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Poetología, interpretación y comprensión del poema

Caminos hacia el conocimiento de la poesía y de sí mismo

Elaboración (y compilación): Adalberto Bolaño Sandoval

Quiero que sepas que el poema puede curarte

como esas flores y raíces del bosque […]

El poema es un ensalmo

un talismán

para que tu soledad resplandezca (“Ensalmo”)

Gustavo Tatis Guerra

Estos dulces vocablos con que me estás hablando


no los entiendo, paisaje,
no son los míos.

Pedro Salinas

Nueva determinación del objeto

Cuando pienso en la forma de analizar un poema, partiendo de todos


los modelos que me proporcionan con este fin, ya sé que
nunca llegaré al centro de la cuestión. Tampoco sé cuál es
el centro de la cuestión, y son muchas las dudas que quedan durante
el proceso de lectura. Por ejemplo, si estuviera delante de
un mar revuelto, con el agua fría, y un cielo cenizo de
otoño avanzado, sé bien que nunca llegaré a la cresta de una ola,
y mucho menos que entraré en el primer oleaje, cuya
espuma me llega a los pies. El poema puede ser como ese mar,
y las dificultades que ofrece a quien lo quiera interpretar
no son muy distintas. Puedo ver el ritmo de sus olas,
oír el murmullo que queda por debajo de vocales y consonantes,
entender por qué la superficie tiene ese color blanco que
esconde un arco iris en su interior, pero tendré que parar por ahí
si no quiero ser sorbido por su vórtice de imágenes y, quizás,
sumergirme para siempre en su abismo. Me preguntaréis: ¿y
para qué quieres, entonces, analizar un poema? La respuesta
es simple: ¿por qué hay tanta gente que, sabiendo que puede

1
ahogarse caso de que no sepa evitar la fuerza de las olas, o resistir
a las corrientes, se lanza mar adentro? Por ello, después de
pasar ese primer oleaje de palabras y versos, también
yo procuro seguir el movimiento de las olas y navegar contra
la corriente de las estrofas. Y en algún lugar de ese breve océano
llegaré adonde el agua es transparente, y tendré por instantes
la ilusión de ver la arena del fondo, y el sentido último del poema.

Nuno Júdice

La poesía, la literatura, el arte todo, tienen mucho de creatividad e imaginación, o las dos a la vez,
pues la creatividad literaria (artística) significa crear mundos nuevos, nuevas visiones y nuevas
concepciones, y, con ello, también, nuevas explicaciones. Es decir, el escritor consigue que donde
antes no había nada —una historia, una descripción, una metáfora, un poema—aparezca algo ahora;
donde antes no existía ni siquiera una idea ahora ha surgido algo, una nueva representación del
mundo Por ello, la obra literaria posee en sí misma algo milagroso, una creación recursiva y mucho
más recursiva que la propia realidad, más allá del mundo de la razón(Gudín, 2007)1, pues esta puede
mostrar otros mundos posibles, escenificar lo otro no concebible, para ahondar en otras situaciones
que, posiblemente, en nuestra realidad no existan. Revela ello la profundidad de la obra de arte
literaria. Por ello, Albert Einstein afirma que “tener imaginación es más importante que el
conocimiento”. Sin la participación de la imaginación literaria, decía Whitman, «las cosas son
grotescas, excéntricas, fracasos de sus potencialidades»2. La filósofa norteamericana Martha
Nussbaum considera: “Este propósito surge de la convicción, que comparto con Whitman, de que la
narración de historias y la imaginación literaria no se oponen a la discusión racional, sino que
pueden proporcionar ingredientes esenciales para dicha discusión racional”3. Agrega sobre ello
Jorge Larrosa: “La imaginación, por tanto, está ligada a la capacidad productiva del lenguaje:
recuérdese que fictio viene de facere, es decir que lo que ficcionamos es algo fabricado. La
imaginación, como el lenguaje, produce realidad, la incrementa y la transforma”4. A este respecto,
María Elena Hauy interpreta a Larrosa:

la función de la imaginación debe ser resignificada más allá del campo de lo psicológico y ser
considerada desde el punto de vista lingüístico, donde el autor encuentra un nuevo modo de comprender
el papel cognoscitivo de la imaginación, según el cual ésta no sólo tiene una relación re-productiva de
la realidad, sino y sobre todo una relación productiva 5.

Nosotros, por el otro lado, como lectores del mundo y del texto como mundo posible, debemos hacer
posible ese diálogo imaginario y literario más fructífero, pues tras la imaginación de una propuesta
poética es deseable alcanzar nuevas exploraciones (leer por placer), posibles interpretaciones,

1 Gudin, María (2016). “La creatividad literaria: inspiración y esfuerzo personal”. Discurso de ingreso en la Sociedad de
Autores Manchegos. Consultado en: http://www.mariagudin.es/ingreso-de/)
2
Citado por Nussbaum, Martha (1995) “La imaginación literaria en la vida pública”. Isegoría, No. 11, pp.44.
3 Nussbaum, Martha (1995) “La imaginación literaria en la vida pública”. Isegoría, No. 11, pp. 44.
4
Larrosa, J. (2007). La experiencia de la lectura: estudios sobre literatura y formación. México: Fondo de
Cultura Económica.
5
Hauy, María Elena (2014). Lectura literaria: aportes para una didáctica de la literatura. Zona Próxima, núm.
20, enero-junio, pp. 25.

2
racionalizaciones que se acerquen a lo que quiso decir un autor determinado. Teniendo en cuenta
lo anterior, a partir de leer por placer, se podría desarrollar, en primer lugar, dice Hauy,

la idea de la función formativa de la imaginación, y luego las posibilidades de potenciación de


pensamiento crítico […] Sin abandonar la función primordial de placer, sin duda la lectura literaria puede
promover en el lector experiencias más complejas y profundas, como lo son la función formativa de la
imaginación y el desarrollo del pensamiento crítico.

En ese sentido, debemos interpretar y comprender la poeticidad de un poema, de una obra, de un cuento,
de una novela, para entender lo que intenta decirnos el autor, pues se espera, como objetivo para ser un
buen lector, antes que una lectura literal, de líneas poco comprendidas, llegar a una analítica o a nivel de
lectura inferencial, pero, mucho mejor, lograr un nivel crítico, e inclusive, hasta el creativo. De manera
burlesca, el poeta Nuno Júdice indica en su poema “Nueva determinación del objeto”:

Cuando pienso en la forma de analizar un poema, partiendo de todos


los modelos que me proporcionan con este fin, ya sé que
nunca llegaré al centro de la cuestión. Tampoco sé cuál es
el centro de la cuestión, y son muchas las dudas que quedan durante
el proceso de lectura. Por ejemplo, si estuviera delante de
un mar revuelto, con el agua fría, y un cielo cenizo de
otoño avanzado, sé bien que nunca llegaré a la cresta de una ola,
y mucho menos que entraré en el primer oleaje, cuya
espuma me llega a los pies.

Se trata, expliquemos entonces, de llegar primero, a la interpretación (y ese es un primer objetivo), para
más tarde, a la recreación, y, como cierre, a la comprensión (que es la etapa más óptima) y, en la medida
de lo posible, y, de ser permisible, a la creación. Por lo anterior, vale aclarar que, “según una de las
definiciones que nos da el Diccionario de la lengua española (2014), la “interpretación, entre las muchas
acepciones, nos dice que consiste en ‘explicar o declarar el sentido de algo, y principalmente el de un
texto’ (DLE, 2014)”6. De esa forma, interpretar es construir la información a través de los conocimientos
previos y de los objetivos con los que el lector se enfrenta al texto todavía de manera no profunda, en un
nivel básico de lectura centrado en las ideas y la información que están explícitamente expuestas en el
texto. Este tipo de descripción se podría decir que sucede en los niveles básicos de educación,
primaria y secundaria. Esta lectura inferencial, sin embargo, en la universidad debe ser más profunda,
y debe ser más interpretativa, de forma que se establezcan relaciones más allá del contenido literal
del texto. Dice Zarina Durango Herazo al respecto que se constituye en la lectura implícita del texto
y requiere un alto grado de abstracción por parte del lector:

Las relaciones se establecen cuando se logra explicar las ideas del texto más allá de lo leído o
manifestado explícitamente en el texto, sumando información, experiencias anteriores a los saberes
previos. Las inferencias se construyen cuando se comprende por medio de relaciones y asociaciones
el significado local o global del texto. En ese nivel se logra hacer uso de la decodificación, la
inferencia, el razonamiento inductivo y el deductivo, el discernimiento y la identificación e
interpretación de las temáticas de un texto”. De manera que se elaboran conclusiones y se reconoce
por inferir detalles adicionales, inferir ideas principales no explícitas en el texto, inferir secuencias de

6
http://udep.edu.pe/castellanoactual/duda-resuelta-comprension-e-interpretacion/

3
acciones relacionadas con la temática del texto, inferir relaciones de causa y efecto (partiendo de
formulación de conjeturas e hipótesis acerca de ideas o razones), predecir acontecimientos sobre la
lectura e interpretar el lenguaje figurativo a partir de la significación literal del texto, para llegar a
formular hipótesis y nuevas ideas7.

En fin que la lectura literal se constituye en el reconocimiento de algunos detalles (de qué trata,
grosso modo, en el poema qué nos dice; de qué nos habla, cuál es su anécdota, qué se interpreta de
un verso o una estrofa con otra y de su relación total. Si es un cuento, de qué trata la historia,
nombres, personajes, tiempos y lugar del relato). O, si es un texto en prosa, se busca el
reconocimiento de la idea principal de uno o varios párrafos del texto, cuál es su unidad expositiva,
así como la identificación de secuencias de los hechos o acciones. En ese texto poético o el de prosa
debe hacerse también su localización, teniendo en cuenta el año de la publicación, cuál su género,
su autor, el formato (soneto, poema libre, poesía carmínica), en fin.

