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DICCIONARIO DE POLÍTICA

b ajo la direcció n de
N O R BER TO B O B B IO , NICOLA MATTEUCCI
y GIANFRANCO PASQUINO

nueva edición enteramente revisada y ampliada

redactores de la edición en español


JOSÉ ARICÓ, MARTÍ SOLER y JORGE TULA

traducción de
RAÚL CRISAHO, ALFONSO GARCÍA, MIGUEL MARTÍ,
MARIANO MARTÍN y JORGE TULA

siglo
veintiuno
editores
CÁMARA DE DIPUTADOS
grupo editorial
siglo veintiuno
siglo xxi editores, méxico siglo xxi editores, argentina
CERRO DEL AG U A 2 4 8 , ROMERO DE TERREROS, GUATEMALA 4 8 2 4 , C 1 4 2 5 BUP

0 4 3 1 0 MÉXICO, DF BUENOS A R E S , ARGENTINA


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ALM AGRO 3 8 , 2 8 0 1 0 ALM AGRO 3 8 , 2 8 0 1 0 □FU TAC IÓ N 2 6 6 , BAJO S,

MADRID, ESPAÑA MADRID, ESPAÑA 0 8 0 0 7 BARCELONA, ESPAÑA


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lo largo de su vida intelectual N orberto Bobbio (1909-2004) participó en diversas
A em presas colectivas de gran calado que no se conocen en español, entre ellas —sin
pretensiones de exhaustividad—, La storia delle idee politiche, economiche e sociáli (a
cargo de Luigi Firpo), publicada p o r la Unione Tipografico-Editrice Torinese, en siete
volúm enes, cuya prim era edición es de 1982; II pensiero político contemporáneo (a car­
go de Gian M ario Bravo y Silvia R ota G hibaudi), publicado p o r Franco Angelí, en tres
volúm enes, que vio la luz en 1985. No obstante, la que h a quedado com o la obra que
lleva su sello com o curador y que, afortunadam ente, sí se conoce en nuestro idiom a
es, sin lugar a dudas, esta que el lector tiene en sus m anos. Lo acom pañaron en este
trabajo Nicola M atteucci (1926-2006) y G ianfranco Pasquino (1942-).
M atteucci fue u n ju rista y filósofo cuya form ación intelectual tiene profundas raíces
liberales. Fue alum no y colaborador de Felice Battaglia. Trabajó, igualm ente, con el
gran historiador Federico Chabod. Fue catedrático en las universidades de F errara y
Bolonia. Dirigió el Instituto Cario C attaneo y fue presidente de la Asociación de C ultura
y Política “II M ulino”. Respecto del pensam iento liberal, M atteucci abrevó de la p ro ­
ducción teórica de uno de los pensadores italianos m ás destacados y que m antuvo
siem pre u n a actitud opositora frente al fascismo, B enedetto Croce (1866-1952). En
relación con el pensam iento socialista M atteucci fue u n profundo conocedor del pen­
sam iento de Antonio Gram sci (1891-1937).
Un rasgo particular de su orientación en el cam po de las ideas jurídicas y políticas
es su cercanía con la perspectiva norteam ericana. No p o r casualidad estudió el consti­
tucionalism o de ese país así com o la obra de Alexis de Tocqueville. M atteucci, precisa­
m ente, tradujo a este au to r al italiano.
Pasquino es un politólogo cuyo director de tesis fue, no p o r casualidad, N orberto
Bobbio. Luego se especializó en política com parada bajo la dirección de Giovanni
Sartorí. Pasquino ha sido profesor en las universidades de Florencia, H arvard, ucla,
Bolonia y Johns Hopkins. Fue editor del periódico II Mulino y de la Rivista Italiana di
Scienza Política. Tam bién incursionó en el plano de la política práctica: fue senador
entre 1983 y 1992 y de 1994 a 1996.
Y qué decir de N orberto Bobbio. Se le considera uno de los padres de la dem ocracia
contem poránea. Su obra es am plísim a en núm ero y en calidad. Sim plem ente direm os
que se recibió en derecho y tam bién en filosofía. Su m aestro fue Gioele Solari (1872-
1952). E ntre los libros m ás conocidos traducidos al español de Bobbio en m ateria p o ­
lítica se encuentran: El futuro de la democracia (México, Fondo de C ultura Económ ica,
1986); Liberalismo y democracia (México, Fondo de C ultura Económ ica, 1986); La teoría
de las formas de gobierno (México, Fondo de C ultura Económ ica, 1987); Estado, gobier­
no y sociedad (México, Fondo de C ultura Económ ica, 1989), y la Antología que lleva p or
título Norberto Bobbio: el filósofo y la política (México, Fondo de C ultura Económ ica,
1996), todas ellas ediciones a cargo de José Fernández Santillán, el discípulo mexicano
m ás distinguido del m aestro turinés.

[V]
VI

Fue u n a afortunada coincidencia que la aparición de estas obras en México cam i­


n ara de la m ano con el proceso de dem ocratización de nuestro país. De esta m anera,
reflexión teórica y realización práctica se com plem entaron. Lectores de todas las orien­
taciones ideológicas recurrieron a las obras de este pensador piam ontés p ara to m a r en
cuenta que, de suyo, la dem ocracia no pertenece a nadie en particular, sino que, m ás
bien, es u n régim en que se construye con la participación de todas las fuerzas políticas
en un afán de tolerancia y m utu a colaboración. Viene a cuento lo que Fran?ois Guizot
escribió en 1849, y que parece h ab er sido redactado hoy: "Ésta es ah o ra la palabra
últim a y universal que todos buscan p a ra apropiarse de ella com o u n talism án [...] tal
es el poder de la palabra dem ocracia. N ingún gobierno o p artido se atreve a vivir sin
incorporarla en la propia bandera.”1Pero, a m i parecer, le faltó agregar que los buenos
efectos de ese talism án no funcionan si no están reunidos todos los jugadores a su
alrededor. É sa es la precondición de la dem ocracia. Y es algo que, a fuerza de duras
experiencias, aprendim os en México. La política de los acuerdos tiene que llevarse a
cabo tra s conversaciones y debates. Es decir, tra s el reconocim iento recíproco entre los
actores políticos.
A fin de cuentas se tra ta de u n proceso educativo de largo aliento en térm inos p rác­
ticos y literarios. Bien lo decía M ontesquieu: "En el gobierno republicano es en el que
se necesita de toda la fuerza de la educación."12 Y lo sabía igualm ente Bobbio quien
profesó siem pre u n a vocación académ ica, es decir, educativa en las aulas y fuera de
ellas.
El m otivo de echarse a cuestas la tarea de hacer u n Diccionario de política no fue
otro que el de contribuir a la educación cívica del ciudadano, m ilitantes y dirigentes de
partidos políticos así com o de quienes ejercen u n cargo público en cualquiera de los
tres poderes del Estado. D otar a los interesados de u n a herram ienta útil p a ra la m isión
que com pete a cada persona en su calidad de interesado en los asuntos colectivos.
Elevar el nivel de la discusión y de las decisiones que atañen a la sociedad en su con­
junto. El insigne filósofo turinés estaba convencido de que la dem ocracia sería m ejor
si contaba con ciudadanos, funcionarios, jueces, m agistrados, m inistros, partidos y
representantes populares que tuviesen u n a m ejor cultura política y jurídica.
El progreso de la dem ocracia en buena parte se m ide p o r el progreso del Estado de
derecho pero tam bién p o r el avance educativo y cívico de gobernantes y gobernados.
Éste es el motivo de una edición com o la que hoy ponem os a disposición de usted
am able lector.

H eriberto M. G alindo Q uiñones


Presidente de la Comisión Bicam eral
del Sistem a de Bibliotecas del Congreso de la Unión

1 Franfois Guizot, De la démocratie en France, Leipzig, 1849, p. 2.


2 Montesquieu, Del espíritu de las leyes, México, Porrúa, 2010, p. 33.
del S istema de B ibliotecas

COMISIÓN BICAMERAL DEL SISTEMA DE BIBLIOTECAS


DEL CONGRESO DE LA UNIÓN LXII LEGISLATURA
agosto de2012-agosto de 2015

d ip . H eriberto M anuel G alindo Q uiñones


PRESIDENTE

d ip . F ernando R odríguez D oval


SECRETARIO

dip . M arcelo G arza R uvalcaba


secretario

s en . B raulio M anuel F ernández A guirre


integrante

sen . J uan C arlos R omero H icks


INTEGRANTE

sen. A dolfo R omero L ainas


INTEGRANTE

R ogelio V izcaíno Á lvarez


SECRETARIO TÉCNICO
ADVERTENCIA A LA SEGUNDA EDICIÓN EN ESPAÑOL

La edición en español del Diccionario de política presenta, respecto de la edición original,


algunas modificaciones cuya mención no puede ser eludida. La primera, y más im portan­
te, es la incorporación de ciertos vocablos que son una prolongación de voces ya inclui­
das en la edición italiana o términos nuevos, pero en ambos casos referidos más específi­
camente a la situación latinoamericana. Tales vocablos fueron redactados especialmente
para nuestra edición por especialistas en los respectivos temas. Adicionalmente, el lector
no podrá dejar de advertir que ciertas voces aparecen rubricadas por el Comité Editorial.
En efecto, en esos casos la redacción fue realizada por quienes tuvimos a nuestro cargo
la edición.
Por otro lado, aparte de todas las modificaciones incorporadas que provienen de la segun­
da edición italiana —y que repercuten en noventa por ciento de los términos, aproxima­
dam ente— se ha revisado integramente la traducción y se han incorporado a las biblio­
grafías, hasta donde nuestra información lo ha permitido, las ediciones correspondientes
en nuestro idioma.
Esta edición difiere de la anterior, además, en que hemos incorporado un indice analí­
tico y de nombres propios para facilitarle al lector la consulta.
INTRODUCCIÓN A LA PRIMERA EDICIÓN

El lenguaje político es notoriamente ambiguo. La mayor parte de los términos usados


en el lenguaje político tienen diversos significados. Esta variedad depende en algunos ca­
sos del hecho de que muchos de estos términos han atravesado una larga sucesión de cam­
bios históricos —algunas palabras fundamentales nos han sido trasm itidas por los escri­
tores griegos, como es el caso de "dem ocracia”, "aristocracia”, "déspota” y la misma
"política”—, en otros de la circunstancia de que no existe sino hasta ahora una ciencia
política lo suficientemente rigurosa como para poder lograr determinar e imponer de modo
unívoco y universalmente aceptable el significado de las palabras más habitualmente em­
pleadas. La mayor parte de estas palabras derivan del lenguaje común y conservan la fluidez
y la incerteza de sus confines. También las palabras que han adquirido un significado
técnico a través de la elaboración de aquellos que usan el lenguaje político con objetivo
teórico están continuamente inmersas en el lenguaje de la lucha política cotidiana, la cual
es combatida, conviene no olvidarlo, en gran parte con el arm a de la palabra, y padecen
variaciones y trasposiciones de sentido, intencionales y no intencionales, con frecuencia
relevantes. En el lenguaje de la lucha política cotidiana, palabras originariamente —o desde
tiempo inmemorial— técnicas, como “oligarquía”, "tiran ía”, "dicatadura”, y la misma
"democracia", son usadas como palabras del lenguaje común y por lo tanto de modo uní­
voco. Palabras más propiamente técnicas, como son todos los “ismos” del que es tan rico
el lenguaje político —"socialismo", "comunismo", “fascismo", "peronismo", “marxismo",
"leninism o”, "stalinism o”, etc.—, indican fenómenos históricos tan complejos, elabora­
ciones doctrinarias tan controvertidas, que son susceptibles de las más diversas inter­
pretaciones.
Por lo tanto el objetivo de este diccionario es el de brindar a un lector no especializado,
al hombre culto, al estudiante de las escuelas medias superiores y de la universidad, a
los lectores de los diarios y revistas políticas, a los que escuchan conferencias, discursos,
mítines, a quienes presencian debutes televisivos, a todas estas personas, en fin, y a tra ­
vés de la participación de expertos y de hombres políticos, ofrecemos una explicación y
una interpretación simple y tendencialmenie conclusiva de los conceptos principales que
forman parte del universo del discurso político, exponiendo la evolución histórica, anali­
zando el uso actual, haciendo referencia a los conceptos afines o por el contrario antitéti­
cos, indicando autores y obras más directamente vinculados a ellos.
Dado que el universo del lenguaje político no es un universo cerrado, y comunica con
los universos contiguos, como los de la economía, de la sociología, del derecho, se encon­
trarán en este diccionario también palabras del lenguaje económico, como "capitalismo",
o sociológico, como "clases", o jurídico, como "codificación”. El lector no encontrará en
este caso el tratam iento completo que puede hallar bajo la misma voz en diccionarios res­
pectivamente económicos, sociológicos, jurídicos, porque aquí han sido recogidas e ilus­
tradas con referencia a los aspectos más propiamente políticos del concepto. Por lo de­
más, a diferencia de otras ciencias que tienen una más larga tradición y una autonomía
reconocida y respetada, la ciencia política, a pesar de sus antiguos orígenes, no ha conse­
guido una completa autonomía, de manera que a ella han dado y continúan dando impor­
tantes contribuciones tanto sociólogos como juristas, tanto economistas como historia­
dores. No se puede dejar de notar que la distinta procedencia de los autores de las voces
[IX]
X INTRODUCCION A LA PRIMERA EDICION

repercute en una cierta desigualdad o desuniformidad de estilo y también de lenguaje.


Pero se trata de un inconveniente que consideramos, en el estado actual del desarrollo
de los estudios políticos, inevitable.
Ninguno de los términos del lenguaje político es ideológicamente neutral: cada uno de
ellos puede ser usado sobre la base de la orientación política de quien lo utiliza para sus­
citar reacciones emotivas, para obtener aprobaciones o desaprobaciones de una cierta
conducta, en fin, para provocar consenso o disenso. En la medida en que se ha tratado
de evitar el uso del lenguaje prescriptivo, la presunción del deber ser. y se ha preferido
la descripción de los diversos significados ideológicos en que un término es usado antes
que la imposición de uno de ellos, es decir en tanto se ha tratado de hablar del modo más
neutral posible de palabras que por si mismas no son demasiado neutrales, no se puede
excluir que los autores de cada una de las voces, sobre todo de aquellas en cuya m ateria
más se agitan y más se han agitado las pasiones de las partes, hayan dejado traslucir sus
sim patías y sus antipatías. La impasibilidad es una virtud difícil. Y cuando se la lleva
a la extrema consecuencia de la distancia o, peor, de la indiferencia, deja de ser una virtud.
Como todos los diccionarios, también éste, que ha afrontado el tratam iento de una ma­
teria accidentada y de contornos confusos, sin tener tras si una tradición consolidada de
empresas análogas, no puede dejar de tener lagunas. La falta de palabras de la jerga polí­
tica cotidiana es intencional. Algunas lagunas son aparentes, ya que, por no multiplicar
inútilmente el número de las voces, materias afines son reunidas en una misma voz (en
cuyo caso el lector, para encontrarlas, deberá hacer uso del índice analítico incorporado
al final de la obra). Otras lagunas dependen ciertam ente del puru olvido: excusándonos,
deseamos encontrar lectores lo suficientemente atentos para darse cuenta y con un gra­
do de diligencia tal como para hacérnoslo saber.
No obstante los defectos, que el editor y los encargados son los prim eros en no querer
esconder, consideramos que este diccionario, por ahora nuevo en su género en nuestro
país, corresponda bastante bien a las condiciones de desarrollo de las cicncas sociales
en Italia. En este sentido se ha tratado, a través de la elección de colaboradores de la más
diversa procedencia en cuanto a las disciplinas e ideología, de ser un espejo fiel y. tenien­
do en cuenta la exigencia de claridad conceptual tan profundamente sentida en estos años
de intenso, vivaz y siempre más vasto debate político, poder satisfacer el interés crecien­
te por los estudios políticos dentro y fuera de los centros de enseñanza.

LA DIRECCIÓN
LISTA DE AUTORES

aldü agosti, Universidad de Turin fabrizio BENciNi, Florencia


(internacionalismo) (burocratización)

MAURO ambrosoli. Universidad de Turin GIORGIO BIANCHI, Turin


(bandidaje • censo - cuestión agraria - ludis- (casta - crím en es de gu erra - ch au vism o - ge­
mo) n o cid io - n eu tra lism o - reacción - revanchis-
mo)
anna anfosi, Universidad de Turin
(propiedad, 2a. parte) norberto bqbbio, Universidad de Turin
(ciencia política - d em ocracia - d erecho - d es­
josF. arico. Universidad de Buenos Aires obediencia civil - despotism o - élites, leoria de
(marxismo latinoamericano - socialismo lati­ las - fa n a tism o - gob iern o m ixto - legalidad -
noamericano) m arxism o - oligarquía - p acifism o - paz - p lu ­
ralism o - p olítica - socied ad civil)
fulvio attinA, Universidad de Caiania
(agresión - alianza • appeasctnent - geopolíti­ ll'Igi bonanate, Universidad de Turin
ca - guerrilla - represalia - secesión) (bloques, p olítica d e - d isu asión - estra teg ia
y p o lític a de arm am en tos - terrorism o p o lí­
GIANNl BAGET BOZZO, GénOVÜ tico)
(pensamiento social cristiano)
tizia.no bonazzi. Universidad de Bolonia
caklo haldi, Universidad de Bolonia (aislam iento - conservadurism o - convención -
(asilo, derecho de - autodeterminación - esta­ despojo, sistem a de - m acartism o - m ito polí­
do de sitio) tico - puritanism o)

Carlos uarbf, Universidad de Turin Luciano bonet. Universidad de Turin


(golpe de estado) (a n tic o m u n ism o - a u to c r ític a - c a s tr is m o -
d esviacion ism o)
domenico HAKiLLARo, Universidad de Ruma (II)
(confesiones religiosas) Guillermo BONFit. batalla. Instituto Xacioiuil de
Antropología e Historia. México
stlfaxo bartolim. Universidad de Florencia (indigenism o)
(degaullismo)
bruno bongiovanni, Universidad de Turin
Gi'iSFPPE BEDESCHl, Universidad de Roma (jacob in ism o - m axim alism o)
(comunismo)
Roberto Box i\ i. Universidad de Bolonia
LORENZO bedeschi, Universidad de Urbino (dom inado - p olis - principado - república ro­
(modernismo) m ana)

SILVANO BELLIGM. Universidad de Turin sergio bova. Universidad de Turin


(antifascismo - aparato - extremismo - frente (fuerzas arm adas - policía - servicios de segu­
popular - hegemonía) ridad)

[XII
XII LISTA DE AUTORES

karl d. bracher, Universidad de Bonn maurizio cotta, Universidad de Siena


(nacionalsocialismo) (p arlam ento - rep resen tación p olítica)

cían mario bravo, Universidad de Turin Horacio crespo, Universidad Autónoma del
(anarquismo - blanquismo - burguesía - insu­ Estado de Morelos, ¡México
rrección - movimiento obrero) (agrarism o)

gamillo brezzi, Universidad de Arezzo Roberto d alimonte. Universidad de Florencia


(intransigentismo) (d ecisio n es c o lec tiv a s - esp a cio político)

marco cammelu, Universidad de Múdena ítalo de sandre, Universidad de Padtia


(autogobierno) (carism a)

alessandro cAVALLi, Universidad de Pavía giuseppedevergottim. Universidad de Bolonia


(clase - estratificación social - interclasismo - (con stitu ción - d efen sa - om b u dsm an - orden
movilidad social) público)

paolo t'ERi, Universidad de Turin Alberto dIaz, Buenos Aires


(proletariado) (p an am erican ism o - revision ism o h istórico)

Claudio cesa, Universidad de Siena paolo farneti, Universidad de Turin


(romanticismo político) (so cio lo g ía política)

vixcenzo cesáreo, Universidad Católica de cuido fassO, Universidad de Bolonia


Milán (iu sn atu ralism o)
(asociacionismo voluntario)
Liliana Ferrari, Universidad de Parma
paolo colliva,Universidad de Bolonia (acción católica)
(comuna • feudalismo - imperio - monarquía -
pueblo - señoríos y principados) lorenzo fischer, Universidad de Turin
(m eritocracia)
F.NRICAcollotti piscHEL, Universidad de Bolonia
(maoísmo) domen ico fisichella. Universidad de Roma
(com p ortam ien to electo ria l - tecn ocracia)
artero colombo, Universidad de Pavía
(radicalismo) lisa foa, Roma
(b olch evism o - n ih ilism o ruso)
COMITE EDITORIAL, México
(anarquismo latinoamericano - aprismo - bur­ MASSIMO follis. Universidad de Turin
guesía nacional • caudillismo - chicano - libe­ (au togestión - co n sejo s obreros)
ralismo latinoamericano - radicalismo latino­
americano - socialdemocraeia latinoamericana) giorgio fredüi, Universidad de Bolonia
(organización, teoría de la)
Miguel concha malo, Universidad Nacional
Autónoma de México franco garelli, Universidad de Turin
(teología de la liberación) (control social)

laura coxti, Milán jean gaudemet, Universidad de París (II)


(política y ecología) (con ciliarism o - galican ism o)

a maria CONTI odorisio, Universidad de Roma gladio CjEm m a , Universidad de Módena


(feminismo) (p leb iscito - referéndum )
LISTA DE AUTORES X III

a. maria gextiu , Universidad de Bolonia aldo maffey, Roma


(an trop ología p olítica - ap arth eid - a sim ila ­ (fisiocracia - mercantilismo - utopía)
ció n - b alcanización - colon ialism o)
CRISTINA MARCHIARO CERCHIO, Turin
pikr i’aolo GiGUOLi, Universidad de Milán (fabianismo)
(burocracia)
Francesco margiotta broglio, Universidad de
umberto goki. Universidad de Florencia Florencia
(guerra) (estado y confesiones religiosas)

Gustavo Gozzi, Universidad de Bolonia carlo marletti, Universidad de Turin


(estado contem poráneo - estructura - praxis - (intelectuales)
su praestru ctu ra)
emanuele marotta. Como
Eduardo r.RENDi, Universidad de Genova (sistemas electorales)
(laborism o)
Alberto MAKRADi, Universidad de Bolonia
caklo guarnieri, Universidad de Bolonia (sistema judicial)
(cesa rism o - cu estió n m eridional)
gilliaxo martignetti,Turin
mal rimo GLAsco, Universidad de Verana (nobleza - propiedad, la. parte)
(c le ric a lism o - c o n fe sio n a lism u )
alfio mastropaolo. Universidad de Turin
ludovico incisa, Roma (centrismo - clientelismo - mafia - profesiona­
(corp orativism o - ind u strialización - p op u lis­ lismo político - transformismo)
mo)
nicola matteucci, Universidad de Bolonia
massimo jasonni, Universidad de Bolonia (asamblea - bien común - constitucionalismo -
(con cord ato ec le siá stico ) contractualismo - derechos del hombre, la.
parte - liberalismo - opinión pública - pater-
artero c. jf.molo, Universidad de Roma nalism o - racismo - república - resistencia -
(ca to licism o liberal - gü clfism o) soberanía)

mirella lakizza. Universidad de Turin jean-marie mayer, Universidad de la Sorbona,


(fa la n sterio - paup erism o) París
(partidos católicos y democracia cristiana)
lucio LEvi, Universidad de Turin
(com u nid ad p olítica - con fed eración - etnia- paolo mengozzi, Universidad de Bolonia
fe d e r a lism o - g o b ie r n o - leg itim d a d - m u n ­ (derechos del hombre. 2a. parte)
d ia lism o - n a c io n a lism o - régim en p o lític o -
u n ifica ció n europea) Ernesto molinari. Universidad de Bolonia
(teoría de juegos)
vincenzo i.iPTOLis, Universidad de Roma
(asam b lea con stitu yen te) Leonardo morlino. Universidad de Florencia
(disensión • estabilidad política - franquismo)
siró lombardim, Universidad de Turin
(política económica) franco mosconi, Universidad de Pavía
(neutralidad)
ernesto López, Facultad Latinoamericana de
Ciencias Sociales, México Ricardo ni delman, Buenos Aires
(cepulism o - d esarrollism o - m ilitarism o lati­ (subimperialismo - trutsquismu latinoameri­
noam ericano) cano)
XIV LISTA DE AUTORES

nixo Olivetti rason, Universidad de Padua cesare pianciola, Turín


(bicameralismo - proceso legislativo) (enajenación - socialism o)

mabel olivieri barbé, Universidad de Turín sergio pistóne, Universidad de Turín


(caudillismo) (bonapartism o - h istoricism o - im perialism o -
in terés n acional - m aq u iavelism o • policen-
felix e. oppenheim, Universidad de Massachu- trism o - razón d e estad o - relaciones interna­
selts en Amhersl cion ales)
(igualdad - justicia - libertad)
Gil)liano po.vtara, Universidad de Estocolmo
anna opfo. Universidad de Cagliari (gandhism o • no violen cia - paz, investigación
(partidos políticos - socialización política) cien tífic a sob re la - u tilitarism o)

Pavía
cassio ortegati, Alvaro portillo, Universidad Autónoma Me-
(sociedad de masas) tropolitana-lztapalapa México
(com una [y m u n icipio] en latinoam érica)
SANDRO ORTONA, T u r it l
émile poulat, Centre National de la Recherche
(antisemitismo)
Scientifique, París
(a so cia cio n es p atron ales - co n flicto - con tra­
piero ostellino,Milán tación co lectiv a - organ izacion es sin d ica les -
(contención - diplomacia - distensión, no ali­ relaciones industriales - representación obrera)
neamiento - satélite)
marino regini, Universidad de Milán
GARLO LEOPOLDO OTT1NO, Turín (huelga - n eocorp orativism o - sin d icalism o )
(cuarto estado - separatismo)
gloria regonint, Universidad de Milán
angelo panebianco.Universidad de Bolonia (estad o b en efactor o de b ien estar)
(comunicación política)
sergio ricossa, Universidad de Turín
cían franco pasolino, Universidad de Bolonia (lib eralism o)
(abstencionismo - capacidad política - con-
ductismo - conflicto - corrupción política - gilseppe riclperati, Universidad de Turín
crisis - ejecutivo - eurocomunism o - formas (cosm op olitism o)
de gobierno - gobemabilidad - gobiernos so-
cialdemócratas - grupos de presión - integra­ Francesco rossolillo, Universidad de Pavía
ción - m ilitarism o - modernización - movili­ (nación)
zación - movimiento político - movimientos
ettore rotelli, Universidad de Bolonia
sociales - oportunismo - partidocracia - qua-
lunquismo - revolución - sistemas de partido - (antiguo régim en - region alism o)
stanilismo - subdesarrollo - trotquismo - van­
fabio roversi-monaco. Universidad de Bolonia
guardia)
(d escen tralización y cen tralización )
alessaxdro passerin d entreves, Universidad gian EXRico rlscont, Universidad de Turín
de Turín
(capitalism o)
(filosofía de la política)
edda saccomam salvadoki. Universidad de
Universidad Católica de Milán
giorgio pastor], Turín
(administración pública) (fascism o)

orazio m pETRACCA, Universidad de Salerno lligi salvatorelli, Universidad de Turín


(liderazgo) (ju risd iccion alism o)
LISTA DE AUTORES XV

giacomo san!, Universidad de Columbus, Ohio TiziANO trel, Universidad de Pavía


(apatía - consenso - cooptación - cultura polí­ (paro)
tica - participación política • propaganda)
jorge tula, Buenos Aires
Universidad de Turin
sergio scamlzzi.
(reforma universitaria)
(formación social)
giuliano l’rbani, Universidad Bocconi de Milán
pierangelo schiera, Universidad de Trento
(absolutismo - cameralismo - estado de poli­ (política com parada - sistem a político)
cía - estado moderno - sociedad por capas [o
estamentos]) gianni vattimo. Universidad de Turin
(nihilismo)
domen ico settembkini, Universidad de Pisa
(leninism o - reform ism o - revisionism o guido verrugo, Universidad de Salemo
socialdemocracia) (anticlericalism o - ateísm o)
mario stoppino, Universidad de Pavía
(autoridad - autoritarism o - conformismo - Claudio zanghi. Universidad de Mesina
dictadura - fuerza - ideología - manipulación - (organización internacional)
poder - totalitarismo - violencia)
VALERIO ZASON'E, Roma
Oscar tekAn , Universidad de Buenos Aires (cogestión - cuarto poder - laicism o - represión
(positivismo latinoamericano) - tolerancia)

saffo testos i binetti. Universidad de Bolonia


giovanna zincone, Universidad de Turin
(doctrina - doctrinario - iluminismo - progreso - (fracciones)
voluntad general)
damlo zolo, Universidad de Sásari
nicola tkanfaglia. Universidad de Turin
(tiberalsocialismo) (personalism o)

raCltrejodelarbre, Universidad Nacional Autó­ giampaolo zucchini, Universidad de Bolonia


noma de México (a r isto c r a c ia - d em a g o g ia - n o ta b le s - o p o si­
(sindicalismo latinoamericano) ción - tim ocracia)
absolutismo

I KL ABSOLUTISMOCOMO FORMA ESPECIFICA Oh orua- de distinción y de especificación a un fenó­


kización del poder. Surgido tal ve/ en el siglo meno de por si genérico y metahistórico como
xvui, aunque difundido en la prim era mitad el del "poder”.
del siglo xix, para indicar en los circuios De ahí la doble tendencia a vincular estre­
liberales los aspectos negativos de lo ilimita­ chamente el concepto en cuestión con una
do y pleno del poder monárquico, el término- perspectiva eminentemente tipológica o
concepto a. se difundió desde entonces en estructural, confundiéndolo o asimilándolo
todos los lenguajes técnicos de Europa para con otro concepto, mucho más definido des­
indicar, bajo la apariencia de un fenómeno de el punto de vista lógico y de los conteni­
único o por lo menos unitario, el caso en cues­ dos, como era el de "tiran ía”, o bien a redu­
tión o también categorías distintas de la expe­ cirlo a sinónimo de la especificación históri­
riencia política, unas veces —y de manera ca más precisa del gobierno arbitrario que es
predominante— con la condena explícita o el "despotismo”, con sus insustituibles ele­
implícita de los métodos de los gobiernos mentos mágico-sacros y su absoluta falta de
autoritarios y en defensa de los principios referencias jurídicas, en sentido occidental.
liberales, otras veces —con resultados igual­ En ambus casos, pero sobre todo en el segun­
mente eficaces, si no cuantitativamente sí do (ya que en efecto también en el plano lin­
cualitativamente— bajo la apariencia de que­ güístico fue donde se crearon los mayores
rer dem ostrar la ¡nevitabilidad y la conve­ equívocos, con la todavía no superada utili­
niencia, si no la necesidad, del sistema mona- zación de los dos términos como sinónimos
cráticoy centralizado para el buen funciona­ en las principales lenguas europeas), se tuvo
miento de una unidad política moderna. una ulterior consecuencia: la de proyectar el
La fuerza polémica del término, presente a. hacia la dimensión, eminentemente con­
desde su nacimiento y para nada atenuada temporánea, del "totalitarism o”.
por su contradictoria difusión, aceleró y acen­ Es evidente que se trata, en todo caso, de
tuó su éxito, pero también dio pie a no pocos un concepto artificial. Tanto en sus significa­
equívocos sobre su esencia, llegando en un dos polémicos como en los distintos signifi­
cierto momento a hacer problemática su uti­ cados científicos atribuidos, ninguna de sus
lización dentro de los márgenes de exactitud definiciones puede dejar de aparecer y ser
suficientes para garantizar la cientificidad "externa”, convencional y relativa, valorable
requerida ya desde entonces también por la por lo tanto sólo en función del grado de cla­
investigación historiográlica. ridad que puede introducir en la comprensión
La prim era generalización a la que se llegó —en el plano histórico y por consiguiente
inevitablemente fue la de identificar el con­ también en el categorial— de un aspecto
cepto de a. con el de "poder arbitrario e ili­ imprescindible de la experiencia política,
mitado". Si éste había sido el origen proba­ como es el del poder.
ble del significado del término, es evidente Si se quiere seguir este camino no se pue­
también que se trataba de una acepción que de por eso prescindir del serio intento de
sin lugar a duda era útil en el plano del deba­ reducir el a. a una forma especifica de orga­
te político e ideológico, pero que era comple­ nización del poder, característica respecto de
tamente estéril a los fines de la investigación otras; particularm ente esta especificidad se
histórico-politica y constitucional, desde el deberá captar a su vez en el plano histórico,
momento que no añadía nada en capacidad con respecto a una forma históricamente
m
2 ABSOLUTISMO

determ inada de organización del poder. La los dos primeros), a pesar de ser de tipo reli­
perspectiva que se desprende de ahí es por gioso o sacro, son precisamente sólo limites:
consiguiente, en prim erísim o lugar, la o sea que cumplen un papel negativo, pues no
histórico-constitucional. En su interior, los representan la esencia del a., su contenido,
parám etros clasificalorios más obvios y úti­ sino sólo el término de comparación impres­
les son los que se refieren al espacio cultural cindible, el limite insuperable (en relación
del Occidente europeo, al periodo histórico precisamente con la tiranía). Pero en esa for­
de la edad moderna y a la forma institucio­ ma, el a. es algo completamente distinto del
nal del estado moderno. La prim era delimi­ despotismo, que en cambio encuentra en los
tación sirve, ante todo, para mantener la dis­ elementos mágico-sacros y religiosos su pro­
tancia con la experiencia oriental y eslava del pia identificación positiva y su propia legiti­
despotismo césuro-papista. La segunda, para mación última.
diferenciar la organización "absolutista" del Se trata entonces de un régimen político
poder del anterior sistema político feudal y constitucional (en el sentido de que su funcio­
de la antigua sociedad por capas (v.). La ter­ namiento está, de cualquier manera, someti­
cera, finalmente, para señalar los limites con­ do a limitaciones y normas prestablecidas),
cretos que asume históricamente el a. como no arbitrario (en cuanto que la voluntad del
"form a" de poder. monarca no es ilimitada), y sobre lodo de tipo
secular, profano. Con estas precisiones, la
u. la soberanía. Desde un punto de vista des­ colocación espacio-cultural, cronológica e ins­
criptivo, se puede p artir de la definición de titucional del a. adquiere mayor crédito y sig­
a. como la forma de gobierno en que el deten­ nificación.
tador del poder lo ejerce sin dependencia o Dando convencional mente por descontado
control por parte de otras instancias, supe­ el término final del a. en la revolución fran­
riores o inferiores. Cosa que es completamen­ cesa (aun cuando quede abierto todo el pro­
te distinta que definirlo como "sistema poli- blema de la supervivencia de elementos abso­
tico en que la autoridad soberana no tiene lutistas en diversas partes de la Europa con­
limites constitucionales", o también sólo tinental), las opiniones son necesariamente
como "sistema político que se concreta ju rí­ opuestas en cuanto a su principio. Presente,
dicamente en una forma de estado en que en gérmenes más o menos desarrollados
toda la autoridad (el poder legislativo y el eje­ según el estadio de desarrollo de las distin­
cutivo) está en manos de una sola persona, sin tas monarquías "nacionales" europeas, ya en
limites ni controles". El problema decisivo es la fase de transición del sistema feudal al esta­
el de los límites: en relación a él. el a. se dife­ do moderno, está en concomitancia con la
rencia de manera clara de la tiranía, por una afirmación de este último de que el régimen
parte, y del despotismo césaro-papista, por la absolutista se consolida plena y consciente­
otra. mente tanto en el nivel práctico como en el
En prim er lugar, la reducción, válida aun­ teórico. Aparte, pues, de la necesidad de inves­
que elemental, del principio fundamental del tigar los orígenes y los antecedentes ya des­
a. a la fórmula legibus solutas, referida al de el siglo xiii, se le puede asignar tal vez
príncipe, implica autonomía sólo respecto de razonablemente, como edad peculiar si no
cualquier limite legal externo, excepción exclusiva, la que va del siglo xvi al xvm. Más
hecha de las normas impuestas por la ley complicado es, en cambio, tratar de fijar, den­
natural o por la ley divina; además, casi siem­ tro de estos márgenes, su desarrollo homo­
pre, implica autonomía respecto de las “leves géneo en las distintas experiencias políticas
fundamentales” del reino: se trata, pues, tam­ europeas, en donde, por el contrario, se pre­
bién en sus teorizaciones más radicales, de sentó en épocas y modos diferenciados, dan­
una absolutez relativa a la gestión del poder, do origen a no pocos problemas importantes
el cual en cambio implica limites intrínsecos, de recesión o de influjo de una experiencia
en especial constitucionales, en relación con sobre la otra (basta considerar las diferencias
los valores y las creencias de la época. El a. más gruesas existentes entre el a. inglés, fran­
no es, pues, una tiranía. cés y alemán).
En segundo lugar, estos límites (sobre todo Nos falla hablar, finalmente, del peligro
ABSOLUTISMO 3

relacionado con la excesiva identificación del nificado menos superficial a su misma raíz
a. con la forma histórica occidental moder­ etimológica. El concepto legihus solulus
na del estado. En prim er lugar, porque sin denuncia inmediatamente que el terreno en
duda han existido ejemplos ilustres de orga­ que se asentó desde la Edad Media la obliga­
nización estatal moderna en Occidente, des­ ción política en Occidente fue el jurídico. Sin
viados totalmente en la hipótesis absolutis­ embargo, en el ámbito en que operaba la gran
ta. En segundo lugar, porque ésta ha sido, de tradición romana, mantenida con vida e inter­
una manera u otra, sólo una hipótesis reali­ pretada por la iglesia, se produjo, a principios
zada a menudo en forma total, pero nunca de la edad moderna, una fisura revoluciona­
hasta el punto de excluir otras hipótesis y ria, en la medida en que la independencia res­
orientaciones, opuestas o contradictorias, de pecto de las leyes se convirtió muy pronto en
cuya dialéctica se deriva más bien una gran emblema de los nuevos príncipes territo ria­
parte del desarrollo constitucional subsi­ les que aspiraban a conquistar y a consolidar
guiente. Si por lo tanto, en su prim era fase, una posición de autonomía en oposición a las
el moderno estado occidental fue sobre todo pretensiones hegemónicas imperiales y papa­
estado absoluto, y no ha sido únicamente esto, les, por una parte, y a las señorías locales, pol­
el a. fue sólo un elemento esencial del mismo la otra. En el fondo, este enfrentamiento refle­
al lado de otros: elemento característico mas jaba, sin embargo, un importante cambio cul-
no exclusivo de la vicisitud constitucional tural, que se había hecho posible y se había
occidental, reducible en su esencia a los dos incrementado gracias al redescubrimiento del
principios fundamentales de la secularización derecho romano y a la inmensa obra de actua­
y de la racionalización de la política y del lización e interpretación realizada con el por
poder. De tal proceso el a. representó cierta­ juristas laicos y eclesiásticos, por escuelas y
mente, en el plano teórico como en el prácti­ orientaciones que se fueron sucediendo en
co, una de las contribuciones más eficaces del toda Europa hasta el siglo xvu. Se trata de la
espíritu europeo, y desde este punto de vista oposición progresiva al "buen derecho anti­
merece ser estudiado. guo", a la simple e indemostrada apelación
"a Dios y al derecho”, a la concepción —de
tu. aspecto JURiDicocoNSimictoNAL. Si esta hipó­ carácter evidentemente sacro del derecho del
tesis es verdadera, el a. se nos presenta, en príncipe-sacerdote, "encontrado” en la gran
su forma plena, como la conclusión de un masa de las normas (consetudinarias, natu­
acontecimiento prolongado que, a través de rales y divinas) existentes desde tiempo inme­
la imprescindible mediación del cristianismo morial. En su lugar se reafirma, en cambio,
como ductrina y de la iglesia romana como la idea de un derecho "creado" por el prínci­
institución política universal, conduce de los pe, de acuerdo con las necesidades del tiem­
orígenes mágicos y sacros del poder a su fun- po y basado en las técnicas más actualizadas.
damentación en términos de racionalidad y Un derecho, pues, concreto, adecuado al obje­
eficiencia. Un buen testimonio de esto lo da tivo, pero por eso mismo mutable y no obli­
la evolución sufrida por el principio de legi­ gatorio, del que puede librarse siempre el
timación monárquica de la antigua investidu­ príncipe que lo creó. El príncipe proclama
ra por gracia divina de la monarquía consti­ (hace que sus legistas proclamen) su indepen­
tucional del siglo xix: evolución a lo largo de dencia respecto de este derecho, prueba evi­
la cual se pasa de una justificación conscien­ dente de que esta nueva tendencia se orienta
temente religiosa (aunque cada vez menos ya conscientemente en dirección de la racio­
mágica) del poder, a una heroica y clasicista nalización e intensificación del poder y de la
(reconocible en la presencia, entre 1460-1470 relación fundamental en que se ejerce: la rela­
y 1760-1770, de alusiones ideológicas y pro­ ción entre autoridad y súbditos.
pagandistas de tipo mitológico a la figura del La fórmula mencionada se articula, en efec­
principe), para llegar a una predominante­ to, en el nivel lógico, en dos reivindicaciones
mente jurídica y racional respecto de su ulteriores, retomadas una vez más, aunque en
objetivo. un sentido completamente distinto, del anti­
La amplitud de la parábola en que se colo­ guo derecho romano, y que corresponden, en
ca el absolutismo permite atribuirle un sig­ esencia, a las líneas fundamentales del pro­
4 ABSOLUTISMO

ceso de formación del estado moderno, a tra­ de cualquier valoración religiosa o por lo
vés de la consolidación de la autoridad en el menos moral. Desde este punto de vista, vuel­
exterior y en el interior del "territorio" en que ven a incorporarse ciertamente en la historia
surge. La supremacía imperial y papal, por del a. como doctrina aun pensadores y movi­
una parte, y la participación de los poderes mientos que en una perspectiva estrictamente
locales (consilium), por la otra, constituyen técnica quedarían fuera de ella por la escasa
dos obstáculos que se interponen a la defini­ atención prestada a los elementos jurídico-
ción del poder monocrático del príncipe. Con­ inslitucionales que convierten al a. en un
tra el prim ero de ellos, este último se procla­ fenómeno concretamente constitucional.
ma superiorem non recognoscens e imperator Dejando a un lado los pasajes aislados a tra­
in refino suo, negando cualquier forma de vés de los que se llevó a cabo la "desm orali­
dependencia tanto respecto del emperador zación" de la política y que contribuyeron al
como respecto al pontifice. Contra el segun­ nacimiento del "espíritu laico" en una pers­
do, en concomitancia con la sustitución cada pectiva predominantemente antitomista, uno
vez más convincente del derecho "creado” en de los puntos de llegada de dicho proceso está
lugar del "encontrado" y con la exigencia cre­ representado, sin lugar a duda, por la obra
ciente de establecer y m antener la paz terri­ de Nicolás Maquiavelo. a pesar de la posición
torial, se reafirma el principio por el que quod equívoca que sostiene en relación con los dos
principi placuit ¡egis habet vigorem. extraordinarios fenómenos histórico-politicos
A esta altura, la absolutez del poder monár­ que se estaban preparando o llevando a cabo
quico se ha consumado en teoría, al no encon­ ante sus ojos: el estallido de la Reforma reli­
tra r ya el príncipe límites al ejercicio de su giosa y la constitución del moderno estado
poder ni en el exterior ni en el interior del institucional. De hecho, la relación de .Vlaquia-
naciente estado. Ya no es súbdito de ningu­ velo con el a. lleva todavía de manera predo­
no y ha hecho súbditos a todos los que están minante la huella de los esquemas tradicio­
debajo de él. Se ha delineado, en suma, en sus nales; el orden absoluto, opuesto al civil, es
rasgos esenciales, el nuevo e indiscutible prin­ para él sinónimo de tiranía, de poder ilimita­
cipio de legitimidad del principe en el esta­ do y sin control; por otra parte, su príncipe
do: el principio de la soberanía, la summa Icgi- responde, aun con todas las cautelas y expli­
busque soluta potestas, de la cual en el últi­ caciones de las condiciones necesarias, a
mo cuarto del siglo xvi Bodin podrá hacer dicho modelo, en función de la única cosa que
una sistematización teórica definitiva. en el fondo le interesa: la erección del poder
Si la reducción del a. a sus referencias ju rí­ como momento central, si no es que único, de
dicas agota el aspecto semántico del proble­ la experiencia política, la elaboración de cri­
ma y sirve para describir gran parte de su his­ terios y normas de comportamiento político
toria, nu basta para delinear completamente medidos únicamente en relación con dicho
la mutación profunda a laque, en el ámbito objetivo, la eliminación de todo elemento que
de la experiencia política occidental, el a. empañe la “pureza” de la relación que se des­
corresponde. Entre los siglos xm y xvi se lle­ prende de la obligación política formulada de
vó a cabo, en efecto, pasando también a tra ­ manera rigurosa en sus términos terrenales,
vés del filtro jurídico y frente a problem áti­ concretos, efectivos, reales. El hecho de que,
cas y convicciones muy enraizadas y compli­ en realidad, las fórmulas de Maquiavelo apa­
cadas, una de las mayores revoluciones cul­ rezcan históricamente demasiado rígidas \
turales de que ha sido testigo el Occidente.IV . circunscritas, depende únicamente de la fuer­
te limitación creada por las condiciones polí­
IV. aspecto POLITICO-RACIONAL. Si secularización ticas italianas de las que no pudo librarse y,
significa pérdida progresiva de los valores en parte, del significado mismo que, más o
religiosos (cristianos) de la vida humana, en menos conscientemente, le atribuyó a su obra
todos sus aspectos, a. significa también, y mayor, Fl Príncipe, que constituye precisa­
sobre todo, separación de la política respec­ mente un tratado sobre el poder y no sobre
to de la teología y conquista de autonomía de el estadu.
la prim era, dentro de esquemas de compren­ Si se quiere dem ostrar la complejidad y la
sión y de criterios de juicio independientes globalidud asumida por el fenómeno de la
ABSOLUTISMO 5

absolutización de la política, en el que se da, si se considera que el largo camino que


incorpora también el a. como acontecimien­ ya había recorrido la monarquía en pos de
to histórico, y del cual Maquiavelo lúe cier­ una administración centralizada y racional
tamente su exponente más significativo, no del territorio unificado había sufrido una
se puede descuidar tampoco el otro filón a fisura y un retroceso sorprendentes, en nom­
través del cual se concretó la contribución bre de una oposición religiosa bajo la cual se
estrictam ente religiosa (cristiana) a la sepa­ ocultaba una extraña mezcolanza de antiguos
ración entre política y moral, tanto a través intereses feudales y nuevas —tal vez todavía
del camino (que había sido siempre caracte­ no conscientes— necesidades burguesas, en
rístico de la oposición al tomismo dentro de pugna con las prerrogativas prevalecientes y
la iglesia) de la recuperación de la otra dimen­ las aspiraciones de la alta nobleza, de los
sión: precisamente la religiosa. Se trata, natu­ Grandes del reino. Es muy significativo que
ralmente, de la Reforma protestante, cuya la victoria les haya correspondido a los poli-
contribución al fortalecimiento del poder tiques, en nombre del nuevo principio (polé­
monárquico en su dimensión más institucio­ micamente atribuido a él por sus enemigos),
nal es incuestionable, tanto en teoria como de de "cstal, estat;pólice, pólice". En efecto, por
hecho, no sólo en los territorios alemanes en prim era vez habían vencido abiertam ente al
que pudieron jugar también motivos históri­ estado y la política, encarnados, tanto el uno
cos contingentes, sino también en los princi­ como la otra, en la figura del príncipe, aun­
pales países europeos, que desde hacía tiem­ que habian sido reducidos a la unidad teóri­
po se encaminaban a la concentración y racio­ ca, por obra de Bodin, en el principio de la
nalización monárquica (en primer lugar Ingla­ legitimación de la soberanía, sumnta legibus-
terra y Francia). que soluta potestas, expresado de manera sus­
De esta contribución vale la pena recordar tancial en el "no [...] estar sujeto de ninguna
no sólo el tema de la no positividad de la vida manera a las órdenes de otros y [en el] poder
terrena] para el más allá y la consiguiente des- dictar leyes a los súbditos y cancelar o anu­
valorización de todo compromiso, aun polí­ lar las palabras inútiles contenidas en ellas
tico, fuera de aquel —eminentemente oficial para sustituirlas por otras, cosa que no pue­
y de servicio— del principe, sino también el de hacer el que está sujeto a las leyes o a per­
consiguiente y estrechísimo vinculo con la sonas que ejercen poder sobre él” (Jean
obediencia del súbdito a la autoridad y, toda­ Bodin, Los seis libros del estado, 1.1, cap. vui).
vía más (por la modernidad y el subsecuente Ciertamente queda en pie la limitación de la
éxito de la justificación), la legitimación del "ley natural y divina", limitación que, además
poder absoluto en términos de un mero de ser difícil de sancionar, estaba muy lejos
bonum commune: entendido este último en de no tocar los problemas inherentes a los
un sentido evidentemente material, de segu­ asuntos concretos del gobierno, cuya absoluta
ridad, paz, bienestar y orden. inderogabilidad le sirve más bien a Bodin
Son todos motivos (los maquiavélicos y los para reforzar la derogabilidad de las "leyes
reformados) que convergen fácilmente en las ordinarias” (ibíd., citando un pasaje de los
doctrinas políticas del a. de los siglos xvi al Decretales). Queda todavía el límite de las
xviu, sea en las de contenido más directa­ "leyes que se refieren a la estructura misma
mente operativo y contingente reunidas con­ del reino y de su ordenamiento fundamental",
fusamente bajo el género literario (que no fue pero también éstas encuentran una explica­
más que eso) de la llamada "razón de estado", ción totalmente convincente en los términos
sea en aquellas que tenían un más evidente mismos del a., el cual se inserta mucho más
fundamento teórico y sistemático de los gran­ en la lógica y en la fuerza interna del estado
des autores del a. como Jean Bodin o Thomas que en la figura personal del monarca "en
Hobbes. cuanto éstas se hallan vinculadas a la coro­
Los seis libros del estado, de Bodin, repre­ na y están unidas de manera inseparable con
sentan ciertam ente el proyecto más convin­ ella" (ibíd.). Habría, en realidad, un último
cente salido del movimiento de los puliliques, límite que seria decisivo y pondría en juego
a fines del siglo xvi, en respuesta a una situa­ el conceptu mismo de soberanía, si de veras
ción interna francesa gravemente deteriora­ fuera obligatorio: el que se deriva del jura­
6 ABSOLUTISMO

mentó hecha par el príncipe de respetar las (algunas condiciones propias de las nuevas
"leyes civiles" o los “pactos” estipulados por tierras de ultram ar, el mismo derecho inter­
él con los súbditos (sobre todo, en concreto, nacional), encontró una aplicación por obra
con las asambleas de los estamentos). Es un de Hobbes, en la definición teórica del poder,
caso que Budín aborda con una serie inter­ de la soberanía y del estado. Después de la
minable de distorsiones y ejemplos históricos, gran descripción que había hecho de él Bodin,
para resolverlo después definitivamente recu­ se redujo a su esencia última de "animal arti­
rriendo a un expediente conclusorio (que no ficial”, de "autóm ata”: ni más ni menos "que
por casualidad ha sido aceptado recientemen­ un hombre artificial aunque de mayor esta­
te por Cari Schmitt como el verdadero rasgo tura y fuerza que el natural, para cuya pro­
distintivo de la soberanía): la decisión, en caso tección y defensa fue concebido” (Thomas
de excepción, le corresponde de una manera Hobbes. teviatán, "Introducción").
u otra al príncipe, "según la exigencia de cir­ De esa manera, el a. que caracteriza el
cunstancias, tiempos o personas”. Queda asi poder del estado no es otra cosa que la pro­
establecido, de una vez por todas, que "el pun­ yección de la absolutez natural de la relación
to más alto de la majestad soberana consiste exclusiva entre un hombre y otro, el refugio
en dictar leyes a los súbditos, en general y en racional contra las consecuencias del inevi­
particular, sin necesidad de contar con su table conflicto en que viven los hombres den­
consentimiento” (ibíd.). tro del estado de naturaleza. La legitimación
Mucho más pertinente y nítida es la argu­ que se desprende de esto es la más radical que
mentación presentada, tres cuartos de siglo pueda concebirse, ya que finca sus raíces en
después, por Hobbes para apoyar el poder la naturaleza misma del hombre y en la "ana­
absoluto. Y también más inquietante, ya que logía de las pasiones" propias década uno de
la mayor complejidad de los problemas lo ellos. Asi, Hobbes lleva finalmente a término
ohliga a abandonar el método sólido de Budín la revolución de Maquiavelo, fincando la abso­
y de los pulitiqucs orientados a una funda- lutez de la política en la absolutez del hom­
mentación predominantemente funcional del bre y fundamentando la brutalidad necesaria
poder, en términos de eficiencia y de orden, del poder dentro del estado en la simple con­
recurriendo únicamente a la lógica abstrac­ sideración de que este último es una creación
ta e instrumentalmente neutral del derecho. artificial del hombre que recurre a ella para
En una situación política seguramente más m oderar dentro de la historia la tragedia de
avanzada, que ya había sido testigo de la con­ su destino de lupus, que nu puede ser más que
solidación del poder monárquico y que esta­ la muerte. El razonamiento es elemental: las
ba viviendo la áspera oposición por parte de pasiones del hombre (tan naturales como
fuerzas mucho más homogéneas y consolida­ nocivas) no son pecado mientras no haya una
das en la defensa de los nuevos intereses eco­ ley que las prohíba: esta ley debe establecer­
nómicos que las que había habido en Fran­ se, y para ello debe nom brarse una persona
cia durante el siglo anterior, Hobbes se ve dotada de autoridad. Injusticia, ley V poder
obligado a seguir el único camino disponible son tres eslabones de la misma cadena lógi­
para establecer el nexo roto entre la sobera­ ca que tiende a perm itir, de una manera arti­
nía (la reivindicada en una forma tan decidi­ ficial, que el hombre sobreviva.
da y tradicional por la monarquía Estuardo) En conclusión, también para Hobbes, la
y el derecho (el de los centros de poder local, esencia de la soberanía radica en la absolu­
del parlamento que los agrupaba, de la gentry tez y en la unicidad del poder, de manera que
que empezaba a expresarlos en el nivel de cla­ todas las voluntades individuales de los hom­
ses) y para fundamentar una legitimidad real: bres se reduzcan a una sola voluntad. “ Esto
la admisión de un sistema jurídico dotado de es más que un consentimiento o un acuerdo:
reconocimiento universal. Este último ya es una unificación real de todos ellos en una
existia en el derecho natural moderno que, misma persona, lograda por medio de un pac­
después de haber sido utilizado ventajosa­ to de cada hombre con cada hombre [. ..]"
mente en el transcurso del siglo xvt como (ibíd., cap. xvh). El estado, de hombre artifi­
instrum ento racional para resolver cuestio­ cial, se convierte en dios mortal, "una perso­
nes anormales o completamente originales na de cuyos actos se ha hecho autor cada uno
ABSOLUTISMO 7

de los individuos de una gran multitud, a tra ­ exactos (por más amplios y extensos que sean,
vés de pactos recíprocos, con el fin de que como en el caso de Hobbes) del poder y, por
pueda usar la fuerza y los medios de todos consiguiente, en cierta forma, limitarlo, y pol­
ellos, según lo considere oportuno, para su la otra, establecer y defender los ámbitos
paz y para la defensa común" (ihid.j. (aunque fuera solamente el del espacio inte­
El hecho de que la soberanía se manifieste rior apolítico de Hobbes) de autonomía e inde­
por excelencia en la potestad legislativa, se pendencia individual.
deriva de las premisas mismas del discurso El a. político dio, en realidad, en el plano
de Hobbes: sólo el derecho positivo es capaz constitucional concreto, respuestas muy uni­
de desenm arañar las pasiones humanas e laterales a estos problemas, separando des­
impedirlas positivamente (sancionándolas). mesuradamente un polo del dualismo (el auto­
En esta forma, este último no es más que la ritario) del otro; estableció, sin embargo, el
necesaria propagación, artificial y racional, principio de la contraposición y por lo tanto
del derecho natural, cuyas leyes eran conti­ la premisa necesaria para toda su posible
nuamente violadas, en el estado de naturale­ reglamentación.
za, por las pasiones. El estado hecho a seme­ Esto permite, finalmente, establecer una
janza del hombre, pero siendo un cuasidios, indiscutible distinción de principio entre a.
expresa en el fondo, según Hobbes, por enci­ y totalitarismo, ya que este último consiste
ma de ¡a absolutez política (característica per­ precisamente en la total identificación de
manente de todo el a. político), también la cada sujeto con el entero cuerpo político orga­
absolutez del hombre, en sus pasiones y en nizado. pero mucho más con la organización
su heroísmo. La gran ficción en que consiste misma del cuerpo. Cosa que, obviamente, pue­
(la abstracción del poder en una voluntad uni­ de suceder en las dos direcciones implícitas
ficada artificialmente) es el instrumento en el dualismo autoridad-súbdito: mediante
racional con el que el hombre salva su pro­ la desmesurada dimensión del polo autorita­
pia concretez, es decir, su vida. En el estado, rio. que llega a abarcar en si todo aspecto y
el hombre se salva, no se pierde.V . momento de la vida individual, reduciendo lo
privado a un simple elemento constitutivo de
V. modklo bipolar: AUTORIDAD y SUBDITO. Paradó­ su misma estructura organizativa, o bien
jicamente, éste es precisamente el resultado mediante la absolutización de la presencia
final al que conduce el a. político: la garan­ individual, en una continua y global partici­
tía de la libertad humana —de esa parte de pación del hombre en la política. En ambos
libertad humana compatible con la apremian­ casos, se tendría una absoluta politización de
te necesidad de la política—, ya reducida defi­ la vida individual, en una perspectiva dram á­
nitivamente a una esfera autónoma do rela­ ticamente enajenante, o encantadoramente
ciones humanas, sin más justificaciones o liberadora, aunque con el mismo resultado
referencias de tipo trascendente. De Hobbes por lo menos en un punto: la liberación de la
en adelante, el proceso de ampliación y con­ política de todo limite, su —precisamente—
solidación de esta garantía se desarrollará totalización, y por consiguiente también la
dentro de la realidad efectiva del poder, y en pérdida de su autonomía en nombre de una
relación con la fuerza abstracta pero podero­ hegemonía absoluta sobre cualquier otro
sísima del estado. Los modelos que vendrán aspecto de la vida humana, que la sujetaría
después, tanto de tipo constitucionalista inevitablemente, de nuevo, a elecciones y
como de tipo absolutista-ilustrado, si preten­ opciones perjudiciales de tipo trascendente.
den llegar a los más modernos del estado de Ya se trate de un totalitarism o autoritario
derecho y del estado social, no podrán salir­ y tecnocráticoode un totalitarismo democrá­
se de la rígida relación-separación en que el tico y humanista, ciertam ente los módulos
a. había fundamentado la propia obligación organizativos (pero ante todo culturales y
política por medio del recurso a la soberanía: existenciales) en que éste se concretaría,
la relación entre autoridad y súbdito. Sólo en serian necesariamente distintos de aquellos
el ámbito de este dualismo y en la delimita­ a que nos tenia acostumbrados la experien­
ción precisa de las respectivas competencias, cia constitucional occidental de la edad
se puede, por una parte, conocer los confines moderna. En todo caso, pues —por más
8 ABSTENCIONISMO

absurdo y presuntuoso que parezca reunir, en se mide como el porcentaje de quienes, tenien­
el plano de los contenidos, las dos posibles do todo el derecho, no van a las urnas. Dis­
lineas de tendencia—, resulta necesario tomar tinto es el caso de quienes al votar dejan la
conciencia de las implicaciones y de las con­ papeleta en blanco o la anulan de diversos
secuencias que éstas llevan consigo, en la con­ modos con toda intención. Aunque tanto quie­
vicción, cada vez más probable, de que tal vez nes no comparecen ante las urnas como quie­
la edad del totalitarism o ya ha comenzado. nes no expresan un voto válido intentan mani­
festar disgusto o desconfianza, ambos fenó­
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monarchie absolue, en Relazioni del X Congres- la disponibilidad en la participación política
su Internazionale di Scienze Storiche. IV:Storia en su sentido amplio influyen de manera posi­
moderna, Florencia, Sansoni, 1955; W. Hubatsch, tiva también en la participación electoral. Al
Das Zeitalter des Absolutismus, 1600-1789, contrario, puede decirse que los abstencionis­
Braunschweig, Westermann, 1965; K. Kaser, tas son, desde el punto de vista sociológico,
L ’etá dell’assolutismo (1923). Florencia, Vallec- con poca diferencia de país a país y con pocas
chi, 1926; R. Mandrou, L'Europe "absolutiste". excepciones (por ejemplo, la de los abstencio­
Raisonet raison d'État, 1649-1775, París, Fayard, nistas voluntarios y "determ inados", como
1977; F. Mcinecke, L'idea delta rugían di Stuto los peronistas en Argentina las veces en que
nella storia moderna (1924), Florencia, Sansoni, se sintieron discriminados o los radicales ita­
1967; A. Negri, Assolutismo, en Scienze poli lidie. lianos en las elecciones administrativas de
1: Stato e política, Milán, Fcltrinelli, 1970; G. Oes- 1980 y 1981), un grupo de individuos con
treich, Problemi di struttura dell'assolutismo características relativamente precisas: ante
europeo, en Lo Stato moderno. 1: Dal Medioevo todo, bajo nivel de instrucción; en segundo
all'etá moderna, a cargo de E. Rutel ii y P. Schie- lugar, sexo femenino; en tercer lugar, de edad
ra, Bolonia, II Mulino, 1971; R. Schnur, Indivi­ avanzada o muy jóvenes. En igualdad de todas
dualismo c assolutismo, Milán, Giuffré, 1979; G. las demás variables, la instrucción o mejor
Tardío, Storia della cultura giuridica moderna. dicho la falta de un adecuado nivel de instruc­
1: Assolutismo e codificazione del diritto, Bolo­ ción. incide negativamente en la participación
nia, II Mulino, 1976; C. Vivanti, Note per una dis- electoral. Sin embargo, se ha observado tam­
cussione suU'assolutismo, en Quadcmi di rassefi­ bién que si prescindiendo de su nivel de ins­
na soviética: Atti del 111 Convegno degli storici trucción, un individuo empieza a participar
Italiani e sovietici, Ruma, 1969; F. Walter, Euro­ en las elecciones, por ejemplo por haber sido
pa im Zeitalter des Absolutismus, 1600-1789, "movilizado” por un partido o por circuns­
Munich, Oldenburg, 1959. tancias excepcionales, como la guerra o la
depresión, es probable que siga "partici­
[i'IERANGELO SCHIEKA] pando”.
Las tasas de a. varían considerablemente
de un país a otro y de una consulta electora!
a otra. Las tasas más elevadas las encontra­
abstencionismo mos, por lo que respecta a los regímenes
democráticos, en Estados Unidos; en las elec­
Se utiliza el término esencialmente para defi­ ciones presidenciales, el a. superó en los años
nir la falta de participación en el acto de setenta el 45%; en las elecciones al Congreso
votar. Pero también puede ampliarse su sen­ vota menos de la mitad de quienes tienen
tido hasta comprender la no participación en derecho a ello (aunque con fuertes diferencias
todo un conjunto de actividades políticas, de uno a otro estado y de elección a elección).
pues en su forma más aguda la no participa­ Las tasas más bajas se encuentran, en este
ción podría definirse como apatía, enajena­ orden, en Australia, Holanda, Austria, Italia
ción, etc. Como muchas de las variables vin­ y Bélgica y llegan a ser, para las elecciones
culadas con la participación electoral, el a. es políticas de la segunda posguerra, inferiores
de fácil determinación cuantitativa. De hecho, al 10%. En promedio, las tasas de a. en los
ABSTENCIONISMO 9

regímenes democráticos giran alrededor del ción) escasamente interesados en la política,


20%, pero ciertos síntomas indican un lige­ poco informados, “ineficaces”, la tasa de a.
ro crecimiento en el porcentaje de electores crecerá.
que desertan voluntaría y deliberadamente de Por lo que respecta a las variables de gru­
las urnas. po, políticas y sistemáticas, se busca una
Las causas del a. son múltiples. Importan­ explicación al eventual crecimiento del a.
tes, pero ciertamente no decisivas para expli­ sobre todo en tres fenómenos: ante todo, en
car ¡as altas tasas que se registran en algu­ el tipo de consulta electoral; en segundo
nos países, son las normas que regulan el ejer­ lugar, en la competitividad de las elecciones
cicio del derecho al voto. La poca o mucha (o sea en la importancia de la puesta en jue­
facilidad de inscripción en las listas electo­ go y en la incertidumbre del éxito); finalmen­
rales —en algunas casi automática, en otras te, en la naturaleza del sistema partidista y
confiada al potencial electoral— y la poca o de las organizaciones políticas (grado de pre­
mucha obligatoriedad del voto (en Australia, sencia y de asentamiento social).
por ejemplo, es obligatorio; en Italia, existe Los datos concuerdan si consideramos un
una sanción de carácter administrativo: la a. selectivo de los electores que votan en por­
inscripción "no votó" en el certificado de bue­ centajes más altos cuando se trata de eleccio­
na conducta) inciden desde luego sobre el por­ nes consideradas muy importantes, y sobre
centaje de electores que van a las urnas. Por todo de elecciones políticas más que adminis­
otro lado, se ha observado que ni siquiera la trativas (en Estados Unidos más para las pre­
eliminación de los requisitos más gravosos sidenciales que para el Congreso; en Francia
hizo aumentar el porcentaje de electores den­ más en la segunda vuelta que en la primera.
tro del contexto estadunidense. Hablando Tal es el caso en Italia, a lo que debe añadir­
más en general, en cambio, se sabe que la se una participación declinante, o sea una a.
expansión del cuerpo electoral, por la razón creciente para la consulta por referéndum
que sea (sufragio universal masculino, exten­ (del 11.9% en 1974 al 18.8% en 1978 al 20.4%
sión del voto a la mujer y a las minorías, dis­ en 1981, con un crecimiento semejante de
minución del límite de edad), produce una caí­ papeletas en blanco y nulas).
da de la tasa de participación al insertar en La segunda causa sistemática del a., la fal­
el cuerpo electoral a individuos que aún no ta de competitividad de las elecciones, es más
tienen el hábito del voto. Pero, por lo común, difícil de determinar. Con frecuencia los elec­
superada la fase de “aprendizaje”, las tasas tores pueden aducir la escasa diferencia en
de a. tienden a dism inuir rápidamente, aun­ los programas de los partidos o en las posi­
que no en Estados Unidos. ciones de los candidatos como causa de su fal­
Por lo tanto, algunos autores han buscado ta de participación (lo que sucede más aún en
las causas del a. en dos grupos de variables: los sistemas bipartidistas), incluso tomándolo
por un lado las variables individuales, psico­ en su sentido positivo: es decir que la victo­
lógicas; por el otro, las variables de grupo, ria de uno u otro no habrá de incidir negati­
políticas y sistemáticas. Para que no crezca vamente sobre sus preferencias, recursos y
el a. se necesita, si se tiene en mente el p ri­ expectativas. En cambio, un elevado nivel de
mer conjunto de variables, que los nuevos encuentro político y una fuerte diversidad
electores m uestren interés por la actividad programática pueden hacer que disminuya el
politica, posean buena información política a., movilizando electores de otro modo no dis­
y consideren “eficaz” su grado de influencia ponibles (los casos de Italia y Francia pare­
sobre las competencias electorales. Ya que cen llevar esta dirección; el caso estaduniden­
sucede a menudo que los recién admitidos en se. sobre el que disponemos de una masa de
la participación electoral sean individuos datos incomparable, sigue el primer sentido).
(hombres excluidos antes por su analfabetis­ Finalmente, la explicación que más común­
mo. mujeres que carecen de experiencia polí­ mente se ofrece, y es probable que de una
tica anterior, minorías subordinadas —con la manera convincente, es que ahí donde los par­
sola excepción de los jóvenes en los años tidos están bien organizados, su presencia es
setenta, ya “automovilízados" pero quizá en penetrante y su actividad es múltiple, la tasa
fase de reflujo y con un alto nivel de instruc­ de a. permanece muy restringida; ahí donde
10 ACCION CATOLICA

los partidos están en crisis, su capacidad de demás, la gran masa de los abstencionistas
movilización y captación del electorado se y de los electores fluctuantes queda a dispo­
desvanece y el a. crece, y crece aún más si, sición de los llamados de los demagogos, que
como sucedió en Estados Unidos en los años prometen hacer limpieza general y crear un
sesenta, su crisis se manifiesta al mismo tiem­ régimen de verdadera participación. La movi­
po que la ampliación del electorado potencial. lización hacia arriba de los abstencionistas,
Al no estar injertado en los circuitos de la en definitiva, es un peligro real en situacio­
política organizada, este electorado se refu­ nes en las que la tasa de a. crezca sin solu­
gia rápidamente en el a. y si no se le recupe­ ción de continuidad.
ra en el curso del tiempo se volverá a. cróni­
co. Puesto que, en general, parece esperarse BIBLIOGRAFIA: K. Dittrich y L.N. Johansen, 1.a
una reducción de la captación de los partidos partecipazione eletlorale in Europa (1945-1978):
de masas y de las organizaciones políticas miti e realtá, en Ri vista Italiana di Scienza Poli-
inclinadas a la participación electora!, la ten­ tica, x (agosto de 1980); A.T. Hadley, The einpty
dencia futura más probable es un crecimien­ pollirtK booth, Englewood Cliffs, Prentice-Hall,
to del abstencionismo. 1978; E.C. Lndd, Jr., Where have all thc voters
¿Qué efectos tiene el a. en el funcionamien­ gone?, Nueva York, Norton. 1978: A. Lancelot,
to de los regímenes democráticos? En primer L'abstentionnisme electoral en Frunce, París,
lugar, no son pocos aquellos que sostienen Colín, 1968; Electoral participaron, a cargo de
que las altas tasas de a. constituyen una des­ R. Rose, Beverly Hills-Londres, Sage Puhlica-
legitimación, real o potencial, de los gober­ tions, 1980; R.E. Wonfinger y S.J. Rosenstone,
nantes. de la clase política e incluso de las Who votes?, New Haven-Londres, Yale Univer-
propias estructuras democráticas. Si demo­ sity Press, 1980.
cracia es participación de los ciudadanos, la
falta de participación debilita la democracia. [lilANFRANCO l’ASCfUINOl
En segundo tugar, quien asume una visión
más destacada del problema de la legitimidad
de los regímenes democráticos subraya en acción católica
cambio la necesidad de observar la "produc­
ción" del régimen. Si los abstencionistas son El decreto del Concilio Vaticano II Apostoli-
un grupo no sólo sociológicamente distinto cam actuositatem, a propósito de la a. católi­
del que vota, sino distinto en términos de pre­ ca, o bien de las "diversas formas de activi­
ferencias políticas, entonces su abstención dad y de asociación que, manteniendo una
hará difícil (y no esencial) que las autorida­ estrecha unión con la jerarquía, se han ocu­
des, los gobernantes, sean sensibles a las exi­ pado y se ocupan de fines propiamente apos­
gencias inexpresadas. Por ello la producción tólicos”, recuerda la definición común que se
legislativa, la distribución de recursos, la le atribuyó en el pasado: "colaboración de los
selección global del sistema premiarán a quie­ laicos en el apostolado jerárquico” (cap. 20).
nes participan en menoscabo de los absten­ Se trata de una fórmula cuyos orígenes se
cionistas, lo cual asum iría aspectos de parti­ remontan al pontificado de Pió XI (1922-1939).
cular gravedad si los abstencionistas perte­ Aparece por prim era vez, aunque con térm i­
necen a grupos sociológicamente "subprivi­ nos ligeramente distintos ("participación de
legiados”. En parte es asi y en parte no, es los laicos en la misión propia de la Iglesia”),
decir que los abstencionistas sólo en parte en una carta del entonces secretario de esta­
difieren (sobre todo en Estados Unidos) de do cardenal Gasparri a los obispos italianos
aquellos que votan. del 2 de octubre de 1922. Integrada en su for­
Sin embargo, permanece abierto el proble­ ma definitiva en los estatutos de la a. católi­
ma de los regímenes democráticos en los cua­ ca italiana de 1931, fue mantenida por los
les un alto porcentaje de los electores deci­ pontífices posteriores. Para captar su signi­
den no “m olestarse” en influir en el éxito de ficado es necesario tener en cuenta el contex­
las competencias electorales. De hecho, esca­ to doctrinal en que maduró, enfriando en pri­
samente puede pensarse que el sistema en mer lugar la acepción del término "aposto­
conjunto no se vea "deslegitimado". Por lo lado”, el cual tiene una connotación de pro­
ACCION CATOLICA II

yecto total sobre el hombre y sobre la socie­ no es un movimiento nacido de la iniciativa


dad: no se trata solamente de llevar de nuevo autónoma del laicado, sino una organización
a la fe al individuo que se haya alejado de ella, promovida por la jerarquía y controlada
sino de recrear un organismo social informa­ directamente por ella. Con Pío X se inician
do por la doctrina de la iglesia católica en una serie de revisiones de estatutos que van
todos sus niveles, incluido el ordenamiento acentuando poco a poco el carácter centrali­
civil y el económico. En esta perspectiva no zado, convirtiéndola en un instrumento dúc­
hay distinción entre “ religioso” y "político'’: til que la iglesia puede utilizar en el ámbito
ambos planos convergen en un modelo ideal de su estrategia general de "recristianiza­
de sociedad jerárquicamente estructurada en ción" de la sociedad. La a. católica italiana
la que la iglesia —el Papa en primer lugar jun­ adquiere con ello una fisonomía que la dife­
to con los obispos dependientes de él— tiene rencia sensiblemente, en el aspecto organiza­
la función ordenadora última, reconocida tivo, de las existentes en otros países, sobre
como tal por el estado, que como consecuen­ todo de la francesa, articulada en movimien­
cia recibe de ella su propia legitimación. Se tos especializados dotados de amplia autono­
trata de una concepción ampliamente difun­ mía. Por lo demás se ha de tener presente el
dida en los ambientes católicos europeos des­ carácter de "modelo ejemplar" que el papa­
de la primera mitad del siglo xix, activada do atribuyó a la aci (Acción Católica Italiana),
por la polémica ultram ontana e intransigen­ como la mejor realización del ideal de com­
te contra el liberalismo. El termino "acción promiso del laicado en relación con la igle­
católica” (o "acción de los católicos") empie­ sia y con la sociedad. Al intervenir directa­
za a usarse, junto con el de "movimiento cató­ mente en la organización del laicado militante
lico", a propósito de las organizaciones de lai­ y conceder un especial reconocimiento a una
cos militantes formadas en diversos países asociación especifica, la Santa Sede intenta­
europeos (entre los primeros. Francia, Bélgi­ ba canalizar otros movimientos surgidos en
ca y las áreas de lengua alemana) en abierta el ámbito católico, como la democracia cris­
oposición al estado liberal. En Italia cabe tiana de Murri, los cuales ponían parcialmen­
hacer referencia a todo un conjunto de aso­ te en discusión su proyecto de sociedad y rei­
ciaciones e instituciones que a partir de 1874 vindicaban un espacio autónomo de decisión
se integran en la Obra de los congresos. En para el laicado en la sede política. La defini­
los prim eros años sesenta la revista de los ción que Pío XI dará de la a. católica subra­
jesuítas La Civiltá Cailnlica elabora una defi­ ya el papel subalterno que tendrá respecto de
nición precisa del papel que tiene el laicado la jerarquía, en cuyo apostolado "colabora"
militante en el estado moderno: asegurar a la con carácter de mero ejecutor. En el marco
iglesia la tutela que los gobiernos liberales le del acuerdo entre la iglesia y el fascismo, san­
niegan, defenderla de sus ataques e influir cionado por los pactos de Letrán, la a. católi­
con su acción en los diversos niveles de la ca se convierte en ámbito de formación de un
sociedad para llevarla de nuevo a su imagen personal capaz de influir en los diversos nive­
originaria de societas christiana. La interven­ les del estado. Con la restauración de la demo­
ción política es uno de los múltiples instru­ cracia, al final de la segunda guerra mundial,
mentos de los que la "acción católica” tiene la a. católica no se limitará a proporcionar
el derecho y el deber de servirse, obedecien­ cuadros al partido católico y a asegurarle su
do a las indicaciones de la jerarquía; este máximo apoyo electoral, sino que ejercerá la
derecho, por lo que respecta a Italia, fue limi­ función de instrum ento de presión sobre el
tado en cuanto a la participación de los cató­ mismo.
licos en las elecciones políticas, con el fin de Durante el pontificado de Pió XII no cam­
hacer más eficaz la protesta contra la anexión bia el marco de referencia tradicional, aun­
de los estados pontificios, concluida con la que se afirme la naturaleza puram ente reli­
toma de Roma en 1870. El termino de "a. cató­ giosa de la misión de la a. católica: la pers­
lica" se asigna en Italia a una organización pectiva sigue siendo el retorno de la sociedad
particular creada por Pío X y que sustituyó a la imagen unitaria de la societas christiana.
a la Obra de los congresos después de su diso­ para lo cual la iglesia usará como instrumen­
lución (1903). Su sucesora. la "a. católica", ya to principal la gestión directa del poder poli-
12 ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

tico por parte de los católicos. El pontifica­ para el ejercicio del gobierno mismo y. por
do de Juan XXIII y el Concilio Vaticano II otra parte, a las actividades de actuación de
marcan un cambio de rumbo decisivo en lo las finalidades públicas, como las señalan las
que respecta a las lineas del planteamiento leyes y los actos de gobierno, en forma de pre­
pastoral. El tema de la "opción religiosa”, que cisa disciplina jurídica de las actividades eco­
ha pasado a ser central en la a. católica pos­ nómicas y sociales o en la forma específica
conciliar. representa un distanciamiento res­ de cumplimiento de intervenciones en el mun­
pecto de la concepción del apostolado antes do real (trabajos, servicios, etc.) o de compor­
mencionada y un parcial reconocimiento de tamientos técnico-materiales, así como el con­
la autonomía de la acción política respecto de trol de la actuación de esas finalidades (sal­
los principios que determinan la experiencia vo los controles de carácter político y juris­
del cristiano. La cuestión de la concreción y diccional).
de la relación que pueda haber entre la per­ En la variedad de las actividades adminis­
sistencia de formas de intervención y de pre­ trativas (distinguiendo entre éstas, como mere­
sencia típicas del pasado y el nacimiento de cedoras de una consideración especial, las
una nueva concepción de la "a. católica” per­ actividades de gobierno), pueden señalarse
manece abierta. dos atributos comunes: en primer lugar, el de
ser actividades dependientes o subordinadas
bibliografía G. Candeloro. II movimento caito- a otras (y por éstas controladas) que determi­
¡ico in Italia, Roma, Editori Riuniti, 1972; G. de nan v especifican las finalidades por realizar
Rosa, Storia del movimento cattolico in Italia (actividades políticas o soberanas y de gobier­
dalla restaurazione all'etá giolittiana, Barí, Later- no); en segundo lugar, el de ser ejecutivas, en
za. 1966; F. Magri, L’A. cattolica in Italia, Roma, el doble significado de cumplir una elección
La Fiaccola, 1953, 2 vols.; G. Miccoli, Chiesa e o una norma precedente y de ejecutar la nor­
sacie tá in Italia dal Concilio Vaticano I (1R70) al ma interviniendo para la satisfacción final de
Pontificato di Giovanni XX'///, en Storia d'lta- intereses y fines ya señalados.
¡ia, vol. v: / documenti, t. ii, Turín, Einaudi, Estos atributos condujeron a la identifica­
1973, pp. 1493-1548; G. Poggi, II clero di risen^a, ción de la a. pública esencialmente como fun­
Milán, Feltrinelli, 1963; Varios, I.a presenza ción. vale decir como actividad-objetivo (con­
sociale del PCI e delta DC. Bolonia, II Mulino, dicionada por un objetivo), y como organiza­
1968. ción, es decir como actividad dirigida a ase­
gurar la distribución y la coordinación del
[LILIANA FERRARI] trabajo para una finalidad colectiva.

