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Créditos
Moderadora de Traducción
cjuli2516zc

Traductoras
Clau Geanjuda 3

cjuli2516zc alixci
SoleMary Walezuca Segundo
Nayari Mona
Kath brynn
nElshIA

Recopilación y Corrección
Karens

Revisión Final
Nanis

Diseño
Dabria Rose
Sinopsis
He besado muchas ranas, sólo para estar cubierta de verrugas. Me han
mentido, engañado y usado más veces de las que puedo contar. No soy capaz
de seguir adelante. Necesito un descanso de todo esto. Necesito tiempo para
que las heridas sanen y las cicatrices desaparezcan.
¿No sabrías que es mi suerte, conocer a un hombre guapo, después de
declarar mi descanso autoimpuesto? Es encantador, sexy y está decidido a
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hacerme cambiar de opinión.

No la estaba buscando, pero cuando escuché su conversación, tuve que


añadir mi granito de arena. A los pocos minutos de hablar con ella, supe
que no se parecía a nadie que hubiera conocido. Golpeada por relaciones
pasadas, ha construido un fuerte alrededor de su corazón. ¿No sabe que el
príncipe siempre rescata a la princesa?
Pienso en ella todo el tiempo. Cuanto más estoy cerca de ella, más
quiero estar. Ya tomé mi decisión. Es ella. Ahora, todo lo que tengo que
hacer es demostrarle que yo soy la diferencia.
Capítulo Uno

Addyson
—¿Qué me dices de ese? —Mi mejor amiga, Harper, apunta su dedo
sobre mi hombro. No necesito mirar para saber que no estoy interesada. Lo
hago de todos modos para apaciguarla. 5
—¿Cuál? —Me volteo para mirar por encima del hombro al grupo de
chicos que juegan a los dardos.
—El de la camiseta negra sin mangas.
—Negativo. —Estamos sentadas en Stagger, un bar local, tomando
copas en nuestra noche de chicas semanal—. Te lo dije, Harp. Estoy libre
de hombres. Estoy por encima del drama.
—Oh vamos. No puedes dejar que algunas malas citas y relaciones te
saquen del juego.
—Eso es exactamente lo que estoy haciendo. Estoy cansada de los
juegos. Quiero algo normal, y basada en mi historia, eso no es posible, así
que estoy sentada en la banca. —No estoy exagerando. Mala suerte debería
haber sido mi segundo nombre cuando se trata del sexo opuesto. No estoy
diciendo que estoy en la banca para siempre, pero definitivamente estoy en
la reserva de lesionados en el futuro previsible.
—No está tan mal —dice esta vez y apunta su bastón de queso hacia
mí antes de darle un mordisco.
—Correcto —digo dramáticamente—. ¿Qué hay de Anthony?
—Pfft, era un imbécil. Te engañó. Eso no significa que fallas en las
relaciones.
—No dije que había fallado. Dije que tengo mala suerte. De acuerdo,
¿qué me dices de Tommy?
Se encoge de hombros.
—No puedes evitar que bateara para el otro equipo.
—Harper, me estaba usando como una cubierta. ¿Sabes lo humillante
que es eso? ¿Pensar que estás en una relación amorosa y comprometida
para descubrir que a tu hombre le gustan los hombres? —Realmente me
gustaba Tommy. De hecho, seguimos en contacto. Solo mensajes aleatorios
de "cómo estás". Él y su novio, Josh, son felices y finalmente tienen la
aceptación de los padres de Tommy. Supongo que cuando descubrieron
hasta qué punto estaba dispuesto a llegar para hacerlos felices, cambiaron
su forma de pensar.
—Se preocupaba por ti.
—Ese no es el punto —argumento. Sé que se preocupaba por mí, pero
también me engañó. Es una píldora difícil de tragar.
—Todavía no es una excusa para salir del juego —responde ella.
—Bien, de acuerdo. ¿Qué hay de Jared? —Levanto una ceja en
cuestión.
—Era un idiota. 6
Sonrío.
—¿Te parece? Estaba tan atraído por ti. Debía haberme dado cuenta,
ya que siempre me preguntaba si estarías allí cuando saliéramos. —
Retrospectiva y todo eso. Pensé que era genial que el nuevo chico en mi vida
apoyara lo cercanas que éramos Harper y yo. Hemos sido amigas desde
preescolar y compartimos un vínculo inquebrantable.
—Obtuvo lo que buscó. —Sonríe.
—Eso hizo. —No puedo evitar sonreír mientras levantaba mi vaso hacia
el de ella y brindamos. Jared y yo salimos durante unos dos meses. Terminó
la noche en que arrinconó a Harper en el club en el que estábamos. Le dijo
que solo estaba conmigo para conocerla, que la amaba. Ella le dio un
rodillazo en las bolas, dejándolo de rodillas. Luego lo dejó allí para venir a
buscarme. No he visto ni oído nada de él desde entonces.
—No puedes dejar que ninguno de esos encuentros te impida avanzar.
—Le hace una seña a la camarera y levanta dos dedos y su vaso vacío.
—¿De verdad? ¿Hablamos de Fletcher?
Inmediatamente se ríe, cubriéndose la boca con la mano para evitar
arrojar sobre mí el trago de cerveza que acaba de tomar.
—Lo siento —dice, quitándose la mano—. No me estoy riendo de ti, sino
contigo.
—¿Crees que es gracioso que haya pasado tres meses con un hombre
que no pudo darme un orgasmo? —pregunto con incredulidad. Fletcher fue
mi última aventura con citas, y eso fue hace más de seis meses. Harper ha
estado sobre mí para que vuelva al ruedo. No tengo deseos. Bueno, tengo
deseos, pero eso no es nada que no pueda manejar por mi cuenta. Claro,
me gustaría sentir la fuerza de un hombre cerniéndose sobre mí,
abrazándome, pero sacrificios y todo eso. En mi estado actual de
pensamiento, vale la pena.
—No es eso. Es la forma en que contabas la historia. Intentaste
entrenarlo y todo eso. —Se ríe.
No se equivoca. Intenté darle consejos, pero nada parecía ayudar. Para
colmo, se sorprendió cuando terminé las cosas entre nosotros. Estaba
convencido de que yo era su elegida. No estoy segura de por qué piensa que
cualquier mujer estaría de acuerdo con que él obtenga lo suyo y no devolver
el favor. Como dije, es mejor manejar las cosas por mi cuenta. Esto es en lo
que se ha convertido mi vida. Sentada en un bar con mi mejor amiga
mientras ella se ríe como una adolescente por mi falta de orgasmos.
Solo viviendo mi mejor vida.
—Te lo estoy diciendo. Tuve que romperlo por miedo a desarrollar un
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síndrome de túnel carpiano. —Levanto mi mano derecha y muevo la
muñeca, y se ríe aún más fuerte.
No consigo encontrar el humor.
—Un discreto pedido en línea y ese problema quedó resuelto. —Sonrío,
orgullosa de mí misma por hacerme cargo de la situación.
—Parece que necesitas un hombre de verdad —me susurra al oído una
voz profunda y ronca, causando un hormigueo en mi columna vertebral.
Girando en mi asiento, lo observo. Alto, más de metro ochenta, cabello
oscuro, barba bien recortada y una manga de tinta. Agrega el timbre
profundo y ronco de su voz, y tendrás sexo sobre dos piernas. Por una
fracción de segundo, reconsidero mi plan de "sentarse en el banco", pero me
sacudo el pensamiento rápidamente.
—Gracias, pero paso mi tiempo con la variedad a batería en estos días
—le digo, dándome la vuelta en mi asiento.
—¿Te importa si nos unimos a ustedes? —pregunta.
Harper me da una mirada con los ojos abiertos como "mejor mueves el
culo y haces espacio", así que eso es lo que hago. Girando para enfrentar al
sexy desconocido, le ofrezco mi mano.
—Addyson Stafford.
Su gran mano envuelve la mía.
—Lucas Prescott.
Estoy con la lengua trabada. Él es precioso y exuda confianza.
—Addy. —Harper me saca de mi trance, y me doy cuenta de que lo he
estado mirando. Me vuelvo para mirarla, y ella hace un gesto hacia el chico
que está a su lado. Es igual de guapo, quizás un poco menos robusto que
mi chico. No, no es mi chico. Solo el apuesto extraño de cabello oscuro que
parece hablarme más que a Harper.
—Addyson —le digo, extendiendo mi mano hacia él sobre la mesa.
—Justin Atwood. Encantado de conocerlas, señoritas —dice, volviendo
su mirada hacia Harper. Debí haberme perdido la presentación mientras
estaba babeando por Lucas.
—Así que, orgasmos. —Lucas sonríe, tomando un trago de la botella de
cerveza en su mano que ahora estoy notando.
—Ugh. —Cubro mi rostro con mis manos—. No necesitamos repetir la
conversación.
—Oh, no, realmente creo que deberíamos. —Puedo escuchar la sonrisa
en su voz.
—Addy ha tenido una mala racha últimamente —interviene Harper. 8
—¿Mala racha? ¿De verdad? —le pregunto—. Mala racha es terminar
una relación de largo plazo. Estoy teniendo más de una mala racha.
—Un pequeño desliz. —Ella trata de calmar mis plumas erizadas.
—Está bien, continuemos con la lista —digo, sin importarme que uno
de los tipos más sexy que he visto nunca esté sentado a mi lado, su muslo
presionado contra el mío—. ¿Qué me dices de Blake?
Se encoge de hombros.
—Idiota.
—¿Qué pasó? —pregunta Justin. Se sienta en la cabina, acomodándose
para la historia.
—Oh, ya sabes, nos conocimos en la cafetería en mi último año de
universidad. Intercambiamos números; llamó al día siguiente. —Tomo un
trago de mi cerveza antes de continuar—: Salimos un par de veces, y sugirió
cocinarme la cena. Los finales estaban llegando y me estaban pateando el
trasero. Estuve de acuerdo. Él me recogió de la clase y fuimos con Harper
ese día. Nos detuvimos en la tienda para conseguir todo lo que necesitaba y
adivina con quién nos encontramos. —Mantengo mi mirada en Justin,
aunque no puedo olvidar al hombre que está sentado a mi lado—. Su esposa
—le digo cuando se encoge de hombros—. La conocimos en el pasillo de
productos. ¿Alguna vez te han tirado un pepino a la cabeza? No es
agradable. —Me sacudo la irritación—. Podría seguir y seguir. —Tomo otro
sorbo de cerveza.
—¿Es el mismo idiota que no pudo llevarte allí? —pregunta Lucas.
Me vuelvo a mirarlo.
—No, ese fue Fletcher.
—¿Cuántos hay? —pregunta.
—Suficientes. —Me encojo de hombros—. Todos han sido desastres
esperando a suceder. De ahí la razón por la que estoy en la banca.
—Todo jugador en banca necesita práctica. —Guiña.
—¿Dudas de mis habilidades, Prescott? —Me inclino hacia él.
—Sin dudas —dice con voz ronca—. Pero si necesitas a alguien para...
lanzar unas cuantas bolas, soy tu chico.
—¿Incluso te gusta el béisbol? —Harper se ríe.
—No. —Me encojo de hombros, terminando mi cerveza. Los tres se
están riendo, y se necesita un esfuerzo extremo para luchar contra mi
sonrisa.
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Me estoy haciendo la ligera, pero con toda honestidad, he superado
todo eso. El esfuerzo que pones en citas y relaciones para no obtener nada
a cambio. No me malinterpretes, no soy una diva, pero uno o dos orgasmos
podrían ser buenos. Ah, y ser la única en su vida, que esa persona esté
interesada en ti y no en tu mejor amiga, o en alguien del mismo género. ¿Es
mucho pedir?
—Está bien, así que dame un poco más —dice Lucas, golpeando su
hombro contra el mío. Está coqueteando y debo admitir que el contacto es
bienvenido. Con mi sequía autoimpuesta, este es el único contacto que
estaré teniendo por un tiempo.
—Estoy segura de que tienes mejores cosas que hacer que escuchar
quejarme de mis contratiempos en las citas.
—Tengo una cerveza fría. —Me muestra su nueva botella que acaba de
dejar en nuestra mesa, junto con dos tragos más para Harper y para mí—.
Soy todo oídos.
—Bien —me quejo—. A ver. —Tomo un trago mientras reviso mis malas
experiencias para darle otra—. Oh. —Señalo a Harper—. ¿Qué hay de
Rodney?
Ella niega.
—Ese era de miedo.
—¿Miedo? —Lucas se sienta un poco más recto.
—Sí, me inscribí para citas en línea. Pensando que tal vez no estaba
yendo a los lugares correctos como para conocer a un hombre decente.
Rodney de inmediato pareció un buen partido. Hablamos en línea un par de
meses antes de que fuera lo suficientemente valiente como para conocerlo.
—¿Fuiste sola a conocer a ese chico? —pregunta. La preocupación es
evidente en su voz. El conocimiento me calienta. Este hombre no me conoce,
pero está preocupado por mí. Sus hombros están tensos, por lo que soy
rápida para disipar su preocupación.
—No, nos conocimos en un bar y Harper estaba conmigo, pero sentada
en el bar.
—Como si eso fuera protección —se queja, pero lo ignoro y continúo
con la historia.
—Entonces, en su perfil en línea, era un chico de aspecto decente,
cabello rubio y ojos verdes, dijo que era un corredor. Tenía una constitución
atlética en la imagen, por lo que era creíble. —Tomo otro trago, sintiéndome
un poco vulnerable con la atención de estos dos tipos hermosos. Tal vez
contar estas historias no es una buena idea.
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—¿Qué pasó? —pregunta Justin.
Demasiado lejos para volver ahora.
—Finalmente acordamos reunirnos para tomar algo. Llegué temprano
para que Harper pudiera instalarse en el bar, por si acaso. Así que estoy
sentada en la cabina, esperándolo. Sigo mirando la puerta buscándolo.
Tenía su perfil en mi teléfono y todo. —Tomo otro trago—. Cuando se acerca
un caballero mayor, como de finales de sus cincuenta, se desliza en la
cabina y me entrega una rosa blanca.
—¿Era él?
—Síp —digo, haciendo estallar la p—. Cuando lo confronté, dijo que
quería que lo quisiera por ser él. Luego tuve que señalar que no solo mintió
sobre su apariencia, sino también sobre su edad y ocupación, y estoy segura
de todo lo demás. Cuando me levanté para irme, me agarró la mano y me
dijo que pasara una noche con él, y valdría la pena.
—Ahí es donde entré —agrega Harper—. Estaba sentada junto a un par
de chicos, chalecos de cuero, barbas desaliñadas. Más tarde supimos que
estaban en un club de motos. De todos modos, cuando lo vi agarrarla, alisté
a los dos muchachos para que le mostraran la puerta.
—Aprendiste tu lección, ¿verdad? No reunirse más con hombres
extraños de internet —dice Lucas.
—Bueno, probablemente deberías irte. Eres un extraño —le digo. Las
palabras salen de mis labios, pero, curiosamente, casi quiero que se quede.
Parece un buen tipo, pero, de nuevo, la historia demuestra que mi juicio en
los hombres es una mierda. Aun así, una chica puede desear.
—Pero estoy sentado aquí. Me ves. Lo que ves es lo que obtienes. —
Guiña de nuevo, y las mariposas vuelan en mi vientre. Realmente es tan
hermoso.
—Sí, pero eso no significa que deba confiar en ti —respondo.
—Supongo que solo el tiempo lo dirá. —Levanta la mano para captar la
atención de la camarera y nos ordena a todos otra ronda.
Así va la noche. Los cuatro nos sentamos y hablamos, bebiendo
tranquilamente unas cuantas cervezas, y debo decir que, incluso con la
intrusión en la noche de chicas, es bienvenido.
—Última orden —dice la camarera, deteniéndose en nuestra mesa.
—¿Las damas quieren otra? —pregunta Justin.
—No, gracias —decimos al tiempo Harper y yo.
—¿Estás lista? —Miro a través de la cabina a mi amiga. Puedo decir
que ella está realmente interesada en Justin. Si no estuviera en un
congelamiento de citas, también estaría sobre Lucas, pero he andado por 11
ese camino. Es uno que no estoy lista para volver a recorrer pronto.
—Sí. —Ella se vuelve hacia Justin—. Fue un placer conocerte —le dice.
Me pierdo su respuesta porque el aliento caliente de Lucas está en mi oreja.
—Me lo pasé bien. —Su timbre profundo hace que se me ponga la piel
de gallina.
—Yo también. —Le sonrío. Sus labios se ven suaves.
—¿Me prestas tu teléfono? —pregunta.
—Claro. —Cavo en mi bolsa, abro la pantalla y se lo entrego. Observo
como sus dedos vuelan por la pantalla—. ¿Qué estás haciendo exactamente?
—Supongo que necesitaba llamar a un Uber o un amigo para que los
recogiera.
—Enviándome un mensaje de texto.
—¿Por qué? —pregunto estúpidamente. Sé la respuesta a esa pregunta.
Me estremezco interiormente. Pensarías que esta es la primera vez que estoy
en presencia de un hombre.
—Para que podamos hacer esto de nuevo. —Señala sobre la mesa—. Mi
chico allí no tiene juego. —Se ríe—. De esta manera, cuando se patee a sí
mismo mañana por la mañana por no hacer lo que acabo de hacer, puedo
ayudarlo.
—¿Por qué no pedirme el número de ella? —pregunto.
—¿Cuál sería la diversión en eso?
—Bien, bien, si él quiere su número, ya sabes cómo encontrarme —le
digo, quitando el teléfono de sus manos y dejándolo en mi bolsa.
—¿Cómo vas a llegar a casa? —pregunta.
—Oh, solo vivo a unas cuadras de distancia. Iremos caminando.
—Ya es tarde.
—¿Lo es? —respondo pesadamente.
—Las acompañaremos.
—Eso no es necesario. Somos chicas grandes. ¿Cómo llegarán ustedes
a casa? —pregunto, dándole la vuelta a la mesa.
—Llamé a mi hermana. Ollie, mi sobrino se quedará con nuestros
padres esta noche. Traté de que saliera con nosotros, pero en realidad
estaba ansiando una noche tranquila en casa. Insistió en que la
llamáramos, y vendría a buscarnos. No me molesté en discutir. Si Anna es
algo, es decidida a salirse con la suya.
No puedo evitar preguntarme si hermana es el código para novia o
esposa. Como dije, estoy harta. 12
—No quieres hacerla esperar.
—Si fueras mi hermana, me gustaría que el chico se asegurara de que
ella llegara a casa a salvo.
—Entonces, ¿estás tratando de averiguar dónde vivo? ¿Qué? ¿Quieres
acosarme ahora?
—No. —Se frota las sienes—. Solo quiero asegurarme de que ustedes
dos lleguen a casa a salvo.
—Oye, ¿ya llamaste a Anna? —Justin le pregunta a Lucas—. Creo que
deberíamos acompañarlas a casa.
Lucas me mira y sonríe.
—Sí, pero le dije que esperara unos quince minutos antes de salir.
Estaba pensando lo mismo.
—Estamos bien —protesto.
—No está tan lejos —dice Harper a medias. Puedo decir que no está
lista para despedirse.
—Ya está arreglado. —Justin se desliza fuera de la cabina y le ofrece
su mano. Lucas hace lo mismo, y estoy en su juego, pero dejo que me ayude
a salir de la cabina de todos modos. No tiene sentido provocar una escena y
arruinar la noche de Harper.
El aire nocturno es pegajoso, pero el cielo está despejado, tan claro
como puede estar en la ciudad. Justin y Harper caminan delante de
nosotros, caminando cerca, tocándose los brazos, con las manos abiertas
como si uno estuviera esperando que el otro se hiciera cargo.
—Es un buen chico —dice Lucas.
—¿Sí? ¿Qué hay de ti?
Se ríe.
—Puedes confiar en nosotros.
—Tendrás que disculparme si no compro esa línea. ¿Ya te olvidaste de
mis problemas en la historia de las citas?
—Entonces, ¿quieres salir conmigo? —pregunta, sonriendo.
—Sabes a lo que me refiero. —Le golpeo el brazo juguetonamente, y su
sonrisa se ensancha aún más.
—Lo hago. —Él saca su teléfono. Sus dedos golpean la pantalla antes
de ponerlo de nuevo en su bolsillo—. Te envié un mensaje.
Efectivamente, mi teléfono suena. Sacándolo de mi bolsa, veo un nuevo
mensaje de Lucas Prescott. Al hacer clic en él, veo su nombre completo y
una dirección. Seguido de una foto. 13
—¿Mantienes una foto de tu licencia en tu teléfono? —pregunto.
—Tuve que enviarla a mi agente de seguros para la renovación de mi
seguro de automóvil. Estaba viajando mientras lo llamaba. Me dijo que le
enviara un mensaje de texto, así que le envié una foto de mi licencia. Eso
me impide transponer los números, y fue más rápido. —Sacude la cabeza—
. Ya tienes toda mi información. Así que ten la seguridad de que estás a
salvo con el hecho de que sepa dónde vives.
—Así que sigues intentando convencerme.
—Eres un hueso duro de roer, Addyson.
Me encojo de hombros.
—Sí, no solía serlo. La vida me ha endurecido. Pareces ser un gran tipo,
Lucas, pero te llevará más que unas cuantas cervezas y un paseo
caballeroso a casa para convencerme de que vale la pena confiar en ti. Ya
no doy eso libremente. No puedo arriesgarme a tener otra herida en mi
corazón. He estado en ese camino demasiadas veces. Es más que un corazón
roto. He sido usada, mentida, engañada. La lista es interminable. Necesito
un descanso del drama que las citas traen a mi vida.
—Suena como un reto para mí. Supongo que tendré que probártelo.
Tengo que hacer un esfuerzo para no poner los ojos en blanco. Habla
bien, pero también lo hacían todos los demás.
—Hazlo —le digo, sin importarme realmente lo que él piensa que tiene
que probar. La misma vieja canción y danza—. Aquí vivo —digo cuando
llegamos a Harper y Justin. Están sentados en el primer escalón de mi
condominio.
—¿Compañeras de habitación? —pregunta Lucas.
—No, mejores amigas desde que teníamos como tres. —Me río.
—Eso es raro en estos días.
—No lo sé.
—Bueno, señoritas. —Justin se pone de pie—. Fue un placer.
Deberíamos hacer esto de nuevo alguna vez. —Nunca quita la vista de
Harper.
—Definitivamente. —Ella le sonríe.
—Nos vemos luego. —Lucas inclina ligeramente su hombro contra el
mío antes de que giren y regresen al bar. Observo cómo se lleva el teléfono
a la oreja, llama a su hermana o a quien dice que es su hermana para
hacerle saber que van a volver al bar.
—Addy —chilla Harper—. La mejor noche de chicas.
—Fue una buena noche —concuerdo, subiendo los escalones y 14
abriendo la puerta de mi apartamento. Nos sentamos en el sofá por un rato
y ella habla de lo mucho que le gusta Justin y de lo buenos que parecen ser.
Tengo que estar de acuerdo con ella en cuanto a primeras impresiones, me
dieron una buena. La verdadera prueba será si nos alcanzan—. ¿Le diste tu
número? —pregunto.
—No. —Suspira dramáticamente y apoya su cabeza contra el sofá—. Lo
arruiné.
—Le di a Lucas el mío, bueno, algo así. Pidió usar mi teléfono y se envió
un mensaje de texto.
—Guau, ¿qué pasó con lo de sentarte en la banca?
—El que robara mi número no tiene nada que ver conmigo y la banca.
Afirmó que Justin se olvidaría de pedir el tuyo y que su amigo no tiene
ningún juego, y quería poder dárselo.
—¿También tomó mi número?
—No.
Sus ojos se arrugan con picardía.
—Ya veo. —Sonríe.
—No ves nada. Me voy a la cama. Ve a tu habitación. —Me levanto y
me dirijo por el pasillo. Mi habitación de repuesto está preparada para ella
y la de ella para mí. Contemplamos la convivencia, pero queríamos nuestro
propio espacio. Nada dice ser adulto, como pagar el alquiler en tu propio
espacio, solo.
Subiéndome a la cama, no puedo evitar repetir la noche. Estoy feliz
por Harper. Necesita un buen hombre en su vida. Ella no ha tenido los
problemas de citas que tengo, pero, de nuevo, sus paredes eran más altas
que las mías. Ya no. Mis muros están construidos y va a tomar un infierno
de ejército, o un infierno de un hombre, para derribarlas.
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Capítulo Dos

Lucas
Mi trasero apenas golpea la silla el lunes por la mañana antes de que
Justin entre a mi oficina.
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—Lo arruiné —dice, dejándose caer en el asiento frente a mi escritorio.
—Cuéntame más. —Lucho por contener mi diversión.
—No conseguí su número. ¿Quién hace eso? —Tira las manos al aire,
frustrado—. Quiero decir, hablamos toda la noche, camínanos a casa, y mi
estúpido culo no consiguió su número. Pasé todo el día ayer intentando
buscarla en Internet. Ella podría ser la elegida, y lo jodí todo. —Suspira y se
relaja contra el asiento.
—¿Terminaste? —Una sonrisa inclina mis labios.
Me mira fijamente.
—¿Por qué diablos estás sonriendo? Espera. —Me estudia—. Por favor,
dime que tienes el número de Addyson. —Tiene los ojos brillantes y está
ansioso.
—Tal vez.
Se desliza hasta el borde de su asiento, sacando su teléfono del bolsillo,
golpeando la pantalla antes de mirarme.
—Déjame tenerlo.
—No tan rápido. Primero, no tengo el número de Harper, y segundo, no
puedes llamar ahora mismo.
—¿Por qué diablos no?
—Necesitamos un plan.
—¿Nosotros?
—Sí, nosotros.
—Y yo llamando a Harper, la única mujer que he conocido en los
últimos meses que es relajada y no parece entender que soy un Atwood, ¿no
es un plan lo suficientemente bueno?
—No. Te gusta esta chica. No puedes simplemente llamar y decir: oye,
¿te gusto? Marca sí o no. Debes tener un plan. ¿Cena? ¿Película? Algo.
Tienes que llamar con un plan. Hacerle saber que has estado pensando en
ella y que no puedes esperar para verla de nuevo. Revelas el plan, haciéndole
saber que realmente lo has pensado.
—Correcto. Sí, buena idea. —Se ríe—. Ahora, ¿cuál es el mío?
—De nuevo, ¿cuántos años tienes?
—Veintinueve, y esta es la primera vez para mí. Nunca he tenido que
intentarlo. Les digo mi apellido y todas las apuestas se cancelan. Diablos, la
mitad de las veces ya saben quién soy.
Justin Atwood está forrado. Bueno, su familia está forrada y él por 17
asociación. Su abuelo estaba involucrado en la industria del servicio de
alimentos, ganando suficiente dinero para que los nietos de Justin no
tuvieran que trabajar ni un día en sus vidas. Justin tiene un fondo fiduciario
que nunca ha tocado, eligiendo hacer su propio camino en el mundo. Es un
muy buen arquitecto. Fuimos juntos a la universidad donde se graduó un
año antes que yo. Cuando llegó el momento de mi pasantía, me dio la pista
interior aquí en nuestra firma. Como a él, me ofrecieron un trabajo tan
pronto como terminó.
—Exactamente —le digo—. Es por eso que necesitas tener tu mierda en
orden antes de llamar. Además, no tengo el número de Harper. Tengo el de
Addyson, ¿recuerdas?
—¿Te interesa? —me pregunta.
—La escuchaste, ¿verdad? Está hastiada. Y de ninguna manera está
buscando.
—No es lo que te pregunté —dice, interrumpiéndome.
—Es preciosa, pero no está en eso.
—¿Por qué tomaste su número?
—Uno, sabía que lo olvidarías. Me di cuenta de que realmente te
gustaba Harper, y eso no es algo que haya visto contigo antes. Dos, es un
buen momento, y nunca está de más tener el número de una mujer
hermosa.
—Necesito algo... épico.
—¿Épico? —Levanto las cejas.
—Primera cita y todo eso. —Se encoge de hombros.
—Bien, ¿qué tienes?
—¿Cena?
—¿Llamas a la cena épica? —Contrarresto.
—Bien, ¿qué sugieres?
—Le preguntaré a Addyson. —Agarro mi teléfono y escribo un mensaje
de texto.
Yo: Oye, Justin está loco por tu chica.
Addyson: ¿En serio?
Yo: Sí. Quiere invitarla a salir, pero quiere que sea “épico”.
Addyson: Épico, ¿eh? ¿En qué está pensando?
Yo: Ahí es donde entras tú.
—¿Qué está diciendo? —pregunta Justin.
—Nada todavía. Le dije que querías que la cita fuera épica. 18

Él gime.
—Mátame ahora. —Echo la cabeza hacia atrás riéndome.
Addyson: Tenemos planes para este fin de semana y trabaja el viernes
por la noche.
Yo: ¿Te importaría dejarme entrar en esos planes?
Addyson: No sé...
Yo: Vamos, Addyson. Somos de los buenos.
Addyson: Eso aún no se ha determinado.
Addyson: Pero a ella también le gusta.
Addyson: Hay un festival en St. Pierre Park el sábado. Vamos todos los
años.
Yo: Nos vemos allí.
Addyson: Dile a Justin que será mejor que no haga que me arrepienta
de esto.
Yo: Está en buenas manos.
Espero su respuesta, pero nunca llega. Tirando mi teléfono de nuevo
en mi escritorio, miro a Justin. Sigue sentado en el borde de su asiento,
mirándome, esperando que le diga.
—Supongo que hay un festival este fin de semana en St. Pierre Park.
Addyson dice que ella y Harper van todos los años. Harper tiene que trabajar
el viernes por la noche, así que esta es tu única oportunidad este fin de
semana.
—Podríamos ir a cenar una noche esta semana.
—Podrían —estoy de acuerdo—. O tú y yo podemos ir a este festival y
toparnos con ellas. Entonces puedes pedir su número por tu cuenta.
Lentamente, asiente.
—Sí, eso podría funcionar. ¿Dijo algo?
—Concéntrate. No estamos en la secundaria. —Me río—. Dijo que le
gustabas a Harper, y que no la hagas arrepentirse de decirnos dónde
estarán.
—¿Eso es todo?
—Eso es todo.
—Parece que vamos a ir a un festival. —Se pone de pie y se endereza la
corbata.
—¿Y si tuviera planes para este fin de semana?
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—Cancélalos.
Mi risa lo sigue hasta la puerta de mi oficina. Agarrando mi teléfono,
escribo otro mensaje de texto.
Yo: Estamos dentro. ¿A qué hora?
Addyson: Seis.
Yo: ¿Dónde?
Addyson: Vamos, ¿dónde está la diversión en eso? Te dije dónde
estaríamos. Depende de ti encontrarnos.
Le sonrío a mi teléfono.
Yo: Nos vemos el sábado.
Esta vez no espero la respuesta que sé que no llegará. En vez de eso,
llamo a Justin.
—Acabo de salir de tu oficina —dice a modo de saludo.
—Estarán allí el sábado a las seis.
—Bien.
—Así que tenemos que estar allí al menos a las cinco y media.
—¿Por qué?
—Porque no nos encontraremos con ellas allí. Tenemos que
encontrarlas.
—Hecho.
—Estás conduciendo.
Se ríe.
—No me importa quién conduzca siempre y cuando pueda volver a verla
y esta vez consiga su maldito número.
—¿Qué harías sin mí?
Su respuesta es una risa y la línea está muerta. Sacando nuestros
planes de fin de semana de mi mente, me ocupo de los planos que tengo
sobre la mesa en mi oficina. Es hora de ganarme el sueldo. Por suerte para
mí tengo un trabajo que me encanta.

20
Capítulo Tres

Addyson
No le he dicho a Harper que Lucas y Justin puede que estén en el
festival hoy. No quise ilusionarla. He pasado por ese camino demasiadas
veces para contarlas, y si puedo ahorrarle eso a mi mejor amiga, lo haré. 21
Además, incluso si van, quién dice que realmente podrán encontrarnos.
Probablemente debí haberles dicho que nos encontráramos, pero, ¿qué tiene
eso de divertido? Justin necesita esforzarse en ello si la quiere. Harper
merece eso y nada menos.
Incluso si yo no tengo intensiones de salir y tener citas. Aún tengo
tiempo para prepararme. Solo porque no esté interesada no quiere decir que
no quiera dar una buena impresión. Además, una noche de coqueteo con
Lucas no suena tan terrible. Con una mirada rápida en el espejo, agarro mi
teléfono y mi bolso. Asegurándome de tener mis llaves, salgo. Le dije a
Harper que conduciría hoy. Solo en caso de que haya una remota posibilidad
de que ellos se aparezcan y la pasen bien, quiero darle a ella la oportunidad
de una salida fácil para que él la lleve a casa. No soy una completa resentida
cuando se trata de relaciones y hombres, solo cuando estas me incluyen.
Estoy maldita de alguna forma.
Cuando me estaciono en el complejo de apartamentos de Harper, ella
está sentada afuera en una banca con la nariz enterrada en su teléfono. Le
doy un golpecito a la bocina, haciendo que salte. Me río cuando pelea para
no dejar caer su teléfono.
—Linda bienvenida. —Sonríe mientras se abrocha el cinturón de
seguridad del asiento del copiloto.
—Oye, hago lo que puedo —me burlo de ella.
—Estoy hambrienta. Juro que mi boca se hace agua solo de pensar en
el festival de comida.
—Tú y yo, las dos. Esa es la única razón por la que voy.
—Vamos, amas la atmósfera tanto como yo.
—Estás equivocada. Justo hay algo en ello que me trae recuerdos de
nuestra niñez, pero no estaría destruida emocionalmente si no volviéramos
allí nunca más. Quiero decir, si no sirvieran comida nunca más.
Echa la cabeza hacia atrás contra la silla y se ríe a carcajadas
ruidosamente.
—Tú y yo, las dos. Todo lo que he comido hoy es una banana.
Necesitaba guardar espacio. —Se da golpecitos en la barriga—. Así que, ¿has
hablado con Lucas?
He estado esperando que esta pregunta surgiera.
—Sí, me mandó un mensaje de texto al inicio de la semana.
—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué no me lo dijiste? —Me dispara las
preguntas.
—Esto —digo, quitando una mano del volante y señalándola—, es el
por qué. Sabía que enloquecerías. 22
—No estoy enloqueciendo —se retracta—. Solo no sé por qué no me lo
dijiste.
Aquí va nada.
—Porque quería que fuera una sorpresa.
—¿Qué?
Le doy una mirada rápida, antes de regresar la vista sobre el camino.
Frunce el ceño, está completamente confundida.
—Ellos van a venir hoy. Bueno, creo que lo harán. Lucas dijo que
estarían aquí.
Se estira y le da un golpe a mi brazo.
—Y no me lo dijiste. Mírame. —Baja la mirada a sus shorts de jean y
sus sandalias—. Soy un desastre.
—No, tú eres tú, Harper. Ese es el por qué no te lo dije. Sé lo mucho
que te gusta este hombre después de solo unas pocas horas en el bar. Quería
que tú fueras tú. Si a él no puedes gustarle por quién eres, entonces no lo
necesitas en tu vida.
—Pero pude haber hecho un esfuerzo.
Me río.
—Lo hiciste. Tu cabello está ondulado, estás maquillada, y tus shorts
muestra tus piernas. Luces como tú, hermosa como siempre.
—¿Nos encontraremos con ellos? ¿A qué hora vienen?
Esta parte probablemente la iba a enojar.
—Bueno —digo lentamente—. Les dije a qué hora probablemente
estaríamos allí, y ellos van a encontrarnos.
—¿Qué quieres decir? ¿Ellos van a encontrarnos?
—No hice planes con ellos exactamente. Le dije dónde estaríamos y a
qué hora. Le dije que, si ellos nos encontraban, podríamos salir todos.
—¿Por qué? ¿Por qué harías eso?
—Él necesita trabajar por ello.
—No es uno en tu lista de tipos que la cagaron contigo, Addy. Es un
gran tipo y en verdad creo que le gustó hablar conmigo y ni siquiera trató
de llevarme a su casa o a su carro. —Deja de hablar, y la espero
pacientemente. La he conocido por un largo tiempo, el suficiente para saber
que no ha terminado todavía—. Esto no es sobre mí, ¿o sí? Es sobre ti. Sobre
tú y Lucas.
—¿Qué? —Es mi turno para estar sorprendida—. No. Quiero decir, sí, 23
él es ardiente como el infierno, pero te lo dije. Me estoy tomando un
descanso.
—¿Entonces por qué no le diste mi número para que se lo diera a
Justin? ¿Por qué el juego?
—Quiero verte feliz. Si él te encuentra aquí, sabrás que realmente le
interesas. Que no te está buscando para algo fácil. Está dispuesto a
esforzarse.
—Es un festival, Addyson.
—Cierto, pero va a haber miles de personas allí. Es como encontrar una
aguja en un pajar.
—¡Exactamente! —dice, exasperada—. Puede que nunca nos
encuentren.
—Cierto, pero, ¿qué pasa si lo hacen? —pregunto, estacionándome en
un excelente espacio y apagando el motor. Siento una punzada de culpa. Sé
que a ella le gusta y quiero que llegue a conocerlo. Probablemente solo
debería haberles dicho dónde encontrarnos. De cualquier forma, me gusta
la idea de él trabajando por su cariño. Necesita ganársela. Es mejor
enterarse ahora si él no está dispuesto a esforzarse.
—Dos horas. —Levanta dos dedos—. Si ellos no nos han encontrado en
dos horas, vamos a llamar a Lucas y les vamos a decir dónde estamos.
—Bien —concedo. Tengo el presentimiento de que nos van a encontrar.
Ninguno de ellos aparenta ser un hombre que se retracta de un reto. Lucas,
estoy segura, estará atento por el simple hecho de que insinué que él
necesitaba encontrarnos.
—¿Qué vamos a comer primero? —me pregunta mientras avanzamos
hacia la entrada.
Estoy aliviada de que parece haberme perdonado.
—Te dejaré eso a ti —cedo.
—Definitivamente conseguir una limonada —dice, señalando el primer
puesto de comida que vemos.
Estamos haciendo fila cuando siento una cálida respiración contra mi
oreja.
—Te encontré. —El profundo timbre de su voz hace que escalofríos
suban por mi columna.
Volteando para mirar sobre mi hombro, veo a Lucas sonriéndome con
su rostro aún muy cerca. Tan cerca que podría inclinarme y besarlo.
—¿Hace cuánto tiempo estás aquí? —le pregunto.
24
—No mucho.
Doy un vistazo alrededor para ver que Justin y Harper ya están metidos
en una conversación. Él tiene su teléfono fuera y mi suposición es que está
consiguiendo su número.
—Podrías haberlo enviado por su cuenta —le digo a Lucas.
Él da un paso hacia atrás, pero todavía puedo olerlo a mi alrededor.
—¿Y dejarte ser la tercera rueda sola? ¿Qué clase de hombre sería si
hiciera eso? Además, todos aman un buen festival, y si por si acaso no las
encontrábamos... —Se encoge de hombros.
—¿Estás tratando de decirme que tienes un buen chico al interior de
ese chico malo exterior, Lucas Prescott?
—Depende —dice con voz baja.
—¿Sí? ¿De qué? —pregunto, entretenida, y si soy honesta, un poquito
excitada.
—Qué prefieres —dice con voz ronca.
—Hmm. —Golpeo mi barbilla con mi dedo índice pretendiendo sopesar
mi decisión. Los dos sabemos que quiero al chico malo. Lucas es sexy como
el infierno con todos sus sobresalientes músculos y tatuajes. Los dos lo
sabemos—. Voy a tener que pasar de eso.
Coloca su mano sobre su corazón.
—Me hieres, Addy. —Me da una sonrisa aniñada que le sale
perfectamente.
—Vaya, ya avanzamos a los apodos, ¿verdad?
Se encoje de hombros, inclinando la cabeza hacia nuestros amigos
—Así parece.
La fila avanza, y es mi turno para ordenar.
—Oye, Justin, ¿quieres una? —Señalo hacia el adolescente que está
esperando para tomarme el pedido.
—Sí. —Se estira para tomar su billetera, pero le hago un gesto con la
mano.
—¿Qué hay de ti? —Me volteo para ver a Lucas. Su billetera ya está por
fuera, y está sosteniendo el dinero para cuatro limonadas grandes antes de
que pueda protestar—. Aquí. —Trato de darle algo de dinero, pero mira mal
a mi mano. Su respuesta es pasarnos las cuatro limonadas.
—¿Ahora qué? —pregunta.
—Nosotras estamos hambrientas —suelta abruptamente Harper, luego
se ruboriza. 25
—Guíanos —dice Justin mientras avanzamos al siguiente puesto con
Lucas y yo un paso detrás de ellos.
Llegamos caminando a los tacos, encontrando una mesa de picnic
cercana para sentarnos y comer.
—¿Alguno de ustedes ha estado aquí? —le pregunto a los chicos.
Los dos asienten.
—Unas pocas veces —confiesa Justin.
—Es una pena que solo ocurra una vez al año —dice más alto Harper—
. Y luego otra vez, probablemente sea algo bueno. Querría comer aquí cada
día. Eso no es bueno para la figura —dice, ruborizándose.
Es algo raro para mí, verla así. Harper es usualmente la más franca de
las dos, y la he visto ruborizarse más hoy que en todo el tiempo que la he
conocido. Bueno, parece al menos de esa forma. Hemos sido como uña y
carne desde el preescolar. Así es como sé que realmente le gusta él. He
estado allí, así que sé cómo es la emoción de encontrar un hombre con el
que haces clic. Sin embargo, para mí, siempre termina en alguna clase de
drama, y estoy exhausta de solo pensar en eso.
—Alguien nos está cuidando, Harper —digo riéndome.
—¿Cierto? —Se voltea hacia Justin y Lucas—-. ¿Chicos, planean estar
pegados a nuestro alrededor? Hay un concierto más tarde —les dice.
—¿Alguien que conozcamos? —le pregunta Justin.
—Es una banda de covers. Addy y yo los vimos hace unos meses. Hacen
covers de muchísimos géneros.
—¿Luke? —pregunta Justin.
—Me uno.
—Grandioso. ¿Qué tal si nos alejamos un poco de esto? —pregunta
Harper.
—Después de ti. —Justin se levanta de la mesa y le tiende la mano.
Hago lo mismo tomando los desechables. Cuando me volteo, Lucas está
de pie tan cerca que me choco con él.
—¿Qué dices si les damos algo de tiempo? —Hace una seña hacia
nuestros amigos.
—Si esto es algún juego para quedarte conmigo a solas, estás perdiendo
tu tiempo —digo las palabras, pero debo admitir que es un muy buen plan,
si eso es lo que es esto, para los dos, para Justin y Lucas.
—Bueno, este es un festival de miles de personas. —Sonríe—. Vamos, 26
hay que darles algo de tiempo. Parece que se están llevando muy bien.
—Sí. —Estoy de acuerdo—. A Harper realmente le gusta.
—Es bueno escucharlo. Justin ha tenido un tiempo difícil. Necesita algo
de normalidad.
—Suena como mi vida —murmuro.
—¿A dónde vamos primero? —pregunta.
Sonrío con suficiencia.
—Dime tú.
Una sonrisa conocedora cruza su rostro.
—¿Estás retándome, Addyson Stafford?
Me encojo de hombros.
—¿Crees que puedes conservar mi interés?
Él se inclina acercándose.
—Ambos sabemos que puedo.
Piel de gallina se extiende por mi piel. ¿Por qué me afecta tanto? De
cualquier forma, me estoy apegando a mis reglas. Nada de citas, nada serio.
Esta chica necesita un descanso, y también mi corazón.
Capítulo Cuatro

