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Emplazamiento del demandado con domicilio en competencia territorial (Art.

431 del
CPC.)
El emplazamiento del demandado se hará por medio de cédula que se le entregará
en su domicilio real, si allí se encontrara.
El emplazamiento como acto jurídico procesal de comunicación
El emplazamiento es el acto jurídico procesal formal de comunicación que se
viabiliza mediante la notificación, poniendo en conocimiento del demandado
que se ha iniciado un proceso en su contra. A tal efecto se le corre traslado con
la resolución que admite a trámite la demanda, acompañando copia de la
demanda y demás anexos que le sirven de sustento, y concediéndole el plazo
legal respectivo para que comparezca en el proceso, bajo apercibimiento de
las consecuencias jurídicas de su incomparecencia; sin perjuicio de la postura
que asuma frente a las pretensiones postuladas.
Emplazamiento del demandado
El emplazamiento al demandado está sujeto a determinadas formalidades
necesarias que aseguran su eficacia; no se tratan de meros formalismos, sino,
de garantías del derecho de defensa. El Tribunal Constitucional de España así lo
ha reconocido cuando afirma, que el emplazamiento y citación han de ser
realizados por el órgano judicial con todo el cuidado y respeto de las normas
procesales que regulan dichos actos de comunicación, como deber específico
integrado en el de la tutela jurisdiccional, dado que el emplazamiento y, en su
caso, la citación no son un formalismo, sino una garantía para el afectado en el
procedimiento y una carga que corresponde llevar a cabo al órgano judicial,
que forma parte del contenido esencial del derecho a la tutela jurisdiccional
efectiva.
Sobre la forma
El emplazamiento se hará mediante cédula, con el formato establecido por el
art. 158 del CPC. Es de advertir que el art. 155-E de la LOPJ, establece que, sin
perjuicio de la notificación electrónica, debe notificarse solo mediante cédula
la resolución que contenga el emplazamiento de la demanda.
El art. 160 del CPC, dice: “se le entregará”; el emplazamiento debe ser personal,
el demandado recibirá la cédula de notificación de manera directa.
Es factible que el notificador no encuentre al demandado al concurrir a su
domicilio real. Por ello, ante esta imposibilidad de recepción, el legislador ha
previsto la entrega de la cédula a personas distintas; asimismo, la ley procesal
faculta que la cédula sea adherida a la puerta de acceso del domicilio e
inclusive dejada debajo de la puerta (art. 161 del CPC).
En estos supuestos se entiende que el demandado vive en el lugar, sin embargo,
se encuentra momentáneamente ausente al tiempo de practicar la diligencia.
Por lo que, deberá procederse con las formalidades específicas prescritas en el
artículo 161 del CPC. La norma exige al notificador dos intentos de
emplazamiento en manos del destinatario: i) “Si el notificador no encontrara a
la persona a quien va a notificar la resolución que admite la demanda, le dejará
aviso para que espere el día indicado en este con el objeto de notificarlo”; ii) “Si
tampoco se le hallara en la nueva fecha se entregará a persona capaz (...)”.
Si no se pudiera; se deberá cerciorar sobre las características exteriores del
inmueble del demandado, entre otras prácticas jurisdiccionales que puedan
realizarse, que servirán de comprobación que la diligencia ha sido cumplida
con las exigencias impuestas por la ley procesal, y evitar declaraciones de
nulidad, que pudieran ser deducidas como maniobras evasivas o dilatorias.
Sobre el lugar
En lo que respecta al lugar, el texto normativo en comentario se circunscribe al
supuesto que el demandado resida dentro de los límites de la competencia
territorial del juzgado. Y el emplazamiento deberá ser practicado en el domicilio
real Este domicilio es señalado por el demandante (art. 424 inc. 4 del CPC), bajo
responsabilidad (art. 441 del CPC).
El domicilio real es el establecido por el art. 33 del CC: “El domicilio se constituye
por la residencia habitual de la persona en un lugar”. Es donde la persona “vive,
está y se le encuentra normalmente” (Varsi, 2014: p. 749).
