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“Año de la Consolidación del Mar de Grau”

UNIVERSIDAD PARTICULAR DE CHICLAYO


FACULTAD DE DERECHO

EXTINCION DE
LA PENA
CATEDRA : Derecho Penal I

DOCENTE : Abg. Marco Ramírez Cansino

INTEGRANTES:

 BANCES SANDOVAL, Ericka


 CASTRO RUEDA, Alondra Celeste
 SUXE VELEZ, Sussan
 TEJADA CUSTODIO, Francisco

CICLO ACADEMICO: 2016- I

CHICLAYO, 03 de Agosto del 2016


DEDICATORIA

El presente trabajo de investigación monográfica


lo dedicamos a nuestros padres; a quienes les
debemos todo lo que tenemos en esta vida. A
Dios, ya que gracias a él tenemos esos padres
maravillosos, los cuales nos apoyan en nuestras
derrotas y celebran nuestros triunfos. A nuestro
profesor, por su contribución y compromiso en la
formación profesional de nosotros como
estudiantes.

2
CONTENIDO

DEDICATORIA…………………………………………………………………………………………………..2

INTRODUCCIÓN……………………………………………………………....................................4

CAPITULO I...........................................................................................................5
1. ASPECTOS GENERALES……………………………………………………………………………..5
2. CONCEPTO………………….....……..………………………………………………………………..7

CAPITULO II...........................................................................................................8
3. CAUSAS.........................................................................................................8
4 3.1. La muerte del condenado……………………………………………………………..9
3.2.La amnistía…………………………………………………………………………………..10
3.3. El indulto…………………………………………………………………………………….11
3.4. La prescripción…………………………………………………………………………...21
3.5. El cumplimiento de la pena impuesta………………………………………….33
3.6. Por exención de la pena………………………………………………………………35
3.7. Perdón del ofendido en los delitos de acción privada………………….37

BLIOGRAFIA………………………………………………………………………………………………..41

3
INTRODUCCION

El Derecho es la máxima disciplina que se sitúa en la cúspide de la


pirámide de las profesiones. Fue concebida y desarrollada en su
mayor parte por los romanos y otras civilizaciones antiguas. Su
innovación es constante, a la medida de la modernidad de las nuevas
generaciones, saliendo de las propias costumbres de los pueblos para
regresar a ordenar sus relaciones civiles.

Por tanto, cualquiera sea la especialidad en el campo del Derecho, su


ejercicio permite despejar las Litis que surjan, conciliando y, litigando,
hasta que se encuentre toda la verdad. Nunca será fácil, pero
siempre será posible.

En este presente trabajo trataremos sobre la extinción de la pena, y


en qué casos de aplica.

CAPITULO I
4
“EXTINCION DE LA PENA”

1. ASPECTOS GENERALES

El ejercicio del jus puniendi del Estado se encuentra regulado por


diferentes principios que son el resultado de un largo proceso de lucha
por la libertad, la democracia y los derechos humanos. Los principios
penales de legalidad, lesividad, proporcionalidad y humanidad, entre
otros, surgieron en la necesidad de controlar el uso arbitrario y
prepotente del control penal por parte del Estado y de sus órganos
delegados de poder1.

Sin embargo, el proceso de configuración y consolidación de límites y


garantías contra el poder punitivo del Estado, conoce también un
desarrollo formal no menos significativo a través de las llamadas causales
de extinción de la acción penal y de la pena. Se trata de un conjunto de
circunstancias diferentes de carácter político, legal, natural o privado,
que son ajenas al hecho punible, pero que extinguen su posibilidad de
persecución (acción penal) o de sanción efectiva (ejecución de la pena).
Corno afirma Cuello Calón: «Las causas de extinción de la
responsabilidad penal son determinadas circunstancias que sobrevienen
después de la comisión del delito y anulan la acción penal o la pena. Se
diferencian de las causas de exención de responsabilidad penal en que
estas son anteriores a la ejecución del delito (corno la infancia, la locura),
o coetáneas, es decir, surgen en el momento de su realización mientras
que las causas de extinción de la responsabilidad penal sobrevienen no
sólo después de delito sino aún después que la justicia ha comenzado su
persecución y, en ciertos casos, con posterioridad a la sentencia
condenatoria»2. Precisando más tales diferencias Roy Freyre ha
sostenido también que: «la diferencia está en que las causas "extintivas"
cancelan una responsabilidad penal que se supone ya surgida o que se
tuvo por incuestionable; por tanto, miran al pasado. En cambio las

1 Cfr. Víctor Prado Saldarriaga. Todo sobre el Código Penal. IDEMSA. Tomo I. Lima, 1996, p. 19 y ss.
2 Cfr. Eugenio Cuello Calón. Derecho Penal. Editora Nacional. México, 1973, p. 626.

5
causas "eximentes" impiden el nacimiento de una responsabilidad penal;
en consecuencia, tienen en perspectiva el futuro»3.

Como suele ocurrir en otros ámbitos de la dogmática de las


consecuencias jurídicas del delito, la denominación que se otorga a las
causales que estamos analizando no es uniforme. Si bien resulta
frecuente que se les designe como causales de extinción de la acción
penal y de la pena, también es común detectar que se les denomina
causas de extinción de la responsabilidad penal 4. Sin embargo, en la
doctrina coexisten otras nomenclaturas como la de condiciones de
operatividad de la coerción penal que utiliza Zaffaroni.

En el derecho penal peruano se ha optado por la primera de las


denominaciones mencionadas. Es así que tanto en el Código Penal de
1924 (Título XV del Libro Primero) como en el de 1991 (Título V del Libro
Primero) el legislador nacional se ha referido a la extinción de la acción
penal y de la pena. Sólo en el Código Penal de 1863 el legislador no
organizó estas causales bajo una denominación común.

Cabe señalar, finalmente, que otros sistemas jurídicos nacionales de


nuestro hemisferio se han inclinado también por denominaciones
similares a la acordada en nuestra legislación peruana. Así, por ejemplo,
el Código Penal argentino se refiere a Extinción de Acciones y Penas
(Título X del Libro Primero) y el Código Penal colombiano de 1980 trataba
De la Extinción de la Acción y de la Pena (Capítulo V, del Título IV del
Libro Primero). En cambio el Código Penal mejicano adopta el término
Extinción de la Responsabilidad Penal (Título Quinto del Libro Primero),
muy semejante, pese a su diferencia cronológica, al que emplea el
Código Penal cubano que alude a La Extinción de la Responsabilidad
Penal (Título VIII del Libro I). Ahora bien, según Bustos Ramírez «es
mucho más correcto hablar de extinción de la responsabilidad criminal y
no de extinción de la responsabilidad penal. Las causas de dicha
extinción no están necesariamente vinculadas exclusivamente con el
sentido y función de la pena, sino con el sentido y función de la

3 Luis Eduardo Roy Freyre. Causales de extinción de la acción y de la pena. GRIJLEY Lima, 1998, p. 21.
4 Luis Gracia Martín y otros. Las consecuencias jurídicas del delito en el nuevo Código Penal Español. Tiranr Lo
Blanch. Valencia, 1996, p. 317.

6
responsabilidad en términos generales, esto es, con el sentido y función
del derecho penal. Se trata de dilucidar cuales son los principios que
informan el problema de la fundamentación y límites de la intervención
penal. Tales principios no son otros que el de la dignidad de la persona,
el de los bienes jurídicos y el de la necesidad de la pena5.