Lucas
La hermosa Addyson está más afectada por mí de lo que deja ver. Dice
que está en un descanso, pero maldición si eso no me hace querer cambiar
su opinión. Requirió moderación el no enviarle un mensaje de texto esta 27
semana. Tuve que recordarme que ella dice que no está interesada y que me
estaba acercando a ella por mi chico. Entonces la vi hoy. Su cabello negro
recogido en una cola de caballo, exponiendo su cuello largo y delgado. Como
ahora, cuando me inclino cerca, quiero trazarlo con mi lengua, probarla.
—Reto aceptado —digo, lanzando mi brazo casualmente sobre su
hombro.
—¿En qué me metí? —pregunta dramáticamente, rodando esos
grandes ojos marrones.
—Usted, mi querida Addy, acaba de registrarse para tener el mejor
momento de su vida.
—Espera. —Deja de caminar, lo que hace que yo también me detenga
ya que todavía tengo mi brazo sobre su hombro—. ¿Debo comprar unas
botas? —me mira.
—¿Botas? ¿Por qué necesitarías botas?
Muestra una media sonrisa.
—Sabes, la mierda está empezando a volverse más profunda y acabo
de arreglarme los dedos de los pies. —Su sonrisa se ensancha, incapaz de
evitarlo a pesar de que sé que lo intentó por el apretón de sus labios.
—Muy graciosa. —Niego.
—Estaré aquí toda la noche —bromea.
Quiero besar la sonrisa de sus labios, pero no voy a presionar mi suerte.
Esta belleza ya me tiene en la zona de amigos, no hay necesidad de
empeorarlo.
—De acuerdo, veamos. —Miro alrededor del festival tratando de decidir
nuestro próximo movimiento cuando veo un toro mecánico—. ¿Te sientes
aventurera?
—¿Qué tienes en mente? No haré salto en bungee ni nada extremo.
—¿Qué tal un toro mecánico?
Sus ojos se iluminan.
—¿Crees que puedes montar ocho segundos? —pone el desafío.
—Oh, cariño. —Le sonrío. Levantando el brazo que no está alrededor
de sus hombros, flexiono—. Puedo montar toda la noche. La pregunta es,
¿tú puedes? —Mi voz es ronca solo de pensar en ella montándome. Su mente
también debe ir directamente a la cuneta. Sus mejillas se vuelven un poco
rosadas, haciendo que mi polla se levante y tome nota. Cambiando mis pies,
me acomodo discretamente.
—¿No te gustaría saberlo? —responde finalmente.
—Podemos probar esa teoría. Dime cuando estés lista. 28
—El toro, Lucas. —Se ríe, deslizándose fuera de mi brazo y
empujándome hacia la tienda con el toro mecánico.
—Llámame como quieras, Addy, siempre y cuando pueda llegar a
demostrarlo.
—Demuéstrame allí. —Señala al toro.
Llegamos a la carpa, y hay dos adolescentes que están terminando. Del
resto, somos solo nosotros dos.
—¿Quién va primero? —le pregunto.
—Tú.
Asiento y le doy al asistente mis cinco dólares.
—Sostén esto. —Le doy mi teléfono y mi billetera, y me dirijo hacia la
puerta. Claro, es poco ortodoxo darle mi billetera, apenas la conozco, pero
algo en mis entrañas me dice que puedo confiar en esta chica.
—¿Has montado alguna vez? —me pregunta el encargado de cabello
grasiento.
—Nop.
—Súbete. Solo te puedes sostener con una mano. Si logras quedarte
arriba durante ocho segundos completos, recuperas tu dinero.
—Fácil. Son ocho segundos —presumo.
—Ya veremos —dice Addyson desde su lugar justo fuera del anillo.
—No me distraigas, mujer —bromeo.
Hace la pantomima de cerrar sus labios y tirar la llave. Sus ojos
marrones brillan de risa cuando me subo y me acomodo en el toro falso.
—¡Espera! —llama.
El encargado y yo nos giramos para mirarla.
—¿Debemos hacer una apuesta? —pregunta.
—¿Qué tienes en mente?
—Hmm, si tú ganas, yo brindo las bebidas la próxima vez que nos
veamos.
—¿Y si ganas? —le pregunto. Quiero decirle que la haré gritar mi
nombre toda la noche sin importar quién gane, pero me muerdo la lengua—
. Yo pago las bebidas.
—Trato. —Asiento mi señal de que estoy listo para el encargado de la
atracción. Él se acerca, asegurándose de que mis pies estén seguros. Una
vez satisfecho, toma su lugar en los controles, y lentamente el toro comienza
a moverse. Es lento y fácil, y sé que tengo esto en la bolsa. Eso hasta que 29
aumenta la velocidad. Mi cuerpo es empujado en todas direcciones y tengo
que luchar para aferrarme. Cuando el toro gira, sé que es el final para mí.
Me siento deslizándome mientras caigo en las almohadas infladas debajo.
Me acuesto sobre la estera inflable tratando de recuperar el aliento. No estoy
seguro si es la caída o la risa, pero a pesar de eso, estoy sin aliento.
—Cinco segundos —se jacta el encargado.
—Eso. Fue. Impresionante —Addyson saluda a través de su risa—. Lo
grabé. —Se muerde el labio para ocultar su diversión y todo lo que puedo
pensar es en mis dientes reemplazando los de ella.
—Veamos lo que tienes —le digo, dándole al asistente cinco dólares
para que la lleve.
Me entrega mi teléfono y mi billetera, luego me entrega su bolso.
—Hora de montar. —Rebota en el ring como si lo hubiera hecho mil
veces.
Observo mientras la mirada del encargado la recorre, sus ojos
espeluznantes devorándola.
—Oye —grito y los dos se dan vuelta—. Ella es mía —le digo, dándole
una mirada que le dice que estaba mirando y que seguiré haciéndolo.
Addyson parece confundida, pero la mirada desaparece rápidamente
cuando el encargado se ubica frente a ella y se dirige directamente a hacer
su trabajo.
Le oigo preguntarle si necesita ayuda para trepar, y estoy listo para
saltar esta pared para ayudarla, pero ella lo ignora. Agarra el cuerno de la
silla y balancea las piernas como una profesional.
El toro empieza a moverse, su mano va en el aire y ella está sonriendo.
Cuando el toro se lanza a un lado y ella sale volando, salto por encima de la
pared, con el bolso en la mano y corro hacia ella.
—Oye, no puedes hacer eso —me regaña el encargado.
Le doy una mirada que lo desafía a detenerme.
—Addy —le digo, frotando su espalda. Está acostada boca abajo sobre
la estera inflable temblando—. Addy, oye, dime ¿qué está mal? —pregunto,
empezando a enloquecer—. Addyson —digo. Esta vez debe escuchar algo en
mi voz. Se da vuelta, y lo que pensé que eran lágrimas haciéndola sorber por
la nariz, es risa.
—Tengo que hacer eso otra vez. —Me sonríe.
De pie, le ofrezco mi mano y la ayudo desde la colchoneta.
—Me asustaste mucho —le digo—. Perdí como cinco años de vida.
—Es como una gran almohada. —Se ríe.
30
Enroscando mi brazo alrededor de su cintura, la atraigo hacia mí.
—Sí, pero cuando te vi volar por el aire, mi instinto fue protegerte —
confieso.
Me mira bajo esas largas pestañas.
—¿Estás tratando de hablar dulce, Luke?
—Apodos, ¿eh? —me burlo, como ella hizo antes.
—Eso es lo que hacen los amigos. —Se encoge de hombros.
Correcto. Zona de amigos. Sacando mi billetera del bolsillo trasero, le
entrego al asistente un billete de cinco dólares.
—Escuchaste a la dama —le digo—. Quiere montar otra vez. —
Inclinándome, le susurro al oído—: Intenta no darme un ataque al corazón
esta vez, ¿quieres?
—Veré lo que puedo hacer. —Me guiña un ojo y monta al toro como
una profesional por segunda vez.
Esta vez, cuando el encargado camina hacia los controles, contengo la
respiración. Cuento los segundos en mi cabeza. Un mil. Dos mil. Tres mil.
Cuatro mil. Cinco... ella se desliza hacia un lado y aterriza en la alfombra
de aire. Está boca arriba y su sonrisa es cegadora. Exhalo cuando veo que
está bien y veo como se levanta de un salto.
—¿Quieres ir de nuevo? —pregunta ella.
—Sí. —Entrego mis cinco dólares cuando se me ocurre una idea—.
¿Nos permiten ir al mismo tiempo? —le pregunto al asistente.
Él se encoge de hombros.
—Claro, ella es una cosa pequeña —dice, mirándola.
Le entrego otros cinco y paso por la puerta.
—¿Cómo te sientes acerca de mezclar las cosas? —le pregunto.
—¿Qué tienes en mente?
Me inclino, colocando mis labios junto a su oreja, en parte porque me
encanta la forma en que huele. El aroma a lavanda asalta mis sentidos. La
otra parte es que me gusta estar tan cerca de ella y la forma en que no puede
ocultarme su reacción.
—Montaremos juntos.
—¿Eso es seguro? —pregunta, y puedo ver por la chispa en sus ojos,
que he despertado su interés.
—Completamente. Dame un segundo. —Me acerco al encargado y le
doy un billete de veinte—. Tómalo con calma, ¿sí? —le pido. Él asiente, sus
manos sucias agarran los veinte y se lo meten en el bolsillo. Caminando de 31
regreso al toro, subo justo cuando "Ride" de Chase Rice suena por los
altavoces. Es gracioso, ni siquiera noté que había música hasta que la
canción comenzó a sonar. Es una especie de ajuste apropiado. Le ofrezco
una mano a Addyson, pero ella me rechaza. Me muevo hacia atrás, dándole
su espacio. Tal como la profesional que parece ser, monta sin problemas.
No pierdo tiempo, deslizándome cerca de ella, envolviendo un brazo
alrededor de su cintura y el otro en el cuerno de la silla.
—¿A qué me aferro? —Jadea.
—Pon tu mano sobre la mía —le susurro. Espero hasta que lo haga.
Luego alcanzo su otra mano y la coloco en mi muslo—. Agárrate fuerte,
Addy. —Ella asiente. La jalo de nuevo contra mí, sintiendo su pequeño y
apretado culo acurrucado contra mi polla. Asiento al encargado con la
cabeza, y el toro comienza lento y fácil mientras Chase canta a través de los
altavoces. Ella rebota cuando el toro se sacude y yo estoy duro como el acero.
Lo que una vez fue una buena idea podría ser una vergüenza cuando me
baje de este toro.
Damos vueltas y más vueltas. Y me conformo con que ella salte sobre
mi polla, incluso a través de nuestra ropa.
Ella grita:
—¿Lo estás tomando con calma?
El encargado asiente.
—No lo hagas —dice ella entre risas.
Se encoge de hombros, ignorando el hecho de que le acabo de dar un
billete de veinte para hacer eso y gira el pomo. Giramos más rápido, de
adelante hacia atrás, de lado a lado. Con cada movimiento, parece que nos
estamos moviendo más rápido. El agarre de Addyson en mi muslo es
apretado, pero su risa no. Sabiendo que hemos estado aquí más de ocho
segundos debido a nuestro lento inicio, observo al encargado mientras
sonríe y gira el botón de nuevo. Estamos empezando a caer. Libero mi agarre
de la silla y la envuelvo con fuerza en mis brazos, justo cuando nos
deslizamos y caemos a las colchonetas inflables. Amortiguo su caída, lo cual
era mi intención, pero el aliento sale de mí cuando aterrizamos.
Su dulce risa me saluda. Se da vuelta encima de mí y sonríe. Poniendo
sus manos en mi pecho, se levanta, y ahora me está montando a horcajadas.
Si no había sentido cómo me había afectado este juego antes, seguro que
ahora lo sabe. Sus ojos se abren, y la zorra rueda sus caderas.
—Addyson —le advierto.
—Luke. —Sonríe—. Parece que ambos ganamos nuestro viaje de ocho
segundos. —Se levanta de un salto. De pie sobre mí, me ofrece una mano.
32
La dejo levantarme, y cuando mis pies están firmes, la atraigo hacia mí.
—Necesitas estar cerca, pero no me toques —le digo solo a ella. Mi voz
es brusca.
—¿Todo bien? —pregunta dulcemente.
La atraigo aún más cerca, dejando que su pequeño cuerpo apretado se
alinee con el mío.
—Estoy bastante seguro de que ya sabes la respuesta a esa pregunta.
Toma una bocanada de aire.
—Sí. —Jadea.
—Se acabó el tiempo —grita el encargado del juego.
Mirando por encima de mi hombro, lo miro con furia, pero no parece
molestarlo en lo más mínimo. Girando a Addyson, la mantengo cerca
mientras salimos del ring.
—¿Ahora dónde?
Mira por encima del hombro y me mira.
—¿Necesitas un minuto?
—Eso estaría bien.
—Por allí. —Señala a un lado del edificio. Caminando con ella metida
cerca de mí, nos dirigimos al costado del edificio.
Tan pronto como estamos fuera de vista, la suelto y me recuesto contra
la pared. Mis ojos se cierran justo cuando suena su celular. Escucho
mientras habla. Asumo que es Harper, diciéndole que nos reunamos con
ellos en algún lugar.
—Era Harper —me dice cuando cuelga—. Supongo que hay un
espectáculo antes del espectáculo. Nos están guardando asientos.
—¿Asientos?
Se ríe.
—Traducción: que compraron una manta y se ofrecen a compartir sus
bienes. —Sus ojos caen a mi polla—. Después de eso. —Señala con la
cabeza, sus mejillas sonrojándose.
—Ahora ella se ruboriza —murmuro. No me molesto en ocultar cuando
me agarro la polla y la acomodo para sentirme más cómodo—. ¿Lista? —
pregunto, separándome del costado del edificio.
—¿Estás bien?
—Lo estaré.
—¿Estás seguro? —Mira mi polla de nuevo. Su lengua se desliza sobre
sus labios, y tengo que morder mi gemido. 33
—No si tu culo sexy sigue mirándome así.
—¿C-crees que mi culo es sexy? —Su pregunta no es tímida ni
suplicante de cumplidos. Es como si no entendiera lo increíblemente
hermosa que es.
Asiento.
—Como la mierda —admito. Sin vergüenza. Sus mejillas son ahora de
un bonito color rosa.
—Será mejor que nos vayamos —dice, girándose sobre sus talones y
alejándose.
En un par de pasos largos, la alcanzo una vez más, lanzando mi brazo
sobre su hombro. Debo admitir que esta es la primera vez que estoy en la
zona de amigos. Realmente no lo estoy sintiendo así. Desearía poder golpear
a todos esos otros idiotas que la conocieron antes que yo. Me jodieron esto.
Capítulo Cinco

Addyson
Necesito un minuto, uno que no obtengo porque Lucas y sus largas
piernas me alcanzan en un instante. Ahora su brazo está colgado sobre mis
hombros mientras caminamos hacia la colina donde Harper y Justin nos 34
están esperando. ¿Quién hubiera pensado que montar un toro mecánico se
convertiría en... eso? Honestamente puedo decir que nunca he estado tan
excitada en mi vida.
Lucas Prescott es letal.
—Por allí. —Lucas señala con la mano que no está alrededor de mis
hombros. Él nos guía sin esfuerzo a través de la multitud. Cuando
alcanzamos la sábana, los ojos de Harper se agrandan al ver su brazo a mi
alrededor. Niego sutilmente, diciéndole que no lo mencione. Lucas me libera,
y me hace un gesto para que me siente primero. Tomo el lugar al lado de
Harper, quien también está sentada muy cerca de Justin. Lucas se instala
a mi lado. Su brazo lo sostiene hacia arriba, apoyado detrás de mí en la
sábana.
—¿En qué se metieron? —pregunta Justin.
—Montamos un toro —dice Lucas.
—¿En serio? —pregunta Justin, sorprendido.
—Era un toro mecánico —aclaro.
Justin y Harper se ríen.
—Me hubiera encantado haber visto eso —dice Justin.
—Bueno, hoy es el día de tu suerte. —Saco mi teléfono del bolsillo y les
muestro el video que tomé del primer viaje de Lucas.
—Oh, también tengo uno. —Se ríe y saca su teléfono para mostrar mi
video. Solo ruedo los ojos y me río con él. Si no puedes vencerlos, únete a
ellos. ¿No es así como dice el dicho? Además, fue un buen momento.
—Deberíamos hacerlo —le dice Justin a Harper.
—Sí, podrían montar juntos —ofrece Lucas—. Nosotros lo hicimos.
Los ojos de Harper se ensanchan, y están llenos de preguntas, que
afortunadamente, mantiene para sí misma por el momento. Conozco a mi
mejor amiga. No hay forma de que me salga de darle los detalles. Eso sería
demasiado fácil.
—Ocho segundos —les digo—. Si te quedas durante ocho segundos,
recuperas tu dinero.
—¿Cuánto es? —pregunta Harper.
—Cinco dólares.
—¿Vale la pena todo eso? —pregunta ella.
Pienso en mi viaje en solitario y luego en el viaje que hicimos juntos. La
forma en que su cuerpo se envolvió alrededor del mío, mi mano se hundió 35
en su muslo, y otras cosas.
—Mmm hmm —digo, sin siquiera darme cuenta. Harper y Justin se
ríen a carcajadas. Le doy un vistazo a Lucas, en parte para esconder mi
vergüenza de nuestros amigos y evaluar su reacción.
—¿Debo decirle lo bien que se siente tener tu culo presionado contra
mi polla? —susurra. Un escalofrío me recorre a pesar de las cálidas
temperaturas del verano.
Santo infierno. En cualquier otro momento, estaría gritando a un chico
tan malditamente rápido por decir algo así, especialmente a un chico que
apenas conozco. Pero... Lucas. Honestamente, él me hace reaccionar y
comportarse de maneras que nunca vi venir.
—Lucas —le regaño ligeramente, golpeando su pierna. Él lanza su
cabeza hacia atrás y se ríe. Afortunadamente, el acto de apertura comienza
a reproducirse y toda conversación se detiene. Escuchamos mientras tocan
cinco canciones de continuo. Todos nos relajamos y disfrutamos del
espectáculo como si hubiéramos salido así un millón de veces.
En el intermedio, Lucas se para.
—Voy a tomar una copa, ¿quieren algo?
—Iré contigo. ¿Harper? —pregunta Justin.
—Tal vez una botella de agua. —Ella alcanza el dinero pero él la detiene.
—¿Addy? —pregunta Lucas.
—Estoy bien, gracias. —Con un gesto de asentimiento, se alejaron entre
la multitud.
—Addyson, tienes unos cinco minutos, porque los otros cinco son míos.
Empieza a derramar.
—No hay nada que derramar. —A menos que cuentes el hecho de que
mi cuerpo está deseando el suyo.
—Bien, vi esa mirada en tu rostro.
—Bien —concedo. Le doy un rápido vistazo—. ¿Por qué ahora, Harper?
¿Por qué encontraría a un chico que me haga sentir así después de la
segunda vez que lo he visto?
—Así es como funciona. Encuentras lo que buscas cuando menos lo
esperas.
—No. —Niego—. Estoy en el banco, ¿recuerdas?
—Eso es una locura. ¿Lo has visto? —pregunta.
Le doy una mirada que le dice que sabe muy bien que lo he visto y lo
he sentido.
36
—Se me acabó el tiempo. —Miro por encima del hombro en busca de
los chicos y no los veo—. ¿Qué pasa con Justin? Ustedes dos parecen
pasarla bien.
—Así es. Él es un buen tipo —dice bruscamente—. Está interesado.
—Uh, sí. —Me río.
—No, quiero decir, sí, lo está, pero es más que eso. Él escucha. Hace
preguntas sobre mí, sobre mi trabajo. Está interesado.
—Lucas me asegura que es uno de los buenos.
—Es gracioso, Justin me dijo lo mismo acerca de Lucas.
—Estoy segura de que lo es —le digo como si no importara. La verdad
es que sí importa, pero no necesitaba escuchar que él es un buen tipo de
Justin a través de Harper. Lucas está demostrando todo por su cuenta.
—Aquí tienes. —Lucas me da una botella de agua—. En caso de que
cambies de opinión —dice, sentándose a mi lado en la sábana—. Pensé que
podríamos compartir. —Sostiene una bolsa grande de palomitas de maíz.
—¿Alguien puede resistirse a las palomitas de maíz? —pregunto,
agarrando un puñado de la bondad cálida, salada y mantecosa.
—Nop. —Guiña un ojo y luego toma un puñado para sí mismo.
Para cuando el acto principal sube al escenario, hemos terminado la
bolsa llena de palomitas de maíz. La multitud ruge, y también Harper y yo.
Cuando los que están frente a nosotros se ponen de pie, nosotros también.
Justin y Lucas nos siguen. Canción tras canción, cantamos y bailamos.
Harper y yo estamos en nuestro elemento. Nos encanta la música, el baile y
los conciertos. Todo se ve realzado por los dos chicos sexys que están allí
con nosotros y nunca pierden el ritmo. Un observador externo podría pensar
que todos hemos sido amigos durante años, no días. Cuando se enciende
una lenta, está completamente oscuro, excepto por las luces del escenario.
Cuando Justin tira de Harper a sus brazos, sonrío. Ella es feliz, y él
realmente parece ser un buen chico.
—Ven aquí —dice Lucas, tirando de mi espalda contra su pecho. Él
envuelve sus brazos alrededor de mí y lentamente, nos inclinamos al ritmo.
Esto no cambia nada, pero es difícil decir que no. Sus fuertes brazos
envueltos alrededor de mí se sienten mejor que bien... cualquier cosa lo ha
hecho. Mientras escuchamos el cover de la banda "Lost In You" de Three
Days Grace, me sostiene como si fuera suya y él mío. Lástima que mi
corazón hastiado sabe mejor—. Mi noche de suerte — susurra al oído
cuando empieza a sonar otra canción lenta. Esta vez es su versión de
"Whoever Broke Your Heart" de Murphy Elmore. Lucas me sorprende cuando
empieza a cantar las palabras, solo para mí. Su voz profunda no pierde una 37
nota o letra. Eso también es sorprendente. Parece ser un amante de la
música como yo. Él ha estado cantando todas las canciones tal como lo
hemos hecho toda la noche. Esta vez, sin embargo, esta vez es más íntimo.
La canción llega a su fin, y Lucas me besa el cuello. Afloja su agarre
sobre mí, pero sus manos permanecen en mis caderas mientras la banda
acelera las cosas. Así es como pasa el resto de la noche. Él me maneja como
si estuviéramos juntos, y aunque sé que debo protestar, no lo hago. Lo dejo
y disfruto cada segundo de ello.
—Estuvieron bien —comenta Justin mientras doblamos la manta y
recogemos nuestra basura.
—Te lo dije —dice Harper—. Los hemos visto un par de veces.
Realmente pueden cubrir todo.
—¿Ustedes dos van a muchos conciertos? —pregunta.
—Así es. Es algo nuestro. —Harper me mira y yo asiento.
—Somos adictas al concierto. Deberías ver todas nuestras camisetas.
—Me río.
—¿Género favorito? —pregunta Justin, mirando a Harper y luego a mí.
—Todos —decimos al mismo tiempo, haciendo que se ría.
—Puedo ver eso de ustedes dos. —Toma la manta ahora doblada de
Harper y la empuja debajo de su brazo antes de deslizar su mano sobre la
de ella—. ¿Ahora a dónde vamos?
—El toro. —Lucas suelta, y Justin sonríe.
—¿Estás montando otra vez? —me pregunta Harper.
—Creo que me quedaré fuera de esto, pero deberías hacerlo. Es un
buen momento.
—Será mejor que nos demos prisa. Este lugar se cierra en una hora.
Quiero decirles que una hora es suficiente tiempo para dar un paseo
erótico de toros, pero me quedo con esa pequeña información. Pronto lo
descubrirán. Lucas me guía a través de la multitud con su mano en la parte
baja de mi espalda. Él es cariñoso, y normalmente eso sería algo que amo,
pero me está haciendo difícil recordar que necesito un descanso de las citas.
Demonios, ¿a quién estoy engañando? Mirar al hombre hace que sea difícil
de recordar, y cuando me toca, mi mente se queda en blanco.
El puesto del toro está vacío cuando llegamos allí. Tomo la manta de
Justin y saco mi celular. Harper se monta primero sola, y solo lo hace tres
segundos antes de caer. Ella se estaba riendo histéricamente antes de que
el toro comenzara a moverse, así que me sorprende que haya durado tanto.
Justin va a continuación. Él maneja un viaje de cinco segundos antes de 38
caer al suelo.
—Es aún más duro cuando montan juntos —les digo en voz alta.
—Eso es un eufemismo —murmura Lucas a mi lado.
Lo ignoro, porque, ¿qué dices a eso? En cambio, sostengo mi teléfono y
pulso grabar mientras montan el toro. Tengo que morderme el labio para no
reírme cuando veo el rostro de Harper cuando Justin la acerca a su pecho.
—Nos engañaron —dice Lucas a mi lado.
Manteniendo la cámara grabando, miro por encima.
—¿Cómo? —susurro, sabiendo que la cámara está retomando nuestra
conversación. Solo tendré que silenciar mi teléfono o editarlo antes de
enviarlo a Harper.
—Pueden revivirlo. —Señala a la cámara—. Todo lo que tengo es el
recuerdo de lo que se siente al tenerte acurrucada contra mi polla.
Él es franco, y me parece que me gusta. De hecho, me encanta. No hay
tonterías con Lucas, no hay cosas que cubran el azúcar.
—Me ofrecería a darle otra oportunidad, pero no estoy seguro de que
ninguno de los dos pueda manejar eso. —Le doy la misma honestidad. Él
no dice nada, así que me vuelvo para mirarlo. Me está mirando, con los ojos
llenos de... deseo. Es intoxicante tener su atención en mí. Más aún cuando
la necesidad que siento se refleja en mí—. Eres peligroso —le susurro.
Se inclina.
—¿Te das cuenta de lo mucho que quiero besarte ahora mismo? —Su
voz es brusca.
—Dime —le respondí, sin aliento con solo el pensamiento de sus labios
presionados contra los míos.
La risa y el sonido de nuestros amigos golpeando la colchoneta atraen
nuestra atención. Dejo de grabar, metiendo mi teléfono en el bolsillo trasero.
—Trazaría tus labios con mi lengua, tomándome mi tiempo probándote.
Te acercaría, mis manos en tu trasero, levantándote, dándome un mejor
impulso para deslizar mi lengua entre tus labios. Exploraría tu boca, Addy.
Me aseguraría de que me pruebes horas más tarde.
Harper y Justin se dirigen hacia nosotros, lo que hace que retroceda
hasta su altura máxima y se aleje. Le pedí que me lo dijera, pero no
esperaba... eso.
—¿Listo? —pregunta Harper.
—S-sí —digo, aclarando mi garganta.
—Las acompañaremos a sus autos.
—Addyson condujo —les dice Harper. 39
Justin toma su mano y se ofrece a tomar la manta, pero niego. Lo
sostengo contra mi pecho como si fuera mi cuerda de salvamento. En cierto
modo, lo es. Justin y Harper lideran el camino cuando Lucas coloca su mano
en la parte baja de mi espalda y me guía para seguirlos a través de la
multitud cada vez más delgada.
—Entonces, me alegro de que nos hayan encontrado. —Escucho decir
a Harper.
—Sí, y ahora tengo tu número. —Justin se ríe.
—Espero que lo uses. —Ella le sonríe.
Mi chica está enamorada, y no podría estar más feliz por ella.
—Aw, mira lo que hicimos —dice Lucas, alzando su voz.
—Nuestros bebés están creciendo —digo demasiado dulce. Harper y
Justin nos miran y los cuatro nos echamos a reír.
—Vayan con cuidado —dice Lucas, sus labios al lado de mi oreja.
—Siempre.
—Sabes, probablemente deberías enviarme un mensaje de texto
cuando llegues a tu casa, solo para que no me preocupe.
Él está sonriendo, pero algo me dice que la mirada intensa en sus ojos
significa que está serio.
—Soy una niña grande, Luke.
—Lo sé, Addy, pero también eres hermosa y te vas a casa tarde por la
noche sola.
—Harp —grito, sin apartar los ojos de él—. ¿Te quedas en mi casa esta
noche? —le pregunto.
—Puedes quedarte mejor en la mía —responde ella.
—Problema resuelto.
—Addyson. —Su tono es una advertencia.
—Diosss, bien, te enviaré un mensaje de texto.
—Gracias. —Se inclina y envuelve sus brazos alrededor de mí en un
abrazo—. Lo pasé muy bien. —Intento ignorar cómo mi cuerpo se relaja en
el suyo, cómo su calor me rodea. Ignoro lo cómoda que ya me siento con él.
—Yo también. —Él abre la puerta para mí, esperando a cerrar la puerta
hasta que esté abrochada. Echando un vistazo, veo que Justin está
agachado, con la cabeza a través de la ventana abierta hablando con Harper.
Me vuelvo a Lucas dándoles espacio. Estoy segura de que ella me lo dirá
todo—. Gracias por eso. —Señalo mi cabeza hacia nuestros amigos. 40
—Mi amigo tiene a la chica. Yo tengo un viaje de ocho segundos. Suena
como un intercambio justo para mí —dice sonriendo.
—Buenas noches, Luke.
—Buenas noches, Addy.
Capítulo Seis

Lucas
Han pasado dos semanas desde el festival. Dos semanas pensando en
su cabello oscuro y sedoso, esos grandes ojos marrones y la forma en que
su cuerpo se sentía presionado contra el mío. Dos semanas muy largas. 41
Hemos enviado mensajes de texto un par de veces, pero ha rechazado todos
mis avances. He ofrecido una cena, una película, un festival en algunas
ciudades, incluso me he ofrecido a ir a su casa y hacer la cena. No a todo
eso. Es por eso que actualmente estoy sentado en mi escritorio controlando
mi emoción mientras Justin espera mi respuesta.
—¿Bien? ¿Estás dentro o no?
—Estoy dentro. ¿Cuándo y dónde?
—Harper estuvo de acuerdo, pero dijo que algo discreto. Ella no quiere
la atención.
—¿Cómo se siente eso? —pregunto, riendo—. ¿Encontrar a una mujer
que no quiere la fanfarria que viene con el nombre de Atwood?
No duda.
—Jodidamente fantástico.
Asiento. Todavía es demasiado pronto para decirlo, pero Harper parece
genuina. Sé que él también se está reteniendo un poco, pero puedo ver que
realmente está interesado en ella. Más que por nadie desde esa puta de Amy.
—Entonces, ¿Stagger? —le pregunto.
—Sí, eso es lo que estaba pensando. Ahí es donde las conocimos
después de todo. ¿Has hablado con Addyson?
—Algunos mensajes de texto aquí y allá.
—¿Está jugando? —pregunta.
—No. Está desconfiada. He sido relegado a la zona de amigos.
—Eso apesta para ti, mi hombre. ¿Tal vez debes seguir adelante?
—No, no estoy listo para eso.
—Está bajo tu piel.
Asiento.
—Tan jodidamente profundo.
—¿Después de qué, dos encuentros y algunos mensajes de texto?
—Mira quién lo dice.
Levanta sus manos en señal de rendición.
—Lo siento, tienes razón. Es solo que Harper y yo ya hemos salido
media docena de veces.
—Bueno, Harper no ha tenido los problemas que Addy tiene. —La
defiendo como si fuera mía para defenderla. No lo es. No todavía, de todos
modos.
42
—Entonces, ¿cuál es tu plan? —pregunta, sonriendo. Se divierte con
mi defensa rápida. No puedo negar que está fuera de lugar para mí.
—¿Plan?
—Sí, ¿vas a tratar de conquistarla?
Me paso las manos por el rostro.
—No lo sé, hombre. No estoy seguro de que ningún esfuerzo vaya a
hacer que cambie de opinión. Me ha rechazado cada vez que lo he intentado.
Ha sido mucho —le digo.
—¿Pensé que habías dicho algunos mensajes de texto?
—Bueno, unos pocos cada día —confieso, haciéndole echar su cabeza
hacia atrás en una carcajada.
—Te está haciendo trabajar por eso.
—Joder, hombre, desearía que ese fuera el caso. No está jugando a la
difícil de conseguir. Si es así, podría trabajar con eso. Está encerrada como
una maldita bóveda. Al menos, está hablando por teléfono. Conseguir
tiempo con ella, eso es lo que necesito.
—Bueno. El viernes por la noche, en Stagger, a las siete en punto. —Se
levanta para irse—. Harper dijo que nunca ha tenido una buena relación.
Todos los chicos con los que ha salido han sido una mierda de una manera
u otra. Sé que no eres tú, pero esas cicatrices, son profundas, Luke.
—Lo sé.
—Está bien, hombre, haz que tu culo perezoso regrese al trabajo. —Se
despide y sale de mi oficina.
Dudo unos treinta segundos antes de tomar mi teléfono y enviarle un
mensaje de texto.
Yo: ¿Cómo está tu día?
Para mi sorpresa, responde de inmediato.
Addyson: Va bien ¿El tuyo?
Una charla. Necesito pasar de esto. Necesito que me conozca. Nunca
he sentido la atracción que siento con ella. Nos lo debemos a nosotros
mismos explorarlo.
Yo: Solo te extraño.
Addyson: Solo eres un adulador, Prescott.
Yo: Lo que ves es lo que hay, cariño.
Addyson: Si tuviera un dólar por cada vez que un tipo me dijo eso.
Yo: Supongo que solo tengo que enseñarte. 43
Addyson: ¿Crees que puedes?
Yo: Sí.
No tiene sentido andarse por las ramas. Realmente creo que puedo
demostrarle. Tomará algo de tiempo, pero tengo la sensación, una profunda
en mis entrañas, que vale la pena. Siempre he seguido mi instinto y no voy
a detenerme ahora.
Addyson: Disfruta el resto de tu día, Luke.
Yo: Tú también, Addy.
Arrojo mi teléfono en mi escritorio y me concentro en los diseños que
tengo delante. Dos días más, me recuerdo. Dos días más hasta que la vea
en carne y hueso. Espero que esté lista.

Dos días después, entro en Stagger quince minutos antes. Veo a Justin
en una mesa en la parte de atrás, la misma mesa en la que estaban sentadas
las chicas la noche en que las conocimos.
—Hola, hombre —dice mientras me deslizo en la silla frente a él.
—¿Están de camino?
—Sí, Harper se detuvo para recoger a Addyson.
—¿Obtuviste los planos finales para el proyecto de Covington? —le
pregunto. Estuve en reuniones todo el día y no escuché si finalizaron los
planos más recientes.
—Sí, justo cuando estaba saliendo de la oficina. Me imagino que lo veré
en algún momento este fin de semana.
—Les tomó el tiempo suficiente —le digo. Llevamos más de un año
trabajando en este proyecto. Es un hogar personalizado, y la señora
Covington sigue cambiando de opinión.
—Esperemos que haya terminado, para que podamos enviarlo al
constructor y terminar con eso.
—¿Verdad? Ahora sé por qué Robert les dijo que nuestros equipos de
construcción estaban completamente reservados. Él no estaba bromeando.
—Mírense, chicos exploradores. —La voz de Addyson me saluda. La
miro—. Si están tratando de anotar puntos brownie, está funcionando —se
burla, deslizándose en la silla junto a mí.
—Hola, Harper —saludo a su amiga que saluda y luego le presta toda 44
su atención a Justin. Me vuelvo a mirar a Addyson. Su cabello oscuro cuelga
suelto sobre sus hombros, las hebras sedosas rogándome que entierre mis
manos en él—. ¿Cómo estuvo tu día, querida? —le pregunto.
—Largo. —Suspira—. Tengo una niña con la que he estado trabajando
durante meses, y justo cuando muestra progreso, algo sucede en casa que
la hace retroceder. Tuve que hablar con servicios de protección hoy. Tienen
que sacarla de allí.
—Suena duro.
—Sí. Amo mi trabajo. La terapia del habla era algo que tuve que hacer
cuando era niña, y mi terapeuta era la mejor. Eso es lo que me llevó a seguir
sus pasos. En su mayor parte, es sencillo, pero hay esos niños que ves que
comienzan a salir de su caparazón, y luego, bam, vuelven a esconderse. Esa
es la parte mala del trabajo.
—Parece que podrías tomar una bebida.
—Seguro. Harp, yo voy. ¿Qué deseas?
—Sorpréndeme —le dice Harper.
—¿Ustedes necesitan algo?
—Iré contigo. —Voy a seguirla fuera de la mesa, pero levanta sus manos
para detenerme.
—Puedo manejarlo, Prescott. Dime lo que quieres. —Me encanta este
lado combativo de ella.
—Dos botellas de cerveza —responde Justin por mí.
Estúpido.
—Regresaré. —Sonríe y se acerca a la barra. Cada hijo de puta aquí la
mira.
—Estás a punto de romperte un molar —bromea Justin.
Lo ignoro y mantengo mis ojos fijos en ella. No es hasta que una mano
suave cubre la mía que me doy la vuelta.
—Oye. —Harper sonríe—. Es una niña grande. Puede manejarse sola.
—Ella no debería tener que hacerlo —le dije.
—Eso puede ser, pero siempre lo ha hecho. Addyson ha tenido la peor
suerte con los hombres. Nos reímos al respecto, pero la ha cambiado.
Cuanto más fuerte empujes, más duro lo hará.
—Confía en mí, lo sé —me quejo.
—Aquí tienes —dice Addyson unos minutos más tarde. Pone cuatro
botellas de cerveza en la mesa y se sienta a mi lado.
45
—Directamente de la botella, ¿eh? —le pregunto.
—¿Hay alguna otra manera?
—Depende, ¿me estás preguntando a mí o al estudiante universitario
en quiebra dentro de mí?
—Estoy segura que nuestras respuestas serán las mismas. La
universidad era cerveza añeja de barril y vino barato.
—No soy mucho de beber vino, al menos no en aquel entonces —
confieso.
—¿Tenías una opción en la universidad? —Se ríe—. Quiero decir, vino
y cerveza baratos es de lo que se trata, ¿verdad?
—Entre otras cosas.
—Cierto, estoy segura que eras uno de los que buscaban una nueva
aventura cada noche.
—No todas las noches. No era un ángel, pero puedo garantizarte que sé
dónde ha estado mi polla.
Mira por encima de la mesa a Justin.
—Me vas a dar los datos sucios, ¿verdad? —Bate esas largas pestañas
hacia él.
—No hay datos sucios. —Justin se encoge de hombros—. Él era un tipo
estudioso. No salió mucho de fiesta, y fue… selectivo. —Se gira para mirar
a Harper—. Los dos lo éramos. Somos —añade como una ocurrencia tardía.
—Entonces, Harper. —Levanto mi cerveza hacia ella—. Felicitaciones
por el nuevo trabajo.
—Gracias. —Su sonrisa es amplia.
Justin levanta su cerveza con una mano y coloca la otra alrededor de
sus hombros. En lugar de felicitarla para que podamos escuchar, se inclina
y le susurra algo solo para ella. Su sonrisa permanece, pero su rubor me
dice más de lo que necesito saber.
—Oh, Addy, olvidé decírtelo, ¿adivina quién viene a la ciudad? —
pregunta Harper con entusiasmo.
—¿Papá Noel? —Addy sonríe.
—Ja, ja, sabelotodo. No, Dan + Shay. Traté de conseguirnos boletos,
pero ya están agotados.
—¿Qué? ¿Ya? Eso es una locura.
Miro a Justin, y me da un sutil asentimiento. Definitivamente está
pensando en lo que estoy pensando.
46
—¿Gran fan de Dan + Shay? —le pregunta a Harper.
—Ambas lo somos —le dice. Esta vez son los ojos de Justin los que
encuentran los míos, y soy quien le está dando un guiño sutil.
Justin tiene conexiones, como conexiones para boletos a conciertos
vendidos. Con una llamada telefónica, puede hacer que suceda, y sé que sin
duda lo hará.
Un par de horas más tarde, después que las chicas hayan tomado más
bebidas de las que puedo contar, nos estamos levantando de la mesa para
regresar a casa. Me detuve en dos cervezas hace horas. Noté que Justin hizo
lo mismo, sin embargo, las damas se complacieron.
—¿Cómo llegas a casa? —le pregunto a Addyson.
—Harp condujo. —Me mira. Sus ojos son vidriosos y, sin lugar a duda,
no está en forma para conducir.
—Las llevo a casa —dice Justin—. Traeré a Harper de vuelta por la
mañana para buscar su auto.
—¿Eso significa que te vas a quedar? —le pregunta Harper, envolviendo
sus brazos alrededor de su cintura.
—Sí, no puedo dejarte sola así.
—Ho-la. —Addyson agita su mano en el aire—. Estaré allí. —Señala su
pecho.
—¿Qué tal si te llevo a casa? —ofrezco. Tomaré cualquier oportunidad
de estar a solas con ella, incluso si se desmaya. De hecho, esa idea suena
cada vez más atractiva. Puedo memorizar sus rasgos. No sé cuándo la
volveré a ver, y eso me molesta. Es un nuevo desarrollo, pero solo es
Addyson. Nadie antes de ella me ha traído este tipo de sentimientos.
Golpea su dedo índice a su barbilla y se tambalea en sus pies.
Extendiéndome, coloco mis manos en sus caderas para estabilizarla.
—No hagas nada gracioso, señor sexy y lo sé.
Ni siquiera trato de contener mi risa.
—No es divertido —me regaña—. Eres como esa canción. —Se dirige a
su mejor amiga—. Harp, ¿quién canta esa canción? Esa canción de sexy
and I know it, ese es Lucas. —Se inclina y apoya su cabeza contra mi pecho.
Harper está prácticamente en la misma posición.
—Me muero de la risa. —Harper se ríe.
—LMFAO1 —Justin traduce para ella.
—Sí. —Addyson señala hacia ellos, pero su rostro todavía está
enterrado en mi pecho—. Este chico. —Pone sus palmas apoyadas contra
47
mi pecho—. Es sexy y lo sabe.
Me muerdo el labio, reprimiendo mi risa.
—Vamos a llevarte a casa, muchacha divertida —le digo.
—La llevaré a casa —le aseguro a Justin.
—Gracias, hombre. —Con extrema paciencia, nos las arreglamos para
ayudar a las chicas a salir de Stagger 2, el nombre de repente se ajusta
perfectamente al establecimiento.
La ayudo a subir a mi camioneta y sus ojos se cierran de inmediato
mientras descansa su cabeza contra el asiento. Me tomo un minuto para
estudiarla. Se ve como un ángel con su piel de porcelana y todo ese cabello
sexy. Con cuidado, cierro la puerta, cerrándola por dentro. Todavía está
durmiendo tranquilamente cuando llego a su departamento. Alcanzando su
bolso, busco hasta encontrar sus llaves. Arrojando su bolso sobre mi
hombro, salgo de la camioneta y abro la puerta con cuidado. Haciendo
rápido el trabajo de desabrochar su cinturón de seguridad, la levanto en mis
brazos.
—Hueles bien —murmura.
—¿Eso crees? —le pregunto, divertido.
—Mmm. —Es su respuesta.
No estoy seguro de cómo lo hago, pero logro desbloquear la puerta y
meternos a los dos dentro de su condominio sin dejarla caer. Cerrando la
puerta, dejo caer las llaves en el suelo y uso el codo para accionar el
interruptor de la luz. Observo lo que me rodea: sala de estar, cocina,
pequeña área de comedor y un oscuro pasillo. Me dirijo en esa dirección,

1 Es el nombre del dúo que canta la canción “Sexy and I know it”. Las siglas traducen Laugh
My Fucking Ass Off. Lo que puede traducirse como “Morirse de la risa” o cualquier
expresión similar.
2 Tambalearse.
deteniéndome para mirar en la primera habitación, que parece ser un baño.
La siguiente puerta en el lado opuesto del pasillo es un dormitorio, pero está
muy vacío. Sigo caminando hacia la puerta al final del pasillo. Cuando abro
la puerta, sé inmediatamente que es su habitación. Su aroma a lavanda me
envuelve.
Caminando hacia la cama sin nada más que el brillo de la luz de la
luna para guiarme, piso con cautela. Cuando mis rodillas golpean la cama,
la acuesto con cuidado sobre el colchón blando. Acercándome a la mesa de
noche, enciendo la lámpara, que emite un brillo suave y cálido en la
habitación.
Sus ojos se abren, y me mira fijamente.
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—¿Luke?
—Estás en casa —le digo—. Vamos a quitarte estos zapatos. —
Caminando hacia el extremo de la cama, trabajo en quitarle una sandalia y
luego la otra de sus pies. Agita sus dedos pintados de verde azulado una vez
que termine.
—¿Harper? —pregunta.
—Justin está con ella.
—Él es agradable.
—Sí —concuerdo. Es mi mejor amigo después de todo. Dejándola en la
cama, camino de regreso a la cocina por una botella de agua y un
medicamento para el dolor de cabeza. Lo va a necesitar. Encuentro el
medicamento en el segundo gabinete que pruebo y, como sospechaba, su
refrigerador está lleno de botellas de agua—. Addyson —le digo, sentado en
el borde de la cama—. ¿Puedes despertarte por mí? Necesito que te tomes
esto.
—Solo dile no a la droga, Luke —dice. Va a regañarme, pero fracasa
miserablemente.
—Solo di no. Lo tengo. ¿Puedes sentarte por mí? —Me levanto y la
ayudo a levantarse de la cama.
—Oh —gime—. Eso es… —Traga saliva, y sé lo que sigue.
Con reflejos rápidos, la levanto en mis brazos y corro al baño de la
habitación. Apenas está de pie antes de caer de rodillas y verter el contenido
de su estómago. Me apresuro a retener su cabello, mientras acaricio
suavemente su espalda.
—Ugh —gime, descansando su cabeza en el borde del inodoro.
—¿Estás bien ahora? —le pregunto.
—Deberías irte. Esto no es sexy.
—Eres sexy. —Lo es. Incluso en este momento, nunca he visto a nadie
más hermosa que ella.
—Ya terminé —dice, intentando pararse.
Libero sus hebras sedosas, me levanto y la levanto en mis brazos.
—Te tengo.
—¿Me estás cuidando? —pregunta.
—Eso parece.
—Gracias.
La pongo de nuevo en la cama y se recuesta contra las almohadas.
—Voy a ir a buscar un bote de basura. —Ni siquiera sé si me oye. Sus 49
ojos están cerrados y su respiración es profunda y uniforme. Tomando el
bote de basura del baño, lo coloco junto a la cama—. Addyson, necesito que
tomes esto por mí. —Deslizando mi brazo debajo de ella, la levanto. Sus ojos
se abren.
—Sueño.
—Lo sé, hermosa, pero necesitas tomar esto. Me lo agradecerás por la
mañana. Lo prometo. —Asiente, que es más dejar caer su cabeza hacia
adelante. Cuando la levanta, su boca está abierta como un pajarito. Arrojo
las pastillas en su boca y sostengo la botella de agua abierta en sus labios.
Poco a poco vierto un poco en su boca, y traga—. Un sorbo más. Cuanta
más agua tengamos en ti, mejor. —Abre de nuevo, y vierto más agua en su
boca.
Esta vez una vez que ella traga, cae contra la cama y gruñe.
Colocándole la tapa a la botella, la dejo en la mesa de noche.
—¿Necesitas algo? —pregunto, apartando el cabello de sus ojos.
—La habitación está girando —dice, rodando hacia su vientre.
—Se detendrá. Solo respira. —Con suavidad, paso mis dedos arriba y
abajo por su espalda. Pasan varios minutos y, por su silencio, asumo que
está dormida. Debato sobre lo que debo hacer. Odio dejarla aquí así sola. ¿Y
si pasa algo? Mirando la silla en la esquina de la habitación, decido
quedarme un par de horas solo para asegurarme que esté bien. Al regresar
a la sala de estar, levanto las llaves que dejé caer y las pongo en la pequeña
mesa que había justo dentro de la puerta. Cierro la puerta, me quito los
zapatos, apago las luces y vuelvo a su habitación.
Capítulo Siete

