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Las Hermanas Agustinas Terciarias Recoletas y el Orfanato de la Sagrada Familia,

entre las preocupaciones espirituales y el compromiso de servicio. 1922-19321.

Edwin Yanguatín Marín2


Universidad del Valle, Cali-COL
edwin.yanguatin@correounivalle.edu.co

“Ved a su compañera, destinada al asilo de esos infelices niños a


quienes su propia madre abandonara, y observad los tesoros de ternura
que prodigan a los pequeños seres privados de otro amor, que, no sabiendo
lo que significa el dulce nombre de madre, y careciendo del derecho de
pronunciarle le sustituyen con el de hermana, y a la hermana llaman
en sus cuitas, en sus caídas, en sus enfermedades”
- Emilia Pardo Bazán3.

Iniciar el presente ensayo con este epígrafe donde se destaca la acogida de la Iglesia a la
infancia a través del consuelo de una religiosa, nos permite introducirnos en la discusión de
tres aspectos generales. El accionar de la Iglesia Católica en el ámbito educativo y
asistencialista; la representación de la mujer seglar y religiosa, su dimensión espiritual y
labor en la construcción del Estado-nación; y la visibilización de la infancia y la niñez
como categorías de análisis.

El interés del ensayo se centra en la Congregación de Agustinas Terciarias Recoletas 4,


quienes desde 1825 habitan el Convento La Merced de Cali y desde su fundación, hacia
1739 hasta el siglo XX, mantienen el recogimiento de niñas huérfanas y pobres.
Proponemos identificar el carácter de vida activa de la Congregación a través de fuentes
primarias tales como: las Reglas y Constituciones Religiosas de la Comunidad (Orden de

1
Este texto es resultado del trabajo de investigación final del curso Historia de la Iglesia Católica en América
Latina I.
2
Estudiante de V semestre de Licenciatura en Historia, integrante del Semillero de Estudio e Investigación en
Historia de la Iglesia adscrito al Departamento de Historia de la Universidad del Valle.
3
Emilia Pardo Bazán, La cuestión palpitante, (Madrid: Imp. A. Pérez Dubrull, 1891), consultado el 20 de
agosto de 2019, url: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000201265&page=1.
4
Hermana Saturia Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas: primera comunidad religiosa caleña,
(Colombia: s. e., 2004).

1
Ermitaños de San Agustín 1927 y Agustinos Terciarios Recoletos 1932); el reglamento
interno del Orfanato de la Sagrada Familia, 1923; los apuntes diarios del convento, 1904-
1950; y en menor medida el intercambio epistolar con diferentes clérigos, todo ello
depositado en el importante acervo documental del Archivo del Convento La Merced de
Cali (ALMC).

Con esto pretendo aportar y participar en la discusión sobre las congregaciones femeninas
dedicadas a la asistencia social, que aparecen hacia el siglo XIX como un modelo moderno
de organización religiosa y se consolidan en el XX, como menciona Castro Carvajal5
adquiriendo ciertas actividades asistencialistas como maestras, enfermeras, administradoras
de instituciones hospitalarias, asilos, orfanatos, ancianatos y aún más importante, la
posibilidad de hacer misión, una actividad restringida a comunidades religiosas masculinas.

La temporalidad responde a dos motivos: primero a los referentes normativos que


constituye la infancia empobrecida y marginal, que por sus condiciones de degeneración y
víctima del abandono serán definidos por el Estado colombiano como sujetos de asistencia
y caridad, de control y educación, como mencionan Sánchez y Castrillón “la infancia se
torna foco de intervenciones advenidas desde diferentes niveles, tanto públicos como
privados, que se intersectaron en acuerdos o arreglos institucionales” 6 siendo la gestión
social de la infancia, las políticas e instituciones de atención y protección que surgen como
anuncios, y preocupación jurídica desde una posición de poder del Estado, el cual
necesariamente debe replantear su relación con la Iglesia, predominante desde el periodo
colonial en la atención caritativa a los más pobres y desamparados; esto nos lleva al
segundo motivo, la activa gestión de la iglesia en la atención a los pobres administrando
instituciones educativas y de asistencia social, prestando su ayuda moral, espiritual y hasta
material (disponiendo de espacios para llevar a cabo tal labor apostólica). En este
compromiso de servicio las religiosas bajo el moderno modelo de organización,
anteriormente nombrado, se hacen cargo de diferentes actividades caritativas, sufren una

5
Beatriz Castro Carvajal, La relación entre la Iglesia católica y el Estado colombiano en la asistencia social,
c. 1870-1960, (Cali: Universidad del Valle, 2014).
6
José Fernando Sánchez Salcedo y María del Carmen Castrillón, Escenarios de la minoridad en Colombia:
los juzgados de menores y la Beneficencia de Cundinamarca 1900-1930, (Cali: Universidad del Valle, 2014).

2
serie de reformas de ámbito espiritual (votos) y jerárquico, así como cambios nominales
concisos como explica Castro7, el paso de denominarse órdenes a confraternidades,
congregaciones o comunidades, y sus viviendas de ‘conventos cerrados’ a casas abiertas a
la misión. Desde finales del siglo XIX y principios del XX, como evidenciamos en las
fuentes, existe entre la Comunidad de Agustinas de Cali una inquietud y búsqueda
constante por la perfección religiosa, reconocimiento y amparo. Es a partir de la década de
1920 cuando deciden afianzar lazos directos con la curia agustiniana recoleta, encaminando
sus actividades a la reelaboración de Constituciones, el fortalecimiento del apostolado,
fomentando la misión y fundación de Casas e incentivando la formación de las religiosas.

Sobre las congregaciones religiosas femeninas de vida activa dedicadas a la asistencia


social entre los siglo XIX y XX, como menciona Castro Carvajal 8, no se encuentran
trabajos de investigación. En su obra, Castro, se basa en una amplia bibliografía francófona
permitiéndole observar un panorama extenso y conectado en relación con los hechos y
producción intelectual; las fuentes secundarias en esta temática para el caso colombiano son
escasas9, aunque de utilidad, o son textos apologéticos elaborados por la propia orden
religiosa en un acto tímido de guardar sus memorias.

Para el caso del Valle del Cauca como mencionan Echeverry y Quintero 10, son pocos los
estudios del fenómeno religioso, dinámicas y acciones históricas de la Iglesia Católica en el
siglo XX que se pueden referenciar. En su investigación analizan el devenir histórico de la
Iglesia principalmente desde el clero diocesano, abordando su proceso de erección así como
los proyectos eclesiásticos, programas pastorales, educativos y culturales que desarrollaron

7
Castro, La relación entre, p. 40.
8
Castro, La relación entre, p. 17.
9
Castro cita importantes trabajos tales como: Stella Simancas, El papel de los religiosos y de los médicos en
la caridad y asistencia pública en Cartagena, 1895-1925, Tesis de grado en Historia, Universidad de
Cartagena, 1998; Patricia Londoño Vega, Religión, cultura y sociedad en Colombia: Medellín y Antioquia,
1850-1930, FCE, 2004; María Himelda Ramírez, De la caridad barroca a la caridad ilustrada: mujeres,
género y pobreza en la sociedad de Santa Fe de Bogotá, siglos XVII y XVIII, Bogotá: Universidad Nacional
de Colombia, 2006; Stella Amparo Gamba y María Leonor Montoya, Contribución al conocimiento de la
asistencia social en Bogotá entre 1850-1920: Sociedad de San Vicente de Paúl, Tesis de grado en Trabajo
Social, Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1989.
10
Antonio J. Echeverry Pérez y Carolina Abadía Quintero, Historia de la iglesia católica en el Valle del
Cauca (1927 - 1985), (Cali: Universidad del Valle, 2015).

3
y hasta la incidencia política que tuvieron en el conflicto armado. En la revisión que
efectúan hacen mención a grandes rasgos al clero regular, tanto masculino como femenino,
ofreciendo una serie de cifras importantes relativas a su composición y funciones.

