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LAS OBRAS DE MISERICORDIA

EN LA HISTORIA DEL PERÚ

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FACULTAD DE TEOLOGÍA PONTIFICIA Y CIVIL DE LIMA

LAS OBRAS DE MISERICORDIA


EN LA HISTORIA DEL PERÚ

José Antonio Benito

Lima 2017

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SUMARIO

I. EL ÍCONO DE LA MISERICORDIA,
TODO LO HIZO BIEN
II. UNA IGLESIA SAMARITANA
AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD
III. COFRADÍAS Y HERMANDADES
EN HISPANOAMÉRICA
IV. LA IGLESIA FORJADORA DEL PERÚ
V. LAS CATORCE OBRAS DE
MISERICORDIA EN EL PERÚ
1. Dar de comer al hambriento
2. Dar de beber al sediento
3. Dar posada al necesitado
4. Vestir al desnudo
5. Visitar al enfermo
6. Socorrer a los presos
7. Enterrar a los muertos
8. Enseñar al que no sabe

5
9. Dar buen consejo al que lo necesita
10. Corregir al que está en error
11. Perdonar las injurias
12. Consolar al triste
13. Sufrir con paciencia los defectos de
los demás
14. Rogar a Dios por vivos y difuntos
V. BIBLIOGRAFÍA

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Entre las audaces, gozosas y desafiantes iniciativas del
Papa Francisco contamos con la del Jubileo extraordinario
de la Misericordia a lo largo del año 2015. Con el fin de
valorar y prolongar el fruto conseguido, nos regaló su CARTA
APOSTÓLICA Misericordia et misera firmada el 20 de
noviembre del 2016 en la que abre su corazón de pastor y
padre:

Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la


puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece
siempre abierta, de par en par. …La Puerta Santa que hemos
atravesado en este Año jubilar nos ha situado en la vía de
la caridad, que estamos llamados a recorrer cada día con
fidelidad y alegría. El camino de la misericordia es el que
nos hace encontrar a tantos hermanos y hermanas que
tienden la mano esperando que alguien la aferre y poder así
caminar juntos (n16).

Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la


misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro
con los demás: una cultura en la que ninguno mire al
otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el
sufrimiento de los hermanos. Las obras de misericordia son
«artesanales»: ninguna de ellas es igual a otra; nuestras
manos las pueden modelar de mil modos, y aunque sea único
el Dios que las inspira y única la «materia» de la que están
hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere
una forma diversa (n.20.).

A lo largo del Jubileo nos puso la tarea de vivirlas de

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a poquito; en concreto, a los jóvenes les propuso como
preparación para la Jornada Mundial de la Juventud vivir una
para cada mes. Y en el trascendental evento, puso en nuestras
manos un instrumento práctico, juvenil, comprometido, el
DOCAT o Catecismo de la Doctrina Social de la Iglesia a fin de
ponerle “pies” a esta rica doctrina que impulse la “revolución
del amor y la justicia”. Uno de sus numerales, el 169 no
lo especifica: “Los cristianos vemos a los demás con ojos
renovados porque Dios nos amó a todos `hasta la muerte en la
Cruz´. Los cristianos reconocemos a nuestro Señor Jesucristo
incluso en los más pobres de los pobres. Por ello, nos sentimos
llamados a hacer todo lo posible para aliviar el dolor del
otro. En cristiano encuentra una orientación para ello en las
obras de misericordia. Podemos ayudarnos entre nosotros o
colaborar también de manera indirecta mediante donativos
para que los pobres puedan sobrevivir y vivir dignamente. Pro
mucho más importante que esto es la ayuda para la autoayuda,
es decir, ofrecer una ayuda que permita a los pobres librarse
por sí mismos de su pobreza.”

Con el fin de ayudar a la campaña, desde el Perú, fui


compartiendo algunos apuntes acerca de cómo lo han
venido haciendo los peruanos a lo largo de la historia. Lo
que se publicó en “Correo Mariano” a lo largo de 14 meses,
reelaborado y actualizado, se lo ofrezco aquí. Comienzo por
analizar las obras de misericordia en Jesús, Misericordia
encarnada, quien “todo lo hizo bien”, para verlo reflejado en la
historia de la Iglesia y más en concreto en el Perú.

Está claro que aunque son 14 las tradicionales y clásicas


obras de misericordia, con la creatividad e imaginación de las
que nos habla el Papa, aquí y ahora las obras son incontables.
Es lo que escribió de modo inigualable el periodista L. V.

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Agudo en su libro Porque tuve hambre y no me disteis de comer
que lleva como subtítulo “Las obras de misericordia, una
exigencia actual”1. Lo recomiendo vivamente por su rabiosa
actualidad, por lo bien escrito que está, porque tiene la virtud
de provocar, de examinarte, de lanzarte a la acción...porque
bebe en el Evangelio de la misericordia y nos comparte lo
mejor de las enseñanzas de los santos padres, del Vaticano
II, de San Juan Pablo II. Siempre con el calor del hombre de
la calle, la fidelidad del hombre de Iglesia, la responsabilidad
del apóstol. Se adelanta al talante del Papa Francisco cuando
formula “nuevas obras de misericordia”: ser sal de la tierra y
luz del mundo, poner alegría en nuestro trabajo cristianizador,
lavar la hosquedad, saber que hay variedad suficiente de
ministros, obras y diaconías en la Iglesia, para que “yo
encuentre mi obra de misericordia...busque, comprométase”
(p. 350). Les comparto su última hoja: “Infinitas miserias.
Infinitas obras de misericordia. Buen ejercicio éste de
enumerar más y más, todas nuevas, como un examen parcial
de conciencia, preparación del final, definitivo, que será
sobre este único tema. Hay que acabar ya. ¿Quiere usted,
como remate otros ejemplos de los que podrá luego, a solas,
derivar otros muchos? - Una obra de misericordia fácil: Leer la
página dominical de Cáritas- Una obra de misericordia audaz:
¿Recuerda aquella afirmación del Concilio: quien se halle en
situación extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena
lo necesario para sí? Pues ayude a que el derecho se convierta
en realidad. ¡Ya está bien seguir predicando a los miserables
sus derechos!- Una obra de misericordia necesaria: Aumentar
el número de misericordiosos - Una obra de misericordia para


1
Volume 142 of Colección pastoral aplicada Pastoral aplicada, PPC, 1987,
Madrid, 351 pp

9
bien entenderla: Tener misericordia de sí mismo (no para
el auto mimo, sino para saber ser misericordioso; en pocos
lugares puedo ver tan patente la miseria humana). Y, por
último:- La gran obra de misericordia: Llevar a Dios a quien
no lo ve. La mayor parte de las veces porque tiene equivocada
la manera de buscarle (p.351)

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I. EL ÍCONO DE LA MISERICORDIA, TODO LO
HIZO BIEN

“Todo lo hizo bien” (Mc 7,31-37) exclamaban las


muchedumbres de Jesús. Y la Iglesia solo tiene sentido si
prolonga la acción de su fundador: hacer el bien. En este Año
dedicado a la misericordia bueno será conocer este bien a lo
largo de dos mil años. A todos impugnadores de la obra de la
Iglesia bastaría saber cómo ha practicado la Iglesia miles de
obras de misericordia en todo el planeta. Dejando a un lado su
decisiva misión espiritual, uno de los aspectos que más llama
la atención es el desarrollo de la beneficencia, elemento que
ha podido ser esgrimido por la propia Iglesia con frecuencia
cuando ha tenido que hacer frente a numerosos ataques y
acusaciones contra ella. Pero, ¿de dónde nace propiamente
esta beneficencia? La respuesta a la cuestión creemos que es
en realidad sencilla: de la “caridad”. Y la caridad es una virtud
teologal, que tiene a Dios por objeto inmediato y nos es dada
por su gracia. Es la mayor de las tres virtudes teologales, tal
como expresa el propio San Pablo: “Ahora subsisten la fe, la
esperanza y la caridad, esas tres; mas la mayor de ellas es la
caridad” (1 Cor, 13).

Y la caridad no es otra cosa que el amor, el grado supremo


del amor, es decir, el amor a Dios sobre todas las cosas, y al
prójimo y a nosotros mismos por este amor de Dios. Esta
visión de la persona como imagen de Cristo, sobre todo
en el caso de los más necesitados, tiene buena parte de su
fundamento en las propias palabras de Cristo al hablar del
Juicio Final y el examen de la caridad que en el mismo tendrá
lugar: “Entonces dirá el Rey a los de su derecha: «Venid,

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vosotros los benditos de mi Padre, entrad en posesión del
reino que os está preparado desde la creación del mundo;
porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me
disteis de beber; peregrino era, y me hospedasteis; desnudo,
y me vestisteis; enfermé, y me visitasteis; en prisión estaba,
y vinisteis a mí.» Entonces le responderán los justos, diciendo:
«Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o
sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos peregrino y
te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos
enfermo o en prisión y fuimos a ti?» Y respondiendo el Rey, les
dirá: «En verdad os digo, cuanto hicisteis con uno de estos mis
pequeñuelos, conmigo lo hicisteis.»”(Mt 25, 34)

De aquí arranca toda la obra social: de la persona


histórica de Jesucristo. En él destaca una primera nota: su
universalidad. No pertenece a ningún partido (fariseo,
saduceo, esenio, zelota), abarca toda la tierra sin distinción de
lengua, raza, nación.

En su “escala de valores” el espíritu de servicio y caridad


ocupa el primer puesto. “El hijo del hombre no ha venido para
ser servido sino para servir y dar su vida en rescate de muchos
“(Mc. 10,45).

Ennoblece el trabajo haciéndose obrero, hijo de obreros,


maestro de discípulos trabajadores (sus apóstoles eran
pescadores mayoritariamente); de ahí que se haya podido
hablar del “Evangelio del Trabajo”.

Restaura la familia y la dignidad de la mujer como


bien nos advierte Juan Pablo II en su reciente carta Mulieris
dignitatem (nn.12-16).

Condena el lujo, el ocio, las riquezas mal empleadas; baste

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con recordar la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro
que tantas enseñanzas deparará a lo largo de los siglos (Lc.
16,19); según ello, la riqueza tiene una clara función social.

Jesús se duele de los males del mundo, llora por ellos, cura
de las enfermedades (Lc. 4,38; 5,4; 6,12).

Pero donde sus enseñanzas alcanzan cotas inefables es en


el sermón del Monte, donde proclama las bienaventuranzas
para con los pobres, los que lloran, sufren injusticias,
los manos, los hambrientos, los limpios de corazón, los
misericordiosos, los perseguidos por su causa. (Mt. 5,3). Los
fariseos, al condenarle por juntarse con impuros pecadores,
obtienen de Jesús las más sublimes respuestas: “no necesitan
de médico los sanos” “no está hecho el hombre para el
sábado”…Sus predilectos: los más pobres; el hombre es libre
y ninguna atadura podrá esclavizarle. El mensaje final “amaos
los unos a los otros como Yo os he amado” será programático,
elevando el grado de convivencia social a cotas insospechadas,
hasta convertirse en “alma” del mundo. Así lo recoge la Carta a
Diogneto, “Para decírtelo en dos palabras, lo que es el alma en
el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo” (n.5).

¡Qué elocuente es el logo del Año de la Misericordia!


Nos recuerda a Cristo, Verbo Encarnado, Nuevo Adán, que
revoluciona el mundo con su mirada de amor misericordioso,
como buen pastor que va en busca de la oveja perdida, como
buen samaritano que sale a las periferias y cura y da vida al
enfermo y necesitado.

13
II. UNA IGLESIA SAMARITANA AL SERVICIO DE
LA SOCIEDAD

Con meridiana precisión enfatiza este mensaje el Papa Pío


XII en su Mensaje de Pentecostés: “… como si desde hace dos
mil años no viviera perennemente en el alma de la iglesia el
sentimiento de responsabilidad colectiva de todos por todos,
que ha sido y sigue siendo la causa motriz que ha impulsado a los
hombres hasta el holismo caritativo de los monjes agricultores,
de los libertadores de los esclavos de los ministros, de los
enfermos, de los portaestandartes de la fe, de la civilización y
de la ciencia en todas las edades y en todos los pueblos, a fin
de crear condiciones sociales únicamente encaminadas a hacer
posible y fácil una vida digna del hombre y del cristiano).

El papa San Juan XXIII, en su encíclica Mater et Magistra,


acentúa la nota de caridad que identifica la auténtica doctrina
social: “La Iglesia Católica, aprendiendo de Cristo, ya por
espacio de dos milenios, es decir desde la aparición de los
primeros diáconos hasta nuestros días , ha llevado siempre
en alto la antorcha de la caridad, no menos con preceptos que
con ejemplos ampliamente repetidos; esa caridad, decimos ,
que uniendo armónicamente los preceptos y la práctica del
amor mutuo, realiza de modo tan admirable ese d-doble dar
en que está contenida toda la doctrina y la acción social de la
Iglesia” (n.53)

El historiador Emile Chenon en su célebre obra rescata el


significativo texto del emperador Juliano el Apóstata:

“Yo creo que la indiferencia de nuestros sacerdotes para


con los indigentes ha sugerido a los impíos galileos el

14
pensamiento de practicar la beneficencia...¿Por qué no
hemos de imitar lo que ha hecho el éxito de la impía religión
de los cristianos: la hospitalidad para los extranjeros, los
cuidados en el entierro de los muertos?...¿No es vergonzoso
para nosotros que no se vea a ningún judío mendigar, que
los impíos galileos alimentan no solamente a sus propios
indigentes, sino también a los nuestros, mientras que
nosotros dejamos a nuestros hermanos sin socorros?”.
Juliano ordena a Arsacio, sumo sacerdote de Galacia, que en
cada ciudad se establezcan muchos hospicios “a fin de que
los extranjeros disfruten en ellos de nuestra humanidad”2.

Benedicto XVI en “Deus caritas est” nos recordó nombres


concretos de santos de la caridad:

Contemplemos finalmente a los Santos, a quienes han ejercido


de modo ejemplar la caridad. Pienso particularmente en
Martín de Tours († 397), que primero fue soldado y después
monje y obispo: casi como un icono, muestra el valor
insustituible del testimonio individual de la caridad. A las
puertas de Amiens compartió su manto con un pobre; durante
la noche, Jesús mismo se le apareció en sueños revestido de
aquel manto, confirmando la perenne validez de las palabras
del Evangelio: « Estuve desnudo y me vestisteis... Cada vez que
lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo
lo hicisteis » (Mt 25, 36. 40).[36] Pero ¡cuántos testimonios
más de caridad pueden citarse en la historia de la Iglesia!
Particularmente todo el movimiento monástico, desde sus
comienzos con san Antonio Abad († 356), muestra un servicio
ingente de caridad hacia el prójimo. Al confrontarse « cara a
cara » con ese Dios que es Amor, el monje percibe la exigencia


2
El papel social de la Iglesia, Jus, Madrid, 1946 p.459

15
apremiante de transformar toda su vida en un servicio al
prójimo, además de servir a Dios. Así se explican las grandes
estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas
junto a los monasterios. Se explican también las innumerables
iniciativas de promoción humana y de formación cristiana
destinadas especialmente a los más pobres de las que se han
hecho cargo las Órdenes monásticas y Mendicantes primero,
y después los diversos Institutos religiosos masculinos y
femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Figuras
de Santos como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan
de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac,
José B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta
—por citar sólo algunos nombres— siguen siendo modelos
insignes de caridad social para todos los hombres de buena
voluntad. Los Santos son los verdaderos portadores de luz en
la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y
amor ( N. 40.)