Lo indica, de alguna manera interrogativa y explicativa el poema de Júdice:

El poema puede ser como ese mar,


y las dificultades que ofrece a quien lo quiera interpretar
no son muy distintas. Puedo ver el ritmo de sus olas,
oír el murmullo que queda por debajo de vocales y consonantes,
entender por qué la superficie tiene ese color blanco que
esconde un arco iris en su interior, pero tendré que parar por ahí
si no quiero ser sorbido por su vórtice de imágenes y, quizás,
sumergirme para siempre en su abismo.

¿Puedo entender el poema hasta ahí? Se trata de responder:

Me preguntaréis: ¿y
para qué quieres, entonces, analizar un poema? La respuesta
es simple: ¿por qué hay tanta gente que, sabiendo que puede
ahogarse caso de que no sepa evitar la fuerza de las olas, o resistir
a las corrientes, se lanza mar adentro?

Ese lanzarse “mar adentro” conllevaría comprender. Pero antes de ello, comprender es sinónimo de
entender, y entender es una capacidad mental que consiste en reconocer los significados literales de las
unidades léxicas del texto, que permitirán, luego, captar las ideas y el sentido del mensaje. De manera
resumida y ligera, Wikipedia indica que “la comprensión lectora es el proceso de elaborar un significado
al aprender las ideas relevantes de un texto, es también la decodificación de un texto y relacionarlas con
los conceptos que ya tienen un significado para el lector”. Por ello, de manera conectiva y con mayor
objetivo, se quiere llegar a una lectura crítica, profunda, la que “tiene por objeto
la interpretación y comprensión crítica del texto, es decir en ella el lector no es un ente pasivo, sino activo
en el proceso de la lectura, que sabe descodificar el mensaje, lo interroga, lo analiza, lo critica, entre otras

7
Zarina Durango Herazo (2015). “La Lectura y sus Tipos”. Portal de las palabras. Revista virtual.
Corporación Universitaria Rafael Núnez, (p. 10). También en: https://www.curn.edu.co/lineas/lectura/896-
lectura-y-sus-tipos.html)

4
cosas”8. Llegada la lectura crítica, con ella se puede observar la abstracción analítica, luego de plantear
hipótesis, ideas, relacionarlas. Este proceso ofrece la oportunidad de aumentar la efectividad de la
lectura, implica la perfección de relaciones entre el texto y el contexto.

Expliquémoslo mejor: al realizar una lectura crítica se asumen determinadas posiciones que llevan al
lector a aceptar o refutar, creer o dudar, cambiar o mantener. El proceso de hacer juicios en la lectura:
“evaluar la relevancia y la idoneidad de lo que se lee. Utiliza una actitud interrogadora, el análisis lógico
y la inferencia para juzgar el valor de lo que se lee de acuerdo con un estándar establecido. La lectura
crítica se refiere a entender los puntos de vista del autor, haciendo el seguimiento a su argumento y
buscando la evidencia que soporte dichos puntos de vista; está asociada a una comprensión cabal de la
información que permita al lector enjuiciar críticamente la obra: señalar los aciertos y desaciertos”9.

Sus habilidades centrales se fundamentan en: descifrar el texto, contextualizarlo, relacionar y extrapolar
informaciones. Se añade que, según el MEN, esta es una lectura intertextual pues “indaga por las
relaciones del texto con otros, desde la posición del lector, sus contextos y su enciclopedia; en este caso,
el tejido que forma el poema con otros textos, tanto poéticos como no poéticos, las relaciones con lo real
y las conexiones entre textos de diversos tiempos o lugares: Explicado en términos semióticos, en la
lectura crítico-intertextual el lector pone en juego la capacidad para controlar la consistencia en las
interpretaciones diversas y posibles (los campos isotópicos, en términos de Greimas) que el texto puede
soportar, en un proceso de semiosis que converge finalmente en el reconocimiento valorativo del mismo
texto en relación con los otros textos de la cultura, y que se pueden manifestar, a manera de citación, de
alusión o de imitación” (MEN, 1998, p. 75).10

Por otra parte, pensemos que la lectura crítica es evaluativa y en la que “intervienen los saberes previos
del lector, su criterio y el conocimiento de lo leído, tomando distancia del contenido del texto para lograr
emitir juicios valorativos desde una posición documentada y sustentada. Los juicios deben centrarse en
la exactitud, aceptabilidad y probabilidad; pueden ser: de adecuación y validez (compara lo escrito con
otras fuentes de información), de apropiación (requiere de la evaluación relativa de las partes) y de
rechazo o aceptación (depende del código moral y del sistema de valores del lector”11.

Y esta es la conclusión de comprender, de hacer una lectura crítica, según reza el poema de Nuno Júdice:

Por ello, después de


pasar ese primer oleaje de palabras y versos, también
yo procuro seguir el movimiento de las olas y navegar contra
la corriente de las estrofas. Y en algún lugar de ese breve océano
llegaré adonde el agua es transparente, y tendré por instantes
la ilusión de ver la arena del fondo, y el sentido último del poema.

Por otra parte, la propuesta de lectura creadora fortalece las destrezas de expresión escrita, con el fin
de estimular en el estudiante la libre expresión de ideas y sentimientos, así como el autoconocimiento de
sí mismo como base para el desarrollo de sus potencialidades y la superación de las debilidades. Llega a

8 Lectura comprensiva. Consultado en: https://www.ecured.cu/Lectura_comprensiva.


9
“Lectura crítica”, citado de : https://www.ecured.cu/Lectura_cr%C3%ADtica
10
Jurado, Fabio; Bustamante, Guillermo; Pérez Mauricio (2005). Juguemos a interpretar. Evaluación de
competencia en lectura y escritura. Bogotá: Plaza y Janés.
11
Zarina Durango Herazo, en “La lectura y sus tipos”. Sitio: https://www.curn.edu.co/lineas/lectura/896-
lectura-y-sus-tipos.html)

5
hacerlo suyo: aprendí, lo conozco, lo puedo explicar, es decir, aplico ese nuevo conocimiento, amplío mi
mundo y me conozco más a mí mismo.

Poeticidad e interpretación de la poesía

Un cuento, una novela, representan textos connotativos, plurisignificativos, complejos, que retan a leer
entre líneas. Y qué pasa con un poema? , ¿qué muestra su autor en ese texto? Sobre lo anterior, leamos lo
propuesto por Carlos Ildemar Pérez Pérez: “Una de las ideas más estimulantes de la interpretación de la
creación literaria tal vez sea el funcionamiento interior del proceso creador de la poesía, pero en proceso,
no inconclusa, sino cargada de alternativas expresivas posibles y hasta infinitas. La idea es adentrarse en
la parte más humana y clandestina que incide en la elaboración del poema fundada en la autobiografía
del poeta y la autocrítica del proceso creador como ficcionantes del poema en sí”12. Por ello, una primera
respuesta de la poetología indicaría que significa, en su aplicación estricta, interpretar, pero, sobre todo
comprender, desde una o varias perspectivas críticas, por lo cual se procura que se vea como lectura en
proceso, abierta, nunca culminada. También puede significar la interpretación que el mismo poeta
plantea a su propia obra poética. Por ejemplo: vamos a explicar la poetología de García Lorca.

Sobre qué queda del poeta en el poema, Pérez Pérez plantea, así, una versión de lo que se puede bosquejar
como interpretación, pensando más en la poeticidad que en la interpretación poética. Siempre apasiona
saber de cuántas maneras y por qué vías le llega al poeta las ideas para un poema” 13. De alguna forma, lo
sintetiza así: “¿Qué vive del poeta en los versos del poema, que hay del poema en el poeta, y que existe del
poema en el poema?". Ello conlleva observar una parte del proceso creador que describe Laura Scarano
(2007)14 en el sentido de que el poeta puede partir de un hecho o no, de una experiencia ficcionalizada,
la cual relata, donde supuestamente narra microhistorias suyas o anécdotas, pero sin los aires
confesionales del romanticismo. Se supone entonces, que un poema nace de un una noción o aspecto
referencial mediado por el lenguaje y por una concepción ideológica y una visión de mundo, pero también
como una estética del reconocimiento, una illusio del arte, con lo la cual funda nuevas percepciones a
través de un proceso de desautomatización del lenguaje y de ruptura de la lógica del discurso (p. 21).

Podemos decir que el poeta crea una “ficción de experiencia” o experiencia posible. Es decir, el poema
comunica no como verdad sino como “experiencia”, de forma que el poeta parte de un conocimiento, que
impacta en su imaginación a modo de epifanía y luego precede a la formulación verbal, en el que expresa
una emoción residual emocional mediatizada por una conciencia que revisa, criba, dándole un “efecto de
creencia” (Bourdieu): soy al que le pasó algo (Scarano, p. 30). Así, la función del poema o de la poesía se
podría indicar aquí:

Sí creo que la poesía además de ser un discurso (única verdad que a esta altura nadie niega) cumple
otras funciones: la poesía también dice, expresa, comunica, representa (y que no lo haga a la manera
directa de la denotación sino oblicua de la connotación no niega esa actividad). Pero lo que más me
interesa de sus acciones es lo que la poesía hace al decir. Y esto se vincula a las políticas del género:
recuperar su incidencia social, su capacidad de interpelación (usando una olvidada palabra de
Althusser). La poesía hace al decir, provoca, cuestiona, modifica, interpela, activa significaciones
colectivas. Y nunca desde un vacío anónimo sino desde una cultura marcada por su historia y sus

12
Poetología sobre el proceso creador: disponible en: http://hn.globedia.com/poetologia-proceso-creador).
13 Poetología sobre el proceso creador: disponible en: http://hn.globedia.com/poetologia-proceso-creador).
14 Scarano, Laura (2007). Palabras en el cuerpo. Literatura y experiencia. Buenos Aires: Biblos.