Por otra parte, en el anexo del libro de los profesores: Aproximación histórica a la Diócesis
de Cali11, sección dieciséis de los “Datos del Anuario Eclesiástico”, encontramos una breve
mención a las obras de beneficencia atendidas tanto por sacerdotes seculares, como por
religiosos y religiosas. De manera concisa nombran a las Agustinas Terciarias Recoletas, su
‘orfelinato’, escuela, número de religiosas: 21 y asilados: 4. El resumen de dicho
documento, sección dieciocho, ofrece cifras de la cantidad de parroquias; sacerdotes
diocesanos y regulares; religiosas; colegios; escuelas católicas; casas de beneficencia y
personas atendidas, donde se comprueba el alto porcentaje que representan las religiosas en
la asistencia social, evidenciando la irrupción de las mujeres en el espacio religioso a través
del proyecto apostólico, en términos de Castro la ‘feminización del clero’ 12.

Sin más preámbulos la estructura del texto se encuentra dividida en dos secciones, una más
extensa que la otra: la primera nos permite contextualizar de forma global la Cali de aquel
entonces, trazando a grandes rasgos los factores que posibilitaron la consolidación de Cali
como ciudad moderna, capital del naciente Departamento del Valle del Cauca y la erección
de la Diócesis segregada de la Arquidiócesis de Popayán; en la segunda sección con el fin
de indagar la valiosa participación y aporte de la Congregación de Hermanas Agustinas
Terciarias Recoletas a la ciudad, retomamos su devenir histórico desde su fundación a
modo de comunidad de beatas, mujeres piadosas recogidas bajo la Regla de San Agustín,
hasta su incorporación a la Orden de Agustinos Recoletos, siendo la acogida y educación de
niñas huérfanas y pobres su perseverante aspiración.

11
Antonio J. Echeverry Pérez y Carolina Abadía Quintero, Aproximación histórica a la Diócesis de Cali,
(Cali: Universidad del Valle, 2010).
12
Castro, La relación entre, p. 41.

4
Santiago de Cali a inicios del siglo XX: configuración como ciudad moderna, elevación
a Diócesis y capital departamental

En el siglo XX, Cali dejó de ser una ciudad de corte tradicional a una ciudad moderna, la
tercera más importante del país mostrando un evidente crecimiento demográfico, industrial,
económico, sus dinámicas culturales debido al mestizaje hicieron más compleja la
conformación étnica de su población, caracterizada durante el periodo colonial por estar
dominada en los valores señoriales del Antiguo Régimen; hacia mitad del siglo XX se
configura en una sociedad clase media instruida, impulsada hacia el progreso en parte por
la segregación de la antigua Provincia de Popayán y creación del Departamento del Valle
del Cauca, posicionándose estratégicamente en el desarrollo económico de la nación.

¿Qué factores posibilitaron la configuración moderna del Valle del Cauca y la elección de
Cali como capital? los principales factores, plantea Oscar Almario García13, fueron 1. la
formulación de un proyecto de región; 2. la creación del Departamento hacia 1910 en un
contexto de unificación nacional con la consolidación del Estado de Bienestar; y 3. la
creación de una serie de instituciones que apuntaban a la integración y progreso regional,
tales como vías de comunicación, ferrocarriles, la conexión de la región con el Puerto de
Buenaventura al mercado mundial y la diversificación de actividades económicas de los
sectores dominantes.

La formulación del proyecto regional y creación del Departamento estuvo enmarcada, a


parte de los anhelos y aprovechamiento de un grupo de dirigentes por la disputa del poder
con Popayán, con la consolidación paralela del Estado-nación. ¿Qué llevó a este proceso?
aparte de las disputas ideológicas del siglo XIX, el proceso de unificación, centralización y
los vínculos centro-periferia que se establecieron en dos momentos: la Regeneración y
promulgación de la Constitución Política de 1886, así como la reforma constitucional de
1910. Por ello Almario, plantea el Departamento como “un poderoso e inédito dispositivo
gubernamental, que permitió contar con un lugar central de reflexión y decisión sobre

13
Oscar Almario Garcia, “Cali y el Valle del Cauca: configuración moderna y reconfiguración
contemporánea de la región y la ciudad-región" en Historia de Cali, siglo XX, t. II: Política (Cali:
Universidad Del Valle, 2012), 70 - 93.

5
fenómenos políticos, económicos, sociales, así como las expectativas de cambio que
estaban en juego”14. En estas dinámicas Cali será el eje central de las funciones
departamentales e impondrá su hegemonía sobre las otras ciudades que en algún momento
se disputaron el título de capital, Buga y Palmira, por ejemplo.

Estas dinámicas de carácter reformista tuvieron como escenario la vida pública de la


ciudad, se mejoran los servicios públicos; se construye el acueducto; conforme los
discursos higienistas se reglamenta aspectos materiales y de la vida moral de las personas, y
se crean instituciones locales de acuerdo con las necesidades y proyección de la ciudad, una
de esas la Diócesis de Cali. Como mencionan Echeverry y Abadía 15, tal proyecto planeado
por un grupo de clérigos caleños fue respaldado por parte del Cabildo y los pobladores
caleños, la petición y gestión se dio ante el delegado apostólico para Colombia aún frente a
las rencillas con el prelado payanés.

Hermanas Agustinas Terciarias Recoletas

Estudiar la dimensión espiritual de las mujeres en la Iglesia Católica sugiere ser breve, sin
embargo, su complejidad se hace más honda en la medida que se acerca a las fuentes y se
hallan una serie de documentos que nos hablan de la riqueza y diversidad de asuntos que se
encuentran tras los claustros y casas de recogimiento. Las importantes referencias que me
brindaron acerca del Convento La Merced de Cali, la edificación más antigua de la ciudad,
respecto a la conservación y promoción del patrimonio cultural religioso, motivaron mi
interés por acercarme a dicho sitio sacro. Su valioso acervo documental, depositado en el
Archivo del Convento (ALMC) es rico en toda clase de textos escritos, antiguos, litúrgicos,
musicales, visuales etc. Siendo custodiado desde hace más de 194 años por la primera
comunidad religiosa femenina nacida en Cali hacia 1739.

La Congregación de Agustinas Terciarias Recoletas fue fundada en Cali en 1739 por el


P. Fray Javier de Vera, ex Visitador de Provincia, miembro y Prior del Convento Ntra.
Señora de Gracia de la Orden de San Agustín en Cali, quien, ante el anhelo de algunas

14
Almario, Cali y el, p. 76.
15
Echeverry y Abadía, Aproximación histórica a, p. 41.

6
personas devotas y virtuosas de vivir en recogimiento, solicita al Obispo de Popayán, Fray
Fermín de Vergara, la licencia necesaria para la instauración del Beaterio 16.

El acontecer de la Congregación se ha destacado por los cambios en relación con la


sociedad caleña y la Iglesia Católica, desde su fundación hasta mitad del siglo XX,
correspondiente al desarrollo y expansión de la ciudad, el proceso de secularización y la
modernización de la Iglesia. A parte de la relevante ayuda espiritual que el Beaterio logró
proporcionar a la Cali del periodo colonial, es de resaltar su función social a través del
amparo y asistencia a niñas huérfanas, pobres, amenazadas por los peligros de la sociedad,
enseñando la doctrina cristiana, instruyéndolas de acuerdo a las necesidades de la época.

Recogimiento y caridad de las beatas agustinas

Generalmente se da por sentado la definición de los conventos femeninos como espacios


preventivos, de coerción, en un estado permanente de censura que se traduce en hechos
materiales como los barrotes y clavos amenazantes en las ventanas de las casas o el
convento que como institución del catolicismo, de dominio masculino clerical, ejercen
poder sobre las religiosas. Desde esta postura la condición de la mujer se traduce en la
debilidad intrínseca de su sexo, siendo la protección y recogimiento, motivos para las
fundaciones conventuales.

Por lo contrario, como menciona Asunción Lavrin “no es ingenuo aceptar las motivaciones
religiosas externadas por quienes profesaban y por aquellos que ofrecían su ayuda para
encauzar su aspiración fundando conventos y dotando novicias” 17, esta premisa nos dirige a
examinar la espiritualidad de los siglos XVI al XVIII, dictaminada por el Concilio de
Trento, y la religiosidad devocional en Cali hacia el siglo XVIII con el fin de entender ¿Por
qué algunas mujeres deciden congregarse en torno a una regla, vida y profesión religiosa?.

