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Sexualidad y adolescencia

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Sexualidad en la adolescencia
Presentamos un trabajo muy interesante para entender como perciben y viven la sexualidad los
adolescentes.

Teresa Vaquero Romero Psicóloga.

Sexóloga. Especialista en terapia de pareja

Hablemos de sexo
¿A qué nos referimos cuando hablamos de “sexo”? Para aclararnos, comparemos estas frases:

Rellene este cuestionario e indique su sexo.


Nos gusta mucho practicar el sexo.
“El acarició su sexo con suavidad”.
“Pienso mucho en el sexo, ¿seré un adicto?”.

Fíjense en las acepciones tan diferentes de sexo que se esconden en estas frases, todas inteligibles
por el contexto (cada uno es distinto), pero teniendo en común el mismo término: sexo. En el primer
caso sería el sexo “que se es” (hombre o mujer), en el segundo el sexo “que se hace” (coito), en el
tercero el sexo “como genital” (vulva o pene) y, ¿en el cuarto?...vamos a intentar entendernos.

Cuando hablamos de sexo, nos referimos a hombre o mujer. La función del sexo es sexuar, hacer
identidad por razón de sexo.

El concepto de sexualidad hace referencia al modo de sentir esta condición de hombre o mujer, es
una vivencia subjetiva. Mi manera peculiar de ser hombre o mujer, en la medida en que vivo rodeado
de otros hombres y otras mujeres y cómo me siento orientado hacia los hombres o las mujeres que
me rodean.

De la misma manera que todos somos persona, pero tenemos distinta personalidad. Todos
pertenecemos a un sexo, pero tenemos diferente y única sexualidad.

El término erótica hace referencia a la expresión gestual, conductual de la sexualidad. Es un término


central para las relaciones, las atracciones, los placeres, los deseos,…

Mucho se ha escrito y mucho se ha hablado acerca de la adolescencia y cuando se la asocia con la


palabra sexualidad se nos vienen a la cabeza datos y estadísticas: aumenta cada año el número de
embarazos no deseados, polémica acerca de la facilitación de la píldora del día después, las
primeras relaciones sexuales suelen ser sin protección, el consumo de alcohol y la espontaneidad
como causa de la no utilización del preservativo,…de esto ya hemos debatido mucho, de esto ya
sabemos mucho. Me gustaría cambiar el alarmante y real discurso por otro no menos real.

Qué cambios experimenta el cuerpo y cómo lo viven los chicos y las chicas, la atracción, el
enamoramiento, el amor, el ideal de belleza, el interés por la erótica, la primera vez, el papel que
juega la educación sexual Todos estos son elementos que tienen que ver con la sexualidad y que se
viven de forma intensa en esa etapa de la vida. Y, aunque cada persona en función de su educación,
sus experiencias, su personalidad, lo vive de forma única y peculiar, encontramos que se pueden
distinguir dos formas sexuadas de vivir esta realidad, la de los chicos y la de las chicas.
Cada hombre y cada mujer lo es a partir de unos caracteres sexuales primarios (los genitales) y
unos caracteres sexuales secundarios que son efecto de los primarios: vello corporal, distribución de
la grasa, estatura, peso, desarrollo muscular, voz,…tanto los caracteres sexuales primarios como
los secundarios tienen unos referentes en lo biológico.

Pero en la construcción del sexo (hombre-mujer) no solamente son determinantes las cuestiones
puramente biológicas, también hay continuas e inevitables influencias de roles, estereotipos,
expectativas sociales (lo que la sociedad considera más adecuado a uno u otro sexo), criterios
educativos, estos son los caracteres sexuales terciarios (o género desde otros enfoques). La
conjugación de todos estos elementos da lugar a personas muy distintas unas de otras.

Creo que todos los aquí presentes estamos de acuerdo en que existe cierta unanimidad en la
expectativa social de cara al sexo, qué se espera de un hombre y de una mujer. Aunque esto va
cambiando de unas generaciones a otras, se intuye un cierto hilo conductor. Cada cultura tiene unas
líneas de expectativa que son percibidas (implícita o explícitamente) por cada persona y cada
persona se adecua como puede a esas expectativas. Ser chico no es sólo etiquetarse y que me
etiqueten como chico, también es una tendencia a actuar de una determinada manera. Idem con las
chicas.

Los tres puntos que desarrollo en esta ponencia son la pubertad, la figura corporal y la erótica y el
amor.