ii. u s estructuras admimstrativas. Desde el


momento en que las exigencias de distribu­
administración pública ción y coordinación del trabajo adm inistra­
tivo asumieron un relieve y una dimensión
i. las actividades aduimstrativas Con el térm i­ cada vez mayores en el curso de la experien­
no “a. pública" se intenta designar en un sen­ cia de los ordenamientos estatales modernos
tido amplio el conjunto de las actividades y contemporáneos, tales como para dar lugar
directam ente preordenadas para la concreta al nacimiento y al desarrollo de estructuras
persecución de las tareas y de los fines que adecuadas, el término a. pública indica, des­
se consideran de interés público o común en de el punto de vista de los individuos, el com­
una colectividad o en un ordenamiento plejo de las estructuras que, aun encontrán­
estatal. dose en posición diversamente subordinada
Desde el punto de vista de las actividades, respecto de las estructuras políticas y de
la noción de a. pública corresponde, por lo gobierno, representan una realidad organiza­
tanto, a una gama muy extendida de acciones tiva diferente de éstas.
que interesan a la colectividad estatal que, Para la mayor parte de los estudiosos, éstas
por un lado, comprende a las actividades de representan más bien el rasgo característico
gobierno que desarrollan poderes de decisión de los estados modernos y contemporáneos
y de mando, y aquellas de inmediato auxilio expresando, casi físicamente. la presencia de
ADMINISTRACION PÚBLICA 13

los mismos en el plano subjetivo. Una carac­ ción histórica como en la comparación de las
terística normal de estas estructuras es la pre­ distintas experiencias nacionales.
sencia de un personal elegidu por la posesión Podrá verse, en particular, cómo las vi­
de competencias técnicas y empleado de cisitudes de la a. pública siguen paso a paso
manera profesional y continua (cuerpos buro­ las de las formas del estado y del gobierno,
cráticos). actuando como manifestación especifica,
Sin embargo, es correcto advertir que la a. pero no menos esencial, del orden y de los
pública no puede reducirse, como a veces ocu­ equilibrios que se crearon en los distintos
rre, a la semblanza de las estructuras; en efec­ momentos. Igualmente se podrá comprobar,
to, esto no permite dar razón completa del especialmente para la época actual, la copre­
fenómeno administrativo público tal como se sencia de distintos tipos de a. pública dentro
delinea desde el punto de vista histórico y de la misma colectividad estatal.
comparado, especialmente si se tiene en cuen­ Con relación a cada tipo de administración
ta que no siempre es posible encontrar estruc­ es posible hacer resaltar, por una parte, has­
turas de carácter burocrático para el desarro­ ta qué punto las instituciones políticas y de
llo de las actividades administrativas y que gobierno han sido f uertes y al mismo tiempo
frecuentemente hay continuidad o una p ar­ capaces de realizar o de hacer realizar los pro­
cial identidad en las estructuras de gobierno pios objetivos y, por otra parte, hasta qué
y de administración. punto la a. pública (en el doble aspecto estruc­
tural y funcional) respondió a estos objetivos
III. PROBLEMAADMINISTRATIVOYTIPOS DE ADMINISTRA­ y fue eficiente en alcanzarlos. Dentro de esta
CIÓN La variedad de las tareas a las que pue­ relación que ve en una posición de recíproca
de dirigirse la obra administrativa y la varie­ complementariedad y, al mismo tiempo, de
dad de las actividades en las que puede mani­ contraposición las funciones políticas y de
festarse, aconsejan asum ir el punto de vista gobierno y la administrativa, se ubica una de
más amplio de la administración como acti­ las problemáticas vitales más complejas y en
vidad o como función necesaria, a la par con gran parte irresuelta de nuestros días. Esto
la política y de gobierno, en todo ordenamien­ es particularm ente visible donde las estruc­
to general o especial. turas burocráticas se han extendido (y actual­
Se trata más propiamente de considerar mente esto es la regla), porque en la realidad
como dato constante de toda colectividad efectiva la relación institucional de dependen­
estatal (como de todo grupo social organiza­ cia que la» caracteriza puede presentar valen­
do) la existencia de un problema adm inistra­ cias. si no opuestas, ampliamente divergen­
tivo, que encuentra o puede encontrar solu­ tes respecto de las constituidas.
ciones diferentes, aun en el plano organizati­ Los respectivos papeles de las estructuras
vo, con relación a la variación (además de los políticas y de las adm inistrativas tienden a
diferentes caracteres sociales, económicos y trastocarse o a configurarse según un equili­
culturales de un pais) de los tres principales brio sustancialmente alterado. Por esto la
componentes señalados de cada sistema: el temática ulterior, sutilmente sociológica, que
tipo de instituciones políticas y de gobierno analiza la a. publica en los diterenies contex­
existentes; la relación que se instaura entre to» institucionales y según los distintos tipos:
éstas y la a. publica, y las finalidades asumi­ la del papel político desarrollado de hecho
das como tareas o fines de interés publico. por las estructuras burocráticas.
El examen de los modos en lo» que se ha
enfrentado y tratado de resolver positivamen­ iv. L\ administración-soberanía. Para esquema­
te el problema administrativo, siempre que tizar sum ariam ente cuále» tipos de adminis­
se lo realice teniendo presentes las tres prin­ tración asumieron mayor importancia en el
cipales variables señaladas, que en cierto problema de las forma» de estado y de gobier­
modo bosquejan lo» elementos fundamén­ no modernas y contemporáneas, refiriéndo­
tale*. del fenómeno adm inistrativo publico se particularm ente a la experiencia italiana
—el elemento institucional, el organizativo y y sin la pretensión de ilustrar en su singula­
el funcional— permite señalar distinto» tipos ridad histórica las varias administraciones
de a. publica, tanto en el curso de la evolu­ nacionales, convendrá untes que nada anali­
14 ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

zar la formación de las grandes monarquías administración y el del ordenamiento gene­


de la Europa continental. ral: esto vale sobre todo respecto de las expe­
Con el surgimiento y desarrollo de estas riencias estatales de Europa continental. Por
instituciones de gobierno monocrático y abso­ el contrario, la experiencia anglosajona se
luto se realiza, como es notorio, un tipo de caracteriza por una restringida área de acti­
administración que en un cierto sentido vidades propiamente soberanas y por una
representa las condiciones necesarias para general subordinación de las actividades
que los nuevos poderes políticos puedan afir­ públicas a las normas de derecho común, ade­
marse, estabilizarse y mantenerse. En conse­ más del respeto y de la utilización de los pode­
cuencia, la actuación adm inistrativa está res políticos locales para las tareas de admi­
esencialmente orientada hacia la adquisición nistración.
de los medios indispensables para la conser­ Por lo tanto, la organización adm inistrati­
vación y el refuerzo del poder real así consti­ va del estado absoluto no asume caracterís­
tuido: piénsese, en esta perspectiva, que los ticas estructurales autónomas respecto de las
primeros sectores administrativos que se de la autoridad soberana sino que se presen­
desarrollan son el m ilitar y el financiero y ta más bien como un aparato de personas liga­
que. contemporáneamente, se asiste al pro­ das por vínculos de subordinación interna y
gresivo monopolio de la función jurisdiccio­ privada con el soberano o, como también se
nal en la persona del soberano. La organiza­ dijo, como organización o administración pri­
ción de gobierno real tiende además a a rti­ vada de las soberanías.
cularse y difundirse de manera uniforme en A la falta de verdaderos caracteres autóno­
el territorio, mediante la creación de estruc­ mos estructurales, por otra parle típicos de
turas de administración periférica, cuyos res­ un periodo en el que no existe una distinción
ponsables están vinculados por una relación subjetiva de las funciones públicas, corres­
de mandato o de representación al gobierno ponde una centralización que debe valorar­
central, m ientras se degradan a funciones se antes que nada en el plano político. El pro­
adm inistrativas aquellas propias del gobier­ blema administrativo se resuelve a través de
no autónomo local, especialmente urbano. la homogeneidad institucional-politica entre
Con relación a estos fines básicos y a estas los gobernantes y el personal de la adminis­
modalidades de desarrollo, la actuación admi­ tración, dada la naturaleza de las tareas por
nistrativa se presenta como coparticipación realizar, el modesto relieve de los recursos y
en el ejercicio de la autoridad soberana o de la preparación técnica específica exigida
como autoridad soberana delegada. Y en rela­ y la consecuente limitada necesidad de recu­
ción con éstos la a. pública se confunde con rrir a estructuras burocráticas.
la actividad y la potestad de gobierno: ésta es
una característica que tendrá una notable v. la administrado vempkesa. L)e la transform a­
influencia sobre el desenvolvimiento ulterior ción de estas premisas ligadas entre si deri­
del fenómeno administrativo público. van, desde antes del advenimiento del esta­
El elemento institucional aparece como do de derecho constitucional, importantes
prevalente respecto del organizativo y del fun­ modificaciones que llevan a la progresiva e
cional; estos últimos se resumen y se compe­ impetuosa afirmación del elemento organiza­
netran en la fórmula unitaria del servicio al tivo, aun en el ámbito del planteamiento ori­
rey (o a la corona). Pero sólo aparentemente ginariamente consolidado.
esta fórmula contradice la presentación de la Con la ampliación de las tareas públicas en
administración como soberanía delegada: la el campo de las intervenciones infraestructu-
doble faz del poder (hacia el exterior) y del rales y de los servicios sociales y en el de las
servicio (en el interior) contribuye más bien actividades económicas de base —típico fenó­
a resaltar la singularidad de la posición orga­ meno de aquella variante del estado absolu­
nizativa que la a. pública asume respecto de to que es el estado de policía—, surgen las
la organización del poder político de gobier­ características de una administración dife­
no y, luego, de toda la comunidad. Particular­ rente destinada a la consecución de i ines de
mente, se produce una neta distinción entre interés colectivo, que exige estructuras pro­
las reglas del ordenamiento propio de la pias estables, con personal empleado profe­
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA 15

sionalmente y técnicamente calificado. Por El momento de contacto entre los dos cam­
esto el surgimiento de formas de organización pos separados de la administración y de la
autónoma regidas por normas propias y cri­ sociedad se expresa en el acto adm inistrati­
terios de acción internos (especialmente en el vo. que fija en concreto y unilateralmente el
campo contable y financiero) y encargadas de interés del estado-persona, dentro de los lími­
la realización de determinados objetivos de tes de discrecionalidad que la legislación con­
carácter productivo: las empresas. A la admi­ siente, sin que, por otra parte, los remedios
nistración copartícipe del gobierno y emana­ jurisdiccionales introducidos puedan ofrecer
ción de la autoridad soberana se yuxtapone correctivos eficaces y satisfactorios para la
la administración-empresa, un modelo orga­ tutela del mismo interés público que deben
nizativo sobre cuyo interés para las actuales satisfacer.
perspectivas de la a. pública llamaron opor­ En consecuencia, deviene absolutamente
tunamente la atención muchos estudiosos. prevaleciente la faz organizativa de la adm i­
Efectivamente, ese modelo organizativo nistración que, m ientras asume caiacteres
comportaba la ruptura de la continuidad estructurales propios, conserva y refuerza los
estructural entre el gobierno y la adm inistra­ vínculos de dependencia de ésta respecto de
ción y daba un relieve separado a las respon­ la dirigencia política, de modo tal que se pue­
sabilidades decisionales propias del gobier­ de decir que la administración no es más que
no y a las de actuación y gestión organizati­ el aparato del gobierno. En efecto, las estruc­
va de las mismas. Cosa que habría podido ase­ turas se van ordenando según el modelo
gurar un notable efecto clarificador en el ministerial y dentro de cada ministerio se
momento en que administrar, como otras fun­ articulan favoreciendo la dirección y el con­
ciones públicas, entró en el sistema del esta­ trol cotidiano sobre las actividades adminis­
do constitucional con gobierno parlam enta­ trativas por parte de los responsables políti­
rio. Por el contrario, el modelo de la cos. Es notorio que dentro de las estructuras
administración-empresa se dejó de lado sobre ministeriales (centrales y periféricas) la dis­
la base de la afirmada necesidad de someter, tribución del trabajo adm inistrativo se rea­
a través de la institución de la responsabili­ liza progresivamente mediante la formación
dad ministerial, todo el funcionamiento del de un orden graduado de competencias inter­
aparato estatal al control del parlamento.V I. nas, desde la más general a la más especifi­
ca, orden que significa para la competencia
VI. LAADMINISTRACIÓN-AUTORIDADY L\ ORGANIZACION de grado superior (y para su titular) la posi­
jlrarouica. Con el advenimiento de los regí­ bilidad de intervención y de sustitución en el
menes constitucionales, la a. se subordinó a ejercicio de la competencia de grado inferior.
la ley y fue ubicada dentro del llamado poder Al mismo tiempo, las distintas competen­
ejecutivo estatal, pero esto no fue más que cias se determinan de m anera tal que a cada
darle un carácter formalmente actual a lo que una de ellas le corresponde el cumplimiento
era un orden conceptual y práctico preexis­ o la preparación de una o más actividades de
tente. Los nuevos principios y las nuevas dis­ ejecución normativa. La consecuencia es que
posiciones institucionales actuaron efectiva­ se elimina de ese modo cualquier relación de
mente no en el sentido de la transformación responsabilidad directa entre el personal
sino en el sentido de la limitación y del con­ encargado y los fines de la organización. Dis­
trol desde el exterior de la acción administra­ ciplinando uniformemente la actividad o el
tiva. Ésta se reglamentaba con base en los segmento de actividad asignado a cada uni­
intereses, las tareas por realizar y el ámbito dad organizativa, se garantiza, por otra par­
de 'Us posibilidades de intervención, de carác­ te, un fácil control y una cómoda posibilidad
ter específicamente unilateral y autoritario. de transm itir vez por vez las órdenes y las
Sin embargo, permanece igualmente configu­ direcciones del vértice.
rada como manifestación de autoridad ílegi''-
lativamente circunscrita) para la satisfacción MI LA CRISIS DE LA ORGANIZACION JERAROUCA. La
de los intereses propios del sujeto titular de organización ministerial de carácter jerárqui­
la soberanía (ya no el principe sino el ente co, acentuando los aspectos de unidad y de
estado). regularidad formal de la acción administra-
16 ADMINISTRACION PÚBLICA

tiva, se mueve en una relación de equilibrio político), ni se realizaron en el nivel local


relativo con las tareas de urden y disciplina aquellas formas de autogobierno o de autoad­
inherentes a la administración según la con­ ministración, propias del orden inglés, por las
cepción dominante del estado liberal. Del mis­ cuales las funciones estatales en la periferia
mo modo representa también la negación de se delegan a órganos electivos. En ninguno de
estas exigencias si se tiene en cuenta la car­ los dos casos se habrían podido restablecer
ga de politicidad inducida que consiente. las condiciones para un control político más
Mientras se asume que la a. pública debe incisivo y una relación de responsabilidad
desarrollarse de manera imparcial, cumplien­ más directa entre administradores y adminis­
do las elecciones contenidas en las leyes, trados.
resulta, por el contrario, organizada de mane­ Por el contrario, es notorio que se asiste a
ra tal que la hace fácilmente permeable a las una progresiva absorción en la órbita estatal
interferencias partidistas. Esta contradicción de las actividades administrativas de interés
profunda no tardará en surgir y colocará, a local de los municipios y de las provincias (a
veces en términos dramáticos, el problema de los que se les suprimió la misma autonomía
la separación de la esfera política de la admi­ política en el periodo fascista).
nistrativa. Sin embargo, si se prescinde del Sucesivamente, la transformación de las
aspecto de la tutela jurisdiccional, no se tareas administrativas, consecuentes a la afir­
alcanzarán, por lo menos en algunos países, mación del estado social, afectará radical­
más que soluciones parciales e impropias res­ mente los mismos presupuestos sobre los que
pecto de las causas de fondo de las que par­ se sostenía la organización jerárquica de tipo
tía el problema. tradicional, exigiendo la calibración de las
Cuando debería haberse dado un urden estructuras y de las modalidades de acción
diferente, respectivamente, a las estructuras con relación a las nuevas tareas para la pres­
de gobierno (y de inmediato auxilio al mismo) tación de los servicios sociales y la gestión de
y a las de administración, atribuyendo a estas las actividades económicas, además de la
últim as una autónoma y precisa configura­ solución integrada de los problemas de desa­
ción (piénsese en los llamados órganos y agen­ rrollo de la sociedad y de la electiva conse­
cias independientes que se encuentran en los cución de los resultados económico-sociales
ordenamientos estadunidenses y suecos), se exigidos.
logró, por el contrario, sólo la concesión, a Frente a esto, las estructuras existentes no
favor del cuerpo burocrático, de garantías se m uestran capaces de una adaptación fle­
respecto de la dirigencia política y de privi­ xible y tempestiva, y la acción adm inistrati­
legios respecto de la generalidad de los tra ­ va, continuando su articulación sobre actos
bajadores subordinados, sin eliminar de las y competencias puntuales, se complica exce­
estructuras el carácter uniforme y jerárquico. sivamente desde el punto de vista del proce­
La introducción de garantías del estado dimiento y tiene efectos paralizantes sobre la
para los empleados, el crecimiento numéri­ vida del país. De ese modo, lo que debía ser
co del cuerpo burocrático y, en general, la un tipo de organización que aseguraba corres­
mayor fuerza alcanzada por éste respecto de pondencia y eficiencia adm inistrativa term i­
la clase política (incluso por los servicios que na siendo un mecanismo que funciona según
les prestaba con fines electorales o de parti- reglas ya muy superadas \ según criterio"- de
do|, representan factores que contribuyen a autodefensa y de uutopcrpetuación desvincu­
agravar las condiciones de práctica irrespon­ lados del contexto vivo de la acción y de las
sabilidad de cada uno de los componentes y directivas del gobierno.
de la organización en su conjunto y a conver-
tir tn cada vez m á s lábil el control político vm LA ADMINISTRACIÓN l*OR I NThs V fcMKRfcSAS A la
hasta reducirlo a términos puramente ficti­ crisis de la organización adm inistrativa tra ­
cios, ayudando poco o nada a la imparciali­ dicional no le siguió, hasta el momento, la
dad de la acción administrativa. creación de un modelo o de un tipo alternati­
Agregúese a esto que no s e constituyeron vo de administración. La tendencia actual,
centros autónomos de gobierno regional y encaminada desde hace bastante tiempo, es
local (por una distribución vertical del poder más bien hacia la ruptura de la unidad del sis-
ADMINISTRACIÓN PÚBLIC A 17

turna administrativo y su sustitución por una del modo de ser de las estructuras burocrá­
pluralidad de tipos de administración, inclui­ ticas sino buscando también las soluciones en
dos en el interior de un mismo ordenamiento. un replanteo sobre el papel y el modo de con­
La primera tendencia alternativa señalablc, figurarse de la administración respecto de las
porque posee una vasta gama de manifesta­ instituciones políticas y de gobierno y. por
ciones concretas, es la llamada fuga de la otra parte, respecto de las instituciones y
organización ministerial. Permaneciendo estructuras sociales en cuanto tales. Dada la
inmutable la unidad del poder político y de variedad de las actividades administrativas
gobierno, dentro del área de la adm inistra­ que comprenden distintos momentos funcio­
ción estatal, desde los inicios del siglo, se afir­ nales, desde los de gobierno (y de inmediato
ma cada vez más ampliamente el empleo de auxilio al mismo) hasta los de prestación de
entes y de empresas autónomas a medida que utilidades y de servicios específicos, cada uno
se le agregan nuevos campos de acción a la configurable distintamente según una rela­
intervención pública y surgen nuevas exigen­ ción de complementariedad reciproca, se pre­
cias de promoción operativa en los distintos senta la exigencia de d ar a los diversos
sectores económico-sociales. Por otra parte, momentos funcionales una adecuada expre­
la organización interna de estas estructuras sión, incluso en el plano organizativo, que ten­
no se diferencia sustancialmente de la minis­ ga en cuenta las características v los requisi­
terial, de la cual reproducen las principales tos peculiares de cada uno en un ordenamien­
disfuncionalidades sin asegurar las ventajas to democrático.
deseadas respecto de una mayor correspon­ Esto conlleva un cambio radical en el modo
dencia política o a una mayor eficiencia orga­ de concebir y de plantear las tareas adminis­
nizativa. trativas que, valorizando sus diversos aspec­
La utilización de estructuras alternativas tos o momentos funcionales, permite colocar­
se amplía (y con esto se convierte en particu­ las en una relación inmediata con las tareas
larmente significativo) con el empleo de for­ por realizar y con las instituciones políticas
mas organizativas propias del mundo econó­ y sociales, en un cuadro constante de inter­
mico y empresarial privado (particularmen­ dependencia entre las elecciones y los resul­
te, las sociedades por acciones con participa­ tados.
ción o de carácter público); primero para los Por esto se asiste a un proceso de separa­
grandes sectores económicos de base, y lue­ ción que afecta la a. pública: por una parte
go (como sucede en los últimos tiempos) para se trata de reconstruir las estructuras de
actividades tecnológicamente sofisticadas o gobierno (tanto en el centro como en la peri­
complejas desde el punto de vista organiza- feria) en el directo ámbito de responsabilidad
tito (informática, técnicas e intervenciones de de las instituciones políticas y, por otra, se
programación organizativa, territorial y eco­ trata de dar vida a estructuras de gestión en
nómica, etc.). Esto, por otra parte, determi­ el directo ámbito de responsabilidad de las
na en el cuadro dominado por una organiza­ instituciones y las formaciones sociales.
ción ministerial todavía operante con las for­ Según esta tendencia el conjunto de las acti­
mas señaladas, junto a una mayor simplici­ vidades administrativas debería repartirse a
dad y oportunidad de la intervención, ulterio­ lo largo de todo el arco de la organización
res e igualmente graves problemas respecto poli tico-social y el problema administrativo
de la organicidad de la acción pública en su da la impresión deque debe resolverse a tra ­
conjunto y de las posibilidades de dirección vés de la superación de las estructuras buro­
y control real sobre la misma por parte del cráticas (ministeriales o no), en la prefigura­
gobierno, del parlamento y de la colectividad ción de dos diferentes tipos de adm inistra­
en general.IX ción: la administración política, inserta en las
nuevas estructuras de gobierno, y la adminis­
IX LAADMINISTRACION ¡-OI.ITICA Y I.APROGRAMACIÓN tración social, correspondiente a las estruc­
Los desarrollos de esa tendencia relevaron turas de gestión, expresión del autogobierno
poco a poco la necesidad de hacer frente al de las colectividades territoriales y persona­
problema administrativo con una visión más les operantes dentro de la colectividad
amplia de carácter global: no sólo respecto nacional.
18 ADMINISTRACION PtIBLICA

Para que esto pueda realizarse, el prim er planos de actividades, tanto privadas como
momento funcional que hay que revalorar y públicas, también los otros momentos de la
restructurar, como ya se señaló, parece ser acción adm inistrativa se caracterizan de
el de gobierno, en la doble dirección de rom­ manera peculiar y pierden su carácter de
per su tradicional carácter unitario y centra­ actuación imperativa de normas (y por lo tan­
lizado y de sum inistrarle adecuadas modali­ to estrictamente públicas), conviniéndose en
dades de explicaciones. Desde el primer punto actividades ejecutivas de tareas programadas,
de vista resalta particularm ente la regiona- dirigidas al cumplimiento de servicios y de
lización, en cuanto proceso común en acto en prestaciones o a la promoción, al reequilibrio
toda Europa, o por la distribución de los y, como en el pasado, a la precisa regulación
poderes del estado o por la coordinación de de actividades económicas y sociales. Lo que
los poderes locales (retomando por lo tanto debería postular un empleo más amplio de
en forma actualizada la fórmula de los esta­ instrum entos privados y una mayor simpli­
dos federales que tienden a asum ir caracte­ ficación en el plano de los procedimientos
res afines a los regionalizados); desde el (salvo cuando sea necesario garantizar las exi­
segundo punto de vista, resalta el método de gencias del contrario) y en el de los controles
la programación. (no afectando éstos a los actos singulares sino
Ya que las leyes tienden cada vez más a fijara la actividad o a la gestión en su conjunto).
los últimos objetivos y a dejar necesariamente Todo esto tiene también importantes impli­
un amplio espacio a la acción ejecutiva, a ésta caciones explicativas: en particular, se deli­
le corresponde sustancialmente determ inar nea la exigencia de d ar vida a estructuras de
las propias modalidades de intervención en gestión con un relieve separado respecto de
el espacio y en el tiempo, fijando o, mejor aún.las de programación, y por lo tanto con cen­
"proyectando" concretamente las tareas por tros de dirección y de responsabilidad pro­
desarrollar. Por lo tanto los programas y los pios. Además, esas estructuras de gestión,
planes se convierten en el momento principal reorganizándose paralelamente a las de
de la acción de gobierno. Éstos ya no asegu­ gobierno según criterios de articulación terri­
ran, como era propio del acto adm inistrati­ torial, pueden ser incorporadas cómodamen­
vo tradicional, la discriminación entre auto­ te en la órbita de los poderes locales (más pre­
ridad y libertad, afirmando el interés de los cisamente del autogobierno local) y perm itir
sujetos y de los entes públicos respecto de los aun el control sistemático, si no hasta la mis­
intereses privados, sino que establecen los cri­ma administración social (por parte de las
terios y los instrumentos para el cumplimien­ diversas formaciones sociales interesadas) de
to de las tareas comunes de relevancia social, las actividades y de los servicios prestados.
arbitrando y mediando de ese modo en una En ese sentido se debe recordar el proceso,
pluralidad de intereses colectivos. De aquí la todavía en curso, de transformación de la
exigencia particular (que está presente repe­ administración escolar, sanitaria, asistencial
tidamente en ¡as leyes) de dar una amplia y de previsión desde los modelos de organi­
importancia en los procedimientos a la fase zación sectorial y vertical a los modelos de
de formación de los programas, con el obje­ organización territorial y horizontal (distri­
tivo de favorecer la participación de esos inte­tos escolares, unidades sanitarias locales, uni­
reses y de perm itir una adecuada pondera­ dades locales de servicios sociales); pero tam­
ción de los mismos por parte de la a. pública. bién pueden ponerse de relieve tendencias
Además, los programas representan el análogas en los campos de intervención eco­
parámetro en el que se cotejan y pueden cola­ nómica (por ejemplo, agricultura).
borar distintos centros de gobierno autóno­ Pero la formación de las dos figuras de la
mos entre sí y operantes en distintos niveles adm inistración política y social no produce
y dimensiones territoriales y bajo diversas solamente la superación de la unidad y de la
responsabilidades políticas (como es el caso uniformidad del sistema administrativo (con
de los estados con autonomías regionales). las consecuentes posibilidades de utilizar
esquemas organizativos diferenciados y múl­
X. LAADMINISTRACIÓN SOCIAL YLAGESTIÓN DE LAPRO­ tiples centros de participación política y
GRAMACIÓN. En un sistem a de program as y de social, especialmente de carácter local), sino
AGRARISMO 19

que conlleva también una transformación sig­ 1968; F. Heady, L ’ad ministra! ion publique:
nificativa del papel del cuerpo burocrático recueil de texles, París, Instituís Belgc et Fran­
que, como portador de autoridad y guardián jáis des Sciences Administrad ves, 1971; Instituí
de las leyes, asume diversas connotaciones de d'Administration, Évolution de la fonction publi­
acuerdo con las estructuras en las que está que et exigences de formation, Bruselas, Univcr-
ubicado. xVIientras tanto, en la administración sitéde Bruxclles, 1968; G. Langrod (comp.). Tra­
política se realiza un equilibrio distinto entre tado de ciencia administrativa (1966), Alcalá de
la dirección política y el personal profesional, Henares, enap, 1977; F.M. Marx (comp.), Verwal-
desde el momento en que la realización por tung: Eine einführende Darstellung, Berlín, Dunc-
programas postula un intercambio recípro­ ker und Humblot, 1965; F.M. Marx, El estado
co entre el aporte de los técnicos para formu­ administrativo, Alcalá de Henares, enap, 19752;
lar las elecciones políticas y la dirección, y Revue Internationale des Sciences Administra­
el impulso de los políticos para orientar la tivas, 1-2, 1971 (número dedicado a la adminis­
labor de los técnicos (de tal forma que en la tración italiana); P. Sclf, Administrativa theories
form ación de las decisiones político- and politics: an inquiry into the structure and pro-
administrativas el personal profesional se cess of modern govemment, Londres, Alien and
convierte sobre todo en un participante); en Unwin, 1971; V.A. Thompson, Bureaucracy and
cambio, en el caso de las estructuras de ges­ innovation, Tuscaloosa, University of Alabama
tión, el personal profesional asume la respon­ Press, 1969.
sabilidad de las actividades programadas y
de su gestión, en una relación directa entre [GIOKGIO PASTORl)
la estructura adm inistrativa y el conjunto
social de usuarios, es decir sobre la base de
un constante control y estímulo por parte de agrarismo
los grupos y de las formaciones sociales para
la eficaz e idónea consecución de los resulta­ Corriente política e ideológica, de gran sig­
dos prefijados. En ambos casos, el burócra­ nificación en distintas etapas del desarrollo
ta parece ser un especialista capaz de utili­ de la revolución mexicana, constituida en fun­
zar el aporte de otras disciplinas y de las téc­ ción de la lucha por las reivindicaciones cam­
nicas de organización para contribuir a la for­ pesinas, especialmente aquellas referidas a la
mación de las decisiones programáticas (pro­ conservación, recuperación y reparto de la
pias de las estructuras políticas de gobierno) tierra de las comunidades agrarias. El a. cons­
o para proveer a la conducción integrada de tituye un elemento sustantivo de la ideología
las actividades de gestión, según las actuales oficial mexicana y el grado de cumplimiento
tendencias de desarrollo de la administración de distintos aspectos de sus postulados pro­
pública. gramáticos es considerado como un parám e­
tro importante de la política efectivizada por
BIBLIOGRAFIA: F. Bcnvenuti, Pubhlica amministra- sus sucesivos regímenes presidenciales en
zione e diritto amministrativo, en Jus, 1957; F. relación con la legitimidad reclamada por
Bcnvenuti, Lascienza delTamministruzionecome cada uno de ellos como herederos del gran
sistema, en Problemi delta pubhlica amministra- movimiento revolucionario de la segunda
zione, Bolonia, 1958, vol. i; B. Chapmun, The pro- década del siglo, del periodo cardenista de
fession of Government: the public Service in Euro- 193-4-1940 y como ejecutores dinámicos del
pe, Londres, Alien § Unwin, 1959; J. C. Charles- programa nacional y popular plasmado en la
worth (comp.), Tlieory and practica of public Constitución de 1917. Por otra parte, secto­
administratiun: scupe, ohjectives and methods, res críticos o disidentes de las políticas guber­
Filadelfiu, American Academy of Política! and namentales respecto de las cuestiones agra­
Social Science, 1968; P. Gasparri, La scienza rias y campesinas reclamaron en distintos
dell'amministrazione: considerazioni introdutti- periodos y en la actualidad ser los auténticos
ve, Padua, cedam, 1959; \I.S. Giannini, Diritto representantes de esta corriente histórica,
amminislrativo, Milán, Giuffré, 1970, vol. i; F. manifestando que ella fue’traicionada o dis­
Hcad), Pubhlica amministruzione: prospettive di torsionada en distintos grados y matices por
analisi comparala (1966), Bolonia, II Mulino, los sectores detentadores del poder estatal.
20 AGRARISMO

La base efectiva del a. en la revolución que carecen de ella. Los terratenientes que se
mexicana fue la poderosa movilización y opusieran a la revolución, siempre de acuer­
lucha de los campesinos que especialmente do con el Plan, perderían a través de la nacio­
en sus dos grandes expresiones, villismo y nalización del conjunto de sus propiedades y
zapatismo, constituyeron la forma m edular con las dos terceras partes que de otro modo
de la participación de las grandes masas hubieran conservado se indemnizaría a las
populares en el movimiento armado iniciado víctimas de la guerra y pensionaría a las viu­
en 1910. Particularm ente la rebelión de los das y huérfanos de los combatientes revolu­
campesinos de Morelos, acaudillada por Emi­ cionarios caídos. Finalmente se convocaba a
liano Zapata, extendida rápidamente a otras la reorganización del país luego del triunfo
regiones del sur y centro de México, fue expre­ arm ado mediante la reunión de una junta de
sión de reinvidicaciones agrarias de larga tra­ jefes revolucionarios a nivel nacional, lo que
dición y desde el punto de vista de la autono- constituyó un antecedente de la reunión de
mización política e ideológica respecto de otras la Soberana Convención de Aguascalientes a
fuerzas participantes en el movimiento, el gra­ finales de 1914. En vísperas de la derrota de
do de fundamentación programático y la cohe­ Huerta, el zapatismo exigió que las disposi­
rencia y persistencia de su accionar, constitu­ ciones del Plan de Ayala fuesen elevadas a la
yen el hito referencia! fundamental para las dis­ categoría constitucional.
tintas vertientes del a. mexicano. Resulta significativo la moderación del Plan
La primera postulación revolucionaria res­ de Ayala respecto de la gran propiedad, mode­
pecto del problema agrario fue efectuada, sin ración que caracterizaría el zapatismo en
embargo, en el Plan de San Luis Potosí pro­ todo su prim er periodo, hasta la etapa del
clamado por Madero el 5 de oct ubre de 1910; enfrentamiento con el constitucionalismo
su artículo tercero manifiesta la necesidad de carrancista. En cambio, adquiere singular
reparar los despojos de tierras de eampesi- importancia tanto para la historia especifica
nos pobres e indígenas afectados por la Ley del zapatismo como para las vertientes radi­
de Desamortización de 1856, en favor de cales del a. la Ley Agraria de la Soberana Con­
terratenientes. Esta promesa resultó signifi­ vención dictada en Cuernavaca el 22 de octu­
cativa para reafirm ar el apoyo otorgado al bre de 1915, cuando en esta asamblea sola­
maderismo por grupos campesinos rebelados mente militaban los representantes zapatis-
contra el régimen porfirista, de los cuales el tas, habiéndose retirado otras fracciones y
más im portante resultó ser el dirigido por especialmente el villismo. La ley referida, que
Zapata. Derrocado Díaz, y frente a las vacila­ tuvo como principal inspirador al ministro de
ciones e incongruencias de Madero, especial­ Agricultura del gobierno convenciónista
mente en lo referido a las promesas agrarias, Manuel Palafox, destaca notablemente de los
el zapatismo retomó las armas y fundamen­ documentos anteriores por consagrar clara­
tó su actitud en lo que ha pasado a ser consi­ mente la inalienabilidad a perpetuidad de la
derado el documento liminar del agrarism o propiedad territorial de las comunidades y
mexicano, el Plan de Ayala, firmado por Zapa­ pueblos campesinos, la autonomía de éstos
ta y otros jefes campesinos el 28 de noviem­ respecto de su uso, el derecho a la restitución
bre de 1911. En él, además de confirm ar las de las tierras despojadas, la capacidad legal
definiciones generales del Plan de San Luis de todas las titulaciones anteriores a 1856
y desconocer a Madero por traicionar los con­ (Leyes de Desamortización) tanto comunales
tenidos de la revolución, el documento plan­ como individuales, el derecho fundamental de
tea la restitución a sus dueños legítimos de todo mexicano a cultivar una parcela, la obli­
las tierras, aguas y montes despojadas por los gación de la nación de atender debidamente
terratenientes tanto a comunidades como a a esta necesidad y a expropiar con ese fin toda
individuos, y fundamentado en la falta de tie­ la tierra que excediese los limites de exten­
rras de la mayoría de los campesinos deter­ sión que la propia ley fijaba con todo detalle
mina la necesidad de expropiar un tercio de según calidad y uso de los predios, la nacio­
la superficie de los latifundios existentes, pre­ nalización confiscatoria de la propiedad de
via la indemnización a sus propietarios, con los enemigos de la revolución, también cla­
el fin de dotar con esa tierra a los poblados ramente especificados en el texto legal, la pro­
AÜKAKISMO 21

piedad de la nación respecto de aguas y mon­ la división y adjudicación privada de los terre­
tes, la creación de departam entos federales nos comunales en la tradición de las leyes de
especiales para el riego, el crédito rural y la desamortización de 1856. Aunque se vislum­
educación e investigación agrícola, la existen­ bra la intención de fomentar el surgimiento
cia de tribunales agrarios especiales y la de una clase de pequeños propietarios ru ra­
facultad de gestión de toda la reforma agra­ les acomodados, es válida la opinión de uno
ria depositada en manos de los municipios y de los más importantes analistas del a. mexi­
la autoridad federal excluyendo la participa­ cano (Jesús Silva Herzog) de que el triunfo de
ción de los gobiernos estatales. El conjunto Villa y la aplicación de sus ideas agraristas
de las reivindicaciones campesinas y de la hubieran dejado más o menos intacto el lati­
problemática del a. apareció temalizada en fundio en el país.
este documento y con soluciones de neto La disposición más importante para el futu­
carácter radical, muchas de las cuales se ro desarrollo institucional del a. provino del
incorporaron a la legislación posterior. La ori­ constitucionalismo carrancista. La ley del 6
ginalidad mayor de la ley convenciunista, y de enero de 1915 firmada por Carranza en
el elemento que no fue considerado nunca Veracruz, aunque dictada por necesidades
posteriormente en el transcurso de la refor­ tácticas de la lucha contra la Convención
ma agraria, fue la autonomía otorgada a los dominada por las fuerzas campesinas, cons­
municipios y a todas las instancias locales tituyó el documento de mayor trascendencia
para plantear, resolver y adm inistrar su pro­ en el futuro porque ordenó básicamente toda
pia problemática agraria. Esta referencia al la estructura jurídica y administrativa con la
poder campesino local debe ser considerada que se llevaría a cabo la reforma agraria. La
como el rasgo más fundamental del a. zapa- ley establecía la caducidad de cualquier pro­
tista. piedad de terrenos efectuada contra los inte­
El villismo, aunque también con fuerte base reses de pueblos o comunidades campesinas
campesina, no alcanzó la organicidad del a partir de la Ley de Desamortización del 25
zapatismo respecto de las propuestas agraris- de junio de 1856 (Ley Lerdo) o en base a dis­
tas, caracterizándose por una fuerte indefi­ posiciones de la Secretaría de Fomento u otra
nición programática. Sólo después de las dependencia federal posteriores de 1 de
derrotas de Celaya a manos de Obregón, Villa diciembre de 1876, considerada la fecha inau­
expidió una Ley Agraria firmada en León el gural del porfiriato. Estas disposiciones eran
24 de mayo de 1916 por la cual, y contrastan­ la efectivización concreta del postulado agra­
do fuertemente con las disposiciones zapatis- rio del Plan m aderista de San Luis. La inno­
tas, dejaba la resolución de la cuestión agra­ vación radical consistió en la consagración
ria a los gobiernos de los estados, sin otor­ del principio de dotación de tierras a pueblos
gar ninguna atribución a los pueblos y comu­ y comunidades que carecieran de ellas
nidades y asignando funciones secundarias al mediante la expropiación de los latifundios
poder federal. Esta determinación era alta­ colindantes y la estructuración del aparato
mente incongruente, ya que el poder estatal adm inistrativo y los procedimientos legales
y específicamente los gobernadores habían para llevar adelante estas adjudicaciones de
sido los mayores agentes del despojo de tie­ tierras. Se creaba la Comisión Nacional Agra­
rras a comunidades y campesinos pobres en ria en el nivel federal, las comisiones locales
favor de los terratenientes durante el porfi- en cada estado y los comités particulares eje­
riato, y la práctica dem ostraría que sería en cutivos en cada pueblo o comunidad que ini­
e'-e escalón del poder donde mayores dificul­ ciara un trám ite de tierras o aguas. Trámite,
tades tendrían las realizaciones agraristas y ya fuese de restitución de tierras despojadas
donde los antiguos hacendados o las corrien­ o de dotación de tierras nuevas, que debería
tes neulutifundistus lograrían mayor peso. La ser atendido en el nivel estatal por los comi­
ley villista establecía la necesidad de fraccio­ tés locales, y asesorado por la comisión local
nar los grandes latifundios, pagando la agraria que el gobernador de la entidad dis­
correspondiente indemnización a los dueños, pondría provisionalmente. Todo el expediente
m arcaba un limite de veinticinco hectáreas pasaría luego a la instancia federal, seria revi­
a los adquirentes de esas fracciones y exigía sado por la Comisión Nacional Agraria y en
22 AGRARISMO

base a su dictamen el presidente de la Repú­ agraristas de la revolución hubo que esperar


blica resolvería en definitiva, aceptando, a su derrocam iento y a la asunción al poder
modificando o rechazando la resolución del de Alvaro Obregón, quien había recibido el
gobernador. Salvo cuestiones de detalle el apoyo de los sectores zapatistas más impor­
procedimiento ha regido todo el ciclo de desa­ tantes sobrevivientes al asesinato de su jefe
rrollo de la reforma agraria mexicana. La en abril de 1919, liderados por Genovevo de
diferencia fundamental con los postulados la O, Gildardo Magaña y Antonio Díaz Soto
zapatistas recogidos en la Ley de la Conven­ y Gama. Este último fundó en 1920 el Parti­
ción radican en dos puntos; el primero: de do Nacional Agrarista como expresión orgá­
acuerdo a la ley carrancistael reconocimiento nica de esta convergencia, organización que
de los despojos territoriales se restringía al se fusionaría con otros al crearse el Partido
periodo posterior a la desamortización de Nacional Revolucionario, actualmente Revo­
1856, lo que concedía legitimidad a gran par­ lucionario Institucional, en 1929. El obrego-
te de la propiedad latifundista constituida en nismo en el poder comenzó el reparto agra­
el periodo colonial o republicano, mientras rio especialmente en los estados del centro
que el zapatismo reconocía la titulación pri­ su r de la república, donde existía una muy
mordial de origen colonial y raíces prehispá­ fuerte base campesina zapatista. Consolidó
nicas en muchas ocasiones como base para también las instituciones federales dedicadas
reclam ar restituciones de tierras; segundo: a la reforma y sus puestos fueron ocupados
instituía la dependencia a las distintas instan­ generalmente por zapatistas destacados. El
cias gubernamentales y esencialmente del periodo de Calles siguió con el reparto que
poder federal de toda la operación del repar­ se vio detenido notoriamente por los gobier­
to agrario, arm a política que resultó funda­ nos posteriores.
mental para la efectivización del control y la Una etapa decisiva en el desarrollo de la
manipulación de las masas campesinas, en efectivización de la reforma agraria y demás
lugar de la autonomía local administrativa y aspectos del program a agrarista fue el sexe­
también política preconizada por el movi­ nio del general Lázaro Cárdenas, de 1934 a
miento suriano. 1940. En él se vivió el apogeo de la distribu­
Reunido el Congreso Constituyente en Que- ción de tierras, alcanzándose en el periodo
rétaro en 1917, las ideas agruristas se impu­ más de dieciocho millones de hectáreas repar­
sieron decididamente en el contenido del arti­ tidas a un millón de campesinos, lo que sig­
culo 27 de la nueva Constitución, a pesar de nificó un monto similar a lo efectuado por
la oposición del conservadurismo carrancis- todos los gobiernos revolucionarios anterio­
ta. Se elevó a jerarquía constitucional lo dis­ res. Pero adema- se alentaron experiencias de
puesto en la ley del 6 de enero de 1915, esta­ producción colectiva campesina en ejidos
bleciéndose además la propiedad primordial muy importantes, tales como los de la comar­
de la nación sobre las tierras y aguas, el dere­ ca lagunera (Durungo-Coahuila), que coloca­
cho a la expropiación de latifundios y dota­ ron la práctica agrarista en un escalón supe­
ción de tierras a pueblos y comunidades, la rior a lo practicado anteriormente. Estas
restricción del acceso a la propiedad por par­ experiencias, sin embargo, se vieron afecta­
te de extranjeros así como de corporaciones das en ->u continuidad en sexenios posterio­
religiosas, sociedades de beneficencia y anó­ res al combinarse dificultades internas con
nimas, la garantía de la existencia de propie­ indiferencia y hasta ho' tilidad de algunos sec­
dad comunal de tierras, montes y aguas. El tores oficiales. Cárdenas atendió también los
articulo 27 de la Constitución constituyó la aspectos vinculados con la organización del
base jurídica más im portante de la reforma crédito agrícola a los ejidos y a los pequeños
agraria y el fundamento del sistema de tenen­ propietarios de escasos recursos. Politica­
cia y explotación de la tierra vigente en Méxi­ mente impulsó la constitución de la Confede­
co hasta la actualidad. ración Nacional Campesina (cse) en 1938 y la
Pese a la legislación establecida bajo su creación del sector campesino en el Partido
mandato, Carranza no activó el desarrollo de de la Revolución Mexicana (hoy pki).
las transformaciones agrarias. Para un efec­ Aunque proseguido en los sexenios poste­
tivo inicio de cumplimiento de los principios riores lo esencial del reparto agrario fue con­
AGRESIÓN 23

sumado por Cárdenas. Los problemas más agraria en México, México, El Caballito, 19833;
significativos abordados por el a. en los últi­ F. González Roa, El aspecto agrario de la Revo­
mos tiempos están vinculados más que con lución mexicana, México, 1919; G. Magaña, Emi­
la creación de nuevos ejidos o ampliación de liano Zapata y el agrarismo en México, México,
la dotación de tierras de los ya existentes, con 1952; J. Silva Herzog, El agrarismo mexicano y
las cuestiones relativas a la organización la reforma agraria: exposición y critica, México,
interna y a la productividad, particularm en­ Fondo de Cultura Económica, 1959.
te criticas en el campo mexicano a p artir del
acelerado incremento demográfico y los pro­ [HORACIO CRESPO]
blemas productivos especialmente en el sec­
tor de cultivos de temporal. El acento va reca­
yendo, en la reflexión y la temática del a., en
los problemas de colectivización del esfuer­
zo de producción, capacitación tecnológica, agresión
equipam iento y mecanización, créditos,
comercialización, etc., cuya resolución permi­ El término a., que surgió para indicar actos
ta al sector ejidal producir excedentes de de violencia armada de un estado contra otro,
magnitud y sostenerse frente a las acusacio­ es usado hoy en un sentido muy amplio, con
nes cada vez más reiteradas respecto de la referencia no sólo a un ataque m ilitar sino a
ineficiencia productiva y demagogia política cualquier intervención "impropiu" de un esta­
que efectúan los adversarios del a., general­ do que perjudica a otro. De todos modos el
mente portavoces de los intereses del capita­ término tiene una connotación negativa, por
lismo privado en el agro. lo cual se usa para indicar las actividades de
Como corriente orgánica, política e ideoló­ un estado enemigo, jamás del propio. Al tipo
gica, el a. ha producido una vasta reflexión de a. clásica, es decir el cruce de las fronte­
teórica y práctica sobre si mismo, su histo­ ras de un estado por parte de las fuerzas
ria y los problemas, tanto generales como par­ armadas de otro estado, se agregaron otras
ticulares, que se derivan de su programa. Se formas de a., indicadas a veces con el térm i­
considera un producto de la peculiar histo­ no de a. indirecta, como es el caso del apoyo
ria del campesinado mexicano, recogiendo la a los rebeldes de una guerra civil en un esta­
tradición com unitaria del calpulli náhuatl, do extranjero, la subversión, la propaganda
idealizándola, y las luchas agrarias que cons­ (por ejemplo, la incitación a la sedición
tituyen una enorme tradición a lo largo de la mediante la radio), el espionaje, la explora­
colonia y el siglo xix Esta peculiaridad a tri­ ción aérea y por medio de satélites, la pene­
buida al desarrollo histórico nacional permi­ tración económica.
tió al a. mexicano amoldarse claram ente al En el derecho internacional se encuentran
nacionalismo populista que constituye la muchas tentativas de definir la a. internacio­
principal vertiente ideológica progresista de nal con el fin de distinguirla de los actos legí­
la revolución mexicana, y no hacerlo de mane­ timos de autodefensa. Algunos estudiosos tra ­
ra pasiva sino en forma activamente consti­ taron de componer listas de actos de a., pero
tuyente. Además, el a. siempre se ha caracte­ en todo caso resultaron incompletas; otros,
rizado, aun en sus momentos de mayor desa­ como Ouincy Wright, creen más útil el estu­
rrollo político, por una gran vaguedad en dio de algunas crisis contemporáneas que
cuanto a definiciones de proyecto nacional configuran los caracteres de la a. con la fina­
que superen las condiciones específicas del lidad de form ular generalizaciones :>obre las
ámbito campesino y las cuestiones relativas características comunes. Muchos estudiosos
a la cuestión agraria. Desde este punto de vis­ han llegado a la conclusión, sin embargo, de
ta el a. mexicano participa claram ente de las que una definición de la a. es técnica y politi­
características limitaciones que otros movi­ camente imposible; Herz afirm a que es posi­
mientos políticos de signo similar han teni­ ble reconocer la a. sólo cuando el estado que
do en otras partes del mundo. la sufre se declara victima de ésta.
En realidad, si se excluye el problema de
bibliografía: A. Díaz Soto y Gama, La cuestión la definición jurídica de la agresión interna­
24 AISLACIONISMO

cional —a la que está conectada la aserción rales, accede a considerar como menos urgen­
de la violación de los derechos de un estado— tes los compromisos de política exterior y,
el análisis de la a. no ha asumido un relieve por lo tanto, a valuar críticamente las conse­
autónomo en el estudio de las relaciones polí­ cuencias.
ticas entre los estados. En el análisis políti­ Los principales casos de a. en la edad
co internacional, en efecto, la a. está consi­ moderna atañen al Japón de 1636 a 1868, a
derada sólo como una modalidad temporal de Estados Unidos y, con muchas reservas, a
las relaciones entre dos estados: una fase de Gran Bretaña en el periodo de 1822 a princi­
un proceso más amplio de relaciones conflic­ pios del siglo xx. Es preciso observar que en
tivas que no am erita por si misma mayor todos estos casos el a. se refiere esencialmen­
atención. Sólo J. Galtung ha enfrentado explí­ te a la esfera política. El propio Japón, que
citamente al argumento, dando una explica­ representa el caso de aislamiento político y
ción a partir de la teoría estructuralista y de cultural más rígido, mantuvo relaciones
procesos conflictivos atraídos por desequili­ comerciales con los holandeses. El “esplén­
brios de rango entre los estados con dimen­ dido aislamiento" británico fue, sin más, una
siones distintas. calculada línea de acción, dirigida a mante­
ner la supremacía británica en Europa por el
bibliografía: J. Galtung, A structural theory of predominio marítimo y comercial, más que
aggression, en Journal of Pt ace Research, 2. 1964; por una influencia política directa. Estados
J. H. Herz, International politics in the atornic Unidos ocupa una posición intermedia entre
age, Nueva York, Columbiu University Press, el a. japonés y el aislamiento inglés, y de él
1965: O. Wright, The nalure of conflict, en The nos ocuparemos en particular, porque se tra ­
Western Political Quarterly, 2, 1951, ta del caso de a. que ha tenido una influencia
mayor en la política seguida durante el siglo
[fulvio attina] xx.
Un análisis del a. estadunidense permite
distinguir con toda claridad la trama contra­
aislacionismo dictoria de motivos políticos y económicos
que en él se resumen. Sus orígenes como prác­
El a. no es simplemente una línea de política tica política deben verse en la neutralidad
exterior que busca evitar, en determinadas perseguida en forma realista por George Wash­
circunstancias, compromisos políticos con el ington durante las guerras europeas provo­
exterior; tampoco es una situación pasiva de cadas por la Revolución francesa y teoriza­
aislamiento en la que un estado llega a encon­ da en su mensaje de despedida (1796) sobre
trarse en virtud de alianzas que le son adver­ la base de una total incompatibilidad entre
sas creadas por otros estados. Ni siquiera los intereses estadunidenses y los de las
debe confundirse el a. con el neutralismo, el potencias europeas. Su contenido teórico, sin
cual se dirige a la preservación de la indepen­ embargo, deriva sobre todo de la "idea de
dencia y la integridad de una nación circun­ misión”, desarrollada a principios del siglo
dada por vecinos más poderosos —como el xix como una verdadera ideología nacional
caso de Suiza—, y, hasta cierto punto, tam ­ propia, según la cual Estados Unidos estaba
poco con una política de aislamiento cultu­ destinado por Dios a m ostrar al mundo que
ral —como el de la China im perial—, lo cual un pueblo nuevo c incorrupto podía vivir en
hace que posea aspectos teóricos que hacen libertad y con justicia. Corolario de semejante
de él casi una ideología: consiste en una acti­ idea era que sólo manteniéndose inmunes a
tud política en la que se coloca voluntaria­ todo contacto con los corruptos podrían los
mente un estado y que no deriva de la necesi­ norteamericanos ser ellos mismos. Pero seme­
dad impuesta por una situación de peligro. jante ideología contradecía los intereses de
Además, en la práctica, se basa en una situa­ Estados Unidos, que tendía a la conquista y
ción de aislamiento geográfico que. aun sin colonización de la porción norte de América
ser su matriz, es uno de sus prerrequisitos y estaba dolado de una economía en rápido
fundamentales. El aislamiento geográfico, al desarrollo. El a. de la “ misión americana"
asegurar la integridad de los confines natu­ debió por consiguiente plegarse ante una rea­
AISLACIONISMO 25

lidad expansionista, aunque sin abandonar la enorme fuerza de su capitalismo, en un


sus rasgos teóricos originales y defendiendo, dominio económico sobre Europa, justifica­
en lo posible, la práctica política aislacionis­ do por la tesis de que la esfera económica pro­
ta, a fin de no poner en peligro uno de los mueve la paz y la civilización y, por lo tanto,
hitos de la identidad nacional. está acorde con la "misión americana". El
Esta contradicción, fuente de los más rele­ empuje del imperialismo informal estaduni­
vantes rasgos de falsa conciencia de la polí­ dense, que tenía una influencia pesadamen­
tica estadunidense, se revela en las interpre­ te conservadora sobre las vicisitudes políti­
taciones dadas sucesivamente a la Doctrina cas europeas, y la contradicción entre esta
Monroe (1823), un documento diplomático función de dominio y el rechazo de asumir un
sobre todo defensivo con el que Estados Uni­ liderazgo politico han sido, según muchos his­
dos se oponía a cualquier in jerencia europea toriadores, causas importantes de la deses­
en los asuntos de las dos Américas. La inter­ tabilización internacional de los años treinta.
pretación expansionista de la "idea de Desde la segunda guerra mundial, el a. nor­
misión" —entendida como "destino manifies­ team ericano ha sido claramente superado
to" de los norteamericanos y por consiguiente como fenómeno político, pero su influencia
su derecho absoluto para ocupar Norteamé­ cultural continúa haciéndose sentir. El anti-
rica— aplicada a la Doctrina Monroe condu­ comunismo, que está en la base de la justifi­
jo a arrebatarle a México vastos territorios cación del liderazgo occidental asumido en
(1846-1848). Desde 1898, año en que Estados los años cuarenta, de hecho se ha insertado
Unidos venció a España y puso fin a su domi­ en la “idea de misión” como objetivo prim a­
nio colonial sobre Cuba y Filipinas, la Doc­ rio de la vocación libertadora y liberadora de
trina Monroe sirvió pura reivindicar una esfe­ Estados Unidos, que así ha podido ver en su
ra de influencia exclusiva en el Caribe v por acción hacia el exterior no un compromiso en
lo tanto el derecho de intervención en los el mundo de los intereses internacionales con
asuntos internos de los países del área. Las fines de una política propia de potencia, sino
teorías puestas al día sobre la "misión ame­ la defensa, históricamente necesaria, del úni­
ricana" como misión activa de defensa del co sistema político y económico con un valor
progreso y de la democracia, aparecidas hace universal. Por paradójico que parezca, se pue­
dos siglos, no ocultan el hecho de que el capi­ de hablar aquí de un neoaislacionismo nor­
talismo norteamericano, al alcanzar un alto teamericano a partir de la segunda guerra
grado de madurez interna, empezaba a cons­ mundial, casi una proyección a escala mun­
truirse una esfera de influencia en el exterior dial del a. precedente —del que son un sínto­
y se servía por un lado de la Doctrina Mon­ ma los constantes llamamientos de la dere­
roe como de un arm a ofensiva en el continen­ cha estadunidense a una rígida política mili­
te americano y por el otro del tradicional a. ta r que salvaguarde al modelo norteamerica­
como de un arm a defensiva en el enfrenta­ no sin tran sitar por los intrincados compro­
miento entre las potencias europeas. misos de la política internacional. H ablar de
La contradicción entre a., como ideología neoaislacionismo es posible, pero sólo dentro
nacional y fenómeno político, y expansionis­ de un análisis del imperialismo estaduniden­
mo surgió definitivamente después de la pri­ se, del que el neoaislacionismo representa la
mera guerra mundial, cuando los estaduni­ falsa conciencia, y dentro de un análisis de
denses, que habían aceptado la intervención las modificaciones políticas y culturales inter­
en la guerra como parte de -u misión de nas de Estados Unidos, que en los últimos
defensa de los pueblos democráticos contra veinte años han llevado a rechazar toda "idea
el ataque de las naciones reaccionarias, se de misión”.
negaron a adherirse a la Sociedad de Nacio­
nes y se retiraron a una posición de estrecho BIBLIOGRAFIA S. Adler. The isolationisi impulse,
a. político que duró hasta la segunda guerra lis iwenlieth-century reaction, Londres, Abelard-
mundial. De hecho, Estados Unidos llevó ade­ Schuman, 1957; F. Gilberl, Tu the farewell
lante al mismo tiempo una política precisa de address: ideas of early American foreign policy,
expansión comercial y sobre todo financiera Princeton, Princeton University Press, 1961; X.
que en los años veinte se tradujo, a causa de A. Graebner, The new isolatiunism. A study in
26 ALIANZA

politics and foreign policy since 1950, Nueva dado, esa forma particular de cooperación
York, Ronald Press, 1956: G. Kolko, Le radici eco- que es una a. y no otras formas de coopera­
nomiche delta politica estera americana (1968), ción o de asociación. Un tratado de a. se sus­
Turín, Einaudi, 1970; C.P. Parrini, Heir to empi­ cribe cuando los intereses comunes de varios
re. United States economic diplomacy, 1916-1923, estados no pueden procurarse más que con
Pittsburgh, Pittsburgh University Press, 1969; D. la estipulación del mismo.
Perkins, Historia de la Doctrina Monroe (1955), Dignas de más atención son las hipótesis de
Buenos Aires, F-IDF.ha , 1971. G. Liska y D. Edwards. Más bien que ser crea­
das para algo, las a. surgen, según Liska, con­
[TIZIANO BON AZ/.l] tra alguien o algo. Examinando casos histó­
ricos y contemporáneos, llega a la conclusión
de que las a. son la consecuencia de conflic­
alianza tos contra adversarios comunes, que incluso
pueden ocultar temporalmente los conflictos
i. defin ició n y Tiras d e alianza. Las a. son las for­ entre los aliados. El sistema de los estados se
mas de cooperación más estrecha entre los subdivide en tantas alianzas como sean las
estados: vinculan la acción de los mismos en consecuencias de los distintos tipos de con­
las circunstancias y en los modos previstos flictos que subsisten en el nivel global, regio­
por el acuerdo o el tratado que las instituye. nal e interno. El conflicto este-oeste en el sis­
El término a. se usa también para indicar las tema global actual y el conflicto entre Bor-
relaciones entre los estados caracterizadas bones y Habsburgos en el sistema global euro­
por una colaboración prolongada durante un peo de aquella época polarizaron en ambos
largo periodo de tiempo, aunque no esté for­ casos, por ejemplo, el sistema internacional
malizada en un acuerdo escrito. Pero en este alrededor de dos grandes alianzas. Cuando un
caso es más correcto hablar de alineamiento conflicto global divide dos potencias o dos
[alignment]. lina a., por el contrario, se carac­ grupos de potencias, las a. ratifican una pola­
teriza por un compromiso, en m ateria políti­ rización ya existente; cuando, por el contra­
ca o militar, que varios estados asumen para rio, dos grandes conflictos dividen tres o más
la protección o la realización de sus intere­ potencias, las a. desempeñan un papel más
ses; el compromiso se formaliza con la firma importante. También los conflictos menores
de un acuerdo o tratado, y puede instituirse tienen frecuentemente gran importancia en
también una organización tem poral para la la definición del cuadro de las a.; sin em bar­
realización de los compromisos asumidos. go, en los sistemas regionales la distribución
Las a. pueden ser bilaterales o m ultilatera­ natural de las a. puede ser influida por la dis­
les, secretas o abiertas, temporales o perm a­ tribución que produce el conflicto global.
nentes, generales o limitadas; pueden servir Pero la adhesión de un estado a una a. depen­
a intereses idénticos o complementarios, o de en gran medida de los conflictos internos;
basarse en intereses únicamente ideológicos.I. el equilibrio interno de las fuerzas tiene más
importancia, según Liska. que las amenazas
II. o r íg e n e s de las ai.ia .n zas . Muchos consideran y las presiones externas.
a la comunión de intereses como condición La hipótesis de D. Edwards sobre el origen
necesaria para la existencia de una alianza. de las a. se aplica a las grandes a. después de
Los intereses pueden ser idénticos o suscep­ la segunda guerra mundial. El estudioso nor­
tibles de transform arse en idénticos durante teamericano parte de un examen del Pacto de
la a. Los intereses, inicialmente no idénticos, Varsovia. Este pacto se originó en tres facto­
deben perm itir una convergencia de acción; res concurrentes: el cambio del status qito
esta convergencia tiene mayores probabilida­ m ilitar (remilitarización de Alemania Occi­
des de realizarse en la a. cuando básicamen­ dental), el deseo de la potencia dominante de
te más que un solo interés hay un grupo de asegurarse posiciones de fuerza frente al
intereses que pueden ser idénticos, diferen­ adversario común en presencia de una decli­
tes o, inicialmcnle, incluso contrastantes. nación de los aliados tradicionales (debilidad
Pero la comunión de intereses no explica de los estados europeos cercanos de la lrss)
por qué los estados elijen, en un momento y la voluntad de la potencia dominante de
ALIANZA 27

reforzar el propio influjo sobre sus aliados te mayor su propia fuerza aliándose con un
(disminución del control soviético sobre las estado más fuerte; éste, por su parte, utiliza
repúblicas populares europeas después de la la ocasión para extender su esfera de influen­
m uerte de Stalin). Edwards encuentra tam­ cia y sus recursos potenciales. Pero esto es
bién estos factores en el origen de la ota n , de cierto sólo cuando existe una amenaza de un
la s e a t o , de la a. (ya anulada) entre China y tercer estado; de o tra manera el estado débil
la Unión Soviética, y de las "relaciones espe­ puede temer la pérdida de la propia identi­
ciales" entre Estados Unidos y Gran Breta­ dad entrando en una a. y el fuerte teme el exa­
ña. De la observación de la presencia de deter­ gerado aumento de sus compromisos.
minados factores en el origen de distintas a.
y de la comprobación del papel desempeña­ IV. GRANDEZA DE LAS ALIANZAS. LA TEORIA DE W. RIKER.
do por una sola potencia "dominante", Muchos opinan que el refuerzo de las posicio­
Edwurds llega a la conclusión de que las teo­ nes políticas y militares de un estado depen­
rías tradicionales sobrevaloran la función de de de la amplitud de la a.: cuanto más alto es
los intereses en los orígenes de las a., y detec­ el número de los estados miembros, mayor
ta que éstas tienen un notable influjo sobre es el incremento de la potencia de cada esta­
la libertad y la política de los estados miem­ do. La política de a. realizada por Estados
bros. En realidad, casi todos los estudiosos, Unidos bajo Eisenhower es el ejemplo concre­
más que observar cuáles son los factores to de esta concepción. W. Riker, partiendo del
determinantes que se encuentran en el origen modelo del juego con suma cero (que él con­
de cualquier a., examinaron preferentem en­ sidera el único válido para entender la poli-
te los motivos que con mayor frecuencia esti­ tica), afirma, por el contrario, que las a. debe­
mulan a los estados a entrar en una a., vale rían tender a ser lo más reducidas posibles.
decir, en sustancia, las ventajas que un esta­ Su teoría de las coaliciones se apoya en tres
do trata de asegurarse. La tesis sobre la cual principios deducidos del modelo del juego con
estos estudiosos basan su planteamiento es suma cero: el principio de medida, según el
que el nacimiento de las a. no puede explicar­ cual los estados, cuando poseen una perfec­
se (y por lo tanto, preverse) sobre la base de ta información, tienden a form ar la más
algunas reglas o principios sino que depen­ pequeña coalición vencedora para dividir con
de solamente de la discrccionalidad de los el menor número posible de aliados el botin
estados: un estado decide entraren una a. des­ de la victoria; el principio estratégico, según
pués de analizar discrecionalmente la situa­ el cual en sistemas en los que funciona el prin­
ción presente y de asegurarse que la entrada cipio de medida los participantes en las últi­
en la a. le perm itiría alcanzar determinados mas fases de las negociaciones en las que se
objetivos que no podría lograr de otra manifiesta más de una coalición vencedora
manera. deberán elegir una sola coalición, y el princi­
pio de desequilibrio, por el cual los sistemas
Itl. OBJETIVOS DE LOS ESTADOS MIEMBROS T res son en los que funcionan los principios susodi­
en la práctica los objetivos o intereses, varia­ chos son inevitablemente inestables a causa
damente correlativos e independientes, que de la tendencia de los actores mayores a
un estado persigue en una a.: la seguridad, la recompensar cada vez más o los actores
estabilidad y la influencia. Una a. ofrece, para menores que son esenciales en la coalición
esos fines, ventajas políticas v militares. Un mínima vencedora. Tal tendencia lleva, poco
estado se siente más fuerte con el apoyo diplo­ a poco, a la declinación de los actores princi­
mático de sus aliados; con éste puede provo­ pales.
car o impedir una revisión "pacífica" de la
configuración existente. Una a. es también un V. FACTORES DE COHES ON. TÉRMINOS DE LAS ALIANZAS
factor de potencia militar; el estado siente que Una vez formada, el éxito de una a. depende
puede basarle en otras fuerzas, no propias, de la cohesión e integración que los miembros
como instrumentos de disuasión y de defensa. desarrollan entre ellos. Los factores de cohe­
El aumento de la propia fuerza a través de sión de una a. son varios, y si bien hay quien
una a. lo buscan tanto los estados poderosos sostiene que una generalización referente a
como los estados débiles. El estado débil sien­ éstos es inútil porque tales factores no están
28 ALIANZA

presentes necesariamente en todas las a. y, limitaciones que surgen de una alianza.


donde están presentes, están variadamente Una a., efectivamente, es casi siempre una
combinados, algunas proposiciones genera­ fuente de limitaciones para los estados miem­
les sobre los mismos pueden formularse bros, los cuales las aceptan sólo como precio
correctamente. inevitable de la resistencia al adversario; ese
El factor ideológico es de gran importan­ precio se siente especialmente cuando el
cia en las a.; donde no está presente lo pro­ adversario trata de erosionar la cohesión de
mueven los líderes de la coalición porque es los aliados con tácticas particulares (como
igualmente útil en tiempo de paz como en ofrecimientos secretos de ventajas a algunos
tiempo de guerra. Hacia el exterior, la ideo­ miembros). No sólo una a. sino también la
logía tiene lu función de desmoralizar al estabilidad del sistema internacional puede
adversario y forma parte de la guerra psico­ comprometerse cuando un estado considera
lógica; hacia el interior, refuerza las relacio­ excesivo el peso de las limitaciones que la pre­
nes entre los aliudos creando la convicción de sencia en la a. impone a sus intereses.
la utilidad de unir los propios recursos y Finalmente, una a. debería cesar cuando se
superar eventuales divergencias. alcanzan los objetivos por los cuales había
El éxito de una a. depende también del tipo surgido, pero pueden ser numerosos los moti­
de consultas intercambiadas entre los miem­ vos que provocan la ru p tu ra antes de que se
bros. En a. caracterizadas por la igualdad y logre el fin previsto. Habitualmente la causa
la solidaridad entre los miembros, las consul­ debe buscarse en la insatisfacción de uno o
tas resultan eficaces; en caso contrario la obli­ más aliados, provocada por la percepción de
gación de recurrir a consultas generales fren­ una disparidad entre los compromisos asu­
te a cualquier eventualidad disminuye la efi­ midos y las limitaciones que se suportan, de
ciencia m ilitar de la a. y el influjo que los una parte, y los propios fines y ambiciones,
miembros preeminentes pueden ejercitar de otra.
sobre estados externos.
Las capacidades materiales de los varios VI. ALIANZA Y PROLIFERACIÓN NUCLEAR Un tema
miembros influyen de diversas maneras en la muy discutido en las obras más recientes es
vida de una a. Una atención particular se pres­ el de las relaciones entre proliferación
ta a las capacidades de los estados "guías", nuclear y vida de las a. Es un tema sumamen­
que deberían aum entar continuamente para te complejo, que no aclaran suficientemente
asegurar el éxito de la coalición. Pero un cre­ las experiencias hasta ahora ofrecidas por el
cimiento preponderante de las capacidades desarrollo de los arsenales de algunas poten­
de un estado no favorece la cohesión de la a. cias medianas y sobre el cual, por esta razón,
porque habitualmente no corresponde a los se pueden plantear solamente algunas hipó­
intereses de los otros aliados; lo mismo pue­ tesis. Es previsible, por ejemplo, que la difu­
de decirse de la decadencia de las capacida­ sión de las armas nucleares provocará no tan­
des de un aliado. Por el contrarío, un balan­ to una disminución de los vínculos de las a.
ceado crecimiento de las capacidades de los como una revisión de éstos. Más que renun­
distintos aliados, que perm ita la realización ciar a sus compromisos respecto de un alia­
de los objetivos de la alianza, incrementa la do que consigue un potencial m ilitar nuclear
cohesión. (renuncia que significaría perder un aliado),
Es evidente por sí mismo que la vida de una la potencia “guía" de la a., que ya posee las
a. está condicionada por la política interna de armas nucleares, preferirá tener presente los
cada miembro. La inestabilidad interna, con intereses del aliado, adaptando a éstos sus
frecuentes cambios de gobierno, es un factor propios compromisos; y es esto, probable­
de desintegración dado que la oposición tien­ mente, lo que la potencia mediana que consi­
de a cambiar la política de a. del gobierno pre­ guió el armamento nuclear se proponía alcan­
cedente. La relación entre gobierno y oposi­ zar: "hacer sentir su voz", aum entar su pres­
ción influye decisivamente sobre la cohesión tigio y acrecentar su potencial político-
de la ' a. en las que participan estados políti­ militar.
camente inestables; éstos, en efecto, se En consecuencia, la proliferación nuclear
dem uestran menos dispuestos a aceptar las no debería ser, como algunos sostienen, el fin
ANARQUISMO 29

de la era de las a., como no lo fueron las dos orden jurídico (la ley): a estos motivos se les
organizaciones internacionales de la Sociedad agrega el genérico impulso a la libertad que
de las Naciones y de las Naciones Unidas, las origina los apelativos de libertarismo atribui­
cuales deberian garantizar a los estados por dos al movimiento, y de libertarios, otorga­
medio de un sistema de seguridad colectiva do a los adherentes. Una vez precisados estos
que habría convertido en inútiles las a. El fra­ datos, por a. se entiende el movimiento que
caso de ese sistema, a causa de la lógica bipo­ asigna tanto al hombre individual como a la
lar que impusieron las dos superpotencias, colectividad el derecho de usufructo de toda
impulsó a los estados a ver en las a. un intru- libertad, sin límites de normas, de espacio y
mento todavía válido para la propia segu­ de tiempo, fuera de los confines que surgen
ridad. de la misma existencia del individuo: vale
decir la libertad de actuar sin ser "oprimidos”
bibliografía: D. Edwards, Análisis de la política por ninguna autoridad, encontrando única­
internacional (1969), México, Paidós; O. Holsti, mente los obstáculos que la naturaleza opo­
P. Hopmann y J. Sullivan, Unitv and /Jisititeara- ne, es decir la “opinión”, el "sentido común”,
tion in International alliances: comparativo stu- la voluntad de toda la comunidad, a los que
dies, Nucía York, Wiley, 1973; G. Liska, Nations el individuo, sin tener que someterse, y por
in alliance, Baltimore, Johns Hopkins. 1968; W. lo tanto sin constricciones, se adecúa en vir­
Riker, The theory of political coalitions, New tud de un acto de la voluntad libre. Esta defi­
Haven, Yule University Press. 1967. nición genérica, distintam ente valorada por
los diferentes pensadores y movimientos
[fulvio attina] adherentes al a., puede sintetizarse en las
palabras que el anarquista Sébasticn Faure
escribió en los años de 1920 de nuestro siglo
en la Encyclopédie anarchiste: "La doctrina
anarquismo anárquica se resume en una sola palabra:
libertad."
i. DEFINICIÓN gknkral. Es imposible dar una
definición completamente precisa de a., por­ II. NACIMIENTO Y PRIMLR DESARROLLO DEL ANARQUIS­
que el ideal designado con este término, aun­ MO. El espíritu libertario, vale decir el anhe­
que ha evolucionado notablemente en el tiem­ lo de la libertad absoluta, es propio de toda
po, siempre se manifestó y se manifiesta más época histórica: incluso se puede aseverar que
que como algo cumplido y elaborado, como el a. se presentó, si bien con aspectos hetero­
una aspiración, un último objetivo al cual géneos, ya en la antigüedad clásica, acompa­
referirse llenándolo de significados y de con­ ñando de varios modos su desarrollo socio-
tenidos distintos, según el punto de vista des­ cultural. Se observan tres formas diferencia­
de el cual se lo observe. El término a., al que das de la presentación del fenómeno: a] en pri­
frecuentemente se asimila el de "anarquía", mer lugar está la manifestación de un a. en
tiene un origen preciso en el griego sin gobier­ un nivel puramente intelectual en autores de
no: por tal razón con éste se ha identificado excepcional o de mínimo relieve, que critica­
siempre una sociedad libre de todo dominio ron la autoridad política de su tiempo y exa­
politico autoritario, en la cual el hombre minaron la eventualidad de construir socie­
habría podido afirm arse sólo en virtud de la dades antiautoritarias o por lo menos no auto­
propia acción ejercida libremente en un con­ ritarias: frecuentemente, pero no siempre,
texto sociopolitico en el que todos deberían la presentación de concepciones libertarias
ser igualmente libres. A. significó, por esta coincidió con propuestas genéricamente defi­
razón, liberación de todo poder superior, fue­ nibles como utópicas; h] en segundo lugar, la
se éste de orden ideológico (religión, doctri­ aspiración anárquica se vinculó a afirmacio­
nas políticas, etc.) o de orden político (estruc­ nes de tono más o menos vagamente religio­
tura administrativa jerarquizada), o de orden so: se incluye en este ámbito todas las llama­
social (pertenencia a una clase o casta deter­ das milenaristas a una sociedad perfecta, en
minada), o de orden económico (pi opiedad de la cual la mediación entre lo humano y lo divi­
los medios de producción) o. finalmente, de no no habría necesitado particulares superes­
30 ANARQUISMO

tructuras autoritarias sino que, eliminadas características, pero siempre acompañada de