Referente a este tema Carolina Abadía Quintero, estudia la religiosidad popular en Cali
durante la primera mitad del s. XVIII analizando los milagros, escándalos y transgresiones

16
Archivo La Merced Cali (ALMC), Fundación de la Comunidad de Agustinas Terciarias en Cali, primer
libro, s. f. Ciertos documentos del Archivo se encuentran parcialmente catalogados.
17
Asunción Lavrin, Las esposas de Cristo: La vida conventual en la Nueva España, (México: FCE, 2016)

7
de los libres de todos los colores durante las fiestas de santos, plantea que los blancos
criollos y peninsulares eran obedientes a la oficialidad cristiana, modelos a seguir
“(…) porque por estar en la cima de la cúspide social colonial, debían cumplir
juiciosamente con los mandos y roles sociales propios asignados: buenos cristianos,
obedientes de Dios, de su Majestad y de su honor, cultos, moderados y recatados”18. En
consecuencia, encontramos que el Beaterio fundado en Cali hacia 1739 se relaciona con la
necesidad espiritual de un sector social particular y la necesidad, conforme estipula el
prelado payanés, de encargarse de algunas mujeres ‘pecadoras y escandalosas’, para ello
determina que la Casa sea dividida entre las gentes ‘virtuosas’ y las ‘pecadoras’:

Deje libre una cuarta parte, y en ella se fabriquen tres o cuatro piezas pequeñas
para poner en ellas algunas mujeres pecadoras y escandalosas, las que no han de
tener comunicación ninguna con las buenas, porque no las perviertan con sus
vicios y sólo en esos términos damos licencia (...) fabricar jaula sin tener
cañamones para mantener las pájaras que vivan en ellas juzgamos precisa una
grande reflexión del cómo conqué se han de mantener las buenas niñas y mujeres
recojidas contemplando que las limosnas de esa Ciudad pueden ser tan cortas que
no alcancen a sufragarles el socorro necesario; como también se debe tener
presentes otras muchas circunstancias precisas para la conservación y perpetuidad
de ese Beaterio19.

¿A qué obedece tal acto de mantener en un mismo sitio a una población socialmente
rechazada y otra profundamente respetada? Probablemente la respuesta la podemos hallar
en el momento de tensión que hubo por la posible interrupción de la construcción del
Beaterio, para darle paso a la edificación del Hospital San Juan de Dios 20. La caridad como
virtud, como valor cristiano contribuye a la salvación del alma, por lo tanto es una
obligación en la sociedad altamente sacralizada del Antiguo Régimen. Es a través de obras

18
Carolina Abadía Quintero, De cómo salvar el alma. Estudio de la religiosidad popular, devocional y
testamental en Santiago de Cali (1700 - 1750), (Cali: Universidad del Valle, 2018)
19
ALMC, Fundación de la Comunidad, primer libro, s. f., fol. 01.
20
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 138.

8
pías que esta se difunde. Según Castro21, las motivaciones para realizar actos caritativos
pueden ser distintas tales como: 1. la simpatía y un acto profundo de compañerismo; 2. la
concepción de lo bueno, el sentimiento de piedad hasta el de culpa; 3. el sentimiento del
deber hasta el de gratificación; y 4. el deseo de ‘regular a la sociedad’ por el temor a una
posible sublevación.

El Beaterio por tanto, a manera de obra pía, se establece como lugar de clausura y reclusión
reservado a mujeres piadosas que deciden cultivar una vida y posteriormente, con la toma
de votos perpetuos, una profesión religiosa; a niñas pobres en condición de abandono
donde, como veremos más adelante, a parte de la doctrina cristiana se les enseña
rudimentos de lectura y labores asignadas a su sexo, denominadas ‘de mano’; y a mujeres
pecadoras, transgresoras, que no habiendo donde recluirse optan por hacinar en el Beaterio,
donde la oración y consagración pueden servir a modo de escapatoria, de la salvación del
alma.

Empezó a edificar una casa con el destino piadoso de (...) que en ella haya
apartamento para que las justicias de dicha ciudad, puedan tener reclusas a las
mujeres que deban ser encarceladas por sus delitos, por no haber esta separación
de los presos en la cárcel de dicha Ciudad, con tal disposición, que no se mezclen
ni comunicasen las que allí estuviesen recogidas, con las que se aprendieren por la
justicia (...) y si acaso los Señores de Justicia y recogimiento de esa ciudad
quisieren castigar alguna o algunas mujeres de esa Ciudad, u otras por adúlteras o
por otros delitos, lo puedan hacer, (...) para estas malas mujeres, con las que sólo
podrá tratar la [religiosa] que estuviere gobernando la dicha casa y otras de su
satisfacción (...)22.

Con este objetivo de socorrer a seglares, ‘pecadoras’ y niñas huérfanas, fueron las
advocaciones de San José y San Agustín los protectores del Beaterio, y el Prior de la Orden

21
Beatriz Castro Carvajal, “Prácticas filantrópicas en Colombia, 1870–1960”, Historia y Sociedad, n. 17, url:
http://cort.as/-PbIj.
22
ALMC, Fundación de la Comunidad, segundo libro, s. f., fol. 01.

9
de San Agustín en Cali, el ‘cuidador’ y clérigo directo a cargo de la guía espiritual23. De
hecho en la documentación se indica cómo han de ser nombradas las niñas: “(...) las niñas
se han de decir niñas del Señor San José, quien ha de ser su protector así en la espiritual
como en lo temporal”24. Tal como menciona la Hna. Saturia Paredes: “Desde su fundación
esta casa de recogimiento, o beaterio, tuvo una nítida identidad agustiniana. Porque quienes
le dieron vida también le transmitieron esa identidad. Agustino el Obispo de Popayán y
agustino el fundador Fray Javier de Vera”25, difundiendo las devociones propias de la
Orden: Nuestra Señora de la Consolación, Santa Mónica y, por supuesto, San Agustín.

La acogida a niñas pobres, desamparadas, por requisito del Prelado payanés, fue una
actividad que surgió y se desarrolló inseparablemente de la Congregación. En la
reglamentación sobre los aspectos espirituales, así como ordenamientos normativos que
regirán a la comunidad, detallan la piadosa manera de vivir y llevar a cabo tal labor
caritativa a la infancia:

hacer rezar todos los días en Comunidad el Smo. Rosario lo que se usará por la
correa, enseñarlas a rezar el Oficio de N. Señora, y en estando expertas le han de
rezar en Comunidad para lo que se hará un corito a donde puedan juntarse a rezar,
y orar (...) y a los Padres Priores del Convento de Nuestro Padre de San Agustín de
la ciudad de Cali, las asistan y cuiden en lo espiritual, poniéndoles personas de su
satisfacción, en virtud y prudencia que críe, edifique y enseñe a las niñas que
entraren, el temor Santo de Dios, la Doctrina Cristiana, las labores de mano que se
pudiesen, toda política y todo lo demás que pueda conducir a una buena crianza y
mandamos a dicho Padre Prior, atienda siempre a las niñas huérfanas y en estas
sean privilegiadas las de mejor calidad26.

23
ALMC, Fundación de la Comunidad, primer libro, s. f., fol. 01.
24
ALMC, Fundación de la Comunidad, primer libro, s. f., fol. 01.
25
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 131.
26
ALMC, Fundación de la Comunidad, primer libro, s. f., fol. 02.

10
Observamos cómo desde temprano se establece un vínculo entre la “infancia en
femenino”27 y la religión, siendo acogida y educada en el regazo de la Iglesia. De esta
forma el Beaterio ofrece a las mujeres amparo para sus miserias, mientras predica la
obediencia y la vida en comunidad.

San Ezequiel Moreno: «Mujeres que se llaman agustinas». Reconocimiento de la


comunidad agustina, la población y dirigentes locales.

Durante casi dos siglos, en una temporalidad amplia que abarca desde el segundo cuarto del
siglo XVIII hasta inicios del XX, la Comunidad estuvo bajo el cuidado pastoral y
supervisión del Obispado de Popayán, el cual como hemos repetido en varias ocasiones
puso bajo protección y guía espiritual de la Orden de San Agustín en Cali, hasta su
expulsión dictaminada por la supresión de conventos menores expedida por el Congreso de
Cúcuta en 1821. En tal periodo la consolidación de la vida y perfección religiosa se afianza
en la identidad agustina, depositada desde un inicio por los frailes fundadores de Cali y
Popayán.

