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El 21 de mayo de 2017 constituye una fecha gloriosa de nuestro calendario de aconteceres

sociales, porque se celebraron ciento cincuenta y seis años de la abolición definitiva de la


esclavitud en Colombia y Panamá, decretada por el Congreso Neogranadino, en uno de los
acontecimientos más luminosos en la lucha en pro de la libertad y la dignidad de los seres
humanos.

Desde la Ley de Libertad de Vientres, expedida por el Congreso de Cúcuta en 1821, hasta las leyes
de 1850, las medidas antiesclavistas graduales para acabar con ese infame método de explotación
y de trabajo no habían logrado su liquidación y los libertos, debido a los subterfugios legales,
permanecían concertados, sirviendo al amo de la madre o a terceros —esclavitud disfrazada—,
hasta que cumplieran determinada edad, so pretexto de contribuir a su debida instrucción.

En virtud de la dinámica del Congreso Neogranadino de 1851, el cual obró por la iniciativa
legislativa del presidente José Hilario López y con el acicate del vicepresidente José de Obaldía y
del designado Manuel Murillo Toro, dirigentes de la Revolución liberal del medio siglo, que
desmontó el andamiaje colonial entonces vigente en la vida colombiana, se logró aprobar la
excerta legal mediante la cual la esclavitud, abominable sistema de sumisión y vasallaje, fue
lanzado al basurero de la Historia.

A este Congreso concurrieron los senadores Tomás Herrera —ex secretario de Guerra y Marina del
presidente López—, por Azuero; Antonio Villeros, por Chiriquí; José de Obaldía, por Panamá; y
José Fábrega Barrera, por Veraguas. En tanto, como representantes a la Cámara, acudieron José
Antonio Castro por Azuero, Domingo Arosemena por Chiriquí, Lucas Angulo por Panamá y Luis de
Fábrega por Veraguas.

Fue el 21 de mayo de 1851, luego de intensos debates en la Cámara de Representantes y en el


Senado, que se adoptó la ley sobre la libertad de los esclavos. Esta decretó que, desde el 1° de
enero de 1852, serían libres todos los esclavos que existían en el territorio de la República. En
consecuencia, desde esta fecha comenzaban a gozar de los mismos derechos y obligaciones que la
Constitución Política y las leyes garantizaban e imponían a los demás granadinos.

Según cifras reproducidas por Jaime Jaramillo Uribe, había 16 468 esclavos en toda la Nueva
Granada, 320 de ellos en Panamá. Recientes investigaciones de Mario Molina Castillo indican que
en el Istmo existan 495 esclavos en total, distribuidos en sus cuatro provincias, así: 82 en Azuero,
33 en Chiriquí, 320 en Panamá y 60 en Veraguas.
Otras disposiciones de dicha ley regulaban el comprobante de la libertad de cada esclavo, las
reglas de avalúo, las juntas de manumisión y su funcionamiento, los vales, los fondos y los
impuestos para la manumisión y la intangibilidad de los fondos de manumisión, entre otras,
dirigidas al cumplimiento de su letra y su espíritu.

Esta ley declaró la libertad de todos los esclavos procedentes de otras naciones que se refugiaran
en la Nueva Granada y ordenó a las autoridades locales su protección y su auxilio por todos los
medios que estuvieran en la esfera de sus facultades.

También autorizó al Poder Ejecutivo para celebrar un tratado público con el Gobierno del Perú que
permitiera la liberación de los esclavos granadinos importados a esta nación, previo el abono de la
Nueva Granada de la indemnización que debía pagarse a sus poseedores.

Al vicepresidente De Obaldía, en su condición de encargado del Poder Ejecutivo, le correspondió el


honor de dar cumplimiento a esta ley. En su discurso expresó:

‘Ha alumbrado el más grande, el más glorioso y el más fecundo en bienes de los que forman el
orgullo de la nación, después del día inmortal de nuestra independencia'. ‘Hoy son libres, en virtud
de esa ley santa y sin par cristalina y filosófica de 21 de mayo último, todos los esclavos de la
República. Entre las páginas de oro de nuestros anales habrá una que esté consagrada a hacer
imperecedera la memoria de este suceso, que envuelve la redención de millares de seres
humanos, y que coloca sobre las sienes de los legisladores de 1851 el premio que da la virtud a los
que rompen las cadenas de los infortunados siervos'.

