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El Templo Cristiano Ortodoxo

El Templo Cristiano y sus Características


“Voy a entrar en tu casa en la grandeza de tu misericordia: y con temor me postraré ante
tu Santo templo…” (Oración al ingresar en el templo)

1. Introducción

La Iglesia como expresión es utilizada para referirse a la comunidad de los creyentes en el


Señor Jesucristo. En cuanto a la expresión, el templo, se utiliza para referirse a la casa de
Dios. El templo como tal, se divide en partes que tienen un diferente rol, la arquitectura como
tal, tiene un rol pedagógico. Los tres lugares básicos son el atrio, la nave y el Altar Sagrado.
La estructura siempre apuntando hacia el este, porque el Señor ascendió al Monte de los
Olivos que está ubicado al Este de Jerusalén, y en el libro del Apocalipsis nos dice el
evangelista Juan, “Y vi otro {ngel que subía del nacimiento del sol, teniendo el sello del Dios
vivo” (Apocalipsis 7:2). Refiriéndose al Señor mismo, a Cristo quien es la luz, y luz que
emerge desde el oriente a la que nosotros esperamos.
El templo es un edificio de piedra diseñado de acuerdo con un patrón geométrico específico
que va cambiando y evolucionando en el tiempo, como veremos más adelante. Una casa para
la oración de los fieles para dar gracias y alabar al Señor y estar en comunión con los
hermanos. Una construcción que tiene su función en la comunidad y que instruye a todo aquel
que ingresa en ella. La Estructura tiene un significado simbólico que recuerda a la gente la
presencia de Dios en el centro, la estructura es donde la mayoría honra y es aceptado, y todo
se ha completado con la encarnación de Cristo, porque "la palabra se hizo carne y habitó
entre nosotros"(Juan 1:14) y permanece junto a nosotros y los santificamos en las
celebraciones dentro del templo. Sobre este tema nos dice San Germanos Patriarca de
Constantinopla: "La Iglesia es el templo de Dios, es una casa de oración, lugar de reunión
de los creyentes, llamados a la novia de Cristo, el cielo en la tierra donde Dios habita y
cohabita, y es aquí donde se representan los eventos de la vida de Cristo, la muerte, sepultura
y resurrección." Haciendo alusión a las celebraciones que se realizan en el templo cristiano.
A decir de San Juan de Kronstadt "La Casa de Dios es el cielo en la tierra porque donde
está el trono de Dios y la reverencia por los secretos divinos, participa lo celestial con lo
terrenal, no es ni siquiera el cielo es el cielo de los cielos." Es así que reunidos en el templo
se nos presenta el rostro del Señor y a través de nuestra participación en los servicios es que
podemos llegar a la meta que es la participación plena en la eucaristía.

2. El Simbolismo del templo y su función en la vida litúrgica


En la Iglesia, el simbolismo juega un rol fundamental porque la Iglesia toda vive en dos
planos, tanto material como espiritual. Lo que corresponde a lo material es directamente
accesible, pero lo que es espiritual está indicado a través de los símbolos.
Sin embargo, el simbolismo en la Iglesia no puede entenderse de manera efectiva, si se lo
observa separado de la Liturgia, porque se trata de un simbolismo litúrgico y es a través de
la liturgia que los Santos Padres lo explicaron. Separado de los servicios divinos, el
simbolismo pierde su significado y se transforma en una serie de abstracciones estériles.
La palabra “Iglesia” además designa al Cuerpo de Cristo, Su Reino, constituido por la
comunión de los fieles, y el lugar de culto.
En las oraciones de consagración de un templo, se la llama “la Casa comparable con los
cielos” y “la imagen de la Casa de Dios.” En consecuencia, un templo es una imagen (un
ícono) de la Iglesia, un ícono del Cuerpo de Cristo. El templo expresa en símbolos aquello
que no puede ser formulado directamente porque ni las palabras, ni las imágenes, pueden
representar a la Iglesia Una, Santa Católica y Apostólica, el objeto de nuestra fe pero invisible
en su plenitud.
El fundamento de la vida cristiana siempre ha sido el mismo: el nacimiento a una nueva vida
y la unión íntima con Dios que esencialmente tiene su cumplimiento en el sacramento de la
Eucaristía. Una iglesia, como lugar donde se realiza este sacramento, debe ser distinta a otros
lugares y edificios. Es característico que, entre los primeros cristianos, la designación más
frecuentemente utilizada para el templo fuese “la casa del Señor.” Este nombre en sí mismo
ya subraya la diferencia entre una Iglesia (templo) y otro edificio cualquiera.

El templo cristiano está


conectado con el patrimonio
del Antiguo Testamento. El
Tabernáculo en el Antiguo
Testamento, construido
conforme a la imagen
mostrada a Moisés en el
Monte Sinaí, es una
prefiguración de las iglesias
del Nuevo Testamento. Dios
mismo indicó cómo debía ser
su esquema y disposición,
hasta en los más mínimos
detalles. La historia de la
Iglesia nos muestra que los
primeros cristianos no
rompieron directamente con el pasado. Por el contrario, ellos se consideraban a sí mismos
como los herederos directos del Antiguo Testamento. Ellos eran el nuevo Israel, el
cumplimiento de todas las profecías.
Por eso los Apóstoles y los primeros cristianos, en principio, iban a las sinagogas y al Templo
en Jerusalén para participar en el culto judío. Es sólo después que les fuera prohibido el
acceso a esos lugares, cuando comienzan a construir santuarios cristianos y lugares de culto.
Pero lo hacen, manteniendo la estructura del tabernáculo y del Templo de Jerusalén,
otorgándole un verdadero significado tal como se expresa en el Nuevo Testamento.
A pesar de la existencia de estas iglesias, ni los Padres de los primeros siglos, tampoco los
escritores cristianos en general, describen el significado de la liturgia en relación con el
simbolismo del templo. No obstante, existen algunas evidencias antiguas que muestran cómo
el cristianismo primitivo entendía y vivía su lugar de culto. De acuerdo a la Didascalia y a
las Reglas Apostólicas, un templo debía recordarle al cristiano una barca y además, tendría
que tener tres puertas para evocar a la Santísima Trinidad.
Sabemos que los Santos Padres frecuentemente usaban la imagen de una barca,
especialmente del Arca de Noé, para simbolizar a la Iglesia. Por lo tanto, siendo el arca de
Noé una prefiguración de la Iglesia, de la misma manera que aquella arca fue un refugio
durante el diluvio, la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo a través de las corrientes de la vida,
es un refugio de salvación para los cristianos.
Recién a partir del siglo IV los autores cristianos comienzan a explicar el simbolismo del
templo con más detalles. Esto se puede deber a dos razones. Primero, luego de la
promulgación del Edicto de Milán, otorgando la libertad de culto, comienza, como hemos
visto, una construcción masiva de Iglesia en varias zonas del imperio. Y en consecuencia,
muchos nuevos convertidos al cristianismo necesitaban una enseñanza de la fe. La segunda
razón es quizás porque en el siglo IV, el culto cristiano toma una forma más determinada y
precisa. Las liturgias de San Basilio el grande y San Juan Crisóstomo son fechadas en esa
época.
En una homilía pronunciada en ocasión de la consagración de un templo en Tiro, a comienzos
del siglo IV, Eusebio ya dedica un pasaje bastante detallado al simbolismo del edificio. Sin
embargo Eusebio no se limita a comentar acerca del templo como un todo, sino que también
provee una explicación detallada de cada una de sus partes: el santuario, separado por una
barrera, la nave y el nartex.
Es en los siglos VII y VIII cuando el simbolismo de la Iglesia adquiere una expresión teórica
más completa. Este es el tiempo de la más vigorosa y productiva creatividad litúrgica. Es la
era de los más grandes y piadosos himnógrafos como San Andrés de Creta, San Cosme y San
Juan Damasceno.
San Máximo el confesor (580 – 662) y San Sofronio (560 – 638) ven en la Iglesia la imagen
del mundo espiritual y del mundo visible, la imagen de aquello que se percibe espiritualmente
y de aquello que se experimenta con los sentidos.
San Germanos de Constantinopla (634 – 733) habla en igual términos de la Iglesia como el
Cuerpo de Cristo y del templo como el lugar de culto, poniendo énfasis en que lo segundo es
una imagen de lo primero. Afirma que la Iglesia es el cielo en la Tierra, donde habita Dios,
siendo más alto que los cielos.

3. La historia de la Arquitectura eclesiástica:


En lo que respecta a la arquitectura de la Iglesia, debemos tener bien en claro que, existen
ruinas y restos de construcciones desde los seis primeros siglos del "cristianismo primitivo".
También muchas de estas construcciones se realizaron durante el periodo bizantino, es decir
desde tiempos del emperador Justiniano hasta la caída de Constantinopla, (395 – 1453). Es
así que todo lo que se consideró como "arte de la Iglesia" fue recogido y trasladado a
Constantinopla y lo conocemos como arte bizantino. Posteriormente éste arte eclesiástico
utilizado en la construcción y decoración de los templos para la celebración del culto, fue
evolucionando, en sus formas y estilos, ayudando a la educación de las comunidades
cristianas a través de sus partes, simbologías y significados.
Algunos autores dicen que el arte en los templos cristianos proviene o fue influenciado por
los paganos. Pero en realidad las fuentes del Arte de la Iglesia fueron en primer lugar la Biblia
y posteriormente los Santos Padres de la Iglesia y sus escritos, como así también el
Synaxarion de los Mártires, etc.
Es muy beneficioso el estudio de las ruinas de los templos bizantinos, nos ayuda a aprender
cómo se ha desarrollado el Culto y el dogma de las primeras comunidades. A través de las
ruinas de los templos y sus formas, podemos comprender cómo los fieles vivieron en su
época, y expresaron su fe. El estudio de las ruinas prueba la unidad entre la primera Iglesia y
la iglesia de hoy. También prueba la preservación de la fe ortodoxa.
Es importante saber que Antioquia fue el primer centro de arte cristiano y luego se convirtió
en el centro Constantinopla. Constantinopla tomó el arte de Antioquia y eligió entre los
aspectos más importantes y necesarios del mismo. Por ejemplo, la construcción de la
“cúpula” vino del arte asirio y fue tomada por Constantinopla. Han adoptado algunas cosas
-las cosas hermosas- y hay otras cosas que no han adoptado. También todo lo que apareció
en Roma en épocas posteriores, era originario de Oriente. Roma los asimilo y lo desarrollo.