La anterior afirmación la podemos constatar en la profesión de votos, primero simples y


posteriormente perpetuos, de las primeras religiosas. La Hna. Saturia Paredes identifica:
“Existe copia de la profesión religiosa (...) de tres beatas, que, a juzgar por la fecha, fueron
las primeras en hacerla. Dicha profesión fue recibida por el fundador Padre Fray Javier de
Vera (...) se transcribe textualmente:

En el nombre de natibidad de Nuestro Señor Jesucristo de 1755 años (...) yo la


Hermana Antonia de Sta. Rita. Hija legítima de Antonio Chaves y Ana Sánchez
Vezinos de esta Ciudad de Cali Hago profeción simple (...) y guardar las leyes y
Observancias de Dicha Orden de Nuestro Padre Sn. Agustín que a mi estado
pertenecieren asta la muerte”28

27
David Muñoz González, reseña de La infancia en femenino: las niñas, imágenes y figuras de la filiación, de
Maria Dolors Molas y Aroa Santiago Bautista Niklas, Lectora: revista de dones i textualitat, N°24 (2018):
276-278.
28
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 159.

11
Dicha identidad agustiniana, continuando con la Hna. Saturia Paredes, se proyecta y
empieza a ser reconocida por la comunidad y dirigentes locales. La primera expresión de
Beatas Agustinas se encuentra en la inspección que realizan dirigentes civiles y
eclesiásticos hacia 1782 a la iglesia del beaterio “destinada para el Recogimiento de beatas
profesas Agustinas”29. Según establece la Hna. Saturia Paredes, de esta forma, hasta
aproximadamente mitad del siglo XIX se encuentran en las actas de profesión la alusión a
beatas, y aparece la denominación Religiosas de la Tercera Orden.

Este calificativo de Tercera Orden es definido por el Cann. 303:

Se llaman órdenes terciarias, o con otro nombre adecuado, aquellas asociaciones


cuyos miembros, viviendo en el mundo y participando del espíritu de un instituto
religioso, se dedican al apostolado y buscan la perfección cristiana bajo la alta
dirección de ese instituto30

caracterizada de esta forma en el marco de las órdenes mendicantes, debían rechazar el lujo,
refinamiento, no poseer armas, y en sus prácticas religiosas debían llevar un ayuno estricto,
recitar cada día el horario litúrgico, los sacramentos de confesión y comulgación. En este
momento al que hacemos referencia la Comunidad ya habitaba el Convento La Merced de
Cali.

¿Cómo pasaron del Beaterio de Agustinas, ubicado donde actualmente se encuentra el


Hospital San Juan de Dios, al antiguo convento mercedario?

A medida que crecía la población el hospital de la ciudad inaugurado hacia mitad del siglo
XVIII fue quedando entre los habitantes, esto representaba un riesgo para la población y
además el local por lo estrecho no lograba suplir las necesidades del momento. Por tal
motivo, en 1825 ante escritura pública los apoderados del Colegio Santa Librada, Fray
Pedro Herrera; el Síndico, Manuel Scarpetta, el Reverendo P. Fray Bernardo Madero Prior
del Hospital San Juan de Dios; y la Madre Priora del Convento de Beatas, Rosa Núñez del
Sacramento, firman la permuta de edificios. El Convento La Merced, habitado por los
29
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 153.
30
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 169.

12
frailes hasta su expulsión en 1821, pasa del Colegio Santa Librada a las Hermanas
Agustinas, sin embargo: “cede a favor de la Priora y Beatas recogidas del convento que fue
de los reverendos padres mercedarios sólo el edificio, sin iglesia, ni muebles; y dicha Priora
cede para hospital la iglesia y convento antiguo llamado el Beaterio (...)”31 Es importante el
hecho de que se enuncia la antigüedad del Beaterio ya que le confiere un reconocimiento
público a su labor caritativa, si la recordamos. Finalmente, la cesión de la Iglesia del
Convento La Merced se realiza por acto legislativo mediante la Ley 15 de 1887, 62 años
después de la permuta, tiempo en el cual constantemente la Comunidad requería la cesión
de la Iglesia.

Con el transcurrir del tiempo y la búsqueda constante de perfección religiosa, se


presentaron distintos momentos tanto de tensión como de consenso, tal cual hemos
nombrado anteriormente. Brevemente podemos citar el suceso ocurrido durante la
fundación de la Comunidad, con la edificación del Hospital San Juan de Dios y el lío que
representó por la posible interrupción del Beaterio, donde salió bien librada la Comunidad
al contar con el respaldo de la Orden Agustina y algunos pobladores devotos. El suceso fue
tan importante que llegó hasta la Audiencia y Cancillería Real de Quito; la permuta de
edificios significó otra etapa importante de la Comunidad, un momento de tensión al
trasladarla del sitio que fue construido para sus necesidades específicas a uno nuevo
limitado en la administración de la iglesia, sin embargo las religiosas lograron adaptarse
con moderación. Cuando finalmente les ceden la iglesia del Convento La Merced surgen
polémicas o reclamos respecto al destino de las imágenes de la iglesia, realizando -varios
años después- la priora de ese momento un registro detallado de los documentos y enseres
que reposan en ese convento, documento que incluso se puede consultar en el archivo de la
Congregación.

De igual importancia es de resaltar la significativa visita del Beato Agustino Recoleto


Ezequiel Moreno quien hacia 1896, desde el Vicariato Apostólico de Casanare, en su paso a
la consagración episcopal de la Diócesis de Pasto, visita a la Comunidad en el Convento La
Merced. La Hna. Saturia Paredes lo describe de esta forma: “La visita de este santo obispo

31
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 108.

13
al convento de La Merced fructificó. Posiblemente vio, con la aguda percepción que tienen
los santos, que valía la pena apostar por esas mujeres que se llaman agustinas. Y puso
manos a la obra”32. A lo que hace referencia la Hermana es en el papel desempeñado por
San Ezequiel en la admisión oficial de la Comunidad a la Orden Agustina, que hasta
entonces no era bastante clara.

La figura de San Ezequiel Moreno, canonizado en 1975, es de gran importancia. Su


presencia y actividad misional en el oriente del territorio nacional, restaurando en el
desierto de la Candelaria la Provincia del mismo nombre, fundada en el siglo XVII por la
Orden Agustinos Recoletos; la erección jurídica del territorio de Casanare como entidad
civil y eclesiástica; así como su influencia en la obra política de la Regeneración y las
relaciones que sostuvo con los círculos dirigentes capitalinos (Miguel Antonio Caro, fam.;
Joaquín Fernando Vélez) 33, lo hacen un personaje eminente en la historia del catolicismo en
Colombia.

En el archivo La Merced se guardan dos fotocopias de las cartas originales que dirigió el
Beato a la Priora del convento, donde se resalta la actividad desempeñada por este en el
ingreso oficial de la Comunidad en la Orden y su denominación de Terciarias.

Mis amadas Hermanas en N. G. P. San Agustín: ya las puedo llamar H. Has. con
toda verdad, pues ya he conseguido que las declaren Terciarias Agustinas como lo
verán por el documento adjunto que me ha mandado el Rmo. P. Vicario General.
Gozan ya pues de todos los bienes espirituales que con la ayuda de Dios se hacen
por todos los religiosos y religiosas de la Orden Agustina y de todos los indultos y
privilegios de la misma orden, llevando siempre ceñida la correa agustiniana.
Las felicita pues su affmo. menor hermano en Jesucristo y N. G. P. S. Agustín.
Fr. Ezequiel Obispo34.

32
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 193.
33
Carlos Valderrama Andrade, “Introducción” en Epistolario del beato Ezequiel Moreno y otros agustinos
recoletos con Miguel Antonio Caro y su familia, (Bogotá́: Instituto Caro y Cuervo, 1983)
34
ALMC, RR. MM. Terciarias Agustinas de Cali (Colombia), 14 de Junio de 1897.

14
Esta oficialización, si bien desde su génesis como Comunidad las religiosas seguían
fervientemente la Regla de San Agustín, permite entablar relaciones directas con la curia
agustina, tener un mayor control y observancia directa, aunque tal labor la vinieran
desarrollando los Agustinos mientras estuvieron en la ciudad y posteriormente con mayor
celo el Obispado de Popayán. Se dictaron pautas específicas para la vida en comunidad y
observancia en los términos de ‘Constituciones de las Monjas Agustinas de Clausura’, tal
labor fue llevada a cabo principalmente por el prelado payanés.

