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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Introducción a los Estudios de Género


Prof. Adjunta Regular a cargo: Tajer, Débora

ATP: Lic. Camila Abusabbah

Monografía

“Masculinidades, machismo reciclado y microviolencia”

Segundo Cuatrimestre 2016

COMISION N° 4

Alumna​: Ruiz, Florencia Mariana

L.U.: 35941490-0

Mail: ​florencia​m.ruiz@gmail.com
Introducción

En el contexto de la visibilización masiva de femicidios y violencia de género


en Argentina, los Estudios de Género se vuelven clave para leer dichos
acontecimientos y las consecuentes publicaciones, entrevistas, posteos en redes
sociales, etc. El objetivo de los Estudios de Género es promover cambios en las
relaciones de poder entre mujeres y varones; esto en el que en el campo de la
subjetividad permitirá crear estrategias para que mujeres y varones deconstruyan y
reconstruyan saberes, imaginarios y sentidos que forman parte de sus procesos de
subjetivación en tanto producen inequidades y relaciones opresivas,
fundamentalmente para las mujeres (Attardo, 2012); pero, ¿qué hay de los varones?
¿qué pueden decir los Estudios de Género sobre la masculinidad, teniendo en
cuenta que tanto varones como mujeres son subjetivados bajo el mismo
histórico-social?

La presente monografía pretende dar cuenta de la propuesta social operante


(y los ​mitos sobre la masculinidad que construye) para que el varón se identifique y
cree su subjetividad, además del impacto que tiene sobre las masculinidades ser el
género hegemónico. Para esto se tomará como ejemplo articulador el primer
episodio llamado ​“El maldito estudio” ​de la serie estrenada en septiembre de este
año por Netflix, ​Easy​: da cuenta del conflicto subjetivo que opera implícitamente en
uno de sus protagonistas varones por no responder a un rol heteronormativo dentro
de su matrimonio, el sentimiento de pérdida de poder frente a su esposa y las
maniobras que lleva a cabo para recuperarlo. Se eligió este recurso porque se cree
que visibiliza un modo de subjetivación masculina innovador, pero que igualmente
es acompañado por el malestar que crea el empuje de la propuesta social patriarcal
que sigue operando desde el entorno social y que por un lado, expresa el conflicto
subjetivo entre lo que se desea y lo que se valora en una pareja, y por el otro, lleva
a nuevos o reciclados modos de solución de estos conflictos en torno al machismo.

Ser varón es ser importante

Varones y mujeres construyen su subjetividad bajo los mismos cambios


históricos, sociales y vinculares, sin embargo no es lo mismo la subjetividad en

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minoría que en mayoría; no es lo mismo ser varón que mujer. El ​modo de
subjetivación es un concepto construido en torno a la relación entre las formas de
representación que cada sociedad instituye para la confirmación de sujetos aptos
para desplegarse y operar en su interior, y las formas en que cada sujeto construye
su singularidad. En otras palabras, los mandatos de género producen formas de
desarrollo de los afectos, deseos y modelos a partir de los cuales los sujetos
conforman su identidad y autoestima (Tajer, 2009).

Para comenzar a definir la propuesta social de masculinidad, Bourdieu (1990)


sostiene que ser hombre implica de entrada hallarse en una posición de poder; la
consigna básica de la construcción social del varón, es que en la sociedad
patriarcal, ser varón es ser importante; y lo fundamental es que el sujeto asuma la
importancia de serlo; discurso megalómano que ‘olvida’ que esta importancia
descansa en que las mujeres son definidas como no importantes (Marqués, 1997).

Marqués (1997) plantea entonces, que el proceso de construcción social del


varón desde que nace se basa en fomentar unos comportamientos y reprimir otros;
paralelamente lo sitúa en una posición de superioridad sobre lo otro, las mujeres. El
espíritu de cuerpo y las prácticas de ​corporación presentes en cualquier grupo de
poder, y en este caso el caso de los varones, se verán reflejadas en la reducción las
diferencias personales potenciales entre individuos varones en torno a un modelo de
sujeto masculino, y por otra parte necesariamente aumentará las diferencias que
podrían tener con el otro grupo, el de las mujeres (igualmente reducidas de
individualidad y homogeneizadas en torno a un modelo de feminidad); ​“...el sistema
patriarcal se encargará de tratar a las personas como si fuesen idénticas a las de su
mismo sexo y muy diferentes a las del opuesto.”​ (Marqués, 1999, p. 18).

