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Poder sin Poder en los escritos políticos de Maurice

Blanchot. La imaginación al poder


Powerless Power in the political writings of Maurice
Blanchot. The imagination to the power
Alejandro Karin Pedraza Ramos

“Una potencia de rechazo capaz,


creemos nosotros, de abrir un porvenir”

RESUMEN: Poder sin Poder remite a diferentes ángulos desde los cuales puede verse al Poder: a un
poder como apariencia del mismo; a un poder como exceso, más allá de la persona que dice investirlo, e
incluso visto como providencial; a un poder que no se encuentra representado en las instituciones y que
se manifiesta como rechazo, pues la negación es el último poder humano. Blanchot, crítico literario,
filósofo de la fragmentalidad, o mejor llamado anti filósofo; en estos escritos nos da cuenta de un llamado
a una nueva forma de hacer política. Respuesta a acontecimientos de la vida política de la Francia
gaullista, pero que lo supera para hacer de su bandera común el NO que delata la injusticia, el rechazo
que surge de la debilidad, de los que no pueden hablar. Rechazo anónimo que exige ser verificado en
cada afirmación y así crear comunidad y nuevos mundos posibles.

Palabras clave: rechazo, exceso, el afuera, lo neutro, comunidad

ABSTRAC: Powerless Power examines the different perspectives from which one can see the power.
Power can be conceived as the appearance of itself, as an excess that tends to go beyond the person who
claims to hold it or, when considered as a providential gift, as a power that is not represented by
institutions and in which rejection is manifested –denial is the ultimate of all human powers. Blanchot,
literary critic and philosopher of the fragment, better knowns as the Anti-philosopher, brings our
attention to a new way of doing politics. This new vision of politics is a response to the events in the
political life of Gaullist France, and it seeks to use as a common flag the NO that reveals the injustice
and rejection arising from the weakness of those who cannot speak. This flag is an anonymous rejection
that demands to be verified through each statement, so it can create a new community and open different
worlds.

Key Words: rejection, excess, the outside, the neutral, community

Investigador del programa de Becas Posdoctorales de la UNAM. Becario del Instituto de


Investigaciones Sociales, asesorado por el doctor Fernando Vizcaíno Guerra. E-mail:
filos_alex@hotmail.com

Licenciado y Maestro en Filosofía; Doctor en Ciencias Políticas y Sociales; Especialista en


Derechos Humanos. Profesor de Asignatura de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad
Nacional Autónoma de México.


Es importante pensar el legado del 68 para evaluar el impacto de las prácticas políticas
que permearon ese momento histórico y que, progresivamente, han cambiado la forma
de hacer política en el mundo.
La figura de Maurice Blanchot, es importante porque se trata de un intelectual
francés, que desde la literatura y la academia se compromete con las causas de su
tiempo; es un fuerte opositor a las políticas Gaullistas ante la rebelión por la
descolonización de Argelia y, junto a Jean Paul Sartre, uno de los profesores que
encabezan las manifestaciones y la redacción de panfletos del mayo del 68 francés. Y
si bien no hay una teoría política sistemática del autor, mediante los textos que han sido
compilados como sus “Escritos Políticos”, se puede dar cuenta de las reflexiones que
desde los intelectuales de 1968 se fueron articulando a octavillas, con la intención clara
de generar una nueva forma de hacer política, que trascendiera los mismos hechos desde
los cuales se reflexionaba. Es a partir de dichos textos que podemos pensar y enunciar
una alternativa al poder opresivo, reconstruyendo la figura del “poder sin Poder”.

