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1.

concepto

La entomología forense es una disciplina que aplica el conocimiento adquirido


sobre la biología, la estructura y la dinámica de las comunidades de artrópodos
en la resolución de problemas civiles y casos criminales. Las muestras
entomológicas recolectadas podrán ser empleadas como pruebas ante un
Tribunal de Justicia, por lo que deberán ser adecuadamente conservadas y
custodiadas hasta el requerimiento de la autoridad judicial competente.

Un error en la identificación, o una aplicación inadecuada de datos publicados,


puede suponer un error en las conclusiones y, en consecuencia, la incriminación
por error de una persona inocente. Por las consecuencias que derivan de una
mala investigación, el trabajo debe ser llevado a cabo por personas competentes,
debidamente formadas con adecuados conocimientos sobre la biología y
dinámica de las especies involucradas. Por la complejidad de las comunidades de
artrópodos, con frecuencia se requiere de la colaboración de diferentes expertos
en los diversos grupos de artrópodos que sean recolectados durante la
investigación pericial. Es más, sin un debido entrenamiento, determinados
artrópodos o algunas de sus fases pueden pasar desapercibidos e incurrir en
errores que irán acumulándose a lo largo de la investigación posterior. Por ello,
es imprescindible el desarrollo de habilidades específicas para la adecuada
aplicación de la entomología a la ciencia forense.

2. Pero, ¿qué es exactamente la entomología forense?

Según la definición que hay en la página de la policía “la entomología forense es una
ciencia que constituye un instrumento válido para determinar el tiempo en que el
cuerpo muerto ha estado expuesto a la actividad de los artrópodos, basándose no sólo
en su estudio, sino también en la influencia de factores ambientales, tales como la
temperatura y la humedad, que influyen, entre otros, en la tasa de evolución y
desarrollo de los mismos”.

Los insectos que más habitualmente se encuentran son los dípteros (moscas), los
coleópteros (escarabajos, adultos y larvas) y lepidópteros (polillas).

3. La presencia de insectos en un cadáver puede ayudar de dos modos a la


investigación de una muerte:

 La primera es aportando información sobre la hora del fallecimiento. Los insectos


rápidamente aprovechan los cuerpos para depositar sus huevos y según el estado
de desarrollo de estos se puede determinar la hora. Hay otro factor que también se
estudia y es el tipo de insecto que está instalado en el cuerpo en ese momento. Los
pequeños habitantes no llegan todos a la vez sino en un orden concreto. ¡La
naturaleza es así de organizada!
 También, gracias a los artrópodos, se puede saber si un cuerpo se ha
movido después de su muerte. El tipo de insectos que se encuentren en él
determinará si ha estado en un interior, en un exterior o incluso en una zona
geográfica concreta (hay especies que son endémicas de un lugar concreto). Que
haya insectos de varias zonas distintas puede indicar que el cadáver se ha movido
de lugar.
4. Historia de la etimología forense.
La presencia de las moscas está documentada en escritos tempranos como la
“Tabla 14”, de la serie Harra-Hubulla (lista sistemática de animales salvajes
terrestres de la época de Hammurabi), hace unos 3 600 años. En él se menciona
por primera vez la “mosca verde” (Lucilia) y la “mosca azul” (Calliphora),
comunes en casos forenses. En las civilizaciones antiguas, moscas y escarabajos
aparecen como amuletos, en sellos cilíndricos, como un dios, y como una de las
plagas de la bíblica historia del Éxodo, pero fue Aristóteles quien aportó datos
anatómicos y biológicos que describió y clasificó dentro del orden científico.
El nacimiento de la entomología médico criminal se produjo en el siglo XIII, en
China, cuando en 1235 A.C., Sung Tz’u, escribió un el libro “The Washing Away
of Wrongs”, aquí aparece el primer documento escrito de un caso resuelto por
la entomología forense.

