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Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Facultad de Filosofía y Letras


Lic. en Filosofía - Investigación I

Espinoza Rodríguez Carlos Daniel

Si fue la palabra la que la persuadió y engañó su mente tampoco es difícil hacer una defensa ante tal
posibilidad y dejarla libre de la acusación, del modo siguiente. La palabra es un poderoso soberano que,
con un cuerpo pequeñísimo y completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas. Puede,
por ejemplo, acabar con el miedo, desterrar la aflicción, producir la alegría o intensificar la compasión.
Que ello es así paso a demostrarlo. Preciso es también demostrarlo a la opinión de los que escuchan. La
poesía toda yo la considero y defino como palabra en metro. A quienes la escuchan suele invadirles un
escalofrió de terror, una compasión desbordante de lágrimas, una aflicción por amor a los dolientes;
con ocasión de venturas y desventuras de acciones y personas extrañas, el alma experimenta, por medio
de las palabras, una experiencia propia. Y ya es hora de que deje este argumento para pasar a otro: los
encantamientos inspirados, gracias a las palabras aportan placer y aportan dolor. Efectivamente, al
confundirse el poder del encantamiento con la opinión del alma, la seduce, persuade y transforma
mediante la fascinación.

Fragmento de Encomio de Helena. Gorgias de Leontinos.

Para entender este fragmento es de vital importancia que se tome desde sus raíces.
Primero ha de volverse la pieza a su lugar de origen por lo menos de manera conceptual,
colocando los puntos anteriores y posteriores al fragmento y dotándole de una forma
contextual.

El fragmento que deseo exponer forma parte del Encomio de Helena o también
traducido como el Elogio de Helena, un texto sumamente antiguo que tiene como
principal característica ser un discurso apologético del personaje femenino Helena, a
quien se le reprochaban sus acciones, pues se le consideraba la culpable de la guerra de
Troya al huir con Paris, esto según lo dicta la Ilíada de Homero.

Sobre Gorgias de Leontino1, el autor del discurso, se sabe poco sobre su fecha de
nacimiento y muerte, pues no se tiene con exactitud dicha información, aunque se
estima que su nacimiento pudo ser entre el 485-480 a.C. en Leontinos, una ciudad
Siciliana al sur del valle Catánia. Se conoce también que su maestro fue Empédocles y
que llegó a Atenas el 427 a.C en una misión pública para defender a Leontinos contra
Siracusa.

El discurso que dicta Gorgias no es solo una apología a Helena, sino que contiene en sí
mismo una apología a la perspectiva del mismo Gorgias con respecto a su pensamiento,
es en sí un ejemplo acérrimo de su trabajo como sofista, de su retórica controversial para
la tradición de su tiempo.

En el texto se expone con una fascinante retórica, propia de Gorgias, cuatro puntos con
los que el autor nos intenta persuadir de que no se debe de juzgar injustamente a Helena
como la culpable del terrible acaecer sobre Troya. Uno de estos puntos es el que
intentaré exponer aquí, el cual considere de mayor importancia de entre todos por la
ironía con la que se es tratado el tema de la persuasión, pues es irónicamente esta
herramienta que Gorgias condena como la culpable del engaño que sufre Helena con la
que él la defiende.

El tercer punto es el que nos atañe, el que nos habla del don de la palabra que tanto usa
el sofista, el punto mas importante, pues aunque los dos anteriores sirven al propósito
del discurso, se ven con claridad, uno mientras que le desposee de culpa mediante un
dispositivo divino, como lo es el argumento de “Porque los dioses lo quieren así”, cosa
que para su contexto es sumamente valido, pues en ellos los dioses eran tan reales y
validos como para nosotros lo es la ciencia. El segundo argumento, por otro lado,
simplemente nos viene a exponer su inocencia porque se supone en él que Paris fue
violento hacia ella, y mediante la fuerza fue ultrajada injustamente, cosa que le separa de
toda culpa.

