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Pichilemu-Cáhuil.

La playa de Infiernillo forma una


pequeña ensenada azotada frecuen­
Hemos visitado últimamente los temente por el viento suroeste, cir­
cónchales del puerto de Pichilemu, cunstancia a que debe su nombre,
tanto para continuar nuestros estu­ que mantiene constantemente una
dios sobre esta materia, como para marejada que hace difícil el acceso
recoger material para las coleccio­ a la costa. Tiene una extensión de
nes del Museo. Damos en las líneas cinco kilómetros de largo y termi­
siguientes el resultado de nuestra na al sur por rocas abruptas.
excursión. Es en esta playa arenosa, y como
Pichilemu (bosque pequeño) está de un kilómetro de ancho, donde
situado en la costa del departamen­ hemos encontrado cónchales ya
to de San Fernando, a 126 kilóme­ bastante destruidos por la acción
tros de la estación de este nombre, del tiempo, pero no por eso menos
en la línea del ferrocarril central y interesantes. En efecto, para el que
unido a ella por otra línea transver­ no ha tenido ocasión de conocer un
sal que dista ya poco de la costa. taller primitivo de elaboración de
Está formado por una extensa pla­ objetos de piedra, aquí se le pre­
ya plana cubierta de arena y divi­ senta la oportunidad de ver, prime­
dido en dos secciones, por una sa ro cómo se han acumulado en cier­
líente o puntilla, que se interna li­ tos lugares montones de piedras
geramente en el mar, la que da al rodadas de cuarzo negro principal­
Sur llamada Infiernillo, y la que da mente, y después los productos de
al Norte o la bahía propiamente, y la talla, las astillas o llampos con
que se extiende hasta perderse de todos los caracteres clásicos de la
vista hacia Panilonco y Topocalma. superficie conchoide con estrías ra­
La puntilla está formada por un diadas, onduladas y el golpe de
conglomerado de sedimentos, pie­ —percusión, los núcleos, etc. Este
dras de acarreo y fósiles terciarios, taller estaba formado, decimos, de
entre los que vimos grandes conchas un montón de material de trabajo
de choros '(Mytilus) y se nos dijo al lado de una piedra cuadrada de
que había, además, peces y 'otros unos 10 kilos de peso, de superficie
moluscos. plana, con las muestras de las fa­
llas del contragolpe del artífice, en
una palabra, un verdadero yunque
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en que se apoyó el núcleo para hayamos encontrado más puntas