Fue hasta mediados del siglo XIX, en Francia, cuando la ciencia surgió como tal.
Orfila (1848), listó 30 insectos y otros artrópodos que colonizaron un cuerpo, sus
observaciones pueden ser las primeras en sistematizar el conocimiento de la
sucesión de artrópodos; aunque a Bergeret (1855) se le da el crédito de aplicar
este conocimiento a un caso criminal, por evaluación de la fauna de insectos,
determinó el IPM.
J.P. Mégnin amplió y sistematizó los estudios publicando “La fauna de las
tumbas” en 1887 y “la fauna de los cadáveres” en 1894, identificó ocho etapas
de descomposición humana; los estados de descomposición descritos fueron
seguidos por Leclercq (1969), Easton y Smith (1970). La ecología y el
comportamiento general de las moscas de importancia forense fueron tratados
extensamente por Greenberg (1973) y Putman (1983); la sucesión de fauna se
estudió en varias regiones en cadáveres no humanos, desde lagartos hasta
cerdos, entregando información de la estructura de la comunidad, orden de
colonización, estacionalidad y preferencias de oviposición de moscas de carroña.

La entomología médico criminal entró en una fase de rápido crecimiento y


desarrollo a partir de las reseñas de Leclercq (1978), Nourteva (1977), y se
convirtió en una disciplina exacta referida a la teoría y práctica forenses. Los
precursores han sabido integrar entomología y ciencia forense, y los
criminólogos han rescatado muchos detalles hasta obtener conclusiones útiles y
una visión holística del tema.

5. ¿Por qué los insectos?


Y ¿por qué son los insectos precisamente los animales que cumplen con este
papel?
Pues lo primero es obvio, su función en el ecosistema es la de “limpieza”. Su
pequeño tamaño les aporta gran capacidad de movilidad y sus ciclos de
desarrollo cortos son perfectos para utilizar medidas de tiempo.

6. Método de trabajo

Uno de los aspectos fundamentales de toda investigación forense, es la relación


indubitada entre la prueba y los hechos a investigar. Por ello, es fundamental
establecer un protocolo minucioso de actuación que permita asociar sin ningún
lugar a dudas la muestra del artrópodo con el caso a investigar. En el caso
concreto de la entomología forense, existe el problema añadido de que la
“prueba”, esto es el insecto, se ha podido ver naturalmente modificada a lo largo
de la investigación dado que puede ser necesario criarla hasta alcanzar su estado
adulto; por ejemplo, para estimar su edad con precisión, o para identificar la
especie correctamente. Con frecuencia, la identificación específica sólo es
posible con ejemplares adultos dado que éstos poseen las estructuras sexuales
que permiten la identificación indubitada de la especie. Por ello, en el
procedimiento a seguir es fundamental tener en consideración si va a ser
necesario realizar cría en condiciones controladas de una parte de población
para obtener ejemplares adultos que permitan una correcta identificación de la
especie. Centraremos las explicaciones en casos de investigación criminal, dado
que los métodos no difieren en los procedimientos civiles (tráfico de mercancías,
mobiliario o inmuebles dañados, etc.) y requieren de mayor cuidado en el
proceso, dadas las consecuencias que derivan de dicha investigación.

Los procedimientos a seguir difieren dependiendo del estado de descomposición del


cadáver. En casos de fallecimiento reciente, el cadáver presentará abundancia de
larvas en crecimiento que se alimentan de los restos cadavéricos hasta finalizar su
desarrollo larvario. Corresponden a los huevos depositados por los primeros
insectos en llegar al cadáver, habitualmente moscas califóridas, sarcofágidos o
múscidos. Estas moscas son capaces de detectar el cadáver a varios kilómetros de
distancia y, por su excelente capacidad de vuelo, llegar a éste en cuestión de
minutos. Una vez lo localizan, si son hembras grávidas (ha habido cópula y los huevos
están fecundados), depositarán inmediatamente huevos con clara preferencia por
las cavidades naturales (boca, ojos, nariz, ano, etc.). Sólo cuando las cavidades están
saturadas, continúan depositando huevos sobre la piel, las prendas, el suelo, etc. De
dichos huevos nacerán unas larvas diminutas que pueden pasar desapercibidas si no
se inspecciona adecuadamente el cadáver. A lo largo de los días sucesivos irán
comiendo y creciendo a velocidades vertiginosas si las condiciones ambientales son
adecuadas, hasta alcanzar su máxima longitud en pocos días, momento en que
abandonan la fuente de alimentación para pasar a la siguiente fase, la pupa, donde
tiene lugar la metamorfosis y de la que emergerá una mosca que iniciará de nuevo
el ciclo En cadáveres en avanzado estado de descomposición, cuando las primeras
larvas finalizaron el desarrollo y abandonaron el cadáver, es fundamental fijar
nuestra atención en otras especies de artrópodos que han ido llegando después de
que las primeras moscas depositaran los primeros huevos. El proceso sigue un
modelo similar a otras pautas de colonización de nuevos ambientes, donde especies
pioneras modificaron el entorno permitiendo el asentamiento de nuevas especies
que van definiendo un modelo específico de sucesión faunística. A los necrófagos les
seguirán depredadores, parasitoides, etc. que nos permitirán realizar estimaciones
muy precisas de la edad del entono cadavérico. Sólo una adecuada recogida de todos
los artrópodos presentes en torno al cadáver y su correcta identificación específica
aseguraran una estimación fiable del periodo de actividad de los insectos (PAI) que
nos permitan adecuarlo a la estimación del intervalo postmortem (IPM).