éstas, habría podido verificarse inmediata­ la negación absoluta del presente social, que
mente; c] en fin, ambas manifestaciones, inte- asume un significado de ruptura revolucio­
lectualistas o fideístas, se confrontaron en naria (más todavía, la negatividad pura será
movimientos efectivos de tipo social, en gene­ a veces el único componente evidenciado), el
ral insurreccionales, que en algunas ocasio­ a. acoge nuevas formas de elaboración teóri­
nes históricas coagularon múltiples fuerzas ca y de aplicación práctica que se acentúan
sociales, especialmente del mundo agrícola, cada vez más con el pasar de los años. En el
en una forma de protesta colectiva contesta­ campo del debate doctrinal, el momento de
dora de las autoridades políticas y de las partida de un verdadero "pensamiento anár­
estructuras sociales existentes. Baste pensar quico” puede fijarse a fines del siglo xvm, en
en las repetidas y frecuentes revueltas medie­ una obra famosa y popular, a pesar de ser
vales de los campesinos ingleses para llegar complicada y abstrusa: Enquiry conceming
hasta las afirmaciones decididamente liber­ poli tica! ¡ustice de William Godwin, en la cual
tarias del movimiento de los cavadores [dig- los temas que serán típicos de todo el a., el
gers] en la revolución del siglo xvii, o en las rechazo de la autoridad gubernamental y de
revueltas de los campesinos alemanes guia­ la ley, se ubican en una dinámica dominada
dos por Thomas Münzer, que se rebelaron a por la razón y por un justo equilibrio entre
los príncipes, o a las numerosas expresiones necesidad y voluntad, que desembocan en la
extremas de los movimientos anabaptistas. exigencia de una total libertad ético-poli tica,
Las concepciones libertarias desembocaron realizable solamente en un régimen de abju­
irrevocablemente en el mundo político sólo ración de la propiedad privada y por lo tanto
en el siglo xvni, como primera forma de reac­ comunitario. Interpretados de varios modos
ción y al mismo tiempo de conjunción respec­ y elaborados ulteriormente, estos principios
to del racionalismo ilustrado, provocando y suministran el punto de partida para el desa­
ampliando la discusión sobre el concepto de rrollo posterior de toda la corriente ideal que,
autoridad; ésta —y el ejemplo ilustrado es el en el proseguirse del tiempo, se remite al a.
del propio Rousseau— es admitida en el cam­ comunista, al cual varios pensadores o sim­
po político, pero luego es circunscrita y, en ples propagandistas agregarán paso a paso
último caso, rechazada en el plano individual. nuevos elementos. Si en Godwin el a. todavía
La contradicción ideal ínsita en esa relación no se presenta como una concepción comple­
se mantiene intacta, si bien traducida en un ta en si misma, en el curso del siglo xix
plano de lucha política efectiva durante la adquiere una organicidad tal, como expresión
revolución francesa, en la cual el grupo de los y punto de encuentro de un debate ideal, que
jacobinos, que afirmaba con mayor fuerza los halla en la realidad social una inmediata
principios de la autoridad y de la centraliza­ correspondencia y se presenta en todo caso
ción, vio surgir de su mismo seno fuerzas con­ como a. político, social, y sólo raram ente
testatarias libertarias, como por ejemplo los mantiene íntegra la caracterización exclusi­
enragés, los enfurecidos o, ya en el fin del va o prevalentemente ética que predominaba
ciclo revolucionario, algunos conspicuos en su primera presentación histórica. En esta
exponentes de la conspiración babouvista por tarea y evolución en la que participan pensa­
la igualdad.I. dores, políticos y "organizadores” diferentes
entre sí como —citando sólo a los principa­
Con la
III. LA EVOLUCIÓN' HISTÓRICADEL ANARQUISMO. les— Proudhon y Bakunin, Stirner y Malates-
revolución francesa y con el desarrollo indus­ ta, Kropotkin y Tolstoi, etc., se configuran
trial nace y se afirma un a. al que se le puede algunas divisiones fundam entales cuyos
dar el apelativo de “moderno", y que está pre­ momentos de disensión, a pesar de los inten­
sente todavía en el debate político de nues­ tos a este propósito, no se eliminaron nunca.
tra época. Una prim era indicación de este La escisión básica es entre a. individualista
cambio es la afirmación del término anarquía y a. comunista. El prim ero, que tiene como
en un sentido positivo que se contrapone al fundador a Max Stirner. apoya todo sobre el
uso, casi exclusivo hasta ese momento, en el individuo que, a través de su "egoísmo" y la
sentido de caos, de desorden. Con dichas fuerza que de éste resulta, se afirma a sí mis­
ANARQUISMO 31

mo y a su libertad solamente en una condi­ frente a los problemas actuales. Pueden seña­
ción existencial totalmente desprovista de larse tres subcategorías que se refieren res­
cualquier componente autoritario, en contra­ pectivamente a: a] los objetivos, que pueden
posición, pero también en equilibrio, con ser i] negativos, o bien ti] constructivos; b] los
todas las otras fuerzas y egoísmos de los otros medios; c] las tácticas.
individuos, únicos en su obrar, en vista del
último objetivo: la realización completa del a, i] Objetivos negativos. Éstos son sin duda
Yo en una sociedad no organizada e indepen­ los frutos críticamente más elaborados, pre­
diente de cualquier vínculo superior. El a. sentes en todo tiempo del a., y pueden cen­
comunista, que en efecto representa históri­ trarse en la negación que el a. efectúa de /l]
camente un paso adelante respecto del indi­ la autoridad, B] el estado. C] la ley.
vidualista, ve, por el contrario, la plena rea­ .4] El a. rechaza toda autoridad, en cuanto
lización del Yo sólo en la sociedad donde cada señala en ella la fuente de los males del hom­
individuo seria inducido a sacrificar una par­ bre: la autoridad que se rechaza es tanto la
te de la libertad personal, precisamente la sobrehumana como la humana. Encabeza la
económica, en beneficio de la libertad social: serie la autoridad divina, es decir el poder
esta última puede alcanzarse en una organi­ sobrenatural del que se hace descender toda
zación com unitaria de los medios de produc­ otra facultad de mando, que se niega no tan­
ción y del trabajo, y en una subdivisión tam ­ to como consecuencia de un razonamiento
bién común de los productos ("a cada uno filosófico sino simplemente porque es un
según sus propias necesidades”), aun salva­ poder y como tal condicionante del hombre
guardando en ésta los principios fundamen­ en sus elecciones y en sus acciones volunta­
tales del a., vale decir el ejercicio de las más rias: como corolario nace el rechazo de toda
amplias libertades, tanto para el individuo religión, en cuanto ideología, “noble menti­
como para el conjunto de los individuos en ra ” justificadora de una arbitrariedad que se
una sociedad. Como subcategoría de a. comu­ ejercita con intenciones represivas y con
nista, o estadio más atrasado, se puede con­ resultados que escapan del mundo moral para
siderar al colectivista (teorizado por Bakunin asum ir estructuras terrenas y coercitivas en
y afirm ado especialmente en España), que la vida del individuo y en la de la comunidad.
propone el comunitarismo del trabajo y de la Históricamente dependiente de la autoridad
producción, con la colocación en común de divina, pero asumiendo una plena autonomía
todos los medios necesarios para ésta, pero en épocas modernas contemporáneas, está la
dejando a cada uno el gobierno individual de autoridad política, identificada con los que
los resultados del trabajo personal. En el cua­ tienen en las manos la gestión del poder poli-
dro de las corrientes señaladas, se atraviesan tico y que se expresa en los vértices del
y se interponen otras subdivisones, que acen­ gobierno y, descendiendo hacia niveles cada
túan más o menos los aspectos sociales (con vez más bajos, en todas las apariciones del
netos vínculos con el mundo del trabajo y en poder en escala nacional, que forman la
particular con el proletariado) o privilegian estructura del estado, es decir en las institu­
los módulos ideal-políticos, es decir los temas ciones. La autoridad politica, expresión de la
relativos al estado, al gobierno o, más gené­ autoridad o del poder económico según la
ricamente. a la autoridad. Todas estas interpretación del a. de algún modo vincula­
corrientes, que por cierto no deben acogerse do con el análisis marxista, es la causa pri­
con rigidez esquemática sino examinándolas migenia de la opresión del hombre en el esta­
en sus relaciones reciprocas y en su devenir do de sociedad, y como tal debe ser combati­
histórico, plasm aron el sustrato dentro del da en el plano ideal y en los hechos. De aquí
cual se ha movido el mundo que, hasta nues­ nace la firme oposición del a. a todo poder
tros días, se ha remitido al anarquismo. político organizado, institucional o volunta­
riamente, como es el caso de la asociación
tv. o h ji -.t iv o s , m ed io s y tácticas . Se pueden exa­ política por excelencia, el partido, m ientras
minar los momentos de mayor atención e que algunas corrientes adm itirán la organi­
intervención del a. deduciéndolos tanto de su zación sindical en un plano horizontal. En
presentación histórica como de su conducta efecto, en la organización política el indivi­
32 ANARQUISMO

dúo —a causa de una coerción o de un pro­ que los fuertes emplean contra los débiles o,
pio acto voluntario— cede una parte de liber­ para las corrientes del a. social, los ricos con­
tad a beneficio de la colectividad, y así como tra los pobres, los capitalistas contra los pro­
en un nivel superior se rechaza cualquier con­ letarios. Esto no quiere decir que el a. recha­
cepción contractualista, en un nivel más bajo ce cualquier defensa del organismo social
tampoco se admiten las tesis asociacionistas, existente; en efecto, admite formas de juris­
con la única excepción de las mutualistas, dicción libres y espontáneas que surgen de las
para las cuales el individuo no se priva de mismas exigencias de situaciones concretas
nada que le pertenezca sino que en una espe­ y que deben interpretarse como verdaderas
cie de donación cede a la comunidad algo que intervenciones terapéuticas frente a los males
tiende, por el contrario, a exaltar su libertad sociales y que tienen por objeto la “curación"
de individuo. de dichos males y no su persecución o
B] Vinculado con la conducta señalada del condena.
a. frente a la autoridad, está su rechazo del
estado. Éste, en toda su organización a, n] Objetivos positivos o constructivos.
piramidal-burocrática, es el órgano represi­ Estos parten de dos presupuestos: en primer
vo por excelencia que priva al individuo de lugar, de toda la critica negativa respecto del
toda libertad otorgándose únicamente a sí mundo existente ya señalada; en segundo
mismo la capacidad de actuar y, sobre todo, lugar, de la comprobación de que si el hom­
la posibilidad de definir dicha libertad impo­ bre debe vivir sin estado y puede vivir sin
niendo una serie de "obligaciones” y de com­ gobierno, debe también desarrollar su exis­
portamientos a los que el individuo no pue­ tencia en cualquier sociedad, dando lugar a
de escapar y que por lo tanto el a. se propone la aceptación conceptual de ésta y, consecuen­
combatir. En cuanto órgano de represión temente, a la posibilidad de referirse a una
pura, el estado es visto por el a. con una capa­ futura "sociedad anárquica”. Esta nueva
cidad de intervención global en la vida de sociedad tiene como fundamento y como úni­
cada individuo, en su acción económica, en ca condición esencial la liberación del indi­
su existencia social como así también en su viduo de cualquier imposición externa en el
misma capacidad de desarrollo ético e inde­ nivel individual y social: el único vínculo que
pendiente. El estado no es sólo causa de todo todavía condiciona el comportamiento indi­
el mal social: es también el productor del vidual es la "opinión", vale decir la actitud
orden económico existente y, en la época —igualmente libre y autónoma— de todas las
moderna, del capitalismo; este último puede otras mónadas que constituyen la sociedad.
sobrevivir sólo porque se apoya en la base En un marco de este tipo pueden surgir todas
político-organizativa que le suministran las aquellas formas de vida social organizada,
estructuras estatales. De ese modo el a. (por que con una contradicción sólo aparente han
ejemplo en la interpretación de Bakunin y de sido definidas como "organizaciones” anár­
sus epígonos) invierte completamente el aná­ quicas y que afectan: j4] el campo económi­
lisis m arxista de la relación existente entre co, B] el campo social.
las estructuras económicas y las superestruc­ /I] Se presentan diversas propuestas de una
turas políticas. nueva estructuración económica que general­
C] Finalmente, como consecuencia de su mente se refieren a una gestión com unitaria
actitud hacia el estado, la anarquía condena o comunista de la sociedad: se puede afirm ar
la ley, vale decir toda íorm a de legislación, que todas están basadas en el elemento coo­
en cuanto expresión práctica de una volun­ perativo, es decir en la libre asociación de
tad de represión de la máquina estatal. La lev individuos para fines productivos o de distri­
es el instrum ento de opresión del que se sir­ bución de los bienes producidos, con la eli­
ve la organización política del presente para minación de toda dirección autoritaria a tra­
coartar específicamente las libertades que la vés de la instauración de una autogestión des­
autoridad, corno tal, reprime genéricamente. de abajo, determinando en consecuencia los
La legislación se rechaza, en consecuencia, objetivos comunes e indicando los medios téc­
como forma de contención de una condición nicos (necesariamente "autoritarios”) para
social de libertad y como medio de engaño lograr dichos fines concretos. De la forma
ANARQUISMO 33

cooperativa originaria, de base, se pasa a simples comités de correspondencia. El dato


construcciones cada vez más amplias a tra ­ organizativo tuvo siempre en el a. una explí­
vés de figuras sucesivas y mayormente arti­ cita referencia social, muy distinto por ejem­
culadas de federación. plo del que propone el marxismo; en efecto
B] La base social de la organización anár­ el a. se remitió a las masas, jamás a la clase;
quica. paralela a la económica, está construi­ mucho menos aún a la clase obrera, conside­
da, según las corrientes, por el mismo indi­ rada una verdadera y propia aristocracia
viduo o por el núcleo familiar: éstos, unidos incapaz de querer obtener la propia libertad
en un cierto territorio geográfico y con inte­ porque está ya integrada en el "sistema" y es
reses y actividades colectivas y afines, cons­ usuaria de numerosos privilegios; sí en cam­
tituyen la comuna [la commune], dentro de la bio al lumpenproletariado de las ciudades y
cual todos son iguales y las decisiones se asu­ sobre todo del campo, que vive en los márge­
men por iniciativa de todos, en una especie nes de la sociedad burguesa y en condiciones
de democracia directa que es, sin embargo de miseria material y moral y por lo tanto lis­
incompleta porque no posee la institución de tos a sublevarse contra las estructuras del
la representación (aun en sus formas más poder. Organización y propaganda, unidas o
delegadas). La unión de las comunas da lugar separadas según las interpretaciones, son las
a la federación, en el ámbito de la cual las bases necesarias para las tres formas de
relaciones de mediación son análogas, y asi acción anárquicas que caracterizaron todo el
se tiene, cada vez en una escala geográfica movimiento y que suscitaron la atención teó­
más amplia, la federación de las federaciones, rica: /t] la educación; 6] la rebelión; O la revo­
hasta alcanzar la meta ideal, es decir la fede­ lución.
ración anárquica universal, una especie de A] En la sociedad autoritaria la educación
objetivo final al cual aspira como una meta representa la prim era forma de intervención
de deseable (más que posible) realización. Si represiva sobre el hombre: es lógico, por lo
éstos son los aspectos positivos generales del tanto, que el a. haya tratato de recoger todos
a., entendidos como proyectos de solución aquellos elementos libertarios aplicables pri­
global de los problemas de la humanidad, es mero al niño y luego al adulto, en condicio­
oportuno observar que el a. propone también nes de form ar ética y cultui almente al hom­
una serie completa de objetivos intermedios bre, pero sin constreñir su inteligencia y su
que pueden llamarse, impropiamente, de espíritu dentro de esquemas fijos estableci­
acción social y que son siempre de realización dos a priori. La educación y, más genérica­
inmediata o de persecución a corto plazo: mente, toda la pedagogía libertaria trataron
pero estos últimos coinciden más bien con los de construir una escuela libre de vínculos con
medios, a través de los cuales el mismo a. la sociedad represiva y capaz de contribuir
piensa realizarse. a la creación de un hombre sin inhibiciones
hacia si mismo que actuase frente a la socie­
h] I m s medios. Son muy diferentes, si bien his­ dad libre de cualquier esquema impuesto.
tóricamente tuvieron una notable interdepen­ Pero la educación, entendida no ya como un
dencia entre ellos. Incluso apoyándose en pre­ elemento de formación individual sino como
supuestos antiorganizativos, una amplia par­ un verdadero proceso de difusión de ideas
te del a. (con el auspicio de Enrico Malates- anárquicas en la sociedad, representó uno de
ta) acogió la posibilidad de la organización los mayores momentos de intervención del a.
como fundamento para el progreso y la difu­ que, especialmente en sus expresiones paci­
sión de las mismas doctrinas anárquicas, que fistas basadas en el concepto de amor y de no
debe agregarse a la propaganda tradicional violencia (fue el caso de Lev Tolstoi), conce­
(o a la específica, pero rechazada por muchos, dió amplísimo espacio a todas aquellas moti­
llamada "de" y "con los hechos") y que debe vaciones que de alguna manera implicaban la
usarse con el respeto de determinados víncu­ posibilidad o la necesidad de d ar una libre
los libertarios, como por ejemplo el llamado formación al niño o, más ampliamente, al
a la autogestión desde abajo o la sustitución hombre que vive en una sociedad: nacieron
de los órganos dirigentes centrales (como incluso concepciones que recibieron la deno­
comités centrales o consejos directivos) con minación de “educacionismo" porque ju sta­
34 ANARQUISMO

mente en el factor educativo encontraban el mente ideal, y más que política, puram ente
principio y el fin de su acción. intelectual y abstracta, imaginable en todo
B\ Una característica del a. que se manifies­ momento, siempre lista a desencadenarse,
ta en su exterioridad violenta o por lo menos pero jam ás manifiesta si no en la reducida
no pacífica, es el fenómeno de la rebelión (cer­ configuración de la rebelión o de la insu­
cano, pero no necesariamente conectado, al rrección.
fenómeno paralelo de la insurrección): la
rebelión es la manifestación imprevista y vio­ c] Las tácticas. Históricamente el a. hizo
lenta, la mayor parte de las veces en forma palanca sobre algunos momentos tácticos de
irracional, de una acción destructiva contra intervención que originaron verdaderas teo­
el orden constituido. Dichas acciones, justa­ rizaciones que puede sintetizarse asi: A]
mente por la impulsividad y por la falta de voluntarismo; B] espontaneismo; C\ extremis­
organicidad con que se producen, pueden mo; D] asambleísmo y movimentismo. Se
incluso obtener un éxito inmediato, es decir, observa que dichos componentes se manifes­
como sucede en el caso de la insurrección taron casi siempre unitariam ente o por lo
(pero a la cual precede una respectiva teori­ menos vinculados y entrecruzados entre ellos,
zación), pueden originar la revolución verda­ en cuanto contribuían todos juntos a form ar
dera: pero la mayoría de las veces tiene sólo el fenómeno al que se le puede asignar el nom­
un fin destructivo inmediato y su presenta­ bre de "acción” libertaria.
ción coincide con su misma desaparición, en A] El a., rechazando la conciencia de clase
cuanto tienden a eliminarse al mismo tiem­ marxiana, basa su tesis de intervención polí­
po a sí mismas y al opositor autoritario con­ tica únicamente en la libre elección indivi­
tra quien se levantan. Las rebeliones liberta­ dual; en consecuencia, en la voluntad de cada
rias, frecuentes en todas las épocas históri­ individuo: las varias voluntades se unifican
cas, raram ente han sido "productivas” para por una especie de "espíritu vital”, de pasión
el movimiento y por el contrario suscitaron colectiva, emotiva y racional al mismo tiem­
con mucha frecuencia reacciones contra­ po, que amalgamando las intenciones de
rias que han sido dañinas para todo el anar­ acción de los individuos y generando un com­
quismo. portam iento colectivo abre una perspectiva
C\ La forma más orgánica de intervención de actos comunes.
antiauloritaria es seguramente la revolución, B] Las voluntades individuales, unificadas
predicada y propagada por numerosos pen­ como se ha dicho, se caracterizan en un modo
sadores y múltiples movimientos y grupos social y revolucionariamente antiautoritario
anárquicos que vieron en ella la posibilidad espontáneamente: el impulso a la destrucción
de rescate de la opresión autoritaria. Se tra ­ (o "alegría” de la destrucción, según Baku-
ta de una contradicción íntima de todo el nin), que es propia del individuo, comporta
antiautoritarism o, porque la revolución por espontáneamente la tentativa destructiva y
sí misma es seguramente autoritaria, inten­ revolucionaria que, por lo tanto, no exige una
tando obtener con la fuerza lo que la razón, larga y particular predisposición sino que
la opinión y el consenso no pudieron procu­ nace natural y sin esfuerzo por el solo hecho
rar: en efecto, el a. tuvo conciencia de esa con­ de que en el presente existe la autoridad. El
tradicción y el concepto enunciado de revo­ espontaneismo, pues, para el a. está en la base
lución (derribamiento de la autoridad para la de todo movimiento y de cualquier eventua­
instauración de la nueva condición ideal) coin­ lidad de acción: ésta tiene una razón de ser
cidió con el de rebelión, manteniendo las sólo cuando emana de exigencias sociales,
características de la inmediatez y de la impa­ políticas o simplemente intelectuales, tan sen­
ciencia revolucionaria, para las cuales los tidas como para manifestarse fuera de si mis­
fines deben alcanzarse inmediatamente y los mas, sin necesidad de una estructura que
objetivos de la transformación social pueden determine sus objetivos o de una dirección
realizarse en el brevísim o arco de la que guíe su camino. La organización señala­
revolución-revuelta. Es evidente el elemento da, aceptada por algunos antiautoritarios, tie­
utópico de tal concepción revolucionaria, por ne sólo la finalidad de facilitar el desarrollo
lo cual ésta fue, y es, más que efectiva, pura­ de las elecciones nacidas espontáneamente o.
ANARQUISMO 35

a lo sumo, coordinarlas hacia el objetivo liber­ movimiento antiautoritario, comprobada his­


tario final. tórica y teóricamente por el mismo Bakunin
C] Las propuestas de rebelión espontaneís- y por todos sus seguidores hasta nuestra épo­
tas obligan al movimiento anárquico, tanto en ca. Bakunin, aun actuando en las organizacio­
el campo social como en el terreno político, nes oficiales del proletariado (la I Internacio­
a proponerse siempre objetivos que van más nal), en ellas y sobre ellas introdujo siempre
allá del presente, que superan la realidad no núcleos de "fidelísimos", de élites, caracte­
por una construcción futura que parte de ésta rizados por el sectarismo y por el sigilo, que
sino por una subversión en el porvenir que tenían la finalidad de definir la línea de acción
logre la abolición de lo que existe, sustituido de las mismas organizaciones y, más general­
por una nada antiautoritaria que deviene el mente, de todo el movimiento autoritario.
todo de la racionalidad anárquica. Son pro­
pias del a. las múltiples elecciones extremis­ v. el anakouismo actual. El a., después de la
tas destructoras de las condiciones presentes, válida elaboración de los años últimos del
independientemente de la efectiva gestión de siglo xix y los comienzos del xx, y del poste­
éstas y en forma autónoma de la posibilidad rior brote de acción del periodo de la guerra
de cumplir en el plano práctico lo que se afir­ civil española (1936-1939), tuvo una revivifi­
ma ‘‘extrem istam ente’' en el plano teórico: cación en los años de 1960: frente a las doc­
sirvan de ejemplo las tesis sostenidas por los trinas prevalentemente sociales del pasado,
hermanos Cohn-Bendit en Extremismo, reme­ el nuevo a. renovó en parte la temática con­
dio de la enfermedad senil del comunismo, testataria y antiautoritaria, asumiendo tonos
1968. más esfumados respecto del rechazo de los
D] Para el a. es el mismo “movimiento" entes jerárquicos organizados (el estado, la
espontáneo el que crea las condiciones del ley, el gobierno), y precisando otros objetivos
ulterior progreso del ideal que se quiere afir­ de la propia polémica antiuutoritaria (las
mar: el movimentismo constituye una mane­ ideologías sociales, la burocracia, la sociedad
ra de privilegiar a la acción por si misma, el de consumo). A la lucha habitual contra toda
remitirse a todo lo que sucedió concretamen­ forma de represión violenta, agregó aquella
te apuntando no a un objetivo inmediato, con­ contra la represión psicoideológica de las
creto, sino a la realización súbita de una fina­ sociedades de masas, en las cuales el hombre
lidad abstracta. A pesar de la conexión exis­ está enajenado (según la interpretación del
tente con la realidad y el propósito u ltra­ nuevo libertarismo) ya no frente al propio tra­
rrevolucionario, el movimentismo esconde, bajo y al capital sino frente a sí mismo, estan­
efectivamente, tentativas meramente insu­ do privado de la propia conciencia y de la pro­
rreccionales, con la continua persecución pia capacidad de elegir libremente los obje­
de nuevas acciones locales, espontáneas o por tos de sus mismos intereses. El a. señaló en
el estilo. El movimiento se sostiene y se orga­ estos hechos los nuevos vínculos opresores
niza a través de la utilización del instrum en­ del hombre y, sin ir más allá en la introspec­
to asamblear. El asambleísmo, en teoría, es ción, simplemente los ha rechazado con los
la forma democrática perfecta que concede mismos instrumentos con los que en el pasa­
al individuo y a la totalidad el modo de expre­ do había negado el estado y el gobierno. En
sar completamente las propias capacidades su rechazo, el a. no tuvo éxito hasta ahora,
sin imponerse sobre las opiniones y las valo­ probando con esto su verdadera esencia, seña­
raciones de los otros. En la realidad históri­ lada por Marx y por Engels hacia 1871-1872,
ca y sociológica es un instrum ento capaz de y reafirm ada más tarde por Lenin en 1917-
funcionar sólo cuando hay un grupo peque­ 1920: vale decir, ser un movimiento de rebe­
ño de dirigentes, una élite (mejor si oculta), lión en la perspectiva inmediata; por una par­
en condiciones de preordenar y program ar te, expresión de las exigencias utópicas y, por
los trabajos de la asamblea, vale decir de for­ la otra, de la condición de enajenación del
zar las opiniones de los demás y de inducir mundo intelectual pequeñohurgués en las
a la "base” a aceptar lo que haya preordena­ sociedades más evolucionadas, extraños a los
do la misma élite. Ésta es, ciertamente, otra grandes conflictos sociales del neocapitalis-
de las contradicciones intestinas de todo el mu, pero al mismo tiempo partícipes de lo\
36 ANARQUISMO LATINOAMERICANO

mismos, o sea una capa disponible para cual­ Opladen, Wcstdeutscher Verlag, 1969: E. Santa-
quier solución emancipadora y extremista- relli, II socialismo anarchico in Italia, Milán, Fel-
mente ultrarrevolucionaria así como, tam­ trinelli, 1959; G. YVoodcock, El anarquismo
bién y al contrario, para cualquier interven­ (1963), Barcelona, Ariel.
ción restauradora tendiente al retorno a un
pasado mítico, que por otra parte coincide [CIAN MARIO BRAVO]
con el futuro utópico del antiautoritarism o
total, como es, por ejemplo, el ilustrado por
H erbert Marcuse. Perdiendo su caracteriza­
ción social, el a. cumplió una elección cuali­ anarquismo latinoamericano
tativamente importante: de teoría típica de
países atrasados y de clases explotadas se i. consideraciones generales. Al contrario del
convirtió más genéricamente en la expresión socialismo latinoamericano (v.) (en cuanto
de los "parias", de los "desciasados” intelec­ expresión política de la clase obrera organi­
tuales y de todas las otras clases de la socie­ zada en partido político autonómo), que fue
dad altamente industrializada, unidos contin­ una realidad sobre todo "rioplatense”, el a.,
gentemente por la lucha contra las nuevas for­ a la par de lograr una presencia permanente
mas autoritarias del mundo moderno, iden­ en Uruguay y Argentina, desde comienzos de
tificadas más con el poder político que sos­ este siglo consiguió implantarse con relativa
tiene los estados y los gobiernos, o incluso con fuerza en Brasil, México, Chile y Perú. El gra­
las mismas “instituciones” de éstos, que con do de difusión alcanzado por el a. en Améri­
las instituciones, los entes o las personas que ca Latina obedece a una serie de razones aún
detentan el poder económico. no abordadas suficientemente, pues es una
historia apenas en proceso de reconstrucción.
tiibliogRAFIA: Anarchismo e socialismo in Italia, Es que el a., al menos en sus inicios, fue no
1872-1692, Roma, Gditori Riuniti, 1973; P. Ansart, tanto la búsqueda de una resolución positi­
Marx y el anarquismo (1969), Barcelona, Barral, va de la cuestión social cuanto la expresión
1972; H. Arvon, El anarquismo (1971), Buenos directa de un subversisnio espontáneo de las
Aires, Paidós; Bakunin cent'anni dupa, Milán, masas, lo cual hace que su historia sea de más
Edizioni Antistato, 1977; L. Bettini, Bibliografía difícil reconstrucción en la medida en que se
dell’unarchismo, Florencia, C.P. Editrice, 1972: inscribe como un capítulo dentro de la más
L. Bettini, Anarchici e anarchia nel mondo con­ amplia y complicada historia de las clases
temporáneo, Turín, Fundazione L. Einaudi, 1971; subalternas, esa historia disgregada y episó­
G.M. Bravo (comp.), Gli anarchici, Turín, L'TET, dica por naturaleza, según lo expresa
1971, vol. i; G.M. Bravo, L ’anarchismo, en .SZo­ Gramsci.
na delle idee politiche, economiche e sociali, a La presencia generalizada en la \ ida social
cargo de L. Firpo, Turín, utet, 1972, vol. v; M. de un subproletariado —que desconocía la
Buber, Der utopische Sozialismus, Colonia, Heg- lucha de las clases propietarias por la cons­
ner, 1967; G. Cerrito, SuH’anarchisnw contem­ titución de los estados nacionales— y de una
poráneo, en E. Malatesta, Scritti scelti, Ruma, vasta masa de proletariado urbano y rural
Savelli, 1970; J. Duelos, Anarquistas de ayer y de —en algunos casos mayoritariamente in­
hoy (1968), Barcelona, R. Torres, 1976; D. Gué- m igrantes— colocados objetivamente en
rin, El anarquismo (1965), Madrid, Campo Abier­ una situación de fuerza de trabajo segrega­
to. 1978: D. Guérin, Ni Dios ni amo (1970). da y explotada dio lugar necesariamente a un
Madrid, Campo Abierto, 1977, 2 vols.; G. Guille- larvado sentimiento de rebeldía contra ese
minault y A. Mahé, Storia dellanarchia. Floren­ ordenamiento estructurado en detrim ento
cia, Vallecchi, 1974; J. Joll. Los anarquistas suyo, en donde la m iseria de los trabajado­
(1964), Barcelona, Grijalbo, 1978: J. Muitron, Le res contrastaba con el lujo ostentoso de las
mouvement anarquiste en France, París, Maspe- clases dominantes, la grosera discriminación
ro, 1975, 2 vols.; E. Oberlánder (comp.). Der Anar- de las empresas imperialistas, la existencia
chisma:, Oltcn-Friburgo, Waltcr-Vcrlag, 1972; O. en no pocas partes de fenómenos de servi­
Rammstedt (comp.), Anarchismus: Grundtexte dumbre. en fin, el desprecio más absoluto por
tur Theorie tmd Praxis der Gewalt, Colonia- la condición humana, todo esto, mas que la
ANARQUISMO LATINOAMERICANO 37

extensión de la explotación capitalista, con­ y sindicalistas se desarrollen en sus comien­


vierte el a. en una reacción diríamos natural zos con mayor intensidad dentro del movi­
contra esta situación. La reacción inmediata miento obrero en formación, lo que. por otro
contra el "desorden social" impuesto por las lado, limitó la posterior expansión del socia­
oligarquías gobernantes tendía a expresarse lismo de filiación marxista y contribuyó a que
en doctrinas libertarias que basaban la posi­ en su interior se fortalecieran las tendencias
bilidad de liberación humana en la elimina­ más moderadas y reformistas.
ción física de toda la estructura autoritaria Pero hubo otro fenómeno que intervino
y opresiva. Las expectativas puestas en una para facilitar esta gran difusión a la que alu­
resolución catastrófica e inmediata del pre­ dimos: su capacidad de atracción de la inte­
sente no podían sino descartar cualquier lectualidad de origen pequeñoburgués. En
estrategia que se propusiese objetivos futu­ América Latina el a. tuvo la posibilidad de
ros conseguibles en el largo plazo. La reden­ reclutar a los intelectuales avanzados de las
ción humana sólo será posible, decían, si los prim eras décadas del siglo, y en especial a
hombres —a través de la violencia revolu­ aquéllos formados al margen de la institución
cionaria, por otra parte generalmente es­ universitaria y del ámbito académico, cada
pontánea y viciada de infantilismo y de­ vez más propensos a sensibilizarse por la
sesperación— estaban ya dispuestos a rebe­ "cuestión social” que irrum pía en la realidad
larse contra esas nuevas sociedades naciona­ continental.
les que, no podía ser de otra manera, apare­
cían como la causa de todos los males. argentina. En este país el a. se incrustó pro­
En un continente con estas características, fundamente no sólo en las masas trabajado­
los sectores sociales populares a los que esta­ ras pauperizadas de Buenos Aires sino tam­
ban destinadas las doctrinas libertarias no bién en el interior del país. A través de una
podían dejar de sentirse profundamente fas­ multiplicidad de grupos organizados a lo lar­
cinados. A esos proletarios y artesanos de la go de todo el territorio logró desarrollar una
ciudad y del campo, a tos campesinos pobres, actividad cotidiana y permanente de forma­
a la juventud intelectual pequeñoburguesu, se ción ideológica y cultural, distribuyó una
les podía aplicar sin ninguna exageración imponente cantidad de propaganda escrita y
aquellas apreciaciones de Bakunin respecto desde 1904 publicó uno de los pocos cotidia­
del ambiente anarquista italiano de los años nos con que contó el movimiento anarquista
sesenta en el sentido de que constituían "una en el mundo. Pero si éste es un dato que mues­
juventud urdiente y enérgica, con frecuencia tra a las claras el grado de desarrollo del a.
desposeída, sin carrera y sin salidas, la cual en el país más austral del continente, más
[ ...] no está moral ni intelectualmente notable e impresionante aún fue el éxito
exhausta como la juventud burguesa de los alcanzado al lograr una posición hegemóni­
demás países. Esta juventud se precipita hoy ca en la federación obrera nacional más
—decía— de cabeza en el socialismo revolu­ im portante y una de las expresiones más
cionario, en el socialismo que acepta por ente­ potente y original de la capacidad de organi­
ro nuestro programa". zación y de lucha de los trabajadores argen­
El aislamiento que padecían los trabajado­ tinos, esto es la Federación Obrera Regional
res respecto de la sociedad global, a lo que Argentina (fora), adoptada como ejemplo por
había que sum ar la ausencia o en el mejor de todo el sindicalismo anarquista del continen­
los casos la debilidad de las instituciones de te. Más aún, la peculiaridad del camino segui­
la democracia burguesa para incorporarlos do por la fora se preservó también en la
al sistema de poder, facilitaron la difusión de Internacional Anarco Sindicalista (ait) y se la
aquellas corrientes que desconfiaban de la "puede ver como un aporte del a. argentino
conveniencia de participar, por parte de los al sector anarquista mundial". Cabe decir que
trabajadores, en las luchas políticas y electo­ la corriente anarquista partidaria de la orga­
rales. Y será precisamente el apoliticismo nización, es decir aquellos círculos adictos
natural de las clases subalternas, que contri­ por principio al uso de las esferas organiza­
buían a consolidar, lo que coadyuvará con tivas permanentes para su actividad y que se
mayor fuerza a que las corrientes libertarias esmeraban en integrarse en los sindicatos
38 ANARQUISMO LATINOAMERICANO

obreros, fue la corriente ideológica y políti­ ras como Alberto Ghiraldo, Florencio Sán­
ca hegemónica en el movimiento obrero chez, Rodolfo González Pacheco, Elias Castel-
argentino, y también latinoamericano, duran­ nuovo, etc., brillaron con luz propia y le die­
te las prim eras décadas de este siglo. ron al a. un irresistible poder de captación de
En un país donde la corriente inmigratoria la juventud intelectual iconoclasta. Gilimón
(según el censo de 1895 había en todo el país dirá que en "Argentina [...] el número de
458 490 obreros extranjeros y 747 008 obre­ anarquistas supera en mucho al que hay en
ros de origen argentino, mientras que en Bue­ las naciones europeas, hasta prescindiendo de
nos Aires la población extranjera alcanzaba la proporción de habitantes que tiene el país”
el 52%) imprimió fuertemente su sello en el y que "el que ha visto la enorme cantidad de
estilo de vida y en donde su gravitación en los trabajadores que asisten en Buenos Aires a
gremios era más que perceptible, la crítica las conferencias públicas [...] y se encuentra
rom ántica y violenta a la vez de las institu­ en París en un acto semejante, no sale de su
ciones "sagradas" de la sociedad burguesa asombro".
encontraba campo propicio en una masa de Es posible entender ahora la extensa lite­
trabajadores que eran verdaderos parias ratu ra anarquista que se publicaba y que se
expulsados de sus aldeas de Italia o de Espa­ exportaba a otros paises. Max Ncttlau expre­
ña por la miseria endémica, la opresión terra­ sará que la capital argentina era un centro
teniente y la prepotencia del estado. Pero no editorial anarquista tan importante que en
sólo eso: rotos los vínculos con la comunidad 1900 se llegaron a editar "tantos folletos y
y la familia, en una tierra extraña donde no libros de propaganda como en Barcelona,
era fácil evitar el desarraigo, estos nuevos máximo centro m undial”. Sin embargo, el
habitantes argentinos no podían dejar de sen­ nivel teórico y político no estaba a la altura
tirse atraídos por esa nueva comunidad basa­ de su grado de difusión. Abad de Santillán
da en el respeto mutuo, en la fraternidad y afirm ará al respecto que “se han divulgado
la igualdad ofrecidas por los idearios socia­ ideas, pero no se ha pensado; el movimiento
listas y colectivistas, en esas verdaderas argentino fue un vehículo excelente, pero no
comunas estructuradas sobre la base de la ha ofrecido al mundo mucho de original". No
solidaridad y que tenían como finalidad no obstante, para hacer justicia, convendría
sólo la defensa de los intereses profesionales decir que esa ausencia de "originalidad” no
sino también la de integrarlos cultural y puede ser imputable sólo al bajo nivel inte­
socialmente en su condición de "pueblo lectual de sus propagandistas sino también
trabajador”, es decir de seres humanos des­ a la circunstancia de que el movimiento anar­
poseídos de sus bienes, y por lo tanto, exclui­ quista se expande en Argentina en momentos
dos de la civilidad burguesa. Era una forma en que se inicia su parálisis intelectual en el
de conform ar una verdadera cultura de opo­ plano mundial. Esta falta de originalidad teó­
sición, capaz de mantener vivo el rechazo vio­ rica del movimiento anarquista argentino
lento del capitalismo e incólume la fe apasio­ habría que buscarla, empero, no tanto en la
nada en la siempre próxima e inmediata revo­ crisis del a. mundial cuanto en las caracterís­
lución social. ticas propias del movimiento obrero en ger­
En Argentina, iniciarse en las letras "casi men y de su organización expresiva. Aun
era como iniciarse en la anarquia". Con esa cuando en Argentina las clases trabajadoras
frase reflejábase fielmente el grado de adhe­ tenían un peso muy fuerte en las prim eras
sión que habían logrado las ideas libertarias décadas del siglo, la heterogeneidad de su
por parte de la intelectualidad y el clima cul­ composición nacional era tan grande, el peso
tural que se vivía, especialmente en la capi­ de la inmigración extranjera era de tal impor­
tal argentina, a la vuelta del siglo. Es cierto tancia que, paradójicamente, en el acto mis­
que la presencia en el Río de la Plata de dos mo de reafirmarse como clase obrera se veda­
de las figuras internacionalmente más desta­ ban a sí mismas la comprensión teórica de su
cadas del a. internacional, como lo fueron condición de “clase nacional”. Excluidas obje­
Enrico Malatesta y Pietro Gori, contribuyó a tivamente del sistema institucional de poder,
crear esa atmósfera cultural tan favorable en su propia fuerza numérica las arrastrab a al
los medios intelectuales porteños, pero figu­ quid pro quo teórico e ideológico de que la
ANARQUISMO LATIN’OAM EKICANO 39

conquista de una conciencia "obrera” sólo estas luchas la que hacía caso omiso de la
podía ser hecha a expensas de la posibilidad necesidad de un aparato burocrático centra-
de pensar teórica y prácticamente los cami­ lizador, lo cual explica, entre otras cosas,
nos que podían conducir a una transform a­ cómo en las dos prim eras décadas del siglo
ción revolucionaria de la sociedad argentina. se produjeran grandes movimientos de lucha
Una doctrina como la anarquista, que funda­ orientados por un movimiento que se oponía
menta su análisis de la explotación y de la a la existencia de funcionarios sindicales y
lucha de clases en principios abstractos de que debatía apasionadamente en sus congre­
justicia, carecía de los instrumentos necesa­ sos sobre la conveniencia o no de que sus diri­
rios para superar la limitación constitutiva gentes recibieran sueldos por parte del sin­
de la clase obrera argentina y elaborar una dicato. Esta concepción de la lucha obrera
teoría de la revolución basada en el análisis permite la aparición de un tipo de agitador
concreto del carácter de la lucha de clases y completamente distinto del clásico dirigente
de la naturaleza del estado argentino. Si en socialista: no un militante que trabaja duran­
la teoría el movimiento anarquista apuntaba te largo tiempo en su fábrica o en su barrio
sólo retóricamente a la destrucción del poder sino un tipo de agitador que nada dentro de
capitalista, en los hechos su esfuerzo estaba la corriente de las luchas proletarias, que se
puesto casi exclusivamente en la defensa de desplaza por todo el país o el continente, que
los intereses corporativos de la clase obrera tiene una intuición muy aguda para percibir
y en la exigencia de una plena libertad de fun­ los signos del conflicto latente próximo a esta­
cionamiento de sus organizaciones profesio­ llar, en fin, que no reconoce fronteras nacio­
nales. Y es precisamente aquí, en la práctica nales para llevar adelante su voluntad de
cotidiana de la defensa de las reivindicacio­ lucha y su fidelidad a la causa de los explo­
nes obreras, donde hay que descubrir su ver­ tados.
dadera originalidad, que no estaba, lo repe­
timos, en la teoría sino en la forma de conju­ PERU. En Perú, al igual que en México, el
garla con la práctica. movimiento anarquista recorrerá un camino
El mérito del anarcosindicalismo, es decir diferente y tendrá una significación teóri­
de aquella corriente favorable a la organiza­ ca y política distinta. Con condiciones eco­
ción sindical, consiste en haber intentado exi­ nómico-sociales y una base social diferen­
tosamente organizar a los trabajadores a par­ tes, los análisis acerca del carácter de la revo­
tir de sus características intrínsecas, deriva­ lución tendrán rasgos que lo distinguen cla­
das de su condición de proletariado inmigran­ ramente. Es que na sólo la presencia de la
te. La foka fue un verdadero crisol donde se inmigración extranjera en la composición de
fundieron una diversidad de nacionalidades, las capas trabajadoras fue decididamente
fundamentalmente latinas y eslavas, que menor sino, ya se sabe, en estos países es posi­
constituían una masa trabajadora extrema­ ble registrar la existencia de un extenso mun­
damente móvil y desprovista de cualquier do rural de campesinos indígenas sometidos
tipo de calificación técnica. Y la fúka , a tra ­ a las oligarquías locales y sedientos de tierras.
vés de la unificación en organizaciones gre­ Y serán precisamente estos factores los que
miales por principio “absolutamente autóno­ contribuyeron a cierta nacionalización del
mas en su vida interior y de relación”, con­ cosmopolitismo obrerista de las ideas liber­
tribuyó, por un lado, a establecer un vinculo tarias.
clasista entre un proletariado rural y semiur- La ideología anarquista adquirirá una posi­
bano que no podía encontrar en la fábrica el ción hegemónica en el proletariado peruano
punto de concentración de la voluntad obre­ en las fases iniciales del desarrollo del movi­
ra sobre la que basa el marxismo la superio­ miento obrero. Postulando la necesidad de
ridad de la estrategia y de la acción socialis­ abolir la explotación económica a través de
ta y, por el otro, y como consecuencia de esto, una lucha contra el estado, hasta lograr su
creó condiciones para que la extrema movi­ extinción, y el cuestionamiento de la religio­
lidad de ese proletariado fuera un elemento sidad y del poder de la iglesia, el a. no pudo
decisivo en la "comunicatividad”. Y fue pre­ formular una táctica adecuada. Sin practicar
cisamente el alto grado de comunicación de el terrorism o y sin una exaltación de la vio-
40 ANARQUISMO LATINOAMERICANO

Icncia a ultranza, el a. peruano terminó com- tan con el nom bre”. Su convicción deq u e en
binándose con el sindicalismo en la creencia Latinoamérica “no hay una simple cuestión
de que las organizaciones gremiales eran el obrera, sino un vastísimo prohlema social, no
único instrum ento de liberación auténtica hay guerra de antropófagos entre clases y cla­
para el proletariado y de que los partidos polí­ ses, sino un generoso trabajo de emancipa­
ticos constituían la negación de la organiza­ ción humana", lo llevó a afirm ar que la revo­
ción proletaria y la pérdida de su autonomía. lución ofrece "el triple carácter de religiosa,
Esta concepción anarcosindicalista coadyu­ política y social”. Preconizando la alianza
vó al perfilamiento de una incipiente concien­ entre intelectuales y obreros, pero descon­
cia de clase, pero, a la par, no instrum entó fiando de toda acción estrictam ente política,
medio alguno para evitar la separación de concebirá a la revolución como una transfor­
obreros y artesanos por un lado, y de los inte­ mación radical en la vida asociativa de los
lectuales por el otro. A través de La Protesta. hombres, precedida por cierto de una vasta
la expresión periodística que reflejó con labor en el terreno de las ideas, si se quiere
mayor lucidez las concepciones anarcosindi­ de una especie de reforma intelectual y moral.
calistas, y durante los quince años de su cir­ "Evolucionar en el sentido de la más amplia
culación (1911-1926), se registraron, es cier­ libertad del individuo, prefiriendo las refor­
to, y no podía ser de otra m añera, aquellos mas sociales a las transformaciones políti­
temas tan caros al a., esto es, los problemas cas”: con éstas, sus propias palabras, se pue­
de la abolición del estado, de la organización de sintetizar su programa de lucha. Un pro­
laboral y el cuestionamiento de los socialis­ grama que, dirá Mariátegui, no supo interpre­
tas, pero, paralelamente, y éste es el rasgo dis­ tar al pueblo ni legarle algo concreto a las
tintivo al que aludíamos, la cuestión indíge­ generaciones venideras. Si esto es cierto,
na aparecía abordada con una sorprendente habrá que buscar en su desconocimiento de
insistencia. Sin embargo, y como sucedió tam­ la economía y de la política, en su cultura cir­
bién en otros lados, ante la carencia de pro­ cunscrita al ámhito de la filosofía y de la lite­
puestas concretas para alcanzar los objetivos ratura las causas por las cuales González Pra­
que se proponían, los anarcosindicalistas ter­ da “no consiguió nunca ser un realista”. Pero
minaron en la inoperancia política. El fin de también importan otras consideraciones: en
la "hegemonía anarcosindicalista —según lo países dominados por el colonialismo en la
expresan Burga y Flores Galindo— planteó cultura y en la vida nacional, y por lo tanto,
para el movimiento urbano popular la alter­ envueltos en una obstinada lucha por su afir­
nativa aprism o (v.) o comunismo". mación y su autonomía, la relación entre lite­
Resulta imposible hablar del a. peruano sin ratura y política es tan estrecha que no son
registrar y destacar la figura de Manuel Gon­ sino dos facetas de una única y misma labor.
zález Prada (1848-1918). A la vez que fue la En otras palabras: hacer literatura es, de
expresión cultural más talentosa que el a. todas maneras, una forma de hacer política.
tuvo en el continente dejó, en gran parte como Habiendo dejado a otros la tarea de crear
consecuencia de esto, un sello imborrable en el socialismo peruano, adhiriéndose al leja­
la historia del movimiento revolucionario de no y abstracto utopismo de Kropotkin, pro­
su país. En sus propuestas doctrinarias —reu­ nunciándose por los bakuninistas en la polé­
nidas en el volumen titulado La atiari/uia—, mica que éstos mantuvieron con los marxis­
es cierto que muchas veces teñido por las tas, González Prada, sin embargo, podrá pen­
ideas anarquistas ya difundidas, es posible sar, antes que nadie, que la cuestión indíge­
detectar un esfuerzo por pensar de manera na, más que filantrópica y cultural, es
autónoma la realidad peruana y latinoame­ fundamentalmente económica y agraria, que
ricana. Estas sociedades nuevas, decía, sin el problema del indio es sencillamente el pro­
tradiciones fuertemente arraigadas, son pro­ blema de la tierra, en fin. que no habrá revo­
picias para que germine todo lo nuevo y para lución socialista alguna en el Perú mientras
que aflore un sentimiento de rebeldía contra no sean los propios indios los realizadores de
todo poder y autoridad, y es por esto por lo su liberación social. Tesis que, desde su voca­
que "muchos peruanos son anarquistas sin ción marxista, y con el complemento "prole­
saberlo; profesan la doctrina, pero se asus­ tario” indispensable. Mariátegui desarrolla­
ANARQUISMO LATINOAMERICANO 41

rá con mayor profundidad. enfrentarse con un obstáculo que condicionó


No pudicndo ser ni programa ni doctrina, el desarrollo autónomo e independiente de
González Prada fue no obstante la conciencia una organización de clase de los trabajado­
del Perú. res: el profundo desnivel existente entre los
trabajadores industriales y las capas semiar-
El a. mexicano también recibió el
Méx ic o . tesanales urbanas, por una parte, y la pobla­
influjo de corrientes anarquistas europeas, ción campesina, por la otra. A excepción de
especialmente española, pero éste se inscri­ los obreros mineros y ferroviarios, el prole­
bió, en un grado sólo comparable al Perú, den­ tariado industrial citadino no dejaba de con­
tro del original proceso de desarrollo de Méxi­ form ar una "aristocracia obrera" de traba­
co. Es por esto por lo que si se hace uso de jadores calificados separados respecto de la
un concepto simplista de a., es decir como gran masa del subproletariado rural y
oposición violenta y a ultranza de toda for­ semiurbano por un abismo de cultura y de
ma de gobierno y como manifestación extre­ capacidad adquisitiva.
ma de individualismo, no se podrá compren­ En la historia del movimiento obrero mexi­
der el grado de incidencia que tuvo en la his­ cano, el porfirismo divide dos periodos neta­
toria de los "movimientos de las clases obre­ mente diferenciados en lo que respecta a la
ras urbanas y rurales" ni se estará en condi­ organización sindical y política de los traba­
ciones de “medir su impacto en el desarrollo jadores. El primero de ellos sería el compren­
de la nación". Si su inserción dentro del movi­ dido entre mediados del siglo pasado y los
miento agrario tuvo mucho que ver con el res­ últimos años de la década de 1880 y cuya
cate de los valores, tradiciones y aspiracio­ característica principal es el predominio de
nes campesinas, su desarrollo se debe en gran la orientación “m utualista” en las incipien­
parte a esa contribución doctrinaria que tes y a la vez débiles asociaciones obreras.
intentaba modificar la naturaleza del agraris- Grupos de exiliados que difunden las doctri­
mo mexicano, de levantamiento profundo, nas sociales europeas, una sección de la I
pero relativamente inarticulado que era, a Internacional con predominio bukuninista,
movimiento fortalecido no sin cierta coheren­ proliferación de un periodismo “social”, con­
cia por una concepción campesina del mun­ form arán un cuadro más o menos similar al
do futuro. Manteniendo ciertos patrones tra­ de otros países latinoamericanos, pero tam ­
dicionales de la vida campesina, los agraris- bién —y éste es un rasgo distintivo— una cier­
tas anarquistas propugnaban con mayor gra­ ta facilidad de penetración de los ideales
do de articulación las autonomías locales, la libertarios y socialistas en el horizonte ideo­
recuperación y redistribución de las tierras lógico de las rebeliones campesinas de la
por los municipios libres y la erradicación de época.
la corrupción política en el nivel local y nacio­ El proceso de constitución del movimien­
nal. Paralelamente, la inserción y desarrollo to obrero, que arrastraba objetivamente a los
de las concepciones anarquistas en el movi­ trabajadores a romper con una tradición
miento obrero urbano irá a la par de las modi­ mutualista, suscitaba un conjunto de proble­
ficaciones que se irán produciendo con el pro­ mas nuevos para cuya solución las diversas
ceso de industrialización que tiene sus inicios tendencias ideológicas existentes ofrecían,
en la segunda mitad del siglo pasado. El lógicamente, caminos diferentes. "Una larga
número sin precedentes de trabajadores pugna se establecía —dice Gastón García Can­
urbanos que trajo aparejado la aparición del tó— entre los representantes obreros para
sistema de fábricas de producción de bienes, fijar la tendencia definitiva de las agrupacio­
todos ellos de origen rural y atraídos por la nes: lucha política o abstención, m utualismo
movilidad social que la expansión de la eco­ o cooperativismo, oposición a los empresarios
nomía parecía ofrecer, no dejó de intensifi­ o colaboración estrecha entre el capital y el
car las desigualdades ya existentes y causar trabajo."
la desesperanza entre quienes creían poder Pero la dictadura porfirista habría de pro­
m ejorar su nivel de vida con la emigración a ducir modificaciones económicas y sociales
la ciudad. que determ inarán que el movimiento obrero
El movimiento obrero mexicano debió entre en una nueva etapa. La protesta cam­
42 ANARQUISMO LATINOAMERICANO

pesina que exigía la restitución de las tierras defendían con un program a de lucha el res­
que pertenecían a las comunidades y que les tablecimiento de la democracia y la erradi­
fueran despojadas por parte de los hacenda­ cación de la corrupción mediante una tácti­
dos y de las compañías norteamericanas, la ca y forma de lucha que apuntaba fundamen­
superexplotación a que los industriales some­ talmente a lograr mediante la propaganda y
tían a una masa de trabajadores debilitada la educación cívica una fuerte corriente de
por el permanente flujo a las ciudades de opinión capaz de desplazar electoralmente al
campesinos famélicos y desocupados, la cri­ candidato oficial, en 1906, y como resultado
sis de los sectores artesanales derivada del de su reorganización intema, el plm se da un
incremento de la industrialización crearon nuevo programa, esta vez orientado hacia la
una situación de larvada crisis social ante la transformación revolucionaria del estado
cual la clase obrera de reciente formación mexicano: más que un gobierno corrupto lo
tuvo que buscar formas organizativas, públi­ que había que destruir, decían, era todo el sis­
cas o secretas, que le permitieran luchar con tema. Se formulaba asi, desde el punto de vis­
éxito por sus reivindicaciones. ta de las propuestas, el contenido social de
Sastres y sombrereros amenazados por la una revolución radical democrática, y se pro­
creciente industria textil primero, tipógrafos pugnaba, en lo referente a las formas de
y canteros que padecían el terrible impacto lucha, una acción violenta y decisiva de las
del linotipo y de la industria moderna del masas populares. Esta revolución, política y
cemento después, integraron las filas de los social a la vez, debía ser el resultado de un
artesanos que constituyeron para los anar­ proceso de masas donde el pueblo en armas
quistas y para la clase obrera urbana un lide­ debía conquistar el poder de manos de las cla­
razgo fundamental. Para todos ellos el coo­ ses dominantes. La revolución, si quería ser
perativismo constituía la respuesta idónea tal, debía alcanzar el nivel de una "revolución
para la amenaza que el sistema de fábricas popular". Este sesgo decididamente antica­
traía aparejada, hombres que siempre habían pitalista y antim perialista del plm coincide
trabajado con las manos y que se preciaban con el surgimiento de nuevas organizaciones
de su destreza e independencia. Y el anarco­ sindicales y con el ciclo de huelgas y de
sindicalismo será quien refleje su reacción revueltas acaecidas durante 1906-1908. Pocos
posterior ante el sistema fabril implantado. años después, el estallido de la revolución y
A pesar de las derrotas sufridas, los anarquis­ la insurrección m aderista condujo al grupo
tas fueron gestores de cambios importantes magonisla a plantear un nuevo deslinde polí­
para las clases trabajadoras durante el perio­ tico de todas aquellas fuerzas que, como las
do 1860-1931. Aunque sus programas carecie­ de Madero, no se proponían una transform a­
ran de éxito, John M. Hart dice que "sus obje­ ción radical de las estructuras sociales, pero
tivos —tal y como fueron expresados de las a las que la resistencia porfirista obligó a
plataform as de La Social, La Internacional, adoptar el camino de la violencia propugna­
La Casa del Obrero Mundial y la cgt— poli­ do desde años atrás por el magonismo. A par­
tizaron considerablemente a la clase obrera tir de ese momento aparece con nitidez la
mexicana". filiación ideológica anarquista adoptada en
Si México fue un centro de difusión de las 1908 y que por "razones de táctica" m antu­
doctrinas anarcosindicalistas con caracterís­ vieron en secreto.
ticas muy peculiares, en mucha medida esto El control del proceso revolucionario logra­
se debió a la labur de Ricardo Flores Magón do por el sector moderado condujo paulati­
(1873-1922) y del grupo de intelectuales namente al aislamiento y luego a la desinte­
nucleados en torno al periódico Regeneración, gración del grupo magonista, cada vez más
quienes representaron una corriente política reducido al pequeño número de fieles que
e ideológica radical democrática, fuertemente acompañaron hasta el final de sus días, en
influida por el a., que tendió finalmente a una cárcel norteamericana, a Flores Magón.
identificarse con el movimiento obrero y con Siempre un paso más adelante que las fuer­
el agrarlsm o (v.) de Zapata. Si en un prim er zas comprometidas en el proceso revolucio­
momento, a través del Partido Liberal Mexi­ nario, el magonismo cumplió un papel de
cano (plm), del que fueron cofundadores, decisiva importancia en la radicalización ere-
ANARQUISMO LATINOAMERICANO 43

cíente de la revolución. Cuando ésta se detu­ relativamente intenso grado de concentra­


vo, plasmando en la Constitución de 1917 las ción, el proletariado brasileño se encontraba
banderas de lucha proclamadas por el progra­ aislado respecto de la sociedad global y no
ma de 1906 del plm , ya antes el magonismo encontraba sino en sus círculos gremiales y
había radicalizado nuevamente sus posicio­ culturales la forma de relacionarse con un
nes en el nuevo programa de 1911, que rei­ medio “adverso” y la posibilidad de soportar
vindicaba la destrucción del poder capitalis­ la presión de una sociedad que los descono­
ta y la creación de una sociedad igualitaria cía en su condición de ciudadanos. Influidos
basada en las comunidades indígenas de la por las ideas anticapitalistas traídas de Euro­
tierra y en la colectivización obrera de las pa, los trabajadores inmigrantes encontraron
fábricas y los talleres. Expresión fidedigna, en los ideales libertarios y socialistas los prin­
con todas sus virtudes y sus defectos, de la cipios ideológicos sobre los cuales fundaron
ideología de la política del ala auténticamen­ sus órganos de expresión cultural y política
te revolucionaria de la revolución de 1910- y sus instrumentos de combate y de vida ciu­
1917, el magonismo sucumbió cuando fueron dadana, pero sin dejar de m ostrar una inca­
derrotados los dos grandes líderes de la rebe­ pacidad manifiesta, del proletariado en gene­
lión agrarista: Francisco Villa y Emiliano ral y de las tendencias anarquistas y socia­
Zapata. Defensores a ultranza de la revolu­ listas, para dar origen a orgnizaciones obre­
ción agraria, los magonistas se fueron despla­ ras estables y de carácter nacional.
zando hacia un populismo que los llevaba a Hasta la década de 1920 el intento de con­
confiar en una supuesta dependencia de la form ar un movimiento obrero organizado fue
ciudad respecto del campo y a menospreciar, una empresa fundamentalmente anarquista.
o a no estim ar en su justo valor, las luchas En 1906, por iniciativa de la Federación Obre­
reivindicativas y políticas de los trabajado­ ra Regional de Río de Janeiro, y con una con­
res urbanos. Al no comprender que había que vocatoria a otras federaciones regionales, se
p artir precisamente de las reivindicaciones realizó un congreso donde se planteó la nece­
sindicales "reformistas" para poder alcanzar sidad de una táctica conjunta para defender
el grado de homogeneidad de clase a partir las reivindicaciones de clase y. por prim era
del cual adquiriera significado concreto la vez, se conforma el escenario de una prim e­
lucha por la autonomía e independencia polí­ ra confrontación a escala nacional de las dos
tica del proletariado urbano, los magonistas corrientes ideológicas predominantes en el
dejaron de lado la lucha reivindicativa obre­ movimiento obrero brasileño. Mientras los
ra y hasta pospusieron sus consignas tradi­ socialistas intentaban transform ar al movi­
cionales. No advirtieron, en suma, que para miento en la base de sustentación de un nue­
poder visualizar la necesidad histórica de su vo partido político, los anarquistas se opon­
alianza con el campesinado revolucionario, drán intransigentemente a esta propuesta,
los trabajadores urbanos debían despojarse reclamando a su vez la fundación de una Con­
de todo prejuicio o de toda incrustación sin­ federación Obrera Brasileña (cob ) con las
dicalista que contribuyera a cristalizarlo en características de una organización sindical
la objetiva función de "aristocracia obrera" "apolítica” y sobre la base de la concepción
en que había venido a colocarlo las modali­ de un sindicalismo revolucionario sostenido
dades asumidas por el desarrollo capitalista. en la autosuficiencia de las sociedades de
resistencia económica. Las resoluciones adop­
brasil En Brasil, la casi "prem atura” presen­ tadas por el congreso reflejaron el claro pre­
cia de concepciones mutualistas y socialistas dominio alcanzado por la corriente anarquis­
románticas en el norte del país dio paso, en ta, que desde ese momento en adelante será
lo» inicios de la década de 1890, a la confron­ por muchos años la corriente hegemónica en
tación ideológica entre anarquistas y socia­ el interior del movimiento sindical de Brasil.
listas en el seno del movimiento obrero del No obstante la permanencia de las luchas
centro y sur brasileño, que se había transfor­ obreras reivindicativas, la cob , formada lue­
mado, con el proceso de expansión industrial, go del congreso, no logró estructurarse como
en el centro dinamizador del conjunto del un verdadero centro dirigente y hacia 1912
movimiento obrero de la época. A pesar del dejó prácticamente de existir. Un año después
44 ANTICLER1CALISMO

se reorganizará en respuesta a un congreso món, Hechos y comentarios. Buenos Aires, 1911;


"oficial" que intentó instrum entar política­ J. Godio, Historia del movimiento obrero latinoa­
mente al movimiento obrero e insistirá en la mericano. 1: Anarquistas y socialistas (1850-1918),
necesidad de mantener el carácter "apolíti­ México. Nueva Imagen, 1980; J.M. Hart, El anar­
co” de la cob, pues la emancipación de los quismo y la clase obrera mexicana (1860-1931)
trabajadores debía ser obra de los trabajado­ (1978), México, Siglo XXI, 1980; G. Haupt, Mili-
res mismos y "sólo tendrían valor real las con­ tants sociaux-démocrates allemands au Brésil
quistas alcanzadas por su propio esfuerzo y (1893-1896), en Le Mouvement Social, núm. 84,
nunca por la intervención de terceros, que es julio-septiembre de 1973; S. Marotta, El movi­
enervante y perjudicial”. miento sindical argentino, Buenos Aires, Lacio,
Con motivo de la inminencia de la prim era 1960-1961,2 vols.; L. Martins Rodrigues, La cla­
guerra mundial, los anarquistas se suman a se obrera en el Brasil, Buenos Aires, Centro Edi­
las iniciativas del movimiento obrero contra tor de América Latina, 1969; J. Oddone, Gremia-
la guerra y realizan en 1915 un Congreso lismo proletario argentino, Buenos Aires, La Van­
Internacional por la Paz, en uno de cuyos guardia, 1949; I. Oved, El anarquismo y el movi­
manifiestos indicaban que los obreros debían miento obrero en Argentina, México, Siglo XXI,
responder a la guerra con una huelga gene­ 1978.
ral revolucionaria. La actividad de los parti­
darios de la paz prosiguió incansablemente [co m ité kditorial ]
durante el año siguiente para eclosionar en
1917 en oportunidad en que la decisión del
gobierno de Brasil de participar militarmen­
te desata una ola de huelgas en la que la pro­ anticlericalismo
testa contra la guerra se vincula estrechamen­
te con una enérgica agitación contra la cares­ Con este término se designa generalmente un
tía de la vida. De filiación doctrinaria esen­ conjunto de ideas y de comportamientos polé­
cialmente anarcosindicalista, la lucha contra micos respecto al clero católico, al clericalis­
la guerra y por la emancipación social del pro­ mo (v.), al confesionalismo (v.), a lo que se con­
letariado en las que se habían fogueado los sidera tendencia del poder eclesiástico a sacar
llevó a identificarse rápidamente con los obje­ la religión de su ámbito propio pura invadir
tivos de la revolución de octubre, a la que vie­ y dominar el ámbito de la sociedad civil y del
ron desde el prim er momento como el "ver­ estado; posición polémica que se extiende
dadero inicio de la grande y soñada revolu­ también a grupos, partidos, gobiernos e indi­
ción social internacional". Es de esta direc­ viduos que apoyan dicha tendencia.
ción revolucionaria de los trabajadores bra­ Como actitud crítica contra la corrupción
sileños de donde habrá de surgir pocos años y los vicios, la hipocresía y la ambición, la pre­
después el Partido Comunista de Brasil. potencia y la intolerancia del orden sacerdo­
tal, acusado de traicionar y distorsionar los
bibliografía: D. Abad de Santillán, El movimien­ principios evangélicos, el a. tiene sus raíces
to anarquista en la Argentina, Buenos Aires, en la edad media, transcurriendo después por
Argonauta, 1965; D. Abad de Santillán. La FORA: los siglos posteriores, manifestándose de
ideología y trayectoria, Buenos Aires, Proyección, manera especial en el Renacimiento, en la
1971; A. Bastos, Historia da política revolucio­ Reforma, en el libertinismo y en la Ilustra­
naria no Brasil, Río de Janeiro, Conquista, 1969; ción, mezclándose con varios motivos y orien­
A. Belloni, Del anarquismo al peronismo, Bue­ taciones de la critica racionalista que afectan
nos Aires, Peña Lillo, 1960; M. Burga y A. Flo­ a la misma religión católica. Pero es con la
res Galindo, Apogeo y crisis de la república aris­ revolución francesa y en los decenios poste­
tocrática, Lima, Rikchay Perú. 1979; C.F.S. Car- riores, en el transcurso del siglo xix, donde
doso, F.G. Hermosillo y S. Hernández. De la dic­ el a. de origen cristiano y católico y el a. racio­
tadura porfirista a los tiempos libertarios, en La nalista de personas individuales y grupos
clase obrera en la historia de México, vol. 3, Méxi­ dejan de ser relevantes y son absorbidos por
co, Siglo XXI, 1980; G. García Cantú, El socia­ un a. que se manifiesta como fenómeno rela­
lismo en México, México, Era, 1969; E.G. Gili- tivamente de masa, especialmente en países
ANTICLERICALISMO 45

de predominio católico, como Francia, Bélgi­ el clericalismo en la escuela, planteando la


ca, Italia, España y Portugal, asi como en batalla por una enseñanza libre de la influen­
muchos países latinoamericanos, y con cier­ cia del clero e inspirada en principios racio
tas formas antirrom anas y antipapistas en nales y científicos. Ha dirigido especialmen­
Inglaterra y en Alemania; a. que justifica y te su polémica contra el clero regular, y en
sostiene una tendencia a la laicización del especial contra los jesuítas, por constituir,
estado y de la sociedad, de las costum bres y más que el clero secular, un cuerpo separa­
de la mentalidad. Las principales fuentes cul­ do dentro del estado, y al mismo tiempo pre­
turales de las que emana son la Ilustración sente subliminalmente en toda la sociedad;
y el filantropismo racionalista, el hegelianis­ finalmente, ha demandado la abolición de
mo, el positivismo evolucionista y el positi­ órdenes y congregaciones religiosas, así como
vismo materialista. la expropiación de sus propiedades.
Si los términos anticlerical y a., casi al mis­ Sobre todo en un primer momento, las posi­
mo tiempo y en correspondencia a los térm i­ ciones anticlericales no se indentifican con la
nos opuestos clerical y clericalismo, al p rin­ irreligiosidad o el ateísmo (v.), sino que se
cipio en su forma adjetivada, aparecen en el refieren predominantemente a una orienta­
lenguaje político entre 1850 y 1870, al acen­ ción deísta; progresivamente, en la medida en
tuarse la oposición al catolicismo integrista, que el a. liberal fue superado por el democrá­
infalibilista y temporalista, en la época con­ tico y radical, surgen cada vez más posicio­
temporánea dicho fenómeno nace algunos nes implícita o explícitamente ateas. La polé­
decenios antes, como rechazo de toda inter­ mica contra la religión y la iglesia católica se
ferencia de la iglesia y de la religión en la vida refiere a menudo, por auténtica sim patía o
pública y como afirmación de una necesaria por la necesidad de tener en cuenta las con­
separación entre política y religión, entre vicciones de las masas populares, al cristia­
estado e iglesia, reduciendo a la iglesia al nismo primitivo, democrático e igualitario. Si
derecho común y la religión a hecho privado, en el plano de las ideas se acaba por afectar
según la inspiración del individualismo libe­ el mismo ámbito de la religión, de sus prin­
ral; como defensa de los valores de libertad cipios morales y sobrenaturales, en el plano
de conciencia y de autonomía moral que político el a. se configura como laicismo (v.),
emergen fuera del ámbito religioso. Sobre o sea como un movimiento dirigido, en casi
estos temas y otros derivados, el a. moviliza, todas sus tendencias, a un estado plenamen­
en los países y periodos mencionados, te laico, frente al cual sean absolutamente
amplias corrientes de opinión pública liberal libres e iguales todos los cultos y profesiones
y democrática, suscita tendencias radicales de ideas. Sin embargo, en algunos países y
que se inspiran en los principios del libre pen­ momentos, el logro de este objetivo compor­
samiento, encuentra un activo centro de ini­ tó formas duras de lucha y de intervención
ciativa en la masonería; se expresa con una del estado respecto de la iglesia, como bajo
ideología positiva, se convierte en pasión y en los gobiernos Waldeck-Rousseau y Combes en
auténtica fe, incluso con ribetes de fanatis­ la Francia de la Tercera República y tal vez,
mo e intolerancia. Ocupa amplios espacios en como en el tiempo del Kulturkam pf en la Ale­
la prensa diaria y periódica, da lugar a una mania de Bismarck, el a. llevó a formas de
literatura critica vivaz y a una literatura de control de la organización eclesiástica y a per­
divulgación popular, se manifiesta en poesías secuciones que no tenían nada de liberales.
y canciones, en el teatro, en la novela popu­ En el trascurso del siglo xix, de un a. deís­
lar, anima innumerables discusiones parla­ ta de los liberales se pasó al a. agnóstico o
mentarias. En algunos países, como Francia ateo de los democráticos y radicales y al a.
y Alemania, el a. ha acusado en muchas oca­ abierta y combativamente ateo de los anar­
siones a los clericales y a la iglesia, organis­ quistas y socialistas. Existió también un a. de
mo internacional, de perseguir intereses con­ origen protestante, vinculado a las luchas por
trarios a los nacionales o incluso de atentar el laicismo del estado, y un a. católico, de
contra la independencia del país. En todos los izquierda y de derecha. El a. fue propio de la
países, el a. ha encontrado un terreno de aristocracia en el Anden Régime, se difundió
enfrentamiento particularm ente áspero con ampliamente entre la burguesía después de
46 ANTICOMU MISMO

la revolución de 1789 y de las revoluciones siásticos, la supresión de los gastos del culto
decimonónicas y finalmente entre la clase dentro del presupuesto del estado, la prece­
obrera, mientras que a finales del siglo xix y dencia del matrimonio civil respecto al reli­
principios del xx una parte de la burguesía gioso, el divorcio, la abrogación del articulo
se acercaba de nuevo a la iglesia y a la reli­ prim ero del Estatuto y la plena libertad de
gión. El a. ha logrado en parte sus objetivos conciencia. La movilización, las iniciativas y
de laicización del estado y de la sociedad, en las agitaciones anticlericales llegan a su cénit
medida diversa según los países. Su declina­ en el periodo de la izquierda; mientras que
ción, a p artir del periodo posterior a la pri­ cada vez más, entre finales del siglo xix y
mera guerra mundial, es la consecuencia de principios del xx, se manifiesta el abandono
la obtención de resultados, pero también de del a. y del laicismo por parte de la clase diri­
las transformaciones verificadas en el m un­ gente y de la burguesía conservadora, éstos
do católico y en la iglesia, debidas en parte se convierten en bandera de lucha de los
al mismo a., por su innegable función de puri­ movimientos de oposición y, en el periodo de
ficación respecto al hecho religioso, a una dis­ Giolitti, en elemento de unificación de los
minución de los contrastes entre la iglesia y "bloques populares” de republicanos, radica­
algunos estados europeos en función del anti­ les y socialistas. El a. italiano consigue resul­
socialismo o anticomunismo y al surgimien­ tados menos incisivos que el de otros países
to de problemas nacionales y sociales, lo cual y ya en el periodo anterior a la prim era gue­
ha contribuido a que pase a ocupar un segun­ rra mundial se va preparando un compromi­
do plano. so entre estado e iglesia a fin de am pliar las
En Italia el a. se vinculó estrechamente con bases conservadoras del propio estado (v.
la lucha por la unidad nacional y por lo tan­ también laicismo, separatismo).
to con la destrucción del poder temporal de
los papas. En un prim er momento está pre­ BIBLIOGRAFIA: A. Erba, L'esprit laique en Belgique
sente en la batalla que sostienen las corrien­ satis le gouvemement liberal doctrinuire (1857-
tes liberales y democráticas para la creación 1870) d ’aprós les brochares pulitiques, Lovaina,
de un estado laico en el Piamonte. Después 1967; L'anticlericalismo nclRisorgimento(1830-
de la unidad alimenta especialmente algunas 1870), antología a cargo de G. Pepe y M. Themelly,
corrientes progresistas de la clase política asi Manduria, Lacaita, 1966; R. Rémond, L'anticlé-
como sus iniciativas de educación popular, el ricalisme en France de ¡815 « nos jours, París,
movimiento del libre pensamiento y la maso­ Fayard, 1976; T. Tomasi, L ’idea laica nell'ltalia
nería, y después sucesivamente diversas contemporánea, Florencia, La Nuova Italia, 1971;
corrientes políticas de oposición: republica­ G. Verucci, L'Italia laica prima e dopo limita,
nos y radicales, intem acionalistas anarquis­ 1848-1876. Anticlericalismo, libero pensicro c
tas y socialistas. Junto a inspiraciones cultu­ ateísmo Helia societá italiana, Bari, Late i za, 1981.
rales centroeuropeas, está presente de mane­
ra muy viva la orientación positivista lombar­ [GUIDO VERUCCI]
da encabezada por Romagnosi-Cattaneo-
Ferrari. En el periodo de la derecha históri­
ca, el a. alcanza algunos de sus objetivos con
la institución del matrimonio civil, la liqui­ anticomunismo
dación del eje eclesiástico, la abolición de la
exención del sen icio militar para los clérigos Si quisiéramos proporcionar una definición
y la supresión de las facultades de teología. lexicográfica, debería entenderse como es
Después, con el advenimiento de la izquier­ obvio al a. como la oposición a la ideología
da, logra instituir el juramento civil, establece y a los objetivos comunistas, y puesto que
parcialmente la enseñanza laica obligatoria, existen fuerzas sociales y formaciones polí­
la represión de los abusos del clero y la posi­ ticas antifascistas, anticapitalistas, anticleri­
bilidad de la cremación de cadáveres. Sin cales, etc., igualmente existirían las anticomu­
embargo no se ven satisfechas, en la Italia nistas. F.n realidad, desde la revolución de
liberal, otras demandas más avanzadas del a., octubre en adelante, el comunismo entró en
como la expropiación total de los bienes ecle­ escena no sólo como movimiento organizado
ANTICOMUNISMO 47

y difundido por todo el mundo sino también cuencia se coloca en posiciones de extrema
como alternativa política real a los regíme­ izquierda.
nes tradicionales. Así, el a. ha asumido nece­ Si el a. es pues difícilmente definible en el
sariam ente valores mucho más profundos plano ideológico, en el plano más específica­
que una simple oposición de principios, aun­ mente político se entiende como la convicción
que contenida dentro de la dialéctica políti­ de que no son posibles alianzas estratégicas
ca interna e internacional normal. (más allá de posibles momentos tácticos) con
Por el lado comunista, el a. ha sido defini­ los partidos y los estados comunistas. Esto
do por algunos como una "ideología negati­ no desemboca necesariamente en actitudes
va" (en términos polémicos, se trata del lla­ represivas en el interior y agresivas en el exte­
mado a. visceral, es decir basado en la oposi­ rior: pero aun tratándose de la estrategia de
ción global al comunismo y no en la adhesión confrontación o se trate de la coexistencia
positiva a valores elegidos autónomamente); pacifica, ambas surgen de la comprobación
para otros, es la "ideología de la burguesía de una incompatibilidad de fondo con el cam­
en crisis" (esto es, una fórmula política para po opuesto, de la falta de conciliabilidad de
salir del paso en el momento en que las tra ­ los respectivos valores e intereses, aun si esto
dicionales se han mostrado ineficaces para se mantiene dentro de las reglas de la demo­
controlar las tensiones sociales). De m anera cracia pluralista y de las normales relaciones
más explícita, Togliatti escribía que ser anti­ entre los estados.
comunista "significa [...] dividir resuelta­ Como puede verse, el a. interior y aquel sur­
mente a la humanidad en dos campos, y con­ gido de las relaciones entre los estados están
siderar [.. .] al de los comunistas (...] como profundamente vinculados. Para comprender
el campo de quienes ya no son hombres, por mejor cómo se desarrollan, es conveniente sin
haber renegado de los valores sustanciales de embargo tener bien claras ambas esferas.
la civilización humana y haberlos atropella­ a] En el plano interno, el a. extremo es des­
do’'. Sin embargo, se trata de definiciones de luego el de tipo fascista y reaccionario en
genéricas y limitativas, siendo el a. un fenó­ general, que se traduce en la sistemática
meno complejo, ideológico y político a la vez, represión de la oposición comunista (y por lo
explicable por lo demás a la luz del momen­ tanto es normal que sea tachada de comunis­
to histórico, de las condiciones de cada país, ta cualquier oposición de base popular).
de las diversas matrices ideales y políticas en En los regímenes democráticos, es preciso
que se inspira. (Además, en el número de distinguir los países en los que no existe una
Rinascita citado en la bibliografía, se distin­ oposición comunista de importancia de aque­
gue entre a. de tipo clerical, fascista, nazi llos en los que sí existe. En el prim er caso,
hitleriano y “el norteamericano, que es el más al a. puede encontrársele más bien como com­
reciente. Luego hay variantes de tipo social ponente de fondo de la cultura política difun­
y de tipo democrático’’.) dida, y tiene aquí una im portante función de
En la tradición de la III Internacional, ya integración sociopolitica y de legitimación del
que los intereses orgánicos del proletariado sistema (por ejemplo, mediante la incondicio­
y de las capas progresistas se identifican nal aceptación de la propia forma de vida).
estrechamente con la linca de los partidos Por ello tiene una notable eficacia de preven­
comunistas, la oposición a ésta se define de ción o aislamiento en la confrontación con
manera automática como oposición a los pri­ posibles movimientos de oposición que pos­
meros, y en cuanto tal asume a los ojos de los tulan. aun de m anera general, el marxismo y
comunistas caracteres inequívocos "de dere­ las tradiciones comunistas.
cha". En realidad, el a. no es necesariamente En cambio, en el caso de países en los que
de derechas: aunque existe el de tipo clerical, la presencia comunista es fuerte, y constitu­
reaccionario, fascista, etc., también puede ins­ ye una alternativa potencial o por lo mismo
pirarse en los principios liberales o, en la igualmente un elemento de constante dialéc­
izquierda, en los de la socialdemocracia. En tica y de control sobre la gestión del poder,
los últimos años ha habido incluso una rea­ las posibilidades de encontrar en la sociedad
nudación del a. radical libertario, que con fre­ civil el consenso para una política de choque
48 ANTIFASCISMO

son evidentemente muy reducidas, si no es al coexistencia pacífica. La vitalidad del a., sin
precio de fuertes desgarramientos sociales. embargo, es inversamente proporcional a la
El respeto de las reglas de la democracia estabilidad de las relaciones hegemónicas en
impone por ello confrontaciones con la opo­ el nivel mundial. Puesto que éstas están cada
sición comunista sobre la base de programas vez más entram padas por los procesos de
y de realizaciones concretas, buscando asi eli­ emancipación política de los países subdesa­
m inar los motivos que estarían en la base de rrollados, por la progresiva escasez de las
la adhesión y del voto a los partidos comu­ materias prim as y de los recursos energéti­
nistas. En la formación de coaliciones, el a. cos y por la presencia de fuertes tensiones
se vuelve el criterio de discriminación: por un sociales en los propios países occidentales, en
lado las fuerzas no dispuestas a la colabora­ consecuencia no se puede excluir una perma­
ción con los comunistas (el llamado prejuicio nente vocación del liderazgo occidental (Esta­
anticomunista), por el otro los comunistas y dos Unidos) por ese a. agresivo abiertamente
los demás opositores eventuales de extrema practicado en los años cincuenta y sesenta
izquierda. (Corea, América Latina, Vietnam, papel de la
Si bien muchos politólogos sostienen que otan en Europa, etc.). Por su lado, también la
un sistema político de tipo occidental no pue­ Unión Soviética se mueve entre las tensiones
de funcionar en presencia de un fuerte des­ internacionales con una estrategia sustancial-
pliegue comunista (sistemas “polarizados’' o mente antimperialista, de donde el antisovie-
"centrífugos”), actúa sin embargo un proce­ tismo, y por lo tanto el a., saca un sustento
so efectivo de integración de los partidos objetivo.
comunistas occidentales (v. curocomunLmo)
en los sistemas pluralistas, con lo que queda bibliografía: W.F. Buckley, Jr. (comp.), Ameri­
superado el a. tradicional, que por lo demás can conservativa thought in the iwentieth cen-
ya no tendría el consenso de los sectores de tury, Indumupolis, Bobbs-Merrill, 1970; Inchiesta
la sociedad civil no comunistas. suH'anticumnnismo, en Rinascita, XI, núms. 8-9,
b] En el plano internacional, el a. es el cri­ 1954; M. Margiocco, Stati Vniti t PCI, Barí, Luter-
terio inspirador de una política de amplitud za, 1981.
planetaria cuyos objetivos son al mismo tiem­
po: 1] la contención de la influencia de los [LUCIANO BONET]
estados socialistas y 2] la intervención en los
asuntos internos de los países con el fin de
prevenir o reprim ir los movimientos de ins­
piración comunista (o que se presume que lo antifascismo
son).
Ambas directrices de acción están entrela­ I. LOS COMPONENTES HISTORICOS DELANTIFASCISMOY
zadas, y definen al a. con relación al antiso- s i s fases. Al término a. se le d a preferente­
vietismo. En otras palabras, una política exte­ mente un significado abarcador de todas las
rior antisoviética no es dictada necesariamen­ tendencias ideales, los movimientos espontá­
te por el a., mientras que un régimen sustan­ neos u organizados y los regímenes políticos
cial o tcndenciulmcnte anticomunista no que históricamente ejercitaron o ejercitan
practica de manera sistemática el a. en las una oposición a las tendencias, movimientos,
relaciones internacionales. Por ejemplo, Chi­ regímenes caracterizables como fascistas.
na popular es desde luego antisoviética, pero Una interpretación del a. como fenómeno
no en nombre del a., aunque sí de los princi­ relativamente unitario presupone una inter­
pios comunistas; en el lado opuesto, muchos pretación generalizante del fascismo; presu­
estados árabes y africanos, que con frecuen­ pone que "fascismo” se convierta en una cate­
cia tienen culturas políticas nacionales difí­ goría abareadora de movimientos y regíme­
cilmente conciliables con el comunismo, son nes con comunes características distintivas,
en cambio filosoviéticos en política exterior. que actúan en un ámbito europeo o mundial
A p artir de los anos 60, el frente del a. ha y difundidos a lo largo de un arco cronológi­
m ostrado una disminución progresiva en su co que >e extiende desde el fin de la primera
agresividad, moviéndose hacia relaciones de guerra mundial hasta nuestros días.
ANTIFASCISMO 49

