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condenado a carga la cruz cae x primera se encuentra


muerte vez con su madre

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bajado de la Sepultado
cruz
Jesús sigue haciendo su doloroso recorrido, preñado de esperanza, junto
a todos los que día a día son condenados, secuestrados, matados de
hambre, abandonados, torturados y asesinados en todo el mundo. A
través de la ventana de la cruz podemos descubrir las expresiones de
confianza, esperanza y amor, en medio de tanta oscuridad.
El sufrimiento y la alegría de que somos testigos, no son sino la revelación
de lo que estos días estamos celebrando. No hay dolor ni alegría humana,
que no haya sido asumida por Jesús, por eso podemos asomarnos a la
ventana de la cruz y afrontar la realidad del dolor sin caer en la
desesperación, sin culpabilidades ni autoreferencias, sólo uniendo mi rota
humanidad a la humanidad rota de tantos y tantos, los de lejos y los de
cerca.
El camino que emprende Jesús esta mañana le llevará a la cruz, es el
camino que hace dudar a Jesús, que hace tambalear el sentido de su vida,
que amenaza la verdad del mismo Amor del Padre.
La radicalidad con la que Jesús ha encarnado y anunciado este Amor es lo
que le lleva a recorrer el Vía crucis como el camino más importante de su
vida. Adentrémonos en el Vía Crucis de Jesús. quizá contemplar su
sufrimiento, sus opciones, su confianza nos sirva para afrontar los
nuestros, para entender a nuestros hermanos y, sobre todo, para tener la
certeza de que el nuestro no es un Dios impasible, sino un Dios que ha
experimentado la Existencia Humana hasta el límite: en el Amor y en el
Dolor.
▪ Inicia un camino hacia la cruz, donde Cristo pasa por perdedor,
vendido, fracasado, olvidado... junto a tantas personas que en el
mundo buscan la paz y la justicia.
▪ Inicia un camino hacia la cruz, donde el discípulo, dirigiendo la mirada
a la Cruz, aprende cómo es la lógica de Dios: no del dolor y de la
muerte, sino del amor y de la entrega de sí.
▪ Inicia un camino hacia la cruz, donde Cristo resucita a la nueva vida y
donde tantas personas que en el mundo buscan la paz y la justicia,
encuentran la vida. Espacio en que se revela la misericordia de Dios.
▪ Inicia un camino hacia la cruz, donde escuchar el grito de la humanidad
necesitada, grito por la paz y la justicia, grito de todo el que no tiene
esperanza… tu grito, mi grito, el grito de los que necesitamos a Dios.
1ª ESTACIÓN
Jesús, me gusta o no me gusta... ¿esta es la cuestión?
“Amanecía. Los soldados habían tomado prisionero a Jesús y lo llevaron al
tribunal de Poncio Pilato, que le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?
Jesús le respondió: Tú lo dices, Yo soy Rey, para esto he nacido y he venido
al mundo, para dar testimonio de la verdad. El que es de la Verdad, escucha
mi voz.
Pilato, mirando a la multitud, dijo: ¿Qué hago con este hombre, Jesús, llamado
el Mesías? Todos contestaron: ¡crucifícalo! Pilato les preguntó: Pero ¿qué mal
ha hecho? Y ellos gritaban cada vez más fuerte: ¡crucifícalo!
Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de todos diciendo: Yo no
soy responsable de la muerte de este hombre. Y todo el pueblo respondió:
¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
Entonces, Pilato se lo entregó para que lo crucificasen”
(Jn 19,14b-16)

La verdad se enfrenta al postureo. La vida se enfrenta a la muerte. La paz se


enfrenta al odio. Luchas que dividen pueblos, familias y países.
Sentenciado a muerte el que busca una vida diferente donde la dignidad no
se compra ni se vende.
Sentenciado a muerte el que pronuncia con su propio vivir que la paz es
posible si todos trabajamos desde la verdad.
Sentenciado a muerte el hambriento en una sociedad donde se almacena
comida que se pudre acumulada, el enfermo que carece de medicinas y de
cuidados dignos, el anciano abandonado y víctima de la soledad.
Sentenciados a muerte tantos jóvenes que, desconcertados, pasean sin
rumbo, suspirando por aparentar ser un poco más queridos, más seguidos,
más ¿?, sentenciadas las mujeres que acabaron vendiendo su libertad para
conservar la esclavitud de sus seres queridos.
Sentenciados a muerte por quienes compran voluntades, por quienes
quieren vender la vida, por quienes engañan con regalos, por quienes se
aprovechan de los pobres.
Nos seguimos lavando las manos, inmersos en nuestros silencios,
seguridades y miedos. Y Jesús sigue siendo condenado a morir.
Frente al grito de los que sufren más de lo que podemos imaginar, la
sordera de la indiferencia parece marcar las pautas del mundo. Condenas
injustas que estrechan, acorralan y cercan al que es la Verdad.
Jesús carga en la fila de los últimos con el dolor de la humanidad, con
nuestros pecados, errores y sufrimientos, asumiendo el lugar del que más
padece. Así es el condenado a muerte que viene a dar su vida por nosotros.

asómate a la ventana de la cruz...