sacar una astilla, seguramente una de flechas en este lugar, sabiendo
punta de flecha, lo que se comprue­ la avidez con que las buscan los
ba por la existencia de numerosos turistas que acuden en los veranos
núcleos y astillas, despojos del tra­ al balneario de Pichilemu.
bajo, esparcidos a su alrededor. Se ve por esto que el Infiernillo
Encontramos también restos de fué un lugar de residencia y tra­
morteros, una piedra horadada con bajo para sus antiguos moradores
agujero cilindrico, otra rota igual a y que presenta de característico
esta, y una tercera, quebrada por la que de todos los cuarzos que ex­
mitad, con sus superficies de exca­ plotó para su industria, y que se
vación cónicas, pero inconclusas, encuentran representados por pie­
una piedra oval plana de 10 centí­ dras de acarreo de todo tamaño y
metros de largo por 7 de ancho clase, fué el negro bituminoso el
con una excavación empezada en preferido para la confección de sus
cada uno de sus lados, una punta instrumentos.
de flecha de cuarzo negro de forma
amigdalina, una piedra de moler o La playa situada al Norte de la
metate, una cilindrica gastada en Puntilla, o sea la balda de Pichilemu,
uno de sus extremos, o sea mano de muestra a lo lejos, en dirección a
mortero y, por fin, una piedra pla­ Panilonco (cabeza de león, puma),
na de forma triangular de 49 cen­ una extensa eminencia blanquizca,
tímetros de largo por 39 de ancho, cubierta de conchas, que también
picada en una de sus superficies y visitamos.
con una muesca en su arista más Los caracteres de estos cóncha­
pequeña, adonde desemboca una les son iguales a los que acabamos
canaleta trabajada a golpes. de estudiar. Removidos constante­
Demás está decir que los restos mente por el viento, dejan ver sólo
de cocina consistían en huesos, delgadas capas de conchas, que­
conchas de moluscos, etc., tal como dando las más gruesas tapadas
los describimos en los Kjoekken- por la arena. Existe aquí también la
moeddinger de las costas de Meli- misma industria de las piedras ne­
pilla y Casablanca en 1910. Por su­ gras de Infiernillo. Recogimos va­
puesto que tampoco hacían falta rios trozos de morteros y algunas
numerosos restos de objetos de al­ puntas de flechas deforma amigda
farería ordinaria. lina.
A propósito de las piedras hora­
dadas diremos que muy a menudo, La Puntilla de la playa de Pichi­
sino en la mayor parte de los ca­ lemu la constituye hoy día la ter­
sos, presentan, no un agujero cilin­ minación de la explanada del sun­
drico, sino ancho en su entrada y tuoso balneario del señor Agustín
terminado en cono en la mitad de Ross. En su lado Norte se encuen­
su desarrollo, formando, al fin, un tra una gruta, más o menos de
agujero bicórneo. La explicación de unos cuatro metros de altura, ocho
este fenómeno es muy sencilla: si de profundidad y cinco de ancho.
se agujerea una de estas piedras Es en esta gruta adonde el distin­
con otra puntiaguda, frotando en guido señor E. Merino encontró en
ella arena humedecida para aligerar 1906 dos esqueletos humanos que
el trabajo, como es indudable que por desgracia no se lograron para
lo practicaron los indígenas, es la ciencia, como pasa siempre con
claro que en esta operación que se las cosas de esta naturaleza en
hace por los dos lados de la piedra, nuestro país! Refiere el señor Me­
la superficie de desgaste o de desa­ rino que el primero de estos esque­
rrollo del agujero debe presentarse letos estaba enterrado horizontal­
en la forma bicónica mente a un metro y cincuenta centí­
Por lo demás, no es raro que no metros del nivel de la superficie
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del suelo. No se encontraron con él demás, se sabe que las ostras viven
conchas, puntas de flechas, ni tro­ al presente en las provincias del Sur,
zos de objetos de cerámica. Apenas pero hemos tenido ocasión de re­
se puso el esqueleto en contacto coger antes en la isla Quinquina
con el aire, se hizo polvo.... El se­ gran cantidad de estas conchas de
gundo esqueleto se encontró en la especies extinguidas que yacían
superficie del suelo, en cuclillas, en sueltas en el suelo.
una especie de nicho, al lado dere­ El hallazgo de estos esqueletos
cho de la entrada de la gruta. Des­ demuestra que se trata de dos in­
cansaba sobre una capa de arena y dividuos muy antiguos, provenien­
estaba rodeado de un círculo de tes de dos períodos distintos de
conchas de locos (Concholepas pe- cultura, el inferior muy primitivo,
ruvianus), que era el más externo, que con el trascurso del tiempo se
otro de conchas de ostiones (Pecten cubrió de arena y tierra, y el supe­
purpuratus), más interno, y se apo­ rior, más moderno y en cuclillas,
yaba, puede decirse, directamente posición adoptada en los entierros
sobre un montón de conchas de más recientes y que se conservó
ostras. Había también conchas de hasta en los tiempos de la Conquista
choros (Mytilus) y huesos de aves y de la América indígena.
piedras pequeñas negras pulidas, Consignamos estos datos, que
A esta capa de arena con conchas hemos recogido de una persona tan
seguía a mayor profundidad otra de respetada e instruida como el
piedras, volvía a encontrarse otra señor Merino, tanto para dejar
de arena, y así sucesivamente, has­ constancia de este punto de la pre­
ta hallarse tres capas de arena por historia nacional, como para llamar
tres de piedras redondas de aca­ la atención de las personas que en
rreo. El esqueleto mismo estaba cu­ lo sucesivo tuvieren que hacer con
bierto de arena y conchas. Tampoco semejantes hallazgos y rogarles re­
se encontró aquí objeto alguno de cojan con cuidado el material que
alfarería o puntas de flechas (?). se les presente, o se dirijan a la di­
Vimos en parte los despojos de rección del Museo.
este entierro. Los ostiones en la
oficina del señor Merino, las con­ Disponiendo de poco tiempo para
chas de locos en los escombros de visitar la costa de más al Norte de
la playa, junto con huesos, no así Pichilemu, preferimos trasladarnos
las conchas de ostras, que, aunque a Cáhuil (1), aldea situada a unos
se habían recogido también, no nos 12 kilómetros al Sur de Pichilemu,
fué posible examinar. La duda que en la margen derecha y a poca dis­
pudiera sugerir la presencia de al­ tancia de la desembocadura de la
gunos de estos moluscos en la gruta laguna del mismo nombre. Se com­
dePichilemu se desvanece fácilmen­ prende fácilmente que en otro tiem­
te si pensamos qno en años anterio­ po hubiera sido este lugar la resi­
res en toda la costa de Chile central dencia de muchos de nuestros abo­
por lo menos, vivió el ostión que rígenes, pues esta laguna que se
hoy se encuentra sólo en Coquimbo interna en una extensión de mu­
y más al Norte. El ostión existió chos kilómetros de largo por 800
en Pichilemu como que personal­ metros de ancho, es propiamente la
mente lo hemos encontrado en la
playa de Bajo Imperial. En cuanto (1) •Cagüil, nombre vulgar de un ave pa­
a las conchas de ostras, este punto recida a la gaviota, Larus Cirrocephalus,
merece una explicación. Hay for­ según Gay, Zool VIH, 480. No estoy segu­
ro si no es más bien Cáhuil*. Véase: Doctor
zosamente que suponer que fueron Kodolio Lbkz, Diccionario etimológico, piig.
fósiles y que los aborígenes las sa­ 157. Santiago. 1904
caron de los mismos depósitos de Valexzukla P. A., escribe: Cáhuil, la
gaviota. Laguna y fundo en la comuna de
Ja Puntilla, donde habían, además, Paredones. Revista Chilena de¡ Historia y
pescados y Mytilus fósiles. Por lo Geografía-, t. XI, pág. 221. 1914.
300 AURELTANO OYARZUN