El Papa Francisco nos brinda la gran oportunidad y nos


desafía en el Jubileo del Año de la Misericordia. Escribe en la
Bula de convocatoria: “Encomendaremos la vida de la Iglesia,
la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de
Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío
de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir
con el compromiso de todos en el próximo futuro” (n.5). La
misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la
Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido
por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en
su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer
de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del
camino del amor misericordioso y compasivo (n.10)

16
III. COFRADÍAS Y HERMANDADES EN
HISPANOAMÉRICA

La larga lista de los términos sinónimos “confraternitas”,


“sodalitas”, “confraternitas”, “sodalites”, confraternitas
laicorum, congregatio, “pia unión” “societas”, “coetus”,
“consociatio”, “convivium” resalta siempre el sentido de
comunión o asociación fraterna solidaria de laicos.

Uno de los grandes expertos como J. Sánchez Herrero las


define como:

Asociaciones de fieles cristianos, laicos (hombres y mujeres)


y clérigos o laicos solos y clérigos solos, que se han unido
para fines cristianos muy diversos...:el culto en sus múltiples
manifestaciones, las muchas y diversas obras benéficos-
asistenciales, el entierro y sufragio por los difuntos y la
penitencia de los cofrades, que se establecieron sin la
aprobación de la autoridad eclesiástica, con la necesaria y
exigida aprobación de la autoridad eclesiástica (del siglo
XVI en adelante), o con la necesaria y exigida aprobación de
la autoridad real o de la Cámara de Castilla (segunda mitad
del siglo XVIII)3

El nuevo Código de derecho canónico de 1983 las incluye


en el campo de las asociaciones:

Existen en la Iglesia asociaciones distintas de los institutos


de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, en
las que los fieles, clérigos o laicos, o clérigos junto con laicos,

3
Origen y evolución de las Hermandades y Cofradías, o.c, p.31

17
trabajando unidos, buscan fomentar una vida más perfecta,
promover el culto público, o la doctrina cristiana, o realizar
otras actividades de apostolado, a saber, iniciativas para la
evangelización, el ejercicio de obras de piedad o de caridad
y la animación con espíritu cristiano del orden temporal.
Tres son los fines: el culto divino o culto público, la caridad
fraterna (obras de misericordia, espiritual y corporal), la
santificación y perfeccionamiento espiritual, por oración.
(De las asociaciones de fieles C298 P1).

El Código insiste en los objetivos generales: “trabajando


juntos”,”el culto divino o culto público” “fomentar una vida
más perfecta”, “realizar otras actividades de apostolado”. Que
buscan cumplirlos en otras tantas dimensiones: la litúrgica,
la profética (educación de la fe), la diakónica (caridad y
compromiso social).

Les comparto el magistral texto del P. R. Vargas Ugarte:

“La Iglesia no pudo olvidar aquel precepto que resume los


demás: el de la caridad y, precisamente, porque esta virtud
es inseparable del espíritu cristiano, en el periodo que
estudiamos hubo de manifestarse y de traducirse en obras de
beneficencia y de ayuda a los demás. Fue una nota distintiva
del tiempo, sobre todo en los que podían hacerlo, consignar
en los testamentos y últimas voluntades alguna manda o
legado para los pobres o para el culto en las Iglesias. Otras
veces se trataría de una capellanía de familia o de una dote
para casar doncellas, pero todas estas fundaciones, algunas
de las cuales subsisten y otras han desaparecido por las
injurias del tiempo o la malversación de los depósitos, nos
revelan el arraigo de esta virtud.

Aun hoy, cuando se hace el recuento de los Hospitales, Asilos


18
de la niñez desvalida, casas para mujeres pobres u otros
establecimientos del género, descubrimos que la mayor
parte de ellos remonta su origen a estos siglos en que la
piedad cristiana supo inspirar a nuestros antepasados obras
de este género y se hacía de la riqueza una distribución más
conforme con los principios de nuestra fe. Es la prueba más
palpable de lo que hemos dicho en el precedente capítulo.,
como por ejemplo en la Relación del Mayordomo del Hospital
de Santa de Lima en 1604 que, al hablar de sus rentas que
cada año se recibían de limosnas o mandas testamentarias
unos mil pesos.

Éste es también el sentido de las Hermandades y Cofradías.


Una de las más ricas herencias que nos legó la Edad Media
fue este espíritu de corporación que unió en un solo haz a
los maestros y oficiales de un mismo arte y los agremió bajo
la enseña de un Santo y el símbolo de la cruz. Los llamados
gremios medievales evolucionaron con el tiempo y se
multiplicaron, dando origen a las cofradías y hermandades,
cuyos asociados se vinculaban no sólo con fines de devoción
sino que también se proponían ayudarse mutuamente y aun
mirar por los intereses de la clase u oficio a que pertenecían”4

A continuación enumera la del Santísimo de la Catedral


desde 1539, la de los Carpinteros de San José, la de sastres en
1573, en San Francisco y que tuvo como titular la Purísima,
la de los zapateros o de San Crispín de la Catedral, la de la
Soledad, en 1603, en San Francisco, la de las Cárceles, la de la
Piedad de la Merced, de 1606, la de los Plateros o de San Eloy
en San Agustín, la del Niño Jesús en la iglesia de san Pablo de
los Jesuitas, Nuestra Señora de Copacabana en la iglesia del

4
P. Rubén Vargas Ugarte Iglesia del Perú, II, Burgos 1955, p. 86-87

19
hospital de San Lázaro, la de la Soledad del Cuzco en La Merced.

Santo Toribio de Mogrovejo en la RELACIÓN Y MEMORIAL


QUE SE ENVÍA A SU SANTIDAD EL PAPA CLEMENTE VIII en
1598 nos pone al corriente del compromiso social de la Iglesia
de Lima a través de los hospitales y las cofradías:

“Hay seis hospitales donde se curan los enfermos con


gran caridad, uno es de Santa Ana donde se curan los indios
enfermos; otro de San Andrés donde se curan los españoles;
otro del Espíritu Santo donde se curan los pobres hombres de
la mar, y no otros; otro el San Diego donde los convalecientes
que salen de San Andrés se curan; otro que llaman de San
Lázaro de mal incurable otro; de la Caridad donde se curan
mujeres pobres” (n.19)

“Hay muchas cofradías de españoles, negros e indios,


adornadas con muchas indulgencias, la del Santísimo
Sacramento que está en Santo Domingo y acude a la
administración del Viático de esta Iglesia Catedral y demás
parroquias con lo necesario que es menester, y cuando sale
el Santísimo Sacramento van once clérigos con sobrepellices
y estolas de carmesí, que llevan las varas del palio, pendón y
mazas de plata con gran cantidad de cera.

En la cofradía de las Ánimas que está en la Iglesia Mayor,


se dicen más de seis mil misas cada año, y se da de limosna al
sacerdote ocho reales cada vez que dice misa.

Hay una cofradía de la Caridad, en la cual se casan cada año


veinticuatro doncellas pobres, y se les da para su casamiento,
veinticuatro pesos de a nueve reales, y un hermano de la dicha
cofradía que pide limosna para los pobres vergonzantes, que
se llama Vicente Rodríguez, hombre de mucha caridad y buen

20
cristiano, ha repartido desde el año ochenta y cuatro hasta el
noventa y siete, ciento cincuenta y tres mil quinientos noventa
y tres pesos y seis tomines de a nueve reales el peso.

En el monasterio de San Francisco está fundada otra


cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, la cual casa
cada año doce doncellas pobres y da a cada una seiscientos
ducados de dote.

La cofradía de las cárceles que está fundada en una de


las capillas de ellas, da de comer, cada día, a todos los pobres
de todas las cárceles, y por su turno se escogen de treinta
hombres, dos que solicitan y procuran los negocios de los
pobres presos; tienen letrado para ello y procurador

Hay otra de la clerecía que llaman la Cátedra de San


Pedro, tiene cuidado de regalar y curar los clérigos pobres
y enfermos, dan todo lo necesario para su sustento a les
sacerdotes pobres, entierra a los difuntos de la dicha cofradía
con mucha pompa y se hace muchos sacrificios por ellos, la
cual es de mucha utilidad y provecho.

García Irigoyen incluye las siguientes: Santísimo


Sacramento., Las Ánimas, San José, Crispín y Crispiniano,
Copacabana, Purísima, Veracruz, Visitación de Nuestra
Señora, Nuestra Señora del Rosario, Caridad

Nuestra Señora de la O y Nuestra Señora de la Misericordia.


Esta última fue fundada en la iglesia del Convento grande de San
Agustín por Juan de la Serna Maraver y aprobada lo mismo que
sus constituciones por Clemente IX. Se unió a la Hermandad de
San Eloy del gremio de plateros en 1680 y se colocó la imagen de
la Virgen en el altar del santo, siendo esto confirmado por el Rey
en cédula de 6 de noviembre de 1735. Forman la asociación los

21
Hermanos Veinticuatro, pudiendo los que lo deseen asentarse
como esclavos de la Virgen de la Misericordia.

En 1538 se crea la Casa enfermería promovida por gente


caritativa en la calle de la Rinconada de Santo Domingo (a
espaldas del convento de santo Domingo, sobre dos solares).
Para fines de siglo, se fundan sucesivamente el Hospital y
templo de Santa Ana, 15348; el Real Hospital de San Andrés
en 1556; Hospital de Santa María de la Caridad o de los Santos
Cosme y Damián, 1559, por la Hermandad de Nuestra Señora
de la Caridad y de la Misericordia, con el apoyo de Loaisa y
el Virrey Hurtado de Mendoza en 1563. Hospital o Ladrería
de San Lázaro, en 1575. Miguel de Acosta, comerciante de
origen griego, y un grupo de navieros, funda el Hospital del
Espíritu Santo para atender a la gente de mar. En 1593 la Casa
de Convalecencia de San Diego para mejorar y robustecer
la salud de los pacientes que egresaban del Hospital de San
Andrés. Se le conoce también como Hospital de San Juan
de Dios de Lima. Aunque Lima disponía de hospitales para
todos los grupos sociales, faltaban los sacerdotes. Al efecto,
en 1594 se reúnen varios sacerdotes en la sacristía de la
Catedral de Lima con el ánimo de fundar una cofradía, que
bajo la advocación de San Pedro, para ayudar a los sacerdotes
necesitados. Debido a la generosidad de los sacerdotes
Gabriel Solano y el canónigo León, pudieron adquirir una casa
donde se atendía a los sacerdotes enfermos desde 1598. Cabe
citar también el de 1598, por iniciativa de Luis de Ojeda (Luis
Pecador) quien establece la Casa de Huérfanos y Expósitos,
que contó con el apoyo del Virrey Conde de Monterrey y la
Hermandad de Escribanos de la Ciudad, y que subsistió hasta
que en 1919 se refundió en el Puericultorio Pérez Araníbar,
que existe todavía.

22
Vinculado con el asunto hospitalario está el de la
beneficencia. Uno de los personajes más notables será el
presbítero Matías Maestro quien dará vida a la Sociedad
de Beneficencia de Lima Metropolitana. 172 años de historia
(1834-2006)”:

“Debemos rescatar del olvido y de la indiferencia, la brillante


participación que le correspondió a D. MM, tanto durante el
régimen virreinal como en el periodo de vida independiente
de nuestro país; siendo en esta segunda etapa su intervención
de enorme importancia y trascendencia para la protección
y asistencia social de la población; cuando se señalaron las
bases del sistema sanitario y social, al combatirse eficazmente
las enfermedades, las plagas y las epidemias, y lograrse la
estructuración y la financiación de todo un complejo sistema
asistencial...Después de transcurridos 171 años de su lamentable
desaparición, fallecido en la pobreza más digna y elocuente
de quien fue rico en ideas y grandes cambios estructurales,
generoso en su constante siembra del bien, del bienestar, de
la asistencia, de la protección, en el tiempo su personalidad
se agiganta e incrementa por la genial obra realizada, y por
el enorme sacrificio y abnegación dedicada a una “buena e
inestimable obra” como fue el dar salud y protección a las clases
más necesitadas.

Nuestras palabras no son suficientes para hacer el justo


reconocimiento y elogio que sentimos todos por la obra de Don
Matías Maestro; es el país entero quien le debe el justo aprecio
y reconocimiento a este peruano de corazón, quien sin preparar
en abnegación y sacrificios, dedicó toda su vida a organizar
y sistematizar la protección y la asistencia social en el Perú”
(pp.43-62).

23
En el vestíbulo del local de la Sociedad de la Beneficencia
de Lima, luce espléndido el CUADRO DE HONOR. La Sociedad
de Beneficencia Pública de Lima inscribe aquí, en testimonio
de respeto y gratitud los nombres de los que fundaron los
establecimientos de caridad y obras pías que administra y los de
aquéllos que con sus bienes o eminentes servicios, contribuyeron
a su conservación y engrandecimiento...1826 el Presbítero
Licenciado DON MATÍAS MAESTRO distribuyó su fortuna entre
varias instituciones piadosas. Construyó el cementerio general
de Lima. En el año 1826 fue nombrado Director General de
Beneficencia y en este puesto prestó grandes servicios a las
casas de misericordia

Mons. Bartolomé Heras, el último arzobispo de Lima del


virreinato y el primero en reconocer la Independencia del Perú,
escribe un precioso INFORME A LA SANTA SEDE (Madrid, 3 de
diciembre de 1823):Se admiran en la capital generalizadas ciertas
virtudes que son dignas del aprecio: tales son una misericordia
compasiva, una devota piedad, un gran respeto y veneración
por los católicos dogmas y ministros del santuario y otros; el
genio suave y dócil de las gentes de aquel país los hace sensibles
a las miserias humanas; no pueden oír o ver una aflicción en el
prójimo, sin que sus corazones se enternezcan; empeñan todo su
poder y sus haberes por remediar una desgracia; al que ven caído
lo auxilian; socorren con generosidad toda clase de necesidades;
se compadecen de los enfermos, habiendo casas que, así de
día como de noche, tienen medicinas y caldo pronto para los
pobres que lo piden; ejercitan la limosna, y por decirlo de una
vez reluce en Lima la caridad fraterna y compasiva en toda la
extensión de sus objetos 5

5
Viene en el más completo manual de historia de la Iglesia en el Perú, del
P. Enrique FERNÁNDEZ GARCÍA, Perú Cristiano PUCP, Lima 2000 p363.

24
IV. LA IGLESIA FORJADORA DEL PERÚ

Con motivo del Bicentenario de la Independencia del


Perú, en el 2021, se hace necesaria una reflexión acerca de
la identidad nacional, de los elementos que la han forjado, de
la realidad presente y de lo que se avizora en el futuro más
inmediato. En el marco de los 35 años de la suscripción del
acuerdo entre la Santa Sede y la República del Perú, se realizó
un evento denominado: “La Iglesia Católica como elemento
importante en la formación histórica, cultural y moral del
Perú”, promovido por la Dirección General de Justicia y Cultos
del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a través de la
Dirección de Asuntos de la Iglesia Católica, y con el auspicio de
la Conferencia Episcopal Peruana. El acto se realizó el martes 18
de agosto, en el auditorio institucional del Ministerio de Justicia.

La ceremonia se inició con las palabras de la Dra. María


Cecilia Rodríguez Cuba, Directora General de la Dirección
General de Justicia y Cultos del Ministerio de Justicia, quien
destaco los 35 años de la suscripción del acuerdo entre
la Santa Sede y la República del Perú. Resaltó la labor de la
Iglesia Católica en la formación histórica, cultural y moral de
nuestro país.

A su turno, Monseñor Salvador Piñeiro García Calderón,


Arzobispo de Ayacucho y Presidente de la Conferencia
Episcopal Peruana, agradeció la realización del evento y
recordó que hace 35 años, se firmó este acuerdo, entre la Santa
Sede y el Perú. Dijo que este acuerdo reconoce la presencia de
la Iglesia en la historia y formación de nuestra nación y trabajos
que comparten el Estado y la Iglesia como son: la educación,

25
salud e inclusión social. El Arzobispo contó que unos alumnos
de la Universidad de Huamanga le pidieron su autorización
para revisar el archivo, y ellos se sorprendieron al ver la amplia
labor que realizaron los sacerdotes en los años de formación
de la Nación o en los momentos tristes como la Guerra del
Pacifico, y como acompañaron esa ilusión de la libertad de
nuestros pueblos. Por último, reiteró su agradecimiento a los
organizadores del evento y renovó el compromiso de la Iglesia
Católica en trabajar junto al Estado por la cultura, la educación,
y la salud, para lograr un Perú mejor.