4. Las diversas construcciones de los primeros siglos:


Hay muchas diferencias entre los templos cristianos y los templos de adoración antes del
cristianismo. En primer lugar debemos mencionar el templo de Salomón, nadie entraba en el
templo, excepto el sumo sacerdote. La gente se reunía y ofrecía oraciones en la "saahaat”
(plaza). Por tanto, el templo era pequeño y los jardines eran más grandes. En segundo lugar
el templo romano, eran enormes y la gente no entraba. Ellos eran preciosos desde el exterior
y en los interiores simples - porque la gente no entraba - no se les permitía entrar, sólo al
sumo sacerdote. En tercer lugar, en los templos cristianos, a la gente se le permite entrar en
el templo y tener participación en la liturgia (la obra de los fieles). Por lo tanto había una
necesidad de organizar el interior del templo. Los templos, ya no se construyen para ser
enormes desde el exterior, como los templos romanos (para los dioses) y en tiempos judíos
(para Dios), sino por el tamaño de las personas - Jesús apareció como un hombre y así la
iglesia se construyó de una manera para la gente y no para "los dioses". Este estilo fue
llamado 'άνθρωποςμέτρον' en griego (El “hombre” es la medida). Por ello, las Iglesias
ortodoxas - tan grande como sean- se centran en la medida del hombre, todo se hace en
relación con el hombre como medida. Los enormes templos romanos y judíos desaparecieron
y predominaran los templos cristianos, basados en el principio de que el " hombre es la
medida”.

5. La evolución de las formas y estilos del Templo cristiano


a. Los primeros tiempos. Del libro de los Hechos (siglo 1) sabemos que las reuniones de la
Iglesia ocurrieron por primera vez en las casas de los fieles, que tenían formas diferentes. Se
reunían en las casas para aprender, orar y compartir la comida o ágape. El crecimiento en el
número de los fieles en el final del siglo II condujo a la necesidad de un lugar específico para
las reuniones. Ellos querían un edificio específico que sea utilizado siempre para las
oraciones. Tertuliano dio a este edificio el nombre de εκκλησια. En el siglo III, debido a un
mayor crecimiento, las casas fueron construidas específicamente para ser templos.
La ciudadela de “Dura Europos” fundada en el 300 a. C en Siria, era la ciudad que tenía éstas
casas que fueron transformadas para convertirse en templos. Estas casas van a ser los templos
de estilo más antiguo. Las casas originales tenían una entrada en la parte central con un patio
que daba lugar a diferentes habitaciones con un gran "salón de actos" en el que se celebraban
los servicios litúrgicos.
Es muy característica en estas casas la sala de bautismo, en la cual se conservan pinturas en
las paredes. La imagen del "buen pastor" era pintada por encima de la pila bautismal, pues
en el bautismo, Cristo lleva nuestra naturaleza ante Dios y somos redimidos. Se conservan
pinturas de uvas -vino y la sangre de Cristo- y frutas como simbolismo de la entrada en una
nueva tierra o reino. A la gente se le daba pedazos de fruta después del bautismo o leche
mezclada con miel. Otra pintura que se resguarda es la de la curación del paralítico -
simbolismo de la curación de la persona bautizada de su antigua vida. También se conserva
la pintura de Pedro caminando sobre el agua, pues en el bautismo llegamos a ser como Cristo
y Pedro caminó sobre el agua como Cristo. Las pinturas muestran una profunda comprensión
de la teología. Hoy solo se pinta la escena de la Teofanía. Una sala central, entre la sala
bautismal y el salón de actos era los domingos la escuela para los catecúmenos. Así, las casas
de “Dura Europos” fueron los primeros templos.
Con el Edicto de Milán en el año 313, se permite la construcción de templos.
En el norte de Alepo -Kirkbeeze- en Siria, encontramos el prototipo de los primeros templos
construidos. Había una villa y cerca de ella, se construyó un templo en una pequeña casa,
aunque de este lugar solo sabían los cristianos, porque todavía tenían miedo a sus
perseguidores. El templo era muy simple, con una entrada y una gran habitación donde se
realizaba el culto. Sin embargo 100 años más tarde, se incorporo un iconostasio sencillo, un
Ambon, y otros elementos.

b. Templos en forma de Basílicas


A partir del siglo IV, la madre del emperador Constantino,
Santa Elena, es quien comenzó a construir templos en forma de
Basílicas en diferentes lugares como Tiro y Palestina, donde se
encuentra la Iglesia de la Resurrección. El nombre viene de la
palabra "Basilici”, que se
traduce como Real o Reino. Estos templos son construcciones
largas y divididas en secciones (generalmente tres) separadas
por columnas - 3, 5 o 7 secciones y el techo en sus inicios era
de madera.
Los romanos también usaban edificios al estilo de la basílica
que se utilizaron para las reuniones de la “Corte”, o sala. Por
lo tanto, existía el pensamiento de que los cristianos tomaron
el estilo de basílica de los romanos. Sin embargo, estudios
posteriores demostraron que el estilo del templo en forma de Basílica tiene su propia
distinción.
La Iglesia Basílica tenía una forma 'T' como una especie de cruz, y el área del santuario fue
la parte superior de la "T" pues se necesitaban habitaciones para el servicio a la izquierda y
a la derecha del santuario, que terminó haciendo la forma de la 'T'.
Es de destacar, que los cristianos en la época de las persecuciones tenían tumbas construidas
para los mártires, en las afueras de las ciudades (lejos de los romanos), que fueron rodeadas,
protegidas por edificios al estilo de las basílicas con columnas. Esta idea se extendió
posteriormente a las ciudades, después de que el Edicto de Milán fue aprobado, por lo que la
idea fue adoptada por las Iglesias. Por tanto, el altar en el templo cristiano no es un símbolo
de la mesa del comedor del emperador romano, sino más bien símbolo de las tumbas de los
mártires.

c. Templos en forma de Rotonda


La "Rotonda en forma de cilindro" es un
edificio característico del imperio romano,
quienes utilizaban este estilo de
construcciones para tumbas de personas
importantes y ricas (Mausoleo). Los
cristianos tomaron esta idea para las tumbas
de nuestros mártires que padecieron la
persecución y la muerte en defensa de su fe.
Los templos en forma de cilindro o rotonda,
aparecieron en el siglo quinto y fueron
construidas sobre las tumbas de los mártires.
Así, a veces en los templos de estilo basílica
vemos que el área del santuario se configura
como una “Rotonda”. En la Iglesia de la Resurrección en Jerusalén - hay una Rotonda por
encima de la tumba de Cristo. La idea detrás de la "Rotonda" es que no existe ni principio ni
fin, como el misterio de Cristo, que no tiene ni principio ni final, sino que existe más allá del
tiempo.

d. Templos en forma de Basílica con cúpula:

Por último, tenemos el templo en forma de


Basílica con cúpula en la parte superior. En
el siglo sexto, se inicia el concepto de
"cúpula". La cúpula simboliza la bóveda
del cielo, que da a la persona fiel, que está
de pie debajo de ella al mirarla, una
sensación de estar en el cielo.
La bóveda aparece en la Basílica normal,
Basílica en forma de 'T' y templos al estilo
de las Basílicas en forma de cruz.
e. Templos en la Tradición Eslava.
Una variante de la iglesia centralizada se
desarrolló en Rusia y fue muy utilizada en el
siglo XVI. La cúpula fue reemplazada por una
cubierta cónica a cuatro aguas —cubierta en
pabellón— mucho más delgada y más alta, que,
se dice, se habría originado por la necesidad de
evitar que la nieve permaneciese sobre los
techos. Uno de los mejores ejemplos de
esas iglesias carpadas es la catedral de San
Basilio de la Plaza Roja en Moscú.
Durante mucho tiempo, fueron las iglesias y los
palacios aristocráticos los que dominaron el arte
de la arquitectura, y por ello, la evolución de las
iglesias ortodoxas se presenta en gran detalle en
los artículos arquitectura
bizantina y arquitectura de Rusia.
La cúpula, símbolo de continuidad: Pese a
todos los cambios de estilo de la arquitectura de
la iglesia, el elemento constante y más
reconocido del templo ruso es la cúpula. Este
elemento arquitectónico lo heredó del Imperio
bizantino, pero fue en Rusia donde las cúpulas adquirieron un simbolismo particular y se
desarrollaron en diferentes formas. La cúpula coronada con la cruz simboliza la conexión
entre la tierra y los cielos, y la cúpula de forma más popular en Rusia —la conocida como
“cebolla”— se asemeja a la llama de la candela, como las decenas de velas que se prenden
en la iglesia. Desde los primeros siglos del cristianismo en Rusia se creó la tradición de dorar
este elemento arquitectónico y todavía hoy las cúpulas doradas de las iglesias son uno de los
elementos más característicos del paisaje de la ciudad rusa.
El número de cúpulas de una iglesia también tiene
también un simbolismo especial. Una cúpula
simboliza a Cristo; dos representan las dos
naturalezas del Hijo de Dios; tres, la Santísima
Trinidad; cinco, Cristo con los cuatro
evangelistas; siete, los siete sacramentos o los
siete concilios ecuménicos (que son reconocidos
por la iglesia ortodoxa); nueve, la jerarquía
celestial; y trece, Cristo con los doce apóstoles.