Por otra parte, no Falta quien asigna fascis­ aei a., aquella entre efa. comunista y el res­
mo, nazismo, franquismo, salazarismo, pero­ to del a. y encauzar una gradual unificación
nismo, etc., a diversos estadios del desarro­ operativa sobre contenidos políticos demo­
llo económico y político, partiendo desde una cráticos.
comprensible reacción contra el uso genéri­ Sobre una interpretación superestructural
co e indiscriminado del término "fascismo" del fascismo, visto como dictadura y como
y, contemporáneamente, buscando una expli­ enfermedad moral que interrum pe el curso
cación a las similitudes entre el fascismo del camino de la libertad, se alinea el compo­
europeo y algunos movimientos y regímenes nente liberal del a.: los fascismos son las
iberoamericanos y del tercer mundo. Final­ explosiones imprevistas e irracionales de
mente. sobre todo antes del advenimiento al fuerzas demoniacas que se encarnan en p ar­
poder del nacionalsocialismo, hubo quien qui­ tid o s y en regímenes despóticos.
so ver en el fascismo un fenómeno circuns­ Una síntesis entre estas dos posiciones la
crito a Italia: de hecho también en estos casos intenta una tercera corriente interpretativa,
el a. se convierte en una categoría referible que someramente puede definirse como
únicamente a la oposición o a algunos movi­ democrático-rudical: ésta ve en el fascismo I
mientos o regímenes históricos específicos, explosión virulenta de gérmenes latentes en
geográfica y cronológicamente delimitados. algunas sociedades nacionales, imputables
Sin embargo, si existe entre los estudiosos más o menos deterministicamente a sus
un acuerdo relativo sobre las realidades polí­ estructuras tradicionalmente autoritarias, a
ticas caracterizables como fascistas, no pue­ las formas antidemocráticas con las que se
de decirse lo mismo respecto de lo que las efectuó la unificación nacional de algunos paí­
señala como tales. Justam ente la interpreta­ ses, a la debilidad crónica de las institucio­
ción de lo que es orgánico en el fascismo, más nes representativas. Esta última interpreta­
allá de sus aspectos contingentes y de sus ción, aunque no es insensible a los problemas
manifestaciones exteriores, es lo que diferen­ estructurales y a las matrices de clase del fas­
ció el a. en sus distintos componentes y lo con­ cismo. tiende a considerarlo como un fenó­
virtió en un movimiento articulado y politi­ meno patológico (igual a la posición liberal)
camente contradictorio. más bien que fisiológico (como los comunis­
De las tres interpretaciones “clásicas" del tas). Para radicales y liberales, surgen aquí
fascismo se originan, en efecto, distintos com­ soluciones y políticas táctica y estratégica­
portamientos y orientaciones. Para los m ar­ mente divergentes, por lo menos en una pri­
xistas del Comintem, el fascismo es la forma m era fase, de las de los comunistas: la socie­
necesaria que la dictadura de la burguesía dad capitalista debe mantenerse, pero deben
asume en la fase imperialista del capitalismo: reform arse sus estructuras políticas en un
la misión del fascismo es la de destru ir las sentido liberaldemocrático. A lo sumo es posi­
organizaciones del movimiento obrero y el ble, mediante la intervención reguladora del
mismo estado de los soviets, cuya defensa se estado en el sistema económico, reducir las
vuelve asi un objetivo preminente del a. De descompensaciones estructurales y en conse­
la identificación de fascismo y capitalismo cuencia los conflictos que han sido la causa
deriva la contextualidad y la identidad entre desencadcnadora del fascismo.
lucha antifascista y lucha anticapitalista. Sólo La fase de mayor divergencia estratégica y
el desarrollo del análisis marxista hasta el táctica entre el bloque liberal-radical y el blo­
reconocimiento de que el fascismo es sólo una que comunista refleja un momento en el cual
de las posibles formas de la dictadura bur­ el peligro fascista no se ha revelado aún en
guesa, con mucho la más reaccionaría y tirá ­ todo \u alcance mundial. De a. en esta fase
nica, aunque no privada de un apoyo de la se puede hablar esencialmente para Italia y
masa (ejemplar en esta óptica es el análisis la contradicción entre fascismo y a. actúa
del fascismo mussuliniano como "régimen débilmente en el nivel internacional, supera­
reaccionario de masas" llevado a cabo por da ampliamente por la oposición entre comu­
Tcgli.-.lti), sumamente distinta de la democra­ nismo y anticomunismo. Esta última antíte­
cia parlam entaria y sobre todo no inevitable, sis recorre la formación antifascista y lo divi­
permitirá resolver la contradicción principa) de en su interior: para los comunistas la lucha
50 ANTIFASCISMO

contra el fascismo implica no sólo a las fuer­ organizativa, el a. interno organiza la movili­
zas liberales sino a la propia socialdemocra- zación popular y la lucha de resistencia en los
cia, tachada de "socialfascista", que del régi­ países ocupados. La resistencia europea, en
men fascista constituirían un sostén y una sus distintas formas nacionales de masa y de
reserva. Por la otra parte, comunismo y fas­ élite, es el proseguimiento del a. militante con
cismo, los "extremos bestiales” de la polémi­ el método de la lucha armada. Con ésta, el a.
ca de Rosselli, no son más que species distin­ se convirtió en un movimiento político-militar
tas de un mismo genus: la dictadura totalita­ relativamente unitario y operante en un nivel
ria. Por esta razón deben combatirse igual­ mundial: el cleavage fascismo-a. se super­
mente, en forma proporcional u su inciden­ puso completamente, aunque sólo de ma­
cia histórica. nera provisional, al del comúnismu-ant¡co­
El advenimiento de Hitler al poder lleva a munismo.
prim er plano, incluso en el nivel internacio­
nal, la contradicción entre fascismo y antifas­ antifascismo italiano. El nacimiento de
i!. Et.
cismo. Las nuevas dimensiones del peligro una oposición espontánea al fascismo es con­
fascista determinan un cambio de táctica en temporánea. en Italia, a las prim eras violen­
la Internacional comunista (y de la URSS que cias de las bandas fascistas: las masas traba­
inspira sus directivas): se aísla al fascismo jadoras se alinean en defensa de sus organi­
como el enemigo principal y se buscan for­ zaciones económicas y políticas, y sólo la
mas de unidad de acción con las demás fuer­ acción combinada entre las bandas fascistas
zas antifascistas, con los socialistas en primer y el aparato represivo del estado liberal con­
lugar. Las políticas del frente único y del siguen doblegarlas, sumándose a esto las
frente popular (v.) contra el fascismo y carencias de la dirección política. En este sen­
la guerra, para la defensa de las liber­ tido es ejemplar la tentativa de organizar, con
tades democráticas, pone en movimiento un el movimiento de los Arditi del Populo, la
proceso de agregación del a., si bien en la per­ autodefensa popular arm ada contra las ban­
manencia de la identidad política e ideológi­ das fascistas que fracasa debido a la descon­
ca de cada uno de sus componentes, que tie­ fianza de los partidos y a sus divisiones.
ne sus prim eras manifestaciones en el frente En el f rente de las instituciones partidarias
popular francés y en el español. Sobre todo y sindicales el a. italiano comienza a delinear­
es la guerra de España la prueba general de se como movimiento con una fisonomía pro­
la nueva fase del a. internacional: en las Bri­ pia. a pesar de que perduraran los contras­
gadas Internacionales que acudieron a com­ tes internos, sólo mucho tiempo después de
batir por la República Española se realiza por la Marcha sobre Roma: es el delito Matteotti
primera vez la acción unitaria del a. democrá­ el que liquida las últimas ilusiones normali-
tico, comunista, socialista, anárquico (aunque zadoras que hasta el momento habían alimen­
no sin trágicas laceraciones). tado casi todos los sectores políticos contra­
Si la agresividad fascista y nazi y el cam­ rios a Mussolini. El Aventino marca el
bio del movimiento comunista le permiten al momento de la ruptura completa e irrevoca­
a. un salto cualitativo, la segunda guerra mun­ ble entre el fascismo y los partidos democrá­
dial le permite alcanzar una dimensión de ticos y socialistas, si bien todavía en el ámbi­
masas en numerosos países ocupados por los to de la legalidad liberal. Pero ya en esta fase
ejércitos hitlerianos. En el campo del a. se diferencia netamente la posición del par­
entran las democracias occidentales, cuyo tido comunista, que ve en el fascismo un ins­
comportamiento ambiguo y de appca.-.emunt trum ento dócil de la burguesía en función
(v.)en el enfrentamiento con el régimen hitle­ uniiobrera, destinado a dejar el lugar a una
riano habían de hecho permitido y favoreci­ coalición contrarrevolucionaria basada en la
do el ascenso no necesariamente obligado. E! secialdemocracia. Por eso los comunistas con­
a. tradicional actúa desde el interior para traponen al Aventino legalista la propuesta
impedir nuevos compromisos y capitulacio­ de la huelga general, del antiparlamento, de
nes contribuyendo a determ inar la intransi­ la movilización de las masas.
gencia final. En un nivel distinto, en una sin­ Con las leyes excepcionales (1926) se abre
tonía de ideales, si bien no político- una nueva fase del a. italiano. Se diferencian
ANTIFASCISMO 51

dos componentes: el componente clandestino, ra de Benedetto Croce: en su escuela se for­


de la conspiración en el pais, por lo menos ma toda una generación de intelectuales anti­
hasta 1929 d-, m atriz exclusivamente comu­ fascistas. que en parte confluirán en el a. mili­
nista y sólo a continuación auxiliado por la tante. También las universidades son centros
organización socialista-liberal "Ciustizia e de resistencia moral y de rebelión cultural,
Liberta", y el componente de la emigración, donde maduran los fermentos destinados a
o del destierro, como íue llamado: en sucesi­ desembocar en una oposición abierta de gran
vas oleadas abandonan Italia un gran núme­ parte de la intelectualidad. No debe olvidar­
ro de cuadros políticos socialistas, comunis­ se que también el movimiento católico tien­
tas, populares, liberales, democráticos, anar­ de a afirm ar con la Acción Católica y con la
quistas, republicanos, además de una ingen­ FUCl una autonomía idel propia, aunque difu­
te masa de ciudadanos protagonistas de la sa y prudente.
resistencia espontánea a las bandas fascistas Las directivas del Comintern imponen a los
y obligados a la emigración para sustraerse comunistas italianos que no participen en el
a las persecuciones del régimen. que fue el prim er organismo unitario del a.
En Francia, Suiza, Inglaterra, Union Sovié­ en el exterior: la Concentrazione Antifascis­
tica y Estados Unidos se reconstituyen los ta (1927) que reúne en Francia al Partido
partidos políticos italianos y se forman gru­ Socialista (dividido todavía en las fracciones
pos y organizaciones antifascistas cuya acti­ maximalista y unitaria, pero próximo a la reu-
vidad política consiste esencialmente en una nificación), los republicanos y los miembros
campaña propagandista contra el régimen de la "Lega dei Diritti deU’Uomo" (organiza­
mussoliniano por medio de material impre­ ción unitaria calcada sobre su hermana fran­
so, publicaciones periódicas, demostraciones, cesa). Es necesario esperar el cambio del VII
etc. y de una acción de solidaridad en la con­ Congreso de la Internacional Comunista para
frontación de los desterrados. registrar un nuevo curso de las relaciones
En Italia la acción clandestina se organiza entre los comunistas y el resto del a. m ilitan­
alrededor de núcleos antifascistas presentes te que se traduce en el Pacto de unidad de
en las cárceles y en las localidades de depor­ acción (renovado varias veces después de
tación y sobre todo en las organizaciones 1934) entre los socialistas y los comunistas.
comunistas en las fábricas y en lodo el terri­ El a. italiano se encuentra unido en el frente
torio. sin excluir algunas acciones ejempla­ de España, donde obtiene, en Guadalajara, la
res de los anarquistas o de los militantes de prim era victoria militar.
"Giuslizia e Liberta". La unidad de acción antifascista se extien­
A esta actividad apasionada y valiente, pero de durante la segunda guerra mundial a todos
también caótica, improvisada, carente de los partidos antifascistas que se reconstruye­
medios y de perspectivas, el fascismo respon­ ron en Italia. Surge el Comitato de Liberuzio-
de con los arrestos, el confinamiento, las con­ ne Nazionale (cln), organismo que guía la
denas del Tribunal Especial, con la actividad lucha de liberación nacional y que tiene su
de su policía secreta, la ovra, con la provoca­ brazo m ilitar en el Corpo Volontari dolía
ción y el asesinato político dentro y fuera de Liberta. La insurrección de las principales
Italia, como lo prueban los casos d e ,imendo- ciudades del norte es el momento culminan­
la, Gobetti, Gramsci, Rossclli y de centenares te de esta lucha que signa el triunfo del a. y
de antifascistas. cierra una fase histórica.
El a. militante, sin embargo, sigue proilin­
damente dividido, además de en cuestiones III EL ANTIFASCISMO DE LA SECUNDA POSGUERRA A
doctrinales, de análisis y de estrategia, en el nuestro* días. La derrota del nazifascismo
modelo de acción a ejecutar: si debe luchar­ separa del f rente antifascista todas aquellas
se en el exterior o -obre todo en Italia, si se fuerzas políticas cuyo objetivo era la elimi­
debe recurrir a una acción de masas o de nación de la dictadura y el restablecimiento
cúpula. del parlamentarismo y de las libertades polí­
Junto u esta oposición directamente polí­ ticas en el marco de las viejas relaciones
tica. en Italia se coloca una oposición cultu­ sociales. F.stc hincapié se ve favorecido por el
ral que tiene su polo de atracción en la figu­ surgimiento de la guerra fría entre los blo-
52 ANTICUO REGIMEN

qucs que repropone la antítesis» comunismo' tercera generación antifascista, de formación


anticomunismo como la principal. obrera y estudiantil, aunque por otra parte
La consecuencia es, en el plano interno, la dividida en dos hipótesis estratégicas: el com­
derrota de la tentativa socialcomunista de ponente ligado a los partidos de la izquierda
continuar sirviéndose del a. como de una fór­ histórica busca la disgregación del bloque
mula política sobre cuya base edificar un régi­ reaccionario que sustenta al neofascismo rei­
men de democracia progresiva. Sin embargo, vindicando un conjunto de reformas econó­
aun en los años sucesivos el a. sigue siendo micas y políticas con el fin de atacar sus bases
uno de los fundamentos de la estrategia de sociales; la parte más radical del nuevo a. opo­
los comunistas italianos: si el fascismo es el ne la necesidad de la autodefensa y de la cons­
fruto del injerto de las nuevas formas de la trucción en el país de una alternativa revolu­
explotación capitalista y monopolista sobre cionaria que habrá de m adurar en las luchas
el tradicional terreno de la explotación y de sociales y antiinstitucionales.
la opresión feudal, la revolución antifascista
coincide con la transformación democrática BIBLIOGRAFIA: P. Alalri (comp.), L\antifascismo ita­
de las estructuras que generaron el fascismo liano. Roma, Editori Riuniti, 1961; G. Amendo-
y que amenazan continuamente su retorno. la, La lucha antifascista (1967), Barcelona, Laia:
En el veintenio de los cincuenta y los se­ G. Amcndola, Intervista sull'antifascismo. Barí.
senta, no obstante, la opción antifascista Laterza, 1976; N. Bohbio, Democrazia e dittadu-
toma un papel políticamente marginal, aun ra. en Política e cultura, Turín, Einaudi, 1955; S.
cuando el a. italiano parece recuperar una Colarizzi (comp.), 1. Italia antifascista dal 1922 al
función y una capacidad autónoma de movi­ 1940, Bari, Laterza, 1976; E. Collotti (comp.).
lización con ocasión del intento de dar lugar L'antifascismo i» Italia c in Europa. 1922-1939,
a un gobierno clérico-fascista dirigido por Turin, Loescher, 1975; R. de Felice. Fascismo: sus
Tambroni. En las sangrientas demostraciones interpretaciones (1970), México. Paidós; A. Garos-
de julio de 1960 una segunda generación anti­ ci, Storia dei fuoriusciti, Bari, Laterza. 1953; G.
fascista (los “jóvenes de las mallas rayadas") Quazza (comp.), Fascismo e antifascismo nell'lta-
se une a los veteranos del a. y la resistencia. lia repuhhlicanu, Turin, Stampatori, 1976.
La "tram a negra” que construyó el fascis­
mo no parece haber sido extirpada por com­ [SILVANO BELLIGNl]
pleto de la realidad italiana. Vuelve a tomar
presencia a la vuelta de los años setenta, en
respuesta a los impulsos modernizantes y
democratizadores expresados por la parte antiguo régimen
obrera y estudiantil a fines del decenio. El
rebasamiento fascista presenta entonces un L EL "DESCUBRIMIENTO DEL ANTIGUO REGIMEN". Se
triple rostro: un rostro legalista y de buen entiende por "a. régimen" un cierto modo de
muchacho que obtiene un consistente séqui­ ser que caracterizó al estado y a la sociedad
to electoral en las elecciones administrativas en Francia durante un periodo del que resul­
parciales de 1971; un rostro subversivo y ta bastante definido el término final, pero no
populista que alimenta, sobre todo en el sur, el término inicial. En efecto, mientra'* se colo­
como en Reguío Calabria, un carácter de ca generalmente el prim ero en los años 1789-
masa, y finalmente el aspecto de los atenta­ 1791, el segundo es objeto de distintas inter­
dos terroristas y de las matanzas masivas, que pretaciones, sin excluir una, bastante recien­
constituye la forma prevaleciente del neofas­ te, que asume la fecha de 1748 (Behrens,
cismo de los años setenta y del que son ejem­ 1969). Sin embargo, la opinión clásica, que en
plos Piazza Fontana, en Brescia, y en Italicus, definitiva, es también la mas útil para com­
en Bolonia. El a. italiano logra contraponer prender el a. régimen, lo coloca a fines del
a esta articulación de la acción neofascista Medievo, y más precisamente entre la guerra
una movilización constante en defensa de las de los cien años y las guerras de religión.
instituciones y una acción capilar y tenaz revi­ La aparición de la definición de a. regimen
rada a aislar y encauzar el movimiento sub­ como capaz de identificar el modo de ser de
versivo. En estas circunstancias surge una la sociedad y el estado en Francia en el perio­
ANTIGUO RÉGIMEN 53

do indicado es postuma o, por lo menos, con­ men no está estrictam ente ligada al carácter
temporánea con la desaparición de ese modo monárquico del gobierno (por otra parte, en
de ser de la sociedad y del estado, es decir, el siglo xix existirán reyes todavia). En
del a. régimen. Apenas se afirmó el nuevo segundo lugar la nación, idea extraña al a.
"régimen”, contraponiéndose al "viejo" y régimen, o por lo menos confusa e identifi­
superándolo, este último resultó definido por cada con la persona y las funciones reales, se
la confrontación. alirm a como diferente y separada del monar­
La verificación de ese fenómeno, que por ca: si Luis XIV había proclamado: “La nación
otra parle no es singular ya que se presentó no se corporiza en Francia, reside toda en la
en otras circunstancias, sugiere que para defi­ persona del rey”; si Luis XV había reafirm a­
nir el a. régimen se parta justamente del "des­ do cien años más tarde (3 de marzo de 1766):
cubrim iento” que en el momento de su fin "Los derechos y los intereses de la nación, de
hicieron los contemporáneos. los que se osa hacer un cuerpo separado del
monarca, están necesariamente unidos con
II LADEFINICIÓN DELANTIGUOREGIMEN DADA POR LOS los mios y no reposan más que en mis manos”;
constituyentes de 1789-1791. Los contempo­ la declaración de los derechos del hombre y
ráneos a los que conviene referirse son los del ciudadano (26 de agosto de 1789) afirma,
mismos protagonistas de los sucesos, es decir por el contrario, que el principio de toda sobe­
los constituyentes, quienes procedieron a la ranía reside esencialmente en la nación y que
obra jurídica de demolición del viejo régimen ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejer­
y de construcción del nuevo. citar autoridad que no emane expresamente
La definción de a. régimen, dada implícita­ de la misma (art. 3). Finalmente, el hecho de
mente por los constituyentes, se aprehende que la Asamblea Nacional se dé como finali­
a través de tres momentos de la revolución dad la fijación de la Constitución del reino,
que se reflejan en sendos documentos o gru­ que cree un comité de constitución, se pro­
pos de documentos: los de junio de 1789, los clame Asamblea Nacional Constituyente y se
de agosto-septiembre de 1789 y la Constitu­ dedique a lo que será la Constitución de 1791.
ción de 1791. implica que el a. régimen no tenía constitu­
El primero de esos momentos se produce ción, entendiéndose por tal no la constitución
cuando, transcurridas seis semanas desde la consuetudinaria y las leyes fundamentales del
reunión de los estados generales en Versalles reino sino un claro, sólido, incontestable texto
(5 de mayo), los diputados del Tercer Estado legislativo, dictado por la nación o por sus
declaran que representan por lo menos el mandatarios sobre la base de ciertos princi­
96% de la nación y afirman que la denomi­ pios como la soberanía nacional, los derechos
nación de Asamblea Nacional es la única que naturales, la igualdad de nacimiento de los
les corresponde (17 de junio). El mismo dia ciudadanos, la separación de los poderes.
de la declaración con la cual la asamblea defi­ La segunda fase está representada por los
ne ilegales los impuestos reales, aunque con­ decretos emanados entre el 4 y el 11 de agos­
sintiendo por razones de estado que se conti­ to de 1789, con los cuales la Asamblea Cons­
núe percibiéndolos, se inicia invocando el tituyente "destruyó completamente" lo que
poder que la nación ejercita "bajo los auspi­ constituía uno de los fundamentos del a. régi­
cios de un monarca". Y tres días más tarde men y que los constituyentes definían corrien­
(juramento del Jeu de Paume) la Asamblea temente como el "régimen feudal”. El conte­
Nacional afirma haber sido llamada "para nido de esos decretos dem uestra qué cosa
fijar la constitución del reino, realizar la rege­ aparecía a la vista de ellos como el "régimen
neración del orden público y m antener los feudal” y por lo tanto también el a. régimen:
verdaderos principios de la monarquía". toda huella de servidumbre personal, todos
De estos textos surgen algunos elementos los derechos feudales (o señoriales), los diez­
importantes. Antes que nada, como lo confir­ mos de todo tipo, la venalidad y la heredita-
man también los testimonios y los cahiers de riedad de los oficios, los privilegios pecunia­
doléances, el principio monárquico, la perso­ rios en m ateria de imposiciones fiscales, la
na y la institución del rey no están en discu­ desigualdad de nacimiento y de capacidad
sión y. en consecuencia, la noción de a. régi­ jurídica en los empleos. Por el contrario no
54 ANTIGUO RÉGIMEN

son impugnados ni el rey, que es definido ix de su Histoire de la Zangue fran^aise. regis­


como "el restaurador de la libertad france­ trando el problema del nacimiento de un tér­
sa”, ni el carácter cristiano y católico del mino cuya fortuna había sido tan grande,
régimen. escribirá: "Un régimen era un orden, una
Dos años más tarde, el preámbulo de la regla, por ejemplo una regla de salud; era
Constitución, jurada por el rey el 14 de sep­ también un modo de adm inistración!.. .]
tiembre de 1791, resum irá en forma solem­ Nada más natural que el nombre se aplicase
ne las características del régimen que se aca­ al sistema secular de gobierno en Francia. La
ba de destruir: un régimen feudal del cual, sin osadía era la de agregarle el epíteto anden.
embargo, se conservaba el respeto de la pro­ Se iba a ciegas. Los decretos de la Constitu­
piedad y de la monarquía; un régimen ecle­ yente dicen frecuentemente 'le régime précé-
siástico, o ligado a la iglesia, del cual se con­ dent'. Se encuentra también 'le régime
servaba el respeto por la religión; un régimen ancien’, 'vieu.x régime’, pero rápidamente pre­
de venalidad y heredilariedad de los oficios, valeció ‘ancien régime' y se convirtió en una
del cual no se conservaba nada; un régimen frase hecha."
de desigualdad de nacimiento y de privilegios, Por el contrario, no parece ser dudoso cuál
del cual no se conservaba nada. A estos ele­ era el significado del término en el momento
mentos, ya adquiridos como se ha visto en en el que apareció y se difundió. Tocqueville
1789, se integraban tres nuevas "condenas”: responde nuevamente: “ La revolución fran­
la de las corporaciones de profesiones, artes cesa no tuvo por objeto sólo cam biar un
y oficios, que excedían del derecho común, de gobierno ‘ancien* sino el de abolir la forma
la libertad individual, de la libertad de tra ­ ‘ancienne’ de la sociedad” (i, 2). El a. régimen
bajo; la de los votos religiosos, juzgados con­ era, por lo tanto, una forma de! estado (v.
trarios al derecho natural, y sobre todo la de absolutismo), pero era también una forma de
la nobleza, objeto de una durísima impugna­ la sociedad, una sociedad con sus poderes, sus
ción y colocada así entre los componentes tradiciones, sus costumbres, sus usos, sus
esenciales del viejo régimen.I. mentalidades y sus instituciones.

III. NACIMIENTO DEL TÉRMINO "ANTIGUO RÉGIMEN". IV. IJtS CONDICIONES DE LA SUPERACIÓN DEL ANTIGUO
Contemporáneamente a los sucesos expues­ régimen. Sin embargo, la definición de a.
tos anteriorm ente se verifica el nacimiento, régimen que se dio hasta el momento, basán­
postumo, del término "a. régimen”. Pero ¿pre­ dose en los textos de los constituyentes, es
cisamente en qué fecha? Tocqueville ofrece, insuficiente e inadecuada por lo menos por
indirectamente, una solución, allí donde colo­ una doble orden de razones. Por una parte,
ca el térm ino en boca de Mirabeau refirién­ porque presupone que una sociedad y un esta­
dose a 1790: “No había pasado un año desde do, como la sociedad y el estado sucintamen­
el inicio de la revolución y Mirabeau escribía te delineados, puedan efectivamente ser
al rey: 'Comparad el nuevo estado de cosas invertidos y anulados y consecuentemente
con el Antiguo Régimen[...]’ ’’ (L’A nden Régi­ (por lo que aquí nos concierne! definidos sólo
me et la Révolution. 1. i, cap. 2). por obra de algunos pocos actos normativos
En realidad, para una precisa respuesta comprendidos en el breve espacio de algunos
sería necesario un análisis minucioso de la meses; cosa que es absolutamente imposible.
inmensa producción legislativa de la Asam­ Por otra parte, porque presupone que en la
blea Constituyente, al que sería necesario visión y en la actividad de los constituyentes
agregar un análisis del vocabulario periodís­ no existían confusiones y anacrc nismos, cosa
tico. epistolar, corriente, etc. Mientras tanto igualmente inexacta.
se puede decir que, aunque se hable de a. régi­ Por lo que se refiere al primer aspecto, hay
men incluso en una brochare beanjolaise de que mencionar una serie de procesos, es decir
origen nobiliario de 1788, es desde 1790 que una serie de lentas pero decisivas novedades
la expresión comienza a difundirse para ser referibles cronológicamente a los años que
luego rápidamente adoptada, utilizada y van entre 1750 y 1850, que son lo opuesto del
transferida tal cual en las lenguas extranje­ a. régimen, que comribuyen a determinar ine­
ras. Así es como Ferdinand Brunot, en el t. xorablemente su fin y a definirlo. Sin la pre­
ANTIGUO RÉGIMEN 55

tensión de establecer un orden de priorida­ rios, de los cuales jamás se había eliminado
des, éstos se pueden sintetizar como: a] la ace­ ninguno.
leración de los transportes, que dan lugar a De aquí deriva la im portancia que en la
la facilidad de los intercambios, la disminu­ definición de a. régimen tiene la indagación
ción del costo de los mismos transportes, una historiográfica, tanto cuando toca aspectos
cierta unificación económica de las regiones; peculiares de la sociedad y del estado como
b] industrialización, iniciada a fines del siglo cuando trata de abrazar el fenómeno en una
xvtii y triunfante en la mitad del siglo xtx, o visión de conjunto. Pero aun queriendo limi­
quizás un poco más tarde, que sustrae a la tarse a las reconstrucciones más generales,
producción agrícola, a los terratenientes y a como es inevitable aquí, nos encontramos
los titulares de la renta inmobiliaria de la frente a una historiografía ya conspicua que
preeminencia que habían ejercido hasta hunde sus raíces en la segunda mitad del siglo
entonces; c] la institución y la difusión de una xix. En efecto, es de 1856 la prim era edición
sólida red bancaria; d] unificación lingüísti­ de la famosa obra de Alexis de Tocqueville,
ca del país; e] la instauración y la aceptación L'Ancien Réginte ei ¡a Révulution, absoluta­
del servicio militar; f] la unificación jurídica mente tendiente a dem ostrar la continuidad
del país, la verdadera obra de la revolución, entre uno y otra, y es de 1876 la prim era edi­
culminada en el Código Napoleón; g] la unifi­ ción de la obra antitoequevilliana, sin duda
cación administrativa del reino, intentada ya discutible pero de todas m aneras im portan­
por la monarquía, con la institución de los te, de Hyppolite Taine, Les origines de la Frun­
intendentes (es la famosa lección de Tocque- ce contemporaine, t. i, L'Ancien Régime.
ville), y luego cumplida por la Constituyente, Mencionaremos sólo (y brevemente) las
por el Consulado y por el Imperio y simboli­ tesis más recientes y significativas, comen­
zada por los prefectos; /;] la llamada revolu­ zando por la de Pagés, que tiene del a. régi­
ción demográfica, determ inada por la lenta men una concepción dualista que resulta de
disminución de la m ortalidad y por el rápi­ la contraposición del estado con la sociedad.
do crecimiento de la fecundidad; t'J el adveni­ Para Pages, la monarquía del a. régimen había
miento, si no del ateísmo, por lo menos de una nacido de las guerras civiles que afligieron a
cierta indiferencia religiosa.V . Francia durante la segunda mitad del siglo
xvi y que cumplió con Enrique IV, con Luis
V. 1.AINTERPRETACION HISTORIOGRAFICA DELANTIGUO XIII y Richelicu, con Luis XIV, una obra con­
régimen. Por lo que se refiere al segundo siderable, tanto como para corresponder a
aspecto, es necesario precisar que dentro de uno de los periodos más brillantes de la his­
las causas de las "confusiones'' en las que toria francesa. Pero, sí bien desarrolló una
pudieron caer los constituyentes, no distin­ función nacional, no supo dar una base nacio­
guiendo, por ejemplo, entre "nobleza", cues­ nal a su autoridad; quedó prisionera del pasa­
tión de sangre, y el "señorío", cuestión esen­ do; conservó el viejo carácter de una monar­
cialmente territorial, o si no entre este últi­ quía personal y se desarrolló desvirtuando las
mo, entendido como modo de explotación de instituciones que podrían haberla sostenido;
la tierra, y la "feudalidad" entendida como cometió el error de creer que a un gobierno
conjunto de vínculos de hombre a hombre en le basta con ser fuerte. Las instituciones
el ámbito de una sociedad militar (M. Bloch), administrativas creadas por Luis XIV' y Col-
está el hecho de que el a. régimen, si bien apa­ bert aumentaron ulteriormente la fuerza del
rece definido y claro en relación con su poder, pero no asociaron la nación a éste. Así,
"m uerte legal" y en relación con lo que lo ha frente a la sociedad que se había transforma­
seguido, considerado en sí mismo no lo resul­ do, la monarquía del a. régimen, aislada, fue
ta igualmente. La "confusión” que distinguía incapaz de transform arse con aquélla y que­
al a. régimen.y contra la cual los constituyen­ dó condenada.
tes reaccionaron en nombre de la Razón y de Dualista, pero en sentido opuesto, es decir
las Luces, derivaba de su misma naturaleza. en el sentido de la contraposición de la socie­
El a. régimen, en efecto, no era más que el dad al estado, es también la concepción de
resultado de un conjunto de elementos, gene­ Sagnac, para quien la importancia de la for­
ralmente seculares, a veces incluso milena­ ma del régimen político ha sido exagerada. De
56 ANTISEMITISMO

los dos principales motores de la evolución significado de la palabra (“ hostilidad contra


histórica, la sociedad y el estado, los historia­ los hebreos”), en el campo histórico el térm i­
dores privilegiaron al segundo porque en la no ha sido, y lo es todavía, aplicado a fenó­
época que les tocó vivir se manifestaba con menos sustancialmente diversos. En efecto,
gran potencia. Por el contrario, en la Francia no pueden considerarse en modo unitario el
del a. régimen la sociedad fue siempre muy a. antiguo y medieval y el a. moderno, que se
viva. Por esta razón se debe insistir en su evo­ desarrolla en la segunda mitad del siglo xix
lución durante dos siglos, etapa por etapa, relacionado con el surgimiento del naciona­
para com probar en qué medida bajo el régi­ lismo; y deben colocarse también aparte las
men de la monarquía absoluta la sociedad corrientes antisemitas surgidas en la según
supo actuar sobre el estado, más bien que el da posguerra en algunos países, como la u r ss
estado sobre la sociedad. y los estados árabes, vinculados a Israel con
Pero más allá de las distintas interpretacio­ relaciones de hostilidad. Efectivamente, se
nes historiográficas que se dan del a. régimen, trata de fenómenos muy diferentes que par­
es lícito preguntarse qué cosa significa aún ten de causas económicas v sociales muy leja­
para nosotros. A esta pregunta respondió el nas entre si, por lo que. más que de a. seria
historiador francés Robert Mandrou colocan­ correcto hablar, en el curso de la historia, de
do el acento sobre los efectos engañosos de antisemitismos. La tentativa de considerar al
ciertas connotaciones de la sociedad moder­ a. como un fenómeno unitario, una categoría
na como el mejoramiento del tenor de vida universal, en realidad no puede más que lle­
y el retroceso de los signos exteriores de la var a conclusiones ahistóricas y aberrantes,
desigualdad social. Éstos, efectivamente, disi­ como si tuera inherente al mismo carácter de
mularon el dato esencial que está represen­ los hebreos algún factor que determina su
tado por la permanencia de las condiciones persecución, o que pese sobre ellos como una
sociales jerárquicas, hasta hoy presente, de ■'maldición”, o ideas similares.
las cuales justam ente el a. régimen suminis­ Una vez establecido esto no puede, sin
tró los modelos. embargo, escapar a la observación del histo­
riador el hecho de que si distintas comunida­
bibliografía: C.B.A. Behrens, L ’Ancien Régime, des en distintas regiones, épocas y circuns­
París, Flammarion, 1969; P. Gouberl, El Antiguo tancias socioeconómicas desarrollaron movi­
Régimen (1969 y 1973), Buenos Aires-Madrid, mientos de hostilidad siempre hacia un mis­
Siglo XXI, 1971-1979, 2 vols. R. Mandrou, Fran­ mo pueblo, debe de todos modos haber exis­
cia en los siglos X V IIy XVIII (1967), Barcelona, tido algún factor unificante, inherente a la
Labor, 1973; H. Mcthivier, L'Ancien Régime, condición de los hebreos, capaz de explicar
París, puf, 1961, G. Pagés, La monarchie la convergencia sobre ellos de odios v perse­
d'AncUn Régime en Franct, Je Henri IVa Lottis cuciones de diversa índole. Eliminadas las
XIV, París, Colín, 1928. explicaciones de orden religioso o genérica­
mente sociológico este factor hoy se eníocu
[ETTORE ROTF.l.Ll] en la particular ubicación económica —y, en
consecuencia, social— de los hebreos en el
curso de la historia. Como observa A. Léon
antimperialismo. v. radicalismo latino­ en su ensayo sobre la cuestión hebraica, jun­
americano to a la tradicional duplicidad de la condición
judia —pueblo y religión—, debe considerar­
se un tercer factor: el hecho de haber sido los
hebreos, durante muchos siglos, también una
antisemitismo clase social; prim ero de comerciantes, de
comerciantes y usureros mas tarde. Este fenó­
i. concepto y definición El concepto de a. pue­ meno, de un pueblo que es al mismo tiempo
de parecer suficientemente claro como para una clase social, no es ciertamente único en
hacer superflua una definición ulterior. En la historia de la humanidad: basta pensar, por
realidad, .»i bien en sentido puramente lin­ ejemplo, el papel de burguesía urbana de los
güístico no pueden subsistir dudas sobre el alemanes en los países eslavos y bálticos, o
ANTISEMITISMO 57

la ubicación actual de los parsis en la India, la Unión Soviética posrevolucionaria en el


para citar casos más cercanos al hebreo, o la marco de la campaña antirreligiosa general
función comercial de los chinos en el sudes­ dirigida también contra otras confesiones.
te asiático o de los sirios y libaneses en diver­ Del mismo modo no pueden considerarse
sas regiones del África o de la América meri­ como antisemitas aquellas posiciones —como
dional. La ubicación histórica de los hebreos la oposición a la política israelita, o al movi­
como pueblo explica, por una parte, la fre­ miento sionista— que, manteniéndose en el
cuencia de los conflictos y persecuciones terreno de la critica política, están dotadas,
superficialmente atribuidos a factores religio­ por esta razón y prescindiendo de cualquier
sos u ocasionales, pero en realidad derivados juicio sobre su validez, de aquella "legitimi­
de efectivos contrastes de intereses en el cam­ dad" moral que les falta a los fenómenos abe­
po económico; y por otra parte, cómo en la rrantes y repugnantes del a. y del racismo.
Europa de los siglos xix-xx, aunque hayan
decaído los motivos de conflicto económico ii . el antisemitismo hasta el siglo xtx Querien­
real, la posición de los hebreos como compo­ do definir una periodización de la historia del
nente históricamente "no asimilado" de la a., ésta debe sobre todo dividirse en dos gran­
sociedad se presta muy bien para su utiliza­ des fases principales. La primera, que va des­
ción como objetivo desviante de tensiones de la Edad Antigua hasta el siglo xix. está
sociales derivadas de muy diferentes y com­ caracterizada por el hecho de que el a. tiene
plejos factores. sus raíces en la particular posición socioeco­
El a. no puede, en consecuencia, conside­ nómica de los hebreos, que se presentan en
rarse un fenómeno histórico unitario, a la sociedad, como ya se indicó, dotados de un
menos que no se limite la validez del térm i­ particular papel económico o, de todos
no al a. en sentido propio, vale decir a aquel modos, de una colocación bastante precisa.
particular movimiento, surgido en la segun­ La segunda, que comprende a grandes rasgos
da mitad del siglo xix y que culminó en las el periodo 1850-1930. se desarrolla por el con­
persecuciones hitlerianas, que presenta pre­ trario en los países occidentales en el perio­
cisas connotaciones y claros vínculos con do de ¡a rápida asimilación económica y
otros fenómenos históricos contemporáneos social de los hebreos y llega al ápice cuando
(nacionalismo, imperialismo, etc.). Cualquier éstos ya son un componente perfectamente
extensión arbitraria del concepto no puede integrado de la sociedad. Si estas son las
llevar mas que a errores de interpretación y características de fondo de la posición hebrai­
distorsiones de perspectiva. Por otra parte, ca en las dos grandes fases de la historia del
cuán poco claro es todavía hoy el preciso sig­ a., otra diferencia entre las dos épocas está
nificado del término a. se vio en los últimos dada por la superestructura ideológica (o
atios, después de la guerra árabe-israelí de "cultural", si de cultura puede hablarse en
1967, cuando en muchas fuentes de informa­ este caso) de la que se reviste el a. en ios dos
ción, incluso hebreas, se asistió a frecuentes periodos: en el prim ero, a partir del siglo iv
casos do confusión —quizás interesada— d. c., el a. se cubre generalmente con motiva­
entre conceptos sustancialmente diferentes ciones religiosas; en el segundo, el aspecto
como el a., el antisionismo y la oposición a más relevante es el étnico y racial.
la linea política del gobierno israelí. Contrariam ente a una opinión muy difun­
Es necesario aclarar aquí, justamente par:-, dida, la dispersión de los hebreos comenzó
dirim ir esta confusión, que debe entenderse mucho antes de la caída de Jerusalen (70 d.
por a. sólo la hostilidad dirigida específica­ t ): ya muchos siglos antes de nuestra era.
mente contra los hebreos entendidos como núcleos de comerciantes hebreos se instala­
comunidad global, en sus connotaciones étni­ ron en los mayores centros urbanos del impe­
cas de pueblo o de religión: mas no pueden rio persa. En el siglo i d. c., en la época de la
considerarse como manifestaciones de a., por destrucción del Templo, florecientes comuni­
ejemplo, la lucha económica que en el Medie­ dades se encuentran ya en numerosas ciuda­
vo condujo un único banquero cristiano con­ des, sobre todo en Ruma y Alejandría. Dedi­
tra un banquero hebreo, o la tentativa de cadas preferentem ente al comercio, estas
desalentar a la religión hebrea efectuada por comunidades cumplen una importante fun­
58 ANTISEMITISMO

ción económica; por esto son no solamente Mesías y en la acusación de “deicidio" que
toleradas sino que frecuentemente están pro­ comienza a dirigirse contra los hebreos. Tam­
tegidas por las autoridades imperiales. En bién el cristianism o es receptor del antiguo
Roma y en las principales ciudades de Occi­ desprecio de las clases superiores romanas
dente. el a. se difunde poco, incluso porque por las profesiones mercantiles. Sin em bar­
la naturaleza tolerante del paganismo y la go. a pesar del absoluto predominio ideoló­
estructura multinacional del imperio impiden gico de la iglesia, los siglos de la decadencia
el nacimiento de hostilidades de tipo religio­ del imperio romano y del alto Medievo son
so o racial. Aunque poco frecuentes en un para los hebreos una época de desarrollo y
nivel de masa, actitudes de antipatía o de des­ de prosperidad. Las comunidades hebraicas
precio hacia los hebreos a veces aparecen, sin son discriminadas, pero al mismo tiempo tole­
embargo, entre las clases superiores y en los radas y —dentro de ciertos límites— prote­
sectores intelectuales. Se trata de un a. que gidas de los abusos mediante una precisa
tiene sus raíces en las antiguas tradiciones reglamentación jurídica. A diferencia de los
agrícolas de la sociedad romana y en el con­ paganos —para los cuales se intenta una asi­
secuente desprecio por las actividades m er­ milación rápida—, a los hebreos se les per­
cantiles; desprecio que, a su ve/, nace de un mite conservar sus costum bres v religión;
antagonismo económico más prof undo entre mientras que la frecuente repetición de las
los productores de bienes y los comerciantes, normas opresivas más ásperas hace suponer
que por un lado se apropian de una parte de que su aplicación era generalmente blanda.
estos bienes pero al mismo tiempo son nece­ En efecto, la desaparición casi total de la eco­
sarios a la sociedad y por esta razón inelimi- nomía de mercado y el repliegue hacia el auto-
nables. También la actitud "nacionalista” de consumo convierten en sumamente importan­
los hebreos y su proselitismo —diferencián­ te la función comercial de los hebreos en la
dose de los otros pueblos asimilados en el época feudal: en los tiempos de Carlomagno,
imperio, que de este último se reconocen súb­ el comercio entre Oriente y Occidente lo
ditos y mantienen la propia religión sin tra­ monopolizan casi totalmente los hebreos (y
tar de extenderla a otros— es chocante para en esta época se registra efectivamente para
la mentalidad cosmopolita de los romanos, ellos el máximo de prosperidad). Siendo los
suscitando reacciones de hostilidad. Parcial­ únicos que disponen de reservas monetarias,
mente distinta es la situación en las regiones pueden comenzar a asociar a la actividad de)
helenizadas de Oriente, y esencialmente en intercambio la del empréstito; en modo tal
Alejandría, donde la protección acordada por que en poco ti mpo su presencia se conside­
el gobierno imperial a la comunidad hebrai­ ra indispensable en todo la Europa occiden­
ca determina reiterados movimientos antise­ tal. Por esta razón, el a. se difunde poco
mitas de más amplias proporciones. durante todo el alto Medievo: algunos episo­
En el siglo tv d. c., el cristianismo se con­ dios nacen del deseo de los nobles de apro­
vierte en la religión oficial del imperio. La piarse de la riqueza de los hebreos o por otras
actitud tolerante del paganismo cede ahora causas ocasionales.
el lugar a una política ásperamente confesio­ Con el siglo xn. la situación económica
nal, tendiente a la afirmación forzada de la comienza a cambiar. Primero en Flandes y en
religión de estado; se multiplican las leyes y Italia, luego en los otros países, reflorecen las
las disposiciones tendientes a la discrim ina­ actividades comerciales; los hebreos pierden
ción de aquellos que profesan otras confesio­ el monopolio del comercio europeo y son rele­
nes. Se coloca a los hebreos en posición de gados a los márgenes. Xo siendo ya indispen­
absoluta inferioridad jurídica y se les priva sable a la sociedad como en los siglos prece­
de todo derecho civil, y con ese estatus per­ dentes, su posición sufre un brusco empeo­
manecerán durante todo el Medievo y la edad ramiento; la antigua hostilidad latente en la
moderna, hasta la emancipación. El a. asume, nobleza, que ve en los hebreos a los que se
justam ente en esta época, uno de sus compo­ apropian de una parte de sus bienes, ahora
nentes ideológicos fundamentales: el religio­ puede desplegarse completamente: ésta es la
so. basado en la aversión por la ‘‘obstinación’’ causa de la multiplicación de los actos de
hebraica en no reconocer el advenimiento del saqueo y despojo señoriles en esta época. Con­
ANTISEMITISMO =¡9

temporáneamente se desarrollan nuevos anta­ de Ñapóles en el periodo 1510-1541, de los


gonismos: la burguesía naciente presiona estados pontificios —con la excepción de
para lograr la completa eliminación de los Roma y de Ancona— en 1569 y más tarde en
hebreos del comercio; las cruzadas, que sig­ 1593). Solamente en Alemania yen Italia sep­
nan para esta clase una importante etapa de tentrional pueden perm anecer conspicuos
desarrollo, constituyen al mismo tiempo la núcleos de hebreos.
prim era gran manifestación del a. medieval. Pero su situación económica y jurídica
Alejados progresivamente del gran tráfico empeora notablemente: relegados —salvo
internacional, los hebreos deben retirarse al pocas excepciones— al pequeño comercio y
pequeño comercio, y sobre todo a la usura. al empeño con los estratos más pobres de la
Lo que antes era sólo una actividad comple­ población, segregados en los guetos que se
mentaria, se convierte ahora en una de las instituyen en esa época, los hebreos que per­
principales fuentes de subsistencia, y mien­ manecieron en Occidente vivirán hasta el
tras en los siglos de la alta Edad Media los siglo xvin en condiciones de miseria y degra­
préstamos hebraicos se destinaban en gran dación, mientras la forzada separación de la
parte al financiamiento del rey y de la noble­ comunidad cristiana, la restauración religio­
za, ahora se desarrolla el pequeño préstamo, sa intentada por la contrarreform a y la obra
concedido a los campesinos y a la plebe cita- de numerosos frailes predicadores contribu­
dina. Este hecho lleva al rápido deterioro de yen al enriquecimiento de nuevos temas en
las relaciones entre los hebreos y el pueblo, el repertorio de los lugares comunes antise­
que \e erróneam ente en ellos la causa de la mitas.
propia miseria; especialmente en Alemania se Pero, como se vio, la mayor parte de los
radica en esa época en la mentalidad popu­ hebreos debe dejar Europa occidental a con­
lar un tenaz a., que explica por qué en 1.348- tinuación de las expulsiones. Se convierten en
1350. durante la epidemia de la peste negra, principales metas de emigración aquellos paí­
los hebreos, acusados de envenenar los pozos, ses donde el feudalismo todavía se conserva,
fueron víctimas de matanzas y de persecucio­ o donde el desarrollo comercial aun no ha
nes feroces. En conflicto con todas las clases penetrado: vale decir Turquía, Rusia y sobre
sociales, los hebreos viven durante los últi­ todo Polonia. Aquí los hebreos pueden reto­
mos años de la Edad Media uno de los peo­ mar sus antiguas funciones mercantiles y
res momentos de su historia; en Italia la situa­ financieras y alcanzar un buen grado de segu­
ción parece menos mala que en otras partes, ridad y de prosperidad: los estratos burgue­
pero también aquí se multiplican las restric­ ses. que dan apenas los primeros pasos, no
ciones y las medidas discriminatorias. La son capaces de constituir un núcleo antagó­
obligación de llevar una contraseña, dispues­ nico; las tentativas de la nobleza de sustraer­
ta ya para todos los ‘■infieles" en los países se con la violencia a las pasadas deudas finan­
islámicos, la decreta para los hebreos el IV cieras que la ligan a los prestadores de dine­
Concilio Lateranense de 1215 y es efectiva­ ro son frenadas por la corona, que protege a
mente adoptado en los estados italianos en el los hebreos al ver en ellos una importante
siglo xv. fuente de ingresos: las relaciones económicas
Luego de haber sido alejados del gran entre el pueblo y los hebreos todavía son esca­
comercio, los hebreos ven empeorar ulterior­ sas. Esta es la causa de que el a. tenga en la
mente su situación con e! desarrollo de las Polonia de los siglos x iv -xvi un carácter sólo
actividades bancurias (siglos xiv-xv). Margi­ ocasional y episódico.
nados también de la actividad prestamista, La situación comienza a empeorar en el
pierden en efecto toda función económica siglo xvii, cuando el capitalismo inicia su
específica: su presencia no parece más justi­ penetración en Europa oriental, mientras se
ficada ante los ojos de los monarcas, que debilita el poder real dejando a los hebreos
decretan la expulsión de éstos de muchos paí­ expuestos a los vejámenes de la nobleza. En
ses de Europa (de Inglaterra en 1290, de Fran­ esa época, muchos hebreos abandonan la acti­
cia en 1306 y luego en 1394, de España en vidad independiente y se convierten en admi­
1492; en Italia los hebreos son alejados de nistradores de los bienes de los nobles; pero
Sicilia y de Cerdeña en 1492; de todo el reino de esta forma chocan con los campesinos que
&0 ANTISEMITISMO

ven en ellos el instrumento de su explotación un estado de perm anente inseguridad; entre


por parte de los terratenientes. El a. adquie­ los estratos inferiores (artesanos, pequeños
re entonces nueva fuerza y virulencia al tiem­ comerciantes) son numerosos los casos de
po que las condiciones económicas de los proletarización o de desclasamiento económi­
hebreos se hacen cada vez más precarias co y social. En estas circunstancias, la intro­
como resultado de la crisis general de la socie­ ducción en el mercado del trabajo de los
dad polaca y de la expulsión de las activida­ hebreos —dedicados tradicionalmente a pro­
des comerciales y prestam istas que. a seme­ fesiones de tipo pequeñoburgués—. que se
janza de lo que había ocurrido en la Europa realiza a través de la asimilación de las comu­
occidental algunos siglos antes, comienza a nidades hebraicas de Occidente y la contem­
verificarse en concomitancia con la decaden­ poránea v numerosa emigración de Europa
cia del feudalismo. En el siglo xix, abando­ oriental, es sentida por la pequeña burguesía
nando una Polonia ya en ruinas, numerosos como un nuevo ataque peligroso para el pro­
hebreos retoman a Occidente; los seguirá otra pio estatus; se crea asi un terreno fértil para
consistente corriente de emigrantes prove­ el desarrollo del a., gracias también al hecho
nientes de la Rusia zarista. Las comunidades de que las nuevas teorías del nacionalismo (v.)
de Austria, Francia, Alemania y Estados Uni­ y del racismo, al afirm ar la naturaleza étni­
dos adquieren asi, rápidamente, una nueva ca (y no territorial) de la comunidad nacional,
dimensión e importancia, creando las condi­ permiten la consideración de los hebreos
ciones para el nacimiento del a. moderno. como un cuerpo extraño y potencialmente eli-
minahle. En realidad, las posiciones antise­
m el antisemitismo moderno En la segunda mitas de la pequeña burguesía no nacen de
mitad del siglo xix los hebreos de Europa una clara visión de la real situación económi­
occidental se encuentran en una condición ca; al temor inmediato de una competencia
absolutamente diferente a la de los siglos pre­ profesional se agregan consideraciones irra­
cedentes. Emancipados en el plano jurídico, cionales, ilusorias esperanzas de señalar en
gozan ahora de los mismos derechos de los un enemigo débil y fácilmente suprimible las
otros ciudadanos y tienen la posibilidad de causas de la propia situación precaria y de
acceder a cualquier profesión. De hecho, un conseguir de este modo relativamente simple
amplio porcentaje de ellos se dedica a activi­ un imposible rescate. Si bien potencialmen­
dades comerciales —donde la presencia te dispuesta ai a., la pequeña burguesía no es
hebraica es todavía consistente, especialmen­ capaz, por sus mismas características, de
te en Austria y en Alemania— o intelectuales; organizar autónomamente acciones consis­
pero no monopolizan ninguna profesión. Los tentes en este sentido. Pero en este punto
hebreos no cumplen función económica espe­ entran en juego otras fuerzas sociales: los gru­
cífica y exclusiva alguna; ya no son un pueblo- pos dirigentes políticos c industriales tnás
clase; no puede hablarse, a propósito de esa extremistas comprenden la importancia que
época, de reales contradicciones económicas puede tener el a. como objetivo desviante para
entre los hebreos —entendidos como cuerpo las tensiones de las clases pequeñoburguesas
general— y alguna clase o sector de la socie­ y. potencialmente, también del proletariado;
dad. Pero paradójicamente, justam ente en el por esa razón se esfuerzan por apoyarlo y
momento en que todo antagonismo se ha anu­ generalizarlo. Encuentran a su lado una
lado, la falta de una especifica función en la columna de intelectuales que, condicionados
economía hace que los hebreos ya no sean ellos mismos por la propia situación de inse­
absolutam ente necesarios en la sociedad: su guridad y precariedad y por el tem or de la
eliminación, que en los siglos del Medievo o "competencia" hebraica, se prestan a sumi­
en la Polonia feudal habría sido impensable, nistrar una cubertura "cultural" al movimien­
ahora puede proponerse y discutirse de mane­ to antisemita.
ra concreta. En la edad del progreso técnico y del posi­
El a. moderno nace y se desarrolla como tivismo, por otra parte, esa cobertura ya no
fenómeno pequciioburgués. El crecimiento de puede ser de tipo religioso o irracionalista.
la gran industria y las recurrentes crisis eco­ El a. se cubre por eso con atuendos "científi­
nómicas colocaron a la pequeña burquesía en cos”; las teorías del rucLmo (v.) elaboradas
ANTISEMITISMO 61

por von Treitschke, Gobineau, Chamberlain sido el "capitalismo hebreo internacional" el


y por numerosos epígonos, se prestan bien verdadero artífice de la derrota. En estas cir­
para ser utilizadas como sostén teórico. Con cunstancias. el naciente partido nacionalso­
estos fundamentos socioeconómicos y "cul­ cialista. guiado por Hitler desde 1921, entien­
turales” el a. se desarrolla en Alemania des­ de la importancia de unir su propia suerte al
pués de la crisis económica de 1873, para lle­ ascenso del movimiento antisemita. Con el
gar a su ápice en 1880-1881; desde entonces, eclecticismo demagógico que distingue a
sin embargo, su importancia disminuye dia todos los movimientos fascistas, Hitler esti­
a día, aunque permanece como un sentimien­ mula los sentimientos antisem itas de las
to latente en el ánimo de muchos alemanes. masas alemanas dirigiéndose tanto a los
También en Austria, donde las ideas antise­ estratos superiores (a los que hace vislumbrar
mitas son parte integrante del propio progra­ la equivalencia entre hebraísmo, marxismo y
ma del partido social cristiano, después de la materialismo, incluso recordando la presen­
ascención al gobierno de este ultimo (1895) se cia de numerosos hebreos entre los principa­
asiste a una moderación del a., y también en les teóricos y activistas del movimiento comu­
Francia, después de las tensiones suscitadas nista) como al proletariado (explotando el
a fines del siglo por el caso Drevfus, el a. vuel­ impulso lendencialmente anticapitalista de
ve a asumir una posición completamente mar­ esta clase social pura desviarla contra la "plu­
ginal. En los años precedentes a la explosión tocracia hebraica", favorecido en esto por la
de la prim era guerra mundial, el a. ha perdi­ persistencia en el pueblo de la antigua ima­
do ya mucha importancia en la escena políti­ gen de los hebreos como los detentadores del
ca de la Europa occidental y no parece cons­ poder del dinero) y a la pequeña burguesía,
titu ir de ninguna manera una amenaza. Dis­ a la búsqueda de cualquier ideal en el cual
tinta, por el contrario, es la situación en los poder creer nuevamente. El nazismo obtiene
países de la Europa oriental (Rusia. Polonia, asi esa vastedad de consensos que explica su
Rumania), donde las nuevas teorías del "racis­ rápida ascensión, y el a. se convierte, luego
mo científico” pueden insertarse sobre un de la toma del poder, en norma de ley en Ale­
fondo de a. popular todavía ampliamente mania. Las condiciones de los hebreos se
difundido. La incompleta penetración del agravan cada vez más; con la explosión de la
capitalismo en esas regiones y el fuerte espí­ segunda guerra mundial y la expansión de las
ritu nacional (en sentido étnico) de las pobla­ fuerzas arm adas nazis comienza el extermi­
ciones eslavas y balcánicas mantienen a los nio sistemático de las comunidades hebrai­
hebreos efectivamente en posición separada cas de Europa.
permitiendo la supervivencia de formas de a. En el periodo entre las dos guerras, fuera
heredadas sin solución de continuidad desde de Alemania el a. no alcanza en ningún pais
los siglos precedentes. En Rusia, además, el europeo dimensiones de masa; sólo en Polo­
gobierno zarista fomenta conscientemente el nia, Hungría y Rumania el peso de tradicio­
a. como instrum ento de desviación de las nes, vigorizadas por la penetración de las
masas populares de sus reales problemas. ideas del fascismo alemán, determ ina una
Después de 1918 una crisis gravísima se cierta difusión. En la misma Italia el a.
abate sobre Alemania. El rencor de las clases adquiere importancia solamente con las leyes
medias desquiciadas y de los ambientes mili­ raciales de 1938. como consecuencia de las
tares desocupados y humillados busca de relaciones más estrechas con la Alemania
alguna manera un desahogo; millones de per­ hitleriana; pero, a pesar de los esfuerzos de
sonas, por tantos años confiadas en la inven­ la propaganda fascista, no logra difundirse
cibilidad de las arm as alemanas, no pueden entre la población, que permanece completa­
ahora convencerse de la derrota. Se abre mente extraña —cuando no hostil— a las teo­
camino, poco a poco, la absurda sospecha de rías racistas.
que la guerra no se habría perdido por demé­ Distinta es la situación en Estados Unidos,
rito del ejército nacional sino por oscuras con­ donde una consistente inmigración crea tn los
juras internas e internacionales: las latentes años precedentes a la prim era guerra mun­
tradiciones antisem itas del pueblo aleman dial la mayor comunidad hebrea del mundo.
reflorecen para acreditar la idea de que había Como reacción a tal inmigración, sentimien­
t>2 ANTISE.Vin ISMO

tos antisemitas se difunden bastante amplia­ hebreos), además del recuerdo de las perse­
mente entre la población, a semejanza, por cuciones hitlerianas, hace que incluso en las
otra parte, de lo que sucede frente a otras zonas donde están más difundidos prejuicios
comunidades nacionales, que encuentran las de tipo racista —como en algunas ciudades
mismas dificultades de ubicación en la socie­ del norte respecto de los meridionales— el a.
dad norteamericana. Si bien no alcanza el gra­ esté prácticamente ausente, y más bien gocen
do de dram aticidad de la situación alemana, de una cierta simpatía, al iguai que el estado
el a. ejercita una cierta influencia sobre el de Israel. La aparición ocasional de escritos
mercado del trabajo, donde los hebreos o publicaciones antisemitas —por parte de
sufren frecuente discriminación; los periodos elementos de la extrema derecha— es desa­
de mayor virulencia son los correspondien­ probada por la amplia mayoría de la opinión
tes a 1920-1924, cuando el mismo Ku-KIux- pública.
Klan incluye la lucha antijudia en sus progra­ Entre los países de Europa occidental, las
mas y Henry Ford desencadena en sus órga­ mayores comunidades hebreas se encuentran
nos de prensa una violenta campaña antise­ en Francia y en Gran Bretaña. Aquí el análi­
mita, y los años sucesivos a la gran crisis de sis sobre el a. se coloca en dos planos; en un
1929, como consecuencia del pánico que se nivel de masa los prejuicios anlijudios toda­
había difundido entre las clases medias y de vía no desaparecieron completamente, pero
una cierta penetración de las ideas propaga no constituyen un problema real; el a. activo
das por pequeños grupos nazifacistas. Pero —en Italia— lo sostienen sólo pequeños gru­
la acentuación de persecuciones en Alemania pos de extrema derecha, pero obtienen poco
asestará un duro golpe al a., acaparando a consentimiento y más bien reciben la desa­
favor de los hebreos gran parte de la opinión probación de la población. Los impulsos
pública norteamericana. racistas todavía bien presentes en la sociedad
Respecto del a. europeo y norteamericano, europea encuentran efectivamente un más
debe considerarse como un fenómeno distin­ fácil desahogo dirigiéndose contra los inmi­
to la supresión de la cultura yiddish en la grantes extranjeros, especialmente árabes (en
Unión Soviética de los años cuarenta, después Francia) y africanos, indios y caribeños (en
del pujante desarrollo de los quince años pre­ Inglaterra); los mismos grupos de derecha
cedentes. En la base de las medidas tomadas consideran actualmente más "provechoso”
no sólo contra los hebreos sino también con­ dirigir las propias campañas nacionalistas y
tra otros pueblos —como los calmucos, los racistas contra estos últimos antes que con­
tártaros de Crimea y los alemanes del Volga— tra los hebreos. Incluso en Estados Unidos las
no hay en efecto contradicciones de natura­ tendencias racistas se dirigen preferentemen­
leza económica sino más bien consideracio­ te no contra éstos sino contra los negros y los
nes de ''seguridad política" que, sin em bar­ puertorriqueños, mucho más expuestos a la
go, revelan —en la visión de la "responsabi­ hostilidad de la población por su posición
lidad colectiva" de los pueblos— estrechos social. Sin embargo, la amplia difusión de la
vínculos con la mentalidad del nacionalismo mentalidad racista logra también que el a.,
europeo. La inclusión de los hebreos en la lis­ aunque sin alcanzar habitualmente dimensio­
ta de los pueblos "potencialmente subversi­ nes de verdadera y propia dramaticidad, sea
vos” se tn< ampliado con la sospecha suscita­ bastante radicado, especialmente en Nueva
da en el círculo dirigente staliniano por las York, donde tiene su sede la más importante
"tendencias cosmopolitas" de los hebreos y comunidad hebrea del mundo.
por los supuestos vínculos de éstos con En la Unión Soviética los órganos de pren­
ambientes occidentales. sa desarrollan una activa y frecuentemente
violenta campaña contra el sionismo y el
iv. el antisemitismo hoy En Italia el a. es hoy gobierno isrrelita. preocupándose constante­
un fenómeno .socialmente poco relevante: el mente de distinguir la propia posición del a.,
escaso número de hebreos, su perfecta asimi­ al que se condena decididamente. Sin embar­
lación en la estructura económica nacional (y go, en el nivel de masa, esa distinción no es
la consecuente completa ausencia de grupos igualmente fácil y evidente, incluso porque
sociales o profesionales específicamente los hebreos, en los estados multinacionales
ANTROPOLOGIA POLITICA 63

del este europeo, han sido siempre conside­ pos de nazis exiliados en la inmediata posgue­
rados como nación (en sentido étnico). Por rra, el a. tampoco arraigó en la población.
otra parte, la tradicional mentalidad antise­
mita no ha sido completamente extirpada, y BIBLIOGRAFIA: U. Calta/., L\antisemitismo italiano
esto no sólo por las profundas raíces históri­ sollo il fascismo, Florencia, La Nuova Italia,
cas que el a. tiene en toda Europa oriental 1975; V. Colomi, Gli ebrei nel sistema del diru­
sino también como consecuencia de la perma­ lo cumune italiano fino alia prima emancipazio-
nencia en la suciedad soviética de tensiones ne, Milán, Giuffré, 1956; R. de Felice, Storia de¡>l¡
y desequilibrios sociales todavía no comple­ ebrei italiani sollo il fascismo, Turín, Einaudi,
tamente resueltos y de la inacabada realiza­ 1972’; A.M. di Ñola, Antisemitismo in Italia,
ción de la democracia socialista en un nivel I962-IV72, Florencia, Vallecchi, 1973: A. León. El
generalizado. Por eso se verifican todavia en marxismo y la cuestión judia (19461, México, J
la Unión Soviética ocasionales episodios de Pablos. 1976; K. Marx y otros. II marxismo e la
a., reprimidos de m anera a veces demasiado questione ebraica. antología a cargo de M. Mas
blanda por las autoridades —especialmente sara, Milán. Teti. 1972: G. Mayda, Ebrei sollo
locales—, quizá todavía influidas por sospe­ Salo: la persecuzione antisemita, /94.?-/945,
chas respecto del “ internacionalism o" Milán. Feltrinelli, 1978; L. Poliakov, Historia del
hebreo. antisemitismo. I: De Cristo a los indios de la corte
En los países árabes —y, por extensión, en (1955); 2: De Mahoma a los marranos (1969); 3:
algún estado africano— el conflicto con Israel El sinln de las luces (1968); 4. La emancipación
determinó la aparición de actitudes antisemi­ y la reacción racista; 5: La Europa suicida, Bar­
tas, tanto en un nivel popular como oficial, celona. Muchnik; E. Saracini, Breve storia degli
generalmente no de tipo racial. La situación ebrei e dell’antisemitismo. Milán. Mondadori,
de extrema tensión política y la escasa infor­ 1977.
mación de las masas hace que, en efecto, la
distinción entre hebreos (como pueblo) e [SANDRO ORTONAj
Israel (como estado) sea escasamente adver­
tida. incluso porque parece evidente la soli­
daridad con Israel de las comunidades
hebreas de la diáspora. El recurso a argumen­ antropología política
taciones antisemitas como instrumentos de
propaganda por parte de las organizaciones I DEFINICIÓN Y OBJETIVOS DE LA DISCIPLINA Lil a.
árabes y palestinas se explica también con la política es una especiali/acion tardía de la a.
inmadurez política y la falta de una clara social. La investigación antropológica siem­
visión de clase de algunas organizaciones, que pre había considerado el hecho político como
se traduce, por otra parte, también en otros un sistema de relaciones derivado y conse­
métodos de lucha (como el terrorismo). cuentemente lo había tomado sólo marginal-
En Sudáfrica, país racista por excelencia, menie en consideración. Del examen de las
donde viven más de ICO CCO hebreos, la situa­ estructuras sociales nació recientemente el
ción de estos últimos es bastante buena, a interés que privilegia el estudio de los siste­
pesar de las simpatías proalemanas de mas políticos primitivos. Como disciplina la
muchos Afrikaners (Jurante el último conflic­ a. política quiere reconocer y examinar empí­
to mundial y la posición declaradamente anti­ ricamente la naturaleza de los sistemas y de
semita asumida por el partido nacionalista en las combinaciones políticas, con el fin de des­
ese mismo periodo. En efecto después de la cubrir cuáles sun en realidad los principios
.subida al poder de los nacionalistas, razones que regulan las relaciones internas y exter­
de política interna (aversión por el a. de bue­ nas de los miembros de las comunidades polí­
na parte de la opinión publica, compenetra­ ticas diferentes de aquellas que nos son más
ción de los hebreos en la burguesía urbana familiares. La a. política rechaza tanto la filo­
de raza blanca) y exterior (amistad con Israel) sofía política como la ciencia política tradi­
sugirieron el abandono de cualquier tentati­ cionales. confinadas dentro de sus perspec­
va de discriminción antisemita. En America tivas “eurocénti ¡cas”. La a. política no quie­
Latina, a pesar de la actividad de algunos gru­ re elaborar abstracciones sino estudiar las
64 ANTROPOLOGIA POLITICA

instituciones políticas con un método cientí­ política es el norteamericano R. H. Lowie (The


fico que sea inductivo y comparativo al mis­ origin of the State, 1927). La investigación
mo tiempo y que, en prim er lugar, tienda a sobre los orígenes del estado y la utilización
explicar las uniformidades y las diferencias de categorias ‘‘occidentales” mantienen a esta
entre las mismas instituciones y la interde­ disciplina en embrión dentro de su carácter
pendencia de éstas con las otras formas de etnocéntrico: Lowie emplea el término polí­
organización social. tico para designar el conjunto de las funcio­
La a. política se coloca en una posición polé­ nes legislativas, ejecutivas y judiciales, lo que
mica frente a la mayor parte de las teorías lo conduce a privilegiar la existencia y el
políticas centradas en el concepto de estado carácter del gobierno central. Sin embargo,
y basadas en una noción unilateral del gobier­ Lowie da un paso más respecto de Maine y
no de las sociedades humanas. Prim er obje­ Morgan porque demuestra la posibilidad de
tivo de la a. política es la definición de politi- formas de pasaje desde la organización paren-
cidad, ya no vinculada sólo a las sociedades tai a la organización territorial: estos dos
llamadas históricas o a la presencia de un tipos no son exclusivos uno del otro. Pero el
aparato estatal que pueda abarcar la gran verdadero nacimiento de la moderna a. polí­
diversidad de formas políticas en el mundo. tica se produjo en los años de 1930 y debido
Las obras de a. política proponen luego cla­ a las investigaciones conducidas en el marco
sificaciones de las distintas formas de orga­ de la a. aplicada. Esas investigaciones reci­
nización política que permiten la racionaliza­ bieron un impulso de las exigencias cognos­
ción y por lo tanto la comparación de los dis­ citivas de la política colonial británica de
tintos sistemas. Finalmente, esta disciplina ha administración "indirecta" y del descubri­
intentado redefinir nociones fundamentales miento de que en el continente africano con­
como: poder, autoridad, acción política, tinuaban su existencia y funcionamiento sis­
acción administrativa, legitimidad, legalidad, temas políticos “tradicionales”, cuando en
sistema político, gobierno, para convertirlas todo el resto del mundo los sistemas del mis­
en universalmente aplicables. Esto responde mo tipo estaban desapareciendo rápidamen­
a la ambición final de la a. política de propo­ te. La serie de investigaciones que en prim er
nerse como una verdadera ciencia compara­ lugar se ocuparon del estudio de los sistemas
tiva de gobierno que puede llegar a confron­ políticos tradicionales en Africa, combinan
tar sistemáticamente sociedades diferentes los métodos de trabajo sistemático de cam­
disponiendo de un esquema analítico y utili­ po de Malinowski con la perspectiva socioló­
zando categorías que sean adecuadas a to­ gica funcional de Durkheim asumida por
das las formas de organización política en Radcliffe-Brown. Éstos colocan el acento en
todas las épocas.I. el análisis del sistema político, del cual desta­
can las diferencias estructurales y la extre­
II. HISTORIA DE LAANTROPOLOGIA POLITICA. Los pri­ ma variedad de formas.
meros estudios de a. que se ocuparon del El texto que confiere estatuto científico a
hecho político lo hicieron de manera indirec­ la a. política se intitula A frican political
ta: Sir Henry Maine [Ancient law, 18611 y L. systems, una serie de ensayos de distintos
H. Morgan [Ancient society, 1887) elaboraron autores publicado en 1940 por M. Fortes y E.
teorías sobre la evolución política de la huma­ E. Evans-Pritchard, con una introducción de
nidad. Ellos proporen una primera distinción éstos y otra de Radcliffe-Brown. En esta obra
que aún es actual: las sociedades basadas en se distingue entre “sociedades estatales” y
la organización de parentesco se diferencian “ sociedades sin estado”. Aunque esquemáti­
de aquellas fundadas en la territorialidad. Sin ca y frecuentemente criticada, esta clasifica­
embargo, tal distinción permanece especula­ ción es un progreso en tanto el hecho políti­
tiva en la medida en que se basa más en una co ya no se excluye de aquellas sociedades que
concepción de la evolución histórica que en no poseen instituciones específicas y especia­
una información precisa concerniente a la lizadas. Esta serie de estudios abrió el cami­
estructura general de las llamadas socieda­ no a muchas investigaciones monográficas y
des ‘‘prim itivas”. Uno de los primeros en a obras de análisis comparativo y, consecuen­
abordar de manera explícita un tema de a. temente, a un articulado debate teórico y
ANTROPOLOGÍA POLITICA 65

metodológico. Las investigaciones de a. poli- oficial de los sistemas con las contradiccio­
tica. sobre ledo aquellas realizadas por antro­ nes reveladas en su funcionamiento, pero sin
pólogos africanistas en las que se analizan los construir un modelo; mientras que los antro­
sistemas estatales no occidentales y la natu­ pólogos de la segunda corriente, prefiriendo
raleza del gobierno y de la política en esos exam inar los microcosmos políticos, antes
tipos de sociedad llamadas "sin estado" en los que nada toman los actores, los com porta­
que no existen o existen en número exiguo ins­ mientos como prueba de una formalización
tituciones y funciones especializados de tipo implícita. Los primeros parten de la totalidad
político y se profundiza el examen de las y de la teoría del sistema, m ientras que los
estructuras de parentesco y de los modelos segundos la reconstruyen a partir de las prác­
de relación que las sostienen, permitieron una ticas y de las interacciones individuales y
nueva y más funcional delimitación del ámbi­ colectivas. La segunda corriente es tanto una
to político y un señalamiento más exacto de reacción al funcionalismo como a la visión
sus aspectos. historizante y global de los sistemas sociales
La a. política de los años treinta y cuaren­ (F. G. Bailley, M. Swartz, R. Nicholas). Algu­
ta era por definición funcionalista. En este nos temas permiten conectar a las dos
cuadro teórico la política se definía de mane­ corrientes: son aquellos que consideran al sis­
ra unilateral: el mantenimiento del orden y tema político como el espacio de relaciones
de la cohesión social. 1.a política estaba al ser­ asimétricas de competición y de cooperación
vicio del conjunto de la organización, jamás y que analizan las relaciones entre los grupos
en la perspectiva de una estratificación no en términos de estrategia, de manipulación
igualitaria de los grupos. En este sentido la y de contestación.
prim era a. política es muy formal y presenta
descripciones de normas políticas de funcio­ 111 DEFINICION DF. POUTICIDAD Y1 IPOLüGlA DF. LAS FOR­
namiento y no de comportamiento real. Es MAS de organización poUtica. El prim er proble­
sólo a partir de los años cincuenta que nue­ ma de la a. política es el de definir el ámbito
vas corrientes teóricas sustituyen al forma­ de la politicidad. Mame y Morgan dieron par­
lismo de esta a. política. ticular importancia al criterio territorial.
No es causal que los antropólogos de la pos­ Radcliffe-Brown y Schapera {Government and
guerra se hayan dedicado sobre todo al estu­ politics in tribal societies, 1956) reformularon
dio de los conflictos sociales y políticos: el fin el problema demostrando que también las
del mundo colonial impone su dinámica his­ sociedades más simples tienen alguna base
tórica a la teoría (M. Gluckman y C. Balan- territorial: no hay por lo tanto incompatibi­
dicr), mientras en Estados Unidos la reacción lidad entre el principio de parentesco y el
antifuncionalista y anticulturalista toma la principio territorial, como por otra parte
forma de un neoevolucionismo que analiza había ya destacado Lowie. Las diferencias
tanto las sociedades antiguas como las socie­ consisten en el tipo de conceptualización de
dades contemporáneas (M. Sahlins, M. Fried, las relaciones políticas que en algunos casos
L. Krader, E. Service, E. Wolf). La segunda pueden expresarse en términos de parentes­
corriente corresponde a la mutación estruc­ co o según otros modelos, los cuales, en con­
turalista del antiguo funcionalismo (E. Leach, secuencia, oscurecen las relaciones territoria­
J. Pouillon) y el análisis de un sistema políti­ les que siempre existen. En la introducción
co como sistema de acción política, como pro­ a African political Systems, Radcliffe-Brown
ceso. En este caso la a. política privilegia el propone definir como sistema político “aque­
análisis de los casos, la interacción en el seno lla parte de la organización global de una
de microcomunidades y construye modelos sociedad que se ocupa de la conservación o
que tienen en cuenta la dimensión individual. de la creación de un orden social, en una
Se aplica la teoría de los juegos o de la deci­ estructura territorial, a través del ejercicio
sión para formalizar comportamientos reales. organizado de una autoridad coercitiva que
Las dos corrientes se contraponen según el pase a través de la utilización, o la posibili­
nivel de análisis elegido; los antropólogos de dad de utilización, de la fuerza".
la primera corriente defienden una visión glo­ Esta definición coloca el acento sobre el
bal de la sociedad y confrontan la definición mantenimiento del orden de los valores comu­
66 ANTROPOLOGIA POLITIC A

nes de integración, equilibrio y continuidad; tos conflictos y ciertas formas de rebelión no


acción política es todo aquello que tiende al son vehículos de desintegración del sistema
mantenimiento de este orden y el sistema sino que concurren para mantener el orden
político es visto no como una parte concreta­ social.
mente distinguida del sistema social sino más Remitiéndose al análisis funcionalista. For­
bien como un aspecto Funcional del sistema tes y Evans Pritchard sostienen que sólo los
social global: funciones de conservación, de estados tienen un sistema de gobierno, pero
decisión v de dirección de los negocios públi­ tuda sociedad, sin exclusión, tiene un siste­
cos. El sistema político funciona por medio ma político y éste opera en el interior de un
de grupos v relaciones sociales, sin embargo, tejido territorial. Ellos distinguen tres tipos
no es necesario que éstas sean organizacio­ de sistema político: en primer lugar las socie­
nes de gobierno o estatales. Asi como los dades de dimensiones exiguas, en las que
científicos políticos consideran que no pueden incluso la unidad política de más vastas
entenderse adecuadamente los sistemas polí­ dimensiones abarca un grupo de personas
ticos de las sociedades occidentales o moder­ que están unidas entre si por vínculos de
nas limitándose al estudio de las organizacio­ parentesco, de tal manera que las relaciunes
nes formales de gobierno, del mismo modo políticas coinciden con las de parentesco; en
los antropólogos funcionalistas concluyen segundo lugar, hay sociedades cuya estruc­
que la ausencia de esas organizaciones no tura de descendencia es el marco del sistema
debe interpretarse como ausencia de institu­ político, si bien habiendo un preciso ordena­
ciones y procesos políticos. L.a tendencia miento entre los dos cada uno permanece
dominante había sido, como dice L. A. Fallers separado y autónomo en su esfera; en tercer
CBantu hureaucracy, 1956), pensar que la lugar hay sociedades en las que una organi­
"cosa política” correspondiera no a institu­ zación adm inistrativa es el cuadro de la
ciones particulares (y por instituciones aquí estructura política. Los tipos de sociedades
se entiende un modelo de comportamiento pueden sintetizarse en dos: estados centrali­
que un grupo considera justo y correcto; una zados con instituciones administrativas y
norma de conducta) sino a especiales y con­ judiciales especializadas Istate societies) y
cretas unidades sociales, en general a las que sociedades sin estado (stuteless societies),
les competía el uso legítimo de la fuerza o de estas últimas basadas en el linaje v carentes
las sanciones a fin de mantener el orden social de las instituciones susodichas. Esta dicoto­
—el "gobierno" o el "estado”. Las sociedades mía ha sido objeto de innumerables críticas.
"prim itivas" frecuentemente no poseen uni­ Se puso de relieve que no en todas las socie­
dades sociales especializadas por lo que es dades “sin estado" el linaje segmentario
difícil distinguir entre los aspectos y los pape­ representaba la base exclusiva de organiza­
les políticos, económicos y religiosos. De aquí ción política; en muchas de esas, tal base la
la utilidad de definir "instituciones políticas" representaban grupos por edad, u otras aso­
simplemente a las normas que gobiernan el ciaciones de diverso tipo; el linaje también tie­
uso legítimo del poder y no a las unidades ne su importancia en las sociedades estata­
sociales a las que tales normas se aplican. les. A. Southal!. en su libro sobre los alur 1.4/nr
Fallers. inspirándose en los tipos ideales de society: a study in processes and types of domi-
Weber, examina la naturaleza de la autoridad nation, 1954), definió como estados segmen­
en los sistemas africanos tradicionales y colo­ tario.*» aquellos sistemas en los cuales la sobe­
ca el acento en los conflictos que producen ranía territorial del centro es reconocida, aun­
el paso de un sistema de autoridad "patrim o­ que frecuentemente pueda ser solo de tipo
nial" a un sistema "burocrático" creado pol­ ritual y los centros periféricos en realidad
la introducción de las instituciones adminis­ sean poco o nada controlados. Lucy Muir usa
trativas coloniales. Otros, en prim er lugar como criterio de diferenciación el grado de
Gluckman (Politics, law and ritual in tribal concentración del poder, y pur lo tanto dis­
societies. 1965), se ocuparon de la conflictua- tingue entre “gobierno mínimo”, "gobierno
lidad Gluckman, inspirándose en la teoría del difundido" y "gobierno estatal” (Primitive
conflicto social de Simmcl, elaboró la teoría Government. 1962). S. M. Eisenstadt da qui­
de los "equilibrios oscilantes" en los que cier­ zas la definición más cabal, manteniendo aun
ANTROPOLOGIA POLÍTICA 07

la dicotomía básica. Clasifica las sociedades E. R. Leach (Política! systems in higliiand


“sin estado" según las formas de estructura Burma, 1954) elabora un método estructura­
políticamente importantes: linaje segmenta­ lista dinámico, evidenciando la estabilidad
rio, grupos de edad, asociaciones, consejos de relativa de los equilibrios sociopoliticos, los
aldea. Los estados centralizados están dividi­ ajustes variables de la cultura y el ambiente.
dos en tres categorías: aquellos en los que los Leach alerta contra la estuticidad de los sis­
grupos de descendencia son unidades impor­ temas estructurales, los cuales no dan cuen­
tantes de acción política; aquellos en los que ta de una realidad que no tiene siempre un
existen grupos de edad y aquellos en los cua­ carácter coherente. El estudio de Leach con­
les tienen importancia otros tipos de aso­ tribuyó a un cambio en los estudios de a. polí­
ciación. tica: el casi monopolio funcionalista, domina­
M. G. Smith trató de reform ular nociones do por el influjo de Durkheim, había coloca­
v conceptos, trasladando el acento de las fun­ do hasta ese momento el acento en los equili­
ciones a los aspectos de la acción política: la brios estructurales, las uniformidades cultu­
acción política se define como un aspecto de rales, las formas de cohesión. La nueva
la acción de la cual la otra cara es la acción tendencia de la a. política toma en conside­
administrativa; las acciones adm inistrativas ración los conflictos, las contradicciones
son las dirigidas hacia la organización y la internas y externas al sistema y quiere ser
realización de políticas o programas de también una superación de la tendencia a tra­
acción. Las acciones políticas se colocan en zar una simple dicotomía entre supuestos sis­
el nivel decisional, es decir que son acciones temas "prim itivos” y la situación contempo­
del proceso gubernativo tendientes a mode­ ránea como se presenta, completado el pro­
lar e influir las decisiones en los negocios ceso de descolonización, luego de varios años
públicos o a ejercitar poder sobre éstos. Pol­ de experiencia política autónoma. En este sen­
lo tanto, la acción política es por su natura­ tido la a. política puede dar una contribución
leza "segmentaria", porque se expresa a tra ­ a la ciencia política justam ente en el estudio
vés de la mediación de grupos y de personas de los procesos de cambio social, moderniza­
en competencia; inversamente, la acción ción, integración nacional; la estructura glo­
adm inistrativa es "jerárquica” en la medida bal de los nuevos estados independientes,
en que organiza los distintos grados de reglas tomada y adaptada de modelos occidentales,
rígidas. La autoridad es " jerárquica”, no asi se convierte progresivamente en menos sig­
el poder que, por el contrario, es inherente­ nificativa en su interior, y para entender el
mente "segmentario” al estar compuesto por funcionamiento y la transformación deben
individuos y grupos que compiten por el con­ estudiarse las reales interacciones de grupos
trol de los negocios públicos. En el proceso étnica y culturalm ente diversos que coexis­
gubernativo están presentes tanto el aspecto ten con distintos grados de cooperación y con­
político como el aspecto administrativo de la flicto.
acción: el resultado es que los sistemas polí­ Un prim er acercamiento a tales problemas
ticos se distinguen por su variación en el gra­ se realizó en Political power and ¡he distribu-
do de diferenciación o en el modo de asocia­ fian uf power (1965), y en una serie de obras
ción de estos dos órdenes de acción. Se muy recientes que pueden considerarse inter­
podría, en consecuencia, constituir una serie disciplinarias porque combinan la búsqueda
tipológica de las combinaciones entre acción en el campo de la a. con la metodología de la
adm inistrativa v acción política. ciencia politica norteamericana.
Los antropólogos estructuralistas conside­
ran la politicidad bajo el aspecto de relacio­ iv c o n c l is ió n Easton, en un articulo de 1959,
nes formales que revelan las relaciones de sostenia que a los estudios de a. politica les
poder realmente constituido entre los indivi­ faltaba una clara orientación teórica respec­
duos y los grupos: las estructuras políticas, to de la politica y que esto en gran parte se
como toda estructura social, son sistemas debía al hecho de que los antropólogos tienen
abstractos que manifiestan los principios que la tendencia a ver las instituciones políticas
unen a los elementos constitutivos de la socie­ y su funcionamiento como variables indepen­
dad política concreta. dientes que interesan sobre todo por el influ jo
68 APARATO

que ejercen sobre otras instituciones y fun­ derecho y ritual en la sociedad tribal (1965),
ciones de la sociedad de la que forman p ar­ Madrid, Akal, 1978; L.P. Muir, El gobierno pri­
te. Easton llega incluso a negar que la a. polí­ mitivo (1962), Buenos Aires, Amorrortu, 1977; J.
tica exista como disciplina porque le falta Schapcra, Government and politics in tribal
básicamente la conceptualización de los prin­ socielies, Londres, 1956: M.G. Smith, Govern­
cipales atributos del sistema político y un ment in Zuzzati, Londres, 1960.
enfoque más dinámico que establezca una
tipología basada en las estructuras de apoyo, [ANNA MARIA GENTILl]
en la diferenciación de los papeles y en el pro­
ceso de toma de decisiones y resolución de los
conflictos. Sobre la línea de las críticas de aparato
Easton se mueve gran parte de la investiga­
ción de a. política actual (Aidan Southhall). I. APARATOS DE PARTIDO Y PROFESIONALISMO POIJTICO.
Sin embargo, las criticas de Easton tienen El aparato de un partido es el conjunto de las
fundamento en la medida en que la a. políti­ personas y organizaciones con funciones
ca se presenta más como un proyecto en cur­ directivas y ejecutivas que desempeñan una
so de realización que como un ámbito ya cons­ actividad profesional y permiten su funcio­
tituido. namiento continuado.
Balandier (A. política, 1969) resalta que a La formación de los a. en los partidos polí­
pesar del largo camino de sistematización ticos, según la clásica lección weberiana, es
metodológica y conceptual Lodavía por reco­ el producto de la democratización del sufra­
rrer, la a. política "ocupa una posición cen­ gio y de la consiguiente profesionalización de
tral, y esto en la medida en que le es perm iti­ la actividad política, y marca la ampliación
do com prender la política en su diversidad y a las asociaciones privadas y voluntarias de
poner las condiciones para un estudio com­ la tendencia a la organización burocrática
parado más amplio. Además, la a. política manifestada en el nivel estatal con el adveni­
obligó a la descentralización en la medida en miento del absolutismo.
que universalizó la reflexión extendiéndola En el momento en que. con la afirmación
hasta las bandas pigmeas y amerindias con del poder de la burguesía, surgen los parti­
poder mínimo y quebró la larga fascinación dos políticos, sólo se puede hablar de a. en
ejercida por el estado sobre los teóricos de sentido impropio, con referencia a las funcio­
la politicidad.'' La a. política ejerció luego una nes electorales desarrolladas por los comités
función práctica que contribuyó a modificar de notables que constituyeron el frágil esque­
las imágenes comunes que caracterizan las leto del partido premoderno. Personas dota­
sociedades tomadas en consideración por los das de prestigio y de honorabilidad social, y
antropólogos, incluidas las ideologías por lo tanto influyentes, actuando por de fue­
mediante las cuales las sociedades tradicio­ ra de la palestra parlam entaria, asumen la
nales se explican ellas mismas, y en último tarea de la selección y sostenimiento de los
análisis la a. política originó un debate meto­ candidatos a las elecciones, poniéndose a dis­
dológico y teórico que iluminó los límites tan­ posición de los partidos como agentes elec­
to del análisis funcional como del análisis torales: propietarios de tierras e hidalgos en
estructural e impulsó la búsqueda de teorías el campo; burgomaestres, jueces, notarios,
y modelos que tengan en cuenta la mutación abogados, maestros, párrocos en la ciudad.
y el desarrollo, y finalmente las inversiones Su acción reviste un carácter ocasional y dile­
del desarrollo y de los procesos de desinte­ tante y no está directamente remunerada por
gración. el partido; son bastante débiles las cohesio­
nes horizontales entre los diversos círculos
bibliografía: G. Balandier, Antropología política de notables y los contactos verticales con el
(1969), Barcelona, Roma, 1969; D. Easton, Poli- centro, que se estrechan sólo con ocasión de
tical anthropology, en Biemtial Re\iew of Anthm- las campañas electorales. Un ejercicio conti­
pology, a cargo de B. Siegel, 1959; M. Fortes y nuo y especializado de la actividad política
E.E. Evans-Pritchard (comps.), African political sólo existe en el parlamento y en el perio­
Systems Londres, 1940; M. Gluckman. Política. dismo.
APARATO 69