Addyson
Hay un martillo neumático en mi cabeza. Esa es la única excusa lógica
para la forma en la que está palpitando. Lentamente, abro un ojo a la vez,
probando mi visión. Parpadeo varias veces hasta que la habitación se 50
enfoca. Mi boca sabe como si comí un animal muerto, y estoy seca como si
hubiera estado chupando algodón.
—¿Por qué bebí tanto? —me quejo, girándome de lado. Veo una botella
de agua y la alcanzo, retorciéndome la tapa y levantando la cabeza solo lo
suficientemente alto de la almohada para beber con avidez.
—Es posible que quieras reducir la velocidad —advierte una voz
profunda, haciéndome gritar y dejar caer la botella de agua.
Afortunadamente, estaba casi vacía.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto mientras mi corazón salta en
mi pecho. ¿Por qué está en mi habitación?
Se levanta de la silla en la esquina y estira los brazos sobre su cabeza.
—Te traje a casa. Estabas bastante mal. Iba a quedarme un par de
horas para asegurarme de que estabas bien. Me quedé dormido. —Él se
encoge de hombros.
—Gracias. —Lentamente me siento en la cama—. ¿Harper? —le
pregunto. Solo puedo imaginar cómo me veo. Puede que no me interese salir
con nadie, pero cuando hay un hombre, un hombre sexy como Lucas
Prescott en tu habitación la mañana siguiente a tu borrachera, una chica
se preocupa por su apariencia.
—Justin se hizo cargo de ella.
—Espero no haber sido horrible —le digo, ocultando mi rostro detrás
de mis manos. Se ríe—. ¿Qué tan mal? —pregunto, dejando caer mis manos.
—No demasiado mal. Te enfermaste, que es por lo que me quedé para
asegurarme de que estabas bien.
—Nunca bebo así. Una vez en la universidad y juré que nunca lo
volvería a hacer.
—Estabas celebrando.
—Sí. —Sonrío, pensando en mi mejor amiga y su promoción. Se había
roto el culo para llegar a donde está.
Observo mientras se levanta y se estira de nuevo. Su camiseta se
levanta, y puedo ver claramente sus abdominales tonificados.
—Addyson —dice con severidad. Mis ojos se disparan a los de él—. No
puedes mirarme así —gruñe.
—¿Cómo? —Sí, estoy jugando la carta de negación.
—Como si me deseas. Soy un hombre, y estás sentada allí, toda sexy
de dormir. Solo tengo cierta moderación.
Abro la boca para hablar, pero mis palabras parecen estar alojadas en
mi garganta. 51
—Yo…
—Muévete. Voy a pedir prestada un poco de pasta de dientes. Luego te
llevaré a desayunar.
—Lucas, no, ya has hecho demasiado —protesto. Es débil en el mejor
de los casos. Cuanto más tiempo paso con él, más quiero estar cerca de él.
Lentamente, puedo sentir que mi resolución comienza a desmoronarse.
—Bien, puedes llevarme a desayunar. —Sonríe mientras se dirige hacia
el baño.
—Hay cepillos de dientes extras debajo del lavabo —grito. Siempre los
consigo cuando voy al dentista, y tengo uno de esos lujosos eléctricos.
Harper ha usado mi alijo más veces de las que puedo contar.
—Gracias, ahora muévete —grita a través de la puerta del baño.
—Estás en mi baño.
—Terminaré en un minuto —me responde.
Al salir de la cama, recojo algo de ropa y espero a que salga del baño.
—Todo tuyo —dice unos minutos más tarde cuando sale.
Veinte minutos más tarde, nos subimos a su camioneta y nos dirigimos
hacia el restaurante local.
—Perdón por la noche pasada. Prometo que esa no soy yo.
Él me mira antes de volver sus ojos a la carretera.
—No hay necesidad. Todos hemos estado allí.
—En cualquier caso, no tenías que cuidarme. Y… dormir en la silla de
mi habitación.
—No fue nada.
—No, fue algo. Gracias. —Podría haberse metido en la cama conmigo,
aprovechándose de mí, pero no lo hizo. Podría haberme dejado allí sola, pero
le importaba lo suficiente como para asegurarse de que estaba bien. Un
pequeño trozo de mi corazón endurecido se derritió al darse cuenta.
Él asiente mientras tira de su camioneta frente al restaurante y apaga
el motor.
—Nada como la comida grasienta para una resaca.
—Ummm... estoy pensando panqueques. —Sonrío.
—La dama quiere panqueques, panqueques tendrá. —Abre la puerta y
sale de la camioneta. Hago lo mismo, encontrándome con él en la acera.
Coloca su mano en la parte baja de mi espalda, como lo ha hecho cada vez 52
que he estado con él. Su toque es cálido, y para mi sorpresa, no
desagradable. Guiándonos hacia la puerta, se acerca a mí y la abre,
introduciéndome en el interior—. Entonces, cuéntame más sobre tu trabajo
—pregunta, relajándose de nuevo en la cabina. Ambos acabamos de pedir
una enorme pila de panqueques con un lado de tocino.
—Me encanta. Estaba en terapia del habla cuando era niña, y mi
terapeuta, la señorita Susie, era increíble. Ella hizo que una situación
embarazosa y difícil fuera divertida. Quiero ser eso para alguien.
—¿Todavía hablas con ella?
—De hecho, sí. En la escuela secundaria, tuvimos que hacer este
proyecto de en dónde te ves dentro de cinco años. Luego tenías que
encontrar a alguien en ese campo y seguirlos durante un día. Me acerqué a
Susie, y ese día que pasé con ella sellé mi destino.
—Círculo completo —Sonríe.
—¿Que pasa contigo? ¿Siempre quisiste ser arquitecto?
Asiente.
—Sí, bueno, me encantaba dibujar y sabía que quería trabajar con mis
manos. Mi abuelo era carpintero y pasé mucho tiempo con él mientras
crecía. Yo era bueno en matemáticas, así que me cargué de álgebra,
trigonometría y cálculo. Mi maestro, el señor Harris, sugirió que considerara
la universidad y me centrara en la arquitectura, le prometí que lo
comprobaría. —Se ríe—. Mis padres estaban encantados, y mi madre se
puso a trabajar encontrando las escuelas cercanas, y la semana siguiente
fuimos de visita. Me encantó que el campus estaba cerca de casa, y el resto
es historia. Bueno, a menos que quiera hablar sobre las pruebas SAT y Act
o si están las pruebas GRE y GMAT y, por supuesto, está mi portafolio de
diseño.
—Círculo completo. —Le sonrío—. Parece que a una edad temprana lo
tenían todo. ¿Cuánto hace que conoces a Justin?
—Supongo que podrías decir eso —dice, tomando un trago—. Nos
conocimos en el primer año de universidad. Él estaba en el mismo programa,
y lo logramos. Se graduó un año antes que yo y me ayudó a conseguir un
puesto como pasante en su empresa, bueno, nuestra empresa. —Toma otro
trago de su jugo de naranja—. Tú y Harper son cercanas —comenta.
—Sí. Preescolar. —No puedo ocultar mi sonrisa—. Estábamos
aterrorizadas y nos sentamos una al lado de la otra. Tuvimos que recurrir a
nuestro vecino y presentarnos. Hemos sido cercanas desde entonces.
—Aquí tienes. —Nuestra camarera coloca dos enormes platos de
53
panqueques y tocino frente a nosotros—. Volveré enseguida con algunas
recargas —dice, luego de escabullirse.
—Nunca voy a poder comer todo esto —le digo, mirando la enorme pila
que tengo delante.
—Come lo que quieras. Yo me encargaré del resto.
—No puedes hablar en serio. —Me quedo con los ojos abiertos ante la
cantidad de comida.
Sonríe.
—Soy un chico en crecimiento. —Acaricia su estómago plano.
Debe ejercitarse porque esos abdominales que vi antes, no aparecen al
comer grandes platos de panqueques todos los días.
—¿Con qué frecuencia haces ejercicio? —pregunto bruscamente.
Se encoge de hombros.
—Todos los días. —Toma un gran bocado de su desayuno.
Casi le digo que se nota. Casi le digo que su trabajo duro está dando
sus frutos. En cambio, lleno mi boca de panqueques y guardo mis
pensamientos para mí.
El desayuno es genial. Hablamos de nuestros trabajos, la universidad,
nuestras familias... la conversación nunca pareció esfumarse. Es por eso
que estoy sentada aquí en su camioneta, esperando para entrar a mi
departamento, pero parece que no puedo obligarme a abrirme la puerta.
—¿En qué te estas metiendo esta noche? —pregunta.
—No mucho. Tengo algo de ropa y un registro de pacientes en que
ponerme al día.
—¿Por qué no me dejas llevarte a cenar?
—Luke, acabas de darme el desayuno. —Le ofrecí dinero, pero él no lo
tomó.
—Sí, y me gustaría darte la cena también.
—Gracias por el desayuno y por cuidar mi trasero borracho anoche,
pero voy a tener que pasar. —Alcanzando la manija, abro la puerta y salgo—
. Te veré por ahí, Lucas Prescott. —Es demasiado encantador, dulce y fácil
de ver. Puedo sentirme deslizándome, queriendo pasar más tiempo con él.
No puedo permitirme enamorarme de nuevo. Aún no. Necesito este
descanso. Al menos eso es lo que sigo diciéndome.
—Puedes planearlo, Addyson Stafford. —Su voz es ronca. Prometedora.
Sentí sus ojos en mí todo el camino a mi apartamento, y encendió un 54
fuego dentro de mí. Casi me giro y le digo que cambié de opinión sobre la
cena. Casi. En su lugar, mantengo mi cabeza alta. Mi resolución firme y
desaparezco detrás de la puerta. Una vez dentro, echo un vistazo por las
cortinas y lo observo alejarse conduciendo. Después de dejar mi bolsa en la
mesa, me recuesto en el sofá, cerrando mis ojos. Todo acerca de Lucas grita
“sal conmigo”. Desearía haberlo conocido antes. Desearía haberlo conocido
antes de que mi corazón fuera mutilado en tal red de mentiras y dolor, antes
de que estuviera rota. Mi teléfono suena, sacándome de mis pensamientos.
—Hola —saludo a Harper.
—¿Cómo te sientes? —Suena con si estuviera susurrando. Mi sospecha
es que ella tiene un dolor de cabeza asesino. Siempre lo tiene después de
beber demasiado.
—Bien, ¿y tú?
—Dolor de cabeza del infierno —dice, confirmando mi sospecha.
—¿Justin te llevó a casa?
—Sí. —Suspira feliz—. ¿Qué hay acerca de ti? Es por eso que estoy
llamando. Justin dijo que Lucas te llevó a casa.
—Lo hizo. Se quedó —confieso—. No es lo que piensas —me apresuro
a decirle—. Durmió en la silla de mi habitación. Supongo que estaba
vomitando y él estaba preocupado por mí. Dijo que se iba a quedar un poco
más para asegurarse que estaba bien y terminó quedándose dormido en la
silla.
—¿Todavía está ahí?
—No. Nosotros uh… fuimos a desayunar y me acaba de dejar.
—Addyson Grace, ¿se te está olvidando decirme algo?
—Nop. Desayuno. Me pregunto sobre ir a cenar, pero dije que no.
—¿Qué? —grita, luego gime por su dolor de cabeza—. ¿Por qué dirías
que no? —pregunta, volviendo a susurros.
—Porque sí. —Es mi respuesta. Es una de mierda, pero parece que no
puedo poner en palabras que me gusta Lucas. No puedo admitirlo en voz
alta. Necesito este descanso, esta vez para mí. Necesito reagruparme. Solo
puedes derribar a una chica tanto antes de que tenga dificultades para
volver a levantarse. Mirando hacia atrás, todos los chicos con los que he
salido han sido encantadores y fáciles de ver, al igual que Lucas. No hay
nada diferente, y necesito diferente.
—Addyson, no puedes dejar que el miedo a lo desconocido te detenga.
—Eso es justo —confieso—. Él es sexy y encantador y ellos también.
55
Lucas es un gran tipo. De hecho, si lo hubiera conocido antes, tal vez las
cosas hubieran sido diferentes.
—Todavía pueden ser.
—Posiblemente, pero necesito ser yo por un tiempo. Blake... —
Continuo, sabiendo que no necesito explicarme lo que me hizo. Fue bueno
conmigo, cariñoso de hecho. Pensé con seguridad que mi mala suerte se
había roto. Luego nos encontramos con su esposa. Nunca he sido más
humillada. Obviamente, mi juicio no es el mejor cuando se trata de hombres.
Así que, no importa lo bueno que creo que es un chico, creo que siempre
existe esa posibilidad de que solo esté representando un espectáculo como
el resto de ellos.
—Tómate un tiempo. Lo entiendo. Prométeme que no permanecerás
cerrada para siempre.
—Un día —le digo, incapaz de hacer cualquier promesa. Me niego a
mentirle a mi mejor amiga. Hablamos por unos minutos más, hasta que
Justin vuelve a su lugar con el almuerzo. Están pasando el día juntos.
Aunque siento una punzada de celos, estoy increíblemente feliz por ellos.
Un día espero encontrar eso. Encontrar la confianza otra vez y abrir mi
corazón para amar.
Un día.
Capítulo Ocho

Lucas
Es lunes por la mañana y estoy en la oficina temprano. Más de una
hora antes de lo habitual. Aparte del sábado por la mañana con Addyson y
mi viaje al gimnasio los dos días, me quedé en mi casa todo el fin de semana. 56
No es que eso tenga algo de malo. De hecho, me encanta mi casa. He vivido
allí durante unos tres meses. Lo diseñé e hice que uno de los equipos lo
construyera. Es la casa de mis sueños. Mi mamá trató de convencerme de
que esperara hasta que encontrara a mi futura novia, como ella la llama,
para construir. Lo consideré, pero estaba cansado de malgastar dinero en el
alquiler de mi condominio. Estaba listo para mi propio lugar, y me negué a
detener la vida mientras esperaba que la mujer de mis sueños entrara en
mi vida.
Poco sabía que pronto conocería a la única e inigualable Addyson
Stafford. No puedo evitar preguntarme si le gustaría mi casa. Tal vez algún
día lo descubra. Mi madre la amaría.
—¿Qué haces aquí tan temprano? —pregunta Justin desde la puerta
de mi oficina, sacándome de mis pensamientos.
—Sólo estoy empezando la semana. —No es una mentira. Sólo dejo de
lado que me pasé todo el fin de semana pensando en Addyson y en cómo
puedo convencerla de que me dé una oportunidad. Sé que es patético, por
eso me guardo esa parte de información para mí.
Me lanza una mirada que me dice que no está comprando lo que estoy
vendiendo.
—Así que, escuché a Tabitha —dice, entrando a mi oficina y sentándose
frente a mí.
—¿Y?
Él sonríe.
—Cuatro entradas, pases entre bastidores, conocer y saludar.
—¿Sí? Las chicas van a estar entusiasmadas. —Saco mi billetera—.
¿Cuánto? —No me importa lo que cueste. Ella quiere ir, y yo quiero ser el
que la lleve allí.
Me despide con la mano.
—Fueron gratis.
—Vamos, hombre, pagaré por mí y por Addyson. —De ninguna manera
voy a dejar que él pague la cuenta de esto.
—Te digo que fueron gratis. Es increíble lo que el dinero y un apellido
prestigioso te darán. Algunas personas se rompen el culo, escatiman y
ahorran para poder ir a un concierto. Yo hago una llamada, y estamos
conectados como celebridades gratis. —Niega con asco. A Justin no le gusta
usar el dinero de su familia para tener ventaja. El hecho de que se
contactara por estas entradas me dice exactamente cuánto le gusta Harper.
—Sé que odias usar el apellido —comento. Justin trabaja duro y tiene 57
un fondo fiduciario que te hará girar la cabeza al contar todos los ceros. Lo
esconde bien. Al menos lo intenta, esa perra de Amy sabía lo que hacía.
Esquivó una bala con esa.
—Sí, pero Harper realmente quiere ir. No puedo esperar a decírselo.
Deberíamos decírselo juntos. —Ya puedo ver que se está gestando una idea
en su cabeza.
No va a tener una discusión conmigo.
—¿Cuándo es el concierto?
—El mes que viene. —Recita la fecha—. Supongo que añadió esta fecha,
así la fecha de venta de entradas y el evento están cerrados. Diablos, se
agotó en diez minutos.
Agarrando mi teléfono, lo añado a mi calendario.
—¿Cuándo quieres decírselo? —Por favor, di esta noche, canto en mi
cabeza.
—Estaba pensando en invitar a todos a mi casa este fin de semana,
hacer algunas hamburguesas a la parrilla.
Eso significa que tengo que esperar toda la semana para volver a verla.
No es esta noche, pero es antes de lo que la hubiera visto de otra manera,
así que lo tomaré.
—Estoy dentro. Dime cuándo y dónde.
Sé que respondí demasiado rápido cuando me pregunta:
—¿Qué está pasando entre tú y Addyson?
—Nada. No por falta de intentos. Ha sido herida tantas veces, que se
ha cerrado. —Sin embargo, es tan divertido estar con ella. Nuestras bromas
me excitan, tanto como su sonrisa o el sonido de su risa.
—¿Qué? ¿El encanto de Lucas Prescott no está funcionando?
No puedo evitar reírme.
—Le gusto. Puedo verlo en sus ojos. Pero no está cediendo. Intenté que
cenara conmigo el sábado por la noche y me dijo que no. —No le digo que le
envié un mensaje de texto unas horas después, pero me rechazó de nuevo.
Incluso me ofrecí a llevarle la cena. No hubo suerte.
—Realmente no puedo decir que la culpo. ¿No recuerdas sus historias
esa primera noche? Ha tenido una suerte de mierda. No sólo eso, pero estoy
seguro de que había algo más que ella no nos estaba contando. Quiero decir,
se reía y bromeaba al respecto, pero es profundo, sobre todo si se cierra
como lo hace.
—Sí, tengo mucho trabajo por delante, eso es seguro. —Pensar en todos
58
esos tipos, usándola así, me molesta. ¿Estaban realmente tan ciegos a lo
que tenían delante de ellos? ¿Cómo pudieron usarla y tirarla así?
Me estudia.
—¿Sigues persiguiéndola?
Asiento.
—Sí. Es tan relajada, y… normal, por falta de una palabra mejor. Sólo
es Addyson. No tiene miedo de pedir lo que quiere comer y no se disculpa
por comerlo. Tiene una gran personalidad. Es sexy como el infierno. —Me
detengo, dándome cuenta de que estoy divagando sobre ella. Podría seguir
y seguir hablando de cómo me tiene hecho un lío. Es genuina y hermosa, y
espero que algún día sea mía.
—Estás enganchado.
Frotando mis manos sobre mi rostro, exhalo.
—Sí, así parece.
—¿Es sólo la persecución?
—No. —Sacudo la cabeza con firmeza—. Ella no se parece a nadie que
haya conocido.
—Va a ser una batalla cuesta arriba, amigo mío.
—No lo sé. Oye, tienes que ayudarme. Si consigues alguna información
de Harper, pásamela.
—No, a menos que Harper diga que puedo decírtelo.
—¿Qué? ¿Dónde está tu lealtad? —me burlo. No es que lo culpe. Claro,
es mi mejor amigo, pero lo conozco lo suficiente como para saber que está
en esto a largo plazo con Harper. Aunque soy su mejor amigo, ella es su
futuro, su corazón. Te mantienes leal a eso.
Se encoge de hombros, levantando su dedo meñique.
—Ella me tiene, hombre. Es jodidamente aterrador con mis
experiencias pasadas, pero Harper... —Sonríe—. Ella vale la pena el riesgo,
¿sabes?
Sí, lo sé.
—Así que, ¿estás preparando esta pequeña fiesta con tu chica?
—Sí, le enviaré un mensaje ahora. Es conseguir que tu chica acepte
acompañarnos de lo que tenemos que preocuparnos.
Mi chica. Si tan sólo pudiera tener tanta suerte.
—¿Por qué no le mandas un mensaje a Addyson primero? —
Seguramente, será difícil para ella decirle que no a Justin.
59
Él reflexiona sobre la idea.
—Eso podría funcionar. Podría decirle que quiero conocer un poco
mejor a la mejor amiga de Harper, lo cual es cierto. Voy a dejar de lado el
hecho de que vas a estar allí.
Odio estar de acuerdo con él. No es que Addyson me esté evitando. Pero
saber que voy a estar allí podría influir en su decisión de rechazar la
invitación. Simplemente no lo sé en este punto.
—Házmelo saber —digo mientras se para. Quiero decirle que le mande
un mensaje de texto ahora, aquí en mi oficina, pero me contengo. Él me lo
dirá.
—Envíame su número —dice antes de salir de mi oficina.
Agarrando mi teléfono, le envío un mensaje de texto con su número,
luego me detengo en su nombre y le envío un mensaje a ella también. No
puedo permitir que se olvide de mí.
Yo: Que tengas un buen día, Addy.
Addyson: Gracias. Tú también, Luke.
Decido presionar un poco mi suerte.
Yo: ¿Cena esta semana?
Addyson: Tengo una semana loca.
Yo: ¿Este fin de semana?
Addyson: Probablemente no sea la mejor idea.
Yo: Te haré cambiar de opinión.
Addyson: ¿Eso crees?
Yo: Lo sé.
Addyson: Eres implacable.
Yo: ¿Qué puedo decir? Sé lo que quiero.
Addyson: Supongo que estás hablando de mí.
Yo: Sí.
No hay nada como ponerlo todo en la línea. No me voy a esconder
porque ella no está lista. Sólo necesito demostrarle que cuando esté lista,
estaré aquí. Quise decir lo que le dije a Justin. Nunca he conocido a nadie
como ella.
Ella no responde, y estoy seguro de que la he dejado sin palabras. Bien.
Necesita saber dónde estoy parado.
Espero que esté lista pronto.
60
La estoy persiguiendo.
Le mostraré que yo soy la diferencia.
Capítulo Nueve

Addyson
Me sorprendió recibir un mensaje de Justin a principios de esta
semana pidiéndome que fuera a su casa para una barbacoa. Afirmó que
tenía una sorpresa para Harper, y que pensó que sería bueno que los dos 61
nos conociéramos mejor. Debo admitir que eso le hizo ganar algunos puntos.
Entiendo que están juntos, pero un hecho es que ella siempre será mi mejor
amiga. Así que para que él se acerque, ¿cómo podría decir que no a eso?
Me aseguró que es algo sencillo en su casa. También tiene piscina, así
que me dijo que trajera mi traje. Quería preguntarle si Lucas iba a estar allí,
pero me mantuve firme. Una parte de mí quiere que él esté y la otra parte,
la parte que encuentra cada vez más difícil ignorar mi atracción por él, esa
parte espera que no esté allí. No me preguntes cuál es más fuerte.
Después de meter mi traje de baño, protector solar, toalla y una túnica
en una bolsa, estoy lista para irme. Le mando un mensaje a Harper y le digo
que estoy en camino. Agarrando mi bolso y mis llaves, cierro con llave y me
dirijo a mi auto. Pongo la dirección que Justin me envió en el GPS de mi
teléfono y estoy en camino. Es un día precioso. El sol brilla y sentarse junto
a la piscina con algunas hamburguesas y compañía suena como el día
perfecto.
Apago la radio cuando mi GPS me dice que estoy llegando a mi destino.
Un extraño hábito que he adquirido a lo largo de los años. Al entrar en el
camino de entrada, me asombra la casa de dos pisos. Está bien ajardinado
y es exactamente lo que yo esperaría para que viviera alguien como Justin.
Parece que lo tiene todo controlado. Nada de juegos. Sin deshonestidad. Por
el bien de mi mejor amiga, espero que sea auténtico, tal como parece ser.
Arrancando mis ojos de la casa, me concentro en a dónde voy. Ahí es
cuando lo veo. La camioneta de Lucas está estacionada en la entrada, el
auto de Harper al lado. Los nervios vuelan, y es como si hubiera un millón
de mariposas bailando alrededor de mi estómago. No debería estar
emocionada por verlo. No quiero estar emocionada por verlo. Esa es la
mentira que sigo diciéndome.
Después de detenerme detrás de Harper, estaciono el auto y saco las
llaves del contacto. Me tomo mi tiempo para apagar el GPS de mi teléfono y
revisar mi correo electrónico. Estoy haciendo tiempo, esperando que las
mariposas se calmen antes de verlo. Tomo una lenta y profunda inspiración
y exhalo gradualmente antes de recoger mi bolso y salir del auto. Harper me
dijo que viniera por detrás cuando llegara, así que eso es lo que hago. Sigo
la acera bien cuidada alrededor de la casa.
—Ahí está —llama Harper cuando me ve—. No creí que alguna vez
llegarías aquí.
—No es mi culpa que llegues temprano —contraataco.
—No. Me desperté aquí. —Ella sonríe.
—Desvergonzada —bromeo. Me da una sonrisa radiante. Hace tiempo
que no la veo tan feliz. 62
—Addyson. —Lucas se pone de pie y coge mi bolso—. Déjame tomar
eso por ti.
—Gracias —le digo, dándole mi bolso.
—¿Qué te traigo de beber? Justin tiene casi todo lo que se te ocurra.
Puedo prepararte un trago —ofrece.
Levanto las manos.
—No, gracias. —Me río—. Además, estoy conduciendo a casa.
—Puedo llevarte a casa —ofrece, sosteniendo una botella de agua.
—Eres más que bienvenida a quedarte aquí, Addyson —ofrece Justin
con dulzura.
—Gracias, pero agua está bien. —Miro a Lucas mientras pone mi bolso
sobre la mesa y mete la mano en la nevera, sacando una botella de agua—.
Gracias —le digo cuando me lo da.
—¿Tienes puesto tu traje? —pregunta Harper.
—No, pero está en mi bolso.
—He estado esperando a que llegaras. Tenemos que ponernos al día. —
Se vuelve hacia Justin—. ¿Cuáles son tus planes? —le pregunta.
—Pasar el día contigo.
Veo que se está desmayando desde este lado de la mesa. Sus ojos se
suavizan, sus hombros se relajan y su sonrisa es brillante.
—Tú —me señala—, ve a cambiarte. Vamos a descansar junto a la
piscina y ponernos al día. No te he visto mucho últimamente.
—Sí, señora —me burlo de ella. Tiene razón. Sólo hemos hablado un
par de veces esta semana. Eso no es propio de nosotras—. Justin, ¿te
importa si entro y me cambio?
—Te mostraré. —Lucas se pone de pie y coge mi bolso, dirigiéndose
hacia la puerta corrediza de cristal.
—Siéntete como en casa, Addyson —responde Justin, extendiendo la
mano y colocándola sobre el muslo de Harper.
—Addyson —llama Lucas. Está en la puerta, con mi bolso en sus
grandes manos, esperándome.
Me levanto de la mesa y me dirijo hacia él.
—Puedo llevarlo. —Voy a agarrar mi bolso.
—Puedes, pero ¿por qué lo harías si estoy aquí?
Su voz carece de bromas, y sus ojos marrones son serios.
63
—Porque puedo cuidar de mí misma.
—No hay debate sobre eso. Lo que estoy tratando de decir y
aparentemente fallando es que, si estoy cerca, quiero hacer estas cosas por
ti.
—Lucas. —Empiezo, y él levanta su mano para detenerme.
—Déjame, Addy. ¿Cómo se supone que voy a mostrarte quién soy
realmente si no me dejas ser yo?
¿Cómo puedo discutir eso? Más mariposas vuelan en mi vientre.
—Gracias —concedo. Quiere mostrarme quién es realmente, y para mi
sorpresa, no puedo esperar a averiguarlo.
Él asiente.
—Por aquí. —Abre la puerta corrediza de cristal y hace un gesto para
que entre. Inmediatamente me asalta el aire fresco del aire acondicionado.
Me sobresalto cuando Lucas entrelaza nuestros dedos. Dejo que me guie por
la cocina y por el pasillo—. Este es su cuarto de huéspedes. Sus padres lo
usan cuando vienen de visita. Puedes dejar tus cosas aquí.
—Vaya, esta casa es genial.
—Somos arquitectos —me recuerda con una sonrisa irónica.
—Lo sé, pero eso no significa que puedas construir una casa ¿o sí? —
le pregunto.
Se encoge de hombros.
—Depende, algunos de nosotros podemos dibujar y diseñar, pero no
tenemos experiencia en la construcción. Eso es sólo en su mayor parte. Yo,
por otro lado, mi abuelo era carpintero, aprendí algunas cosas. Ahí empezó
mi amor por la construcción y el diseño. Simplemente creció a partir de ahí.
—¿Tienes una casa como esta? —pregunto, girando en círculos.
—Tengo una casa que diseñé e incluso hice parte de la construcción.
Las cosas para las que tuve tiempo. Contraté a uno de nuestros equipos
para que complete el resto.
—Eso es asombroso. Saber que diseñaste cada detalle, cada pared. —
Trazo mi mano a lo largo de la moldura de madera de la puerta del cuarto
de huéspedes.
—Le enseñas a la gente, específicamente a los niños, a hablar. Eso es
increíble —dice en voz baja.
—Probablemente debería cambiarme.
—¿Necesitas ayuda? —pregunta, con voz ronca.
—N-No, creo que puedo manejarlo. 64
—Estaré en el pasillo, ya sabes, por si necesitas ayuda con una
cremallera o algo.
—No hay cremalleras.
—Qué pena. —Suelta mi mano y camina hacia el pasillo, cerrando
suavemente la puerta tras él.
Es patético que todo lo que se necesita son sus ojos marrones sobre mí
y su voz profunda para excitarme. Es vergonzoso. Tirando mi bolso en la
cama, saco mi bikini. Es verde azulado, mi color favorito. Me desnudo y mi
cuerpo se calienta pensando en Lucas parado al otro lado de la puerta.
Rápidamente, me pongo mi bikini y mi túnica blanca. Recojo mi toalla, mi
protector solar, mi teléfono, y me aseguro de que mis gafas de sol están
todavía en la parte superior de mi cabeza, y abro la puerta.
—Jesús —susurra cuando me ve—. ¿Intentas torturarme, Addy? —Se
acerca a mí—. Dime, ¿cómo se supone que voy a andar así todo el día?
Le doy una mirada confusa, y él mira hacia abajo entre nosotros. Mis
ojos siguen los suyos, y es entonces cuando me doy cuenta de lo que está
hablando. Está excitado.
—¿Por mí? —pregunto sin aliento. Déjame decirte, esos bañadores no
dejan nada a la imaginación.
Su brazo se desliza alrededor de mi cintura mientras me empuja hacia
él, su erección golpea contra mi vientre. No hay nada más que mi delgada
túnica entre nosotros.
—Eres jodidamente hermosa —susurra, con los labios junto a mi oreja.
Tiemblo por sus palabras y el contacto. Me tomo un minuto para
componerme antes de decir:
—¿Esa línea generalmente funciona para ti?
Suspira pesadamente.
—Será mejor que volvamos a salir. —Pone su mano alrededor de la mía
y me saca de la habitación.
Sé que estoy siendo injusta con él. No me ha dado ninguna razón para
tratarlo así. No quiero hacerlo, pero no es algo que pueda controlar. Mi
corazón ha sido golpeado y magullado. Necesita tiempo para sanar. Sin
embargo, eso no es excusa para ser tan dura con él. Necesito hacer un
esfuerzo consciente para no hacer eso. No a Luke. Lo sigo, dejándolo que me
guíe hasta la puerta corrediza de cristal. Puedo ver a Harper y Justin
mientras hablan, sus cuerpos cerca. No nos están prestando un poco de
atención, pero yo retrocedo, haciendo que suelte mi mano de todos modos.
No puedo mirarlo, así que agarro la manija, abro la puerta y salgo a la
cubierta. 65
—Lo siento, Justin. Necesito robar a mi mejor amiga por unas horas.
—Ella está aquí, eso es lo que importa. —Él besa a Harper en la sien
antes de apartar su silla de la de ella, dándole espacio para que se pare.
Agarra su toalla y teléfono y me hace señas para que la siga hasta la piscina.
—¿Qué ha estado pasando contigo? —pregunta Harper una vez que nos
hemos instalado.
Pasamos la siguiente hora poniéndonos al día. Le hablo del trabajo y
ella me habla de sus nuevos problemas como gerente del hotel. Justin nos
trajo dos botellas de agua con un beso para Harper sin decir una palabra
hace unos veinte minutos.
—Yo digo que nos metamos en la piscina. Hace un calor del demonio
aquí fuera.
—No tienes que decírmelo dos veces.
—Te echo una carrera —dice Harper, ya corriendo hacia el agua.
—Maldita sea, Harp. —Me río, persiguiéndola. Me zambullo unos
segundos después que ella—. Hiciste trampa. —Hago pucheros cuando las
dos salimos a tomar aire.
Se encoge de hombros sin pedir disculpas.
—Si te duermes, pierdes —bromea. Nadamos hasta el borde y
descansamos los brazos mientras pateamos nuestros pies—. Lo tienes
persiguiendo su cola —susurra Harper.
—¿Qué? ¿Quién? —Miro a los chicos y los encuentro a los dos
mirándonos.
—Lucas.
—Es un coqueto —le digo—. Un coqueto precioso —añado, riendo.
—Puede ser, pero es un coqueto interesado.
Si tan sólo pudiera ver el futuro. Si pudiera ver que Luke realmente es
uno de los buenos.
—Te lo dije, estoy en un descanso. Además, tú y Justin realmente se
están llevando muy bien. Cuando me cague encima, lo que ambas sabemos
que hará, ya que así es como va mi historia, hará que días como éste sean
incómodos para todos nosotros.
Ella asiente.
—Puedo ver eso con tu experiencia, pero imagina esto. ¿Y si resulta ser
tu príncipe?
—Me encanta que parezca que has encontrado el tuyo, pero siempre
seré la chica en el banquillo, observando desde un costado. —Mi instinto se 66
retuerce al pensar que nunca encontraré el amor, nunca tendré una familia
propia. No siempre podemos conseguir lo que deseamos.
—Lo prometiste —dice ella con severidad.
—Bien, quizás no para siempre, pero Blake me destrozó. Era
encantador, dulce, y guapo, todas las mismas cosas que Lucas tiene. Estuve
con él durante meses. Meses, Harper, y no sabía que estaba casado. Pensé
que estábamos construyendo algo, y en un instante, todo fue destrozado.
—Es un bastardo infiel, y tú te mereces algo mejor.
—Eso es todo. No hubo señales, o si las hubo, las ignoré. Lucas es sexy
e inteligente. Es encantador y amable. Es todo lo que quiero... o quería. —
Lo corrijo rápidamente—. Simplemente no estoy segura de que me quede
algo para dar.
—Dale un poco más de tiempo. Llegarás allí.
La dejé creer eso. Yo, no estoy tan segura. Mi corazón estaba
destrozado. Mientras lo he superado, no he superado la traición. No sólo la
suya, sino también la de todos los demás. Nunca he tenido una relación en
la que no me hayan usado o engañado. Una chica no puede soportar tanto.
Diablos, si me dejaran porque simplemente no lo estaban sintiendo, o
porque dejé de gustarles o dejaron de amarme o lo que sea, sería capaz de
manejar eso. Desempolvarme y volver a subirme al caballo, pero esto... es
demasiado. Muy doloroso. Tengo esta preocupación constante, esperando
que el drama caiga en mi regazo, que la traición sea revelada.
Un pase duro.
Capítulo Diez

Lucas
Me he revisado más veces de las que me inquietaría en admitir, para
asegurarme de que no estoy babeando. Por suerte para mí, Justin está en
la misma situación con Harper, así que él no lo ha notado y por eso no me 67
está dando mierda por ello. No que me preocuparía a este punto. Estoy
absorbiéndola cada segundo de este momento. Memorizando las curvas de
su cuerpo en ese bikini pequeño. Puedo decir honestamente que es una
imagen que me llevaré a la tumba.
Las chicas corren y saltan en la piscina. Las veo mientras nadan hasta
la orilla, riendo. Cuando nos echan un vistazo y me atrapan mirándolas
fijamente, me volteo para mirar a Justin, que aparta su mirada hacia mí.
—Mierda. —Se ríe entre dientes—. Parece que no puedo evitarlo.
—Al menos ella quiere que la mires.
—¿Problemas en el paraíso? —se burla.
Lo ignoro. Los dos sabemos que ella aún no está allí.
—¿Cuándo vas a decirles lo del concierto?
—Pensé que podríamos decirles en la cena. —Mira su reloj—. Oye,
Harper.
—¿Sí?
—¿Señoritas, están listas para comer? —pregunta.
—¡Sí! —gritan ambas al mismo tiempo.
—Ya escuchaste a las señoritas —dice Justin—. Vamos a encender la
parrilla y empecemos con el evento principal.
—No estoy observándote tener sexo con tu novia —digo, de forma
socarrona.
—No es mi novia. No todavía —dice, mirando hacia atrás a Harper.
—Ya estás listo para determinar eso. ¿Para ponerle un título?
—Estuve listo la noche en que la conocí.
—Guau, quiero decir, sabía que te gustaba, pero esa es una mierda
intensa viniendo de ti.
—Lo sé. —Pasa sus manos por su cabello—. Es intenso y malditamente
fantástico también. Ella es tan centrada, no se preocupa en lo absoluto de
mi dinero o mi estatus. Cuando hablamos sobre mi familia, es sobre
historias de mi infancia, no sobre el dinero o cuándo podrá conocerlos. Es
única en su clase, Luke.
—Eso es grandioso, hombre. —Le doy un golpe en la espalda—. ¿Qué
puedo hacer?
—Agarra las hamburguesas de la nevera. Encenderé la parrilla.
Me dirijo hacia el interior de la casa y tomo las hamburguesas, la sal y 68
la pimienta y las llevo afuera.
—¿Algo más?
—Solo tengo unas frituras, y Harp hizo una ensalada de papa esta
mañana.
—Mírate, todo domesticado y esa mierda.
Él lo toma como un cumplido, si su sonrisa es una indicación.
—¿Así que cuándo planeas hacerlo oficial?
—Pronto. Estoy tratando de no asustarla, pero maldición, hombre,
haría la movida hoy si pensara que está lista.
—¿Cómo sabes que no lo está? —le pregunto.
—Addyson.
—¿No te estoy entendiendo? —¿Hay algo acerca de Addyson que yo no
sepa? Estoy listo para preguntarle cuando empieza a hablar de nuevo.
—Su pasado. Harper lo ha vivido con ella. No está hastiada como
Addyson, pero es cautelosa. No puedo culparla. Hay muchos idiotas allí
afuera.
—No solo de la variedad masculina.
—Es verdad. —Mira hacia atrás a la piscina donde las chicas están
nadando—. Pensé que amaba a Amy —dice en voz baja—. Pensé que era una
persona genuina, e incluso después de toda la mierda que me hizo pasar, la
extraño. Bueno, quizás no a ella, pero sí a la idea de ella, de la vida que
estábamos planeando. Incluso el bebé —confiesa.
Él nunca hablaba sobre eso. Amy ha sido guardada en un baúl, y él
arrojó lejos la llave.
—¿Y ahora?
—Ahora, sé que no era real. No sentí por ella ni la mitad de lo que siento
por Harper ahora. Es demasiado pronto. Lo sé. Pero, maldición, Luke,
parece que no puedo evitarlo. Es como si mi corazón fuera un tren fuera de
control y cada vez que la veo, solo quiero presionar al conductor para que
vaya más rápido.
—No hay un cronograma —le digo—. Sientes lo que sientes. Por lo que
se ve, no estás solo en ese tren.
Asiente.
—Solo quiero hacer lo correcto para ella. Quiero que esto sea
permanente. Quiero que se quede.
—Tengo un buen presentimiento, mi hermano —digo mientras veo a 69
las chicas salir de la piscina. Bueno, mis ojos están sobre Addyson. Agua
cayendo recorre su cuerpo, su oscuro cabello se ve incluso más oscuro
húmedo. Casi lloro cuando envuelve una toalla de playa alrededor de su
cuerpo, escondiéndolo de mí. Casi. En su lugar, mantengo mis ojos pegados
a ella mientras se acercan.
—¿Qué puedo hacer? —pregunta Harper.
—Nada. Lo estamos manteniendo sencillo. Ustedes, chicas, tomen una
bebida y siéntense. No falta mucho para que esté listo.
—¿Te importa si uso tu baño? —pregunta Addyson.
—Seguro, estás en tu casa.
—Te lo mostraré. —Espero a que pase para luego seguirla al interior de
la casa—. Solo está al final del pasillo.
—Gracias —dice, dándome la espalda todavía.
La sigo, a pesar de que no puede verme, mientras desaparece detrás de
la puerta. Apoyando mi espalda contra la pared, la espero. No se me escapa
que esta no es la primera vez. Esto grita desesperado, y bueno, quizás lo
esté. Parece como si estuviera desesperado, y bueno, quizás lo estoy.
Desesperado por esos ojos cafés y toda su atención.
Cuando la puerta se abre, está sorprendida de verme parado allí como
un mirón, y su pie se enreda sobre la alfombra. Salto para atraparla. Sus
manos se posan sobre mi pecho, mientras que las mías se envuelven en su
cintura.
—Lo siento por eso.
La empujo más cerca.
—Nunca te disculpes por caer en mis brazos. —Jodidamente cursi, pero
las palabras ya están fuera, así que lo dejo pasar.
Sus hombros se sacuden por la risa.
—¿Nunca te das por vencido, Lucas?
—¿Quieres que realmente me dé por vencido? —le pregunto.
—No lo sé —confiesa. Una confesión que casi suena como si empezara
a ver las cosas a mi manera. Quizás finalmente se da cuenta que estoy aquí
para ella. No para lo que pueda darme, o lo que pueda hacer por mí. Solo
por ella. ¿No sabe si quiere que me dé por vencido? Perfecto. No planeo
hacerlo.
—Esto… —Sigo el rastro de la tira de su bikini que se amarra alrededor
de su cuello. Empiezo en su cuello y lo sigo hasta su pecho, haciendo el
recorrido de su bikini hasta su otro pecho, rozando levemente sobre la tela—
. Me vuelve loco.
70
—¿Esta cosa vieja? —se burla. Su tono es ligero, pero puedo decir que
mi toque le afecta por la forma en que su respiración se acelera.
—No me importa lo viejo que es. Te ves increíble en él. —Mi dedo índice
viaja sobre el valle entre sus pechos, recorriendo el bikini sobre su otro
pecho—. El verde azulado es mi nuevo color favorito.
—Es mío. Digo, el verde azulado, es mi color favorito.
—Tú haces que luzca bien.
Niega entretenida.
—Probablemente deberíamos regresar afuera —dice las palabras, pero
sus manos siguen colocadas contra mi pecho.
—Sí, no. Creo que estoy muy bien aquí. —Le doy a su cadera un ligero
apretón.
—Me estás mirando fijamente.
—Lo estoy.
—¿Por qué? ¿Tengo algo en el rostro?
—Tus labios… se ven tan suaves.
Su lengua se asoma y barre el labio inferior.
—Los tuyos también.
—¿Sí? ¿Quizás deberíamos averiguarlo?
—Así no tenemos que preguntárnoslo.
—Si eso es lo que te quieres decir a ti misma —digo, inclinándome,
acercándome. Adrenalina me golpea y bombea a través de mis venas. He
pensado un poco más desde la noche que la conocí.
—Una vez al año no hace daño, ¿cierto?
No estoy seguro si está tratando de convencerme a mí o a ella, pero no
necesito que me convenzan.
—Solo una probada. —Me acerco lentamente, mis labios descienden
sobre los suyos. Sus uñas se clavan en mi pecho mientras un suave gemido
escapa de su boca—. Inténtalo —le digo contra sus labios. Apretando mi
agarre sobre sus caderas, la levanto. Instintivamente, envuelve sus piernas
alrededor de mi cintura—. Mejor —murmuro. Ella es una cosa pequeña, y
en este ángulo, puedo besarla. Realmente besarla como lo he estado
pensando hace semanas.
Me volteo para que su espalda quede contra la pared. Ella parece como
si se derritiera, abriendo su boca y permitiéndome probarla completamente.
Mi lengua toca la suya por primera vez, y siento como si mis sentidos 71
tuvieran un corto circuito. Todo lo que siento, todo lo que pruebo es a ella.
Ella es intoxicante, y sé sin ninguna duda, que un beso, esta única prueba
nuca será suficiente.
—Oigan, ¿están bien, chicos? —grita Harper—. Es hora de comer.
Hago el beso más lento y me alejo. Addyson oculta su rostro en mi
cuello.
—Sí, vamos para allá —respondo. Mi voz es fuerte. Estable. Aun así, no
siento nada de eso—. No quiero dejarte ir —susurro—. No sé si te tendré
aquí de nuevo, y quiero hacer que esta cuente.
Ella levanta su mirada hacia mí. Sus ojos cafés están inundados de
deseo.
—Entonces, es mejor que hagas que cuente.
No necesita decirlo dos veces, aplasto mis labios contra los suyos. Esta
vez no la suelto. Muerdo su labio inferior, tomando, probando, y
memorizando su sabor, su olor, la sensación de ella en mis brazos. Todo de
ella. Mi mente está a toda máquina intentando catalogar todo. Para nunca
olvidarlo.
Los gruñidos de su estómago me hacen alejarme.
—Vamos a alimentarte, dulce Addy —susurro. Se aleja y me da una
pequeña sonrisa. Inclinándome, beso la punta de su nariz.
Cuidadosamente, la bajo sobre sus pies. Sus piernas están flojas, así
que mantengo mi agarre fuerte sobre ella hasta que saber que puede estar
de pie por su cuenta.
—Estoy bien —dice con su voz un poco ronca.
La suelto y me alejo.
—Necesito un minuto —le digo—. Puedes ir sin mí.
—¿Qué les digo a ellos?
—Diles que te di un recorrido. Es creíble.
—¿Vas a…? —Baja la mirada a mi pene y este se sacude por su
atención—. ¿Vas a estar bien?
—Sí, tan pronto dejes de mirarme así.
—Está bien. —Se voltea sobre sus talones y empieza a marcharse.
Estira el brazo y coloca una mano sobre la pared para ganar balance. Deja
de caminar y se voltea para mirarme—. Son suaves —dice, sus ojos se
arrastran por mi cuerpo lentamente hacia arriba desde mi pene hasta que
se fijan con los míos—. Tus labios. Son suaves. —Me dan una tímida
sonrisa, antes de voltearse y alejarse de mí caminando. 72
Cierro mis ojos luchando contra la urgencia de observarla irse. Esa es
la última cosa que necesito hacer cuando estoy tratando de ponerme bajo
control. Contando hacia atrás desde cien, llego a cero y tengo que empezar
de nuevo otra vez. Para el momento en que llego a veinte por segunda vez,
soy capaz de unirme fuera con todos.
Nadie me pregunta por qué me tomó tanto tiempo. Pequeños favores y
todo eso. Tomo un plato, lo lleno y me siento al lado de Addyson.
Capítulo Once

Addyson
Harper y Justin ya están en la mesa haciendo sus platos cuando me
uno a ellos en la cubierta. Ninguno de ellos pregunta por qué tardamos
tanto, o dónde está Lucas. Son inteligentes. Estoy segura de que lo han 73
descubierto.
—Sírvete, Addyson —dice Justin amablemente.
—¿Es esa tu ensalada de papas? —le pregunto a Harper—. ¿La receta
de tu madre?
—Síp. —Ella se ríe.
—Me amas —digo, apilando una gran cucharada en mi plato.
—Suena legendario —comenta Justin.
—Oh, no tienes ni idea. Harper definitivamente tiene las habilidades de
su madre en la cocina. Adelante —lo insto—. Pruébalo.
Toma una gran porción y gime.
—Guau, esto es delicioso, nena. —Harper sonríe ante su elogio, o tal
vez porque la llamó nena.
—Te lo dije. —Yo también pruebo un bocado por mi cuenta. Oigo que
se abre la puerta, pero la ignoro y sigo comiendo. Lucas se sienta a mi lado,
con su plato lleno.
—Hombre, tienes que probar esto —le dice Justin, comiendo otro gran
bocado de ensalada de papas.
—Se ve bien —dice Lucas. Él toma un bocado y asiente antes de tomar
otro.
Justin termina su comida en un tiempo récord, recostándose en su
silla.
—Tengo una sorpresa —dice, y mi corazón se detiene. Seguro que no
se va a proponer. ¿O sí?
—¿Sí? —Harper le sonríe. No parece preocupada en absoluto.
—Podría haber conseguido cuatro entradas para el concierto de Dan +
Shay del que hablabas.
—¿Qué? —decimos Harper y yo al mismo tiempo.
Justin asiente.
—Pases entre bastidores, conocer y saludar, el paquete completo. —
Sonríe como un colegial en el día de la foto.
—Santa mierda. —Harper se lanza de su silla y envuelve sus brazos
alrededor de su cuello—. Eso es asombroso. Ni siquiera me importa cómo lo
hiciste. Espera, no tuviste que vender un riñón ni nada loco, ¿verdad? —le
pregunta.
—No, nena. Te lo dije, tenía conexiones.
—¡YAAYY! —Ella aplasta su boca contra la de él.
74
Mirando mi plato, sigo comiendo. Puedo sentir los ojos de Lucas sobre
mí, pero me niego a mirarlo por miedo a que vea mi verdad. Que verá cuánto
me afecta, y si soy honesta, que estoy un poco celosa de no estar besándolo
ahora mismo.
Soy un desastre.
Sé que tomar una pausa es lo correcto. Necesito respirar por mi cuenta,
darme tiempo para superar la traición. Pero mi cuerpo, bueno, está gritando
por Luke.
—Ustedes dos vienen con nosotros, ¿verdad? —pregunta Harper,
sacándome de mis pensamientos.
—Por supuesto que sí —dice Justin—. Por eso tengo cuatro entradas.
—Una mirada pasa entre él y Lucas, pero se ha ido antes de que pueda
descifrarlo.
—Gracias, Justin —digo.
—De nada. Es una cita —dice, besando el hombro desnudo de Harper.
Lucas tose, y me doy la vuelta para mirarlo.
—Es una cita —articula.
No puedo resistirme a poner los ojos en blanco. Si Lucas Prescott es
algo, es decidido, y ese brillo en sus ojos es difícil de resistir.

