Está en la página 1de 9

1

LA DISERTACIÓN
(Por José Biedma López1, adaptación del prof. Juan Pedro Navas, preparación y partes de la disertación a partir de la pág.8)

INTRODUCCIÓN

La palabra “disertación” significa razonamiento detenido y metódico sobre alguna materia, El verbo
“disertar” procede del latín dissertare (discutir, exponer razonadamente), de disserere (exponer,
discursear) compuesto del prefijo dis- (por distintas vías) y serere (entretejer, entrelazar, encadenar). La
disertación (escrita u oral) es un género filosófico emparentado con la técnica o arte retórica que usa
herramientas verbales de persuasión y comunicación.

La filosofía es un saber racional. Dar razones es explicar y argumentar. La argumentación forma parte de
cualquier método científico. Uno argumenta para defender una opinión, una tesis, discutir un problema,
analizar un asunto sobre el que caben diferentes posiciones, o para oponerse a un punto de vista,
particular o común, y criticar así la opinión ajena, caso de una disertación polémica. En cualquier caso,
las razones que se dan, o sea, la argumentación desempeña un papel fundamental.

ESTRATEGIAS ARGUMENTATIVAS

La argumentación deductiva es concluyente si tiene una forma correcta. Así, “si todos los planetas
carecen de luz propia y Tierra es un planeta, entonces Tierra carece de luz propia”. Pero la mayoría de las
veces, en filosofía como en otras ciencias, nos tenemos que conformar con argumentos probables,
llamados también dialécticos porque resultan discutibles, objetables.

I. RECURSOS DIALÉCTICOS

1. El ejemplo.

“Cuando se enfrentan dos culturas, la que tiene una tecnología superior subordina o absorbe a la que la
tiene inferior, como fue el caso de la cultura española y la amerindia” (en cursiva el ejemplo).

Téngase en cuenta que:

– El ejemplo procede por inducción (de lo particular a lo general). Un solo ejemplo no prueba una
afirmación general. Cuantos más ejemplos confirmen lo aseverado en una proposición, más creíble será y
mayor será su fuerza persuasiva ante un auditorio. Así, el hecho de que hayamos contado mil cuervos
negros parece confirmar la tesis de que todos los cuervos son negros. Sin embargo, no hemos contado a
todos los cuervos del mundo, siempre podrá suceder que en una cima remota del Himalaya nazca uno
albino… Tal sería el caso de un contraejemplo que echaría por tierra nuestra tesis de que todos los
cuervos son negros.

1
José Biedma López (Director del IES Francisco de los Cobos de Úbeda (Jaén), Profesor Tutor de la UNED, Miembro de la
Asociación Andaluza de Filosofía).
2

– Lo mejor es que nuestros ejemplos se refieran a clases o conjuntos de hechos, en lugar de a sujetos
individuales. El hecho de que los andaluces seamos ruidosos confirma el hecho de que los españoles lo
son, mejor que el ejemplo de que Luis, que es andaluz y por tanto español, es ruidoso.

– Los ejemplos deben ser representativos. Un español educado en un país escandinavo no sería
representativo para afianzar la tesis anterior de que los españoles somos ruidosos.

– Se debe tener en cuenta la información de trasfondo. Que 50.000 encuestados están a favor de la pena
de muerte, no vale mucho si hemos encuestado a medio millón de personas.

– Hay que examinar si hay contraejemplos o ejemplos contrarios. No debemos eludirlos. Si realmente
invalidan nuestra afirmación tendremos que abandonarla o demostrar que no la afectan.

– Los ejemplos ilustran nuestra argumentación, así que el ejemplo se denomina ilustración cuando
refuerza la adhesión a una regla aduciendo casos particulares que esclarecen el enunciado general.

– El buen ejemplo impresiona vivamente la imaginación y atrae la atención.

2. La analogía

Un tipo de argumentación de gran interés didáctico, retórico y dialéctico, es la analogía. Permite la


traslación de verdades inteligibles y abstractas al mundo representativo de la imaginación. La fórmula
general de la argumentación analógica es: A es a B, (C, etc.) lo que X es a Y, (Z, etc.) El argumento
analógico es una semejanza de relación, muy próxima a la proporción matemática.

