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UNIVERSIDAD PRIVADA ANTONIO GUILLERMO URRELO

Facultad de Derecho y Ciencia Política

“ACCIÓN DE AMPARO”

Alcántara Palacios, Yheraldind

Alvarez Castrejón, Jonathan

Chuquiruna Goicochea, Sheyla

Otiniano Barrantes, Franklin

Rojas Chávez, Antony

Ruiz Vásquez, Diana

Cajamarca – Perú

Abril - 2019
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1. CONCEPTO

La acción de amparo es una garantía constitucional, la Constitución Política

del Perú de 1993, en su artículo 200º inciso 2, expresa literalmente: La acción de

amparo, que procede contra el hecho u omisión, por parte de cualquier autoridad,

funcionario o persona, que vulnera o amenaza lo demás derechos reconocidos por

la Constitución, con excepciones de los señalados en el inciso siguiente. No

procede contra normas legales ni contra resoluciones judiciales emanadas de

procedimiento regular. Va a proteger todos los derechos que no son abarcados por

el Habeas Corpus. (Briceño Salvador, Cárdenas Lozada, Flores De La Cruz, &

Plasencia Verde, 2012)

Es un proceso judicial de carácter constitucional que tiene como finalidad proteger

todos los derechos constitucionales de la persona -con excepción de los que

protegen el Hábeas Corpus, la Acción de Hábeas Data y la Acción de Cumplimiento

- ante violaciones o amenazas de violación provenientes de una autoridad o de un

particular (el amparo protege derechos como, por ejemplo, el derecho de

asociación, a la libertad de contratación, el derecho al debido proceso). Lo puede

presentar el mismo afectado o cualquier otra persona en su nombre. Si el Juez

comprueba, efectivamente, violaciones a derechos, ordena que los actos violatorios

se suspendan inmediatamente. (García Carrera, 2010)

La acción de amparo, recogida y modificada por la Constitución de 1993, nació con

el objetivo de proteger las potenciales y efectivas violaciones de los derechos

constitucionales. La Carta Política, que ahora la llama acción en vez de recurso,

amplió su aplicación con el objetivo de precautelar estas violaciones no solamente


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de parte de la autoridad, sino también de quien preste un servicio público o, en

ciertos casos, de los particulares. (Pérez Ordóñez, 2000)

La Acción de Amparo nace en el Perú con identificación propia a partir de la

Constitución de 1979, aun cuando en la de 1933los derechos constitucionales

cautelados por dicha acción de garantía se encontraban confundidos con los que

posteriormente serían de exclusividad de la Acción de Habeas Corpus. (Morales

Corrales, 1996)

Definición acción de amparo es una garantía contra la arbitrariedad. Es aquel que

vela efectivamente por la protección de los derechos humanos contra todas las

restricciones o amenazas de las garantías fundamentales por parte de la autoridad

estatal u otros sujetos pasivos que señala el art 9 d ley de amparo. (Ramirez, 2017)

La Acción de Amparo protege la situación jurídica normal del gobierno de las

garantías, no protege, y no puede entrar el juez de Amparo a prejuzgar sobre la

inconstitucionalidad o ilegalidad de los hechos, simplemente dice: aquí hay un acto,

un hecho que me está produciendo molestias en mi situación jurídica subjetiva.

Señor Juez, hágalo paralizar. (Santoshchino, 2013)

Esta acción de amparo, prevista constitucionalmente, está destinada a obtener la

protección de derechos divisibles no homogéneos –en el caso del amparo

individual- que se caracteriza por la búsqueda de la reparación de un daño

esencialmente individual y propio de cada uno de los afectados. La acción, o

proceso de amparo, nace en nuestra legislación en forma pretoriana como un

instrumento de tutela de los derechos fundamentales que tienen todos los

ciudadanos. La lesión por la que se reclama se genera en un acto u omisión de la


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autoridad pública o de otros particulares, que posee características peculiares, tales

como que el acto agresor debe efectuarse con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta

respecto de algún derecho o garantía reconocidos en nuestra Constitución

Nacional, un tratado o una ley para lesionarlo, restringirlo, amenazarlo o alterarlo

gravemente. (Salmieri Delgue, 2016)

La acción de amparo es un derecho público subjetivo que tiene toda persona, ya

sea física o moral como gobernado, de acudir ante el poder Judicial de la

Federación, cuando considere se le ha violado alguna de sus garantías

individuales, mediante un acto o ley, por una autoridad del Estado en las hipótesis

previstas por el art. 103 de la Constitución federal, con el objeto de que se le

restituya en el goce de dichas garantías, ya restableciendo las cosas al estado que

guardaban antes de la violación, ya obligando a la autoridad a respetar la garantía

individual violada. (Arias, 2012)

La acción de amparo es un derecho público subjetivo que tiene toda persona, ya

sea física o moral como gobernado, de acudir ante el poder Judicial de la

Federación, cuando considere se le ha violado alguna de sus garantías

individuales, mediante un acto o ley, por una autoridad del Estado en las hipótesis

previstas por el art. 103 de la Constitución federal, con el objeto de que se le

restituya en el goce de dichas garantías, ya restableciendo las cosas al estado que

guardaban antes de la violación, ya obligando a la autoridad a respetar la garantía

individual violada. (Arellano García, 2008)

2. ANTECEDENTES NACIONALES
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A fin de determinar los antecedentes nacionales del amparo, es preciso

remontarnos a fines del siglo XIX. El primer proceso constitucional introducido en

el Perú fue el hábeas corpus (1897). Durante su trayectoria, amplió sus alcances

para tutelar derechos distintos a la libertad física. Siguiendo, se puede distinguir

tres etapas en su evolución legislativa:

 De 1897 a 1933.

En este período, el hábeas corpus se circunscribió a ser un mecanismo

de defensa de la libertad personal (leyes de octubre de 1897 y de

septiembre de 1916, Constitución de 1920 y Código de Procedimientos en

materia Criminal del mismo año). Sin embargo, en febrero de 1916 se

promulgó la Ley 2223, que permitió la protección de derechos

constitucionales distintos a la libertad personal, pero que en la práctica no

llegó a tener mayor desarrollo. (Yupanqui, 2015)

 De 1933 a 1979.