La pubertad
La pubertad es el proceso por el cual el organismo infantil se convierte en el organismo de
adolescente. Un cuerpo de niño/niña se convierte en un cuerpo de hombre/mujer. La adolescencia es
más extensa: es un proceso de desarrollo corporal, endocrino, psicológico y social que va más allá
del cambio físico. En estos cambios físicos y cómo lo viven los chicos y las chicas me voy a centrar

Desarrollo corporal
En el cuerpo infantil se produce una revolución total y única en la vida del sujeto. Las hormonas
sexuales son las protagonistas del desarrollo y crecimiento corporal, marcando las diferencias entre
chicos y chicas. Estas hormonas hacen que se desarrollen los caracteres sexuales secundarios y
que los órganos genitales alcancen su maduración total. La edad media del inicio de la pubertad se
sitúa sobre los 10,5 años en las chicas y los 11,5 años en los chicos. Este proceso dura entre 3 y 4
años.

El inicio de la pubertad es lento, el hipotálamo hace que la hipófisis empiece a segregar


gonadotropinas (LH, hormona luteinizante y FSH, hormona folículo-estimulante), estas hormonas
estimulan el crecimiento de las gónadas masculinas y femeninas (testículos y ovarios),
preparándolas para la fabricación y regulación de hormonas sexuales (testosterona el testículo y
estrógenos el ovario). Los aumentos hormonales son la principal causa de los cambios físicos:

El crecimiento se dispara: “estirón” (talla, peso, musculatura,…)


Los genitales aumentan de tamaño y adquieren el aspecto y las funciones adultas.
Primera regla o menarquia y primera eyaculación
Cambios de la voz…

La pubertad es la confirmación corporal de la identidad sexual. El niño/a ya sabía que lo era, pero
ahora el cuerpo se lo asegura con estos cambios. Cambia la forma de vivir su realidad como hombre
o mujer.

Los chicos generalmente reciben mensajes positivos respecto a la madurez (mayor fuerza, mayor
virilidad, mayor destreza..) mientras que las chicas reciben mensajes más ambiguos (“tienes que ser
más femenina”, “ya eres una mujer, a partir de ahora debes tener más cuidado con los chicos”…)

Los chicos que maduran antes tienen una imagen corporal más positiva, un mejor autoconcepto,
mayor popularidad. Los que maduran más tarde pueden tener peor autoconcepto, más pobre imagen
Las chicas que maduran antes de la media tienden a estar más descontentas con su imagen
corporal y tener peor autoconcepto, que las que maduran en el momento de la media de edad,
aunque también hay que destacar que esto está cambiando, pues cada vez es más habitual
encontrar a chicas que están encantadas con su madurez temprana, ganando en autoestima y
liderazgo, pues se acercan, antes que otras chicas de su misma edad a lo socialmente deseable.

El adolescente debe adaptarse a un cuerpo nuevo con unas funciones nuevas (eyaculación,
menstruación), que afecta no sólo a su biología, sino a la vivencia y procesos asociados, individual y
socialmente, a esos cambios biológicos.

La figura corporal
La figura corporal tiene una gran importancia. . La figura corporal es la visión que cada persona tiene
de su propia apariencia física y, por tanto, es también la que creemos que las demás personas ven.
El adolescente percibe su figura corporal en constante cambio y pasa por momentos de inseguridad
e inquietud. Además su cuerpo cambia frente a un modelo de belleza establecido, que se refleja en el
cine y la televisión, son modelos de belleza muy exigentes y difíciles de conseguir para la mayoría de
las personas.

La figura corporal del adolescente cambia tan sustancialmente que es como si fuera otro, aun siendo
el mismo, ante el espejo social y ante sí mismo. Somos corporales, nuestro cuerpo y nuestra figura
corporal mediatiza nuestros pensamientos, deseos, afectos y conductas.

De aquí que sea tan importante aceptar el propio cuerpo para tener confianza en uno mismo y
abrirse a los demás sin miedo y dispuestos a seducir e interesar. Estamos en la sociedad de la
imagen, de la figura corporal, hoy más que nunca somos imagen.

Toda la posible conflictividad en relación a la figura corporal tiene especial relevancia en la


adolescencia, muchos de los complejos que aparecen en esta etapa de la vida tienen su base en
imaginados defectos físicos que tanto chicos como chicas creen poseer (y que se refuerzan y
magnifican diariamente con la aparición de motes y bromas al respecto), llegando a afectar a las
relaciones interpersonales y a la estabilidad emocional. Quien no se siente digno de ser querido no
puede querer. Todo esto se hace más problemático por la influencia decisiva de los modelos de
belleza que propone la sociedad, pues cuanto más nos alejemos de ese modelo, habrá mayor
probabilidad de insatisfacción y rechazo de los demás, pero sobre todo de uno mismo.