Esta versión "débil'’ de los a. de partido alejando el centro de poder de las cámaras al
declina contcxtuulmente al tiempo que se sistema de partido. La democracia parlamen­
amplían los derechos electorales de las cla­ taria evoluciona asi o bien hacia formas ple­
ses inferiores y con la necesidad, por parte biscitarias. en las que el liderazgo pertenece
de los partidos, de conquistar su adhesión a a quienes se han apoyado en las "m áquinas”
base de programas nacionales orgánicos y de partido, o bien hacia formas burocráticas
coherentes. Las nuevas exigencias de cohe­ de democracia sin cabeza, dominada por apa­
sión, de control, de disciplina provocadas por ratos de políticos de profesión sin carism a y
la ampliación del sufragio determinan la evo­ sin cualidades.
lución de los a. de partido desde las pioneras
asociaciones de notables hasta las modernas II FISIOLOGIA Y PATOLOGÍA DK LOS APARATOS MICHELS.
"máquinas políticas". La creciente raciona­ lenin , Gramsci.A la par de los análisis webe-
lización de las técnicas electorales hace que. rianos, Robert Michels, en su estudio sobre
en la estructura interna de los partidos y en los partidos obreros de masa de principios de
primer lugar de los partidos de base proleta­ siglo, sum inistra una interpretación de la
ria, urja el recurso a la organización burocrá­ etiología y del funcionamiento de los a. de las
tica, lo que determina la sustitución del polí­ organizaciones obreras que ya es clásica.
tico diletante por el político de profesión, que La complejidad creciente de las funciones
vive no tanto por la política sino de ¡a políti­ que el partido moderno debe realizar deter­
ca. en el sentido de que se dedica a ella coti­ mina de inmediato la sustitución del hombre
dianamente convirtiéndola en la propia fuen­ de confianza de los tiempos heroicos de la
te de sostén y en la oportunidad principal de organización, o del funcionario ocasional que
avance social. Funcionarios pagados sustitu­ no trabaja de tiempo completo, por el funcio­
yen parcial o completamente a los hombres nario de profesión que consagra al partido
representativos, aquellos notables a quienes toda su actividad, especializándose en una de
se consignaba antes las funciones electorales, las ramas en que se articula el trabajo políti­
los delegados que daban su trabajo de mane­ co. En el interior de esta burocracia profesio­
ra ocasional o en forma voluntaria. nal, seleccionada sobre la base de la prácti­
Por otra parte, se hace indispensable, sobre ca cotidiana o formada en las escuelas que el
todo en los partidos de clase, poder contar partido organiza, equipada con capacidad
con la contribución de todos los miembros política, competencia técnica, devoción y leal­
para financiar las campañas electorales y sos­ tad a la causa, las funciones se estructuran
tener las candidaturas obreras. Necesidades según una compleja jerarquía que converge
administrativas y oportunidades político- en un centro de gravedad capaz de hacer fren­
organizativas concurren pues a increm entar te a las exigencias de la lucha política. Se for­
el número de aquellos para quienes la activi­ ma un grupo de jefes, dotados de cualidades
dad partidista constituye la profesión prin­ "demagógicas" y de capacidades técnico-
cipal o única: a los diputados y a los perio­ administrativas. Su misma experiencia y
distas hacen costado funcionarios, contables, especialización los hace indispensables y por
escribientes. Para siempre serán las cualida­ lo mismo inamovibles de los cargos alcanza­
des de estos burócratas las que determinarán dos; la confianza y la devoción de las masas
el éxito del partido, por lo que éste tiende a refuerza tanto su poder que los congresos que
transform arse en una empresa en la que el deberían elegirlos asumen la función de
poder está en manos de quienes le proporcio­ meros ritos celebratorios. El liderazgo con­
nan trabajo con asiduidad. Se trata del mode­ centra en sus manos todo el poder organiza­
lo del Parleiapparat cuyo ejemplo más ¡lus­ tivo y financiero y se adueña de los canales
tre es la socialdemocracia alemana de la épo­ internos de comunicación del partido. Ade­
ca guillermina, clásica organización obrera más desarrolla una psicología consiguiente,
de funcionarios ajustada para actuar con efi­ basada en la conciencia de su propia indis­
cacia en la palestra político-electoral. pensabilidad, que los lleva a identificar la
La consolidación del fenómeno de los apa­ voluntad colectiva del partido con su propia
ratos de partido tiene entre sus efectos el de voluntad. Se ha constituido así una verdade­
modificar la estructura del parlamentarismo. ra casta oligárquica, que no se identifica con
70 APARATO

el a. en su totalidad, pero que constituye el masas, el rasgo de unión entre centro y peri­
estrato superior y dominante de éste. La ver­ feria, entre la clase y su estado mayor orga­
dadera burocracia de partido, los sectores nizado. Este modo de entender la organiza­
medios y bajos del a., se adecúan a las deci­ ción profesional se apoya en una visión pecu­
siones del grupo dirigente y sostienen su liar de la relación entre partido y classe jar­
selección. dee, entre direcciun y espontaneidad. La poli-
El a. de partido entendido de esta manera, tica es praxis científicamente fundamentada
de Michels en adelante, está considerado y en cuanto tal requiere especialización. La
como el locus del proceso de distorsión de los espontaneidad no necesita de profesionali-
fines propio de toda organización política dad. pero el partido, conocedor de las leyes
compleja. Una vez superada la fase de la con­ de movimiento de la historia, quiere actuar
solidación organizativa, en efecto, la finalidad con eficacia en la creciente complejidad social
latente de todo a. viene a ser la superviven­ con vistas a los fines revolucionarios a los que
cia y el refuerzo de la organización y la per­ tiende, debe confiar en los cuadros de base,
petuación de las élites que la guian. Es claro intermedios y superiores, conocedores y dis­
que el dominio de los políticos de profesión ciplinados, adiestrados para operar en los
no se limita a ejercer sus efectos deletéreos diversos sectores en los que se articula la
en el campo de la democracia de partido, sino lucha política. El obrero revolucionario de
que condiciona las selecciones políticas en su vanguardia debe convertirse en un revolucio­
sentido estático y conservador; el a. descon­ naria profesional, que recibe de la organiza­
fía de tuda innovación estratégica, de todo ción los medios necesarios pura su subsisten­
cambio que pudiera amenazar la posición cia, preparadu para vivir una doble existen­
consolidada de sus miembros, en todos los cia, legal y clandestina, provisto de una voca­
niveles; propende al radio de acción política ción de carrera, insensible a los valores y a
restringido, se identifica siempre con las deci­ los cebos del sistema. Bajo una red de tales
siones del establishment interno contra toda revolucionarios profesionales ha de estructu­
crítica, contra toda herejía, condiciona su rarse "antes que nada y principalmente” la
inteligencia política a causas de defensa cor­ organización revolucionaria. Poco importa su
porativa y de solidaridad de capas. origen social, siempre y cuando acepten y rea­
La conjugación michclsiana entre la forma­ licen el programa del partido, decidido por
ción de los a. de partido y la permanencia de los organismos dirigentes que representan la
tendencias burocráticas y oligárquicas, tam ­ autoridad de la mayoría, la subordinación de
bién y sobre todo por lo que hace a los p arti­ las partes al todo. Al tipo de a. pensado y lle­
dos democrático-sccialistas organizados con vado a cabo por Lenin y retomado por los par­
base en principios de solidaridad e igualdad, tidos comunistas de todo el mundo lo carac­
inspira la mayor parte de los análisis sucesi­ terizan la rígida centralización de las instan­
vamente dedicados al fenómeno de la socio­ cias y la férrea disciplina formalizada en el
logía política, y que respetan su juicio de fun­ sistema del centralismo democrático. Este
do: el a. constituye un diafragma, una válvu­ "burocratism o" opuesto al "democratismo"
la de "nido de golondrina" que vuelve las de los partidos burgueses es. para Lenin, "el
comunicaciones internas de la organización principio organizativo de la socialdemocra-
monodireccionales y restringe al flujo del cia revolucionaria opuesto al principio orga­
poder a deslizarse de arriba abajo y no vice­ nizativo de los oportunistas".
versa. En el modelo leninista, en buena parte
A esta concepción del aparato como instru­ determinado por las condiciones de la lucha
mento de la oligarquía, del conformismo v del política bajo la autocracia zarista, el a. coin­
ahogo de las instancias democráticas se le cide en gran medida con el partido, hasta casi
contrapone especularmente L teoría leninista sobreponérsele. En su interior, el estado
del partida y de la organización que consti­ mayor se distingue de los cuadros interme­
tuye el principio en el que se inspiran los par­ dio y de base en razón de su mayor conoci­
tidos comunistas adheridos a la tercera Inter­ miento teórico y capacidad política, por su
nacional. Para Lenin el a. es el instrum ento superior confiabilidad y habilidad organiza­
de demanda y de promoción de la acción de tiva. La jerarquía que se establece en el es una
APARATO 71

emanación orgánica de la democracia de par­ Iil TIPOLOGIA DI'. LOS APARATOS. EL EMPRESARIO DE LA
tido y de la dura selección a lo largo de la política y el funcionario. En el interior del
lucha. fenómeno de los a. la sociología clásica dis­
Gramsci retoma esta concepción, aceptan­ tingue dos tipos principales: la maquina poli-
do el prineip o de organización o el sistema tica, en sus diversas versiones, hasta llegar
que deriva de éste, aunque en el interior de a las figuras empresariales, según la fórmu­
un módulo en el cual varían, respecto del la weberiana, y los a. funcionariales de los
modelo bolchevique, las dimensiones y el peso partidos europeos, en prim er lugar de los par­
del elemento profesional, adaptado a la rea­ tidos obreros, a su vez distintos según los sub­
lidad de la guerra de posiciones que se com­ tipos socialdemócratu y comunista.
bate en Occidente. El partido gramsciano se Ambos tipos de a. están en manos de espe­
articula en tres estratos: en la base de la pirá­ cialistas y de profesionales, pero en el prim er
mide está la masa de los hombres comunes, caso se trata de "empresarios de la política",
disciplinados y fieles, militantes no profesio­ como el eleciion age ti t inglés o el boss nortea­
nales deseosos de organización y de directi­ mericano; en el otro de empleados pagados
vas por no estar dotados de capacidades crea­ de la organización. Ambos, aun presentando
tivas autónomas. En el vértice, los lideres fun­ características diferenciales bastante claras
cionan como instrumento cohesivo principal, en razón de las finalidades por las que histó­
disciplinando y centralizando fuerzas de otro ricamente se han constituido —la competen­
modo inertes y dispersas y haciéndolas poli­ cia electoral y el acaparam iento de empleos
ticamente eficaces, a fuerza de habilidad y de en un caso, la movilización de las masas con
carisma. Entre estos dos estratos actúa un fines revolucionarios en el otro—, acaban por
elemento medio que comunica la base y el vér­ desarrollar "funciones latentes" convergen­
tice, poniendo en movimiento al mecanismo tes, de integración social y política de las cla­
entero. Grupo dirigente y cuadro intermedio ses subalternas, de reducción del conflicto,
forman el a. en sentido amplio; el estrato de selección de la clase política nacional y
intermedio, la oficialidad subalterna, es el a. local y, sobre todo, como se ha visto, de auto-
en sentido estrecho, que funge como elemen­ rreproducción.
to disciplinador de la base, en contacto coti­ La “máquina ', en su típica versión estadu­
diano con ésta y con la clase, pero que impi­ nidense descrita por los iniciadores de la
de por otro lado a los líderes desviarse en las sociología del partido político, ve prevalecer
fases críticas de la lucha política. Reviste, ade­ en su interior, por lo menos hasta la antegue­
más, una función esencial en el funcionamien­ rra, la figura del boss, un empresario políti­
to fisiológico del partido, aunque no se ocul­ co, como lo define Max Weber en su célebre
te que es el estrato más expuesto a degenera­ cnsavo sobre La política como profesión, más
ciones patológicas, por cuanto es el elemen­ tarde retomado por todos los estudiosos del
to más consuetudinario y menos innovador, fenómeno del partido-a. La “máquina” es un
que puede estatuirse en grupo solidario organismo con base local predispuesto para
"emancipándose” de las funciones para las la conquista, el mantenimiento y la gestión
que ha sido delegado; que en suma puede del poder en la época de la política de masas.
burocratizarse. No por ello el a. alimenta El hoss es su animador y organizador, esa
necesariamente, por ley del hierro, una voca­ peculiar figura de prolesionista-empresario
ción burocrática y oligárquica: no se trata político que actúa en el mercado electoral,
pues, como hace Michels, de negar sus fun­ combinando los factores de la producción de
ciones en nombre de un igualitarismo lormal, poder, los votos, los recursos, las organiza­
pero si de hacer que sus miembros, directi­ ciones. Se considera como agente de compra­
vos y funcionarios, sean seleccionados demo­ venta dei voto, para lo que usa favores y pro­
cráticam ente y realicen una interacción con tección como mercancías de intercambio; pro­
la base, evitando que se cristalice en división porciona al candidato los votos que controla
social la división técnica del trabajo de la que mediante un sistema ramificado de relacio­
el a. es el producto. nes personales; proporciona los medios finan­
cieros con diversos métodos, hasta llegar a
los límites de la legalidad; mantiene el con­
72 APARATO

trol y el patronazgo de los empleos en su sec­ dos burgueses, está concebido y funciona en
tor y los distribuye en razón de la obra pres­ vistas a la lucha parlam entaria y a la movili­
tada para el partido o de compensaciones en zación cultural y electoral de las clases popu­
dinero, valiéndose del rico botin de preben­ lares, el a. comunista está dispuesto en fun­
das y de empleos públicos que el spuils system ción de la agitación del proletariado y de la
pone a disposición del candidato victorioso conquista del poder. Esto explica la mayor
en las elecciones. Aun siendo un político de rigidez y disciplina, el control férreo al que
profesión y desempeñando indiscutiblemen­ subordina las articulaciones parlamentarias
te funciones públicas en la sociedad estadu­ del partido, la relación autoritaria que man­
nidense. el boss no es un funcionario y rara­ tiene con la base, los mecanismos de coopta­
mente es un hombre público: actúa común­ ción que regulan sus formaciones y el recam­
mente tras bambalinas, no se le reconoce en bio. Allí donde el partido está en el poder, los
la organización, no está impulsado por nin­ apparamiki se convierten en su esqueleto a
gún ideal político, es indiferente al bien públi­ través de la ocupación de los papeles funda­
co. y únicamente está motivado por el poder mentales del sistema politico-udministrativo
y por la ganancia. y el control férreo de los cargos de gobierno
Una versión distinta de la "m áquina” es la de la economía y de la sociedad, hasta el pun­
inglesa. En Inglaterra, antes de 1868. la orga­ to de presentarse, según algunos autores,
nización de partido está compuesta en su como una nueva clase privilegiada.
mitad por una asociación de notables y en la El modelo del partido de fieles o del parti­
otra por profesionistas pagados y por empre­ do de combate delineado por Selznick o por
sarios políticos. Junto al líder de partido Duverger no parece hoy, sin embargo, descri­
actúa el whip, a quien le compete el mante­ bir adecuadamente la realidad actual de los
nimiento de la disciplina parlamentaria y que partidos comunistas de masa de la Europa
dispone del control de los empleos. A esta occidental. Si los a. de políticos de profesión
figura se le juntan, en la periferia, antes que continúan manteniendo una posición esencial
nada delegados que prestan gratuitamente su en la economía de la organización, su papel
accionar, y después el election agen! que aparece sin embargo en su fase de redefini­
desempeña funciones de organizador elec­ ción. Bien cierto es que la parte esencial de
toral. la gestión político-administrativa del partido
La democratización del sistema electoral esta en sus manos, pero en absoluto es una
conduce, después de esa fecha, al desarrollo coincidencia entre a. e instancias directivas,
del sistema del caucus. que se difundió a to­ en las que encuentran lugar numerosos cua­
dos los países desde Birmingham. El caucus dros no profesionales o semiprofesionales.
es un a. capilarm ente ramificado en la base, Por lo demás, aumentan, por un lado, el peso
con tareas de intervención sobre' los electores, de la base, y por el otro la autonomia y el
cuyo funcionamiento exige un número cons­ poder de veto de los grupos parlamentarios,
picuo de funcionarios de tiempo completo. de los adm inistradores locales, de los sindi­
Este organismo adquiere superioridad fácil­ calistas. de los miembros del "sistema exte­
mente frente a las organizaciones preceden­ rior" de las organizaciones de masa.
tes, determinando una rígida centralización En conclusión, parece realista observar que
del poder en manos del jefe de partido, como incluso en los partidos comunistas de masa
lo documenta ejemplarmente el caso de actúa un policentrismoque redimensiona ten-
Gladstone. dencialmente el poder autocrático de los a.,
Los a. de los partidos europeos de masa de y que éstos se encaminan a convertirse en
tipo continental se basan, como se ha visto, componentes importantes mas no prevale­
en la figura del funcionario, politico o técni­ cientes en los nuevos órdenes poliárquicos
co, pagado por la organización gracias a las hacia los que confluyen incluso las organiza­
cuotas aportadas por los adherentes. Al tipo ciones comunistas.
socialdemócrata se le contrapone el tipo
comunista, construido sobre el modelo del bibliografía: M. Djilas, La nueva clase (1957).
partido bolchevique. Mientras que el a. socia­ Buenos Aires Sudamericana: M. Duverger, Los
lista. y con mayor razón los a. de los parti­ partidos políticos (1955). México, Fondo de Cul­
APARTHEID 73

tura Económica, 1957: L. Faenza, Partito e appa- acceso a los derechos y al poder social y
rato, Bolonia, Cappdli, 1965: A. Gramsci, Notas político.
sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el esta­
da moderno (1952), México, J. Pablos, 1975: V.I. n. raíces históricas dei. Ap a r t h e id . El a. se con­
Lenin, ¿Qué hacer? (1902), Madrid, Fundamen­ vierte en política oficial del gobierno sudafri­
tos, 1975; R. Michels, Los partidos políticos, Bue­ cano a partir de 1948, cuando accede al poder
nos Aires, Amorrortu, 1969, 2 vols.; R. Michels, el partido de los nacionalistas boer (afrika-
Los partidos políticos: un estudio sociológico de ner), el N'ationalist Party (np), guiado por
las tendencias oligárquicas de la democracia Matan, que se opone a las tendencias integra-
moderna (1912), Buenos Aires, Amorrortu, cionistas atribuidas al partido del prim er
1972*: M. Ostrogorski, La démocratie el Porga- m inistro Smuts.
nisation des partís potinques, París, Culman- Las raíces del a. están, sin embargo, en el
Levy, 1904; G. Ruth, La socialdemocrazia nellu desarrollo histórico de la sociedad sudafrica­
Gemianía impelíale, Bari, Laiciza, 1971: P. Selz- na. La llegada (1692) y la expansión europeas,
nick, Vie traverse: strategia e tattica del comu­ a p artir de la península del Cabo de Buena
nismo, Bolonia, Cappelli, 1954; J,L. Seurin, La Esperanza, significaron la casi total elimina­
structure inteme des partís politiquea américains, ción de las poblaciones autóctonas, mientras
París, Colín, 1953: M. Weber. El trabajo intelec­ que las poblaciones de agricultores bantú
tual como profesión (1921), Barcelona, Brugue- tuvieron que sufrir a continuación del gran
ra, 1983: M. Weber, Economía y sociedad (\922, trek (el éxodo de la colonia del Cabo hacia el
1964), a cargo de J. Winckelmann, México, Fon­ norueste, iniciado en 1837) la enajenación de
do de Cultura Económica, 1964, 2 vols.; M. las tierras tribales y toda una serie de restric­
Weber Escritos políticos, a cargo de J. Aricó, ciones que significaron el fin de la propia
México, Folios. 1982, 2 vols. autonomía.
La institución de la esclavitud, introduci­
[silvano belugni] da en Sudáfrica para subvenir a las crecien­
tes necesidades de fuerza de trabajo, fue uno
de los elementos fundamentales para deter­
m inar la creación de una estructura socioe­
apartheld conómica de clase basada en el color y en las
características raciales. Incluso los asiáticos,
i. tu. Apartheid como sistema soctAt. En lengua en gran parte inmigrados como fuerza de tra­
afrikaans, a. significa "separación" y en su bajo desde el subcontinente indio a partir de
acepción más común puede traducirse como mediados del siglo xix, aun no siendo escla­
"identidad separada" y designa la política ofi­ vos. sufrieron medidas discrim inatorias que
cial del gobierno sudafricano por lo que res­ limitaron sus derechos de ciudadanía, resi­
pecta a los derechos sociales y políticos y a dencia y movimiento.
las relaciones entre los diversos grupos racia­ En los orígenes del a. aparecen tanto los
les en el interior de la Unión. El a. no puede conceptos en los que se inspira la población
traducirse simplemente como "racism o” o afrikaner (que constituye las dos terceras par­
"discriminación racial”, sino que es un sis­ tes de la población blanca) como la necesidad
tem a social, económ ico y político- de apropiarse de los recursos económicos y
constitucional que se funda en principios teó­ en primis de controlar la fuerza de trabajo
ricos y en una legislación ad hoc. En el siste­ indígena. Los afrikaner se consideran una ver­
ma de a. la diferenciación corresponde a la dadera nación (volk) en la cual es fundamen­
deiinición de grupos raciales diversos y a su tal la doctrina de la desigualdad y separación
desarrollo separado, por lo que es lo opues­ entre las raz.as, predicada par la Iglesia Refor­
to de asimilación y de integración. En térm i­ mada Holandesa a la que pertenecen en *u
nos políticos, a. significa el mantenimiento de mayoría. El gran trek tuvo origen a causa de
la supremacía de una aristocracia blanca los fundamentales choques entre los afrika­
basada en una rígida jerarquía de castas ner y la administración inglesa, en particu­
raciales para la que existe una correlación lar acerca de la legislación que abolía la escla­
directa entre color de la piel y posibilidad de vitud y parecía dirigirse a favorecer una len-
74 APARTHEID

la integración de las franjas más evoluciona­ ción africana con el fin de que no se pusiera
das de la población de color. La expansión en peligro la supremacía blanca (baasskap).
hacia nuevas tierras, que no tuvo lugar sin Los africanos, más que nunca indispensables
guerras y duras represiones, llevó a la crea­ para la expansión económica, y a pesar de la
ción de Ñata) (que será anexado a la Colunia constitución de la Unión Sudafricana (1910),
del Cabo en 1845) y en 1852 y 1854 de dos continúan siendo tratados como súbditos
repúblicas independientes, la South Afrikan coloniales y con derechos limitados.
Republic (Transvaal) y el Orange Free State. El sistema de los "buntu homeland”, llama­
En las repúblicas boers se adoptó una políti­ do comúnmente "bantustan”, o bien de
ca racial rígida: el principio guía fundamen­ "reservas", fue congelado definitivamente por
tal era que en las relaciones entre europeos una ley de 1913 (Native Land Act) que prohi­
y africanos (designados con el término de bía a los africanos com prar tierras e inmue­
"nativos” o "bantúes”), no podía haber igual­ bles en el territorio reservado a los blancos.
dad ni en el estado ni en la iglesia. La posi­ Los bantustan constituían sólo el 7% del terri­
ción de los grupos raciales no blancos esta­ torio nacional, porcentaje elevado al 13.7%
ba gobernada por la estructura base de la eco­ en 1936; las reservas reales de mano de obra
nomía de las repúblicas: la posesión de la tie­ para las zonas mineras e industriales, sobre-
rra, pilar del derecho de ciudadanía, estaba pobladas y subdesarrolladas, serán transfor­
reservada a los blancos; los africanos eran madas más larde, bajo el gobierno de Ver-
considerados extranjeros y tolerados sólo woerd, en ocho "homelands" (territorios
como fuerza de trabajo subordinada. Los gru­ nacionales).
pos tribales autóctonos fueron así privados
de las tierras propias y reducidos a la servi­ ni. raíces teóricas DEi APARTHEID. El a. se desa­
dumbre. rrolla según dos direcciones: la legislación de
En definitiva, las etapas fundamentales de discriminación racial que perfecciona, a par­
la formación del nacionalismo boer, en con­ tir de 1948, y sistematiza una situación pree­
traposición relativa con la actitud de la pobla­ xistente y se organiza en una verdadera inge­
ción blanca de ascendencia inglesa, han sido niería institucional y en una planificación
determ inadas por la lucha por controlar la autoritaria tanto de los comportamientos
tierra y la fuerza de trabajo: desde la destruc­ como de los establecimientos y del desarro­
ción y servidumbre de los hotentotes del Cabo llo territorial y político separado (sistema de
hasta las diferencias con las autoridades los "homeland").
inglesas acerca del tratamiento de los siervos La discriminación, asi como la segregación,
y las guerras con las poblaciones xhosa, zulú se habían practicado desde el siglo xvn. Con
y sotho por la posesión de las tierras más pro­ la Constitución de la Unión de Sudáfricu, la
ductivas y hasta la alianza entre extremistas South Africa Act (31 de mayo de 1910), se afir­
nacionalistas boers y sindicalpopulistas para maba que sólo la población de ascendencia
elim inar la competencia de los trabajadores europea podía ser elegida y elegir miembros
africanos en el mercado de trabajo durante del Parlamento.
la gran depresión de los años treinta, alianza El principio de la segregación iba más lejos
que fue el origen del partido nacionalista que que las instituciones holentotas deseadas por
en 194S alcanza el monopolio del gobierno. el doctor Philips, misionero de la Londun Mis-
El descubrimiento y la explotación de impo­ sionary Societv en 1819. La segregación se
nentes riquezas mineras (diamantes y oro), el entendía aquí en el sentido cristiano de la
paso también de una economía prevalecien­ necesidad de proteger a los autóctonos de la
temente agrícola a una economía minera e influencia de los blancos, y de aquí nace en
industrial, la rápida expansión de las zonas la Colonia del Cabo la política de las reser­
urbanas con la emigración de fuerza de tra ­ vas. Con la creación de la Unión, basada en
bajo. la aceleración del proceso de destriba- el principio del mantenimiento de la supre­
lización y de proletarización estuvieron acom macía blanca, la política de las reservas cam­
panados de hecho por un cambio rápido y fun­ bia de significado y se vuelve sobre todo un
damental de la estructura social del país y a medio para institucionalizar la separación
la vez de un control continuo sobre la pobla­ entre las razas y para asegurar el control eco­
APARTHEID 75

nómico y social de los obreros negros, obli­ diversos grupos étnicos, y estas zunas debe­
gados a simplemente sobrevivir hasta que la rían desarrollarse como unidades socioeco­
economía blanca tiene necesidad de ellos. nómicas distintas y separadas.
La clase dirigente sudafricana se divide Bajo el gobierno de Vervvoerd los "hantus-
grussu mudo entre los sostenedores de la tan" definidos como “homelands”, junto a sus
segregación total territorial y política y aque­ funciones económicas de reserva y más ta r­
llos que. sobre todo a partir de los años trein­ de de descarga de mano de obra, adquirieron
ta con la industrialización del pais, sostienen la función política de coartada para la priva­
que el a. con el mantenimiento del bantustan ción, impuesta a los africanos divididos en
no puede sostener la reproducción de la mano "naciones", de todos los derechos políticos y
de obra, porque las industrias requieren obre­ civiles en la zona reservada a los blancos, o
ros de un mayor nivel de calificación, por lo sea en el 87% del pais, zona en la que se
que entonces era necesario actuar en favor de encuentran todas las riquezas naturales, las
una liberalización, aunque fuera parcial, del minas, las industrias, los lugares de trabajo,
sistema. las ciudades. Los "bantu” están obligados a
ser ciudadanos de sus propios “homeland”,
iv. LAPOLITICADEl. APARTHEID. Después de 1948 la lugares solos donde gozan de derechos poli-
situación de subordinación jurídica y social ticos y donde pueden desarrollar, según el
de los no blancos se institucionalizó definiti­ gobierno, sus propias tradiciones culturales
vamente: fueron abolidos derechos civiles y tribales. En los años setenta esta política fue
políticos que todavía existían en la provincia perfeccionada: los "homeland" adquirieron
del Cabo: se codifica la barrera racial, hasta el derecho de acceder a la independencia. Así
entonces definida más que por las leyes por se vuelven "independientes” el Transkei en
las costumbres y que admitía excepciones; se 1976, Bophuta-Tsvvana en 1977 y más tarde
introduce la clasificación de toda la población Venda. Las independencias de territorios pau­
según su grupo racial, inscrito en el documen­ pérrimos. parcelizados en entidades territo­
to de identidad; se prohihen los matrimonios riales divididas (Bophuta-Tsvvana esta com­
o las uniones mixtas; se introduce la segre­ puesto por 19 fragmentos dispersos en tres
gación en las oficinas públicas, en los medios de las cuatro provincias sudafricanas), no tie­
de transporte, etc.; se asignan a cada grupo nen otro significado que el perfeccionamien­
étnico barrios habitacionales o guetos (group to del diseño de enajenación total de los afri­
ureas) en la ciudad. El a., al consolidarse como canos de la Sudáfrica blanca, manteniéndo­
sistema, se reformula también como ideolo­ los como fuerza de trabajo totalmente depen­
gía al rechazar las antiguas identificaciones diente. Los africanos obligados a tomar la ciu­
inspiradas por el concepto de "desigualdad", dadanía de los "homeland" según la etnia de
para definirse como un sistema de "desarro­ pertenencia, con base en criterios de difícil
llo separado" inserto en el concepto de ' dife­ aplicación dado el nivel y la profundidad de
rencia" y acuña el eslogan "separados pero la destribalización de una sociedad como la
iguales”. La supremacía blanca quiere con sudafricana ya profundamente industrializa­
este nuevo vestido ideológico volverse acep­ da. son así desnacionalizados, se v uelven ciu­
table sobre la base de una compleja teoría for­ dadanos extranjeros, privados definitivamen­
mulada por el South African Bureau for te de todo derecho (por ejemplo, de residen­
Racial Affairs (sabra) y de las recomendacio­ cia, servicios sociales, escuelas).
nes expresas de 1a Tomlinson Commission. El La comunidad internacional ha condenado
a. se estructuraría así sobre las relaciones de el intento de romper la unidad territorial de
hecho existentes entre los diversos grupos Sudáfrica y de privar a sus ciudadanos, la
raciales de la Unión —caracterizada por inte­ mayoría, de todo derecho. Tanto las Nacio­
gración geográfica y sobre todo económica, nes Unidas como la Organización de la Uni­
por la diversidad de estabilidad numérica dad Africana han votado resoluciones de con­
entre los diversos grupos étnicos, por las dile- dena, y todos los estados miembros han
rencias raciales, de cultura, de civilización. rechazado cualquier reconocimiento de los
La diferencia presupondría la existencia de presuntos nuevos estados.
zonas separadas a las que están ligados los
76 APATIA

V EVOLUCION DF. LA LEGISLACIÓN DEL APARTHEID. A Nuova Italia, 1979; M. Legassick, Legislation,
partir de 1974, a la busca de un apoyo inter­ ideology and economy in post-1948 South Africa.
nacional, siempre rechazado a causa de la ins­ en Journal of Southern A frican Studics, 1, 1974;
titucionalización, caso único, de la discrimi­ L. Jvuper, Race, classand power, Londres, Duck-
nación racial que priva a la mayoría de los vvorth, 1974; R. Lefort, Suda frica: historia de una
más elementales derechos políticos y socia­ crisis (1977), México, Siglo XXI, 1978; NJ . Rhuo-
les, el gobierno sudafricano ha intentado bus­ die y H.J. Venter. Apartheid: a socio-economic
car nuevas fórmulas que permitan al régimen exposition of the origin and development of the
borrar la imagen de una dictadura de la raza apartheid idea, Amsterdam, De Bussv, 1960; P.L.
blanca sobre las otras. Los proyectos, sin van den Berghe, South Africa: a study in cunflict,
embargo, se inscriben todos en la tradición Berkeley, University of California Press, 1967;
del "desarrollo separado". Un proyecto de M. Wilson y L. Thompson (coords.), Oxford his-
reforma constitucional surgió en el transcur­ tory of South Africa. Londres, Oxford University
so de 1977, pero aún no ha sido discutido. En Press. 1969-1971.
él se afirma que los africanos pueden ejercer
los propios derechos legislativos y la propia [ASNA MARIA GENTILl]
autonomía administrativa en el ámbito de los
“homeland”: en el restante 87% del país no
son más que “trabajadores huéspedes"; la
gente de color y los asiáticos que no puedan apatía
tener un “homeland" porque no tienen terri­
torio tribal propio obtendrán cierta partici­ El término a. indica un estado de indiferen­
pación en el gobierno de los asuntos comu­ cia, extrañamiento, pasividad y falta de inte­
nes. La elaboración de este nuevo modelo rés respecto de los fenómenos políticos. Es
constitucional extrem adam ente complejo un comportamiento frecuentemente dictado
requiere la revisión y la modernización de por el sentimiento de enajenación (v.). Las ins­
todo el aparato de planificación del a. El man­ tituciones políticas y las otras manifestacio­
tenimiento de las instituciones racialmente nes de la vida política ocupun en el horizonte
separadas, la desnacionalización de los afri­ psicológico del apático una posición muy peri­
canos, la transferencia del poder del parla­ férica. No es nunca protagonista activo de los
mento al ejecutivo con la consiguiente reduc­ sucesos políticos sino que los sigue como un
ción del papel de la oposición, no dan a entre­ espectador pasivo y, más frecuentemente, los
ver ninguna posibilidad real que pueda con­ ignora del todo. La a. política es compañera
siderarse una solución gradualista y pacífi­ de lo que podría llamarse una baja receptivi­
ca que ponga fin a la discriminación y al dad respecto de los estímulos políticos de
conflicto interracial, que ha estallado con cualquier tipo, y —frecuentemente, pero no
mayor violencia a partir de las revueltas de siempre— de un nivel de información sobre
los guetos en 1976. los fenómenos políticos sumamente bajo.
La protesta de los estudiantes y de los obre­ Las investigaciones sobre el comportamien­
ros africanos no ha tenido otra respuesta que to político demostraron que el fenómeno es
la más dura e intransigente represión, que ha muy difundido incluso en las modernas socie­
golpeado incluso a organizaciones modera­ dades industriales de tipo avanzado, aunque
das, mientras que las reformas legislativas y e caracterizan por los altos niveles de ins­
los proyectos de reestructuración constitucio­ trucción y por la difusión capilar de las comu­
nal indican no un aflojamiento del a. sino su nicaciones de masa. El fenómeno se presen­
modernización en el sentido de puesta en acto ta tanto en regímenes de tipo democrático
de un mecanismo más de acuerdo con las exi­ como en los sistemas autoritarios y totalita­
gencias de la economía y de la sociedad con­ rios, y esto a pesar de la existencia de meca­
temporáneas, siempre en la línea del mante­ nismos competitivos que, directa o indirec­
nimiento de la supremacía blanca. tamente, estimulan la participación del públi­
co en los prim eros y la existencia de meca­
BIBLIOGRAFIA- R. First, Rcgitüi culuniuli dcll'Afri- nismos de movilización y de encuadramien-
ca australe, en Storía de/l’Africa. Florencia. La to de las masas desde arriba en los segundos.
A P P E A S E M E N T -A P R IS M C 77

Todo hace pensar que los porcentajes de a. nable porque representa una aquiescencia a
son mayores en las sociedades tradicionales una política imperialista. En efecto, el com­
ahora encaminadas a la modernización: cier­ promiso como táctica diplomática tiene sen­
tamente era así en los sistemas autocráticos tido sólo entre adversarios que aceptan la dis­
del pasado antes de la introducción de gran­ tribución de poder existente; de otra manera
des estratos del público en la vida política. favorece a una potencia imperialista. Una
Los factores vinculados a la a. son múlti­ política de a. de una parte presupone una polí­
ples: junto a ciertas propiedades estructura­ tica im perialista de la otra.
les del sistema político (visibilidad, acceso, La acusación de a. se dirigió recientemen­
etc.) se deben considerar ciertas caracterís­ te a los gobiernos de las grandes potencias en
ticas de la cultura política, la presencia o la el periodo de la guerra fría. Cualquier con­
ausencia de rasgos culturales o subcultura­ cesión para llegar a un acuerdo durante las
les que premian o desaniman el interés por negociaciones diplomáticas puede, efectiva­
los fenómenos políticos. Otros factores de mente, considerarse negativamente y clasifi­
orden sociológico y psicológico —que sin carse como a. por parte de la oposición guber­
embargo parecen variar bastante de sistema nativa interna, por aliados descontentos o por
a sistema— parecen igualmente relevantes. los mismos adversarios.
En un sistema político caracterizado por Contraria a la de a. es la política de conten­
una difundida a. los márgenes de maniobra ción, es decir la resistencia sin compromisos
de las élites son muy superiores. Sin em bar­ frente a una política imperialista, dispuesta
go, debe recordarse que justam ente esta a hacer compromisos sólo en dirección del
difundida indiferencia representa un obstá­ statu quo.
culo muy serio cuando el alcance de metas
socioeconómicas presupone el compromiso y BIBLIOGRAFIA: H. Morgenlhau, Politics among
la motivación de amplios estratos de la pobla­ nations, Nueva York, Knopí. 1968; A.L. Rowse,
ción. Desde el punto de vista de la dinámica Appeasement: a study in political decline, Nue­
interna del sistema y del equilibrio de las va York, Norton, 1961; A.J.P. Taylor, La guerra
fuerzas políticas, debe notarse, finalmente, planeada (1961), Barcelona. Nauta, 1969.
que la existencia de grandes estratos de apá­
ticos constituye una reserva no despreciable [FLLVIO ATTINA]
de potenciales participantes que las élites,
tanto del gobierno como de la oposición, pue­
den esforzarse por atraer y movilizar, en la
tentativa de reforzar cada uno su posición o aprismo
de invertir la relación de fuerzas existentes.
i consideraciones generales. El término desig­
[CIACOMO SANI] na a una corriente política de vasta resonan­
cia continental surgida del proceso de radi­
cal ización de las capas medias que caracte­
appeasement rizó la vida política de America Latina en los
años veinte. Representa la expresión más
Término difícil de traducir en español; pGdna avanzada e ideológicamente coherente de esas
utilizarse la palabra aquiescencia; una aquies­ formaciones políticas radicales o “progresis­
cencia que implica también algunas concesio­ tas", que ya desde fines del siglo pasado evi­
nes a los objetivos de un antagonista. Un denciaban la presencia de un lento pero inin­
ejemplo de a. indicado por muchos estudio­ terrum pido proceso de fracturación del blo­
sos es el acuerdo, en la Conferencia de que oligárquico sobre el que se sustentó la
Munich de 1938, en base al cual Chamberlain contruccion de las formaciones estatales, y el
y Daladier aceptaron la ocupación de una par­ desplazamiento de la izquierda burguesa
te de Checoslovaquia por parte de la Alema­ hacia la conquista de un espacio político y cul­
nia nazi, a cambio de una simple promesa de tural propio, de un nuevo bloque de poder que
paz por parte de Hitler. hacia residir en la incorporación de las masas
Según .Morgenthau. el a. es siempre conde­ populares a la vida política nacional las bases
78 A PR ISM O

de su legitimación. En tal sentido puede afir­ go, debe recordarse que por lo menos duran­
marse que sólo a partir de la experiencia del te los años treinta, que fueron precisamente
apra los partidos políticos populares o radi­ los de la constitución más acabada de las for­
cales (v. radicali mo latinoamericano) pree­ mulaciones teóricas del apra y de la publica­
xistentes o constituidos luego de ella alcan­ ción de la obra fundamental de Haya de la
zaron una importancia continental basada en Torre, El antimpetialismo y el APRA (1936).
gran parte en la capacidad del apra y de su el a. pretendió ser una auténtica recreación
fundador, el peruano Víctor Raúl Haya de la histórica de marxismo en condiciones diver­
Torre, de ofrecer a partidos hasta ese enton­ sas de las europeas.
ces carentes de un cuerpo de doctrina más o Mediante una propuesta ideológica y polí­
menos coherente una inteligente elaboración tica hábilmente construida y seriamente fun­
teórica alternativa al capitalismo y al socia­ dada, el apra lograba ofrecer al conjunto de
lismo. La influencia decisiva del pensamien­ formaciones radicales y progresistas latinoa­
to del apra —que no obstante sus ambiciones mericanas una ideología que, a la vez que rei­
de expansión continental sólo en el Perú logro vindicaba la autonomía integral del subcon­
constituirse como un partido político de pro­ tinente y de sus naciones, asignaba a las capas
fundas raíces nacionales— sobre el pensa­ medias un papel excepcionalmente dinámico,
miento político y social y sobre las organiza­ y por tanto, una función de liderazgo en el blo­
ciones de las clases medias latinoamericanas que de fuerzas populares que propugnaba
se debe al hecho de que ofrecía un camino construir. La alianza interclasista así logra­
propio al dilema que la crisis económica y da tendría la virtud de sustituir el papel de
moral del capitalismo, y las condiciones esas dos clases sociales fundamentales cuya
excepcionales en que se desarrollaba ¡a expe­ fuerza propia fundaba en Europa la posibili­
riencia del octubre ruso, planteaba al mun­ dad de la alternativa capitalista o socialista.
do lacerado de la primera posguerra. Eludien­ La debilidad estructural del proletariado lati­
do los costos económicos, sociales y políticos noamericano, que convertía en una utopia
comprometidos por ambas opciones, el inútil y peligrosa a las tentativas comunistas
apra intentaba m ostrar en qué condiciones de formar partidos de "clase", era suplida por
era posible instalar en América Latina una la conformación de un nuevo sujeto revolu­
democracia social avanzada, en una perspec­ cionario capaz de arra strar tras de sí a todas
tiva de transformaciones socialistas futuras. las clases populares en la lucha contra el capi­
El pensamiento del a pra , que pretendía fun­ tal extranjero y por la nacionalización de la
dar su propia razón de ser en el reconocimien­ tierra y de la gran industria. A su vez, sólo
to de Latinoamérica como un "espacio- una fuerza de tal magnitud podría estar en
tiempo” diferenciado con sus propias leyes condiciones de alcanzar esa unidad política
generales de transformación —y que por lo y social del continente, convertida por el apra
mismo se calificaba a sí mismo como "indou- en el supuesto inderogable de una efectiva
mericíino" para m arcar su distanciamiento liberación nacional de cada una de las repú­
del paradigma ’eurocéntrico’’—, destacaba la blicas americanas.
singularidad de América Latina y de su desa­
rrollo histórico propio, de ninguna manera ti. orígenes df.l apra A diferencia de otras for­
aproximable al de los países europeos. De tal maciones políticas características del radica­
modo, a la vez que mostraba la imposibilidad lismo latinoamericano, el apra tiene como
de alcanzar un desarrollo independiente de origen puntual el movimiento de la reform..
las economías latinoamericanas a través de univer it. ri i (v.) que sacudió al continente
la profundización de las formas capitalistas desde 1918 ha^ta mediados los anos veinte
típicas, rechazaba la alternativa propuesta cuando lo que comenzó siendo una transfor­
por el marxismo "europeizante” de los par­ mación educativa se postuló como una nue­
tidos comunistas de la región par su congé- va agregación política con proyectos de trans­
nita incapacidad de adm itir formas diversas formaciones políticas y sociales. Cuando en
de la evolución de las sociedades que no fue­ 1919 los estudiantes peruanos iniciaron en
ran las esquemáticamente establecidas por la Lima un movimiento con exigencias simila­
Comintern para otras realidades. Sin em bar­ res a las de la Universidad de Córdoba encon­
APRISMO 7<i

traron en el gobierno de Augusto Leguia un ca. Aun aplastada, la jornada del 23 de mayo
eco favorable. LLegadoal poder en 1919 a tra­ reveló, como afirma Mariátegui, “el alcance
vés de unas elecciones aseguradas por el ejér­ social e ideológico del acercamiento de la van­
cito contra el frente conservador reagrupa­ guardia estudiantil a las clases trabajadoras.
do en torno al Partido Civilista, Leguia favo­ En esa fecha tuvo su bautizo histórico la nue­
reció el movimiento estudiantil con el propó­ va generación”.
sito de apoyarse en él para destruir el poder Expulsado del Perú, Haya de la Torre via­
de un mundo académico favorable al Parti­ ja a México invitado oficialmente por el
do Civilista. La Federación de Estudiantes del gobierno de ese país y el 7 de mayo de 1924
Perú, de la que Haya de la Torre se había con­ funda allí la Alianza Popular Revolucionaria
vertido en su dirigente máximo, obtuvo con Americana (o apra ), como una organización
el apoyo de Leguia la modificación de los esta­ de extensión continental que se proponía reu
tutos de las instituciones de enseñanza y la nir en un único bloque el conjunto de fuer­
consagración de las dos exigencias fundamen­ zas que. desde 1918 en adelante, habían lucha­
tales de la Reforma Universitaria: la docen­ do por la reforma universitaria y por la exten­
cia libre y la participación de los estudiantes sión de sus postulados a los demás sectores
en la gestión de la universidad. En 1920, y populares. La plataforma política del apk.a
como prolongación hacia la sociedad del estaba inspirada en un ideal "am ericanista"
movimiento reformista, se forma en Lima la bastante genérico que Haya sintetizó en cin­
Universidad Popular González Prada con la co puntos para una acción común en el nivel
finalidad de im partir cultura general y espe- continental: 1] acción contra el imperialismo
cialización a la clase obrera. Siguiendo el yanqui; 2] por la unidad política de la Amét i-
ejemplo de instituciones similares surgidas ca Latina; 3] por la nacionalización de tierras
de la iniciativa de los socialistas en Argenti­ e industrias; 4] por la internacionalización del
na, la creación de la Universidad Popular en Canal de Panamá; 5] por la solidaridad con
Lima, y de una institución semejante en La todos los pueblos velases oprimidas del mun­
Habana, mostraba la tendencia del movimien­ do. Para llevar a cabo esta plataforma era
to estudiantil a buscar el encuentro con el necesario constituir un amplio movimiento
mundo de las clases subalternas movilizadas —y no un partido— de carácter antimperia-
por las secuelas económicas derivadas de la lista, un verdadero "frente único internacio­
guerra. El desplazamiento de Leguia hacia nal de trabajadores manuales e intelectuales,
una alianza cada vez más estrecha con los con un programa de acción política”. La fase
estratos conservadores de la sociedad perua­ inicial del apra coincidía con el momento de
na y con el imperialismo norteamericano y el expansión del movimiento revolucionario chi­
abandono de las formas liberales por un auto­ no y con la estrategia más flexible inaugura­
ritarism o represivo condujo a una ruptura da por el V Congreso de la Internacional
con ese bloque de fuerzas populares que hege- Comunista con respecto a la burguesía nacio­
monizado por el movimiento estudiantil esta­ nal (i'.), lo cual conducía directam ente a esti­
ba en proceso de gestación. En 1923, la deci­ mular a los movimientos políticos interclasis-
sión del presidente Leguia de consagrar el tas. Si en China la Internacional favorecía la
país al “Sagrado Corazón de Jesús” motiva alianza de los comunistas con el Kuomintang,
un fuerte pronunciamiento estudiantil que un movimiento que se proponía repetir la mis­
con el apoyo de buena parte de los trabaja­ ma experiencia del Kuomintang en América
dores urbanos realiza el 23 de mayo de 1923 Latina debía ser considerado con simpatía. Es
una manifestación callejera duramente aplas­ por eso por lo que en un comienzo los comu­
tada por el gobierno. Todo terminó con la nistas se aproximaron a Haya de la Torre
muerte de dos manifestantes, muchos heridos atraídos por el hecho de que. desde el punto
y gran cantidad de detenidos. Haya de la de vista ideológico, el apra se presentaba
Torre fue expulsado del país, iniciando asi un como la "interpretación marxista de Améri­
periplo latinoamericano y europeo que lo pon­ ca Latina", y además porque desde el punto
dría en contacto con la revolución mexicana, de vista estratégico y político aparecía como
los países capitalistas europeos y la experien­ una proyección exacta de la orientación dada
cia del laborismo inglés, y la Unión So\iéti- por la Internacional a los partidos comunis-
.so APRISMO

tas de los países dependientes y coloniales. lograda tan rápidamente entre las capas
Sin embargo, el acuerdo del a p r a con los medias, el a. se lanzará a la conquista del
comunistas ya en 1927 había prácticamente movimiento obrero, del que acabará final­
desaparecido. Después de una visita a la mente por desalojar a los comunistas ya en
Unión Soviética en 1925, Haya de la Torre se los primeros años de la década de los treinta.
trasladó a Europa. En 1927 participó en el I
Congreso Antimperialista de Bruselas donde ni. la doctrina aprista . Es por esos años cuan­
se produjo el prim er enfrentamiento, y lue­ do Haya de la Torre completa la formulación
go la ruptura, entre apristas y comunistas. En de su doctrina concebida por su fundador
1928, regresado a México, decidió fundar el como una adaptación de las enseñanzas de
Partido Nacionalista Libertador como sección Marx a las condiciones particulares de Amé­
peruana del a p r a . Esta decisión unilateral de rica Latina y del Perú. En 1936 publica su
Haya de la Torre, que en el fondo violaba los obra fundamental, El untimperialismo y el
principios "frentistas" sobre los que se basó apra. elaborada desde años antes al calor de
su proyecto inicial, determinó la agudización su disputa con los comunistas. A partir de la
de los conflictos que oponían a comunistas aceptación del esquema tan caro al marxis­
y apristas, y a los distintos grupos naciona­ mo de la II y III Internacional de la imposibi­
les de estos últimos entre si. Mariátegui, que lidad de saltos y reordenamientos en las eta­
hasta ese momento y a diferencia de los comu­ pas históricas, Haya de la Torre trata de ima­
nistas latinoamericanos había colaborado con ginar en qué condiciones diferenciadas de
el a p r a compartiendo gran parte de sus obje­ Europa puede darse en el Perú ese desarrollo
tivos, rechazó la transformación del movi­ y agotamiento del capitalismo sin el cual no
miento en partido y apresuró el reagrupa- podría nunca alcanzarse una restructuración
miento de los socialistas en un partido polí­ socialista de la sociedad. La imposibilidad de
tico propio fundado ese mismo año en Lima repetir el camino europeo derivaba del hecho
con el nombre de Partido Socialista del Perú. de que si bien para aquélla el imperialismo
Desde 1928 hasta 1931, y bajo el liderazgo era su etapa final de desarrollo, para América
de Mariátegui, se asiste a una reorganización Latina, en cambio, el capitalismo sólo podía
del movimiento político y sindical con el naci­ ser un producto de la expansión imperialista.
miento de la Confederación General de Tra­ El imperialismo tenía así la particularidad
bajadores, que desplaza la influencia anarco­ especifica de iniciar a nuestros pueblos en la
sindicalista hasta ese momento predominante era capitalista, y por lo tanto, no podía ser
en el interior del movimiento obrero, y luego considerado como un fenómeno meramente
de la muerte de Mariátegui —acaecida el 16 negativo. Es verdad que provocaba la depen­
de abril de 1930— la transform ación no dencia nacional y la subordinación a los cen­
deseada por éste del partido socialista en tros internacionales, pero en la medida que
comunista. Al mismo tiempo, los partidarios aportaba los capitales y una tecnología moder­
de Haya se reagrupaban, y cuando en 1930 un na pudia ser utilizado en función de un pro­
golpe de estado depone al dictador Leguía y yecto de transformación modelado en térm i­
abre un corto periodo de libertades políticas, nos de un capitalismo de estado. En la medida
forman en el Perú el Partido Aprista Perua­ que el imperialismo oprimía a un conjunto de
no (pap), que extiende rápidam en te su clases de las que las clases medias eran las
influencia entre los sectores juveniles de las más perjudicadas, esta opresión de carácter
capas medias protagonistas del movimiento nacional permitía la formación de un bloque
de la Reforma. sólido de poder capaz de otorgar a un estado
Tanto por su programa como por su orga­ antimperialista la suficiente fuerza como para
nización, la extensión molecular a toda la obligar al capital extranjero a someterse al
sociedad civil de sus instituciones, la discipli­ control estatal. Pero en las condiciones de
na interna, el número de sus militantes, sus fragmentación económica, social y política
símbolos partidarios, el pap habrá de ser por de Indoamérica —según el calificativo privi­
mucho tiempo el único partido de masa en el legiado por Haya—, un estado antimperialista
Perú, capaz de actuar en niveles nacionales, sólo podría sostenerse y avanzar si lograba
locales y de barrio. A partir de la hegemonía concitar el apoyo económico y político de los
APRISMO 81

pueblos latinoamer icanos. Para esto era preci­ ducción y de la distribución de la riqueza por
sa una acción ct ruinen tal que no sólo derrota­ parte del estado antim perialista, la naciona­
ra al imperialismo sino también a sus bases lización progresiva de los sectores económi­
de sustenlaciói en las sociedades nacionales cos fundamentales y el condicionamiento a
constituidas por las economías feudales o se- las necesidades del desarrollo nacional de las
mifeudales. Tal como afirmaban los comunis­ inversiones extranjeras. Preocupado por
tas, en las condiciones particulares de América encontrar un fundamento filosófico general
Latina el imperialismo sólo podría ser derro­ para estas propuestas estratégicas, Haya creó
tado a través de la formación de un frente una teoría propia, a la que llamó del "espacio-
único de trabajadores manuales e intelectua­ tiempo histórico", en la que intentó trasladar
les que representaban a las clases oprimidas al plano de la sociedad los principios de la
de la población: pequeños comerciantes e in­ relatividad establecidos por Einstein. Según
dustriales, profesionales e intelectuales, pro­ esta teoría, el espacio histórico es la escena
letariado urbano y rural y campesinado. Has­ sobre la cual se desenvuelve la vida de los pue­
ta aquí, Haya de la Torre se sigue moviendo blos, mientras que el tiempo histórico repre­
en el interior de las elaboraciones estratégicas senta el estadio de desarrollo económico, polí­
de la Comintern. Lo que lo diferencia y lo tico y cultural como resulta determinado por
aparta violentamente es su negativa a conce­ las formas de producción y por el desarrollo
der al proletariado una función de dirección social. El capitalismo puede así asum ir una
en este proceso. Ni por su antigüedad ni por función diferente según sea el espacio histó­
su experiencia ni por su densidad y extensión rico en el que esté involucrado; la historia se
numérica ni por su situación objetiva el prole­ evidencia no como un proceso único, sino
tariado latinoamericano está en condiciones, como una diversidad de procesos, aunque en
según Haya de la Torre, de alcanzar esa clara última instancia con una direccional única.
conciencia de clase requerida por los objeti­ Con lo cual Haya de la Torre concluía por rea­
vos de transformación. En cuanto al campesi­ firm ar ese mismo paradigma eurocéntrico de
nado, no tiene en modo alguno la preparación la ortodoxia marxista cuyo aparente recha­
suficiente para gobernar. Sólo una alianza de zo motivó la búsqueda de una formulación
estos sectores con las capas medias, que son doctrinaria autónoma. Su doctrina quedaba
las más profundamente antim perialistas, en reducida, así, a la cxpl¡citación de las pro­
la medida en que el imperialismo las coloca puestas diferenciadas que en las condiciones
ante la disyuntiva de ser aplastadas, sienten particulares del Perú y de toda América Lati­
plenamente la opresión nacional, son más nu­ na perm itía a esa dirección única imponerse
merosas que el proletariado y no eran igno­ en definitiva.
rantes como el campesinado, podía asegurar
las condiciones necesarias para el triunfo del i v e l p r o g r a m a político d l l aprism o . Mantenien­
nuevo bloque de poder y la instauración del do los cinco puntos de su propuesta inicial,
estado antimperialista. En última instancia, y el p a p fijó en 1931 un program a mínimo con
sin plena conciencia de ello, Haya de la Torre vistas a las elecciones presidenciales de ese
venía a reflotar esa idea tan cara a los movi­ mismo año. En dicho program a se planteaba
mientos democráticos y radicales de un proce­ un conjunto de reformas estructurales y polí­
so de transformación cuya guía corresponde ticas que, aunque avanzadas, significaban de
indiscutiblemente a la clase de los cultos. hecho un paso atrás respecto de las anterio­
El logro de la independencia económica era, res posiciones ideológicas, en particular
por tanto, para Haya de la Torre, la prim era sobre el tema del antimperialismo. Las espe­
y fundamental etapa a recorrer por los pue­ ranzas todavía mantenidas en 1929 de una
blos indoamericanos. Pero este objetivo no extensión continental del movimiento cedían
requería, como pregonaban los comunistas, su lugar a una perspectiva más nacional basa­
de la abolición del sistema capitalista, por da ya no en la destrucción del imperialismo,
cuanto éste como tal no existía todavía entre sino en su control y contención, y en la moder­
nosotros, sino con la creación en el propio nización del sistema económico y social.
inteiior del capitalismo de un capitalismo Las elecciones dieron la victoria al coman­
independiente basado en el control de la pro­ dante Sánchez Cerro, adversario de Haya y
a2 APR1SMO

candidato de una conjunción de fuerzas de do por la fraseología revolucionaria del a ¡ r a


corte nacionalista, pero e l a p r a desconoció reaccione en 1962 anulando las elecciones
los resultados electorales por considerarlos presidenciales que habían arrojado una dudo­
fraudulentos. Al resistir violentamente al nue­ sa victoria de Haya de la Torre. Las nuevas
vo gobierno, el a p r a es colocada fuera de la elecciones dieron el triunfo al reformista
ley después de una cruenta rebelión militar Belaúnde, apoyado por la democracia cristia­
Desde 1932 y hasta 1945, excepto un breve na y los comunistas. La prolongada involu­
intervalo, los apristas encabezaron una serie ción del a p r a . comenzada desde treinta años
de frustrados levantamientos armados, a la antes, concluía con la alianza parlam entaria
vez que desplegaron una audaz e intermiten­ con el mismo general Odría que en la década
te actividad clandestina que les permitió del treinta se había caracterizado por la dure­
alcanzar una indiscutida hegemonía entre las za con la que la persiguió, con la finalidad de
capas medias y desplazar a los comunistas de bloquear el programa moderadamente refor­
las organizaciones obreras: en prim er lugar, mista de Belaúnde Terry. Es también por esos
de los sindicatos rurales del norte, que des­ años cuando la izquierda juvenil abandonó el
de 1931 hasta el presente constituyen su bas­ partido para crear el a p r a rebelde, luego
tión fundamental, y luego de los sindicatos reconstituido como Movimiento de Izquierda
industriales. Este periodo de afirmación del Revolucionaria que a mediados de los sesen­
At’RA como una gran tuerza política de masas ta protagonizo un intento frustrado de
coincide también con la paulatina aproxima­ implantación de una guerrilla. Maniatado por
ción de Haya a los Estados Unidos que cul­ la oposición parlam entaria del a p r a y de los
mina en los años 1939-1940 con la reconcilia­ grupos conservadores, Belaúnde Terry se ve
ción con la política de "buena vecindad" ins­ impedido de llevar adelante las reformas pro­
trumentada por la administración Ruosevell. metidas y en 1968 es desalojado del poder por
En los años cuarenta el ai*ra aparece for­ un golpe m ilitar progresista que, no obstan­
mando parte de una coalición de fuerzas te ser un irreductible adversario del a p r a ,
empañadas en lograr la instalación de un aplicará un programa de reformas en buena
gobierno constitucional que asegurara el parte semejante al que ésta había planteado
orden político y el desarrollo económico. En en 1931.
las elecciones de 1945 se impone el candida­ La reimplantación de un gobierno consti­
to del frente, José Lui> Bustamunte y Rive­ tucional con el triunfo en las elecciones pre­
ra, quien gobierna hasta 1948 con el apoyo del sidenciales de 1980 de Belaúnde Terry. ya
apra, año en que se produce un golpe de esta­ fallecido, el 3 de agosto de 1979. Haya de la
do que depone al presidente constitucional. Torre, m ostró la presencia de un a p r a debi­
Se inicia asi la dictadura del general Odría litado fuertemente por sus corrientes inter­
que ilegaliza y persigue al apra, obligando a nas, una de las cuales, encabezada por Arman­
Haya de la Torre a asilarse en la embajada do Villanueva, intenta reconstituir al viejo
de Colombia, desde 1949 hasta 1954. partido en tom o a las propuestas de reformas
Durante los años de la guerra fría, y bajo radicales de inicia de los treinta, abandonan­
condiciones internas de prolongada persecu­ do el anticomunismo visceral de su líder
ción, el a p r a atenúa cada vez m á s el radica­ máximo y renovando todas las estructuras
lismo de su programa a la vez que Haya se partidarias, con el propósito de recomponer
transform a en un campeón del unticoinunis- un arco de alianzas con una izquierda socia­
n o. £1 triunfo en 1956 de la candidatura de lista que, en el Perú de los ochenta, aparece
Manuel Prado devuelve al apra su legalidad como una tendencia política relevante no obs­
y es a p artir de este momento cuando su pro­ tante la relativa heterogeneidad de sus
grama de acción vuelve a ser modificado con corrientes constituyentes.
la finalidad de atenuar aún más su vocación
antimpcriulista, de acentuar el anticomunis­ b i h l i g g r a f I a : J. Basadre, Historia de la Repúbli­

mo y de presentarse ante el país como un par­ ca del Perú, 1822-1923, Lima, Editora Universi­
tido de reformas moderadas. Sin embargo, su taria, 1968-1969; J. Cotler, Clases, estado y nación
creciente moderatisrr.o no evita que los rece­ cu el Peni, Lima, Instituto de Estudios Peruanos,
los de un ejército históricamente sensibiliza­ 1978; V.R. Haya de la Torre, El anlimpeñalismo
ARISTOCRACIA-ASAMBLEA 83

y el APRA, Santiago de Chile, Ercilla. 1936; V.R. y no de la comunidad, como ocurre justamen­
Haya de la Torre, Obras completas, Lima, Mejia te en la a., una de las tres formas rectas de
Baca, 1976, 7 vols.; H. Kantor, El movimiento gobierno [Política, m. 8, 1279h). En la repúbli­
aprista peruano, Buenos Aires, Pleamar, 1964; ca ideal delineada por Platón, el término a.
P.F. Klarén, Formación de las haciendas azuca­ tiene incluso los valores prim arios del mun­
reras y orígenes del APRA, Lima. Instituto de do griego como exaltación de la arelé, pero
Estudios Peruanos. 1978; J.C. Mariátegui, Ideo­ entendida no tanto como el arcaico y origi­
logía y política, en Obras completas, vol. 13, Lima, nario “valor" en guerra (uno de los elemen­
Biblioteca Amauta, 1969; J.A. Mella, Escritos tos sobre los cuales se había fundado y for­
revolucionarios, México, Siglo XXI, 1978; P. mado la clase noble griega antiguamente) sino
¡V!arillo Garaycochea, Historia del APRA, 1919- como "virtud" de sabiduría y conocimiento.
J945, Lima, E. Delgado Valenzuela, 1976; J.C. En efecto, corresponde a los mejores, a los
Portantiero, Estudiantes y política en América sabios, a los doctos, en cuanto perfectos,
Latina. México, Siglo XXI, 1978; L.A. Sánchez, conocedores y poseedores de la verdad, guiar
'¡puntes para una biografía del APRA. Lima, Mos­ al estado, que es un estado ético, al alcance
ca Azul. 1978-1979, 2 vols.; A. Trcnto, APRA. en del verdadero bien (República, ii-v). Sin
Storia dell'America Latina, a cargo de Marcello embargo, tanto para Platón como para Aris­
Carmagnani, vol. vi de II mondo contemporá­ tóteles, y es una constante de todo el pensa­
neo, Florencia, La Nuova Italia, 1979. miento político griego, los áristoi, justam en­
te porque son moral e intelectualmcnte los
[comité editorial] mejores, no pueden dejar de ser aquellos que
pertenecen a las clases más elevadas de la
sociedad en cuanto agathói, de buena fami­
lia, nobles y, por educación, propiamente los
aristocracia buenos contrapuestos a los kakái, los malna-
cidos, los malvados, la plebe. En definitiva,
Aristokralía, literalmente "gobierno de los se puede ver, sobre todo en Aristóteles, una
mejores”, es una de las tres formas clásicas contraposición entre ricos y pobres: clase
de gobierno y precisamente aquélla en la cual aristocrática y clase popular. Así el valor
el poder (krátos = dominio, mando) lo ejer­ ético-pedagógico se identifica con una preci­
cen los áristoi, los mejores, que no equivalen sa situación económico-social y de esto pode­
necesariamente a la casta de los nobles, si mos derivar el otro significado, hoy más
bien los -egundos normalmente se han iden­ común, de a. entendido como grupo privile­
tificado con los primeros. giado por derecho de sangre (v. nobleza).
Las definiciones más clásicas de a., enten­
dida como forma de gobierno, las encontra­ [giam paolo zlcchint ]
mos en Platón y en Aristóteles, pero ya en el
siglo v a . c. es a He re doto que se remonta, en
el lógos tripolitikós, o lid de las políticas (Las
Historias, ii 80-83), la prim era clasificación armamentos v. estrategia y armamentos
históricamente documentada de la teoría de
la tripartición de las formas de gobierno (de
una, de pccos, de muchos) que tendrá tanta
fortuna kn el pensamiento antiguo y no sólo asamblea
en aquél. Sin embargo, relevamos que junto
a la monarquía y a la democracia (pero Hero- El término a. se usa genéricamente para indi­
doto usa todavía el término isonomía, igual­ car cualquier reunión de varias personas con
dad de tedos los ciudadanos delante de la ley) el fin de discutir y deliberar sobre cuestiones
en el lógos tripolitikós más que de a. se había comunev
de oligarquía, es decir de aquella forma de Mientras que en el derecho privado indica
gobierno que Aristóteles considera como una la reunión de todas las personas interesadas
desviación de la a., porque en la oligarquía directamente en la solución de los problemas
los pocos gobiernan en el interés de los ricos comunes (a. de socios, de accionistas, de con­
«4 ASAMBLEA

dóminos), en el derecho público indica el cuer­ un acto que em an a ¿E rectam ente del pueblo,
po representativo de todo ente colectivo. Por se somete a un rtrü re r.d u iR con el objeto de
lo tanto se usa este término para indicar el comprobar si lo re a za _j o p o r .os constituyen­
cuerpo legislativo, los consejos comunales, tes corresponde c y - al m a n d ato recibido (v.
provinciales y regionales o, respecto del pasa­ también asam b lea constituyente).
do, el arengo, el comizio. el parlamento, la die­ Por régimen d e - se e n tien d e un sistem a
ta, aunque en todos los casos se trata de un político en que to d o r los p o d eres están con­
uso traslaticio. Sólo Francia usó varias veces centrados en uru. i . , co m o expresión de la
este término para indicar el órgano represen­ voluntad p o p u lar, ro n la Im plícita exclusión
tativo de la nación (Asamblea Nacional, 1789; del principio de .a se p a ra c ió n de poderes. De
Asamblea Legislativa, 1791; Asamblea Nacio­ hecho, m ientras q.*».- e. régim en p arlam enta­
nal. 1875, para indicar la reunión de las dos rio con su siste m a de p eso s y contrapesos le
cámaras); también en la historia colonial permite una r e la ta •- r.u to r.air ra al poder eje­
inglesa se usó el término a. para indicar los cutivo, resp o n sab le si a n te la a. pero dotado
órganos representativos de las colonias ame­ de una unidad p ro p ia t>s r a e x p re sa r la orien­
ricanas. Encontramos nuevamente la expre­ tación política d e g o b iern o , en el régimen de
sión en el derecho internacional para indicar a. el momento e je c u tiv o se realiza a través de
el órgano en que están representados los una pluralidad c e c o m ité s in stitu id o s por la
gobiernos de casi todas las naciones (la Asam­ a. y controlados d ire c .am e r.íe p o r ella. El pro­
blea General de las Naciones Unidas), y en el ceso legislatfvo e ste c o n ce n tra d o en la a., sin
derecho eclesiástico cuando, de acuerdo con iniciativa por p a rtí d e’ gobierno, la cual actúa
la nueva liturgia, se destaca el papel de los privilegiando el c r ite r io m ay o ritario a los
fieles, al lado del sacerdote, en la elaboración límites im puestos ñ o r la constitución.
de la misa. Mientras ta n to s e t i e n d e v lim itar la auto­
En el vocabulario politico el término a. apa­ nomía del p o d er ju d ic 'r J ert cuanto cuerpo
rece técnicamente con tres significados dis­ separado que act ú a cr ru sta de intereses p ar­
tintos: a. constituyente, pura diferenciarla de ticularistas. p ara s o m e te r.o e un m ayor con­
la a. legislativa o parlamento; régimen de a., trol dem ocrático y p o p u la r. Tipológicamen­
para distinguirlo del régimen parlam entario te, esta forma d e o rg a n iz ac ió n del poder es
en sentido estricto; la a. para contraponerla la expresión de u n n d em o cracia populista.
a la representación. Mientras que los .sDf 'e* edores de! régimen de
La noción de a. constituyente surge a fines a. ven en él la r e a l nación d e u n a m ayor demo­
del siglo xviii con la revolución norteam eri­ cracia, los a d v e rsa rio s señ a la n cómo condu­
cana y la francesa, aun cuando tiene antece­ ce por un lado a la a b o ición de la distinción
dentes en los parlamentos-convención de la entre una m ayoría q ue gobierna) y una mino­
historia inglesa. La a. constituyente es elegi­ ría (que controla; y p e lig ro de la instaura­
da para tareas precisas y limitadas en el tiem­ ción de una tira r ú d e ía m ayoría, que no
po, está investida del mandato de redactar encuentra ningúr lim ite ni freno para la
una constitución que contenga una serie de expresión de su ve/.u n ta d y , c o r otro, a deci­
normas jurídicas ligadas orgánicamente entre siones apresurada.- c o n tra d ic to ria s y confu­
sí para regular el funcionamiento de los prin­ sas, que van aco irm afu da.» de la parálisis del
cipales órganos del estado y para consagrar momento ejecutivo.
los derechos de los ciudadanos. Por tanto, el Finalmente, el té rm in o a. se usa p ara valo­
poder constituyente es un poder superior al rizar una in s titu c u b a s a d a en la dem ocra­
poder legislativo, siendo precisamente la cia directa (la a. rií ... > o b re ro s, de los estu­
constitución el acto que, al instaurar el diantes, etc.) c o rro .a ú*" cu sede del verdade­
gobierno, lo rige y lo limita. Pero es un poder ro poder de d ecisió n q u e se contrapone tan ­
excepcional que se otorga sólo en el momen­ to a las rep resen tacio r.es elegidas como a las
to de la fundación del estado, al que se le han burocracias que a a rn n is tre n las fuerzas
sustraído todas las funciones específicamente sociales. La a p e la c ió n a .a a., p or lo menos
políticas, como la actividad legislativa y el como instancia c _ c o r.rro sobre el proceso
control del ejecutivo. Muy a menudo, para decisional o co m e m o d o c e realizar una
destacar precisamente que la constitución es mayor particip ació n ; t ¿rve p a ra im pedir las
ASAMBLEA CONSTITUYENTE 85

degeneraciones de tipo parlam entarista o de La a. constituyente es precisamente una de


tipo burocrático, y los procesos de tipo oli­ las formas en que se manifiesta el poder cons­
gárquico, que terminan por desconocer o no tituyente. De la naturaleza de la función cons­
entender las necesidades reales de la base; tituyente, cuyo ejercicio representa la activi­
pero si se lleva a sus últimas consecuencias, dad específica de la a., aunque no siempre la
con la negación de toda forma de organiza­ única, se derivan sus dos características:
ción y de orientación política, conduce a extraordinaria y temporal. La a. constituyente
vaciar el movimiento y a condenarlo a la nuli­ es en efecto un órgano extraordinario en
dad política; de otro modo premia sólo a las cuanto que el ejercicio de la función consti­
minorías intensas y dinámicas, para obtener tuyente sólo puede verificarse una sola vez en
ventaja ante la mayoría apática. la vida de un estado, ya que un nuevo ejerci­
cio de la misma da origen a un nuevo orde­
[NICOLA MATTEUCCl] namiento. La a. constituyente es también un
órgano temporal: está destinada a disolver­
se al entrar en vigor la nueva constitución,
quedando eventualmente con vida después de
asamblea constituyente cumplirse dicho evento únicamente para
desarrollar tareas particulares necesarias
1. LAASAMBLEACONSTITUYENTE Y EL PODER CONSTITU­ para la realización concreta del nuevo orde­
YENTE. Con la expresión a. constituyente se namiento.
designa un órgano colegial, representativo,
extraordinario y temporal, que está investi­ II. ORÍGENES HISTÓRICOS. El supuesto ideológico
do de la tarea de elaborar la constitución del de la institución está contenido en la doctri­
estado, de establecer —en otras palabras— na del constitucionalismo (v.) y en especial en
las reglas fundamentales del ordenamiento los desarrollos de orientación democrática
jurídico estatal. que esta útima ha dado a las teorias iusnatu-
Se trata del poder constituyente, cuya exis­ rutistas del siglo xvm Dicha doctrina, par­
tencia radica en una “voluntad prim aria" en tiendo de la hipótesis del origen contractua-
el sentido de que “sólo de sí misma y nunca lista del estado, veía en éste un organismo
de otra fuente deduce su limitación y la nor­ creado por el consenso voluntario de los hom­
ma de su acción”. Dicha voluntad, en cuanto bres libres c iguales por naturaleza. Identifi­
que es capaz de ordenar y reducir a la uni­ cada la fuente de los poderes del estado en
dad toda la serie de relaciones sociales, da la voluntad de todos los componentes de la
vida a la organización jurídica estatal en los comunidad, se deducían importantes conse­
casos de formación originaria, cuando en un cuencias. El pueblo debía participar en la
determinado territorio se forma por prime­ determinación de las reglas fundamentales de
ra vez un estado y también cuando un orde­ la organización estatal; luego dichas normas
namiento soberano sustituye a otro (llamada debían fijarse en un documento que consti­
formación derivada). Se puede afirmar, pues, tuyera, por asi decirlo, la realización históri­
que toda nueva formación estatal llega a la ca del mítico "contrato social”. Sin embargo
existencia necesariamente a través del ejer­ en los estados modernos la idea de la partici­
cicio de un poder constituyente. Dicho poder pación de todo el pueblo en la elaboración de
debe contarse entre las fuentes de producción dicho acto resultaba irrealizable en muchos
del derecho objetivo. Es fuente de producción aspectos. De esta imposibilidad objetiva se
de las normas constitucionales, en cuyo caso deducía —en este sentido se orienta el pen­
estas últimas se crean a partir de “hechos nor­ samiento de Sieyés y de Rousseau— la nece­
mativos”, o sea de hechos que tienen en sí sidad de investir con la función constituyen­
mismos la razón de su propia validez o de su te un órgano representativo, cuya acción se
propia juridicidad, ya que no la derivan de habría podido someter al tamiz de una con­
otros ordenamientos. sulta popular posterior.
El poder constituyente es, además, absolu­ Las primeras manifestaciones de la a. cons­
tamente libre en cuanto al fin y a las formas tituyente se encuentran en la historia de las
a través de las que se ejerce. colonias inglesas de Norteamérica, durante
86 ASAMBLEA CONSTITUYENTE

la época de su oposición y de su separación tos y partidos rusos, desde los liberales has­
definitiva de la Gran Bretaña. Por medio de ta la corriente bolchevique de la socialdcmo-
la resolución del 10 de mayo de 1776, que cracia. Lcnm fue un intransigente partidario
antecede no sólo cronológica sino también de la convocatoria de la a., incluso en el perio­
lógicamente a la Declaración de Independen­ do entre febrero y octubre de 1917. Tanto que
cia, el congreso invitó a las colonias despro­ los prim eros decretos del poder bolchevique
vistas de gobiernos eficientes a darse a sí mis­ sobre la paz y sobre la tierra se emitieron a
mas en forma autónoma una organización título provisional en espera de su ratificación
política estable. El documento no hablaba de por la a. constituyente. Ésta se reunió el 18
constituciones escritas, pero se interpretó en de enero de 1918, después de unas elecciones
este sentido, y basándose, pues, en él, los dis­ que —desarrolladas sobre la base de listas
tintos estados establecieron para sí mismos formadas en el periodo del gobierno Kerens-
cartas constitucionales propiamente dichas. ki— dieron luz al surgimiento de los social-
Algunos de estos textos fueron elaborados por revolucionarios como prim era fuerza políti­
asambleas que cumplían también la función ca del país. Habiendo rechazado la a. la rati­
legislativa ordinaria, otros, en cambio, por ficación de los actos del poder bolchevique,
asambleas elegidas expresamente con el úni­ Lenin tomó la decisión de invalidar a la pro­
co objeto de ejercer la función constituyen­ pia a., aduciendo que las listas electorales ya
te. En esta diferenciación de órganos se pue­ no reflejaban las relaciones de fuerza reales,
de ver confirmada por prim era vez, aunque y que, sobre todo, el proletariado industrial,
de manera implícita, la distinción, enuncia­ la clase más progresista de la sociedad (cuyo
da mas tarde por Sievés. entre el poder cons­ voto se había inclinado por mayoría hacia los
tituyente que crea la constitución y los pode­ bolcheviques), no podía someterse a la volun­
res constituidos que encuentran en el prime­ tad de clases y grupos sociales menos progre­
ro su origen y que deben ejercerse respetan­ sistas o directamente contrarrevolucionarios.
do las reglas constitucionales. En ese punto los bolcheviques sostuvieron
Más adelante, la misma constitución fede­ que el poder revolucionario, puesto a conso­
ral de los Estados Unidos de América fue obra lidar un sistema de "democracia proletaria”,
de una convención extraordinaria compues­ no podía convivir con un sistema democráti-
ta por los representantes de los estados de la co-parlnmentario, del que la a. era una insti­
Confederación. tución típica.
A la vuelta de pocos anos la experiencia nor­
teamericana tuvo sus seguidores también en m. tipo lo g ía d e la in st it u c ió n . A pesar de ejer­
Europa. La primera a. constituyente de este cer la misma función, la., a. constituyentes
continente fue, en efecto, la Asamblea Nacio­ pueden presentar una considerable diversi­
nal francesa de 1789. Han sido luego muy dad de características especificas.
numerosas las constituyentes convocadas a La iniciativa que marca la apertura del pro­
lo largo de los siglos xtx y xx. En general se cedimiento constituyente siempre es en esen­
puede decir que por medio de la institución cia obra de los grupos políticos dominantes
de la a. constituyente han llegado a la exis­ en ese momento histórico particular. En cam­
tencia las cartas constitucionales de los bio, desde un punto de vista formal, la deci­
modernos estados democráticos. sión constituyente puede tom arla un órgano
Mención particular amerita, a este respec­ del ordenamiento anterior (por ejemplo, la
to, el papel que en la historia rusa tuvo la convocatoria de la convención por parte de
demanda de convocatoria de una a. constitu­ la Asamblea legislativa francesa en 1792,
yente por parte de las fuerzas antizaristas m ientras que es controvertida la valoración
a n te ' de octubre de 1917 y de ahí. en el perio­ de la convención de Filadelfia por parte del
do inmediatamente posterior, su convocato­ congreso norteamericano en 1787, acerca de
ria y su resolución. la cual una doctrina autorizada sostiene que
La idea de que el nacimiento de la demo­ esa convención fue convocada sólo para un.i
cracia en Rusia después de la caída del zaris­ revisión de la constitución preexistente \ que
mo debería haber pasado por la obra de una entonces se autoelevó a convención constitu­
a. constituyente era común a los movimien­ yente) o bien un órgano revolucionario que,
ASAMBLEA CONSTITUYENTE «7