Con la Constitución de 1933, el hábeas corpus amplió su ámbito de

protección a todos los derechos individuales y sociales. Este proceso fue

regulado por el Código de Procedimientos Penales de 1940 y por el

Decreto Ley 17083 de octubre de 1968. De esta manera, se establecieron

dos vías distintas para su tramitación: (i) la penal, para la defensa de la

libertad personal, la inviolabilidad del domicilio y la libertad de tránsito; y,

(ii) la civil, para los demás derechos fundamentales. (Yupanqui, 2015)

 A partir de la Constitución de 1979

Se aprecian dos procesos constitucionales distintos: (i) el hábeas corpus,

para la tutela de la libertad individual; y, (ii) el amparo, para la protección


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de los demás derechos fundamentales. La Carta de 1993 mantiene esta

distinción, aunque incorpora al hábeas data y a la acción de cumplimiento.

En síntesis, la “acción de amparo” nace con tal denominación en la

Constitución de 1979. No obstante, podemos encontrar antecedentes

nacionales:

 En la Ley 2223 (1916), pues permitía la tutela de derechos distintos

a la libertad individual

 En el hábeas corpus de la Constitución de 1933, similar por su

amplitud al juicio de amparo mexicano

 En el Decreto Ley 17083, que fijó un trámite especial en la vía civil

para el hábeas corpus, que también protegía los demás derechos

individuales y sociales.

A. La Ley 2223, de agosto de 1916

El 19 de agosto de 1915, la Comisión Reformadora de los Códigos Penales

propuso la adopción de un proyecto de ley de liquidación de prisiones

preventivas, destinado a regir hasta la entrada en vigencia de la reforma del

Código de Procedimientos en materia Criminal. El texto ampliaba la tutela de

los derechos fundamentales, en ese momento denominados “garantías”. La

Comisión Principal de Legislación de la Cámara de Diputados elaboró un

texto sustitutorio que mantuvo en su artículo 8 el artículo 17 del texto original,

cuyo dictamen señalaba que estaba referido “a la aplicación de las reglas del

hábeas corpus a las demás garantías consagradas en el Título IV de la

Constitución del Estado”. Durante el debate en la Cámara baja, el diputado


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Gálvez se mostró muy complacido por el referido proyecto, sosteniendo al

respecto: (Yupanqui, 2015)

“La Ley de Hábeas Corpus está limitada a [proteger la libertad

individual] […]. Este proyecto es admirable, porque extiende la acción

protectora de la ley a todas las garantías constitucionales […], es decir todas

las garantías individuales van a ser puestas a cubierto de todo acto arbitrario

de las autoridades abusivas” [El agregado es nuestro]. (Yupanqui, 2015)

Luego de aprobado el proyecto en la Cámara de Diputados, pasó al Senado.

El dictamen de la Comisión de Legislación precisaba que “[…] la ampliación

del hábeas corpus a las demás garantías individuales llena un vacío de

nuestra legislación y satisface una urgente necesidad porque las garantías

del Título IV de la Constitución continuarán escritas sin mayor eficacia en la

realidad de la vida social y política, mientras no exista un recurso enérgico y

sumario para hacerlas efectivas”. (Yupanqui, 2015)

El dispositivo fue aprobado y se convirtió en el artículo 7 de la Ley 2223, de

febrero de 1916. Fue concebido como un mecanismo tutelar de los derechos

contenidos en el Título IV de la Constitución entonces vigente (honor, libertad

de prensa, inviolabilidad de la correspondencia, libertad de profesión,

derecho de propiedad, entre otros). Por ello, consideramos que, pese a sus

imperfecciones y a no haber tenido mayor efecto práctico7.constituye un

antecedente normativo remoto del proceso de amparo. (Yupanqui, 2015)

B. La Constitución de 1933

El artículo 69 de la Constitución de 1933 dispuso que “todos los derechos

individuales y sociales reconocidos por la Constitución dan lugar a la acción

de hábeas corpus”. Esta ampliación del ámbito de protección del hábeas


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corpus se debió a la iniciativa del representante socialista por el

departamento de Piura, Luciano Castillo. Sin embargo, con anterioridad, el

artículo 185 del anteproyecto de Constitución, elaborado por una Comisión

presidida por Manuel Vicente Villarán, ya contaba con una propuesta similar.

La exposición de motivos del citado anteproyecto indicaba que aquél

convertía las prescripciones de la Ley 2223 en precepto constitucional.

De esta manera, la Constitución de 1933 desnaturalizó al proceso de hábeas

corpus, convirtiéndolo en un remedio similar por su amplitud al “juicio de

amparo” mexicano. Ello explica que el procesalista español Niceto Alcalá-

Zamora y Castillo, al comentar el anteproyecto del Código de Procedimientos

Penales que regulaba al hábeas corpus, haya expresado que prefería utilizar

el término “juicio de amparo” al de hábeas corpus, pues la voz amparo tenía

la ventaja de poder extenderse a la tutela de cuantos derechos individuales

y sociales reconocía la Carta de 1933, mientras que el hábeas corpus se

ligaba predominantemente con la defensa de la libertad individual.

(Yupanqui, 2015)

C. El Decreto Ley 17083, de octubre de 1968

La Carta de 1933 amplió el ámbito de protección del hábeas corpus a la

defensa de todos los derechos individuales y sociales. Sin embargo, el

Código de Procedimientos Penales de 1940 sólo reguló dicho proceso para

tutelar la libertad individual. Posteriormente, el 24 de octubre de 1968, se

expidió el Decreto Ley 17083, que estableció el procedimiento de hábeas

corpus para tutelar los demás derechos individuales y sociales, al que Fix

Zamudio calificó como “ley de amparo”10. Se distinguieron así dos tipos de

hábeas corpus: “civil” y “penal”. El primero, regulado por el Decreto Ley


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17083, se tramitaba ante los jueces civiles, mientras que el segundo se

ventilaba ante los jueces penales, sobre la base del Código de

Procedimientos Penales de 1940. En esa época, no era frecuente que los

autores nacionales se ocuparan de analizar los procesos constitucionales.

Los pocos autores que lo hicieron coincidieron en la necesidad de introducir

el amparo como un proceso autónomo, especialmente Ferrero Rebagliati,

García Belaunde y Borea Odría11. D. El Decreto Ley 20554, de marzo de

1974 Este decreto, publicado el 13 de marzo de 1974, precisó la composición

y el funcionamiento del Tribunal Agrario. Reguló un procedimiento judicial

especial que podía interponer el propietario que consideraba no haber

incurrido en causal de afectación o de declaración de abandono, o que se

habían cometido vicios de nulidad con motivo de la aplicación de la Ley de

Reforma Agraria por parte del Ministerio de Agricultura. (Yupanqui, 2015)

A dicho proceso, que se presentaba ante el Tribunal Agrario, se le denominó

“recurso de amparo agrario” (artículo 1)12. Este instrumento procesal era

una modalidad de amparo que pretendía defender la propiedad agraria con

las obvias limitaciones del contexto: un gobierno militar. En 1982, ya en

democracia, el artículo 43 de la LHCA varió su denominación por el de

“exceso de poder”. Como lo explicaba su exposición de motivos, se trataba

“de evitar una duplicidad en el nombre”. (Yupanqui, 2015)

3. ¿PARA QUÉ SIRVE LA ACCIÓN DE AMPARO?