En lengua rusa la palabra de uso general para


designar una «iglesia» es tserkov (церковь).
Cuando se habla en un sentido elevado, el
término khram (Храм), templo, se utiliza para
referirse al edificio de la iglesia como un templo
de Dios, Khram Bozhy (Храм Божий). Las
palabras «iglesia» y «templo» son en este caso intercambiables; sin embargo, el término
«iglesia» (en griego, εκκλησία) es mucho más común en español. El término «templo»
(en griego, ναός) también se aplica comúnmente a las iglesias más grandes. Algunas iglesias
famosas que habitualmente se conocen como templos son Hagia Sophia, la catedral de San
Basilio, la Catedral de Cristo Salvador, el Templo de San Sava.
Los edificios de las iglesias ortodoxas tienen las siguientes disposiciones básicas, cada una
con su simbolismo:
 planta alargada: rectángulo, rectángulo redondeado (oval), que simboliza el barco
como medio de salvación (Arca de Noé);
 planta cruciforme (en forma de cruz),
 planta estrellada,
 planta circular.
La cúpula en lugar de una cubierta plana simboliza el cielo. En las iglesias rusas, las cúpulas
a menudo se rematan con cúpulas en forma de cebolla, donde se montan las cruces. Estas
cúpulas se llaman «cabezas» (глава) o «cabezas adormidera» (маковица, маковка).

6. Las secciones del Templo cristiano y su evolución hasta nuestros días

a. El Nártex (Atrio)
La palabra Nártex viene de un vegetal (que era largo y parecía de madera). Se utilizaba este
término para describir la longitud de la anchura del templo. Al parecer existió hasta el siglo
séptimo y luego desapareció. Se necesitaba más en tiempos de los Catecúmenos. Era el lugar
donde los catecúmenos se encontraban reunidos. Si no había Atrio, se quedaban a la derecha
o la izquierda de la nave. El Atrio unía a la Iglesia a través de las puertas laterales. En los
primeros seis siglos, en el lado sur había puertas a la izquierda y la derecha, pero no en el
centro, para mantener separados a los creyentes y catecúmenos.
El nártex es el elemento de conexión entre la Iglesia y el mundo exterior, y por esta razón los
catecúmenos y no los fieles han de estar aquí. En las iglesias monásticas es habitual que los
laicos que visitan el monasterio permanezcan en el nártex, mientras que los monjes o monjas
están en la nave.

El 'Itherion' (el área iluminada) es el patio anterior al Atrio y al templo en si. Algunas letanías
ocurrían aquí antes que la gente entrara en la Iglesia. Este lugar protegía a las personas de la
lluvia y del fuerte sol.
Estas áreas desaparecieron en la época bizantina - después del siglo sexto. En los templos de
Antioquia y Siria aparecieron torres en la izquierda y la derecha. Las campanas se añadieron
en el siglo séptimo, en el oeste y en el siglo noveno en el Este.
Debido a la influencia occidental en Oriente. En principio teníamos un “simandrón”- nave
de madera - en las torres que se veían y hacían ruido, simbolizando el inicio de los servicios.
En el patio o "Itherion” había una fuente, donde las personas se lavaban las manos antes de
entrar en la Iglesia - era un símbolo de pureza, purificación. El historiador Eusebio de
Cesarea, mencionó que no se podía entrar sin lavarse las manos.
La “pila bautismal” estaba cerca del Atrio. A veces se conectaba al templo y al Atrio y otras
veces no. A veces estaba en la habitación de la izquierda del Atrio.
Parecía una casa, con una fuente a veces en forma de una Cruz, a veces de 8 lados, con
escaleras que conducían al agua. (El ocho es un número simbólico, pues la circuncisión se
dio en el 8 º día y la resurrección del Señor fue en el octavo día.)
Después del bautismo entraban en el templo a través del Atrio. San Cirilo de Jerusalén, habla
sobre el bautismo y los catecúmenos. Él dice que la Pila bautismal debía tener 3 partes; la
interna, lugar donde se quitaban las ropas, la fuente en el interior y el exterior.
En la Iglesia primitiva, a la derecha de la habitación había un Atrio para los "diáconos"
(diakonikon) donde la gente traía sus ofrendas (luego este cuarto fue trasladado a la derecha
del altar – reemplazando el área de las reliquias de los santos, que estaban en la derecha e
izquierda del altar. Los diáconos vendrían a esta habitación a conseguir lo necesario para la
liturgia y lo llevaban a la habitación a la izquierda del altar, conocido como el "Proskemidi
(habitación de la ofrenda). Aquí es donde surge la idea del “Isodon” o procesión. El Himno
de los Querubines entró en el siglo sexto y se cantaba cuando el clero salía en procesión desde
el lugar de preparación de la ofrenda, Mesa de la Prótesis, recorriendo el templo en forma de
círculo hasta el sagrado altar y esto explica por qué hay tres áreas semi-círculo "en el
santuario. La idea detrás de la" ronda "se debe a que simboliza la eternidad, sin principio ni
fin.
En la actualidad aquel Atrio que en los primeros siglos era lugar de los catecúmenos, está en
la entrada del templo, lugar donde se encuentra el Icono que besamos y la pila bautismal, se
realizan aquí el servicio de las Horas y la oración del Litin.

b. La Nave (centro de la Iglesia)


La nave es la sección principal de la Iglesia. Nave en el sentido que todos vamos en esta nave
dirigidos hacia algún lugar, igual que en un barco cuando viajamos para llegar a un destino,
esta nave del templo nos lleva hacia la meta final que es el sagrado altar. La nave, es la
sección donde se llevaba a cabo el Sermón y donde el Evangelio era leído sobre el Ambon
(αμβον) que viene de la palabra “ascender”. El Ambon podría estar en el centro o en otra
zona izquierda o derecha. El sacerdote de pie con la gente leía el evangelio y predicaba desde
el Ambon, como símbolo de que Cristo nos estaba llamando y a la vez descendía hacia
nosotros.
En los primeros siglos por lo general, los fieles estaban en la sección central del templo y los
catecúmenos se paraban en la izquierda y la derecha. Paralelo a la nave se construyeron en
los templos habitaciones, conocidas como sala de los Mártires, ubicadas en cercanía al altar.
Por lo tanto, los fieles podían entrar, visitar y venerar las reliquias, sin entrar en el santuario.
La nave de la Iglesia era para los fieles / bautizados.
Actualmente la nave cumple las mismas funciones y tienen las mismas características que en
los primeros siglos, aunque ya no es exclusivo de los bautizados. Las paredes, el piso y el
techo están normalmente cubiertas con iconos o pinturas murales de los santos, sus vidas, y
los relatos de la Biblia. Según Kallistos Ware en cuanto a la decoración del templo, “no es
cuestión de distribuir las varias escenas y figuras iconográficas fortuitamente, sino según
esquemas teológicos, para que el edificio entero se convierta en gran ícono o imagen del
Reino de Dios. En el arte religioso ortodoxo, se elaboró todo un sistema simbólico que
abarca todos los elementos arquitectónicos y decorativos de la iglesia. Los íconos, los
frescos, y los mosaicos no son mera ornamentación para embellecer a la iglesia, sino que
cumplen funciones teológicas y litúrgicas”. (Ware, Kallistos, La Iglesia Ortodoxa, 1993).