Los términos A y B… constituyen el tema de la analogía; los términos X, Y…, constituyen el foro de la
analogía.

A continuación ponemos un ejemplo de analogía propio de la “antropología científica”:

Tema: Cronología de la vida en la Tierra y aparición del ser humano:

-Tierra: 4.650 millones de años

-Primeras formas de vida: 3.500 millones de años.

-Plantas: 2.000 millones

-Primeros organismos multicelulares (animales): 1.000 millones.

-Plantas con flores y primeros vertebrados: 500 millones.

-Desaparición de los dinosaurios: 60 millones.

-Mamíferos: 200 millones.


3

-Australopitecinos (primeros seres humanos): 4 ó 5 millones.

-homo sapiens: 300.000 años

Foro: El año de la vida

Supongamos que la historia de la vida en la Tierra ha cumplido un año. Estamos a media noche del 31 de
Diciembre y el origen de la vida ocurrió el 1 de Enero. Reduciendo a esta escala de medida la historia de
los seres vivos de nuestro planeta, los organismos multicelulares no aparecen hasta el 15 de Septiembre,
la colonización de la Tierra por las plantas y la aparición de los vertebrados ocurre hacia el 10 de
Noviembre. La radiación evolutiva de los mamíferos tiene lugar el 24 de Diciembre. Los primeros
australopitecinos – primates bípedos capaces de construir instrumentos primitivos- aparecen sobre la
Tierra el 31 de Diciembre a las dos de la tarde, y nuestra especie (esa que se autotitula orgullosamente
“homo sapiens”) el 31 de Diciembre ¡a las 11 y cuarto de la noche! La revolución industrial ocupa en
dicha escala dos segundos del primer año de la vida.

F.J. Ayala. El origen del hombre, pgs. 126-127, Madrid, 1980.

Esta famosa analogía permite imaginar y a la vez comprender la modernidad de nuestra especie, así como
la extraordinaria brevedad y rapidez de su emergencia evolutiva, en comparación con el tiempo de la vida,
o con el tiempo geológico…

3. La autoridad

Nuestras tesis quedan reforzadas si mostramos que han sido sostenidas por los clásicos o por
instituciones de prestigio.

“Como dijo Aristóteles contra la teoría política de su maestro Platón, es preferible ser sobrino a hijo
natural en la república platónica, pues en ella todos los niños son educados por el Estado y no por sus
padres”.

La cita es un caso simplificado de argumento de autoridad.

4. Las causas

“Aquellos lodos trajeron estos polvos; el despilfarro y el derroche ha dejado a España sin recursos porque
todos gastaban por encima de lo que producían y ahora no pueden pagar sus deudas”.

-Hay que mostrar como de la causa citada se sigue nuestra afirmación. Podríamos sostener que la causa
del empobrecimiento del lenguaje son los programas de televisión de poca calidad, pero también podría
argumentarse que los programas de poca calidad responden a los gustos de gente ignorante.

-Casi siempre son muchas y complejas las causas que provocan determinado efecto, por ejemplo el
aumento o disminución del número de divorcios. Hay que escoger la más probable y compatible con los
hechos conocidos. Ej.: “los divorcios han disminuido por la crisis económica, porque divorciarse es caro”.
4

-El hecho de que dos sucesos se den juntos no significa que uno sea la causa del otro, pues los dos pueden
ser a su vez efectos de un tercero. Si padezco retortijones y colitis, eso no quiere decir que la diarrea sea
efecto de los retortijones, ambos fastidios pueden ser efecto de una intoxicación alimenticia.

5. Evitar falacias

Al argumentar dialécticamente es fácil caer en una falacia, o sea en un argumento que parece bueno pero
que carece de fuerza lógica. La autoridad, por ejemplo, puede usarse falazmente si argumentamos que la
tecnología de un servidor de mensajería inmediata es mejor que otro porque lo recomienda Messi, que
será un “mago” del fútbol pero no de la telemática (falacia ad verecundiam).