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En Perú, el amparo está regulado como un proceso constitucional (en el artículo

200 inciso 2 de la Constitución, dentro del Título V: Garantías Constitucionales), y

procede contra cualquier autoridad, funcionario, y además contra particulares. Para

que el amparo pueda ser utilizado como mecanismo de protección de derechos

fundamentales, se tienen que agotar las vías previa (administrativa) y paralela

(judicial), salvo ciertas excepciones establecidas en la ley, concretamente en

el Código Procesal Constitucional.

El objeto es de la protección del proceso de amparo en el artículo 200 de la

Constitución Política del Perú establece el proceso de amparo como garantía

constitucional con el siguiente texto:

La Acción de Amparo, que procede contra el hecho u omisión, por parte de

cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza los demás

derechos reconocidos por la Constitución, con excepción de los señalados en el

inciso siguiente. No procede contra normas legales ni contra resoluciones judiciales

emanadas de procedimiento regular”. Toda vez que el proceso de habeas corpus

protege la libertad personal y los derechos conexos y que el proceso de habeas

data protege los derechos contenidos en los incisos 5 y 6 del artículo 2 de la

Constitución, el proceso de amparo protege todos los demás derechos

constitucionales que no protegen los dos procesos antes indicados. De allí que

tanto la anterior Ley 23506, Ley de Habeas Corpus y Amparo, y el artículo 37 del

actual Código Procesal Constitucional establezcan una lista no taxativa de

derechos constitucionales protegidos por el proceso de amparo y deja, en el último

inciso del artículo correspondiente, una cláusula abierta protegiendo “los demás

derechos que la Constitución reconoce”, es decir, todos los demás, inclusive los no
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establecidos en la Constitución sino en los tratados internacionales de los cuales el

Perú es parte.

Ahora bien, toda vez que todos los derechos de nuestro ordenamiento jurídico

tienen un sustento directo o indirecto a la Constitución, es que el proceso de amparo

se masificó al tal punto que, por tratarse de un mecanismo expedito, produjo un uso

indiscriminado por parte de los justiciables. Así, existieron una serie de demandas

de amparo para cualquier controversia o cualquier motivo y bastaba que una

persona señale que tiene un conflicto que directa o indirectamente tenga alguna

referencia constitucional, para que pretenda que el Juez Constitucional tutele sus

derechos.

 Derechos que protege el Amparo:

El artículo 37 del CPC consigna los derechos que son protegidos por el Amparo,

los mismos que son:

 De igualdad y de no ser discriminado por razón de origen, sexo, raza,

orientación sexual, religión, opinión, condición económica, social,

idioma, o de cualquier otra índole

 Del ejercicio público de cualquier confesión religiosa

 De información, opinión y expresión

 A la libre contratación

 A la creación artística, intelectual y científica


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 De la inviolabilidad y secreto de los documentos privados y de las

comunicaciones

 De reunion

 Del honor, intimidad, voz, imagen y rectificación de informaciones

inexactas o agraviantes

 De asociación

 Al trabajo

 De sindicación, negociación colectiva y huelga

 De propiedad y herencia

 De petición ante la autoridad competente

 De participación individual o colectiva en la vida política del país

 A la nacionalidad

 De tutela procesal efectiva

 A la educación, así como el derecho de los padres de escoger el

centro de educación y participar en el proceso educativo de sus hijos

 De impartir educación dentro de los principios constitucionales

 A la seguridad social

 De la remuneración y pensión

 De la libertad de cátedra

 De acceso a los medios de comunicación social en los términos del

artículo 35 de la Constitución

 De gozar de un ambiente equilibrado y adecuado al desarrollo de la

vida

 A la salud

 Y los demás que la Constitución reconoce.


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4. REQUISITOS DE LA ACCIÓN DE AMPARO

Cuando ingresamos al examen de las partes en el proceso de amparo no podemos

dejar de abordar la concepción que sobre ellas utiliza el derecho procesal.

Tradicionalmente suele citarse a Chiovenda para quien "es parte aquel que

demanda en propio nombre la actuación de una voluntad de la ley y aquél frente al

cual esa voluntad es demandada".

En otras palabras, se trata de un concepto básicamente procesal alejado de un

sustrato material o sustantivo pues "lo que da la condición de parte (procesalmente

hablando) es la posición en el proceso, independientemente de la calidad del sujeto

del derecho (sustancial) o de la acción (pretensión)".

Ahora bien, si nos detenemos en el análisis de algunos conceptos de raíz procesal

podemos distinguir siguiendo a Vescovi tres calidades diferentes: parte (procesal),

sujetos del derecho (de la relación sustancial) y legitimados para pretender

(legitimación en la causa).

Los términos "parte" y "legitimación" si bien se encuentran relacionados no pueden

ni deben ser confundidos. Mientras el primero alude a un aspecto esencialmente

procesal, el segundo trata de "determinar quiénes son los sujetos idóneos para

entablar un proceso de modo que la sentencia pueda producir frente a ellos sus

efectos característicos", es decir, vincula a dichos sujetos con la relación jurídica

sustancial deducida en el proceso permitiendo un pronunciamiento sobre el fondo

y operando por tanto como un presupuesto procesal. La legitimación, por cierto,

puede ser activa, según quien pueda interponer la demanda correspondiente, o

pasiva, es decir, contra quien habrá de plantearse la respectiva pretensión.


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Al trasladar tales categorías al proceso de amparo, caracterizado por su

bilateralidad y respeto al principio del contradictorio, no se encuentra mayor

discusión respecto al concepto de partes -demandante o demandado-, a los que el

derecho mexicano denomina agraviado o quejoso y autoridad responsable,

respectivamente. Incluso, nuestra jurisprudencia ya ha tenido ocasión de

pronunciarse al respecto. Así, por ejemplo, la Segunda Sala Civil de la Corte

Suprema de Justicia en la demanda presentada por Joel Rooz Durand contra una

autoridad judicial precisó: "son partes en la acción de amparo el afectado y el autor

de la infracción".2. Legitimación activa

El artículo 26 de la ley 23506, con la adición (párrafo final) dispuesta por el decreto

legislativo 611, dispone:

Tienen derecho a ejercer la acción de amparo el afectado, su representante, o el

representante de la entidad afectada.