Los íconos que llenan el templo sirven de punto de contacto entre el cielo y la tierra. A los
fieles reunidos para la oración, domingo tras domingo, en su Iglesia local, las imágenes
visibles de Cristo, de los ángeles y los santos les recuerdan siempre la presencia invisible de
toda la compañía celestial en la Liturgia. En la Nave, los creyentes sienten que las paredes
de la iglesia abren acceso a la eternidad, cosa que les estimula a tener presente que la Liturgia
terrestre es idéntica a la gran Liturgia celestial. El sinnúmero de íconos expresa de forma
visible aquella sensación de “el cielo en la tierra”.
En la mayoría de las iglesias rusas no hay asientos o bancos como si los hay en las iglesias
griegas, sino stacidia (una silla alta con reposabrazos lo suficiente altos como para ser
utilizados como apoyo mientras se está de pie) que se encuentran generalmente a lo largo de
las paredes. Tradicionalmente no se está sentado durante los servicios con las únicas
excepciones de la lectura de los Salmos y el sermón del sacerdote. La gente permanece de
pie ante Dios. En las iglesias griegas todavía en común el que hombres y mujeres permanecen
separados, los hombres a la derecha, y las mujeres a la izquierda. Actualmente, en muchas
iglesias, esta práctica tradicional ha sido alterada y las familias permanecen juntas.
Por encima de la nave, en la cúpula de la iglesia, se encuentra el icono de Cristo
(Παντοκρατωρ/Pantocrátor, «Todopoderoso»). Directamente colgando debajo de la cúpula
suele haber una lámpara circular con representaciones de los santos y apóstoles, llamados
el horos. El sitio debajo de ella se llama Poly-Eleison – La mucha misericordia.
La nave de una iglesia ortodoxa puede variar en forma, tamaño y diseño de acuerdo a las
diversas tradiciones de su Iglesia. Los dos tipos más comunes de las Iglesias ortodoxas,
desde Justiniano, han sido el cruciforme —de planta abierta cuadrada/rectangular— o una
planta más lineal con naves secundarias. Sin embargo, el último cayó en desuso desde el
Gran Cisma, y fue más utilizado en las iglesias occidentales ya que se adaptó mejor a los
servicios que se celebraban en ellas que a los del rito oriental.
c. El Iconostasio
Desde el siglo primero había algo conocido como
la frontera -τέμπλο- el "Iconostasio", pero no era
un iconostasio como el que conocemos
actualmente. Era una pared de unos metros de alto
y separaba el templo del santuario, luego va
evolucionando. En la Iglesia Basílica temprana
sólo existía en la sección central, que tenía el
santuario y tenía una puerta central llamada
"puerta hermosa", que más tarde será llamada
"puerta real”. Después del siglo sexto, el límite
entre la nave y el santuario se extendió a lo ancho
del templo y a la izquierda y derecha se crearon las
puertas conocidas como “puertas angelicales”
adicionales que permitían el ingreso al Santo Altar.
Después de los siglos octavo y noveno, se
añadieron cortinas al iconostasio para cubrir lo que
estaba sucediendo en el interior del santuario. Las
cortinas llevaban el logo de “Χ” y “Ρ”
(Χριστος). A partir de los siglos XIII y XIV, los
Iconos tomaron el lugar de las cortinas. Los Iconos
estaban en la Iglesia anterior a esto, pero estaban
en las paredes de la Iglesia. Los Grabados eran
simples, ya sea ΧΡ o la cruz con un círculo alrededor de ella. En el siglo XVI, el iconostasio
de madera se convirtió en popular.
El Iconostasio es una de las principales características que distingue a la Iglesia Ortodoxa a
lo largo de la historia. Ha pasado por varias etapas hasta alcanzar su forma actual, en los tres
primeros siglos no había Iconostasio, tomo esta forma el templo a causa de la persecución,
cuando la gente rezaba en sótanos, casas y cuevas.
El primer documento histórico que tenemos sobre una división entre el Santuario y la nave
es una del gran historiador Eusebio del siglo IV que hizo una descripción de la Iglesia con
imágenes que formaban una barrera circular, para evitar que los fieles se acerquen al altar
sagrado, y también describe a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, en la cual se veían
las imágenes de los doce apóstoles en las columnas y posteriormente la Iglesia de la sabiduría
(Santa Sofía 360-1453) en Constantinopla.
Nikiforos Patriarca en el siglo IX da testimonio de los iconos y dice que en los siglos
anteriores se colocaron delante de la columna para que la gente pasara a venerarlos. Sin
embargo, después de la guerra iconoclasta (717-843), que duró (200 años), se le devolvió a
los iconos su lugar y el primer domingo de Cuaresma que llamamos el domingo del “Triunfo
de la ortodoxia”, el Iconostasio tomo su forma definitiva, evolucionando hasta el siglo XIV
donde encontramos la construcción de Iconostasios de tres o cuatro pisos, dedicado el primer
piso al Señor y a nuestra Señora, la Virgen Madre de Dios María junto al Santo patrono de
la Iglesia y San Juan el Bautista. En las secciones norte y el sur del Iconostasio se ubican
Iconos de los ángeles. El segundo piso de los Santos apóstoles. Y el tercero para todas
las fiestas del Señor. En el cuarto piso se ubica la Cruz con la Virgen y San Juan, el discípulo
amado. Este último desarrollo que tuvo lugar en los siglos mencionados como impacto del
monaquismo.
El iconostasio no es una pared que esta para dividir o para ocultar algo, sino más bien esta
para mostrar una realidad, la realidad del reino de los cielos. Este es como una ventana
trasparente que quiere mostrar lo que hay en el interior, que es una vida nueva, celestial y
espiritual, esta es la realidad a la cual nosotros debemos llegar.
Por lo general, a la derecha de la Puerta Regia está el icono de Cristo, luego el icono de San
Juan el Bautista; el icono de la izquierda es el de la Theotokos, se muestra siempre con Cristo
en sus brazos; y luego el icono del santo a quien esté dedicada la iglesia (es decir, el patrón).
Las puertas laterales o «Puertas de los Ángeles», ya que normalmente se representaron en
ellas a los arcángeles Miguel y Gabriel— son utilizadas por diáconos y servidores para entrar
en el santuario. A menudo hay otros iconos en el iconostasio, pero varían de iglesia en iglesia.
La cortina es también abierta y cerrada en varios momentos del servicio.
El templo entero está consagrado a Dios; en el servicio de la Consagración, el obispo unge
todas las partes del templo –y una de ellas es el santuario con el santo Crisma. El icono es el
producto de la comunión entre lo divino y lo humano, entre lo terrenal y lo celestial; se
mantiene, en su esencia, como imagen de la Encarnación. Y el iconostasio cumple más con
su función en cuanto logra con más éxito presentar la casa de la oración como «el cielo sobre
la tierra». Y el iconostasio, como se deduce de su nombre, es portador de los iconos.
El objeto es presentar el templo como el lugar de reunión de la Iglesia; la unión del mundo
visible con el invisible; signo tangible de la nueva creación. Los santos representados en sus
iconos participan de la oración de la asamblea, así que la Iglesia entera –coros de profetas,
mártires y santos, sacerdotes y laicos – van subiendo al cielo donde Cristo «ofrece y es
ofrecido» en el Altar celestial.

d. El Santuario
El santuario está situado en la parte oriental de la iglesia Es el área detrás del iconostasio es
el santuario o altar, en donde se hace una realidad la meta de todo cristiano, participar del
divino misterio, que es preparado en este Santo lugar por el sacerdote.
Dentro de esta área se encuentra la mesa del altar que era de madera en el primer siglo. No
había ninguna piedra. A partir del siglo IV comenzamos a tener mesas de piedra como altares.
Era una piedra sobre piedra con cuatro pilares (que simbolizan los cuatro evangelistas). A
veces había una en el medio - Jesús, el pilar principal, la piedra fundamental. En Oriente, la
sagrada mesa era una sola pieza. El altar fue llamado el "trono de Dios" o la "tumba de
Cristo". Más tarde tomó el nombre: "la mesa del altar sagrado".
En el siglo IV se utiliza para poner un cuerpo completo (reliquias) de un Santo en el altar.
Por esta razón, el altar era mayor. A veces la tumba estaba bajo el suelo, otras veces por
encima del suelo. A veces había más de un Santo. En algunos santuarios era muy
característico encontrar las criptas o tumbas. Luego se permitió separar las reliquias en
pedazos, lo cual no le quita la gracia. Se ponen reliquias de Santos en cajas y bajo la mesa
del altar (desde el siglo octavo). Más tarde se colocaron sobre la mesa misma.
Sobre el altar había un "kinorion” (mausoleo), que proviene del Antiguo Testamento ("arca
del pacto"). Era una estructura independiente que a veces tenía una cúpula sobre el mismo,
otras veces no. A veces tenía una cortina cubriendo el lugar donde el sacerdote guardaba los
dones pre-santificados. También se resguardaban allí los elementos para la celebración de la
liturgia. ¿Cómo surgió la idea? En los dos primeros siglos, solían construir panteones sobre
las tumbas de los mártires en las aldeas. Cuando las reliquias de los Santos fueron trasladadas
desde las aldeas a las ciudades, la idea del mausoleo venía con ellas. Por encima de la cúpula
del mausoleo, los cristianos añadieron la Cruz. Bajando desde el interior conocido como "La
corona de la victoria”. Es decir, una corona con piedras preciosas.
Detrás de la mesa del altar, estaba el asiento “sinthronos”, para los sacerdotes en una escalera
ascendente (en forma de arco). En la parte superior y en el centro estaba el trono del obispo,
para que pudiera ver a los fieles. El "trono del obispo" que hoy conocemos solía ser para el
emperador y cuando no estaba el emperador en la celebración litúrgica, los obispos se
trasladaban desde el “sinthronos” en el interior del altar al trono del Emperador.
A cada lado; la capilla de prótesis en el lado norte, donde se preparan las ofrendas en la
Proscomidia antes de ser llevadas a la mesa de altar y se guardan los vasos sagrados; y
la mesa del anfia o Diaconicon, en el lado sur, donde se conservan las vestiduras.
Los altares ortodoxos suelen ser cuadrados. Tradicionalmente están cubiertos por un pesado
brocado que llega hasta el suelo. De vez en cuando tienen canopios o doseles sobre ellos.
Todos los altares ortodoxos tienen reliquias de santo incrustadas en ellos, por lo general, las
de un mártir, colocadas en el momento en que se consagraron. Por encima de la mesa del
altar, en el centro y hacia la parte posterior, hay un recipiente adornado generalmente llamado
el Artoforio o tabernáculo donde se mantiene la Santa Eucarística reservados para la
comunión de los enfermos y de los recién bautizados. Tiene la forma a menudo de una iglesia
con cinco cúpulas que recuerdan los cinco patriarcados de la antigüedad. Frente a este se
coloca el Evangeliario, que por lo general tiene una cubierta de metal decorada. Bajo el
Evangelio, hay un trozo doblado de tela llamado eiliton. Plegada dentro del eiliton está la
antimision, que es una tela de seda impresa con una representación del entierro de Cristo y
con reliquias cosidas en él. Este lleva la firma y el sello del obispo, del cual se tiene licencia
para celebrar la Divina Liturgia, sin él no se tiene la autorización para celebrar. Ambos paños
se despliegan antes de las ofrendas y se colocan sobre la mesa del altar. Detrás del altar hay
un candelabro de siete brazos, que recuerda al candelabro de siete brazos del Antiguo
Testamento del Tabernáculo y del Templo de Jerusalén. Detrás de esto está una cruz
procesional. A ambos lados de la cruz hay abanicos litúrgicos llamados hexapteryga o ripidia
(en griego) que representan serafines de seis alas. Contra la pared detrás del altar hay una
gran cruz. Colgada en la pared del Santuario es normal ver colgado el Epitafio que se coloco
en el alatar desde el viernes santo hasta el final de la Pascua.
Tradicionalmente, ningún producto de origen animal —que no sea lana o cera de abejas—,
está permitido en el santuario/altar. Antiguamente estaba prohibición usar cuero (en la forma
de tapas de piel de los libros de los servicios y de los zapatos), pero esto ya no se cumple
hoy. También estaba prohibido el dinero. Nadie puede entrar en el altar sin la bendición del
sacerdote u obispo, y los adornos personales como anillos y pendientes, no pueden ser usados
por quienes sirven allí.
La Liturgia solo puede realizarse una única vez al día en cualquier altar en particular