La consigna básica “​ser varón es importante”​ encarna para los varones una
paradójica presión respecto del modelo al cual se identifican, ya que son
importantes por el solo hecho de ser varones, pero a la vez ser varón obliga a ser
importante y solo se es plenamente varón si se consigue serlo. Así, cualquier varón
puede interiorizar esta consigna como “​ya soy importante: deben respetarme sobre
todo las mujeres que no alcanzan mi plenitud y dignidad”​ pero también como “​debo

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ser importante: como soy varón, debo cumplir mis obligaciones de serlo; como
mínimo debo ser capaz de proteger, proveer y orientar a una mujer y a los hijos que
me dé”​ . La tesis de Marqués (1997) entonces, es que los varones reciben ambos
mensajes y los interiorizan en proporciones variables; el primero gratifica y
tranquiliza, pero el segundo inquieta y empuja al varón hacia la angustia.

La propuesta que angustia

La masculinidad se ha construido socialmente alrededor del poder como eje


básico y en la propuesta social patriarcal de Humanidad=hombre, éste estaría en
manos del varón heterosexual, blanco, propietario y adulto cuya masculinidad es
hegemónica, quedando marginados los ‘otros’ hombres (niños, ancianos,
homosexuales, negros, etc.), es decir, aquellos que no cumplan con estas
características (Burin M., Meler I., 2000). Pero el poder no es gratis, los varones
deben demostrarlo a través de manifestaciones que prueben que no son mujeres,
niños ni homosexuales.

Débora Tajer (2009) plantea que el ​modo tradicional de subjetivación de


género masculino basado en la propuesta social patriarcal, crea ​mitos sobre las
masculinidades​: el primero es el deber de ser proveedores económicos y
sostenedores de familia centrando su desarrollo vital en el mundo público y que
arma una forma de autoestima; el segundo, en lo afectivo, les adjudica una
sexualidad de doble moral (activa y penetratoria) pudiendo estructurar su sexualidad
a partir de lo que consideran “buenas mujeres” para casarse, y “malas” para el
disfrute sexual; así es como se les permitió a los hombres resolver el conflicto entre
lo valorado y lo deseado. Y por último la racionalidad masculina por sobre la
emotividad y afectividad, como aquellos que tienen el poder de decidir con la
cabeza.

Los cambios que se produjeron a partir de la mitad del siglo XX, ligados a la
entrada masiva aunque gradual de las mujeres al mercado laboral asalariado y su
acceso a la educación formal, generaron un nuevo modo de subjetivación femenino,
pero también ​masculino ahora transicional (Tajer, 2009). Mabel Burin (2000),
plantea que a partir de los años setenta, inicialmente en los países anglosajones, los

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varones comienzan a interrogarse sobre su identidad, la cual entra en crisis. Por un
lado, sienten una ruptura de una condición de equilibrio anterior acompañada por
una sensación subjetiva de padecimiento, y por otro, se ubican como sujetos activos
y críticos de aquel equilibrio anterior. En esta época se habría producido en
Occidente la llamada Revolución Tecnológica que abre paso a las posmodernidad,
cuyos efectos habrían resultado en nuevas transformaciones de mentalidades y
posiciones subjetivas y genéricas entre varones y mujeres: el conflicto descansa en
que estos nuevos modos de subjetivación aún coexisten y se basan en los modos
tradicionales que operan desde la educación y contexto social; subjetivamente los
varones lo sienten como una pérdida de poder.

El conflicto actual en el modo de subjetivación masculina

En el capítulo “​El maldito estudio”​ de la serie de Netflix ​Easy estrenada el


mes pasado, se muestra una trama que gira en torno a un matrimonio heterosexual
de académicos y padres de dos niños. En una reunión con amigos debaten acerca
de un estudio científico que prueba que las parejas que tienen roles
heteronormativos tienen más y mejor sexo; ​Kylie y Andy quedan conmovidos por
cómo encajan en las conclusiones pero a la inversa: Kylie es la que trabaja de
tiempo completo y gana más dinero que Andy, quien se queda cuidando a los niños
y realiza todas las tareas domésticas; ambos reconocen la falta de deseo sexual.

El personaje de Andy (40), habla con su mujer al regreso de aquella reunión y


le pregunta si cree que el hecho de que sea un “​papa amo de casa” y que ella
trabaje tiempo completo, hizo que disminuya su deseo sexual. A pesar de que ella le
contesta que no, y que incluso esto hizo amarlo más, el no se queda conforme y le
aclara que no está hablando de amor. Más tarde, Andy conversa con una amiga
sobre las reflexiones que le trajo aquel debate, señalando que su mujer analiza su
masculinidad y desde que ella renunció a su carrera emergente como artista teatral
y consiguió un trabajo de tiempo completo para apoyar ​su vicio teatral, reconoce
que en su relación si existe un problema, es que “​es ella la que lleva los pantalones
y trae el dinero y yo solo cuido a sus bebés y soy el papa amo de casa”​ ; y como
consecuencia esto afecta su intimidad.