El sin poder del Poder

Poder sin Poder remite a varias cosas, a diferentes ángulos desde los cuales se
puede ver al Poder1. Por un lado, remite a la figura del gobernante puesto en una
institución ya de por sí excedida; a un Poder como apariencia del mismo, en tanto
imposibilidad ante la acción; también a un Poder sostenido sin respaldo social, sin
sostén en la comunidad. Por otro lado, remite precisamente a ese poder de la comunidad
que se hace ver y expresa su rechazo, pero que no se realiza efectivamente en ninguna
institución. Más aún, también nos remite a una forma de hacer política, a la expresión
del poder en el “sin Poder”. Sin Poder que surge del desamparo y se deja ver como
rechazo, que no se sirve de un proyecto definido de cambio, pues no sabe a qué remite
sino solamente a que se opone, que deja ver su fuerza en todos aquellos que se adhieren
al rechazo. El grito disruptivo del “NO” aparece como actividad desbordada, sólo puede
surgir del rechazo, de la negación, denuncia de la injusticia; se hace presente sin darse
a ningún poder, “puesto que la negación ha sido el último poder humano”2, que desde
su imposibilidad no puede, pero tampoco quiere ser aferrado por el Poder
institucionalizado. El rechazo hace las veces de denuncia, ya no de vigilancia. La
vigilancia al Poder tiene por finalidad señalar errores y exigir la inclusión y corrección


de las normas mal aplicadas, pero que aún se consideran vigentes; por otro lado, el
rechazo que aparece como denuncia emanada desde el sin Poder, desconoce al poder
operante, pretende su desactivación y disolución; ya que su injusticia es radical,
propone la creación de una política nueva y diferente.
Maurice Blanchot así lo hace constar en artículos aparecidos en revistas,
periódicos y declaraciones, considerados de carácter propiamente político, y,
compilados bajo el título de “Escritos Políticos”3. Escritos firmados por muchas
personas, o por nadie, para dejar testimonio de un movimiento colectivo. Muchos de
ellos atribuidos a Blanchot por la sustancia de su contenido; pero todos muestra de un
llamado a pensar en común, a exponer y posibilitar con ellos una nueva experiencia
política. Política que surge del rechazo, de la debilidad de los sin poder.
Los primeros escritos publicados entre 1958 y 1959, surgen de un rechazo a
cómo se hizo del poder la Figura de Charles de Gaulle, en la forma en como desde su
figura se puso en marcha la política. El rechazo se hace escuchar de manera rotunda y
categórica. Los hombres que frente a algún acontecimiento público rechazan, saben que
aún no están juntos, pero que este mismo rechazo les une en la amistad, y con la
contundencia, del: “NO”. Frente a nuevas opresiones surge el llamado a la franqueza,
que no tolera más la complicidad. El rechazo surge de la debilidad. El “NO” llama a lo
colectivo. Pues, “el poder de rechazar no es realizado por nosotros mismos, ni en
nuestro nombre solo, sino a partir de un comienzo muy pobre que pertenece en principio
a aquellos que no pueden hablar”4. Un rechazo sin desprecio, sin exaltación, tan
anónimo como se pueda. Pero que exige el cuidado de ser verificado en cada una de
nuestras afirmaciones. Se nutre del eco producido en aquellos, que, apareciendo como
“Otros”, comienzan a ya no serlo.
El rechazo es a una política entendida como conducta oportuna, cuando el
oportunismo se convierte en la política real. Rechazo que es al mismo tiempo
compromiso; y qué de no manifestarse claramente, forma parte, y es cómplice, de
aquellos que coercionan secretamente. Para Blanchot, la dictadura es un poder humano
que se manifiesta como fuerza sin coerción, que es conquistada por un hombre para
dominar; y por tanto el combate contra ella es simple. Pero, para Blanchot, De Gaulle,
que se encuentra en el centro de su rechazo, no ha conquistado nada, ni siquiera lo
considera hombre de acción. No tomo el poder, espero a que éste se acercara a él.


