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LA PROPIEDAD NOSOCIAL DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN

En una sociedad donde la forma de propiedad hegemónica de los medios de


producción sea la propiedad nosocial, necesariamente existirá la fatalidad de
que unos hombres compren el trabajo de otros hombres o, dicho más directo,
los hombres se transforman en mercancías. Eso la caracteriza.

Si hasta los hombres se pueden comprar y vender, todo en esa sociedad será
factible de compra y venta. La transacción entre mercancías marca la
economía de esa sociedad. En esta situación se erige un mercado donde las
transacciones entre mercancías se efectúan.

En el mercado se produce una lucha feroz, una competencia entre mercancías.


Todas pugnan por conseguir cambiarse por dinero, que es la mercancía
universal. Esta competencia es consustancial al mercado: el hombre entra en
esta feroz competencia de varias formas, como la mercancía que él mismo es y
como poseedor de mercancías.

Ahora bien, para que esta feroz competencia sea posible, es necesario que
exista una cultura que la justifique, la reproduzca, la perpetúe: es la cultura
capitalista.

Tiene que existir una ética, una moral que calce con esa situación de guerra de
todos contra todos, de fragmentación de la sociedad, de imperio del egoísmo,
donde lo que importa no es el humano, sino salir individualmente bien librado
en la lucha del mercado.

Se desarrolla así una espiritualidad propia del capitalismo, que lleva a la


humanidad al infierno, que ha trastocado la armonía que es la vida en una
desarmonía inviable.

Se produce sólo lo que dé lucro a los dueños de los medios de producción, y


de la manera que dé más lucro. No importa si para eso se contamina al
planeta, se extinguen especies, se desertiza la tierra, se contaminan océanos,
se cambia el clima. Se hacen guerras para poder quemar más petróleo. Todo
vale si es para ganar más dinero, producir más mercancías, vender.
La humanidad fragmentada por el mercado, por el capitalismo, es demente,
suicida, se condena, y no es conciente de su autodestrucción.

La Revolución Socialista, es la única forma de sanación, la única Esperanza


que tiene la humanidad de romper el maleficio del egoísmo. Sólo el
Socialismo puede restaurar el carácter social de la sociedad. Sólo la
Revolución Socialista puede desandar el camino al infierno.

El desandar comienza por impregnar a la sociedad de la Conciencia del Deber


Social, y eso sólo se consigue entrelazando la Conciencia del Deber Social con
la economía capaz de generarla, la Economía de Propiedad Social.

Sin la hegemonía de la Propiedad Social no se puede acabar con el


mercado, con la competencia que genera, no se puede acabar con el
hombre mercancía, no se puede acabar la conciencia egoísta que genera,
en resumen, no se puede acabar con el capitalismo.

No hay otro camino para construir el Socialismo. Los intentos por construirlo
con las armas melladas del capitalismo, los absurdos intentos de construirlo en
complicidad con el capitalismo, sólo han traído más sufrimientos.

¡Con capitalismo no se construye Socialismo!

¡Chávez es Socialismo!