Unas horas más tarde, estamos descansando junto a la piscina. Ha


sido un día relajante, y debo admitir que los besos lo hicieron memorable.
Han pasado horas, pero todavía puedo sentir sus labios en los míos, todavía
puedo sentir sus manos agarrando mis muslos, sentirlo presionado contra
mí.
—¿Qué piensan ustedes, señoritas, sobre salir? —pregunta Justin—.
He estado esperando para ver la nueva Sala de Escape en el centro.
—No lo sé —dice Harper—. He oído hablar de ello, pero ¿qué es
exactamente? Nos encierran en un pequeño espacio, ¿y tenemos que
averiguar cómo salir?
—Sí y no —responde Lucas—. Es una habitación, y estás encerrado en
ella, pero hay una historia. Como un misterio de asesinato. Te dan pistas
que te llevan a la siguiente pista, y así sucesivamente hasta que encuentras
la llave que abre la puerta. Tienes una hora para escapar.
—Eso no suena tan mal —admite Harper.
—¿Así que después de una hora te dejan salir? —pregunto. 75
—Sí, el juego dura una hora, y si no te escapas, abren la puerta.
Normalmente te piden que te tomes una foto con carteles que dicen que te
han capturado o algo así de loco. Si ganas, sostienes un cartel que dice
escapamos o algo parecido.
Miro a Harper.
—Suena divertido.
Ella asiente estando de acuerdo.
—Necesitaría correr a casa y prepararme.
—¿Por qué? Te ves perfecta tal como estás —dice Justin. No le está
engañando. Parece completamente confundido en cuanto a por qué ella
necesitaría ir a casa primero.
—Eso sería lo mismo para mí —le digo.
—¿A qué hora empieza? —pregunta Harper.
—Déjame ver. Creo que tienes que programar un horario para ir. —
Agarra su teléfono—. Parece que podemos reservar una habitación para
cuatro personas a las ocho.
—Apenas han pasado las cinco, así que eso nos da tiempo. —Harper se
pone de pie y recoge sus cosas—. Addy, ¿estás lista para irte? —Me mira y
luego su mirada se desliza hacia Lucas.
—Claro. —Yo también me paro, recogiendo mi toalla y el resto de mis
pertenencias. Sigo a Harper a la casa para que podamos cambiarnos de
nuestros trajes.
Cuando salgo de la habitación que estoy usando, Lucas está parado
contra la pared.
—Tenemos que dejar de vernos así —le digo, tratando de ocultar mi
sonrisa.
—Bueno, todo depende de ti —dice, sin molestarse en moverse de
donde está recostado casualmente contra la pared.
—¿Ah, sí? ¿Cómo es eso?
—¿Estás lista para salir conmigo?
—En una pausa, ¿recuerdas?
—Sé que eso es lo que me estás diciendo, pero antes, eso no me pareció
una pausa.
—Llámalo un experimento.
—Yo lo llamo lujuria. Y, Addy, tenemos eso en abundancia.
—No lo negaré. Somos adultos, Luke. Podemos controlar nuestras 76
hormonas.
—No estoy tan seguro de poder. Mis manos aún están hormigueando
por tocar tu suave piel, y mis labios... —Golpea sus labios con el dedo
índice—. Todavía puedo saborearte.
No solo él.
—Debería irme. —Paso junto a él por el pasillo. Harper y Justin están
en la terraza.
—Los recogeremos a todos —le dice Justin a Harper. Mira alrededor y
me ve, y me ofrece una sonrisa amable—. Te acompaño a la puerta.
Los sigo, con el bolso de playa en la mano.
—Oye, Addy —dice Lucas, parándome en seco. Me doy la vuelta para
mirarlo por encima de mi hombro. Esas largas piernas suyas cierran la
distancia entre nosotros. Extendiendo la mano, mete mi loco cabello con
olor a cloro y secado al aire detrás de mi oreja—. Conduce con cuidado —
dice con voz ronca.
Trago con fuerza.
—Tú también, Luke. —Me doy la vuelta, y él se mueve a mi paso junto
a mí. Silenciosamente, caminamos hacia mi auto.
—Déjame. —Me rodea y abre la puerta de mi auto.
—Gracias. —Tiro mis cosas en el asiento del pasajero y me pongo detrás
del volante. Alcanzo la puerta, pero Lucas está ahí parado, manteniéndola
abierta.
—Realmente quiero besarte —murmura.
—Luke.
—Lo sé. —Me hace un lento asentimiento con la cabeza—. Cuando
estés lista, ¿me lo harás saber?
—No sé si alguna vez estaré lista, Lucas.
Otro asentimiento.
—Te veré pronto, Addy.
—Adiós. —Me despido con la mano como el desastre torpe que parezco
ser alrededor de él, sus abdominales sexys y su profunda voz cargada de
sexo. Cierra la puerta encerrándome. Respirando hondo, me aseguro de no
mirarlo cuando salgo del camino de entrada y me alejo.
Apenas estoy al final de la calle cuando suena mi celular. Veo el destello
del rostro de Harper en mi pantalla.
—Acabo de dejarte. —Me río.
77
—Escupe.
—¿De qué estás hablando? —Finjo que no tengo ni idea cuando sé
exactamente lo que quiere decir.
—Chica, te miraba como si fueras su última comida. ¿Qué paso?
—Me besó. Bueno, nos besamos, quiero decir.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Cómo estuvo?
¿Cómo estuvo? Ardiente como el infierno, suave pero exigente.
Devorador.
—Estuvo bien —digo en su lugar.
—Vamos, Addyson. Tienes que darme más que eso.
—Fue sexy. Sabe lo que hace.
—Entonces, ¿qué significa?
—Nada. Nos besamos. Fue un momento de debilidad.
—Debilidad mi trasero. Ese hombre es ardiente como el infierno, y veo
la forma en que lo miras. —Hace una pausa—. Addyson, no te rindas. ¿Y si
Lucas es el único, tu príncipe, y nunca lo averiguas porque dejas que el
miedo te guíe?
—¿Y si es como el resto de ellos? Mira, Harp, ya hemos tenido esta
discusión.
—Bien. Solo me sentaré a veré cómo se desarrolla la historia.
Seguramente habrá fuegos artificiales al final —dice con naturalidad.
—¿Cuál es el plan? —pregunto, cambiando de tema.
—Los chicos nos están recogiendo. Me recogerán y luego pasaremos
por tu casa. Está de camino.
—De acuerdo. Mándame un mensaje cuando salgas de tu casa para
que pueda estar esperando.
—Suena como un plan. Nos vemos pronto. —Me despido y termino la
llamada.
Diez minutos después, estoy estacionando en mi entrada. No pierdo el
tiempo y entro corriendo a ducharme. Tengo una cita no cita con un hombre
sexy que me debilita las rodillas y nuestros mejores amigos, que están tan
obviamente enamorados.
Debería ser una noche divertida. 78
Capítulo Doce

Lucas
Estoy hasta las cejas de papeleo por mi construcción actual. He estado
trabajando en horas locas esta semana, trabajando con el edificio para que
todo esté listo. Estoy enterrado en el trabajo, pero eso no me impide ignorar 79
todo cuando los pitidos de mi teléfono me alertan de un nuevo mensaje de
texto. Le envié un mensaje a Addyson a primera hora de la mañana
diciéndole que tuviera un buen día. Ya son más de las diez y no he recibido
respuesta, así que estoy ansioso. Agarrando mi teléfono, sonrío cuando veo
su nombre.
Addyson: Tú también. Ha sido un día muy ajetreado.
Le envío una foto de mi escritorio.
Yo: Conozco la sensación.
Addyson: ¿Tengo que ir a sacarte?
Yo: Posiblemente.
Yo: Podríamos cenar después.
Addyson: Acabo de enviarle un mensaje a Justin. Estará ahí para
sacarte de entre los escombros.
Addyson: Ten cuidado con los cortes de papel. Son una perra.
Yo: Jajaja.
Tiro el teléfono en mi escritorio y vuelvo al trabajo. Llaman a la puerta
de mi oficina ni un minuto después. No tengo que alzar la mirada para saber
que es Justin.
—¿De verdad te envió un mensaje de texto? —Me río.
—Síp. —Entra y se sienta frente a mí—. Tu escritorio se ve igual al mío
—comenta—. Ha sido una semana difícil.
—Me alegra saber que no soy solo yo.
—¿Estás listo para este fin de semana? —pregunta.
—Lo estoy. Supongo que tu novia es tu cita. —Me envió un mensaje de
texto a última hora el sábado por la noche después de que todos fuimos a
la Sala de Escape para confirmar el nuevo estado de su relación. Gracias a
las chicas escapamos. Se hicieron cargo y nos sacaron de allí en cuarenta
minutos.
—Eso es lo que es. ¿Todavía traes a tu mamá?
—Sí. Ella espera esto todos los años. ¿Por qué detener una tradición?
Además, no es como si tuviera una novia que ocupara su lugar.
—Va a estar devastada cuando eso suceda.
—Nah, estará muy contenta de verme poniéndome serio. No tendrá
problemas en hacerse a un lado. —Mi teléfono suena y el rostro de mi madre
parpadea en la pantalla—. Hablando del diablo —digo, sosteniendo mi
teléfono para que Justin lo vea antes de contestar—. Hola, mamá.
—Luke —dice ella con voz ronca. 80
—Suenas horrible. ¿Estás bien?
—Sí, sólo este desagradable resfriado. Tu padre y yo seguimos
pasándolo de un lado a otro. Esperaba estar bien a estas alturas. Cariño,
no creo que pueda ir al evento de caridad de mañana por la noche. —Tose
al teléfono.
—No te preocupes. ¿Necesitan algo?
—No, querido. Será mejor que te mantengas alejado para que no tengas
esto también. Tenemos lo que necesitamos. Lo siento, Luke. Sabes que me
encanta nuestra cita anual.
—Sé que lo haces. Siempre está el año que viene —digo mientras ella
me escupe un pulmón en la oreja—. Mamá, te dejaré ir. Descansa un poco.
Llámenme si necesitan algo.
—Gracias. Te amo —dice, y termina la llamada.
—¿Está enferma? —pregunta Justin.
—Sí, suena terrible. Supongo que ella y papá lo han estado pasando de
un lado a otro. Canceló para mañana, es comprensible.
—¿Así que necesitas una cita?
Me encojo de hombros.
—Supongo que sí. No tengo ningún problema en ir solo.
—O... —Justin sonríe—. Podrías llamar a Addyson.
—Es mañana. ¿Crees que pueda encontrar un vestido antes de eso?
—Probablemente tenga algo, y si no, haz que suceda.
—Lo dices como si fuera tan simple.
—Eso es porque lo es. Llámala y pregúntale. Ella dice que sí. Pregúntale
si tiene un vestido, si no, dile que lo cubrirás ya que te está haciendo un
favor.
—Estamos hablando de la misma Addyson, ¿verdad? ¿Realmente
puedes verla dejándome hacer eso?
—No. —Se ríe—. Pero ese no es el punto. El punto es que ella sabe que
estás dispuesto a hacer lo que sea para tenerla en tu brazo en el evento de
mañana por la noche. Juega la carta de “Mamá siempre es mi cita, y ella
está enferma”. Irá.
—¿Qué pensaría Harper de ti diciéndome cómo manipular a su mejor
amiga?
81
—Ella está de acuerdo. Los quiere juntos.
—¿Sí? —Por alguna razón, escuchar que su mejor amiga lo aprueba me
da esperanza de que algún día ella y yo resolvamos esto.
—Sí, y antes de que me preguntes qué ha dicho, no te lo diré. He abierto
la boca y te he dado más de lo que debería. Sólo llámala. —Se levanta de su
silla y sale de mi oficina.
—¿Qué tienes que perder? —murmuro, levantando mi teléfono. Me
detengo en nuestro último mensaje.
Yo: Oye, llámame cuando tengas una pausa en tu agenda. Tengo un
favor.
Antes de que pueda volver a poner el teléfono en mi escritorio, está
sonando. Es ella.
—Hola —respondo.
—Hola. Me atrapaste en un buen momento. ¿Qué pasa?
—Bueno, ¿estoy seguro de que Harper te ha contado sobre el evento de
caridad para nuestra firma este fin de semana? ¿El de la Sociedad
Americana del Cáncer?
—Sí, ha estado hablando de ello toda la semana. Fuimos a comprar
vestidos a principios de esta semana.
—Bueno, ¿te gustaría ser mi cita?
—Es mañana, Lucas. Qué manera de avisar a una chica.
—Eso me temo que era inevitable... —Empiezo, pero ella me interrumpe
antes de que pueda terminar.
—Genial. Así que tu verdadera cita te abandonó, así que pensaste que
me llamarías, segunda opción. No, gracias. No estoy interesada. He sido el
segundo lugar de todos los hombres en mi vida, con excepción de mi padre,
y me niego a seguir haciéndolo —dice despotricando antes de que la línea
se calle.
—¿Addy? —No estoy seguro de si sigue en línea.
—Estoy aquí. ¿Es todo lo que necesitabas? Realmente necesito volver
al trabajo.
—¿Puedo hablar ahora? ¿Por favor?
Exhala en voz alta.
—¿Qué pasa, Luke?
—Siempre llevo a mi mamá a este evento. Se ha convertido en una
tradición para nosotros. Acaba de llamarme para decirme que está enferma.
82
Ella y mi papá están muy resfriados y no puede ir. —Hago una pausa,
dejando que lo comprenda—. Estoy de acuerdo contigo. Nunca deberías ser
la segunda opción, y no es así como te veo. No te pregunté porque esto es
algo que mi mamá espera cada año, y honestamente, yo también. Sin
embargo, si hay alguien más a quien quisiera en mi brazo mañana por la
noche, eres tú, Addyson.
—Luke, yo…
—Addyson, ¿me harías el honor de asistir al banquete de caridad de mi
firma mañana por la noche? Sé que es poco tiempo, pero mi cita, mi madre,
está enferma, y tú eres la única mujer que quiero.
—Bueno, cuando lo dices así. —Hace una pausa—. Lo siento, Luke.
Salté a las conclusiones, y no fue justo para ti. Sé que lo hago. Es una
reacción instintiva después de todas mis relaciones pasadas. No tengo
mucha fe en los hombres. Ya no, a menos que sea mi padre. Bueno, y tal
vez Justin. Está resultando ser uno de los buenos.
—¿Y yo? —le pregunto.
—Admito que me he apresurado a juzgar. Estoy rota, Luke. —Oigo la
derrota en su voz, y una vez más estoy enfadado con todos los tontos que la
jodieron—. Necesito algo de tiempo para recomponerme. Necesito dejar que
el pasado permanezca en el pasado, pero es difícil cuando la traición y las
mentiras son todo lo que conoces.
—Déjame ser el hombre que te recomponga. Déjame ser la diferencia
entre tu pasado y tu futuro. —No digo nada más, esperando pacientemente
a que ella trabaje a través de sus pensamientos.
—¿Podemos empezar mañana por la noche y seguir desde ahí? —Su
voz es suave, incierta.
Mi corazón se acelera ante lo que esto podría significar finalmente para
nosotros.
—Sí. ¿Tienes un vestido? Si no, me encantaría comprar uno, ya que es
con tan poco tiempo.
—Eso no es necesario. Sólo dime a qué hora necesito estar lista.
—Estaré en tu casa a las seis. La cena se servirá en el evento.
—Está bien. Estaré lista.
—¿Addyson?
—¿Sí?
—No puedo esperar a verte.
—Yo tampoco —susurra antes de que la línea se muera.
No sé cuánto tiempo me siento aquí mirando mi teléfono. Dijo que sí, 83
no sólo a aceptar ir al banquete conmigo, sino... a más.
—Sabes, ese montón de trabajo no va a desaparecer con sólo mirarlo
—dice Justin, de pie en mi puerta.
—Sí. —Me froto las manos sobre el rostro, saliendo de mi cabeza.
—Me voy por el día. ¿Llamaste a Addyson?
—Lo hice. Irá.
—Ah, eso explica la mirada fija.
—No tienes ni idea.
—Creo que lo sé. Me dirijo a la casa de Harper. Vamos a cenar con sus
padres esta noche.
—Sí que están avanzando.
—Y no podría estar más feliz, amigo. Nos vemos mañana por la noche.
—Nos vemos.
Mirando el reloj, veo que son más de las cinco. Soy inútil aquí, así que
empaco mi laptop y me voy a casa para el fin de semana. Tengo una cita que
planear.
Capítulo Trece

Addyson
Salí a las cinco en punto y me dirigí directamente al centro comercial.
Sabía que Harper y Justin estaban cenando con sus padres, así que llamé
a mi madre para pedirle ayuda. No le di información específica. Le dije que 84
un amigo necesitaba un acompañante para un evento y que necesitaba
encontrar un vestido.
Esta noche.
—Te tomó el tiempo suficiente —dice mamá cuando la encuentro en la
entrada del centro comercial esperándome.
—Vives a cinco minutos de aquí —le recuerdo.
—Así que, lo hago. —Sonríe—. Dime, ¿quién es este amigo y de qué
tipo de evento estamos hablando?
—Bueno, él es un amigo del novio de Harper, el mejor amigo de Justin.
Todos hemos salido un par de veces.
—¿Tiene nombre el mejor amigo del novio de Harper? —pregunta de
una manera que solo mamá puede.
—Lucas.
—Me gusta. Entonces, ¿por qué este personaje, Lucas, está esperando
hasta el día anterior?
—Supuse eso también, pero estaba equivocada —admito, pensando en
mi conversación anterior—. Se lleva a su mamá cada año. Es algo de ellos.
Ella lo llamó antes para hacerle saber que está enferma y no puede ir.
—Aww. —Sostiene su mano sobre su corazón—. Este Lucas suena
como un buen hombre. ¿Por qué no lo has arrebatado? —Golpea su hombro
contra el mío.
—Me estoy tomando un descanso.
—¿De qué?
—Citas.
—¿Por qué demonios harías algo tan loco como eso? ¿Cómo voy a ser
abuela si te tomas un descanso? Tienes que volver a salir.
—Mamá, sabes todo el drama que parece seguirme y las relaciones.
—Eso no es drama, Addy, eso es la vida. Es como avanzas, como te
recuperas es importante. Claro, has tenido algunas malas citas, pero no
puedes dejar que eso te detenga.
—Como si tú supieras. —Levanté mis cejas hacia ella—. Comenzaste a
salir con papá en la secundaria. Simplemente no hay hombres por ahí que
quieran lo que yo quiero.
—¿Qué deseas?
—Quiero lo que tú y papá tienen. Quiero tener alguien en casa a quien
volver, alguien que quiera venir a casa conmigo. Quiero darte a esos nietos
que siempre estás insinuando. Quiero saber que soy su número uno. 85
Ella asiente.
—¿Cómo esperas encontrar eso si no estás mirando por ahí?
—No lo sé. Estoy cansada de ser lo segundo mejor. No sé si mi corazón
o mi ego pueden tomar otra ruptura.
—La vida es sobre el cambio, Addyson.
—Lo entiendo, mamá. Lo hago. Pero mírate a ti y a papá. No hay
cambios allí.
Ella lanza su cabeza hacia atrás y se ríe, causando que varios
compradores miren hacia nosotros.
—Si eso es lo que piensas, te he hecho un mal servicio como tu madre.
Addy, el matrimonio es un trabajo duro. Se necesita tiempo, paciencia y
compromiso. Tu padre y yo nos queremos mucho, pero eso no significa que
no hayamos tenido cambios. Tomándote a ti, por ejemplo. Éramos padres
primerizos, un gran cambio, ya que este pequeño ángel ahora dependía de
nosotros para todo. Fue una curva de aprendizaje para ambos y no siempre
fue un libro de cuentos. Ser padre es difícil, gratificante, pero un desafío, no
obstante. Ese es solo uno de los muchos ejemplos que podría lanzarte. No
puedes dejar que tu pasado te detenga del futuro que siempre has soñado.
Solo tú puedes hacer tus sueños realidad.
—Recuerdo que me dijiste eso en quinto grado cuando intentaba ganar
la feria de ciencias —le recuerdo.
—Exactamente. No puedes esperar hasta el día anterior para armar
un proyecto ganador. Lleva tiempo y preparación. Lo mismo ocurre con
cualquier buena relación. Tienes que ponerle trabajo. Tienes que arriesgarte
al dolor para encontrar amor y devoción. Tuve suerte. Encontré mi para
siempre a los dieciséis años. Por otro lado, estarás vieja y gris si no pierdes
esa idea de “tomarse un descanso”.
—Me ha pedido salir unas cuantas veces —confieso.
—Déjame adivinar. Lo rechazaste.
—Sí. Cuando me llamó antes, salté a conclusiones cuando dijo que su
cita no se concretó. Como que me apagué, y luego me dijo con calma que
era su madre y me pidió con las palabras más dulces que fuera su cita.
—Sabía que me gustaría. —Sonríe—. Ahora, vamos a encontrarte un
vestido que de seguro va a llevarlo de rodillas.
—¿Quiero eso?
—Creo que sí. Tú establece el ritmo, sé la que tiene el control. Si él está
en esto por ti, por las razones correctas, no tendrá ningún problema con
eso.
—Tienes razón. Bueno. Vamos a hacer esto. —Dejo que la emoción que 86
he estado tratando de ocultar brille a través de mi sonrisa. Estoy encantada
de poder pasar más tiempo con Luke. Esta noche es un favor, pero en mi
frágil corazón, ya estoy deseando que sea más. Vamos de tienda en tienda y
empiezo a desanimarme por poder encontrar algo. Cuando entramos en la
tienda final y nos dirigimos hacia los vestidos formales, lo veo.
Inmediatamente, me enamoro de él.
—Este es —dice mamá cuando llegamos al estante y encuentro mi
talla, sosteniéndolo—. Ve a probarlo.
No necesito que me lo digan dos veces, me dirijo al vestidor. Me
desvestí y me deslicé fácilmente dentro del vestido.
—Mamá —grito—, ¿puedes venir aquí y cerrar el cierre?
—Oh, Addy, este es el vestido —dice cuando me doy la vuelta para
mirarla.
Me miro en el espejo, girando de un lado al otro. Es un vestido línea A
con malla de plata sobre el pecho, cerca del cuello, y plata más profunda
con verde azulado oscuro y claro, y suaves cuentas rosadas que cubren el
busto y el cuello. Las cuentas se detienen en la cintura, donde la falda larga
de gasa en verde azulado se hace cargo.
—Me encanta.
—Es perfecto. ¿Tienes tacones plateados? —pregunta ella.
—Sí tengo, pero quiero un par nuevo —le digo, girando de izquierda a
derecha, todavía admirando el vestido.
—Ese color realmente resalta tu bronceado —comenta mamá—. Sin
mencionar, es tu favorito. ¿Necesitas decirle el color?
—No, no lo creo. Supongo que irá de blanco y negro.
—Probablemente tengas razón. Deja más suspenso para cuando te vea
en él. Definitivamente vas a ponerlo de rodillas. Estás preciosa.
—Gracias, mamá. Gracias por venir conmigo.
—Gracias por invitarme. Tu padre fue a un juego de póquer en casa
de Fred, así que me salvaste de una noche solitaria en casa.
—Bueno, la cena la compro yo.
—Después de que te encontremos unos zapatos. —Sale para que yo
pueda cambiarme, y llevo el vestido directamente a la caja registradora.
Después de pagar, llegamos a la zapatería de al lado y encontramos un
adorable par de tacones de tiras plateados. Encuentro mi talla, me los
pruebo y, así, tengo mi atuendo para mañana por la noche. Mis palmas
están sudorosas por los nervios y la emoción de lo que está por venir.
87
**

Apenas dormí anoche. Finalmente salí de la cama alrededor de las siete


e hice un desayuno. Y con eso, quiero decir, poner un pan en la tostadora.
No es divertido cocinar para uno. Me quedé atrapada en la lavandería y la
limpieza. Es justo después del mediodía, y todavía tengo seis horas antes de
que Lucas deba recogerme. Necesito algo para ocupar mi tiempo, llamo a
Harper.
—Oye, tú —responde.
—¿Cómo estuvo anoche?
—Perfecto. Todos se cayeron muy bien. Justin está haciendo planes
para que cenemos con sus padres en las próximas semanas.
—Eso es genial, Harp. Estoy muy emocionada por ti.
—¿Cómo estuvo tu noche? —pregunta.
—Bueno, mamá y yo fuimos al centro comercial. Necesitaba un
vestido.
—¿Para qué? Deberías haber comprado uno mientras estábamos fuera
el lunes.
—Mira, esa es la cosa, no sabía que necesitaba uno.
—Entonces, ¿vas a decirme para qué sirve o disfrutas mantenerme en
suspenso?
—Lucas me llamó ayer justo cuando salía del trabajo.
—¿Es-tá bien?
—Su cita canceló para el evento de esta noche. Me preguntó si iría con
él. Dije sí.
—¿Espera? ¿Dijiste que sí después de que él ya le preguntó a alguien
más? —Puedo escuchar la incredulidad y la ira en su voz. Como yo, ella está
asumiendo lo peor. Esa es mi suerte, y ambas lo sabemos.
—Sí, pero no es lo que piensas. Créeme, le dije cómo me sentía al
respecto. Luego procedió a decirme quién era su cita originalmente.
—¿Y bien? —apresura.
—Su madre. —Continúo contándole la historia, y para cuando
termino, ella es del equipo de Lucas hasta el final.
—Realmente le gustas, Addyson.
—¿Cómo sabes eso? —Es una pregunta estúpida. Incluso puedo decir
que está interesado en mí. Cuanto más tiempo estoy cerca de él, más me 88
doy cuenta de que Lucas es un tipo de “lo que ves es lo que obtienes”. No
está ocultando una agenda. Él es sólo Luke.
—Veamos. He visto la forma en que te mira, y Justin podría haberlo
mencionado.
—¿Qué dijo? —Estoy entrometiéndome, pero tengo curiosidad por lo
que dijo. Las mariposas pululan en mi barriga solo sabiendo que ha estado
hablando de mí con Justin.
—No te lo voy a decir.
—¿Qué? ¿Por qué no? Vamos, tienes que darme algo.
—No, no creo que lo haga. Esto es lo que tiene que pasar. Deja que
suceda orgánicamente. Si quieres saber cómo se siente, debes preguntarle.
Te puedo decir esto. Lucas y Justin, ellos son de los buenos. Los chicos que
llevas a casa para conocer a tus padres. —Puedo escuchar la sonrisa en su
voz, sin duda recordando su propia cena la noche anterior—. No les gustan
los juegos.
—Yo tampoco creía que los otros lo fueran.
—Es cierto, pero hay algo diferente en estos dos que los otros no
tenían.
—¿Qué es eso?
—Un corazón. No hay forma de que Lucas pueda mirarte como lo hace
y poder arruinarte. No olvidemos su determinación de conquistarte, y su
promesa de no romper tu corazón. Él conoce tus antecedentes. Demonios,
así es como nos conocimos los cuatro. Él sabe a qué se enfrenta, que eres
frágil y quebrantada, pero todavía está aquí. Todavía está de pie esperando
que le des la hora del día.
—Es solo apariencias, Harper.
—Es una apariencia que haría que cualquier otra mujer se bajara las
bragas —responde, haciéndome reír.
—Va a estar aquí a las seis. Compré un vestido y zapatos, y estoy
nerviosa.
—Bueno. Eso significa que no estás tan inafectada como quieres que
crea. ¿Quieres mi consejo?
—Siempre.
—Afeitarse todo.
—En eso, jefa. —Me río.
—Esa es mi chica. Necesito irme para poder empezar a prepararme.
89
—Sí, supongo que, dado que afeitarse todo se agregó a la agenda, yo
también debería hacerlo.
—Te veo en unas horas. Ah, y envíame una foto del vestido.
—Nos vemos. —Termino la llamada y tomo una foto del vestido
acostada en mi cama para enviárselo.
Harper: ¡Dios mío! Verde azulado es tu color. No puedo esperar para
verte en él.
Yo: Gracias. Nos vemos más tarde.
Arrojando mi teléfono sobre la cama, me dirijo a la ducha. Hora de
prepararse.
Capítulo Catorce

Lucas
Mis palmas están sudando. No creo que estuviera tan nervioso por mi
primera cita cuando tenía dieciséis años. Por otra parte, esa cita no fue con
Addyson. Acercándome a la puerta principal, aprieto las flores que le compré 90
con fuerza en una mano mientras golpeaba ligeramente la puerta con la
otra.
Segundos más tarde, ella está abriendo la puerta y, sinceramente,
siento que mis rodillas se debilitan. Extendiéndome, me apoyo con mi mano
libre contra el marco de la puerta. Me voy por casual, pero no estoy tan
seguro de que lo esté logrando.
—Guau. —Suspiro.
Sus mejillas adquieren el más leve tono rosado.
—Gracias. Te ves guapo.
—Estos son para ti. —Le arrojo las flores como el tonto torpe que soy.
Sólo por ella.
Sólo por Addyson.
Desde el momento en que la conocí, ella ha sido una... luz. No puedo
describirlo realmente. Es como si ella me llamara a un nivel más profundo.
—Gracias, entra, y las pondré en un poco de agua. —Retrocede,
dejándome pasar antes de cerrar la puerta. No quito mis ojos de ella
mientras llena un jarrón que encuentra debajo del fregadero y pone las flores
en el agua—. Listo —dice ella mirándome.
—Sí, pero primero necesito mostrarte algo. Coincidimos —le digo,
tirando de la pierna de mi traje para mostrarle mis calcetines verde azulado.
—¿Cómo supiste que estaría usando verde azulado?
Me encogí de hombros.
—No lo hice. Sé que es tu favorito y mi favorito de ti. Pensé que, en el
peor de los casos, sabrías que estaba pensando en ti cuando me preparé.
—Eres uno en un millón, Lucas Prescott.
—Ven aquí. —Extiendo mi mano por ella. Ella no duda mientras se
mueve hacia mí y coloca su mano en la mía—. ¿Puedo solo mirarte por un
minuto? —La recorro con mis ojos—. Jesús, Addyson, eres impresionante.
—Ya acepté salir contigo esta noche. No hay necesidad de adulación.
—Es la verdad. Me quitas el aliento. —Desearía una vez que ella me
creyera cuando le digo lo hermosa que es. Desearía que me creyera cuando
le digo que ella es la única mujer que quiero. Luego, cuando le digo que me
estoy enamorando de ella, ella también me creerá.
—Lucas Prescott, ¿quién sabía que tenías una lengua plateada?
—Gracias —digo, mi tono serio—. Por venir conmigo esta noche. Le
quitaste mucha presión a mi mamá. Ella ya ha llamado dos veces 91
pidiéndome que te agradezca por ella. Ah, y quiere conocerte.
—Bueno, dile que fue un placer. —Ella vacila y luego dice—: Me
encantaría conocerla.
Asiento y extiendo mi brazo hacia ella. Es una pequeña victoria, una
de la que no voy a hacer una gran demostración, aunque dentro estoy
celebrando. Addy no necesita la validación. Ella sabe lo que acaba de
aceptar.
—¿Lista? —Su respuesta es deslizar su brazo por el mío—. ¿Tienes lo
que necesitas? —pregunto. Ella señala un pequeño bolso plateado que está
sobre la mesa junto a la puerta. Ella lo recoge cuando salimos y la observo
mientras se asegura de que su puerta esté cerrada con llave antes de guiarla
a mi auto.
—¿Qué le pasó a la camioneta? —pregunta ella.
—Está en casa. Pensé que el auto era más apropiado para esta noche.
No estaba seguro, pero asumí que subir a mi camioneta con un vestido y
tacones no es exactamente un buen momento.
—Lo has adivinado bien. —Sonríe—. Lindo carro.
—Gracias. —Le abro la puerta y luego espero que se acomode y se
abroche antes de cerrarla. Es lo más gentil que se puede hacer, pero
honestamente, fue difícil apartar la vista de ella. Soy un afortunado bastardo
que la tengo en mi brazo esta noche.
Sigo mirando a ella cada vez que puedo. Cuando ella pone su mano en
mi brazo, me vuelvo a mirarla una vez más.
—¿Estás bien? —pregunta ella.
—No. —Pongo la direccional y me detengo en el estacionamiento de un
supermercado. Estamos a casi dos kilómetros del lugar, pero esto no puede
esperar.
—¿Qué está mal? —pregunta Addyson, preocupada.
—Esto. —Deslizando mi mano detrás de su cuello, la atraigo hacia sí,
y tengo toda la intención de besarla, pero me detengo justo antes de que
nuestros labios se toquen y apoye mi frente contra la de ella. Mi respiración
se acelera, como la de ella. Sus suaves respiraciones rozan mi piel—. Quiero
besarte tan jodidamente ahora —susurro.
—¿Por qué te detuviste? —pregunta sin aliento.
—Maquillaje. Te tomaste el tiempo para arreglarte todo, y no lo voy a
arruinar al besarte en mi auto antes de que lleguemos al evento.
—Tiene sentido —dice ella, derrotada.
—Sin embargo, quiero —le digo, apartándome y mirándola a los ojos— 92
. Te mereces algo mejor que eso, y te lo daré, pero... —Trazo la columna de
su cuello con mi pulgar—. Una vez que este evento haya terminado. Cuando
te lleve a casa al final de la noche, estos labios son míos —le digo con voz
ronca.
—¿Lo prometes?
Sus palabras tardan un minuto en registrarse. Mi corazón late
fuertemente en mi pecho. Esta es una promesa que pretendo cumplir. Con
mi vida.
—Lo prometo. —Le coloco un beso en la mejilla.
Cuando llegamos al evento, aprovecho el servicio de aparcacoches y le
doy las llaves al asistente. No le advierto que se lo tome con calma. No lo
miro diciéndole que no me joda. Apenas le dedico una mirada antes de
colocar mi brazo alrededor de la cintura de Addyson y guiarla hacia el
edificio.
—Guau. —Absorbe la habitación delante de ella—. Esto es... no es lo
que esperaba.
—¿Qué esperabas?
—Honestamente, no estoy segura, pero no fue esto. Es super elegante
Me siento completamente fuera de lugar.
Inclinándome para que solo ella pueda oírme, digo.
—Echa un vistazo alrededor, Addy. Realmente mira. Todos los hombres
de esta habitación tienen sus ojos en ti.
Ella me mira.
—Gracioso, el único hombre que me doy cuenta es de ti.
El calor inunda mi pecho ante sus palabras. Finalmente. La acerco y la
beso en la frente. No es lo que quiero, pero tendrá que hacerlo por ahora.
Hasta que pueda dejarla sola y besarla al infierno.
—Vamos, Vamos a buscar a Justin y Harper.
No nos lleva mucho tiempo encontrarlos de pie en el lado opuesto de la
habitación.
—Addyson. —Harper la saca de mis brazos y la abraza—. Chica, te ves
sexy —dice, soltándola y haciendo un gesto con las manos para que gire en
un círculo. Addyson lo hace, incluso pegando una pose.
—Tu turno —dice Addyson, haciéndole lo mismo a Harper, quien lo
hace igual.
—No pensé que ibas a lograrlo —dice Justin a mi lado.
—Sí, tráfico —miento.
93
—Justin, ¿nos sacarás una foto? —pregunta Harper, sacando su
teléfono de su pequeño bolso.
—Con el mío también —dice Addyson, entregándome su teléfono.
Tomamos unas cuantas fotos y luego nos cambiamos. Ellos toman
algunos de nosotros y tomamos algunos de ellos. Ya estoy haciendo una
nota mental para tener una de las muchas que nos tomaron impresas y
enmarcadas. No soy mucho de fotos, no realmente, pero esta es diferente.
Addyson es diferente.
—¿Le envías una foto a tu mamá? —Me dijo en el auto en el camino
que su mamá la ayudó a elegir el vestido. Deslizo mi teléfono en mi bolsillo
esperando su respuesta. Lo último que quiero hacer es quedarme aquí
mirando mi teléfono toda la noche, no cuando finalmente logré que ella
aceptara salir conmigo. Esta es nuestra primera cita oficial. Cualquier cosa
que no sea Addyson puede esperar.
—No, pero lo haré. —Retira su teléfono de su bolso y envía un mensaje.
Sonríe y vuelve la pantalla hacia mí.
Mamá: ¡Guapo! ¿Cuándo puedo conocerlo?
—Parece que nuestras madres son una y la misma.
—Ella te está animando. Por nosotros, supongo —dice, colocando su
teléfono en su bolso. Parece estar muy interesada en sus zapatos. Sé que es
su confesión la que tiene sus ojos en todo menos en mí.
Espero a que ella me mire.
—¿Eso significa que hablaste de mí? ¿Sobre nosotros? —No me molesto
en tratar de ocultar mi sonrisa.
Ella se encoge de hombros.
—Un poco.
Deslizo mi brazo alrededor de su cintura y me acerco a ella.
—Bien. —Dejo un beso en su sien, dejando que mis acciones hablen
por mí.
Siento que su cuerpo se relaja contra mí.
—Entonces, ¿cuál es la agenda? ¿Cómo se supone que va esta noche?
—pregunta ella, cambiando de tema.
—Esta es la hora del cóctel —le explico—. Les da a todos tiempo para
llegar y mirar los artículos de la subasta. Es una subasta silenciosa. Luego
tomamos nuestros asientos para la cena. El propietario de mi firma, Robert,
hace un discurso. Luego está el postre, más bebidas, baile y luego nos vamos
a casa.
—¿Así que están recaudando dinero para la Asociación Americana para 94
el Cáncer?
—Sí, Robert perdió a sus dos padres por cáncer. Esta caridad está cerca
de él. Él y su esposa comenzaron este evento hace unos quince años. Se
hace más grande y mejor cada año.
—¿Y siempre has traído a tu mamá?
—Sí. Fui un interno en mi primer año y no quería arriesgarme a traer
una cita que podría arruinar las cosas para mí. Nunca se sabe cómo
actuarán las personas una vez que se acerquen a las personas con dinero y
alcohol. De todos modos, le pedí a mamá que viniera, y ella estaba
emocionada. Lo hemos hecho nuestra tradición.
—Eso es dulce de tu parte.
—Shh, no se lo digas a nadie. No quiero que ni una palabra salga de
esta conversación. Estoy tratando de impresionar a esta chica, y bueno, no
necesito a nadie en mi camino.
—Debe ser una chica. —Niega con una sonrisa jugando en sus labios.
—Lo eres. —Mantengo su mirada fija, haciendo que se sonroje.
—Vamos a ver la subasta. —Se aleja, pero toma mi mano y me lleva a
la fila de mesas llenas de artículos. No escondo mi sonrisa. Ella me alcanzó.
Esta vez es ella quien me arrastra, y no podría estar más feliz. Esta noche
ha sido buena para nosotros. Por primera vez, en lo más profundo de mis
entrañas, siento que hay un nosotros.
La noche continúa, y parece que el tiempo pasa volando. Por lo general
estoy mirando el reloj, esperando un tiempo respetable para irme. Esta
noche, todavía estoy mirando el reloj, pero con la esperanza de que el tiempo
se esté desacelerando. No estoy listo para que termine mi tiempo con ella.
Justin y Harper están sentados a nuestra mesa, al igual que Robert y su
esposa, Cecelia, y sus dos hijas, y sus esposos. La comida es estupenda, y
la compañía aún mejor.
Una vez que se retiran los platos de la cena y se llevan los carritos de
postre, se levanta la música y comienza el baile.
—Baila conmigo —le susurro al oído.
—¿Lo preguntas? —Levanta una ceja.
—Te digo que necesito mi cuerpo alineado con el tuyo en esa pista de
baile. No puedo ser responsable de mis acciones si tengo que esperar un
minuto más —le respondo.
Cecelia se inclina y susurra:
—Cariño, será mejor que salgas.
—¡Lucas! —Los ojos de Addy se ensanchan.
95
Me encojo de hombros.
—No me avergüenzo —le digo, apartándome de la mesa, levantándome
y ofreciéndole mi mano.
—Él es uno de los buenos —dice Cecelia, sin molestarse en bajar la voz.
—Tiene sus momentos. —Addy coloca su mano en la mía y me permite
ayudarla a levantarse. Llegamos a la pista de baile y la atraigo a mis brazos.
Sus manos descansan justo detrás de mi cuello mientras nos balanceamos
al ritmo.
—Gracias por esto, por esta noche. Me lo he pasado muy bien. —Sus
mejillas son todavía un ligero tono de rojo de su vergüenza anterior, o
debería decir diversión. Su sonrisa era tan amplia como sus ojos cuando me
regañó.
—Yo también —le digo, acercándola un poco más—. Este vestido... —
Sacudo la cabeza—. Lo dije en serio cuando te dije que me dejaste sin
aliento.
—Estoy aprendiendo eso de ti —dice en voz baja, casi para sí misma.
Bailamos durante tres canciones lentas seguidas antes de tomar un
descanso para tomar algo de beber. Nos acomodamos en la mesa.
—¿Hiciste una oferta por algún artículo? —pregunta Justin.
—Nah, solo escribí un cheque. —Lo hago todos los años. Deja que los
demás se peleen por los objetos. No necesito algo a cambio para donar a una
buena causa.
—Yo también. Vamos a salir —me dice mientras él y Harper se levantan
de sus asientos. Veo como Harper y Addyson se despiden con un rápido
abrazo.
—¿Y tú? ¿Estás lista para ir a casa? —le pregunto.
—Creo que sí. No dormí bien anoche —dice, cubriéndose la boca en un
bostezo.
Sacando su silla, nos despedimos y salimos. Le doy mi etiqueta al
aparcacoches para que saque mi auto.
—Es una buena noche. —Addyson inclina su cabeza hacia atrás para
mirar las estrellas.
—Lo es. —Estoy de acuerdo cuando mi auto se detiene delante de
nosotros. El Mozo le abre la puerta, pero lo despido, esperando que ella se
acomode antes de cerrarla. El viaje a su casa está lleno de conversación. A
ambos nos gusta todo tipo de música, a ambos nos gusta la pasta de
cualquier tipo, y su segundo nombre es Grace.
96
—¿Cuál es el tuyo? —pregunta mientras me detengo en su camino.
—Oliver, por mi papá. Era el nombre de su padre, y es su segundo
nombre. Y luego está mi sobrino, Ollie.
—Nombre de familia. Me gusta.
—Quédate quieta —le digo a ella antes de salir del auto y correr a su
lado. Abro su puerta y le ofrezco mi mano. Con su mano fuertemente
apretada en la mía, la acompaño a su puerta—. Gracias por esta noche —
La acerco, incapaz de resistirme a ponerle las manos encima.
—Fue divertido. Gracias por invitarme. Estoy seguro de que tu madre
está triste porque se lo perdió.
—Meh, estaba bien una vez que descubrió que ibas conmigo. —Lo estoy
minimizando un poco. Decir que mi mamá está emocionada es una
subestimación.
—Siempre hay el próximo año, ¿verdad? —Se ríe.
—¿Eres voluntaria? —le pregunto. La idea de que vuelva a estar en mi
brazo el año que viene y el año siguiente es más que atractivo. Nunca he
mirado tan lejos en una relación, pero con Addy, mirar hacia adelante es
todo lo que puedo hacer.
—Yo-yo me refería para tu mamá.
—Tal vez. —Me encojo de hombros—. Depende de si puedo convencerte
de que vayas otra vez. —Cuanto más lo pienso, más me gusta la idea. Me
encanta de hecho.
—Eso está a un año de distancia, Lucas.
—Lo sé. Ahora, creo que tengo una promesa que cumplir.
—Esa es una tarea difícil de cumplir.
—¿Eso crees? Aquí estaba pensando que será la promesa más fácil que
he hecho.
Sus manos van a la chaqueta de mi traje y ella finge estar alisándola.
Cubro sus manos con las mías, donde ahora descansan sobre mi corazón.
—¿Sientes eso?
—Tu corazón —responde.
—¿Puedes sentirlo? —Asiente—. Haces eso. Tú haces que mi corazón
se acelere. Cada vez que estoy contigo siento que podría salir de mi pecho.
Así que sí, Addyson, es una tarea difícil, una promesa hecha para el futuro.
Pero esto... —Pongo mi mano sobre la de ella—... este ritmo constante es
todo para ti.
—Me estás haciendo esto difícil. —Me sonríe.
—¿Cómo es eso? 97
—No sé cuánto tiempo más puedo resistirte.
—Entonces no me resistas. —Tomando su mejilla en mi mano,
lentamente me inclino, dándole tiempo para detenerme. No lo hace. En
cambio, esos ojos marrones de ella brillan a la luz de la luna. Cerrando la
distancia, presiono mis labios contra los de ella. Suavemente, lentamente,
la beso. Tengo que recordarme que este es un beso de buenas noches en la
primera cita, no un “abre la puerta para que pueda follarte contra ella”. Eso
vendrá después. En este momento, necesito tomar esto con calma.
Muéstrale quién soy y que lo único que quiero es a ella.
Ralentizando el beso, eventualmente retrocedo, trazando su labio
inferior con mi pulgar.
—Buenas noches, Addy. —Sus manos agarran mi chaqueta.
—Buenas noches, Luke. —Abre lentamente los dedos y me libera de su
agarre de hierro. Una parte de mí desea que me empuje hacia adentro con
ella, y por la mirada en sus ojos, apostaría dinero que ella también quiere
eso. Sin embargo, es demasiado pronto para ella, y ambos lo sabemos. No
importa cuánta atracción haya, debe estar lista para ello. Estoy listo y
esperando cuando llegue ese momento.
Retrocediendo, dejé caer mi mano de su rostro. Espero a que abra la
puerta y se deslice dentro. Cuando escucho el clic de la cerradura en la
puerta, me giro y me alejo.
Capítulo Quince

Addyson
Han pasado dos semanas desde el banquete, y Luke y yo hemos caído
en una especie de patrón. Me manda mensajes todos los días todo el día.
Cenamos un par de noches a la semana, y el fin de semana pasado, 98
terminamos en Stagger en una cita doble con Harper y Justin. Fue una
noche de risa. Mientras más tiempo pase nuestro pequeño grupo, más obvio
se vuelve. El destino intervino y trajo a estos hombres a nuestras vidas, y
los dos estamos mejor gracias a eso. Su persistencia me agotó y ya no lucho
contra él. En cambio, estoy haciendo palanca para abrir mi corazón cerrado
y esperando que cuando se deslice por completo dentro, quiera quedarse
allí.
Es sábado por la noche, y Luke lo ha declarado noche de cita. No me
dijo a dónde vamos, pero sí dijo que era campo. Le pregunté qué debería
ponerme, y él me dijo que me vistiera como lo haría para un concierto, uno
que esté adentro en esta época del año. Estoy bastante segura que no iremos
a un concierto ya que pronto veremos a Dan + Shay con Harper y Justin.
He tratado de sacárselo toda la semana, pero no suelta una palabra. Dice
que quiere sorprenderme. No odio la idea; es algo a lo que no estoy
acostumbrada, eso es seguro. Ninguno de los hombres en mi pasado trató
de sorprenderme con nada, cita o de otra manera. Bueno, eso es a menos
que cuentes a sus esposas, novias o el hecho de que estaban bateando para
el otro equipo.
Entonces, aquí estoy, parada frente al espejo de cuerpo entero en mi
habitación, cuestionando mi atuendo. Me decidí por un vestido color crema,
con un grueso cinturón marrón alrededor de mi cintura. Estoy usando mis
botas vaqueras marrones con costuras verde azulado, y mi cabello está
suelto con muchos rizos flojos. Me giro de lado a lado asegurándome de que
todo esté en su lugar, teniendo segundos pensamientos sobre mi elección
cuando alguien toca la puerta. Ese tiene que ser Luke. Llega quince minutos
antes, algo que he aprendido sobre él. Siempre llega temprano. Odia llegar
tarde a cualquier cosa.
—Addy. —Casi gruñe cuando abro la puerta. Se acerca a mí, desliza
su mano detrás de mi cuello y me acerca en un beso. A pesar del gruñido,
este beso es lento y dulce, y se está alejando demasiado pronto para mi
gusto. Eso es algo más que aprendí sobre Luke, besarlo... es una experiencia
que cambia la vida. Es como si con un simple toque de sus labios, estuviera
borrando todo del pasado. Los hombres que engañaron, mintieron y los que
me usaron. Es más que solo su beso, es la emoción detrás de él. La forma
en que me abraza, tierna pero fuerte. La forma en que gruñe mi nombre, no
por ira sino por hambre. Hambre por mí.
—Hola. —Estoy sin aliento cuando él se aleja del beso.
—Te ves increíble.
—Gracias. Tú también te ves bastante bien. —Le doy palmaditas en el
pecho y doy un paso atrás, colocando una distancia muy necesaria entre
nuestros cuerpos calientes. Además, necesito echarle un buen vistazo. Lleva
99
jeans desteñidos, que se aferran fuertemente a sus muslos. Hay una
rasgadura en la rodilla, y no puedo decir si es por uso o si los compró de esa
manera. En cualquier caso, se ve sexy. Lleva una camiseta ajustada. Es
completamente negra y no hace nada para ocultar las crestas y los planos
de sus músculos.
—A menos que quieras que cancele nuestros planes, tendrás que dejar
de mirarme así.
Me tomo mi tiempo, subiendo por su cuerpo hasta que nuestros ojos
se encuentran.
—¿Sería tan malo? —Es la primera vez que le digo algo tan audaz sobre
él.
—No. —Ahoga la palabra—. Pero no va a suceder. Te estoy cortejando.
—¿Me estás cortejando? —Me río, dando un paso atrás para que pueda
entrar a mi apartamento.
—Sí. Todavía estás asustada. Hasta que no lo estés, hasta que sepas
que estoy en esto contigo, son solo besos de buenas noches. —Me golpea la
nariz con el dedo índice.
Sus palabras iluminan mi corazón sombreado. Es difícil para mí confiar
en esto, en él después de todo, pero no me da ninguna razón para no hacerlo.
No debería ser castigado por mi pasado. Pero tomándolo despacio, eso es
exactamente lo que necesito, y él de alguna manera lo entiende. No solo lo
entiende, sino que también lo está abrazando.
—Y besos de hola. —Sonrío.
—Sí, y tal vez algunos besos intermedios. —Se inclina y besa la
comisura de mi boca—. ¿Estás lista?
Miro mi atuendo.
—¿Esto funciona para donde vamos?
—¿Cómo sabes que no es un concierto? —se burla. Le doy una mirada
que le dice que ambos sabemos que está lleno de mierda—. Bien. —Se ríe—
. Sí, es perfecto. Eres perfecta —añade.
—Déjame agarrar mi bolso. —Me apresuro a la sala de estar y engancho
mi bolso pequeño del sofá. Compruebo dos veces que tengo mi billetera
pequeña, mi teléfono y mis llaves antes de seguirlo hasta su camioneta.

