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PASOS DE PECES EN OBRAS HIDRÁULICAS


OBRAS HIDRÁULICAS JTP

NOMBRE: CÉSPEDES HERBAS MAYRA ALEJANDRA


PASOS DE PECES EN OBRAS HIDRÁULICAS
Los medios acuáticos son hábitats donde encontramos gran cantidad de especies animales y vegetales. La composición,
estructura y funcionamiento de estos ecosistemas se altera fácilmente con las actividades humanas dentro y cerca de
tales medios. El hombre, principalmente desde mediados del siglo XX, ha modificado el régimen hidrológico e hidráulico
de los ríos mediante presas, centrales hidroeléctricas, dragados, rectificaciones, canalizaciones, entubados, escolleras,
etc., cambiando las características de las aguas: velocidad de la corriente, profundidad, morfología del cauce y su ribera,
granulometría del lecho, parámetros físico-químicos del agua. Dichas acciones han provocado alteraciones sustanciales
en la fauna y flora naturales asociadas a los cauces fluviales, afectando muy especialmente a los peces, pues éstos son
más vulnerables que la vegetación cuando varían las condiciones hidráulicas del medio.

Uno de los efectos más perjudiciales asociado a las actividades anteriores viene provocado por la construcción de obras
transversales en los ríos (presas, azudes, cimentaciones de puentes, pasos de agua prefabricados, caños de drenaje,
estaciones de aforo, vados; véase la figura 1), que frecuentemente impiden o limitan la libre circulación de la fauna
piscícola.

Cuando en el río se construye una infraestructura transversal infranqueable, las especies piscícolas que requieren
acceder aguas arriba de la misma para reproducirse desaparecen inexorablemente del tramo superior inaccesible. Ésta
ha sido la causa más frecuente de extinción de determinadas especies en buena parte de los ríos o tramos de ríos
peninsulares (salmón, anguila, esturión, etc.). Para el resto de peces, la limitación del movimiento se traduce en la
imposibilidad de colonizar nuevos territorios, pérdida de hábitat aguas arriba, disminución de la diversidad genética
(aislamiento de poblaciones) e incluso desaparición de la especie en la zona superior a la estructura (las avenidas
pueden arrastrar a los peces aguas abajo –o un vertido contaminante hacerlos desaparecer– y posteriormente no
pueden recolonizar el tramo perdido).

Por otro lado, cuando el obstáculo resulta muy selectivo, siendo remontable por pocos individuos, se producen cambios
en la genética poblacional, pues únicamente se consiguen reproducir los ejemplares más vigorosos (que no tienen por
qué ser los mejor adaptados al medio). Igualmente, al intentar superar el obstáculo, los peces pueden herirse y el
sobreesfuerzo realizado consume las reservas energéticas destinadas a la freza, debilitándose y aumentando su
predisposición a enfermedades. Por último, si los peces se retrasan en su viaje a la espera de condiciones adecuadas
para sortear la estructura (caudales elevados), puede ocurrir que las condiciones óptimas para la reproducción
(temperatura, profundidad y velocidad del agua, maduración de los órganos internos...) hayan pasado en las zonas de
freza.

Otro problema serio a considerar para el caso de los obstáculos que pueden ser remontados es la ausencia de
condiciones adecuadas para la reproducción o de hábitat, aguas arriba. Las presas y azudes embalsan el agua a lo largo
de varios hectómetros o kilómetros de río, transformando un tramo fluvial, con alternancia de aguas rápidas y pozas,
en un lago (escasa o nula velocidad y mucha profundidad). Muchos peces pueden desorientarse ante tal situación, pues
no saben el camino a seguir en aguas quietas, sin la corriente necesaria. La situación se complica aún más cuando el río
es una sucesión escalonada de azudes.