2. CONCEPTO

La extinción de la pena tiene como presupuestos específicos


circunstancias que sobrevienen después de cometida la infracción penal,
y tiene como fundamento la anulación de la ejecución de la pena.

En tales circunstancias se limita grandemente el derecho del Estado


imponer la pena hasta llegar a cesarse tal potestad. Para el sujeto que
cometió el delito desaparece la obligación de cumplir la pena
consecuencia de su accionar.

5 BUSTOS RAMÍREZ, Juan. En Debate Penal. Año l. No 3, 1987, p. 367

7
CAPITULO II
“CAUSALES DE LA EXTINCION DE LA
PENA”

3. CAUSAS

El artículo 85° del Código Penal establece las causales por las cuales
se extingue la ejecución penal, siendo las siguientes:

 La muerte del condenado


 La amnistía
 El indulto
 La prescripción
 El cumplimiento de la pena impuesta
 Por exención de la pena
 Perdón del ofendido en los delitos de acción privada

La última de las causales mencionadas tiene también una


operatividad condicionada a que la infracción cometida por el
sentenciado corresponda a un delito de acción penal privada. Como
se puede apreciar de ambos catálogos, coexisten causales de
extinción que poseen una doble función operativa en tanto pueden
extinguir la acción como el derecho de ejecución de la pena. En
efecto, ello ocurre con la muerte del infractor, con la amnistía y la
prescripción.

3.1. MUERTE DEL CONDENADO:

8
Esta causal obedece a una razón natural y jurídica. La acción penal
y la pena tienen su realización en una persona. Conforme a
nuestra legislación civil se deja de ser persona con el suceso
biológico-social de la muerte (Cfr. Artículo 61 o del Código Civil).
Por lo demás, el contenido de la punibilidad y de la punición se
orienta a retribuir un mal a una persona, a la cual se le va a privar
o restringir determinados bienes jurídicos. Y desde una perspectiva
funcional preventiva, la pena sólo puede promover efectos
utilitarios en una persona viva. Como explica Bustos Ramírez
«Desde la perspectiva del principio de la dignidad de la persona, el
derecho penal aparece con un carácter estrictamente personal e
intransferible en su contenido; de ahí que la muerte del reo le
signifique al derecho penal la pérdida de su función y sentido. La
intervención el Estado más allá de la vida no tiene ninguna
legitimación posible»

Resulta relevante la preocupación de Roy Freyre por discutir los


efectos de la causal que analizamos ante la llamada muerte clínica
y la muerte presunta. Con relación a la primera, estimamos que los
efectos funcionales de la pena y el marco legal vigente, permiten,
de modo coherente, estimar que ante la declaración de un estado
de muerte clínica, el derecho del Estado para perseguir o hacer
cumplir una pena al autor o partícipe de un delito ha dejado
también de existir. Por lo demás, se trata de una situación
excepcional que, a nuestro modo de ver, no puede apreciarse
exclusivamente en su esfera biológica o en el de sus consecuencias
estrictamente civiles, como con acierto y atendibles argumentos
postula el maestro sanmarquino. La vida es sobre todo interacción
9
social, capacidad de vincularse con terceros y con el entorno, y la
muerte clínica evidencia imposibilidad irreversible de todo ello.
Cabría preguntarse si un «descerebrado» puede sentir e
interpretar una pena. Y en el caso de que se le condene a muerte
biológica, nos preguntamos: ¿cuál sería la oportunidad de su
ejecución?, o ¿qué sentido funcional cabría reconocer a dicho
proceder punitivo?

En resumen, pues, Desde nuestra posición la muerte biológica,


clínica o presunta extinguen la acción o la ejecución de la pena.
Ahora bien, no se ha presentado jurisprudencialmente la
oportunidad de debatir los casos de muerte clínica o presunta y
sus efectos de extinción. La jurisprudencia nacional, sin embargo,
exige como medio para acreditar el fallecimiento del imputado o
condenado la partida de defunción correspondiente.

3.2. LA AMNISTIA

Es una causal de origen político. Surge de las decisiones que


adopta el Estado frente al tratamiento de determinados delitos,
para los cuales estima innecesario mantener la punibilidad o la
punición. Por consiguiente es, en esencia, una causal de aplicación
coyuntural. Según Bustos Ramírez: “Estimamos que la amnistía y el
indulto solo pueden basarse en la necesidad de la pena [...]. En
relación a la amnistía, las precisiones sobre la necesidad de la pena
requieren de una diferenciación según se trate de determinados
delitos cometidos con ocasión de una guerra, o bien de delitos
comunes. Para los primeros, la innecesaridad surge
fundamentalmente de la idea de la reconciliación social y política.

10
Su persecución o la aplicación de la pena significarían una
perturbación de la paz social, y de la vigencia del ordenamiento
jurídico, lo cual entraría en contradicción con el sentido y función
del derecho penal. Por tanto, y en atención a la fundamentación
de la amnistía, ésta se extiende a la acción penal y a la pena. En
cambio, en relación a los delitos comunes, la innecesaridad de la
pena sólo puede estar vinculada con transformaciones profundas
de la economía y de la sociedad. La alteración de las condiciones
que hicieron surgir determinados hechos delictivos deja sin
sentido el mantenimiento de la pena. En este sentido la amnistía
se convierte en la anticipación de una reforma de derogación de
dichos tipos penales. En otros casos no se podría aplicar la
amnistía respecto de los delitos comunes y habría que recurrir a la
vía del indulto”.

La amnistía en nuestra legislación se encuentra regulada por el


artículo 89° del Código Penal que señala que ella “Elimina
legalmente el hecho punible a que se refiere e implica el perpetuo
silencio respecto a él”. Ella, pues, demanda la promulgación de una
ley ordinaria. Esto es, conforme al artículo 102°, inciso 6° de la
Constitución de 1993 es atribución exclusiva del Congreso “ejercer
el derecho de amnistía”.

3.3. EL INDULTO

Según el artículo 89° del Código Penal «el indulto suprime la pena
impuesta». Se trata, pues, de una verdadera causal de extinción de
la ejecución de una pena concreta. En ese sentido, Soler señalaba
que «El indulto es un perdón y extinguir la pena presupone, en

11
consecuencia, una sentencia condenatoria firme» 6 Esta causal es
también una manifestación especial del llamado derecho de
gracia. Ella se manifiesta como una circunstancia extintiva de
origen legal y que a diferencia de la amnistía, se proyecta de modo
individualizado sobre un condenado, para quien se estima que la
pena ha devenido en innecesaria y no podrá alcanzar efecto
funcional alguno7.

Sobre su fundamento Bustos Ramírez ha sostenido desde una


posición político criminal que con el indulto se pretende
«encontrar una solución a la falta de sentido de la pena frente a un
caso específico, que pone de manifiesto que el Derecho Penal no
podrá cumplir su función protectora de bienes jurídicos ni
tampoco servir para la profundización de la capacidad de
liberación personal del sujeto. Más bien todo lo contrario. De ahí
que la pena aparezca como innecesaria. Nos encontramos frente a
la última regla legal no meta jurídica, de determinación de la pena
que lleva justamente a su no aplicación.