6
hombres, por su tiempo y su territorio, por su lengua y sus hábitos, por sus fracasos y sus utopías.
(Laura Scarano).15

Pero la lectura debe revelar no solo el quién soy, quién enuncia, sino también el dónde estoy para revelar
el cómo soy del hablante, que revela, a su vez, una topografía moral de ese hablante, y que encarna una
ética, una política, una ideología y cosmovisión de ese autor (Scarano, p. 67). No hay más que leer el
poema de sor Juana Inés de la Cruz, “Hombres necios que acusáis” estas diferentes esferas desde el siglo
XVII. Como indica Romano, en el caso del poeta Luis García Montero: “La performance ficcional del yo
asume cuatro rostros: el del «poeta», el sujeto autobiográfico, el personaje poético concebido como un
«otro» y el lector, «cómplice», un «otro» también «complementario». En esta galería de retratos se
destaca el del «poeta», quien, con el auxilio de su «imagen de escritor», fragua, ante los ojos del lector, su
programa autorreferencial: una poesía donde vuelva a reinar, como una paradójica rebeldía, una moral
y una utilidad, suscriptas por la firma de un autor”16.

Pero, por otra parte, ¿qué es lo que hace que una obra sea relevante o tenga calidad, sea diferente de una
“mala”?: su imprevisibilidad a dos niveles: el primero, es decir, su desautomatización del lenguaje
(desconexión entre signo y referente, cambio de lenguaje, en fin), que haya desviación entre lo que dice
el poema y lo que se puede interpretar, para lo cual es necesario que cambie su lenguaje, que manifieste
novedad, y transforme el “mensaje” cotidiano en otras palabras: que nos diga algo incomparable. A ese
manejo, se le denomina poeticidad o literariedad. Pero antes, aclaremos: ¿cuál es la diferencia entre
poeticidad y literariedad? Muchos exponentes han declarado que son iguales, sin embargo, observemos
estas posturas:

Esta “Poetología, interpretación y comprensión del poema” se revela como un paso para interpretar y
luego comprender a partir de una exposición hermenéutica, pero también, de alguna forma,
metodológica. Según R. Jakobson, la Poeticidad es el conjunto de rasgos literarios con valor estético,
mientras que la Literariedad es la utilización del lenguaje para encontrar efectos de poeticidad, o
también es la especificidad del lenguaje literario o la forma en que se presentan los artificios literarios.
Indica al respecto Jakobson: “La poeticidad se presenta cuando la palabra es sentida como palabra y no
como mera representación del objeto nombrado o una explosión emotiva, cuando las palabras y su
composición, su significado, su forma externa e interna adquieren un peso y valor propios en vez de
referirse indiferentemente a la realidad” 17. Digamos que la literariedad conlleva una propuesta de
estudio del cambio del lenguaje “estándar” o “natural” por uno donde prima más lo “narrativo” o lo
“poético”. Un poema piensa más en el lenguaje como Mensaje: Dice Jakobson: “La orientación
(Einstellung) hacia el Mensaje como tal, el mensaje por el mensaje, es la función Poética del lenguaje”. Es
decir, estudiar su literariedad conlleva analizar los cambios en lo gramatical, en lo semántico, fonológico,
morfosintáctico, rítmico, etc., de forma que un poema sea visto como un texto que ya no es “estándar”
sino uno transformado. Para Prado la “función poética instrumental es el conjunto de estrategias
lingüísticas, de juegos de sonoridades y de ritmos, de juegos de estructuras gráficas que contribuyen al
desplazamiento del lenguaje hacia el espacio de lo inefable”, 18es decir, representan

15 Scarano, Laura (2003). La poesía y sus lugares teóricos (Aproximaciones a una semiótica social). Celehis-Revista del
Centro de Letras Hispanoamericanas. Año 12 - Nro 15 - Mar del Plata, Argentina,; pp 239-258.
16 Romano Marcela y Laura Scarano (2004), “Las palabras preguntan por su casa. La poesía de Luis Garcíaa Montero”.

Revista Olivar, 5(5), pp.169-173


17 Jakobson, R. (1987): Language in Literature, Cambridge, Harvard UP.

p. 378)
18
Prado (1993), p. 141, citado en Poética del habla cotidiana (2008). Alexandra Álvarez-Muro. Bogotá:
Universidad de los Andes

7
el conjunto de operaciones lingüísticas-fónicas, prosódicas, sintácticas y semánticas -y
paralingüísticas- musicales y gráficas organizadas estratégicamente en un texto con el fin de conseguir
la creación de un espacio referencial nuevo o el desplazamiento de un espacio referencial ya existente
[…] La poeticidad final sólo puede ser de naturaleza lingüística, es decir, estrictamente semántica,
estrictamente referencial19.

Esta ambigüedad puede ser morfológica, cuando se interpretan dos términos iguales (homófonos) de
manera diferente. O sintáctica, cuando se suprimen signos de puntuación “que hace jugar las relaciones
entre los enunciados, y, por ello, su función gramatical. Por ejemplo, en este poema de Octavio Paz, donde
los signos de puntuación no son utilizados:

Muerte y nacimiento

Entre el cielo y la tierra suspendidos

Unos cuantos álamos

Vibrar de luz más que vaivén de hojas

¿Suben o bajan?

(Octavio Paz, “Viento entero”, Poesía en movimiento).

Debe aclararse, sin embargo, que la poeticidad puede encontrarse en diferentes textos y no solo en la
literatura: un cuento, una novela o en los poemas. No obstante, a pesar de creerse que la poesía pudiera
leerse solo a partir del mismo texto, a leyes inmanentistas, la poeticidad se encuentra también en el
mundo, en la referencia, en una publicidad, en el habla cotidiana, en la mímesis que presenta el poema,
mediatizado por el hombre a través del lenguaje, y esta refleja el mundo que el poeta ve desde otras
palabras, imbuidas de “desautomaización”, de “extrañamiento”. Pareciera un círculo, pero el poeta
revela el mundo a través del lenguaje y este lo refleja a él y la sociedad en que vive. Esta obra, entonces,
para que se desconecte el signo con su referente, debe ser ambigua, sugestiva: ir más allá de lo que se
informa: es decir, indecidible, inefable, que no se decide a ser ni ser explicable, que puede ser falso o
verdadero, que conduce a una contradicción o que no puede ser cuestionable, porque renombra las
situaciones de manera diferente mediante un lenguaje enriquecido, con mucho “extrañamiento”. En
fin, esta propuesta artística conlleva que no puede ser ni confirmable ni interpretable, aunque puede
llegar a ser parafraseable, llegar a acercamientos, pero no a definiciones. Para ello acude a la
ambigüedad “como detonador de significaciones que enriquece las posibilidades de significación y hace
denso y complejo el texto artístico, lo amplía con múltiples resonancias, lo colma de ecos” (Beristáin, p.
43).

Por otra parte, debe expresar o, que debiera tener, originalidad, es decir, su propio estilo, para lo cual el
autor no solo realiza con el lenguaje una nueva creación, sino que nos presenta una visión única e

19
Alexandra Álvarez-Muro (2008). Poética del habla cotidiana. Bogotá: Universidad de los Andes

8
inconfundible del mundo. Paz es un poeta que se destaca por utilizar los silencios, los vacío en el poema,
para encontrarle una dimensión semántica a estos espacios.

El siguiente poema del portugués Nuno Júdice habla precisamente de esa situación en la que el hablante
lírico autoanaliza aparentemente el propio texto, pero el lector no sabe a qué atenerse con la lectura del
poema porque tiene varias capas de sentido:

Nueva determinación del objeto

Cuando pienso en la forma de analizar un poema, partiendo de todos


los modelos que me proporcionan con este fin, ya sé que
nunca llegaré al centro de la cuestión. Tampoco sé cuál es
el centro de la cuestión, y son muchas las dudas que quedan durante
el proceso de lectura. Por ejemplo, si estuviera delante de
un mar revuelto, con el agua fría, y un cielo cenizo de
otoño avanzado, sé bien que nunca llegaré a la cresta de una ola,
y mucho menos que entraré en el primer oleaje, cuya
espuma me llega a los pies. El poema puede ser como ese mar,
y las dificultades que ofrece a quien lo quiera interpretar
no son muy distintas. Puedo ver el ritmo de sus olas,
oír el murmullo que queda por debajo de vocales y consonantes,
entender por qué la superficie tiene ese color blanco que
esconde un arco iris en su interior, pero tendré que parar por ahí
si no quiero ser sorbido por su vórtice de imágenes y, quizás,
sumergirme para siempre en su abismo. Me preguntaréis: ¿y
para qué quieres, entonces, analizar un poema? La respuesta
es simple: ¿por qué hay tanta gente que, sabiendo que puede
ahogarse caso de que no sepa evitar la fuerza de las olas, o resistir
a las corrientes, se lanza mar adentro? Por ello, después de
pasar ese primer oleaje de palabras y versos, también
yo procuro seguir el movimiento de las olas y navegar contra
la corriente de las estrofas. Y en algún lugar de ese breve océano
llegaré adonde el agua es transparente, y tendré por instantes
la ilusión de ver la arena del fondo, y el sentido último del poema.

Nuno Júdice

Autonomía poética e historia

En ese sentido, con este poema, debemos volvernos lectores de un mundo de signos, un mundo en el que
seamos filólogos de un entorno leíble literario, textual, pues nuestros condicionamientos conllevan
modos diferentes de percibir, que significan leer, analizar y traducir e interpretar los signos como una
red de ideas, fenómenos y conceptos en nuestra propia lengua, mirando analógicamente también nuestro
entorno social, las ideologías del ser en tanto que humano, en concordancia y comparativamente con la
cosmovisión del autor.

Observemos de cerca lo que indica el poema de Nuno Júdice:

9
Puedo ver el ritmo de sus olas,
oír el murmullo que queda por debajo de vocales y consonantes,
entender por qué la superficie tiene ese color blanco que
esconde un arco iris en su interior, pero tendré que parar por ahí
si no quiero ser sorbido por su vórtice de imágenes y, quizás,
sumergirme para siempre en su abismo.