A continuación, me tocó disertar acerca del rol de la Iglesia


Católica en la formación del Perú y la relación, destacando
todo el aporte que a lo largo de la historia ha dado la Iglesia
Católica a nuestro país, en el arte, literatura, el derecho,
economía, etc. Es lo que desarrollo en el presente artículo.

La exposición central corrió a cargo del Dr. Juan José Ruda


Santolaria, Asesor Jurídico del Ministerio de Relaciones
Exteriores quien destacó “la importancia de la correcta
aplicación de un tratado internacional para el logro de
objetivos comunes en personas jurídicas sujetas al Derecho
Internacional Público”. Refirió que el mismo este evento es una
actividad “que pone en evidencia el espíritu de colaboración
entre la Iglesia Católica y el Estado Peruano, que también se
ve reflejado en las constituciones políticas del Perú de 1979 y
de 1993”.

Dijo que estamos en un nuevo contexto de la relación


entre Estado e Iglesia y que esa relación de colaboración
“nace de la aportación que la Iglesia ha realizado a lo largo
de la historia y concretamente en la historia del Perú, en su
formación histórica cultural y moral. No es casual que las

26
constituciones políticas de 1979 y de 1993 recalquen en sus
artículos 86 y 50, respectivamente, tal contribución y que
esa contribución sirve de base para efectos de una relación
de cooperación y colaboración entre Iglesia y Estado. Es
decir, el Estado reconoce la contribución de la Iglesia Católica
en la formación histórica, cultural y moral del Perú”. En el
caso de la Constitución Peruana, se parte de una noción de
separación armoniosa entre Iglesia y Estado, en la perspectiva
de reconocer la independencia y autonomía de la Iglesia, pero
partiendo de un marco de cooperación. Además, dijo que
“una situación concreta es que una proporción importante
de la población del Perú profesa la fe católica, y eso da lugar
a que haya asuntos de interés común a la Iglesia Católica y
el Estado, ya que quienes profesan la fe católica son parte de
la población del Estado y eso da lugar a asuntos de interés
común, y explica una razón de cooperación entre ambas
potestades reconociendo el ámbito legítimo de cada uno
dentro de su respectiva esfera”. El tratado entre la Santa Sede
y la República del Perú “es un acuerdo, de naturaleza jurídica
de un tratado”. Señaló que “es un tratado regido por el derecho
internacional, en razón de la naturaleza jurídica de las partes
involucradas, de un lado la Santa Sede, en representación de
la Iglesia Católica Romana, y el Estado Peruano que actúan a
través de los cauces acostumbrados en los ámbitos del derecho
internacional. Hay que destacar la naturaleza de tratado
internacional, por lo que debe ser aplicado e interpretado
conforme a las normas de derecho internacional, en este caso
las normas de la Convención de Viena, del cual son parte la
Santa Sede y el Estado Peruano”.

Finalmente, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú,


Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, quien dijo que este
evento es una ocasión estupenda para dar mayor conocimiento
27
a este Acuerdo entre la Santa Sede y la República del Perú, y
que brinda una armoniosa colaboración con las autoridades
del país. “Vivimos con el enorme orgullo de formar parte
de la Iglesia Católica que ha sido un elemento esencial en
la formación histórica, cultural y moral del Perú. Es difícil
entender el Perú sin la presencia de la Iglesia Católica. Sin que
esto signifique un reclamo de ningún privilegio. Este acuerdo
abrió nuevos y varios causes a la acción pastoral de la Iglesia
y a una armoniosa colaboración con las autoridades del país.
Este marco de un acuerdo entre dos estados está inscrito en
la convención de Viena. Por eso nosotros no pedimos favores
ni tratamientos especiales. Exigimos respeto a un acuerdo
internacional en el marco de la convención de Viena…Qué
diferencia tan grande entre el laicismo y laicidad. San Juan
Pablo II promovió en el mundo entero este deseo de autonomía
tanto de la iglesia como del respeto al estado donde la Iglesia
trabaja”, continuó.

En el evento se hicieron presentes la mayoría de los


obispos del Perú y personalidades del mundo académico,
jurídico y religioso. El evento culminó con una exposición de
las diversas comisiones de la Iglesia Católica en el Perú, CEAS,
Justicia y Paz, Comisión de Educación…

Quedó claro que la religiosidad en el Perú siempre ha sido


motor de desarrollo. La persona humana goza de unidad,
identidad, no se la puede seccionar ni romper en dicotomías.
Es al mismo tiempo miembro de una patria, nación y estado,
y fiel de un credo religioso, una institución espiritual. Las
dos realidades deben entenderse so pena de crear en el ser
humano una esquizofrenia o lucha antinatural.

A lo largo de la historia del Perú, la religión y la organización

28
social han gozado de buenas relaciones. Caral, Chavín,
Pachacámac, el Patronato Regio, el Patronato Nacional, el
Concordato son expresión de autonomía y vínculo, independencia
y colaboración. Es palpable incluso en los momentos más
delicados como fueron los de la Independencia. Como constata
F. Armas (HACIA LA INVENCIÓN DEL PATRIMONIO NACIONAL
CATÓLICO: PIEDAD POPULAR Y TRADICIÓN EN EL PERÚ
MODERNO Y REPUBLICANO, 1821-1840 )

“La relación entre Estado e Iglesia, estuvo pues muy


presente en los aspectos más nimios de la vida urbana
nacional, así el decreto del 11 de noviembre de 1839 mandó
reglamentar el repique de campanas, no solamente para los
ritos propiamente religiosos, sino también para los patrios:
repiques generales en los aniversarios de las batallas de
Junín, Ayacucho y Ancash, en los días de los patronos de
la República y en los de las armas del Estado. Se harían
los repiques a las 6 am, 12 m, y 7 pm, con una duración de
quince minutos cada una. Además, fue autorizado el repique
general cuando la Nación celebrase algún acontecimiento
especial y de regocijo público, previa autorización
gubernamental. Ese mismo año, el reglamento de Policía
para Lima y su provincia, tuvo normas sobre el castigo a
quienes transgredieran la religión del Estado, la moral y
la salubridad públicas, que con algunas modificaciones,
subsistió hasta 1877”.

Como revela el P. Roger Rodríguez en su tesis doctoral


sobre el Concordato “desde los inicios de la evangelización
en América, el Perú acogió el Evangelio y fue forjando su
identidad cultural y religiosa, expresándose en una Iglesia
viva y dinámica en su impulso evangelizador”. Hoy el Estado
peruano «reconoce a la Iglesia Católica como elemento

29
importante en la formación histórica, cultural y moral del
Perú y le presta su colaboración». Esta declaración aparece
también en las Constituciones Políticas del Perú de 1979,
1993 y actualmente recogido en el artículo 71º del Proyecto
de Ley de la Reforma de la Constitución, 2002. El Acuerdo
internacional suscrito entre el Estado peruano y la Santa
Sede es el logro más significativo del Perú en su intento por
establecer relaciones con la Santa Sede, tal como consta en
el fecundo y trajinado itinerario constitucional peruano. Por
voluntad de las altas partes se suscribió el Acuerdo, el 19 de
julio de 1980, el cual fue ratificado por Juan Pablo II el 22 de
julio de 1980 y aprobado por el Presidente del Perú, Francisco
Morales Bermúdez –mediante Decreto o Ley N . 23211–, el
24 de julio de 1980, mientras que el canje de instrumentos
jurídicos se realizó el 26 de julio de 1980.

Este instrumento jurídico internacional reconoce a la


Iglesia Católica como ente con su propio ordenamiento
jurídico, que es primario, autónomo e independiente de
la comunidad internacional. Por consiguiente, el Estado
peruano reconoce a la Iglesia como elemento importante en
la formación histórica, cultural y moral del Perú y le presta su
colaboración para realizar convenientemente su misión que
le es propia.

Con la suscripción del Acuerdo quedó superada la


institución del «Patronato Nacional» al ser derogado el
Decreto Dictatorial del 27 de enero de 1870, porque no se
adecuaba a la realidad socio-jurídica del momento, ni traducía
la verdadera independencia y autonomía de la Iglesia.

30
V. LAS CATORCE OBRAS DE MISERICORDIA EN
EL PERÚ

1. Dar de comer al hambriento


2. Dar de beber al sediento
3. Dar posada al necesitado
4. Vestir al desnudo
5. Visitar al enfermo
6. Socorrer a los presos
7. Enterrar a los muertos
8. Enseñar al que no sabe
9. Dar buen consejo al que lo necesita
10. Corregir al que está en error
11. Perdonar las injurias
12. Consolar al triste
13. Sufrir con paciencia los defectos de los demás
14. Rogar a Dios por vivos y difuntos

1. DAR DE COMER AL HAMBRIENTO


Esta obra no necesita ninguna explicación. Quien no tiene
para comer o beber, se muere. Es la obra de misericordia más
evidente, más palpable ¡Cómo es posible que a diario, en pleno
siglo XXI, siguen muriendo miles de personas? La FAO subrayó
que la cantidad de personas subalimentadas aumentó en
Cercano Oriente, en el norte de África y en la región africana
al sur de Sahara. Esto hizo que la cantidad de desnutridos
pasara en 10 años de 169 a 206 millones, cuando los objetivos
fijados en 1996 hablaban de la necesidad de llevar esa cifra
a 85 millones para 2015. Esto significa que al menos una de

31
cada seis personas no tiene alimentos suficientes para estar
saludables y llevar una vida activa; esto significa que unos
mil millones de personas apenas consiguen la alimentación
necesaria para llevar una vida saludable y productiva. Con
la crisis cada vez hay más personas que pasan hambre física,
de no comer ni beber durante días. Es algo inhumano, contra
natura, que un hombre no pueda comer.
Recordamos de modo entrañable aquellas palabras de San
Juan Pablo II en Villa el Salvador: “Hambre de pan, nunca más”.
Me importa más que en señalar problemas, apuntar
algunos testimonios elocuentes de solución. Perú cuenta
con una hermosa tradición para enfrentar el fantasma del
hambre que tantas veces asola. Bastaría pensar con las ollas
comunes, los comedores populares. Leo en la web de RPPP
que “Más de medio millón de personas en Lima se benefician
con el funcionamiento de 3,400 comedores populares,
informó hoy la ministra de Desarrollo e Inclusión Social,
Paola Bustamante, en el marco de la Tercera Semana de la
Inclusión Social. Durante su visita a los comedores clubes de
madres Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Rosa de Lima,
ubicados en Villa El Salvador, la titular del Midis explicó que
su portafolio trabaja con todos los comedores populares,
que a escala nacional totalizan 13,000. http://rpp.pe/
lima/actualidad/comedores-populares-en-lima-benefician-
a-mas-de-medio-millon-de-personas-noticia-735645.
Si alguna institución merece nuestro respeto y aprobación
es la Iglesia y dentro de ella CÁRITAS. Junto a ella, casi todas
las parroquias están comprometidas en esta obra. Lo mismo
cabe señalar con las congregaciones religiosas, hermandades,
instituciones sociales que a través de comedores populares
ayudan a paliar el hambre y la sed.

32
¡Qué hermosa la acción de las Carmelitas Nazarenas que, a
pesar de vivir en clausura, atienden a diario a centenares de
personas en desayunos y almuerzos gratuitos!

Conmovedora también la atención de las Misioneras de


la Caridad de Santa Teresa de Calcuta. En su hogar de la Paz
en La Parada, Av. 28 de Julio, 2821, se da a diario el milagro
del compartir. El ambiente que rodea a este hogar nada en
suciedad y miseria. Basta con cruzar el umbral del portón de
la casa para experimentar un rayo de luz y de esperanza. No
importa contemplar niños esqueléticos, rostros esperpénticos
sin algún ojo o con labios leporinos, niños golpeándose la
cabeza, miradas ausentes o perdidas, ancianos regenerados de
la droga o con males a flor de piel…El mal es una realidad, sí;
el dolor, a toneladas…pero el bien vence, la esperanza triunfa,
el amor reina. Es el milagro de Madre Teresa que vive en sus
hijas, las Misioneras de la Caridad, y en sus colaboradoras,
y en los voluntarios y en los trabajadores, y en los pobres
que son atendidos. Sí, la oración transfigura la realidad y
nos abre horizontes de belleza y caridad. ¡Dios está aquí, me
encontré en la sonrisa de los niños, en la coherencia de los
trabajadores, en la esperanza de los voluntarios, en la caridad
de las misioneras!

Lima, patria de santos, tuvo la gracia de acoger en siete


ocasiones a Madre Teresa: el 6 de octubre de 1972, el 4 de
octubre de 1973, el 26 de junio de 1974, el 30 de junio de
1975, el 14 de julio de 1977 y en 1986 y 1988. Les comparto
un fragmento de su Discurso en el IV Congreso sobre la
Reconciliación en 1989, “Jesús nos ha dicho: “lo que hagan por
el más pequeño de los míos me lo hacen a mí”. “Si dan un vaso
de agua en mi nombre, a mí me lo dan, si ustedes reciben a un
niño pequeño en mi nombre, me reciben a mí”, y si hacemos

33
eso Jesús nos dice: “vengan, benditos en mi Padre, y posean el
Reino de Dios”, “porque tuve hambre y me dieron de comer, no
tenía mantas y me vistieron, no tuve hogar y me acogieron”. Y
el hambre no es solamente de pan. ¡El hambre es de amor, de
reconciliación! ¡Es tan hermoso saber que podemos amarnos
unos a otros con el corazón puro, perdonando cada uno al
otro! Jesús nos ha dicho algo muy bello: “Sus muchos pecados
le han sido perdonados porque ha amado mucho”. Si en verdad
queremos tener reconciliación, tenemos que perdonarnos
unos a los otros, porque el perdonar nos da un corazón puro, y
el que tiene el corazón puro puede ver a Dios y puede amar con
un amor puro como Dios nos ama. Para enseñarnos lo bello que
es el perdón, Jesús nos ha enseñado el Padrenuestro: “Perdona
nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos
ofenden”. La primera reconciliación la tenemos que hacer con
Dios; su amor y su paz nos darán el coraje que necesitamos
para reconciliarnos unos con otros y vivir en su amor. Por eso es
muy importante la oración, porque el fruto de la oración es la
fe, y el fruto de la fe es el amor, y el fruto del amor es el servicio
y el fruto del servicio es la paz. Los actos de amor son siempre
actos de paz. ¿Y dónde empieza este amor? En nuestra propia
familia ¿Y cómo empieza? Rezando juntos. La familia que ora
junta, permanece unida, y si permanece unida se amarán unos
a otros como Dios los ama, y este amor los hará fuertes para
poder amarse como Dios los ama. (https://www.aciprensa.
com/teresadecalcuta/teresa2.htm)

2. DAR DE BEBER AL SEDIENTO


Va directamente unida a la primera de dar de comer al
hambriento. Sobre dar de beber al sediento, la mejor historia
de la Biblia es la de la Samaritana a quien el Señor le pide de
34
beber. (Ver Jn. 4, 1-45).

Y pocos pueblos valoran tanto el agua como los que viven en


el desierto. De hecho, para la Biblia este lugar es un paradigma
de la propia situación humana. Israel, al encontrarse sin agua,
se queda a Moisés de que va a morir de sed y de hambre y
Yahvé le proporciona agua y maná, salvándolo de su angustiosa
situación. La Iglesia, a lo largo de los siglos ha buscado imitar
la acción divina buscando por todos los medios que nadie
perezca por sed.