Por mucho tiempo la vida espiritual de estas religiosas estuvo definida en términos de
‘recogimiento’, de clausura entregadas al silencio y la oración, por supuesto sin dejar de
lado su principal labor caritativa: acoger a niñas huérfanas y pobres tal como lo concibieron
sus fundadores. Más adelante explicamos el dinamismo que se presenta hacia el siglo XX
con la modernización de la Iglesia, los nuevos modelos de organización religiosa y a nivel
local los impulsos de expandir la misión apostólica.

Espiritualidad, Constituciones y disciplina jerárquica

Lo relativo a los conventos más allá de espacios de reclusión y clausura, como lugares de
apropiación del saber, de salvamento a las tentaciones terrenales regido por una serie de
normas monásticas que, con el transcurrir del tiempo, la sociedad, modernización de la
Iglesia Católica, y la invención de un nuevo modelo de organización religiosa dirigido a la
caridad y beneficencia de los más pobres como apostolado, elemento adjunto a la
observancia; permitió a las mujeres construir un espacio de sociabilidad donde los valores
inculcados proporcionaban aparte de compensación y placer, grados de libertad restringidos
a sus contemporáneas.

Michelle Perrot35 menciona que en los estudios hagiográficos, por ejemplo los de las
primeras Doctoras de la Iglesia: Santa Teresa de Jesús y Santa Catalina de Siena, como
género literario resalta regularmente sus visiones, sufrimiento y actitud caritativa; por otro
lado sus desempeños en la vida política, tanto civil como eclesiástica, la circulación

35
Michelle Perrot, Mi historia de las mujeres, (Buenos Aires: FCE, 2009)

15
epistolar que establece con diferentes dirigentes, aluden a la notoria importancia entre la
fusión de la observancia religiosa, compasión y astucia.

Para Perrot la vida mística se conjuga en femenino. “Plegaria, contemplación, estudio,


ayuno, éxtasis y amor ferviente tejen la felicidad inefable y dolorosa, torturante y tierna de
estas mujeres que exploran los límites de la conciencia” 36. Mística reconocida para el caso
colombiano es la Madre del Castillo, monja del Convento Santa Clara de Tunja, dedicada a
la escritura por el impulso de sus confesores, pero también a diferentes labores dentro de su
Orden: maestra de novicias, enfermera y sacristana. Frecuentemente las monjas debían
enseñar sus escritos y obras a los confesores y directores espirituales que tenían a cargo,
quienes como el caso de Santa Teresa o la Madre del Castillo, impulsan o corregían sus
textos.

En cuanto a la Comunidad de Agustina Terciarias de Cali, como hemos manifestado a lo


largo del ensayo, en el transcurso de su historia y búsqueda de perfección religiosa fueron
poco a poco construyendo su vida y estilo espiritual, caracterizada en un inicio por el rigor
de la clausura, entregadas al silencio y la oración. Sin embargo la Hna. Saturia Paredes
expone que: “En 1901, el Ilmo. Sr. Vicario Foráneo, Pbro. Heladio P. Perlaza, recibió del
Sr. Obispo de Popayán la misión de cuidar de dicha congregación de religiosas, permitió
suprimir la clausura y dio decisivo impulso a otros apostolados ad extra del convento (...)”37

Los otros apostolados que se refiere la Hna. Saturia Paredes son: Las Casas Colegios que
fundaron durante el siglo XX en el Valle, Nariño y Caldas; así como la breve
administración del Hospital Nacional de Tumaco, las instituciones de misión que
administraron (Escuela Misional de Tumaco) o fundaron (Puerto Merizalde); comprueban
su persistente inquietud misionera, su transición de una vida en el claustro a otra liderando
la misión, circulando por el territorio y capacitándose, tempranamente, en diferentes
actividades como la enfermería y la educación.

36
Perrot, Mi historia de, p. 72.
37
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 192.

16
Es conveniente la precisión que realiza Perrot:

En el siglo XIX, el desarrollo de las congregaciones dedicadas a la enseñanza, el


de los internados y el de los talleres de caridad, sumados al auge de las misiones,
abren horizontes interesantes para las religiosas (...) algunas mujeres crearon
asociaciones y sindicatos cristianos. Desarrollaron un sindicalismo no mixto, más
susceptible de atraer a las mujeres de profesiones terciarias pero también
industriales (...) De este modo, una cultura católica pudo favorecer la expresión de
las mujeres, con o a pesar de la Iglesia; en su seno o en sus márgenes38.

En este asunto es necesario tener en cuenta las disposiciones pontificias de finales del siglo
XIX por León XIII, quien en 1891 promulga la encíclica Rerum Novarum o ‘de las cosas
nuevas’, haciendo frente a la amenaza que supone la laicización y las ideas socialistas,
entrando en la discusión de la ‘cuestión social’ pretendiendo mejorar la vida económica y
espiritual de las clases trabajadoras, teniendo como guía la doctrina cristiana.

No obstante, cuando realizamos el análisis de las Constituciones acomodadas a las


Agustinas esparcidas alrededor del mundo, elaboradas por el Prior General F. Sebastián
Martinelli en Roma hacia 1895; cuya traducción de 1897 nos llega de parte de F. Valentín
Iglesias, Comisario en el Ecuador, reimpresas en Cali hacia 1927 39; encontramos que el
aspecto apostólico no es lo suficientemente claro, y el documento aún está en términos de
profunda recogida y observancia.

El mencionado texto de carácter legislativo está dividido entre las solicitudes, cartas y
aprobaciones del prelado, la Regla de San Agustín y cuatro partes con sus respectivos
capítulos, que como libro de hábito se encuentran descritos los elementos que configuran y
dirigen la vida religiosa, su organicidad y estabilidad para perdurar. Contiene cómo está
organizada la comunidad, las funciones, libertades y restricciones de cada integrante,
ceremonias rituales y gobierno monástico. Según el Derecho Canónico las Constituciones
“deben contener la mente y el propósito de los fundadores, las determinaciones esenciales
38
Perrot, Mi historia de, p. 72.
39
ALMC, Regla y Constituciones de la Orden de Ermitaños de S. Agustín acomodadas a las religiosas de la
misma orden, Cali: Imprenta del pacífico, 1927.

17
sobre el régimen y la disciplina, las normas sobre la incorporación y la formación de sus
miembros, las normas esenciales sobre el objeto propio de los vínculos sagrados.” 40. Es
decir, responde a los elementos que hacen que una comunidad religiosa en particular se
incorpore en servicio a la Iglesia.

Concerniente a las manifestaciones del Prelado Diocesano y la curia de la Orden de


Ermitaños de San Agustín, esta se dirige a la aprobación e imposición del documento que
emanan al monasterio la Encarnación de la ciudad de Quito, documento que según la Hna.
Saturia Paredes “se reimprimió en Cali, en la Imprenta Pacífico, por iniciativa de las
religiosas del Convento La Merced”41 otra muestra de la ferviente identidad agustiniana que
mantienen. Continuando con el desarrollo del contenido, es a través de los votos (pobreza,
castidad, obediencia y clausura) que se puede obtener la perfección espiritual y salvación
del alma. Al ingresar a la vida monástica, las novicias profesan votos simples, renovables a
cierto tiempo, donde asumen sus obligaciones con la comunidad, sujetas a la vigilancia de
todos los miembros y presionada a correcciones por su posible negligencia.

Lavrin explica la relevancia de los votos de la siguiente forma:

Los votos sellaban sus vidas y eran irrevocables. (...) aseguraban a las profesas las
gracias y bendiciones de Dios, Cristo y María. Si la vida religiosa era, en palabras
de los clérigos de la época, un “puerto seguro”, los votos hacían las veces de
anclas para retener a las monjas en sus tranquilas aguas. (...) Los votos eran:
pobreza, castidad, obediencia y clausura. Entender el significado de estos votos era
esencial para la observancia religiosa 42.

En la profesión de votos solemnes, tres años después de la profesión de votos simples y tras
una serie de ejercicios espirituales, se consolidan mediante el ritual de costumbre.