En cambio, el domicilio especial, está previsto en el artículo 34 del CC, para
Varsi: “ Es el domicilio indicado, referido y debidamente establecido solo para
ciertos actos, produciendo efectos limitados a dichas relaciones jurídicas” (Varsi,
2014: p. 758). El domicilio convencional o de elección: “Es el que fijan las partes
para sus negocios jurídicos, con inequívoca intención de tenerlo como especial”
(Maurino, 1985: p. 219).
Si bien el texto normativo precisa como lugar del emplazamiento solo el
domicilio real del demandado, nada obsta y es razonable, practicar el
emplazamiento en el domicilio especial fijado por las partes, con mayor razón,
en los supuestos que se ignore el domicilio real del demandado; opción viable
antes de recurrir al emplazamiento por edictos (modalidad empleada como
último recurso).
Por último, hacemos referencia que el domicilio legal, rige para las personas
jurídicas y sociedades. Así por ejemplo configuran los supuestos contenidos en
los artículos 17 y 18 del CPC. En el Derecho comparado, el domicilio legal se
define en el artículo 74, del nuevo Código Civil y Comercial de Argentina, como
“el lugar donde la ley presume, sin admitir prueba en contra, que una persona
reside de manera permanente para el ejercicio de sus derechos y el
cumplimiento de sus obligaciones”.
¿A quién corresponde probar la validez del emplazamiento?
Respecto de la validez del emplazamiento, “debe estarse en favor del
demandado [principio in dnbio pro demandado], toda vez que sobre él pesa la
carga procesal de contestar la demanda, la posible consecuencia de la
rebeldía y la eventualidad de que el juzgador haga uso de la presunción relativa
de verdad y, en base a ello, juzgue anticipadamente el proceso” (Morales
Godo, 2005: p. 282).
Igualmente, el Tribunal Constitucional, ha expresado sustancialmente que el
onnsprobandi recae sobre quien afirma haber realizado las notificaciones: “La
carga de la prueba respecto a la notificación de las resoluciones del
procedimiento coactivo corresponde, en el presente caso, a la administración
demandada. Resultaría un contrasentido exigir a la recurrente que pruebe que
no fue notificada de dichas resoluciones. Por el contrario, si se trata de
establecer el que tales notificaciones hayan tenido lugar o no, la prueba solo
puede proceder de la demandada, sobre todo si ha afirmado que se han
realizado tales notificaciones. En consecuencia, el onns probandi recae sobre
la demandada. (...) En consecuencia, de autos resulta que no se ha notificado
a la recurrente de las resoluciones del procedimiento coactivo, omisión que
lesiona su derecho a un debido proceso, al no haber precedido un
procedimiento de cuya existencia estuviese la recurrente debidamente
enterada, y lesiona su derecho de defensa, debido a que la ausencia de
notificación de las resoluciones del procedimiento coactivo le han ocasionado
un estado de indefensión, contrario a sus intereses” (STC Exp. N° 8865-2006-
PA/TC).
Emplazamiento del demandado domiciliado fuera de la competencia territorial del
Juzgado. (Art. 432 del CPC)
Cuando el demandado no se encontrara en el lugar donde se le demanda, el
emplazamiento se hará por medio de exhorto a la autoridad judicial de la localidad
en que se halle.
En este caso, el plazo para contestar la demanda se aumentará con arreglo al
Cuadro de Distancias que al efecto elaborará el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial.
Por regla general, los actos procesales se realizan dentro de la competencia territorial
del juez que conoce el proceso; no obstante, hay excepciones. Precisamente, puede
darse el caso que el demandado domicilie en lugar distinto de la sede judicial donde se
le demanda. Si esta fuera la situación, surge la necesidad de solicitar auxilio a otras
autoridades judiciales para diligenciar el emplazamiento del demandado. Ante esta
circunstancia la ley procesal prevé que el emplazamiento se practique mediante exhorto.
Con tal propósito, se recurre al auxilio entre autoridades jurisdiccionales, configurándose
la delegación de competencia.
Lugar del emplazamiento
El supuesto previsto en el presente artículo no se configura por el hecho de no encontrar
al demandado en el lugar donde se le demanda; como de manera poco precisa señala
el texto normativo (induce a entender una ausencia temporal del demandado). Cuestión
distinta es que el destinatario tenga domicilio constituido y conocido fuera de los límites
de la competencia territorial del juzgado, dentro del ámbito nacional; de ahí que el
demandado no es encontrado en el lugar donde se le demanda.