¡Cuántas campañas en el Perú de agua para todos, agua


limpia! ¡Cómo se valora en los Pueblos Jóvenes donde todavía
deben conseguirla con cisternas! Momentos dramáticos por
catástrofes, huaicos, por las sequías…Cabe destacar el papel
de Cáritas en tantas ocasiones.

Santo Toribio obró de modo misericordioso como nuevo


Moisés en varias de sus caminatas. La señal más célebre fue
en Macate, departamento de Ancash, diócesis de Chimbote.
Cuentan las crónicas que el Santo “al ver que las buenas
tierras se quedaron sin agua, rogó por los habitantes del lugar,
e inspirado por Dios subió a una altura a media legua del
pueblo. Allí, revestido de pontifical, golpeó cual otro Moisés
con su báculo tres veces las rocas, y de ellas brotaron tres
brazos de agua cristalina que hasta ahora da vida, verdor,
lozanía a aquella región.” También se guarda la tradición en el
distrito de Llumpa, Conchucos, cerca de Piscobamba, de haber
hecho brotar buena agua de una parte muy alta para regar el
valle de Llacma.

Un milagro encantador de calmar el agua pero en bravos


animalitos lo obró nuestro San Martín. Cuenta el testigo
Marcelo de Ribera que en unas recreaciones que hubo, trajeron
35
al convento unos toros y terneras para que los coristas jugasen
con ellos; y estuvieron cuatro días sin comer. Y sabiéndolo el
siervo de Dios, se afligió mucho y en presencia de este testigo
cargó a toda prisa botijas de agua y las iba poniendo en la puerta
del noviciado. Y, al día siguiente, se publicó el caso en todo el
convento. Fue que, después de tener mucha agua y hierba que
trajo de la caballeriza del convento, se le abrieron las puertas
del noviciado a más de medianoche y metió la dicha agua y
hierba y la fue repartiendo a cada uno según la edad que tenían.
Y siendo animales tan furiosos, se le domesticaron y amansaron
de tal suerte que llegaban al siervo de Dios como a besarle el
hábito. Y un religioso, llamado fray Diego de la Fuente, le oyó
hablar y que decía a los toros: “El hermano mayor, deje, deje de
comer a los menores”. Y con esto se volvió a salir. Y para mayor
prueba del caso hallaron las botijas quebradas en que les había
dado de beber, por donde conocieron que se le franquearon las
puertas (Proceso, p. 137).

En el siglo XVIII, el economista Adam Smith planteó la


paradoja del diamante y el agua, considerando que a pesar
de que el agua es tan útil para los seres humanos y esencial
para el sustento de la vida, sin embargo, es menospreciada
y vendida excesivamente barata. Contradictoriamente, los
diamantes, cuya utilidad real para la vida es nula y sirven
únicamente en su condición de joya, se venden a precios
altísimos. Las personas pueden sobrevivir sin diamantes,
pero si estuvieran en medio del desierto durante tres días,
valorarían un vaso de agua más que todos los diamantes del
mundo. Lo que ocurre es que los diamantes tienen precios
elevados debido a una cierta utilidad (o satisfacción) marginal
alta que se relaciona con su limitada reserva. La utilidad total
del agua es mayor, pero tiene una utilidad marginal inferior
debido a su abundancia relativa. La paradoja del economista
36
Smith concluye afirmando que si la exigencia depende de la
utilidad del producto, el agua debería ser más valorada.

Podríamos decir que calmar la sed vale más que regalar un


diamante. Por algo nos enseñará el mismo Jesús: “Y cualquiera
que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo
les aseguro que no quedará sin recompensa.» (Mc 9, 41)

Nos lo recuerda el Papa Francisco en su encíclica “Laudato


Si”, donde dedica un apartado especial dedicado a: “La cuestión
del Agua” (27-31), en el Capítulo Primero, sección segunda:
“El agua potable y limpia representa una cuestión de
primera importancia, porque es indispensable para la
vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres
y acuáticos” (n.28) Oremos con el Santo de Asís: “Alabado
seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy humilde,
y preciosa y casta”. Ahorremos el agua, luchemos para que
llegue limpia y abundante a todos los lugares.

3 DAR POSADA AL PEREGRINO


En la antigüedad el dar posada a los viajeros era un
asunto de vida o muerte, por lo complicado y arriesgado de
las travesías. La Biblia rescata el ejemplo de acoger a ángeles
bajo formas humanas: A Abraham y Lot les sucedió esto. Esto
lo recuerda posteriormente San Pablo: “No dejen de practicar
la hospitalidad, pues algunos dieron alojamiento a Angeles sin
saberlo”. (Hb. 13, 2). San Benito –fundador de los Benedictinos-
inaugural una tradición hospitalaria que se hará proverbial:
“Acojan al huésped, al peregrine, como si del mismo Cristo
se tratara”. En aquel tiempo surgieron además diversas
órdenes religiosas con una finalidad hospitalaria, de acoger a

37
peregrinos y, en especial, a enfermos, entre las que existen y
cumplen todavía una función algunas, como los Hospitalarios
de San Juan de Dios. De su tiempo son célebres las Casas de
Misericordia, para bien acoger a los pobres verdaderos, y
poner en evidencia los falsos pobres (vagabundos y vagos),
sin necesidad de emplear acciones coercitivas; tales Casas
debían ofrecer acogida, formación, trabajo y oración. Serían
financiadas con la caridad de los poderosos y el propio trabajo
de los asilados

En la actualidad CÁRITAS ha creado toda una red de casas


de acogida. El Hogar de Cristo de San Alberto Hurtado ideó
la bella fórmula de salir con la camioneta a buscar incluso a
aquellos que no se atrevían a pedir posada.

Antonello Gerbi ha escrito un bello libro “Caminos del


Perú” (Banco de Crédito del Perú, Lima, 1943) en el que
define al Perú como un camino: “El Perú es un camino. Otros
países pueden resumirse en un símbolo geográfico. Egipto es un
valle, el Brasil una selva, la Argentina una pampa, Siberia un
estepa, Inglaterra una isla, Panamá un istmo cortado y Suiza
un puñado de montañas consteladas de hoteles. El Perú es un
camino. Luis Miguel Glave señala en este sentido que “en un
territorio tan difícil, agreste e inmenso, los diversos pueblos
que han definido la existencia de la nación peruana, lo han
hecho caminando”6 en permanente itinerancia, pero fieles a sí
mismo, bebiendo de su propio pozo, abiertos a la globalidad,
como Víctor Andrés Belaunde acuñó: en síntesis viviente, en
peruanidad.

6
“Caminos de Peregrinos” Revista Perú-El Dorado Lima, Septiembre 1999,
pp. 64-72

38
Los caminos andinos, las apachetas –montículos de
pequeñas piedras formados por los peregrinos para expiar
sus penas- de cerros y nevados, fueron transitados por
hombres y mujeres, “bienes, ideas, miedos y esperanzas”.
El P. José de Acosta, S.J. refiere que los indios emplean mil
manera para cruzar los ríos. Puentes con estructuras de
piedra, de madera, puentes colgantes con estructuras de
fibras. Oroyas: canasta suspendida de un cable conectado a
ambas márgenes de un río7. Jhon Hyslop se ha adentrado en
los estudios para reconstruir esta trama de unos 23.000 kms
sobre uno de los terrenos más abruptos y que sirvió para el
transporte, las comunicaciones y la administración del Estado
más importante de la historia prehispánica. Los centros
organizadores del espacio andino eran símbolos sagrados,
centros de atracción y concentración, donde se rendía culto a
la divinidad y se aceptaba la autoridad de los que consideraban
sus representantes en la tierra. Centros ceremoniales como
Toro Muerto, Chavín o Pachacamac, nevados como el Ampato
o Sara Sara, recibían devotos peregrinos que acudían a pedir
un favor o a agradecer un don.

Del Perú incaico contamos con el valioso testimonio de los


Tambos, construidos a lo largo del Qhapaq Ñan, como centros
de aprovisionamiento y de albergue para los Chasquis. Junto
a ellos, existían los Chaskiwasi, pequeños asilos para el
descanso de los viajeros, así como también para sus animales.
Los innumerables centros ceremoniales como Caral, Paraíso,
Chavín, Pachacámac contaban con vastos espacios de acogida.

7
Historia natural y moral de las Indias [1590]. BAE, 73, Madrid, Atlas, 1954.
http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=600

39
Los españoles aportaron su larga tradición peregrina
y recrearon su identidad en lugares santos, normalmente
frecuentados por la población andina. Los naturales acogieron
las formas hispanas y las asumieron recreando sus cultos y
costumbres ancestrales en devociones aceptables para el mundo
cristiano. Hoy Perú se ve salpicado por cientos de santuarios –
del Señor, de María, de santos- que acogen peregrinos

Sorprende, sin embargo, que en el pueblo sencillo, de a pie,


anidase una conciencia universal cosmopolita que le llevase
a pensar como algo normal el visitar lugares tan distintos y
distantes como Copacabana de Bolivia, Guadalupe de México,
en las Indias o Compostela y Roma en Europa, sin perder de
vista Jerusalén en Asia. Es el caso de Pedro de Aragón que en
1660 “pide licencia para ir en romería a Nuestra Señora de
Copacabana y Santiago de Galicia reinos de España en hábito
de peregrino”. A través de los testigos que presenta podemos
conocer los motivos estrictamente religiosos que le impulsan
a peregrinar.

En el Archivo Arzobispal de Lima hay expedientes acerca


de peregrinos de residentes en Lima como el griego Jorge
Condoleo quien pide licencia en 1611 para ir como peregrino
a Jerusalén. De igual modo Francisco Jurado, natural de
Badajoz, solicita permiso para peregrinar y el canario Gaspar
de Acosta, que, en 1634, solicita peregrinar a Copacabana.
De igual modo, nos encontramos con limeños deseosos de
peregrinar a Tierra Santa como Onofre, “gran pecador” en
1620, Diego Mateo Jiménez en 1621 y Rodrigo Solano, quien
en 1635 “pide licencia para ir a visitar las santas casas de
Guadalupe y Copacabana en hábito de romero”.

Y si damos un paso más y abrimos el horizonte de la obra de

40
misericordia a la acogida brindada al migrante, Perú siempre
ha abierto sus brazos y fronteras a cuantos la han visitado
como turistas o la han convertido su patria adoptiva. El Perú
cristiano cuenta con toda una historia de acogida en sus
santuarios, sus órdenes religiosas, sus centros hospitalarios,
sus casas de Retiro. Uno de ellos, La Casa Hogar Santo Toribio
de Mogrovejo, alberga desde Agosto del 2009 a enfermos y
sus familiares que vienen desde provincia para poder ser
atendidos en los hospitales de la capital.

4. VESTIR AL DESNUDO
San Martín de Tours es el célebre santo francés que
popularice como nadie esta obra de misericordia. Se cuenta
que, cabalgando envuelto en su amplio manto de guardia
imperial, encontró a un pobre que tiritaba de frío, con gesto
generoso cortó su manto y le dio la mitad al pobre. Por la
noche, en sueños, vio a Jesús envuelto en la mitad de su manto,
sonriéndole agradecido.

El vestido definía al hombre por su situación social y


oficio. De esa forma habla la Biblia de la armadura de soldado
de Goliat (1 Sam 17, 4-6. 38-39), y de un modo especial de
los ornamentos sagrados del Sumo Sacerdote, descritos de
manera minuciosa en Ex 28, pues ellos sirven para ensalzar
y sacralizar al ministro del culto: «Harás vestiduras sagradas
para tu hermano Aarón, que le den gloria y esplendor…, y
para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote. Las
vestiduras que le harán son las siguientes: pectoral, efod,
túnica, vestido a cuadros, turbante y cinturón… para él y para
sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes» (Ex 28, 1-4).

Tales vestiduras de culto marcan una distancia entre los

41
sacerdotes y el resto de los creyentes, jerarquizando a la
población. Pues bien, al lado de ellas, el Éxodo puso de relieve
el valor sagrado del vestido de los pobres, que nadie puede
usurpar a perpetuidad: “Si tomas en prenda el manto de tu
prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol, pues no tiene
vestido para cubrir su cuerpo y para acostarse. Cuando clame
a Mí, yo le oiré; porque soy misericordioso (cf. Ex 22, 26).

De este modo, el vestido no es objeto de culto, sino


protección para el pobre, afirmando que la religión verdadera
(ayuno), consiste en vestir al desnudo, ayudándole a vivir
en dignidad (Is 68, 7). Más importante que la armadura del
soldado y el adorno clerical es el vestido que cubre y otorga
dignidad a los pobres. En ese contexto, los “sin ropa”, los
desnudos son los excluidos, los más pobres de los pobres.

Esa palabra de Mt 25 retoma la experiencia de Is 58, 7 Ez 18,


7.16; cf. Job 22, 6 y el desnudo no es sólo quien no tiene ropa,
sino el que está humillado, ninguneado, aplastado por otros,
sin la dignidad y lugar social que le ofrece el vestido. Por eso,
quien tiene ropa sobrante (capa de rey, manto de sacerdote,
túnica de labrador) y no viste al desnudo es un ladrón,
merecedor del juicio (como supone Juan Bautista: Lc 3, 11).

Esta obra de misericordia se nos facilita con las


recolecciones de ropa que se hacen en Parroquias y otros
centros de recolección. Recordar que, aunque demos ropa
usada, no es dar lo que está ya como para botar o para
convertir en trapos de limpieza. En esto también podemos dar
de lo que nos sobra o ya no nos sirve, pero también podemos
dar de lo que aún es útil. ¡Cuántos contenedores de ropa
enviamos desde Villagarcía de Campos (Valladolid) a través
de la agencia SELASI! Había prendas usadas y también otras

42
donadas por tiendas y grandes almacenes.

Vestir al desnudo Karibú es una ONG que atiende a


inmigrantes subsaharianos en Madrid. En el Perú son
muy populares los Traperos de Emaús, http://www.
emaussamaritano.com/, quienes aprovechan “Papel ,cartón
,plástico ,chatarra, metales, escritorios, revistas, equipos
de cómputo , maquinarias en desuso , papeles en general
,artefactos en general , muebles, camas , mesas , veladores
,ropa, zapatos , libros , revistas, vajillas, papel , cartón ,plástico
, botellas de vidrio, colchones , juguetes, cuadernos ,etc. En
Arequipa son muy conocidas las campañas de CIRCA: “el
papel y la ropa que te sobra es el pan y vestido que necesito”.

No esperemos a que llegue el frío para nuestros hermanos


de la puna ni tampoco los momentos de desastres ni siquiera
a la campaña de Navidad, pongamos la mano en el corazón y
la vista en nuestro armario y seguro que vamos a descubrir un
motivo para llevar a otro la misericordia divina.

5. VISITAR AL ENFERMO
Conviene recordar que en la construcción del Nuevo
Mundo tuvo especial impacto en la salud de los naturales de
Indias, pues los españoles recién llegados fueron portadores
involuntarios de gérmenes patógenos desconocidos hasta
entonces en América y que provocaron gran mortandad:
viruela, gripe, escarlatina, sarampión, tifus. A ello hay que
añadir las enfermedades endémicas propias de cada región.8

8
F. Guerra El hospital en Iberoamérica y Filipinas, 1492-1898, Madrid,
Edición del Ministerio de Sanidad y Consumo, 1994, 37-59

43
Para enfrentar dolencias y plagas, se publicaron leyes
acerca de la protección de las personas, de crean los primeros
servicios de salud y se dictamina acerca de la intervención
sanitaria, normativa sobre el uso y cuidado de las aguas,
alcantarillado... Para conocer la gigantesca tarea debemos
rastrear las normativas, ver las instituciones, conocer los
profesionales y las instituciones protagónicas.