El hablante lírico compara el poema como mar, lleno de palabras, de apertura, como el propio mar, como
la propia palabra. Por ello, se trata de mirar, observar, meterse en el texto-mar, en sus pequeñeces
microtextuales (“debajo de vocales y consonantes”), para “entender” las imágenes: (“por qué la superficie
tienen ese color blanco que / esconde un arco iris en su interior”), arco iris que indica el grado de
complejidad, de luces y sombras, pero subsiguientemente el hablante lírico debe detenerse ahí pues
puede sucumbir “para siempre en el abismo”, en sus contradicciones, en sus profundidades semánticas,
por su “vórtice de imágenes” o abismo. He aquí una analogía y dos metáforas de la palabra mar y del
poema: vórtice de imágenes y abismo: ambos representan un más allá, una extraña profundidad. Ese
abismo puede ser, al mismo tiempo, un primer acercamiento, un primer vislumbre, para lo cual regresa
de nuevo al poema (“Por ello, después de / pasar ese primer oleaje de palabras y versos, también /yo
procuro seguir el movimiento de las olas y navegar contra/ la corriente de las estrofas”). El camino, pues,
debe seguir abierto, para “llegar al centro de la cuestión”, entender, en principio, pasar “el color blanco
de la superficie”, para continuar “mar adentro”, sumergirse (en las palabras-mar) y “seguir el movimiento
de las olas y navegar contra la corriente de las estrofas”, para llegar al “agua transparente”, a la posible
respuesta.

La principal pregunta de este texto lo dice el poema:

Me preguntaréis: ¿y
para qué quieres, entonces, analizar un poema? La respuesta
es simple: ¿por qué hay tanta gente que, sabiendo que puede
ahogarse caso de que no sepa evitar la fuerza de las olas, o resistir
a las corrientes, se lanza mar adentro?

El poema nos habla también de una situación de lenguaje en el tiempo, de la postulación de un texto
poético en medio de la historia de ese poeta, Nuno Júdice, pero del cual no podemos perder su contexto,
para lo cual hay que meterse en el ambiente de la época pues de esta pudo surgir el poema, aunque
muchas veces no tengan nada que ver. No obstante, un poema, digamos “Plinio”, de Primo Levi, retrate
una época antigua, su referencia tiene que ver con el hombre de cualquier tiempo, con su espíritu de
independencia y de la investigación, su espíritu abnegado del sacrificio. Por ello, “centrar la atención en
el texto no significa descontextualizar por completo la obra, porque esta no es independiente del contexto
histórico y cultural en que se produce. Aunque sí posee cierta autonomía respecto del contexto y, por
tanto, puede estudiarse como un objeto en sí mismo. Sobre ello, indica Culler:
[...] la lírica se fundamenta en una convención de unidad y autonomía, como si existiera la regla de que
no hay que tratar el poema como un fragmento de conversación —que necesita de un contexto más

10
amplio para ser explicado—, sino asumir que tiene una estructura propia e intentar leerlo como si fuera
una totalidad estética (Culler, 2000, citado por Roldán)20.

Es decir, retornamos al concepto de función poética, en el sentido de que el poema, la obra artística, se
fundamenta en el mensaje por el mensaje. Pero no obstante, el poeta es un hombre en y del tiempo, se
encuentra enmedio de la Historia. Poe ello, el enfoque del comentario de textos aprovecha, pues, solo los
elementos del contexto histórico y cultural que tengan relación directa con el texto pero rechaza
tajantemente servirse de él como pretexto para hablar de la biografía de su autor, períodos histórico-
literarios o movimientos filosóficos”, para reafirmar que la literatura no puede ser la excusa para otros
tipos estudios: sicológicos, históricos, políticos, etc.21.

Lanzémonos, entonces, como con todo poema, “mar adentro”. Observemos conclusivamente algo: varios
elementos podemos encontrar en este poema: habla de un poema que contiene su propia lectura y
disposición (“El poema puede ser como ese mar, / y las dificultades que ofrece a quien lo quiera
interpretar / no son muy distintas”), lo cual indica que es un metapoema o que se refiere sobre la
escritura de sí mismo; así como a la crítica de sí mismo, o poema metacrítico: “Cuando pienso en la forma
de analizar un poema, partiendo de todos / los modelos que me proporcionan con este fin, ya sé
que/nunca llegaré al centro de la cuestión”. Este planteamiento escéptico del mismo poeta, da la clave: a
veces ni el mismo creador sabe lo que escribe. ¿Qué queda entonces para el lector? (Recordemos que no
pudiera ser interpretable y solo parafraseable). También es un texto en el que el hablante muestra una
postura dubitativa, duda de sí mismo (“Tampoco sé cuál es / el centro de la cuestión, y son muchas las
dudas que quedan durante / el proceso de lectura”), pero que también se puede postular que lo muestra
sobre el proceso de escritura.

Finalmente, digamos que revela también ser un poema inicialmente metafórico, pero que por el uso de
muchas de estas figuras se vuelve alegórico: constituye una alegoría sobre la creación y sobre la crítica;
además, el poema es paralelístico, pues combina o representa el poema como un mar: “Por ello, después
de /pasar ese primer oleaje de palabras y versos, también / yo procuro seguir el movimiento de las olas
y navegar contra /la corriente de las estrofas”). Es, en fin, un poema-mar-lenguaje. Constituye un cruce
de texto-ensayo-poema, un universo que se abre y cierra al mismo tiempo, pero que deja también muchas
aperturas sobre el proceso de escritura plurisignificativa: el poema se abre y se cierra incesantemente a
cualquier interpretación.

Retomemos algo: el poema no solo es función poética, como se indica atrás: también está imbuido de
Historia. Algunos niegan esa relación y otros no. Uno de los primeros es el poeta norteamericano –
inglés T. S. Eliot, citado por Gracia: “«La poesía es algo más allá y por encima, y a la vez algo diferente,
de una colección de datos psicológicos de las mentes de los poetas, y de la historia de una época,
porque no la podríamos ver así a no ser que le hubiéramos asignado un valor únicamente como
poesía».22

20
Suárez Roldán, Juan “Lectura de poemas como celebración. Aproximación hermenéutica desde Gadamer y
Ricœur”, en: Literatura, teoría y crítica. Volumen 15, Número 2, 2013.
21 “Comentario de texto, análisis e interpretación de textos” (sf). Disponible en:

http://espasa.planetasaber.com/theworld/gats/article/default.asp?pk=798&art=59
22 Gracia Noriega, José Ignacio (2006). “La poesía y el crítico”. Comentario a El bosque sagrado, de T. S. Eliot.

Consultado en: https://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible_pdf.php?art=1990&t=articulos

11
Contrarios al pensamiento de Eliot, quien considera que para interpretar el poema o la poesía no es
necesaria la historia, consideramos que el texto poético tiene su historia, se adscribe o desarrolla en la
Historia, encontrándose además que el acto de lectura y la comprensión se inscriben también en una
coordenada histórica, donde el hombre es el centro como creador de poesía. A este respecto, Helena
Beristáin, en su Análisis e interpretación del poema lírico (1997), observa que

la relación de la obra con la cultura y la historia de la época contemporánea de su autor, parte del modo
de ser de la obra misma, del modo en que está construida para significar lo que significa y, atravesando
el modo de ser del sujeto de la enunciación (visto como producto de una sociedad dada), relaciona los
elementos estructurales, intratextuales con los elementos extratextuales cuya pertinencia se ve reflejada
por el análisis. Como resultado, la obra de arte queda caracterizada y queda ubicada, vista en su
totalidad, como un signo cuya significación cabal solo manifiesta cuando es observado dentro del
conjunto de otros signos, lingüístico y no lingüísticos, artísticos y no artísticos, de su tiempo (pp. 19-
20)23.

Lo confirma la propia voz de Octavio Paz desde lo literario:

El poeta habla de las cosas que son suyas y de su mundo, aun cuando nos hable de otros mundos:
las imágenes nocturnas están hechas de fragmentos de las diurnas, recreadas conforme a otra ley.
El poeta no escapa a la historia, incluso cuando la niega o la ignora. Sus experiencias más secretas
o personales se transforman en palabras sociales, históricas. Al mismo tiempo, y con esas mismas
palabras, el poeta dice otra cosa: revela al hombre. Esa revelación es el significado último de todo
poema y casi nunca está dicha de manera explícita, sino que es el fundamento de todo decir poético
(1996, p. 189)24.

En una exposición de elcirculodepoesia.com de Gustavo Osorio de Ita: “Jakobson sostenía que en cuanto
al análisis de la poesía “la ciencia de la literatura debe de dejar de lado todo juicio de valor para atender
a la poesía como un hecho social y a su lenguaje específico como una especie de dialecto poético, es decir,
como una modalidad lingüística particular” (Jakobson, 1981: 16) 25 En este sentido, propone un análisis
que cuente con tres niveles distintos de comparación (es decir tres órdenes contra los cuales debe de ser
vista la poesía para comprender su significación): primero, una comparación con la tradición poética
presente (lo contemporáneo del texto poético); pero que necesariamente se conecta su posible grupo
poético o no; segundo, una comparación con el lenguaje cotidiano actual (él habla en términos
saussureanos); y por último, una comparación con la tendencia poética que preside dicha manifestación
particular.

El poeta y crítico Gustavo Osorio de Ita (Puebla, 1986) considera relevante al hablante lírico en este
proceso: “Si se presta atención a los tres órdenes, se conseguirán actualizar tres códigos diversos: el de
la lengua poética heredada, el de la lengua práctica cotidiana y el idiolecto personal del autor, su
originalidad. En los tres casos la certidumbre del yo lírico representa un papel preponderante: sin él no
existe la posibilidad de heredar cierta tradición, tampoco el de crear conexiones con la lengua del instante
(el habla coloquial) y mucho menos un idiolecto personal: por lo tanto, la poesía es una con el emisor – o
más bien con la certidumbre del yo lírico del emisor”26. El lenguaje del hablante lírico posibilita, con su

23 Helena Beristáin, Análisis e interpretación del poema lírico (1997). México: Universidad Nacional Autónoma de
México.
24 Paz, Octavio. El arco y la lira. México: F.C.E., 1996.
25 Jakobson, Roman (1981). Lingüística y poética. Madrid: Cátedra.
26 Notas sobre teoría poética. Disponible en: https://circulodepoesia.com/2012/02/%C2%BFcertidumbre-en-la-poesia-

notas-sobre-teoria-poetica/

12
voz, entender la expresión del poeta: si su lenguaje nos habla de una u otra forma, esta conlleva su dicción,
su tono, su estado de ánimo y su estilo, su expresión: lenguaje triste, melancólico, de arenga: nos arroja
información pertinente sobre la cosmovisión del autor. El tono o estado de ánimo revela la visión de
mundo del autor, su enfoque.