La figura corporal femenina es más tratada como objeto y se dedica a ella mucha más atención por
parte de la moda y la cosmética. Las mujeres instrumentalizan más su figura corporal que los
hombres, porque socialmente a ellas esto les funciona muy bien, el poseer un cuerpo ajustado a
unas pautas canónicas les otorga un poder social y una capacidad de seducción casi ilimitada en
relación con el varón. En nuestra sociedad actual somos víctimas de la imagen, la inadecuación con
el modelo dominante favorece un bajo nivel de autoestima, provoca retraimiento social, fomenta la
desconfianza en las propias posibilidades, etc. En nuestra sociedad se hacen continuamente
señalamientos y valoraciones basadas en la figura corporal y se hacen sin piedad con los demás y
con uno mismo.

En el caso de las chicas el modelo está más definido y es más exigente, pero se observa en las
últimas décadas que el interés social por la figura corporal del varón se acerca al caso femenino
(caso del metrosexual), (de históricamente deseante, ahora también quiere ser deseado).

Si lo analizamos detenidamente vemos que durante la infancia nuestros tíos/as, padres, abuelos se
han encargado de decirnos lo guapos, altos y listos que somos. Salvo en casos extremos, la figura
corporal del niño es familiar y socialmente bien valorada. Todo eso que se les dice a los niños tiene la
función de dar seguridad, confianza y sensación de ser aceptado. En general, durante la infancia, el
tema de la imagen corporal no suele ser conflictivo. La familia, hace de espejo incondicional, espejo
que devuelve siempre buenas noticias sobre la propia figura corporal.

El conflicto puede empezar cuando los niños se relacionan con otros niños, los iguales suelen ser
espejos más exigentes que señalan nuestros defectos (gafotas, palillo, piraña,…) el espejo en el que
casa lo guapos que somos, ahora el modelo de referencia es el de los iguales y el social) aumenta la
conciencia y la importancia de la figura corporal, por ello el adolescente está tan preocupado por su
pelo, su ropa, sus granos, su pecho,…

Chicos y chicas en la adolescencia ponen especial empeño en ser uno mismo, porque aunque
siempre se haya sido, ahora hay necesidad de sentirlo, aunque para ello, paradójicamente, se
busque parecerse a otros u otras y formar parte de un grupo. Para ello el chico o la chica trata de
reafirmarse, y un modo de hacerlo es logrando la aceptación de la pandilla. El mundo de iguales es
especialmente importante. Se llega a formar con ellos pequeños mundos donde parece que todo
empieza y todo acaba. Esa necesidad de aprobación no siempre resulta fácil, sobre todo para los
que se sienten algo diferentes.

En todas las etapas de la vida es importante sentirse reconocido, pero en la adolescencia suele
haber falta de seguridad en uno mismo. El chico o la chica están en el proceso de conocerse y
aceptarse, así como conocer y aceptar a los demás (iguales o diferentes). Sólo después de
conocerse y aceptarse se puede aprender a expresar la erótica.

Como ya comenté antes, el hecho de que se acceda pronto a esa figura es ventajoso desde el punto
de vista social, especialmente en el caso de los chicos. Son mejor aceptados por sus profesores,
más populares. Los chicos con una pubertad temprana se sienten más seguros, atractivos, menos
dependientes y son con mayor frecuencia líderes en su grupo de iguales.

Cuestiones importantes:
La intervención en educación se tiene que encaminar a analizar y relativizar el modelo de belleza
dominante, a aprender a descubrir y evitar las comparaciones y a tomar conciencia y dejar de usar
las distorsiones (soy mucho más que una nariz grande o un trasero respingón).

Ni los placeres sexuales ni otras capacidades (amamantar, eyacular, menstruar) guardan relación
con el tamaño o el ritmo del desarrollo. Pero para quien está esperando estos cambios corporales,
las expectativas sobre los mismos generan muchas incertidumbres ¿cómo serán los cambios? ¿a
qué ritmo? ¿con qué resultados? Muchas de estas dudas no tendrán respuesta inmediata, necesitan
de tiempo. Pero no es lo mismo esperar sin ninguna información que con alguna certeza, como que
nadie se queda sin madurar, que sea cual sea el resultado este será el de un cuerpo preparado para
el placer y para las relaciones personales. Que para la sexualidad nadie está más preparado que
otros y que no hay mejores ni peores. A veces estas respuestas llegan tras años de dudas y de
haber estado recibiendo mensajes justo en la otra dirección:”un buen cuerpo y en buenas
proporciones es lo que garantiza una buena sexualidad y unas buenas relaciones eróticas”.

