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A propósito de la pedagogía de la crueldad y del cuidado de mujeres migrantes

En los territorios que habitamos las múltiples violencias que atraviesan los cuerpos de
las mujeres son estructurales, patriarcales, vinculares, explícitas, implícitas pero
siempre y necesariamente políticas. Las formas en que esas violencias se presentan,
producen y reproducen profundas desigualdades. Para las mujeres migrantes estas
desigualdades se conjugan con la hostilidad de las instituciones que las criminalizan,
con condiciones laborales fuertemente precarizadas y con la lejanía de sus territorios y
de sus vínculos, por mencionar solo algunas.
Todo esto, necesariamente requiere de prácticas comprometidas, responsables y de
cuidado por parte de quienes ocupamos lugares que se proponen ser espacios de
protección y contención, pero principalmente de garantía y promoción de derechos.
Cuando ello no sucede, nos podemos en alerta.
A lo largo del año 2018, ante pedidos de escucha urgente nos encontrarnos con varios
testimonios que pudimos registrar de primera mano, que coincidían en señalar que un
referente de la Pastoral de Migraciones del Neuquén -una de las organizaciones que
más contacto tiene con personas migrantes en la región- no solo ejerció violencia
contra las mujeres, sino que también abusó de los privilegios que esa institucionalidad
le otorga. Recordemos, las instituciones no son entes abstractos, hay personas detrás
de ellas.
Muchas de las escuchas tuvieron un primer momento necesario del cobijo, de borrar
culpas y responsabilidades que rápidamente las víctimas tienden a incorporar como
propias, pero centralmente acompañar lo que decidieran hacer: denunciar, relatar,
mantener silencios en algunos circuitos, trasladar sus relatos a organismo público. Para
varias las opciones fueron solo contar, sentirse oídas, compartir con otras las
sensaciones, recuerdos desagradables o miedos. Algunas migrantes decidieron
acercarse a organismos públicos como la Defensoría Federal pero no hubo denuncias
por temor a quedar expuestas, por haber regresado a sus lugares de origen o por
considerar que “no era el momento” y que el contexto nacional en materia de
protección a lxs migrantes no ayudaba.
Resulta difícil afirmar la dimensión exacta de las experiencias vividas por las migrantes,
pero con toda certeza podemos decir que las violencias han sido sistemáticas y
profundas. Una gran responsabilidad que tenemos ante esta situación es el cuidado de
quienes denuncian, pero sobretodo generar las condiciones para visibilizar la gravedad
de las emociones transitadas.
Cabe señalar que la mayoría de las migrantes latinoamericanas cotidianamente lidian
con estigmatizaciones por sus orígenes nacionales o étnicos y no nos resulta menor
compartir el hecho de que algunas mujeres que frecuentaban la Pastoral de
Migraciones en búsqueda de asesoramiento son afrodescendientes, justamente
quienes son expuestas permanentemente a una hipersexualización y a una
racialización de sus cuerpos. El integrante de la Pastoral según señalan las migrantes,
no solo no cuidó sino que proyectó estas marcas desde el acoso. Asimismo, una de las
mujeres que se sintió violentada pertenece al Pueblo Mapuce, colaborando las
prácticas del referente del organismo, en vulnerabilizar a mujeres atravesadas por la
histórica y territorializada interseccionalidad de las desigualdades de nuestra región.
Hostigar, acosar y amenazar a mujeres para gestionar trámites migratorios a cambio
incluso de sugerir “favores sexuales”, sin lugar a dudas ha sido una práctica que al
menos ante una mujer ha tenido este señor. Sin ánimos de espectaculizar estas
denuncias y revalorizando siempre la palabra de la mujer violentada, queremos
destacar que no solo surge de relatos de mujeres, sino que nos compartieron también
los envíos de fotografías pornográficas y mensajes de texto que explícitamente
demuestran estas prácticas machistas. Estas propuestas inadecuadas que insistían en
sugerir mantener vínculos sexuales a cambio de “trámites”, claramente expresan la
gravedad ante mujeres que su posibilidad de elegir se encuentra fuertemente
condicionada. Otras de las prácticas machistas que surgen de los relatos de las mujeres
-que como reiteramos, resultan doblemente preocupantes por su posición de poder-
son las miradas, los gestos, los chistes, etc. que en reiteradas ocasiones podemos decir
que como mínimo han provocado diversos malestares y han generado en muchas la
decisión de no participar de actividades en la Pastoral.