¿Y aún creo que no tengo parte en esta condena? ¿Like / dislike?


me gritaron negra - victoria santa cruz
Tenía siete años apenas, Hasta que un día que retrocedía
apenas siete años, y retrocedía y que iba a caer…
¡Que siete años! (¡Negra! ¡Negra!)
¡No llegaba a cinco siquiera!
De pronto unas voces en la calle ¿Y qué?... ¡Negra! ¿Y qué?... ¡Negra!
me gritaron ¡Negra! Si… ¡Negra!
¡Negra! ¡Negra! ¡Negra! Soy… ¡Negra! Negra soy… ¡Negra!
“¿Soy acaso negra?”- le dije. ¡SI! Si… ¡Negra! Soy ¡Negra!
“¿Qué cosa es ser negra?” ¡Negra! Negra soy
Y yo no sabía la triste verdad De hoy en adelante
que aquello escondía... ¡Negra! no quiero laciar mi cabello, no quiero,
Y me sentí negra… ¡Negra! y voy a reírme de aquellos que por
Como ellos decían… ¡Negra! evitar –según ellos– que por
Y retrocedí… ¡Negra! evitarnos algún sinsabor llaman a los
Como ellos querían ¡Negra! negros gente de color
Y odié mis cabellos ¿Y de qué color? ¡NEGRO!
y mis labios gruesos ¡Y qué lindo suena! ¡Y qué ritmo tiene!
y miré apenada mi carne tostada ¡NEGRO… NEGRO… NEGRO…!
Y retrocedí… ¡Negra! Al fin Al fin comprendí… AL FIN
Y pasaba el tiempo Ya no retrocedo… AL FIN
y siempre amargada, Y avanzo segura… AL FIN
seguía llevando a mi espalda Avanzo y espero… AL FIN
mi pesada carga ¡Y como pesaba! Y bendigo al cielo porque quiso Dios
Me lacié el cabello, me polvié la cara, que negro azabache fuese mi color
y entre mis entrañas Y ya comprendí… AL FIN
siempre resonaba la misma palabra… Ya tengo la llave… NEGRA.. NEGRA..
¡Negra! ¡Negra Soy!

2ª ESTACIÓN
Jesús, carga con una cruz que ya llevaba enredada a su vida
“Los soldados llevaron a Jesús dentro del palacio, y convocaron a toda la
guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de
espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo ¡Salve, rey de los judíos!
Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y doblando la rodilla, le
rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, lo hicieron salir para
crucificarlo. Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al
lugar llamado la Calavera, en hebreo: Gólgota”. (cfr. Mc 15,16-20; Jn 19,17)
¿Quién sabe lo que cuesta llevar una cruz? ¿Cuál es el peso de la cruz? Una
cruz hecha no ya de madera sino de indiferencia, de rebeldía, de violencia,
de ira, de desprecio…
Jesús, camino del Calvario, agarró con fuerza esa cruz. Una cruz que se
transformaba en llanto y en soledad cada vez que al mirar a su alrededor
recibía burlas y salivazos.
La indiferencia de un mundo que ve el hambre y la pobreza, y no siente nada;
la indiferencia de un mundo que ve la desigualdad y la injusticia, y no siente
nada; la indiferencia de un mundo que solo mira su propio interés y no siente
nada; la indiferencia de un mundo que mira la muerte y no siente nada.
Cruces que van por la vida de un lado hacia otro buscando un calvario
donde ser levantadas y esperar la resurrección y la vida. Cruces que buscan
consuelo ante tanta mirada fría.
En esa cruz, Jesús aguanta el peso de los que sufren, soporta el dolor de los
otros condenados por puro amor. Su corazón es acogida permanente y
desbordante, asume el sufrimiento de los pobres, de las mujeres que vieron
explotados sus derechos, de los abandonados, de los que no pudieron
subsistir porque otros se quedaron con su pan...
Choca con nuestra amaestrada sensibilidad, con nuestra educada razón y
con nuestro romántico y edulcorado corazón; sin embargo, si entramos en
la dinámica de dedicar tiempo para hacer algo por los demás, no estar
siempre arriba sino compartir la situación de los de abajo, aspirar más a
servir que a mandar, estar dispuestos a perdonar en lugar de albergar
rencores, descubriremos el auténtico sentido de cargar con la cruz para dar
vida y alcanzar la vida.
Jesús suda con su carga, pero la lleva con la dignidad del que nunca nos
deja solos ante el dolor, porque no puede ni quiere deshacerse de ella…
lleva la cruz enredada en las manos, en el pelo, en la cabeza y ya no puede
vivir sin ella.

asómate a la ventana de la cruz...