De Gaulle concilia su poder con un mínimo de acción, ante un poder que
considera y respeta como impersonal, y cuya soberanía le corresponde afirmar. De tal
forma que esta soberanía que aparentemente encarna, es una soberanía excedida.
Glorifica un nombre utilizando su recuerdo enaltecido, afirmando lo irremplazable de
su presencia. De Gaulle, se dice: “representa el valor sagrado y misterioso de lo único”5,
está separado del resto, es el ungido. Es una persona designada como providencial, es
decir, ha sido designado por la providencia y él mismo se afirma como providencia. De
tal forma que: “el poder con el cual es investido un hombre providencial no es ya un
poder político sino un poder de salvación. Su sola presencia es saludable, eficaz por sí
misma y no por lo que haga”6.
Y esto cambia del todo el panorama, si su autoridad puede considerarse divina,
es, entonces, omnipresencia posible con la capacidad de hacer lo que sea. Pero De
Gaulle no hizo nada con su autoridad, el Poder del cual fue investido le quedo
demasiado alto y grande para poder ejercerlo. De Gaulle puede hacer todo, pero en
particular nada, nos dice Blanchot; se manifiesta, pero por deber. Incluso cuando
aparece es como extraño a su apariencia, está retirado en sí mismo; y sus fieles viven
de la exégesis de palabras inciertas7. Pues un hombre investido de un poder providencial
es incapaz de la acción particular y solo se puede manifestar en las vías más generales.
¿poder sin Poder? Es un poder de salvación, encargado de cumplir el destino, pero que
escapa a cualquier hombre, está más allá de él. Es un Poder en exceso que sobrepasa a
la persona del Poder. “No hace nada, no puede hacer nada, a lo sumo preserva,
salvaguarda su presencia, mantiene con altura derechos nulos, una autoridad sin
contenido”8. Sólo es una parte nominal de las fuerzas activas que trabajan lentamente
en traducir en realidad las afirmaciones de una Idea; con la cual se ha construido la
soberanía providencial.
Se trata de una autoridad soberana que se ha construido a partir de la
manifestación del vacío, ha surgido de la urgencia y la necesidad, y se manifiesta como
soberanía de la excepción. De Gaulle, como todo poder providencial se nutre y conserva
el sentimiento de necesidad, hace que se tome conciencia del vacío como amenaza. Sin
él solo quedará el vacío, solo por él se logrará la salvación. Por el vacío se consagra en
poder de salvación la persona de un hombre. Es un poder sagrado que tiene plena
libertad de actuar, pero que en de Gaulle no ha encontrado efectividad, no se ha puesto
en acto. “Un poder majestuosamente desprovisto de contenido”9. Que por lo mismo nos


deja un conocimiento insuficiente de sus fuerzas. Su posibilidad, imposibilidad, lo
afirman como un poder no político, de esencia religiosa. La desesperación, la
efervescencia, el vacío, la necesidad, sus promotores. Pero, en su incapacidad de
realizarse como acción, deja “a las potencias del neocapitalismo usar la mística de la
unidad soberana, desviarla de su sentido ideal para hacerla responder a las exigencias
de la dominación económica, que necesita un poder centralizado, al servicio de los
planes y en vista de la eficacia tecnocrática”10. De Gaulle, se convirtió en la careta bajo
la cual se ocultaba el verdadero ejecutor. Un ejecutor, que dirige, supervisa y decide
según las necesidades de la organización capitalista moderna; y no conforme a lo que
las necesidades propias de la sociedad le reclaman. De todo lo cual se desprende lo
categórico del diagnóstico de Blanchot:

No quiero profetizar, sólo constato que rara vez el régimen fue más falso, no
por la falsedad de los hombres, sino por la alteración esencial del poder político:
régimen autoritario, pero sin autoridad; bajo la figura de la unidad, la más
dividida; bajo la apariencia del poder activo, incapaz de definirse y de elegir;
pretendiendo la responsabilidad y la designación personales y cubriendo con el
nombre de una persona la multiplicidad de acciones irresponsables, así como la
supremacía de las fuerzas económicas impersonales11.

No se ha salvado nada; la perversión del poder, al gobernar sin la confianza


pública, deja abierta la puerta a la dictadura que de manera estrepitosa sobrevendrá
necesariamente, nos dice Blanchot, pues “el poder político se corrompe cuando se erige
en salvación”12.