—¿Qué? —Trato de sentarme en mi asiento, pero el cinturón de


seguridad me impide hacerlo—. ¿Es esto lo que estamos haciendo?
—Síp. 100
—Esto es increíble. —Tomo el enorme cartel que anuncia el rodeo.
—¿Sí?
—Seguro. Nunca he estado en uno.
—No estaba seguro, pero me recordó esa noche en el festival. Pensé
que sería divertido.
—Gracias. Estoy emocionada.
—Yo también. Sé que dijiste que tenías un almuerzo tardío, así que
pensé que podríamos merendar aquí y tomar algo después —sugiere.
—Eso es perfecto. —Tan pronto como la camioneta está en el
estacionamiento, salto fuera y salto sobre las puntas de mis pies esperando
que se me una. Cuando finalmente llega al frente de la camioneta, tomo su
mano y nos guío a través de la multitud. Boletos escaneados, cerveza fría de
barril en mano, nos dirigimos a nuestros asientos—. Mierda, Luke. Estamos
en la primera fila. —Me volteo para mirarlo por encima del hombro.
Se encoge de hombros.
—Quería que realmente lo experimentaras.
Si no estuviéramos en medio de una multitud, y no derramara mi
cerveza, saltaría en sus brazos y lo besaría. Dando la vuelta, doy cada paso
uno a la vez a medida que nos acercamos a la primera fila donde están
nuestros asientos. Justo cuando me estoy preparando para sentarme,
escucho una voz femenina gritar a Lucas a todo pulmón. Parando, me vuelvo
para ver a una linda rubia y una manada de sus amigas se acercan al final
de nuestra fila.
—Lucas. —Intenta ser sexy, pero sale quejumbroso—. No te he visto
desde siempre. —Ella pone su mano en su brazo.
La ira brota dentro de mí, quizás también un poco de humillación. Todo
se desvanece rápidamente cuando lo veo tirar su brazo de su agarre. Se
vuelve hacia mí, tendiéndome la mano. En su lugar me acerco, y él envuelve
sus brazos alrededor de mí.
—Kelsey. —Su tono es plano—. Conoce a mi novia, Addyson. Bebé, esta
es Kelsey. Fuimos juntos a la secundaria.
Aleteos en mi vientre sustituyen mi ira. No estoy segura si es porque él
claramente se deshizo de ella por mí, que me llamó su novia o porque me
llamó bebé. Voy a ir con los tres. Lucas Prescott es una tormenta que llegó
a mi vida, lenta y constante, y se dio a conocer. No importa cuánto intente
proteger mi corazón, rompe las barreras, una a la vez. Me estoy enamorando
de él, y eso me da mucho miedo. No sé si alguna vez podría volver a perderlo.
Él es... más.
101
Él es todo
—Encantada de conocerte. —En lugar de ofrecerle mi mano, hago una
demostración de apoyarla en el pecho de Lucas. Sus ojos brillan por un
momento antes de que esté enmascarado.
—Igualmente.
—No sabía que estabas viendo a alguien.
—¿Por qué lo harías? —le pregunta.
Ella se estremece como si la hubiera abofeteado.
—Bueno, cuando seas libre, llámame.
—No aguantes la respiración —le dice antes de mirarme. Lo sé porque
aparté mi mirada de ella y la fijé en él—. Vamos para mucho tiempo. —Su
voz es fuerte, firme, pero sus ojos, son suaves, y todo para mí. Inclinándose,
me besa en la frente—. Fue bueno verlas —les dice, luego nos da vuelta y
me guía por la fila hasta nuestros asientos.
Mi corazón late contra mi pecho. Sé que debería decir algo, tal vez
decirle que no tenía que ser tan breve con ella, pero parece que no puedo
formar las palabras. En lugar de sentir pena por ella, estoy eufórica por mí.
Me eligió.
Poniendo mi cerveza en el portavaso frente a nosotros, me dirijo a él.
Extendiendo mi mano, la paso por la barba de una semana.
—¿Puedo besarte, Luke? —pregunto suavemente.
Se inclina hacia mí.
—Todos los días por el resto de tu vida. —No me da una oportunidad
cuando presiona sus labios contra los míos. Sólo un beso rápido, pero el
sentimiento está ahí. Alejándose, enlaza sus dedos entre los míos, y nos
acomodamos para ver el rodeo.
Mirando alrededor, hay muchas más mujeres aquí que hombres, y de
la conversación del alborotado grupo detrás de nosotros, están aquí por los
jinetes. Eso está bien para mí. El único hombre que tiene mi atención está
sentado a mi lado.
—¿Te gustan los traseros de los vaqueros? —susurra en mi oído,
haciéndome reír.
—Meh, no están mal —bromeo.
—No está mal, ¿eh? ¿Qué está bien pata ti, Addyson? —Está
bromeando, pero su expresión facial es todo lo contrario.
—Estás usando Rock, ¿verdad?
—Sí, Rock Revival3. 102
—Eso va a funcionar.
Él arroja su cabeza hacia atrás y se ríe, poniendo su brazo alrededor
de mis hombros. Así es como nos sentamos a lo largo de la última hora del
espectáculo.
—Damas y caballeros, si pudieran permanecer sentados. Tenemos al
invitado especial Eric Ethridge aquí esta noche —dice el anunciador una vez
que se ha montado el último toro y se ha corrido el último barril.
—¿Sabías sobre esto? —le pregunto a Luke.
—Sí, sabía que alguien iba a estar aquí, pero no lo miré. Nunca había
oído hablar de él. Solo quería que vieras la cabalgata de toros.
—¿Quieres quedarte?
—Esa es tu decisión. Estoy bien de cualquier manera.
—¿Vamos a quedarnos una canción o dos? —sugiero, viendo cómo la
multitud se aminora. En su mayoría aquellos con niños pequeños.
—Bien por mí. ¿Necesitas otra cerveza o algo?
—No, estoy bien, Gracias —digo, justo cuando las luces comienzan a
apagarse. La multitud restante se pone de pie, como nosotros. Sus manos
se mueven hacia mis caderas, y luego el calor de su cuerpo se alinea con el
mío. Él envuelve sus brazos alrededor de mi cintura, y sin dudarlo, me relajo
en él.
Eric Ethridge comienza a tocar “If You Met Me First”. No es exactamente
nosotros, pero está muy cerca. Nos queda bien. Si hubiera conocido a Luke
antes que todos los demás, no puedo evitar pensar que las cosas habrían
sido diferentes. Tal vez no lo hubiera rechazado. Su agarre se aprieta, e
incapaz de controlarlo, me giro y envuelvo mis brazos alrededor de él. Nos

3
Marca de pantalones de mezclilla que en su mayoría se relacionan con los vaqueros.
movemos lentamente a la música, dejando que las letras hablen por
nosotros.
—Tal vez todavía puedas —susurra Lucas en mi oído cuando la
canción termina. No lo dice, pero sé que se está refiriendo a la canción.
Lo miro. La habitación está oscura, pero puedo ver la intensidad en
sus ojos. De puntillas, coloco mis labios junto a su oreja. Se inclina para
ayudarme, sus manos en mis caderas.
—Quiero —confieso—, solo dame un poco de tiempo.
Su respuesta es aplastarme en un abrazo con sus fuertes brazos.
Compite con cada abrazo que he recibido.
—¿Estás lista? —pregunta antes de alejarse. 103
—Sí. —Con mi mano firmemente en la suya, sube las escaleras, sale
de la arena y se dirige a su camioneta.
Capítulo Dieciséis

Lucas
Mientras nos alejamos de la arena de la mano, siento que hemos dado
un gran paso hacia adelante esta noche. Nunca había oído hablar de ese
artista, pero esa canción, aunque no es nuestra situación exacta, el 104
sentimiento es perfecto para nosotros.
Quiero.
Su confesión susurrada me tiene sonriendo ampliamente. Me he
enamorado de ella. No solo: oye, me gusta esta chica, sino: oye, puedo ver
mi futuro con ella. Estamos en el camino correcto y le puedo dar todo el
tiempo que necesite.
—¿Tienes hambre? —pregunto una vez que los dos estamos
acomodados en mi camioneta.
—Sí.
—¿Qué suena bien?
—Podríamos simplemente comprar una pizza o algo y volver a mi casa.
Aunque la idea es atractiva, hay una que me atrae más.
—¿Qué tal si la llevamos a la mía? Me gustaría que vieras mi casa.
—Claro —acepta fácilmente. Sin dudarlo. Me encanta este nuevo lado
de nosotros. Solo puedo esperar que sigamos avanzando en esta dirección.
Pide nuestra orden de pizza y alitas sin hueso, y cuando llegamos al
lugar de mamá y papá que está justo bajando por mi calle, nuestra orden
está lista. Cuando llegamos a mi camino de entrada, jadea.
—Luke, ¿esta es tu casa? —El asombro llena su voz.
Mi pecho se llena de orgullo. Diseñé este lugar.
—Hogar dulce hogar —le digo.
—Me encanta esta casa. He conducido por aquí cientos de veces. Esta
es la casa de mis sueños. —Mira por la ventana hacia la noche. Tengo focos
en la casa, iluminándola.
Algo más, algo que no puedo explicar mezclado con el orgullo que sentía
antes, calienta mi pecho.
—Bueno —digo, estacionando en el garaje. Me aseguré de que hubiera
una bahía adjunta lo suficientemente grande para mi camioneta—. Déjame
darte el recorrido.
Habitación por habitación, la acompaño por mi casa. Está callada
mientras absorbe todo. Empezamos arriba. Hay cuatro habitaciones, dos
baños completos y un área de entretenimiento abierta que da a la sala de
estar.
—Esto es enorme —comenta.
—Es mi hogar para siempre.
—Definitivamente —acepta, siguiéndome de vuelta abajo.
Una vez más, la llevo a través de cada habitación. Se detiene en la 105
cocina, con la boca abierta.
—Santa vaca, esto es enorme.
—¿Cocinas? —pregunto.
—No. Bueno, quiero decir, sí, puedo cocinar. Sé cómo. —Busca a
tientas sus palabras mientras pasa su mano por la encimera de granito—.
Simplemente no lo hago a menudo. No es muy divertido cocinar para uno,
pero si tuviera una cocina como esta, probablemente cocinaría grandes
comidas todas las noches. Sería tan grande como esta casa. —Se ríe.
—Bueno, mi cocina está abierta para ti en cualquier momento.
—¿Tú cocinas?
—Así es. Mamá me enseñó a mí y a mi hermana, Anna. Dijo que quería
que ambos fuéramos independientes.
—Mi mamá siempre estaba en la cocina cuando estaba creciendo. Me
encantaba mirarla. Hacía que todo se viera tan fácil.
—Deberíamos cocinar juntos —sugiero.
—Sí. Deberíamos. —Sonríe—. Es hermoso, Lucas. Deberías estar
orgulloso.
—Hay una habitación más. —Señalo el pasillo de la cocina. Sus ojos se
iluminan—. Ve atrás. La puerta está al final del pasillo.
No duda. Sigo detrás de ella, con ganas de ver su reacción.
—Vaya —susurra.
—Esta es mi habitación —le digo, escurriéndome detrás. No mueve un
músculo mientras observa mi habitación, tal vez mis habilidades de sigilo
no son tan buenas como pensé que eran. Se gira en un círculo y lo observa
todo. Intento verlo a través de sus ojos. Cama tamaño king con dosel,
mesitas de noche negras puestas a ambos lados, vestidores negros, paredes
grises, con un juego de edredón de rayas grises, negras y blancas. Es muy
masculino, como debería ser, ya que soy solo yo.
—Esto eres tú. —Se vuelve hacia mí—. Te queda perfecta.
—Ni siquiera has visto la mejor parte. —Agarro su mano y la llevo al
baño.
—Esto es enorme. —Saca su mano de la mía para explorar—. Esta
ducha es lo suficientemente grande para diez personas —comenta.
—Un hombre debe tener espacio.
—¿Qué es exactamente lo que estás haciendo en esta ducha, Lucas? —
pregunta, y de inmediato levanta la mano—. Olvida que te lo pregunté. No
quiero saber. 106
Sonrío.
—Sólo ducharme —le aseguro—. Sólo ha habido otras dos mujeres en
esta habitación que no sean tú.
—Oh.
—Maldita sea, no es así como se suponía que debía sonar. Mi mamá y
mi hermana, Addy. Son las únicas mujeres que han estado en esta casa.
Asiente, pero no estoy tan seguro de que me crea. Cuando se da vuelta,
corre hacia la bañera con patas.
—Esto es increíble, y nunca antes había visto una tan grande. Tomas
muchos baños, ¿verdad?
—No, en realidad nunca la he usado.
—¿Entonces por qué la tienes? —Inclina su cabeza hacia un lado,
estudiándome.
—Mi mujer.
Veo su rostro pálido al instante.
—No —me apresuro a decir.
¡Mierda!
—Addy, no, eso no es lo que quise decir. Me refería a mi futura esposa.
—Podría seriamente golpearme a mí mismo—. Ven aquí, mira. —Aprieto mi
mano alrededor de la de ella y la saco del baño y a los dos vestidores—. Este
es mío —le digo. Me aseguro que vea bien y luego la llevo a la otra puerta.
La empujo y enciendo la luz. Los estantes están vacíos. Sigo jodiendo esto.
Puedo ver que se está cerrando a mí y no puedo permitir eso.
La tomo en mis brazos, de espaldas a mi pecho para que pueda ver la
habitación vacía.
—Soy un planificador, Addyson. Planeo cada detalle de casas y
edificios, y eso fluye en mi vida. Quería la casa de mis sueños, mi hogar para
siempre. También quiero casarme algún día, tener un par de hijos.
Necesitaba saber que mi familia podría crecer en esta casa, que cuando
finalmente encuentre a la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida,
tendría todo lo que necesita.
—Está bien —susurra.
—Addyson. —Le doy vuelta en mis brazos y tomo su rostro en la palma
de mis manos—. Te lo juro. Puedes llamar a mi madre y preguntarle.
Demonios, llama a mi hermana. Anna estaría encantada de contarte todos
mis defectos, pero puedo prometerte que estar casado no es uno de ellos.
107
—¿Estás escondiendo algo? ¿Compromisos, bodas, niños? —Se aleja,
su voz plana.
—No, cariño —le digo en voz baja—. Nada de eso. Nunca he estado
cerca de estar comprometido o casado. No tengo hijos, pero quiero todo eso.
Sus ojos miran en los míos, los orbes marrones vacilan en confiar en
mí. Sin dejar nada al azar, saco mi teléfono de mi bolsillo y llamo a mi madre.
—Hola, mamá —la saludo cuando responde.
—Luke, pensé que estabas en una cita.
—Estaba, quiero decir, lo estoy. A Addy le encantó, como pensé que lo
haría.
—Eso es genial, querido.
—Mamá, ¿necesito un favor? —Addy intenta apartarse, ya sacudiendo
la cabeza, pero la agarro con fuerza—. Verás, sigo metiendo la pata con ella,
y bueno, necesito que te haga una pregunta y quiero que le respondas.
¿Puedes hacer eso?
—Por supuesto. Luke, ¿está todo bien? —Estoy seguro que detecta la
desesperación en mi voz.
—Lo estará —le aseguro. Le entrego el teléfono a Addyson—.
Pregúntale.
—No. Lucas, esto es una locura.
—No. No es una locura Sigo jodiendo las cosas. —Escucho a mi mamá
regañar mi lenguaje, pero sigo—. Necesito que seas capaz de confiar en mí,
Addyson. Por favor, toma el teléfono y pregúntale.
Asiente. Necesita esto.
—H-hola —dice en el teléfono. Mantengo mis brazos alrededor de su
cintura, abrazándola—. Hola. —Su rostro se sonroja—. Es bueno hablar con
usted también. Luke habla de su familia todo el tiempo. —Puedo escuchar
a mi mamá decirle que ha escuchado mucho sobre ella, lo cual es una
subestimación. Addyson es todo lo que pienso y hablo en estos días—.
Lamento que la esté molestando con esto —le dice a mi mamá. No puedo
escuchar su respuesta, pero Addyson sonríe—. Sí, entonces eh, estábamos
hablando y…
—Solo pregúntale, Addy —le susurro.
—¿Luke, quiero decir, Lucas, ha estado casado o comprometido alguna
vez? ¿Tiene algún hijo? —Se apresura a preguntar—. No es que nada de eso
me importe, pero no he tenido la mejor de las experiencias con hombres y
las mentiras y solo… me gustaría saber la verdad desde el principio. —
Suspira, sonando casi derrotada, y odio eso.
108
No puedo entender lo que mi mamá está diciendo, pero puedo sentir el
cuerpo de Addyson relajarse contra mí. Beso la parte superior de su cabeza.
Solo espero que esto no nos haga retroceder cuando solo unas horas antes,
sentí como si finalmente estuviéramos avanzando.
—Gracias, señora Prescott. —Supongo que mi madre la regaña por eso
cuando Addyson dice—: Gail. —Escucha y luego dice—: Eso sería bueno.
Solo pídale a Lucas que me lo haga saber. —Otra pausa—. Gracias, usted
también. —Addyson me pasa el teléfono.
—Hola, mamá.
—Luke, suena encantadora.
Le sonrío a Addyson.
—Es más que encantadora, mamá. Es la diferencia. —Le guiño un ojo
a Addyson, y pone los ojos en blanco, lo que me dice que entiende mi
referencia. No solo quiero ser eso para ella, sino que ella también lo es para
mí. Puede que no haya tenido todo el drama que tuvo en las relaciones, pero
no he encontrado la indicada. Bueno, hasta ahora. Estoy seguro que la
mujer en mis brazos es la única que siempre querré para siempre. Prometo
a mamá que la llamaré más tarde esta semana y termino la llamada—.
Nuestra pizza está probablemente fría. —Beso la frente de Addyson y la llevo
de vuelta a la cocina. Sorprendentemente, la pizza todavía está caliente.
Llenamos nuestros platos, tomamos dos botellas de agua y nos acomodamos
en la sala de estar.
—Lo siento —dice una vez que estamos sentados—. Sé que estoy
actuando como una loca, y llamar a tu mamá… —Niega—. Me da vergüenza.
Extiendo la mano y coloco mi mano sobre su rodilla.
—Sé que has tenido momentos difíciles. Demonios, así te conocí esa
noche. Te oí hablar de eso. No tienes de qué avergonzarte. Mi madre, maldita
sea, toda mi familia sabe de ti. No tengo nada que esconder de nadie. Si una
llamada telefónica a mi madre te ayuda a superar tus miedos, podemos
llamarla tantas veces como quieras.
—Es tan difícil para mí confiar, y eso no es justo para ti, Luke. Sé eso.
No estoy siendo razonable y lo que es peor es que no sé cómo detenerlo.
—No tienes que hacerlo. El tiempo lo hará. Me dejas demostrarte que
no soy ninguno de esos bastardos de tu pasado. —Hago una pausa y decido
intentarlo. Estoy en esto con ella—. Soy tu futuro, Addyson.
Asiente, sus ojos vidriosos con lágrimas.
—Gracias por ser paciente conmigo.
—Tenemos toda una vida —le digo—. Ahora come. Realmente se va a
enfriar. 109
Después que hemos terminado de comer, nos dirigimos a la terraza.
—Vaya, el exterior es tan impresionante como el interior —dice,
mirando por encima de la terraza de tres niveles al jacuzzi y la piscina.
—Gracias. Hay algunas tumbonas por aquí. —Señalo la esquina del
nivel superior en el que estamos. Me instalo en una de las tumbonas más
grandes y doy palmaditas en el lugar a mi lado—. Siéntate conmigo.
Para mi alivio, no duda en sentarse, quitarse las botas y acurrucarse
contra mi pecho.
—Esto es agradable.
—Lo es. Me alegra que estés aquí, Addy. En mi casa, en mi espacio. Te
he imaginado aquí mil veces, pero estar aquí, compartir un lugar que es tan
especial para mí contigo es mejor de lo que podría haber imaginado. —
Dejamos que el silencio de la noche nos rodee, simplemente feliz de estar
aquí en este momento el uno con el otro. El tiempo pasa y cuando comienza
a bostezar, sé que es hora de llevarla a casa. Excepto que no quiero. La
quiero aquí. Conmigo—. ¿Tienes sueño? —pregunto.
—Sí, ha sido un largo día.
—Puedo llevarte a casa si estás lista. —Hago una pausa—. O podrías
quedarte. Aquí. Conmigo. —Se queda en silencio, y empiezo a preocuparme
porque dije algo incorrecto por tercera vez esta noche.
—¿Cuando dices contigo…? —pregunta.
No necesito que lo diga. No está lista para más, y estoy de acuerdo con
eso.
—Quiero decir, tú y yo, así en mi cama. Quiero abrazarte.
Más silencio.
Nada más que el silencio de la noche nos rodea.
—Está bien.
Sus palabras suavemente pronunciadas alcanzan y tocan mi alma. Se
pone de pie, recoge sus botas y espera que me una a ella. De la mano, nos
dirigimos de nuevo dentro de la casa. La llevo conmigo mientras cierro todas
las puertas y apago las luces. En mi habitación, saco mi camiseta de mi
cajón y se la entrego.
—Puedes dormir en esto.
—Gracias. —Desaparece en mi monstruo de baño por su cuenta. Me
quito los vaqueros y la camiseta y me quedo en boxer. Apago la luz del techo
y enciendo la de la mesita de noche.
La puerta se abre, y sale. Con el rostro lavado y libre del poco maquillaje 110
que usaba, se ve impresionante, especialmente con mi camiseta.
—No… no estaba seguro si tienes un lado favorito de la cama —le digo,
tratando de no tirarla sobre la cama y hacerle el amor. Es una puta visión
delante de mí.
—No importa. —Me sorprende cuando camina hacia el lado izquierdo
de la cama, el lado opuesto de donde estoy de pie, retira las sábanas y se
sube.
Hago lo mismo y luego apago la lámpara. Se mueve hacia el centro de
la cama y la encuentro a medio camino, sosteniendo mis brazos abiertos
para ella. Le toma unos minutos, pero finalmente se relaja.
—Buenas noches, Luke. —Bosteza.
—Buenas noches, Addy. —Le beso la cabeza y cierro los ojos. Me
duermo rápidamente con ella metida de forma segura en mis brazos.
Capítulo Diecisiete

Addyson
Mis ojos se abren y luego se cierran con fuerza, bloqueando el brillante
sol que entra a través de la ventana. Levantando mi mano para bloquear la
luz, una risa profunda me envuelve como un abrazo. 111
—He estado luchando contra ese sol durante la última hora —dice la
voz profunda de Lucas detrás de mí.
Me doy vuelta en sus brazos.
—¿Por qué no te levantaste y cerraste la persiana? Todavía podría estar
durmiendo. —Le pellizco el pecho.
—Dos razones. Una, te dije que te abrazaría toda la noche, y soy un
hombre de palabra. Dos, no sé si esto es algo de una sola vez. No sé cuánto
tiempo pasará hasta que pueda acostarme contigo a mi lado otra vez de esta
forma, así que estoy absorbiendo cada onza de ti que puedo mientras esté
aquí y disponible.
Puedo sentir vergüenza en mis mejillas. Debería decirle que habrá más
mañanas como esta. Debería decirle que ha roto a través de mis paredes y
me estoy enamorando de él. En cambio, lo mantengo ligero y juguetón.
—Eres una persona que habla dulce a la luz de la mañana.
—Nah, solo soy yo, Addy. El yo que está cayendo tan jodidamente
rápido por ti. —Extiende la mano y alisa lo que estoy segura es mi cabello
despeinado—. Sé que es pronto, pero me estoy enamorando, Addyson.
Quiero dar a conocer eso. No juego y no tengo intención de empezar ahora.
—Mi corazón se tropieza en mi pecho en su confesión. Quiero creerle, y en
cierto nivel, lo hago. Todavía sigo dudando. Tengo la sensación de que perder
a Lucas rivalizaría con cualquier dolor anterior que mi corazón haya
soportado.
—Realmente me gustas —confieso. Mi corazón está latiendo tan fuerte
que estoy segura que puede oírlo. Para ser honesta, es más que gustarme,
pero decirle me hace vulnerable. Me abre para el dolor y la angustia. Le da
a esto… sea lo que sea que estemos haciendo, la capacidad de aplastarme
si no funciona.
—Bien. —Besa mi frente, y me acurruco en su pecho—. Mientras
ambos estemos yendo en esa dirección. ¿Qué planes tienes para hoy?
Su cambio de tema muestra que ya me conoce muy bien. Es a la vez
aterrador y estimulante.
—Lavandería, lo he postergado mucho. Y tengo que ir a la tienda de
comestibles. ¿Tú?
—Podría ir a la tienda, y tengo algo de trabajo que hacer.
Me incorporo, tomando eso como una señal para irme, pero me jala de
nuevo a la cama.
—¿Qué estás haciendo?
112
—Vestirme, para dejarte en tus cosas.
—¿Te dije que estabas metida en mis cosas? ¿Que quería que te fueras?
—No.
—Exactamente. Ahora, digo que vamos a hacer un desayuno juntos en
mi gran cocina, luego vamos a la tienda para los dos. Podemos dejar mis
cosas y luego ir a tu casa. Puedo trabajar en lo que necesito, y tú puedes
ponerte al día con tu ropa para lavar.
Dejo que sus palabras penetren.
—¿De verdad? ¿Solo quieres… ir al supermercado y pasar el rato
mientras yo lavo?
—Tengo trabajo que hacer —me recuerda.
—Sí, pero… —Dejo de recoger mis pensamientos—. Nunca he hecho
eso. Por lo general, es “ten un buen día”. Y, nunca antes he cocinado con
un hombre.
—Esos otros hombres eran idiotas. Quiero todos tus minutos, todas tus
horas, todos tus días. Entonces, sí, Addy. Quiero hacer el desayuno contigo.
Quiero ir al supermercado, y luego quiero sentarme en tu cómodo sofá con
mi computadora portátil, contigo a mi lado entre mucha ropa.
No puedo ocultar mi sonrisa.
—Suena como el día perfecto.
Sus labios rozan la parte superior de mi cabeza.
—¿Quieres tomar una ducha?
—Eh, puedo esperar, pero, ¿tal vez tienes algunos pantalones cortos o
sudadera que pueda usar en casa? Y tendremos que detenernos allí antes
de ir a la tienda.
—Eso está bien. —Se encoge de hombros—. Eso es más tiempo contigo.
—Golpea ligeramente mi culo con sus grandes manos y se levanta de la
cama. Observo sus abdominales cincelados y… mis ojos se abren cuando
veo su erección en su boxer que no deja nada a la imaginación.
—Addy —gruñe.
Mis ojos se cierran.
—¿Eh?
—Dije… —Toma una respiración profunda—. Si sigues mirándome así,
no saldremos de esta habitación.
Sí, por favor.
—Oh, lo siento, yo solo… —Asiento a su obvia erección.
—Eso es todo para ti, hermosa. No puedes esperar que duerma contigo 113
acurrucada en mis brazos y no me afecte.
—Pero… ¿no te duele?
—Estoy bien —me asegura—. Mientras dejes de mirarme así.
Cierro mis ojos.
—Bueno. Tal vez deberías solo… mmm, vestirte y avisarme cuando
pueda abrir los ojos.
—No tienes que cerrar los ojos, Addyson.
—No, realmente debo hacerlo. No puedo dejar de mirar, y sé que aún
no hemos llegado a ese punto, pero quiero decir, no estoy tan segura de que
vaya a encajar. —Me muerdo el labio para evitar que salgan palabras más
vergonzosas. Puedo oírlo moverse por la habitación. No es hasta que siento
su aliento caliente contra mi cuello que sé que está cerca.
Coloca un suave beso en mi cuello, justo debajo de mi oreja.
—Voy a encajar, cariño —me asegura—. Cuando sea el momento
adecuado, cuando confíes en mí lo suficiente como para que sea bueno para
ti, para los dos. Te lo prometo, encajaré. —Un dulce beso más, y lo siento
alejarse—. Puedes abrir los ojos, Addy.
Dudo, luego abro lentamente los ojos para encontrarlo parado frente a
mí. Está en pantalones cortos de gimnasia, una camiseta y una gorra hacia
atrás.
—Dejé unos pantalones en la cama. Tendrás que enrollarlos. Te van a
tragar, pero servirán para llevarnos a tu casa.
—Gracias, Luke.
Asiente, se gira y sale de su habitación, cerrando suavemente la puerta
detrás de él. Arrojo mi cabeza hacia atrás en el colchón y dejo escapar un
gemido frustrado. Él está tratando de matarme. Estoy segura de ello.
Dos horas más tarde, estamos empujando dos carritos alrededor de la
tienda de comestibles. Sugerí que nos separáramos y obtuviéramos lo que
necesitábamos, pero Lucas dijo que deberíamos mantenernos unidos. No
estoy acostumbrada a estar con un hombre tan atento, así que por
supuesto, acepté.
—¿Qué comes para el desayuno? —pregunta mientras bajamos el
pasillo de los cereales.
—Generalmente un bagel o yogurt con un poco de granola y fruta.
Como mucha avena instantánea cuando hace frío. Todas las comidas fáciles 114
para uno. ¿Tú?
—Huevos y tostadas en su mayoría. Tengo que introducir proteína. —
Se frota el estómago plano con una mano mientras empuja su carrito con la
otra.
—Bueno, si los huevos hacen eso… —asiento hacia sus abdominales—
… es posible que tenga que cambiar mi rutina.
Se ríe, se inclina y besa la comisura de mi boca, justo cuando una voz
masculina grita mi nombre.
—Addyson.
Mirando a Lucas, ruedo mis ojos.
—Addyson —dice la voz de nuevo, esta vez más cerca. Sé quién es sin
darme la vuelta, por lo que todavía tengo que darme la vuelta.
Poniendo mi carrito frente al de Lucas para que no estemos bloqueando
el pasillo, y para que mi ex pueda pasar, finalmente me vuelvo hacia él.
Blake.
El tipo con el que salí durante meses, sin saber que estaba casado.
—¿Cómo has estado? —pregunta. Tengo que concedérselo, se ve
genuinamente emocionado de verme.
—Blake —digo llanamente. Lucas debe reconocer el nombre. Se acerca
y coloca su mano en la parte baja de mi espalda, un voto silencioso que está
detrás de mí.
—Veo que ya avanzaste. —Los ojos de Blake se mueven hacia donde
Lucas tiene su brazo alrededor de mí.
—Han pasado cinco meses desde que terminamos y no tendrías ni que
decirlo. ¿Dónde está tu esposa, Blake?
—Consiguiendo leche.
No tiene límites. Lo ignoro y miro a Lucas.
—Mejor nos vamos. Tenemos mucho que hacer hoy. —Salgo de su
agarre y empiezo a ir hacia mi carrito que está estacionado frente a él.
—¿Eso es todo? —grita Blake—. ¿Eso es todo lo que tienes para mí?
Parando, miro por encima de mi hombro.
—Vete al infierno, Blake. —Palidece como si lo hubiera golpeado. Veo
la insinuación de una sonrisa en el rostro de Lucas cuando me doy vuelta.
Con mis manos agarrando mi carrito, empujo hacia adelante. Quiero
voltearme para ver si Blake se ha ido y si Lucas me está siguiendo, pero no
lo hago. En cambio, mantengo mi cabeza en alto y avanzo por el pasillo.
—Addy. —Escucho a Luke llamarme una vez que llego al final del 115
pasillo. Se desliza a mi lado con su carro también. No sé qué estaba
esperando, pero no que se inclinara y me besara suavemente—. En caso de
que no te lo haya dicho, eres increíble. —Me besa de nuevo, esta vez en la
esquina de mi boca antes de alejarse—. ¿Próximo pasillo? —pregunta. Estoy
sin palabras. Es diferente a cualquier hombre que haya conocido.
Asiento y lo sigo por el siguiente pasillo. Así es como va el resto del viaje
de compras. No nos encontramos con Blake o su esposa, y estoy feliz por
eso. También estoy emocionada porque Luke no se puso todo macho y
discutió con Blake. No es lo que esperaba de él. Vio que lo tenía manejado y
me dejó. Sabía que estaba allí de pie fuerte a mi lado si lo necesitaba. Su
silencioso apoyo habla volúmenes. Después que los alimentos se cargan en
la parte trasera de su camioneta y nos dirigimos a su casa, le pregunto al
respecto.
—Lo tenías bajo control. Estaba allí, y de ninguna manera permitiría
que nada te pasara. Él no se salió de control y tú lo supiste manejar. —Hace
una pausa—. Quería golpearlo —confiesa después de unos minutos de
silencio—. Quería gritarle por la forma en que te trató. Lo pensé, pero luego
me di cuenta de algo.
—¿Qué? —Estoy pendiente de cada palabra.
—Si no fuera porque Blake es el imbécil que es, es posible que no
hubiera estado allí en la tienda de comestibles contigo. Puede que no
hubiera podido tenerte en mis brazos anoche. Demonios, puede que nunca
te hubiera conocido. Entonces, aunque quiero lastimarlo por lo que te hizo,
quiero lastimarlo por hacer que pierdas tu confianza en ti misma y en los
hombres, no lo hice. Su metida de pata me favoreció, y por eso estoy
agradecido.
—No sé qué decir a eso —admito. Ese calor en mi pecho está de vuelta.
Siempre parece aparecer cuando Lucas está cerca. A veces, incluso cuando
no lo está. Es una sensación bienvenida en comparación con el dolor.
Se acerca y pone su mano sobre la mía.
—No hay nada que decir, Addyson. Así es como me siento. Sé que la
confianza no es fácil para ti, así que te lo demostraré. Todo lo que necesito
que hagas es acompañarme en el viaje.
—Me alegro que estuvieras allí esa noche, escuchando nuestra
conversación. Justin ha hecho a mi mejor amiga más feliz de lo que la he
visto. Y tú, bueno, estás sanando mi corazón. —Mi voz tiembla con mi
confesión. Tengo miedo de abrirme, pero al mismo tiempo, Lucas me da
ganas de hacerlo.
—Bien. —Lleva mi mano a sus labios y besa mis nudillos—. Tal vez una
vez que se haya curado, consideres dármelo. —Su tono es suave, pero la
116
mirada en sus ojos me dice que quiere decir cada palabra. No se está riendo
ni bromeando. Está siendo genuino. Está siendo Lucas.
Creo que ya lo hice.
—Han ocurrido cosas más extrañas —bromeo, tratando de aligerar el
estado de ánimo. No estoy lista para confesar mis sentimientos. Se ríe de mi
comentario. Por suerte, nos detuvimos en su casa y nos ocupamos de
descargar sus comestibles. Empaca su computadora portátil y lo que
necesita para trabajar en la mía, y nos vamos de nuevo.
El resto del día lo paso descansando en mi departamento. Me pongo al
día con la ropa sucia, y mientras Lucas trabaja, invento una cazuela de
fideos de pollo. Es un día doméstico perfecto, y odio verlo terminar.
—¿A qué hora tienes que estar en el trabajo mañana? —pregunto.
—Ocho, aunque por lo general voy temprano. ¿Tú?
—Igual.
—Supongo que debería irme. —Estamos sentados uno al lado del otro
en el sofá, giramos la cabeza y nos apoyamos en el respaldo del sofá para
mirarnos.
—Gracias por este fin de semana, Luke. La pasé muy bien en el rodeo,
y anoche… —Respiro hondo. Es hora de dar un poco—. Fue perfecto. Tanto,
no estoy deseando dormir sin ti.
—Ven a casa conmigo. O, si prefieres estar aquí, puedo ir a buscar lo
que necesito para el trabajo y regresar.
—¿Ya estamos en ese punto? —le pregunto. Esto ha sido rápido, pero
hemos estado saliendo por un tiempo y las cosas van bien.
—Creo que somos dos adultos mayores que podemos tomar decisiones
basadas en lo que es mejor para nosotros.
—¿Qué es lo mejor para ti?
—Tú. —Su respuesta es inmediata y no tiene dudas.
—No estoy lista… —Su dedo que aterriza en mis labios me detiene.
—Sé eso. No estoy aquí para follarte, Addyson. —Mis ojos se abren ante
su franqueza, y sonríe—. Quiero hacerlo, no te confundas. Estoy aquí para
ti. Para que podamos seguir conociéndonos y para ver a dónde va esto.
—No tiene sentido que conduzcas a casa y de regreso.
Su rostro cae. Asiente y se endereza.
—Gracias por hoy. —Se inclina y me besa. Solo un rápido beso en los
labios antes que se ponga de pie.
—Me gusta pasar tiempo contigo —lo admito.
117
—Eso es bueno, Addy, porque no planeo ir a ningún lado.
Sin darme tiempo para pensar y preocuparme, sigo mi instinto.
—Estaré justo detrás de ti. Solo necesito empacar algunas cosas.
—Espera. ¿Qué? —pregunta, aunque sé que me escuchó, al menos si
su sonrisa es una indicación.
—A menos que hayas cambiado de opinión.
—No. —Firme. Decisivo—. Esperaré. Entonces te seguiré a mi casa.
—Soy una niña grande, Lucas.
—Lo sé. Compláceme, ¿sí?
—Dame unos minutos. —Salto del sofá y corro por el pasillo hacia mi
habitación. Agarro un traje para mañana, unos zapatos, ropa interior,
sujetador y los doblo cuidadosamente en una pequeña bolsa de mano. En
otra bolsa pequeña, porque no quiero que arrugue la ropa, me llevo los
artículos de la ducha y el maquillaje. Arrojo mi secador de cabello en mi
bolsa más grande. Estoy segura que Luke no tiene uno.
—Eso fue rápido —dice cuando me reúno con él en la sala de estar—.
Déjame llevar eso. —Toma las bolsas de mis manos. Juntos abandonamos
mi casa y nos dirigimos hacia la suya. No me preocupo. Estoy tomando el
riesgo lentamente. Un día a la vez.
Capítulo Dieciocho

Lucas
Cuando me estaciono en el camino de entrada de mi casa detrás de
ella, abro las dos puertas del garaje. Ella debe entender lo que quiero decir
porque se estaciona en la bahía adicional. Tengo tres bahías de 118
estacionamiento, y debo admitir que me gusta pensar que la bahía adicional
le pertenece a ella. Una vez los dos estamos adentro, cierro las puertas y
tomo su bolso.
—¿Hambrienta? —pregunto.
—Sí, podría comer. ¿Qué me vas a preparar?
—¿Qué tal te suena un par de hamburguesas a la parrilla?
—De hecho, delicioso.
—Bien. Llevaré esto a la habitación y regresaré. —Le doy un beso en la
mejilla, porque puedo y porque puedo cuando ella está aquí en mi espacio
conmigo. Paso deprisa por el pasillo, coloco sus maletas sobre la cama y
sonrío. Me gusta tenerla aquí, tener sus cosas aquí—. ¿Qué estás haciendo?
—pregunto cuando la veo de pie enfrente de la despensa con la puerta
abierta.
—Mirando por ahí. ¿Qué opinas de macarrones con queso? —Levanta
una caja.
—Perfecto. —Me muevo detrás de ella, asegurándome de pasar mi
mano por su espalda lentamente. Saco la carne de hamburguesa del
refrigerador y empiezo a prepararlas mientras Addyson empieza con los
macarrones con queso.
—Así que, ¿cómo estuvo el trabajo? Lo último que escuché fue que los
Covingtons todavía estaban causando alboroto.
Gruño.
—Desafortunadamente, sí. Tienen tanto dinero que no saben qué hacer
con él, e independientemente de cuantos cobros hagamos por cambios de
último minuto, ella se mantiene haciendo más. Ya han perdido un
contratista por ello. Él se mantuvo rechazando empleos pensando que iba a
empezar la construcción, pero el retraso con los planos retrasó la fecha de
inicio. Eso significa que no hay trabajo para él. Así que ahora, ellos están
usando una de nuestras firmas de contratistas para construir, lo cual es
una pesadilla. Puedo ver cambios llegando a mitad de construcción.
—Uff. Entiendo el querer que sea perfecto, pero en realidad, la mayoría
de las personas tienen una idea muy precisa de cómo luce la casa perfecta.
—Exactamente. Hablando de ello, ¿cuál es la tuya? —le pregunto.
—Honestamente, este lugar. Amo esta casa y el terreno. La amaba
antes de saber quién eras. Habría cambiado un par de cosas, como algún
color de pintura o la falta de. Darle un poco de vida, pero la amo.
—¿Qué? —Mi boca cae abierta como si estuviera conmocionado—. Mi
casa tiene vida. —Su risa llena la cocina, y en este momento, mi casa nunca 119
se ha sentido más viva.
—Es todo este… blanco. Bueno, excepto por la habitación. ¿Hiciste todo
eso por tu propia cuenta?
—Lo hice. Mi hermana, Anna, también se quejó diciendo eso… que era
soso y aburrido, y que necesitaba darle un poco más de vida. Así que pinté
mi habitación, haciéndola combinar con la cama, y voilá.
—Luke, pusiste tu voilá en una habitación que solo puedes ver tú.
—No es verdad. —Doy un paso hacia el fregadero para lavarme las
manos, y luego voltearme hacia ella—. Tú lo viste.
—Yo no cuento.
—Tú cuentas de todas las maneras que importan —digo con convicción.
—Bueno, pusiste tu voilá en una habitación que solo tú y yo podemos
ver. Es decir, mira a tu alrededor. No tienes nada aquí que haga de este
lugar tuyo. Un enorme mueble modular, un enorme televisor que hace juego
y eso es todo. Ni siquiera tienes una foto familiar.
—Las tengo… en algún lugar. Ahora, suenas como mi mamá y Anna.
—Quizás deberías escuchar a las mujeres en tu vida.
—Bueno, quizás, estoy esperando a la mujer correcta para que venga y
me ayude a hacer de esta casa un hogar.
—Podrías estar esperando para siempre. Mereces un hogar para
volverlo un hogar —contrargumenta.
—Tengo una casa, una que amo y diseñé. Intenté pensar en todo.
Muchísimas habitaciones para los futuros niños, e invitados. Un sótano
terminado para la misma cosa. Un gran patio trasero. Un enorme baño con
una loca bañera enorme, esta gigantesca cocina. Intenté como el infierno
hacerla un lugar en el que mi futura esposa quisiera quedarse para siempre.
—Hiciste eso —dice gentilmente—. No estoy negando eso. No conozco a
una sola persona soltera, hombre o mujer, que no sería feliz de pasar toda
su vida aquí. Lo que estoy diciendo es que necesitas hacerlo tuyo también.
—Entiendo lo que estás diciendo. Lo que yo estoy diciendo es que quiero
que mi esposa y yo hagamos a este lugar un hogar juntos. —Veo mientras
una lenta sonrisa adorna sus labios.
—Eres único en tu clase, Lucas Prescott —dice con admiración. Quiero
inflar mi pecho y con mis puños golpearlo. Hice a mi mujer estar orgullosa.
Es de cavernícolas, pero siento todo esto al mismo tiempo.
—¿Sí? —Doy un paso hacia adelante y envuelvo mis brazos a su
alrededor—. ¿Qué dirías si te dijera que quiero que esa mujer seas tú?
120
—Diría que estás empezando a construir la casa por el tejado, amigo.
—Se ríe, dándome leves golpecitos sobre mi pecho.
—Oh, ¿así que estás lista para casarte? Puedo hacer eso. —Doy un
paso hacia atrás, y me pongo sobre una rodilla.
—¡Luke! Levántate. —Se está muriendo de la risa ahora—. Estás loco.
—Quizás. —Le sonrío. Puede que esté loco porque si pensara que ella
diría que sí, se lo pediría. Solamente eso es una locura. No la he conocido
por mucho tiempo, pero lo sé. Y mi mamá siempre dice que cuando lo sabes
lo sabes. Poniéndome de pie, pongo mi hombro en su barriga, envuelvo mis
manos alrededor de su cintura y la levanto en aire. Quitándome del camino
de la nevera, le doy vueltas en círculo. Solo por este momento, vale la pena
tener una cocina gigante.
—L-l-luke —tartamudea a través de su risa—. Bájame. —Le da una
palmada a mi trasero.
—Addy, eso solo va a hacer que quiera bajarte sobre mi cama donde
pueda violarte.
—E-eres una bestia —tose con una carcajada.
La hago girar de nuevo, memorizando el sonido de su risa llenando mi
casa, haciéndola sentirse más como un hogar. Con cuidado la coloco sobre
la isla de la cocina.
—La estufa. —Señala donde el agua para los macarrones está
empezando a hervir.
Rápidamente, me alejo, apago la estufa, y deslizo el sartén a un
segundo fogón. Estoy nuevamente delante de ella, mis manos descansando
sobre sus muslos sin demora. Sus ojos cafés capturan los míos, y juro que
puedo verme a mí mismo en sus ojos. El amor que está empezando a crecer
entre nosotros. La esperaré para hacer este lugar un hogar conmigo. No hay
tiempo límite excepto el que creamos por nuestra cuenta.
Ninguna palabra es dicha entre nosotros. Ninguna es necesaria.
Deslizando mi mano por detrás del cuello, la empujo hacia mí. Me cierno
sobre ella, mis labios a una respiración de distancia de los suyos, esperando
a que ella me detenga. No lo hace. Se inclina y cierra la distancia entre
nosotros, moldeando sus labios con los míos. Mi pulgar traza la línea de su
pómulo. Cuando envuelve sus piernas alrededor de mi cintura para
mantenerme cerca, un murmullo de lo profundo de mi pecho sale de mis
labios. Halándola un poco más cerca, muerdo su labio inferior, antes de
apaciguarlo con mi lengua.
El tiempo va a la deriva mientras mi boca controla la suya, sus gemidos
me apresuran a seguir. Me quiero perder en ella. Su celular suena,
despejando efectivamente la niebla de Addyson. Lentamente, termino el beso 121
y me alejo. Alcanzando su celular, se lo paso, luego envuelvo mis brazos a
su alrededor, escondiendo mi rostro en su cuello. No estoy listo para para
terminar la conexión. Atrapé un vistazo de sus inflamados labios rojos, y
quiero más. Más de sus besos. Más de sus risas. Más de sus abrazos. Solo
quiero malditamente más de ella. Más de Addyson.
—Ho-ola —responde—. Hola, Harp. —Escucha por un minuto—. De
hecho, no he pensado en eso. —Escucha más. Puedo oír los murmullos,
pero no puedo entender que es lo que están diciendo—. Ah, sí, estoy en casa
de Luke. —Puedo decir que está sonriendo, lo que me ha mantenido alejado
porque quiero verlo también. Quiero tener una sesión de besos en la cocina
con ella—. Harper dice hola —me pasa el mensaje.
—Hola, Harper —digo lo suficientemente fuerte para que pueda oírme.
—Solo estamos poniendo unas hamburguesas a la parrilla —le dice a
ella—. Seguro, déjame saber cuál noche te parece mejor. Siempre podemos
ir este fin de semana también. —Escucha, luego se despide y deja el celular
sobre el mesón—. Lo siento por eso.
—No necesitas disculparte. Probablemente sea algo bueno. Prometí
alimentarte, y bueno, más de eso y nos habríamos perdido la cena.
—Algo bueno. —Su voz es suave. Sin aliento—. De cualquier forma,
Harper quiere que vayamos de compras para el concierto.
—Suena como un día de chicas en proceso.
—¿Estás bien con eso? —pregunta.
—¿Me estás pidiendo mi opinión o permiso?
—Depende. ¿Necesito tu permiso?
—Nunca —digo severamente—. Addy, eres mi novia, no mi sirviente.
Tuviste una vida antes de mí, y acepto eso. Todo lo que pregunto es si puedo
formar una pequeña parte de esa vida y si me dejas tenerla. Déjame ser
parte de ella.
—¿Soy tu novia? —susurra.
—Mujer, ¿es esa la única parte que entendiste de ese discurso? Era
uno bueno —digo, haciéndole cosquillas a los lados, haciendo que se
retuerza. La tengo a mi merced, muevo mis manos a sus caderas, y espero
a que ella se calme y respire profundo—. Y sí, eres mi novia. No quiero a
nadie más. No estoy buscando, no estoy interesado. Solo te quiero a ti. —
Beso la punta de su nariz.
—¿Y no se supone que debes pedirme ese tipo de cosas? —Su ceño se
frunce de diversión.
—Ya me has puesto de rodillas una vez esta noche —bromeo, sus
mejillas se ponen rosadas—. ¿Qué hay de esto? —Envuelvo mis manos en
122
su rostro y mis ojos se clavan en los suyos—. Addyson Stafford, ¿serías mi
novia?
Se ríe.
—Creo que ya pasamos por eso.
—Oye. —La puyo a un lado suavemente, dejando que mis manos caigan
sobre el mesón, acercándome a ella—. ¿Vas a ser mi novia sí o no?
—Pensaba que ya lo era.
—Siempre haciendo que me esfuerce de más —murmuro, inclinándome
por un beso—. Vamos, Addy. Tenemos que preparar la cena o no vamos a
comer. —La levanto de la isla y la pongo sobre sus pies. Ella vuelve a la olla
de lo que estoy seguro son macarrones, y me devuelvo a la parrilla.
Unas pocas horas después, con nuestros apetitos satisfechos, bueno,
de comida, y una cocina limpia que mi chica insistió en limpiar, estamos
asegurando la casa y dirigiéndonos a la cama. La sigo al interior de mi
habitación y observo mientras ella busca en una pequeña maleta.
—¿Te importa si pongo esto en el baño? Tiene todas las cosas que
necesitaré mañana por la mañana. —Saca un contenedor de cepillo de
dientes de viaje.
—No. De hecho, puedes dejarlo aquí, o comprar algunos para dejar aquí
así no tienes que empacarlos de nuevo de aquí en adelante.
—Suenas como si me fuera a quedar a dormir en tu cama la mayor
parte del tiempo.
—¿Si tengo que votar?, entonces voto por más que la mayoría del
tiempo.
Sonríe.
—Gracias, Luke.
—¿Por qué?
—Por ser tú. —Toma la pequeña maleta y desaparece en el baño.
Esta noche ha sido muy doméstica, y no puedo decir que la odie. De
hecho, es como si esta pequeña probada de lo que nuestra vida podría ser
me ha dado ansias de más.