Actualmente nuestro mundo soporta distintas cruces como consecuencia de la
injusticia y la violencia… ¿Cuál es mi mensaje y compromiso ante ellas?

no puedo vivir sin ti - coque malla


Llevas años enredada en mis manos, en mi pelo, en mi cabeza
y no puedo más, no puedo más…
Debería estar cansado de tus manos, de tu pelo, de tus rarezas,
pero quiero más, yo quiero más.
No puedo vivir sin ti, no hay manera, no puedo estar sin ti, no hay manera..
Me dijiste que te irías pero llevas en mi casa toda la vida
sé que no te irás, tú no te irás.
Has colgado tu bandera, traspasado la frontera,
eres la reina, siempre reinarás, siempre reinarás.
No puedo vivir sin ti no hay manera, no puedo estar sin ti no hay manera.
Y ahora estoy aquí esperando a que vengan a buscarme,
tú no te muevas, no me encontrarán, no me encontrarán.
Yo me quedo para siempre con mi reina y su bandera,
ya no hay fronteras, me dejaré llevar a ningún lugar.
No puedo vivir sin ti no hay manera, no puedo estar sin ti no hay manera.
3ª 7ª 9ª ESTACIÓN
Impotente, extenuado, destrozado, desfallecido, abatido,
deshecho… cae bajo el peso de la cruz.
“Acercaos a mí todos los que estáis cansados y abrumados, que yo os
aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón; encontraréis descanso, pues mi yugo es llevadero y mi
carga ligera.” (Mateo 1, 28-29)

Es tanto el dolor, el peso y el sufrimiento que Jesús cae, se derrumba por


momentos. Su humanidad fatigada acaricia el suelo, su encarnación roza el
límite de la tierra y acampa en sus caídas. Asumirá así en su Pasión la
impotencia humana, la debilidad y la fragilidad, con el cansancio rendido a
la voluntad del Padre y a la escuela de su propio corazón, que es manso
y humilde. Corazón que se abre a la esperanza y que impulsa la posibilidad
de llevar con suavidad incluso la carga más inaguantable.
Jesús cae. Los pobres caen. Nuestros hermanos caen. Y nosotros seguimos
con lo nuestro: nuestro perfil, nuestra música, nuestro descanso y
comodidad, nuestras redes, nuestros regalos, nuestros seguidores, nuestras
compras, nuestras historias… para no ver al que cae. Ciegos vivientes de la
monotonía o del consumismo, permitimos que Jesús, que el hermano, que
el que nos necesita, caiga… y caen delante de nosotros. ¡El cielo clama con
estas caídas! ¡No sigamos igual!
El deseo de llegar y de no poder. El deseo de querer extender ya sus brazos
en la cruz para terminar todo este duelo y suplicio. El deseo de entregar
definitivamente la vida al Padre para el bien de todos… hacen caer a Jesús.
La carga de quien ya renuncia a la vida, la carga de quien no desea el bien
de sus hermanos, la carga de quien ha vendido su dignidad por una
cantidad asesina, la carga de quien persigue a muerte a quien defiende la
vida, la carga de quien abandona porque se le muestran sus verdades…
hacen caer a Jesús.

asómate a la ventana de la cruz...


¿Qué hacemos con Jesús? No tengas miedo al amor, no tengas miedo al
sufrimiento que te puede traer el amor… no es una opción.

sólo quedas Tú - ixcis


Cuando me siento hundida y desnuda, cuando un abrazo tarda tanto en llegar,
cuando las sendas se vuelven oscuras, cuando los besos pierden su verdad.
Tú, solo Tú, quedas Tú, sólo Tú.
Cuando la calma se marcha muy lejos, cuando me toca tiempo de llorar,
cuando mis pasos se hacen más lentos, cuando las sombras ocultan el mar.
Tú, solo Tú, quedas Tú, sólo Tú.
Cuando no queda un sueño en alma, cuando me atrapa la soledad,
cuando me siento como una veleta que va sin vida de aquí para allá.
4ª ESTACIÓN
María se encuentra con su “persona favorita”.
Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre, María de Cleofás, hermana
de su madre, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al
discípulo preferido, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el
discípulo se la llevó con él. (Jn 19,25-27)

Una espada, anunciada ya por el anciano Simeón, atraviesa el corazón de


María. La espada del dolor, de la madre que ve padecer al que es fruto
bendito de su vientre. Ella acompaña a su Hijo. Lo hace al pie de la cruz,
custodiándolo en su muerte. No hay dolor más fuerte ni más hondo para
una madre. A la mujer del «sí» y de la fidelidad a la voluntad de Dios, que ha
saboreado la alegría del fiat y del misterio de Belén, no se le ha ahorrado
una punzante andadura.
En ese «estar» y unir su Corazón al de Jesús, María nos invita a saber estar
en tantas situaciones desgarradoras y difíciles que se nos presentan en
nuestra existencia. ¡Qué fácil es quitarse de en medio y poner excusas ante
la adversidad! Es tan importante estar, compartir, apoyar, consolar... sobre
todo cuando la muerte se acerca y la oscuridad parece tener la última
palabra frente a cualquier luz de esperanza.
Nos unimos al padecimiento de tantas madres del mundo, que ven morir a
sus hijos por el hambre, la droga, las enfermedades. Ante la falta de
ilusiones y de oportunidades, ellas están como pilar sólido en el que
sostener la vida. Madres dolorosas del mundo, corazones partidos por el
sufrimiento, mujeres valientes que acompañan hasta el final sin pasar
facturas, que no han dejado de amar sin condiciones a su persona favorita.

asómate a la ventana de la cruz...


