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Alejandro Carreón Acevedo

Sobre el límite del lenguaje con relación a la experiencia


Comentario en torno al texto meditaciones Nietzscheanas

Desde finales del siglo XIX y principios del XX surgió un movimiento cultural que buscó contrarrestar el
dominio del racionalismo mecanicista imperante en occidente desde Descartes. Ésta corriente de
pensamiento consistió en la crítica de los fundamentos del conocimiento, anteponiendo el estudio de la
experiencia y de la percepción como condicionantes en la construcción del mundo.
En este sentido, el texto de Meditaciones Nietzscheanas atraviesa y complementa la reflexión de tres
filósofos modernos (Nietzsche, Bataille y Foucault) en torno al problema de la determinación de la
experiencia por el lenguaje, desde un enfoque anti moralista, hacia un análisis de la noción de
transgresión con relación al cuerpo y la sexualidad.
Desde el principio del texto, Nietzsche arremete contra la moral, como aquella idea, anclada en la idea
de Dios, que corrompe y empobrece la experiencia. Nietzsche señala a la moral como responsable de la
carencia de naturaleza en la humanidad, de la pérdida del instinto y de la vitalidad. Y propone el ideal,
tanto del “Superhombre” como del “Eterno Retorno” como medios para la reflexión sobre la libertad.
Bataille retoma las ideas de Nietzsche y las transporta al campo de la literatura y del lenguaje. Para él,
la empresa inmoral de Nietzsche representa la superación de la idea de finalidad, que significa, en
términos de voluntad, la sustitución del orden por la revelación de un universo acéfalo.
Es así que encuentra en el azar y en el juego un estímulo liberador fundamental para el desarrollo de su
obra. En palabras del autor: “Zaratustra abre un mundo donde sólo el juego es soberano”1.
En la última parte del texto, siguiendo a Nietzsche, Foucault hace un análisis del concepto de
transgresión desde la perspectiva de la obra de Bataille, analizando el uso del lenguaje en la
construcción de la idea de sexualidad.
Según Foucault, en Bataille se muestra la imposibilidad del alcance del lenguaje en su intento por
condensar la experiencia de la sexualidad, en términos de transgresión y límite, donde permanece lo
que no puede ser dicho. De acuerdo con Foucault, Bataille subvierte la expresión en el devenir de la
presencia: “Tal vez él define el espacio de una experiencia en la que el sujeto que habla, en lugar de
expresarse, se expone, va al encuentro de su propia finitud y bajo cada palabra se encuentra remitido a
su propia muerte”2; y con ello, establece el adentramiento de la experiencia filosófica en el lenguaje.
Tanto Nietzsche como Bataille y Foucault son ejemplo claro de la incursión de la experiencia y de la
percepción como objetos de estudio en la tradición filosófica moderna.
En la época contemporánea, el pensamiento crítico es heredero de la transgresión. Donde, en el campo
del arte, una obra supone una pregunta que no busca respuesta más que en la apertura a la experiencia
que significa.
                                                                                                               
1
Bataille, Georges, Meditaciones nietzscheanas. Ciudad de México: UNAM, 2001. 26 p.
2
Ibíd. 54 p.