Curar es una obra de misericordia. El P. Acosta, tan


cercano en todo a Santo Toribio, sentenciará: “Si tenemos sed
de ganancias de almas no hay camino más compendioso que
la beneficencia”. Me complace compartirles tres bellos textos
de la proverbial caridad y acción social vivida en Lima, Ciudad
de los Reyes, para enmarcar el tema enunciado de la acción
benéfica de la Iglesia a través de la salud. .

El primero –a fines del S.XVI- nos lo ofrece el gran cronista


Bernabé de Cobo, S.I. Historia de la fundación de Lima Libro
segundo. Capítulo Primero: “De la mucha piedad y religión de
esta república”

No resplandece ni campea menos la piedad y misericordia


con los prójimos, como lo testifican los muchos hospitales
que hay fundados, donde con singular amor y regalo son
curados los enfermos; las gruesas limosnas que se recogen
para sustento de los necesitados; las memorias pías dotadas
de buenas rentas, que se expenden en dar estado a doncellas
pobres y en remediar necesidades de gente desamparada;
y lo que no es de menor estimación, el buen acogimiento,
agasajo y comodidad que en esta república (digna por
ella del honroso título de madre común) hallan todos los
forasteros de cualquier nación que a ella vienen, que es tan
notable, que los más ponen en olvido a sus propias patrias

44
y se avecindan en ésta y la tienen pro propia, atraídos y
pagados del amor y cortesía con que son recibidos y tratados
y la igualdad con que ella reparte entre sus habitadores,
sin aceptación alguna de personas naturales o extranjeras,
los bienes, comodidades y honras que otras repúblicas sólo
distribuyen y comunican a sus propios hijos y naturales,
excluyendo de ellos a los advenedizos y forasteros.

Finalmente, a la grande estima y aprecio que hace esta


ciudad de las cosas de virtud y piedad, podemos atribuir
el extraordinario crecimiento que en grandeza, lustre
y majestad ha tenido en tan pocos años, y se puede
piadosamente esperar que en tanto que ella no descaeciere
del buen punto en que ha puesto las cosas de religión y culto
divino, la conservará y prosperará el cielo con mayores
aumentos de bienes y felicidad”.

El segundo el arzobispo de Lima, Mons. Heras: INFORME A


LA SANTA SEDE. Madrid, 3 de diciembre de 1823:

Se admiran en la capital generalizadas ciertas virtudes que


son dignas del aprecio: tales son una misericordia compasiva,
una devota piedad, un gran respeto y veneración por los
católicos dogmas y ministros del santuario y otros; el genio
suave y dócil de las gentes de aquel país los hace sensibles a
las miserias humanas; no pueden oír o ver una aflicción en
el prójimo, sin que sus corazones se enternezcan; empeñan
todo su poder y haberes por remediar una desgracia; al que
ven caído lo auxilian; socorren con generosidad toda clase de
necesidades; se compadecen de los enfermos, habiendo
casas que, así de día como de noche, tienen medicinas
y caldo pronto para los pobres que lo piden; ejercitan la
limosna, y por decirlo de una vez reluce en Lima la caridad

45
fraterna y compasiva en toda la extensión de sus objetos9.

El tercero se refiere a Matías Maestro y nos lo proporciona


Miguel Rabí Chara valorando su obra benéfica:

“Debemos rescatar del olvido y de la indiferencia, la


brillante participación que le correspondió a D. MM, tanto
durante el régimen virreinal como en el periodo de vida
independiente de nuestro país; siendo en esta segunda etapa
su intervención de enorme importancia y trascendencia
para la protección y asistencia social de la población;
cuando se señalaron las bases del sistema sanitario y social,
al combatirse eficazmente las enfermedades, las plagas y
las epidemias, y lograrse la estructuración y la financiación
de todo un complejo sistema asistencial...Después de
transcurridos 171 años de su lamentable desaparición,
fallecido en la pobreza más digna y elocuente de quien fue
rico en ideas y grandes cambios estructurales, generoso en
su constante siembra del bien, del bienestar, de la asistencia,
de la protección, en el tiempo su personalidad se agiganta
e incrementa por la genial obra realizada, y por el enorme
sacrificio y abnegación dedicada a una “buena e inestimable
obra” como fue el dar salud y protección a las clases más
necesitadas. Nuestras palabras no son suficientes para
hacer el justo reconocimiento y elogio que sentimos todos
por la obra de D. MM; es el país entero quien le debe el justo
aprecio y reconocimiento a este peruano de corazón, quien
sin preparar en abnegación y sacrificios, dedicó toda su
vida a organizar y sistematizar la protección y la asistencia

9
Viene en el más completo manual de historia de la Iglesia en el Perú, del
P. Enrique FERNÁNDEZ GARCÍA, Perú Cristiano PUCP, Lima 2000 p363.

46
social en el Perú”10.

En el vestíbulo del local de la Sociedad de la Beneficencia


de Lima, luce espléndido el “CUADRO DE HONOR. La Sociedad
de Beneficencia Pública de Lima inscribe aquí, en testimonio
de respeto y gratitud los nombres de los que fundaron los
establecimientos de caridad y obras pías que administra
y los de aquéllos que con sus bienes o eminentes servicios,
contribuyeron a su conservación y engrandecimiento...

DON MATÍAS MAESTRO distribuyó su fortuna entre varias


instituciones piadosas. Construyó el cementerio general
de Lima. En el año 1826 fue nombrado Director General de
Beneficencia y en este puesto prestó grandes servicios a las
casas de misericordia”

Aunque Carlos V ordenó a Pizarro la fundación de


hospitales y el virrey Toledo publicó sus ordenanzas
de 1575 en las que obligaba a los indios a tributar con un
tomín de plata, apenas se habían construido en tiempos de
Mogrovejo (1580-1606). Con motivo de su visita pastoral a
Yungay donde celebra el III Sínodo, en 1585, impondrá a los
párrocos la fundación de hospitales a costa del tomín (c.22).

Tal medida se recoge en la Recopilación de Leyes de


Indias (lib.1º, tít.IV) y atenderá al indígena frente a riesgos
imprevisibles. Para ello, fue necesario que el tomín saliese de
las Cajas de Comunidad en poder de los corregidores. Así lo
manifiesta en carta de 1589 a Felipe II:

“La causa de haberse hecho ha sido que la necesidad no daba

10
Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana. 172 años de historia
(1834-2006) Lima 2006 pp.43-62

47
más lugar, ni el dejarse de hacer se cumplía con el descargo
de la conciencia de Vuestra Majestad y la obligación que tiene
a que estos naturales sean tan favorecidos y amparados de
su favor; me obliga, moviéndome a ello demás de lo dicho, la
miseria, pobreza y calamidad en que estos miserables están
puestos, que es tanta que si no es viéndolo en persona no se
puede ni deja de entender”.

Al conseguir en 1591 el cambio de situación de los bienes


de hospitales por el Consejo de Indias, el prelado pasaba
a intervenir en su administración tomando cuenta a los
administradores y cobrando alcances. De este modo, el dinero
comenzaba a invertirse en la finalidad que le otorgaba la
ordenanza de Toledo. Los bienes patronados de hospitales
serán bienes civiles y el Rey otorgaba al Arzobispo y a sus
sucesores el derecho de intervención.

El Sínodo de 1592 será contundente: “Visitarán los


hospitales de indios y de españoles; exigirán las cuentas a los
administradores y corregidores y ecónomos, obligándoles
con todo el rigor del derecho a intervenir estos bienes en lo
necesario”(c.15). En su segunda visita general de 1593 los
corregidores invierten el dinero del tributo en los hospitales
ya fundados. Por esta razón, en el Sínodo de 1594, ordena
que “los dichos corregidores de aquí en adelante no gasten
ni distribuyan lo que pertenece a una iglesia y hospital en
otros, sino que cada iglesia y hospital haya e goce de lo que
fuere suyo y justamente le pertenece”(c.16). De la lectura de
los cánones sinodales se desprende el hecho de que el control
administrativo se llevó escrupulosamente, sobre todo cuando
la peste acometía las reducciones de pueblos.

Obligaciones de los médicos: En el Sínodo de 1594

48
se advierte seriamente a los cirujanos que visiten todos los
pueblos de indios: “Porque suele suceder que los cirujanos
que son de las provincias de indios no visitan todos los pueblos
que tiene la provincia donde son nombrados y señalados ni
los hospitales que tienen a su cargo y llevan el salario de los
bienes del dicho hospital por entero e estando obligados a
visitar todos los pueblos de la Provincia acudiendo al bien y
utilidad de los dichos indios, ordenamos e mandamos a los
dichos corregidores no den ni paguen a los dichos cirujanos
el salario de los pueblos y tiempo que no hubieren visitado y
nuestros Visitadores haciendo lo contrario no se lo pasarán
en cuenta en las visitas y rentas que les tomaren y se lo harán
volver y restituir y meter en la caja de comunidad, donde se
meten y ponen los pesos pertenecientes a los hospitales, de
manera que los dichos cirujanos haya e cobren el salario que
justamente les perteneciere y debiere”(c.17)

El P. Acosta nos habla de los hospitales en su obrita sobre


el jesuita Bartolomé Lorenzo:

“Cuando entró a Panamá, llegó todo su caudal a real y


medio, y hallando el otro compañero un amigo con quien
se acomodar, Lorenzo se fue al hospital, bien mojado y
destrozado de aquel penoso camino, aunque corto.Detúvose
algunos días en Panamá buscando en qué ocuparse, y no lo
hallando, por ser toda tierra de mercaderes y marineros,
al cabo se topó con un clérigo que le llevó consigo a una
doctrina que tenía en Cepo, 18 leguas de Panamá; allí se
detuvo dos meses aficionado al trabajo del campo, y comenzó
a entender en unas labranzas y rozas, y andando un día por
aquella montaña, se le hincó una caña muy aguda que le
pasó una pantorrilla, y viendo que se le hinchaba mucho y
hacía cantidad de materia, se vino a Panamá a curar, y trujo

49
el camino a pie por no haber mejor comodidad, con grande
dolor de la pierna y corriendo sangre todo el camino; pero,
a su parecer, con el andar se mitigaba el dolor y así andaba
sin parar.

Entrando en el hospital con licencia del deán, se curó y pasó


mucho trabajo de cauterios de fuego y otros tormentos, al
cabo de lo cual le conoció un portugués de junto a su tierra,
y le regaló y acomodó de algunas cosas de que tenía allí
tienda; y después, el oidor Villalta, visitador del hospital,
pareciéndole hombre de bien, se encargó de él y le llevó a
su casa a convalecer, donde él y su mujer, que eran personas
de caridad, le regalaron, y el oidor le procuró pasar al
Perú, viendo su necesidad y bondad, y al cabo no pudo por
contradecirlo los demás oidores”11.

En 1538 se crea la Casa enfermería promovida por gente


caritativa en la calle de la Rinconada de Santo Domingo (a
espaldas del convento de santo Domingo, sobre dos solares).
Para fines de siglo, se fundan sucesivamente el Hospital y
templo de Santa Ana, 15348; el Real Hospital de San Andrés
en 1556; Hospital de Santa María de la Caridad o de los Santos
Cosme y Damián, 1559, por la Hermandad de Nuestra Señora
de la Caridad y de la Misericordia, con el apoyo de Loaisa y el
Virrey Hurtado de Mendoza en 1563. Hospital o Ladrería de
San Lázaro, en 1575. Miguel de Acosta, comerciante de origen
griego, y un grupo de navieros, funda el Hospital del Espíritu
Santo para atender a la gente de mar. En 1593 la Casa de
Convalecencia de San Diego para mejorar y robustecer la salud
de los pacientes que egresaban del Hospital de San Andrés.
Se le conoce también como Hospital de San Juan de Dios de

11
N.13 En la doctrina o pueblo de Cepo. EN EL HOSPITAL

50
Lima. Aunque Lima disponía de hospitales para todos los
grupos sociales, faltaban los sacerdotes. Al efecto, en 1594 se
reúnen varios sacerdotes en la sacristía de la Catedral de Lima
con el ánimo de fundar una cofradía, que bajo la advocación
de San Pedro, para ayudar a los sacerdotes necesitados.
Debido a la generosidad de los sacerdotes Gabriel Solano y el
canónigo León, pudieron adquirir una casa donde se atendía
a los sacerdotes enfermos desde 1598. Cabe citar también el
de 1598, por iniciativa de Luis de Ojeda (Luis Pecador) quien
establece la Casa de Huérfanos y Expósitos, que contó con
el apoyo del Virrey Conde de Monterrey y la Hermandad de
Escribanos de la Ciudad, y que subsistió hasta que en 1919
se refundió en el Puericultorio Pérez Araníbar, que existe
todavía.

6. REDIMIR AL CAUTIVO Y VISITAR AL PRESO


Esto implica visitar a los presos y darles ayuda material
y muy especialmente, asistencia espiritual (para ayudarlos a
enmendarse y ser personas útiles y de bien cuando terminen
el tiempo asignado por la justicia). Significa también rescatar
a los inocentes y secuestrados; en la antigüedad los cristianos
pagaban para liberar esclavos o se cambiaban por prisioneros
inocentes; hoy en día este mandato tiene que ver con
prisioneros inocentes y secuestrados

El Evangelio no empieza por una reforma estructural,


programando un cambio externo de la sociedad aunque en el
fondo lo suponga e implique, sino ofreciendo un espacio de
comunión humana a los mismos presos. Los encarcelados, a
quienes la sociedad encierra/expulsa como peligrosos, son
para Jesús la piedra angular de la comunidad mesiánica (cf.

51
Mc 12, 11). Sin duda, algunos pueden ser muy peligrosos y no
pueden estar sin más en libertad. Pero Jesús quiere ofrecerles
una presencia humana de cuidado y esperanza. De igualmente
han hecho y debemos hacer sus seguidores. Como bellamente
expresó Benedicto XVI “no se comienza a ser cristiano por una
decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un
acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a
la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, 1)

Desde la antigüedad, se rescataban esclavos o presos


cautivos por dinero. El caso más famoso es el de Miguel de
Cervantes, quien preso en Lepanto y Argel intentó cien veces
la fuga, sostuvo el ánimo de sus compañeros de cautiverio,
hizo frente a la barbarie turca sin temor a los crueles castigos
acabando por hacerse respetar y por fin el trinitario fray Juan
Gil le rescató y pudo salir para Valencia el 24 de octubre de
1580.

Uno de los más entrañables ministerios de los Religiosos


Mercedarios del Perú fue el de recaudar limosnas en el dilatado
virreinato para ser enviadas en rescate de cristianos cautivos
por los moros en África. Todavía se pueden ver las alcancías
en las iglesias de La Merced; la maternal figura de la Virgen
Redentora iba de casa en casa como señal de bendición y también
impetrando una colaboración económica. La real cédula de
1576 demuestra que se cumplía tal ministerio cuando apenas
hacía cuarenta años de la fundación de conventos en el Perú.
En 1588 se tiene noticia del primer envío oficial por un total de
1.044 pesos consignados a las autoridades de la Real Hacienda.
Cuando en 1786 se ordenó por real cédula la supresión de los
pequeños conventos, vista las dificultades para la recolección
de dichas limosnas, hubo de revocarse tal supresión, pues
como lo demostró el provincial de Lima, en sólo seis años se

52
había recaudado 309.000 pesos para ser remitidos a España.
¡Con qué gratitud se recuerda su benéfica labor, especialmente
la de los siervos de Dios Gonzalo Díaz de Amarante, Alonso de
Arequipa, Antonio de San Pedro, Pedro Urraca, Francisco de
Salamanca, Sebastián de la Cruz, entre otros!