Brevemente y gracias a la documentación podemos definir cada uno: Con el voto de


pobreza se da comienzo a obtener la libertad de espíritu, venciendo los obstáculos que se

40
CC. 587 y 578.
41
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 192.
42
Lavrin, Las esposas de, p. 114.

18
oponen a su santificación, ocurriendo un desprendimiento afectivo y efectivo de todo bien
temporal que se concede como propiedad al monasterio presidido por la Madre Priora 43, en
lo que Lavrin alude de “imitar la pobreza de Jesús”44; la castidad como consagración
solemne obliga a la religiosa a ser santa de cuerpo y de espíritu, aborrecer y huir a todo lo
que pueda mancharlas, siendo fieles a su Divino Esposo 45; la obediencia, por otro lado, es
definida como la madre de todas las virtudes, el eje principal sobre el cual descansa y gira
la observancia regular, donde la religiosa está obligada a guardar todos los preceptos de la
regla y mandos de sus superioras46; el voto de clausura en este documento tiene un capítulo
por separado donde se evidencia la rigidez del precepto. Romper este voto -so pena de
excomunión- se traduce no sólo en salir así sea brevemente del recinto de clausura, sino
también la admisión de cualquier persona, así sea un niño, al recinto al igual que participar
en llevar a cabo tal hecho.

Como citamos anteriormente hacia 1901 se llevan a cabo la supresión de la clausura con
actividades ad extra del convento, dando cuenta de una necesidad de revitalización,
percepciones y actitudes de las religiosas frente al texto Constitucional. Ello lo podemos
evidenciar tempranamente en los Apuntes diarios del Convento 47. El 7 de septiembre de
1905 se menciona que “se leyó en presencia de la Comunidad la aprobación de la Regla por
el Sr. Arzobispo Caicedo”48. A lo mejor podemos observar este aspecto con mayor claridad
en la referencia del mes de octubre de 1919 “A principios de este mes le pedimos, toda la
Comunidad, al Sr Obispo, por medio de una nota oficial, que nos arregle las constituciones
según nuestro modo de vida que llevamos (...)”49 y un mes después encontramos registro
de, posiblemente, lo que sería uno de los primeros acercamientos a la Orden de Agustinos
Recoletos, quienes desde 1917 hacían presencia en la ciudad administrando la parroquia
San Nicolás de Bari. Así se registra en la fuente: “Noviembre 30 de 1919 - En esta fecha,

43
ALMC, Regla y Constituciones, 1927, p. 44.
44
Lavrin, Las esposas de, p. 114.
45
ALMC, Regla y Constituciones, 1927, p. 54.
46
ALMC, Regla y Constituciones, 1927, p. 61.
47
ALMC, Apuntes diarios del convento 1904-1950.
48
ALMC, Apuntes diarios del, 1905, fol. 06.
49
ALMC, Apuntes diarios del, 1919, fol. 29.

19
con la autorización del Ilmo. Sr. Obispo y a petición de toda la Comunidad, el R. P. Fr.
Valeriano Tanco, Agustino, se dirigió al R. P. Eugenio Sola, Superior General de los
Agustinos Recoletos, ____ diéndole nos reconozca como Terciarias Agustinas
Recoletas”50.

¿Qué implica esta búsqueda de reconocimiento como Recoletas? primero supone un grado
profundo de espiritualidad bajo abnegada pobreza. En el siglo XVI la Recolección surge
como una necesidad, un movimiento reformista en las órdenes mendicantes (franciscanos,
benedictinos, agustinos, dominicos, carmelitas) con el fin de afrontar la relajación y
opulencia dentro de estas órdenes que viven de la limosna, aspiran a la pobreza real,
reivindicando mayores grados de oración, silencio y austeridad; segundo, conlleva a la
misión, una labor que surge a la par de su nacimiento como Agustinos Recoletos hacia
1588 en la Provincia de Castilla, España, bajo los parámetros de la vida contemplativa y
comunitaria. La Hna. Saturia Paredes cita las primeras misiones de la Orden de Agustinos
Recoletos: “En julio de 1605 embarcan misioneros recoletos para Manila y México, donde
se establecen, prosperan se expanden y viven misionando hasta hoy. Simultáneamente, en
1604, surgen en Colombia la Recolección Agustiniana, con el P. Mateo Delgado” 51.

La Provincia colombiana pese a la exclaustración de Mosquera en 1861, logró salvar su


convento del Desierto de la Candelaria, en Boyacá y parte del de Bogotá, sin embargo, se
vio afectada en su número de integrantes. La provincia como mencionamos anteriormente
fue restaurada a finales del siglo XIX por San Ezequiel Moreno.

En el archivo del Convento reposan una serie de cartas importantes para entender la
relación de las Agustinas Terciarias con la Orden de Agustinos Recoletos, y su tránsito o
incorporación a esta. La primera que podemos citar está fechada en Panamá el 7 de
diciembre de 192052 de parte del P. Fr. Edmundo Goñi de la V. de Jerusalén, donde de
manera afectiva saludando a la comunidad comenta los detalles de la misión que elabora y

50
ALMC, Apuntes diarios del, 1919, fol. 30.
51
Paredes, M.A.R., Agustinas Terciarias Recoletas, p. 202.
52
ALMC, Residencia de PP. Agustinos Recoletos: M.R.M Priora de Agustinas Cali, Panamá 4 de diciembre
de 1920.

20
hace referencia a un encargo de parte de las Hermanas, una máquina de hacer hostias para
las misas.

La anotación más clara sobre el tema la encontramos en las cartas privadas y oficiales del
P. Superior General Fr. Gerardo Larrondo de San José dirigidas a la Rda. M. Superiora. La
primera fechada en Roma el 04 de marzo de 193253, en esta manifiesta el agrado que le
produce el interés de las Hermanas de ingresar a la Orden, resaltando la proximidad que
tienen con los frailes establecidos en la ciudad y la lejanía con los Agustinos ‘calzados’ de
los cuales hacen parte desde hace tiempo; la segunda, tras un proceso extenso de diálogo y
concertación, el comunicado oficial de ingreso a la Orden emitida por la Curia Generalicia
de Agustinos Recoletos, fechada en Roma el 02 de marzo de 1932 y con fecha de
aprobación por parte del entonces Obispo de Cali, Mons. Luis Adriano Díaz, el 03 de mayo
de 1932. “Por las presentes, y en virtud de las facultades de nuestro Oficio, incorporamos y
agregamos a nuestra Orden de Agustinos Recoletos, como Hermanas Terciarias de la
misma, a la dicha Comunidad del Convento de La Merced de Cali, haciéndola, para el
presente y para el futuro, participante de todas las gracias, indulgencias y privilegios de
nuestra Sagrada Orden”54.

De aquí en adelante el nuevo proceso de oficialización indica actualizar las Constituciones;


ritos ceremoniales; apostolado; y la denominación, como dice la Hna. Saturia Paredes, con
un segundo apellido: Recoletas. La nueva Constitución aprobada el 03 de mayo de 1933 se
encuentra dividida entre la Regla de San Agustín y seis partes más, obedeciendo a una
estructura jurídica propia e independiente para la administración y gobierno que la Orden
Agustina Recoleta proporciona a la Comunidad, autónomas a las disposiciones de la Orden
de San Agustín. En ellas podemos percibir varios elementos diferenciadores no sólo en la
extensión, en la forma, también en el contenido.

53
ALMC, Curia Generalicia de Agustinos Recoletos, Rda. M. Superiora y Comunidad de Madres Agustinas
de Cali, Roma, 04 de marzo de 1932.
54
ALMC, Curia Generalicia de Agustinos Recoletos, F. Gerardo Larrondo de San José, prior general de la
Orden de agustinos Recoletos, Roma, 2 de marzo 1932.

21
A parte de la dirección espiritual es específica en el carácter apostólico de la Congregación,
elemento como dijimos no era lo suficientemente claro en la anterior Constitución. Desde
un inicio se traza como propósito la “santificación de las religiosas por medio de la fiel
observancia de los votos de pobreza, castidad y obediencia que emiten. Segundo: ejercer la
caridad a favor de las niñas huérfanas, sobre todo huérfanas de madre. Tercero: practicar la
caridad en todas sus manifestaciones sobre todo en la enseñanza de las niñas” 55. Como
vemos el voto de clausura no aparece enunciado en los propósitos de la congregación, en el
texto aparece en relación con el voto de castidad y no como un capítulo aparte, no se omite
completamente de todo el documento ya que puede ser una reforma abrupta y desfavorable,
a pesar de los esfuerzos de laicización del siglo XIX los conventos y Casas religiosas
continúa siendo espacio sacros, de autoridad y admiración. En este caso el voto de clausura
se ajusta a parte de las disposiciones canónicas a las particularidades del prelado,
definiéndola como clausura episcopal, al igual que a las actividades caritativas que
emprenden.

