados a raíz de este delito.

V. DESAPARICIÓN FORZADA

Terminología: Los adjetivos que acompañan a la definición de la desaparición


"forzada" o "involuntaria" son empleados con el fin de distinguir este
concepto restringido del concepto más general de aquellos desparecidos
que pueden serlo como resultado de accidentes o calamidades, así como
a la de los combatientes en el campo de batalla, a los que asimismo se les
refiere como "desaparecidos en combate". (Villavicencio, 2019).
En un ámbito legal “desaparición forzada” puede sonar algo tosco, pero la
historia humana que subyace es sencilla: las personas desaparecen,
literalmente, de entre sus seres queridos y de su comunidad, cuando agentes
estatales (o con el consentimiento del Estado) las detienen por la calle o en su
casa y después lo niegan o rehúsan decir dónde se encuentran. Es un delito de
derecho internacional. A menudo, estas personas nunca son puestas de nuevo
en libertad, y no llega a conocerse su suerte. Muchas veces, las víctimas sufren
tortura y viven con el temor constante de que las maten. Saben que sus familias
desconocen por completo su paradero, y que no es probable que alguien acuda
en su ayuda. Incluso si escapan de la muerte y son liberadas, las cicatrices
físicas y psicológicas permanecen.

Durante el último decenio se han alcanzado algunos logros importantes. Por


ejemplo, en 2010, celebramos la llegada de una convención internacional contra
las desapariciones.

La Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de personas


celebrada el 9 de junio de 1994, la cual consta de 24 artículos y ha sido ratificada
por 14 países, celebrado en la ciudad de Belém do Pará, es uno de los
principales tratados internacionales en materia de derechos humanos, el ella se
estipula que: “La desaparición forzada de personas constituye (…) una grave
ofensa de naturaleza odiosa a la dignidad intrínseca de la persona humana, en
contradicción con los principios y propósitos consagrados en la Carta de la
Organización de los Estados Americanos”.

El Artículo 7° del Estatuto de Roma establece que la desaparición forzada es un


delito de lesa humanidad.

Para Escudero (2008): “La situación de desaparición forzada persiste mientras


no se liberen los desaparecidos o se localicen, exhumen e identifiquen los
cadáveres de los asesinados, encarcelados, detenidos o secuestrados por los
agentes responsables de los actos de desaparición.”

Uno de los aspectos más importantes en la jurisprudencia de ese órgano


jurisdiccional, es el reconocimiento de la Desaparición Forzada como delito
permanente. Así, en la sentencia del caso Blake vs Guatemala, se ha señalado
que:
“[…] la Desaparición Forzada subsiste como un todo indivisible por
tratarse de un delito continuado o permanente, más allá de la fecha en
que se produjo la muerte, siempre y cuando la misma se haya producido
en el marco de una Desaparición Forzada” (párrafo 55).

Siguiendo esa misma línea se encuentra la Convención Interamericana sobre


Desaparición Forzada, cuyo artículo III refiere que el delito en cuestión
mantendrá el carácter de permanente hasta que no se determine el paradero de
la víctima.

El crimen de desaparición forzada, definido en textos internacionales y la


legislación penal de varios países, está caracterizado por cualquier forma de
privación de la libertad de una persona por parte de agentes del Estado o grupos
o individuos que actúan con su apoyo.

De acuerdo con la Defensoría del Pueblo de Colombia (2001) el delito


mencionado es complejo, múltiple y acumulativo, ya que atenta contra un
conjunto diverso de derechos fundamentales:

 derecho a la vida;
 derecho a la libertad y a la seguridad personal;
 derecho a trato humano y respeto a la dignidad;
 derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica;
 derecho a la identidad y a la vida familiar, especialmente en el caso de los
niños;
 derecho a reparación, incluso mediante la indemnización;
 derecho a la libertad de opinión, expresión e información;
 derechos laborales y políticos;

Este conjunto de derechos vulnerados se concluyen de las primeras sentencias


formuladas por organismos internacionales en los años ochenta a partir de los
derechos reconocidos, entre otras legislaciones, por el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos de 1966 o la Convención Americana sobre Derechos
Humanos de 1969 y que sirvieron para desarrollar la jurisprudencia internacional
relativa a este crimen (Bazán, 2011).
Según la Oficina de Alto Comisionado de la Organización de las Naciones
Unidas, una desaparición forzada se define por tres elementos acumulativos:

i. La privación de libertad contra la voluntad de la persona interesada;


ii. La participación de agentes gubernamentales, al menos indirectamente
por aquiescencia;
iii. La negativa a revelar la suerte o el paradero de la persona.