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LA ADOLESCENCIA COMO FETICHE. UN SENTIMIENTO DE LO INVIVIBLE. Ps. Fabiana Bertin — Ps. Néstor Aliani El Ideal y el adolescente o el adolescente “ideal”? “No tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro pals si la juventud de hoy toma el poder mafiana, porque esa juventud es insoportabie, desenfrenada, simplemente horrible”. Hesfodo 720 ac. La raiz gramatical de la palabra adolescencia refiere que se trata de ‘ir creciendo”, el adolescente “va creciendo”, cambia. Sin embargo hasta no hace mucho tiempo no era el Unico que cambiaba. El adulto también cambiaba, y esta transformacién consistia en una actitud de reclamo respecto de ese que alguna vez fue para él, un nifio ideal. De ser: el nifio adorado de los papas, "su majestad el bebe", el adolescente pasaba a transformarse un “extrafio mutante” en vias de alcanzar un ideal. Alguien a quien todos observaban con desconfianza. Los adultos comenzaban a mirarlos diferente y los escuchdbamos decir que los adolescentes eran insoportables, que estaban abulicos, apaticos, desinteresados, desmotivados, irrespetuosos, indiferentes, distraidos', que no tenian limites, que estaban en otra, que todo les daba lo mismo y que no tenfan valores. Algo paradéjico se enunciaba en el discurso del adulto. Se decia: “jes un adolescente!” y a la par se enumera todo no podia y todo fo que debia. Las mismas réplicas adultas que nombran al adolescente como “menor” o “inmaduro”, minutos después le exigian ser adulto y responsable. Ese nifio no nifio, ese adulto no adiilfo, era el adolescente. Se escuchaba decir: La juventud esta perdida... y pareciera que junto con este mensaje se transmitia una “buena” forma de pasar por !a juventud que se ” Antelo, E. Abramoski, Ana (2000): “El ronegar en la escuela”, Homosapiens. Rosario. admiramos al ver que el nuevo objetivo es: para estar ahi, para hacer eso, para ser eso. Los adultos plagian a los adolescentes, quieren tomar su lugar y permanecer indefinidamente puberes. Si perder el caracter infantil implica dejar atras la condicién de indefenso, separarse de los modelos que inicialmente sirvieron de anclaje a las primeras. identificaciones y promover modelos nuevos; la adolescencia es, sin lugar a dudas, el periodo designado para esto. Sin embargo, esto no sucederd sin que se haga presente que existe diferencia generacional. En este sentido podriamos decir que asi como el adolescente debe ocupar una posicién frente a la crisis en sus modelos id ‘sin un adulto que ya haya transitado su propia crisis. EI sitio de la mirada adulta debera entonces cuestionar su propia imposibilidad, la imposibilidad de un cierre que ajuste las generaciones como si fuesen lo mismo, y se topara con la hendidura propia del cambio que supone el traspaso de una generaci6n a otra. Poder soportar la Incertidumbre y Io incierto del devenir, permite trabajar sobre lo que se transmite y lo que se hereda, sin desentendemos de que como adultos formamos parte de lo que la adolescencia es 0 puede ser. Siguiendo la idea, podriamos aseverar entonces que como adultos estamos obligados a poner a disposicién, como deciamos antes “la imposibilidad del cierre”, de sutura, en sintesis, la falla o la falta. Raz6n que nos lleva a pensar nuevamente en nuestra forma de mirar. 2Esta mirada propicia o habilita al adolescente a significar !os cambios a los que la “vida” los enfrenta? ¢Permite simbolizar la sexualidad y la muerte? gQué sucede cuando el adulto reniega su falta? ~Qué ocurre cuando los adultos miran con envidia al adolescente? ZY cuando nadie quiere envejecer, cuando nadie se arruga, cuando madurez ya no es mas sindnimo de posibilidades y sabiduria, sino puro detritus? Transmisi6n y funcién paterna “Cada uno de nosotros es, de algtin modo, todos los hombres que han muerto antes. No sélo ius de nuestra sangre.” J. L. Borges. habria perdido para siempre con la generacién pasada. Se inferia que los jovenes de antes si sabian disfrutar y ser felices, y que los de ahora, malgastaban su vida. Por suerte, esto en algtin momento acabaria se colocarfan los pantalones largos y sentarian cabeza. Ustedes deben haber reparado que hasta el momento todas las frases estan escritas en pasado. Esto se debe a que creemos que hasta hace poco este era el formato clasico de reparar