María acompañó a Jesús hasta el final, desafiando el peligro, las miradas, el
rechazo, la más fiel valiente, sensible, libre y fiel de todas las mujeres ha
permanecido al lado de Jesús desde Belén hasta Jerusalén…

mi persona favorita - camila cabello, alejandro sanz


Yo no entiendo de colores ni de razas, a mí me gusta el morenito de tu cara.
te he buscado en cada tarde vida mía, se me corta la respiración por ti, lo siento…
Tu pasito en mi camino va naciendo, sólo porque tú me miras yo me muero,
los atardeceres de tus ojos, mira la verdad que tienen niña, tus enojos..
Yo sé que tú a mí me quieres un poco, con tu carita posada en mi hombro…
mira, quien canta es la voz de mi alma.
Mi persona favorita tiene la cara bonita, tiene un ángel su sonrisa,
tiene un corazón y yo a mí persona favorita yo le canto esta cosita
de juguetes en mi vida juega con mi corazón..
Eres como el sol, sales sin razón dando luz y calma,
una sola flor que me guardo yo y tu voz que me desarma
Yo sé que tú a mí me quieres un poco…
5ª ESTACIÓN
Jesús, nos acerca a su lado más humano... más heroico...
“Cuando llevaban a Jesús camino al Calvario, detuvieron a un tal Simón de
Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara
detrás de Jesús” (Lc 23,26)

No podemos hablar de oídas ni quedarnos extasiados por bellas poesías o


sentimientos que no nos transforman. Hemos de experimentar el peso de
la cruz que, de una manera imprevista, nos puede llegar en cualquier
momento. Y hemos de hacerlo detrás del que es Maestro, siguiendo sus
huellas, al ritmo de su paso en el empinado Calvario. Siempre detrás de
Jesús, porque solo de Él podemos aprender a perder la vida para ganarla, a
entregarnos por entero al amor del Padre y a su voluntad. Solo su amor es
digno de fe, de seguimiento, de manos que abrazan al madero para que el
Redentor pueda continuar el camino que nos conducirá a la salvación. Su
paso marca nuestro destino y nos adelanta el premio de su amistad.
Si queremos aliviar a Jesús, hemos de formar una Iglesia que aligera el peso
de los sufrientes. Una Iglesia que es «cirenea», que carga con amar las
historias de las personas que están agotadas en su vivir y machacadas en su
porvenir. Una Iglesia que, empujada por el Espíritu, pone con alegría su
esfuerzo al servicio de su prójimo, especialmente del hombre y la mujer por
los que nadie apuesta y a los que otros abandonan.
Y Jesús, en medio de su Pasión, sonríe y se alegra al comprobar que la
Iglesia samaritana, la Iglesia de los pequeños, la Iglesia que anuncia lo que
vive, le ayuda en su camino hacia el Calvario.
Seamos esa Iglesia. No dejemos solo a Jesús cargado con la cruz. Tenemos
mil oportunidades cada día de cargar con ella para aliviar a los que nos
necesitan. Ser «cireneos» es cansarse por los otros y transformarse en la
donación de sí por Aquel cuyo amor no se agota jamás.

asómate a la ventana de la cruz...


Hay encuentros que son un don, que te cambian la vida y que te abren a una
nueva manera de entender el servicio…

mi héroe - antonio orozco


Jamás lo vi mirar al miedo con tanto coraje, jamás ganar una partida tan salvaje y yo
aún llevo tus consuelos de equipaje. Jamás lo vi tener tanta sonrisa, escaparate jamás,
callar tantos tormentos y desastres y tú otra vez cambiando lágrimas por bailes.
Se pueden llenar los siete mares de valientes y nunca llegaría a parecerse ni a un
cuarto del valor que tú sostienes.
Si mi amor, se puede tener el sacrificio del más fuerte y nunca llegaría a parecerse
ni a un cuarto del poder que está en tu mente, corazón, por siempre, serás mi
héroe, mi héroe, por siempre serás mi héroe.
Jamás, lo vi hacer tantos desplantes a la muerte, jamás yo oí contar atrás ni un
solo paso y a mí me duele el no saber cómo imitarte. Jamás te oí tan solo una
palabra del presente, jamás yo oí hablar de tanta mala suerte, y yo bendigo
haberte podido conocerte
Se pueden robar todos lujos del que tiene y nunca llegaría a parecerse ni un cuarto
a la riqueza que tú tienes.
Sí mi amor, se puede jurar diez mil verdades de repente y nunca llegaría a
parecerse ni a un cuarto a la verdad que está en tu mente, Corazón, por siempre
serás mi héroe, mi héroe, por siempre serás mi héroe.
6ª ESTACIÓN
Jesús y Verónica... el mejor autorretrato de la historia
“Sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado
de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado” (Is 53, 2-3).