El poder de los sin Poder

Aunado a este Rechazo categórico al Poder pervertido, a la apariencia de poder,


para Blanchot, el civismo se convierte en una sumisión vergonzosa, la negativa a servir
debe de constituir un deber. Se rompen todos los marcos del Poder, la negativa se hace
escuchar y encuentra oídos. Surge de la debilidad y encuentra adherentes, una nueva
comunidad. Rechazo que desde el NO se vuele colectivo; surge como resistencia por la
toma de conciencia espontánea. Los intelectuales, entre los cuales se encuentra


Blanchot, sienten el deber de manifestar su rechazo, pero ya no de manera aislada, pues
se corre el riesgo de que el rechazo perdiera su fuerza si se da a título propio; las
declaraciones deberán ser colectivas y por lo mismo anónimas. Se trata de un “él” en
lugar de un “yo”; “una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo. Lo
Neutro”13. La obra, es más perfecta mientras menos importa su autor.
El Poder lleva en sí mismo su imposibilidad, también su negación. Al manifestar
su rechazo de manera colectica, “los intelectuales han tomado así consciencia del nuevo
poder que representan y, aunque de manera confusa, de la originalidad de ese poder
(poder sin [P]oder)”14. La escritura con la cual se deja ver este rechazo es la inverosímil
marcha de un poder que vira en no-Poder. Se trata de separar a la palabra de su alianza
con el Poder, para abrir el espacio de discursos no regulados, no prescriptivos. Un
proyecto ambicioso qué, a inicios de los años 60 se materializo incluso en una revista,
que a falta de un título definitivo, se convino en llamar la “Revue internationale”. Y
qué si bien fracasó, contaba entre sus principales adherentes a Blanchot y Sartre, que
querían hacer de la revista un lugar de crítica total. Un proyecto colectivo de escala
internacional, sin buscar un pensamiento común a todos, sólo con la consigna de poder
desarrollar nuevos pensamientos, críticas, ideas; rebasando los propios por la puesta en
común de los esfuerzos.
Lo que importa, dirá Blanchot, “es una búsqueda de verdad, o incluso cierta
exigencia justa, de justicia quizá, para la cual la afirmación literaria, por su interés en
el centro, por su relación única con el lenguaje es esencial”15. La filosofía no nos sirve
aquí, pues con ella se reduce la acción al intentar racionalizarla en discurso. La literatura
debe de ser ahora el nuevo horizonte político, constituye no sólo una experiencia propia,
sino una experiencia fundamental que pone todo en juego, incluso a ella misma. Escapa
al modo de ser del discurso como representación, se desarrolla a partir de sí misma;
crea una red en la que cada punto se sitúa en relación con los otros en un espacio que
los contiene y los separa al mismo tiempo16. La literatura depende de un poder que no
depende quizás de la posibilidad; que no puede ser reducido, pues surge de la
efervescencia, se va construyendo en el camino, desde sí mismo y por sí mismo, es
discusión infinita, no simple anarquía sino libre búsqueda del poder que ella representa,
del poder sin Poder. La nueva posibilidad de la literatura consiste en el acercamiento a
la realidad de manera indirecta. Una crítica por el desvío más radical y capaz de
alcanzar el sentido oculto de raíz; pero no con la intención de reducir la experiencia a


lo conceptual, de hacer ver lo invisible; sino hacer ver hasta qué punto es invisible la
invisibilidad de lo invisible.
Hay que escapar del Ser entendido como totalidad, como posibilidad, como
conceptualización; se trata de estar enclavados en el Ser, y para ello no está preparada
la razón. Es la experiencia junto a la producción de realidad, y no meramente la
conceptualización filosófica. Al afirmar la ruptura, hay que hacerlo desde la necesidad
de escribir, pero con otros marcos de experiencia diferentes, desde las figuras de la
imposibilidad, decir lo indecible, lo no-dicho.

Una escritura de la exterioridad radical, una escritura afuera del discurso, afuera
del lenguaje, afuera del mundo, afuera de todos los mundos posibles, afuera de
la posibilidad como categoría lógica. Anárquica, por lo tanto, anterior a toda
regla discursiva, anterior al discurso mismo17.

La escritura está afuera de la idea de algo que aparece. El Afuera indica una
localización, un espacio, un lugar de transformación en la fisura abierta entre las
palabras y las cosas. Escribir es entregarse a la ausencia de tiempo, que no es tiempo
común, sino es de cualquier alguien. Un Afuera que previene, procede y disuelve toda
posibilidad de relación personal. Hay que romper con los hábitos y los privilegios
tradicionales de la escritura. La escritura del Afuera se encuentra en los textos
anónimos, en la desaparición del sujeto aislado y egoísta. Un anonimato destinado a
construir una palabra colectiva o plural: un comunismo de la escritura18. Resignificar
el yo, que habla ya imprescindiblemente del Otro, de él, de ellos. “el poder del afuera
es la virtualidad de una memoria absoluta o memoria de la resistencia o
desterritorialización o cambio de territorio o poder del afuera en tanto creatividad y
mutación”19.