Recordemos que las mujeres migrantes se encuentran en una situación de desigualdad
tan fuerte, que el derecho y las instituciones estatales lejos están de ser un espacio
donde pueden denunciar y menos acceder a la justicia. Ante estas denuncias que no
han sido judicializadas, nos propusimos una tarea colectiva de repudio y visibilización,
entendiendo la responsabilidad que esta tarea requiere. Parafraseando a Rita Segato,
esto no es un linchamiento, ésta intenta ser una instancia de sentencia comunitaria y
colectiva de repudio con un fuerte propósito pedagógico: frente a las violencias
machistas saber que hay mujeres y varones en instituciones y organismos que cobijan y
acompañan a mujeres, que generan prácticas colectivas que posibilitan reparar,
aprender y construir tramas que no habilitan complicidades con violentos.
En agosto del año 2018 desde la gestación de un grupo de trabajo para actividades de
formación en Interculturalidad nos fuimos encontrando desde diálogos fraternos en
distintas capacitaciones. Sin embargo, las incomodidades y malestares que nos
provocaban los relatos que circulaban acerca del referente de la Pastoral, sumado a las
demandas de colegas y miembros de organizaciones que requerían que se tomaran
medidas, requirió tomar alguna decisión conjunta y se convocó a Jorge Muñoz a una
reunión.
Eran días previos a iniciar en conjunto la capacitación “Escuela, interculturalidad y
DDHH” organizada por el gremio docente neuquino ATEN y consideramos sugerirle el
retiro de su participación. En el encuentro realizado el día ¿??? en la sede provincial de
ATEN participamos Pety Pichiñan (Lof…. y Confederación Mapuce), Cristina Lermanda
(Secretaría de Derechos Humanos de ATEN) y Verónica Trpin (CONICET-UNCo). En ese
espacio de conversación se le planteó al Sr. Muñoz los diversos y numerosos relatos
que circulaban sosteniendo sus prácticas violentas y de acoso, situación que incomodó
al referente. Sin negar expresamente las acusaciones, coincidió que revisaría sus
acciones, indicando que a veces los mensajes se mal interpretaban y que quizá alguna
mujer quisiera perjudicarlo. Afirmó que estaba al tanto de las acusaciones o rumores
que circulaban.
Ante la capacitación que debíamos compartir y a la que asistirían más de 250 docentes
(en su mayoría mujeres), comprendió que era prudente nuestro pedido de retiro de
ese espacio de formación. Quienes asistimos a dicha reunión reafirmamos la decisión
de que un/a representante de la Pastoral de Migraciones se hiciera presente en el taller
de modo de concretar el objetivo del espacio de formación, sin que esto pudiera
concretarse.
Cabe destacar que como representantes de organismos, organizaciones sindicales y
como miembros del Pueblo Mapuce nos pareció necesario conversar del tema con el
Sr. Muñoz, de modo de poder habilitar ese espacio de encuentro como una
oportunidad de reflexión conjunta al tiempo que mostrar que consensuadamente el
equipo de trabajo repudiaba sus acciones. Confiamos en las reparaciones y en los
aprendizajes que el feminismo nos invita a transitar, por ello presentar el problema en
forma conjunta, escuchar y decidir en un marco institucionalizado fue la opción que
evaluamos como un paso necesario, aunque quizá no el único posible.
No creemos en los escraches sin denuncias efectivas, ni en los agravios personalizados,
por ello nunca expusimos públicamente los relatos de las migrantes ni comunicamos
abiertamente lo acontecido. En agosto de 2018 fue decisión colectiva tomada por
representantes de dos de las mayores organizaciones sociales y sindicales de Neuquén
(ATEN y COM) junto a una docente de la UNCo e investigadora del CONICET, de no
trabajar temporalmente en articulación con Jorge Muñoz hasta tanto se reflejen
acciones reparadoras con las migrantes violentadas y sea la Pastoral de Migraciones un
espacio de cuidado y cobijo.

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