La tradición nos regala esta escena entrañable, que parece prolongación del
perfume de Betania. Una mujer, en medio del gentío, de los gritos y de los
miedos, se acerca a limpiar el rostro de Jesús.
Rostro desfigurado y oculto por el dolor. Solo visible en su esplendor con
Los ojos de la fe, que transfiguran el sudor y la sangre en rayos de luz y
esperanza. Verónica va más allá de las apariencias y, desde el amor, es
capaz de reconocer la grandeza de Aquel que porta el madero.
Se llevará la sorpresa de que para siempre quede impreso en su lienzo
samaritano la imagen del Redentor. Es una señal agradecida del encuentro
de una mujer de corazón generoso que atiende con ternura al hombre que
cambió la vida de tantas mujeres.
Jesús no puede ocultarnos su rostro, presente continuamente en todas las
personas que sufren... secar su sudor y su sangre tiene que ser nuestra
vocación. Descubriremos su rostro, al estilo de Verónica, cuando aliviemos el
dolor de los que más sufren, lo descubriremos cuando ese padecimiento
quede impregnado no en lienzos externos, sino en lo más interior de
nuestras vidas. Ese espacio sagrado que llevamos dentro y que queda
tocado no por imágenes, sino por historias concretas de hermanos nuestros,
que actualizan la historia de la cruz en el Calvario y son oportunidades para
encontrar Su rostro.

asómate a la ventana de la cruz...


Despierta tu lado más tierno, despliega toda tu sensibilidad y acaricia una
situación que antes sólo tenías razones para rechazar.

cuídame - pedro guerra


Cuida de mis labios, cuida de mi risa, llévame en tus brazos, llévame sin prisa,
no maltrates nunca mi fragilidad, pisaré la tierra que tú pisas.
Cuida de mis manos, cuida de mis dedos, dame la caricia, que descansa en ellos.
no maltrates nunca mi fragilidad, yo seré la imagen de tu espejo.
Cuida de mis sueños, cuida de mi vida, cuida a quién te quiere, cuida a quién te cuida.
no maltrates nunca mi fragilidad, yo seré el abrazo que te alivia.
Cuida de mis ojos, cuida de mi cara, abre los caminos, dame las palabras.
no maltrates nunca mi fragilidad, soy la fortaleza de mañana,
Cuida de mis sueños, cuida de mi vida, cuida a quién te quiere, cuida a quién te cuida,
no maltrates nunca mi fragilidad, yo seré el abrazo que te alivia.
8ª ESTACIÓN
Jesús, dibuja puertas violetas para las mujeres de Jerusalén
“En el camino hacia el calvario, seguían a Jesús muchos del pueblo y un buen
número de mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero
Jesús, volviéndose hacia ellas les dijo: ¡Hijas de Jerusalén! No lloréis por mí,
llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos” (Lc 23,27-28)

Ahora Jesús tiene el valor de contemplar a un grupo de mujeres que a lo


largo del camino lo han seguido entre llantos.
El peso de la cruz de Jesús se aproxima a las mujeres. Mujeres sin rostro que
todavía siguen sufriendo marginación y maltrato en tantos lugares, tan
cerca. Jesús se acerca a las mujeres que, creadas por la mano amorosa del
buen Dios, se ven privadas de una situación digna para vivir y para amar.
Pobreza y marginación son palabras femeninas. Palabras que no tendrían
que estar asociadas a géneros, palabras que no tendrían que aplicarse a
ningún ser humano y que, lamentablemente, cada día nos sorprenden. No
podemos quedarnos indiferentes ante tanta violencia y discriminación
(también femenino -qué curioso-).
La mirada de Jesús se fija en ellas y les da esperanza y consuelo en medio
del sufrimiento y la tortura. Una mirada que busca el corazón para sanarlo y
para no dejarlo en el desconsuelo. Una mirada de un Jesús, a punto de
morir, que tiene todavía el calor y la cercanía de quien no quiere verlas
tristes. Una mirada que hace sentir paz infinita, que traspasa y te hace
persona nueva. Una mirada de amor que te convierte en persona amada,
libre, plena.

asómate a la ventana de la cruz...