Luego, el indulto solo puede estar referido a la renuncia de la pena


y no a la persecución penal, ya que sólo cuando se ha analizado el
caso concreto en el proceso se puede llegar a la conclusión que su
aplicación contradice el sentido y función del derecho penal. En
segundo lugar, el indulto responde a la idea político criminal de
humanizar y concretar en la ejecución de la pena el sentido y
función del derecho penal. Es decir, por la forma en que ha
transcurrido la ejecución de la pena o bien, por la aparición de

6 SOLER, Sebastián. Op. cit., p. 521.


7 Sobre las diferencias entre indulto y amnistía véase Luis Eduardo Roy Freyre. Op. cit., p. 237 y 238.

12
nuevos antecedentes que han surgido con posterioridad al proceso
en un caso concreto, aparece como contradictorio con el sentido
humanizador de la ejecución penal y del sentido y función de la
pena, el cumplimiento de ésta»8.

Conforme a nuestra Constitución Política de 1993, el indulto es


una facultad del Poder Ejecutivo y que ejerce el Presidente de la
República según se dispone en el inciso 21 del artículo 118°.
Operativamente esta facultad se desenvuelve a través del Trabajo
de Comisiones del Ministerio de Justicia que analizan los casos de
condenados “indultables” para, luego, someterlos a decisión del
primer mandatario del Estado.

Ahora bien, en la experiencia reciente de nuestra legislación, el


indulto ha sido objeto de varias distorsiones que lo han llevado a
convertirse en una medida coyuntural de descongestión de los
centros carcelarios. Ha dejado de ser, pues, una opción
despenalizadora para convertirse utilitariamente en una nueva
llave o vía de «desprisionalización». Por último, en esta etapa de
nuestra evolución normativa, el indulto se ha contaminado
también de los objetivos efectistas de las normas prémiales por
colaboración eficaz. En efecto el Decreto Legislativo No 824 incluyó
al indulto como un nuevo estímulo para la disociación silenciosa o
la delación que coadyuven a la detección y sanción de
organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de drogas.

El indulto, estima con corrección la doctrina nacional y extranjera,


puede ser total o parcial9.
8 TERRADILOS BASOCO, Juan. La Extinción de la responsabilidad criminal
9 MAPELLI CAFFARENA, Borja y TERRADILOS BASOCO, Juan. Las consecuencias jurídicas del delito.

13
Esto es, abarcar toda la amplitud cualitativa y cuantitativa de la
pena impuesta o proyectarse únicamente sobre un período,
siempre final, de ésta. Es por tanto lógico que «el indulto de la
pena principal se extiende a las accesorias» 10. Sin embargo, el
indulto a diferencia de la amnistía, deja intacta la reparación civil
fijada a favor de la víctima. Sobre esto último ha precisado Roy
Freyre que «el texto penal en comentario nada dice expresamente
acerca de la obligación de abonar la reparación civil, pero debe
interpretarse que la deja subsistente al señalar el Código Penal en
su artículo 89°, como su efecto único, el de "suprimir la pena
impuesta''. En cambio el Código de Justicia Militar es más explícito
sobre la materia y también más amplio al disponer que "la
amnistía y el indulto dejan subsistentes las acciones de la
reparación civil", artículo 58°, segundo párrafo»11.

Un verdadero estado de derecho supone la realización irrestricta


del derecho penal sobre quien ya recayó una sentencia judicial que
lo declara “culpable”, el principio de división de poderes,
propiedad inmanente a un Estado de Derecho, implica que solo el
Poder Judicial puede declare extinguida una pena, es decir, la
potestad de administrar justicia en una democracia reside en la
voluntad soberana del pueblo, y esta se manifiesta por medio de
los órganos jurisdiccionales competentes. Tal como lo describimos
en líneas precedentes, la realización del ius puniendi es limitada
por una serie de instituciones y prerrogativas que, se originan en
la realización del Derecho con el poder, si el derecho penal es una

10 ROY FREYRC, Borja & TERRADILOS BASOCO, Juan. Las consecuencias jurídicas del delito
11 ROY FREYRC, Luis Eduardo.

14
de las manifestaciones más concretas del poder político, este
poder político que administran los otros poderes del estado, va a
significar una suerte de dique de contención ante pretensiones
punitivas fundadas en el valor justicia. Estas limitaciones políticas
surgen siglos atrás, donde el poder punitivo fue trasladándose
progresivamente desde la esfera privada al control público. En
efecto el estado asume monopólicamente la potestad punitiva
como una creación política de los estados que fueron emergiendo
hace más de dos siglos. Estas barreras políticas son duramente
cuestionadas desde las teorías de la pena. En palabras de
BACIGALUPO, la institución más cuestionada desde la perspectiva
de las teorías de la pena, que a fines del siglo XVIII y comienzos del
XIX postularon la necesidad de la ejecución de las penas, es el
derecho de gracia, que provenía de la alta edad media y era
consecuencia de la superación del derecho penal privado de la
antigüedad y del consiguiente monopolio del ius puniendi del
Estado y de la pena pública. Centrándonos en nuestra realidad
política habrá que agregar que desde los inicios de nuestra vida
republicana, nuestro sistema político de naturaleza democrática ha
sido tendencialmente “presidencialista” esto es, de que el
Presidente de la República asume plenos poderes ejecutivos en
desmedro de otros poderes, como es el caso de un Sistema
Parlamentarista, tal como rige en los Estados nacionales de Europa
Occidental. Un sistema político así concebido, confiere a veces
facultades que suponen en la práctica una injerencia a otros
poderes del Estado, en este caso al Poder Judicial, que según el
artículo 138 de la Constitución y su Ley orgánica, ejercer el

15
monopolio de administración de justicia en materia criminal. La
relación del delito-pena se desarrolla en el marco de un proceso
penal garantista que es dirigido por los jueces y magistrados de
nuestra Nación, luego de culminado el procedimiento y las
pruebas así lo demuestran, se le impone una condena al
imputado, quien deberá someterse a aquella, pues emana de una
potestad soberana de Derecho público. En consecuencia, la
ejecución de la pena se somete a las garantías y previsiones legales
reguladas en la legislación penal, ejecución que es controlada y
vigilada por el juez competente, entonces, solo el juzgador está
facultado en principio a resolver la extinción de la condena,
cuando esta ha prescrito el reo ha muerto o se ha cumplido
efectivamente con la condena. Sin embargo, nuestra Constitución
Política confiere al Presidente de la República “Conceder indultos y
conmutar penas”. Ejercer el derecho de gracia en beneficio de los
procesados en los casos en que la etapa de instrucción haya
excedido el doble de su plazo más su ampliatoria. El indulto es
también una manifestación del derecho de gracia que junto a la
amnistía pervive desde tiempos de la monarquía, que ahora se
asienta en razones que desbordan el ámbito político y se adentran
en una cultura humanista, de respeto hacia los derechos
fundamentales de la persona humana. En todo caso como
manifiesta Bustos Ramírez, se ha mantenido este derecho de
gracia a través de la amnistía y el indulto, en razón que permite
aplicar como correctivo, general y último frente a errores o
contradicciones posteriores, el principio de necesidad de pena se
afirma entonces la necesidad de la pena como correctivo básico y

16
elemental del derecho penal y también el merecimiento de pena
como fundamento de ella, mediante el indulto se concede al
penado una remisión total o parcial de la pena impuesta de modo
que esta no se ejecuta en absoluto desde el principio o se detiene
e interrumpe la ejecución que se está realizando de la misma.