123
Capítulo Diecinueve

Addyson
Esta noche ha sido, en una palabra, perfecta. Luke me ha recibido en
su casa, en su vida, sin reservas. No puedo evitar pensar en mi tiempo con
Blake. Me decía que su lugar era pequeño y que su compañero de cuarto 124
era un imbécil. Poco sabía que ese compañero de cuarto era su esposa, y su
casa... resulta que no era pequeña en absoluto. Viven en una de dos pisos
en un barrio tranquilo. Era tan ingenua como para creer sus mentiras.
Estoy agradecida de que Luke no se haya rendido conmigo. Fue
implacable con su búsqueda, y aquí estamos. Me siento cómoda aquí, a
salvo con él. Me ha demostrado, repetidamente, que yo soy la primera.
Traerme aquí después de nuestra cita, dejarme entrar en su vida, no es algo
que realmente haya tenido. Nunca he tenido un hombre totalmente
comprometido conmigo como parece ser.
Secando mi cepillo de dientes, lo coloco cuidadosamente sobre el
mostrador. Lo necesitaré de nuevo por la mañana, así que no sirve de nada
guardarlo. Espío el portacepillos y pienso en lo que dijo sobre dejar cosas
aquí. Por impulso, dejo caer el mío en el soporte al lado del suyo. Me siento
mareada ante la idea de finalmente encontrar un hombre que sea honesto y
verdadero. Apagando la luz del baño, entro en el dormitorio y encuentro a
Luke sentado al borde de la cama.
—¿Todo bien? —pregunta.
—Sí. Solo voy a cambiarme.
—Creo que me daré una ducha rápida. —Se pone de pie, besa mi frente
y camina al baño. La puerta hace clic suavemente detrás de él.
Revolviendo mi bolso, saco la playera y los pantalones cortos que traje
para dormir. Deslizándome, no puedo evitar pensar en el hecho de que me
estoy desnudando mientras él está desnudo en la habitación contigua.
Mojado y desnudo. Pateando mis pantalones cortos a un lado, me quito los
tirantes y el sujetador. Estoy parada en su habitación solo con mis bragas.
Echando un vistazo a la ropa de dormir que me espera en la cama, tomo
una decisión impulsiva. Deslizando mis bragas por mis piernas, las pateo
hacia un lado y me giro hacia la puerta del baño.
Un pie tras otro, lentamente me dirijo hacia la puerta. Con cautela,
alcanzo el mango y le doy una vuelta. Se abre. Puedo escuchar la ducha
corriendo cuando entro en la habitación. Empujé la puerta para cerrarla,
dejando solo una pequeña grieta, camino suavemente hacia la ducha. Luke
me da la espalda, así que me tomo un minuto para mirarlo. Es obvio que
hace ejercicio y cuida su cuerpo. Tiene una definición muscular que solo he
visto en revistas de fitness.
Su ducha es enorme, tan grande que no tiene puertas ni cortina. Es
una especie de pasillo de baldosas. Azulejos negros, blancos y grises se
alinean en las paredes. Hay un banco en un extremo y más chorros de agua
que no voy a tomar el tiempo para contar. Pasando por encima de la repisa,
camino hacia él. Su cabeza está inclinada hacia adelante, dejando que el 125
agua llueva sobre él. Tentativamente, extiendo la mano y paso mi mano por
su espalda. Lentamente, su cabeza se levanta y se da vuelta para mirarme
por encima del hombro.
Sus ojos son piscinas líquidas de deseo.
—Addyson —gruñe.
Otro paso adelante.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y apoyo mi mejilla en su
espalda. Sus grandes manos cubren las mías. Ninguno de nosotros se
mueve, empapándonos en el momento de lo que es, lo que significa. Lo dejo
entrar. Dejé caer todas mis barreras protectoras cuando se trata de Luke, y
elijo confiar en él. Confiar en este deseo incontrolable que tengo por él. He
sentido la conexión desde la noche en que nos conocimos, y no importa
cuánto pelee, permanece.
No puedo regresar ahora.
Mi corazón está invertido.
Con un suave apretón en mis manos, las saca de su cuerpo y se gira
para mirarme.
—Jesús —murmura.
Con atención absorta, observo mientras me mira. Lucho contra el
impulso de moverme bajo su mirada ardiente, pero cuando levanta la vista,
sus ojos marrones chocan con los míos, estoy congelada en el tiempo.
Congelada en este momento. Me está mirando con... adoración y algo más.
Algo en lo que no quiero pensar. No ahora. No esta noche.
—Luke. —Mi voz es ronca. Sus ojos se clavan en los míos. —
Muéstrame.
—¿Mostrarte qué, cariño? —Inclina su cabeza hacia un lado,
estudiándome.
—Que tú eres la diferencia.
Lo observo atentamente mientras traga saliva y asiente. Luego, con
manos temblorosas, extiende la mano y tiernamente palmea mis dos senos
en sus grandes manos. Pasa la yema del pulgar sobre mis pezones y mis
rodillas se debilitan. Con los brazos estirados, me apoyo en la pared de la
ducha. Él baja la cabeza y desliza la lengua sobre un pezón mientras gira el
otro entre el pulgar y el índice. El placer me recorre, y es diferente a todo lo
que he sentido antes. Se toma su tiempo, deslumbrando un seno y luego el
otro. De ida y vuelta, dándoles a ambos la misma atención mientras me
vuelven loca de necesidad. Por él.
—Luke. —Mi voz es suplicante.
126
Levanta su cabeza y sus ojos encuentran los míos. Su pecho sube y
baja rápidamente, sus ojos en llamas. Un pequeño jadeo sale de mi boca
cuando coloca sus manos en mis caderas, me levanta del suelo de baldosas
y nos vuelve. Él me levanta, así que estoy parada en el banco. Los chorros
nos mantienen cálidos con el rocío de agua caliente, no es que lo
necesitemos. Estoy ardiendo por él, y la mirada en sus ojos me dice que es
lo mismo para Luke.
Él acaricia ligeramente mis caderas y la parte posterior de mis muslos.
Cuando se inclina y me besa, justo debajo de mi ombligo, se me escapa un
gemido.
—Tu piel es tan suave —murmura, sus manos toman el mismo camino
que acaban de recorrer. Arriba de la parte posterior de mis muslos, sobre
mis caderas y hasta mi cintura, luego de regreso. Sus manos agarran la
parte posterior de mis muslos, y me mira—. Abre las piernas. —Hago lo que
me pide, aunque mis rodillas tiemblan de anticipación—. Apoya tus manos
sobre mis hombros. —Una vez más, me esfuerzo. Él se acerca, tan cerca que
su cabeza descansa contra mi pecho, una mano todavía agarrando mi
muslo, atándome a él, mientras que la otra comienza a vagar. Cuando su
dedo recorre mis pliegues, estoy segura de que mis piernas se habrían
torcido si no fuera por el firme agarre que tiene sobre mí.
—Luke —lo llamo. Su cabeza se levanta. Manteniendo una mano sobre
su hombro para mantener el equilibrio, paso la otra por su cabello—. Soy
tuya. No te detengas.
—Addy. —Hace una pausa—. Quiero algo más que esto. —Sus dedos
una vez más se abren paso entre mis pliegues—. Quiero todo de ti. Quiero
tu mente, tu espíritu, tu risa. Quiero tu cuerpo, pero sobre todo, cariño,
quiero tu corazón. —Me mira profundamente a los ojos, deseando que confíe
en él.
—Tienes todo de mí —le aseguro. No es una declaración de amor, pero
es lo mejor que puedo hacer. Me estoy abriendo a él y a la posibilidad de un
futuro juntos. Y aunque tengo miedo de mi mente, hay algo en lo profundo
de mi alma que me dice que Lucas Prescott es un hombre con el que puedo
contar.
—Eso está bien, cariño —gruñe mientras desliza un dedo dentro de
mí—. Porque me tienes. —Ha terminado de hablar mientras sus labios
viajan por mi pecho, capturando un pezón, todo mientras sus dedos mágicos
me llevan al borde. Su boca es cálida, sus dientes letales, su lengua suave
mientras hace el amor con mis senos. Su mano, la que está entre mis
muslos, se siente como si fuera más grande que la vida. Su pulgar acaricia
mi clítoris, mientras desliza otro dedo dentro de mí. Mi cuerpo está
sobrecargado de sensaciones.
—Luke. —Echo mi cabeza hacia atrás con un gemido. Con cada 127
movimiento de sus dedos, quiero decirle que lo necesito dentro de mí. Ahora.
Mismo. Sin embargo, las palabras me fallan. En cambio, un grito sale de mi
garganta mientras mi orgasmo se apresura a través de mí. Mis uñas se
clavan en su hombro mientras me aferro al viaje. Cuando finalmente
encuentro el poder de abrir mis ojos, es encontrado por su mirada en mí.
—Eres hermosa —murmura, colocando un beso en mi pecho, justo
sobre mi corazón.
—Necesito más de ti, Luke.
—Dime lo que quieres, lo que necesitas.
Necesita escucharme decirlo. Lo he mantenido al alcance de la mano
durante tanto tiempo que necesita confirmación de que esto es lo que quiero.
Que él es a quien quiero.
—Te necesito dentro de mí. —Miro como él traga saliva antes de soltar
lentamente sus brazos alrededor de mi cintura y retroceder.
—¿Lucas? —pregunto, e incluso puedo escuchar el pánico en mi voz.
—Condón —gruñe.
—No —le digo antes de pensar.
Él se congela.
—¿Addyson?
Le dije que estaba adentro.
—Estoy limpia —le digo, tendiéndole la mano. Lo toma y se acerca,
envolviendo sus brazos alrededor de mí una vez más. Suspiro al contacto ya
que aquí es donde pertenece. Donde pertenecemos. Juntos—. Han pasado
meses. Mi último fue Blake y me revisaron. Ya sabes... lo del engaño. —Me
encojo de hombros—. Nunca he... —Sacudo la cabeza. ¿Por qué es esto
incómodo?—. No sin protección —termino.
—Nunca valió la pena el riesgo —dice—. Nunca quise estar atado a
alguien como lo hago contigo. También estoy limpio.
—Estoy tomando la píldora —agrego ya que hay más que enfermedades
para hablar.
—Es bueno saberlo, pero eso no me importa.
—¿Qué? —Me recuesto, sus palabras me sorprenden.
—La idea de un pequeño humano que forma parte de los dos no es una
idea desagradable. —Se encoge de hombros y, si no me equivoco, un ligero
sonrojo cubre sus mejillas. Es difícil saberlo por la lluvia caliente que cae
sobre nosotros y el intenso deseo que irradia entre nosotros, pero estoy
bastante segura de que es un sonrojo. 128
—Estamos cubiertos de todos modos —le aseguro. No estoy muy segura
de qué más hay que decir. Mis paredes se han hecho añicos, se han
desmoronado en pequeños pedazos de vidrio alrededor de mi corazón. Este
hombre fuerte, confiado y amoroso me dice que no tendría problemas para
estar atado a mí de por vida. Eso es intenso, y más de lo que esperaba
cuando entré en esta ducha.
—¿Estás segura de que quieres esto? —Él me da una salida. Algo que
solo Luke me ha ofrecido.
—Quiero esto.
Asiente.
—Pon tus brazos alrededor de mi cuello. —Hago lo que me pide—.
Piernas alrededor de mi cintura —dice cuando me levanta del banco. Me
enrollo alrededor de él como un mono—. No puedo ir lento ahora mismo.
Quiero —dice con voz ronca—. Quiero hacerte el amor, pero esta vez no
puedo. Estoy listo para perder la cabeza, y ya sé, sin lugar a duda, que
cuando mi polla se deslice dentro de ti, no me tomará mucho tiempo caer al
borde.
—Podemos hacerlo la próxima vez. —Una oleada de calor me atravesó
en su confesión. Solo necesito sentirlo dentro de mí.
Sus ojos se calientan.
—La próxima vez —concuerda mientras empuja su longitud dentro de
mí por primera vez—. Joder —se queja, apoyando su frente en mi hombro.
Nunca he sentido esta... plenitud antes. Me aferro con fuerza mientras mi
cuerpo se adapta a su tamaño. Necesito más, balanceo mis caderas,
haciéndole saber que estoy lista. Nos da vueltas y yo grito mientras empuja
mi espalda contra la pared de la ducha—. Aférrate a mí. No te sueltes —
advierte con un borde apenas controlado en su voz.
Me da todo lo que tiene. Una y otra vez, empuje tras empuje, me llena,
llevándome al borde de la liberación. Todo lo que puedo hacer es aguantar
y disfrutar el viaje.
—Estoy... joder... —Empuje—. Cerca —gruñe. Su voz es áspera
mientras sus manos se aprietan en mis muslos.
No respondo. No puedo. Mi orgasmo me roba la capacidad de hablar.
Eso es hasta que grito su nombre cuando la liberación más intensa de mi
vida me invade. No puedo hacer nada más que aguantar mientras cabalgo
ola tras ola de placer que se estrella contra mí. Todo mi cuerpo se mece
hasta la médula, mientras el éxtasis corre por mis venas. Todo se intensifica,
la sensación de su polla dura hundiéndose dentro y fuera de mí, el agarre
de sus manos sobre mis muslos y la forma en que sus hombros se flexionan 129
bajo las palmas de mis manos. Cuando grita mi nombre, es un sonido
profundo y arenoso cuando me da un empujón final antes de pulsar dentro
de mí. Mi cuerpo vuelve a temblar, espasmódico a su alrededor, tomando
todo lo que me está dando.
De pecho a pecho, de corazón a corazón, ambos estamos trabajando
para recuperar el aliento. Sus fuertes brazos me rodean y nos mueve al
banco. Se instala allí, sin perder nunca su control sobre mí. Todavía está
dentro de mí, mis piernas todavía están alrededor de su cintura y mi cuerpo
todavía zumba por la réplica de lo que acabamos de experimentar.
—Mis rodillas están débiles. —Jadea, rompiendo el silencio—. Nunca
he sentido algo así.
—Mmm —respondo. Quiero decir más, pero parece que no puedo
formar las palabras. No es que yo sepa cómo describir lo que acaba de pasar
entre nosotros. Fue nada menos que mágico.
Su agarre se afloja y sus manos ahuecan mis mejillas. Abro los ojos
para encontrar su intensa mirada.
—Nunca, Addyson. ¿Me oyes? —Sus ojos marrones me miran
atentamente, deseándome escuchar y creer lo que dice.
—Para mí también —es mi confesión susurrada. Ni siquiera estoy
segura si me escucha, ya que mi voz es tan suave y el agua de su ducha
masiva todavía llueve sobre nosotros.
No estoy segura de cuánto tiempo nos sentamos aquí, abrazados como
si nuestras vidas dependieran de ello, pero finalmente, Luke se levanta,
deslizándose de mi cuerpo y ayudándome a mantener los pies en el piso de
la ducha.
—Vamos a limpiarte. —Se aleja de mí y sonríe—. Si me quedo tan cerca
de ti, nunca saldremos de esta ducha.
—Es espacioso. —Sonrío.
—Addyson —se queja—. Dúchate y mete tu buen culo en la cama. Los
dos tenemos que levantarnos temprano mañana.
—Quién hubiera pensado que serías la voz de la razón en esta relación
—bromeo, buscando algo de su jabón corporal. El mío está en mi bolso en
el mostrador, pero me gusta la idea de oler a él.
Él solo me sonríe, besando mi frente. Sus ojos brillan cuando alcanza
el jabón corporal que está en mis manos. Rápidamente, terminamos nuestra
ducha y cerramos el agua. Lucas sale primero, envolviendo una toalla
alrededor de su cintura, y luego otra alrededor de mí. Se secó en poco
tiempo, dejó un beso en mi sien y desapareció en el dormitorio. Me tomo mi
tiempo secándome con las toallas, dándome tiempo para reflexionar sobre
lo que acaba de pasar entre nosotros. Me cepillo el cabello y lo ato en un 130
nudo en la parte superior de mi cabeza. Estoy segura de que será un
desastre por la mañana, pero parece que no puedo encontrarlo en mí para
preocuparme. No tengo ropa aquí, y realmente después de lo que acabamos
de compartir, es una tontería incluso quererla. Respirando hondo, exhalo
lentamente, aceptando que confío en él con mi corazón. Ya es demasiado
tarde para volver atrás. Apago la luz y salgo del baño en busca de Luke.
Lo encuentro de pie a su lado de la cama, todavía desnudo y
deslizándose debajo de las sábanas.
—¿Mi bolso? —le pregunto.
—Lo puse en el armario. Colgué tu ropa. Ven a la cama. —Retira la
colcha y la abre. No necesito que me lo digan dos veces, me deslizo a su
lado. Se encuentra conmigo en medio de su enorme cama y envuelve su
cuerpo desnudo alrededor del mío—. Buenas noches, Addy.
—Buenas noches, Luke —susurro justo antes de que el sueño me
reclame.
Capítulo Veinte

Lucas
Es sábado, y me he pasado la mañana haciendo trabajos en el jardín.
Addyson y Harper fueron de compras, y se mencionó que se detendrían para
hacerse pedicura. Según Harper, ir al concierto de Dan + Shay el próximo 131
fin de semana requiere un nuevo atuendo. Tengo la sensación de que no se
trata tanto de la ropa como de pasar el día juntas. Justin y yo hemos estado
monopolizando su tiempo, y ya no se ven tanto como solían hacerlo.
Les dije que vinieran cuando terminaran. Justin va a estar aquí
alrededor de las seis, y vamos a poner algunos filetes y pechugas de pollo
en la parrilla, nadar, y simplemente ponerse al día. Sin embargo, antes de
eso, tengo que hacer algunos recados. Mi primera parada son mis padres.
Han pasado un par de semanas desde que pasé por aquí, lo que no es propio
de mí. Cuando Ollie, mi sobrino, me llamó hace un par de horas y me
preguntó si estaba enojado con él, supe que lo había arruinado. Le prometí
que en cuanto terminara el trabajo de jardinería, vendría a jugar al fútbol
con él. Hoy está con mis padres ya que Anna tuvo que trabajar.
Tan pronto como llego a la entrada de la casa de mis padres, sale
volando por la puerta, baja por los escalones de la entrada y espera en la
puerta de mi camioneta, con el balón en la mano.
—Hola, amigo. —Me agacho y lo levanto. Es pequeño para seis, pero yo
también lo era a su edad.
—¿Listo? —pregunta, con los ojos llenos de emoción.
—Sí, amigo. —Lo pongo de pie y se va al jardín delantero. Pasamos los
próximos treinta minutos lanzando la pelota. Bueno, hay más persecución
que nada por mi parte, pero sólo tiene seis años. Ya llegará.
—Ollie —lo llama mi hermana Anna—. Hora de almorzar.
No responde ni se queja. Simplemente asiente y, con el balón bajo el
brazo, se dirige hacia el interior para limpiarse. Es un buen chico, y me
siento mal por haber estado tanto tiempo sin verlo. Su padre se fue cuando
tenía sólo unas semanas. Lo ve cada dos fines de semana y durante la
semana cuando Anna necesita ayuda. Aunque es como si tuviera que
sacarle los dientes para que haga más que su visita de fin de semana. ¿La
peor parte? Tiene un nuevo bebé, una nueva esposa, y parece estar muy
atento con ellos. Al menos por ahora. Sólo el tiempo dirá si la abandonará
como lo hizo con mi hermana. Lo entiendo. Los corazones cambian, te
desenamoras, ¿pero tu hijo? Eso es vida. No tienes la opción de irte. Eres lo
suficientemente hombre para crear una vida, eres lo suficientemente
hombre para cuidar a ese niño. No hay excepciones a esta regla.
—¿Tienes hambre? —pregunta mamá cuando entro en la cocina.
—Siempre. —Me río, despeinando el cabello de Ollie mientras paso por
su asiento en la mesa.
—Sírvete tú mismo. —Mamá señala el mostrador donde están
colocados todos los ingredientes para los sándwiches de carne de almuerzo.
132
Sin necesidad de que me lo digan dos veces, hago un par de sándwiches y
me siento a la mesa.
—¿Dónde está papá?
—Él y Tom van a jugar al golf hoy. Se arrepentirá de no haberte visto.
—Es un buen día para eso.
—No te hemos visto mucho últimamente —dice.
Me está provocando.
—Sólo he estado ocupado —digo casualmente, sabiendo que la volverá
loca.
—¿Cuándo la conoceré? —dice antes de comerse el sándwich.
—Pronto. —Muevo la cabeza hacia ella—. No necesito que la asustes.
—¿Yo? —Actúa como si la hubiera ofendido. Los dos lo sabemos mejor.
—Sí, tú —dice Anna—. Sabemos lo protectora que puedes ser, mamá
oso. —Se ríe y mira a su hijo—. Lo entiendo.
Mamá se ve con los ojos muy abiertos e inocente.
—Prometo ser buena.
—Pronto —repito, tratando de apaciguarla.
Me estudia un momento.
—Estás entusiasmado —dice.
—Mamá, dale un respiro. —Mi hermana me defiende.
—No. —Muevo la mano hacia Anna—. Tiene razón, pero es algo más
que sólo entusiasmo, mamá. Realmente me gusta. Ha sido herida en el
pasado, y me estoy tomando las cosas con calma. Quiero que la conozcas.
Sólo necesitamos un poco más de tiempo. —La verdad es que las cosas han
ido tan bien con nosotros, que tengo miedo de traernos mala suerte. No es
que mi familia haría eso, pero la preocupación está ahí. Entusiasmarse no
describe cómo me siento por ella. No, la única palabra adecuada es amor.
Estoy enamorado de ella.
—Bien —admite mamá, completamente inconsciente de lo que me
acabo de admitir. No es que lo supiera. Estoy completamente calmado. No
hay pánico girando en mi cabeza; en cambio, son pensamientos de mi futuro
y el de Addy. Uno por el que me siento más fuerte cada día.
Una vez que terminamos de comer, Anna lleva a Ollie arriba para
asearse, y yo ayudo a mamá en la cocina.
—Dile a papá que siento no haberlo visto.
—Lo haré. Estoy segura de que se arrepentirá de no haberte visto. 133
—Pasaré una noche la próxima semana. —Incluso cuando digo las
palabras, me pregunto si puedo llevar a Addy conmigo o si todavía es
demasiado pronto como lo dije hace unos minutos. La alternativa es no
verla. Tal vez pueda salir temprano del trabajo y regresar a mi casa a la hora
habitual.
Después de un abrazo rápido y un grito de despedida subiendo los
escalones, estoy de vuelta en mi camioneta y me dirijo a mi próxima parada.
Apenas llego a casa en diez minutos cuando oigo que un auto se mete en el
camino. Viendo por la ventana de la cocina, veo que es Addyson. Me voy al
garaje y le abro la puerta. Mete el auto en su sitio y se baja. Estoy allí
esperándola.
—Hola. —Le pongo el brazo alrededor de la cintura y la saludo con un
beso—. ¿Dónde está Harper?
—La dejé en casa de Justin. Estarán aquí en un par de horas.
—¿Necesitas ayuda para llevar algo dentro?
—Luke, a este paso, voy a tener más de mis pertenencias aquí que en
mi casa.
—Me gusta ese plan —admito.
Niega con incredulidad, pero hay una pequeña sonrisa en sus labios.
—Sólo tengo dos bolsas, así que puedo arreglármelas. —Abre la puerta
trasera y saca dos bolsas.
Pulsando el botón de la puerta del garaje, la sigo hasta la casa.
—¿Tuviste un buen día? —La guío al sofá una vez que deja las maletas
en la isla de la cocina.
—Sí. Ha pasado un tiempo desde que Harper y yo pasamos el día
juntas.
Me siento en el sofá, y la jalo en mi regazo, acurrucándola cerca.
—Te extrañé.
—Me fui por unas horas.
—Son las cuatro de la tarde. Te fuiste a las nueve.
—Eso es menos que un día de trabajo —contesta.
—Demasiado tiempo —me quejo, acercándola.
—¿Tenemos todo lo que necesitamos para esta noche? ¿Tenemos que
ir a la tienda?
No comento cómo dice nosotros, en lugar de mí, juntándonos, como si
esta fuera nuestra casa y tuviéramos invitados. Un hombre puede soñar. 134
—No, estamos bien. Tengo pollo y filetes. Justin iba a traer una cerveza,
y cualquier otra cosa que crea que necesitamos.
—¿Qué más vamos a tener? —Gira hacia mí.
Me inclino para un beso, que acepta de buen grado. Cuando me alejo,
digo:
—Ensalada, patatas asadas y cualquier otra cosa que se le ocurra.
—¿Tenemos aderezo? Sé que estábamos lejos. —Un rubor sexy cubre
sus mejillas. Por fin se ha dado cuenta de cómo suena.
—Sí, nena, estamos bien. Recogí algo cuando estuve fuera hoy.
Mira hacia otro lado. Estoy seguro que avergonzada, aunque no tenga
razón para estarlo. Quiero que nuestras vidas sean una.
—Luke —dice en voz baja. Ahí es cuando sé que ve lo que compré hoy.
—Puede que no vivas aquí, no oficialmente, no todavía, y sé que no
estás preparada para eso —me apresuro a decir—. Pero pensé que era hora
de que empezáramos a convertir esta casa en un hogar. Además, tú lo haces
sentir así. Me encanta tenerte aquí.
Se pone de pie y camina hacia el cuadro enmarcado en la repisa de la
chimenea. La única foto en mi casa. Veo como lo toma y lo estudia. Sin poder
estar lejos de ella, me acerco, abrazando su cintura y apoyando mi barbilla
en la parte superior de su cabeza.
—Nos vemos bien juntos.
—Sí. —Está de acuerdo, tomando la imagen de nosotros en la
beneficencia de hace unas semanas.
—Hacemos un buen equipo.
Puedo oír su sorbido.
—Soy ridícula —dice con risa en su voz—. Esta foto no debería tenerme
llorando.
—¿Eres feliz, Addyson?
Se da la vuelta en mis brazos.
—Increíblemente.
—Bien. Luego, cuando estés lista, puedes añadir tus propias fotos junto
a las mías. —Le beso la frente—. Tenemos unas dos horas antes de que
lleguen aquí. Yo digo que tomemos una siesta.
—Correcto. —Se ríe—. Dormir la siesta.
—No, en serio, estoy agotado. Corté el césped, corté la hierba mala, y
135
luego lancé el balón de fútbol con Ollie durante unos treinta minutos. Estoy
exhausto.
—Pobre bebé —arrulla.
—Quieren conocerte —digo, probando las aguas—. Mi familia quiere
conocerte.
—A mí también me gustaría conocerlos.
—¿Sí? —pregunto con incredulidad.
—Vamos a hacer esto, así que voy a tener que conocerlos en algún
momento. Sólo dime cuándo y allí estaré.
—Lo prepararé todo. Deberías planear hacer lo mismo —le digo—.
Ahora, acerca de esa siesta. —Con mi mano alrededor de la suya, la guío
por el pasillo hasta el dormitorio. No nos molestamos en quitarnos la ropa
mientras nos subimos a la cama. En poco tiempo, nos quedamos dormidos.

El sonido del timbre me despierta. Al abrir los ojos, miro a Addy y veo
el despertador de su mesita de noche. Las seis y cinco. Mierda. Dormimos
hasta tarde. Poniendo un beso en su mejilla, me alejo de ella para ir a abrir
la puerta.
—Hola —digo, saludando a Justin y a Harper—. Adelante, entren. Sólo
será un segundo. —Cierro la puerta detrás de ellos y vuelvo a mi habitación.
Addyson está sentada en el borde de la cama, con la mano sobre la boca
cubriendo un bostezo.
—No pensé que dormiríamos tanto. En realidad, no pensé que íbamos
a dormir. —Sonríe.
—Sí, bueno, no te pongas guapa o nuestros amigos tendrán que
entretenerse —digo, parándome frente a ella.
—No, señor. —Me pone las manos en el pecho y me empuja hacia
atrás—. No, eso no va a pasar cuando tengamos, quiero decir, cuando tengas
invitados en la otra habitación. —Tenemos invitados, en nuestra casa.
Puede que no llame hogar a mi casa, aún no, pero estamos llegando.
—Puedo estar callado. —Vuelvo a dar un paso adelante.
Salta de la cama, y camina a mi alrededor, yendo a la puerta.
—Puede que tú puedas, pero yo no. —Guiña el ojo antes de salir
corriendo por la puerta. La oigo saludar a nuestros amigos y luego la risa
recorre el pasillo. La puedo distinguir de los demás. Es un sonido que parece 136
haber traído esta casa, a mí a la vida. No quiero perderlo nunca. Apagando
la luz, me dirijo hacia el pasillo. Los encuentro en la sala de estar. Harper y
Justin están sentados en el sofá mientras Addyson está en la silla. Camino
hasta donde está sentada y me apoyo en el brazo de la silla.
—Espero no haber interrumpido. —Harper mueve las cejas.
—Esta vez no —digo, haciendo que Addyson me golpee la pierna
juguetonamente.
—Estábamos durmiendo —le dice a su mejor amiga.
—¿Así es como lo llamamos hoy en día? —se burla Justin.
—Confía en mí, si fuera otra cosa, tu trasero aún estaría en mi porche.
—Tengo una llave, recuerda.
—Sí, bueno. Úsala con precaución, amigo mío —le advierto, y los cuatro
nos partimos de la risa.
El resto de la noche es de bajo perfil. Cenar, reír, hablar y disfrutar de
buena compañía. Justin y yo hemos hecho esto —solo pasar el rato— miles
de veces, pero debo admitir que es mucho mejor cuando el amor de tu vida
está a tu lado.
Ahora sólo necesito encontrar el momento adecuado para decírselo.
Capítulo Veintiuno

Addyson
Es el día del concierto, y Harper y yo decidimos que teníamos que
prepararnos juntas. Como en los viejos tiempos. Los chicos no nos dieron
demasiada importancia. De hecho, Justin ofreció su lugar y huyó al de Luke. 137
—Recuérdame otra vez por qué no pudimos hacer esto ni en mi casa ni
en la tuya —le pregunto a Harper.
—Le gusto aquí. —Me mira por el espejo.
Estamos en el baño principal arreglándonos el cabello y el maquillaje.
—¿Qué hay de ti? ¿Te gusta estar aquí?
Sus ojos vuelven a ver los míos.
—No quiero irme nunca. No por la casa, sino por Just. Lo amo, Addy
—confiesa, girando hacia mí.
Envuelvo mis brazos a su alrededor.
—Estoy tan feliz por ti.
—Gracias. Es rápido, sabes, pero realmente no me importa. Sé lo que
siento.
—No hay una línea de tiempo —digo, citando las palabras de Luke para
mí.
—Sí, me gusta eso. —Asiente y vuelve hacia el espejo—. ¿Qué hay de
ti? Si mal no recuerdo, mi novio no es el único que ofreció su casa.
—Confío en él. Tres palabras que nunca pensé que podría repetir.
—Guau. —Se da la vuelta para mirarme—. Addyson, eso es enorme.
Asiento con la cabeza.
—Lo sé, pero es tan abierto, y tiene algo en los ojos, ¿sabes? Es la forma
en que me mira, y la forma en que me toca, como si fuera algo precioso para
él. Nunca he recibido nada de eso.
—Recuérdame que le dé un abrazo a ese hombre. —Se ríe—. Trajo de
vuelta la luz en tus ojos.
—Lo amo —repito sus palabras anteriores. Sorprendentemente no hay
pánico, no hay miedo de esperar a que pase algo malo. No con Luke.
—¿Se lo has dicho? —pregunta, emocionada.
—¿Lo has hecho tú? —contesto.
—Sí.
—No.
—¿Vas a hacerlo? —pregunta.
—No lo sé —confieso. Contarle a mi mejor amiga y a Luke son dos
situaciones completamente diferentes.
—Te ama, lo sabes, ¿verdad? 138
—Lo sé.
—Entonces, ¿qué te detiene?
—No estoy segura. Supongo que me han herido tantas veces que me
estoy armando de valor para volver a salir.
—Demasiado tarde para eso. Ya te has puesto ahí fuera. Todo menos
terminar con el suspenso de ese hombre y decirle cómo te sientes.
—¿Cuándo se lo dijiste a Justin?
—Todos los días. —Sonríe—. Hace como un mes.
—Te dejaré deslizarte de no decirle a tu mejor amiga. —Le doy una
mirada afilada.
—Bien por ti. —Le sonrío en el espejo.
—Bien por nosotras. Todas nosotras. ¿Quién hubiera pensado que las
bebidas en Stagger habrían terminado con ambas encontrando el amor? Y
no te lo estaba ocultando intencionadamente. Es sólo que las cosas han
estado sucediendo tan rápido para los dos. Simplemente sucedió y siguió
sucediendo.
—¿Verdad? Ni en un millón de años, y te perdono. Estoy tan feliz por
ti, Harper.
—No lo cambiaría.
—No por nada. —Estoy de acuerdo. Terminamos de prepararnos
mientras reímos y nos ponemos al día. Nos habíamos deslizado en nuestras
botas cuando escuchamos abrir y cerrar la puerta principal.
—Harp, nena, ¿estás lista? —grita Justin desde los escalones.
—¿Estás lista? —pregunta.
—Síp. —Me miro por última vez en el espejo. Mi cabello está lleno de
rizos sueltos puestos en una cola de caballo lateral. Me decidí por un vestido
marrón con acentos verdes para combinar con lo verde azulado de mis botas
vaqueras. Harper lleva una falda de mezclilla azul y un top rosa estilo halter,
y sus botas son negras y rosadas. Parecemos chicas coordinadas de la
pequeña ciudad.
Agarrando mi teléfono y mi pequeño bolso cruzado, meto el resto de
mis cosas en mi bolso y sigo a Harper abajo.
—Addy. —Luke me tiende la mano y voy hacia él. Levanta nuestras
manos en el aire y me da vueltas—. Eres hermosa. —Sus ojos corren sobre
mí.
—Para eso —lo regaño juguetonamente.
—¿Qué? —Sus cejas bajan. 139
—Mirarme así. Nos vamos a un concierto.
—¿Y?
—Y... —Dejo salir una respiración caliente—. Esa mirada, me hace
cosas... cada vez que me miras así.
—¿Cómo qué? —susurra, sus labios junto a mi oreja.
—Como si quisieras devorarme —respondo en voz baja.
—No sé cómo detenerlo. Quiero devorarte.
Sí, por favor.
—¿Listos? —pregunta Harper por encima de su hombro. Ella y Justin
están en la puerta esperándonos.
—Sí. —Luke toma mi bolso y lo pone en el asiento trasero de su
camioneta, cerrando las puertas. Subimos al asiento trasero de la camioneta
de Justin y salimos a la carretera. Harper y yo precalentamos, si así es como
quieres llamarlo. Conecta su teléfono a la radio de la camioneta y hace de
DJ. Pasamos de escuchar a Shaggy a Charlie Puth a Dan + Shay. Por
supuesto, tuvimos que trabajar con ellos, ya que ahí es donde nos dirigimos.
Los chicos se ríen de nosotras y cantan junto con nuestro pequeño concierto
en la camioneta.

Llegamos al estadio dos horas antes de que empiece el espectáculo. Las


entradas que Justin consiguió son VIP, lo que significa que conoceremos a
Dan + Shay. Estoy entusiasmada, pero no tanto como Harper. Me ha
mandado un mensaje toda la semana desde nuestro viaje de compras.
Justin mete su camioneta en el estacionamiento VIP y apaga el motor.
—¿Lista para la fiesta previa del espectáculo? —le pregunta a Harper.
Grita y se abalanza sobre la consola para besarlo.
—Sabes que eres el mejor novio del mundo, ¿verdad? —le pregunta,
alejándose.
—¿Oyes eso, Luke? —Se ríe Justin.
—Lo escuché, Romeo. Vamos a movernos para que podamos terminar
con esto.
—¿Qué? ¿No estás emocionado? —me burlo.
—¿Emocionado de ver a mi chica adular a todos los demás hombres?
Sí, no tanto. Sin embargo, estoy emocionado de estar aquí contigo, así que
140
pongamos este espectáculo en marcha. —Alcanza la manija de la puerta y
baja de la camioneta. Me ofrece su mano, así que me deslizo por el asiento,
y en vez de dejarme tomar su mano, agarra mis caderas y me levanta de la
camioneta. Sus labios se conectan con los míos brevemente antes de que
me ponga en el suelo. De la mano, seguimos a Justin y Harper hasta la
puerta de entrada.
Justin les muestra nuestras entradas, y a cada uno de nosotros se nos
dan cordones VIP que nos darán acceso entre bastidores, así como a la
sección VIP para bebidas y baños. Un trato muy dulce que estoy segura
Harper y yo nunca hubiéramos derrochado si hubiéramos sido nosotras.
—Oye, Justin —lo llamo. Se detienen y se giran para mirarme—. Por
favor, déjame pagarte algo por las entradas.
Sonríe.
—Eran gratis. —Se encoge de hombros.
—Vamos, sólo dime cuánto —respondo.
—Addy —dice Luke a mi lado—. Está diciendo la verdad. La familia de
Justin es prominente en el mundo de los negocios. No tuvo que pagar nada.
—¿De verdad? —preguntamos Harper y yo al mismo tiempo.
—De verdad —nos asegura, y luego se dirige a Harper—. Sé que te he
dicho que mi familia está bien, pero no te dije exactamente lo bien que está.
—Sólo porque tu familia tenga dinero no significa que no pueda pagarte
las entradas.
—Uno, no pagué ni un centavo y dos, no te dejaría aunque lo hubiera
hecho. ¿Has oído hablar de Atwood Enterprises? —Su boca se abre—. Sí. —
Sonríe tímidamente—. Mi familia, mi abuelo para ser exactos, fundó la
empresa. Ahora somos la cadena de suministro de comida rápida más
grande del país.
—Guau. —Exhala—. No tenía ni idea —dice en voz baja mientras deja
caer su mano y se envuelve con sus brazos alrededor de la cintura.
—Oye. —Se acerca, pero ella da otro paso atrás.
Siento que debería alejarme para darles privacidad, pero no lo hago. En
vez de eso, la observo, midiendo su reacción. Si necesito sacarla de aquí, no
lo dudaré. Habrá otros conciertos.
—Harp. —Suspira Justin—. ¿Qué pasa?
—No pasa nada malo —responde—. Sólo... no esperaba que me dieras
esa información. Tus padres parecen demasiado buenos, incluso normales.
—Se ríe—. ¿Estás seguro de que están de acuerdo con que salgamos juntos?
Quiero decir, sólo soy una chica de pueblo. 141
Veo como una lenta sonrisa que se convierte en megavatio cruza su
rostro.
—Te amo, Harper. Eso es lo que importa. Para que conste, me importa
un carajo lo que digan o piensen mis padres. No estoy en el negocio familiar,
como sabes. Sin embargo, sólo porque tengamos dinero no significa que
seamos engreídos. Te quieren, créeme, me lo harían saber si sintieran lo
contrario. Sólo quieren que sea feliz, y tú me haces feliz. Eso es todo lo que
importa. —Da un paso adelante, y esta vez, ella no se mueve. Eso es
progreso—. Que no te importe el hecho de que tengamos dinero te hace
perfecta para mí.
—Por supuesto, no me importa —dice, ofendida—. No me enamoré de
tu cuenta bancaria. Me enamoré de ti por lo que eres, por cómo me respetas,
cómo me tratas. —Baja los brazos a los costados, y sé que van a estar bien.
Les doy la espalda, y Luke hace lo mismo.
—Están bien juntos —dice, abrazándome por detrás.
—Lo están.
—Nosotros también.
Me doy la vuelta, necesitando ver su rostro. Levantándome, paso mis
dedos sobre su barba de una semana.
—Lo estamos —digo, justo antes de pararme de puntillas y besarlo.
—¿Piensan enrollarse toda la noche o vamos a ver un concierto? —grita
Harper unos minutos después.
—¡Traigan a los sexys! —aclamo, haciendo que tanto Luke como Justin
se quejen en la derrota.
Harper me agarra de la mano y conecta su brazo con el mío. Los chicos
nos siguen en el camino hacia nuestra experiencia entre bastidores.
—¡Aghh! No puedo creer que nos abrazaran los dos —dice Harper.
—¿Verdad? Justin, muchas gracias —le digo, abrazando la cintura de
Luke.
—Claro, no hay problema. Soy el mayor idiota del mundo —se queja.
—¿Qué es eso? —pregunto.
—Dije, soy el mayor idiota del mundo.
—¿Por qué dirías eso? —pregunta Harper, preocupación atando su voz.
—Porque hice posible que esos hombres te pusieran las manos encima. 142

No puedo evitarlo, me echo a reír. Suena tan triste.


—Están casados, Justin. Los dos. Sin mencionar que estamos bastante
apartadas —le recuerdo.
—Tienes toda la maldita razón —dice Luke, sus labios junto a mi
oreja—. No planeo dejar que lo olvides.
—No quiero —le aseguro.
—Será mejor que vayamos a buscar nuestros asientos —dice Justin,
sonriéndole a Harper. Ella debe haber aliviado sus temores mientras yo
estaba envuelta en Luke. Nos abrimos camino entre la multitud y llegamos
a nuestra sección. Estamos en la última fila del nivel medio.
—Me ofrecieron piso, pero asumí que no querías que te empujaran toda
la noche —dice Justin, señalando hacia el agujero.
—Estos son perfectos. Una gran vista del escenario, y... —Harper saca
el teléfono y lo acerca—. Las fotos van a ser increíbles —dice emocionada.
El acto de apertura, una banda de la que nunca he oído hablar, sube
al escenario y nos acomodamos en nuestros asientos. Luke coloca su brazo
en el respaldo de mi asiento, y me acurruco cerca con una sonrisa en mi
rostro. Una sonrisa que él puso allí. Nunca pensé que volvería a
enamorarme, especialmente tan rápido. Pero es Luke, y bueno, todo con
Luke es tan natural como fácil.
Capítulo Veintidós

Lucas
Creo que nunca me había divertido tanto en un concierto. Ni siquiera
estoy bebiendo. Ninguno de nosotros lo está. Justin y yo nos aseguramos de
que él y yo íbamos a conducir y les dijimos a las chicas que lo hicieran, pero 143
ambas se negaron, optando por botellas de agua en su lugar. La noche pasa
volando, y ha sido una explosión. Eso tiene que ver con la increíble mujer
que mueve el trasero al ritmo.
Mi novia.
Mi futuro.
Al menos eso espero. Con cada día que pasa, rompe otro pedacito de
mi corazón y lo hace suyo. No es que me importe. Lo estoy entregando en
bandeja de plata. Es de ella para que lo tome. Se mueve un poco y su buen
trasero me roza la polla. Serpenteando un brazo alrededor de su cintura, la
tiro contra mí y balanceo mis caderas al ritmo.
—Tienes que parar esto —le digo, mordiendo el lóbulo de su oreja. Me
está excitando con todos estos pequeños movimientos sexys. ¿A quién estoy
engañando? Si está respirando, estoy excitado. No es algo que pueda
controlar; es sólo Addyson y su efecto en mí.
Mis labios bajan hasta su cuello, el cual está tan convenientemente
expuesto para mí esta noche con el cabello recogido a un lado. Su cabeza
cae hacia atrás para descansar contra mi pecho, y su cabeza se inclina hacia
un lado. Me aprovecho y trazo la columna larga y delgada con la lengua. Me
importa un carajo que estemos en público. Todos los que nos rodean bailan
y se ponen de pie. Diablos, la mayoría de ellos están tan borrachos que están
siendo ruidosos y odiosos o prácticamente follando con su cita, así que no
están preocupados por lo que estoy haciendo. No es que me importe. No
cuando se trata de Addyson y de ponerle la boca y las manos encima.
Se da vuelta en mis brazos, envuelve sus brazos alrededor de mi cuello
y comienza a balancearse, justo cuando la canción cambia.
—Me encanta esta. —Me sonríe cuando Dan + Shay empiezan a cantar
su éxito "Speechless".
Tirando de ella, le susurro las palabras al oído. Cada maldita línea de
esta canción somos nosotros. Soy yo para ella. Es un cliché infernal, pero
es lo que es. Estamos en medio de una multitud de miles, pero todo lo que
veo es a ella. Cuando la canción termina, levanta la cabeza y puedo verlo en
sus ojos. Lo siente. El amor que le tengo es imposible de perder. No puedo
ocultarlo ni quiero hacerlo. Apoyando mi frente contra la de ella, se lo voy a
decir. Sé que puede que no me lo diga, pero no puedo dejar pasar este
momento. Mi corazón necesita que ella lo escuche. Abro la boca para hablar,
pero me gana.
—Te amo. —Su voz es clara. Fuerte.
El aliento expulsa de mis pulmones cuando la aplasto hacia mí,
levantándola de sus pies. Se ríe, enterrando su rostro en mi cuello. 144
—Dilo de nuevo.
Levantando la cabeza, coloca sus manos a cada lado de mi rostro.
—Te amo, Lucas Prescott.
—Yo también te amo mucho, joder. Te amo. —La beso con fuerza.
Alguien detrás de nosotros nos grita que consigamos una habitación,
seguido de risas y gritos. Rompe el beso y me sonríe, antes de dar la vuelta
y ver el resto del espectáculo. Baila un poco más, volviéndome loco.
En el camino de vuelta a casa de Justin, se sienta cerca de mí. Mi brazo
está alrededor de sus hombros mientras los cuatro hablamos del
espectáculo. La mayoría de las veces son Addy y Harper las que están
charlando, pero Justin y yo intervenimos cuando podemos.
—¿Quieren entrar? —ofrece Justin.
—No, gracias. —Me apresuro a declinar. Le lanzo un vistazo a Addyson,
que está a mi lado en la entrada. No parece estar molesta.
—Estoy exhausta —dice, dando un paso al frente y abrazando a Justin,
luego a Harper. Las chicas intercambian palabras susurradas, y cuando se
alejan, ambas sonríen.