Trasmite con tu mirada todo el amor del que eres capaz.

la puerta violeta - rozalén


Una niña triste en el espejo me mira prudente y no quiere hablar, hay un monstruo
gris en la cocina que lo rompe todo, que no para de gritar.
Tengo una mano en el cuello, que con sutileza me impide respirar, una venda me
tapa los ojos, puedo oler el miedo y se acerca.
Tengo un nudo en las cuerdas que ensucian mi voz al cantar, tengo una culpa que
me aprieta, se posa en mis hombros y me cuesta andar…
pero dibujé una puerta violeta en la pared y al entrar me liberé como se despliega
la vela de un barco, desperté en un prado verde muy lejos de aquí, corrí, grité, reí…
sé lo que no quiero ahora estoy a salvo
Una flor que se marchita, un árbol que no crece porque no es su lugar, un castigo
que se me impone, un verso que me tacha y me anula.
Tengo todo el cuerpo encadenado, las manos agrietadas, mil arrugas en la piel,
las fantasmas hablan en la nuca, se reabre la herida y me sangra.
Hay un jilguero en mi garganta que vuela con fuerza, tengo la necesidad de girar la
llave y no mirar atrás…
Así que dibujé una puerta violeta en la pared y al entrar me liberé como se
despliega la vela de un barco, desperté en un prado verde muy lejos de aquí,
corrí, grité, reí… sé lo que no quiero ahora estoy a salvo.
10ª ESTACIÓN
Jesús, traía puesto un traje a medida
“Los soldados tomaron las vestiduras de Jesús y las dividieron en cuatro
partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía
costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba a abajo, se dijeron
entre sí: No la rompamos. Vamos a sortearla para ver a quién le toca. Así se
cumplió la escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi
túnica.” (Jn 19,23-24b)

Desposeído, desnudo, despojado, vulnerable, privado de toda privacidad y


de todo adorno que no sea su verdad más desnuda… Jesús se esfuerza por
dar calor a los desabrigados y convertirse en modelo de vida, pasando de
escenarios, pasarelas, muros, perfiles… donde la vida se convierte en purito
posado.
Le han quitado su túnica verde esperanza y comparte su humillación con los
que han sido desvalijados por los intereses de un mundo perfecto, retocado,
competitivo y cruel.
Lo almacenado podría abrigar a toda la humanidad. Sin embargo, ahí está,
acumulado, hasta que pase la efímera temporada y se arroje a los
contenedores del olvido… Mientras muchas personas pasan frío, frío del que
hiela, pasan necesidad, necesidad de la que mata... ¿Hemos hecho caso
omiso al Evangelio: estuve desnudo y me vestisteis?
Jesús, despojado de sus vestiduras, teje en la cruz el vestido de la mujer y el
hombre nuevo, cuya dignidad está en la entrega generosa y en la mirada
puesta en el Autor de todo lo creado. Ya no hacen falta mantos ni otros
ropajes; esclavas modas ni absurdas novedades de temporada.
El Cuerpo desnudo de Jesús, manifiesta la verdad de su ser y de su entrega
sin límites, únicamente pertenece al Padre y nos hace en Él hijos del Padre.
La desnudez del Cuerpo es signo de la desnudez del Corazón. El Cuerpo,
todo ha quedado entregado… esta es la Nueva Tendencia que nos propone.

asómate a la ventana de la cruz...


¿Cuántas capas recubren lo que soy de verdad? ¡Cuánto miedo a mostrar lo
que realmente soy! Tantos productos que maquillan mi debilidad, mis
fracasos, mi vulnerabilidad, mi pobreza... ¿para qué tanto empeño y esfuerzo
en aparentar?

desnuda - emilia arija.


Desnuda en el centro mismo de mi coraza. Desnuda sin ruido, sin más, sin casa.
Desnuda con la destreza del que regresa con miedos, fobias y una certeza.
Desnuda sin más adornos que mi tristeza. Desnuda, dispuesta a oír que todo
empieza, con la paciencia que dan los años y con la urgencia de dar abrazos.
Nada tengo, todo es nuevo. Nada pido, sólo un hueco en tu abrazo, en mi miedo,
sal para tu boca, pan en la derrota.
Abrazándome a mis dudas, repensándome, desnuda.
Desnuda sin más defensa que mi palabra.
Dispuesta a empezar de nuevo, a estrenar el alma.
Desnuda con la cordura que da el fracaso. Desnuda con el arrojo que dan tus manos.
Desnuda llamando al centro de cada cosa. Desnuda te apunto al pecho con cada
estrofa, como quien descubre el cielo, como quien besa de nuevo.
11ª ESTACIÓN
Jesús y la Cruz: para amar hay que aprender a perdonar
“Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, lo crucificaron. Jesús, mientras
tanto, decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”
(Lc 23,24)