En un Estado Social de Derecho rige un derecho penal


democrático, y este derecho penal supone una serie de principios-
materiales y procesales que garantizan una aplicación racional y
legítima de una pena, entonces, son estos criterios rectores que
apuntalan a que la justicia penal se ejerza con los controles que
irradian de nuestro ordenamiento jurídico. Y ello es así, puesto que
los justiciables cuentan con una serie de recursos y remedios
procesales, que se dirigen a cuestionar una resolución judicial a
fin de que se modifique o revise, a cuestionar la imparcialidad del
juzgador, a fin de removerlo de la competencia, todos ellos
enmarcados en el campo estrictamente procesal. Asimismo, en el
ámbito de la determinación judicial de la pena, el juez cuenta con
una serie de subtítulos penales (condena condicional, reserva del
fallo, etc.), así como penas alternativas que permiten sustraer al
condenado del ámbito efectivo de privación de libertad,
finalmente en la esfera de ejecución de la pena, el penado puede
sustraerse de ese ámbito vía los beneficios penitenciarios( semi
libertad, liberación condicional), No obstante ello surge una serie
de factores extralegales, conducentes a convalidar sentencias
condenatorias profesamente injustas, pues en regímenes
autoritarios, donde el poder político interfiere y somete el poder
jurisdiccional en consonancia con la aplicación de una legislación
17
interna antigarantista, muy fácilmente se va a producir una serie
de arbitrariedades y de errores judiciales, otros serán el manifiesto
evidente de un poder arbitrario, sin límites (sentencias
prevaricadores), estadísticas penitenciarias han arrojado
últimamente que el 70% de la población carcelaria se encuentran
en calidad de “procesados” por lo que muchos de estos internos
pueden ser verdaderos inocentes. Entonces si bien contamos con
toda una serie de garantías penales y procesales, no es menos
cierto que en naciones como la nuestra se comete
sistemáticamente una serie de errores judiciales que en muchas
oportunidades no pueden ser corregidos con los recursos
impugnatorios, a estas deficiencias sistemáticas se suman otras
razones en este caso de naturaleza humanitaria, fundamentos que
se sostienen sobre la base social y humanista del Estado de
Derecho, referidos a la individualidad del reo donde la condena
está causando un sufrimiento en la persona del condenado que
rebasa cualquier pretensión punitiva, estar padeciendo una grave
enfermedad(VIH, Cáncer) o la edad senil del condenado, ambas
situaciones no pueden ser sobrellevadas dignamente en
establecimientos penitenciarios caracterizados por sus condiciones
infrahumanas, estas situaciones no pueden ser comprendidas por
una ley de amnistía, pues esta se aplica a un hecho punible sin
tomar en cuenta la persona strictu sensu, en cambio el indulto y el
derecho de gracia se aplica en referencia a las características
particulares del reo, entonces pensamos que el indulto no debe
aplicarse a los errores judiciales que acontecen normalmente en la
administración de justicia, para ellos se encuentra el correctivo de

18
los remedios y recursos procesales, pero si debe ser un correctivo
de errores judiciales parcial demasiado frecuentes por
inapreciación de circunstancias realmente concurrentes que
fundamentaban un tratamiento más benévolo del sujeto que el
que resultó finalmente en la sentencia son per se particulares
circunstancias que aconsejan que el razonamiento judicial no se
circunscriba a factores estrictamente jurídicos, sino desbordados
ellos por razones de otros intereses que significan un
desmerecimiento de pena, la aplicación de una pena innecesaria
deslegitima pues las bases del Estado Social. Esta institución del
indulto aplicada acorde a los fines de justicia no menoscaba la
autonomía judicial, ni vulnera o debilita las leyes penales, en
síntesis consideramos que estas instituciones son aún necesarias
en democracias precarias como la nuestra inspirada también en el
principio de humanidad.

El indulto difiere de la amnistía por una serie de circunstancias, la


amnistía suprime la naturaleza delictiva del hecho, es decir lo
despenaliza, mientras que el indulto impide que la condena pueda
cumplirse en su totalidad, cesando así la actividad sancionatoria
del estado. La amnistía extiende sus efectos despenalizadores al
hecho punible sin tomar en consideración los sujetos
intervenientes protagonistas del suceso delictivo, en tanto que el
indulto se concede en relación a una persona que está, purgando
carcelería tomando en consideración las particulares
circunstancias que está produciendo el encerramiento en la
persona del condenado.

19
La aplicación de la amnistía se circunscribe al campo de los delitos
socio-políticos el indulto no toma en consideración el injusto sino
factores carcelarios y particulares circunstancias que hacen de la
reclusión innecesaria a partir de los fines de la pena. Los efectos
jurídicos de la amnistía se retrotraen a la comisión del hecho
punible despenalizando su naturaleza delictiva. El indulto extiende
su ámbito amplificador desde el momento en que es concedido y
se prolonga en el tiempo es decir, sus efectos declarativos se
prolongan ultractivamente mediante el efecto de la remisión de la
pena o acortando que es materia de cumplimiento efectivo. En
tanto el derecho de gracia es una prerrogativa presidencial que se
otorga por resolución suprema mediante la cual se dispone el
archivamiento del proceso por considerar que existe una demora
injustificada en su tramitación al haber transcurrido el doble de lo
señalado más su ampliatoria son que haya finalizado, restituyendo
si fuera el caso la libertad del inculpado en un proceso cuyo
trámite se considera lento e inacabable. Resulta atentatorio contra
los derechos fundamentales que un imputado permanezca un
tiempo de carcelería sin ser sentenciado, cuando este tiempo
rebasa los principios que legitiman la imposición de la detención
preventiva es decir los principios de instrumentalidad,
provisionalidad y razonabilidad, luego de trascurrido cierto tiempo
se diluyen estos argumentos, constituyéndose la detención en
arbitraria e injusta, vulnerándose la presunción de inocencia.
Como una regla concreta señala Kai Ambos el gobierno de Fujimori
extendió a finales del 1991 las disposiciones sobre indulto a los
denominados “presos sin condena “esto es a los detenidos cuyos

20
procesos se encontraban en la etapa de investigación y no
obstante una larga detención, no había concluido.

3.4. LA PRESCRIPCION

De manera concreta la prescripción puede definirse como el


transcurso del tiempo que extingue la persecución de un delito o
la ejecución de una pena. No obstante, en un plano más técnico se
identifica a la prescripción como la pérdida, por parte del Estado,
de la facultad de ejercitar en un caso concreto el jus puniendi. En
ese sentido, por ejemplo, RODRÍGUEZ DEVESA precisa que la
prescripción viene a ser «la extinción por el transcurso del tiempo
del derecho del Estado a imponer o hacer ejecutar la pena ya
impuesta»12.

Otros conceptos de prescripción aluden más bien a los efectos que


aquella produce sobre la antijuricidad de un hecho punible y sobre
la culpabilidad o responsabilidad de su autor. Señalándose que
aquella tendría la condición de circunstancia que invalida el delito
y sus consecuencias. Al respecto, Del Toro Marzal, sostiene que la
prescripción «supone la invalidación por el transcurso del tiempo
de la valoración penal de aquellas acciones y omisiones que,
hallándose penadas por la ley, comparecen en la realidad social y
jurídica».