Sólo en casos de imposibilidad física para interponer la acción, sea por atentado

concurrente contra la libertad individual, por hallarse ausente del lugar, o cualquier

otra causa análoga, podrá la acción de amparo ser ejercida por tercera persona,

sin necesidad de poder expreso, debiendo el afectado, una vez que se halle en

posibilidad de hacerlo ratificarse en la acción.

Cuando la acción se interponga por violación o amenaza de violación de derechos

constitucionales de naturaleza ambiental, podrá ser ejercida por cualquier persona,

aun cuando la violación o amenaza no lo afecte directamente. Igual atribución tiene

las organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro, cuyo objeto es la defensa

del medio ambiente.


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De acuerdo con la norma citada, se encuentran legitimados para iniciar el proceso

de amparo: a) el afectado, b) la entidad afectada, c) un tercero sin representación

sólo en caso de imposibilidad física del afectado, y d) cualquier persona, así como

las organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro tratándose de atentados

a derechos de naturaleza ambiental (párrafo agregado por el decreto legislativo

611). Asimismo, la reciente ley orgánica de la Defensoría del Pueblo concede

legitimación al defensor para interponer el amparo. Analicemos, con mayor

detenimiento los casos mencionados.

 El afectado.

La norma se refiere a las personas naturales o físicas y exige que aquéllas

se encuentren "afectadas" en sus derechos fundamentales para estar

legitimadas y poder iniciar el respectivo proceso constitucional, ya sea

directamente o a través de su representante. Entendemos que la afectación

sufrida por el actor o quejoso "no tiene que concretarse necesariamente en

un desconocimiento del derecho, sino que se dará, también, cuando se

menoscabe o se obstaculice, aunque sea indirectamente su ejercicio".

 La entidad afectada.

El texto constitucional de 1979 siguiendo la experiencia alemana, introdujo

un dispositivo según el cual los derechos fundamentales también rigen para

las personas jurídicas en cuanto les sean aplicables (artículo 3). De tal

manera, se permitía en forma expresa que ellas a través de su representante

puedan iniciar el correspondiente proceso de amparo. Por tal razón, no

resulta extraño que la ley reglamentaria (ley 23506) les otorgue legitimación

en tales casos.
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La constitución vigente ha eliminado el artículo 3 del texto anterior, que reconocía

titularidad en materia de derechos fundamentales a las personas jurídicas. De ahí

que se plantee la interrogante respecto a si tales sujetos se encontrarían

legitimados para interponer una demanda de amparo.

 Legitimación de terceros.

La ley otorga legitimación a cualquier persona para interponer demanda de

amparo en caso de imposibilidad física del afectado. Este supuesto ha sido

regulado por el deseo de brindar mayores facilidades a los justiciables para

la defensa de sus derechos fundamentales. Se trata de una ampliación de la

legitimación activa hacia un tercero, aunque no tan generosa como la

contemplada en materia de habeas corpus.

Nuestros tribunales ya han tenido ocasión de pronunciarse sobre sus

alcances. En este sentido, en el amparo iniciado contra el Primer Juzgado

de Paz Letrado de Lima, por Manuela Ruiz de Romero a favor de Yolanda

Romero de Ruiz, quien se encontraba fuera del país, el TGC por sentencia

de fecha 30 de mayo de 1984 anuló la resolución de la Corte Suprema pues

entendió que: para los efectos de la presentación de una demanda de

amparo por un tercero y su respectiva admisibilidad, no se requiere el

acompañamiento de poder alguno [...]. El legislador, dada la naturaleza y

fines de la acción, ha advertido que ésta puede quedar ineficaz por

imposibilidad del agente para ejecutarla, dado que existen plazos perentorios

en la ley que deben cumplirse y, por ello, ha autorizado a tercera persona a

hacerlo, directa e inmediatamente, en favor de los derechos del afectado.

 Legitimación del defensor del pueblo.


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Una institución positiva introducida por la constitución de 1993 es

precisamente la Defensoría del Pueblo (artículos 161 y 162). Ha sido

configurada como un órgano autónomo distinto del Ministerio Público, al que

le corresponden tres funciones básicas: a) defender los derechos

constitucionales y fundamentales de la persona y la comunidad; b)

supervisar el cumplimiento de los deberes de la administración estatal; y c)

supervisar la prestación de los servicios públicos a la ciudadanía.

Desarrollando sus atribuciones constitucionales, la ley 26520, ley orgánica

de la Defensoría del Pueblo, publicada el 8 de agosto de 1995, concede

legitimación activa al defensor del pueblo para interponer entre otros

procesos constitucionales, el de amparo (artículo 9, inciso 2). Se trata de una

facultad positiva que también le ha sido concedida a otrosombudsmen o

defensores del pueblo, en países como España y Colombia.

 Legitimación y derecho al medio ambiente.

El artículo 140 del decreto legislativo 611 (1990), Código del Medio Ambiente

y los Recursos Naturales, agregó un párrafo final al artículo 26 de la ley

23506, reconociendo legitimación activa para la tutela de derechos

fundamentales de naturaleza ambiental: a) a cualquier persona así no haya

sido afectada directamente, y, b) a las organizaciones no gubernamentales

sin fines de lucro (ONG) cuyo objeto sea la defensa del medio ambiente.

5. MARCO LEGAL

El artículo 200 inciso 2 de la Constitución dice que el amparo procede contra el

hecho u omisión que vulnere o amenace los derechos protegidos en la Constitución


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El proceso constitucional de amparo procede, por violación o amenaza de

violación a los derechos fundamentales. Una amenaza que pueda ser fehaciente y

pueda evidenciarse de los medios probatorios, que se acompañan al momento de

presentarse la demanda. La acción de amparo protege todos los derechos

fundamentales contenidos en el artículo 2º de la Constitución Política del Perú; sin

embargo, no va proteger aquellos derechos que son protegidos por la acción de

cumplimiento, la acción de habeas data, y el habeas corpus en sí, es decir,

derechos que tengan que versar sobre la libertad, y conexos a la libertad. (VILLAR,

2018)

El proceso de acción de amparo es más formal porque requiere que la

presentación de la demanda cumpla con formalidades, así como que se tenga que

explicar claramente en que se basó la violación del derecho fundamental, puesto

que, si el juez advierte que no se ha especificado claramente, puede declarar

inadmisible la demanda; pero siempre teniendo en cuenta el principio de

la suplencia de la queja suficiente, que permite que se puedan salvar las

formalidades que pueden existir, frente a la protección que se tiene que dar a los

derechos que han sido vulnerados o amenazados de modo alguno. Busca reponer

las cosas al estado anterior de la violación o amenaza de un derecho fundamental.