por lo general, loma el nombre de "gobierno de las leyes de aprobación de los tratados
provisional" (el gobierno provisional español internacionales, que deberían ser discutidas
de 1931, los gobiernos provisionales france­ por la asamblea"). La función ejecutiva, en
ses de 1848, 1870 y del período 1944-1945) o, cambio, siempre estuvo conf iada a un órga­
finalmente, un sujeto ajeno al estado o un no más restringido, considerado ordinaria­
estado extranjero (la iniciativa del estado mente como “gobierno provisional", respon­
inglés para la convocación de una Convención sable políticamente ante la a. a la que podía
Nacional irlandesa en 1917). corresponderle también la tarea de elegir al
En la gran mayoría de los casos, la a. cons­ presidente (por ejemplo, la a. constituyente
tituyente es un órgano elegido expresamen­ francesa de 1945 que estaba destinada a ele­
te para elaborar la nueva carta constitucio­ gir el presidente y a aprobar la composición
nal (las asambleas nacionales francesas de y el programa del gobierno provisional).
1945 y de 1946, la constituyente italiana de Pasando al examen de la actividad relativa
1946), pero también puede estar formada por a la formación de la nueva constitución, la pri­
un órgano colegial ya existente. Puede suce­ mera tarea de la a. consiste en llegar a la for­
der. precisamente, que el mismo órgano de mulación de un proyecto preliminar que cons­
la iniciativa sea el que asuma la función cons­ tituya la base sobre la que se deberá desarro­
tituyente. Los ejemplos nos los proporciona llar la discusión. Dicha tarea puede cumplir­
la historia constitucional francesa: los esta­ se con la simple adopción de un proyecto pre­
dos generales que se proclamaron en Asam­ parado de antemano por diversos sujetos que
blea Nacional el 17 de junio de 1789 y el sena­ pueden actuar por iniciativa propia (el pro­
do conservador que a pesar de ser un órgano yecto presentado por los delegados de Virgi­
regido por la constitución napoleónica del año nia en la Convención de Filadelfia), o por
vin, preparó, en el momento de la restaura­ encargo (el proyecto preparado por el juris­
ción borbónica, la constitución del 6 de abril ta Preuss para la asamblea de Weimar por
de 1814 que. sin embargo, quedó sin ef ecto. encargo del gobierno provisional, el Consejo
En estos casos la a., a pesar de estar consti­ de los Comisarios del Pueblo). Aunque con
tuida como órgano '■ordinario", previsto por mayor frecuencia el proyecto es obra de órga­
el ordenamiento anterior, conserva siempre nos internos de la misma constituyente (comi­
el carácter de extraordinaria, deduciéndolo tés o comisiones) formados de manera que
directam ente de la titularidad de la función reflejen las orientaciones políticas de la a.
constituyente. Este es el sistema que siguió la a. constitu­
Respecto de la actividad de la a., aparte de yente italiana de 1946.
las actividades preliminares o de autorgani- Una vez discutida y aceptada por la a., la
zación (designación del presidente, adopción nueva constitución puede en trar en vigor en
de un reglamento interno, decisión sobre la virtud de la sola deliberación de aquélla o des­
publicidad que se dará a los trabajos), se pue­ pués de una consulta popular subsecuente
de establecer una distinción ya sea que cum­ (referéndum o plebiscito). Por lo que respec­
pla únicamente el trabajo de la elaboración ta a estos dos distintos sistemas, cabe seña­
de la nueva constitución ya sea que ejerza lar que por el principio de la soberanía popu­
también otras funciones. La a. constituyen­ lar, con base en el cual todos los ciudadanos
te, dentro del ordenamiento provisional del son titulares del poder soberano y tienen el
estado, puede ser titular de la función legis­ derecho de participar en su ejercicio, parece
lativa ordinaria y de la función de dirección consecuencia lógica considerar necesaria la
política. El ejercicio de la actividad legislati­ intervención del pueblo. En estos término^ se
va se confía unas veces de manera total a la expresa Rousseau. Por el contrario, bastaría
a. (por ejemplo, la Asamblea Nacional fran­ solamente la deliberación del órgano repre­
cesa de 1789), otras veces se circunscribe a sentativo para abarcar todo el campo de la
algunos temas en particular (véase en Italia actividad constituyente, siempre que parta
el D. Lg. Lt. del 16 de marzo de 1946, n. 98. del principio de la soberanía nacional, con
en base al cual "se delegaba el poder legisla­ base en la cual el poder reside completamen­
tivo, salvo la materia constitucional, al gobier­ te en un ente impersonal que trasciende a los
no, con excepción de las leyes electorales y ciudadanos. Sieyes, al referirse a la función
88 ASILO, DERECHO DE

constituyente, afirma que los representantes los que han creado la constitución, dichos
actúan en lugar de la nación y que su volun­ actos no pueden instaurar un nuevo ordena­
tad común es la de la nación misma. Sin miento. Deben limitarse a modificar los deta­
embargo, la experiencia histórica se inspira, lles y a hacer añadiduras al texto constitucio­
según parece, en motivos de oportunidad poli- nal vigente para adaptarlo a las exigencias
tica más que en el desarrollo riguroso de los que se han presentado históricamente. Pare­
principios doctrinales. ce exacto, pues, definir el poder de revisión
En los casos de la formación de un estado como un poder constitucional en sentido
federal por la unión de varios estados sobe­ impropio, ya que debe ejercerse en un ámbi­
ranos, surge el problema de si es necesaria to circunscrito.
una manifestación de la voluntad de estos Sin embargo, la actividad de revisión pue­
últimos destinada a aceptar la nueva consti­ de rebasar los límites explícitos e implícitos
tución. La praxis a este respecto no es unifor­ que se le han impuesto, modificando los prin­
me. Unas veces se ha contado con la acepta­ cipios fundamentales que sirven de base al
ción previa —como en el caso del acuerdo ordenamiento y que la caracterizan. En ese
entre Rusia, Ucrania, Rusia Blanca y Trans- caso, se tiene un ejercicio propiamente dicho
caucasia, en 1922—, otras veces, con una rati­ del poder constituyente y las a. de revisión
ficación subsecuente. En esta segunda hipó­ se deben considerar como “órganos constitu­
tesis se puede incluir la ratificación de la yentes”.
constitución federal norteamericana por par­
te de las convenciones elegidas expresamen­ b i b l i o g r a f í a : P. Burile, Pulere cuatimente, en

te en cada uno de los estados de la Confede­ Novissimo digesto, xm , Turin, utet, 1966; J.A.
ración, a pesar de que la naturaleza de dicho Jamcson, Cunstitutional conventions, Chicago,
acto sea discutible desde el punto de vista Callaghan, 1887; C. Mortati, La Costituente,
doctrinal. Roma, Dársena, 1945, y en Raccolta di scritti,
Finalmente, por lo que respecta al poder de Milán, Giuffrc, 1972; F. Pierandrei, Costituente
revisión, cabe señalar que por lo general lo (asscntblea), en Novissimo digesto, iv, Turin,
ejercen órganos de legislación ordinaria tan­ UTET, 1959.
to en un régimen de constitución flexible, en
que se sigue el normal procedimiento legis­ [V1NCENZ0 LIPPOLIS]
lativo, como en un régimen de constitución
rígida que se caracteriza por la previsión de
un procedimiento particular. Sin embargo, el
ejercicio del poder de revisión puede form ar asilo, derecho de
parte también de la competencia de a. espe­
ciales. Así, el artículo v de la Constitución I ORIGENES Y EVOLUCIÓN DEL DERECHO DE ASILO. La
norteamericana prevé que las enmiendas al institución del asilo tiene orígenes muy remo­
texto constitucional pueden ser propuestas no tos, encontrándose rastros de ella en las civi­
sólo por las dos cám aras con una mayoría de lizaciones más antiguas: en su origen y hasta
dos tercios sino también por una convención el siglo xviii encontró una aplicación casi
convocada a solicitud de las dos terceras constante como institución fundamentalmen­
partes de las legislaturas de los estados te religiosa ligada al principio de la inviola­
miembros. bilidad de los lugares sagrados. Durante el
Las a. de revisión, ya sean éstas los órga­ siglo pasado el a. se laicizó para convertirse
nos de legislación ordinaria o bien órganos más claram ente en objeto de normas jurídi­
especiales, no pueden incluirse en el concep­ cas con una función precisa de protección de
to de a. constituyente por el carácter mismo los perseguidos políticos, y sobre todo en
de la actividad que desempeñan. En realidad, conexión con el proceso mencionado es que
el poder de revisión es, en todo caso, un poder se puede hablar de un derecho de a. El a. se
constituido, es decir previsto y regido por la divide en "territorial" y "extraterritorial”,
constitución. Aun cuando a través de su ejer­ según que sea concebido por un estado en su
cicio se llevan a cabo actos de carácter cons­ propio territorio o bien en la sede de una lega­
titucional, que tienen la misma eficacia que ción o en un barco detenido en las costas (en
ASILO, DERECHO DE &9

este caso el a. está garantizado en el propio cho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cual­
territorio del estado a cuya jurisdicción inten­ quier país”. A esta afirmación se remite la
ta sustraerse el individuo). Se habla además Declaración sobre el asilo territorial adopta­
de a. "neutral” cuando éste, en tiempo de gue­ da por la misma asamblea general el 16 de
rra, se concede a tropas o naves de estados diciembre de 1967, la cual, entre otras cosas,
beligerantes, mediante el respeto de determi­ afirm a (art. 1) que las personas que tengan
nadas condiciones, en el territorio de un esta­ derecho a asilo no podrán ser rechazadas ni.
do neutral. El a. extraterritorial, o "diplomá­ una vez ingresadas, podrán ser expulsadas a
tico”, tiene un amplio uso en los países de otro estado donde se les pueda hacer victimas
América Latina, donde se ha vuelto objeto de de persecuciones políticas; la declaración con­
costum bres precisas. tiene además (art. 2) la recomendación a todos
Asi, pues, el término a. indica la protección los estados miembros de prestar asistencia,
que un estado acuerda a un individuo que directam ente o por medio de la acción de las
busca refugio en su territorio o en un lugar Naciones Unidas, a aquel estado que se
fuera de su territorio. El derecho de a., en con­ encuentre en dificultades por el hecho de
secuencia, se entiende como el derecho de un haber concedido a. político. Estas declaracio­
estado de acordar tal protección: derecho, por nes tienen un valor program ático (de modo
lo tanto, que se dirige al estado y no al indi­ especial, en el plano de la codificación, por
viduo, en virtud del ejercicio de la propia la Comisión de derecho internacional, que tie­
soberanía y con la única reserva de límites ne el deber de estudiar una convención uni­
eventuales que derivan de convenciones de las versal sobre el a. territorial): no obligan, por
que forma parte. Esto no quita que en algu­ sí mismas, directam ente a los estados miem­
nas constituciones recientes de la prim era y bros de las Naciones Unidas; sin embargo, tie­
de la segunda posguerra (por ejemplo. Cons­ nen una notable influencia, aunque sea de
titución mexicana de 1917, art. 15; Constitu­ orden psicológico, sobre el comportamiento
ción cubana de 1940, art. 31; Constitución bra­ de su órganos de gobierno y de sus jueces.
sileña de 1946, art. 141; Constitución italia­
na de 1947, art. 10; Constitución de la Repú­ II. LIMITACIONES DEL DERECHO DE ASILO. EXTRADICION
blica Federal Alemana de 1949, art. 16, etc.) terrorismo. El derecho de a., como se ha
haya sido sancionado expresamente un dere­ dicho, puede verse limitado, en el plano con­
cho constitucional de a. político. vencional, por tratados en m ateria de extra­
Después de la segunda guerra mundial se dición. Se trata de acuerdos internacionales,
desarrolló una acción con miras a la afirm a­ por lo general bilaterales y algunas veces mul­
ción del derecho de a. como derecho funda­ tilaterales (por ejemplo la Convención euro­
mental de la persona humana. Dicho movi­ pea de extradición del 13 de diciembre de
miento ha dado lugar tanto a la firma de con­ 1957, estipulada para los estados miembros
venciones como a la adopción de otros actos del Consejo de Europa), con los cuales los
no directamente obligatorios. estados se comprometen recíprocamente a
En el plano de los pactos han sido adopta­ entregarse uno a otro individuos perseguidos
dos: la Convención de Ginebra del 28 de julio en el otro estado por delitos contemplados en
de 1951, el estatuto de la orí (Organización los propios acuerdos.
Internacional de Refugiados), otros actos Es característica de estos tratados la ten­
internacionales relacionados con el Alto dencia, en consideración propia de la institu­
Comisionado de las Naciones Unidas para los ción del a. —y asimismo de acuerdo con los
Refugiados y las dos convenciones de Cara­ principios expresados en los ordenamientos
cas entre estados americanos del 28 de m ar­ internos, aun en el plano constitucional—, a
zo de 1954. excluir los delitos políticos en general del
En el plano no convencional, la Asamblea número de los delitos por los que se prevé la
General de la Organización de las Naciones extradición. Se trata de una tendencia, no de
Unidas, al adoptar el 10 de diciembre de 1948 una regla constante y rígidamente aplicada.
la Declaración universal de los derechos de) Antes bien ha sufrido un progresivo debilita­
hombre, afirmó en el art. 14, par. 1. que "en miento muy difundido por efecto del funcio­
caso de persecución, toda persona tiene dere­ namiento de un mecanismo de autodefensa
90 ASILO. DERECHO DE

de la sociedad al enfrentarse al fenómeno del neo. Ejemplos del primer tipo de enfoque son
terrorism o, que ha producido .->us efectos de las numerosas iniciativas tendientes a la
inmediato en el plano interno y en seguida en represión de la piratería aérea (convenciones
el internacional. de Tokio de 1963, de La Haya de 1970 y de
La primera excepción a la no extradibilidad Montreal de 1971) y a la protección de los
del responsable de un delito político, en el pla­ agentes diplomático» y consulares (conven­
no de los ordenamientos internos, fue contem­ ción de las Naciones Unidas de 1973 sobre la
plada en la ley belga del 22 de marzo de 1856, prevención y la represión de delitos contra
que "despolitizó" a los asesinos y a los aten­ personas intemacionalmente protegidas). En
tados contra los jefes de estado extranjeros. el plano regional, en cuyo nivel se acuerda la
La excepción fue bien pronto recogida en Convención de Washington, adoptada en 1971
numerosos tratados de extradición (entre en el ámbito de la Organización de Estados
otros, aquellos que Estados Unidos concluyó Americanos (y que todavía no entra en vigor),
en 1888 con Bélgica, en 1895 con Rusia, en merece una atención particular la Convención
1898 con Brasil y en 1901 con Dinamarca) has­ europea para la represión del terrorismo, ela­
ta volverse casi de general aplicación, preci­ borada y adoptada el 27 de enero de 1977 en
samente con la denominación de "cláusula el ámbito del Consejo de Europa. Esta con­
belga”. Una influencia análoga alcanzó más vención prescribe que, para fines de extradi­
tarde la revisión contenida en el código ruma­ ción, no pueden considerarse como delitos
no de 1927, según la cual los actos de terro­ políticos, además de ios delitos de piratería
rismo no son por lo común considerados deli­ aérea (de los que se hace referencia explícita
tos políticos; también ésta ha sido recogida en las convenciones de La Haya y de Mon-
por no pocos tratados de extradición (por treal). los cometidos contra personas interna­
ejemplo, los acuerdos concluidos por Ruma­ cionalmente protegidas, el rapto, el secues­
nia con Portugal y España). tro de personas, la toma de rehenes, los deli­
Junto a. estas evoluciones determinadas en tos que implican la utilización de bombas,
el ámbito estatal y en el ámbito de las rela­ granadas, arm as de fuego automáticas, etc.,
ciones bilaterales, deben registrarse, desde el el intento de cometer los antedichos delitos
siglo pasado, iniciativas de organizaciones o la complicidad con ellos (art. 1); por lo
internacionales, gubernativa» o no, que bus­ demás, se deja en libertad a los estados miem­
can impedir la impunidad del terrorista expa­ bros de aplicar el mismo régimen a una serie
triado. Asi, el Instituto de Derecho Interna­ más amplia de otros delitos análogos (art. 2).
cional. en »u sesión de Ginebra de 1892, exclu­ La Convención europea, como las demás
yó que pudieran ser considerados como polí­ convenciones en m ateria de terrorism o, en
ticos "los delitos dirigidos a m inar las base» sustancia es un tratado de extradición, aun
de cualquier organización social, y la Confe­ cuando su aplicación queda subordinada a las
rencia internacional para la unificación del disposiciones técnicas vigentes en la materia.
derecho penal, celebrada en Varsovia en 1935, El fundamento jurídico de la extradición será
afirmó en una resolución que los actos terro­ entonces un tratado de extradición o cual­
ristas no deben ser considerados delitos polí­ quier otro instrum ento jurídico idóneo para
ticos. Se llevaron a cabo diverso» intentos, reglam entar la materia; la Convención euro­
desde la época de la Sociedad de Naciones, pea no hace más que am pliar el campo de los
por traducir estos intentos en normas vincu­ delitos por los cuales se prevé la extradición.
lantes. Lq > primeros éxitos en este sentido se Todos los instrumentos citados —de los que
hicieron esperar, »in embargo, hasta la segun­ contienen la "cláusula belga” a la Convención
da posguerra, cuando, dejando de lado de europea— constituyen, como ya se refirió,
manera realista la idea de una convención que una limitación de distinta intensidad del dere­
diera cara en el plano mundial al problema cho de a.; esta característica los hace sujeto»
del terrorism o en forma global, se manifestó de critica por parte de lo» defensores más
una decidida tendencia a buscar soluciones denodados de esta institución. En particular,
parciales, por un lado persiguiendo ciertos la Convención europea, a pesar de las cláu­
tipos de actos, por el otro enfrentando el pro­ sulas de salvaguarda en ella contenidas, ha
blema en un plano más integrado y homogé­ suscitado reacciones decididamente negati­
ASIMILACION 91

vas, hasta el punto de que se habla del fin del i.xii, fase. 2-3, 1979, pp. 303 «.; N.C. Ronning,
derecho de a. y de tendencias a poner en dis­ Diplomatic asyluin: legal norms and political rea-
cusión principios de derecho humanitario hoy lity in latín American relations. La Haya, Nijhcff,
universalmente consolidados. Junto a estas 1965; N.C. Ronning, Derecho y política en la
reacciones se registran lo» comentarios de diplomacia interamericana, México, üteha; I.A.
quienes, partiendo del supuesto de que la Con­ Shearer, Extradition in international law, Man-
vención sea un instrum ento necesario (aun­ chester, Manchester University Press (Nueva
que ciertam ente no suficiente) de lucha con­ York, Ccenna). 1971; G. Tosí, Le convenzioni muí-
tra el terrorism o en un espacio determinado tilaterali europea di estradizione e di assistenza
(como es el de la Europa occidental), hacen giudiziaria in materia penale, Roma, Pem, 1969;
notar que los derechos que d,_ben ser prote­ T. Veiter y W. Braumüller (comps.), Asylrecht ais
gidos no son sólo aquellos de las personas Menschenrecht, Viena, 1969
acusadas o condenadas por actos de violen­
cia, sino también —si no sobre todo— aque­ [CARLO BALDI]
llos de todas las víctimas —aun potenciales—
de tales actos; el a., institución fundamental
para la protección de los derechos del hom­
bre, no debe transform arse en garantía de asimilación
impunidad para aquellos que, aunque sea en
nombre de ideales políticos, atropellan otros La a. en términos políticos designa la teoría
derechos fundamentales, entre ellos el dere­ que sirve de base a los sistemas coloniales
cho a la vida. francés y portugués.
Cualquiera que sea la tesis que se quiera La política colonial de la a. reclamaba la
abrazar, es innegable que el derecho de a. identidad entre la colonia y la madre patria.
tiende a sufrir, sobre todo en los último» años, Tomaba sus principios constitutivos del enfo­
profundas transformaciones, reflejo del cam­ que universalista de la sociedad humana pro­
bio de las exigencias y de las características pio de la cultura europea y de la doctrina de
de una sociedad profundamente alterada en la igualdad de todos los hombres, expresada
su estructura respecto de la época histórica por la revolución francesa. En la teoría de la
en la que la institución del a. encontró su pri­ a. se distinguen dos líneas de pensamiento:
mera afirmación. la prim era sostenía la a. total, personal, de
los pueblos sometidos a la dominación colo­
BIBLlGGRAFlv C. Bassiouni, International cxlradi- nial. La a. total, basándose en el principio de
tion and worid public order, Leiden, Sijthoff la igualdad de todos los hombres, sostenía
(Nueva York, Oceana), 1974; S.D Bedi, Extradi- que no existían diferencias que no pudieran
tion in international law and practice, Rotter­ superarse con la instrucción y la acción de la
dam, Bronder Offset, 1966; L. Bole-ta- "misión civilizadora" de la cultura europea
Kozicbrodzki, Le droil d'asile, Leiden, Sijthoff, y cristiana, considerada como superior. La a.
1962; P.M. Dupay, La position fmngaisoen wat id- total exigía para el súbdito colonial el mi-mo
re d'asile diplomatique, en Annuaire Franjáis de trato reservado a un ciudadano de la madre
Druit International, XXII, 1976. pp. 743 F. patria con todos los derechos y deberes inhe­
Francioni, Asilo diplomático: contributo alio stu- rentes a dicho estado. La segunda línea de
diu delle consuetudini locali nel diritto interna- pensamiento juzgaba imposible la a. total y
zionale. Milán. Giuffré, 1973; L.C. Green, The se declaraba a favor de una a. parcial, de tipo
right ofasylum in international law, en Law and administrativo, político y económico, entre la
society, Leiden, Sijthoff. 1975; 2. Intemationales colonia y la madre patria.
Asyi-Colloqititon, Garmisch-Partenkirchen, 1964, La política de a. adoptada por las potencia»
Colonia, C. Heymanns, 1965; F. Leduc, L'asile coloniales —Francia \ Portugal— se apegó en
territorial: Conférence des Sations Unies (Gené- general a esta segunda acepción del término.
iv, janvier 19771, en Annuaire Franfais de Droit Dicha política de a. se define como gradúa-
International, XXIII, 1977. pp. 221 «.; F. Mosco- l i s t a y selectiva. En los territorios africanos
ni. La Convenzione europea per la repressione del administrados por Francia, por ejemplo, sólo
terrorismo, en Rivista de Diritto Intemazionale, se aplicó una política de a. total en las Qtta-
92 ASOCIACIONES PATRONALES

tre Commimes de Senegal; en las demás par­ tituyen por sí mismas en sujeto organizado
tes, para poder gozar del privilegio de la ciu­ o en coalición frente a sus propios depen­
dadanía francesa era necesario dem ostrar dientes.
que se tenían estos atributos: conocimiento Otro factor determinante es la enorme hete­
profundo de la lengua francesa, religión cris­ rogeneidad de los intereses, incluso sindica­
tiana, buen nivel de instrucción y buena con­ les, de las diversas empresas, según se trate
ducta. de empresas multinacionales, de grandes
El mecanismo de a. de las colonias portu­ monopolios o de empresas pequeñas y media­
guesas era parecido. Hasta el comienzo de la nas que operan en un mercado competitivo.
guerrilla en Angola (1961) se adquiría el esta­ Las vicisitudes y las polémicas que han m ar­
tus de assimilado por medio de un complica­ cado la historia reciente de las asociaciones
do procedimiento legal. Para que se concedie­ patronales de la industria italiana, por ejem­
ra, se requería un profundo conocimiento de plo (distanciamiento de las empresas de par­
la lengua portuguesa, se debía gozar de un ticipación estatal, contrastes entre las posi­
ingreso de cierto nivel y se debían d ar prue­ ciones mantenidas por las empresas de los
bas de ser católico y de tener un "buen carác­ sectores en expansión y expuestas a la com­
ter". La gran mayoría de los africanos no petencia internacional y las de las empresas
podía, por lo tanto, adquirir el estatus de asi­ que producen para el mercado interno, etc.),
milado. Sin embargo, en 1961, Portugal abo­ se explican precisamente a partir de la diver­
lió las diferencias entre assimilados e indíge­ sidad, y tal vez de la contraposición, de los
nos y les concedió a todos la ciudadanía por­ intereses de referencia.
tuguesa. Por todas estas razones los estudios y las
investigaciones, como el ya clásico informe
[ANNA MARIA GENTILl] Donovan sobre el sistema de relaciones indus­
triales británico, han servido al menos para
poner en evidencia la debilidad de las asocia­
ciones patronales, medida según la capacidad
asociaciones patronalesI. para imponer líneas comunes de conducta a
las empresas afiliadas: dada la exigüidad de
I. LIMITES DLL ASOCIACIONISMU PATRONAL. Desde Un las posibles sanciones, pueden obrar de hecho
punto de vista formal, jurídico, las asociacio­ independientemente de las directivas estable­
nes sindicales de los empresarios son análo­ cidas por las propias asociaciones cuando ello
gas a las asociaciones sindicales de los tra­ les parezca más conveniente.
bajadores dependientes (v. organizaciones
sindicales): en el sistema de relaciones indus­ II. ORIGENES Y ESTRUCTURAS DE LAS ASOCIACIONES
triales italiano, por ejemplo, las unas y las patronales. Históricamente la exigencia de
otras son asociaciones de derecho privado y asociación surge sea para protegerse de la
gozan igualmente de la libertad de organiza­ intervención de los gobiernos en m ateria de
ción sindical. En ambos casos se trata de "sin­ legislación social y económica, sea para defen­
dicatos”. derse ante la acción organizada de los sindi­
Sin embargo, de hecho, teniendo en cuen­ catos de trabajadores (Baglioni.1974). En
ta la amplitud de las funciones efectivamen­ ambos casos se trata de reacciones defensi­
te desempeñadas en relación con sus miem­ vas ante posibles amenazas a la libertad
bros, la relevancia de las asociaciones patro­ empresarial: el prim er objetivo suscitará el
nales parece bastante menor respecto a la de surgimiento de organizaciones nacionales
los sindicatos de trabajadores. Esto se debe (para establecer relaciones y ejercer presio­
en prim er lugar a la diversa necesidad estruc­ nes sobre los gobiernos); el segundo deman­
tural de organizarse con el fin de proteger los dará soluciones organizativas paralelas a las
propios intereses colectivos que tienen, por de los sindicato' de trabajadores (la corres­
su lado, los trabajadores dependientes, y las pondencia de los niveles organizativos respec­
empresas, por el suyo, en un sistema social tivos es un requisito del desarrollo de la con­
en el que estas últimas detentan el derecho tratación colectiva) (Clegg.1976).
a la iniciativa económica y en el que se cons­ En Italia, por ejemplo, las asociaciones
ASOCIACIONISMO VOLUNTARIO 93

em presariales están articuladas en estructu­ de tal situación da a su vez impulso a las


ras territoriales y de categorías, como suce­ exigencias de coordinar las decisiones de
de en los sindicatos de trabajadores (v. orga­ los particulares, activando, a través de in­
nizaciones sindicales). Pero por otro lado exis­ novaciones organizativas y cambio de diri­
ten diferencias de fondo: en el caso de las gentes, la importancia asociativa. Es proba­
empresas pueden afiliarse a una u otra de las ble que en dicha situación se intensifiquen
estructuras, según lo que más les convenga; los esfuerzos por parte de las asociaciones
mientras que los trabajadores inscritos en las para estabilizar el aumento de socios (por
organizaciones confederadas pertenecen ejemplo, ofreciendo nuevos espacios para la
necesariamente a ambas lineas organizativas. discusión y confrontación entre empresas
Además, en el nivel nacional, las asociaciones en m ateria sindical o multiplicando los
de em presarios no se integran en una confe­ servicios de consulta y de asistencia a los
deración unitaria, sino en varias confedera­ miembros).
ciones, divididas según los sectores económi­
cos en los que operan las empresas o según bibliografía G. Buglioni, L\ideología della borg-
otros criterios como el tamaño, la pertenen­ hesia industríale neU'ltalia libérale, Turín, Einau-
cia al sector público de la economía o a di, 1974; A. Collidá, L. de Carlini, G. Mossetto,
em presas municipalizadas, etc. Estos rasgos R. Stefanelli, La política del padronato italiano.
m uestran cómo se ha desarrollado el asocia- Barí, De Donato, 1972; H. Clegg, Sindacatoe con-
cionismo patronal: de modo multiforme y trattazione collettiva (19/6), Milán, F. Angelí,
según los diversos intereses que han ido su r­ 1980: Royal Commission on Tradc Unions and
giendo. Empioyers'Associations. Research Papers, 1-10
(Donovan Report), Londres, hmso, 1968; P. Ruga-
111. FUNCIONES DE LAS ASOCIACIONES SINDICALES DE fiori, Confindustria, en Storia d ’/taliu, Florencia,
los empresarios. Las funciones que desem­ la Kuova Italia, 1978, i, pp. 137-153.
peñan las asociaciones patronales se pueden
subdividir en funciones de asistencia y con­ [IDA REGALIA]
sulta (técnica, sindical, legal) a los afiliados,
de representación de los miembros en la
contratación colectiva y en las controversias
que no se resuelven en la empresa, de tutela
asociacionismo voluntario
de los intereses de los asociado» en los con­
tactos y tratos con el gobierno y los poderes i. naturaleza y funciones. Las asociaciones
públicos. voluntarias consisten en grupos formales,
La preponderancia de una u otra función constituidos libremente, en los que se ingre­
dependerá de la situación de las relacio­ sa por elección propia, y que persiguen inte­
nes industriales en un momento dado, pero reses mutuos y personales u objetivos colec­
naturalm ente es siempre posible una acción tivos. El fundamento de esta configuración
autónoma de cada empresa en particular particular de grupo social es siempre norma­
(buscando asistencia propia, contratando tivo, en el sentido de que se trata de una enti­
en lo posible dentro de la misma empre­ dad organizada de individuos ligados entre si
sa, ejerciendo presiones directas, o a tra ­ por un conjunto de reglas reconocidas y com­
vés de otros canales, sobre los poderes pú­ partidas, que definen las tareas, los poderes
blicos). y los procedimientos de los participantes con
La experiencia italiana del periodo pos­ base en determinados modelos de com porta­
terior a la segunda guerra mundial parece miento aprobados oficialmente.
indicar que en los periodos de expansión Todo a. dispone, pues, de una estructura
(milagro económica, reactivación de los formal centrada en relaciones de tipo secun­
años setenta) aum enta la propensión de las dario. junto con la cual subsiste una informal
em presas más dinámicas a la autonomía que surge de la interacción espontánea de per­
de las propias asociaciones; m ientras que sonalidades y subgrupos existentes en su inte­
por otro lado il reforzamiento de los sindi­ rior. centrada en relaciones de tipo primario.
catos de trabajadores que puede derivar Las asociaciones difieren ampliamente
94 ASOCIACIONISMO VOLUNTARIO

unas de otras por lo que respecta al grado de como entidades que equilibran el poder cen­
organización, a los criterios más o menos tral y como instrumento para la comprensión
fuertem ente selectivos de reclutam iento de de los procesos sociales y políticos.
sus miembros, al nivel mas o menos elevado La función “mediadora” de las asociaciones
de compromiso personal que exigen a los par­ voluntarias, al establecer un vinculo concre­
ticipantes, a la especificidad o a la difusivi- to entre la sociedad y el individuo, les propor­
dad de los objetivos que han de alcanzarse. ciona a los miembros una serie de satisfac­
Generalmente las asociaciones voluntarias ciones psicológicas y un equilibrio que le pue­
se clasifican de acuerdo con las funciones de perm itir a la persona en particular un
principales que desempeñan o con el interés mayor conocimiento del propio papel dentro
predominante por el que surgen: se tienen, del ámbito de la más vasta sociedad. Dicha
por lo tanto, asociaciones culturales, recrea­ interpretación es sostenida, entre otros, por
tivas, religiosas, profesionales, económicas, Mannheim, que encuentra en los grupos ele­
políticas, etcétera. gidos libremente uno de las medios principa­
Aunque los fines efectivos no siempre les para el progreso del desarrollo individual-
corresponden a los fines oficiales, puede suce­
der, de hecho, que una asociación surja des­ II. LADIFUSIÓN DELASCC1ACIONISMO VOLUNTARIO. La
de el principio para realizar objetivos distin­ difusión del a. voluntario constituye una de
tos de los declarados, o que posteriormente las manifestaciones relevantes de la suciedad
los socios introduzcan finalidades secunda­ moderna, cada vez más compleja y cada vez
rias que con el tiempo alteran significativa­ más caracterizada por la multiplicación de las
mente o cambian por completo lo que la aso­ relaciones de interdependencia entre sus
ciación se proponía conseguir en el momen­ miembros, que se ven inducidos a ocupar al
to de su constitución. De ahí la necesidad de mismo tiempo varias posiciones sociales
identificar, para el conocimiento efectivo de (fenómeno de la pluricolccación).
estas agrupaciones, no sólo las funciones Las causas más relevantes que han deter­
manifiestas sino también las latentes. minado el desarrollo del fenómeno asociati­
Pan* lograr sus propios objetivos, cualquier vo se encuentran en el proceso de industria­
asociación voluntaria debe garantizar, a tra ­ lización y de urbanización y en la instaura­
vés de una serie de incentivos y gratificacio­ ción de regímenes democráticos.
nes, la participación y la lealtad de los pro­ Hubo un tiempo en que la comunidad, la
pios adeptos, debe poseer un sistema eficiente iglesia y la familia patriarcal tenían la posi­
de comunicación interna y debe ejercer un bilidad de satisfacer exigencias fundamenta­
control sobre las actividades desarrollada*. les como las de la seguridad personal, el con­
P.tra la consecución de sus objetivos, trol de la. realidad circunstante, la automa-
muchas asociaciones, a medida que se nifestación y L acción colectiva para alcan­
amplían y se vuelven más complicadas, tien­ zar determinadas metas.
den a dar mayor relevancia al propio apar i- Las transformaciones sociales y sobre todo
to organizativo que a la intervención de los la revolución industrial redujeron considera­
distintos participantes. blemente la capacidad de est~s estructuras
Aun cuando algunas asociaciones sean par­ tradicionales para hacer frente a esta serie
ticularmente difusivas, es decir plurifuncio- de exigencias y, por lo mUmo, surgieron nue­
r.ales, no abarcan nunca la totalidad de las vas estructuras, especialmente las asociati­
relaciones que constituyen la vida entera de vas, capaces de Henar necesidades tanto de
la comunidad: preci -ámente dentro de la sec- tipo instrum ental como de tipo expresivo.
torialidad intrínseca de cualquier asociación, Asociaciones de todo tipo satisfacen la nece­
aun la que abarca más, se capí** su diferen­ sidad de compañía humana; asociaciones
ciación respecto de la comunidad, de acuer­ económico-sindicales, asociaciones comercia­
do con la corocida teorización de Tónnies. les, asociaciones de socorro mutuo, coopera­
En términos de la relación individuo- tivas de productores y de consumidores per­
estado, las asociaciones voluntarias se con­ miten alcanzar la seguridad personal. Nume­
sideran eswnciales para el mantenimiento de rosos tipos de asociaciones sociales, políticas
una democracia sustancial, ya que se colocan y económicas no sólo ayudan a comprender
ASOCIACIONISMO VOLUNTARIO 95

la dinámica sucia! sino también aseguran a respecto a los Estados Unidos de America se
los propios miembros su intervención en el encuentran en la deliberada represión de las
control de estas ultimas. formas asociativas por parte del gobierno,
El establecimiento de regímenes democrá­ preocupado y temeroso de la existencia de
ticos ha sido otro acontecimiento decisivo fuerzas que podían serle hostiles, en la tradi­
para el surtim iento y el desarrollo de las aso­ ción liberal unida estrechamente a la liber­
ciaciones voluntarias, es más: representa una tad individual, en la tradición católica, en el
condición indispensable para que puedan fuerte gobierno central que cumple muchas
existir. Dumazedier afirma que las asociacio­ funciones que en los Estados Unidos de Amé­
nes voluntarias nacieron de la democracia y rica se han dejado a los gobiernos locales y
Tocqueville sostiene que la democracia se a los ciudadanos en particular.
desarrolló en gran parte debido a ellas. Las
asociaciones voluntarias existen de hecho en ni la participación Uno de los temas más pro­
todas las sociedades democráticas, aunque el fundizados respecto del a. voluntario es el que
papel que desempeñan pueda ser distinto y se refiere a las características cuantitativas
más o menos importante, e invaden todos los y cualitativas de la participación: considere­
sectores de la vida social desde los económi­ mos algunos de los aspectos más frecuentes
cos hasta los políticos, desde los espirituales y significativos.
hasta los intelectuales, desde los recreativos En primer lugar, la participación en las aso­
hasta los culturales. ciaciones voluntarias organizadas formal­
Si es cierto que una de las diferencias que mente —como se ha señalado— varia consi­
existen entre la época medieval y la época derablemente de un país a otro y, de acuerdo
moderna consiste precisamente en el aumen­ con un análisis comparativo, se deduce cla­
to de los grupos con intereses especializados ramente que los países nórdicos de América
y con actividades diversificadas, también es y de Europa presentan el porcentaje más alto
cierto que no en todas las sociedades contem­ de participación: de acuerdo con las estim a­
poráneas se les reconoce una considerable y ciones que datan de 1960, en los Estados Uni­
hasta decisiva importancia. Es el caso eviden­ dos gira alrededor del 35-55% (excluidos los
te de la sociedad totalitaria, en la que las agru­ sindicatos) y en Suiza es del 51% (excluidos
paciones voluntarias, aun cuando existen, no también los sindicatos), contra, por ejemplo,
poseen prácticam ente ningún poder, ya que el solo 4% de los habitantes de una ciudad de
éste, por regla general, está concentrado en la India.
el estado, o en un partido o también en un gru­ En segundo lugar, la participación en las
po muy restringido de personas que contro­ asociaciones voluntarias organizadas formal­
lan al estado. La supresión de la libertad de mente varía, en el ámbito de la misma comu­
asociación c» en realidad unas de las prim e­ nidad, de acuerdo con los diferentes estratos
ras iniciativas de los regímenes autoritarios. sociales a los que pertenecen los habitantes,
En los Estados Unidos de América y en Sui­ y precisamente lo> que ocupan las posiciones
za. por ejemplo, el a. no ha encontrado obs­ sociales más elevadas participan en mayor
táculos de orden legislativo, que en cambio medida que los que ocupan las posiciones
ha tenido que superar en Francia y también menos elevadas. Hay que añadir también que
en Italia, en donde el derecho de asociación la importancia relativamente escasa de las
fue suprimido durante el fascismo. asociaciones voluntarias formales, como
Si Tocqueville ya había captado el nexo fuente de contacto social para la mayor par­
entre la expansión del a. voluntario y el régi­ te de los trabajadores, resulta todavía más
men político, numerosos estudiosos han pro­ evidente si ^e considera no sólo la pertenen­
fundizado aún más y de manera más sistemá­ cia sino también la participación efectiva en
tica esta relación. Entre éstos recordamos, las actividades asociativas. Estas afirmacio­
por ejemplo, a Rose, que partiendo de la com­ nes encuentran su confirmación en los resul­
paración del contexto francés con el nortea­ tados de numerosas investigaciones específi­
mericano llega a la conclusión de que las cau­ cas y sobre la comunidad.
sas del menor desarrollo y por consiguiente Parece que existe también una tendencia
de la menor relevancia del a. en Francia con con base en la cual la participación en aso-
9b ATEISMO

elaciones voluntarias depende todavía de la ateísmo


posición social, en el sentido de que los que
forman parte de los estratos sociales superio­
res, a través de los años, tienden a aum entar Con este término se designa una actitud teó­
la participación, mientras que los que perte­ rica y práctica de negación de la existencia
necen a los estratos sociales inferiores, a no sólo de un Dios trascendente personal, sino
medida que crecen en edad, se inclinan a dis­ de cualquier carácter religioso y sagrado de
m inuir su participación en asociaciones la vida y de la realidad. Tal negación puede
voluntarias. manifestarse explícitamente, incluso polémi­
En vinculación con una última relación par­ camente, expresándose frecuentemente en la
ticularm ente significativa —la que existe elaboración de ideas y doctrinas, en la cons­
entre la participación en las asociaciones titución de tendencias y movimientos, en la
voluntarias y las actividades políticas—, se producción de costum bres y mentalidades,
pueden captar, finalmente, los tres relieves que no dan relevancia efectiva a la divinidad
esenciales siguientes, que en cierta manera ni revelan una influencia determinante de los
es correcto generalizar así: elementos religiosos. Sin embargo, en el
a] los que pertenecen a asociaciones tam ­ transcurso de los siglos, motivos teístas y reli­
bién apolíticas, en que los inscritos tienen giosos y motivos ateos a menudo se han mez­
derecho de voto, participan en las consultas clado estrechamente y se han entrecruzado;
electorales más que los que no forman parte asimismo la fe religiosa ha sobrevivido o
de grupos formales voluntarios; emergido de nuevo dentro de orientaciones
b] los inscritos en partidos y círculos polí­ de pensamiento o de conducta práctica que
ticos son al mismo tiempo miembros de otras en diversos aspectos no le daban una justifi­
organizaciones en proporción mayor que los cación coherente.
inscritos en otros grupos de asociaciones; Con tales características el a. se ha afirm a­
c] la pertenencia a una asociación política do especialmente en Europa, en el mundo
ejerce un “efecto catalizador" sobre la p arti­ antiguo, esporádicamente en la edad media
cipación en otras actividades organizadas; en y ampliamente en el mundo moderno y con­
efecto, los resultados de algunas investigacio­ temporáneo, ya sea en el plano cultural y filo­
nes ponen en evidencia que las personas que sófico, ya sea en el político y social. Su afir­
se han adherido en un prim er momento a una mación está vinculada al racionalismo, al sub­
asociación no política, se han inscrito en un jetivismo, a la exaltación de una ciencia autó­
segundo momento en otras asociaciones, con noma de todo condicionamiento metafisico,
menor frecuencia que los que se han adheri­ a una economía ligada a las exigencias e idea­
do desde el principio a una organización les de los grupos burgueses emergentes, en
política. un lento pero progresivo proceso de laiciza­
ción de la sociedad y del estado. Ha ido difun­
bibliografía J. Duma/edier y C. Guinchat, Asso- diéndose y adquiriendo relevancia considera­
ciations valontaires el de loisir: essai bihliogra- ble a partir del ocaso de la Edad Media y aun
phique, en Centro Sodale, vu, 10, 1952; M. Hausk- del surgimiento de la civilización humanista-
nccht, The joiners: a sociológica¡ description of renacentista, y de m anera cada vez más
voluntan association memhership in the United amplia y multiforme, explícita y combativa,
States, Nueva York, Bedminster, 1962; A. M e is- con la Ilustración. En el siglo xvi el jesuíta
ter, Vers une sociohgie des associations. en Mersenne afirmaba que durante las guerras
Archives Intemationales de Sociologie de la Coo- de religión sólo en París existían alrededor de
pération, 4, 1958; A..M. Rose, Theory and method cincuenta mil ateos; a finales del siglo x v ii
in the social Sciences, Minneapolis, University of Pierre Bayle sostenía la posibilidad de la exis­
Minnesota Press, 1954. tencia de una sociedad formada por ateos; a
finales del xvm Condorcet auspiciaba el
[VINCF-NZO CESAREO] advenimiento de una época en la que todos
los hombres fueran libres y no reconocieran
otro amo que su propia razón.
En la época contemporánea el a. ha adqui-
ATEISMO 97

ridu dimensiones enormes: se han desarrolla­ un amplio y constante retraso respecto a la


do corrientes culturales y Filosóficas que han de la cultura” (Galasso). En efecto, en los
llevado a sus consecuencias extremas las ten­ siglos xix y xx han surgido y se han consoli­
dencias racionalistas, inmanentistas y antro- dado tendencias y fuerzas político-sociales de
pocéntricas; a lo largo del siglo xix se han inspiración cristiana y católica que han inten­
constituido movimientos político-sociales tado conciliar los valores religiosos con los
capaces de arrastrar tras de sí grandes masas, del liberalismo, la democracia y el socialis­
como el liberalismo, la democracia, el anar­ mo. El peso ejercido por estas tendencias y
quismo, el socialismo, con un carácter arre­ fuerzas, la persistente influencia de la ética
ligioso a antirreligioso; la revolución indus­ religiosa y cristiana en países protestantes y
trial y la expansión del capitalismo, el surgi­ católicos, las preocupaciones conservadoras
miento de la "cuestión social”, han creado de las clases dirigentes de algunos estados
mentalidad, esperanzas y objetivos de bienes­ europeos, que las han llevado a acercarse de
tar individual y colectivo carentes por lo gene­ nuevo a la iglesia y a la religión, han provo­
ral de cualquier connotación religiosa, pro­ cado una limitación o disminución del carác­
duciendo la práctica descristianización de ter laico de dichos estados, en algunos de los
amplios estratos de la población, tanto b ur­ cuales, por ejemplo en la Italia libera], por lo
guesa como obrera; los estados laicos conso­ general el a. ha sido más bien tolerado en el
lidados después de la Revolución francesa, plano institucional y jurídico, sin llegar a ser
basándose en un fundamento extraño a toda efectivamente reconocido (Cardia). La decli­
concepción teológica y con una autonomía nación del anticlcrlcalismo (v.) y de ciertas
plena respecto de la iglesia, atribuyéndose formas de a. militante no restringió sin
nuevas prerrogativas y funciones en campos embargo, en el siglo xx, las dimensiones del
tradicionalmente reservados a la iglesia, a., presente en el carácter arreligioso de gran
como la escuela, la asistencia, etc., contribu­ parte de la cultura, la vida privada y pública
yeron a reducir en gran escala el área de y en los movimientos político-sociales. El
influencia de la religión. El liberalismo, en nacionalismo, el fascismo, el nazismo han
sus diversas tendencias, combatió a la igle­ exaltado principios distintos y opuestos res­
sia y al catolicismo en cuanto estaban estruc- pecto a los de la religión y de las iglesias cris­
turalmente vinculados a la vieja sociedad aris­ tianas; el fascismo y el nazismo, sobre todo
tocrática del Anden Ré^im e; el movimiento el primero, han intentado utilizar la religión
democrático y radical comprometió general­ como instrumenlum reuní, en el ámbito de
mente a la misma religión en su lucha por la ideologías y de regímenes totalitarios que le
soberanía popular, por una sociedad funda­ asignaban un papel práctico y subordinado.
da en la igualdad y en la justicia; el anarquis­ El comunismo también surgió con caracterís­
mo dirigió una lucha frontal contra la religión ticas ateas, aunque intentaba subordinar la
y contra la iglesia, consideradas como soporte cuestión religiosa a las exigencias de la lucha
y consagración del autoritarism o del estado; de clases. Tules características se reflejan en
el socialismo de inspiración marxista, aun gran parte en la legalización que se dio en
sosteniendo el carácter prioritario de la lucha Rusia, donde la concreta praxis política anti­
por la emancipación económica del proleta­ rreligiosa del partido bolchevique condicio­
riado, determ inante de toda otra emancipa­ nó fuertemente la organización del estado
ción, y aun preocupado en no dividir al mis­ soviético: en el ámbito de un régimen sepa­
mo proletariado por cuestiones religiosas, de ratista y de laicización institucional, en algu­
hecho se ha configurado como un movimien­ nos aspectos formales análoga a la de los esta­
to dirigido a liberar a la humanidad incluso dos liberales decimonónicos, la libertad reli­
de la "alienación” religiosa. Todos estos movi­ giosa se sometió a limitaciones y de hecho se
mientos se han presentado a menudo como restringió al ejercicio del culto.
portadores de valores alternos respecto de la El proceso de laicización de la sociedad y
religión, de una nueva concepción del mun­ de! estado, que, especialmente en los tiempos
do y de la vida, de una nueva moral. recientes, ha involucrado a los movimientos
Sin embargo es cierto que "la laicización políLico-sociales, con una tendencia a recono­
del estado y de la sociedad política presenta cer un pluralismo incluso interno, con auto-
98 AUTOCRÍTICA

nomia respecto a premisas ideológicas rígi­ causas, analizar la situación que lo generó,
das, ha llevado cada vez más a considerar la estudiar atentamente tos medios para corre­
profesión religiosa como una cuestión priva­ girlo” (Lenin, El extremismo). En esta acep­
da, rebatiendo su influencia en la vida públi­ ción puede observarse que la a., más allá de
ca, que es cada vez menor. Mientras que la las denominaciones, ha de ser practicada por
sociedad contemporánea se presenta cada vez toda organización política. En realidad, lo que
más secularizada en sus estructuras, en sus caracteriza a la a. como práctica típica de las
orientaciones y conductas, persisten sin organizaciones inarxista-leninistas no es sólo
embargo, o renacen, formas nuevas, minori­ el recurso a ella de manera metódica, insis­
tarias pero significativas, de expresión reli­ tente, constante en todo nivel de la vida de
giosa, incluso fuera del ámbito de las iglesias. partido (las conclusiones políticas, al igual
que las científicas, deben someterse a verifi­
BIBLIOGRAFIA: S. Acquaviva, L'ecclisi del sacro cación continua), sino sobre todo el hecho de
nella sacie ¡a industríale, Milán, Comunitá, 1971; que en sustancia representa la ampliación a
G. Cardia, Ateísmo e liberta religiosa nell'ordi- la práctica del método crítico dialéctico de
namento giuridico, nella scuola, nell'informazio- origen marxiano. Ejemplar en tal sentido es
ne daU'Unitá ai giomi nostri, Barí, De Donato, la insistencia de los comunistas chinos sobre
1973; A. Del Noce, 11problema deU'ateisrno. Bolo­ el método de la crítica y a., entendidas como
nia, II Mulino, 1964; C. Galasso, Ateo, en Enci­ dos momentos indisolubles del trabajo con­
clopedia, ii, Turín. Einaudi, 1977, pp. 3-31. tinuo de redefinición de los análisis teóricos
y de las directivas políticas. (“Tenemos en
[GUIDO VERL’CCl] nuestras manos el arma marxista-leninista de
la crítica y de la autocrítica. Seamos capaces
de desembarazarnos de un estilo erróneo de
autocracia, v. dictadura, ii trabajo y de conservar el bueno": Mao, Rela­
ción al Comité Central, 5 de marzo de 1949.)
La aplicación constante y difundida a todo
el partido de este método de trabajo tiene
autocrítica grandes implicaciones pedagógicas (“ya que
sólo asi pueden formarse verdaderos cuadros
Aunque el término haya entrado al lenguaje y verdaderos dirigentes del partido": Stalin,
común, y expresiones como “hacer la a.” sean Principios del leninismo), y de cohesión inter­
hoy de uso casi proverbial, la a. en sentido na entre los militantes, por la costum bre de
propio es sin embargo una práctica caracte­ discutir y criticar libremente y de reconocer
rística de las organizaciones históricas del públicamente los propios errores. (“Es un ras­
movimiento obrero, en particular de los par­ go fundamental, que nos distingue de los
tidos comunistas inarxista-leninistas, que demás partidos: la práctica consciente de la
hunde sus raíces culturales en la propia ideo­ autocrítica": Mao, Sobre la contradicción.)
logía del movimiento obrero (por ejemplo, el bj En el sentido más especifico del térm i­
principio de que "la verdad es revoluciona­ no. la a. es aquel acto preciso (escrito, discur­
ria ”, en contraposición a la "hipocresía bur­ so, etc.) con el que un miembro del partido
guesa"), pero que encuentra una realización o un organismo colectivo reconocen los pro­
completa en la definición leninista de la polí­ pios errores, o culpas, de m anera oficial y
tica como ciencia. relativamente institucionalizada, pública, en
La definición de a., sin embargo, supone las sedes competentes, cerrando asi una fase
una distinción de tipo prelim inar entre a] un de disensión y de lucha política y reafirm an­
uso más general del término, que se atiene al do la unidad interna.
método de trabajo y de reflexión del partido, Como puede observarse, el partido de tipo
y b] un uso más especifico, que a su vez se atie­ marxista-leninista, regido por el centralismo
ne a los modos de resolución de los conflic­ democrático e inspirado, en su fase stalinia-
tos internos a él. na, en el principio del monolitismo, no pue­
a] En general, la a. es la práctica de “ reco­de tolerar el conflicto interno permanente \
nocer abiertam ente un error, descubrir sus organizado: la obra de constante discusión y
AUTODETERMINACIÓN 99

persuasión es aquí decisiva para los fines de sión la capacidad que poblaciones suficien­
la unidad. Si estos intentos fracasan, y per­ temente definidas desde el punto de vista étni­
manece la disensión, el individuo debe subor­ co o cultural tienen para disponer de si mis­
dinarse en definitiva a sus instancias (célula, mas y el derecho que un pueblo tiene en un
sección, etc.), cada instancia a su superior, la estado de elegirse la forma de gobierno. Se
minoría a la mayoría, por disciplina de parti­ puede distinguir, pues, un aspecto de orden
do. De ahi que la a., sea fruto de la persua­ internacional, que consiste en el derecho de
sión real o de la aceptación de la disciplina un pueblo a no ser sometido a la soberanía
de partido, es el testimonio sea como fuere de un determinado estado contra su voluntad
de la reencontrada unidad, vuelta tanto al y de separarse de un estado al que no quiere
interior como al exterior del partido. estar sujeto (derecho de independencia polí­
Naturalmente, en presencia de disensiones tica), y un aspecto de orden interno, que con­
particularmente graves que, además de minar siste en el derecho de cada pueblo a escoger
su unidad, comprometan la propia identidad para sí la forma de gobierno que prefiere.
del partido, más que la íntima convicción de Aunque no faltan alusiones a un sentida de
quien se hace a., es im portante que la a. ocu­ soberanía nacional aun en épocas anteriores,
rra, como sanción de la conformación (por lo se suele identificar los orígenes doctrinales
menos oficialmente) del conflicto. La prácti­ del principio de a. en la teoría de la sobera­
ca ha sufrido aquí históricamente degenera­ nía popular de Rousseau y en su concepción
ciones profundas: ciertas a. del periodo sta- de la nación como un acto voluntario. Las pri­
liniano, en la URSS y en los países del este, meras enunciaciones del principio de a. se tie­
parecería que miran más a reafirm ar formal­ nen en la revolución francesa. En la relación
mente el monolitismo del partido que a bus­ preparada por Merlin de Douai, encargado
car una compatibilidad auténtica fundada en por la constituyente de estudiar el problema
la discusión y en la persuasión. deAlsacia(31 de octubre de 1790) sedice:"El
Esta práctica instrumental de la a. la ha asi­ pueblo alsaciano se ha unido al pueblo fran­
milado a la abjuración de la tradición católi­ cés porque lo ha querido; su voluntad única­
ca. En efecto, las analogías existen, y derivan mente y no el Tratado de Münster, ha legiti­
de las analogías entre dos instituciones: el mado, pues, la unión." La "Déclaration du
partido orden (Duverger), o sea de tipo droit des gens” sometida a la Convención
“monástico", y la iglesia (y en general las reli­ (aunque no aprobada por ésta) el 23 de abril
giones fuertemente institucionalizadas y de 1795, redactada por el abate Grégoire con
jerarquizadas). Pero debe decirse, más allá del el fin de exponer "los principios de justicia
uso político que se haya hecho de ella histó­ eterna que deben guiar a las naciones en sus
ricamente, que la a. formal de la que estamos relaciones recíprocas", afirmaba, entre otras
hablando aclara su función en las confronta­ cosas, la inviolabilidad de la soberanía inter­
ciones de toda la organización, más que en el nacional, declaraba que el atentado contra la
individuo que la hace. En este sentido, la a. libertad de una nación constituye un atenta­
(o la abjuración), dada con escasa convicción do contra la libertad de todas y proclamaba
hacia los argumentos adoptados pero con ple­ el derecho de cada pueblo a organizar y cam­
na adhesión al principio de la salvaguarda de biar libremente su propia forma de gobierno.
la unidad interna, no puede ser expeditiva­ Precedentemente, la revolución norteame­
mente definida como una degeneración de la ricana también hizo una contribución a la
propia práctica. doctrina de la a. "Consideremos como eviden­
tes estas verdades —afirmaban los colonos
[LUCIANO BDNET] norteamericanos en la Declaración de inde­
pendencia—, de que todos los hombres han
sido creados iguales y han sido dotados por
el Creador de ciertos derechos inalienables,
autodeterminaciónI entre los cuales está la vida, la libertad, la
consecución de la felicidad; de que. para ase­
I SIGNIFICALODEL TÉRMINOY ORIGENES DOCTRINALES gurar estos derechos, se instituyen entre los
Generalmente se entiende por a. o autodeci­ hombres gobiernos que reciben sus justos
100 AUTODETERMI NACION

poderes del consenso de sus gobernados; de durante el siglo xix se realizaron en todas
que, cada vez que una forma de gobierno con­ partes de Europa movimientos de insurrec­
duce a destruir estos objetivos, el pueblo tie­ ción que condujeron a la independencia de
ne derecho de cam biarla o de aboliría, insti­ Grecia, de Rumania, de Bulgaria y de Servia
tuyendo otro gobierno bajo principios y con y a la unificación de Italia y Alemania (para
una organización de poderes que le permiten una discusión más profunda del concepto
tener mayores probabilidades de asegurar la controvertido de nación, v. nación y naciona­
seguridad y la felicidad." lismo).

II PRINCIPIO DF. AUTODETERMINACIÓN Y PRINCIPIO DE III. EL PLEBISCITO COMO INSTRUMENTO DE AUTODETER­


Con la revolución francesa, el con­
a u t o r id a d . MINACIÓN Uno de los instrumentos con que se
cepto de estado patrimonial se sustituye con puede llevar a la práctica el deseo de perte­
el de soberanía de la nación. El ciudadano (ya necer a la nación es el plebiscito convocado
no el súbdito) adquiere cada vez más la con­ entre los habitantes de un territorio en el que
ciencia de pertenecer a un determinado gru­ la transferencia o no del territorio a otro esta­
po social; conciencia que. al hacerse colecti­ do debe depender del resultado del mismo.
va, encuentra su expresión en el concepto de La práctica de los plebiscitos se remonta, en
nacionalidad. esencia, a la revolución francesa (plebiscito
Mancini trató precisamente de atribuirle del Condado de Ven isa y de Aviñón en 1791;
un valor jurídico a la nacionalidad, sostenien­ de Sabova, de Mulhouse, de Hainaut y de
do que los verdaderos sujetos del derecho Renania en 1792), aun cuando no faltan ejem­
internacional son las naciones, obra de Dios plos anteriores y se utilizó ampliamente en
y entidades naturales, y no los estados, enti­ Italia durante el Risorgimento, para darles
dades arbitrarias y artificiales. Dicha doctri­ una consagración popular a las anexiones a
na tuvo un considerable valor político, sobre la monarquía saboyana.
todo en la época histórica en que fue formu­ En el pasado hubo plebiscitos aun indepen­
lada (1851), en cuanto que afirm aba precisa­ dientemente de cualquier tratado internacio­
mente como principio ideal de justicia la exi­ nal que los previera (por ejemplo, los de la
gencia de la formación de estados que tuvie­ Emilia, los de Toscana, los de las Marcas y
ran como base una unidad nacional y no un los de Umbría en 1860 y de Roma en 1870);
fragmento de nación o partes de naciones. en la práctica más reciente, el plebiscito se
Al consolidarse el principio de la a. como ha previsto frecuentemente en los acuerdos
principio de acción política, también las doc­ internacionales que a menudo controlan las
trinas filosóficas hicieron una buena contri­ modalidades de su realización. En los últimos
bución en el periodo subsiguiente. Un argu­ años se han llevado a cabo numerosos plebis­
mento importante fue aportado por el concep­ citos bajo los auspicios y algunas veces bajo
to kantiano de la autonomía del individuo y el control de las Naciones Unidas, especial­
de la libertad como condición de autonomía. mente en relación con el proceso de descolo­
Otros argumentos fueron aportados por la nización.
visión fichteana del estado como condición de A pesar de su frecuente utilización, el ple­
la libertad del hombre y por la idea de Her- biscito ha despertado, sobre todo en el pasa­
der de que el género humano fue dividido por do, no pocas criticas, aun por las "intrigas"
Dios en diversas agrupaciones nacionales, a que ha dado lugar; muchos escritores libe­
cada una de las cuales tiene una misión par­ rales han negado que sea el instrumento más
ticular que cumplir. Schleiermacher, como adecuado para expresar y poner en práctica
también Herder, basaba la distinción entre el principio de la autoderminación de los pue­
las distintas naciones en la lengua, en el carác­ blos en cuanto que se trata de un acto instan­
ter, en la historia y en la cultura. Las nacio­ táneo y aislado, sugerido más a menudo por
nes deberían constituirse en estados sobera­ las pasiones o impuesto por fuerzas externas.
nos para conservar su propia individualidad
y pura hacer su propia contribución (preor­ IV DF. LA SOCIEDAD DE NACIONES A LA ONU. El prin­
denada por Dios) al género humano. cipio de la libre determinación de los pueblos
Bajo el impulso de las ideas nacionalistas. constituye uno de los temas ideológicos pro­
AUTODETERMINACION 101

clamados con más rigor y eficacia por la mente la doctrina intemacionalista, al tener
Alianza durante la prim era guerra mundial, en cuenta esencialmente el aspecto interna­
sobre todo gracias al influjo del presidente cional de la a., sostiene que el derecho de a.
norteamericano Wilson. Se incluyó en los dos debe serle reconocido a los pueblos someti­
primeros proyectos del estatuto de la Socie­ dos a dominación colonial, a régimen racial
dad de Naciones, pero no encontró cabida en o a dominación extranjera. Incluso se llega a
el texto final, limitándose en esto a servir de reconocer este derecho a los pueblos que se
inspiración al sistema de los mandatos. La encuentran sometidos a un gobierno no repre­
aplicación del principio enunciado con tanto sentativo, entendiéndose como tal "no sólo a
hincapié se vio comprometida por considera­ un gobierno racista, sino también al gobier­
ciones de carácter estratégico y económico: no que tenga de hecho a uno de los pueblos
se dieron cuenta de que la fórmula de Wilson que componen la comunidad subyugado en
de las "reorganizaciones territoriales” com­ una posición de dependencia”.
prometía la seguridad y el equilibrio interna­ Esta acepción del concepto de representa-
cionales. Contrariamente a las expectativas, tividad no puede ser compartida. Con la ayu­
el principio de la libre determinación de los da de los documentos antes citados, y de otros
pueblos resultó inadecuado pura servir de más, es posible darle un significado mucho
base a una paz duradera. Es más, el mismo más extenso, llegándose por lo tanto a
principio se convirtió, en la política de Hitler, am pliar la faja de los titulares del derecho de
en el principal instrum ento para la satisfac­ a. Se trata en realidad de un derecho univer­
ción de ambiciones territoriales que condu­ sal: la a., en su doble acepción de derecho
jeron a la segunda guerra mundial. interno e internacional, debe asegurar a todo
A pesar de esto, en el transcurso de este pueblo la propia soberanía interna, las fun­
conflicto se apeló una vez más al principio de damentales libertades constitucionales, sin
la a. En la Carta del Atlántico (14 de agosto las cuales la soberanía internacional del esta­
de 1941), en la Declaración de las Naciones do no es nada. Es un derecho que no se agota
Unidas (1 de enero de 1942) y también en la con la adquisición de la independencia, sino
Conferencia de Yalta (10 de febrero de 1945) que acompaña la vida de todo pueblo. Ningún
se afirmó que no debía ocurrir ninguna modi­ gobierno, se esconda tras el color que sea o
ficación territorial sin el consentimiento de se inspire en la ideología que sen, nazca de
las poblaciones interesadas. El principio de un proceso revolucionario o por la descolo­
la a. fue reafirmado expresamente en la Car­ nización, o bien hunda sus raíces en tradicio­
ta de las Naciones Unidas, que consideró su nes democráticas y constitucionales antiguas
respeto como uno de los fines principales de o recientes, puede, sobre la base de sus méri­
la organización y lo incluyó entre los criterios tos pasados, pretender seguir excluido de un
que inspiran las disposiciones que dedica a cotidiano "control de idoneidad" y excluir al
la promoción de los derechos del hombre, a pueblo al que gobierna del número de los titu­
los territorios no autónomos y a los territo­ lares del derecho de a. En este sentido, y de
rios bajo administración fiduciaria. Diversas manera extremadamente clara, se expresa
resoluciones de la Asamblea General han entre otras la Declaración universal de los
remachado sucesivamente este principio: derechos de los pueblos de Argelia, la cual
entre otras la declaración sobre la concesión afirm a que todo pueblo (sin distinción) tiene
de la independencia a los países y pueblos derecho a un régimen democrático, represen­
coloniales (Res. 1514-XV del 14 de diciembre tativo del conjunto de los ciudadanos, capaz
de 1960) y la declaración relativa a los prin­ de asegurar el respeto efectivo de los dere­
cipios de derecho internacional que concier­ chos del hombre y de las libertades funda­
nen a las relaciones amistosas y la coopera­ mentales para todos (art. 7).
ción entre los estados de conformidad con el Todo esto no impide que, de hecho, el prin­
estatuto de las Naciones Unidas (Res. 2625- cipio de a. haya sido invccado sobre todo para
XXV del 24 de octubre de 1970)..V sostener la independencia de los pueblos
sometidos a dominación colonial, a régimen
V. UNIVERSALIDAD DEL PRINCIPIO DE ACTODETERV1NA­ racial o a dominación extranjera.
CION. si aplicación a l.a d e sc o l o n iz a c ió n . General­ Dentro del tema de la descolonización, en
102 AUTODETERMINACIÓN

particular, las Naciones Unidas han empren­ sean gravemente pisoteados, es un deber que
dido iniciativas de diversos tipos, dirigidas a incumbe a todos los miembros de la comuni­
obtener la aplicación del principio en cues­ dad internacional” (art. 30, Declaración de
tión: la Asamblea General ha instituido un Argelia), a cuya solidaridad todos los pueblos
Comité para la descolonización (Comité de los tienen derecho (punto 3 de la Declaración
17, convertido después en el de los 24) y ha sobre la eliminación del apartheid, adoptada
recomendado una y otra vez a los estados en 1976 por el seminario internacional orga­
miembros de la Organización, y a las institu­ nizado por el Comité Especial de la o n u con­
ciones especializadas, que se abstengan de tra el apartheid).
prestar asistencia a los estados que practican Por lo demás, seria bastante grave ampliar
una política colonial; la propia Asamblea el campo de aplicación del art. 51 de la hipó­
General, en la Declaración sobre las relacio­ tesis de ataque armado, a la que ha sido rígi­
nes amistosas, afirma: "todo estado tiene el damente ligado, a la general y genérica hipó­
deber de abstenerse del recurso a cualquier tesis de agresión o de uso de la fuerza, o direc­
medida coercitiva apta para privar a los pue­ tamente al comportamiento contrario a los
blos bajo dominación colonial de su derecho fines y a los principios de la Carta. Extender
de autodeterininarse, de su libertad y de su la aplicación de la antedicha disposición a las
independencia. Cuando reaccionen o resistan luchas por la a. de los pueblos daría luz ver­
a una medida coercitiva en el ejercicio de su de a una escalada del recurso al uso de la fuer­
derecho a autodeterm inarse, dichos pueblos za y a un proceso de agotamiento del siste­
tienen el derecho de buscar y recibir un apo­ ma entero de seguridad colectiva al que se dio
yo conforme a los fines y a los principios de vida en la Carla. La legitimación de la inter­
la Carta de las Naciones Unidas." vención armada de un estado no directamente
interesado en la lucha de liberación seria, des­
VI. AUTODETERMINACIÓN V DERECHO DE RESISTENCIA. pués de todo, peligrosa, pues podría traer con­
Todos los instrumentos internacionales, y sigo una fuerte injerencia de la potencia
entre ellos en prim er lugar las declaraciones extranjera en la vida del nuevo estado o en
de la Asamblea General de las Naciones Uni­ la conducta del nuevo gobierno, en el cuso de
das, reconocen —como el documento citado resultados positivos de las hostilidades y,
poco antes— al pueblo que lucha por la pro­ sobre todo, podría constituir la premisa y la
pia a. un derecho de resistencia que, en últi­ justificación para una intervención de una
ma instancia, puede explicarse mediante el potencia extranjera en ios asuntos internos
recurso al uso de la fuerza en aplicación del de un estado, en defensa de grupos rebeldes
derecho de legitima defensa. Al interpretar (reales o imaginarios, espontáneos u oportu­
los actos en cuestión, por lo común se valora namente organizados), cuyo derecho a la a.
su paridad con el art. 51 de la Carta de las fuera inexistente o, por lo menos, discutible.
Naciones Unidas, para llegar a reconocer, Tal es lo que nos enseña la historia reciente.
sobre la base de esta disposición, un derecho, El derecho de usar la fuerza debe ser reco­
si no un deber, de intervención al lado de los nocido pues sólo a los pueblos que en prim e­
pueblos oprimidos, para todos los miembros ra instancia luchan por la propia a. Pero este
de las Naciones Unidas. derecho es en cierto modo limitado, en el sen­
En realidad, lejos de hacer referencia explí­ tido de que no puede considerarse licito el
cita a las disposiciones argumentadas, las dis­ recurso a cualquier acto de violencia, sobre
tintas declaraciones se limitan a reconocer a todo si va dirigido contra víctimas inocentes.
los pueblos en cuestión un derecho "a buscar Por ello no es posible com partir la tesis según
y recibir ayuda, de conformidad con los fines la cual la actividad terrorista llevada a cabo
y principios de la C arta” (asi la Declaración por individuos o por grupos de individuos que
sobre las relaciones amistosas y el art. 7 de luchan por la a. pueda considerarse un con­
la Res. 3314-XXDC del 14 de diciembre de traterror. un acto de legítima defensa, una
1974, relativa a la definición de agresión) o resistencia activa ante el opresor, que justi­
a afirmar, todavía en forma mas genérica, que fican y legitiman los medios utilizados. Aun
"el restablecimiento de los derechos funda­ cuando el propio terrorism o sea el único ins­
mentales de un pueblo, en el momento en que trumento eficaz para contraponerse a un ene-
AUTOGESTIÓN 103

m ijo mucho más fuerte y organizado —como hoff, 1967; J J . Lador-Ledercr, International
sucede en las luchas de liberación— y por ello gruup protection, Lciden, Sijthoff, 1968; A. Mia­
sea un medio d 1 lucha difícil de condenar, si ja de la Muela, Im emancipación de ¡os pueblos
reconocemos la legitimidad del recurso al uso coloniales y el derecho internacional, Madrid,
de la fuerza en -I ejercicio del derecho de a., Tecnos, 1968; A. Papisca, /.‘intendenta delle
se trata de medios de acción que deben ser Nazioni Uniré nelle consultazioni popolari, Milán,
desterrados, sea cual fuere el fin perseguido. Giuffré, 1969; A. Rigo Su reda. The evolution of
El límite entre actividades lícitas y activi­ the rif-ht of self-detennination: a study of United
dades ilícitas puede trazarse en función de los Nations practice, Leiden, Sijthoff, 1973; N. Ron-
medios empleados y de la personalidad de las zitti, Le atierre di liherazione nazionale e il diritto
victimas de los actos terroristas. En esta pers­ internazionale. Pisa. Pacini, 1974; M.A. Shukri.
pectiva se plantea también el estudio sobre The concept of self-determination in the United
el terrorism o preparado por el secretario de Nations, Damasco, Al Jadida*, 1965; J. Siotis, Le
las Naciones Unidas, en el que sé*observa que droit de la guerre el les conflits armes d'un carae-
incluso cuando el empleo de la fuerza e*-tá jus­ té re nan-intemutional, París, Librairie Généra-
tificado moral y jurídicamente, hay determ i­ le de Droit et de Jurisprudence. 1958; U.O. Umo-
nados medios que —como en toda forma de zurike, Self-detennination in intentaríonal law,
conflicto humano— no deben ser utilizados; Hamben, Archon Books, 1972; P. Vergnaud,
la legitimidad de una causa no justifica el L'idée de la nationalité et de la libre disposition
recurso a determ inadas formas de violencia, des peuples, Ginebra, Droz. 1955; Vismara, Le
en especial contra los inocentes: "hay limites Nazioni Unite per i terrilori dipendenti e per la
a lo que la comunidad internacional puede decolonizzazione , Paudu. CEDAM, 1966; Yassin
tolerar y aceptar". el-Avouty, The United Nations and decoloniza-
Legitimo seria pues el uso de la fuerza, y tion: the role of Afro-Asia, La Haya, Nijhoff, 1971.
se consentiría el recurso a la actividad terro­
rista, a condición de que éstos no se volvie­ [CAKLO BAl.Dl]
ran medios particularm ente violentos e inhu­ autogestión
manos, o desproporcionados a los resultados
esperados o de espera plausible.
El derecho a la a. de los pueblos está estre­ i. d e f in ic ió n e s e n c ia l . Por a. en sentido amplio
chamente ligado a los derechos de los indivi­ debe entenderse un sistema de organización
duos, de los que constituye un corolario; sería de las actividades sociales que se desarrollan
una flagrante contradicción luchar por la a. mediante la cooperación de muchas personas
con desprecio de los derechos fundamentales (actividades productivas, de servicio, adminis­
de la persona humana. trativas), para lo cual todos aquellos compro­
metidos en ellas toman directamente las deci­
siones relativas a su conducción, con base en
BIBLIOGRAFIA: G. Arangio-Ruiz, United Nations las atribuciones del poder de decisión dadas
declararían of friendly relations and the system a la colectividad y que define cada estructu­
of the sources of inlematiortal law. La Haya, Sijt- ra específica de actividades (empresa, escue­
hoff & Noordhoff, 1979; P. Bergmann, Self- la, barrio, etc.). Aquí pueden reconocerse dos
determination: the case of Czekhoslovakia, 1968- determinaciones esenciales del concepto de
1969, Luguno-Bcllinzona, Grassi, 1972; S. a. La prim era se refiere a que se anula la dis­
Calogeropoulos-Stratis, Le droit des peuples á tinción entre quien toma las decisiones y
disposer d ’eux-mémes, Bruselas, Bruylant, 1973; quien las ejecuta, con referencia a las funcio­
A. Cassese y E. Jouve ícemps.), Pourun droit des nes de toda aquella actividad colectiva orga­
peuples. París, Berger-Levrault, 1978; C. Curdo, nizada sobre la base de la división del traba­
Nazione e autodecisione dei papoli: due idee nella jo. La segunda e> la autonomía de decisiones
storia, Milán, Giuífre, 1977; G.J. de Lint, The Uni­ de toda unidad de actividad, o sea que se supe­
ted Xatiuns: the ahhurrent misappliculion of the ra la intervención de voluntades ajenas a las
Charterin respect of South Africa, Zwolle, Tjeenk colectividades concretas para la definición
VVillink, 1976; H.S. Johnson, Self-determination del proceso de decisiones.
within the community of n a t t o n Lciden, Sijt- Con referencia a la vida cotidiana asocia­
104 AUTOGESTION

da, c¡»tas dos determinaciones califican el sig­ constituyen propuestas de organización de


nificado de a. como principio elemental que una sociedad posrevolucionaria según esque­
modifica las relaciones sociales y personales mas del todo similares a la de la a. —aunque
en el sentido de la reapropiación del poder no definidas con este término, que aparece
de decisión respecto de una determinada esfe­ sólo ocasionalmente en la literatura alema­
ra de actividades contra cualquier autoridad, na. En los años veinte y treinta, restringido
aunque esté legitimada por una delegación el espacio de propuesta de los consejos, pue­
precedente —como resulta de expresiones den reconocerse elementos importantes de la
tales como "a. de las luchas”, “seminario, problemática de la a. en la crítica trotsquis-
manifestación, huelga de a.”, etc. Con referen­ ta al papel de la burocracia en el sistema
cia al funcionamiento de un sistema social soviético.
global, especifican el significado de a. como La difusión del término a. en la cultura y
modelo de sociedad socialista alterno al esta­ en el lenguaje político data sólo de los años
talista burocrático: por un lado al superar la cincuenta, después de que se introdujo en
lógica autoritaria de la planificación centra­ Yugoslavia un sistema de organización eco­
lizada y la consiguiente apropiación del poder nómica y estatal así denominado. Esta expe­
social por parte de los aparatos burocráticos, riencia llevó, por un lado, a especificar mejor
mediante la atribución de una plena autono­ la noción de a. en su nexo con un conjunto de
mía de gestión a las diversas unidades eco­ mecanismos y procedimientos articulados
nómicas; por otro lado como redefinición del dentro de empresas y estructuras político-
carácter colectivista de la organización social, administrativas; por el otro, a connotarla ya
tanto a través de la asignación de las respon­ no como propuesta "extrem ista" sino más
sabilidades y del poder de gestión a cada bien como solución práctica del problema de
colectivo de trabajo como mediante la deses­ la eficiencia y de la democracia de un siste­
tructuración del ordenamiento estatal en un ma socialista. Sin embargo, no se estableció
sistema de autonomías locales que les ceda en el uso del término una acepción precisa en
el control directo de las condiciones de la sentido institucional (más que con referencia
reproducción social. al sistema de organización y representación
por consejos de delegados) y su fortuna coin­
n. o r íg e n e s d e l c o n c e p t o . La especificación de cide más bien con la difusión de una acepción
la matriz ideológica de la noción de a. consti­ de a. como principio muy general, cuyos
tuye —como veremos— un aspecto de la inter­ supuestos y condiciones de realización no
pretación de su significado. Sin embargo, pue­ quedan definidos de modo univoco, de don­
den reconocerse en ella elementos evidentes de la dificultad para circunscribir su proble­
de prefiguración en el pensamiento anarquis­ mática de modo coherente.
ta (en particular en el concepto de democra­
cia industrial de Proudhon), en las concepcio­ III. LA AITOGF.STIÓN COMO SISTEMA DE ORGANIZACIÓN
nes del sindicalismo revolucionario europeo e c o n ó m ic a . Esta dificultad contem pla de
y norteam ericano y más aún en la idea de manera particular el significado de la a. como
autogobierno industrial enunciada por los principio de organización económica, en pri­
socialistas gremialistas. El nacimiento de la mer lugar por algunas incertidumbres acer­
problemática de la a. puede asignarse en cam­ ca de su especificidad. Una orientación socio­
bio con más certidum bre con ocasión del lógica muy difundida tiende de hecho a redu­
movimiento de los consejos obreros (i\). cir la a. y la cof¡estic>n en la problemática úni­
difundido por varios países europeos en la ca de la participación obrera y de la demo­
primera posguerra —según las posiciones de cracia industrial, con base en la consideración
los grupos "extrem istas” u "obreristas” en el de que ambos principios buscan restituir a
ámbito de los partidos socialistas y sucesiva­ los trabajadores el control sobre su situación
mente de la III Internacional sobre el proble­ de trabajo y para este fin proponen formas
ma de la "socialización” de la economía. En análogas de organización de tipo no volunta­
particular, la concepción del "sistema de con­ rio (consejos y representaciones de delegados
sejos" según los escritos de K. Korsch y A. elegidos sobre la base de cada empresa), aquí
Pannekoek y la gramsciana del “nuevo orden" opuestas al asodacionism o 'indica!. Sin
AUTOGESTIÓN 105

embargo, si este enfoque m uestra ia función orden económico y político entero como con­
de integración de los trabajadores en el sis­ dición propia de su realización.
tema administrativo, común a los dos prin­ En sustancia, el principio de la a. hace refe­
cipios, olvida la diferencia sustancial entre rencia simultánea a una particular modalidad
una propuesta de integración "pasiva" y otra de organización del proceso de gestión en el
"activa". De hecho, mientras que la cogestión interior de las empresas y, en el plano social
se propone una simple modificación del pro­ más general, a una forma particular de orga­
ceso de decisiones de las empresas, median­ nización colectiva, dando lugar a una confi­
te la inclusión de consultas con los dependien­ guración económica original, cuyo rasgo prin­
tes o formas de co-decisión con sus represen­ cipal se reconoce en su referencia a princi­
tantes, hasta llegar a la atribución a éstos de pios propios de filosofías económicas diver­
un poder autónomo con límites en algunos sas y aparentemente inconciliables: por un
aspectos de lus condiciones de trabajo (ser­ lado, superar la apropiación privada del plus-
vicios sociales, ambiente, seguridad, etc.), la valor y por lo tanto la referencia del sistema
a. quiere realizar la socialización del poder al parámetro de la ganancia; por el otro, man­
de gestión y atribuye a los trabajadores por tener la libre iniciativa de las unidades eco­
medio de sus delegados un poder de delibe­ nómicas.
ración sobre todas las decisiones relativas Esto es consecuencia de un preciso come­
—en primer lugar Jas que conciernen al repar­ tido ideológico, resumido muy esquemática­
to entre inversión y retribución—, o sea que mente en la siguiente secuencia de conside­
se propone justamente una integración "acti­ raciones de principio: a] la superación del
va" de los trabajadores en su empresa, loque extrañam iento de los trabajadores respecto
implica sea como fuere la superación de la de los fines de su actividad —que constituye
propiedad capitalista de la misma. al fin último del proyecto socialista— sólo es
Más cercano a la idea de a. es el asociacio- posible a condición de que: ¿>] tengan el con­
nismo cooperativo, ya sea en términos estruc­ trol directo sobre el destino del plusvalor por
turales o con referencia a la matriz ideológi­ ellos producido y esto requiere: c] no sólo la
ca de lus dos principios, que llevaría de nue­ eliminación de la propiedad capitalista, sino
vo, por lo menos en parte, a la tendencia liber­ incluso: d] la posibilidad de una plena auto­
taria del movimiento socialista. No obstante, nomía de gestión de los distintos colectivos
m ientras que el asociacionisino cooperativo de trabajo. En la base de la propuesta de la
destaca la alternativa del trabajo asalariado a. está, por lo tanto, una teoría de la enajena­
en la redistribución paritaria de la propiedad ción que, aunque se la identifique con una
de los medios de producción entre todos los interpretación "hum anista" del pensamien­
miembros de una entidad económica, la a. to marxiano, difícilmente puede reducirse a
considera necesaria a su vez la redefinición la perspectiva del materialismo lústórico, que
del papel y del poder de los trabajadores en concibe la condición salarial como efecto de
el proceso económico, para lo cual pone como una relación social de producción, o sea en
condición no ya la asunción generalizada del el interior de la unidad contradictoria de tra ­
estatus de propietario privado sino la supre­ bajo y capital. Más coherentemente hará refe­
sión de este y la adquisición igualitaria del rencia a aquellas doctrinas sociales (y en par­
poder de gestión mediante un derecho indi­ ticular al pensamiento de Proudhon) que. al
visible de usufructo sobre los medios de pro­ promover la asunción de una entidad natural
ducción “sociales". En consecuencia, mien­ del trabajo, fijan sus raíces en la separación
tras que el principio cooperativo acepta de de las tareas de gestión respecto de las de pro­
Hecho la lógica de los sistemas capitalistas, ducción. después de la apropiación por las
en cuyo ámbito puede encontrar el espacio prim eras de parte de una propiedad (sea pri­
para su realización, el principio de la a., aun­ vada o estatal) que violaría en lo externo la
que se la piense como una acción en escala intrínseca unidad del trabajo, reduciendo a
limitada y aunque esté asociada por lo común los trabajadores a la condición salarial como
al proyecto de una transformación gradual de simples ejecutores “ m ateriales" del mismo.
las estructuras sociales, implica en todo caso El sentido del proyecto de la a. corresponde­
una modificación más o menos amplia del ría a la exigencia de restituir a los trabajado­
106 AUTOGESTION