Imaginación: ruptura y creación del poder

El pensamiento de Blanchot puede verse como incesante meditación sobre la


muerte. Muerte y pensamiento, nos dice desde el inicio de “El paso (no) más allá”, tan
próximos que, pensando, morimos, si al morir nos permitimos no pensar20. Al decir yo,
al referirnos al yo, nos referimos inevitablemente al Otro, se ha dicho; pues todos somos


responsables de todo y de todos. Si sentimos temor de morir, no es tanto por morir sino
por no poder decir “yo muero”. Somos responsables de la muerte del otro, pues no se
muere solo, hay una ilusión que te hace morir cuando mueres; el paso (no) más allá.
“No mueras ahora que no hay ahora para morir. “No”, última palabra, la prohibición
que se hace queja, lo negativo balbuciente: no-morirás”21. En esta tensión, esta
imposibilidad, nos dice Cesáreo Morales: “No-paso, su tensión se vuelve vida,
torbellino de deseo y subjetividad, al tiempo que sus torsiones abarcan los distintos
gestos del venir al mundo y el sobre-vivir”22.
Estoy obligado, enfatiza Blanchot, a:
Mantenerme presente en la proximidad del prójimo que se aleja definitivamente
muriendo, hacerme cargo de la muerte del prójimo como única muerte que me
concierne, he ahí lo que me pone fuera de mí y lo que es la única separación que
puede abrirme, en su imposibilidad, a lo Abierto de la comunidad23.

No podría haber comunidad si no fuera por un acontecimiento común, el


primero y el último en que cada uno deja de poder serlo: nacimiento y muerte. La
muerte es ella misma la posibilidad verdadera de la comunidad de los seres mortales,
su comunión imposible. Comunidad inscrita en la misma imposibilidad de la
comunidad. La comunidad, no es, por tanto, una forma restringida de sociedad. Sólo
sirve para hacer presente un servicio al otro hasta la muerte. Los nuevos procesos
políticos requieren una comunidad negativa de los que no tiene comunidad. Unidos al
llamado del rechazo. Comunidad del rechazo, del No.
Afirmar la ruptura radical con el Poder, con la noción misma de poder, da lugar
a una: Comunidad de contra-ataque que solo puede existir y subsistir en la urgencia de
la lucha. En cierto modo solo existe en la calle (prefiguración de mayo del 68) es decir,
en el afuera. Se afirma mediante octavillas que vuelan y no dejan huella24. Surge de la
espontaneidad, se organiza en la forma de colectivos; sus declaraciones surgen del
rechazo, de la negativa al poder, no tienen propiamente un proyecto, pues el mismo va
surgiendo según se imponga en la necesidad. “Afirmar radicalmente la ruptura: esto
equivale a decir que estamos en estado de guerra contra aquello que, en todo lugar y
siempre, sólo se relaciona con una ley que no reconocemos”25. Esta ruptura que declara
la muerte de la política, su petrificación, su impedimento a la acción; es de cual se nutrió
el mismo movimiento del 68. La exigencia de mejores condiciones materiales de