en el adolescente, como carente y en proceso de adquirir un ideal; pero en los ultimos afios nos parece percibir que la mirada ha cambiado. El adulto, mira hoy de una manera singular la adolescencia. Tan singular y nueva es esta forma, que deja al adolescente en un lugar que asimilaremos al de fetiche. Eduardo Gruner en su texto “El sitio de la mirada’, nos dice que hay una politica de la mirada sosteniendo que asi como Althusser afirmaba que no hay lecturas inocentes, tampoco hay formas “puras” de mirar. El sefiala que “...para poder situamos en una posicién sartreana, es necesario empezar por confesar de qué maneras de mirar somos culpables”. EI remedio que disefiamos para responsabilizamos se llama: desconfianza. Cuando todos estamos de acuerdo tan répidamente en el nombre de lo que esta mal, deberiamos desconfiar. Pero y si todo esta demasiado bien también deberiamos desconfiar? De qué “mirada” somos responsables? Podemos pensar que se adscribe a una mirada similar por parte de los adultos cuando de ver a los adolescentes se trata? ZEsta mirada es nueva, 0 es un mal tan viejo como afios tiene la diferencia generacional? Obviamente los siglos cambian, las culturas cambian y glas miradas, también cambian? Desconfiemos... Desconfiar entonces implica reparar en la mirada adulta, en el lugar en que esta se posiciona, juzga y sanciona. Sujetos a la evaluacién adulta los jévenes deberfan dar cuenta de dénde estan, qué hacen, cémo lo hacen y para qué. Antiguamente este control operaba bajo el precepto de que podrian elegir mal o desviarse y el adulto debia oficiar de tutor; pero ahora, en esta tltima década, ‘es adultos necesitan saber para otro fin. Increfhlemente nos ? Gruner, Eduardo (2001): “El sitio de la mirada, Secretos de la imagen y silencios del arte”. Ed. Norma. Freud trabaja que si los procesos psiquicos de una generacién no prosiguieran desarrollandose en la siguiente, cada una de ellas se veria obligada a comenzar desde un principio el aprendizaje de la vida, y esto excluiria toda posibilidad de progreso. En relacién con este ‘particular, Freud toma las palabras del poeta Goethe: «Aquello que has heredado de tus padres, conquistaio para poseerlo.» Bajo la forma de costumbres, ceremonias y prescripciones es como las generaciones ulteriores han conseguido asimilar la herencia afectiva de las que las precedieron. Los cédigos culturales tramitan estabilidades y regulaciones; pero, en la perspectiva hist6rica hay que poder leer que los cédigos nuevos se construyen con las ruinas de los antiguos; y lo que es malentendido, ganancia y pérdida, donaci6n e historia, incrementa una herencia®. El hombre reacciona frente a aquello que recibe, asimila la herencia afectiva de aquellos que lo precedieron pero no como receptor, sino como un heredero. En este punto no habria transmisién compacta o tofal sino por el contrario pura alteridad. El azo filiatorio pone en juego las relaciones del sujeto a la alteridad. Este lazo es paradojal al mismo tiempo que liga - desliga, genera continuidad—iigadura y discontinuidad—desligadura. En este punto es inherente al azo filiatorio la transmisién de la falla, Lo que s« transmite es el acto mismo de transmitir, la continuidad entre generaciones no depende de los contenidos, sino de la posibilidad de pasar algo de una generacién a otra, y este pase no se refiere a otra cosa que a la discontinuidad misma. Lo que se pasa de una generacién a otra, lo que se transmite, es la marca de la castracién; la cual ubica al sujeto como sexuado y mortal dentro de la especie. instituirse en la humanidad implica para el sujeto introducirse en la divisién poniendo en escena algo del orden de lo que falta. Este perfodo acta entonces como espacio para el armado de un lazo que oficie de relevo del lazo familiar interdicto por el incesto. Retomemos la pregunta que nos quedé abierta Qué habilita hoy la mirada adulta? La adolescencia fatiche *Kaes, René (1999): Transmisién de la vida psiquica entre generaciones”. Amorrortu. Bs.As. Una manera de mirar de la que nos podriamos hacer responsables es de esa mirada envidiosa, si, esa que se ve necesitada de cintas rojas para preservar al que es objeto de la misma. Se dice que el envidioso quiere lo que otro posee, alguien “goza” en lugar de 6. Mirada neurdtica si las hay, pero 4no era estaa mirada que el nifio jugaba para con eLadulte?