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“Todo y nada” es el caso elegido para dar cuenta de la articulación

necesaria que decreta el paso por los conceptos que propone la cursada
correspondiente a la materia llamada, entre pares, Clínica de Adultos, que
corresponde al sector de prácticos del Servicio de Atención de Adultos de
Avellaneda.

A través del informe se podrá leer principalmente los desarrollos propuestos por
Freud y Lacan en relación a la clínica psicoanalítica, enmarcados por el caso
dispuesto por las docentes del espacio. En principio se intentará mostrar la
iniciación de un tratamiento, el cual recorre la instalación de la transferencia, que
posibilitará la creación de un síntoma analítico abordable desde el dispositivo. El
paso de la paciente por el Servicio, sus resistencias que ponen en juego el
abandono del dispositivo, algo que se ve sorteado a partir de una acertada
intervención por parte del analista, hasta la posibilidad de encontrar al analizante
en una nueva posición, me arriesgo a decir, menos angustiante para sí.

Inicialmente se trata de un caso que se atiende en el Servicio de


Avellaneda, lo cual implica poner a luz el marco que éste dispositivo tiene. Sobre
todo en relación a los operadores de “tiempo y dinero” de los que habla Freud en
su texto Sobre la iniciación del tratamiento de 1913, donde describe que el analista
debe cobrar y caro, para acrecentar el valor que la cura tiene. En este sentido
pensamos las estrategias desarrolladas por quienes forman parte del Servicio,
analistas que ofertan “la escucha a quienes demandan tratamiento”, (Mantegazza
y Tolosa, 2013.) a partir de maniobras en relación al tiempo, maniobras
transferenciales, que intentan sanear lo gratuito que caracteriza al sector. En
relación al tiempo se enunciará un límite sin fijar cual, así como el horario de cada
sesión, pero no su duración.

En lo particular del caso, la paciente Lara no muestra demasiados conflictos en


relación a estos operadores, si en particular a algunas llegadas tardes o
anticipadas, que serán leídas a partir del desarrollo que han dado lugar a los
efectos de intervención analítica.

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Lo que comprende el despliegue de un tratamiento analítico, Lacan nos dice
en “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) que el analista
“dirige la cura”, pero debe tener en claro que no al paciente. De lo que se trata en
primer lugar es que el sujeto, aplique la regla analítica fundamental que describe
Freud, padre fundador del psicoanálisis: “Diga todo lo que se le ocurra” (1913),
esta invitación a hablar sin censura, a desplegar la palabra abre el espacio
analítico posibilitando el tratamiento. Es así como Lara de 19 años comienza a
desplegar los conflictos, momento nombrado por Lacan “entrevistas preliminares”,
que encuentra en la relación con sus familiares y con la comida, manifestando que
“O como todo o nada”, no sabe cómo mantenerse.

El analista debe escuchar al sujeto, quien se convertirá en analizante,


despojado de toda subjetividad. Freud propone la escucha desde un estado de
“abstinencia y neutralidad” (1918-1919). Lacan despliega en relación al pago del
analista, que paga con su palabra desde el efecto que las interpretaciones darán,
pagará con su persona prestándola como objeto de la transferencia, y paga con su
juicio más intimo en tanto se entere que se trata de una imposibilidad, de una
incompletud, Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958)

Vemos como en el transcurso del tratamiento, Lara llega con una demanda
implícita, dirá el autor antes mencionado que “el analista es aquel que apoya la
demanda (…) para que reaparezcan los significantes en que su frustración está
retenida.” (Lacan, 1958. pp590). En el mismo texto Lacan habla de que “por el
hecho de que habla” es que el sujeto demanda, una demanda que es sin objeto.
Pensamos al sujeto desde Lacan como “inmerso en un baño de lenguaje” (Lacan,
1988. pp38), que se constituye como falta en ser por están inmerso en el campo
del lenguaje, y es determinado por las marcas significantes del Otro. Es así como
Lara llega al Servicio padeciendo la barradura que la constituye. Relata que es “la
única que ve” las cosas en su casa, la incomodidad que siente cuando está en su
casa junto con su familia -se siente demás-, y que no habla porque siente que la
etiquetan. Así mismo se presenta a hablar en el dispositivo, aunque esto le lleve

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un tiempo en el despliegue de su inconsciente, anoticiarse de él y conseguir
sortear el modo defensivo con que se presenta frente a su deseo.