De otra manera, en el documento se comprueba que para el acto caritativo a favor de las
niñas no basta el simple deseo de asistir, es necesario una formación específica,
particularmente a las religiosas de Coro o velo negro que en el Postulando deben adquirir o
perfeccionar su instrucción general, después especial, en materias propias de la primera
enseñanza, profesorado e instrucción pedagógica, en centros oficiales del Estado o en
estudios especiales hechos dentro de la misma congregación. Empero, tal formación no
estaba reducida estrictamente a las Hermanas de Coro “ordenamos a todas las Superioras
que velen especialmente porque todas las religiosas reciban aquella preparación,
instrucción pedagógica, que las habilite para cumplir debidamente tan benéfica y caritativa
misión”56. Así encontramos que las Hermanas de Obediencia, dedicadas a las labores
generales del Convento y la atención de las de Coro, también deben adquirir ese
conocimiento de la enseñanza impartido por medio de instrucciones semanales de lectura,
escritura, catecismo, mística, urbanidad y todo lo que fuere ‘útil’.

55
ALMC, Constituciones de la Comunidad de Religiosas Agustinas Recoletas Terciarias de La Merced en
Cali, Cali: s.e., 1932.
56
ALMC, Constituciones de la, 1932, p. 25.

22
Castro Carvajal plantea que para el caso colombiano, en el proceso de adaptación de las
comunidades religiosas femeninas, “las actividades que desarrollaron las Hermanas por
décadas en las instituciones de asistencia social, paulatinamente se convertirían en
profesionales”57 y es dentro de las funciones de protección que se va a profesionalizar la
enseñanza, donde las Hermanas entran a formarse en la carrera pedagógica.

Acoger y educar a las niñas huérfanas y pobres como proyecto apostólico

Podríamos considerar que la anterior Constitución citada, la de 1932, y la labor eclesial


adelantada por el primer Obispo de Cali, Mons. Heladio P. Perlaza y siguiendo los pasos de
este, Mons. Luis Adriano Díaz, dieron lugar a que poco a poco el orfanato se
institucionalizara y adquiriera una orientación moderna. De otra forma ¿Cómo podemos
explicar que tempranamente, en 1923, se elabore un reglamento que rige tal institución?
Considero que ocurre de forma temprana puesto que la reglamentación en las Casas y
fundaciones generales será un aspecto obligatorio estipulado sólo en la documentación de la
Constitución Recoleta de 193258, es decir nueve años después, esto también nos llevaría a
matizar el análisis comparativo entre las Reglas y Constituciones de 1927 y 1932, así como
la labor de asistencia social adelantada por la Congregación durante esta temporalidad.

Recordemos que en esta época surgen en el país los discursos jurídicos, científicos y
pedagógicos que intervienen en la infancia. Sobre los reglamentos de las instituciones de
caridad, Castro expone que hacia finales del s. XIX, fueron introducidos por viajeros,
médicos y dirigentes políticos a través de la correspondencia, la mayoría de instituciones
francesas pioneras en la asistencia pública, “París en ese momento era un centro
internacional de estudios de medicina y el mayor exportador de ideas y prácticas clínicas y
salud pública (...) el estudio de las instituciones de caridad no se limitaba a las visitas
solamente: los viajeros conseguían los reglamentos de los establecimientos y los mandaban
a Colombia”59.

57
Castro, La relación entre, p. 125.
58
ALMC, Constituciones de la, 1932, p. 28.
59
Castro, La relación entre, p. 34.

23
Por consiguiente encontramos un mayor registro en diferentes documentos que hacen
alusión al orfanato y sus actividades, en la mayoría de los casos adjuntas a las de la
Congregación. Es interesante observar cómo dicho acto caritativo de acoger a la infancia
huérfana y pobre en el regazo de la Iglesia, se transforma y adquiere lógicas modernas;
cómo las discusiones espirituales y de doctrina eclesiástica influyen en tal acto, por ejemplo
en su denominación e intervención. En tal ejercicio la información contenida en el
reglamento del orfanato y los apuntes diarios del convento serán fundamentales.
Aquel espacio de acogida caritativa que surgió junto con la Congregación en el segundo
cuarto del s. XVIII, la primera en su clase, se verá modificada por el influjo de los discursos
ideológicos de finales del siglo XIX en el marco del debate sobre la concepción de
ciudadano. Según Fayad y Arias 60, en medio del debate la Iglesia plantea la defensa y
cuidado de los niños con la advocación a la Santa Infancia, y la creación como modelo
institucional para impulsar y fundar nuevas instituciones de cuidado y atención de niños
dentro de la doctrina cristiana.

En esta atención a la infancia la labor recae en las personas e instituciones conocedoras de


la tarea de atender y dar bienestar a los niños, se interviene mediante políticas generales y
creación de reformatorios, hospicios, correccionales, casas para niños expósitos donde se
instruyen de forma rudimentaria en los oficios ‘para la vida’. A parte de la Santa Infancia,
las advocaciones a San José y la Sagrada Familia, como en algún momento se llamó el
orfanato, representan los intereses y religiosidad de la época. Bajo este último nombre será
erigido canónicamente el orfanato en 1952 por Mons. Julio Caicedo Téllez.

Para no desviarnos de la temporalidad y con el objetivo de contextualizar y acercarnos al


orfanato procedemos a analizar el Reglamento61. Este se encuentra dividido en siete
capítulos y una suerte de epílogo, donde se establecen los propósitos del establecimiento;
los requisitos de ingreso, ocupaciones, deberes, derechos, premios y castigos de las
huérfanas; así como los contenidos en la instrucción y la enseñanza de la doctrina cristiana.

60
Javier Fayad Sierra y Liliana Arias Ortiz, “Las instituciones de bienestar en Cali: la construcción de la
subjetividad desde la caridad, la beneficencia y la acción social” en Reconocimiento de la niñez, Santiago de
Cali 1890-1930: instituciones, subjetividad y vida cotidiana, 101-147, Cali: Universidad del Valle, 2004.
61
ALMC, Reglamento del orfanato de la Sagrada Familia en Cali, Cali: s.e., 1923.

24
El Orfanato de la Sagrada Familia, para la época se proponía dos objetivos uno espiritual y
otro material, el primero marcado por la virtud y las facultades morales de las niñas que
ampara; el segundo en la instrucción de los oficios domésticos, oficios útiles como
manifiesta “para ponerlas en capacidad de ganarse, cuando salgan, el sustento, el vestido y
las comodidades honestas de la vida”62.

Este último aspecto resalta lo que pareciese ser habitual para la época en las clases bajas, la
mujer debe laborar a una edad muy temprana ya sea como campesina u obrera, retirada de
la escuela deben ayudar en las faenas del hogar formándose como madre y esposa. En los
apuntes diarios del Convento aluden a un caso muy particular, que permitiría ejemplificar
este punto, el matrimonio de una niña del orfanato, hasta ahora el único en la temporalidad
que estudiamos: “El día 1 de mayo [de 1907] se celebró el matrimonio de una niña del
orfelinato (Mercedes González)”63. Intentamos rastrear algún tipo de documento que nos
permitiera observar el ingreso de las niñas al orfanato, alguna cláusula o libro de registro
que nos diera un panorama del estado en que ingresan, de dónde proceden, su edad y otras
características, sin embargo, al parecer para esta temporalidad no se encuentran
documentos catalogados a excepción de un libro de matrículas de la escuela, desde 1941 a
1950. Dicha escuela es producto de la labor educativa que inició la Congregación con la
extensión del apostolado a inicios del s. XX por Mons. Heladio P. Perlaza, en un inicio con
las niñas internas del orfanato manejando poco personal, después hacia mitad del siglo XX
se agranda el local, y posteriormente se construye uno nuevo pasando a estipularse como
escuela pública. Actualmente las Hermanas continúan con su labor educativa con el
Colegio Nuestra Señora de la Consolación.