Es válida esta observación, si tenemos en cuenta que el art. 156, última parte, de la
LOPJ, dispone que: “En ningún caso puede librarse exhorto a juez que radica en la misma
localidad”. En concordancia, el art. 151, primera parte, del CPC señala que: “Cuando una
actuación judicial debe practicarse fuera de la competencia territorial del juez del
proceso, este encargará su cumplimiento al que corresponda, mediante exhorto”.
Forma de la comunicación procesal
En el primer párrafo del art. 432 del CPC: “Cuando el demandado no se encontrara en el
lugar donde se le demanda, el emplazamiento se hará por medio de exhorto a la
autoridad judicial de la localidad en que se halle”. En su significado forense el verbo
“exhortar”, entraña una petición de ayuda judicial. Esta idea alude a la comunicación
que dirige un juez a otro para rogarle su ayuda judicial en el desempeño de una diligencia
de notificación.
La petición de auxilio o colaboración en el ámbito nacional se dirige entre autoridades
jurisdiccionales de igual o de inferior jerarquía. Así, se desprende del art. 156, primera
parte, de la LOPJ. “Los jueces encomiendan a otro igual o de inferior jerarquía que,
resida en distinto lugar, las diligencias que no puedan practicar personalmente”.
En esta dirección, el art. 158 de la LOPJ señala que el exhorto se “concluye mandando
o rogando”. Es súplica o ruego; si la petición se dirige de una autoridad jurisdiccional a
otra de igual jerarquía.
Es mandato; si la petición va dirigida a una autoridad jurisdiccional de inferior jerarquía.
Verificada las formalidades, el juez exhortado o comisionado debe dar cumplimiento (por
mandato emanado de la ley procesal y/o del superior jerárquico) a la diligencia
encomendada, sujeto al tenor de la comisión (art. 161 de la LOPJ). Con tal propósito, el
juez comisionado está autorizado para ordenar todas las medidas conducentes al
efectivo cumplimiento de la comisión (art. 160 de la LOPJ) así como para conocer y
resolver las incidencias que se suscitan respecto al exhorto (art. 162 de la LOPJ);
consonante con el art. 151 del CPC que otorga al juez exhortado atribución para aplicar,
de oficio, los apremios que permite el Código.
Es importante anotar que si bien el juez exhortado debe ceñirse al tenor de la comisión,
ello no implica pasividad del juzgador. Por ello, no encontramos razones para restar las
facultades discrecionales implícitas del juez para desplegar, a medida de las necesidades
concurrentes en cada caso concreto, la actividad jurisdiccional que conduzca a la
satisfacción del emplazamiento válido.
Cómputo del plazo para contestar la demanda
El segundo párrafo del artículo comentado establece que: “el plazo para contestar la
demanda se aumentará con arreglo al cuadro de distancias que al efecto elaborará el
Consejo Ejecutivo del Poder Judicial” Nótese que el texto normativo recurre al vocablo
“plazo”. Por lo que, conviene distinguir entre “plazo” y “término”.
La diferencia entre ambos es que, el plazo encierra un período de tiempo (días, meses
años, inclusive horas y minutos), a todo lo largo del cual, desde el dies a quo, hasta el
diez ad quem (momento inicial y final), se puede realizar válidamente la actividad
procesal correspondiente. El término, en cambio, significa tan solo el punto de tiempo
para el comienzo de un determinado acto. Se entiende luego que el vocablo términos,
en plural, quedaría enmarcado, como entre paréntesis, por dos términos (Alcalá-Zamora y
Castillo, 1972: p. 182).
El Consejo Ejecutivo del Poder Judicial revisa, cuando menos cada cinco años, el cuadro
de distancias (décimo tercera disposición final del CPC).