7. ¿Cuáles han sido los casos más resonantes que la entomología forense peruana
ayudó a resolver?

8. Objetivos de la entomología forense

Los principales objetivos de la Entomología Forense, que son:


A. Datación de la muerte a través del estudio de la fauna cadavérica.
B. Determinación de la época del año en que ha ocurrido la muerte.
C. Verificar que un cadáver ha fallecido en el lugar donde ha sido hallado o ha
sido trasladado hasta el mismo.
D. Dar fiabilidad y apoyo a otros medios de datación forense

9. Insectos de importancia forense.

Lo habitual es que se distingan cuatro categorías de insectos que están en relación


directa con el cadáver (Goff, 1993):

Especies necrófagas: son los insectos que se alimentan del cuerpo, los más
significativos a la hora de estimar el intervalo postmortem cuando nos encontramos
en los primeros estadios de la descomposición. Incluyen dípteros y coleópteros.

Especies parásitas y depredadoras de los necrófagos: es el segundo grupo más


significativo de insectos asociados a cadáveres. Incluye himenópteros y coleópteros
que, siendo necrófagas en las primeras etapas de su desarrollo, se vuelven
depredadoras en los últimos.

Especies omnívoras: aquí podemos incluir insectos como las hormigas, las avispas
y algunos escarabajos que se alimentan tanto del cadáver como de los artrópodos
asociados a él. Si las poblaciones de estos insectos son muy numerosas, pueden
provocar un retraso en la tasa de descomposición del cadáver, ya que disminuye la
población de necrófagos.
Especies accesorias: incluye organismos que utilizan el cadáver como una extensión
de su propio hábitat natural, como las arañas, los crustáceos e incluso los ácaros.

Los insectos presentes en un cadáver, en cualquier hábitat, serán tanto especies


exclusivas de ese hábitat como especies de amplia distribución geográfica. Puede
que algunas especies sean comunes a lugares diferentes, pero sus ciclos biológicos
serán distintos. De esta manera, no se comportarán igual dependiendo de la zona,
el clima o la época del año. Esos insectos que llegan al cadáver suelen ser del orden
de los Dípteros, Coleópteros, Himenópteros y Lepidópteros.

El orden de los Dípteros es uno de los más grandes de insectos. Son lo que
comúnmente conocemos como moscas. Muchos de ellos están asociados a materia
orgánica en descomposición, mientras que otros son depredadores o parásitos de
insectos. Los más comunes en la descomposición cadavérica son los de las familias
Calliphoridae, Múscido y Sarcophagidae o, lo que es lo mismo, Califóridos, Moscas
y Sarcofágidos. Los encontramos tanto en etapas larvales como en etapas adultas,
siendo muy útiles para la determinación del intervalo postmortem. Unos ejemplos
son las moscardas de la carne, las moscas azules y las moscas domésticas.