7. Las Vestimentas litúrgicas


La fuente original de las vestimentas del clero en la Iglesia proviene en primer lugar del
antiguo Testamento. Pues en el culto judío los sacerdotes utilizaban vestimentas especiales
en el desempeño tanto de los servicios divinos como en otras funciones del clero.
Encontramos esto en claro en el libro de Éxodo, donde Dios habla a Moisés y describe las
cualidades del ornamento del sacerdote. Tema que trataremos más adelante en esta lección
con detenimiento. Una segunda fuente de la cual heredamos en la Iglesia las vestimentas
sagradas es ya en la era cristiana, más precisamente durante el imperio Bizantino en Medio
Oriente y existe una explicación de las vestimentas del año 313 que se redactó con el Edicto
de Milán. Ya durante el siglo VIII conocemos un manuscrito de San Germanos Patriarca de
Constantinopla con la explicación de lo divino en las órdenes religiosas sobre el sacerdocio
y de donde podemos ver que el ornamento era la tradicional vestimenta del oficial civil que
se usaba en el Imperio bizantino (395 – 1453), pero la única diferencia entre ellos, es que
ésta vestimenta se adaptó a los sacerdotes con diferentes decoraciones. Las vestimentas
también tienen su origen en el Antiguo Testamento y durante la cristiandad van
evolucionando en su forma y función dentro del culto litúrgico. Todas las vestimentas tienen
un sentido dentro del culto y una meta que es la de edificar la Iglesia y ayudar al creyente en
la búsqueda de su salvación.
Ya en el cristianismo, cuando un niño es recién bautizado lo vestimos totalmente de blanco,
simbolizando la nueva humanidad de Jesús y la vida en el Reino de Dios. De la misma manera
todos los sacerdotes y obispos se ponen esta túnica blanca

Las vestimentas litúrgicas en el judaísmo


Cualquier Discusión teológica sobre la
vestidura litúrgica dentro de la Iglesia no
está completa sin tener en cuenta el lugar
de las Escrituras del Antiguo Testamento
que se refieren específicamente a las
prendas utilizadas en el culto levítico. Las
referencias de las escrituras primarias a las
vestiduras sacerdotales del Antiguo
Testamento se encuentran en Éxodo 25-
36, en la que Dios le da instrucciones
explícitas al profeta Moisés para el
equipamiento del tabernáculo, así como
las prendas de vestir para ser usadas por
los sacerdotes. De hecho, estas
instrucciones se leen como notas técnicas,
con énfasis en cómo las cosas deben ser
hechas: " Harás asimismo los dos anillos
de oro, los cuales fijarás en la parte
delantera de las dos hombreras del efod,
hacia abajo, delante de su juntura sobre el
cinto del efod” (Éxodo 28:27); lo que se
deben hacer de "oro, plata y bronce; azul,
púrpura... (Éxodo 25: 3-7); y que ha de
hacerlas: “Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio
sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas
las cosas que ha mandado Jehová" (Éxodo 36: 1).
Es interesante observar que más de una cuarta parte del libro del Éxodo se dedica a estas
instrucciones detalladas para el equipamiento del tabernáculo y las vestiduras de los
sacerdotes de Dios. Las decoraciones del tabernáculo, efod, y el pectoral no son mera idea
de último momento; de hecho, treinta y ocho versos están dedicados exclusivamente a las
cortinas y las vestiduras de los sacerdotes y son muy específicas en los colores y símbolos
que se van a utilizar (de oro, de plata y tela azul, púrpura y escarlata, y campanas,
respectivamente). Hay un enfoque cuidadoso y metódico de estos adornos y esto demuestra
que la adoración a Dios debe ser atendida con orden y reverencia. A través de esta meticulosa
precisión vemos a Dios enseñando que las cosas usadas para su gloria deben ser las "hechas
por Dios".
A causa de estos pasajes detallados, algunos autores han argumentado que las vestimentas
cristianas tienen su origen en el vestir levítico. Los ornamentos que se usaban los sacerdotes
levitas eran muy característicos y en primer lugar se revestían con El Efod, (Éxodo 28:6-14)
que era la ropa interior del sumo sacerdote adornadas con piedras preciosas. “Estos eran los
vestidos de Aarón para honra y hermosura” (Éxodo 28:40).
En segundo lugar encontramos El Pectoral, que era una especie de placa que llevaba el
sacerdote en el pecho ajustadas por cadenas adornadas con piedras preciosas, doce piedras
con el nombre de las doce tribus grabadas. En él se hallaba el Urim y Tumim; así al llevar el
pectoral, el juicio de los hijos de Israel era llevado ante el Señor, según sus luces y
perfecciones (éste es el significado de los términos Urim y Tumim). Aunque no se llevaba
en ocasiones ordinarias, era necesario cuando se buscaban instrucciones de parte de Dios (cp.
1 Samuel: 21:9). Así, la recepción de respuestas de Dios queda relacionada con el Urim y
Tumim, que estaban en el pectoral (Éxodo 28:28: cp. Números 27:21; 1 Samuel: 28:6; Esdras
2:63; Nehemías 7:65). En tercer lugar se revestían del Manto, el cual era una capa de púrpura
adornada con campanillas y granadas de oro puro. Posteriormente se usaba una Túnica de
lino fino, que era el material más elegante.
En quinto lugar, se utilizaba la Diadema: era una lámina de oro con la inscripción
“consagrado para Yahveh ", y estaba unida a la mitra o turbante por medio de un cordón
azul, emblema de consagración (Ex. 29.6; 39.30; Lev. 8.9; 21.12). Después del exilio, en 520
a.C., Dios ordenó a Zacarías (6.11–14) que hiciera coronas de oro y plata y las colocara en
la cabeza de Josué, el sumo sacerdote; posteriormente estas coronas se pusieron en el templo
como emblemas del favor de Dios. Pueden haberse combinado en una sola corona doble para
unir las investiduras sacerdotales y reales en una sola persona. La última pieza de las
vestimentas era la Mitra, que era una especie de gorro igual que el que utilizan los Obispos
actualmente, que se ponía sobre la tiara y manifestaba el carácter de dignidad otorgada por
Dios al hombre que la vestía como consagrado a Yahveh, de hecho cubría la cabeza donde
había caído el óleo de la unción. El propósito de la mitra era doble: cubrirse y proteger la
cabeza del sacerdote. En la Biblia, cubrirse la cabeza significa sumisión a la autoridad de
Dios pues “quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza
de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo”. (1 Corintios 11:3) Espiritualmente hablando,
entonces, si uno tiene su cabeza expuesta significa rebelión contra la autoridad más si la tiene
cubierta, significa sumisión. Es decir que la mitra significa sumisión a la autoridad de Dios.
Pero la mitra no solamente cubría la cabeza del sacerdote, también la protegía. Cubrirse
significa también protegerse como lo señala el salmo “Jehová, Señor, potente salvador mío,
tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla». (Salmo 140:7) Cuando nuestras cabezas
están cubiertas, Dios protege nuestras mentes contra los ataques del enemigo. Si nos
sometemos a la autoridad de Dios, estaremos protegidos por esa autoridad. Protección
requiere cubrirse.
La vestimenta expresa una realidad, un simbolismo del reino dentro del culto y todo lo
anterior de acuerdo a la tradición judía, había sido diseñado por Dios mismo como lo dice el
libro de Éxodo "Tal como Yahveh se lo había ordenado a Moisés". (39-7, 21, 26 y 37).