Luego de un tiempo de tratamiento se podría atestiguar la instalación de la


transferencia, lectura a partir del texto freudiano “Sobre la dinámica de la
transferencia” (1912), donde propone que en la figura del médico convergen las
mociones pulsionales consientes e inconscientes, y que se deberá establecer una
transferencia operativa que posibilite el trabajo analítico, transferencia positiva de
mociones tiernas. Será entonces poner a trabajar la transferencia en donde se
reactualizan las mociones de amor que han sido olvidadas y reprimidas. En este
sentido, leemos en relación a que la analizante se presenta tarde a su sesión, y
luego manifiesta que “No quería venir”, ante lo cual la analista le consulta al
respecto, ella manifiesta que hay cosas de las que no quiere hablar, por lo que ella
vuelve a intervenir presentándole la posibilidad de cumplir su deseo de no
concurrir más a su terapia, posibilitando un cierre del tratamiento. Lo cual
“rápidamente” responde desplazándose hacia la postergación del cierre, afirmando
“quiero seguir viniendo”. Evidenciando que dicha intervención toca algo del deseo
inconsciente de Lara, teniendo un efecto que da testimonio de su posicionamiento
frente a su deseo.

Se abre todo un trabajo de “asociación libre”, ya que podemos entender que


se ha puesto en marcha el despliegue del inconsciente, se ha tomado noticia de
éste y algo de las resistencias comienza a conmoverse lentamente.

Lara no come –significantes- no habla, negándose sostenerse en la vida,


“desaparece”, “no está”. Es en términos de la estructura de Neurosis Histérica,
desarrollada en la teoría lacaniana –en tanto se estructura como pregunta
significante-, que propongo pensar el posicionamiento en cultivar la insatisfacción
del deseo que se anuncia en Lara, provocando el deseo en el Otro y así buscar el
propio deseo en el deseo del Otro. Se ocupa de que el otro esté pendiente procura
desaparecer, podríamos pensar, para que la hagan aparecer, ¿quizás mediante
etiquetas? Que la busquen. Es así como Noelia interviene respondiéndole
“Cuando se acercan, te alejas”. Tengamos en cuenta que como desarrolla Lacan

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en su Seminario X, será necesaria la implicación del sujeto en su conducta para
que el síntoma sea abordable. El síntoma es el resultado frente al efecto del
deseo.

A distinción de la estructura de Neurosis Obsesiva no hay rituales ni pensamientos


rumiantes como síntomas presentes, encontraríamos un discurso más rígido sin la
posibilidad del señalamiento del analista que propicie mover algo de la estructura.

Encontramos en Lara fenómenos en el cuerpo, un cuerpo totalmente


libidinizado, ubicado en primera escena. Podemos pensar que en realidad detrás
de la bulimia lo que se esconde, es que ella no come nada, en relación a la
palabra. Habla mucho de su padre, del aislamiento, dice que “lo evita” que “Es un
castigo cruel”, “porque nunca me dio bola, nunca le importe”. Indicadores de una
Neurosis al modo de la Histeria, hay posibilidad de historizar la vida y observamos
con claridad que el señalamiento del analista produce efectos.

Leemos en Lacan en el texto antes citado “La dirección de la cura y los principios
de su poder” (1958) que el fantasma en lo que respecta a su uso fundamental,
enmarca al sujeto sostenido al nivel de su deseo evanescente, en la medida en
que la satisfacción misma de la demanda le hurta su objeto. Pero el fantasma
proviene de una significación que le proveerá el Otro en el marco de una
constitución del sujeto de la que propone Lacan en el Seminario XI de 1964(1965)
en términos de Alienación y Separación. Quedando alienado a la demanda del
Otro significante.

La fantasía, que enmarca al fantasma, permite que el neurótico consiga sostener


su deseo, sin satisfacer la demanda que siempre es, como nos enseña Freud,
exigencia pulsional. Sustituye al objeto que falta, por objetos falsos que dan
cuenta de la relación del erotismo de cada quien. Pasar a la acción, implica
integrar de otro modo al objeto a, ya no como sostén neurótico de un deseo
inhibido, sino como objeto cauda del deseo en el Otro. Crea así una realidad tal
como la ve el sujeto neurótico, tapando el agujero que deja el objeto a. Por lo que

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recordamos lo que describe Freud en relación a que hay una realidad que es
psíquica.

Definimos al síntoma -en términos de la 2° tópica- como lo despliega Freud


en su texto “Inhibición, Síntoma y Angustia” de (1926) como una satisfacción
pulsional sustitutiva, que en el marco de un conflicto entre instancias psíquicas.
Donde se pone en marcha la defensa que se encargará de reprimir las mociones
pulsionales inconciliables para el yo. En este mismo texto el autor define la
“extraterritorialidad” del síntoma, que es ajeno al yo, e insiste. El yo intenta
cancelar la ajenidad del síntoma en un intento por ligarlo en sí. En el caso de la
histeria la moción pulsional es reprimida y el monto de afecto pasa al cuerpo.