—Quédate quieta —digo, entrando en el garaje de mi casa. Salgo


rápidamente de la camioneta y corro hacia su puerta. Al abrirla, me inclino
y la beso.
—¿Nos vamos a quedar aquí toda la noche? —pregunta contra mis
labios.
—No. Definitivamente no. —Con las manos en sus caderas, la levanto
de la camioneta y la pongo de pie.
—Sabes, puedo entrar y salir de tu camioneta.
—Eres pequeña —respondo.
Sus manos se acercan a sus caderas y me mira con una mirada de “no
acabas de decir eso”.
—Estoy hecha para ser estable —dice, apenas capaz de contener su
sonrisa. Su labio se está moviendo como el mío.
—Estabilidad, ¿eh? —le pregunto.
—Sí. —Se levanta un poco más alta.
145
—¿Qué tal esto para estabilidad? —Al agacharme, pongo mi hombro en
su vientre y la levanto del suelo.
—¡Luke! —Se ríe—. Bájame.
—No. Creo que me quedaré contigo. De hecho, es posible que quepas
en mi bolsillo. —Le tomo el pelo. Me pega en el trasero—. Eso no va a
convencerme de que te baje, nena.
Se queja y luego se aclara la garganta.
—Por favor, bájame. —Su voz es dulce y melosa.
—No.
—Luke —dice.
—¿Addy?
—Te amo —dice alto y claro, justo cuando entro en mi habitación.
La arrojo en la cama, y me inclino sobre ella, enjaulándola con mis
manos a cada lado de su cabeza. Ojos marrones me miran fijamente.
—También. —Beso—. Te. —Beso—. Amo. —Beso—. ¿Sabes qué más?
—pregunto mientras la beso en el cuello.
—¿Q-qué?
—Voy a hacerte el amor —le susurro al oído.
Inhala.
—Me gusta este plan. —Inclina la cabeza hacia un lado.
—Bien. —Empujándome hacia atrás, me pongo a toda mi altura—.
Desnúdate.
Una sonrisa malvada cruza su rostro mientras se levanta sobre sus
codos.
—Eso no es mucho una cosa de hacer el amor
Me río.
—¿Una cosa de amor es una palabra?
—La es ahora.
—Desnúdate, Addy. —Le ofrezco mi mano para ayudarla a levantarse
de la cama—. Te necesito desnuda para lo que planeo hacerte. —Esa es toda
la motivación que necesita para saltar de la cama y quitarse la ropa. Hago
lo mismo, pero estoy seguro de que mantendré mis ojos en ella mientras se
quita de cada capa. Cuando se acerca a mí, observo su expresión facial,
tratando de medir lo que está pensando. Eso es hasta que todos los
pensamientos salen de mi cerebro cuando envuelve sus pequeñas manos
alrededor de mi polla.
146
—¿Luke? —pregunta en voz baja.
Trago con fuerza.
—Addy.
—¿Y si no quiero que me hagas el amor? ¿Y si quiero otra cosa?
—Nómbralo. —Si está en mi poder, es de ella.
—Te quiero —dice, y mi respuesta es inmediata.
—Me tienes, nena.
—No había terminado. —Se muerde la lengua—. Lo que iba a decir...
—Me acaricia ligeramente de la raíz a la punta. Es simple, básico comparado
con estar dentro de ella, pero sus manos son suaves, y esto es Addyson, así
que por supuesto me excita—. Que te quiero en mi boca —termina mientras
cae de rodillas.
Su aliento caliente toca mi eje.
—Addy, no tienes que hacer esto. Deja que te cuide. —Hasta yo puedo
oír la desesperación en mi voz. Estoy muy entusiasmado por nuestra noche,
por saber que esta hermosa mujer me ama. Perderé el control con su boca
sobre mí.
Me mira bajo sus pestañas. Le quito el cabello del rostro para poder
verla claramente.
—De eso se trata, Lucas. Tú y yo cuidando el uno del otro. —Antes de
que pueda responder, tiene su boca sobre mí.
Sexy como la mierda.
Sus manos y su boca me vuelven loco. Golpe tras golpe. Lamida tras
lamida. Me está dando la mejor mamada de mi vida, y ni siquiera quiero
pensar en dónde aprendió la habilidad o en los hijos de puta que la tiraron
después. Empujando eso fuera de mi mente, cierro mis rodillas, recojo su
cabello en mis manos, y disfruto del viaje.
—Addy —digo a través de dientes apretados—. P-para. —Me las arreglo
para empujar las palabras más allá de mis labios.
No se detiene. Continúa moviendo la cabeza, y sólo esa visión me
empuja al límite. Sin más advertencias, me derramo en su caliente y
húmeda boca. Pulso tras pulso. Sus ojos están cerrados mientras traga todo
lo que le doy. No es hasta que mi polla cae de su boca y pasa el dorso de su
mano por sus labios enrojecidos que me doy cuenta del agarre de hierro que
tengo en su cabello.
—Lo siento. —Retiro mi mano de los hilos de seda.
—Me encantó. Es una sensación embriagadora saber que puedo hacer
que un hombre como tú pierda la cabeza.
147
—Ven aquí. —Extiendo mi mano. Se pone de pie, y meto su cuerpo
desnudo en el mío. Mi voz es grave cuando digo—: No sé a qué te refieres
con un hombre como yo, pero puedo decirte que eres la única mujer que me
ha hecho perder la cabeza.
—Es un don. —Se ríe.
Al soltarla de mi agarre, giro hacia la cama y retiro las sábanas.
—Después de ti.
—Te he agotado, ¿eh? —Sonríe.
—Necesito unos minutos —digo—. Pero estoy lejos de estar agotado.
Pon tu buen trasero en esta cama.
Ella bambolea dicho trasero desnudo y luego se mete en la cama,
excavando bajo las sábanas. La sigo, tirando de ella hacia mí. Su piel es
suave como la seda, y mis manos vagan sobre cada centímetro que pueden
alcanzar.
—Estás tan caliente. —Se acurruca más cerca—. Tu casa es como una
nevera.
—Nena, hace 32 grados afuera y estás desnuda.
—Son como cuatro aquí —contesta ella, apoyando su cabeza en mi
pecho.
—Iré a subir el calor. —Alcanzo la cobija, pero me detiene.
—No. Quédate. Me estás calentando —dice con un susurro, subiendo
su pie por mi pierna.
—Puedo calentarte. —Me volteo encima de ella. Sus piernas se abren
para mí y me quedo entre ellas. Justo donde debo estar. Apoyando mi peso
en mis codos, le quito el cabello de su rostro. El resplandor de la luz de la
luna que fluye por las ventanas me basta para distinguir sus rasgos—.
Tuvimos una gran noche esta noche.
—Lo hicimos. —Puedo oír la sonrisa en su voz.
—Lo sé desde hace tiempo —confieso—. Tenía demasiado miedo de
decírtelo. No quería asustarte.
—Lo sabía, pero tenía demasiado miedo de decírtelo. No porque
pensara que no lo sentías también. Pude verlo en la forma en que me miras.
Mi pasado... —Exhala antes de continuar—. No va a determinar mi futuro.
Te confío mi corazón, Luke.
—Conmigo está seguro, y tú también. —Levanta la cabeza y se
encuentra conmigo en un lento y sensual beso mientras me deslizo dentro
de ella. Exhala como si el estar unidos de la manera más íntima le trajera
paz. Aun así, puedo sentir su pulso a mi alrededor. Me tomo mi tiempo
148
besándola, mostrándole con mi boca lo mucho que la aprecio.
—Luke —murmura contra mis labios.
—¿Sí? —pregunto, besándola de nuevo.
—Muévete.
—Esta vez no, Addy. Esta vez nos estamos tomando las cosas con
calma. —Como hombre de palabra, retrocedo y luego avanzo lentamente.
Una y otra vez, mi ritmo está marcado. Lento y constante. Sus manos me
agarran los bíceps, sus uñas se clavan en mi piel. La beso, sin prisas y
profundamente, igual que mis empujones.
—Lucas —resopla—. Ahí. Por favor. No. Te detengas —dice.
Apoyando mis brazos a cada lado de su cabeza, me concentro en
mantener mi palabra, evitando mi propio orgasmo. Con cada empuje, siento
su espasmo a mi alrededor. No necesito que el grito de mi nombre caiga de
sus labios para saber que está ahí. Puedo sentirlo. Su agarre se hace más
firme, las uñas se hunden más, y me dejo ir, empujando fuerte y rápido
antes de derramarme dentro de ella.
Empapado de sudor, me hago para atrás y gimotea. Al caer en la cama
a su lado, la tomo en mis brazos. Ninguno de los dos dice nada, porque no
se necesitan palabras. Hemos declarado nuestro amor con nuestros cuerpos
y nuestros corazones. El futuro, nuestro futuro está frente a nosotros, y no
puedo esperar a ver a dónde nos lleva. Perezosamente, me quedo dormido
pensando en lo que viene después.
Capítulo Veintitrés

Addyson
Estoy sentada en mi escritorio mirando al espacio cuando debería estar
al tanto del historial de mi último paciente. En vez de eso, sigo pensando en
Luke. Anoche, hicimos la cena juntos en su casa. Nada especial, sólo un 149
poco de pasta y una ensalada, pero fue la compañía la que fue espectacular.
Cada día que paso con él me enamoro aún más. Me juré que no volvería a
pasar. Pensé que si por casualidad, tuviera la suerte de enamorarme de
nuevo, sería en unos años. Estaba harta, pero entonces Luke se abrió paso
en mi corazón, y nunca he sido más feliz.
Han pasado algunas semanas desde que le confesé que lo amaba. No
necesitaba sus palabras para saber que sentía lo mismo, pero admito que
oírlo decirme me da una sensación de plenitud que nunca he sentido.
Cuando mi teléfono vibra, sé que es él. Me ha estado mandando mensajes
toda la mañana. Él, Justin y algunos de sus amigos van a pescar a Michigan
cada verano. Ha estado buscando razones para no ir todo el fin de semana.
Lucas ¿Y si te sientes sola durmiendo sola?
No puedo evitar sonreír.
Yo: Oh, Javier va a venir para asegurarse de que eso no suceda.
Me río. Ya sé cuál va a ser su reacción.
Lucas ¡Addyson!
Lucas: Ves. Me quedo en casa.
Lucas: No está poniendo sus manos en lo que es mío.
Yo: Ya está programado. Tuve que pagar mucho dinero por él también.
No hay devoluciones.
Lucas: ¡Addyson!
Ahora estoy riendo completamente cuando suena mi teléfono.
—Hola —balbuceo.
—Estás disfrutando esto —dice.
—Un poco —admito.
—¿Tienes idea de lo que me hace pensar en otro hombre en tu cama?
—Oh, había planeado quedarme en tu casa —digo dulcemente.
—Joder —murmura en voz baja.
—Te estoy tomando el pelo. Ve a pasar el rato con los chicos. Que te
diviertas.
—Nunca he querido dejar de ir —admite.
—Estaré aquí cuando vuelvas.
—Ven con nosotros.
—Eso es un no. Además, es un fin de semana de chicos. Harper y yo
tenemos planes para una noche de cine y algunas compras.
—Bien —se queja—. Domingo por la noche... lo haré domingo por la 150
tarde, esos idiotas se están levantando temprano para que pueda volver a
casa contigo. Voy por ti —dice con voz ronca.
—Estaré aquí esperando. Te amo. Que tengas un viaje divertido y
seguro. ¿Te vas ahora?
—En un par de horas. Puedo pasar a verte —ofrece.
—Todavía tengo un paciente hoy, y luego mi propia cita después.
—Correcto. De acuerdo. Bueno, supongo que te veré el domingo.
—Son dos días, Luke. Ni siquiera dos días completos. Me viste esta
mañana, así que es sólo mañana.
—Eso es demasiado tiempo. —Puedo oír el humor en su voz, pero sé
que está hablando en serio.
—Mamá me está llamando —dice—. Necesitamos conocer a los padres,
cariño.
—Estoy de acuerdo. Ahora, diviértete. Te amo. Te veré pronto.
—Yo también te amo.
Después de un par de despedidas más, finalmente terminamos la
llamada. Me recuesto en mi silla aún con una sonrisa.
—Addyson. —La recepcionista, Samantha, asoma su cabeza en mi
oficina—. Tu último paciente está aquí.
Mirando el reloj de la pared, veo que han pasado cinco minutos desde
la hora de la cita. La regla es que si llegas quince minutos tarde tienes que
reprogramar. La mayoría de mis pacientes son niños, que no tienen control
sobre cómo o cuándo llegan aquí. Este en particular suele ser siempre
puntual. Siempre, así que estoy segura de que su madre tiene una buena
razón.
—Gracias, Samantha. Adelante, ponlo en una habitación. —Hoy me voy
temprano para una cita con el médico.
—Él está solo —contesta ella.
—¿Qué? ¿Qué está pasando? —La madre de Nolan siempre está con él.
Se encoge de hombros.
—No estoy segura. Entró por su cuenta, se registró y todo.
—De acuerdo. —Me levanto de mi silla—. Estoy justo detrás de ti. —
Esto es muy inusual y con su edad, no podré tratarlo hoy.
—Hola, señorita S. —Nolan, de seis años, agita su mano en el aire sobre
su cabeza.
—Señor Forrester —lo saludo y se ríe—. ¿Dónde está tu mamá?
Se encoge de hombros. 151
—Mi papá me trago hoy.
—Tu papá te trajo hoy —lo corrijo. Asiente con su pequeña cabeza hacia
arriba y hacia abajo. La mención de su padre me sorprende. He estado
trabajando con Nolan durante casi un año y ni una sola vez he conocido a
su padre. Su madre ha mencionado en el pasado que no está involucrado
en la vida de Nolan. Llama de vez en cuando y a veces visita. Sólo cuando le
conviene. Así que escuchar que él es quien lo trajo hoy y lo dejó no me
sorprende menos.
—Mi mami tenía que trabagar —explica.
—¿Dónde está tu papá? —le pregunto.
Se encoge de hombros.
—Él digo que me degaría y que estaba llamando a mi mami.
—Bueno, empecemos. —Le doy una sonrisa brillante, sin dejarle saber
que lo que hizo su padre fue tan increíblemente malo.
—Su vetido es bunito, señorita S —dice, subiendo a la silla frente a mi
escritorio.
—Gracias. —Realmente es un niño tan dulce. Toda la influencia de su
madre, estoy segura—. Así que dime, ¿qué has estado haciendo? —le
pregunto. Parte de la terapia del habla es hacer que hablen y ayudar a
corregirlos cuando hablan.
—Naa —dice, apoyando su pequeño brazo en el brazo de la silla.
—Nada. —Digo la palabra lentamente, y él trata de repetirme. Este no
es su primer rodeo—. ¿Cómo va la escuela?
—Bien.
De acuerdo, respuesta de una sola palabra. Normalmente es un
pequeño parlanchín. Sólo puedo asumir que es la influencia de su padre.
Ese es el único cambio que conozco.
—¿Te inscribiste en béisbol?
—Sí. —Suspira—. Amo fúbol. Mi tío guega comigo mucho.
Sonrío. No es la primera vez que menciona a su tío. Lentamente le repito
sus palabras. Luego trata de pronunciarlas como yo las he dicho.
—Eso es genial, Nolan. ¿Sabes qué más? —Sacude la cabeza—. Apuesto
a que, si se lo pidieras a tu tío, también jugaría al béisbol contigo.
Una sonrisa ilumina su rostro.
—Lu hará. —Está de acuerdo.
—Lo hará. —Pasamos los siguientes veinte minutos trabajando en la
articulación del sonido. Nolan ha avanzado mucho con su terapia. Cuando
152
termina la cita, lo acompaño a la sala de espera. Nolan se me adelanta y
abre la puerta. Él aplaude y luego se va. Cuando llego a la puerta, lo veo
correr hacia un hombre que le está sonriendo ampliamente. Lo veo correr
directamente hacia los brazos de mi novio.
Me quedo congelada en la puerta mientras veo a Nolan saltar en sus
brazos y abrazarlo tan fuerte como sus pequeños brazos lo permiten.
Tiene un hijo.
Pero eso no puede ser cierto.
Busco cualquier cosa que pueda explicar esto, pero las palabras de
Nolan vuelven a mí. Se sientan pesadamente en mi estómago.
Luke me mintió.
Debe haber otra explicación. Mi mente se apresura a encontrar uno.
Mi corazón no puede aceptar el hecho de que podría ser como todos los
demás.
No puedo lidiar con esto. Al ver que Nolan está a salvo, vuelvo al pasillo
y cierro la puerta detrás de mí. Estoy segura de que Luke no me vio porque
Nolan tenía toda su atención. Mis piernas se sienten como goma mientras
camino por el pasillo y regreso a mi oficina. Tengo un dolor en el pecho tan
profundo que siento como si me lo hubieran abierto. Lágrimas calientes me
pinchan los ojos, pero las detengo. Ahogando un sollozo que quiere liberarse,
entro tropezando en mi oficina y cierro la puerta. Tan pronto como el clic de
la cerradura se gira, pierdo mi batalla y las lágrimas comienzan a caer. Sé
que necesito hablar con él. Tengo que enfrentarme a esto, pero mi cabeza
está confundida con lo que esto significa. Tengo una cita a la que tengo que
ir y él se va para el fin de semana. Podemos hablar cuando vuelva. Me dará
tiempo para poner mis pensamientos en orden. Prepararme para lo peor y
esperar lo mejor.
Dolor.
Angustia.
Traición.
¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo pude estar tan ciega? Lucas
siempre parecía tan abierto y honesto. La forma en que me mira... es como
si yo fuera su mundo. ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Su madre también me
mintió? Tiene que haber otra explicación para esto. Seguramente, su familia
lo sabe. ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué me siguen pasando estas cosas? Un
millón de pensamientos pasan por mi mente. Mi teléfono vibra en mi
escritorio.
Lucas: Ya te extraño.
Miro el mensaje. ¿Todo esto es sólo un juego para él? Su insistencia en 153
que me extrañará, que ya me extraña. Está con su hijo, con el que apenas
tiene nada que ver, y me está enviando mensajes. Se va corriendo a un fin
de semana de chicos cuando debería pasar tiempo con su hijo. Mis dedos se
ciernen sobre la pantalla, listos para enviarle un mensaje. En vez de eso,
cierro mi teléfono y lo tiro en mi escritorio. Dejándome caer en mi silla,
entierro mi rostro en mis manos y trato de controlar mis emociones. Sé lo
que vi, pero también sé que podría haber una explicación lógica. No puedo
ir disparando mensajes antes de que se vaya a la ciudad acusándolo, no
antes de darle la oportunidad de explicarse. Ya he pasado por esto antes.
Debería estar acostumbrada. Lucas... era diferente. El amor que le tengo era
mucho mayor que cualquiera antes de él.
Tomando algunos pañuelos de papel de la caja de mi escritorio, me
limpio lo mejor que puedo. Cerrando mi laptop, empaco mi bolso y mis
notas. Tendré que terminar las historias este fin de semana. Odio estar
atrasada, pero ahora mismo, no seré capaz de entender nada de esto.
Comprobando que lo tengo todo, tiro mi bolso en mi bolsa de trabajo y lo
tiro por encima de mi hombro. Tomo mi teléfono y las llaves de mi escritorio
y apago la luz.
—¿Saliendo? —pregunta Samantha.
—Sí. Te veré el lunes.
—Que tengas un buen fin de semana —dice con una sonrisa brillante
y una despedida con la mano.
Samantha siempre está sonriendo y riendo con los niños. La adoran.
Tengo suerte de que sea mi asistente.
—Tú también —le digo—. ¿Te vas temprano hoy?
—No, voy a ponerme al día con algunos archivos y otras cosas. Estoy
ahorrando mi tiempo para la boda. —Ella sostiene su brillante anillo de
compromiso de diamantes que su novio a largo plazo le propuso hace unas
semanas.
—Buen plan. —Le doy una sonrisa falsa. Amo a Samantha. Ha
trabajado para mí por un par de años ahora. No envidio su felicidad. Solo
desearía poder encontrar la mía. Me sigo enamorando de esos tipos que son
chicos. Un día, quiero encontrar a un hombre que me ame, honesta y
verdaderamente. Hasta entonces, tengo que lidiar con mi situación actual.
Necesito enfrentarme a él y ver qué tiene que decir en su defensa. Tengo
todo el fin de semana para prepararme para lo que podría ser nuestro fin.
Aunque es difícil, me lo saco de la cabeza y voy a mi cita antes de llegar
tarde.

154
Estoy sentada en la sala de examen en una delgada bata de algodón,
con una manta de papel aún más delgada que cubre mis regiones inferiores.
Las alegrías de ser mujer. Odio estas citas. Son rápidas, pero siempre muy
incómodas. Los hombres no saben lo afortunados que son. Nos tratan como
una mierda después de todo lo que pasamos para traer vida al mundo. No
es que yo sepa algo de eso, pero la idea está ahí. Tengo un ciclo mensual,
calambres, acné, cambios de humor, la lista sigue y sigue. Todo lo que pido
es que alguien me ame, que me respete lo suficiente como para que yo sea
la única mujer en su vida.
Hay un golpe rápido en la puerta antes de que la doctora Edwards entre
en la habitación.
—Hola, Addyson. ¿Cómo estás?
—Bien —le digo—. Lista para terminar con esto.
Se ríe.
—No eres la única. Es un mal necesario de ser mujer.
—Es como si me leyeras la mente —murmuro.
—¿Qué? —pregunta.
—Nada. Estaba pensando en todo por lo que pasan las mujeres. Los
hombres no se dan cuenta de lo fácil que lo tienen.
Ella se ríe.
—No eres la primera en mencionar eso. —Se sienta en su taburete y se
da la vuelta para mirarme—. Está bien, hablemos. ¿Alguna novedad desde
el año pasado? ¿Algún dolor o malestar con el sexo? ¿Secreción? —Ella
continúa haciendo una larga lista de preguntas embarazosas.
—No a todo lo anterior.
—Genial. Haremos un examen rápido y obtendremos los resultados de
orina y te podrás ir. —Escribe algunas cosas en su computadora—. Hmmm.
Addyson, parece que tengo noticias. —Se da vuelta para mirarme.
—De acuerdo —digo lentamente, sin saber a dónde va con esto. Ni
siquiera hemos llegado al examen todavía.
—Sé que estás aquí para tu examen anual y tu recarga de
anticonceptivos, y puedo hacer una de esas dos cosas. Sin embargo, no
puedo hacer tu recarga.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Hay algo más que recomiende?
—Addyson, estás embarazada.
—Lo siento. ¿Podría repetirlo? Pensé que habías dicho que estaba 155
embarazada.
—Lo hice.
—No. No. No. No. No. Estoy en control de natalidad. —Esto no puede
estar pasando. Si me hubiera dicho esta mañana que estaba embarazada,
me habría sorprendido, pero estaría feliz. Ahora, después de enterarme de
que Lucas me mintió, después de saber que casi no tiene nada que ver con
su hijo, no puedo estarlo.
—¿Has estado teniendo sexo sin protección? —pregunta.
—Sí.
Ella asiente.
—Nada es 100 por ciento efectivo. ¿Ha estado tomando algún
medicamento o estado bajo mucho estrés?
—No. —Corro a través de los últimos meses y no hay nada que
destaque. En todo caso, he sido más feliz de lo que nunca he sido con Luke.
—Una vez más, nada es 100 por ciento excepto la abstinencia. ¿Está el
padre en la foto?
—Mi novio —grazno. Técnicamente sigue siendo mi novio. No estoy
segura de cuán cierta será esa afirmación después de que lo enfrente por lo
que vi hoy.
—Addyson, ¿estás bien? —pregunta la doctora Edwards.
—S-sí —digo, aclarando mi garganta—. ¿Cu-cuánto? Quiero decir, no
sé cuándo...
—Podemos hacer un ultrasonido vaginal hoy y tener una mejor idea de
lo avanzada que estás.
Asiento. Las palabras se me escapan. La doctora Edwards me dice que
va a ver si el técnico está disponible y sale de la habitación. Saliendo de la
mesa de exámenes, tomo mi teléfono de mi bolso y le envío un mensaje de
texto a Harper. Se suponía que nos encontraríamos en su casa más tarde,
pero esto no puede esperar.
Yo: La cita terminó temprano. Pensé en pasar a verte.
Harper: Por supuesto, ha pasado una eternidad. Puedes ver mi nuevo
escritorio.
Yo: De acuerdo. ¿Necesitas algo?
Harper: Nop. Estoy fuera a esa hora. Podemos tomar algo aquí en el
bar.
Mis dedos revolotean sobre la pantalla. No puedo decírselo por teléfono.
Diablos, no estoy segura de poder decirle algo. Esto es un desastre. Sólo yo. 156
Sólo mi vida se convertiría en una maldita telenovela.
Yo: Nos vemos pronto.
Dejo mi respuesta vaga. Si le digo que no a un trago, ella va a saber
que algo está pasando. No quiero eso. No hasta que decida qué decir, cómo
decírselo. Y si realmente se lo digo a alguien primero, debería ser a Luke. Es
un bastardo mentiroso, pero aun así merece saberlo.
Cuarenta minutos después, estoy saliendo del consultorio del médico
con la receta en la mano. Sólo que este no es el que esperaba. Vitaminas
prenatales e imágenes de una pequeña mancha negra son más de lo que
esperaba, pero de todos modos obtuve lo mismo. La doctora Edwards me
habló sobre las opciones, pero sólo hay una opción. Me quedo con este bebé.
Puede que nunca encuentre a un hombre que me quiera, pero este bebé sí.
Tal vez sea un niñito. Poniendo mi bolso en el asiento del pasajero, coloco
las fotos y la receta en la guantera. No estoy lista para que nadie los vea.
Todavía no. Después de ver a Harper y contarle lo de Luke, tendré todo el
fin de semana para pensar en lo que voy a decir. Necesito considerar cómo
voy a decirle que me aplastó el corazón y me dio uno al mismo tiempo.
Decirle que hemos terminado y luego, oh por cierto... vas a ser padre. Otra
vez.
Capítulo Veinticuatro

Lucas
He revisado mi teléfono al menos cien veces hoy. Le envié un mensaje
a Addy hace un par de horas y aún no he sabido nada de ella. Eso no es
normal para ella. Mi instinto me dice que algo anda mal. 157
—¿Cuál fue el trato con Nolan? —pregunta Justin.
—Joder, ¿podemos no ir allí? No puedo lidiar con ese drama y Addy me
ignora. —Reviso mi teléfono de nuevo; han pasado treinta segundos.
—Luke, hombre, ¿puedes guardar esa cosa? —dice Nick, girando la
tapa de otra cerveza.
Es tarde, un poco pasada la medianoche, y acabamos de llegar a la
casa en el lago Michigan que alquilamos para el fin de semana. Bueno, ahora
que somos mayores, es más bien un día de pesca. La adultez es una perra.
Le echo otro vistazo a mi teléfono y lo meto en mi bolsillo.
—¿Todavía no te ha contestado? —pregunta Trevor.
—No.
—Harper dijo que cenaron y tomaron unas copas. Está en su casa —
me dice Justin.
Me alegra saber que está a salvo, pero eso no explica por qué me está
ignorando.
—Relájate. —Nick se ríe—. Tu chica estará allí cuando vuelvas. A
menos, claro, que ya haya pasado a otra persona. ¿Cómo se llamaba?
¿Javier? —Se ríe.
Es por mi culpa. Cometí el error de hablar de nuestra llamada anterior
cuando no pude localizarla. Sabía que era mejor con este grupo, pero me
importa un carajo lo que digan. Estoy preocupado por ella. Esto no es propio
de ella, así que por supuesto que me voy a preocupar. Alrededor de media
hora más tarde, hemos terminado nuestras cervezas y nos vamos a la cama.
Mañana tenemos un día muy temprano y muy largo. Instalándome en mi
habitación, le envío otro mensaje.
Yo: Buenas noches, Addy. Te amo.
Si ella ha estado bebiendo, seguro que ha salido esta noche, pero lo
verá cuando se despierte. Sabrá que estaba pensando en ella.
Siempre estoy pensando en ella.

A la mañana siguiente nos levantamos y salimos de la casa a las seis.


No espero que se levante tan temprano, pero le lancé otro mensaje de todos
modos.
Yo: Buenos días, preciosa. Salimos hacia el lago. Te amo.
No lo complico más. Soy consciente de que estoy enloqueciendo. Esto
158
es nuevo para mí, este anhelo que tengo por ella. Esta profunda necesidad
de saber que ella está bien. Sin saber cómo está, sin saber de ella, es difícil.
Como si mi corazón no pudiera soportarlo.
—Cuelga el maldito teléfono —se queja Nick—. Dale a la chica algo de
espacio para respirar.
—Respira muy bien. —Miro a Justin y él asiente.
—Harper dice que sigue durmiendo.
Suspiro. Ella está bien. Eso solo tiene mi ansiedad hirviendo a fuego
lento, pero aun así no explica por qué no me devuelve los mensajes.
—Gracias —digo con voz ronca.
—Ella tiene sus garras en ti, ¿eh? —pregunta Trevor, sosteniendo un
gran anzuelo de pesca.
—Sí. —No me molesto en negarlo. No me avergüenzo de Addyson ni de
lo que siento por ella. De hecho, es lo contrario. Quiero gritarle al mundo
que ella es mía.
El día se prolonga conmigo revisando mi teléfono incesantemente.
Todavía nada de Addyson. Justin habló con Harper, y ella le dijo que iban a
ir de compras por el día. Ese ha sido su plan. Sin embargo, sigue sin
responderme. Sé que está bien, así que ahora me estoy cabreando. ¿Por qué
me está ignorando? Hablamos ayer temprano y todo estaba bien. Estábamos
riendo y bromeando; ella me dijo que me amaba. Ahora son grillos. Ni una
sola respuesta, ni siquiera un puto pulgar hacia arriba.
—¿Harper dijo algo? —le pregunto a Justin.
—No, sólo que Addy tuvo un mal día ayer y necesitaba terapia de
compras.
—¿Qué? ¿Qué ha pasado? ¿Puedes llamarla y preguntarle?
Él ya está moviendo la cabeza.
—No puedo hacerlo, hermano. Harper ya me pidió que no se lo pidiera
porque no quería mentirme, y le prometió a Addy que no diría nada.
—¿Qué carajo? —Tiro mi sándwich de carne a medio comer al lago. Mi
apetito se ha ido hace tiempo—. No lo entiendo —le dije—. Estábamos bien.
¿Qué pudo haber pasado entre nuestra llamada y unas horas?
—No estoy seguro, y Harper tiene los labios sellados.
—Maldita sea. —Inclinado hacia adelante en mi silla, apoyo mis codos
sobre mis rodillas y entierro mis manos en mi cabello.
—¿De verdad vas a dejar que un coño te deprima así? —pregunta
Trevor.
—Ese coño es mi maldita novia —le dije. Puede decir por mi tono que 159
me ha cabreado, pero eso no lo detiene.
—¿Estás seguro de eso? —refuta.
—Sí, ¿cuánto tiempo hace que la conoces? ¿Su coño está hecho de oro
o algo así? Ella te tiene en un aprieto.
—Unos meses, y nosotros —hago un gesto hacia mi pecho y luego a
donde están sentados frente a Justin y a mí—, nunca volveremos a hablar
de su coño.
Trevor levanta las manos en derrota.
—Sólo algo de reflexión, hermano.
—No la conoces.
—¿Y tú? —desafía Nick.
¿La conozco?
—Diablos, claro que sí. —Sé que su cabello parece de seda. Sé que
cuando beso justo debajo de su oreja, se vuelve loca. Sé que su color favorito
es el verde azulado, y le encantan sus botas de vaquero. Sé que está herida
y que su corazón duda en confiar. Sé que mi corazón es suyo. No hay una
sola duda en mi mente. Así que, sí, la conozco.
—Bueno, no hay nada que puedas hacer al respecto ahora. Si ella no
contesta tus llamadas o mensajes, sólo tienes que esperar hasta que
volvamos a la ciudad —dice Nick.
Esperar.
Odio esperar.
Mi corazón no puede soportarlo. La preocupación de que haya
cambiado de opinión, de que algo de lo que he dicho la haya asustado… es
la única explicación. Sacando el teléfono del bolsillo, deslizo a través de la
pantalla, y aun así nada. Disparo otro mensaje de texto.
Yo: Te amo, Addy. No sé qué está pasando, pero cuando llegue a casa
mañana, voy hacia ti. Sea lo que sea, lo superaremos juntos. Por favor,
háblame.
Yo: Por favor, nena.
Justo cuando estoy volviendo a poner el teléfono en mi bolsillo, suena
con un mensaje de texto. Todo el mundo se detiene, los cuatro, mientras
miro el mensaje.
Addyson: Mándame un mensaje cuando vuelvas a la ciudad. Tenemos
que hablar.
—¿Qué dice? —pregunta Justin.
Leí el mensaje y Trevor silba. 160
—No suena bien.
Él tiene razón. No tengo ni idea de lo que pudo haber pasado, pero lo
que sí sé es que se va a pelear. No me voy a rendir, no voy a dejar que se
vaya tan fácilmente.
Yo: ¿Tu casa o la mía?
Addyson: Mía.
Yo: Iré directamente.
Espero su respuesta y no recibo nada. Quiero decirles a los chicos que
vamos a empacar e irnos a casa esta noche, pero necesito tomarme un
tiempo para calmarme. Estoy cabreado porque me mantiene en la
oscuridad. Ir hacia ella ahora, con la ira fresca en mis venas, no es una
buena idea. Ambos diremos cosas de las que nos arrepentiremos. Mi objetivo
final es mantenerla, hacerla mi esposa. Ir en actitud ardiente no me llevará
allí. De eso estoy seguro.

Durante todo el viaje de vuelta a casa tuve el teléfono en la mano.


Esperaba saber de ella, pero debería haberlo sabido mejor. A una hora de
distancia, le envié un mensaje para hacerle saber que estaba en camino. No
recibí respuesta, pero me está esperando, y si no está allí, está bien.
Esperaré. Estamos llegando al fondo de esto hoy.
Entrando en su camino de entrada, no veo su auto. Estaciono mi
camioneta y golpeo mis dedos contra el volante, tratando de mantener la
calma. Todavía estoy enojado porque me ha mantenido en la oscuridad, pero
el miedo de que algo le esté pasando, algo real… como que su médico le dio
malas noticias, el miedo es palpable y supera mi ira. Sólo necesito poner los
ojos en ella, abrazarla, y asegurarle que no importa lo que sea, tenemos esto.
Juntos, tenemos esto.
Yo: Estoy en tu casa.
Me quedo mirando mi teléfono dispuesto a que ella conteste. Los
minutos pasan sin nada. ¿Dónde podría estar? Enciendo la radio en una
estación local para ver si mencionan algún tipo de accidente. Mi instinto se
retuerce ante la idea de que algo le ocurra. Finalmente, después de cinco
largos y agonizantes minutos, mi teléfono me alerta de un mensaje de texto.
Addyson: Estaré allí en cinco minutos.
Temor. Eso es lo que siento. Temor. Nunca en mi vida una mujer me 161
ha dicho que debíamos hablar y terminó bien. Aunque no voy a dejar que se
aleje de mí. Hemos llegado demasiado lejos, mi amor demasiado es profundo
para ver cómo se va.
Yo: Cuídate.
Addyson: Está bien.
Busco en las estaciones de radio, pero nada me interesa. Nada más que
el espejo retrovisor mientras miro para que ella se detenga en la entrada de
su casa parece llamar mi atención. Mi mente corre con lo que necesitamos
hablar. Si no somos nosotros, ¿entonces qué? ¿Está enferma? ¿Está herida?
Mi corazón parece caer en la boca del estómago. Sea lo que sea, lo arreglaré.
Haré todo lo que esté en mi poder para mejorarlo. De ninguna manera voy
a perderla. No ahora que finalmente la he encontrado.
Finalmente, veo su auto, y estoy fuera de mi camioneta y esperando
para abrirle la puerta. Está visiblemente molesta, y si el enrojecimiento de
sus ojos es un indicio de ello, ha estado llorando. No le pregunto qué le pasa.
Yo no digo ni una palabra. Simplemente abro la puerta, y cuando sale del
auto, la atraigo hacia mi cuerpo, la abrazo con fuerza, rezando en silencio
para que lo que sea, lo que tenga que decirme, lo que tenga que decirme,
cualquier noticia que tenga no la aleje de mí.
—Deberíamos entrar —dice ella, alejándose.
Alcanzo su mano, pero ella se aleja. En vez de interrogarla, la sigo como
el tonto enfermo de amor que soy. Dentro de su condominio, deja sus cosas
en la mesa de entrada, sus maletas en el piso, y entra a la sala de estar.
Busca un pequeño sobre blanco sobre la mesa. ¿Son los resultados de las
pruebas? Mi imaginación está enloqueciendo con lo que podría haber en ese
pequeño paquete blanco que tiene a mi chica tan alterada. Quiero insistir
en que me lo diga ahora, que me diga las noticias para que pueda abrazarla.
La tendré en brazos toda la noche y mañana por la mañana. La sostendré a
través de lo que sea que la tenga tan visiblemente molesta. No lo hará sola.
Me aseguraré de ello.
—Siéntate —dice, doblando las piernas debajo de la silla. Es un
movimiento deliberado ya que tendré que sentarme en el sofá. Lejos de ella—
. Hoy ha sido un mal día.
—Puedo ver que estás molesta. ¿Puedo abrazarte? No me importa lo
que sea. Lo superaremos. Juntos.
—¿Qué crees exactamente que está pasando aquí, Lucas?
—Supongo que algo pasó en la consulta del médico el viernes. ¿Que
tienes malas noticias o algo así?
Ella asiente. 162
—Noticias, pero no está mal. Al menos, no lo creo. Al principio me
sorprendió, pero no es algo por lo que pueda estar molesta.
Siento como si me hubieran quitado una tonelada de ladrillos del
pecho. Ella va a estar bien. Eso es todo lo que importa.
—¿Quieres hablar de ello?
—En realidad no, pero eso no es lo que debe hacer un adulto. —Se
detiene, ordenando sus pensamientos, supongo, así que me quedo callado,
dándole el tiempo que necesita—. Te vi el viernes por la tarde, cuando
estabas en mi oficina.
—¿Lo hiciste? Esperaba verte mientras estaba allí. No te vi cuando
estaba en el vestíbulo, y tuve que volver. Los chicos estaban listos y
esperándome.
—Cierto —se burla—. Por favor, deja de mentir, Lucas.
¿Qué?
—No te estoy mintiendo. Esperaba poder verte. Diablos, si fuera por mí,
pasaría cada momento de mi vida contigo.
—¿Y tu hijo?
—¿Mi hijo? —pregunto, perplejo.
—El que me has ocultado. Con el que casi no tienes nada que ver. ¿Qué
pasa con él?
—¿Addyson? ¿De qué demonios estás hablando?
—¿Estás listo para escuchar mis noticias? —pregunta ella, ignorando
mi pregunta.
—Sí. —Podemos volver al hecho de que ella cree que tengo un hijo. No
sé de dónde sacaría esa idea.
—Estoy embarazada.
Lo que ella dice tardo unos tres segundos en asimilarlo. Lentamente,
me paro y camino hasta donde ella está sentada en la silla. Me arrodillo y
pongo mi mano en su vientre. Las lágrimas me pinchan los ojos.
Mierda. Voy a ser padre.
—Un bebé —susurro. Levantando mi cabeza, mis ojos llorosos chocan
con los suyos—. Te amo, Addy. Hicimos un bebé. —No puedo contener mi
sonrisa. No es que quiera hacerlo.
—Eso parece —dice ella, limpiándose las mejillas.
—Estás feliz por ello, eso es lo que dijiste, pero no pareces feliz. —Parece
dolida si el dolor en sus ojos llenos de lágrimas es un indicio de ello.
—Feliz de que el hombre que amo me haya estado mintiendo. Que 163
ahora escatimes en tus responsabilidades como padre, ¿cómo podría pensar
que este bebé, que nuestro bebé será diferente?
—¿De qué mierda estás hablando? —Puedo sentir el enojo. Este es el
mejor día de mi vida, y ella está saliendo con esta mierda de “tienes un hijo”;
al azar—. Por favor, deja de hablar en círculos y dime qué está pasando.
—Nolan. —Su voz se rompe—. Es un niño increíble. Te lo estás
perdiendo. A él.
—¿Nolan? —pregunto, confundido. Ahí es cuando me doy cuenta—.
Addyson, Nolan es mi sobrino.
—Sí, está bien. —Se ríe sin sentido del humor—. ¿De verdad vas a
mentirme en la cara? Te vi, Lucas. Incluso se parece a ti. Dijo que su padre
lo dejó. Su padre, que su madre, Annalyse, afirma que no está en su vida.
Me levanto y tomo su mano, sacándola de la silla. Entonces tomo el
asiento donde ella estaba sentada y la tiro en mi regazo. No se resiste, pero
está tiesa en mis brazos.
—Escúchame —digo, mis labios junto a su oreja—. Nolan Oliver
Forrester es mi sobrino. Annalyse Forrester es mi hermana. Kirk, es el padre
de Nolan, lo dejó y se fue. Llamó a mi hermana al trabajo diciéndole que
tenía que lidiar con ello. —Sigue rígida, pero no se mueve—. Me llamó para
preguntarme si podría recogerlo y encontrarme con ella en su casa. Estaba
en una reunión de la que no podía salir. —Todavía nada, así que sigo
adelante—. No tengo un hijo, no a menos que este pequeño sea un niño. Y
para que conste, tampoco tengo una hija. —Espero pacientemente, con los
brazos cerrados para que hable.
—¿Cómo se supone que voy a creerte? Dijo que su padre lo dejó, y que
tú estabas allí, y que nunca te había visto antes. Nunca lo llamaste Nolan
—dice. Su voz es triste, casi como si no estuviera luchando conmigo. No, es
más bien como si ella lo hubiera aceptado.
—El segundo nombre de mi padre es Oliver, igual que el mío y el de
Nolan. Lo llamamos Ollie desde que era un bebé —le explico—. Ni siquiera
sumé dos más dos que eras la terapeuta del habla de Ollie hasta que Anna
me dio la dirección. Ella nunca te ha mencionado por tu nombre, en vez de
eso se refiere a ti como su terapeuta del habla, o a la señorita S. Debería
haber preguntado, pero nunca se me ocurrió.
Ahí es cuando siento que todo su cuerpo empieza a temblar.
—Shhh, por favor no llores. No es bueno para ti ni para el bebé. —Ella
se mete en mi pecho—. Está bien —le aseguro.
—No —solloza—. No está bien, Luke. Todo esto es demasiado.
—¿Qué es demasiado? —pregunto con delicadeza. Estoy tratando de 164
mantener la calma. ¿Tener a mi bebé es demasiado? Dijo que estaba
emocionada, pero ahora con las lágrimas, estoy perdido.
Se sienta, luego se pone de pie y camina por la habitación. Sus brazos
están cruzados y apretados sobre su pecho.
—Esto, es demasiado. Dices que es tu sobrino, y no tengo razón para
no creerte. Inmediatamente pensé lo peor de ti. Estoy quebrada, y te mereces
algo mejor.
—Lo que me merezco eres tú —le digo. Lucho contra el impulso de ir
hacia ella, pero agarro los brazos de la silla y me quedo donde estoy, dándole
el espacio que ella está buscando.
—Cierto —se burla—. Necesitas una novia que se precipite en sus
conclusiones. Mierda, voy a fastidiar a este bebé.
Me pongo de pie, y en unos cuantos pasos largos, me pongo delante de
ella.
—Escúchame. Has pasado por tanto, y sé por lo que te han hecho pasar
esos otros gilipollas. Fue un malentendido. No se ha hecho ningún daño.
Sin embargo, nunca hables así de la madre de mi hijo. —Me acerco,
levantando las manos para secar las lágrimas de sus mejillas—. Es hermosa
y amable. Es muy inteligente y leal. Es mi mejor amiga y mi corazón.
—Luke. —Ella respira, lágrimas cayendo por sus mejillas.
—Una vez le dije que le demostraría que yo soy la diferencia. Que no la
trataría como los anteriores. Que mi misión en la vida sería ser lo que ella
necesita. ¿Sabes cuál es la parte graciosa de eso?
Ella niega.
—No —susurra.
Me pongo de rodillas y pongo mi mano bajo su camisa sobre su vientre.
Mirando hacia arriba, veo sus grandes ojos marrones mojados por las
lágrimas, pero llenos de esperanza.
—Quería ser tu diferencia, pero resulta que eres la mía. Tú y nuestro
bebé.
—Lo siento mucho. —Llora.
—No tienes nada que lamentar. Ven aquí. —Me levanto y la guío al sofá.
Me siento, y ella se acurruca a mi lado.
—He hecho un lío de cosas.
—No, no lo has hecho. Esta es nuestra primera pelea. Estoy seguro de
que no será la última. Lo que tienes que recordar es que prefiero luchar 165
contigo que estar sin ti. Somos una familia.
Se sienta y se da la vuelta para mirarme.
—Tengo fotos. —Ella extiende la mano y coge de la mesa de café el sobre
blanco que estaba sosteniendo cuando llegué—. No se nota, pero son sus
primeras fotos. —Ella sonríe a través de sus lágrimas.
Mis manos tiemblan al quitarle el sobre. Con cuidado, saco las fotos en
blanco y negro.
—Cariño, necesito ayuda. ¿Qué estoy mirando aquí?
—Esto… —señala una pequeña mancha negra—, es nuestro bebé.
—¿Lo sabías? —le pregunto a ella. Miro fijamente la imagen granulada
tratando de procesar que la pequeña mancha negra me está convirtiendo en
padre.
—No. —Ella sacude la cabeza—. Ni idea. El viernes era mi revisión
anual y mi control de natalidad. Siempre hacen una prueba de embarazo
con orina y dio positivo.
—¿Sorprendida? —le pregunto. Al principio yo también, pero la
conmoción fue rápidamente reemplazada por la euforia. Amo a esta mujer y
a nuestro bebé. ¿Cómo podría no estar feliz por eso?
—Mucho. Pero después de unos minutos, la conmoción desapareció y
fue más triste. Pensé que iba a hacer esto sola. Y puedo, puedo hacer esto
sola.
—Sé que puedes, pero no lo harás. —Me inclino y beso sus labios—.
Este es nuestro bebé, y la criaremos juntos.
—¿Ella?
—Sí. Espero que sea una niña que se parezca a su mamá.
—Saludable. Sólo quiero que él o ella estén sanos.
—Múdate conmigo.
—¿Qué? —Se tira hacia atrás, la conmoción es evidente en su rostro.
—Múdate conmigo. Te amo. Amo a este bebé. Si fuera por mí, ya te
habría mudado. Hagámoslo oficial.
—Luke, deberías pensar en lo que estás diciendo.
—No necesito pensar en ello. Quiero que estés allí. No quiero perderme
ni un minuto de esto. Ni el embarazo ni la alimentación nocturna. Lo quiero
todo. Lo quiero todo de ti.
Está callada por unos minutos.
—Tú eres la diferencia.
166
—Claro que lo soy. Entonces, ¿te mudas conmigo? —Esta vez se
plantea más bien como una pregunta. Se muerde el labio inferior—. Mi casa
es un hogar contigo allí. Ahora, con este pequeño ángel uniéndose a
nosotros, aún más. Podemos mantener este lugar por unos meses si eso te
hace sentir mejor —ofrezco. Me aferro a un clavo para que diga que sí. Estoy
a punto de decirle que le cederé mi casa, para que siempre tenga un lugar
al que llamar cuando suene mi teléfono. Sacándolo de mi bolsillo, veo el
nombre de Anna. Lo giro para que Addy pueda ver antes de contestar.
—Tío Luke —dice Ollie o Nolan, como Addy lo conoce, al teléfono—.
¿Vienes a casa de mamá? —pregunta.
—Hola, amigo. No estoy seguro. Déjame hablar con tu mamá, ¿está
bien?
—Está bien —dice. Puedo oír el murmullo de la voz divertida de mi
hermana.
—Lo siento por eso. Su logopeda le dijo que tú lanzarías la pelota de
béisbol con él.
—Oh, lo hizo, ¿verdad? —pregunto, sonriéndome. Espera a que se
entere de que la señorita S es mi Addyson.
—Sí, pero no tienes que hacerlo. Sé que acabas de llegar. Estamos en
casa de mamá y papá para cenar.
—Sabes qué, cuenta conmigo. Tengo a alguien que quiero que
conozcas.
—¿En serio? ¿Finalmente nos vas a dejar conocerla?
—Tu futura cuñada, sí.
—¿Qué? ¿Estás comprometido? —grita.
—No. Aún no, pero lo estaré, y será ella.
—¡Sí! No puedo esperar a conocerla.
—Nos vemos pronto —digo yo, terminando la llamada sin esperar su
respuesta—. Así que, tenemos que pasar por la casa de mis padres.
—¿Ahora? —pregunta ella—. ¿Y a la futura cuñada?
—Sí, ahora. Ollie dijo que su terapeuta del habla le dijo que yo lanzaría
la pelota de béisbol con él. Y bueno, ya que su padre es un vago, quiero
hacerlo. También quiero que finalmente conozcas a mi familia. Hace tiempo
que debería haberse hecho. —Me inclino y la beso—. Y sí, Addyson, tú eres
mi futuro. Mi futura esposa, mi para siempre.
—Soy un desastre, Luke, y… ¿no necesitamos hablar de todo eso?
—No. Ya sabes lo que pienso. Quiero que tú y el bebé se muden
conmigo. Esta noche. Sin embargo, sé que necesitas tiempo para procesarlo 167
todo para que podamos empezar a mudarte mañana.
—¿Mañana? —Ella sonríe—. Gracias por el tiempo para procesarlo.
—De nada. —Le beso la punta de la nariz.
—Lo siento —dice sinceramente—. No debería haber sacado
conclusiones sin hablar contigo primero.
—Está bien, cariño. Lo entiendo. Ahora, arriba. Ollie me está
esperando. —Después de que ella tarda un minuto en “limpiarse”, como ella
misma dijo, le pongo un brazo alrededor de los hombros y la conduzco hasta
mi camioneta. Después de toda la preocupación de los últimos días, no
podría haber pedido un mejor resultado. Claro, me duele que no confiara en
mí, pero lo entiendo. Ha estado en la mierda más veces de las que puede
contar. La vida está llena de dolor sin perdón. No hay nada que quiera más
que a ella y a nuestro bebé. Por lo que a mí respecta, todo es agua pasada.
Hoy comenzamos el siguiente capítulo de nuestra vida. Como padres,
casados, si me salgo con la mía. Solo tengo que dar un paso a la vez.
Capítulo Veinticinco
Addison
Una vez que estamos en el camino, Luke se acerca y toma mi mano
en la suya, descansando en la consola central. Estoy asombrada de él y de
su comprensión. Debería estar enojado, furioso, pero en cambio, está
sonriendo como un tonto. Está contento con el bebé y quiere que seamos 168
una familia. Es más de lo que podría haber esperado, pero sé que todo
depende de mí. Dejo que mi pasado y mis inseguridades se hagan cargo.
Lo acusé cuando debería haber salido a esa sala de espera y haberlo
tratado de frente. En cambio, me metí en mi caparazón. Esperaba que él
se fuera, no que insistiera en que me mudara con él.
—¿Quieres contarles sobre el bebé? —pregunta, interrumpiendo mis
pensamientos.
—¿Tú sí?
—Diablos sí, lo hago. Solo sé que algunas personas esperan, ¿verdad?
Morgan, de la oficina, esperó hasta llegar a cierto punto de su embarazo
antes de decírselo a alguien.
—Sí, sé que algunos lo hacen, pero... es tu familia, puedes decirles si
quieres.
—Ellos son mi familia, pero tú y nuestro bebé, ustedes son mi familia
y mi primera prioridad.
—Es tu decisión.
—¿Le has dicho a tus padres?
—No. Ni siquiera a Harper.
—¿En serio? —Él mira, y puedo escuchar la sorpresa en su voz.
—No, solo le dije que no eres quien pensé que eras. Que tuviste un
hijo. Supongo que debería llamarla y decirle, ¿eh?
—No, ella se lo contará a Justin, estoy seguro. Él puede enderezarla.
Si no, podemos más tarde. En este momento, estás conociendo a mi
familia. —Se detiene en una unidad circular—. Este es la casa de mis
padres. —Apaga su camioneta y me mira—. Podemos decirles o no decirles,
pero antes de entrar allí, necesito que me digas que entiendes algo.
Necesito oírte decirme que sabes que estoy en esto. Que te amo a ti y a este
bebé, y los quiero a los dos.
—Me amas a nosotros y a nuestro bebé —le digo, luchando contra
una sonrisa—. Lo siento, Lucas, por todo.
—¿Te mudas conmigo?
Quiero. Quiero esa confianza que construimos, quiero que siga
creciendo y quiero que este bebé tenga a sus dos padres. 169