De estos cambios y de sus significados hay que hablar antes de que ocurran, antes de que
preocupen. Por ejemplo, ¿de qué ayudará a una chica de 14 años, a quien aún no le ha venido la
regla, contarle que tener la primera regla a los 12 o a los 14 es indiferente, que no predice nada, si ya
se ha pasado dos años preocupada? Aunque evidentemente más vale tarde que nunca.

Un hombre y una mujer son hombre o mujer sencillamente porque lo son y así se sienten, y no
porque se parezca más o menos a ciertos modelos de belleza. Pero si este mensaje empieza a
trabajarse a partir de las dudas o de la incertidumbre sonará a “consuelo de tontos”, perderá
credibilidad. Pensarán: ¿por qué no me lo han dicho hasta ahora? Si queremos recoger habrá que
sembrar a su debido tiempo, cuando no había ni prisa, ni urgencias. Y a demás hacerlo con palabras,
pero sobre todo con nuestra actitud, nuestros comentarios, nuestra conducta. Se aprende lo que se
ve que se hace, más que lo que se dice que se hace. Es importante tenerlo en cuenta, pues es
inevitable ser modelos de conducta.(ex. padres agobiados)

Todos los hombres son verdaderos hombres y todas las mujeres son verdaderas mujeres y no lo
son porque alguien se lo diga, lo son porque así se sienten. A veces, en esa carrera por ser más
hombre o más mujer uno se entrega a las tiranías de las modas o a precipitarse a ciertas relaciones
eróticas sin desearlo. La pandilla, por supuesto, es fundamental y necesaria, lo que habría que
procurar es que no se convierta en fuente de prejuicios o lleve a que las relaciones eróticas se
con iertan en na obligación no en fr to del deseo
Creo que todos estaremos de acuerdo en que no es igual llegar a la adolescencia sin haber oído
hablar de sexualidad, que habiendo aprendido a hablar de ella, creyendo que las relaciones eróticas
son sólo coito o que son más cosas, aprendiendo que hay distintas formas de relacionarse, que
creyendo que todo el mundo es igual, que es un valor pensar por sí mismo o que hay que hacer lo
que todo el mundo….

Por la propia exigencia de la reproducción sexual, esta persigue y busca la diferencia y la variación.
La variabilidad y diversidad resultante es un hecho positivo, cada persona es única.

Es necesario hacer un análisis crítico de los modelos dominantes, tanto para el hombre como para la
mujer. Reconocer el carácter impositivo de estos modelos y el valor relativo de ellos, puesto de
manifiesto por la diversidad en las culturas, los cambios históricos y generacionales. Es importante
colocar un nuevo concepto de figura corporal deseable, fundada y articulada sobre y desde la
diversidad. Ya que no podemos eliminar todas las influencias externas estereotipadas y exigentes, al
menos intentar generar en los chicos y chicas capacidad crítica y libertad de elección.

Es positivo cuidar la estética en función de uno mismo y en función de los demás, pero sin que la
preocupación por el cuerpo derive y degenere en esclavitud y opresión.

Hablamos ahora de los sentimientos pero también, como decía al principio de la parte conductual del
sexo, del sexo que se vive, se hace y se disfruta, la erótica.

Erótica y amor
Desde prácticamente el inicio de la pubertad todo lo relacionado con lo sexual se convierte en cierta
medida en algo prestigioso. Entre los chicos, el más osado contando chistes verdes, el que maneja
más información, quien haya visto determinadas películas o a más personas desnudas, el que antes
se masturbe, el que lo haga más veces, quien haya cogido de la mano, quien haya besado,
acariciado, metido mano,…así hasta llegar al coito. Después quien tiene más parejas, quien prueba
cosas nuevas,…en las chicas es similar, aunque en ocasiones, las demostraciones explícitas
pierden valor frente a otras más implícitas como la seducción o lo cualitativo, no importando tanto el
cuánto, cómo los quienes o el cómo, no es tan relevante qué hago, sino con quién lo hago.