Pero qué pasa si esa vulneración o amenaza deviene en irreparable. se aplicará

una especie de sanción ya sea contra el funcionario infractor, o la aplicación de

alguna multa pecuniaria para que en el futuro no se vuelva a cometer ese tipo de

vulneración o amenaza de derechos fundamentales. (VILLAR, 2018)

La Ley 2795954 modificó el artículo 42 de la LHCA (Ley de Hábeas Corpus y

Amparo), disponiendo que “las resoluciones finales recaídas en las acciones de


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hábeas corpus y amparo, cuando queden consentidas o ejecutoriadas, serán

publicadas en la página web del diario oficial El Peruano o del Tribunal

Constitucional, en el caso que la expida este último. Las resoluciones que, a criterio

del Tribunal Constitucional, tengan relevancia jurisprudencial serán publicadas,

además, en forma obligatoria y dentro de los quince días siguientes en el diario

oficial El Peruano”. Uno de los fundamentos principales que justificó la propuesta

de reforma fue el elevado costo de la publicación de las sentencias, lo cual

constituía una carga muy onerosa para el Tribunal Constitucional.

La segunda reforma al Código Procesal Constitucional fue incorporada por la Ley

2894658, que ha efectuado diversas modificaciones al proceso de amparo.

1. establece un procedimiento especial cuando se trata de un proceso de

amparo contra normas autoaplicativas, precisando que en tales casos las

decisiones serán elevadas en consulta a la Sala Constitucional y Social de

la Corte Suprema.

2. dispone que las excepciones y defensas previas se resolverán previo

traslado a través de un auto de saneamiento procesal que antes no existía.

3. modifica el procedimiento para la expedición de medidas cautelares,

especialmente cuando se cuestionan normas autoaplicativas.

4. se reforma la regulación existente sobre la competencia del juez y algunos

aspectos del procedimiento del amparo.

La tercera modificación se introdujo a través de la Ley 2936459, cuya Segunda

Disposición Derogatoria dispuso que las demandas de amparo contra resoluciones

judiciales se presentarán ante el Juez de primera instancia y no ante la Sala Civil

de la Corte Superior respectiva. (Yupanqui, 2015)


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o Amparo contra amparo

Luis Castillo Córdova, por ejemplo, está de acuerdo en la procedencia del amparo

contra amparo incluso con un ámbito más extenso que el del propio Tribunal

Constitucional. Al respecto el autor dice: “el amparo contra amparo es una

concreción del amparo contra resoluciones judiciales. Una resolución judicial es

pasible de cuestionamiento a través de un amparo cuando ha sido obtenida en el

seno de un proceso irregular, y un proceso es irregular cuando se ha desenvuelto

con manifiesta vulneración del derecho al debido proceso”. Luego dice el autor que

una vulneración al derecho al debido proceso puede ser en su dimensión formal o

su dimensión material, explicando que si la transgresión realizada fue de naturaleza

procesal se afecta la dimensión formal, y que se afecta la dimensión material si se

vulnera cualquier otro derecho fundamental. Para cerrar la procedencia del amparo

contra resoluciones judiciales, Castillo Córdova dice: “Si la justicia tiene que ver con

dar a cada quien lo que le corresponde, la decisión justa tiene que ver con dar a

cada quien lo que le es debido, y lo debido para el hombre es siempre el respeto

de sus derechos como hombre reconocidos jurídicamente (derechos

fundamentales) (Rojas, 2009)

6. CAUSALES DE IMPFROCEDENCIA DE LA ACCIÓN DE AMPARO

6.1. Legitimación procesal

Como sabemos, la legitimación procesal es la expresión de la titularidad de un

derecho u obligación subyacente en una relación jurídico material. El amparo

es un mecanismo que protege a los derechos fundamentales de cualquier


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vulneración, proveniente de cualquier persona natural o jurídica, de derecho

público o privado. (Gaspar, s.f.)

 Legitimación activa

Tiene legitimación activa el afectado; sin embargo, el artículo 40° del

Código Procesal Constitucional reconoce la posibilidad de este de actuar

mediante un representante. En el caso de que el derecho afectado sea un

derecho difuso, el referido artículo le concede legitimidad a cualquier

persona, incluidas las organizaciones sin fines de lucro.

El artículo también reconoce la legitimidad de la Defensoría del Pueblo a

efectos de que esta pueda interponer una demanda de amparo en las

materias de su competencia. (Gaspar, s.f.)

 Legitimación pasiva

Quien debe comparecer en el proceso en calidad del demandado es el responsable

de la agresión; en caso de tratarse de una persona jurídica, este debe comparecer

mediante su representante. En caso del Estado, el artículo 7° del Código Procesal

Constitucional establece que este será defendido por el Procurador Público.

(Gaspar, s.f.)

6.2. Vías previas

En el caso del proceso de amparo se exige que previamente a la interposición

de la demanda se agoten las vías previas ante la entidad pública, o la persona

jurídica de derecho privado. (Gaspar, s.f.)


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6.3. Competencia

El artículo 51° del Código Procesal Constitucional establece que en el caso del

proceso de amparo, hábeas data, y proceso de cumplimiento es competente

el Juez civil o mixto del lugar donde se afectó el derecho, o en donde tiene su

domicilio principal el afectado, siendo elección del demandante seleccionar

donde interponer la demanda.

6.4. Plazo

El plazo para interponer un proceso de amparo es de 60 días desde ocurrida la

vulneración al derecho fundamental. El plazo es de treinta (30) días para interponer

el proceso de amparo en el caso de cuestionar la vulneración generada por una

resolución judicial. (Gaspar, s.f.)