Hay falacias de dos tipos: formales, como esta llamada “falacia del condicional”:

(A → B) & B ⇒ A

Son formas deductivas incorrectas. Del hecho de que sea verdadera una proposición condicional como “si
llueve la tierra se moja” (en símbolos “A → B”), y sea también verdadero que el suelo esté mojado (B) no
se deduce necesariamente que haya llovido (A), pues el suel podría estar mojado por otras causas.

Otro ejemplo muy frecuente de falacia formal la generalización arbitraria. Por ejemplo, del hecho de que
la mayoría de las avispas vuelen no se sigue que todas lo hagan, existe una familia de avispas, los
mutílidos cuyas hembras carecen de alas.

Aquí nos interesan las falacias no formales que pueden ser de muchas clases y tienen nombres latinos.
Las más frecuentes:

Ad hominem: cuando negamos fiabilidad a una proposición por el sujeto que la formula. “Lo que dices es
falso eres un mentiroso”

Ad baculum: Recurso a la fuerza o a las amenazas más menos veladas. “Debes estudiar porque si no te
quedarás sin salir, el viernes y el sábado en casa”.

Ad populum: Apelación a los sentimientos. “No debemos sancionar a fulanito por haber escupido a una
profesora, ¡pobrecillo, su padre es alcohólico y lo maltrata!”.

Ad ignorantiam: Se afirma que algo es falso porque no se ha podido demostrar que es verdadero. “No
existen los extraterrestres porque nadie los ha visto”.

6. Entimemas y Tópicos

a) El entimema es un razonamiento conciso y sintético, cuyas premisas son «verosímiles» y no necesa-


riamente verdaderas. Es un silogismo al que suele faltar una premisa, precisamente la más importante,
bien por evitar el tedio en el auditorio, bien para sustraerla del examen crítico del oyente dando por
supuesta la relación. Ej.: «También tú puedes equivocarte, pues eres un ser humano». Se sobreentiende
que todos los seres humanos se equivocan (errare este humanum).
5

Muchas veces «la evidencia» de la premisa omitida es más que discutible: «Venceremos porque somos
los más fuertes»; «Alonso es un ladrón, porque es malvado»; «el producto Y es el mejor porque sus
Ingredientes tienen tales y tales efectos…». Muchos de los razonamientos o argumentaciones que aducen
los propagandistas políticos o publicistas para que votemos a determinado candidato o consumamos un
artículo anunciado tienen la forma de entimemas o pueden ser reconstruidos como tales: «Si quieres gozar
de la vida, compra el coche X, es el más rápido» (da por supuesto que la velocidad hace la felicidad).

Las premisas de los silogismos dialécticos y retóricos se extraen de los tópicos, esto es, “lugares
comunes” a todas las ciencias o propios de una disciplina.

b) Los tópicos:

Son ideas generales vinculadas a formas de pensar generalizadas y prejuicios de la opinión pública.
Forman parte del «sentido común», están asociados a la filosofía popular, como apotegmas y refranes, o
vinculados a la memoria colectiva.

Aristóteles los analizó en la técnica de la argumentación dialéctica. Perelman en su Tratado de la


argumentación (1989) sostiene que «los lugares comunes constituyen un arsenal imprescindible [de
premisas] al que forzosamente deberá acudir el que quiera persuadir a otros». El filósofo Gadamer afirma
que la vieja tópica es el arte de encontrar argumentos y contribuye a la formación de un sentido para lo
convincente que no puede ser sustituido por la ciencia: el sentido común (sensus communis) que se nutre
de lo verosímil y funda la comunidad (Verdad y Método).

Lugares de la cantidad: «una cosa vale más que otra por razones cuantitativas». “Vaca grande ande o no
ande”. Esta premisa está sobreentendida cuando se aducen «razones estadísticas».