La Vestimentas sagradas en el cristianismo:


1. La vestimenta sacerdotal: santificada y dadora de la santificación (Traducción del
libro: Interpretación de la Divina Liturgia, por el Hiero-Monje Padre Gregorio, (original
griego) edición Comunidad monástica de San Juan el Teólogo dependiente del Monasterio
de Kutlumusíu de Monte Athos, 1998, pp. 63-78.)
El hombre que vive fuera de la Iglesia se encuentra despojado de la gracia de Cristo. Su casa
no es la casa de Dios, sino la sombra de la muerte. Es parecido al hombre endemoniado de la
región de los gadarenos: “No vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros” (Lc
8:27). En el bautismo, el hombre se viste la vestimenta de tejido divino: “Porque todos los
que fueron bautizados en Cristo, de Cristo se han revestido” (Gal 3:27). El bautizado está
sellado con el sello del Espíritu Santo y se vuelve huésped de la Mesa de la vida. Con el
misterio del sacerdocio, el hombre está llamado a volver a ser dispensador de la gracia divina.
Y al aceptar la gracia para sí mismo, está llamado ahora a ofrecerla al mundo. Esta ofrenda
particular del Espíritu Santo para con el sacerdote de los misterios divinos está representada
con la vestimenta sacerdotal. El sacerdote es ícono del Sumo Sacerdote, Cristo. Y la
vestimenta sacerdotal simboliza el revestirse de Cristo. Por esta razón, “la vestimenta de los
sacerdotes es sagrada, y los laicos no deben acercarse a ella”, subraya San Cirilo, Patriarca
de Alejandría, interpretando la palabra del profeta: “Y no tocarán sus vestimentas (de los
sacerdotes) pues es sagrada” (Petrología Griega 68, 824B; Ez 42:14 (Septuaginta).
El día de la ordenación sacerdotal, el sacerdote se revistió por primera vez “de la túnica
sagrada y de la corona de gloria celestial… y de la vestimenta sacerdotal del Espíritu Santo”
(Eusebio, obispo de Cesárea, BEP 20, 84.). Desde entonces, y cada vez que se la pone, toma
cada pieza, las bendice con la señal de la cruz, las besa y se reviste de ella. Con esta práctica,
muestra que la vestimenta sacerdotal “es sagrada, y que con la señal de la cruz de Cristo se
santifica, y es medio de santificación”. Y al ser medio de santificación, aquel que se acerca a
ella con devoción y la besa “está haciendo un acto de fe y recibe la salvación, como aquellos
que tocaban el borde del manto de Cristo recibían la curación”. (Simeón, Obispo de
Tesalónica, PG 155, 261C; 880C; y Mt 14:36). Los fieles muestran devoción a la vestimenta
del sacerdote porque es sagrada y sacra. Y el sacerdote, al vestirse de su vestimenta
sacerdotal, nos hace recordar que si bien es de este mundo, sin embargo no pertenece a este
mundo. Pues está parado entre el hombre y Dios, puente sobre el cual suben nuestras ofrendas
al Altísimo, y también descienden los dones de Dios hacia nosotros.

1) El Sacerdote
A. Cristo: el vestido celestial
El sacerdote se alegra cuando se acerca el Señor. Se alegra porque el Señor lo reviste de la
vestimenta de la salvación y de júbilo. Agradece al Esposo de la Iglesia porque le ha dado
que se vistiera de Su propia belleza: “como una esposa, me adornó de belleza”. Y el adorno
del alma-esposa es el mismo Esposo, “Cristo, el vestido celestial… la túnica de
incorruptibilidad” (Salmos 44:3; Cirilo, Patriarca de Alejandría, PG 70, 1365D).
Cristo, el Dios-Hombre, se da al hombre como vestimenta en el
misterio del santo bautismo: “Cristo, pues, es vestimenta muy
propicia a todos los santos, y túnica de júbilo de la naturaleza
racional, causal en nosotros de fuerza y de gloria” (Salmos 44:3;
Cirilo, Patriarca de Alejandría, PG 70, 1365D). Por ello, el
Stijárion, común para los tres grados del sacerdocio, simboliza la
túnica luminosa del bautismo, la gracia divina que es común a
todos los fieles. El sacerdote es uno de los miembros del cuerpo
de Cristo. Pertenece a la comunidad de los fieles. Y el don del
Espíritu Santo está otorgado a todos los fieles: “Todo nos ha sido
otorgado en forma equiparada, a nosotros los clérigos y a ustedes
los fieles, aún aquellos bienes supremos” (Juan Crisóstomo, EPE
23, 86). Y esta equiparidad entre clero y laico está señalada con
el Stijárion.
Al inicio, el Stijárion, tal como la túnica bautismal, era de color
blanco: símbolo de la pureza, pero también de la altura angelical del servicio sacerdotal. El
celebrante, con su apariencia blanca angelical, revela la belleza intrínseca del alma, según el
Venerable Teógnosto. Y San Simeón, obispo de Tesalónica, escribe sobre el mismo
simbolismo: “El Stijárion manifiesta la vestimenta resplandeciente de los ángeles, porque a
menudo aparecieron ángeles revestidos de un vestido resplandeciente, tal como el ángel que
apareció sobre el sepulcro del Señor, vestido de un vestido blanco. Además, el color blanco
del Stijárion simboliza la pureza inmaculada de la dignidad sacerdotal” (EPEF 2, 258; PG
155, 712A). El sacerdote, como ángel en “vestidura resplandeciente” (Lc 24; 4), espera a los
fieles en la Mesa del Altar – el sepulcro del Señor dador de vida – para invitarlos a la cena
de la Resurrección.

B. El Epitrajélion revela la gracia del Espíritu Santo


El Epitrajélion es el símbolo de la gracia del sacerdocio y la
participación del sacerdote en el sacerdocio de Cristo. El
sacerdote lo usa “en todo oficio sagrado”, porque “revela la
gracia del Espíritu Santo que realiza el servicio y que
proviene de lo Alto” (San Simeón, Obispo de Tesalónica, PG
155, 713A).
Esta gracia dada al Sacerdote es como un bálsamo especial –
símbolo de la bendición sacerdotal – con el cual el Sumo
Sacerdote de los hebreos era crismado. Y como quien est{
crismado con b{lsamo “tiene una cara alegre, está lleno de un
olor precioso y difunde alegría a todos los que lo miran” (Ex
30:30; Juan Crisóstomo, EPE 21, 308-310), del mismo modo
el sacerdote: sobre su rostro está reflejada la Luz verdadera y
su presencia causa alegría espiritual a los fieles.
La gracia que recibió el sacerdote se da a los fieles por los
Santos Misterios. La gracia divina se derrama como bálsamo
desde la cabeza de la Iglesia – Cristo – sobre la barba, que es el sacerdote, y desciende hasta
el borde de la vestidura, el borde que simboliza a los fieles. San Atanasio el Grande escribió
explicando este versículo de los Salmos: “Cuando se congrega la Iglesia en armonía,
entonces se derrama el Espíritu Santo, primero sobre la cabeza de la Iglesia que es Cristo,
luego sobre la barba, que simboliza a los apóstoles, y en fin sobre todo el cuerpo, es decir
todos los que se revistieron de Cristo en la Iglesia” ( BEP 32, 286). El sacerdote es el nexo
entre Dios y los fieles. Se vuelve canal por el cual llega la gracia divina a los fieles. Es
justamente esta realidad que el Epitrajélion nos la recuerda. El cuello del Epitrajélion
simboliza a Cristo, mientras que los flecos sobre el borde simbolizan a las almas que Dios
confió al sacerdote. Los fieles reciben la gracia de Cristo a través del sacerdote, porque el
sacerdote cumple su servicio como enviado de Cristo. El Epitrajélion revela que “el sacerdote
está debajo de la cabeza, Cristo, y que tiene que cumplir los oficios bajo el mando del
Mandatario – Cristo - … Ha de cumplir las obras de Cristo, en Cristo, pues sin Él nadie
puede hacer nada” (San Simeón, Obispo de Tesalónica, PG 155, 713A). El sacerdote, con
Cristo, realiza el servicio del misterio de Cristo: “Las obras de Cristo las realiza junto a Él”.

C. Han de comer la pascua ceñidos


De acuerdo con la oración que recita el sacerdote, el cinturón
simboliza dos cosas: primero, la fuerza de Dios que sostiene al
sacerdote en la Divina Liturgia; y segundo, la pureza o la castidad
que debe adornar al sacerdote.
Pero todos los fieles han de ceñirse para participar de la Mesa del
Señor. Tal como los hebreos comían la pascua ceñidos para estar
listos a emprender el camino que los llevaría a la Tierra
Prometida, de igual modo “nosotros también comemos la pascua
– Cristo”, y por ello, “hemos de comulgar los misterios siendo
ceñidos, para estar listos para salir, para despegar de este siglo”
(San Simeón, Obispo de Tesalónica, PG 155, 260A).
Desde que el sacerdote se ciñó con el poder divino, ya está listo
para cumplir su servicio sacerdotal. Junto a los fieles, vigila con
las lámparas de sus almas encendidas, y esperan al Señor yendo a
la asamblea sagrada: “Estén siempre preparados y mantengan las lámparas encendidas, y
sean semejantes a hombres que esperan a su señor que regresa de las bodas, para abrirle tan
pronto como llegue y llame. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle
velando; en verdad les digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose,
les servirá”.