6.5. Caso especial de improcedencia

Mediante el proceso de amparo se puede tutelar el derecho al honor y a la

buena reputación, ambos son derechos reconocidos por el artículo 2° de la

Constitución Política del Perú. La vulneración de alguno de estos derechos le

concede el derecho al agraviado de solicitar la rectificación, este procedimiento ha

sido desarrollado por el artículo 2° de la Ley N° 26775, modificada por la Ley N°

26847, el que establece lo siguiente:


23

 “Artículo 2.- La persona afectada o, en su caso, su representante legal,

ejercerá el derecho de rectificación mediante solicitud cursada por conducto

notarial u otro fehaciente al director del órgano de comunicación y a falta de

éste a quien haga sus veces, dentro de los quince días naturales posteriores

a la publicación o difusión que se propone rectificar. Para esto efecto, los

medios de comunicación deberán consignar en cada edición o emisión y en

espacio destacado el nombre de su director o quien haga sus veces y la

dirección donde se edita o emite el medio, lugar donde deberá presentarse

la rectificación".

Asimismo, el artículo 7° de la referida Ley N° 26775, establece que:

 “Artículo 7.- Si en los plazos señalados en el Artículo 3 no se hubiere

publicado o difundido la rectificación o se hubiese notificado expresamente

por el director o responsable del medio de comunicación social que aquella

no será difundida, o se hubiere publicado o divulgado sin respetar lo

dispuesto por esta Ley, el afectado podrá interponer la acción de amparo en

demanda de tutela de su derecho".

En tal sentido, para la interposición de una demanda de amparo, cuyo objetivo sea

tutelar el honor vulnerado mediante información agraviante e inexacta, la Ley N°

26775, y su modificatoria, establece como requisito para la interposición de la

demanda que exista comunicación previa y que no exista rectificación, en el plazo

de 7 días, luego de comunicada la solicitud; o que se confirme de que no existió

publicación de la carta rectificatoria ; o que la rectificación contravenga

disposiciones contenidas en la Ley. Este es pues un requisito exigido para la

interposición de un amparo en los casos de rectificación previsto por la Ley

N°26776. (Gaspar, s.f.)


24

7. CARACTERÍSTICAS DE LA ACCIÓN DE AMPARO.

La acción de amparo es una garantía constitucional que se caracteriza por ser:

 INALIENABLE: No puede transmitirse a terceros.

 IRRENUNCIABLE: Por tratarse de un derecho humano no puede celebrarse

un acto jurídico unilateral o bilateral por el medio del cual se busque

renunciar a la acción específica de amparo.

 UNIVERSAL: Todo ser humano tiene derecho a la acción de amparo, sin

importar su nacionalidad, sexo, edad, raza, ideología, orientación sexual, su

capacidad, ni cualquier otra circunstancia.

 INVIOLABLE: No se suspende ni se restringe por ningún motivo, ni siquiera

bajo los estados o regímenes de excepción.

 EFICAZ: Es un recurso idóneo, en el sentido de que debe de ser capaz de

proteger los derechos constitucionales de modo efectivo. No basta un

proceso con el nombre de amparo para cumplir con la obligación de su

reconocimiento como derecho fundamental, sino que tiene que ser un

recurso que cumpla con la finalidad de protección en todos los casos de

violación o amenaza de los derechos que forman parte de su ámbito de

protección

 JURISDICCIONAL: es un proceso que se tramita y se decide por órganos

jurisdiccionales.
25

8. CASO PARTICULAR

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 5 días del mes de noviembre de 2012 la Sala Primera del

Tribunal Constitucional, integrada por los señores magistrados Urviola Hani,

Vergara Gotelli y Calle Hayen, pronuncia la siguiente sentencia

ASUNTO

Recurso de agravio constitucional interpuesto por don José Santos Periche

Purizaca, a través de su representante, contra la resolución de fecha 14 de

setiembre de 2011, de fojas 111, expedida por la Sétima Sala Civil de la Corte

Superior de Justicia de Lima que declaró improcedente la demanda de autos.

ANTECEDENTES

Con fecha 9 de febrero de 2011 el recurrente interpone demanda de amparo

contra el juez a cargo del Décimo Primer Juzgado Civil de Lima, don Fernando

Zalvidea Queirolo, solicitando que: i) se deje sin efecto las resoluciones de fechas

16 de abril de 2009, 16 de junio de 2010, 13 de setiembre de 2010, 7 de octubre de

2010, así como todas las demás resoluciones judiciales que desestimaron su

solicitud de pago de costos procesales; y, ii) se ordene la emisión de una nueva

resolución estimando su solicitud de pago de costos procesales. Sostiene que fue


26

vencedor en el proceso de amparo seguido en contra de la Oficina de Normalización

Previsional - ONP (Exp. Nº 2156-2008), proceso en el cual, con sentencia firme que

tiene la calidad de cosa juzgada, se ordenó a la ONP emitir nueva resolución

otorgándole pensión de jubilación conforme a los criterios de la Ley Nº 23908 y se

le abonen sus devengados desde la fecha de ocurrida la contingencia. Sin

embargo, refiere que habiendo solicitado en varias oportunidades el pago de costos

procesales, éste le fue denegado por el Juzgado con un “no ha lugar” en razón de

que la sentencia de vista no condenó al demandado con el pago de costos, decisión

que a su entender vulnera su derecho al debido proceso y a la seguridad social,

toda vez que el pago de costos procesales no requiere ser demandado, estando a

cargo de la parte vencida sufragarlos.

El Octavo Juzgado Constitucional de Lima, con resolución de fecha 11 de

febrero de 2011, declara improcedente la demanda al considerar que el recurrente

pretende que el juzgado constitucional actúe como una suprainstancia de revisión

para evaluar el criterio asumido por el magistrado demandado.

La Sétima Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima, con resolución

de fecha 14 de setiembre de 2011, confirma la apelada al considerar que las

resoluciones judiciales cuestionadas no fueron impugnadas a través del recurso de

apelación.
27

FUNDAMENTOS

1. Delimitación del petitorio

1. La demanda de amparo interpuesta por el recurrente tiene por objeto dejar

sin efecto las resoluciones judiciales de fechas 16 de abril de 2009, 16 de junio

de 2010, 13 de setiembre de 2010, 7 de octubre de 2010, así como las demás

resoluciones judiciales que desestimaron la solicitud de pago de costos

procesales, y ordenar la emisión de una nueva resolución estimando dicha

solicitud por haber sido vencedor en un anterior proceso de amparo.

2. Expuestas las pretensiones, este Colegiado considera necesario determinar

a la luz de los hechos relatados en la demanda y de los recaudos que obran en

ella si se han vulnerado los derechos al debido proceso y a la seguridad social

del recurrente, por haberse desestimado su solicitud de pago de costos

procesales aduciéndose que la sentencia de vista no condenó al demandado

con el pago de costos, decisión que fue emitida sin merituarse ni evaluarse que

el pago de costos procesales no requería ser demandado, estando a cargo de

la parte vencida sufragarlos.