Para solucionar esta llaga de la prisión por delitos o


cautiverio por motivos religiosos como hizo el Islam con los
cristianos, surgieron órdenes redentoras como los trinitarios
o los mercedarios, dedicadas a las cárceles, donde ejercen su
apostolado entre los aprisionados por todo tipo de delitos y
entre sus familias, junto a laicos y sacerdotes desempeñan tareas
de voluntariado en las cárceles y para la reinserción social.

Un célebre caso de visita a la cárcel nos lo brinda Santo


Toribio y nos lo cuenta Juan Delgado de León como testimonio
en el proceso de beatificación: “por el año de 1598 poco más
o menos, habiendo oído decir que traían por aquella para
ajusticiar a un fulano capitán Juan de Reynoso, y viendo que
no traían al delincuente, oyó decir este testigo que el dicho
siervo de Dios Don Toribio había salido de su casa e ido a
la cárcel pública de esta ciudad con mucha gente que le fue
acompañando adonde estaba preso y para sacar luego a
degollar al dicho fulano de Reynoso por haber dado de paños
a otro en la puerta del palacio, el cual no se había querido
bajar de la querella y movido de piedad el dicho siervo de
Dios se entró a donde estaba la parte agraviada y con sus
persuasiones santas y eficaces le redujo a que perdonase el
agravio, con lo cual se compuso el negocio, apartándose de
la querella el ofendido, con que dejaron de ajusticiar al dicho
fulano de Reynoso, quedando todo el pueblo edificado y
admirado de la grande caridad del dicho siervo de Dios

53
El fundador de las Mercedarias de la Caridad –presentes en
Rioja y Lima-, Beato P. Zegrí, describió bellamente el objetivo
d la Orden: «Curar todas las llagas, remediar todos los males,
calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades,
enjugar todas las lágrimas, no dejar, si posible fuera en todo
el mundo, un solo ser abandonado, afligido, desamparado, sin
educación religiosa y sin recursos»

“¿Cuándo estuviste en la cárcel y no fuimos a verte...?” Para


evitar que algún día tengamos que hacer esta pregunta al Señor,
la Iglesia nos invita a acompañar a los cautivos. Alrededor
de 90.000 presos y 70 penales existen en el Perú. En el Perú
existe la pastoral carcelaria en casi todas las diócesis. Desde
su carisma trinitario, mercedario, o debido a un llamamiento
del Señor, cientos de misioneros y voluntarios frecuentan las
cárceles como los Misioneros de la Preciosa Sangre, quienes
reconocen el grito de la Sangre en los hermanos que buscan
su libertad; de este modo, los padres Andoni Ledesma C.PP.S
y Nino Calderón C.PP.S están realizando esta pastoral en dos
penales: Piedras Gordas, ubicado en el Km 42 de la avenida
Panamericana Norte, en Ancón; y en San Pedro ubicado en
el distrito limeño de San Juan de Lurigancho. O el de la laica
española Mercedes López quien desde hace décadas ha
optado por una vida entre rejas, apoyando en lo que puede a
los presos extranjeros que cumplen condenas por tráfico de
drogas, desde la Casa de la Esperanza Migrante, para ayudar a
los burriers extranjeros que salen de prisión; con su equipo los
acoge, les da un techo provisional, comida, ropa, les gestiona
documentos y hasta les consigue trabajo.

Dios quiera que -como pidió el Papa Francisco en febrero


del 2016 en su visita a los presos de Ciudad Juárez- se
promueva la reinserción social y una cultura solidaria: “A

54
veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las
personas a seguir cometiendo delitos más que promover los
procesos de reinserción que permitan atender los problemas
sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona
a determinada actitud…En la capacidad que tenga una
sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos
está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser
constructores de una buena convivencia”.

7. ENTERRAR A LOS MUERTOS:


Muchas de nuestras huacas y centros arqueológicos de
Lima y todo el Perú son en realidad cementerios, necrópolis.
¡Qué pena da constatar que uno de los nuestros se lo “tragó” el
mar o un caudaloso río! El recordado Dr. Raúl Cantela escribió
un precioso libro “EL RIO SE LO LLEVÓ” sobre su hermano
Carlos, P. Cali, franciscano, desaparecido en las aguas del río
Tambo Dantescas fueron las imágenes de los muertos en el
accidente de Faucet en el 1995 poco antes de aterrizar en
Arequipa; de muchos de ellos sólo quedaron cenizas. ¡Cuántos
desaparecidos, no enterrados o escondidos! ¡Qué paz nos
deja el culminar la tarea de la persona humana en la tierra,
enterrando cristianamente su cuerpo!

Hasta la Edad Moderna, lo habitual en la civilización


cristiana era enterrar dentro o en torno a la iglesia. Durante
los siglos XVI y XVII, en Occidente se mantuvo la costumbre
de enterrar a los muertos dentro de las Iglesias, conventos,
capillas de hospitales. Esta situación cambia en la segunda
mitad del siglo XVIII, con la difusión de las ideas ilustradas,
en que son cuestionadas tales costumbres. La idea central,
era que los muertos se encontraban envenenando a los

55
vivos y por ello la necesidad de erigir un campo santo que
recogiera los cuerpos o focos infecciosos. La calidad del aire
era fundamental Por este se expandían los miasmas de los
muertos que venían como, a medio proceso de corrupción
las tumbas eran abiertas para alojar nuevos huéspedes.
Los muertos no podías descansar por eso de vengaban de
los muertos, enfermándolos. Un tanto obsesionados por la
salud y la higiene hicieron todo lo posible para trasladar los
enterramientos a las afueras de los núcleos poblados, como
graciosamente escribió el Cura Zamácola en Cayma (Arequipa)
“para que los muertos no maten a los vivos”.

Paradigma de estos cementerios será el Presbítero Matías


Maestro inaugurado, el dia 31 de Mayo de 1808, con una
ceremonia simbólica, que llamará a la reflexión a la población,
esta fue la traslación de los restos de Arzobispo, Juan Domingo
Gonzáles de la Reguera, enterrado en el Panteón de la
Catedral, quien había impulsado el proyecto del Cementerio.
El propio Arzobispo Bartolomé María de las Heras elogiará
este Cementerio general o Campo Santo, cuya fabrica por su
extensión bello orden, solidez y decencia, no tiene nada que
envidiar a los mejores de Europa exhortando que en adelante
las inhumaciones tuvieran como destino el Panteón.

¿Qué sentido tiene esta obra de misericordia en nuestro


tiempo, cuando de esto ya se encargan las funerarias? Como
señala la escritora María Vallejo-Nágera, autora del libro
Entre el cielo y la tierra (ed. Planeta), «la Iglesia nos regala
poder enterrar a nuestros difuntos en Campo Santo, que es
tierra bendecida, orada y entregada a Dios. Durante los 5 años
que investigué documentación eclesial sobre el Purgatorio,
descubrí mucha información sobre la importancia de enterrar
a nuestros amados difuntos en estos lugares. Decía la Beata

56
Anna Catherina Emmerich, en sus visiones y éxtasis, que
muchas almas difuntas se sentían aliviadas al ver gente orante
en los cementerios. Aunque sus oraciones no estaban dirigidas
a ellos (los visitantes oraban por sus difuntos, no por el resto
de enterrados), a veces Dios permitía que se beneficiaran
de ellas los enterrados en tumbas colindantes. Enterrar a
nuestros difuntos debe ser siempre un acto de caridad, amor
y empatía, y qué mejor manera de hacerlo que llevando sus
restos a un lugar donde Dios ha derramado grandes gracias a
través de bendiciones sacerdotales y oraciones de todo tipo».

El más famoso muerto enterrado y en una tumba que no


era propia fue el mismo Jesucristo. José de Arimatea facilitó
una tumba de su propiedad para el Señor. Pero no sólo eso,
sino que tuvo que tener valor para presentarse a Pilato y
pedir el cuerpo de Jesús. Y también participó Nicodemo, quien
ayudó a sepultarlo. (Jn. 19, 38-42)

¿Por qué es importante dar digna sepultura al cuerpo


humano? Porque el cuerpo humano ha sido alojamiento del
Espíritu Santo. Somos “templos del Espíritu Santo”. (1 Cor 6,
19).

Prácticamente todas las cofradías y hermandades –además


de incentivar la práctica de la caridad, la oración, el culto,
tuvo muy en cuenta el enterrar cristianamente a sus miembros
muertos. Así sucedió con las primeras del Perú: Santísimo de
la Catedral desde 1539, la de los Carpinteros de San José, la de
sastres en 1573, en San Francisco y que tuvo como titular la
Purísima, la de los zapateros o de San Crispín de la Catedral, la
de la Soledad, en 1603, en San Francisco, la de las Cárceles, la
de la Piedad de la Merced, de 1606, la de los Plateros o de San
Eloy en San Agustín, la del Niño Jesús en la iglesia de san Pablo

57
de los Jesuitas, Nuestra Señora de Copacabana en la iglesia del
hospital de San Lázaro, la d la Soledad del Cuzco en La Merced.

8. ENSEÑAR AL QUE NO SABE


Una de las últimas palabras de Jesús fue implorar perdón al
Padre por sus asesinos “porque no saben lo que hacen”. Siempre
la “ignorancia es atrevida” y nunca como hoy es necesaria esta
primera obra de las siete espirituales. Consiste, por tanto, en
enseñar al ignorante –al que no sabe- sobre temas religiosos
o sobre cualquier otra cosa de utilidad. La enseñanza puede
ser a través de escritos o de palabra, por cualquier medio
de comunicación o directamente. Nos advierte la Sagrada
Escritura que “Quien instruye a muchos para que sean justos,
brillarán como estrellas en el firmamento”. (Dan. 12, 3b)

En el formidable encuentro de Europa y América, un asunto


apasionante es el de la educación. Si aceptamos la definición de
educación como “la introducción en la totalidad de lo real” (L.
Giussani) o el “perfeccionamiento intencional de las facultades
específicamente humanas” (V. García Hoz), concluiremos
que estudiar el hecho educativo en América es tanto como
querer abarcar toda la historia americana. Y siempre habría
que constatar que la Iglesia evangelizó educando y educó
evangelizando. Ahí están los colegios, las universidades, los
centros de formación de todo tipo.

Isabel Gutiérrez Zuloaga, catedrática de Historia de


la Educación en la Universidad Complutense de Madrid,
gráficamente escribirá que “cuando aún no había leyes para
abrir escuelas en los pueblos españoles, se dieron para las del
Nuevo Mundo”[1]. De hecho, ya en la Real Cédula de 1501,
se prescribía a Frey Nicolás de Ovando, gobernador de la
58
Española, que los Reyes deseaban para sus súbditos, además
de los mismos derechos y consideraciones de los españoles
“los bienes de la fe y de la civilización”. Dos años después
-1503- en una Ordenanza se manda que “se hiciesen hacer
una casa adonde dos veces cada día se juntasen los niños de
cada población y el sacerdote les enseñase a leer y a escribir...”.

Esta legislación se explaya en un florecimiento pedagógico


en el Nuevo Mundo, tal como recogió San Juan Pablo II en
su carta magna sobre el V Centenario de la Evangelización
de América: “Cerca de cada iglesia, como preocupación
prioritaria, surgía la escuela para formar a los niños. De esos
esfuerzos de elevación humana quedan páginas abundantes
en las crónicas de Mendieta, Grijalba, Motolinía, Remesal y
otros. ¡Con qué satisfacción consignan que un solo obispo
podía ufanarse de tener unas quinientas escuelas en su
diócesis!”[2]

En el Perú, en tiempos del virrey Francisco de Toledo


(1569-1581) hay un gran esfuerzo para establecer escuelas
en todos los pueblos de indios. La Dra. Noelia Pizarro en su
tesis doctoral La alfabetización de los indios del Perú en el
S. XVI (Facultad de Educación, Universidad de Salamanca)
destaca que el contenido de esa educación abarcaba además
de los propios de la religión cristiana, la lectura, la escritura,
el cálculo, y también en ocasiones enseñanzas profesionales
que fueran de gran utilidad al indio en su vida diaria y laboral.

Los mismos concilios provinciales y sínodos diocesanos


junto con sus prescripciones de carácter eclesial, “interesantes
cláusulas de tipo cultural y de promoción humana” en las que
“fija la Iglesia americana su posición respecto al indio, reclama
su libertad, estudia medidas de carácter social, educativas...”.

59
En concreto en el Tercer Concilio Limense de 1582-3 se dedica
todo un capítulo al tema de la educación de los niños cuidando
que sólo ése sea el objeto de la escuela (II, c.43).

El ingente esfuerzo realizado es una respuesta práctica al


optimismo pedagógico formulado por el P. Vitoria, pionero
de los Derechos Humanos desde su cátedra salmantina y
el P. Las Casas, celoso defensor y apóstol de los indios: “De
estos ejemplos antiguos y modernos claramente parece no
haber naciones en el mundo, por rudas e incultas, silvestres y
bárbaras, groseras, fieras o bravas y casi brutales que sean, que
no puedan ser persuadidos, traídos y reducidos a todo buen
orden y policía y hacerse domésticos, mansos y tratables, si se
usare de industria y de arte y se llevare aquel camino que es
propio y natural a los hombres, mayormente; conviene saber:
por amor y mansedumbre, suavidad y alegría”[5].

Culmino con el entrañable ejemplo de nuestro pastor


Toribio Mogrovejo. Cuenta el P. Juan Vásquez, de la Compañía
de Jesús, Doctrinero de los indios del Cercado de Lima, “fue
humildísimo, en tal manera, que con los pobres indiecitos
tenía gran familiaridad y los trataba con mucho amor, y
deseaba que fuesen instruidos y enseñados en los rudimentos
de la fe y en buenas costumbres. Y estando este testigo en el
Cercado, siendo doctrinero en él, vino algunas veces el dicho
señor arzobispo a visitarlo y en persona iba a la escuela donde
aprendían a leer los muchachos y él mismo les enseñaba la
cartilla y los mostraba a leer; y recibía tanto gusto que le
parecía estaba en los mayores entretenimientos del mundo,
porque era muy amigo de los pequeñuelos, y con la demás
gente era muy tratable y muy conversado, y tenía tanto amor
que los metía en sus entrañas como si fuera padre de cada
uno” (Actas/Procesos, 1632, f. 503r-503v).

60
9. DAR BUEN CONSEJO AL QUE LO NECESITA
Dar buen consejo, asesorar, acompañar es una obra de
misericordia al alcance de todos los bolsillos. Lo necesita el
niño, el deportista, el estudiante, el empresario…Todo curso
formativo, de liderazgo es un proceso orgánico, integral
de buenos consejos. ¡Qué importante la figura del tutor, del
entrenador, del guía, del director espiritual! Nadie como el
sacerdote profundiza en la tarea de consejero, de director.
Cuánto bien nos deparan los retiros, los Ejercicios. Benditas las
instituciones, los movimientos que los organizan y atienden.

A lo largo de la historia una buena confesión acompañada


de un certero consejo se convierte en el mejor medio de
lograr el objetivo, la felicidad. Así lo reconocía San Ignacio
de Loyola a su profesor de la Sorbona, el Dr. Miona: “Siendo
los Ejercicios Espirituales (EE) todo lo mejor que yo en esta
vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre
poderse aprovechar a sí mismo como para fructificar, ayudar
y aprovecharse a otros muchos”. ¡Cuánto podríamos escribir
sobre los BUENOS CONSEJOS recibidos por cientos de jesuitas
en el Perú! Ahorita mismo, cómo no recordar la Casa de
Ejercicios de Huachipa donde se brinda la posibilidad de
practicar los Ejercicios hasta de mes…Y cerca de allá el “Foyer
de Charité” con los PP: Monfortianos.

La energía espiritual almacenada en los EE de san Ignacio


es tan grande que pueden dinamizar cualquier realidad
humana. León XIII manifestó que la gravísima cuestión social
se solucionaría con sólo vivir el “Principio y Fundamento”
de los EE. Juan Pablo II en la encíclica Sollicitudo rei socialis
apunta la misma terapéutica: “Lo único importante es suscitar
inquietudes espirituales”. El Papa Francisco como todo jesuita

61
es un fruto y un apóstol de los Ejercicios.