En el Gólgota se elevó una cruz hace mucho tiempo para acoger el cuerpo
de un condenado. Aquella cruz de odio se convirtió en símbolo de amor
entregado.
Pero no fue, desgraciadamente, la última cruz levantada en nuestro mundo.
Cada día el odio, la muerte, el olvido y el pecado erigen cruces donde los
hombres y las mujeres, hermanos nuestros, sufren, agonizan y mueren.
Recordemos ahora especialmente a los que viven amenazados Por el
terrorismo, los que pasan por el trance del dolor a causa de la violencia
impuesta que solo conduce a la muerte.
Seguimos contemplando a Jesús: el poder y el pecado taladran sus manos,
el poder y el pecado conducen a los crucificados a su fin, el poder y el
pecado, con clavos crueles, hacen brotar la sangre de los que van a morir.
Cuando los poderes no están al servicio del pueblo, cuando lo que prima es
el tener y el acopio de dinero que sesga la vida de los pobres, entonces solo
podemos decir: Señor, ayúdanos.
Se nos olvidó ser hermanos: cuando orgullo, cabezonerías, dinero,
ideologías absurdas y poder se ponen por encima del ser humano, nos
damos cuenta de que hemos perdido el norte y no sabemos lo que
hacemos.
Quizá lo mejor sea callar y contemplar… ya no hay vuelta atrás, ya estás
clavado, no imaginamos llegar tan lejos, ahora sólo podemos agradecer tu
perdón por nuestra torpeza, egoísmo o inconsciencia.

asómate a la ventana de la cruz...


El Amor con mayúsculas se hace incómodo en todos esos ratos en los que no
nos sale bien amar…

Jesús - ain karem


Tú eres Palabra de Vida, ¡Jesús Maestro! Tú eres Salud y Esperanza, ¡Jesús
Sanador! Tú quien deshaces nuestras ataduras, ¡Jesús Liberador! Tú eres palabra
de vida, Jesús, maestro. Tú eres salud y esperanza, Jesús, sanador. Tú que
deshaces nuestras ataduras, Jesús liberador.
Fuente de agua viva, mesa de paz, Jesús, nuestro Señor.
Ante tu nombre, Jesús, nuestras rodillas se doblan. Sólo en tu nombre, aminaremos
y anunciaremos el Reino de Dios. Jesús, buen Jesús, nuestro Señor, Jesús.
Tú eres luz y camino, Jesús, maestro. Tú eres perdón y refugio, Jesús, sanador.
Tú quien despierta nuestros oídos, Jesús, liberador.
Fuego en las entrañas, amor verdadero, Jesús, nuestro Señor.
Ante tu nombre, Jesús…
Tú eres nuestro sentido, Jesús, maestro. Bálsamo y consuelo en nuestras heridas,
Jesús, sanador. Tú que nos hermanas colgado en un madero, Jesús, liberador.
Pobre entre los pobres, Dios hecho pequeño, Jesús, nuestro Señor.
Ante tu nombre, Jesús…
12ª ESTACIÓN
Jesús muere a lo suyo para vivir solo en Dios
“Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la
tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio.
Jesús, con un grito, exclamó: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y
diciendo esto, expiró. El centurión, y los hombres que custodiaban a Jesús, al
ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
Verdaderamente este era el Hijo de Dios” (Lc 23,44-46; Mt 27,54)
Hagamos un silencio. Un silencio profundo. Jesús sigue muriendo en
nuestros hermanos, muere a nuestro lado, muere torturado, muere
injustamente… No pensemos ahora en los motivos, ni en los que la han
provocado. Toca transformar el dolor en amor.
Y, tras el silencio, miremos el árbol de la cruz donde está clavada nuestra
salvación. El corazón de Jesús concentra nuestras miradas y nos descubre
aquello que se ha revelado sólo a los sencillos: amor misericordioso que se
entrega hasta la muerte, hasta el extremo del amor más profundo: esta es
nuestra Historia de Salvación.
Hoy Jesús nos llama y no esconde la cruz, nos llama a apasionarnos por la
historia de amor que el Padre quiere tener con nosotras y nosotros.

asómate a la ventana de la cruz...

¿Estoy dispuesto a morir a lo mío para que Cristo sea el Señor de mi vida?
nada es imposible para ti - ixcis (pedro sosa)
Nada es imposible, para Ti, Señor.
Nada es imposible, para Ti, para Ti,
para Ti, para Ti, nada es imposible.

13ª ESTACIÓN
Jesús muerto, en brazos de su madre, sigue siendo el
Amado, el Predilecto…
“Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también
se había hecho discípulo de Jesús y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo
de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José, bajó el cuerpo
de Jesús de la cruz y lo envolvió en una sábana limpia.” (Mt 27,57-59)

El cielo se viste de luto. María llora a su hijo. Al Padre se le conmueven las


entrañas en la muerte del Predilecto.
Hoy el cielo sigue llorando a sus hijos. ¡Cuántas lágrimas caen por los niños
que mueren de hambre, por tantas víctimas de guerras fratricidas, por los
que mueren arrinconados en soledad, por los que mueren sin tener la
oportunidad de nacer, por los que son eliminados...! No hay estampa más
dura en el mundo que ver a un hijo muerto en las manos de su madre.
Aunque nuestra falta de fe nos lo impida, no hay duda de que Dios siempre
acompaña el misterio de los que sufren.
Nos quedamos contemplando el corazón traspasado de María. Ella, que
había abrazado amorosamente al Hijo de Dios, abraza ahora, llena de dolor,
a toda la Humanidad. Amar de verdad significa estar dispuesto a abrazar el
dolor -y vaya si duele-.
Nos quedamos contemplando el desgarro de Dios ante la muerte de sus
hijos. El Padre de la vida, en su corazón entrañable y bueno, sufre en lo
hondo la pérdida de la dignidad de sus hijos. Amar con todo el corazón,
con toda la mente y con todas las fuerzas significa exponer la vida -y vaya si
compromete-.
Y ahí está el Padre, sujetando y aguantando a la humanidad que se des-
morona. Así es Dios el que no se evade del sufrimiento de los que tanto ama.
asómate a la ventana de la cruz...