desembocadura del río Nilahue (pa­ neos y los huesos. Había junto con
raje que da salida), forma una espe­ los esqueletos piedras pulidas de
cie de fjord de agua salada y dul­ diferente tamaño, generalmente
ce, que contiene mucho pescado y alargadas, y ella misma nos propor­
tuvo en otro tiempo mariscos, so­ cionó algunas planas hasta de 6
bre todo choros, que desaparecie­ centímetros de largo, por 1 y 2 de
ron con el terremoto de 1906. Se ancho, y que las recogió y guardó
extrae de la laguna mucha sal de entonces como recuerdo de los
cocina y en sus riberas se encuen­ amuletos de sus antepasados. Estas
tra la planta llamada Salsola kali, piedras, que se encuentran tam­
de cuyas cenizas sacaron antes los bién en otros cónchales, debieron
indios sal para sus comidas (carbo­ haber servido, además, para alisar
nato de soda). los objetos de cerámica, que, por
Pueblan la laguna numerosas cla­ las muestras que hallamos, estuvo
ses de aves. Se nos dijo que en cier­ aquí avanzada; pues recogimos res­
tos puntos de sus riberas se en­ tos de tiestos pintados con color
cuentran cónchales, de los que sólo rojo solamente o blanco y dos tro­
pudimos estudiar uno ya casi des­ zos de fondo rojo con dibujos de
truido por los derrumbes de arena líneas paralelas blancas, formando
y que está situado al lado derecho cuadros.
de la desembocadura, en una pe­ De restos humanos sólo recogi­
queña eminencia o falda de la que­ mos un hueso metacarpianó y un
brada que da a la entrada del pue­ parietal. La indígena puso también
blo. a nuestra disposición dos piedras
Una anciana indígena del lugar, horadadas del conchal y una torte­
llamada Rosa Llanca Arrafio, nos ra de huso de tierra cocida. Por lo
refirió que su madre, que murió de demás, los restos de cocina eran loe
104 años de edad, ya le había habla­ mismos de los cónchales de Pichi­
do de la antigüedad de este conchal, lemu. Se presentaron quizás con
más aun, que era <del tiempo del más frecuencia las navajuelas (So-
diluvio»! Una fuerte lluvia de in­ len Dombeyi).
vierno puso al descubierto, hace Tal es, en resumen, el resultado
pocos años, en la base de este con- de esta corta excursión que me tocó
clial, no menos de 12 esqueletos hacer con mi compañero de traba­
humanos de todas edades. Estaban jos, el P. Martín Gusinde, a quien
acostados en la posición horizontal, agradezco su ilustrada cooperación.
y recuerda Rosa que tenían muy Los objetos coleccionados esta
hermosa dentadura, pues tuvo oca­ vez para el Museo de Etnología y
sión de observarlos bien, por ha­ Antropología de Santiago ascien­
ber permanecido tirados bastante den a más de 60 ejemplares.
tiempo en el suelo, hasta que ma­ Santiago, Septiembre de 1917.
nos despiadadas dieron cuenta de
ellos, haciendo bromas con los crá­ Dr. Aubeliano Oyarzún.
BIBLIOGRAFIA D