D. El epigonation
Otro elemento de las vestiduras del sacerdote es el epigonation o
Espada, pues como un símbolo de poder, se reviste con una Espada
el sacerdote y está obligado a defender como un guerrero a su Iglesia
a favor de Dios y la justicia. Es la espada de la fe que éste guarda
dentro de su corazón. Y solo es usada por los servidores de la iglesia,
por ejemplo el Archimandrita la lleva como un signo de la predicación
y el derecho a la educación, y la extensión, pero en Antioquia se ha
asociado con la piedra espiritual y rango de paternidad privado. Un
don otorgado a los padres espirituales, aquellos que tienen la labor de
la confesión de las personas.
Una última vestimenta de la cual podemos hacer mención es ‚La Sotana‛: es la tunica negra
que usan los sacerdotes ortodoxos y es también una prenda de vestimenta clerical, la
expresión proviene de la palabra “casaca” que significa capa.
E. El sacerdote actúa como mano de Cristo

El simbolismo de las muñequeras se refiere a la creación del ser


humano y a la providencia de Dios.
Al vestirse de la muñequera en la mano izquierda, el sacerdote dice:
“Tus Manos me hicieron y me formaron”. “Pues por las manos del
Padre, es decir el Hijo y el Espíritu, que el hombre se formó a la
imagen de Dios y Su semejanza” (San Irineo, SC 153, 73; Gen. 1:26).
Con las manos santísimas de Dios – el Verbo y el Espíritu Santo – fue
creado el hombre. Pero el hombre prefirió la esclavitud al enemigo –
el diablo – en lugar de la comunión con Dios, y se quedó cautivo del
diablo hasta cuando la diestra del Altísimo “aniquiló al enemigo… y
derribó a Sus adversarios”. No sólo aniquiló a los poderes del
enemigo, sino que elevó al ser humano hasta el cielo: “La diestra de Dios – que es Jesucristo
– elevó al ser humano, que se unió con ella, lo elevó hasta llegar a su altura y lo transformó
en lo que es esta diestra por parte de Su naturaleza” (San Gregorio de Nyssa, PG 45, 697B).
Tanto como el primer ser humano era creación de las manos de Dios, también lo es el hombre
nuevo. Las manos de Dios que hicieron al hombre también sirven el misterio eucarístico. Las
muñequeras revelan “cómo Cristo sirve Él mismo, con Sus propias manos, el servicio santo,
el servicio de Su santo cuerpo y sangre” (San Simeón, Obispo de Tesalónica, PG 155,
7BCD). Pues la mano que da la paz y bendice los dones ofrecidos es la mano del Sumo
Sacerdote, de Cristo. San Teofanes, Patriarca de Nicea, escribe que Cristo, antes de subir a
los cielos, dio a los santos apóstoles y, a través de ellos, a los obispos y sacerdotes, “aquella
gracia del Espíritu Santo, con la que se debe cumplir la obra de la renovación y regeneración
de los seres y de los hombres que han sido creados, hasta el fin de los siglos… les dio hacer
esta obra… d{ndoles el poder para hacer las obras supremas del poder divino, en virtud del
Espíritu Santo que obra en todo” (Epístola a los sacerdotes, PG 150, 336C-337A.) Cristo
dio a los sacerdotes la gracia de hacer Su propia obra. Y el sacerdote se vuelve la mano de
Cristo. No creas, dice San Juan Crisóstomo, que el sacerdote es quien te ofrece los temibles
misterios, sino cree que “la mano extendida hacia ti es la mano de Cristo” (EPE 58). La
diestra del Altísimo se extiende y llega a todo fiel y le otorga Su paz, le da su santo cuerpo y
pura sangre.

F. Oh sacerdotes, revístanse de justicia, de Cristo


El Felonio es símbolo de la justicia divina, justicia que proviene de Dios
y es dada a los hombres. Es, de otra forma, símbolo de Cristo. San
Gregorio el teólogo dice: “Sacerdotes revístanse de justicia… la túnica
grandiosa sin mancha, Cristo, nuestro adorno”. Eso es justamente lo que
hace el sacerdote cuando se reviste del Felonio, “se reviste de Quien
volvió a ser para nosotros sabiduría de Dios, justicia y santificación”
(EPE 3, 228; 1 Co 1:30). Según San Nicolás Cabasilas, no era posible
encontrar justicia sobre la tierra antes de la encarnación del Verbo. Pero,
por la encarnación de Cristo, “descendió la justicia del cielo, se reveló,
por primera vez, verdadera y plenamente a los hombre”. Aquellos que estaban antiguamente
bajo la sentencia no sólo fueron declarados inocentes - “ya que Quien jamás hizo ninguna
injusticia, nos justificó por Su muerte sobre la cruz”… - “sino que nos hemos vuelto justos y
amigos de Dios”. Y termina diciendo: “Con los misterios sagrados, Cristo amanece en
nuestras almas con Su propia justicia y vida” (EPEF 22, 286). La justicia de Dios es Su amor
a los hombres, y este amor divino a la humanidad hizo de nosotros justos y amigos de Dios
por la muerte de Cristo. El Felonio, que justamente simboliza la justicia divina, “revela la
pasión de Cristo salvador, y el sacerdote lo imita al revestirse del Felonio. Es decir imita a
Cristo quien logró la verdadera justicia con Su pasión y muerte sobre la cruz… Por ello, el
sacerdote recita al momento de revestirse de ella: ‘Que Tus sacerdotes se revistan de justicia
y Tus justos desborden de alegría. Porque la justicia que se cumplió en la cruz nos trajo
verdaderamente la alegría‛ (Simeón, Obispo de Tesalónica, PG 155, 716AB). Los venerables
sacerdotes del Señor se revisten de la justicia – Cristo – y Cristo los cubre de la alegría divina.

2) El diácono (servidor) de los misterios de Jesucristo


San Ignacio el Teoforo llama a los diáconos “los servidores de la Iglesia de Dios”, y
“servidores de los misterios de Jesucristo”. Exhorta a los fieles diciendo: “Respeten todos a
los diáconos como a Jesucristo” ( BEP 2, 272). El diácono asiste al obispo y al sacerdote en
el cumplimiento de los misterios sagrados. Su vestimenta está compuesta del Stijárion, de las
Epimanikias y del Orárion. (La primera mención del “Or{rion” aparece en el C{non 22 del
Sínodo de Laodikía (mitad del siglo IV). San Nicodemo de Monte Athos dice que algunos
creen que la palabra proviene del latino “orare”, que significa “oremos”, porque “el di{cono
exclama las súplicas con el Or{rion en la mano…”. Eustratio el Argentis considera que
proviene de otra expresión (os, oris), que significa boca. En su interpretación, dice que el
diácono llevaba la santa comunión a los fieles, y al recibir la comunión, limpiaban sus bocas
con el Orárion pendiente sobre el hombre del diácono (Pidalion p. 429-430).
El servicio del diácono es imitación del servicio litúrgico de los ángeles. Por ello, al vestirse
del Or{rion, repite el himno angelical tres veces santos: “Santo, Santo, Santo, el Señor de los
ejércitos”. El Or{rion representa “la naturaleza racional de los ángeles”. San Sofronio,
Patriarca de Jerusalén, observa “que los diáconos representan a los poderes celestiales, con
el Orárion vuelan, como espíritus servidores enviados para servir” (Simeón, Obispo de
Tesalónica, PG 155, 381C; 3988AB; Heb 1:14). El sacerdote cumple la obra sacerdotal del
Señor, mientras que el diácono nos hace recordar que el servicio sacerdotal debe estar
adornado con la humildad del Señor, porque el Or{rion “nos recuerda la humildad del Señor
al lavar los pies de los discípulos y secarlos” (Isidoro Pelusioti, PG 78, 272C).

3) El obispo a Imagen de Cristo


El obispo usa todas las piezas mencionadas para el sacerdote más una capa de Obispo, el
Omoforion, una cruz y el engolpion. (Cordero) Los obispos tradicionalmente también
llevaban el felonion sobre las que colocan el omoforion, el signo de su oficio episcopal como
pastor de la iglesia local que conduce. Cuando el imperio cristiano fue capturado por los
turcos en el siglo XV, sin embargo, a los obispos cristianos de Oriente se les dieron dominio
civil sobre todos los cristianos bajo la dominación turca. En ese momento, puesto que ya no
era un imperio cristiano, los obispos adoptaron la insignia imperial y comenzaron a vestirse
como los gobernantes civiles cristianos utilizaban para vestir.
En primer lugar el Obispo como dijimos anteriormente se reviste de la
Capa, en señal de la capa de un emperador se le ha entregado al Patriarca
y se ha distribuido a todos los obispos después de la caída de
Constantinopla. Un vestido de la alegría, la paz y la belleza del reino que
Cristo nos dio a nosotros. La capa es señal de que prevalece la justicia. Y
el vestido para simbolizar el Señor, y en señal de que Obispo tiene el
deber de garantizar la educación en la fe ortodoxa, contra las herejías.
Pues el obispo es imagen de Cristo.

En segundo lugar el Omoforion, una pieza que se coloca alrededor


del cuello del obispo, un símbolo de la gracia que desciende sobre
él y lo puso por encima de las necesidades de su ordenación, una
imagen del Buen Pastor que lleva la oveja sobre sus hombros. Hay
dos tipos de Omoforion uno grande y otro pequeño.

En tercer lugar el engolpion, portadora de la


reliquia de los santos y estaban hechas de madera y evolucionaron con
el tiempo para llegar al formato actual, se pone el Obispo la cruz y el
engolpion en el pecho como símbolo de la iglesia que él mismo
representa, también, un símbolo de la fe ortodoxa, que llena su
corazón.