-Hegar a ser grande-para- tener una mujer como la de pap, un auto como él, un trabajo, plata, casa, poder de decisién, autonomia o libertad de no tener nada de esto. Sin embargo ahora la mirada de anhelo, de deseo, mira hacia atras. No se trata de crecer, hay que evitar hacerlo. La mirada adulta “fetichiza” a la adolescencia y con ella al adolescente cuando detiene el proceso que permitiria la inscripcién del limite y la posibilidad de ir hacia delante, de crecer. “En la instauracién del fetiche parece serio, mas bien, la suspensién de un proceso, semejante a la detencién del recuerdo en la amnesia traumatica también en aquella se detiene como a mitad de camino; acaso se retenga como fetiche la Ultima impresién anterior a fa traumética, la ominosa (unheimlich)".* El adulto detiene el proceso de subjetivacién de la castracién cuando objetaliza ala adolescencia. Su mirada ha constituido como traumatico el encuentro con algtin signo de su propia decrepitud y hace un acting con posturas tales como: Yo quiero eso que vos tenés. Yo uso tu ropa, escucho tu musica, miro tus programas de tv, chateo como vos y después del divorcio tengo sexo con una chica de casi tu misma edad. Me estiro, me aprieto, me liposucciono. Y es mas, te ordeno que goces de “eso que tenés”. El adolescente impavido ante esta escena se cree activo pero esta actividad es falsa ya que la posicién que encama el fetiche es pasiva, se asume una posicién de objeto instrumento de una voluntad de goce. Cuando el adolescente se anoticia de esto, una forma neurdtica de resolverlo podria ser entrar en una actividad compulsiva para impedir que este augurio se cumpla. Es alli, que nos encontramos con las infinitas formas patolégicas de los consumos. 4Podriamos pensar que a veces estas aparecen como respuesta neurotica {y no perversa) ante el horror unyustioso de poder colmar al Otro? El adolescente cuando es fijado por la mirada adulta en ese lugar pasivo de objeto experimenta algo intolerable. Zizek, nos alerta acerca de cémo la demostraci6n abierta de esta actitud pasiva de “gozarlo” priva al sujeto de su dignidad, la escena de él mismo soportando pasivamente, lo reduce a componer la posicién del idiota, un observador de nada. Se constituye un simuiacro de fijacién de ios actores en una absoluta semejanza que anula !a barrera generacional. En la fetichizacién se deniegan las marcas de la diferencia sexual, nifio-adulto, madre-hija, joven-viejo, mortal-inmortal, etc. En este cinismo de objetalizar la adolescencia no se constituye una demanda de amor, no se espera nada del otro amorosamente. Tal vez sea por esto, que las masas entran en un estado ciclotimico cuando ante la caida de la escena fetichista la demanda de amor no tiene otra forma de expresarse mas que en el sentimiento de angustia. Ser “joven”, es el objeto que encama un plus de goce que fascina mas al adulto que al adolescente. Por suerte muchos adolescentes no se fascinan; no se sienten ni tan bellos, ni tan lisos, ni tan delgados, ni tan afortunados, la escena es invivible no se pueden quedar ahi. Este tiempo que antes ponia a jugar una promesa, hoy esta lleno de objetos de consumo que carecen de todo valor de don. Sin embargo, el ingenio popular no descansa y cuando los adultos cad: vez mas pretenden ser adolescentes, el sentimiento de lo invivible se hace presente, la adolesvencia se les escapa por algtin pequefio agujero. Los adolescentes promueven formas nuevas de “pasar” la adolescencia y ponen en evidencia !a apariencia grotesca del adulto que intenta no crecer. El adolescente hace, “agujero”, -sin saber que lo hace-, con un pearcing tal vez y “falta” al adulto, generando alguna movida cultural que ellos no comprenden como hacerse flogers o emos. Desde Hesiodo hasta no hace mucho tiempo atras, la mirada critica sobre la juventud pretendia mostrar que la madurez era un solar a alcanzar y que el ideal prometia un futuro de autonomia (con sus avatares y sus complejidades — como para no caer en una mirada nostélgica-). Hoy, a los adolescentes ya no ‘se les promete nada, /o tienen todo aqui y ahora, el adulto duda si tiene algo “Freud, Sigmund (1927): “El fetichismo”. Tomo XXI. Amorrortu, para ofrecer, fetichiza la adolescencia y esto no hace mas que aumentar el malestar en nuestra cultura.