Sin embargo, en el reglamento, en la sección sobre los requisitos de ingreso, definen y dan
una representación clara de las niñas que deben ser acogidas: “(...) no se recibirán
huérfanas, sino de siete años, a fin de hallar en ellas la docilidad y sencillez de la infancia y

62
ALMC, Reglamento del orfanato, 1923, p. 01.
63
ALMC, Apuntes diarios del, 1907, fol. 11.

25
no dañinos estorbos para la consecución del fin principal del asilo” 64, específicamente en el
artículo 5° se define:

Una niña pobre y desamparada moralmente podrá ser aceptada en el Orfelinato


con estas condiciones: a. que tenga la edad requerida, b. que sus padres la tengan
abandonada moralmente; c. que sus padres están sufriendo alguna pena larga en
cárcel o panóptico; d. que los que se interesen por la niña, presenten dos
declaraciones tomada por la autoridad civil o por el párroco (...) ser de familia
pobre cuyos parientes no puedan sostenerla o proporcionarle educación (...)65.

También se aceptan niñas pensionadas por sus parientes o protectores, siempre y cuando se
sometan a vivir bajo las mismas reglas que las niñas de bajos recursos, es decir sin
privilegio alguno. Las ocupaciones de las niñas en los oficios de la Casa son asignadas por
la religiosa a cargo del establecimiento. Estas ocupaciones son definidas a manera de
‘deberes en los oficios manuales’ donde a cada una que se le haya asignado una ocupación
debe realizarla con esmero, sumisión, prontitud, y aseo; se ocupan de diferentes actividades
dentro de la Casa, desde el servicio de la mesa hasta la cocina preparando los alimentos,
“cuidando el desperdicio alguno en el cacao, azúcar, jabón” 66. Así encontramos que el
orfanato, como institución de protección a la infancia, imparte las labores del hogar
recurriendo a los oficios de la Casa, en ella se manifiesta la superioridad en edad,
experiencia, progreso del adulto -las Hermanas- sobre la niñas, así como destino de la
familia donde se transmiten los valores cristianos a los hijos, en este caso las huérfanas
protegidas.

Sin embargo, la instrucción no estaba limitada solamente a las labores del hogar, también
contaban con un horario de clases donde se les enseñaban los siguientes contenidos: lectura
en libro y en manuscrito, escritura y aritmética, economía doméstica, religión, labores
sencillas de mano y catecismo” 67, incluso podríamos decir hasta lecciones básicas de

64
ALMC, Reglamento del orfanato, 1923, p. 01.
65
ALMC, Reglamento del orfanato, 1923, p. 02.
66
ALMC, Reglamento del orfanato, 1923, p. 07.
67
ALMC, Reglamento del orfanato, 1923, p. 02.

26
enfermería pues en el artículo 9° de los deberes comunes se cita lo siguiente:
“Desempeñarán también el oficio de enfermeras cuando las religiosas lo creyeran
necesario, ofreciendo a Dios esa insigne obra de caridad y procurando ejercerla con
alegría”68.

Ilustración 1: Agustinas Terciarias Recoletas, Labor asistencialista de la Comunidad a través del Orfanato La Sagrada
Familia., s.f. Archivo Fotográfico del Convento La Merced de Cali.

En los apuntes diarios del Convento, como dijimos en un inicio, se detallan brevemente las
actividades del orfanato adjuntas a las de la Congregación. Pensiones; limosnas de obras
pías; paseos lúdicos hechos con las niñas; el inicio y culminación de clases; exámenes y
actividades corales; así como los momentos de tensión y consenso que se vivieron y fueron
mediadas por el prelado, esclarecen la cotidianidad dentro de esta instalación a veces rígida
por las definiciones que brinda el Reglamento.

La primera mención que encontramos ocurre hacia 1904. Es el saldo, no se esclarece si de


una pensión, ayuda del gobierno u obra pía, dirigido al orfanato por $1,744 pesos el cual se
invierte en la restauración del dormitorio de las huérfanas 69. A mi manera de ver, en la
instrucción y enseñanza de la doctrina cristiana, “las prácticas de piedad” como está

68
ALMC, Reglamento del orfanato, 1923, p. 03.
69
ALMC, Apuntes diarios del, 1904, fol. 01.

27
estipulado en el reglamento, más allá de los Santos Sacramentos de confesión, comunión y
hasta matrimonio que se imparte, es necesario tener en cuenta el espacio del Coro como
lugar de adoración a Dios, por tanto que rige el comportamiento y actitud hacia los oficios
divinos como la eucaristía. Así vemos cómo las niñas realizan las oraciones de la mañana
en el coro, bajo estricto silencio, y cómo en horas de la tarde pasan de nuevo al coro a rezar
el Santo Rosario y otras lecturas espirituales. La primera mención que se realiza de las
niñas en sus actividades de Coro ocurre el 24 de noviembre de 1904 “cantaron las niñas de
nuestro orfelinato misa de la media noche, por la primera vez”70, estas actividades de Coro,
así como partituras y música sacra ha sido estudiadas recientemente por la profesora María
Victoria Casas.

Constantemente se menciona la apertura de clases del orfanato con un número reducido de


niñas entre internas y externas, por ejemplo la apertura que se dio el 01 de octubre de 1907
donde se contabilizan nueve niñas internas y cinco externas. Por estas mismas fechas
encontramos aspectos de instrucción interesantes como son la evaluación, al parecer
constante que les realizaban, y la formación en la profesión religiosa que igualmente se
encuentra registrada71. En el primer punto se nombra que los exámenes se llevaron a cabo
durante dos días: el 10 y 11 de Julio de 1907, siendo los resultados satisfactorios; en otro
momento los días 5, 6 y 7 de julio de 1913, en esta ocasión presididos por el Sr. Obispo
Mons. Heladio P. Perlaza donde se les evaluó las áreas de lectura, escritura, catecismo,
historia, castellano y aritmética; en el segundo punto se registra que el 02 de junio de 1907
algunas niñas se presentaron como aspirantes a otra congregación. Así, en estos términos
podemos considerar que el orfanato representó para algunas niñas un medio efectivo de
‘ascenso social’, o por lo menos de encauzar su vida en el ámbito seglar, como buenas
madres y esposas, o como religiosas, siendo efectiva la labor de las Agustinas de la Merced
en su fin por salvar el alma de las niñas víctimas del abandono y la pobreza.

70
ALMC, Apuntes diarios del, 1907, fol. 08.
71
ALMC, Apuntes diarios del, 1907, fol. 08.

28
Consideración final

En el ejercicio de identificar el carácter de vida activa de la Comunidad, observamos que a


través de tres documentos precisos: las Constituciones Religiosas de 1927 y 1932, así como
el Reglamento del Orfanato de 1923, se logra percibir su inquietud misionera y expansión
apostólica como características acordes al modelo moderno de organización religiosa que
comienza a regir a las congregaciones femeninas a partir del siglo XIX, las cuales
necesariamente sufren cambios nominales, de prácticas religiosas y estilos de vida.

Además, nos permiten percibir el ideal de religiosa necesaria para acatar dichos
requerimientos, su accionar, acordes a la modernización de la Iglesia y su necesidad de
acceder a otros escenarios y discursos; así mismo nos ayuda a comprender el ideal de
infancia y mujer que había en la ciudad durante el primer cuarto del siglo XX; la noción de
beneficencia y cuidado de los más pobres, relación contractual entre el Estado y la Iglesia.

De este modo podríamos considerar que ‘la cuestión social’ a la que se hace referencia en
los documentos de finales del siglo XIX, principios del XX, la pobreza y abandono hacen
parte de la realidad actual. Cada sociedad define el sector marginal de ella, a principios del
siglo XX eran los pobres, mendigos, que se tenían que instruir e higienizar, las niñas que
debían proteger de los vicios del mundo, en la actualidad la marginalidad se ha ensanchado
categóricamente ampliando los sujetos ha intervenir abarcando desde las víctimas del
Conflicto Armado, desplazados, la vejez desamparada y los migrantes. En todo ello no sólo
la ayuda material sino espiritual ha jugado un papel fundamental es la resiliencia de dichas
poblaciones, ayuda espiritual que durante mucho tiempo brindaron desde el carisma,
vocación y profesionalización, las congregaciones femeninas de vida activa, tal como
podemos evidenciar en el devenir histórico de la Comunidad, que si bien es fundada con
este compromiso muestra variaciones acordes a los cambios tanto internos como externos.
Finalmente consideramos que es necesario ampliar el contexto e incluir las instituciones, no
sólo profesas, también laicas que se dedicaron a la atención de la infancia, así como los
discursos -no sólo el religioso- que intervienen, observar su relación y aportes del discurso
médico, jurídico, pedagógico y de opinión pública.

29
Bibliografía

Fuente primaria:

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catalogado.

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