El Cuadro General de Términos de la Distancia, vigente a la fecha, fue aprobado
mediante Resolución Administrativa N° 288-2015-CE-PJ, del 16 de noviembre de 2015,
publicada en el diario oficial El Peruano el 17 del mismo mes y año; el cual contiene
reglas para la aplicación del referido cuadro. Ej., el artículo 6 inciso 2, que estipula: “Los
plazos procesales establecidos en la ley se anteponen a los plazos del término de la
distancia”; y el artículo 7 que precisa que: “Al cómputo de los plazos establecidos para
la realización de un acto procesal determinado se debe adicionar el plazo
correspondiente al término de la distancia previsto entre el lugar del domicilio de la
persona y el lugar en donde se encuentre el órgano jurisdiccional en donde se debe
desarrollar tal acto. Dicho término de la distancia corresponderá al previsto en el Cuadro
General de Términos de la Distancia, que se encuentra en la presente norma como Anexo
01 y su cómputo se efectuará en días calendarios. Si al vencimiento del plazo de término
de la distancia se cumple en un día inhábil el plazo se corre al día siguiente hábil”.
Ello presupone distinguir entre plazos ordinarios y extraordinarios.
Son plazos ordinarios; los que se fijan sobre la base que la persona citada tenga su
domicilio dentro de la circunscripción judicial correspondiente al órgano actuante o de
que el acto respectivo deba ejecutarse dentro de dicha circunscripción.
Son plazos extraordinarios; aquellos que se conceden atendiendo a la circunstancia que
dicho domicilio o el lugar de ejecución del acto se encuentren fuera de la circunscripción
judicial inclusive fuera del país.
Emplazamiento fuera del país (Art. 433 del CPC.)
Si el demandado se halla fuera del país, será emplazado mediante exhorto librado a
las autoridades nacionales del lugar más cercano donde domicilie.
En esta disposición normativa, el demandado que reside fuera del país, circunstancia esta que
impone el emplazamiento al demandado fuera del territorio nacional, por lo que debe recurrirse
al auxilio o colaboración jurisdiccional internacional.
La figura del auxilio jurisdiccional debe entenderse como el “conjunto de deberes y derechos por
los que se exige y se presta la actividad necesaria, para la consecución de una finalidad procesal
reconocida por la ley” (Guasp; Aragoneses, 2005: p. 111). Por cierto, debe tenerse presente que
“los Estados no están obligados a prestar tal ayuda, salvo que estén vinculados a un tratado o
convenio sobre la materia que les exige dar cumplimiento a lo acordado; si lo hacen, es en virtud
del principio de reciprocidad” (Arrióla Espino, 2007: p. 109).
Forma de la comunicación procesal
Aquí se trata de no limitar el derecho de defensa, sino brindar al demandado que resida en el
exterior la oportunidad de intervenir en el proceso; de ahí la necesidad que el acto jurídico procesal
del emplazamiento deba efectivizarse mediante exhortas o cartas rogatorias internacionales, como
medio exigido de comunicación externa de auxilio o colaboración jurisdiccional.
Este auxilio jurisdiccional consiste en que los jueces del proceso solicitan a otros jueces que les
ayuden en su tramitación. El juez solicitante se denomina “exhortante”, el juez solicitado se
apellida “exhortado”, y la solicitud se llama “el exhorto”. El exhorto se resuelve por el juez de la
causa; y por esta razón el auxilio judicial constituye siempre el cumplimiento de una resolución
con este mismo fin. El auxilio judicial se puede prestar entre jueces del mismo país, y entre jueces
de países diversos. En este último supuesto se habla de “auxilio judicial internacional”
(Goldschmidt, 1990: p. 472-473).
Regulación del auxilio jurisdiccional internacional
La regulación del auxilio jurisdiccional internacional está contenida en el artículo 168 de la LOPJ,
el cual señala que: “Cuando se comisione a un juez extranjero para la práctica de una diligencia
judicial, se envía exhorto legalizado, utilizando el conducto establecido en el respectivo Tratado,
y a falta de este por el Ministerio de Relaciones Exteriores, invocando la recíproca conveniencia
de celeridad procesal. / Cuando los exhortos se libren a cónsules y agentes diplomáticos del Perú
en el extranjero, se remiten por conducto de Relaciones Exteriores”.
En concordancia, el artículo 162, última parte del CPC, dispone: “Si la parte a notificar se halla
fuera del país, la notificación se realiza mediante exhorto, el cual se tramita por intermedio de los
órganos jurisdiccionales del país en que reside o por el representante diplomático o consular del
Perú en este”.