En el Código Penal de 1991 se ha establecido un régimen legal


novedoso. Como regla general se señala que para la determinación
del plazo de prescripción de la acción penal o de la ejecución de la
pena, debe atenderse al límite máximo de pena privativa de
12 RODRÍGUEZ DEVESA, José María. Derecho Penal Español. Parte General

21
libertad conminada en la ley para el delito cometido. Esto es, dicho
límite máximo de pena legal será el término del plazo de la
prescripción ordinaria. Sin embargo, el legislador ha establecido
que el plazo de prescripción no será superior, en ningún caso, a los
veinte años. Ahora bien, tratándose de penas conminadas no
privativas de libertad (multas, limitativas de derechos, restrictivas
de la libertad), conjuntas o alternativas, el plazo ordinario de
prescripción será de tres años. En el caso de penas de duración
indeterminada como la cadena perpetua, la ley establece un plazo
legal de prescripción ordinaria de treinta años. Los artículos 80° y
86° del Código Penal tratan de los plazos de prescripción que
hemos mencionado. Cabe anotar que dichas disposiciones asumen
criterios similares a los acordados durante el proceso de
elaboración del denominado Código Penal Tipo para Latinoamérica
(Cfr. Art. 102°, Incs. 2 y 3). La llamada Prescripción Extraordinaria,
consecuencia de la concurrencia de causales de interrupción de la
prescripción y que se define en los artículos 83° y 87° del Código
Penal, mantiene el mismo requerimiento que se adoptó durante la
vigencia del Código Penal derogado. En efecto, la ley precisa que la
prescripción extraordinaria opera al cumplirse cronológicamente el
plazo de prescripción ordinario más la adición de la mitad de dicho
plazo. Esto supone que si la pena conminada para el delito de
estafa es de seis años (Art. 196°) como máximo, lo que sería el
límite del plazo de prescripción ordinaria para dicho delito, la
prescripción extraordinaria se cumpliría al transcurrir un total de
nueve años. En el caso de delitos cuyas penas conminadas sean
multa, inhabilitación, prestación de servicios a la comunidad,

22
limitación de días libres, expatriación o expulsión de extranjeros, la
prescripción extraordinaria operaría transcurridos cuatro años y
seis meses. Esto último en atención a que, como se mencionó, el
plazo de prescripción ordinario en tales casos es de tres años.

La prescripción es la pérdida por el transcurso del


tiempo del derecho del Estado a perseguir o
sancionar penalmente al autor o partícipe de un
delito. La prescripción puede ser ordinaria o
extraordinaria. Las reglas sobre la prescripción se
encuentran contenidas entre los artículos 80° a 88°
del Código penal.

Cabe señalar que el Código vigente estipula en su artículo 88° que


ante la pluralidad de agentes, los plazos de prescripción se
aprecian y contabilizan de modo individualizado. Por su parte el
artículo 91 o declara expresamente que el imputado tiene el
derecho de renunciar a la prescripción de la acción penal.

La Prescripción, es la extinción de la pena por el transcurso de un


tiempo dado, fijado por la ley, sin que se la ejecute, lo cual puede
ocurrir, como dijimos, tanto cuando no ha comenzado a
ejecutarse, como cuando la ejecución se ha visto interrumpida por
cualquier causa (art.66 C.P). Todas las penas prescriben menos la
de inhabilitación.

La imprescriptibilidad de la pena de inhabilitación, que


dogmáticamente se infiere de su falta de enunciación en el artículo
65 C.P, es una consecuencia lógica de su propia naturaleza, puesto
que comienza a ejecutarse por sí misma una vez que está firme la

23
sentencia de condena; desde ese momento, si el condenado sigue
realizando la actividad prohibida lo hace ilegítimamente; por
tanto, no se puede decir que la ejerce jurídicamente, con lo cual la
inhabilitación sigue en ejecución.

Los plazos de prescripción de la pena se hallan establecidos en el


art.65 C.P, los de reclusión y prisión perpetua prescriben a los
veinte años y los de reclusión o prisión temporales en un tiempo
igual al establecido por la condena; la multa prescribe a los dos
años. Para determinar el término inicial de dichos plazos hay que
distinguir si la pena ha comenzado o no a ejecutarse (una vez
pronunciada la condena, por supuesto): si la pena no ha
comenzado a ejecutarse (o “cumplirse”), dicho término “es la
medianoche del día en que se notificara al reo la sentencia firme”;
en verdad en nuestro juicio, ese término aparece cuando la
sentencia está firme, aunque la firmeza la haya alcanzado con
posterioridad a la notificación al condenado, procesalmente es lo
que normalmente ocurre y la sentencia que no está firme no se
puede ejecutar hasta que alcance ese estado, por tanto, lo que la
noma quiere decir es que el plazo de la prescripción empieza a
contarse desde la medianoche en que la sentencia notificado al
reo, ha quedado firme; para determinar ese término inicial se
toma como “curso de cumplimiento “la presión preventiva que se
ha sufrido anteriormente. Si la pena a comenzado a cumplirse
después de que la sentencia ha quedado firme: el plazo de cuenta
a partir del momento en que el cumplimiento se ve interrumpido,
decir, donde la medianoche del día en que la condena se
“quebranto” por cualquier causa (.eje., evasión: si la evasión se
24
produce antes que la sentencia haya quedado firme, aunque el
procesado estuviese notificado de ella, la prescripción deberá ser
referida a la acción, no a la pena). Esta es la reglamentación
establecida por el art. 66, cód. Penal.

No son pocas las cuestiones particulares que se presentan en la


fijación del término inicial del plazo de prescripción de la pena.
Entre ellos el que plantea la sentencia que es recurrida por modos
extraordinarios, es decir que ya no acepta los recursos
“ordinarios”, aunque fuesen “excepcionales” (como el de casación
o de inaplicabilidad de la doctrina legal), sino solo los que pueden
tener por efecto exclusivamente la anulación de la sentencia (por
ejemplo: el recurso de inconstitucionalidad), sin perjuicio de que el
mismo tribunal pronuncie la que corresponda en su reemplazo.
Cuando el recurso extraordinario se declara procedente y se anula
la sentencia pronunciándose otra, es lógico que el plazo empiece a
contarse a partir de ésta, pero, cuando no es concedido o se
rechaza manteniéndose la vigencia de la sentencia atacada, no es
a partir de la notificación del condenado de la resolución
denegatoria cuando comienza a computarse, sino desde el
momento en que quedó firme la sentencia recurrida, salvo que el
tribunal que entiende en el recurso extraordinario haya
suspendido su ejecución o que una disposición expresa de la ley
impida ejecutar la sentencia hasta que recaiga resolución en el
recurso, pues en estos casos es la misma ley la que no permite
alcanzar firmeza a la sentencia dictada y recurrida (en
consideración a estos efectos del recurso afirma Núñez que el

25
plazo empieza a contarse desde que la denegación de aquel ha
sido notificada al procesado).

Con respecto a la pena que ha comenzado a ejecutarse, si bien las


privativas de libertad no plantearan mayores problemas en cuanto
su quebrantamiento, si aparecerán en la multa cuando ella sea
ejecutada por medio de su pago en cuotas o con prestaciones de
servicios que dejan de ser pagadas o cumplidos; alguna
jurisprudencia ha considerado que entonces que el plazo comienza
“desde que se hace efectivo el apercibimiento de que se convertirá
la multa en prisión por el quebrantamiento de la condena” , pero
tal apercibimiento no es un requisito exigido por la ley para que
comience el curso de la prescripción, por lo cual se lo comenzara a
contar desde la media noche del día en que debiéndose abonar la
cuota, no se lo hizo o en que el servicio que debí prestarse no se
prestó o se interrumpió su prestación.