Las condiciones generales que debe satisfacer cualquier paso piscícola son las siguientes

(Larinier et al., 1994; Martínez de Azagra, 1999):

· Entrada fácil de encontrar (por su situación y su llamada)

· Tránsito sencillo (sin estrés, heridas ni agotamiento excesivo)

· Salida segura (evitar desorientaciones, arrastre a vertederos o tomas peligrosas…)

· Franqueable por la totalidad de peces autóctonos (no sólo los más atléticos; pasos poco selectivos, que no sean
exclusivos para una especie), preferentemente durante todo el año

· Retraso en la migración mínimo (sin colas o amontonamientos)

· Funcional durante crecidas y estiajes

· Mantenimiento e inspección periódicos (tras avenidas y durante la migración; limpiar, quitar obstrucciones, reparar
daños, evitar la pesca furtiva)

Los condicionantes del medio donde van a instalarse las estructuras también son importantes

Al respecto, cabe citar:

· Dimensiones de la estructura a superar, que obligan a desechar unas soluciones frente a otras

· Facilidad de acceso a los obstáculos y al lugar de ejecución del paso (ataguías, pasos de maquinaria)

· Furtivismo o predación, que en caso de poder existir, debe dificultarse el acceso al paso de peces

· Propiedad de las parcelas colindantes (preferentemente no se invadirán terrenos ajenos al Dominio Público
Hidráulico)

· Entorno de la obra, que obliga a integrar desde un punto de vista estético y social la solución adoptada en el entorno
fluvial)

Así mismo, los caudales circulantes durante la migración de los peces van a influir sobre la solución a adoptar (tipo de
paso y dimensiones). Además, la solución a desarrollar ha de asegurar la funcionalidad perseguida con coste económico
razonable y no ha de interferir de ningún modo en la resistencia estructural del azud. Conviene señalar, que el coste
de un paso para peces resulta muy inferior si se proyecta y ejecuta junto con la obra del azud, frente a si se tiene que
construir a posteriori intercalándolo en una hidrotecnia ya realizada.

SOLUCIONES

Antes de centrarnos en las soluciones constructivas, debemos dejar claro que para conseguir que un sistema de paso
funcione con éxito, se han de cumplir cuatro premisas básicas:

 Ubicación: toda actuación debe estar correctamente situada en el azud, considerando la trayectoria prioritaria de
migración que siguen los peces al remontar el río y atrayéndolos hacia la entrada del paso (concentrando más
caudal, controlando la velocidad de salida del agua, situando la entrada a la cota adecuada ante variaciones de
flujo, etc.) (figura 3).
 Diseño: debe ser acorde a las características de los peces que lo van a utilizar y a los condicionantes de la obra. El
proyecto debe incluir inexorablemente un documento técnico que justifique hidráulicamente las soluciones
adoptadas, teniendo en cuenta diferentes escenarios de caudal. Hay que señalar que en muchas ocasiones el
proyectista, sin los debidos conocimientos, prescinde de esta información básica, lo que conduce a errores graves
en el diseño de las construcciones.
 Ejecución: aunque el proyecto esté bien concebido y contenga una definición exquisita de las soluciones a adoptar,
la realidad es que siempre ocurren circunstancias e imprevistos durante la ejecución de la obra que pueden alterar
el funcionamiento del paso de peces. Por ello, se necesita una dirección de obra especializada y un control final.
Los “certificados de buena ejecución”, son la garantía de que el sistema de paso se ha realizado conforme a
proyecto y la Administración debería exigirlos a los promotores
 Evaluación: aun habiendo cumplido las tres fases anteriores con escrupuloso detalle, siempre hay imponderables
relacionados con el comportamiento biológico de los peces y su respuesta ante determinadas situaciones del flujo
que todavía se desconocen. Por ello, resulta imprescindible comprobar que el paso para peces cumple la misión
para la que fue construido y en caso negativo, determinar las causas de fallo y proponer medidas de mejora que
mitiguen su bajo rendimiento.

Las soluciones que permiten los movimientos migratorios tienen distintos grados de complejidad, según sean las
dimensiones del obstáculo y los caudales circulantes.