Sirve de contraargumento general o como objeción a los argumentos basados en premisas estadísticas el
caso de la Isla Barataria, cuyos habitantes son 10; cinco, que son ricos, se comen un pollo al día; los otros
cinco, ninguno; estadísticamente resulta que cada uno se come medio pollo al día… Por eso se ha dicho
que hay mentiras, mentirijillas ¡y estadísticas!

Es útil, razonable, democrático e inevitable apelar a lo que piensan las personas normales, la mayoría, o a
lo que es de «sentido común» como premisa de argumentaciones racionales. A lo cual se podrán siempre
contraponer objeciones de carácter filosófico o «aristocrático»: “El ‘sentido común’ es el menos común
de todos los sentidos”, “la masa es la gran desalmada” (Ortega), etc.

Lugares de la cualidad: Se oponen a los anteriores en sus formulaciones más brillantes: ‘Omnia
praeclara rara’, «lo malo abunda», “lo único es incomparable”, “la unidad es lo verdadero”: “muchos
diosesson falsos dioses”. Lo único es original, distinto, digno de atención y por ello -paradójicamente-
complace también a la muchedumbre.

Asociados a estos tópicos generales están los tópicos literarios de «lo efímero», «la fragilidad de la rosa
como símbolo de la belleza», etc.
6

Lugares del orden: Conciernen a la superioridad de lo anterior sobre lo posterior, de la causa sobre el
efecto, de la ley sobre el hecho, de la precedencia como señal de respeto, etc… Ej.: “si la inteligencia ha
creado el lenguaje, entonces la inteligencia es superior al lenguaje” (J. A. Marina).

Lugares de la existencia: Proponen la preeminencia de lo real sobre lo posible, de lo actual sobre lo


virtual, de lo tangible (que se puede tocar) sobre lo inteligible (que se puede comprender); y pueden ir
desde la trivialidad del proverbio «más vale pájaro en mano…» o «no hay más cera que la que arde» y la
razonable preferencia por un resultado observable antes que por un proyecto que no está en marcha hasta
la justificación filosófica del empirismo (“nada hay en el intelecto que no haya pasado antes por los
sentidos”)..

Lugares de la esencia: Por tal se entiende el reconocimiento de un individuo como modelo que reúne
todas las características del tipo que representa, ej.: Marylin Monroe como «sex-simbol», el Superman de
la pantalla y del comic, y así sucesivamente. En el siguiente ejemplo se combinan un entimema ‘ad
verecundiam’, cuya premisa mayor (presupuesta) hace de una “famosa” modelo de buen gusto: “Isabel
Preysler invita a sus amigos a bombones F, ergo los bombones F son expresión del buen gusto”.

Lugares de la persona: La dignidad del mérito, la personalidad y la autosuficiencia. Aristóteles: «Lo que
no puede obtenerse del exterior ha de preferirse a lo que podemos procurarnos del exterior».

La guerra o disputa entre los sexos como lugar retórico. Se ha dicho que sólo cobra relevancia en
periodos históricos de seguridad y paz social; en efecto, las amenazas exteriores unen fácil e íntimamente
a los miembros de cualquier especie viviente, con independencia de su sexo.

Los tópicos sexistas, a un paso de los prejuicios, exageran las diferencias sexuales extendiéndolas a otros
aspectos fisiológicos o mentales: diferencias generales de capacidad o asignación de roles, además del
diferente papel que la naturaleza asigna a uno y otro sexo en la procreación y la crianza (alimentación
maternal). Se dice que las mujeres conducen peor que los varones (cosa que dista de ser cierta), que
puestas a ser malas, son «mejores» que los “hombres”, esto es, más refinadas y retorcidas en el odio, la
venganza, etc. O se les atribuye más intuición («sexto sentido») y menos capacidad abstracta. Por el
contrario, ellas suelen insistir en el egoísmo de los varones y su exacerbado interés por el sexo genital,
«todos los hombres quieren lo mismo», «se conforman con una escoba con faldas», etc.

La historia de las ideas reconoce a los tópicos un valor explicativo y hermenéutico (interpretativo) de las
áreas conceptuales y los modelos culturales de los distintos periodos históricos, porque reflejan los
prejuicios relacionados con los códigos culturales de cada época, o sus obsesiones.