Asimismo, se plantean otras cuestiones especiales dudosas. En el


caso de pluralidad de penas que no se han unificado (p. ej., en el
caso del condenado en distintas “jurisdicciones” son que se haya
demandado la unificación) las opiniones no son coincidentes:
según unos las prescripciones de las distintas penas impuestas en
las varias condenas funcionan separadamente; por consiguiente, si
el condenado está cumpliendo una de las distintas penas
impuestas y por ese motivo no cumple las otra, la prescripción
corre igualmente con referencia a estas; ´para otros aquel
cumplimiento es causa de suspensión de la prescripción de las
penas que no empieza a cumplirse, con lo cual, prácticamente, el

26
plazo de prescripción se computara conforme a la suma de todas
las penas impuestas, aunque no se haya producido la unificación
de conformidad con el art.58, C.P. (NUÑES); la solución de este
problema dependerá del criterio que se adopte con respecto a la
suspensión de la prescripción de la pena (si un obstáculos legal –
como puede ser el cumplimiento de otra pena – es o no causa de
suspensión).

Cuando se han impuesto penas paralelas conjuntas, las soluciones


propuestas tampoco son uniformes. Para unos (Vera Barros), el
plazo de prescripción se rige por el correspondiente al de la pena
más grave (según el orden establecido por el art. 5° C.P.). Aunque
no sea el plazo mayor (p.ej., si se condenó a seis meses de prisión
y cien australes de multa, el plazo de prescripción será de seis
meses por aplicación del art. 65, inc. 3° , C.P. y no de dos años por
aplicación del inc. 4°); para otros la prescripción se rige por el
plazo mayor, aunque no corresponda a la pena de mayor gravedad
(Soler, Núñez; p.ej., en el caso anterior el plazo de prescripción
será de dos años, es decir, se aplicara el inc., 4° del art. 65, Cód.
Penal).

En cuanto a la suspensión e interrupción del plazo del plazo de


prescripción de la pena, el derecho penal argentino no contendría
una norma expresa, ya que redacción del art. 67, C.P., da lugar a
pensar que se refiere exclusivamente a la prescripción la acción
procesal penal. Sin embargo, tanto su ubicación sistemática como
el argumento que surge de “la armónica inteligencia del sistema
legal positivo” (Núñez), hacen pensar que esos institutos rigen

27
también para la prescripción de la pena –criterio que ha sido
mantenido por la jurisprudencia de la Corte Suprema--, aunque las
causales enunciadas en el art. 67 tendrán que ser adecuadas a la
particular naturaleza de dicha prescripción. La suspensión se daría
en todos los casos en que, por imperio de la ley, se impide
temporalmente la ejecución de la pena y por esa razón no puede
cumplir con otras unificadas, o cuando el mismo, antes de
comenzar la ejecución, ha tenido que ser entregado a otro tribunal
donde se lo procesa por otra causa (aunque en sentido figurado,
se trataría de una “cuestión previa” a la ejecución). En cuanto a la
interrupción ella solo se produciría, claro está, por la comisión de
otro delito (art. 67, par. 4°, Cód. Penal).

En cuanto al carácter de la prescripción de la pena, con el


argumento de que no se trata de un derecho del condenado, sino
de la pérdida de un derecho por parte del estado (Núñez), se
insiste en que la declaración de ella procede de oficio y no puede
ser rechazada por él; en cuanto se relaciona con el ius puniendi, es
indudable que no puede tener relieve alguno la pretensión
contraria al beneficio –jurídicamente no reconocida—por parte de
quien lo recibe.

El sujeto condenado puede, claro está, intervenir en el debate


sobre su procedencia –conforme a la garantía del derecho de
defensa en juicio—y no vemos obstáculos para que –aun en contra
de lo que se puede considerar que es su interés—impugne una
resolución favorable a la declaración de la prescripción, en el muy
hipotético caso de que ella pueda causarle un agravio en otros

28
derechos que le pertenezcan (p.ej., en casos de unificación); lo que
el condenado no puede hacer en rechazar la declaración de
prescripción por el solo deseo de cumplir la pena (cualquiera que
fuese la motivación de dicha actitud).

También se ha llegado a debatir la necesariedad de la intervención


de prescripción de la pena, pues si bien como titular de la acción
procesal penal, esta intervención es imprescindible en la
prescripción de la pena; en realidad todo depende del sistema
procesal orgánico y de las funciones que él asigne el fiscal: en
cuanto esta intervenga en la supervisión del cumplimiento de la
pena, su participación en el accidente será necesaria.

a. PLAZOS PRESCRIPTORIOS
Según el nuestro Código Penal, a tenor del art. 86, la acción
penal prescribe en un tiempo igual al máximo de la pena
fijada por la ley para el delito, si es privativa de libertad. El
plazo se contará desde el día en que la sentencia
condenatoria quedó firme. Por ejemplo, el robo, el marco
penal es de 3 a 8 años. De modo que la prescripción
ordinaria se cumpliría a los 8 a años
En caso de concurso real de delitos, las acciones prescriben
separadamente en el plazo señalado para cada uno. Ejemplo
Un sujeto el día 15 de noviembre del 2011 mata a otro
sujeto y luego el 24 del mismo mes realiza un hurto
agravado. En el primer delito por homicidio simple, según el
Art. 106 tiene una pena privativa de libertad no menor de 6
ni mayor de 20 años, en consecuencia la acción penal
prescribe a los veinte años. En el segundo delito, tipificado

29
en el art. 188 CP. con una pena privativa de libertad no
menor de 3 ni mayor de seis. En este caso la prescripción se
cumple a los 6 años. Por tanto, pasado los 6 años no se
puede perseguir el delito por hurto agravado, siendo posible
la persecución del delito por homicidio hasta los veinte
años.
En caso de concurso ideal de delitos, las acciones
prescriben cuando haya transcurrido un plazo igual al
máximo correspondiente al delito más grave. Por ejemplo
un sujeto conduciendo en estado de ebriedad causa lesiones
graves a una persona y causa daños materiales en una
vivienda. Las lesiones graves recogido en el Art. 121 CP. Con
una pena de 4 a 8 años. Los daños materiales tipificados en
el art. 205 CP. Con una pena privativa de libertad no mayor
de dos años. En tal caso la prescripción se cumple a los 8
años, por ser el más grave.
En casos de delitos cometidos por funcionarios
y servidores públicos contra el patrimonio del Estado o de
organismos sostenidos por éste, el plazo de prescripción se
duplica. Ejemplo, por malversación de fondos tipificado en
el Art. 389 CP. Con una pena de 3 a 8 años, en tal sentido la
pena prescribe a los 16 años.
En los delitos que merezcan otras penas, deferente a la
pena privativa de libertad, la acción prescribe a los 02 años.

b. REDUCCIÓN DE LOS PLAZOS DE PRESCRIPCIÓN


 En casos de los delitos que el máximo penal superen
los veinte años, la prescripción no será mayor a 20
años. Ejemplo El secuestro, tipificado en el Art. 152

30
CP. con una pena de 20 a 30 años. En este supuesto la
prescripción se cumple a los viento años
 Tratándose de delitos sancionados con pena de
cadena perpetua se extingue la acción penal a los 30
años.
 Los plazos de prescripción se reducen a la mitad
cuando el agente tenía menos de 21 o más de 65 años
al tiempo de la comisión del hecho punible.