La percepción que habitualmente tiene el chico o la chica sobre la actividad sexual de sus iguales es
que él o ella siempre está por debajo de la media, muchos creen no cumplir con la norma general.
En 1º Bachillerato, 17 años, creen que el 80% de sus compañeros de clase ya lo han hecho, “todos
lo hacen menos yo”. Esto explicaría, en parte, porqué a veces hacen cosas porque los demás lo
hacen o al menos eso creen, y no porque lo deseen.

En estas edades puede aparecer un nuevo fenómeno: el enamoramiento, que aunque es vivido y
sentido como una experiencia individual y única, sus características son prácticamente universales,
lo que no quita que su vivencia sea algo personal e intransferible. Junto con el enamoramiento,
aparecen el deseo y la atracción. El deseo sería la energía de base, la necesidad que surge de
buscar satisfacciones eróticas. La atracción es la dirección que toma el deseo. Hablamos de algo
más que una necesidad, no vale todo para calmar esa necesidad. La atracción está influenciada por
la propia orientación del deseo, las preferencias personales, las experiencias anteriores, la cultura…

La persona objeto del enamoramiento aparece como única e insustituible. Mientras el deseo y la
atracción están abiertos a multitud de objetos posibles. El enamoramiento supone deseo sexual,
aunque no es necesario que se viva de modo explícito (amor platónico) y atracción. Ahora la persona
a la que se dirige el deseo y la atracción se convierte en única, insustituible y exclusiva. Una mirada,
unas palabras, una caricia…todo tiene un significado especial. Este fenómeno pasa a convertirse en
el eje central de la vida psíquica del sujeto. El enamorado se convierte en el centro de atención, la
fantasía (se le recuerda, revive), las preocupaciones y el día a día es un estar “pendiente de”, un
antes y un después, encuentros, despedidas…

A diferencia de las personas que sólo se desean y atraen, el enamorado provoca un profundo interés,
todo lo del otro nos interesa: gustos, historia, deseos…se escucha sin cansancio y se está dispuesto
a una comunicación sin fin Se está dispuesto a hacer lo que sea por el amado sin medir costos ni
ser merecedor de él, de encantarle cuanto se pueda. La pasión del enamorado desea consumarse
en la intimidad corporal, sexual, afectiva y espiritual. El enamorado demanda la presencia y la figura
del amado: llamadas, visitas, miedo al rechazo o ansiedad ante el posible abandono.

Pasado un tiempo, del enamoramiento se pasará al amor o, quizás a la ruptura. En el amor la


racionalidad vuelve a ocupar un lugar relevante, todo se calma y ya sólo quedarían ataques agudos
de enamoramiento, que por supuesto hay que fomentar. Lo que parece evidente es que en estado de
enamoramiento no se queda uno eternamente.

El inicio del proceso de encantamiento tiene muchas variantes individuales, desde las personas que
se enamoran de forma súbita, como un flechazo, hasta quienes lo hacen casi de manera
imperceptible, sin que puedan señalar un momento concreto. La duración de este proceso es muy
variable. En unos casos es un proceso de muy corta duración, semanas o meses, mientras en otros
parece perdurar a lo largo de los años, en general, de tres a cinco años de media.

Las novelas, los cuentos y las películas suelen terminar antes de que el enamoramiento se desinfle
con lo que, a veces, chicos y chicas tienen sensación de fracaso cuando esa fase empieza a
cambiar, creen que su amor no funciona, cuando sencillamente está evolucionando.

Sería deseable presentar modelos que vayan más allá del “y fueron felices y comieron perdices”.
Sería interesante contar lo que viene después: comunicación, respetar las diferencias, llegar a
acuerdos…

Hablar de amor y enamoramiento es hablar de pareja, pero tener pareja no es imprescindible para
ser feliz. Además, mientras para una pareja heterosexual es fácil y reforzante hablar de sus
sentimientos con amigos o amigas, “que todo el mundo lo sepa”, para los homosexuales no resulta
tan sencillo y, sin embargo, también necesitan expresar sus sentimientos y sentirse orgullosos de
ellos.