7. Argumentos casi lógicos

La etimología, como descubrimiento del «sentido verdadero» (étymon) de las palabras. Ej.: “La palabra
‘lógica’ viene del griego logos, que significa razón, palabra y ley, así pues, la lógica estudia las leyes del
discurso racional”.

La comparación. Ortega dijo que «es el instrumento ineludible de la comprensión». Se dice que las
comparaciones entre personas o Individuos “son odiosas”. Tal vez; pero también inevitables. Son odiosas
7

porque desdeñan la diferencia y unicidad del ser personal. Son inevitables porque la idea de elección
siempre implica comparación.

Razonamientos a contrario: «Si la salud es un bien, la enfermedad es un mal»; «es bueno ser moderados,
porque ser inmoderados es perjudicial».

Este razonamiento, junto con los tres siguientes, son descritos por Aristóteles como «entimemas reales»
por oposición a los «aparentes».

Razonamientos por relaciones recíprocas: «si para vosotros no es deshonroso venderlos, tampoco para
nosotros será deshonroso comprarlos» (v. Aristóteles. Retórica, 1397ª).

Argumentos por la relación proporcional entre los términos: «Si a los muchachos de gran estatura se
les considera hombres, habrá que decretar que los hombres pequeños son niños…». En este caso la
argumentación parece pedir luego una reducción al absurdo: «es el caso que resulta absurdo considerar
la madurez de un hombre por su estatura, luego….».

Razonamiento por lo más y lo menos apropiado: «Si ni siquiera los dioses saben todas las cosas, con
mucha más dificultad las sabrán los hombres»; «si el hurto es un delito, con más razón lo será el pillaje»,
etc. El tópico lógico (real) que justifica estos argumentos es el siguiente: Si no se puede atribuir un
predicado o cualidad a la cosa a la que le es más propio, es evidente que no puede atribuírsele a aquella
para la que es menos apropiado. Evidentemente, se sobreentiende que el saber le corresponde en mayor
proporción a los dioses que a los hombres, o el delito con más razón al pillaje que al hurto.

El razonamiento por hipótesis o la suposición (‘locus a fictione’). Este tipo de argumentación tiene una
extraordinaria importancia científica y de él nos ocuparemos en otra ocasión.

El dilema: También conocido por San Jerónimo como “argumento cornuto”. Los «cuernos» del dilema
son las dos alternativas que se ofrecen en el razonamiento; la elección de cualquiera de ellas conduce
siempre al mismo resultado. Si las alternativas son más de dos se hablará de trilema, tetralema, etc.

El ejemplo clásico es el dilema que se atribuye a Córax, legendario primer maestro de retórica. Tisias, su
discípulo, rehúsa ante los jueces pagar al maestro arguyendo lo siguiente: Que Corax había prometido
enseñarle el arte de persuadir a cualquiera, y si le ha enseñado verdaderamente, entonces debe aceptar que
el discípulo le convenza de no pretender una compensación económica por su trabajo; y si no le ha
enseñado su arte, entonces no merece cobrar por el mismo. Córax, más zorro todavía, replica con otro
dilema: Si Tisias consigue convencerle, entonces es que ha mantenido su promesa y debe pagarle; y si no
consigue convencer a su adversario, también debe pagar como perdedor del juicio. El cuento tiene su
moraleja: al parecer, los jueces exclamaron: «A tal cuervo (kórax, significa en griego «cuervo»), tal cría»
(argumento basado en le etimología).