De las disposiciones normativas y las circunstancias que en ellas concurren, estas, deben de
relacionarse con las reglas contenidas en los convenios y tratados internacionales. Y es que, la
regulación en este caso especial de asistencia jurisdiccional internacional, verdaderamente “lo
proporcionan los tratados y convenios internacionales y, en su defecto, el principio de
reciprocidad, teniendo en cuenta lo establecido en las disposiciones internas” (Guasp;
Aragoneses, 2005: p. 112).
Desde luego, es imprescindible prestar atención a los requisitos establecidos en los tratados o
convenios de los que formamos parte, a efectos de que las autoridades competentes procedan a
diligenciar el exhorto internacional. Si ello no es así, existe el riesgo de que el exhorto sea
observado y devuelto al Estado requirente sin diligenciar, con la consiguiente dilación innecesaria
del trámite en perjuicio de los intereses de las partes.
Lugar del emplazamiento
El exhorto será librado a las autoridades nacionales del lugar más cercano donde domicilie el
demandado.
Plazo para contestar la demanda
En lo que corresponde al plazo para contestar la demanda, importa determinar previamente la
legislación que resulta aplicable al ámbito de la tramitación de los exhortes internacionales o
cartas rogatorias. Con tal propósito, de acuerdo con la explicación de Arrióla Espino: “Cabe
recordar que es la lex fori o ley del tribunal que conoce el litigio, la que rige la ordenación del
mismo. Tratándose del cumplimiento de actos procesales en el exterior por parte del Estado
requerido, debemos preguntamos qué ley es la aplicable al diligenciamiento de los mismos; al
respecto, la doctrina y el Derecho comparado coinciden que en estricto no se aplica la lex fori en
los supuestos de asistencia judicial internacional, se aplica -entonces- la ley del Estado en donde
se ejecuta el acto, con algunas salvedades como la del plazo que se otorga al demandado para que
conteste la demanda (emplazamiento), el mismo que sí está sujeto a ley del Estado requirente.
Al respecto, los tratados de los que el Estado peruano forma parte admiten lo expuesto. El artículo
11 del Tratado de Derecho Procesal Internacional - Montevideo 1889, así como el artículo 391
del Código Bustamante y el artículo 10 de la Convención Interamericana sobre exhortes o cartas
rogatorias – Panamá 1975, advierten que el exhorto internacional se diligencia conforme a las
leyes del Estado requerido; sin embargo, precisan estos dos últimos tratados que el objeto o fondo
de la carta rogatoria debe sujetarse a la ley del Estado comitente o requirente, la Convención
Interamericana menciona en su artículo 8b que los plazos para actuar por parte de la persona
notificada y las advertencias que entrañaría su inactividad están a lo dispuesto por parte del Estado
requirente.
La Convención Interamericana sobre recepción de pruebas en el extranjero -Panamá 1975,
también considera en su artículo 5 que las cartas rogatorias en que se soliciten recepción u
obtención de pruebas se cumplirán de acuerdo con las leyes del Estado requerido, comprendiendo
inclusive los medios de apremio que prevén. Mientras que la Convención Interamericana sobre
ejecución de medidas preventivas - Montevideo 1979, considera que la ejecución de la medida,
la contracautela, variación de la medida y las sanciones por petición maliciosa, se sujetan a la ley
del Estado de ejecución; por supuesto, la declaración de procedencia de la medida será conforme
a las leyes del lugar del proceso o del Estado requirente” (Arrióla Espino, 2007: p. 111).
En línea con tal premisa, como ya se ha tenido ocasión de observar, por Resolución
Administrativa N° 288-2015-CE-PJ, publicada en el diario oficial El Peruano del 17 de
noviembre de 2015, se resolvió aprobar el nuevo Cuadro General de Términos de la Distancia,
que como anexo forma parte de dicha resolución, y en cuya última parte se encuentra el “Cuadro
de Términos de la Distancia Internacional”. Las reglas estipuladas en el cuadro determinan los
parámetros para efectuar el cómputo del plazo, estableciéndose que para los términos de la
distancia internacionales el cómputo es por vía aérea.