En relación al síntoma de la afonía de Lara, ella dice: “no puedo hablar”, se niega
a hablar de lo que le pasa por lo tanto se queda “casi” sin voz, la negación como
mecanismo que encontramos alineados frecuentemente a la estructura de la
histeria. El posicionamiento que define el cuerpo tomado por la palabra, síntoma
conversivo en términos freudianos y en términos de goce, dirá Lacan en el sentido
que el cuerpo se experimenta.

La Rectificación Subjetiva, concepto de Lacan, determina una modificación


“sobre algo real y concreto de su síntoma: su participación en el mismo”
(Lombardi, 2011. Pp29, 30) da evidencia en el momento en que Lara consigue
hablar con su madre y su hermana para así enunciarse, “Soy anoréxica”. Lo cual
abre un camino hacia la posibilidad de “entregar sus síntomas”, (Lombardi, 2011.
pp31). Accede a un tratamiento en una institución, acompañada de su hermana,
aunque no se resuelve aún por completo ya que resalta el hecho de que “Me
hubiera gustado que mi mamá esté, que se preocupe”. Se ha anoticiado de alguna
manera podemos pensar, del hecho de qué le habría gustado, ha enunciado el
hecho de que si bien no sabe cuál es el problema, cree que tiene que ver con su
padre. Ya que “siente que no es la hija que él quería”, sospecho que estructura su
fantasía la idea de que “quería que fuera más femenina”, lo cual pensando en lo
enunciado más arriba en la histeria; se trata de la pregunta por la femineidad,

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identificada a un hombre, al tiempo que cede la posición femenina a otra que
encarne dicho misterio.

Aparece un goce muy claro en el momento en que Lara reconoce la


preocupación de su familia y se lo comunica a la analista sonriendo, pero deja al
respecto de su tratamiento, en Aluba, que ellos decidan, porque ella dice: “a veces
quiero y a veces no”. Vemos al síntoma histérico en su máximo esplendor.

Pero comienza algo a resolverse en la medida en que puede comunicarle a Noelia


que ya no quiere continuar con el tratamiento en Aluba, la angustia que resulta del
encuentro con su división la conmueve al punto de poder ir con su madre, luego
con su hermana -y su padre- a terapia, “escucharse y decir” para decidir “Entre
todos” que Lara no continuaría con dicho tratamiento. Expresa a solas con la
analista: “Disfruté que sufran por mí”, ha encontrado alguna respuesta, podemos
hipotetizar, en el lugar del deseo del Otro. Ahora les importa -por lo menos al
padre-. Aunque el análisis hasta acá no se resuelve lo que del síntoma toca en
relación al padre, el conflicto con él, y el síntoma de la voz. Algo si puede
resolverse en relación a que ahora “puede sola”, y “que no todo es perfecto”. Algo
se ha tocado en relación al punto de encuentro entre deseo y goce. Hay ahora un
saber hacer, que resuelve al sujeto logrando “producir algo nuevo”,
(Lacan,1958.pp569).

Barone Camila.

DNI: 38147652

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Bibliografía:

- Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. Cap. I, II, III y IV. Vol. XX.
Buenos Aires: Amorrortu.
- Freud, S. (1919 [1918]). Nuevos caminos de la terapia analítica. Vol. XVII.
Buenos Aires: Amorrortu Editores.

-Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar.Vol. XII. Buenos Aires: Amorrortu.

-Freud, S. (1912). Sobre la dinámica de la transferencia.Vol. XII. Buenos Aires:


Amorrortu.

- Lacan, J. (1958). Ficha de la cátedra sobre: La dirección de la cura y los


principios de su poder. En Escritos 2, Buenos Aires: Siglo XXI.

-Lacan, J. (1960-1961). El Seminario 8: La Transferencia. Clase X. Buenos Aires:


Paidós.

- Lacan, J. (1962-1963). El Seminario 10: La Angustia. Clase IX. Buenos Aires:


Paidós.
-Lacan, J. (1964-1965). El Seminario 11: Los Cuatro Conceptos Fundamentales
del Psicoanálisis. Clase X. Buenos Aires: Paidós.

- Lombardi, G. (2008). El empleo fundamental de la fantasía en la neurosis. En


Hojas Cínicas 2008. Buenos Aires: JVE.

- Lombardi, G. (2011). Rectificación y destitución del sujeto. En Aún N° 5.


Publicación de Psicoanálisis, Foro Analítico del Río de la Plata. Buenos Aires.

- Muraro, V. y Gurevicz, M. (2011). La causa eficiente. Actas de las XVIII Jornadas


de Investigación y Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del
MERCOSUR.
- Soler, C. (1991). ¿Qué lugar para el analista? En Estudios sobre las Psicosis.
Buenos Aires: Manantial.

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