Ante las voces alarmantes de profesores e instituciones


que declinan su vocación por la indisciplina de los escolares,
la falta de motivación...; cuando las empresas no encuentran
personas en quienes confiar, cuando los bancos dudan de la
transparencia de sus empleados, cuando los partidos buscan
líderes coherentes, intachables…los EE se presentan más
actuales que nunca, ya que son “fragua de hombres nuevos”.

La Compañía de Jesús lo comprendió así desde los primeros


momentos, y tanto sus “Constituciones” (reglamento, estatuto)
como la “Ratio Studiorum”(su ideario pedagógico podríamos
decir) son la concreción espiritual, jurídica y pedagógica de
los EE.

Ignacio de Loyola, consciente de la importancia de la tarea


educativa, escribió a Felipe II, para interesarle en la creación
de un colegio: “Todo el bien de la Cristiandad y de todo el
mundo depende de la Educación de la juventud”. Es lógico
pensar que sus propios familiares vivieron el calor de ellos.

Su práctica fue introducida por los Jesuitas en Perú como


elemento fundamental de “reforma de costumbres”, en
particular con “hombres de suficiente edad”; la inquietud la
creaban a través de los sermones; el éxito fue grande como en
el Colegio de Lima donde los practicó el fiscal de la Audiencia
Pedro Mejía en 1586 ingresando en la Compañía de Jesús. En
1595, el P. Juan Sebastián, provincial a la sazón de Lima, pide a
Roma se impriman en castellano los EE “para que en el dar los
Ejercicios a los seglares haya menos trabajo y más seguridad
de que van bien escritos”.

El provincial P. Rodrigo Cabredo escribirá en carta al

62
General Acquaviva de 28.4.1603 que “Los EE de nuestro
bendito Padre se han dado a muchos este año con notable
fruto, pues son 9 los que de ellos han salido para ser religiosos
y pretendientes de la Compañía algunos” En la Carta Annua,
al hablar de este Colegio se insiste en este medio apostólico:
“Comunicándoles un particular celo de estas almas por medio
de los Ejercicios de nuestro beato Padre con que se disponen
cada año”.

En Arequipa –todavía existe una calle con el nombre de


Ejercicios, la Álvarez Thomas- sucedería lo mismo, desde que
los practicara el gran misionero del Paraguay, en 1604, P. Ruiz
Montoya. Su celo arrancaba, sin duda, de experimentar su
fruto en sí mismo, pues “por más ocupaciones que hayamos
tenido -dirá san Roque González, pionero de las Reducciones
guaraníes - jamás hemos faltado a nuestros EE y modo de
proceder” Cuentan las crónicas que “fue tal la moción del
pueblo y en especial de la gente más granada dél a recogerse a
estos ejercicios que en mucho tiempo nunca faltaron hombres
que los estuviesen haziendo, sin que hubiese celda sobrada[...]
Cuando salían los que acababan su tarea y entraban los que
estaban esperando, luego acudían otros nuevos pretensores”.

¡Qué importantes son los Ejercicios, los retiros, para


encontrarse con uno mismo, con los demás, con Dios! Cuántas
Casas, cuántos directores, cuántos practicantes…Basta de
momento con recordar a Sebastián de Antuñano, el 4º y
más destacado mayordomo y benefactor de la Hermandad
del Señor de los Milagros de Nazarenas. Practica ocho días
de Ejercicios en el Noviciado de la Compañía de Jesús (hoy
panteón de los próceres, junto a la Casona de San Marcos) en
Lima y el viernes 14 de junio de 1684, se dirige a la ermita
del Señor de los Milagros y, mientras contemplaba la santa

63
efigie, siente una voz interior que le susurra claramente:
«Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor
de mi culto». Puesto de rodillas ante la imagen, le ofrece
un servicio incondicional hasta la muerte. Y de él seguimos
beneficiándonos hasta el momento.

10. CORREGIR AL QUE YERRA. Acerca de la


Inquisición
Siempre, en todo, debemos buscar la verdad, la bondad, la
belleza. Y si nos salimos del camino toda corrección propia
o ajena es buena. Claro que hemos de evitar siempre los
extremos: Ni estar corrigiendo cualquier tipo de error ni
ponerse en la postura de Caín por no considerarse “guardián
de mi hermano”. Entre una y otra está la actitud de Jesús:
“Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para
reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te
escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el
caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. Si se niega
a escucharlos, informa a la asamblea (o a los superiores)”. (Mt.
19, 15-17)

Para cumplir esta Obra de Misericordia se requieren


varias condiciones: que pueda preverse un resultado positivo
a nuestra corrección y que no nos causemos un perjuicio
a nosotros mismos; corregir con mansedumbre y suma
consideración. Decía San Antonio María Claret: Con el otro
debes ser como una madre, contigo como un juez, con Dios
como un hijo. No podemos convertirnos en gendarmes de
la gente o como los Pepito Grillo que no dejan respiro. Sin
embargo, corregir al que yerra en fe y moral es un consejo del
Señor. Así termina el Apóstol Santiago su Carta: “Sepan esto: el

64
que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de
la muerte y consigue el perdón de muchos pecados”. (St. 5, 20).

La Iglesia ha velado siempre por la verdad, por la ortodoxia


(doctrina recta). De hecho algunos Padres reclamaron la
necesidad de la heterodoxia (herejía) para clarificar algunas
verdades en discusión o implícitas. De hecho, desde los inicios
del Cristianismo hay herejes. El Credo apostólico (breve) y el
niceno constantinopolitano (largo) vienen a ser una suerte de
clarificación, especificación, precisión de lo que la Iglesia cree,
del Dogma. Durante la Edad Media llegará incluso a crearse
el organismo y el tribunal de la Inquisición para “inquirir”
(buscar) la verdad, frente a la falsa doctrina (herejía). El
gran historiador peruano P. Rubén Vargas Ugarte, SJ, escribe
que “nació de una necesidad social que hoy, tal vez, no somos
capaces de sentir, pero en los siglos XII y XIII no pudo menos de
conmover a las multitudes y atraer la atención del poder civil.
La herejía... incitó a las masas a rebelarse contra los poderes
constituidos y, especialmente, contra la Iglesia. La inquisición
fue el fruto de la reacción producida en los ánimos por el ataque
lanzado contra la fe y las costumbres tradicionales. Por tanto,
para entenderla hay que ubicarse en su contexto.

El tribunal de la Inquisición buscaba justamente corregir


al que erraba. No sólo veía el caso de herejía y apostasía,
también veía otras cosas para evitar el deterioro moral como
blasfemias, bigamia, supersticiones o prácticas contrarias
a la verdadera religión, brujería, hechicería o magia negra,
bestialismo, sodomía, idolatría...Por el mismo pasaron
“control” santos como Juan de Ávila, Ignacio de Loyola, Teresa
de Jesús…a los que modificaron algunas palabras de sus
escritos; en otras ocasiones se imponía un castigo como salir
en procesión con el “sambenito” o dar unas limosnas. Hubo

65
tristes casos debidos a la maldad de sus agentes como sucedió
contra Fray Luis de León o el primado de España Fr. Jerónimo
Carranza. La pena extrema de muerte en Lima (1569-1820)
se dio en 32 casos.

Claro que el objetivo era siempre el público creyente,


pero que disimulaba o sostenía por verdad lo que su Iglesia
no admitía. Por esta razón, cuando el tribunal se crea en
América sólo incluye a los cristianos viejos, dejando exentos
a los indígenas americanos por no estar bautizados todavía
o haberlo hecho recientemente. En el Perú, la Inquisición fue
creada por el Rey Felipe II en 1569, como filial provincial del
Consejo de la Suprema y General Inquisición española. Entró
en funciones en 1570, siendo Virrey del Perú Francisco de
Toledo. Los primeros inquisidores fueron Serván de Cerezuela
y Andrés de Bustamente.

Conviene recordar que aun hoy la Iglesia cuenta con la


Congregación para la Doctrina de la Fe (http://www.vatican.
va/roman_curia/congregations/cfaith/index_sp.htm) a cuya
cabeza estuvo por muchos años el Cardenal J. Ratzinger
(Benedicto XVI) y en la actualidad S.E. Gerard Müller.

Aconsejo la obra del P. Ángel Peña, “Luces y sombras de la


Iglesia” (Lima 2005, http://www.libroscatolicos.org/index2.
htm) que dedica buena parte al tema. Para el caso peruano,
la obra del historiador y director del Museo Dr. Fernando
Ayllón Dulanto “El Tribunal de la Inquisición. De la leyenda a
la historia” Ediciones el Congreso del Perú, Lima, 1999 http://
www4.congreso.gob.pe/museo/resena_historica_peru.html)
y que cuenta con la espléndida introducción del llorado
maestro G. Lohmann Villena titulada “La Inquisición, centinela
de la fe”. De gran interés es analizar los sermones predicados

66
en los autos inquisitoriales como ha hecho la medievalista
peruana doctora Cristina Flórez abre horizontes sobre los
objetivos de la Inquisición. Junto a la función represiva para
que los herejes abjuraran de sus errores y volviesen a la
ortodoxia, estaba la función ejemplificadora, de centinela de
la fe y de rescatar para el seno eclesial. Además de con los
juicios, edictos, un modo muy directo y bien práctico lo busca
con los sermones pronunciados en el mismo auto.

Cabe indicar que todas las instituciones religiosas y civiles


han creado organismos de represión y auténtica tortura
para “corregir al que yerra”. Los tribunales de la Inquisición
introdujeron mejoras en el derecho penal, que para aquellos
tiempos eran novedades. Debía haber un médico para
controlar la tortura, tenían derecho los reos a un abogado
de oficio y testigos de abono a su favor. El tiempo de tortura
era limitado a una hora y no podía haber derramamiento de
sangre ni mutilaciones, como en los tribunales civiles. En
un estudio sereno y comparado se concluye que el balance
general es más positivo que negativo y que, por consiguiente,
hablar de la Inquisición como de una institución sanguinaria,
cruel e inhumana, es lo menos acorde a la verdad y sin ella,
el mundo habría lamentado muchos más miles de muertos.
Como siempre, una cosa es el “uso” y otra el “ab-uso” o la
exageración por parte de sus miembros.

Esto no quita para que aprendamos la lección y luchemos


por una tolerancia religiosa como norma de vida y que nunca
debemos imponer la verdad por la fuerza de la violencia. Como
concluyó el Concilio Vaticano II y tantas veces han repetido
los Papas: La verdad no se impone de otra manera que por la
fuerza de la misma verdad [2].

67
11. PERDONAR LAS INJURIAS
La misericordia es una calle de doble sentido. Si queremos
recibir la misericordia de Dios, entonces debemos ser
misericordiosos y perdonar a los que nos han hecho mal. Los
versículos bíblicos sobre este tema son muchos, muchísimos:
“Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es
misericordioso”. “Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.”
“No se ponga el sol sobre vuestro enojo.” “Perdona las ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”
(El Padre Nuestro) “No te digo 7 veces, sino 70 veces 7 veces…
tienes que perdonar…” “Deja tu regalo y reconcíliate primero con
tu hermano…” “Padre, perdónalos porque no saben lo que están
haciendo.” “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.”
Una pista que puede ayudarnos en el área del perdón es
la de aceptar el hecho de que todas sus personas de nuestra
vida nos harán daño en algún momento. El lugar más
común en que somos heridos se encuentra en el contexto de
nuestra familia, con los miembros de la familia. La clave es la
siguiente: perdona inmediatamente. Tan pronto como alguien
te hace daño o hiere, entonces ora por esa persona y perdona
inmediatamente. Si lo haces habrás ganado una importante
victoria sobre ti mismo y mostrar a Dios cuánto lo amas por
practicar la misericordia.
De la venganza al diente por diente llevó un paso largo; de
la ley del Talión al perdón fue un paso de gigante. “Perdona
nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos
ofenden”, es un punto del Padre Nuestro, que el Señor aclara
un poco más en San Mateo, al final del Padre Nuestro: “Queda
bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres,
también el Padre Celestial los perdonará. En cambio, si no
perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los

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perdonará a ustedes”. (Mt. 6, 14-15).

Perdonar las ofensas significa que no buscamos vengarnos,


ni tampoco conservamos resentimiento al respecto. Significa
tratar a quien nos ha ofendido de manera amable. No significa
que tenemos que renovar una antigua amistad, sino llegar a
un trato aceptable.

El mejor ejemplo de perdón en el Antiguo Testamento


es el de José, que perdonó a sus hermanos el que hubieran
tratado de matarlo y luego hayan decidido venderlo. “No se
apenen ni les pese por haberme vendido, porque Dios me
ha enviado delante de ustedes para salvarles la vida”. (Gen.
45, 5). Y el mayor perdón del Nuevo Testamento: “Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lc. 23, 34). Jesús
dio un cambio revolucionario, perdonar siempre, a todos, del
todo, setenta veces siete o sea siempre, ofrecer la otra mejilla,
responder al mal con el bien. Lo deja claro el Padrenuestro
cuando le pedimos perdón al Padre porque “también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden”.

Pienso en el milagro del perdón otorgado por Dios en la


confesión y pienso en tantas iglesias que siempre ofrecen esta
gran oportunidad. El santuario del Señor de los Milagros de
Nazarenas siempre tiene un confesor disponible, lo mismo
sucede con San Pedro en el centro de Lima y tantas iglesias
durante las misas. De gran interés las Jornadas del perdón y
los Centros de Reconciliación

El P. Ángel Peña nos relata un bello ejemplo en su libro


“La alegría del perdón” y que conoció personalmente. Una
chica terrorista vino un día a mi parroquia de Arequipa,
diciéndome que quería confesarse, porque había matado a
varias personas, junto a sus camaradas comunistas, en sus
69
incursiones a los caseríos de la Sierra. Desde muy niña, su
corazón había estado lleno de rencor a sus padres, que eran
alcohólicos, y la habían tenido muy descuidada, hasta el punto
de que varios hombres la habían violado. Era tanto el odio que
sentía que la ira y el deseo de venganza era un fuego en su
interior. Por eso, no encontró mejor medio de vengarse que
unirse a los terroristas, que andaban por la zona, para poder
desfogar su odio contra todo y contra todos.
Los terroristas la usaron de cocinera y la llevaban a
sus incursiones armadas, donde también ella mataba sin
compasión. Así estuvo varios años hasta que se fue hastiando
de ese infierno de vida, sobre todo, teniendo que ser la mujer
de cualquiera de sus compañeros, la cocinera y la sirvienta de
todos. Por fin, un día se escapó y huyó lejos de aquellos lugares,
donde sus compañeros no la pudieran encontrar. Y se fue a
Arequipa a trabajar, pero siempre llevaba dentro el odio, que
no la dejaba dormir ni descansar bien. Felizmente, comenzó a
trabajar en una familia muy católica y la orientaron para que
pudiera confesarse y pudiera por fin perdonar y perdonarse a
sí misma por todo el daño que había hecho. Para ella fue como
un renacer de nuevo, pues volvió a sentir la alegría de vivir.
Dios la había liberado de la cadena del odio que la tenía como
esclava, y no la dejaba vivir en paz.
Como escribe el P. Peña “amar es perdonar y perdonar es
amar. Perdonar es sanar y odiar es enfermar. Ama y perdona
para ser feliz”.

12. CONSOLAR AL TRISTE


¡Qué tristeza se nota en tantas caras que uno encuentra a
diario! Cuánta plata se gasta para combatirla. Cuentan que el

70
presidente ruso Kruschev al ver el gigantesco parque de las
diversiones de Estados Unidos comentó: “Debe ser un pueblo
muy triste cuando necesita tantos recursos para divertirse”.

