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Los mecanismos de defensa del administrado

El principio de legalidad recogido de la constitución ordena que la actividad de la


administración pública se produzca conforme a la ley. Con el fin de obtener los
actos de juridicidad de aquella, el derecho prevé diversos mecanismos de
fiscalización que constituyen el régimen legal de la justicia administrativa.

El termino justicia administrativa comprende el estudio de las garantías de la


administración para ser eficaz, justa y también las garantías que debe tener el
administrado para asegurar la legalidad y la moralidad administrativa y en respeto
a sus derechos y sus intereses. No trata solamente el estudio de los recursos del
procedimiento, formas de actuaciones, órganos con competencias especiales y el
proceso posterior ante los órganos judiciales. Por lo que se refiere a su naturaleza
jurídica de las acciones administrativas pueden clasificarse en dos grupos:

a) Acciones administrativas antes los órganos y tribunales administrativos


b) Acciones administrativas antes los entes los tribunales federales

Los recursos administrativos es el medio legal que disponen los particulares, que
han sido afectados en su derecho o intereses por la autoridad administrativa
atreves de un acto de la misma naturaleza, a efecto de que la autoridad
competente lleve a cabo la revisión del mismo, a fin de que lo revoque o lo anule
de comprobarse su ilegalidad o inoportunidad.

Los tribunales contenciosos administrativos entes correspondientes para los actos


netamente administrativos el doctor Fraga lo identifica de la siguiente manera:

a) Formalmente, en razón de los órganos facultados para conocer la


controversia motivada por la actuación administrativa, cuando esos
órganos son tribunales especiales
b) Materialmente cuando existe una controversia entre un particular afectado
en sus derechos y la administración, con motivo de un acto de esa.

Puede definirse como un medio que tiene el administrado para que un acto
administrativo sea revisado por una autoridad diferente a la que ha emitido, a
efecto de que determine la legalidad del mismo y consecuentemente la validez o
invalidez del propio acto impugnado. También existe como aparato o mecanismo
de defensa el amparo constitucional, “ley de amparo”, que va hacer objeto de la
detención temporal al acto cuya institucionalidad se reclama haciéndolo cesar, si
la ejecución ya se a iniciado o impidiendo su comienzo si aun se encuentra en
potencia.
Un ejemplo:

DEFENSA DEL CONTRIBUYENTE DURANTE LA FISCALIZACIÓN

Sin la menor duda la fiscalización tributaria es el evento de mayor tensión entre la


Administración y el administrado y ello por la sencilla razón de que, en la mayoría
de los casos, esta actuación tan importante se degrada a una especie de
contienda entre el fiscal y el administrado, quien se tiene por evasor mientras no
demuestre lo contrario. Esta relación poco productiva y que normalmente
desemboca en conflictos totalmente inútiles para ambas partes puede originarse:

i. Como consecuencia de una mala aplicación de las leyes, bien por el funcionario
actuante o bien por el ciudadano fiscalizado; o,

ii. Como resultado de un desconocimiento de las garantías y derechos del


ciudadano fiscalizado por parte del ente fiscalizador o de la ignorancia del
ciudadano fiscalizado en cuanto a cuáles son las competencias del funcionario
que fiscaliza;

1.- La fiscalización es un procedimiento administrativo y como tal sólo puede


iniciarse y conducirse por un funcionario debidamente autorizado para ello. La
primera defensa del fiscalizado frente a la fiscalización consiste entonces en
cerciorarse de que el funcionario actuante es quien dice ser y cuenta con un oficio
suscrito por el Gerente Regional de la Región del SENIAT de que se trate,
mediante el cual se la autoriza para realizar la fiscalización al contribuyente
respectivo. Ese oficio, de acuerdo con lo previsto en el artículo 178 del COT, debe
identificar al funcionario actuante, al contribuyente o responsable, el tributo que
será objeto de fiscalización, los períodos fiscales a ser revisados, así como
cualquier otra información que permita individualizar las actuaciones fiscales. Si
ese oficio falta, la fiscalización no puede llevarse a cabo y si a pesar de ello el
funcionario intenta ejecutarla, el sujeto fiscalizado debe dejar constancia de lo que
ocurre, preferiblemente a través de un juez. En adición a esto, se puede interponer
contra el funcionario un reclamo con fundamento en los artículos 3 de la Ley
Orgánica de Procedimientos Administrativos y el artículo 6, numeral 2do., de la
Ley Orgánica de la Administración Pública además acudir ante cualquier juez para
que reciba una información de nudo hecho contra el funcionario, de acuerdo con lo
previsto en el artículo 939 del Código de Procedimiento Civil, con miras a exigir a
posteriori la responsabilidad administrativa, civil y penal del mismo.

2.- Siendo la fiscalización un procedimiento administrativo, todo lo que ocurra


dentro del mismo debe constar por escrito. Por esa razón la segunda defensa del
Ciudadano en una fiscalización tributaria consiste en velar porque tanto las
actuaciones del SENIAT como las propias consten por escrito y sean agregadas al
expediente administrativo que ordena abrir el artículo 179 del COT, al cual tendrá
acceso el sujeto fiscalizado en todo momento de acuerdo con los artículos 49 de la
Constitución y 151 del COT.

3.- La fiscalización tributaria es una potestad administrativa y las potestades


administrativas se desarrollan mediante el ejercicio de competencias. Por su parte,
la competencia es la atribución de una facultad que sólo puede provenir de la ley y
ejercerse dentro del marco de la misma. Esto significa que los funcionarios
fiscalizadores sólo pueden hacer aquello que la ley les autoriza de manera
expresa y no lo que según su criterio pueden hacer, todo ello de conformidad con
los artículos 137 y 138 de la Constitución y 4 de la Ley Orgánica de la
Administración Pública.

La lectura conjunta de los artículos 121, 127 y 145 del COT es un poco
desalentadora porque revela que la Administración Tributaria Nacional tiene una
exagerada cantidad de competencias para fiscalizar el cumplimiento de las
obligaciones y deberes tributarios. Pero a la vez, estas normas fijan lo único que
puede hacer la Administración Tributaria en el curso de una fiscalización. La
tercera defensa de un contribuyente o responsable en el curso de una fiscalización
consiste en precisar si el funcionario actuante está facultado legalmente para
hacer lo que pretende hacer y en caso contrario, debe dejarse constancia escrita
de ello.