28

2. Consideración previa: el pago de costos procesales como contenido

implícito a la sentencia estimatoria firme emitida en un proceso

constitucional

3. Este Colegiado estima que el motivo por el cual el órgano judicial de segunda

instancia desestimó la demanda de amparo contra amparo, aduciendo la falta

de firmeza de la resolución judicial, resulta absolutamente erróneo y demuestra

un desconocimiento de la jurisprudencia constitucional emitida, y sobre todo de

los presupuestos habilitantes para que proceda el pago de costos procesales

en los procesos constitucionales.

4. Como ya es sabido y a tenor de lo dispuesto en el artículo 4º del Código

Procesal Constitucional, aplicable también al amparo contra amparo, procede

el amparo contra resoluciones judiciales firmes que agravien en forma

manifiesta la tutela procesal efectiva. A tal efecto, se ha señalado que por “(…)

resolución judicial firme debe entenderse a aquella contra la que se ha agotado

los recursos previstos por la ley procesal de la materia” (Cfr. STC Nº 04107-

2004-HC/TC, Fundamento 5).

5. Empero este Colegiado considera que la existencia de resolución judicial

firme resulta inexigible en casos como el de autos en donde únicamente se

solicita el pago de costos procesales luego de haberse estimado una demanda

de amparo. En efecto, conforme se detallará con mayor amplitud en los

fundamentos siguientes, el pago de costos procesales no resulta ser un asunto

autónomo o separado de la propia sentencia estimatoria firme emitida en un


29

proceso constitucional, sino que por el contrario resulta un asunto

indisolublemente ligado y unido a ella. De esta manera, es posible afirmar

entonces que allá donde existe una sentencia constitucional estimatoria firme,

como en el caso de autos, existe también la firmeza requerida por el Código

Procesal Constitucional para que el vencedor en un proceso constitucional

pueda solicitar el pago de costos procesales.

6. Así las cosas la firmeza de la sentencia estimatoria emitida en el proceso

constitucional también despliega sus efectos, a manera de presupuesto

procesal, para solicitar el pago de los costos procesales.

3. Sobre los presupuestos procesales específicos del “amparo contra

amparo” y sus demás variantes

7. Conforme a lo señalado en la Sentencia recaída en el Expediente Nº 04853-

2004-AA/TC y bajo el marco de lo establecido por el Código Procesal

Constitucional así como de su posterior desarrollo jurisprudencial, el proceso

de amparo contra amparo así como sus demás variantes (amparo contra

hábeas corpus, amparo contra hábeas data, etc.) es un régimen procesal de

naturaleza atípica o excepcional cuya procedencia se encuentra sujeta a

determinados supuestos o criterios; A saber: a) Solo procede cuando la

vulneración constitucional resulte evidente o manifiesta. Tratándose incluso de

contra amparos en materia laboral dicha procedencia supone el cumplimiento

previo o efectivo de la sentencia emitida en el primer proceso amparo (Cfr. STC

Nº 04650-2007-PA/TC, Fundamento 5); b)Su habilitación sólo opera por una


30

sola y única oportunidad, siempre que las partes procesales del primer y

segundo amparo sean las mismas; c) Resulta pertinente tanto contra

resoluciones judiciales desestimatorias como contra las estimatorias, sin

perjuicio del recurso de agravio especial habilitado específicamente contra

sentencias estimatorias recaídas en procesos constitucionales relacionados

con el delito de tráfico ilícito de drogas y/o lavado de activos, en los que se haya

producido vulneración del orden constitucional y en particular del artículo 8º de

la Constitución (Cfr. Sentencias emitidas en los Exp. Nº 02663-2009-PHC/TC,

Fundamento 9 y Nº 02748-2010-PHC/TC, Fundamento 15); d) Su habilitación

se condiciona a la vulneración de uno o más derechos constitucionales,

independientemente de la naturaleza de los mismos; e) Procede en defensa de

la doctrina jurisprudencial vinculante establecida por el Tribunal

Constitucional; f) Se habilita en defensa de los terceros que no han participado

en el proceso constitucional cuestionado y cuyos derechos han sido

vulnerados, así como respecto del recurrente que por razones extraordinarias,

debidamente acreditadas, no pudo acceder al agravio constitucional; g) Resulta

pertinente como mecanismo de defensa de los precedentes vinculantes

establecidos por el Tribunal Constitucional (Sentencia recaída en el Expediente

Nº 03908-2007-PA/TC, Fundamento 8); h) No procede en contra de las

decisiones emanadas del Tribunal Constitucional; i) Procede incluso cuando el

proceso se torna inconstitucional en cualquiera de sus otras fases o etapas,

como la postulatoria (Cfr. RTC Nº 05059-2009-PA/TC, Fundamento 4; RTC Nº

03477-2010-PA/TC, Fundamento 4, entre otras); la de impugnación de

sentencia (Cfr. RTC Nº 02205-2010-PA/TC, Fundamento 6; RTC Nº 04531-

2009-PA/TC, Fundamento 4, entre otras); o la de ejecución de sentencia (Cfr.


31

STC Nº 04063-2007-PA/TC, Fundamento 3; STC Nº 01797-2010-PA/TC,

Fundamento 3; RTC Nº 03122-2010-PA/TC, Fundamento 4; RTC Nº 02668-

2010-PA/TC, Fundamento 4, entre otras).

8. En el caso que aquí se analiza se reclama la vulneración de los derechos

constitucionales del recurrente, producida durante la secuela o tramitación de

un anterior proceso de amparo seguido ante el Poder Judicial, específicamente

en la fase de ejecución del citado proceso, fase en la cual se expidieron las

resoluciones judiciales que desestimaron su solicitud de pago de costos

procesales, resoluciones que el recurrente juzga ilegítimas e inconstitucionales.

Dentro de tal perspectiva, queda claro que, prima facie, el reclamo en la forma

planteada se encuentra dentro del primer párrafo del supuesto a) y en los

supuestos d) e i) reconocidos por este Colegiado para la procedencia del

consabido régimen especial.

4. Derecho de defensa de los emplazados y posibilidad de un

pronunciamiento atendiendo al fondo del asunto

9. Este Colegiado previamente estima que los motivos en los cuales se ha

sustentado el pronunciamiento desestimatorio de la demanda de autos, en el

mejor de los casos, es impertinente. Sucede en efecto que según lo planteado

en la demanda, el recurrente cuestiona un asunto constitucionalmente

relevante: la desestimatoria de su solicitud de pago de costos procesales,

desconociéndose que el pago de costos procesales no requiere ser

demandado, estando a cargo de la parte vencida en el proceso de amparo.