estudio, exigida por un grupo de intelectuales burgueses, estudiantes y profesores; muto
rápidamente en una ruptura y en un rechazo generalizado a las condiciones laborales y
a la política social. El descontento con el gobierno apareció como un llamado al cual
respondieron adhiriéndose obreros y la sociedad en general. Efervescencia sin proyecto,
comunidad por el rechazo; explosión a lo Abierto, desde lo Neutro. Dieron origen a un
poder sin Poder, despertaron la calle como espacio vivo, el afuera de la experiencia. La
calle habla y ese es uno de los cambios decisivos; se vuelve viva, potente, soberana: el
lugar de toda libertad posible, el poder mismo de hacer que algo suceda. Esta nueva
forma de hacer política “ya no contiene un sentido sino un llamado, una violencia, una
decisión de ruptura”26. Es la respuesta a la opresión.
Blanchot se muestra entusiasta de esta nueva forma de hacer política, de este
poder sin Poder de la literatura. Encuentra en el movimiento del 68 un ejemplo
clarificante de ello y así lo hace constar en sus declaraciones en aquel entonces, en la
toma de decisiones de la cual tomo parte en los colectivos; en sus proyecciones y
llamados a la escritura, a la toma de conciencia, a adherirse al rechazo, a la creación de
revistas y publicaciones de crítica a magnitud mundial. Reformulando la tesis marxista
pone a la literatura como el final del movimiento mismo de la ciencia. Discurso inscrito
en el juego insensato de escribir. Por eso llama al mayo de Paris: “la revolución por la
idea”. La idea, el deseo, la imaginación, como las fuentes de las que emana esta nueva
forma del sin poder. Lo cual dirige inmediatamente la atención a aquel libro publicado
a finales de los 60s por, D. Cohn-Bendit, el llamado dirigente estudiantil del
movimiento del 68 parisino y por Jean Paul Sartre y Herbert Marcuse, intelectuales
adherentes al movimiento; y titulado: “La imaginación al poder. Paris mayo 1968”.
Donde se deja ver todas esas formas nuevas, efervescentes, fragmentarias, literarias,
poéticas de manifestar el rechazo. “Una potencia de rechazo capaz, creemos nosotros,
de abrir un por venir”, nos afirma H. Marcuse, citando las declaraciones anónimas,
colectivas, que emanaron del movimiento y de las cuales formo parte el mismo
Blanchot. Escribir es, en última instancia, aquello que no se puede, que encierra en sí
mismo su propia imposibilidad, que quizá se manifiesta como un poder ambiguo
siempre en riesgo de perder su ambigüedad y quedar al servicio de otro poder que lo
sojuzgue. Pero que “siempre está en busca de un no-poder que rechace la maestría, el
orden y, ante todo, el orden establecido, y prefiera el silencio a una palabra de absoluta
verdad, contestando así y contestando sin cesar”27.


El sentido primordial de la imaginación es el de crear lo nuevo, poner ante los
ojos lo no presentado por lo riguroso del poder; y en tanto ruptura con lo ya dicho, con
la imagen impuesta, aparece como acontecer. Su pretensión es fundante, pone ante los
ojos lo nuevo o trae a cuenta un mundo negado por el poder totalizante y unificador que
se afirma como lo Uno, ante lo cual se presenta como lo múltiple el umbral de lo
Abierto. La imaginación en la política, por tanto, solo puede aparecer como fluir y
movimiento de fuerzas a las que se les ha negado al poder. El umbral abierto por el
grito disruptivo del “NO”, tiene que imaginar otras formas surgidas con toda la fuerza
del poder sin Poder. Donde los sin Poder, aquellos a los que se les ha negado su
capacidad subjetiva de crear realidad política, se sitúen en lo Abierto con toda su
capacidad transformadora y su interpelación por la justicia.
La calle ha sido por definición el espacio público de lo Abierto en la política,
por ello la necesidad de tomarla, defenderla y apropiarse de ella; pero no solamente
hacer fluir los cuerpos, sino para darle velocidad y movilidad a las ideas producidas por
la imaginación del cambio político con reclamos de justicia. El grito disruptivo que se
hace escuchar en las paredes y las voces, suenan categóricas como rechazo, su eco hace
vibrar los cuerpos y se transforma en productora de comunidad. Se denuncia lo
presentado en el orden de las cosas como injusto, la imaginación propone nuevas
maneras de vinculación y de reconocimiento entre aquellos que originariamente se
pensaban ajenos. Se producen nuevos valores a los cuales los cuerpos al reconocer su
subjetividad política se adhieren poco a poco; la figura del poder sin Poder en transitó.
Así pretendió ser el arribo de la imaginación al poder en el mayo francés, pero
así pretende ser el movimiento fundacional que declara un nuevo acontecimiento
político, que surge de la ruptura y el rechazo de los sin Poder, creando sujetos éticos y
políticos; que pretende imaginar nuevas formas de vivir en el mundo, de imaginar la
justicia y las relaciones sociales.
Blanchot coincide con el principal teórico del acontecimiento disruptivo y
fundacional en la política Alain Badiou28, al afirmar que la ética que originariamente
es definida como la búsqueda de la buena manera de ser o sabiduría de la acción y se
vincula directamente con la situación de decisión sobre lo bueno, debería repensarse e
identificarse, al menos de inicio, con el rechazo de lo injusto en una situación
determinada; debe presentarse cómo negación ante la imposibilidad de producción y
reproducción de la vida.