En cuarto lugar la Corona, vestido nuevo Episcopal se consagro en


el siglo XVIII, simbolizando que el obispo es la cabeza de la Iglesia.
También hay una tradición que relaciona la corona del obispo
con la imagen del rey, como el mayor símbolo de la realeza,
heredada de los Patriarcas después de la caída del emperador en
Constantinopla en 1453. Las mitras convirtieron en signos de la
victoria cristiana, porque los santos reciben sus coronas y reinan
con Cristo (Apocalipsis 4: 4).

En quinto lugar el Bastón, pues en el antiguo testamento dice ‚¡OH SEÑOR, fuerza
mía y fortaleza mía‛ el bastón del obispo es de madera en forma de (T) y tiene a cada
lado la ballena como símbolo de sabiduría y discernimiento, que debe tener sus límites
máximos. Tienen otra forma como la existencia de dos serpientes y por encima de ellos
el mundo y la cruz. El bastón se convirtió en el símbolo de la vara de Aarón (Ex 4: 2).
En relación con el servicio del obispo en la Iglesia Ortodoxa,
utilizan dos candelabros especiales con los que el obispo bendice a
los fieles. Dikirion y Trikirion: dos candelabros de dos y tres velas,
simbolizando la Santísima Trinidad, y las otras velas simbolizan las
naturalezas humana y divina de Cristo Jesús. Las llamas de las velas
simbolizan el Espíritu Santo, que vino a los discípulos en
Pentecostés.

También podemos ver en las vestimentas sagradas del obispo,


el uso de la mantilla, usada por el obispo en la divina liturgia,
es utilizada principalmente por respeto a una vida monástica,
por los jefes de monasterios y la conservan los obispos ya que
proceden de los monasterios y trajeron consigo la tradición del
monasterio, por ejemplo, la mantilla generalmente es de color
rojo Bordo y lleva en si los iconos de los cuatro evangelistas, o
Juan el Bautista con la Madre de Dios, como en la intercesión,
los querubines y serafines.

Es muy característico ver las Iglesias cuando celebra un Obispo,


una pequeña alfombra con el dibujo del águila, alfombra pequeña
con la forma de un águila que pisotea el obispo, un símbolo de las
aves pues el Obispo vuela en el conocimiento espiritual. Por lo
tanto, El águila se convirtió en el signo del vuelo a la Jerusalén
celestial, ya que es el símbolo bíblico clásico de San Juan y el
cuarto evangelio (Apocalipsis 4: 7; Ez 1:10). La Iglesia Ortodoxa
es bastante firme en su insistencia en que toda vestimenta litúrgica
es esencial para el culto litúrgico normal, experimentado como la
realización de la comunión con el glorioso Reino de Dios, un reino que está por venir, pero
que también ya está con nosotros en el misterio de Iglesia de Cristo.

Los colores de las vestimentas y sus significados:


La tradición bizantina no impone un color en particular o específico, pero se utiliza
principalmente el blanco en los días de Semana Santa, y el rojo en los días de Cuaresma y la
gran Semana Santa. Es decir que el simbolismo de los colores puede servir para subrayar
estados de ánimo apropiado para una temporada del año litúrgico, o puede poner de relieve
una ocasión especial.

Los Colores que se usan comúnmente:

† Blanco: por el gozo, la paz y la alegría, utilizado en la Semana Santa y la


Transfiguración.
† Azul: Una guía a la pureza, y llevando en las fiestas de nuestra Señora, la Madre de
Dios. Lo más limpio y puro que existe.
† Oro: Es el color real, utilizado en las fiestas de los Santos Padres Gregorio el teólogo,
Juan el evangelista, Basilio el grande y las fiestas del Señor.
† Verde: un símbolo de la vida, y es llevado en las fiestas del Espíritu Santo en
Pentecostés y También son utilizadas vestimentas de color verde en el Domingo de
Ramos.
† Rojo: el color de la sangre, y se lo llevaba en las fiestas de los Santos.
† Púrpura: El color del ayuno y la tristeza, y se lo lleva en un período de la Cuaresma,
como así también en las fiestas y los días de conmemoración de la Cruz.
† negro: la ropa de todos los días, es decir la sotana del sacerdote es negra. Sin embargo
las vestimentas negras se utilizan mayormente para los funerales y también son
utilizadas en la gran cuaresma.

El Altar y los elementos sagrados de la Liturgia:


El templo de la iglesia gira alrededor de la mesa del altar. La mesa del altar no se limita a
simbolizar la mesa de la última cena. Se trata de la presencia simbólica y mística del trono
celestial y la mesa del Reino de Dios, la mesa de Cristo el Verbo, el Cordero y el Rey de la
vida eterna que es glorificado en toda la creación. El Libro de los Evangelios está
perpetuamente entronizado en la mesa del altar. Es allí donde le ofrecemos el “sacrificio
incruento” de Cristo al Padre, y desde allí recibimos el Pan de la Vida, el Cuerpo y la Sangre
de la Cena de la Pascua del Señor. Esta mesa es la “mesa del Reino de Dios” (Lc 13:29).
En cuanto a los elementos que se utilizan en el altar sagrado para la celebración de la liturgia
debemos en primer lugar hacer referencia como uno de los elementos principales para la
celebración de la liturgia y cualquier otro servicio al lienzo llamado “Antimension”, que se
extiende sobre la Mesa central.
Una tradición dice que este paño recuerda la época en que los cristianos eran perseguidos y
la Iglesia no tenía una residencia permanente por lo que sus fieles no podían llevar consigo
el trono (mesa del altar). Entonces se comenzó a utilizar este paño con restos de reliquias. Es
el objeto más sagrado del templo y, de hecho, sin el Antimension no se puede llevar a cabo
el servicio religioso. Usualmente el Antimension se envuelve en otro paño (iliton) que evoca
el vendaje sobre la cabeza de Cristo en su lecho de muerte. El Antimension es un paño de
seda con una imagen de Jesucristo en la tumba junto con imágenes de los 4 evangelistas. En
su reverso el Antimension lleva un saquito con reliquias santas. Se entrega por el obispo al
sacerdote durante la consagración de la Iglesia lo que le permite realizar las liturgias y otros
servicios.
Además de este elemento, en la mesa del altar se encuentran el Evangelio en el centro, pues
es la Palabra de Dios, centro de toda nuestra realidad, es en torno al evangelio que gira la
Iglesia y nosotros como miembros de la Iglesia tenemos al evangelio como el centro y la base
de nuestras vidas.
En tercer lugar el Tabernáculo o Sagrario que es una pequeña casilla hecha generalmente de
mármol, a veces de madera, levantada sobre el Altar en su parte central donde se guardan los
santos sacramentos. Aquí se conserva por ejemplo los elementos que se usan para dar la
comunión a los enfermos en sus hogares u hospitales, debido a su imposibilidad de concurrir
al templo. Una Cruz sobre el Tabernáculo, recuerda a Jesucristo cuyo sacrificio se renueva
en el Altar.
Los candelabros que forman parte del altar son las lámparas que arden día y noche que
simbolizan nuestra fe que hace guardia día y noche a Jesucristo. En el lado norte del altar
existe otra mesa en la cual a comienzos de la liturgia se preparan los elementos de la
eucaristía. Se la denomina- ofertorio- porque en la antigüedad allí se ofrecía a los fieles el
pan y el vino. También se la denomina altar menor. En ella se prepara el pan y el vino para
la eucaristía. Durante los ritos de la primera parte de la liturgia ortodoxa llamada
Proskomidiya sobre esta mesa se encuentran los elementos para la Eucaristía y otros objetos
santos que se observan a continuación:
El cáliz, recipiente en el cual al comienzo de la liturgia se vierte el vino junto con una muy
pequeña cantidad de agua, vino que durante la liturgia se transforma en la Sangre de Cristo.

Los arcos en forma de estrella: Asteriskos, son dos arcos


unidos en forma de cruz sobre la patena o recipiente de pan –
ázimos- y evocan la Estrella de Belén. Se ponen sobre la
patena para evitar que el manto o cubre patena toque partes
del pan -prósforas-.
También están los mantos o Kalimas (del griego tapa o velo)
que cubren o la patena o el cáliz pero existe también un
tercero más grande que los cubre a ambos. Los velos
pequeños simbolizan los pañales del Niño Jesús, y el Velo
grande, el Sudario de Cristo en el Sepulcro. La patena es una
fuente metálica redonda cubierta de oro o plata para poner el pan que es el cuerpo de Cristo.
La Lanceta, es un cuchillo de doble filo y terminado en punta de lanza, se usa para cortar el
pan en forma de cruz y evoca la lanza que hirió a Cristo en un costado cuando yacía en la
Cruz. El Sacerdote la emplea en la preparación de la Ofrenda. La cucharilla se utiliza para
darles la comunión a los fieles, simboliza las pinzas con las cuales el sublime Serafín puso
en la boca del profeta Isaías un carbón ardiente, lo que era una prefiguración de nuestra actual
comunión, cuando en la boca humana se pone el Divino Cuerpo y Sangre de nuestros Dios y
Salvador. La esponja, que se usa para limpiar la Patena y el Cáliz y los restos de la Santa
Eucaristía, es un recuerdo de aquella embebida de vinagre que un soldado alcanzo a Cristo
en la Cruz.

El Zeoón: (Agua hirviente), se vierte el agua en el Cáliz ante la comunión.


Simboliza el calor vivificante de la gracia del Espíritu Santo que desciende
sobre aquel que comulga. Además, indica el carácter Pentecostal de la santa
Liturgia. (Glinka, Luis, La Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, 1989)