Es más nutritivo, el fragmento del punto tercero. Pero no visto desde la perspectiva
interna del mismo discurso, es necesario en cambio excluirse del juego en el que Gorgias
nos quiere introducir, debemos salir del juego. En términos de Gadamer, tendremos que
ser un aguafiestas. Esto es así ya que si nos dejamos llevar por la experiencia estética que
nos propone el sofista nos veremos convencidos por sus argumentos sumamente

1
La información sobre Gorgias de Leontino fue extraída del Estudio preliminar del Encomio de Gorgias
por Ivana Selene Chialva.
complacientes mientras que no se pondrá en juego lo mas importante del texto
completo, que es en cierta manera: las formas retóricas de persuasión.

Bien comienza el fragmento con la idea de que ya no son ni los dioses ni la fuerza de un
hombre la que la llevaron a cometer su destino como gatillante de la guerra de Troya, es
ahora la palabra la que fuerza a su alma mediante la persuasión a actuar como actuó y
como llevada por una fuerza mágica. Fruto de una aflicción del alma, fue seducida y le
hizo seguir lo que un discurso le dictaba. Ahora bien, si hay algo en todo el fragmento a
lo que se le debe de poner atención fuera de la excusa de defender a Helena, es a la
exposición de las magias del discurso y la palabra.
“La palabra es un poderoso soberano que, con un cuerpo pequeñísimo y
completamente invisible, lleva a cabo obras sumamente divinas.” Esta es la frase que
sintetiza y en cierta manera soporta todo el discurso, pues en ella se encuentra, no solo la
forma retorica del autor, si no también, el preámbulo de la ironía con la que Gorgias
trata a sus receptores. ¿No es evidente que se burla de quienes lo escuchan al defender
con tal argumento a Helena? Pues él mismo usa las palabras para “sobornar” los oídos
de quienes lo escuchan y dar veracidad a su apología mediante la persuasión.

En esta frase no solo encontramos la palabra que dice la verdad como lo quisieran los
filósofos, sino que también encontramos el poder de la veracidad, del influir en el otro
mediante medios estéticos, como lo intenta Gorgias. Esto queda claro en la siguiente
oración: “Puede, por ejemplo, acabar con el miedo, desterrar la aflicción, producir la
alegría o intensificar la compasión.” Es esta palabra que Gorgias insinuá la que
respecta a la Poesía, y no a la de la verdad, pues la palabra que corresponde a la verdad
no conlleva una intención estética:

“La poesía toda yo la considero y defino como palabra en metro. A quienes la escuchan
suele invadirles un escalofrió de terror, una compasión desbordante de lágrimas, una
aflicción por amor a los dolientes; con ocasión de venturas y desventuras de acciones y
personas extrañas, el alma experimenta, por medio de las palabras, una experiencia
propia.”
Gorgias solo nos habla de la palabra que conmueve, que tiene una capacidad de
producir un influjo en el apetito anímico, que nos lleva a movernos con el deseo y no con
la verdad. Es este fragmento un reflejo del mismo discurso apologético de Helena y a su
vez una muestra del poder de convencimiento que tienen las palabras.

El poder de persuasión de Gorgias funciona muy bien porque utiliza no solo un método
argumentativo, sino que utiliza un ingrediente estético, cuestión que le fue cuestionada
durante su época, pues a la tradición no le agradaba las figuras poéticas que utilizaba
constantemente en sus discursos, esto debido a que se pensaba que el sentido de lo dicho
pasaba a segundo plano, dejando un discurso superfluo. Sin embargo, Gorgias logró
desarrollar un estilo estético bastante seductor para el alma de tal manera que lo dicho y
la forma en que es dicho estén dirigidos no solo al convencimiento por medio de un
logos, sino que tiene como principal herramienta utiliza la belleza. La belleza como
principio de organización textual y como dispositivo de persuasión en pos de un deleite
en el discurso.

1
La información sobre Gorgias de Leontino fue extraída del Estudio preliminar del Encomio de Gorgias
por Ivana Selene Chialva.