32

10. Conforme a la jurisprudencia de este Colegiado (Cfr. STC Nº 4587-2004-

AA/TC), en algunos casos es posible emitir pronunciamiento sobre el fondo,

aun cuando la demanda haya sido declarada liminarmente improcedente en las

instancias inferiores. Para evaluar la procedencia de tal decisión, se tiene que

tomar en cuenta diversos factores, entre ellos, el eventual estado de

indefensión en el que podría quedar la parte contraria de emitirse una sentencia

adversa, sin haberla escuchado; la intensidad de la afectación en el ámbito de

sus derechos como producto de la decisión del Colegiado, la importancia

objetiva del caso, la necesidad de urgencia tutelar, los perjuicios que se podrían

generar al recurrente por la demora en un pronunciamiento sobre el fondo, etc.

11. Al respecto a fojas 82 y 111 se tiene acreditado que si bien la demanda de

amparo contra amparo fue declarada liminarmente improcedente por los

órganos inferiores del Poder Judicial, ello no impidió que el representante

judicial de los emplazados, esto es el procurador público encargado de los

asuntos judiciales del Poder Judicial exponga los argumentos en defensa de la

resolución judicial que expidieron los magistrados emplazados, situación que

vuelve innecesaria la reapertura del debate judicial decretando el admisorio de

la demanda, pues el debate judicial ya se produjo con la participación del citado

procurador público. Asimismo, cabe destacar la importancia objetiva del caso

de autos, en tanto viene a discusión en esta sede constitucional el tratamiento

o enfoque que vienen dando los jueces civiles de la República a las demandas

constitucionales que se plantean en sus despachos, lo cual se traduce en una


33

denegatoria de justicia al desestimarse, como en el caso de autos, el pago de

costos procesales, a pesar de estimarse una demanda constitucional.

12. Este Colegiado por lo demás estima innecesario y evidentemente

incompatible con el dinamismo y la urgencia de un proceso constitucional,

prolongar un reclamo que viene dilatándose por más de tres años, sin que hasta

la fecha y pese a su sencillez se haya dispensado una solución justa y

razonable.

Por consiguiente, este Tribunal estima que tiene competencia para analizar el

fondo de la controversia.

5. El vencedor en el proceso de amparo y el pago de costos procesales a

cargo del Estado

13. Sobre el particular el artículo 56º del Código Procesal Constitucional

establece que “si la sentencia declara fundada la demanda, se impondrán las

costas y costos que el Juez establezca a la autoridad, funcionario o persona

demandada (…) En los procesos constitucionales el Estado sólo puede ser

condenado al pago de costos”.

14. Conforme es posible apreciar a fojas 18-20, donde obra la sentencia que tiene

autoridad de cosa juzgada, el recurrente fue vencedor en el proceso de amparo

seguido en contra de la Oficina de Normalización Previsional - ONP (Exp. Nº

2156-2008), proceso en el cual se ordenó a la ONP emitir una nueva resolución


34

otorgándole pensión de jubilación conforme a los criterios de la Ley Nº 23908 y

se le abonen sus devengados desde la fecha de ocurrida la contingencia.

15. Sin embargo, a pesar de haberse estimado la demanda de amparo, y en razón

de ello, solicitarse el pago de costos procesales, el Juzgado demandado

determinó un “no ha lugar” al citado pedido, aduciendo que la sentencia de vista

no había condenado al demandado con el pago de costos procesales (fojas 4).

16. Expuesta así la razón para desestimar el pedido de pago de costos

procesales, a este Colegiado no le queda duda alguna de que el Juzgado

demandado ha resuelto el pedido del recurrente contraviniendo el texto expreso

del artículo 56º del Código Procesal Constitucional, el cual establece con

meridiana claridad la obligatoriedad del órgano judicial de ordenar el pago de

costos procesales ante el supuesto de declararse fundada la demanda

constitucional, constituyendo uno (el pago de costos) consecuencia legal de lo

otro (el carácter fundado de la demanda). Y es que tal dispositivo legal, por

regular de manera expresa el pago de costos procesales a cargo del Estado

(Principio de Ley Especial prima sobre la Ley General) resulta aplicable al caso

de autos, en contraposición a lo que señale al respecto el Código Procesal Civil

(Cfr. STC Nº 02776-2011-PHD/TC).

17. En razón de tal dispositivo, aun cuando en la sentencia estimatoria firme

emitido en un proceso constitucional no se haya ordenado expresamente el

pago de los costos procesales, ello no puede ser entendido bajo ningún

concepto como una denegatoria del mismo; por el contrario, debe ser entendido
35

como un contenido implícito derivado del hecho de haberse estimado una

demanda constitucional.

18. Por tal motivo, la denegatoria del pago de costos procesales, aduciéndose

que la sentencia firme no hizo referencia alguna a dicho pago, vulnera el

derecho del recurrente a la debida motivación de las resoluciones judiciales, el

cual garantiza que las resoluciones judiciales no se encuentren justificadas en

el mero capricho de los magistrados, sino en datos objetivos que proporciona

el ordenamiento jurídico o los que se deriven del caso (Cfr. STC Nº 03943-

2006-PA/TC, Fundamento 4).

6. Efectos de la Sentencia

19. Atendiendo a lo expuesto, la presente demanda de amparo contra amparo

debe ser estimada, debiendo ordenarse al Juzgado demandado emitir una

nueva resolución judicial que, considerando la especial particularidad del

Código Procesal Constitucional, sea fiel reflejo de la normativa procesal

específica que regula el pago de costos procesales a favor de los vencedores

en procesos constitucionales seguidos contra el Estado.

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le

confiere la Constitución Política del Perú

HA RESUELTO
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1. Declarar FUNDADA la demanda de amparo contra amparo; en

consecuencia, NULAS las resoluciones de fechas 16 de abril de 2009, 16 de

junio de 2010, 13 de setiembre de 2010, 7 de octubre de 2010, así como todas

las demás resoluciones judiciales que desestimaron la solicitud de pago de

costos procesales.

2. ORDENAR al Décimo Primer Juzgado Civil de Lima o al órgano judicial que

haga sus veces expedir una nueva resolución decretando el pago de costos

procesales, previa liquidación que ella misma efectúe, conforme a los

fundamentos expuestos en la presente sentencia.

Publíquese y notifíquese.
37

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