Poesía, hermenéutica y lenguaje celebrativo

“La poesía siempre es lo otro, aquello que todos

ignoran hasta que lo descubre un verdadero poeta”


Oliverio Girondo

El poeta es creador de su propia verdad (de carácter lúdico, filosófico, ético, religioso, etc.) que apunta
hacia algo, a mostrarnos algo nuevo (original) del mundo, con lo cual la poesía revela tensión entre
imagen y concepto, y, para interpretarla, es necesario develar ese algo al cual el poeta apunta.

El arte requiere interpretación porque es de una multivocidad inagotable. No se le puede traducir


adecuadamente a conocimiento conceptual. Esto vale también para la obra poética. Y, sin embargo,
la pregunta es cómo se representa, en medio de la tensión entre imagen y concepto, la particular
relación entre poetizar e interpretar. La multivocidad de la poesía se entreteje inextricablemente
con la univocidad de la palabra que mienta (…) La multivocidad de la palabra poética tiene su
auténtica dignidad en que corresponde plenamente a la multivocidad del ser humano. Todo interpretar
de la palabra poética interpreta sólo lo que la poesía misma ya interpreta 27.

Poetizar e interpretar producen sentidos que pueden encontrarse en el mundo como su referente; en el
social, externo, puede haber diversas interpretaciones. Dice Umberto Eco: ”Entre la historia misteriosa
de la producción de un texto y la deriva incontrolable de sus interpretaciones futura, el texto en cuanto
texto representa aún una presencia confortable, un paradigma al que atenernos" 28 (p. 141). Interpretar
consiste en encontrar las ideas subyacentes en el texto, pues este es inestable por su riqueza semántica,
por su multivalencia significativa. Y agrega Gadamer: “la hermenéutica es el arte de explicar y transmitir
por el esfuerzo propio de la interpretación lo que, dicho por otro, nos sale al encuentro en la tradición,
siempre que no sea comprensible de un modo inmediato” 29, y agrega: “Sólo puede interpretarse aquello
cuyo sentido no esté establecido, aquello, por lo tanto, que sea ambiguo, «multívoco»”30. Tiene mucho
que ver con lo que planteará Jorge Larrosa más adelante: la lectura como formación conlleva saber
escuchar el texto: cualquier cosa puede ser texto, y este es indispensable leerlo sin ninguna hipótesis
anterior, pues este se debe analizar e interpretar como si fuera virgen, para elaborar una interpretación
abierta, creativa, imaginativa.

No obstante, señala Mijail Bajtin: “La interpretación de las estructuras simbólicas se ve obligada a ir en
infinitud de los sentidos simbólicos; por lo tanto, no puede llegar a ser científica en el sentido de la

27
Gadamer, Hans George «Poetizar e interpretar», Estética y hermenéutica. Madrid: Tecnós, any, cap. 3, p.
73-80.
28
Eco, Umberto (1990). Los límites de la interpretación. Barcelona: Debate.
29 Gadamer, Hans-Georg. «Estética y hermenéutica», Estética y hermenéutica. Madrid: Tecnós, any, cap. 1, p. 55-61.
Consultado en: http://www.lauragonzalez.com/TC/GADAMER_estetica_hermeneutica.pdf
30 Gadamer: «Poetizar e interpretar», Estética y hermenéutica. Madrid: Tecnós, any, cap. 3, p. 73-80.

13
cientificidad de las ciencias exactas”31. La interpretación en literatura, por ello, es aproximativa. Puede
haber tantas interpretaciones como teorías o lectores haya, sin embargo, no podemos practicar ala
sobreinterpretación, entendida como propuesta que encuentra significados y símbolos donde no existen,
dando con ella una interpretación muchas veces fantasiosa y equivocada.

Aclaremos, sin embargo, que “la comprensión es el entendimiento, el resultado de la interpretación, que
también se da mediante la comprensión. La interpretación descifra el sentido figurado a través del
sentido literal" (Maceiras, 1990: 216), es la explicación de la comprensión”. Y señala Gadamer también:
“La interpretación es en cierto sentido una recreación, pero ésta nos guía por un acto creador precedente,
sino por la figura de la obra ya creada, que cada cual debe representar del modo como él encuentra en
ella algún sentido (1975: 165).

Por lo anterior, Helena Beristáin agrega aún más: leer de manera semiótica, es decir, como lectura de los
signos, conlleva

una comprensión más amplia y englobante, una comprensión de por qué el poema dice lo que dice (y
no otra cosa), de por qué lo dice de ese modo (y no de otro), es decir su resultado es la interpretación,
de la cual forma parte el descubrimiento de las determinaciones histórico-culturales, a través del sujeto
—histórico— de la enunciación, se concretan en el enunciado. La lectura comprensiva nos hace ver el
texto como un mensaje; la lectura interpretativa nos lo hace ver como un mensaje sobredeterminado
(p. 64).

Agreguemos mucho de lo que indica Beristáin:

la hermenéutica es una lectura interpretativa que hace posible la descripción total del sentido —visto
como suma de las isotopías que se han ido descifrando y que abarcan la semántica del texto y la lógica
que remite al contexto […] Además, no debemos olvidar que la hermenéutica de la literatura, debido a
la naturaleza de la función poética de la lengua, lo que trata de interpretar, además de lo que proviene
del contenido semántico de la lengua, es también aquello que proviene del sentido agregado de la
estructura del mensaje poético (mensaje visto como red de relaciones intratexuales manifestadas
durante el análisis lingüístico y retórico), más el sentido adicionado como resultante del análisis
semiótico (del texto visto cabal en sí mismo y a la vez como punto de intersección en la red de
relaciones intra y extratextuales), esto es: del texto visto como signo sobredeterminado histórico-
culturalmente[…] (pp. 124-125).

Es decir, es una lectura correlacionable, de tipo o forma contextual, en la que el lector reconozca, desde
lo sincrónico y lo diacrónico, desde el texto y la tradición, lo pertinente, en el que cada unidad o serie (la
primera o textual, la segunda o contextual o literaria, acerca de las convenciones literarias vigentes; serie
cultural o las relacionadas con las convenciones artísticas y de costumbres, y la serie histórica, la cual
incluye los hechos históricos, y no al revés, como se estila todavía. Hay que partir del texto para seguir,
de manera incluyente, las otras series o niveles de lectura (Beristáin).

Veamos un gráfico al respecto:

31 Bajtin, Mijaíl M. (2005). , Estética de la creación verbal, 20a edición. México: Siglo XXI.

14
Serie cultural o
convenciones
Serie contextual artísticas y de las
o literaria: costumbres
convenciones

ConteCo
literarias Texto:
vigentes análisis
con
intratextua
l

Serie histórica o hechos históricos

Otra forma de presentar a la poetología como interpretación, como hermenéutica, lo indica Edith
Castañeda en Hermenéutica y poesía:

La literatura y en general la obra de arte, aunque actualmente con diversas manifestaciones y formas
innovadoras, es una representación y construcción que da testimonio de orden. Una obra esencialmente
es la magnitud en la construcción de una técnica y el orden, como también lo menciona Aristóteles en
la Poética. El orden del mundo y su representación es abarcado por el concepto de mímesis, entendida
no como mera imitación sino como expresión del mundo, pues es una conexión del referente con la obra
de arte, en especial con la poesía (Revista La Colmena, p. 17).

Entonces, para entender el concepto de poetología, puede explicarse como la expresión que estudia
analítica y creativamente la mímesis de esa revelación significativa del mundo que el autor aprehende y
traslada a sus lectores y espectadores. En términos filosóficos, lo que expone el poeta en su obra también
contiene una interpretación, por lo que se puede entender el poetizar como actividad humana universal
del poeta, como interpretación y presentación de una nueva versión del mundo, un nuevo ahondamiento
y organización, una nueva postura frente a este universo. Como indica Romano, en el caso del poeta Luis
García Montero:

La performance ficcional del yo asume cuatro rostros: el del «poeta», el sujeto autobiográfico, el
personaje poético concebido como un «otro» y el lector, «cómplice», un «otro» también
«complementario». En esta galería de retratos se destaca el del «poeta», quien, con el auxilio de su
«imagen de escritor», fragua, ante los ojos del lector, su programa autorreferencial: una poesía donde
vuelva a reinar, como una paradójica rebeldía, una moral y una utilidad, suscriptas por la firma de un
autor32

32Romano Marcela y Laura Scarano (2004), “Las palabras preguntan por su casa. La poesía de Luis Garcíaa Montero”.
Revista Olivar, 5(5), pp.169-173

15
Una explicación desde el plano filosófico, indicaría que en este proceso, el poeta (en los términos de
Ricoeur) prefigura (mímesis I), es decir, de manera activa, lee el mundo, lo hace suyo, lo significa; luego
lo interpreta, , lo escribe, es decir, lo configura o refigura (mímesis II), lo expresa a través de la obra que
imita o reimita un nuevo mundo, dándole una nueva interpretación, lo resignifica, seguidamente, el
lector lo reconfigura (mímesis III), siente una atracción de forma epifánica (de revelación, de profunda
manifestación), lo vuelve un gusto extático. Ello conlleva la contemplación (mística) de este lector,
imbuirse de y en él, para luego percibir reflexivamente sus aspectos estéticos en los que debemos
interpretar y comprender la obra poética.

Estas fases, a su vez, con se presentan en cuatro dimensiones en las que opera: performativa,
interpretativa, epifánica y festiva (Grondin, citado por Suárez) 33. Así mismo, en estas

[L]a obra de arte debe ser 1) llevada a cabo (es decir, ejecutada por comediantes e intérpretes), 2)
interpretada (leída por los espectadores), 3) probada como una revelación y 4) desplegada como una
fiesta que nos impregna de su atmósfera o de su aura. (Grondin 2009, 101).