res el control general sobre su actividad pro­ mentos tradicionales de política crediticia)
pia, considerado como la característica esen­ pueden asegurar la efectiva realización de un
cial del sistema artesanal, pero en el ámbito sistema económico adm inistrado por traba­
de estructuras productivas de tipo industrial jadores, hasta reconocer que la maximización
—o sea basadas en la cooperación y la divi­ del ingreso para cada uno de sus miembros
sión del trabajo—, y en esta perspectiva el debe ser considerada como objetivo esencial
mismo principio de la autonomía de los pro­ de las empresas autogestionadas (J. Vanek).
ductores. que era la condición de subsisten­ Es evidente que estas divergencias implican
cia del sistema artesanal, seguiría siendo la en última instancia al propio significado de
pieza clave, con el nuevo significado de dis­ a. en cuanto forma específica de organización
ponibilidad "en común" de los medios de pro­ económica y social y en este sentido ponen en
ducción, aunque con poder "individual" sobre duda sus propios supuestos y fines. De hecho
la gestión de la actividad colectiva. De hecho, se obserta, por un lado, que, en la medida en
la actualidad de la propuesta de a. es reivin­ que se planteen como condiciones de un sis­
dicada en general desde una perspectiva ana­ tema de a. criterios de racionalidad indepen­
lítica, recurrente en el pensamiento social dientes de aquellos expresados por las deci­
contemporáneo, según la cual la contradic­ siones autónomas de los colectivos de trab a­
ción fundamental de las sociedades industria­ jo, se vuelve teóricamente injustificada y
les no consistiría tanto en la estructura de las prácticam ente imposible la asunción de este
relaciones de propiedad cuanto en la de las principio como resolución de la condición de
relaciones de autoridad, que el proceso de enajenación de los trabajadores. Pero, por
racionalización tecnológica y organizativa ha otra parte, se objeta que la aceptación del
cristalizado cada vez más, condenando a la libre mercado como medio de regulación de
mayor parte de los trabajadores al extraña­ las relaciones entre las empresas autogestio­
miento de su trabajo y d indo lugar en el nivel nadas implica de hecho la de la ganancia
social más general a la constitución de un como fuerza motora del sistema social, por
poder burocrático que impide toda participa­ lo que quedaría vinculada a los esquemas pro­
ción democrática efectiva. pios del capitalismo.
Sin embargo, la traducción de estas peticio­
nes de principio en un sistema concreto de IV. LA AUTOGESTION COMO PRINCIPIO POLITICO. A la
organización económica constituye un proble­ incierta definición de lo-- supuestos de la a.
ma todavía abierto para la teoría de la a, y como sistema de organización económica le
el objeto de un debate que en el último dece­ da contrapeso una evidencia m ás clara de su
nio ha dado lugar a explícitas perspectivas significado como principio político. Movién­
sustancialmente divergentes. En el centro del dose de la exigencia de fundam entar una
problema está la concepción de la autonomía alternativa tanto en el formalismo abstracto
de gestión de las unidades productivas indi­ de la democracia burguesa como en el esque­
viduales. en sus implicaciones para el funcio­ ma autocrático de las llamadas “democracias
namiento global del sistema económico. Algu­ populares", los teóricos de la a. han llegado
nos intentan sustraer esta autonomía a la a colocarse dentro de la corriente del pensa­
referencia directa a los mecanismos de m er­ miento democrático radical (de Rousseau a
cado y la definen en el ámbito de sistemas de la actual sociología crítica), llegando a pre­
planificación capaces de operar por flujos de sentar de manera coherente este principio de
información no sólo en linea jerárquica, sino organización como la solución del problema
también horizontal, de modo de simular el de la democracia sustancial. El significado
funcionamiento del mercado; o bien, en té r­ esencial de esta elaboración puede sintetizar­
mino-- más liberales, de esquemas de progra­ se en términos formales como: a] "alejamien­
mación "policéntrica", capaces de regular el to" del punto de apoyo del problema de la
mercado mediante una m atriz de conexión autoridad desde el momento de su ejercicio,
entre varios centros autónomos de decisión. o sea de la emanación de órdenes vinculan­
En cambio otros asumen que sólo el merca­ tes. hasta aquel lógicamente precedente de la
do autorregulado y la completa libertad de ini­ formación de las decisiones, y h\ resolución
ciativa de las empresas (corregida por instru­ del propio problema mediante la propuesta
AUTOGESTIÓN 107

de una "socialización" de los procesos de deci­ observe que este sistema debe integrarse al
sión, hecha posible por la atribución a cada principio de la imperatividad y de la revoca-
individuo de un poder de decisión distinto en bilidad del mandato. La analogía sustancial
relación con los diversos ámbitos concretos entre la idea de democracia directa y la de a.
de su vida asociada. puede encontrarse más bien en las implica­
Puede calificar esta concepción, es preciso ciones de la razón particular que este princi­
distinguirá la a. de otros principios políticos pio busca establecer entre las colectividades
—en particular el autogobierno y la democra­ y el objeto de sus decisiones, con base en la
cia directa—con los cuales ha sido confundi­ comunidad de competencias e intereses crea­
da a menudo. En prim er lugar, m ientras que da por la participación en una misma activi­
el ámbito de significatividad convencional­ dad social, que dejaría que cada quien toma­
mente asignado a estos últimos tiene que ver ra parte efectivamente en la formación de
con la organización político-territorial, o sea tales decisiones, que fuera eventualmente
al estado, el concepto de a. concierne al con­ delegado para su ejecución y que controlara
junto de las actividades sociales que compor­ a la vez su aplicación cotidiana (por lo tanto,
tan una organización colectiva, y en prim er que realizara de hecho una fusión del momen­
lugar las económicas. Puede decirse más bien to "legislativo” con el "ejecutivo”), indepen­
que el principio del autogobierno, por impli­ dientemente de la existencia de formas de
cación, entra de nuevo en la problemática de representación y de la atribución de respon­
la a., en la medida en que su realización sabilidades definidas.
requiere de una restructuración del sistema En sintesis, la a. en cuanto principio polí­
político en el sentido de la descentralización tico puede definirse como un mecanismo
adm inistrativa y sobre todo de la absc rción representativo traspuesto en el ámbito de las
de muchas de sus funciones en comunidades estructuras concreta- de las diversas activi­
territoriales locales dotadas de una fuerte dades económico-seriales con el fin de asegu­
autonomía de decisión. Sin embargo, es rar su funcionamiento y que proporciona una
importante destacar que el sistema institucio­ síntesis im portante en los niveles locales de
nal prefigurado por la idea de a. tiene en su comunidad. Por un lado, no es más que la apli­
base caracteres opuestos a los de la jerarquía cación a la esfera económico-social de prin­
funcional y de la intencionalidad subjetiva cipios democráticos ya ejecutados en aquella
implícitos en la noción de "gobierno", carac­ política; por el otro, queda calificada como
teres que están bien marcados a su vez por una nueva forma de organización de todo el
la propia noción de “gestión" en sentido meta­ contexto social, por cuanto asume las diver­
fórico y que en lenguaje económico viene a sas actividades sociales y sobre todo econó­
significar la actividad de conducción cotidia­ micas —y no la posesión territorial— como
na de una empresa. O sea, como sugiere la for­ estructura fundamental de la participación en
mula de la "extinción del estado” comúnmen­ la vida asociada: o sea que compromete a los
te asociada por sus teóricos a este principi >, individuos como productores en la unidades
la a. quiere reabsorber la decisionalidad polí­ económicas y como consumidores en la uni­
tica en la “administración de las cosas": en dad local; por otro lado, implica también, en
otros términos, implica no sólo la descentra­ su- consecuencias extremas, la disolución del
lización, sino también una despolitización del poder económico y político y el funcionamien­
sistema. to de la- estructuras sociales únicamente a
En segundo lugar, la a. no puede asim ilar­ través di una autoridad socializada. Sobre­
se de inmediato a la noción de democracia estás bases, el mantenimiento de un poder y
directa, ya que el mecanismo institucional de una organización estatal —en -í contradic­
previsto para su acción, aun comprendiendo torio con el principio de la a.— es aceptado
instancia^ de decisionalidad directa (asam­ por los teóricos de la a. en el e-quema de un
bleas y diversas forma.- de consulta de la proceso de transición y vuelto compatible con
base), hace referencia al sistema de la repre­ tal principio mediante la ideación de sistemas
sentación mediante delegado- {consejos de de representación "funcional”, o sea estruc­
sección, de empresa, de distrito, comunales, turado*; con referencia a la- diversas funcio­
etc.), aun cuando la concepción más radical nes sociales desarrolladas dentro de la colee-
108 AUTOGESTION

tividad (productivas, de servicios, militares, método, sujeto por lo demás a frecuentes re to


etcétera). ques institucionales: cuatro constituciones
federales de 1946 a 1974, más muchas otras
v. e l c a s o y u g o sl a v o . Según la definición ante­ leyes fundamentales.
rior, que asume como supuesto de la a. la La organización del sistema económico, que
superación de la propiedad privada de los —especialmente en los años sesenta— tuvo
medios de producción, los ejemplos de actua­ una clara orientación hacia la completa auto­
ción de este principio —en discrepancia con nomía de las empresas, dejando a la planifi­
la opinión de algunos autores que incluyen en cación central y local como simples instru­
él numerosas experiencias de cooperativas de mentos de política fiscal y crediticia, se basa,
producción y en particular la de los kibbut- en el nivel de las unidades productivas, en el
zim israelíes— se reducen a muy pocos casos, principio de la separación de los poderes de
relacionados precisamente con los regímenes gestión —fiados en una escala ascendente a
colectivistas (en Argelia, en 1963, aunque limi­ órganos colegiados de decisión— de aquellos
tados a las puras empresas agrícolas; en Polo­ de dirección técnica y administrativa, defini­
nia, de 1956 a 1958 y nuevamente en 1981, asi dos según una estructura jerárquica conven­
como en Checoslovaquia en 1968), de los que cional —desde el director de empresa hasta
sólo el yugoslavo identifica una experiencia los cuadros inferiores. La definición del esta­
cumplida y duradera, asumida por ello como tus del director respecto del poder colectivo
modelo paradigmático de sistema de auto­ de los órganos de gestión y sobre todo la atri­
gestión. bución de éste a las diversas instancias cole­
La institución de la a. en la República Fede­ giadas han sufrido con el tiempo profundas
rativa Socialista Yugoslava y el proceso cone­ modificaciones, conexas en una prim era fase
xo de revisión ideológica y política (critica del al proceso de liberalización de las empresas,
"socialismo burocrático", posición de “no ali­ y más tarde llevadas a corregir sus disfuncio­
neamiento" en el campo internacional) deben nes relativas. Según la ley de 1976, se le atri­
llevarnos de nuevo al problema de una eco­ buye a las Organizaciones de base del traba­
nomía fuertemente atrasada, agravada por jo asociado (goir) —grupos de trabajadores
las condiciones desventajosas de intercambio articulados en el nivel de secciones de fabri­
impuestas por los paises del bloque socialis­ cación y de servicios técnicos y adm inistrati­
ta. En este sentido, el modelo de la a. —de vos— mediante un sistema progresivo de dele­
hecho inventado por los dirigentes yugosla­ gación del poder de opción sobre todas las
vos— fue justificado como el medio para con­ cuestiones relativas a la conducción de la
seguir un desarrollo más rápido del sistema empresa, mientras que el poder de decisión
económico y al mismo tiempo una emancipa­ directo se atribuye, según la importancia de
ción inmediata de la condición salarial: en las decisiones, a tres niveles de consejos de
sustancia, según el registro oficial marxista- delegados (consejos de las diversas oour, de
leninista, para superar los propios términos establecimiento, consejo de empresa): los dos
de la contradicción (imputada a la experien­ primeros extraen de su seno los delegados
cia soviética) entre supuestos materiales del que componen el órgano inmediatamente
socialismo (el "desarrollo de las fuerzas pro­ superior, vinculados por un mandato impe­
ductivas") y modificaciones en tal sentido de rativo a representar en él Jos intereses de los
las relaciones de producción. Hasta mediados respectivos electores. El consejo de empresa
de los años cincuenta, la realización de este define las políticas generales, nombra y des­
modelo (la llamada “vía yugoslava al socia­ tituye al director —que asume mediante con­
lismo") llevó a través de una serie de refor­ curso— y decide la tasa del ingreso que debe
mas institucionales a la segregación del ante­ destinarse a las retribuciones, cuyo reparto
rior sistema monolítico de molde soviético y individual es establecido sin embargo en un
a la estructuración de tres subsistemas nivel inferior, donde se decide también acer­
—convencionalmente: economía, autonomías ca de las admisiones y despidos.
locales y partido— cuyas complejas interac­ La exigencia de conciliar la necesidad de
ciones califican el carácter particular de una recomposición de los intereses individua­
democracia "participadva" asumido por este les y locales (aguzada por las disparidades
AUTOGESTIÓN 109

económicas entre las distintas regiones del mico y administrativo (teorizada como pro­
país) con la posibilidad de su articulación ceso de ■•deterioro" del estado) ha implicado
directa (intrínseca al funcionamiento mismo también una progresiva modificación del
de la a.) ha llevado precisamente al abando­ estatus del partido único y de las demás orga­
no progresivo de las decisiones jerárquicas nizaciones reunidas en la Alianza socialista
y a la elaboración simultánea del modelo de (sindicato, asociación de partidarios), tanto
la a. social, que marca la experiencia yugos­ en el plano institucional —donde lia sido reco­
lava, o sea a la generalización en la esfera nocido como un poder menos difuso y mejor
administrativa de los principios esenciales de definido, junto al poder de los consejos de
la a. (autonomía de decisiones y representa­ empresa y territoriales (así desde 1974 exis­
ción por delegados). Con ello, la república te en el nivel de comunas y repúblicas un ter­
yugoslava ha venido asumiendo la configura­ cer Consejo sociopolitico elegido de listas pre­
ción de un sistema articulado en una plurali­ vias dadas por la Alianza socialista)— como
dad de centros de decisión según ámbitos de en el plano organizativo, mediante la estruc­
competencias funcionales, definidas tanto por turación de las diversas organizaciones po­
la dimensión territorial (comunas, repúblicas, líticas según el común principio de la dele­
federaciones) como por la técnico-productiva gación progresiva. Sin embargo, diversos
y conectado en linea horizontal y vertical observadores han revelado que la propia a r­
mediante el propio principio de la delegación ticulación y creciente complejidad de los
progresiva con mandato imperativo, operan­ mecanismos formales de la “democracia
te en las empresas. La comuna —cuya exten­ participativa” han consentido que el partido
sión territorial corresponde a la provincia y su grupo dirigente conserven de hecho el
italiana— constituye la estructura portado­ papel de variable independiente del sistema,
ra de este sistema, tanto por la amplitud de aunque legitimado por la necesidad funcio­
los poderes económicos sobre las empresas nal de que la concertación entre los distintos
que operan en su territorio y la consistencia intereses tenga un punto de referencia más
de las funciones de gobierno local atribuidas general,
a ella, como porque es el trámite, esencial
para la formación del sistema de la represen­ VI LAS EXPERIENCIAS POSTERIORES. Los intentos
tación funcional de los intereses sobre los que posteriores inspirados en el principio de la
se rige el entero orden jurídico institucional. a. (en particular el polaco y el checoslovaco)
De hecho, el ordenamiento yugoslavo prevé permiten precisar los términos más genera­
en cada uno de los tres niveles territoriales les de la problemática propia de la forma his­
una doble estructura de los órganos asam ­ tórica según la cual se ba efectuado hasta aho­
bleístas y de gobierno con competencias fun­ ra este sistema de organización económica,
cionalmente diferenciadas (económicas y comprendido el caso yugoslavo.
político-administrativas) sobre la base de un Por un lado, resulta más evidente que esta
doble sistema de representación, que integra problemática ha de llevar, más que a motivos
el principio de la representación general de ideológicos, a la exigencia práctica de permi­
los ciudadanos con la de los trabajadores tir una autonomía sustancial de la gestión de
como tales. Así. la Constitución de 1974 pre­ la empresa, como reacción a situaciones de
vé en el nivel de !a comuna un Consejo del tra­ crisis económica y social, imputadas a expe­
bajo asociado, compuesto por delegados de riencias precedentes de planificación centra­
las diversas oot’R y de unidades análogas de lizada. En este sentido, entra en la problemá­
trabajo en otros sectores y un Consejo de las tica más general de la descentralización de las
comunidades ¡ocales con delegados elegidos decisiones económicas, exigida en casi todos
sobre la base territorial en los diversos dis­ los regímenes colectivistas por las insuficien­
tritos: estos consejos nombran a su vez a los cias del sistema, particularm ente evidentes
delegados llamados a representarlos en las por el lado del consumo: de ahí que la ulte­
correspondientes cám aras de las asambleas rior característica, propia de la a., de unir
de las diversas repúblicas y así sucesivamente autonomía de las empresas y poder de deci­
para el parlamento federal. sión de los consejos obreros se explique, en
Esta descentralización del sistema econó­ relación con la particular gravedad de las
lio AUTOGESTION

situaciones de crisis, como el medio para insubordinación, que ya había llevado al reco­
incentivar la productividad del trabajo y legi­ nocimiento oficial del sindicato independien­
tim ar que los ingresos obreros dependan de te Solidamosc, asi como la sucesiva identifi­
los rendimientos administrativos efectivos. cación de esta reivindicación como el objeti­
Sin embargo, por otro lado, la problem áti­ vo estratégico del nuevo sindicato, indican
ca de estas experiencias es inescindible de las que el sistema de a. industrial instituido en
implicaciones políticas consiguientes al nexo el otoño de 1981, si bien constituía en su
que estas reformas de las em presas institu­ estructura formal una innovación institucio­
ye entre descentralización y redistribución nal sin precedentes para un régimen de
del poder económico. De hecho, en la medi­ “socialismo real” (de hecho se atribuían a los
da en que tal poder se atribuye a los ccn-.e- consejos obreros poderes muy amplios sobre
jos obreros (v.) —o sea a los organismos no la gestión de la empresa, incluso en m ateria
voluntarios y por lo tanto no directamente de nombramientos y revocaciones de los
controlables por las organizaciones políticas directores), representara de hecho un com­
dominantes (partido y sindicato)—, queda promiso, destinado a abrir una posterior dia­
cuestionada la estructura que en el ámbito de léctica política, que más bien habría implica­
los regímenes de partido único apuntala el do la distribución del poder real. Donde esa
monopolio del poder y se desarrolla una diná­ reforma hubiera quedado limitada al sistema
mica que implica más bien una modificación de las empresas, se habría seguramente tra ­
de c a o s sistemas políticos. Esto explica por ducido en un proceso conflictivo de "control
qué esta confrontación entre las distinas obrero”, organizado por el sindicato indepen­
experiencias de a. resulta, coeteris parihus, en diente. En cambio, donde los consejos obre­
una relación inversa entre la autonomía de ros hubieran obtenido un reconocimiento en
gestión atribuida a las em presas y los pode­ ei nivel de la organización estatal según el
res reconocidos a los consejos; por qué la defi­ esquema de la a. social yugoslava, en el cual
nición de la estructura de estos organismos se inspiraban algunos dirigentes sindicales
(modalidades de elecciones, composición, para proponer una descentralización admi­
dimensiones, articulaciones, etc.), así como nistrativa y la institución en todo nivel —in­
sus poderes frente a los del director de las cluyendo el del parlamento nacional— de una
empresas, constituye el nudo capital de estas segunda cám ara con competencia en m ateria
experiencias y el principio de su diferencia­ de economía, de ahí habría derivado —al con­
ción formal; finalmente, de manera más indi­ trario que en el caso yugoslavo— más que una
recta, por qué su dinámica ha sido m arcada ”despolitización>’clc la dialéctica social, una
—por lo menos hasta hoy— por la drástica forma particular de pluralismo político con
alternativa entre un brutal o progresivo ago­ el poder dividido entre el partido y la organi­
tamiento de las funciones autónomas de los zación de Solidamosc.
consejos (Polonia en 1958, Checoslovaquia y
en parte Argelia), o bien, donde el partido úni­ vil. las críticas. Dada la fuerte impregnación
co logró redefinir ^u propia función, un reco­ ideológica de la idea de e s oportuno exa­
nocimiento explícito de estos organismos en minar las críticas que se le han dirigido, dis­
el nivel del sistema político adm inistrativo tinguiendo —en lo posible— las dirigidas a las
(Yugoslavia). experiencias concretas, y en particular a la
La experiencia polaca más reciente, que ter­ yugoslava, de aquellas dirigidas al principio
minó con el golpe de estado militar de diciem­ como tal. Las prim eras están en -u mayoría
bre de 1981, ilustra con claridad excepcional orientadas a revelar, con diversas intenciones
las implicaciones políticas de la ejecución de poli tic. s, la incongruencia de algunos resul­
la a., incluso en relación con el significado tados de esta experiencia ya treintenal respec­
particular de afirmación de la autonomía polí­ to de sus supuestos socialistas. Los fenóme­
tica de la clase obrera asumido en aquel con­ nos sobre los que se centran esencialmente
texto social y cultural del principio de la a. tales análisis críticos son tanto la existencia
La amplia emergencia excepcional de esta en la sociedad yugoslava de fuertes repartos
propuesta como reivindicación espontánea de injustos en los ingresos personales como
la base obrera en el ámbito de un proceso de sobre todo la diferencia entre los distintos
AUTOGESTIÓN 111

sectores productivos y entre las regiones del ble para el principio de la a., esta misma cate­
pais, que fueron aumentando con el tiempo goría, lejos de ser la forma ''n a tu ra l” de la
(en 1978, en Eslovenia, el ingreso per cápita producción social, es el resultado específico
era casi seis veces mayor que en Kossovo), del modo de producción capitalista, en el sen­
desequilibrios que llevaron a la tendencia evi­ tido de que la separación de los trabajadores
dente de las empresas autogestionadas de del control de los medios de producción no
reproducir los esquemas de comportamien­ es más que el efecto de la separación de las
to de las capitalistas (obtención de ganancias, empresas entre sí. Aquí el límite de fondo del
prácticas monopólicas, evasiones fiscales, principio de la a. no consistiría tanto en el
etc.). De manera más significativa, se ha hecho de que su realización implica un siste­
observado que el sistema yugoslavo de a. ha ma de relaciones económico-sociales defini­
ido enredándose en un circulo vicioso entre das por la ley del valor trabajo, cuanto en el
la necesidad por parte de los trabajadores de hecho de que, por la propia lógica del princi­
un logro orientado hacia el interés colectivo pio, impide toda posibilidad de transición del
(conciencia socialista) como requisito para un sistema hacia diversas relaciones de produc­
reparto no egoísta de los útiles y la función ción; por lo que la a. no seria más que un
de incentivo a la productividad asumida por intento ficticio de restituir a los trabajadores
las retribuciones; lo cual encontraría verifi­ la propiedad sobre su trabajo, sancionando
cación en el fracaso de la búsqueda en el nivel con ello de manera definitiva la persistencia
de ingeniería social de un punto de equilibrio de relaciones sociales que ligan la posición
entre la exigencia de controlar el comporta­ social de los individuos con el trabajo desa­
miento de las empresas, con la finalidad de rrollado.
un desarrollo equilibrado del sistema, y la de
su autonomía como condición propia de la BIBLIOGRAFIA: I. Adi/es v E. Mann Borgese
participación de los trabajadores en la (comps.), Self-management: new dimensions tu
gestión. democracy. Santa Barbaru-Oxford, ABC-Clio
Estas consideraciones han sido desarrolla­ Press, 1975; P. Bellasi. M. La Rosa y G. Pellic-
das siguiendo una perspectiva de tipo liberal ciari (comps.), Fabhrica c socictá: autogestione
en una crítica de fondo del propio principio e purtecipazione uperaia in Europa, Milán. Ange­
de la a., que ha identificado su limite estruc­ lí, 1972; C. Bettelheim, Cálculo económico y for­
tural en la imposibilidad de perm itir la for­ mas de propiedad (1970), México, Siglo XXI.
mación de un sistema coherente de respon­ 1972: R. Bicanic, La via jugoslava al socialismo
sabilidades, ya que, como demuestra la expe­ (1973). Nápole.-., Liguori, 1976; P. Blumberg,
riencia, toda atenuación de la propiedad pri­ Sociología della partecipazione operaia (1968),
vada acrecienta la preferencia por el consu­ Milán, Angelí, 1972; Y. Bourdet, Per tota teoría
mo c o rrie n te en m enoscabo de la política dell\tUtogestione (1970), Roma, Nuove
acumulación por inversiones inno\ativas; Edizioni Op.raie, 1975; Y. Bourdet y otros. Los
limite que, por otra parte, no quedaría com­ anarquistas y la autogestión, Barcelona, Anagra­
pensado por la posibilidad de este principio ma, 1977; T.R. Bums, L.E. Karlsson y V. Rus
de modificar la estructura de las relaciones (comps.). Work and powen the liberation ofwork
de trabajo, pues el funcionamiento de las and the control of poli tica! power, Londres, Snge.
empresas requiere necesariamente y sea 1979; M. Drulovic, La democrazia autores tira
como fuere, como se ve por la propia expe­ (1973), Rom.., Editori Riuniti, 1978; A. Garand.
riencia yugoslava, de una jerarquía social ¿'autogestión, Vcntrcprise ct l'¿conomie nationa-
basada en la competencia. Finalmente, le. Parí-, Franeo-Empire, 1974; S.P. Huntington
muchas objeciones se centran en el propio sig­ y C.H. Moore (comps.), Authoritarian poli lies ni
nificado socialista del principio de la a., o sea modern societies, Nueva York, B sic Bcok",
en 'U pretensión de constituir un camino para 1970; H. Leteb\ re. Ijo stato (1976). Barí. Dedalo,
una efectiva transformación en este sentido 1976-197S. vols. 2-4; C.E. Lindblom, Polilica e
de las relaciones sociales. Las más duras sur­ mércalo (1977), Milán, Etas Libri. 1979; J. Lojki-
gen de la consideración de que, si la autono­ ne, La clase obrera, hoy (1986), México. Siglo XXI,
mía de las unidades productivas, o s e a la cate­ 1988; A. Masnata, Economía di mércalo e plani-
goría de empresa, es un requisito indispensa­ ficazione collettivista (1976), Florencia, Vallec-
112 AUTOGOBIERNO

chi, 1978; A. Meister, On va ¡'autogestión yougos- a los organismos de gobierno local. Esta rea­
lave?. París. Anthropos, 1970; A. Meister, Socia­ lidad, simple en su conjunto, se complica
lismo y autogestión, Barcelona, Nova Terra, cuando se pasa a un examen analítico de cada
1966; C. Pierre y L. Praire, Plan et autogestión, uno de los elementos que la componen. En el
París, Flammarion, 1976; P. Rolle, Introducción plano organizativo, por ejemplo, la adminis­
a la sociología del trabajo (1971), Barcelona, Pla­ tración estatal periférica estaba formada por
neta, 1977; P. Rosavallon. Autogestión (1975), entidades a las que se atribuía, o bien la per­
Madrid, Fundamentos; P. Santacroce, Transizio- sonalidad jurídica (corporations), o una auto­
ne o nuova dependenza? L'Algeria degli anni 70, nomía más limitada (quasi-corporations).
Turín, Rosenberg & Sellier, 1978; L. Tomasetta, Estas entidades, sin dejar de form ar parte de
Participación y autogestión (1972), Buenos Aires, la administración estatal (y a este respecto,
Amorrortu, 1975; J. Vanek. Economía de parti­ por lo tanto, eran organismos), desarrollaban,
cipación (1970), Buenos Aires, Amorrortu, 1974. como hemos dicho, una gran cantidad de fun­
ciones bajo el mando de sujetos determ ina­
[MASS1MO FOLLts] dos, a través de elecciones, *por la misma
comunidad de los adm inistrados y que, en el
ejercicio de sus funciones, se caracterizaban
por su gran independencia del aparato
autogobierno central.

I DIVERSIDADDE LOSSIGNIFICADOS DE Al TOGOBIF.RNO II APUNTES SOBRE LAEVOLUCIÓN HISTÓRICA DELAUTO­


El término a., traducción del inglés selfgo- GOBIERNO ingles Vale la pena detenerse, aun­
vem m ent, tiene un significado impreciso no que sea brevemente, en el proceso histórico
sólo en los países del continente europeo sino que llevó, en Inglaterra, a la actual configu­
en la misma Inglaterra, donde ya se usa como ración del gobierno local. Las tradicionales
equivalente de communal autonomy. Por lo unidades en que se subdivide este último son
tanto tratarem os de examinar las causas que los condados, los burgos y las parroquias; y
han llevado al uso incorrecto del vocablo, lo sólo en el siglo xix las atribuciones respecti­
cual significa revisar la historia (anglosajo­ vas y las relaciones intercurrentes entre éstas
na y europea continental) de la institución y el poder central asumen cierto carácter sis­
señalando, para term inar, las actuales pers­ temático. Antes de la gran reforma del siglo
pectivas y tendencias. xix, las unidades de mayor importancia eran
El a-, en Inglaterra, representó la fórmula los burgos y las parroquias, a los que se con­
organizativa en la que se inspiraban las rela­ fiaba, en la mayoría de los casos, las tareas
ciones entre el aparato central y los poderes de asistencia y mantenimiento en m ateria de
locales (en qué medida esto pueda ser válido vialidad. A estas tareas acudían funcionarios
hoy día, lo veremos luego). En un nivel des- que eran elegidos por la asamblea de los ciu­
cripti\o, el local gove ritme ni se inspira en el dadanos compuesta por todos los jefes de
sistema del a. por cuanto se lleva a cabo a tra­ familia, o sólo por la élite formada por los
vés de una variedad de ente'- que ejercen sus mayores contribuyentes (a esto se debe la dis­
propias funciones con un gran margen de tinción entre sacristías abiertas o cerrudas).
independencia del gobierno central y son diri­ Este sistema presenta diferentes tipos de
gidos por sujetos que expresan directam en­ carencias, como la total falta de uniformidad
te a la base interesada. Por otra parte, las y de coordinación entre las unidades de
competencias ejercidas cubrían un amplio gobierno local, la diferencia en las maneras
espectro, tanto es así que, hasta hace algunos de encarar los impuestos, la dificultad de
decenios, el aparato central tenia sólo algu­ encontrar sujetos dispuestos a cubrir los car­
nas atribuciones especiales (como las relacio­ gos administrativos (que son completamen­
nes diplomáticas, las colonias, la moneda, la te gratuitos).
defensa, el dominio marítim o y algunos tri­ Pero estos inconvenientes se transform an
butos indirectos), mientras que todo lo demás en auténticos motivos de crisis cuando, con
(policía, instrucción, sanidad, industria, la revolución industrial, los problemas técni­
comercio, agricultura y asistencia) competía cos y sociales asumen tal importancia que
Al'TíX iOHlhKNO 113

sobrepasan las limitadas posibilidades de las cionar satisfactorios estándares de uniformi­


parroquias y los burgos. El fenómeno se dad. La unidad utilizada para este fin es el
expresa, respecto del gobierno local inglés, en condado, que hasta ese momento se había
dos direcciones: por un lado, se manifiesta la ocupado sólo de caminos de condado, direc­
tendencia de las unidades más pequeñas a ción de policia (que le fue confiada en 1850)
unir los servicios (sobre todo en m ateria de y otorgamiento de licencias, y que se trans­
asistencia), por otro, aparecen nuevos tipos forma en el siglo xx en el prim ero y más
de organización como los entes para los cami­ im portante ente local. El nuevo arreglo fue
nos con peaje (tum pikes trusts) —nacidos a consagrado por la Local Government Act, en
causa del desarrollo del tráfico en los cami­ 1888, y puede ser considerada la base del
nos y la ya evidente imposibilidad de que la actual sistema de gobierno local.
parroquia pueda hacer frente a los nuevos
problemas—, a los entes de mejoramiento III IA REFORMA DE N72 EN INGLATERRA. Cuanto
(impwvement commissiotts), orientados hacia hemos visto hasta este momento puede con­
sectores como la iluminación, el asfalto, las siderarse cuando mucho como lo que corres­
cloacas y munidas de una embrionaria fuer­ ponde a la realidad del a. inglés hasta la
za de policia. segunda guerra mundial. De hecho, después
Pero la reforma más importante, puesto de term inada ésta surgen nuevos problemas
que encara por prim era vez de una manera (o de una importancia nueva o mayor) que
diferente las relaciones entre las autoridades destacan la exigencia de una incisiva obra de
centrales y las locales, es la introducida en reforma de todo el gobierno local.
1834 por el Poor Law Amendment Act. El pro­ Además del ingreso decidido del estado en
blema de la asistencia suministrada por las el campo de la seguridad social y las nuevas
parroquias se había agravado cada vez más funciones inducidas sobre las organizaciones
por la insuficiencia de medios y por la abso­ de los poderes públicos por el desarrollo tec­
luta confusión creada por las diferencias de nológico, baste señalar, de manera resumida,
organización y disciplina entre las mismas dos elementos que abren y cierran el perio­
parroquias. Una comisión, creada por el do considerado, es decir la organización
gobierno central en 1832, examinó las condi­ adm inistrativa especial asumida en Inglate­
ciones, en materia de asistencia, que existían rra durante el periodo bélico (y la alteración
en 300 parroquias, describiendo, en el infor­ en el reparto de funciones que derivó de ella
me final, el estado de extrema confusión exis­ mostrando al mismo tiempo la conveniencia
tente. Con base en estas observaciones se creó de las soluciones adoptadas también para el
en Londres una Comisión para la ley de los periodo de paz), por un lado, y las consecuen­
pobres que supliese al servicio suministrado cias que derivaron en niveles locales de los
por las parroquias. Es un hecho importante, ritmos sostenidos de inflación en el curso de
ya que representa el prim er caso de injeren­ los años setenta.
cia (formal) del poder central sobre los servi­ En un sistema que, como el que examina­
cios locales, y no sólo esto, pues introduce un mos, funda la autonomía impositiva local
tipo de autoridad central ud hoc, o sea fun­ sobre, todo en los impuestos en m ateria de
cional en un sector preciso y bien delimita­ propiedad inmobiliaria, de hecho, la continua
do. El esquema esbozado en esta ocasión se y notable alza del valor de esta última debi­
transform a muy pronto en modelo para la do a los ritmos de inflación ha provocado el
acción del poder central en otros sectores aumento de la base imponible y, en conse­
como el de los poderes municipales (Munici­ cuencia, el empeoramiento de la imposición
pal Corporations Act, en 1835), o la sanidad misma a causa de la progresividad de las
(Public Health Act, de 1848). Luego, cuando tasas alícuotas.
el primer gobierno liberal de Gladstone impo­ El intento de los niveles locales de evitar,
ne a las parroquias que suministren a los ciu­ al menos en parte, la impopularidad consi­
dadanos las escuelas obligatorias (1876) y gra­ guiente a tan acentuada presión, llevado a
tuitas (1891), ya es evidente la necesidad de cabo en prim er lugar con la moderación (tan­
lograr un nivel de unidad local más adecua­ to en términos de tiempo como de estimación)
do respecto de los medios y apto para propor­ de la revaloración del valor de los inmuebles,
114 AUTOGOBIERNO

ha amortiguado de hecho en cierta medida el igualmente necesaria: aquella del reordena­


impacto negativo sobre la población, pero ello miento entre gobierno local y nivel inter­
ha implicado una modif icación profunda en medio.
la composición de las entradas financieras de El incremento cuantitativo de los servicios
los niveles locales aumentando la im portan­ prestados a la colectividad y, más todavía, su
cia del centro y de los medios erogados por transformación (tanto en términos de estruc­
éstos. turas predispuestas a su erogación como por
Asi, tales son algunos tan sólo de los facto­ el propio contenido de las prestaciones ofre­
res que provocaron la apertura de un lurgo cidas) han impuesto en los últimos treinta
debate sobre la reforma del gobierno local. años una exigencia objetiva de proveer a su
La elaboración cultural, política e institu­ reorganización colocando su gestión (incluso
cional de esta última fue en efecto bastante por razones de economías de escala) en un
prolongada si se considera que el camino se nivel territorial más amplio que el practica­
decidió ya en 1945 (constitución de la comi­ do anteriormente.
sión para el reordenamiento de los confines Esta dinámica, común a la totalidad de los
del gobierno local) y su conclusión tuvo lugar países occidentales, ha provocado en Ingla­
en 1972 (ley de reforma lanzada por el gobier­ terra problemas absolutamente específicos
no conservador entonces a cargo), entrando por la falta tradicional de un nivel interme­
en su fase operativa dos años más tarde. dio entre gobierno local y conjunto de los
Antes de ilustrar los términos de esta refor­ poderes centrales.
ma hay que señalar las directivas principa­ Mientras que, de hecho, en los sistemas
les por las que se rigió este debate, incluso federales se ha asistido a un potenciamienlo
por la reproposición significativa en la legis­ de las estructuras por estado o región y en
lación de otros países de algunas de las cues­ los estados de administración del tipo fran­
tiones más relevantes a las que se enfrentó cés a la asignación de tareas al prefecto o a
Inglaterra. articulaciones estatales descentralizadas del
La primera de ellas tiene que ver con la rela­ mismo nivel, en Inglaterra las exigencias de
ción entre las funciones desempeñadas (o por renovación hacia unidades más amplias tan­
desempeñar) por parte de los distintos nive­ to en términos de población como de super­
les y la dimensión territorial de los correspon­ ficie no pudieron sostenerse en un nivel más
dientes niveles de gobierno. amplio y, en consecuencia, requirieron de una
Mientras que en Italia, en buena parte tam­ reorganización del propio gobierno local.
bién en nuestra época, estos dos aspectos han Todo esto, aunque permite comprender con
sido considerados independientes entre sí mayor precisión el sentido del debate man­
—lo mismo puede verificarse que la Consti­ tenido en aquel país y el significado de las
tución prevé un procedimiento complejo para selecciones adoptadas con la reforma de 1972,
la variación de las circunscripciones territo­ subraya la íntima correlación y el condicio­
riales de los entes locales, pero nada dice namiento recíproco que reorganizan lo» entes
sobre la relación entre nuevas dimensiones locales de base (pueblos); la» funciones de la
de tal modo adquiridas y nuevas funciones provincia y la reorganización de la adminis­
que derivan de ella—, en Inglaterra la prime­ tración periférica del estado se manifiestan
ra comisión constituida (aquella sobre los también en los demás sistemas y en particu­
confines) abandonó los trabajos declarando lar. como veremos, en el italiano.
que, sin enfrentar en su contexto la cuestión El tercer y último perfil sobre el que hay
de la» tareas y de la» funciones asignadas al que detenerse tiene que ver con las cuestio­
gobierno local, el encargo no tenía ninguna nes que conciernen al sistema financiero del
posibilidad de ser llevado a buen fin. De tal gobierno local inglés. Ya se destacó el cam­
manera se reconocía una conexión inicial, bio inducido, en la composición de las entra­
necesaria, que debe considerarse como ele­ das, por el aumento de ¡as funciones y de los
mento guia para toda intervención en la efectos de la aceleración inflacionaria que
m ateria. hubo a partir de lo» años 1973-1974.
La segunda directiva, no menos importan­ Según datos recientes, es preciso añadir
te, pone en evidencia una conexión posterior. que lo» financiamientos asignados por el cen­
AL'TOGOUIKRNO 115

tro son hoy en conjunto el 45% de las entra­ En las zonas de alta concentración urbana
das globales del a. inglés y no faltan opinio­ este esquema sufre considerables variaciones,
nes favorables a la transformación de todas tantas que se habla de condados y de distri­
las finanzas locales en finanzas "derivadas”, tos "m etropolitanos" (lo cual vale para seis
como diriamos, es decir fiadas a transferen­ zonas: Birgmingham, Liverpool, Manchester,
cias dispuestas por el gobierno y reducidas Leeds, Shcfficld y Newcastle), caracterizados
asi a la mera autonomía de gasto. De hecho por un reparto de funciones que privilegia,
las propuestas favorables a la abolición inte­ respecto del sistema ordinario, a los distri­
gral de la imposición local sobre la propiedad tos más que a los condados (de manera inver­
y a su sustitución por el producto (o tasa de sa, pues, respecto de las tendencias registra-
captación) que deriva de los impuestos guber­ bles sobre ese tema especifico en Italia, don­
namentales llevan a este resultado (por los de la presencia de una zona metropolitana
motivos ya anotados). implica —al menos respecto de los proyectos
El aumento de las tareas confiadas a los de reforma actualmente en discusión en el se­
niveles locales, pues, en cierto modo se ve nado— una transferencia tendencial hacia la
"duplicado” por tendencias a la centraliza­ provincia metropolitana de las tareas usual­
ción de la imposición y del cobro fiscal, según mente asignadas al municipio).
dinámicas que es posible encuntrar también Evidentemente, es muy pronto para trazar
en muchos otros países y que, por la separa­ balances con el fin de ir a una reforma de por­
ción introducida entre cobro de los recursos te similar: por lo que hace a cuanto se ha
y su utilización en particular por lo que hace observado, se puede añadir más bien que la
a los servicios, muestran inequívocamente la señalada exigencia de especificai sedes más
desaparición de las bases sobre las que habia amplias para la gestión de las funciones se ha
ido consolidándose históricamente el mode­ traducido, en cuanto a Inglaterra, en una
lo clásico de autogobierno. drástica simplificación de los anteriores nive­
Llegamos asi a las características de la les de gobierno, reducidos, si se excluyen las
reforma introducida en 1972. El nuevo siste­ parroquias, a cerca de un tercio de las que
ma inglés comprende dos niveles de poderes: existían.
uno superior (condados) y uno inferior (dis­
tritos) extendidos por lodo el territorio nacio­ iv c o n t e n id o d e a u t o g o b ie r n o . El sistema del a.
nal (en especial Inglaterra y Gales); son excep­ inglés, por lo tanto, resultado de una larga
ción Escocia, con un régimen autónomo, y evolución histórica, realizaba al mismo tiem­
Londres, con un sistema institucional propio. po una variedad de elementos a los que es
Los condados (47) tienen funciones prevalen- necesario examinar detenidamente uno por
tes en el sector de los servicios, tanto de tipo uno, destacando, desde ahora, que la falta de
personal como real: o sea instrucción, salud, profundización en la complejidad de la expe­
asistencia, policía, bibliotecas, por un lado, riencia inglesa constituye el principal moti­
y vialidad principal, control del tránsito, vo de que el uso del término sea cada vez más
transportes públicos y planificación de las parcial e impreciso. En efecto, si prestamos
estructuras, por el otro. atención al esquema del a. que hemos esbo­
Los distritos (333) intervienen sobre todo zado someramente antes, advertimos la pre­
en la fase de las tareas que atañen a la políti­ sencia de elementos de descentralización
ca urbana y al territorio que podríamos lla­ administrativa, de auto-administración y de
mar de “base” porque atañe a la gestión del democracia:
patrimonio inmobiliario (es necesario preci­ descentralización administrativa: en el sis­
sar que en Inglaterra un tercio de la propie­ tema inglés, a los organismos periféricos les
dad edilicia nacional entera y cerca del 40% está reservada una esfera de competencias
de las construcciones actuales con fines habi- que escapa a otros controles que no sean
lacionales pertenecen y son administrados aquellos de tipo contable. Si a esto agregamos
por los entes locales), a la planificación local la falta de una relación jerárquica con el apa­
y al control relacionado, a la vialidad local, rato central y la limitada observancia de la '
al servicio de limpieza urbano y al deporte y leyes (excluyendo, por lo mismo, otros actos
al tiempo libre. normativos) comprobamos la presencia de
116 AUTOGOBIERNO

todos los indicios propios —como lo atesti­ centro y periferia era, por otra parte, muv
guan los recientes estudios sobre el tema— diferente ya que se traducía, inclusive respec­
de la descentralización administrativa. to de la participación de los ciudadanos, en
Que quede en claro, sin embargo, y éste es el problema de las autonomías locales y en
un elemento ampliamente descuidado por los la relación entre éstas y el aparato central
estudiosos del a., que se trata de descentrali­ estatal. Dado el sistema llamado binario,
zación en el interior de la administración esta­ común a la mayor parte de estos países (carac­
tal y que no tiene, por la misma razón, nin­ terizado por la contraposición a las entidades
guna relación con la descentralización autár- locales territoriales de organismos estatales
quica; locales con funciones de control y de coordi­
autoadministración: los cargos directivos nación), las exigencias de democracia, de par­
de la entidad son confiados, en efecto, a per­ ticipación y de descentralización, de los que
sonas elegidas directamente por los adminis­ el a. es la expresión, no tenían otra posibili­
trados, de manera que en las mismas se aúnan dad que ser remitidas a las entidades locales
la calificación de titular del organismo y de territoriales. Para estas últimas se reivindi­
representantes de la colectividad de la cual ca el a. sin darse cuenta de que de tal mane­
son expresión; ra se hace referencia a los contenidos del mis­
democracia: en Inglaterra, la necesidad de mo pero se pierde el carácter de fórmula orga­
perm itir la participación del pueblo en la nizadora interna del aparato estatal. El uso
determinación de la orientación política fue que se hace del término en los países conti­
satisfecha no por medio de la creación o el nentales, con el transcurso del tiempo va per­
reconocimiento de entidades separadas del diendo su precisión, ya que, según el caso, es
estado (como los municipios o las provincias), usado para referirse solamente a uno u otro
sino por medio de la participación de los ciu­ de los diferentes elementos a los que. de
dadanos, según el sistema del a., en los orga­ manera unitaria, se relacionaba originalmen­
nismos de la administración estatal periféri­ te. En efecto, a veces es usado con el signifi­
ca. Por otra parte hay que destacar que la ins­ cado de autonomía local, o sea refiriéndose
titución que estamos examinando no es, al a aquellas entidades que van unidas, necesa­
respecto, más que una de las expresiones del riamente, a un territorio y población deter­
principio general no laxation without repre- minados. y que se caracterizan por la ampli­
sentalion, en base al cual la pretensión de las tud y vaguedad de los fines, para cuya conse­
autoridades públicas de la prestación patri­ cución toman determinaciones políticas autó­
monial del ciudadano no puede separarse de nomas que pueden incluso contrastar, dentro
la participación de este último en el ejercicio de ciertos limites, con las del aparato estatal.
del poder. De todo lo expuesto resulta claro Otras veces el término quiere expresar hipó­
cómo las aldeas municipales, las aldeas con­ tesis de descentralización adm inistrativa (y
dales, los distritos urbanos, los distritos rura­ entonces señala las modalidades con las que
les, etc., en los que se ha articulado el siste­ se ejercen las funciones comprendidas en la
ma del a. inglés aun en la variedad de elemen­ esfera de determinados organismos o entida­
tos comprendidos en el mismo, no aparecen des) v, por último, de autarquía (entendida
como entidades locales diferentes al estado como la potestad, reconocida a ciertas enti­
sino, en las m aterias que les han sido confia­ dades, de ejercer actividades administrativas
das, como "articulaciones de a. del estado".V . con el mismo carácter y efectos que la
estatal).
V. AFIRMACIÓN DEL AUTOGOBIERNO EN LOS ORDENA­ Lo que hemos recordado hace evidente la
MIENTOS continentales Justam ente este últi­ necesidad de restituir al término su acepción
mo elemento es generalmente descuidado, especifica una vez que se hayan seguido las
cuando, ya desde los primeros años del siglo lineas de desarrollo histórico y político del a.
xix, el sistema del a. es propuesto como En el nivel jurídico del fenómeno que estamos
modelo para los ordenamientos continenta­ examinando "no es una posición jurídica
les y se insiere en la corriente de reacción al —como la autonomía, la autocefalia, la autar­
centralismo napoleónico. La experiencia con­ quía—, es también una figura organizadora,
tinental en la cuestión de las relaciones entre como la autoadm inistración". Para que nos
ALTOGOBIERNO 117

entendamos bien, figura organizadora es la del estado liberal, la asunción, por parte del
noción que representa el modo (o los modos) aparato central, de cada vez mayores funcio­
con que se regulan las relaciones organizati­ nes, el ingreso de los poderes públicos a sec­
vas entre sujetos jurídicos (véase, por ejem­ tores descuidados hasta entonces, ha modi­
plo, la jerarquía, la subordinación, etc.). Por ficado profundamente las relaciones de orga­
lo tanto, el a., tanto como la autoadm inistra­ nización entre organismo.; y entidades loca­
ción, es una de las maneras de ser de dichas les, por un lado, y estado aparato por el otro.
relaciones, de los tratos entre sujetos, preci­ Si a esto se agregan las enormes transform a­
sando que m ientras la prim era es caracterís­ ciones aportadas por la técnica, que ha
tica de los organismos locales y de las enti­ impuesto, dada la misma naturaleza de algu­
dades territoriales, la segunda encuentra ubi­ nos servicios, la necesidad de una estrecha
cación preferentemente en el seno de los orga­ coordinación, se explica cómo los organismos
nismos de base asociativa. Más allá de la cali­ de a. han sido sometidos a controles impor­
ficación jurídica queda claro, de todos modos, tantes y cómo, a su lado, han sido creados
que a., específicamente, se ref'ere a organis­ organism os ligados al ap arato central
mos locales insertos en la administración mediante una relación de jerarquía.
estatal, caracterizados por personalidad ju rí­ Cambios tan importantes no podían dejar
dica o, sea como sea, por una autonomía de de introducir tendencias completamente nue­
gestión, no unidos por relación de jerarquía vas y, respecto de las situaciones anterior­
con el aparato central y regidos por funcio­ mente descritas, de alguna manera opuestas.
narios de origen electivo expresados directa­ En Inglaterra las funciones anteriorm ente
mente por la comunidad administrativa. desarrolladas por las corpuratiuns o quasico-
porations han sido transferidas en gran medi­
VI. El. PRINCIPIO DELAUTOGOBIERNO YSU ACTUAL EVO­ da a organismos estatales locales dependien­
LUCIÓN. Pasemos ahora a examinar en qué tes del aparato central y dirigidos por funcio­
medida el a. puede ser considerado, aún hoy, narios insertos establemente en la adminis­
como fórmula válida de organización. Desde tración, mientras que los organismos estata­
este punto de vista puede decirse que la decli­ les de a. han sufrido una evolución tal que
nación del a. sigue la declinación del estado cada vez más los acerca a la figura de las enti­
liberal. Como es sabido, a este último se le dades locales, no siendo ya portadores de inte­
confiaban sólo aquellas funciones que no reses estatales sino que tienden a la realiza­
podían ser ejecutadas más que por un apara­ ción de objetivos propios. Esto explica poi­
to central (o sea estadual). Fuera de este con­ qué selfnove m m ent es un término de signifi­
junto de funciones (defensa, relaciones inter­ cado ambivalente aun en los países anglosa­
nacionales, jurisdicción superior, etc.), las jones, pudiendo hoy ser empleado para refe­
m aterias restantes eran confiadas principal­ rirse tanto a fenómenos de autonomía local
mente a las entidades u organismos locales como a ejemplos de descentralización estatal.
(las llamadas funciones de pulida en sentido Lo contrario sucede en los países continen­
lato), tomando en cuenta que en algunos cam­ tales, donde el aparato central tiende a con­
pos que luego habían de asum ir una im por­ fiar, cada vez en mayor medida, servicios esta­
tancia fundamental (como la economía) los tales a las entidades locales. De tal manera,
poderes públicos se encontraban casi total­ dejando de lado cualquier otra consideración,
mente ausentes. termina desarrollando formas cercanas al a.,
Ahora bien, tanto si el sistema se inspirara ya que las entidades locales, si bien siguen
en el principio del a. (como en los países siendo tales y no adquieren, por consiguien­
anglosajones), como que se atuviera al siste­ te, el carácter de órganos, tienen poder y fun­
ma binario (como los continentales), lo cier­ ciones estatales que desempeñan a través de
to es que de este estado de cosas se despren­ sujetos elegidos por los mismos adminis­
día una importancia especial de los poderes trados.
locales, a los que, como ya hemos menciona­ Por estos motivos, como se ha señalado
do, correspondía naturalmente la mayor par­ autorizadamente, "las dos grandes experien­
te (por lo menos cuantitativamente) de las cias del pasado, el a. y el sistema binario,
actividades administrativas. La declinación siguen actualmente direcciones convergentes,
118 AUTORIDAD

tomando cada una elementos de la otra", “a." ha sido reinterpretada de diversas mane­
pudiéndose observar "que en los países anglo­ ras v se ha utilizado también con significados
sajones los organismos locales, al ser despo­ notoriamente diversos. Algunas veces se ha
seídos de los órganos aulogobcmados, se con­ negado, explícita o implícitamente, que exis­
vierten en organismos de autonomía, y que te el problema de identificar la a. y de des­
en los países continentales, al mismo tiempo cribir las relaciones entre a. y poder, sobre
que se introducen elementos de a., la autono­ todo por parte de los que han usado "poder”
mía también se ha ido reduciendo" (Gianni- y "a.” como sinónimos. Sin embargo, la ten­
ni, 1948). dencia, en gran medida más general, es la de
distinguir el poder de la a., considerando a
BIBI.io g k a h a A. Barbera, Le istituzioni del plu­ esta última como una especie del género
ralismo, Bari, De Donato. 1977; F. Bassanini, /.e "poder" o también, aunque más rara vez.
regiuni ira slato e comunitá, Bolonia, 1976; B. como una simple fuente del poder.
Dente, II govemo lócale in Italia, en II gaverno El primer modo de entender la a. corno una
lócale in Europa, núm. especial de Quademi di especie del poder, que se ha manifestado
Sludi Regionali, VIII, 1977; M.S. Giannini, Auto­ sobre todo en la esfera de la ciencia de la
nomía lócale e autogovemo, en II Corriere Ammi- administración, es el de definirla como una
nistrativo, 1948; F. Levi, Studi sulTamministra- relación de poder establecido e instituciona­
zione regionale e lócale, Turín, Giappichelli, lizado en que los súbditos prestan obedien­
1978; P.G. Richards, The new local government cia incondicional. En este sentido se tiene a.
sysiem, Londres, Alien & Unwin, 1975; F.A. cuando el sujeto pasivo de la relación de
Roversi Monaco, Profili giuridici del decentra- poder adopta como criterio de su propio com­
menta nella organizzazione amministrativa. portamiento el mandato o la orientación del
Padua, CEDAM, 1970; L.J. Sharpe, II decentra- sujeto activo, sin evaluar por su parte el con­
mento in Gran Bretagna, en II governo lócale in tenido. La obediencia se basa únicamente en
Europa, número especial de Quademi di Studi el criterio formal de la recepción de un man­
Regionali, viu, 1977. dato o de una señal proveniente de una cier­
ta fuente. A esta actitud del sujeto pasivo le
I m a r co c a m m e l u ] puede corresponder una actitud particular
también en quien ejerce la a.: éste trasm ite
el mensaje sin d ar razones, y espera que se
autonomía, v. autogobierno;descentra­ acepte incondicionalmente. Entendida de esta
lización. manera, la a. se opone a la relación de poder
basada en la persuasión. En esta última rela­
ción C expone argumentos a favor de la obli­
gación o de la conveniencia de una cierta con­
autonomía universitaria, v. reforma ducta; en la relación de autoridad, por el con­
universitaria. trario, C trasm ite un mensaje que contiene la
indicación de una cierta conducta, sin presen­
tar argumento alguno en su apoyo. En la rela­
ción de persuasión R adopta la conducta suge­
autoridad rida por C porque acepta los argumentos pre­
sentados por C en su favor; en la relación de
I. LA AUIOKIDAU COMO KUUEK ESÍ.AH1L1Z.ADO. D e s d e autoridad, en cambio. R adopta la conducta
que los rumanos acuñaron la palabra anclo- indicada por C independientemente de cual­
ritas, en la tradición cultural de Occidente la quier razón que pueda eventualmente acon­
noción de a. constituye uno de los términos sejarla o desaconsejarla.
cruciales de la teoría política, donde se Con esta prim era definición de a., lo que
emplea en relación estrecha con la noción de cuenta es que R obedezca de modo incondi­
poder. La situación actual de los usos de este cional las directivas de C: pero no tiene impor­
térm ino es más bien compleja e intrincada. tancia, para identificar a la a., cuál sea el fun­
Mientras que generalmente se conserva su damento con base en el cual R adopta incon­
relación con el concepto de poder, la palabra dicionalmente la directiva de C, y C pretende
AUTORIDAD 119

obediencia incondicional. Este fundamento por lo menos dentro de ciertos limites, una
puede consistir en la legitimidad del poder de obediencia incondicional— constituye uno de
C, al igual que puede consistir en un condi­ los fenómenos sociales más difundidos y más
cionamiento Lindado en la violencia. David relevantes con los cuales pueda toparse un
Easton distingue justamente entre “a. legiti­ científico social. Prácticamente todas las rela­
ma" y "a. coercitiva". En una perspectiva ciones de poder más persistentes y más
semejante, Armitai Etzioni ha propuesto una importantes son, en grado mayor o menor,
clasificación articulada de las formas de a. y relaciones de a.: el poder de los padres sobre
de organización, aunque no utilice la palabra los hijos en la familia; el del muestro sobre
"a." como término clave. Distingue tres tipos los alumnos en la escuela; el poder del jefe
de poder: "coercitivo", basado en la aplica­ de una iglesia sobre los fieles; el poder de un
ción o la amenaza de sanciones físicas, "remu­ empresario sobre los trabajadores, el de un
nerativo", basado en el control de los recur­ jefe m ilitar sobre los soldados, el poder del
sos y de las compensaciones materiales, y gobierno sobre los ciudadanos de un estado.
"normativo", basado en la asignación de los La estructura básica de cualquier tipo de
premios y de los castigos simbólicos, y tres organización, desde la de un campo de con­
tipos de orientación de los subordinados centración hasta la organización de una aso­
hacia el poder: “enajenado”, que es intensa­ ciación cultural, a la par que la estructura
mente negativo, "calculador", negativo o posi­ fundamental de un sistema político tomado
tivo de intensidad moderada, y “ moral", como un todo, ha sido formada en buena par­
intensamente positivo. Combinando los tres le por relaciones de a. No es de extrañar pues
tipos de poder y los tres tipos de orientación que el concepto de a. ocupe un puesto de pri­
de los subordinados, Etzioni encuentra tres mer plano en la teoría de la organización; ni
casos "congruentes" de a. y de organización tampoco el que se haya recurrido con bastan­
y varios otros casos "incongruentes" o mix­ te frecuencia al concepto de a. para definir
tos. Los tres casos congruentes son: la a. y sus el estado o la sociedad política. También
respectivas organizaciones "coercitivas" recientemente, el politólogo H. Eckstein pro­
(poder coercitivo y orientación enajenada), la puso identificar la política en las "estructu­
a. y las organizaciones "utilitarias” (poder ras de a.", y definió una estructura de a., a
remunerador y orientación calculadora), la a. su vez, como “un conjunto de relaciones asi­
y las organizaciones "normativas" (poder nor­ métricas, entre miembros de una unidad
mativo y orientación moral). A estos distin­ social ordenados de modo jerárquico, que tie­
tos tipos de a. y de organización están liga­ ne por objeto la guia de la propia unidad
dos numerosos aspectos de la estructura y del social”. De hecho, la estratificación de la a.
funcionamiento de las organizaciones. James política en la sociedad es un fenómeno tan
S. Coleman, por su lado, ha distinguido hace persistente que a distintos autores les pare­
poco entre sistemas de a. "separados”, en los ce parte de la herencia biológica de la espe­
que los subordinados aceptan la a. para obte­ cie (véase el ensayo de Fred. H. Willhoite, Jr.,
ner ventajas extrínsecas, por ejemplo un sala­ Primales and political aiiihoriiy: a hiobehavio-
rio. y sistemas de a. "conjuntas", en.las que ral perspeclive, en American Political Scien­
los subordinados esperan beneficios (intrín­ ce Rcview, vol. lxx, 1976, pp. 1110-1126).
secos) de su ejercicio, y entre sistemas de a. Hasta ahora se ha puesto el acento de mane­
“simples”, en los que la a. la ejerce su deten­ ra pronunciada, por un lado, en el carácter
tador, y sistemas de a. “complejos”, en los que jerárquico y, por el otro, en la estabilidad de
son lugartenientes o agentes delegados por el la a. Pero es preciso observar, respecto del
detentador de la a. quienes la ejercen. Sobre prim er punto, que la a., tal como la hemos
la base de estas distinciones ha propuesto definido hasta aquí, aunque es una caracte­
algunas hipótesis interesantes sobre la está­ rística particular de las estructuras jerárqui­
tica v sobre la dinámica de las relaciones de cas, no necesariamente presupone la existen­
autoridad. cia de una tal estructura y tampoco de una
La a. tal como la hemos entendido hasta organización formal, sino que puede verificar­
ahora —como poder estable, continuador en se también en relaciones informales de poder.
el tiempo, al que los subordinados prestan, Por ejemplo, C puede estar dispuesto a acep­
120 AUTORIDAD

tar incondicionalmcntc las opiniones de R ser aceptadas en el discurso de la ciencia, que


(escritor o periodista) en el ámbito de cierta se mantiene en el plano de la descripción. Por
materia. En cuanto al segundo punto, hay que lo tanto, la expresión “ poder legitimo” debe
recordar el hecho de que toda a. "estable" ha entenderse aquí en el sentido de poder con­
sido formada en un determinado lapso, y sur­ siderado legítimo por parte de los individuos
ge en un principie) como una a. "emergente", o grupos que participan en la misma relación
y que acumula poco a poco un crédito y una de poder. En segundo lugar, se debe tener pre­
aceptación cada vez más sólidos y más sente que una evaluación positiva del poder
amplios en el ambiente social del momento, puede referirse a diversos aspectos del poder
hasta transformarse justamente en a. estable, mismo: el contenido del mandato, o bien el
o sea con un poder continuado y cristaliza­ modo o el procedimiento con que se imparte
do. De hecho, entre a. estable y a. emergente el mandato, o finalmente la fuente de la que
se manifiestan ásperos conflictos, que cons­ proviene el mandato. El juicio de valor que
tituyen una dimensión muy im portante de la sirve de base a la creencia en la legitimidad
dinámica de un sistema político (véase a este es el ultimo que hemos mencionado: se refie­
propósito B. de Jouvenel, De la pnlitique puré, re a la fuente del poder, que puede encontrar­
París, 1963). se en diferentes niveles (v. legitimidad) y que
establece por lo mismo la titularidad de la a.
II. LA AUTORIDAD COMO PODHR LEGITIMO. La defini­ En la esfera social a la que se refiere la a.,
ción de la a. como simple poder estabilizado, tiende a formarse la creencia de que la a. tie­
al que se le presta una obediencia incondicio­ ne el "derecho” de m andar (o de algún modo
nada, Ies parece sin embargo demasiado de ejercer el poder) y que los que están some­
amplia a muchos politólogos y sociólogos. Se tidos tienen el "deber” de obedecerle (o de
afirma que tal definición contrasta con fre­ algún modo de seguir sus directivas). Es evi­
cuencia con los usos del lenguaje ordinario, dente que este "derecho" y este “deber” pue­
donde una expresión como "a. coercitiva" den estar más o menos formalizados, y pue­
parece contradictoria, y es claramente incom­ de fundamentarse en la obligatoriedad típi­
patible con la concepción tradicional de los ca de la esfera ética, como sucede con los tres
gobernantes privados de a.: usurpadores, con­ tipos de legitimidad individualizados por Max
quistadores y "tiranos” en general. De don­ Weber (v. poder) o bien en una simple conve­
de la segunda y más común definición de a., niencia, como puede suceder en el caso de la
según la cual no todo poder estabilizado es a. basada en una competencia particular.
a., sino sólo aquel poder estabilizado en el que Combinando esta definición con la prime­
la disposición a la obediencia de manera ra que mencionamos, se puede decir que en
incondicional se funda en la creencia en la la a. la aceptación del poder como legítimo
legitimidad del poder. La a.. en este segundo es lo que produce la actitud, más o menos
sentido, y de éste es del que nos ocuparemos estable a través del tiempo, a la obediencia
de aquí en adelante, es el tipo de poder esta­ incondicional a los mandatos o a las directi­
bilizado al que llamamos “poder legitimo". vas que provienen de una determ inada fuen­
La a. como poder legítimo presupone un jui­ te. Naturalmente esto se cumple dentro de la
cio de valor positivo acerca del poder. A este esfera de actividad a la que se refiere la a.,
respecto cabe señalar, en prim er lugar, que o a la esfera de la aceptación de la a. Es evi­
el juicio del valor puede ser pronunciado por dente, en efecto, que una relación de a. como
cuenta del investigador, en cuyo caso nos cualquier otra relación de poder se refiere a
encontramos en el ámbito de la filosofía o de una cierta esfera, que puede ser más o menos
la doctrina política, o puede ser mencionado amplia y estar delimitada de un modo más o
por el investigador como emitido por hom­ menos explícito o implícito. Además, la dis­
bres comprometidos en la relación de a., en posición a la obedencia incondicional, a pesar
cuyo caso estamos en el ámbito de los estu­ de que puede ser durable, no es permanente.
dios políticos o sociológicos de orientación Para que la relación de a. pueda continuar,
empírica. Todas las concepciones de la a. es necesario que de vez en cuando se reafir­
como poder legítimo que entrañan un juicio me ostensiblemente la cualidad de la fuente
de valor por parte del investigador no pueden del poder a la que se le atribuye el \a lo r que
AUTORIDAD 121

fundamenta la legitimidad. Por ejemplo, la dar. en efecto, que no se dice que una comu­
continuidad de una relación de a. basada en nicación es autorizada a causa de una cuali­
la legitimidad democrática entraña la reno­ dad intrínseca suya sino en relación con la
vación del procedimiento electoral, y la con­ f uente de la que proviene, del mismo modo
tinuidad de una a. de un ¡ere religioso requie­ que esa fuente está sujeta a la evaluación de
re que de vez en cuando se lleve a cabo una aquellos a los que se dirige la comunicación;
acción extraordinaria o milagrosa, que sirva tan es asi que la misma opinión puede consi­
para conf irm ar la creencia de que el jefe tie­ derarse autorizada cuando es presentada por
ne la "gracia divina". Ticio y no ser considerada de hecho como tal
Como veremos más adelante, a la concep­ cuando es presentada por Cayo. Si se inter­
ción de la a. como poder legitimo se puede preta de este modo, el fenómeno puesto de
rem itir, por lo menos en parte, también una relieve por Friedrich puede expresarse de las
tercera definición de a. como especie del dos maneras siguientes: en un sentido más
poder: aquella que la identifica con el poder simple, es la creencia de R en la capacidad
“formal" (el poder como se crea que debe ejer­ de C para elaborar en forma razonable sus
cerse en una esfera social determinada) en comunicaciones (en términos de los valores
contraposición con el poder informal pero compartidos por R); en un sentido más com­
real (el poder como se ejerce efectivamente plejo es una relación en que R acepta el men­
en esa esfera social). Lo mismo puede decir­ saje de C, no porque R reconozca y evalúe
se también de la concepción de la a. como positivamente las razones que justifican el
fuente del poder, una vez que se haya corre­ mensaje —y normalmente sin que C formule
gido de manera conveniente. Esta ultima con­ esos razonamientos—, sino porque R cree que
cepción ha sido sostenida sobre todo por Cari C es capaz de dar, en apoyo de la comunica­
J. Friedrich, según el cual la a. no es una rela­ ción, razones convincentes para él (en térm i­
ción entre hombres sino una cualidad parti­ nos de los valores compartidos por él). Se tra­
cular de las comunicaciones —que pueden ser ta, en el segundo sentido, de un tipo particu­
mandatos, aunque también consejos u opinio­ lar de relación de autoridad entendido como
nes— que un individuo trasm ite a otro. Esta poder legitimo, y, en el primero, de la creen­
cualidad consiste en el hecho de que la comu­ cia en la legitimidad que está en su funda­
nicación es susceptible de una elaboración mento.
razonada, no en términos de demostración
científica o matemática sino de valores com­ III EFICACIA Y ESTABILIDAD Dt-. LA AUTORIDAD La a.
partidos por aquéllos entre los que se verifi­ definida como poder legítimo entraña, pues,
ca la trasmisión del mensaje. Esa cualidad por una parte, la aceptación de la obligato­
hace que las comunicaciones sean dignas de riedad de la obediencia incondicional y. por
aceptación a los ojos de aquéllos a los que van la otra, la pretensión a tal obligatoriedad o
dirigidas. Por lo tanto la a. no es una especie —lo que es lo mismo— al derecho de encon­
de relación de poder, aunque puede ser una tra r una obediencia incondicional. En este
fuente de poder: la capacidad que un hombre sentido se puede construir un tipo "puro" de
tiene de trasm itir comunicaciones suscepti­ a.: una relación de poder basada exclusiva­
bles de una elaboración razonada —en el sen­ mente en la creencia en la legitimidad. C basa
tido mencionado— constituye para él una su propia pretensión de encontrar obedien­
fuente de poder. cia únicamente en la creencia en la legitimi­
La limitación de esta concepción de la a. dad de su propio poder, y R se ve llevado a
consiste en que, a menos que se hipostasie la prestar obediencia únicamente por la creen­
razón, la susceptibilidad de una elaboración cia en la legitimidad del poder de C. Se trata
razonada no puede ser atribuida a una comu­ de un "tipo ideal" que difícilmente puede
nicación considerada en si misma, sino que encontrarse en la realidad, ya que normal­
debe referirse a la capacidad de ofrecer esa mente la creencia en la legitimidad no es un
elaboración por parte del que trasm ite la fundamento exclusivo del poder sino solo una
comunicación y, sobre todo, al reconocimien­ de sus bases. El que detenta el poder preten­
to que los destinatarios de la comunicación de obediencia no sólo a causa de la legitimi­
hacen de esa capacidad. Es conveniente recor­ dad de su poder sino también, por ejemplo,
122 AUTORIDAD

basándose en su posibilidad de obligar o cas­ detentadores del poder y, en consecuencia,


tigar, de halagar o premiar. Y, por otra par­ una mayor estabilidad y eficacia del poder.
te, la creencia en la legitimidad del poder, Una clase política articulada en una plurali­
como motivación del que se adapta a una dad de grupos, que reconocen todos la legiti­
directiva ajena, va acompañada frecuente midad del régimen político, da origen, en
mente de otras motivaciones, como pueden igualdad de condiciones, a gobiernos más efi­
ser la del temor a un mal amenazado o la de caces v más estables que los originados por
la persecución de su propio interés. Se trata, una clase política en que una parte importan­
entonces, de relaciones de poder que adoptan te no reconoce el régimen como legítimo.
sólo en parte y en diversa medida la forma Por el lado de la obediencia, a la creencia
de relaciones de a. Además, puede suceder en la legitimidad le corresponde una actitud
también que el poder sea reconocido como de obediencia a un deber, y tiende a crear una
legítimo sólo por parle de uno de los dos lados disposición a obedecer incondicionalmente.
de la relación. En ese caso, se puede hablar En la medida en que la obediencia se convier­
también de a. cuando la creencia en la legiti­ te en un deber, la relación de poder adquiere
midad del poder motiva únicamente la obe­ mayor eficacia: los mandatos son ejecutados
diencia, pero no se puede decir lo mismo rápidamente, sin que los detentadores del
cuando motiva sólo el mandato. En esta últi­ poder tengan que recurrir (o de manera que
ma hipótesis, el mandato no consigue la obe­ puedan recurrir en menor medida) a otros
diencia o la consigue pero de acuerdo con medios para ejercer el poder, como la coer­
otras bases (temor a la fuerza, interés, etc.); ción, la satisfacción de intereses de los súb­
en cambio, si el que obedece lo hace porque ditos o también a la persuasión, que entrañan
cree que es legítimoel poder, la relación pue­ mayores costos. Por otra parte, en la medida
de decirse que está basada en la legitimidad, en que se genera una disposición a obedecer,
ya sea que el que manda comparta esa creen­ el poder se estabiliza, y esta estabilidad es
cia o no la comparta. tanto más sólida cuanto más incondicional es
La importancia peculiar de la creencia en la disposición a obedecer, dentro de la esfe­
la legitimidad, que transforma el poder en a., ra de aceptación de la a. Y hay que añadir que
consiste en el hecho de que ésta tiende a con­ existe también una relación indirecta entre
ferirle al poder eficacia y estabilidad. Y esto, la creencia en la legitimidad del poder y la dis­
tanto del lado del mandato como del de la obe­ posición a obedecer: en una esfera social, en
diencia. Desde el prim er punto de vista hay que cierto poder se acepta amplia e intensa­
que señalar ante todo el efecto psicológico mente como legitimo, el que no lo reconoce
que la fe en la legitimidad del poder tiende como tal puede estar sujeto a considerables
a ejercer en el que lo detenta. Se ha dicho presiones laterales —provenientes de los
algunas veces que la pérdida de esa fe es pre­ demás individuos o grupos sometidos a ese
ludio del derrum be del poder. Sin dejarse lle­ poder— que tienden a inducirlo a obedecer
var por afirmaciones tan generales y peren­ por razones de conveniencia práctica: para no
torias, se puede aseverar razonablemente que ver perturbada su vida afectiva o de relación,
la fe en la legitimidad del propio poder tien­ en la familia, en las relaciones de amistad, en
de a darle al mandato ciertas características las de trabajo, etcétera.
(de convicción, de determinación, de energía)
que contribuyen a su eficacia. En segundo IV AMBIGÜEDAD DE LA AUTORIDAD Ya hemos dicho
lugar, la creencia en la legitimidad tiene un que la creencia en la legitimidad constituye
efecto relevante en la cohesión entre los indi­ normalmente una de las muchas bases de una
viduos y grupos que detentan el poder. El relación de poder. Hay que añadir ahora que
hecho de que todos los individuos o grupos entre la creencia en la legitimidad y otras
que participan en el poder dentro de una orga­ bases del poder pueden establecerse relacio­
nización compartan la creencia en la legiti­ nes significativas, que alteran de manera sus­
midad del poder de la organización pone limi­ tancial el alcance autónomo de esa creencia
tes a los conflictos internos y proporciona con y le confieren a la a. un carácter peculiar de
frecuencia el principio para su solución. De ambigüedad. Por un lado, la creencia en la
ahí se deriva una cohesión mayor entre los legitimidad puede dar origen, en parte, a la
AUTORIDAD 123

utilización de otros medios para ejercer el simple consecuencia psicológica, la del padre
poder: por ejemplo, el uso de la violencia. Por y del hijo, en que generalmente se encuentra,
el otro ludo, la creencia en la legitimidad pue­ por lo menos dentro de ciertos limites de
de constituir, a su vez, una simple consecuen­ tiempo, una preponderancia de fuerza o una
cia psicológica de la existencia de un poder dependencia económica. En este caso, el
fundado de hecho sobre otras bases. empleo de la fuerza (y el condicionamiento
La violencia puede derivarse, en cierto gra­ económico) más que una derivación puede ser
do, de la creencia en la legitimidad del poder: la fuente de la creencia en la legitimidad del
la creencia de R en la legitimidad del poder poder del padre. Puede suceder, ciertam en­
de C legitima, a los ojos de R, y por lo tanto te. que el respeto y el afecto legitimen a los
facilita el empleo de la fuerza sobre R ] o ojos del hijo el poder del padre (incluyendo
también sobre el mismo R. Primer caso: una el de castigar); pero puede suceder también
intensa creencia en la legitimidad del poder que el poder efectivo de castigar del padre
político, por parte de una minoría de la socie­ provoque en el hijo un respeto y un afecto y,
dad, legitima y facilita el empleo de otros ins­ por consiguiente, una creencia en la legitimi­
trum entos de poder, incluida la violencia, dad que no son genuinos. Al hablar de creen­
sobre la mayoría, o bien, una creencia muy cia no genuina me refiero no sólo y no tanto
difundida en la legitimidad del poder políti­ al engaño deliberado que puede presentarse
co legitima y facilita el empleo de la violen­ en las relaciones de poder sino sobre todo al
cia sobre los pocos recalcitrantes. Segundo fenómeno más impártante del autoengaño: no
caso: el seguidor de un jefe religioso, consi­ a la falsedad consciente sino a la falsa con­
derado como representante de la divinidad, ciencia, que es el núcleo central del concep­
acepta como legitima la violencia empleada to de ideología (v.) en su significado de ori­
en su contra y llega a imponérsela el mismo gen marxista. En este sentido, aceptar que la
como castigo de su conducta desviada. En creencia en la legitimidad tenga un carácter
todas estas hipótesis la legitimidad del poder ideológico, y en qué grado lo tenga, reviste
se traduce en la legitimidad de la violencia. una considerable importancia. Si ese grado
De ahí que esta última pierda, para quien la es muy elevado, no tendremos una relación
considera legítima, su carácter enajenante, y de a. sino más bien una "falsa" a., puesto que
de ahí también la posible tendencia, para la creencia en la legitimidad no constituye un
quien la considera legitima, a la colaboración fundamento real del poder. Esto explica por
—activa o pasiva— en su empleo. En otras qué una situación de poder, a la que hasta
palabras, el empleo de la violencia se hace ayer le correspondía una creencia en la legi­
posible, en mayor o menor grado, por la timidad, puede perder más o menos repenti­
creencia en la legitimidad que transform a el namente esa legitimidad. Se trata de una
poder en autoridad. Y conviene recordar que situación de poder fundada principalmente
esta relación entre creencia en la legitimidad en b a s e s distintas, por ejemplo en la fuerza,
y violencia no es una curiosidad teórica. El pero a la que, en cierto modo, hay que adap­
grado y la intensidad con que la fe ciega en tarse mientras aparezca como inmodificable:
un principio de legitimidad del poder puede de ahí surge la creencia en la legitimidad que
desencadenar la violencia están escritos con tiene un carácter preferentem ente ideológi­
letras indelebles en la historia del hombre. co. Sin embargo, esta legitimidad tiende a
Son testigos de ello las cacerías de brujas y deaparecer muy pronto, una vez que la pre­
los linchamientos de los excluidos y de los ponderancia de la fuerza desaparece o la
extraños, generados, en apoyo de una deter­ situación de poder empieza a aparecer con­
minada a., por los fanatismo políticos y reli­ cretamente como modificablc.
giosos de todas las épocas. Es testigo de ello Otros aspectos de ambigüedad de la a. pro­
la inmensa violencia que se desencadenó, en vienen del hecho de que el titular de ésta pue­
nuestro siglo, por la creencia fanática en un de no disponer, en mayor o menor medida,
jefe y en una ideología totalitaria. del poder efectivo, y también del hecho de que
Por otra parte, podemos tom ar como ejem­ los destinatarios de los mandatos pueden per­
plo de una relación de poder en que la ci cen­ der la creencia en el principio de legitimidad
cía en la legitimidad puede constituir una en que el detcntador del poder fundamenta
124 AUTORIDAD

su pretcnsión de mandar. Sobre el prim ero destinatarios de los mandatos deja de existir
de estos fenómenos ha llamado la atención la creencia en la legitimidad del poder. Esta
sobre todo Lasswell, quien, al definir la a. desaparición de la creencia en la legitimidad
como ‘ poder formal", afirma que “decir que puede producirse ya sea porque los súbditus
una persona tiene a. no significa que tenga dejan de creer que la fuente del poder tenga
efectivamente poder, sino que la fórmula polí­ la cualidad que le atribuían antes (por ejem­
tica (o sea los símbolos políticos que dan legi­ plo, no se "prueba" la legitimidad, o bien se
timidad al poder) le confiere poder, y que los la considera como "ideológica"), ya sea por­
que se apegan a la fórmula esperan que la per­ que los subordinados han abandonado el viejo
sona tenga poder y consideran justo y correc­ principio de legitimidad para abrazar uno
to el uso que ésta hace del mismo. Por un lado, nuevo. En ambos casos la situación es de ordi­
esta afirmación contiene una confusión entre nario altamente conflictiva: tanto los superio­
las dos nociones distintas de a. y la creencia res como los subordinados tienden a consi­
en la legitimidad del poder. Una cosa es mi derarse "traicionados” en sus expectativas y
juicio de valor, con el que considero legítimo en sus valores. La relación de a. desaparece
el mandato sólo si proviene de una fuente entonces y, si permanece la pretensión de
determinada: a esa creencia le pueden corres­ mandar, se establece una situación de auto­
ponder o no relaciones efectivas de poder. Y ritarism o (v.). En uno de sus posibles signifi­
otra cosa es mi conducta, con la que me adap­ cados, el término "autoritarismo" designa, en
to incondicionalmente a ciertas directivas efecto, una situación en que las decisiones se
porque las considero legítimas tomando en toman desde lo alto, sin la participación o el
cuenta la fuente de la que provienen; se tra ­ consentimiento de los subordinados. En este
ta, en este caso, de una verdadera relación de sentido es una manifestación de autoritaris­
poder, de un poder de la especie "a.". Por otro mo alegar un derecho a mandar que no se apo­
lado, sin embargo, la afirmación de Lasswell ya en las creencias de los súbditos, y es una
puede entenderse en el sentido de que el titu­ manifestación de autoritarism o pretender
lar de cierta a. puede no tener todo el poder una obediencia incondicional cuando los
que ejerce aparentemente en la relación de a. subordinados pretenden poner a discusión el
Estas relaciones pueden estar rodeadas de contenido de los distintos mandatos. Por lo
otras relaciones de poder mucho más relevan­ tanto, tiende a establecerse una situación de
tes y, en la impartición de sus mandatos, el autoritarism o siempre que los que detentan
titular de la a. puede estar condicionado de el poder lo consideran legítimo, pero no es
manera sustancial por otras relaciones de reconocido como tal por parte de los subor­
poder que no son legítimas y que no se cono­ dinados. Y esta situación se acentúa cuando
cen ampliamente. Y, en la medida en que esto el detentador del poder recurre a la fuerza,
sucede, podemos decir que la a. sólo es "apa­ o a otros instrum entos de poder, para lograr
rente", ya que C. considerando que obedece la obediencia incondicional que ya no logra
al poder legítimo de A, obedece en cambio conseguir con la creencia en la legitimidad.
—en mayor o menor grado— al poder no legí­ Así pues, si la a. como tipo puro constituye
timo de D. A este respecto, debemos recordar la forma más plena de poder socialmente
todas las eminencias grises y todos los cen­ reconocido y aceptado como legitimo, en la
tros de poder que han dirigido desde basti­ realidad de la vida social y política la a. resul­
dores la representación de la a. iluminada por ta a menudo contaminada y presenta, bajo
las luces del proscenio; asi como las transfor­ diversos aspectos, una ambigüedad caracte­
maciones de los regímenes políticos, en las rística. Esta última puede ser generadora de
cuales los cambios en la distribución del violencia, en la medida en que la creencia de
poder efectivo han precedido a aquéllas en las algunos en la legitimidad perm ite el empleo
creencias en la legitimidad, por lo que el régi­ de la fuerza sobre los otros; puede ser “fal­
men se vuelve m á s o menos formalista: el rey sa” en la medida en que la creencia en la legi­
aparece todavía como el titular exclusivo de timidad no es una fuente sino una consecuen­
la a., m ientras que el poder ha pasado ho\ en cia psicológica de la situación de poder que
alto grado al parlamento. ésta trata de ocultar o de deformar; puede ser
Llegamos linalmente al caso en que en los sólo "aparente" en la medida en que el titu­
AUTORITARISMO 125

