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MODELO DE ESTADO Y GOBIERNO.

Tomas Hobbes, influyente filósofo inglés, nacido en 1558, dejó plasmado en su libro El

Leviatán (1651), su pensamiento con respeto al modelo de estado que necesita el hombre para

garantizar su desarrollo y controlar su innata inclinación hacia el mal, tal como lo manifestó en su

famosa frase: El hombre es un lobo para el hombre, lo que implica la necesidad de un estado que

garantice una dinámica social en la que todos los ciudadanos alcancen su desarrollo sin hacerse

daños a si mismo o a los demás.

A partir de lo anterior, Hobbes considera que el hombre, malo por naturaleza necesita un

poder superior que lo dirija y lo gobierne, incluso coartando su libertad para obtener seguridad, el

cual en su obra es El Leviatán, un monstruo de un poder aterrador y poderoso que se convierte en

“ese dios mortal, a quien debemos bajo el Dios Inmortal nuestra paz y defensa” (leviatán

capítulo XVII), un poder tan grande que "Nadie hay tan osado que lo despierte... De su grandeza

tienen temor los fuertes... No hay sobre la Tierra quien se le parezca, animal hecho exento de

temor. Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios".

El leviatán se desarrolla en cuatro grandes partes en los que desarrolla su pensamiento

acerca: 1) del hombre, 2) del estado, 3) del estado cristiano y 4) del reino de la oscuridad;

analizando a lo largo de ellos, la naturaleza del ser humano en cuanto es un ser social que

requiere un estado que lo oriente, reconociendo que los individuos que lo componen, son seres

pensantes que pueden modificar la naturaleza de las cosas, reconocer el bien y el mal y

desarrollar un lenguaje, que le permiten definir el modelo de república y la condiciones, leyes,

normas y costumbres, que deben surtir en su interior para garantizar la justicia y la tranquilidad a

todos los ciudadanos.


Hobbes nos habla de una república cristiana, supeditando la influencia del poder celestial

sobre el poder terrenal y considerando las dificultades que surgen al intentar hacer una propuesta

para construir un estado en medio de una serie de ideas que se debate en discusiones entre

quienes reclaman libertad y aquellos que exigen demasiada autoridad.

Tal parece que esta situación descrita por Hobbes en 1561 persiste hasta nuestros días, en

los que vemos un mundo, y de manera particular nuestro país, en medio de una confrontación

entre derecha e izquierda, en donde es prácticamente imposible arriesgarse a proponer cambios

sin correr el riesgo de que lo tilden de guerrillero o paramilitar, de terrorista o asesino, y así,

mientras los líderes diseñan estrategias para alimentar esta discusión, nos perdemos de los

verdaderos fines del estado y por lo tanto, se incrementan las desigualdades sociales, la lucha sin

escrúpulos, la barbarie, la guerra y los odios, dando con ello mayor relevancia y actualidad a la

caracterización de la naturaleza mala del hombre promulgada por Hobbes, y de su famosa frase

de que los hombres se consumen entre sí como lobos hambrientos.

Para Hobbes en El Leviatán, la palabra de Dios trasferida por los profetas es el principio

fundamental de la política cristiana (leviatán Capitulo XXXII), en esta frase encontramos que,

para él, el fundamento de la república debe ser cristiana, no obstante, recuerda que no podemos

dejarnos llevar de la fe ciega, podemos acudir a nuestros talentos (que igualmente provienen de

Dios) para alcanzar la justicia, la paz y la religión verdadera, siendo muy importante la existencia

de otro hombre a quien Dios le hable o al menos que se le reconozca su poder de dialogó directo

con el Creador de tal forma que encuentre respeto en los ciudadanos, estableciendo así, que el

gobernante de un estado debe ser envestido de la bendición celestial para poder llevar a buen

puerto a sus ciudadanos, no obstante reconocer el poder divino en la garantía del orden, es muy

insistente en no renunciar al poder de los seres naturales.


Hobbes presenta una idea de un estado cuya soberanía es absolutista, no admite divisiones

y es irrevocable, lo que le concede al estado un poder que no tiene límites, sin embargo también

defiende el liberalismo del estado para garantizar los derechos naturales, la libertad, el imperio de

la ley y la legalidad, que en otras palabras le pone límites a ese poder ilimitado del estado.

Dado el carácter natural del hombre, se requiere la firma de un contrato, que puede estar

representado en el voto actual, para dar poder a otro individuo, que conduzca al estado de su

situación terrible, y por eso Hobbes, propone una serie de normas o leyes, para garantizar el

poder soberano que es entregado a una sola persona o a un consejo o asamblea compuesta por los

ciudadanos a quienes se les entrega la delegación del poder ya sea por el camino de la democracia

con el voto popular o de la aristocracia por el gobierno de una clase, así en la primera gobierna el

pueblo (por delegación) y en la segunda lo haría un monarca (Hobbes, en De Cive).