Trasladando esos niveles a la interpretación poética (en una lectura libre que hago), digamos entonces
que surge la prefiguración, o primera etapa, ricoeuriana, que precede a la creación. Sucede a esta, 2) la
etapa performativa se asemeja a obra es llevada a cabo (es decir, ejecutada por comediantes e
intérpretes), donde sucede la creación de poema por parte de su autor, en un primer horizonte; 3) luego
sucede la lectura del poema, donde es reconocido como texto creativo; este es el segundo horizonte, el
de la participación del lector. Allí sucede la lectura epifánica o festiva, donde se “precipita el poema,
[para] darle vida en un momento determinado” (Grondin) , pues la obra de arte debe ser interpretada y
el lector arrastrado al mundo del poema. En esta reunión de texto y lector “el poema permite que se
refuercen mutuamente todos los valores semánticos; más de una interpretación estará, entonces,
justificada por la estructura de un discurso que autoriza la realización simultánea de las múltiples
dimensiones del sentido. En síntesis: el lenguaje está de fiesta” (Ricoeur, 2006a, 89, citado por Mauricio
Vélez Upegui)34. Por ello, el poema, convertido en revelación,

conmemoración, celebración, rito, liturgia, y de ahí surgen como términos equivalentes, pues la
obra poética se abre a su exterioridad y se inscribe en una temporalidad distinta a la que
vivimos ordinariamente. El poema no está cerrado sobre sí, no es un reto de análisis
inmanente35.

Con su fiesta, impregnando al lector de su atmósfera o de su aura 36, el lector, pasa a la siguiente etapa,
4), la interpretativa, que “como puesta en marcha del proceso que revela el sentido de la obra misma”,
atiende sus imágenes, sus novedades y sentidos. En la lectura interpretativa “[...] la obra se perfecciona
como sentido [...]. Para ello es necesario leer morosamente, retardarse en el poema; reconocer cada una
de las partes que lo constituyen como texto” 37. Es allí donde se presenta el diálogo entre autor y lector,

33
Suárez Roldán (2013). “Lectura de poemas como celebración. aproximación hermenéutica desde Gadamer
y Ricœur”. Literatura: teoría, historia, crítica · Vol. 15, No. 2, julio – diciembre, p. 58.
34 Vélez Upegui, Mauricio; Cuartas Restrepo, Juan Manuel (2012): El caduceo de Hermes. Estudios de hermenéutica
teórica y aplicada. Medellín: Universidad Eafit.
35 Juan Camilo Suárez Roldán (2013). “Lectura de poemas como celebración. aproximación hermenéutica desde Gadamer

y Ricœur”. Literatura: teoría, historia, crítica · Vol. 15, Nº 2, julio – diciembre, p. 59


36 Juan Camilo Suárez Roldán (2013). “Lectura de poemas como celebración. aproximación hermenéutica desde Gadamer

y Ricœur”. Literatura: teoría, historia, crítica · Vol. 15, N.º 2, julio – diciembre, p. 58.
37
Juan Camilo Suárez Roldán (2013). “Lectura de poemas como celebración. aproximación hermenéutica
desde Gadamer y Ricœur”. Literatura: teoría, historia, crítica · Vol. 15, No. 2, julio – diciembre, p. 58.

16
fase a la cual llama Gadamer la fusión de horizontes, que “es un acto de escucha, de apertura, un
acercamiento en su comprensión ante posturas diferentes; en síntesis, un acercamiento de posturas a
través de un proceso de comprensión” (p. 196)38, es decir, el intérprete, el lector, se traslada a otra
situación, que consiste en ponerse a sí mismo en la situación del otro, de forma que en un proceso de
alteridad, de identificarse el lector con el otro, con el poeta, pero también con lo que postula en el poema,
como sentido.

Por ello, cuando Gadamer se refiere a la creación y a la interpretación y dice que "poetizar e interpretar",
retomando a Heidegger, supone ello un diálogo: escribir conlleva que el autor al mismo tiempo interpreta
el mundo, y nosotros, como interpretantes, somos co-creadores, somos prolongadores y co-creadores del
artista que escribió el cuento o el poema39. Dice Gadamer sobre lo anterior: "Cuando se trata de poesía y
de poetizar, el quehacer interpretativo y la propia creación artística se unen, no pocas veces en una sola
persona. Lo cual indica que la labor de poetizar se halla en una relación más estrecha con el interpretar
que las demás artes" (Edith Castañeda)40. La poesía es creación y para llegar a su interpretación se
requiere de su recreación, y es allí donde lector y autor llegarían a coaligarse. Y el lector aporta y dialoga.
Allí el lector es consciente de sí mismo y del otro, del poema.

Autopsicografía

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.

Y quienes leen lo que escribe,


Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive
Sino aquél que no han tenido.

Y así en la vida se mete,


distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama corazón.

Fernando Pessoa

(Portugal, 1888-1935).

Pensemos en esta propuesta de Ricoeur, como si se refiriera a la literatura, a la poesía:

38
Montes Sosa, Gabriel (2013). “Entender, comprender, interpretar”. Enseñanza e Investigación en
Psicología, vol. 18, núm. 1, enero-junio, 2013, pp. 191-201.

40
Edith Castañeda Ortiz. (sf). “Hermenéutica y poesía”. Revista La Colmena, p. 8. Consultado en:
file:///C:/Users/adalberto.bolano/Downloads/Dialnet-HermeneuticaYPoesia-6148004%20 (2).pdf.

17
Desde el punto de vista hermenéutico, es decir, desde el punto de vista de la interpretación de la
experiencia literaria, un texto tiene una significación muy distinta de la que le reconoce el análisis
estructural extraído de la lingüística: es una mediación entre el hombre y el mundo, entre el hombre
y el hombre, entre el hombre y él mismo. La mediación entre el hombre y el mundo es lo que se
denomina referencialidad; la mediación entre el hombre y el hombre es la comunicabilidad; la
mediación entre el hombre y él mismo es la comprensión de sí […] En una palabra, la hermenéutica
se ubica en el punto de unión entre la configuración (interna) de la obra y la refiguración (externa)
de la vida41.

La hermenéutica, entonces, se configura en el lector, quien debe interpretar y comprender ese texto leído,
ese poema, ese cuento, esa novela, de manera festiva. La propuesta de Ricoeur tiene mucha semejanza
con la de Gadamer. Si aceptamos esta hipótesis del poema como una manifestación del lenguaje
celebrativo, según afirma Paul Ricœur, será entonces necesario referirse al acto de lectura, a la
apropiación del texto poético por parte del lector como un acontecimiento caracterizado, entre otros
rasgos, por la naturaleza festiva de su realización lectora. Por ello, como indica Gerardo Argüelles
Fernández, el “lector-intérprete es aquel que se encuentra en una situación de aprehensión significativa,
lo que arroja una hipótesis acerca de un lector que, en principio, evita generar al interior del proceso de
lectura sus propias actitudes y sentimientos contingentes”.42

Más aún: la hermenéutica buscará defender que el objetivo de toda interpretación sea la comprensión
del sentido, de los significados, en comunión. Por ello, el poeta Adam Zagajewski ha declarado que la
“poesía es misticismo para principiantes”, es decir, que la lectura de la poesía procura una especie de
elevación, una epifanía, una nueva penetración del y al mundo en una relación unificatoria entre creador,
obra y lector. A efectos de lo anterior, todo culmina en la relación poeta -texto-lector, sobre la cual
expresa Juan Suárez Roldán: “El poema ha sido creado en un horizonte que no dejará de modificarse. Su
publicación y recepción preceden el acto comprensivo que cada nuevo lector adelanta, y que a su vez
supone un horizonte. Quien lee un poema participa de su sentido, y, al hacerlo, se ve alterado, modificado
por el texto lírico”43.

Son pertinentes aquí las palabras de Edward Said:

Porque el proceso de lectura comienza y termina en el lector, y lo que hace posible la lectura es un acto
irremisiblemente personal de compromiso con la lectura y la interpretación, ese gesto de recepción que
incluye abrirse al texto y, lo que es igualmente importante, estar dispuesto a realizar afirmaciones fundadas
sobre su sentido y sobre lo que se podría añadirse al mismo. 44

La hermenéutica como acto de comprensión del conocimiento de sí mismo

41 Ricœur, Paul. “La vida: un relato en busca de narrador”. En: Educación y política, Buenos Aires, Docencia, 1989, pp.
45-58.
42 Argüelles Fernández, Gerardo (2007). “Sobre los principios ontológicos en la diferencia poetológica de Horst-

Jürgen Gerigk”. Acta Universitaria. Volumen 27 No. 3 doi: 10.15174/au.2017.1275.

43 Suárez Roldán, Juan “Lectura de poemas como celebración. Aproximación hermenéutica desde Gadamer y Ricœur”,

en: Literatura, teoría y crítica. Volumen 15, Número 2, 2013. ISSN electrónico 2256-5450. ISSN impreso 0123-
5931. http://www.scielo.org.co/pdf/lthc/v15n2/v15n2a03.pdf).
44
Said, E. H. (2011). Humanismo y crítica democrática. La responsabilidad pública de escritores e
intelectuales. Barcelona: Debate

18
En ese sentido, la Poetología como disciplina hermenéutica, dedicada a la interpretación de la poesía,
puede llevar a una comprensión y una exposición a través de un pensamiento racional que exprese y
reinterprete el pensamiento poético. Y que, de acuerdo con su forma interpretativa y profundidad, puede
llevar a una integración entre una nueva mística a través de la poesía. Mística que no tiene nada que ver
con lo religioso, piadoso o espiritual, sino con una reunificación o cualidad interpretativa relevante a
través de una escritura igualmente apreciable, creativa. Lo anterior lleva a relacionar nuevamente las
tres fases hermenéutica: presentación (del texto), representación (lectura) e interpretación, a las cuales
se agregan o yuxtaponen: comprender, explicar y aplicar (interpretar). Para Gadamer estas fases
comportan la actualización del pasado (de la escritura del texto) sobre el presente (representado en su
lectura) y los presentes45 (las lecturas paralelas o posteriores), lo que hace de la comprensión e
interpretación un proceso infinito. Ello recuerda también las fases performativa, interpretativa, epifánica
y festiva. Se lee (se debe leer) desde los tiempos hasta el presente de manera interpretativa, epifánica y
festiva.