Básicamente, podemos dividirlas en métodos de funcionamiento continuo (operativos de manera ininterrumpida) y


discontinuo (el movimiento de los peces se realiza por fases: espera o captura, ascenso y suelta aguas arriba). También,
existen soluciones específicas para

El método más directo y eficiente para sortear el obstáculo a la migración que supone un azud consiste en demolerlo
(Figura 4). Una práctica inimaginable hasta hace poco, por la mentalidad imperante, pero que cada vez es más común:
por ejemplo en Norteamérica (EEUU y Canadá) donde los beneficios ambientales y económicos proporcionados por la
pesca fluvial en determinados ríos superan con creces los obtenidos por la producción de energía hidroeléctrica. En
España, desde comienzo de este siglo se han realizado algunas actuaciones similares (WWF, 2009) en pequeños azudes
con concesiones extinguidas y su aplicación va en aumento. No obstante, antes de cualquier derribo, hay que analizar
los efectos ambientales (movimiento de sedimentos almacenados en el vaso de la presa, erosión remontante,
variaciones locales del nivel freático), civiles (descalce de cimientos en obras hidráulicas, descuelgue de tuberías de
toma, abastecimiento, riego) y sociales del mismo (historia, cultura, tradición). En cualquier caso, las implicaciones
ambientales de la demolición a medio y largo plazo son siempre positivas para el ecosistema

Para nuevas instalaciones o estructuras antiguas que pretendan adaptarse a la normativa vigente, hay distintos
métodos que permiten a los peces superar el obstáculo. Dentro de los métodos de funcionamiento continuo, en las
pequeñas hidrotecnias (inferiores a 1 m de salto de agua), una sencilla adaptación del vertedero –un rebaje–
acompañado o no de una tabla que haga las veces de canalizo, y/o el mantenimiento de una cierta profundidad al pie
del azud que posibilite el impulso del pez, pueden ser alternativas resolutivas (Figura 5). Son los denominados “pasos
rústicos”. Si la obra es de mayor entidad, la solución pasa por las siguientes opciones:

a) El primer grupo de soluciones se denominan “pasos naturalizados” (figura 6), por su buena integración con el
entorno fluvial. Con un buen diseño y ejecución, pueden permitir el ascenso y descenso de todos los peces, con
independencia del tamaño o especie. Además, no interfieren en la obra que permeabilizan, y precisan de un bajo
mantenimiento. No obstante, sólo son abordables en obstáculos de mediana altura, en general < 3 m de salto de
agua
b) El segundo grupo de soluciones se suele agrupar bajo el nombre de “pasos técnicos”, ya que constan de un diseño
hidráulico más complejo, en principio, y se construyen en hormigón y metal. La integración con el medio es menor,
pero tienen desarrollos longitudinales más cortos y pueden funcionar con caudales más bajos.
 Escala de ralentizadores (o escala Denil): se trata de un canal rectilíneo de fuerte pendiente (hasta un 20%, aunque
suelen rondar el 10-15 %) con unos deflectores que reducen las velocidades del flujo hasta unos valores que
permiten el ascenso de los peces (figura 7). Los deflectores (o ralentizadores) tienen formas más o menos complejas
y responden a prototipos previamente ensayados a escala reducida. Su uso se restringe a especies de peces con
buena aptitud natatoria (salmónidos). Falta experimentación para asegurar su funcionamiento para los ciprínidos
ibéricos. Se obstruyen fácilmente, lo que exige un mantenimiento periódico y son bastante sensibles a las
variaciones del nivel de agua en la alimentación.

 Escala de artesas (o de estanques sucesivos): es una escalera de agua formada por estanques de unos 2-3 m de
largo y 1-2 m de ancho, conectados con saltos de 15-30 cm (según la especie objetivo), por los que circula un caudal
a través de unos vertederos, hendiduras verticales y/u orificios (figura 8). Son las clásicas escalas para peces y su
uso se ha demostrado compatible con los migradores ibéricos de cualquier tamaño, pues basta con elegir el tamaño
del escalón, la conexión entre estanques y el tamaño de éstos de manera adecuada para asegurar el remonte de
cualquier pez objetivo (siempre que la escala quede bien calada respecto de los niveles de agua en el río).

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Una vez seleccionado el paso de peces y terminada la obra, conviene evaluar el funcionamiento de la solución
adoptada. Las técnicas que suelen emplearse en la evaluación biológica de las escalas para peces están limitadas por
los recursos económicos y humanos necesarios.

Todos los pasos de peces necesitan de un mantenimiento periódico.

Sobre todo después de una crecida es imprescindible comprobar que no hay atrampones u obstáculos al movimiento
del agua. Para estas operaciones es interesante instalar un dispositivo de control del flujo en la alimentación
(compuerta), que permita vaciar la escala o el sistema de captura (en los métodos discontinuos) y que facilite las
operaciones de mantenimiento.

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