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Lo ético nos vincula con lo otro, pues, somos actores de la intersubjetividad
reproductora de la comunidad de vida en situación. Pero no tanto reproductor de lo Uno
ya determinado, sino desde la ruptura inaugurada por el acontecimiento donde el actuar
en el mundo con los otros, cobra sentido. Es decir, no en tanto negación de las
condiciones de afrenta a la subjetividad, sino como productores de nuevos
mundos/posibilidades de cambio verdadero, donde lo singular se reconoce en su
voluntad de devenir otro diferente de lo ya presentado. Producción de realidad y de
formas de vida.
La falta de proyectos éticos es resultado de la carencia de “sujetos” productores
de estamentos de verdad que den sentido a los proyectos comunes de verdad. Badiou
dirige su crítica a la idea de que la objetividad refiere a un mundo determinado que
emana como figura inamovible y homogeneizadora del orden de las cosas en tanto
Totalidad que impone su ley, reconoce que el acontecimiento, inaugura un umbral que
abre posibilidades políticas donde los sujetos se reconocen. El acontecimiento funda la
universalidad de lo político, como verdad productora de sentidos comunes. Ya que: “El
proceso de verdad no es universal sino en la medida en que lo soporta, como su punto
real, un reconocimiento subjetivo inmediato de su singularidad”29. El sujeto de la
política, que es la categoría ética por excelencia, en tanto abre espacios de lo común,
solo encuentra su lugar en procedimientos de verdad, pero no en tanto (re)producción
de saberes, sino en la invención de nuevas interpretaciones, que hacen las veces de
promesas. Lo poético es la ruptura hermenéutica, en tanto verdad (de lo) múltiple, que
rompe con lo objetivo de la totalidad inventando nuevas maneras de reconocerse en lo
común. Lo poético imaginativo (más que la poesía) lleva a cabo la ruptura con
establecido, pues invierte los sentidos de lo político. Vincula palabra y experiencia. La
experiencia de un sujeto, qué desde lo nuevo, llama al otro. Lo importante de la
vinculación entre sujetos originada por la poesía viene dada porque lo poético rompe
con los sentidos unificados que la totalidad, en su representarse como permanente, no
puede asimilar. La comprensión viene por alegoría e interpretación del acontecimiento
fundador de verdad. Y aunque el sujeto no es co-extensivo al acontecimiento sino su
promesa de verdad, la invención poética que da lugar a lo éticamente deseable al
denunciar la justicia, origina lo político como espacio de lo común. La imaginación
quiere romper con lo injusto y totalizante de la política. El poder sin Poder escapa así a
la institucionalización y normalización de su aparecer, a la vez que se nutre de las

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posibilidades abiertas de reinventarse a cada paso por la imaginación de los sujetos
disruptivos y productores de mundos posibles.

Reflexión final

En la reflexión de Blanchot aún no surge claramente definido el sujeto político de la


transformación, sin embargo, desde la negatividad, desde la disrupción y la ruptura con
aquello que se considera injusto es que se piensa la posibilidad de la construcción de
un nuevo sujeto transformador. Esto es muy importante, pues si bien podríamos decir
que los movimientos estudiantiles que aparecieron en 1968 sufrieron más fracasos que
triunfos, como lo atestigua la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas
en Tlatelolco en México y las represiones y asesinatos de manifestantes estudiantes y
obreros en Francia, lo que el ánimo de la época aporto a la historia fue la necesidad de
transformar tanto la forma de hacer política como al sujeto de la emancipación. La
ruptura con el sujeto obrero, enunciado como el motor histórico de cambio desde el
marxismo, abre paso a un sujeto múltiple, situado en su especificidad histórica, que
responde ante las diversas, variadas y situadas injusticias ante las que irrumpe
negativamente gritando: “No, nunca más”. El 68 permitió romper con los cánones, con
lo ya dicho, con los conceptos y las formas de la política, trasformar imaginando otros
mundos posibles, donde se pueda superar la injusticia en sus múltiples caras.