c. INICIO DE LOS PLAZOS DE PRESCRIPCIÓN


Los plazos de prescripción de la acción penal comienzan,
según el Art. 82 CP. Teniendo en cuenta el tipo de delitos.
 En la tentativa, desde el día en que cesó la actividad
delictuosa;
 En el delito instantáneo, a partir del día en que se
consumó;
 En el delito continuado, desde el día en que terminó
la actividad delictuosa; y
 En el delito permanente, a partir del día en que cesó
la permanencia.

d. LA INTERRUPCIÓN
Interrupción de la prescripción de la acción penal se
interrumpe por las actuaciones del Ministerio Público o de
las autoridades judiciales, quedando sin efecto el tiempo
transcurrido.
Después de la interrupción comienza a correr un nuevo
plazo de prescripción, a partir del día siguiente de la última
diligencia.
Se interrumpe igualmente la prescripción de la acción por la
comisión de un nuevo delito doloso. Sin embargo, la acción
penal prescribe, en todo caso, cuando el tiempo
31
transcurrido sobrepasa en una mitad al plazo ordinario de
prescripción.

e. SUSPENSIÓN
Suspensión de la prescripción, si el comienzo o la
continuación del proceso penal dependen de cualquier
cuestión que deba resolverse en otro procedimiento, se
considera en suspenso la prescripción hasta que aquel
quede concluido.

f. RENUNCIA DE LA PRESCRIPCIÓN
A través de esta institución el imputado tiene derecho a
renunciar a la prescripción de la acción penal, permitiendo
que la acción penal pueda ejercitarse incluso superado el
plazo de prescripción. Es decir por un acto voluntario del
imputado la pena puede ser ejecutada en cualquier
momento, sin importar el cumplimiento de los plazos
prescriptorios.
La razón de ser del art 91 C.P. estaría orientado a la
posibilidad de salvaguarda de su reputación del imputado.
Dado que en el subconsciente social permanece
internalizada la idea de quien se ve involucrado en un
proceso penal merece reprobación social, censura que
subsiste aun cuando se emita pronunciamiento
jurisdiccional que no suponga en puridad una condena. Este
artículo permite desarrollar un derecho, también de orden
constitucional y reconocido internacionalmente, como es el
derecho al honor, la honra y la buena reputación.

3.5. EL CUMPLIMIENTO DE LA PENA IMPUESTA

32
Esta es, si se quiere ser ideográfico, no una causal de extinción de la
pena, sino la vía natural del término de aquella. El cumplimiento de
la pena no extingue la sanción, pues sencillamente después del
vencimiento total de la pena no queda nada que extinguir. Esta
posición es también compartida, para el derecho penal español, por
MAPELLI CAFFARENA Y TERRADILLOS BASOCO: “Es obvio que el
derecho subjetivo del Estado a imponer y hacer ejecutar la pena
desaparece una vez cumplida ésta. Por ello hubiera resultado
aconsejable no aludir al cumplimiento como causa de extinción,
puesto que nada extingue”13.

Como precisa LANDROVE DÍAZ: “La condena debe entenderse


cumplida y, por consiguiente, extinguida la responsabilidad penal
cuando haya transcurrido el tiempo señalado en la sentencia
condenatoria”14. Es más, en el caso peruano, el cumplimiento de la
sanción impuesta determina la cancelación de los antecedentes
penales o lo que nuestra normativa denomina como la
«rehabilitación» del condenado (Cfr. artículo 69° del Código Penal).
Denominación incorrecta en la medida en que solo una determinada
pena inhabilita al sentenciado. No hay, pues, en esta causal el mismo
efecto que encontramos en el indulto o en la exención de pena, e
incluso en el perdón del ofendido. En todas ellas, a fin de cuentas la
pena se extingue porque no se cumple en su totalidad o no se
impone. Por otro lado, desde la perspectiva de la necesidad de pena
el cumplimiento de la pena no puede ser una causal de extinción en

13 MAPELLI CAFFARENA, Borja - TERRADILLOS BASOCO, Juan


14 LANDROVE DÍAZ, Gerardo.

33
la medida que la realización total de la sanción estaría justificando su
necesidad de aplicación o ejecución.

El cumplimiento de la condena es una causal normal de la extinción


de la pena luego de agotado el tiempo por el cual el interno fue
condenado a purgar la pena efectivamente impuesta, esta concluye
automáticamente y cesa a estos efectos la potestad punitiva del
estado, el interno se sustrae legítimamente de la esfera de ejecución
penal. Naturalmente tanto dese el punto de vista de merecimiento
de pena como de la necesidad de ella, su cumplimiento extingue la
responsabilidad penal15. El cumplimiento de la condena es un
derivado del Nullum Poena sine lege, esto es agotada la secuencia de
la condena, la liberación del reo debe operar de forma inmediata, si
no se quebrantaría el principio de legalidad. Cumplido el periodo de
ejecución de la pena supone la afirmación del fin de prevención
especial positiva es decir, la aptitud del condenado de reinsertarse a
la comunidad social.

Sin embargo dada su naturaleza por ser efecto de una causa que se
produce como regla general se objeta en la doctrina su inclusión
como una causa de extinción de la ejecución de la pena.

Es importante anotar que la extinción de la pena no implica la


extinción de la responsabilidad civil puesto que esta se ejecuta de
manera distinta a la penal y se regula a partir de criterios distintos
(artículo 101 del C.P.)16.

3.6. POR EXENCION DE LA PENA

15 BUSTOS RAMIREZ, J.; Manual de Derecho Penal. Parte General, cit., p. 411.
16 Que dispone la aplicación supletoria de las normas del Código Civil

34
Nuevamente el legislador peruano utiliza esta equívoca
denominación en el artículo 85° inciso 3. En esta ocasión lo hace para
referirse a una causa de extinción de la pena, pero cuya eficacia no se
proyecta sobre la ejecución de la sanción sino exclusivamente sobre
su imposición. En realidad se alude, pues, a una institución diferente
a la que regula el artículo 68° del Código Penal. Y tampoco aquí nos
encontramos regulando aquellos supuestos que cancelan la pena
como premio a los delincuentes que participan de un procedimiento
de colaboración eficaz, y a los cuales nuestro legislador identifica
también como casos de exclusión de pena17.

Como causal de extinción de la pena el legislador nos vincula, más


bien, con las llamadas «excusas absolutorias o causales personales
de exclusión de pena». Como señala ZAFFARONI: «Se trata de causas
personales que excluyen sólo la penalidad de la conducta y que se
establecen por puras consideraciones político-penales». El Código
vigente incluye excusas absolutorias en dos casos:

 En los delitos contra el patrimonio cuyos sujetos se encuentran


estrechamente vinculados, tal como se regula en el artículo
208° del Código Penal.
 En los delitos de encubrimiento real y personal que ejecuta el
agente por sus relaciones estrechas con el autor de los
mismos, tal como se dispone en el artículo 406° del Código
Penal.

17 Decreto Legislativo No 81 5, Art. 1

35
De lo que eximen estas causales es de la imposición de la pena. En
términos más precisos se exime de la pena concreta, pues ella no
llega a definirse ni evaluarse judicialmente.

Todas las causales de la extinción de la pena surgen a partir de


determinados hechos que sobrevienen luego de que la justicia penal
se ha pronunciado ya firmemente sobre la culpabilidad del imputado,
es decir, en razón de determinadas circunstancias que aparecen
cuando el sujeto es ya objeto de la ejecución de una condena. Son
entonces circunstancias que implican una valoración que desborda el
contenido de la sentencia condenatoria, son causales que el juzgador
en concreto no ha tomado en cuenta al momento de la
determinación judicial de la pena.