De esta manera, la interpretación y la comprensión conllevan ampliar la experiencia en varios sentidos,


pues si entiendo la lectura, la explico. “Para que la lectura se resuelva en formación es necesario que haya
una relación íntima entre el texto y la subjetividad. Y esa relación podría pensarse como experiencia, que
sería lo que nos pasa. No lo que pasa, sino lo que nos pasa” (Larrosa)46 Se trata de explicar, si se quiere,
que la interpretación y la comprensión representan operaciones con sentido cognitivo y práctico para
un lector, extendidos por la experiencia del poeta mediante su configuración, su escritura lírica. Para que
ese proceso interpretativo se proyecte en el estudiante-lector, es importante recrear también el proceso
de introspección de él, según lo detalla Jorge Larrosa, de quien transcribo esos procesos, como siguen: Se
trata de estudiar, que significa leer escribiendo, con las páginas de lectura en el centro, pero también de
escribir leyendo. “Estudiando, tratas de aprender a leer lo que aún no sabes leer. Y tratas de aprender a
escribir lo que aún no sabes escribir”. Lo que el estudio quiere o conlleva es la lectura y la escritura, pero
la primera como un proceso infinito en lo interpretativo. Y entonces, escribes sobre lo que has leído; te
pones en relación con un texto ajeno, inicialmente, del que escribes sobre lo que lograste entender (p.13).
Luego te vas sumergiendo en el texto, sacándole ideas, propuestas, primeras interpretaciones. En ese
sentido, lo que comenzó como un texto objetivo, externo: un mero objeto, ya no es del exterior, como al
comienzo. Ahora empiezan a dialogar contigo:

Súbitamente se da una especie de orden, una especie de claridad. Es un instante callado y gozoso,
ensimismado. Es una sensación de lleno y vacío a la vez, una extraña plenitud e inocencia […]
Aíslas lo que has leído, lo repites, lo rumias, lo copias, lo varías, lo recompones, lo dices y lo
contradices, lo robas, lo haces resonar con otras palabras, con otras lecturas. Te vas dejando
habitar por ello. Le das un espacio entre tus palabras, tus ideas, tus sentimientos. Lo haces parte
de ti. Te vas dejando transformar por ello. Y escribes. (p. 13)

Justamente la palabra transformar adquiere un sentido pleno, pues ese término aplicado a la lectura
conlleva el formar: la lectura como formación: ¿qué es, pues, formar? […]47. Entenderla “como
formación implica pensarla como una actividad que tiene que ver con la subjetividad del lector: no
sólo con lo que el lector sabe, sino con lo que es. Se trata de pensar la lectura como algo que nos forma

45
Ana López Ramos (2002). “A la muerte de Gadamer”. Consultado en:
https://webs.ucm.es/info/eurotheo/last/gadamer.htm
46
Citado por Hauy, p. 25 (2014). Lectura literaria: aportes para una didáctica de la literatura. Zona Próxima,
núm. 20, enero-junio.
47
Hauy, María Elena (2014). Lectura literaria: aportes para una didáctica de la literatura. Zona Próxima, núm.
20, enero-junio, pp. 25.

19
(o nos de-forma o nos transforma), como algo que nos constituye o nos pone en cuestión en aquello
que somos” (Larrosa, 2007, p. 25-26). Por eso la experiencia es “lo que nos pasa”. Nos formamos
porque algo nos pasa. La lectura como formación “tiene que ver con aquello que nos hace ser lo que
somos” (p. 26). Pero ello no es posible si no ponemos imaginación como producción de sentido, y esto
conlleva también saber escuchar, generar una mayor capacidad de escucha, en cuanto a que el mundo,
las cosas alrededor nos quieren decir algo, y nosotros los queremos leer (escuchar). Si sabes escuchar
te formas y trans-formas. No es apropiarse del texto sino es-cu-char-lo. Pero atentos: se escucha lo
que no sabes, con lo cual te debes dejar arrastrar, sin nada preconcebido; sin ninguna teoría anterior;
sin prescripciones o guías autoritarias, debemos dejarnos abordar, interpelar, para crear una
interpretación abierta, creativa, imaginativa. Tras ello se encuentra la realización de una mayor
experiencia interna, más humana. Es decir, lleva a un “principio de subjetividad”, pues sucede en el
sujeto; más tarde al “principio de reflexividad” o “principio de transformación”. En el “principio de
subjetividadE, dice Larrosa, “La experiencia supone, lo hemos visto ya, que algo que no soy yo, un
acontecimiento, sucede. Pero supone también, en segundo lugar, que algo me pasa a mí. No que pasa
ante mí, o frente a mí, sino a mí, es decir, en mí. La experiencia supone, ya lo he dicho, un
acontecimiento exterior a mí. Pero el lugar de la experiencia soy yo”. Esa experiencia nos conduce a
un movimiento, re-aprender, reinterpretar, a formar-nos más humanamente, o a un “principio de
reflexividad” (Larrosa, pp. 29-31)48. Pero todo esto genera volvernos más nosotros, ser otros, o
“principio de transformación”.

Lo dice bellamente Ricoeur: “la comprensión del texto no es un fin para sí misma, sino que mediatiza la
relación consigo mismo de un sujeto que no encuentra en el cortocircuito de la reflexión inmediata el
sentido de su propia vida” (2005, p.209)49. En sí, se puede entender que comprender no importa en sí
mismo sino adquiere sentido para lo propia vida del lector, pero también para otros a quienes pueda
trasladarlo, además. Es decir, al hacer propio el poema, llego a la autocomprensión: abro mis propias
puertas del/al saber: soy otro, soy mucho mejor, he entendido las variaciones y propuestas de sentido
del mundo a través de un poema. Por ello, leer es leerse a sí mismo y conocer al otro; es una actividad
reflexiva que me lleva a una verdad desde el otro y de su creación poética. Es decir, leo propuestas de
una vida, la del otro, que hago también mi vida.

De esta manera, explica Gadamer:

Comprender lo que una obra de arte le dice a uno es entonces, ciertamente, un encuentro consigo mismo.
Pero en tanto que encuentro con lo propio, en tanto que una familiaridad que encierra ese carácter de lo
sobrepasado, la experiencia del arte es, en un sentido genuino, experiencia, y tiene que dominar cada
vez la tarea que plantea la experiencia: integrarla en el todo de la orientación propia en el mundo y de
la propia auto comprensión. Lo que constituye el lenguaje del arte es precisamente que le habla a la
propia autocomprensión, el autoconocimiento de cada uno, y lo hace en cuanto presente cada vez y por
su propia actualidad50.

Por ello, es un principio y un fin el que el estudiante encuentre como fundamento el mejoramiento de su
interpretación y comprensión y su aplicación como culminación del proceso y que, al mismo tiempo,
explore y amplíe la finalidad o intencionalidad de fondo que representa esa inicial lectura convertida en

48
Larrosa, Jorge (2003). La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación. (segunda
edición). México: Fondo de Cultura Económica.
49
Corona, Pablo Edgardo (2005). Paul Ricoeur: lenguaje, texto y realidad. Buenos Aires: Editorial Biblos.
50 Gadamer, Hans-Georg. «Estética y hermenéutica», Estética y hermenéutica. Madrid: Tecnós, any, cap. 1, p. 55-61.

20
ejercicio académico y de vida propia, bajo un proceso metacognitivo. Quiere decir que, para interpretar,
debo valerme de lo que sé, de lo que soy, de mi propia biblioteca, de mi saber, pues (dice de nuevo
Ricoeur) “es el acto de lectura quien realiza la obra, quien la transforma en una guía de lectura, con sus
zonas de indeterminación, su riqueza latente de interpretación, su posibilidad de ser reinterpretada de
maneras siempre nuevas en contextos históricos siempre diferentes”. Es allí donde entra la experiencia
personal. Entonces, se entiende que comprender la obra es también comprendernos y la forma de
entenderlo es aplicar ese conocimiento. Así, para Gadamer: “La interpretación no es un acto
complementario y posterior al de la comprensión, sino que comprender es siempre interpretar, y, en
consecuencia, la interpretación es la forma explícita de la comprensión, comprender es siempre aplicar”
(H. Gadamer)51.

Decir, hacer
A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,


Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,

51Gadamer, Hans-Georg (1975). Verdad y Método I. Fundamentos de una hermenéutica filosófica, 5a edición, Ediciones
Sígueme, colección Hermeneia núm.7, Salamanca.

21
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

Octavio Paz (Árbol adentro)

En vista de anterior, como en el poema de Paz, “las palabras se abren”, nos permiten “Oír los pensamientos…
tocar / el cuerpo / de la idea…/ Los ojos se cierran”. Como lector describo ese proceso: aplico la lectura,
comprendo, interpreto, escribo, es decir, aplico. “Idea palpable, / palabra/ impalpable”: Por ello, hay que
reconocer que en principio lo que uno hace al interpretar es (re) construir un texto nuevo sobre otro
texto (materiales de investigación). En palabras de Paz: “Los ojos /hablan /las palabras / miran /, las miradas
piensan”. Sobre lo cual agrega Gadamer: “La interpretación es en cierto sentido una recreación, pero ésta
no se guía por un acto creador precedente, sino por la figura de la obra ya creada, que cada cual debe
representar del modo como él encuentra en ella algún sentido” (Gadamer, p. 165)52. En términos de
Octavio Paz: “La poesía siembra / ojos en las páginas / siembra palabras en los ojos”. Siembra mundo, lecturas,
interpretaciones.

Por otra parte, Paul Ricoeur (p. 90)53 sostiene que la interpretación es conjetural y reconoce que no hay
reglas para hacer conjeturas válidas, aunque sí hay métodos desde los que el lector puede hacerlas
"válidas", o acercarse a ello. En otras palabras, se trata de que una hipótesis, presupuesto o conjetura
sobre el sentido de la intervención (o de la construcción de sentido que hacen los otros contigo en la
intervención) sea más probable — ¿cómo se puede saber esto?— que otras interpretaciones posibles
sobre la misma intervención, según ha citado María del Carmen Peña54.