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En la actualidad, los varones como el personaje de Andy, subjetivados de un
modo transicional o innovador a partir de los cambios histórico-sociales, adquieren
para sí una valoración de lo íntimo y lo afectivo que intentan articular con
habilidades y mandatos de la masculinidad tradicional, formando así un modelo
masculino atenuado principalmente por la disminución de la carga de provisión de
los varones. En el plano erótico presentan una mayor integración entre ternura y
erotismo que los tradicionales, valorando la relación entre goce sexual y amor
(Tajer, 2009).

Su ideal del yo está compuesto por valores ligados al esfuerzo, voluntad y


bondad, pero ser un “​buen hombre”​ lo siguen relacionando con el trabajo, la
provisión material y ser respetados en ese ámbito, aunque también incorporan el
valor de “​ser alguien que pueda ser querido por sí mismo”​ . Valoran que las mujeres
trabajen, pero se les sigue adjudicando implícitamente el mundo privado, ámbito que
como perteneciente a lo otro, es inferior y menos importante. Las tareas del hogar
son específica y naturalmente femeninas, y si ​“ser varón es ser importante” y esa
importancia se basa en que las mujeres no lo son, el desarrollo de un varón en la
escena doméstica no le brindará autoestima, ni valor, ni importancia, pero sobre
todo no le brindará poder.

En la serie, Andy valora que su mujer trabaje fuera de la casa, pero para que
él pueda desarrollar su ​vicio teatral es decir, basado en el mito ​mujer = amor
romántico (ella renunció a sus intereses por amor a su esposo). Así es como acordó
hacer el trabajo del hogar como un “​papá amo de casa”​, pero eso le trae el conflicto
y padecimiento subjetivo de dudar de su masculinidad y virilidad, y en
correspondencia a su modo de subjetivación adjudica todos esos problemas a que
su mujer es la que “​lleva los pantalones” (pantalones de varón proveedor) y trae el
dinero mientras él “​cuida a sus bebés”​: al decir ‘​sus’​ marca que en realidad piensa
que son responsabilidad de ella por ser mujer, en base a otro mito sobre la
feminidad, ​ mujer = madre.​

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Deseo y poder
El erotismo está
fraguado en las
políticas de dominio
DÉBORA TAJER
(teórico, 26 de
agosto 2016)

Volviendo a Marqués (1997), se puede decir que los modos en que el varón
interiorice el ​“ser varón es ser importante” y como se orienten a ​“ya soy importante”
o a ​“debo ser importante”, darán como resultado un varón en propiedad o un varón
en precario. El varón en propiedad no duda de su condición masculina, considera
que su identidad biológica es suficiente para exigir de las mujeres determinadas
prestaciones que le son su derecho; el ​varón en precario,​ conduce a la vivencia de
la condición masculina en precariedad, y si no logra ser importante no merece a sus
propios ojos ser varón. Aquí es donde el varón puede que encuentre una forma fácil
de identificarse con el modelo: la fuerza física, su sexualidad o su éxito profesional.

En la serie, para “aumentar el deseo sexual”, se muestra como Kylie en


Halloween le regala a Andy un disfraz de obrero de construcción, evocando
justamente la imagen masculina de fuerza física y trabajo pesado, rol
heteronormativo ligado a la masculinidad tradicional; en tanto ella se disfraza de
“mucama hot”, evocando al rol femenino ligado al mundo privado, sumada a la
descripción de ser ​“una mujer sola y débil”.​ Más tarde, muestran una escena sexual
en donde Andy domina la situación sin siquiera prestar atención a Kylie, si estaba
disfrutando el encuentro o no: hay una degradación de la mujer a objeto de goce a
través de la dominación sexual que le hace recuperar aquel poder que cree perdido
por no ser proveedor, pero que le corresponde de alguna u otra manera por ser
varón; así es como el cuerpo de las mujeres quedan plasmadas las relaciones de
poder entre los géneros.

En relación a esto, resulta pertinente dar cuenta del concepto que plantea
Bonino Méndez (1990) como ​micromachismos​, para definir aquellas prácticas de
dominación y violencia masculina del orden ‘micro’, dando cuenta en las parejas
aquellas maniobras interpersonales que impregnan los comportamientos masculinos
cotidianos para imponer y mantener el dominio y la supuesta superioridad sobre la

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mujer, reafirmar o recuperar dicho dominio (como es el caso de la escena sexual de
la serie) y aprovecharse del “trabajo cuidador” o del aumento de poder de la misma.
El autor remarca que ​“Aun los varones mejor intencionados y con la autopercepción
de ser poco dominantes los realizan, porque están fuertemente inscritos en su
programa de hábitos de actuación con las mujeres.”​ (Bonino Méndez, 1990, p.4).