—Sí. —No me doy tiempo para pensar mi respuesta. Estoy siguiendo


mi corazón y esta vez, confío en que Luke estará allí para protegerlo.
—¿Sí? —Se inclina sobre la consola, me pasa la mano por la nuca y
me da un beso—. Te amo tanto. —Apoya su frente contra la mía.
—Yo también te amo. —Escucho un chillido y levanto la vista para
encontrar a Nolan que sale corriendo de la casa—. Parece que está
emocionado.
—Es un gran niño.
Asiento.
—Lo sé.
—Vamos, vamos a conocer a tus futuros suegros. —Sonrío
nerviosamente, pero él no lo ve. Tampoco ve la forma en que mi corazón
late en mi pecho. Salió de su camioneta y se dirigió a mi lado. Me abre la
puerta y me levanta al suelo—. Carga preciosa —dice, besando la punta de
mi nariz antes de ponerme de pie.
Escuchamos un grito ahogado. Juntos nos volvemos para mirar a
Nolan. Está de pie con las manos en las caderas y la cabecita inclinada
hacia un lado.
—¿Qué haces besando a la señorita S? —le pregunta a Luke. Se nota
por su rostro que está realmente perplejo.
Luke se inclina para que se vean cara a cara.
—¿Quieres saber algo genial? —le pregunta a su sobrino. Él mueve
su cabecita arriba y abajo—. La señorita S es mi novia.
—¿Ella tiene piojos? —pregunta.
Luke se ríe entre dientes.
—No, pero ¿sabes lo que ella tiene? —le pregunta. Esta vez Nolan
niega de lado a lado—. Ella tiene un bebé en su vientre. —Luke estira la
mano y entrelaza sus dedos con los míos.
—¿Lo tienes? —pregunta Nolan con los ojos muy abiertos.
—Sí —confirmo con una sonrisa.
—Vamos, amigo, entremos por unos minutos y luego podemos jugar
a la pelota. 170
—¿La señorita S juega también?
—No esta vez, hombrecito. —Luke se levanta.
—¿Por qué no? —le pregunto.
—Sí, ¿por qué no? —dice Nolan, de pie junto a ella.
—El bebé —dice Luke suavemente.
—Luke, estoy embarazada no herida. Puedo lanzar la pelota con él.
—¿Y si la pelota te golpea? En el vientre —agrega.
—Tiene seis años —le recuerdo—. No creo que tengamos que
preocuparnos por eso.
—No esta vez, ¿de acuerdo? —pregunta, besando mi sien.
—¿Es esto lo que serán los próximos ocho meses? ¿Me vas a decir lo
que puedo y no puedo hacer?
—Probablemente. —Se encoge de hombros sin pedir disculpas—. Ese
es mi trabajo, cuidar de ti y de este bebé.
—No, tu trabajo es amarnos.
—Lo hago, Addy.
—Yo sé que sí. Vamos. Podemos hablar de esto más tarde. —Asiento
hacia donde Nolan nos está mirando.
—No lastimaré a tu bebe, señorita S.
—Oh, cariño. —Me agacho para acercarme a él—. Sé que no lo harás.
De hecho, vas a ser un gran primo. Tendrás que enseñarle al bebé a correr
y jugar, y todo tipo de cosas divertidas.
—¡Yupi! —Él levanta sus pequeños brazos en el aire.
—Muy bien, amigo. Volvemos en un rato. Quédate en el patio y no
pases los árboles. —Luke señala la línea de árboles que está a mitad del
patio.
—No lo haré —dice, saltando para jugar.
—¿Listo? —Luke me sonríe.
171
—Como siempre lo estaré. —Nos conduce hacia el frente de la casa.
Cuando nos acercamos, la puerta se abre, y una mujer que tiene que ser
su madre con cabello salpimentado nos saluda.
—Ya era hora. —Le da a Luke una mirada burlona y luego se vuelve
hacia mí—. Debes ser la mujer de la que mi hijo no puede dejar de hablar.
—Addyson —le digo, tendiéndole la mano.
—Pft. —Ella pasa por alto mi mano y me abraza—. Le dijo a su
hermana que eras su futura cuñada. Eso merece un abrazo —dice,
alejándose.
—Es un placer conocerla —le digo, evitando la parte de cuñada. Estoy
abrumada con la aceptación que tienen de mí y la declaración de Luke.
—Mamá, esta es mi novia, Addyson. Addy, esta es mi madre, Gail.
¿Dónde está papa?
—En la casa con Anna. Entra. —Ella da un paso atrás para dejarnos
pasar, llamando a Nolan diciéndole que no pase los árboles.
—Oye, papá —llama Luke.
—Estamos aquí. —Reconozco la voz de Annalyse de inmediato. Con
su brazo alrededor de mi cintura, Luke nos guía a la cocina. Su padre
levanta la vista y sonríe, al igual que su hermana. Ella jadea—. ¡Addyson!
¿Esta es tu Addyson? —le pregunta a Luke.
—No, mami. Esta es mi señorita S —dice Nolan detrás de nosotros.
Todos nos volvemos a mirarlo. Tiene suciedad en el rostro, pero su sonrisa
es cegadora. Se detiene para pararse a mi lado—. Ella tiene un bebé en su
vientre, y le voy a enseñar a correr y esas cosas. —Espero a que el temor
me golpee de que nuestras noticias se han filtrado, pero nunca llegan.
Quiero este bebé, y estoy orgullosa de compartir esta experiencia con Luke.
—¿Luke? —pregunta su madre. Su mano vuela sobre su boca y
lágrimas en sus ojos. Miro que su padre se pone de pie y se acerca a ella,
tirando de ella hacia sus brazos. Es como si nos miráramos en un espejo
cuando Luke hace lo mismo conmigo.
—Parece que el gato está fuera de la bolsa. —Luke me sonríe—. Vamos
a tener un bebé —dice, su voz alta y clara, sus ojos suaves y solo para mí.
Antes de que sepa lo que está pasando, hay cuatro brazos envueltos
alrededor de nosotros en un abrazo. Todos los adultos están hablando a la 172
vez hasta que escuchamos un grito ahogado. Todos se alejan para ver a
Nolan agarrando mis piernas.
—Estaba atrapado —dice, encogiéndose de hombros, haciendo reír a
todos los adultos.
—¿Cuánto tienes? —pregunta Anna—. ¿Cómo te sientes?
—Nos acabamos de enterar —dice Luke—. Tenemos cuatro semanas
y tres días. —Estoy impresionada de que haya agregado los tres días de las
cuatro semanas y un día en la imagen de ultrasonido.
—Me siento genial. No lo habría sabido si no hubiera ido a una
revisión.
—Tuve un gran embarazo con mis dos hijos. Sin náuseas matutinas,
pero ansiaba el helado de chocolate y las papas fritas. —Su madre se ríe.
—No antojos todavía, pero estoy listo para ellos —dice Luke con
orgullo.
—Bueno, entra, para que podamos platicar. Vamos a ponernos
cómodos. Soy Phillip, por cierto. —Su padre abre los brazos para darme
un abrazo. Poco a poco entro en ellos, y él susurra—: Bienvenido a la
familia.
Ese es el momento en que me golpea. Este siempre ha sido mi sueño.
Enamorarme y tener una familia propia. Mis padres eran tan buenos
modelos a seguir, quería que mi futuro se pareciera al de ellos. Felizmente
enamorada, viendo a mis hijos crecer con mi esposo a mi lado en cada paso
del camino. Pensé que ese sueño se había desvanecido con todas las ranas
de mi pasado. Afortunadamente para mí, mi príncipe vino y no quiso
aceptar un no por respuesta.
Luke ha hecho mis sueños realidad.
Pasamos las próximas horas hablando y conociéndonos. Luke sale a
lanzar la pelota con Nolan. Su padre lo acompaña, dejándonos a las
mujeres para conversar. Me ayudó ya conocer a Anna, seguro de una
manera profesional, pero fue suficiente para calmar mis nervios.
—Addy, ¿estás lista para irnos? —pregunta Luke algún tiempo
después. Está de pie en la puerta de la sala de estar—. Tenemos que
conseguirte algo de comer. 173

—Quédate a cenar —insta su madre.


—Gracias, mamá, pero he estado lejos de mi chica desde el viernes
por la mañana. Necesitamos un poco de tiempo de inactividad.
—Uh-huh. —Su hermana se ríe.
—Eso también. —Luke sonríe.
—¡Lucas Oliver Prescott! —lo regaña su madre.
—Te amo, mamá. —Él sonríe, toma mi mano y me guía por el pasillo—
. Te llamaremos —dice por encima del hombro cuando llegamos a la
puerta. No espera una respuesta cuando salimos y la cerramos detrás de
nosotros—. Quise decir lo que dije, pero ¿crees que deberíamos ir a ver a
tus padres? —pregunta una vez que estamos en su camioneta.
—No esta noche. Llamaré a mamá, y tal vez podamos ir mañana por
la noche. En este momento, realmente solo te quiero a ti.
—¿Necesitas algo de tu casa?
—Sí, necesito mi bolso. Tiene mi computadora portátil adentro.
Él lleva nuestras manos unidas a sus labios y besa mis nudillos.
—¿Qué habitación crees que deberíamos decorar para el bebé? —
pregunta, girando por la calle de sus padres.
—Umm... no estoy segura. Creo que durante unas semanas más o
menos, él o ella necesitarán estar en la habitación con nosotros.
—Está bien, ¿entonces necesitamos dos camas? —pregunta.
—No, una cuna funcionaría.
—Lo tengo.
—Luke. —Espero hasta que lleguemos a una señal de alto y él se da
vuelta para mirarme—. Tenemos tiempo.
—Lo sé, pero quiero construir un hogar contigo, construir nuestra
vida. No puedo evitar estar emocionado por esto. Lo digo en serio, Addy.
Quiero este bebé No podría estar más feliz.
Asiento. ¿Qué más puedo decir? Me perdonó por ser una tonta. Sé lo
afortunada que soy, y prometo no volver nunca más a conclusiones.
En mi casa, me apresuro por el pasillo hacia mi habitación para tomar
174
mi laptop cuando se me ocurre una idea. En el armario, saco mis dos
maletas. Una es más grande, la otra es pequeña para el equipaje de mano.
Al abrirlos, empiezo a tirar la ropa. Vacío el cajón de mis sostenes, bragas
y calcetines. Tomo un par de ropa de noche, algunos atuendos para esta
semana, pantalones cortos, camisetas y jeans. Estoy lanzando artículos al
azar hasta que tenga la maleta grande llena.
En la maleta más pequeña, tomo la foto de Luke y yo, así como la de
mis padres de la mesita de noche y las envuelvo en una toalla, colocándolas
suavemente en la segunda maleta. Luego tomo la imagen de ultrasonido
enmarcada desde la parte superior de mi tocador. También se envuelve en
una toalla y se coloca en el segundo estuche. Volviendo a mi armario, tomo
mis botas vaqueras marrones y verde azulado y las agrego antes de
cerrarlas.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta Luke mientras estoy colocando la
maleta más pequeña en el suelo.
—Pensé que sería un buen comienzo. —Me encojo de hombros.
—¿Comienzo de qué? —pregunta. Puedo escuchar la esperanza en su
voz.
—¿Pensé que me estaba mudando?
—Sí. —Se acerca hacia mí. Recoge ambas bolsas y sale de la
habitación.
—¿Qué estás haciendo? —lo llamo.
—No te daré la oportunidad de cambiar de opinión. Estaré en la
camioneta.
Con una sonrisa en mi rostro de un kilómetro de ancho, recojo mi
computadora portátil, y solo por la sonrisa que sé que me dará cuando la
vea, empaco otra bolsa más pequeña. Esta vez, pongo más ropa casual.
Cuando está llena, la cierro y me dirijo a la sala de estar. Agarro mi manta
favorita del respaldo del sofá y la tiro sobre mi hombro con mi bolso de
noche y mi bolso de trabajo. Apagando las luces y encerrándome, me dirijo
a la camioneta.
—¿Más? —Sus ojos se iluminan. Se inclina y me besa suavemente—.
El mejor día de mi vida —susurra contra mis labios.
—¿Sí? 175
Él asiente.
—Definitivamente.
—¿Quieres saber un secreto?
—¿Tuyo? Por supuesto.
—Quiero un niño pequeño. Quiero un niño pequeño que crezca para
ser un hombre increíble como su padre.
—Bueno, puedes tener con tu hijo después de que consiga a mi chica.
—¿Cuántos? —le pregunto.
—Todos los que me des. —Toma mis maletas y las carga mientras yo
me siento y abrocho el cinturón de seguridad.
—Deberíamos llamar a Justin y Harper.
—Podemos hacer eso cuando lleguemos a casa —le digo.
—Casa. Joder, me gusta cómo suena eso. Estás llamando a mi
dirección casa.
—Compartimos una dirección ahora, amigo.
—Gracias al cielo —dice, y los dos nos reímos.
Él marca el teléfono y ponemos a Justin y Harper en el altavoz. Ambos
están conmocionados y felices por todos nosotros al mismo tiempo. Luego
nos dejan la noticia de que ellos también viven juntos. Lo hicieron oficial
hoy también. A ninguno de los dos les gustaba estar lejos del otro, y
pensaban que era el momento.
—Tienes que ponerte al día, hombre —le regaña Luke a Justin.
—¿Oyes eso, Harp? Tira esas pastillas —le dice.
Ella nos sorprende a todos cuando dice.
—Está bien.
—¿Qué? —le pregunta. Luke y yo estamos tan callados como ratones
mientras escuchamos.
—Dije que está bien —dice ella. No hay vacilación en su voz.
—Chicos, nos tenemos que ir —les digo, dejándolos tener este
momento. Se asegurarán de completarnos más tarde—. Los amo a los dos
—digo, y finalizo la llamada antes de que puedan responder. De todos 176
modos, no están preocupados por nosotros en este momento. Hay algunas
decisiones importantes que se toman a nuestro alrededor. Mientras nos
acostamos juntos en la cama, sus brazos abrazándome, no puedo evitar
sentir esperanza en nuestro futuro. Luke ha aportado mucho a mi vida, y
ahora con nuestro bebé en camino, esa alegría aumenta aún más. Me lleva
un tiempo quedarme dormida por toda la emoción y los cambios en
nuestras vidas, pero estoy emocionada y espero que haya muchos más por
venir.
Capítulo Veintiséis

Lucas
—¿Tu padre tiene un arma? —le pregunto a Addy. Es lunes por la
noche, y vamos de camino a la casa de sus padres.
177
—Sí
—Genial —murmuro.
—¿En qué piensas? —pregunta.
—Sólo pensaba en nuestra hija. Voy a necesitar un arma —admito.
Ella se ríe.
—¿Por qué?
—Porque con una hija, tengo que preocuparme por un millón de
pequeños penes tratando de meterse en sus pantalones.
—¿Por qué tienen que ser pequeños? —Sonríe.
—Addyson —le digo, advirtiéndole.
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe, el sonido llenando la cabina de mi
camioneta.
—¿Y si es un niño?
—Entonces sólo tengo que preocuparme por una polla. Un gran pene,
ya que se parece a su padre y todo eso.
Sólo sacude la cabeza y sonríe.
—¿Por qué no me dijiste que estabas nervioso?
—No lo estoy, no realmente. Estaba pensando en si tenemos una niña
y cómo manejaré a un hombre que entre en su vida y me la quite.
—Tendrás que dejar que ella tome sus propias decisiones. Mientras la
trate bien, es todo lo que podemos pedir.
—Supongo. ¿Crees que así es como tu padre lo ve?
—Absolutamente. No tienes de qué preocuparte. Se preocuparán por
mi pasado, pero cuando nos vean juntos, lo sabrán.
—¿Sí? ¿Y cómo es eso?
—Porque ninguno de ellos me miró como lo haces tú.
—¿Como si te necesitara a mi lado para respirar? —No es una
exageración. Cuando no estoy con ella, quiero estarlo, y estoy
constantemente preocupado por ella, por el bebé. ¿Se siente bien? ¿Se
encuentra mal? Ella es todo mi mundo.
—Algo así —concuerda con una sonrisa—. Gira a la izquierda aquí. Es
la segunda entrada a la derecha.
—¿Esta es la casa en la que creciste? —pregunto cuando lleguemos.
—Sí. Sólo yo y mis padres. Siempre quise hermanos. Mamá y papá
decían que yo era suficiente para ellos.
—Vamos a tener más, ¿verdad? ¿No sólo éste? —Fue vaga la última vez 178
que discutimos esto.
—¿Cuántos más? —me pregunta.
—Al menos cuatro en total.
—Necesitaremos más dormitorios. —Me encanta que nos haya
visualizado viviendo juntos. Estaba seguro de que tendría una pelea entre
mis manos.
—Soy arquitecto. Podemos añadir alguno más.
—Comencemos con este, y tal vez uno más y veamos cómo va.
—Trato hecho. —Estaría contento con uno, pero aceptaré todos los que
ella me dé—. No tenemos a Nolan aquí para que nos ayude —digo riendo.
Mi sobrino es único.
—No, pero no te preocupes. Son geniales. Todo va a salir bien.
—A pesar de todo, estamos juntos.
—Sí. —Se apresura a estar de acuerdo. No estoy nervioso por mí, sino
por ella. No necesito su permiso para amar a Addy y a nuestro bebé, pero sé
que significará mucho para ella. Por eso estoy nervioso. Hemos hablado de
nuestras familias, y por lo que he oído, son geniales, pero nunca se sabe
cómo va a reaccionar la gente. Especialmente porque es su única hija.
—Quédate quieta —digo, apagando el motor. Sorprendentemente,
escucha. Me inclino y beso la comisura de su boca—. ¿Lista, nena?
—Sí.
Levantándola de la camioneta un momento después, la pongo de pie.
—Luke, puedo arreglármelas —me dice, y no es la primera vez.
—Carga valiosa. —Le guiño el ojo. Sus grandes ojos marrones brillan
de felicidad.
—Vamos, hombre loco. —Junta sus dedos con los míos, y nos dirigimos
a la puerta principal. No llama a la puerta. En vez de eso, gira la manija y
entra—. Mamá, papá, ¿dónde están? —dice ella.
—En la cocina, Addy —responde una voz masculina.
Nos lleva por el pasillo a una gran cocina.
—Hola. —Suelta mi mano y abraza a su mamá y luego a su papá—.
Mamá, papá, quiero que conozcan a Lucas. Mi novio. Luke, este es mi padre,
Arthur, y mi madre, Barbara.
—Encantado de conocerle. —Extiendo mi mano por su padre, dándole
un fuerte apretón de manos, y luego a su madre, que, como la mía, la aparta
y me abraza. 179
—Es un placer conocerte por fin. Siéntate. —Señala la gran mesa de
comedor al lado de la cocina—. Espero que tengas hambre. Hice pastel de
pollo y tenemos ensalada.
—Eso suena delicioso. —Huele delicioso también.
—Estará en unos minutos —dice su madre.
—Eso es bueno porque tengo algunas noticias —dice Addyson. Tiro de
su silla y le dejo caer un beso en la parte superior de la cabeza antes de
sentarme en la que está a su lado. Su mano encuentra la mía debajo de la
mesa, y yo le doy un suave apretón en apoyo silencioso—. Luke y yo hemos
decidido mudarnos juntos.
—Eres una chica grande, Addyson —dice su padre. Sus ojos son suaves
cuando la mira—. Mientras esto sea lo que quieres, te apoyamos.
Se da la vuelta para mirarme.
—Él es lo que quiero.
Me importa una mierda en qué cocina estemos. Meto un mechón de
cabello suelto detrás de su oreja, y me inclino hacia abajo, besando la
comisura de su boca. Ella me sonríe, y juro que mi maldito corazón está
sonriendo con lo mucho que amo a esta mujer.
—Tenemos más noticias. Vamos a tener un bebé.
Su madre se pone de pie y corre hacia nosotros, tirando de nosotros en
un abrazo.
—Felicidades.
—Addyson —dice su padre. Sus ojos están fijos en los de ella. Abre la
boca para hablar, pero yo le gano.
—Cuando conocí a Addy, me contó todo el infierno por el que había
pasado. Los perdedores que la usaron. Puedo asegurarle que no soy esos
hombres. Quiero mucho a su hija y a nuestro bebé.
Él asiente.
—Addyson me dijo que eres arquitecto.
—Sí, señor. Yo diseñé nuestra casa —le digo—. Nos encantaría que
vinieran para que puedan verla. Ver dónde vamos a criar a nuestra familia
—Mis ojos vuelven a Addyson.
Asiente.
—¿Eres feliz, Addy?
—Sí. —Su voz es fuerte y clara. Sin vacilación.
—Es todo lo que puedo pedir. Dinos cuándo y estaremos allí. —Se dirige
hacia nosotros y la abraza.
180
Saca su teléfono.
—Les enviaré un mensaje a los dos con nuestra nueva dirección para
que la tengan.
—Son bienvenidos en cualquier momento —agrego.
—¿Cómo te sientes? —pregunta su madre.
—Genial. Ni siquiera puedo decir que estoy embarazada.
—¿De cuánto tiempo estás?
—Cuatro semanas y cuatro días —digo, inclinándome y poniendo mi
mano sobre su vientre todavía plano.
—No sabía que esto sería una cena de celebración.
—Mamá, no es una gran cosa.
—Addison, nos vas a hacer abuelos, esto es muy importante —dice su
padre.
—Sí. —Está de acuerdo. Me mira y veo tanto amor en sus ojos. El amor
está presente y brilla tanto como el futuro que tenemos por delante. Tengo
el anillo que compré hoy cuando salí del trabajo. Había planeado
enseñárselo a su padre y pedirle permiso para casarme con ella, pero a la
mierda.
—Señor y señora Stafford, sé que esto es inusual, y no es como lo
planeé. Sin embargo, se siente correcto. —Me levanto de la mesa, giro su
silla para que me mire y me arrodillo—, Addyson Grace Staffor, eres el amor
de mi vida. En el momento en que te vi supe que eras especial. No sabía
cómo ni de qué forma me completarías, pero lo has hecho de muchas
maneras. —Levanto la mano y toco su vientre—. Solo falta una pieza en
nuestro rompecabezas. —Meto la mano en el bolsillo y saco la caja del anillo.
No sé si sus padres están enojados, y si pudiera ver más allá de su hija, la
bella mujer a mi lado, podría echar un vistazo. No lo hago. Todo lo que veo
es a ella—. Te amo, Addy. No porque vayas a tener a mi bebé. No porque sea
lo correcto para la sociedad. Te amo por tu sonrisa. Esos grandes ojos
marrones que me muestran la profundidad de tu amor cada vez que me
miras. Amo tu corazón y la forma en que lo das tan libremente, me encantan
nuestras charlas nocturnas. Me encanta volver a casa contigo. Me encanta
despertarme contigo. Me encanta la vida que hemos planeado, y me harías
el hombre más afortunado del planeta si aceptaras ser mi esposa. Addyson,
¿quieres casarte conmigo?
Está asintiendo con la cabeza antes de que termine de preguntarle. Las
lágrimas caen por sus mejillas.
—Las palabras, Addyson —dice su madre.
181
—Sí. —Sonríe, inclinándose para darme un beso.
Vuelvo a mi asiento y la llevo a mi regazo. Mis brazos se envuelven
alrededor de su cintura, y entierro mi rostro en su cuello. Su padre se aclara
la garganta. Levanto la vista para ver cómo nos mira.
—Lo siento, señor. Sé que debería haberle pedido permiso, pero no
podía esperar. No quiero nada más que vivir el resto de mi vida amándola.
Espero que ambos nos den su bendición.
Su madre asiente con la cabeza, secándose las lágrimas que corren por
sus mejillas.
—Cuida de ellos —dice, sorprendiéndome. Su rostro estalla en una
sonrisa—. Me di cuenta de que era una situación del “momento”.
—Sí señor. Traje el anillo con la esperanza de enseñárselo en un
momento que estuviéramos a solas, pero cuando se trata de tu hija no soy
muy paciente.
—¿A quién te recuerda esa? —le pregunta su madre.
—A nosotros, oh, hace unos 30 años.
— Exactamente. Ahora comamos y conozcamos a nuestro futuro yerno.
—Su madre se pone de pie y yo le ofrezco ayuda, pero ella se niega.
—Iré yo. —Addyson besa mi mejilla, luego se levanta de mi regazo y
sigue a su madre.
—Nunca la había visto tan feliz.
—Bien. Eso es todo lo que quiero para ella.
—Te creo. —Él rodea la mesa y me ofrece su mano—. Bienvenido a la
familia, Lucas. Cuídalos —repite sus palabras.
—Con todo lo que soy —le confirmo.
La cena es deliciosa y los padres de Addy son tan amables como dijo
ella. No estoy tan seguro de poder ser tan relajado si nuestra hija aparece
con un novio que nunca he conocido, me dice que está embarazada y luego
le veo declarase sin hablar conmigo primero. Tengo suerte de que Arthur no
me disparara.
Nos quedamos unas horas más hablando y conociéndonos. Les
mostramos las fotos de la ecografía, y prometen pasar una noche esta
semana para ver dónde vamos a vivir, dónde vive ahora su hija.
Definitivamente es una suerte que no me disparara.
—Ha ido bien —dice Addyson cuando llegamos a casa y nos estamos
preparando para ir a la cama.
—Debería haberme disparado —repito en voz alta lo que estaba
pensando antes. 182
—¿Qué? —Se ríe.
—Si nuestra hija hace lo que hicimos esta noche no sé si lo manejará
tan bien.
—Sólo quieren verme feliz. Tú serás igual —me asegura.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunto cuando la veo sacar su pequeña
maleta. Metí las dos en el armario anoche.
—Deshacer la maleta.
—De acuerdo. —Me siento en la cama, listo para ayudarla si lo
necesita—. ¿Quieres que saque la otra? No deberías estar levantando peso.
—No, esta noche no. Todo lo que necesito está en esta. Y para que
conste, solo tiene unas pocas cosas, por lo que no pesa mucho.
La observo atentamente mientras baja la cremallera de la maleta y saca
sus botas de vaquera. Me da una sonrisa tonta, luego se da la vuelta y las
coloca en el estante de los zapatos de su armario. Sí, pensé en darle a mi
futura esposa su propio espacio en el armario. Addy dice que fue una idea
genial.
—Ya no hay vuelta atrás —le digo.
—No. —Y vuelve a la maleta para desenvolver algo que estaba en una
toalla. Camina hacia el vestidor y lo coloca en la esquina.
Cuando retrocede, veo que es la ecografía enmarcada. El corazón me
da giros en el pecho. Esto está sucediendo de verdad. El amor de mi vida
está aquí conmigo, viviendo conmigo. Vamos a tener un bebé y ella aceptó
ser mi esposa. Han pasado muchas cosas en poco tiempo, pero no cambiaría
nada. Nada de todo esto.
Incapaz de resistirme, me levanto de la cama y me dirijo a la cómoda.
Muevo el dedo por el contorno del marco blanco que tiene puesto la palabra
“bebé” con letras mayúsculas en la parte inferior. Alejando los ojos de mi
hijo nonato, me doy la vuelta y veo a Addy colocar dos marcos más en la
mesita de noche, a su lado de la cama. Los mismos dos marcos que estaban
junto a la cama en su apartamento.
—Ahí. —Gira para mirarme con una sonrisa.
En unos pocos y largos pasos, estoy de pie frente a ella. Apoyándome
en ella, enterré mi rostro en su cuello, abrazándola con mis brazos.
—Esto es todo lo que me hacía falta —le dije.
—¿Qué? —me pregunta cuando vuelvo a mirar a sus grandes ojos
marrones.
—Para hacer de esta casa un hogar. Todo lo que necesitaba era a ti.
183
—Hmmmm, tal vez, pero tengo mi propia teoría sobre eso.
—¿Sí? ¿Te importaría iluminarme?
—Nosotros hacemos la diferencia —dice, con una lenta sonrisa en los
labios.
La beso. Mis labios en los de ella. Lentamente, deslizo mi lengua más
allá de sus labios, probando y explorando su boca. Nunca me cansaré de
ella.
Nunca.
—Te extrañé —digo contra sus labios.
Ella asiente.
—Muéstrame cuánto. —Levanta las manos en el aire. Mis manos se
mueven hasta el dobladillo de su camiseta, la sube y la pasa por su cabeza,
tirándola al suelo. Le rodeo y le recojo el cabello con la mano. Mis labios
presionan su hombro desnudo mientras le quito el sujetador. Lo deslizo por
los hombros y deja que se caiga.
Se vuelve hacia mí.
—Llevas demasiada ropa, Luke.
Imitándola, levanto mis manos en el aire, me inclino a su nivel y me
quita la camisa. Se desabrocha los pantalones cortos y se los quita. Yo hago
lo mismo, quitándomelos a patadas, sin importarme dónde aterrizan.
—Eres impresionante.
Al pasar por mi lado, se acerca al interruptor y apaga las luces. Sigo
sus movimientos con la ayuda de la luz de la luna. Cuando llega a la cama
tira de las sábanas y se sube. Ella se da la vuelta para quedar de cara a la
pared, y yo me subo detrás de ella. La arrastro a mis brazos, mi polla entre
su culo. Su suave piel bajo mis dedos.
—Luke —susurra en la oscuridad de nuestra habitación—. Realmente
necesito que me abraces. Necesito que me abraces, pero también que estés
dentro de mí. Necesito sentir que me rodeas.
Deslizo mi pierna entra las de ella. Mis dedos encuentran su centro y
ella está tan lista para mí como yo sabía que lo iba a estar. Agarrando mi
polla, la acaricio una vez, dos veces, antes de alinearme y empujar hacia
adentro. Ella arquea la espalda y yo me deslizo más profundamente. Mis
brazos la rodean, sosteniéndola contra mí.
—¿Así?
—Sí.
Los dos estamos callados y quietos. Sin moverme, dejo que su cuerpo 184
palpite a mi alrededor, demostrando una vez más que estamos hechos el
uno para el otro. Con un brazo bajo la cabeza, me usa como almohada. La
palma de mi mano rodeándole su duro pezón.
—Luke. —Respira.
Mis manos bajan de su pecho hasta su vientre.
—Hicimos un bebé, Addy. —Se oye la maravilla en mi voz. Nunca pensé
mucho en tener hijos excepto que sabía que algún día los tendría. Ahora que
ese día ha llegado, ahora que sé que esta mujer en mis brazos lleva a nuestro
bebé, quiero una casa llena. Quiero que esta casa se llene de niños. De risa
y, sobre todo, de amor.
Mi mano se desliza más para encontrar su clítoris. Poco a poco, mi
pulgar va trazando pequeños círculos. Estoy listo, así que necesito que ella
también lo esté. Pensando en nuestra vida juntos y la vida creciendo dentro
de ella, la sensación de su calor húmedo y caliente pulsando a mí alrededor,
es suficiente.
Ella es suficiente.
Nuestros cuerpos están tan cerca que siento cómo su respiración se
acelera.
—Te amo —susurro, besando su hombro desnudo. Su mano se
extiende hacia atrás y agarra mi muslo—. ¿Estás lista, nena? —susurro con
voz ronca.
—S-sí.
Saliendo y volviendo a entrar, hago que los dos gimamos. Mi pulgar
continúa rasguñando su clítoris mientras empujo dentro y fuera. Sus
paredes se tensan a mi alrededor.
—L-Luke.
—Dámelo, Addy. Déjate llevar. —Mis palabras la empujan al límite, ella
da un profundo gemido y me arrastra al borde del precipicio con ella. Nos
tumbamos en la oscuridad y tomamos aliento. No quiero moverme y parece
que ella tampoco.
—Buenas noches, Lucas —dice bostezando.
—Buenas noches, hermosa —susurro, cerrando los ojos. Mis brazos
están alrededor de ella, y mi polla está aún semi erecta en su interior. El
sueño me llama y mientras me duermo, soy más feliz de lo que he sido nunca
antes.

185
Capítulo Veintisiete

Addyson
—¿Estás bien allí? —le pregunto a Luke.
Estamos sentados en la sala de examen de mi ginecobstetra esperando
186
a que venga el médico. Es mi primera cita desde que descubrí que estábamos
embarazados. Sí, nosotros. Luke ha llegado al punto de decirme que solo
porque no puede cargar al bebé, pero todavía está en esto conmigo al 100
por ciento. Él es ese chico. El que sabes cuando te dice que te ama que es
incondicional. Es el que se corre a medianoche si mencionas que algo suena
bien. No es broma. Hace un par de noches estábamos viendo la televisión
en la cama, y mencioné que me gustaría tomar Cheez-Its cuando vi un
comercial. Estaba fuera de la cama, vestido y salió por la puerta antes de
que pudiera protestar. Regresó quince minutos después con cuatro
pequeñas cajas de la estación de servicio de veinticuatro horas, no muy lejos
de nuestra casa.
—Estoy bien —me asegura con una de sus sonrisas. Es una que tiene
bragas cayendo por todas partes. Por suerte, también es la sonrisa que
reserva solo para mí.
Cuando se abre la puerta, se sienta más derecho en su silla.
—Addyson —me saluda la doctora Edwards—. ¿Cómo te sientes?
—Bien, este es mi prometido, Luke.
—Felicitaciones —dice la doctora Edwards, dándole la mano—. ¿Cómo
está la mamá? ¿Náuseas matutinas? ¿Calambres? Todo lo cual es normal
—agrega.
—No a las náuseas matutinas. Algunos calambres mínimos, pero nada
que no pueda manejar.
—Bien, ese es tu cuerpo haciendo espacio para el pequeño. —Continúa
hablando sobre lo que está cambiando con el bebé desde mi última visita y
lo que sucederá entre ahora y la próxima—. En este momento, su bebé es
del tamaño de una frambuesa.
—Tan pequeño —comenta Luke.
—Pequeño, pero poderoso —bromea—. ¿Qué tal si vemos si podemos
escuchar los latidos del corazón?
Luke se levanta y camina hacia mí.
—¿Le hará daño a alguno de ellos? —pregunta, preocupado.
—De ningún modo. Usamos un doppler 4. Es externo y completamente
seguro.
Su agarre en mi mano es firme mientras vemos a la doctora Edwards
colocar una varita en mi vientre aún plano y moverlo. Los segundos pasan
y se sienten como minutos. ¿Hay algo mal? ¿Por qué no puede encontrarlo?
Hay miles de preguntas corriendo por mi mente cuando escucho un ritmo
atronador constante llenar la habitación. 187
—Agradable y fuerte. —La doctora Edwards sonríe.
Escucho a Luke respirar profundamente, y como si necesitara eso para
recordármelo, hago lo mismo.
—¿Se supone que debe ser tan rápido? —le pregunto.
—Sí. Perfectamente normal. —Sostiene la varita quieta, dejándonos
escuchar a nuestro bebé—. Todo se ve genial. Los veré de regreso a las doce
semanas. Continúa tomando tus vitaminas prenatales, y si nos necesitas
antes, no dudes en llamarnos. —Recoge el doppler, me da unas toallas de
papel para limpiar el gel de mi vientre y sale de la habitación.
—Te amo. —Luke se inclina y coloca un beso suave en mis labios.
—Yo también te amo. —Le sonrío—. ¿Podemos ir a comer ahora o tienes
que volver a trabajar?
—Podemos comer. Estoy libre el resto de la tarde.
—¿Taco Bell? —pregunto esperanzada.
Ríe.
—Lo que quieras, Addy.
Después de bajar de la mesa de examen con su ayuda, me visto. Nos
detenemos en el mostrador y hacemos mi próxima cita. Luke la pone en su
teléfono y mi corazón tartamudea en mi pecho. ¿Cómo pude haber creído
que me lastimaría? Ama con todo lo que es. No sé qué lo trajo al bar esa
noche, pero siempre estaré agradecida de que estuviera allí e interrumpiera
nuestra conversación.
Tan pronto como estamos en su camioneta, suena mi teléfono. Sonrío
cuando veo el nombre de Harper.

4
Prueba no invasiva que calcula el flujo de la sangre en los vasos sanguíneos haciendo
rebotar ondas sonoras de alta frecuencia (ecografía) en los glóbulos rojos circulantes
—Hola.
—Bueno, ¿cómo te fue? —Oigo la emoción en su voz.
—Todo se ve bien. Vamos a regresar en cuatro semanas.
—Ven a nuestra casa. Estamos haciendo hamburguesas en la parrilla.
—¿Estás en tu casa?
—Sí, llamé a Just, y queríamos celebrarlo contigo y Luke, así que
terminamos nuestros días temprano. Todo está listo.
Echo un vistazo a Luke.
—Tú eliges, bebé.
—Bueno. Nos dirigimos allí ahora. ¿Qué podemos llevar? Podemos 188
parar y conseguir algo.
—Nada. Solo tu apetito. Estoy muy feliz por ti, Addyson. Te mereces
esta felicidad.
—Tú también. Hasta pronto —le digo—. Entonces... —Me vuelvo hacia
Luke—. Taco Bell simplemente tendrá que esperar.
—Podemos pasar por el servicio a autos y llevarlo con nosotros —ofrece.
—No, está bien. Simplemente sonaba bien.
—¿Estás segura?
—Positivo. Además, la oportunidad de ponerme al día con Harper es
mucho más atractiva. Solo la he visto unas pocas veces en las últimas
semanas.
—Eso es porque ambas estaban ocupadas mudándose a nuevos
lugares.
—Lo sé. Ha habido muchos cambios, no quiero perder mi amistad
cercana con ella.
—No lo harás —me asegura.
Cuando llegamos a Justin y Harper, ella se apresura y me abraza.
—Te extraño, mamá —dice, colocando su mano sobre mi vientre.
—¿Es así como va a ser este embarazo? ¿Planeas ponerme las manos
encima cada vez que me veas? —bromeo.
—Tal vez. No puedo esperar hasta que comiences a mostrarlo. —Ella
retrocede y nos indica que la sigamos adentro.
—Hola —saluda Justin cuando entramos en la sala de estar—. ¿Cómo
fue la cita?
—Escuchamos los latidos del corazón del bebé —les dice Luke—. Es
este sonido de silbido fuerte y rápido. No puedo explicarlo, pero fue irreal.
—Felicidades, hombre. —Justin asiente en nuestra dirección.
—Oh, tengo algo para ustedes. —Harper salta del brazo del sofá donde
Justin está sentado y toma una pequeña bolsa verde antes de entregárnosla.
—Harper, no tenías que hacerlo —le digo.
—Silencio. Soy la tía Harper. Puedo comprarle a mi sobrina o sobrino
lo que quiera.
Sacudo la cabeza hacia ella y empiezo a sacar el papel de seda. Echo la
cabeza hacia atrás y me río cuando veo de qué se trata.
189
—¿En serio, Harp?
—Es lindo, ¿verdad?
Levanto el pequeño mono amarillo para mostrarle a Luke. ¡Mi tía es
genial! está plastificado en el frente.
—Gracias. —Luke le sonríe.
Nos sonríe a los dos.
—No puedo esperar para darte una fiesta. ¿Has pensado en la
habitación? —pregunta ella.
—Un poco. Pero aún es temprano —le recuerdo. Sabe que me preocupa
que pueda abortar. Las primeras posibilidades son antes de las doce
semanas. Luke y yo acordamos no hacerle nada a la casa hasta que pasemos
esa marca.
—Va a estar bien —me asegura.
—¿Es esto lo que tenemos que esperar? —Justin le pregunta a Harper.
—Sí —dice en voz baja—. Está bien. —Se da vuelta para mirarnos—.
¿Están listos para comer?
—Sí —digo inmediatamente, y todos se ríen—. Ayudaré. —Me levanto y
la sigo a la cocina. Unos minutos después, los chicos se unen a nosotras.
—Comenzaré las hamburguesas. —Justin besa a Harper en los labios
y luego le quita el plato de las tortitas de hamburguesas.
Mira a los chicos salir a la terraza, antes de volverse hacia mí.
—Así que macarrones con queso Velveeta. Sé que es tu favorito.
—Te quiero.
Se ríe entre dientes.
—Yo también te amo, Addy, y estoy muy feliz por ti.
—Creo que este será tu futuro pronto —le digo.
—Tal vez, si es así, lo aceptaré con los brazos abiertos. Si no, no tengo
prisa. Lo amo. Sé que llegaremos allí.
Nos ocupamos haciendo los macarrones con queso y poniéndonos al
día. Luke asoma la cabeza por la puerta abierta y nos dice que las
hamburguesas están listas y quiere saber dónde queremos comer.
—Adentro —decimos Harper y yo al mismo tiempo. Luke solo sonríe y
sacude la cabeza.
Apilamos nuestros platos con comida y nos reunimos alrededor de la
isla de la cocina. Harper y yo hablamos sobre sus planes de remodelar el
hotel que administra. Luke y Justin también están hablando de trabajo. Es 190
un gran día con una aún mejor compañía.
—Estoy llena. —Harper se levanta.
—Harp, siéntate. Lo conseguiré.
—Lo tengo —le dice a Justin.
—Bebé, por favor —dice, y como si sus palabras la derritieran, ella se
desliza de nuevo a su asiento. Cuando Justin se pone de pie y cae sobre una
rodilla, jadeo y me tapo la boca, sin querer arruinar el momento—. Harper
Scott, te amo más hoy que ayer, y ya sé que te amaré aún más mañana. —
Se mete la mano en el bolsillo y saca una pequeña caja negra—. ¿Te casarías
conmigo?
—¡Sí! —grita, tirando de él para ponerlo de pie y envolviéndose
alrededor de él. Le tiembla la mano cuando él desliza el anillo en su dedo.
Los felicitamos con una ronda de abrazos, y Harper y yo hacemos
planes para cenar esta semana para comenzar a planificar nuestras bodas.
Luke y yo les agradecemos la cena antes de regresar a casa.

—No podríamos haber pedido un día mejor —dice Luke, tirando de la


camisa sobre su cabeza.
—Estoy de acuerdo. Estoy muy feliz por ellos —digo dónde estoy
descansando en nuestra cama.
Luke se sube a la cama a mi lado y desliza su brazo debajo de mi
cabeza. Se acurruca cerca, descansando su mano sobre mi vientre. Mi
suéter es corto y se ha subido un poco. La sensación de su piel contra la
mía es algo que aprecio. Me giro hacia él y paso los dedos por su corta barba.
—Más que sólo eso. Todavía estoy asombrado de escuchar los latidos
del corazón de nuestro bebé. Es un milagro que este pequeño humano del
tamaño de una frambuesa esté creciendo dentro de ti. —Apoya su frente
contra la mía.
—Es surrealista. —Estoy de acuerdo.
Cierra los ojos, pero mantengo los míos abiertos, mirándolo.
—Te prometo a ti y a este bebé que siempre estaré allí. Los amaré a los
dos con todo lo que hay en mí. Sé que todo esto es rápido, Addy, pero eso
no lo hace menos real. Te quiero. Quiero a este bebé, y quiero esta vida que
estamos construyendo juntos. Quiero más bebés —dice en voz baja—. Pero,
sobre todo, quiero ser siempre la diferencia para ti. Quiero ser el único con
191
el que puedes contar sin importar la situación o el resultado. En las buenas
y en las malas, te quiero siempre.
—Parece que acabas de escribir tus votos —digo suavemente.
—Hablando de votos. —Abre los ojos—. ¿Estás lista para comenzar a
planear nuestra boda?
—Ya lo hago.
Se apoya sobre los codos.
—¿De verdad?
—Sí. Quiero hacerla aquí. Solo nuestros amigos y familiares más
cercanos. Pequeña e íntima. Nuestro amor es grande. No necesitamos toda
la pompa y ceremonia. Solo quiero casarme contigo.
—Todo lo que quieras.
—¿Qué hay de ti? ¿Quieres una gran boda?
—¿Acaso algún chico quiere una gran boda? —Una sonrisa extiende
sus labios, haciendo que mi corazón se mueva de felicidad—. Todo lo que
importa al final del día es que te conviertas en Addyson Grace Prescott. —
Besa mi nariz—. ¿Cuándo?
—Pronto. Me gustaría que no se me note, o solo un poco.
—Hecho. Me dices cuándo y qué debo hacer, y ya está. No sé ni lo básico
sobre planificar una boda, pero puedo seguir instrucciones.
—No quiero que sea estresante. Quiero que sea simple.
—¿Qué tal si planeamos una reunión, les decimos a nuestros amigos y
familiares que es solo por reunirnos? Cuando lleguen, ¿es nuestra boda? —
pregunta con emoción en su voz.
—Me encanta. Sin fanfarrias, solo nosotros y aquellos que más
valoramos.
—Te amo, Addy.
—Yo también te amo, Luke.

192
Epílogo
Cuatro años después
Lucas
Me paro a un lado de la habitación mirando a mi esposa. Está sentada
en el sofá, nuestra hija de tres años y medio, Emma Grace, en su regazo, y 193
nuestro hijo de un mes, Graham Lucas, en el regazo de Emma. Addy tiene
la paciencia de un santo cuando se trata de nuestros hijos. Diablos, con la
vida. Nada parece perturbarla. Hoy temprano, Emma llegó a la sala de estar
con un pañal sucio colgando de sus manos. Estaba tan orgullosa de sí
misma porque le cambió el pañal a su bebé. Addy salió corriendo de la
habitación para ver a Graham, que dormía tranquilo en el moisés junto a
nuestra cama.
Yo seguía allí de pie, con un pañal con mierda en las manos, mirando
a mi hija, que es la viva imagen de su mamá. Estaba a punto de regañarla,
lo que solo nos hace sentir a los dos como una mierda. Cuando esos grandes
ojos marrones, que son tan Addyson, se humedecieron con lágrimas, y estoy
perdido. El problema con eso es que mi Emma conoce mi debilidad. Antes
de que pudiera regañarla, Addyson estaba de nuevo en la sala de estar
arrodillada ante ella. Fue entonces cuando la verdad salió a la luz.
Emma tomó un pañal sucio del cubo de pañales y se lo puso a su bebé,
el que Addy encontró en el pasillo, con mierda por todas partes. Te dicen
que ser padre es un desafío, pero no mencionan todas las funciones
corporales que suceden. Por ejemplo, mi hijo me orinaba encima cada vez
que le cambiaba el pañal. Finalmente, Addyson se apiadó de mí y me mostró
cómo maniobrar para cubrirlo con el nuevo pañal, así me pierdo el rocío.
Como dije, mi esposa tiene la paciencia de un santo. Ella es la columna
vertebral de nuestra familia.
Hoy, nuestros padres, así como Harper y Justin, están aquí para dar la
bienvenida al bebé Graham. Hicimos lo mismo con Emma. Una vez que nos
acomodamos, los invitamos a todos a comer y a pasar un rato en familia.
—¡Papi! —dice Siler, mi hijo de dos años, corriendo hacia mí. Envuelve
sus bracitos alrededor de mis piernas apretando lo más fuerte que puede—
. Arriba. —Extiende sus brazos para que yo lo levante.
—¿Qué pasa? —le pregunto.
—Llévate al bebé. —Señala el sofá.
—Ese es tu hermanito. Lo amamos —le digo. No está tomando muy
bien el no ser más el bebé de la familia.
—Mi mami.
—Ella es tu mami, pero también es la mami de Graham y de Emma.
—Siler —dice mi papá, uniéndose a nosotros—. Sabes que tienes que
enseñarle a Graham a jugar cuando crezca. Va a necesitar que su hermano
mayor le enseñe cómo funciona todo.
—Llévate al bebé —dice.
—Buen intento, papá. Tiene dos años —le recuerdo.
194
—Ven con el abuelo. Saldremos y lanzaremos la pelota.
—¡Pelota! —vitorea Siler, y salta de mis brazos a los de papá. Mamá se
encuentra con ellos en la puerta y desaparecen afuera.
Veo cómo mi suegra le roba a Graham a Addy, mientras mi suegro le
extiende la mano a Emma. Ella salta con él mientras ellos también salen.
Harper y Justin ya están en la piscina con su hija de dos años y medio,
Sadie. Acaba de decirnos que esperan al bebé número dos. Disfruto
haciéndole pasar un mal rato a Justin diciéndole que necesita ponerse al
día. Al principio tuvieron problemas para concebir, pero esta vez las cosas
parecían ir más rápido para ellos. Me alegro. Se lo merecen.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta Addy, serpenteando sus
brazos alrededor de mi cintura.
—Sólo pensando.
—¿Ah, sí? ¿Sobre qué? —Me mira, y hasta el día de hoy, todavía no veo
nada más que amor brillando hacia mí.
—Sobre nosotros, la vida, nuestra familia. Que esa noche que entré en
Stagger no me di cuenta de lo que me faltaba en la vida. No hasta que pasé
por tu mesa y decidí meterme en tu conversación.
—Ni en un millón de años vi que esto se convirtiera en nuestras vidas.
—¿Eres feliz? —Le hago mucho esta pregunta porque si la respuesta es
alguna vez no, tengo trabajo para hacer lo que sea necesario para hacerla
feliz. Me ha dado tanto. Sin embargo, ella siempre dice lo mismo.
—Delirantemente feliz.
La atraigo hacia mí y le doy un beso en la sien.
—Te amo —susurro.
—Yo también te amo. —Ella pone sus manos a cada lado de mi rostro—
. ¿Cómo podría no hacerlo? Tú eres la diferencia.
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Sobre la autora

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Kaylee Ryan es una autora de Bestselling de New York Times y Usa


Today. Cuando no está creando cuentos de felices para siempre, está
leyendo o pasando el tiempo con su familia. Es una chica nacida y crecida
en Ohio, Kaylee reside en Cincinnati con su esposo y su hijo.
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