Tenemos demasiada vida entre los brazos, somos responsables de vidas que
empiezan, vidas que crecen y se desarrollan, vidas que terminan. No seamos
cómplices de la muerte de nadie ni de nada, no matemos la ilusión ni la
esperanza… y no salgamos corriendo con la primera amenaza.

te necesito - ixcis (maite lópez)


Te necesito, como el agua que llega a los ríos.
Te necesito, como el fuego que ahuyenta el frío.
Para sentirme vivo te necesito.
Te necesito, te necesito.
Te necesito para soñar nuevos caminos.
Te necesito con tu corazón pegado al mío.
Para sembrarme contigo, te necesito.
Te necesito, otro mundo es posible contigo.
Te necesito, en un poco de pan y vino.
Con tu mirada de niño, te necesito.
14ª ESTACIÓN
Jesús, sepultado, enterrado... ¡me quedo contigo!
Después de esto, José de Arimatea, que en secreto era discípulo de Jesús por
miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cadáver de Jesús.
Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el cadáver. Fue también Nicodemo, el
que lo había visitado en una ocasión de noche, llevando cien libras de una
mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en
lienzos con los perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los
judíos. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y en él un
sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado. Como era la víspera de
la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús.
(Jn 19,38-42).

Ya no te veo Jesús, la luz empieza a marcharse... caen sombras alargadas,


baja la temperatura, el cielo se ha cerrado…
José de Arimatea y Nicodemo te han seguido desde lejos, a escondidas, y
ahora, que todos se han ido, dan la cara por ti. Casi de puntillas, sin hacer
ruido te acompañan en este último paseo por la tierra, te quitan de las
miradas de los equivocados, indignados, irritados y duro corazón.
Una sábana envuelve tu frío y seca la sangre y el sudor y las lágrimas. De la
cruz desciendes, con ligereza, José te lleva sobre las espaldas, pero eres
ligero: no cargas el peso de la muerte, ni del odio, ni del rencor. Duermes
como cuando te envolvieron en la cálida paja y otro José te tenía en brazos.
Igual que entonces no había lugar para ti, tampoco ahora tienes dónde
reclinar la cabeza; pero en el Calvario, en la dura cerviz del mundo, crece
ahí un jardín donde nadie ha sido sepultado aún.
El cuidado delicado, con todo detalle, con todo cuidado, con todo amor…
son realizados por quienes guardan en cada gesto el deseo de la esperanza
del Reino, que lavan, envuelven, perfuman, depositan…
Se escucha el silencio ensordecedor de la ausencia, ausencia que desorienta
y confunde: ¿A dónde te has ido, Jesús? ¿Qué hacemos ahora?
asómate a la ventana de la cruz...

Querría salir corriendo… pero me quedo aquí… para que Tú reavives la


promesa, esa que tras la losa intuye lo que mi corazón sueña.

si me das a elegir - los chungitos (rosalía)


Si me das a elegir, entre tú y la riqueza,
con esa grandeza que lleva consigo, ay amor, me quedo contigo
Si me das a elegir entre tú y la gloria,
para que hable la historia de mí por los siglos, ay amor, me quedo contigo
Me he enamorado y te quiero y te quiero, sólo deseo estar a tu lado,
soñar con tus ojos, besarte los labios, sentirme en tus brazos, que soy muy feliz.
Si me das a elegir, entre tú y ese cielo,
donde libre es el vuelo para ir a otros nidos, ay amor, me quedo contigo
si me das a elegir entre tú y mis ideas,
que yo sin ellas soy un hombre perdido, ay amor, me quedo contigo.
Me he enamorado y te quiero y te quiero, sólo deseo estar a tu lado,
soñar con tus ojos, besarte los labios, sentirme en tus brazos, que soy muy feliz.
No te atormentes de más,
si fallaste al amigo,
si negaste a Dios,
si no amaste bien,
si erigiste un muro,
si sembraste muerte,
si pasaste de largo ante una cruz.

Acepta tu historia con un dolor lúcido,


(llevará su tiempo volver a reír)
y cree en el perdón,
del amigo,
de Dios,
de los desamados.

Siempre estás a tiempo


de abrir puertas,
plantar vida,
y encaramarte a la cruz
para clamar por todo
lo que pide respuestas.
José María Rodríguez Olaizola sj