Cuántos rostros “pálidos”, ojerosos, tristones, sin sentido.


En los medios de transporte, en la calle se palpa un ambiente
cargado de stress, de odio contenido, de un vacío, de un sin
sentido. Se ve a la gente con prisa pero sin saber muy bien
dónde llegar. El consuelo para el triste o deprimido se asemeja
al cuido de un enfermo. Y es muy necesario, pues las palabras
de consuelo en la aflicción pueden ser determinantes.

Escribe Pascal: “Sólo la religión cristiana hace al hombre


amable y feliz al mismo tiempo”.

Santa Teresa lo sintetizó a la perfección: “Santo triste,


triste santo”, o sea, que santidad y tristeza son incompatibles.

El Señor nos quiere felices. El que de verdad cree en Dios,


espera en Dios y ama a Dios encuentra en la certeza de su
presencia una verdadera fiesta, se siente feliz, pase lo que
pase. Toda la miseria humana no podrá oscurecer la dicha
profunda, la inundación de paz que nace en el alma al saber
que Dios es infinitamente grande y es «mi Padre». Todos los
días son fiesta para los que viven en gracia de Dios.

Los cristianos hemos recibido en el Bautismo la consigna


de «servir al Señor con alegría». El mal humor no se compagina
con la Buena Noticia que es el Evangelio que hemos de vivir y
anunciar a todas las gentes. El Evangelio no se puede anunciar
con mala cara ni se puede vivir con malos humores. Sabiduría
sin buen humor no es verdadera sabiduría. Humor sin
sabiduría es necedad

71
Buen momento este para releer la Exhortación Apostólica
Gaudete in Domino sobre la alegría cristiana, de Pablo VI (9-V-
1975). Texto base de la misma: “Alegraos siempre en el Señor,
porque Él está cerca de cuantos lo invocan de veras” (cf. Flp 4,4).
Capítulos de dicha exhortación: I – Necesidad de la alegría en
todos los hombres. II – La alegría cristiana en el AT. III – La
alegría cristiana en el NT. IV – La alegría en el corazón de los
santos. V – Una alegría para todo el pueblo. VI – La alegría y la
esperanza en el corazón de los jóvenes.

El actual Papa Francisco es un vivo testimonio de alegría.


Sus dos exhortaciones apostólicas versan justamente sobre la
alegría: El gozo del Evangelio, La alegría del Amor; nos reta
a dejar la cara de vinagre y de Cuaresma para convertirla en
cara sonriente y de Pascua.

San Pablo lo escribió de una vez por todas: “Estad alegres,


os lo repito, estad alegres. Cristo está cerca” (Fil 4, 4-5). Todo
creyente debe dar razón de su alegría y transmitirla.

Ninguna misión tan excelente como la del voluntario, la


persona que vive comprometida en el servicio responsable de
los demás. Hay más alegría en dar que en recibir.

Lea este retrato robot: se enfada con frecuencia o sin


motivo; parece insatisfecho con su vida; no tiene brillo en la
mirada y su sonrisa más parece una mueca que una expresión
de felicidad. Ahora, póngale nombre propio. Si ha relacionado
este retrato con alguien de su entorno, es que tiene cerca a
una persona triste.

Esto es extremadamente importante. San Ignacio de


Loyola, en sus reglas para el discernimiento, resume la
estrategia sobre cómo actuar cuando estamos en un estado de

72
desolación. En la desolación nos sentimos tristes, deprimidos,
que en realidad nadie se preocupa por nosotros, la vida parece
inútil y sin sentido. Todos pasamos por este estado a veces; es
parte del ser humano. Sin embargo, cuando te des cuenta de
que alguien pasa por este estado, haz todo lo que pueda para
ser una fuente de aliento. ¿Cómo? En primer lugar, orando por
la persona. En segundo lugar, una cálida sonrisa puede recorrer
un largo camino. En tercer lugar, decir una o dos palabras de
aliento. En cuarto lugar, ofrecer un cumplido en algunos puntos
de alta calidad que tiene la persona. En quinto lugar, puedes
incluso contar una historia o anécdota humorística para sacar
a esta persona fuera del hoyo.

En la Av. Brasil tenemos las Hermanitas de los Ancianos


Desamparados, ángeles auténticos que dan alegría a los
ancianos. Y cerca de ellos, todo el complejo salesiano con
las Hijas de María Auxiliadora y su colegio, así como con
la basílica, parroquia, colegio, editorial, instituto, Casa de
Acogida, los oratorios, toda la obra de Don Bosco, quien hacía
consistir la santidad en la alegría; sus oratorios son todo un
antídoto frente a la tristeza.

El 2017 celebraremos el cuarto centenario de la muerte de


Rosa. Rosa era una mujer feliz, a pesar de las enfermedades y
penitencias que soportaba. Se sentía tan dichosa de poder así
demostrarle el amor a su esposo Jesús y ayudarle en la gran
tarea de la salvación del mundo que se sentía inmensamente
feliz. Por eso, no es de extrañar que se pasara muchos
momentos de su oración cantando. Le gustaba cantar. A veces,
en medio de la costura, cantaba con gran regalo de espíritu
alabanzas divinas, diciendo algunas letrillas muy devotas que
ella misma componía con que levantaba su espíritu al Señor. Y le
dijo a este testigo (Padre Lorenzana), tratando de este punto de

73
cantar: “Padre, quitarme a mí el cantar es quitarme el comer”.

13. SUFRIR CON PACIENCIA LOS DEFECTOS DE


LOS DEMAS
La tolerancia y la paciencia ante los defectos ajenos es
virtud y es una obra de misericordia. Claro que con sentido
común si se ve que el soportar esos defectos causa más daño
que bien, no se debe ser tolerante, sino, con mucha caridad y
suavidad, debe hacerse la advertencia y aplicar la corrección
fraterna. Lo cierto es que no es tan sencillo, pues casi
siempre se da con familiares, miembros de una comunidad o
compañeros de trabajo.

Para vivir misericordiosamente, necesitamos la gracia


y mucha gracia. Si en el trabajo hemos estado siendo
perjudicados por un jefe o un compañero de trabajo. Cambiar
de trabajo es impensable debido a la situación económica.
Del mismo modo el jefe y compañero de trabajo no van a
ninguna parte. La actitud más agradable a los ojos de Dios
es simplemente volver a trabajar con gran humildad y con
confianza en la Divina Providencia. ¡Confía En Dios! Él estará
allí contigo para ayudarte a llevar con paciencia la cruz

De gran ayuda podría ser meditar sobre Jesús cargando su


cruz en dirección a su crucifixión. A pesar de que Jesús cayó
tres veces, Él se levantó con el peso de los pecados del mundo
sobre sus hombros sangrientos, cansados y golpeados.
Siempre debemos tener a Jesús ante nuestros ojos como
nuestro modelo y ejemplo, de hecho Jesús es el Camino, la
Verdad y la Vida. Siempre me encantó el texto de Tomás de
Kempis “Imitación de Cristo” (Libro I, Cap. XVI) titulado
“Cómo se han de sufrir los defectos ajenos”:
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Lo que no puede un hombre enmendar en sí ni en los otros,
débelo sufrir con paciencia, hasta que Dios lo ordene de otro
modo. Piensa que por ventura te conviene esto mejor para
probar tu paciencia, sin la cual no son de mucha estimación
nuestros merecimientos. Mas debes rogar a Dios por estos
estorbos, porque tenga por bien de socorrerte para que los
toleres.

Si alguno, amonestado una vez o dos no se enmendare, no


porfíes con él; mas encomiéndalo todo a Dios, para que se
haga su voluntad, y él sea honrado en todos sus siervos, que
sabe sacar de los males bienes. Estudia y aprende a sufrir
con paciencia cualesquier defectos y flaquezas ajenas, pues
que tú también tienes mucho en que te sufran los demás. Si
no puedes hacerte a ti cual deseas, ¿cómo quieres tener a
otro a la medida de tu deseo? De buena gana queremos a los
otros perfectos, y no enmendamos los defectos propios.

Queremos que los otros sean castigados con rigor, y nosotros


no queremos ser corregidos. Parécenos mal si a los otros se
les da larga licencia, y nosotros no queremos que cosa alguna
se nos niegue. Queremos que los otros sean oprimidos con
estrechos estatutos, y en ninguna manera sufrimos que nos
sea prohibida cosa alguna. Así parece claro cuán pocas veces
amamos al prójimo como a nosotros mismos. Si todos fuesen
perfectos ¿qué tendrías que sufrir por Dios a tus hermanos?

Pero así lo ordenó Dios, para que aprendamos a llevar las


cargas ajenas; porque no hay ninguno sin defecto, ninguno
sin carga, ninguno es suficiente ni cumplidamente sabio para
sí; importa llevarnos, consolarnos y juntamente ayudarnos
unos a otros, instruirnos y amonestarnos. Nada descubre
mejor la sólida virtud del hombre, que la adversidad; porque

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las ocasiones no hacen al hombre débil, mas declaran que
lo es.

Buenos ejemplos los tenemos en los santos peruanos.


Rosa de Lima aceptó los “defectos” de su querida mamá que
llegó a hacer sangrar sus sienes al darle de mojicones por
no aceptar un matrimonio ventajoso. Fray Martín aceptó
gustoso ser el último de los frailes dominicos y ganarse a sus
hermanos por la humildad. Santo Toribio llevó con paciencia
las impertinencias del Virrey de turno, el Marqués de Cañete,
logrando poner de su parte la voluntad del Rey Felipe II. De
nuestro tiempo, podemos destacar al Siervo de Dios Monseñor
EMILIO LISSÓN CHÁVEZ, quien tiene tuvo como lema de vida
“No me basta amar a Dios si mi prójimo no le ama”, grabado
en la lápida donde reposan sus restos en la Catedral de Lima.
Natural de Arequipa, obispo en Chachapoyas, arzobispo de
Lima, único dimisionario de la historia y todo porque en
algunos círculos sociales de Lima –contrarios al presidente
Leguía- se había ido creando un ambiente hostil hacia su
persona. En realidad, el Vaticano no lo enjuició, pero lo retuvo
en Roma para evitar conflictos tras la caída del Presidente
Leguía. En Roma vivió pobremente en un convento. Él nunca
se quejó ni buscó explicaciones. El silencio ofrecido y solitario
tan solo fue roto por su incondicional clérigo arequipeño
Dr. Fausto Linares Málaga quien escribió en 1933 la obra
llena de verdad y afecto Monseñor Lissón y sus derechos al
Arzobispado de Lima quien asume la defensa del arzobispo y
lo vindica ante la opinión pública y la historia de las “injustas
y calumniosas acusaciones”. Lissón respondió como un santo,
en Roma se dedicó a investigar en el Archivo y a hacer de guía
de peregrinos, en Sevilla transcribió 4.533 documentos- para
la obra “La Iglesia de España en el Perú”, en Valencia auxilió a
su obispo Monseñor Olaechea y vivió santamente.
76
14. ORAR POR VIVOS Y DIFUNTOS:
El Papa Francisco no se cansa de pedirnos que recemos
por él. Siempre que felicitamos a alguien por su santo, un
aniversario, un acontecimiento le encomendamos, rezamos.
Y casi siempre rezamos unos por otros para que Dios nos
bendiga a todos. La oración por los demás, estén vivos y
muertos, es una obra buena. San Pablo recomienda orar por
todos, sin distinción, también por gobernantes y personas de
responsabilidad, pues “Él quiere que todos se salven y lleguen
al conocimiento de la verdad”. (Ver 1 Tim 2, 2-3).

Los difuntos que están en el Purgatorio dependen de


nuestras oraciones. Es una buena obra rezar por éstos para
que sean libres de sus pecados. (Ver 2 Mac. 12, 46)

Conviene recordar lo que la Iglesia cree acerca de “la


purificación final o purgatorio” tal como recoge en su
Catecismo (n. 1031-1032) y que formuló sobre todo en los
Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820;
1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos
textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla
de un fuego purificador. Esta enseñanza se apoya también
en la práctica de la oración por los difuntos: “Por eso mandó
[Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de
los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 M
12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la
memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor,
en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez
purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La
Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y
las obras de penitencia en favor de los difuntos.

77
Se publicó en Lima la obra “Las almas del purgatorio: El
diario espiritual y vida anónima de Úrsula de Jesús, una mística
negra del siglo XVII” (Edición e introducción por Nancy E. van
Deusen, PUCP, Lima 2013) de la célebre negra donada Úrsula
de Jesús (1604-1666) a pedido de su confesor franciscano. Sin
embargo, los milagros del que más se tiene conocimiento y
que más hicieron hablar a la Lima de su tiempo fueron sus
llamadas visiones o revelaciones y sus conversaciones que
decía sostener con las almas del purgatorio. En cuanto a sus
visiones, Úrsula relata en su diario personal aquellas imágenes
del purgatorio las cuales describe con gran detalle y precisión

Muy devota también fue Sor Ana de los Ángeles (1602-


1686), la beata de Arequipa. Tuvo una devoción especial por
las almas del purgatorio que según sor Catalina de Cristo
(Butrón) fue motivada por un libro sobre San Nicolás de
Tolentino a quien ella procuró imitar. Dejó todo el dinero de
sus legítimas. Así contagió a sacerdotes que celebrasen misas.
Sus predilectos eran las almas de los indígenas. Sor Juana de
Santo Domingo relató que Pedro Indio perdió las ovejas y,
estando en la ciudad, se refirió el hecho a la santa indicándole
dónde debía buscarlo. Tal devoción le llevó - un día de
ayudado obligado- a decir a sor Juana de Santo Domingo: “Ve
al torno que yo rezaré a las almas del purgatorio para que
traiga alimentos para comer. Al llegar allá se encontró con la
provisión de 8 panes, harina, queso y mantequilla”.

En relación con la hermosa tarea de rezar por los difuntos


está la práctica de fundar “buenas memorias y capellanías”
durante el virreinato. El P. Cobo en su célebre “Fundación de
Lima” escribe “Las capellanías que hay fundadas en todas las
iglesias y lugares píos de esta ciudad son muchas, las cuales
sirven clérigos; pasan de 200, y en los conventos de las

78
Religiones debe haber otras tantas y más, y de cada día se van
aumentando otras nuevas; todas tienen muy buena renta, y
algunas hay tan ricas que llegan a 1000 pesos, y de más de 500
hay muchas de a 300 y 400 son las ordinarias”´

Como muestra, cabe citar que en la Catedral se funda una


capellanía por la cual deben celebrarse a diario dos misas,
una de las cuales en los primeros viernes de cada mes por
aniversario por los Reyes de España, otra en los sábados en
honor de la Virgen por la misma intención; en los primeros
lunes de cada mes una misa por las ánimas del purgatorio.
Doña Francisca Pizarro fundó una capellanía en la capilla
mayor de la catedral –por su testamento d 12 de marzo de
1551- para renta al capellán Cristóbal de Molina para que
celebre una misa diaria “por el alma de dicho Marqués mi
padre y mía y de mis difuntos y suyos”. La Universidad de San
Marcos ha venido ofreciendo y sigue –a Dios gracias- en la
actualidad la costumbre de celebrar la santa Misa en su capilla
de Nuestra Señora de la Antigua el día de la fiesta institucional.
En el Archivo del Seminario Santo Toribio se documenta la
fundación de la capellanía del Arcediano Rodrigo Pérez, por
el Arzobispo Monseñor Jerónimo de Loayza y D. Cristóbal
de Burgos, sus albaceas, el 1 de mayo de 1551, ante Simón
de Alcates, y con la finalidad primordial de rezar por los
naturales del Perú, así como el que se digan en la Catedral dos
misas rezadas los días jueves y domingo de cada semana; para
el cumplimiento de esta disposición se compraron unas casas
con dos tiendas en la calle de las “Mantas.

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