Un dilema igualmente famoso y válido es el de Hugo Grocio para demostrar que la tortura no permite
descubrir la verdad: O el torturado es lo bastante fuerte para soportar los tormentos, y, en este caso, dirá
lo que quiera, o es débil y se deja vencer y, entonces, dirá incluso falsedades con tal de que cese el dolor.
8

El siguiente dilema está extraído de la filosofía popular, omite la conclusión y está elaborado mediante
hipótesis y preguntas retóricas: «Si la vida es alegre, ¿por qué entristecerla?; y si es triste, ¿por qué no
alegrarla?». Por último, en su novela Ciudadano de la galaxia (1957), Robert A. Heinlein atribuye a su
personaje Baslim el Lisiado la siguiente argumentación: A un hombre sabio no se le puede insultar, dado
que la verdad no puede ofender y la mentira no es digna de ser tenida en cuenta.

II LA DISERTACIÓN FILOSÓFICA

1. Preparación

a) Escoja un tema preciso, no muy general y original, que tenga que ver con la materia o asignatura en
que disertará (literatura, antropología, filosofía, psicología, sociología, ética…). Pongamos que escoge el
valor de los sueños recurrentes. Puede empezar su disertación explicando al público por qué le interesa
este tema…

b) Explore la cuestión. Busque información y lea sobre ella. Entreviste a personas autorizadas. Contraste
distintos puntos de vista sobre el asunto (dos o tres). Analice la fuerza de los argumentos. Puede usted
referir a la tesis freudiana de que los sueños son liberaciones de la libido (energía sexual), y a la tesis de
Jung de que pueden ser advertencias del inconsciente, o a la de F. Crick quien afirma que las
representaciones oníricas son el modo en que la memoria elimina su basura…

c) Defina la propia postura y los argumentos que la apoyan.

d) Refute los argumentos en contra, pero sea modesto. Usted no domina por completo el tema ni maneja
toda la información al respecto (hoy es imposible por muy especializado que el tema sea).

e) Use un lenguaje académicamente adecuado o apropiado para el público al que se dirige, libre de
vulgaridades y tacos. Aunque algún casticismo o expresión llana suele caer bien.

f) Sea breve, claro y preciso. Si introduce un término técnico (“super-yo” en Freud, por ejemplo) explique
su significado.

2. Partes

a) Introducción o presentación (exordio, proemio, preámbulo).

Se precisa la importancia del tema y el planteamiento del problema así como el método que se ha seguido
para estudiarlo. Se explica por qué tiene interés para el público. Puede adelantarse la tesis que se
defenderá. Es interesante que se incluya alguna afectación de modestia para predisponer al público en
nuestro favor.

b) Desarrollo

– Exposición de la historia del problema o tema, las distintas posturas, la fuerza de los diferentes
argumentos, o su debilidad.
9

– Explicación de la postura propia. Por qué se piensa así. Posibles argumentos en contra y refutación de
los mismos.

Algunas recomendaciones: “No digas lo que no puedes probar”, “no digas lo que crees que es falso”,
“informa de todo aquello que sea necesario, pero no más de lo necesario”, “no tomes al lector ni por
demasiado listo ni por demasiado tonto”, “sé pertinente”.

Un atentado a esta última regla de la pertinencia es la digresión, el “irse por las ramas”, el salirse
provisionalmente del asunto con el fin de tratar aspectos secundarios o colaterales del tema. No obstante,
la digresión es frecuente y puede ser interesante para el público, pero hay que pedir disculpas por ella (“si
se me permite la digresión…”) y volver al argumento principal de manera adecuada, sin asperezas.
Incluso repitiendo lo que habíamos dicho para que el auditorio recupere el hilo.

– En la retórica forense el núcleo de la disertación debía determinar las siguientes circunstancias: el qué,
quién, cuándo, dónde, cómo y por qué.

c) Conclusión

– Recapitulación, epítome o breve resumen de lo dicho. Un buen resumen debe recoger el asunto (el quid
de lo dicho), el tema o género del asunto, la intención (enseñar, conmover, deleitar), la perspectiva o
punto de vista y el argumento o razón principal.

– Consecuencias teóricas o prácticas de la postura defendida.

– Final. Como colofón puede usarse alguna frase impactante que impresione al público.

Normalmente el disertante muestra su predisposición, real o simulada, al diálogo y a responder a posibles


objeciones que el público le formule: “ Y ahora, con mucho gusto atenderé a sus preguntas…”.