Si bien es cierto, Hobbes, intenta mostrar las diferentes formas de gobierno y sus bondades,

también reconoce que en ellas puede darse algunas contradicciones, por ejemplo las discrepancias

entre monarquía y tiranía, aristocracia y oligarquía, democracia y anarquía, para finalmente

mostrar su inclinación por la monarquía, talvez por ser el modelo de gobierno mayoritario de la

época, sin embargo, a lo largo de la lectura y la confrontación con otros autores, nos vamos

dando cuenta que su inclinación se centra en un modelo que garantice los derechos naturales, por

encima del dogmatismo y con ajuste a pactos sociales entre gobernante y gobernados.

En su concepción de estado y gobierno, Hobbes, plantea una serie de leyes que se resumen

en dos, la primera hace referencia a la necesidad y obligación que tenemos todos por conservar la

paz, aun si es necesario valiéndose de la fuerza de las armas para garantizarla, de tal forma que

no se escatime ningún esfuerzo por consolidar ese bienestar social; la segunda es que todos
tenemos la obligación de no ceder a la tentación de usar la libertad absoluta en perjuicio de los

demás de tal forma que no hagamos a los demás lo que no queramos que nos hagan como lo

proclama el evangelio de Jesús.

De lo anterior se concluye que existe una tercera ley, y tiene que ver con el cumplimiento

de los pactos que se establezca para vivir en armonía y bajo el amparo de los derechos, de tal

forma que por medio de la razón (la discusión de ideas y la promulgación de normas y leyes), se

pueda garantizar elementos tan fundamentales de la sociedad como la justicia, para que cada uno

de los ciudadanos obtenga lo que le corresponde, aún a pesar de que los contratos por medio de

los cuales se delega la autoridad y soberanía del poder, nos llevan a renunciar a parte de nuestra

libertad, pero nos garantiza la seguridad social y el orden, insumos indispensables para mantener

la paz.

La firma del pacto no busca de ninguna manera explicar cómo funciona el estado o

determinar su origen histórico, busca definir su legitimidad, teniendo en cuenta que el hombre

por naturaleza es político, tal como lo reconocen Hobbes y Rousseau. Con respecto a condición

natural del ser humano y su inclinación por la guerra, Hobbes (en el Leviatán 1651) manifiesta:

“Acaso pueda pensarse que nunca existió un tiempo o condición en que se diera una guerra

semejante, y, en efecto, yo creo que nunca ocurrió generalmente así, en el mundo entero”; por su

parte Rousseau (1973) en relación con el ser natural del hombre manifiesta: “Porque no es ligera

empresa el separar lo que hay de originario y de artificial en la naturaleza actual del hombre y

conocer bien un estado que ya no existe, que ha podido no existir, que probablemente no existiría

jamás, y del cual, sin embargo, es necesario tener nociones justas para juzgar bien de nuestro

estado presente”.
En conclusión, de la lectura del Leviatán y el análisis que hacen múltiples críticos o

analistas de su obra, se pude decir que Hobbes plantea un estado liberal de derecho, en donde no

deja por fuera el derecho natural y además pregona como fundamental para lograr los fines de la

república, la firma de pactos con el estado, de tal forma que si buen alguien tiene una soberanía

poderosa, esta no puede ser absoluta pues debe tener en cuenta los derechos de los administrados,

lo que le impone unos límites al estado que están enmarcados en las leyes y las normas que

permiten al relación del derecho natural, tal como lo plantea Tönnies (1988) en referencia al

estado-Leviatán,:

“El espíritu que anima la teoría [de Hobbes] es la idea del Estado de derecho,
cuya finalidad es la realización del derecho natural mediante las leyes […]. Como
todo el derecho natural posterior y la misma teoría del Estado de derecho, que viene
a sustituirlo en el siglo XIX, su pensamiento es expresión del sistema liberal, en el
sentido en que lo entendían los príncipes y ministros del despotismo ilustrado del
XVIII y como fue entendido todavía en el siglo XIX, pues no llegó a desprenderse de
una manera total de sus connivencias con el despotismo”

La idea de Hobbes es que los hombres renuncien a sus derechos naturales para entregarle

potestad a un soberano o administrador, con la garantía que este los hará efectivos bajo el

mandato del orden constitucional y de la reglamentación de la ley, y si llegaré el caso de

incumplimiento, podrían los ciudadanos revelarse desobedecer o quitar a su soberano.


LISTA DE REFERENCIAS

Ávila, A., Castellanos, N. & Triana, A. (2016). La teoría política de Thomas Hobbes y su influencia en la
construcción del principio de legalidad en el Estado moderno. Revista Via Iuris, 20, pp. 149-162.

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Ramírez Echeverri, J. D. R. E. Juan David, & Universidad de Antioquia, Facultad de Derecho y Ciencias
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Rousseau, J. J. R. Jean-Jacques. (1923). Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.
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