En el mismo sentido, De Keijzer (1997) propone el término ​neomachismo


para poner de manifiesto a varones instalados en una especie de ​‘machismo light’,
que ya no ejercen (o no pueden ejercer) el patriarcado como lo hicieron sus padres
o abuelos: negocian más las decisiones, permiten que la mujer trabaje fuera de la
casa (aunque prefieren que ella no gane más que ellos), pero mantienen un marco
de referencia con un claro encuadre machista.

Conclusiones

Teniendo en cuenta la importancia de los aporte que los Estudios de Género


hacen a la Psicología, se considera que el poder que las relaciones entre los
géneros conllevan necesariamente, van a ser siempre parte del malestar en materia
de Salud mental, desplegando sus efectos tanto en las condiciones de vida de los
sujetos, como en sus modos de subjetivación. En esta ocasión se desarrollaron los
modos de subjetivación de género masculino, dando cuenta de los imperativos que
estos deben cumplir para dar cuenta de que son varones y los efectos que trae en
ellos no responder a estos emblemas, tanto para su Salud Mental, como de las
parejas mujeres que los acompañan.

El desarrollo de los modos de subjetivación masculina permite entender que


no cualquiera es varón, sino que hay que ganarse el título de hombre; también
permite leer la contradicción que existe entre los ideales y los deseos en las
relaciones entre varones y mujeres, donde muchas veces la libertad de cada uno
está sustentada en el miedo de perder al otro. Ante esta problemática se abren al
menos dos soluciones: la primera, que da paso a la violencia de género y femicidios
visibilizados masivamente actualmente en Argentina, donde la cuestión se resuelve
de sujeto (varón) a objeto (mujer); ó mediante la posibilidad de comenzar a concebir

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las relaciones, sus conflictos y sus soluciones en el marco de la intersubjetividad, de
sujeto a sujeto.

Tolerar la visibilización de la microviolencia cotidiana no es fácil para los


varones ni para las mujeres, pero la transformación se basa en esos dolorosos
reconocimientos y aceptaciones (Bonino Méndez, 1990). En el campo de la Salud
Mental y Género, será cuestión de entender a la salud como un proceso complejo
condicionado socio-históricamente y atravesado por tensiones, resistencias y
relaciones de fuerza inherentes a las tramas de poder que se manifiestan en y entre
los diversos grupos sociales (Attardo, 2012) para poder orientar la práctica hacia el
bienestar integral y no operar desde los puntos ciegos que el sistema patriarcal aún
hoy trata de perpetuar a su favor.

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Bibliografía

- Attardo C.(2012) Psicólogos/as por el cambio. ¿Por qué es pertinente incluir


la Perspectiva de Género cuando trabajamos en Promoción de la Salud?. En
Tajer D. (comp) Género y Salud. Las Políticas en acción” (pp. 137-153).
Buenos Aires, Argentina: Lugar.
- Bonino Méndez, L. (2003). Micromachismos: La Violencia Invisible en la
pareja [en línea], disponible en
http://laciutatinvisible.coop/wp-content/uploads/2014/05/micromachismos_0.p
df
- Bourdieu, P. (2010) La violencia simbólica. En Bourdieu, P. La Dominación
Masculina y otros ensayos (pp. 48 – 62). Buenos Aires, Argentina: Editorial
Página 12 S.A.
- Burin, M. (2000) Construcción de la subjetividad masculina. En Burin, M. y
Meler, I. Varones. Género y subjetividad masculina (pp. 123-147). Buenos
Aires, Argentina: Paidós.
- De Kajzer B. (1997) El varón como factor de riesgo: Masculinidad, salud
mental y salud reproductiva. Tuñon, México: Mimeo
- Tajer, D. (2009) Modos de subjetivación: modos de vivir, de enfermar y de
morir. En Heridos Corazones. Vulnerabilidad Coronaria en Varones y Mujeres
(pp 47 – 68). Buenos Aires, Argentina: Paidós.
- Vicent Marques, J. (1997) Varón y Patriarcado. En Valdés, T. y Olavarría J.
(eds.) Masculinidad/es. Poder y Crisis (pp. 17 – 30). Santiago de Chile. Chile:
Ediciones de las Mujeres N°24.

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