lar legitimo del poder no detenta el poder te, la disposición a la obediencia celosa a los
efectivo, y puede transform arse en "autori­ superiores y al respeto y a la adulación de
tarism o” en la medida en que la legitimidad todos los que detentan la fuerza o el poder;
es objetada y la pretensión de) superior al por la otra, la disposición a tra ta r con arro­
derecho de m andar se convierte, a los ojos de gancia y desprecio a los inferiores jerárqui­
los subordinados, en una pretensión arb itra­ cos y, en general, a todos los que están priva­
ria de mandar. dos de fuerza o de poder. Las ideologias auto­
ritarias, finalmente, son ideologías que nie­
bibliografía: J.S. Coleman, Authority sysiems, en gan de una manera más o menos decidida la
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tural hasis forpolitical inquiry, en American Poli- formas de regímenes autoritarios y a menu­
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1161; T. Eschenburg, Dell'autoritá (1965), Bolo­ lidad autoritaria como si fueran virtudes.
nia, 11 Mulino, 1970; A. Etzioni, A comparative Una característica del a., común a los tres
analysis of complex organizations, Nueva York, niveles señalados, es el lugar central que ocu­
Free Press, 1961; C.J. Friedrich (comp.), Autho­ pa el principio de autoridad (v.) y, por lo mis­
rity, Cambridge. Harvard University Press, 1958: mo, la relación entre mando apodíctico y obe­
R. Sennett, Autoridad (1980), Madrid, Alianza. diencia incondicional. Aunque en este caso la
1983; H.E. Simón, ll comportameuto amminis- autoridad se toma en un sentido particular
trativo [1957), Bolonia, 11 Mulino, 1958; M. Stop- y restringido, ya que está ligada con una
pino, Le forme del potere, Ñapóles, Cuida, 1974. estructura política fuertemente jerárquica,
basada a su vez en la concepción de la desi­
[MARIO STOPPINO] gualdad de los hombres y que excluye o redu­
ce al mínimo la participación de la base en
el poder e implica, de ordinario, una marca­
da utilización de los medios coercitivos. Cla­
autoritarismo ro está que, por esta razón, desde el punto de
vista de los valores democráticos, el a. es una
i. p r o b l e m a s d e d e f in ic ió n . El adjetivo “autori­ manifestación degenerativa de la autoridad,
tario” y el sustantivo “a.” que se deriva de él una pretensión y una imposición de la obe­
se emplean sobre todo en tres contextos: la diencia que prescinde en gran parte del con­
estructura de los sistemas políticos, las dis­ senso de los subordinados y restringe la liber­
posiciones psicológicas relacionadas con el tad. Mientras que, desde el punto de vista de
poder y las ideologias políticas. En la tipolo­ una orientación autoritaria, el igualitarismo
gía de los sistemas políticos se suele llamar democrático es el que no es capaz de produ­
autoritarios a los regímenes que privilegian cir la "verdadera” autoridad. En este último
el aspecto del mando y menosprecian de un sentido, diversos autores propugnaron, espe­
modo más o menos radical el del consenso, cialmente en la Alemania de los años treinta,
concentrando el poder político en un hombre la doctrina del "estado autoritario". También
o en un solo órgano y restando valor a las ins­ la "personalidad autoritaria" fue presentada,
tituciones representativas: de ahí la reducción en parte, de manera anticipada por el psicó­
a la mínima expresión de la oposición y de la logo nazi E. R. Jaensch, quien en 1938 descri­
autonomía de los subsistemas políticos y la bió un tipo psicológico notoriamente pareci­
anulación o la sustancial eliminación de con­ do. juzgándolo de una m anera más positiva
tenido de los procedimientos y de las institu­ que negativa.
ciones destinadas a trasm itir la autoridad Existe, pues, un común denominador en el
política desde la base hasta lo alto. En senti­ significado que asume el término a. en los tres
do psicológico, se habla de personalidad auto­ contextos señalados. Sin embargo, no e> nece­
ritaria para indicar un tipo de personalidad sario adentrarse mucho en este sentido. Una
formada por diversos rasgos característicos base de significado común no quiere decir
y centrada en la unión de dos actitudes inti­ identidad y ni siquiera coherencia de signifi­
mamente relacionadas entre si: por una par­ cado. En este caso hay que tener en cuenta
126 AUTORITARISMO

el hecho de que el "a.” es uno de los concep­ Asi pues, una base de significado común no
tos que como el de "dictadura” y de "totali­ quiere decir plena coherencia de significado.
tarism o" han surgido o se han utilizado en Todavía es más importante destacar que la
oposición al de "democracia", queriéndose existencia de un fundo de significado comuri
con esto acentuar tanto un parám etro anti­ no conlleva la necesidad de la copresencia fac­
democrático como el otro; además del hecho tual de los tres niveles de a. Razonablemente
de que los confines de estos conceptos sean se puede suponer que exista una cierta con­
poco claros, y a menudo también inestables gruencia entre ellos; una personalidad auto­
en relación con los diversos contextos. En ritaria, por ejemplo, se sentirá a gusto pro­
nuestro caso son relevantes sobre todo las bablemente en una estructura de poder auto­
relaciones entre "a." y totalitarism o (v.J, ya ritaria y probablemente estará de acuerdo
que otras relaciones tienden a ser diversas en con una ideología autoritaria. Pero esto no
los tres niveles de a. mencionados. La aplica­ significa que los tres aspectos del a. estén
ción más amplia del significado de a. se siempre y de manera necesaria presentes al
encuentra en los estudios sobre la personali­ mismo tiempo. En qué grado y con qué fre­
dad v sobre las actitudes autoritarias. Aun cuencia los tres niveles de a. se presentan jun­
cuando el concepto de "personalidad autori­ tos o separados en las distintas situaciones
taria" se acuñó originalmente para describir sociales, es una pregunta cuya respuesta no
un síndrome psicológico de los individuos puede juzgarse de antemano a partir de las
"potencialmente fascistas", investigaciones definiciones, sino que debe determ inarse
posteriores lo han aplicado también al a. de pacientemente por medio de la investigación
izquierda y han buscado las actitudes auto­ empírica. En principio, nada ubsta para que
ritarias de las clases bajas del mismo modo se impongan creencias democráticas con
que el de las clases medias y altas. En gene­ métodos autoritarios, o para que entre los
ral, este sector de la investigación no estable­ jefes de un estado autoritario haya individuos
ce ninguna distinción entre a. y totalitarismo. que no se distingan por una personalidad
En el campo de las ideologías políticas, el área autoritaria, o para que en un régimen de
del significado de a. no está definida. Sin hecho autoritario se presente exteriormente
embargo, existe una tendencia significati\a con una ideología democrática o con una ideo­
a limitar el uso del término para designar las logía totalitaria que ha perdido su carga pul-
ideologías en que la acentuación del aspecto sora y se ha transformado en un simple ropa­
de la autoridad y de la estructura jerárquica je simbólico.
de la sociedad tiene una función conservado­
ra. En este sentido, las ideologías autoritarias ti. l a s id e o l o g ía s a u t o r it a r ia s . Ya hemos dicho
son ideologías de orden, y se distinguen de las que no existe una plena coherencia de signi­
que tienden a una transformación más o ficado entre el a. en el nivel de ideología y el
menos integral de la sociedad, entre las que a. en el nivel de regímenes políticos. La estruc­
habría que computar las ideologías totalita­ tura más intima del pensamiento autoritario
rias. En relación con los regímenes políticos, no corresponde a cualquier sistema autorita­
finalmente, el término "a." Se utiliza con dos rio sino al tipo puro de régimen autoritario
significados. El uno, muy general, compren­ conservador o de orden. En este sentido, el
de todos los sistemas no democráticos, inclu­ pensamiento autoritario no se limita a pro­
yendo los totalitarios; el otro, más especifi­ pugnar por una organización jerárquica de la
co, se contrapone al totalitarismo y compren­ sociedad política sino que convierte a esta
de los sistemas no democráticos caracteriza­ organización en el principio político exclusi­
dos por un bajo grado de movilización y de vo para conseguir lo que se considera el bien
penetración de la sociedad. Este último sig­ supremo: el orden. Sin un ordenamiento rígi­
nificado se relaciona en parte con la noción damente jerárquico, la sociedad va fatalmente
de ideología autoritaria. Pero sólo en parte, al encuentra del caos y a la desintegración.
ya que existen tanto regímenes autoritarios Toda la filosofía política de Hobbes, por ejem­
de orden como regímenes autoritarios enca­ plo. puede interpretarse como una filosofía
minados a la transformación, aunque sea autoritaria del orden. Aunque es una teoría
limitada, de la suciedad. autoritaria singular \ en cierto modo anóma­
AUTORITARISMO 127

la, pues parle de la afirmación de la igualdad El pensamiento autoritario moderno es una


de los hombres y deduce con un método rigu­ formación de reacción en contra de la ideo­
rosamente racional la necesidad de la obe­ logía liberal y democrática. La doctrina con­
diencia incondicional al soberano. Por el con­ trarrevolucionaria de de Maistre y de Bonald
trario, hablando en general, las doctrinas constituye la primera y más coherente formu­
autoritarias modernas son doctrinas antirra- lación. Más tarde, con el inexorable avance
cionalistas y amigualitarias, va que para ellas de la sociedad industrial y urbana, el a. esta­
el ordenamiento deseado de la scciedad no es blecerá alianzas con el liberalismo, se vesti­
una organización jerárquica de funciones rá con un nacionalismo cada vez más vistoso
creadas por la razón humana sino una orga­ y tratará de responderá la misma problemá­
nización de jerarquías naturales, sancionadas tica socialista. Ño obstante, inmediatamente
por la voluntad de Dios y consolidadas por después de la revolución francesa, la socie­
el tiempo y por la tradición, o impuestas de dad se puede encontrar aparentemente ante
manera inequívoca por su misma potencia y una disyuntiva: por un lado, la prosecución
energía intema. Generalmente el orden jerár­ de las corrientes innovadoras; por otro, la ple­
quico que debe preservarse es el del pasado, na restauración del orden preburgués. Así,
y se finca en la desigualdad natural de los Joseph de Maistre (1753-1821) logra contra­
hombres. ponerle al iluminismo revolucionario una
Es obvio que el problema del orden es un doctrina que implica una inversión casi com­
problema general de cualquier sistema polí­ pleta. Al racionalismo ilustrado le contrapo­
tico y, como tal, no puede ser monopolio del ne un irracionalismo radical: las cosas huma­
pensamiento autoritario. En muchas form u­ nas son el resultado de la concatenación
laciones de la ideología liberal y de la demo­ imprevisible de innumerables circunstancias,
crática se encuentra lambién, entre los demás bajo las cuales se encuentra la providencia
principios, una corroboración del aspecto de divina, y por esta razón el hombre debe ser
la autoridad como agente del orden social. educado en los dogmas y en la fe, y no en el
Pero lo que caracteriza la ideología autorita­ ejercicio ilusorio de la razón; a la idea de pro­
ria, además de la concepción de la desigual­ greso le contrapone la de tradición: el orden
dad de los hombres, es que el orden ocupa social es una herencia de la historia pasada
todo el espectro de los valores políticos y el que lo ha consolidado y experimentado en el
ordenamiento jerárquico que se desprende de transcurso del tiempo, y cualquier pretensión
él abarca toda la técnica de la organización del hombre por convertirse en legislador es
política. Esta preocupación obsesiva por el perturbadora y desintegradora; a la concep­
orden explica también por qué el pensamiento ción de la igualdad de los hombres, contra­
autoritario no puede adm itir que el ordena­ pone la de su desigualdad que no puede supri­
miento jerárquico sea un simple instrum en­ mirse: a la tesis de la soberanía popular, la
to temporal para llevar a cabo la transform a­ de que todo poder viene de Dios; a los dere­
ción parcial o integral de la sociedad (como chos del ciudadano, el deber absoluto de obe­
sucede, por lo menos en la interpretación diencia del súbdito. El orden del pensamien­
ideológica, en muchos sistemas autoritarios to contrarrevolucionario es rigurosamente
en vías de modernización y en los sistemas jerárquico. Como escribe el vizconde de
comunistas). Para la doctrina autoritaria, la Bonald (1754-1840), el poder del rey, absolu­
organización jerárquica de la sociedad to e independiente de los hombres, es la cau­
encuentra su propia justificación en sí mis­ sa; sus ministros (la nobleza), que ejecutan su
ma, y su validez es perenne. Además, el a., voluntad, son el medio; la sociedad de los súb­
como ideología del orden, también se distin­ ditos, que obedecen, el efecto.
gue claramente del totalitarismo fascista, por­ Bonald y de Maistre dan comienzo a uno de
que lo único que impone es la obediencia los principale filones del pensamiento auto­
incondicional, aunque circunscrita al súbdi­ ritario: el católico que. con el paso del tiem­
to. y no la entrega total y entusiasta del miem­ po. se enriquecerá con nuevos elementos o
bro de la nación o de la raza elegida. El orden asum irá tonos inéditos. Por ejemplo, alrede­
jerárquico del a. sigue esencialmente el mode­ dor de la mitad del siglo xix, Juan Donoso
lo anterior a la revolución industrial. Cortés (1809-1853), frente al desarrollo cada
128 AUTORITARISMO

vez más decidido del liberalismo y de la demo­ sía a la colaboración; por la otra, el meollo
cracia y frente al desarrollo incipiente del de la doctrina sigue siendo autoritario, aun
socialismo, encuentra en la raíz de todas estas cuando la autoridad no se basa ya en la vol un­
corrientes un mismo pecado contra Dios, una tad de Dios sino en la historia y en su misma
misma nostalgia satánica por el caos, y pro­ potencia. El estado es fuerza, tanto interna
nuncia profecías apocalípticas sobre sus como externamente, y el prim er deber de los
resultados finales, llegando a prever que la “súbditos" es la obediencia. La mejor forma
monarquía no será ya suficiente para restau­ de gobierno es la monarquía hereditaria, que
rar el orden y que habrá que dar vida a una está de acuerdo con las desigualdades natu­
dictadura política. Y entre el final del siglo rales de la sociedad, m ientras que la demo­
xix y principio del xx, el marqués René de la cracia contradice el dato natural. El rey
Tour du Pin (1834-1924) les contrapone a los detenta el poder, dirige el ejército y la buro­
sindicatos socialistas una reexhumación de cracia, y elige autónomamente su gobierno.
las corporaciones de la Edad Media cristia­ Se trata del modelo de la monarquía consti­
na. que debían incluir a los propietarios, a los tucional prusiana, en que la función del par­
dirigentes y a los trabajadores de cada ramo lamento y de los partidos —que acepta Treit-
industrial, conjurando así la lucha de clase; schke—, es un poco más que consultiva. Esta
por otra parle, dice, tendrían una función con­ estructura jerárquica del sistema político
sultiva de manera de no hacer mella en la refleja y preserva las jerarquías naturales de
autoridad absoluta de la monarquía heredi­ la sociedad civil, que encuentran en su vérti­
taria. ce a la nobleza hereditaria, el "estrato emi-
El a. ha sido una caracteristica im portan­ nentemente político", que tiene en sus manos
te y recurrente del pensamiento político ale­ la dirección del estado; en el centro, la b u r­
mán del siglo xix, constituyendo prim era­ guesía. que desempeña un papel importante
mente una resistencia a la unificación nacio­ en la vida cultural y material, pero que dege­
nal y a la industrialización, y luego acompa­ nera cuando pretende ocuparse orgullosa-
ñándolas y guiándolas. Mencionaré sólo algu­ mente de los asuntos públicos, y en la base,
nos autores cuyas ideas han tenido un peso la gran multitud de los trabajadores manua­
significativo aun en la política práctica: el ber- les. Entre éstos, Treitschke tiene una predi­
nés Cari Ludwig Haller (1768-1854), que cons­ lección significativa por los campesinos, con­
truyó una teoría contrarrevolucionaria basa­ servadores y apegados a la tradición, y mira
da en la idealización del estado patrimonial con suspicacia a los obreros de la ciudad,
de la Edad Media v ejerció gran influjo en el inquietos v “particularm ente sensibles a las
círculo político de Federico Guillermo IV; ideas de subversión".
Friedrich Julius Stahl (1801-1861), que teori­ Prosiguiendo con esta breve reseña de ejem­
zó la monarquía hereditaria legítima de dere­ plos, se puede recordar, como característica
cho divino, contribuyendo a dar forma al pro­ de la prim era mitad del siglo xx, la doctrina
grama conservador de la monarquía de Pru- de Charles M aurras (1868-1952), que encabe­
sia que desembocó en la obra unificadora de zó el movimiento de la extrema derecha de la
Bismarck, y Heinrich Treitschke (1834-1896), Action Fran^aise en la Francia de la tercera
cuyas doctrinas se convirtieron en una parte república y trató luego de convertir su pro­
integrante de la ideología del imperio alemán pia forma de pensar en la ideología oficial del
hasta la prim era guerra mundial. régimen de Pétain. En el contexto social en
El pensamiento de Treitschke es muy inte­ que M aurras operaba ya estaba adelantada
resante porque en él se refleja la situación de la industrialización, la penetración del esta­
un estado autoritario situado ante el proble­ do en la sociedad era ya notoria y la eficacia
ma de llevar a cabo una fuerte movilización de la acción política exigía un alto grado de
social para consolidar la unidad nacional y movilización. Todo esto repercute en los ras­
para dirigir desde lo alto la modernización. gos del pensamiento maurrasiano, que no for­
Por una parte, se encuentra consecuentemen­ man parte del a. tradicional, como el nacio­
te un marcado nacionalismo con claras vetas nalismo "integrar', el antisemitismo y el esti­
imperialistas, y una moderada acogida de las lo de acción política que propugnó. Pero, en
instancias liberales para empujar a la burgue­ conjunto, su doctrina es predominantemen­
AUTORITARISMO 129

te autoritaria. M aurras odia a los "bárbaros" una manera distinta, distinguiendo entre
del interior, armados de la palabra de orden ideologías con un alto grado e ideologías con
de la igualdad y de la libertad, y odia la demo­ un bajo grado de articulación simbólica y con­
cracia, como fuerza anárquica y destructora. ceptual. Pero sigue siendo cierto que las ideo­
La salvación de Francia está en la restaura­ logías autoritarias de hoy tienen un modesto
ción de un urden que le devuelva la linfa vital nivel de elaboración. Y esto, a su vez, depen­
a las "bellas desigualdades”. El orden de Mau- de del hecho crucial de que la perspectiva de
rras es necesariamente jerárquico, y se encar­ conservación de un orden jerárquico estable­
na en una “monarquía tradicional, heredita­ cido de una vez por todas, y ligado esencial­
ria, antiparlam entaria y descentralizada”, mente al pasado preburgués, ha sido dejada
que tiene el derecho a la obediencia incondi­ inexorablemente a un lado, como una antigua­
cional de los franceses. La descentralización lla inútil, por un mundo que está dominado,
del estado se hace posible por el hecho de que de hecho o a través de las expectativas de los
la autoridad de la monarquía no puede hombres, por la industrialización, por el urba­
derrumbarse, y entraña la autonomía de las nismo y por la idea del progreso, o por lo
comunidades locales, y sobre todo un orde­ menos de un cambio continuo de la sociedad.
namiento corporativo del mismo tipo que el Parece, pues, que la ideología autoritaria
de La Tour du Pin. Los pilares fundamenta­ no tiene futuro, o que, para resurgir, debe
les del orden m aurrasiano son también el adaptarse a los nuevos tiempos y corregirse
ejército, del que tenía un verdadero culto, y de manera sustancial. Con el afán de hacer
la iglesia católica, no entendida a través de conjeturas, se puede pensar que en un mun­
su mensaje cristiano sino como institución do industrializado no se podrá dejar de unir
portadora del orden y de la jerarquía y, por la preservación del urden con una especie de
¡o tanto, dentro de la perspectiva de una reno­ administración del cambio social, y que. en
vación de la alianza del trono con el altar. este cambio de ruta, podrá apelar en parte al
Ciertos aspectos del pensamiento de Mau­ a. comteano y a un cierto filón elitista que ha
rras, como el nacionalismo exasperado v el propugnado o soñado una élite de intelectua­
antisemitismo, anuncian claramente el fascis­ les o de expertos. La forma más probable es
mo. No obstante, el a. no es totalitarismo fas­ tal vez la de una tecnocracia coherente y lle­
cista. y, cuando converge con éste y se trans­ vada a sus últimas consecuencias.
forma en un simple elemento del mismo, pier­
de su naturaleza más intima. En la ideología III PhRSONAI.1ÜAD Y ACTITUDLS AUTORITARIAS.
fascista, el principio jerárquico ya no es el ins­ Muchos aspectos de la personalidad autori­
trumento del orden sino el instrumento de la taria ya se habían destacado en la descripción
movilización total de la nación por la trans­ del "carácter autoritario” hecha por Erich
formación de la sociedad y la lucha hacia el Fromm en F.l miedo a la libertad {1941). El tex­
exterior. En este sentido, dentro del fascismo to fundamental, en este campo, sigue siendo
la ideología autoritaria se extingue y se con­ la monumental investigación de Theodor W.
vierte en algo distinto. Adorno y de sus colaboradores. La persona­
Después de la segunda guerra mundial y de lidad autoritaria, publicada en 1950. Esta
las consecuencias que se derivaron de ella, la indagación trata de describir al individuo
ideología autoritaria se encuentra frente a un potcncialmcnte fascista cuya estructura de la
mundo ya demasiado ajeno como para poder personalidad es tal que lo hace particular­
echar raíces profundas. No faltan regímenes mente sensible a la propaganda antidemocrá­
autoritarios de tipo conservador, pero es difí­ tica. Los autores tratan, en efecto, de demos­
cil que encuentren su justificación en una tra r que el antisemitismo, que constituía el
ideología autoritaria explícita y decidida. tema inicial de la investigación, es un aspec­
Como veremos un poco más adelante, Juan to de una ideología más compleja caracteri­
Linz afirma que los actuales regímenes auto­ zada entre otras cosas por el conservaduris­
ritarios (incluyendo los conservadores) no se mo político-económico, por una concepción
caracterizan por ideologías sino por simples etnocéntrica y. más en general, por una estruc­
"mentalidades". Esta diferenciación es tal vez tura autoritaria de la personalidad. En este
demasiado marcada, y podría formularse de marco, la personalidad autoritaria se descri­
130 AUTORITARISMO

be como un conjunto interrelacionado de ras­ cupación obsesiva por el poder desde la rigi­
gos característicos. Son cruciales las llama­ dez hasta el conformismo.
das “sumisión" y “agresión" autoritarias: por El estudio de 1950 se sometió a diversas cri­
una parte, la creencia ciega en la autoridad ticas, relativas tanto al método adoptado
y la obediencia celosa a los superiores y, por como a ciertos resultados alcanzados. Entre
otra, el desprecio a los inferiores y la dispo­ las críticas sobre el método recordaremos la
sición a atacar a las personas que se conside­ de que la tendencia de los sujetos examina­
ran débiles y que se pueden aceptar social­ dos a dar respuestas "altas”, es decir a decla­
mente como victimas. Otros rasgos relevan­ rarse de acuerdo con las proposiciones del
tes son la aguda sensibilidad por el poder, la cuestionario, podía haber dependido más que
rigidez y el conformismo. La personalidad de una elección de valor respecto del conte­
autoritaria tiende a pensar en términos de nido de la proposición, de la propensión a no
poder, a reaccionar con gran intensidad ante disentir de una afirmación ya formulada: una
todos los aspectos de la realidad que afectan propensión que puede referirse especialmen­
(efectiva o imaginariamente) las relaciones de te a los sujetos de baja extracción social v con
dominio; es intolerante frente a la ambigüe­ un bajo nivef de instrucción. Esta crítica es
dad, se refugia en un orden estructurado de relevante porque las distintas escalas emplea­
manera elemental e inflexible, hace un uso das en la investigación (las escalas de antise­
marcado de estereotipos en su forma de pen­ mitismo, de etnocentrismo, de conservaduris­
sar y de comportarse; es particularmente sen­ mo político-económico y de tendencias anti­
sible al influjo de las fuerzas externas y tien­ democráticas) se construyeron todas de tal
de a aceptar supinamente todos los valores mudo que las respuestas “altas", o sea de con­
convencionales del grupo social al que per­ senso más o menos acentuado respecto de las
tenece. Adorno y sus colaboradores añadie­ proposiciones-test, constituyeran una medi­
ron a éstos, otros rasgos distintos que aquí da directa de los parám etros politicamente
podemos pasar por alto. "negativos”: el antisemitismo, el etnocentris­
La interpretación que Adorno y sus colabo­ mo, el conservadurismo político-económico
radores dieron de la personalidad autorita­ y las tendencias antidemocráticas.
ria es exquisitamente psicoanalítica. Una rela­ Se observó también que las proposiciones-
ción jerárquica y opresora entre padres e test reflejan de una m anera marcada la posi­
hijos crea en el hijo una actitud muy intensa ción de izquierda moderada de los autores,
y profundamente ambivalente respecto de la de manera que no se detecta el a. tout court.
autoridad. Por un lado, existe una fuerte dis­ sino únicamente el a. de tipo fascista. De
posición a la sumisión; por el otro, podero­ acuerdo con esta crítica, Adorno y sus cola­
sos impulsos hostiles y agresivos. Estos últi­ boradores cambiaron la dicotomía prejuicio-
mos impulsos son. sin embargo, eliminados tolerancia por la derecha-izquierda, con la
drásticam ente porel superyó, y la extraordi­ consecuencia de ignorar totalmente los pre­
naria energía de los impulsos eliminados con­ juicios asociados con las ideologías de izquier­
tribuye a hacer más ciega y absoluta la obe­ da y, más en general, con el a. de izquierda.
diencia a la autoridad, se traduce en gran par­ En efecto, se puede sostener que, con base en
te en la agresión contra los débiles y los infe­ las propuestas dadas a los cuestionarios pre­
riores. Se trata, pues, de un mecanismo parados por Adorno y sus colaboradores, una
mediante el cual el individuo trata inconscien­ persona autoritaria de izquierda habría tota­
temente de superar sus conflictos interiores lizado verosímilmente un puntaje bajo, y por
profundos, que desencadenan los dinamismos tanto habría resultado no autoritaria. Inves­
de la personalidad autoritaria: el individuo, tigaciones posteriores, llevadas a cabo por
para salvar su propio equilibrio amenazado algunos de los colaboradores de Adorno, tra ­
de raíz por impulsos en conflicto, se aferra taron de corregir esta "tendenciosidad” de La
a todo lo que es fuerza y potencia y ataca todo personalidad autoritaria.
lo que es debilidad. A este dinamismo funda­ Sin embargo, la critica más común y más
mental se unen todos los demás rasgos de la importante es tal vez la que se refiere a la base
personalidad autoritaria: desde la tendencia exclusivamente psicoanalítica de la interpre­
a depender de fuerzas externas hasta la preo­ tación de la personalidad autoritaria. Se ha
AUTORITARISMO 131

observado que una interpretación más com­ los códigos morales convencionales, la pro­
pleta de este tipo de personalidad requiere pensión a participar en campañas contra los
una consideración exhaustiva del ambiente extranjeros o las minorías étnicas o religio­
social, de las distintas situaciones y de los sas, la tendencia a apoyar partidos extrem is­
diversos grupos que pueden influir en la per­ tas, etc. Numerosas investigaciones han
sonalidad; ya que muchos de los fenómenos demostrado que estas actitudes se encuentran
que a prim era vista aparecen como factores presentes de una manera más marcada en las
de la personalidad, depúes de un análisis más clases bajas. Lipset imputa esta correlación
cuidadoso pueden no ser más que efecto de a la situación social de la clase trabajadora,
condiciones sociales específicas. En esta caracterizada por un bajo nivel de instruc­
dirección se ha ido delineando, por parte de ción, por una baja participación en la vida de
varios autores, una segunda explicación sobre los organismos políticos y de asociaciones
la formación de la personalidad autoritaria: voluntarias, por las pocas lecturas y las esca­
la del llamado "a. cognitivo”. De acuerdo con sas informaciones, por el aislamiento deriva­
este planteamiento, los rasgos de la persona­ do del tipo de actividad desarrollada (un fac­
lidad autoritaria se basan simplemente en tor que actúa en grado máximo en el caso de
ciertas concepciones de la realidad que pre­ los campesinos y también de otros trabajado­
dominan en una determ inada cultura o sub­ res, como los mineros), por la inseguridad
cultura. que son aprendidas por el individuo económica y psicológica y por el sello auto­
a través del proceso de socialización y que ritario de la vida familiar. Todos estos facto­
corresponden de una manera más o menos res contribuyen a form ar una perspectiva
realista a las condiciones efectivas de vida mental pobre e indefensa, hecha de gran
dentro de dicho ambiente social. En realidad, sugestionabilidad. de falta de un sentido del
estas dos interpretaciones de la personalidad pasado y del futuro, de incapacidad para
autoritaria no se excluyen necesariamente tener una concepción compleja de las cosas,
entre sí. Numerosas investigaciones em píri­ de dificultad para elevarse por encima de la
cas recientes parecen mostrar que en ciertas experiencia concreta y de falta de imagina­
situaciones o en ciertas clases sociales se ción. Según Lipset, en esta perspectiva debe
encuentran efectivamente muchos de los buscarse precisamente la compleja base psi­
hechos mencionados por la teoría del "a. cog­ cológica del autoritarismo.
nitivo”, mientras que en otras situaciones y También a la tesis de Lipset se le han hecho
en otras clases sociales la interpretación psi- diversas críticas, tanto del método como de
coanalítica conserva una mayor eficacia expli­ interpretación. En el plano del método, se ha
cativa. observado, por ejemplo, que en algunas de las
Indudablemente, la tesis del "a. de la clase investigaciones utilizadas por Lipset el modo
trabajadora", en la que ha puesto el acento de calcular los porcentajes, que en ciertos
principalmente Seymour M. Lipset, se puede casos equiparaba las respuestas "no se” con
llevar a una interpretación sociológica, más las abiertamente intolerantes, era desfavora­
que psicológica, de las actitudes autoritarias. ble a las clases bajas, en las que había mayor
Esta tesis no niega la existencia de tendencias número de respuestas inciertas o falta de opi­
autoritarias en las clases elevadas y en las nión. Además, el tipo de preguntas dirigidas
medias, pero sostiene que en la sociedad a los entrevistados favorecía a la clase media,
moderna las clases más bajas se han conver­ ya que estas preguntas se referían a temas
tido poco a poco en la mayor reserva de acti­ que podían ser interesantes y comprensibles
tudes autoritarias. Por a. no se entiende, en a las personas de tal clase, pero no en la mis­
este caso, el síndrome de la personalidad ma forma para los trabajadores. En el plano
autoritaria en toda su complejidad sino más de la interpretación y en relación específica
bien una serie de actitudes individuales que con la clase obrera, se ha objetado, por ejem­
pueden referirse a una disposición psicológi­ plo, que habría que tom ar en cuenta no sólo
ca autoritaria: una baja sensibilidad por las la condición de obrero sino también la pro­
libertades civiles, la intolerancia, una baja cedencia social del obrero: un intento por ree­
inclinación a sostener un sistema pluriparti- laborar los datos en este sentido parece
dista, la intolerancia por las desviaciones de dem ostrar que el a. se atribuye sobre todo a
132 AUTORITARISMO

los obreros que provienen directam ente del lización social y de desarrollo político (por
campo. También se notó que los estudios ejemplo, la Etiopía de Hade Selassie); los regí­
sobre el a. de la clase obrera debían tom ar menes con un partido único —en el sentido
en cuenta la movilidad vertical, dado que hay efectivo y no formal de la expresión—, que
razones para considerar que son autoritarios son los más numerosos (por ejemplo, la Unión
sobre todo los elementos que descienden de Soviética), y, mucho más raros, los regímenes
la clase media hacia la obrera y que en cam­ pluripartidistas en que los diversos partidos
bio son tolerantes los que ascienden de la cla­ están de acuerdo en no competir entre si, pro­
se obrera a la media. duciendo resultados funcionales muy seme­
jantes a los del monoparlidismo (por ejemplo,
IV REGIMENES E INSTITUCIONES AUTORITARIAS En Colombia).
sentido muy general, se habla de regímenes Sin embargo, en la clasificación de los regí­
autoritarios para indicar toda la clase de regí­ menes políticos contemporáneos el concepto
menes antidemocráticos. La contraposición de a. a menudo no se utiliza para designar
entre a. y democracia se refiere tanto a la todos los sistemas antidemocráticos sino úni­
dirección en la que se trasm ite la autoridad camente una de sus subclases. En este senti­
como el grado de autonomía de los subsiste­ do, se distingue entre a. y totalitarismo. A pro­
mas políticos (los partidos, los sindicatos y pósito de esta distinción hay que decir, de
todos los grupos de presión en general). En manera preliminar, que mientras el uso
esta primera perspectiva los regímenes auto­ estricto que se hace de "a," es útil y legitimo,
ritarios se caracterizan por la ausencia del el uso amplio de ' ‘totalitarism o” conlleva
parlamento y de elecciones populares o, cuan­ inconvenientes serios y ha sido criticado acre­
do estas instituciones quedan con vida, por mente. En realidad, lo que se contrapone a los
su reducción a meros procedimentos ceremo­ regímenes autoritarios son todos los regíme­
niales y por el indiscutible predominio del nes monopartidistas con una elevada movili­
vértice ejecutivo. En la segunda perspectiva zación política. Remitimos de una u otra for­
los regímenes autoritarios se distinguen por ma a la voz totalitarism o para una discusión
la falta de la libertad de los subsistemas, tan­ explícita de este punto, y aquí seguimos
to formal como efectiva, que es típica de la hablando, para evitar complicaciones, aunque
democracia. La oposición política es suprimi­ con la cautela mencionada más arriba, de
da o invalidada; el pluralismo de los partidos, regímenes "totalitarios". Volvamos, pues, a
prohibido o reducido a un simulacro sin inci­ nuestra distinción, que puede reducirse al
dencia real; la autonomía de los demás gru­ grado de penetración y de movilización polí­
pos políticamente relevantes, destruida o tole­ tica de la sociedad y a los instrum entos a los
rada mientras no perturbe la posición de que recurre de una manera característica la
poder del jefe o de la élite gobernante. En este élite gobernante. En los regímenes autorita­
sentido el a. es una categoría muy general que rios la penetración-movilización de la socie­
comprende gran parte de los regímenes polí­ dad es limitada: entre el estado y la sociedad
ticos que conocemos, desde el despotismo corre una linea divisoria más bien precisa.
oriental hasta el imperio romano, desde las Mientras el pluralismo partidista es suprimi­
tiranías griegas hasta los señoríos italianos, do por derecho o de hecho, muchos de los gru­
desde la moderna monarquía absoluta hasta pos de presión más importantes conservan
la constitucional de tipo prusiano, desde los gran parte de su autonomía y. por consiguien­
sistemas totalitarios hasta las oligarquías te. el gobierno cumple por lo menos en parte
modernizantes o tradicionales de los países una función de árbitro en sus confrontacio­
en vías de desarrollo. Teniendo presentes sólo nes y encuentra en ellos un limite a su pro­
los sistemas políticos actualmente existentes pio poder. El control de la educación y de los
y concentrando la atención en el papel que en medios de comunicación no rebasa tampoco
ellos tienen los partidos, Samuel P. Hunting­ ciertos limites; a menudo se tolera también
ton y Clement H. Moore han distinguido tres la oposición siempre que no se manifieste de
formas de regímenes totalitarios: los que no manera abierta y en publico. Para alcanzar
tienen partido, que corresponden ordinaria­ sus objetivos, los gobiernos autoritarios pue­
mente a niveles relativamente bajos de movi­ den. por esta razón, recurrir sólo a los ins-
AUTORITARISMO 133

trunientos» tradicionales del poder político: el sentido deque el reclutamiento político de


ejército, policía, m agistratura, burocracia. los individuos provenientes de las diversas
Aun cuando existe un partido único, éste no fuerzas sociales no se basa en un principio
asume el papel crucial, tanto respecto del operante de representación de dichas fuerzas
ejercicio del poder como respecto de la guía sociales sino en una selección y cooptación
ideológica, propia de los regímenes "totalita­ desde lo alto. El segundo punto destaca el
rios". En estos últim os regímenes, la bajo grado de organización y de elaboración
penetración- movilización de la sociedad es, conceptual de las teorías que justifican el
en cambio, muy elevada: el estado, o mejor poder de los regímenes autoritarios y, por
dicho el aparato del poder, tiende a absorber consecuencia, su modesta dinámica propul-
a toda la sociedad. Se ha suprimido no sólo siva. El tercer punto pone el acento en la
el pluralismo partidista sino también la auto­ moderada participación de la población en los
nomía de los grupos de presión, que son organismos políticos y parapoliticos, que
absorbidos por la estructura totalitaria del caracteriza a los regímenes autoritarios esta­
poder o están subordinados a ella. El poder bilizados, aun cuando en ciertas fases de su
político gobierna directam ente las activida­ historia, y especialmente en las de su comien­
des económicas o las somete a sus propios zo, la movilización pudo haber sido mucho
fines, monopoliza los medios de comunica­ mayor. El cuarto punto, finalmente, pone de
ción masivos y las instituciones escolares, manifiesto el hecho de que el poder del jefe
suprime las manifestaciones aun leves de crí­ o de la élite gobernante se ejerce dentro de
tica o de oposición, trata de anular o de subor­ limites bastante bien definidos, aun cuando
dinar las instituciones religiosas, penetra en no estén establecidos formalmente. Estos
todos los grupos sociales y hasta en la vida límites, evidentemente, están ligados con los
familiar. Este gran esfuerzo de penetración demás aspectos de los regímenes autoritarios:
y de movilización de la sociedad entraña una el pluralismo moderado, la falta de una ideo­
intensificación muy pronunciada de la pro­ logía propulsiva, la limitada movilización, la
paganda y de la militarización. De ahí la ausencia de un partido de masa eficiente.
importancia central del partido único de El grado relativamente moderado de pene­
masa, portador de una ideología fuertem en­ tración en el contexto social de los regímenes
te dinámica, y en ciertos casos extremos autoritarios depende siempre del atraso más
extraña también una intensificación muy o menos marcado de la estructura económi­
acentuada de la violencia: de ahí la importan­ ca y social. Pero, en este contexto, la élite
cia, en estos casos extremos, de la policía gubernamental puede cumplir dos papeles
secreta y de los demás instrum entos de distintos: puede reforzar el modesto grado de
terror. penetración del sistema político, eligiendo
El sociólogo político Juan Linz, que es el deliberadamente una política de movilización
autor que ha contribuido más a precisar la limitada, o bien, puede elegir una política de
distinción entre a. y "totalitarismo" en la tipo­ movilización acentuada, que encuentra sus
logía de los sistemas políticos contemporá­ límites principalmente en las condiciones del
neos. propone esta definición: “Los regíme­ ambiente. Con base en el distinto modo de
nes autoritarios son sistemas políticos con un acercarse a estos factores, G.A. Almond y G.B.
pluralismo político limitado y no responsa­ Powell distinguen, en el ámbito de los regí­
ble; sin una ideología elaborada y propulsi- menes autoritarios, entre regímenes autori­
va (sino con las mentalidades características); tarios de tipo conservador, regímenes auto­
sin una movilización política intensa o vasta ritarios en vias de modernización y regíme­
(excepto en algunos momentos de su desarro­ nes autoritarios premovilizados. Los regíme­
llo), y en los que un jefe (o tal vez un pequeño nes autoritarios consen-adores, como el de
grupo) ejerce el poder dentro de límites que Franco y de Salazar (hoy ya derrocados), sur­
formalmente están mal definidos pero que de gen a partir de sistemas políticos tradiciona­
hecho son fácilmente previsibles." El prim er les sacudidos por una parcial modernización
punto se refiere al pluralismo político: un plu­ económica, social y política, y tienden a limi­
ralismo limitado de hecho o de derecho, más tar la destrucción del orden tradicional usan­
tolerado que reconocido, y no responsable, en do algunas de las técnicas modernas de orga­
134 AUTORITARISMO

nización, de propaganda y de poder. La pre­ les y burócratas y por un bajo grado de par­
sión por la movilización es por lo tanto muy ticipación política. Falta una ideología movi-
limitada: el régimen no busca entusiasmo o lizadora y un partido de masa; a menudo hay
apoyo, está dispuesto a contentarse con la un partido único, que tiende a reducir la p ar­
aceptación pasiva y tiende a desalentar el ticipación; a veces hay pluralismo partidista,
adoctrinamiento ideológico y el activismo pero sin competencias electorales libres. Se
político. Los regímenes autoritarios en vías de trata del tipo de a. más difundido en el siglo
modernización, que pueden encontrarse en xx: ejemplos son Brasil y Argentina en algu­
países del llamado tercer mundo, surgen en nos periodos de su historia, la España de Pri­
sociedades que se caracterizan por una mo de Rivera > los primeros años del Portu­
modernización todavía muy débil y obstacu­ gal de Salazar. 2] Los regímenes autoritarios
lizada por graves estrangulamientos sociales de estatalismo orgánico se caracterizan por
y tienden a reforzar y hacer incisivo el poder un ordenamiento jerárquico de una plurali­
político para superar los cuellos de botella en dad no competitiva de grupos que represen­
la senda del desarrollo. La presión por la tan diversos intereses y categorías económi­
movilización es. por lo tanto, mucho más fuer­ cas y sociales, y por un cierto grado de movi­
te que en los regímenes de tipo conservador; lización controlada de la población en forma
pero la fuerza de penetración del régimen es, "orgánica". También a veces existe un parti­
sin embargo, limitada por la consistencia de do único, con un papel más o menos relevan­
las fuerzas sociales conservadoras y tradicio­ te, mientras que la perspectiva ideológica de!
nales y por el atraso general de la estructura régimen está dada por una versión cualquie­
social y de la cultura política. En esta situa­ ra de corporativismo. Ejemplo típico de esta­
ción, la élite gobernante se esfuerza por intro­ talismo orgánico es el Estado Novo portugués;
ducir instrumentos modernos de moviliza­ pero tendencias corporativas se descubren
ción social, pero no es capaz de organizar un también en la Italia fascista, en la España
partido de masa verdaderamente eficiente. franquista y en algunos países de América
Estas dificultades con las que topa la élite Latina. 3] Los regímenes autoritarios de movi­
gobernante son todavía mayores en los regí­ lización en países posdemocráticos se distin­
menes autoritarios premovilizados, ya que el guen por el grado relativamente más eleva­
ambiente que los caracteriza es una sociedad do de la movilización política, a los que
que todavía es casi enteramente tradicional, corresponde el papel más incisivo del parti­
tanto por la estructura social como por la cul­ do único y de la ideología dominante, y por
tura política. En cierto sentido, estos regíme­ el grado relativamente más bajo del pluralis­
nes no son más que "meros accidentes histó­ mo político consentido. Se trata de los regí­
ricos, o sea sistemas en los que, a continua­ menes llamados por lo común "fascistas", o
ción de la influencia del colonialismo y de la al menos de la mayor parte de ellos: el caso
difusión de las ideas y de las actividades exis­ más representativo es el fascismo italiano. 4]
tentes en países más desarrollados, se ha Los regímenes autoritarios de movilización
creado una élite modernizadora y una estruc­ posindependencia son el resultado de la lucha
tura política diferenciada, mucho antes de anticolonial y de la conquista de la indepen­
que aquéllos hubieran sentido la necesidad o dencia nacional, especialmente difundidos en
el impulso de desarrollar estas estructuras y el continente africano. Están caracterizados
culturas por cuenta propia”. Los enormes por el surgimiento de un partido único aún
obstáculos que se oponen a la modernización, débil y no amparado en las formaciones para­
en casos como éstos, se ejemplifican bien con militares típicas de los regímenes fascistas,
las vicisitudes de la Ghana de Xkrumah. con un liderazgo nacional a veces de carác­
Una tipología de los regímenes autoritarios ter carismático, con un componente ideoló­
contemporáneos más minuciosa y articulada gico incierto y un bajo grado de participación
ha sido propuesta por Juan Linz. Prevé cinco política. 5] Los regímenes autoritarios posto-
formas principales y dos secundarias, para talitarios están representados por los países
un total de siete tipos. 1] Los regímenes auto­ comunistas después del proceso de desestu-
ritarios bureerálico-militares están caracte­ linización. Son el resultado combinado de las
rizados por una coalición guiada por oficia­ tendencias a la formación de intereses en con-
AUTORITARISMO 135

Dicto —y por lo tanto de un pluralismo limi­ var la analogía mucho más adelante, preten­
tado—, a una parcial despolitización de la de democratizar las diversas instituciones
masa, a una atenuación del papel del partido sociales, introduciendo parlamentos y asam­
único y de la ideología, a una burocratización bleas con el máximo poder de decisión en la
acentuada: tendencias que producen una escuela, en la fábrica, en la iglesia, etc., y lla­
transformación conspicua y estabilizada del ma autoritarias a todas las instituciones que
precedente modelo totalitario. A estos cinco no se estructuran de acuerdo con esos crite­
tipos principales de regímenes autoritarios rios. El blanco del ataque de esta tendencia
Linz añade todav ía el caso de 6] el totalitaris­ radical es, particularmente, la estructura
mo imperfecto, que constituye por lo común jerárquica de las grandes unidades económi­
una fase transitoria de un sistema político cas contemporáneas, respecto de las cuales
cuyo desarrollo hacia el totalitarismo ha sido la analogía con los regímenes políticos no
detenido, y que tiende entonces a transfor­ podría negarse, desde el momento en que son
marse en algún otro tipo de régimen autori­ las únicas instituciones sociales capaces de
tario, y 7] el de la llamada democracia racial: tomar decisiones del mismo alcance que el
el dominio autoritario de un grupo racial, que gobierno. Por otra parte hay quien rechaza
sin embargo se gobierna en su seno con un esta extensión del significado de a. y defien­
sistema democrático, sobre otro grupo racial de el principio de la pluralidad de estructu­
que representa la mayoría de la población ras de poder en las diversas instituciones,
(Sudáfrica). afirm ando que una difusión excesiva de los
Kn analogía con los regímenes políticos se procedimientos democráticos de origen polí­
Ies puede atribuir el carácter del a. a otras tico lleva sólo a desnaturalizar la fisonomía
instituciones sociales: familiares, escolares, especifica v a minar el huen funcionamiento
religiosas, económicas, etc. En este campo, el de los diversos sectores institucionales. Se
concepto de a. se vuelve a convertir en algo afirma, por ejemplo, que en las instituciones
muy general y muy poco preciso, aunque cla­ que se refieren a las relaciones entre adultos
ro está que tanto en los regímenes políticos y jóvenes, como la lamilia y la escuela, hay
como en las demás instituciones sociales se una desigualdad básica que no permite una
refiere a la estructura de las relaciones de plena analogía con el sistema político, o que
poder. Se podría decir que una institución es la democratización de las empresas económi­
más autoritaria a medida que las relaciones cas les quitaría su eficiencia.
de poder que la caracterizan se confian a man­ L:gado con la respuesta radical o modera­
dos apodicticos y a amenazas de castigo, y da, que se da al prim er problema, está el tipo
tienden a excluir o a reducir al mínimo la par­ de solución del segundo problema que se
ticipación de la base en la toma de decisio­ refiere a la conexión entre la democracia o
nes. Pero, si puede ser relativamente fácil el a. de las demás instituciones sociales y la
ponerse de acuerdo, en general, sobre los democracia o el a. del sistema político. Para
parám etros del a. de las instituciones, es los moderados, la conexión no existe o es
mucho más difícil acordar sobre su aplicación mínima. Ni la organización jerárquica de la
concreta a tal o cual institución. En este cam­ familia y de la unidad económica, ni tampo­
po, en efecto, resultan claramente relevantes, co la estructura oligárquica de los partidos
más que en ningún otro, las orientaciones de mismos afectan la democracia. Ya que, si exis­
valor de las diversas corrientes. Cosa que se te una pluralidad de partidos que se dispu­
puede observar fácilmente considerando las tan el poder de gobernar, periódica y libre­
respuestas que de ordinario se dan a los dos mente, a través del voto, la oligarquía en el
principales problemas que surgen en el nivel de partido político se convierte en demo­
sector. cracia en el nivel del sistema en su conjunto.
El primer problema se puede form ular así: En este marco, cierto grado de apatía políti­
¿hasta qué punto es legitima la analogía entre ca de las masas es compatible con la demo­
los conceptos de democracia y a. en cuanto cracia y hasta puede resultar útil para su esta­
a los regímenes políticos y los mismus con­ bilidad. Para la posición radical, en cambio,
ceptos nivel de las diversas instituciones la democracia de un sistema político se mide
sociales. Por una parte hay quien tiende a lle­ a través de la participación real de los ciuda­
136 AUTORITARISMO

danos en la formación de las decisiones y, en nes sociales ya que hace más estables los sis­
las democracias liberales actuales, la parti­ temas políticos en los que la democraticidad
cipación política es decididamente insuficien­ del gobierno se ve atenuada por una cierta
te, porque a los hombres no se les educa para "im pureza”.
esta participación, que se refiere frecuente­
mente a problemas lejanos y abstractos,
mediante la oportunidad de participar en las BiBi.ioííRAf lA: Para las ideologías autoritarias; J.
decisiones que les afectan más de cerca en su de Maistre, Consideraciones sobre Francia (1796),
experiencia concreta. En esta perspectiva, la Madrid, Rialp, 1955, y Du pape (1821); H. Treits-
conexión entre el a. o la democracia de las chke. Politik (1897); C. Muurras, Mis ideas polí­
demás instituciones y el a. o la democracia ticas. Buenos Aires, Huemul. 1962. Para la per­
del sistema político resulta muy estrecha. Un sonalidad y las actitudes autoritarias: T.W. Ador­
sistema político democrático presupone una no. E. Frenkel-Brunswick, D.J. Levinson y R.N.
sociedad democrática y, por esta razón, las Sanlord, La personalitá autoritaria!1950), Milán,
democracias liberales actuales deben some­ Comunitú. 1973; R. Christie y M. Jahoda (comps.),
terse a una profunda transformación, en el Studies in the scope and method of "Authorita-
sentido de una marcada democratización de rian personality", Glencoe, Free Press, 1954; R.F.
las instituciones sociales que, como las eco­ Hamilton, L'autoritarismo della classe operaia,
nómicas, comprenden de m anera más direc­ en R. Campa (comp.), ¡.'autoritarismo e la súde­
ta los intereses de los hombres que dia con la ntemporanea, Ruma. Nuova Antología, 1969;
día trabajan en ellas. S.M. Lipset, El hombre político (1960), Buenos
En la teoría de la estabilidad de los siste­ Aires. Eudeba. Para los regímenes y las institu­
mas políticos de Harry Eckstein está implí­ ciones autoritarias: G.A. Almond y G.B. Powell,
cita una posición intermedia respecto del pro­ Política comparada (1966), Buenos Aires, Paidós;
blema de la conexión. De acuerdo con este D. Collier (comp.), The new anthoritarianism in
politólogo, la estabilidad se apoya en la "con­ Latín America. Princeton, Princeton University
gruencia" entre el modelo de autoridad del Press, 1979; H. Eckstein. División and cohesión
régimen político y los modelos de autoridad in democracy, Princeton, Princeton University
vigentes en las instituciones sociales. En este Press, 1966; G. Germani. Autoritarismo, fascis­
sentido, la estabilidad de la democracia ingle­ mo e classi soriali. Bolonia. II Mulino, 1975; S.P.
sa o de la noruega depende del hecho de que Huntington y C.H. Moore (comps.), Authoritarian
una dosificación análoga de democracia y politics in madern society, Nueva York, Basic
autoridad caracteriza tanto al gobierno como Books. 1970; J. Linz, An authoritarian redime:
a las instituciones sociales; el derrum be de Spain, en E. Allardt e Y. Littunen (comps.), Clea-
la República de Weimar es imputable al cla­ vay.es, ideologies and party Systems, Helsinki.
ro contraste entre la organización democrá­ Westermarck Societv, 1964: J. Linz. Totatitarian
tica del gobierno y la estructura marcada­ and authoritarian regimes, en F.I. Greenstein y
mente autoritaria de las instituciones socia­ N.VV. Polsby (comps.), Handbook of political
les. Sin embargo, en este caso, "congruencia" Science, Reading, Addison-Wesley, 1975, vol. tu;
no quiere decir siempre un pleno isomorfis- G. O’Donnell. Modernización y autoritarismo
mo sino más a menudo indica una semejan­ (1973), México. Paidos, 1982.
za “gradual" más decidida en las institucio­
nes más cercanas al gobierno (partidos, gru­ [MARIO STOPPINO]
pos de presión, asociaciones voluntarias de
adultos), y cada vez menos significativa en las
instituciones más lejanas, como la familia, la
escuela y las empresas productivas. Es más, autoritarismo latinoamericano, v. mili­
según Eckstein, no puede suprim irse el ele­ tarismo.
mento autoritario de las diversas institucio­
balcanización

B. es un término político que significa divi­ independencia como unidades territoriales


dir una entidad continental, subcontinental separadas, por ejemplo Ruanda Urundi divi­
o regional en unidades politicamente separa­ dido hoy en dos estados: Ruanda y Burundi.
das y hostiles entre sí. El término b. tiene su De la misma manera, las guerras civiles de
origen en la fragmentación en unidades poli- Katanga en el Congo y de Biafra en Nigeria
ticas diferenciadas de la región de los Balca­ fueron denunciadas por los más autorizados
nes, y particularmente en las condiciones pre­ líderes africanos como ulteriores intentos de
valecientes en las relaciones entre estos esta­ balcanizar el África.
dos durante el periodo de las guerras balcá­
nicas (1912-1913). [ANNA MARIA GENTILl]
En el vocabulario político contemporáneo
el término b. se usa para referirse a un pro­
ceso de descolonización y de acceso a la inde­ bandolerismo
pendencia de territorios africanos unidos
anteriormente bajo la misma administración Entre las diversas acepciones que la palabra
colonial. A este proceso se refiere cuando se ha tenido, en relación con bandolero, a menu­
habla de la b. de África. La b. es una conse­ do más allá del área semántica de bandido-
cuencia de la determinación política de las bandidismo, prevalece aquella que más estre­
potencias coloniales que velan en la fragmen­ chamente se refiere a un contexto histórico.
tación, y por consiguiente en la debilidad eco­ La acción de bandas armadas que actúan con­
nómica de los nuevos estados independientes, tra la autoridad constituida para cometer crí­
el medio de perpetuar su dominio neocolo­ menes contra la propiedad y las personas tie­
nial. De acuerdo con los líderes nacionalistas ne por lo común el impulso de movimientos
africanos, la b. es el principal instrumento del políticos que se insieren sobre una situación
neocolonialismo y se identifica con un nuevo de m alestar social profundo. La debilidad del
tipo de imperialismo. La b. favoreció el neo- poder central, la explotación excesiva del
colonialismo porque los nuevos estados inde­ campo y de las clases rurales por parte del
pendientes, demasiado débiles política y eco­ estado y de la nobleza fueron las condiciones
nómicamente como para poder sobrevivir y particulares en las que el b. encontró terre­
progresar con sus propias fuerzas, se han no fecundo para su desarrollo en Europa en
transform ado en estados satélites, formal­ los siglos precedentes a la afirmación del esta­
mente independientes, pero en realidad liga­ do burgués moderno y del sistema económi­
dos financiera y diplomáticamente a la ex co sobre el que se funda. Nombres como Flan-
potencia colonial hasta depender totalmente drin, Cartouche, los salteadores inmortaliza­
de ella. La b. de Africa tuvo como consecuen­ dos por Schiller, el Passatore. no son más que
cia una independencia ilusoria. algunos de los más notables a medio camino
El término b. con estas características nega­ entre la historia y la leyenda. Hay que decir
tivas se usa en los años sesenta sobre todo también que el bandolero-bandido en algunos
para referirse a la desmembración del Afri­ casos (típico es el de Córcega) era sólo aquel
ca Occidental Francesa en ocho estados (ade­ que vivía en el monte para sustraerse a la jus­
mas de Camerún y Togo) y del Africa Ecuato­ ticia del estado, aunque la comunidad de ori­
rial Francesa en cuatro estados. Otros terri­ gen no lo consideraba tal. sino sólo la victi­
torios anteriorm ente unidos obtuvieron su ma de una injusticia repentina.
H8 BICAMERALISMO

En Italia, el b. tuvo dos momentos de nota­ para definir aquellas actividades criminales
ble importancia: durante las guerras napoleó­ en las que a veces se sobrepasaba el b. tradi­
nicas (sobre todo la reacción contra la repú­ cional (por ejemplo, el secuestro con el fin de
blica partenopea de 1799) y el posterior a la extorsionar, el abigeato).
unión del reino de las Dos Sicilias a la monar­
quía saboyana. Si el b. en la Italia central y BIBLIOGRAFIA F. de Felice, Sacíela meridionale e
septentrional se vinculaba más bien con las brigantaggio ncll'Italia post unitaria, en Rivista
maniobras legitimistas de los soberanos Storica del Sociatismo, Vlll, 1965; A. de Jaco
depuestos por Napoleón, en la Italia meridio­ (comp.l, l¡ brigantaggio meridionale: cronaca ine­
nal revelaba más claramente su aspecto cla­ dita dell'unita d'ltalia, Roma, Editori Riuniti,
sista. Liberales y hombres honrados sostene­ 1969; E.J. Hobsbawm, Bandidos (1969), Barce­
dores de la república partenopea prim ero y lona, Ariel, 1976; E.J. Hobsbawm. Rebeldes pri­
de la monarquía saboyana después y del nue­ mitivos (1959), Barcelona, Ariel; F. Moliese, Sto-
vo orden unitario eran también usurpadores ria del brigantaggio dopo Vunilá, Milán, Feltri-
de los bienes comunales y de los antiguos nelli, 1964; P. Soccio, Cuita e brigantaggio, Ñapó­
derechos comunes, desatando de este modo les, ESI, 1969; P.J. Vanderwüod, Desorden y pro­
un ataque contra la parte más pobre de la greso: bandidos, policías y desarrollo mexicano
población agraria. Este resentimiento de cla­ (1981), México, Siglo XXI, 1986.
se es explotado oportunamente por los agen­
tes borbónicos, más cercanos a la situación [MAURO AMBROSOLl]
local que no la nueva clase filo-saboyana y
liberal, que mediante eficaces promesas de
nuevas cotizaciones de los bienes movilizaban
a la población del campo contra las nuevas bicameralismo
instituciones del reino de Italia. La dura
represión que siguió (1860-1865) denuncia los i socios. En el lenguaje común se suele unir
limites de la política saboyana de unificación el concepto de b. a la existencia de parlamen­
de la península j- de la nueva carga fiscal que tos constituidos por dos asambleas o cáma­
pesaba sobre las provincias meridionales. Líi ras (llamados por ello “bicamerales") y dis­
lucha contra el b. se vuelve un momento de tinguirlos por un lado del monocameralismo
agregación social y de división en grupos de y por el otro del pluricameralismo, que res­
la sociedad meridional entre sostenedores y pectivamente se refieren a parlamentos for­
opositores del nuevo orden político y econó­ mados por una única asamblea (monocame-
mico. De esta división pueden depender las rales) y por más de dos asambleas (plurica-
sucesivas fracturas entre fascistas y antifas­ merales). En estos términos la expresión b.
cistas locales y las actuales clientelas polí­ refleja la forma de ser de cierto tipo de par­
ticas. lamento en un determinado momento histó­
El lenguaje político más reciente ha olvida­ rico. sin por lo demás ilustrar las “ razones”
do "b.” como palabra de uso común y ha pre­ por las que los parlamentos en cuestión son
ferido bandido-bandidismo para m arcar la de tal tipo y no de otro. A este propósito es
acción de los grupos clandestinos, cuando preciso observar que, en todo ordenamiento
éstos dirigen su acción contra un poder polí­ positivo, la elección de un parlamento mono-
tico que carece de legitimación popular (la cameral. bicameral o pluricameral se lleva a
república social italiana) al que se contrapo­ cabo (o fue llevada a cabo) con la mira de
nía la imagen del bandolero negro. Actual­ satisfacer exigencias concretas; en especial,
mente se habla de criminalidad política para para que estas exigencias resulten plenamen­
identificar la acción de aquellos grupos que te satisfechas y el b. se manifieste como fenó­
buscan desencadenar una revuelta popular meno dinámico no basta la mera existencia
contra las instituciones que tienen fuerte apo­ de dos cámaras; en cambio, sucede que sus
yo. Las formas más modernas de delincuen­ voluntades confluyan en una sola. Por otra
cia, organizadas según las reglas de la ganan­ parle, la confluencia de las voluntades de dos
cia capitalista, han hecho que sea del todo cám aras puede ser suficiente para aprobar
obsoleto el uso de bandolerismo-bandidismo algunos actos de parlamentos pluricamerales
BICAMERAL1SM0 13V

dundo vida, un sustancia, a una forma anó­ senado expresa, sin el concurso de la otra
mala de b.: asi, un el parlamento pentacame- cámara, advices y consents vinculantes para
ral yugoslavo, organizado por la Constitución el ejecutivo, en la ratificación de tratados
de 1963 (constitución que permaneció vigen­ internacionales, en las nóminas de los jueces
te con varias enmiendas, incluso relacionadas de la Suprema Corte y de otros funcionarios
con el tema que estamos examinando), una federales; en Alemania federal, el Bundestag.
cámara federal hacia de gozne en la produc­ y no el Bundesral, elige al canciller federal
ción legislativa mientras que las otras cuatro (art. 63, i. ti, de la Grundgeselz) y puede
se alternaban (art. 173 const.), de modo que expresarle su desconfianza, eligiendo por
las leyes eran aprobadas por dos asambleas mayoría de sus miembros un sucesor (art. 67).
con iguales poderes: la mencionada (la más En cuanto al último punto, ejemplos signifi­
ampliamente representativa) y otra asamblea cativos de la hipótesis a] están representados
designada de vez en vez por su competencia por el presidium del soviet supremo de la
en la m ateria (Cantara de asuntos económi­ URSS, en el intervalo entre las sesiones del
cos, art, 174 const.; Cámara de la instrucción propio Soviet, en el sentido del art. 119 de la
y de la cultura, art. 175 const.; Cámara de los constitución de 1977, actualmente vigente;
asuntos sociales y de salud, art. 176 const.; por la comisión común que, en Alemania fede­
Cantara de los asuntos políticos y organiza­ ral, puede tomar el puesto de las cámaras par­
tivos, art. 177 const.). lamentarias. aunque sólo a continuación de
Por lo contrario, el b. no tiene mudo de la proclamación del "estado de excepción” y
manifestarse en los parlamentos bicamerales: "si la situación requiere de una acción no dife-
1] ni cuando las dos cám aras actúan en una rible” (arts. 115-a, ti; 115-e, i). Por la hipóte­
única sesión; 2] ni cuando determinadas fun­ sis b] se limita a llamar la atención: sobre el
ciones se le atribuyen a una asamblea y no conference committee formado por miembros
a la otra; 3] ni cuando un órgano intercam e­ de las dos cámaras en el congreso de Estados
ral restringido: a] sustituye temporalmente a Unidos para buscar una fórmula de compro­
las cámaras, o h] se utiliza para resolver las miso, cuando dichas asambleas no logran el
divergencias entre las cámaras. acuerdo sobre determinado texto normativo;
En cuanto al punto 1], considérese que la tal como, en la comisión mixta paritaria que,
legislación italiana —cuya elección bicame- en Francia, interviene en ocasiones análogas,
ral está sancionada en el art. 55, i const.. en el sentido del art. 45 const.
según el cual: "el Parlamento se compone de Puede concluirse, pues, que el b. se funda
la Cámara de diputados y del Senado de la en el supuesto de la existencia de (por lo
República"— se apoya en el "Parlamento en menos) dos cám aras parlam entarias, que
sesión conjunta” para los siguientes cometi­ constituyen, en sentido amplio, un parlamen­
dos constitucionales: elecciones y juramento to (por lo menos) bicamcral. Este Parlamen­
del presidente de la República (arts. 83, 91); to, por lo demás, en el desarrollo de sus fun­
elecciones de un tercio de los miembros del ciones, no siempre se amolda al b. Sin embar­
Consejo superior de la magistratura (art. 104) go, parece difícil concebir un Parlamento
y de un tercio de los miembros de la Corte bicameral cuyas ramas no actúen nunca de
constitucional (art. 135, i); acusación contra concierto: la experiencia concreta, por el con­
el presidente de la República (art. SO) o el pre­ trario, m uestra que donde hay un parlam en­
sidente del Consejo de ministros o los minis­ to bicameral el b. brota en una u otra forma:
tros (art. 96); compilación del listado de ciu­ el problema se evita por ello al elegir el b. a
dadanos del que se saca a suertes los 16 jue­ aplicar.
ces adjuntos de la Corte constitucional que
sólo intervienen cuando el organismo se reú­ 11 B1CAMERAUSMOPERFECTOO INTEGRAL Y BICAMERA-
ne para juzgar acerca de las acusaciones pro­ USMO IMPERFECTOo LIMITADO. El b. se explica en
movidas por el Parlamento (art. 135, vil). En su integridad tanto cuando al ejercer deter­
cuanto al punto 2} es preciso recordar que: minadas funciones las dos cám aras tienen
en Gran Bretaña la Cámara de los comunes, poderes iguales como cuando los poderes,
y no la de los lores, confiere y revoca la con­ aunque diversos, son complementarios (esto
fianza en el gobierno: en Estados Unidos, el sucede, por ejemplo, cuando en algunos pai-
140 BICAMERALISMO

ses ambas cám aras participan en el procedi­ alternativa digna de tomarse en cuenta. La
miento del impeachment: una —la cámara ba­ experiencia más reciente, la yugoslava den­
ja— expresa la acusación, y la otra —la alta— tro de la Constitución de 1963, en la que, por
se constituye en Corte superior de justicia otra parte, el pluricameralismo enteraba,
para actos contrarios a los intereses genera­ como se ha dicho, sólo una parte de las acti­
les del estado cometidos por personalidades vidades parlam entarias, se dio por term ina­
políticas en el ejercicio de sus funciones). Éste da en poco más de una década; la Constitu­
es el b. perfecto o integral, al que algunos con­ ción de 1974, al optar por el b., establece de
sideran el único b. verdadero. hecho en el art. 284 que: "los derechos y los
El principio bicameral se manifiesta en for­ deberes de la asamblea de la RSFJ se ejerci­
ma atenuada cuando las dos cám aras tienen tan en la cámara federal y en la cámara de
atribuciones parcialmente diferentes. Éste, el las repúblicas y de las provincias, de confor­
b. imperfecto o limitado, es el que parte del midad con las normas de esta Constitución".
supuesto de que por lo menos algunas de las Siempre queda abierta la alternativa entre
funciones del parlamento —concretamente, la elección monoeameral —que obviamente
la legislativa— se basan en la confluencia de excluye in limine el b.— y la bicameral —que
las voluntades de ambas asambleas, aun permite la experimentación y la aceptación
cuando luego una de ellas termine por pre­ de toda forma y matiz, de b. En síntesis, entre
valecer. En este último caso, la cám ara que los argumentos en favor del b. pueden recor­
tiene poderes más limitados debe ser capaz darse los siguientes;
de m anifestar una voluntad autónoma (a fal­ a] el b. es un elemento útil en los estados
ta de la cual no se puede hablar ni siquiera descentralizados, de m anera señalada en los
de b. en forma atenuada). Esto significa en federales, contribuyendo a distinguirlo, por
relación con las características estructurales un lado, de la confederación de estados y, por
de las dos asambleas, que la composición de el otro, de los estados centralizados: lo cual
una cámara no debe estar totalmente contro­ sucede si una cámara representa al pueblo en
lada y gobernada por la voluntad de la otra. su totalidad y constituye un elemento de
La elección bicameral recoge como corola­ garantía de la unidad del estado, mientras que
rio que pueden existir divergencias entre las la otra está estructurada de manera que vigile
dos cámaras. Para resolverlas, ciertos orde­ la existencia jurídica de las entidades terri­
namientos excluyen voluntariamente cual­ toriales autónomo-autárquicas del propio
quier normativa, considerando que dichas estado (estados miembros, IMnder, etcétera);
divergencias podrían ser superadas con el b] el b. contribuye al mejoramiento técni­
tiempo y en el transcurso de la discusión; co de la legislación. El doble examen a que
otros ordenamientos han establecido que los se somete un proyecto de ley permite reali­
conflictos se terminan en el ámbito de la pro­ zar una prueba de resistencia en el tiempo y
pia cám ara (por ejemplo, atribuyendo a la un control de méritos. Para la consecución de
voluntad de una asamblea prevalencia sobre estos fines se puede aplicar el principio bica­
la de otra, o disponiendo de antemano comi­ meral, tanto integralmente como en forma
tés mixtos); otros más han considerado el atenuada. Sin embargo, parece aconsejable el
recurso a instrumentos que no dependen de recurso al b. imperfecto, con tal que la cáma­
la voluntad de las cám aras (por ejemplo, el ra que tiene poderes más limitados (que pue­
referéndum popular).I. den ser. por ejemplo, poderes de control o de
veto) esté compuesta por miembros particu­
III. EL BICAMERALISMO COMO PROBLEMA DE DECISION'ES larmente calificados desde el punto de vista
¿Por qué adoptar el siste­
t éc n ic a s y política s . técnico y menos ligados a intereses políticos;
ma bicameral en lugar del monoeameral o c] el b. constituye una garantía para la soli­
pluricam eral? Y además, ¿por qué escoger dez (v la continuidad) del ordenamiento, asi
una forma de b. con preferencia a las demás? como para la estabilidad de la orientación
El pluricameralismo, rechazado general­ política general. Dos cámaras —especialmen­
mente por la teoría y rara vez adoptado por te si son iguales en cuanto a las competencias
la experiencia constitucional de los ordena­ y son elegidas en momentos y con criterios
mientos modernos, no parece constituir una dilerentes— representan, en una forma más
BICA.MERALISVIO 141

completa que una sola asamblea, las fuerzas dirigirse a una segunda cám ara como órga­
políticas del país. El concurso de las dos no de consulta y de reflexión del gobierno
voluntades permite, pues, adecuar mejor las cuando existen otros órganos, diferentes de
normas a las exigencias de evolución del orde­ una asamblea parlam entaria, que son más
namiento y llevar a la práctica funciones de adecuados para cumplir estas funciones;
estimulo y control recíprocos; c] en particular, la perpetuación de parla­
d] el b. permite un control más atento y mentos bicamerales compuestos por una
minucioso del ejecutivo. La afirmación —que cantara electiva y una no electiva no parece
obviamente se refiere a los ordenamientos en justificarse en los ordenamientos democráti­
los que el gobierno es responsable ante el par­ cos. Para apoyar esta afirmación algunos han
lamento— es acogida con cierta reserva y cau­ presentado las siguientes hipótesis (que los
tela. El control es máximo cuando el h. es inte­ defensores del b. consideran, equivocadamen­
gral y el gobierno debe gozar de la confianza te. simplistas): o la voluntad de la cám ara no
de ambas cámaras. Pero ¿contribuye en gra­ electiva está de acuerdo con la de la cámara
do máximo a la estabilidad del gobierno? electiva y entonces la cám ara no electiva es
Sobre este punto hay divergencia de opinio­ inútil, o no está de acuerdo y entonces es noci­
nes: no pocos de los defensores de la solución va, ya que el sistema representativo actual se
bicameral se inclinan por un b. atenuado, en basa en la voluntad popular.
el que una cám ara tiene poder de control y
la otra es órgano de consulta del ejecutivo. IV. EL BICAMERALISMO EN LA EXPERIENCIA CONSTITU­
En cambio, estos son los argumentos más CIONAL. El debate sobre el tema de la "funcio­
significativos en favor de la decisión mono- nalidad’1del b. proporciona elementos útiles
cameral: a cada uno de los ordenamientos positivos en
a] ordinariamente, debido a la organización cuanto a la disciplina de las formas y de los
interna de las asambleas parlamentarias, los modos de actuación de las técnicas organiza­
proyectos de ley se evalúan en comisiones tivas bicamerales (desde el b. perfecto a aquel
antes de someterse a la asamblea. Por tanto, atenuado al máximo), pero probablemente
en el mismo ámbito de una cámara se some­ carezca de influencia para la solución del pro­
ten a un doble examen, suficiente para garan­ blema preliminar: el de si el parlamento debe
tizar el control formal del acto. Un doble exa­ estar constituido por una o por dos cámaras.
men no es necesariamente un examen dupli­ Hoy en día la elección de la doble cámara, allí
cado. Cada cám ara puede presum ir que el donde no esté anclada en la tradición (divi­
proyecto ha sido o va a ser examinado con la sión por estados), corresponde al intento de
adecuada ponderación por la otra cámara. La conferir eficiencia autónoma a grupos socia­
responsabilidad de la ley, repartida entre las les heterogéneos, de modo que mientras que
dos cámaras, significa, en este caso, menor una cám ara representa al pueblo, entendido
responsabilidad. El desacuerdo entre las como totalidad indistinta, y resulta elegida
asambleas —especialmente cuando están en por el conjunto de los ciudadanos, la otra
una posición de absoluta igualdad— puede intenta ofrecer una protección particular o
conducir a un punto muerto y degenerar en bien a diversas categorías de intereses (cul­
un compromiso, haciendo que la ley no sea turales, económicos, sindicales, etc.) o bien a
congruente con las exigencias del momento: entidades descentralizadas, sean estados
h] en cuanto al objetivo de estabilidad del miembros del estado federal o entes territo­
gobierno, debe rechazarse la solución bicame­ riales con una autonomía garantizada en los
ral. En su forma integral tiene un efecto nega­ estados en los que. sin ser reducible a la tipo­
tivo —lo reconocen aun los defensores del logía del estado federal, se amoldan a los prin­
b.—, puesto que la existencia de dos centros cipios de la descentralización. Es interesan­
de control aumenta las ocasiones de crisis; te observar que el intento del que se ha habla­
además, si en las dos cámaras se tienen mayo­ do hunde sus propias raíces en ios principios
rías opuestas, la actividad del gobierno pue­ de la democracia occidental. No es por aca­
de resultar imposible. Pero —dicen los adver­ so que los estados que >e amoldan a tales prin­
sarios del h.— hay que rechazar también sus cipios son por lo general bicamerales; son
formas más atenuadas. En efecto, ¿para que excepción aquellos muy pequeños (Andorra.
142 BICAM ER ALISMO

Licchtenstein. Luxemburgo y Monaco, por Nacional y por el Senado—, adopta el b. en


ejemplo, han optado siempre por el monoca­ forma atenuada. De hecho, en los casos más
meralismo) y, en las últimas décadas, inclu­ controvertidos y delicados, la voluntad de la
so algunos estados de mayores dimensiones asamblea (elegida por sufragio directo, mien­
(así Dinamarca, con la constitución de 1953, tras que la elección del senado es indirecta)
estableció: "El Folketing está constituido por termina por prevalecer. Así: el gobierno es
una asamblea única” Tart. 28] y Suecia, con "responsable ante el parlamento", o sea ante
la constitución de 1975, precisó: “ El Riksdag sus dos ramas (art. 20 const.), pero sólo la
está compuesto por una cám ara” [cap. ni, asamblea "pone en causa la responsabilidad
art. 1, iij). A su vez, los estados socialistas, del gobierno mediante la votación de una
seguramente en virtud de sus principios bási­ motion de censure” (art. 49, u const.), mien­
cos, tienden al monocameralismo, recono­ tras que el senado, bajo petición del prim er
ciendo la oportunidad de subdividir el parla­ ministro, debe limitarse a una declaración de
mento en dos ramas sólo para dar particular política general (art. 49, v const.); ambas
reconocimiento a entidades territoriales des­ cámaras aprueban la ley, pero, en caso de con-
centralizadas (así sucede en la URSS y en troversias que no puedan resolverse de otra
Yugoslavia). manera, a petición del gobierno, la decisión
Pasemos ahora a considerar algún ejemplo definitiva es remitida a la asamblea.
significativo, en el que se observe que la fide­ El b. tiene un papel particularm ente signi­
lidad a las instituciones es un elemento carac- ficativo en la experiencia constitucional de los
terizador del desarrollo constitucional: asi el Estados Unidos de Norteamérica. En la situa­
Reino Unido, en donde tuvo su origen remo­ ción original, la constitución establecía que
to el b. En sus inicios, el principio bicameral los representantes fueran elegidos cada dos
fue adoptado en forma prácticamente inte­ años en colegios uninominales y que su núme­
gral: lores y comunes, aunque con atribucio­ ro. en cada entidad estatal, debía ser propor­
nes diferentes —como en el citado procedi­ cional ni de los ciudadanos ahí residentes. En
miento del impeachment—, se encontraban cambio los senadores debían ser dos por esta­
en posiciones de paridad en el ejercicio de las do, y elegidos por el parlamento estatal (sobre
principales potestades parlamentarias, pero este punto: art. 1, scc. m const.). La evolución
a partir de 1832 (reforma de la representación del país modificó progresivamente la natura­
política) la situación cambió gradualmente. leza del b.. pero el factor determ inante fue el
La responsabilidad de las funciones de direc­ cambio de criterio de designación de los
ción y de control politico y la actividad nor­ miembros del senado: ya no fueron elegidos
mativa más im portante se concentraron en por el parlamento estatal, sino que (según la
los comunes, como órgano representativo de enmienda xvn) lo fueron por el pueblo. El
la voluntad popular. La cámara de los lores, senado elegido por el pueblo ¿puede conside­
sin facultades ni siquiera formales (Parlia- rarse hoy todavía como una "cám ara de los
m ent Acts de 1911 y 1949), o sea degradada estados"? Hay que dudar de ello. El b. esta­
al rango de cámara de reflexión, corre el peli­ dunidense, caracterizado por la sustancial
gro de una completa atrofia. Si en el Reino igualdad de las cámaras en el ejercicio de la
Unido sigue existiendo el b., en la actual for­ función legislativa (la iniciativa de las leyes
ma gravemente atenuada, esto sucede sobre financieras es responsabilidad única de los
todo porque las instituciones —v entre ellas representantes, pero los senadores pueden
la cámara de los lores— tienen una gran fuer­ reform ular el proyecto en caso de enmienda)
za simbólica que impide, o por lo menos fre­ y en su manife*tación de poderes distintos
na, toda modificación formal de ordena­ aunque coordinados en caso de impeachment,
miento. se manifiesta más como técnica organizativa
En Francia, la elección entre el b. (en las que como garantía de la forma federal del
diversas formas) y el monocameralismo ha estado; prueba de ello sería que no sólo es
sido objeto de acaloradas discusiones y ha bicameral el congreso del estado federal, sino
dado lugar a un alternarse de sistemas mono- que, imitando su "modelo”, tienen dos cóma­
camerales y bicameralcs. El actual parlamen­ las también los parlamentos (hgislutures) de
to francés —compuesto por la Asamblea la gran mayoría de los estados miembros.
BICAMELAKIS.MO 143

Como se vio, la ley fundamental de la Ale­ dad de órganos separados, las dos cámaras
mania occidental atribuye la calificación de tienen iguales poderes: pero el soviet se reú­
federal a la república alemana; este carácter ne en diversas ocasiones conjuntamente o
surge con extrema claridad sea del modo en —como recordamos— confia las funciones de
que el parlamento se subdivide en dos ramas, las asambleas al propio presidium.
sea de la actuación del b. De todos modos, es En Italia, el b. —experimentado en forma
preciso observar que una cámara, el Bundes- atenuada con el estatuto albertino— se ha lle­
¡a-¿, es elegida por el pueblo según el proce­ vado a la práctica con la constitución repu­
dimiento siguiente: tiene derecho al voto blicana vigente. La cám ara de diputados y el
quien ha cumplido los dieciocho años de edad senado se encuentran en una posición de
y la ley electoral prevé que se exprese dos absoluta igualdad jurídica, tienen competen­
veces: la mitad de los miembros de la cáma­ cias idénticas y —después de la entrada en
ra es elegida de hecho en colegios uninunú- vigor de la ley constitucional del 9 de febre­
nales, mientras que la otra mitad lo es en cole­ ro de 1963, n. 2— igual duración (cinco años).
gios plurinominales, sobre la base de listas Las diferenc