La Constitución de 1853, adoptada en el Congreso presidido por el general Tomás Herrera, el


vencedor de la rebelión esclavista desatada por los conservadores tras la promulgación de la ley
antiesclavista, elevó a rango constitucional la proscripción de la esclavitud, al expresar: ‘No hay ni
habrá esclavos en la Nueva Granada'. A esta la siguió la Constitución de la Confederación
Granadina (1858) que prohibió a los estados confederados permitir o autorizar la esclavitud y
luego la de Rionegro (1863), cuya Convención presidida por el doctor Justo Arosemena, ratificó:
‘No habrá esclavos en los Estados Unidos de Colombia'.

En el territorio istmeño, la Constitución del Estado de Panamá (1855), también fue la primera
Carta federal que garantizó la libertad personal de todo hombre y desconoció cualquier título de
propiedad sobre aquel que pisara nuestro territorio. Esta Ley Fundamental no solo respondía a los
cánones de la Constitución granadina de 1853, sino que estaba inspirada en el discurso de toma de
posesión del superior provisorio, doctor Arosemena, quien en una estocada final a la execrable
institución colonial expresó que ‘nuestro territorio se ha librado ya de todos los enemigos de la
República. Echemos complacidos una mirada en nuestro derredor, y no alcanzaremos a ver sino
hombres en el pleno goce de su libertad. La odiosa esclavitud no es ya sino un recuerdo, penoso y
humillante, pero en fin un recuerdo'. La fórmula de la Constitución panameña de 1855 fue
refrendada por casi todos las Estatutos fundamentales del Estado Soberano de Panamá (1863-
1985), en una tradición constitucional que aniquilaba para siempre, como bien expresó en su
mensaje al Congreso el presidente López, ‘este legado de la barbarie', ‘mentís permanente dado a
la filosofía del siglo y a la fraternidad cristiana'

Los primeros esclavos negros llegaron al istmo de Panamá en la expedición del Gobernador Diego
de Nicuesa quienes trabajaron en levantar Nombre de Dios, fundada en 1510. Un esclavo negro
llamado Ñuflo de Olano, acompañó a Vasco Núñez de Balboa en la expedición que descubre el
océano pacífico en 1513.

La rebelión de los esclavos africanos y el cimarronaje

La primera sublevación de los esclavos africanos se dio en la ciudad panameña de Aclá en 1530, se
volvería repetir en 1533 y finalmente en 1579, los negros sublevados firmarían un tratado de paz
en la ciudad de Portobelo donde se le otorgaría libertad colectiva, siendo el primer precedente de
libertad esclavista en América.

El cimarronaje en Panamá tuvo mucha fuerza, en 1548 ocurre una fuga de esclavos negros,
quienes organizaron un gobierno y reconocieron como rey a un esclavo llamado Bayano. De la
misma manera, otro grupo en 1549, el cual era encabezado por Felipillo, se organizó en el Golfo de
San Miguel.

Las autoridades coloniales a cargo del Capitán Francisco Carreño, combatieron a los cimarrones,
infringiéndoles graves e inhumanos castigos a los que lograban capturar.

A la llegada a Panamá del Marqués de Cañete, virrey del Perú, se dispuso enfrentar el peligro que
representaba el alzamiento de los negros cimarrones. Para ello, se encomendó al Capitán Gil
Sánchez dirigir una fuerza a la región de Chepo donde se encontraba Bayano, quien logra derrotar
al representante del Virrey.

El Capitán Carreño termina apresando a Bayano, a quien conduce a Nombre de Dios, donde Álvaro
de Sosa, Presidente de la Real Audiencia de Panamá intenta atraer a los cimarrones a la autoridad
realista, para lo cual firman un convenio. Una vez libre, Bayano continuó su enfrentamiento con
los españoles. En esta oportunidad con el Capitán Pedro de Ursua, al mando de una expedición de
200 hombres, enfrenta a los esclavos alzados, a quienes logra vencer. Bayano es capturado y
enviado a Sevilla, donde se le asigna una renta por parte de la Corona.

Los cimarrones colaboraron como guías de los piratas y corsarios que llegaron a Panamá durante
la época colonial.

En recuerdo de las célebres luchas de los cimarrones en las márgenes de Coquira o Chepo, se le
dio el nombre de Bayano al río que afluye en el área.

A raíz de este fenómeno se fundaron los llamados Palenques, principalmente en la costa Caribe
panameña, en la cuenca del actual Canal de Panamá y en el distrito de Chepo en la Provincia de
Panamá, donde aún residen los descendientes de los cimarrones rebeldes.

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