Es de relevancia esta aclaración pues el código penal en la parte


general hace alusión a dos circunstancias: primero a las causas de
exención de pena que comprende los estados de inimputabilidad, las
causas de justificación así como las causas de disculpa, segundo
establece la exención de pena como una facultad discrecional del
juzgador, cuando el delito es reprimido con pena privativa de libertad
no mayor de dos años o con pena limitativa de derechos o multa
cuando la responsabilidad del agente fuera mínima, en efecto la
exención de pena en el primero de los casos obedece a una
valoración jurídico-penal que se efectúa al momento de la comisión
del hecho punible. En suma ambas circunstancias no son
sobrevivientes al acto de la condena judicial sino valoraciones
circunscritas a la configuración del hecho punible, por lo tanto no
pueden ser considerados como causales de extinción de pena.

36
ROY FREYRE dice; no hay sanción que ejecutar y por consiguiente
tampoco existe pena que extinguir18.

3.7. PERDON DEL OFENDIDO EN LOS DELITOS DE ACCION PRIVADA

Esta causal tiene un viejo arraigo en el derecho penal nacional y


extranjero. Podríamos decir que es un rezago de la etapa inicial de la
venganza privada. LANDROVE DÍAZ se refiere a ella como a una
«modalidad de gracia privada». Sus orígenes tienen una base
idealista cristiana (dar la otra mejilla, perdonar a quienes nos
ofenden). No obstante encuentra en la actualidad una nueva
justificación basada en la recuperación del espacio de la víctima en la
composición del conflicto. Lo cual, entiende Bustos Ramírez, que
conlleva riesgos de arbitrariedad: «Ciertamente se podría sostener
que es más garantista establecer el perdón del ofendido como causa
de extinción de la responsabilidad criminal; pero ello es dudoso, pues
equivale a dejar entregada la responsabilidad criminal a la
arbitrariedad de una persona, y más aún, como ha sucedido
frecuentemente, a que el proceso penal cumpla fines que son ajenos
al sentido y función del derecho penal (cuál sería la obtención de una
indemnización de perjuicios conforme a las miras de la víctima y no al
ordenamiento jurídico). Este criterio empalma con una ideología
victimológica, en que se pretende garantizar exclusivamente a la
víctima, más allá de los ciudadanos en general, lo que equivale que
esta forma de extinción criminal quede en una total y absoluta
arbitrariedad»19. Un perdón sujeto a condiciones sería extraño al
sentido de la causal a la vez que se convertiría, cuando menos de

18 ROY FREYRE, L.; Causas de Extinción de la Acción Penal y de la Penal, cit., p. 244.
19 BUSTOS RAMÍREZ, Juan. La extinción de la responsabilidad criminal.

37
modo implícito, en una transacción la cual en nuestro sistema legal
sólo puede extinguir la acción penal.

Frente a la escasa descripción que da la legislación peruana de esta


causal resultan atendibles las sugerencias que formula Roy Freyre en
torno a su naturaleza y operatividad:

 El perdón debe ser otorgado en forma expresa y sin


condiciones.
 Su concesión para uno de los querellados, beneficia a todos.
 El perdón es irrenunciable por el ofensor.
 Su concesión por uno de los querellantes no perjudica el
derecho de los otros: en consecuencia, en tal caso no se
extingue la pena hasta que todos los ofendidos perdonen.

El Código Penal peruano regula esta causal en el inciso 4° del artículo


85° y se alude nuevamente a un uso condicionado de la misma. Ella
sólo operaría en el caso de delitos de acción penal privada. Ahora
bien, por su naturaleza estos delitos son sancionados con penas
privativas de libertad de corta duración y de multa, de allí que el
efecto real del perdón del ofendido en nuestra legislación sea muy
relativo. Tradicionalmente esta causal fue considerada en los delitos
contra la libertad sexual y en el delito de adulterio que regulaba el
Código Penal de 1924 (Art. 213°). Sin embargo, estos supuestos ya no
existen en la legislación vigente.

El ofendido en términos criminológicos es aquel titular del bien


jurídico sobre quien ha recaído los efectos nocivos de la conducta
criminal del agresor es en concreto, la víctima cuyo derecho subjetivo
ha sido vulnerado antijurídicamente. El perdón del ofendido se

38
condice más con la esfera privada del derecho civil donde los
titulares de los derechos subjetivos sometidos al amparo
jurisdiccional efectivo, tienen pleno dominio sobre el objeto del
proceso, pues en el proceso civil rige el principio dispositivo.

En materia procesal penal impera el principio de legalidad y el


principio de obligatoriedad mediante el cual el titular de la acción
penal se encuentra sometido al imperio de la ley por cuanto ni bien
toma conocimiento de la noticia criminal se encuentra obligado a
promover una investigación y de ser el caso denunciar el hecho ante
el órgano jurisdiccional. Nuestra codificación punitiva reconoce en su
mayoría la acción penal “pública” en tanto los bienes jurídicos que
este ordenamiento tutela son reconocidos como públicos o sociales a
pesar de que su afectación incide únicamente en la circularidad de la
víctima.

El perdón como causal de extinción de la pena es un acto de


liberalidad que se ejecuta cuando el hecho punible ha sido ya objeto
de un pronunciamiento judicial firme esto es, se ha acreditado
fehacientemente la comisión del delito y se ha comprobado la
responsabilidad penal del agente. Entonces un acto privado que es el
perdón del ofendido sustrae de la ejecución penal a quien se
encuentra sometido a una relación con la potestad punitiva del
Estado. En palabras de PEÑA CABRERA, el perdón como causa que
extingue la ejecución de la pena ha sido cuestionado pues sería
totalmente admisible hasta entonces de la sentencia firme
condenatoria pues una vez ejecutoriada es contradictorio hasta
vulnerante el cumplimiento de las resoluciones judiciales20, una
20 PEÑA CABRERA, R.; cit.

39
acción positiva del ofendido ya no debe tener incidencia en una
relación punitiva, en la cual este ya no se encuentra comprendido,
únicamente quedan vigentes los intereses del reo y del Estado.

El perdón del ofendido opera en los casos en que la pena impuesta


emana de delitos cuya persecución es promovida a instancia del
ofendido, v.gr., la querella (arts. 302 y ss. Del C. de P.P), es decir los
delitos contra el honor, más hay que señalar al respecto que el
perdón del ofendido como causal de extinción de la pena no se
encuentra previsto taxativamente en norma alguna sea de la parte
general o parte especial su procedencia se incardina a partir de una
interpretación teleológica de los bienes jurídicos en conflicto.

BIBLIOGRAFIA

 CREUS, Carlos. Derecho Penal, Parte General, 3° edición actualizada y


ampliada.
 VILLA STEIN, Javier. Derecho Penal Parte General.
 PEÑA CABRERA, Alonso Raúl. Derecho Penal, Parte General; Teoría de
Delito y de la Pena y sus Consecuencias Jurídicas.

40
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 ANTON ONECA.; Derecho Penal. Parte General.
 BUSTOS RAMIREZ, J. Manual de Derecho Penal, Parte General.
 BERNALES BALLESTEROS, Enrique. La Constitución de 1993; Análisis
Comparado.
 RODRÍGUEZ DEVESA, José María. Derecho Penal Español. Parte General

41