Carlos Porter: Revista Chilena de preandinos de la provincia de San


Historia Natural. Afio XXI; núms. Juan. Folleto de 185 págs. con un
1 y 2; 72 págs. y varias láminas. mapa, láminas y grabados. Buenos
Santiago de Chile, 1917. Impr. y Aires, 1917.
Lit: La Ilustración. Estas «Investigaciones» consti­
Estre los naturalistas más labo­ tuyen un gran adelanto en los es­
riosos del país se distingue por su tudios prehistóricos a que se dedi­
espíritu de investigación y por sus can los especialistas de la Repúbli­
trabajos de vulgarización el Dr. don ca vecina.
Carlos Porter, director y redactor
de la mencionada Revista, quien a Eric Boman: Estatuitas de aspec­
la vez desempeña el puesto de jefe to fálico de la región diaguita que no
de la Sección de Invertebrados del representan falos. Buenos Aires,
Museo de Historia Natural. 1916.
Damos aquí el sumario del últi­
mo número de su importante Re­ Eric Boinan: Petroglifo de Los
vista: Angeles. Buenos Aires, 1917.
Thériot: Contribution a la flore Eric Boman: Las ruinas de Tinti.
bryologique du Cliili.— Longinos Buenos Aires, 1917.
Navas: Lista de Neurópteros cogi­
dos en el valle de Marga-Marga.-— Ótto ven Bncliwald: Tolas ecua­
Oldjicld Thomas: A new species of torianas presentadas por Eric Bo­
Aconaemys from Southern Chili.— man. Buenos Aires, 1917.
R. P. Félix Jaffuel: Descripción de El señor Eric Boman ha tenido
una nueva Labiada chilena.—Renato la gentileza de enviarnos estos va­
Sanzin: Las royas de las plantas liosos folletos.
cultivadas en Mendoza. — Carlos
Porter: Bibliografía chilena razona­ Revista Histórica: Publicada
da de Miriópodos y Onicóforos, etc. por el Archivo y Museo Histórico
Nacional. Tomo VIII, N.° 23; págs
Salvador Debenedetti: Investi­ 287-561.—Montevideo, 1917.
gaciones arqueológicas en los valles Sumario.—Palomeque: El general

(1) Las obras consignadas en esta sección, han sido recibidas en canje, y se hallan a
disposición de los estudiosos en la Biblioteca del Museo de Etnología y Antropología.
302 BIBLIOGRAFÍA