12


BIBLIOGRAFÍA:

Badiou, Alain, El ser y el acontecimiento, Manantial, Buenos Aires, 2007.


- La ética: ensayo sobre la conciencia del mal, Embajada de Francia en México,
Herder, México, 2004.
- San Pablo. La fundación del universalismo, Anthropos Editorial, Barcelona,
1994.
Blanchot, Maurice, La amistad, Trotta, Madrid, 2007.
- Escritos políticos, Libros el Zorzal, Buenos Aires, 2006.
- El libro por venir, Madrid, Trotta, 2005.
- La comunidad inconfesable, Madrid, Arena libros, 2002
- El paso (no) más allá, Paidós I.C.E./U.A.B., Barcelona, 1994.
Cohn-Bendit, D; Sarte, Jean Paul y Marcuse, Herber, La imaginación al poder. Paris
mayo 1968 Argonauta, Barcelona, 1978.
Foucault, Michael, El pensamiento del afuera, PRE-TEXTOS, Valencia, 2000.
Morales, Cesáreo, Pensadores del acontecimiento, Siglo XXI Editores, México, 2007.
López Gil, Marta y Bonevechi, Liliana, La imposible amistad. Maurice Blanchot y
Emmanuel Levinas, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2004.
Levinas, Emmanuel, Sobre Maurice Blanchot, Trotta, Madrid, 2000.

13



1
En este trabajo, cuando se escriba “Poder” se estará hablando del poder de las Instituciones,
es decir, del Estado; “poder” se entenderá, por tanto, en sentido amplio cómo capacidad. Se
utilizan ambas formas de escritura para demostrar los diferentes sentidos y acepciones del
concepto y su categorización.
2
Emmanuel Levinas, Sobre Maurice Blanchot, Trotta, Madrid. 2000, p. 34.
3
Maurice Blanchot, Escritos políticos, Libros el Zorzal, Buenos Aires, 2006.
4
Ibídem, p. 13.
5
Ibídem, p. 14.
6
Ídem.
7
Ibídem, p. 19.
8
Ibídem, p. 20.
9
Ibídem, p. 22.
10
Ibídem, p. 24.
11
Ibídem, p. 25.
12
Ibídem, p. 26.
13
Marta López Gil y Liliana Bonevechi, La imposible amistad. Maurice Blanchot y Emmanuel
Levinas, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2004, p. 95.
14
Maurice Blanchot, Escritos políticos, op., cit., p. 45.
15
Ibídem, p. 51.
16
Michael Foucault, El pensamiento del afuera, PRE-TEXTOS, Valencia, 2000, p. 12.
17
Marta López Gil y Liliana Bonevechi, La imposible amistad. Op., cit., p. 214.
18
Maurice Blanchot, Escritos políticos, op., cit., p. 93.
19
Marta López Gil y Liliana Bonevechi, La imposible amistad. Op., cit., p. 218.
20
Maurice Blanchot, El paso (no) más allá, Paidós I.C.E./U.A.B., Barcelona, 1994, p. 29.
21
Blanchot, Maurice, La comunidad inconfesable, Arena libros, Madrid, 2002, p. 25.
22
Cesáreo Morales, Pensadores del acontecimiento, Siglo XXI Editores, México, 2007, p. 8.
23
Blanchot, Maurice, La comunidad inconfesable, op., cit., p.23-24.
24
Marta López Gil y Liliana Bonevechi, La imposible amistad, op., cit., p. 30.
25
Maurice Blanchot, Escritos políticos, op., cit., p. 101.
26
Ibídem, p. 124.
27
Ibídem, p. 137.
28
Alain Badiou, La ética: ensayo sobre la conciencia del mal, Embajada de Francia en México,
Herder, México, 2004.
29
Alain Badiou, San Pablo. La fundación del universalismo, Anthropos Editorial, Barcelona,
1994, p. 23.

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