La primera vez
Antes decía que casi todas las novelas acaban con el enamoramiento y que eso generaba falsas
expectativas, pues con la primera vez sucede algo parecido, casi todos los relatos sobre la
adolescencia giran en torno a ello. ¿Y luego pregonamos que la erótica no es sólo coito y que la
primera vez no es para tanto?. Insistir en el coito es insistir en una erótica profundamente genital,
reproductiva y heterosexual. Convertir el coito y sobre todo la primera vez en una meta, supone
convertir la sexualidad (la erótica) en algo que hay que hacer, en lugar de en algo que hay que vivir, el
objetivo es disfrutar.
Perder el hilo de la erótica, olvidando que la primera vez no es independiente de todo lo anterior, es
perder el objetivo. Nada empieza, todo tiene continuidad. Así el primer coito tiene que ver con toda la
erótica anterior: besos, caricias, masturbaciones, deseos expresados, comunicación,…pero también
con los silencios, la naturalidad fingida, con las expectativas creadas, los miedos ocultos…muchas
cosas para reducirlo a la erección, la lubricación y la presencia de himen. Sobre la primera vez se
construyen las siguientes, todo tiene hilo. Con la primera vez ni empieza, ni acaba ningún relato.

La educación sexual tiene mucho más que ver con enseñar a disfrutar de los viajes, que con enseñar
a llegar. Parece más sensato invertir en toda la erótica y en todas las veces de todo, que en una
única vez de un coito.(ex diferencia: turista-viajero).

Hablemos de datos:
El acceso a la actividad sexual coital es cada vez más temprano: mujer:17,2 años, hombre:16,7
años. (encuesta Daphne, 2002), estas relaciones van precedidas entre 2 y 4 años de experiencias
sexuales de diferente tipo.

La media de edad en el acceso al coito estaba en España, en los años setenta, entre los 20 y los 22
años.

El acceso al coito desde que se inicia una relación es un proceso en el que cada vez invierten
La frecuencia de las relaciones coitales de aquellos que las han experimentado es más alta.
El número de parejas con las que se tienen relaciones sexuales es mayor.
Junto al coito, otras formas de estimulación, como el sexo oral también han aumentado.
Se mantiene, en general, más actividad sexual por parte de los chicos.
El acceso a las primeras experiencias sexuales suele hacerse con un igual, recurriendo de
modo absolutamente excepcional a la prostitución.
Las chicas se alejan del rol que antes se les asignaba, ahora también se atreven a buscar las
relaciones, a decir sí. Esto supone una nueva regulación compartida, igualitaria, en
condiciones de mutua libertad y de mutua responsabilidad. (ex mujer deseante).

Para terminar quisiera expresar en voz alta mi deseo de que nuestros adolescentes sean felices, que
disfruten con lo que hacen, que tengan experiencias enriquecedoras y que no sufran consecuencias
no deseadas como embarazos o enfermedades de transmisión sexual. Creo que este debe de ser el
principal objetivo de la educación sexual y no se trata solamente de dotar a los chicos y chicas de
información, hay que trabajar actitudes. Para ello además de hablar de penes, vaginas, preservativos
y menstruación, habrá que añadir más cosas, por ejemplo:

Facilitar la percepción de riesgo, se creen invulnerables.


Reflexionar y anticiparse a los ideales románticos. (no es suficiente hacerlo por amor a él, lo
importante es que tú lo desees, si le interesas esperará. Llevar condón y no sacarlo por que
piense “ahí viene la loba” o por creer que lo ideal es que surja, sin preparación).
Fomentar la autoestima. (quien más se quiere, más se cuida y viceversa)
Atacar con contundencia, desde lo emocional y no desde lo racional la experiencia anterior de
riesgo como percepción atractiva.
Entrenar en habilidades sociales: saber decir si y no,(ex fiesta).

Comparemos la educación sexual con la paella, cuyo ingrediente principal es el arroz (la
información), pero sólo con arroz no hago paellas. Si veo que la paella no me sale, me pongo
nervioso y echo más arroz, no lograré hacer paella. Tal vez me tranquilice la impresión de “al menos
hago algo”, la voluntad es a veces una pérdida de tiempo y dinero. Sólo si entiendo que otros matices
harán que el arroz se convierta en paella, llegaré a conseguirlo (añadamos pues, pollo, cigalas,
azafrán…).

Está demostrado que aquellos jóvenes que han recibido una adecuada educación sexual retrasan,
con relación al resto de jóvenes, la edad de su primer coito. No porque sean tontos ni remilgados,
sino porque, y hablamos de valores, tienen un abanico tan amplio de alternativas sexuales que optan
por aquellas igual o más placenteras y con consecuencias que tienen costes mínimos. Que la opción
no sea o lo hago a pelo o no lo hago, se pueden hacer más cosas. Es necesaria la fisiología de la
reproducción, pero también la fisiología del placer. Vamos, que no es cuestión de tener preservativo,
sino de tener talento.