La estudiosa Peña señala:

De esta manera, al dar cuenta de la comprensión, es ineludible remitirnos al espacio en donde esta
ocurre: el lenguaje. Y dado que este es el medio en el que se realiza la comprensión y en la que tiene
lugar la experiencia de sentido, la experiencia hermenéutica —fundamento de la relación con el
mundo— tiene carácter lingüístico. El conocimiento del mundo, de los otros y de nosotros mismos
implica siempre el lenguaje, específicamente, el que tenemos. Por tanto, el lenguaje no es un
instrumento que esté a la mano para ser utilizable en el proceso del conocimiento, sino que, como

52 Gadamer, Hans-Georg (1975). Verdad y Método I. Fundamentos de una hermenéutica filosófica, 5a edición,
Ediciones Sígueme, colección Hermeneia núm.7, Salamanca.
53
Ricoeur, Paul, 1976, La teoría de la interpretación. Discurso y excedente de sentido, Siglo XXI–Universidad
Iberoamericana, 1995, México.
54
Peña, María del Carmen (2008). “Pensar la interpretación: la construcción del sentido en Ciencias
Sociales”. Limina R. Estudios Sociales y Humanísticos, vol. VI, núm. 2, julio-diciembre, pp. 177-18
Consultado en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=74511194012.

22
nuestra permanencia en el mundo siempre denota comprensión, es el espacio en el que se nos da el
mundo con sentido55.

Para leer plurisignificativamente es necesaria la hermenéutica, que logra cabalmente su objetivo de


interpretación mediante la palabra y en la palabra, ante lo cual afirma Ricoeur que "la literatura es la
interpretación por excelencia, puesto que el lenguaje constituye la única expresión completa y total del
interior humano" (cit. por Beuchot, 1990, p. 148)56.

Ello se logra tras un proceso inductivo: primero interpretamos lo que dice el título, a cuál categoría
pertenece; luego se lee el poema de manera completa, para lanzar inicialmente un tema y una síntesis
de este asunto. Seguidamente, se practica una lectura más detallada se lo que podría significar el primer
verso, el segundo y enseguida más la primera estrofa, luego la segunda y así sucesivamente. Más tarde se
divide el poema en ciertas partes temáticas, si las tiene. A lo anterior se agrega la deducción de cuál es el
tema y cuál y el resumen final, luego de analizar estrofa por estrofa o por las divisiones que consideremos
pertinentes. Más adelante se continúa también por el análisis de los elementos formales, sintácticos,
morfosintácticos, de figuras retóricas. Subsiguientemente, se analizan y plantean las figuras recurrentes,
los elementos históricos, sicológicos, los envíos poéticos, los motivos, etc., y, finalmente, la visión de
mundo y la visión de poesía que tiene el autor.

Para el lector, para el estudiante, la buena lectura, la buena “aprehensión significativa” conlleva esculcar
en sus disposiciones mentales, cognitivas, en sus actitudes y sentimientos contingentes, de manera
asertiva y eficiente, lo cual lo lleva a interpretar, a saber entender. Esto significa llegar a otra fase
personal, intuitiva inicialmente, en la que pensará: si sé develar el mundo del texto, si realizo las
“múltiples dimensiones de sentido”, si advierto las “variaciones significativas” (Ricoeur), si entiendo las
letras del mundo que me plantea el poema y su significante, pero además, aprendo a leer ese poema,
significa para mí, como lector, varias aperturas: me instalo en él, lo resignifico cuando le doy otros
sentidos, y, por ello, vivo en el poema y soy más de mí mismo y penetro en lo leído y en quien lo escribió.
Con ello, además, de manera cognitiva, me estoy entendiendo a mí mismo, me estoy explicando
interrogantes que tenía y voy absolviendo lo que me ha revelado, traducido el poeta. Voy, entonces,
aprendiendo, conociendo a otro, al otro. Es lo que se llama un conocimiento desde la otredad (Vargas
Manrique), de modo que los otros me enseñan y me hacen reflexionar para conocer y conocerme más.
Leer me amplía, además, el mundo. Me llama a ser dialógico, a abrirme las fronteras. Desde allí puedo
pensar reflexiva y metacognitivamente: ¿qué y cómo estoy aprendiendo? ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Estoy
creciendo? Se registra entonces allí un aprendizaje constructivista, detrás de la cual se encuentra una
pedagogía constructivista, posiblemente creativa, posiblemente de aprendizaje significativo de
representaciones (D. Ausbel),

Conclusión: Educación dialógica, lenguaje, otredad, agua transparente y arena


de fondo

55
Peña, María del Carmen (2008). “Pensar la interpretación: la construcción del sentido en Ciencias
Sociales”. Limina R. Estudios Sociales y Humanísticos, vol. VI, núm. 2, julio-diciembre, pp. 177-18
Consultado en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=74511194012.

56
Edith Castañeda Ortiz. (sf). “Hermenéutica y poesía”. Revista La Colmena, p. 12. Consultado en:
file:///C:/Users/adalberto.bolano/Downloads/Dialnet-HermeneuticaYPoesia-6148004%20 (2).pdf.

23
Una reflexión pedagógica desde la otredad: Para que haya un “conocimiento desde la otredad” este debe
estar aparejado mediante una educación desde la otredad, que para Vargas Manrique contienen una
educación, una pedagogía: “La educación desde la otredad ha de orientarse desde el lenguaje y la
comunicación, concebida esta como encuentro dialógico entre educadores y educandos”. Y Vargas
Manrique complementa sus planteamientos con el pensamiento de Freire sobre la educación como
diálogo: “La educación es comunicación, es diálogo, en la medida en que no es la transferencia del saber,
sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados” (Freire, 2004,
p. 77)57. Con ello, se presenta una educación humanista y liberadora, para lo cual la educación por la
palabra, por el lenguaje, transforma a los estudiantes y los hace más personas. Y agrega, citando a
Marrero y Rodríguez, que ello sucede porque “el conocimiento es lenguaje; el aprendizaje es lenguaje. El
lenguaje es comunicación y, por tanto, interacción entre dos o más personas que establecen un diálogo”58.
Somos humanos porque nos comunicamos y buscamos los significados, la interpretación y comprensión
del mundo, mediante los signos del arte, de la literatura, de la poesía, del diálogo con y desde los otros.

En ese sentido, para Vargas Manrique la enseñanza debe ser dialógica, pues la educación desde la otredad
supone reconocer verdaderamente al otro como complementariedad del ser, a través de la comunicación,
a través del conocimiento que entiende, interpreta y comprende el mundo de manera metodológica y
racional, pero también de manera ética y estética del ser-en- relación con el otro que dialogo, en fin, del
“ser en el acontecer dialógico”59. Lo cual puede presentarse, mucho más, si tenemos en cuenta que “la
educación debe constituirse en un “guiar” en el dialogismo hacia la formación de personas
auténticamente humanas”60. Por ello, ser dialógico conlleva educar de manera interactiva, dinámica, a
través de tres voces: la de los educandos, la del educador y las voces-conocimientos, en búsqueda de la
verdad61. Por ello, repitamos entonces, algo que se encuentra planteado arriba por Ricoeur en lo
referente a que la literatura constituye la forma de interpretación por excelencia, ya que el lenguaje se
instituye como la más alta e integral expresión de la transformación del interior del ser humano.

La recreación del poema: Concluyamos, entonces, a este respecto, con una paráfrasis o último ejercicio
recreativo de los poemas de Fernando Pessoa, Octavio Paz y Nuno Júdice: Empecemos: Un poema
representa al mundo, a su autor, aunque sepamos que “Se desliza entre el sí y el no: / dice /lo que callo,
/calla / lo que digo” (Paz), pues el poeta es “un fingidor / Finge tan completamente / que hasta finge que
es dolor / el dolor que en verdad siente” (Pessoa). Así, “la poesía / va y viene /entre lo que es / y lo que no
es” (Paz). No obstante, a través del poema presenta su cosmovisión, su interpretación, su hermenéutica
del universo. Nos traslada así, glosando a Octavio Paz, una poesía que “siembra ojos en las páginas”, que
abre mundo, mediante “palabras en los ojos”, los cuales nos hacen “oír nuevos pensamientos, / ver / lo
que decimos” y “tocar el cuerpo de la idea”. A nosotros nos hace interpretar para que los ojos se cierren
y comprendan. Además, así, “quienes leen lo que escribe, / Sienten, en el dolor leído, / No los dos que el
poeta vive” (Pessoa). Por ello, después de tantas vueltas y revueltas, el poema se abre y rasga el mundo,
lo quiebra, lo propone de nuevo, y tratamos de explicarlo e interpretarlo de nuevo, pero, en palabras
escépticas de Júdice “ya sé que /nunca llegaré al centro de la cuestión”. Pero, de todos modos, el poema
algo nos comunica, y, de esta manera, “las palabras se abren” y el mundo se reabre. Porque, en virtud de
ello, entiendo que “en algún lugar de ese breve océano / llegaré adonde el agua es transparente, y tendré
por instantes / la ilusión de ver la arena del fondo, y el sentido último del poema” (Júdice). Entonces,

57
Freire, P. (2004. ¿Extensión o comunicación? La concientización en el medio rural. Vigésimo tercera
edición. México Siglo XXI Editores.
58
Vargas-Manrique, P. J. (2016, enero-junio). “Una educación desde la otredad”, pp. 207-208.
59
“Una educación desde la otredad”, p. 209-210.
60
“Una educación desde la otredad”, p. 213.
61
“Una educación desde la otredad”, p. 213.

24
seguramente, en ese momento, epifánico, de clarividencia, hemos llegado, logramos interpretar que se
instituye en un explicar, y este representa “un hacer / que es un decir” (Paz), significando con ello
comprender y comunicar ese mundo poético, alcanzando tocar al agua transparente y ver la arena del
fondo, y así, felizmente, como revelación otra vez, como lectores “la vida se mete, /distrayendo a la razón,
/ y gira, el tren de juguete /que se llama corazón” (Pessoa) y, así, finalmente, “los ojos / se cierran / Las
palabras se abren” (Paz), dando cuenta del “sentido último del poema”. Y punto.

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