El orden de los Coleópteros contiene muchos grupos de importancia forense, siendo


el grupo más rico en especies en un cuerpo en descomposición. Sin embargo, en
este caso, no hay un tiempo característico de aparición, debido a las diferencias en
el papel que juegan las diferentes especies en la descomposición. Hablamos de lo
que conocemos como escarabajos. Los más importantes son los Staphylinidae o
Estafilínidos, que son carnívoros; los Carabidae o Carábidos, depredadores que
cazan, por lo general, insectos; los depredadores de la familia Histeridae o
Histéridos; los coleópteros de la familia Silphidae o Sílfidos, conocidos como los
“escarabajos sepultureros”, que se alimentan de los restos mortales o de los otros
artrópodos presentes en ellos y ponen sus huevos sobre el cadáver o debajo de él;
así como las familias Dermestidae o Derméstidos y Cleridae o Cléridos, que viven
en la carroña.
Los insectos del orden de los Himenópteros juegan también un papel muy importante
en la descomposición cadavérica. Este orden comprende a las hormigas, abejorros,
abejas y avispas, entre otros. Los miembros de las familias Ichneumonidae o
Icneumónidos, Braconidae o Bracónidos y Chalcidoidea o Calcidoideos son
parasitoides de larvas y pupas de dípteros, coleópteros y otros insectos. Esto quiere
decir que, durante su ciclo larval, estos insectos se desarrollan en su víctima, lo que
influye en la descomposición del cadáver.

Por último, los insectos del orden de los Lepidópteros son comúnmente conocidos
como mariposas o polillas. La mayoría de ellos tiene poco que ver con los cadáveres,
pero pueden aparecer, sobre todo en el caso de encontrarnos con un cadáver en el
campo, por lo que es importante tenerlos en cuenta.

10. Insectos en la descomposición cadavérica

Aunque muchos entomólogos forenses hayan intentado diferenciar la


descomposición en distintas fases, lo cierto es que es un proceso continuo que no
se puede dividir (Goff, 2004). A pesar de ello, el entomólogo M. Lee Goff ha dividido
la descomposición en cinco fases.

La primera fase la denomina Fase Fresca, la cual comienza en el momento de la


muerte y termina cuando el cuerpo aún está hinchado debido a los gases de la
descomposición. Las moscas azules y las moscardas de la carne son las primeras
en llegar, alimentándose de la sangre o de las secreciones que encuentren. En el
caso de la mosca azul, sólo si consideran que el cadáver proporcionaría una fuente
de alimentación para las larvas, las hembras ponen sus huevos, que eclosionan al
cabo de unas 12 o 18 horas, dependiendo de la especie de mosca y de las
condiciones ambientales. Las hembras de la moscarda de la carne, por el contrario,
esperan a que los huevos eclosionan en su abdomen para dejar caer las larvas en
los orificios y heridas del cuerpo. Es entonces cuando las larvas empiezan a
alimentarse del cadáver (Goff, 2004). Depredadores como avispas, hormigas o
escarabajos llegan también al cadáver poco después de las moscas.
La Fase de Abotargamiento es la segunda fase de la descomposición según Lee Goff,
la cual se inicia cuando el abdomen empieza a hincharse debido a los gases. A las
moscas azules y moscardas de la carne se suman las moscas domésticas, poniendo
los huevos prácticamente a la vez, lo que más tarde formará una masa de larvas. A
medida que las larvas van aumentando en cantidad y en tamaño, el cadáver atrae a
más escarabajos, avispas, hormigas y parásitos de sus crisálidas y larvas.

La tercera fase la denomina Fase de Putrefacción, caracterizada por la rotura de la piel


del cadáver y la consiguiente expulsión de los gases que había en su interior. Como el
cuerpo aún está húmedo, todavía hay grandes masas de larvas que se alimentan de
él. Aumenta el número de necrófagos y de depredadores que llegan al cadáver,
convirtiéndose éstos en los insectos predominantes. Las larvas de mosca, para el final
de esta etapa, ya han terminado su desarrollo, y se retiran a un lugar seguro para
pupar. Hacia el final de esta fase, en el cadáver no quedan más que huesos y piel, por
lo que disminuyen las poblaciones de moscas azules, moscas domésticas y moscardas
de la carne, dejando espacio a otros artrópodos.

La Fase de Posputrefacción está caracterizada por la presencia de escarabajos, si bien


es cierto que, como las anteriores, depende del hábitat en el que se encuentre el
cadáver. Independientemente de esto, en esta fase el cadáver queda reducido a
huesos y piel, pasando entonces a la última fase, la Fase Esquelética, en la que no
hay insectos relacionados con la descomposición en los restos mortales.

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