Rivera y la campaña de Misiones que sobrepuja a todos los anterio­


en 1828.—Castro López: Del inge­ res diccionarios de idiomas indíge­
niero Petrarca.—Dirección: Diario nas americanos.
de la campaña de las fuerzas alia­ Más adelante tendremos ocasión
das. Diario de la guerra del Brasil de estudiar con el detenimiento que
... desde 1825-1828.—Palomeque: El merece esta hermosa obra, fruto
doctor Eduardo Acevedo.—Direc­ del saber acumulado por su autor
ción: Testimonios de las informacio­ durante largos años de paciente la­
nes actuales..., sobre averiguar los bor.
motivos que hubo para no verifi­
carse la entrega de los Pueblos de Manuel Cainis: Forjando Patria.
Misiones de Indios Guaranís, con­ Pro nacionalismo. 328 págs. México.
forme a las Reales Ordenes. Etc. 1916. .
Esta obra es constituida por una
J. T. Medina: Voces [chilenas de colección de treinta y cinco estu­
los reinos animal y vegetal, que pu­ dios, sucintos y claros, de divulga­
dieran incluirse en el Diccionario de ción de las ciencias etnográficas
la Lengua Castellana. Folleto de aplicadas a la prehistoria mexicana
149 págs. — Santiago, 1917. Imp. en particular.
Universitaria. De fácil y provechosa lectura,
En la última sesión de la Acade­ esos estudios interesan a todos, ini­
mia Chilena, el señor don José.To- ciados y profanos.
ribio Medina presentó la memoria
arriba mencionada. K. Lelnnann-Nitsche: Santos Ve­
Buen caudal de trabajo somete ga. Folklore Argentino, tomo V. Bo­
el notable polígrafo al examen de letín de la Aqádemia Nacional de
aquella docta corporación; pues, Ciencias, en Córdoba; tomo XXII,
propone para el Diccionario Caste­ pág. 436. Buenos Aires. 1917. Imp.
llano más de trescientas palabras de Coni Hermanos.
usuales en Chile, de las cuales dos La figura más notable de la tra­
tercios son de origen indígena. dición popular argentina es, sin
El libro «Voces chilenas», entra duda alguna, la de Santos Vega, le­
a formar parte del tercer centenar gendario payador y famosísimo por
de obras de) eminente erudito, cuya su graciosa astucia. «Es tanta su
ciencia histórica y filológica es glo­ fama, que este personaje, en su
ria de Chile y de la América. conjunto, representa un verdadero
símbolo nacional y que muchos
Fray Félix de Angnsta: Diccio­ creen en la existencia real de al­
nario araucano-español y. español- gún bardo, errante en aquellos
araucano. Dos tomos; 291 y 421 tiempos lejanos de los gauchos y
págs. Suplemento al tomo I; 15 de la pampa»; a pesar de que no
págs. — Santiago. 1916. Imp. Uni­ es sino un héroe de un antiguo ro­
versitaria. mance español.
Con placer anunciamos la publi­ El fin que prosigue esta obra ori­
cación de este diccionario araucano ginal es: comprobar el origen cas­
que constituye un verdadero acon­ tellano de la leyenda de Santos
tecimiento literario. El distinguido Vega, demostrar las nociones vagas
y laborioso autor, capuchino ale­ sobre este personaje en cuanto se
mán y residente actualmente en encuentran vivas en la tradición,
Puerto Saavedra, se dedicó con todo finalmente seguir las modificacio­
empeño a esta su obra, durante su nes y ampliaciones con las cuales
larga estada de 26 años entre los resalta hoy día su figura en el fol­
araucanos. Gracias a su ilustración klore argentino.
y a su inmensa versación en lin­ En Chile no existe desgraciada­
güística, logró editar un trabajo mente tal payador, que, sin duda
dignísimo de toda consideración, alguna, integraría el carácter nació-
BIBLIOGRAFÍA 303

nal; sin que neguemos que el hua- La muerte del trovador (pág. 119 ff.)
so chileno tiene admirables predis­ En verdad, quien se entrega a la
posiciones nativas para la poesía. lectura de esta monografía va be­
Por eso, agradecemos muy de ve­ biendo del más hermoso manantial
ras al distinguido director del de la poesía popular rioplatense, le
Museo de La Plata, que baya embelesará a él, como lo experi­
acercado a nosotros al héroe del mentó el autor, »su aroma rejuve-
alma popular argentina, acumulan­ necente»; y, quien sabe, si al cerrar
do en su gran obra todo el inmenso este libro, no sentirá la misma
material que se refiere al tema. emoción que expresa Leopoldo Ro­
Fuera de esto, el laborioso autor se dríguez en una décima:
tomó el trabajo de traducir varias <¡En mi ser se ha conmovido
poesías al alemán, hasta reprodu­ El alma de Santos Vega!»
ciéndolas en versos; por ejemplo: Martín Gusinde.